Libro N° 15442. Lo Irracional En Política. Brinton, Maurice.
© Libro N° 15442. Lo Irracional En Política. Brinton, Maurice. Emancipación. Agosto 8 de 2026
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LO IRRACIONAL EN
POLÍTICA
Maurice Brinton
LO IRRACIONAL EN POLÍTICA
Maurice Brinton
Ilustración de tapa: grabado de George Grosz, Berlín. 1922
Colección
SOCIALISMO y LIBERTAD
La red mundial de los hijos de la revolución social
LO IRRACIONAL EN POLÍTICA
Maurice Brinton1
(1970)
1. ALGUNOS EJEMPLOS
2. ALGUNAS EXPLICACIONES INADECUADAS
3. EL ÁREA IGNORADA Y LA IZQUIERDA TRADICIONAL 4. EL PROCESO DE CONDICIONAMIENTO
5. LA FUNCIÓN DE LA FAMILIA 6. LAS RAÍCES HISTÓRICAS
7. WILHELM REICH Y LA REVOLUCIÓN SEXUAL 8. LÍMITES Y PERSPECTIVAS
LA EXPERIENCIA RUSA
1 Traducido de la edición en Inglés: marxist.org
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“Lapropaganda y los policías, las cárceles y las escuelas, los valores tradicionales y la moral tradicional sirven para reforzar el poder de unos pocos y para convencer o coaccionar a la mayoría para que acepte un sistema brutal, degradante e irracional”.2
2“Aswe see it”, en “Solidarity”
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1. ALGUNOS EJEMPLOS
Para cualquiera que se interese por la política, el comportamiento“irracional” de individuos, grupos o grandes sectores de la población se presenta como un hecho desagradable y aterrador, pero incontro- vertible. He aquí algunos ejemplos.
Entre 1914 y 1918, millones de trabajadores se masacraron unos a
otros en la “guerra para acabar con las guerras”. Murieron por motivos que no eran los suyos, defendiendo los intereses de sus respectivos gobernantes. Los que no tenían nada se unieron a sus respectivas banderas y se masacraron unos a otros en nombre del “Kaiser” o del“Rey y la Patria”. Veinte años más tarde se repitió el proceso, a una escala aún mayor.
A principios de la década de 1930 la crisis económica golpeó a Alemania. Cientos de miles de personas se quedaron sin trabajo y muchas pasaron hambre. La sociedad burguesa reveló su total incapacidad incluso para satisfacer las necesidades materiales elemen- tales de los hombres. Había llegado el momento de un cambio radical. Sin embargo, en esta coyuntura crítica, millones de hombres y mujeres (incluidos sectores muy importantes de la clase obrera alemana) prefirieron seguir las exhortaciones burdamente nacionalistas y auto- contradictorias (anticapitalistas y anticomunistas) de un demagogo reaccionario, que predicaba una mezcla de odio racial, puritanismo y tonterías etnológicas, antes que embarcarse en el desconocido camino de la revolución social.3
En Nueva Delhi, en 1966, cientos de miles de campesinos indios semi desnutridos y pobres urbanos participaron activamente en la mayor y más combativa manifestación que la ciudad había conocido. Se ocuparon sectores enteros de la ciudad, se atacó a la policía y se quemaron coches y autobuses. El objetivo de esta acción masiva no era, sin embargo, protestar contra el sistema social que mantenía a la gran masa de la población en un estado de pobreza permanente y se burlaba de sus vidas. Se trataba de denunciar una legislación prevista que permitía el sacrificio de vacas en determinadas circunstancias.
3 El voto popular a los candidatos nazis en las últimas etapas de la República de Weimar pasó de 800.000 a 6,5 millones en septiembre de 1930. Véase A. Rosenberg, A History of the German Republic. Londres: Methuen, 1936, pp. 275, 304.
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Mientras tanto, los “revolucionarios” indios no estaban en condiciones de hacer comentarios significativos. ¿Acaso no seguían permitiendo que sus padres les arreglaran los matrimonios y que las consideraciones de casta colorearan repetidamente su política?
En Gran Bretaña, varios millones de trabajadores, decepcionados con el historial del actual gobierno laborista, con su congelación salarial y su intento de asalto a los sindicatos, votarán a los conservadores en las próximas semanas. Como lo hicieron en 1930. Y en 1950-51. O, al son de la inaudita melodía de los autodenominados revolucionarios, votarán a los laboristas, esperando (o no) que las cosas sean “diferentes la próxima vez”.
A un nivel más mundano, el comportamiento de los consumidores de hoy no es más “racional” que el de los votantes o el de las clases
oprimidas en la historia. Los que entienden las raíces de las preferencias populares saben lo fácil que es manipular la demanda. Los expertos en publicidad son plenamente conscientes de que la elección racional tiene poco que ver con las preferencias de los consumidores. Cuando se le pregunta a un ama de casa por quéprefiere un producto a otro, las razones que da rara vez son las reales (aunque responda de total buena fe).
Los motivos, en gran medida inconscientes, influyen incluso en las ideas de los revolucionarios y en el tipo de organización en la que deciden actuar. A primera vista podría parecer paradójico que quienes aspiran a una sociedad no alienada y creativa basada en la igualdad y la libertad “rompan” con las concepciones burguesas... sólo para abrazar las ideas jerárquicas, dogmáticas, manipuladoras y puritanas del leninismo. Puede parecer extraño que su “rechazo” a los patrones de comportamiento irracionales y arbitrariamente impuestos por la sociedad burguesa, con sus exigencias de obediencia acrítica y aceptación de la autoridad, tome la forma de ese epítome de la actividad alienada: seguir la tortuosa “línea” de un ‘Partido de vanguardia’. Puede parecer extraño que aquellos que instan a la gente a pensar por sí misma y a resistir el lavado de cerebro de los medios de comunicación se llenen de ansiedad cada vez que nuevas ideas levantan sus molestas cabezas dentro de sus propias filas4 o que los
4 Recientemente hemos oído proponer muy seriamente en una organización supuestamente libertaria–lanuestra– que nadie hable en nombre de la organización antes de someter el contenido de sus propuestas a un “comité de reuniones”, para que no se cuele de repente nada
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revolucionarios de hoy sigan buscando ajustar cuentas personales recurriendo a los métodos que prevalecen en la jungla burguesa de fuera. Pero, como mostraremos, hay una coherencia interna en toda esta aparente irracionalidad.
nuevo en las desprevenidas y presumiblemente indefensas filas de los ideológicamente emancipados.
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2. ALGUNAS EXPLICACIONES INADECUADAS
Frente a hechos inquietantes como el apoyo popular masivo a las guerras imperialistas o el ascenso del fascismo, un cierto tipo de revolucionario tradicional puede estar seguro de dar una respuesta estereotipada. Automáticamente destacará la “traición” o la“insuficiencia” de la Segunda o Tercera Internacional, o del Partido Comunista Alemán... o de tal o cual liderazgo que, por una u otra razón, no estuvo a la altura de la ocasión histórica. (La gente que argumenta de esta manera ni siquiera parece apreciar que la repetida tolerancia por parte de las masas de tales “traiciones” o“insuficiencias” justifica por sí misma una explicación seria).
Los revolucionarios más sofisticados echarán la culpa a otro lado. Los medios para moldear la opinión pública (prensa, radio, televisión, iglesias, escuelas y universidades) están en manos de la clase dominante. En consecuencia, estos medios difunden las ideas, los valores y las prioridades de la clase dominante, día tras día. Lo que se difunde afecta a todas las capas de la población, contaminando a todos. ¿Es sorprendente, preguntarán estos revolucionarios con una sonrisa fulminante, que en tales circunstancias la masa de la población siga conservando ideas reaccionarias?5
Esta explicación, aunque parcialmente correcta, es insuficiente. A la larga no explicará que la clase obrera siga aceptando el dominio burgués, o que dicho dominio sólo haya sido derrocado para ser sustituido por instituciones de tipo capitalista de Estado, que encarnan relaciones jerárquicas fundamentalmente similares (culto al líder, delegación total de la autoridad a una“élite”del Partido, culto a la verdad revelada que se encuentra en los textos sagrados o en los edictos del Comité Central). Si –tanto en Oriente como en Occidente–millones de personas no pueden enfrentarse a las implicaciones de su explotación, si no pueden percibir su forzado subdesarrollo intelectual y personal, si no son conscientes del carácter intrínsecamente represivo de tanto que consideran “racional”,“desentido común”,“obvio”o “natural” (la jerarquía, la desigualdad y el ethos puritano, por ejemplo), si tienen miedo a la iniciativa y a la autoactividad, miedo
5 Aceptar esto como “explicación” sería conferir a las ideas un poder que no pueden tener, a saber, el poder de dominar totalmente las condiciones materiales, neutralizando la influencia de los hechos económicos de la vida. Es sorprendente que esto nunca se les haya ocurrido a nuestros”marxistas”.
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a pensar y a recorrer nuevos caminos, y si están siempre dispuestos a seguir a este o aquel líder (que les promete la luna), o a este o aquel partido (que se compromete a cambiar el mundo“ensu nombre”), es porque hay poderosos factores que condicionan su comportamiento desde una edad muy temprana e inhiben su adhesión a un tipo de conciencia diferente.
Consideremos por un momento–yno a través de gafas color de rosa–al votante medio de la clase trabajadora de mediana edad de hoy en día (poco importa a este respecto si vota “conservador” o “laborista”). Es probable que tenga conciencia de la jerarquía, sea xenófobo, tenga prejuicios raciales, esté a favor de la monarquía, esté a favor del castigo del capital, esté a favor de la ley y el orden, esté en contra de las manifestaciones, esté en contra de los estudiantes que se quedan sin trabajo y esté en contra de la deserción escolar. Es casi seguro que está reprimido sexualmente (y por lo tanto es un ávido consumidor, aunque vicario6, de la sexualidad distorsionada que se muestra sin cesar en las páginas del “News of the World”). A ningún partido“práctico” (que aspire al poder a través de las urnas) se le ocurriría apelar a él mediante la defensa de la igualdad salarial, la gestión
obrera de la producción, la integración racial, la reforma penal, la abolición de la monarquía, la disolución de la policía, la libertad sexual de los adolescentes o la legalización de la marihuana. Cualquiera que proclamara este tipo de “programa de transición” no sólo no obtendría apoyo, sino que probablemente sería considerado una especie de chiflado.
Pero hay un hecho aún más importante. Cualquiera que intente discutir asuntos de este tipo se encontrará, casi con toda seguridad, no sólo con incredulidad, sino también con esa hostilidad positiva que a menudo denota una ansiedad latente.7 Uno no se encuentra con este tipo de respuesta si argumenta diversas proposiciones sin sentido o francamente ridículas. Algunos temas tienen una clara carga emocional. Discutirlos genera resistencias peculiares que difícilmente se prestan a una argumentación racional.
6 Se denomina vicario a la persona que ejerce las funciones de otra, en todo o en parte por delegación y nunca con carácter propio; la sustituye por tiempo indefinido o determinado. Actualmente su uso es meramente eclesiástico. [N Ed.]
7 En palabras de Thomas Mann en Buddenbrooks:“Esmás probable que nos enfademos y nos excitemos en nuestra oposición a alguna idea cuando nosotros mismos no estamos del todo seguros de nuestra posición, y estamos interiormente tentados de tomar el otro lado”.
El propósito de este panfleto es explorar la naturaleza y la causa de estas resistencias y señalar que no son innatas, sino que están determinadas socialmente. (Si fueran innatas, no habría ninguna perspectiva racional o socialista). Se llegará a la conclusión de que estas resistencias son el resultado de un condicionamiento de larga duración, que se remonta a la primera infancia, y que este condicionamiento está mediado por toda la institución de la familia patriarcal. El resultado neto es un poderoso refuerzo y perpetuación de la ideología dominante y la producción en masa de individuos con la esclavitud incorporada, individuos preparados en una etapa posterior para aceptar la autoridad del maestro de escuela, el sacerdote, el empleador y el político (y para respaldar el patrón de“racionalidad” imperante). La comprensión de esta estructura de carácter colectivo proporciona una nueva visión del comportamiento frecuentemente “irracional” de los individuos o grupos sociales y de lo“irracional en la política”. También podría proporcionar a la humanidad nuevos medios para superar estos obstáculos.
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3. EL ÁREA IGNORADA Y LA IZQUIERDA TRADICIONAL
Toda esta área ha sido ampliamente ignorada por los revolucionarios marxistas. La herramienta adecuada para comprender este aspecto del comportamiento humano–elpsicoanálisis– no se desarrolló hasta las dos primeras décadas de este siglo. La principal contribución de Freud al conocimiento (la investigación de la causalidad en la vida psico- lógica, la descripción de la sexualidad infantil y juvenil, la declaración honesta de que el sexo es algo más que la procreación, el recono- cimiento de la influencia de las pulsiones instintivas inconscientes–y de su represión– en la determinación de los patrones de comporta- miento, la descripción de cómo se reprimen dichas pulsiones de acuerdo con los dictados sociales imperantes, el análisis de las consecuencias de esta represión en términos de síntomas y, en general,“laconsideración de los lados no oficiales y no reconocidos de la vida humana”)8 sólo pasó a formar parte de nuestro patrimonio social varias décadas después de la muerte de Marx. Algunos aspectos reaccionarios del psicoanálisis clásico (la “necesaria” adaptación de la vida instintiva a las exigencias de una sociedad cuyo carácter de clase nunca se proclamó explícitamente, la “necesaria” sublimación de la sexualidad “indisciplinada” para mantener la “estabilidad social”, la“civilización” y la vida cultural de la sociedad,9 la teoría del instinto de muerte, etc.) sólo fueron superados más tarde aún por el psicoanálisis revolucionario de Wilhelm Reich10 y otros.
Reich se propuso elaborar una psicología social basada tanto en el marxismo como en el psicoanálisis. Su objetivo era explicar cómo surgían las ideas en la mente de los hombres, en relación con la condición real de sus vidas, y cómo a su vez esas ideas influían en el comportamiento humano. Era evidente que existía una discrepancia entre las condiciones materiales de las masas y su visión conservadora.
8 B. Malinowski, Sex and Repression in Savage Society. Cleveland: Meridian Books, 1966, p. 6.
9 Un ejemplo (entre muchos) de los pronunciamientos reaccionarios de Freud se encuentra en su ensayo El porvenir de una ilusión, publicado en 1927, en el que escribió:“Estan imposible prescindir del control de la masa por una minoría como prescindir de la coerción en el trabajo de la civilización. Las masas son perezosas y poco inteligentes: no tienen amor por la renuncia instintiva, y no se les convence con argumentos de su inevitabilidad; y los individuos que las componen se apoyan mutuamente para dar rienda suelta a su indisciplina”.
10 Recientemente se ha publicado en Suiza un excelente estudio sobre Reich, el psicoanalista, y Reich, el revolucionario Michel Cattier, La Vie et l’Oeuvre du Docteur Wilhelm Reich, Lausana: La Cité, 1969. Es una lectura esencial para cualquiera que se preocupe seriamente por comprender la trágica vida de este hombre extraordinario. El autor de este panfleto se ha inspirado en gran medida en esta fuente.
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No era necesario apelar a la psicología para entender por qué un hombre hambriento robaba pan o por qué los trabajadores, hartos de ser empujados, decidían bajar las herramientas. Lo que la psicología social debía explicar, sin embargo: “no es por qué el individuo hambriento roba o por qué el individuo explotado hace huelga, sino por qué la mayoría de los individuos hambrientos no roban, y la mayoría de los individuos explotados no hacen huelga”. La sociología clásica podría: “explicar satisfactoriamente un fenómeno social cuando el pensamiento y la acción humanos sirven a un propósito racional, cuando sirven a la satisfacción de necesidades y expresan directa- mente la situación económica. Sin embargo, fracasa cuando el pensamiento y la acción humanos contradicen la situación económica, cuando, en otras palabras, son irracionales”.11
¿Qué había de nuevo, a nivel de la teoría revolucionaria, en este tipo de preocupación? Los marxistas tradicionales siempre habían sub- estimado–ysiguen subestimando– el efecto de las ideas sobre la estructura material de la sociedad. Como loros, repiten que la infraestructura económica y las superestructuras ideológicas inter- actúan mutuamente. Pero luego proceden a considerar lo que es esencialmente una relación dialéctica y bidireccional como un proceso casi exclusivamente unilateral (la“base”económica determina lo que
ocurre en el ámbito de las ideas). Nunca han tratado de explicar concretamente cómo una doctrina política reaccionaria pudo ganar un punto de apoyo de masas y más tarde poner en movimiento a toda una nación (cómo, por ejemplo, a principios de los años 30, la ideología nazi se extendió rápidamente por todas las capas de la sociedad alemana, proceso que incluyó la deserción masiva, ahora bien documentada, de miles de militantes comunistas a las filas de los nazis)12 En palabras de un marxista “herético”, Daniel Guérin, autor de una de las interpretaciones sociales, económicas y psicológicas más sofisticadas del fenómeno fascista:
“Algunos se creen muy ‘marxistas’ y muy ‘materialistas’ cuando descuidan los factores humanos y sólo se preocupan por los hechos materiales y económicos. Acumulan cifras, estadísticas,
11 W. Reich, The Mass Psychology of Fascism. Nueva York: Orgone Institute Press, 1946, p. 15.
12 No, no estamos “calumniando” a los valientes antifascistas alemanes que fueron los primeros en morir en los campos de concentración de Hitler. Sólo decimos que por cada comunista de este tipo, al menos otros dos se unieron a los nazis, mientras que decenas de otros no dijeron ni hicieron nada.
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porcentajes. Estudian con extrema precisión las causas profundas de los fenómenos sociales. Pero como no siguen con similar precisión cómo se reflejan esas causas en la conciencia humana, la realidad viva se les escapa. Como sólo se interesan por los factores materiales, no entienden en absoluto cómo las privaciones que sufren las masas se convierten en aspiraciones de tipo religioso”.13
Al descuidar este factor subjetivo de la historia, tales “marxistas”–y constituyen hoy la inmensa mayoría de la especie– no pueden explicar la falta de correlación entre las frustraciones económicas de la clase
obrera y su falta de voluntad para poner fin al sistema que las engendra. No comprenden el hecho de que cuando ciertas creencias se anclan en el pensamiento (e influyen en el comportamiento) de las masas, se convierten ellas mismas en hechos materiales de la historia.
¿Qué es, por tanto, lo que limita la voluntad revolucionaria de los
oprimidos en la vida real? Su respuesta era que la clase obrera se dejaba influenciar fácilmente por ideas reaccionarias e irracionales porque tales ideas caían en suelo fértil.14 Para el marxista promedio, los trabajadores eran adultos que alquilaban su fuerza de trabajo a los capitalistas y eran explotados por ellos. Esto era correcto hasta donde llegaba. Pero había que tener en cuenta todos los aspectos de la vida de la clase obrera si se quería entender las actitudes políticas de la clase obrera. Esto significaba que había que reconocer algunos hechos
obvios, a saber, que el trabajador tuvo una infancia, que fue educado por unos padres condicionados por la sociedad en la que vivían, que tenía esposa e hijos, necesidades sexuales, frustraciones y conflictos familiares. El hacinamiento, el cansancio físico, la inseguridad económica y los abortos clandestinos hacían que estos problemas fueran especialmente graves en los círculos obreros. ¿Por qué hay que dejar de lado estos factores a la hora de explicar el comportamiento de la clase obrera? Reich trató de desarrollar un análisis total que incorporara estos hechos y les diera la importancia adecuada.
13 D. Guérin, Fascisme et Grande Capital, París: Gallimard, 1945, p. 88. También disponible como Fascism and Big Business. Nueva York: Pathfinder Press, 1973.
14 En la próxima sección describiremos cómo el“suelo”se vuelve“fértil”para la aceptación de tales ideas. En este momento sólo queremos señalar que otros sectores de la población también se ven afectados. Las clases dirigentes, por ejemplo, suelen estar desconcertadas por su propia ideología. Pero políticamente se trata de un fenómeno de menor importancia (¡las élites gobernantes se benefician de hecho del mantenimiento de la mistificación ideológica y de los sistemas sociales irracionales que proclaman la “necesidad” de dichas élites!)
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4. EL PROCESO DE CONDICIONAMIENTO
Al aprender a obedecer a sus padres, los niños aprenden la obediencia en general. Esta deferencia aprendida en el entorno familiar se manifestará siempre que el niño se enfrente a un “superior” en su vida posterior. La represión sexual –por parte de los padres ya reprimidos sexualmente–15 es una parte integral del proceso de condicionamiento.
Los padres rígidos y obsesivos empiezan por imponer al recién nacido horarios rígidos de alimentación. A continuación, tratan de imponer hábitos regulares de alimentación a bebés que apenas son capaces de mantener la postura sentada. Están obsesionados por la comida, los intestinos y la “inculcación de buenos hábitos alimenticios”. Un poco más tarde empezarán a regañar y castigar a su hijo de cinco años que se masturba. A veces incluso amenazan a sus hijos varones con la mutilación física16 (No pueden aceptar que los niños de esa [edad]–o de cualquier otra– obtengan placer del sexo). Se horrorizan al descubrir el exhibicionismo sexual entre jóvenes que consienten en privado. Más tarde, advertirán a sus hijos de doce años de los graves peligros de la“masturbación real”. Mirarán el reloj para ver a qué hora llegan a casa sus hijas de quince años, o buscarán anticonceptivos en los bolsillos de sus hijos. Para la mayoría de los padres, los años de crianza son una larga saga antisexual.
¿Cómo reacciona el niño ante esto? Se adapta por ensayo y error. Se le regaña cuando se masturba. Se adapta reprimiendo su sexualidad. El intento de afirmación de las necesidades sexuales adopta entonces la forma de rebelión contra la autoridad paterna. Pero esta rebelión se castiga de nuevo. La obediencia se consigue mediante el castigo. El castigo también asegura que las actividades prohibidas estén revestidas de sentimientos de culpa17 que pueden ser (pero más a menudo no son) suficientes para inhibirlas.18
15 Para un análisis de las raíces históricas de todo el proceso de represión sexual, véase el capítulo 6. 16 Para un relato extremadamente divertido de este tipo de condicionamiento en una familia judía de Nueva York–yde sus consecuencias–, véase Portnoy’s Complaint, de Philip Roth, Londres: Cape, 1968... también llamado The Gripes of Roth.
17 Los padres son “los principales productores y empaquetadores de culpa de nuestro tiempo”. Roth, op. cit., p. 36.
18 El equilibrio inestable se conoce como “complacer públicamente a los padres, mientras que en privado jalo de mi pene [putz]”, ibíd., p. 37.
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La ansiedad asociada a la satisfacción de las necesidades sexuales se convierte en parte de la ansiedad asociada a todos los pensamientos o acciones rebeldes (tanto la sexualidad como todas las manifestaciones de rebeldía son frenadas indiscriminadamente por los “educadores”). El niño llega a suprimir gradualmente las necesidades cuya manifes- tación provocaría el descontento de los padres o daría lugar a un castigo, y acaba teniendo miedo de sus impulsos sexuales y de sus tendencias a la rebelión. En una etapa posterior se alcanza otro tipo de equilibrio que se ha descrito como “estar dividido entre los deseos que repugnan a mi conciencia y una conciencia que repugna a mis deseos”19 El individuo está “marcado como un mapa de carreteras de la cabeza a los pies por sus represiones”.20
En el niño, la represión temprana está asociada a una identificación con la imagen paterna. En cierto sentido, se trata de una prefiguración del posterior “país o partido”. El padre, en este sentido, es el representante del estado y de la autoridad en el núcleo familiar.
Para neutralizar sus necesidades sexuales y su rebelión contra los padres, el niño desarrolla “sobrecompensaciones”. La rebelión incons- ciente contra el padre engendra el servilismo. El miedo a la sexualidad engendra la mojigatería. Todos conocemos a esas solteronas de ambos sexos, siempre atentas a cualquier indicio de sexualidad entre los niños. Sus preocupaciones están obviamente determinadas por el profundo temor a su propia sexualidad. La reticencia de la mayoría de los revolucionarios a discutir estos temas tiene una motivación similar.
Otro subproducto frecuente de la represión sexual es la división de la sexualidad en sus componentes. A la ternura se le da un valor positivo, mientras que la sensualidad es condenada. La disociación entre el afecto y el placer sexual se observa en muchos adolescentes varones y les lleva a adoptar un doble rasero sexual. Idealizan a alguna chica en un pedestal mientras buscan satisfacer sus necesidades sexuales con
otras chicas a las que desprecian abierta o inconscientemente.
El camino hacia una vida sexual sana para los adolescentes estábloqueado por obstáculos externos e internos. Los obstáculos externos
19 Ibídem, p. 32. 20 Ibídem, p. 124.
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(dificultad para encontrar un lugar tranquilo, dificultad para escapar de la vigilancia familiar, etc.) son bastante obvios. Los obstáculos internos (psicológicos) pueden, a veces, ser lo suficientemente graves como para influir en la percepción de la necesidad sexual. Los dos tipos de
obstáculos (internos y externos) se refuerzan mutuamente. Los factores externos consolidan la represión sexual y la represión sexual predispone a la influencia de los factores externos. La familia es el centro de este círculo vicioso.
Por muy aparentemente exitosa que sea la represión, el material reprimido sigue, por supuesto, ahí. Pero ahora corre por canales subterráneos. Habiendo aceptado un determinado conjunto de valores “culturales”, el individuo debe ahora defenderse de cualquier cosa que pueda alterar el equilibrio dolorosamente establecido. Tiene que movilizar constantemente parte de sus potencialidades psico- lógicas contra las influencias “perturbadoras”. Además de las neurosis y las psicosis, la“energía”gastada en esta represión constante se traduce en dificultades de pensamiento y de concentración, en una disminución de la conciencia y, probablemente, en un cierto deterioro de la capacidad mental. La “incapacidad de concentración” es quizás el más común de los síntomas neuróticos.
Según Reich:
“Larepresión de la sexualidad natural en el niño, en particular de su sexualidad genital, hace al niño aprensivo, tímido, obediente, temeroso de la autoridad,“bueno”y “ajustado” en el sentido autoritario; paraliza las fuerzas rebeldes porque toda rebelión está cargada de ansiedad; produce, al inhibir la curiosidad sexual y el pensamiento sexual en el niño, una inhibición general del pensamiento y de las facultades críticas. En resumen, el objetivo de la represión sexual es el de producir un individuo que se ajuste al orden autoritario y que se someta a él a pesar de toda la miseria y la degradación... El resultado es el miedo a la libertad y una mentalidad conservadora y reaccionaria. La represión sexual ayuda a la reacción política, no sólo a través de este proceso que hace al individuo de masas pasivo y apolítico, sino también creando en su estructura un interés por apoyar activamente el orden autoritario”.21
21 W. Reich, The Mass Psychology of Fascism, op. cit. pp. 25-26. (Énfasis mío –M.B.)
Cuando se ha completado la educación de un niño, el individuo ha adquirido algo más complejo y dañino que una simple respuesta de
obediencia a los que tienen autoridad. Ha desarrollado todo un sistema de reacciones, regresiones, pensamientos, racionalizaciones, que forman una estructura de carácter adaptada al sistema social autoritario. El propósito de la educación –tanto en Oriente como en Occidente– es la producción en masa de robots de este tipo que han interiorizado de tal manera las restricciones sociales que se someten a ellas automáticamente.
Los psicólogos y psiquiatras han escrito páginas sobre los efectos médicos de la represión sexual.22 Sin embargo, Reich reiteró constante- mente su función social, ejercida a través de la familia. El propósito de la represión sexual era anclar la sumisión a la autoridad y el miedo a la libertad en la “armadura del carácter” de las personas. El resultado neto fue la reproducción, generación tras generación, de las condiciones básicas necesarias para la manipulación y esclavización de las masas.
22 Este enfoque fáctico es un desarrollo relativamente reciente. Como señalan Kinsey, Pomeroy y Martin en su famoso estudio sobre el comportamiento sexual del varón humano, Filadelfia:
Saunders, 1948, pp. 21-22 “Desde los albores de la historia de la humanidad, desde los dibujos dejados por los pueblos primitivos, hasta el desarrollo de todas las civilizaciones (antigua, clásica,
oriental, medieval y moderna), los hombres han registrado sus actividades sexuales y su pensamiento sobre el sexo. La literatura impresa es enorme y el resto del material es inagotable... [Esta literatura] es a la vez un interesante reflejo del absorbente interés del hombre por el sexo y de su asombrosa ignorancia al respecto; de su deseo de saber y de su falta de voluntad para enfrentarse a los hechos; de su respeto por un enfoque científico objetivo de los problemas implicados y de su abrumador impulso poético, pornográfico, literario, filosófico, tradicional y moral, en definitiva, de cualquier cosa menos de averiguar los hechos básicos sobre sí mismo.”
5. LA FUNCIÓN DE LA FAMILIA
En su estudio clásico sobre El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels atribuye tres funciones principales a la familia en la sociedad capitalista:
(a) Era un mecanismo de transmisión de la riqueza a través de la herencia, proceso que permitía a los grupos sociales dominantes perpetuar su poder económico. Esta ha sido, sin duda, una función importante de la familia burguesa. Sin embargo, la esperanza de Engels de que “con la desaparición de la propiedad privada la familia perdería su última razón de ser” no se ha materializado. La propiedad privada de los medios de producción ha sido abolida en Rusia desde hace más de cincuenta años y, sin embargo, la familia (en el sentido compulsivo y burgués) todavía parece profundamente arraigada tanto en la conciencia como en la realidad rusas. Por una extraña paradoja, es en el Occidente capitalista donde la familia burguesa está siendo sometida a la crítica más radical, tanto en la teoría como en la práctica
(b) La familia era también una unidad de producción económica, sobre todo en el campo y en el pequeño comercio. La gran industria y el desplazamiento generalizado a las ciudades característico del siglo XX han reducido notablemente la importancia de esta función.
(c) La familia fue finalmente un mecanismo de propagación de la especie humana. Esta afirmación también es correcta, en relación con todo un período de la historia humana. Por supuesto, no debe interpretarse como que, si no fuera por los matrimonios civiles o religiosos de tipo burgués (lo que Engels llamaba “los permisos para practicar el sexo”) ¡la propagación de la especie humana cesaría abruptamente! Otros tipos de relaciones (más o menos duraderas, monógamas–ono–mientras duren) son ciertamente concebibles. En una sociedad comunista, los cambios tecnológicos y los nuevos modelos de vida eliminarían en gran medida las tareas domésticas. La crianza de los hijos probablemente no sería función exclusiva de una pareja de individuos durante más de un tiempo. Lo que se suele dar como razones psicológicas para la perpetuación del matrimonio compulsivo son a menudo meras racionalizaciones.
Los comentarios de Engels sobre la familia, en parte válidos como todavía lo son (y válidos como pueden haber sido) no permiten realmente captar todo el significado de esta institución. Ignoran toda una dimensión de la vida. El psicoanálisis clásico insinuaba otra función: la transmisión del modelo cultural dominante. El psicoanálisis revolucionario iba a llevar este concepto mucho más lejos.
El propio Freud había señalado que los padres educaban a sus hijos según los dictados de sus propios superegos (de los padres):23
“En general, los padres y autoridades similares siguen los dictados de sus propios superegos en la crianza de los hijos... En la educación del niño son severos y exigentes. Han olvidado las dificultades de su propia infancia y se alegran de poder identificarse por fin plenamente con sus propios padres, que en su día les sometieron a tan severas restricciones. El resultado es que el superyó del niño no se construye realmente sobre el modelo de los padres, sino sobre el del superyó de los padres. Se apropia del mismo contenido, se convierte en el vehículo de la tradición y de todos los valores seculares que se han transmitido así de generación en generación... La humanidad nunca vive completamente en el presente; las ideologías del superyó perpetúan el pasado, las tradiciones de la raza y del pueblo, que ceden lentamente a la influencia del presente y a los nuevos desarrollos. Mientras funcionen a través del superyó, desempeñan un papel importante en la vida del hombre, con total independencia de las condiciones económicas.”24
Reich iba a desarrollar estas ideas para explicar el desfase entre la conciencia de clase y la realidad económica, y la tremenda inercia social que representan los hábitos de deferencia y sumisión entre los
oprimidos. Para ello tuvo que lanzar un ataque frontal a la institución de la familia burguesa, un ataque que iba a provocar acalorados ataques contra él. Éstos iban a ser lanzados no sólo por reaccionarios y fanáticos religiosos de todo tipo, sino también por psicoanalistas
23 Según el modelo freudiano, la personalidad está formada por el yo, el ego y el superego. El primero y el último son inconscientes. El yo es la suma total de las pulsiones instintivas del individuo. El superego es una especie de policía interna, que se origina en las restricciones ejercidas sobre el individuo“ennombre de la sociedad” por los padres y otros educadores. El ego es el yo consciente del hombre.
24 S. Freud, New Introductory Lectures on Psychoanalysis. Londres: Hogarth Press, 1933, pp. 90- 91.
ortodoxos25 y por marxistas vulgares.26
“A medida que la base económica (de la familia) perdía importancia”, –escribió Reich–,“sulugar fue ocupado por la función política que la familia comenzó a asumir. Su función cardinal, aquella por la que es mayormente apoyada y defendida por la ciencia y el derecho conservadores, es la de servir como fábrica de ideologías autoritarias y estructuras conservadoras. Constituye el aparato educativo por el que tiene que pasar prácticamente todo individuo de nuestra sociedad, desde el momento en que respira por primera vez... es la cinta transportadora entre la estructura económica de la sociedad conservadora y su superestructura ideológica”.27
Reich indagó sin miramientos en el comportamiento familiar. El tipo predominante (la familia de “clase media-baja”) se extendía a lo alto de la escala social, pero incluso a la clase de los trabajadores industriales. Su base era“larelación del padre patriarcal con su mujer y sus hijos... debido a la contradicción entre su posición en el proceso productivo (subordinado) y su función familiar (jefe) es un de tipo sargento mayor. Se doblega ante los de arriba, absorbe las actitudes imperantes (de ahí su tendencia a la imitación) y domina a los de abajo. Transmite los conceptos gubernamentales y sociales y los impone”.28 El proceso está “mitigado en el obrero industrial promedio por el hecho de que los niños están mucho menos supervisados”.29
Casi todos los reaccionarios perciben claramente que la libertad sexual subvertiría el matrimonio compulsivo y con él la estructura autoritaria de la que forma parte la familia. (La actitud de los coroneles griegos hacia las minifaldas, la coeducación y la literatura “permisiva” sería un ejemplo de libro de texto de lo que estamos hablando). Por tanto, las inhibiciones sexuales deben anclarse en los jóvenes.
25 En 1927, el propio Freud advirtió a Reich, su antiguo alumno, que al atacar a la familia estaba“entrando en un avispero”. En agosto de 1934, Reich sería expulsado de la Asociación Alemana de Psicoanalistas.
26 En 1933, Reich fue expulsado del Partido Comunista Alemán. En diciembre de 1932, el Partido había prohibido la circulación de sus obras en el Movimiento de la Juventud Comunista, entre quienes habían tenido un eco considerable. Marxista y psicoanalista, Reich vio cómo su obra era condenada por quienes se proclamaban abanderados del marxismo y el psicoanálisis. Un poco más tarde, los nazis prohibirían también la circulación de sus obras en Alemania.
27 W. Reich, La revolución sexual, op. cit., p. 72. 28 Ibídem, p. 73.
29 Ibídem, p. 75.
“Ala sociedad autoritaria no le preocupa la “moralidad perse”. Más bien, el anclaje de la moral sexual y los cambios que provoca en el organismo crean esa estructura psíquica específica que constituye la base psicológica de masas de todo orden social autoritario. La estructura vasalla es una mezcla de impotencia sexual, impotencia, anhelo de un Führer, miedo a la autoridad, miedo a la vida y misticismo. Se caracteriza por la lealtad devota y la rebelión simultánea... Las personas con tal estructura son incapaces de vivir democráticamente. Su estructura anula todos los intentos de establecer o mantener
organizaciones que se rijan por principios verdaderamente democráticos.30 Forman el sustrato psicológico de masas en el que pueden desarrollarse las tendencias dictatoriales o buro- cráticas de sus líderes democráticamente elegidos”.31
Una sociedad de clases sólo puede funcionar mientras los que explota acepten su explotación. La afirmación parece tan obvia que apenas necesita ser elaborada. Sin embargo, en la escena política actual hay grupos que sostienen que las condiciones están“másque maduras para la revolución” y que sólo la falta de una dirección adecuada impide que las masas revolucionarias, que anhelan una transformación total de sus condiciones de vida, lleven a cabo dicha revolución. Por desgracia, esto está muy lejos de ser así. De manera empírica, incluso Lenin lo percibió. En abril de 1917 escribió:“Laburguesía se mantiene no sólo por la fuerza, sino también por la falta de conciencia, por la fuerza de la costumbre y el hábito entre las masas”.32
Es obvio que si grandes sectores de la población cuestionaran constantemente los principios de la jerarquía, la organización autoritaria de la producción, el sistema salarial u otros aspectos fundamentales de la estructura social, ninguna clase dominante podría mantenerse en el poder durante mucho tiempo. Para que los gobernantes sigan gobernando es necesario que los que se encuentran
30 La relevancia de esto para la mayoría de las organizaciones de “izquierda” apenas necesita ser subrayada. Los propios revolucionarios -en esto como en tantos otros aspectos- están entre los peores enemigos de la revolución.
31 Ibídem, p. 79.
32 V. I. Lenin, Obras escogidas, vol. VI, p. 36. Lenin escribió esto a pesar de una completa falta de comprensión o conciencia de los mecanismos por los que“lafuerza de la costumbre y el hábito entre las masas” se mediaron y perpetuaron. Esta falta de comprensión le llevaría a su abierta hostilidad hacia la revolución sexual que recorrió Rusia tras la Guerra Civil y a contribuir con un elemento más a la degeneración burocrática.
en la parte inferior de la escala social no sólo acepten su condición, sino que acaben perdiendo incluso la sensación de ser explotados. Una vez logrado este proceso psicológico, la división de la sociedad se legitima en la mente de las personas. Los explotados dejan de percibirla como algo impuesto desde fuera. Los oprimidos han interiorizado su propia opresión. Tienden a comportarse como robots, programados para no rebelarse contra el orden establecido. Los robots pueden incluso tratar de defender su posición subordinada, de racionalizarla y a menudo rechazarán como “pastelito en el cielo”cualquier conversación sobre la emancipación. Suelen ser impermeables a las ideas progresistas. Sólo en momentos de ocasionales estallidos insurreccionales los gobernantes tienen que recurrir a la fuerza, como una especie de refuerzo de un estímulo condicionante. Reich describe este proceso de la siguiente manera:
“Nose trata simplemente de imponer ideologías, actitudes y conceptos a los miembros de la sociedad. Se trata de un proceso profundo en cada nueva generación de formación de una estructura psíquica que corresponde al orden social existente, en todos los estratos de la población... Dado que este orden moldea la estructura psíquica de todos los miembros de la sociedad, se reproduce en las personas... el primero y más importante lugar de reproducción del orden social es la familia patriarcal, que crea en los niños un carácter que los hace susceptibles a la influencia posterior de un orden autoritario... este anclaje caracteriológico del orden social explica la tolerancia de los reprimidos hacia el dominio de la clase alta, una tolerancia que a veces llega hasta la afirmación de su propio sometimiento... La investigación de la estructura del carácter, por tanto, tiene un interés más que clínico. Lleva a preguntarse por qué las ideologías cambian mucho más lentamente que la base socioeconómica, por qué el hombre, por regla general, va tan retrasado con respecto a lo que crea y que debería y podría cambiarlo. La razón es que la estructura del carácter se adquiere en la primera infancia y sufre pocos cambios.”33
33 Prefacio a la primera edición de W. Reich, Character Analysis. Londres: Vision Press Ltd., 1958, pp. XX I, XX II, XXIV.
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Retomando el título de este panfleto, es esta estructura colectiva del carácter, esta coraza “protectora” de reacciones y pensamientos rígidos y estereotipados, la que determina el comportamiento irracional de los individuos, de los grupos o de las grandes masas. En palabras de Spinoza, nuestro trabajo es “no reír ni llorar, sino comprender”. Es en esta estructura de carácter colectivo de las masas donde se puede encontrar explicación a la falta de conciencia de clase del proletariado, a su aceptación del orden establecido, a su fácil adhesión a las ideas reaccionarias, a su participación en las guerras imperialistas. Es también aquí donde hay que buscar la causa del dogmatismo, de las actitudes religiosas en política, del conserva- durismo entre los “revolucionarios” y de las ansiedades generadas por lo nuevo. Es aquí donde hay que buscar las raíces de“loirracional en la política”.
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6. LAS RAÍCES HISTÓRICAS
No todas las sociedades humanas son –o han sido– sexualmente reprimidas. Hay pruebas considerables de que el ethos y las costumbres sexuales de ciertas sociedades primitivas–yde ciertas sociedades “primitivas” actuales– son muy diferentes de las del“hombre occidental moderno”.
Es imposible entender cómo o por qué se originó la represión sexual–yqué influencias la mantienen, potencian o debilitan– sin ver el problema en un contexto mucho más amplio, a saber, el de la evolución histórica de las relaciones entre los sexos, en particular de la evolución de relaciones humanas como el parentesco y el matrimonio. Estas son las preocupaciones centrales de la antropología social moderna.
Todo el tema es como un campo de minas, plagado de zancadillas metodológicas y terminológicas. Hace unos cien años se publicaron varios libros importantes que sacudieron de raíz el pensamiento establecido al cuestionar la inmutabilidad de las instituciones y el comportamiento humanos.34 Los autores de estos libros desempeñaron un papel importante en la historia de la antropología. Intentaron situar el tema sobre una base histórica firme. Señalaron importantes conexiones entre las formas de matrimonio y las costumbres sexuales, por un lado, y, por otro, factores como el nivel tecnológico, la herencia de la propiedad y las relaciones de autoridad que prevalecían en los distintos grupos sociales, etc. Ellos fundaron todo el estudio del parentesco y le dieron su terminología. Pero llevados por la gran euforia científica y racionalista de finales del siglo XIX estos autores generalizaron mucho más allá de lo que era permisible sobre la base de los datos disponibles. Construyeron grandes esquemas y sacaron conclusiones sobre la historia de la humanidad que algunos expertos modernos han calificado amablemente como “famosas especulaciones
34 Entre estos libros cabe mencionar Das Mutterrecht de J. J. Bachofen, Stuttgart, 1861; Primitive Marriage de J. F. McLennan. Londres: Black, 1865 y Studies in Ancient History. Londres:
Macmillan, 1876, L. H. Morgan’s Ancient Society. Nueva York: Holt, 1870, y Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family. Washington: Smithsonian Institute, 1877, Engels The Origin of the Family, Private Property and the State. Zürich, 1884), y E. Westermarck’s The History of Human Marriage. Londres: Macmillan, 1889.
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pseudohistóricas”35 y otros como "bastante asombrosamente sin fundamento”.36
A continuación resumiremos brevemente estas concepciones “clásicas”(en relación con los ámbitos que nos ocupan) con el fin de comentar lo que sigue siendo válido en ellas, lo que es dudoso y lo que ya no puede aceptarse a la luz de los conocimientos modernos.
En las sociedades primitivas el nivel de tecnología era muy bajo y no había excedentes de producción de los que pudieran apropiarse los sectores no productivos de la comunidad. Había una división del trabajo elemental, “biológica”: los hombres, que eran más fuertes, salían a cazar o a sembrar el campo; las mujeres preparaban las comidas y cuidaban a los niños. Se sostenía que en estas sociedades eran habituales los “matrimonios en grupo”. Por ello, era difícil o imposible conocer al padre de un niño en particular. Por supuesto, siempre se conocía a la madre y, por tanto, se reconocía la descen- dencia en términos matrilineales. Estas sociedades fueron denominadas“matriarcales”. Con la mejora de la tecnología (el descubrimiento del bronce y el cobre, la fundición del mineral de hierro, la fabricación de utensilios, el desarrollo de nuevos métodos de cultivo de la tierra y de cría de ganado) pronto fue posible que ”dos brazos produjeran más de lo que una boca podía consumir”.
La guerra y la captura de esclavos se convirtieron en una propuesta significativa. El papel económico de los hombres de la tribu pronto asumió una preponderancia que ya no se correspondía con su equívoca condición social. En palabras de Engels:
“a medida que la riqueza aumentaba, por un lado daba al hombre un status más importante en la familia que a la mujer, y por otro lado creaba un estímulo para utilizar esta posición reforzada para derrocar el orden tradicional de la herencia a favor de sus hijos. Pero esto era imposible mientras prevaleciera la descendencia por derecho materno.”37
35 Véase African Systems of Kinship and Marriage, de A. R. Radcliffe-Brown y D. Forde. Oxford University Press, 1950, p. 72.
36 R. Fox, Kinship and Marriage. Harmondsworth: Penguin Books, 1967, p. 18.
37 F. Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Moscú: F.L.P.H., 1954, p. 92. 38
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Según la teoría“clásica”se produjo entonces un profundo cambio, probablemente extendido a lo largo de muchos siglos, que Engels describió como“laderrota histórica mundial del sexo femenino.”38 Los varones se convirtieron gradualmente en el sexo dominante, tanto económica como socialmente. Las mujeres se convirtieron en una mercancía que se intercambiaba por ganado o armas. Con los nuevos cambios en la productividad del trabajo, se producía ahora un claro excedente social. Los que tenían acceso a este excedente intentaron institucionalizar su derecho a él como “propiedad privada” y dejar parte de él a sus descendientes. Pero para ello debían saber quiénes eran sus descendientes. De ahí la aparición de la familia patriarcal, del matrimonio monógamo, y de una moral sexual que acentúa la castidad femenina y que exige a las mujeres la virginidad antes del matrimonio y la fidelidad durante el mismo. La infidelidad femenina se convierte en un delito castigado con la muerte, pues permite que surjan dudas sobre la legitimidad de la descendencia.
Lo que es falso en este esquema es la noción–amenudo explícita– de que toda la humanidad pasó por una serie de estados caracterizados por formas específicas de organización social y patrones específicos de herencia.
Hay pocas pruebas de que las sociedades basadas en el “matriarcado”39
o incluso en la “matrilinealidad” fueran formas universalmente dominantes. Es erróneo considerar cualquier tribu contemporánea en la que la descendencia matrilineal siga existiendo como una especie de fósil, detenido en una etapa anterior del desarrollo evolutivo.40 También es erróneo asociar formas específicas de matrimonio con niveles específicos de desarrollo tecnológico (“el matrimonio en grupo” para la “sociedad salvaje”, “la familia sindiásmica” para la
38 Ibídem, p. 94.
39 Probablemente nunca ha existido una sociedad verdaderamente “matriarcal” en el sentido de una imagen especular de la sociedad patriarcal. La noción de una sociedad en la que las esposas tienen el control del dinero, dan órdenes a sus maridos, los golpean de vez en cuando y toman todas las decisiones importantes que conciernen tanto a los individuos como a la tribu en su conjunto es, en el mejor de los casos, una proyección retrospectiva o una pesadilla de los hombres cargados de culpa.
40 Es interesante que las sociedades matrilineales modernas más conocidas (los nayar de Kerala y los malayos de Menangkabau), lejos de ser “primitivas”, son pueblos avanzados, alfabetizados y cultos, que han producido una extensa literatura. Los khasi de Assam son menos avanzados, pero están lejos de ser salvajes. Como señalan Radcliffe-Brown y Forde: African Systems of Kinship and Marriage “los casos típicos de derecho materno no se encuentran entre los pueblos más primitivos, sino en sociedades avanzadas o relativamente avanzadas.”
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“barbarie”,“elmatrimonio monógamo” para la “civilización”, etc.). Esto no quiere decir que los sistemas de parentesco sean arbitrarios. Son adaptables y, sin duda, se han adaptado para satisfacer las distintas necesidades humanas. Estas “necesidades” han diferido mucho según la densidad de población, las condiciones climáticas, la fertilidad de la tierra y otras muchas variables, conocidas y desconocidas. Por otra parte, las alternativas “patriarcal” y “matriarcal”son extremadamente ingenuas.41 Ahora sabemos que hay que distinguir entre patrones de herencia matrilineales, patrilineales o“cognáticos” (parentesco por ambas líneas) y entre patrones de residencia matrilocales y patrilocales (¿quién vive dónde?), y queéstos, a su vez, ejercen una influencia considerable en las costumbres sociales y sexuales. También hay diferencias entre las relaciones y
obligaciones de persona a persona (herencia, etc.) y las obligaciones de grupo (en relación con la tierra común o adjudicable, con el culto a los antepasados, con los “deberes” de vengar la muerte, etc.) y éstas pueden entrar en conflicto. La realidad es extremadamente compleja en sus manifestaciones y éstas no pueden ser hoy tan fácilmente“ordenadas” como lo fueron en el pasado. Además,“lapropia rigidez de las teorías [clásicas] dificulta su utilización y contrasta con la maleabilidad del ser humano”.42
¿Qué queda, pues, del esquema clásico? En primer lugar, la valentía y la ambición intelectuales de intentar captar la realidad en su totalidad y de no refugiarse tras la complejidad de los hechos para proclamar la incoherencia de la naturaleza. Cuando se oye decir que la “antropología moderna” ha “invalidado a Morgan”, uno recuerda los veredictos que se oyen a menudo de que la “sociología moderna” ha “invalidado a Marx”. En un nivel esto es cierto, pero también hay una confusión deliberadamente entretenida entre la perspectiva y el detalle, entre el método y el contenido, entre la intención y la realización.
En un plano más específico, sigue siendo cierto que la aparición de un excedente social condujo a una lucha por su apropiación y a intentos de restringir su dispersión por medios institucionalizados. También es cierto que, en general, este proceso estuvo asociado a una progresiva
41 En esto se parecen a muchas de las “alternativas” que proponen hoy muchos de los llamados revolucionarios (por ejemplo, el “matrimonio monógamo” o las “comunas” para la vida “después de la Revolución”).
42 Fox, op. cit., p. 63.
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restricción de los derechos sexuales femeninos y a la aparición de una moral cada vez más autoritaria. Aunque algunas sociedades matri- lineales pueden haber sido sexualmente inhibidas, y aunque no todas las sociedades patriarcales son necesariamente represivas, sigue siendo cierto que, en general, cuanto más extendidas están las funciones “patriarcales”, más represivas han sido las sociedades. El psicoanálisis moderno puede arrojar más luz sobre los mecanismos por los que se produjo esto. En este punto sólo podemos señalar unárea que necesita ser estudiada urgentemente.
La condición de “inferioridad” de las mujeres pronto fue ampliamente aceptada. A lo largo de los siglos, en la sociedad esclavista, en la feudal y en la capitalista –pero también en las muchas partes del mundo que no han pasado por esta secuencia– surgió todo un ethos, toda una filosofía y todo un conjunto de costumbres sociales que consagraron esta relación de subordinación, tanto en la vida real como en la mente de hombres y mujeres.
Los textos sagrados de los hindúes limitan el acceso de las mujeres a la libertad y a los bienes materiales. Los antiguos griegos eran profunda- mente misóginos y relegaban a sus mujeres al gynecaeum. Pitágoras habla de“unprincipio bueno que creó el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que creó el caos, la oscuridad y la mujer”.
Demóstenes proclamó que“setomaba una esposa para tener hijos legítimos, concubinas para ser bien cuidadas y cortesanas para los placeres del amor físico”. Platón en su República declara que “los matrimonios más santos son los que más benefician al Estado”. Los padres de la Iglesia cristiana pronto lograron destruir las primeras esperanzas de libertad y emancipación que habían llevado a muchas mujeres al martirio. Las mujeres se convirtieron en sinónimo de tentación eterna. Son vistas como una constante “invitación a la fornicación, una trampa para los incautos”. San Pablo afirma que “el hombre no fue creado para la mujer, sino la mujer para el hombre”. San Juan Crisóstomo proclama que “entre todas las fieras, ninguna es tan peligrosa como la mujer”. Según Santo Tomás de Aquino,“lamujer está destinada a vivir bajo el dominio del hombre y no tiene autoridad propia”.
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Estas actitudes se perpetúan en la ideología dominante de la Edad Media e incluso en tiempos más recientes. Milton, en El Paraíso Perdido, proclama que“elhombre fue hecho para Dios y la mujer para el hombre”. Schopenhauer define a la mujer como“unanimal de pelo largo e ideas cortas”, y Nietzsche la llama“elpasatiempo del guerrero”. Incluso el embrollado Proudhon la considera “ama de casa o cortesana” y proclama que“nipor naturaleza ni por destino la mujer puede ser asociada, ciudadana o titular de un cargo público”. El Kaiser Wilhelm II definió el papel de la mujer (del que luego se hizo eco el Tercer Reich) como “Kirche, Küche, Kinder” (Iglesia, Cocina, Niños).
En 1935, Wilhelm Reich escribió una importante obra, Der Einbruch der sexual-moral, en la que analiza cómo se desarrolló una moral sexual autoritaria. En él, Reich comenta algunas interesantes
observaciones de Malinowski sobre los habitantes de las islas Trobriand (frente a Nueva Guinea Oriental), donde prevalecían las formas de parentesco matrilineales. (Reich había conocido a Malinowski en Londres en 1934.) Entre los trobriandeses había un juego sexual libre durante la infancia y una considerable libertad sexual durante la adolescencia. Los tics y las neurosis eran práctica- mente desconocidos y la actitud general hacia la vida era fácil y relajada. Sin embargo, Reich habla de la práctica según la cual, entre los grupos dirigentes, se alentaba a ciertas muchachas a casarse con sus primos hermanos (los hijos del hermano de su madre), lo que permitía recuperar las liquidaciones matrimoniales y mantenerlas dentro de la familia. Mientras que la libertad sexual estaba extendida entre todos los demás jóvenes trobriandeses, los destinados a un determinado matrimonio estaban sometidos desde muy pronto a todo tipo de tabúes sexuales. Los intereses económicos–laacumulación de riqueza dentro del grupo dirigente– determinaban las restricciones a la libertad sexual dentro de este grupo.
Reich contrasta vívidamente a los trobriandeses y a otras sociedades sexualmente desinhibidas con las sociedades patriarcales clásicas que producen neurosis y miseria en masa a través de la represión sexual. Con el fortalecimiento del patriarcado:
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“la familia adquiere, además de su función económica, la función mucho más significativa de cambiar la estructura humana del miembro libre del clan a la del miembro reprimido de la familia... la relación entre los miembros del clan, que era libre y voluntaria, basada únicamente en intereses vitales comunes, es sustituida por un conflicto entre intereses económicos y sexuales. La realización voluntaria del trabajo se sustituye por el trabajo compulsivo y la rebelión contra él. La socialidad sexual natural es sustituida por las exigencias de la moral; la relación amorosa voluntaria y feliz es sustituida por la represión genital, las perturbaciones neuróticas y las perversiones sexuales; el organismo biológico naturalmente fuerte y auto- suficiente se convierte en débil, indefenso, dependiente, temeroso de Dios; la experiencia orgiástica de la naturaleza es sustituida por el éxtasis místico, la “experiencia religiosa” y el anhelo vegetativo insatisfecho; el ego debilitado del individuo busca su fuerza en la identificación con la tribu, más tarde con la“nación”,y con el jefe de la tribu, más tarde con el patriarca de la tribu y el rey de la nación.43 Con ello se ha producido el nacimiento de la estructura vasalla; el anclaje estructural de la subyugación humana está asegurado.”44
43O con el Partido, o con el Secretario General del Partido. 44 W. Reich, La revolución sexual, op. cit., pp. 161-2.
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7. WILHELM REICH Y LA REVOLUCIÓN SEXUAL
Los que quieren cambiar la sociedad deben tratar de entender cómo actúan y piensan las personas en la sociedad. Este no es un campo en el que los revolucionarios tradicionales se sientan a gusto. Por las razones que hemos mostrado, se sienten claramente incómodos en él. Los puntos de vista de Reich sobre el condicionamiento sexual son ciertamente relevantes aquí, independientemente de lo que uno pueda pensar de otros aspectos de su trabajo.
Conviene aclarar inmediatamente algunos posibles malentendidos. No estamos diciendo que la revolución sexual sea la revolución. No hemos abandonado la lucha por la Revolución para convertirnos en “profetas del mejor orgasmo”. No estamos en tránsito de la política revolucionaria colectiva a la emancipación sexual individual. No estamos diciendo que los factores sexuales deban ser sustituidos por los económicos en la comprensión de la realidad social o que la comprensión de la represión sexual generará automáticamente una visión de los mecanismos de explotación y alienación que están en la raíz de la sociedad de clases. Tampoco estamos respaldando los escritos posteriores de Reich, ya sea en el campo de la biología o en el de la política.
Lo que decimos es que la revolución es un fenómeno total o no es nada,45 que una revolución social que no sea también una revolución sexual es poco probable que haya ido mucho más allá de la superficie de las cosas y que la emancipación sexual no es algo que “vendrádespués”, “automáticamente” o como un “subproducto” de una revolución en otros aspectos de la vida de las personas. Insistimos en que no puede haber una “comprensión” total de la realidad social que deje de lado los factores sexuales y que la propia represión sexual tiene tanto orígenes económicos como efectos sociales. Intentamos explicar algunas de las dificultades a las que se enfrentan los revolucionarios y algunos de los problemas reales a los que se enfrentan, aquí y ahora. Por último, intentamos explicar por qué la tarea del militante puramente “industrial” o del revolucionario pura- mente “político” es tan difícil, poco gratificante y, a la larga, estéril.
45 Como subrayó una vez San Justo, “los que sólo llevan a cabo una revolución a medias cavan su propia tumba”.
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Si los revolucionarios no son claramente conscientes de todas las resistencias a las que se enfrentan, ¿cómo pueden esperar romperlas? A menos que los revolucionarios sean claramente conscientes de las resistencias (es decir, de las influencias insospechadas de la ideología dominante) dentro de ellos mismos, ¿cómo pueden esperar llegar a enfrentarse a los problemas de los demás?
¿Qué parte de la vida del ciudadano de a pie se dedica a la “política”(incluso en términos básicos de lucha económica organizada) y quéparte a los problemas de las relaciones interpersonales? Plantear la pregunta ya es dar una respuesta. Sin embargo, basta con echar un vistazo a la literatura política de la izquierda media actual. Leyendo las columnas del “Morning Star”, “Workers Press” o“Socialist Standard”uno no se da cuenta de que los problemas discutidos en este panfleto siquiera existen. El hombre es visto como un fragmento ridículo de su estatura completa. Rara vez se tiene la impresión de que los revolucionarios tradicionales están hablando de personas reales, cuyos problemas en relación con las esposas, los padres, los compañeros o los hijos ocupan al menos tanto su vida como su lucha contra la explotación económica. Los marxistas a veces afirman (pero más a menudo sólo insinúan) que un cambio en las relaciones de propiedad (o en las relaciones de producción) iniciará un proceso que acabarápor resolver los problemas emocionales de la humanidad (¿el fin de la miseria sexual mediante un cambio en la dirección?). Esto no se deduce en absoluto. Si Marx tiene razón en que“elsocialismo es la autoconciencia positiva del hombre”, la lucha a nivel de la emanci- pación sexual debe librarse en términos explícitos y la victoria no debe dejarse simplemente para que ocurra (o no ocurra) en la estela del cambio económico. Sin embargo, es difícil convencer al revolucionario promedio de esto. Su propia “armadura de carácter” le hace impermeable a las necesidades básicas de muchos de aquellos en cuyo nombre creen que están actuando. Tienen miedo de politizar la cuestión sexual porque tienen miedo de lo que hay en ellos mismos.
¿Cuáles son las implicaciones prácticas de las ideas que hemos esbozado aquí? ¿Puede tener lugar la revolución sexual en un contexto capitalista? ¿Puede tener lugar una revolución total mientras la gente sigue reprimida sexualmente? Esperamos, en esta sección, mostrar que incluso plantear la cuestión en estos términos es erróneo y que
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hay una profunda relación dialéctica entre ambos que nunca debe perderse de vista.
En un principio, Reich esperaba que fuera posible eliminar las neurosis de las personas mediante la educación, la explicación y el cambio de sus hábitos sexuales. Pero pronto se dio cuenta de que era una pérdida de tiempo poner a los pacientes en fila en el diván del analista si la sociedad producía neurosis más rápido de lo que los analistas eran capaces de hacer frente a ellas. La sociedad capitalista era una industria de producción en masa en lo que respecta a las neurosis. Y cuando no producía neurosis bien definidas y reconocibles clínicamente, a menudo producía “adaptaciones” que incapacitaban al individuo
obligándolo a someterse. (En la sociedad moderna, la sumisión y la adaptación son a menudo el precio que se paga para evitar una neurosis individual). La creciente conciencia de este hecho llevó a Reich a cuestionar cada vez más todo el modelo de organización social y a sacar conclusiones revolucionarias. Llegó a ver que“elproblema sexual” estaba profundamente relacionado con las estructuras sociales autoritarias y que no podía resolverse sin derrocar el orden establecido.
En este punto, muchos habrían abandonado el psicoanálisis por la política radical de tipo clásico. Lo que convierte a Reich en un pensador tan interesante y original es que también percibió lo contrario, es decir, que sería imposible alterar fundamentalmente el orden social existente mientras las personas estuvieran condicionadas (mediante la represión sexual y una educación autoritaria) a aceptar las normas fundamentales de la sociedad que les rodeaba. Reich se afilió al Partido Comunista austriaco en julio de 1927, tras los tiroteos de Schattendorf y Viena,46 y participó en reuniones, distribución de panfletos, manifestaciones, etc. Pero al mismo tiempo continuódesarrollando el psicoanálisis revolucionario, guiándolo hacia un
46 A principios de 1927, en la pequeña ciudad austriaca de Schattendorf, algunos miembros de la Heimwehr (una formación paramilitar de derecha, parte de la cual desertó más tarde a los nazis) habían abierto fuego desde una posada atrincherada contra una procesión pacífica de trabajadores socialistas, matando a dos e hiriendo a muchos. El 14 de julio los asesinos fueron absueltos por un juez fiel al Antiguo Régimen. Al día siguiente hubo una huelga masiva y manifestaciones callejeras en Viena, en el curso de las cuales la multitud incendió el Palacio de“Justicia”. La policía abrió fuego a corta distancia. 85 civiles, todos ellos trabajadores, murieron, algunos de ellos a manos de la policía a la que intentaban rescatar del edificio en llamas. La mayoría de los muertos fueron enterrados en una “Tumba de Honor” masiva proporcionada por el Consejo de Viena, entonces bajo control socialista. Los acontecimientos supusieron un punto de inflexión en la historia de Austria. Para más detalles, véase Fallen Bastions, de G. E. R. Geyde.
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territorio biológicamente inexplorado. Lo llevó desde donde dejaba de ser una profesión cómoda a zonas donde empezaba a ser una
ocupación peligrosa. Creó clínicas de higiene sexual gratuitas en los barrios obreros de Viena. Estas clínicas fueron muy populares. Le proporcionaron a Reich una visión muy profunda no sólo de la miseria sexual y económica de la población, sino también de“laestructura irracional adquirida de las masas” que hacía posible “la dictadura mediante la utilización de lo irracional”47 En los escritos de Reich “el hombre” como paciente y el “hombre” como ser social se fundían cada vez más en uno. Las propias experiencias de Reich en la política (el respaldo y la “justificación” de la brutalidad policial por parte de amplios sectores de la población austriaca, la aceptación de la autoridad incluso por parte de los hambrientos, el acceso relativa- mente fácil al poder por parte de los nazis en Alemania, el triunfo de los “piratas políticos” sobre las “masas reprimidas y hambrientas”) le llevaron a cuestionar cada vez más profundamente los mecanismos por los que la ideología dominante impregnaba las filas de los
oprimidos, a buscar cada vez más a fondo las raíces de lo “irracional en la política”.
Las conclusiones de Reich ya han sido indicadas: la estructura del carácter de las personas les impide tomar conciencia de sus verdaderos intereses. El miedo a la libertad, el anhelo de orden (de cualquier tipo), el pánico ante la idea de verse privado de un líder, la ansiedad con la que se enfrentan al placer o a las nuevas ideas, la angustia provocada por tener que pensar por uno mismo, todo ello actúa contra cualquier deseo de emancipación social.
“Ahora entendemos”, –escribió Reich– ,“unelemento básico en la ‘retroacción de la ideología sobre la base económica’. La inhibición sexual altera la estructura del individuo económica- mente reprimido de tal manera que piensa, siente y actúa en contra de sus propios intereses materiales”.
Podría pensarse que de un análisis de este tipo sólo pueden derivarse conclusiones pesimistas. Si una actitud racional hacia la sexualidad es imposible bajo el capitalismo (porque la continuación del capitalismo impide el desarrollo de la racionalidad en general), y si no es posible ningún cambio social real mientras la gente esté reprimida sexual-
47 W. Reich, The Mass Psychology of Fascism, op. cit., p. 212. 47
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mente (porque esto condiciona su aceptación de la autoridad), el panorama parece ciertamente sombrío, en relación con las revoluciones tanto sexuales como sociales.
La biografía de Cattier sobre Reich contiene un pasaje que ilustra brillantemente este dilema:
“Cuando Reich estaba con sus pacientes, se había dado cuenta de que éstos movilizaban todas sus reacciones de defensa contra él. Se aferraban a su equilibrio neurótico y experimentaban miedo cuando el analista se acercaba al material reprimido. De la misma manera, las ideas revolucionarias se deslizan por la coraza del carácter de las masas porque tales ideas apelan a todo lo que la gente ha tenido que sofocar dentro de sí misma para soportar su propio embrutecimiento.
Sería un error creer que los trabajadores no se rebelan porque carecen de información sobre los mecanismos de la explotación económica. De hecho, la propaganda revolucionaria que trata de explicar a las masas la injusticia social y la irracionalidad del sistema económico cae en saco roto. Los que se levantan a las cinco de la mañana para trabajar en una fábrica, y encima tienen que pasar dos horas de cada día en el metro o en los trenes de cercanías, tienen que adaptarse a estas condiciones eliminando de su mente todo lo que pueda poner en cuestión dichas condiciones. Si se dieran cuenta de que están desper- diciando sus vidas al servicio de un sistema absurdo, se volverían locos o se suicidarían. Para evitar esa percepción cargada de ansiedad, justifican su existencia racionalizándola48 y reprimen todo lo que pueda perturbarles y adquieren una estructura de carácter adaptada a las condiciones en las que deben vivir. De ahí que la táctica idealista consistente en explicar a la gente que estaba oprimida sea inútil, ya que la gente ha tenido que reprimir la percepción de la opresión para poder vivir con ella. Los propagandistas revolucionarios suelen afirmar que intentan elevar el nivel de conciencia de la gente. La experiencia demuestra que sus esfuerzos rara vez tienen éxito.
48 Esto es absolutamente correcto. Suelen ser los más oprimidos económicamente y los más desfavorecidos culturalmente los que argumentan con más ahínco sobre la necesidad de líderes y jerarquías y sobre la imposibilidad de la igualdad o de la gestión de los trabajadores, todo lo cual se describe con vehemencia como contrario a la “naturaleza humana” [Nota de Autor].
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¿Por qué? Porque tales esfuerzos chocan con todos los mecanismos de defensa inconscientes y con todas las diversas racionalizaciones que la gente ha construido para no ser consciente de la explotación y del vacío en sus vidas”.
Esta sombría imagen tiene mucha más verdad de la que la mayoría de los revolucionarios pueden admitir cómodamente. Pero, en última instancia, es inadecuada. Es inadecuada porque implica individuos totalmente maleables, en los que la represión sexual total ha producido los prerrequisitos para el condicionamiento total y, por tanto, para la aceptación total de la ideología dominante. La imagen es inadecuada porque no es dialéctica. No abarca la posibilidad de que las actitudes cambien, de que las“leyes”que rigen los mecanismos psicológicos se modifiquen, de que la lucha contra la represión sexual (dictada por las propias necesidades sexuales) afloje la “coraza de carácter” de los individuos y los haga más capaces de pensar y actuar racionalmente. En cierto sentido, el modelo descrito implica una visión de las reacciones psicológicas como algo inalterable y fijo, regido por leyes objetivas que operan independientemente de las acciones o deseos de los hombres. En este sentido guarda una extraña similitud con la imagen del capitalismo presente en la mente de tantos revolucionarios.49 Pero ni el mundo externo ni el interno del hombre existen de hecho en esta forma. La clase obrera no se somete a su historia, hasta que un día la hace estallar. Su lucha continua en la producción modifica constantemente el ámbito en el que deberálibrarse la siguiente fase de la lucha. Lo mismo ocurre con la lucha del hombre por la libertad sexual.
El propio Reich era consciente de esta posibilidad. En el prefacio a la primera edición del Análisis del carácter (1933) escribió:
“Gradualmente, con el desarrollo del proceso social, se desarrolla una discrepancia creciente entre la renuncia forzada y el aumento de la tensión libidinal: esta discrepancia socava la“tradición” y forma las actitudes psicológicas centrales que amenazan el anclaje”.
49 Véase Paul Cardan, Modern Capitalism and Revolution (en particular el capítulo 9, “Capitalist Ideology Yesterday and Today”).
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8. LÍMITES Y PERSPECTIVAS
El “debilitamiento de la tradición” al que se refería Reich ha progresado ciertamente en los últimos años. El cambio en las actitudes tradicionales está ganando impulso y se está haciendo más explícito de una manera que habría sorprendido y encantado a Reich. Viendo los estragos que le rodeaban en los barrios obreros de Viena y Berlín (a finales de los años 20 y principios de los 30), Reich escribió páginas brillantes y amargas sobre la miseria sexual de la adolescencia, sobre el daño causado a la personalidad por la culpa de la masturbación, sobre la ignorancia y la desinformación en materia de control de la natalidad, sobre el alto coste de los anticonceptivos, sobre los abortos clandestinos (tan a menudo el destino de la chica de la clase trabajadora o del ama de casa) y sobre la hipocresía del matrimonio burgués “compulsivo”con su inevitable concomitante de celos, adulterio y prostitución. La verdadera libertad sexual de los jóvenes, escribió Reich, significaría el fin de este tipo de matrimonio. La sociedad burguesa necesitaba el matrimonio burgués como una de las piedras angulares de su edificio. Para Reich cualquier libertad sexual a gran escala era inconcebible en el marco del capitalismo.
Lo que ha sucedido ha sido bastante diferente a todo lo que Reich podría haber previsto. En las sociedades industriales avanzadas, la persistente lucha de los jóvenes por lo que es uno de sus derechos fundamentales–elderecho a una vida sexual normal desde la edad en que son capaces de ello– ha conseguido hacer mella en la ideología represiva, provocar cambios y modificar el terreno en el que tendráque librarse la siguiente etapa de la lucha. Los adolescentes están saliendo de la atmósfera asfixiante de la familia tradicional, un acto que podría tener una importancia considerable. La información y la ayuda práctica sobre el control de la natalidad están ahora disponibles, incluso para los no casados. La creciente independencia económica de los jóvenes y el descubrimiento de los anticonceptivos orales proporcionan una sólida base material para todo el proceso. La actitud ante la “ilegitimidad” está cambiando gradualmente. La crianza de los hijos es más ilustrada. El aborto está más extendido, el divorcio es más fácil y los derechos económicos de las mujeres están más reconocidos. La comprensión es cada vez mayor. La gente empieza a comprender que la propia sociedad engendra los comportamientos antisociales que condena. Es cierto que todo esto sólo se ha conseguido a pequeña
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escala, sólo en algunos países50 y sólo frente a una tremenda
oposición. También es cierto que, como en la época de Reich, cada concesión es “demasiado tardía y demasiado limitada”, reconociendo tardíamente hechos establecidos en lugar de abrir un nuevo camino. Además, ninguno de los “reformistas” está todavía lo suficientemente desmitificado o no reprimido como para pregonar con audacia el mensaje de que el sexo es una actividad natural y placentera, o que el derecho a la felicidad sexual es un derecho humano básico. Rara vez se proclama que a lo largo de la historia la práctica del sexo nunca ha tenido como fin principal la procreación, sean cuales sean las prédicas de moralistas, sacerdotes, filósofos o políticos. Pero, a pesar de estas limitaciones, el hecho de que se esté desarrollando una revolución sexual es innegable, irreversible y de profunda trascendencia.
Como en otros ámbitos, el intento de emancipación sexual encuentra dos tipos de respuesta por parte de la sociedad establecida: la
oposición frontal–dequienes aún viven en la época victoriana– y el intento de recuperación. La sociedad moderna busca, en primer lugar, neutralizar cualquier amenaza que se le presente y, en última instancia, convertir esos desafíos en algo útil para sus propios fines. Busca recuperar con una mano lo que se ha visto obligada a ceder con la otra: partes de su control de la situación total.
En relación con el sexo, el fenómeno de la recuperación adopta la forma de alienar y cosificar la sexualidad primero, y de explotar frenéticamente esta cáscara vacía con fines comerciales después. Cuando la juventud moderna se libera del doble dominio de la moral tradicional represiva y de la familia patriarcal autoritaria, se encuentra con una imagen proyectada de la sexualidad libre que es en realidad una distorsión manipuladora de la misma. La imagen es a menudo poco más que un medio para vender productos. Hoy en día, el sexo se utiliza para vender de todo, desde cigarrillos hasta propiedades inmobiliarias, desde frascos de perfume hasta vacaciones de pago; desde lociones para el cabello hasta modelos del coche del próximo año. El mercado potencial es sistemáticamente estudiado, cuantificado, explotado.
50 En los países católicos o musulmanes, la represión sexual sigue siendo un pilar del orden social, pero incluso la Iglesia católica está teniendo problemas (tanto con su clero como con su juventud). Entre los guerrilleros palestinos, las mujeres luchan junto a los hombres. Esta lucha no puede librarse llevando un yashmak o aceptando los valores árabes tradicionales en cuanto al papel y la función de la mujer en la sociedad.
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La explosión “pornográfica” en Broadway (Nueva York) atiende ahora a una clientela antes reprimida de proporciones masivas y gustos variados. Allí, como en otros lugares, se trata a menudo de un estudio de consumo. Se organizan cabinas y exposiciones separadas para homosexuales (activos y pasivos), para fetichistas, para sádicos, para masoquistas, para mirones, etc. La publicidad de la moda, los espectáculos de striptease y ciertas revistas y películas ponen de manifiesto el éxito del desarrollo del sexo como una gran industria de consumo.
En todo esto, el sexo se presenta como algo que hay que consumir. Pero el instinto sexual difiere de otros instintos. El hambre puede satisfacerse con comida. El “alimento” del instinto sexual es, sin embargo, otro ser humano, capaz de pensar, actuar, sufrir. La alienación de la sexualidad en las condiciones del capitalismo moderno se inscribe en gran medida en el proceso general de alienación, en el que las personas se convierten en objetos (en este caso, objetos de consumo sexual) y las relaciones se vacían de contenido humano. La actividad sexual indiscriminada y compulsiva no es libertad sexual, aunque a veces sea una preparación para ella (lo que la moral represiva nunca puede ser). La ilusión de que el sexo alienado es la libertad sexual constituye un obstáculo más en el camino hacia la emancipación total. La libertad sexual implica la realización y la comprensión de la autonomía de los demás. Desgraciadamente, la mayoría de la gente todavía no piensa de esta manera.
Por lo tanto, la recuperación por parte de la sociedad de la revolución sexual tiene un éxito parcial. Pero crea la base para un desafío más profundo y fundamental. La sociedad moderna puede tolerar la sexualidad enajenada, al igual que tolera el consumo enajenado, los aumentos salariales que no superan los aumentos de la productividad del trabajo, o la “libertad” colonial en la que los “hechos de la vida económica” siguen perpetuando la división del mundo en “los que tienen” y “los que no tienen”. El capitalismo moderno no sólo tolera estos “desafíos” sino que los convierte en engranajes esenciales de su propia expansión y perpetuación. Intenta aprovechar las demandas sexuales de la juventud, primero distorsionándolas y luego integrán- dolas en el sistema actual, de la misma manera que las demandas de la clase trabajadora se integran en la economía de la sociedad de consumo. De ser una fuerza potencialmente liberadora, estas demandas
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tienden a convertirse en un mecanismo más de represión. Sin embargo, lo que la sociedad explotadora no podrá tolerar durante mucho tiempo es el desarrollo masivo de personas críticas, desmitificadas, autosuficientes, sexualmente emancipadas, autónomas, no alienadas, conscientes de lo que quieren y dispuestas a luchar por ello.
La afirmación del derecho a gestionar la propia vida, tanto en elámbito del sexo como en el del trabajo, está ayudando a desintegrar la ideología dominante. Está produciendo individuos menos compulsivos y obsesivos, y en este sentido está preparando el terreno para la revolución libertaria. (A la larga, incluso los revolucionarios tradicionales, ese depósito de puritanismo reprimido, se verán afectados).
El incesante cuestionamiento y desafío a la autoridad en el tema del sexo y de la familia compulsiva no puede sino complementar el cuestionamiento y desafío a la autoridad en otros ámbitos (por ejemplo, en el tema de quién debe dominar el proceso de trabajo–o de la finalidad del trabajo mismo). Ambos desafíos ponen de relieve la autonomía de los individuos y su dominio sobre aspectos importantes de su vida. Ambos exponen los conceptos alienados que pasan por racionalidad y que rigen gran parte de nuestro pensamiento y comportamiento. La tarea del revolucionario consciente es hacer explícitos ambos desafíos, señalar su contenido profundamente subversivo y explicar su interrelación. Comprender el psicoanálisis revolucionario es añadir una nueva dimensión a la crítica marxista de las ideologías y a la comprensión marxista de la falsa conciencia. Sólo entonces tendremos las herramientas para dominar nuestra propia historia, el socialismo (“la autoconciencia positiva del hombre”) seráuna posibilidad real, y el hombre podrá romper de una vez por todas con lo “irracional en la política” y con lo irracional en la vida.
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LA EXPERIENCIA RUSA
En los años que siguieron a la Revolución Rusa, el pensamiento y la acción “oficiales” en materia de sexualidad se vieron influidos por cuatro hechos principales:
a) La novedad, la profundidad y la gran escala de los problemas que los bolcheviques habían heredado. Las nuevas tareas debían ser abordadas en un momento en que otros innumerables problemas reclamaban atención urgente. En la lucha por la libertad sexual, la enseñanza marxista clásica no ofrecía ningún proyecto sobre“loque había que hacer”. A pesar de la gran agitación social, intelectual y cultural, a pesar de la ruptura generalizada de las familias y a pesar de la desintegración de muchos valores tradicionales, no había una visión clara o coherente de lo que debía hacerse.
b) Esta falta de propósito consciente estaba asociada a una creencia generalizada, falsa y bastante ingenua, de que la abolición de la explotación económica y la promulgación de una nueva legislación progresista eran suficientes para garantizar la liberación de la mujer. Se pensaba que esta liberación (a menudo concebida en el sentido restrictivo de “igualdad de derechos”) seguiría automáticamente a los cambios en la propiedad y se suponía que su crecimiento estaría garantizado por las nuevas leyes e instituciones del “estado obrero”.
c) Había un desconocimiento masivo de la importancia de la represión sexual –y de la moral tradicional basada en ella– como factor central del condicionamiento social. Sólo una pequeña minoría de revolucionarios veía una revolución sexual consciente como el medio indispensable para profundizar y completar la transformación social propuesta, mediante el cambio de la estructura mental del individuo de masas.
d) Entre muchos de los líderes bolcheviques había una gran falta de comprensión de su propio condicionamiento represivo en materia de sexo y del impacto que éste podía tener en sus pensamientos y acciones. Muchos habían tenido una educación autoritaria bastante típica. Más tarde, la deportación, el encarcelamiento y la lucha en condiciones de persecución e ilegalidad habían impedido a la mayoría de la Vieja Guardia disfrutar de una vida sexual normal. Después de la
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Revolución se hizo una virtud retrospectiva de lo que había sido una necesidad histórica, y esta “dedicación” se convirtió en un ideal no sólo para “la vanguardia” sino para las propias masas. Muchos dirigentes bolcheviques consideraban la propaganda por la libertad sexual como una “distracción de la verdadera lucha”. (¡Igual que muchos aspirantes a bolcheviques hoy en día!) Algunos de ellos se
oponían activamente a todos los intentos de dicha propaganda. Estos diversos factores iban a desempeñar su papel en la serie de derrotas internas que siguieron a los grandes acontecimientos de 1917. Iban a socavar importantes áreas de la libertad humana, conquistadas en los primeros meses de la Revolución. La inhibición de la revolución sexual en Rusia iba a combinarse con otras derrotas (discutidas ampliamente en otro lugar)51 para reforzar todo el proceso de degeneración burocrática.
El marxismo clásico contenía poco de donde los bolcheviques podrían haber buscado orientación práctica. Es cierto que Engels había escrito pasajes con los que ningún libertario podría discutir,52 pero había otros pasajes, de naturaleza más doctrinaria.53 Además, los análisis históricos de Engels habían enfatizado constantemente el trasfondo social sobre el que iba a tener lugar la revolución sexual, pero rara vez habían tratado el contenido del proceso. En cuanto a Marx, ciertamente había estigmatizado el matrimonio burgués y la familia burguesa. Había despellejado sin piedad toda la hipocresía de la moral burguesa. Pero también había denunciado el “movimiento de contraposición de la propiedad privada universal a la propiedad privada”, un movimiento
51 Véase Maurice Brinton; Los bolcheviques y el control obrero, 1917-1921.
52“Loque podemos conjeturar en la actualidad sobre la regulación de las relaciones sexuales tras la inminente desaparición de la producción capitalista es, en su mayor parte, de carácter negativo, limitado sobre todo a lo que desaparecerá. ¿Pero qué se añadirá? Eso se resolverádespués de que haya crecido la nueva generación: una generación de hombres que nunca en toda su vida habrán tenido ocasión de comprar la entrega de una mujer ni con dinero ni con ningún otro medio de poder social, y de mujeres que nunca se han visto obligadas a entregarse a ningún hombre por ninguna otra consideración que no sea la del amor real, o a abstenerse de entregarse a su amado por miedo a las consecuencias económicas. Una vez que aparezcan tales personas, no les importará un bledo lo que hoy pensamos que deben hacer. Establecerán su propia práctica y su propia opinión pública... ¡y se acabó!”. F. Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, op. cit., pp. 137-8.
53 Describiendo, por ejemplo, los efectos de la Revolución Industrial, que desarraigó a las mujeres del hogar y las llevó a las fábricas, Engels dice (en La condición de la clase obrera en Inglaterra en 1844) que a veces las mujeres incluso se convirtieron en el sostén de la familia mientras los maridos se quedaban en casa como amas de casa. Según Engels, esto era“unestado de cosas insano” que “desexcita al hombre y le quita a la mujer toda la feminidad”. La noción de que el lugar de la mujer está en el hogar tuvo también algunos extraños defensores.
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que “encuentra su expresión en la forma bestial de contraponer al matrimonio (ciertamente una forma de propiedad privada exclusiva) la comunidad de mujeres, en la que una mujer se convierte en una pieza de propiedad comunal y común...” Si tal movimiento triunfara, la mujer pasaría “del matrimonio a la prostitución general... de la relación de matrimonio exclusivo con el dueño de la propiedad privada a un estado de prostitución universal con la comunidad.”54 Los términos están cargados emocionalmente y la antítesis sugerida es falsa. (Marx sigue formulando la alternativa a la propiedad individual en términos de propiedad, y no en términos de la libre auto- determinación de hombres y mujeres. En la misma línea, Engels sigue hablando de “rendición”).
Por muy ambiguas o indistintas que fueran las “directrices” en 1917, los problemas que requerían solución eran reales y bastante prácticos. Había que desarraigar la herencia cultural del zarismo. Esta era una tarea enorme. Las leyes zaristas habían “protegido” ciertamente a la familia. Decretaron que el marido “debía amar a su mujer como a su propio cuerpo”. La mujer “debía obedecer ilimitadamente al marido”. Los hombres podían recurrir a la policía para obligar a las mujeres a volver al feliz hogar. Los padres podían hacer que sus hijos de ambos sexos sean confinados en la cárcel “por desobedecer voluntariamente la autoridad paterna”. Los jóvenes que contrajeran matrimonio sin el consentimiento de sus padres también podían ser encarcelados. Sólo se consideraban legales los matrimonios religiosos. Los divorcios, que sólo la Iglesia podía conceder, eran costosos y sólo estaban al alcance de los ricos.
Toda esta legislación reaccionaria fue barrida por los nuevos decretos matrimoniales del 19 y 20 de diciembre de 1917. En ellos se proclamaba la igualdad total de los contrayentes, el fin de la incapacidad legal de la mujer y el fin del matrimonio “indisoluble” mediante la disposición del divorcio. Se privó al marido de su prerrogativa de dominio sobre la familia. Se concedió a las mujeres el derecho a determinar libremente su nombre, domicilio y ciudadanía. Cualquier hombre mayor de dieciocho años (y cualquier mujer mayor de dieciséis) podía contraer matrimonio. En cuanto a la descendencia, no se reconocía ninguna diferencia entre “filiación natural” y “filiación legal”.
54 K. Marx, Manuscritos económicos y filosóficos de París. Moscú. Editorial de Lenguas Extranjeras, 1961, pp. 99-100.
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El divorcio era muy fácil. El único criterio era el acuerdo mutuo entre las partes. Cuando un miembro de la pareja quería renunciar a una compañía sexual no tenía que “dar razones”. El matrimonio y el divorcio se convirtieron en asuntos puramente privados. El registro de una relación no era obligatorio. Incluso cuando se registraba una relación, no se “perseguían” las relaciones sexuales con otras personas. (Sin embargo, no informar a la pareja sobre otra relación se consideraba “fraude”). La obligación de pagar una pensión alimenticia sólo persistía durante seis meses después de una separación, y sólo entraba en vigor si el cónyuge estaba desempleado o era incapaz de ganarse la vida. Una ley de 1919 legalizó el aborto durante los tres primeros meses de embarazo. Se derogó toda la antigua legislación dirigida contra la homosexualidad entre adultos. Las aspiraciones en todo este ámbito de la libertad personal son resumidas por el jurista Hoichbarg, que escribió en el Prefacio del Código Matrimonial bolchevique de 1919 que“lainstitución del matrimonio llevaba en símisma las semillas de su propia destrucción” y que“lafamilia persistía sólo porque se trata de un socialismo en estado naciente”.
Las nuevas leyes proclamadas eran realmente radicales. Escribiendo en “Pravda” el 15 de septiembre de 1919, Lenin pudo afirmar con sinceridad que“enla República Soviética no queda ni una piedra de las leyes que confinaban a la mujer a una condición inferior”. Especialmente degradantes han sido las leyes “que la han privado de sus derechos y que a menudo la han humillado, es decir, las leyes sobre el divorcio, las leyes que distinguen a los hijos naturales de los legítimos, las leyes que exigen la determinación de la paternidad antes de poder considerar la manutención del hijo”. Lenin también parece haber sido consciente del hecho de que “las leyes no eran suficientes” y de que“incluso cuando se haya logrado una plena igualdad de derechos, la
opresión de la mujer continuará”. Pero él veía esta opresión persistenteúnicamente en términos de las tareas domésticas que durante un tiempo seguirían siendo su destino:
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“En la mayoría de los casos estas tareas eran las menos productivas, las más bárbaras y las más pesadas que recaían sobre los hombros de las mujeres. Para que la mujer sea total- mente libre y realmente igual al hombre, las tareas domésticas deben convertirse en una responsabilidad pública y las mujeres deben participar en la producción general.”55
Las cocinas comunales, las guarderías y los jardines de infancia, junto con el acceso a todo tipo de trabajo, se consideraban los ingredientes esenciales de la emancipación de la mujer.
“Sólola abolición de la propiedad privada en la tierra y en las fábricas abre el camino”, escribió Lenin,“ala emancipación total y [real] de la mujer”. A lo largo de este camino se produciría la “transición del pequeño hogar individual al gran hogar socialista”.56 Esta visión era sin duda compartida por la mayoría de los principales bolcheviques, que veían la “liberación de la mujer” como la suma de las libertades de la explotación económica y de la esclavitud doméstica. Ni siquiera se sospechaba de los mecanismos represivos por los que la subyugación femenina se había interiorizado en la mente de millones de mujeres.
Las nuevas leyes, es cierto, proporcionaron un marco en el que se podrían hacer futuros intentos, libres de restricciones externas, de construir relaciones humanas de un nuevo tipo. También es cierto que los bolcheviques deseaban romper el poder patriarcal. Pero sólo eran vagamente conscientes del papel de la familia patriarcal como “célula formadora de la estructura de la sociedad de clases”57, como“ellugar estructural e ideológico de reproducción de todo orden social basado en principios autoritarios”.58 Y menos aún se daban cuenta del papel de la represión sexual en la perpetuación de aspectos tan importantes de la ideología dominante como la conformidad con la autoridad y el miedo a la libertad. Si hubieran sido más conscientes de estos hechos, muchos problemas prácticos se habrían gestionado de forma diferente, se habrían evitado muchas discusiones infructuosas y muchas declaraciones o actos retrógrados. Los revolucionarios habrían mostrado menos tolerancia con los portavoces de la vieja ideología y la
55 En 1916, Lenin había denunciado un capitalismo que mantenía a la mujer como“laesclava del hogar, encarcelada en el dormitorio, la cocina y la guardería”(“Sochineniya”, XIX, pp. 232-3).
56 “Pravda”, 8 de marzo de 1921.
57 W. Reich, La revolución sexual, op. cit., p. 166. 58 Ibídem, p. 157.
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moral, muchos de los cuales habían quedado en posiciones elevadas, desde las que estaban infligiendo un daño incalculable a la revolución cultural en desarrollo. Los bolcheviques subrayaron repetidamente que las nuevas leyes eran“sóloel principio”. ¿Pero un comienzo de qué? Wilhelm Reich señala que en las acaloradas discusiones de aquel período los conservadores parecían tener siempre la ventaja en todos los argumentos y el acceso más fácil a todas las “pruebas”. Los revolucionarios“noestaban preparados ni teórica ni prácticamente para las dificultades que la revolución cultural traía consigo.”59 Ciertamente, intentaban hacer algo nuevo, pero sentían muy clara- mente que no eran capaces de expresar lo“nuevo”con palabras. Lucharon valientemente, pero finalmente se cansaron y fracasaron en la discusión, en parte porque ellos mismos estaban atrapados en viejos conceptos, de los que no eran capaces de desprenderse”.60
La Revolución se encontró con tremendos problemas. La familia compulsiva sólo había sido abolida legalmente. Las actitudes en las que se basaba persistían. También persistían las dificultades económicas. Y “mientras la sociedad no pudiera garantizar la seguridad a todos los adultos y adolescentes, esta garantía seguía siendo función de la familia”.61 Sus exigencias entraban cada vez más en conflicto con las nuevas obligaciones y aspiraciones sociales del grupo. Las “relaciones sexuales afirmativas de la vida en los colectivos” luchaban contra los viejos lazos familiares que “impregnaban todos los rincones de la vida cotidiana y la estructura psíquica”:62
“alos padres, incluidos los proletarios, no les gustaba que sus hijas adolescentes fueran a las reuniones. Temían que las niñas“se equivocaran”, es decir, que iniciaran una vida sexual. Aunque los niños debían seguir el sistema de educación y cuidados colectivos, los padres seguían exigiéndoles sus viejas demandas posesivas. Se horrorizaban cuando los niños empezaban a mirarlos con ojo crítico.”63
59 Ibídem, pp. 169-70. 60 Ibídem, p. 168.
61 Ibídem, p. 167. 62 Ibídem, p. 160. 63 Ibídem, p. 182.
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Incluso en los círculos más radicales se podía seguir denunciando a las niñas como “promiscuas”, revelando así la arraigada condena moral residual de la sexualidad femenina que subyace en toda la retórica“revolucionaria”.
La mano del látigo económico del padre patriarcal sobre la esposa y los hijos se aflojó ciertamente. Pero las mayores oportunidades de felicidad sexual no significaban todavía la capacidad psíquica de disfrutar de esa felicidad. Las limitaciones interiorizadas apenas se habían mellado. Todo estaba aún distorsionado por la herencia del pasado. Persistían “actitudes infantiles y hábitos sexuales patológicos”. Los miembros de la familia ahogaban los antagonismos inconscientes entre sí con un afecto forzado y una dependencia pegajosa. “Una de las principales dificultades era la incapacidad de las mujeres –genital- mente lisiadas y no preparadas para la independencia económica como estaban– para renunciar a su protección esclava de la familia”64 y a la gratificación sustitutiva que obtenían de su dominio sobre los niños. Aquellos cuya vida estaba vacía sexualmente y era económica- mente dependiente habían hecho de la educación de los hijos el fin de su existencia. Era difícil combatir estas tendencias posesivas y este abuso de poder por parte de las madres sin conocer realmente su
origen. Las madres lucharon amargamente contra cualquier restricción de estos poderes.
La vida cotidiana resultó ser mucho más conservadora que la economía, principalmente porque era un proceso mucho menos consciente. Los revolucionarios no estaban preparados, ni ideológica- mente ni por su propia educación, para intervenir eficazmente en las acaloradas discusiones que se produjeron en todo el país sobre la“cuestión sexual”. No había una teoría de la revolución sexual. El folleto de Trotsky Problemas de la vida,65 escrito en 1923, ni siquiera menciona la cuestión sexual. Muchos dirigentes bolcheviques se refugiaron en la fórmula de que“lasexualidad era un asunto privado”. Esto era desafortunado y “esencialmente una expresión de la incapacidad de los miembros del Partido Comunista para gestionar la revolución en su propia vida personal.”66
64 Ibídem, p. 160.
65 Voprosy byta, Moscú, 1923 (traducido por Z. Vengerova. Londres: Methuen, 1924. 66 W. Reich, La revolución sexual, op. cit., p. 172.
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No cabe duda de que había un malestar considerable, al menos al principio. Muchos jóvenes consideraban que se trataba de cuestiones importantes de las que había que hablar honesta y abiertamente. Kollontai da una idea de lo que se discutía.67
Un funcionario, Koltsov, señala que las cuestiones clave:
“nunca se discuten. Es como si por alguna razón se evitaran. Yo mismo nunca he pensado seriamente en ellas. Son nuevas para mí”.
Otro, Finkovsky, señala las razones de esta evasión:
“Rara vez se habla del tema porque golpea demasiado a todo el mundo... Los comunistas suelen apuntar al futuro dorado y asíevitan entrar en problemas agudos... los trabajadores saben que en las familias comunistas las cosas son aún peores que en las suyas”.
Otro funcionario, Tseitlin, subrayó que estas eran “exactamente las cuestiones que interesan a los trabajadores, hombres y mujeres por igual”. Cuando estas cuestiones eran el tema de las reuniones del Partido, la gente se enteraba y acudía en masa a ellas. “Siguen planteando estas preguntas y no encuentran respuestas”. Reich señala que la gente de a pie, sin formación ni conocimientos sexológicos, estaba describiendo exactamente lo que sostiene la economía sexual, es decir, que “el interés de la masa-individuo no es político sino sexual”.68
De hecho, se estaban dando respuestas. Eran inadecuadas, incompletas y a veces positivamente dañinas. La “educación sexual” se desliza en manos de higienistas públicos, biólogos, urólogos y profesores de filosofía, ética y sociología. Las repercusiones no tardaron en hacerse notar: la revolución cultural empezó a marchitarse de raíz. Las“acaloradas discusiones” acabaron por apagarse. El ímpetu de la nueva legislación se agotó, lo que puso de manifiesto el hecho evidente de que una revolución sexual no podía, como una revolución económica, expresarse a través de planes y leyes. Para tener éxito tenía que manifestarse en todos los detalles de la vida personal cotidiana. Pero
67 A. Kollontai, Novaya moral i rabochi klass (La nueva moral y la clase obrera). Moscú, 1919, pp. 65. 68 W. Reich, La revolución sexual, op. cit., p. 174.
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aquí se encontró con grandes obstáculos. La revolución en la superestructura ideológica aún no había tenido lugar. El “portador de esta revolución, la estructura psíquica de los seres humanos”, aún no había cambiado.69
Aparte de las inhibiciones interiorizadas del individuo de masas –un legado del pasado– el cambio también estaba siendo inhibido desde fuera (es decir, como resultado de las inhibiciones interiorizadas de los que ahora están en la autoridad). Lenin denunció que el movimiento juvenil estaba “exageradamente interesado en el sexo”. La juventud había sido “atacada por la enfermedad de la modernidad en su actitud hacia las cuestiones sexuales”. Todo esto era “particularmente dañino, particularmente peligroso”. Las nuevas “florecientes teorías sexuales”surgieron de la necesidad personal de la gente de “justificar la anormalidad personal en la vida sexual ante la moral burguesa”. Las vendían “pajaritos de pico amarillo recién salidos del huevo de las ideas burguesas”. Había que desconfiar del psicoanálisis porque“crecía en el suelo sucio de la sociedad burguesa”. Todo lo que era relevante en esta nueva preocupación por los asuntos sexuales “los trabajadores ya lo habían leído en Bebel, hace mucho tiempo”. La nueva vida sexual que los jóvenes intentaban crear era “una extensión de los burdeles burgueses”. En poco tiempo, todos los funcionarios tímidos, todos los reaccionarios reprimidos, se encontraban repitiendo la famosa frase de Lenin:
“La sed debe ser satisfecha, pero ¿el hombre normal, en circunstancias normales, se acostará en la cuneta y beberá de un charco, o de un vaso con el borde grasiento de muchos labios?”.70
Los más previsores entre los revolucionarios percibieron el retroceso, pero su receta fue una intensificación de los llamamientos a la industrialización. Se insistió una y otra vez en la falta de requisitos puramente económicos para un cambio social radical. Pero, como señala Reich:
69 Ibídem, p. 159.
70 Las metáforas de Lenin sobre“lacuneta” y los “charcos” son reveladoras por dos motivos. En ellas está implícita (a) la concepción de que el sexo es intrínsecamente sucio, y (b) la concepción de que el sexo es una relación con un objeto–elagua– y no una relación con otro ser humano. El segundo punto, es cierto, queda mitigado por la declaración posterior de Lenin de que“setrata de dos vidas...” Pero la imagen global iba a ser recordada mucho después de que la declaración calificativa se hubiera olvidado.
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“laactitud, ‘primero las cuestiones económicas, luego las de la vida cotidiana’ era errónea y sólo la expresión de la falta de preparación para las formas aparentemente caóticas de la revolución cultural... cierto, una sociedad agotada por la guerra civil, que no puede establecer inmediatamente cocinas públicas, lavanderías y jardines de infancia debe pensar en primer lugar en las condiciones económicas previas... Pero no se trataba sólo de elevar a las masas al nivel de los países capitalistas... También era necesario tener clara la naturaleza de la nueva cultura... la revolución cultural planteaba problemas infinitamente más difíciles que la revolución política. Esto es fácil de entender. La revolución política no requiere esencialmente más que una fuerte dirección formada y la confianza de las masas en ella. La revolución cultural, sin embargo, requiere una alteración de la estructura psíquica del individuo de masas. Sobre esto apenas había entonces un concepto científico, y mucho menos práctico.”71
Tal vez habría que añadir que la difusión de los escasos conocimientos existentes, en lugar de ser fomentada activamente, era objeto de una activa oposición por parte de la mayoría de los dirigentes rusos. Los intentos de establecer diversos tipos de “territorio propicio” –como las comunas juveniles– eran ahora también activamente desalentados por las autoridades.
Era ingenuo esperar que la legislación “progresista” y las nuevas relaciones de propiedad resolvieran estos problemas fundamentales. El cambio en las relaciones de propiedad puede haber preparado el terreno para una nueva sociedad, pero sólo los hombres iban a construirla. Para esa tarea era necesario un tipo de visión diferente y era precisamente esa visión la que faltaba.
Demasiados factores se combinaban para impedir que los cambios formales y legales que se habían proclamado influyeran realmente en el curso de los acontecimientos. Como señalaría más tarde Reich, “una ideología o un programa sólo pueden convertirse en un poder revolucionario de dimensiones históricas si logran un cambio profundo en las emociones y la vida instintiva de las masas”. Influye en el desarrollo de la sociedad bien “tolerando pasivamente el despotismo y la represión”, bien “adaptándose al proceso técnico de desarrollo
71 W. Reich, La revolución sexual, op. cit., pp. 175-6. 63
Maurice Brinton
instituido por las potencias” o, finalmente, “participando activamente en el desarrollo social, como por ejemplo en una revolución”. Ningún concepto de desarrollo histórico podría llamarse revolucionario “si considera la estructura psíquica de las masas como nada más que el resultado de los procesos económicos y no también como su fuerza motriz”.72 En la Revolución Rusa la estructura psíquica de las masas nunca se convirtió –nise le permitió convertirse– en una “fuerza revolucionaria de dimensiones históricas”.
Entre 1920 y alrededor de 1933 la situación retrocedió gradualmente hasta el punto de que la ideología sexual de los grupos dirigentes de la URSS ya no podía distinguirse de la de los grupos dirigentes de cualquier país conservador. Resumiendo todo el proceso, Reich escribió que no se podía culpar a los líderes del nuevo estado ruso por no conocer la solución a estos problemas:
“pero deben ser culpados por evitar las dificultades, por tomar la línea de menor resistencia, por no preguntarse qué significaba todo esto, por hablar de la revolución de la vida sin buscarla en la vida real misma, por malinterpretar el caos existente como un‘caos moral’ (usando los términos en el mismo sentido que la reacción política) en lugar de comprenderlo como condiciones caóticas que eran inherentes a la transición a nuevas formas, y por último, pero no menos importante, por repudiar las contribu- ciones a la comprensión del problema que el movimiento sexo- político alemán [sexpol] tenía para ofrecer.”73
En marzo de 1934 se reintrodujo en la Unión Soviética la ley que castigaba la homosexualidad. En junio de 1935 un editorial de“Pravda” escribió que“sóloun buen hombre de familia puede ser un buen ciudadano soviético”. A principios de 1936 un periódico sindical ruso (“Trud”, 27 de abril de 1936) podía escribir:
“Elaborto, que destruye la vida, es inadmisible en cualquier país. La mujer soviética tiene los mismos derechos que el hombre soviético, pero eso no la exime del gran y honorable deber [¡sic!] que le impone la naturaleza: debe ser madre.74 Y
72 Ibídem, p. 169. 73 Ibídem, p. 190.
74 El mito de que la maternidad y la crianza son el cumplimiento del destino de la mujer es uno de los mitos más perniciosos y dañinos que la aprisionan. Tiene efectos nocivos para los propios
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esto no es ciertamente un asunto privado, sino un asunto de gran importancia social.”75
Un decreto del 27 de junio de 1936 prohibía el aborto. Otro decreto del 8 de julio de 1944 establecía que“sóloun matrimonio legalmente reconocido conlleva derechos y deberes para el marido y la mujer”. En otras palabras, los hijos “ilegítimos”–olos hijos de relaciones no registradas– volvían a su anterior status inferior. Se instó a las parejas no casadas que viviran juntas a “regularizar” su relación. El divorcio sólo se permitiría“encasos importantes” y tras un “examen completo de todos los hechos relevantes por un tribunal especial”. El culto a la maternidad recibió la bendición oficial. Una publicación oficial stalinista76 podía presumir de que“el1 de junio de 1949, en la Rusia soviética, había más de dos millones de madres con familias de cinco o seis hijos que tenían la ‘medalla de la maternidad’; 700.000 con familias de siete, ocho o nueve hijos que tenían la medalla de la ‘Gloria a la maternidad’; y 30.000 madres de diez o más hijos con derecho a la medalla de ‘Madre heroína’”. (¡Suficiente para calentar el corazón del más reaccionario de los Papas!) El autor proclama que“lalegislación soviética sobre la cuestión de la familia se ha inspirado siempre en el marxismo-leninismo”, y que“suevolución, a lo largo de treinta años, había tenido siempre como preocupación constante el deseo de defender a la mujer y de liberarla. Esta preocupación había llevado al legislador soviético del divorcio libre al divorcio regulado y del aborto legal a la prohibición del aborto”.
hijos. La situación está bien descrita en el siguiente pasaje tomado de un artículo de Laurel Limpus, Liberation of Women, Sexual Repression, and the Family, recientemente reimpreso por Agit Prop, Londres: “Tener hijos no sustituye a la creación de la propia vida, a la producción. Y como tantas mujeres en esta cultura no se dedican a otra cosa, acaban convirtiéndose en una carga intolerable para sus hijos, porque de hecho esos hijos son toda su vida”. Juliet Mitchell, Women: The Longest Revolution, ha captado la situación con exactitud:“Enla actualidad, la reproducción en nuestra sociedad es a menudo una especie de triste mimetismo de la reproducción. El trabajo en una sociedad capitalista es una alienación del trabajo en la elaboración de un producto social que es confiscado por el capital. Pero a veces puede ser un verdadero acto de creación, propositivo y responsable, incluso en condiciones de la peor explotación. La maternidad es a menudo una caricatura de esto. El producto biológico -el niño- es tratado como si fuera un producto sólido. La paternidad se convierte en una especie de sustituto del trabajo, una actividad en la que el niño es visto como un objeto creado por la madre, del mismo modo que una mercancía es creada por un trabajador. Naturalmente, el niño no se escapa literalmente, pero la alienación de la madre puede ser mucho peor que la del trabajador cuyo producto es apropiado por el patrón. Ningún ser humano puede crear otro ser humano. El origen biológico de una persona es una abstracción. El niño como persona autónoma amenaza inevitablemente la actividad que pretende crearlo continuamente como una mera posesión del padre. Las posesiones se sienten como extensiones del yo. El niño, como posesión, es esto mismo. Todo lo que hace el niño es, por tanto, una amenaza para la propia madre, que ha renunciado a su autonomía a través de esta concepción errónea de su papel reproductor. Hay pocas empresas más precarias en las que basar una vida”.
“Asítenemos a la mujer de cuarenta o cincuenta años que se queja a su hijo adulto: “Pero yo te lo he dado todo”. Esto es muy cierto: esta es la tragedia. Es un regalo que el niño apenas ha querido, y de hecho, muchos niños son mutilados diariamente por ello. Y deja a las mujeres en el ocaso de sus años con la sensación de haber sido engañadas, de que sus hijos son ingratos, de que nadie las aprecia porque han llegado a la conclusión de que no han hecho nada”.
75 En sus Principios del Comunismo, Engels había escrito que la revolución socialista “transformaría las relaciones entre los sexos en relaciones puramente privadas, que sólo conciernen a las personas que participan en ellas y en las que la sociedad no debe intervenir”.
76 La Femme et le Communisme. París: Editions Sociales, 1951. 65
A partir de mediados de los años treinta, varios críticos de la burocracia se hicieron oír cada vez más. El libro de Trotsky La revolución traicionada, publicado por primera vez en 1936, contiene un interesante capítulo sobre “Familia, juventud y cultura”. En él, Trotsky estigmatizaba a quienes proclamaban que la mujer tenía que aceptar “las alegrías de la maternidad”. Esta era “la filosofía del sacerdote dotado también de los poderes de un gendarme”. Trotsky señala correctamente que el “problema de los problemas” no había sido resuelto: los cuarenta millones de familias soviéticas seguían siendo, en su inmensa mayoría, “nidos de medievalismo, de esclavitud e histeria femenina, de humillación diaria de los niños, de superstición femenina e infantil.”
“Elmotivo más convincente del actual culto a la familia [fue] sin duda la necesidad de la burocracia de una jerarquía estable de relaciones y de disciplinar a la juventud mediante cuarenta millones de puntos de apoyo a la autoridad y al poder”.
La descripción es excelente. Lo que falta es una comprensión real de cómo se produjo todo. El atraso económico y cultural se sigue considerando como los únicos ingredientes del fracaso. Falta toda una dimensión. El papel del oscurantismo bolchevique en relación con el sexo ni siquiera se sospecha. En vano se buscaría entre los voluminosos escritos de Trotsky alguna crítica, por muy apagada que sea, a lo que Lenin dijo sobre el tema.
En los últimos veinte años–apesar del constante “desarrollo de las fuerzas productivas”– la contrarrevolución sexual ha cobrado aún más impulso. La distancia recorrida quizás esté mejor personificada en un libro de T. S. Atarov, “Médico emérito de la República Socialista Soviética de Rusia”. El libro, publicado en Moscú en 1959, se titula “laropa ajustada en las partes bajas, los malos hábitos de los chicos que guardan las manos en los bolsillos o bajo las mantas o que se tumban boca abajo, el estreñimiento y las vejigas llenas, la lectura de libros eróticos y la contemplación de las actividades sexuales de los animales”.
Problemas de la educación sexual, y revela toda la extensión del Termidor sexual. El autor proclama que“elmatrimonio soviético no es sólo una cuestión privada. Es una cuestión que implica a la sociedad y al Estado”. Se denuncia a los jóvenes que mantienen relaciones prematrimoniales “sin ni siquiera sentir culpa”. Se denuncian los“elementos inadaptados” de la sociedad rusa, que incluso han tratado de dar “expresión filosófica” a su actitud, es decir, que han tratado de argumentar de forma coherente contra la ideología sexualmente represiva de los dirigentes del Partido. Atarov lamenta el hecho de que los jóvenes “no parecen darse cuenta de la diferencia entre la pubertad y la madurez sexual” y que parecen creer “que la mera existencia del deseo sexual es una justificación para su satisfacción”. Pero también hay señales alentadoras.“Enlas condiciones soviéticas, la masturbación ya no es el fenómeno de masas que era en el pasado”. Pero “desgraciadamente” aún persiste. Según Atarov, varios factores tendían a perpetuar este alarmante estado de cosas, factores como:
¿Cómo se podía combatir esta amenaza para la estabilidad de la sociedad rusa? Sí. ¿Cómo lo adivinó? “Comidas regulares, camas duras, ejercicio, paseos, deporte y gimnasia, de hecho todo lo que desvíe la atención del niño de las preocupaciones sexuales”.77 Al hablar de la menstruación, ¡Atarov está aún más con ella!“Enningún caso debe introducirse en la vagina ningún aparato de algodón o gasa, como hacen muchas mujeres”. Las “partes externas” deben lavarse dos veces al día con agua hervida caliente. Nuestra solterona política aconseja que“seprohíba a los jóvenes servir en cafés, restaurantes o bares, pues el ambiente de estos lugares les incita a mantener relaciones prematrimoniales”. “Ninguna enfermedad”, subraya, “ha sido causada por la abstinencia, que es bastante inofensiva para los jóvenes y los menos jóvenes”. En una frase aterradora, Atarov resume el espíritu de su libro.“Laley no puede ocuparse de todos los casos de conducta inmoral. La presión de la preocupación pública debe seguir desempeñando el papel principal contra todas las formas de inmoralidad”. La brigada antivicio y la opinión pública iban a ser de nuevo los pilares del Establishment sexual.
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77 Lenin también había hablado (véase el apéndice) de“eldeporte sano, la natación, las carreras, las caminatas, los ejercicios corporales de todo tipo” como algo que aportaba a los jóvenes algo más que “teorías eternas y discusiones sobre problemas sexuales”. “Cuerpos sanos, mentes sanas”, dijo, haciéndose eco de las palabras de Juvenal (“mens sana in corpore sano”, Satires, 10, 356), el moralista estoico y misógino que había “expuesto los vicios” de la antigua Roma.
Los lectores comprenderán el significado profundamente reaccionario de las declaraciones de Atarov, especialmente cuando están respaldadas por todo el poderío del establishment educativo ruso (se vendieron más de 100.000 ejemplares del libro de Atarov a los pocos días de la publicación de la primera edición). La “opinión pública” a la que se refiere Atarov es la que había buscado la emancipación durante un breve periodo de tiempo en 1917, pero que pronto se vio arrastrada de nuevo a la vieja rutina del fanatismo y la represión. Ahora podía ser utilizada de nuevo con fines censuradores, como lo había sido durante generaciones en el pasado.
La moral sexual oficial rusa –vista a través de otras obras oficiales– se asemeja hoy al tipo de “consejos a los padres” distribuidos hacia 1890 por los bienhechores burgueses de la época.78 Se encuentran en ella todos los fetiches de la moral sexual burguesa–omás generalmente de todos los sistemas de moral que caracterizan a las sociedades de clase de tipo patriarcal. Todo está ahí: todas las ideas reaccionarias contra la vida, pomposamente disfrazadas de “ciencia”, todos los prejuicios retrógrados, toda la mala fe hipócrita de los puritanos atornillados y reprimidos. Pero estas ideas “irracionales” no sólo tienen raíces sociales definidas (que hemos tratado de exponer). También tienen un significado preciso y una función específica. En esto se asemejan mucho a la moral represiva que aún prevalece (aunque a escala decreciente) en algunos países occidentales dominados por la Iglesia.
Tanto en Oriente como en Occidente, estas ideologías pretenden negar a los individuos el ejercicio autónomo (es decir, consciente y autogestionado) de sus propias actividades. Pretenden privar a las personas de la libertad y la responsabilidad en un ámbito fundamental y obligarlas a ajustarse a las normas impuestas externamente y a las presiones de la “opinión pública”, en lugar de a los criterios determinados por cada persona según sus propias necesidades y experiencia. El objetivo de estas moralidades represivas y alienantes es la creación masiva de individuos cuya estructura de carácter complementa y refuerza la estructura jerárquica de la sociedad. Tales individuos volverán a actitudes infantiles cuando se enfrenten a quienes simbolizan la autoridad, a quienes encarnan–aescala de la sociedad– la imagen de sus padres (es decir, gobernantes del Estado, gerentes de la industria, sacerdotes, expertos políticos, etc.). En el contexto ruso cumplirán con los edictos del Comité Central, seguirán obedientemente los zigzags de la línea del Partido, desarrollarán actitudes religiosas hacia las Sagradas Escrituras, etc. Estos individuos también reaccionarán de manera ansiosa cuando se enfrenten a desviados de todo tipo (escritores perspicaces, poetas, cosmopolitas, los apóstoles de la “modernidad”, los de pelo largo y los de ideas inusuales). ¿Es realmente sorprendente que el segmento más reprimido sexualmente de la población rusa (las mujeres obesas de mediana edad) parezca seguir siendo el principal vehículo de difusión de la “opinión pública” y de la kulturnost imperante, a pesar de las guarderías, a pesar de las cocinas, a pesar de los jardines de infancia, y a pesar de la nacionalización, hace casi dos generaciones, de la gran mayoría de los medios de producción?
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78 Gran parte de la literatura sexológica rusa contemporánea se lee como las obras del fundador de los Scouts, Baden-Powell, pero con la palabra “socialismo” ocasionalmente dispersa entre las referencias al “deber”, la “lealtad”, la ”disciplina”, el “servicio” y el “patriotismo”.
FIN

