Libro N° 12890. Elsa La Lista. Hermanos Grimm.
© Libro N° 12890. Elsa La Lista. Hermanos Grimm. Emancipación.
Agosto 24 de 2024
Título original: ©
Elsa La Lista. Hermanos Grimm
Versión
Original: © Elsa La
Lista. Hermanos Grimm
Circulación
conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
https://www.grimmstories.com/es/grimm_cuentos/elsa_la_lista
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la
fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del
texto y el nombre de los autores
No
comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No
derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Fondo:
https://i.pinimg.com/564x/7a/81/7f/7a817fb35167e0d69a33105238dbdf6b.jpg
Portada
E.O. de Imagen original:
https://www.childstories.org/images/Die_kluge_Else_01.jpg
© Edición,
reedición y Colección Biblioteca
Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
Hermanos Grimm
Elsa La
Lista
Hermanos
Grimm
Érase un
hombre que tenía una hija a la que llamaban Elsa la lista. Cuando fue mayor,
dijo el padre: "Será cosa de casarla." - " Sí," asintió la
madre, "¡con tal que alguien la quiera!" Al fin llegó de muy lejos un
joven, llamado Juan, que solicitó su mano, poniendo por condición que la chica
fuese juiciosa. "¡Oh," dijo el padre, "nuestra Elsa no es
ninguna tonta!" Y la madre dijo "¡Ay, es tan lista que ve el viento
correr y oye toser las moscas." - "Así, bueno," dijo Juan,
"porque si no es muy juiciosa, no la quiero." Estando todos de
sobremesa, dijo la madre: "Elsa, baja al sótano y trae cerveza." La
lista Elsa tomó el jarro de la pared y se fue al sótano, haciendo sonar
vivamente la tapa por el camino para distraerse. Llegado abajo, buscó un
taburete, lo puso frente al barril y se sentó para no tener que agacharse, así
que no hiciese daño a la espalda y le cogiese algún mal extraño. Luego colocó
el jarro en su sitio y abrió el grifo y, para no tener los ojos ociosos
mientras salía la cerveza, los dirigió a lo alto de la pared y, tras pasearlos
de un extremo a otro repetidas veces, descubrió, exactamente encima de su
cabeza, una piqueta que los albañiles habían dejado allí por descuido. Elsa la
lista se echó a llorar, diciendo para sí: "Si me caso con Juan y tenemos
un hijo y, cuando ya sea mayor, lo enviamos al sótano a buscar cerveza, puede
caérsele la piqueta sobre la cabeza y matarlo." Y allí se quedó sentada
llora que te grita a voz en cuello por el posible accidente. Mientras tanto,
los de arriba esperaban la bebida, pero Elsa la lista no aparecía. Por fin la
madre dijo a la criada: "Vete al sótano a ver qué le pasa a nuestra
Elsa." La criada fue, y encontró a Elsa sentada delante del barril,
chillando fuertemente. "Elsa, ¿por qué lloras de ese modo?" preguntó
la criada. "¡Ay!" dijo Elsa. "¡Cómo no voy a llorar! Si me caso
con Juan y tenemos un hijito y llega a crecer y viene aquí abajo a buscar
cerveza, a lo mejor, esa piqueta le cae en la cabeza y lo mata." Y la
criada dijo: "¡Vaya! Elsa lista que tenemos!" y, sentándose a su
lado, también se puso a llorar por el accidente. Transcurrió un rato, y como la
criada no volviera y los de arriba tuvieran sed, dijo el padre al criado:
"Vete abajo al sótano, a ver dónde Elsa y la criada se habrán quedado."
Bajó el criado y encontró llorando a Elsa y a la criada. Les preguntó:
"¿Por qué lloráis?" - "¡Ay!" dijo Elsa, "¡cómo no he
de llorar! Si me caso con Juan, y tenemos un hijo, y llega a mayor, y lo
enviamos a buscar cerveza a la bodega, quizá le caiga la piqueta sobre la
cabeza y lo mate." Y dijo el criado: "¡Vaya Elsa lista que
tenemos!" y, sentándose junto a ella, se puso a su vez a llorar a moco
tendido. Arriba aguardaban la vuelta del criado; pero viendo que tampoco él
venía, dijo el marido a su esposa: "Baja tú al sótano a ver qué está
haciendo Elsa." Bajó la mujer y encontró a los tres llorando que no podían
más y les preguntó la causa, y, al explicarle Elsa que su futuro hijo, si
llegaba a tenerlo, a lo mejor moriría del golpe que le daría la piqueta, si acertaba
a caerle encima cuando, siendo ya mayor, lo enviasen por cerveza. La madre dijo
a su vez: "¡Ay, qué Elsa más lista tenemos!" y, sentándose también,
se puso a hacer coro con los demás. Arriba, el hombre esperó un rato, pero como
su esposa no regresaba y su sed no cesó, se dijo: "Tendré que bajar yo
mismo al sótano, a ver qué está haciendo Elsa." Al entrar en el sótano y
verlos a todos sentados llorando, y al oír el motivo de aquel desconsuelo, del
que tenía la culpa el hijo de Elsa, el cual, suponiendo que ella lo trajese al
mundo, podría morir víctima de la piqueta si un día caía la herramienta en el
momento preciso de encontrarse él debajo llenando un jarro de cerveza, exclamó:
"Vaya Elsa lista que tenemos!" y se sentó a llorar con los demás. El
novio siguió largo rato solo arriba, hasta que, viendo que no volvía nadie,
pensó: "Me estarán esperando abajo, tendré que ir a ver qué es lo que
pasa." Al bajar las escaleras, vio a los cinco allí sentados, gritando y
lamentándose a más y mejor. "¿Pero qué desgracia ha ocurrido aquí?"
preguntó. "¡Ay, querido Juan," dijo Elsa. "¡Imagínate que nos
casemos y tengamos un hijito y que el niño crezca, y que, quizá, lo mandemos a
buscar cerveza aquí abajo y le caiga esa piqueta en la cabeza y lo mate! ¿no es
para llorar?" - "¡Vaya!" dijo Juan, "más lesteza no hace
falta en mi casa. Elsa, me casaré contigo, porque eres tan lista." Y,
cogiéndola de la mano, la llevó arriba y poco después se celebró la boda.
Cuando ya
llevaban una temporada casados, dijo el marido: "Mujer, me marcho a
trabajar, hay que ganar dinero para nosotros. Ve tú al campo a segar el trigo
para hacer pan." - "Sí, mi querido Juan, así lo haré." Cuando
Juan se hubo marchado, Elsa se cocinó unas buenas gachas y se las llevó al
campo. Al llegar a él, dijo para sí: "¿Qué hago? ¿segar o comer? ¡Bah!
primero comeré." Arrebañó el plato de gachas y, cuando ya estuvo harta,
volvió a preguntarse: "¿Qué hago? ¿segar o echar una siesta? ¡Bah!,
primero dormiré." Y se tumbó en medio del trigo y quedó dormida. Juan
hacía ya buen rato que estaba de vuelta, y viendo que Elsa no regresaba, se
dijo: "¡Vaya mujer lista que tengo; y tan laboriosa, que ni siquiera
piensa en volver a casa a comer!" Pero como se hacía de noche y ella
siguiera sin presentarse, Juan se encaminó al campo para ver lo que había
segado. Y he aquí que no había segado nada, sino que estaba allí tumbada y
durmiendo en medio del trigo. Entonces, Juan fue de nuevo a su casa y volvió
enseguida, con una red para cazar pájaros, de la que pendían pequeños
cascabeles, y se la colgó en torno al cuerpo. Regresó a su casa, cerró la
puerta y, sentándose en su silla, se puso a trabajar. Por fin, ya oscurecido,
se despertó la lista Elsa y, al incorporarse, notó un cascabeleo a su
alrededor, pues las campanillas sonaban a cada paso que daba. Se espantó y se
desconcertó, dudando de si era o no la lista Elsa, y acabó por preguntarse:
"¿Soy yo o no soy yo?" Pero no sabía qué responder, y así permaneció
un buen rato en aquella duda, hasta que, por fin, pensó: "Iré a casa a
preguntar si soy yo o no, ellos lo sabrán de seguro." Y echó a correr
hasta la puerta de su casa; pero la encontró cerrada. Llamó entonces a la
ventana, gritando: 'Juan, ¿está Elsa en casa?" - "Sí," respondió
Juan, "sí está." Ella, asustada, exclamó: "¡Dios mío, entonces
no soy yo!" y se fue a llamar a otra puerta; pero al oír la gente aquel
ruido de campanillas, todas se negaban a abrir, por lo que no encontró
acogimiento en ninguna parte. Huyó del pueblo y nadie ha vuelto a saber de
ella.
* * * *
*

