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Libro N° 12915. Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 152: Entre Los Míos. Vaptsarov, Nikola.

Guillermo Molina Miranda marzo 18, 2026

 


© Libro N° 12915. Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 152: Entre Los Míos. Vaptsarov, Nikola. Emancipación. Agosto 31 de 2024

 

Título original: © Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 152: Entre Los Míos. Nikola  Vaptsarov

 

Versión Original: ©  Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 152: Entre Los Míos. Nikola  Vaptsarov

 

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Cuaderno De Poesía Crítica

Nº. 152: Entre Los Míos

Nikola  Vaptsarov

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno De Poesía Crítica

Nº. 152: Entre Los Míos

Nikola  Vaptsarov

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

C ON el título genérico “Entre los poetas míos” venimos pu-blicando, en el mundo virtual, una colección de cuadernos monográficos con los que deseamos contribuir a la divulga-ción de una poesía crítica que, con diversas denominaciones

 

(“poesía social”, “poesía comprometida”, “poesía de la concien-cia”…) se caracteriza por centrar su temática en los seres humanos, bien sea para ensalzar sus valores genéricos, o bien para denunciar los atropellos, injusticias y abusos cometidos por quienes detentan el Poder en cualquiera de sus formas.

 

Poesía ésta que no se evade de la realidad, sino que incide en ella con intención transformadora. Se entiende por ello que tal produc-ción y sus autores hayan sido frecuentemente acallados, despresti-giados, censurados e incluso perseguidos por dichos poderes domi-nantes.

 

Se trata, en fin, de una poesía no neutral, teñida por el compromiso ético de sus autores.

 

Los textos aquí incorporados proceden de muy diversas fuentes. Unos de nuestra biblioteca personal, otros de Internet.

 

La edición digitalizada de estos cuadernos poéticos carece de toda finalidad económica. No obstante, si alguien se considera perjudi-cado en sus legítimos derechos de propiedad intelectual, rogamos nos lo haga saber para que retiremos los textos cuestionados.

 

 

Biblioteca Libre

OMEGALFA

2024

 

 

 

 

 

- 2 -

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 152: Nikola  Vaptsarov

 

 

 

SUMARIO

 

 

Apunte biográfico

 

Botev

 

Carta+

 

Cinema+

 

Crónica de un país

 

Construiremos

 

Despedida

 

Duelo

 

Un sueño

 

España

 

Fe

 

Gorky

 

Historia

 

La canción del hombre

 

La fábrica

 

Lori

 

Primavera

 

Recuerdo

 

La lucha es dura

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 152: Nikola  Vaptsarov

 

 

Entre los poetas míos…

 

 

Nikola Vaptsarov

 

(1909 – 1942)

 

 

 

 

Poeta búlgaro, hijo de un revolucionario macedonio, se educó en el Colegio de la Marina de Varna. Desde muy joven comenzó a escribir; quiso estudiar literatura en la Universidad, pero no le fue posible.

 

La mayor parte de su vida activa trabajó como técnico especia-lizado en motores, primero como marinero, lo que le permitió visitar diversos puntos de Europa; luego como fogonero en una fábrica de papel, donde fue elegido presidente de una Asocia-ción de Defensa de los Trabajadores.

En su tiempo libre escribía poemas y organizaba obras de tea-tro amateur.

 

En 1936 se desplazó a Sofía, donde trabajó para el Servicio es-tatal de ferrocarriles.

 

La obra poética de Vaptsarov es escasa. Se reduce práctica-mente a un solo poemario: Canciones del Motor.

 

Algunos trabajos literarios suyos se publicaron en los periódi-cos. Uno de sus poemas, E “Romantika”, le valió el premio en un concurso de poesía.

 

Desde joven participó en las luchas obreras a la vez que iba ad-quiriendo una sólida formación intelectual marxista.

 

Por sus actividades ilegales fue arrestado e internado, obte-niendo la libertad en septiembre de 1940. Tras su liberación volvió a involucrarse en la lucha clandestina, ingresando en el Comité Central del Partido Comunista de Bulgaria.

 

Entre sus tareas estaba la de organizar el suministro de armas y documentos a los miembros de la resistencia antifascista. Detenido en marzo de 1942, fue sometido a duras torturas, y unos meses después juzgado, condenado y fusilado en una misma noche junto con otros 11 hombres.

 

Su obra poética fue brotando entre calderas de vapor, acti-vismo militante y horas quitadas al sueño.

 

En ella se refleja la vida y sacrificios de la clase obrera, así como la esperanza en un futuro más luminoso para los seres humanos.

 

Vaptsarov perteneció a la generación de entreguerras, en un tiempo donde los ideales del socialismo y de la transforma-ción revolucionaria habían cautivado la esperanza de las ma-sas trabajadores y la imaginación de la intelectualidad sensi-ble y humanista.

 

El día 23 de julio de 1942 Vapsarov cayó víctima de las balas de un pelotón de fusilamiento junto con otros 11 compañeros. Tenía 33 años de edad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Botev

 

 

 

Un trabajador,

 

sin aliento y sudoroso,

 

vino a verme

 

y dijo:

 

“Escribe un poema sobre Botev.” “¿Un poema sobre Botev?”

Me senté.

 

“Bien,

 

vuelve alrededor de las siete

 

el sábado por la noche.”

 

Aunque el sábado ha pasado, yo persisto tristemente y suspirando.

 

Los techos retumban mientras los motores luchan contra la humedad de la primavera y la niebla.

 

Mi mente está en blanco,

 

mi cerebro solo repite

 

el mismo viejo discurso.

 

Mi corazón late preocupado.

 

Dejo la pluma,

 

desecho el papel,

 

suspiro profundamente

 

y     finalmente digo: “No puedo.”

 

Me desvisto,

 

Me acuesto en el lecho,

 

me quedo dormido.

 

Pero he aquí que viene

 

el trabajador con rostro adusto y pregunta:

 

-“¿Has escrito el poema sobre Botev?” -“¿El poema sobre Botev?

 

Escucha un poco...

 

“Las estrellas brillan

 

en el cielo barrido por la luna, y a través de barrancos rocosos los lobos grises merodean,

 

con ojos que brillan en la oscuridad...”

 

El trabajador parece confundido y pregunta:

 

“¿Ese es Botev?...

 

Debías hablar sobre los segadores desafiando al sol,

 

sobre el trabajo opresor,

 

sobre la sangre que fluye

 

hasta ennegrecer la tierra,

 

sobre los esclavos que cantan para aliviar su dolor canciones lentas que el viento lleva sobre la llanura.

 

¿Se vería Botev en un barranco rocoso?

 

Ni siquiera las bestias salvajes

 

van hoy por allí.

 

¿No lo ves?

 

Botev enciende

 

la luz en nuestros ojos.

 

Sí, Botev está aquí, con la gente.

 

Si tropiezas, te dice:

 

¡Levántate y recoge la bandera!

 

Aquí te doy la mano

 

 

para ayudarte a ponerte en pie,

 

y a marchar unidos valientemente, hombro con hombro”.

 

¡Ese es realmente Botev! Pero tú has empleado mucha basura vieja. Elimínala. ¡Mira la vida! ¡Muévete! Y entonces lo entenderás.

¡Ahí tienes el poema”!

 

 

 

Carta

 

 

 

Dirección:

 

Señora Francisca Lahore

 

HUESCA

 

Madre,

 

¡Fernández ha muerto!

 

Fernández

 

está muerto y enterrado,

 

Fernández

 

ya no vive.

 

Fernández

 

yace en los campos

 

a las afueras

 

de Madrid.

 

Era un hombre bueno, dime…

 

¿Por qué cortaron su vida tan pronto? Aunque mi Fernández haya muerto, aún hay otros que saldrán a pelear.

 

Madre, solamente a ti

 

puedo expresar mi dolor.

 

Ya sabes lo que es la guerra

 

y cuántas lágrimas provoca.

 

Busco señales de simpatía

 

en los ojos de otras mujeres,

 

pero también allí encuentro un amargo dolor y lágrimas frescas derramándose… tal vez por un hermano muerto,

 

por un ser querido caído en acto de servicio,

 

 

quizás un pedazo de metralla al explotar desgarró su belleza juvenil.

 

Tal vez, como yo, esperan en vano, aguardan alguna noticia,

 

pero la tierra húmeda ya los acoge en fuerte abrazo…

 

Madre, no deberías reprocharle que se fuera a pelear. Ahora pienso, incluso, que

 

estábamos obrando mal,

 

Fernández

 

tenía razón.

 

Sólo él de entre nosotros percibió la única verdad de la vida:

 

Que es mejor la muerte de un hombre que la vida de las bestias.

 

Teníamos pan. Un solo pan era suficiente para dos. Pero para el hijo que nacerá, Madre, ¿sería suficiente?

 

Y todavía hay otra cosa, en parte difícil de entender.

 

Van unidos a luchar ¿Por qué?

 

¿Es el pan su único vínculo?

 

Hoy hubo un funeral

 

para los que quedaron atrapados en un refugio. Lo vi todo con mis propios ojos,

 

pero no encuentro palabras para contárselo.

 

 ¡Qué extraño espectáculo contemplé, Qué curioso fue,

 

porque sobre las personas allí enterradas resplandecía un fulgor maravilloso.

 

Los vi sólo por un instante

 

entre las tablas del ataúd,

 

a través de las tablas del ataúd los vi extendiendo sus manos.

 

En la muerte se funden, yacen como un solo hombre y las llamas de la muerte feliz arden brillantemente en sus ojos…

 

De repente lo entendí:

 

Él tenía que ir a la guerra.

 

Fernández murió en la batalla.

 

No lo veré más.

 

Madre, ¡Fernández ha fallecido!

 

Madre, Fernándes se ha ido,

 

Fernández está muerto y enterrado.

 

Llora, murió tan joven…

 

Pero al viejo no le digas nada.

 

El dolor sería su perdición.

 

Escóndete en algún lugar, llora suavemente y no le digas nada de nada.

 

Si de alguna manera se da cuenta, si de alguna manera lo sospecha, dile que nosotros seguimos bien

 

 

 

y que un bebé está en camino.

 

Puedes decirle: Dolores

 

ahora está aprendiendo cuentos de hadas. Ella y Fernández han escrito preguntando ¿Prefieres un niño o una niña?

 

Seguir escribiéndote, querida madre,

 

Sólo me causaría más dolor.

 

Saludos de tu amada hija,

 

Dolores María Goya.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cinema

 

 

 

Hay una multitud a las puertas, donde los carteles iluminados ostentosamente anuncian:

 

“Un drama humano”.

 

Hay una multitud en las puertas y la moneda de níquel se moja de sudor

 

bajo la presión

 

de la palma de mi mano.

 

En la blanca pantalla cuadrada, en la sala oscura el león de la Metro

 

bosteza somnoliento.

 

De repente, un camino,

 

surge un bosque

 

y en lo alto, el cielo azul

 

extenso y claro.

 

Aparecen en una curva

 

dos elegantes limusinas.

 

Chocan.

 

Y entonces vemos a nuestro héroe y heroína.

 

Rápidamente el caballero

 

baja de su coche

 

y recoge a la mujer

 

entre sus fuertes brazos de acero.

 

Poco a poco se abren

 

unos ojos abrasadores,

 

se agitan sus pestañas

 

mirando hacia arriba.

 

¡Oh, qué hermosa

 

yegua de pura sangre!

 

Los ruiseñores, claro está,

 

trinan en los árboles

 

donde el azul pacífico

 

se filtra a través de las hojas y más allá,

 

la suave pradera verde

 

apetece.

 

Lujuriosamente sudoroso

 

John besa a Greta.

 

Labios lascivos

 

empiezan a babear…

 

¡BASTA!

 

¿Dónde está aquí nuestro destino?

 

¿Dónde está el drama?

 

¿Dónde estoy yo? ¡Dime!

 

En este tiempo explosivo

 

que presiona como una pistola contra nuestra espalda…

 

En nuestro amor,

 

en nuestro dolor

 

¿Cómo podemos ser tan ingenuos con el pecho lleno de humo

y nuestros pulmones enfermos?

 

¿Acaso nos podemos subir

 

 con aquellos a los que amamos en una elegante limusina?

 

 

 

Nuestro amor surge

 

en el trabajo,

 

en medio del humo,

 

en medio del hollín

 

y las máquinas.

 

Luego viene la vida gris,

 

la lucha por el pan,

 

los vagorosos sueños…

 

Todas las noches en la cama estrecha y barata nos vamos debilitando poco a poco hasta morir imperceptiblemente

 

Así es.

 

¡Este es el verdadero drama! Todo lo demás… ¡Mentira!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónica de un país

 

 

 

Alguien en la radio

 

debate acaloradamente.

 

¿Con quién?

 

No lo sé,

 

Quizás con la gente.

 

Pero dejen hablar a ese hombre, ¿Acaso no cobra por ello?

 

"El poder del Estado

 

y la autoridad estatal

 

están adecuadamente preparados para proteger vuestros intereses. ¡Desechad vuestras consignas! ¡Soltad vuestras pancartas!

 

La gente está satisfecha,

 

harta

 

y feliz".

 

Un hombre en la cafetería

 

escupe con disgusto,

 

pisotea la saliva firmemente

 

en el polvo,

 

mira alrededor, y dice con gesto prudente:

 

"Creen que pueden engañarnos,

 

¡hijos de puta!

 

Pero ¿no ha escrito Dios

 

en las Santas Escrituras que

 

“La voz del pueblo es la palabra de Dios?

 

"¡Tienes razón!"

 

 añade un joven hambriento y tembloroso.

 

"¿No fue esa la mentira

 

que nos dijeron entonces

 

en mil novecientos

 

quince?

 

"Pero hoy,

 

si nos piden que vayamos a morir, si nos obligan a enfrentarnos al fuego de las balas,

 

incluso los tontos estarán de acuerdo en que ya es hora

 

de hacer oír nuestra voz”

 

"Y voy a dar mi opinión:

 

Puesto que nuestro pan

 

es más duro que nuestros dolores y la botella de aceite permanece vacía,

 

sólo debemos tener una consigna:

 

¡Abajo el terror!

 

¡Alianza con la URSS!"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Construiremos

 

 

 

Construiremos una fábrica, una enorme fábrica con paredes de hormigón y acero. Hombres y mujeres,

 

nosotros, el pueblo,

 

construiremos una factoría

 

para la vida.

 

Nuestros hijos mueren

 

en el hedor venenoso

 

de cuchitriles sin sol,

 

asfixiantes.

 

El mundo es una prisión.

 

Hombres, mujeres,

 

Pueblo,

 

¡Ni un paso atrás!

 

Construiremos una fábrica

 

para la vida.

 

Nuestros hijos mueren

 

en el hedor sofocante,

 

con ojos que buscan el sol.

 

Pero nosotros, con cobardía desalmada, nos encogemos

 

y no decimos nada, nada infame. Hemos suspendido los conductos por los cuales fluye sumisamente -sí, nuestra propia sangre fluye-alimentando la vida.

Pero la vida nos arrastra y nos lleva

 

mientras la contemplamos estúpidos e indiferentes.

 

 

Hemos horadado la roca con nuestras uñas, hemos abierto túneles a través del granito, Hemos rodeado la tierra con rieles de acero, en sus entrañas no queda nada oculto.

 

Las antenas adornan el cielo, en la altura

 

se yerguen las cimas de los rascacielos sobre la niebla.

 

Y en el espacio, aún más arriba, rugen los pájaros de acero.

 

Compañeros, hablemos claro:

 

Yo no culpo con hierro candente al progreso. Soy muy consciente

 

de que no es el progreso lo que nos asfixia y no lo vamos a destruir.

 

Vamos a construir una factoría, una enorme factoría

 

con paredes de hormigón y acero.

 

Hombres y mujeres,

 

nosotros, el Pueblo,

 

construiremos una fábrica

 

¡para la vida!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Despedida *

 

 

 

A mi esposa:

 

A veces vendré cuando estés dormida, en inesperada visita.

 

¡No me dejes afuera en la calle!

 

¡Deja la puerta sin cerrar!

 

Entraré en silencio, me sentaré junto a ti, sin ruido

 

y te contemplaré en la oscuridad.

 

Luego, cuando mis ojos se hayan saciado, te besaré y me marcharé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

*      Poema garabateado en un papel momentos antes de ser fusilado.

 

 

 

 

Duelo

 

 

 

Hemos llegado al contacto directo,

 

Tú y yo hemos trabado nuestras manos.

 

De mi corazón gotea sangre,

 

y tú te debilitas. ¿Entonces, qué? Uno de los dos será derrotado, uno será vencido

 

y eres tú la elegida.

 

¿Dudas? ¿No sientes miedo?

 

He planeado cada movimiento a realizar. Estoy poniendo mi corazón en la lucha, y tú, Vida degenerada y envenenada, serás vencida,

 

No es de ahora nuestra lucha, ¿verdad? Nuestro duelo empezó hace mucho, un duelo que con pasión hemos librado durante mucho tiempo.

 

Durante mucho tiempo hemos entrelazado nuestros brazos y muñecas. Nunca olvidaré

 

tu puño brutal.

 

En la mina explotó el gas.

 

Las capas de carbón

 

enterraron

 

a quince hombres debajo.

 

Enterraron

 

quince

 

cuerpos

 

humanos.

 

Uno de ellos

 

 

era

 

yo.

 

Junto a la puerta de un tugurio yace

 

una pistola

 

humeante.

 

A la vez, un cadáver se enfría lentamente, sin gritos,

 

sin estruendo,

 

por una bala.

 

Después… tierra para la basura.

 

Es así de fácil...

 

Sin lucha,

 

sin pasión por la vida

 

y sin complicaciones.

 

¿No sabes

 

quién fue?

 

Fui

 

yo.

 

En el pavimento lavado por la lluvia, la víctima yace

muerta a tiros en una emboscada.

 

El cielo ha sido minado

 

y se estrellará

 

en la plaza.

 

Pero el hombre

 

que yace allí

 

en el charco de sangre

 

es mi hermano.

 

Hay un fuego

 

de odio y amor

 

es su mirada vidriosa.

 

 

El villano,

 

el despreciable

 

pistolero

 

desapareció instantáneamente de la vista.

 

¿Recuerdas al bribón?

 

Fui

 

yo.

 

¿Recuerdas al niño que murió en las barricadas de París? ¿Un niño

 

que murió en la batalla

 

sangrienta

 

al retroceder?

 

La sangre caliente de sus venas se volvió lentamente fría como el acero,

 

y luego sus labios se abrieron en una sonrisa fugaz.

 

Mientras sus labios se volvían azules, sus ojos

 

ardían aún con fervor,

 

como si sus ojos estuvieran cantando:

 

"¡Libertad querida!"

 

El niño

 

yacía allí

 

muerto

 

en el frío abrazo de la muerte.

 

¿Sabes

 

quién fue?

 

Fui

 

yo.

 

¿Recuerdas

 

 

un motor

 

perforando

 

con alegría

 

optimista

 

la niebla

 

donde ni siquiera los pájaros

 

se atreven

 

a descender

 

a través del aire cargado de humo?

 

Un motor con alas

 

que atraviesa

 

el frío espacio

 

y da la vuelta a la tierra,

 

con la explosión del vapor de gasolina abriendo el camino hacia el progreso? El motor que canta en lo alto es obra de mis manos,

 

Y la canción del motor

 

es la sangre de mi corazón.

 

El hombre cuyos astutos ojos estaban pegados

 

a la brújula fluctuante,

 

el hombre

 

que se atrevió a desafiar

 

los fríos hielos del Norte

 

y la niebla

 

¿sabes

 

quién fue?

 

Fui

 

yo.

 

Estoy aquí

 

y allá.

 

 

Estoy en todas partes:

 

trabajador en Texas,

 

estibador argelino,

 

o     poeta…

 

¡En todas partes estoy!

 

¿Piensas

 

que ganarás?

 

Maldita y ceñuda,

 

cosa sucia.

 

Yo ardo,

 

tú resplandeces

 

y ambos estamos

 

bañados en sudor.

 

Pero estás agotando tu fuerza,

 

debilitándote,

 

declinando.

 

Por eso vas clavando ferozmente tu aguijón en mí,

 

en el terror de la muerte inminente tal vez…

 

Cuando llegue el momento, en tu lugar,

 

con trabajo y sudor,

 

construiremos

 

juntos y acompañados

 

la vida

 

que deseamos,

 

la vida que necesitamos.

 

¡Qué hermosa

 

habrá de ser esa vida!

 

 

 

Un sueño

 

 

 

-“Lori, estás dormida?”

 

“Lori, ¿me escuchas?

 

-Calla, agacha la cabeza!

 

Puede ser que estén a un paso. Aquí no se puede hablar.

 

-“Lori, pero era un sueño tan hermoso!”...

 

Cómo empezó?... Déjame recordar… Oh, sí…

 

La guerra había terminado… éramos libres y dueños de los talleres y su contenido ¿entiendes, Lori?

 

Estábamos en el trabajo. La misma planta de antaño, Las mismas máquinas que siempre conocí,

 

pero todas relucientes como oro puro y llenas de un nuevo vigor.

 

Tú estabas en la planta, Lori, eras la capataz y dijiste: ¡Quiero trescientos pernos hoy”! -“Bueno, como tú digas, Lori, de acuerdo”. Y ambos estábamos felices y alegres. Fuera, los cielos, ¡cómo brillaban!...

 

El aire tan puro, el cielo tan azul…

 

Y la respiración tan limpia, tan pura…

 

Ni siquiera podía creerlo.

 

Lori me miró a los ojos

 

(qué ilusión infantil expresaban)

 

Y, sonriendo, dijo con falso asombro:

 

-“Eres un soñador, Fernández”!

 

Las estrellas se apagaban en el Este.

 

La noche

 

se retiraba en desorden.

 

“¡Llamada de alerta a la lucha!” Y entonces comenzó el ataque…

 

 

 

España

 

 

 

¿Qué eras tú para mí?

 

Nada.

 

Una tierra olvidada y remota,

 

una tierra de caballeros y mesetas.

 

¿Qué eras tú para mí?

 

El hogar

 

donde ardía un amor extraño y cruel, un salvaje embriagado de sangre,

 

de navajas relucientes

 

y     serenatas de pasión, celos

 

y salmos.

 

Ahora eres mi destino,

 

ahora vivo y comparto tu suerte. En tu lucha por ser libre participo totalmente.

 

Ahora me encuentro conmovido, ahora me regocijo

 

por todas tus victorias en la lucha. Tengo fe en tu juventud y en tu valor y mi propia fuerza se une a la tuya. Agazapado en nidos de ametralladora lucho por la victoria en las calles de Toledo

 

y en las afueras de Madrid.

 

Un trabajador con camisa de algodón,

 

 desgarrado por las balas, yace cerca de mí.

 

Su cálida sangre fluye sin cesar

 

por la gorra que cubre sus ojos. Es mi sangre la que siento hervir

 

por mis venas al reconocer, de pronto, en él al amigo

 

que una vez tuve en la fábrica donde paleábamos juntos el carbón, avivando el fuego de la caldera,

y donde descubrimos que no había barreras que frenasen nuestro anhelo juvenil y audaz.

 

¡Duerme, compañero, duerme en paz! Aunque ahora la bandera roja esté arriada, tu sangre pasará a la mía

 

y conmoverá a los pueblos del mundo.

 

La sangre que has dado, ya fluye

 

por aldeas, fábricas, ciudades y Estados.

 

Ella despierta, impulsa e inspira

 

a todos los trabajadores expresándoles que nunca se desanimen

para avanzar sin descanso, decididos a trabajar, a luchar y a derramar su sangre

 

para que los seres humanos sean libres.

 

Hoy tu sangre levanta barricadas, infunde coraje en nuestros corazones, y con alegría temeraria proclama: ¡Madrid es nuestro! ¡Madrid es nuestro!

 

¡El mundo es nuestro!

 

¡Todo el universo en expansión es nuestro!

 

 Bajo el cielo del sur,

 

duerme,

 

duerme y ten fe.

 

¡Ten fe en nosotros!

 

 

 

Fe

 

 

 

Heme aquí, respirando,

 

trabajando,

 

viviendo

 

y escribiendo un poema

 

(lo mejor que puedo).

 

La vida y yo

 

nos miramos con recelo mutuo mientras lucho con ella con todas mis fuerzas.

 

La vida y yo nos peleamos,

 

pero no creas

 

que la desprecio.

 

¡No, todo lo contrario!

 

Aunque ella me destruya

 

con sus brutales

 

garras de acero,

 

seguiría amándola.

 

¡Seguiría amándola!

 

Supongamos que enrollan

 

alrededor de mi cuello

 

una soga

 

y me preguntan:

 

“¿te gustaría vivir una hora más?”

 

Gritaría al instante:

 

¡Desatadme!

 

¡Desatadme!

 

¡Venga, desatad rápidamente

 

la soga, ¡por todos los demonios!

 

 

Por la vida sería capaz

 

de hacer cualquier cosa:

 

Volaría

 

en un prototipo de avión por el cielo, subiría a un cohete rugiente, explorando

 

solo,

 

en el espacio

 

los distantes

 

planetas.

 

Entonces sentiría

 

una gozosa emoción

 

contemplando

 

arriba

 

el cielo azul.

 

Entonces sentiría

 

una gozosa emoción

 

por estar vivo,

 

por seguir viviendo.

 

Pero mira, supongamos que me quitaras… ¿cuánto? un solo gramo de mi fe;

 

entonces, yo me enfurecería,

 

me enfurecería de dolor

 

como una pantera

 

traspasada hasta el corazón.

 

Porque de mí

 

¿qué quedaría?

 

Tras ese robo

 

 

me encontraría angustiado.

 

Hablando claramente

 

y más directamente:

 

Tras ese robo

 

Yo no sería nada.

 

Tal vez desearías

 

poder borrar

 

la fe que tengo

 

en un futuro feliz.

 

Fe

 

en un mañana

 

donde la vida será mejor, donde la vida será más sabia.

 

A ver, ¿cómo podrás quitármela?

 

¿Con balas?

 

¡No! ¡Eso es inútil!

 

¡Déjalo! ¡No vale la pena!

 

Mi fe posee una fuerte coraza en mi pecho robusto

 

y no hay balas capaces de

 

destruirla.

 

¡No las hay!

 

¡No las hay!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gorky

 

 

 

Trabajé en una fábrica

 

bajo el cielo nublado y sucio,

 

donde la vida nos golpeaba

 

con pezuñas de hierro

 

y teníamos el ceño fruncido

 

por el arduo trabajo.

 

¡Qué lucha,

 

abrir los ojos

 

a la Vida en esa gente,

 

romper

 

la costra de mentiras

 

que aplastaba

 

su existencia.

 

Trabajé en una fábrica

 

bajo un cielo

 

nublado y sucio

 

donde la vida nos golpeaba

 

y los días

 

-clavos oxidados-encadenaban nuestras almas.

 

Sin embargo, también recuerdo que, cada vez que leíamos

 

“En las profundidades”

 

o

 

“La Madre”,

 

el sol atravesaba

 

la mugre

 

del techo de la fábrica,

 

los ojos brillaban

 

y la gente

 

en callejones y barrios marginales limpiaba el óxido

 

de sus pensamientos

 

y era feliz,

 

era feliz…

 

Pero esta mañana

 

Llegó el estibador

 

Y me dijo:

 

“Vaptsarov,

 

El vapor se ha acabado”.

 

Me sobresalte y me quedé mirando.

 

Sin embargo, él se fue corriendo escaleras arriba muy enfadado.

 

Entonces entró el herrero

 

y acaloradamente gritó:

 

“¿Es verdad, amigo?”

 

“¿Es verdad

 

que el viejo ha muerto?”

 

Me quedé helado, y con odio totalmente injustificado, molesto, le dije:

“Maldición, te pido que seas más preciso. ¡Vienes aquí parloteando! Dime, ¿quién se ha muerto?” Me lo dijo y salí afuera

 

porque el aire de la sala de máquinas me impedía respirar. Adentro

 

no podía contener

 

mi tristeza.

 

La sala de máquinas

 

no podía dar respuesta

 

a mis sentimientos.

 

Oí al herrero hablando con alguien en voz baja:

 

“Hermano, ¡qué bien nos conocía Gorky a todos,

 

a mí, a ti y a los demás!

 

Nos reflejaba en sus libros.

 

Decía: “¡No te muevas!”

 

Luego leías,

 

y te frotabas los ojos

 

al reconocerte a ti mismo”.

 

“Ahora supongamos

 

que tienes un hijo

 

que está leyendo

 

o mejor dicho, descubriendo los libros.

 

No tienes dinero.

 

Supongamos

 

que no tienes dinero.

 

Te dicen: “Sí, el niño debe estudiar lo que su corazón le pida”.

 

Supongamos

 

que vuelves a casa

 

con el corazón lleno de dolor y el alma doliente,

 

y descargas toda tu rabia sobre la esposa.

 

Ella levantará la cabeza

 

y desde debajo de sus cejas mirará hacia arriba preguntando:

 

“¿Así que no tienes dinero suficiente para el pan?”

 

El otro hombre escuchaba

 

cautivado

 

 porque todo

 

ahora le parecía tan claro

 

como si la vida

 

hubiera abierto de par en par sus puertas,

 

como si en su pecho

 

un duro montón de nieve

 

se hubiera derretido.

 

Y     murmuró, apenas murmuró audiblemente:

 

“¡Eso es lo que yo llamo un hombre de verdad”!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Historia

 

 

 

Historia, ¿nos mencionarás en tu descolorido pergamino? Trabajamos en fábricas, oficinas… Nuestros nombres no son conocidos. Trabajamos en el campo, olemos fuerte a cebolla y pan agrio.

 

A través de espesos bigotes, enojados, maldecimos la vida que arrastramos.

 

¿Estarás al menos agradecida

 

por haber engordado con novedades, y saciado tu sed tan ricamente

con la sangre de multitudes masacradas?

 

No centrarás el enfoque

 

para ver el meollo de la vida

 

y nadie se acordará

 

del simple drama humano.

 

Los poetas, los panfletos,

 

las tasas de progreso

 

servirán de entretenimiento.

 

Pero nuestro sufrimiento no escrito vagará solo por el espacio.

 

Vidas no merecedoras de mención, que no vale la pena desenterrar,

porque sacadas de la sepultura apestan a veneno que produce un amargo sabor en las copas.

 

Nacimos junto a los setos,

 

al abrigo de espinas ocultas.

 

 

Nuestras madres yacían sudando,

 

con los labios resecos apretados con fuerza.

 

Morimos como moscas en otoño. Las mujeres lloraron a los muertos convirtiendo su lamento en canto, pero sólo la hierba silvestre escuchó.

 

Nosotros, los que sobrevivimos a nuestros hermanos sudamos por todos los poros,

 

aceptando cualquier trabajo que se nos ofrezca, trabajando como bueyes.

 

En casa nuestros padres nos enseñaron:

 

“Así será siempre”.

 

Pero fruncimos el ceño y escupimos sobre su filosofía de ignorantes.

 

Le dimos una patada a la mesa, salimos corriendo y afuera,

 

al aire libre, sentimos la agitación de algo brillante y hermoso. ¡Con cuánta ansiedad espersmos

 

en cafés poco conocidos,

 

acostándonos a altas horas de la noche,

 

los últimos comunicados…!

 

¡Cómo nos tranquiliza la esperanza!...

 

Pero los cielos plomizos aplastan cada vez más, y el viento abrasador silba con saña… ¡Hasta que no pudimos aguantar más!

 

Sin embargo, en tus interminables volúmenes, debajo de cada letra y renglón nuestro dolor está prohibido,

 

así como los gritos amargos lanzados por la vida que sin piedad, con una patada brutal,

 

golpea nuestros rostros hambrientos.

 

Por eso nuestra lengua está en carne viva.

 

Por eso los poemas que escribo

 

en horas que le robo al sueño

 

no tienen la gracia del perfume,

 

sino un latido breve y ceñudo

 

por las dificultades y sufrimientos.

 

No buscamos recompensas, ni queremos nuestras fotos en el calendario de los años. Pero cuenta tú nuestra historia de manera sencilla

 

a aquellos que no veremos:

 

Diles a quienes nos reemplazarán que luchamos valientemente.

 

 

La canción del Hombre

 

 

 

Discutíamos

 

una dama y yo

 

sobre el tema

 

“El hombre de nuestro tiempo”.

 

La señora,

 

una dama irritable y excitada, dando golpes con impaciencia, hablaba

 

abrumándome con torrentes

 

de confusas quejas

 

y una granizada de ataques verbales. “Un momento”, le dije, “¡un momento!”, Mire aquí”…

 

Pero ella me interrumpió, ofendida:

 

“Te lo ruego, deja de hablar.

 

“Te digo que odio al hombre.

 

“No merece tu defensa.

 

“Leí que un tipo

 

empleó un hacha

 

contra su propio hermano

 

y lo asesinó;

 

luego se lavó,

 

asistió al servicio en la iglesia

 

y después comentó que se sentía mejor”.

 

Me estremecí de horror, me sentía débil.

 

Y como no soy muy fuerte

 

en la argumentación de mis pensamientos, dije en voz baja

 

como haría un hombre honrado:

 

“Pongamos como ejemplo otra historia. El caso tuvo lugar en un pueblo, Mogila. Un padre había escondido algún dinero.

 

El hijo se enteró,

 

lo tomó por la fuerza

 

y luego se deshizo de su padre. Sin embargo, un mes después (¿o fue una semana?),

 

Las autoridades le detuvieron.

 

El tribunal

 

que no trabaja para dar placer a los hombres, condenó al culpable a pena de muerte. Conducido como corresponde el villano a la cárcel,

 

le dieron un número y un plato, pero he aquí que, en la cárcel, se encontró con gente honesta,

 

y aquel hombre

 

se transformó

 

en un hombre de verdad.

 

Ignoro

 

la levadura que le movió.

 

No sé por qué lo hizo.

 

Pero una canción

 

mucho más clara que el lenguaje le abrió los ojos a su destino. Y luego exclamaba:

 

“Oh Dios mío, como me hundí. Y ahora estoy aquí esperando el momento de balancearme. Cuando padeces hambre

 

y vives mareado

 

por las dificultades,

 

basta con dar un paso en falso para hundirte.

 

Esperas como un toro el matadero, giras, y ante tus ojos ves ¡el cuchillo!”

 

¡Qué injusto,

 

qué injusto

 

es el orden mundial!

 

¡Si hubiéramos tenido una vida mejor…!”

 

Entonó su canción, suavemente,

 

lentamente,

 

mientras frente a él

 

la vida emergía como una visión maravillosa… Cantó

 

hasta quedarse dormido

 

con una sonrisa…

 

Afuera, en el pasillo

 

se oyen voces en voz baja.

 

Después un momento de silencio.

 

Luego alguien abre cautelosamente la puerta.

 

Algunas personas. Tras ellas un guardia.

 

Uno habló

 

con voz rutinaria y temible gritando: “¡Tú, levántate!” Los demás miraban con expresión vacía

 

examinando las paredes grises que goteaban. El hombre, en la cama

 

comprendió que en ese momento la vida había terminado para él.

 

 

 

 

De inmediato

 

se levantó, se limpió el sudor de la frente, giró la vista

 

como un buey salvaje que mira fijamente.

 

Pero poco a poco

 

entendió

 

que su miedo no le servía de nada, iba a morir

y un extraño resplandor

 

iluminó su alma.

 

“¿Nos vamos ya?”, preguntó.

 

“De acuerdo”.

 

Se puso en marcha

 

y ellos le siguieron

 

sintiendo

 

un escalofrío raro

 

y ominoso.

 

El soldado pensaba;

 

“¡Acabemos de una vez!

 

Ahora estás en un aprieto, amigo”.

 

Afuera, en el pasillo

 

se hablaba en voz baja.

 

Los rincones estaban ocultos por las sombras.

 

Por fin llegaron al patio.

 

Arriba,

 

en el cielo brillaba el alba.

 

El hombre contempló el amanecer

 

donde una estrella brillante se reflejaba,

 

y se puso a considerar

 

profundamente su

 

lamentable,

 

feroz

 

 

 

 

 

y aciaga

 

suerte humana.

 

“Mi destino está decidido,

 

colgaré de una soga,

 

pero eso no será el final,

 

porque ha de llegar una vida más justa que la canción,

 

y más hermosa que un día de primavera…”

 

Recordó la canción,

 

un pensamiento pasó por su mente,

 

en sus ojos se encendió una pequeña llama, esbozó una amplia sonrisa llena de vida y calidez,

 

enderezó los hombros y comenzó a cantar.

 

¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Quizás piensas que hemos expuesto un caso complejo de histeria?

 

Puedes pensar lo que quieras sobre el asunto.

 

El hombre, con calma,

 

frase tras frase,

 

entonaba la canción tan firmemente que lo miraban con extrañeza sin comprender,

 

observándolo con miedo y alarma.

 

Incluso la cárcel temblaba de terror.

 

La oscuridad, igualmente, entró en pánico y huyó.

 

Las estrellas, sonriendo felizmente, gritaban alegremente.

 

“¡Bravo, joven!”

 

 

A partir de aquí la historia es clara: La cuerda hábilmente

 

cayó sobre los hombros, luego la muerte.

 

Pero todavía en sus labios

 

contorsionados

 

y lívidos

 

las palabras de la canción se apretaron.

 

Ahora ya hemos llegado al final.

 

¿Cuál es su opinión?

 

La dama

 

había empezado a sollozar.

 

Aquella pobre mujer,

 

como si hubiese caído en trance, comenzó a gritar:

 

“¡Qué horrible, ¡Qué horrible”!

 

¡Cuentas esta historia

 

como si hubieras estado allí presente!...”

 

¿Qué tiene ello de horrible?

 

Aquel hombre cantó una canción… Y eso es algo hermoso, ¿no?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-45-

 

La fábrica

 

 

 

Una fábrica. Arriba nubes de humo.

 

La gente, sencilla.

 

La vida, dura y aburrida

 

-una vida sin mascaras ni maquillajes-como un perro salvaje y gruñón.

 

 

 

Hay que luchar sin descanso,

 

hay que ser duro y aguantar

 

para extraer de los dientes

 

de la bestia

 

furiosa

 

y erizada,

 

un mendrugo.

 

Golpetean las correas en el cobertizo, chirrían los ejes en lo alto y el aire está tan viciado

 

que no se puede fácilmente,

 

profundamente,

 

respirar.

 

No muy lejos de la brisa primaveral

 

que mece los campos, el sol apetece

 

y los árboles se inclinan hacia el cielo,

 

se halla la sombra

 

de los muros de la fábrica.

 

¡Qué indeseados,

 

olvidados

 

y extraños

 

están en ella los campos!

 

 

Los obreros han tirado a la basura el cielo y sus sueños,

 

porque desviarse un segundo o ablandar el corazón, es perder en vano

 

la fuerza

 

del brazo trabajador.

 

Hay que gritar entre el estrépito y el estruendo de las máquinas para que las palabras atraviesen

 

los espacios intermedios.

 

Grité durante años:

 

una eternidad…

 

hasta que el grito

 

se hizo común a todos.

 

La fábrica,

 

la maquinaria

 

y el hombre

 

en el rincón más lejano,

 

y oscuro.

 

Aquel grito forjó una aleación de acero

 

y blindamos nuestras vidas con su escudo.

 

Si uno solo intenta poner

 

palos en la rueda,

 

su propia mano es la que se fractura.

 

Tú, fábrica,

 

aunque tratas de cegarnos

 

con el humo y el hollín

 

capa a capa,

 

¡es inútil!

 

Porque eres tú quien nos enseña a luchar.

 

Traeremos

 

el sol

 

hasta aquí abajo.

 

Los numerosos rostros ennegrecidos por el trabajo bajo tu tiranía, resplandecerán con un corazón

 

incansable,

 

latiendo sin cesar con mil corazones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lori

 

 

 

“Lori, ¿estás dormida?

 

Lori, ¿me escuchas?”

 

“Calla, agacha la cabeza. Puede ser

 

que estén a un paso. Aquí no se puede hablar”

 

“Lori, ¡pero era un sueño tan hermoso!”...

 

“¿Cómo empezó?... Déjame recordar… Oh, sí…

 

La guerra había terminado… éramos libres y dueños de los talleres y su contenido, ¿entiendes, Lori?

 

Yo estaba en el trabajo. La misma planta de antaño, las mismas máquinas que siempre conocí,

 

pero todas relucientes como oro puro y llenas de un nuevo vigor.

 

Tú estabas en la planta, Lori, eras la supervisora, y dijiste: “¡Quiero trescientos pernos hoy!” “Bueno, como tú digas, Lori, de acuerdo”.

 

Y ambos estábamos felices y alegres.

 

¡Afuera los cielos eran tan brillantes!...

 

¡El aire tan puro!, ¡el cielo tan azul!

 

¡Y la respiración tan liviana, tan liviana!

 

Ni siquiera podía creerlo…”

 

Lori me miró a los ojos

 

(qué ilusión infantil expresaban)

 

y, sonriendo, dijo con falso asombro:

 

“¡Eres un soñador, Fernández!” Las estrellas se apagaron en el Este.

 

 

 

 

La noche

 

se retiró en desorden.

 

“¡Llamada de alerta, a la lucha!”

 

Entonces comenzó el ataque…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primavera

 

 

 

¡Primavera, blanca Primavera todavía no vivida, aún sin celebrar! Aunque ahora sólo eres un sueño rozando los álamos

 

no me importa permanecer aquí.

 

¡Primavera, blanca Primavera!

 

Traerás tormentas, ya lo sé,

 

lluvias y huracanes también

 

para instaurar miles de esperanzas

 

y lavar sangrientas heridas.

 

¡Cómo cantará la alondra

 

a medida que se eleve por encima de nosotros trayendo la alegría a nuestros trabajos y la hermandad a todos los hombres!

 

Primavera mía, blanca Primavera, ¡Déjame ver tu primer vuelo, despierta a los cuadros muertos, permíteme ver tu Sol y luego

 

morir en tus barricadas!

 

 

 

 

 

 

Recuerdo

 

 

 

Yo tenía un compañero, incluso un buen compañero, que… tenía problemas de tos.

 

Fogonero de oficio, transportaba carbón en un saco y arrojaba las cenizas

 

en el turno nocturno durante doce horas seguidas.

 

Recuerdo los ojos

 

de mi compañero,

 

cómo bebían sedientos

 

cada rayo de sol

 

que por casualidad

 

atravesaba la suciedad

 

y llegaba hasta nuestra jaula.

 

¡Qué rápido fue el nacimiento de su sed febril por la Primavera!,

 

cuando afuera

 

murmuran las hojas

 

y bandadas de pájaros

 

cruzan el cielo.

 

Yo podía percibir

 

la súplica en sus ojos

 

y el sufrimiento,

 

un doloroso sufrimiento.

 

Qué sencilla era la petición que deseaban.

 

 

-Primavera, una nueva Primavera…

 

La Primavera llegó

 

con su belleza,

 

con su sol,

 

con el aire cálido

 

y las rosas.

 

El cielo despejado

 

nos traía un olor de violetas.

 

Mas entre nosotros reinaba la oscuridad

 

opresiva,

 

prosaica y pesada.

 

Y de pronto

 

nuestra vida se alteró.

 

La caldera daba problemas, retumbando sospechosamente hasta que se detuvo.

 

Ignoro la causa

 

pero quizá fue

 

porque mi compañero murió.

 

Tal vez me equivoque.

 

Tal vez la caldera hambrienta deseaba que las manos conocidas siguieran arrojando carbón al fuego.

 

Puede que fuera eso.

 

No lo sé.

 

Pero me pareció que ella, con su ruido y jadeo preguntaba lastimeramente:

 

¿A dónde se fue el otro muchacho?

 

 

Él, -el otro muchacho- murió.

 

Pero mira, la Primavera está afuera. A lo lejos, los pájaros surcan el cielo aunque no los volverá a ver.

 

Yo tenía un compañero así… Un buen amigo también… pero con problemas de tos. Fogonero de profesión, transportaba carbón en un saco y arrojaba las cenizas

 

en el turno de noche durante doce horas.

 

 

 

 

 

La lucha es dura

 

 

 

La lucha es dura y despiadada.

 

La lucha es épica, así se dice.

 

He caído. Otro ocupará mi puesto.

 

¿Es preciso destacar un nombre?

 

Tras el pelotón de fusilamiento, los gusanos.

 

Así es por simple lógica.

 

Pero cuando llegue la tormenta estaré contigo, ¡pueblo mío al que tanto amo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

       Cuaderno de poesía crítica nº. 152: Nikola  Vaptsarov

       Colección de poesía social

       “Entre los poetas míos…”

       Títulos publicados

1     Ángela Figuera Aymeric 41     Fayad Jamis

2     León Felipe 42     Luis Cernuda

3     Pablo Neruda       43     Elvio Romero

4     Bertolt Brecht       44     Agostinho Neto

5     Gloria Fuertes      45     Dunya Mikhail

6     Blas de Otero       46     David González

7     Mario Benedetti   47     Jesús Munárriz

8     Erich Fried  48     Álvaro Yunque

9     Gabriel Celaya     49     Elías Letelier

10   Adrienne Rich      50     María Ángeles Maeso

11   Miguel Hernández 51     Pedro Mir

12   Retirado      52     Jorge Debravo

13   Allen Ginsberg     53     Roberto Sosa

14   Antonio Orihuela  54     Mahmud Darwish

15   Isabel Pérez Montalbán  55     Gioconda Belli

16   Jorge Riechmann  56     Yevgueni Yevtushenko

17   Ernesto Cardenal  57     Otto René Castillo

18   Eduardo Galeano  58     Kenneth Rexroth

19   Marcos Ana 59     Vladimir Maiakovski

20   Nazim Hikmet      60     María Beneyto

21   Rafael Alberti       61     José Agustín Goytisolo

22   Nicolás Guillén     62     Ángel González

23   Jesús López Pacheco      63     Manuel del Cabral

24   Retirado      64     Endre Farkas

25   Denise Levertov   65     Anna Ajmatova

26   Salustiano Martín 66     Andrés Bellón

27   César Vallejo        67     José Portogalo

28   Óscar Alfaro        68     Julio Fausto Aguilera

29   Abdellatif Laâbi   69     Aimé Cesaire

30   Elena Cabrejas     70     Carmen Soler

31   Enrique Falcón     71     Fernando Beltrán

32   Raúl González Tuñón    72     Gabriel Impaglione

33   Eberto Padilla       73     Roberto Fernández Retamar

34   Wole Soyinka       74     Affonso Romano

35   Fadwa Tuqan       75     Wislawa Szymborska

36   Juan Gelman        76     Francisco Cenamor

37   Manuel Scorza     77     Langston Hughes

38   David Eloy Rodríguez    78     Francisco Urondo

39   Lawence Ferlinghetti     79     Carl Sandburg

40   Francisca Aguirre 80     Silvia Cuevas

                          (Continúa)

 

Colección de poesía social (continuación)

 

“Entre los poetas míos…”

 

81   Victoriano Crémer 121   José Leonel Rugama

82   Nicanor Parra       122   Félix Sánchez Durán

83   Ledo Ivo     123   David Franco Monthiel

84   Amiri Baraka       124   Samih Al-Qâsim

85   Muriel Rukeyser   125   Marge Piercy

86   Jorge Etcheverry  126   Javier Heraud

87   Akñu Agmad “Adonis”  127   J. Mª. Gómez Valero

88   Víctor Valera “El Chino”         128    Philip Levine

89   Attila József 129   Iván Rafael

90   Daisy Zamora       130   Cristina Peri Rossi

91   Eugenio de Nora   131   Arturo Serrano Plaja

92   Mario Jorge de Lellis      132   Chicho Sánchez Ferlosio

93   Floridor Pérez       133   José Icaria

94   Yannis Ritsos       134   Carlos López Dzur

95   Rosario Castellanos       135   Begoña Abad de la Parte

96   Agustín Millares   136   Eladio Méndez

97   Jesús Lizcano       137   José Revueltas

98   Amílcar Cabral     138   José Antonio Labordeta

99   Charles Reznikoff 139   Mao Tse-tung

100 Antonio Machado 140   Norma Segades - Manias

101 Matilde Alba Swan        141   Humberto C. Constantini

102 Juan T. Ávila Laurel       142   Alberto Ghiraldo

103 Ferreira Gullar      143   Enrique González Rojo

104 Andrés Eloy Blanco       144   Roy Brown

105 Bertalicia Peralta  145   Elvira Hernández

106 Jorge Barco 146   León Peredo

107 Angelina Gatell    147   Rafael Calero Palma

108 Pier Paolo Pasolini         148   Silvia Delgado

109 Conrado Santamaría       149   Paul Dakeyo

110 Diana Morán        150   Federico García Lorca

111 Uberto Stabile      151   Alaíde Foppa

112 César Cantoni       152   Vaptsarov, Nikola

113 Youssef Saadi      153   Daudet, Elvira

114 Alejandro Ippolito 154   Aresti, Gabriel

115 Patricia Vergara Sánchez 155  

116 Pedro Lezcano

117 Eduard Ivau Renaud

118 Roberto Santoro

 

119 Ho Chi Minh

120 Margaret Randall

 

 

 

 

 

 

 

 

-57-

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 152: Nikola  Vaptsarov

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno 152 de Poesía Crítica

 

Nikola Vaptsarov

 

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