Libro N° 10813. Adela Y Marcos (Amor Y Muerte). Daminsky, Carlos.
© Libro N° 10813.
Adela Y Marcos (Amor Y
Muerte). Daminsky, Carlos. Emancipación. Enero 21 de 2023
Título original: ©
Adela Y Marcos (Amor Y Muerte). Carlos
Daminsky
Versión Original: © Adela
Y Marcos (Amor Y Muerte). Carlos Daminsky
Circulación
conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
https://axxon.com.ar/rev/2010/01/adela-y-marcos-amor-y-muerte-carlos-daminsky/
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Portada
E.O. de Imagen original:
Ilustración
para el cuento "Adela y Marcos (Amor y Muerte)", de Carlos Daminsky
©
2010, Aradano: https://axxon.com.ar/rev/204/c-204cuento8ilus1.jpg
© Edición, reedición
y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS
SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
(Amor Y Muerte)
Carlos Daminsky
Adela Y
Marcos (Amor Y Muerte)
Carlos
Daminsky
Adela Y Marcos (Amor Y Muerte)
Carlos Daminsky
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Escena 1
—¿Quieres
mi sangre? —pregunta ella.
—Sí
—responde él.
La mujer
es alta y delgada. De piel mortecina y rostro huesudo. Unas profundas ojeras
contornean sus ojos incoloros.
—¿De
verdad? —responde ella y entonces se deshace de su vestido blanco lleno de
manchas. El atuendo cae suavemente y queda en el suelo como una mortaja. El
cuerpo queda desnudo, las costillas se marcan bajo su piel. Su busto, son dos
flácidos y resecos senos.
El hombre
la contempla tumbado en una camilla. Está lleno de llagas abiertas y apenas se
mueve.
—Adela
—dice con voz ronca
—Marcos
—responde ella.
—¡Adelaaaaa…
sssss… ssss! —susurran las llagas, que ahora son inquietas bocas con dientes.
—¡¡¡Calma
mis heridas, por favor!!! —grita Marcos.
La pálida
mujer se acerca. En una de sus muñecas tiene una válvula. Hace girar con su
otra mano el obturador y vierte unas gotas ambarinas sobre el cuerpo del hombre
yaciente. Inmediatamente, las bocas de las llagas succionan extasiadas el
fluido.
—¡Ah, qué
bueno! ¡Oh, sí! ¡Gracias, Adela! ¡Sí! ¡Ah! —el hombre gime de gusto.
Aquello
excita a la mórbida mujer. Se toca los pechos flácidos y después se lleva
excitada una mano a la vulva. Sus macilentos dedos frotan con pasión, arriba y
abajo. Su cara se contrae. Se llena de arrugas.
—Marcos
mi amor, te quiero tanto… no pienso dejarte morir nunca… ¡Ah, ah, ah! —ella
también gimotea.
Ambos
gimen al unísono, sus respiraciones se entrecortan. Después se aceleran, cuando
el clímax va llegando.
—¡Oh, sí!
¡Mi amor!
—¡¡Adela,
eres un ángel!!
Alcanzan
el orgasmo al unísono y sus voces emiten un enorme aullido, que retumba en las
paredes del lugar aséptico en el que están.
Ella cae
al suelo, desmayada. Él, arquea su cuerpo. Los dientes de las llagas
repiquetean sonoramente, hasta que se paran al unísono y se cierran.
Marcos se
queda un rato pataleando y dando golpes, convulso. Luego queda aparentemente
inerte.
Escena 2
Adela
está en una esquina. Marcos está en la opuesta. Están sentados y con mirada
perdida.
—Cariño,
ya no comprendo nada… ¿Qué día es hoy? —pregunta Marcos.
—Hoy es 1
de enero, de 1999. ¿Para qué lo preguntas?… Ya lo sabes, el tiempo se detuvo en
esa fecha.
—Ya lo
sé, Adela… esperaba que me dijeras otra cosa. Siempre espero que me digas otra
cosa… como si estuviera en un sueño, a la vez real, a la vez irreal. Cuando
estás dormido cambia, cuando estás despierto te vuelve a golpear. Soy a veces
un niño, que no acepta las cosas. Que no acepta que quiebren su realidad…
—Marcos parece llorar.
—No… no…
No llores, por favor. Estoy aquí contigo. No llores…
—¿Ah,
eres real, mi querida Adela?
—Soy
real. ¡¡Soy real!! ¡¡No me ves!! —Ella se tira desesperada de los pelos, una
madeja revuelta en su cabeza medio calva.
—¡No!
¡No! Perdóname. —Marcos alarga su brazo, como queriendo tocarla.
—Pues no
me hagas llorar, no me hieras.
—¿Por qué
estoy enfermo? ¡¡No quiero estar enfermo!! ¡Cúrame! ¡Cúrame! ¡Líbrame de las
heridas! ¡Despiértame de este sueño…!
Ella se
tapa los oídos, no lo quiere escuchar. No.
—¡Adela!
¡Adela! ¡Adela! —la llama insistentemente.
Se tapa
los oídos con más fuerza. Le asaltan imágenes atávicas y devastadoras. Hay
casas que se caen una tras otra, como castillos de naipes. Barrios enteros son
ruinas en segundos. Nubes polvorientas difuminan el cielo y el sol desaparece…
Las imágenes de sus recuerdos se aceleran, en destellos veloces hasta que se
paran: dos hombres con trajes aislantes de color amarillo están clavando un
cartel. Un extraño símbolo, como icono de fatalidad anuncia: PELIGRO BIOLÓGICO.
ZONA RESTRINGIDA.
—¡Adelaaaaaaaaa!
—Marcos continúa llamándola a gritos. Ella no lo soporta. Casi sin fuerzas,
gatea hasta él. Lo abraza, siente su cuerpo frío al apretarlo contra el suyo.
Él, balbucea. Ella, lo arrulla.
—¿Quieres
mi sangre? —le vuelve a preguntar.
Escena 3
Adela
está de espaldas, en el centro, a Marcos, y él está apoyado con los brazos en
la pared ligeramente reclinado.
«¿Quién
soy yo? ¿Quién puedo ser? Soy lo que me dejaron ser». Extraños pensamientos se
plantean en su mente. Surgen desbordando toda la programación que gobierna
implantada en su cerebro. Ella enfermera, cuidadora de aquel ser enfermo.
Creada para tal fin. Único propósito. Amamantadora, por sus venas
semi-artificiales corre el antídoto… pero no es definitivo y ella se va
debilitando. Hace mucho tiempo que nadie abre la puerta blindada, ya no hay
modificaciones en sus organismos. Incluso ese amor maternal inducido que siente
por Marcos, se va quebrando. Aquel hijo al que cuidar…
Tiene que
aparecer alguien, sí. Tarde o temprano vendrán. Paciencia, ahora que el mundo
afuera estaba hecho añicos… Sí. En ella quedaron grabadas las imágenes de la
devastación, allí en el suelo moribunda. Medio quemada, en el suelo ceniciento.
Con los golpes del corazón apagándose, mientras miraba con ojos casi muertos
las enormes hogueras cuyas infernales llamas anunciaban el fracaso de la
humanidad. Y el sueño de la muerte venía… pero entonces notaba manos que la
movían, que la zarandeaban. Gente con trajes de goma la miraba. Hacían gestos
de afirmación con la cabeza. Ella, no quería morir… y su deseo fue hecho.
Después
ya no fue la misma. Las máquinas de brazos articulados se encargaron de
cambiarla. Su nueva transformación, era un posible nuevo futuro. Pero Adela ya
lo dudaba. Nodriza y nueva diosa de la fertilidad en un principio, fiasco al
final…
Lo mira.
«Sigo queriéndolo, no puedo abandonarlo»
Escena 4
Marcos y
sus llagas. Sus llagas y Marcos. «Han de tener cura, han de tener cura».
El
enfermo habla con su propia enfermedad. Un virus de la guerra bacteriológica,
legado de la maldad artificial, arquitectura sintética de la extinción:
—¡Marcos,
Marquito, te vamos a comer en un momentito!
—¡No,
jamás!
—¿Acaso
piensas que vas a salvarte? Nadie se salva. Nadie. Soy la muerte definitiva y
perfecta.
—Ella me
calma. ¡Hijo de puta!
—Sí… pero
yo soy paciente y tengo muchas bocas. La zorra no va a poder conmigo. ¡Nadie
puede conmigo!
—¡Calla,
bastardo! ¡El odio que te tengo me hace seguir viviendo!
—¡Imbécil!
¡No te resistas y esto acabará en segundos!
—¡No!
—Tú lo
que quieres es a esa zorra. La quieres tanto, deseas tanto el líquido que
vierte en ti… Por eso quieres sobrevivir a lo inevitable…
Marcos se
retuerce y se golpea la cabeza con las manos.
—¿Sabes?
Te voy a decirte una cosa… aquí ya no queda nadie… Me oyes, ¡¡nadie!! Y tu
nodriza va a sucumbir, porque ya no podrá renovar esa mierda de antídoto
fallido. ¡Me los he comido a TODOS!
—¡Déjameeeeeee!
Adela
corre hasta Marcos y lo consuela vertiendo un poco de solución. Las llagas
succionan horriblemente y se calman. Ella llora. Él también.
Escena 5
—¿Qué
haces? —pregunta Marcos.
—¡Chisssst!
—No
deberías hacer eso…
—¡Déjame!
—Ella está forcejeando en la puerta.
—¡Apártate
de ahí!
—¿Quieres
callar?
—¡No!
¡No! ¡Apártate!
—¡No
quiero!
Las
llagas del cuerpo de Marcos se abren. Sus bocas susurran, mueven los colmillos
inquietas.
—¡La
puerta no se abrirá! —claman las grotescas heridas.
Ella
golpea la puerta, con su puño sin parar. Gimiendo.
—¡Adela,
déjalo! —aquella puerta lleva mucho tiempo sin abrirse. Y jamás volverá a
hacerlo.
Y
entonces, a consecuencia de sus impotentes golpes, la válvula de su muñeca se
rompe y salta. El líquido ambarino se escapa sin control.
—¡Oh, no!
—exclama ella, asustada.
—¡Cariño!
¡Mi vida! ¿Qué has hecho?
—¡Ayúdame!
—ruega ella impotente e intenta ir hasta Marcos, pero se tambalea. Las fuerzas
se le van. El líquido de sus venas cae en el suelo a borbotones, formando un
círculo que se va ensanchando con rapidez. Resbala y cae en el charco. La
muerte le sobreviene inmediatamente.
Marcos se
arrastra llorando hasta el cadáver. Sus ávidas heridas empiezan succionar el
líquido. Sabe que ahora, sin ella, es cuestión de horas que las llagas acaben
devorándolo a él.
Aquel
experimento humano, olvidado en alguna galería de un inmenso búnker, llega a su
fin. Los dos grotescos amantes quedan tumbados, uno junto al otro, con las
manos entrelazadas.
—Te
quiero tanto, Adela. Esto no es justo. ¿Por qué todo esto?
Escena 0
En aquel
desierto sobresalían varados, apenas, vehículos, construcciones ruinosas y
otros vestigios. Como intentando, burdamente, no naufragar en el manto
polvoriento del olvido que se iba tragando el legado de la humanidad.
El aire
arenoso desgajaba el tiempo muerto y entre toda aquella decadencia, todavía se
alzaba en pie un pequeño edificio cuadrado de hormigón. Sus puertas de acero,
después de mucho tiempo se abrieron produciendo un sonido hueco. De inmediato
el aire polvoriento se introdujo dentro, como reclamando su parte del dominio
del olvido.
En el
umbral se dibujaron dos siluetas borrosas que avanzaron indecisas hacia al
exterior, tambaleándose.
El páramo
yermo que se abría hacia el horizonte era extraño para ambos, pues hacía mucho
tiempo que no habían salido al exterior. La luz molestaba sus ojos, demasiado
habituados a las penumbras subterráneas. Sus cuerpos estaban cansados y sus
mentes se colapsaban.
—Ven
—dijo el hombre que se había sentado en una piedra, con su bata agujereada y
descolorida.
El otro
tipo, que vestía un mono naranja, caminó lentamente y se sentó a su lado.
—Hemos
fracasado. Somos los últimos… —dijo el de la bata andrajosa.
El otro
respondió con silencio y con la mirada perdida.
El aire
continuaba arremolinando, incansable, los granos de arena erosionada.
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—No
deberíamos haberlos dejado ahí dentro encerrados —dijo el de la bata
agujereada, mirando hacia el umbral de la entrada del búnker—. Creo que voy a
volver, para soltarlos a los dos.
—¡Gagggggg!
—pronunció su compañero con un extraño y profundo tono de garganta cuando se
iba a levantar.
Entonces
él, quedó horrorizado cuando el otro hombre se descubrió el mono naranja
mostrando su pecho.
—¡Oh, oh,
oh! —apenas pronunció, mientras caía al suelo e intentaba alejarse.
Su
compañero alzó la cabeza y salió de su abstracción. Una mirada feroz se clavó
en él… aunque más que una mirada era algo grotesco, pues sus ojos eran dos
bocas llenas de colmillos… Al igual que su pecho, en los que un enjambre de
bocas hacía repiquetear sonoramente sus dientes.
—¡He
llegado hasta aquí y ahora soy el dueño de todo ! —exclamaron las repelentes
bocas.
—¡Hijo de
puta! ¡Vete! ¡Déjame en paz! —dijo el hombre de la bata, mientras se arrastraba
frenéticamente… Pero pronto la siniestra sombra del abyecto engendro lo
eclipsó.
—Doctor,
no, no, no…. ¡No me huya! ¡Admire al nuevo dios! ¡Le consolaré! ¡Al igual que a
todos los demás! —Y su compañero se llenó de repugnantes bocas por todo el
cuerpo que iban rasgando la tela de su mono para salir; hambrientas, formando
una asquerosa masa babeante.
A
continuación le cayó encima y lo inmovilizó. El doctor notó cómo los colmillos
rasgaban su pantalón y después le rozaban el pene.
—¡Oh, sí!
—exclamaron las bocas.
Y aquella
cosa arqueó el tronco y empezó a dar embestidas contra el cuerpo del hombre,
que bajo su peso se fue tornando un amasijo de carne sanguinolenta.
Carlos
Daminsky nació en 1973 y es residente de Alcoi (España). Ha publicados relatos
en Portal CIFI, NGC 3660, NM. Se reconoce influenciado por escritores como Poe
o Philip K. Dick, y otros como Joyce. También por el surrealismo y Dalí, por
poetas como Panero o Gonzalo Rojas. Y las películas de terror góticas y
«casposas». Hemos publicado en Axxón sus cuentos: OBITUARIO y MATRIMONIO.
Este
cuento se vincula temáticamente con 2015 o EL
VAMPIRO MODERNO, de Enrique Uribe J., OBITUARIO, de
Carlos Daminsky, VIAJE NOCTURNO, de Olga
Appiani de Linares
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Axxón 204
– enero de 2010
Cuento de autor europeo (Cuento : Fantástico : Ciencia Ficción : Experimentos :
Biología : Monstruosidad : España : Español).

