Libro N° 12915. Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 152: Entre Los Míos. Vaptsarov, Nikola.
© Libro N° 12915. Cuaderno De Poesía Crítica
Nº. 152: Entre Los Míos. Vaptsarov, Nikola. Emancipación.
Agosto 31 de 2024
Título original: ©
Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 152: Entre Los Míos. Nikola Vaptsarov
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Original: © Cuaderno De
Poesía Crítica Nº. 152: Entre Los Míos. Nikola
Vaptsarov
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reedición y Colección Biblioteca
Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
Cuaderno De Poesía Crítica
Nº. 152: Entre Los Míos
Nikola Vaptsarov
Cuaderno
De Poesía Crítica
Nº. 152: Entre
Los Míos
Nikola Vaptsarov
C ON el título genérico “Entre
los poetas míos” venimos pu-blicando, en el mundo virtual, una colección de
cuadernos monográficos con los que deseamos contribuir a la divulga-ción de una
poesía crítica que, con diversas denominaciones
(“poesía social”, “poesía
comprometida”, “poesía de la concien-cia”…) se caracteriza por centrar su
temática en los seres humanos, bien sea para ensalzar sus valores genéricos, o
bien para denunciar los atropellos, injusticias y abusos cometidos por quienes
detentan el Poder en cualquiera de sus formas.
Poesía ésta que no se evade de la
realidad, sino que incide en ella con intención transformadora. Se entiende por
ello que tal produc-ción y sus autores hayan sido frecuentemente acallados,
despresti-giados, censurados e incluso perseguidos por dichos poderes
domi-nantes.
Se trata, en fin, de una poesía
no neutral, teñida por el compromiso ético de sus autores.
Los textos aquí incorporados
proceden de muy diversas fuentes. Unos de nuestra biblioteca personal, otros de
Internet.
La edición digitalizada de estos
cuadernos poéticos carece de toda finalidad económica. No obstante, si alguien
se considera perjudi-cado en sus legítimos derechos de propiedad intelectual,
rogamos nos lo haga saber para que retiremos los textos cuestionados.
Biblioteca Libre
OMEGALFA
2024
Ω
- 2 -
Cuaderno de poesía crítica nº.
152: Nikola Vaptsarov
SUMARIO
Apunte biográfico
Botev
Carta+
Cinema+
Crónica de un país
Construiremos
Despedida
Duelo
Un sueño
España
Fe
Gorky
Historia
La canción del hombre
La fábrica
Lori
Primavera
Recuerdo
La lucha es dura
Cuaderno de poesía crítica nº.
152: Nikola Vaptsarov
Entre los poetas míos…
Nikola Vaptsarov
(1909 – 1942)
Poeta búlgaro, hijo de un
revolucionario macedonio, se educó en el Colegio de la Marina de Varna. Desde
muy joven comenzó a escribir; quiso estudiar literatura en la Universidad, pero
no le fue posible.
La mayor parte de su vida activa
trabajó como técnico especia-lizado en motores, primero como marinero, lo que
le permitió visitar diversos puntos de Europa; luego como fogonero en una
fábrica de papel, donde fue elegido presidente de una Asocia-ción de Defensa de
los Trabajadores.
En su tiempo libre escribía
poemas y organizaba obras de tea-tro amateur.
En 1936 se desplazó a Sofía,
donde trabajó para el Servicio es-tatal de ferrocarriles.
La obra poética de Vaptsarov es
escasa. Se reduce práctica-mente a un solo poemario: Canciones del Motor.
Algunos trabajos literarios suyos
se publicaron en los periódi-cos. Uno de sus poemas, E “Romantika”, le valió el
premio en un concurso de poesía.
Desde joven participó en las
luchas obreras a la vez que iba ad-quiriendo una sólida formación intelectual
marxista.
Por sus actividades ilegales fue
arrestado e internado, obte-niendo la libertad en septiembre de 1940. Tras su
liberación volvió a involucrarse en la lucha clandestina, ingresando en el
Comité Central del Partido Comunista de Bulgaria.
Entre sus tareas estaba la de
organizar el suministro de armas y documentos a los miembros de la resistencia
antifascista. Detenido en marzo de 1942, fue sometido a duras torturas, y unos
meses después juzgado, condenado y fusilado en una misma noche junto con otros
11 hombres.
Su obra poética fue brotando
entre calderas de vapor, acti-vismo militante y horas quitadas al sueño.
En ella se refleja la vida y
sacrificios de la clase obrera, así como la esperanza en un futuro más luminoso
para los seres humanos.
Vaptsarov perteneció a la
generación de entreguerras, en un tiempo donde los ideales del socialismo y de
la transforma-ción revolucionaria habían cautivado la esperanza de las ma-sas
trabajadores y la imaginación de la intelectualidad sensi-ble y humanista.
El día 23 de julio de 1942
Vapsarov cayó víctima de las balas de un pelotón de fusilamiento junto con
otros 11 compañeros. Tenía 33 años de edad.
Botev
Un trabajador,
sin aliento y sudoroso,
vino a verme
y dijo:
“Escribe un poema sobre Botev.”
“¿Un poema sobre Botev?”
Me senté.
“Bien,
vuelve alrededor de las siete
el sábado por la noche.”
Aunque el sábado ha pasado, yo
persisto tristemente y suspirando.
Los techos retumban mientras los
motores luchan contra la humedad de la primavera y la niebla.
Mi mente está en blanco,
mi cerebro solo repite
el mismo viejo discurso.
Mi corazón late preocupado.
Dejo la pluma,
desecho el papel,
suspiro profundamente
y finalmente
digo: “No puedo.”
Me desvisto,
Me acuesto en el lecho,
me quedo dormido.
Pero he aquí que viene
el trabajador con rostro adusto y
pregunta:
-“¿Has escrito el poema sobre
Botev?” -“¿El poema sobre Botev?
Escucha un poco...
“Las estrellas brillan
en el cielo barrido por la luna,
y a través de barrancos rocosos los lobos grises merodean,
con ojos que brillan en la
oscuridad...”
El trabajador parece confundido y
pregunta:
“¿Ese es Botev?...
Debías hablar sobre los segadores
desafiando al sol,
sobre el trabajo opresor,
sobre la sangre que fluye
hasta ennegrecer la tierra,
sobre los esclavos que cantan
para aliviar su dolor canciones lentas que el viento lleva sobre la llanura.
¿Se vería Botev en un barranco
rocoso?
Ni siquiera las bestias salvajes
van hoy por allí.
¿No lo ves?
Botev enciende
la luz en nuestros ojos.
Sí, Botev está aquí, con la
gente.
Si tropiezas, te dice:
¡Levántate y recoge la bandera!
Aquí te doy la mano
para ayudarte a ponerte en pie,
y a marchar unidos valientemente,
hombro con hombro”.
¡Ese es realmente Botev! Pero tú
has empleado mucha basura vieja. Elimínala. ¡Mira la vida! ¡Muévete! Y entonces
lo entenderás.
¡Ahí tienes el poema”!
Carta
Dirección:
Señora Francisca Lahore
HUESCA
Madre,
¡Fernández ha muerto!
Fernández
está muerto y enterrado,
Fernández
ya no vive.
Fernández
yace en los campos
a las afueras
de Madrid.
Era un hombre bueno, dime…
¿Por qué cortaron su vida tan
pronto? Aunque mi Fernández haya muerto, aún hay otros que saldrán a pelear.
Madre, solamente a ti
puedo expresar mi dolor.
Ya sabes lo que es la guerra
y cuántas lágrimas provoca.
Busco señales de simpatía
en los ojos de otras mujeres,
pero también allí encuentro un
amargo dolor y lágrimas frescas derramándose… tal vez por un hermano muerto,
por un ser querido caído en acto
de servicio,
quizás un pedazo de metralla al
explotar desgarró su belleza juvenil.
Tal vez, como yo, esperan en
vano, aguardan alguna noticia,
pero la tierra húmeda ya los
acoge en fuerte abrazo…
Madre, no deberías reprocharle
que se fuera a pelear. Ahora pienso, incluso, que
estábamos obrando mal,
Fernández
tenía razón.
Sólo él de entre nosotros
percibió la única verdad de la vida:
Que es mejor la muerte de un
hombre que la vida de las bestias.
Teníamos pan. Un solo pan era
suficiente para dos. Pero para el hijo que nacerá, Madre, ¿sería suficiente?
Y todavía hay otra cosa, en parte
difícil de entender.
Van unidos a luchar ¿Por qué?
¿Es el pan su único vínculo?
Hoy hubo un funeral
para los que quedaron atrapados
en un refugio. Lo vi todo con mis propios ojos,
pero no encuentro palabras para
contárselo.
¡Qué extraño espectáculo contemplé, Qué
curioso fue,
porque sobre las personas allí
enterradas resplandecía un fulgor maravilloso.
Los vi sólo por un instante
entre las tablas del ataúd,
a través de las tablas del ataúd
los vi extendiendo sus manos.
En la muerte se funden, yacen
como un solo hombre y las llamas de la muerte feliz arden brillantemente en sus
ojos…
De repente lo entendí:
Él tenía que ir a la guerra.
Fernández murió en la batalla.
No lo veré más.
Madre, ¡Fernández ha fallecido!
Madre, Fernándes se ha ido,
Fernández está muerto y
enterrado.
Llora, murió tan joven…
Pero al viejo no le digas nada.
El dolor sería su perdición.
Escóndete en algún lugar, llora
suavemente y no le digas nada de nada.
Si de alguna manera se da cuenta,
si de alguna manera lo sospecha, dile que nosotros seguimos bien
y que un bebé está en camino.
Puedes decirle: Dolores
ahora está aprendiendo cuentos de
hadas. Ella y Fernández han escrito preguntando ¿Prefieres un niño o una niña?
Seguir escribiéndote, querida
madre,
Sólo me causaría más dolor.
Saludos de tu amada hija,
Dolores María Goya.
Cinema
Hay una multitud a las puertas,
donde los carteles iluminados ostentosamente anuncian:
“Un drama humano”.
Hay una multitud en las puertas y
la moneda de níquel se moja de sudor
bajo la presión
de la palma de mi mano.
En la blanca pantalla cuadrada,
en la sala oscura el león de la Metro
bosteza somnoliento.
De repente, un camino,
surge un bosque
y en lo alto, el cielo azul
extenso y claro.
Aparecen en una curva
dos elegantes limusinas.
Chocan.
Y entonces vemos a nuestro héroe
y heroína.
Rápidamente el caballero
baja de su coche
y recoge a la mujer
entre sus fuertes brazos de
acero.
Poco a poco se abren
unos ojos abrasadores,
se agitan sus pestañas
mirando hacia arriba.
¡Oh, qué hermosa
yegua de pura sangre!
Los ruiseñores, claro está,
trinan en los árboles
donde el azul pacífico
se filtra a través de las hojas y
más allá,
la suave pradera verde
apetece.
Lujuriosamente sudoroso
John besa a Greta.
Labios lascivos
empiezan a babear…
¡BASTA!
¿Dónde está aquí nuestro destino?
¿Dónde está el drama?
¿Dónde estoy yo? ¡Dime!
En este tiempo explosivo
que presiona como una pistola
contra nuestra espalda…
En nuestro amor,
en nuestro dolor
¿Cómo podemos ser tan ingenuos
con el pecho lleno de humo
y nuestros pulmones enfermos?
¿Acaso nos podemos subir
con aquellos a los que amamos en una elegante
limusina?
Nuestro amor surge
en el trabajo,
en medio del humo,
en medio del hollín
y las máquinas.
Luego viene la vida gris,
la lucha por el pan,
los vagorosos sueños…
Todas las noches en la cama
estrecha y barata nos vamos debilitando poco a poco hasta morir
imperceptiblemente
Así es.
¡Este es el verdadero drama! Todo
lo demás… ¡Mentira!
Crónica de un país
Alguien en la radio
debate acaloradamente.
¿Con quién?
No lo sé,
Quizás con la gente.
Pero dejen hablar a ese hombre,
¿Acaso no cobra por ello?
"El poder del Estado
y la autoridad estatal
están adecuadamente preparados
para proteger vuestros intereses. ¡Desechad vuestras consignas! ¡Soltad
vuestras pancartas!
La gente está satisfecha,
harta
y feliz".
Un hombre en la cafetería
escupe con disgusto,
pisotea la saliva firmemente
en el polvo,
mira alrededor, y dice con gesto
prudente:
"Creen que pueden
engañarnos,
¡hijos de puta!
Pero ¿no ha escrito Dios
en las Santas Escrituras que
“La voz del pueblo es la palabra
de Dios?
"¡Tienes razón!"
añade un joven hambriento y tembloroso.
"¿No fue esa la mentira
que nos dijeron entonces
en mil novecientos
quince?
"Pero hoy,
si nos piden que vayamos a morir,
si nos obligan a enfrentarnos al fuego de las balas,
incluso los tontos estarán de
acuerdo en que ya es hora
de hacer oír nuestra voz”
"Y voy a dar mi opinión:
Puesto que nuestro pan
es más duro que nuestros dolores
y la botella de aceite permanece vacía,
sólo debemos tener una consigna:
¡Abajo el terror!
¡Alianza con la URSS!"
Construiremos
Construiremos una fábrica, una
enorme fábrica con paredes de hormigón y acero. Hombres y mujeres,
nosotros, el pueblo,
construiremos una factoría
para la vida.
Nuestros hijos mueren
en el hedor venenoso
de cuchitriles sin sol,
asfixiantes.
El mundo es una prisión.
Hombres, mujeres,
Pueblo,
¡Ni un paso atrás!
Construiremos una fábrica
para la vida.
Nuestros hijos mueren
en el hedor sofocante,
con ojos que buscan el sol.
Pero nosotros, con cobardía
desalmada, nos encogemos
y no decimos nada, nada infame.
Hemos suspendido los conductos por los cuales fluye sumisamente -sí, nuestra
propia sangre fluye-alimentando la vida.
Pero la vida nos arrastra y nos
lleva
mientras la contemplamos
estúpidos e indiferentes.
Hemos horadado la roca con
nuestras uñas, hemos abierto túneles a través del granito, Hemos rodeado la
tierra con rieles de acero, en sus entrañas no queda nada oculto.
Las antenas adornan el cielo, en
la altura
se yerguen las cimas de los
rascacielos sobre la niebla.
Y en el espacio, aún más arriba,
rugen los pájaros de acero.
Compañeros, hablemos claro:
Yo no culpo con hierro candente
al progreso. Soy muy consciente
de que no es el progreso lo que
nos asfixia y no lo vamos a destruir.
Vamos a construir una factoría,
una enorme factoría
con paredes de hormigón y acero.
Hombres y mujeres,
nosotros, el Pueblo,
construiremos una fábrica
¡para la vida!
Despedida *
A mi esposa:
A veces vendré cuando estés
dormida, en inesperada visita.
¡No me dejes afuera en la calle!
¡Deja la puerta sin cerrar!
Entraré en silencio, me sentaré
junto a ti, sin ruido
y te contemplaré en la oscuridad.
Luego, cuando mis ojos se hayan
saciado, te besaré y me marcharé.
* Poema
garabateado en un papel momentos antes de ser fusilado.
Duelo
Hemos llegado al contacto
directo,
Tú y yo hemos trabado nuestras
manos.
De mi corazón gotea sangre,
y tú te debilitas. ¿Entonces,
qué? Uno de los dos será derrotado, uno será vencido
y eres tú la elegida.
¿Dudas? ¿No sientes miedo?
He planeado cada movimiento a
realizar. Estoy poniendo mi corazón en la lucha, y tú, Vida degenerada y
envenenada, serás vencida,
No es de ahora nuestra lucha,
¿verdad? Nuestro duelo empezó hace mucho, un duelo que con pasión hemos librado
durante mucho tiempo.
Durante mucho tiempo hemos
entrelazado nuestros brazos y muñecas. Nunca olvidaré
tu puño brutal.
En la mina explotó el gas.
Las capas de carbón
enterraron
a quince hombres debajo.
Enterraron
quince
cuerpos
humanos.
Uno de ellos
era
yo.
Junto a la puerta de un tugurio
yace
una pistola
humeante.
A la vez, un cadáver se enfría
lentamente, sin gritos,
sin estruendo,
por una bala.
Después… tierra para la basura.
Es así de fácil...
Sin lucha,
sin pasión por la vida
y sin complicaciones.
¿No sabes
quién fue?
Fui
yo.
En el pavimento lavado por la
lluvia, la víctima yace
muerta a tiros en una emboscada.
El cielo ha sido minado
y se estrellará
en la plaza.
Pero el hombre
que yace allí
en el charco de sangre
es mi hermano.
Hay un fuego
de odio y amor
es su mirada vidriosa.
El villano,
el despreciable
pistolero
desapareció instantáneamente de
la vista.
¿Recuerdas al bribón?
Fui
yo.
¿Recuerdas al niño que murió en
las barricadas de París? ¿Un niño
que murió en la batalla
sangrienta
al retroceder?
La sangre caliente de sus venas
se volvió lentamente fría como el acero,
y luego sus labios se abrieron en
una sonrisa fugaz.
Mientras sus labios se volvían
azules, sus ojos
ardían aún con fervor,
como si sus ojos estuvieran
cantando:
"¡Libertad querida!"
El niño
yacía allí
muerto
en el frío abrazo de la muerte.
¿Sabes
quién fue?
Fui
yo.
¿Recuerdas
un motor
perforando
con alegría
optimista
la niebla
donde ni siquiera los pájaros
se atreven
a descender
a través del aire cargado de
humo?
Un motor con alas
que atraviesa
el frío espacio
y da la vuelta a la tierra,
con la explosión del vapor de
gasolina abriendo el camino hacia el progreso? El motor que canta en lo alto es
obra de mis manos,
Y la canción del motor
es la sangre de mi corazón.
El hombre cuyos astutos ojos
estaban pegados
a la brújula fluctuante,
el hombre
que se atrevió a desafiar
los fríos hielos del Norte
y la niebla
¿sabes
quién fue?
Fui
yo.
Estoy aquí
y allá.
Estoy en todas partes:
trabajador en Texas,
estibador argelino,
o poeta…
¡En todas partes estoy!
¿Piensas
que ganarás?
Maldita y ceñuda,
cosa sucia.
Yo ardo,
tú resplandeces
y ambos estamos
bañados en sudor.
Pero estás agotando tu fuerza,
debilitándote,
declinando.
Por eso vas clavando ferozmente
tu aguijón en mí,
en el terror de la muerte
inminente tal vez…
Cuando llegue el momento, en tu
lugar,
con trabajo y sudor,
construiremos
juntos y acompañados
la vida
que deseamos,
la vida que necesitamos.
¡Qué hermosa
habrá de ser esa vida!
Un sueño
-“Lori, estás dormida?”
“Lori, ¿me escuchas?
-Calla, agacha la cabeza!
Puede ser que estén a un paso.
Aquí no se puede hablar.
-“Lori, pero era un sueño tan
hermoso!”...
Cómo empezó?... Déjame recordar…
Oh, sí…
La guerra había terminado… éramos
libres y dueños de los talleres y su contenido ¿entiendes, Lori?
Estábamos en el trabajo. La misma
planta de antaño, Las mismas máquinas que siempre conocí,
pero todas relucientes como oro
puro y llenas de un nuevo vigor.
Tú estabas en la planta, Lori,
eras la capataz y dijiste: ¡Quiero trescientos pernos hoy”! -“Bueno, como tú
digas, Lori, de acuerdo”. Y ambos estábamos felices y alegres. Fuera, los
cielos, ¡cómo brillaban!...
El aire tan puro, el cielo tan
azul…
Y la respiración tan limpia, tan
pura…
Ni siquiera podía creerlo.
Lori me miró a los ojos
(qué ilusión infantil expresaban)
Y, sonriendo, dijo con falso
asombro:
-“Eres un soñador, Fernández”!
Las estrellas se apagaban en el
Este.
La noche
se retiraba en desorden.
“¡Llamada de alerta a la lucha!”
Y entonces comenzó el ataque…
España
¿Qué eras tú para mí?
Nada.
Una tierra olvidada y remota,
una tierra de caballeros y
mesetas.
¿Qué eras tú para mí?
El hogar
donde ardía un amor extraño y
cruel, un salvaje embriagado de sangre,
de navajas relucientes
y serenatas
de pasión, celos
y salmos.
Ahora eres mi destino,
ahora vivo y comparto tu suerte.
En tu lucha por ser libre participo totalmente.
Ahora me encuentro conmovido,
ahora me regocijo
por todas tus victorias en la
lucha. Tengo fe en tu juventud y en tu valor y mi propia fuerza se une a la
tuya. Agazapado en nidos de ametralladora lucho por la victoria en las calles
de Toledo
y en las afueras de Madrid.
Un trabajador con camisa de
algodón,
desgarrado por las balas, yace cerca de mí.
Su cálida sangre fluye sin cesar
por la gorra que cubre sus ojos.
Es mi sangre la que siento hervir
por mis venas al reconocer, de
pronto, en él al amigo
que una vez tuve en la fábrica
donde paleábamos juntos el carbón, avivando el fuego de la caldera,
y donde descubrimos que no había
barreras que frenasen nuestro anhelo juvenil y audaz.
¡Duerme, compañero, duerme en
paz! Aunque ahora la bandera roja esté arriada, tu sangre pasará a la mía
y conmoverá a los pueblos del
mundo.
La sangre que has dado, ya fluye
por aldeas, fábricas, ciudades y
Estados.
Ella despierta, impulsa e inspira
a todos los trabajadores
expresándoles que nunca se desanimen
para avanzar sin descanso,
decididos a trabajar, a luchar y a derramar su sangre
para que los seres humanos sean
libres.
Hoy tu sangre levanta barricadas,
infunde coraje en nuestros corazones, y con alegría temeraria proclama: ¡Madrid
es nuestro! ¡Madrid es nuestro!
¡El mundo es nuestro!
¡Todo el universo en expansión es
nuestro!
Bajo el cielo del sur,
duerme,
duerme y ten fe.
¡Ten fe en nosotros!
Fe
Heme aquí, respirando,
trabajando,
viviendo
y escribiendo un poema
(lo mejor que puedo).
La vida y yo
nos miramos con recelo mutuo
mientras lucho con ella con todas mis fuerzas.
La vida y yo nos peleamos,
pero no creas
que la desprecio.
¡No, todo lo contrario!
Aunque ella me destruya
con sus brutales
garras de acero,
seguiría amándola.
¡Seguiría amándola!
Supongamos que enrollan
alrededor de mi cuello
una soga
y me preguntan:
“¿te gustaría vivir una hora
más?”
Gritaría al instante:
¡Desatadme!
¡Desatadme!
¡Venga, desatad rápidamente
la soga, ¡por todos los demonios!
Por la vida sería capaz
de hacer cualquier cosa:
Volaría
en un prototipo de avión por el
cielo, subiría a un cohete rugiente, explorando
solo,
en el espacio
los distantes
planetas.
Entonces sentiría
una gozosa emoción
contemplando
arriba
el cielo azul.
Entonces sentiría
una gozosa emoción
por estar vivo,
por seguir viviendo.
Pero mira, supongamos que me
quitaras… ¿cuánto? un solo gramo de mi fe;
entonces, yo me enfurecería,
me enfurecería de dolor
como una pantera
traspasada hasta el corazón.
Porque de mí
¿qué quedaría?
Tras ese robo
me encontraría angustiado.
Hablando claramente
y más directamente:
Tras ese robo
Yo no sería nada.
Tal vez desearías
poder borrar
la fe que tengo
en un futuro feliz.
Fe
en un mañana
donde la vida será mejor, donde
la vida será más sabia.
A ver, ¿cómo podrás quitármela?
¿Con balas?
¡No! ¡Eso es inútil!
¡Déjalo! ¡No vale la pena!
Mi fe posee una fuerte coraza en
mi pecho robusto
y no hay balas capaces de
destruirla.
¡No las hay!
¡No las hay!
Gorky
Trabajé en una fábrica
bajo el cielo nublado y sucio,
donde la vida nos golpeaba
con pezuñas de hierro
y teníamos el ceño fruncido
por el arduo trabajo.
¡Qué lucha,
abrir los ojos
a la Vida en esa gente,
romper
la costra de mentiras
que aplastaba
su existencia.
Trabajé en una fábrica
bajo un cielo
nublado y sucio
donde la vida nos golpeaba
y los días
-clavos oxidados-encadenaban
nuestras almas.
Sin embargo, también recuerdo
que, cada vez que leíamos
“En las profundidades”
o
“La Madre”,
el sol atravesaba
la mugre
del techo de la fábrica,
los ojos brillaban
y la gente
en callejones y barrios
marginales limpiaba el óxido
de sus pensamientos
y era feliz,
era feliz…
Pero esta mañana
Llegó el estibador
Y me dijo:
“Vaptsarov,
El vapor se ha acabado”.
Me sobresalte y me quedé mirando.
Sin embargo, él se fue corriendo
escaleras arriba muy enfadado.
Entonces entró el herrero
y acaloradamente gritó:
“¿Es verdad, amigo?”
“¿Es verdad
que el viejo ha muerto?”
Me quedé helado, y con odio
totalmente injustificado, molesto, le dije:
“Maldición, te pido que seas más
preciso. ¡Vienes aquí parloteando! Dime, ¿quién se ha muerto?” Me lo dijo y
salí afuera
porque el aire de la sala de
máquinas me impedía respirar. Adentro
no podía contener
mi tristeza.
La sala de máquinas
no podía dar respuesta
a mis sentimientos.
Oí al herrero hablando con
alguien en voz baja:
“Hermano, ¡qué bien nos conocía
Gorky a todos,
a mí, a ti y a los demás!
Nos reflejaba en sus libros.
Decía: “¡No te muevas!”
Luego leías,
y te frotabas los ojos
al reconocerte a ti mismo”.
“Ahora supongamos
que tienes un hijo
que está leyendo
o mejor dicho, descubriendo los
libros.
No tienes dinero.
Supongamos
que no tienes dinero.
Te dicen: “Sí, el niño debe
estudiar lo que su corazón le pida”.
Supongamos
que vuelves a casa
con el corazón lleno de dolor y
el alma doliente,
y descargas toda tu rabia sobre
la esposa.
Ella levantará la cabeza
y desde debajo de sus cejas
mirará hacia arriba preguntando:
“¿Así que no tienes dinero
suficiente para el pan?”
El otro hombre escuchaba
cautivado
porque todo
ahora le parecía tan claro
como si la vida
hubiera abierto de par en par sus
puertas,
como si en su pecho
un duro montón de nieve
se hubiera derretido.
Y murmuró,
apenas murmuró audiblemente:
“¡Eso es lo que yo llamo un
hombre de verdad”!
Historia
Historia, ¿nos mencionarás en tu
descolorido pergamino? Trabajamos en fábricas, oficinas… Nuestros nombres no
son conocidos. Trabajamos en el campo, olemos fuerte a cebolla y pan agrio.
A través de espesos bigotes,
enojados, maldecimos la vida que arrastramos.
¿Estarás al menos agradecida
por haber engordado con
novedades, y saciado tu sed tan ricamente
con la sangre de multitudes
masacradas?
No centrarás el enfoque
para ver el meollo de la vida
y nadie se acordará
del simple drama humano.
Los poetas, los panfletos,
las tasas de progreso
servirán de entretenimiento.
Pero nuestro sufrimiento no
escrito vagará solo por el espacio.
Vidas no merecedoras de mención,
que no vale la pena desenterrar,
porque sacadas de la sepultura
apestan a veneno que produce un amargo sabor en las copas.
Nacimos junto a los setos,
al abrigo de espinas ocultas.
Nuestras madres yacían sudando,
con los labios resecos apretados
con fuerza.
Morimos como moscas en otoño. Las
mujeres lloraron a los muertos convirtiendo su lamento en canto, pero sólo la
hierba silvestre escuchó.
Nosotros, los que sobrevivimos a
nuestros hermanos sudamos por todos los poros,
aceptando cualquier trabajo que
se nos ofrezca, trabajando como bueyes.
En casa nuestros padres nos
enseñaron:
“Así será siempre”.
Pero fruncimos el ceño y
escupimos sobre su filosofía de ignorantes.
Le dimos una patada a la mesa,
salimos corriendo y afuera,
al aire libre, sentimos la
agitación de algo brillante y hermoso. ¡Con cuánta ansiedad espersmos
en cafés poco conocidos,
acostándonos a altas horas de la
noche,
los últimos comunicados…!
¡Cómo nos tranquiliza la
esperanza!...
Pero los cielos plomizos aplastan
cada vez más, y el viento abrasador silba con saña… ¡Hasta que no pudimos
aguantar más!
Sin embargo, en tus interminables
volúmenes, debajo de cada letra y renglón nuestro dolor está prohibido,
así como los gritos amargos
lanzados por la vida que sin piedad, con una patada brutal,
golpea nuestros rostros
hambrientos.
Por eso nuestra lengua está en
carne viva.
Por eso los poemas que escribo
en horas que le robo al sueño
no tienen la gracia del perfume,
sino un latido breve y ceñudo
por las dificultades y
sufrimientos.
No buscamos recompensas, ni
queremos nuestras fotos en el calendario de los años. Pero cuenta tú nuestra
historia de manera sencilla
a aquellos que no veremos:
Diles a quienes nos reemplazarán
que luchamos valientemente.
La canción del Hombre
Discutíamos
una dama y yo
sobre el tema
“El hombre de nuestro tiempo”.
La señora,
una dama irritable y excitada,
dando golpes con impaciencia, hablaba
abrumándome con torrentes
de confusas quejas
y una granizada de ataques
verbales. “Un momento”, le dije, “¡un momento!”, Mire aquí”…
Pero ella me interrumpió,
ofendida:
“Te lo ruego, deja de hablar.
“Te digo que odio al hombre.
“No merece tu defensa.
“Leí que un tipo
empleó un hacha
contra su propio hermano
y lo asesinó;
luego se lavó,
asistió al servicio en la iglesia
y después comentó que se sentía
mejor”.
Me estremecí de horror, me sentía
débil.
Y como no soy muy fuerte
en la argumentación de mis
pensamientos, dije en voz baja
como haría un hombre honrado:
“Pongamos como ejemplo otra
historia. El caso tuvo lugar en un pueblo, Mogila. Un padre había escondido
algún dinero.
El hijo se enteró,
lo tomó por la fuerza
y luego se deshizo de su padre.
Sin embargo, un mes después (¿o fue una semana?),
Las autoridades le detuvieron.
El tribunal
que no trabaja para dar placer a
los hombres, condenó al culpable a pena de muerte. Conducido como corresponde
el villano a la cárcel,
le dieron un número y un plato,
pero he aquí que, en la cárcel, se encontró con gente honesta,
y aquel hombre
se transformó
en un hombre de verdad.
Ignoro
la levadura que le movió.
No sé por qué lo hizo.
Pero una canción
mucho más clara que el lenguaje
le abrió los ojos a su destino. Y luego exclamaba:
“Oh Dios mío, como me hundí. Y
ahora estoy aquí esperando el momento de balancearme. Cuando padeces hambre
y vives mareado
por las dificultades,
basta con dar un paso en falso
para hundirte.
Esperas como un toro el matadero,
giras, y ante tus ojos ves ¡el cuchillo!”
¡Qué injusto,
qué injusto
es el orden mundial!
¡Si hubiéramos tenido una vida
mejor…!”
Entonó su canción, suavemente,
lentamente,
mientras frente a él
la vida emergía como una visión
maravillosa… Cantó
hasta quedarse dormido
con una sonrisa…
Afuera, en el pasillo
se oyen voces en voz baja.
Después un momento de silencio.
Luego alguien abre cautelosamente
la puerta.
Algunas personas. Tras ellas un
guardia.
Uno habló
con voz rutinaria y temible
gritando: “¡Tú, levántate!” Los demás miraban con expresión vacía
examinando las paredes grises que
goteaban. El hombre, en la cama
comprendió que en ese momento la
vida había terminado para él.
De inmediato
se levantó, se limpió el sudor de
la frente, giró la vista
como un buey salvaje que mira
fijamente.
Pero poco a poco
entendió
que su miedo no le servía de
nada, iba a morir
y un extraño resplandor
iluminó su alma.
“¿Nos vamos ya?”, preguntó.
“De acuerdo”.
Se puso en marcha
y ellos le siguieron
sintiendo
un escalofrío raro
y ominoso.
El soldado pensaba;
“¡Acabemos de una vez!
Ahora estás en un aprieto,
amigo”.
Afuera, en el pasillo
se hablaba en voz baja.
Los rincones estaban ocultos por
las sombras.
Por fin llegaron al patio.
Arriba,
en el cielo brillaba el alba.
El hombre contempló el amanecer
donde una estrella brillante se
reflejaba,
y se puso a considerar
profundamente su
lamentable,
feroz
y aciaga
suerte humana.
“Mi destino está decidido,
colgaré de una soga,
pero eso no será el final,
porque ha de llegar una vida más
justa que la canción,
y más hermosa que un día de
primavera…”
Recordó la canción,
un pensamiento pasó por su mente,
en sus ojos se encendió una
pequeña llama, esbozó una amplia sonrisa llena de vida y calidez,
enderezó los hombros y comenzó a
cantar.
¿Cuál es tu opinión al respecto?
¿Quizás piensas que hemos expuesto un caso complejo de histeria?
Puedes pensar lo que quieras
sobre el asunto.
El hombre, con calma,
frase tras frase,
entonaba la canción tan
firmemente que lo miraban con extrañeza sin comprender,
observándolo con miedo y alarma.
Incluso la cárcel temblaba de
terror.
La oscuridad, igualmente, entró
en pánico y huyó.
Las estrellas, sonriendo
felizmente, gritaban alegremente.
“¡Bravo, joven!”
A partir de aquí la historia es
clara: La cuerda hábilmente
cayó sobre los hombros, luego la
muerte.
Pero todavía en sus labios
contorsionados
y lívidos
las palabras de la canción se
apretaron.
Ahora ya hemos llegado al final.
¿Cuál es su opinión?
La dama
había empezado a sollozar.
Aquella pobre mujer,
como si hubiese caído en trance,
comenzó a gritar:
“¡Qué horrible, ¡Qué horrible”!
¡Cuentas esta historia
como si hubieras estado allí
presente!...”
¿Qué tiene ello de horrible?
Aquel hombre cantó una canción… Y
eso es algo hermoso, ¿no?
-45-
La fábrica
Una fábrica. Arriba nubes de
humo.
La gente, sencilla.
La vida, dura y aburrida
-una vida sin mascaras ni
maquillajes-como un perro salvaje y gruñón.
Hay que luchar sin descanso,
hay que ser duro y aguantar
para extraer de los dientes
de la bestia
furiosa
y erizada,
un mendrugo.
Golpetean las correas en el
cobertizo, chirrían los ejes en lo alto y el aire está tan viciado
que no se puede fácilmente,
profundamente,
respirar.
No muy lejos de la brisa
primaveral
que mece los campos, el sol
apetece
y los árboles se inclinan hacia
el cielo,
se halla la sombra
de los muros de la fábrica.
¡Qué indeseados,
olvidados
y extraños
están en ella los campos!
Los obreros han tirado a la
basura el cielo y sus sueños,
porque desviarse un segundo o
ablandar el corazón, es perder en vano
la fuerza
del brazo trabajador.
Hay que gritar entre el estrépito
y el estruendo de las máquinas para que las palabras atraviesen
los espacios intermedios.
Grité durante años:
una eternidad…
hasta que el grito
se hizo común a todos.
La fábrica,
la maquinaria
y el hombre
en el rincón más lejano,
y oscuro.
Aquel grito forjó una aleación de
acero
y blindamos nuestras vidas con su
escudo.
Si uno solo intenta poner
palos en la rueda,
su propia mano es la que se
fractura.
Tú, fábrica,
aunque tratas de cegarnos
con el humo y el hollín
capa a capa,
¡es inútil!
Porque eres tú quien nos enseña a
luchar.
Traeremos
el sol
hasta aquí abajo.
Los numerosos rostros
ennegrecidos por el trabajo bajo tu tiranía, resplandecerán con un corazón
incansable,
latiendo sin cesar con mil
corazones.
Lori
“Lori, ¿estás dormida?
Lori, ¿me escuchas?”
“Calla, agacha la cabeza. Puede
ser
que estén a un paso. Aquí no se
puede hablar”
“Lori, ¡pero era un sueño tan
hermoso!”...
“¿Cómo empezó?... Déjame
recordar… Oh, sí…
La guerra había terminado… éramos
libres y dueños de los talleres y su contenido, ¿entiendes, Lori?
Yo estaba en el trabajo. La misma
planta de antaño, las mismas máquinas que siempre conocí,
pero todas relucientes como oro
puro y llenas de un nuevo vigor.
Tú estabas en la planta, Lori,
eras la supervisora, y dijiste: “¡Quiero trescientos pernos hoy!” “Bueno, como
tú digas, Lori, de acuerdo”.
Y ambos estábamos felices y
alegres.
¡Afuera los cielos eran tan
brillantes!...
¡El aire tan puro!, ¡el cielo tan
azul!
¡Y la respiración tan liviana,
tan liviana!
Ni siquiera podía creerlo…”
Lori me miró a los ojos
(qué ilusión infantil expresaban)
y, sonriendo, dijo con falso
asombro:
“¡Eres un soñador, Fernández!”
Las estrellas se apagaron en el Este.
La noche
se retiró en desorden.
“¡Llamada de alerta, a la lucha!”
Entonces comenzó el ataque…
Primavera
¡Primavera, blanca Primavera
todavía no vivida, aún sin celebrar! Aunque ahora sólo eres un sueño rozando
los álamos
no me importa permanecer aquí.
¡Primavera, blanca Primavera!
Traerás tormentas, ya lo sé,
lluvias y huracanes también
para instaurar miles de
esperanzas
y lavar sangrientas heridas.
¡Cómo cantará la alondra
a medida que se eleve por encima
de nosotros trayendo la alegría a nuestros trabajos y la hermandad a todos los
hombres!
Primavera mía, blanca Primavera,
¡Déjame ver tu primer vuelo, despierta a los cuadros muertos, permíteme ver tu
Sol y luego
morir en tus barricadas!
Recuerdo
Yo tenía un compañero, incluso un
buen compañero, que… tenía problemas de tos.
Fogonero de oficio, transportaba
carbón en un saco y arrojaba las cenizas
en el turno nocturno durante doce
horas seguidas.
Recuerdo los ojos
de mi compañero,
cómo bebían sedientos
cada rayo de sol
que por casualidad
atravesaba la suciedad
y llegaba hasta nuestra jaula.
¡Qué rápido fue el nacimiento de
su sed febril por la Primavera!,
cuando afuera
murmuran las hojas
y bandadas de pájaros
cruzan el cielo.
Yo podía percibir
la súplica en sus ojos
y el sufrimiento,
un doloroso sufrimiento.
Qué sencilla era la petición que
deseaban.
-Primavera, una nueva Primavera…
La Primavera llegó
con su belleza,
con su sol,
con el aire cálido
y las rosas.
El cielo despejado
nos traía un olor de violetas.
Mas entre nosotros reinaba la
oscuridad
opresiva,
prosaica y pesada.
Y de pronto
nuestra vida se alteró.
La caldera daba problemas,
retumbando sospechosamente hasta que se detuvo.
Ignoro la causa
pero quizá fue
porque mi compañero murió.
Tal vez me equivoque.
Tal vez la caldera hambrienta
deseaba que las manos conocidas siguieran arrojando carbón al fuego.
Puede que fuera eso.
No lo sé.
Pero me pareció que ella, con su
ruido y jadeo preguntaba lastimeramente:
¿A dónde se fue el otro muchacho?
Él, -el otro muchacho- murió.
Pero mira, la Primavera está
afuera. A lo lejos, los pájaros surcan el cielo aunque no los volverá a ver.
Yo tenía un compañero así… Un
buen amigo también… pero con problemas de tos. Fogonero de profesión,
transportaba carbón en un saco y arrojaba las cenizas
en el turno de noche durante doce
horas.
La lucha es dura
La lucha es dura y despiadada.
La lucha es épica, así se dice.
He caído. Otro ocupará mi puesto.
¿Es preciso destacar un nombre?
Tras el pelotón de fusilamiento,
los gusanos.
Así es por simple lógica.
Pero cuando llegue la tormenta
estaré contigo, ¡pueblo mío al que tanto amo!
Cuaderno
de poesía crítica nº. 152: Nikola
Vaptsarov
Colección
de poesía social
“Entre
los poetas míos…”
Títulos
publicados
1 Ángela
Figuera Aymeric 41 Fayad Jamis
2 León
Felipe 42 Luis
Cernuda
3 Pablo
Neruda 43 Elvio Romero
4 Bertolt
Brecht 44 Agostinho Neto
5 Gloria
Fuertes 45 Dunya Mikhail
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de Otero 46 David González
7 Mario
Benedetti 47 Jesús Munárriz
8 Erich
Fried 48 Álvaro
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Celaya 49 Elías Letelier
10 Adrienne Rich 50 María Ángeles Maeso
11 Miguel Hernández 51 Pedro Mir
12 Retirado 52 Jorge Debravo
13 Allen Ginsberg 53 Roberto Sosa
14 Antonio Orihuela 54 Mahmud Darwish
15 Isabel Pérez Montalbán 55 Gioconda Belli
16 Jorge Riechmann 56 Yevgueni Yevtushenko
17 Ernesto Cardenal 57 Otto René Castillo
18 Eduardo Galeano 58 Kenneth Rexroth
19 Marcos Ana 59 Vladimir Maiakovski
20 Nazim Hikmet 60 María Beneyto
21 Rafael Alberti 61 José Agustín Goytisolo
22 Nicolás Guillén 62 Ángel González
23 Jesús López Pacheco 63 Manuel del Cabral
24 Retirado 64 Endre Farkas
25 Denise Levertov 65 Anna Ajmatova
26 Salustiano Martín 66 Andrés Bellón
27 César Vallejo 67 José Portogalo
28 Óscar Alfaro 68 Julio Fausto Aguilera
29 Abdellatif Laâbi 69 Aimé Cesaire
30 Elena Cabrejas 70 Carmen Soler
31 Enrique Falcón 71 Fernando Beltrán
32 Raúl González Tuñón 72 Gabriel Impaglione
33 Eberto Padilla 73 Roberto Fernández Retamar
34 Wole Soyinka 74 Affonso Romano
35 Fadwa Tuqan 75 Wislawa Szymborska
36 Juan Gelman 76 Francisco Cenamor
37 Manuel Scorza 77 Langston Hughes
38 David Eloy Rodríguez 78 Francisco Urondo
39 Lawence Ferlinghetti 79 Carl Sandburg
40 Francisca Aguirre 80 Silvia Cuevas
(Continúa)
Colección de poesía social
(continuación)
“Entre los poetas míos…”
81 Victoriano Crémer 121 José Leonel Rugama
82 Nicanor Parra 122 Félix Sánchez Durán
83 Ledo Ivo 123 David Franco Monthiel
84 Amiri Baraka 124 Samih Al-Qâsim
85 Muriel Rukeyser 125 Marge Piercy
86 Jorge Etcheverry 126 Javier Heraud
87 Akñu Agmad “Adonis” 127 J. Mª. Gómez Valero
88 Víctor Valera “El Chino” 128 Philip Levine
89 Attila József 129 Iván Rafael
90 Daisy Zamora 130 Cristina Peri Rossi
91 Eugenio de Nora 131 Arturo Serrano Plaja
92 Mario Jorge de Lellis 132 Chicho Sánchez Ferlosio
93 Floridor Pérez 133 José Icaria
94 Yannis Ritsos 134 Carlos López Dzur
95 Rosario Castellanos 135 Begoña Abad de la Parte
96 Agustín Millares 136 Eladio Méndez
97 Jesús Lizcano 137 José Revueltas
98 Amílcar Cabral 138 José Antonio Labordeta
99 Charles Reznikoff 139 Mao Tse-tung
100 Antonio Machado 140 Norma Segades - Manias
101 Matilde Alba Swan 141 Humberto C. Constantini
102 Juan T. Ávila Laurel 142 Alberto Ghiraldo
103 Ferreira Gullar 143 Enrique González Rojo
104 Andrés Eloy Blanco 144 Roy Brown
105 Bertalicia Peralta 145 Elvira Hernández
106 Jorge Barco 146 León Peredo
107 Angelina Gatell 147 Rafael Calero Palma
108 Pier Paolo Pasolini 148 Silvia Delgado
109 Conrado Santamaría 149 Paul Dakeyo
110 Diana Morán 150 Federico García Lorca
111 Uberto Stabile 151 Alaíde Foppa
112 César Cantoni 152 Vaptsarov, Nikola
113 Youssef Saadi 153 Daudet, Elvira
114 Alejandro Ippolito 154 Aresti, Gabriel
115 Patricia Vergara Sánchez 155
116 Pedro Lezcano
117 Eduard Ivau Renaud
118 Roberto Santoro
119 Ho Chi Minh
120 Margaret Randall
-57-
Cuaderno de poesía crítica nº.
152: Nikola Vaptsarov
Cuaderno
152 de Poesía Crítica
Nikola
Vaptsarov
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2024
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