Libro N° 15441. La Internacional Comunista Y El Problema Colonial. Schlesinger, Rudolf.
© Libro N° 15441. La Internacional Comunista Y El Problema Colonial. Schlesinger, Rudolf. Emancipación. Agosto 8 de 202
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LA INTERNACIONAL
COMUNISTA Y EL PROBLEMA COLONIAL
Rudolf Schlesinger
LA INTERNACIONAL COMUNISTA Y EL PROBLEMA COLONIAL
Rudolf Schlesinger
Colección
SOCIALISMO y LIBERTAD
La red mundial de los hijos de la revolución social
LA INTERNACIONAL COMUNISTA Y EL PROBLEMA COLONIAL
Rudolf Schlesinger1
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Prefacio
Capítulo Primero
Posición marxista sobre el problema colonial antes del período de la Comintern
Capítulo Segundo
Formulación de la línea general comunista y su aplicación hasta el comienzo de la revolución china
Capítulo Tercero
Medidas organizativas hasta el comienzo de la revolución china
Capítulo Cuarto
Ascenso y derrota de la primera ola de la revolución china:
El IV Congreso de la Comintern
Capítulo Quinto
La segunda ola de la revolución china, el frente antijaponés y la disolución de la Comintern
1 Titulo de la edición original: “IlComintern e la questione coloniale”, publicado en Annali dell’Istituto Giangiacomo Feltrinelli, Milano, 1967
Primera edición en castellano: Cuadernos de Pasado y Presente, n.° 52, abril de 1974. Publicación periódica mensual. Director: José Aricó. Córdoba. Argentina.
Prefacio
El marxismo considera el tránsito del sistema social capitalista al socialista como un proceso de dimensiones mundiales: la amplitud del cambio, respecto de la situación del siglo XIX o aun de la situación contemporánea, fija en lo que dura una vida la extensión de este proceso. De manera distinta que el religioso o el humanista-pacifista, el internacionalismo marxista no se basa simplemente en principios filosóficos-morales –aunque los marxistas tengan la libertad de reforzar moralmente su propia previsión científica– sino únicamente en las motivaciones con las que fue declarado en la época del nacimiento del sistema marxista y que, consideradas desde la perspectiva de su desarrollo, poseen un carácter episódico. En primer lugar, la rapidez con que a mediados del siglo XIX se extendieron las revoluciones democrático-burguesas, y también las consiguientes contrarrevoluciones, para las cuales la situación estaba ya madura en toda Europa central y se extendieron de un país al otro, dentro de un área geográfica y cultural delimitada (el centro de este movimiento era entonces Francia). Luego, las posibilidades que se ofrecieron al capitalismo, en laépoca del libre cambio, de reaccionar ante una transformación socialista2 de algunos países del área económica de Europa occidental.3 Todos estos argumentos tienen un carácter episódico en cuanto se fundan en una tendencia, hasta demasiado natural en los primeros estadios de un movimiento, una tendencia a buscar ya en las primeras fases de un desarrollo las posibilidades de su conclusión. Pero si aún la ideal previsión de hombres geniales condensa en pocos años revolucionarios procesos que en realidad duran decenios y que requieren la obra de generacionesíntegras, y está por lo tanto ligada a errores de valoración política, ello no significa que la tendencia como tal deba ser considerada equivocada. En el Manifiesto Comunista se dice que los comunistas (en aquel tiempo apenas un grupo de agitadores sin mayor influencia) debían prestar suma atención a Alemania porque este país se encontraba en vísperas de una revolución democrático-burguesa que, en las condiciones dadas, con una clase obrera no más fuerte que en tiempos de la revolución francesa (en 2 Suponiendo que en aquella época fuera en general posible.
3 Una gran parte de los “argumentos” dados por la oposición rusa de 1925-1926 contra la tesis de la posibilidad del “socialismo en un solopaís”consistían en la repetición de las declaraciones expresadas al respecto por Engels en los Principios del comunismo, que a su vez resumían las orientaciones generales de los primeros escritos marxistas. la que no tuvo gran papel), podía representar sólo el preludio de una revolución proletaria. Esta revolución no se dio.
Pero a la sombra de tal desengaño surgió el primer gran partido obrero de Europa, cuyos adherentes, en su gran mayoría, tenían, por lo menos subjetivamente, una conciencia marxista. El congreso de Minsk del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, que medio siglo después del Manifiesto Comunista trató de fundar un partido ruso hermano de la socialdemocracia alemana, explicó las desilusiones germanas y las dificultades a enfrentar en su propio país, con la siguiente tesis: “Cuanto más nos alejamos de Francia y de Inglaterra hacia el Este, tanto más débil, vil y mezquina aparece la burguesía”. Ante la debilidad de la burguesía rusa y planteando un concepto ya elaborado por Marx en 1843 el congreso de Minsk declaró:
“laclase obrera rusa [debía] conquistar la libertad política cargándola sobre sus propias robustas espaldas” (en aquel tiempo este parecía el único
objetivo realista de la revolución rusa), y ella“laconquistará”. Ni siquiera veinte años más tarde del congreso de Minsk, el partido entonces fundado tendría en sus manos el poder político. Más aún: era empujado por las condiciones de su propio país y habilitado por la situación inter- nacional al empleo de este poder en favor de la completa transformación de las relaciones económicas dominantes. Si la revolución rusa no hubiera ido más allá de su originario objetivo democrático-burgués, el capital financiero y extranjero habría echado al país a una insensata carnicería, condenándolo a los sufrimientos de los actuales “países desarrollados”. (Todos aquellos que querían limitar la revolución rusa a sus objetivos democrático-burgueses no pensaban sino en la perpetuación de la subordinación capitalista.)
Pero entonces, con ello ¿el círculo queda cerrado? Es decir, ¿acaso los
objetivos planteados al marxismo se limitan a una racionalización y a una humanización de la civilización industrial occidental? Esto es lo que sostiene gran parte de los críticos occidentales de Marx, y en ello sus críticas concuerdan especialmente con las de los chinos que, en la concepción de la clase obrera industrial como principal portadora de la revolución socialista, ven el fundamento de la continuidad en la explotación de la mayor parte de la humanidad (la “campaña del mundo”) por una minoría privilegiada (la “ciudad del mundo”). La orientación fundamental del marxismo moderno se plantea como objetivo salvaguardar no sólo la línea del internacionalismo mundial, aun a precio de crisis temporarias, sino también la concepción del rol dirigente de la clase obrera en lucha por la transformación social. Los fundamentos de esta problemática y también los comienzos de su solución –pues sólo puede hablarse de comienzos–fueron elaborados en el periodo de la Internacional Comunista que constituye el objeto principal de este trabajo. Su parte central fue escrita en 1964 y apareció por vez primera en los “Annali” del Instituto Giangiacomo Feltrinelli. De ahí que no pudiese ser su finalidad entrar en la ampliación que tal problemática ha sufrido en nuestros días, salvo por algún acento que la anticipa.
Ninguna Internacional puede ser otra cosa que una correa de transmisión apta para trasferir las experiencias de los movimientos nacionales existentes en distintos países; esa tendrá efectos estimulantes en la medida en que las experiencias de los movimientos más avanzados anticipen los objetivos que más tarde se plantearán en otros países. En cambio el efecto será de freno si tales experiencias son insertadas en un marco dogmático y abstraídas de las diversas condiciones en las que se realizan.
El mérito de la Internacional Comunista en cuanto al problema colonial consiste en haber sabido vincular la férrea voluntad de lucha contra el imperialismo, y contra los prejuicios colonialistas que subsistían en los movimientos obreros de las potencias coloniales, con las experiencias de una importante revolución hecha en un país escasamente desarrollado en el que la clase campesina ocupaba un lugar central (la Rusia de 1905). Su debilidad consistió en la escasa posibilidad de aplicar estas experiencias a países completamente subdesarrollados, cuyos movimientos, según la concepción de conjunto de Lenin, eran considerados en el fondo como elementos de una inminente revolución mundial.
El centralismo de la Comintern reforzó luego el defecto que significaba esta generalización. Pero no todas las afirmaciones de los representantes de movimientos coloniales derrotados o de los partidarios de las fracciones derrotadas en Rusia –según los cuales los fracasos deben atribuirse a las directivas erróneas o aun a las intervenciones organizativas de la Comintern– deben ser tomadas como absolutamente válidas. Ningún movimiento revolucionario importante pudo triunfar en su primer intento:
y el hecho de haber estimulado los primeros asaltos, pudo haber tenido
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una función positiva, aunque la línea de conducta fuera errónea en los detalles.
La más grande experiencia revolucionaria colonial de la ra Internacional, la revolución china, es aun hoy la mayor revolución colonial del periodo de transición del capitalismo. Como es natural, luego de la primera definición de las orientaciones de fondo de parte de la Internacional Comunista, dicha revolución desempeñó un papel fundamental en todos los debates sobre la cuestión colonial hechos por la Comintern, y también–aunque en menor medida de lo que se pueda pensar bajo el influjo de los escritos de Trotsky– ha repercutido sobre la suerte del PCUS, el partido que cumplía un papel de primer plano en la dirección de la Comintern, acentuando sus luchas de fracciones en el año 1927.
Pero como no nos proponemos escribir una historia de la revolución china
o de sus primeros dos estadios (tarea para la cual, por otro lado, no estamos preparados), sino que, en cambio, debemos ocupamos de las influencias que ella ha ejercido sobre una importante fase del desarrollo del movimiento socialista internacional, recordamos al lector que a comienzos de la ola revolucionaria china–esdecir cuando se produjo el movimiento de mayo de 1925–, de los siete congresos celebrados por la Comintern cinco ya habían tenido lugar, en circunstancias en las que el joven partido comunista chino no podía ser considerado más que uno–y por cierto no el más fuerte– de los más o menos prometedores procesos de formación de partidos comunistas en los países coloniales y semi- coloniales. El VI° Congreso de la Comintern (a mediados de 1928) se realizó durante el periodo de rectificación que siguió a las derrotas de 1927 (uno de los temas centrales de las luchas de fracciones dentro de los partidos chino y soviético), y antes de que el partido chino hubiera hallado, de una u otra manera, algo que pudiera hacer Pensar en una nueva línea. El séptimo y último congreso (a mediados de 1935), tuvo lugar en el periodo posterior a la derrota de la segunda fase, cuya importancia (la“larga marcha”) no fue comprendida plenamente en Moscú. Justamente en ese periodo se produjo el viraje dentro del partido chino y se consolidóde modo definitivo la formación del grupo maoísta.
Aún más que para otras ramas del actual movimiento revolucionario, el periodo de la Comintern representa para el comunismo chino una suerte de estadio prehistórico.
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Si bien no es mi intención en este trabajo examinar en detalle ese primer estadio de la revolución china, me permito hacer al respecto algunas
observaciones generales útiles para la valoración de los estadios siguientes; en particular los hechos más recientes ocurridos en China representan una de las crisis más profundas dentro del movimiento socialista. Personalmente, siempre tuve una profunda simpatía por el movimiento chino, desde que, en 1925, contribuí a organizar en Alemania central acciones de solidaridad a su favor, y hasta llegar a nuestros días. (Un escritor no debería hablar sólo de los puntos de vista y de los límites de
otros autores a quienes él utiliza, sino también de los suyos propios). He dado a esta participadora simpatía una expresión literaria concreta dos veces, a fines de la fase de los soviets y en el curso de la guerra anti- japonesa. Y sin embargo, a pesar de la fuerza numérica del pueblo chino, nunca me sentí inclinado a pensar que aun lo máximo alcanzable en ese país con la mejor de las tácticas posibles pudiera bastar para convertirlo en el próximo siglo en la base principal de una revolución socialista mundial. Esto significaría, para decirlo con Mao, desplazar el centro de la revolución mundial de Rusia a China, así como ya una vez se corrió de Francia a Alemania y de Alemania a Rusia.
Gracias a la posición que ocupa en los confines entre el mundo industrial desarrollado y el mundo subdesarrollado, la Unión Soviética asumió una posición dominante en la creación de nuevas relaciones de producción. Se trata de un fenómeno histórico, y a menos que se quiera dar al capita- lismo occidental algunos siglos de ininterrumpida prosperidad, la Unión Soviética no será obligada a ceder la posición de comando a países menos desarrollados, y hasta menos desarrollados todavía de cuanto ella lo estuvo en un comienzo, países empeñados en luchar contra sus propias enfermedades infantiles. Es por cierto un fenómeno de megalomanía nacional pretender esta dirección simplemente porque el propio pueblo es desde el punto de vista cuantitativo el mayor del mundo, o porque ha sufrido bajo el imperialismo (por otro lado no más que otros pueblos), o porque tiene una historia secular.
Una autosobrestimación nacional similar a la expresada aparece también con respecto a otros problemas. Este siglo, y quizás más aún el próximo, no es todavía lo suficientemente maduro para renunciar al nacionalismo en favor del internacionalismo sobre la base de relaciones de producción
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socialistas vinculadas a escala mundial. La cuestión se vuelve más seria cuando la dirección china no sólo sobrestima las perspectivas, sin duda relevantes, de su propio pueblo, sino que propone sus propias enfer- medades infantiles como modelo del desarrollo revolucionario de otros países; en especial la revolución rusa, que se ha desarrollado bajo el estalinismo, debe ser valorada con este metro, y en el caso contrario, los maoístas hablan de “traición revisionista”. Además, las enfermedades infantiles de China repiten en amplia medida las de la Unión Soviética, pero en una escala más vasta y con menos justificaciones, porque, en primer lugar, las experiencias soviéticas existen ya, y en segundo lugar, porque con una política exterior apenas razonable hoy es posible evitar el aislamiento nacional. Todo esto no sólo perjudica los intentos chinos de constituir un centro alternativo dentro del movimiento comunista mundial, sino que ante todo perturba el cumplimiento de las tareas gigantescas que China tiene por delante. Mientras los soviéticos, inmediatamente después de la consolidación de su poder, se dedicaron a la construcción de un nuevo ordenamiento, los chinos elevaron en cada caso particular a principio comunista el libre poder de decisión de las organizaciones de partido. Pero si estos errores son todavía ”pequeñeces”, el problema se hace más serio y se carga de consecuencias cuando Mao, luego del “gran salto” y luego de la fundación de las comunas en 1959 descarga el peso de sus propios errores en una larga guerra intestina de la dirección del partido, que requirió más tarde las correcciones necesarias. Por lo menos Stalin había escrito sobre los errores de los que era corresponsable artículos tales como Los éxitos se nos suben a la cabeza.
La lucha intestina de Mao se manifestó en un llamado dirigido sobre todo a los jóvenes intelectuales, pero también al ejercito: la “gran revolución cultural” de 1966, que concluyó en el IX° Congreso de 1969, cuando la vieja organización de partido fue sustituida por los “comités revolucio- narios” y los elementos de avanzada del ejército.
La lucha por el poder tiene su lógica. Pero al fin es tarea de la teoría marxista imponer límites a esta lógica o, en casos extremos, hacer posible una corrección que siga a los errores cometidos, tal como ha sucedido en la Unión Soviética con la “desestalinización”. En ningún caso es posible mantener juntos el prestigio de la revolución y la desviación de la línea fundamental del marxismo. En cuanto a la revolución china, debemos
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indagar hasta qué punto en los periodos que precedieron a la victoria definitiva fueron elaborados los principios del siguiente desarrollo no marxista; por ejemplo, la orientación teórica hacia los campesinos y el ejército en lugar de hacerlo hacia la clase obrera. En gran medida se trataba de un proceso inevitable, porque el proletariado industrial chino siempre fue débil (las derrotas de 1927-1928, a atribuir en parte a las directivas equivocadas de la Comintern, contribuyeron a aumentar esta debilidad) y porque la Comintern se demostraba demasiado retrasada o demasiado avanzada respecto del desarrollo real. Más adelante veremos que en su conjunto el peso mayor de su política se orientó siempre hacia la autonomía del movimiento socialista frente los revolucionarios nacio- nalista-burgueses.
Al final, la victoria fue de los guerrilleros campesinos armados y de su Ejército Rojo. Ante esta realidad hubiera sido difícil contrastar un modelo teórico que tenía en cuenta justamente este dato efectivo a la vez que alteraba uno de los fundamentos de la teoría marxista, la doctrina del rol dirigente de la clase obrera. Ni siquiera una dirección decidida a impedirlo lo hubiera logrado. Lo trágico de la revolución china no consiste en el hecho de que sus dos primeros intentos hayan fracasado –eso es algo que se ha verificado hasta ahora en la mayor parte de las revoluciones, a pesar de que, al mirar retrospectivamente, se olvide esta circunstancia– sino en que estos contragolpes destruyeron la continuidad del proceso revolu- cionario que la teoría marxista y la Comintern debían salvaguardar. El hecho que esta fase termine precisamente en vísperas de la lucha por el poder que liberó del imperialismo a otra cuarta parte de la humanidad: he aquí lo trágico en la fase que nos ocupa, aun cuando por otros motivos pueda aparecer tan reconfortante para un socialista.
Como es natural, las fuentes principales de nuestra exposición general son los informes presentados en los congresos de la Internacional Comunista, sus actas y también los materiales preparatorios, a menudo más documen- tados, publicados por el Comité Ejecutivo en vísperas de los congresos. A ellos se agregan a veces los informes presentados en los Plenos del Comité Ejecutivo, y artículos de la revista La Internacional Comunista (o IC, como la citaremos en adelante; en general hemos utilizado la edición rasa). A todo esto se agrega –sin duda se trata de la fuente más importante, porque contiene hasta algunas resoluciones inéditas de reuniones del
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Ejecutivo efectuadas en los años 1926-1932– la colección de documentos editada en 1934 bajo la dirección de Kara Murza y Mif por el Instituto para la economía y la política mundial, de Moscú, en lengua rusa, y con el título de: Estrategia y táctica de la Comintern en la revolución nacional-colonial, ilustrada en base al ejemplo chino.4
Inmediatamente después de la derrota de la dirección de derecha del PCC, Mif había expuesto en Bolshevik (1927, n.° 21 y 23), el punto de vista crítico de la Comintern, esbozando también un cuadro del V° Congreso del partido comunista chino. Estos artículos, escritos a la distancia y por cierto no inspirados por contactos personales con cada uno de los grupos chinos, constituyen una importante réplica a los informes de Roy (y respectivamente de sus sucesivos editores norteamericanos, como se verá más adelante); a diferencia de la “carta desde Shanghai”, de la que hablaremos enseguida, estos artículos deben ser considerados como rectificaciones políticas públicas de la Comintern (o sea de la dirección del partido ruso) a la línea del partido chino. El marco político general proporcionado por estas fuentes, en los puntos en que aparece como homogéneo es, a pesar de cierta sumariedad, superior a la posterior tradición stalinista o maoísta. El libro de M. N. Roy, Revolution und Gegen- revolution in China5, contiene extensos análisis histórico-sociológicos que poco tienen que ver con los hechos, y enriquece el cuadro conocido con matices delineados por un hombre que estuvo personalmente en los sucesos. A pesar de cierta independencia respecto del lenguaje oficial, no contiene sin embargo una interpretación de los hechos esenciales que se diferencie de la línea oficial del partido en ese momento compartida por todos. La colección de documentos Kitaiskaia Revolutsia i Kommunistis- cheski International, publicada en Moscú bajo la dirección de Roy en 1929,6 precedida por una introducción que cita buena cantidad de informes interesantísimos y muy difíciles de ubicar; entre ellos, recordaréen particular el artículo de Tsai Ho-Sen.7 La documentación y la exposición, como es natural, se centran especialmente en el periodo de Wuhan (primavera de 1927), al que Roy asistiera personalmente. En cuanto al periodo anterior a la catástrofe de Shanghai, la mejor documentación
4 En adelante la citaremos como Estrategia y táctica.
5 En castellano: Revolución y contrarrevolución en China, Cenit, Madrid. 1931. (N. Ed.)
6 Publicado en Berlín, 1930, fue editada en 1963, en inglés, por Robert G. North y Xenia J. Eudin con el título M. N. Roy’s Mission to China en la University of California Press.
7 Problemi Kitaia, n.° 1. 1929
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sigue siendo todavía la “carta desde Shanghai”.8 En esta carta, redactada por funcionarios de la Comintern, se presenta por vez primera por escrito la línea que, a partir de la misión de Roy en China, había sido adoptada
oficialmente; la oposición entre la línea defendida en la carta y la de Chen Tu-hsiu-Voitinski es evidente, aunque aquella no represente la posición trotskista.
Los aportes del propio Trotsky contenidos en este volumen se refieren al periodo posterior a la catástrofe de Shanghai y demuestran –contra su voluntad– que antes él se había ocupado poco de los problemas chinos y que también luego se servía de ellos solamente como de un “gancho”para profundizar su oposición política interna al grupo de Stalin (una
oposición que en cuanto tal, a causa de la política de industrialización, había perdido mucho de su contenido concreto).
Trotsky intentó una interpretación alternativa más seria de la revolución china, que entonces parecía haberse cerrado con una derrota, en su Crítica al Proyecto de Programa de la Comintern (1928).9 Para un breve periodo, los dos libros de Roy y la “Carta desde Shanghai” permiten controlar el grado de amplitud del material proporcionado por Mif, pero no ofrecen base alguna para interpretaciones distintas de las que pueden hacerse en base al material oficial suministrado por este último.
Existe al respecto una contradicción fundamental con las Obras escogidas de Mao Tse-tung, publicadas a partir de 1951.10 Por tratarse de obras definidas claramente como “escogidas” no se puede reprochar a Mao que haya incluido materiales concordantes con la linea del partido que regía en el momento de la publicación; o que haya dejado de lado los conflictos más ásperos con la dirección del partido y con la Comintern. Esta anotación es tanto más válida por cuanto de los artículos publicados resulta con claridad que él compartía las ilusiones de los primeros tiempos, luego superadas paulatinamente.
8 Reproducida en el apéndice a Problems of the Chinese Revolution de Trotsky. Nueva York, 1932. 9 Véase en español el libro de Trotsky: El gran organizador de derrotas, pp. 209-346. Editorial Olimpo, Bs. As., 1965.
10 Para el primer volumen, que es el más importante de todos y que cutre el periodo hasta 1937, me he valido de la edición rusa, porque la considero la más fidedigna; ocasionalmente, para algunas menciones retrospectivas a los volúmenes III y IV, utilizo la traducción inglesa, accesible a mayor cantidad de lectores.
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El libro Chinese Communism and the Rise of Mao (Harvard, 1958), de Benjamin J. Schwarz, está impregnado del espíritu de la moderna “sovie- tología”, es decir de la explicación de los hechos del mundo comunista a partir esencialmente de las disidencias entre personas y grupos; como lo enfatiza el propio autor, el período de redacción de la versión original de su trabajo lo llevó a subestimar los distintos estadios intermedios que precedieron a la afirmación plena de la concepción de Mao (o sea el planteo de la revolución sobre una base campesina). Pero la Comintern fue asociada precisamente con esos “estados intermedios”, y su supe- ración ha constituido efectivamente un componente de su proceso de disgregación.
Los trabajos escritos desde el punto de vista anticomunista11 acerca del movimiento comunista en Indonesia e Indochina, lugares en los que en el período que nos interesa se verificaron insurrecciones más o menos localizadas pero no revoluciones propiamente dichas, se caracterizan fuertemente por la interpretación policial que ofrecen de los hechos; pero debemos aclarar que hacia fines de los años veinte aun los especialistas de la policía (a diferencia de los de nuestros días, en quienes la “guerra fría” parece ofrecer una interpretación exacta de todos los aconteci- mientos históricos), comprendían que también las revoluciones fallidas poseen alguna causa objetiva. Quizás porque este tipo de sinceridad resultaba útil al estado policial, dichos especialistas no titubearon nunca en reconocer la base de masas de las insurrecciones, a diferencia de cuanto sucede en nuestros días, cuando de manera simplista se echa la culpa a “agentes extranjeros” y a “terroristas”. Sin embargo, la Inter- nacional Comunista, rehusándose a reconocer que los tiempos no estaban todavía maduros para otra cosa que los primeros tanteos y con su esquema preestablecido de las “carencias y las debilidades” a ilustrar posiblemente por todas partes, no estuvo en condiciones de proporcionar análisis serios de estos movimientos, que entonces fracasaron, pero que hoy, en cambio, se están afirmando de distintas maneras.
11 J. Th. Petrus Blumberger, Le communisme aux Indes Néerlandaises. Prólogo de A. Le Neveu, director de la Union Coloniale Française; París, Editions du Monde Nouveau 1929. René Vanlande, L’Indochme sous la menace communiste, París, J. Peyronnet & Cie., 1930.
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Capítulo I
Posición marxista sobre el problema colonial antes del período de la Comintern
El problema del colonialismo, en el sentido de un proceso de emancipación de las naciones (en general“decolor”) económicamente subdesarrolladas en relación a Occidente y sujetas a éste directa o indirectamente, es un fenómeno del siglo XX y se plantea en especial desde fines de la primera guerra mundial y de la revolución rusa de Octubre. Para los clásicos del marxismo, el problema colonial surgía de la extensión del capitalismo desarrollado en Europa occidental y en los Estados Unidos a los territorios al margen de esta civilización. En una carta a Engels, del 8 de octubre de 1858,12 Marx habla de un segundo siglo XVI que entonces estaba siendo vivido por la sociedad burguesa, pero que habría de hallar su conclusión cuando los recursos de la tierra hubieran sido completamente descubiertos y explotados (por el capitalismo).
“Lamisión particular de la sociedad burguesa–dice–es el estable- cimiento de un mercado mundial, al menos en esbozo, y de la producción basada en dicho mercado mundial”.
La dificultad consiste, al parecer de Marx, en el hecho de que, al desarrollo del capitalismo en el continente europeo le es inmanente la revolución, que podría tener un repentino carácter socialista; pero –limitada a un campo tan restringido– ella puede ser aplastada dado que la sociedad burguesa se encuentra todavía en fase de desarrollo creciente en un plano mucho más vasto. Esta valoración no realista se basa evidente- mente en una perspectiva igualmente poco realista, cual era la expectativa de una revolución socialista en Europa continental, como consecuencia de una de las depresiones cíclicas del siglo XIX; o sea, en el hecho de confundir como revolución socialista a uno de esos incidentes que se podían verificar en el curso de las revoluciones democrático- burguesas europeas– y que se verificaron aun en la realidad, como es el caso de la Comuna de París. Por otro lado, la segunda mitad de los años cincuenta fue un periodo de grandes rebeliones nacionales en la India y
12 Marx-Engels, Sobre el colonialismo, Cuadernos de PyP, N.° 37, Córdoba, 1973, p. 297. 28
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en China. Los ensayos publicados por Marx y sobre todo por Engels en esta oportunidad, especialmente para el“New York Daily Tribune”, son más una descripción periodística de los hechos militares y una crítica al gobierno inglés a causa de la expansión rusa –tanto de la real como de la supuesta–,13 que un análisis de las bases económicas, de las contradic- ciones de clases o de las posibilidades de desarrollo de los movimientos nacionales. Seguramente, Marx y Engels hubieran tratado con mayores detalles estos acontecimientos si hubiesen tenido de ellos una idea más concreta que la expresada en las frases finales del ensayo de Engels, Persia y China. Luego de haber apreciado la fuerza del movimiento y luego de haber rechazado las atrocidades de los defensores nacionales chinos–denunciadas por los hipócritas invasores– Engels escribe:
“Elfanatismo de los chinos del sur, en su lucha contra los extranjeros, parece indicar una conciencia del supremo peligro en que se encuentra la vieja China; y antes de que pasen muchos años seremos testigos de la agonía del más antiguo imperio del mundo y del amanecer de una nueva era para toda Asia”.14
Pero ¿que debe caracterizar a esta nueva época? ¿Será una edad de revoluciones burguesas nacionales? Pero, para ello faltaba todo presu- puesto. ¿O bien Engels anticipaba la posibilidad de guerras campesinas?
Veinticuatro años más tarde, en una carta a Kautsky (12 de setiembre de 1882,15 Engels se mostró más cauteloso acerca de las perspectivas de desarrollo de Europa occidental, aunque en esa época existieran partidos
obreros, todavía débiles, y aunque se hubieran abierto ya a la explotación territorios al margen del mercado capitalista. Engels hizo una clara distinción entre los territorios de implantación europea, tales como Canadá, Australia, etc., y los pueblos coloniales propiamente dichos, a los cuales no atribuía dinámica propia alguna en su desarrollo. En el caso de una revolución socialista europea, las colonias propiamente dichas
ocupadas por población europea” se hubieran vuelto, a su juicio, indepen- dientes, mientras que “los países solamente dominados, poblados por indígenas, tales como la India, Argelia, las posesiones portuguesas, holandesas y españolas”, debían ser “asumidas temporariamente por el
13 Por ejemplo el ensayo de Engels del 25 de octubre de 1858. 14 Id., p. 116.
15 Id., p. 318.
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proletariado y llevadas luego, lo más rápido posible, a la independencia”. Sin embargo, reconoció para los más desarrollados entre los territorios poblados por no blancos la posibilidad de revoluciones propias (por lo tanto y evidentemente nacionales burguesas): según Engels, la revolución era probable en la India, posible en Argelia y en Egipto; y, “como el proletariado que se libera” no puede librar guerras coloniales y no puede“imponer la felicidad a ninguna nación extranjera sin socavar su propia victoria”, es necesario dejar que las cosas actúen solas, aunque esto no pueda darse sin las destrucciones inseparables de las revoluciones.
“Una vez reorganizadas Europa y Norteamérica, esto representaráun poder tan colosal y un ejemplo tal, que todos los pueblos semi- civilizados nos seguirán espontáneamente. Las propias necesidades económicas se encargarán de ello.”
En lo referente a las fases sociales y políticas que esos países deben atravesar todavía en el pasaje a la organización socialista, por él momento–dice Engels– no hay necesidad de preocuparse. Ya cinco años antes, Marx, en la conocida carta al editor de las “Oteschesvennie Zapiskii”,16 había pensado en una forma bien definida de este tránsito, en una combinación de la persistente y modernizada comunidad de aldea con la industria de Europa occidental; esta concepción vuelve a aflorar desde 1881 en las nuevas ediciones del Manifiesto Comunista. Dicha propuesta, sin embargo, se refería a Rusia, a una de las naciones europeas a la sazón al frente en el campo cultural y que pronto, como Marx lo previo, habría de estarlo también en el campo revolucionario; al mismo tiempo, esta propuesta había sido elaborada para un partido socialista ya en formación, aunque todavía no unitario. Pero estas no eran aún las condiciones existentes en los países citados por Engels como ejemplos en su carta a Kautsky, y donde el desarrollo de fuertes partidos comunistas se dio sólo luego de la conclusión de la segunda guerra mundial. La argumentación de Engels no toma como punto de mira el posible tránsito al socialismo, sino que se dirige sobre todo contra la idea de una“beneficencia desde el exterior”, es decir –como él no dejó de observarlo–contra un argumento pseudo-socialista empleado a menudo para motivar el apoyo a la política colonial imperialista. En su folleto Sozialismus und Kolonialpolitik publicado en 1907, Kautsky cita en este sentido la carta.
16 Cf. El Capital, pp. 710-712, t. 1. México, FCE, 1958. 30
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Diez años más tarde Lenin,17 polemizando contra una generalización del derecho a la autodeterminación de los pueblos, recordó la observación de Engels al respecto, de acuerdo a la cual“nose pueden excluir guerras defensivas de distinto tipo”.
Pero Engels, al escribir aquella carta, no había pensado en absoluto (como Marx en 1858), en la posibilidad de una amenaza para la revolución socialista de parte de los blancos del mundo colonial emancipados sobre una base burguesa, sino más bien en el hecho de que los pueblos coloniales sometidos a regímenes burgueses y retrasados pudieran atacar a aquellos pueblos coloniales que hubieran cumplido espontáneamente la misma revolución socialista que en la madre patria. Situaciones de este tipo se han verificado en el curso de la guerra civil y también luego, repetidamente. Los bolcheviques las han valorado en el sentido indicado por Lenin en 1916, sin preocuparse por el argumento nacionalista burgués de que el color negro o amarillo de la piel de un pueblo daría casi un derecho natural a combatir al socialismo creado por otros pueblos: por cierto, es inadmisible pensar que el color blanco de la piel de un pueblo socialista le impida tomar posición. Una nueva situación ha surgido de la tesis de los bolcheviques, según la cual todo el mundo colonial estáfundamentalmente maduro para el camino al socialismo, sin tener que llevar a término el estadio de desarrollo capitalista. Si queremos pasar de las contribuciones directas de los fundadores del marxismo a aquellas partes de su doctrina a las que pueden ser ligadas las sucesivas tentativas de solución, adquirirán importancia dos definiciones más bien negativas en la formulación clásica, y tan poco ortodoxas que hasta los teóricos comunistas han preferido llevar adelante el concepto fundamental, pero sin destacar sus formulaciones singulares. Estos dos elementos teóricos quedaron olvidados por completo en el desarrollo de la II° Internacional. El primer punto se refiere al hecho de que Marx se negara a ver en el esquema del primer tomo de El Capital más que un esbozo del desarrollo del capitalismo en Europa occidental, y a reconocerlo como el funda- mento de una “teoría general histórico-filosófica”, cuyo único mérito, a su parecer, “hubiera consistido en su pretensión de ser metahistórica”.
17 V. I. Lenin, Balance de una discusión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, en Obras completas, volumen XXII, pp. 336-76. Ed. Cartago, Buenos Aires.
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Hallamos esta argumentación ya en la citada carta dirigida por Marx al editor de las “Oteschesvennie Zapiskii”, ya en la respuesta a la pregunta de Vera Zasulich de marzo de 1881,18 Este rechazo a una interpretación de sus concepciones fundamentales como si –prescindiendo de la utilización específica hecha de ellas en El Capital– debieran referirse siempre y sola- mente a los países industriales desarrollados, implica una valoración positiva de la posibilidad de un pasaje directo de organizaciones sociales precapitalistas (en este caso de las comunas de aldea rusas) al socialismo.
El apoyo que Marx previó de parte de las revoluciones socialistas victoriosas en los estados industriales de Europa occidental fue sustituido luego, en el comunismo moderno, y de alguna manera luego del éxito de los planes quinquenales soviéticos, por un apoyo de parte de las industrias socialistas –creadas ex novo de manera no capitalista.
El segundo punto se refiere al concepto de “dictadura del proletariado”. Como Marx lo declaró en la carta a Weydemeyer del 5 de marzo de 1852, tanto él como Engels concibieron esta categoría, en lo fundamental, de una manera tan general que comprendiera todo desarrollo de las institu- ciones políticas, pero excluyendo el gradualismo y basándose en la iniciativa propia de las clases revolucionarias. En su trabajo La Guerra Civil en Francia, Marx destacó los elementos de democracia directa del pueblo armado contenidos en la Comuna de París. En la Crítica al Proyecto de Programa Socialdemócrata de 1891, Engels definió a la república demo- crática aun como“laforma específica de la dictadura del proletariado” del modo ya demostrado por la gran revolución francesa (donde en realidad el proletariado no actuó de manera alguna con autonomía).19
18 El texto con el esquema de respuesta, sustancialmente detallado, pero en borrador, y cuya amplitud testimonia de todas maneras la intensidad con que se ocupó del problema, fue publicado recién en 1928 en el volumen I del Archivo Marx-Engels. Como lo afirmó E. Jurevski en abril de 1957 en“Socialistische Viesnik”, sobre la base de presuntos coloquios –naturalmente no controlables ya, a tantos años de distancia– con la viuda de Plejánov, éste había aconsejado a Vera Zasulich que no escondiera por motivos tácticos la respuesta de Marx a su pregunta. (Es obvio que él no conocía el esquema de esa respuesta.) Hay que tener presente que los jefes de la Narodnaia Volia –dando por supuesto que debamos considerar justa una interpretación esquemática del marxismo– habrían sacrificado sus vidas en un intento totalmente desprovisto de sentido por apresurar el desarrollo de la revolución rusa. Las consideraciones tácticas, además de los conflictos de conciencia expresados en el interrogante de Vera Zasulich muestran que ella, en el fondo, tenía una comprensión de Marx igual a la expresada más tarde por los mencheviques.
19 Marx-Engels, Werke, vol. XXII, p. 225 ss.
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Indirectamente, el texto de Engels expresa el reconocimiento de un gobierno socialista de mayoría en una república democrática como forma institucional posible de la “dictadura del proletariado”. De los escritos de los clásicos puede deducirse entonces una cierta indiferencia con respecto a las formas institucionales, presuponiendo siempre que el “contenido de clase” general sea el correcto (y en este sentido ni la gran revolución francesa ni la Comuna de París de 1871 fueron muy lejos). Con el concepto de dictadura del proletariado se presuponía naturalmente una prioridad socialista en los objetivos del régimen revolucionario. Si, tal como lo hicieron los bolcheviques rusos en 1905, y más tarde la Comintern cuando se ocupó de los movimientos coloniales chinos y no sólo chinos, se hubiera considerado imposible proponer rápidamente objetivos socialistas, podían introducirse en el cuadro del esquema también otras formas de dictadura revolucionaria, modificando paralelamente la indicación y la descripción de los objetivos.
La evolución de la II° Internacional se encontró en neto contraste con una
orientación tal: aunque le faltara la claridad de los objetivos revolucionarios, se diferenció de la política colonial imperialista y luchó en sus propias filas contra la creciente tendencia a apoyarla. Tanto en el informe Van Kol al congreso de París de 1900 como en la resolución adoptada luego, la política colonial fue definida como una consecuencia necesaria del desarrollo del capitalismo y de la gran industria, cuyo resultado era el militarismo y su objetivo el aumento de los beneficios y el mantenimiento del sistema capitalista. Van Kol llamó a los socialistas de todos los países a la lucha contra la expansión colonial y contra los espantosos métodos de
opresión adoptados en las colonias: era deber de los socialistas de todos los países –afirmaba–, promover la creación de partidos socialistas en aquellas colonias donde se dieran los presupuestos para ello, y establecer vinculaciones entre los partidos de cada uno de los países coloniales. Hyndman desenmascaró la ideología de la política colonial inglesa en China, a la que se pretendía hacer pasar como difusión de la civilización moderna; tanto él como los oradores ingleses señalaron al respecto el carácter agresivo de la guerra contra los Boers. Hyndman polemizó ya contra los Fabianos, ya contra el ala derecha, de la socialdemocracia belga guiada por Vandervelde.
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Los Fabianos, aun denunciando la barbarie de la guerra contra los Bóers, llegaron a la conclusión de que no se debía liberar a Sudáfrica, ni siquiera con un régimen democrático, sino que había de mantenérsela como colonia británica. Vandervelde se pronunció en favor de la anexión del estado del Congo por Bélgica, afirmando que ese era el único medio para poner fin a los horrores del dominio de las Compañías. En el Congreso de Amsterdam de 1904, a proposición de la delegación británica, fue acogida una resolución en la que se pedía para la India el autogobierno bajo soberanía británica. El presidente del congreso nacional indio, saludado por un aplauso de apoyo, presentó esta forma de autogobierno como un estado de dominion, “tal como lo gozan ya algunas otras colonias británicas”. Pero, al mismo tiempo, en la resolución, se reafirmaba el“derecho de los habitantes de los países civilizados a establecerse en los países cuya población” se encuentre“enun estado inferior de desarrollo”(vale decir el derecho a hacer precisamente todo aquello de donde han surgido los problemas de la actual Rhodesia).
En el informe de Van Kol el punto crucial estaba en la exigencia de una reforma de la administración colonial, pero en la resolución elaborada por la comisión preparatoria el objetivo de esa reforma quedó particularizado en la “completa emancipación de las colonias”.20
En el congreso de Stuttgart de 1907 hubo una polémica significativa: la mayoría de la comisión preparatoria, incluyendo al relator Van Kol, propuso una resolución que debía reconocer determinadas funciones positivas de la política colonial y pedir que los pueblos coloniales fueran preparados, a través de reformas, para su independencia. La minoría de la comisión, dirigida por la izquierda alemana y polaca, rechazó la valoración positiva de los posibles resultados de la política colonial y, por lo tanto, rechazótambién el apoyo a las propuestas para una reforma de esa política; su crítica se centraba contra la difamación y la degradación de los pueblos coloniales. El revisionista alemán David, que apoyaba a la mayoría de la comisión (que luego, en la votación del congreso, reveló ser minoría), aun llegó a poner los efectos de la política colonial en relación con los aspectos progresivos del capitalismo en general, ignorando así por completo el carácter específico del capitalismo colonialista. Su punto de
20 Internationaler Sozialistenkongress zu Amsterdam, pp. 19-23. Berlín, 1904; Internationaler Sozialistenkongress zu Stuttgart, 1907, p. 24 ss.
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vista, de acuerdo al cual la política colonial “como tal” (es decir prescin- diendo de las atrocidades) debía ser vista como una “componente inescin- dible de las aspiraciones culturales generales de la socialdemocracia” fue rechazado por gran mayoría luego de violentos ataques de la izquierda–Wurm (Alemania), Marchlewsky (Polonia) y Goldenberg (Rusia). Sin embargo, la mayoría de la comisión aceptó al final un compromiso entre la introducción de Van Kol, que evitaba una condena de fondo de la política colonial, y el texto de la comisión preparatoria. En una frase de conclusión, que llamaba la atención sobre el hecho de que la política colonial acrecentaba el peligro de guerra, los socialistas de los países desarrollados fueron invitados a pronunciarse en favor de entendimientos entre sus gobiernos que protegieran los intereses de los indígenas, vale decir en favor de reformas en el marco de la política colonial. Hasta revi- sionistas convictos y confesos, como Bernstein y David, se pronunciaron en la sesión plenaria del congreso por esta resolución do compromiso; algunos de ellos no titubearon en declarar que mientras exista la humanidad, habrá también colonias. La minoría de la comisión, a cuyo punto de vista se asociaron, además de Marchlewsky, los alemanes Bracke y Kautsky, rechazó toda subdivisión de los pueblos en llamados pueblos superiores e inferiores, amén de todo intento de imponer a los pueblos asiáticos la cultura europea; en opinión de esa minoría, el retiro de los colonialistas era el primer presupuesto para un ascenso económico y cultural de las naciones subdesarrolladas. Marchlewsky declaró que en las colonias uno se hallaba ante las mismas tareas que en los territorios metropolitanos; defensa de las masas populares contra la explotación capitalista, contra el juego burocrático e imperialista.
El esquema de resolución de la minoría de izquierda de la comisión fue aceptado en la sesión plenaria por 127 votos contra 108 (las abstenciones sumaron 10). Debemos anotar que la minoría comprendía todos los votos de Alemania (los alemanes de izquierda habían hablado sólo a título personal), de Holanda, Bélgica y Sudáfrica, y que con la mayoría no se encontraba ningún gran partido –aparte del ruso y del polaco– y ninguno de los países coloniales típicos. Austria, Francia e Italia estaban repre- sentadas en ambos grupos principales y Gran Bretaña lo estaba tanto en la izquierda como entre los abstenidos.21 Si consideramos además que el
21 Bulletin des Internationalen Sozialistenkongress, Stuttgart, 1905, n.° 5 35
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sistema de votación adoptado en la II° Internacional favorecía a los pequeños partidos–ensu mayor parte orientados hacia la izquierda–, a expensas de los grandes, pero que reducía, dentro de estos últimos, las posibilidades de expresión de las minorías–engeneral de izquierda–; y si consideramos de la misma manera que las cuestiones a decidir requerían una convergencia entre lo que poco después sería definido como el”centro marxista” y la izquierda, la relación de fuerzas en este congreso–donde sin embargo se adoptó también una resolución sobre el problema de la guerra que reflejaba ampliamente las concepciones de Lenin y Rosa Luxemburg– no se diferenció mucho del agrupamiento de fuerzas formado luego de los acontecimientos de 1914.
Fuera de los congresos internacionales, el ala revisionista de derecha se expresó de manera mucho más abierta en el sentido del “social- imperialismo”. El ala derecha de la socialdemocracia italiana, que apoyó la guerra de Trípoli, fue sin embargo expulsada del partido. Pero ya en 1899 Bernstein, apoyado inmediatamente después por su coterráneo Schippel y por el austríaco Leuthner (representante de la tendencia extremista nacional alemana de su partido), pudo definir como solamente “limitado”“elderecho de los salvajes a la tierra que ocupan”, y habló del “derecho superior de la cultura superior”,22 sin que por ello se pusiera en lo más mínimo fuera de la línea del partido. Por una política imperialista clara y neta –sin sombras de fingimientos– se pronunció Hildebrand en su “política exterior socialista”, sosteniendo la tesis de que, aun “considerada desde un punto de vista socialista, la colonización por asentamientos en dominios coloniales” se había convertido en “una necesidad económica actual también para Alemania, como para los otros estados industriales de la Europa occidental”. Esta concepción fue rechazada en 1911 por el congreso de Jena. Cuando a pesar de ello, Schippel siguió sosteniéndola, se lo expulsó del congreso de la SPD de Chemnitz (1913). De aquí derivaron polémicas aun fuera del restringido círculo de sus amigos, polémicas que se referían no a la compatibilidad de su puntos de vista con el programa del partido, sino únicamente a la posibilidad de admitir o no por principio las expulsiones por divergencias teóricas. Recién en el curso de la primera guerra mundial toda el ala derecha de la socialdemocracia abogó abierta- mente por el social-imperialismo, a menudo bajo formas de un recono-
22 Die Voravssseizungen des Sozialimus, p. 211 en la edición de 1923. En Castellano: Socialismo teórico y socialismo práctico, Editorial Claridad, Bs. As., 1966.
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cimiento de la política colonial como legítima expansión de la “ecumene”, considerada como base del futuro socialismo.23 De todas maneras, ya vimos que este desarrollo se estaba preparando en los días en que la II°Internacional se encontraba unida.
En este periodo la posición del “centro marxista” quedó definida por la ya citada publicación de Kautsky Sozialismus und Kolonialpolitik (1907). La valoración kautskiana del problema fue considerada apropiada aun veintiún años más tarde por los austro-marxistas.24 Es verdad que Kautsky asume una actitud negativa en relación a la política colonial,25 pero afirma que, mientras dure el dominio del capital, la idea de una renuncia espontánea a las colonias sólo podrá tener el valor de una brújula que indica la dirección de una política colonial socialista, aunque sin poseer nunca el significado de una propuesta práctica a cuya realización se pueda inmediatamente echar mano:
“Susignificado práctico consiste para nosotros, sobre todo en el hecho de que ella nos prohíbe a priori cualquier adhesión a una ampliación de la posesión colonial y nos impone intentar con todas las fuerzas el desarrollo de la independencia de los indígenas. Sus rebeliones para sacudirse el dominio extranjero siempre podrán contar con la simpatía del proletariado en lucha. Pero los medios de poder de los estados capitalistas son tan grandes que no debemos esperar que una de estas rebeliones pueda, en nuestros días, alcanzar sus objetivos. Solamente podría empeorar la suerte de los indígenas. Aun aprobando estas revoluciones y aun simpa- tizando con los rebeldes, la socialdemocracia no puede ayudarlos, así como no ayuda a los Putsch sin perspectiva del proletariado en Europa.”26
23 Véase Karl Renner, “Probleme des Marxismus”, en Der Kampf, vol, IX, p. 385. 24 Véase Otto Jensen en Der Kampf, vol. XXI, 1928, p. 409 ss.
25 Como ya estaba expresado en la resolución inglesa en el congreso de Amsterdam de 1904, Jensen ve un posible cambio en el hecho de que el movimiento obrero en Occidente se ha vuelto suficien- temente fuerte como para preparar estos territorios, a través de reformas a la administración colonial, hacia una independencia posterior. Por otra lado, en su discurso ante el congreso de Marsella de la II° Internacional–esdecir ocho años después de los bolcheviques rusos– Otto Bauer había reconocido la analogía existente entre las luchas de las naciones que despertaban en Asia
oriental y las primeras luchas de emancipación de los pueblos eslavos en la monarquía habsbúrgica, de lo que puede deducirse su derecho a la plena autodeterminación.
26 En relación a la cual, el Kautsky de 1907 se comportó de distinta manera que el Kautsky de 1917.
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Distinta es la situación en la época de la revolución proletaria.
“Enesta era de potentes movimientos, las naciones que ya hoy en las colonias altamente desarrolladas combaten por la libertad, deben crecer rápidamente y hallar la fuerza para liberarse de los países dominadores, cuyo poder estatal queda comprometido por completo por las sublevaciones interiores. Las Indias orientales, las Filipinas, Egipto, donde ya ahora se registran movimientos nacionales tan vivos, una fuerte intelligentsia ciudadana nacional y los primeros grupos de un proletariado industrial, conquistarán su indepen- dencia a la par del proletariado europeo y norteamericano [...] Pero al mismo tiempo, también las otras posesiones coloniales deben ser tocadas, mejor dicho puestas en agitación por estas luchas.
Cuando el proletariado en Europa y en Norteamérica haya conquis- tado el poder, no se enfrentará al problema de hacer o no una política colonial socialista, o si los pueblos coloniales están o no maduros para el autogobierno, o si se les debe dar la libertad o ejercer sobre ellos una tutela y educarlos a través de una forma de benévolo despotismo patriarcal. El proletariado encontrará ante sía las colonias más importantes como estados independientes, y a las otras bajo su dominio o en plena revolución, y por lo tanto solamente deberá decidir si quiere someter a los rebeldes con una guerra sangrienta, si quiere abatir por la fuerza la revolución de Europa y la revolución de África y Asia, o bien no”.27
Kautsky afirma que para esta pregunta sólo puede haber una respuesta negativa: y con ello había anticipado, aunque no pueda hablarse de una revolución en Inglaterra, la decisión del gobierno inglés de 1945 (pero no la del gobierno socialdemócrata de Mollet en Francia). Para responder al interrogante de si las fuerzas progresistas de Europa deben apoyar a las revoluciones coloniales o domarlas con sangre, no es necesaria una revolución socialista, sino simplemente una cierta capacidad de pensar de
La referencia al hecho de que Kautsky se negara a reconocer el carácter socialista de la revolución rusa no tiene importancia al respecto, porque él rechazó los intentos de liberar a los pueblos coloniales sólo con la motivación de que en ese momento tales intentos hubieran necesaria- mente fracasado. En cuanto al apoyo que la revolución rusa podía dar a las revoluciones coloniales en el marco de su política de estado–yque debió dar por motivos de pura auto- conservación– era indiferente el juicio sobre la revolución rusa en sí.
27 Karl Kautsky, Sozialismus und Kolonialpolitik, pp. 76-78. Berlín, 1907. 38
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manera independiente y un cierto grado de madurez de las revoluciones coloniales, estimuladas sin duda por la revolución rusa. Kautsky creía que el proletariado europeo victorioso habría de hallar entre los pueblos no europeos “varios grados de cultura” y creía que de esto derivaría la necesidad de una ayuda cultural y económica, sin que por ello surgieran relaciones de dominio de ninguna especie, y tampoco la formación de una clase dominante en las colonias. Sería una pretensión excesiva esperar del grado de desarrollo entonces alcanzado por el socialismo internacional un análisis más profundo del problema de la descolonización. Pero debemos señalar que Kautsky–adiferencia de algunos otros pensadores socialistas del periodo prebélico– no tenía claro siquiera qué significaba realmente el colonialismo, más allá del fenómeno de las inmediatas relaciones de dominio. Esta menor comprensión derivaba como es natural de un planteo que concebía las relaciones entre capitales de los viejos países capitalistas con el mundo precapitalista, esencialmente como una cuestión de mercado. Los social-imperialistas veían en la importancia de las colonias como abastecedores de materias primas y como mercados de salida hasta una justificación de la política colonial (sobre todo de la de sus propios países). Los críticos social-liberales de la política colonial, y entre ellos, como vimos, la mayoría de la II° Internacional, oponían la tesis de que una serie de potencias industriales, incluida Alemania (donde las polémicas sobre la política colonial fueron más violentas) y, desde el punto de vista del dominio directo, también los Estados Unidos, habían alcanzado una posición predominante en el plano internacional sin posesiones coloniales o casi sin posesiones, y que por lo tanto su ulterior desarrollo no dependía evidentemente de los pocos territorios coloniales controlados por ambos (sobre todo bases militares). Algunos revolucio- narios, ante todo los populistas rusos y luego también Rosa Luxemburg, creían que el agotamiento, a juicio de ellos inevitable, de los mercados externos necesarios para el crecimiento del capitalismo, debían señalar justamente el final de ese crecimiento. Rosa Luxemburg, que en muchos aspectos se vinculó a las teorías de los populistas, era del parecer de que la consecuencia de este desarrollo suponía necesariamente la caída del capitalismo provocada por las revoluciones en los territorios metropo- litanos. No imaginaba siquiera la idea de que las revoluciones coloniales en cuanto tales (o sea con prescindencia de su influencia en el balance estatal, en el humor del ejército arrastrado a una guerra sin sentido lejos
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de la patria, etc.) podían cumplir un rol particular en el derrumbe del capitalismo.
Hobson fue el primero en considerar la exportación de capital como la base determinante de la moderna política colonial. Sin embargo, su teoría se basaba en un planteo específicamente inglés, ligado de manera estricta a la teoría del subconsumo, y por lo tanto discutible. Con posterioridad, Hilferding desarrolló la teoría del imperialismo demostrando la conexión lógica entre la exportación de capital y el desarrollo del capitalismo monopolista, enfatizando el moderno grado de desarrollo del capitalismo y a la vez la inevitabilidad de las complicaciones político-revolucionarias de este desarrollo:
“Elatraso de las normas jurídicas [en los territorios necesarios para las inversiones de capital] se convierte así en una barrera cuya superación exige cada vez con mayor energía el capital financiero, incluso con medios violentos. Esto lleva a conflictos cada vez más agudos entre los estados capitalistas desarrollados y los poderes estatales de las regiones atrasadas, a intentos cada vez más apremiantes de imponer a estas regiones las normas jurídicas correspondientes al capitalismo, bien respetando o destruyendo los poderes que había hasta entonces. Al mismo tiempo, la competencia por las zonas recién abiertas de inversión lleva consigo nuevas contradicciones y conflictos entre los mismos estados capitalistas desarrollados. Pero en los mismos países recién puestos en explotación el capitalismo importado agudiza los contrastes y excita la resistencia creciente de los pueblos que despiertan a la conciencia nacional contra los intrusos, resistencia que puede llegar fácilmente a la adopción de medidas perjudiciales para el capital extranjero. Las viejas estructuras sociales se subvierten por completo; se rompe la milenaria vinculación agrícola de las ‘naciones sin historia’ y se las sumerge incluso en el remolino capitalista. El mismo capitalismo les da poco a poco a los subyugados los medios y el camino para su liberación. La meta que antes fue la más alta de las naciones europeas, la creación de un estado unitario nacional como medio de la libertad económica y cultural, la hacen suya aquellas naciones. Este movimiento de independencia amenaza al capital europeo precisamente en sus comarcas de explotación más
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ricas y de mejor porvenir, y se ve constreñido cada vez más a mantener su dominio gracias al continuo incremento de sus medios coactivos.
De ahí el clamor de todos los capitalistas interesados en países coloniales exigiendo un poder estatal fuerte, cuya autoridad proteja también sus intereses en los rincones más alejados de la. tierra; de ahí el prestigio de la bandera de la guerra, que tiene que verse en todas partes para que se pueda plantar en todos los lugares la bandera comercial. Pero cuando más a gusto se siente la expor- tación de capital es donde existe el dominio completo de la nueva región mediante el poder estatal de su país. Pues entonces estáexcluida la exportación de capital de otros países, goza de una posición privilegiada y sus beneficios reciben, incluso, en lo posible, la garantía del estado. Así, pues, la exportación de capital actúa también en pro de una política imperialista”.28
La exportación de capital, ligada de manera inseparable al estadio del capitalismo monopolista del capitalismo (en la terminología de Hilferding“capital financiero”), aparece entonces como la base para la sumisión de los territorios no capitalistas del mundo, o bien a través de la colonización directa, o bien a través del capital extranjero. La primera forma de sumisión, especialmente cuando se verifica bajo la bandera del propio estado, es la auspiciada por los monopolios exportadores de capital, pero aún sin ella el capitalismo monopolista puede ejercer su opresión, y puede entonces surgir un movimiento de resistencia de las naciones“subdesarrolladas”.
Al escribir su teoría del imperialismo, Lenin se refirió expresamente a El Capital Financiero de Hilferding. En el desarrollo que hiciera Lenin, esta teoría no adquirió nada en el sentido de un análisis económico, pero permitió una explicación de la primera guerra mundial y de las sucesivas guerras imperialistas como consecuencias de las tendencias expansionistas de las potencias capitalista-monopolistas en competencia entre sí, como resultado de la aspiración a una “nueva división del mundo” en favor de una extensión del dominio colonial directo. Aquí las formas “indirectas”,
28 Rudolf Hilferding, Finanzkapital, p. 436. Frankfurt a. M., 1968, [En Cast.: El Capital Financiero, Tecnos, Madrid, 1963.]
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de relevante importancia para el actual neocolonialismo, de explotación colonial por poderosos países de capitalismo monopolista –como por ejemplo los EE.UU. y también Alemania, que entró a la primera guerra mundial con posesiones insignificantes y al final las perdió– permanecen en el trasfondo de la discusión, mientras emergen los viejos países coloniales en una fase no obstante de neta declinación. El problema de la explotación capitalista-monopolista de los países coloniales no fue ya
objeto de un análisis económico, sino apenas un mero problema –superado por las nuevas condiciones– de coloración en las cartas geográficas. Las polémicas de la Comintern sobre la política colonial no tenían como
objeto un análisis de las contradicciones de clases en los países “sub- desarrollados” y de las distintas y“mássutiles” formas de competencia capitalista. En la discusión, en cambio, el acento fue puesto sobre el aspecto– importante para la oposición entre Alemania e Inglaterra anterior a 1914– de la “nueva división del mundo colonial”. A posteriori esto pudo también contribuir a explicar la primera guerra mundial, pero no contribuyó a comprender la revolución china–elmás grande aconte- cimiento del mundo colonial en el periodo “entre las dos guerras”– ni tampoco a comprender las luchas de liberación anticolonial en Indonesia e Indochina, que se desenvolvieron con una mínima participación de potencias imperialistas en competencia. En el ulterior desarrollo de las teorías económicas de Hobson y de Hilferding hecho por Lenin –desarrollo que debía servir para explicar y estimular las revoluciones coloniales– se atribuyó demasiada importancia a la competencia entre los grupos capitalista-monopolistas occidentales, sin que se viera la importancia de las luchas de clases en el interior de los países coloniales mismos. La relación de por sí absolutamente natural entre la orientación de la Comintern y la política exterior de la gran potencia revolucionaria no permitía superar la deficiencia del énfasis puesto en el elemento “inter- imperialista” en los conflictos coloniales. La lucha de los generales chinos a la búsqueda de potentes protectores contribuyó a dar a estas explica- ciones una apariencia de plausibilidad.
El leninismo, por cierto, contribuyó a una mayor comprensión de los problemas políticos suscitados por las revoluciones coloniales, pero no llevó muy adelante el análisis económico del colonialismo. Es posible que la causa deba ser buscada en el hecho de que esta teoría fue desarrollada
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en una gran potencia cuyas condiciones se acercaban bastante a las del mundo colonial. Quien dude de estas afirmaciones, basándose en las sugerencias demasiado europeas dadas por los rusos a los revolucionarios chinos, debería tener presente la actitud absolutamente ajena asumida por el marxismo europeo en relación a las revoluciones en el mundo colonial (si se prescinde de las analogías, acaso muy artificiosas, con los comienzos del capitalismo europeo-occidental). Hasta sus mejores repre- sentantes se limitaron a observaciones generales sobre las revoluciones“burguesa-democráticas” y “proletario-socialistas”, a pesar de la adver- tencia contenida en la carta de Marx a la redacción de las “Oteschescennie Zapiskii” (que en general pasó inadvertida fuera del ambiente de los revolucionarios rusos). Allí, como dijimos, Marx se había negado a una generalización de su esquema sobre el origen del capitalismo en Europa
occidental que lo hubiera llevado a una “teoría general histórico-filosófica”. El leninismo surgió como reacción a la teoría de los populistas; pero justamente por ello se ocupó desde el comienzo de problemas que para el marxismo europeo-occidental no existían: ya en su primer gran trabajo teórico (El Desarrollo del Capitalismo en Rusia), Lenin destruyó el criterio tradicional que asocia el desarrollo del capitalismo con el desarrollo de las modernas grandes industrias. El demostró que el capitalismo progresa también en un país campesino con la decadencia de la producción simple de bienes. La concepción bolchevique del problema de las nacionalidades no se refería a territorios realmente subdesarrollados. Fue elaborada ya en el periodo prebélico y surgió durante la polémica contra las teorías de los austro-marxistas que se basaban en una interpretación subjetiva de la nación y en la reivindicación de la mera autonomía cultural. La teoría elaborada por Stalin en 1913 presupone directamente el carácter burgués de la nación, que dependería de una economía en estado de desarrollo; separa a tales “naciones” de las unidades étnicas precapitalistas y, como dice incidentalmente, de las “nacionalidades”. Esta interpretación apuntaba a los socialistas de pueblos muy desarrollados que, en los estados europeos compuestos por varios pueblos, tenían una posición subordinada
o eran abiertamente oprimidos. Una gran parte de los socialdemócratas checos en la monarquía de los Habsburgo y una gran parte de los socialdemócratas hebreos en Rusia, amparándose en la presunta, posición particular de sus naciones, habían formado sus propios partidos separados de la socialdemocracia. Como es natural fueron combatidos por la social-
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democracia que los acusó de escisionistas. Pero la social-democracia austríaca y el partido bolchevique motivaron de distinto modo su rechazo de esos partidos separados: la primera partió de la suposición de que un gran estado plurinacional en unidades nacionales era una maniobra reaccionaria burguesa y afirmó que, en el caso de una victoria suya, el movimiento obrero socialista se limitaría a acordar a las naciones existentes la autonomía cultural (nadie mencionó el hecho de que los checos y los alemanes austríacos constituían naciones altamente desarrolladas); pero, para esta finalidad–seafirmaba– no había necesidad de partidos separados que, desde el punto de vista de la lucha política y económica, eran directamente perjudiciales. En apoyo de esta teoría, Otto Bauer formuló la tesis de que la esencia de una nación está en su estructura psicológico-cultural. Tal concepción fue utilizada por los social- demócratas hebreos para legitimar una organización política especial de su pueblo con una caracterización psicológico cultural propia, a la que consideraban como más evidente que cualquier otra particularidad. En su lucha contra este intento de separación, Stalin rechazó toda posibilidad de una definición psicológica y describió a la“nación”como una unidad económica con un territorio propio. Para estas unidades reales–omás bien para sus territorios, a menudo compartidos con otros pueblos (dentro de ellos se debía conceder la autonomía cultural a cada una de las naciones)– el partido bolchevique, en vísperas de la primera guerra mundial, lanzó la consigna de la autonomía política. Sin embargo, esto debía obtenerse sin necesidad de dividir al partido, en cuanto al partido socialista debía representar los intereses de los obreros de todas las naciones dentro del estado que, de conformidad con los presupuestos, seguía siendo plurinacional. Durante la primera guerra mundial el centro de la discusión se desplazó hacia una polémica con aquellos socialistas de izquierda polacos que, en pro de la unidad nacional, ya habían rechazado desde tiempo atrás (y siempre contra los consejos de Lenin) el apoyo a la reivindicación de la independencia nacional sostenida por la inmensa mayoría de su mismo pueblo. Sobre la necesidad de un partido socialista polaco separado no había divergencia cíe opiniones. Los socialistas de izquierda polacos favorables al mantenimiento de la unidad estatal habían formado, contra el PSP nacionalista, el Partido Socialdemócrata de Polonia y Lituania que, en los congresos panrusos, votó junto a los bolcheviques en la mayor parte de las cuestiones, aunque no en todas.
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Con el pseudónimo de P. Kievski, Piatakov escribió un artículo donde se pronunciaba contra la consigna del derecho de los pueblos a la auto- determinación. En su opinión, la reivindicación de la autodeterminación para estos pueblos era falsa, si se la consideraba desde el punto de vista del proletariado de las naciones desarrolladas, interesado en la unidad nacional. Siempre según Piatákov, el proletariado y su partido no debían preocuparse por los problemas de aquellos países donde no existía clase
obrera (se refería en especial a las colonias), en cuanto era inadmisible plantear reivindicaciones en favor de la burguesía y de los campesinos coloniales. Lenin, en su polémica contra este argumento, se expresóen favor del derecho a la autodeterminación aun de las naciones sub- desarrolladas. Pero a la vez afirmó que el proletariado de las naciones avanzadas cuando al defender los intereses de su liberación insiste en la restitución de las colonias, no puede en lo más mínimo proponerse una separación de los obreros con conciencia de clase pertenecientes a las naciones oprimidas.29 La mescolanza de los problemas nacionales y coloniales deriva del hecho de que se verificaran generalizaciones que partían siempre de las condiciones y de los problemas específicos de los grandes estados plurinacionales de Europa central y oriental. Es cierto que Lenin subrayó el interés socialista por los movimientos revolucionarios–aunque no tuvieran carácter proletario–, pero, en la discusión, siempre destacó la importancia que una revolución socialista victoriosa en la metrópoli tiene para la clase obrera de las colonias. Sin embargo, al sostener estas tesis, siempre hizo abstracción del hecho de que, a excepción de Rusia, esta situación no era previsible de ninguna manera en los otros territorios metropolitanos. En lo referente a la primera parte del problema, las tesis de Lenin, publicadas en el“Vorboten” y naturalmente redactadas teniendo en cuenta las objeciones posibles, habían sido claras:
ellas contienen la última toma de posición de los bolcheviques en la vigilia de la revolución rusa de 1917:
“Los países semicoloniales, como China, Persia, Turquía y todas las colonias; en total, cerca de 1000 millones de habitantes. Aquí los movimientos democrático-burgueses, en parte se encuentran apenas en su comienzo y en parte están lejos de haber terminado. Los socialistas deben exigir, no sólo una incondicional e inmediata
29 V. I. Lenin, Sobre la caricatura del marxismo y el “economismo imperialista” en Obras completas, cit, XXIII, pp. 24-74.
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liberación sin indemnizaciones de las colonias–yesta exigencia, en su expresión política, no significa otra cosa que el reconocimiento del derecho a la autodeterminación–; los socialistas deben apoyar de la manera más decidida a los elementos más revolucionarios de los movimientos democrático-burgueses de liberación nacional de estos países y ayudar a su rebelión–ysi se da el caso, también a su guerra revolucionaria– contra las potencias imperialistas que los
oprimen”.30
Un importante aporte a la interpretación de los problemas coloniales fue dado por el bolchevismo con una concepción táctica que puede ser explicada solamente por las particulares condiciones de Rusia o, para decirlo con mayor precisión, por el proceso histórico de desarrollo del movimiento obrero socialista ruso. A pesar de las ya recordadas simpatías de Marx por las formas no ortodoxas de desarrollo del socialismo en países no europeos, la socialdemocracia rusa se ubicó contra la posición de los populistas, que habían expresado siempre la tesis de la evitabilidad del estadio de desarrollo capitalista. En su escrito El Desarrollo del Capitalismo en Rusia, Lenin ha dado la prueba de que un país con una cantidad relativamente exigua de grandes empresas capitalistas puede volverse perfectamente capitalista a causa de procesos de disgregación de la pequeña burguesía y especialmente de los campesinos. La social- democracia rusa, que se reconocía en la tradición del movimiento democrático burgués europeo, pero mantenía bien claras sus perspectivas revolucionarias, comprobó, ya en su primer programa de 1889, que la burguesía se hacía más débil, más vil y más dispuesta a compromisos con el régimen feudal a medida que se avanzaba hacia Europa oriental. Una tesis que, luego de las experiencias hechas con Chiang Kai-shek, puede ser extendida aún más allá de los límites de la Europa oriental. En el conjunto, estas tesis llevaron a la conclusión de que Rusia necesitaba una revolución democrático-burguesa pero que, teniendo en cuenta la inevitable traición de la burguesía en cuanto a su objetivo histórico, la revolución debía ser conducida por el proletariado. Lenin dedujo de ello la necesidad de construir la socialdemocracia rusa de manera tal que se adaptara a la
30 V. I. Lenin, La Revolución Socialista y el Derecho de las Naciones a la Autodeterminación [en Obras completas, cit., XXII, p. 159]. Estas tesis, como también las contra-tesis elaboradas por Radek en nombre de los socialistas de izquierda polacos, fueron publicadas efectivamente entonces (1916); el articulo de Plejánov y el esbozo de respuesta de Lenin aparecieron impresos recién en 1924.
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“organización de la revolución”. Esta palabra de orden fue acuñada por Lenin al comenzar la revolución de 1905.
Tal asignación de tareas chocaba sin embargo con la clásica diferenciación marxista entre revoluciones democrático-burguesas y revoluciones socia- listas. Los mencheviques creían que su misión consistía en estructurar las acciones de la clase obrera rusa de modo tal que se las hiciera aceptables para la burguesía, en cuanto consideraban a ésta como el único funda- mento posible del futuro desarrollo del país, todavía subdesarrollado. Por así decirlo, se debía obligar a la burguesía a la realización de su propio programa de clase. Con esta concepción los mencheviques impidieron el pleno desarrollo de la revolución de 1905 y naufragaron luego, cuando pasada la revolución de Febrero la burguesía se alió con la reacción; es por ese motivo que la mayoría de la clase obrera siguió a la dirección bolchevique. Parvus y Trotsky, en cambio, apoyados por una gran parte de los mencheviques de izquierda, buscaron ya en 1905 eliminar la contra- dicción entre la imposibilidad de apoyar una revolución no guiada por la clase obrera y la dificultad de realizar la revolución socialista en la aislada Rusia, a través de la teoría de la llamada “revolución permanente”. Según ellos, el problema no podía ser limitado a Rusia, donde el movimiento estaba condenado a un conflicto sin esperanza con los campesinos, sino que podía ser resuelto únicamente ligándolo a la lucha de clase revolu- cionaria internacional. De ahí que una revolución socialista en Rusia podía ser considerada sólo bajo el aspecto de sus repercusiones en el movimiento obrero de Occidente, que luchaba con mayores perspectivas. En 1905 esta perspectiva fue puramente teórica porque la revolución rusa cayó antes de haber alcanzado el estadio en que hubiera podido volverse realmente una revolución socialista, más allá de su carácter democrático- burgués. El problema de si la socialdemocracia alemana, en un momento de expansión capitalista, estaría dispuesta a defender una intervención de los Hohenzollern contra una Rusia revolucionaria, permaneció en el plano de las hipótesis.
En 1917, cuando la guerra mundial en los países europeos parecióplantear objetivos revolucionarios, Trotsky trató de establecer un nexo entre su concepción de la “revolución permanente” y el concepto leninista–rechazado primero porél–de la “organización de la revolución”. La posibilidad de una relación tal ya no existía objetivamente cuando la
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revolución rusa quedó aislada. Los esfuerzos de los modernos trotskistas por tornar nuevamente actual la concepción de la “revolución permanente”con referencia al conflicto chino-soviético, olvidan la consideración de la esencia de la teoría de Trotsky, vale decir la tesis de que la revolución rusa hubiera debido ser apoyada por la clase obrera de los países industrial- mente más desarrollados. Por el contrario, estos trotskistas hacen depender la realización de los fines socialistas en una Rusia entre tanto altamente industrializada, de la revolución de los países subdesarrollados, cuya base está formada sobre todo por guerrilleros campesinos. Del trotskismo“clásico”se mantiene la concepción de la revolución mundial como un proceso político-militar, que Stalin criticara no siempre con razón en Trotsky. Contra la concepción trotskista del salto de la fase de la revolución democrático-burguesa, los bolcheviques desarrollaron, bajo la guía de Lenin, la consigna de la “dictadura democrática del proletariado y de los campesinos”.31 Según tal concepción, el proletariado debería constituir la principal fuerza de choque de un movimiento revolucionario apoyado por la gran masa de los campesinos, un movimiento que ante todo debe imponerse una realización radical de las reivindicaciones democrático-burguesas, en particular la expropiación del latifundio y el abatimiento de la burocracia reaccionaria. En virtud de esta teoría los bolcheviques se encontraron en oposición con el ala derecha de los mencheviques, que pretendía dejar a la burguesía la conducción de la revolución democrático-burguesa. Lenin definió a la “dictadura revolucio- nario-democrática de la clase obrera y de los campesinos”, como radical en los métodos de lucha, pero limitada en los objetivos. Ya en 1905, en Dos Tácticas de la Socialdemocracia en la Revolución Democrática,32 afirmóla necesidad de un tránsito a la cumplimentación de la fase democrático- burguesa–dela alianza con todos los campesinos a una alianza con el semiproletariado del campo– para destrozar la resistencia de la burguesía a una revolución socialista y para evitar futuras oscilaciones de los campesinos. Lenin no planteaba todavía el problema de las condiciones en que un tránsito tal habría de ser posible y victorioso en Rusia aislada. En el VI° Congreso del partido (agosto de 1917), tal cuestión fue discutida por los bolcheviques en ausencia de Lenin, nuevamente colocado en la
31 V. I. Lenin, La Dictadura Revolucionario-Democrática del Proletariado y de los Campesinos, en Obras completas, cit, VIII, p, 291.
32 V. I. Lenin, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática en Obras completas, cit., IX, pp. 1-130.
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ilegalidad. Bujarin, apoyado por Preobrazhenski, puso en tela de juicio la posibilidad de un desarrollo socialista de la revolución rusa si ésta no lograba romper su aislamiento. Stalin se desató contra una limitación de este tipo de las posibilidades socialistas, contra la dependencia del campo internacional, y afirmó que una revolución socialista rusa era posible aun sin las revoluciones europeas occidentales aguardadas con alguna razón por Bujarín y Preobrazhenski. Hacía falta, dijo él, terminar con la vieja idea de que sólo Europa occidental podía señalar el camino hacia el socialismo.“Hay un marxismo dogmático y un marxismo creador: yo estoy en favor del segundo”.
En esta polémica se delinea ya el futuro desarrollo de la revolución rusa. En aquel momento existía la convicción general de que una revolución proletaria podía darse en Rusia sólo si la apoyaban los partidos obreros de por lo menos algunos países europeos occidentales. Como defensa de la concepción leninista enseguida se hizo el intento –sobre todo cuando Trotsky volvió a dar vida a su vieja tesis de la “revolución permanente”–de localizar este estadio de transición entre las dos revoluciones de 1917. Pero el postulado de la “dictadura democrático-revolucionaria del proleta- riado y de los campesinos” tiene su valor no en esta contribución a posteriori, sino más bien en su aplicación sucesiva a países en relación a los cuales aun la Rusia de 1905 aparecía como avanzada: a los países coloniales con una clase obrera muy débil, a la que por lo tanto no se le podía aplicar la concepción marxista de la clase obrera como fundamento esencial de la revolución socialista. La cuestión del aislamiento de la revolución, que había tenido tanta importancia para Rusia, dejaba de ser relevante para los países coloniales, porque ya se contaba con el apoyo de la Unión Soviética. Y aunque sus inmediatas posibilidades de desarrollo se consideraban modestas, tal apoyo representó sin embargo un gran progreso para países como la India y China.
La política llevada bajo la consigna de la “dictadura democrático-revolu- cionaria de los obreros y de los campesinos” –por más poco ortodoxa que fuera, considerada desde el punto de vista de la II° Internacional– ayudó a la III° Internacional a superar la limitación del movimiento socialista a Europa, ofreciendo aparentemente a los comunistas de los países coloniales la posibilidad de adherirse a un modelo determinado que había vencido, y facilitado así la formación de valores de experiencia propios. Es verdad
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que un elemento fundamental de esta experiencia propia consistía en el reconocimiento de que para el postulado de la “dictadura democrático- revolucionaria de los obreros y los campesinos” faltaban, en la realidad política de los países retrasados, aquellos presupuestos que sin embargo existían en Rusia. Aunque allí también se tratara de una abstracción, determinada por la necesidad de conciliar las exigencias revolucionarias de la acción política con la interpretación del marxismo –interpretación corriente, limitada y dictada solamente a causa de la lucha precedente contra la ideología populista– sin embargo ella era expresión teórica de un cambio necesario en la estrategia política. Pero la clase obrera de Cantón y de Shanghai, no era la de San Petersburgo y Moscú que, luego de las derrotas de 1905-1906, había tenido hasta necesidad de una media docena de años para reorganizarse. Y el partido comunista chino de 1926, que tenía detrás suyo cinco años de existencia teórica y dos de existencia política, no era la socialdemocracia rusa de 1905, que hasta entonces había funcionado en realidad solamente dos años como organización unitaria–enla ilegalidad y en medio de ásperas luchas de fracciones–, pero que de alguna manera tenía a sus espaldas treinta años de trabajo de círculos, llevado a cabo sobre todo, pero no tan exclusivamente como en China, por intelectuales. Por otro lado, los campesinos chinos, explotados por usureros extranjeros y nacionales, no eran los campesinos rusos (en China había sólo un débil estrato superior capitalista), los cuales, luego de una guerra perdida y en el curso de una revolución no iniciada por ellos, se había liberado de la fe pasiva en el “padrecito”, para volver a caer, apenas los obreros de la ciudad fueron derrotados y hasta llegar a la siguiente guerra perdida en la antigua pasividad, al extremo de arrastrarse de nuevo en las trincheras a las que habían sido enviados por sus explotadores. Sin embargo, el nivel de vida de los campesinos chinos era tan bajo que habiendo evitado al principio los errores iniciales de los rusos, cuando después de muchos años se llegó a la colectivización, ellos mostraron por largo tiempo reacciones por debajo del nivel soviético. Así, la línea del partido comunista ha debido desarrollarse en China con mucha mayor unilateralidad que en la Rusia soviética, porque faltaba toda posibilidad de corrección a cargo de los movimientos de masas de los
obreros industriales, y las operaciones de los guerrilleros en un enorme país campesino podían ser coordinadas solamente a través del partido.
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El partido era mantenido sustancialmente por su ideología y por sus cuadros, y sólo a través de estas dos “correas de transmisión” pudo determinar las condiciones de la lucha, que fueron convertidas en preemi- nentes respecto de las relaciones de clase objetivas.
Este desarrollo que tuvo su comienzo en el período del cual queremos
ocuparnos–ycuyas posibles consecuencias no fueron vistas por quienes tomaron parte enél–se vuelve hoy claro en sus consecuencias. Es posible que alguna vez se considere este desarrollo como la otra cara de la política de la Comintern, en el sentido de que ella, basada esencialmente en la teoría leninista, ha eliminado la limitación del movimiento socialista al proletariado industrial de los países altamente desarrollados, y acaso un día se diga que fue esta línea la iniciadora –aunque no la llevara a término– de la revolución mundial en un mundo con una mayoría colonial
oprimida.
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Capítulo Segundo
Formulación de la línea general comunista y su aplicación hasta el comienzo de la revolución china
En la medida en que el movimiento ruso se concebía como un puente entre los movimientos de Oriente y de Occidente, se realizaban aquellos presupuestos necesarios para afrontar el problema colonial que habían estado prácticamente ausentes en gran parte de la II° Internacional: la voluntad de comprender desarrollos distintos y la eliminación del tan fatal
orgullo de “civilizados”. Pero la buena voluntad no significa todavía que esta problemática sea necesariamente hecha propia por la conciencia política general de la izquierda. Aun el V° Congreso de la Comintern aceptó –pero sólo como proyecto– un texto programático en el que las colonias eran mencionadas únicamente de manera marginal como uno de los diferentes elementos de tensión y como objeto de explotación.33 En el programa adoptado por el VI° Congreso, es decir luego de la revolución china, los problemas de esta última ocuparon naturalmente una posición mucho más central. Era natural que el primer intento de solución del problema colonial debiera ser cumplido por los bolcheviques en su mismo país. Según las tesis redactadas por Stalin para el X° Congreso del Partido Comunista de la URSS, entre los 140 millones de habitantes la federación contaba con 30 millones pertenecientes a pueblos, sobre todo de origen turco, que no habían pasado por una fase capitalista y que en la práctica no teman un proletariado industrial propio. Además, en la mayoría de los casos, conservaban estructuras patriarcales o no habían todavía superado una forma de vida semipatriarcal-semifeudal; una tercera parte de ellos no disponían de tierras propias y estaban compuestos de nómadas o de personas sometidas a colonos rusos. En el plano socioeconómico todo el grupo estaba entonces compuesto por típicos pueblos coloniales; la
33 Thesen und Resolution des V. Weltkongresses, pp. 50 ss. Hamburgo. 1924. Para la posición muy subordinada que entonces se atribuía a los problemas coloniales es significativo que en los Materialen zur Frage des Progrramms der Kommunistischen Internationale, publicados en el mismo período como base de discusiones para el V° Congreso, Radek caracterizara a necesidad de distintas consignas de lucha para los partidos que se encuentran en los distintos niveles de desarrollo de la revolución mundial exclusivamente con referencia a países europeos, a los Estados Unidos y a la Unión Soviética. En su informe sobre la actividad de la comisión alemana para el programa, Thalheimer menciona por lo menos un particular tipo de desarrollo de los países coloniales y semicoloniales. Pero también su esquema de conjunto tiene una orientación teórico-general y
occidental
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principal diferencia entre sus problemas y los problemas coloniales de las
otras potencias europeas no consistía tanto en la cercanía geográfica a la“madre patria”–enel fondo las vastas áreas desérticas constituyen un
obstáculo más serio al tráfico de cuanto lo es, por ejemplo, el Medite- rráneo, y durante la guerra civil redujeron efectivamente o un mínimo la ayuda de los comunistas de los centros soviéticos a sus compañeros que luchaban en Turquestán– como en el elemento común de un régimen absolutista (luego de 1906 semiabsolutista) presente en todas las regiones del imperio. De esto resultó una comunidad de lucha del movimiento de
oposición En el curso de la revolución de 1905-1906 el nacionalismo del Asia central tomó ímpetu por vez primera y declaró su propia simpatía a los cadetes (liberales) rusos; solamente después de la revolución de febrero de 1917 se llegó a formar un movimiento obrero organizado, y el 2 de junio del mismo año, a constituir un “soviet de diputados obreros musulmanes”. Al mismo tiempo adquirió también mayor vigor el movi- miento nacionalista-burgués, cuyas organizaciones –actuando siempre en base al programa autonomista del gobierno provisional– impusieron en las elecciones comunales “listas unitarias musulmanas”, gracias a las cuales se aseguraba una influencia preponderante a los estratos superiores locales y en particular a los mullah. Fue planteada la constitución de una república musulmana autónoma unitaria en el ámbito de la futura Rusia federativa. El 12 de septiembre, el soviet ciudadano de los diputados
obreros y soldados de Tashkent, sostenido por los obreros en su mayoría rusos de las grandes industrias y de la guarnición local, tomaron el poder:
los representantes del gobierno provisional trataron de reprimir el movimiento, pero los desórdenes se prolongaron hasta el estallido de la revolución de Octubre en la madre patria.34 Al III° Congreso turquestano de los soviets, que se reunió en Tashkent en noviembre de 1917, se le contrapuso en Kokand un congreso de los nacionalistas que proclamó la República autónoma (la llamada “autonomía de Kokand”), pero sin lograr prevalecer sobre el poder soviético. En la primavera de 1918–esdecir nueve meses después que en las otras zonas de Rusia–, con la escisión de las organizaciones social-demócratas que hasta entonces se habían conservado unitarias, fue creada una organización bolchevique local del Turquestán; algo más tarde –luego de la conquista del Azerbadján por las tropas intervencionistas y del establecimiento del gobierno nacionalista
34“Isvestiia", n.° 183, 28 de setiembre de 1919.
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burgués local– los nacionalistas turkmenos hicieron contactos directos con Turquía e iniciaron, con la prudencia necesaria a causa de la sub- sistencia del poder soviético, la propaganda de un programa panturco.35 En Jiva y en Bujara los comunistas alcanzaron un compromiso con la intelligentsia antifeudal (de la que, una parte se autodefinía “nacional- comunista”, mientras la otra, en el plano formal, no tenía partido), y constituyeron “repúblicas populares soviéticas”, cuya forma estatal era soviética: pero la organización económica de estas repúblicas siguiófundándose en la propiedad privada de los medios de producción hasta después de la afirmación de la “nueva política económica”.
El desarrollo del Asia central soviética mostró formas de transición al socialismo relevantes para los países subdesarrollados, pero no dio lugar por cierto a un tratamiento particular del “problema colonial”: este más bien fue resuelto a través de una guerra civil internacional en territorios de nacionalidades mixtas del viejo imperio zarista, además de una reforma agraria radical y el subsiguiente trabajo de construcción económica y cultural necesario para superar el retraso de los pueblos coloniales. Aquellos nacionalistas –tanto de Asia central como de Ucrania o de otras regiones económicamente desarrolladas del viejo imperio zarista– que entienden por cultura nacional la cultura característica de una fase deter- minada y anterior de desarrollo, naturalmente han definido el camino emprendido por la Unión Soviética como una violencia contra la “verdadera cultura nacional”; por el contrario, los éxitos logrados en la construcción económica y cultural de territorios antes retrasados constituyen un argumento fundamental a favor del camino socialista para los pueblos coloniales emancipados. Este tipo de solución correspondía a las esperanzas formuladas por Lenin en 1916; pero el problema colonial propiamente dicho ha asumido su aspecto moderno gracias justamente al hecho de que Rusia sigue siendo la única de las viejas potencias coloniales cuyo pueblo, en el periodo histórico en que tal problema estaba al orden del día, hizo la revolución socialista en su propia casa.
35 Véase el artículo de M. G. Vachabov en Istoriia SSSR, 1963, n.° 2. He tratado las cuestiones más generales en mi FederaJim in Central and Eastern Europe, International Library for Sociology. Londres 19-15. p. 320.
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Cuando el I° Congreso mundial de la Comintern (mal preparado y reunido con excesiva premura dado que los rusos no aceptaban ser superados por nadie en la iniciativa dirigida a restablecer el internacionalismo social- democrático) comenzó sus sesiones,”36 estos desarrollos se ubicaban todavía en un futuro lejano. La prehistoria y la creación de la Internacional habían sido condicionadas por acontecimientos europeos, o sea por el desarrollo y la escisión sucesiva de un ala adversa a la guerra en los partidos de la II° Internacional. A pesar de toda la buena voluntad el llamamiento redactado en el momento de la constitución no hubiera podido en caso alguno hacer referencia a movimientos dirigidos por socialistas en las colonias o en los países semicoloniales. Tuvo por ello que hacer referencia a los movimientos revolucionarios de naturaleza muy diversa que habían comenzado a aparecer en muchas partes del mundo luego de que el imperialismo entregara armas a hombres que formaban parte de pueblos subdesarrollados y luego de que, en las distintas fases de la guerra, éstos hubiesen visto con sus propios ojos que el hombre blanco no era invencible. Entre los ejemplos se citó también a Irlanda–que por cierto no era un país colonial en el sentido corriente del término– y a Madagascar, a Annam y sobre todo a la India, de la que se recordaban sus poderosas huelgas. Como toda la primera parte de la actividad de la Comintern, aun su llamado a los pueblos coloniales fue puramente propagandístico:
“Sila Europa capitalista ha injertado forzadamente en las relaciones capitalistas aun a las partes más retrasadas del mundo, la Europa socialista ayudará a las colonias liberadas con su técnica, su
organización, su influjo espiritual, para facilitar el tránsito a la economía planificada socialista. ¡Esclavos coloniales de África y de Asia! ¡La hora de la dictadura proletaria en Europa será también para vosotros la hora de la liberación!37
36 Para su prehistoria, véase E. H. Carr, The Bolchevik Revolution: 1917-1923.
37 Der Lund II. Kongress der Kommunistischen Internationale, p. 88. Berlín 1959, [Manifiesto al proletariado de todo el mundo del 6 de marzo de 1919] ahora publicado en Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, Primera parte. Cuadernos de Pasado y Presente, n.° 43 Córdoba, 1973.
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¿Pero qué debían hacer concretamente los miembros de los pueblos coloniales, en el caso de que sus patrones les hubieran hecho vestir un uniforme para que participaran en la intervención antisoviética, o bien para que reprimieran las agitaciones obreras en París, en Londres, a orillas del Clyde o en Renania ocupada (como es natural, esta consideración era precisamente uño de los motivos del llamamiento)? Evidentemente, ellos no podían instaurar la dictadura proletaria en Alemania o en Inglaterra; las declaraciones de los comunistas musulmanes del Oriente soviético, que afirmaban ser la vanguardia del comunismo aun en los países no soviéticos de Oriente,38 podían representar un puente lanzado más allá de las fronteras de lengua y de cultura, pero no podían por cierto cambiar nada del hecho de que los pueblos a los que se dirigían, a diferencia de ellos, no estaban apoyados por el partido destinado a quedar victorioso, no so encontraban en el centro de la guerra civil, aliados con los obreros rusos de grandes ciudades como Tashkent y Bakú, en un gran estado en lucha por la dictadura del proletariado.
Las líneas sobre cuya base se trataba de dar respuesta a estos interro- gantes resultan con evidencia de algunas contribuciones aparecidas en el número 12 de“LaInternacional Comunista”, justamente en vísperas del II° Congreso de la Comintern. Por un lado tenemos dos artículos: uno de Pak Dinschun (representante y portavoz del partido comunista coreano, constituido el año anterior) sobre el Oriente revolucionario, y otro del hindú Roy. El artículo de Roy, como muchos de sus escritos, contiene una amplia exposición histórica y está impregnado de la convicción de que la explotación y la opresión habían aparecido en su país sólo después de la llegada de los colonialistas. Roy tiene conciencia del hecho de que “una revolución coronada por el éxito, en la India únicamente puede ser el resultado de una lucha de clases victoriosa”, bajo la consigna de“latierra a los campesinos”, pero considera al ala radical de la intelligentsia nacional como la principal portadora del movimiento revolucionario.
38 En el Congreso constitutivo de la Comintern, Jalimov informó en nombre de la oficina central de las organizaciones comunistas musulmanas, que habla cambiado de denominación asumiendo la de oficina central de las organizaciones comunistas de Oriente. Tomaron además la palabra representantes de las organizaciones no rusas de los territorios con mayorías musulmanas delárea soviética de entonces, como también grupos de emigrados de Turquía, Persia, Azerbajdan. Buiara y Georgia (los tres últimos estaban a la sazón sujetos a un régimen nacionalista-burgués).
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En este aspecto concuerda con cuanto expone Pak Dinschun en su artículo, mucho más sistemático y que –según la costumbre de la época– concluye con las respectivas tesis. Pak Dinschun admite también francamente que la mayoría de los “ideales nacionalistas” que constituyen la “fuerza espiritual de la revolución en Asia”, proviene de los estratos dominantes, pero estádispuesta a subordinar su interés personal a los intereses del pueblo. La izquierda debería, en ciertos períodos, haberse aliado a la burguesía liberal y a los intelectuales nacionalistas (que en la primavera de 1919, conducidos por Syngman Rhee, intentaron una insurrección rápidamente aplastada por los japoneses), pero:
“yadesde ahora debemos preparar nuestras fuerzas para el segundo estadio, formando fuerzas organizadas entre las masas campesinas
oprimidas por el régimen feudal, para una revolución socialista- agraria posiblemente rápida en Asia”.
Excepción hecha del Japón, el proletariado era en Asia demasiado débil como para alentar serias esperanzas en una próxima revolución comunista; en cambio, era indudable la victoria de la revolución agraria si se lograban“extraer las consecuencias pertinentes de las experiencias del proletariado ruso, que ha conseguido resistir durante tres años los desesperados asaltos de la burguesía mundial solamente porque ha sabido hacer combatir a su lado a los campesinos pobres y medios”. La conclusión a que llegaba Pak Dinschun era la exigencia de una estrecha coordinación del movimiento obrero revolucionario de Occidente con los movimientos nacional-revolucionarios de Oriente que minaban el dominio del capital aun en Occidente, y en particular el reformismo dentro del movimiento
obrero:“Lavictoria del primer estadio de la revolución en Asia coincide con la victoria de la revolución socialista en Occidente”. Pero la relación no es unilateral: la Internacional Comunista debía ayudar al Oriente agrario-revolucionario, aun con la intervención militar, contra la burguesía interna y externa, y luego en cada caso con la “creación de un plan económico para un tránsito posiblemente indoloro del ordenamiento agrario al socialista, evitando el tormentoso desarrollo del capitalismo privado en Oriente”. Un rápido desarrollo de la revolución mundial está, por lo tanto, descontado; no se habla para nada de “socialismo en un solo país”, no hay huellas siquiera de aquella prudencia que movió a Lenin, en
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sus tesis sobre el problema nacional y colonial presentadas en el II°Congreso mundial, a describir el objetivo político actual como:
“latransformación de la dictadura del proletariado, do dictadura nacional (que existe en un solo país y no puede ejercer una influencia determinante sobre la política mundial) en dictadura internacional (es decir por lo menos en una dictadura del prole- tariado en algunos países avanzados, que podrían ejercer una influencia decisiva sobre toda la política mundial)”.
Junto al entusiasmo de los círculos intelectuales, en el número anterior al congreso recién citado de “LaInternacional Comunista”, encontramos también el realismo revolucionario, sobre todo de los rusos, representado por el llamado del Comité Ejecutivo:“A las masas populares oprimidas de Persia, Armenia y Turquía”, reclamando su participación en el congreso convocado para el 1° de septiembre de 1920, en Bakú. El adversario es definido claramente: es el imperialismo occidental y en particular el británico; y el momento parece haber sido elegido bien: el 28 de abril, los
obreros de Bakú, mientras el Ejercito Rojo victorioso se estaba aproximando luego de haber derrotado a Denikin, habían depuesto al gobierno mussa- vetista, restaurando el poder soviético en Azerbadján. En junio, había sido roto el frente de las tropas intervencionistas polacas en Ucrania; cuando apareció el llamamiento, el avance victorioso sobre Varsovia estaba en su plenitud. Los redactores del llamamiento no descienden a compromisos con los nacionalistas burgueses (naturalmente no se podía impedir que en un congreso no delimitado por la pertenencia a un partido aparecieran diversos elementos más bien dudosos, entre ellos, el propio Enver Pashá, que en el pasado había sido el máximo propagandista de la alianza turco- alemana; pero ahí se mantuvo en su lugar. A propósito de los obreros y los campesinos persas se dice que“sehan sublevado contra el gobierno traidor de Teherán”; a los campesinos de Anatolia llamados bajo bandera por Kemal Pashá para luchar contra los invasores extranjeros se les sugiere que apoyen la constitución de“unpartido popular y campesino propio que será el único en condiciones de batirse, también cuando los pashá lleguen a la paz con los explotadores de la Entente”. Si en los artículos de Pak Dinschun y de Roy se preanuncian las esperanzas de la extrema izquierda china que en 1927 –sostenida entonces por Roy, representante oficial de la Comintern–, luego del fracaso de la experiencia
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genéricamente nacionalista-revolucionaria, quería pasar a la revolución socialista, en el llamado del Congreso de Bakú, resuena, en cambio, la táctica del frente único nacional de 1937 y de los años siguientes, fundada en la incapacidad y en la no voluntad de Chiang Kai-shek de luchar hasta el final contra la invasión japonesa; táctica que creó las premisas para la posterior y completa victoria de la revolución china, en una relación de fuerzas internacionales favorable.
Las tesis sobre el problema nacional y colonial aprobadas por el II°Congreso mundial acogen, como era natural, más elementos de la primera tendencia –las perspectivas a largo plazo de la revolución mundial, modificadas por el profundo conocimiento que Lenin tenía de la teoría marxista– que consideraciones, a breve plazo por su naturaleza, deter- minadas por la coyuntura política. Ya en el título de las tesis, en la premisa con que Lenin acompañó su proyecto,39 y acaso aún más por el hecho de que solamente tres de las doce tesis están dedicadas exclusivamente a los problemas coloniales, se revela la concentración del autor, y de los rusos en general, sobre sus propios problemas, sobre los problemas austríacos, irlandeses y sobre los problemas nacionales similares. No hay motivos para poner en duda la declaración de Lenin según la cual las tesis comple- mentarias escritas de manera autónoma por Roy eran relevantes porque partían “sobre todo del punto de vista de la situación de la India y de
otros grandes pueblos oprimidos por Inglaterra”40 (vale decir desde el punto de vista de los verdaderos pueblos coloniales). Las diferenciaciones del contenido, limadas luego en el proceso de redacción, tenían su origen en las aptitudes analíticas muy distintas del gran teórico agrario y político por un lado, y del intelectual radical-nacionalista por el otro. En su primer proyecto,41 Lenin definió “democrático-burgués” al movimiento de libera- ción de las colonias que se trataba de apoyar, mientras Roy lo definía“nacional-revolucionario” y obligó también a Lenin a aceptar tal definición. Pero éste precisó, sin embargo, que todo movimiento nacional basado en los campesinos era democrático-burgués y que era importante señalar:
39 Página 349 del vol. XXV de las Obras Completas en alemán, edición de 1930. 40 Ibíd, p. 434.
41 Ibíd.
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“que en cuanto comunistas nosotros debemos sostener y sosten- dremos los movimientos de liberación en los países coloniales solamente si ellos son realmente revolucionarios, si sus represen- tantes no nos impiden educar y organizar en el espíritu revolucionario a los campesinos y a las amplias masas de los oprimidos”.42
Este pensamiento ya estaba expresado en la primera versión de las tesis de Lenin, junto a una advertencia para no fundirse con el nacionalismo burgués, conclusión a la que también Roy había llegado en la formulación de sus tesis. Pero por nacionalismo burgués del cual los comunistas debían diferenciarse, él pudo haber entendido algo distinto de lo que entendía Lenin: en el punto 8 de sus “tesis complementarias” se lee:
“Enla mayoría de las colonias, existen ya partidos revolucionarios
organizados que se esfuerzan por mantener un estrecho contacto con las masas obreras. La Internacional Comunista debe entrar en contacto con el movimiento revolucionario de las colonias por intermedio de esos partidos o grupos, porque ellos (!) son la vanguardia de la clase obrera.”43
Y la tesis n.° 6, luego de haber comprobado que la inmensa mayoría de la población de las colonias se encuentra en una situación de opresión, afirma:
“Aconsecuencia de esta política, el espíritu de rebelión, latente en todo pueblo sometido, sólo se puso de manifiesto a través de la clase media intelectual, que es poco numérica. La dominación extranjera obstaculizó el libre desarrollo de las fuerzas sociales; por eso, su destrucción es el primer paso hacia una revolución en las colonias. Por eso el hecho de ayudar a acabar con la dominación extranjera en las colonias no significa la adhesión a las aspiraciones nacionalistas de la burguesía nativa, sino únicamente abrir el camino de la liberación al proletariado de las colonias.”
42 Ibíd., p. 355.
43 Protokoll des II. Weltkongresses der Kommunistischen Internationale, p. 149. Hamburgo. 1921. 60
LA INTERNACIONAL COMUNISTA Y EL PROBLEMA COLONIAL
En la concepción de Roy parece existir entonces un estadio en el cual los comunistas pueden adquirir una influencia sólo a través de la mediación de los movimientos intelectuales revolucionarios ligados a las masas pero rigurosamente divididos de la gran burguesía y de los propietarios de tierras: esta es la política que más tarde se aplica en China, con la ayuda de Roy (aunque él, luego, haya tratado de distanciarse de ella), en relación a la izquierda del Kuomintang. La versión extrema de esta concepción, vale decir el mantenimiento prolongado de la dirección en manos del partido de los intelectuales que luego se transforma en partido comunista, ha sido realizada sólo en nuestros días, en Cuba: para el Roy de 1920 se trata de una fase de transición. La tesis n.° 9 afirma:
“Larevolución en las colonias, durante sus primeras etapas, no seráuna revolución comunista. Pero si desde un principio la dirección está en manos de una vanguardia comunista, las masas revolu- cionarias no serán engañadas y podrán avanzar a través de los períodos sucesivos de desarrollo de una experiencia revolucionaria. En realidad, sería totalmente erróneo pretender resolver en muchos países orientales la cuestión agraria de acuerdo con principios puramente comunistas. En el curso de sus primeras etapas, la revolución en las colonias debe ser llevada a cabo de acuerdo con un programa que incluya una buena cantidad de reformas pequeño- burguesas tales como el reparto de la tierra, etc. Pero esto no quiere decir que la dirección de la revolución deba ser abandonada a los demócratas burgueses. Por el contrario, los partidos proletarios deben desarrollar una enérgica y sistemática propaganda en favor de la idea de los consejos y organizar, en la primera oportunidad que se presente, consejos de obreros y de campesinos.”
(La misma idea reaparece en el punto 11 de las tesis de Lenin; pero en este caso la solución de los consejos para los países subdesarrollados es agregada sólo en el acto de corrección de la versión original).44
El proyecto de tesis presentado por Lenin concordaba con todas estas comprobaciones: para echar justa luz sobre las divergencias de opinión, es necesario recalcar el hecho de que el punto 11 de sus tesis–yaen el proyecto original hablaba del mantenimiento de la autonomía del movi-
44 Ibíd, p. 148.
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miento proletario “aun en sus formas embrionarias”–: en el estadio que asumía el movimiento en aquellos tiempos, las “formas embrionarias” no pueden ser muy distintas de los círculos intelectuales radicalmente anti- capitalistas de hoy. También Roy tenía plena conciencia del hecho de que las cosas no podían detenerse en ese estadio; su séptima tesis afirma, luego de haber señalado que el movimiento democrático-burgués por la independencia intenta, a menudo con éxito, asumir el control de la “lucha de los campesinos sin tierra por su liberación de toda explotación”, que”laInternacional Comunista debe luchar contra un control tal y favorecer el desarrollo de la conciencia de clase en las masas trabajadoras de las colonias”.45 El primer paso de las revoluciones consistirá entonces en el abatimiento del capital extranjero.
“Pero la tarea más importante y necesaria es la formación de partidos comunistas que organizarán a los obreros y a los campesinos para conducirlos hacia la revolución y el establecimiento de repúblicas soviéticas. De ese modo, las masas obreras de los países atrasados accederán al comunismo no a través de un desarrollo capitalista sino bajo la conducción del proletariado consciente de los países capitalistas avanzados.”46
La posibilidad de una vía de desarrollo no capitalista de los países sub- desarrollados existía naturalmente también para Lenin: de todas maneras, si las “tesis complementarias” no hubieran constituido efectivamente un complemento redactado de modo autónomo por los representantes coloniales de sus tesis esencialmente rusas, Lenin difícilmente se hubiera resignado a acoger la tesis de Roy sobre la conciencia de clase (¿qué tipo de conciencia, en pueblos de inmensa mayoría campesina?) en lugar de las ayudas económicas como medio de transición directa; en una situación en que Rusia es el más avanzado de los países disponibles para la dirección económica, las tentaciones del “maoísmo”, vale decir de una sustitución de la dinámica económica por una dinámica intelectual son fortísimas. Cuando, más tarde, el maoísmo se afirmó, Roy había pasado“del otro lado de la barricada”.
45 Ibíd., p. 149. 46 Ibíd., p. 148.
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LA INTERNACIONAL COMUNISTA Y EL PROBLEMA COLONIAL
Capítulo Tercero
Medidas organizativas hasta el comienzo de la revolución china
En la medida en que la orientación surgida de las tempestades de la inmediata posguerra rozó a los países del Cercano y del Medio Oriente, yendo más allá del área de instauración y consolidación del poder soviético en el viejo imperio zarista, ella debía, dada la ausencia de un verdadero movimiento comunista, provocar graves desilusiones. En la reunión del Comité Ejecutivo del 20 de setiembre de 1920,47 Zinoviev informó sobre el Congreso de los pueblos de Oriente de Bakú que entre los delegados (1891), de 32 nacionalidades diferentes, se habían formado dos fracciones, una comunista y la otra sin partido que, enfatizó, era verdaderamente tal y representaba a los campesinos y a la población semiproletaria; pero en esta última se hallaban también personas, en particular turcos que, aun definiéndose sin partido, representaban efecti- vamente a determinados partidos burgueses (por ejemplo, los kemalistas). Uno de estos representantes afirmó que los rusos les interesaban sólo como proveedores de armas; según Enver Pashá, un bolchevique era una persona que combatía contra los ingleses, su lucha contra los ricos y los latifundistas no le interesaba. Una parte de la presidencia del Congreso hasta quería crear un organismo que controlara a las organizaciones culturales existentes en el Asia soviética, probablemente desde posiciones panislámicas y panturcas. Como es natural, estas opciones habían sido convenidas, pero en todo caso probaban que con este tipo de aliados no se podía realmente hacer nada más que “combatir a los ingleses”, vale decir oponer obstáculos a la intervención anti-soviética.
Apenas en Turquía se llegó, si no a un verdadero movimiento comunista, a movimientos campesinos que se movían bajo este nombre y que sostenían directamente al ejército kemalista,48 los kemalistas actuaron de inmediato:
los dirigentes del partido comunista constituido ilegalmente en junio de 1920, en parte por prisioneros de guerra retornados poco tiempo antes, y entre ellos Suphi, un miembro del Presidium del Congreso de Bakú,
47 La Internacional Comunista, n.° XIII, p. 2941. 48 Véase Carr, op. cit., pp. 298-301.
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fueron arrestados y se los hizo morir ahogados en los alrededores do Trebisonda, el 28 de enero de 1921. Concretamente, estas experiencias no hacían sino confirmar cuanto se había afirmado en las tesis del II°Congreso mundial acerca de la necesidad de luchar contra el panisla- mismo, contra el movimiento panturco y contra corrientes similares que se proponían explotar la lucha de liberación contra el imperialismo inglés y norteamericano para reforzar las posiciones de sus propias clases diri- gentes. Pero con la condena teórica, la ideología en competencia con el comunismo –para no hablar de las armas más reales de que disponía Kemal Pashá– no quedaba neutralizada. Cuando en 1921 se llegó –como dijo el delegado indonesio al IV° Congreso mundial de la Comintern, en tono autocrítico pero acaso con cierta nostalgia por el estadio precedente, pannacional– a la escisión en el Sarekat Islam, aquella declaración del III°Congreso mundial fue largamente utilizada por el gobierno contra los comunistas; y estos tuvieron muy escaso éxito con su contra declaración de que su fe islámica (naturalmente trataron de no distanciarse abierta- mente de la religión popular) se refería sólo a las cuestiones divinas, y no a las humanas.49
Pero entre 1920 y 1922 el carácter de los movimientos a los que los comunistas podían vincularse en la cuestión colonial se había modificado. En el IV Congreso mundial el problema era tratado todavía bajo el título de La Cuestión Oriental, y gran parte de los discursos fueron dedicados al Cercano Oriente; pero de hecho, con la consolidación de la situación política mundial y con la conclusión de la paz de Lausana, este fenómeno de la posguerra empezaba a pasar a segundo plano detrás de las tendencias de desarrollo a largo plazo del mundo colonial. Roy sostuvo que las tesis del II° Congreso habían sido erróneas en el sentido de que habían tratado a todos los pueblos según un esquema indiferenciado porque eran retrasados en el plano económico y político. Ahora (noviembre de 1922), se sabía que en el análisis y en la táctica se debía hacer una distinción entre tres grupos distintos de pueblos coloniales: 1) aquellos que habían alcanzado ya cierto grado de desarrollo capitalista, y en los cuales, entonces, existía una burguesía con una conciencia de clase desarrollada y un proletariado que progresivamente estaba adquiriendo su conciencia de clase; 2) aquellos en los que el feudalismo constituía aun
49 Véase Bericht über den IV Kongress der kommunistischen Internazionale, pp. 49-50. Hamburgo, 1923.
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la espina dorsal de la sociedad y 3), aquellos con situaciones todavía más primitivas.
El tercer grupo de países aparecido en la escena de la historia sólo luego de la segunda guerra mundial, por aquel entonces tenía importanciaúnicamente en la teoría de la política colonial comunista, y no por su práctica; en los países del primer y segundo grupos –aseguraba Roy– se estaba produciendo un proceso de conciliación del estrato superior nativo con el imperialismo extranjero; ante tal estado de cosas, el movimiento comunista debía tratar de movilizar a las masas trabajadoras contra el estrato superior nativo, pero al mismo tiempo explotar las oposiciones existentes entre éste y el imperialismo extranjero.50 La diferencia existente entre el primero y el segundo grupo de los países, tal como la entendían Roy y seguramente la mayoría, hubiera debido permitir que el movimiento comunista se limitara a lanzar consignas dirigidas sobre todo a los intereses obreros en los primeros, y consignas antifeudales llamando a las masas campesinas en los segundos. En la práctica, el problema se resolvía fácilmente al menospreciar la movilización de los campesinos en países con un proletariado industrial relativamente desarrollado, y por lo tanto más accesible a la actividad organizativa de los comunistas, como en China.
Efectivamente, Roy se movía en un mundo imaginario cuando afirmaba que “hoy en casi todos los países coloniales tenemos partidos comunistas, aunque no en el sentido occidental del término”. La debilidad era evidente en los dos más grandes países asiáticos y, en particular, en la patria de Roy, la India. Todavía en 1921 un informe publicado en La Internacional Comunista (n.° XIX) podía ocuparse esencialmente de la actividad del partido del Congreso y de Gandhi; cuatro años más tarde,51 los comunistas hindúes son considerados el núcleo de cristalización do un partido que–enel futuro– agrupará a su alrededor la parte más activa del proletariado consciente. En el informe sobre la actividad del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, en el VI° Congreso mundial –finalizado el primero de mayo de 1928–52 se afirma que, en el período 1924-25, mientras los comunistas más activos se encontraban en la cárcel, “distintos elementos
50 Ibíd., 131-133
51 Ein Jahr Arbeit und Kampf Tätigkeitsbericht 1925-6 (presentado en el VI° Plenum ampliado del Comité Ejecutivo de la IC).
52 Die Komintern vor VI Weltkongress, Tätigkeistbericht des EKKI, Hamburg. 65
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muy dudosos han constituido un pseudo Partido Comunista de la India”; sólo una “conferencia comunista” realizada legalmente en Cawnpore en diciembre de 1925 permitió luego a los grupos comunistas (verdaderos)“liquidar esta iniciativa ficticia y emprender los intentos por hacer posible una actividad legal del partido comunista”.
En 1926, en Bombay, los grupos comunistas constituyeron un partido comunista legal que en 1927 celebró una asamblea general, pero “el problema de organizar un verdadero partido comunista como vanguardia del proletariado, que sea el elemento hegemónico de la revolución nacional todavía está por resolver”. Ciertamente, nos encontramos ante una transformación de los patrones de medida usados; como veremos más adelante, en 1927 “partidos obreros y campesinos” surgidos en el interior del Partido del Congreso a través de la fusión de grupos de izquierda, cuya constitución en 1921 –y aun en 1922– hubiera sido saludada como un gran progreso, fueron criticados por el hecho de no diferenciarse lo suficiente del Congreso.
Los inicios de la actividad del partido comunista chino, que más tarde habría de asumir la dirección de los movimientos de emancipación del Extremo Oriente, no fueron mucho más brillantes. Los primeros grupos de estudiantes marxistas se formaron en Pekín en 1918; en 1919, en conexión con el Movimiento del 4 de Mayo, se llegó al boicot en masa de las mercancías extranjeras y a la constitución del gobierno de Cantón, presidido por Sun Yat-sen; en la primavera de 1920, los estudiantes comunistas constituyeron en París la primera organización juvenil comu- nista china, con el objeto de preparar la fundación del partido en cuanto regresaran a China; en agosto, surgió el primer grupo juvenil comunista de Shanghai (recién en 1925 se formó una gran organización juvenil). En julio de 1921, se constituyó formalmente el partido comunista chino, en el curso de un congreso con 12 delegados, que –como es habitual que suceda en el caso de los partidos ilegales– debió desplazarse varias veces. Entre esos delegados estaba ya Mao Tse-tung; el viejo socialista indonesio Sneevliet –que se valía del pseudónimo de Maring– participó en el Congreso en carácter de representante de la Comintern. Pero de los siete miembros del grupo de iniciativa de Shanghai existentes en 1920, en 1926 sólo tres eran miembros del partido; de los dos dirigentes de este grupo, Chien Tu-hsiu (uno de los fundadores del grupo estudiantil de 1918) fue
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nombrado secretario del partido, aun estando ausente de la reunión. El
otro, Ti Chi-tiao, ya en 1926 se había vuelto uno de los jefes de la derecha del Kuomintang. De los otros dos grupos que el autor de la Breve historia del PCC –y en esto se revela claramente secuaz de Chien Tu-hsiu–menciona como fundadores del partido ¡unto al grupo de Shanghai, el grupo de los intelectuales de Pekín se componía de tres anarquistas y dos comunistas (en 1926 ambos eran miembros del comité central); y el de Cantón también estaba compuesto por anarquistas y tres comunistas (uno de ellos era Chien Tu-hsiu, a quien el gobernador militar Chien Chiung-ming se proponía nombrar ministro de educación). Señalemos además que dicho gobernador había expulsado al viejo gobernador reaccionario, invitando a Sun Yat-sen a Cantón. Pero ya en 1920, en Shanghai, existían los primeros grupos sindicales todavía en embrión (mecánicos, tipógrafos, obreros textiles). El autor de la Breve historia del PCC sostiene, y no tenemos posibilidad alguna de verificar la verdad de su afirmación, que aun entre los once delegados (excluyendo a Chien Tu- hsiu), participantes del I Congreso (1921), además de los marxistas comunistas, había también socialdemócratas y anarquistas.
E. H. Carr (op. cit., p. 518) ha cotejado el “congreso constituyente del PCC”con el de la socialdemocracia rusa (1898, Minsk) que en el plano
organizativo fue un fracaso y que dejó a la posteridad sólo un manifiesto redactado por un autor no presente en el Congreso; con ello, Carr no hace justicia al congreso ruso, que se realizó sobre el fondo de una actividad
organizativa de años y que representaba el primer intento, aunque frustrado, de coordinar esta actividad organizativa. Pero detrás del comienzo chino había algo que naturalmente le había faltado al ruso; una
organización internacional que, aun cuando el primer intento hubiera caído en el vacío, habría de asegurar que el segundo o el tercer intento llegara a buen puerto. A fines de 1920, La Internacional Comunista (n.°XVI) había publicado un informe sobre la situación escrito por W. W. Willenski con el título Am Vorabend der Bildung der K. P. Chinas [En la vigilia de la constitución del PCC, que ilustraba las fuerzas sobre las que debía basarse la nueva organización: en el centro de interés están los movimientos estudiantiles (sobre todo los de Pekín) y el boicot a las mercancías japonesas por los comerciantes chinos. El Kuomintang es tratado como uno de los tres partidos burgueses existentes (aunque como
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el más ubicado a la izquierda), dividido a su vez en dos tendencias, de las cuales una subsiste y goza de mucho prestigio en el sur del país. Sus puntos programáticos son: la unificación del país, la abolición de todos los privilegios políticos y civiles basados en la raza, el mejoramiento de las condiciones de vida, relaciones amistosas con los estados extranjeros. Desde la revolución rusa de Octubre existen nuevos grupos que en parte propagan ideas marxistas; su principal bastión es la universidad de Chan- Chau. Su llamado de mayo de 1920 –redactado por el viejo anarquista Shih-Fu– empieza con la reivindicación de la libertad política; luego se dirige–eneste orden– a los estudiantes, a los soldados, a los campesinos (a quienes se les pide que constituyan ligas campesinas) y a los obreros: a estos último, se les recomienda que se organicen sindicalmente y que confisquen las fábricas. Está surgiendo un real movimiento de huelgas; la
organización juvenil comunista (compuesta en su mayoría por estudiantes) trata de asumir el control de las mismas.
Naturalmente, todo esto es muy poco respecto de la herencia que poseía la socialdemocracia rusa en el momento de su constitución formal en 1898, para no hablar de la que disponía luego, cuando se constituyórealmente en el Congreso de Londres de 1903. Pero el capital político de los chinos incluye algo que los rusos –con una gran tradición revolucionaria pero contrapuestos a un zarismo todavía en pie– no habían tenido: su adversario está dividido justamente por lo que da fuerza al movimiento nacional en ascenso: por la división política del país en esferas de influencia de diversas potencias. De tal manera se da la posibilidad de maniobrar con quien ejerce el poder en cada una de las esferas, se puede sacar provecho de sus antagonismos. Más aún si, como en este caso, no se trata de un pequeño grupo estudiantil o juvenil, sino de una gran potencia que actúa en el fondo y que proporcionará su ayuda a quien da pruebas del carácter democrático y antimperialista de la causa por la que lucha, aceptando los servicios hechos por la juventud revolucionaria para sacudir a las masas ganándolas para esta causa.
China es enorme y en varías partes del país distintos grupos burgueses pueden desempeñar un papel progresista: nadie encuentra objetable que en el IV° Congreso mundial de la Comintern, el representante del PCC Lin Yen-chin informe sobre la alianza con el “partido nacional-revolucionario Kuomintang”, que al mismo tiempo ha sido expulsado de Cantón por un
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putsch de Chic Chiung-ming; y que por otro lado, Radek diga que el año anterior, cuando el general Wu Piei-fu había desencadenado la ofensiva contra el fantoche de los japoneses Chang Tso-lin, él se había dirigido al joven partido comunista chino para que le proporcionara comisarios que durante la batalla controlaran los ferrocarriles para sus tropas; gracias a este apoyo, los comunistas chinos lograron hacer pie, sólidamente, en la China del Norte.
Al año siguiente, el “bloque”, naturalmente, se deshizo, cuando Wu Piei- fu se lanzó contra los ferroviarios; pero la alianza con el Kuomintang, iniciada ya antes de su expulsión de Cantón, ahora es definida con mayor precisión en un llamado del II° Congreso de julio de 1922, como “frente democrático unitario de los obreros, los campesinos pobres, y la pequeña burguesía [...] como sostén de la revolución democrática”. Cuando Sun Yat-sen, luego del congreso partidario, en un coloquio con el representante de la Comintern propone la adhesión individual de los comunistas al Kuomintang, esta línea, que sin duda contrasta con las tradiciones de los intelectuales comunistas chinos, fue planteada por Maring en el curso de una sesión extraordinaria del comité central (Hankow, agosto de 1922).53
En principio, todo ello puede ser entendido simplemente como una alianza con el grupo más progresista, contra el grupo burgués más reaccionario; de esa manera se hace posible presentar al IV° Congreso del Comintern tanto el discurso de Lin Yen-chin, como el de Radek. Pero de
53 Bericht über den IV Kongress der K.I, pp. 136 y 141; Carr, op. cit. pp. 523 ss. El mismo Carr subraya que sus fuentes pueden tender demasiado a ver las cosas en una perspectiva influida por la posterior catástrofe de la política de alianza con el Kuomintang. En concreto, entre esa política, si se la concebía sólo como una política de alianza, y la maniobra efectuada un año antes con Wu Piei-fu, no había ninguna contradicción lógica. La alianza con el Kuomintang había revelado ser
oportuna por las posibilidades que ofrecía a los fines del desarrollo de la huelga de los marítimos de Hong Kong, y la alianza con Wu Piei-fu, por las que ofrecía respecto de los ferroviarios de China septentrional. Según el autor de la Breve Historia del PCC (Communism and Nationalism, pp. 61-62), el partido chino, que en aquel tiempo debía identificarse con su comité central, consideraba a Sun Yat-sen como un personaje de escaso relieve que acababa de perder su base de Cantón, pero que a la vez significaba el único punto en torno al cual podían reunirse las fuerzas democráticas; por esta razón, el Kuomintang habría sido construido en gran parte por el partido comunista (es fácil imaginarse qué significa esta afirmación, en particular si pensamos en la “fuerza” admitida del partido comunista. En todo caso, China no ha sido el único país donde el nacionalismo burgués ha sido construido por intelectuales que se consideraban marxistas). De cualquier manera, la sesión plenaria del comité central, de agosto de 1922, aparece como un lógico resultado del desarrollo interno chino y en ningún caso como el resultado de una particular intervención de la Comintern, aunque un pedido a Moscú y el envío de un representante de la Comintern fueran totalmente naturales. Pero si la historia de los orígenes del PCC es justamente esta, tiene razón Mao cuando afirma que su historia real comenzó con su revolución campesina.
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los intelectuales chinos, que hasta entonces se habían ocupado esencial- mente del estudio de la teoría marxista, se pretendía demasiado al empujarlos a que entraran al Kuomintang para acrecentar las posibilidades de acción concreta, mientras a la vez se les pedía que no describieran a este partido, del que serían miembros y pronto hasta miembros de su comité central, como el portador sólo de fines prácticamente impor- tantes, por lo menos en ese particular estadio de desarrollo. En “La Internacional Comunista”,54 Maring había informado sobre el movimiento nacional-revolucionario de China meridional; en su resumen histórico, atribuye un peso predominante a la actividad de Sun Yat-sen. Los sindicatos han surgido esencialmente bajo la influencia de los marineros de Hong- Kong y del Kuomintang (sólo su ampliación posterior puede ser considerada
obra de los comunistas); la línea del partido es concebida como lucha para conquistar una influencia en los sindicatos no comunistas en el sentido del II° Congreso de la Comintern (cosa que por otro lado era más que natural, dado que en el movimiento comunista predominaban los estudiantes). El proletariado se encuentra apenas en la fase inicial de su desarrollo; Sun Yat-sen se había lamentado amargamente ante Maring del hecho de que la juventud socialista fuera ajena al movimiento político. (Según Maring laúnica excepción está constituida por la organización juvenil de Cantón, que colabora con los obreros en la organización de los sindicatos y
ocasionalmente organiza manifestaciones, como por ejemplo las celebradas en homenaje a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg.)
En 1923, Joffe, en su carácter de representante del estado soviético, llega al famoso acuerdo con Sun Yat-sen, que ya poco antes de su retomo a Cantón era considerado como el jefe del estado: se establece de común acuerdo que no existen las premisas para la introducción del socialismo, o del comunismo, en China. En junio, el III° Congreso del PCC se pronuncia en favor de la colaboración con el Kuomintang: entre los grupos con los que se desea colaborar ahora son incluidos también “los comerciantes pacíficos y moderados”. Borodin aparece como representante de la Comintern e inicia la reorganización del Kuomintang como partido de masas: este hombre nunca estuvo en condiciones de hacer una clara diferenciación entre el apoyo militar-diplomático a un estado aliado y una
orientación claramente definida de su propio partido. En enero de 1924,
54“LaInternacional Comunista”, n.° XXII, septiembre de 1922 70
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el congreso del Kuomintang se pronunció por una colaboración con el gobierno soviético y con el partido comunista chino; tres miembros de este último fueron elegidos como miembros efectivos y otros seis (entre ellos Man Tse-tung) como miembros suplentes en el comité central del Kuomintang.
Mucho tiempo antes de que el partido comunista chino entrara a la escena, con sus victorias, sus derrotas y sus victorias aún más especta- culares, en los países subdesarrollados de Asia habían existido partidos comunistas. Entre ellos estaba el partido comunista de Irán, constituido el 13 de julio de 1920: un pequeño grupo que luego de la llegada del ejército rojo se desarrolló sobre todo en el norte del país y divulgó su programa de lucha contra los ingleses, el gobierno del shá y los latifundistas;55 además, el partido comunista turco, que después de las represiones de 192056 era de nuevo legal en el otoño de 1921, y que en el verano de 1922 tendría su primer congreso; el centro de su actividad estaba en Estambul, pero actuaba también entre los obreros textiles.57 Además de estos productos de una situación do política exterior transitoria había por lo menos dos partidos cuyo origen estaba ligado al movimiento prebélico de países industriales avanzados y que hoy, aunque de maneras distintas, desarrollan un papel sumamente importante en el movimiento comunista del Extremo Oriente. En abril de 1919, en un congreso realizado en Vladivostock por el partido socialista coreano, que en sus orígenes estaba ligado al movimiento socialista japonés, la izquierda conquistó la mayoría y decidió organizarse para luchar por la independencia de Corea, en estrecha conexión con el proletariado japonés, como partido de los obreros y los campesinos, para luchar contra el capitalismo, para emprender tratativas con los otros partidos socialistas de Asia oriental y luchar contra el panmongolismo (que en el área dominada por el Japón actuaba naturalmente como ideología filoimperialista) y para adherir a la III° Internacional, “que en Europa debe ser organizada como instrumento de lucha contra el mal mundial del imperialismo”. Como observa Pak Dinschun, autor del informe, de hecho ya lo era, pero los delegados no sabían nada de ello. Los autores de la proclama comprobaron que, “nosotros, los socialistas de Oriente, no podemos en ningún caso colaborar con la mayoría de la II°
55 La Internacional Comunista, n.° XIII, p. 2551, y n.° XIV, p. 2885. 56 Véase p. 68.
57 Informe en La Internacional Comunista, n.° XXV. 71
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Internacional que apoya la política colonialista de los gobiernos imperia- listas”.58 Actuando en el área dominada por el Japón, el partido era
objeto, periódicamente, de brutales persecuciones a las que se unían luchas internas de fracciones;59 en todo caso, el partido, fundado teórica- mente en 1919, debió ser fundado de nuevo en 1925, y en 1926 se lo reconoció como sección de la Internacional comunista.60
Más estable, aunque no exenta de periódicas olas de represión terrorista y de destrucción temporaria, fue la suerte del partido comunista indonesio. Había surgido del movimiento socialista existente ya antes de la guerra, bajo el influjo del ala izquierda de la socialdemocracia holandesa, movi- miento dirigido por H. Sneevliet–alque mencionamos arriba en relación a la actividad que desarrolló posteriormente– y que a partir de 190S había tenido su punto fuerte entre los ferroviarios. Uno de sus dirigentes, Semaann, cuando en 1918 el partido nacional-revolucionario Sarekat Islam se pronunció por los principios del socialismo, fue elegido en la dirección de ese movimiento y cumplió un papel importante en la
organización de las huelgas de la industria azucarera por el Sarekat Islam. En 1920, el partido socialista indonesio so adhirió también formalmente a la Internacional Comunista; en 1923, el sindicato de ferroviarios lo hizo con la Internacional Sindical Roja. En el Sarekat Islam, sin embargo, en 1923 se produjo una escisión: los dirigentes nacionalistas-burgueses pusieron en primer plano el elemento religioso y se negaron a aceptar la neutralidad sostenida por el partido comunista en las cuestiones religiosas; se trató de un lejano escarceo respecto de la tragedia que habría de verificarse en 1965. La minoría filocomunista del Sarekat Islam constituyóluego, al año siguiente, el Sarekat Rajat (partido popular), en la práctica una organización de masas que apoyaba al partido comunista. En el congreso de Yakarta, a mediados de diciembre de 1924, estuvieron representados 38 grupos de partido con 1.140 miembros y 46 grupos del Sarekat Rajat con 31.000 miembros.61 Si tenemos en cuenta en particular a los militantes sindicales, el número de activistas era mucho mayor que la cantidad de miembros del partido. Luego de esporádicos movimientos insurreccionales en la parte occidental de Java (noviembre de 1926) y en
58 La Internacional Comunista, n.° VI-VII, pp. 1171 ss. 59 ProtokoIl des IV. Weltkongresses, p. 367.
60 Ein Jahr Arbeit und Kampf, op. cit.; Die Komintern vor dem VI. Weltkongress, p. 532.
61 Blumberger, op. cit., p. 55. Las cifras respecto de Malaca dadas en el IV° Congreso mundial (Bericht, p. 49) son demasiado vagas como para que se las pueda considerar dignas de fe.
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algunos lugares de Sumatra (comienzos de 1927), el gobierno hizo más de 13.000 arrestos e internó a casi la mitad de los detenidos en campos donde llevaron una vida muy perjudicial para la salud.
El sector más importante de la actividad de partido consistía en la
organización de las luchas económicas que no se limitaban solamente a los ferroviarios (de donde el movimiento había nacido) y a los obreros de las plantaciones de caña de azúcar. Blumberger, a quien naturalmente la pura y simple organización de los obreros y empleados indígenas en defensa de sus intereses económicos le parece una monstruosidad comunista, menciona62 como un punto de viraje el paro realizado en enero de 1922 por los 5.000 empleados de los bancos de préstamos del estado, y la constitución, en 1924, del sindicato de marítimos y portuarios. En el IV° Congreso de la Internacional Sindical Roja,63 los representantes indonesios informaron que a fines de 1925 casi todos los sectores de los trabajadores de la industria y de las plantaciones tenían sus organizaciones sindicales con un total de más de 300 mil miembros; hasta los trabaja- dores del servicio domestico y los cocineros estaban organizados sindical- mente. El más fuerte de los sindicatos, el de los ferroviarios, tenía por ese entonces 18 mil miembros (luego de la destrucción del movimiento sindical revolucionario en 1926, los socialdemócratas constituyeron un sindicato propio de ferroviarios con 3.000 miembros hacia 1928.64 En noviembre de 1925 se llegó a la prueba de fuerza decisiva, con una huelga, puramente económica, de las grandes empresas metalúrgicas: el 2 de diciembre, la organización empresaria decidió el cierre general y el despido de todos los sindicalistas activos; siguieron violentas represiones a cargo del gobierno. La destructora derrota sufrida en el plano sindical empujó al movimiento a acentuar la propaganda revolucionaria y a preparar la acción revolucionaria directa: para julio de 1926 se había programado una nueva acción, fundada en las células existentes dentro del ejército y la policía, pero el gobierno la descubrió antes de que comenzara.65 Al mismo tiempo, gracias a ciertas concesiones, como por ejemplo una mayor participación de los nativos en la administración, logróasegurarse la benévola neutralidad de los nacionalistas burgueses. En
62 Ibíd.., p. 36.
63 Protokoll (ed. alemana, Moscú 1928, p. 216). 64 Ibíd., p. 544.
65 Ibíd., p. 217.
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estas condiciones, las insurrecciones de noviembre de 1926 (Java) y de enero de 1927 (Sumatra occidental) constituyeron acciones desesperadas, emprendidas en la fase descendente: las acciones tuvieron un carácter fragmentario y no condujeron en ningún caso a una toma del poder, aun local y transitoria, a pesar de encontrar también a nivel local la simpatía de la mayor parte de la población: Blumberger66 observa que en un lugar el movimiento se agotó luego del arresto de la mitad de la población masculina. (En todo caso, a diferencia de cuanto hicieron los nacionalistas burgueses indonesios de 1965, no se recurrió al exterminio en masa.)
Ningún desarrollo comparable al del Extremo Oriente se operaba en lo que hoy constituye el otro centra del movimiento revolucionario en los países subdesarrollados –Sudamérica–, salvo la excepción importante de México, donde la revolución, sin embargo, sucedió sin influencia marxista alguna y donde ha superado su fase más aguda antes de que la Comintern alcanzara el ápice de su actividad. El informe sobre la actividad del ComitéEjecutivo de la Internacional Comunista para el VI° Plenum ampliado (que comprende el periodo hasta fines de 1925) menciona sólo al partido comunista chileno como partido de masas, pero lo define como dominado por viejos elementos socialdemócratas; en Colombia y en Brasil, las desviaciones anarcosindicalistas están en vías de superación; en Uruguay existe un pequeño partido comunista que compite exitosamente con los anarquistas. En Cuba había existido un partido, pero se había disuelto rápidamente después de su fundación; en Venezuela, el partido había sido duramente golpeada por el gobierno de Gómez, que lo obligó a tomar el camino del exilio (lo que demuestra que se trataba de una pequeña
organización de intelectuales). En conjunto, en este período, en América Latina nos encontramos con organizaciones de intelectuales y de obreros de formación europeo-americana, distantes del proletariado autóctono.
En cuanto reconoció la posibilidad, y acaso la probabilidad, de una estabilización relativamente prolongada del capitalismo occidental, Lenin extrajo de ello, inmediatamente, la consecuencia de que el foco del movimiento revolucionario mundial podía desplazarse a las colonias. En la introducción al discurso del 5 de julio ante el III° Congreso mundial, con el que anunciaba el pasaje de Rusia a la “nueva política económica”, dijo:
66 Op. cit., pp. 104-105.
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“millones y centenares de millones de personas –de hecho la inmensa mayoría de la población del mundo– intervienen hoy como factores revolucionarios activos e independientes. Y es a todas luces claro que en las futuras batallas decisivas de la revolución mundial, el movimiento de la mayoría de la población del globo terráqueo, encaminado en sus comienzos hacia la liberación nacional, se volverá contra el capitalismo y el imperialismo, y desempeñaráprobablemente un papel revolucionario mucho más importante de lo que esperamos”.
Un año y medio más tarde, en uno de los últimos artículos de Lenin, esta suposición se había transformado profundamente:
“Eldesenlace de la lucha depende en definitiva –escribe Lenin en Más vale poco pero bueno– del hecho de que Rusia, India, China, etc., constituyen la inmensa mayoría de la población del globo”.67
Por lo tanto, una revolución mundial de los países subdesarrollados, conducidos por aquel de entre ellos que ha emprendido los primeros pasos en el camino del socialismo–yque de hecho, si se coincidía con Marx en considerar a la gran industria moderna como la base del socialismo, también era el único de entre ellos que podía emprender pasos en dirección al socialismo. Los otros, dado que la lucha contra el colonialismo debía necesariamente ser dirigida por estratos que en lo fundamental eran no proletarios, debían ser empujados hacia adelante por el ejemplo de la Rusia soviética y por los partidos comunistas, superar sus debilidades locales bajo la impresión de este ejemplo, hasta que la victoria de la revolución socialista en una serie de países altamente desarrollados de Occidente, o (una posibilidad en cuyas formas de realización nadie se atrevía a pensar por entonces) un cambio cualitativo en el carácter de la economía soviética, hubieran creado las premisas para una transformación de la superioridad del mundo hasta ahora sub- desarrollado y que por lo tanto era sólo numérica, en una superioridad política, militar y, en fin, también económica.
67 Lenin, Obras completas, ed. citada, XXXIII, p, 460. 75
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A la luz de esta perspectiva, Roy, en septiembre de 1920, había estado en lo justo al subrayar el carácter nacional-revolucionario de los movimientos a apoyar en los países coloniales: el elemento relevante de su carácter“democrático-burgués” había sido la necesidad de una radical reforma agraria (sin revolución agraria las revoluciones coloniales necesariamente debían desembocar en el común nacionalismo burgués de tipo no muy democrático). A este interés agrario-revolucionario, o en todo caso gené- ricamente revolucionario, se le podía hacer justicia solamente ubicando junto al interés del estado soviético por la adquisición de aliados de todo tipo–uninterés que al iniciarse un largo período de paz había perdido el carácter de urgencia que lo había distinguido en la época del Congreso de Bakú–, el interés propio de los partidos comunistas fundados en toda una serie de países coloniales, que constituía también, aunque a largo plazo, un interés del estado soviético que habría ganado de esa manera aliados de confianza en el mundo colonial.
Ya hemos señalado antes68 la clara distinción hecha en el IV° Congreso mundial entre los diversos tipos de países coloniales (comprendidos todavía bajo la denominación genérica “del Oriente”). En la resolución adoptada por el congreso su objetivo común era individualizado“enla realización de la unidad nacional y en el logro de la independencia estatal”. De ello se derivaba lógicamente que “portadores de la voluntad de la nación de arribar a la independencia nacional en distintas situaciones históricas podían ser los elementos más diversos”. Dado que la Inter- nacional Comunista “sostiene a todo movimiento nacional contra el imperialismo”, del IV° Congreso deriva, en analogía con la consigna del“frente único proletario”, la consigna del “frente único antimperialista”, una alianza con la burguesía nacional. Tal alianza es imposible en los países completamente retrasados (el tercer grupo en el esquema de Roy)“donde las relaciones patriarcal-feudales no se han disgregado todavía al punto de distanciar por completo a la aristocracia nativa de las masas populares” y donde en consecuencia “los representantes de estos estratos superiores pueden actuar como jefes activos que luchan contra la política de violencia del imperialismo”; a manera de ejemplos se citan los casos de la Mesopotamia y Mongolia.69 En la mayor parte do los países coloniales
68 Véase pp. 68-69.
69 Thesen und Resolution des IV. Weltkongresses, cit., p. 43. La mención de la “Mesopotamia” se refiere evidentemente a los curdos; aparece singular el hecho de que en este contexto no se haga
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(a esta altura, en el planteo práctico de los objetivos, no se hace una distinción entre el primero y el segundo grupos como en el esquema teórico de Roy), la situación está caracterizada por la alianza del feuda- lismo local con los opresores y por el retraso de los elementos burgués- agrarios (probablemente los campesinos más ricos) ante la perspectiva de una ruptura con este bloque. El objetivo de los comunistas consiste entonces en una lucha por la organización autónoma de los campesinos en la batalla contra el feudalismo; en el ámbito del frente único antim- perialista, a través de esta lucha, se “debe desenmascarar la inseguridad de cada uno de los grupos del nacionalismo burgués”, en analogía consciente con el desenmascaramiento de la política socialdemocrática de parte del “frente único proletario” en los países industrializados.70 En estas condiciones asume particular relieve la diferenciación de los comunistas respecto del nacionalismo burgués, junto al cual debían actuar en la práctica durante un periodo prolongado: por ello, la resolución se pronuncia contra el abuso de la terminología socialista por las organiza- ciones nacionalista-burguesas, por ejemplo contra el empleo del término“socialismo de estado” que hacían en China algunos representantes del Kuomintang”.71
Dos años y medio más tarde, cuando ya se habían hecho las primeras experiencias revolucionarias de parte de partidos comunistas verdadera- mente organizados en las colonias y cuando, por otro lado, Stalin había elaborado también la teoría del “socialismo en un solo país”, encontramos la concepción del IV° Congreso de la Comintern, ulteriormente desarrollada en el discurso de Stalin (18 de mayo de 1925) ante la asamblea de estudiantes de la Universidad Comunista de los Trabajadores de Oriente.72
mención del proletariado de las ciudades iraquíes.
70 Ibíd., p. 48. La posibilidad de “desenmascarar” en el curso de la lucha unitaria a un grupo como el de la burguesía nacional que, con toda evidencia estaba interesado en la independencia nacional, presupone que sus ligazones con el feudalismo indígena sean tan estrechas -para seguir aún con la analogía- como las que vinculan a los dirigentes sindicalistas reformistas con los“empleadores”. De hecho la analogía es insostenible (aunque en ciertos casos una identificación tal se dé): podemos imaginarnos perfectamente una burguesía nacional que detente para sí sola todo el poder estatal -y en ese caso, naturalmente, lo aplicará contra la propia clase obrera- pero no es posible imaginarse una burocracia sindical reformista sin “empleadores”.
71 Ibíd., p. 46. Evidentemente se trata de la izquierda del Kuomintang, vale decir del grupo de Sun Yat-sen. Una delimitación tal en relación a la derecha del movimiento que no se planteaba otros
objetivos que no fueran los burgueses, era superflua.
72 Marxismus und die Nationale und Koloniale Frage, 1940. [En especial el discurso de Stalin fue publicado con el título de Sobre las tareas políticas de la Universidad de los pueblos del Oriente, en Obras, t. 7, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1954.]
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(La Universidad había sido fundada en 1922, para los estudiantes prove- nientes de las repúblicas soviéticas orientales y para los que llegaban de los países coloniales de Oriente; una cierta diferenciación quedó expresada en el hecho de que Stalin dividiera su discurso en dos partes, dedicadas a los distintos grupos de estudiantes orientales.) Entre los países coloniales se distinguen de nuevo tres grupos distintos, pero sólo el tercero (esta vez la numeración es invertida y crece de acuerdo al grado de desarrollo industrial) es concretamente idéntico al primero de la clasificación de Roy en 1922: ese tercer grupo es caracterizado por un determinado grado de desarrollo capitalista y por la presencia de un proletariado más o menos numeroso. Pero, a diferencia de lo que se decía en las tesis del II°Congreso mundial, no se deduce de ello el pasaje de la burguesía íntegra junto al imperialismo, sino más bien una escisión de la burguesía nacional en un campo revolucionario y otro conciliador; el primero, “constituido por la parte más rica e influyente de la burguesía, que teme más a la revolución que al imperialismo”, realiza con este“unbloque contra los
obreros y los campesinos de su propio país”. Para romper este bloque, es necesario desenmascarar a la burguesía nacional propensa al compromiso; en estos países el partido comunista debe organizarse de manera autónoma (preparando así al proletariado para asumir su papel de guía del movimiento de liberación nacional), pero “constituyendo un bloque abierto con el ala revolucionaria de la burguesía”.
El grupo opuesto (en la clasificación de Stalin el primero), no estácaracterizado, como lo hacía Roy en 1922, por una “situación extremada- mente primitiva”, sino simplemente por una total ausencia de desarrollo industrial y por lo tanto de proletariado nativo: como ejemplos, son citados Irak del Norte y Mongolia Exterior, pero también países como Marruecos, donde ya existía una burguesía dedicada al comercio. Dada la ausencia de un proletariado“laburguesía nacional aun no tiene motivos para escindirse en un partido revolucionario y en un partido conciliador” y“los elementos comunistas” (probablemente grupos de intelectuales) tienen simplemente la tarea, como se afirmaba en las tesis del IV°Congreso, de crear un frente único nacional (expresándose en términos concretos, constituir la fuerza propulsora dentro de la nación que de acuerdo a estas premisas, era claramente antimperialista).
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Entre los dos se ubica el segundo grupo, aquel en el que durante el período siguiente habrían de suceder los hechos decisivos. Para el Stalin de 1925, a diferencia de lo que se daba en Roy en 1922 y aun en el Lenin de 1920, ese grupo no se caracteriza por el hecho de que en él “el feudalismo constituye todavía la espina dorsal de la sociedad”–yde ello resultaría claramente la posibilidad y la necesidad de una revolución democrático-burguesa–, sino por un escaso grado de desarrollo industrial y, entonces, por un proletariado reducido desde el punto de vista numérico. La burguesía nacional ya se ha escindido en un campo revolu- cionario y otro conciliador, pero“laparte conciliadora de la burguesía aun no puede unirse estrechamente con el imperialismo”. En estos países, los comunistas“nopueden ya plantearse el objetivo de formar un frenteúnico nacional contra el imperialismo” (como lo proponía el IV° Congreso). De la política del frente único nacional, ellos deben pasar a la política de un bloque revolucionario entre la clase obrera y la pequeña burguesía. En esos países, el bloque puede asumir la forma de un partido único, de un partido obrero y campesino, por ejemplo del tipo del Kuomintang, pero a pesar de ello este singular partido debe ser también de hecho un bloque de dos fuerzas, un bloque del partido comunista con el partido de la pequeña burguesía revolucionaria. El bloque de la clase obrera revolu- cionaria con los campesinos, y aquel otro constituido con la pequeña burguesía revolucionaria, son tratados como una suerte de sinónimo: la idea de que sosteniendo enérgicamente los intereses de los campesinos se podía llegar a la ruptura con la izquierda de la pequeña burguesía no aparece, y en realidad ya está llevada a segundo plano desde que se enfatiza el grado de desarrollo industrial y proletario, y no la cuestión agraria, como característica esencial del desarrollo interno. Si tomamos en consideración las fuerzas de clase en que se fundan, las formulaciones stalinistas de 1925 deben definirse como de ultraizquierda respecto de las siguientes formulaciones maoístas73 (y la causa debe ser buscada eviden- temente en la costumbre muy arraigada en Stalin, de partir del desarrollo de los problemas nacionales en los países capitalistas desarrollados, y por lo tanto de enfatizar el carácter burgués de la cuestión nacional). En lo referente a la táctica, las formulaciones stalinistas de 1925 son correcta- mente leninistas; en la medida en que sus indicaciones fueron respetadas,
73 Véase supra III, p. 92.
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el reproche que le hicieran luego los trotskistas por su aparente renuncia a la autonomía de los comunistas en total beneficio del Kuomintang, es injustificado.74 En 1925, Stalin había advertido expresamente que se tuviera en cuenta este peligro y que se debía renunciar al bloque si este ataba de pies y manos al partido comunista, impidiéndole la dirección efectiva del movimiento revolucionario: en un caso así, los elementos comunistas hubieran sido absorbidos por la burguesía y el partido comunista hubiese perdido su ejército proletario.75
En China, Voitinski, desde un año atrás representante de la Comintern, fue obligado a enfatizar la independencia organizativa del PCC; también el comité central chino criticó al comité de Kwantung por no haber aprovechado el movimiento de masas para reforzar el partido,76 El único debilitamiento efectivo –si se considera como tal la renuncia a las esperanzas utópicas– respecto de las decisiones del IV° Congreso, se refiere a la relación entre la revolución colonial y a revolución mundial: si entonces se decía (op. cit., p. 49) que la revolución colonial puede vencer y consolidar sus conquistas solamente en conexión con la revolución proletaria en los países altamente desarrollados”, en la concepción de 1925 la victoria duradera requiere ahora sólo“laligazón efectiva del movimiento de liberación de estos países y el movimiento proletario de los países avanzados del Occidente”.77 vale decir una elemental solidaridad internacional.
74 Véase supra, III, p. 97.
75 Stalin, Obras, cit., t. 7, p. 151.
76 Communism and Nationalism, pp. 92 y 102. 77 Stalin, Obras, cit., t. 7, p. 149.
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Capítulo Cuarto
Ascenso y derrota de la primera ola de la revolución china: El VI° Congreso de la Comintern
Durante mayo de 1925, en una serie de fábricas textiles de Shanghai, de propiedad japonesa, fueron asesinados una cantidad de obreros en huelga: una manifestación de simpatía organizada por los estudiantes en el territorio reservado a la colonia internacional, el 30 de mayo, terminóen una masacre que dio comienzo a los paros de Shanghai y Hong-Kong. Estas huelgas, en las que participaron 250 mil obreros, y que en algunas fábricas, a pesar de un descenso en la participación luego de los primeros tres meses, se prolongó sin interrupción por dieciséis meses, fueron una de las más potentes manifestaciones de protesta que se hayan librado jamás en la historia del movimiento de liberación colonial.78
Cuando China entró en esta fase de fermentación revolucionaria aguda, tenía todavía un partido comunista cuyas fuerzas no iban mucho más lejos que las de una agrupación de organizaciones estudiantiles. En el IV°Congreso del partido, a comienzos de 1925, se contaban 994 miembros; a fines de año, había 4.000, a los que se agregaban los 9.000 miembros de la organización juvenil. La fuerza principal del partido (1.200 afiliados al partido y 1.500 a las organizaciones juveniles) se concentraba todavía en Shanghai; luego había 600 afiliados en Cantón y 300 en Pekín.79 Después del congreso de enero se establecieron oficinas del Comité Central en China del Norte y en la Central, pero aun en el verano de 1926 se comprobóque solamente en Shanghai, Kwantung y Hunan se disponía de una cantidad suficiente de cuadros.80 El círculo de las organizaciones de masas influidas por el partido era mucho más amplio: en el II° Congreso panchino de los sindicatos de mayo de 1925 (es decir antes de que comenzaran las huelgas de masas) estaban presentes 281 delegados en representación de 166 grupos sindicales; las ligas campesinas que trabajaban bajo la dirección
78 La nota 14 en la p. 30 del volumen I de las Obras escogidas de Mao habla de“másde 20 mil huelguistas en Shanghai”; por otro lado, en Ein Jahr Arbeit und Kampf Tätigkeitsbericht zum VI. Erweiterten Plenum des EKKl (febrero de 1926) se afirma que la transformación de la huelga política en huelga general fracasó en Shanghai; en realidad se trata de una observación que hubiera sido evitada en el caso de un movimiento que duró dos meses con la participación de 200 mil obreros.
79 Ibíd.
80 Tsai Ho-sen, citado en North-Eudin, op. cit., p. 31. 81
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del partido (sobre todo en el Kwantung) tenían 200 mil adherentes ya a principios de 1926.
Este partido joven y débil se encontró entonces ante la tarea de consolidar su propia posición dentro del Kuomintang en un momento en que, en las fases alternadas de la guerra civil, este último se estaba desarrollando fuertemente, pero justo por eso se volvía el punto de reunión también de las fuerzas conservadoras del país. En el curso del II°Congreso del Kuomintang, en enero de 1926, el ala izquierda quedóreforzada, y aun siete comunistas fueron elegidos como miembros con plenos derechos y veinticuatro como miembros suplentes, en el Comitéejecutivo del Kuomintang; pero la estructura interna del Kuomintang de Kwantung era muy distinta: de los seis comisarios locales cinco pertenecían al ala derecha; basándose en estas fuerzas, el 20 de marzo de 1926, las tropas de Chiang Kai-shek, tomando como pretexto un incidente que ellas mismas había provocado, rodearon el cuartel general de los consejeros rusos y arrestaron a obreros miembros del partido chino; el jefe del ala izquierda del Kuomintang, Wang Ching-wei, fue obligado al exilio, del que se lo llamó sólo algunos meses después. Era opinión del grupo dirigente comunista (una opinión que el secretario del partido, Chien Tu-hsiu, a diferencia de la mayoría de los delegados, emitió también en el V°Congreso del partido, en mayo de 1927), que toda la burguesía sostenía a Chiang y que las fuerzas de los comunistas y de la izquierda del Kuomin- tang no bastaban para enfrentarlo; Borodin y los trabajadores comunistas del Kwantung, que no se hacían ilusiones sobre el Kuomintang local, en cambio eran favorables a una contraofensiva. Borodin retornó apresurada- mente a Cantón y Chiang, que necesitaba para su proyectada expedición al norte –pensaba hacerla de inmediato–; la ayuda militar soviética, aceptó tratar y llegó a un compromiso que se resolvía en una reducción de la influencia comunista en el Kuomintang y en el ejército, además de provocar una acrecentada dificultad en la concentración en grupos de los comunistas.81
81 Resolución del VII° Plenum ampliado del Comité ejecutivo de la IC; Mif en Bolshevik, 1927, n.°23-24, pp. 101-103, North-Eudin, op. cit., p. 141.
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Inmediatamente antes de estos acontecimientos, en Moscú se había reunido el VI° Plenum ampliado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. La resolución por él adoptada sobre la cuestión china consi- deraba las huelgas del año precedente como transición hacia una nueva
ola de luchas por la independencia nacional; allí se afirmaba también que el movimiento obrero organizado en los sindicatos y dirigido por el partido comunista había probado ser la fuerza hegemónica. Ahora, la cuestión agraria era considerada como el problema decisivo de la lucha de liberación nacional, pero limitándose a formular la palabra de orden de la
organización de los campesinos; se trata de hacerles comprender que su situación material y política podía ser mejorada solamente a través de la victoria en la lucha contra los militares y los imperialistas (se evitaba entonces el problema de las reivindicaciones inmediatas a plantear en interés de ellos, como también el problema de las diferenciaciones en su interior). Como ya en el discurso de Stalin a los estudiantes de la Universidad del Oriente, el año anterior,82 se mencionan dos desviaciones a combatir: a) el liquidacionismo de derecha, que se proponía disolver el partido en un frente único pannacional; b) la tendencia de ultraizquierda, que se proponía saltar la fase democrático-burguesa en la lucha de liberación nacional. En la atmósfera de 1926, aparecía como natural que un partido comunista se considerara obrero y entonces, si cometía errores, ellos se resolvían en una política equivocada del movimiento
obrero. Pero en 1951, cuando empezó la publicación de las obras completas de Mao, éste antepuso una premisa a sus artículos de ese período, distinguiendo dos desviaciones: el oportunismo de derecha, representado por el entonces secretario del partido Chien Tu-hsiu, se resolvía en subordinar todo a la colaboración con el Kuomintang, vale decir con la burguesía nacional. La segunda desviación, la de “izquierda”, en aquel tiempo personificada por Chiang Kuo-tiao, habría pensado exclusivamente en el movimiento obrero. Y ambas habrían olvidado a los campesinos, que al parecer de Mao, constituían la fuerza fundamental de la revolución.
82 Op. cit., p. 269.
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La resolución del VI° Plenum del Comité Ejecutivo de la IC llegó a China luego del golpe de estado de Chiang Kai-shek del 20 de marzo, y de todas maneras no hubiera podido dar respuesta a la cuestión de si se debía–o cómo se debía– seguir maniobrando dentro del Kuomintang o con el Kuomintang (el hecho de que la expedición de Chiang Kai-shek al norte tuviera un significado positivo para el desarrollo de la revolución china no ha sido discutido siquiera por Trotsky cuando formuló su critica luego de ser excluido del partido.83 El verdadero problema consistía en decidir a qué sectores del Kuomintang se limitaría la colaboración futura y cómo se la podía ligar con una delimitación ideológica. Desde este punto de vista, las opiniones divergían, Chien Tu-hsiu y la mayoría de la dirección del partido se limitaban a seguir la colaboración con Chiang, mientras por lo menos una parte del grupo dirigente del Kwantung se inclinaba por la ruptura. En julio de 1926, se reunió la segunda sesión plenaria del ComitéCentral del PCC: ahora, por lo menos reconoció el significado del golpe de estado de Chiang Kai-shek, que fue definido como una componente de la“tenaz ofensiva anticomunista de la derecha del Kuomintang”, pero se pronunció a favor de la continuación de la colaboración con el Kuomintang y del reforzamiento de su ala izquierda “para luchar contra la burguesía por la conquista de la dirección del movimiento nacional”. Se adoptó un programa mínimo de reivindicaciones campesinas, pero previendo sola- mente la “neutralización” de una parte de los grandes terratenientes; el golpe más duro debía ser inferido contra los más reaccionarios de ellos.84
83 The Draft Program of the Communist International, edición norteamericana de 1929, p. 82. Trotsky liga el reconocimiento de este hecho a la observación de que también la actividad inicial de los dirigentes burgueses en la revolución rusa de marzo de 1917 había cumplido un papel
objetivamente revolucionario: pero los bolcheviques, a pesar de diferenciarse muy rígidamente del comité burgués de la Duma, apoyaron también el primer estadio de esta revolución. En la época de los acontecimientos críticos, Trotsky era uno de los miembros responsables de ese comité del BuróPolítico ruso que debía controlar la política china de la Unión Soviética; se preveía aun la posibilidad de maniobras diplomáticas con el Japón que, en caso de necesidad, debía ser frenado en su ataque al Kuomintang, hasta a costa de concesiones territoriales a expensas de sus marionetas chinas. En esos días, en Moscú, he oído críticas a una colaboración ulterior con Chiang, pero las criticas provenían de las filas de la oposición zinovievista (North-Eudin, op. cit., pp. 24-25).
84 Ibíd., 27-28. Los encargados de la edición de Strategia di Taktika Kominterna –que escribían en 1934– en su introducción a la resolución del VI° Plenum del Comité Ejecutivo de la IC observan que“apesar de las claras (?) directivas del Plenum” la dirección de derecha del Kuomintang en Cantón y la acción emprendida el 20 de marzo por Chiang Kaishek, que ahora es definida como“unensayo general del golpe contrarrevolucionario de 1927.” Pero por “claras” pueden enten- derse solamente las instrucciones que no pueden ser interpretadas de modo distorsionado tampoco por la dirección de un partido que de su complicada estructura se proponía evidenciar una mitad y olvidar la otra. Pero de esto no se podía hablar en ningún caso; el motivo de la ambigüedad consiste aparentemente en una mezcolanza–noligada a fronteras de fracciones (véase la nota anterior)– de combinaciones diplomáticas con la necesaria orientación del partido.
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En la época en que se tomaron estas decisiones, entre el partido comunista y el Kuomintang la tensión se había atenuado temporalmente, a causa del comienzo de las expediciones contra el norte. A decir verdad, Chien Tu-hsiu la había aceptado sólo como medida de defensa del Kwantung, y en cuanto al hecho de que la caída de las posiciones políticas no sólo del PC, sino también del centro del Kuomintang, que se produjo poco después del comienzo de la expedición al norte, fuera inevitable, aceptamos la posibilidad de distintas opiniones. Pero es cierto que las posibilidades de evitarla no dependían de la ausencia de algunas divisiones, que por otro lado en su mayoría estaban en la posición de Chiang Kai-shek, sino que estaban en el ámbito de la política llevada con los medios existentes. Políticamente, la expedición contra el norte, es seguro, no ha perjudicado a la revolución china;85 por lo menos, ella condujo a la movilización de los principales centros industriales del país y de grandes masas campesinas. Ahora el partido comunista chino había crecido de golpe: de acuerdo al informe presentado al VII° Plenum ampliado del Comité Ejecutivo de la IC (noviembre de 1926), en mayo del mismo año el partido contaba con 12 mil miembros y, por lo tanto, se había cuadruplicado respecto del año anterior. En algunos centros, el caudal de militantes, había aumentado de cinco a diez veces. Ahora existían organizaciones provinciales del partido en todas las provincias, aun en las controladas por los contrarrevolucionarios. Retrospectiva- mente, luego de la derrota, el secretario de la Internacional Juvenil Comunista86 declaró que el partido comunista chino se había desarrollado de las filas de la organización juvenil:“enlos centros en que no había una
organización de partido, o donde ella era todavía demasiado débil, la
organización juvenil sustituía efectivamente al partido”. De los afiliados al partido en la época de redacción del informe al VII° Plenum del ComitéEjecutivo de la IC, solamente el 66 % eran obreros, el 22 % intelectuales, el 5 % campesinos y apenas el. 2 %, soldados del ejército del Kuomintang; se evidencia así la carencia de cuadros calificados (dado el rápido desarrollo del partido, en particular entre los obreros, naturalmente) pero también los esfuerzos de formación hechos para superar esta debilidad. Los hechos de marzo ahora son descriptos como una crisis interna en el
85 Véase más adelante.
86 Chitarov (a cargo de), Der Kampf um die Massen. Vom 2ten zum Sten Welfkongress der Kommunistischen Jugendinternationale, vol. III, p. 109.
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partido comunista, pero también interna al Kuomintang; la colaboración de los comunistas dentro de este último es considerada normal. Chiang Kai-shek no es criticado: a menos que se entiendan como críticas las
observaciones hechas a posteriori sobre lo oportuno de la expedición al norte, que sin embargo a esta altura (estamos en noviembre de 1926) aparecen contradichas; se expresa satisfacción por la reincorporación,
ocurrida luego de la acción mediadora de los representantes de la Comintern, de Wang Ching-wei, el jefe de ja izquierda del Kuomintang, en la dirección del partido; se comprueba el surgimiento de grandes organi- zaciones sindicales en todas las áreas liberadas (hacia el primero de mayo ellas contaban 1,2 millones de miembros).
En esta fase se consideraba natural que los sindicatos estuvieran bajo control comunista. Se recalca la exigencia de organizar a los campesinos en ligas, pero al mismo tiempo se comprueban el primitivismo y la superstición de asociaciones existentes como las lanzas“rojas”y “negras”, que al año siguiente pudieron efectivamente ser utilizadas por la contra- rrevolución cuando las lanzó contra las ligas controladas por los comunistas, acaso justamente porque la parte más retrasada de los campesinos había sido tratada con tanta suficiencia. Es evidente que los redactores del informe preveían un desarrollo relativamente pacífico –aparte natural- mente de la expedición al norte por la unificación del país–, en el ámbito de una democracia burguesa: la catástrofe del año siguiente debe haberlos tomado por sorpresa. Un partido de las dimensiones del partido chino era demasiado fuerte como demasiado débil como para intentar la toma del poder con para poder limitarse a puras discusiones internas, pero a la vez alguna perspectiva de éxito; justo por ello no podían surgir serias divergencias sobre el problema de la colaboración con el Kuomintang y en particular sobre el problema del apoyo a la expedición al norte. Por todos lados, los propagandistas comunistas precedían a los ejércitos del Kuomintang y con la actividad que desarrollaban a espaldas del enemigo lograban bloquear sus transportes de tropas. Dado que el ejército del Kuomintang era un común ejército chino con una participación, como ya lo hemos visto, muy reducida de comunistas, las simpatías de los campesinos en las zonas liberadas se revelaron a menudo de breve duración: hasta sucedió que un cuerpo del ejército fuera expulsado por
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los campesinos irritados por su comportamiento.87 Pero estos incidentes no podían influir sobre las combinaciones en la cúspide en la que el partido chino, y aun más sus consejeros soviéticos, veían la esencia de la política. En octubre, las tropas del Kuomintang alcanzaron Wuhan, en noviembre la sede del gobierno central pudo ser transferida de Cantón (que pasó rápidamente a manos de la extrema derecha del Kuomintang) a Hankow. El 13 de diciembre, en Wuhan, se constituyó un Comité conjunto de la izquierda del Kuomintang en el que tomaron parte también los comunistas; la ciudad se convirtió en el centro del gobierno revolucionario cuando Chiang Kai-shek se movió con sus tropas hacia el este para conquistar el mayor centro comercial del país, Shanghai, donde en abril habría de organizar la sangrienta masacre de los obreros comunistas.
El 22 de noviembre de 1926, vale decir en la vigilia de la constitución del centro de Wuhan, se reunía en Moscú la VII° Sesión plenaria ampliada del Comité Ejecutivo de la IC, que dedicó la mayor parte de su tiempo a la lucha de fracciones en el partido ruso (esa sesión finalizó sus labores apenas el 22 de diciembre; el 30 de noviembre Stalin hizo su informe a la comisión china del Plenum,88 que fue publicado en el número del 10 de diciembre de la revista Kommunisticheski International. Luego de diversas tentativas infructuosas89 se presentó en la comisión un proyecto redactado
87 P. Mif en Bolshevik. 1927, n.° 1; resolución del VI° Plenum ampliado del Comité Ejecutivo de la IC, p. 138 de la edición North-Eudin; Stalin, Obras completas, Vol., VIII (ed. rusa), pp. 370-371. Stalin no parece tomar demasiado en serio los incidentes porque los coteja con episodios de los que hizo experiencia personal en la guerra civil rusa y los liga a la natural necesidad de requisas que caracteriza a todo ejército, aun al revolucionario.
88 Obras completas, Vol. VIII, pp. 357 ss. de la edición rusa.
89 North-Eudin (op. cit.) sin reservas críticas, cita la declaración de Roy, que afirma haber elaborado junto a Bubnov y Bujarin (después de un intento fallido de Bubnov con Raskolnikov y Voitinski, uno de los principales sostenedores del apoyo al Kuomintang por razones de política exterior) las tesis presentadas a Stalin el 28 de noviembre. Esta afirmación se concilia con el discurso pronunciado por Stalin ante un círculo de iniciados e inmediatamente publicado (vale decir mucho antes de que se comenzara a hacer el silencio en torno a quienes eran tachados de desviacionismo en el plano político), sólo si se parte de la premisa de que él estaba insatisfecho aun con este segundo proyecto de tesis y de que en el curso de los cuatro días anteriores a la reunión decisiva de la comisión hizo que Mif y Petrov elaboraran otros proyectos de tesis, a los que también criticaría luego. El hecho de que Stalin, como afirma Roy, concordara con sus tesis, puede ser verdad a lo sumo en lo referente a la importancia del movimiento campesino enfatizada por éste; pero en tal punto, no había divergencias con Stalin, y tampoco con Bujarin –como lo prueba su intervención en la discusión (op. cit., p. 35)– ni con la delegación china en Moscú. Roy había llegado al extremo de definir a la revolución china como esencialmente agraria, declarando de urgencia la nacionalización de las tierras; en ambos puntos iba más lejos que Stalin (véase más adelante en el texto). La afirmación de Isaac de que el texto de las tesis fue elaborado en común por Stalin y Bujarin es probablemente cierta –North y Eudin descuidan el hecho– en lo que respecta a la formulación definitiva elaborada luego del discurso de Stalin, o mejor dicho, es directamente obvia: Stalin había formulado críticas decisivas contra el proyecto de Mif, y Bujarin ya era por entonces el máximo dirigente de la
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por Mif del que Stalin se ocupó críticamente: sus observaciones principales trataron por un lado el hecho de que el proyecto, de acuerdo con las tomas de posición precedentes en cuanto a la revolución colonial, definía como democrático-burgués al gobierno de lucha y al régimen que resultaría de su afirmación victoriosa en toda China por otro lado, el hecho de que Mif sostenía la necesidad, como luego habría de hacerlo también la
oposición rusa, de constituir inmediatamente soviets campesinos. Stalin
objetó–ysu objeción ha sido, por lo menos exteriormente, contradicha por el estadio sucesivo de la revolución china– que no se podían constituir soviets campesinos antes de que los centros industriales no estuvieran maduros para la constitución de soviets obreros (en noviembre de 1926 Stalin no creía que el movimiento campesino estuviera maduro para tratar de constituir un nuevo poder estatal; en agosto de 1927 afirmó, retrospectivamente, que antes de la traición de la izquierda del Kuomintang, en Wuhan, las masas no estaban listas para la creación de un nuevo
orden, y que por lo tanto con sus propuestas la oposición se proponía saltar un estadio necesario de la revolución).90 En efecto, la adopción de la consigna de la constitución de los soviets en la época del Kuomintang de izquierda no hubiera significado forzosamente una apelación a su directa destitución, sino más bien a la constitución de un “doble poder”, tal como había existido en Rusia durante el gobierno de Kerenski; naturalmente, ello hubiese tenido sentido sólo en caso de darse en una fase posterior la intención de abatir al gobierno de Wuhan y no la de entrar a formar parte de él para modificarlo desde adentro.
Pero no era esto lo que quería Stalin. En su discusión con Mif91 no puso el acento sobre el carácter democrático-burgués del “gobierno de Cantón”, al que acostumbraba definir todavía en estos términos (aunque admitiera este carácter suyo y para el futuro delineara analogías con la “dictadura democrática del proletariado y de los campesinos” que los bolcheviques habían tenido in mente en 1905), sino más bien sobre su carácter antimpe- rialista, sobre la acción militar activa que llevaba contra los mayores puntales de la reacción internacional (naturalmente, existía un interés nacional ruso por estos acontecimientos). Una de las diferencias profundas
Comintern, por lo que no podía ser ignorado en el momento de la redacción de un documento como éste.
90 Marxlsm and the National and Colonial Question, ed. cit., p. 215. 91 Op. cit, pp. 363-364
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entre la revolución china en curso y la revolución rusa de 1905 era la individualizada por Stalin en el hecho de que ya no se estaba –como en todas las revoluciones anteriores– en una situación en la que el pueblo desarmado o mal armado luchaba contra el ejército del viejo régimen, sino que, en cambio, el pueblo organizado en un ejército revolucionario–así designaba Stalin al ejército del Kuomintang– luchaba contra el ejército de la reacción. Con ello elaboró en lo esencial la teoría formulada diez arios más tarde por Mao Tse-tung92 –éstela refirió, naturalmente, a su propio ejército– sobre la importancia central del ejército en contra- posición a los movimientos de masas en la revolución china y, si vamos al fondo de la cuestión –aunque en aquel tiempo nadie lo advirtiera–, también el“maoísmo”de nuestros días; por otro lado, era natural que Stalin subrayara el papel de primer plano de su país, la Unión Soviética.
Pero Stalin no había individualizado en el gobierno existente del Kuomin- tang y en su ejército al portador de los objetivos revolucionarios: a los comunistas, les indicó la tarea de infiltrarse en el ejército y de depurarlo de los elementos dudosos desde el punto de vista revolucionario. A aquellos comunistas que discutían robre la oportunidad de orientarse hacia la derecha o la izquierda del Kuomintang, les recordó que los comunistas no debían orientarse ni hacia la una ni hacia la otra, sino solamente hacia el proletariado, y que se equivocaban quienes, tal como había sucedido en Cantón y en Shanghai, trataban de alejar a los obreros de la huelga dirigida a mejorar sus condiciones de vida: justamente la conquista de estas mejoras y la acrecentada conciencia de su propia fuerza resultante daban un sentido a la revolución china.
En lo referente a los campesinos Stalin, de acuerdo con los redactores de las tesis–elrepresentante del partido chino y distintos compañeros que actuaban en China, entre otros algunos comunistas de Kwantung y Mao Tse-tung–, pero en abierto contraste con la mayoría de la dirección del partido chino y con los autores de un telegrama de directivas enviado seis semanas antes desde Moscú, se pronunció contra la afirmación de que el desarrollo del movimiento campesino, con sus repercusiones sobre el cuerpo de los oficiales que en gran parte provenían de familias de lati- fundistas, hubiera podido crear dificultades al frente antimperialista: por
92 Mao Zedong: Selected Works, vol. II, pp. 272-273; Ibíd., p. 267, donde se refiere expresamente al discurso de Stalin de 1926.
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el contrarío, habría de verse reforzado por la adhesión de los campesinos al movimiento revolucionario.93 Él trató de evitar el pronunciarse en favor de la reivindicación de la nacionalización del suelo, sostenida por Roy (pero en el fondo, el mismo Mao Tse-tung se alejó de ella en el curso de la construcción de sus áreas soviéticas),94 y quiso delegar en los comités campesinos mismos la cuestión sobre el hecho de que la mejora de las condiciones de vida de las masas campesinas se alcanzara con la expro- piación de las grandes propiedades de tierras o a través de la reducción de los impuestos y de los arriendos.
La resolución adoptada al final por el Plenum –que constituye todavía un documento importante para el estudio de los problemas de los países subdesarrollados– particularizó en el desarrollo de la revolución agraria la cuestión central del desarrollo del movimiento nacional-revolucionario en China, pero trató en términos muy diferenciados al adversario que podía ser golpeado por este movimiento (por cierto no en términos más diferen- ciados de cuanto lo ha hecho más tarde el comunismo chino victorioso). Junto al imperialismo extranjero y al militarismo chino, los adversarios a combatir son individualizados:
“enlos residuos de la gran propiedad, en la gentry, en el capital usurero y también en una parte de los estratos superiores kulaks de los campesinos” “[...] las huelgas económicas desembocan en luchas políticas contra el imperialismo y asumen una extraordinaria importancia histórica mundial. El proletariado constituye un bloque con los campesinos que entran activamente a la lucha por sus propios intereses, con la pequeña burguesía ciudadana y con una parte de la burguesía capitalista”.
Se trata de una combinación sobre la cual se afirma que ha hallado su expresión en los grupos correspondientes del Kuomintang y en el gobierno de Cantón. A esta altura, éste se habría encontrado en la fase de tran- sición a un tercer estadio del reagrupamiento político, una alianza con los campesinos, con la pequeña burguesía de la ciudad y con una minoría fuertemente antimperialista de la gran burguesía (vale decir la combinación que en la moderna ideología estatal china es definida como la portadora del régimen democrático-popular).
93 Ibíd., p. 368; Marxism and the National Colonial Question, p. 209 94 Véase el capítulo IV de esta obra.
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El agrupamiento adversario en vías de consolidación es representado sin embargo solamente con los nombres de los generales contra los que lucha el Kuomintang; la posibilidad de que gran parte de la dirección del Kuomintang pudiera hacer algo peor que revelarse débil en la lucha contra el enemigo común parece haber aparecido como inexistente a los redactores de la resolución. El papel hegemónico del proletariado debe ser probado por su capacidad de encontrar una solución radical a la cuestión; toda negativa a asumir tal papel –determinada por el temor a perder el apoyo ambiguo y dudoso de una parte de la clase capitalista (los
oficiales provenientes de la gentry no son mencionados, aunque más tarde habrían de ocupar un lugar central en la argumentación de quienes predicaban tal “moderación”)–, es condenable; el partido comunista debe estar exento de esas debilidades, En la actual situación de transición el proletariado ha de elegir entre la alianza con una parte consistente de la burguesía y la consolidación de su alianza con los campesinos: si no adopta un programa agrario radical no podrá hacer participar a los campesinos en la lucha revolucionaria, y perderá su posición de guía en la lucha por la liberación nacional, que pasará a la burguesía. Este hecho comportaría luego la consolidación de las posiciones del capital extranjero y del imperialismo.
Como medidas positivas se sugiere la disminución de los arriendos a un mínimo, la reducción de los impuestos que gravan a los campesinos y su remplazo por un impuesto agrícola unitario y progresivo, la protección continua a los arrendatarios y la fijación de arriendos máximos por las ligas campesinas en colaboración con las autoridades administrativas revolucionarias, la protección de los campesinos contra la usura y la
opresión de los propietarios, la expropiación de tierras de propiedad de los templos“yde las propiedades de los militaristas reaccionarios, de los compradores, de los propietarios de tierras y de la gentry que luchan contra el gobierno nacional del Kuomintang” (es decir, evidentemente, de los oficiales del ejército adversario); las ligas campesinas y las cooperativas deben recibir ayuda del estado y a los campesinos pobres y medios se les debe distribuir armas. Estas medidas constituirán el paso a“ungrado más elevado de desarrollo de la revolución agraria” (la nacionalización de las tierras no es mencionada de manera explícita); los comités campesinos deben constituir la base del gobierno popular y del ejército popular en las
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zonas rurales. Las ilusiones existentes se revelan de nuevo en la afirmación de que el aparato del gobierno nacional-revolucionario constituye un medio para sacudir a los campesinos: el partido comunista debe infiltrarse en este aparato, sin separarse en ningún caso del Kuomintang, pero tratando de transformarlo en un verdadero partido popular; al aliarse con el ala izquierda del Kuomintang debe combatir al ala derecha y criticar al centro, que vacila.
En cuanto a política económica, el gobierno nacional-revolucionario debe tender a la progresiva expropiación de las inversiones de capital extranjero y con esto superar los límites estrechos de la democracia burguesa: sería equivocado limitarla, aunque sólo fuera en su primer estadio, a causa de su carácter pequeño-burgués, al abatimiento del imperialismo (extranjero) y a la eliminación de los residuos feudales. Se reconoce la posibilidad (nada más) de que el gobierno revolucionario antimperialista chino abra el tránsito a un desarrollo no capitalista del país, pero no se atribuye por cierto este objetivo (como sucedía en el informe de Roy en el Plenum del V° Congreso del PCC)95 al Kuomintang, ni siquiera sólo a su ala izquierda (la opinión predominante lo reservaba al partido comunista). Las provi- dencias positivas que se proponían podían hacer evolucionar la situación en el sentido de una socialización progresiva, en cuanto, además de la confiscación de las concesiones extranjeras, se exigía la nacionalización de los ferrocarriles y de los acueductos y la gradual nacionalización del suelo a través de reformas radicales sucesivas; a ello se agregaba un vasto programa de reformas sociales que incluía entre otras cosas la adopción de la jornada de trabajo de ocho horas, la inspección de las fábricas, el seguro social generalizado, la prohibición del trabajo nocturno de las mujeres y del trabajo en las fábricas para los niños de edad inferior a los catorce años. La resolución contenía además dos artículos sobre la necesidad del trabajo político en el ejército amén del envío de agitadores políticos que se movieran en el país, y sobre el apoyo a dar a las células de la izquierda del Kuomintang; por el PC; evidentemente, el temor a proporcionar un arma política a la derecha del Kuomintang hizo que estos dos artículos no fueran publicados.
95 North-Eudin, op. cit., p. 227.
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Ami parecer no hay motivos para dudar de la autenticidad del texto96 que la policía de Chiang Tso-lin afirma haber encontrado en abril de 1927 durante su golpe de mano contra la oficina del agregado militar soviético en Pekín: si los generales chinos con sus colaboradores rusos emigrados de la guardia blanca hubieran querido falsificar algo, habría resultado de ello un documento mucho más dramático. Para un juicio crítico sobre el documento (desde un punto de vista socialista) los dos puntos secretos mitigan un poco la impresión de un completo descuido de las reales cuestiones de poder: la indicación positiva de crear células comunistas en el ejército y de armar a los obreros y a los campesinos fue dada sólo el 3 de marzo; la orden detallada de enviar un gran número de comunistas y de otros obreros y campesinos revolucionarios al ejército (que ahora era el del Kuomintang de izquierda de Wuhan), junto a la indicación de proceder efectivamente a la confiscación de tierras por los campesinos,97 fue dada a fines de mayo de 1927, cuando ya era demasiado tarde, aunque no se proporcione un juicio excesivamente pesimista sobre la posibilidad que el PC tenía de librar con cierta probabilidad de éxito su lucha luego de la pérdida do su base principal de Shanghai. En todo caso, la dirección del partido comunista chino, en la sesión plenaria del CC del 13 de diciembre de 1926, ya en la fase de ascenso revolucionario advirtióque una radicalización del movimiento de masas acompañada por un viraje a la derecha de la dirección del Kuomintang y por la escisión posterior del movimiento nacional constituía el “peligro principal”, en lugar de reconocer en la primera el antídoto necesario contra la segunda; en particular, se negó a armar a los campesinos y proclamó el frente único con los “buenos notables” y con los pequeños y medios propietarios de tierras contra los “malos notables” y los Cien Negros. El representante del Comité Ejecutivo de la IC –probablemente Voitinski– llegó a alejarse, en la forma en que le era posible hacerlo, de la crítica dirigida en el curso del VII° Plenum del Comité Ejecutivo de la IC a la actitud del partido chino en la cuestión agraria.98
96 Ibíd., pp. 41-42.
97 Stalin, Marxism and the National and Colonial Question, pp. 210-211 y North-Eudin, op. cit., pp. 54 y 106-107.
98 Véase la “carta de Shanghai” reproducida en el apéndice a Trotsky, Problems of the Chinese Revolution, cit., pp. 398 y 417-420. La carta, fechada el 17 de marzo de 1927–yanterior por lo tanto a la catástrofe– lleva tres firmas rusas y alemanas: evidentemente fue escrita por una minoría de la delegación de la Comintern que estaba en desacuerdo con el representante de la Comintern de ese período, Voitinski, y apuntaba a lograr cambios de orientación, tal como se intentaron más tarde en el marco de la línea oficial de la Comintern con el envío de Roy. La actitud de los autores se
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Mientras tanto, se perdían una después de la otra, con excepción de Wuhan, las posiciones que el partido comunista ocupaba en las ciudades. El primer golpe fue sufrido en Cantón, donde Li Chi-shen, el comandante local que formaba parte de la extrema derecha del Kuomintang, sin encontrar ni la menor resistencia, destruyó no sólo las organizaciones comunistas sino que sustituyó al comité provincial del Kuomintang, compuesto de elementos de izquierda, con marionetas fieles a él: y sin embargo en Cantón –por lo menos en los papeles– el partido y la
organización juvenil tenían 10 mil militantes registrados; había además 80 mil afiliados a los sindicatos, y en los alrededores de la ciudad cerca de un millón de adherentes a las ligas campesinas, entre ellos 7.500 “Picas Rojas”; los 6 mil cadetes de la Academia de Wuhan estaban bien armados y eran influidos por los comunistas, pero debemos decir que el partido no se atrevía a dirigirse a ellos para no poner en peligro la alianza con el Kuomintang. Li Chi-shen disponía solamente de una división, que además ni siquiera compartía sus posiciones políticas; pero la derecha del Kuomintang logró empujar a la asociación local de los mecánicos –con 9 mil afiliados– al asalto de los ferroviarios adheridos a la federación revolucionaria.99 La posición más fuerte del PCC, Shanghai, el punto decisivo, cayó con honor en cuanto a la combatividad demostrada por la clase obrera, pero bajo la corresponsabilidad directa de los dos dirigentes más influyentes del partido, Chiwn Tu-hsiu y Peng Shu-chih, que permane- cieron en Shanghai, mientras que la mayoría de los dirigentes del partido (Chu Chin-pai, Chang Kuo-tiao y Li Li-san), en conformidad con las directivas de la Comintern, se mantenía en el mismo lugar en que se encontraba el gobierno, vale decir en Hangkow, y –junto a una parte de la izquierda del Kuomintang– llamaba a luchar enérgicamente contra el abusivo modo de actuar de Chiang Kai-shek. Los dirigentes del partido que permanecieron en Shanghai declararon que las discusiones surgidas en el Kuomintang sobre el desplazamiento de la capital (Wuhan o Nankang) eran solamente un conflicto interpersonal, apoyaron el avance de Chiang sobre Shanghai y se dirigieron a los obreros de la ciudad para que fueran a la insurrección,
caracteriza por el hecho de que consideraban a Chien Tu-hsiu como representante del centro del partido (Chiu Chiu-pai representaba la izquierda), un centro que podía ser conquistado si se lo trataba de manera razonable; justamente eso es lo que Roy intentó hacer más tarde. En el plano de los contenidos la “carta de Shanghai” nada tiene que ver con Trotsky, que en la época de redacción del documento no tenía todavía una posición autónoma respecto de la cuestión china: más tarde, lo publicó sólo a fin de “dar un golpe a Stalin” desconociendo evidentemente su posición real.
99 Mif, en “Bolshevik”, n.° 21. 1927.
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de manera de sostener su acción. La insurrección (febrero de 1927) fracasó. La minoría de izquierda de los funcionarios de Shanghai y una parte de la representación de la Comintern (de este ámbito proviene la“carta desde Shanghai”), sostuvieron en cambio la necesidad de conquistar la hegemonía por medio de una insurrección autónoma del proletariado de la ciudad. La insurrección de marzo de 1927 tuvo un éxito temporario:
por iniciativa de la dirección local del partido se estableció un “gobierno ciudadano revolucionario”, cuya mayoría estaba constituida por represen- tantes obreros (todos comunistas), y la minoría por representantes de la gran burguesía. En base a las concepciones tradicionales sobre el carácter de la revolución china (que en el fondo eran mencheviques), se le dejaron a esta minoría las posiciones más influyentes y se evitó la distribución de las armas a las masas obreras (la pequeña burguesía es ignorada); además no se opuso resistencia alguna a la salida de la ciudad de la 26° división del ejército nacional –pronta a resistir el ataque de Chiang Kai-shek– que, luego de haber sido organizada, fue llevada de nuevo a la ciudad y el 11 y 12 de abril se la empleó para reprimir por las armas a los obreros: su intervención terminó con una verdadera masacre.100
De esta comprobación puede concluirse que la temporaria catástrofe era inevitable y que el partido comunista chino podía estar conforme con haber salido de la prueba sufriendo pérdidas enormes pero sin una derrota moral, y por lo tanto con la posibilidad de un nuevo ascenso:
China, a diferencia de Alemania, no constituye un argumento contra la llamada “bolchevización de los partidos comunistas”, y menos todavía un argumento en favor de otro grupo dirigente, llamémoslo trotskista, en la Unión Soviética, aunque sus actos hubieran estado en general de acuerdo con las Sagradas Escrituras (y por lo tanto todavía en mayor contradicción con la realidad china). Más exacta es la comprobación de que todo el estudio de los problemas chinos en el ámbito de las disputas internas al partido soviético debía producir, forzosamente, perjuicios; aun las definiciones justas de los errores a evitar eran expuestas a una lectura distorsionada cuando a quienes las leían –y en particular a quienes querían darles una interpretación distorsionada– se les ponían bajo la nariz las declaraciones soviéticas sobre“elpeligro principal de izquierda”(que naturalmente se referían sobre todo a los desarrollos internos a la
100 Véase el discurso de Roy en el V° Congreso del PCC; North-Eudin. op. cit., p. 195; Communism and Nationalism, pp. 393-395.
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Unión Soviética). Pero la importancia de este elemento no debe ser sobrevalorada; la acentuación de la polémica antitrotskista en el estudio de los problemas chinos de parte de Stalin comenzó recién en abril de 1927, luego que Trotsky (a continuación de la catástrofe de Shanghai) descubriera la situación crítica del partido chino, “que era tal desde un año antes; y ella se refirió esencialmente al problema de si en China, y en particular en las áreas dominadas por la izquierda del Kuomintang, se debían constituir soviets como órganos de la inminente lucha por el poder (anteriormente Stalin se había ocupado sobre todo de la cuestión agraria–decisiva en efecto–, respecto de la cual había tenido razón, en lo esencial, y de la cuestión de la alianza con la “burguesía nacional”, en la que había cometido errores oportunistas). El choque con la oposición alcanzó el ápice solamente en el debate sobre las causas de la derrota china, que ya era un dato de hecho: entonces el debate contribuyóefectivamente a llevar a la liquidación de la política de coalición con el Kuomintang de Chien Tu-hsiu y a su remplazo por aventuras putschistas, en particular en el caso de la insurrección de Cantón, cuya responsabilidad, seguramente, debe ser imputada a Stalin, que trató de corregir el oportu- nismo del pasado a través de una iniciativa demasiado temeraria: él quiso demostrar la actual madurez (pero no la anterior) de China para la consigna de los soviets. Y sin embargo, en la historia del movimiento revolucionario –con o sin las bambalinas de las luchas de fracciones soviéticas–, nunca hubo una derrota que, a causa de la escasa disposición de los revolucionarios activos a aceptar el retroceso como fenómeno de larga duración, no haya sido seguida de aventuras de “izquierda”. Algunas de ellas, como la conjura de Gracus Babeuf en la historia de la revolución francesa y Cantón en la revolución china, asumieron una importancia simbólica cuando la temeridad del intento insurreccional pasó a segundo plano ante el heroísmo de los mártires y la importancia histórica mundial de lo que tenían que decir.
Más relevante para la valoración de la eficacia práctica de la Comintern es la cuestión de la medida en que hasta una resolución bien elaborada y que enfrentaba en los detalles prácticos los problemas de un determinado país, como lo era la resolución del VII° Plenum sobre China, podía influir sobre el desarrollo real de este país. Naturalmente, ella fue digerida rápidamente por los funcionarios que habían participado en su elaboración
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o que debían representar la línea de la Comintern en el país en cuestión:
pero a un círculo más amplio de funcionarios chinos le fue presentada sólo más de cinco meses después, en el informe de Roy al V° Congreso del PCC. En esa ocasión no sólo Roy, sino también el más desapasionado Mif,
observaron que por vez primera el partido comunista chino había estado iluminado sobre las perspectivas a largo plazo de la revolución china.101 Una lectura de los discursos de Roy (reproducidos en North y Eudin, op. cit.) revela que al partido no se le había dotado de mucho más: él representante de la Comintern se ocupó de las grandes perspectivas mundiales, pero no de los objetivos inmediatos de la acción concreta; en la medida en que no eran olvidados del todo, se las incluía localmente en las resoluciones.
En enero y a comienzos de febrero, Mao Tse-tung–elmayor organizador de campesinos de que disponía el partido, miembro de su comité central como también del comité central del Kuomintang, pero en ningún caso una personalidad que se hubiera considerado capaz de pretender la sucesión de Lenin y de Stalin– había emprendido un viaje de estudio a través de Hunan para analizar la actividad de las organizaciones campesinas locales que ya comprendían 2 millones de miembros (junto a los familiares sumaban una decena de millones de campesinos). Como lo observó en el prólogo a la reedición, en el primer volumen de su Obras Completas, del informe elaborado en aquella ocasión, éste estaba orientado contra la campaña de desprestigio del movimiento campesino revolucionario de parte del grupo dirigente de entonces (Chien Tu-hsiu y los suyos);102 la
observación final, ligada a una polémica –llena de tacto– contra el grupo de Chiang Kai-shek en el Kuomintang, de que “sin una pequeña dosis de bolchevismo” no se hubiera podido llevar a termino la revolución nacional, habla en favor de la hipótesis de que el informe estuviera dirigido también al Kuomintang de Wuhan, al que –como es evidente– Mao por ese
101 Véase North-Eudin, op. cit., pp. 78-79.
102 Por ejemplo la observación critica sobre las “personas aun muy avanzadas” (p. 40 en el volumen I de la edición rusa de las obras de Mao) que en la solidarización con el movimiento campesino no quieren ir mis allá de afirmar: “en tiempos de revolución estas cosas sou inevitables, aunque duras” (Mao pretendía una aprobación incondicional y tenía razón, porque los excesos–delos que él mismo decía que debían ser superados a través de la actividad
organizativa autónoma del movimiento campesino ensi–servían a la “izquierda” del Kuomintang como pretexto para las medidas represivas y eran mencionados aun por la dirección de derecha del PCC como argumento en su llamamiento al Comintern (documento n.° 29 de la colección North-Eudin).
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entonces pensaba poder convencer, al menos parcialmente. Mao analiza con claridad las diferenciaciones sociales existentes entre los campesinos, y también la función política decisiva de los campesinos pobres que constituyen el 70% del total,103 examina sus diferentes formas de acción, que van desde la presión moral ejercida sobre los notables hasta las medidas más extremas (en el caso de quienes en el pasado han asesinado
o torturado a campesinos prevén aún el fusilamiento), los diversos progresos que ellos han realizado, entre otras cosas la lucha contra los juegos de azar y sus efectos desmoralizadores, etc., contra la opresión de las mujeres.
En el plano político se enfatiza la eliminación de la vieja administración
oficial –que habitualmente es remplazada por una combinación de la nueva administración del Kuomintang con los representantes campesinos–y la sustitución de las “tropas de orden” organizadas por los propietarios de tierras, por una milicia campesina; en el plano económico, la prohibición de especular con el arroz,104 de aumentar los arriendos y los impuestos (y en parte su reducción forzada), la promoción del movimiento cooperativo y la exacción de contribuciones de los propietarios de tierras para el mantenimiento de diques e instalaciones de irrigación. La reivindi- cación central planteada en el informe es el traspaso de todo el poder en los distritos rurales a los comités campesinos, aunque no se excluye la colaboración con los órganos administrativos del nuevo poder estatal. Estas propuestas se corresponden con las del VII° Plenum del Comitéejecutivo de la IC, salvo que, en base a cuidadosas observaciones, las funciones de este nuevo poder son circunscriptas desde mucho más cerca; en la práctica, no se diferencian de las que más tarde se realizaron efectivamente en las “zonas soviéticas” bajo el nombre de “consejos de diputados”. Se mencionan reivindicaciones agrarias radicales sólo con la
observación muy genérica de que sin la victoria de los comités campesinos
103 Op. cit., pp. 49-50. K. A. Wittfogel (en The China Quarterly, n.° 2, p. 20. 1960) confunde esta cuestión con la de la importancia relativa de los campesinos dentro del movimiento revolucionario en su conjunto, que por otro lado no es tratada siquiera en un informe dedicado exclusivamente a los campesinos. Mao no deja subsistir duda alguna sobre el hecho de que siempre la ha considerado como central y de haber particularizado como causa fundamental de la derrota la subestimación de esta importancia de parte del grupo dirigente de entonces.
104 Las lamentaciones de los oficiales del Kuomintang sobre estas medidas que –evidentemente tocan los intereses de sus familias– eran mencionadas aun en la queja del 15 de junio de 1927 enviada a la Comintern por orden del Buró Político (de derecha) de Chien Tu-hsiu (North-Eudin,
op. cit., 338)
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en la lucha por el poder político“noexiste siquiera la posibilidad de una victoria en la lucha económica por la reducción de los arriendos y de los intereses, por la tierra y por los demás medios de producción, etc.”105 Al leer este texto no se tiene la impresión de que el problema “nacionalización de las tierras o reducción del 50% en los arrendamientos”, a la que según muchos autores se le dio una respuesta equivocada que contribuyó a llevar a la derrota, presentara interés alguno para Mao. Con toda probabilidad, a la par del VII° Plenum del Comité ejecutivo de la IC, ya entonces Mao era del parecer de que problemas de este tipo encontrarían una solución, en base a las posibilidades existentes en cada momento, luego del traspaso del poder político a los campesinos, pero que reclamar el socialismo significaba necesariamente, aun a largo plazo, plantear la reivindicación de la nacionalización de las tierras. En sus líneas de fondo la situación descrita en el informe de Mao sobre Hunan corresponde a la descripta tres meses más tarde, poco antes de la destrucción del movimiento campesino por el golpe de estado de los militaristas de Wuhan, en la resolución del V° Congreso de partido.106
Lo que mientras tanto había cambiado, o mejor dicho, se había precisado con mayor concreción, era la situación existente en el Kuomintang que tenía el poder.
105 Op. cit., 54. El subrayado es mío; lo he utilizado para refutar una interpretación errada de Wittfogel (op. cit., p. 21): él cita otra traducción –seguramente la inglesa– donde en lugar de“medios de producción” se lee “problemas económicos”, y deduce de ello que las palabras por mísubrayadas han sido agregadas al texto original de 1927 –que no he podido revisar– bajo el influjo de la crítica posterior de la Comintern. Pero la necesidad de una corrección tal aparece contradicha por el tenor de todo el informe y por su concreta coincidencia con la línea adoptada ya antes del VII° Plenum del Comité Ejecutivo de la IC. Si la traducción rusa “medios de producción”, en la que de todas maneras depositaría de nuevo mayor confianza que en la inglesa, es correcta, las palabras agregadas significarían a lo sumo sólo una explicación, porque también la tierra es medio de producción y para un marxista que escribe sobre problemas campesinos hasta el más importante. Si Mao hubiera sostenido al ala derecha del partido –cosa ya afirmada por Roy (en razón, como dicen North-Eudin, op. cit p 102, de un malentendido elemental)–naturalmente no habría asegurado la necesidad de reducir de manera drástica los arriendos y el traspaso del poder local a las organizaciones campesinas, medidas que (véase también la nota anterior) bastaban para empujar al Kuomintang al“otro”lado de la barrera, al lado que en el fondo le era congénito. Todas estas interpretaciones erradas son el fruto, por una parte, de la tradición de las luchas de fracciones rusas, según la cual la revolución china había sufrido las derrotas de entonces por los errores que significaban una desviación de la ortodoxia marxista; y por otra parte, de la transposición de condiciones existentes en Europa central y oriental donde la distribución de la tierra es efectivamente un problema central, a un país en el que la explotación principal de los campesinos se da a través del arriendo.
106 North-Eudin, op. cit., p. 260.
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En el curso de una conferencia dada el primer día del año en Nankang, Chiang Kai-shek, contra la oposición de los generales que apoyaban a la izquierda del Kuomintang, amén de la del ruso Blujer-Galen, había recla- mado la concentración de la avanzada principal sobre Nankín y Shanghai.
La argumentación fue presentada bajo formas técnico-militares pero ninguno de los presentes puede haber tenido dudas sobre el hecho de que un general que marchaba sobre Shanghai, donde podían ser concentradas naves de guerra y tropas de desembarco y donde en la concesión extranjera existían continuas razones de conflicto, estaba decidido al suicidio militar, o bien debía tener la intención de ponerse de acuerdo con el jefe local chino y extranjero, luego de haber aplastado por mutua decisión al Movimiento obrero comunista concentrado en la ciudad. Vista la miseria crónica en que abundaba China meridional, él habría de asegurarse de esta manera una posición de predominio respecto de todos los otros generales del Kuomintang. Para los rusos, que estaban acostumbrados a pensar en términos de política de poder, la cosa era más evidente que para los dirigentes del partido comunista chino, confundidos por la concepción de la función nacional del Kuomintang. Mientras estos últimos, el 8 de enero, declararon que el problema más urgente era la conciliación entre Wang Chin-wei y Chiang Kai-shek, Borodin, que seguía siendo el representante de los supuestos intereses político-estatales conectados al apoyo proporcionado al Kuomintang, atacó con claridad suficiente a Chiang Kai-shek cuando este formuló la exigencia bien transparente de desplazar la capital a la ciudad de Nankang, que controlaba, en lugar de hacerlo a Wuhan, con sus grandes industrias y en cuyos alrededores se encontraban los centros campesinos revolucionarios.
Al mismo tiempo, Mif,107 que en el aparato central de la Comintern era el máximo experto en problemas chinos, escribió sobre la tendencia de la burguesía –por otro lado escasamente desarrollada– a traicionar los intereses de la revolución nacional: de ello resultaba a su entender la necesidad de una lucha del proletariado por la hegemonía en esta revolución. Para él –como para la dirección del partido chino– la revolución agraria era un problema en absoluto marginal: hasta llegaba a particularizar una diferencia entre la presente revolución china y la
107 En “Bolshevik”, n.° 16. 1927.
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revolución rusa de 1905, tomada a menudo como término de comparación, en el hecho de que esta última había sido una revolución agraria por la naturaleza de los objetivos que se le planteaban. De las otras revoluciones coloniales, según Mif, la revolución china se diferenciaba por la indepen- dencia formal del país (de ello resultaba que la lucha debía ser enderezada más contra los fantoches locales del capital extranjero que contra sus agencias directas, y se distinguía de la Turquía kemalista por la existencia de un proletariado relativamente numeroso (5 millones de obreros de la industria, de los cuales dos en las grandes fábricas y 1,2 millones
organizados sindicalmente).
En la convicción –naturalmente no compartida por el ala derecha el partido chino– de que el factor decisivo de la situación era su propia
oposición a los comunistas, Chiang Kai-shek se encontraba de todas maneras de acuerdo con aquellos rusos que tenían ideas más claras. Inmediatamente después de su retorno a Nankang, el 19 de febrero, atacó de modo directo a los comunistas: todo fiel sostenedor del Kuomintang, dijo, debía creer sólo en los principios de Sun Yat-sen y en nada más.108 A grandes rasgos se trataba ya del programa de la masacre de Shanghai.
En Moscú, este desarrollo no pasó inadvertido: sí a principios de febrero Bujarin preveía en cautos términos el alejamiento de la burguesía de la coalición nacional-revolucionaria, un aumento de las tensiones en su interior, un desplazamiento de las relaciones de fuerzas dentro del Kuomintang y de su ejército, el Buró Político ruso advirtió, el 3 de febrero, como ya lo hemos visto, que los comunistas chinos debían reforzar sus posiciones en el ejercito, armar a los obreros y a los campesinos y trans- formar los comités campesinos en organismos de poder local.109 La dirección del partido chino rechazó esta línea: prohibió a las organizaciones juveniles constituir células comunistas en el ejército con los miembros suyos que habían entrado a formar parte de este”110 (lamentaciones de la federación juvenil por estas medidas y otras similares pueden haber contribuido a la formulación de las directivas). Por otro lado sería un error
108 North-Eudin, op. cit., pp. 47-48. Según los encargados de la edición de Communim and Nationalism los comunistas en lo esencial tenían razón cuando afirmaban que a partir de 1927 Chiang Kai-shek estaba de acuerdo con los japoneses.
109 Ibíd., p- 49.
110 Chitarov, op. cit.
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considerar fundamentales los contrastes internos: de otra manera la unánime reelección de Chien Tu-hsiu para la secretaría general del partido en el V° Congreso– un mes más tarde de la catástrofe de Shanghai y poco antes de la de Wuhan– hubiera sido imposible. Tampoco debemos dejarnos engañar por el hecho de que las publicaciones de la Comintern del período posterior (que en muchos aspectos fue hasta putschista), aconsejadas por la dirección del partido de entonces, acaso aun con la simple intención de mantener cierta continuidad, elogiaran con términos excesivos su historia precedente como “ala de Hankow” del Comité central111 todavía no dividido.112 El Comité Central reunificado en Wuhan, bajo la dirección de Chien, aun estaba en oposición al representante de la Comintern, Roy; los delegados del partido se diferenciaban de Chien sólo en algunos problemas particulares, por ejemplo en la crítica de la posición que él había asumido el 20 de marzo de 1926, cuando traicionó no solamente los intereses del PC: sino también los de la izquierda del Kuomintang: cuando se trató de dar un juicio sobre esta última, que ahora había traicionado abiertamente al movimiento revolucionario; también Li Li-san, a pesar de su vieja oposición a la conciliación de la dirección del partido con Chiang Kai-shek, pagó abundantes tributos a la tesis que acentuaba la función de la izquierda del Kuomintang en la revolución china.113
Más tarde, en su Revolución y contrarrevolución en China, Roy declararía que acaso la derrota local de Shanghai había sido inevitable: en todo caso, ello es verdad sólo en la medida en que la sublevación de la clase obrera de un fuerte centro proletario, en una situación revolucionaria del país en su conjunto, era concebida como deber irrenunciable que, de no haber sido cumplido, hubiera llevado a la desmoralización. En el desarrollo ulterior del partido comunista chino (que sin embargo había sido influido por la pérdida de sus posiciones de fuerza en las ciudades, en 1927) esta
111 Véase Capítulo II.
112 Véase por ejemplo Die Komintern vor dem VI. Weltkongress, Tätigkeitsbericht des Executiv- komitees (abgeschlossen am 1. Mal 1928), p. 479. Hamburgo. 1928.
113 En junio de 1927 Li Li-san se opuso, con todo el Buró Político, a la propuesta de Roy de emprender una huelga de protesta contra la sangrienta represión del movimiento revolucionario en Kiangsi -de parte de Ia “izquierda” del Kuomintang– porque una huelga tal habría de provocar la ruptura con el gobierno de Wuhan; tal ruptura se produjo efectivamente un mes después con las medidas de represión verificadas en el mismo Wuhan. De acuerdo a su consejo, se organizaron en cambio manifestaciones de bienvenida a los dirigentes del Kuomintang (“los héroes del ejército nacional”) al volver a Wuhan de la conferencia con Feng Yu-hsiang, dirigida contra los comunistas; tales manifestaciones–asu parecer– debían hacer comprender a la “izquierda” del Kuomintang que la clase obrera estaba interesada en que hechos como los de Kiangsi no se repitieran.
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concepción fue rechazada, pero todavía en 1934 Kara Murza y Mif –al escribir desde un punto de vista diametralmente opuesto al del maoísmo posterior– dieron una apreciación positiva de la insurrección de Shanghai, afirmando que ella había planteado en la revolución china la cuestión de la hegemonía del proletariado. Si lo hizo, por cierto que lo hizo en sentido negativo; la insurrección resultó efectivamente de la valoración errónea, no derivada lógicamente del leninismo, sobre un determinado partido nacionalista-burgués, a la que se agregó la incapacidad de un joven partido comunista de guiar a un movimiento consciente pero espontáneo aun en una situación de retirada. Sería entonces equivocado considerar el desarrollo del marxismo chino, que se inició con el fracaso de entonces, como el único posible en los países subdesarrollados. Pero está fuera de dudas que ese fracaso puso a la luz la contradicción existente entre las concepciones marxistas clásicas y las condiciones existentes en un país subdesarrollado, y por lo tanto iluminó también la necesidad de modifi- carlas cuando el marxismo enfrentaba los problemas de los países sub- desarrollados.
Shanghai señaló la primera gran crisis de la hegemonía proletaria en las revoluciones de los países semicoloniales, a la que luego siguieron muchas
otras crisis. Wuhan proporcionó el primer ejemplo de las consecuencias que tenía la idealización, de parte de un partido comunista de los aliados nacionalista-burgueses.
La ruptura de Chiang con el Kuomintang de Wuhan produjo naturalmente reacciones de este último: entre otras cosas, lo empujó a tomar posiciones radicales en la cuestión agraria.“Latierra a quien la trabaja!”, se lee entre
otras cosas en un llamado suyo del 15 de marzo. Ahora que Shanghai estaba perdida, Wuhan parecía haberse convertido en un puntal todavía más seguro de las fuerzas de izquierda. En“Pravda”, Stetski escribió que ahora que la burguesía se había puesto contra la revolución, los comunistas tenían la tarea de expulsar a los traidores contrarrevolucionarios del Kuomintang; Bujarin afirmó que se estaba acercando el momento previsto por el VII° Plenum del Comité Ejecutivo de la IC, en el que el proletariado debería elegir entro la alianza con los campesinos y la alianza con los burgueses. Todavía en mayo el VIII° Plenum afirmó que Wuhan estaba avanzando hacia una dictadura de los obreros, los campesinos y la pequeña burguesía, y que en el curso de este proceso eliminaría a las
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fuerzas de derecha; en un discurso del 24 de mayo, Stalin definió como terminado el tránsito de la alianza con la burguesía nacional a la lucha contra ella, de una política de la revolución pannacional a la lucha contra la burguesía nacional y a la revolución agraria114 (evidentemente se refería al momento de la catástrofe de Shanghai). La política sostenida por Trotsky no se diferenciaba de esta por la negación a servirse de la izquierda del Kuomintang: aun definiéndola imaginaría, para respetar el punto de vista de la mayoría de sus compañeros de oposición, Trotsky evitó exigir la salida del Kuomintang en un período en el que hubiera tenido todavía algún sentido sostener esta posición.115 A causa de esta precaución, y a pesar de toda la grosería en las cuestiones de forma, en los hechos la actitud de la oposición se diferenció de la de la mayoría del VIII° Plenum del Comité Ejecutivo de la IC solamente por su pretensión de hacer de la creación de los soviets el punto de concentración de la lucha por el control de la izquierda del Kuomintang y por el poder estatal, mientras el Plenum proponía resolver el problema de la organización del poder estatal local con la consigna “¡Todo el poder a los comités campesinos!”. En ese momento, Shanghai ya estaba perdida y la situación interna de Wuhan se mostraba precaria: había pocas posibilidades de constituir soviets ciudadanos, y el “poder de los comités campesinos” no podía de ninguna manera diferenciarse de los que en los años sub- siguientes se realizó en los sectores guerrilleros. Y sin embargo este desarrollo hubiera podido acaso cumplirse en condiciones más favorables si los comunistas lo hubieran preparado conscientemente; en cambio, ellos se aferraron hasta el fin al mito de una colaboración con por lo menos un ala del Kuomintang.
Wuhan nunca fue realmente una posición de poder. Su aislamiento de los
otros centros de alguna importancia provocó una grave crisis económica. Tratar de evitarla como quería hacerlo la izquierda del Kuomintang, por razones de prestigio y por competencia con los planes de Chiang Kai-shek, prosiguiendo la expedición al norte y unificándose con las fuerzas de Feng Yu-hsiang, significaba llamarse a engaño a sí mismos. En el caso de que eléxito hubiera sido total, en el ejército de Wuhan se habrían introducido por lo menos otra medía docena de potenciales Chiang Kai-shek: ya el
114 North-Eudin, p. 165 ss; Stalin, Obras (ed. rusa), IX, p. 284.
115 Ibíd.y p. 294; “carta de Trotsky a Shachtman” (10 de diciembre de 1930), citada en Problems of the Chinese Revolution, pp. 19-20; Deutscher, The Prophet Unarmed, pp. 328-329. Londres, 1959.
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modestísimo éxito parcial dio a la cúspide del ejercito de Wuhan la ocasión para aliarse con Feng Yu-hsiang contra los comunistas.
A diferencia de la mayoría del Congreso, Borodin y Chien Tu-hsiu consideraban a la expedición al norte como una razón suficiente para aplazar la reforma agraria en el área controlada por la izquierda del Kuomintang, porque la reforma hubiera podido crear tensiones en el cuerpo de oficiales, constituido por propietarios de tierras:116 ellos deben haber tenido ideas claras sobre lo que debía ser el verdadero carácter del gobierno al que en el plano formal definían como “forma de transición a la dictadura del proletariado, de los campesinos y de la pequeña burguesía”. Independientemente de la concepción de la competencia con Chiang Kai-shek en el plano del nacionalismo del Kuomintang, Chien Tu- hsiu aprobaba una marcha al noroeste por la razón de que en los centros urbanos en donde el imperialismo y la burguesía china eran más fuertes la revolución china no hubiera podido desarrollarse: así, él elaboró una idea que Sun Yat-sen ya había acariciado en horas particularmente difíciles117 y que, diez años más tarde, sería retomada por Mao, aunque luego de una derrota claramente definida como tal y en una situación en la que una retirada hacia el noroeste podía combinarse con un contraataque contra la invasión japonesa. Un punto subordinado respecto de estos problemas centrales era la utilización de la expedición al norte como justificación de medidas tendientes a acrecentar la disciplina en el trabajo:118 al fin de cuentas, el partido comunista, si su lucha, coronada de éxito, hubiera llevado a la formación de un gobierno popular dominado por él, habría debido tomar medidas mucho más drásticas.
Luego de dos días de incertidumbre, el Comité Central aceptó la expedición al norte, en la cual, dadas las relaciones de fuerzas, nada se hizo, como tampoco nada se hizo con las medidas de profundización de la revolución que Roy y una parte del Comité Central hubieran preferido a la expedición al norte. A fines de abril, el Comité Ejecutivo del Kuomintang celebró una reunión conjunta con los principales dirigentes comunistas sobre la cuestión agraria, en cuyo curso una parte de las organizaciones locales asumió posiciones más radicales que las de los comunistas. Durante las
116 Mif, en“Bolshevik”, n.° 23-24, pp. 102 y ss. 1927; North-Eudin, op. cit., pp. 61, 63 y 204. 117 Ibíd., pp. 76, 170 y 200-201.
118 Ibíd., pp. 186-187.
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tratativas en las comisiones, el partido comunista cambió cuatro veces su punto de vista, se pronunció (sólo“enprincipio”) por la confiscación de las grandes propiedades de tierras, pero también por la represión“delos excesos dirigidos contra los propietarios de tierras, la pequeña burguesía y los militares” (vale decir justamente contra aquellos actos de la iniciativa de masas que Mao había defendido en su informe).119 Con toda evidencia esta cuestión de poder, es decir la constitución de un efectivo auto- gobierno campesino, tenía una importancia mucho mayor que otra cuestión, tan cara a la mayoría de las fuentes comunistas, la de la cantidad máxima de tierras a dejar en manos de cada uno de los propietarios (un problema al que la revolución maoísta trató luego con mucha mayor prudencia).
Los argumentos de Roy contra quienes ante las dificultades de Wuhan se proponían huir hacía cualquier lado,120 revelan ya la dificultad en que abundaba la revolución luego de la pérdida de la base de Shanghai, que en el plano militar había sido indefendible. Pero el camino que la revolución china emprendió bajo la presión de las derrotas, en un primer tiempo le estaba vedado a causa de su sujeción a la base ciudadana, determinada ya por el origen del partido ya por su ideología. En el V°Congreso del Partido, Tian Ping-shan (¡destinado a convertirse en ministro de Agricultura!) declaró que el PC era el partido del proletariado y que el trabajo entre los campesinos podía ser dejado al Kuomintang. Cuando, algunas semanas más tarde, el comité provincial del partido de Hunan decidió reconquistar con los campesinos armados la capital de la provincia, que estaba ocupada por un general reaccionario, un miembro del BuróPolítico del PCC declaró que en este caso, Tiang Sheng-chih (el comandante supremo de Wuhan para congraciarse con el cual y con los otros se estaba dispuestos a todo compromiso, habría tomado Wuhan, liquidando el gobierno nacional:“deesa manera, tomando Chiang-sha, perderíamos Wuhan”.121
119 Ibíd., pp. 74 y 295-296; Die Komintern vor dem VI. Weltkongress, p. 482. 120 North-Eudin, op. cit., p. 214.
121 Tsiai Ho-shen, op. cit., p. 106.
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Se había construido un castillo de papel porque, contra los principios más elementales del marxismo, en lugar de basarse en las masas, se llegaba a cifrar todo en acuerdos con politicastros y generales. De ello eran corresponsables Stalin y la Comintern, en la medida en que, aun urgiendo–contra Borodin y la mayoría del Buró Político– para que se preparara la liquidación de la alianza, habían proporcionado la etiqueta necesaria para embellecer esa liquidación y, junto al diplomático militar Borodin (que conocía perfectamente su oficio pero lo concebía sólo como conquista–naturalmente fallida– de otro ejército nacional para una política de apoyo a la Unión Soviética), como representante de la Comintern habían enviado al propagandista Roy, capaz de hacer bellos discursos sobre tesis abstractamente correctas, pero incapaz–enuna cuestión en la que era apoyado desde Moscú por Stalin y localmente por los funcionarios directamente ligados a las masas– de servirse de los extraordinarios y plenos poderes que lo investían. Cuando, en el V° Congreso del partido chino, Chien Tu-hsiu previó aun demasiado correctamente (pero natural- mente gran parte de la responsabilidad de ese desarrollo recaía sobre la política que había llevado), que el siguiente periodo de la revolución sería un período de retraso, Roy declaró en términos muy patéticos que en el partido comunista no había lugar para una teoría de ese tipo;122 pero el lugar para ella, evidentemente, estaba en la cúspide del Buró Político del Comité Central, sólo con la premisa de que los hombres que alimentaban esta convicción votaran de manera disciplinada por la aceptación de tesis correspondientes a las más recientes resoluciones de la Comintern. Solamente uno de los funcionarios dirigentes, Chan Tiat-lei, tuvo la franqueza de condenar la línea de la Comintern como desviación de izquierda y la colaboración dentro de la democracia revolucionaria (vale decir con los vértices del Kuomintang) como dañina.123 En todas las cuestiones controvertidas que debieron ser resueltas en el curso de la crisis posterior, Roy estuvo solo, o sostenido apenas por uno o dos miembros del Buró Político: a menudo, hasta no se pusieron en práctica las resoluciones adoptadas.
122 Ibíd., p. 192. 123Ibíd., pp. 210-211.
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Exteriormente, el V° Congreso, que se celebró desde el 27 de abril hasta el 9 de mayo, señaló por muchos años–enlo que respecta a las posiciones en las ciudades por más de veinte años, la toma del poder– el ápice del desarrollo del comunismo chino. El partido contaba con 55 mil miembros, influía–asíse decía– a 2 millones 800 mil obreros organizados sindical- mente y a 9 millones 720 mil campesinos organizados en las ligas: el número de adheridos a estas últimas, en el lapso de pocos meses, había subido en Hunan de 2 a 5 millones, en Hupeh de 60 mil 2 millones 500 mil. La organización juvenil tenía 35 mil afiliados,124 pero la oportunidad de su existencia autónoma fue puesta en duda al afirmarse que de alguna manera el 60% del proletariado chino estaba constituido por jóvenes; es probable que la razón de fondo residiera en el hecho de que en el ComitéCentral sus representantes habían votado a favor de la realización de la revolución agraria y habían luchado contra diversos errores oportunistas (Chitarov, al que debemos esta narración, observa que esa crítica se debilita por el hecho de que también en la Federación juvenil, Chien Tu- hsiu tenía una autoridad extraordinaria; en el partido “regía en amplia medida un sistema patriarcal”.
Menos de dos semanas después de la conclusión del V° Congreso partidario, y todavía antes de que se reuniera el VIII° Plenum del Comité ejecutivo de la IC, sobrevino la crisis decisiva. Cubiertos por el silencio –ello no excluía de ninguna manera la posibilidad de una condena formal– del comandante supremo de Wuhan, Tiang Sheng-chih, que se hallaba también compro- metido en la expedición muy formal al norte, dos comandantes locales del Kuomintang, Hsia Tou-yin el 18 de mayo en el sur de Hupeh, y Hsiu Kio- hsiang en Changsha el 21 de mayo, emprendieron ataques contra el gobierno central de Wuhan y contra el gobierno provincial, orientado hacia la izquierda, de Hunan. Las acciones fueron libradas por fuerzas irrisorias: en cada uno de los casos con menos de 2 mil hombres, Hsia Tou-yin en el curso de una semana pudo ser rechazado por el comandante (comunista) de la guarnición de Wuhan, Yeh Ting, ayudado por algunos centenares de estudiantes de la academia militar movilizados apresurada- mente. Hsiu Kio-hsiang, tomando como pretexto los excesos de las ligas campesinas y los perjuicios resultantes para los intereses de los oficiales (propietarios de tierras), disolvió el gobierno provincial de Hunan e inició
124 Die Komintern vor dem VI. Weltkongress, p. 477. 108
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una violenta represión contra los funcionarios de los sindicatos y de las
organizaciones campesinas. Diez días más tarde, los comunistas locales
organizaron un contraataque con más de 7 mil campesinos armados, pero justo antes de alcanzar la ciudad recibieron la orden del Buró Político de dar marcha atrás, porque la dirección del partido confiaba en la promesa hecha por Tiang Sheng-chih de arreglar “pacíficamente” el incidente. Como es natural, Hsiu acentuó la represión terrorista contra los grupos campesinos en retirada y contra los comunistas de Changsha; el comitéíntegro de la Federación juvenil urbana fue pasado por las armas.125
Ante un viraje decisivo de la revolución la dirección del partido hizo justamente lo que el VIII° Plenum del Comité ejecutivo había advertido que no debía hacerse; trató el frente único nacional como un acuerdo de vértice con el Kuomintang (con su ala izquierda) y con sus generales (en los mismos días, luego de un largo retraso debido a dificultades técnicas ridiculas, los dos ministros comunistas tomaron sus cargos). Es casi imposible establecer si luego de la pérdida de Shanghai, enérgicos contra- ataques contra la reacción organizados por la dirección del partido comunista hubieran podido llevar a una victoria de la izquierda en gran parte de China (otro problema es si el poder conquistado se hubiera podido llamar correctamente “dictadura democrática de los obreros y de las campesinos”): pero está fuera de duda que las perspectivas de la lucha posterior de los guerrilleros campesinos hubiesen sido mucho mejores si a su lado hubieran sido dispuestas grandes formaciones militares concen- tradas a su debido tiempo en los centros del movimiento campesino en lugar de unos pocos destacamentos debilitados y desorganizados por largas marchas de retirada, y si en las ciudades ellas hubieran sido apoyadas por organizaciones de partido listas a pasar a la ilegalidad en el
125 Ibíd., p. 482; North-Eudin, op. cit, pp. 96 ss., 290 y 237; Mao Tse-tung, Obras Escogidas (edición rusa), I, pp. 166-167 y 169. Mao subraya que una parte de las formaciones campesinas rechazadas formó un regimiento especial que se pasó a la lucha guerrillera, se unificó con el regimiento de guardia primero del gobierno nacional (comandado por Yeh Ting), que había dejado Wuhan en agosto, luego de la insurrección de Nankang, y junto a las formaciones armadas de los mineros de Pinghsiang inició la llamada “insurrección de la cosecha de otoño”. Cuando la insurrección fue aplastada, las formaciones armadas, bajo el comando de Mao, se retiraron a las montañas de Ching Kanshan (en la zona fronteriza entre Hunan y Kiangsi) donde constituyeron un núcleo del futuro Ejército Rojo y del primer sector soviético. Naturalmente, Mao está interesado en subrayar la continuidad del movimiento y no en destacar las derrotas, con independencia de la condena a la traición implícita en el comportamiento de Chien Tu-hsiu: en todo caso este cuadro trazado por quien tomó parte directa en los acontecimientos concilia mal con el cuadro de completa desmoralización delineado por Roy (en Revolution und Gegenrevolution in China) y otros autores, que está condicionado sobre todo por el derrumbe del viejo partido.
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momento oportuno. Pero todo esto hubiera presupuesto una valoración correcta y adecuada del verdadero carácter aun del Kuomintang de izquierda.
Desilusionado por la reacción de la dirección del partido ante el golpe de Changsha, Roy decidió convocar una sesión plenaria extraordinaria del Comité Central, en la que intervinieron también las dirigentes locales; la dirección del partido chino, recurriendo a pretextos, rechazó el pedido y luego Roy se dirigió directamente a Moscú. El primero de junio recibió la ya mencionada directiva de Stalin de proceder de manera directa a la revolución agraria y a la organización de un poder armado propio en Hunan y en Hupeh. Pero Borodin definió como “ridículas” aquellas directivas y dio respuestas dilatorias; Roy sostuvo la línea propuesta en artículos y en tratativas privadas con Wang Chin-wei. en cuyo izquierdismo confiaba y para quien las informaciones recibidas sobre las intenciones de Moscúrepresentaban solamente una razón más para despedazar las posiciones de los comunistas; Tsiai Ho-shen, que no era adversario de Roy, declarómás tarde que si éste, en lugar de perderse en habladurías, hubiese mostrado los puños al Buró Político, lo habría obligado a ceder y a aceptar su plan (vale decir el plan de Moscú).126
Así la historia tuvo su curso. La dirección del partido apeló a la dirección de “izquierda” del Kuomintang para que actuara contra sus hombres que, en realidad, habían desencadenado el terror contra el movimiento obrero y campesino a partir de una precisa disposición suya, y Roy mismo se dirigió al “general cristiano” Feng Yu-hsiang, cuyo ingreso a la coalición de Wuhan había sido esperado por los jefes del movimiento para poder romper con los comunistas. Al tratar la delimitación de sus respectivas funciones con la dirección del Kuomintang, el Comité Central del PCC, el 3 de julio, aprobó una resolución que“enla práctica privaba al partido de toda autonomía ideológica y organizativa, consignándolo en manos del Kuomintang.”127 A esta altura de las cosas, aun Bujarin comprendió final- mente que el papel revolucionario del gobierno de Wuhan había dejado de existir.128 El 14 de julio, el Comité Ejecutivo de la IC publicó una carta abierta a los miembros del partido en la que los empujaba a convocar una
126 North-Eudin, op. cit, pp. 106-109.
127 Die Komintern vor dem VI. Weltkongress, p. 4S4. 128 “Pravda”, del 10 de julio de 1927.
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conferencia extraordinaria (que se reunió el 7 de agosto) para destituir al Comité Central; había que desenmascarar a la dirección pequeñoburguesa y traidora del Kuomintang pero seguir colaborando con el partido del Kuomintang en cuanto tal. Ya el 13 de julio el Comité Central del PCC–acaso ya en posesión de directivas directas– había exigido la salida de los comunistas del gobierno de Wuhan y la constitución de células para la infiltración revolucionaria en el Kuomintang (luego de haber formado parte de él durante dos años): él documento, hallado tres días después, sirvió como ulterior pretexto para continuar con el terror blanco, que en la zona de Wuhan estaba ya en pleno curso.129 Pero el de agosto, sin esperar el inevitable desarme, se levantaron las tropas de la guarnición de Nankang guiadas por los comunistas: para escapar a la presión en el valle del Yang-tse y seguramente también con la ilusión –que luego llevó a la insurrección de Cantón– de que en el sur, de donde había llegado el Kuo- mintang, se pudiera crear una nueva base revolucionaria, el ejército conducido por Yeh Ting y Ho-lung marchó sobre Chao-Chao y Swatow. Después de haber sido rechazado, se refugió en las montañas donde constituyó el principal sostén de las insurrecciones campesinas y luego, con los guerrilleros-campesinos de Hunan dirigidos por Mao Tse-tung, una de las componentes fundamentales del Ejército Rojo chino en formación. El hecho de que desde los comienzos hasta los años en que el Ejército Rojo chino se convirtió en un real factor de lucha Trotsky haya hablado solamente con desprecio de esta lucha heroica que luego–deuna manera que naturalmente no se adaptaba del todo a su esquema– contribuyó a hacer la historia, habla acaso en favor de su “pureza” dogmática pero no por cierto en favor de su tacto –digamos– revolucionario.130 El partido
129 North-Eudin, op. cit., pp. 124-125.
130 Problems of the Chinese Revolution, pp. 149-50 y 232-3. La política agraria no suficientemente coherente del ejército de Nankang ha sido criticada oficialmente por los comunistas ya en el momento de los hechos, y luego se la definió como causa del fracaso (en todo caso respecto de las expectativas demasiado optimistas). Véase las respuestas de V. Astrov a las preguntas de los lectores en “Bolshevik”, 1927, n.° 19-20 (del 31 de octubre de 1927) y el discurso de Lominadze en el XV° Congreso del PCUS (actas, pp. 738-739 de la nueva edición de 1962), donde las células del ejército de Ho Lung y Yeh Ting (el representante del Comité central agregado al de los dirigentes de la derecha), fueron criticadas por haberse opuesto a la confiscación de las propiedades en tierras inferiores a los 200 mu (12 hectáreas); en las condiciones existentes en Kwantung este límite significaba la renuncia a la reforma agraria, si exceptuamos unas pocas propiedades muy grandes. Seis meses más tarde, en el informe del Comité Ejecutivo de la IC al VI° Congreso mundial (op. cit., p. 482) la equivocada política agraria de las tropas rebeldes fue definida como causa principal de su fracaso:“alos elementos reaccionarios les fue más fácil presentar a los campesinos este ejército comunista como constituido por los mismos saqueadores que forman las otras tropas militaristas, de manera que esos campesinos huyeron al verlos aparecer en las cercanías de las aldeas”.
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ruso extrajo conclusiones de cuanto había sucedido en el curso de la sesión plenaria conjunta del Comité Central y de la Comisión Central de Control, entre los días 29 de junio y 9 de agosto (vale decir a la par de la conferencia extraordinaria del partido chino) y que fue dedicada esencial- mente al intento de Stalin (fallido por el momento), de excluir a la
oposición. El punto 19 de la resolución adoptada en esa ocasión comprueba la existencia de tres posiciones distintas sobre la cuestión china: la primera,“dederecha, que se pasa inmediatamente al menchevismo”, se proponía mantener con vida a cualquier costo“elfrente único nacional- revolucionario”; la segunda, trotskista, intentaba (aunque sólo a posteriori, porque sus sostenedores, hasta ese momento, habían compartido la política llevada por la Comintern) negar en principio la admisibilidad de compromisos con la burguesía nacional; la tercera, leninista, se basaba en el análisis de las distintas etapas de la revolución, de los pasajes del estadio burgués al democrático-burgués y más tarde al socialista, y modificaba su táctica, de acuerdo con este análisis. La “utilización”temporaria del Kuomintang de Wuhan fue definida como justa: del fracaso se declaró corresponsable al partido comunista chino que se negaba sistemáticamente a seguir las directivas de la Internacional Comunista (definidas aquí implícitamente como correctas); al retraso temporario de la revolución, sin embargo, habría de seguir una nueva fase de ascenso. El objetivo de lucha continuaba siendo individualizado en la“dictadura democrática del proletariado y de los campesinos”; ahora se trataba de propagar la creación de soviets de los obreros, campesinos y artesanos (cosa que Stalin se había negado a hacer mientras ello podía
Evidentemente, los campesinos no aman particularmente a los ejércitos que por su naturaleza están obligados a efectuar requisas: para conquistar sus simpatías un ejército –como sucedió en la guerra civil rusa– victorioso, debía superar tales antipatías con reformas sólidas en beneficio de los campesinos. El hecho de que el comportamiento del Ejército de Yeh Ting y de Ho Lung en relación al problema de la distribución de las tierras haya sido una continuación de los errores cometidos en Wuhan respecto de la “izquierda” del Kuomintang o de que, en cambio, haya sido una inevitable consecuencia de la estructura agraria del Suroeste de China, y que por lo tanto estaba poco indicado como nueva base revolucionaria (si no se quería suscitar la hostilidad de los campesinos más ricos), es un problema ajeno a este análisis de la revolución china.
Pero problemas de táctica revolucionaria de este tipo se diferencian profundamente de lo que Trotsky dice sobre el Machnoputschismo (una referencia al conocido jefe anarquista que durante la guerra civil rusa actuó en Ucrania) o sobre las operaciones de Chuh Teh de 1929 (vale decir del Ejército Rojo ya organizado); Trotsky habla de “aventurerismo” sin bases en la situación interna china, pero provocado en cambio por directivas llegadas de Moscú, y elaboradas probablemente para influir en el conflicto ferroviario que se había abierto en Manchuria. Declaraciones de este tipo–aunque hechas por un hombre convencido de haber sido exiliado equivocadamente– ya no forman parte de una polémica interna entre marxistas.
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representar una amenaza para la alianza todavía existente con el Kuomintang) y cuya realización práctica debía comenzar sin embargo
solamente en caso de una nueva ola revolucionaria.
A diferencia de la resolución del VIII° Plenum (mayo) del Comité Ejecutivo de la IC,131 que no podía influir sobre el desarrollo de los eventos en China (ni siquiera se tuvo en cuenta el telegrama de Stalin sobre el armamento de la clase obrera y sobre la necesidad de iniciar la revolución agraria que subrayaba sus aspectos más activistas), las decisiones de la sesión plenaria conjunta del Comité Central y de la Comisión Central de Control de julio-agosto de 1927 fueron redactadas con pleno conocimiento de causa y evitan, naturalmente, las afirmaciones sobre la utilización del gobierno de Wuhan para fines revolucionarios, sobre la vigorización de su autoridad, etc. Pero ellas están signadas por la misma tendencia a tener la razón en relación a la oposición, tendencia que, sin embargo, a esta altura, puede ahora expresarse solamente al afirmar que la precedente postura de la oposición–ala que no se llama por su nombre–, en aquellaépoca era equivocada y que sólo ahora se ha vuelto utilizable, luego que en el verano de 1927 el gobierno de Wuhan ha perseguido a los obreros y a los campesinos, dejando por lo tanto“deser realmente revolucionario”. Pero, de la intención de justificar la pasada colaboración con el Kuomin- tang (que sin embargo había sido sostenida en ese tiempo también por gran parte de la oposición interna rusa) derivaba con demasiada facilidad la tendencia para el futuro a acoger la consigna de los soviets –en contraste con la letra de la resolución– como programa de acción inmediata: en el marco de la tradicional ideología de partido, ello debía resolverse en las desesperadas tentativas de tomar el poder en las ciudades. Lo que queda es la lucha contra la oposición, que recurre a analogías totalmente inapropiadas con los mencheviques de 1905 cuando rechazaban una participación de la socialdemocracia en un eventual gobierno provisional (en todo caso un gobierno revolucionario provisional en la Rusia de 1905 no hubiera dependido, como el Kuomintang de Wuhan, del favor de generales reaccionarios: la actitud de rechazo de los mencheviques en aquella época tenía el significado de atribuir a la burguesía la responsabilidad de la revolución que según las premisas sería puramente burguesa, y de “reservar” al proletariado como partido de
131 Texto en Strategie und Taktik, pp. 167 ss.
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oposición. En la China de 1927, en cambio, nadie había negado el carácter democrático-burgués de la revolución: la controversia, extraordinaria- mente exagerada por ambas partes a causa del odio entre fracciones que destrozaba al partido ruso, de hecho se refería a la cuestión de cómo se podía proteger de la mejor manera esta revolución contra la traición de la gran burguesía reaccionaria y de las camarillas de generales a ella ligadas). En la resolución de agosto, se les hizo de nuevo a los trotskistas (rusos) el reproche de que aplicaban la negación a un compromiso con la burguesía liberal, correcta durante la revolución rusa de 1905, a las condiciones totalmente distintas existentes en un país colonial –naturalmente se dijeron también grandes discursos alrededor del problema de que el Kuomintang pudiera encamar efectivamente una burguesía liberal (vale decir aquel progreso que, con razón, era definido como insuficiente para la Rusia de 1905). La solución real de la contradicción hubiera consistido en la comprobación de que el tradicional esquema marxista de las revoluciones democrático-burguesas y socialista-proletarias era inaplicable a los países coloniales y que en realidad la alternativa real estaba entre un estadio puramente nacionalista y para nada democrático y un estadio democrático– plebeyo con la perspectiva de evitar el camino del desarrollo capitalista.
Pero en 1927 todavía se estaba bien lejos de reconocerlo, y si algunas personas lo hubieran comprendido, se habrían cuidado mucho de propor- cionar a sus adversarios de fracción la posibilidad de conquistarse victorias fáciles recurriendo al instrumento habitual de las citas de los “clásicos”.
A pesar de las terribles consecuencias de la derrota, parece no haber sido fácil superar la autoridad de Chien Tu-hsiu (que dimitió personalmente antes de la conferencia de agosto, protestando contra su condena por el Comité Ejecutivo de la IC). Chitarov comprueba que aun en la Federación juvenil, que a diferencia de la dirección del partido se había pronunciado por la iniciación de la revolución agraria, por el armamento de los obreros y de los campesinos y, luego del viraje contrarrevolucionario en Wuhan, por la lucha contra Wang Chin-wei–yque por lo tanto había asumido ya antes de la conferencia de agosto la actitud aprobada por ésta–, la autoridad de Chien Tu-hsiu era enorme;“enel partido reinaba un sistema
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patriarcal”.132 Luego, bajo el influjo de las luchas libradas en la fase de repliegue y de una valoración excesivamente optimista de ocasionaleséxitos parciales logrados en el curso de la marcha hacia el sur por el ejército de Nankang (que objetivamente no representaba sino el traspaso a la lucha guerrillera de los campesinos), parece haberse producido el cambio en dirección a una actitud voluntarista de ultraizquierda. El grupo dirigente conducido por Li Li-san, elegido por la conferencia de noviembre de 1927, extrajo de la lucha contra el oportunismo la conclusión de un planteo, como objetivo de acción práctica, de la lucha por el poder de los soviets de los diputados obreros y campesinos. Un golpe de mano en Cantón, intentado sin ninguna base de masa seria y aplastado con terribles pérdidas, basado en los cadetes de la academia militar de Whampoa como principal fuerza de choque, debía señalar el comienzo del nuevo curso y representar su símbolo.133 Tal hecho debe vincularse directamente a la intervención personal de Stalin que, contra los trotskistas recién excluidos del partido ruso, pretendía dar una prueba de su actitud esencialmente revolucionaria y para este fin envió a Cantón a dos
organizadores prácticos de la tentativa, Lominadze y Heinz Neumann (ambos cayeron más tarde víctimas de la gran purga como representantes de la orientación extremista de izquierda); como lo comprobó el IX°Plenum del Comité Ejecutivo de la IC en febrero de 1928, tampoco el (nuevo) Comité Central del PCC había sido informado sobre el particular, para no hablar de la ausencia de soviets elegidos por la base. Al representante del Comité Ejecutivo de la IC (¿era Lominadze?) se le reprochó que, repitiendo el error cometido por Trotsky en 1905, hubiera caracterizado como “permanente” a la revolución china: en efecto, se estaba asistiendo a una cierta consolidación de las fuerzas contrarre- volucionarias, pero existían los síntomas de una nueva ola revolucionaria (entre esos síntomas son mencionadas las áreas soviéticas locales); pero se advierte que“nohay que enamorarse del movimiento guerrillero” pues, a causa de su aislamiento, dicho movimiento estaba condenado a la
132 Der Kampf um die Massen: vom 2ten zum 5ten Weltkongress der Kommunistischen Jugend- internationale, vol. III, cap. VIl. Esta formulación es utilizada también por Mif,“Bolshevik”, n.° 23-24, p. 102. 1927.
133 Ese movimiento es considerado como tal no sólo en el capítulo chino de Die Komintern cor dem VI. Weltkongress, p. 1486 –redactado naturalmente por d grupo dirigente de Li Li-san–, sino también, siete años después, en Strategie und Taktik der Komintern, que lo relaciona a las áreas de los soviets campesinos. Mao se conforma con pagar un tributo moral a la lucha heroica de los compañeros.
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derrota. Entre marxistas serios no podían subsistir divergencias de
opiniones acerca del hecho de que, luego de Cantón, la lucha contra el putschismo debía ser definida como urgente. Todavía no se sabía si la tendencia–enaquel tiempo escasamente consciente de sí misma–134 que bajo el nombre de“maoísmo”habría de influir profundamente sobre la historia china y no solamente sobre ella, estaría en condiciones de fortalecerse por lo menos en una posición modesta, donde pudiera recoger las experiencias necesarias para su consolidación.
En la primavera de 1928, cuando fue redactado el informe de la Comintern para el VI° Congreso mundial, se le atribuía al PCC una fuerza organizada de alrededor de 30 mil miembros, concentrados tanto en los mayores centros proletarios (Shanghai y Hankow), como en los sectores donde el desarrollo del movimiento campesino era más fuerte, en los distritos soviéticos del Kwantung, de Hunan y de Kiangsi. Hasta Roy, que en esaépoca ya se oponía a la Comintern, reconoció que el partido sobrevivía a pesar del terror en las ciudades, como también el hecho de que ahora se había vuelto en gran parte un partido campesino, al que consideraba–asícomo al resto de la evolución de conjunto posterior a la insurrección de Nankang– una desviación de su camino de desarrollo natural;135 en todo caso, Roy no llegó al extremo de decir, como en cambio lo hizo Trotsky,136 que el reclutamiento de decenas de millares de campesinos, luego de la derrota sufrida en las ciudades pero de todas maneras en un país esencial- mente agrícola, representaba un “síntoma alarmante” de la declinación del partido. Inmediatamente después de la derrota de la Federación juvenil, a causa de las persecuciones y de la fluctuación de sus miembros más jóvenes, había perdido casi las dos terceras partes de sus afiliados, pero pronto volvió a tener 15 mil (sin tener en cuenta a los que se encontraban en las zonas soviéticas totalmente aisladas y en aquel tiempo todavía muy débiles).137
La amarga experiencia de la revolución china ha fijado su impronta a la posición de la Comintern en relación a todos los movimientos coloniales; ello vale en particular para la India, el país que, como sabemos, había dominado la consideración originaria de los problemas coloniales en
134 Véase luego, capítulo IV
135 Revolution und gegenrrevolution in China, p. 428. 136 Problems of the Chinese Revolution, p. 160.
137 Chitarov, op. cit.
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mayor medida que China, y del cual, en todo caso, si se quería partir de una caracterización exclusivamente económica, había que esperar con mayor probabilidad un movimiento proletario más avanzado. Durante el período 1925-1927, en cuatro áreas se habían desarrollado partidos
obreros y campesinos, originalmente como organizaciones de ala izquierda en el interior del Congreso nacional: sólo dos de ellas –las de Bombay y Bengala– desarrollaban una actividad de cierto relieve y fueron justamente ellas las que pidieron la creación de un partido obrero autónomo. La desilusión de los autores del informe del Comité Ejecutivo de la IC para el VI° Congreso mundial, causada por la experiencia china, se expresa en el hecho de que declararon como síntoma de su origen pequeñoburgués la tendencia de los partidos obreros y campesinos a representar sus reivindi- caciones en el ámbito del Congreso nacional y de que hasta se indignaron por la propensión de esos mismos partidos –que en el fondo es más que natural desde un punto de vista leninista– a “colaborar con otras
organizaciones que se ubican en la misma plataforma y que están dispuestas a luchar por la conquista de la plena independencia respecto del imperialismo”.
Al grupo dirigente del Partido Obrero y Campesino de Bengala se le reprocha el que haya sostenido (en su informe de marzo de 1928), que su posición en el partido del Congreso no se fundaba en la comprobación de su carácter burgués sino, en cambio, en la insinceridad de su lucha contra el imperialismo británico; y por lo tanto, se le reprocha haber actuado en la práctica más como ala izquierda del Congreso que como partido obrero autónomo:138 una crítica de este tipo tenía sentido solamente si la reivindicación de la independencia nacional no era ya considerada como central y si para la India se esperaba una revolución inmediatamente anticapitalista, análoga en principio a la que se perfilaba en los países industriales avanzados. Pero las premisas para el logro de un objetivo tal eran desfavorables aun dentro del movimiento obrero. Hasta de los
obreros organizados sindicalmente, en total una décima parte de los
obreros y empleados,139 sólo una minoría estaba organizada en los sindicatos rojos. En este aspecto, la situación india era profundamente distinta de la china, donde el movimiento sindical se había desarrollado desde sus orígenes bajo dirección comunista. La orientación unilateral de
138 Die Komintern vor dem VI. Weltkongress, p. 537
139 Verhandlungen des V. Kongresses der Roten Gewerkschaftsinternationale, p. 542 117
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la Comintern, o de quienes le proporcionaban los materiales concernientes a la India, en relación al proletariado industrial se expresa también en el contenido del pasaje que trata del gandhismo en el programa de la Inter- nacional Comunista adoptado por el VI° Congreso mundial: el gandhismo queda caracterizado como ideología reaccionaria-pasiva que, en el proceso de desarrollo de la revolución, se transforma abiertamente en poder reaccionario. Se da entonces de él una caracterización mucho más negativa que la del sun-yat-senismo, tratado en el parágrafo anterior, y del cual (evidentemente con el propósito de justificar la política precedente de la Comintern) se dice que“enel primer estadio de la revolución china ha desarrollado un poderoso papel positivo”, pero que naturalmente, en su ulterior decurso, “con la progresiva diferenciación de clases, se ha transformado, de forma ideológica (del desarrollo de la revolución china) en un impedimento”. Es probable que si hubieran asistido a una verdadera revolución india, los ideólogos de la Comintern habrían aprendido a considerar dialécticamente también los problemas de este país; pero mientras existió la Comintern no se dio tal desarrollo, y sería aventurado remontar las dificultades del movimiento comunista indio, en especial en el período bélico y en la inmediata posguerra, a la enfatización unilateral del papel del proletariado industrial hecho por la Comintern.
El hecho de que esta unilateralidad haya encontrado expresión aun en las partes fundamentales, analíticas del programa de la Comintern, no ha tenido consecuencias más importantes, por el simple hecho–ajuzgar por todo lo que recuerdo desde los días de su surgimiento– de que nadie pensó en las posibles consecuencias económicas de una sistematización que a todos nosotros se nos aparecía como un simple reajuste y clarificación de las concepciones de Lenin; concepciones que, en el curso del II° y el IV° Congresos mundiales habían sufrido una formulación confusa a causa de su subdivisión en tesis de variado género y de la mención de una gran cantidad de casos particulares.140
140 La expresión más extrema de esta confusión, que se remonta apenas a año antes del momento en que se redacta el programa, está constituida por el intento de Stalin (en su carta a Martschulin, Obras (ed. rusa), vol. IX, p. 232 y ss.) de superar la contradicción entre las tesis suplementarias sobre la cuestión colonial (propuestas por Roy) presentadas en el II° Congreso mundial, donde se propone la creación de Consejos obreros y campesinos en las revoluciones coloniales, y las declaraciones de Lenin sobre la necesidad de constituir Consejos campesinos en los países extre- madamente retrasados, con el argumento de que en países ya algo desarrollados en el plano industrial como India y China, a los que estaban dedicadas evidentemente las tesis de Roy, debían aplicarse las calificaciones generales de la teoría leninista sobre la madurez de la situación necesaria
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En realidad, justamente la derrota china, que a los comunistas de todas las orientaciones se mostró como la prueba de la imposibilidad de tratar el estadio nacionalista-burgués de las revoluciones coloniales como algo más (en el plano histórico) que una breve fase de transición –los ánimos, más tarde, se dividieron, en cuanto a su posible duración–, había permitido insertar a las revoluciones coloniales en la sección del programa (IV, 8) sobre“lalucha por la dictadura mundial del proletariado y principales tipos de revolución”. Las revoluciones coloniales eran clasificadas ahora solamente en dos tipos de países: aquellos con una industria considerable pero insuficiente para la construcción autónoma del socialismo, y aquellos totalmente retrasados o con muy pocos trabajadores asalariados y una burguesía nacional muy restringida, donde el imperialismo extranjero aparece como expoliador del suelo (las países no coloniales mencionados con anterioridad quedaban clasificados en dos tipos: países capitalistas altamente desarrollados y países que han alcanzado un nivel medio de desarrolló capitalista y en los que subsisten considerables residuos semi- feudales en la agricultura: de ellos, naturalmente, había formado parte Rusia, antes de la revolución).
En la discusión con la oposición de izquierda, Bujarin había sostenido a su tiempo141 que la relación entre el proletariado industrial y una inmensa mayoría campesina no era para nada un problema específicamente ruso sino que, luego de la victoria de la revolución mundial, habría de repro- ducirse como problema de las relaciones entre los países industriales (incluida Rusia) y la mayor parte de la humanidad que vivía en los países coloniales y semicoloniales.
para la lucha por la dictadura del proletariado, como premisa de la formación de Consejos serios: de ello habría derivado simplemente la caracterización de las revoluciones china e india como revoluciones coloniales (en contraste con el fin político de Stalin, que consistía en la defensa de la alianza con el Kuomintang de Wuhan, aun manejándose con las tesis de Roy que habían afirmado la necesidad de crear Consejos obreros y campesinos en los países coloniales en cuanto se hubiera presentado la ocasión, tal como, por otro lado, lo había propuesto aun la oposición rusa). Efectivamente, lo sabemos (véase supra), Lenin había aceptado las tesis suplementarias presentadas por Roy justamente porque en las tesis que él mismo había redactado el típico tema colonial no había sido desarrollado suficientemente. En las cualificaciones de la constitución de Consejos aun en países coloniales, en el sentido de las cualificaciones aceptadas para los países industriales desarro- llados en que actuaba un movimiento obrero reformista, nadie pensaba por 1920, por el simple hecho de que el carácter revolucionario de una situación en la que en un país colonial se hacía posible la constitución de los Consejos podía ser considerada como dado; en aquel tiempo nadie había pensado en la posibilidad de ceder la explotación de una situación similar a un partido pan- nacionalista.
141 K Voprosu o Trotskisme, p. 120. Moscú-Leningrado, 1925. 119
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Estas consideraciones eran justas si se partía de la premisa –aceptada por todos los comunistas aunque con variantes, dado que Bujarin consideraba como probable un desarrollo mucho más lento que el admitido en general por los otros comunistas–, de que la revolución mundial triunfaría en un lapso en el cual el grado de industrialización de los distintos países no se habría modificado fundamentalmente (tampoco la realización de la concepción stalinista del “socialismo en un solopaís”podía –como lo demuestra hoy el conflicto chino-soviético– modificar la tensión de fondo). Cuando Bujarin, tres años después de aquella discusión, redactó el proyecto de programa de la Comintern, consideró natural definir en la sección (IV, 9) sobre“lalucha por la dictadura mundial del proletariado y las revoluciones coloniales” el papel de las colonias y de los países semi- coloniales en el período de transición, en relación a los países industriales, como el papel de la “campaña mundial” respecto de la “ciudad mundial”.
En aquella época no se pensó cómo podía funcionar tal cosa en el plano económico y político. Bujarin, seguramente, pensó en ello menos que los
otros, dado que imaginaba también el proceso de industrialización de la Unión Soviética como un proceso lentísimo,“apaso de caracol” y que en general –acaso como residuo de su período radical de izquierda– tenía la facultad de saber ligar utopías extremas a largo plazo con un gran oportu- nismo en el estudio de las cuestiones actuales, Ahora, en todo caso, a causa de esta perspectiva a largo plazo y también por la experiencia china, aun para los países coloniales (excepción hecha del pequeño grupo de países completamente retrasados) no aparecían excluidas las perspectivas proletarias, entre ellas hasta la vieja posibilidad del papel dirigente de la intelligentsia nacional esbozado por Dinschun y Roy142 y la que más tarde se llamó maoísmo. De esa manera, los autores del programa de la Comintern estuvieron en condiciones de redactar, por primera y única vez en la historia de la Internacional Comunista, un programa unitario aunque muy genérico de la lucha revolucionaria en los países coloniales y semicoloniales. Esa lucha aparece caracterizada por“unlargo período de batalla por la dictadura democrática del proletariado y los campesinos; esta pasa a ser luego la dictadura del proletariado”; se enfatiza también la importancia decisiva que tienen en el proceso “los momentos nacionales”. De estas condiciones específicas resultan objetivos particulares:
142 Véase supra, capítulo l
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1) Abatimiento del imperialismo extranjero, del feudalismo y de la burocracia de los propietarios de tierras;
2) Instauración de la dictadura democrática del proletariado y de los campesinos sobre la base de los Consejos;
3) Completa independencia nacional y unidad estatal; 4) Anulación de las deudas de estado;
5) Nacionalización de las grandes empresas pertenecientes a los imperialistas;
6) Expropiación de los grandes terratenientes, de las tierras de propiedad de la iglesia y de los conventos; nacionalización143 de todas las tierras;
7) Introducción de la jornada de ocho horas de trabajo;
8) Creación de un ejército revolucionario de los obreros y campesinos. Con el progresivo desarrollo y la agudización de la lucha posterior (sabotaje
por la burguesía, confiscaciones de las propiedades de aquella parte de la burguesía dedicada al sabotaje que se transforman inevitablemente en expropiación de la gran industria) la revolución democrático-burguesa coherente se transformará en revolución proletaria en los países coloniales y semicoloniales donde el proletariado asume el papel dirigente y hegemónico. En las colonias donde no hay un proletariado, el abatimiento del poder imperialista debe ser acompañado por la organización del poder de los consejos populares (de los campesinos), por la confiscación de las fábricas y las tierras de los extranjeros y el traspaso de estas propiedades al estado.
En cuanto existen centros socialistas bajo la forma de repúblicas conciliares dotadas de un creciente poder económico, se realiza el acercamiento y la progresiva unificación económica de las colonias que se han separado del imperialismo, con los centros industriales del socialismo mundial. Así, ellas quedan incluidas en el proceso de construcción del socialismo, saltan la fase del desarrollo del capitalismo en cuanto dominante y realizan la posibilidad de un rápido progreso económico y cultural.
143 En este contexto la nacionalización debe ser entendida –como por otro lado sucede en la revolución rusa de 1917– a la manera de nacionalización del derecho de cesión y de la renta de la tierra (para los países capitalistas se preveía, a sugerencia de Stalin, el mantenimiento formal de la propiedad privada campesina).
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Los consejos campesinos de los países retrasados y los consejos de obreros y campesinos de las ex colonias más avanzadas se reagrupan políticamente alrededor de los centros de la dictadura proletaria, y de esa manera quedan abarcados en el sistema general de la federación cada vez más amplia de las repúblicas de los consejos, y por lo tanto en el sistema de la dictadura mundial del proletariado.144
Muchas son las cuestiones que permanecen abiertas, y hoy, a treinta y seis años, se nos muestran distintas de lo que eran en la época de redacción del programa. Los centros socialistas de la industrialización están todavía constituidos por una gran potencia –que en el curso de estos años ha sufrido un desarrollo gigantesco– y por algunos estados de importancia mediana; ellos juntos encontrarían grandes dificultades si de repente debieran proveer a un mundo colonial que se pasara en un ciento por ciento al socialismo. El dominio colonial–elmás importante elemento de propulsión extraeconómica de la lucha de emancipación de aquellos días–se ha reducido a unos pocos países que apenas bastan para compro- meter a las potencias imperialistas empeñadas en defenderlos, pero que por cierto no representan un obstáculo a la competencia entre el este y el
oeste por proporcionar ayuda a los países subdesarrollados y por conquistar sus simpatías. La mayor potencia socialista ha declarado que en su interior la dictadura proletaria ha desarrollado con éxito su función y que con el progresivo desarrollo del socialismo habría dejado de tener una función también en otros países, y ello evidentemente mucho antes de que se pudiera hablar de una “dictadura mundial del proletariado”; en el curso del proceso en que el fascismo fue destrozado y en que han alcanzado una gran amplitud también los movimientos de emancipación en las colonias (incluso, en particular, el chino), el “elemento nacional” ha
obtenido una fuerza que va mucho más allá de la de un momento –aun decisivo– en un choque que esencialmente es de naturaleza económica. Con la afirmación del socialismo en una tercera parte del mundo–yalgo que en el fondo no es sino otro aspecto del mismo problema–, con la victoria del pluralismo en el mundo socialista, la integración de la economía mundial prevista por los autores del programa de 1928 sigue ubicándose en un futuro muy lejano.
144 Programm der Kommunistischen Internationale, pp. 60-62. Hamburgo. 1928. 122
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A pesar de ello, debemos decir que no existen muchos documentos políticos que, después de treinta y seis años (¡y qué años!) mantengan una actualidad comparable a la de ese programa.
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Capítulo Quinto
La segunda ola de la revolución china, el frente antijaponés y la disolución de la Comintern
El VI° Congreso mundial, el penúltimo, representó la culminación si no del desarrollo organizativo, por lo menos del desarrollo intelectual de la Internacional Comunista. Y no me propongo decirlo en el sentido de que, luego de la definitiva stalinización del partido terminada pocas semanas después con la derrota de Bujarin, estuvieran excluidos ulteriores desa- rrollos ideológicos (ellos, en cambio, hasta obtuvieron un cierto impulso de las necesidades planteadas por la política internacional y por la política de frente único), y todavía menos en el sentido de que en vísperas del VI°Congreso (y luego de nuevo, sin que ciertamente tuviéramos plena conciencia de ello, en vísperas del VII°)145 el partido chino y en 1933 el partido alemán habían sufrido graves derrotas. En última instancia, las
organizaciones internacionales existen también para ayudar a las secciones que las integran a superar las fases más difíciles de la lucha revolucionaria. En conexión con este trabajo es importante, sin embargo, comprobar que en lo referente a China, ya en tiempos del VI° Congreso mundial, la Comintern había perdido la capacidad de dar tales ayudas, no por los errores particulares cometidos, sino porque ahora en el primer gran país subdesarrollado que gracias a la actividad desarrollada por la Comintern había entrado en la corriente dé las evoluciones modernas, las direcciones de los movimientos de las dos clases que, de acuerdo a la bien conocida teoría, sostenían la revolución, tendían a la divergencia.
La Comintern contribuyó a acelerar este proceso en el campo ideológico- institucional, que era el único en que podía intervenir, lanzando en la fase descendente de la primera revolución china, por razones que derivaban de la tradición rusa, la consigna de los Soviets. Esta, mal entendida en el sentido de una consigna llamando a la acción inmediata, sirvió luego de marco al rector proletario-urbano ya en dificultades para aquellos esfuerzos desesperados que en cualquier país han acompañado la fase de reflujo de una gran ola revolucionaria. Pero el movimiento campesino en el que, a pesar de los contragolpes, la chispa de 1926-1927 había desarrollado un
145 Véase infra, p. 152.
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incendio que se estaba propagando como en una pradera, la consigna de los soviets le dio el marco en cuyo interior sucedió el tránsito del comunismo chino de la función de una oposición que actuaba como fuerza propulsora a la de organizador de un nuevo estado.
La Comintern, aun antes de autosuprimirse a causa de la contradicción entre su función esencialmente antimperialista y la necesaria coalición con algunos estados capitalistas contra otros, momentáneamente más peligrosos, había quedado al margen de este proceso: sólo muy pocos146 sabían que seis meses antes de que se reuniera el congreso, en el curso de una reunión del Consejo Político del Ejército Rojo chino celebrada en el lejano Kweichow, la dirección del partido nombrada cuatro años antes por la Comintern147 había sido depuesta, y que su jefe, Wang Ming, que informó en el congreso mundial, no tenía el partido detrás suyo, ni tampoco la posibilidad de hacer condenar como desviacionista a aquella actitud. Ello significa el fin del partido común centralizado creado por el II°
146 Yo mismo, por ejemplo, aunque trabajara en la redacción de Kommunistische Internationale y hubiera hablado con instructores que habían vuelto de la larga marcha (naturalmente, sólo sobre cosas de las que se admitía hablar en privado) y tres años antes hubiera redactado un folleto sobre las cuestiones chinas para el Partido Comunista alemán, comprendí los nexos recién en 1956, cuando apareció el IV volumen de las obras de Mao. En el VII° Congreso mundial, Wang Ming (Chien Shao-yu) se encargó del informe principal sobre la lucha del partido chino y fue elegido para la Secretaría del Comité Ejecutivo de la IC como representante de los países del Extremo Oriente; en el Comité Ejecutivo mismo el partido chino estaba representado no sólo porél, sino por Mao Tsc-tung, Chou En-Lai y Chang Kuo-tao: este último, si creemos en lo que dice Mao (Obras, I volumen de la ed. rusa, p. 299) era un “traidor a la revolución china” que justamente en ese período (evidentemente desde Sechum Occidental) se volvió contra la marcha del Ejército Rojo hacia el norte y quiso retirarse a las áreas de las minorías nacionales en el Extremo Occidente y en el Tibet. En esta oportunidad, constituyó un Comité Central propio (acaso con la mayoría de quienes hablan sido destituidos por la reunión de Tsunyi) y arrastróconsigo a gran parte del IV° Ejército que sólo gracias al paciente trabajo de esclarecimiento de Mao pudo ser reconquistado para el verdadero Comité Central (el elegido en Tsunvi) y para la marcha hacia la base de Yenan de Shansi del Norte. No es tan singular el hecho de que estos acontecimientos se hayan producido en facciones que se habían reducido a grupos armados amenazados por fuerzas adversarias muy superiores (las organizaciones urbanas habían sido destruidas), o que Mao de una divergencia de estrategia militar haya deducido la acusación de traición (a la que siguió luego la huida del área soviética y la confirmación aparente de la acusación), o que el jefe del partido nombrado por la Comintern y sostenido hasta el último instante haya desaparecido del primer plano de la escena (esto ha sucedido otras veces, con consecuencias mucho más trágicas que en el caso de Wang Ming)). Lo singular es que en cambio la Comintern misma, con el propósito aparente de llegar a una conciliación, en una situación conflictiva llevada al extremo en una de sus más importantes secciones, se haya puesto del lado del sector efectivamente ya perdedor. Si ello sucedió sin consecuencias más serias –porque Mao necesitaba a los rusos y los rusos a Mao– se prueba que la Comintern en aquella época (y de hecho dos años antes) se había reducido en las cuestiones del Extremo Oriente a una coalición de grupos aliados.
147 Véase supra, capítulo III.
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Congreso mundial, y dio a la vez apertura a ese desarrollo que, luego de que los acontecimientos internos rusos rompieran la autoridad formal del dogmatismo, condujo al “policentrismo”. Pero concretamente, él nació en aquellos años cuando, mientras los centros ciudadanos del partido comunista chino eran liquidados por la reacción, se daban los primeros pasos, sobre la base de los campesinos de un país subdesarrollado, hacia una forma de realización del socialismo que en la organización de sus cuadros dirigentes no estaba ya dominada por las tradiciones del movi- miento obrero europeo.
Los comienzos del “poder rojo”, como Mao Tse-tung define a la organización de las zonas guerrilleras fundada en los consejos de diputados campesinos y soldados desde que ya no está ligado a las directivas acuñadas sobre el modelo soviético,148 fueron modestos; la pregunta “¿Conseguiremos mantener en alto por mucho tiempo la bandera roja?”,149 debe haber sido planteada muchas veces. Las zonas guerrilleras iniciales –con una super- ficie de pocas docenas o centenares de kilómetros cuadrados, situada en zonas montañosas perdidas, que servían a menudo como refugio de bandidos, casi sin poblaciones– eran defendidas por un ejercito cuyo núcleo lo constituían los restos del ejército de Yeh Ting y Ho Lung, que luego de la derrota de Swatow se habían refugiado allá arriba, el regimiento de guardia del gobierno de Wuhan compuesto en gran medida por comunistas, por guerrilleros campesinos y mineros de Hunan meridional:
después de un año de luchas, en la zona guerrillera, del núcleo originario quedaba solamente una tercera parte, pero las fuerzas perdidas se remplazaron con soldados del Kuomintang prisioneros y con campesinos de las áreas guerrilleras.150
148 En la nota 6 (pp. 111-112 del I volumen de la edición rusa de las Obras Escogidas, de 1951) en la parte de la resolución adoptada el 5 de octubre de 1928 por la conferencia de partido de la zona de frontera entre Hunan y Kiangsi, publicada con el título de El Poder Rojo, Mao Tse-tung individualiza la diferencia entre los soviets chinos y los soviéticos, exclusivamente en el hecho de que éstos habían encarnado la dictadura del proletariado, mientras los primeros –llamados luego también “poderrojo”–habían encarnado en cambio la dictadura “neodemocrática” de carácter antimperialista y antifeudal. Pero en este aspecto, correspondían solamente a los “soviets campesinos” que en el estudio del problema por la Comintern, ya bajo Lenin, habían desem- peñado un papel bien determinado y que luego Stalin, para probar la inactualidad de la palabra de orden de los Soviets sostenida por la oposición rusa (naturalmente ella no se hizo más actual a causa de la derrota sufrida en los centros proletarios), había llevado a segundo plano. Véase la respuesta de Stalin a Martschulin (Obras, IX, ed. rusa, pp. 232 ss.).
149 Mao, op. cit. (ed. rusa), vol. I, p. 198. 150 Ibíd., p. 129
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En los distritos limítrofes con la zona controlada por los guerrilleros la concentración de la propiedad sobre la tierra era muy fuerte –entre el sesenta y el ochenta por ciento de la tierra estaba en manos de los grandes propietarios– y, de acuerdo con la ideología vigente en aquel tiempo en el partido, durante los primeros momentos la tierra fue nacionalizada y distribuida a todos; en conformidad con una directiva del Comité Central, a los campesinos en edad de trabajar se les asignaba una extensión doble respecto de la dada a los niños y a los viejos. Los campesinos ricos, naturalmente protestaron contra este criterio de distribución y pretendieron que se tuvieran en cuenta las posibilidades productivas de las distintas economías.151 En abril de 1929–enprimer lugar en la “ley sobre las tierras” de un sector particular– la consigna de la nacionalización de toda la tierra fue sustituida por la de distribución de la tierra comunal y de los latifundistas, de manera que los campesinos importantes fueron dejados en paz: Mao, a causa de esta política–y aunque no se mencionara jamás su nombre, por el prestigio de que gozaba en las “zonas soviéticas”– fue acusado por el Comité Central y por la Comintern de “desviacionismo kulak”.152
El poder de las zonas soviéticas registró pronto un ascenso: en 1930-1931 ya era posible, concentrar hasta 40 mil hombres del Ejército Rojo contra algunas avanzadas del Kuomintang.153 Los éxitos iniciales de la insurrección campesina empujaron a Mao, y también al partido íntegro, a dar una valoración excesivamente optimista de la situación de conjunto. Ya en abril de 1929 su comité militar –aunque en respuesta a una carta de tono muy pesimista del Comité Central (9 de febrero), que proponía la subdivisión del Ejército Rojo en pequeños grupos guerrilleros y la transferencia de Mao y de Chu Teh para que desarrollaran su actividad en
otro lugar– elaboró un plan de operaciones que en el curso de un año debían llevar a la conquista do toda la provincia de Kiangsi (en un documento de enero de 1930, donde vuelve sobre el tema,154 Mao define como equivocado solamente el plazo demasiado cercano). Mao mantuvo siempre una actitud positiva en relación al movimiento en las ciudades, y consideró un error el descuidarlo, sosteniendo además que la creación de
151 Ibíd., pp. 140-145 y nota 17 en la p. 169 152 Ver infra, p. 162
153 Mao, op. cit., p. 372
154 Obras, vol. I, p. 206-209
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células de fábricas en los grandes centros industriales constituía el principal objetivo organizativo del partido. El movimiento guerrillero de las campañas debía servir para apoyar la revolución en las ciudades. Pero es verdad que ya entonces fue obligado a rebatir el argumento según el cual el desarrollo del movimiento campesino, al desviar el interés de las fuerzas del partido, podía llevar a un debilitamiento de la lucha en la ciudad.155
En este estadio, el cuadro que extraemos de los documentos de la Comintern recogidos en Estrategia y táctica coincide con el de los documentos contenidos en las Obras escogidas de Mao: las tendencias putschistas (que como sabemos para el caso más espectacular, el de la insurrección de Cantón, habían sido alentadas por Moscú) fueron corregidas tanto en el interior de la organización156 como en Moscú;157 el VI° Congreso del Partido Comunista chino (que de hecho era sólo una reunión extra-
ordinaria de los delegados chinos al Congreso de la Comintern, que confirmó la dirección del partido nombrada por la Conferencia de agosto de 1927) se realizó paralelamente al VI° Congreso mundial de la Inter- nacional Comunista y se alejó tanto de los errores de derecha de la vieja dirección de Chien Tu-hsiu como del aventurerismo de “izquierda”. Una carta enviada en febrero de 1927 por el Comité Ejecutivo de la IC al Comité Central del partido chino158 (como por otro lado–yalo hemos visto– el partido mismo) dio una apreciación muy lúcida de la situación:
los síntomas de un nuevo ascenso revolucionario son juzgados débiles, la posibilidad de una larga estabilización del dominio del Kuomintang no queda excluida (lo que vuelve mucho más peligrosa la rémora de desarrollar una actividad ilegal); pero al mismo tiempo se comprueba que el Kuomintang no está en condiciones de realizar la unificación de China y la superación del feudalismo (como en cambio lo sostenía una parte de la prensa del partido chino)–yello hablaría entonces a favor del punto de vista de Mao que veía en la realización de este objetivo la función principal de los guerrilleros campesinos.
155 Ibíd., p. 202
156 Mao, Obras (ed. inglesa), Vol. IV, p. 372 157 Véase capítulo III de esta obra
158 Strategie und Taktik, pp. 221 ss.
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En una carta a Mao, el Comité Central había afirmado que era necesario aliarse con los campesinos poseedores contra los propietarios terra- tenientes: el Comité Ejecutivo de la IC, en su VI° sesión plenaria en julio de 1929159 (mientras tanto Bujarin había sido alejado por la dirección de la Comintern), respondió con la comprobación de que en China el kulak, a diferencia de Rusia en 1905, no era un pequeño capitalista con el cual era posible aliarse contra los propietarios de tierras, sino que, en cambio, él mismo era un pequeño propietario de tierras que debía ser combatido por todos los medios. Esta respuesta implicaba una polémica indirecta contra la prudente política agraria seguida por Mao. Una carta del ComitéEjecutivo de la IC (diciembre de 1929) comprueba el nuevo empuje revolucionario sucedido luego del conflicto entre Chiang Kai-shek y la camarilla del Kiangsi y luego de la derrota de su segunda acción contra elárea soviética central; la activación de los campesinos–yen particular el desarrollo del movimiento guerrillero– son citados sólo en el último lugar entre los distintos síntomas. Pero, por otro lado, se exige una enérgica lucha contra aquellas tendencias que en el partido subestiman la impor- tancia de esta lucha“enparticular en los sectores donde actúan Mao Tse- tung y Ho-lung”: ella es considerada –como también, ya hemos visto, lo hacía el mismo Mao– una fundamental fuerza de apoyo al movimiento
obrero de las ciudades, concebido como esencial.
Era absurdo esperar que la Comintern renunciara a la concepción del papel del proletariado como fuerza motriz aun en la revolución democrático burguesa. La carta exige una consolidación de los centros soviéticos existentes y la creación de otros centros de la misma naturaleza: el armamento de los campesinos, la confiscación de las propiedades en tierras y la creación de los soviets locales y territoriales aparecen como los principales objetivos fuera de las ciudades. El Comité Central del partido chino guiado por Li Li-san pensaba que podría resolver la cuestión de la tendencia de desarrollo de una revolución que en las campañas disponía de las primeras bases de una organización estatal y militar, mientras en las ciudades no poseía sino organizaciones ilegales que todavía no se habían sobrepuesto a la derrota, concentrando las fuerzas existentes –el Ejército Rojo desde afuera y las organizaciones clandestinas desde adentro–en la conquista, Por lo menos de algunos grandes centros. El 11 de junio
159 Ibíd., p. 236 y ss
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de 1930 aprobó una resolución titulada El nuevo ascenso revolucionario y la conquista del poder en una o en algunas provincias. El punto de vista de Mao Tse-tung que, como sabemos, no hubiera sido contrario a la toma del poder a breve plazo por lo menos en la provincia de Kiangsi, pero que de todas maneras quería dedicarse primero a la consolidación de los territorios soviéticos en las campañas, para crear una base estable al posterior ataque a las ciudades, es rechazado como “conservadurismo campesino localista”; todo el trabajo se concentra en la preparación de las insurrecciones armadas en las ciudades y para este fin el partido, las
organizaciones juveniles y los sindicatos quedan unificados bajo la conducción de comités de acción militar, renunciando a su normal actividad.160 Con un ataque a Changsha y a Kiu-Kiang prácticamente sin apoyo desde adentro y del que Mao logró retirar a tiempo sus tropas antes de la intervención aplastante de Chiang Kai-shek,161 terminó, en setiembre de 1930, este periodo de ofensiva que luego fue definido por la tradición china del partido como “la segunda línea de izquierda”. La primera había seguido inmediatamente al fracaso del frente único con el Kuomintang de Wuhan; la tercera, que duró hasta 1935, se inauguró en 1931 con la designación de un nuevo Comité Central, parece que por la Comintern. Pero antes de que ello sucediera, en setiembre de 1930, Chiu Chiu-Pai –que aun en agosto de 1927 había puesto fin a la línea de Chien Tu-hsiu convocando una asamblea extraordinaria– llamó el viejo ComitéCentral para corregir los errores de Li Li-san.162
En junio de 1930. el Comité Ejecutivo de la Comintern había comprobado como “hecho irrefutable” la existencia de un nuevo ímpetu revolucionario en China (aunque, excepción hecha del avance de las revueltas campesinas, hubiera poco más que una acentuación de los conflictos entre los generales del Kuomintang), y planteó el problema de la constitución de un gobierno soviético de toda China, sostenido por un Ejército Rojo estable, plenamente controlado por el partido y limitado a un territorio muy seguro. Entonces, si la Internacional Comunista no había pretendido los ataques temerarios de Li Li-san contra las ciudades, de alguna manera había planteado a la revolución objetivos que podían ser alcanzados
160 Véase Mao, Obras (ed inglesa), vol. IV, pp. 178-179; Die Komintern vo dem VI. Weltkongress, pp. 547-548.
161 Mao, op. cit., vol. IV, nota 5 en la p. 340 162 Ibíd., nota 6
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solamente luego de que ataques tales hubieran tenido éxito. Pero, por vez primera, las áreas soviéticas y el movimiento campesino están en primer plano en una resolución de la Comintern; la reforma agraria debe servir a los intereses de los campesinos pobres y medios, pero debo romper decididamente la influencia de los kulaks. En la situación internacional existente, dada la presencia de la Unión Soviética y la preponderancia de los comunistas en el gobierno soviético central de China, es probable que “la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y los campesinos” se plantee objetivos que van más allá de los que Lenin había planteado a aquella forma de gobierno en la Rusia de 1905, y que ella constituya el comienzo del proceso de desarrollo no capitalista de China (a pesar de la ulterior evolución capitalista de algunos elementos). En las zonas soviéticas, ciertas medidas tendientes a la realización del socialismo debían ligarse directamente a la satisfacción de las necesidades de las masas.
En septiembre de 1930, la Comintern criticó ásperamente el aventu- rerismo de Li Li-san en sus acciones urbanas: su error había consistido en el hecho de no haber tenido en cuenta el desequilibrio del movimiento revolucionario en China y de haber deducido de la organización de gobiernos soviéticos en algunos distritos agrarios –que a menudo existían sólo en los llamamientos– que la situación estaba madura para emprender ataques del Ejército Rojo contra las capitales locales, y aunque en Wuhan, por ejemplo, en la época en que se propuso la insurrección, existieran apenas 200 militantes partidarios y 150 militantes sindicales. La actitud de ultraizquierda de la dirección del partido se revelaba también al afirmar que los obreros no estaban listos para la huelga sino solamente para la insurrección armada. El programa del gobierno soviético publicado (proba- blemente en las ciudades), revelaba la tendencia, de naturaleza trotskista, a pretender el tránsito directo de la revolución democrático-burguesa a la revolución socialista.163 En sus líneas de fondo esta crítica parece coincidir
163 Ver la carta del Comité Ejecutivo de la IC al partido chino, de octubre de 1930 (Strategie und Taktik, p. 233 y sig.), en la que se hace referencia al hecho de que su representante (¿al congreso de septiembre) en un primer momento había sido sostenido solamente por una minoría de los miembros del Buró Político. Mao (op. cit., p. 178) acaso porque el trotskismo mas que un crimen se le aparece como un error político– evita los términos mas que groseros empleados por la Comintern en anexión con el li-lisanismo (luego que Li Li-san reconoció sus errores volvió a ubicarlo hasta en una posición dirigente). Sobre la esencia del conflicto decía: “Estos compañeros, negando el desarrollo desigual de la revolución mundial, consideraban que el estallido generalizado de la revolución china habría de conducir al mismo tiempo al estallido de la revolución mundial y que esta solamente hubiera hecho posible la victoria de la revolución china. Al negar el carácter
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con la ejercida por Mao en sus obras posteriores. Sin embargo, aparte del hecho de que él lograra salvar su ejército en ocasión de la aventura de Changsha, no sabemos cómo se comportó respecto de cada uno de los puntos en tiempos de la reunión de septiembre de 1930. En todo caso, debe haberse sentido golpeado por la crítica que la carta del ComitéEjecutivo de la IC dirigía a la política del partido en las áreas soviéticas: la limitación de la confiscación y de la distribución a propiedades en tierras superiores a los 50 mu podía ser explotada en ventaja propia por los kulaks (la Comintern consideraba tales aun a los campesinos más o menos ricos, como por otro lado sucedía en la Rusia de aquel período); los peones y los coolies no estaban organizados. Por otra parte, se cometían errores de ultraizquierda, creando prematuramente economías colectivas y soviéticas y tomando medidas contra la economía privada que iban más allá de las necesidades militares. Todavía no existía un Ejercito Rojo de confianza, con comandantes comunistas y una sólida estructura de partido; en muchos sectores del ejército prevalecían aún las viejas milicias campesinas y a veces se infiltraban también los kulaks. Además del desarrollo de un real movimiento de huelgas de masas en las áreas industriales, se plantea como objetivo inmediato la creación de un gobierno sólido y eficiente para las zonas soviéticas (rurales) de mayoría comunista, sostenido por un ejército fuerte y de confianza, aunque compuesto sólo por 45-50 mil hombres.
Para Mao, que ya en 1930 había planteado objetivos de estabilización al Ejercito Rojo y que a fines del mismo año había alcanzado el objetivo de los 40 mil hombres164 (a mediados de 1934 habló de un ejército de 300 mil hombres,165 cantidad totalmente inverosímil, a menos que se incluya
prolongado de la revolución democrático-burguesa en China, estos compañeros pensaban que con la victoria de la revolución en una o en algunas provincias se iniciaría el traspaso a la revolución socialista” (una opinión que, como lo hemos visto, era compartida también por la Comintern, aunque ésta se mostrara más prudente en cuanto al momento de esa victoria) “yentonces formularon una serie de consignas‘deizquierda’ no actuales”. Esta última comprobación sería apropiada también para algunos de los errores criticados por la Comintern en relación a la política adoptada en las zonas soviéticas (naturalmente, no sabemos si ellos fueron cometidos por el mismo Mao).
164 Obras (ed. rusa), vol. I, p. 195.
165 Ibíd. p. 333. Debemos tener en cuenta la conexión de los hechos: una polémica contra la dirección de izquierda del partido, cuya táctica errónea habría conducido a la “larga marcha” y por tanto la cantidad de “tropas” a casi una décima parte del total inicial. Al no producirse una desmoralización, sino que por el contrario a Shensi llegaron tropas en condiciones de combatir, a pesar de las pérdidas sufridas, la reducción debe haber sido determinada en amplia medida por la progresiva dispersión de las milicias campesinas.
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también a las milicias), esta crítica puede haber sido desagradable pero, por cierto, no insostenible. Más tarde, él mismo afirmó166 que las explicaciones subsidiarias del Comité Central del partido chino relativas a la resolución de septiembre, fechadas en noviembre y en diciembre (vale decir luego de la recepción de la carta abierta de la Comintern, a la que sin embargo Mao no menciona, como tampoco lo hace con otras intervenciones de la Comintern) eran insuficientes, es decir demasiado“conciliadoras” en relación a los errores cometidos bajo la dirección de Li Li-san. Pero, para los amigos de Mao, era insostenible el hecho de que la Comintern, de acuerdo con el hábito que ya se había afirmado en su interior, no se limitara a las críticas concretas sino que hasta liquidara como “conciliadores” a viejos dirigentes del partido que, como Chiu Chiu- pai, en setiembre habían tomado la iniciativa de corregir los errores cometidos, y que confiara la dirección del partido a un grupo de intelec- tuales“acuya cabeza estaban los compañeros Cheng, Chin, Shen, Ho Wang, etc.”,167 sin responsabilidad alguna sobre los errores cometidos en los distintos períodos del pasado, pero tampoco dotados de experiencias de trabajo práctico, en particular de los desarrollados en las zonas rurales.
Tal promoción sucedió –parece que de manera irregular–168 en setiembre de 1931, pero aparentemente esta línea,“ensustancia”, ya había sido adoptada a partir de la sesión plenaria (del VI° Congreso) del ComitéCentral, en enero de 1931. En diciembre de 1936, vale decir inmediata- mente después de la celebración del frente único antijaponés con el Kuomintang, Mao fechó a partir de enero de 1932 la ampliación de la linea errónea;169 pero en 1943, cuando ya se había afirmado sólidamente y no existía tampoco la Comintern, hizo anular toda una serie de resoluciones que el partido había tomado luego de septiembre de 1931, como reacción inmediata a la invasión japonesa de Manchuria.170 El mismo Mao comprobósin embargo que un opúsculo escrito a principios de 1931 por Chien Shao-
166 Obras (ed. inglesa), vol. IV, p. 180
167 Die Komintern vor dem VI. Weltkongress, pág. 549.
168En 1943 Mao (véase Obras, ed. inglesa, vol. IV, pág. 159) ha reconocido la legalidad de la constitución de este Comité Central en Shanghai, acaecida evidentemente sin previa consulta a las organizaciones de partido más importantes por amplio margen que existían en las áreas soviéticas (la alternativa hubiera sido la admisión de un vacío de casi cuatro años en la historia
oficial del partido), pero a la vez recalca que del modo escasamente representativo de su formación debían extraerse enseñanzas para el futuro.
169 Obras (ed. rusa), vol. I, p. 361.
170 Obras (ed. inglesa), vol. IV, p. 185.
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yu (Wang Ming) sobre la necesidad de bolchevizar al PCC, y en el cual, de acuerdo con la línea sostenida por entonces por la Comintern, se afirmaba que en el partido el peligro de derecha era el más serio, “entonces y durante más de diez años seguidos” (¡entre ellos también cinco años en los que Mao mismo terna el pleno control del partido!), fue considerado una correcta declaración programática, aunque en sustancia prolongara de manera más grosera el curso de izquierda de Li Li-san.171 No hay razones para dudar de la oposición originaria de Mao a esta línea–ytanto más si tenemos en cuenta que la lucha de sus sostenedores contra los de Mao, antes y después de que asumiera el poder en el partido, en enero de 1935 (y bajo formas que podían ser discutidas sin más en el plano formal), fue llevada en términos de guerra civil–172 y tampoco para dudar del hecho de que él, como otros, comprendió sólo progresivamente que aquíse trataba de líneas de partido esencialmente divergentes. En el marco de la ideología que dominaba la Comintern en 1931 no es fácil comprender cómo un grupo dirigente que se ubicaba en el terreno de esta ideología podía hacer otra cosa que incluir la lucha de las áreas soviéticas en el marco de una revolución –por todo lo hipotética que fuera– conducida por el proletariado urbano, proponerse en las áreas soviéticas mismas la creación de un estado regular según el modelo dado (“China soviética no es todavía un estado proletario, aun siendo un estado soviético en cuyo interior el proletariado desarrolla una función hegemónica y donde el partido comunista en cuanto partido único de gobierno posee el monopolio de la dirección”),173 y sostener una política agraria que, si no era socialista,
171 Ibíd., pp. 182-183.
172 Ibíd., p. 207: “Compañeros que luego de las investigaciones realizadas resultan haber caído víctimas de errores judiciales cometidos siguiendo la línea de partido equivocada” son rehabi- litados; en la nota 11, Ibíd., p. 341, se refiere que en el otoño de 1935, vale decir por lo menos
ocho meses después de que Mao hubiera asumido legalmente la dirección del partido, “el compañero Chu Li-chih, un sostenedor de la línea errada de ‘izquierda’ llegó a la base de Shensi del Norte como representante del Comité Central” (se trata evidentemente del constituido por Chang Kuo-tao) y arrestó a una serie de funcionarios que ocupaban posiciones dirigentes en el curso de una campaña que fue definida como de depuración del partido de elementos considerados contrarrevolucionarios (luego se los liberó en septiembre, cuando el ejército de Mao concluyó la “larga marcha”). En todo caso, el comportamiento de Mao en relación a los“compañeros” que habían ido tan lejos en la lucha de fracciones, es digno de ser destacado.
173 En la p. 556 del informe Die Komintern vor dem VI. Weltkongress preparado para septiembre de 1934, y que en la parte china había sido controlado seguramente por Wang Ming. Ibíd., p. 558:
en una formulación que en aquel tiempo hubiera sido suscripta por todo comunista ajeno al grupo de Mao Tse-tung, refiriéndose al poder de los consejos chinos (“un territorio con docenas de millones de habitantes”) se dice que su experiencia prueba “que el poder de los consejos es efectivamente un sistema mundial, que se adapta no sólo a la revolución en los países de capitalismo desarrollado, sino también a la revolución en los países coloniales, semicoloniales y
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por lo menos fuera radical-democrática. Luego de la invasión japonesa a Manchuria (que señaló el comienzo de la victoria de la tercera línea de izquierda en el PCC) ese grupo dirigente no podía hacer otra cosa que pretender, como condición de una defensa común del país junto a las tropas del Kuomintang, no sólo la cesación de las operaciones contra las zonas soviéticas y el armamento de la población, lo que era obvio, sino también la concesión de todas las libertades burguesas en los territorios controlados por los grupos en cuestión, lo que en la práctica equivalía a la abolición de la dictadura del Kuomintang. En 1943, también Mao se declaró favorable a este último punto:174 mientras tanto, como es natural, se habían producido fases en las que de Chiang Kai-shek sólo se pretendía la cesación de los ataques a los comunistas y el comienzo de la acción común contra los japoneses.175 Pero justamente porque la línea del Comité Central constituido en 1931 correspondía de manera tan lógica a la tradicional línea de la Comintern, la ruptura con ella fue un aconteci- miento de alcance histórico. El hecho de que en los años 1931-1935 hayan existido dos distintas tradiciones chinas de partido –una expresada en las declaraciones de la Comintern durante ese período, la otra encarnada por las obras de Mao a partir de 1936– constituye efectivamente el punto de partida del desarrollo que hoy (aunque Mao, que por razones tácticas se aferra a la memoria de Stalin y, de todos modos, quiere ejercer en su Internacional una autoridad no compartida, no lo admita) denominamos“policentrismo”.
Pero está mucho más en discusión como renuncia a un frente unitario de un desarrollo múltiple (la ilusión de que pudiera dar algún resultado ha perjudicado seguramente a la revolución china). En su discurso al Plenum del Comité Central del Partido Comunista de la URSS de febrero de 1964–publicado el 19 de mayo del mismo año, y por lo tanto inmediatamente después de su muerte– O. W. Kuusinen ha enfatizado que sí es verdad que la Comintern no tuvo razón en todas sus decisiones sobre la cuestión china, sí la tuvo al acusar a Mao de subestimar la importancia del movimiento obrero de las ciudades; también lo asistió la razón cuando, en 1964, comprobó que en China ni la dictadura del proletariado ni, como lo
dependientes, y que ella es no sólo la forma estatal de la dictadura del proletariado, sino también la forma de la dictadura democrática de los obreros y los campesinos bajo la conducción del proletariado y de su partido comunista”.
174 Ibíd., p. 560; y Obras (ed. inglesa), vol. IV, p. 192. 175 Véase infra.
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afirma el mismo Mao, una dictadura del pueblo, se mantiene sobre la hegemonía del movimiento obrero. Y entonces, ¿sobre qué se mantiene? Kuusinen hablaba de “dictadura de un restringido grupo dirigente”. Algo parecido se ha dado a menudo en la historia y aun en la propia Unión Soviética; pero de los marxistas debería exigirse saber a qué formaciones sociales conduce la actividad de esos grupos. Digámoslo en términos políticos: de las situaciones de 1934 y de 1949-1956 ¿se ha realizado la posibilidad más progresista de entre todas las existentes?
El alejamiento del maoísmo respecto de la Comintern era en el fondo una consecuencia necesaria del hecho de que la revolución china de 1926- 1927 hubiera sido derrotada en las ciudades, pero que las masas campesinas habían sido empujadas a un movimiento de amplio aliento o, para expresarse en términos más positivos, que el impulso de la gran revolución rusa ya se había transmitido a las masas campesinas coloniales, a cuyas condiciones de vida y a cuyos objetivos la generalización de las experiencias de las revoluciones rusas de 1905 y 1917, generalización encarnada en la Comintern, era inaplicable.
La lucha de un movimiento campesino tan fragmentario contra fuerzas urbanas organizadas a la buena de Dios por Chiang Kai-shek hubiera sido probablemente desesperada si un acontecimiento exterior inesperado (la invasión japonesa iniciada en 1931, luego de la crisis económica mundial) no hubiese sacudido a la nación, dando al partido comunista la base gracias a la cual, durante la segunda guerra mundial y después de ella, avanzó hacia la victoria. A primera vista el acontecimiento que parecía probar la existencia de una situación revolucionaria no hizo sino acentuar la crisis en que se hallaba el Partido Comunista chino, porque la Comintern y la dirección reorganizada del partido fueron llevados a atenerse con creciente rigor a los que se consideraban los principios revolucionarios. La resolución del Presidium del Comité de la IC del 26 de agosto de 1931176 subrayó la exigencia de una lucha más acentuada contra los residuos de la tradición de Li Li-san (naturalmente Mao hubiera dicho que la nueva dirección del partido seguía justamente los aspectos más peligrosos de aquella tradición) y contra los “elementos de derecha en las zonas soviéticas” que “concretamente sostenían la solución kulak de la cuestión agraria” y “representaban tendencias localistas”. Los organismos de partido
176 Strategie und Taktik, p. 294 y ss.
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y la dirección del partido en las áreas soviéticas debían ser reforzadas, mientas al mismo tiempo el aparato de partido (evidentemente abultado respecto de la fuerza reducida del movimiento) debía ser reajustado en las áreas del Kuomintang. En todo caso, para decirlo con Mao,177 la conferencia de partido de la zona soviética celebrada en el Kiangsi meridional en noviembre de 1931 y la reunión del Comité Central (Ningtu, agosto de 1932) habían “difamado la línea correcta seguida en las áreas soviéticas del Kiangsi meridional y del Fukien occidental” como una “línea kulak infiltrada por un tenaz oportunismo de derecha, reemplazando al precedente grupo del partido y del ejército que seguía una línea exacta”.
Pero parece que Mao, a pesar de su destitución, mantuvo una influencia suficiente como para asegurar, “antes que la organización quedara empapada del influjo dañino del Comité Central provisional”, la derrota de la cuarta campaña de cerco emprendida por Chiang Kai-shek en la primavera de 1933; sólo con la quinta campaña, que se inició a fines de 1933, la línea errónea del Comité Central se hizo sentir plenamente y llevóluego a la derrota. En una representación más objetiva, los aconteci- mientos aparecerían así: la campaña de Chiang, acentuada luego de la experiencia de las denotas anteriores, con su sistema de fortificaciones, etc., simplemente estaba por superar a las zonas soviéticas, y la inevitable denota –que por cierto se había hecho más probable a causa de la sujeción a la imagen fantástica de un estado modelo con su propio territorio– fue imputada después por Mao y sus colegas a la dirección del partido, que se había presentado como la encarnación de la ortodoxia. Pero es cierto que sólo su táctica guerrillera muy móvil podía sacar algún beneficio –aunque modesto– de la situación crítica que se había creado.
En la cuestión agraria –decisiva– la resolución de la Comintern de agosto de 1931 había propuesto realizar de manera rigurosa la exclusión de los kulaks del derecho de voto, distribuyendo además sus tierras a los campesinos pobres y medios, aunque estos últimos no debían ser incluidos contra su voluntad en el programa de distribución equilibrada de las tierras. La tierra a distribuir debía ser dividida de acuerdo a las bocas a alimentar o sobre la base de la cantidad de componentes de la familia que estaban en condiciones de trabajarla; este último principio fue seguido de manera minuciosa en la ley sobre la tierra promulgada por los Consejos de
177 Obras (ed. inglesa), vol. IV, p. 192-193.
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Kiangsi del Norte; la ley general sobre la distribución de la tierra preveía una participación de los campesinos poseedores en base a la cantidad de brazos, y una participación de los campesinos pobres y medios en base a la cantidad de bocas a alimentar (que naturalmente era más grande).178 Políticamente ello hubiera sido posible sólo en caso de haber existido un fuerte movimiento de los campesinos pobres contra los ricos; pero este aspecto, por lo menos si juzgamos a través de la pacificación del territorio luego de la retirada del Ejército Rojo, parece haber faltado. El resorte principal para la movilización de las masas por el partido comunista siguiósiendo entonces la resistencia antijaponesa, naturalmente más fuerte en las ciudades. En este terreno, donde tanto la derecha del Kuomintang dirigida por Chiang Kai-shek como la izquierda dirigida por Wang Chin-wei declaraban que era imposible oponer resistencia al invasor, el partido hizo todo lo humanamente posible, especialmente en Shanghai, Manchuria y Jehol. Pero en cuanto se planteó el problema de actuar de común acuerdo con quienes oponían resistencia a los japoneses y con las tropas del Kuomintang que rompían con la dirección del movimiento, surgieron tendencias sectarias, si no en China sí en Moscú. El partido chino –inclu- yendo a su grupo dirigente habitualmente tan criticado por Mao–confluyó en 1932 en el XIX Ejército,179 cuyos comandantes en la resolución del XIII° Plenum del Comité Ejecutivo de la IC (diciembre de 1933) fueron definidos sin embargo de instrumentos de los Estados Unidos: la cosa, fuera verdadera o falsa, repercutió en detrimento de la colaboración práctica.
Este Plenum señaló también los límites extremos de la concepción voluntarista: Wang Ming informó sobre el fracaso de la quinta campaña de Chiang Kai-shek (¡sobre la sexta, que obligó al abandono de las zonas soviéticas, se dijo que“enlas líneas de fondo había fracasado”!) y sobre la posterior extensión de las áreas soviéticas que, ahora, con un territorio estable de 681.255 kilómetros cuadrados (!), eran más grandes que cualquier estado capitalista europeo; el ejército regular contaba con 350 mil hombres (lo que por otro lado coincidía con cuanto afirmaba Mao en el mismo período), a los que se agregaban luego 600 mil milicianos irregulares; el partido tenía 410.600 miembros (contra los 300 mil de un
178 Pp. 28 ss. en la edición alemana (Moscú 1934) de las leyes fundamentales de la República Soviética China.
179 Mao, Obras (ed. rusa), vol. I, pp. 265 y 295 (ed. inglesa), vol. IV, pp. 192-193. 138
año antes), entre los cuales 30 mil (contra 15 mil anteriores) eran afiliados que pagaban normalmente sus cuotas a la organización y se encontraban en las áreas controladas por el Kuomintang –una cantidad de igual importancia no podía, a causa de las medidas terroristas, mantener contactos regulares con el partido. En base a estos datos el partido, independientemente de su posición como partido de estado y partido del ejército en las zonas soviéticas, en las áreas controladas por el Kuomintang habría sido tan fuerte como en tiempos del Congreso, en el ápice de su existencia legal (naturalmente Mao no ha renunciado a cotejar las cantidades citadas de diciembre de 1933 con cuanto quedó al final de la“larga marcha”).180 Una de las causas de la derrota era mencionada efectivamente en la resolución del XIII° Plenum: la tendencia a asumir una actitud pesimista en ocasión de los ataques del Kuomintang y a disolver el ejército en grupos guerrilleros, quedó definida como una desviación de derecha, aunque la tendencia opuesta, a mantener cada metro de terreno y a concebir de manera demasiado mecánica su ampliación, olvidando el mantenimiento de la eficiencia del ejército, era calificada de desviación de izquierda (en el plano agrario la desviación de derecha consistía en rechazar la distribución de la tierra; la desviación de izquierda en la frecuente–aveces sucedía tres o cuatro veces poraño–redistribución de las tierras ya distribuidas").
La revolución soviética en China era considerada como modelo para la revolución en los otros países subdesarrollados; ya el XI° Plenum del Comité Ejecutivo de la IC (abril de 1931) había podido referirse a Indo- china, donde en el otoño de 1930, en algunas zonas de Annam habían existido durante meses algunos Consejos: por cierto que el acontecimiento revolucionario que había abierto el movimiento fue organizado como“insurrección de conjurados” por un partido nacionalista-burgués, el Kuo- mintang indochino como dice el informe del Ejecutivo al VI° Congreso mundial de la Internacional Comunista);181 en todo caso, además del terror francés contra el Kuomintang (que naturalmente no debe ser confundido con el chino), resultó del movimiento la adhesión de una parte de sus miembros al movimiento comunista. El XIII° Plenum pudo
180 Obras (ed. rusa) vol. I, p. 333. También él habla de 30 mil afiliados al partido en vísperas de la“larga marcha” y de “algunas decenas de millares” después de esa (incluyendo a los afiliados que militaban en el ejército).
181 Op. cit, pp. 580-582.
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también remitirse al motín producido en el acorazado De Zeven Provincien, estacionado en Indonesia, luego de la reducción del sueldo anunciado por el gobierno holandés: el resultado principal fue que esta vez–adiferencia de la actitud asumida por el partido holandés en ocasión de la insurrección de 1926– hubo una real demostración de solidaridad entre el movimiento de la metrópoli y el colonial, y dos miembros del Partido Comunista indonesio fueron elegidos para el parlamento holandés.182
Pero lo que preocupaba mucho era el hecho de que en la fase más grave de la crisis económica mundial, desde las áreas coloniales distantes del foco revolucionario chino (aun para Indonesia se puso de relieve el trabajo de los comunistas chinos entre las minorías chinas locales) no llegaran noticias muy positivas; sólo en Suramérica existían partidos comunistas que en la mayor parte de los casos eran ilegales, y tal situación era interrumpida a veces por una explosión revolucionaria durante breves períodos. Entre ellos, los partidos de Perú, Chile y Cuba desarrollaron un papel considerable aunque no dirigente en los movi- mientos revolucionarios de ese período; en Chile, en 1932, y en Cuba, en 1934–aquífundamentalmente en la campaña– se llegó a la constitución de soviets o de otras organizaciones revolucionarias de masa. El Partido Comunista peruano parece haber sido el único con fuertes ligazones con las masas de indios.
Desde el punto de vista de la Comintern, la experiencia de las áreas soviéticas chinas –que por cierto ha sido sobrestimada en el plano de la estabilidad– fue la cuestión colonial más interesante del período: la aplicación de esta experiencia a otros países semicoloniales ha sido tratada en artículos polémicos aparecidos en el n.° 1 (W. Miro) y n.° 2 (respuesta de Li) de la revista de la IC; y son interesantes todavía en nuestros días, dada la popularización actual de la lucha de guerrillas en el“maoísmo”. La consigna de los soviets aparecía entonces en los programas de acción de los partidos comunistas de la India, Indonesia, Filipinas, etc.; ambos autores consideraban posible una amplia aplicación de esta línea, pero el punto de vista expresado estaba limitado por la insuficiencia de las informaciones de que se disponía a propósito de los desarrollos chinos. Ya se había iniciado la “larga marcha” pero como es obvio183 aún en el ámbito de los funcionarios de la Comintern no debía ser descrita como una
182 Ibíd., pp. 189 y 586-587.
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retirada necesaria causada por la preponderancia de las fuerzas adversarias y/o por los propios errores, sino como una reorganización necesaria para enfrentar de modo positivo nuevos objetivos; algo que por otro lado, si nos abstenemos de la lucha de Mao contra sus adversarios de fracción y tenemos en cuenta la perspectiva histórica, corresponde en buena parte a la verdad.
Miro argumentaba esencialmente desde el punto de vista de una auto- crítica de la vieja tradición marxista: la diferenciación tradicional entre capitales y centros industriales revolucionarios por un lado, y Vendée reaccionarias por otro ya no vale para los países coloniales y semi- coloniales, donde los campesinos constituyen la principal fuerza revolucio- naria, mientras los grandes centros pueden permanecer largo tiempo en manos de la reacción (en su argumentación Miro se remitió no sólo a lasáreas soviéticas chinas, sino también a las experiencias de la revolución de los Taiping, lo que involuntariamente significaba poner en duda el carácter por lo menos tendencialmente socialista de las revoluciones“soviéticas” en el campo). A decir de Miro la premisa del éxito chino reside en el carácter semicolonial del país al que corresponde un poder estatal nominal “nacional” débil; de manera similar, una gran potencia imperialista interesada en un país semicolonial, como lo fueron los Estados Unidos en relación a Cuba en 1933, puede echarse atrás ante la perspectiva de comprometer su aplastante superioridad –algo que sería en cambio totalmente natural en relación a una colonia– contra un país formalmente independiente. Las condiciones para la creación de áreas soviéticas, para Miro, habían sido: 1) un ímpetu revolucionario por lo menos en algunas partes del país, que no debe por necesidad corresponder a una crisis revolucionaria que envuelva a toda la nación pero eso significa excluir, sin embargo, la aplicación de la consigna en países de dimen- siones inferiores a China o Brasil); 2) cierta relación entre el empuje de los campesinos y el del movimiento obrero, del “núcleo proletario”, sin el cual no hubiera sido posible superar la fragmentación organizativa carac- terística del movimiento campesino y construir el ejército revolucionario, cuyos cuadros más importantes habrían debido ser campesinos.
183 Una vez más en el artículo de Shin-Pin en Kommunistische Internationale (ed. alemana, enero de 1936).
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En esto reside la diferencia entre la posición de Miro y el“maoísmo”de nuestros días, que mantiene una actitud más fría en relación a la estructura social del núcleo dirigente, pero está de acuerdo en el hecho de que: 3) la dirección debe ser asegurada por un partido comunista que sigue una línea justa; las carencias en la dirección conducen a derrotas como en el caso de los movimientos de Yeh Ting y Ho-Lung en agosto de 1927.184 Aunque Miro no considere la existencia de una crisis revolu- cionaría nacional como la premisa de la creación de áreas soviéticas, juzga, sin embargo, necesaria cierta acentuación de los conflictos en el campo de la clase adversaria; a pesar de que no siempre sea posible escoger las zonas de la insurrección, deben preferirse áreas espaciosas, que faciliten la movilidad, pobladas por campesinos muy pobres que tengan ya una tradición de lucha guerrillera; también son útiles las condiciones geográficas que vuelven problemática la concentración de las tropas adversarias y distancias considerables hasta las capitales y hasta las localidades en que están concentrados los intereses extranjeros que, de
otra manera, serían fácilmente defendidos por una intervención (eso equivaldría casi a una táctica propensa a evitar todo choque decisivo pero queda fuera de duda que la lejana Yenan vino después a encontrarse en el centro de una lucha nacional generalizada aunque con consignas nacionales y no socialistas).
En las áreas soviéticas está bien que exista por lo menos una industria primitiva que permita armar a las masas; además tiene importancia una particular preparación militar y política de las áreas en que hay intención de hacer la insurrección, pero sin que eso signifique establecer reglas de validez universal. El objetivo esencial –y evidentemente esto ha sido escrito por alguien que conocía ya los hechos que llevaron a la “larga marcha”– no consiste tanto en la defensa de un determinado territorio, como en la conservación de las fuerzas armadas de la revolución, si bien con la creación de un ejército organizado sea posible arribar a una mayor estabilidad, aun no absoluta.
En cambio, Li sostenía el punto de vista de la anterior dirección del partido chino (sin informar, naturalmente, a los lectores, sobre la existencia de contrastes internos): a su parecer, en la lucha por las áreas soviéticas la mayor importancia debía ser atribuida al proletariado de los grandes
184 Strategie und Taktik, p. 252.
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centros industriales; la justificación de la consigna de los soviets debía ser vista en las luchas por Shanghai y Cantón; la toma del poder local presuponía la ruptura completa con la dirección nacional-reformista. Esteúltimo argumento aparece mucho más relevante en cuanto Li (cosa que por otro lado queda justificada por la “larga marcha” y por el posterior abandono de la consigna de los soviets) no limita su discurso sólo a la específica forma soviética, sino también a la constitución de otras formas de poder territorial posibles, por ejemplo los comités de acción antimpe- rialista. A diferencia de Miro, él considera que una crisis revolucionaria general de toda la nación constituye la premisa para una toma del poder local (que aparece entonces como un simple paso técnico en el curso de un movimiento insurreccional que abrazará a toda la nación; las dificultades que surgen a causa del carácter retrasado de los territorios en que se actúa quedan compensadas por los factores geográficos favorables, y por
otras condiciones positivas).
En cuanto a China, recurre a las afirmaciones relativas a la existencia de una crisis revolucionaria general similar contenidas en los documentos publicados por la Comintern en 1929, y a los datos, vistos sin duda alguna con la óptica optimista de su fracción, relativos a las huelgas de los años anteriores: más de 750 mil huelguistas en 1931, 1 millón 215 mil en 1932, etcétera.
La posibilidad de que una crisis nacional pueda ser condicionada por motivos no económicos –una posibilidad que tres años más tarde de las luchas de Shanghai, un año después de las tratativas con el XIX° Ejército del Kuomintang para una lucha de defensa nacional antijaponesa era, en todo caso, verosímil– aparece luego bajo la forma de crítica a los errores cometidos por el PCC, que no había intervenido oportunamente en defensa del XIX° Ejército cuando este fuera atacado por Chiang Kai-shek, en el discurso de Wang Ming ante el VII° Congreso mundial de la Internacional comunista, el 7 de agosto de 1935. En esa ocasión Wang Ming informó no sólo de manera unilateral sobre la “larga marcha”describiéndola como un éxito–enesa situación era necesario hacerlo- sino que también hizo la fantasiosa afirmación de que el partido chino contaba con medio millón de afiliados y de que la consigna de su ComitéCentral “por un incremento de las secciones regulares del ejército hasta el millón de hombres y por la extensión del territorio de las áreas soviéticas
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hasta comprender nna población de 100 millones de habitantes” podía ser realizada plenamente en un futuro muy cercano.185 En relación a las luchas de fracción del PCC, el Congreso asumió una actitud neutral, eligiendo para el Ejecutivo, además de Wang Ming y Mao Tse-tung, también a Chou En-lai y Chang Kuo-Tiao.186 Quizás a causa de la orientación de fondo centrada sobre los problemas europeos como se había expresado en el informe de Dimitrov, o quizás también porque no se sabía valorar con seguridad la situación real existente en China, la posición
oficial del Congreso–laúltima que la Comintern haya tomado en relación a la cuestión colonial– se expresó de manera muy tradicional, en una formulación que de todos modos no aportaba elemento nuevo alguno respecto de la posición de 1933-1934, en la resolución sobre el informe de Dimitrov.
“Los comunistas tienen la obligación de sostener activamente la lucha de liberación de los pueblos coloniales y semicoloniales
oprimidos, en particular la lucha del Ejército Rojo de los soviets chinos y contra los imperialistas japoneses y los otros imperialistas, además del Kuomintang. El Partido Comunista chino debe hacer todo lo posible para ampliar el frente de la lucha de liberación nacional y para hacer intervenir en la lucha de liberación a todas las fuerzas nacionales que están dispuestas a oponerse a la campaña de rapiñas de los japoneses y de todos los demás imperialistas”.187
Pero mientras tanto la base política de esta concepción, la vieja área soviética, había sucumbido, y a la vez, con los preparativos de la acción japonesa contra el corazón del territorio chino, se estaba perfilando una nueva base política mucho más amplia. Pero como en este estudio nos
ocupamos de la Comintern y no del curso militar de la guerra civil china, no necesitamos discutir la cuestión de si la “larga marcha” fue una consecuencia inevitable de una relación de fuerzas militares que, en cuanto Chiang Kai-shek hubo aprendido de sus errores, excluía la posibilidad de fortalecer un gran ejército de oposición en el corazón de China meridional; o si Mao tenía razón188 cuando afirmaba que la
185 Die Kommunistische Internationale (ed. alemana), 1935, n.° 17-18, pp. 1601 y 1608. 186 Véase supra.
187 Pp. 43-44 de Resolutionen und Beschlüsse des VII°. Weltkongresses, en la ed. alemana de las Ediciones de obreros extranjeros, Moscú 1935.
188 Obras (ed. rusa), vol. I, pp. 390 y 406.
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necesidad de la marcha resultaba del hecho de que el viejo grupo dirigente del partido estaba convencido de lo indispensable de manteneríntegra la base territorial, que rechazaba la “movilidad excesiva” y alimentaba la ilusión (compartida por la Comintern) de no ser la dirección de un movimiento guerrillero sino el guía de un gran estado; y si el reproche hecho por Wang Ming a la dirección del Ejército Rojo por no haber apoyado al XIX° Ejército que avanzaba contra Chiang Kai-shek (ya no había diferencias de opiniones sobre la necesidad política de unirse a estas tropas), y por haberse retirado hacia el sur o hacia el oeste en lugar de avanzar hacia el noreste,189 expresaba una real alternativa militar o solamente una lucha de fracción, etc., etcétera.
Pero es cierto que la retirada hacia el sur o hacia el oeste era necesaria, que –con razón o sin ella– el tiempo de preparación se redujo de tres a dos meses y que a las inevitables dificultades se agregaron otras no derivadas del carácter de la gigantesca operación, sino del desconocimiento del carácter guerrillero y móvil del ejército que debía desarrollarla, como por ejemplo la programación mecánica y lineal de un derrotero de marcha“con el que nos transformamos en un objeto de ataque en lugar de tomar nosotros mismos la iniciativa y atacar”, y el hecho de arrastrar detrás pesados carros, debido a la “concepción políticamente errada e ingenua de que la creación de una nueva base soviética significa simplemente mudarse de un lugar al otro”.190 La impresión suscitada por estos eventos fue tal que en el curso de un descanso de doce días en Kuni (provincia de Kweichow), los funcionarios del partido presentes (la reunión, que representa el punto de viraje en la historia del PCC, fue definida como“reunión ampliada del Buró Político”) destituyeron al grupo dirigente“oportunista de izquierda” actuantes hasta aquel momento y eligieron un nuevo grupo bajo la dirección ele Mao Tse-tung que habría de esforzarse durante un año para afirmarse en el partido y en el ejército.
Mao, al llegar a la nueva base, en Shensi del Norte, y en el curso de una reunión que se celebró el 27 de diciembre de 1935 en Waya-Pao, remplazó la tradicional consigna de los soviets, que encarnaba a la“dictadura democrática de los obreros, los campesinos y la pequeña
189 Wang Ming, op cit., p. 1601.
190 Shin-Pin en Kommunistische Internationale (ed. alemana), número especial de enero de 1936, p. 24. Yo mismo supe por boca de “Shin-Pin” que entre los bienes de estado a arrastrar, estaba también la prensa para los billetes.
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burguesía urbana”, por la de “República popular”, que debía comprender a todas las clases listas a resistir la agresión japonesa, incluyendo la burguesía nacional, a la que se garantizaría la libertad de comercio y la posibilidad de desarrollarse económicamente. El núcleo de este gobierno debía estar constituido por obreros y campesinos, pero también abarcaría a representantes de las otras clases caracterizadas por una actitud anti- feudal y antimperialista; el pasaje de la revolución a objetivos socialistas era definido como un problema para un futuro todavía bastante lejano.191
En la cuestión agraria, además del acento general sobre la necesidad de romper el yugo feudal, no se plantean consignas particulares, y sobre todo aquellas dirigidas contra los kulaks; en este aspecto, como también en el del abandono de la consigna de los soviets, la nueva posición de Mao se diferencia de la toma de posición simultánea de Wang Ming, que preveía aun la distribución de las tierras de los kulaks (que sin embargo participarían con los mismos derechos de los demás a la atribución de las tierras distribuidas) y que consideraba “natural” el hecho de dar una posición privilegiada a los obreros en el sistema de elección de los soviets. El “gobierno de defensa nacional” a constituirse sería un gobierno de coalición del partido comunista y del gobierno soviético chino–alque se consideraba todavía como existente– con el Kuomintang (incluida también la tendencia de Chiang Kai-shek, si éste se declaraba dispuesto a luchar contra los japoneses, a cesar en la ofensiva contra el Ejército Rojo y a“lavar su culpa ante el pueblo y elpaís”en la lucha común contra el imperialismo japonés).192
En la exposición de Wang Ming –que era y siguió siendo el candidato de la Secretaría del Comité Ejecutivo de laIC–se trataba entonces de una com- binación táctica cuya base, de parte de los comunistas, debía permanecer fundamentalmente inalterada: pero no hay razones para dudar del hecho de que la Comintern y los rusos aprobaran el proceder, el modo de actuar de Mao.193 Antes de transcurrido un año, el cambio efectuado por el PCC empezó a dar sus frutos: el 12 de diciembre de 1936, los jefes de las tropas del Kuomintang del Noreste chino arrestaron a Chiang Kai-shek en
191 Obras (ed. rusa), vol. I, pp. 281 ss.
192 Kommunistische Internationale, p. 10 (ed. alemana), enero de 1928.
193 Él y Chu Teh (aparte de algunos mártires que en el plano político eran puestos por encima de las controversias de partido) son los únicos comunistas chinos a quienes en este número se les hace la propaganda personal.
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Sian, cuando éste se disponía a iniciar un ataque contra la nueva base del Ejército Rojo, y lo dejaron en libertad sólo cuando, después de una inter- vención del Comité Central del PCC194 ordenó la suspensión de las
operaciones contra el Ejército Rojo y prometió emprender la lucha común contra los japoneses, la que iniciaría luego de la nueva ofensiva de éstos, en julio de 1937. En esta época, el Partido Comunista tenía alrededor de 40 mil afiliados y el ejército unos 30 mil combatientes; en 1940, estas cifras habían subido a 800 mil y 500 mil, respectivamente. Tal nivel, luego de una paralización en el curso de la nueva ofensiva anticomunista de Chiang, en 1941-42, se restableció hasta 1943: en esa época, en vísperas de los acontecimientos que al final llevaron a la toma del poder en toda China, vivían en las áreas controladas por los ejércitos comunistas cerca de 8 millones de chinos (excluyendo naturalmente a Manchuria).195
Por entonces, la Comintern ya se había disuelto: de hecho, con la victoria de Mao sobre la concepción ortodoxa–yaunque esa victoria se insertara positivamente en el marco general de la lucha antimperialista– había perdido su importancia específica, así como la había perdido en Europa al aceptar la política de los frentes populares en el VII° Congreso mundial. Con el fracaso de esta política registrado en los casos de la República española y de la checoslovaca nada cambió, salvo el hecho de que las maniobras diplomáticas de la Unión Soviética en una guerra que se había vuelto inevitable prevalecieron sobre las diferenciaciones ideológicas: no sólo los rusos, cuyas relaciones con los nuevos aliados se volvían más difíciles por la supervivencia de la organización con su pasado revolucio- nario, sino también sus mismos miembros que ahora podían, asumiendo cada uno su propia responsabilidad, sopesar las necesidades de la diplomacia contra las de la autoafirmación ideológica, deben haber lanzado un suspiro de alivio cuando se disolvió la sombra de un pasado interiormente no superado. La resolución de disolución del 15 de abril de 1943 en este punto había sido suscrita por los partidos europeos (a los norteamericanos se les había permitido dejar la organización ya en 1940 para aliviar la situación en su país), y el último número de“LaInternacional Comunista”196 reprodujo declaraciones de consentimiento de Sudamérica, China e India.
194 Mao, Obras (ed. rusa), vol. I, p. 436. 195 Ibíd., vol. IV, pp. 162-164.
196 Número (doble) 5-6 del año 1942-1943.
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En una declaración de tono digno, el PCC reconoció haber obtenido una eficaz ayuda de la Comintern en la lucha revolucionaria: pero ya desde tiempo atrás los comunistas chinos habían llegado a la conclusión de que a ellos les tocaba elaborar la línea política de acuerdo con la situación concreta y las condiciones específicas existentes en su país; de confor- midad con las decisiones del VII° Congreso mundial, el Comité Ejecutivo de la IC y su Presidium no se entrometerían más en las cuestiones
organizativas del PCC. Otra declaración de asentimiento llegó del Partido Comunista indio; éste se definió como el primero (¡porque una vez más el partido, al no hallar una salida a sus contradicciones internas, había decidido disolverse!) en afirmar que la disciplina y la ideología habían permitido la consolidación del partido, pero que la disolución de la
organización facilitaría su ulterior desarrollo hacia la creación de un gobierno nacional por la defensa de la India y por la lucha contra las potencias del Eje.
A causa de la guerra mundial, la tercera tentativa de crear una ligazón internacional de los movimientos socialistas pasó casi inobservada. Y no podía ser de otra manera: a la larga con la creación de nuevos estados socialistas, el intento de dar forma al socialismo mundial según el modelo del primero de ellos debía perder su importancia histórica. Pero ningún fruto puede nacer donde no se ha sembrado antes: la primera guerra mundial fue el arado y la segunda el rastrillo; entre la una y la otra, la revolución rusa y la Comintern aportaron a la siembra. La cosecha estarámadura en otra estación.
FIN

