© Libro N° 15363. Cletus, El Perrogato. Fábregas, Jorge. Emancipación. Julio 18 de 2026
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
CLETUS
EL
PERROGATO
Jorge Fábregas
Cletus, El Perrogato
Jorge Fábregas
Primera edición SEP, 2025
D.R. © Secretaría de Educación
Pública, 2025
Argentina 28, Centro,
06020, Ciudad de México
ISBN 978-607-643-281-5
Prohibida su reproducción por
cualquier medio mecánico o electrónico sin la autorización escrita de los
editores.
Distribución gratuita-Prohibida
su venta
Personajes:
Cletus (títere)
Titiritero
Ata (títere)
Titiritera
Señor Peperro Cara de Piedra (títere)
CLETUS: Hola, soy Cletus. Así me puso mi amo. Creo que es
un nombre fantástico. Todo lo que hace mi amo es fantástico. Es que él es una
persona fantástica. Déjenme platicarles sobre él… Bueno, pero para platicarles
sobre él, primero tengo que hablarles sobre mí. Yo nací hace como cuatro meses
debajo de una banca de un parque. Mi mamá nos tuvo a mis cuatro hermanos y a
mí. Ahí con mi mamá estábamos calentitos y tomábamos lechita de ella. Pero me
acuerdo que nada más levantaba tantito la cabeza y ¡uy!, ¡se sentía mucho frío!
¡Casi se me congelaban las orejas! Mi mamá nos protegía de ese frío, su panza
siempre estaba tibia, rica; pero yo sé que ella sí tenía frío; algunas noches
sentí que temblaba. Mis hermanos y yo nos preocupábamos mucho, porque mamá
estaba poniéndose flaca y cada vez tenía menos leche, ¡la estaba pasando muy
mal! Pero un día llegó mi amo, nuestro amo, ¡y nos salvó! Nos llevó a su casa y
ahí nos protegió del frío y nos dio de comer. Por eso digo que mi amo es
fantástico. Ahora estoy un poco cansado porque es mi hora de dormir; ya me
acabé un pedazo de pan que me encontré en un rincón y que de seguro lo puso mi
amo para que cenara. Así que… me voy a dormir… tengo mucho sueño.
TITIRITERO: Hola, yo soy el Titiritero de Cletus; la
verdad es que no debería estar hablándoles, porque Cletus es el que debe
hablar, yo sólo estoy para ayudarle a moverse y para sentir; bueno, los dos nos
ayudamos a sentir. Pero es muy importante que les diga algo: Cletus no tiene
sueño, está débil, ¿y saben por qué está débil? Porque no ha comido nada desde
hace dos días. El bolillo ese que les dijo, se lo comió hace dos noches. Sólo
ha tomado un poco de agua de un charco que estaba por allá, pero ya se secó. La
verdad es que su amo no es nada fantástico…
CLETUS: ¿Eh? Oh, tuve una pesadilla: el patio estaba todo
lleno de ricas croquetas, de esas que una vez nos dio nuestro amo, de las que
saben así, bien rico. Pero trataba de comérmelas y desaparecían cada vez que
abría la boca, ¡era como comer aire! ¿Han comido aire alguna vez? ¡No sabe a
nada! Ay, mi pancita está gruñendo otra vez, tengo hambre, ¡mucha! Le voy a
hablar a mi amo para que me traiga de esas croquetas deliciosas. Voy a aullar,
no se asusten; a veces mis aullidos parecen de lobo, pero nada más soy yo, ¿eh?
Auuuuuuu. Auuuuuuuuu. Auuuuuuuu. Auuuuuuuuu. Seguro ya me oyó mi amo.
TITIRITERO: Estoy casi seguro de que su amo ya lo
abandonó.
CLETUS: Voy a sentarme para esperarlo, por aquí aparece
cuando llega a casa. Cuando pienso en él me siento feliz y tengo que mover la
colita. Aquí lo voy a esperar.
TITIRITERO: Y así se va a quedar hasta que lo venza el
sueño, hasta que se quede dormido otra vez por la debilidad.
CLETUS: Ah, este es el comienzo de otro día, otro día
para esperar a mi amo mientras muevo la colita.
TITIRITERO: Déjame acariciar tu pelo, Cletus… eso es,
perrito, eso es, buen cachorro. Se supone que nosotros, los que vestimos de
negro y que estamos detrás de ustedes, no debemos hablar mucho, pero es que,
Cletus, perrito lindo, tengo que decírtelo: tu amo te abandonó.
CLETUS: No, él va a regresar para darme de comer, para
llenar este hueco en mi pancita.
TITIRITERO: Cletus, tenemos que irnos de este patio a
buscar comida.
CLETUS: Él nos salvó a toda a la familia, nos trajo a mi
mamá y a mis hermanos aquí, cuando en el parque teníamos mucho frío. Y después
les dio un buen hogar, porque él no puede mantenernos a todos.
TITIRITERO: No le puedo decir que realmente el tipo al
que llama “amo” se llevó a sus hermanitos porque los quería para venderlos. A
Cletus nadie lo quiso porque está cojito desde que nació, tiene una patita más
corta.
CLETUS: Voy a mover la colita para recibir a mi amo.
TITIRITERO: ¿No tienes hambre, Cletus?
CLETUS: No tanta.
TITIRITERO: Tenemos que irnos, cachorrito, estoy
preocupado por tu salud, ¿no sabes lo que les pasa a los perritos que no comen?
CLETUS: Ahorita viene, no seas impaciente, eso nos decía
mamá cuando le pedíamos más lechita.
TITIRITERO: ¿Seguro que no te duele la pancita?
CLETUS: No, todo bien.
TITIRITERO: El perrito se sienta, apenas mueve la cola y
otra vez lo vence el sueño. Está muy débil…
CLETUS: Ay, ay, ahora sí que me duele la panza, antes
tenía un huequito, bueno, un huecote en ella, pero ahora ya se llenó el hueco
con dolor, tengo la pancita llena de dolor.
TITIRITERO: Tenemos que buscar comida. Vámonos de aquí,
Cletus.
CLETUS: ¿Pero cómo? Mi amo dejó cerrada la puerta.
TITIRITERO: ¿Ves ese muro? Hay que escalarlo, es la única
manera en que podemos salir de aquí.
CLETUS: Está muy alto.
TITIRITERO: Inténtalo, anda… Cletus toma vuelo, ¡corre y
corre con su patita coja hacia el muro!, ¡salta! Oh, casi llega. Diste un gran
salto, Cletus, eres muy ágil, me sorprendiste.
CLETUS: Sí, ¿verdad? Salté muy alto.
TITIRITERO: Inténtalo ahora dando dos saltos, aquí,
primero en la mitad de la pared y así te impulsas hasta arriba. ¿Listo?
CLETUS: ¡Sí!
TITIRITERO: ¡Vamos!... Cletus da un gran salto, se apoya
e impulsa en la pared, gira, da uno, dos, tres giros, de verdad que es ágil
este perrito, y llega hasta lo más alto del muro. ¡Bien hecho, Cletus!
CLETUS: ¡Llegué!... Oh, ¿y ahora cómo me bajo? Está muy
alto.
TITIRITERO: Haz lo mismo que hiciste para subir, nada más
que ahora para bajar.
CLETUS: ¡Allá voy!
TITIRITERO: Tienes un talento natural, Cletus, pareces
acróbata.
CLETUS: Ah, sí, claro, soy un acróbata… y ¿qué es eso?
TITIRITERO: Alguien como tú, que salta y da giros. Tu
patita coja no te impide saltar alto, al contrario, ¡te ayuda a ser más ágil!
CLETUS: Sí, creo que hasta me impulso más con ella, y me
permite equilibrarme para dar giros en el aire.
TITIRITERO: Ahora hay que buscar algo de comer, Cletus.
CLETUS: Tengo mucha hambre.
TITIRITERO: Usa tu olfato, perrito.
CLETUS: ¡Por allá! Mmmmm, huele como a hamburguesa…
TITIRITERO: Es un bote de basura, pero ni modo, tenemos
hambre.
CLETUS: ¿Tú también?
TITIRITERO: Sí, mucha. Mira, sí: es una hamburguesa…
CLETUS: Está vieja, con hormigas encima…
TITIRITERO: Dura y correosa…
CLETUS: Pero sabrosa.
Cae un
bote de basura.
CLETUS: ¿Qué fue eso?
Se escucha otro ruido similar, pero en otro lado.
TITIRITERO: Ahora lo escuché por allá.
Uno más.
CLETUS: Y por allá.
Aparece una pequeña nube de
humo y tras ella una voz.
VOZ: ¡Váyanse! ¡Váyanse de aquí, intrusos!
CLETUS: ¿Quién dice eso?
VOZ: ¡Váyanse! ¡Si no se van voy a tener que usar mi
poder contra ustedes, intrusos!
CLETUS: ¿Quién eres?
VOZ: ¡Soy un monstruo espantoso! ¡Y súper malosa!, digo,
¡maloso!
CLETUS: Estoy oliendo algo…
ATA: Estoy aquí…
CLETUS: ¿Dónde?
ATA: No, tontín, más bien aquí.
CLETUS: No te veo, pero cada vez te huelo más…
ATA: ¿Y si buscas por aquí?
CLETUS: Ah, ya te vi. No eres ningún monstruo, sólo eres
una gata… y muy flaca.
ATA: ¿Cómo descubriste mi truco?
CLETUS: Tengo buen olfato. Uf, y hueles medio feo. ¿Por
qué querías asustarnos?
ATA: No quería asustarlos, quiero asustarlos, ¡váyanse de aquí! Este comedor es mío.
CLETUS: Es un basurero.
ATA: Bien que encontraste una hamburguesa ¿no? Pues
entérate de que yo he encontrado latas de atún a medio comer, latas de sardina
a medio abrir, pedazos casi enteros de galletas apenas mordidas, pizzas medio
comidas, panes podridos pero doraditos… y carnitas… mosqueadas y grasosas, con
pocas cucarachas encima, ¡riquísimas! Este basurero, como tú lo llamas, en
realidad es un restaurante.
CLETUS: Ay, no sé por qué, pero ya se me antojaron esas
carnitas.
ATA: Pues ni modo, niño, porque todo esto es mío, yo
llegué primero. Así que se me van de aquí.
CLETUS: Es que tenía mucha hambre.
ATA: ¿Qué tanta hambre?
CLETUS: Tanta que me gruñía mi pancita como si tuviera un
león atrapado.
ATA: Eso sí que es tener mucha hambre. Está bien, no te
voy a pedir que vomites la hamburguesa que te comiste, ¡guac! Eso sería
asqueroso. Puedes conservarla en tu pancita.
CLETUS: ¡Gracias! ¿Y cómo te llamas?
ATA: ¡Soy Ata! ¡La gran maga! Hago los mejores trucos del
mundo conocido y por conocer.
CLETUS: ¡Guau! ¡Qué bien! Yo soy Cletus. No sabía que
había magas; bueno, nunca he visto un mago, pero me gusta mucho eso de los
trucos. ¿Me haces uno?
Ata se espulga la cabeza con cuidado.
ATA: Siempre estoy lista para eso. Mira esta mano, ¿qué
ves?
CLETUS: ¡Dos pulgas!
ATA: ¡Correcto!
Ata se
da una vuelta, se
lleva las pulgas a la boca y le muestra la patita a Cletus.
ATA: Y ahora ¿cuántas ves?
CLETUS: Oh, ya no veo a ninguna… ¡las desapareciste!
¡Eres muy buena!
ATA: Gracias…voy a tener un poco de comezón en la
garganta, pero ni modo. ¿Y quién es ese que está detrás de ti?
CLETUS: Preséntate, no seas tímido.
TITIRITERO: Yo soy el titiritero de Cletus, algo así como
su alma, aunque Cletus también es mi alma.
ATA: Te toca.
TITIRITERA: Yo soy la titiritera de Ata, algo así como su
alma, aunque Ata también es mi alma.
LOS DOS: ¡Mucho gusto!
CLETUS: Bueno, ya comimos, es hora de regresar a casa.
ATA: ¿Tienes casa?
CLETUS: Sí.
ATA: ¿En serio?
CLETUS: Sí, regreso a casa para esperar a mi amo.
ATA: ¿Tienes un humano?
CLETUS: ¿Humano? Amo, sí, y es muy bueno. ¿Tú no tienes
amo?
ATA: Yo no tengo amos, a esos les digo humanos, nada más.
TITIRITERA: Bueno, un día tuvo…
ATA: ¡Silencio! Los humanos sólo imponen reglas y son
ma-los. ¿Sabías que los gatos descendemos de los tigres?
CLETUS: No.
ATA: Pues sí, y como tigres nos gusta trepar, saltar,
rasguñar, cazar; somos libres, no podemos vivir con alguien que nos quiera
limitar, tenemos sentido común felino, ¿entiendes?
CLETUS: No mucho.
ATA: Pues qué vas a entender, si eres un simple perro; a
los perros les gusta mover la cola cuando ven a los humanos, babean todo con su
lengua y les gusta que los manden. A ver, ponte a rodar.
CLETUS: Uy, no quiero rodar ahorita… Oyes: si nos da
hambre, ¿podemos volver por aquí?
ATA: Está bien. Si te ruge mucho el estómago, te dejo un
poco de comida, Cletus.
CLETUS: ¡Gracias! Nos vemos.
TITIRITERA: Uno más que es abandonado.
ATA: Sí, uno más. Estos humanos son así. Pronto tendremos
de regreso a ese perrito, ya lo verás. Ahora veamos si es cierto eso de que
tienen una casa.
TITIRITERA: ¡Oh! ¿Viste el salto que dio Cletus para
subir a ese muro? Fue altísimo, además dio dos giros en el aire. Impresionante.
ATA: Sí, impresionante e interesante e increíble e…
bueno, ya: regresemos al basurero.
Ata regresa al basurero, busca algunas cosas, husmea y se echa a
dormir. Transición.
Entra Cletus.
CLETUS: Mira, ahí hay unas palomitas de maíz.
TITIRITERO: Llenas de tierra, pero todavía se ven
crujientes.
CLETUS: Más bien están chiclosas, pero… ¡sabrosas!
ATA: Sabía que volverías, Cletus. Sírvete lo que quieras,
ahora eres bienvenido en mi restaurante.
CLETUS: Ah, sí, gracias, es que diario le da hambre al
león que gruñe dentro de mi estómago.
ATA: Sí, el hambre es así, cada día reaparece. Por
cierto, Cletus, ayer vi algo que me pareció…
TITIRITERA: ¡Impresionante!
ATA: No hagas que se crea mucho, va a pedir que le
paguemos más.
TITIRITERA: Perdón.
ATA: Vi que saltas más o menos alto y que das unos giros
más o menos llamativos.
CLETUS: Ah, sí, soy muy ágil y mi patita coja me ayuda a
hacer más giros.
TITIRITERO: Cletus es muy ágil.
ATA: Sí, más o menos, le falta mucho, pero sucede que me
dedico a dar espectáculos de magia aquí en mi restaurante, y siempre he querido
tener un circo, y como vi que tienes madera para acróbata, pues tal vez
podríamos iniciar un pequeño circo.
CLETUS: ¿Yo, en un circo? ¿Cómo un acróbata de verdad?
ATA: Te podría pagar con algo de la comida que encuentres
en estos botes.
CLETUS: Ah, sí, ¡gracias! Puedo hacer acrobacias. ¿Tú me
dices cómo?
ATA: Claro, te voy a entrenar, haremos un acto
maravilloso, ¡seremos los animales más maravillosos del maravilloso espectáculo
callejero!
CLETUS: Ay, sí, suena muy… ¡maravilloso!
Música, fanfarrias. Una nube de humo sobre el escenario, aparece Ata.
ATA: Miren, tres pulgas en esta mano y tres garrapatas en
esta otra; voy a hacer algo nunca antes visto: ¡intercambiaré a las pulgas por
las garrapatas en el aire, en un acto de malabarismo insólito! Oh, ¿lo vieron?
Lo hice tan rápido que yo tampoco lo vi. Y ahora el acto cumbre: Por años los
gatos hemos sido menospreciados, pero hoy les mostraré que somos capaces de
amaestrar a… ¡un perro!
Ata le pide a Cletus que salte cada vez más alto y con mayor grado de dificultad.
Es un acto circense que va de menos a más, con todo y redobles y remates
musicales.
ATA: Más alto… más alto… ¿Logrará saltar más alto?... ¡Lo
hizo!… Ahora un giro… dos… tres… ¡lo logró! ¡Aplaudan!
CLETUS: Ah, fue una buena función.
ATA: Y ahora podemos hacer lo que queramos; ese es el
secreto de la vida, niño: hacer lo que a uno le gusta sin dañar a nadie.
CLETUS: Oh, suena bien. Ahora tengo que regresar a casa.
ATA: ¿Con tu humano que no te da de comer?
CLETUS: Sí, con él.
TITIRITERO: Entramos a la vida del circo gracias a Ata.
Todas las noches damos funciones juntito al basurero.
ATA: Restaurante de variedades se oye mejor, ¿no?
TITIRITERO: Sí, perdón. Nuestro público está formado por
perros callejeros, gatos callejeros o que escapaban de sus casas; ratas,
ratones e insectos. Todos ellos nos aplauden en cada función. Pagan su entrada
con restos de comida que encuentran en los botes de basura, así que no tenemos
problema para alimentarnos. A Cletus le encanta actuar ante un público, y
también a mí. Ah, la estamos pasando muy bien, aunque a veces después de la
función entra la nostalgia.
CLETUS: Estoy seguro de que mañana veré a mi amo.
ATA: ¿Ah, sí? ¿Y por qué estás tan seguro?
CLETUS: Simplemente lo sé.
ATA: Has dicho lo mismo en las últimas noches de las
últimas tres semanas. Siempre estás seguro de que tu humano aparecerá, pero
regresas a donde se supone que debería estar y nunca aparece. No puedes estar
seguro. Haz como nosotros, los gatos: no dependas de los humanos.
CLETUS: Es que estoy seguro de que va a volver, de verdad
que sí. ¿Y tú de verdad nunca tuviste un amo?
ATA: ¡Humano!
CLETUS: Bueno, humano, pues. ¿Nunca lo tuviste?
ATA: No.
TITIRITERA: Ata…
ATA: No quiero hablar de eso…
CLETUS: Ah, lo sabía. ¿Entonces sí tuviste un humano?
TITIRITERA: Humana.
CLETUS: ¿Sí?
ATA: Era una niña muy chiquita, ella apenas estaba
aprendiendo a hablar y yo a maullar.
CLETUS: ¿Y qué pasó? ¿Por qué no estás con ella?
ATA: Ah, no tiene importancia.
TITIRITERA: Ata…
ATA: Está bien: la niña apenas sabía hablar, ¿correcto?
Me separaron de mi madre y de pronto me vi en los brazos de esa niña. Ella me
abrazaba mucho, dormíamos juntos, ¿tú crees?
CLETUS: Guau.
ATA: Su cobija tenía unos flequillos, ella hacía que se
movieran y a mí me gustaba darles manotazos, era muy divertido, me parecía que
eran como presas que tenía que cazar… Jugábamos mucho. También me gustaba
esconderme debajo de su cama y sorprenderla con un manotazo en sus pies
descalzos; entonces ella saltaba y me perseguía hasta alcanzarme. A mí me
gustaba dormirme encima de su cara; cuando ella también estaba dormida, sentía su
respiración calentita en mi pancita.
CLETUS: ¿Te acostabas en su cara?
ATA: Sí, a veces me despertaba con sus estornudos, pero
casi de inmediato las dos nos volvíamos a dormir, así, bien juntitas.
CLETUS: ¡Suena muy bien! ¿Y luego?
ATA: Y luego… ya no quiero hablar de eso.
TITIRITERA: Ata…
ATA: La verdad es que no me gustaba eso de sentir su
respiración en mi pancita, lo único que deseaba era estar sola, la niña era muy
encimosa.
TITIRITERA: ¿Encimosa? ¡Tú eras la que se acostaba encima
de ella!
ATA: De verdad que ya no quiero hablar de eso. Los
humanos son muy malos, ¡fin de esta conversación!
CLETUS: Tienes aguados tus ojos.
ATA: ¡Fin de la conversación! Ustedes los perros son muy
débiles, son puro sentimiento. Tienes que aprender de mí; te ayudaré a que te
conviertas en un perrogato.
CLETUS: ¿Perrogato?
ATA: Así es: cuerpo de perro, pero alma fuerte de gato,
con sentido común felino. Seré tu maestra.
CLETUS: Bueno, ya me tengo que ir a mi casa a esperar a
mi amo.
ATA: Lección número uno: no esperes al humano, que el
humano te espere a ti. ¡No esperes a nadie! ¡No puedes confiar en nadie!
CLETUS: Sí, que me espere… Uy, no puedo, ¡tengo que irme!
¡Lo siento!
TITIRITERO: Aunque nos hemos convertido en cirqueros,
regresamos todas las noches para ver si el amo de Cletus aparece. Tooodas las
noches, y nada, simplemente no regresa.
Cletus aúlla.
TITIRITERA: ¡Pero el espectáculo tenía que continuar! La
compañía circense de Ata y Cletus continuó dando funciones e incluso hicimos
giras en distintos basureros y callejones.
¡Tuvimos mucho éxito en cada una de ellas!
TITIRITERO: Hasta que un día ¡nos topamos con el Señor
Peperro Cara de Piedra!
TITIRITERA: Parecía una función normal, de esas que el
público ríe con los trucos de Ata y se asombra con la agilidad de Cletus y
después aplauden emocionados cuando todo termina. Parecía una función normal.
TITIRITERO: Pero no lo fue, porque entre el público
estaba El Señor Peperro Cara de Piedra, y eso hizo que todo fuera diferente.
CLETUS: Dimos muy buena función, como las otras que hemos
dado.
ATA: Aunque…
CLETUS: Terminamos, y tres gatos, un perro criollo, dos
ratas y diez cucarachas nos aplaudieron de pie.
ATA: Pero el Señor Peperro Cara de Piedra no se movió.
CLETUS: Ni siquiera sonrió un poquito, nada.
ATA: Ni un solo aplauso. Ni siquiera uno. Eso es
preocupante.
CLETUS: ¿Por qué? Los demás sí nos aplaudieron.
ATA: Es preocupante porque nuestro acto es tan bueno que
debe gustarles a todos, incluyendo a los perros, que son pura emoción, puro
sentimiento; ellos son los que tienen que aplaudir más.
TITIRITERA: Así que dimos otra función.
TITIRITERO: Y en primera fila, junto a dos gatos y un
loro extraviado, ahí estaba…
TITIRITERA: ¡El Señor Peperro Cara de Piedra!
TITIRITERO: Y nuevamente no aplaudió ni un poquito.
TITIRITERA: Ni siquiera sonrió, así, ni un poquititito,
¡nada!
ATA: Tenemos que perfeccionar nuestro acto, algo nos está
fallando y creo que el que está fallando eres tú, Cletus.
CLETUS: ¿Sí? Puedo ensayar más.
ATA: Debes ensayar más.
TITIRITERA: Y siguieron las funciones, y a todas iba El
Señor Peperro Cara de Piedra.
TITIRITERO: Y en ninguna aplaudió. Ahora tienes que
ensayar más tú también, Ata; algo sigue fallando.
TITIRITERA: Y eso hizo la gatita, pero nada. Todos nos
aplaudían cada vez más… excepto el Señor Peperro Cara de Piedra.
CLETUS: Yo seguía divirtiéndome, y creo que me salían muy
bien mis piruetas, y a Ata igual le salían bien súper chidos sus actos, pero
todos estaban preocupados.
TITIRITERO: Cletus seguía regresando por las noches a
donde se suponía que estaría su amo. Así que aproveché que todos estaban
dormidos; teníamos que resolver nuestro gran problema.
Se separa
de Cletus y
despierta a Titiritera, quien se separa de Ata.
TITIRITERO: Oyes, oyes, ven.
TITIRITERA: ¿Qué pasa?
TITIRITERO: Tenemos un problema con nuestro acto. ¡El
Señor Peperro Cara de Piedra no se ríe!
TITIRITERA: ¡Ni siquiera reacciona un poco! Y mucho menos
aplaude. Ata y Cletus hacen todo lo que pueden, pero no pasa nada.
TITIRITERO: Ya me estoy desesperando.
TITIRITERA: Yo también.
TITIRITERO: Pero creo que podemos hacer algo tú y yo.
TITIRITERA: ¿Sí?
TITIRITERO: Queremos que nos aplaudan, ¿no?
TITIRITERA: ¡Sí!
TITIRITERO: Hagamos algo, entonces.
TITIRITERA: Hagámoslo.
CLETUS: ¡Qué bonito es despertar sabiendo que vamos a
tener función!
ATA: Hoy tenemos que hacerlo mejor; se van a reír todos y
nos van a aplaudir todos, hasta el Señor Peperro Cara de Piedra. ¡Será nuestra
mejor actuación!
CLETUS: ¡Sí! Y ahí está, en el público, vino a vernos
otra vez.
ATA: Concéntrate, Cletus, tus saltos y giros deben ser
perfectos esta noche.
CLETUS: ¡Sí!
TITIRITERO: Chicos, ejem… tenemos algo que decirles…
ATA: Tenemos que concentrarnos.
TITIRITERO: Sí, pero antes tenemos que decirles algo
importante.
CLETUS: ¿Más importante que concentrarnos para la
función?
TITIRITERA: Sí, es que, bueno, ya lo saben: el Señor
Peperro Cara de Piedra no se ríe…
TITIRITERO: No aplaude…
TITIRITERA: No reacciona…
ATA: Sí, ya lo sabemos, por eso nos vamos a concentrar,
no estén molestando.
TITIRITERO: Es que de eso queríamos hablarles…
TITIRITERA: Creemos que nosotros lograremos que al fin el
Señor Peperro Cara de Piedra se ría.
TITIRITERO: Y que también aplauda. Así, aplausos de esos
que suenan fuerte, que duran mucho, que llegan al corazón y conmueven el alma.
ATA: ¿Ustedes? Pero si nosotros somos los que damos la
cara ante el público, ¡somos los títeres! Aquí los graciosos somos nosotros,
ustedes viven en la sombra; de hecho es mejor que no se vean mucho.
TITIRITERO: Pues aun así, creemos que sí podemos.
ATA: Pues los artistas somos nosotros. Esta noche
lograremos que el Señor Peperro Cara de Piedra reaccione.
TITIRITERA: Lo siento, Ata, pero ya lo han intentado
muchas veces, es nuestro turno.
ATA: No se van a atrever a hacerlo.
CLETUS: ¿A qué no se van a atrever?
TITIRITERO: Lo siento, perrito, lo siento. Cletus, esta
noche la función será sin ustedes.
Titiritero y Titiritera dejan a un lado a Cletus y a Ata.
TITIRITERO: Y ahora, ¡esta noche tendremos una gran función!
TITIRITERA: Estaremos sólo él y yo. ¡Los
titiriteros!
Bailan, hacen cabriolas,
algún acto bufo, intentan cantar y finalmente terminan la función agradeciendo en forma grandilocuente, pero notan que el Señor
Peperro Cara de Piedra no aplaude.
TITIRITERA: No se ríe, pero podemos hacer algo muy
corriente para que se ría, no falla.
TITIRITERA: ¿Qué?
TITIRITERO: Traigo calzones de corazoncitos, con eso
seguro se ríe.
TITIRITERA: Pero ese es un chiste que todo el mundo ha
hecho, no es nada creativo hacer eso, cualquiera lo puede lograr.
TITIRITERO: Pero, ¿y qué tal si con eso se ríe?
TITIRITERA: Necesitamos su risa, hazlo.
Titiritero muestra sus calzones blancos con corazoncitos.
TITIRITERA: Tampoco sirvió; el Señor Peperro Cara de
Piedra no reaccionó para nada.
Derrotados,
regresan con Ata y Cletus.
TITIRITERA: El Señor Peperro Cara de Piedra no aplaudió…
TITIRITERO: Tampoco se rió…
TITIRITERA: Ni siquiera reaccionó un poquito.
ATA: Pues claro que no, ¡su acto fue muy malo!
CLETUS: Los otros animalitos del público también
aplaudieron menos que en otras funciones.
TITIRITERA: Creo que no somos tan buenos.
TITIRITERO: Creo que somos muy malos cirqueros.
CLETUS: ¿No servimos?
ATA: No quería admitirlo, pero parece que no somos tan
buenos, Cletus, empezando por ellos.
CLETUS: Oh, tanto que me estaba gustando ser cirquero.
ATA: A mí también, pero hay otras profesiones, ¿sabías?
Podemos, no sé, tal vez rentar nuestro restaurante de variedades para que las
pulgas hagan microteatro en cada bote de basura. O vender nuestros bigotes para
que hagan pinceles o… me duele decirlo, pero tal vez deberíamos de dejarnos
atrapar por algún humano… Tú cada vez aprendes mejor a ser perrogato, eso te da
un valor agregado con los humanos.
CLETUS: ¡No! Yo sólo tengo un humano, digo, un amo, y soy
un perrito fiel.
ATA: Cletus, tienes que entenderlo, perrito tonto: tu amo
ya te abandonó desde hace mucho… ¡no te quiere! Y vas a seguir siendo muy tonto
si sigues esperándolo. ¡Necesitas algo del sentido común felino!
CLETUS: ¡No! ¡Claro que no! Lo dices porque tú no tienes
amo… A ti te falta el amor que tenemos nosotros los perritos, el que
seguramente sentías por tu ama, aunque seguramente te dejó porque eres así.
Dices cosas muy feas, Ata.
ATA: ¡No me dejó por eso!
CLETUS: ¿Entonces?
ATA: Bueno, sí fue por mí…
CLETUS: ¿Ya ves? Te lo dije, fue por ti que te dejaron.
Mi amo no se fue por mí, estoy seguro de que algo le pasó, pero va a regresar…
Es hora de irme. Voy a esperarlo; al menos yo sí tengo alguien a quien esperar.
TITIRITERO: Y así nos vamos. A Cletus no le gustó decirle
eso a Ata. Ahora está cansado, enojado, triste y arrepentido; todo eso siente
el perrito; hasta metió su cola entre las patas. Salta la barda y ya estamos en
el patio. Y oh, sorpresa…
CLETUS: Hay alguien en el patio, ¡es mi amo! ¡Llegó mi
amo!
Cletus hace todo tipo de fiestas con sus movimientos, salta, gira, mueve la cola como hélice.
TITIRITERO: Cletus está feliz, salta, hace gracias, mueve
la cola sin parar: al fin su amo está de regreso, al fin. El amo es un señor
joven, parece sorprendido de ver al perrito, lo levanta y lo observa, sonríe un
poco. Deja a Cletus en el piso, lo ve caminar y entonces su sonrisa se borra;
dice: “Ah, ya me acordé, eres el que no pude vender porque estás cojo”. Y se
va. Cletus sigue moviendo la cola, no entendió lo que le dijo. Sentadito,
espera que su amo regrese. Parece que estamos contando otra vez la misma
historia.
CLETUS: ¡Él volvió! ¡Ya está aquí! ¡Ahora mismo va a
regresar!
TITIRITERO: Y lo espera… lo espera…
CLETUS: ¡Claro que sí va a regresar!
TITIRITERO: Y lo sigue esperando. ¿Cuánto más, Cletus?
CLETUS: Él va a regresar; si ya regresó, ahora debe
tardar menos.
TITIRITERO: Y ya lleva dos días sin comer, porque su amo
no ha regresado. Y el único líquido que ha bebido fueron las gotas de rocío que
pudo lamer en una ventana. Cletus: tenemos que ir a buscar agua y comida.
CLETUS: ¡Él vendrá!
TITIRITERO: Cletus, ya nos la sabemos; hay que saltarnos
la barda para ir con Ata al basurero, necesitas comer… lo necesitamos… Cletus,
por favor…
CLETUS: Oh, bueno, está bien, ya me cansé de comer aire;
pero sólo vamos tantito al basurero, agarramos un pedazo de taco y nos
regresamos, ¿eh?
TITIRITERO: Sale, pues. Y aquí vamos otra vez, a buscar
comida en el basurero. Y me pregunto ¿qué hubiera pasado si Cletus no fuera tan
ágil como para saltarse la barda?
CLETUS: ¡Ata! ¡Ata! ¿Dónde estás? ¡Ya regresé! Ah, mira,
ahí hay un pedazo de tortilla, le voy a guardar un cacho a Ata. Ata, ¿dónde te
metiste?
TITIRITERO: Pero ese día Ata no apareció, ni el siguiente
ni el siguiente. Empezamos una nueva rutina: de día buscábamos a Ata en los
basureros…
CLETUS: Ata, ¿dónde estás? Ata, ¿dónde te metiste?
TITIRITERO: Y por la noche regresábamos a esperar al amo
de Cletus.
CLETUS: ¡Sé que regresarán! ¡Tienen que hacerlo! Extraño
a mi amo, y extraño a Ata.
TITIRITERO: Hasta que un día, cuando estábamos buscando
comida entre los basureros…
TITIRITERA: Hola.
CLETUS: ¡Hola! ¿Por qué estás separada de Ata?
TITIRITERA: Es que…
CLETUS: ¿Qué?
TITIRITERA: Ata se puso muy triste cuando discutió
contigo y más cuando vio que no regresabas… y también estaba decepcionada
porque no pudimos hacer reír al Señor Peperro Cara de Piedra.
CLETUS: ¿Y qué le pasó?
TITIRITERA: Nada, sólo me pidió que la dejara sola.
TITIRITERO: ¡Sin alma!
TITIRITERA: Sí, y yo sin ella estoy igual de triste… Sin
alma. Me la paso sentada esperando a que Ata quiera que esté nuevamente con
ella.
CLETUS: ¿Dónde está?
TIRITERA: En la esquina de allá atrás.
CLETUS: Vamos a buscarla… ¡Ahí está! ¡Ata!
TITIRITERO: Cletus está feliz, salta, hace gracias, mueve
la cola sin parar, gira de felicidad, de verdad está feliz de ver a Ata.
ATA: Ah, volviste.
CLETUS: Sí, ¿qué te pasa? ¿Estabas triste porque me fui?
ATA: ¿Por ti? Soy una gata, ¿recuerdas? Para nosotros,
los gatos, no hay nadie más importante que nosotros mismos. Ni siquiera noté
que te fuiste.
CLETUS: ¿En serio? Porque yo sí te extrañé.
ATA: ¿Sí?
CLETUS: ¡Claro que te extrañé! ¡Mucho! ¿Sabías que ya
regresó mi amo?
ATA: Tu humano. ¡Bah! Intenté convertirte en un perrogato
con sentido común felino, pero fallé.
CLETUS: Sí, regresó mi humano… pero ya se volvió a ir.
ATA: Tenía que ser un humano.
CLETUS: ¿Tu humana era así?
ATA: No quiero hablar de eso.
CLETUS: Tú dijiste que dormía contigo y que te
acurrucabas en su carita, dijiste que se sentía bonito ese calorcito.
ATA: Eso hacíamos, pero después empezó a estornudar…
mucho.
CLETUS: ¿La humana niña?
ATA: Sí. Sus papás humanos dijeron que yo le daba
alergia, me pusieron manteca en los bigotes y me llevaron lejos, ya no pude
regresar a verla. Recuerdo que me cargaba con dificultad porque era pequeña.
Bueno, yo también era muy pequeña. Y como apenas podía hablar, en lugar de
decirme “gata”, me decía “a-ta” “a-ta”…
CLETUS: ¡Por eso te llamas así! ¡Ata! ¿Y de verdad no te
da gusto verme?
ATA: Ni un poquito.
TITIRITERA: Di la verdad, Ata.
ATA: Es la verdad: él es un perro y yo una gata.
CLETUS: Oh, creí que no te caía tan mal.
ATA: Digamos que nos hemos llevado bien para hacer circo,
eso es todo. Cambiando de tema: ¿tu nombre te lo puso tu humano, Cletus?
CLETUS: Sí.
Titiritero niega con la
cabeza.
TITIRITERO: En realidad su nombre se lo puso su mamá,
antes de que ese que llama su amo vendiera a la mamá de Cletus y a sus
hermanitos. Nunca se lo he querido decir a Cletus porque es algo muy triste,
¿verdad?
ATA: Bueno, de todas formas no tiene ningún caso que nos
reunamos de nuevo, somos malísimos como cirqueros. ¡Un desastre!
CLETUS: Yo digo que somos buenos, deberíamos hacer aunque
sea una última función. A mí me gusta mucho hacer circo, ¿a ti ya no te gusta?
ATA: Actuar en el circo es mi vida.
CLETUS: Demos función, entonces. Tú has dicho que hay que
hacer las cosas que nos gustan.
ATA: Pero sin dañar a los demás, ¿recuerdas? Y creo que
hemos dañado al pobre Señor Peperro Cara de Piedra; seguramente nos odia porque
somos muy malos.
CLETUS: Aunque sea hagamos una última función y al final
nos disculpamos con él.
ATA: Mmmm, creo que es justo. ¡Será nuestra última
función!
Comienza la función. Ata y Cletus ejecutan sus actos con pasión.
Titiritero y Titiritera también hacen
algo de lo suyo. Al final, Cletus y Ata hacen un salto espectacular; terminan expectantes, esperando el aplauso del Señor Peperro Cara de Piedra, que está entre el público. Pero el perro no se
mueve, no ríe,
no aplaude.
CLETUS: Uy, creo que hoy tampoco va a aplaudir, no vi que
se moviera ni que sonriera en toda la función. Aunque todos los demás sí nos
aplaudieron.
ATA: Yo tampoco vi que reaccionara.
TITIRITERO: Se confirma que somos muy malos.
TITIRITERA: Malísimos. Y eso que hoy pudimos integrar los
actos de Cletus y Ata con los nuestros.
ATA: Bueno, yo ya me cansé de esto; voy disculparme con
el Señor Peperro Cara de Piedra, pero antes le voy a preguntar por qué somos
tan malos. A ver, dígame, ¿por qué ni sonríe ni se ríe ni aplaude ni se mueve?
¿Acaso somos los artistas más malos del universo conocido y por conocer?
CLETUS: Creo que dijo algo, pero no se le oye. No lo
oímos, señor, hable más fuerte. Voy a acercar mi oído a su hocico para ver si
le entiendo.
ATA: ¿Qué dice?
CLETUS: ¡Oh!
ATA: Dinos qué te dice…
CLETUS: ¡Ah!
ATA: ¿Qué?
CLETUS: Me está diciendo que hoy en especial trae muchos
gases en su estómago.
ATA: ¿No dice nada más?
CLETUS: Oh…
ATA: ¿Sí?
CLETUS: Dice que le encanta nuestro espectáculo, que por
eso viene todas las noches…
ATA: ¿Pero por qué no aplaude ni sonríe ni se ríe ni
nada? ¿Por qué?
CLETUS: Dice que una vez lo atropelló un coche; pudieron
salvarlo, pero su cara se le quedó así, congelada, por eso no sonríe para nada.
Ah, y que también le cuesta trabajo mover sus manos, por eso no aplaude. La
función de hoy le gustó en especial porque actuamos todos juntos: títeres y
titiriteros.
ATA: Ah, ¡le gusta nuestro espectáculo!
CLETUS: ¡Sí, le gustamos mucho! ¡Gracias, Señor Peperro
Cara de Piedra!
TITIRITERO: ¡Eso quiere decir que no somos malos!
TITIRITERA: Y mira que buscamos todas las formas para
hacerlo reír, hasta traicionamos nuestro propio espectáculo. Perdónennos,
Cletus y Ata.
TITIRITERO: Sí, nos equivocamos, nos faltó confiar en
nosotros mismos. Somos más fuertes si estamos juntos.
ATA: Todos nos equivocamos; quisimos cambiar lo que
hacíamos, aun cuando sabíamos que estaba bien. Nos traicionamos a nosotros
mismos.
CLETUS: ¿Podremos dar más funciones?
ATA Y TITIRITEROS: ¡Sí!
CLETUS: Ah, qué bien; de verdad que me estaba dando mucha
tristeza eso de no hacer circo, de no estar más con ustedes.
ATA: Tengo que decirte que… yo también estaba muy triste
de que fuera nuestra última función y de que ya no diéramos función juntos y…
TITIRITERA: ¿Y qué, Ata? ¿Tienes algo qué decirle a
Cletus?
ATA: Es que…
CLETUS: Oh, ya es tarde, tengo que regresar con mi amo.
¿Qué me quieres decir?
ATA: Eh… que no tienes sentido común felino y que eres un
perrito tonto por regresar con tu humano.
TITIRITERA: ¡Ata!
ATA: Es la verdad, los perros son leales y fieles, pero
exageran; es muy tonto serle fiel y leal a alguien que te trata mal, es decir,
que no te quiere.
CLETUS: Es mi amo… y él debe quererme… Tú tampoco me
quieres, Ata, lo dijiste antes de dar la función. ¿Es verdad que no me quieres?
ATA: Es que…
TITIRITERA: Anda, Ata, dile…
CLETUS: ¿Me quieres?
ATA: Esteee… soy gata, y nosotros los felinos somos
autosuficientes, nos basta con estar con nosotros mismos.
CLETUS: O sea que… ¿me quieres o no?
ATA: Pues… No, no puedo ir en contra de lo que se supone
que debo hacer, y menos con un perro… Lo siento.
CLETUS: Ya me voy.
TITIRITERO: Cletus se va, triste, desilusionado… Llegamos
al patio, y nuevamente, ¿qué creen? A esperar a su amo. Cletus aúlla, le sale
un quejido más triste que en otras ocasiones, lo hace una y otra vez, pero
nadie viene. Se va a su rincón a tratar de dormir. Yo también necesito
descansar, este día ha sido muy intenso.
Pausa
TITIRITERO: En mitad de la noche, un ruido me despierta.
Nunca habíamos oído algo así a esta hora. Cletus también despierta.
CLETUS: ¡Es mi amo! ¡Lo puedo oler! ¡Llegó! ¡Viva!
TITIRITERO: Cletus mueve la cola y hace fiestas. El
humano llega hasta él, Cletus da uno de sus saltos y giros, llega hasta la
cabeza de su amo, le lame la cara…
CLETUS: ¡Llegaste, llegaste, sabía que lo harías!
TITIRITERO: El joven le da un manotazo a Cletus, el
perrito cae. Cletus insiste, vuelve a saltar, pero el humano lo aparta
nuevamente, se le ve muy enojado. ¡Nos agarra y nos va a meter en un bote de
basura!
ATA: ¡Eso nunca pasará!
TITIRITERA: Ata salta a la cabeza del humano; le da uno,
dos rasguñazos de los buenos justo en la maceta. El humano suelta a Cletus.
Está sorprendido, parece que nos quiere pegar ahora a nosotras. ¡Ata se pone en
guardia, saca sus garras!
TITIRITERO: ¿Qué está haciendo Cletus? ¡Está gruñendo!
¡Defiende a Ata! ¡Muy bien, perrito!
TITIRITERA: El humano alza una pierna, tiene unos
zapatotes que de seguro han de patear muy feo. Nosotros seguimos gruñendo y
sacando las uñas…
TITIRITERO: También le enseñamos los colmillos…
TITIRITERA: Parece dudar; dice un par de groserías y… ¡se
va! ¡Nos tuvo miedo!
TODOS: ¡Ganamos!
TITIRITERO: Todos nos abrazamos.
CLETUS: ¡Vámonos, antes de que vuelva!
TITIRITERA: Huimos de ese patio.
CLETUS: Ata, ¿por qué viniste?
ATA: Es que… Yo he intentado que seas un perrogato, pero
creo que tú me has ayudado a ser no sólo una gata; gracias a ti ahora soy una
gataperro. Los perritos como tú tienen muy buen corazón, son fieles con los que
quieren y están al tanto de ellos, y esa cualidad perruna ya está en mi
corazón. Así que… te extrañé, Cletus, tengo que admitir que te quiero mucho,
amigo.
CLETUS: ¡Sí! Ya sabes que yo te quiero mucho a ti.
TITIRITERA: ¡Ata está moviendo la cola!
CLETUS: ¡Igualito que yo!
TITIRITERA: Se abrazan; es muy lindo abrazar al otro así,
como si el amor nos hiciera sólo uno. Ata se separa del abrazo, y un tanto
apenada pregunta:
ATA: ¿Y tu amo?
CLETUS: ¿Él? Bueno, creo que ya soy un perrogato
completo: no es bueno eso de seguir con alguien que no te quiere, que no te da
ni agüita. El corazón de uno debe estar con los que luchan con uno, con los que
ríen y juegan con uno, con los que están con uno.
ATA: ¡Sentido común felino en un perrito! ¡Muy bien!
TITIRITERO: ¡Hagámonos fuertes creyendo en nosotros mismos!
TITIRITERA: ¿Regresamos al circo?
TODOS: ¡Sí!
Hacen un
par de actos de su repertorio. Terminan
felices.
ATA: El Señor Peperro Cara de Piedra aplaude con el
brillo de su mirada; noté que sus ojos brillaron más cuando terminó el
espectáculo, es su forma de aplaudir.
CLETUS: Ah, sí lo noté, como si fueran unos foquitos.
ATA: Ah, qué bien se siente uno cuando la función termina
y en el público se ve la misma mirada del Señor Peperro Cara de Piedra. Mira
cuánto cachorrito nos vino a ver, y las gatitas, y las cucarachitas y
cucarachitos qué felices se pusieron también. Es hora de descansar, Cletus;
mañana tenemos otra función.
CLETUS: Me acuerdo que al principio les dije que mi amo
era fantástico. No sé ustedes, pero he cambiado desde que les dije eso.
Seguimos dando nuestros shows en el basurero, la
mayoría nos aplaude y eso nos agrada, pero principalmente nos sentimos bien de
estar juntos haciendo lo que nos gusta, creemos en ello. No todos los humanos
son malos como el que era mi amo. Ahora también presentamos nuestro show a humanos como ustedes que vienen a vernos, y así
podemos pagar nuestra comida. Nos gusta recordarles que es muy feo eso de
abandonarnos en la calle. Ah, y a los humanos como ustedes, que se hacen cargo
de sus animalitos, también los queremos; aplauden bonito.
FIN

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