Libro N° 15433. La Tragedia Del Proletariado Alemán. Rústico, Juan.
© Libro N° 15433. La Tragedia Del Proletariado Alemán. Rústico, Juan. Emancipación. Agosto 8 de 2026
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LA TRAGEDIA DEL
PROLETARIADO ALEMÁN
Juan Rústico
LA TRAGEDIA DEL PROLETARIADO ALEMÁN
Juan Rústico
Colección
SOCIALISMO y LIBERTAD
LA TRAGEDIA DEL PROLETARIADO ALEMÁN
Juan Rústico
Título original: La Tragédie du Proletariat Allemand
Primera edición en castellano: marzo de 2019
“¡Pero la voluntad resuelta de luchar no puede llegar demasiado tarde!
La absurda consigna “aguantemos” ha fracasado. Sólo nos lleva más y más hondo dentro del vórtice del genocidio. La lucha de clases del proletariado internacional contra el genocidio imperialista internacional es el mandato socialista de la hora…
El enemigo principal del pueblo alemán está en Alemania. El imperialismo alemán, el partido alemán de la guerra, la diplomacia secreta alemana. Este enemigo que está en casa debe ser combatido por el pueblo alemán en una lucha política, cooperando con el proletariado de los demás países cuya lucha es también contra sus propios imperialistas.
“El enemigo principal está en casa”
Karl Liebknecht
Volante de mayo de 1915
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La red mundial de los hijos de la revolución social
LA TRAGEDIA DEL
PROLETARIADO ALEMÁN
• ALERTA EN LA ALDEA
René Bèrtholet
• ALEMANIA, 1932
• LA TRAGEDIA DEL PROLETARIADO ALEMÁN:
Notas rápidas de un testigo Juan Rústico
• EL PAPA HA BENDECIDO A HITLER
Henry Leconte
• Ha muerto un gran camarada: LUIS HIPÓLITO ETCHEBÉHÈRE
La Batalla. 18 de Agosto de 1936
• NUEVOS DETALLES SOBRE LA HEROICA MUERTE DEL CAMARADA ETCHEBÉHÈRE
La Batalla. 20 de Agosto de 1936
• UNO DE NUESTROS CAMARADAS HA MUERTO EN LA LUCHA ANTIFASCISTA
Qué Faire?. Septiembre de 1936
• HIPÓLITO ETCHEBÉHÈRE, JEFE MILITAR DEL POUM
Mika Feldman. La Batalla, 1965
• BIBLIOGRAFÍA
JUAN RÚSTICO
Luis Hippolyte Ernest Etchebéhère; nació en el año 1900, hijo de un vasco de Iparralde y de una occitana de Burdeos, en la pequeña localidad de Sa Pereira, cerca de la ciudad de Santa Fe en Argentina.
“Hyppo” fue parte del ala más radical del movimiento estudiantil universitario argentino de principios del siglo XX. Con lecturas propias, con críticas a la política conservadora, pero también fuertes cuestionamientos al positivismo “sarmientino” del Partido Socialista de Juan B. Justo y Alfredo Palacios, y estrechamente identificado con Zimmerwald; los socialistas internacionales; –los Internacionalistas que se opusieron a la guerra–, formó parte del grupo Insurrexit nacido hace un siglo, inmediatamente después de la I° Guerra Mundial y de los acontecimientos de la Reforma Universitaria de 1918, la “Semana Trágica” de Buenos Aires en febrero de 1919, la “Patagonia trágica” (1920-1921). Insurrexit reunió a los que podrían ser considerados como los espartaquistas argentinos. Todo esto en el contexto de grandes acontecimientos mundiales como la revolución de los Soviet, el asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, y la revolución en Hungría. Se trata de un grupo de jóvenes y fervientes activistas, que leen todo lo que cae en sus manos, en especial publicaciones extranjeras. Ávidos lectores que conocen los debates intelectuales de la realidad política europea mejor que cualquier político burgués en la Argentina de la época.
En septiembre del año 1920 aparecerá el primer número de la revista, de la cual el grupo tomará su nombre, Insurrexit: “Una rebeldía seria, reflexiva, donde palpita la impaciencia y estalla la pasión”. El núcleo central, entre los que se encuentran Hipólito Etchebéherè, Pedro Milesi, Mateo Fossa, Héctor Raurich, ya diferenciado del “reformismo” radical (UCR) y del reformismo “socialista” (PS) se define en primera instancia “Internacionalista”. Insurrexit, que puede ser considerada la primera agrupación universitaria comunista de Latinoamérica –quizás única en la época teniendo en cuenta el grado de alfabetización de la población en general–, mantiene comunicación con emigrados españoles y franceses vinculados a la CNT y otros grupos catalanes, alemanes, franceses y polacos.
“Un despertar alado, cuando lejos se va levantando el sol”
“Si usted tiene en sus venas algo más que agua sucia, si usted no puede tolerar una injusticia sin sentir en su rostro el rubor de la especie, si usted no tiene miedo a la verdad, lea Insurrexit”.
Micaela Feldman de 18 años de edad, estudiaba odontología en la Universidad de Buenos Aires, cuando conoció a Hipólito en 1920. Ella había pasado toda su infancia escuchando relatos de revolucionarios rusos escapados de las cárceles zaristas en Siberia. Había comenzado a militar a los 14 años mientras estudiaba en el Colegio Nacional de Rosario. Apenas algo mas de un año después, había fundado junto a otras militantes libertarias la Agrupación Feminista “Luisa Michel”.
Mika se integró a la redacción de la revista casi inmediatamente. Atentos a la situación que la creación de la III° Internacional imponía a los militantes internacionalistas como escenario a nivel mundial, Micaela Feldman y Luis Hipólito Etchebéherè formaron parte de los grupos de estudios marxistas, preexistentes, que se integraron al PC Argentino en sus comienzos. Un partido en cuya fundación también tomaron parte otros destacados dirigentes, más tarde calificados de “heterodoxos” o “disidentes”, como el chileno Luis Emilio Recabarren.
Se unieron al PC Argentino en 1923 y fueron expulsados por “fraccionalistas” a finales de 1925, junto con varios activistas muy destacados, opuestos a la linea autoritaria, burocrática, racista, “pre” stalinista, que el PCA comenzaba a tomar, de la mano de los acontecimientos que rodearon a la IIIra Internacional Comunista a partir del IIIer Congreso y la enfermedad de Lenin. Frente a las disidencias dentro del movimiento comunista internacional constituyen un pequeño núcleo en el cual “Hyppo” forma parte del Comité organizador del nuevo Partido Comunista Obrero (1926-29). Este grupo, también fue conocido como “los chispistas”, por editar un diario en clara referencia a Iskra, a los que también se acusó de ‘anarquizantes’ e ‘informales’. Los militantes del PCO, se inclinaban por las tesis de la Oposición de
Izquierda, y por ello fueron acusados de antibolcheviques y ‘trotskistas’ , aunque solo se trataba de un marxismo muy refinado para la época, “consejista”, más cerca del espartaquismo que del ‘leninismo’ vulgar y autoritario de la Komintern después de Lenin.
Frente al golpe militar fascista en Argentina y la crisis económica desatada desde 1929, Mika y Luis Hipólito, se dirigen a la región de los lagos en Chubut, en la Patagonia Argentina, en busca de trabajo y también como medida de seguridad frente a la persecución de la policía política del régimen. Para entonces Hyppo conocía bien las obras de Marx y Engels editadas en francés, algunos textos de Lafargue y las primeras traducciones de los escritos de Lenin, a cargo de Víctor Serge (“Lenine” al uso francés). Recorrieron la Patagonia recogiendo testimonios de las masacres de los trabajadores rurales en manos del ejército durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen (19201921) al tiempo que trabajaban como dentistas con un consultorio ambulante; ella como odontóloga y él, fabricando prótesis dentales.
Micaela y Luis Hipólito llegarán a Madrid en 1931, huyendo del clima represivo, en “viaje de estudios”, para experimentar la revolución. En España, en junio de ese año, comprobarán que la recién nacida IIda República reprimía duramente a los manifestantes que reclamaban el cumplimiento de las promesas electorales, para continuar luego hacia París, donde se vincularon rápidamente con círculos revolucionarios como «Amis du Monde» de René Lefeuvre, editor de Masses (1933) y Spartacus (1934), A. Tasca y L. Laurat, con quien Hipólito trabajará en la corrección de la edición de El Capital de Ed. Costes.
La pareja llegará a Berlín a comienzos de noviembre de 1932 para conocer por sus propios ojos la realidad de aquel país, y se vincula con el grupo “Wedding” dirigido por Kurt Landau.
Al regresar a París en junio de 1933, Luis Hippolyte Etchebéhère publica lo dos artículos que dan nombre a este libro: La Tragedia del Proletariado Alemán, en la revista MASSES bajo el pseudónimo Juan
Rústico. Un relato crudo y atrapante escrito en plural, en el que “nosotros” es la seña de identidad, que también nos deja ver la mano y el tono vibrante y dramático de la gran cronista que fue Micaela Feldman de Etchebéhère.
(Véase: Los Fundamentos del Leninismo) dice Stalin textualmente: “el centro del movimiento revolucionario debía desplazarse a Rusia”. Sabido es que el desarrollo de la revolución en Rusia ha justificado, y con creces, esta predicción de Lenin. [Lenin nunca dijo eso, las “predicciones”, son asuntos de astrólogos y místicos ocultistas] Y, siendo así, ¿tiene algo de asombroso que el país que ha llevado a cabo semejante revolución y que cuenta con semejante proletariado haya sido la patria de la teoría y la táctica de la revolución proletaria? ¿Tiene algo de asombroso que el jefe del proletariado de Rusia, Lenin, haya sido, a la par, el creador de esta teoría y de esta táctica y el jefe del proletariado internacional?...”
Ese texto, y otros tantos artículos comentando las opiniones de los
Etchebéhère, publicados en la revista parisina MASSES durante el año
1933, han sido traducidos por primera vez al español para esta edición, La Tragédie du Proletariat Allemand, bien podría compararse por su calidad y su significación en la historia del periodismo revolucionario, con la apasionada literatura de Larissa Reisner.
En París, en diciembre de 1934 Hipólito y Mika participan del grupo que edita la revista antiestalinista Que faire? con el austríaco Kurt Landau y André Ferrat. Es durante esos años que los Etchebéhère se vuelven íntimos amigos de los Rosmer.
Hyppo llega a España en mayo de 1936 con la intención de recoger testimonios e información para un próximo libro sobre la insurrección asturiana de 1934. El 12 de julio de 1936, seis días antes del golpe militar fascista en España, Mika viaja a Madrid para reunirse con su compañero. Para entonces Hyppo también escribe y firma algunos artículos en La Batalla con el pseudónimo francés. Ambos se suman como voluntarios a las filas del Partido Obrero de Unificación Marxista.
Líder de la columna motorizada del P.O.U.M. de Madrid, al frente de un contingente de 150 hombres, crónicamente enfermo de tuberculosis, un mal incurable en aquellos días, Hipólito es asesinado el 17 de agosto de 1936 en Sigüenza. Tenía 36 años.
Mika Etchebéhère continuó en la lucha con el grado de capitana de milicias, hasta ser detenida en mayo de 1937 en el frente de Guadalajara y llevada a Madrid por agentes stalinistas bajo la acusación de ‘trotskista’, y ‘desafecta’ a la República, cuando la persecución del P.O.U.M. alcanzó grados criminales, por parte de la policía política desde entonces dirigida desde Moscú. Y solamente fue liberada por las presiones de sus camaradas, entre ellos Cipriano Mera, que personalmente rodeó con la tropa a su mando la Dirección General de Seguridad donde Mika estaba secuestrada, condenada sin juicio, para ser fusilada probablemente aquella misma noche.
Al salir de la cárcel Mika se incorporó a la agrupación “Mujeres Libres”. Volvió al frente de combate, Moncloa, Pineda de Húmera, Cerro del Águila, hasta junio de 1938, cuando las mujeres fueron enviadas a retaguardia.
A partir de entonces participó en cursos de alfabetización y tareas de formación y cultura en un hospital madrileño al servicio de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Continuó participando en las actividades de “Mujeres Libres” hasta la caída de Madrid, el 28 de marzo de 1939, y gracias a su pasaporte francés por su matrimonio con Hippolyte logró refugiarse durante seis meses en el Liceo Francés y no ser detenida; para después conseguir llegar a París. En 1940 previendo la guerra y antes de la ocupación huyó a la Argentina, para volver a Francia, luego del ascenso del peronismo y el fin de la guerra en 1946. Allí colaboró con sus antiguos camaradas del Círculo de Zimmerwald y publicó en 1976 Mi Guerra de España, un libro autobiográfico conmovedor, también editado en esta colección.
Juan Rustico defendió a lo largo de toda su vida, una comprensión libertaria, es decir antiautoritaria, del pensamiento y la práctica revolucionaria comunista, por eso su ejemplo y su recuerdo están vivos. Así seguirán siempre, no importa en que futuro.
Ilustración de la revista Masses, n.º 6 París. 1ro de junio de 1933
LOS FUNDAMENTOS DE LA REVISTA
Masses, n.º 1
Abril de 1931
El mundo moderno vive del producto del trabajo de la masas de hombres y mujeres, a quienes solo les pertenece una pequeña parte de la producción, y que no posee ni la dirección, ni el control, que pertenece a una minoría. Esa minoría pretende demostrar por todos los medios, ser el egoísta tirano absoluto de esa producción. Y de esa manera, el capitalismo, la expresión de esa minoría, se ha mostrado cada día más en una contradicción formal con los intereses de las masas, es decir, del proletariado.
EL DEBER DEL PROLETARIADO ES LUCHAR CONTRA EL CAPITALISMO; POR TODOS LOS MEDIOS, ABATIRLO; PARA REEMPLAZARLO POR UN SISTEMA EN EL QUE SERÁ EL MAESTRO DE SU PRODUCCIÓN.
Tal lucha requiere sobre todo la agrupación de todos los elementos de las masas para el desarrollo de la CONCIENCIA PROLETARIA, CONCIENCIA DE CLASE.
Las masas solo alcanzarán cierto grado de conciencia a través de una primera educación, completada luego por una VERDADERA EDUCACIÓN proletaria. MARXISMO, como plan teórico, la REVOLUCIÓN RUSA y sus logros, como plan práctico, son las bases principales de los estudios –críticos– que esta acción y esta educación incluyen necesariamente.
“Masas” pretende, por su parte, participar en esas diversas tareas, especialmente teniendo como marco la multitud de jóvenes. Los hombres del proletariado mundial. Para dar en sus columnas los signos de su actividad y para estimular incesantemente sus esfuerzos. Ese es su propósito material. Los editores cuentan con el apoyo moral y económico absoluto de todos sus compañeros proletarios como ellos, a quienes lanzan esta primera convocatoria.
“MASAS”
ALERTA EN LA ALDEA
René Bèrtholet
Esto fue a principios del año1931:
Estoy al teléfono. Es un compañero campesino, proletarizado, trabajador textil y pequeño agricultor que me dice: “¿Sabes?, esta noche hay una asamblea de nazis en nuestro pueblo, ven y trae a los opositores, nosotros iremos allí”. - “Oído, salimos en una hora”.
Y el teléfono cuelga. La amenaza fascista allí en medio del campo, en las pequeñas aldeas aisladas, era particularmente visible. La escuela socialista había organizado en la región “toda una red de hombres de confianza”. Los camaradas eran socialistas, comunistas o sin partidos.
Los habíamos conocido poco a poco los domingos durante nuestras campañas de agitación. Vendíamos nuestra revista puerta a puerta.
Por ejemplo yo conocía como mi bolsillo, el pueblo del camarada que me llamó. Cada casa, cada hogar, sabía por qué este o aquel activista sindical no se atrevía a unirse al partido, sabía dónde estaban los grandes agricultores que estaban bajo la influencia de los nazis: los conocí, por cierto, los domingos, a veces me ofrecían mi taza de café y ese gran pastel que, todos los domingos, se puede encontrar en las mesas de los campesinos de la Alemania Central.
Convocamos a dos camaradas. Partimos. Viajamos con nuestras bicicletas por un camino que la noche iba envolviendo. Tenemos dos horas de viaje. En el camino, recordamos los puntos que podríamos usar de manera efectiva frente a una audiencia de trabajadores agrícolas y campesinos. Estos puntos los habíamos dejado en claro durante varias tardes de trabajo y discusión entre compañeros. ¡El pueblo! Debemos buscar a un amigo. Podemos dejar las bicicletas en su casa. Es mejor no llevarlas al lugar de reunión. Los nazis ya nos conocen y nos prometieron una pequeña venganza por nuestra acción en cada una de sus asambleas.
¡Hola!, ¡Hola! ¿Habrá gente? Sí, los campesinos están afectados por la propaganda de Hitler. Recibieron durante un mes, –casi toda gratis– la propaganda nacionalsocialista de la región; luego empezaron a ir a las reuniones de los fascistas que, todos los meses, venían al menos una vez.
Entramos; es una pequeña posada alemana, está llena. Hay un rincón donde están los trabajadores de la fábrica de la ciudad vecina y los campesinos, los hacendados van a donde están los demás campesinos. Reconocemos a estas personas por su vestimenta, un poco vieja, pero sólida. Los nazis no cobraban entrada. No están seguros de su audiencia. Los trabajadores no habrían pagado nada y probablemente habrían ido a otra parte de haber podido evitarla.
Sólo hay dos nazis. El orador y el que dirige la asamblea. Son ajenos al pueblo. Afuera los espera el automóvil de un industrial de la pequeña ciudad vecina que los trajo. El propio industrial, un rabioso nazi, llegaría más tarde.
Comienza el discurso, empezamos a conocerlos.
Sin duda inspirados según el mismo modelo; el mismo molde; en alguna de las escuelas de oradores que los nazis instituyeron en cada ciudad de cierta importancia. Habíamos instado a los compañeros a no interrumpir el discurso del fascista para no poner condimento en su sopa.
Tuvimos éxito. Las palabras insolentes y provocadoras de los nazis, – un chico muy joven–, cayeron en una atmósfera fría. No sonaba. Los campesinos asintieron de vez en cuando, esbozaron una sonrisa cuando el orador trató de ser espiritual. Durante casi dos horas giró el reloj. ¡Al final! Se acabó, unos pocos aplausos. Antes de entrar en la discusión, nos presentan un plato: “Para la propaganda electoral del Partido Nacionalsocialista... No muerde”. Sólo se reúnen unos pocos pfennings en el plato.
El primero en intervenir fue un viejo trabajador textil. Los nazis habían dicho que la solidaridad Internacional de los trabajadores era una farsa. El viejo camarada apenas pudo contener su indignación. Y nos contó acerca de la famosa huelga de Ksimisschau del año 1905, que solo tuvo éxito gracias a la ayuda de compañeros extranjeros que habían enviado grandes cantidades de dinero.
Entonces fue nuestro turno. Era necesario insistir en el hecho de que los campesinos y los trabajadores tienen un interés común en combatir a los nazis aliados a los grandes terratenientes, los enemigos de la clase campesina. Los campesinos parecen interesarse en esta idea. Los trabajadores lo aprueban.
El nazi termina. Les habíamos dicho a los compañeros que en la primera provocación haríamos estallar la reunión. Las interpelaciones vienen ahora de todas partes. Y de repente, suena un grito:
“Ya no queremos escuchar estas provocaciones”. “La Internacional se respeta”.
Todos los camaradas trabajadores están saliendo, algunos campesinos, y afuera está el auto del industrial, que teme que no lo dejemos regresar. Él sale, los dos nazis que están con él también.
No hay más reunión, los campesinos salen lentamente, comentan la discusión, todos piensan que podría haberse convertido en una buena paliza. La policía que había asistido a la reunión salió luego. Todo está en calma. El coche arranca en medio de un sinfonía de burlas sonoras.
Unos apretones de manos. Mejor vayamos en una dirección opuesta a la que tomó el auto; nunca se sabe... Un pensamiento nos da algo de aliento, una pequeña esperanza: por lo tanto, nuestra tarea es reunir a los trabajadores de manera eficiente, incluso en una pequeña aldea, contra la insolencia nazi, a pesar de la falta de los grandes aparatos de los partidos obreros, ellos tampoco se preocupan por lo que está sucediendo en el campo y dejan que crezca la atmósfera pro-fascista.
Antifaschistische Aktion4
4 El primer llamamiento del movimiento conocido como Antifaschistische Aktion fue lanzado por el Partido Comunista Alemán, KPD en su periódico Die Rote Fahne en 1932. Apareció por primera vez en un acto en Berlín, por entonces capital de la República de Weimar. el 10 de Julio de 1932. El distintivo fue diseñado por Max Keilson y Max Gebhard de la Assoziation revolutionärer bildender Künstler Deutschlands, ARBKD. (Asociación de Artistas Visuales Revolucionarios). Véase Loren Balhorn: “The Lost History of Antifa”, Jacobin. Mayo de 2017.
ALEMANIA, 1932
La Elección presidencial de Alemania de 1932 tuvo lugar, en su segunda ronda, el día 10 de abril de 1932, con el propósito de elegir al Reichspräsident. Fue la tercera y la última elección presidencial de Alemania (de carácter popular), ya que Hitler ocupó el cargo al morir Hindenburg, y desde 1949 el Presidente ha sido electo de manera indirecta.
La primera ronda se celebró el 13 de marzo del mismo año, y como resultado accedieron a la segunda ronda el candidato comunista Ernst Thälmann, el candidato nacionalsocialista Adolf Hitler y el Mariscal Paul von Hindenburg, que buscaba la reelección. Tras la segunda ronda, Hindenburg fue reelegido Presidente de Alemania.
Antecedentes
En la República de Weimar, el Presidente (Reichspräsident) podía nombrar al Canciller (Reichskanzler), disolver la principal cámara del Parlamento (Reichstag), y permitir que el Canciller gobernase mediante decretos de emergencia. Ese cargo había sido aspirado por Adolf Hitler desde 1925, cuando el General Erich Ludendorff se presentó a las elecciones presidenciales de 1925 respaldado por el Partido Nazi, pero fue derrotado. El Mariscal Paul von Hindenburg logró la victoria en esta ocasión, apoyado por una coalición de partidos nacionalistas.
Desde 1930, el Presidente Hindenburg había recurrido al artículo 48 de la constitución alemana de 1919, permitiendo que el Canciller gobernase sin aprobación del Reichstag, ya que desde esa fecha ningún gobierno había sido capaz de alcanzar una mayoría parlamentaria. De esta manera, el anciano Hindenburg nombraba y destituía cancilleres, siendo manipulado por los colaboradores de su entorno, entre los que destacaban: el General Kurt von Schleicher, Otto Meißner, Franz von Papen y su hijo Oskar von Hindenburg.
Para 1932, el Canciller Heinrich Brüning estaba preocupado por el incremento de popularidad de los nazis, que habían obtenido más de seis millones de votos en las elecciones parlamentarias de 1930. El General Schleicher, artífice del ascenso de Brüning, también creía que la inestabilidad política terminaría con la República de Weimar, y que esta caída estaría marcada por la llegada al poder del nazismo o el comunismo.
La avanzada edad de Hindenburg indicó a Brüning que éste no sobreviviría a un segundo término en caso de que el Presidente buscase la reeleción. Para ganar tiempo, Brüning decidió extender el período de Hindenburg hasta su muerte natural, pero necesitaba la aprobación de dos tercios del Reichstag, en el que los nazis eran la segunda fuerza política con un 18,3%, después de los socialdemócratas, que tenían un 24,5%.
El 7 de enero de 1932, Brüning se reunió con Hitler para persuadirlo de apoyar el alargamiento del período de Hindenburg, pero después de varios días, Hitler rehusó. Luego se comunicó con Hindenburg y le indicó que los nazis lo apoyarían en su reelección sólo si destituía a Brüning como Canciller. Hindenburg rehusó, pero la posición de Brüning estaba lejos de estar segura, ya que Hindenburg y Schleicher consideraban que el Canciller había manejado la negociación con los nazis de manera incorrecta.
Campaña electoral
Habiendo quedado claro que Hindenburg buscaría la reelección, Hitler se debatió largamente sobre sí debía apoyarlo o postularse en su contra. El hecho de que Hitler no fuera ciudadano alemán complicaba aún más la situación. El 15 de febrero, Hindenburg se presentó oficialmente como candidato para la presidencia, y una semana después, Hitler se postuló también. Dos días antes de su postulación, Hitler había logrado que el Ministro de Interior de Brunswick, miembro del Partido Nazi, le asignara un cargo público, y automáticamente se convirtió en ciudadano alemán.
En una nación dividida políticamente, esta elección se caracterizó por las contradicciones entre los candidatos y los grupos que los apoyaban. El hecho de que Hindenburg recibiera el apoyo de los socialistas, católicos y centristas, estos últimos ligados a Brüning, revela el intento de esos grupos de evitar que Hitler ganase las elecciones. Por su parte, Hitler recibió el apoyo de protestantes del norte, conservadores, y monárquicos.
Propaganda electoral de Hindenburg frente a la Puerta de Brandeburgo
El DNVP, principal partido nacionalista hasta 1930, y los junkers de Prusia apoyaron a Theodor Duesterberg, segundo presidente de la organización paramilitar Cascos de Hierro (Stahlhelm). Los nazis revelaron poco después que Duesterberg era bisnieto de un judío, en un intento exitoso de minar su popularidad.
El Partido Comunista apoyó a Ernst Thälmann, luego de acusar a los socialdemócratas de haber traicionado a los trabajadores al apoyar a Hindenburg.
Por último, Gustav A. Winter se presentó como candidato independiente, apoyado por los Inflationsgeschädigten (dañados por la inflación).
Los nazis se lanzaron de lleno en estas elecciones, llegando a distribuir ocho millones de panfletos y doce millones de copias adicionales de periódicos simpatizantes durante la campaña. Sin embargo, la mayor parte de la prensa estaba en contra de Hitler. Emil Kirdorf y Fritz Thyssen, “capitanes de la industria”, apoyaron a Hitler en esta elección, como ya lo habían hecho en el pasado.
Por otro lado, Brüning abusó de los medios de comunicación estatales de promocionar la reelección de Hindenburg. No obstante, el viejo Presidente solamente realizó un discurso en toda la campaña. Hindenburg recibió el apoyo de los más grandes magnates alemanes, entre los que destacaban los directores de la compañía eléctrica Siemens y la química IG Farben. Los banqueros también lo apoyaron en su reeleción.
Primera vuelta
El 13 de marzo de 1932 se realizó la primera vuelta de la elección presidencial
Resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
# Candidato Apoyado por Electores % de votos válidos
1 Paul von Hindenburg SPD 18.651.497 49.6%
2 Adolf Hitler NSDAP 11.339.446 30.1%
3 Ernst Thälmann KPD 4.983.341 13.2%
4 Theodor Duesterberg DNVP 2.557.729 6.8%
5 Gustav A. Winter Inflationsgeschädigte 111.423 0.3%
6 Otros candidatos - 4.881 0.0%
El ganador debía obtener la mayoría absoluta para no tener que ir a una segunda vuelta, pero Hindenburg no logró obtenerla por 0.4%. El Partido Nazi aumentó su número de votantes en un 86%, por lo que representaba unos cinco millones más de simpatizantes, no obstante, Hitler estaba muy lejos de alcanzar a Hindenburg.
Tras las elecciones, la policía prusiana reveló a Brüning documentos que mostraban que las SA dirigidas por Ernst Röhm planeaban ejecutar un golpe de Estado después de que se realizaran. El 5 de abril, los gobiernos regionales de Prusia y Baviera presionaron al gobierno central para que prohibiera a las SA. Brüning esperó hasta la segunda vuelta, ya que consideró que entonces podría actuar libremente contra las SA, con el partido Nazi derrotado.
Segunda vuelta
Para la segunda vuelta, Winter y Duesterberg se retiraron, y los nacionalistas apoyaron a Hitler entonces. El Príncipe Heredero Guillermo de Prusia apoyó a Hitler públicamente en esta última etapa, aunque él, como la mayoría de los príncipes de Hohenzollern, habían apoyado a
Duesterberg en la primera vuelta. Fue en esta etapa que Hitler dijo: “En el Tercer Reich, toda chica alemana encontrará un esposo.”
El 10 de abril de 1932 se realizó la segunda vuelta de la elección presidencial.
# Candidato Apoyado por Electores % de votos válidos
1 Paul von Hindenburg
SPD
19.359.983 53.0%
2 Adolf Hitler
NSDAP, DNVP
13.418.547 36.8%
3 Ernst Thälmann
KPD
3.706.759 10.2%
4 Otros candidatos - 5.472 -
Hindenburg fue reelegido por más del 50% de los votantes. El NSDAP y el KPD, salieron derrotados de esta elección por amplia mayoría.
Consecuencias
Esta derrota hizo creer a Röhm que Hitler y el nazismo estaban en decadencia. Röhm contactó a Schleicher, e iniciaron negociaciones para entregarle el mando de las SA. Röhm quería favorecer a Schleicher, ya que creía que solamente se podría salvar a Alemania con un gobierno militar. El Canciller Brüning también creía que el nazismo estaba debilitado, y luego de que el General Wilhelm Gröener, Ministro de Defensa y aliado de Brüning, rechazará el mando estatal de las SA, Brüning persuadió a Hindenburg para que las prohibiera. El recién reelecto Presidente firmó el decreto el 13 de abril.
Sin embargo, la disolución de las SA nunca se llevó a cabo, ya que inesperadamente, el General Schleicher acudió en ayuda de Hitler. El General Kurt von Hammerstein-Equord, Jefe de Estado Mayor del Reichswehr y amigo de Schleicher, informó a los comandantes de los distritos militares que el Ejército no apoyaba la medida. Luego Schleicher minó la posición de su antiguo tutor, el General Groener, acusándolo de pacifista y marxista, así como de haber tenido relaciones sexuales premaritales. Schleicher también resaltó la contradicción gubernamental al prohibir las SA y no a las Reichsbanner, su equivalente socialdemócrata.
La razón de este aparente cambio de actitud en Schleicher se debe a su creencia en que, si los nazis llegaban al poder, él sería capaz de controlar a Hitler.
Los planes de Schleicher funcionaron inicialmente. El 13 de mayo, Groener renunció, luego de que Hindenburg le retirara su apoyo. A pesar de los grandes esfuerzos que Brüning había realizado para la reeleción de Hindenburg, el Presidente siguió teniendo una mala opinión del Canciller, y le retiró el apoyo cuando Schleicher lo atacó. El 29 de mayo, Brüning renunció por petición de Hindenburg. Brüning llevaba días buscando formar un nuevo gabinete, sin percatarse que Hindenburg y Schleicher le habían dado la espalda.
Luego de una entrevista con Hitler, Hindenburg nombró Canciller a Franz von Papen. Schleicher había arreglado este nombramiento y había prometido a Hitler que este gobierno era de transición para el eventual nombramiento de Hitler como Canciller.
El recién nombrado Canciller disolvió el Reichstag y llamó a nuevas elecciones parlamentarias, de acuerdo a lo pactado con los nazis.
El 15 de junio la prohibición de las SA fue anulada, lo que también era parte del pacto.
En las elecciones parlamentarias de julio, el Partido Nazi obtuvo 230 asientos en el Reichstag. El 13 de agosto, primero Schleicher y luego Hindenburg le negaron la Cancillería a Hitler. Éste contactó a los católicos centristas, con el objetivo de asustar a Papen y Schleicher haciéndoles creer que los nazis obtendrían la mayoría absoluta en el Reichstag.
Entonces, Papen obtuvo un decreto de Hindenburg para disolver el Reichstag, que inició sesiones el 12 de septiembre. En la primera sesión, se realizó una votación para emitir moción de censura contra Papen. Aunque Papen hizo uso del decreto de disolución del Reichstag antes de la votación, el Presidente del Reichstag, Hermann Göring no le prestó atención hasta después de la votación. Finalizada la votación, Göring le dijo a Papen que el decreto no tenía validez porque acababa de ser destituido.
El Reichstag fue disuelto de nuevo, y se llamaron a nuevas elecciones para el 6 de noviembre. En las elecciones parlamentarias de noviembre, el Partido Nazi obtuvo 190 asientos en el Reichstag, perdieron dos millones de votantes, que fueron a parar a otros partidos.
Luego de la derrota electoral de los nazis, Schleicher decidió deshacerse de Papen, que renunció el 17 de noviembre. El 1 de diciembre, Schleicher logró hacerse con la Cancillería, luego de asegurar que podía lograr que varios miembros nazis del Reichstag abandonaran a Hitler, así como lograr el apoyo de los socialdemócratas. Schleicher ofreció el puesto de ViceCanciller a Gregor Strasser un líder nazi. La pésima situación financiera del Partido Nazi y la caída de popularidad del movimiento, hicieron resurgir las viejas rencillas entre Strasser y Hitler. Strasser amenazó con dividir el partido, solamente la acción rápida de Hitler y la oportuna propaganda de Göebbels lograron evitar esto, frustrando el objetivo de Schleicher.
El 4 de enero de 1933, Papen se reunió con Hitler, y después de buscar una solución a las dificultades financieras del Partido Nazi, ofreció un gobierno conjunto entre los nazis. El 23 de enero, Schleicher informó a Hindenburg que no había sido capaz de obtener una mayoría en el
Reichstag y reconoció no haber podido dividir a los nazis. Sin el apoyo de
Hindenburg, Schleicher tuvo que renunciar cinco días después. Hindenburg consultó a Papen sobre el nuevo Canciller, y éste aseguró que podría formar un gobierno si nombraba a Hitler.
El 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado Canciller por Hindenburg.
Ernst Röhm, Gregor Strasser y Kurt von Schleicher murieron durante la “noche de los cuchillos largos” en 1934. Heinrich Brüning tuvo que escapar para no sufrir el mismo destino. Franz von Papen fue marginado rápidamente en el gobierno de Hitler, y varios amigos y colaboradores suyos fueron ejecutados en la “noche de los cuchillos largos”, no obstante, él continuó desempeñando cargos después. Papen fue juzgado en los juicios de Nüremberg pero fue absuelto.
Ernst Thälmann fue asesinado en el campo de concentración de Buchenwald en 1944
ELECCIONES AL REICHSTAG DE JULIO DE 1932
Las elecciones federales de Alemania de julio de 1932 tuvieron lugar el 31 de julio de aquel año con el propósito de elegir a los miembros del séptimo Reichstag de la República de Weimar. Estas elecciones fueron adelantadas después de que el canciller Franz von Papen disolviera el parlamento. Fueron los segundos comicios desde que, tras la derrota de la coalición gobernante en 1930, la frágil república cayera en un estado de estancamiento político, sin gobiernos electos y cancilleres débiles designados por decreto por el presidente Paul von Hindenburg.
Posicionado tras su gran desempeño en las elecciones presidenciales de abril, si bien no consiguió ganar, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP o Partido Nazi) liderado por Hitler, logró posicionarse por primera vez como la primera fuerza política de Alemania al obtener el 37.27% de los votos y una primera minoría de 230 escaños. Sin embargo, se halló lejos de obtener mayoría absoluta. El Partido Socialdemócrata (SPD) presidido por Otto Wels, sufrió una sorpresiva y abrumadora derrota al recibir el 21.58% de los votos y 133 escaños, continuando su tendencia decreciente con respecto al anterior comicio y además perdiendo el monopolio de la primera minoría en el legislativo alemán, que conservaba ininterrumpidamente desde 1912, siendo la primera elección desde 1890 en la que no era la fuerza política más votada. Pasarían cuarenta años hasta que volviera a serlo, en las elecciones de 1972. El Partido Comunista de Alemania (KPD) logró un 14.32% de los sufragios y 77 escaños, incrementándose su apoyo electoral. El Partido de Centro
(Zentrum) del canciller Papen quedó en cuarto lugar con un 12.44% y 68 escaños, seguido por el Partido Nacional del Pueblo Alemán (DVNP) de Alfred Hugenberg. La participación fue del 84.10% del electorado registrado.
Al igual que en los anteriores comicios, la extrema derecha NSDAP y la izquierda KPD, lograron juntos la mayoría en la cámara, lo que imposibilitaba que ninguno de ellos pudiese formar gobierno. Finalmente, el 12 de septiembre, al momento de realizarse la primera sesión del Reichstag, el Partido Nazi trató de ejecutar una moción de censura contra el gobierno de Papen, lo que provocó que este disolviera el legislativo instantáneamente y convocara a nuevas elecciones para noviembre.
Al ser incapaz de postergar las elecciones presidenciales de 1932, el canciller Heinrich Brüning perdió el apoyo de su protector, el general Kurt von Schleicher. El anciano presidente Paul von Hindenburg quedó decepcionado con Brüning, a pesar de que había trabajado intensamente para lograr su reelección. Schleicher decidió esperar hasta después de la elección presidencial para propiciar la caída de Brüning, ya que su apoyo era útil para la campaña de Hindenburg.
El 10 de abril, Hindenburg fue reelegido, derrotando por un amplio margen a Adolf Hitler, su principal rival. Fue entonces cuando Schleicher entró en acción. Tras deshacerse de su antiguo protector, el general Wilhelm Groener, Ministro de Defensa y principal aliado de Brüning, Schleicher convenció a Hindenburg para que solicitara la renuncia a Brüning el 29 de mayo. Entonces, Hindenburg nombró canciller a Franz von Papen, de nuevo gracias a la intervención de Schleicher, quien le aseguró al presidente que Papen lograría convencer a los nazis de apoyar al nuevo gobierno.
El partido nazi se enfrentaba en aquel momento a una orden de disolución de su brazo paramilitar, las SA, y Schleicher le había asegurado a Hitler que Papen anularía esta orden, con la condición de que apoyase al gobierno de Papen, que los nazis veían como un gobierno de transición. Hitler creyó entrever que Schleicher le había ofrecido la cancillería después de Papen, pero aunque Schleicher realmente veía a Papen como una solución transitoria, no pensaba entregar a los nazis el poder, sino que pensaba cambiar la Constitución con el objetivo de que el siguiente gobierno, dominado por él, fuese más fuerte.
El 4 de junio, Papen, recién nombrado canciller, disolvió el Reichstag y llamó a nuevas elecciones. Papen incumplió el plan de Schleicher desde el principio, ya que no logró que su partido, el Zentrum, lo apoyara. Los centristas católicos querían que los nazis participasen en un gobierno de coalición, donde no llevarían la batuta y se desgastarían aprobando leyes impopulares. De esta manera, pensaban mostrar que Hitler no era capaz de cumplir sus promesas. Papen no quería exponer a los nazis, y su partido lo abandonó. Al ser Papen incapaz de formar un gabinete, Hindenburg tuvo que formar un gabinete para su Canciller.
Campaña
El 15 de junio, Papen anuló la orden de prohibición de las SA. Desde entonces, las calles de las ciudades alemanas fueron escenario de una batalla campal entre las SA nazis y los comunistas. En julio, se dijo que murieron 38 simpatizantes nazis y 30 comunistas en enfrentamientos y revueltas.
En el oeste de Alemania, el rechazo a los nazis fue mayor. El 17 de julio, los nazis realizaron una marcha por Altona, un suburbio obrero de Hamburgo, muriendo 19 personas y resultando heridas otras 285 tras graves enfrentamientos. El 12 de julio, Hitler y Göebbels habían sido apedreados por comunistas en Hagen. Hitler también encontró un tratamiento hostil en Düsseldorf, Elberfeld y Dortmund. Incluso Göebbels fue perseguido en su ciudad natal. Territorios bajo jurisdicción prusiana (excepto Berlín), que fueron controlados por Papen luego del Preußenschlag (golpe prusiano).
En los territorios bajo jurisdicción prusiana, los enfrentamientos había sido particularmente duros, y cuando los partidos políticos, excepto el nazi y el comunista, solicitaron medidas para restablecer el orden, Papen disolvió el gobierno constitucional de Prusia de Otto Braun, y tomó personalmente las riendas del mismo. Schleicher presentó “evidencias” de que el gobierno prusiano estaba trabajando con los comunistas, y, amenazando con usar la fuerza desalojó a los ministros socialistas. Se declaró la ley marcial en Berlín, y el General Gerd von Rundstedt, comandante militar local, realizó una serie de arrestos. El SPD entregó el Estado Libre de Prusia, probablemente el gobierno alemán más democrático hasta entonces, al autoritario Papen, casi sin ofrecer resistencia. Los comunistas hicieron llamamientos a una huelga general, pero la población no respondió.
Algunos historiadores consideran que este golpe de Papen marcó realmente el fin de la República de Weimar, a pesar de que los nazis no llegaron al poder sino hasta ocho meses después. El “golpe prusiano” de Papen marcó además el declive de la socialdemocracia en Alemania, que quedó reflejado en las elecciones de julio.
La campaña de los nazis se caracterizó por las grandes multitudes que acudían a observar los discursos teatrales de Hitler.
Resultados
El 31 de julio de 1932 se realizaron las elecciones parlamentarias.
# Partido político Electores % de votos válidos Asientos Variación (asientos)
1 NSDAP
13.745.680 0 230 123
2 SPD
7.959.712 0 133 -10
3 KPD
5.282.636 0 89 12
4 Zentrum
4.589.430 0 75 7
5 DNVP
2.178.024 0 37 -4
6 BVP
1.192.684 0 22 3
Consecuencias
El Partido Nazi alcanzó su mayor victoria electoral hasta entonces, convirtiéndose en la fuerza política más votada, pero aun así no alcanzaba la mayoría absoluta (305 parlamentarios sobre 608) y el cargo de Canciller se escapaba de Hitler una vez más. De todas maneras, Hitler se reunió el 5 de agosto con Schleicher, a quien le demandó la Cancillería, y diversos Ministerios importantes, así como la creación de uno nuevo, Ministerio de Propaganda, para Göebbels. Hitler también exigió una ley habilitante una vez que fuese nombrado Canciller, de lo contrario disolvería el Reichstag.
Schleicher hizo creer a Hitler que cedería a sus demandas, pero días después le exigió formar un gobierno con la aprobación del Reichstag. El 13 de agosto, Hitler se reunió de nuevo con Papen y Schleicher, quienes le negaron la Cancillería. Ese mismo día, Hindenburg llamó a Hitler, que llegó acompañado de Frick y Röhm. Hindenburg, acompañado a su vez por Schleicher, Papen, Meissner y su hijo, los recibió fríamente y no los invitó a sentarse. Hindenburg declaró que no podía entregar todo el poder al movimiento nazi, y le preguntó si colaboraría con el gobierno de Papen. La entrevista terminó, luego de que Hitler se negase a formar un gobierno de coalición.
Las razones de Hitler para negarse eran claras: la alianza con un partido conservador no le daba la libertad necesaria al movimiento nazi para iniciar abiertamente la contrarrevolución. Días antes Hitler había comentado a sus círculo más próximo:
“Si no nos dan la oportunidad de ajustar cuentas con el Marxismo, tomar el poder es inútil.”
El rechazo de Hitler trajo consecuencias inmediatas para el Partido Nazi. Las campañas electorales recientes habían dejado vacías las arcas del partido, y no habían tomado el poder. Ahora, Papen y Schleicher le ofrecían diversos puestos claves en el gobierno, pero Hitler continuaba con su política de intentar un gobierno absoluto. Esto sin embargo alentó a Gregor Strasser, líder de su propia corriente dentro del Partido Nazi. Strasser inició negociaciones con Brüning y los centristas, con el beneplácito de Hitler, para lograr que Hermann Göring fuese reconocido como Presidente del Reichstag. El 12 de septiembre, el Reichstag inició sus actividades y su primera acción fue realizar un voto de no-confianza contra Papen.
Hindenburg y Papen ya habían previsto esta maniobra y disolvieron el Reichstag inmediatamente después. Papen eligió el 6 de Noviembre como fecha para las nuevas elecciones parlamentarias, ya que esperaba que para entonces sus nuevas medidas económicas hubiesen producido resultados positivos. Estas nuevas elecciones, hicieron que Strasser dudara más del rumbo trazado por Hitler, y eventualmente terminaría negociando con Schleicher a sus espaldas.
Conferencia Antifascista en Berlín, 10 de Julio de 1932
LA TRAGEDIA DEL
PROLETARIADO ALEMÁN
Notas rápidas de un testigo
Juan Rústico
Llegamos a Berlín el primer día de noviembre.
Tienen que vivir en el “Westen”, es el barrio más agradable para los extranjeros, nos dijeron en París algunos conocedores de Berlín. Pero elegimos “Alexander Platz”, epicentro de la vida berlinesa recalentado por la angustia de los jóvenes desempleados.
Las calles están llenas. Llenas de gritos, llenas de gente. Primera sorpresa: en el acera jovencitas y muchachos adolescentes agitan grandes alcancías de chapa, bailando debajo de ellas.
– Colabore con la campaña electoral del “Partido Comunista”...
Y, de inmediato, otra voz a su lado.
– Colabore con la campaña electoral del “Partido Nacional-Socialista”…(nazi)
Nos quedamos un rato observándolos. Es cierto que los recaudadores no están solos. Es cierto que todos se sienten protegidos por algunos compañeros que no se muestran. Solo vemos esa extraordinaria escena: unos al lado del los otros, enfrentados, militantes comunistas y matones nazis, pidiendo apoyo para su partido, a veces mirándose con odio, pero sin pelearse. Estamos en tregua política. ¡Oh, la disciplina alemana!…
Las elecciones se fijaron para el 6 y Berlín se abandera. En la ventana, con la bandera, cuelga la opinión política: en los distritos de clase media, el negro-blanco-rojo de la Alemania imperial domina, e incluso domina el esvástica nazi. En los distritos de trabajadores, las banderas forman una línea roja homogénea en las fachadas grises. La bandera de los tres partidos que luchan por la clase obrera alemana. El círculo blanco con la esvástica negra en el centro dice, en la tela roja, que pertenece a los nazis y lleva el número “1”. El partido nazi es el primer partido en Alemania por el número de sus votos. Las tres flechas del “Frente de Hierro” y el número “2” están marcados en la bandera roja de los socialdemócratas La hoz, el martillo y el “3” señalan las ventanas comunistas Las palabras: “Vote por la lista “1”… “Vote por la lista “3”... escrito debajo en las banderas hacen su llamamiento a los transeúntes.
La pasión política domina la calle. En todas partes un motivo de discusión. Se forman pequeños grupos en cada esquina. Los ciclistas detienen sus bicicletas. Las mujeres, jóvenes y viejas, se mezclan en las discusiones.
Cada uno lleva, en el ojal, el signo distintivo de su partido.
Tratamos de convencer, argumentar, hay acusaciones sobre los dirigentes, hablamos de proteger a las mayorías. El tono sube rápidamente, todos hablan al mismo tiempo, se dicen las mil cosas que cada quien ha escuchado sobre la otra parte, las palabras se vuelven duras, pero no hay lucha. Estamos viviendo la tregua política. Cualquier alteración del orden es severamente castigada. Apretamos nuestros puños en nuestros bolsillos, discutimos. La llegada del policía pone fin a la reunión.
La huelga de transporte ha comenzado en Berlín. Todos los medios de transporte pertenecientes a la B.F.G. están suspendidos. Tranvías, autobuses, metro, permanecen en sus estaciones. La huelga fue decidida por la gran mayoría del personal. Pero faltaban alrededor de ciento cincuenta votos de las tres cuartas partes del personal, requeridos por la ley, antes de considerar una huelga como legal. Entonces, los sindicatos reformistas no han aprobado la huelga...
– Le preguntamos a un socialdemócrata: ¿cómo es posible que elliderazgo del sindicato no apruebe una huelga de una mayoría tan abrumadora del personal? ¿Casi 16.000 trabajadores de 22.000 votaron por ella?
– No puedes entender, porque no conoces las leyes alemanas. Aquí en Alemania tenemos una ley que le permite al gobierno tomar el fondo del sindicato cuando una huelga no es estrictamente aprobada por tres cuartas partes de los votos. Tres cuartas partes, solo así, tres cuartas partes, no debe faltar una voz… Ya sabes, tenemos una ley…
Pero los trabajadores berlineses también tienen otra ley, la solidaridad proletaria.
Las estaciones de metro permanecen cerradas, ni un tranvía, ni un autobús sale a la calle el primer día. Las calles se pueblan de miles de bicicletas. La huelga es unánime. Un día, dos días, tres ... Los sindicatos reformistas pasivos sabotean el movimiento. Las elecciones del sindicato ya pasaron, los líderes nazis comienzan a negociar y abandonan la huelga: “Hay que entrar y volver al trabajo”... Dos mil trabajadores, los más activos, los más conscientes, son despedidos. La Compañía ya no los quiere. Pero la huelga ha sembrado el miedo en las filas de la burguesía. La clase obrera alemana parece recuperar su voluntad de lucha…
Día de las elecciones. Lo pasaremos en los cuarteles obreros. Por la mañana en Wedding. Esta es la primera vez que vamos al barrio de Wedding. Esperábamos ver calles estrechas, pero encontramos amplias avenidas pavimentadas, balcones, pequeños jardines frente a casas grandes de cuatro o cinco pisos. Wedding es el distrito de las barricadas. Wedding es la fortaleza comunista en Berlín. Desde esos pequeños balcones, los nazis recibieron flores (muy a menudo, se dice, las flores iban acompañadas de las pesadas macetas donde crecían, y los nazis desbordaban de odio…). En Wedding, ellos no la han tenido nada fácil.
Las banderas son rojas. En la nueva Wedding repleta de casas nuevas y modernas vemos esvásticas. Son casas habitadas por empleados, y por pequeñoburgueses. En la Wedding antigua dominan la hoz y el martillo.
A veces, en medio de una fachada o una calle que solo lleva esvásticas, se encuentra el número “3” de la lista comunista. A veces son las tres flechas. En otra parte, es una cruz gamada que se atreve a convivir entre las banderas comunistas.
¿Cómo se puede explicar este espectáculo en un ambiente? ¿Tienen estos militantes, comunistas, socialistas o nazis, un valor personal tan extraordinario? Nosotros creemos que había algo más profundo allí. Creemos que el 6 de noviembre existía un equilibrio de fuerzas en Alemania y que todos los activistas lo vivieron así. Teníamos un partido fuerte detrás de nosotros y la victoria no pertenecía definitivamente a una persona. El futuro era para todos.
En la puerta de las cervecerías donde se lleva a cabo la votación, columnas de carteles vivientes, hombres que llevan pancartas en el pecho: “Lista 3”… “Lista 5”… “Lista 1”…
Los votantes llegan al local donde se bebe cerveza y votan en la siguiente sala. La tranquilidad es total. No vemos muchos nazis en Wedding. Un grupo de seis, vistiendo el uniforme, pasa cerca de un “Reichsbanner” local. El joven reichsbanner, también de uniforme, que está en la puerta, se burla de los hitlerianos: – ¡Oigan!... héroes, no corran así... ¿Los está esperando su jefe? Vamos..., tenemos algo ustedes…
“¡El fin de este sistema!”.
Póster electoral del KPD. Noviembre de 1932
Los nazis no responden.
Los comunistas suman 700.000 votos más desde la última elección. Los socialdemócratas están perdiendo 700.000. Los nazis pierden 2.000.000.
El “Vorwärts” comenta la derrota hitleriana:
“POR FIN, DIEZ AÑOS ESPERAMOS LA BANCARROTA DEL
NACIONAL-SOCIALISMO, NEGRO SOBRE BLANCO, ¡LO ESCRIBIMOS EN NUESTRO DIARIO!...”
La “Rote Fahne”7 celebra el triunfo comunista y anuncia que el nazismo está empezando a desintegrarse:
“En todas partes, hay S.A. que abandonan las filas del hitlerismo y se ponen bajo la bandera comunista. Empiezan a repudiar a Hitler en su propio movimiento.”
La insatisfacción con el Partido Comunista después de su derrota en las elecciones presidenciales comenzaba a disiparse.
El gobierno fue completamente derrotado en estas elecciones, en el sentido de que nuevamente han mostrado una base social muy débil; y sigue una larga crisis que termina con la caída de von Papen y el advenimiento de Schleicher.
El “Rote Fahne”, recordando la huelga de B.V.G., interpreta así los hechos:
“¡LA OFENSIVA DEL PROLETARIADO HA TUMBADO A VON PAPEN!”
7 Die Rote Fahne era el periódico oficial del KPD (Partido Comunista Alemán).
Lo que no era cierto desde dos puntos de vista:
– El proletariado, en general, estuvo y se mantuvo a la defensiva hasta el final, aunque la huelga de transporte en Berlín mostró un renovado espíritu de lucha.
– Favorecidos por la pasividad general del proletariado, las fracciones de la burguesía tuvieron todo el tiempo para disputar el poder, aunque con el ascenso de Schleicher, la burguesía terrateniente fuese provisoriamente derrotada.
***
Seguimos viviendo bajo la tregua política; se acerca la navidad. El trabajador de Berlín no quiere tener hambre el día de Navidad, quiere que sus hijos sean felices ese día, quiere que se ilumine su árbol de Navidad y el árbol debe ser un arbolito real.
– Nuestra cena de Navidad no será muy rica, dice la señora Müller. Yocompre carne. Tendremos un pequeño asado de ternera. Pero el árbol, ¡oh! el árbol sera asombroso…
El marido de la señora Müller está sin trabajo desde hace más de dos años. Viven con un subsidio de desempleo de 360 francos al mes. Su alimento diario consta de patatas a la margarina, algunas rebanadas de salchichón, algunas pocas verduras y legumbres.
El árbol de Navidad ya no es, para frau Muller, un asunto de religión. Representa en su vida, como en las vidas de millones de alemanes desempleados, una necesidad de esperanza. Recuerda los “buenos viejos tiempos” cuando se trabajaba, cuando ganaba un salario.
Como cada vez era más obvio que la maniobra de Schleicher para encontrar una mayoría en el Reichstag era infructuosa, Papen y el líder del Partido Nacional del Pueblo de Alemania (DNVP), Alfred Hugenberg, llegaron a un acuerdo con Hitler para erigirlo Canciller de una coalición de gobierno con los Nacionalistas y Papen sirviendo como Vicecanciller. Von Papen usó su vínculo personal con el anciano Presidente von Hindenburg, persuadiéndolo para que finalmente el 30 de enero de 1933 acabase despidiendo a Schleicher y nombrando a Hitler para el puesto de Canciller.
Los rumores de un posible golpe de Estado hicieron que von Hindenburg acabase nombrando a Adolf Hitler para el puesto de Canciller. El 20 de julio de 1933, von Papen sirvió de representante del gobierno de Hitler en Roma, para la firma del Reichskonkordat entre Alemania y El Vaticano.
El invierno ya está aquí. Aumentan los suicidios. El tubo de gas resuelve rápidamente los problemas.
Los patios están llenos de cantantes, bailarines, acróbatas. A veces, hay circos que vienen: un pony peludo y flaco y algunos perros, no demasiado entrenados. Raramente consiguen algunos céntimos. Casi todos son desempleados que viven en conventillos.
Las calles están repletas de pequeños puestos de mercachifles. Se venden cordones, botones, juguetes, dulces. En un rincón dos jóvenes desempleados admiran una catedral de 2,80 mts. de altura, que construyeron en madera. Más lejos, está el "Do. X” , un avión construido con fósforos durante todo un año de desempleo. Y una casita de madera apoyada sobre dos bicicletas.
Estamos hablando de un duro invierno. El gobierno no dice nada sobre ayuda invernal. El Partido Comunista lanza el eslogan: “Carbón y papas. Abran los depósitos, distribuyan los stocks a la gente”.
Pequeñas manifestaciones en los barrios obreros.
El nuevo año comienza con cinco trabajadores asesinados por los nazis.
Es el fin de la tregua política. El PC está organizando una manifestación el 4 de enero en Lust Garten: Se ha dicho que “el Berlín rojo vendrá en masa el 4 de enero”.
Es un día lluvioso. Los trabajadores vienen de los barrios más alejados. Mujeres, niños, jóvenes, ancianos, todos caminan, tranquilos, serios, con ritmo decidido. Llueve. Muchos de ellos no tienen abrigo.
El discurso pronunciado por Florin ha seguido los clichés habituales:
“Demostremos a Schleicher10 cuántos somos. ¿Él quiere ilegalizar al P.C.A.?... El trabajador de Berlín le contestará… ¡Mira a Rusia, allí no hay desempleo… etc.”
La muchedumbre escucha en silencio. Está esperando una perspectiva, un camino. Pero se van con las manos vacías.
El 15 de enero, el PC llamó a los trabajadores a la tumba de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht. Los concejales socialdemócratas de Lichtemberg, donde se encuentra el cementerio , votaron para prohibir el desfile frente a las tumbas. Sólo una delegación de abanderados podría hacerlo. Los socialdemócratas han descubierto que la manifestación en la tumba de Karl y Rosa molesta a otros visitantes y daña sus derechos…
10 Schleicher se convirtió en ministro de Defensa del gabinete del nuevo canciller Franz von Papen, un antiguo amigo a quien había sugerido para dicho cargo, creyendo que seguiría las pautas que él le marcara. Schleicher le impuso a Papen los nombres de todos los demás ministros, volvió a legalizar las SA nazis e incitó a las SA y las SS a crear tantos disturbios como fuese posible. Finalmente, Papen y Schleicher entraron en conflicto, y cuando, tras las elecciones de noviembre de 1932, el gobierno no pudo mantener una mayoría operativa, Papen fue obligado a dimitir y Schleicher le sucedió como canciller de Alemania.
Monumento en memoria de los mártires espartaquistas
El PC denunció esa canallada, llamó a los trabajadores socialistas a protestar contra sus líderes, pero, como siempre, los comunistas están solos.
Se decide que las columnas se reunirán en Wagner Platz para escuchar los discursos de los oradores. La procesión de abanderados se formará allí mismo para ir al cementerio.
El día 15 es un día helado. El termómetro muestra 16 grados bajo cero. Las aceras están llenas de gente. Las columnas comunistas avanzan en medio de la amplia Frankfurter Allee. La disciplina es perfecta. Una formación con sus líderes, con sus cuadros, se destaca como un cuerpo articulado entre la muchedumbre que marcha a su lado. Las canciones suenan poderosas. Su ritmo lento cuenta las palabras. Sube hasta las ventanas de las casas proletarias y las ventanas se abren. Todas las ventanas están abiertas en la Avenida “Frankfurter Allee”. Las consignas persisten en la esperanza: “Nosotros venceremos a pesar del odio y las prohibiciones”.
El viento frío lleva lejos la clara música de los pífanos12. Los tambores abren la marcha. Las calles se van llenando. Cantamos la canción de “Spartacus”. Las banderas son como velas rojas. De vez en cuando la corneta hace una larga llamada. Columnas, aceras, ventanas, viene la respuesta: “Rot, Rot Front!...”, dicho por miles de voces. Es como una alerta, como un juramento subrayado por los puños que se levantan. En la distancia, trabajadores aislados, hombres y mujeres, también responden “Rot Front”13!... Es un poco teatral, pero es el destino, impresionante.
Llegados a Wagner Platz, los abanderados y las delegaciones comienzan a formar la columna.
Estamos esperando a los oradores. El frío se vuelve insoportable. No podemos quedarnos sin movernos. La Cruz Roja ya ha tenido que intervenir tres veces. Es demasiado crudo, la ropa no abriga lo suficiente, el subsidio de desempleo no permite comer lo necesario, vienen de lejos, con una taza de agua caliente color café y una delgada rebanada de pan como única comida. Muchachos magníficos caen desmayados al suelo. Es el hambre, es el frío.
La procesión de banderas va hasta el cementerio. Cien, doscientas, mil banderas rojas se hinchan con el viento. Hacia un horizonte rayado de chimeneas de fábrica, sobre los adoquines de la ciudad obrera, camina, se desliza un río de banderas rojas, retumba una tormenta de rojas canciones.
La camarilla desplazada por el ascenso de Schleicher-Papen y sus amigos, los capitanes de la industria, la burguesía terrateniente, vuelve pero esta vez acompañada por Hitler y Hugenberg .
12 Pífano: Flautín de tono muy agudo, usado en las bandas militares.
13 Literalmente: “Frente Rojo”
Schleicher tiene una gran carta para jugar contra Hitler: el Reichstag. Si en el Reichstag los nazis rechazan apoyar al gobierno, se convocarán nuevas elecciones. Hitler teme nuevas elecciones. Tiene serias dificultades dentro de su partido. Strasser acaba de darse por vencido, las secciones de asalto no están felices. El prestigio del “Führer” se reciente. El “Führer” necesita refrescar sus laureles y mostrar, ante Schleicher, que quiere llevarse bien con Leipart , que él, y solo él, es capaz de someter a la clase obrera revolucionaria. Su golpe de Estado requiere un reconocimiento del terreno: ¿cómo responderá el proletariado y hasta qué punto? Y además, si hay una respuesta sangrienta, esta será su oportunidad para ilegalizar al Partido Comunista y concretar así, las amenazas de Schleicher.
Y un día, los trabajadores de Berlín leyeron en la primera página de los periódicos esta increíble noticia:
“LOS NAZIS SE REUNIRÁN EN BÜLOW PLATZ... LOS NAZIS MARCHARÁN FRENTE A LA KARL LIEBKNECHT HAUS…”
Nadie quiere creerlo. La provocación es tan clara, tan monstruosa, tan sangrienta, un desenlace sangriento anunciado, que de un momento a otro hay una prohibición de parte de la policía.
Esta alianza permitió a los nazis beneficiarse del dinero de Hugenberg y acceder a la propaganda masiva en la prensa que éste dominaba mediante su grupo de empresas. No obstante, el referéndum dio como resultado la aprobación del Plan Young por los electores alemanes, y ante esta situación adversa Hitler y Hugenberg se acusaron mutuamente de la derrota. Ante el ascenso electoral del Partido Nazi (NSDAP) a inicios de la década de 1930, Hugenberg planteó nuevamente formar una alianza del DNVP con el NSDAP para lanzar de modo conjunto a Hitler como candidato a la cancillería en las elecciones de junio de 1932, logrando cimentar un acuerdo entre ambos partidos, que compartían una ideología ultranacionalista y de extrema derecha. Cuando se hizo imposible para el canciller Franz von Papen formar un gobierno de mayorías, el DNVP y el NSDAP mantuvieron su alianza para impulsar la elección de Hitler como canciller, lo cual se había frustrado en las elecciones de noviembre de 1932. Así, Hugenberg colaboró decisivamente con Hitler y alió a los parlamentarios del DNVP en el Reichstag con los del NSDAP, logrando que el débil gobierno de Kurt von Schleicher (sucesor de von Papen desde noviembre de 1932) aceptara presentar la dimisión, con lo cual el presidente Paul von Hindenburg se vio condicionado a designar a Hitler como Canciller en enero de 1933. Hugenberg apoyó activamente esas maniobras políticas y como recompensa fue designado después Ministro de Economía y Agricultura del nuevo régimen.
La prohibición no llega nunca. Los nazis desfilarán frente a la “Karl Liebknecht Haus”. Con sus banderas, con su música, con sus canciones, profanarán las calles del barrio proletario. Ellos gritarán: “Muerte a la Comuna", frente a la ciudadela comunista. Cantarán: “Haremos enrojecer nuestros cuchillos con la sangre de los judíos”, en ese ghetto que es Bülow Platz.
En las fábricas, en las oficinas de empleo, en las calles, en las cervecerías, los niños en la escuela, las mujeres en el mercado, en todas partes, no hay otro tema de conversación que la marcha de los nazis el domingo 22 de enero en Bülow Platz, frente a la casa Karl Liebknecht, central del Partido Comunista.
“Trabajadores de Berlín –grita el “Rote Fahne”–, obliguemos al gobierno a dar marcha atrás. Manifestemos en las fábricas, en las oficinas de empleo. ¡Enviemos cartas de protesta! Trabajadores socialistas: recuerden que los comunistas acudieron a defender el “Vorwärts” amenazado, ¡ahora es su turno!”.
El PC hizo de todo: trámites en el Ministerio del Interior para una contramanifestación para intentar detener la manifestación nazi. Conferencia con la prensa alemana y extranjera para dar declaraciones “muy importantes” de la fracción parlamentaria:
“El PC hace responsables a las autoridades de lo que suceda en Bülow Platz y se reserva el derecho de actuar en consecuencia si se derrama la sangre de los trabajadores”...
Él PC hizo de todo; amagos, amenazas... y los mismos viejos llamados de los líderes a las bases. Se le olvidó actuar. Cómo lamentamos en aquellos días, la impotencia de esa fanfarronería política jactanciosa y vacía, frente a un peligro real. Frente a la casa Karl Liebknecht, se mantuvieron en guardia pequeñas columnas lideradas por grupos comunistas. En un momento uno de los líderes se separó para hacer una pequeña arenga:
“Enviemos cartas de protesta al Prefecto de Policía. Discutamos con los matones nazis que nos amenazan en las fábricas”.
Y los que llegaban se iban de nuevo en formación. En pequeños grupos discutimos:
–“No se atreverán... Apuesto que en el último momento la policía impedirá la manifestación”.
Un anciano: –“No, no lo harán. Ellos no darán marcha atrás. Pero correrá sangre”.
Y los otros repetían: –“seguro que correrá sangre.”
Acto en memoria de los mártires espartaquistas, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg
Era sábado 21. ¿Qué pasará el domingo? El Partido Socialdemócrata, por su parte, en esta ocasión es consistente hasta el final: “Esta provocación es posible porque el PC mantiene a la clase trabajadora dividida”. Y en su comunicado decía:
“Los trabajadores socialistas son trabajadores disciplinados y, como siempre, solo siguen las directivas de sus líderes: ¡los trabajadores socialistas se abstendrán de manifestarse el domingo!”
Y para rematar las tropas Reichbanner están llamadas, como por casualidad, a realizar una larga caminata de ejercicio este domingo, “lejos”, fuera de Berlín.
La prensa liberal burguesa habla abiertamente de provocación, no solo del PC. sino de toda la clase obrera. El “Berliner Tageblatt” aconseja a la policía que vuelva sobre sus pasos y les niegue a los nazis el derecho a manifestarse el domingo en el Bülow Platz, a no ser engañados por falsas ideas de autoridad. La Central de sindicatos reformistas se dirige al Ministerio del Interior diciendo que:
“esta provocación a la clase obrera podría tener consecuencias muy graves".
La prensa de la derecha, entonces (D.A.Z.), un órgano de los grandes industriales, y el gobierno de Schleicher también están empezando a moverse.
La D.A.Z. declara el 21:
“las decisiones rápidas no siempre son decisiones de buen gobierno; la actual situación económica y social en Alemania requiere, sobre todo, calma y tranquilidad, y que las víctimas de Bülow Platz (estaban seguros de antemano que habría víctimas), no van ayudar a asegurarlos”.
Pero agrega:
“Schleicher hablará con el secretario de Interior, Dr. Bracht y se encargará personalmente del evento mañana. Se dice que lo defenderá. Solo observamos esto: el gobierno parecerá estar encogiéndose ante las amenazas comunistas. En cualquier caso, es necesario aprender en tales ocasiones para meditar bien las resoluciones.”
Schleicher habla con su Ministro. Necesitó una hora para demostrarle que no habría incidentes: el Prefecto de Policía dirá también expresamente: “La policía es dueña de la situación”. Entonces, un nuevo argumento de Rote Fahne:
“¡Para satisfacer el deseo provocador de los nazis, el gobierno someterá a los oficiales de policía a una tarea adicional y expondrá sus vidas!”.
Nuestro casero, un buen pequeño burgués, nos aconseja abastecernos de comida:
“El domingo será un día sangriento. Habrá docenas de muertos. Habrá huelgas, quizás incluso una huelga general, desconfíe siempre de los trabajadores. Siga mi consejo, compre provisiones...”
– Necesitan esa cosa para venir hasta nosotros …
– Quisiera ver si nos dejan manifestarnos delante del “Angrif” (periódico fascista de Göebbels). No pedimos ser protegidos por carros blindados.
– Tampoco es necesario bloquear las calles …
– Ni tampoco poner policías en los techos …El barrio ruge de Indignación y de rabia.
Las tres flechas en algunos ojales señalan a los miembros del “Frente de Hierro”. Son trabajadores socialistas. Discuten rodeados de comunistas.
– Una vez más tus dirigentes están jugando el juego de los fascistas. Ellos te dijeron que hoy te quedaras en casa. Empujaron lejos a la milicia Reichsbanner. Queremos la unidad, queremos que luches con nosotros...
¿Tus líderes quieren la unidad? …
– Nuestros dirigentes, nuestros líderes... Siempre es la misma canción. ¿Los tuyos te guían mejor? ¿Qué están haciendo hoy tus líderes? Te dijeron que vinieras aquí a gritar; “Rot Front”. Tu gritas, tu solo gritas…
Una columna acaba de formarse. Un intento de protesta: “¡Abajo el gobierno! ¡Muerte a Hitler!”
Los policías vienen corriendo. Golpes de bastón. Desde las ventanas abuchean a los agentes. Los rifles apuntan a las casas, ordenando: “¡Cierren las ventanas! ¡Cierren las ventanas!”
Conversamos en grupo. Un viejo trabajador señala a las personas que vuelven a gritar:
“Solo son chiquillos, no es nada... no haremos nada con gritos”. ¿Dónde están los 800.000 que votaron a los comunistas? Deberíamos reunirnos en todos los barrios, encontrar el lugar donde están agrupados ahora y aplastarlos como gusanos… como gusanos...”.
Mientras sus dedos flacos aplastaban aquellos imaginarios gusanos nazis.
– El Partido debería haber ordenado concentrar en los vecindarios para evitar que los nazis lleguen a Bülow Platz ...
– El Partido ha dicho que debíamos reunirnos alrededor de la plaza paraprotestar.
¿Qué dijo realmente el partido? Los responsables no han confirmado, ni tampoco negado nada.
¿Cuántos eramos en el vasto perímetro alrededor de Bülow Platz? Treinta mil, cuarenta mil, tal vez sesenta mil. Pero solo vimos grupos. Estaban hablando, gritando hasta la llegada de la policía. Y eso es todo.
Sólo grupos, grupos impotentes. El Berlín obrero no había respondido a la llamada del Partido Comunista. Y ahora el peligro, el PC se quedó solo, sin la confianza de las masas. La burguesía lo acababa de constatar de una manera decisiva.
Bülow Platz, Berlín. 22 de enero de 1933. Nazis de las SA y Schutzpolizei, frente a la Casa Karl Liebknecht, sede central del Partido Comunista Alemán
Como a las cinco y media, todo había terminado. Las últimas columnas nazis, casi invisibles detrás de las columnas policiales que las protegían, abandonaron el vecindario de Bülow Platz. Más que una manifestación nazi, se podría decir mejor que tuvo lugar en la plaza y sus alrededores una manifestación de la policía con todas sus armas. Frente a este escenario, los militantes, de vuelta en sus hogares, obtuvieron un pobre consuelo.
Seis de la tarde. Llegamos a la “Casa Karl Liebknecht”. Aun hay policías armados con rifles en la acera. Manos vacías, derrota en el corazón, nos vamos con algunos trabajadores. El grito que martilleaba nuestros oídos todo el día se aferra a nuestros pasos: “Circulen... circulen... circulen...”. Y nuevamente en Alexander Platz, algunos nazis, dos, tres, aislados, que también regresan, después de su “proeza”, pasan entre los trabajadores. Ellos los abuchean, les silban, y eso es todo…
***
En la tragedia alemana, Bülow Platz fue un punto culminante, un momento decisivo.
Los líderes socialdemócratas crearán una escandalosa justificación que pusieron en circulación: “Los comunistas nos reprochan haber entregado el Estado Prusiano sin resistencia el 20 de julio, acaso ellos no se dejaron sacar a su guardia de la casa Karl Liebknecht por la policía, del mismo modo, el 22 de enero?”
Los acontecimientos van a sucederse ahora a una gran velocidad. El 25, el Partido Comunista “réplica” con una manifestación antifascista que desfila durante cuatro horas delante de la casa Karl Liebknecht. Con un frío glacial, más de 120.000 obreros llegan desde los barrios más alejados de Berlín. Una juventud magnífica de cuadros antifascistas.
Un ánimo, un entusiasmo, una decisión, que nosotros jamás habíamos visto. Organizados por calles, por comités, con sus pancartas, las tropas obreras desfilan frente a nosotros. Una vez más, ¡qué gran impresión! Solamente este Bülow Platz... Y es conmovedora la impresión que nos dominará cuando escuchemos a los funcionarios repetir, a la llegada de cada columna, frente a la plataforma donde estaba el CC del PC, el grito:
“Berlín rojo saluda tres veces“Rot Front” (frente rojo) al Comité Central del PCA que dirige el camarada Thälmann.”
El día 25, en Dresden, en un salón donde los comunistas convocaron a una reunión antifascista, la policía disparó a los asistentes matando a 9 trabajadores, hiriendo a 13. Increíblemente este hecho quedó sin respuesta: no fue posible poner en marcha la huelga general a nivel local.
Schleicher le exige a Hindenburg poderes para disolver el Reichstag. Pero su suerte ya estaba decidida. Hindenburg lo rechaza y llama a von Papen. Comienzan las conversaciones con Hitler, Hugenberg, etc., que parecen querer, como los demás, seguir adelante.
El 29, el Partido Socialdemócrata por su lado afirma en el Lustgarten, “replicando” también a la provocación del 22: “¡Berlín sigue siendo rojo!” “Socialdemócratas, mantengan su disciplina tradicional. Pronto pueden ser llamados a usar sus últimas energías”. “Socialdemócratas, tranquilos”.
Pero,en esta manifestación, un espectáculo nuevo. El S.A.P., formado en una columna independiente, con el retrato de Rosa Luxemburg, llama, en un coro hablado, repetido sin descanso, al frente único: “SPD, KPD, SAP, deben marchar juntos”.
***
Y luego, en la imprudencia de esos partidos que hablan de un golpe de Estado sin creérselo seriamente, el lunes 30 de enero llega la noticia como un rayo: “¡Hitler Canciller!”.
Esa misma tarde vamos al “Masch”, la escuela marxista del PC. La atmósfera es sombría. Con ansiedad, nos acercamos a los primeros camaradas del PC:
“¿Qué vamos a hacer?”
– “¿Qué quieres que hagamos?”
“¿Acaso dejaremos a Hitler instalarse en el poder?”
– “¿Quién puede impedirlo?”
“¿Pero crees que la clase trabajadora se mantendrá pasiva?” – “Por supuesto... Tal vez, algunas huelgas parciales.
“¿Pero el partido?"
– “¿Qué puede hacer el partido?”
La conversación nos golpea como un mazazo. Pero tratamos de mostrarles la inmensa esperanza, la enorme expectativa, la atención suprema con la que el proletariado del mundo entero sigue su actitud... Los deprime aún más.
Llegan otros. La rueda se agranda. Hay obreros de fábricas, desempleados, estudiantes. Hay, amargura, una rabia atroz, de impotencia.
– “¿YA NO TENEMOS PARTIDO, NO TENEMOS JEFES? ¿QUÉ PODEMOS HACER? EL 20 DE JULIO, EL PARTIDO APELÓ A LA HUELGA GENERAL, ¿ACASO LAS FÁBRICAS SE PARARON? NOSOTROS NO DECIDIMOS NADA... SIN LOS TRABAJADORES SOCIALISTAS, NO PODEMOS HACER NADA. POR OTRA PARTE, HITLER SE DESGASTARÁ RÁPIDO. NO PODRÁ CUMPLIR SUS PROMESAS.”
– “HITLER SIGNIFICA LA GUERRA Y LA GUERRA SIGNIFICA LA REVOLUCIÓN”
– “LOS NAZIS NO SE ATREVERÁN A ILEGALIZAR EL PARTIDO”.
– “SI QUE LO HARÁN, PERO ES MEJOR. EL PARTIDO RESURGIRÁ FORTALECIDO.
– “LAS MASAS NECESITAN ESTA EXPERIENCIA NAZI. DESPUÉS DE ELLOS VENDRÁN A NOSOTROS.”
Y uno de ellos dibuja un esquema fantástico con los Estados Unidos, Polonia, Rumania… No solo tienen una idea común, sino que cada uno tiene a su vez 4, o 5 ideas diferentes que expresa…
– “EL PARTIDO NO TIENE POLÍTICA.”
– “TODO ERA FASCISMO. BRÜNING ERA FASCISMO, LA SOCIAL DEMOCRACIA ERA FASCISMO, VON PAPEN TAMBIÉN ES FASCISMO,
SCHLEICHER ES FASCISMO…” Un funcionario interviene: – SI, SI, ESTA
FUE LA POLÍTICA DE NEUMAN. ÉL YA HA SIDO CONDENADO DENTRO DE SU PARTIDO.”
Confusión, desconcierto, absoluta falta de confianza en su partido, en sus dirigentes… Y ante nuestros ojos, el formidable Partido Comunista Alemán, el partido mas grande en Berlín, la sección más poderosa de la Internacional Comunista, se desarma como un terrón de azúcar en el agua.
De regreso, en la calle, esa noche en Alexander Platz, recibimos de manos de jóvenes socialistas, un panfleto extraordinario que acaba de publicar la socialdemocracia. Tomándolo preguntamos:
– ¿Bien?…
– “JETZ. ABWARTEN”. Es decir: “AHORA. ESPERAR”.
¡Su fórmula es vergonzosa! En el panfleto, leemos:
“Ante la amenaza de un gobierno golpista, la socialdemocracia y todo el Frente de Hierro está firme con los dos pies en el terreno de la Constitución y la legalidad. LA SOCIALDEMOCRACIA NO SERÁ LA QUE DE EL PRIMER PASO PARA ABANDONARLO.”
¡Los lacayos, los fieles lacayos!
En el otro extremo de Berlín, los nazis hacen realidad su “heroica”, “marcha sobre Roma”, prometida desde hace mucho tiempo por su Führer. Concentrados a toda prisa en el Tier Garten, “conquistan” Berlín, entrando por la Puerta de Brandenburgo.
El “Rote Fahne” del día 31 hace una convocatoria para preparar la huelga general. El “Vorwärts” advierte que: “Ir a la huelga general ahora sería desperdiciar las fuerzas de la clase trabajadora, lanzándose hacia el vacío. Los sindicatos reformistas predican: “Prudencia y sangre fría...”. En todos los distritos obreros de Berlín y dentro de Alemania, los comunistas organizan manifestaciones que no tienen mucho eco. Algunos agitadores llaman en las fábricas a preparar la huelga. La manifestación que el PC ha convocado para el 3 de febrero en Lust Garten, es prohibida por la policía…
Hitler fija las elecciones para el 5 de marzo.
Un diputado socialdemócrata está preso en Lübeck. Una huelga general unánime de una hora es la respuesta de la clase trabajadora de Lübeck. La noticia tiene una repercusión extraordinaria en Berlín. Los trabajadores se valen de esa chispa de esperanza y de confianza. ¡De tan poco se nutre la poderosa clase obrera alemana!
El 6 de febrero, el caso se repite en Stassfurt. El alcalde socialdemócrata de la ciudad fue asesinado. Y nuevamente, el día del funeral, una huelga unánime cierra las fábricas y los comercios. Los trabajadores comentan con entusiasmo estos dos hechos, recuerdan 1918-19, y dicen:
“NO ESTÁ TODO PERDIDO. LAS COSAS PUEDEN EMPEZAR DE ESTA FORMA, PEQUEÑAS HUELGAS PUEDEN DESATARSE
DE UNA CIUDAD A OTRA. UNA LLAMA AQUÍ, OTRA ALLÁ, Y EL INCENDIO PUEDE LLEGAR A TODA ALEMANIA.”
El 7, la primera y última reunión masiva bajo Hitler, en Berlín. La socialdemocracia se manifiesta en Lust Garten. El jefe de la fracción comunista en el Reichstag, el diputado Torgler, pide permiso para leer ante las masas socialistas un llamado a un Frente único enviado por la dirección del PC y le será negado, el incidente, que solo será conocido por él, está cerrado. Otto Wells defiende en su discurso la política de la socialdemocracia desde 1918, y termina diciendo a las masas:
“EL PUEBLO TENDRÁ LA OCASIÓN, EL 5 DE MARZO, PARA TOMAR, OTRA VEZ, EL DESTINO EN SUS PROPIAS MANOS!”.
Tres “Freiheit” saludan el discurso del líder socialista.
Su eco aún no se ha extinguido, y desde el otro lado de la plaza, un poderoso “ROT FRONT”, gritado por miles de voces, estalla como un trueno. Movimientos, sorpresa:
– “SON LOS COMUNISTAS…”
– “UNIDOS … MARCHEMOS JUNTOS ...”
– “ESTAS PERSONAS VIENEN SOLAMENTE A HACER DESORDEN...”
– “NO DIGAS TONTERÍAS– “UNIDAD… UNIDAD…”
– “TODOS LOS TRABAJADORES COMUNISTAS DEBEN VOTAR LALISTA SOCIAL DEMÓCRATA PORQUE ES SEGURO QUE SU PARTIDO SERÁ ILEGALIZADO”.
Künstler, uno de los líderes socialistas, dijo unas palabras:
– “Mis hermanos. Hermanas, no permitamos que esta magnifica demostración sea empañada por incidentes. y especialmente, no aceptemos las provocaciones. la vida y la salud de los trabajadores de berlín son demasiado valiosos para que nosotros los pongamos en juego a la ligera. tenemos que cuidarnos para el día decisivo.”
Y ahora cantemos nuestra marcha socialista:
“No combatimos con las armas de los bárbaros.
Nosotros no queremos fusiles, no queremos lanzas
La bandera del derecho, la espada espiritual, Nos conducen al triunfo...”
La reunión ha terminado. Empezamos a retirarnos. Todavía escuchamos algunos gritos: “FRENTE ÚNICO…”, “UNIDAD…” Un grupo de activistas, gritando:
“MUERTE A HITLER ..." "ABAJO EL GOBIERNO…”
Toman por Bruderstrasse. Son cada vez más numerosos. Ahora están avanzando por la amplia Rosstrasse. Han llenado la calle, han llenado las aceras, la gente viene de todos lados, es un verdadero río que fluye sin parar. Los policías los observan pasar sin intervenir. En los ojales, se muestran las tres flechas, la hoz y el martillo:
“ABAJO EL GOBIERNO…”, “FRENTE ROJO…” “LIBERTAD…”, “MUERTE A HITLER…”, “BERLÍN SIEMPRE ROJA”.
En las esquinas, todos comentan, sorprendidos: “marchan juntos”.
– “SPD y KPD se han unido”
– “DIOS NOS BENDIGA. AHORA YA NO TENDREMOS QUE ACEPTAR
NINGÚN HITLER” –La que dice eso es una viejita, encorvada, pequeña. Ella levanta su puño: “ROT FRONT”. Y sus ojos están llenos de lágrimas.
Siguen avanzando. Ahora han tomado Dresdenerstrasse. En frente de un local nazi, hay cuatro agentes de policía. Podemos ver un montón de camisas pardas amontonados contra los vidrios de la puerta cerrada. Asistimos como testigos presenciales a esta extraordinaria situación: el 7 de febrero, una manifestación ilegalizada, espontánea, en la que obreros socialistas y comunistas marcharon bajo el gobierno de Hitler gritándoles a los nazis encerrados en sus locales y custodiados por cuatro schupos:
“MUERTE A HITLER ...”, “ABAJO EL GOBIERNO FASCISTA…”
Karl Liebknecht Haus, 1932
SEGUNDA PARTE
Debemos regresar unos días atrás para presenciar un acto con el cual comienza un “momento” de la política nazi en el poder.
30 de enero. Medianoche. Después de la “marcha de las antorchas” debajo de la Puerta de Brandenburgo, una sección de asalto (SA) entró en formación en la Wallstrasse, Charlottenburg. La calle es comunista de un extremo a otro, de los sótanos a los áticos. Peleas. Disparos. El líder nazi Malkowski y el schupo que acompañan a la columna, Zaurits, caen. ¿Han caído en la lucha? ¿Los nazis los mataron? Malkowski, más tarde se supo, tuvo incidentes con sus jefes; sobre el schupo Zaurits, un buen chico, se dice que era amigo de los trabajadores… Las SA están comprometidas, ¿y por qué?
El gobierno se apodera de estos dos cadáveres. ¿Se los envía la providencia? Abre las puertas del Berliner Dom, la catedral imperial de Berlín. Las delegaciones policiales y las SA se forman codo a codo. El Gabinete, en su totalidad, está aquí. Kronprinz está aquí. Se celebra una misa solemne para el schupo y el nazi de las S.A. “caídos, juntos, – simbólicamente–, bajo las balas de la chusma comunista”.
Es necesario conquistar los corazones de los valientes schupos que aún tienen, tal vez, el espíritu de Severing y Grzesinski como afirman los socialdemócratas. Reconciliar a los schupos y las Secciones de Asalto. Es más necesario calmar a la policía que teme por su sustento. Ganarlos y transformalos. Domándola. Arrastrarlos al terreno de la reacción.
Esto es lo que se hará durante todo el mes de febrero en Göering el Truculento, el Ministro del Interior de Prusia. Esto es lo que inspirará muchos de sus famosos decretos.
31 de enero. – El “Berliner Boersenzeitung”, un periódico del capital monopolista, publica un comentario elogiando la actitud de la socialdemocracia: “Mientras que los comunistas apelan a la preparación de la huelga general, la socialdemocracia no parece estar dispuesta a luchar contra el gobierno por otros medios que no sean los discursos, solicitadas y declaraciones”.
Involuntariamente, nos acercamos a las palabras que Mussolini (julio de 1924) les dedicó en la Cámara de Italia después del asesinato de Matteotti:
“¿Qué están haciendo nuestros oponentes? ¿Están desencadenando huelgas generales o incluso parciales? ¿Organizan manifestaciones en la calle? ¿Intentan provocar revueltas en el ejército? ¡Nada como eso! ¡Se limitan a campañas de prensa! ¡No pueden hacer nada más!”
¿Lo oirán en todos los idiomas?
El 1 de febrero, Hitler lanza, por radio, su programa. Al día siguiente lo encontramos pegado en carteles en las columnas de la calle. Debemos superar la desintegración comunista. Hay que destruir el movimiento obrero. (Lo dirá más tarde, claramente.) Dos planes de cuatro años. Dentro de cuatro años, los campesinos estarán felices: cuatro años más y los trabajadores también lo estarán. Mientras tanto: servicio de trabajo obligatorio.
Disolución del Reichstag. Nuevas elecciones el 5 de marzo.
Hitler está en el poder. La amenaza está ahí, aguda, brutal. Es un momento de oscuras maniobras en el campo obrero. Es difícil orientarse, incluso entre las notas tomadas en el terreno.
El 31 de enero, Breitscheid declaraba en una reunión del Comité Directivo del Partido Socialdemócrata:
“La lucha contra el fascismo ha entrado en una nueva fase. Todos nuestros deseos serían que también nuestras relaciones con el partido comunista entren en una nueva fase.”
Una moción que propone un pacto de no agresión con el PC es rechazada por el voto mayoritario.
La quintaesencia de la confusión, de la diplomacia, de la maniobra.
Este pacto, sin embargo, permanece en el centro del debate hasta el final.
La iniciativa de acción unitaria parece ir y venir en las manos de los líderes reformistas; una acción que solo puede ser extraparlamentaria y revolucionaria. En manos de líderes que dicen: "¡Tenemos que esperar! Esperar que Hitler abandone el terreno de la Constitución.” ¿Hasta dónde las cosas están comprometidas?
El C.C. del PC, es incapaz de terminar este juego. No puede plantear claramente, audazmente, firmemente, el asunto. La teoría del socialfascismo los ata de pies y manos.
El “Rote Fahne” del 2 y 3 de febrero publica completo el discurso del presidente de la Internacional Comunista, Manuilski, en respuesta a Otto Bauer, donde se desarrolla nuevamente la teoría del socialfascismo.
Manuilski tiene la intención de responder a la socialdemocracia alemana.
Y el Comité Central del PC envía a Torgler, a espaldas de las masas, a discutir con la dirección de SPD, y con la dirección de ADGB.
Envía a Munzenberg a hablar en secreto con Künstler.
Toman coraje, se vuelven impertinentes. Lo rechazan.
Todo esto no se sabrá, por supuesto, no a través de los canales regulares, normales: las organizaciones del partido, su prensa. No. Solo será conocido por confidencias.
Torgler se presentó en la manifestación socialdemócrata del 7 intentando leer un llamamiento a las masas. Le dijeron:
“Tendría que haberlo traído antes para someterlo a consideración de las organizaciones regulares del partido...”, “si le damos el escenario a un comunista, la policía puede disolver la reunión”.
El día 9, se propone, como réplica, la idea de un pacto de autodefensa contra el fascismo: “A los trabajadores del SPD”.
El 16, aparecen carteles en las columnas de Berlín con un enorme anuncio; “Propuesta de frente único” que dice:
“La R.G.O. (Oposición Sindical Revolucionaria) se dirigió al A.D.G.B. (Central Sindical Reformista), y le propuso “convocar una reunión conjunta de los consejos de fábrica para organizar el movimiento contra la reacción fascista. La creación en todos los distritos, fábricas, oficinas de desempleados, de comités de defensa de la vida y las propiedades de los trabajadores. Y finalizaba diciendo: “Esta propuesta no ha sido respondida, pero será renovará”.
Por su parte, la A.D.G.B. publica una declaración:
“En un cartel que los transeúntes han podido leer, se habla de una propuesta que se nos ha hecho. Declaramos que no hemos recibido nada.”
El día 17, es una propuesta de las Juventudes Comunistas a los socialistas. Responden: “son pactos de honor” y les aconsejan dirigirse directamente a la dirección del partido.
Los reformistas se permiten terminar todas sus reuniones sindicales y electorales con un llamado a la unidad de la clase trabajadora:
“Verdadero frente unido, sin maniobras. Obreros comunistas, os ofrecemos una mano fraterna. La reacción está aquí, unámonos para combatirla.”
El 19 de febrero, en la gran sala de la Casa de Sindicatos, la reunión de los Comités de Fábrica A.B.G.B, y A.F.A. Bund de la región de BerlínBrandenburgo. Merece una mención más detallada.
El Secretario de la región se dirige a la audiencia:
“Necesitamos un frente unido; pero no puede ser un frente único que comience con calumnias contra líderes sindicales. Que el Frente único se nos anuncie con carteles en las columnas. La R.G.O. (Oposición sindical revolucionaria) que el PC pone en primera linea, no es para nosotros un socio serio. Además, la consigna “por una Alemania soviética” no puede aceptarse en un frente único con los trabajadores de los sindicatos libres. Rechazamos, localmente y en el distrito, todas las negociaciones para un frente único”.
Un breve discurso del Dr. Gusko, quien habló en nombre de todos los delegados, terminaba con estas palabras:
“sobre el frente único hay que decir que las palabras del PC no pueden ser tomadas en serio. La dirección del PC ha sabido desde hace quince días que el presidente de los sindicatos libres, Leipart, se ha declarado dispuesto y listo para dar su apoyo directo a la propuesta de Frente Único que se le hiciese. Pero el eco comunista de esta honesta propuesta no se ha escuchado hasta ahora.”
La conferencia finaliza con la aprobación unánime de una resolución que dice:
“La reacción ha encontrado apoyo en la R.G.O. (Oposición Sindical Revolucionaria) y en las células nazis organizadas dentro de las fábricas. Los trabajadores y los empleados deben ser conscientes de que los mejores defensores de sus intereses en las fábricas son los delegados de los sindicatos libres…”
¡Este es el lenguaje que Leipart y compañía se atrevieron a sostener ante los trabajadores el 19 de febrero!
¿De qué sirve continuar? Todo el mes de febrero fueron horas oscuras. Revolucionarios a la defensiva, replegados sobre sí mismos, esperando las decisiones de los líderes reformistas. Las mayorías populares, sigue la misma actitud. Y su lema es: Abwarten. “Esperar”. Gradualmente, la impresión de que el Partido Comunista no puede hacer nada, no cuenta para nada, gana la calle. Dejamos de preocuparnos por él. Volveremos a acordarnos el 5 de marzo con el resultado de la elección. En este momento decisivo, el partido reformista traidor, mantiene mayor parte de sus votantes que el partido revolucionario.
Somos presa de una cruda impotencia, desnuda. Extraordinario resultado de una política revolucionaria “justa”.
El 10, acompañamos el cortejo de tres jóvens comunistas: Berner, Kollasch, Schulz, al cementerio de Friedrichfelde donde también reposan Rosa y Karl.
Esquina de las calles Fulda y Wesel en Neukolln. Reichsbanner local. La medianoche. Un joven en el teléfono llama a la oficina comunista local; “El ambiente es muy denso”. “Estámos rodeados por los nazis”.
Los comunistas llegan al lugar corriendo. Entre ellos, Erwin Berner. Llegó a la esquina amenazada, y los recibe una balacera de revólveres. Los nazis los emboscaron. Berner cayó allí.
La policía ha custudiado el cortejo. A la salida del local, un oficial inspecciona las coronas, toma una que lleva una leyenda demasiado explícita, la rasga y luego la pisotea.
Los coches fúnebres comienzan la marcha, despistados, solos. La clase los sigue, a la distancia, en pequeños grupos aislados y también por las calles paralelas.
Tomamos el metro. A la salida, expectativa. Tarde nublada, muy fría, una encrucijada lívida. Pequeños copos de nieve en cantidades copiosas.
Considerables fuerzas policiales.
Finalmente, allí está el cementerio. Los tres autos, a cincuenta metros de distancia, avanzan, dejando una huella gris sobre el pavimento blanco.
Caminos bien conocidos al cementerio. Un río de Banderas. Pero esta vez, a la izquierda, los puños levantados en silencio, trabajadores de la milicia Reichsbanner, saludan el cortejo. Jóvenes socialistas, jóvenes comunistas cargan los ataúdes de sus camaradas muertos.
El frente único. El frente único en el cementerio…
En los barrios de Berlín, en todos los rincones del Reich, se hacen pequeños acuerdos locales para la acción común. Penosos. Negados desde arriba. Pero el gran acuerdo necesario, el único acuerdo decisivo, de donde pudiera nacer la resistencia general; la réplica de las masas que la burguesía teme, solo hay que leer sus periódicos; eso no sucede. No se llevará a cabo.
El Frente Único del Cementerio
Foto central en la publicación original, MASSES, n° 8, Julio-Agosto de 1933
La campaña electoral para “las últimas elecciones”, es inaugurada por los nazis. Un gran cartel:
“Contra los criminales de noviembre (1918), contra el marxismo y el internacionalismo que han gobernado y destruido a Alemania en los últimos catorce años. Contra el marxismo, vota Hitler!”.
Dos días después, un cartel tan grande como el anterior, ocupa el mismo lugar. Blanco, en letras rojas y rayas negras, los colores de la antigua bandera imperial:
“Soldados alemanes de la Gran Guerra, recuerden que los socialdemócratas también han derramado su sangre en los campos de batalla defendiendo a la Patria. Que en 1918, cuando el Kaiser casi estaba huyendo, fueron los socialdemócratas quienes evitaron que Alemania se hundiera en un caos similar al de Rusia. Y ahora, somos insultados, destituidos, perseguidos. ¡Ese es el agradecimiento de la Patria!” El D.A.Z. comenta:
“Todo en el cartel, los colores, el tono de la llamada a los soldados, hizo pensar a primera vista que era el bloque nacionalista negro-blanco-rojo. Pero no, fue el S.P.D. No debieron molestarse señores socialdemócratas, siempre los reconoceremos, incluso con nuevo disfraz.”
Al día siguiente, en un nuevo póster, los socialdemócratas reafirman su derecho a ser considerados como alemanes fieles, patriotas honestos, confiando en las declaraciones del líder de Stahlhelm Dusterberg. “También hay en los llamados partidos marxistas soldados del frente que han cumplido, como el mejor, su deber patriótico.”
El Frente Único del Cementerio
Fotografía en la publicación original del periódico parisino
MASSES, n° 8, Julio-Agosto de 1933
Entonces, los nazis hicieron esta pregunta en letras grandes:
“¿A qué partido pertenece el ‘camarada’ Crispien que ha dicho: “La socialdemocracia no conoce ninguna patria llamada Alemania”… Entonces, ¡abracadabra!, ahí está Pieck, uno de los miembros más destacados de CC del PC, que comienza a decir, el 25 de febrero, en el mitin de la campaña electoral en el Palacio de los Deportes:
“Hitler afirma que pretende crear la unidad de la Nación. ¿Cómo puede decir eso, mientras intenta eliminar de esa “unidad de la Nación”, a la parte decisiva del pueblo alemán, señalando a los 13 millones y medio de votantes del SPD y KPD como extranjeros y anti-alemanes? ¿Esos son los alemanes, contra quienes debe librarse una lucha destructiva?”
La lucha continua. ¡Los nazis han atacado durante catorce años a la política marxista, considerándola un bloque único! De esos catorce años, cinco fueron llenados por la actividad de Hugenberg, el actual compañero financista de los nazis. Demasiado malo para los nazis. “Lo que se necesita son grandes líneas simples para la agitación”, dirá Göebbels.
Su programa:
“Destrucción del marxismo”. “Uno de los dos debe salir victorioso, el marxismo o el pueblo alemán”. “En diez años, no habrá un solo marxista en Alemania”.
Hitler dedica toda su elocuencia al desarrollo de sus fórmulas. Y nada más. Cuando se le pregunte algo más, dirá:
“¡Nuestro programa es hacer lo contrario a lo que ustedes han hecho!”. (Textual).
Un día, un gran cartel contra la Rusia soviética. Ataque furtivo. Odio brutal. Termina así:
“Nosotros, los trabajadores alemanes repatriados de Rusia, declaramos que preferimos vivir en una prisión alemana que libres en el ‘paraíso’ soviético”.
En los barrios de la clase trabajadora, muchas de esos carteles, fueron quemados durante la noche.
Hablamos con los socialdemócratas sobre la posible prohibición del Partido Comunista.
El Partido Comunista sin duda será prohibido. Si ocurre antes de las elecciones, deberían concertar su voto, por nuestro partido. Los comunistas se unirán a nosotros masivamente. Sin embargo, tampoco estaría a favor de admitirlos a todos sin condiciones… Me parece necesario que al menos permanezcan un año como aspirantes.
Todo esto tiene un sabor a siniestra especulación y estupidez al mismo tiempo.
– ¿Entonces permitirías que golpearan al PC sin mover un dedo? Y continuarías diciendo que Hitler está dentro de los límites de vuestra constitución de Weimar… Escucha bien. Ya ha pasado el momento de las miserias y la malicia. Sobre nuestro pellejo es el tuyo el que está en juego... Primero, será el PC, luego llegará tu turno. Además, ese mezquino cálculo no tiene en cuenta el rencor y el desprecio que los trabajadores revolucionarios les dedicarán. Ustedes sacrificarán cualquier posibilidad de aproximación durante mucho tiempo.
Estamos hablando con los socialdemócratas de izquierda.
– Entonces, ¿qué harán ustedes? ¿Ustedes también apuestan a las elecciones del 5 de marzo?
– No. Nosotros nos estamos preparando. Estamos tratando de establecer una red de enlaces clandestinos. Sabemos muy bien que la lucha se convertirá en lucha armada callejera. Solamente depende de ellos, frente a las primera confrontación, nosotros nos lanzaremos a la huelga general.
– ¿Pero qué quieres decir con eso? ? ¿Cuándo, cómo planean comenzar esa huelga?
– No sé bien… Cuando lo decidan nuestros líderes. Yo no lo sé exactamente, como tampoco sé cuando tendrá lugar la restauración de la monarquía en Baviera… No sé muy bien.
– Pero esos motivos no son nuevos, siempre los habéis tenido, en cada momento.
– Si, pero no ha sido suficiente.
Sentimos que ellos no harán nada. Todo esto se revierte, y es decisivo para darle tiempo al enemigo, significa abandonar toda iniciativa. En vez de aprovechar la situación, en ese momento los astutos mecanismos de la mentalidad legalista y contrarrevolucionaria, ni siquiera les ofrece a aquellos que quieren luchar, un punto de partida.
Cada evento aislado no es razón suficiente para desencadenar la pelea. Pero cada oportunidad perdida compromete aún más la situación y dificulta más el desenlace de los hechos. Si seguimos esperando mientras aún tengamos la fuerza, lo perdemos todo; la derrota significaría ser destruidos, significaría que ni siquiera tendríamos posibilidad de luchar. El único desenlace de esa estrategia de “prudencia”, “sangre fría”, de “espera”, tan defendida por los líderes reformistas, será una categórica y vergonzosa derrota.
Encontramos en nuestras notas:
7 de Febrero. – El “Frente de Hierro” de Essen decide hacer una concentración, una demostración de fuerza. Los nazis acuden al lugar media hora antes, ocupan la escena, cierran el acceso a las calles vecinas y esperan mientras cantan sus canciones de combate. Los líderes del “Frente de Hierro” deliberan. Simplemente deciden cambiar la ruta del desfile y el lugar establecido para la concentración.
El periódico nazi “National Zeitung” se regocija, sarcásticamente:
“La escoria de los bonzos ni siquiera intentó hacer uso del derecho que le dimos. ¡De ahora en adelante, no realizarán ninguna reunión excepto cuándo, y dónde nosotros se lo permitamos!”
Así es como se preparó la moral de las tropas antifascistas.
8 de febrero. – Las elecciones a los consejos de fábricas, que tienen lugar en todo el Reich, no indican una evolución precisa de los trabajadores hacia la lista revolucionaria. En general, los reformistas mantienen sus posiciones.
Los periódicos informan sobre las hazañas de los nazis el día anterior. Sorprendieron a tres jóvenes que regresaban de una reunión, con la insignia en el ojal. Ellos los emboscaron. Uno de los jóvenes fue arrojado contra la pared y, con los puños, le rompieron todos los dientes. Luego fue arrastrado por el pelo por más de 100 metros. El otro resultó gravemente herido con un cuchillo. El tercer camarada escapó y dio la alerta.
Hoy miramos los ojales. Estamos buscando un signo del estado de ánimo. Las insignias que llevan las dos banderas de la “Acción antifascista”, las tres flechas del “Frente de Hierro” están en su lugar.
El mismo fenómeno ha estado ocurriendo durante meses: un coraje, un espíritu político; individual extraordinario. Como clase: una parálisis increíble. ¿Pero no es este el caso de los partidos, y de las organizaciones?
14 de febrero. – Todos los días se alinean más cadáveres proletarios. Los nazis acechan, por la noche, a los trabajadores que regresan a sus hogares. Militantes caen en Spandau, Charlottenburg, Wedding, Neukoelh. Los SA atacan los locales comunistas, los locales socialistas, los locales del Reichsbanner. A menudo son rechazados. En las peleas, también caen algunos de las SA y las SS.
15 de febrero a las 2 de la mañana. – Regresamos del “Palacio de los
Deportes” donde la “Federación Roja de los Deportes” organizó su
“Festival de Hielo”.
Berlín está cubierto de blanco. La nieve que cayó durante horas y horas se divirtió con las estatuas de Potsdamerplatz. Les hinchó las mejillas, les puso pelucas extrañas y las vistió con gruesas pieles blancas. A los árboles, le dio un claro contraste, mitad blanco, mitad negro.
Es demasiado tarde para el metro. Grupos de trabajadores van caminando, empujando sus bicicletas sobre la nieve.
– ¿Viste?… No se atrevieron…
– ¡Seguro que no se atrevieron! ¡Éramos diez mil!…
Éramos diez mil. Posiblemente más. A las siete en punto el salón ya estaba lleno. Era necesario pasar entre una fila doble de guardias de autodefensa. Por lo menos a lo largo de 50 metros hicieron un largo corredor de miradas atentas.
En el lugar hace calor, a pesar de la pista de hielo. Nos apretamos cada vez más para dejar espacio para aquellos que todavía están llegando. Los vendedores de pepinos salados luchan para abrirse paso. Mientras tanto, cenamos. Algunos bocadillos, una manzana. La cantidad de sándwiches distingue a los desempleados, de aquellos que aún tienen trabajo.
Las consignas se destacan en las banderas rojas:
“Contra la fascistización del deporte”, “Contra el servicio de trabajo obligatorio”, “Por la unidad del deporte rojo”.
Los acentos de la hermosa canción de la esperanza: “Hermanos, hacia el sol de la libertad", comienzan a levantarse. Las llamadas al “Deporte Rojo” son repetidas a coro por diez mil voces.
Se dicen algunas palabras sobre el papel del deporte proletario, que terminan con un llamado a votar la lista 3 en las elecciones del 5 de marzo y el altavoz anuncia el desfile de los participantes.
Deslizándose suavemente sobre los patines, la columna avanza. Camina por la pista, regresa y se da la señal para comenzar la fiesta.
Juegos de hockey, carreras de todo tipo, valses vieneses bailados maravillosamente sobre el hielo, y las horas pasan. El público lleva cuidadosamente todos los resultados. En la tribuna, de pronto se oyen zancadas, ruidos secos de botas militares. Los grupos de autodefensa se mueven.
Casi seis horas de deportes sobre el hielo. Sin ningún incidente. El fascismo está en el poder desde hace quince días, pero sus hombres no se atrevieron a venir al “Palacio de los Deportes”. Era la una de la mañana cuando salimos. Los obreros que viven lejos se van en grupos. Algunas columnas de autodefensa guardan su formación sobre la acera.
Vivimos en casa de Frau D…, una persona gorda obsesionada con la idea de comer. Su esposo era un burócrata. Ellos han conocido las buenas épocas. Frau D…, lo resume en una frase: “Tirábamos manteca al techo". Hoy viven largos períodos de desempleo y Frau D… se ha convertido en una anticapitalista feroz. Ella vota a la socialdemocracia, pero después de las elecciones de noviembre, y especialmente desde que supo que eramos comunistas, está a favor de soluciones violentas:
“Debería ser que los trabajadores comprendan de una vez por todas. Que tomen por la fuerza todo lo que necesiten. Yo soy comunista hasta la médula”.
Pero los eventos se precipitan. Schleicher cae y ya estamos hablando del ascenso de Hitler.
– ¡Ustedes creen que los nazis tomarán el poder? Pregunta Frau D…– Lo tomarán si los trabajadores no lo detienen en su camino.
– Entonces la guerra civil es inevitable, los obreros no lo permitirán
Hitler ya es canciller. Frau D… está segura de que no podrá sostenerse, caerá como los demás. Ella ha comenzado a preguntar en el barrio. Habla con el tendero, escucha lo que se dice en la panadería, ha consultado con la señora Bartel. Ella, ahora ya no está tan segura de la caída de Hitler:
– ¡La gente tiene tanto entusiasmo por él! Y después de todo, ¿por qué nodarle la oportunidad de realizar lo que prometió? ¿Quién sabe?…¡Un hombre que ha logrado poner en pié semejante movimiento!…
Tratamos de hacerle entender lo que Hitler representa: la reacción más monstruosa que Alemania haya conocido, la destrucción de las organizaciones de trabajadores, la caída de los salarios…
– Pero él dará trabajo. La reacción… No me importa la reacción. En elmomento del Kaiser, había menos libertad, pero comíamos más. Trabajo, eso es lo que necesitamos. Y Hitler ya tiene un proyecto que hará que los negocios funcionen, aumentar la fuerza militar. Quien sabe, incluso volverá a establecer el servicio militar obligatorio, y eso hará renacer el comercio. El ejército requiere de miles y miles de pares de botas, miles y miles de uniformes. Debe darse comida a todas esas personas. Y luego, entonces: todos esos oficiales bien pagados, van a casarse. Debemos mirar hacia adelante, una chica como Frida por ejemplo (Frida es la hija de la familia, que no ha visto ni un centavo desde hace un año) podrá casarse con un sub oficial, tener un hermoso piso y estar a salvo de la miseria de por vida… ¿Quieres, que se case con una persona desempleada?
Frau D… usted olvida el programa antisemita de Hitler, y sin embargo es judía.
– Los nazis no están contra los judíos alemanes. Quieren perseguir todaesta basura de Polonia, Austria. Esos piojosos gallegos de Grenadirstrasse. ¡Que los persigan! Vinieron aquí después de 1914, se han enriquecido con la miseria del pueblo alemán. ¡Qué envidia cuando veo alguno de esos judíos polacos cubiertos de diamantes, con los dedos llenos de anillos, quiero escupir en su cara. Se llevaron todo, todos esos sucios mantenidos.
¡Son sucios, sucios, jamás se lavan!
19 de febrero. – Se lleva a cabo un “Congreso por Libertad de Expresión”, al que asisten liberales de izquierda, reunidos por Einstein y los comunistas, Tomas Mann ha enviado su adhesión. Tan pronto como el Dr. W. Heine declara frente a la tribuna que la esvástica fue encontrada en Palestina, en tumbas judías que datan de la época de Jesús, la reunión es disuelta por la policía.
La Reichsbanner organiza una demostración de fuerza en el Lust Garten bajo la bandera de la República, negro, rojo y dorado. Su líder, Holterman, repite que ellos también son alemanes:
“Luchamos por la libertad de Alemania durante la guerra, lucharemos, defenderemos la libertad contra todos los enemigos internos de la república y juramos: ¡Antes morir que esclavos vivir!”.
Volviendo a sus domicilios, hay incidentes con los nazis, en todas partes.
La policía allanó por segunda vez desde la llegada de Hitler la “Casa Karl Liebknecht”. La guardia de autodefensa, ocho comunistas, es desarmada sin disparar un tiro. La casa es registrada de arriba a abajo. Los muebles son destrozados con la excusa de la búsqueda de publicaciones ilegales y –especialmente– de armas. Ese mismo día en las columnas de la habitual hoja roja de la policía, se lee: “Recompensa”, se prometen mil marcos a quien pueda dar información precisa sobre los lugares donde se encuentran los panfletos, los periódicos y las imprentas comunistas, y donde se esconden las armas.
La preocupación por golpear al Partido, incluso intentando “legalmente” desarmarlo antes de golpearlo, es obvia.
Esta tarde, los nazis repiten en el Bülow Platz su “hazaña” del 22 de enero. Los policías ocupan los techos del distrito y, bajo los fusiles de los schupos, los SA celebran una reunión de campaña electoral con un concierto, todo esto frente a la Casa Karl Liebknecht.
22 de febrero. –Fuimos a ver al camarada S… en el hospital. Es un viejo espartaquista. Robusto: ojos suaves en una cara ruda. Lo conocimos en el Silvester-fest de Fichte. Fraternal, cálido. Él dijo: “Genosse” , como diría hermano, fervientemente. Un gran hombre, herido de guerra, una gripe le ha causado graves complicaciones.
Él está allí, con la cabeza vendada, sufriendo terriblemente, respirando con dificultad. Pero él solo pregunta, dolorosamente, palabra por palabra:
“¿Cómo están las cosas afuera? ¡Si pudiera salir! Siempre tengo tiempo para echarte una mano. Esos fascistas…” Y él hace el gesto de torcerse el cuello.
Otros compañeros vienen a verlo. Pronto somos una “célula” comunista alrededor de su cama. Las palabras son amargas, difíciles de escuchar.
– Las reuniones de célula son cada vez menos frecuentes. Loscompañeros están desanimados, abandonan el trabajo militante… Uno de ellos concluye:
– Espero mas avances del trabajo clandestino…
La Gestapo en la Karl Liebknecht Haus
23 de febrero. Por tercera vez desde la llegada de Hitler, la Casa Karl Liebknecht es ocupada. Por la tarde, llega un gran contingente de tropas policiales. Cinco personas son arrestadas. El local del Comité Central y las oficinas del “Rote Fahne” son cerrados, se colocan sello de clausura en la imprenta y queda un destacamento de schupos para custodiar los locales. Los periódicos anuncian que esta vez la ocupación es definitiva y que la Karl Liebknecht Haus permanecerá cerrada.
23 de febrero. – Acto de campaña electoral del PC en el “Palacio de los Deportes”. Una hora antes de comenzar, el enorme salón está lleno. Es Pieck quien toma la palabra. Sobre la cuestión del Frente único, dice lo siguiente:
“Nos dirigimos a todos los trabajadores socialdemócratas, reichsbanners y adherentes de los sindicatos libres, les ofrecemos una mano fraternal. Estamos listos para cualquier tipo de frente único, cuyo objetivo principal sea la defensa de las masas trabajadoras…”
Entonces, cuando comentó sobre las medidas tomadas contra las escuelas laicas, la policía intervino, interrumpiendo la reunión, afirmando que debía ser disuelta, porque el orador “habló con desprecio de la religión”. La sala recibió esta orden con un vibrante “Frente Rojo”…. ”Rot Front…”
No hay incidentes en la salida, pero en los barrios, los trabajadores aislados son apuñalados, son golpeados brutalmente.
En la Escuela del Partido. Entre los compañeros del grupo comunista. Hablamos en voz baja.
– ¿Qué vamos a hacer?
La misma pregunta vuelve tenazmente. No podemos, no queremos admitir que todo está perdido de antemano, sin que nada haya ocurrido.
– Nada. Volveremos a la ilegalidad. El partido perderá el cincuenta porciento de sus miembros. Lo mejor se quedará. Continuaremos con el trabajo… Ayer nos acercamos al local donde celebramos reuniones de nuestra célula y lo encontramos ocupado por los nazis.
– ¿Y cuál es –“die Stimmung”–, el estado de ánimo entre los intelectuales?
– Es malo. Muchos tienen miedo. Quieren suspender todo trabajo hastatiempos mejores.
– ¿Pero qué te parece todo esto? ¿Quién es responsable de este estado de cosas?
– La socialdemocracia. Ellos frenan a las masas. Ellos no quieren pelear.Nos han traicionado de nuevo.
– ¡Pero en esto son consecuentes! Ese argumento pudo ser válido antesde la fundación de los Partidos Comunistas. ¿No nos había mostrado ya 1914 de lo qué era capaz la socialdemocracia? ¿Qué esperabas de ella, entonces? La pregunta que surge para los revolucionarios es: ¿cómo sucedió que la socialdemocracia pudiera mantener las mayorías decisivas a pesar de sus traiciones, a pesar de su cobardía, a pesar de la profunda crisis económica mientras existía un Partido Comunista? ... ¿Tu piensas que la dirección del partido, que su política, estaba ahí, para qué estaba ahí para nada?
– Sí, cometimos errores. –Él se detiene un momento– y luego dice: Si..., esos son los jefes que extrañamos…
El 27 de febrero, los socialdemócratas celebran una reunión en el “Palacio de los Deportes” para recordar el cincuentenario de la muerte de Karl Marx. Nos gustaría ir allí, pero queremos reunir a nuestros compañeros de la Masch.
La Masch se ha trasladado ahora a la Neue Friedrichstrasse, una antigua calle del viejo Berlín. El barrio de tiendas de telas al por mayor se duerme temprano. Las sombras son largas en las aceras abandonadas.
Calles anchas, calles estrechas. En esta gran casa gris ahora vive la Masch. La vieja escalera huele a moho y orina de gato, el olor internacional de todas las viejas escaleras de madera, de todas las casas antiguas del mundo.
La escuela esta silenciosa, fría. Una penosa impresión de casa en alquiler desahitada, se eleva por los corredores sin estudiantes.
Nuestro curso, que se ha mantenido lo suficientemente bien, no cuenta, esta noche, con más de diez camaradas. Estamos esperando al profesor. Ya son las ocho en punto, las ocho y media, no va a venir, no va a venir. Hablamos, como siempre, del momento político. Nuestros amigos están deprimidos, desanimados. El camarada F…, activista del partido, muestra resignado su pesimismo.
Tapa del Rote Fahne, 26 de febrero de 1933 – Die proleten werdem es sehr schwer liaben. (Será muy difícil para los proles). Nos dice cuando le preguntamos cómo van las cosas en su vecindario.
– ¿Qué otra cosa podía esperar el Partido, del fascismo?
– Por supuesto, lo sabíamos, pero, de todos modos, ¡las cosas sucedierona tal velocidad!
– Yo, –dijo el camarada B–, creo que el Partido está demasiado callado, parece estar ausente. No lo vemos. No sabemos qué decirles a las personas, que a cada rato nos interrogan.
– ¿Y qué quieres que haga? ¡El partido es acosado terriblemente! Todaslas reuniones deben ser custodiadas por la policía y defendida por nuestra guardia clandestina.
– Las reuniones del SPD también son defendidas y a menudo custodiadas.Pero sin embargo logran realizar algunas…
– Sí, acepto eso F…, se manifestaron ayer en nuestro vecindario, ydebemos admitir que fue lo suficientemente bueno. Más de trescientas personas. En los tiempos que corren…
– ¿Y nosotros ? ¿Por qué estamos haciendo tan poco?
– Si poco, poco… Nos persiguen como bestias salvajes. Apenas quieresempezar a moverte, ya tienes el garrotazo en la espalda.
– Yo, –se empeña B–, creo que los socialdemócratas tienen mejor control de sus masas. Pueden contar con ellas, mejor que nuestro partido. ¿Y quieres que te diga una cosa? Espero que nuestro partido sea ilegalizado lo antes posible.
Todos protestamos, indignados, pero él continúa:
– Pero sí, pero sí..., lo antes posible, ya sabemos que es seguro que serádeclarado ilegal. Puede ser que nuestros líderes, hoy suavizados en sus posiciones bien pagadas, necesiten regresar al pan seco de los días difíciles.
Nosotros vinimos a hablar de las elecciones:
– Yo creo que vamos a perder votos, continua B …
Diputados con representación June May Dec. May Sep. July Nov. Mar.
Partidos Políticos en el Reichstag 1920 1924 1924 1928 1930 1932 1932 1933
Partido Comunista (KPD) 4 62 45 54 77 89 100 81
Partido Social Democráta (SDP) 102 100 131 153 143 133 121 120
Catholic Centre Party (BVP) 65 81 88 78 87 97 90 93
Nationalist Party (DNVP) 71 95 103 73 41 37 52 52
Nazi Party (NSDAP) - - - 12 107 230 196 288 Other Parties 98 92 73 121 122 22 35 23
– Seguramente.
Casi todos están de acuerdo en esto.
– Yo, dice un joven, creo que los nazis llegarán al cincuenta por ciento.
– Estás loco…
Nuestro Profesor no vino, y ya es hora de irse. Bajamos y caminamos, como siempre, con unos pocos compañeros a quienes acompañamos a menudo a Neu-Köln. Al llegar a la Königstrasse, hay algo en la calle que ha cambiado su apariencia habitual. Un no se qué… una ligera inquietud en la atmósfera. Oímos correr detrás de nosotros. Es un grupo de jóvenes. Al unirse a nosotros, lanzan: – “El Reichstag está en llamas ...” – ¿Es una broma?
– No es broma. Se quema hasta los cimientos..
– No puedo creerlo, continúa F... ¿A quién se le puede ocurrir la idea de incendiar el Reichstag?
– ¿A quién?... Y la voz del joven susurra, odiosa: a los comunistas. Estos son los comunistas, por supuesto.
– ¿Qué pueden tener los comunistas contra el edificio del Reichstag? Nuestras objeciones no son de su gusto. Nos miran provocativamente, se miran y, al final, se van.
Le preguntamos al vigilante de la esquina, si es cierto que el Reichstag se está quemando.
– No sé nada, nos responde. Una señora me acaba de hacer la misma pregunta.
Decidimos comprobarlo nosotros mismos y nos ponemos en marcha. Al llegar a Schloss Platz, deliberamos: puede ser una provocación nazi, una emboscada. Es una provocación enorme. Cambio en el plan. No iremos.
Al día siguiente, Berlín está en estado de agitación. La noticia del incendio del Reichstag ha llegado a los lugares más alejados. Una caravana de bicicletas y peatones que miran por “Unter den Linden” hacia la Puerta de Brandenburgo. Una curiosidad fría, calculada, en la mayoría: ver, comprobar la acción de las llamas. La policía impide la formación de grupos. Hablamos poco y de forma velada.
Toda la prensa comunista está prohibida por cuatro semanas. Prisión preventiva para todos los funcionarios del PC. Orden de detención contra dos de sus diputados “sospechosos de complicidad” en el incendio del Reichstag.
Toda la prensa socialdemócrata también cae bajo una prohibición de catorce días. Van der Lübbe confesó “vínculos con el SPD”. Arrestos en masa. Se dice que Torgler se ha presentado en la Prefectura de la policía, acompañado por su abogado.
Y ese terror feroz no encuentra respuesta alguna, no hay resistencia organizada.
El local del “Vorwärts” es allanado por la policía, con la excusa de la búsqueda de panfletos, y revistas. Después de cuatro horas de ocupación, la policía se marcha.
Los diarios publican la novela por capítulos de Göring, sobre los planes del PC... Había puentes dinamitados, trenes descarrilados, diez kilos de pescado para las cocinas colectivas, miles de mujeres y niños tomados como rehenes, una fantástica organización de comunistas vestidos como asaltantes destinados a saquear las tiendas... Y la radio… una, y otra, y otra vez.
El líder socialdemócrata Wels se dirige al Comisario del Reich, Von Papen en protesta por la prohibición de la prensa de su partido:
“La socialdemocracia no tiene nada que ver con el incendio del Reichstag. Todo su pasado demuestra la disciplina ejemplar de sus seguidores. Una mirada a la prensa comunista, que hasta ahora ha estado llena de los ataques más amargos a la socialdemocracia, muestra de la manera más clara posible que no existe ningún frente único entre el Partido Comunista y el Partido socialdemócrata…”
Estas palabras ilustran el verdadero valor del famoso “Pacto de no agresión”.
Una sección de las SA llega a Bülow Platz. Es la tropa que comandaba Horst Wessel, el proxeneta, “poeta”. Reverenciado héroe y “mártir” de los nazis. Un golpe en el talón, media vuelta, y están alineados frente a la Casa Karl Liebknecht.
Se adelantan tres hombres. Llevan la bandera con la esvástica. Una orden del jefe y los tres hombres avanzan hacia la Central de PC. Pasan por la puerta donde se encuentran dos schupos, y unos momentos después los vemos en el techo. Un momento más tarde, sobre el gran tejado que tan a menudo adornara la bandera roja con una hoz y un martillo, flota ahora la esvástica.
Hombres agredidos saludan, con los brazos alzados. El jefe pronuncia un pequeño discurso:
“El sueño de nuestro querido héroe, el deseo más ferviente de Hors Wessel, se ha hecho realidad. La bandera que lució tan orgullosa y defendida con su sangre, flota sobre el baluarte comunista.”
Los últimos días de febrero, el aspecto de las calles comienza a cambiar. Pertenecieron a los trabajadores, ya no son de nadie. Abandonadas por ellos, todavía no tienen un nuevo maestro. Ya no vemos a los nazis, pero ya no hay más desfiles de trabajadores, ni tampoco los grupos de patrulla de autodefensa que deambulaban por las calles, yendo de aquí para allá. Las elecciones se acercan; Algunas banderas en las ventanas. Ese hermoso espíritu político que habíamos notado en nuestra llegada en noviembre, ha desaparecido. Incluso los partidarios nazis ceden al temor de represalias. Fenómeno paradójico. Ellos mismos están un poco atemorizados, imaginando posibles consecuencias.
El 4 de marzo, ese magnífico “Despertar de la Nación”, producido en la imaginación de Göebbels, tiene lugar, estas marchas de antorchas, la misma noche, en todas las carreteras y ciudades del Reich; las antorchas se encendieron en las colinas, en todos las aldeas y pueblos de montaña.
Nos instalamos en la esquina de Friedrichstrasse y Unter den Linden. No es nada de otro mundo; lo más importante, ¡muy pocas insignias nazis!
– Te digo que son curiosos, como nosotros.
De repente, el movimiento. Empujones por todos lados. Allí, en la parte más baja de Friedrichstrasse, en el lado norte, hay una cortina de brillantes puntos amarillos, pequeñas llamas que tiemblan y se mueven con una oscilación general.
– ¡Ya están llegando, están viniendo! … Los agentes excesivamente educados:
“Señores, señoras, por favor; háganse a un lado, pónganse por allí. Ellos pasarán por aquí...”
Una vieja pequeña muy bien vestida, que iba pasando es empujada por el remolino, pero no logra ver de qué se trata: –¿pero qué hay? ¿ Qué hay?
– Es una marcha de antorchas, de los nazis…
– ¡Oh bien!... y su gesto es tan seco, tan despectivo, que ahora ella parece pertenecer a la fiesta de Hugenberg y el centro católico. Las esquinas de la calle, los edificios, adquieren una tonalidad rojiza. Un resplandor de fuego parpadea sobre ellos. Ya están aquí…
Todas las personas sin insignia que nos rodean, alzan sus brazos al uso “romano”. Bueno,¡ellos se sienten nazis también! Es la pequeña burguesía, ahí está, aunque quizás no ponga la bandera con la esvástica en su ventana, antes de las elecciones, ni lleve el signo hitleriano en sus ojales. En ese momento, uno todavía podía quedarse sin levantar el brazo, sin ser un héroe.
Pasan. Uno de cada veinte hombres lleva una antorcha que humea más de lo que arde. El plan de Göebbels prometía más. Los gritos de los jefes resuenan:
“¿Dónde están los comunistas?” Y la columna contesta:
“¡En la Cueva!.”
Pasa un camión con schupos. Sonriendo, también ellos, saludan ostensiblemente, una vez, luego otra vez, el saludo Hitleriano. Gran entusiasmo en la multitud.
Los hombres de las tropas de asalto hacen la colecta ruidosamente en voz alta:
“Por el viaje directo, sin retorno de los judíos a Palestina”.
La gente está riendo. Se ríen a carcajadas.
“Para el entierro de Thälmann!
Una dama, parada al pie de su auto: –“¡Oíd!, escuchad lo que dice: “¡para el entierro de Thälmann...!” Y se ríe histéricamente.
Un SA con un lenguaje de borracho de puerto, sacude su alcancía repitiendo:
“¡Colabore para la reparación de la Casa Karl Liebknecht!.
Vayan a ver la esvástica. Ahora está allí
Colaboren… Colaboren…”
En la François-Joseph Platz hay una concentración para escuchar a Hitler que hablará con Königsberg, a nombre de toda Alemania.
Por primera vez en Berlín vemos a hombres de las “Secciones de Asalto” trabajando juntos con los oficiales de policía auxiliares. Cada schupo está acompañado por dos hombres armados con revólveres y porras. Están bajo las órdenes del schupo y, muy lascivos, muy obsequiosos, a su lado lo siguen y lo escuchan como aplicados aprendices. Esto es sorprendente. En la radio, una voz describe, segundo a segundo, lo que está sucediendo en la sala de Königsberg, donde hablará el “Führer”. Pronto llega un sonido en oleadas, desde el altavoz, subiendo, subiendo: “HEIL, HEIL, HEIL”… Es el “Führer” que hace su entrada.
La ola de gritos alcanza el paroxismo, estalla en un grito:
“Volksgenossen , volksgenossinen…”
Hitler pronuncia su discurso-sermón al estilo que ya todos conocen. Gritando, desde la primer palabra. No expone, hace arengas durante una hora, dos, si es necesario, sin cambiar el tono. Aquí se dice que él tiene acento eslavo. Incluso nosotros, extranjeros, lo notamos. No es un orador tan bueno como Göebbels, que esculpe su discurso palabra por palabra, con fuerza, de pie, sobriamente frente a la tribuna. Con gestos medidos, aprendidos, muy ensayados desde hace tiempo. Tampoco tiene la energía bestial de la figura de Goering, la voz y el gesto que mastica las palabras, las mantiene en la boca hasta que le hinchan las mejillas, le deforman la cara. y luego los suelta como escupitajo.
Pero él, es el maestro de los desprecios. Hitler, actuación y palabrería.
Volvemos. Las columnas nazis con las que nos cruzamos, van acompañadas de camiones y schupos que observan hacia las ventanas de las casas, con el fusil en sus manos. Marchan hacia el triunfo del cinco de marzo.
Cerca de casa, una cervecería, es decir, una local de votación. Desde la mañana a primeras horas, llegaron un schupo y una policía auxiliar nazi. Nos inclinamos sobre la ventana. En frente de la cervecería, con sus carteles de pie. Un SA, “Lista 1”. Un viejo, “Lista 4” (Partido del centro). Un casco de hierro, “Lista 5”. Faltan las listas “2” y “3”, socialdemócratas y comunistas. Ellos no han defendido ni siquiera eso, su lugar en el juego, ¿incluso han aceptado eso?
Nosotros ya hemos vivido un día de elecciones, el 6 de noviembre, con la derrota nazi y el triunfo comunista. Estamos en la calle desde temprano, para ver qué ha cambiado.
Un día soleado, hermoso. En Wedding todo el mundo está en las calles ¿Todo es como antes? No, por ejemplo: esos grupos de nazis, quince hombres armados con revólveres que pasan, eso es nuevo. Del mismo modo, estas motos con matones de las SA que deambulan, ruidosamente, por las calles. Y estas fachadas sin banderas son una nueva forma de mostrar que la mayoría de ellos, siguen siendo comunistas y socialistas. Caminamos. Las aceras están tan pobladas que los locales de votación se suceden cada 50 metros.
Frente a una columna donde se muestra el retrato de Van der Lübbe con la promesa de una recompensa de 20.000 marcos para quien pueda dar información sobre el incendio del Reichstag, hay una pequeña multitud. Nos reímos. Uno se atreve a decir en voz alta, comenzando: “Ellos afirmaron, sin embargo, que ya sabían todo; que detuvieron a los culpables, a los comunistas. Aquí están ahora, ofreciendo 20.000 marcos por información.”
Al llegar a la esquina de Sparr-platz, frente a la cervecería, leemos nuevamente: “Lista 1”, “4”, “5”. Pero ahora hay un joven obrero que lleva un cartelón. Él está hablando con alguien y nos da la espalda. De repente se da vuelta. En su cuello cuelga el cartón con una inscripción que conocemos: “Vote Lista 3, Partido Comunista”.
Boleta de las elecciones al Reichstag
Distrito electoral Hesse-Darmstadt. 5 de Marzo de 1933
Casi gritamos. Fue una alegría muy pobre, pero en ese momento. ¡Fue un verdadero placer ver a uno de los nuestros! Nuestra sorpresa es tan obvia que los schupo y los hombres de asalto nos miran con ironía. Nos acercamos al compañero y le damos la mano:
– Hola, ¿sigues aquí a pesar de todo, no está prohibido?
– No, al comienzo creímos que sería peor. Pero aquí estamos de todos modos y nos dejaron solos. Entonces hemos hecho correr la noticia.
Al otro lado de la calle Müller. Estamos empezando a ver más “2” y “3”. Incluso en Reinickendorfertrasse solo encontramos esos números en las pancartas. Y en la puerta de un local encontramos a un compañero solo, que ha suspendido en su pecho de una cuerda un cuaderno de hojas blancas con un “3” escrito a lápiz. Entonces, mientras caminamos, sucede que eso también se vuelve frecuente.
La entrada a la calle Koesliner, la calle de las Barricadas, está llena de gente. Observan una moto nazi que recorre la ciudadela comunista de un extremo a otro. Están a no más de cien metros. El matón de las SA sentado en el sidecar lleva una enorme bandera con la esvástica, desplegada al viento, y el revólver en el puño listo para disparar. Ellos van y vuelven. Los proles, en las ventanas, en el pavimento, observan fríamente esa increíble provocación.
Pasamos la tarde en Neukôlln. Los camaradas han tenido la iniciativa de organizarse. Dibujamos pancartas con cuidado. Hechas a mano, pero todas completamente iguales. La gente camina tranquilamente.
Dos hombres de la policía auxiliar pasan cargando una camilla. Nos acercamos. Es una persona enferma que es llevada al local de votación. Hubo algunos de estos nuevos “Lázaros” el 5 de marzo que escucharon el “Levántate y ve a votar por Hitler”.
A las diez de la tarde. Estamos esperando los resultados de las elecciones en un pequeño restaurante de Westen
Y lo que cualquier activista que vivió estos meses en Berlín pudo haber previsto, llega. La voz de la radio que nos repite, martillando, la terrible derrota. Tomamos nota de los números por un tiempo. Entonces, no se produce ninguna reacción, tiramos el lápiz.
La cuestión del poder está resuelta, la revolución es vencida. Las elecciones del 5 de marzo no fueron solo elecciones, fueron una revisión de las tropas.
Lo que sentimos el 30 de enero se confirma y se hace visible para las amplias masas. La lucha que duró años termina con el triunfo de Hitler. Nuestra esperanza anterior, la esperanza de los millones de proletarios: ALEMANIA, colapsa.
En la calle, los nazis celebran salvajemente su victoria.
El Frente Rojo es papilla.
Van marchando las SA, tengan cuidado! ¡Abran paso!
Así, el rostro de la derrota aparece en las calles.
Están corriendo toda clase de salvajes rumores. Las botas de los nazis parecen darle ritmo a la vida nocturna. Nos despertamos por la noche: Toc, toc, toc… Pasan los nazis. Nos despertamos de nuevo: de nuevo las botas de los hombres de asalto.
Nuestro vecino, del segundo piso, comienza a tocar al piano “La canción de Horst Wessel”, el himno hitleriano. Su hermano, por su parte, canta. No son muy talentosos, pero son tercos. Tenemos “Horst Wessel” en la mañana, tarde y noche.
La mayoría de las elecciones de los Comités de Fábrica que todavía tienen lugar son catastróficas para la lista revolucionaria. Los obreros se pasan en bloque a los nazis. Hay algunos casos muy, muy dolorosos. El pánico se propaga. Todo es sombrío.
Los socialdemócratas ahora dicen:
“Hitler llegó al poder legalmente. Así que hay que tolerarlo”.
Los militantes son golpeados en sus casas, en sus habitaciones, en presencia de mujeres y niños. Los trabajadores desaparecen, días después se encuentran los cadáveres en el bosque. En las calles se oyen gritos todos las noches. No se abre una ventana. Pero durante el día, el sol brilla como de costumbre. Las cosas se ven casi normales. Hay gente que niega el terror.
Camiones de hombres de asalto armados con fusiles, con canciones sangrientas y triunfantes en sus labios, pululan en las esquinas de las calles. Los locales nazis, cervecerías-cuarteles de las SA se multiplican. Cerca de nosotros, solo había uno, ahora hay tres. Cada calle conocida por su antifascismo, cada manzana se registra de arriba a abajo y luego se infiltra con familias nazis y espías.
"Nueva Moscú” fue llamada una gran colonia de esas pequeñas casas de madera y techos de chapas que son tan numerosas alrededor de las ciudades alemanas. Ésta, en Reinickendorf, es habitada sólo por comunistas.
Una mañana llegaron los camiones cargados de policías y hombres de asalto. Rodearon la colonia. Dan vuelta de arriba abajo todo el lugar durante cinco horas, todo está al revés. Colchones y sillones rasgados. Los jardines devastados con picos y palas. El desarme es meticuloso. Todo lo que pueda ser usado para defenderse es requisado.
Antes de partir ocupan el salón de reuniones que se encuentra en el centro del caserío, que es el lugar donde, desde la llegada de Hitler, alrededor de cincuenta camarada montaban guardia cada noche. La sala se entrega después de una ceremonia. La “Sección de Asalto, N°. 63” se instalará en esa sala y los comunistas de “Nuevo Moscú” ahora tendrán en su propia casa, disputándoles el control del vecindario, a esos enemigos contra los que han estado luchando durante años.
***
No habrá sin embargo, palabras finales de consuelo. Perspectivas, existen. Para los revolucionarios, no hay callejones sin salida, hay problemas que resolver. Es bien sabido que la realidad de los proletarios alemanes nos involucra a todos. Debía decirse, debía mostrarse con la dura y masiva amargura que atormenta las fábricas, las calles de Berlín. Todo esto debía ser dicho.
Es necesario que esta vergonzosa sucesión de días en que no sucedió nada y todo se perdió, caiga con su peso, sobre todos nosotros como cayó sobre ellos: rompiendo los fingidos optimismos sobre un supuesto control; rompiendo con la superficialidad que no quiere volver a examinar, ni revisar; Rompiendo el interés de quienes quieren evitar el debate y continuar como si nada hubiera pasado. El poco coraje de quienes prefieren imaginar un futuro color de rosas. Finalmente, es necesario que caiga con todo su peso, sobre aquellos que pueden aceptar la ardua tarea, aprender, reafirmarse, comenzar de nuevo. Ya qué, más o menos, y tal como están las cosas ahora, es necesario un nuevo comienzo.
JUAN RÚSTICO
EL PAPA HA BENDECIDO A HITLER
Henry Leconte
Desde que Hitler y sus pandillas irrumpieron en Alemania, precipitaron a este gran país de 65 millones de almas en la oscuridad y la brutalidad de la Edad Media, persiguiendo a la clase obrera y oprimiendo al pueblo judío (y a muchos otros, es verdad), el mundo entero está inmerso en la indignación y el estupor.
Cuando digo todo el mundo, tengo que hacer una reserva. Hay un hombre en el mundo, y eso es una total certeza, confirmada, consagrada, solemnizada y divinizada, al menos un hombre, al que Hitler no dejó estupefacto, que las vergonzosas miserias infligidas a 700.000 judíos no indignaron, que la intimidación, las aflicciones, los encarcelamientos y ejecuciones de las cuales son víctimas veinte millones de trabajadores, no han perturbado en sus meditaciones, ni lo han desviado de sus contemplaciones celestiales, ni le han impedido continuar su diálogo cotidiano con Dios. Ese hombre es el Papa.
El Papa, preocupado por todas las cosas celestes, arcangélicas, etéreas, eternas y diáfanas, no pudo quitarle a Hitler el aura que Dios le ha confiado; no lo excomulgó, ni lo anatematizó, ni lo condenó al infierno, ni lo maldijo. Tan pronto como se digna a posar su mirada, condescendientemente sobre nuestro pobre planeta, el Papa comienza a bendecir a Hitler.
¡Le sorprende! ¿Si? ¿No? ¡Un poco, de todos modos! A mi no, en absoluto.
En esto, el Papa solo retoma una ilustre tradición. ¡Y cómo no bendecir a Hitler que se revela a sí mismo como el salvador del catolicismo! Estos judíos nunca quisieron ser convertidos. Los descendientes de Abraham son tercos. Fueron en vano tantos pogromos y más pogromos, y los ríos de aceite hirviendo, la brea crepitante, las montañas de leña para hacer hogueras, extender de Occidente a Oriente el muy cristiano brillo de las piras. Los herederos del rey Salomón no quisieron entender la santa trinidad, ni el amor de la virgen y el Espíritu Santo, y todas esas historias emocionantes.
En cuanto a los trabajadores de las fábricas, e incluso los del campo, cada día entienden un poco menos esas historias, y comienzan a preguntarse si las bienaventuranzas que les prometieron en el cielo (ya sea que una metralla de obús los saque del campo de batalla, ya sea una máquina estampadora, un deslizamiento de tierra o una explosión de gas resuelvan el asunto), que tal si esas bendiciones no fueran suficientes, si no fuesen más que una pequeña broma inventada para que los príncipes, los traficantes de armas, las viejas viudas, los gángsters y los Papas hagan su miserable tarea con toda tranquilidad.
Contrariamente a esas personas, usted quisiera que un sujeto como Hitler no fuese considerado como un enviado del cielo.
Usted dirá de Hitler: ¡pero si él enseña odio, las matanzas fratricidas y la ‘solución final’, donde la noble profesión de los héroes, es solo la etapa transitoria que precede infaliblemente, a la muy heroica carroña! Bueno, ¿cree que eso no es cristiano? Escuche, en cambio, esta hermosa canción, que la edificante Revue du Monde Catholique (ya desaparecida) publicó alrededor del año 1901:
Hijo mío, tu que anhelabas abrazar la carrera de las armas
Dios te guarde allí! Una noche de oración
Aquí tienes confirmado tu deseo, coracero Cubierto de armadura y casco de acero.
¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¿Se pueden decir cosas como estas de una manera más refinada, más galante y más cristiana?
Desafortunadamente, las cosas no son precisamente así y las personas más corrompidas son las que “apuntan los cañones”; pero incluso el artillero, que es susceptible tanto como cualquier otro a sentimientos muy cristianos, es conmovido, sacudido, en presencia de esos podridos sujetos, embestidos de santo respeto.
Y este final, deliciosamente sintético, le da un sabor a la vez hitleriano y Mussoliniano:
Hijo mío, te bendigo. Guarda siempre tu confesión Así serás un hombre, un soldado, un cristiano.
La Revue du Monde Catholique no deja lugar a ninguna duda: uno solo puede ser un hombre si es soldado o cristiano, y de ser posible, ambas cosas. En cuanto a nosotros, que no somos ni una cosa ni la otra, debemos tratar de encontrar razones por nuestra propia cuenta.
Veamos ahora la opinión de un discípulo de Jesucristo sobre la cuestión judía, siguiendo la pluma de un tal Camille Derouet, un hombre piadoso y reflexivo, si alguna vez lo hubo:
“Durante varios años, todas las naciones cristianas han eliminado, o al menos modificado en un sentido humanitario, las medidas de preservación social que se habían establecido en contra de los judíos.
Además, la mayoría de estos pueblos han otorgado a los hijos de Israel, establecidos en su territorio, los mismos derechos políticos que a los demás ciudadanos.
Esta imprudente generosidad, bien lejos de realizar las esperanzas que los filántropos demasiado confiados habían fundado en ella, produjo los frutos más amargos...”
¿Qué esperanzas y cuales filántropos? Es mejor no intentar especificar. En cuanto a la conclusión del artículo, extraído para el disfrute de los lectores, de la misma Revue du Monde Catholique que los fragmentos del poema, Hitler bien podría haberlo grabado en letras de oro en el frente del Reichstag, si quedara algo en pié:
“A los humildes siervos de Cristo les corresponderá el honor de aplastar el sueño insolente de dominación universal, que una raza maldita, ha tenido la increíble audacia de concebir en su diabólico orgullo.”
La historia de las infamias perpetradas durante siglos, por la vanidad del llamado lugarteniente de Dios en la tierra, bien puede garantizarnos asombro.
El gesto papal, que bendice el uso de la fuerza bruta, en pleno siglo XX, en vísperas del asalto del poder, producto de la limitaciones de la clase trabajadora, materialista y atea, deshonrada, se parece mucho al canto de cisne de todo el antiguo y tenaz poder cristiano. La historia de los pontífices de Roma y la ignominia en que se han revolcado a lo largo de los siglos hace parecer elegante, encantador, espiritual, fino, delicado, filantrópico y conmovedor en comparación, el culto de la muerte que profesa el líder de las camisas pardas, el mesías racista, a quien las convulsiones crepusculares de un mundo en decadencia, le permitieron abatirse sobre el país de Goethe, Hegel y Beethoven.
No tengamos miedo de confrontar a los Papas del pasado, y comparar.
El Papa Constantino I, por ejemplo, hizo que le aplastaran los ojos al Arzobispo de Ravena por haber querido rebelarse contra las pretensiones invasoras de la Santa Sede. Por la autoridad de un edicto papal, su enviado Teodoro y sus soldados, durante una solemne ceremonia militar, con estandartes desplegados, todos armados con picas, clavaron con hierro ardiente las órbitas del prelado rebelde.
Gregorio V se regocijaba por torturas lentas y complicadas, incluso seguidas de divertidos desfiles, como en un festejo muy esperado. Él era un artista que dejaba desbordar los dones de su creativa imaginación. El cónsul Crescentius y su compañero Juan pagaron el precio necesario para conocerlo. Al no haber tenido el gusto de complacer al soberano pontífice de Roma, este último les hizo cortar los pies y luego las manos; después de lo cual, les cortaron la nariz, la lengua y las orejas. La gente observó detrás de una fila cerrada de tropas a caballo, mientras el Papa en su balcón, contemplaba aquella escena de carnicería durante un largo rato. A ese alegre espectáculo le siguió un desfile de los torturados por los anchos caminos de Roma, al final de lo cual ambos fueron ahorcados.
Inocencio III cuyo lema (Cornes Signatus) significaba que era el íntimo e ilustre compañero de Dios, habiendo establecido que comer carne durante la Cuaresma era la peor ofensa contra la fe, hizo quemar, saquear, y demoler la ciudad de Béziers de arriba abajo. Sesenta mil vidas fueron consumidas por las llamas.
Clemente IV, sugirió descuidadamente a Carlos de Anjou que decapite a dos jóvenes de dieciocho años, Conradin y Federico, por haberlos considerado responsables de conjurar un dragón satánico, orden que Carlos de Anjou no dudo en dar inmediatamente.
En cuanto a su excelencia Inocencio VI, cuyo nombre hoy no nos sugiere nada, él había jurado curar a la sociedad cristiana incluso de la menor de sus enfermedades, un día once ciudadanos romanos fueron a pedirle una audiencia, habiendo considerado que sus palabras no eran de su agrado, los hizo arrojar adecuadamente, uno tras otro, desde las ventanas de la parte superior de su palacio.
¿Esto resulta gracioso? Quizás no. Pero en cuanto a la crueldad papal en sus intervenciones personales, sería erróneo pensar que la imaginación de los sucesores de San Pedro se limitaría a unas pocas variantes, más bien originales, como acabamos de ver. También hay una cuota místico-perversa.
El propio abad Joseph Maître, que se proclama a sí mismo humilde y devoto servidor de Su Santidad, está obligado a aceptar que: la dignidad y el poder de Pedro disminuyen singularmente en Sixto IV por la debilidad, que lo llevó a subordinar más de una vez, los intereses de la Iglesia a los de la política humana. Aquel promotor de políticas humanas, fue el que ordenó la muerte de Laurent y Julien de Medici, con dagas y sables, durante la misa en el preciso momento de la consagración de las hostias. He ahí, la unión de la espada y el cepillo.
Y Gregorio XIII, entonces. De qué alegría santa y celestial se iluminó su rostro, al ver la cabeza del almirante de Coligny, sobre el terciopelo del cofre real enviado por Catalina de Médicis, imaginando el espectáculo vergonzoso y trágico de los crímenes, las rapiñas y masacres, la venta de indulgencias y alegrías paradisíacas, la corrupción de los sacerdotes y las manos deslumbrantes de oro, enrojecidas de sangre, de los siervos de Jesús, que habían masacrado a los hugonotes.
He pasado por alto otros montones y montones de crímenes, en el registro de esa Iglesia que pretende haber enseñado al mundo la palabra del amable cordero de Belén, el desolado Solitario del Monte de los Olivos, que bien podrían enorgullecer al más perverso asesino. He dejado de lado aquellos horrores que se han vuelto clásicos, de la misma manera que las tragedias de Racine o la geometría de Euclides, y al monstruo de rostro humano Alejandro Borgia, amante de su hermana, asesino de sus hermanos, proveedor nocturno de cadáveres del Tiber, hombre de usura, cuerda y veneno, aficionado a las orgías, las mujeres bonitas, gran fabricante de hijos bastardos y Papa de Roma.
Así que mejor no te se queje si el Papa en nuestros días disfruta de darle a Hitler su bendición. ¿Qué es una bendición? Lo sabemos demasiado bien. Fue comprada, comercializada, vendida en los viejos tiempos, en el siglo XVI, al igual que hoy. Papas, carruajes viejos y un honor inmaculado.
Así entendido entonces, bendecir a Hitler es apenas un acto de pura inocencia, como si no hubiese pasado nada.
Ha muerto un gran camarada:
LUIS HIPÓLITO ETCHEBÉHÈRE
La Batalla
18 de agosto de 1936
Un fatídico telegrama urgente nos trae la dolorosa, la trágica noticia:
“Luis Hipólito Etchebéhère, jefe de nuestra columna de Madrid, murió como un verdadero revolucionario en el combate librado hoy en Atienza contra los fascistas – Comité de Madrid”
Apenas puedo creer en la noticia y, sin embargo tengo que resignarme a aceptarla. Solo hace cuarenta y ocho horas que me separé de él en Madrid, para partir hacia Barcelona. El viernes pasado, Etchebéhère se trasladó por primera vez a Madrid desde que empezó la campaña, para asistir a una reunión del Comité. Fue a Madrid para expresarnos su pensamiento político, para resolver pequeñas cuestiones de nuestra columna motorizada que opera en Sigüenza. Pleno de optimismo y energía partió aquella misma madrugada para el frente de Sigüenza. Jamás pude en aquel momento pensar que fuera el último apretón de manos.
El telegrama de los camaradas madrileños no agrega detalles; pero dice lo suficiente: “murió como un verdadero revolucionario”, es decir, como siempre había vivido.
Etchebéhère era mucho más conocido en Francia y Alemania, que en España, donde apenas hacía tres meses que había llegado. Era un verdadero revolucionario profesional, en el sentido más justo y honrado del término. Apasionadamente intransigente en sus ideas, pero extraordinariamente cordial con los camaradas discrepantes. Excelente escritor, cuyos artículos sobre la revolución alemana en “Masses” bajo el pseudónimo de “Juan Rústico”, recordarán siempre quienes los leyeron. Extraordinario teórico, de gran cultura marxista, En suma: un militante completo.
Iniciado el movimiento, Etchebéhère se presentó inmediatamente a nuestra sección de Madrid, solicitando un puesto en el frente. Por su gran capacidad, por la ilimitada confianza que su serenidad nos inspiraba, justamente en la circunstancia de que tenía cierta cultura militar, condujo al Comité de Madrid a nombrarlo desde el primer momento jefe de nuestra columna.
Es de suponer la profunda tristeza que la irreparable perdida habrá producido en nuestra columna de Sigüenza. Y no solo entre los nuestros, sino entre todos los combatientes del frente de Guadalajara, que habían encontrado en él, al mejor consejero y al hombre de mayor confianza. Todos los nuestros adoraban su fe, y también los campesinos de la provincia de Guadalajara que lo habían visto actuar. Recordaban que hace días tuvo un ligero resfriado que le obligó a guardar cama pero no dejó el frente. Los camaradas que diariamente llevan el correo desde Madrid al frente de Sigüenza, contaban cómo todo a lo largo del camino de la provincia de Guadalajara los campesinos, los milicianos, preguntaban con seriedad por el estado de salud de nuestro llorado camarada.
Etchebéhère pertenecía al grupo “Qué Faire?”, de París, con el que últimamente había discrepancias. Estaba absolutamente identificado políticamente con Landau. En el terreno político, nuestra identificación no era absoluta, ni mucho menos. Formulaba fuertes críticas a nuestro partido. Pero en el momento del deber, ha sacrificado su vida.
Nuestra columna de Sigüenza ha perdido un jefe indiscutible. El movimiento obrero internacional uno de sus mejores militantes.
Etchebéhère era de nacionalidad franco-argentina. Vino a España para buscar un refugio contra las persecuciones, y atraído por el interés político en nuestro país. Entre Sigüenza y Atienza, ha dejado su vida.
Reciba la expresión de nuestro dolor y solidaridad más absoluta la camarada Mika Etchebéhère, que quizás habrá recogido en sus brazos el cuerpo todavía caliente de su amado compañero. Mika “la madrecita”, como es conocida por los milicianos de nuestra columna, forma también parte de la misma en el frente de Sigüenza como dirigente del equipo militar del P.O.U.M. Pero extiende también su misión a prodigar los cuidados de una verdadera madre a “los muchachos" de nuestra columna, como ella dice.
Juan Andrade
NUEVOS DETALLES SOBRE LA HEROICA MUERTE DEL CAMARADA ETCHEBÉHÈRE
La Batalla
20 de agosto de 1936
Con motivo de la muerte de nuestro querido camarada Luis Hipólito Etchebéhère, la Columna del P.O.U.M. de Madrid, que opera en Sigüenza, ha recibido numerosos testimonios de solidaridad de todos los trabajadores, tanto socialistas, como comunistas y anarquistas, que actúan en aquel frente.
Nuestro camarada Luis Hipólito Etchebehere, muerto heroicamente en el combate librado el día 17 en Atienza contra los fascistas.
En una carta que recibimos de nuestros camaradas de Madrid, se completan los informes sobre las circunstancias en que tuvo efecto la muerte de nuestro heroico camarada Etchebéhère.
“La muerte del camarada Etchebéhère –dice la carta de los compañeros de Madrid–, se produjo en la siguiente forma. Estábamos al pie del pueblo, sin nada que nos guareciese del fuego enemigo. Esto nos obligaba a permanecer tumbados. En estas condiciones, Etchebéhère se levantó para inspeccionar el campo enemigo, y al volver a su sitio tuvo la mala fortuna de que lo alcanzase una bala enemiga.
El capitán Martínez Vicente nos hizo ver la imposibilidad de recoger el cadáver para llevarlo a Sigüenza y después a Madrid. Dicha operación habría de costar varias vidas, y ello nos obligó a desistir, con gran sentimiento de todos, que a toda costa queríamos traernos el cadáver de nuestro camarada. Le muerte del camarada Etchebéhère ha producido en toda la columna hondo sentimiento. Todos los milicianos de todas las tendencias obreras estrecharon las manos de nuestros camaradas como prueba de solidaridad ante el dolor que a todos nos ha producido la muerte de Etchebéhère.
El prestigio de nuestro Partido ha crecido enormemente. Los combatientes y gentes del pueblo han considerado la toma de Atienza como una cuestión de honor para el P.O.U.M.
Al llegar a Sigüenza se acercaron a nosotros algunos anarquistas que se expresaron poco más o menos de la siguiente manera: somos anarquistas, pero sentíamos hacia nuestro jefe gran devoción por su bondad y sobre todo por su valor personal. Creemos que nos será difícil encontrar otro camarada de las condiciones de Etchebéhère. Estas pruebas de solidaridad por parte de todos los milicianos, alientan a nuestros camaradas que hoy no sienten más que deseos de vengar en breve al camarada Etchebéhère. Como se desprende de las anteriores líneas de nuestros camaradas madrileños, Etchebéhère ha muerto como un verdadero revolucionario, y su cadáver quedó en el campo de batalla. Nuestro sentimiento es doble por haberlo perdido y por no poder dedicarle nuestra despedida emocionada. Esperamos, como dicen nuestros camaradas de Madrid, que pronto será vengado.
UNO DE NUESTROS CAMARADAS
HA MUERTO EN LA LUCHA ANTIFASCISTA
Qué Faire?
Septiembre de 1936
Todos los camaradas de París y de las organizaciones marxistas de Francia han conocido al camarada [Hippolyte] Etchebéherè, que nosotros conocimos como “Rústico”. Nuestro valiente camarada ha muerto en la primera linea de la lucha antifascista. Siendo jefe de un destacamento, él dirigió un ataque de nuestras tropas en el frente de Sigüenza, durante la toma de Atienza. Una bala lo alcanzó en plena batalla causándole la muerte.
Desde las primeras jornadas de la lucha antifascista en España, el camarada “Rústico” estuvo al servicio del Partido Obrero de Unificación Marxista. Jefe de un destacamento, prestó servicios excepcionales a nuestra organización, y sus cualidades militares fueron muy estimadas.
En él, en su muerte, se personifica todo el coraje de los internacionalistas franceses, alemanes, italianos, belgas, sud-americanos, que luchan al lado de los camaradas españoles contra el fascismo y por la revolución proletaria.
Hasta siempre, camarada.
HIPÓLITO ETCHEBÉHÈRE, JEFE MILITAR DEL POUM
Mika Feldman
La Batalla, n° 153, 1965
Para volver a pegar los trozos de su corazón, que quebró en seco la bala de Atienza ese 16 de agosto de 1936, busqué sus cuadernos. Miré su letra enhiesta como su voluntad, clara como su mirada. Hay un sumario del libro que pensábamos escribir sobre la derrota de la clase obrera alemana en 1933; páginas y más páginas con los testimonios que recogimos en 1928, en el terreno mismo de los sucesos, acerca de la huelga de los obreros ganaderos de Santa Cruz, en la Patagonia argentina; notas de lectura, apuntes para artículos.
En España, me dice en una carta fechada el 27 de mayo de 1936:
“El espíritu político ha prendido de manera vivísima. Más aún que en Alemania. Hasta los niños hacen política. Jeanne Buñuel me ha contado que estando ella en el parque con su niñito se le acercó una pequeña pandilla de chicos que jugaban allí cerca y le preguntaron (debido sin duda a que llevaba un pañuelo rojo al cuello):
– “ Usted también es UHP ,¿no es verdad, camarada?”.
– “Sí”.
– “¿y el chavalín también?” (tiene año y medio, creo).
– “Sí”.
Entonces se hicieron mutuamente el saludo con el puño en alto:
– “Salud, camarada…”
De los 36 años que tenía Hipólito Etchebéhère cuando cayó en Atienza, 17 estuvieron totalmente dedicados a esa lucha revolucionaria que se le metió en el corazón un día de enero de 1919, cuando desde el balcón de su casa vio a la policía montada, arrastrar atados a sus caballos a judíos de barba blanca sacados del “ghetto” de Buenos Aires.
A los judíos se les llamaba todavía por entonces “rusos”. Ser ruso era ser bolchevique, responsable de la lucha que llevaban los obreros de los talleres Vasena en una huelga que por su magnitud y firmeza hacía temblar a la burguesía.
En esa “semana trágica” de enero que quedó en los anales de la represión argentina como un hito sangriento, Hipólito Etchebéhère entró en la revolución como otros entran en una orden religiosa, por siempre, hasta el último latido de su corazón, con un odio lúcido y razonado, alerta siempre, afilado cada día, tenso como la cuerda de un arco listo para disparar contra ese orden social absurdo, asesino, rapaz.
Sus primeros pasos de militante fueron anarquistas. En lo días que siguieron a la “semana trágica” escribió afiebradamente un panfleto titulado “Escucha la verdad”, y lo fue repartiendo a los policías que hacían guardia en las calles. Pocas horas después estaba en la cárcel por delito contra la seguridad del Estado. Por ser hijo de una familia bien considerada y estudiante universitario, no lo enviaron al siniestro presidio de Ushuaia, en el extremo sur argentino.
Cuando salió en libertad abandonó la casa paterna para no comprometer más a los suyos y con un puñado de estudiantes formó el grupo universitario Insurrexit, núcleo tan ardiente, tan combativo, que en dos años de existencia marcó a toda una generación, no sólo argentina, sino de toda Sudamérica.
El marxismo y la revolución rusa lo llevaron a las filas del Partido Comunista. Por su inteligencia y su temple se destacó enseguida. Orador apasionado, conocedor como ninguno de los jefes del Partido Comunista del marxismo y el leninismo, el Comité Central hizo cuanto pudo por ganarlo a sus puntos de vista.
Cuando empezó en Rusia la lucha contra Trotsky, Etchebéhère, fervoroso admirador del jefe del Ejército Rojo, abrazó su causa. Y era tal su dimensión revolucionaria, tan íntegra su conducta, tan entregada su vida de militante, que al ser expulsado del partido lo fue únicamente por “trotskista”, “labor fraccionalista” y “antibolchevique”.
Su salud delicada –una tuberculosis incipiente– muy quebrantada por los años de privaciones y actividad desmedida, exigía una temporada de reposo, que él aprovechó para intensificar sus estudios marxistas… y militares. En sus cuadernos aparecen constantemente rastros de esta preocupación militar: una serie de dibujos pequeñitos ilustrando el despliegue en guerrilla, descripción comentada de una ametralladora aérea, plan de un cursillo abreviado para oficiales, etc.
Vinieron luego nuestros años patagónicos, la mayor tentación de nuestras vidas para quedarnos en esas tierras bravías, solitarias, barridas por los vientos en la costa, remansadas en los paisajes de la precordillera y la cordillera de los Andes. Eran esas tierras por entonces todavía tierras de aventura, con la fortuna fácil al cabo de tres o cuatro años de trabajo, y una existencia ancha, sin trabas ciudadanas, junto a seres que parecían salidos de los libros de Jack London.
Tentación digo, y muy grande, pero los votos pronunciados en la extrema juventud nos la vedaban, y con los pesos ganados en una temporada de intenso trabajo marchamos a Europa en busca de la lucha que parecía más próxima en esos países de sólidas organizaciones obreras.
Desembarcamos en España dos meses después de proclamada la
República.
Nos calentamos el corazón al fuego de aquellas manifestaciones tumultuosas que reclamaban la separación de la Iglesia y el Estado, comprobamos que la guardia de asalto republicana ya sabía dar palos como cualquier policía veterana, aprendimos a querer al pueblo español y emprendimos viaje a Francia.
En París, libres de preocupaciones materiales, dedicamos todo nuestro tiempo a estudiar economía política, sociología y cuanto nos parecía necesario para completar nuestra formación de militantes revolucionarios. En octubre de 1932, seguros de hallar en Alemania una tierra abonada para la lucha decisiva, llegamos a Berlín. Para perfeccionar el idioma y acercarnos a los obreros nos inscribimos en la Escuela Marxista del Partido Comunista, que era también una escuela a secas con clases para adultos, y que fue para nosotros la escuela donde aprendimos a juzgar la política paralizadora, nefasta, de la Internacional Comunista, fielmente ejecutada por los jefes del PC alemán.
Los militantes repetían como autómatas la burda interpretación del nacional-socialismo que difundía la Internacional Comunista; trataban a los obreros socialdemócratas de social-fascistas, pero eso sí, desfilaban en manifestaciones tan densas, tan disciplinadas, tan evocadoras de un verdadero ejército revolucionario por las escuadras de combate que marchaban a su frente, que estremecían a la burguesía.
Sabíamos que el Partido Comunista tenía armas, que los barrios rojos estaban organizados por bloques de casas para la lucha: asistimos en las elecciones de 1932 a la pérdida de un millón de votos sufrida por los nazis; pero asistimos también, cuando Hitler subió al poder, al tremendo desconcierto, a la pasividad que había engendrado la política criminal de la Komintern stalinista.
Y la batalla revolucionaria no se dio en Alemania. Los escasos conatos aislados de resistencia fueron chispazos de cólera desesperada que no alcanzaron a propagar el fuego.
Ya no servía de nada quedarse en Alemania. Regresamos a París a comienzos de junio de 1933. Bajo el pseudónimo de Juan Rústico, Etchebéhère relató en dos artículos publicados por la revista francesa Masses: “La tragedia del proletariado alemán”.
Y nos pusimos a esperar de nuevo, no de brazos cruzados. Con el compañero Kurt Landau, el magnífico militante revolucionario austriaco asesinado por los stalinistas en Barcelona, empezamos la lenta tarea de reanudar los contactos con el grupo de la oposición de izquierda llamado Grupo de Wedding, que había dirigido Landau en Berlín.
Cuando estalló la lucha de los mineros asturianos preparamos nuestros pasaportes, decididos a marchar a España. La represión sangrienta del movimiento cortó nuestro impulso. Etchebéhère escribió sobre los sucesos de Asturias unas páginas magníficas, que desgraciadamente se perdieron en Barcelona cuando el stalinismo saqueó las oficinas del POUM. Fundador con el compañero Landau y otros militantes extranjeros y franceses de la revista Que faire?, Etchebéhère seguía viviendo, pese a los altibajos de su quebrantada salud, únicamente para su misión revolucionaria.
Porque el clima de Madrid era mejor para él que el clima de París, y porque en España estaba subiendo la marea de la lucha proletaria, a comienzos de mayo de 1936 Etchebéhère llegó a Madrid. Yo me reuní con él dos meses después, el 12 de julio. No habíamos terminado de contarnos nuestra ausencia cuando estalló el movimiento y desapareció el pasado y nació una esperanza.
En la tarde del 18 de julio empezó nuestro andar en busca de armas y de alistamiento, de un sindicato de la UGT a otro de la CNT, entre grupos de jóvenes casi niños y hombres casi ancianos, entre rumores y discursos, entre canciones y consignas, mezclados a la marea que subía de todos los barrios y se echaba en oleadas sobre la Puerta del Sol.
A todos nos temblaban las manos ansiosas de un arma. Nadie preguntaba a nadie a qué partido pertenecía. La voluntad de luchar había roto las barreras que ayer todavía separaban a los trabajadores. Los que aún marchábamos con las manos vacías, mirábamos con ojos de mendigo a quienes ya llevaban un fusil, una escopeta, una pistola, un cinturón de cartuchos.
– Dicen que dan armas en la calle de La Flor, o en Cuatro Caminos, o en los locales de las JSU o en la UGT…
– Con los pies hinchados de tanto caminar, los ojos ardidos de no dormir,el corazón apretado de tanto ansiar vimos disolverse en la noche ese 18 de julio y nacer el alba del 19. El 20 ya teníamos destino entre los compañeros del POUM, la organización política que estaba más cerca de nuestro grupo de oposición antiestalinista. Ya pertenecíamos a una formación de combate: la columna motorizada del POUM. Hipólito Etchebéhère era su jefe.
A su mando salimos por primera vez el 21 de julio, montados en tres autos de turismo y dos camiones, armados con treinta fusiles y una ametralladora sin trípode que quedaba muy bonita en lo alto de un camión. Íbamos en busca de la columna de Mola que, según se decía, marchaba sobre Madrid. Felizmente no lo encontramos.
Al día siguiente, incorporados a la columna que mandaba el capitán Martínez Vicente, tomamos un tren que resultó ir solamente a Guadalajara y no a Zaragoza como creían los milicianos. Durante el largo viaje se nos sumaron algunos hombres de otras organizaciones, entre ellos el maravilloso Emilio García, un nombre que siempre recuerdo.
De Guadalajara pasamos a Sigüenza. La columna del POUM ya había ganado laureles de guerra por haber combatido contra las fuerzas fascistas que se disponían a atacar Sigüenza, causándoles muchas bajas. El ascendiente de Etchebéhère sobre sus hombres y sobre muchos otros de los que componían la guarnición de la zona crecía rápidamente. Era un jefe vestido con un mono roto en los codos y en las rodillas. Sus ojos eran cada vez más luminosos como si llevase por dentro una antorcha encendida. Una tarde le escuché al viejo Quintín decir “El jefe tiene como un sol en la frente”.
La hora del gran combate había llegado. La Revolución estaba por fin al alcance de sus manos ávidas. Ya no se trataba más de lecturas, de tesis teóricas: ahora tocaba luchar con las armas por lo que había elegido a la edad de 19 años. y luchó 29 días dichosos, alegre de exponer su vida a cada rato, burlón, o serio cuando yo le pedía que no se hiciese matar antes de tiempo.
– “Aquí, el que manda no debe agacharse cuando silban las balas, me respondía. Ya sabes que el valor físico es la cualidad máxima en España. Para que los demás avancen, el jefe tiene el deber de marchar el primero, aunque sepa que puede morir”.
Le vi por última vez en ese amanecer que era casi noche todavía del 16 de agosto, cuando nos acercamos a Atienza. Cumpliendo sus órdenes yo no iba con él, sino con el médico, para organizar en la retaguardia un puesto de primeros auxilios.
Las primeras luces del día nos trajeron hasta los ojos el peñón bravío de ese castillo de Atienza que había que tomar a toda costa, a golpes de granadas que habrían de lanzar los guerrilleros del POUM cuidadosamente adiestrados por Hipólito Etchebéhère. Él los guiaba entre las ráfagas de ametralladora que volaban del castillo. Una bala lo quebró como se quiebra un árbol herido por el rayo.
“¿Sabes –me dijo la Abisinia tendiéndome un pañuelo tinto en sangre–, sonreía, no parecía muerto. Guarda este pañuelo; es su sangre, yo le limpié los labios. La bala le partió el corazón; te digo que no sufrió”.
Tenía al fin el corazón en paz, callado para siempre.
BIBLIOGRAFÍA:
Clara Zetkin:
• Les Batailles Revolutionnaires de l’Allemagne, París Bibliothèque Communiste. 1920 (Hay edición en castellano:
Las Batallas Revolucionarias de Alemania. Editorial Clamor, Buenos Aires. 1921)
• Sur la situation en Allemagne (Sobre la situación en Alemania). Bulletin communiste, n° 44-45 (première année), 25 noviembre de 1920
• Discurso en el Reichstag: 30 de agosto de 1932 (en francés)
Kurt Landau:
• Por la rennaissance du mouvement ouvrier Allemand. (Por el renacimiento del movimiento obrero Alemán). MASSES, n.º
9, pp. 4-8. 15 de Septiembre de 1933
QUE FAIRE?:
• Le groupe ‘Que faire?’ , La Bataille Socialiste (web)
• Que faire? Agosto de 1936. Association RaDAR (web)
S.A.P (Partido Socialista Obrero Alemán)
• Le fascismme et le mouvement ouvrier allemand (El fascismo y el movimiento obrero alemán). MASSES, n.º 10, pp.
2-6. 10 de octubre de 1933
Katia Landau:
• Le stalinisme en Espagne. Témoignages de Militants
Révolutionnaires sauvés des prisons staliniennes. Prefacio de Alfred Rosmer. Cahiers Spartacus. París. 1938
Cahiers Spartacus (1936-1939):
• archives autonomies.org (web)
FIN

