© Libro N° 10921. Los Niños De Abajo. Chiaverano, Maximiliano. Emancipación. Febrero 18 de 2023
Título original: © Los
Niños De Abajo. Maximiliano Chiaverano
Versión Original: © Los Niños De Abajo.
Maximiliano Chiaverano
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión
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Fondo:
Portada E.O. de Imagen original:
Ilustración para el cuento "Los niños de abajo",
Maximiliano Chiaverano
© 2010, SBA: https://axxon.com.ar/rev/207/cuento3ilus1.htm
© Edición, reedición
y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS
SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Maximiliano Chiaverano
Los Niños De Abajo
Maximiliano Chiaverano
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Tropezó con varias rocas, pero al fin pudo asir a su hermana que se
columpiaba peligrosamente en el precipicio, más profundo que el mismísimo
infierno. Sus manos le dolían horrores, pudo ver cómo la sangre empapabasu
chaqueta.
La niña, de un parecido impresionante con él, era débil y pequeña. El
esfuerzo la destruía y no tenía idea de cuánto podría seguir adelante. El niño,
que llevaba la delantera, escudriñó las tinieblas y procuró avanzar por los
sitios menos peligrosos de la cavernosa estructura, siempre hacia arriba, a la
esperanza, a la salida, la superficie.
Ninguno de los dos contaba a esas alturas con demasiada convicción de
llegar y mucho menos de encontrar la salvación en aquel mundo que no conocían.
Por mucho tiempo se preguntaron si realmente existía, si no se trataba
de un simple cuento de sus antepasados para que los niños se asustaran en las
frías y solitarias noches. Sí, puede que fueran sólo historias. Eso no
interesaba a Nomué y Ninfania, su tierra ya no era parte de esta realidad, huir
a otro lugar era lo único que podían hacer.
Nomué descansó unos minutos sobre una saliente pronunciada, ella se
acurrucó a su lado, buscó protección en su único hermano, su última conexión
con el pueblo extinto.
Él se durmió y soñó con lo que poco tiempo atrás era su hogar. Abajo,
tan hermoso, tan viejo, tan lleno de vida. Abajo…tan muerto ahora…
Imágenes atroces lo visitaron, sus padres aplastados por bloques de piedra, sus
amigos calcinados por la lava ardiente que recorría las calles de la aldea
convirtiendo todo en un infernal río de fuego.
Despertó. Ninfania permanecía recostada y dormitando en su regazo.
¿Qué tanto podría subir?, se preguntaba incesantemente. Intentó
convencerse de que llegarían a estar a salvo. Le intimidaba la idea que sus
abuelos le habían dado acerca de Arriba, ellos hablaron de
criaturas extrañas y grotescas deambulando por doquier, matándose entre ellas,
asesinando a sus hijos y hermanos.
¿Acaso era mejor morir allá arriba que junto a su pueblo? Nomué dio
gracias a que su hermana no había escuchado todas las leyendas.
Reanudaron la penosa travesía en la oscuridad a pasos lentos y seguros,
la zona no era estable, ni siquiera los exploradores de Abajocon
más experiencia que ellos se atrevían a subir a esos pasajes indómitos.
Adelante no existía más que roca. Millones de dientes que extendiéndose
a través de todo el conducto lo convertían en un mar cavernoso de afiladas
cuchillas. Nomué tenía entendido que un simple roce con aquellas formaciones
abriría una herida fea. Se propuso guiar a su hermana por un costado abierto,
menos empinado aunque no menos peligroso.
Tras subir unos metros, Ninfania tropezó con una de estas peligrosas
salientes. La mano fuerte de Nomué no consiguió sostenerla. Rodaron los dos
juntos contra una de las paredes de la galería.
Él se golpeó la cabeza y una de las cuchillas se clavó en su brazo
izquierdo traspasándole la carne. Aulló de dolor. La niña se revolcó contra su
hermano. Amortiguada por el cuerpo de Nomué, salió ilesa del accidente.
Lloriqueó y abrazó a Nomué, a pesar de que el vestido se teñía con la sangre
que fluía a borbotones del brazo abierto del chico.
—¡Ayúdame! —pidió, susurrante— ¡Sácame de esta cosa!
La chiquita se refregó sus ojos y tomándole la mano, quitó la esquirla
que lo atravesaba de lado a lado.
El dolor era insoportable y punzante, Nomué jamás había sentido tal
desesperación en su corta vida. Sea como fuere, salvaguardar a Ninfania era su
prioridad máxima, por más que pereciese en el intento.
—¿Puedes seguir, Nomué?
—Faltaba más… camina adelante, yo te sigo, trata de evitar las
estalagmitas —le dijo con voz casi imperceptible.
Después de trescientos metros, Nomué cayó tendido en el piso sobre su
propio lago de sangre. No tenía caso continuar, agonizaba.
—Nina… por favor, sigue, después te alcanzo —le pidió.
Ninfania no pudo contener el llanto y se acostó a su lado rodeándolo con
los brazos; en cierta forma, se sentía culpable.
—No, no, no es tu culpa, Nina —le dijo, leyendo sus pensamientos—. Eres
lo único que queda de nuestra gente, ¡ve y sube!
Al terminar de decir estas palabras, se durmió para siempre, dejando a
la niña totalmente sola, en camino a un universo legendario, desconocido y tal
vez imaginario.
Por una hora larga derramó mil lágrimas sobre el cadáver de Nomué.
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Apretando sus labios continuó la escalada interminable que comenzara
allá, en las puertas olvidadas de la destruida aldea de Abajo,
donde toda su vida había transcurrido pacífica y llena de acontecimientos
felices, rodeada de sus seres más queridos.
¿Se moriría también? ¿Podría llegar arriba? Como respuesta a sus
interrogantes, una diminuta luz enrarecida se coló por entre lejanas grietas,
pocos metros encima de ella.
Corrió al encuentro del otro lado, al exterior, a la superficie nunca
vista.
Una brisa limpia hizo contacto con su rostro pálido y Ninfania tuvo la
seguridad de que llegaba el fin del camino, lo que su hermano buscaba. Su
hermanito… y arriba tan cerca. Volvió a entristecerse, esta vez no se detuvo.
Le punzaron los ojos. El aire que llenó sus pulmones era más puro, con
aromas extranjeros y hermosos nuevos sonidos. Ante ella se extendía un terreno
más grande que cualquiera de los que existía en su tierra natal. Cientos, tal
vez miles de kilómetros. La hierba verde-amarillenta lo cubría absolutamente
todo hasta donde la vista le alcanzaba. Unas curiosas criaturas voladoras le
llamaron poderosamente la atención, iban de aquí para allá saltando y llevando
pajillas.
Quedó anonadada por la inmensidad del firmamento azul profundo y cegada
por la fuerte luz solar, a la que se acostumbró en varios minutos. Tanta luz…
Era verdad, la otra existencia se encontraba ahí, lejos de ser leyenda. Los
ancianos no mentían.
Ruido. Lo percibió a lo lejos con cierta debilidad, luego se intensificó
gradualmente, algo nuevo para Ninfania se acercó y no tenía nada que ver con
las criaturas saltarinas. Lo pudo ver moverse por sobre los altos pastos a una
velocidad inquietante. Se trataba de una cosa grande y escandalosa. Parecida a
los gigantescos hacedores de luz de Abajo. Pero, ¿quién sabe? ¿Y si
eso tenía vida?
La cosa se encaminó directo a Ninfania. Ella, curiosa e intentando ser
lo más amable posible con los habitantes del nuevo mundo, saludó riendo a la
mole de color roja.
El ser no respondió, se limitó a proseguir su camino. Pisoteó los
grandes pastizales y pasó sobre el delicado cuerpo de Ninfania, quien no tuvo
tiempo de emitir siquiera un lamento final.
Ricardo sintió un brusco movimiento anormal de la cosechadora y
enseguida cortó la ignición. La maquinaria escupió unas cuantas quejas y se
detuvo.
«¡Mierda!, algo se trabó en las cuchillas otra vez…»pensó indignado.
Bajó de la cabina. Fue abriéndose paso en el maizal hasta la parte delantera
del aparato.
Vomitó varias veces al ver aquella monstruosidad entre las aspas. Llamó
a su jefe por celular, sin dejar de contemplar los largos brazos lechosos,
llenos de nauseabundas manchas negras. Larga y puntiaguda la cola escamada…
Estaba muerta, esa cosa estaba muerta, el hecho lo tranquilizó.
Maximiliano Chiaverano vive en Cañada de Gómez, Santa Fe, República
Argentina. Es autor de «Anatema Carmesí» (Editorial Amaru) y sus trabajos
pueden verse en el blog Legado Hereje. Hemos publicado en Axxón: 23.
Este cuento se vincula temáticamente con EL HOYO, de Óscar Bribián, FAST FOOD, de Javier Fernández Bilbao, ¿ME
LLEVAS AL PARQUE?, de Luis Salgado
Axxón 207 – mayo de 2010
Cuento de autor latinoamericano (Cuento : Fantástico : Fantasía : Mundo
subterráneo : Infancia : Argentina : Argentino).


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