Libro N° 10804. Los Orígenes Del Materialismo. Novack, George.
© Libro N° 10804.
Los Orígenes Del Materialismo. Novack, George.
Emancipación. Enero 21 de 2023
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Los Orígenes Del Materialismo. George
Novack
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Orígenes Del Materialismo. George Novack
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LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
George Novack
Los
Orígenes Del Materialismo
George
Novack
George
Novack
LOS
ORÍGENES DEL
MATERIALISMO
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
George Novack
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
George Novack 1
(1965)
Prólogo
Capítulo I
Materialismo contra idealismo
Capitulo II
Los fundamentos reales del materialismo
Capítulo III
Magia y Religión
Capitulo IV
El camino a la filosofía
Apéndice: Bumet y Cornford
Capítulo V
La revolución de la civilización egea
Las ciudades-estado jónicas
Mileto. La cuna de la filosofía
Capítulo VI
Los primeros filósofos
Religión y Filosofía
1 Primera edición en Inglés:
The Origins of Materialism. Merit Publishers, New York, 1965. Traducción: Alba
Naiman
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capítulo VII
Las contribuciones de los milesios al materialismo Heráclito
Materia y movimiento
El proceso evolutivo
Las limitaciones de los milesios Materialismo y ateísmo
Los héroes del pensamiento
Capitulo VIII
Los primitivos atomistas
El atomismo griego y la ciencia
La base filosófica del atomismo
Capítulo IX
Las concepciones de los atomistas
Capitulo X
La medicina y la historia en Grecia
Capítulo XI
Los sofistas
Anaxágoras
Los sofistas
Capítulo XII
Atenas y la revolución socrática
La vida en Atenas
La revolución socrática
Capítulo XIII
Platón y Aristóteles
Capítulo XIV
Los logros de los idealistas
Los aportes del idealismo griego a la filosofía Capitulo XV
La filosofía de Epicuro
Capitulo XVI
El materialismo en la civilización romana Luciano
Capítulo XVII
El eclipse del materialismo
Bibliografía citada
PRÓLOGO
Este libro trata sobre los primeros pasos dados por la concepción
materialista del mundo en su desarrollo. Es la continuación y el complemento de
un trabajo anterior, Una Introducción a la Lógica del Marxismo en el que
explicamos las principales ideas del método dialéctico de pensamiento
refiriéndonos sólo incidentalmente a las bases materialistas de la concepción
marxista. Aquí centramos la atención en el aspecto materialista del marxismo.
En el primer capitulo presentamos en forma esquemática las posiciones
del materialismo y del idealismo. Estas dos concepciones sobre el carácter de
la realidad, planteadas por primera vez por los griegos, marcan las fronteras
del pensamiento filosófico. Hoy están en oposición absoluta. Pero el desarrollo
de todas las ramificaciones de estas posiciones filosóficas, la contraposición
clara y nítida de sus diferencias esenciales, la exposición de su total
incompatibilidad, han llevado más de dos mil quinientos años.
Y no menos tiempo llevó que el materialismo adquiriese su actual
claridad y amplitud. Una de las proposiciones fundamentales del materialismo
dialéctico afirma que ningún fenómeno puede compren-derse totalmente hasta que
no se ha desarrollado y consolidado en su plenitud. Esta exigencia del método
marxista también se aplica al materialismo.
En el segundo capitulo nos proponemos demostrar que la actitud
materialista no es fundamentalmente un problema teórico sino una cuestión, de
hecho, producto de la practica. Está, ante todo, sólidamente enraizada en las
condiciones de la vida cotidiana, en las relaciones entre los hombres y su
medio ambiente y en las relaciones que mantienen los hombres entre si. El
materialismo se origina en la actividad diaria y productiva de la humanidad.
Pero hubo, y sigue habiéndola, una inmensa brecha entre la conducta irreflexiva
basada en premisas inconscientemente materialistas y la generalización teórica
de esa práctica sometida a la verificación de los procedimientos científicos.
La humanidad vivió cientos de miles de años hasta crear las condiciones
históricas necesarias para dar el salto del realismo ingenuo de la vida
primitiva hasta la primera formulación conceptual de un método y una concepción
materialistas definidos.
En este libro trazamos la evolución de la teorización materialista desde
su surgimiento entre los griegos de Jonia hasta su elaboración en la sociedad
greco-romana.
Tenemos el propósito de que ésta sea la primera parte de un trabajo más
amplio en el que se discutirían las razones: de la desaparición del
materialismo del pensamiento europeo durante los mil doscientos años que
siguieron a su nacimiento en el Mediterráneo; su reaparición en Occidente a
través de los pensadores musulmanes y judíos; sus esporádicas apariciones
durante la Edad Media; su resurgimiento en Europa Occidental como parte del
surgimiento de la sociedad burguesa; su evolución en el mundo moderno, que
culmina en su perfeccionamiento por las enseñanzas del marxismo.
El materialismo no puede pretender haber irrumpido en el mundo en toda
su plenitud, como una revelación religiosa. Fue producto de un prolongado
desarrollo histórico en el terreno ideológico. Concebido por los griegos,
sufrió complejos procesos de elaboración intelectual por parte de muchas mentes
capaces. El materialismo moderno constituye el resultado, la consecuencia de
muchos milenios de investigación consciente de los aspectos más fundamentales y
profundos del universo que habitamos y del modo de conocerlo.
Para comprender los medios más modernos de la producción agrícola, con
su enorme capacidad, es necesario remontarse a los implementos más simples de
nuestros antepasados salvajes y seguir paso a paso su evolución. En el Museo
Británico de Ciencias de Londres se exhibe una serie cronológica de implementos
agrícolas utilizados para preparar la tierra para el cultivo. La muestra
comienza con los palos de excavar y las azadas de los salvajes, sigue con el
arado de tracción a sangre y termina con el tractor. El palo de excavar
primitivo, simplemente una raíz o una rama de árbol aguzada en un extremo, está
muy lejos de la maquinaria utilizada en las granjas actuales. Sin embargo fue
la primera de la serie de herramientas que revolucionaron la producción de
alimentos y tejidos y elevaron la civilización a su nivel actual.
En este caso se trata de instrumentos de trabajo que, aunque producto de
la actividad colectiva y del pensamiento individual, son objetos materiales
utilizados en el proceso productivo. Las filosofías son combinaciones de ideas
que, aunque referidas a realidades objetivas, son de naturaleza esencialmente
intelectual. Sin embargo, las herramientas del pensamiento, los conceptos,
utilizados por la filosofía para la producción intelectual, tienen un origen
similar al de los medios materiales de producción que fabrican los hombres.
Estos conceptos fueron creados según evolucionaba la capacidad productiva del
hombre y a partir de sus cambiantes relaciones sociales. Las primeras ideas
elementales de carácter materialista eran muy elementales y confusas. Pero contenían
la semilla que luego fructificó. De ellas provienen los instrumentos del
pensamiento más precisos y versátiles, los conceptos más correctos, las
formulaciones claras y totalizadoras del materialismo dialéctica.
Analizando el desarrollo del materialismo desde sus comienzos en Grecia
hasta la actualidad, podemos distinguir tres etapas y tres tipos de pensamiento
materialista que les corresponden:
1 – El materialismo antiguo, que comienza con Tales en el siglo VI a.C.
y culmina con Lucrecio en el siglo I d.C.
2 – El materialismo burgués que se originó en el siglo XVI en Italia y
concluyó con Feuerbach en el siglo XIX.
3 – El materialismo dialéctico, la concepción de la clase obrera
industrial, creado por Marx y Engels a mediados del siglo XIX, que después de
su muerte continuaron elaborando principalmente sus discípulos alemanes y
rusos.
La primera etapa, del naturalismo de los jónicos al atomismo mecanicista
de Lucrecio, produjo los principios básicos del materialismo aunque en forma
elemental y restringida. Los materialistas antiguos enunciaron los temas que
elaborarían sus sucesores. Se plantearon el aspecto dialéctico y el mecanicista
de su pensamiento pero ninguno se desarrolló plenamente.
A medida que avanzaban la sociedad y la ciencia la estructura del
materialismo se hizo más compleja y más rico el contenido de sus
descubrimientos y las determinaciones de su pensamiento. La segunda etapa del
materialismo, producto del surgimiento del capitalismo, fue predominantemente
mecanicista en su concepción y rígidamente metafísica en su método de
pensamiento. Aunque la forma actual del materialismo, ligada al socialismo
revolucionario, reconoce la validez
del mecanicismo en su esfera específica, es totalmente evolucionista en
su concepción y dialéctica en su método.
En cada uno de estos extensos periodos de su desarrollo el materia-lismo
tuvo muchos matices y sufrió muchas desviaciones en su camino. El materialismo
antiguo, por ejemplo, atravesó tres etapas principales, cada una de ellas
relacionada con un periodo específico de la historia de la sociedad
mediterránea: la escuela de los jónicos, en los siglos VI y V; los primeros
atomistas, en los siglos V y IV, y los epicúreos, que florecieron entre el
siglo IV antes de Cristo y el siglo II después de Cristo.
Hubo también algunas corrientes transicionales, como el pensamiento
materialista entre los árabes, que conservaron algunas de las enseñanzas de la
Antigüedad y prepararon así el renacimiento del materialismo en Europa
Occidental, o el trabajo de Feuerbach que sirvió de puente entre el
materialismo mecanicista del siglo XVIII y el materialismo dialéctico. Pero las
tres tradiciones mencionadas son los tipos históricos predominantes, que se
sucedieron en la evolución de la concepción materialista de la realidad.
El historiador del materialismo debe señalar las condiciones sociales y
científicas que produjeron estas tres etapas de la filosofía materialista, los
cambios históricos que las transformaron, superaron y elevaron, y las analogías
y diferencias entre ellas. Uno de los objetivos, de la investigación,
científica es demostrar, a diferencia de lo que afirman los escépticos, que la
historia, incluyendo la historia de la filosofía, tiene un sentido y produce
resultados positivos y progresivos. A pesar de sus aberraciones, repeticiones y
retrocesos, la filosofía siguió una línea lógica trazada por las cambiantes
condiciones de la vida social e intelectual del mundo occidental. Así lo
demuestra la historia del materialismo, el producto más fructífero de ese
proceso que constituye la mejor guía para la comprensión del universo que nos
rodea.
Este trabajo no abarca toda la filosofía, sino que se concentra en una
de sus corrientes, en las etapas principales de la evolución primitiva del
materialismo y los rasgos distintivos de cada etapa, y esto incluso con
limitaciones. Nos limitamos a la filosofía occidental. Al ampliarse el
horizonte de la historia antigua se descubrió en Occidente que China e India
produjeron aportes paralelos en la especulación racional, la lógica y el
pensamiento materialista. En The First Philosophers2 George Thomson ha aportado
recientemente un estudio comparativo desde el punto de vista marxista sobre
estos comienzos en China y Grecia.
Pero estas corrientes pioneras del pensamiento filosófico en Oriente no
son tratadas aquí. Hacerlo nos alejaría mucho de nuestro propósito principal,
que es seguir el progreso del materialismo desde su primera aparición hasta su
concreción actual. Por razones históricas específicas, los promisorios retoños
filosóficos de Oriente no maduraron y fructificaron como los de Occidente.
Solamente las tendencias y tradiciones materialistas de Occidente han seguido
un desarrollo sostenido, pese a sus interrupciones y divagaciones. Sólo ellas
culminaron en la escuela científica del marxismo, la forma superior del
materialismo, que llegó a ser una adquisición indispensable de la cultura del
mundo contemporáneo.
Este es un estudio de la evolución del materialismo, más que una
historia de los materialistas. Ambas cosas son inseparables, aunque no
idénticas. El materialismo como concepción del mundo ha tenido un desarrollo
objetivo que supera al de cualquiera de sus exponentes, por profunda que haya
sido su comprensión e importantes sus aportes individuales.
Pero esta no es una historia completa del materialismo, con todos sus
matices y complicaciones. Un estudio tan detallado puede ser útil para los
investigadores, pero no sirve como introducción al tema. Por supuesto, los
investigadores socialistas deben conocer profundamente toda la filosofía. Pero
nuestro objetivo es diferente; lo que pretendemos es presentar los
descubrimientos principales de este campo de la manera más sencilla y clara
posible.
La realización de cada uno de estos objetivos plantea dificultades
específicas. Durante mucho tiempo, quienes estudiaron filosofía y escribieron
su historia fueron los investigadores inclinados al idealismo, no los
materialistas. Estos autores a menudo dejaron de lado, minimizaron o
distorsionaron las ideas de los materialistas y el rol que jugaron en la
elaboración del pensamiento occidental.
2 Ver índice bibliográfico al
final del libro.
23
George Novack
Otros, llevados por una perspectiva puramente racionalista de la
historia de la filosofía, explicaron inadecuadamente a los pensadores
materialistas, disociando el desarrollo de sus ideas de las circunstancias
históricas y antagonismos sociales específicos que los nutrieron y formaron.
La escasez de los tratados sobre historia del materialismo acentúa esta
insatisfactoria situación. Hay muchas historias de la filosofía, pero muy pocos
tratados generales sobre sus expresiones materialistas. Seguramente se han
escrito numerosas monografías excelentes sobre las posiciones fundamentales del
materialismo y sobre aspectos especiales de su desarrollo. Pero el único
tratado de materialismo completo en ingles que conozco es History of
Materialism, en tres volúmenes, del profesor alemán de filosofía Frederick
Lange, publicada por primera vez en 1865, que fue originariamente un curso de
conferencias en la Universidad de Bonn. Este trabajo, aunque todavía puede ser
útil, lamentablemente es muy deficiente y contiene muchos errores.
Lange no era materialista; era un semiidealista de la escuela kantiana
que intentaba corregir con su historia los errores del materialismo, tal como
él los entendía (o mejor dicho no los entendía), Marx y Engels conocían su
trabajo y lo criticaron ásperamente. Lenin lo caracterizó correctamente como
una historia “falsificada” del materialismo. Sin embargo, no se escribió nada
que lo superara, desde que fue publicado hace casi un siglo.
La guía indispensable para comprender la doctrina y la historia del
materialismo la constituyen los trabajos de los fundadores del marxismo, desde
sus primeros escritos sobre cuestiones filosóficas de la década de 1840 hasta
las últimas cartas de Engels sobre materia-lismo histórico de 1895. El mejor
expositor de la filosofía marxista sigue siendo Plejanov. Plejanov educó a toda
la generación de marxistas rusos que dirigió la Revolución Bolchevique, y sus
ensayos sobre problemas teóricos son brillantes por su profundidad y erudición.
24
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Su trabajo más extenso es En defensa del materialismo, al que Lenin
consideraba una “exposición notablemente lógica y valiosa del materialismo
dialéctico”. Comienza con los materialistas franceses de la segunda mitad del
siglo XVIII y concluye con una explicación de la concepción del materialismo
dialéctico. Plejanov lo utilizó en su polémica contra la escuela sociológica
subjetivista de Rusia. Pero se redujo a la consideración de los momentos
culminantes del desarrollo del materialismo burgués en los siglos XVIII y XIX y
el salto desde las posiciones más avanzadas de ese materialismo al socialismo
científico.
Los marxistas ingleses, sobre todo George Thomson y Benjamin Farrington,
muy influidos por el movimiento comunista oficial, hicieron notables aportes a
nuestra comprensión del materialismo en la Antigüedad, aportes que yo tomo en
mi libro. Farrington nos esclareció sobre la influencia de la tecnología en la
ciencia griega; Thomson planteó el rol que jugaron en la formación de la
filosofía griega la producción de mercancías, la circulación monetaria y la
revolución democrática.
Pero persiste la necesidad de una historia de todo el proceso de
surgimiento y expansión del pensamiento materialista. Esta es una modesta
contribución a esa historia de la cual todavía tanto hay que explorar y
registrar.
* * *
Otra de las dificultades evidentes que se presentan reside en cómo
exponer el desarrollo del materialismo. El filosofar constituye una función muy
especializada de la actividad social; es sólo un aspecto de la compleja cultura
civilizada. El materialismo, una de las dos principales corrientes de la
filosofía, ha coexistido y preexistido en otras formas que las de la teoría
filosófica abstracta.
El materialismo surge, de la actividad práctica de la sociedad e
impregna todos los aspectos de la vida humana. De hecho, es menos común la
exposición general de la perspectiva materialista y su correspondiente método
de acción bien definido que las actitudes materialistas concretas, que se
manifiestan en la política, la ley, las costumbres, la moral, la industria, el
arte y la ciencia. La formulación de una filosofía materialista aparece como la
expresión más elevada de esas tendencias en otras esferas de la actividad vital
25
George Novack
Es tan poderosa la necesidad de expresarse del materialismo que puede
llegar hasta a ser barrido de la filosofía oficial sin que deje de afirmarse
por todos lados. A causa de sus implicancias heréticas el materialismo fue un
anatema, por ejemplo, en la Europa medieval, cuando la teología de la Iglesia
Católica mantenía prisionera a la filosofía. Sin embargo el impulso
materialista, impedido de expresarse directamente en conclusiones teóricas,
fluía por otros canales.
Se manifestaba en la irreverencia hacia el clero de los relatos
populares franceses llamados fabliaux, en los grabados en madera en los
pesebres y gárgolas de las catedrales, en las obras literarias de Bocaccio y
Chaucer, que se mofaban de los curas y describían a los monjes como
fornicadores, mentirosos, glotones, borrachos, holgazanes e hipócritas.
Los Cuentos de Canterbury de Chaucer son un ejemplo de cómo se
‘infiltra’ el demonio materialista pese a los edictos oficiales. El
materialismo estaba tan alejado de las intenciones de Chaucer como de la
filosofía de la Inglaterra del siglo XIV. Al final de sus poemas el católico
devoto pide a Cristo que, en su infinita misericordia, “olvide sus pecados”,
entre ellos sus “escritos llenos de vanidad mundana”.
Sin embargo, la actitud critica que mantiene Chaucer en sus Cuentos
hacia los altos dignatarios de la Iglesia refleja un materialismo latente. Se
hace muy evidente en los retratos del Prólogo de la Monja Abadesa y el Monje
Abad. El poeta pinta a la monja como una dama que, bajo el barniz de su
vocación eclesiástica, oculta inquietudes tan terrenales como la preocupación
por el lenguaje culto, los modales refinados, las ropas a la moda y las joyas
brillantes. Su rosario pintado de verde tiene un broche de oro en el que está
grabada la siguiente inscripción: “El amor lo consigue todo”. Insinúa
maliciosamente que este lema no se refiere exclusivamente a la adoración
celestial.
Su monje “gordo y atractivo” y su fraile codicioso tienen rasgos
igual-mente mundanos. Chaucer pone al desnudo la distancia que media entre la
realidad de estos personajes eclesiásticos y las pretensiones de su oficio. Y
acentúa el contraste con el retrato de su pobre párroco, que no sólo enseñaba
el credo de Cristo sino que “ante todo lo seguía”.
26
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
El hecho es que la observación realista del poeta de los tipos sociales
de la Inglaterra medieval estaba animada por un espíritu materialista, que
aunque inconsciente no era por ello menos efectivo. La critica a la jerarquía
eclesiástica no está formulada en términos generales; sin embargo está presente
en la penetrante visión creadora del artista. Él, junto con Langland y Wyclif,
lanzó las primeras protestas contra los abusos de esa omnipresente institución
feudal. Fueron los heraldos del movimiento que se nutriría de muchas vertientes
y explotaría en el irrefrenable estallido del pensamiento y el sentimiento
anticatólico que provocaría dos siglos después la separación de Roma de la
Iglesia Británica.
Si descendemos de las enrarecidas regiones de la religión y la
literatura medievales, nos encontramos, cinco siglos después, con una explosión
mucho más poderosa del sentimiento materialista, esta vez en la esfera de la
política, en América del Norte. Tom Paine no era un poeta; fue el principal
propagandista de la primera revolución colonial triunfante de la época moderna.
No era católico ni ateo; era deísta, es decir, un protestante racionalista.
Pero en sus creencias religiosas no entraban “el origen y el derecho divino de
los reyes”.
Para justificar la lucha de los colonos por la independencia y la
justicia del republicanismo se vio obligado no sólo a ridiculizar y rechazar
las pretensiones divinas de los monarcas, sino a ponerlos totalmente al
desnudo. Anatematizaba al rey Jorge III llamándolo ‘garra del demonio’ y
maldición de la humanidad. Era un ataque materialista a los funda-mentos
teológicos de la realeza, inspirado por los objetivos políticos de la causa
revolucionaria.
En nuestra época podemos observar contradicciones similares entre la
teoría antimaterialista y la práctica materialista en la clase obrera. Un
trabajador religioso, por ejemplo, puede ir a la iglesia todos los domingos y
asentir cuando le predican que todos los hombres son hermanos. Dios es su padre
y las cosas de este mundo nada significan comparadas con la recompensa
celestial que puede deparar el futuro. Al día siguiente puede dejar de lado
estos piadosos sentimientos e ir a la huelga por aumento de salario, contra un
patrón que tal vez pertenezca a su misma confesión. Se enfrentará con los
rompehuelgas y la policía y llevará adelante la lucha de clases de manera muy
materialista por cierto. Sus ideas más generales pueden estar en total
contradicción con su práctica en defensa de su nivel de vida.
27
George Novack
Como vemos, la práctica materialista no siempre va acompañada por el
pensamiento materialista, A lo largo de la historia sus relaciones han sido
complejas y a menudo contradictorias. Pero en estas páginas nos interesa sobre
todo estudiar el materialismo tal como se expresa en sus formas más
generalizadas y conscientes en los filósofos, desde Tales a Marx.
***
¿Por qué se ha dejado de lado y distorsionado tanto la historia del
materialismo? La filosofía materialista surgió en oposición a la arcaica
concepción religiosa de la aristocracia agrícola, impulsada por las fuerzas
nuevas de una sociedad esclavista comercial. Desde entonces ha tenido que
luchar por su “espacio vital” contra las conservadoras clases dominantes.
En Grecia no solamente el materialismo era peligroso; también lo era el
simple ejercicio del razonamiento metódico, que no podía dejar de dirigirse
contra las antiguas ideas religiosas y los hábitos e instituciones
santificados. Muchos filósofos griegos fueron perseguidos, expulsados de sus
comunidades e incluso condenados a muerte por sus enseñanzas. En la Atenas de
Pericles se condenó a Anaxágoras por atacar la religión y se lo obligó a
escapar por haber dicho que el sol era “una masa brillante de piedra” y la luna
de naturaleza terrenal ¿Acaso no enseñaban los sacerdotes que el sol y la luna
eran seres divinos, y no era la religión un medio para controlar a las masas?
Era aun más peligroso profesar ideas materialistas en la Edad Media,
Cuando se corría el riesgo de ser condenado por herejía como Roger Bacon,
excomulgado de la Iglesia o asesinado. Esta fue la suerte de Giordano Bruno en
época tan tardía como el siglo XVII.
En la era burguesa se persiguió a los pensadores de mentalidad
materialista y se anatematizaron sus ideas. Se pueden citar cientos de
ejemplos, desde la expulsión de Descartes de Francia, pasando por la excomunión
de Spinoza de la comunidad judía de Amsterdam, hasta los ataques a Hobbes y J.
Priestley en Inglaterra. No todos estos filósofos perseguidos eran totalmente
materialistas. Pero sus críticas a las doctrinas religiosas e idealistas
predominantes tenían el matiz materialista suficiente como para hacerlos
sospechosos de heterodoxia y pasibles de castigo.
28
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Hasta nuestra época los pensadores materialistas y sus seguidores casi
siempre y en todas partes han sido una minoría. Algunos se han visto obligados
a llevar una existencia furtiva y a menudo a ocultar todas las implicancias de
sus ideas. Fueron la tendencia oprimida en el campo de la filosofía. Por más
que en determinados periodos su influencia se haya extendido bastante en
algunos sectores, la concepción materialista nunca gobernó la sociedad o el
mundo intelectual de conjunto. Sin embargo, las ideas de los estudiosos y
científicos materialistas han sido una de las grandes fuerzas motoras del
progreso ideológico y científico. Inspiraron todos los descubrimientos que
hicieron época en la ciencia natural, desde las primeras aproximaciones de las
hipótesis atomistas en Grecia hasta la teoría de Darwin de la evolución
orgánica.
A pesar de ello, la concepción materialista todavía es impopular en todo
el mundo occidental, y también en los Estados Unidos. No sólo se la rechaza
porque constituye la principal arma teórica contra todo tipo de
sobrenaturalismo, espiritualismo y oscurantismo. En la actualidad se la combate
con tanta vehemencia porque se asocia estrechamente la filosofía materialista
con el movimiento socialista y el marxismo, con las luchas de los obreros por
su liberación del capitalismo y con la oposición política al orden establecido.
La lucha entre el materialismo y sus adversarios, que comenzó hace
alrededor de dos mil quinientos años, todavía se está librando a nuestro
alrededor. Los defensores del capitalismo, de la universidad y las iglesias a
los medios de propaganda realizan persistentes esfuerzos por evitar la
penetración del pensamiento materialista.
Life, la publicación de Luce, la revista de mayor circulación en los
Estados Unidos, es uno de los protagonistas más activos de la cruzada
antimaterialista. En 1956 publicó una serie sobre La epopeya del hombre que
trataba de los últimos descubrimientos científicos sobre los orígenes de la
civilización. Era imposible referirse a ese tema sin socavar, aunque sea por
sus implicancias, el cristianismo ortodoxo. Si, como lo demuestra
indiscutiblemente la teoría de la evolución, el hombre surgió del reino animal,
¿qué crédito puede dársele a Adán y Eva y fábulas similares sobre el origen
divino del hombre?
29
George Novack
Los editores se apresuraron a vacunar a sus lectores contra toda herejía
materialista:
“La cosmología materialista –escribieron– ha demostrado ser tan poco
satisfactoria como la lectura literal del Génesis, el sistema geocéntrico de
Ptolomeo o el universo que funciona como un reloj de Newton. Y el secreto del
origen del hombre y la razón de su existencia en este planeta sigue siendo tan
misterioso como antes.”
¡O sea que todas las conclusiones de la ciencia no nos dicen nada que no
supieran ya las tribus israelitas sobre el desarrollo del mundo y el destino de
la humanidad!
Desechada así la “cosmogonía materialista” (y de paso los resultados de
la ciencia), los editores plantean que el surgimiento y actividad de la
“conciencia” constituye la prueba decisiva de la naturaleza divina del hombre.
Contraponen la moralidad eterna a las conclusiones de la ciencia moderna, que
se basa en el método del materialismo. Los argumentos teóricos de estos
apologistas de la existencia de Dios son tan débiles como inmensos sus recursos
financieros e influencias.
Pero una cosa es evidente. Estos defensores de la religión y el
capitalismo consideran al materialismo su principal enemigo ideológico, al que
hay que combatir aunque el costo signifique el suicidio de la ciencia. Esos
cerebros que funcionan en los rascacielos se ponen al mismo nivel que los
adversarios del materialismo de la antigua Grecia, los cazadores de herejes de
la Europa católica medieval y los patanes bautistas que trataban de barrer el
darwinismo en Tennesee hace algunas décadas.
Las disputas entre materialistas y antimaterialistas tienen una inmensa
importancia práctica y están lejos de haberse solucionado. De allí los
objetivos sociales y políticos de nuestro estudio teórico.
No caben dudas sobre quién saldrá victorioso en esta lucha por la
supremacía que libran el materialismo y el antimaterialismo, la ciencia y la
religión, la claridad y el oscurantismo. Aunque el materialismo no es el que
manda en la filosofía o en los acontecimientos cotidianos, a escala histórica
ha ido ganando terreno y consolidándose. Cuenta con ricas tradiciones, un
contenido cada vez más amplio y las más diversas
30
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
aplicaciones. Opera hoy sobre bases mucho más firmes que en el pasado y
ha afinado mucho más las armas con las que combate a sus adversarios y resuelve
los problemas de la ciencia y la sociedad.
El materialismo se ve constantemente confirmado por los avances de la
tecnología, la ciencia y la industria. Los progresos de la lucha de clases y
los éxitos del movimiento obrero internacional lo fortalecen mucho más. La
acción de las masas que pelean por una vida mejor es su apoyo social más
poderoso y su mayor fuente de reaprovisiona-miento.
Pero todavía le esperan sus batallas más intensas. Como en su infancia,
el materialismo todavía tiene que pelear por conquistar el lugar que le
corresponde por ser la perspectiva futura de la humanidad emancipada. Todavía
tiene que producirse su triunfo definitivo en los dominios del pensamiento.
Pueda esta introducción a la historia de su primera época ayudar a acercar esta
conquista.
George Novack
31
George Novack
Capítulo I
MATERIALISMO CONTRA IDEALISMO
Todas las filosofías se han visto enfrentadas con dos interrogantes: ¿En
qué consiste la realidad? ¿Cómo se origina? Y después de los primeros griegos,
los filósofos han debido responder otra pregunta: ¿Cómo se conoce la realidad?
Las respuestas que se dieron a estas preguntas fundamentales determinaron el
carácter de la filosofía y la ubicación del filósofo.
Casi desde los comienzos de la filosofía existieron dos posiciones
principales sobre estos problemas: la materialista y la idealista. En su
fundamental Historia de la filosofía Hegel declaró que “en todos los tiempos
hubo sólo una filosofía cuyas diferenciaciones contemporáneas constituyen los
aspectos necesarios de lo principal”. Por cierto, a diferencia de otras formas
de actividad intelectual, la de filosofar ha conservado determinados rasgos
comunes que le dan continuidad desde los griegos hasta la actualidad. Pero este
proceso de genera-lización del pensamiento constituye en de fondo una unidad de
modos divergentes, y en última instancia opuestos, de explicar racionalmente el
universo. El método materialista está en un polo; el idealista en el otro.
¿Cuáles son los principios esenciales del materialismo que lo
diferencian de todas las demás tendencias filosóficas? ¿Cuáles son los rasgos
distintivos que nos permiten reconocer a un pensador materialista y afirmar que
una persona razona siguiendo lineamientos materialistas? Resumámoslo
brevemente.
1 – La proposición básica del materialismo se refiere a la existencia de
la realidad independiente de la existencia de la humanidad. Afirma que la
materia es la sustancia primordial, la esencia, de la realidad. Todo proviene
de la materia y sus movimientos, y la materia es la base de todo. La frase
“Madre Naturaleza” expresa este pensamiento. Esto significa, en términos
materialistas, que la naturaleza es la fuente última de todo lo existente en el
universo, desde los sistemas galácticos hasta los pensamientos más íntimos y
audaces del homo sapiens.
32
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
2 – El segundo aspecto del materialismo se refiere a las relaciones
entre la materia y el pensamiento. Según el materialismo, la materia produce el
pensamiento y éste nunca existe independientemente de la materia. El
pensamiento es el producto más elevado del desarrollo material y la
organización animal, y la forma más compleja de actividad humana.
3 – Esto significa que la naturaleza existe independientemente del
pensamiento, pero que éste no puede existir aparte de la materia. El mundo
material existía mucho antes del comienzo de la humanidad o de cualquier ser
pensante. Como diría Feuerbach:
“La verdadera relación entre el Ser y el pensamiento es ésta: el Ser es
el sujeto, el pensamiento el predicado. El pensamiento surge del Ser, pero el
Ser no surge del pensamiento.”
4 – Queda excluida así la existencia de algún Dios, o dioses, espíritus,
almas u otras entidades inmateriales que se pueda suponer dirigen los actos de
la naturaleza, la sociedad y el hombre, o influyen sobre ellos.
Estos son los principios elementales de la concepción materialista.
Ellos determinan si el modo de pensar de alguien lo es o no, aunque esa misma
persona no lo sepa.
Se puede comprender qué significan los principios materialistas
comparándolos con una manera muy diferente de interpretar el mundo: la
filosofía idealista. Uno de los métodos dialécticos de explicar una cosa
consiste en demostrar cómo se relaciona con su contrario. Por ejemplo,
comprender qué es una hembra implica saber qué es el macho y cómo funciona el
ciclo reproductivo. Si queremos descubrir qué es un capitalista, debemos
conocer también el surgimiento y evolución del trabajador asalariado. Sólo entonces
podremos aprehender la esencia del sistema capitalista, basado en las
relaciones entre estas dos clases sociales interdependientes aunque
antagónicas.
El contrario filosófico del materialismo es el idealismo. Estas dos
formas de pensamiento se definen y limitan recíprocamente en el campo de la
filosofía. Por lo tanto, hasta que no sepamos qué es el idealismo no podremos
comprender a fondo las posiciones del materialismo, y viceversa.
33
George Novack
¿Que sostiene el idealismo (es decir, el idealismo consecuente)?
1 – El elemento fundamental de la realidad no lo constituye la materia
sino la mente o el Espíritu. En última instancia, todo proviene de este y
depende de su actividad.
2 – El pensamiento genera los objetos materiales; tras el mundo
material, o ante él, acecha el Espíritu o mente que lo crea. La Naturaleza
puede ser la madre, pero hay un Dios-Padre que la trasciende.
3 – Por lo tanto, la mente o Espíritu es anterior a la materia e
independiente de ésta. El Espíritu es la realidad permanente; la materia apenas
un aspecto o ilusión pasajera.
4 – La mente o Espíritu es idéntico a lo divino, o emana de este. Por lo
menos deja abierta la posibilidad de existencia de lo sobrenatural, admite su
poder y su interferencia.
Debe notarse que las proposiciones básicas de ambos tipos de pensamiento
se oponen absolutamente. Uno debe ser correcto y el otro erróneo; no pueden ser
correctos ambos. Quien sostiene consecuentemente las posiciones de uno
inevitablemente llega a conclusiones absolutamente opuestas a las del otro.
El materialismo y el idealismo son las dos tendencias, las dos líneas,
los dos campos principales en el terreno de la filosofía, de la misma manera
que la clase capitalista y la clase trabajadora son las dos fuerzas sociales
decisivas en la sociedad contemporánea. Esto no significa que no haya otras
posiciones filosóficas. De hecho, la historia de la filosofía exhibe muchas
combinaciones de ideas y métodos que ocupan todo un espectro de posiciones
entre ambos extremos. Aunque estos matices del pensamiento no pueden agruparse
incondicional-mente bajo ninguna de las dos categorías claramente definidas,
sólo pueden entenderse refiriéndolos a ellas.
Veamos tres ejemplos de estas filosofías intermedias y amorfas. Hay
agnósticos que no pueden decidir si realmente existe una realidad exterior
independiente de nosotros y si es posible conocerla. En tanto que agnósticos
permanecen suspendidos entre el materialismo y el idealismo.
34
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La teoría del conocimiento ideada por el famoso filósofo alemán Kant
está estrechamente relacionada con esa posición. Sostenía que las “cosas en sí”
existen como realidades objetivas. En esto estaba de acuerdo con el
materialismo. Pero luego afirmaba que el hombre nunca podrá conocerlas: sólo
podemos conocer fenómenos, es decir, “las cosas tal como se nos aparecen”. Con
esta conclusión Kant retrocedía al idealismo.
Muchos pragmatistas norteamericanos se rehúsan a tomar una posición
firme sobre si la naturaleza existe o no independientemente de la experiencia
humana. No están seguros de si la experiencia necesariamente surge de la
naturaleza o la naturaleza es producto de la experiencia. Estos vacilantes
responden con toda clase de evasivas cuando se los enfrenta a esta alternativa.
Aunque los pragmatistas alegan haber superado la oposición entre materialismo e
idealismo, en realidad, en lo que hace a la teoría del conocimiento eluden las
cuestiones decisivas.
Estas formas de pensar son confusas e inconsecuentes en relación a los
problemas fundamentales planteados por el mundo real y la teoría del
conocimiento. Cuando sus sostenedores se ven entre la espada y la pared y se
los obliga a abandonar su indefinición alrededor de estas cuestiones básicas
generalmente terminan alineándose con el idealismo.
Estos filósofos sostienen posiciones esencialmente eclécticas. Hay otros
a quienes se debe ubicar entre los materialistas o los idealistas, ya que lo
fundamental de su teoría se orienta en una u otra dirección, aunque en una
cantidad de cuestiones secundarias exhiban tendencias hacia la dirección
opuesta.
Pero sólo seremos capaces de analizar y comprender todas estas
formaciones complejas y contradictorias de la historia de la filosofía si
captamos a fondo las ideas que caracterizan a los dos oponentes principales: el
materialismo y el idealismo. Con ellos no se agota el campo de la filosofía,
pero lo dominan. Determinan las tendencias principales de su evolución y las
posiciones reales de las escuelas que oscilan entre ambos. Constituyen la guía
que nos permite orientarnos firmemente y sin perdemos a través del abigarrado
laberinto de las opiniones y las controversias filosóficas.
35
George Novack
Los principios elementales del materialismo no cambiaron, desde que éste
hizo su aparición en la Antigüedad hasta nuestros días. Pero la historia del
materialismo no es la crónica de una aburrida repetición de un conjunto de
principios abstractos que aparecieron ya completos de una vez para siempre,
para ser redescubiertos y reafirmados periódicamente en su forma primitiva. El
materialismo sufrió todo un proceso, que comenzó con las primeras y toscas
formulaciones de sus proposiciones esenciales y continuó ramificándose, hasta
adquirir su forma actual. La filosofía materialista no sólo cambiaba
formalmente en cada etapa de su desarrollo; también se diversificaba
considerable-mente y ampliaba su perspectiva.
Durante los últimos dos mil quinientos años se han construido
super-estructuras sumamente variadas sobre las premisas filosóficas del
materialismo. Este presenta, en cada época, diferencias muy marcadas. Por
ejemplo, es muy distinto el primitivo evolucionismo naturalista de los milesios
(siglo VI a.C.) del complejo atomismo mecanicista de Lucrecio (siglo 1 d.C.).
Incluso dentro de la escuela atomista hay disparidades; Lucrecio agrega a las
observaciones de Demócrito algunas novedades y desecha algunas de sus
afirmaciones, ya perimidas entonces.
Aun mayores son las diferencias entre las corrientes antiguas del
pensamiento materialista y las modernas. Todos los materialistas sostuvieron
que la materia en movimiento constituye el fundamento de la realidad. Pero en
cada época la concepción de materia, de movimiento y de sus relaciones
recíprocas fue diversa.
Consideremos, por ejemplo, las siguientes definiciones de movimiento:
dos de la Antigüedad y dos de la época moderna. Para los jónicos la principal
propiedad del movimiento de la materia consistía en el modo en que comenzaba a
ser y dejaba de ser. Los atomistas ponían el acento en el desplazamiento en el
vacío de las partículas de materia.
Los materialistas burgueses basaban su concepción del mundo en el simple
movimiento mecánico de las masas y su impacto exterior, reducían todos los
modos de movimiento a éste. Por último, los materialistas dialécticos definen
el movimiento de manera mucho más compleja y correcta; lo consideran el proceso
de transformación universal en el cual la materia adquiere las más diversas
cualidades del
36
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
movimiento, desde la del movimiento mecánico hasta la del movimiento
mental. Cualquiera de estos modos específicos de movimiento se puede convertir
en otro en las condiciones histórico-materiales adecuadas. Y sin duda existen
importantes aspectos del movimiento de la materia que aún no han sido
descubiertos.
Igualmente diversas son las opiniones surgidas en las sucesivas etapas
del pensamiento materialista sobre la naturaleza de la matearía y su
estructura. Los griegos concebían a la sustancia primaria (physis) compuesta de
uno o múltiples elementos; Hobbes la concebía como cuerpo extenso; el concepto
evolucionista moderno de materia tiene en cuenta las infinitas determinaciones
de la existencia material, desde las partículas subatómicas y los sistemas
galácticos hasta los sores humanos que viven, sienten y piensan.
Si pasamos de la naturaleza a la sociedad, advertimos una variación
igualmente amplia en las perspectivas históricas, las concepciones sociales y
los códigos morales de las escuelas materialistas. Aunque las escuelas antiguas
y modernas se apoyaban en una concepción materialista del mundo y del lugar que
el hombre ocupa en éste, la orientación social de los epicúreos, por ejemplo,
era totalmente opuesta a la del marxismo. Los epicúreos predicaban la sumisión
a la naturaleza, el desapego de los problemas del mundo y de la lucha política,
la práctica de la contemplación. Predominaba en ellos lo pasivo, lo
restrictivo, lo pesimista. Contrario a esta filosofía de la resignación, el
materialismo dialéctico adopta una posición agresiva frente a la naturaleza, y exige
su alteración progresiva en función del bienestar humano; es revolucionario en
su intervención en las cuestiones sociales y políticas; coloca la actividad
práctica por encima de la contemplación teórica. Su actitud es enérgica,
expansiva, optimista y siempre constructiva.
Las notables diferencias entre estas dos formas históricas del
materia-lismo no provienen solamente de los distintos niveles de desarrollo
social y científico en que surgieron y actuaron, sino también de las distintas
fuerzas de clase a las que sirvieron. El epicureismo apareció en la transición
de la ciudad-estado griega a los imperios alejandrino y romano; expresaba la
protesta de elementos de las clases alta y media por la desintegración de la
vida en la comunidad antigua y su incapacidad para ubicarse de manera segura y
estable en los nuevos regímenes
37
George Novack
cosmopolitas. Los epicúreos estaban suspendidos entre dos mundos; uno
que moría y otro que los rechazaba. En ninguno de los dos sistemas podían jugar
un rol creativo.
El marxismo, por el contrario, es el instrumento ideológico de la clase
obrera industrial. Esta, aunque también atrapada en un sistema social en
decadencia, es sostén y constructora de un nuevo orden social superior, y se
encamina a esa transición imbuida de confianza social y comprensión teórica.
Este ejemplo específico demuestra que, aunque el materialismo es la más
correcta y progresiva de todas las filosofías, no ha estado invariablemente
asociado con los sectores sociales más avanzados, como afirman algunos
comentaristas. No hay una correspondencia simple, directa, mecánica entre las
concepciones del mundo y la dinámica social. Una vez lanzadas a la existencia,
las ideas del materialismo pudieron adaptarse a las necesidades de las más
diversas fuerzas sociales en determinados momentos de su desarrollo. El
monárquico Hobbes y algunos dirigentes plebeyos del Movimiento de los
Niveladores predicaban ideas materialistas en idéntico periodo de la revolución
inglesa, en el siglo XVIII. Representaban dos variantes sociales contemporáneas
pero opuestas de la misma posición filosófica, aristocrática la una,
democrática la otra.
Todas las escuelas materialistas se desarrollaron en distintas
direcciones. En un extremo, los milesios fueron los primeros en definir el
concepto de naturaleza, pero no tocaron el problema del conocimiento. En el
extremo opuesto, los fundadores del marxismo analizaron la dinámica de la
evolución social desde sus mismos orígenes, pero no pudieron hacer lo mismo con
las leyes de la naturaleza. Engels tuvo que dejar inconcluso el trabajo donde
comienza a acercarse brillantemente al problema. Dialéctica de la naturaleza.
Lo que una escuela no pudo analizar de manera adecuada fue tomado y
estudiado exhaustivamente por su sucesora. La unilateralidad de cada etapa hubo
de ser superada por las avances posteriores del pensamiento científico y
filosófico, llegando así a la concepción actual, que abarca muchos aspectos y
facetas.
38
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
A pesar de los inevitables errores, cada una de las grandes escuelas
sacó a la luz, a su manera y de acuerdo con su época, nuevos aspectos del
pensamiento materialista. Cada una contribuyó con elementos esenciales a la
creación del todo, profundizando la comprensión de la naturaleza, la sociedad,
la mente humana, y las relaciones entre todos estos elementos. De este modo se
penetra así cada vez más en la realidad.
El reconocimiento de que el materialismo es incompatible con el
idealismo no fue el menos importante de estos avances. En los comienzos de
filosofía la oposición tajante entre estas dos posiciones no se hacía evidente
en términos tan categóricos como los expuestos al comienzo de este capítulo.
Esta claridad también es un logro histórico, fruto de dos mil quinientos años
de investigación científica y social y de conflictos internos en los dominios
de la propia filosofía. Todavía hoy algunos confundidos, interesados, a veces
inconsciente-mente, en perpetuar la confusión sobre las verdaderas relaciones
entre materialismo e idealismo, niegan la necesidad de sostener esta oposición.
Esta actitud implica borrar los resultados de siglos de trabajo intelectual y regresar
a la infancia de la filosofía.
Los últimos pensadores griegos conocían bien, y a menudo discutían, las
diferencias entre las opiniones y los métodos del materialismo y del idealismo.
Pero las respectivas posiciones todavía habían de ser trabajadas en detalle.
Las diferencias sustanciales entre ambos a veces se veían ocultas u oscurecidas
por la empresa común de afirmar la ofensiva del pensamiento racional y crítico
contra las viejas ideas religiosas y las costumbres institucionalizadas.
Pero lo más importante es que el materialismo necesitaba de la
coexistencia y el conflicto con su antagonista idealista, y de las
contribuciones de éste, para adquirir conciencia de sus propias potencialidades
y de su aplicación totalizadora. El idealismo hizo mucho más que empujar
simplemente al materialismo criticándolo desde afuera. Los avances perdurables
que algunos exponentos del idealismo, desde Sócrates a Hegel. realizaron en tal
o cual sector de la realidad fueron incorporados posteriormente a la estructura
del materialismo.
39
George Novack
Ninguna escuela por si sola monopolizó el descubrimiento de nuevas
ideas, especialmente en los periodos más creativos de la filosofía. Aunque los
materialistas griegos captaron lo esencial de la realidad del mundo objetivo
más correctamente que los idealistas, sus puntos de vista eran erróneos en
otros aspectos. Por otra parte casi todas las escuelas idealistas, como los
eléatas, los escépticos y los estoicos, agregaron algo nuevo y valioso a la
comprensión de la realidad, pese a sus desaciertos en cuestiones fundamentales.
De conjunto los idealistas contribuyeron mucho más a la teoría del
conocimiento que a la de la naturaleza. Pero incluso en este último campo
realizaron aportes notables. Los atomistas concebían en un principio a la
naturaleza como pequeñas partículas que se movían en el vacío, cuyas
combinaciones y recombinaciones configuraban el transcurrir de los
acontecimientos. Los pitagóricos, en cambio, la describían como un conjunto de
relaciones matemáticas y cantidades mensurables. Ambas perspectivas eran válidas
y valiosas. Pero en la sociedad antigua permanecieron diferenciados, y las
direcciones distintas que tomaron los llevaron a desarrollar por separado hasta
el limite sus respectivas posiciones.
Recién en el siglo XVII, cuando el avance de la mecánica coincidió con
el resurgimiento del atomismo personificado por Galileo y Gassendi, estas dos
aproximaciones a los fenómenos naturales, hasta entonces antagónicas, fueron
unificadas en una síntesis superadora bajo nuevas condiciones históricas. Sus
respectivos logros florecieron finalmente en la hipótesis atomista de Dalton
que revolucionó los fundamentos de la química.
Una unificación similar de líneas de pensamiento hasta entonces
desconectadas y opuestas se dio en el siglo XIX. En esa etapa del desarrollo de
la filosofía los fundadores del marxismo separaron de su cascara idealista la
lógica dialéctica formulada y sistematizada por el superidealista Hegel y la
integraron al materialismo.
La oposición entre idealismo y materialismo, que ya comenzaba a hacerse
notoria entre los griegos, se manifestó de manera mucho más definitiva cuando
el materialismo pasó nuevamente a primer plano.
40
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Esto sucedió con el surgimiento de la sociedad burguesa. Y adquirió
contornos definidos durante las luchas contra el medievalismo y con el avance
de las ciencias durante los siglos XVI al XIX. Lo demuestra el hecho de que
desde entonces se conoce a esta corriente con el nombre de materialismo, que la
distingue inequívocamente de todos sus rivales. La palabra materialismo comenzó
a difundirse en la época de Robert Boyle, el ilustre físico y químico inglés.
Este menciona a los “materialistas” junto con los “naturalistas” en el ensayo
escrito en 1674 llamado Excelencia y fundamentos de la hipótesis mecánica.
Aunque Boyle era un piadoso protestante dio gran empuje al materia-lismo
científico con su exposición de la concepción mecánica de la naturaleza.
El término fue tomado por el filósofo alemán Leibnitz en su Respuesta a
los pensamientos de (Pierre) Bayle, el escéptico francés, escrito en 1702.
Leibnitz, un conspicuo idealista, contrapuso conscientemente el materialismo al
idealismo, considerándolos los principales adversarios en el terreno de la
filosofía. Planteó la oposición que se da en las ciencias naturales, desde la
época de los griegos, entre el pensamiento de tipo mecánico y el suyo propio, y
llegó a la conclusión de que esta oposición se preanuncia en las doctrinas de
Epicuro, el materialista, y Platón, el idealista.
El obispo Berkeley profundizó la contradicción desde el campo del
idealismo. Luego lo hizo Kant, que se ubicaba en una posición intermedia.
Finalmente, la tarea fue encarada por la crítica materialista al idealismo
conducida por Diderot, D’Holbach y sus colegas en la segunda mitad del siglo
XVIII, continuada por Feuerbach en Alemania y concluida por los marxistas en el
siglo XIX.
En los siguientes capítulos seguiremos más específicamente el movimiento
de la filosofía. Veremos con precisión cómo y por qué el materialismo y el
idealismo, opuestos implícitamente desde su nacimiento, en medio de las luchas
de clases en Grecia fueron arrancados de la caparazón de la filosofía,
adquirieron caracteres definidos, lucharon a brazo partido entre si por primera
vez por su supremacía. Ahora, ya en nuestra época, se han trabado en combate
mortal por la apropiación de los distintos aspectos del pensar racional y del
conocimiento científico.
41
George Novack
Capítulo II
LOS FUNDAMENTOS REALES DEL MATERIALISMO
Un materialismo consecuente no puede basarse en principios
presumiblemente convalidados por apelaciones a la razón abstracta, a la
intuición, a la evidencia en sí misma o a cualquier otra causa subjetiva o
puramente teórica. El idealismo puede hacerlo. Pero la filosofía materialista
ha de basarse en la evidencia que proviene de causas materiales objetivas, y la
demostración práctica debe verificarla. Los fundamentos reales del materialismo
y las causas que lo originaron sólo pueden hallarse en las condiciones
materiales de la vida humana, que son producto de la secuencia de los distintos
periodos sociales, que determinaron las variables formas y los cambiantes
contenidos del pensamiento.
La base material, el origen histórico, la materia prima de la concepción
materialista tienen su raíz en primera instancia en la actividad, y en los
resultados de la actividad colectiva de los seres humanos. Esta incluye tanto
sus acciones del pasado, tal como las registra la historia, como las del
presente; todo lo que los hombres realizaron desde que la humanidad se
diferenció del resto de los antropoides y lo que realizan todos los días, aquí
y ahora. La vida, el significado, la fuerza, la validez del materialismo
provienen de sus inseparables relaciones con la práctica habitual, ineludible,
repetida millones de veces de cada miembro de la raza humana.
Los idealistas, haciéndose eco del dogma religioso de San Juan,
proclamaban que “en el Principio fue el Verbo”. Esto es fundamental-mente
falso. La Palabra, el concepto, la formulación de principios, la comprensión
crítica y la filosofía, incluso la materialista, vienen del Acto. La actividad
intelectual y los productos ideológicos ocupan en la vida y en la historia un
segundo lugar, después de la actividad practica de los hombres. Constituyen, de
hecho, su fruto.
La actividad humana más importante es aquélla cuyo eje consiste en
asegurar los medios de subsistencia. El persistente esfuerzo del hombre por
alimentarse, vestirse, conseguir refugio y solventar otras necesi-dades básicas
lo enfrenta con fuerzas naturales obcecadas, resistentes, contra las que tiene
que luchar y a las que se debe adaptar para sobrevivir y avanzar.
42
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
No se trata, sin embargo, de que los hombres simplemente se sometan a
estas fuerzas exteriores del mundo que los rodea; reuniéndolas, utilizándolas,
alterándolas y produciéndolas las trans-forman de manera tal que llegan a
beneficiarlo. Esta actividad colectiva consciente sobre la naturaleza, el
trabajo, es peculiar de la especie humana. En la lucha por la vida la
naturaleza actúa sobre el grupo social, el que a su vez se vuelve contra la
naturaleza y la transforma en su beneficio.
Los hombres siempre sienten, en circunstancias específicas, la oposición
entre ellos mismos y los otros objetos; pero en su infancia la humanidad es
inconsciente de la oposición básica en que se encuentra respecto al medio
ambiente. Por el contrario, da por sentada la unidad esencial entre ella y el
resto de la realidad al asumir inconscientemente la vida práctica.
La diferenciación entre la humanidad como entidad separada del resto de
lo existente, su contraposición clara y constante con la naturaleza, exige una
inteligencia muy civilizada y sofisticada científicamente. Los pueblos
primitivos no habían cortado el cordón umbilical que los unía a la Madre
Naturaleza. Se consideraban una misma cosa con las plantas, los animales e
incluso con los fenómenos físicos; se veían al mismo nivel que estos actores y
fenómenos del mundo natural.
Esta actitud materialista es espontánea, ingenua, casi instintiva. La
separan años luz de cualquier generalización conceptual de materia-lismo.
Existe por debajo del umbral de la conciencia. Entre esta actitud primitiva
hacia la naturaleza, producto de la práctica cotidiana, y una explícita
formulación materialista de la posición del hombre en el universo, había de
desarrollarse un proceso que abarcó cientos de miles de años.
Sin embargo, estas relaciones con el mundo exterior incesantemente
renovadas y puestas a prueba constituyen el punto de partida y el fundamento
real de cualquier concepción materialista. A través de la actividad práctica
resultante de la lucha social por la supervivencia se fueron revelando poco a
poco las verdaderas relaciones entre el hombre y la naturaleza.
43
George Novack
Toda la humanidad, desde el primer primate que usó una herramienta hasta
el hombre de nuestra época, actúa apoyándose en esa creencia “natural” en la
existencia del mundo exterior independiente y anterior al ser humano. En esto
consiste su persistente materialismo. Hume, filósofo inglés del siglo XVIII,
dio cuenta de esta creencia del sentido común de la siguiente manera:
“Parece evidente que un instinto natural o presupuesto lleva a los
hombres a confiar en sus sentidos, y que, sin que medie razonamiento alguno, o
incluso antes de que se utilice el razonamiento, siempre suponemos un universo
exterior, que no depende de nuestras percepciones sino que existiría aun cuando
nosotros y toda criatura sensible estuviéramos ausentes o fuéramos
aniquilados.”3
Es un hecho que en cada minuto de nuestra vida actuamos sobre el
presupuesto de que existe un mundo exterior, independiente de nuestra voluntad,
que ejerce su influencia sobre nosotros. No podríamos actuar, trabajar ni
comunicarnos sin asumir esta Verdad. Nada resulta confirmado tan continua y
completamente por la práctica, el supremo juez de la verdad, como la creencia
en la existencia real de este mundo real que nos rodea. Esta actividad de la
humanidad, siempre renovada, proporciona el testimonio más directo y la
evidencia más definitiva de la validez de la concepción materialista del mundo
y de nuestra relación con éste. La práctica también ofrece la refutación última
a toda clase de escepticismo, agnosticismo e idealismo respecto a la existencia
independiente de la naturaleza y nuestra capacidad para conocerla.
3 El razonamiento de Hume lo
condujo a la escéptica conclusión de que tal creencia en el mundo exterior no
se justificaba racionalmente. No pudo encontrar ninguna evidencia en su propia
experiencia o en la de los demás para apoyar esta afirmación. Al mismo tiempo
se vio obligado a admitir que no sólo el resto de la humanidad sino también él,
el escéptico razonable, tenía que actuar cotidianamente como si esta creencia
fuera real.
Esta situación era humillante e incómoda para Hume, casi insostenible
tanto en la teoría como en la practica. Sin embargo, su exigencia de razones
suficientes que explicaran nuestra fe en el mundo exterior dio un impulso al
pensamiento filosófico.
El Doctor Johnson, contemporáneo de Hume, ridiculizó las consecuencias
del razonamiento de éste, y trató de refutar la negación de Berkeley y las
dudas de Hume sobre la materialidad del mundo exterior tirando una piedra. Este
gesto significó una negación efectiva, practica, del escepticismo de Hume. Pero
el mismo Hume había reconocido que en la práctica se veía obligado a sentir y
actuar como cualquier otra persona. Lo que exigía eran los fundamentos lógicos
y la evidencia directa confirmada por la práctica que convalidaran la creencia
del sentido común en la sustancialidad de las cosas materiales. Los argumentos
de Hume debían ser enfrentados y rebatidos en el nivel superior de la teoría
filosófica. Fue lo que, entre otros, trató de hacer Kant. Pero recién con el
advenimiento del materialismo dialéctico se dio una respuesta materialista
completa y correcta a la crítica escéptica de Hume.
44
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
No es simplemente el contacto del hombre con un mundo externo,
independiente, recalcitrante, que se le opondría siempre como un obstáculo
inamovible lo que reivindica nuestra convicción de la naturaleza material de la
realidad. La humanidad no está atada al medio ambiente como un cautivo a sus
cadenas. La humanidad es una fuerza activa y reactiva que lucha con la
naturaleza y la obliga a servir a sus necesidades.
La evidencia más convincente de la existencia real y necesaria del mundo
material la da el hecho de que la humanidad asimile y altere las sustancias
naturales. Los procesos fisiológicos por los cuales convertimos la materia
exterior en nuestro propio cuerpo, nuestra propia vida, nuestras sensaciones y
pensamiento constituyen la prueba cotidiana de la verdad del materialismo.
Cuando respiramos, comemos o bebemos transformamos continuamente los elementos
de la naturaleza en nuestra propia sustancia humana. Nuestra total dependencia
de lo material queda demostrada por el hecho de que la falta de oxígeno,
alimento y bebida produce asfixia, hambre y sed; de que sobrevienen la
enfermedad o la muerte cuando el organismo carece de minerales, vitaminas y
otros ingredientes vitales.
Los avances de la ciencia en lo que hace a la circulación de la energía
necesaria a la vida demuestran que todos los procesos vitales están ligados a
la conversión de una a otra forma y fuente de energía en la incesante
interacción de la naturaleza. Salvo limitadas excepciones, toda la energía
vital se origina en el sol y llega a la Tierra por radiación. Los vegetales la
atrapan entonces y la transforman en energía química. De los vegetales la
energía se transmite a otros organismos, entre ellos los animales que comen
plantas o comen a otros animales. Así, la energía se transforma en parte de los
seres humanos y sus diversas funciones. En cada paso de este ciclo energético
una forma de materia resulta convertida en otra, hasta que deja de ser útil a
las criaturas vivientes. Estas, sin embargo siguen dependiendo de la nueva
energía proveniente del sol.
El hombre depende físicamente de la naturaleza y de los otros hombres, y
de éstos también socialmente. La especie humana sólo se propaga por la unión de
personas que pertenecen a sexos material-mente distintos. Sólo el adulto puede
nutrir al niño. En todo momento el individuo está indisolublemente relacionado
con los otros miembros de la especie.
45
George Novack
Tiene con ellos una relación dual. Son iguales a él, actúan como él, lo
ayudan. Gracias a ellos y con ellos obtiene los medios necesarios para vivir.
Al mismo tiempo se diferencian de él, están separados de el. se le oponen.
Tienen sus propios cuerpos, voluntades, mentes. Los niños deben aprender a
reconocer y aceptar estas realidades materiales.
Estas relaciones físicas y sociales demuestran la existencia real
independiente de la naturaleza y la sociedad, y el carácter material de las
relaciones del individuo con ellas.
46
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capitulo III
MAGIA Y RELIGIÓN
Los lazos físicos que unen al hombre con la naturaleza, entre ellos la
función procreadora, constituyen el fundamento básico del materia-lismo.
Pero el segundo apoyo del materialismo lo constituyen las relaciones
productivas que establecen entre si los miembros de una sociedad en su lucha
común con el medio ambiente. Los individuos no se enfrentan directamente con la
naturaleza. Entre la naturaleza y el individuo está la sociedad, cuya
estructura se basa en el modo de producir para satisfacer las necesidades. Las
fuerzas y relaciones de producción actúan como intermediarias entre la
naturaleza y los hombres, y determinan el carácter de sus relaciones en todas
las etapas del desarrollo histórico.
Marx dijo que el hombre, al actuar sobre la naturaleza y transformarla
para satisfacción de sus necesidades, primero forma y luego trans-forma su
propia naturaleza. Pero el modo cómo el hombre actúa sobre la naturaleza y
viceversa depende de los medios de producción con que cuenta. Por ejemplo, los
indios del sur de California se quedaron en la etapa de la recolección de
alimentos, no pudieron dedicarse a la agricultura en gran escala debido a la
aridez del suelo. En la actualidad, debido a las técnicas de irrigación y a la
construcción de acueductos, esta zona se convirtió en una de las regiones
agrícolas más ricas del mundo.
La efectividad y extensión de la actividad del hombre, incluso de su
actividad mental, dependen del nivel de su capacidad de producción material.
Esta capacidad se multiplica a medida que la sociedad avanza tecnológicamente.
El nivel y las características de la actividad teórica de los hombres están
determinados por sus actividades productivas y las instituciones sociales y
culturales que éstas conforman. La imagen de la naturaleza y de las relaciones
de los hombres con ella que predominan entre éstos está determinada por el
grado de control que ejerce el orden social sobre sus propias actividades. Las
tribus de la Edad de Piedra, que viven de la recolección de alimentos y
permanecen
47
George Novack
en el estadio económico de la caza y pesca, tienen una imagen de su
medio que corresponde a su capacidad productiva extremadamente débil y a
relaciones sociales muy simples.
Por lo tanto, la comprensión intelectual de la realidad está en función
del control social sobre dicha realidad. Cuando tal control es mínimo la
comprensión está muy poco desarrollada y profundamente distorsio-nada. Los
pueblos primitivos, igual que todos, satisfacen sus necesidades de manera
prosaica y materialista. Pero son fantásticas las formas en que el mundo que
los rodea se refleja en sus mentes, su concepción de las cosas y las criaturas
que lo pueblan, incluyéndose a ellos mismos. El bajo nivel de su capacidad de
producción material constituye la base de una perspectiva no materialista de la
realidad. La conciencia de los pueblos primitivos no penetra profundamente en
su entorno ni capta con mucha agudeza sus relaciones. El hombre que vive tan
próximo al salvajismo conoce mucho menos que el civilizado el verdadero
carácter de sus actividades y de sus propias relaciones con ellas.
En la vida y la mentalidad del salvaje coexisten dos clases muy
diferentes de actividades e ideas. Las relaciona sólidamente con la realidad
cierta capacidad técnica desarrollada sobre un conocimiento genuino de las
propiedades y procesos del mundo que lo rodea. Este conocimiento lo adquirió
gracias al esfuerzo práctico colectivo por satisfacer las necesidades de la
vida diaria. Los salvajes pueden ser recolectores de vista muy aguda, expertos
cazadores, hábiles pescadores, artesanos y agricultores. Sin el trasfondo
social de un conocimiento práctico que actúa sobre ellos mientras trabajan, es
decir, que les permite satisfacer diariamente sus necesidades, no podrían haber
sobrevivido en la lucha por la existencia ni haberse elevado tanto sobre la
vida animal.
Las mujeres primitivas aprendieron a distinguir las plantas comestibles
de las no comestibles, e incluso a convertir en alimento raíces venenosas como
la mandioca. Tuvieron que conservar el fuego y encenderlo, y utilizarlo para
fines diversos. Debieron aprender a construir refugios y tejer vestidos. Los
cazadores primitivos tuvieron que observar los hábitos de los animales de caza,
aprender a hacer trampas para capturarlos, descubrir cómo utilizar sus
productos y subproductos.
48
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La agricultura más simple exige muchos conocimientos: la selección del
suelo y las semillas, el modo apropiado de despejar el terreno, la sucesión de
las estaciones, la protección contra las pestes y los merodeadores, etcétera.
Estas actividades productivas: la recolección, la caza, la pesca, la
agricultura y la artesanía elemental son las semillas de la ciencia y los
antecesores de la filosofía materialista.
Sin embargo, el sector de la naturaleza que los hombres primitivos
dominan es muy pequeño en relación con los misterios de lo desconocido y la
insoportable presión que desde todos lados se ejerce sobre ellos. Su
conocimiento práctico, fruto de su actividad productiva, es verdadero, racional
y efectivo dentro de sus límites. Pero junto a él aparecen otras actividades e
ideas falsas, irracionales e inútiles para concretar lo que intentan o
pretenden hacer. Este conjunto de ritos y concepciones grotescas, producto de
la inmensa cantidad de fenómenos desconocidos o no dominados, ha sido designado
con el término de “magia”.
La magia está allí donde no existe el control efectivo sobre la
naturaleza que la tecnología proporciona al hombre. Los primitivos saben que
deben plantar semillas y cultivar la tierra para obtener una cosecha. Al mismo
tiempo conocen los límites que se imponen a sus esfuerzos. Por más duramente
que trabajen o por hábiles que sean, no consiguen caza suficiente ni buenas
cosechas. Las pestes, los animales feroces, el mal tiempo y muchos otros
factores naturales que afectan para bien o para mal sus necesidades vitales
están más allá del control de la comunidad. Y el lograr éxito en sus
actividades constituye una necesidad desesperante para la supervivencia de la
tribu.
La única alternativa que se les presenta a los pueblos no civilizados de
escapar a las deficiencias de su economía social es la magia. Se espera que
ésta satisfaga las exigencias y deseos que la vida social ha despertado sin
contar con los medios para satisfacerlos. Las técnicas de la magia hacen
suponer que existen poderes superiores y sobre-naturales que pueden influir,
para bien o para mal, en el curso de los acontecimientos; por lo tanto se
impone contrarrestarlos, neutralizarlos o ganarlos.
49
George Novack
Se atribuyen poderes especiales a las criaturas, elementos naturales o
seres humanos que impresionan más poderosamente la imaginación primitiva.
Pueden encarnarse en los antepasados, los jefes, los animales o las plantas,
las montañas, la lluvia, el trueno, la luna o el sol. A estos seres existentes
o que existieron alguna vez se los inviste con poderes y propiedades que no
poseen ni ejercen realmente. Los salvajes cuentan con limitadas capacidades
pero anhelan acrecentarlas. Entonces proyectan sus deseos insatisfechos en los
objetos exteriores y luego esperan recuperar a través de la magia lo que han
entregado.
“La magia se apoya en el principio de que al crear la ilusión de que se
controla la realidad se puede llegar a controlarla efectivamente. Es una
técnica ilusoria que complementa las deficiencias de la verdadera técnica.
Cuando el nivel de producción es bajo, el hombre no es perfectamente consciente
de la objetividad del mundo exterior. Piensa que lo puede cambiar a voluntad, y
por lo tanto considera al rito preliminar la causa del éxito en la actividad
concreta. Pero al mismo tiempo, como guía para la acción, la ideología de la
magia importa la creencia válida y verdadera de que la actitud subjetiva del
hombre puede cambiar el mundo exterior.”4
La mente del salvaje ve a la naturaleza de acuerdo a su propia imagen
social, personificando sus fenómenos y humanizando sus componentes. Los pueblos
primitivos están tan atrapados, tan sumergidos en su medio ambiente, que no
diferencian claramente entre ellos y el resto de su mundo, incluyendo la vida
vegetal y animal. Interpretan su entorno de acuerdo con sus relaciones sociales
y sus modos de actividad habituales. Atribuyen a la naturaleza, o proyectan en
sus elementos, los mismos lazos de parentesco por los que ellos se relacionan y
su misma capacidad de voluntad, iniciativa y conciencia.
En su visión del mundo incorporan los objetos materiales como las
piedras y los árboles, y los acontecimientos naturales como el trueno o el
relámpago, como parientes o enemigos extraños, como portadores del bien o del
mal. Ingenuamente creen que pueden pensar, actuar o hablar como ellos, o que
son producidos por seres con motivaciones y objetivos similares a los suyos
propios.
4 George Thomson. Studies in
Ancient Greek Society., Vol. I, pp. 38-39.
50
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Nada que sea importante en la vida del salvaje queda fuera de las redes
de lo mágico. Los maoríes de Nueva Zelanda, por ejemplo, consideraban a los
árboles y las montañas seres iguales a ellos, con los que mantenían estrechas
relaciones de parentesco. Los habitantes de las Islas Fiji piden permiso a los
cocoteros antes de arrancarles sus frutos. Los indios hurones efectuaban todos
los años un ritual por el que desposaban a sus redes y anzuelos con dos militas
para obtener éxito en sus actividades de pesca.
Si una bestia salvaje mata a un kooky toda la tribu se venga del animal
como si se tratara de un miembro de una tribu extraña. No es necesario que sea
el mismo animal el que reciba el castigo, basta con que se trate de uno de su
misma especie. Por otra parte, creen que todo el clan del animal se tomará la
revancha con cualquier miembro de la tribu. Si un pariente resulta muerto al
caerse un árbol, reducen el árbol a astillas y las esparcen al viento.
Este involucrar a los animales y las plantas en la organización totémica
de su vida social, debido a su personificación de las fuerzas de la naturaleza,
conduce a un curioso desarrollo dialéctico. La identificación acrítica e
incondicional del resto del mundo con ellos mismos, que subyace en el
materialismo instintivo de los pueblos primitivos, da origen al animismo, que
constituye el punto de partida de la visión religiosa del universo. El
principio del animismo atribuye el suceder de los acontecimientos a la
intermediación de agentes naturales persona-lizados que transforma en
sobrenaturales. El animismo es común a la magia y a la religión, y pasará a la
filosofía a través del idealismo.
En las sociedades precivilizadas las prácticas y creencias de la magia
no funcionan separadas de las que se basan en las proposiciones del
conocimiento empírico. Ambas se unifican en la misma concepción del mundo
circundante. Las mistificaciones de la magia involucran la procreación y la
producción, los dos pilares de la existencia de todo grupo. La mente primitiva
considera que el acto de dibujar una imagen del animal de caza o representar
con mímica el asesinato de un enemigo de la tribu resulta tan efectivo para
asegurar el éxito de la caza y de la guerra como el acto físico de arrojar una
flecha o un garrote al ser que se quiere matar. Los ritos mágicos juegan el
mismo rol que las oraciones, el agua bendita y la bendición de los sacerdotes
en las ceremonias religiosas posteriores.
51
George Novack
Se han detectado huellas de prácticas mágicas en las pinturas de las
cuevas paleolíticas descubiertas en España y Francia, realizadas hace alrededor
de treinta mil años. Estos artistas primitivos pintaban o modelaban casi
exclusivamente animales de caza. Muchos de estos proveedores de carne están
representados en estado de preñez.
No dibujaban mamuts, ciervos y otros animales por el placer estético que
proporciona la contemplación de la pintura, sino con el propósito utilitario de
asegurarse la posesión mágica de las bestias salvajes de las que dependía su
supervivencia. Al representarlas con lanzas y flechas clavadas en su carne los
artistas cazadores pretendían asegurar a la tribu que la caza no fallaría.
Antes de la revolución agrícola, el control colectivo del salvaje sobre
los procesos de la naturaleza, aunque suficiente para permitirle sobrevivir y
progresar, era muy limitado. En consecuencia, tanto mayor era el lugar que
ocupaban las prácticas mágicas, en función de la necesidad de superar esa
debilidad.
Durante la barbarie la magia se transforma gradualmente en formas
superiores de religión, sin cambiar su carácter esencial. La religión tiene una
doble raíz histórica. Como la magia, constituye una expresión cultural de la
falta de control del hombre sobre la naturaleza. Pero a diferencia de aquélla,
la religión llega a reflejar el incremento de la pérdida de control del hombre
sobre las fuerzas que rigen su vida social, consecuencia eventual, por ironía,
justamente de la producción de alimentos.
La producción de alimentos acarreó consecuencias anómalas. Por un lado,
por primera vez garantizó a los pueblos pastores y agrícolas la acumulación
siempre en aumento de provisiones. Sin embargo, al desarrollarse posibilitó la
división social del trabajo, el incremento de la artesanía y el comercio, y por
lo tanto la acumulación de excedentes de riquezas en las comunidades más
favorecidas. Esta fue la base económica de la aparición de grupos gobernantes
no productivos.
A medida que se pasaba de la barbarie a la civilización se fueron
diferenciando en las tribus, hasta entonces igualitarias, los jefes, los
gobernantes, los sacerdotes y los nobles que organizaban el proceso productivo
y determinaban el tributo que debían pagar los productores reales. Estas
divisiones sociales se reflejaron en una nueva forma de
52
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
conciencia social que atribuía a todas las personas y cosas un carácter
dual y una existencia dividida. Por ejemplo, se suponía que el cuerpo estaba
habitado por un espíritu, alma o ánima distinto de aquél, al que abandonaba
cuando el individuo soñaba, estornudaba o moría. Los poderes personificados de
la naturaleza y los antepasados muertos se transformaron en fantasmas, genios,
duendes, espíritus locales, gnomos, elfos, hadas, brujas, demonios, diablos y
dioses.
Las grandes religiones del mundo, como el judaísmo, el cristianismo. el
budismo, el islamismo, tomaron las ideas mágicas surgidas de la impotencia e
ignorancia de los primitivos. Las refinaron trans-formándolas en los tan
comunes pares de opuestos Dios-hombre, cuerpo-alma, espíritu-materia; de la
misma manera sus ceremonias religiosas imitan los rituales y encantamientos que
utilizaba el médico brujo de las tribus. Exaltaban a Dios, el alma y el
espíritu considerándolos todopoderosos e inmortales, muy distintos al cuerpo
perecedero, la degradada materia y la pecadora humanidad. Así, la religión y en
consecuencia la filosofía idealista perpetuaron en la naturaleza la división
social surgida con las clases y fueron las iniciadoras de la concepción
maniquea del alma dentro del hombre y de las demás criaturas y objetos.
El Padre Nuestro que los niños aprenden en su hogar, en la iglesia y en
la escuela demuestra que en el cristianismo actual persiste la magia. Es una
decantación de elementos reunidos en todo el proceso que va desde la magia
primitiva a las religiones civilizadas. Se remonta, según los estudiosos, hasta
los cultos sumerios.
Por su contenido, objetivos y tono se diferencia en detalles, aunque no
en su esencia, de los murmullos que emiten los salvajes en sus cánticos. El
mago, el médico brujo y el chamán son los antecesores directos del sacerdote,
el pastor y el rabino.
Tratemos de desmenuzar sus frases para entender cómo se educa a los
niños en la superstición. El humilde peticionante en apuros dice primero “Padre
nuestro”, versión celestial del patriarca y del gobernante de la sociedad
dividida en clases. Luego se eleva a este déspota a dimensiones divinas, muy
por encima de los mortales: “que estás en los cielos”. Recibe la reverencia que
se debe a la autoridad superior: “santificado sea Tu nombre”. El suplicante
ruega que se satisfagan sus
53
George Novack
deseos: “venga a nosotros Tu reino; hágase Tu voluntad”. No después
sino aquí y ahora: “así en la Tierra como en el Cielo”.
De la misma manera en que el salvaje pide a su proveedor mágico una
buena cosecha y abundante caza, el “salvaje” civilizado ruega “el pan nuestro
de cada día dánoslo hoy”. Pide ser purificado de los tabúes que haya violado:
“perdónanos nuestras deudas”. A esto se agrega la influencia moralizante de la
cultura cristiana: “así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Y todo
coronado por el recono-cimiento de la debilidad, humildad, temor, respeto,
sumisión al poder sobrehumano dominante: “porque Tuyo es el reino, el poder y
la gloria”.5 La expresión de despedida “amén” significa: “así sea, no nos
falles”.
La perduración de la magia también se advierte en costumbres tales como
colocar coronas en las tumbas o enviar flores a los funerales. Este rito se
origina en la creencia primitiva de una vida posterior a la muerte; el alma que
ha partido necesita de las mismas cosas que utilizaba en la vida terrena. Los
salvajes y los bárbaros enterraban junto a los muertos notables alimentos,
utensilios y armas, a sus esclavos y compañeros de guerra.
Estas costumbres funerarias hoy se reflejan en la colocación de ofrendas
florales sobre las tumbas. Cualesquiera que sean las razones que se aduzcan
para mantener este ritual, que incluso continúan practicando muchos
materialistas y ateos, nos remonta a la concepción de la vida y la muerte
propia de la infancia de la humanidad.
Las mentes de los pueblos precivilizados están dominadas por
concepciones del mundo mágicas y religiosas. Este es el modo de representarse
la realidad propio del salvajismo y la barbarie. Los pueblos que viven en estos
estadios del desarrollo de la humanidad no cuentan con los medios materiales ni
con las necesidades culturales que les permitan ascender al nivel de la
generalización filosófica. Se representan sus relaciones mutuas y con el resto
del mundo a través de formas mágicas y religiosas.
5 Esta última frase no aparece
en la versión católica, más común en los pueblos de habla hispana, sino en la
protestante [N. del E.]
54
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Es cierto que también entre esos pueblos el conocimiento positivo
avanza, aunque lentamente. Es cierto que ese avance abre el camino a las
primeras escuelas filosóficas y ramas de la ciencia. Pero en estas etapas
iniciales de la evolución social, que abarcan desde la aparición del hombre
hasta el fin de la barbarie, la filosofía está tan ausente como la escritura
alfabética, el uso de la moneda o la mecanización. Estas son creaciones
culturales propias de un grado superior de actividad social. La filosofía como
forma especial de teorización sobre las condiciones de la vida humana, y el
materialismo como forma especial de razonamiento filosófico, pertenecen
históricamente a los centros comerciales basados en una división social del
trabajo muy desarrollada.
55
George Novack
Capitulo IV
EL CAMINO A LA FILOSOFÍA
Pocos problemas en la historia de la cultura son tan cautivantes y de
tanta importancia como el de los orígenes de la filosofía. Es obligación del
filósofo, y además una buena manera de poner a prueba su método, explicar cómo
nació esta rama particular del pensamiento.
Solamente se hallará respuesta a este interrogante en el dominio de la
evolución y la revolución social. Primero hay que remarcar el aspecto negativo:
las formas ideológicas peculiares de la filosofía no existían entre los
salvajes y los bárbaros. Este modo especial de pensar no surgió en alguna
soñolienta comunidad selvática o entre los nómades del desierto. Ni siquiera
apareció en los reinos agrícolas de la Mesopotamia y Egipto. Esto se debe a que
ninguno de estos pueblos contaba con los requisitos materiales y espirituales
necesarios para producir y practicar la filosofía.
La filosofía nació en los centros comerciales de la civilización egea,
en el siglo VI a.C. Fue la realización cultural de una bullente urbe marítima.
La primera escuela filosófica de que se tiene noticias estaba en Mileto, una de
las ciudades fundadas por los griegos jónicos en la costa de Asia Menor opuesta
a la Grecia continental.
Desde el vamos nos encontramos con un doble problema histórico. Primero,
¿por qué no apareció antes la filosofía? Segundo, ¿por qué surgió entre los
jonios, y por qué se configuró el materialismo en esa misma época en el mismo
lugar?
La respuesta al primero de estos interrogantes la da la sucesión
histórica de las ideologías, desde la magia a la religión, de ésta a la
filosofía. Este proceso fue consecuencia y espejo del desarrollo de la
humanidad del salvajismo a la civilización, pasando por la barbarie. La
capacidad de diferenciar entre los ritos y creencias mágicas, mitos,
supersticiones religiosas y un genuino conocimiento empírico del mundo es
esencialmente producto de una avanzada cultura urbana. Algunos pueblos
atrasados todavía actualmente no han alcanzado este nivel.
56
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Los pueblos más avanzados, incluso después de haber llegado a la
civilización, tuvieron que andar mucho en su desarrollo económico-social para
estar en condiciones de superar intelectualmente la magia y la religión. Fue
necesaria una prodigiosa cantidad de cambios históricos, avances en la
tecnología, transformaciones en la estructura social y definiciones de
determinadas categorías del pensamiento antes de que la vanguardia de la
humanidad pudiera sacudirse de encima las concepciones primitivas y alcanzar el
método del razona-miento filosófico.
Estos cambios comienzan con la aparición de la agricultura, entre los
milenios décimo y octavo a.C. Algunos hitos principales en este camino hacia la
filosofía fueron la aparición de la vida urbana alrededor del 4.000 a.C., el
descubrimiento de la fundición del hierro y su utilización para fabricar
herramientas cerca del 1.100 a.C. la creación del alfabeto y la difusión de la
palabra escrita varios siglos después.
La revolución agrícola permitió al hombre controlar por primera vez sus
reservas alimenticias, estimuló la religión y produjo los primeros
conocimientos necesarios a la filosofía y la ciencia. Hay una estrecha relación
entre la agricultura, la religión y los rudimentos de la ciencia. Los
recolectores de alimentos y los cazadores no necesitan señalar el paso del
tiempo de manera muy exacta y su noción sobre la periodicidad era por demás
elemental. Este conocimiento se trans-forma por primera vez en una necesidad
económica y en una función social con la actividad agrícola, debido al ritmo
uniforme y regulado de la producción. Los hombres se vieron obligados a prestar
atención a determinadas regularidades en el movimiento de las estaciones y de
los cuerpos celestes porque su sustento dependía de ellas. La necesidad de
descubrir modos de medir el tiempo llevó a la invención del calendario y a los
primeros descubrimientos astronómicos. Es por eso que fueron los sacerdotes los
creadores y custodios de la ciencia primitiva.
Este proceso puede observarse no sólo en las civilizaciones que
florecieron en los valles irrigados por los ríos de la Mesopotamia y Egipto;
también se dio en los valles de América Central y en las mesetas de los Andes y
México, donde se desarrollaron las culturas indígenas más avanzadas del
Hemisferio Occidental. Examinemos el caso de los aztecas. Su religión tribal,
basada en ritos en los que
57
George Novack
participaba todo el pueblo, hunde sus raíces en la actividad de cultivo
del maíz. Sus ceremonias religiosas giraban alrededor del calendario inventado
por los sacerdotes. Estos hechiceros, custodios del conoci-miento, eran los
supervisores de las ceremonias mágicas. Suplicaban a los elementos naturales,
como la lluvia y las montañas, convertidos en fuerzas sociales personalizadas a
las que ofrecían presentes y sacrificios humanos.
Estos rituales se relacionaban con las actividades agrícolas de las que
dependía la vida de los aztecas. Su economía, su religión, su proto-ciencia,
estaban fusionadas en un todo.
Estos indios americanos bordeaban los límites entre la barbarie y la
civilización. Contaban con una religión popular pero no con una filosofía
(según el modelo greco-romano); con un calendario y con los comienzos de una
astronomía empírica pero no con una ciencia teorética; con el bronce pero no
con el hierro; con una escritura pictórica aunque no tenían un alfabeto.
Serían necesarios muchos avances históricos fundamentales para que
nacieran la filosofía y las ciencias naturales, entre ellos el surgimiento de
la vida urbana. Los diversos estamentos de la población concentrada en las
ciudades ejercían oficios muy variados: sacerdotes, reyes, nobles,
funcionarios, mercaderes, artesanos. Las conquistas de varios milenios de
cultura urbana permitieron a la humanidad superar su total absorción por la
naturaleza y librarse de la dominación ejercida por ésta tanto en lo que hace
al conocimiento como a la producción.
En la Antigüedad el punto más alto en el dominio de la tecnología lo
constituyó la difusión del uso del hierro. En la Edad del Hierro se
perfeccionaron las principales herramientas manuales. Gracias a este metal
barato, los campesinos contaron con elementos agrícolas más eficientes: hoces,
azadas, arados de reja, hachas, palas. Las herramientas de hierro hicieron que
los herreros, los carpinteros, los zapateros, los albañiles y muchos otros
artesanos aumentaran su productividad. La combinación de la cultura urbana con
las herramientas de hierro elevó la ingeniería a otro nivel. En el 1500 a.C. se
horadó una montaña con un túnel de quinientos metros de largo para proporcionar
agua a Samos. Mencionamos esta hazaña admirable porque Samos fue una de las
ciudades jónicas donde nació la filosofía.
58
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La difusión del hierro produjo un cambio fundamental en las relaciones
entre industria y agricultura.
“El incremento en la productividad de la agricultura produjo un
excedente que permitía mantener a gran cantidad de artesanos especializados. Lo
que éstos producían dejó de ser patrimonio de los ricos para ponerse al alcance
de todo el mundo. El artesano proveía al campesino de las herramientas con que
éste aumentaba la productividad de su trabajo. Y así, por primera vez, se
equilibró la relación entre industria y agricultura. Ya no sucedía que él
agricultor produjera para el artesano, mientras que éste lo hacía sólo para una
minoría selecta.”6
Finalmente, la invención del alfabeto por los fenicios y su adopción por
los griegos hacia fines del siglo VIII a.C. acabó con el monopolio de
sacerdotes y escribas sobre el conocimiento, y puso la lectura y la escritura
al alcance de gran cantidad de gente. Además de difundir ampliamente el
conocimiento, la nueva escritura impulsó el desarrollo del pensamiento
abstracto y transformó el lenguaje y el pensamiento en objetos especiales de
estudio, abriendo así el camino a las ciencias de la gramática y la lógica, en
las que los griegos descollaron.
En el siglo VI a.C. se dieron en un mismo lugar y en un mismo momento
las condiciones sociales que hicieron obsoletas la magia y la religión, y
permitieron el salto a un modo superior de razonamiento y una mayor capacidad
de abstracción teórica. La filosofía, el materialismo y el método científico
que los relaciona, son creaciones originales de los griegos. Su cultura se nos
aparece como el amanecer de nuestra era moderna, la fuente primera de nuestra
civilización. Retrospectiva-mente, fue la continuación y la culminación de la
revolución agrícola, la urbana y las de los metales, que disiparon de la
naturaleza las nieblas de la magia y del pensamiento abstracto las
mistificaciones de la mitología.
Tras los griegos estaban las realizaciones de los cretenses y los
micénicos, los fenicios y los hititas, los sumerios, los babilonios, los
egipcios. La filosofía griega es el fruto maduro del esfuerzo y conoci-miento
de todos estos pueblos de Medio Oriente y del Mediterráneo. Los griegos tomaron
de los babilonios y egipcios los rudimentos de las
6 S. Lilley, Men, Machines and
History, p. 21.
59
George Novack
matemáticas y la astronomía, de los mesopotámicos y egipcios la
medicina, de los fenicios la escritura. Al material proveniente de estas
culturas tan ricas y variadas le agregaron sus propios aportes, creando así una
forma de pensar y una concepción del mundo únicas y nuevas.
Este nuevo tipo de pensamiento no barrió desde su aparición con todos
los resabios arcaicos. Todo lo contrario. Era preponderante en todas las formas
de vida del pueblo griego la influencia de las viejas modalidades. Toda
sociedad civilizada se compone de elementos provenientes de distintas etapas de
la evolución cultural y material. En la historia de la Grecia clásica es muy
evidente esa interpenetración de lo viejo con lo nuevo. Así como los griegos
continuaban utilizando artículos de piedra y bronce junto con los de hierro, la
magia y la religión se amalgamaban en su cultura con los primeros brotes del
pensamiento filosófico y científico.
Las ideas y hábitos de la magia primitiva y la superstición religiosa no
sólo precedieron y rodearon a la filosofía; en el mundo antiguo también
influyeron sobre ella y ocasionalmente triunfaron sobre el racionalismo. Lo
viejo y lo nuevo a veces se fusionaban en la mente de un mismo pensador o en la
doctrina de una misma escuela. Por ejemplo, entre los pitagóricos se mezclaban
los tabúes sobre la ingestión de carne, el culto a los héroes y el misticismo
de los números con la ética, la ciencia y la filosofía, todo en una sola
creencia. Parménides tomó como modelo del poema en que expuso su filosofía los
himnos recitados por los profesantes de los Misterios. Hasta los epicúreos
materialistas tenían ciertas características propias de una asociación
religiosa.
Los griegos, desde el habitante de la campiña hasta el aristócrata
cosmopolita, arrastraban de su pasado bárbaro una pesada carga de prácticas y
creencias. La mayor parte del calendario religioso de las ciudades griegas
estaba, como el de los aztecas, ligado a las etapas más importantes del ciclo
agrícola.
Los tres grandes festivales de los atenienses se realizaban coincidiendo
con la época en que se araba la tierra, con el abono de la viña y con la
cosecha. Los ritos propios de estas celebraciones eran de características
puramente mágicas. En la Tesmoforia, realizada en honor de la Diosa Madre
Deméter, las mujeres casadas, después de purificarse con
60
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
ceremonias apropiadas durante nueve días, enterraban lechones, ramas de
pino, imágenes de espigas, y en algunos lugares hasta representaciones de
órganos genitales humanos, para asegurar la fertilidad de la tierra. Durante el
festival de primavera de la Antesteria, celebrado por todas las comunidades
jónicas durante tres días, se esparcían habas en los umbrales de las casas para
alejar de ellas los malos espíritus y las almas de los muertos, que se suponía
que acudían al lugar.
Hesíodo hace una enumeración de días propicios y no propicios de cada
mes. Se suponía que el contacto con los muertos y las tumbas contaminaba a las
personas y provocaba la venganza de los malos espíritus si no se tomaban
ciertas precauciones para purificarse. A un niño huérfano le estaban vedadas
determinadas actividades.
Los griegos practicaban la magia negra y la hechicería. Torturaban y
enterraban imágenes de futuras víctimas para atraer el mal sobra ellas. Se
valían de los encantamientos y hechicerías de los brujos para echar a los
demonios que habían hecho presa de los enfermos. Acostumbraban ofrecer
sacrificios de animales y seres humanos para expulsar el mal de sus
comunidades, expiar sus culpas y volver propicias a las fuerzas sobrenaturales
ofendidas.
Difícilmente se podría encontrar una creencia o una ceremonia mágica
practicada en la época tribal que no haya perdurado en algún lugar de Grecia.
Magia y religión están tan entremezcladas entre los griegos que sería imposible
separar en sus prácticas los componentes de una y otra. Estas prácticas tienen
sus raíces en el culto a los antepasados heroicos, impulsado por los jefes
militares de la era bárbara. La religión griega era un conjunto de ritos y
creencias tomados de los cretenses, de las tribus patriarcales de invasores
aqueos y de los micénicos. Zeus, por ejemplo, originalmente pertenecía a una
banda de demonios minoicos, en honor de los cuales danzaban y practicaban
rituales mágicos fertilizantes.
Los poetas homéricos elevaron a estos dioses naturales ancestrales hasta
las alturas del Monte Olimpo, los invistieron con rasgos humanos y
establecieron entre ellos una jerarquía según el modelo de la sociedad de
conquistadores militares y piratas reales a la que cantaban. Había toda clase
de dioses además de los del panteón: dioses locales,
61
George Novack
familiares y de clan, dioses de la naturaleza, ninfas de los bosques y
deidades de los ríos, diosas de la justicia, etcétera. El origen salvaje de
estas figuras se revela claramente en el semibestial dios-cabra Pan, vestigio
del totemismo primitivo, que sobrevive en la actualidad en la figura del diablo
cristiano, con sus cuernos y su cola.
Los griegos consultaban oráculos en los lugares sagrados, tales como el
templo de Zeus en Dodona o los de Apolo cerca de Mileto y en Delfos. Los
sacerdotes pretendían adivinar el pasado y el futuro leyendo las señales del
humo, de las hojas susurrantes o de las entrañas de los animales. Los griegos
aceptaban y adaptaban a sus propias necesidades los cultos y dioses
extranjeros, de la misma manera en que se apropiaban de sus ideas y costumbres,
los Misterios eléusicos los tomaron de Menfis y Fenicia, los órficos de Egipto
y el culto del mitraísmo de Persia, y celebraban sus ritos en los santuarios de
los templos.
Lo asombroso es que la filosofía haya podido abrirse paso a través de
esa gruesa capa de superstición santificada por el transcurso del tiempo.
Algunos estudiosos niegan que las diferencias entre las concepciones tribales,
las religiosas y la filosofía presocrática de los griegos sean tan marcadas y
profundas como se supone generalmente. Las consideran afines más que opuestas.7
El pensamiento de todos los filósofos griegos, aun de los más
materia-listas, contenía rasgos tomados de las más diversas fuentes y etapas
del desarrollo ideológico. Thomson aduce que Tales y Anaximandro pertenecían a
familias de sacerdotes reales. Sería ahistórico suponer que cualquier fenómeno
cultural, especialmente en su periodo de for-mación, puede estar enteramente
libre de elementos contradictorios.
La filosofía griega nunca dejó completamente de lado la mitología y la
religión para asegurarse la supremacía frente a ellas. Coexistieron como
competidores obligados, hasta cierto punto, a vivir en buenos términos. La
razón y la imaginación de los griegos no funcionaban en compartimientos
aislados. La misma mitología, dejada de lado en favor de la filosofía natural,
resultaba indispensable al arte griego, la literatura, el teatro, la escultura,
la música, los festivales, etcétera. La filosofía no podía eludir la impronta
de la mitología en ese ambiente cultural. Por otra parte, la filosofía dejó sus
huellas en el teatro, aun cuando las obras trataban temas mitológicos.
7 Véase el Apéndice
62
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Un aspecto significativo en que la filosofía se diferenció de sus
predecesoras fue el proceso de su surgimiento. La magia y la religión son
producciones colectivas de origen tribal trasladadas a la vida urbana. Los más
importantes entre los personajes ligados a estas ideologías no son históricos
sino místicos, o por lo menos lo místico se impone en ellos sobre la realidad
social.
En cambio la filosofía constituye la obra de individuos determinados.
Desde sus comienzos se ve asociada con hombres que son persona-lidades
históricas reales, no figuras imaginarias como los héroes de los cuentos
populares y los dioses y salvadores del culto. El individualismo y el realismo
propios de la especulación filosófica desde sus más arcaicas manifestaciones no
son accidentales; constituyen caracte-rísticas inherentes a su ideología. Son
producto de circunstancias históricas específicas; se formaron en una
estructura social superior a las antiguas relaciones tribales y de parentesco,
en las que ya había comenzado a florecer la propiedad individual con todas sus
conse-cuencias.
Veamos ahora cómo surgió esta nueva civilización.
63
George Novack
APÉNDICE: BURNET Y CORNFORD
¿Fue la primitiva filosofía griega una ruptura definitiva con todas las
concepciones precedentes, o constituyó la continuación, más raciona-lizada, de
métodos e ideas ancestrales? Durante casi medio siglo los clasicistas ingleses
discutieron este punto y todavía no está resuelto.
Los adalides de ambas concepciones en pugna son Burnet y Cornford.
Burnet, el autor de Early Greek Philosophy, sostenía que la contribución
intelectual de los milesios era única, original, cualitativamente diferente de
todo lo producido por los babilonios, egipcios, hindúes, o sus propios
predecesores en Grecia. “Algo nuevo apareció en el mundo con los primeros
pensadores jónicos [... ]”
Cornford afirmaba que, salvo en la medicina, los griegos
prearistotélicos no eran científicos, porque no recurrían a la experimentación
para controlar y ratificar sus especulaciones. Los filósofos, desde Tales a
Epicuro, presentaban versiones racionalizadas de ancestrales ideas heredadas de
Hesíodo y las cosmogonías místicas de Babilonia, que a su vez hundían sus
raíces en las estructuras totémicas originales de las tribus salvajes. Definía
especialmente la filosofía presocrática como una reestructuración más racional
y sofisticada de los mitos tribales, que se diferencia en la forma pero no en
el contenido esencial de las concepciones más primitivas.
¿Quién de los dos está en lo cierto? ¿Los filósofos griegos crearon algo
realmente nuevo en el dominio del pensamiento, o no hicieron más que
transformar los materiales de la ideología primitiva heredados del pasado?
Planteada la cuestión de esta manera, debemos coincidir con Burnet en
que los filósofos naturales jónicos fueron auténticos innovadores, que
rompieron con los modos tradicionales de pensamiento y crearon un método
original para concebir el mundo y explicar la posición del hombre en él.
Rechazaron el sobrenaturalismo mítico y religioso e intentaron interpretar a
través de los agentes naturales el origen, desarrollo y características del
mundo. Fue un cambio revolucionario de los métodos utilizados en el pasado.
64
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
El proceso fundamental de desarrollo del pensamiento humano fue de la
magia a la religión y de ésta a la filosofía. Cada una de estas etapas supera a
la anterior, por más elementos obsoletos que arrastre de aquélla. Si bien la
religión es un puente entre la magia y la filosofía, las bases y fundamentos
sobre los que ésta descansa difieren de los de aquéllas y se les oponen. Esta
secuencia del desarrollo ideológico, que Cornford no ve, está planteada, aunque
unilateralmente, por Burnet.
Sin embargo, aquí no termina el problema. Los pensadores griegos no
surgieron del vacío. Para avanzar ese gigantesco paso tuvieron que utilizar los
materiales heredados del pasado; y librarse de esa vieja carga les llevó un
tiempo considerable y significó una ardua labor intelectual. Nunca lograron
eliminarla por completo de sus mentes.
Cornford brindó un gran servicio a la comprensión del pensamiento griego
al revelar el trasfondo en extremo primitivo del que surgieron los
presocráticos. Este trasfondo condicionó su perspectiva ideológica, aunque no
la determinó en lo fundamental. Demostró que los procesos intelectuales que
fructificaron en Mileto habían comenzado siglos antes, y podía seguirse su
rastro hasta la racionalización de los antiguos mitos y dioses por los poetas
Homero y Hesíodo. También señaló que el filósofo como tipo especial provenía de
los sabios de la antigua Grecia; a su vez éstos, los poetas y profetas,
descendían del chamán, supuesto intermediario entre los hombres de la tribu y
lo sobrenatural.
Muchos de los primeros filósofos conservaban o combinaban uno o varios
rasgos propios de estas funciones. Empédocles era poeta y sabio; Sócrates, más
prosaico, era a la vez un sabio y un inspirado profeta. En las nuevas
filosofías yacía encubierta una considerable cantidad de mitología. Heráclito
apelaba a la Justicia como reguladora de los procesos físicos; en la cosmogonía
de Empédocles figura Eros-Amor, Platón se volvía a la inspirada profetisa
Diotima en sus especulaciones cosmológicas. Las tradiciones del culto
sacerdotal no sólo persistían en los idealistas pitagóricos sino también en los
materialistas epicúreos.
65
George Novack
Pero estos remanentes del pasado, conservados en mayor o menor grado, no
eran tan decisivos e importantes como las nuevas ideas y métodos proyectados
por los filósofos, especialmente por los de mentalidad materialista. Ellos
descubrieron algo radicalmente nuevo. Cornford señala la concha que todavía
cubre la perla, pero no da la debida importancia a los rasgos y funciones
claramente originales de la perla misma.
El modo filosófico de explicar el mundo no era una simple extensión de
lo viejo bajo un nuevo aspecto; se trataba de algo cualitativamente diferente,
que surgió de un conjunto de condiciones históricas que no se habían dado hasta
entonces. Las conclusiones de los naturalistas significaban mucho más que una
reproducción racionalizada de afirmaciones de los mitos cosmogónicos. Por lo
menos en lo que hace a los materialistas, sus posiciones constituían una
negación y un rechazo revolucionario de esos mitos. Todo lo antiguo asimilado
se transformaba en algo radicalmente nuevo y en principio diferente.
Lo más significativo en los primeros sabios griegos no es su relación
con el pasado sino su ruptura con éste. No surgieron simplemente de las etapas
anteriores; las superaron, dejándolas atrás. Las nuevas condiciones, fuerzas y
descubrimientos barrieron con las concepciones míticas anteriores y dieron
nacimiento a un nuevo tipo de pensamiento. Lo más importante en ellos no es por
dónde recorrieron las antiguas rutas, sino en qué punto las abandonaron y
echaron a andar por otras nuevas.
Comparando y analizando las ideas de los poetas mitológicos y los
materialistas se descubren las diferencias básicas entre ambos. Pero lo que las
prueba contundentemente son las consecuencias de uno y otro pensamiento. “Por
sus frutos los conocerás.” Las últimas obras de los primeros naturalistas son
el mejor testimonio de las raíces nuevas y la tierra diferente que las
nutrieron.
Las escuelas idealistas tomaron mucho más de las tradiciones religiosas
y mitológicas que las materialistas. Esencialmente representan la continuación
de las antiguas formas de pensar en las nuevas categorías y técnicas
filosóficas. En lo que a ellas se refiere, Cornford pisa terreno firme. Pero se
pierde cuando rechaza a todas las escuelas presocráticas, materialistas e
idealistas por igual, como no científicas.
66
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La razón principal que aduce es que estos primeros griegos no incluían
la experimentación entre sus métodos. Sin embargo, combinaban la aguda
observación de los procesos naturales con un análisis racional basado en
premisas materialistas. Esto bastaba para otorgar a sus procedimientos y
conclusiones carácter y bases científicos.
La experimentación como práctica regular y como prueba de toda hipótesis
sustentada constituye un paso necesario de todo método científico acabado. Pero
es producto de una etapa superior del desarrollo de la ciencia y no es
absolutamente indispensable para la investigación. La observación precede al
laboratorio. La astronomía, una de las primeras ciencias, y de las más
avanzadas, no se basa en la experimentación. Tampoco lo hace la economía
política, entre las ciencias sociales. El intento de Cornford de negar la
tendencia genuina-mente científica del materialismo griego primitivo porque no
aplicaba la experimentación hace agua por todos lados.
Cornford no aprecia en su verdadero valor la novedad de la filosofía
griega, pasa por alto la discontinuidad entre la mitología antigua y las
cosmogonías naturalistas y no percibe las diferencias entre las corrientes
idealista y materialista.
Burnet comete el error opuesto, aunque de menor trascendencia. No
atribuye la importancia debida a los elementos que se continúan en el
pensamiento griego, transmitidos de las viejas concepciones a las nuevas.
Reconociendo sus respectivas limitaciones es posible superar la
unilateralidad de sus posiciones y llegar a una apreciación más acabada de los
presocráticos.
67
George Novack
Capítulo V
LA REVOLUCIÓN DE LA CIVILIZACIÓN EGEA
La revolución del pensamiento humano que produjo la filosofía está
ligada a un periodo específico de la historia antigua. En esa etapa los
sectores más avanzados de la humanidad pasaron de la Edad del Bronce a la del
Hierro; el desarrollo de la esclavitud la llevó desde sus comienzos
patriarcales a una forma superior basada en una división más extensa del
trabajo social y una expansión sin precedentes del comercio. Fue el producto
final de una serie de cambios revolucionarios en los pueblos del Mediterráneo
oriental y del Medio Oriente.
Se podrá entender mejor la naturaleza y alcances de estos cambios
comparando algunas características especiales de ambas etapas históricas. La
tecnología de la Edad del Bronce estaba rígidamente limitada por la escasez y
alto costo del metal principal, lo que determinaba que se lo usara sólo para
armas de guerra y artículos de lujo. El bronce era un material de lujo
destinado a satisfacer las necesidades de los ricos, totalmente fuera del
alcance del artesano y agricultor común.
Una vez que llegó a dominarse el proceso de fundición del metal, el
hierro se hizo mucho más abundante, barato y fácil de trabajar. Con su
introducción, por primera vez se hizo accesible a todos los estratos de la
sociedad el uso del metal. Este material democrático proveyó de herramientas
más eficientes al artesano, de materiales de construcción más fuertes al
constructor de naves, de mejores implementos agrícolas al campesino; dio un
ímpetu poderoso a las fuerzas productivas de la industria y la agricultura.
A su nivel, fue un periodo de innovaciones y avances tecnológicos hasta
entonces inigualados. La cantidad de trabajadores que utilizaban herramientas
de metal se multiplicó enormemente luego del descubri-miento de las técnicas
para fundir y forjar el hierro, alrededor del 1.200 a.C., lo que estimuló la
invención de nuevos tipos de herramientas metálicas. Desde el 600 a.C., y
durante cinco siglos, se fueron agregando el cepillo de carpintero, la pala, la
guadaña, la reja de arado, a las herramientas heredadas de la Edad de Piedra y
de la del Bronce.
68
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Las civilizaciones de la Edad del Bronce producían fundamentalmente para
el uso de la comunidad y para el consumo local inmediato. El comercio se
restringía en gran medida a los artículos de lujo, que no jugaban un rol
importante en la economía. Con el advenimiento de la Edad del Hierro la
división del trabajo se hizo más compleja. Las ciudades se poblaron con
distintas clases de artesanos. El rápido crecimiento del comercio significó la
expansión de las relaciones mercantiles, con la consiguiente transformación de
la estructura de los principales centros marítimos.
En la Edad del Bronce la agricultura era prácticamente el único modo de
producción de medios de subsistencia y riquezas. Entonces, la manufactura y el
comercio adquirieron, por primera vez, una impor-tancia considerable, y en
algunos lugares clave, decisiva. Los avances y conquistas de las
ciudades-estado griegas están íntimamente ligados al progreso de su comercio
exterior. Las empresas comerciales, navieras, manufactureras y de colonización
las pusieron en contacto, con las regiones más remotas y los países más
civilizados. Su diversificada vida interna fue el punto de partida de su
participación en un mercado que se extendía de uno a otro extremo del
Mediterráneo y de Egipto al Mar Negro, incluyendo los reinos de la Mesopotamia.
Fue en este momento que se realizaron tres inventos que hicieron época:
la moneda metálica, la escritura alfabética y las unidades de peso y medida.
Fueron consecuencia de las necesidades de la actividad mercantil. La moneda
metálica se inventó a comienzos del siglo VIII, en la frontera entre el mundo
griego y el oriental. Las primeras monedas facilitaron el intercambio, entre
Lidia y los puertos griegos. La escritura alfabética se desarrolló y difundió a
fin de poder llevar las cuentas en el comercio. Se establecieron sistemas
estables de pesos y medidas para facilitar el rápido intercambio de mercancías.
Esas innovaciones y cambios técnicos crearon nuevas fuerzas sociales, lo
que con el tiempo significó la total estructuración de las relaciones sociales.
La esclavitud patriarcal de Mesopotamia y Egipto era suplan-tada, o
complementada, con la esclavitud comercial. En este sistema un número cada vez
mayor de hombres producía mercancías para los mercados en expansión y estos
hombres eran transformados, a su vez, en mercancías importantes. La oligarquía
terrateniente hereditaria, que vivía en sus propiedades, las que producían para
autoabastecerse,
69
George Novack
se vio transformada en una clase de propietarios de tierras con
conexiones comerciales en los mercados cercanos o extranjeros. Muchos de los
que cultivaban las tierras de los propietarios terratenientes dejaron de vivir
en servidumbre total para transformarse en pequeños propietarios. Los productos
de los rebaños que apacentaban los pastores también entraron en la cadena del
intercambio comercial.
Sin embargo, los mayores cambios de la estructura social no tuvieron
lugar en el campo sino en los puertos. Surgieron las ciudades; en ellas ya los
intereses agrícolas no tenían primacía sobre todos los demás, sino que se
subordinaban a los del comercio y la manufactura. Se asentó la aristocracia
mercantil independiente, que no se enriqueció produciendo para los monarcas,
nobles y sacerdotes, sino para los mercados lejanos. Junto a ella, se
expandieron con un grado cada vez mayor de independencia los artesanos y
marinos.
Estos mercaderes, financistas, propietarios de barcos y de manufacturas,
desafiaron el dominio de las viejas aristocracias terrateniente y militar, y
derrocaron uno a uno a los representantes del orden arcaico. Las monarquías
absolutas fueron las primeras en verse privadas de sus poderes. Al mismo tiempo
el clero, que en Egipto y Babilonia era omnipotente, se vio degradado al nivel
de una institución dependiente. Finalmente, los intereses mercantiles,
manufactureros y marítimos entablaron una lucha a brazo partido con la nobleza
terrateniente.
Como resultado de estas luchas, nuevos tipos de gobierno reempla-zaron a
los despotismos absolutos y a las oligarquías terratenientes. Adoptaron la
forma de monarquías constitucionales, tiranías, oligarquías o repúblicas
democráticas. A estos nuevos tipos de gobierno los acompañaron nuevas
expresiones legales. Los códigos consuetudinarios heredados del tribalismo
primitivo ya no satisfacían las necesidades o exigencias de los comerciantes.
Estos bregaban por una justicia mejor administrada y por hacer cumplir los
contratos, a la vez que por una división de los derechos políticos que les
fuera más favorable.
Las condiciones de la vida urbana removieron todas las ideas y valores
morales profundamente arraigados. Hasta ese momento el nacimiento y las
relaciones sociales constituían la base del status social. Pero entonces dejó
de juzgarse a los ciudadanos solamente por el nacimiento y la genealogía; la
riqueza pasó a ser un elemento importante. “El dinero hace al hombre.”
70
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Las clases altas de los puertos marítimos jónicos desplegaron una
cosmopolita sabiduría práctica digna del Pobre Richard de Benjamín Franklin.8
“Gánate la vida, y luego piensa en ganarte la virtud”, escribió un poeta
milesio del siglo VI. El único verso que se conserva del poeta jónico Pitermo
dice: “Ninguna otra cosa importa, sólo el dinero”.
La consecuencia más importante de estos cambios revolucionarios fue la
producción de nuevas formas de conciencia. La magia caracterizaba la concepción
del mundo propia del tribalismo; la religión, la de los primeros reinos y
ciudades-estado. Ahora apareció algo genuinamente nuevo en la práctica y las
mentes de los hombres; los primeros destellos de la filosofía y la ciencia.
Estas aparecieron porque el terreno histórico para su surgimiento y
cultivo había sido preparado por los elementos ya descriptos: la introducción
del hierro, la moneda metálica, la escritura alfabética, los pesos y medidas;
un nuevo tipo de producción esclavista, la disgregación de las instituciones
remanentes de la sociedad tribal y la liquidación de los despotismos
teocráticos basados en la agricultura; el ascenso a niveles superiores del
comercio, la manufactura y la colonización; el nacimiento de poderosas fuerzas,
sociales progresivas en las ciudades-estado marítimas de Grecia, que dieron una
intensidad distinta a los antagonismos de clase y crearon nuevas instituciones
legales, políticas y culturales. Tales fueron las condiciones históricas
indispensables para la formación de la filosofía.
Las ciudades-estado jónicas
Estas condiciones históricas también dieron origen a un nuevo tipo de
ciudad-estado, diferente en aspectos fundamentales de los antiguos centros
urbanos que habían florecido durante miles de años en los albores de la
civilización.
Las ciudades de la Mesopotamia y Egipto estaban ubicadas en los valles
de los ríos. Su economía agrícola dependía enteramente del control minucioso y
constante de las reservas de agua. Las regían y mantenían gobiernos encabezados
por monarcas absolutos, castas
8 Benjamin Franklin editaba anualmente el Poor Richard’s Almanack
(Almanaque del pobre Richard) que tenía informaciones útiles para los
campesinos y también dichos, juegos y expresiones de sabiduría popular. [N. del
E.]
71
George Novack
sacerdotales y la nobleza. Los conservadores reinos teocráticos
ejercían, a través de la religión, un dominio total sobre las mentes de los
hombres, y a través de la burocracia oficial sobre sus vidas y sus sustentos.
Los principales edificios de estas ciudades eran muy representativos de
su estructura social. Al respecto dice Farrington:
“Los monolitos, las pirámides, los templos, los palacios, las estatuas
colosales –las moradas, tumbas e imágenes de reyes y dioses– son testimonio de
la habilidad organizativa de los grandes, de la capacidad técnica de los
humildes y de las supersticiones sobre las que se apoyaba la sociedad”.
Las ciudades griegas que se levantaron en las fronteras del Asia Menor
alrededor del siglo VIII a.C. tomaron muchas de las realizaciones de sus
predecesores. Pero muchas características, tanto de su historia como de su
estructura, las diferenciaban de los centros urbanos anteriores.
Las ciudades-estado jónicas eran una combinación de elementos sociales
provenientes de cuatro fuentes. En primer lugar, conservaban muchas costumbres,
códigos e instituciones propios de los estadios superiores de la barbarie
griega. En segundo lugar, esos elementos se combinaban con vestigios de las
civilizaciones minoico-micénicas. Luego esos aportes de las antiguas culturas
egeas se combinaron con otros adquiridos de los pueblos vecinos de Oriente.
Finalmente, todo eso fue adaptado a las exigencias de las actividades
comerciales marítimas.
Los griegos jónicos fueron discípulos aptos y bien dotados de las
culturas superiores que los rodeaban, a las que pronto superaron. Nos recuerdan
a los norteamericanos cuando imitaban a Europa Occidental, a los japonesas
cuando se asimilaron al capitalismo o a los chinos contemporáneos emulando los
avances soviéticos.
Los colonizadores jónicos eran emigrantes de diversos orígenes,
provenientes de numerosas regiones diferentes que, desarraigados de su pasado,
no estaban tan atados a la tradición como otros pueblos. Los inmigrantes
griegos entraron en relaciones amistosas con los nativos, con los que se
entremezclaban y contraían matrimonio.
72
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
El clima y los puertos excelentes los favorecieron. Los habitantes de la
ciudad tenían fácil acceso a los productos de las zonas habitadas por los
agricultores y pastores. Por vía terrestre se comunicaban con las monarquías
orientales y los reinos lidio-frigios, con los que inter-cambiaban mercancías
por alimentos y materias primas. Su sistema de pesos y medidas y el uso del
dinero los aprendieron de los lidios.
Este pueblo resultante de la fusión de los emigrantes griegos, con los
nativos, sometido a la influencia de las culturas oriental y helénica, fue el
primero que creó un idioma, instituciones religiosas, intereses, ideas y una
cultura comunes a todos los griegos, abriendo así el camino a la formación de
una nacionalidad griega diferenciada.
Los jónicos establecieron colonias y desarrollaron la industria
doméstica, creando así florecientes centros comerciales y manufactureros que se
ligaban a muchos otros pueblos por tierra y por mar. Sus barcos llevaban a
estos pueblos los productos de la agricultura y la industria griegas: aceite,
vino, armas, alfarería, joyas, telas, y traían a cambio cereales, pescado,
madera, lana, metales y esclavos.
Los jónicos eran comerciantes emprendedores, marinos duros y osados
navegantes, exploradores y aventureros. Según Solón de Atenas y Aristóteles,
Tales fue a Egipto “a hacer negocios y ver el mundo”. En ese periodo la
construcción de naves ocupaba en la tecnología el mismo lugar preponderante que
en el siglo XIX la construcción de locomotoras. Los jónicos se transformaron en
una potencia naval y marítima; produjeron habilidosos armadores de barcos e
ingenieros capaces que construyeron muelles, puentes y túneles.
En la Mesopotamia y Egipto los monarcas, sacerdotes y nobles tenían bajo
su dominio a artesanos dependientes e inertes masas campesinas de siervos y
esclavos. Las ciudades jónicas estaban gobernadas por aristocracias comerciales
astutas y cultas y habitadas por artesanos inteligentes, constructores de
barcos y marineros robustos. Cuando su economía alcanzó un grado mayor de
avance y diversificación, los artesanos, igual que los mercaderes y los
manufactureros, lograron un status superior. Los artesanos de Babilonia, Egipto
y Creta usaban herramientas de cobre y bronce, escasas, costosas y no muy
durables. Estaban bajo el dominio de los potentados y sacerdotes, que
concen-traban en sus manos las reservas de alimentos.
73
George Novack
Los artesanos griegos eran hijos de la Edad de Hierro. El metal
abundante, barato y duradero les permitió ser dueños de sus herramientas y
controlar tanto su actividad productiva como sus medios de producción.
Mantenían un trato familiar con reyes, nobles y sacerdotes. Pero como muchos de
ellos trabajaban en sus domicilios, por cuenta propia, para extensos y pujantes
mercados internos y externos, dependían mucho menos de los palacios reales, las
casas nobiliarias y los templos, alrededor de los cuales giraban antes las
ciudades. Estas condiciones de vida y trabajo proporcionaron a los trabajadores
urbanos un sentido de independencia, iniciativa e individualismo que los
acercaba a los marinos y estibadores de sus ciudades natales.
Había en las ciudades otras clases sociales, además de la nobleza, los
mercaderes, los pequeños comerciantes, los artesanos y los trabajadores del
mar. Estaban los extranjeros, que no gozaban de derechos civiles, y los
esclavos, que no gozaban de ningún derecho.
A los esclavos se los entrenaba y ocupaba en distintos oficios. Pero la
esclavitud no fue tan preponderante en la vida agrícola e industrial de las
ciudades jónicas del siglo VI como llegó a serlo en la Atenas del siglo IV.
Muchos de los productos manufacturados que se exportaban eran fabricados por
hombres libres. La esclavitud no constituyó un obstáculo para el desarrollo de
la actividad de los artesanos indepen-dientes ni colocó a los comerciantes en
un nivel superior al de los productores. Aquéllos se mantenían muy ligados a la
industria y estaban muy al tanto de su funcionamiento.
Cuando hoy pensamos en la antigua Grecia, generalmente suponemos que
Atenas y Esparta fueron, desde un comienzo, sus capitales. No es así. Estas
ciudades continentales recién se hicieron hegemónicas en los siglos V y IV a.C.
En los siglos VII y VI, cuándo su desarrollo social aún era muy inmaduro, las
colonias griegas de las costas del Asia Menor ya estaban muy avanzadas.
No fueron las ciudades griegas propiamente dichas las que iluminaron a
las colonias lejanas; los puestos de avanzada en Asia dirigieron y educaron a
la Grecia metropolitana. Elevaron el nivel de los griegos continentales y
ayudaron a civilizar a los bárbaros que la rodeaban.
74
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Los jonios superaban en mucho a los demás griegos del siglo VI en lo que
hace a tecnología y economía, estructura social, actividad política, cultura e
ideas. Fueron la avanzada comercial de la civilización egea. Mileto era el
centro más progresista del mundo griego de esa época. Era la ciudad madre de
las noventa colonias que rodeaban el Mar Negro; su comercio se extendía a lo
largo y a lo ancho del Mediterráneo; sus habitantes estaban en contacto con los
antiguos centros civilizadores.
No sólo estaban a la cabeza de la colonización y la navegación, las
artes y la industria, la arquitectura y la ingeniería. El arte y la literatura
griegos, al igual que la ciencia y la filosofía nacieron y se nutrieron en
estas ciudades jónicas. Allí se perfeccionaron los poemas homéricos; allí
escribieron sus obras imperecederas Safo, Anacreonte y muchos otros. Del mismo
modo fueron ellos quienes afinaron los primeros instrumentos de la escritura en
prosa de los griegos.
Las civilizaciones de la Mesopotamia y Egipto estaban regidas por
déspotas inflexibles. En estos imperios nunca fue abolida la monarquía como
institución. Las características y evolución política de las ciudades marítimas
de Jonia eran muy distintas. Eran estados independientes, cada uno con gobierno
propio. Originalmente las gobernaban monar-quías hereditarias, reemplazadas
luego por aristocracias de sangre. Las coaliciones de propietarios de naves,
mercaderes y dueños de manu-facturas, cuyo poderío no se basaba en la propiedad
de la tierra sino en la riqueza mueble, comenzaron a desplazar a esas
aristocracias del siglo VII. El creciente comercio reforzó las clases
mercantiles numérica-mente, en riqueza e influencia. Rompió la cohesión de las
antiguas aristocracias terratenientes, ya que muchos nobles se dedicaron a esa
actividad o establecieron provechosas ligazones con los comerciantes.
En estas ciudades libres, independientes y relativamente democráticas la
lucha de clases empezó a plantearse de manera abierta y enérgica. El siglo VI
fue testigo del surgimiento de un nuevo fenómeno político: las tiranías. La
mayoría de los tiranos fueron principes comerciantes (algo así como la familia
florentina de los Medici), que aprovecharon el tumulto de los conflictos de
clase para ponerse a la cabeza de las fuerzas populares y hacerse del poder.
75
George Novack
La transición del autoabastecimiento agrícola a la economía monetaria,
el rápido desarrollo de la producción de mercancías, la extensión del comercio
y la acumulación de riqueza en metálico crearon las condiciones para que la
clase de los mercaderes combatiera a los reyes y los nobles, cuyos privilegios
derivaban del nacimiento y la propiedad terrateniente. Los tiranos no eran
pobres plebeyos: generalmente pertenecían a una de las facciones en pugna de
las clases altas. Pero para alcanzar el poder y conservarlo se vieron obligados
a apoyarse en los plebeyos de las ciudades y los campesinos desposeídos y
disconformes y patrocinar algunas de sus demandas.
“Aristóteles dice que la mayoría de los tiranos alcanzaron sus
posiciones alineándose junto al pueblo contra los nobles ricos. Esta causa
tenía más oportunidades de triunfar en una ciudad como Mileto que en las
comunidades agrícolas; y es así porque en Mileto la manufactura jugaba un rol
importante, y en consecuencia el pueblo estaba más en condiciones de tomar
conciencia de su importancia. Más aun, las fluctuaciones de la riqueza de los
comerciantes nobles deben de haber sido constantes. Por lo tanto, el poder de
esa clase debía de ser menos firme que el proveniente de la posesión de la
tierra en un estado donde no existen otras fuentes de riqueza, ya sea
industrial o comercial Por lo tanto, aunque los comerciantes no necesariamente
se transformaron en el poder supremo fueron una fuerza capaz de garantizar que
su dirigente se elevara a posiciones de poder, primero como magistrado
principal y luego como tirano.”9
En consecuencia, por un tiempo los tiranos se transformaron en héroes
populares y dirigentes de masas. Aunque parezca paradójico, la democracia y las
libertades cívicas penetraron en el mundo occidental bajo los auspicios de
estos ambiciosos tiranos que se acreditaban muchos gobiernos brillantes. Pero
la plebe griega nunca se reconcilió completamente con estos autócratas que se
encumbraron por sus propios medios; en un nuevo vuelco de la lucha de clases
saludó a quienes los derrocaron como héroes y salvadores de la democracia. Las
tiranías fueron formaciones intermedias en la evolución política de las
ciudades-estado griegas.
9 Adelaide Glynn Dunham: The
History of Miletus.
76
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
“La tiranía griega cumplió una función de transición -señaló Thomson-.
Al forzar una brecha en el gobierno de la aristocracia, permitió a la clase
media consolidar sus fuerzas para la etapa final de la revolución democrática,
que implicó el derrocamiento de esa misma tiranía. Es por eso que la tradición
griega la condenó casi unánimemente. Primero la denunciaron los aristócratas
porque era progresiva, y luego los demócratas porque se había vuelto
reaccionaria.”10
En resumen: la revolución en el plano intelectual que produjo la
filosofía estuvo precedida por cambios revolucionarios en los fundamentos
económicos de la vida griega. Los agresivos y progresivos centros comerciales,
habitados por clases sociales en conflicto, reemplazaron a las comunidades
agrícolas autosuficientes basadas en lazos tribales, de clan y familiares. Del
mismo modo, el régimen político sufrió, oleadas revolucionarias, a caballo de
las cuales los mercaderes desalojaron del poder a la nobleza terrateniente y
los tiranos abrieron las puertas al avance democrático de los plebeyos. Las
fuerzas que en esta época impulsaron los cambios en casi todas las áreas, desde
la tecnología a la filosofía, fueron los comerciantes junto con los artesanos y
los marinos de las ciudades.
Mileto. La cuna de la filosofía
A Babilonia, Atenas y Roma se las conoce en todo el mundo; a Mileto no.
Excepto para los estudiantes de filosofía, su nombre no resulta tan familiar
como el de Esparta, o los de las ciudades fenicias de Tiro y Sidón. Sin
embargo, merece estar a la altura de las más grandes de estas ciudades.
Mileto fue la cuna de la filosofía. Los hechos históricos que
caracte-rizaban el progreso del Asia Menor desde los siglos VIII al V se
desarrollaron fundamentalmente en este puerto marítimo. Herodoto consideraba a
Mileto “el ornamento de Jonia”. En la era romana todavía se hablaba de ella
como “la más antigua ciudad de Jonia, y la madre de muchas de las ciudades del
Ponto Euxino, de Egipto y de todo el mundo habitado”.
10 Aeschylus and Athens, p. 93.
77
George Novack
La descripción que hizo un estudioso francés, A. Jardé, de la ciudad en
sus primeras épocas, merece ser citada en detalle.
“Construida sobre una península de cerca de dos millas de largo y de
media milla a un tercio de milla de ancho, ofrecía todas las ventajas posibles
a los colonizadores griegos. La separaba del continente un istmo cerrado por
altas murallas y se comunicaba con el mar a través de cuatro grandes bahías que
constituían un refugio seguro. El corazón de la ciudad era el gran puerto del
nordeste. Dos colosales leones guardaban su entrada; a lo largo de sus orillas
se extendían tres hileras de pórticos y muelles y, como vigilándolo todo, se
elevaba el altar de Apolo délfico, el antiguo protector de marinos y
emigrantes.
“De aquí partían en todas direcciones los barcos milesios, una gran
flota mercante protegida por una poderosa flota de guerra. Mileto aportó a la
batalla de Lado ochenta barcos, apenas cien menos que Quío. Había creado una
industria para abastecer su comercio. De los lidios aprendió el arte del tejido
y el teñido de telas y el de la decoración de vestidos y alfombras. Las lanas
de Mileto se cotizaban mucho en Atenas, y las compraban en zonas tan lejanas
como el sur de Italia. El manto de Antístenes de Síbaris, con sus flores y
figuras, era una obra maestra de bordado en estilo oriental.
“Se podían encontrar mercaderes milesios en todos los puertos del
Mediterráneo. Mileto comerciaba con las ciudades mercan-tiles de Eubea, y
estuvo involucrado en la guerra entre Calcis y Eretria. Utilizando las colonias
que había establecido desde el Helesponto al Cáucaso consiguió el monopolio del
comercio del Euxino (Mar Negro), o algo muy similar al monopolio. Aunque no
tenía, como Focea, colonias en el Mediterráneo occidental, mantenía relaciones
comerciales con la Gran Grecia; la destruc-ción de Síbaris afectó a Mileto como
un desastre nacional. Sus mercaderes visitaban constantemente los puertos
etruscos, y hasta el 480 tuvieron la exclusividad de la exportación de las
mercancías del Ática a Etruria.
78
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
“Focea, Efeso y las demás grandes ciudades de Jonia habitadas, como
Mileto, por una laboriosa población de mercaderes, arte-sanos y navegantes eran
escenario de igual actividad y riqueza. En todas ellas encontramos el mismo
gusto por el lujo, el mismo amor a la artesanía fina y las joyas ricamente
trabajadas; en todas se celebraban similares banquetes y festivales. Las
cortesanas de Jonia eran modelo de elegancia y cultura, y Aspasia de Mileto, la
amiga de Pericles, maravillaba a toda la Antigüedad, Jenófanes de Colofón nos
describe a sus jóvenes paseando por el Agora ‘todos vestidos de púrpura, con
los cabellos hermosamente arreglados, impregnados del perfume de sutiles
ungüentos’.”11
Este párrafo describe a las clases altas de Mileto. Pero además de los
“selectos” (nobles, mercaderes ricos, propietarios de barcos y sus elegantes
cortesanas y damas refinadas) había miles de artesanos, trabajadores del puerto
y marinos que trabajaban y vivían con sus familias en esta activa ciudad-estado
marítima.
Mileto tenía una larga historia comercial. Posiblemente alguna vez haya
sido una factoría perteneciente a Creta. Los griegos habían llegado a esa zona
en el siglo X a.C. encabezados por los atenienses. Atenas consideraba a Mileto
una creación suya. La ciudad alcanzó notoriedad por primera vez a comienzos del
siglo VIII, cuando los fenicios fueron expulsados de las aguas griegas y los
jónicos los reemplazaron en su función de comerciantes. Mileto estaba
excepcio-nalmente bien ubicada para convertirse en el puerto más importante del
Golfo de Latmos, que constituía el centro natural del comercio del Egeo
oriental. Construida sobre un promontorio que penetra en el mar, sus puertos en
la boca del río Meandro ofrecían facilidades excepcionales para el dominio del
tráfico marítimo.
Su posición era inmejorable respecto a las rutas comerciales del norte y
del oeste. A diferencia de otras ciudades de la costa, su prosperidad no
dependía del tráfico de las caravanas sino del comercio por mar. Se convirtió
en el principal centro distribuidor del Egeo oriental y en el punto de
intersección de su comercio.
11 A. Jardé: The Evolution of
Greek People, pp. 193-194.
79
George Novack
Mileto fue la primera ciudad griega que acuñó moneda, y se trans-formó
en la más rica y la más culta de Jonia. El templo de Apolo de Didima, que
estaba en su territorio, no sólo era el altar central del culto de toda la
región sino también su banco. Las autoridades del templo emitían moneda,
custodiaban los depósitos y organizaban las expediciones colonizadoras.
Los milesios se transformaron en los señores del Mar Egeo y su tráfico
comercial. Ligadas a la floreciente actividad exportadora, principal fuente de
su riqueza, la ciudad contaba con extensas manufacturas. Su comercio lanero era
tan famoso en el siglo VI a.C. como el de los florentinos y flamencos en la
Edad Media. Sus talleres textiles fabricaban mercaderías de calidad para los
aristócratas, finos tejidos artísticamente decorados con bordados multicolores.
Con la lana de Angora y el lino que traían del campo sus artesanos tejían
tapices, alfombras, clámides y mantos. La tejeduría y el teñido eran oficios
prósperos, muy relacionados entre sí. Los milesios exportaban telas de lana
hasta a Italia.
Su alfarería, hecha con arcilla roja con un revestimiento amarillo
claro, se vendía desde el Mar Negro a Italia. No se quedaba atrás la industria
del aceite de oliva, otro de sus productos de exportación. De las minas
cercanas Mileto obtenía hierro suficiente para el uso interno y la exportación,
además del oro y la plata que utilizaba como dinero.
Sus actividades manufactureras estaban muy ligadas a la
comercia-lización de la producción agrícola. Los milesios cultivaban trigo,
olivo, higos de Esmirna, lino (que utilizaban para fabricar tejidos), hacían
miel y cera, extraían tintura de la púrpura, vendían pescado fresco y salado,
vino y aceite de oliva. De sus ganados obtenían pieles y lana de Angora.
Contaban con una extensa industria maderera, que les proveía de materia prima
para sus barcos y para la exportación de muebles.
Los esclavos eran otra de las grandes mercancías. Sus comerciantes
compraban esclavos en el Mar Negro y el Asia Menor y los distribuían por toda
Grecia.
Gracias a su ubicación favorable y al impulso de su agricultura e
industria, su expansión marítima no tuvo paralelo en la historia de los estados
griegos. Mileto estuvo a la cabeza de la colonización del Mar Negro. Llevaron a
los habitantes bárbaros de los puestos comerciales
80
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
que instalaban en las orillas los bienes, costumbres e ideas de la
civilización; a cambio de ellos, obtenían los productos naturales de la región,
que utilizaban para su propio consumo y para el comercio. Importaban, sobre
todo, pescado, sal, lana, trigo, hierro, plata y oro, tierra roja para pintura,
tinturas vegetales y esclavos.
En Berezan, una isla de pescadores del Mar Negro a la que los milesios
proveían de alimentos, casi todos sabían leer y escribir, y era común que los
mercaderes que se cubrían de alegres joyas impartieran órdenes a los artistas
atenienses. Aunque Mileto no fundó colonias en el Mediterráneo occidental,
tenían amplias conexiones comerciales con esa zona, como lo señala Jardé.
La ciudad madre no era solamente un activo puerto marítimo; sus
extensiones en Egipto y el Mar Negro estaban habitadas por poblaciones
políglotas expertas en las actividades propias de los centros comerciales.
Cuando la dinastía saíta abrió por primera vez Egipto a los mercaderes y
colonizadores de Grecia, en el siglo VII, los milesios navegaron hasta la boca
del Nilo con treinta barcos; en Naucratis, el único lugar donde se les permitía
establecerse a los griegos, construyeron la así llamada muralla milesia. Aunque
posteriormente establecieron puestos en Menfis y Abidos, Naucratis se
transformó en el principal sitio de inter-cambio de bienes e ideas entre
griegos y egipcios. Después del 569 a los milesios se les reservaron templos y
muelles especiales; gozaban de una indiscutida preeminencia en el lugar.
Naucratis llegó a ser el principal mercado de Egipto y uno de los más prósperos
del mundo griego; allí se intercambiaban los productos de África y Arabia por mercancías
griegas. El respeto que sentían los egipcios por Mileto se refleja por ejemplo,
en el hecho de que el rey egipcio Neco, después de su victoria sobre Josué de
Judá, envió sus pertrechos de batalla a Didima como ofrenda a Apolo.
Estos avances económicos proporcionaron inmensa riqueza e influencia a
la clase mercantil de Mileto y de sus colonias. El rey Creso de Lidia, por
ejemplo, recurría a estos millonarios para que le proporcionaran fondos. Estos
hombres agudos, aventureros, brillantes, cumplieron funciones económicas y se
desempeñaron como altos magistrados y sacerdotes.
81
George Novack
Los mercaderes milesios obtuvieron grandes ingresos dedicándose a la
ganadería. Así se derrumbaron las barreras de la nobleza hereditaria y se
mezclaron los nobles con los hombres de negocios en una nueva plutocracia. Los
terratenientes activos e inteligentes se dedicaron a la industria y al
comercio; los mercaderes penetraron en sus filas, ya sea haciéndose
terratenientes o estableciendo con ellos vínculos familiares o de negocios.
También eran ambiguas las relaciones que mantenían los mercaderes y
propietarios de naves con los hombres que trabajaban en la construcción de
barcos, los estibadores y los marinos, que constituían una fuerza plebeya de
considerables dimensiones. Mileto es uno de los primeros lugares de que se
tiene memoria en que los trabajadores marítimos actuaron como una enérgica
fuerza revolucionaria.
Las masas de Mileto conformaban un conjunto móvil, cambiante, compuesto
de elementos variados. Había artesanos, marinos; muchos extranjeros, algunos
atraídos por las oportunidades que brindaba al comercio, otros que no tenían
hogar y se refugiaron allí; campesinos arruinados a los que la economía
monetaria había desarraigado de la tierra; masas de esclavos de diferentes
nacionalidades. Igual que Atenas posteriormente, la ciudad era escenario de
conflictos de clase intensos y prolongados, que frecuentemente terminaban con
el derrocamiento del régimen político imperante en ese momento. A menudo se
veía envuelta en guerras comerciales con rivales que estaban expandiéndose,
como Samos, Corinto y Colchis.12
En el siglo VIII una aristocracia terrateniente derrocó a la monarquía
hereditaria original. A mediados del siglo VII un gobierno de los mercaderes
ricos expulsó y reemplazó a la aristocracia. Mileto pronto se transformó en una
tiranía clásica. En el 604 a.C. tomó el poder el tirano Trasíbolo. Pero la
tiranía, aunque brillante, duró poco. Los dos últimos tiranos fueron derrocados
alrededor del 580 a.C.
Después de su expulsión, durante dos generaciones Mileto estuvo
desgarrada por una violenta guerra civil, en la que el poder oscilaba entre el
partido de los ricos por un lado y los trabajadores “manuales” plebeyos por el
otro.
12 Colchis: actualmente Georgia
[N. del T.]
82
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Primero triunfaron los pobres; luego los ricos volvieron a obtener la
supremacía. Terminó en una salida de compro-miso: se implantó una oligarquía
moderada formada por mercaderes y campesinos, ricos y prósperos, que gozaba de
poderes restringidos. Los magistrados, por ejemplo, eran electos cada dos
meses.
Aquí no acabaron los cambios gubernamentales. Una hueva tiranía derrocó
al régimen constitucional. A su vez, ésta fue reemplazada por un gobierno
democrático, que duró hasta la caída de la ciudad en manos de los persas
después de la conquista de Lidia en el 546. En el 494 los persas destruyeron la
ciudad después de aplastar una revuelta jonia encabezada por los milesios;
nunca volvió a retomar su importancia anterior.
En síntesis, durante la mayor parte de su existencia como la ciudad más
importante del Egeo, Mileto estuvo gobernada por los ricos, que periódicamente
eran combatidos, y a veces vencidos, por los plebeyos. Pero la democracia
plebeya nunca pudo perpetuar su gobierno ni evitar que se lo arrebataran los
príncipes mercaderes.
Una de las causas de esta inestabilidad política la constituía el hecho
de que los marinos, el sector más militante de las fuerzas democráticas, debían
embarcarse periódicamente en largos viajes, mientras que los mercaderes y sus
partidarios podían quedarse en la ciudad. Por la misma razón a menudo, a lo
largo de la historia, los trabajadores marítimos han apoyado los movimientos
radicales con más ardor pero con menos estabilidad que los artesanos urbanos.
Los milesios aportaron la mayor parte de las innovaciones culturales de
la primera Edad del Hierro. Difundieron entre sus ciudadanos la lectura y la
escritura que democratizaron el conocimiento, de la misma manera en que el
hierro democratizó el uso del metal. La necesidad de llevar cuentas los llevó a
hacer de la precisión un hábito y estimuló de forma generalizada la capacidad
de pensamiento. Con una ciudadanía tan alerta y culta. Mileto se convirtió en
la capital intelectual, comercial y manufacturera del mundo civilizado de la
época.
83
George Novack
Capítulo VI
LOS PRIMEROS FILÓSOFOS
Los primeros filósofos, los llamados “naturalistas” de Mileto, provenían
de la clase mercantil, librepensadora y en expansión, o de los patricios
terratenientes influidos por aquélla. Desde la Antigüedad hasta la era burguesa
la clase, mercantil ha producido muchos pensadores rele-vantes en diversos
campos.
En la actualidad se acostumbra describir a los filósofos como personas
desligadas de los problemas prácticos. Los primeros pensadores griegos no se
parecían en absoluto a profesores encerrados en los claustros académicos. Eran
ciudadanos activos y prominentes en sus comunidades; se dedicaban a los
negocios y a la política, viajaban al extranjero y estimulaban el conocimiento
técnico y el pensamiento generalizados
El fundador de la escuela de Mileto fue Tales,13 que encabezó la lista
de “los siete sabios de Grecia”. Según Aristóteles era un astuto hombre de
empresa que habiendo hecho una buena cantidad de dinero gracias a su
conocimiento de las estrellas, pudo prever que la cosecha de olivo sería muy
buena; adquirió todas las prensas de olivos de Quío y Mileto y acaparó el
mercado cuando vino la cosecha. Esta anécdota es significativa, porque,
inconscientemente, Aristóteles demuestra cómo los jónicos ligaban las actividades
económicas con las científicas. Tales instaba a las ciudades jónicas a unirse
en una federación contra el enemigo persa y algunos de sus discípulos
participaron en las luchas democráticas de su época.
La clase mercantil se interesaba mucho en las matemáticas, la
astronomía, la meteorología y la geografía debido a la gran utilidad de esos
conocimientos en la navegación. Con ésta se hacían o perdían fortunas; se
arriesgaban vidas humanas en viajes difíciles: resultaba imperativo, entonces,
estudiar las condiciones climáticas, conocer las mareas y las estrellas, ubicar
a los barcos en el mar y las peculiaridades de los puertos naturales. Como los
científicos de la Nueva Inglaterra republicana, que provenían en su mayoría de
las ciudades costeras, los sabios milesios buscaban ayudar a los hombres de mar
estudiando el clima y los fenómenos celestes. Sus investigaciones científicas
se veían estimuladas y orientadas por las exigencias de la navegación comercial.
13 Alrededor de 624 al 548 o(545)
a.C.
84
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Tales fue el primer astrónomo y matemático griego; tenía fama de haber
descubierto las propiedades magnéticas de la piedra imán. La fuerza que él vio
actuar hoy es considerada como lo que constituye la naturaleza de la materia.
Se dice que aprendió de los fenicios los elementos que hacían al avance del
arte de la navegación. A Anaximandro se le atribuye el haber hecho el primer
mapa del mundo conocido, e importado de Egipto el reloj de sol. Sostenía que el
mundo era redondo y fue el primero en explicar que la luz de la luna provenía
del sol. Hecateo, que pertenecía a una antigua familia milesia, se convirtió en
el “padre de la geografía” gracias a sus viajes y a la información que le
proporcionaban los marinos y mercaderes de su ciudad natal.
Estos hechos, y las leyendas que los acompañan, son un testimonio de la
disposición de los milesios para asimilar y desarrollar todo lo que aprendían
de otros pueblos. Del mismo modo demuestran hasta qué punto su trabajo
científico y sus especulaciones filosóficas estaban ligados a su vida comercial
e industrial.
Las actividades prácticas de los milesios orientaban sus descubrimientos
científicos y otorgaban características especiales a su pensamiento. Kautsky
explica que el comercio produce formas de pensamiento distintas a las que
originan la artesanía y la agricultura. Los procesos mentales y las ideas de
los artesanos y los campesinos son muy concretos pero extremadamente limitados.
“Por otra parte, la actividad del mercader ejerce sobre él efectos muy
diferentes. No necesita ceñirse al conocimiento de una rama específica de la
producción en una localidad determinada; cuanto más amplia sea su visión,
cuanto más ramas de la producción abarque, cuantas más ciudades con sus
necesidades y condiciones de producción específicas conozca, tanto más rápido
descubrirá con qué mercancías le conviene más comerciar en una época dada y en
qué mercados puede comprar y vender obteniendo mayores ganancias. Respecto a
los diversos mercados y productos en los que se ve involucrado, su interés
básico reside en las relaciones entre los precios; es decir, las relaciones
entre distintas cantidades de trabajo humano abstracto; es decir, entre
relaciones numéricas abstractas. Cuanto más se desarrolla el comercio, más se
separan en el tiempo y en el
85
George Novack
espacio la compra y la venta, mayores se hacen las diferencias entre las
monedas y los sistemas monetarios de que tiene que valerse, más se apartan los
actos de la venta y del pago, más se desarrollan los sistemas de interés y
crédito; y más complejas y diversificadas se vuelven las relaciones numéricas.
Por lo tanto el comercio tiene que desarrollar el pensamiento matemático y al
mismo tiempo el abstracto.
“El comercio amplía los horizontes más allá de la estrechez de miras
local y profesional; hace accesibles al conocimiento del mercader los más
diversos climas y suelos, estadios culturales y modos de producción. Al mismo
tiempo, lo impulsa a efectuar comparaciones, le permite descubrir lo general en
el conjunto de las particularidades, lo regular en el montón de cosas
fortuitas, lo que siempre se repite bajo determinadas condiciones. De este
modo, igual que por medio del pensamiento matemático, se desarrolla mucho el
poder de abstracción. La artesanía y las artes, en cambio, desarrollan el
sentido de lo concreto, pero más en lo superficial que en lo esencial. No son
las actividades ‘productivas’ como la agricultura y las artesanías, sino el
comercio ‘improductivo’, que estimula la capacidad mental, lo que constituye la
base de la investigación científica.”14
Kautsky agrega que además de la actividad comercial hace falta tiempo
libre para impulsar el pensamiento científico y la investigación desinteresada.
“El comercio desarrolla las características mentales necesarias, pero no
su aplicación a la ciencia.”
Y continúa con la observación de que:
“el pensamiento científico sólo podía darse en una clase influida por
esas características, experiencias y conocimientos que son consecuencia de la
actividad comercial, pero al mismo tiempo libre de la necesidad de ganar
dinero; por lo tanto, con tiempo y oportunidades como para disfrutar de la
investigación despre-juiciada, como para resolver problemas sin tener en cuenta
sus resultados prácticos, inmediatos y personales”.
14 K. Kautsky: Foundations of
Christianity, pp. 166-167. [En castellano: Orígenes y fundamentos del
cristianismo.]
86
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Esta era la situación de la clase de terratenientes que vivían en las
ciudades comerciales marítimas o estaban inmersos en su cultura.
El impulso que dio al pensamiento abstracto la difusión de la escritura,
luego de la invención del alfabeto, no fue menor que el proporcionado por el
intercambio de mercancías, el cálculo de precios o el llevar las cuentas. La
escritura alfabética no sólo ofrecía la ventaja de ser fácil de popularizar;
era un modo más generalizador de expresar las ideas. La palabra escrita
representaba un grado de abstracción mayor que las escrituras pictográfica e
ideográfica, monopolizadas por los escribas profesionales. Las letras del
alfabeto, como las usadas posteriormente en el álgebra, no tienen significado
por sí mismas; sirven para designar a los menores elementos fonéticos a los que
pueden reducirse las palabras. Al objetivizar de esa manera el habla en forma
escrita, los griegos tomaron conciencia de los elementos estructurales de su
lengua y comenzaron a analizar el significado de los términos y las funciones
de las partes de la oración. Se convirtieron en retóricos, gramáticos y
lógicos.
Por estas razones culturales y materiales, la necesidad de filosofar se
sintió primero en las comunidades con una clase mercantil entusiasta,
inquisitiva y adquisitiva, con elementos esclarecidos en la aristocracia
terrateniente y también con una masa libre, activa e independiente de artesanos
y marinos. Estos sectores no sólo se disputaban el poder entre sí sino que se
influían mutuamente.
Algo similar sucedió dos mil cuatrocientos años después, a un nivel
histórico superior, en la época del capitalismo comercial, entre los navegantes
y dueños de plantaciones de las colonias de Norteamérica, que proporcionaron
los dirigentes e ideólogos de la primera revolución norteamericana. No resulta
demasiado desencaminado ver al jónico Tales como una especie de Benjamín
Franklin, ese estadounidense multifacético que fue tipógrafo, hombre de
negocios, estadista y diplomático, bonvivant, escritor, economista, inventor,
moralista y científico. Anaximandro nos recuerda a Thomas Jefferson, que no
sólo supervisaba su plantación y construyó una nueva nación, sino que se
interesaba en las innovaciones agrícolas, la arquitectura, la educación, la
reforma religiosa, y muchos otros asuntos.
87
George Novack
Las condiciones materiales que permitieron la aparición de los primeros
filósofos, científicos y materialistas se originaron en las actividades
económicas que indujeron a los milesios a prestar constante atención a los
problemas tecnológicos y a ciencias tales como la astronomía, la geometría, la
meteorología y la biología. Los conflictos de clase estimularon sus energías e
impulsaron en ellos un agudo sentido de la individualidad y la libertad cívica.
Pero existían otras características (rasgos) peculiares de la ciudad que
hicieron posible que floreciese la libertad de pensamiento. Así como no había
una monarquía absoluta que impusiera un sistema rígido de gobierno sobre un
pueblo sometido, tampoco el sacerdote estaba en condiciones de arruinar las
mentes de los hombres con la superstición y evitar la investigación de los
procesos sociales y naturales. El oráculo del templo de Didima, administrado
por los sacerdotes hereditarios del culto de Apolo, no ensombrecía la ciudad,
no la dominaba ni restringía la libertad de pensamiento y acción de sus
habitantes. Por el contrario, el templo fue su primera casa de moneda y su
primer banco: como tales servía a los intereses comerciales de la comunidad y
promovía sus empresas colonizadoras. La influencia que ejerció desde Persia,
pasando por Egipto hasta el Mediterráneo occidental, fue un factor de la
grandeza de Mileto.
El dictador Histaco propuso en el siglo VI que el tesoro de Apolo del
templo de Didima se usara para equipar una flota para combatir a los persas.
Aunque esta sugerencia sacrílega fue rechazada por los oficiales principales y
los altos sacerdotes, nos muestra hasta que punto los milesios estaban libres
de tabúes eclesiásticos.
Los naturalistas de Mileto pudieron orientar sus investigaciones en
direcciones diversas sin que los sacerdotes interfirieran. La consecuencia más
general de sus investigaciones fue la creación de un método realmente nuevo de
pensamiento, una nueva visión del mundo, que marcaron el comienzo del análisis
científico de la naturaleza de las cosas.
88
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Religión y Filosofía
Como observó Marx: “...la crítica de la religión es la premisa de toda
crítica.”15 Así fue en las primeras etapas del pensamiento griego. La crítica
de los milesios a las actitudes e ideas religiosas, o más bien su abandono de
éstas, constituyó los fundamentos de la filosofía y el comienzo del recorrido
del materialismo.
Como ya se explicó, durante muchos milenios las concepciones mágicas,
animistas y religiosas de los procesos naturales, sociales y mentales dominaron
y conformaron las mentes de los hombres. La concepción religiosa dependía de ia
aceptación de la existencia y actividad de los seres y los poderes
sobrenaturales.
15 “...la crítica de la religión
está terminada y la crítica de la religión es la premisa de toda crítica. La
existencia profana del error está comprometida, cuando se impugna su celeste
oratio pro aris et focis. El hombre que ha encontrado sólo el reflejo de sí
mismo en la fantástica realidad del cielo, donde buscaba un superhombre, no se
sentirá más dispuesto a encontrar sólo la apariencia de sí mismo, sólo la
negación del hombre, donde indaga y debe buscar su verdadera realidad.
El fundamento de la crítica religiosa es: el hombre hace la religión, y
no ya, la religión hace al hombre. Y verdaderamente la religión es la
conciencia y el sentimiento que de sí posee el hombre, el cual aún no alcanzó
el dominio de sí mismo o lo ha perdido ahora. Pero el hombre no es algo abs-
tracto, un ser alejado del mundo. Quien dice: “el hombre”, dice el mundo del
hombre: Estado, Sociedad. Este Estado, esta Sociedad produce la religión, una
conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido. La
religión es la interpretación general de este mundo, su resumen enciclopédico,
su lógica en forma popular, su point d’honneur espiritualista, su exaltación,
su sanción moral, su solemne complemento, su consuelo y justificación
universal. Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no
tiene una verdadera realidad. La guerra contra la religión es, entonces,
directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión.
La miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria
real y la protesta contra ella. La religión es el sollozo de la criatura
oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu
de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo.
La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo, es la
condición para su felicidad real. El estímulo para disipar las ilusiones de la
propia condición, es el impulso que ha de eliminar un estado que tiene
necesidad de las ilusiones. La crítica de la religión, por lo tanto, significa
en germen, la crítica del valle de lágrimas del cual la religión es el reflejo
sagrado.
La crítica ha deshojado las flores imaginarias de la cadena, no para que
el hombre arrastre la cadena que no consuela más, que no está embellecida por
la fantasía, sino para que arroje de sí esa esclavitud y recoja la flor
viviente. La crítica de la religión desengaña al hombre, el cual piensa, obra,
compone su ser real como hombre despojado de ilusiones, que ha abierto los ojos
de la mente; que se mueve en torno de sí mismo y así en tomo de su sol real. La
religión es meramente el sol ilusorio que gira alrededor del hombre hasta que
éste no gire en torno de sí mismo.
La tarea de la historia, por lo tanto, es establecer la verdad del acá,
después que haya sido disipada la verdad del allá. Ante todo, el deber de la
filosofía, que está al servicio de la historia, es el de desenmascarar la
aniquilación de la persona humana en su aspecto profano, luego de haber sido
desenmascarada la forma sagrada de la negación de la persona humana. La crítica
del cielo se cambia así en la crítica de la tierra, la crítica de la religión
en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la
política.” K. Marx. “Zur Kritik der Hegel’schen Bechts-Philosophie von Karl
Marx” en “Deutschefranzosische Jahrbücher”, pp. 71-85, París, 1844.
[Introducción para la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel.]
89
George Novack
En lugar de dar una definición general de la religión, preferimos
analizar un ejemplo típico de la concepción religiosa de los antiguos griegos
para entender hasta qué punto la divinidad dominaba su universo mental. La
Ilíada de Homero ocupaba en la educación y en la imaginación griegas un lugar
comparable al que ocupa la Biblia en el mundo occidental. Homero cuenta que los
griegos, que desde hacía diez años acampaban a las puertas de la ciudad de
Troya, habían sido azotados por una plaga; muchos habían muerto, y los perros y
gatos habían devorado sus cadáveres, que yacían desparramados en el suelo.
Hoy en día, los epidemiólogos estudiarían las causas naturales y las
circunstancias sociales que provocaron la epidemia. Pero los griegos homéricos
creían que se trataba del castigo a alguna desconocida ofensa hecha a un dios.
No se preguntaban qué agentes naturales o condiciones de vida causaban la
enfermedad, sino qué dios había sido ofendido, por quién y de qué manera.
En vez de recurrir a investigadores o médicos, llevaron a un profeta, la
versión helénica del hechicero o el brujo. Aquél informó que el dios enojado
era Apolo, que se había tomado la revancha tirando sobre el campamento dardos
mágicamente invisibles con su arco de plata. ¿Cómo habían ofendido los griegos
a este poderoso jefe divino?
Agamenón, el jefe de los griegos, se había apoderado de la hija de un
guardián del altar de Apolo erigido en ése lugar. Apolo había respondido a las
oraciones de su sacerdote pidiéndole venganza enviando la plaga al campamento.
Actuando de acuerdo a este diagnóstico, los generales griegos obligaron a
Agamenón a liberar a su concubina. Aunque esta concesión provocó peleas entre
los guerreros griegos, satisfizo al sacerdote y aplacó a Apolo, que hizo
desaparecer la plaga.
Este es un ejemplo de la religión griega primitiva. Es lo mismo que la
magia pura, muy similar a las creencias y prácticas actuales de los nativos del
África occidental o de las tribus del Alto Amazonas. De hecho. Homero recogió
los ingredientes de la historia de la Edad de Piedra de las tribus helénicas.
Los naturalistas milesios asestaron un golpe mortal a este método mágico
y a esta perspectiva mitológica cuestionando sus fundamentos mismos. Volvieron
al principio de las cosas y preguntaron: ¿qué creó el mundo y cómo fue creado?
90
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Según la mitología homérica los dioses Océano y Tetis fueron los
creadores de todas las cosas, incluso de los otros dioses.
Los babilonios y los egipcios tenían mitos similares sobre el origen del
mundo, que tenían sus fundamentos en su especial experiencia histórica. Ambos
países habían librado una desesperada lucha con la naturaleza para arrebatarle
la tierra de la cual obtenían su sustento, drenando los pantanos adyacentes a
los ríos. Por lo tanto, creían que las cosas habían comenzado cuando un ser
divino hizo algo similar a dar la orden: “Que aparezca la tierra seca”.
El nombre del creador babilonio era Marduk. “Todas las tierras eran
mar... Marduk levantó una ráfaga sobre la superficie de las aguas, hizo barro,
y lo colocó al alcance de la ráfaga.”
Se explicaba el nacimiento de la humanidad por un acto similar de
creación divina. Según los mitos de los israelitas, que en aquella época vivían
en una región cercana, su dios tribal, Jehová, que hoy nos es mucho más
familiar, hizo a la humanidad igual que un albañil hace un ladrillo. Tomó un
puñado de polvo y le insufló la vida.
¿Qué fue lo tan osado, progresivo y revolucionario que hicieron los
materialistas griegos? Explicaron la formación del mundo y del hombre dejando
de lado a Océano, Marduk, Jehová o cualquier otro personaje divino, poder
mágico o agente espiritual.
Homero atribuía el origen de las cosas al dios Océano. Tales, el
fundador del materialismo, explicaba que el origen de todo es el agua. Hay algo
parecido en las dos explicaciones, ya que ambas relacionan el comienzo de las
cosas con este líquido. Pero hay un mundo de diferencia entre ellas.
En su teoría el filósofo no daba cabida a ningún agente mágico, mítico o
alegórico. Su sustancia primera es una parte visible del mundo que se conoce a
través de la experiencia, un elemento puramente natural. Entre el dios Océano
considerado como principio y el agua, el elemento físico, como base de la
explicación, media el salto decisivo del animismo al materialismo, de la
religión a la filosofía.
91
George Novack
El mismo contraste aparece respecto a las leyendas de los babilonios y
los egipcios sobre los orígenes de las cosas. Tales estaba de acuerdo con ellos
en que al principio todo fue agua. Pero sostenía, en oposición a ellos, que la
Tierra y todo lo demás se había formado a partir del agua por procesos
puramente naturales, similares a la formación de los deltas en la desembocadura
de los ríos.
Anaximandro, el que siguió a Tales entre los materialistas milesios,
daba una explicación igualmente natural del surgimiento de la humanidad. Decía
que todas las criaturas vivientes habían nacido de elementos húmedos; los peces
habían precedido a los animales terrestres y el hombre una vez había sido igual
a un pez. Cuando las aguas retrocedieron y apareció la tierra seca algunos
peces tuvieron que adaptarse a la vida terrestre y se transformaron en hombres.
Basaba su razonamiento en el hecho de que el hombre es el único animal que
necesita de un largo periodo de crianza, y no podría haber sobrevivido a menos
que la especie hubiera sido nutrida por otra. Era una especulación genial,
comparable a la teoría atomista de los materialistas griegos posteriores, ya
que la suposición de Anaximandro no estaba muy alejada de lo que fue realmente
el curso de la evolución orgánica.
Lo que hicieron estos primeros materialistas fue ofrecer un planteo
coherente, elemental e inadecuado como era, de la creación del mundo y de la
humanidad, sin meter a los dioses ni a otras fuerzas mágicas o sobrenaturales.
Hoy no nos parece nada notable, porque ya se trata de un lugar común. Pero hace
dos mil quinientos años fue un acontecimiento que hizo época. Tal vez la
siguiente analogía ayudará a entender sus implicancias revolucionarias.
Los cosmólogos religiosos creían que los dioses y la naturaleza
inter-venían en la creación del mundo. Pero los dioses eran más poderosos e
importantes que ésta, porque creaban y gobernaban el mundo. De la misma manera
quienes hoy apoyan el capitalismo enseñan que la sociedad exige una burguesía
gobernante en la cúspide y una clase obrera en la base. Una persona comienza a
transformarse en un revolucionario socialista cuando empieza a entender que la
clase capitalista parasitaria es superflua para el progreso futuro de la
sociedad. Del mismo modo en que el movimiento socialista se basa en la
exclusión de los explotadores de la vida política y económica de la
92
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
sociedad, e impulsa a los productores verdaderos a transformarse en la
fuerza gobernante, los jónicos eliminaban las fuerzas sobrenaturales de sus
teorías sobre la naturaleza y la humanidad y las reemplazaban por fuerzas
físicas genuinas.
Lo extraordinario de los avances milesios lo demuestra el que durante
esa misma época el judaísmo surgía en Palestina, la religión de Zoroastro en
Persia, el budismo en la India y el taoísmo y el confucionismo en China.
Mientras que estos pueblos producían nuevas religiones los jónicos rompían con
la concepción religiosa. La reforma que hicieron los judíos y los persas del
politeísmo al construir una visión del mundo que giraba alrededor de una sola
deidad fue indudablemente un paso adelante. Aún cuando se mantuviesen presos de
la superstición religiosa.
Los milesios realizaron la hazaña, indudablemente de mucho mayor
envergadura, de desarrollar una explicación de las cosas que no incluía ningún
dios. Al rechazar todos los seres y fuerzas sobrenaturales y apoyarse
solamente, en sus teorizaciones, en los actos de la naturaleza y los procesos
físicos, los materialistas milesios efectuaron una profunda revolución en el
pensamiento humano y adoptaron un método entera-mente nuevo para comprender el
universo y aproximarse a sus interrogantes.
93
George Novack
Capítulo VII
LAS CONTRIBUCIONES DE LOS MILESIOS
AL MATERIALISMO
Nuestra información sobre la mayoría de los pensadores griegos, y
especialmente sobre los primeros, es muy escasa. Los relatos sobre sus vidas,
obras e ideas están muy mezclados con la leyenda. Los textos que han quedado
son fragmentarios, distorsionados, contradictorios, e incluso si empleamos para
su estudio los métodos más correctos estos nos llevan a interpretaciones
divergentes.
Sin embargo, el testimonio unánime de la Antigüedad indica que los
milesios fundaron la primera escuela de filosofía y la asentaron sobre una base
materialista. Estos dos hechos están orgánicamente relacionados. Es esencial
comprender por qué el nacimiento de la filosofía fue al mismo tiempo el
comienzo de la concepción materialista del mundo. Lo que determinaba la
posición de los iniciadores de la filosofía era la naturaleza de aquello a lo
que se oponían. Las primeras formas del pensamiento filosófico necesariamente
debían ser de contenido materialista, ya que por su contenido estaban dirigidas
implícitamente contra las ideas religiosas dominantes y los procedi-mientos de
la magia, se oponían a éstos críticamente y se trans-formaron en la única
alternativa sólida contra ellos.
El legado imperecedero de los milesios fue el método que utilizaron para
explicar la formación del mundo y su desarrollo posterior. En vez de apelar a
los dioses como creadores y promotores de los fenómenos, buscaban las causas de
las cosas en las relaciones de los acontecimientos en la naturaleza y entre los
mismos elementos naturales.
Mientras que los religiosos tejían historias sobre lo que supuesta-mente
había sucedido, los pensadores de Mileto trataban de extraer de la naturaleza,
más allá de la maraña de los acontecimientos, los factores decisivos que dieron
origen a las cosas y las hicieron tal como son. Este procedimiento de
investigar los acontecimientos naturales y las leyes de su desenvolvimiento, y
no las acciones e impulsos de los poderes divinos, era científico en sus
principios y racional en sus métodos.
94
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Además de su método de investigación, los milesios aportaron otras
importantes contribuciones al acervo del materialismo.
Una se refería al concepto mismo de materia. Los milesios no llegaron a
una concepción general de la materia, ésta se logró con el desarrollo
intelectual posterior. Pero iniciaron el proceso especulativo que culminó en la
definición de la categoría materia.
Los milesios se vieron obligados a considerar el problema de la materia
y su naturaleza a causa de su propio punto de partida, del impulso y la
dirección de su pensamiento. Si se rechaza a los dioses como autores de los
acontecimientos, entonces, ¿cuál puede ser la fuente original de todas las
cosas? Aristóteles, al que debemos mucho de nuestro conocimiento sobre las
ideas de los milesios, describió las conclusiones materialistas de éstos con
estas palabras:
“La mayor parte de los primeros filósofos pensaban que el principio de
todas las cosas estaba solamente en la forma de la materia; pues aquello de lo
cual todas las cosas están hechas y de lo cual, por ser el principio,
provienen, y a lo cual, en última instancia, retornan... esto, dicen ellos, es
el elemento y el principio de las cosas.”
Los pensadores milesios fueron Tales, Anaximandro, Anaxímenes y Hecateo.
Aunque su modo de razonar era el mismo, estos miembros de la escuela de Mileto
dieron cada uno respuestas algo distintas a la cuestión de cuál era la forma
específica de la materia, cuál era “el elemento y el principio de las cosas”.
Tales redujo al agua la sustancia primera de la cual todo deriva y a la cual
todo retorna.
Se han hecho muchas conjeturas sobre por qué Tales consideró al agua la
sustancia primera de la naturaleza, la realidad esencial de todos los demás
fenómenos. Aristóteles dijo que Tales tomó en cuenta el rol esencial jugado por
el agua en la producción de la vida, ya que de ella podía provenir lo cálido, y
lo que está vivo es cálido. El agua también constituye la esencia de las
semillas. Aristóteles sugiere que tal vez Tales se atenía a la primacía que las
mitologías griegas y egipcia acordaban a este elemento.
95
George Novack
Algunos estudiosos posteriores opinan que Tales eligió el elemento
húmedo impulsado por sus estudios específicos sobre las condiciones climáticas.
El agua no sólo asume formas tan diferentes como las de hielo, líquido y vapor;
los griegos mezclaban e identificaban la niebla, el viento, el aliento animal y
la vida. Pero lo más importante no es si fue la meteorología, la botánica o la
biología, el fenómeno de la evaporación, la germinación de las plantas o el
origen de la vida la fuente de inspiración de Tales. Lo que interesa es que
seleccionó un elemento puramente natural, observable físicamente, y utilizó
exclusi-vamente sus propiedades y poderes para explicar la realidad.
Anaximandro, su sucesor, avanzó un paso más en el desarrollo de la
concepción de la materia. Puso objeciones a la noción de Tales de que todo es
esencialmente una forma de agua. Sostenía que la sustancia primaria no podía
ser ningún elemento específico como el agua, el aire o el fuego. Aristóteles
explica así su posición:
“Están en oposición unos con otros: el aire es frío, el agua es húmeda y
el fuego es caliente, y por lo tanto, si cualquiera de ellos es infinito, los
demás ya tendrían que haber dejado de ser.”
Es decir, uno de los elementos debería haber sido absorbido por los
demás.
Anaximandro enseñaba que tenía que haber algo más primitivo que
cualquiera de estos elementos, de lo cual estos opuestos antagónicos debían de
haberse separado, a lo cual estaban sujetos y a través de lo cual pasaban.
Llamaba a este sustrato lo ilimitado, lo infinito. Este infinito era material,
por lo tanto perceptible, aunque estaba fuera de nuestro alcance. Aparentemente
designaba así a la materia original de la cual deriva todo. Anaximandro se
aproximó a la categoría general de la materia, y especialmente a la inagotable
creatividad de la materia, que se manifiesta de innumerables maneras pero no
puede fijarse o identificarse con ninguna de sus determinaciones en especial.
Todos los milesios eran cosmólogos que trataban de explicar cómo surgió
el universo y cómo se relacionan la tierra y los cuerpos celestes. Tales decía
que la tierra flotaba en el agua. Anaximandro dio una explicación más elaborada
de la formación del universo y su organización.
96
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Tomó los cuatro elementos que los griegos suponían conformaban la
naturaleza –el agua, la tierra, el aire y el fuego– para explicar la evolución
del universo. Alguna vez estos cuatro elementos estuvieron ubicados uno sobre
el otro. La tierra, por ser el más pesado, estaba en el centro; el agua la
cubría; el aire se encontraba encima del agua; y el fuego, el más liviano, los
envolvía a todos. El fuego calentaba el agua y la evaporaba. Esto ponía en
descubierto a la tierra, pero aumentaba el volumen del aire. Cuando la presión
crecía hasta su punto máximo, estallaba la cubierta ígnea del universo,
adoptando la forma de ruedas de fuego encerradas en tubos de aire que rodeaban
la tierra y el mar.
Adaptándose a este esquema de la evolución natural intentó explicar una
cantidad de fenómenos astronómicos y meteorológicos, desde las fases de la luna
y sus eclipses a las causas del trueno y el relámpago.
El concepto de Anaximandro de la extensión infinita de la materia le
permitió realizar un importante avance en la cosmología. Planteó que había más
de un mundo. Existía un número ilimitado de universos; nunca se detenía el
proceso de su creación y disolución. Esta doctrina de la pluralidad de los
mundos, esencialmente correcta, tiene una interesante historia. La adoptaron
los atomistas; los idealistas de la Grecia clásica y los teólogos cristianos la
abandonaron; se puso en discusión nuevamente con la revolución copernicana en
la astronomía y las especulaciones de Bruno, que provocaron un reanimamiento
del materialismo en los comienzos de la era burguesa.
Anaxímenes, la tercera luminaria de la escuela de Mileto, avanzó aun más
en el descubrimiento de las formas en que se desenvuelve el universo. Ni Tales
ni Anaximandro tenían una idea muy precisa sobre la naturaleza de los procesos
físicos que generan el mundo. Anaxímenes trató de llenar este vacío. Suponía
que el aire era el primer principio, o la sustancia primera, de todas las
cosas. El aire está siempre en movimiento, decía, porque si no lo estuviera no
cambiaría tanto como lo hace.
Adscribía todos los cambios del cosmos a los que se producen en la
densidad del aire. Las diferentes formas de las cosas se debían a que su
composición material fuera más o menos compacta, lo que a su vez era
consecuencia de la rarefacción y la condensación de la sustancia fundamental,
el aire. El aire se transformaba en fuego, viento, tierra o piedra al hacerse
más denso o disgregarse.
97
George Novack
Ofrecía el siguiente experimento como evidencia de estos procesos
universales. Cuando exhalamos aire por la boca, si apretamos los labios, sale
frío, se va hacia abajo y se hace compacto. Si abrimos la boca y soplamos sobre
nuestras manos, el aire se expande y se vuelve caliente. Procesos similares a
esta compresión y distensión del aire explican los distintos fenómenos.
Su notable concepción sobre las causas del cambio y la diversidad en la
naturaleza constituye una aplicación específica de la ley dialéctica que dice
que los cambios cuantitativos producen cambios cualitativos. Para Anaxímenes,
las variaciones en la densidad del aire generaban los distintos tipos de
materia. Es decir, la acción de un proceso físico determinado sobre la
sustancia originalmente indiferenciada bastaba para producir la amplia variedad
de las cosas e incluso sus cualidades opuestas.
Estos tres pensadores encararon un esfuerzo decidido, sostenido y
fructífero por retrotraer todo a sus causas naturales y profundizar el análisis
de la sustancia interna de la materia. Esa búsqueda aún prosigue. Pero fueron
los milesios los primeros en embarcarse en ella, y con las herramientas y
conocimientos de que disponían se encami-naron en la dirección correcta.
Heráclito
Los milesios estudiaron el cambio que se produce en las cosas y trataron
de descubrir razones naturales que expliquen el curso de su desarrollo.
Consideraban que el universo estaba formado por cuatro elementos principales:
tierra, aire, agua y fuego. Todo lo demás, los cuerpos celestes, el mundo, las
plantas, los animales y el hombre de un modo u otro derivaban de la interacción
de estos elementos.
Pero no daban ninguna explicación de por qué las cosas tenían que
cambiar, por qué no podían permanecer tal como eran. ¿Cuál era la causa
fundamental del cambio perpetuo? Las primeras respuestas a este problema se
encuentran en los escritos de un aristócrata de otra ciudad griega, Heráclito
de Efeso, varias generaciones posterior.
Heráclito fue uno de los titanes del pensamiento humano.
98
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Hegel, un gran pensador que conocía a fondo la historia de la filosofía,
lo consideraba el fundador de las leyes de la dialéctica, y no hay por qué
privarlo de este honor. Los antiguos filósofos griegos, decía Engels, eran
dialécticos por naturaleza en su forma de pensar. Estaban acostumbrados a
considerar los fenómenos en perpetuo cambio y desarrollo, a tomar en cuenta sus
interconexiones, oposiciones y contradicciones, sus transiciones a algo
distinto de su estado original.
Esta característica notable del pensamiento griego tuvo en Heráclito uno
de sus exponentes más brillantes. Fue el primero que analizó teóricamente los
procesos generales de cambio. Consideraba al fuego el primer principio, la
sustancia última de las cosas, que producía todo. Igual que los primeros
jónicos, parte de bases materialistas. Clemente de Alejandría nos ha
transmitido el siguiente fragmento, muy signifi-cativo, de Heráclito:
“Este mundo, que es el mismo para todas las cosas, no fue hecho por
ningún dios ni por ningún hombre. Siempre fue, es y será un fuego eternamente
vivo, que se enciende con medida y se apaga con medida.”
Lenin consideraba este fragmento “una excelente exposición de los
principios del materialismo dialéctico”.
Heráclito formuló dos proposiciones que fueron incorporadas como pilares
de la estructura del pensamiento dialéctico. Una es su concepción de que “todo
fluye”. Dio ejemplos pintorescos para ilustrar la universalidad del cambio. El
sol es un sol nuevo todos los días, y también a cada momento. No podemos
bañarnos dos veces en el mismo río, pues sus aguas fluyen, cambian
continuamente. Todos los objetos son y no son; nunca son los mismos pues
siempre están cambiando a alguna otra cosa. Con este razonamiento Heráclito
disolvía todos los estados fijos de existencia en el proceso de trans-formación
perpetua en que todo objeto nace a la existencia, permanece durante un tiempo y
luego desaparece.
Heráclito hizo más que afirmar que todo está en eterno movimiento.
Explicó por qué ni siquiera las sustancias más estables y sólidas permanecen
sin alteraciones ni reposo. Decía que todo está formado por opuestos que están
siempre en un estado de tensión. Cualquier forma determinada de materia es el
resultado del equilibrio de fuerzas opuestas.
99
George Novack
Este equilibrio, sin embargo, se ve constantemente perturbado por el
movimiento, la interacción, la lucha entre sus opuestos.
Todas las cosas sufren un movimiento dual; uno lo producen las
oscilaciones provocadas por la acción recíproca de los opuestos; el otro, el
movimiento del todo hacia o desde su fuente originaria. Y una de estas fuerzas
antagónicas va superando a la otra hasta que finalmente la vence.
Heráclito decía que los pares de opuestos están internamente unificados.
La enfermedad hace agradable la salud; el hambre produce satisfacción. Daba
como ejemplo de esta unidad de los opuestos el movimiento del tornillo. Este
tiene al mismo tiempo dos formas de movimiento opuestas: rectilínea y
curvilínea. El movimiento en espiral característico de su función es de
naturaleza contradictoria; va hacia arriba y gira, rota a la vez sobre el mismo
plano y sobre uno diferente.
Presentaba otros ejemplos de la oposición y la identidad de las
contradicciones reales. Las cosas cortadas en formas opuestas, como la muesca y
la espiga, señalaba, encajan unas con otras. El final y el comienzo son
contrarios, sin embargo se confunden uno con el otro en la circunferencia del
círculo. El todo está conformado por sus partes y todas las partes vienen del
todo; sólo podemos conocer y comprender al uno y a lo múltiple a través de la
generación del uno por el otro.
A Heráclito le debemos esta ley de la identidad o interpenetración de
los opuestos como característica primaria de todas las cosas y explicación de
su transformación y cambio. Con su ayuda pudo dar una explicación teórica de la
armonía y la desarmonía de las cosas en función de la íntima interconexión y
transición de una a otra.
“La mayor armonía nace de cosas diferentes y la discordia es lo que
produce todas las cosas.” Ni la unidad más armoniosa e integrada puede
persistir indefinidamente como tal; lo impiden el incesante movimiento de sus
opuestos, el desequilibrio de sus fuerzas internas en lucha. “La lucha es el
padre y el rey de todas las cosas; hizo a los dioses y a los hombres, tanto a
los hombres libres como a los esclavos.”
100
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
En este libro no me referiré demasiado al método dialéctico y sus leyes,
a los que le dedico en otro trabajo. El tema principal de estas páginas es el
contenido y los principios del materialismo tal como se desarrollaron en la
Antigüedad. Pero las enseñanzas de Heráclito demuestran que los dos aspectos
que se combinan en esta filosofía, el fundamento materialista y el método
dialéctico, no aparecieron recién en su última etapa de desarrollo, sino que
estuvieron presentes desde sus mismos comienzos.
Materia y movimiento
La atención que prestaron los milesios al desarrollo dialéctico de todas
las cosas se manifiesta en otro aspecto de su concepción de la materia: su
carácter intrínsecamente dinámico. Los estudiosos de la Antigüedad llamaban
hilozoístas a los milesios, lo que, traducido, significa “los que suponen que
la naturaleza está viva”.
Los milesios no erigieron barreras impenetrables entre la naturaleza, la
vida, la sociedad y la mente humana; daban por sentadas su unidad esencial y
sus interrelaciones. Continuaban usando los antiguos términos teológicos para
expresar su concepción de la dinámica de los procesos materiales; decían que
los dioses estaban en todo. Para ellos los dioses representaban la capacidad
interna para la acción. Al decir que los dioses estaban en todo estos
naturalistas intentaron dotar a la naturaleza del poder de iniciar el
movimiento, patrimonio exclusivo hasta entonces, de los seres divinos.
Aristóteles afirmó que Tales, aparentemente, “admitía que el alma es una
fuerza móvil, si es cierto que decía que la piedra imán tiene un alma porque
mueve al hierro”. Posteriormente, Jenófanes sostenía que “Dios es la causa del
movimiento”.
El énfasis que ponían en señalar la cualidad dinámica inherente al
movimiento reviste considerable significación a la luz del desarrollo ulterior
del pensamiento griego y europeo sobre este tema. Posterior-mente el idealismo
tendió a privar a la materia de la actividad que le es inherente y atribuyó la
fuerza del movimiento a las formas, las ideas o a seres supremos
espiritualizados. La materia fue degradada, hasta que llegó a considerársela
una forma de existencia pasiva, inerte, muerta, inferior, que debía su
actividad y movimiento a la influencia externa de las formas, las ideas, los
espíritus o Dios.
101
George Novack
Esta idea de que la materia es esencialmente inerte persistió y se hizo
parte de la concepción mecanicista del mundo que propiciaron Galileo,
Descartes, Newton y Locke. La separación entre materia y movimiento, con el
consiguiente concepto de que el movimiento proviene exclusiva-mente de agentes
externos, fue definida por Kant en el siglo XVIII, de la siguiente manera: “La
posibilidad de una materia viviente no puede ni pensarse; su concepto implica
una contradicción, ya que la falta de vida, la inercia, es lo que caracteriza a
la materia”.
Si la materia viva es un absurdo, como afirmaba Kant, entonces el
materialismo es igualmente absurdo e imposible. Pero a los milesios no los
confundía el supuesto dualismo absoluto entre materia y movimiento planteado
por el desarrollo posterior de la filosofía. Consideraban que la naturaleza
engendraba el movimiento en sí misma, incluso que estaba esencialmente viva, y
no contraponían la materia pasiva a alguna otra extraña fuente de actividad.
Estaban fundamentalmente acertados, en comparación con Kant, al asumir
espontáneamente la inseparabilidad de materia y movimiento. Lo que no veían era
que la naturaleza no es necesariamente, e incluso no es común que lo sea, el
terreno en que se producen los fenómenos de la vida. La vida es una forma
especial de movimiento, que excepcio-nalmente existe y se manifiesta en las
organizaciones superiores de la materia. Pero la materia está siempre en
movimiento y el movimiento se expresa siempre en la actividad de algo material.
La religión griega consideraba a los cuerpos celestes e incluso a los
ciclos mismos como seres divinos, y por lo tanto de naturaleza superior y
enteramente diferente a todo lo existente sobre la Tierra. Los idealistas luego
reforzarían este dualismo de la existencia contra-poniendo las formas y las
ideas eternas a la materia perecedera; los dioses inmortales a los hombres
mortales; los espíritus divinos a los cuerpos carnales. Este dualismo era
extraño al pensamiento de los naturalistas milesios. Eran monistas, a
diferencia de la religión popular dualista de su época o de los idealistas que
vinieron luego. Asumieron espontáneamente la unidad sustancial de todas las
cosas como parte integral de su concepción.
102
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
El proceso evolutivo
Finalmente, los milesios eran tan evolucionistas como podían serlo en
las condiciones que se daban cuando encararon los fenómenos de la naturaleza y
la vida humana. Consideraban las formas existentes desde la perspectiva de su
transformación, el curso de su desarrollo, su fin y su conversión en otras
cosas. Ya hemos observado que sus especulaciones sobre el origen y desarrollo
del universo estaban impregnadas del espíritu del método evolucionista.
Veamos nuevamente el esquema de Anaximandro. De la primera materia
indeterminada, lo ilimitado, se diferencian los dos opuestos originarios, el
calor y el frío, impulsados por su propia energía. Lo frío se ubica en el
centro y forma la tierra: lo caliente asciende a la superficie y da origen a
los cuerpos celestes brillantes, luminosos, ígneos. Estas estrellas son
fragmentos de lo que una vez fue una caparazón que en un momento estalló y se
dividió.
Estas especulaciones son elementales, propias del nivel de los
conoci-mientos científicos de aquella época. Pero, en principio, no se
diferencian demasiado de la hipótesis nebular desarrollada por Kant y Laplace
en el siglo XVIII o de las actuales especulaciones, más informadas, sobre el
origen de las estrellas y los planetas.
Anaximandro describió el proceso evolutivo para explicar los orígenes de
la vida y del hombre. Decía que la acción del sol sobre la tierra acuosa
generaba unas especies de vejigas de las cuales salían las distintas clases de
seres imperfectamente organizados. Estos se fueron convirtiendo gradualmente en
los anímales actuales. Los antepasados del hombre eran criaturas del tipo de
los peces, que vivían en las aguas cenagosas, y que a medida que el sol fue
resecando lentamente el mundo se fueron adaptando a la vida en la tierra seca.
Es una explicación totalizadora, bien pensada, que abarca paso a paso las
secuencias del origen del universo, la vida y la humanidad.
A medida que los dioses van siendo relegados se hace más prominente y
poderosa la relación entre el animal y la humanidad. Lo evidencian las
especulaciones de los milesios sobre la biología y la evolución de la
humanidad. Anaximandro decía que la humanidad emergió del elemento húmedo y
alguna vez fue similar a un pez. Anaxágoras, su sucesor, hizo una contribución
al materialismo no menos importante.
103
George Novack
Atribuía la superioridad del hombre sobre los demás animales a su
actividad tecnológica. Afirmaba que el hombre es el más inteligente de los
animales porque tiene manos, que constituyen la herramienta por excelencia y el
modelo de todas las herramientas.
Esta observación concuerda en un todo con el primer principio del
materialismo histórico, que destaca la mano como el órgano biológico más
importante, responsable de la transformación del primate en hombre al hacer
posible el trabajo. La mano fue la palanca biológica, el origen y prototipo de
las herramientas, lo que hizo posible el uso y la fabricación de éstas.
Las limitaciones de los milesios
Ya hemos dado suficientes evidencias de la mentalidad materialista con
que los primeros filósofos milesios encaraban su punto de partida, sus
procedimientos y sus conclusiones. Al mismo tiempo, debemos señalar que sus
ideas, en muchos aspectos, eran nebulosas, confusas y erróneas. Eran pioneros
que sólo podían esbozar las primeras aproxi-maciones a una interpretación
materialista del universo.
Muchas creencias antiguas y muchos absurdos se mezclaban con sus
posiciones genuinamente nuevas, válidas y fructíferas. Consideraban al
principio activo esencialmente divino; incluso pensaban que las nubes eran
seres vivientes. Identificaban al viento con el soplo vital. También
personificaban a las fuerzas de la naturaleza, y explicaban el movimiento de
las cosas por fenómenos personales y sociales como el amor, el odio y la
justicia.
Esto no debe sorprendemos, ni les quita méritos. Es necesario considerar
todas las filosofías como productos históricos, y no juzgarlas según patrones
eternos y arbitrarios sino de acuerdo a las condiciones concretas de su época y
lugar. Cada una es una combinación de ideas extraídas de diversas fuentes y de
valor desigual. Después de aprehender la escuela de pensamiento como una unidad
integrada se hace necesario someter su variado contenido a un desmembramiento
crítico, analizar sus componentes, separar la paja del trigo y medir su
importancia relativa. Las filosofías no deben juzgarse solamente por lo que son
en sí mismas, sino por aquello de lo cual provienen y aquello a lo que dan
origen.
104
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
William Ellery Leonard señaló correctamente: “Para evaluar la ciencia
griega no debemos comenzar por el conocimiento humano posterior a los griegos
sino por la ignorancia humana anterior a los griegos”. Lo mismo se aplica a los
primeros filósofos.
Los vestigios de antiguas creencias que encontramos en los pensadores
milesios sólo significan que no podían ir más allá de lo que el conocimiento
científico y el marco social de su época les permitían. Sería ahistórico, poco
realista e irrazonable criticarlos por no haber hecho más de lo que hicieron.
Están a las puertas de la investigación filosófica. Lo más significativo
de cualquier escuela filosófica no reside en los aspectos en los cuales
permanecieron estáticos o retrocedieron (aunque hay que tenerlos en cuenta)
sino en sus aspectos vitales, dinámicos, creadores. Es necesario descubrir si
esa escuela encontró algo nuevo, que supere las ideas de sus predecesores y por
lo tanto promueva el progreso del pensa-miento humano. Los milesios pasan
fácilmente esa prueba.
Materialismo y ateísmo
Estas consideraciones sirven de guía para entender su actitud hacia los
dioses. En la actualidad tanto los defensores de la fe como los partidarios del
materialismo reconocen que la posición materialista es esencialmente hostil a
la religión y enemiga de todos los dioses. Pero esto no implica que todos los
filósofos inclinados al materialismo, incluso los fundadores de esta corriente,
hayan sido abiertamente ateos y conscientes. Nada de eso. El materialismo
contiene al ateísmo así como en la semilla está latente el fruto. Es el
producto lógico, la conclusión necesaria del pensamiento materialista. El
rechazo total a los dioses, sin embargo, no se da de golpe. Los materialistas
se fueron aproximando a este nivel de manera cautelosa y gradual, y culminaron
el proceso recién varios milenios después.
Los materialistas más antiguos no negaban explícitamente la existencia
de los dioses, pero las explicaciones que daban sobre el mundo tornaban a los
poderes divinos cada vez más innecesarios e inútiles. De ese modo fueron
relegándolos totalmente, privándolos de su soberanía y de sus principales
poderes y funciones.
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George Novack
Este proceso que se dio en la filosofía es análogo al que sufrió, en el
terreno de la política, la institución de la monarquía, tan antigua y arraigada
como la creencia en los dioses. Las fuerzas antimonárquicas del mundo
occidental al principio no asaltaron la fortaleza principal de los reinos;
tendieron a restringirla limitando el gobierno absoluto, estableciendo otros
poderes que la contrarrestaban, dándose una constitución. Los movimientos
republicanos, que aspiraban a liquidar la monarquía, en la teoría y en la
práctica, aparecieron recién en el momento culminante de prolongados
conflictos. Estas etapas se sucedieron tanto en la historia de Grecia como en
la de otros regiones y civilizaciones.
Lo mismo sucedió con la soberanía de los dioses en los reinos del
pensamiento y con sus representantes en la sociedad. Los primeros esfuerzos de
los materialistas consistieron en reducir los poderes de los dioses y asignar
sus funciones a los procesos y las fuerzas materiales. Socavaron las bases de
apoyo de la divinidad sin derribarla.
Jenófanes (570-470), que provenía de Colofón, una de las doce ciudades
jónicas, comenzó este proceso de socavamiento con su crítica radical al
politeísmo predominante en su época. Prosiguió el trabajo científico de los
milesios y, muy probablemente, fue el primer geólogo y paleontólogo. De la
observación de los restos fósiles de conchas, pescados y animales marinos que
encontró en Siracusa, Paros y Malta dedujo que estos depósitos terrestres
alguna vez habían estado mezclados con el mar. También consideró el arco iris
un fenómeno natural, en una directa ruptura con el mito tradicional. “Aquélla
que llaman Iris es solamente una nube, púrpura, escarlata y verde a la vista”,
dijo.
Jenófanes atacó las leyendas de dioses relatadas por Homero y Hesíodo y
se dio a la tarea de explicar cómo los dioses eran producto de las mentes y las
manos humanas. Satirizaba las concepciones populares sobre los dioses,
planteando que los hombres los habían creado en su imaginación. Por eso había
tantas deidades diferentes, cada una de ellas producto de naciones y
necesidades distintas.
106
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Decía que la gente que concebía los dioses les adjudicaba ropas,
cuerpos, voces, funciones similares a los suyos. Los dioses etíopes eran negros
y de nariz achatada: los tracios tenían cabellos rojos y ojos verdes. Si los
bueyes, los leones y los caballos tuvieran manos y pudieran dibujar,
seguramente inventarían dioses de su misma forma. Es una anticipación de la
teoría de Feuerbach de que la religión se origina cuando el hombre,
inconscientemente, objetiva y diviniza su propia naturaleza.
En lugar de la noción primitiva de la existencia de muchos dioses de
exageradas características humanas, Jenófanes sostenía la idea de un solo dios,
que se elevaba por encima de los mortales comunes y reinaba sobre el universo
entero. Su concepción de que “Dios es uno y es el todo” era monoteísta, y hasta
panteísta. Conservaba el concepto básico, pero reducía la autoridad y el temor
reverencial que inspiraban los dioses despojándolos de misterio y bajándolos
más a tierra al exponer sus rasgos de factura humana.
El libre pensamiento acerca de los dioses se difundió ampliamente en
Atenas hacia fines del siglo V a.C. Las enseñanzas de los naturalistas y los
sofistas contribuyeron a debilitar la antigua religión. La primera afirmación
inequívoca de carácter ateo apareció en la época de Sócrates, en un fragmento
del drama satírico Sísifo que califica la religión de astuto fraude impuesto a
los hombres para mantener la ley y el orden en la sociedad.
Sin embargo, esas expresiones no eran comunes. Aunque algunos escritores
griegos y romanos testimonian que había ateos a su alrededor, el ateísmo puro
era extraordinariamente raro en la Antigüedad. La mayor parte de los filósofos
adoptaba una posición intermedia entre la fe absoluta en los dioses y el
escepticismo sobre sus atributos y existencia. Ninguno de ellos llevaba su
crítica a la fe popular hasta la consecuencia última de que los dioses son
producto de la imaginación humana y que carecen de existencia objetiva.
Aunque a algunos se los acusaba de carecer de dios a causa de sus
críticas al politeísmo predominante, no se puede considerar a ningún pensador
griego o romano destacado un ateo confeso.
107
George Novack
Epicuro y Lucrecio, de quienes hablaremos luego, eran materialistas
genuinos y enemigos declarados de la religión oficial, y sin embargo enseñaban
que los dioses existían. Lo único que negaban era que los dioses interferían en
los movimientos del universo o que tenían algo que ver con los asuntos humanos.
Les quitaron a los dioses su ocupación, pero no los eliminaron ni los
abolieron.
Esta actitud ambigua hacia la divinidad persistió en los principales
pensadores materialistas casi hasta épocas recientes. Recién en el siglo XVIII
el materialismo se hizo explícitamente ateo y se negó abiertamente la
existencia de Dios. En Inglaterra y Norteamérica, en el siglo XVIII, era
evidente la timidez con que se abordaba esta cuestión urticante; todos los
materialistas evitaban rechazar la existencia divina.
La ruptura definitiva fue obra de los materialistas franceses que
anunciaron el advenimiento de la Revolución Francesa. Los últimos compromisos,
confusiones y equívocos fueron superados por el Barón Von Holbach que en su
Sistema de la Naturaleza publicado en 1770, repudió categóricamente la creencia
en la existencia de Dios. Sin embargo, incluso Holbach retrocedió hasta el
punto de partida de los pioneros milesios al afirmar que la única noción no
absurda de Dios es la que lo identifica con la fuerza motora de la naturaleza.
Pero Holbach y Diderot reservaban el ateísmo a los estudiosos y científicos, a
la élite esclarecida; suponían que escapaba a la comprensión de las masas,
inevitablemente ignorantes y supersticiosas. “Demasiado bueno para la gente
común.”
Liste proceso señala que la relación entre materialismo y ateísmo es
dialéctica. El materialismo es poténcialmente, intrínsecamente ateo; el ateísmo
es la expresión adecuada de su concepción del universo, el resultado acabado en
que su contenido esencial se define más clara y completamente. Pero las
primeras manifestaciones del materialismo son de un ateísmo incompleto. Fue
necesaria una elaboración histórica vasta y compleja antes de que los
materialistas lograran la conciencia plena de que tanto la realidad como las
premisas sobre las que ellos se basan son totalmente incompatibles con la
religión.
108
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Los héroes del pensamiento
Aunque conservaron muchas ideas arcaicas y erróneas, los milesios fueron
los primeros en interpretar la naturaleza en sus propios términos y no de
manera sobrenatural. A veces se remarca este hecho como un “milagro”. Pero
tiene que obedecer a causas profundas.
¿Qué fue lo que impulsó y permitió a estos “sabios” concebir el universo
como un proceso que se origina, determina y regula a sí mismo? No contamos casi
con información biográfica que nos aclare con qué problemas específicos e
inmediatos se vieron enfrentados que los hayan motivado para considerar el
cosmos físico como un objeto independiente, una realidad exterior que se
desarrolla de acuerdo a sus propias leyes. Tendremos que contentarnos con
algunas observa-ciones generales.
Las innovaciones tecnológicas y los cambios de tipo económico propios de
la civilización egea, que proporcionaron a los habitantes de las
ciudades-estado jónicas un mayor control sobre su ambiente material, del mismo
modo les proporcionaron el punto de partida para su perspectiva
cualitativamente distinta de la “naturaleza de la naturaleza”. Farrington,
señala que Tales puede haber elaborado su teoría sobre la creación del mundo a
partir de la observación de la sedimentación de los deltas que realizó en sus
viajes a Egipto o en los puertos jónicos. El taller del alfarero o del fundidor
y la cocina inspiraron a Anaximandro su interpretación de los procesos
naturales. Anaxímenes puede muy bien haber tomado la idea de la condensación,
sobre la cual construyó su cosmología, del proceso industrial de suavización de
los tejidos a presión. Tal vez Heráclito eligió el fuego como primer principio
porque éste representaba, para los artesanos, el agente de todo cambio, en la
cocina y en la herrería, tanto en la tierra como en los cielos.
“Los milesios –dice Farrington– no eran simples observadores de la
naturaleza. Su familiaridad con determinadas técnicas agilizaba su vista,
orientaba su atención y condicionaba la elección que hacían de los fenómenos a
observar. El rechazo a lo místico y sobrenatural constituye solamente una
explicación negativa de lo nuevo en sus modos de pensar. Lo decisivo es su
contenido positivo, que deriva de las técnicas de la época.”16
16 B. Farington. Greek Science,
pp. 36-37.
109
George Novack
Sin embargo, el “contenido positivo” y la racionalidad dialéctica de sus
especulaciones no provenían directamente de las transformaciones que producía
el avance de la técnica en las relaciones con la realidad exterior. La materia
prima de sus ideas materialistas la constituían, en forma más inmediata, los
cambios en las relaciones sociales introducidos por la extensión de la división
social del trabajo, la producción para el mercado y el intercambio monetario.
A menudo se dice que el hábito de la observación aguda y profunda del
mundo era característico de los griegos. Los milesios demostraban esta
capacidad no sólo en sus investigaciones científicas sino también en los
artículos de uso cotidiano y en las mercancías que fabricaban para la
exportación. Se percibe también en el interés, realista por el detalle con que
sus alfareros diseñaban la delicadeza de una hoja, las espirales de un zarcillo
o el sutil movimiento de un gato.
Los milesios no exploraban la naturaleza por el gusto de hacerlo.
Estudiaban con energía y éxito aquellos procesos y objetos de la naturaleza
relacionados con sus actividades y preocupaciones. El lugar privilegiado que la
meteorología ocupaba en sus investigaciones, indudablemente no se debía
únicamente a su ubicación geográfica, sino a sus actividades de largo alcance,
marítimas, comerciales y colonizadoras. Centraban su atención sobre los
aspectos (desde la meteorología a la metalurgia) más vitales para sus
propósitos de producción y cambio.
Consideremos la tan conocida afirmación de Heráclito: “Todas las cosas
se cambian en fuego y éste en todas las cosas, del mismo modo en que las
mercancías se cambian por oro y el oro por mercancías”. Esta comparación no es
casual. Demuestra que las transacciones monetarias en amplia escala orientaban
el pensamiento abstracto, estimulaban la capacidad de generalización y el
hábito de observar lo regular en la variación de los fenómenos. Heráclito
aplicó a los fenómenos de la naturaleza este modo de pensar generado por la
economía comercial. Imaginó e interpretó el proceso de desarrollo universal
aplicando las categorías comerciales. El fuego era el elemento a través del
cual circulaban y se transformaban todos los demás elementos, del mismo modo en
que el dinero era el medio de circulación de las mercancías. Los conceptos de
la filosofía reproducían de manera transparente la realidad económica.
110
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Las ideas y relaciones políticas, legales y éticas producidas por el
movimiento democrático contribuyeron directamente a la formación de la nueva
concepción. En los centros comerciales marítimos la filosofía nació al mismo
tiempo que el Estado democrático. Aquélla fue el producto ideológico, éste el
producto político de las guerras y las luchas de clases que periódicamente se
sucedían. En esas luchas estaban involucrados los comerciantes y los
propietarios de naves, los marinos, los trabajadores metalúrgicos y los
tejedores, los tejedores de alfombras, los tintoreros, los armeros y los
propietarios de viñedos y huertas que vivían en la ciudad. Estas convulsiones
dieron pie a las observaciones de Heráclito y otros pensadores de que todo
fluye, el cambio es producto de la tensión y desequilibrio de fuerzas opuestas,
para las cuales la regla de hoy es la excepción de mañana, lo bueno y lo malo
se intercambian sus lugares y la lucha es la madre de la existencia.
En este periodo de la historia griega la codificación de las leyes
comenzaba a reemplazar al derecho consuetudinario. Esa revisión crítica del
viejo orden que se tradujo en el gobierno de la sociedad a través de la ley
escrita indujo a los investigadores más serios a indagar qué leyes gobiernan la
aparición y repetición de los acontecimientos de la naturaleza, cuál es la
“justicia” que necesariamente ha de regular el cosmos. Por eso dice Heráclito:
“A medida que avance, el fuego juzgará y condenará todas las cosas”.
Las amplias perspectivas de tiempo y espacio que los viajes desplegaron
ante los jónicos definieron los límites de la historia humana y del mundo
conocido, ayudaron a relegar a los dioses y dieron preemi-nencia al hombre y
sus obras.
La expansión de sus intereses, que se abrieron paso a través de las
limitaciones impuestas en el pasado a la política, la cultura y la teoría
general estaba ligada a la expansión sin precedentes y la diversidad de su vida
urbana. Las profundas innovaciones de la organización social, las demandas de
su actividad comercial y las categorías de su cultura de clase, condicionada
por las mercancías, determinaban las líneas principales de su pensamiento.
111
George Novack
En su infancia la ciencia y la filosofía eran patrimonio casi exclusivo
de la clase ociosa. Los progenitores de la ciencia en la Mesopotamia y Egipto,
los observadores de las estrellas, los que hacían los calendarios, los
geómetras, los estudiosos de los números, estaban asociados a los sacerdotes.
Los naturalistas de Mileto, que fueron los primeros científicos genuinos,
también pertenecían a las clases dirigentes de su época. Su riqueza les daba
los medios, el tiempo y la libertad que les permitían ocuparse de problemas
intelectuales que iban más allá de las estrechas necesidades inmediatas de la
vida cotidiana, aunque determinados en lo esencial por las exigencias de las
empresas comerciales que sus comunidades encaraban.
Estos hombres cultos se dedicaban a sus tareas intelectuales sin tener
nada que ver con el trabajo manual de los sectores plebeyos y de los esclavos.
Sin embargo, la separación entre teoría y práctica, inherente a toda sociedad
de clases, era mucho menos pronunciada en los naturalistas milesios que lo que
lo fue dos siglos después en los idealistas clásicos de Atenas.
En la historia hay héroes del pensamiento y héroes de la acción. Son los
primeros en aprehender la esencia de los nuevos acontecimientos, los que
penetran la realidad más profundamente, formulan sus descubrimientos con
conceptos claros y fructíferos, y luego luchan por ellos contra las ideas y
modos de pensar ya superados. Nos encontra-remos con muchos de esos héroes en
esta revisión de la historia del materialismo.
Los naturalistas milesios fueron exploradores de la filosofía, los
primeros en hacerla famosa. Su salto en la evolución del pensamiento fue tan
audaz que crearon una época totalmente nueva.
Breadsted, uno de los fundadores de la arqueología norteamericana e
historiador de las civilizaciones antiguas, les brindó este merecido tributo:
“Entraron en un mundo nuevo, que llamamos ciencia y filosofía, mundo al que
nunca se habían asomado las cabezas pensantes del Antiguo Oriente. Este paso,
dado por Tales y los grandes hombres de las ciudades jónicas, figura y figurará
siempre entre las insignes realizaciones del intelecto humano, y provocará la
reverencia y la admiración de todas las épocas.”17
17 J. H. Breadsted: The Conquest
of civilization, pp. 317-318. Harper Brothers Publishers. New York 1937.
112
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capítulo VII
LOS PRIMITIVOS ATOMISTAS
En agosto de 1955 se celebró en Ginebra la Conferencia Internacional
sobre el Uso Pacífico de la Energía Atómica. El presidente de la Conferencia y
director de la Comisión de Energía Atómica de la India, Doctor H. J. Bhabha,
dio un discurso de bienvenida a los asistentes, en el cual dividió la historia
de la civilización en tres épocas, de acuerdo a sus fuentes energéticas.
En la primera época de las civilizaciones de los valles del Eúfrates, el
Indo y el Nilo la fuerza muscular humana o animal era la única fuente de
energía que se utilizaba para labrar la tierra, extraer agua, acarrear cargas o
el transporte. La energía molecular, como la que proviene de la combustión
química que se produce al quemar madera, se usaba muy limitadamente para
cocinar, calentar y fundir. Estas fuentes energéticas tan restringidas apenas
permitían a la humanidad mantener un nivel de mera subsistencia.
Esta primitiva fuente energética se siguió utilizando casi sin
alteraciones hasta que los avances científicos y técnicos realizados entre los
siglos XVII y XIX permitieron al hombre una mayor utilización de la energía
química, especialmente de la que se produce por la combustión de los fósiles,
el carbón y el petróleo. Estas fuentes energéticas hicieron posible la
revolución industrial, que inició la segunda gran época de la historia de la
humanidad. Hoy el 80 % del enorme consumo mundial de energía proviene de la
combustión del carbón, el petróleo y el gas, el 15% de la madera y los
desperdicios agrícolas, el 1,5 % de la fuerza hidroeléctrica y apenas el 1 % de
la fuerza muscular.
Ahora que se comenzó a explotar la energía atómica, se le abrió a la
humanidad la posibilidad de utilizar recursos completamente nuevos y
aparentemente inagotables. El Doctor Bhabha señaló correctamente:
“La adquisición del conocimiento de cómo liberar y utilizar la energía
atómica debe reconocerse como la tercera gran época de la historia humana”. La
energía atómica es mucho más eficiente y concentrada que la muscular o la
molecular. Hoy estamos en los umbrales de esta nueva era.
113
George Novack
Mileto, a orillas del Asia Menor, y Abdera, en Tracia, donde en el siglo
V a.C. floreció el atomismo griego con Leucipo y Demócrito, están muy lejos en
el espacio y el tiempo de Alamogordo, en Nuevo México, y de Hiroshima, en
Japón, donde en 1945 las primeras bombas atómicas hicieron entrar violentamente
a la humanidad en la Era Atómica. Sin embargo, aunque separadas por casi dos
mil quinientos años, existe entre ambas un nexo definido y claramente
discernible.
La conexión es fundamentalmente metodológica e ideológica. Pues la
concepción original de la estructura atómica interna de la materia y el mismo
término “atómico” nos vienen de estos pensadores griegos del siglo V. Esto no
significa que los experimentos de los científicos del siglo XX deriven de
alguna forma directa de las especulaciones de los atomistas griegos. La
historia no actúa de manera tan simple y lineal; las condiciones y causas que
originan esos descubrimientos que hacen época son mucho más complejos y de
recorrido muy sinuoso.
Una amplia variedad de circunstancias históricas, cuyas raíces se hunden
en la primera organización de la sociedad en clases y que culmina en las
últimas formas conocidas, se interpone entre la enunciación de las primeras
hipótesis atomistas y el amanecer de la era atómica. Para señalar un solo
factor, el desarrollo de la técnica metalúrgica no fue menos necesario para la
construcción de bombas y reactores atómicos que la elaboración de una correcta
teoría sobre la materia. El progreso de la metalurgia, a su vez, dependió en
gran medida de la evolución de la industria y el arte militar, determinada, a
rasgos generales, por las cambiantes necesidades de la sociedad dividida en
clases, desde los comienzos del esclavismo hasta el apogeo del capitalismo.
Pero esto no desvirtúa el hecho de que la corriente de pensamiento sobre
la estructura del mundo material puesta en marcha por los atomistas griegos fue
una condición histórica indispensable para que los científicos atómicos
actuales alcanzaran sus realizaciones. Como precursores en los terrenos
metodológico e ideológico, los atomistas griegos merecen ocupar un lugar
destacado en la historia de la ciencia y el pensamiento humano.
114
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Sin embargo, pocas veces se les ha brindado el reconocimiento que se
merecen. En la Antigüedad, aunque se rendía honores a sus cualidades
personales, los métodos y conclusiones de los atomistas fueron subestimados
durante mucho tiempo. Platón ni siquiera menciona en sus escritos las obras de
los atomistas, y tiene fama de haber dicho que le gustaría quemar todos los
trabajos de Demócrito. En la Academia aristotélica se mofaban de ellos. Este
menosprecio tradicional persistió, con algunas notables excepciones, hasta
nuestros días.
Luego veremos por qué se despreciaba tanto a los atomistas en la
Antigüedad. Pero primero debemos referimos a sus realizaciones y al por qué de
su importancia para la evolución de la filosofía griega y la historia del
materialismo.
El atomismo griego y la ciencia
Los atomistas constituyen la segunda escuela griega de filosofía
materialista; los naturalistas milesios conformaron la primera. Hay diferencias
de opinión entre los investigadores sobre la definición precisa de las
afinidades entre ambas escuelas. Pero, desde la perspectiva de la formación de
la filosofía materialista, es evidente que los atomistas tomaron de los
milesios sus investigaciones sobre la naturaleza y sus especulaciones sobre sus
procesos. Las analizaron a la luz de las críticas y contribuciones de los
filósofos griegos posteriores y de la ulterior evolución de la sociedad griega.
Gomperz, un alemán que es toda una autoridad en lo que atañe al pensamiento
griego, caracterizó correctamente al atomismo como “el fruto maduro del árbol
de la vieja doctrina jónica sobre la materia, sembrado por los fisiólogos
jónicos”.18
Los atomistas dieron más consistencia y extensión a las ideas y métodos
de los pioneros del materialismo, Anaxímenes, por ejemplo, explicaba las
diferencias entre las cosas como una consecuencia de sus distintas densidades,
producto de los procesos de rarefacción y condensación. Pero estos procesos no
pueden imaginarse claramente a menos que se presuponga que hay en el espacio
partículas imperceptibles que se unen o se separan. Los atomistas lograron esta
comprensión profunda de las operaciones ocultas de los procesos materiales.
18 T. Gomperz: Greek Thinkers,
vol. I, p. 323. Londres. 1912.
115
George Novack
Ya explicamos por qué las primeras formas de la filosofía, aparecidas
entre los milesios, necesariamente debían ser materialistas por su intención y
objetivos. Ahora debemos señalar que junto con la filosofía y el materialismo,
apareció una tercera adquisición cultural. Se trata de la ciencia, como método
racional de encarar la realidad, como interpretación sistemática de sus
procesos y, por ende, como estímulo de la comprensión de la naturaleza por el
hombre y de su control sobre ella. Este triple nacimiento de la filosofía, el
materialismo y la ciencia se lo debemos a los milesios.
Antes de ellos la humanidad ya había acumulado muchos conocimientos
parciales sobre el mundo y sus movimientos, incorporados a las técnicas de la
sociedad antigua y formulados por ésta en sus conceptos fundamentales. Fueron
la materia prima para la fabricación de las distintas ciencias. Los griegos
fueron los primeros en trans-formar esta información empírica, desordenada,
producto de la práctica y la producción material cotidianas en ramas de la
ciencia teóricamente fundamentadas. Cada una contaba con un método propio
especial, producto de un sistema racional de pensamiento e investigación.
Pero no acometieron esta empresa en todos los terrenos. Por ejemplo, se
quedaron atrás en el desarrollo teórico de la química. Los orígenes de la
química, empírica se remontan hasta los trabajadores del metal y los expertos
en orfebrería de Egipto del año 3000 a.C. Los egipcios eran tan hábiles en las
artes de la metalurgia, el esmaltado, la coloración del vidrio, la extracción
de aceites vegetales y el teñido que el país se hizo fama de ser el padre de la
química. El mismo término “química” deriva del nombre árabe de Egipto, Kehm, el
país de la tierra negra.
Pero ni los egipcios ni sus sucesores, los griegos, lograron conformar
un cuerpo teórico consistente en la química a partir de los oficios del
alfarero, el tintorero o el orfebre. De hecho, la química tuvo que pasar por la
incubadora de la alquimia y esperar hasta que comenzara a expresarse la teoría
atómica moderna, en la segunda mitad del siglo XVIII y los comienzos del XIX,
para adquirir un fundamento científico real.
116
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Sin embargo, los griegos sentaron las bases de la teoria científica en
un número considerable de ramas del conocimiento: las matemáticas, la física,
la biología, la medicina, la historia, la política, la lógica y muchos otros
sectores de las ciencias naturales, sociales y del pensamiento.
En la Antigüedad no se hacían diferencias entre la filosofía y la
ciencia. Estaban tan mezcladas que no podían, ni pueden, separarse. Los
primeros filósofos fueron también los primeros hombres de ciencia. El
multifacético Tales fue astrónomo, geómetra e ingeniero al mismo tiempo que
filósofo, comerciante y estadista. Lo mismo podemos decir de muchas otras
figuras importantes de todas las tendencias de la filosofía griega.
Salvo en la medicina, la especialización, compartimentación y
profesio-nalismo tan habituales ahora en la ciencia, lo mismo que la división e
incluso el antagonismo entre los filósofos y hombres de ciencia, eran
desconocidos en los tiempos de Grecia y Roma. Las ciencias crecieron amparadas
y controladas por la filosofía, hasta que en la época burguesa se separaron del
tronco materno y siguieron su camino por su cuenta.
Una de las razones principales de esta separación entre filosofía y
ciencia fue que después de la Antigüedad la religión, y su correspon-diente
filosofía idealista, entraron en oposición cada vez más franca y directa con
los métodos y conclusiones de las ciencias naturales, entorpeciendo su
desarrollo. Esto no significa que los idealistas siempre hayan ejercido una
influencia adversa sobre el progreso científico. Aunque las premisas y
conclusiones básicas del idealismo son totalmente anticientíficas, ello no ha
impedido que los filósofos idealistas clásicos, desde Sócrates hasta Hegel,
hayan aportado significativas contribuciones a una u otra rama de la ciencia.
Pero la relación entre ciencia y materialismo ha sido más consistente y
orgánica. El materialismo nació junto con los primeros éxitos del método
científico, y desde entonces ambos permanecen estrechamente ligados. Se han
influido mutuamente. El desarrollo de las ciencias impulsó el progreso del
materialismo, mientras que los métodos e ideas de éste ayudaron al avance de
las ciencias.
117
George Novack
El apartado “Materialism” en The Enciclopedia of Religión and Ethics
contiene un adecuado testimonio de esta simbiosis histórica entre materialismo
y ciencia.
“Las conquistas principales de la metafísica materialista –dice–
coincidieron con las épocas de renovado interés en el progreso de la ciencia
física, o de notables progresos de ésta. El surgimiento, en sucesivas épocas de
la historia del pensamiento, de esta tendencia a considerar el mundo como algo
esencialmente material, evidencia que el materialismo se adecúa claramente a
las mentalidades de muchas personas, especialmente de aquéllas cuyos estudios
están relacionados con las ciencias físicas.”
Esta observación es muy significativa, ya que su autor. F. R. Tennant,
catedrático inglés, fue un opositor religioso y filosófico del materialismo.
Esta relación entre ambos se expresó históricamente a través de vías
positivas y negativas. El estancamiento de las ciencias que se produjo en el
siglo II a.C., paralelo a la decadencia de la sociedad occidental, llevó al
desaliento y prolongada desaparición del pensamiento materialista en Europa;
por otro lado, el resurgimiento de las ciencias en los siglos XV y XVI estimuló
las ideas materialistas. Desde la Antigüedad hasta el presente vienen marchando
hombro a hombro. En el terreno de la filosofía sólo la tendencia materialista
puede ser considerada completamente científica, es decir, enraizada en una
verdadera comprensión de la realidad y de su desarrollo.
La ciencia depende tanto del materialismo, que te proporciona una base
teórica y un método correctos, como el materialismo depende de la ciencia, que
le aporta conocimientos verificados por la práctica. Cada avance decisivo dado
por la sociedad en el conocimiento de su medio y el dominio sobre la naturaleza
enriqueció el contenido y elevó la forma de la concepción materialista. Las
escuelas materialistas, por su parte, no sólo tratan de mantenerse al nivel de
los descubrimientos y avances científicos, sino que a veces se anticipan a
éstos y les preparan el camino.
Por otro lado, la filosofía materialista no podría llegar mucho más allá
del nivel de desarrollo de la ciencia, y comparte y refleja las deficiencias de
ésta.
118
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Donde más evidente resulta en la Antigüedad esta relación entre ciencia
y materialismo es entre los atomistas. Estos no sólo continuaron las
especulaciones de los milesios y anunciaron las ideas de la química moderna y
la Era Atómica. Las teorías de Leucipo, Demócrito, Epicuro y Lucrecio y sus
compañeros del universo, la historia de la sociedad y la civilización, fueron
los puntos culminantes del pensamiento científico del mundo antiguo. Como lo
hace notar Farrington en Greek Science:
“La verdadera gloria del atomismo de Demócrito es que respondía mejor
que cualquier otra teoría a los problemas de su época. Con él culmina en la
Antigüedad el movimiento de especulación racional sobre la naturaleza del
universo comenzado por Tales, Se basa en la simple observación de los sentidos
de los procesos técnicos y naturales, y en unas cuantas demos-traciones
experimentales del tipo de las que ya hemos mencionado. Su mérito teórico
consiste en haberles dado a los resultados una coherencia lógica mayor que la
de cualquier otro sistema antiguo.”
La base filosófica del atomismo
Desde su nacimiento hasta su extinción, a fines del siglo II a.C., la
historia de la escuela atomista abarca alrededor de siete siglos. Veremos sólo
las líneas principales de su desarrollo durante ese periodo.
Los dos primeros nombres ilustres asociados con la escuela atomista son
Leucipo y Demócrito. Florecieron en el siglo V a.C. y también eran nativos de
Jonia. Leucipo nació en Mileto, Demócrito en la próspera ciudad de Abdera.
Los primeros estudiosos griegos de la naturaleza remontaban el origen de
las cosas a cuatro elementos: el fuego, la tierra, el agua y el aire, y
consideraban a uno de ellos como la fuente sustancial de todo lo demás. Esta
concepción “elemental” de la materia y de los comienzos de sus diversas
manifestaciones no sólo dominó el pensamiento antiguo sino que persistió hasta
los tiempos modernos. Es relativamente reciente el reconocimiento de la
existencia de muchos más componentes químicos básicos. Todavía en 1764 Voltaire
escribía en su famoso Diccionario filosófico que sólo había que reconocer a los
119
George Novack
cuatro elementos tradicionales. Recién fueron dejados de lado por la
ciencia química a fines del siglo XVIII, cuando Lavoisier demostró la
existencia del oxígeno e inauguró la nueva secuencia y los nuevos tipos de
elementos básicos. Ahora la serie química está formada por más de cien
elementos naturales, y algunos fabricados por el hombre.
Los cuatro elementos, el fuego, la tierra, el agua y el aire, eran todos
cosas observables físicamente. Pero cuando se pretendía explicar en base a
ellos los múltiples fenómenos del mundo, asumían un carácter cada vez más
abstracto y generalizado. Estos cuatro estados de la materia se transformaban
uno en otro y además constituían la realidad sustancial de las demás
manifestaciones de la materia. El fuego en forma de tierra, o de hueso o de
paisaje era una entidad bastante diferente, al menos en apariencia y para los
sentidos, que el fuego en forma de llama.
¿Cómo podía una y la misma cosa aparecer como tantas otras cosas
diferentes, o transformarse en esas cosas diferentes? Estas y muchas cuestiones
similares que surgen del mismo desarrollo de la cosmología milesia plantean
ante los filósofos griegos una serie de problemas nuevos que exigen solución.
Formularon estos problemas en los siguientes términos: ¿Cuál es la relación
entre el uno y lo múltiple, lo permanente y lo cambiante, la identidad y la
diferencia, el ser y el no ser? ¿Y cómo sabemos qué es cada uno de estos
términos? ¿Conocemos la realidad y la verdad con la razón o con los sentidos?
Esta nueva tendencia del pensamiento griego coincidió con un cambio que
afectó el eje de la actividad filosófica, de uno a otro sector de la cultura
griega, desde el Asia Menor a las colonias griegas de Sicilia y el sur de
Italia. Quien personifica este cambio es Pitágoras, el fundador de la comunidad
pitagórica. Alrededor del 530 a.C. Pitágoras, que a la sazón contaba cuarenta
años, tuvo que escapar de su Jonia natal cuando la invadieron los persas y se
estableció en Crotona, al sur de Italia.
Influido por las matemáticas y la religión, el pensamiento de los
pitagóricos se orientó en una dirección distinta a la de los milesios. No
describían el universo en función de la actividad de determinados elementos
materiales y procesos físicos. Fueron los primeros en reconocer el importante
rol que podían jugar los números en el
120
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
conocimiento de las cosas, y fueron tan lejos que hicieron del número la
sustancia fundamental del universo. Para ellos la física era idéntica a las
matemáticas.
Esta idea general, tomada en sí misma, fue inmensamente fructífera en la
historia de la ciencia. Sin embargo, deslumbrados por su descubrimiento de que
en todo lo que los rodeaba podían percibir relaciones matemáticas, los
pitagóricos exageraron enormemente la fuerza y aplicabilidad de los números.
Afirmaban la identidad entre la realidad y las matemáticas, cuando en realidad
entre ellas hay una interdependencia y una correspondencia mutua.
Esta identificación entre número y cosa se veía facilitada porque los
pitagóricos representaban los números de manera figurativa, como los puntos en
el juego de dominó. Además, su aritmética estaba estrecha-mente relacionada con
la geometría. Llamaban uno al punto, dos a la linea, tres a la superficie,
cuatro al sólido, y construyeron su concepción del mundo a partir de estos
números-dimensiones.
Los pitagóricos realizaron otro avance importante en su pensamiento.
Insistían en que estas relaciones matemáticas que constituían el universo sólo
podían percibirse y comprenderse realmente a través de los procesos de
razonamiento. Su teoría del universo y del conocimiento ponía al procedimiento
lógico y a los resultados del pensamiento abstracto por encima del estudio de
los procesos y estados físicos como la rarefacción, la condensación y la
tensión, y las técnicas y la observación directa de los sentidos, que
constituían el trasfondo del pensamiento jónico.
Parménides de Elea, fundador de otra escuela italiana, llevó hasta sus
ultimas consecuencias esta tendencia al pensamiento abstracto y a la exaltación
de la razón pura. Los pensadores griegos ya habían concebido tres ideas
generales fundamentales al analizar la realidad: las categorías de Ser, no Ser
y devenir. Parménides trató de esclarecer el contenido y la interrelación de
estos tres aspectos de la realidad.
El eje de su investigación estribaba en la naturaleza del Ser y el modo
de conocerlo. Heráclito había concluido que todo cambia. Este sentido de la
naturaleza mudable de las cosas, en el que todo se ponía patas arriba y se
transformaba en algo diferente de lo que fue una vez, perseguía la mente y la
imaginación de los griegos, que vivían en una
121
George Novack
sociedad turbulenta y cambiante. Lo expresó muy explícitamente
Herodoto, el primer historiador, que vivió en la misma época. Observó:
“Pues muchos estados que una vez fueron grandes se han vuelto pequeños,
y aquellos que en mi época eran grandes habían sido pequeños anteriormente”.
Sócrates dijo:
“Convocad a los filósofos, a todos excepto Parménides, y junto con ellos
a los poetas; todos os dirán que nada es, pues las cosas están constantemente
transformándose”.
Excepto Parménides. Este declaraba que todo es, y que nada no es, y que
nunca los opuestos podían encontrarse, ¿Qué lo inducía a negar tan
categóricamente lo que los demás afirmaban? ¿Qué argumentos utilizaba para
justificar su posición opuesta?
A Parménides le preocupaba la naturaleza contradictoria de las cosas,
evidenciada en el cambio, y la aplicación del principio lógico de
contra-dicción al cambio mismo. El principio de contradicción, entendido de
manera formal y aplicado estáticamente, dice que cada cosa debe ser ella misma
y no otra, y no puede ser una y otra cosa al mismo tiempo. Debe elegirse entre
ellas. Parménides tomó con absoluta seriedad este principio, que se erigía en
su camino como un obstáculo.
La esencia misma del cambio y del devenir reside en que expresa la
transición de lo que es a lo que no es y de lo que no es a lo que es. Pero
Parménides no podía reconciliar la coexistencia de lo que es y lo que no es.
Todo, razonaba, es o no es. Lo que es es, y lo que no es no tiene ninguna
realidad. Y por cierto es así si se aplica estrictamente la regla formal de la
contradicción.
Por lo tanto, la existencia de lo que es es absolutamente real y de
ninguna manera puede contaminarse con su opuesto excluido, el no ser. Por lo
tanto, concluía, todo cambio, movimiento y expresión de diversidad es irreal,
una ilusión de los sentidos, y solamente el Ser es verdaderamente real.
122
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Parménides creía que con sólo andar por la senda del pensamiento lógico
se llegaba a la verdad perfecta. En consecuencia se aferraba firmemente a la
ley de la contradicción y no se apartaba de los resultados lógicos de su
aplicación estricta. No podía admitir que una cosa (que es lo mismo que decir
todas las cosas) pudiera ser y no ser al mismo tiempo. La ley de la
contradicción, tal como él la concebía, comprendía e invocaba, prohibía esa
conclusión. Pero el cambio, por el cual una cosa pasa de lo que es a lo que no
es, no puede reconocerse si no se acepta la presencia simultánea del Ser y el
no Ser, y la transformación de uno en otro a través del proceso del devenir.
Parménides resolvía el problema negando la realidad del cambio, el
devenir y el no Ser. Consideraba a estos estados como errores de opinión,
confusiones e ilusiones de los sentidos; afirmaba que solamente el Ser
inmutable, inmóvil y uniforme era real y podía ser verdadera-mente conocido.
En síntesis, Parménides planteó dos posiciones que ejercieron gran
influencia sobre el curso posterior del pensamiento griego. La primera que el
pensamiento lógico puro es el único camino hacia la verdad y el conocimiento de
la realidad, lo que implica despreciar las impresiones sensoriales y la
actividad práctica. La otra es su identificación de la realidad con lo
perfecto, inmutable, sin origen. La escuela de los eléatas ayudó a imprimir
esta combinación en el pensamiento griego; se la encuentra no sólo en la base
del idealismo clásico sino también en la concepción atomista de la unidad del
Ser.
El siguiente gran pensador de la Grecia occidental, Empédocles de
Agrigento (una localidad de Sicilia), defendió la validez, de la evidencia de
los sentidos, atacada y rechazada por los pitagóricos y los eléatas. Pero
aconsejaba y practicaba una utilización más cuidadosa y crítica del testimonio
provisto por la percepción sensorial. Con sus experi-mentos con el reloj de
agua demostró por primera vez que el aire, aunque invisible, tiene masa, puede
ocupar un lugar en el espacio y ejerce una fuerza. Señaló la diferencia entre
el aire y el espacio vacío.
La importancia teórica de este descubrimiento reside en la compro-bación
experimental de que la materia puede existir en estado muy refinado, y producir
determinados efectos aunque sea demasiado sutil y pequeña como para que se la
vea u observe directamente a través de los sentidos.
123
George Novack
Anaxágoras, filósofo de la escuela jónica que Pericles llevó a Atenas a
mediados del siglo V, realizó experimentos que demostraron que hay procesos
físicos que tienen lugar por debajo o más allá del nivel de la percepción
directa. Tomó dos vasos, uno con un liquido blanco y otro con un líquido negro;
traspasó gota a gota el liquido de ambos vasos; aunque, por razones físicas,
debe cambiar el color de cada vaso a cada gota que cae, este cambio recién se
vuelve perceptible una vez que se han mezclado varias gotas.
De estos experimentos Anaxágoras extrajo la conclusión de que los
sentidos no son jueces de la realidad totalmente precisos, aunque sus
percepciones no son totalmente erróneas. La evidencia que propor-cionan los
sentidos debe utilizarse para llegar a la verdad; para aprehender lo invisible,
como en el caso del cambio gradual de color, debemos apoyarnos en lo visible.
En la teoría de la física Anaxágoras superó a Empédocles en otro
aspecto. Este se adhería a la concepción de los cuatro elementos como
principios principales. Anaxágoras planteaba un cuadro más complejo de la
naturaleza de la materia. Afirmaba que los primeros principios, a los que
llamaba “semillas”, existían en número y variedad infinitos, y que cada una de
estas partículas infinitamente pequeñas, indestructibles e inmutables,
encerraban en sí mismas las cualidades de todo lo demás.
Estas fueron algunas de las principales corrientes filosóficas
posteriores a los milesios que constituyeron el trasfondo ideológico del cual
surgieron las teorías de los atomistas.
124
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capítulo IX
LAS CONCEPCIONES DE LOS ATOMISTAS
¿Cuáles fueron las enseñanzas de los atomistas, y especialmente cómo
consideraban que estaba construida la materia?
Los atomistas se proponían tomar en cuenta las contribuciones y críticas
de sus predecesores filosóficos y proveer soluciones a los problemas o
dificultades planteados por ellos. Los milesios buscaban la fuente sustancial
de todas las cosas en los cuatro elementos o en la materia ilimitada de
Anaximandro, pero no podían explicar satisfactoria-mente la totalidad a través
de un elemento simple.
Heráclito había defendido la posición del devenir absoluto y cambio
universal de todas las cosas a través de la unidad, tensión y lucha de sus
opuestos, y afirmaba que su estabilidad era transitoria. La lógica de los
eléatas, por el contrario, sostenía que lo único real era el Ser; las cosas
eran esencialmente fijas e inmóviles; el cambio era una ilusión de los
sentidos.
Empédocles y Anaxágoras trataron, por tres vías, de rescatar la realidad
del cambio, el movimiento y la variación, anatematizados por los eléatas.
Sostenían que los primeros principios eran múltiples, de cantidad y variedad
infinitas. Atribuían la creación y destrucción de las cosas a la reunión y
separación de estos elementos. Finalmente, demostraron que, a través de la
inferencia basada en la observación, el hombre podía descubrir procesos de la
naturaleza reales y efectivos, aunque no completa y directamente perceptibles
por los sentidos.
Partiendo de estas posiciones y controversias, los creadores del
atomismo, Leucipo y Demócrito, postulaban dos tipos de existencia esencial: lo
lleno y lo no lleno, el algo y la nada, el átomo y el vacío. Uno equivalía al
Ser; el otro al no Ser. Por lo tanto, en oposición a los eléatas, los atomistas
afirmaban la existencia real del no Ser como vacío o espacio no lleno, y hacían
derivar el cambio y la variación de la interacción entre el átomo y el vacío.
El sucesor de Aristóteles a la cabeza de la Academia de Atenas,
Teofrasto, escribió sobre Leucipo:
125
George Novack
“Suponía la existencia de elementos innumerables y siempre en
movimiento, es decir, los átomos. Y hacía a sus formas infinitas en número,
aunque sin una razón determinada por la cual pertenecen a una u otra clase, y
porque veía que el cambio y la transformación de las cosas era incesante.
Sostenía, además, que lo que es no es más real que lo que no es, y que ambos
del mismo modo son causa de las cosas que llegan a ser; pues decía que la
sustancia de los átomos era compacta y llena, y los llamaba lo que es, ellos se
movían en el vacío, al que llamaba lo que no es, pero afirmaba que era tan real
como lo que es.”
Por lo tanto, a través de la especial unión de lo que es con lo que no
es los atomistas reconciliaban las posiciones contradictorias de Heráclito, que
sostenía que todo fluye, y de Parménides, que afirmaba que nada cambia. La
relación de los átomos con el vacío explicaba tanto la permanencia como el
cambio, el movimiento y el reposo, la identidad y la diferencia. Nada cambiaba
en ellos, pero su interacción incesante originaba todos los cambios,
combinaciones y diferenciaciones de las cosas.
El átomo de Leucipo y Demócrito se componía de elementos tomados de las
ideas básicas de sus predecesores. Era similar a la sustancia primaria simple
de los milesios y a la noción de los pitagóricos de que los números son lo que
constituye las cosas. El átomo era increado e inmutable como el Ser de
Parménides, aunque múltiple y siempre sujeto a combinaciones como los cuatro
elementos de Empédocles y las “semillas” de Anaxágoras.
La materia concreta estaba formada por estos gránulos o partículas. Los
átomos eran increados, de sustancia sólida y uniforme y absoluta-mente
impenetrables. Eran un elemento de irreductible realidad. “Átomo” significa lo
que ya no puede ser cortado, dividido o separado.
Los átomos se diferenciaban entre ellos intrínsecamente por su tamaño y
forma, extrínsecamente por la posición y adecuación de cada uno en relación con
los demás. Algunos tenían forma de gancho, otros eran ásperos y suaves,
angulares y curvos. Podían ser de cualquier tamaño, pero siempre tan pequeños
como para escapar a la observación sensorial. Así fue imaginado el átomo cuando
la humanidad lo describió por primera vez.
126
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La concepción del vacío revestía similar importancia en el sistema de
los atomistas. Es necesario poner especial énfasis en este segundo factor, ya
que a veces se lo subestima. Sin embargo ambos eran inseparables para la
mentalidad de los atomistas; el vacío no es menos esencial en su teoría que el
átomo. Juntos engendraban el universo.
El concepto de vacío hacía posible explicar teóricamente el movimiento y
lo hacía asequible a la sensibilidad. El vacío en el que los átomos se movían y
existían era también increado e inmutable, sólido y uniforme, pero
completamente homogéneo y penetrable. El vacío era tan pasivo y permeable como
activos e impermeables los átomos.
La historia del concepto del vacío en la filosofía y la ciencia es tan
interesante e instructiva como la del de su compañero, el átomo. Fue el modelo
de los conceptos de infinito y espacio no lleno de los antiguos, de la
extensión de los cartesianos, del éter de los físicos del siglo XIX y del campo
electromagnético de los científicos contem-poráneos. Todavía hoy los físicos
están luchando contra las dificultades que implica la relación entre el campo
electromagnético y las unidades de materia más pequeñas. Puede decirse sin
exagerar que todavía deben resolver problemas planteados por primera vez cuando
los griegos diferenciaron el átomo del vacío.
Según los atomistas, ¿cómo se formó el cosmos? Una cantidad de átomos de
formas diferentes se separaron de la masa del infinito, se esparcieron por el
espacio vacío, chocaron por accidente. Se enredaron arremolinándose en
círculos. Los similares se adhirieron entre sí; los átomos livianos escaparon y
los demás se juntaron todos. De este arremolinado conglomerado de átomos y del
agrupamiento de sus componentes similares fueron creados y destruidos nuestro
mundo y todos sus cuerpos y un infinito número de otros mundos.
Este proceso cósmico no tiene fin. Todo nace y muere por el choque,
coagulación y disolución de los átomos que se mueven en el vacío. Las
diferentes cualidades y apariencias de las cosas se deben a las diversas
combinaciones de los átomos que las constituyen, todos ellos de distintas
formas, tamaños, posiciones y modos de agruparse. Los múltiples átomos, con sus
variadas combinaciones, componen las cosas del universo del mismo modo en que
las letras del alfabeto ocupan posiciones diversas y se agrupan en distinto
orden.
127
George Novack
Con sus teorías los atomistas trataron de satisfacer tanto las
exigencias de los sentidos como las de la razón. Su afirmación de que todo
objeto particular está formado por átomos superaba en mucho las observa-ciones
inmediatas de los sentidos. Se apoyaba en la deducción de que los objetos y
cambios directamente perceptibles están causados por elementos y movimientos
materiales ocultos, en condiciones ordinarias, a los sentidos. Explicaban los
fenómenos visibles diciendo que la estructura de la materia estaba formada por
gránulos moleculares que escapaban a las posibilidades de la observación
directa.
Creían que los átomos eran cuerpos, realidades con existencia material,
o como los llamaba Demócrito algo que estaba en contraste con el espacio vacío,
que era nada. El hecho de que todavía a comienzos del siglo XX algunos
importantes científicos hayan cuestionado la existencia real de los átomos da
la pauta de la audacia de la convicción de los atomistas de que los átomos no
eran una ficción. Los positivistas contemporáneos consideraban el átomo como un
mecanismo concep-tual que servía para explicar determinados fenómenos
moleculares, pero ponían en duda que, además de ser una hipótesis útil,
designara una realidad objetiva.
Apoyándose en estos conceptos generales, Ernst Mach, uno de los teóricos
más influyentes de las ciencias naturales de comienzos de siglo y exponente de
la filosofía del empiriocriticismo, negaba explícita-mente la existencia real
de los átomos. Hace cincuenta años repudiaba aquello de lo cual la bomba
convenció dramáticamente hasta al más ignorante patán de nuestros días. No lo
señalamos para subestimar a Mach, cuyas críticas a algunos presupuestos
teóricos de la teoría newtoniana influyeron en las investigaciones de Einstein
y otros científicos sobre la relatividad y la energía atómica, sino para
resaltar lo penetrante de la visión teórica de los atomistas. Sus ideas
resultan tanto más osadas por su novedad absoluta.
Hay, con toda seguridad, una distancia colosal entre las ideas de los
atomistas sobre la estructura de la materia y la utilización práctica de la
fuerza atómica. Es la distancia que separa una especulación teórica de una
prueba experimental. Las ideas recién se verifican incuestio-nablemente cuando
los hombres pueden producir o destruir lo que ellas predican.
128
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Los atomistas tenían muchos conceptos erróneos sobre el universo. Uno
era el de que los cuerpos más grandes caen en el espacio vacío a más velocidad
que los más pequeños. Otro era su creencia en la inmutabilidad y homogeneidad
sustancial de los elementos físicos fundamentales. La ciencia moderna comprobó
que esta concepción, que persistió durante siglos, es falsa.
Dalton demostró con sus experimentos que los átomos de los elementos no
son todos iguales; cada uno tiene su peso específico. En nuestro siglo se
comprobó que incluso el peso de átomos de los mismos elementos (isótopos) es
variable. Ahora sabemos que los átomos no sólo son capaces de alterarse y
dividirse, sino que son altamente mutables, fisionables y fusionables. Más aún,
la presión mecánica y la colisión no son las únicas vías por las cuales los
átomos pueden accionar y reaccionar entre sí; también lo hacen eléctricamente y
de otras formas.
Estos sucesivos avances en el conocimiento de las propiedades de los
átomos no invalidan los descubrimientos de los atomistas en su época y lugar.
Su descripción de la constitución interna del mundo natural, sus modos de
operar y su evolución era la más adecuada e inteligente posible para la
información, técnicas e ideas de que disponían. Sus errores específicos eran
inevitables dado el estado rudimentario del conocimiento científico de
entonces, y son menos importantes que la admirable coherencia de su concepción
cosmológica según la cual todas las causas son uniformemente físicas y todos
los efectos materialmente determinados.
Los atomistas eran deterministas estrictos. El único fragmento que nos
queda de las enseñanzas de Leucipo afirma: “Nada sucede sin una razón, sino que
todas las cosas ocurren por una razón, y por necesidad”. Nada puede ser
atribuido a la casualidad; todo tiene su causa, de la cual necesariamente
proviene. Nada se produce de la nada; todo tiene sus antecedentes materiales,
de los cuales depende su existencia.
Estos principios son condiciones indispensables para la investigación
científica de la naturaleza. El método científico se apoya en el rechazo del
puro accidente, la teleología, las causas finales o el principio inteligente
como explicaciones de los acontecimientos naturales.
129
George Novack
Black Power, un libro de Richard Wright recientemente publicado,
ejemplifica de manera excelente el contraste entre estos dos modos de
interpretar los fenómenos naturales. Relata que un arroyo sagrado, en la Costa
de Oro africana, se inundó, produciendo considerables daños. Los nativos creían
que la inundación expresaba la ira de los espíritus ancestrales, a los que
había que propiciar inmolándoles algunas víctimas. En consecuencia, trataron de
evitar que los ingenieros enviados para investigar las causas naturales del
torrente tomaran medidas para encauzarlo y detener sus destructivos efectos.
En este caso las ideas y prácticas propias de la superstición y la magia
chocaron con los métodos de la ciencia. La concepción de la tribu era
teleológica. Consideraban que en este fenómeno natural estaban involucrados la
voluntad y la concreción de los objetivos de los poderes fantasmales; no
examinaban las condiciones materiales reales que lo produjeron.
Los atomistas rechazaron resueltamente este método animista. Donde
resulta más evidente es en su concepción básica del movimiento. Los idealistas
buscaban alguna razón teleológica para la existencia del movimiento. Para los
atomistas el movimiento no tenía causa primera; había existido siempre. El
movimiento era un rasgo inherente a los átomos que se movían en el vacío;
cualquier movimiento presente estaba condicionado y determinado siempre por un
movimiento previo, de manera que en su sistema no tenían cabida ni un primer
motor ni una interferencia divina que mantuviera las cosas en marcha.
Su total determinismo era válido, pero unilateral. El accidente es un
rasgo de la realidad tan fundamental como la necesidad. Pero la casualidad no
tenía cabida en la teoría de Leucipo y Demócrito. Esto era inconsistente,
porque en su propia concepción de la formación de las cosas estaba implícita la
contingencia. La creación de los múltiples mundos fue tanto una consecuencia de
la necesidad como de la casualidad. El mundo no estaba vivo, ni lo gobernaba
ninguna pre-destinación, ni había sido producido por designio de nadie ni de
nada. Surgió del concurso puramente fortuito de átomos que se combinan y
separan en el vacío. La exclusión del accidente causó considerables
dificultades a los atomistas; los que los sucedieron en la misma escuela
trataron de rectificarla, pero sin éxito.
* * *
130
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Ya en la Antigüedad se discutían dos importantes aspectos de la
filosofía de Demócrito. Uno se refería a su concepción sobre la materia y el
movimiento; el otro a su teoría del conocimiento.
Aristóteles escribió que, según su opinión, la razón de que Leucipo y
Demócrito hayan dejado de lado con tanta ligereza el problema de los orígenes
del movimiento se debía a que era imposible explicar el movimiento inicial del
cosmos sin aceptar la existencia de una fuerza inteligente. Más tarde,
Simplicio y Cicerón afirmaron que los átomos tenían que ser puestos en
movimiento en virtud de algún impulso externo.
Los filósofos y físicos mecanicistas de la época burguesa suponían que
Demócrito opinaba igual que ellos, que la inercia era inherente a la materia.
Boyle decía que Dios “dio movimiento a la materia” y Newton que “Dios, en el
principio, conformó la materia en partículas sólidas, con masa, duras,
impenetrables, movibles...” En ese caso, los átomos, como partículas últimas de
materia, serian impulsados de un lugar a otro y de un estado a otro por choque
mutuo, después de que el primer motor los active, Lange afirmó que los
atomistas fueron los primeros en plantear “una teoría del universo
estrictamente mecánica”.
Todos ellos no lograron aprehender el punto principal de la posición de
Demócrito. Este criticaba a Anaxágoras el haber introducido a la mente como
motor de la materia y ordenador del mundo. Consideraba el movimiento de los
átomos en el vacío como un hecho irreductible de la existencia para el cual no
cabía explicación posterior. Este proceso material fundamental no tenía
principio ni fin; el movimiento de los átomos en el vacío era infinito, eterno,
indestructible. Circulando al azar en el vacío ilimitado, los productos de su
asociación y disociación sufren formas tan complejas del movimiento como lo son
el nacimiento, el crecimiento, la atracción, la repulsión, la desintegración y
la destrucción.
El que Demócrito haya descripto el átomo como indivisible e inmutable
permitió a Gassendi, Boyle, Newton y otros integrar su concepción fundamental
en su mecanicismo físico y teológico. Pero Demócrito no era mecanicista en el
sentido moderno del término; fue un materialista dialéctico primitivo, que veía
la realidad como un fluir homogéneo y sin fin de cosas que nacen, pasan y dan
origen a otras cosas. Las
131
George Novack
matemáticas y la física eran demasiado inmaduras en tiempos de los
griegos como para servir de base a una concepción científica del mundo de las
características del materialismo mecanicista de los siglos XVII y XVIII.
Algunos comentaristas declararon que Demócrito sostenía una posición
escéptica o subjetivista en relación a la evidencia de los sentidos y la
posibilidad de alcanzar un conocimiento auténtico sobre el mundo exterior a
través de la percepción sensorial. El diferenciaba dos tipos de conocimiento.
“Hay dos formas de conocimiento, el auténtico y el bastardo –escribió–.
Al bastardo pertenecen todos éstos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el
tacto. El auténtico no tiene nada que ver con éstos.”
De aquí puede entenderse que no otorgaba ningún crédito a la percepción
sensorial. Así, Lange afirmaba que “Demócrito consideraba las cualidades
sensoriales, tales como el color, el sonido, el calor, etcétera, como meras
apariencias engañosas...” Esta es una distorsión de la concepción de Demócrito.
Este no intentaba negar el rol básico que cumplen los sentidos en el
conocimiento. Epicuro decía “Todos los sentidos son heraldos de la verdad.”
Pero los sentidos no son todo-poderosos. Conducen a un conocimiento de la
realidad más profundo que depende de la percepción. El pensamiento no es
absolutamente diferente de la sensación; es un movimiento posterior, más
complejo y sutil, de las mismas imágenes recibidas del exterior y reflejadas en
el individuo.
Los dos modos diferentes del conocimiento se basan en dos grados o
niveles de la realidad distintos. Los sentidos reflejan con más o menos
precisión lo que aparece en la superficie de las cosas y se conforma en
imágenes que atraviesan el aire. Este conocimiento de las cosas es correcto y
confiable hasta donde alcanza. Aristóteles afirmaba que Demócrito “juzga
verdadero lo aparente”. Pero esto no es más que opinión. “La verdad está
profundamente enterrada.”
El conocimiento verdaderamente genuino es el de los átomos y el vacío,
que actúan por debajo de la superficie de las apariencias y las generan. Estos
factores fundamentales de la naturaleza son demasiado minúsculos como para ser
directamente percibidos por los groseros sentidos. La razón infiere su
existencia y actividad.
132
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Los átomos y el vacío son el único objeto “auténtico” del conocimiento
científico, ya que sólo ellos tienen existencia inmutable. Demócrito dice que
las diversas cualidades de las cosas, percibidas por los sentidos y producto de
los movimientos y combinaciones de los átomos, son verdaderas sólo por
convención. Esto no significa que las cualidades sensoriales no tengan una
referencia objetiva o causas materiales, sino más bien que son comunes a todas
las personas que las experimentan.
Los atomistas no negaban completamente la percepción, como lo hacían los
eléatas. Sostenían que los colores, los gustos, los sonidos, los olores y las
sensaciones táctiles eran tanto características de los objetos como efectos de
su acción sobre los sentidos.
Demócrito quería relacionar las causas objetivas naturales con las
respuestas de los sentidos y la sensación con la capacidad generalizados de la
razón. El médico Galeno escribió al respecto:
“Después de desacreditar la apariencia de las cosas diciendo: ‘el color
es una convención, lo amargo es una convención, lo dulce es una convención, en
la realidad sólo hay átomos y vacío’, Demócrito hace que los sentidos hablen a
la razón de esta manera: ‘Pobre razón, después de privarnos de los medios de
demostrar tu existencia, quieres vencernos. Tu victoria es también tu
derrota’."
Este argumento irónico está dirigido contra los lógicos eléatas y
platónicos, que estigmatizaron como ilusorias las cualidades sensoriales y por
lo tanto se quedaron suspendidos en el aire.
“Ya que la única evidencia de tu existencia real la obtienes de nosotros
–dicen los sentidos– nuestra caída por obra tuya significa tu propia caída.”
Los atomistas, por lo tanto, trataron de diferenciar, en nuestra
percepción sensorial del mundo externo y en la formación de nuestro
conocimiento de ese mundo, los componentes objetivos de los subjetivos, sin
establecer entre ellos una separación absoluta. Este intento no era viable.
Restringieron el conocimiento verdadero al de los átomos simples e inmutables y
al vacío, considerando inferior el conocimiento de los cuerpos compuestos y
siempre cambiantes. De
133
George Novack
esta manera Demócrito señalaba la diferencia entre la manifestación
externa de las cosas y su realidad interna, entre la apariencia y la esencia.
Pero no veía claramente la relación entre la realidad material subyacente y la
apariencia, cómo de aquélla surge ésta, ni explicaba cómo el conocimiento de
las cualidades de las cosas adquirido por intermedio de los sentidos da lugar
al conocimiento válido de los átomos y el vacío.
Esta brecha entre el átomo y el vacío y las cualidades sensibles, entre
la existencia permanente y la que está en eterno cambio, no fue superada por
ningún materialista de la Antigüedad y constituyó, por cierto, uno de los
problemas más escabrosos con los que se enfrentaron posteriormente los
filósofos mecanicistas.
La psicología de los atomistas fue uno de sus puntos débiles. Explicaban
que el cuerpo se compone de átomos burdos, el alma o la mente de átomos
refinados, suaves, redondos. Los dioses, que no cumplían una función esencial
en su sistema, estaban formados por átomos super-finos. Estas ideas elementales
atestiguan su intención de dar una simple explicación materialista totalizadora
de los fenómenos, desde los cuerpos celestiales hasta la vida, la percepción
sensorial, la mente y los dioses. Pero también atestiguan su escaso
conocimiento de la fisiología y la sicología.
***
En esta reseña no presentamos mucho más que un esquema del conjunto de
ideas de los primeros atomistas, reconstruido en base a los fragmentos de sus
obras que se han conservado. Se perdió la mayor parte de sus escritos. Una
lista de los tratados de la escuela atomista compilada por los estudiosos
alejandrinos da idea de la envergadura de los intereses e investigaciones que
inspiraron y apoyaron sus ideas. Abarcan temas tales como la ética, las
ciencias naturales (cosmología, astronomía, sicología y percepción sensorial),
lógica (problemas y critica a teorías anteriores), matemática (geometría y
números), música (ritmo y armonía, poesía y solfeo), obras técnicas sobre
medicina, agricultura, dibujo y pintura y hasta de tácticas militares, tratados
sobre las causas de los fenómenos celestes y meteorológicos, de la botánica, de
la geología y la biología, sobre el fuego, el sonido y muchas otras cosas.
134
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Aunque en sus lineas fundamentales su método de investigación y análisis
de la naturaleza era más correcto que el de sus adversarios, las doctrinas de
los atomistas no despertaron gran interés en Grecia o en Roma. Se atrajeron los
elogios de algunas personalidades selectas como Epicuro y Lucrecio, pero el
atomismo no fue una escuela popular o destacada.
La sabiduría de Demócrito era enciclopédica, y sus cualidades
intelectuales estaban a la par de las de Platón y Aristóteles. El mismo
Aristóteles elogiaba su originalidad y amplitud de conocimientos en términos
muy entusiastas: “Parece haber reflexionado sobre todo y de manera clara y
metódica”.
Demócrito fue un erudito matemático; Arquímedes le acreditaba el mérito
de haber formulado por primera vez dos importantes teoremas sobre las
propiedades de las secciones cónicas. El primero, que el cono equivale al
tercio del cilindro; el segundo, que una pirámide es igual al tercio de un
prisma de su misma altura y base. En lo que hace a la astronomía, explicó
correctamente la naturaleza de la Vía Láctea y de las montañas de la luna. Como
biólogo, estudió cuidadosamente los órganos internos de los animales. También
tenía teorías sobre el color y sus combinaciones.
A pesar de todo, Platón y Aristóteles son mucho más valorados y
conocidos que Demócrito. Ello no se debe simplemente a que de sus obras se
conserva mucho más que de las de los atomistas, de las que sólo conservamos
fragmentos.
La razón principal de esta diferencia en el prestigio logrado por unos y
otros hay que buscarla en sus respectivas pocisiones. La concepción idealista
de Platón y Aristóteles y de sus discípulos satisfacía las necesi-dades de la
aristocracia esclavista de Atenas en mucho mayor medida que el método y las
perspectivas de los atomistas. Y desde entonces se ajustan mucho más a los
intereses de las clases gobernantes de Occidente.
La historia de la filosofía la escriben y enseñan hombres muy influidos
por la psicología y las concepciones religiosas e idealistas de las clases
privilegiadas. Estos estudiosos siempre tendieron a atribuir mucho más mérito a
los idealistas clásicos que a las especulaciones de sus adversarios
materialistas. Esto afectó adversamente la reputación de Demócrito.
135
George Novack
No se valorizó debidamente su obra por haber sido él un materialista tan
intransigente. Demócrito no atribuyó a la naturaleza ninguna actividad
consciente y rechazó las espurias causas sobrenaturales, espirituales y finales
que viciaban las especulaciones de los idealistas. Explicaba la formación y las
transformaciones del universo, el origen de la vida, las sensaciones, la
civilización, la moral y el pensamiento (e incluso la existencia de los dioses
y demonios) por causas puramente naturales producidas por los movimientos de
los átomos en el espacio vacío. Analizaba todo con el mismo método, desde la
caída original de los átomos a través del espacio hasta las percepciones,
pensamientos y conducta de las personas quejo rodeaban. Este método estricto,
que relaciona los procesos y fenómenos físicos, orgánicos, sociales, históricos
y psicológicos de una manera coherente es el prototipo de todos los sistemas
materialistas posteriores.
Sin embargo, los originales atomistas están alcanzando, lentamente, el
lugar que les corresponde en la nómina de los que han aportado el progreso
intelectual. Sir Francis Bacon, el padre del materialismo inglés, consideró a
Demócrito el más grande de los filósofos antiguos. No caben dudas de que fue
una de las grandes cabezas científicas de la civilización grecorromana.
En su libro sobre el electrón publicado en 1917, dos mil trescientos
años después de que los atomistas enunciaran sus principios, el físico
norteamericano Millikan, ganador del Premio Nobel, afirmaba: “Estos principios,
con muy pocas modificaciones y omisiones, todavía hoy podrían ser aceptados”.
Millikan no hacía buenas migas con la concepción materialista de la filosofía:
sin embargo, como científico práctico, tenía que reconocer la penetración y
perspectiva notables de estos eminentes materialistas de la Antigüedad.
136
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capitulo X
LA MEDICINA Y LA HISTORIA EN GRECIA
La Grecia de los siglos VI al IV antes de Cristo es un ejemplo de lo que
decíamos en el prólogo en cuanto a que la actitud materialista no se expresaba
solamente en la filosofía, sino también de muchas otras maneras. Las tendencias
que elevaron el materialismo a las cúspides del pensamiento se evidenciaban en
toda la cultura griega, desde las artes plásticas hasta el teatro.
A fines del siglo VI los escultores abandonaron la rigidez y solemnidad
de los modelos egipcios y orientales para reproducir la energía y espontaneidad
de la figura humana en movimiento. Los artesanos con temperamento artístico
dotaron de gran vivacidad a la piedra, el mármol y el bronce. El cuerpo dejó de
ser simétrico y rectangular y se hizo curvo; se inclinó y flexionó en una
variada gama de posturas atléticas; las piernas adquirieron movimiento; las
manos se abrieron; las ropas se plegaron en gráciles dobleces; los rostros
expresaron emociones intensas, características individuales, la edad. Por más
que se la haya idealizado, la belleza sensual de la escultura griega clásica
reflejaba una tendencia a mostrar a los seres humanos en actividad con razgos profundamente
naturalistas.
Los grandes dramaturgos. Sófocles. Esquilo y Eurípides, hicieron de los
antiguos mitos un medio de expresar las ideas religiosas, morales e
intelectuales de su época. Pintaron con tal fuerza emocional y penetración
poética los conflictos entre la tradición y las nuevas exigencias de la vida
urbana griega que su público se veía impulsado a reflexionar más profundamente
sobre las situaciones que atravesaban. Eurípides, el más radical, democrático e
individualista de los tres, fue procesado por el cargo de impío alrededor del
410 a.C. a causa de la irreverencia hacia la religión del Estado. Describía a
un adivino como “un hombre que habla pocas verdades y muchas mentiras”. En otra
obra, Belerofontes, sembraba la duda sobre la existencia misma de los dioses:
¿Dice alguien que hay dioses arriba?
No, no los hay, no los hay. No dejéis que ningún tonto.
dejándose llevar de falsas fábulas, os engañe.
137
George Novack
Sostenía que el destino del hombre no es obra de seres sobrenaturales
sino de causas naturales o de la casualidad. Este racionalismo iba acompañado
de una simpatía especial por las mujeres y los esclavos y de la condena a las
atrocidades imperialistas que Atenas cometía en nombre de la democracia.
No podemos seguir detalladamente todas las tendencias materialistas que
se daban en los diversos aspectos de la cultura griega para no apartarnos de
nuestro objetivo de trazar las líneas principales del pensamiento filosófico.
Sin embargo, hay dos aspectos, el arte de la medicina y la escritura de la
historia, que merecen especial atención a causa de su intima relación con el
avance del materialismo en el terreno filosófico. Ambos fueron producto del
poderoso movimiento social e ideológico que volvió las mentes de los hombres de
la superstición al naturalismo y del despotismo oligárquico a la democracia,
movimiento que les otorgó una fundamentación científica.
La práctica de la medicina racional se transformó en una profesión
independiente con métodos propios precisamente en los principales centros de
actividad filosófica, matemática, científica y política. Este cambio tuvo lugar
primero en Jonia, luego en Sicilia y el sur de Italia, finalmente en las
principales ciudades-estado de la Grecia continental. Los médicos se ubicaron
junto a los filósofos,en especial junto a las escuelas materialistas, al
deslindar el arte de la medicina, de la magia y la religión.
Según el poeta Hesíodo:
Encontramos en la Tierra unos treinta mil dioses, súbditos de Zeus y
guardianes de la humanidad.
Lo que producía la enfermedad era la mala voluntad de los dioses, la
causa de la curación residía en su benevolencia. Por lo tanto, la posibilidad
de curarse estaba en manos de los sacerdotes. Además de prescribir dietas
especiales, ejercicios y recetas tradicionales, estos médicos confiaban sobre
todo en los conjuros y exorcismos para extirpar los malos espíritus que hacían
sufrir a los pacientes.
138
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Los médicos griegos ilustrados dejaron de lado los encantamientos y
rituales de los brujos y se dedicaron a observar y analizar cuidadosa y
racionalmente las enfermedades del cuerpo y las perturbaciones de la mente. Las
nuevas técnicas y teorías positivas que enunciaron estos profesionales
basándose en su conocimiento del cuerpo humano hizo avanzar a la medicina un
largo trecho de la senda que conduce a los tiempos presentes.
Uno de los primeros teóricos de la medicina fue Alemeón, proveniente de
Crotona, centro de influencia pitagórica del sur de Italia. Se le atribuye el
descubrimiento del nervio óptico y el haber realizado investigaciones sobre los
canales auditivos; también se dice que fue el primero en hacer una intervención
quirúrgica en el ojo.
Su descubrimiento más importante se relaciona con la función del cerebro
como sede de la sensación y el pensamiento. Antes de Alemeón, e incluso
posteriormente, se consideraba que las sensaciones y el pensamiento estaban
localizados en el corazón. Para los romanos el centro de la conciencia no era
la cabeza, sino el corazón, el hígado y los pulmones; por eso sus augures
consultaban estos órganos para conocer el futuro. La superstición corriente de
que la espoleta del pavo tiene virtudes proféticas se remonta a esta creencia
de que el conocimiento no está localizado en el cerebro sino en el tórax.
Alemeón, sin embargo, adscribía al cerebro la función del pensamiento.
Según él hay conductos en el cuerpo que transmiten al cerebro las
modificaciones producidas en los órganos sensoriales por los estímulos
externos. Fue el primero que practicó la disección y que observó que toda
perturbación del cerebro afecta la sensibilidad. Estudió la actividad de los
órganos del sonido, la vista y el gusto. Ubicó el principio de la vida en el
alma, la que era inmortal, como las estrellas, y efectuaba como ellas movimientos
circulares. Afirmaba que tanto los animales como los hombres poseen
sensaciones, pero sólo los hombres poseen inteligencia, y ésta es producida por
las sensaciones.
Además de investigar sobre embriología, anatomía, fisiología y
psico-logía, Alemeón estructuró una concepción general sobre la salud y la
enfermedad. La salud es el resultado del equilibrio y la combinación
proporcional de cualidades y fuerzas opuestas: lo húmedo y lo seco, lo frío y
lo caliente, lo amargo y lo dulce. La enfermedad aparece cuando
139
George Novack
uno de los contrarios supera al otro, ya que la actividad incontrolada
de cualquiera de ellos tiende a la eliminación de su principio opuesto. La
salud, por lo tanto, consiste en mantener el equilibrio de los opuestos. Al
investigar la razón de una enfermedad deben buscarse las causas físicas que
perturban este equilibrio, tales como la dieta escasa o el agua en mal estado.
Otros pensadores más inclinados al pitagorismo, especialmente Filolao,
desarrollaron una doctrina médica estableciendo una analogía con el mundo y su
fuego central. Opinaban que el principio básico del cuerpo humano parece ser el
calor, y que la temperatura demasiado alta o demasiado baja causa
indirectamente la enfermedad al actuar sobre la sangre, los humores y la bilis.
Partiendo de la importancia especial que los pitagóricos atribuían al número
cuatro tanto Filolao como Empédocles declaraban que había cuatro órganos
principales en el cuerpo humano.
La escuela de medicina más importante de la Antigüedad era la de
Hipócrates, que provenía de Cos, una isla jónica. Los médicos hipo-cráticos del
siglo V tenían una mentalidad más empírica que sus rivales y rompieron más
drásticamente con las ideas y prácticas heredadas del pasado bárbaro.
De la misma manera en que hoy los católicos acuden al Santuario de
Lourdes en busca de que la intervención divina produzca un milagro que los cure
de sus males, los crédulos peregrinos griegos acudían ante los altares de
Esculapio, el semidiós de las curaciones, en Rodas, Cos, Cnidos y Pérgamo, en
la esperanza de que las hechicerías de los sacerdotes les devolvieran la salud.
Aunque pertenecientes al clan
o cofradía de Esculapio, los
hombres de la orden de Hipócrates contraponían a los conjuros mágicos de las
viejas y los charlatanes procedimientos científicos que pretendían descubrir
las causas materiales de las enfermedades que afectan a los seres humanos.
Partían de un rechazo firme y consciente del origen divino o demoníaco
de la enfermedad. Los médicos que creían que la causa de la enfermedad y la
muerte eran las fuerzas sobrenaturales utilizaban diversos conjuros y
encantamientos para expulsarlos del cuerpo, valiéndose a veces de fetiches que
se suponía contenían al mal espíritu culpable. El momento culminante de su
tratamiento, la “crisis”, consistía en la eliminación del demonio que causaba
la perturbación.
140
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Los médicos hipocráticos también buscaban provocar la crisis en el
desarrollo de la enfermedad, es decir, la eliminación de la sustancia que
provocaba el mal. Pero descartaban por completo la demonología e interpretaban
las causas, el desarrollo y la crisis de la enfermedad a través de factores
puramente naturales.
Dos citas de sus escritos ilustran esta posición materialista.
Los griegos llamaban a la epilepsia “el mal sagrado”. El autor del
tratado hipocrático sobre el tema abre la discusión con esta declaración
tajante:
“No creo que el ‘mal sagrado’ sea más sagrado o divino que cualquier
otra enfermedad; por el contrario, tiene características específicas y una
causa muy definida. Sin embargo, como es totalmente distinto de otras
enfermedades, aquéllos que, humanos al fin, lo ven con ignorancia y asombro, lo
consideran una señal divina. Esta teoría del origen divino de la enfermedad,
aunque provocada por la dificultad de comprender la enfermedad, se ve
debilitada por lo simple que es su curación [...]
“Según mi opinión, los que llamaron ‘sagrada’ por primera vez a esta
enfermedad eran de ese tipo de personas a las que ahora consideramos
hechiceros, curadores de fe, curanderos y charla-tanes. Estas personas
pretenden ser muy piadosas y en especial muy sabias. La invocación de un
elemento divino les permitía ocultar su incapacidad de proporcionar un
tratamiento adecuado, y entonces lo llamaron ‘mal sagrado’ para no confesar su
ignorancia sobre la naturaleza de la enfermedad.”
La impotencia estaba muy extendida entre los escitas, que atribuían esta
condición a Dios y adoraban a las víctimas, aterrados ante la perspectiva de
ser atacados por el mal. El comentarista hipocrático barría con las pavorosas
fantasías que llenaban la religión popular.
“En mi opinión también estos males son divinos, como todos los demás.
Ninguno es más divino o humano que otro; todos son iguales y todos son divinos.
Cada uno de ellos tiene su propias características y ninguno ocurre de manera
no natural.”
141
George Novack
Y continúa con su teoría sobre la causalidad natural atribuyendo esta
anormalidad sexual a los hábitos ecuestres de los escitas.
Un tratado de Medicina antigua se destaca como exposición clarísima de
los principios del empirismo racional, es decir, de la habilidad producto de la
experiencia elevada al nivel de método científicamente orientado. El autor
afirma que sólo se puede alcanzar un conocimiento claro de la naturaleza del
hombre a través de la medicina.
“Este es el campo de investigación que reclamo; es decir, la naturaleza
del hombre y el conocimiento preciso de la causalidad en éste campo.”
El arte de curar, decía, no venía del sacerdote ni del filósofo; sus
antepasados eran tan humildes como las técnicas culinarias que prolongaron la
vida del hombre al mejorar su alimentación. El estudio de la medicina, por lo
tanto, no debía partir de presupuestos arbitrarios derivados de la especulación
filosófica, y menos aun recurrir a los dioses. “La naturaleza del cuerpo es el
punto de partida del razonamiento médico” y el fundamento de la práctica de la
medicina.
Los médicos hipocráticos de Jonia criticaban y condenaban a sus rivales
de Occidente por tratar de deducir las reglas de la práctica médica de
conceptos cosmológicos a priori y de conceptos abstractos sobre la naturaleza
de las cosas.
“En la práctica médica no se debe recurrir en primer lugar a la
teorización plausible sino a la experiencia combinada con el razonamiento. Una
teoría verdadera es un recuerdo esquema-tizado de cosas captadas a través de la
percepción sensorial. Pues la percepción sensorial, que es lo primero que
recibe la experiencia y quien transmite al intelecto las cosas aprehendidas por
ella, tiene imágenes claras; y el intelecto, al recibir estas cosas muchas
veces, toma nota de la ocasión, el momento y él modo, las acumula y las
recuerda. Ahora bien, apruebo la teorización cuando se fundamenta en el
incidente y deduce sus conclusiones de los fenómenos... pero si no parte de una
impresión clara sino de una ficción plausible a menudo provoca una situación
dolorosa y llena de dificultades. Todos los que actúan de esta manera se
pierden en un callejón sin salida.”
142
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Estos preceptos señalan el método empírico adoptado por la escuela
hipocrática. Su teoría del conocimiento basada en las historias clínicas se
oponía a la de las escuelas de medicina más especulativas, que tomaban como
punto de partida una generalización de la filosofía natural y trataban de
hacerla servir como instrumento de investigación de los procesos fisiológicos
que interesan al médico. Los especialistas hipocráticos tenían un concepto
mucho más estricto y concreto del método científico. Tomaban en cuenta ante
todo las cualidades específicas de los fenómenos que estudiaban y ponían a
prueba conti-nuamente sus conclusiones por medio de la observación posterior de
los procesos.
Los médicos hipocráticos no se limitaron al individuo aislado en su
análisis de la salud y la enfermedad. No separaban la mente del cuerpo ni el
cuerpo de lo que lo rodeaba. Consideraban al hombre en relación con su ambiente
natural y social con más coherencia y profundidad que cualquier otra tendencia
científica de la Antigüedad. Tenían en cuenta sistemáticamente el lugar en el
que vivía paciente, el alimento que comía, el tipo de agua que bebía y el aire
que respiraba. Uno de sus principales tratados se titulaba Aires, aguas,
lugares.
Fueron los primeros en relacionar las diferencias étnicas y nacionales
con el ambiente natural e histórico. Atribuían los hábitos e instituciones
peculiares de los persas, escitas, celtas y otras naciones extranjeras a la
influencia de los factores geográficos. Fueron aun más lejos; también
consideraban las circunstancias sociales y políticas que afectaban al paciente;
por ejemplo, si estaba sujeto a la libertad griega o al despotismo oriental.
Fusionaron el empirismo y el racionalismo, la observación aguda y el
análisis reflexivo, en una unidad armónica.
“El examen del cuerpo es una tarea seria, que exige buena vista, buen
oído, sentido del olfato, del gusto y del tacto y capacidad de razonamiento.”
Toda la información provista por los sentidos y acumulada por la
experiencia debía ser sometida al pensamiento crítico, según reglas derivadas
de casos similares.
143
George Novack
El amplio examen médico a que sometían al paciente está descripto en
La epidemia, libro I:
“Los factores que nos permiten distinguir las enfermedades son los
siguientes: primero se debe considerar la naturaleza del hombre en general y de
cada individuo, y las características de cada enfermedad. Luego hay que
estudiar al paciente, qué comida se le da y quién se la da (pues esto puede
facilitar o dificultar su alimentación), las condiciones climáticas y
geo-gráficas generales y particulares, los hábitos del paciente, su modo de
vida, ocupación y edad. Después se debe tomar en cuenta su forma de hablar, los
modismos que utiliza, sus silencios, sus pensamientos, cómo duerme y se
despierta y las características y momento de sus sueños. Luego, hay que tomar
nota de si se tira el pelo con fuerza, se rasca o solloza. Tenemos que observar
sus paroxismos, la orina, el esputo y el vómito. Hay que estar atento a
cualquier cambio en la enfermedad, con qué frecuencia ocurren esos cambios, de
qué naturaleza son, y cuál es el cambio específico que induce a la muerte o a
una crisis. Observemos, también, el sudor, los temblores, los escalofríos, la
tos, el estornudo, el hipo, el tipo de respiración, el eructo, si la
flatulencia es silenciosa o ruidosa, las hemorragias y las hemorroides. Hay que
determinar la significación de todos estos síntomas.”
Una vez establecidos el diagnóstico y el pronóstico, y hecho todo lo
posible, finalmente el médico debe apoyarse en la naturaleza para completar la
cura. “La naturaleza es el médico de todos los males. Es ella misma quien se
abre el camino para su propia acción.” El médico, al prescribir su terapia,
actúa como asistente de la naturaleza que refuerza la capacidad regeneradora
inherente al organismo humano.
“La vida es breve, la ciencia es larga; la oportunidad es evasiva, el
experimento peligroso, el juicio difícil.” Estas famosas palabras resumen el
espíritu de los hipocráticos. Combinaban un profundo interés por la salud del
hombre con el amor a su arte y la decisión de mejorarlo pese a todos los
obstáculos.
144
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Por su afán de conocimiento objetivo, la escrupulosidad de sus
investigaciones, su libertad respecto a toda superstición, su comprensión del
sufrimiento de sus semejantes, porque no hacían ninguna discrimi-nación entre
esclavos y hombres libres, los miembros de la escuela hipocrática están entre
los más nobles ejemplos del humanismo materialista que el mundo haya conocido.
* * *
El pensamiento materialista, originalmente aplicado por los filósofos al
mundo físico, pronto se extendió a la historia de la humanidad y posteriormente
a los problemas del conocimiento. Los griegos fueron innovadores en los tres
terrenos. Inventaron la historia y sus ciencias auxiliares, la cartografía y la
geografía, y también la física, la matemática, la sicología y la lógica.
También en este aspecto los milesios sembraron las semillas que los
atenienses hicieron fructificar. El primer escritor que fue más allá del mero
registro de acontecimientos notables, fue Hecateo de Mileto. Hacia fines del
siglo V escribió dos trabajos que hicieron época: las Historiae, o
Investigaciones sobre historia; el otro sobre geografía, llamado Ges periodas o
Recorrido por la tierra, que describe el mundo conocido desde Esparta a la
India.
Hasta ese momento la imagen que los griegos tenían del pasado era la
trazada por el poema épico de Homero. Lo consideraban un relato auténtico de lo
sucedido en los tiempos antiguos, de la misma manera en que consideran la
Biblia los judíos y cristianos ortodoxos. El mismo Hecateo aceptaba a Homero
como un personaje histórico.
A las clases esclarecidas y cultas de los prósperos centros comerciales
ya no les bastaban las leyendas de dioses y héroes con las que se entretenían
las tribus bárbaras o las narraciones sobre los reinos y hazañas de reyes a los
que asociaban con las cortes despóticas o los cultos de los templos. Los
mercaderes y navegantes que andaban por tierras remotas, los ciudadanos libres
que participaban en las asambleas, fundaban colonias, libraban guerras contra
gobiernos orientales y ciudades-estado rivales y eran testigos de revoluciones
democráticas y revueltas oligárquicas exigían cronistas que estuvieran al nivel
de sus conocimientos, su mentalidad crítica y sus puntos de vista amplios.
145
George Novack
Los primeros historiadores se abocaron a interpretar los
aconte-cimientos humanos siguiendo las mismas líneas según las cuales los
filósofos explicaban los procesos naturales. Escribían en prosa y no en poesía,
y dejaron de lado los mitos antiguos, en un esfuerzo sostenido por presentar
solamente los hechos y descubrir sus causas reales. Hecateo puso énfasis en
esta actitud crítica en la oración con la que comienza las Historiae: “Escribo
sobre lo que considero verdadero; pues las tradiciones de los griegos me
parecen muchas y variadas”.
Los choques entre los griegos y los reinos orientales vecinos que
trataban de conquistarlos, estimularon a Hecateo a escribir sus obras. La
información que reunió de diversas fuentes sobre las costumbres y el pasado de
Asiría, Media y Persia, y sobre Jonia y la antigua Grecia, enriquecieron
considerablemente el horizonte histórico de sus contem-poráneos.
Herodoto (484? - 425 a.C.), que escribió en la centuria siguiente, tomó
como modelo de su gran obra la de Hecateo, y se basó en los materiales
aportados por éste. Narró las relaciones que se fueron dando entre los griegos
y las potencias de Oriente, desde el ascenso al poder de Creso en Lidia,
alrededor del 560 a.C., hasta la captura de Sestos, en el 478 a.C. Dentro del
marco de estas luchas, saltaba sobre el tiempo y el espacio para contar al
lector todo lo que había visto y aprendido sobre el mundo conocido.
Herodoto merece ser considerado el primer etnólogo, además de “el padre
de la historia”. Su trabajo es un tesoro pleno de información sobre las
diversas culturas de la Antigüedad, desde las civilizaciones de Grecia, Persia
y Egipto a las costumbres de las tribus bárbaras que los rodeaban. Aunque
escéptico sobre muchas leyendas, no abandonó totalmente la creencia en las
tradiciones antiguas y en el control de los dioses sobre los acontecimientos.
Su explicación teórica de los acontecimientos biográficos e históricos
se basa en la concepción del crimen y el castigo que encontramos en la épica,
el drama y la filosofía griegos. La hybris del agresor (su ambición excesiva)
provoca la némesis de una correspondiente venganza. Así, desde la guerra de
Troya hasta su época, los griegos y los orientales habían estado agrediéndose
mutuamente y alternativamente pagando las culpas de tal injusticia. En este
conflicto de opuestos Heráclito
146
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
reivindicaba el rol de los griegos, especialmente la dominación de
Atenas, por su defensa de la libertad y la democracia contra la tiranía persa.
La aproximación a la historia cada vez más racional y realista de
Hecateo y Herodoto fue llevada a la perfección por el maestro de los
historiadores griegos, Tucídides (ca. 471-399 a. C.). Se planteó la tarea de
describir el conflicto entre Atenas y Esparta, que duró 27 años, conocido como
la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). Aclara en el comienzo de la obra que
se puso a escribir la historia de la guerra “comenzando en el momento en que
estalló, en la creencia de que sería una gran guerra, que merecía ser relatada
más que ninguna de las que la habían precedido”. Más adelante dice:
“La he vivido entera, a una edad en que estaba en condiciones de
comprender los acontecimientos, prestándoles atención con el objetivo de
conocer la exacta verdad sobre ellos”.
Tucídides siguió un método científico más disciplinado que el de sus
predecesores, aunque todos escribieron para el mismo público. Expurgó su
narración de todo residuo mitológico, advirtiendo al lector que “me temo que la
falta de sentimentalismo de mi historia le restará interés”. Con grandes
dificultades, fue reuniendo, con el correr de los años, información precisa
sobre la guerra de las fuentes más dignas de confianza, testigos, documentos y
tratados, y controló escrupulosa-mente todo lo que pudo. Cuando, como en el
caso de un eclipse solar, no podía explicar las causas de un acontecimiento,
admitía francamente su ignorancia y no apelaba en su auxilio a fantasías sobre
los dioses.
Se centró en las relaciones políticas entre las ciudades-estado que
luchaban por alcanzar la supremacía de Grecia, y se aferró estrictamente a ese
tema. El poderoso estado comercial y naval de Atenas era tan democrático como
imperialista, y Tucídides atribuyó correctamente la prolongada guerra del
Peloponeso al temor que sentían los lacede-monios a la agresividad política
expansionista de las clases mercantiles atenienses.
Distinguía cuidadosamente entre los pretextos oficiales con que se
justificaba la acción de los combatientes y las razones políticas, estratégicas
y económicas subyacentes en su profunda hostilidad y en sus alianzas. Rara vez
permitía que los prejuicios religiosos, morales,
147
George Novack
patrióticos o puramente personales interfirieran en su análisis objetivo
de las causas de los acontecimientos y de las motivaciones de los protagonistas
principales.
Tucídides indagó con realismo la historia primitiva de la civilización
helénica, los orígenes de la monarquía micénica, el crecimiento de las
ciudades-estado griegas y el surgimiento del imperio ateniense. Relacionó
correctamente el surgimiento de las tiranías con el fracaso de las oligarquías
y aristocracias establecidas en aplicar una política vigorosa de expansión
comercial y colonial ultramarina. Esto sucedía porque los estados dirigentes
competían por el establecimiento de puestos comerciales y áreas de explotación
sobre las márgenes del mundo griego. Explicaba la caída de las tiranías por
obra de las fuerzas democráticas partiendo de la manera en que sus estrechos
intereses autocráticos trababan el desarrollo de la prosperidad y el poderío de
las ciudades.
Tucídides no penetraba en la base económica de la realidad política de
manera consciente y sistemática. Tendía a explicar el curso de los
acontecimientos en función de las cualidades personales de los dirigentes,
desde Pericles hasta Alcibíades, más que de las razones materiales de las
clases y estados en conflicto. Sin embargo, era el más materialista de todos
los historiadores antiguos.
Por ejemplo, relacionaba las formas de gobierno con la estructura
predominante en la sociedad y los intereses específicos de las clases
dominantes. La “monarquía patriarcal con prerrogativas tradicionales” era la
forma de gobierno correspondiente a la asociación prepolítica basada en la
familia y el clan. La oligarquía de Corinto era la contraparte política de las
condiciones económicas y sociales propias de un estado comercial y marítimo. El
gobierno de Esparta representaba el ascen-diente de los terratenientes que
poseían la tierra en propiedad colectiva sobre una clase más amplia de
“vecinos” que, aunque políticamente subordinados, eran económicamente “libres”,
y sobre una clase aun más numerosas de ilotas despiadadamente explotados y
rígidamente controlados. Finalmente, la existencia de la democracia ateniense
dependía del tributo imperial extraído a los estados some-tidos, lo que
colocaba a la antigua aristocracia terrateniente y a la numerosa e importante
clase media rural completamente a merced de la “canalla marinera”.
148
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Tucídides introdujo de la siguiente manera su descripción de la terrible
plaga que devastó a la Atenas sitiada:
“cualquiera, médico o profano puede tener su opinión sobre los orígenes
probables de la plaga y las causas que pudieron producir tal desorden. Yo, por
mi parte, describiré sólo cómo fue, y daré cuenta de los síntomas que pueden
permitir reconocerla si apareciera nuevamente; pues yo mismo fui atacado, y
observé personalmente a otros que la sufrieron.”
Luego describía detalladamente no sólo las manifestaciones físicas de la
epidemia, sino también los efectos síquicos y morales que tuvo sobre la
población.
El espíritu científico de su análisis contrasta de manera evidente con
el comienzo de la Ilíada, donde se atribuye la plaga que padece el campamento
griego a la ira de los dioses y se pretende exorcizarla aplacándolos. Puede
medirse el progreso de la mentalidad griega, desde su naciente expresión en la
barbarie hasta su maduración en la ciudad-estado comercial del imperio
democrático, comparando estos dos pasajes.
Estos primeros historiadores no desarrollaron teorías completas sobre la
evolución de la sociedad y sus leyes. Herodoto atribuía las causas inmediatas
de los acontecimientos a las voluntades individuales y sus causas últimas al
Destino o al celo de los dioses.
A pesar de la lucidez con que analizaba las causas fundamentales de las
luchas que describía, Tucídides creía que la historia avanzaba en un ciclo que
se repetía incesantemente, del mismo modo que Platón y Aristóteles creían que
los planetas rotaban en círculos armónicos recurrentes. Pensaba que su historia
sería útil a las futuras generaciones porque lo que ya había sucedido volvería
a suceder y acarrearía las mismas consecuencias. Sin embargo, su esquema
cíclico representó el primer intento de descubrir un esquema regular que
hiciera inteligible el proceso histórico de conjunto.
Observó que los griegos de su época habían surgido de instituciones
tribales y tenían raíces en el pasado.
149
George Novack
“Muchas pruebas podrían aportarse para demostrar que los primeros
griegos tenían un modo de vida similar al de los bárbaros de hoy.”
Este descubrimiento de que los griegos estaban a un nivel superior de
desarrollo social que sus antepasados y otros pueblos y que habían atravesado
sucesivas etapas culturales fue un punto de partida de la historia comparativa
y la sociología científica.
Al iniciar un método de análisis de los problemas del hombre que se
desligaba de los controles sobrenaturales y buscaba ubicar toda la acción
humana bajo la perspectiva de la causalidad material, Tucídides abrió el camino
al estudio científico de los problemas sociales que muchos siglos después
darían nacimiento al materialismo histórico.
* * *
Hipócrates, Demócrito y Tucídides eran contemporáneos. El médico nació
el mismo año, 460 a.C., aunque no en el mismo lugar, que Demócrito, y luego se
hicieron buenos amigos. También fue discípulo del sofista Gorgias, y otro
sofista, Protágoras, puede haber sido el autor de Medicina antigua, un tratado
de la colección hipocrática. Los principios metodológicos de Tucídides eran muy
similares a los de la escuela hipocrática.
El filósofo atomista, el médico y el historiador estaban influidos por
las tradiciones materialistas de los naturalistas jónicos, y más que nada
reflejaron, en sus campos específicos, las tendencias materialistas del siglo V
a.C. Desterraron todas las formas sobrenaturales y buscaron causas materiales
para explicar los fenómenos que estudiaban en el mundo físico, la vida humana y
su propia civilización.
Para ellos la fortuna ya no era la diosa que interfería en el orden
cósmico y dirigía el transcurrir de los asuntos humanos; la casualidad era sólo
el elemento incalculable de la vida, la que estaba gobernada por la necesidad y
era susceptible de explicación racional. Demócrito dijo: “La casualidad es un
ídolo que inventaron los hombres para justificar su incapacidad mental. De
hecho, la casualidad a menudo entra en conflicto con el conocimiento. Respecto
a la mayor parte de los problemas, una mente inteligente puede ejercer con
éxito la previsión.” Compartían su creencia natural en la existencia de leyes
naturales y en la acción inteligente, sobre las cuales se basa la perspectiva
materialista.
150
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capítulo XI
LOS SOFISTAS
Hasta ahora hemos trazado la evolución de la concepción materialista
refiriéndonos sólo incidentalmente a la prehistoria de la escuela idealista.
Ahora se hace necesario dirigir nuestra atención al movimiento filosófico
opuesto al materialismo. Como este trabajo está dedicado al tema del
materialismo, la discusión del idealismo y su evolución solo se limita a cómo
ésta afectó el desarrollo de su antítesis.
Aunque la tendencia materialista cristalizó antes, la perspectiva
idealista alcanzó una posición privilegiada en Grecia. Fue, en el mundo
antiguo, la escuela de pensamiento decisiva y triunfante. El idealismo se
trans-formó en la ideología dominante porque se apoyó en condiciones sociales
profundamente asentadas y fuerzas de clases muy poderosas. La tradición, la
religión, las exigencias de la aristocracia esclavista y el bajo nivel de la
cultura plebeya conspiraron orientando la teoría por cauces idealistas y
apartarla del materialismo.
La escuela idealista produjo algunos de los representantes más
brillantes del pensamiento humano, que presentaron fuertes argumentos a su
favor y sistematizaron sus concepciones en una perspectiva mundial nueva y
totalizadora. Los idealistas, además, sacaron ventaja de las deficiencias de la
teoría materialista en esa etapa infantil de su desarrollo.
La corriente cada vez más amplia de la especulación griega tomó, entre
los siglos VI al IV, un curso sinuoso e intrincado. Las dos principales
corrientes filosóficas en lucha no se contraponían de manera muy marcada. Se
encontraban, se mezclaban, se confundían, a veces marchando juntas, otras veces
por caminos diferentes. La corriente materialista se alimentaba con el
desarrollo de las artes, la artesanía y la técnica, Ia difusión de la economía
monetaria, las luchas de clases relacionadas con la revolución democrática y la
crítica de la religión. El idealismo tenía que ver con el reacomodamiento de la
religión, los nuevos descubrimientos matemáticos, los cultos místicos, las
concep-ciones morales y legales y la política de la aristocracia esclavista.
151
George Novack
Cuando analizamos las posiciones de cada uno de los filósofos nos
encontramos con que en casi todos ellos se mezclan en diversas proporciones las
dos corrientes de pensamiento. Tales, el padre del materialismo, todavía
concebía en términos divinos el principio de la vida, el movimiento y la
dinámica. Por otra parte, Platón, el idealista sin par, demostró, al proyectar
su ciudad ideal en La República, ser un estudioso agudo de las constituciones y
la vida política de las principales ciudades-estado griegas. Esparta, Atenas y
Siracusa. Trató de hacer un esquema de la evolución legal en la sucesión de las
distintas formas de Estado, de la oligarquía a la tiranía pasando por la
democracia, atribu-yendo parcialmente estas transformaciones políticas a los
cambios producidos en la distribución de la riqueza y la propiedad.
Más aun, existen marcadas diferencias entre los mismos que se reclamaban
idealistas. Sócrates, hijo de un escultor y una partera, estaba mucho más cerca
del espíritu técnico de un artesano que su discípulo Platón, mientras que
Aristóteles, el sistematizador del idea-lismo, se desplazaba gradualmente del
idealismo puro de Platón hacia el materialismo, a medida que avanzaba su
pensamiento.
Esto no significa que sea imposible o innecesario diferenciar una
tendencia de la otra. Los mismos griegos eran muy conscientes de la oposición
existente entre ambas perspectivas. La posición esencial de las diversas
escuelas estaba determinada por cuál tendencia era predominante y cuál
secundaria en el conjunto de sus ideas.
Los pitagóricos y los eléatas, por ejemplo, están definitivamente entre
los precursores del idealismo, porque sus principales doctrinas, que el
universo está esencialmente constituido por el número y que lo lógico es lo
real, eran antimaterialistas. Es cierto que el mundo tiene propie-dades
matemáticas; también es cierto que la realidad es lógica y que lo lógico es
real. Pero las conclusiones de pitagóricos y eléatas de que la esencia de la
realidad es matemática y lógica, no material, constituye la antítesis del
materialismo.
De la misma manera, los naturalistas milesios y los atomistas deben ser
ubicados en el campo materialista, a pesar de los restos de conceptos
religiosos y otras incoherencias de sus posiciones, porque sus métodos y
doctrinas se basaban fundamentalmente en la realidad material, ya sea en los
estados de la materia, uno de los cuatro elementos o los átomos y el vacío.
152
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Anaxógoras
De acuerdo a este criterio podemos ubicar a otros pensadores. Anaxágoras
constituye un buen ejemplo de ello. Sostenía que la causa del movimiento era el
Nous (mente o espíritu), que conoce y mueve todas las cosas. Si tomamos
aisladamente este aspecto de su pensa-miento tenemos que ubicarlo dentro de las
filas del idealismo. Los primeros materialistas daban por sentado que el
movimiento es inherente a la naturaleza; por lo tanto, no tenían ningún motivo
para hacer aparecer un motor original de las cosas.
Pero otorgar a ese rasgo del pensamiento de Anaxágoras una importancia
desproporcionada llevaría a una comprensión incorrecta y superficial de la
orientación fundamental de su concepción. Como señaló Aristóteles, Anaxágoras
sólo utilizaba la noción de:
“Espíritu como deus ex machina para referirse a la formación del mundo:
y siempre que se encuentra sin explicación de la necesidad de la existencia de
algo, apela a ella. Pero en otros casos considera causa a cualquier otra cosa.”
El sentido de esta crítica es evidente. Cuando Anaxágoras podía ofrecer
una explicación positiva de cualquier fenómeno, razonaba en términos
materialistas y se olvidaba de la idea del Espíritu como primer motor. Pero
cuando no conocía las causas específicas de las cosas y no tenia otra
explicación que dar hacía aparecer al Nous. Es decir, el Nous era una expresión
de su ignorancia.
Se hace evidente el contraste entre Anaxágoras y Aristóteles en sus
concepciones respectivas sobre el desarrollo de la inteligencia humana.
Anaxágoras decía que el hombre se hizo inteligente porque tenía manos. Esta
concepción esencialmente correcta tiene un fundamento materialista. Aristóteles
combatió esta teoría sosteniendo que al hombre le fueron dadas las manos porque
tenía inteligencia. Esta explicación teológica es idealista, ya que supone como
origen de la inteligencia humana la voluntad de una inteligencia sobrehumana.
Platón también atestigua esta característica de Anaxágoras. Hace decir a
Sócrates en el Fedón:
153
George Novack
“Una vez escuché a alguien leer de un libro (según él decía) de
Anaxágoras, y afirmar que el Espíritu produce el orden y es la causa de todo.
Esta explicación me agradó. Me parecía correcto que el Espíritu fuera la causa
de todo... Era una esperanza maravillosa; mi amigo, pero se desvaneció
rápidamente. Cuando seguí leyendo descubrí que no asignaba al Espíritu ninguna
causalidad en el orden del mundo, sino que aducía causas tales como el aire, el
éter, el agua y otros absurdos similares.”
La decepción que Anaxágoras le causó a Sócrates y la aversión de éste
por la orientación de su pensamiento ilustra adecuadamente lo que queremos
señalar. En primer lugar Anaxágoras (ca. 500-428 a.C.) era un vínculo viviente
ente los naturalistas milesios y los idealistas clásicos de Atenas. Fue el
primer filósofo extranjero que estableció su residencia en Atenas, donde
permaneció treinta años. Llegó después de la destrucción de su ciudad nativa,
Klazomenai, que siguió a la revuelta de los griegos jónicos contra el
despotismo persa. Estaba muy ligado a Pericles, el famoso dirigente de la
democracia ateniense. Pero fue sometido a juicio y expulsado de Atenas bajo el
cargo de colaboración traidora con los persas, a causa de su relación con el
partido de Pericles. También se lo acusó de impío, debido a que enseñaba que el
sol era una piedra calentada al rojo y la luna estaba hecha de tierra.
Por otra parte los idealistas empezando por Sócrates, tomaron muy en
serio el principio mismo del Nous, la inteligencia, lo aplicaron
consecuen-temente y lo elevaron a un primer plano, mientras que para Anaxágoras
era secundario.
Los sofistas
Protágoras, el principal sofista, también hizo de vínculo entre
materia-listas e idealistas Fue discípulo de Demócrito, contemporáneo de
Anaxágoras, maestro de Sócrates y amigo de Pericles.
Los sofistas aparecieron durante el apogeo del movimiento demo-crático
que se había iniciado en los centros comerciales jónicos ciento cincuenta años
antes. Durante la segunda mitad del siglo V, en la Atenas de Pericles, el
pueblo llegó a ser totalmente soberano.
154
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
En la juventud de esta revolución democrática, que transfirió el poder
de la aristocracia terrateniente a las clases comerciales y manufac-tureras,
nació la filosofía; las doctrinas de los atomistas y los sofistas fueron los
productos filosóficos característicos de su madurez.
La democracia en ascenso, avanzando al mismo tiempo que aumentaban
impetuosamente la riqueza, el comercio y la industria, reconstruyó el Estado y
liquidó las instituciones más obsoletas. En Atenas, por ejemplo, el Consejo del
Aerópago. una especie de Corte Suprema de Justicia que se ocupaba de los
delitos graves, fue reemplazado por jueces a sueldo. La sustitución de este
pilar fundamental del gobierno aristocrático por tribunales democráticos
abiertos a los ciudadanos más pobres, demostró a los atenienses que ni siquiera
las instituciones más sacrosantas de la sociedad eran intocables e inmutables.
El Aerópago era un organismo civil y religioso que gozaba de la especial
protección de los dioses. Tenía su asiento en la sagrada Colina de Ares, al pie
de la cual se suponía que residían las Furias: efectuaba sus sesiones al aire
libre, para que ninguno de sus integrantes corriera el peligro de contaminarse
por estar en la misma habitación con una persona culpable de haber derramado
sangre. Su liquidación fue un golpe asestado a los privilegios de la nobleza y
a la religión tradicional.
La Atenas de Pericles produjo notables obras de arte y algunas de las
personalidades más dotadas de la Antigüedad. Pero también deambulaban en ella
los nuevos ricos que respetaban muy poco lo antiguo y estaba impulsados por un
desorbitado afán de ganancia y por ambiciones imperialistas. Sus ataques a los
fundamentos legales, morales y políticos del viejo orden culminaron en la
Guerra del Peloponeso, a través de la cual se extendió a toda Grecia la lucha
entre demócratas y oligarcas.
“Se convulsionó todo el mundo helénico, en todas partes luchaban los
jefes populares, que querían el triunfo para Atenas, contra los oligarcas, que
lo querían para los lacedemonios”, escribió Tucídides, que participó en estos
acontecimientos revolucionarios y los describió desde la posición de “el sector
moderado de los ciudadanos”.
155
George Novack
“Los dirigentes de las ciudades estaban llenos de halagadoras promesas,
para satisfacer, por un lado, el clamor por la igualdad política que provenía
del pueblo, por el otro a la aristocracia moderada; buscaban sacar provecho de
esos intereses públicos que decían defender y se entregaban a los más
calamitosos excesos... La moralidad no se llevaba bien con ningún partido... Se
cometían toda clase de iniquidades.”
Los sofistas trataron de responder a las exigencias de las clases
educadas de una nueva orientación intelectual en esta época turbulenta de
guerras entre ciudades-estado, revoluciones democráticas y contra-revoluciones
oligárquicas, cuando todo era inestable y de todo se dudaba. Estos hombres
ilustrados fueron desacreditados por la historia posterior, tanto que hoy su
nombre es sinónimo de razonamiento tortuoso y de falsa filosofía. Es una
injusticia comenzada por los reaccionarios de su época y perpetuada por los
seguidores de los idealistas clásicos. Los sofistas fueron calumniados en su
época del mismo modo en que los enciclopedistas del siglo XVIII fueron
execrados por los sostenedores del antiguo régimen y mal representados por los
reaccionarios del siglo XIX. Aristófanes, el escritor de comedias, contribuyó
mucho al mal nombre que adquirieron los sofistas al satirizar a Sócrates en Las
nubes.
Los sofistas eran pensadores extranjeros ambulantes que iban de lugar en
lugar buscando público y clientes y difundiendo ideas nuevas. Les atraía Atenas
por su riqueza, importancia y vigorosa actividad intelectual y científica. Al
igual que otros comerciantes, algunos de ellos ofrecían de vez en cuando
mercancías de calidad inferior adornadas con brillantes rótulos a su público
ávido. Pero los principales sofistas no eran pensadores mediocres y mercenarios
que improvisaban argu-mentos falaces con propósitos inconfesables; sino
innovadores que influyeron mucho en la cultura griega del siglo V.
Al hacer más vastos el concepto de aprendizaje y los programas de
estudio, estos pioneros de la educación occidental abrieron las puertas al
conocimiento, hasta entonces monopolizado por la aristocracia, a sectores más
amplios de la población. Proclamaban que la capacidad de aprender no era un don
natural o un mero producto de la buena educación sino que podía ser adquirido
por cualquiera que ejercitara su inteligencia. Con su actitud sometían a un
examen crítico todos los mitos, dogmas y supersticiones.
156
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
A su modo, estos especialistas en historia y política, que declaraban
que su tarea era preparar a los hijos de los bien nacidos y los ricos para la
vida adulta y el éxito en la actividad pública, eran promotores de reformas
sociales. Por ejemplo el legislador Protágoras, a pedido de Pericles, ayudó a
establecer una colonia modelo en el sur de Italia, la primera ciudad
planificada.
Los representantes de los patricios calumniaban a los sofistas a causa
de que cobraban por sus servicios. Pero esta característica de su actividad
profesional, que tanto molestaba a la urbanidad aristocrática, correspondía a
las necesidades creadas por la economía monetaria. Las democracias comerciales
urbanas recurrían a estos educadores que brindaban un nuevo tipo de educación.
El viejo ideal educativo, que se expresaba en su forma más perfecta en
Esparta, se basaba en el entrenamiento de una élite militar. Exaltaba los modos
de vida aristocráticos, los concursos ecuestres, el cultivo de los deportes
masculinos, el ejercicio físico.
Los sofistas introdujeron un tipo de educación más adaptado a las
necesidades y características de las repúblicas democráticas. Ponían el acento
en el desarrollo del conocimiento, en el entrenamiento para el pensamiento
lógico, en mejorar el lenguaje, en la participación en la discusión política.
Su objetivo era no producir simples guerreros disciplinados sino individuos con
mentalidad crítica capaces de hablar con fuerza y precisión a fin de convencer
a sus conciudadanos del camino correcto a seguir.
Esas habilidades les eran necesarias no sólo a los dirigentes de las
fuerzas democráticas sino con mucha más razón a sus adversarios, que debían
contender con ellos en las asambleas y tribunales. Una vez destrozada la
hegemonía política de la aristocracia, sus representantes, que aspiraban a
seguir dirigiendo la ciudad como estadistas, generales y magistrados, podían
ganarse y mantener el favor popular con sólo dominar las artes del debate
público.
Esta nueva clase de filósofos encontró un público dispuesto a pagar sus
habilidades, debido a que la vida en las ciudades-estado demo-cráticas promovía
la discusión en los mercados, el debate en la Asamblea, la confrontación de
posiciones opuestas en los tribunales. El choque de intereses entre los
propietarios, el regateo incesante en los
157
George Novack
emporios comerciales, las encarnizadas disputas entre las facciones
políticas, las reuniones informales de ciudadanos en lugares públicos,
estimulaban el intercambio de ideas entre los elementos dirigentes de todas las
tendencias. Los métodos de los sofistas y de Sócrates, o una forma literaria
como la de los Diálogos de Platón, que sacaba a luz los aspectos positivos y
negativos de argumentos opuestos, eran inaceptables bajo régímenes de
despotismo oriental sin actividad mercantil importante ni un conjunto de
ciudadanos libres, enérgicos y políticamente independientes. Solo podían darse
en un medio donde los bienes, el dinero y las ideas se intercambiaban a gran
escala y los conflictos de clase eran abiertos y acalorados.
Los sofistas se especializaban en el estudio de las técnicas del
pensa-miento y la oratoria, e hicieron valiosas contribuciones a la filosofía
con sus descubrimientos en los campos de la retórica y la gramática.
Adelantaron muchos elementos de la ciencia de la lógica, creada por las figuras
más destacadas del idealismo griego.
El método “antilógico” de los sofistas reflejó con claridad en la teoría
los cataclismos y conflictos de su época. Afirmaban que en toda experiencia se
oponían dos “logoi”; toda tesis tenía su antítesis. Los sofistas enseñaban a
sus discípulos a provocar la oposición a toda posición dada, y hacer aparecer,
si es necesario, el lado más débil como el más fuerte.
Demostraban que los diversos puntos de vista, costumbres e
institu-ciones de la religión, la política, la ética y la economía eran todos
igualmente justificables. Veamos algunas de las contradicciones que figuran en
los Disoi Logoi, escritos luego de las Guerras del Peloponeso, que explican
cómo las mismas acciones y acontecimientos pueden ser comprendidos de modos
diametralmente opuestos, según las circuns-tancias, el punto de partida y los
intereses de quien los evalúa,
“El consumo inmoderado de comida y bebida perjudica al consumidor que no
se controla, pero beneficia al comerciante que las vende. El triunfo en los
juegos es bueno para el triunfador, pero malo para el derrotado. El resultado
de las Guerras del Peloponeso fue bueno para los lacedemonios, pero malo para
los atenienses.
158
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
“Ponerse adornos y cosméticos es indecente para un hombre, pero decente
para una mujer. En Macedonia es decente que una joven tenga relaciones
premaritales, en la Hélade no lo es.
“Engañar a un enemigo es justo, engañar a un amigo es injusto. El
asesinato de un pariente es injusto, pero en algunos casos, como en el de
Orestes, es justo. Robar un templo es injusto, pero sacar de Delfos el tesoro
cuando la Hélade está amenazada por los bárbaros es justo.”
Este planteo tendía a trastocarlo todo y a negar la universalidad y
necesidad de las costumbres, posiciones e instituciones más tradicio-nales.
Nada aparecía establecido para siempre; ninguna verdad era definitiva; todos
las valoraciones eran relativas.
¿Cómo diferenciar, entonces, lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de
lo malo, lo verdadero de lo falso, lo sabio de lo tonto, lo justo de lo
injusto? ¿Y cómo lograr ese conocimiento si es que puede lograrse?
Protágoras contestaba que no puede separarse cada aspecto de su opuesto.
Lo justo era también injusto, lo valiente cobarde, lo verdadero falso, según
las circunstancias especificas del individuo.
Protágoras fue uno de los exponentes mas notorios del subjetivismo y el
relativismo en la Grecia antigua. El relativismo es esa forma del pensamiento
que se centra en la mutabilidad de las cosas y en la diversidad de sus
apariencias, con exclusión o en detrimento de su esencial sujeción a leyes y
necesidad real.
Su concepción se apoyaba en dos proposiciones principales:
1 - El hombre es la medida de todas las cosas, del ser de aquéllas que
son y del no ser de aquéllas que no son.
2 - Las afirmaciones contradictorias son igualmente válidas.
Sobre esa base las cosas son a cada persona tal como se le aparecen;
todas las sensaciones, todos los conceptos, son relativos, individuales y
arbitrarios. No puede haber un conocimiento común de una realidad material
independiente, ni una verdad objetiva. Es imposible saber cómo son las cosas
realmente ya que se les aparecen de manera tan diferente a los distintos
animales, hombres, sentidos, y bajo circuns-
159
George Novack
tancias tan variadas como la edad, la salud, la situación económica,
etcétera. En consecuencia, las afirmaciones que se contradicen sobre cualquier
cosa pueden ser igualmente verdaderas o no verdaderas.
Otro sofista importante, Gorgias, acentuó aun más este punto defendiendo
las siguientes tesis: no hay verdad; si la hubiera, no se la podría conocer; si
se la conociera, no se la podría comunicar.
La concepción relativista de Protágoras de que el hombre es la medida de
todas las cosas no era de carácter puramente teórico; también servía a
propósitos socialmente prácticos. Su argumentación reforzaba la idea de que las
instituciones sociales no son inalterables, sino que pueden y deben
transformarse de acuerdo a las cambiantes exigencias de la humanidad.
Protágoras negaba que hubiera normas abstractas, intemporales y
absolutas de justicia, verdad, moralidad y legalidad, independientes de las
necesidades y perspectivas de tal o cual grupo social. La ley fue hecha para el
hombre, no el hombre para la ley. Esa concepción teórica actuaba como
disolvente de las estructuras políticas y la ortodoxia religiosa. Escribió un
libro sobre los dioses en cuya primera oración declaraba que él no sabía si los
dioses existían o no, o cómo eran.
Si lo correcto y lo incorrecto, la justicia y la injusticia, la verdad y
la falsedad, no son pasibles de una sanción objetiva y necesaria entonces el
Estado y sus leyes sólo pueden basarse en la fuerza o en la convención.
Trasímaco llegó a la conclusión de que las leyes del Estado eran una invención
de los débiles para controlar a los fuertes, y de que la fuerza es la única ley
que reconoce la naturaleza.
Su afirmación de la “ley del embudo” horrorizaba a aquéllos que
pretendían ocultar tras los absolutos religiosos y éticos que es la fuerza la
que sostiene a la sociedad de clases. Pero Trasímaco simplemente exponía lo que
estaba sucediendo a los ojos de toda Grecia. Allí un gobierno tras otro era
derribado e impuesto por la fuerza y el fraude, y la única ley era el vigor de
las fuerzas en pugna. Los idealistas no podían perdonar a los sofistas más
francos que le quitaran la hoja de parra a la realidad del poder en sus
regímenes comerciales esclavistas.
160
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Critias, en su Sísifo, es igualmente iconoclasta respecto a la religión.
Una vez que se colocó a la sociedad bajo el dominio de la ley decía, alguien
“persuadió a los mortales a creer en la existencia de una raza de dioses”, para
someterlos por el temor y mantenerlos dentro de los marcos legalmente
establecidos.
Otros sofistas le movieron el piso al conservadurismo al contraponer la
naturaleza a la costumbre o la ley. Antifón sostenía que la mayor parte de lo
que se considera justo ateniéndose a las leyes es contrario a la naturaleza.
Aristóteles atribuía a algunos autores sofistas sentimientos extremadamente
igualitarios:
“Está contra la naturaleza ser el amo de otro hombre, pues sólo por la
ley un hombre es esclavo y otro es libre; por su naturaleza no se diferencian;
el dominio del amo sobre el esclavo se basa en la fuerza, y por lo tanto no es
justo”.
Los sofistas desarrollaron una marcada tendencia materialista al
destacar que las condiciones histórico-sociales hacen de los hombres lo que
son. Como los atomistas, los hipocráticos, los historiadores y los dramaturgos,
consideraban que el hombre es esencialmente creativo, siendo su capacidad
inventiva responsable de los avances de la civilización.
El único aporte significativo sobre la naturaleza del mundo físico que
hicieron los sofistas provino de Antístenes, discípulo de Gorgias y Pródico.
Fue el primer pensador griego que identificó explícitamente el ser con el
cuerpo material. Afirmaba que sólo existen los individuos, y que lo único real
son las cosas corpóreas, que se pueden tocar. Las cualidades de los objetos
percibidas por los sentidos son irreales aisladas de la sustancia que las
contiene.
Su teoría del conocimiento era la antítesis de la de los idealistas, que
abstraían de las cosas sus cualidades transformándolas en entidades con
existencia independiente. Se dice que Antístenes afirmó: “¡Oh Platón, veo un
caballo pero no la caballosidad!”
Esta concepción de la materia como sustancia extensa y persistente no se
difundió mucho en la Antigüedad, aunque posteriormente la tomaron los estoicos.
Sin embargo, este concepto de materia apenas previsto por Antístenes se
transformaría en la clave del mecanicismo naturalista predominante en la época
burguesa.
161
George Novack
Aunque los sofistas se aliaron a las clases altas y no se comprometieron
con las ideas más radicales, la crítica incesante propia de su método
dialéctico determinó que los conservadores los detestaran y descon-fiaran de
ellos. Se decía que sus enseñanzas corrompían a la juventud, subvertían los
valores morales, la estabilidad política y la religión.
Los idealistas clásicos se apropiaron de los procedimientos lógicos
descubiertos por los sofistas e hicieron de ellos un arma de una ofensiva
sistemática contra su relativismo, su individualismo, su escepticismo y su
subjetivismo. Sócrates planteaba, en contra de los sofistas, que lo justo y lo
legal son la misma cosa. Platón sostenía, polemizando con Protágoras, que Dios,
no el hombre, es la medida de todas las cosas. Él reservaba el gobierno
solamente a los mejores, mientras que para los sofistas el arte de gobernar era
accesible a cualquier persona racional. Contrarrestaron la influencia
democratizadora de los sofistas con el establecimiento de normas absolutas e
invariables en la filosofía, la lógica, la ética y la política, a fin de
restablecer las posiciones y valores de la oligarquía, cuyo dominio ponía en
peligro el movimiento democrático triunfante
162
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capítulo XII
ATENAS Y LA REVOLUCIÓN SOCRÁTICA
Sócrates vivió del 469 al 399 a.C.; Platón del 427 al 347; Aristóteles
del 384 al 322. Los tres hicieron de Atenas el centro de su actividad
filosófica. Estaban muy relacionados entre ellos y dieron al pensamiento
idealista una continuidad que abarcó casi un siglo.
No puede entenderse el desarrollo del idealismo independientemente de la
evolución de Atenas en los siglos V y IV, ya que los idealistas clásicos son
los representantes supremos de su cultura.
La vida en Atenas
Las ciudades griegas ya habían superado las condiciones tribales y
aldeanas en que los demás pueblos, y en las que incluso aún vivían algunas
comunidades griegas. Pronto caerían bajo el dominio del imperio alejandrino.
Pero en el siglo V estaban en el pináculo de su poder, independencia y
progreso.
Los intereses comerciales y las ambiciones de los atenienses los
impulsaron a transformarse en la fuerza de vanguardia de las guerras contra
Persia, que salvaron a Grecia del peligro de la dominación oriental. Los
atenienses auxiliaron a los griegos asiáticos en su revuelta contra el rey
persa Darío; sus fuerzas derrotaron a los invasores persas en Maratón y su
flota aseguró la victoria venciendo a los marinos de Jerjes en Salamina.
Atenas, la salvadora de Grecia, se transformó en el centro de la Confederación
Panhelénica; el Egeo llegó a ser un lago ateniense, en tanto su dominación se
extendió a Megara y Beocia.
Pero, en la cumbre de su poder, Atenas se vio envuelta en una prolongada
guerra con su rival Esparta, que duró, con interrupciones, desde el 431 al 404,
y terminó con la derrota y caída del imperio ateniense. Los humillados
atenienses nunca reconquistaron su dominación sobre Grecia.
163
George Novack
La historia de los acontecimientos internos de Atenas fue tan dramática
y turbulenta como sus relaciones exteriores. Tanto su ascenso como su
decadencia estuvieron signados por bruscos cambios. Debido a su prosperidad y
poderío la ciudad se transformó arquitectónicamente; también florecieron las
artes, la literatura, la filosofía, la historia. Gracias al impulso proveniente
de su población plebeya y marítima la Constitución de Atenas fue la más
democrática de Grecia. En la Atenas de la época de Sócrates las etapas que en
otros lugares necesitaron siglos para desarrollarse se agotaron en unas pocas
generaciones. La rapidez asombrosa de estos cambios, el carácter extremadamente
acelerado del desarrollo histórico, los repentinos desastres interiores y
exteriores, sometieron a sus dirigentes a extenuantes esfuerzos y a la vez los
obligaron a concebir las ideas más fecundas.
Atenas presentaba agudos contrastes, mayores que en cualquier otra
ciudad avanzada de Grecia. Era en parte urbana y en parte rural, aunque la
ciudad predominaba sobre el campo; en parte vieja y en parte nueva; en parte
libre y en parte esclava. La producción para el consumo se mezclaba con la
producción para el intercambio. La agricultura y la ganadería coexistían con la
minería y la industria, el comercio y la banca en rápido desarrollo.
Instituciones, costumbres, e ideas propias del tribalismo primitivo se
confundían con innovaciones sociales, políticas y económicas. La libertad y el
autogobierno de sus ciudadanos chocaban teórica y prácticamente con la
esclavitud y la privación de los derechos civiles que se practicaban dentro de
Atenas y con la expansión imperialista hacia el exterior.
Estas combinaciones paradojales y las violentas contradicciones que
provocaban brindaron un tremendo dinamismo al desarrollo de Atenas y agudizaron
la capacidad intelectual de sus habitantes. A. D. Godley escribe:
“La ciudad [...] estaba siempre ansiosa por escuchar o relatar alguna
novedad. Fue un periodo de intenso despertar intelectual, en el que, como en la
época isabelina o en la nuestra, las nuevas ideas y descubrimientos (aunque los
desconocidos continentes descubiertos, entonces eran imaginarios) ampliaban
diariamente el campo de discusión. El instrumento de la crítica no era la
escritura sino la conversación. Las inteligencias se encontraban en la
conversación activa.
164
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
“Muchas razones convergían para hacer de Atenas, mucho más que de
cualquier otra ciudad griega, un centro de la conversación. Su importancia
política, sus exhibiciones teatrales, atraían a multitudes de extranjeros de
toda Grecia, del Egeo, mejor dicho de las avanzadas occidentales de la
civilización helénica, de la misma Sicilia y de las poblaciones griegas del sur
de Italia. Incluso las dificultades provocadas por las Guerras del Peloponeso
contribuían a ello, ya que el temor a las incursiones peloponesas concentraba
cada vez más la vida del Atica dentro de los muros de la metrópolis ateniense.
Por lo tanto Atenas era el lugar de reunión de elementos muy diversos:
caballeros rurales expulsados de sus propiedades por el temor a los ejércitos
invasores; isleños que venían del Egeo a pagar sus tributos; profesores
viajeros del sur de Italia y del Asia Menor. Todos contribuían. según el tenor
de sus actividades, con nuevos puntos de vista y elementos para la
discusión.”19
En sus momentos de mayor prosperidad Atenas contaba con una población de
trescientos a cuatrocientos mil habitantes. Fue el principal centro
manufacturero, mercantil y financiero de Grecia. Su población se dedicaba a las
ocupaciones más diversas. Fuera de las murallas de la ciudad los campesinos
cultivaban trigo, olivos y vid para la fabricación del vino; los pastores
llevaban sus rebaños a pastar a las montañas. Dentro de la ciudad los
artesanos, libres y esclavos, fabricaban muchas cosas para la venta, desde
artículos de cuero a alfarería. A cuatro millas de distancia estaba el puerto
del Pireo, que se comunicaba con la ciudad por medio de murallas, sede de un
impor-tante comercio de exportación e importación y centro de construcción de
naves. No muy lejos, en las colinas de Laurion, estaban los metales preciosos
que en buena medida contribuyeron a la prosperidad de Atenas.
La economía monetaria de Atenas había avanzado mucho desde las épocas de
la antigua comunidad aldeana que producía para su auto-abastecimiento. Esta
ciudad cosmopolita se alimentaba con productos importados y su prosperidad
dependía de la exportación.
19 A. D. Godley: Socrates and the
Athenian Society, pp. 36-37. Londres, 1896.
165
George Novack
Su economía tan extendida la transformó en la potencia diplomática,
militar y naval más importante del Mediterráneo, y la arrastró a la guerra
contra los enemigos de Grecia, como Persia, y contra las ciudades-estado
rivales, como Esparta y Corinto.
La economía de Atenas, tan desarrollada, fue la base de la abigarrada
variedad de su estructura social. En el campo vivían los terratenientes ricos,
las familias nobles y los pequeños campesinos, pastores y mineros; en la
ciudad, los manufactureros, mercaderes, propietarios de naves, financistas y
profesionales, se codeaban con los artesanos, mecánicos, trabajadores marítimos
y navegantes. A diferencia de lo que sucedía en la Mileto del siglo VI, en la
Atenas del siglo IV el comercio se concentraba, en gran medida, en manos de
personas que no eran ciudadanos y se basaba en el capital de los prestamistas.
Los ciudadanos se dividían en nobles y ciudadanos ordinarios,
ciuda-danos nativos y extranjeros no ciudadanos, ricos y pobres, libres y
esclavos. Los ciudadanos con sus esposas e hijos apenas alcanzaban a unos
160.000, los residentes extranjeros eran alrededor de 90.000, los esclavos
80.000.
Los atenienses ricos y nacidos en las clases altas poseían gran cantidad
de esclavos a los que debían su riqueza y bienestar. Incluso los artesanos y
pequeños propietarios poseían y explotaban esclavos. El Estado era el mayor
empleador de esclavos; los explotaba en las minas y galeras y los utilizaba
como policías y empleados burocráticos.
Estos esclavos, que en realidad eran bienes que sus amos poseían en
propiedad, a veces eran de origen griego, pero lo más común es que fueran
extranjeros. Su condición variaba considerablemente; el trato que recibían en
las minas y en las cuadrillas de trabajo era terrible; el que se les daba a los
esclavos domésticos y a los artesanos especializados que producían ganancias
para sus amos era mucho más considerado. Había esclavos que trabajaban de
maestros; por ejemplo el principal banquero de Atenas había sido esclavo.
Los fundamentos de la economía ateniense fueron la esclavitud interna y
la dominación imperialista del mundo exterior. Este modo de propiedad y de
producción penetraba todos los aspectos de la vida de Atenas y gravó una huella
indeleble en las ideas de sus intelectuales.
166
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Políticamente, Atenas era una democracia esclavista. Desde Clístenes se
había dividido la ciudad en doscientos demos o distritos, que combi-naban las
características del antiguo sistema tribal de parentesco con la nueva
organización basada en la residencia territorial. Las viejas divisiones
tribales conservaban un carácter ceremonial. La ciudad tenía un culto común; el
ayuntamiento era también el templo. El origen de nacimiento seguía
constituyendo la condición de ciudadanía. Solamente participaban de la vida
política los hijos de ciudadanos atenienses legítimamente casados.
Ya en el 570 a.C. Atenas estaba dividida en tres partidos: el de la
costa, que incluía a los grandes y pequeños comerciantes, que aspiraba a una
república de clase media; el de la llanura, cuya base de apoyo eran los grandes
terratenientes de los mejores distritos agrícolas, deseaba una oligarquía; el
de la colina, el más radical y democrático, movilizaba a los campesinos más
pobres, los mineros, pastores y artesanos tras los industriales y mercaderes
progresivos y se transformó en la fuerza impulsora de la causa democrática.
Desde entonces no cesó la lucha entre la reacción aristocrática y la
democracia, lucha que culminó con el eventual triunfo del pueblo y la
implantación de la República.
Esta República fue gobernada por el “Consejo de los 500”, elegido
conjuntamente por diez grupos tribales, cada uno de los cuales abarcaba un
décimo de los demos. No tenían un poder ejecutivo supremo, como un rey antiguo
o un alcalde, gobernador o presidente modernos. Todos los ciudadanos tenían la
obligación de participar de los asuntos públicos. Atenas se gobernaba y
defendía utilizando alternativamente los servicios de 7.000 de sus 40.000
ciudadanos. Uno de cada seis ciudadanos se veía obligado periódicamente a
trabajar para el Estado, ya sea en tareas civiles o militares. Cuando gobernaba
Pericles se les pagaba por prestar servicios en el ejército, la armada, por
participar del Consejo o los tribunales. Esto permitía a los ciudadanos
comunes, los artesanos y los trabajadores navales participar directa-mente de
la administración de los asuntos públicos y estar informados de todos los
problemas del Estado, desde las negociaciones diplomáticas a los litigios
legales.
167
George Novack
Aunque la riqueza, el bienestar y la democracia de Atenas descansaban
sobre la esclavitud, aunque las mujeres y los extranjeros estaban excluidos de
la vida política, debe reconocerse que, dentro de estas limitaciones
históricas, la igualdad, libertad y autogobierno de sus ciudadanos eran
incuestionables.
Lo característico de la realidad ateniense no era la calma, sino la
lucha. Las prolongadas y victoriosas guerras de defensa nacional elevaron el
orgullo, la confianza en sí mismos y la autoestima de los atenienses; las
intrigas y las guerras imperialistas con las ciudades-estado rivales los
impulsaron a aprovechar, cuando no a agotar, todas sus energías; las vastas
ramificaciones de sus empresas comerciales y colonizadoras, las disputas de los
litigantes ante los tribunales, las contiendas electorales, las luchas
fraccionales y las revueltas civiles, significaban una conmoción constante. Un
mensajero de los corintios decía a los lacedemonios que los atenienses
“llegaban al mundo y no se concedían ningún descanso a sí mismos ni se lo
concedían a los demás”.
Esto se aplica totalmente al ‘tábano’ Sócrates, que desarrolló sus ideas
en este medio social. Sócrates nunca escribió ni publicó nada; solo conocemos
sus enseñanzas a través de sus contemporáneos, tal el caso de Aristófanes; de
sus discípulos, como Platón y Jenofonte, o de sus críticos, por ejemplo
Aristóteles. (Algunos investigadores, como Storey, opinan que en los Diálogos
hay más de Platón que de Sócrates; otros, como John Burnet y E. E.Taylor,
atribuyen a Sócrates todas las ideas expresadas por el Sócrates platónico,
hasta La República, con su teoría de las Formas Ideales, inclusive.
Recuerda a los sofistas por su forma de actuar, como maestro de la
juventud de las clases altas, crítico de las convenciones predominantes y
centro de un círculo de amigos entre los que se contaban los ciudadanos más
destacados de Atenas. El método socrático es una extensión y refinamiento de
las innovaciones introducidas por los sofistas. Ambos fueron responsables del
traslado del eje de la filosofía de la investigación sobre la naturaleza a la
del carácter y la conducta del hombre, del aspecto objetivo de la realidad al
subjetivo.
168
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Pero Sócrates criticaba al extremo a los sofistas mas destacados, y
elaboró sus propios puntos de vista polemizando con ellos. Llegó a ser la
personalidad fundamental de la evolución de la filosofía griega por su carácter
de reconocido fundador del idealismo. El fue el elemento decisivo para el
relegamiento del materialismo. Sócrates fue el principal conductor del tren de
la filosofía por los rieles del idealismo, camino fundamental por el que desde
entonces se desliza.
A este cambio decisivo se lo ha llamado con justicia “la revolución
socrática”. Reconociendo este giro decisivo, habitualmente se divide a la
filosofía griega en tres periodos: presocrático, clásico y post-aristotélico.
Esta clasificación, hecha desde el punto de vista de los idealistas, es muy
injusta para con los atomistas, pues les atribuyen una importancia secundaria.
Pero refleja el hecho de que desde entonces en el pensamiento griego predominó
el idealismo y el materialismo fue relegado.
La revolución socrática de la filosofía fue un producto de las luchas
convulsivas entre la democracia y la oligarquía. Sócrates se pasó en Atenas sus
setenta años de vida, y muy raramente traspasó sus murallas. Luchó tres veces
en el ejército y actuó como comisionado público.
Vivió durante las Guerras del Peloponeso, vio a su ciudad elevarse hasta
la cumbre, y luego luchar desesperadamente hasta que fue destronada de su
sitial de reina del mundo mediterráneo. Luego de la muerte de Pericles,
presenció la asunción del poder estatal por su amigo y discípulo Alcibíades.
Vio a los dirigentes antidemocráticos aprovecharse de las derrotas y desastres
sufridos por los atenienses para implantar una dictadura oligárquica en el 413,
y luego nuevamente, con “los Treinta”, en el 404.
Sócrates no fue un representante del pueblo ni un defensor de las ideas
democráticas. Sospechoso de simpatías hacia los aristócratas, fue condenado a
muerte en el 399 a.C. por los partidarios de la democracia. Pero dió forma a
sus ideas en la atmósfera del movimiento popular. Su racionalismo, su
individualismo, su humanismo y su espíritu crítico estaban en consonancia con
las tendencias generadas por las fuerzas democráticas. Por otra parte, sus
teorías idealistas y su apoyo a la aristocracia reflejaban la reacción de las
clases altas contra las tendencias igualitarias de la “chusma” urbana.
169
George Novack
La revolución socrática
¿Cuál era la naturaleza de la revolución que inició Sócrates en la
filosofía griega?
Para los propósitos del análisis se puede dividir la realidad en tres
esferas distintas aunque materialmente relacionadas: el mundo exterior, o
naturaleza; la sociedad humana y la mente. En las diferentes fases de su
desarrollo la filosofía centró su atención en uno u otro de estos sectores. Los
milesios se dedicaron casi exclusivamente a los procesos de la naturaleza; más
aun, no diferenciaban claramente entre los varios aspectos de la realidad ni
analizaron la sociedad o el desarrollo del pensamiento.
“Hacia mediados del siglo V el objeto del pensamiento filosófico era
explicar qué es la realidad subyacente, y qué es el ser verda-dero del universo
visible. Se dejaba a los poetas y legisladores la reflexión sobre la conducta,
y la filosofía no la consideraba un objetivo propio.”20
Con los sofistas y Sócrates se alcanzó un nivel teórico más avanzado.
Éstos diferenciaron la sociedad de la naturaleza y comenzaron a examinar de
manera científica las relaciones sociales y la conducta humana.
Este salto de la investigación de la naturaleza al estudio del hombre
puede parecer a primera vista un retroceso de la ciencia. Es cierto que
Sócrates relegaba a un último plano la investigación de la naturaleza, e
incluso pensaba que no merecía ser considerada un problema filosófico. Pero
este cambio en la filosofía presentaba aspectos más positivos que la mera
aversión a seguir investigando el mundo exterior. Aunque llegó a conclusiones
idealistas, Sócrates investigó la sociedad y la conducta de la humanidad de
modo naturalista, sin apelar a la sanción religiosa ni a los hábitos ya
establecidos. “Se analizaba la vida humana de la misma manera en que un
fisiólogo hace la disección de una rana, y la consecuencia fue una ética
secular, no metafísica.”
20 L. Robin: Greek Thought and
the Origins of Scientific Spirit, p. 131. Nueva York, 1928. En castellano: El
pensamiento griego y los orígenes del espíritu científico, México, Uteha, 1956.
170
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Fue un notable avance para la filosofía, el que Sócrates extendiese el
radio del pensamiento racional a la vida social, dando a la filosofía un
objetivo explícitamente político y combinando el pensamiento crítico con la
práctica social.
El que se desplazara el centro del interés teórico del medio natural al
social no era en sí mismo un índice de retroceso, como se lo interpreta a
veces. Expresaba más que nada la profunda necesidad que sentían las fuerzas en
conflicto en las principales ciudades-estado de encontrar respuesta a una serie
de impostergables problemas morales, políticos y teóricos.21
El gran cambio que impuso Sócrates en la filosofía, en beneficio de la
aristocracia ateniense derrocada por el movimiento democrático, fue subordinar
a la humanidad en el terreno de la teoría la naturaleza, reinterpretando los
procesos naturales según el modelo de la actividad y el razonamiento del
hombre. Sócrates reprodujo, en un nivel más elevado de la civilización, lo que
los primitivos hacían espontáneamente a través de la magia y el animismo
primitivo, aunque de manera completamente diferente y racional.
Los “fisiólogos” jónicos iban de las leyes naturales al hombre; Sócrates
iba del pensamiento humano y la actividad social a la naturaleza. Como lo
señaló Lange:
“Estaba enteramente convencido de que la razón que estructuró el mundo
actuó a la manera de la razón humana; podemos seguir sus pensamientos en todas
partes, aunque al mismo tiempo debemos admitir su infinita superioridad. Se
explica el mundo a partir del hombre, no el hombre a partir de las leyes
universales de la naturaleza. Se parte, entonces, del supuesto de que en el
orden de los acontecimientos naturales rige la misma antítesis entre
pensamiento y acto, entre planificación y ejecución material, que encontramos
en nuestra propia conciencia”.22
21 Podemos notar un énfasis
similar en la solución de problemas sociales en otras filosofías. Una de citas
es el marxismo, cuyo objetivo principal es dar respuesta al movimiento de la
clase obrera moderna. Otro ejemplo es el del pragmatismo de John Dewey, que fue
el instrumento filosófico del movimiento progresivo de los Estados Unidos. De
paso, ésa es la razón por la cual Dewey sentía tanta simpatía por el acento que
ponía Sócrates en la moralidad y los problemas sociales.
22 F. A. Lange: The History of
Materialism, p. 64. Nueva York, 1925. En castellano: Historia del materialismo,
Buenos Aires, Lautaro, 1946.
171
George Novack
Según Sócrates, la humanidad fue creada por un supremo artífice
inteligente que produjo el resto del mundo para proveer a nuestras necesidades.
Explicaba que Dios, o el Bien supremo, se preocupó por proveer a la humanidad
de luz, agua, fuego y aire. El sol brilla durante el día y la luna y las
estrellas durante la noche para que los hombres tengan luz. La tierra produce
alimentos y otras cosas para nuestro sustento y los animales existen para
servirnos. El cuerpo humano y sus órganos son también una prueba de la
previsión del benevolente creador.
“¿Acaso no nos han sido dados estos párpados, con una valla en sus
bordes, para mantener alejado el viento y resguardar el ojo? Hasta la ceja
cumple su función, ya que como un cobertizo, está preparada para detener el
sudor que al caer de la frente podría penetrar e irritar esa parte de nosotras
tan delicada como asombrosa.”
Es una concepción de la realidad absolutamente ideológica, ya que ve en
todas partes las evidencias del propósito inteligente y del trabajo de la
divinidad. Es un idealismo abierto, puro. El universo está animado de un
propósito y lo guía la razón. Este propósito específico y racional está
conformado según las perspectivas y posición social de los aristó-cratas
atenienses. Dios provee a las necesidades de la humanidad, y especialmente de
su élite filosófica, de la misma manera en que otros hombres proveen a las
necesidades de las personas de posición acomodada.
Además de esta concepción idealista del cosmos, Sócrates creó una
doctrina racional de la moralidad y una teoría del conocimiento siste-mática.
Declaró que “la vida no comprendida no merece ser vivida”; en consecuencia,
intentó someter la conducta humana y las instituciones sociales a la más
rigurosa crítica de la razón.
La teoría ética de Sócrates está relacionada con su teoría del
conoci-miento. El conocimiento no es solamente un medio para comportarse
correctamente; constituye la esencia misma de la moralidad. La virtud es
conocimiento. Nadie hace el mal voluntaria o conscientemente. Los hombres toman
caminos equivocados porque no conocen qué es el bien ni qué es el mal.
172
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La virtud es consecuencia del conocimiento verdadero, y todo
conoci-miento verdadero debe partir de concepciones correctas. De esta manera
Sócrates hace depender toda su filosofía del conocimiento verdadero, que sólo
puede adquirirse a través de la crítica de las ideas predominantes. La moral
depende de la lógica.
Media una gran distancia entre esta concepción y la moral
consuetu-dinaria de la antigua Crecía, o la de los israelitas, que se apoya en
el origen divino de los Diez Mandamientos según los interpretaron los
sacerdotes y profetas. Aunque aristócrata en esencia, Sócrates logró ubicar la
moral sobre bases racionales.
Sócrates tenía un particular método de pensamiento. Partía del supuesto
de que hay dos tipos diferentes de conocimiento: las opiniones comunes, no
sometidas a examen, de la gente común, y los conceptos metódicos, conscientes,
verdaderos de la mentalidad filosófica, que ha descubierto el Bien en todas las
cosas. Sócrates utiliza este “recurso” para separar el conocimiento falso del
verdadero y llegar al conocimiento real a través del examen crítico de los
fundamentos de nuestras creencias.
Los “fisiólogos” de Jonia intentaron encontrar la verdad investigando la
naturaleza y el carácter de las cosas mismas. Sócrates tomó una dirección
diferente. En vez de investigar directamente los hechos, examinó las
afirmaciones de la gente o las teorías con que las sustentaban. Comenzaba con
una proposición presumible o provisio-nalmente verdadera. La consideraba una
hipótesis inicial que llevaría, a través de la contradicción, a una verdad
final o evidente en sí misma.
Tomando esta proposición inicial procedía a deducir sus consecuencias
lógicas. En el transcurso de la discusión surgían otros aspectos de la
situación hasta que se enfrentaban puntos de vista opuestos. Este método
dialéctico de provocar opiniones contrapuestas sobre la misma cuestión
perseguía el propósito de extraer las consecuencias de cada una de ellas para
descubrir cuál es la verdadera. El resultado de este debate, diálogo o
desarrollo multifacético de las ideas sería el conoci-miento genuino, opuesto a
la simple opinión.
A diferencia de algunos sofistas y escépticos, Sócrates no dudaba de la
posibilidad de alcanzar el conocimiento cierto y la verdad de las cosas. En el
Fedón advierte expresamente contra la misologia, es decir, la desconfianza en
la posibilidad del razonamiento válido. Examina dialécti-
173
George Novack
camente todos los temas para llegar a un conocimiento seguro y probado
de su naturaleza real.
En contra de los sofistas, que ponían el acento en la relatividad de la
moral, los valores, las leyes, etcétera, Sócrates utilizaba su método para
distinguir lo necesario, permanente y universal de lo contingente, transitorio
e individual en las ideas. Quería descubrirlo inteligible en lo sensible, lo
esencial en las manifestaciones accidentales.
Trataba de lograrlo a través del proceso racional de generalización, que
acaba en la definición del objeto considerado Esta definición sería la forma
verdadera o la causa real de su ser. Algo bello, por ejemplo, es una
manifestación de la forma de la Belleza.
En última instancia, para Sócrates la idea del Bien y todas las demás
ideas absolutas o formas eternas del ser eran innatas en el alma humana, que
traía su recuerdo de un estado previo de existencia en este mundo. Todo
conocimiento implica recordar, recobrar o reconocer las formas eternas.
La teoría socrática del conocimiento constituye la antesala de una
teoria completamente idealista de una realidad superior al mundo material, al
que la humanidad conoce por medio de los sentidos. En el Fedón planteó dos
conceptos que a partir de entonces pasaron a formar parte del repertorio del
idealismo filosófico. Se trata de la doctrina de la inmortalidad y divinidad
del alma y de la teoría de la existencia autónoma de formas del ser ideal.
Estas dos ideas claves se apoyan una en la otra. La creencia en la inmortalidad
del alma está apuntalada por la teoría de las formas ideales, igualmente
eternas; la teoría de las formas ideales depende de la actividad del alma
indepen-diente del cuerpo.
Sócrates creó la concepción del alma que constituye la esencia del
idealismo y que, con uno u otro nombre, ha dominado desde entonces la teología
europea y la filosofía idealista. La doctrina del alma perpetuada y
popularizada por el cristianismo está tomada de la cultura greco-romana, que se
la debe a Sócrates.
Las raíces de esta creencia en el otro yo inmaterial se remontan al
salvajismo. En Homero la psique o alma es un fantasma que acompaña al hombre
durante toda su vida y lo abandona cuando muere. Los
174
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
jónicos y Heráclito identifican el alma con el aire o el fuego. Los
primeros pitagóricos transformaron la psique en una individualidad permanente
que cayó de su primitivo estado divino y debe cumplir con determinadas leyes de
la vida para recobrar su lugar entre los dioses,
Sócrates dio una forma nueva a estas antiguas ideas. Para él el alma era
la fuente y la sede tanto del conocimiento como de la bondad. Fue el primero en
racionalizar el concepto de alma y hacer de ella ese elemento humano que
contiene el conocimiento y la ignorancia y permite distinguir la virtud del
vicio. Secularizó el alma al identificarla con la conciencia y el carácter
cotidianos, y al mismo tiempo espiritualizó el conocimiento y la conducta al
identificar estas formas de la actividad humana con una entidad divina.
La función de este constituyente divino de la humanidad es conocer; es
decir captar la esencia de las cosas en las Formas, y sobre todo conocer el
bien y el mal. Por lo tanto gobierna los actos del hombre para que éste se
conduzca bien en la Tierra y se gane la bendición eterna.
Esta doctrina implica una división radical de la realidad y de cada
individuo entre el alma y el cuerpo. El alma es sólo espíritu, divina,
imperecedera, y puede existir independientemente del cuerpo. El cuerpo está
contaminado por la materia, confundido por los apetitos y las emociones que
impiden el acceso al conocimiento, real. El cuerpo visible es afín al mundo
visible de los cambiantes fenómenos físicos, mientras que el alma se relaciona
con el invisible reino preexistente de las formas inmutables y divinas. El
cuerpo heterogéneo está sujeto al nacimiento, la decadencia y la muerte; el
alma invisible no es generada, es indestructible e inmortal.
En la teoría del ser, esta división entre alma y cuerpo se expresa en la
oposición entre las Formas eternas y sus apariencias perecederas. La justicia
no es una simple opinión relativa, individual o convencional, que cambia con la
época, el lugar y las circunstancias, como sostenían los sofistas. Igual que
las demás Formas, por ejemplo el Bien, el Mal, la Igualdad y la Rectitud, la
Justicia es absoluta, universal, eternamente preexistente, objetiva. Nunca
cambia; es una pauta absolutamente invariable.
175
George Novack
Sócrates y Platón reconocían ingenuamente que sus argumentos en favor de
la inmortalidad del alma y la eternidad de las Formas tenían el objetivo de
refrendar “las antiguas historias sagradas que nos revelan que el alma es
inmortal”. La innovación introducida por los idealistas fue el método con el
que rescataron y rehabilitaron estas antiguas creencias Para establecer sus
conclusiones no apelaron a la tradición, pese a que le rendían tributo, ni a la
autoridad constituida ni al dogma. Se basaron en la argumentación y en el
razonamiento crítico.
Lo vemos claramente en el Fedón, donde Sócrates, a través de Platón,
intenta probar la inmortalidad con una serie de argumentos teóricos. Estos van
desde la demostración del proceso cíclico del nacimiento y la muerte y la
alteración inevitable de las distintas manifestaciones del ser a la
demostración final de que la teoría de las formas demuestra que el alma es
indestructible, ya que las Formas no albergan oposiciones, ni contradicciones
internas. Todos estos argumentos se esgrimen contra tas objeciones de críticos
o adversarios amistosos. Le otorgan la ultima palabra a la razón y a la
demostración lógica.
***
Podemos sintetizar entonces las contribuciones de Sócrates a la
filosofía:
Por una parte, estableció las bases de la ciencia de la lógica.
Aristóteles le atribuye la introducción del argumento inductivo y la definición
universal. Fue el primero en tratar científicamente los problemas morales y la
íntima unidad existente entre la teoría crítica y la práctica social. Para
Sócrates el conocimiento, la voluntad y la conducta están integrados: lo que
demuestra que el conocimiento es verdadero es una probada capacidad para actuar
correctamente.
Por otra parte, Sócrates se apartó de la investigación objetiva de la
naturaleza y dio una interpretación teleológica del mundo. Dio nuevas fuerzas a
la religión con su concepción del alma inmortal que habita temporariamente su
morada de barro. Explicaba la historia humana como un despliegue de la divina
providencia, no como el auto-desarrollo de la humanidad en su lucha por su
supervivencia contra las condiciones dadas. Desarrolló la teoría de las ideas
eternas y las Formas absolutas, que están por encima de las manifestaciones de
la materia y son independientes de ella.
176
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Todas estas doctrinas fueron incorporadas en el idealismo filosófico que
dominó el pensamiento europeo durante dos mil cuatrocientos años y es hoy el
adversario irreconciliable del materialismo.
177
George Novack
Capítulo XIII
PLATÓN Y ARISTÓTELES
Con Platón y Aristóteles el pensamiento griego alcanzó la cumbre de su
desarrollo y se conformó en los moldes clásicos que se transmitieron a través
de los siglos y afectaron a la filosofía hasta la época actual. Sería muy útil
que estudiáramos profundamente a estos gigantes del pensamiento. Sin embargo,
dado el objetivo de este trabajo, es más pertinente que analicemos la común
oposición al materialismo de los supremos representantes del pensamiento
idealista que las diferencias entre ellos, que no carecen de importancia.
¿Por qué estos eminentes idealistas ejercieron una influencia tan
perdu-rable sobre el curso de la filosofía griega y posterior a los griegos?
El idealismo apareció como concepción del mundo coherente en una
sociedad donde las relaciones de cambio surgían de la producción esclavista.
Pero el idealismo reflejaba en mucho mayor medida el sistema esclavista que la
superestructura de las relaciones de inter-cambio mercantil. Era la expresión
ideológica de la aristocracia esclavista en la batalla en defensa de su
supremacía contra las tendencias democratizantes de las fuerzas mercantiles y
plebeyas de las ciudades-estado griegas
Los idealistas fueron los primeros grandes ideólogos de la sociedad
dividida en clases y de las diversas formas de gobierno del mundo occidental.
Esto se ve claramente en la defensa que hacen de la esclavitud como sistema
coherente al orden natural, de su toma de partido por el sistema de castas en
contra de la democracia y por la aristocracia contra los reclamos y las luchas
del pueblo.
Es muy útil conocer a estos pensadores griegos, sobre todo para
rectificar ese cómodo prejuicio de muchos racionalistas de que todas las mentes
esclarecidas y educadas necesariamente han de llegar a las mismas conclusiones
generales en lo que hace a los problemas sociales. Gracias a las revoluciones
democrático-burguesas, hoy resulta un lugar común afirmar, siempre en el
terreno de la teoría, que todos los hombres son naturalmente iguales y deberían
estar hermanados en una sociedad humana universal. Pero esas ideas eran
totalmente
178
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
ajenas a estos ideólogos de la aristocracia en la ciudad-estado griega.
Ellos opinaban lo contrario. A sus ojos los hombres eran desiguales y estaban
divididos por condición natural. Cada uno ocupaba su lugar apropiado en la
jerarquía del cuerpo social. Sólo de aquella manera los hombres podían ser
realmente humanos y acabadamente civilizados.
Sócrates descrito por Platón, demostraba que para él esta concepción no
era una mera especulación sino que respondía a sus convicciones más profundas
cuando se negó a exiliarse y se sometió a la pena de muerte que le impuso un
jurado hostil en su Atenas natal.
Los idealistas perfeccionaron su filosofía en respuesta al predicamento
histórico de las clases propietarias griegas, los usureros terratenientes y los
esclavistas, hacia fines del siglo V. Durante décadas las pugnas de clase
atormentaron a las ciudades-estado griegas; la oligarquía y la democracia se
alternaron en la supremacía.
Después de que la expansión imperialista hubiese provocado el ascenso de
Atenas primero y su desastre después, la democracia mercantil y marítima
ateniense se encontro al borde del colapso. El regímen político no logró hacer
que Atenas recuperase su grandeza anterior, ni pudo cambiar su estructura
interna, a causa del irremediable antagonismo entre hombres libres y esclavos.
Fue el periodo del ocaso del primer experimento de gobierno democrático.
Los idealistas eligieron defender la reacción oligárquica contra las
fuerzas democráticas. Platón y Aristóteles pertenecían al patriciado; Sócrates
mantenía estrechas relaciones con los mismos círculos. Platón provenía de una
familia de la alta aristocracia; su tío Carmides, uno de los personajes de sus
Diálogos perteneció al gobierno de “los Treinta”, que anegó en sangre el
régimen de lo llamados demócratas.
Diógenes Laercio dijo sobre Platón:
“En su país no se mezclaba en los asuntos del Estado, aunque por sus
escritos era un político. Y la razón era que el pueblo estaba acostumbrado a
una forma de gobierno y a un tipo de constitución distintos de los que él
propugnaba.”
Totalmente contrario al gobierno popular. Platón dedicó su talento a
justificar a las fuerzas reaccionarias en el pensamiento social.
179
George Novack
Sin embargo, las pequeñas ciudades-estado en las que predominaba la
oligarquía estaban en similar decadencia que la democracia que tanto odiaba. La
tiranía esclavista empobreció y degradó a los ciudadanos libres. El ejército de
la Atenas del siglo IV estaba formado por mercenarios, no por ciudadanos, lo
que indica hasta qué punto se había deteriorado la antigua democracia
republicana profesada por Pericles. En vida de Platón y Aristóteles la
monarquía macedonia se encontraba a punto de conquistar Grecia, aplastando la
independencia de sus ciudades-estado más poderosas, de Esparta a Atenas. Este
tipo perimido de república estaba ya por desaparecer junto con su democracia.
Como los patricios a quienes ellos se dirigían sólo podían perder con
los acontecimientos por venir, ya se tratara de un movimiento popular dentro de
sus propias ciudades o de la conquista militar por una potencia extranjera,
estos filósofos tendían a exaltar la inmovilidad por sobre el cambio y
establecer límites infranqueables al proceso histórico.
Una de las tareas principales de los idealistas fue rehabilitar la
antigua concepción religiosa de la vida, que por muchas razones había caído en
descrédito. El derrumbe de las pautas morales que acompañó a las guerras
civiles y las guerras entre las ciudades-estado había significado también el
desplazamiento de las antiguas concepciones del universo paralelamente al de
las posiciones de sus clases dominantes. Aunque no negaban la existencia de los
dioses –hasta Demócrito se había visto obligado a justificar la difundida
creencia en estos, aunque aclaraba que no sabía cómo eran– las criticas de los
materialistas, los sofistas y otros racionalistas habían desacreditado
considerablemente el arcaico politeísmo entre las clases educadas.
El creciente abandono de los antiguos credos y rituales sólo podía
contrarrestarse reforzando la religión. Los filósofos idealistas se abocaron a
ello, utilizando para este propósito su avanzada metodo-logía. No fueron los
únicos en acudir en rescate de la religión; fue en esa época que se difundieron
los nuevos cultos populares entre las clases bajas. Pero la misión específica
de los filósofos era renovar la religión para los aristócratas educados.
180
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Podríamos decir entonces que los griegos fueron los creadores de la
filosofía, el materialismo y la ciencia, pero también inventaron la teología,
que bien puede definirse como el método de proporcionar argumentos racionales
en apoyo de las creencias religiosas. La teología debe ser entendida como una
rama de la apologética peculiar de las culturas comerciales. La religión
primitiva no busca justificación en la razón; solo necesita hacerlo cuando sus
fundamentos se ven sacudidos y sus dogmas y prácticas puestos en tela de juicio
por los elementos más lúcidos de la revolución urbana.
En la revisión idealista de la naturaleza de los dioses el cálculo
político influyó tanto como las consideraciones teóricas. La religión fue un
instrumento indispensable para el gobierno aristocrático. Las institu-ciones
religiosas, desde el altar de Apolo en Delfos hasta los cultos locales,
estuvieron involucradas, en la estabilidad del gobierno oligárquico, la
cohesión de la ciudad-estado, la lucha por la supremacía de las clases altas y
el sojuzgamiento de los sectores sociales más desfavorecidos. El Apolo délfico,
por ejemplo, jugaba en la religión y la política griegas un rol centralizador y
conservador similar al del Papado romano en el Medioevo. La neutralidad de sus
sacerdotes en la guerra entre griegos y persas había hecho dudar a muchos
atenienses de su fe ancestral.
Los idealistas reconocían con claridad, discutían de forma ingenua, y
abiertamente aceptaban el valor de la religión como consolidador social e
instrumento de la dominación de clases. Su franqueza en esta cuestión contrasta
evidentemente con la hipocresía con que los teólogos y políticos modernos
tratan de ocultar la influencia reaccionaria de las instituciones e ideas
religiosas. Resulta muy aleccionador estudiar sus puntos de vista porque en
ellos se percibe la voz auténtica de la clase dominante de un estado
aristocrático.
Platón, al reclamar en La República la aplicación del “noble engaño”,
puso al descubierto hasta qué punto la oligarquía ateniense era consciente de
la utilidad de las doctrinas religiosas para mantener el dominio de su clase.
Dividía a los habitantes de su estado ideal en tres categorías: Gobernantes o
Guardianes, Auxiliares y Productores. Discutía luego los medios necesarios para
perpetuar esta jerarquía social y dar fuerza a las decisiones de los
gobernantes.
181
George Novack
Preguntaba Platón:
“...¿Cómo podemos idear una de esas falsedades convenientes de las que
hablábamos recién, una falsedad noble, que nos permita persuadir a toda la
sociedad, incluso a los mismos Gobernantes si es posible, a aceptarla?”
Respondía que lo mejor sería presentar la formación de esa sociedad
dividida en clases como una vieja leyenda fenicia; es decir, investir sus
orígenes de un aura de antigüedad que la ponga más allá de los alcances de una
investigación inmediata y de una verificación fácil. Luego prosigue:
“Les diremos que son todos hermanos; pero, cuando Dios creaba a los
destinados a gobernar, mezcló en ellos un poco de oro, por lo tanto ellos son
los más valiosos; y puso plata en los Auxiliares y hierro y bronce en los
campesinos y otros trabaja-dores. Como todos constituyen familias, en la
mayoría de los casos los hijos serán como los padres, pero ocasionalmente un
padre de oro puede tener un hijo de plata y un padre de plata un hijo de oro,
etcétera; por lo tanto la tarea primera y principal asignada por Dios a los
Gobernantes es, entre todas sus funciones como Guardianes, la de prestar la
atención más cuidadosa a la mezcla de metales en las almas de los niños, de
modo que, si uno de sus hijos naciera con una mezcla de hierro o bronce, no
deben dejarse llevar de la piedad sino colocarlo entre los artesanos o
campesinos, asignándole así la ubicación apropiada a su naturaleza; y
contrariamente, si, alguno de estos produjera un hijo con plata u oro, deben
promoverlo a Guardián o a Auxiliar, según su valor, en la creencia de que ha
sido predicho que si alguna vez el Estado cayera en manos de un guardián de
bronce o hierro será su ruina. Esa es la leyenda. ¿Pueden sugerir ustedes algún
mecanismo que nos permita lograr que la crean?
“La respuesta fue: [...] No la primera generación, sino tal vez sus
hijos y descendientes, y eventualmente toda su posteridad.”
182
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
En este pasaje se expone ampliamente la relación entre las fábulas
religiosas y las técnicas de dominación de clase. Para justificar el sistema de
castas de La República de Platón, se debe inducir a los ciudadanos a creer las
nobles mentiras de que Dios creó las diferencias sociales, de que éstas se
originan en diferencias innatas que vienen desde la creación del hombre y por
lo tanto están en la naturaleza misma de las cosas, y de que si los de metal
ordinario toman el poder se alterará el orden divino y la República irá a la
ruina. Es interesante observar, de paso, que el sistema de castas está
descripto en términos de los metales preciosos que constituyen la base de una
economía monetaria.
Platón no fue el único, en su época o posteriormente, en señalar la
utilidad política del noble engaño para apoyar la desigualdad social. Pero con
seguridad es uno de los exponentes más directos de la necesidad de recurrir a
ese criterio. Otros que encontraban indis-pensable su aplicación temieron
justificar su uso en términos teóricos tan explícitos.
Los idealistas griegos completaron la tarea de racionalizar la ya
obsoleta religión popular reemplazando la mitología por la teología, aunque ni
Sócrates ni Platón descartaron totalmente los mitos. Siempre que tropezaban con
alguna dificultad en la exposición de su idealismo apelaban a los mitos para
ocultar la falta de argumentos y conocimientos positivos. Este era un recurso
común de los pensadores griegos. Por ejemplo. Platón utilizaba una alegoría
para relatar qué pasaba con el alma antes de unirse al cuerpo y después de
abandonarlo, e invocaba la leyenda de la Atlántida para explicar la prehistoria
de la humanidad.
Los filósofos idealistas transformaron la sustancia de la religión y la
revistieron de una nueva apariencia. Aplicaron nuevas técnicas lógicas y
dialécticas, en si mismas de incalculable valor, a la restauración de las
supersticiones cuestionadas.
Ya hemos visto que Sócrates consideraba que la humanidad es la obra de
Dios, y el resto del universo la manera en que una benevolente Providencia
atendía a sus necesidades. Ese es un aspecto de la cuestión. Pero también
identificaba a lo divino con los esclavistas patriarcales. “La naturaleza de lo
divino es gobernar y dirigir, y la del
183
George Novack
mortal subordinarse y servir”, dice en el Fedón. “Los dioses son
nuestros guardianes, y nosotros, hombres, una de sus posesiones.” Además, los
dioses son los mejores señores, cuyos dictados no deben cuestionarse.
Platón planteó una concepción similar. Para él, el universo es una
hermosa obra de arte, creada por una Inteligencia Suprema, de acuerdo a un
designio premeditado y en bien de la humanidad. El mundo tiene un alma viviente
creada por Dios, de la misma manera que los hombres tienen un alma viviente
donde reside la inteligencia.
Aristóteles, que dio su nombre a la teología, la consideraba la ciencia
superior. La identificaba con el conocimiento del ser que combina la existencia
sustancial, dependiente, con la libertad de todo cambio. En su sistema lo
divino es lo inmortal, lo inmutable, la fuente última del movimiento, a la que
nada mueve y es inmóvil en sí misma.
En su Metafísica Aristóteles plantea que debe existir una sustancia
eterna, causa de un movimiento circular eterno, y que para ser permanente esta
sustancia debe ser inmaterial. Tiene que haber algo que mueva a los cielos
llenos de estrellas sin ser movido él mismo. Este motor inmóvil es Dios, que
pone directamente en movimiento las estrellas inspirando en sus almas el amor y
el deseo. Todas las demás cosas derivan sus movimientos del mismo motor
original. Este motor original es el conocimiento cuyo único objeto es él mismo.
La única actividad de Dios es la de conocer.
Mediante toda una serie de argumentos similares Platón y Aristóteles
trataron de transmutar la mitología en teología mediante la teleología. El
mayor servicio que le prestaron a la religión y a las clases dominantes es el
haber hecho lo sobrenatural más aceptable para la mente crítica asignándole
razones lógicas para su existencia y supuestas actividades.
Su lógica distaba de ser impecable. Aunque, por ejemplo, el Dios de
Aristóteles nada conoce salvo a sí mismo y mueve todo, él niega explícitamente
que Dios conozca el mal. Su Dios no crea materia eterna; es un ser inmaterial
que le da movimiento. Estas contra-dicciones en su concepción de Dios o, mejor
dicho, las limitaciones impuestas al poder y atributos divinos, iban a
causarles considerables dificultades a los teólogos cristianos y árabes que
confiaron en sus posiciones.
184
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La teología cristiana se apoderó de Platón y Aristóteles y les debe
mucho. Su prestigio e influencia como tendencia filosófica se deben en buena
medida a sus doctrinas teológicas y ideológicas, que desde entonces han
resultado de suma utilidad a muchos ideólogos de las clases altas.
Como representantes filosóficos de la aristocracia griega, los
idealistas elaboraron sus concepciones características en oposición directa y
consciente a las ideas de los voceros más inclinados al materialismo. Ya hemos
visto como Sócrates rechazó a Anaxágoras porque éste se negó a atribuirle al
Nous o Inteligencia el papel critico en la explicación de los fenómenos, y de
ahí en más buscó indicios de la razón divina que le indicaran que todo lo
existente en todas partes era lo más perfecto que podía ser. En el mismo pasaje
Sócrates rechaza a Empédocles, Anaxímenes y Demócrito, quienes buscan las
causas en fenómenos materiales tales como el vórtice o el aire y no en lo que
es bueno y digno. La tarea del filósofo –dice–, es demostrar que la vida
natural, y la naturaleza de las cosas, concuerda con algún fin racional
concebido por una razón divina.
Platón fue más implacable aun en su rechazo de los materialistas.
“–Sí, son individuos que se creen inteligentes; he conocido a unos
cuantos.
“–De modo que sus adversarios en las alturas de lo desconocido defienden
su posición con gran habilidad; sostienen que la existencia verdadera consiste
en ciertas formas inteligibles, incorpóreas; describen lo que los otros llaman
verdad como una forma pasajera del devenir, no como la realidad; y hacen
pedazos lo que ellos llaman cuerpos. Sobre esta cuestión se libra continuamente
una terrible batalla.”
Platón hace una alusión directa a la lucha irreconciliable con los
materialistas al desarrollar el concepto de las Formas Ideales, que constituyen
su teoría del conocimiento y dependen del reconocimiento del alma inmortal. En
El sofista escribe:
185
George Novack
“Esta disputa acerca de la realidad es una especie de Batalla entre
Dioses y Gigantes. Un bando arrastra todo a tierra, toma literalmente las rocas
y los árboles, argumentando que sólo lo que se puede tocar y sentir es real,
definiendo la realidad como un cuerpo, y si alguien dice que algo sin cuerpo es
real, lo desprecian y se niegan a escucharlo.”
En Fedón, donde desarrolla sus argumentos para demostrar la
inmor-talidad del alma, rechaza las teorías de Simmias y Cebes que ponían al
alma bajo la dependencia de las leyes del cambio y la decadencia física.
Simmias propone que el alma puede asemejarse a la armonía de la lira y que así
como la armonía desaparece cuando la lira se rompe y las cuerdas se cortan, el
alma perece cuando muere el cuerpo.
Platón, por intermedio de Sócrates, refuta las objeciones materialistas
negando que el alma pueda compararse a la armonía, porque la armonía es
relativa, mientras que el alma es inamovible e invariable y porque la armonía
no puede entrar en discordia con los elementos que la componen, mientras que el
alma es dueña de las pasiones y emociones del cuerpo.
Como dice George Thomson en el Tomo II de Studies in Ancient Greek
Society, los Gigantes son los materialistas y los Dioses los idealistas.
En Las leyes Platón denuncia a los materialistas como ateos que socavan
la religión, subvierten el orden moral existente, fomentan la lucha civil,
engañan a los jóvenes y los corrompen:
“Dicen que la tierra, el aire, el fuego y el agua existen por naturaleza
o azar, no por designio, y que de esas sustancias totalmente inanimadas han
surgido cuerpos secundarios como la Tierra, el sol, la luna y las estrellas.
Puestas en movimiento por sus propiedades individuales y afinidades mutuas,
tales como el calor y el frío, lo húmedo y lo seco, lo duro y lo blando y demás
combinaciones formadas necesariamente por la mezcla casual de los opuestos, se
ha creado el cielo junto con todo lo que éste contiene, junto con los animales
y las plantas, y que las estaciones también poseen ese origen: no la mente, ni
Dios ni el arte sino, como he dicho, la naturaleza y el azar. El arte surgió
después de ellos y en base a ellos, de origen mortal, para producir ciertos
juguetes que en realidad no participan de la
186
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
verdad sino que consisten en imágenes relacionadas con la misma, tales
como las que producen la pintura, la música y las artes concomitantes, mientras
que las artes que obedecen a algún propósito serio, como la medicina, la
agricultura y la gimnasia, colaboran activamente con la naturaleza; asimismo en
cierta medida la política, pero ésta es sobre todo arte; lo propio con la
legislación: ésta es totalmente arte, no naturaleza, y sus premisas son falsas.
“-¿Cómo es esto?
“Los dioses, amigo mío, según esta gente, no existen en la naturaleza
sino solamente en el arte, puesto que son el producto de leyes que varían de un
lugar a otro según los convencionalismos aceptados por los legisladores; y la
bondad natural es distinta de lo que es bueno a los ojos de la ley; y no existe
la justicia natural; constantemente la discuten y la cambian; y, puesto que es
cuestión de arte y ley y no de naturaleza, cualesquiera que sean los cambios
introducidos de tanto en tanto son válidos para el momento. Esto es lo que
nuestros jóvenes oyen de labios de poetas profesionales e individuos que dicen
que la fuerza es el derecho; y el resultado es que caen en el pecado, creyendo
que los dioses no son lo que las leyes les ordenan que crean, y en la contienda
civil, puesto que se les induce a vivir de manera natural, es decir, ejerciendo
el dominio sobre los demás en lugar de estar sometidos legalmente a ellos.
“- ¡Qué historia terrible y qué desgracia para la moral pública y
privada de los jóvenes!”
Esto suena conocido; se parece mucho a las acusaciones que los círculos
conservadores contemporáneos lanzan contra los materialistas y los marxistas.
Aristóteles fue el primer historiador de la filosofía y desarrolló
explícita-mente sus concepciones en constante comparación crítica con las de
sus predecesores. Intentó refutar las opiniones previas y demostrar los errores
y falsedades de los primeros materialistas intentando dar validez a sus propias
opiniones. De tal modo, muchas de sus críticas de las opiniones de los
materialistas eran oportunas y bien fundamentadas.
187
George Novack
Pero Aristóteles contraponía cuidadosamente sus ideas a las de los
materialistas en su concepción de la naturaleza, la sociedad y los procesos de
pensamiento. Su idealismo fue más pronunciado en su concepción de la
naturaleza. Mientras los físicos consideraban la naturaleza como algo
absolutamente material, Aristóteles veía en la naturaleza una mezcla de materia
y forma, o de fin y medio. Los acontecimientos naturales se desarrollan
–decía–, como el arte humano. Los anima el pensamiento y se dirigen a un fin
específico que realiza su carácter esencial y su fin implícito. Nada en la
naturaleza ocurre en vano o sin propósito. Todas las cosas perecederas aspiran
en sus movimientos a lo Bueno y lo Perfecto, que es Dios, deseado con mayor o
menor claridad, motor inmóvil del pensamiento.
Aquel formidable ariete de filósofos idealistas combatió contra los
materialistas y los aplastó, o al menos los colocó a la defensiva. El ataque de
los idealistas se valió no sólo del aporte de los intereses materiales de la
oligarquía dominante sino también de ciertas debilidades propias en el arsenal
de los materialistas.
Los primeros materialistas dieron explicaciones coherentes de los
orígenes y funciones de los fenómenos naturales y de los comienzos y el devenir
de la sociedad. Teniendo en cuenta la época demostraron una increíble intuición
en el análisis de los aspectos esenciales en ambas esferas de la realidad.
Pero los materialistas eran débiles y vulnerables cuando se trataba de
explicar los fenómenos, invisibles pero importantísimos, propios de los
procesos mentales. Los idealistas, por su parte, se revelaron excepcio-nalmente
capaces en ese campo de la ciencia. Los idealistas fueron expertos en el
análisis del proceso mental y maestros en el manejo de los conceptos generales.
Expusieron y clarificaron los problemas del conocimiento, mientras los
materialistas aportaron a los problemas del ser y el devenir. Los grandes
idealistas desde Pitágoras a Platón rechazaron las premisas del materialismo
primitivo porque, entre otras razones, éstas no analizaban ni apreciaban
correctamente la capacidad creadora del razonamiento humano, sobre todo en el
campo de la matemática. ¡Los idealistas clásicos griegos sostenían una posición
filosófica fundamentalmente falsa, pero fueron lo suficientemente hábiles como
para descubrir las fallas de sus opositores! Pasaría mucho tiempo antes de
estas limitaciones del materialismo fuesen superadas.
188
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capítulo XIV
LOS LOGROS DE LOS IDEALISTAS
Una de las condiciones para el surgimiento de la filosofía fue la
existencia de un sector pasivo, relevado del trabajo por los esclavos que podía
disponer del tiempo y los medios necesarios para la discusión e investigación
teórica. La teoría de Platón de que los gobernantes deberían ser filósofos y
los filósofos gobernantes de su República ideal, y la concepción aristotélica
de Dios como pensamiento puro que se piensa a sí mismo, son proyecciones de ese
estado de cosas.
Pero la misma situación que asignaba el trabajo de producción material a
los esclavos y las tareas de teorizar y gobernar a una aristocracia que
necesitaba justificar su existencia imprimió su sello sobre el curso y los
resultados de toda su línea de razonamiento. Los idealistas introdujeron
divisiones tajantes en la realidad. Exaltaban la razón pura por encima de la
práctica, la mente sobre los sentidos y apetitos, el alma sobre el cuerpo y a
Dios por encima del hombre. Elevaron a los amos sobre las masas y desarrollaron
teorías para sancionar la desigualdad social en sus formas más groseras: la
subordinación del esclavo a su dueño, del no ciudadano al ciudadano, de la
mujer al hombre y del bárbaro al griego. Su ciencia estaba al servicio de la
teología y ambas al servicio de los fines políticos e intereses materiales de
los esclavistas.
La estructura del pensamiento idealista griego correspondía
esencial-mente a la estructura jerárquica del sistema esclavista. La relación
amo-esclavo dominaba sus concepciones de la naturaleza, la sociedad y el
individuo; su influencia no sólo se refleja en la ética y en la política, sino
también en la teoría física, la fisiología y la psicología.
En La República de Platón toda la inteligencia, todo el poder, toda la
voluntad, están concentrados en los hombres de oro, en la clase dominante
esclarecida, mientras que la “raza inferior”, hecha del metal más ordinario,
era considerada congénitamente incapaz de razonar, mandar o dominarse.
189
George Novack
El alma misma –decían– tiene tres partes: la razón, el espíritu y los
apetitos. La razón es atributo de los gobernantes, el espíritu de los policías
y los apetitos de los trabajadores.
El cuerpo poseía para ellos, las mismas categorías. El cuello que separa
la cabeza del tronco distancia la parte divina del alma, ubicada en la cabeza,
que no debe ser contaminada por las partes inferiores.
La mente y la materia se oponían así, como amo y esclavo. El desorden es
inherente a la materia, y cualquier regularidad o belleza en la naturaleza es
producto de la mente que impone el orden.
Los filósofos naturales jónicos habían interpretado el mundo material
evolucionando de acuerdo con sus leyes internas. En el esquema natural de
Aristóteles la materia es el elemento refractario que provoca desorden y caos,
mientras que los distintos tipos de causas racionales dirigen este elemento
recalcitrante hacia fines específicos. Como señala Farrington en Greek Science,
la mente se asemeja así a un amo que apunta a ciertos fines e impone su
voluntad sobre la materia. La materia suele resistirse a dichos fines y, al
igual que un esclavo, nada puede lograr si no es bajo la dirección de una
voluntad superior. La materia y el esclavo son entendidos igualmente inferiores
y serviles.
Las mismas motivaciones sociales ocultas llevaron a los idealistas a
exaltar el razonamiento por sobre la evidencia sensorial, a separar la teoría
de la práctica y a elevar esta oposición a la categoría de principio. Al
exaltar uno se degrada al otro. El rey filósofo que contempla la realidad ideal
mediante la razón pura y se encuentra así en comunión con lo Bueno, lo Bello y
lo Divino está en un lugar aparte y por encima del mundo trabajador común cuyos
mortales son artesanos, técnicos, practicantes de las artes. Esta separación de
las esferas de la producción material induce a los idealistas a subestimar las
técnicas productivas que participan en la trasformación de la materia.
En El banquete Platón dice que el hombre que es sabio en el
conoci-miento del amor entre dioses y hombres es un ser semidivino; el hombre
que es sabio únicamente en artes y oficios es un ser vulgar. Platón traza una
distinción tajante entre estudios tales como la música, la gimnasia, la
matemática, la astronomía y la dialéctica, que son dignos y excelsos,
reservados para las clases superiores, y los oficios vulgares y domésticos que
embotan la mente, mutilan el
190
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
cuerpo y pertenecen propiamente a la naturaleza y a los sectores
inferiores de la sociedad.
Aristóteles se disculpa por hablar de la mecánica y de otras funciones
prácticas, sosteniendo que los sabios y filósofos las desprecian con razón.
Platón llega a despreciar la utilización de demostraciones matemáticas en las
que se introduce la mecánica. Declara que la geometría se ve corrompida y
despojada de su dignidad al:
“dejarla huir, cual esclavo fugitivo, del estudio de las cosas
incor-póreas, ininteligibles, hacia los objetos sensoriales y utilizar, además
del razonamiento, cuerpos que han sido fabricados, lenta y trabajosamente, con
el trabajo manual”.
Jenofonte, su discípulo, dijo:
“Los oficios llamados domésticos no te dejan al hombre la menor
oportunidad de consagrarse a sus amigos o a su ciudad; de modo que los hombres
de esta clase parecen incapaces de beneficiar a sus amigos y defender a su
país. Así en algunos estados, sobre todo en los que parecen mejor gobernados,
ningún ciudadano puede dedicarse a las tareas domésticas.”
Jenofonte se refería a la Esparta conservadora y a la Creta arcaica.
Este desdén por las actividades manuales combinado con la sobrestimación de las
funciones puramente intelectuales divorciadas de su aplicación práctica ha sido
una característica de la visión teórica de las clases dominantes desde entonces
hasta nuestros días. Lo vemos, por ejemplo, en la afirmación de que la
filosofía no posee o no debe poseer vínculo alguno con la política y que no es
de incumbencia o utilidad para las masas trabajadoras.
La expresión más acabada de esta actitud está contenida en la concepción
platónica de las Ideas eternas o de las Formas perfectas, que constituye la
esencia de su teoría idealista del ser y del conocimiento. La teoría platónica
del conocimiento resulta de una doble trasformación de las cosas verdaderas y
sus reflejos en la mente. Por un lado, tomaba las cosas materiales y las
transformaba en las ideas sobre las mismas; por otro lado tomaba las ideas de
las cosas y las convertía en la realidad esencial de las cosas mismas.
191
George Novack
¿Cómo realizaba este acto de transustanciación tan milagroso y
misterioso como el sacramento católico de la transmutación de la hostia y el
vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, que obedece al mismo tipo de
razonamiento?
Los viejos filósofos “físicos” habían buscado la permanencia de las
cosas en la materia o en uno de los elementos materiales, Heráclito había
señalado que todas las cosas estaban en movimiento y sometidas a cambios
constantes por las fuerzas opuestas que actúan dentro de ellas. Los sofistas
habían puesto el acento en la fluctuación y el convencionalismo de las
costumbres sociales, las instituciones políticas y los códigos morales.
Platón desarrolló su teoría de las ideas eternas en franca oposición a
todas estas tendencias, ofreciéndola como solución a los problemas que éstas
habían planteado. Reconoció que los fenómenos físicos están en constante
proceso de cambio y envueltos en contradicciones. Sus apariencias representan
una sucesión constante de contrarios en la que es imposible aferrarse a algo
permanente. Pero esa mutabilidad y esas propiedades múltiples, esquivas y
contradictorias pertenecen solamente a las cosas empíricas, a la materia, al
estado físico, a la percepción sensorial.
Existe otro grado de existencia más elevado, representado y reflejado
dentro de los fenómenos físicos siempre cambiantes. Estas son las Ideas o
Formas. Constituyen la realidad esencial, la identidad perma-nente en las cosas
y sus apariencias. Las Formas no están sujetas a ninguna contradicción interna.
Son eternamente idénticas a sí mismas, inmóviles, uniformes, no generables e
incorruptibles. Son totalmente independientes del fluir de las cosas e
intrínsecamente fijas y estables.
Tomemos de Platón dos ejemplos de tales Ideas o Formas eternas. Algo
está húmedo. ¿Qué es húmedo? La humedad es una propiedad física causada, lo
sabemos ahora, por la presencia de agua o de algún compuesto químico similar.
Para Platón no es así. Para él un cuerpo es húmedo o se vuelve húmedo si
participa o surge de la Idea o Forma de Lo Húmedo. La humedad de la cosa puede
ser mayor o menor o desaparecer pero lo húmedo no aumenta, disminuye ni perece.
Su existencia es eterna. Su naturaleza es inmutable. La humedad ordinaria,
palpable, es una copia de esta idea inmortal.
192
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
El mismo contraste se aplica a las relaciones sociales como la justicia,
la virtud, el amor, la amistad, etcétera, y a las propiedades físicas como la
humedad. Hay muchas virtudes, dice Platón. Pero se vuelven excelsas porque cada
virtud participa de la Idea o Forma de La Virtud en cuanto tal. La Virtud es la
esencia común de la que participan muchas virtudes, que les otorga la cualidad
de virtud, así como el oro del lingote hace que todas las partes del lingote
sean doradas.
Como materialistas sabemos que no hay oro verdadero fuera de la
sustancia metálica que es la realidad material. En realidad, además de la
existencia física de este metal y de su elaboración como alhajas, monedas,
etcétera, existe en nuestras mentes un concepto general de oro. Pero esta idea
del oro, o la definición científica formal de lo áureo, no es más que una
abstracción del oro verdadero. No es una Forma eterna más real que todas las
expresiones de la existencia objetiva de dicho metal que dieron lugar a esa
generalización conceptual.
Platón, sin embargo, pensaba y enseñaba otra cosa. La Idea o Forma que
existe en nuestra mente de lo húmedo, lo derecho, lo parejo y cualquier otra
propiedad o relación física y la virtud, bondad, justicia u otros fenómenos
sociales o valores morales, era infinitamente más permanentes, reales,
verdaderas, esenciales, que cualquiera de sus manifestaciones empíricas o
copias materiales.
Para él el proceso de conocer la realidad consistía en una progresión de
la ignorancia absoluta, a través de la opinión, hasta el conocimiento absoluto.
Estas etapas del conocer correspondían a otros tantos grados correlativos del
ser: el no ser, el fenómeno y el ser perfecto, y a otros tantos medios
correlativos de conocimiento, desde la sensación hasta el intelecto. Existía un
paralelismo exacto entre cada grado del ser y cada etapa del conocer. La
percepción sensorial nos muestra las cosas en sus contradicciones, a la vez
unidad y multiplicidad, húmedo y seco, frío y caliente. Pero entonces aparece
el intelecto, desentraña estas contradicciones e introduce la unidad y el orden
en el flujo de apariencias contradictorias al aislar las ideas eternas que ellas
contienen.
Las Formas puras son completamente inmateriales y solo accesibles al
pensamiento puro. Estas entidades supremas están entronadas en un reino
superior, muy por encima de la confusión mundana de las cosas; Platón
consideraba a las matemáticas y a los valores morales los
193
George Novack
mejores ejemplos de estas Ideas eternas, aunque su doctrina de la Idea
abarcaba todas las cosas.
¿De dónde surgían estas Formas puras? No derivaban de recuerdos ni
generalizaciones de las experiencias sensoriales cotidianas, aunque éstas las
evocaban. Su origen era distinto. Provenían de una vida previa; los hombres las
recordaban. Su descubrimiento o, mejor dicho, recuperación, señalaba la
existencia de un mundo mejor y más elevado, el más allá, siempre que se las
buscara coherentemente allí. Filósofo es entonces, aquél que no se deja
distraer por la apariencia transitoria de las cosas, sino que busca su esencia
racional. ¿Por qué?
Las Formas son las causas de todos los fenómenos. Hacen de las cosas lo
que son. Lo Húmedo humedece; Lo Justo hace buenos a los hombres y sus acciones.
La causa última de todas las cosas, la Forma de las Formas, es la Forma de Lo
Bueno. Todas las cosas participan de Lo Bueno y es necesario buscar Lo Bueno en
todas las cosas para descubrir su causa o razón lógica de ser. El Bien supremo
asequible a los hombres es utilizar el intelecto para descubrir esta divina
Bondad en todas las cosas.
La doctrina platónica de las Ideas o Formas eternas como causas cumple
una función indispensable en el esquema idealista. Llega a ser la base racional
de la aceptación de las ideas absolutas y de pautas intemporales inmunes al
cambio. Al no ser productos humanos, no pueden –no deben– ser cuestionadas,
atacadas ni reemplazadas por la acción humana. Esto les permitió a los
idealistas afirmar que todo debe medirse en comparación con pautas absolutas.
Estas conformaban la base del orden en el universo, sociedad e individuo. Eran
inmutables y fruto de la inspiración divina; regulaban y límite al caos en la
naturaleza y el Estado, así como la razón que las reconocía aplacaba los
apetitos en el individuo. Garantizaban que los mejores poseían el derecho a
gobernar y que la justicia que éstos administraban estaba enraizada de manera
inamovible en las verdades eternas.
Los idealistas interpretan las pautas absolutas de acuerdo con las
perspectivas de la aristocracia ateniense; su contenido concreto derivaba de
los intereses fundamentales de esa clase dominante. Oímos con claridad la voz
del esclavista cuando Sócrates dice en Fedón que el suicidio es malo porque
Dios es nuestro guardián y nosotros sus
194
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
posesiones; seria tan necio querer abandonar el cuerpo antes de que Dios
haga su voluntad con la esperanza de una vida mejor como que un esclavo escape
de un buen amo.
La misma tendencia se observa inclusive en aspectos aparentemente
aislados del pensamiento de Platón, como su teoría astronómica. Así afirmaba
que el movimiento de los planetas debe ser circular y uniforme porque la
irregularidad es incompatible con el comportamiento de un gentilhombre. Y no
callaba su consternación ante el comportamiento irregular de cometas y meteoros
que vagan por un cielo que de otro modo sería ordenado.
El prejuicio esclavista no es menos evidente en la doctrina platónica de
que el alma del hombre está sujeta a Dios y el cuerpo al alma como un esclavo a
su amo. Tal es la esencia inmutable de las cosas, y sabio es quien lo reconoce
en teoría y lo concreta en la vida práctica. De punta a punta la filosofía
idealista recibe su forma y estigma de esta relación social de dominación y
sumisión, que se supone obedece al orden natural y al decreto divino.
Otro límite del idealismo es su incurable dualismo que lo recorre de
punta a cabo. Sus términos opuestos jamás entran en contacto en la realidad.
Existe un abismo insondable entre los fenómenos perecederos y las Formas
intemporales; entre cuerpo y alma; entre teoría y práctica; entre Dios y el
hombre; entre amo y esclavo. Estas debían permanecer rigurosamente apartadas
porque se decía, pertenecen a reinos totalmente separados. Mezclarlos o
confundirlos solo podía ser fruto de la ignorancia, fuente de desorden y causa
de anarquía.
Dos mundos esencialmente distintos se enfrentaban sin vínculo que los
uniese. Este dualismo imposible de erradicar era y es característico de la
concepción del mundo de las clases dominantes que para proteger y perpetuar su
posición privilegiada erigen barreras insalvables a su alrededor. Así el
universo está dividido en cielos inmutables y la tierra siempre cambiante; la
naturaleza en materia degradada y Formas eternas; las cosas materiales en
reflejos y ciencias; la sociedad en amos y sirvientes; el ser humano en alma
inmortal pura y cuerpo terrenal corrompible. Esta escisión en los más elevados
dominios de la teoría reflejaba la escisión insalvable dentro de la sociedad
esclavista.
195
George Novack
Platón ilustraba la situación en su parábola de la caverna. El cuerpo
aprisiona a la humanidad como en una caverna. En esta vida estamos sentados
frente a la pared del fondo de la caverna, y vemos sombras que se desplazan
sobre ella. Esas son las proyecciones de las Formas puras que pasan ante la
entrada de la caverna y que el sol proyecta sobre la pared ante nuestra vista.
Esa procesión constante de reflejos de las Ideas eternas son las cosas que
vemos a nuestro alrededor en el mundo sensorial sublunar.
El Filósofo es para él, quien comprende la naturaleza difusa,
insustancial de estas manifestaciones materiales y ve la divina realidad del
reino ideal en estos reflejos perecederos.
La imagen es bellísima, pero trastoca las verdaderas relaciones entre la
realidad material y el reflejo que tenemos en la mente de las mismas. El mundo
objetivo que existe fuera de nosotros es la realidad primaria y las ideas son
reflejos multiformes derivados de los diversos aspectos de las mismas en
nuestras mentes.
Aristóteles efectuó muchas modificaciones a la visión platónica del
mundo, sobre todo en su teoría de las Ideas. En lugar de las Formas como causas
únicas de las cosas, desarrolló la doctrina de la cuádruple causa: material,
eficiente, formal y final.
La principal critica de Aristóteles a los materialistas fue que éstos
reconocían un solo tipo de causa en sus explicaciones del devenir y el ser de
las cosas, la causa material. Y que solo se planteasen, ¿de dónde vienen las
cosas y de qué están hechas?, sin ir más allá de esos interrogantes.
Para Aristóteles deben tenerse en cuenta otras tres clases de causas o
razones para comprender un proceso cualquiera. Debe preguntarse: ¿Qué es esto?:
causa formal. ¿Cuál es el agente que lo creó?: causa eficiente. Lo último y más
importante de todo: ¿Cuál es el fin de su existencia?: causa final.
Estas causas –explicaba–, contribuyen a la génesis de todas las cosas
que existen y del universo mismo. Para poder comprender algo hay que analizar
las cuatro condiciones necesarias de su existencia.
196
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La causa decisiva de la existencia, según afirmaba, no es la material
sino la causa final. Esta es el fin que concreta la Idea de la cosa en la
realidad y en el que se expresa más acabadamente su Forma. En el sistema de
Aristóteles la naturaleza es esencialmente teleológica porque cada cosa nace y
se desarrolla para cumplir un fin específico.
Esta concepción teleológica de la causalidad universal, en la que Dios,
el ser supremo, la Forma de las Formas, es el fin absoluto, es la causa última
de todas las categorías inferiores del ser, le otorga a la física y a la
metafísica de Aristóteles su carácter antimaterialista.
Aristóteles no disociaba la materia de la forma, lo particular de lo
general o las cosas, de las ideas, tan absolutamente como Platón. Modificó la
teoría de las Ideas en tanto causas para acercarla a la realidad material y
disminuir la distancia entre las cosas existentes y sus causas ideales. Pero en
última instancia Aristóteles también recurre a la causa finalística cuando
plantea la Idea como causa fundamental de todas las cosas y regresa por tanto
al idealismo. Por ejemplo, aunque considera que la materia y la forma son
inseparables e inter-cambiables, la Forma es el factor dinámico que hace de las
cosas lo que deben ser. En toda la naturaleza la Forma pugna por realizarse
contra los escollos que le interpone la resistencia de la materia.
Para todos los idealistas, desde Sócrates hasta Aristóteles, el
pensa-miento, la razón, la idea absoluta, la Forma, eran el factor predominante
en la génesis y explicación de la naturaleza de lo real. Las propias
formaciones materiales no eran sino receptáculos para las ideas reveladas por
la razón y debían en última instancia sus rasgos, funciones y poderes al
Razonador o Razón Suprema: la Divinidad.
Tal es la esencia del idealismo. Al igual que el materialismo, el
idealismo ha cambiado su forma y aspecto externo y modificado su contenido
muchas veces, en los últimos dos mil quinientos años. Pero sus ideas
fundamentales siguen siendo las de los pensadores griegos del siglo IV antes de
Cristo. Todas las escuelas posteriores de filosofía idealista descienden de la
Grecia clásica. Esta comunidad de pensamiento se extiende desde el cristiano
San Agustín, a Plotino y los teólogos medievales a las doctrinas más
importantes de los idealistas ilustres de los siglos XVII, XVIII y XIX; desde
el alemán Leibnitz, pasando por el obispo inglés Berkeley hasta Hegel, el
último de los grandes pensadores idealistas.
197
George Novack
Abarca asimismo a sus descendientes contemporáneos que dominan la
filosofía oficial en las academias y universidades burguesas. La diferencia
reside en que los titanes del idealismo de la Antigüedad y de los comienzos de
la era capitalista aportaron muchos elementos valiosos al avance del
conocimiento, que han sido incorporados al tesoro permanente del pensamiento
filosófico, mientras que los pigmeos contemporáneos repiten los viejos errores
que intentan detener el desarrollo de la filosofía.
Los aportes del idealismo griego a la filosofía
Los grandes filósofos idealistas eran racionalistas, tanto en sus
métodos como en su práctica. Existe una diferencia entre el racionalismo y el
idealismo. El racionalismo exige que todo posea una causa suficiente y que cada
concepto se someta a la prueba de una crítica razonable. En este sentido el
racionalismo trasciende al idealismo y se incorpora también al método de
cualquier filosofía materialista madura.
Los idealistas clásicos exigían que todas las cosas se justificaran a la
luz del razonamiento metódico. No dependían de la tradición, revelación,
intuición, mística, ni de alguna función irracional para el descubrimiento y
demostración de todo lo real, verdadero, bueno o bello. Confiaban
exclusivamente en la actividad y el método del conocimiento. El espíritu de su
racionalismo se expresa en el aforismo de Sócrates: “la vida no analizada no
merece vivirse”. Sócrates se oponía a cualquier sentimiento de desconfianza
hacia el razonamiento y constantemente instaba a sus interlocutores a plantear
sus dudas, críticas y objeciones, no para contraponer dogmáticamente sus
posiciones a las de ellos sino para mejorar y ampliar su comprensión mutua y de
ese modo profundizar y perfeccionar las posiciones unilaterales o
superficiales.
Los idealistas racionalizaron la religión y justificaron ideológicamente
los intereses de la oligarquía esclavista. Pero hicieron mucho más que eso.
Crearon las bases teóricas de diversas ramas del conocimiento: economía,
política, matemática, moral, estética, lógica, biología, etcétera.
198
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
El origen histórico del idealismo fue la antigua sociedad mercantil
dividida clases, donde una minoría que se adueña de los medios de producción y
los controla obliga a la mayoría a cumplir sus órdenes. Mientras el trabajo
manual se encuentre separado del intelectual, y la supervisión de la producción
de las tareas de producción material, la minoría favorecida dedicada al estudio
científico y teórico puede ser presa fácil de la ilusión de que las ideas son
independientes de las cosas. El idealismo elevó siguiendo esa lógica, la
supuesta primacía de la teoría sobre la práctica y de la razón pura sobre la
experiencia sensorial, a la categoría de principio rector del universo.
Pero el idealismo no es simplemente resultado de la división del trabajo
y de los medios de producción en una sociedad excedentaria de productos y
mercancías, sino la superación del proceso mismo del conocimiento o, mejor
dicho, su abuso inconsciente.
El instrumento del verdadero conocimiento son los conceptos. Los
conceptos son generalizaciones hechas en base a la experiencia de las cosas y
se llega a ellos mediante un procedimiento de abstracción. Poseen un carácter
dual. Mientras los conceptos solo reflejen o señalen rasgos unilaterales de su
objeto, lo hacen de manera parcial. Los conceptos más correctos y acabados no
pueden evitar distorsionar en cierta medida la realidad puesto que expresan el
contenido y los vínculos de las cosas sólo en forma relativa y aproximada, no
absoluta y total.
El idealismo desvincula los resultados de la abstracción de las
verdaderas condiciones que representan, Aísla un aspecto del conocimiento de la
totalidad –en el caso de los griegos son las ideas– y trata de introducir la
realidad a la fuerza en este único molde arbitrario.
La intencionalidad, por ejemplo, cumple una función en la acción humana,
y es aplicable al análisis de la motivación humana. Pero el idealismo extiende
ilegítimamente este concepto a la naturaleza y el proceso histórico en su
conjunto, donde es inapropiado. O convierte a la razón, que es producto de la
naturaleza y la sociedad, en creadora de las mismas.
199
George Novack
Aunque el pensamiento materialista suele tropezar en la práctica con la
tendencia inherente a la reflexión conceptual a desvincularse de la realidad y
falsearla, lo protege la exigencia de que las ideas correspondan a la realidad
objetiva. Con ello controla mejor los vicios de la abstracción y le dificulta
al pensamiento el extraviarse más allá de los límites de la existencia real.
El pensamiento dialéctico contrarresta y supera conscientemente esta
deficiencia del pensamiento de dos maneras: primero, combinando los conceptos
individuales según las leyes del movimiento de sus objetos y segundo sometiendo
continuamente las conclusiones teóricas a la prueba de la práctica.
Sin ocuparse de las inhibiciones de estas premisas materialistas, los
idealistas llevan la abstracción hasta el punto de arribar a deformaciones
fantásticas de la realidad y a ideas completamente arbitrarias, falsas y
soberbias. Así, en su versión extremadamente deformada de la realidad, los
griegos tomaron un aspecto de la experiencia humana, su actividad intelectual,
y la llevaron al extremo. Exageraron deliberadamente el papel y el poder del
pensamiento en el devenir de la vida natural, la historia de la sociedad y la
vida de la sociedad.
Pero esta voluntad de concentrarse en la capacidad humana de pensar e
interpretar la realidad del mundo físico, indujo a los grandes idealistas a
prestar atención especial a los procesos mentales y a estudiar sus rasgos
particulares muy de cerca. Por esto es que debe considerárseles como
responsables principales de muchos descubri-mientos científicos brillantes
relativos a las formas y leyes del pensamiento.
Desde sus orígenes la humanidad se había ocupado de una u otra manera
del pensamiento. Pero el pensamiento sistemático, capaz de abarcar dominios
específicos del conocimiento, y sobre todo el pensar sistemáticamente sobre el
pensamiento mismo, fue una nueva y poderosa conquista intelectual. De este modo
fue establecido el criterio según el cual antes de la experimentación y la
observación de los resultados no podía saberse cuáles eran precisamente las
propiedades especiales y las funciones del pensamiento y cuáles sus límites.
Asuntos que en la práctica, no han sido determinados aún.
200
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Había que descubrir su capacidad a través del ensayo, ejercitando el
pensamiento hasta sus limites y trascendiéndolos. Frecuentemente, para el
trabajo científico, para el progreso del pensamiento, no hay nada mejor que el
exceso. A menudo solo el descubrimiento de lo suficiente, es decir, de lo que
trasciende los límites de lo necesario, inmediato, de la realidad material, o
de la necesidad social y sus posibilidades lógicas, permite efectuar las
correcciones indispensables para llegar a la verdad.
Este fue uno de los servicios históricos que prestó el idealismo. Al
impulsar el pensamiento más allá de los límites materiales de su época, los
idealistas ayudaron a descubrir la potencia y definir el campo y propiedades
fundamentales de lo inteligible.
Podríamos sugerir una analogía, pensemos por ejemplo en lo poco que
conoce el bebé de su propio cuerpo. En el curso de su crecimiento el niño
descubre no sólo que posee un cuerpo sino cuáles son las diversas funciones de
los distintos órganos y cómo se interrelacionan.
Hasta el día de hoy la investigación fisiológica, bioquímica y médica
descubre cosas nuevas sobre el organismo, desde las funciones de las glándulas
endocrinas, hasta los métodos para estabilizarlo cuando ha sido sometido a una
fuerte tensión. Para los primeros científicos de la antigua Grecia algunas de
las funciones más elementales del cuerpo humano, tales como la circulación de
la sangre y el sistema nervioso estaban aun sin descubrir.
Llevados por el primer impulso de la innovación, los idealistas se
aferraron a muchas nociones erróneas y exageradas acerca de los procesos
mentales, que son aun más difíciles de estudiar y explorar. Lo que nos asombra
no son sus errores sino sus aciertos.
Los griegos no fueron los primeros en razonar. Pero, hasta donde
sabemos, fueron los primeros en razonar sobre el razonamiento, en tratar de
descubrir las leyes que rigen los procesos mentales, en formular y sistematizar
las formas de pensamiento. Fueron los inventores de la lógica, y en buena
medida de la psicología, o ciencia de los procesos mentales.
201
George Novack
Sócrates inventó la definición y la aducción. Platón fue quien por
primera vez intentó definir las categorías del pensamiento, tales como el ser,
la cantidad, la cualidad y la relación. Quiso descubrir qué es el juicio, qué
le da validez y la relación entre lo general y lo particular.
Aunque lo utilizó para apuntalar sus conclusiones de que las ideas son
eternas y superiores a la realidad material, la teoría platónica de las Ideas
apuntaba a aplicar un método crítico a la realidad para hacerla inteligible a
la comprensión. Por ejemplo, en Parménides, Platón toma pares de ideas
correlativas tales como el uno y los muchos, ser y no ser, identidad y
diferencia, movimiento y reposo, generación y degeneración, para tratar de
desentrañar sus conclusiones lógicas cuando se las analiza dialécticamente.
Primero examina cada elemento del par respecto de sí mismo, luego en relación a
su opuesto, y luego el opuesto en sí mismo. De allí deriva dos posiciones y
ocho consecuencias para cada idea.
Este método dialéctico, corregido y muy ampliado, devino en punto de
partida y base de la lógica dialéctica de Hegel. Ésta a su vez, con una base
materialista y con interpretación y aplicación históricas, se convirtió en
parte indispensable del materialismo dialéctico. Así los resultados válidos de
las investigaciones lógicas de los idealistas son parte del legado recogido por
el materialismo moderno.
Aristóteles expuso en sus escritos el primer sistema lógico acabado que
resume los descubrimientos de los idealistas en este campo. Reunió, clasificó,
codificó, criticó y sistematizó todos los resultados positivos del pensamiento
sobre los procesos intelectuales investigados por los griegos. Su lógica formal
fue el primer sistema de conocimiento científico de los procesos mentales y
constituye una de las glorias que coronan el pensamiento griego.
Los filósofos idealistas hicieron muchos aportes importantes a las
ciencias naturales, desde la biología y la botánica a la zoología. Fomentaron
el estudio de la matemática, sobre todo de la geometría. Se dice que sobre el
portal de la Academia de Platón estaba inscripto: “Que nadie entre que no sepa
hacer geometría”. Eudoxo, su discípulo, estudió la teoría de las proporciones e
inventó el método exhaustivo que consistía en aproximar dos dimensiones o
cantidades disímiles agotando o disminuyendo sus diferencias.
202
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Aristóteles y su escuela hicieron avanzar la biología hasta un punto
solo superado en la Modernidad. Sus observaciones psicológicas no fueron
superadas hasta el siglo XIX. Los idealistas efectuaron aportes sumamente
valiosos a las ciencias sociales y culturales. Dieron origen a las ciencias de
la economía, la política, la crítica de la moral, la estética, etcétera.
Los primeros descubrimientos científicos astronómicos y matemáticos de
los que tenemos noticia, pertenecen a los escribas religiosos y administradores
de los templos de Egipto y Babilonia. Los filósofos científicos de Jonia
rompieron la tradición sacerdotal. Los idealistas avanzaron un paso más en la
actividad intelectual colectiva coherente al hacer de su trabajo filosófico y
científico un esfuerzo cooperativo organizado, libre del control sacerdotal. La
Academia de Platón perduró setecientos años; el Liceo de Aristóteles gozó de
una vida mucho más breve, pero en el curso de la misma Teofrasto, su sucesor, y
otros hicieron aportes importantes a la ciencia y a la pedagogía.
Los idealistas desde Sócrates hasta Aristóteles demostraron cómo
analizar las formas más generales de la naturaleza, la sociedad y el
pensamiento humano y cómo distinguir lo esencial de lo no esencial en todos los
fenómenos que estudiaron. Esto sigue siendo una necesidad para el verdadero
conocimiento científico, a pesar de los errores cometidos por los idealistas.
Por último, los idealistas efectuaron aportes memorables a la literatura
y al arte de vivir. Sócrates fue la personificación del crítico incansable,
escarbando bajo la superficie para llegar a la verdadera comprensión de los
fenómenos. Platón fue el maestro del diálogo filosófico. Aristóteles fue el más
grande pensador de la Antigüedad.
Existen diferencias tajantes entre el grado de idealismo de cada uno de
los integrantes de este trío. En Sócrates el idealismo se halla en etapa de
formación; en Platón se encuentra completamente cristalizado. Es el
representante supremo de la perspectiva idealista en su época como lo fueron
Leibnitz y Hegel en la era burguesa.
203
George Novack
Los estudios filosóficos de Aristóteles23 muestran una emancipación
gradual aunque incompleta del idealismo puro, aunque no lograse deshacerse de
sus limitaciones en virtud de su animadversión hacia las técnicas prácticas
aplicadas a la teoría y su servilismo para con las necesidades del sistema
esclavista.
Les debemos entonces, a los idealistas clásicos muchos descubrimientos
invalorables que les aseguran un lugar imperecedero en la historia del
pensamiento humano.24
23 G. Thomson, Studies in Ancient
Greek Society, T. I, p. 330. Nueva York, 1955. (En castellano: Estudios sobre
la sociedad griega antigua)
24 Los empíristas o los
materialistas vulgares no siempre saben apreciar estos aspectos de la obra de
los idealistas. Por ejemplo, en su libro acerca del materialismo histórico,
Bujarin tacha a Platón de vocero tendencioso de las “Centurias Negras”, es decir,
el equivalente de un fascista. Es innegable que Platón expresaba las posiciones
de una clase gobernante esclavista. Pero también, y a su manera, lo hicieron
Washington y Jefferson. Si ése fuera todo el contenido del pensamiento de
Platón, es difícil que hubiese ejercido tan tremenda influencia a través de los
siglos. Pero éste es sólo un aspecto de su producción.
Este desprecio hacia la obra y el valor de los grandes idealistas
griegos puede hallarse en otros que se declaran marxistas. En su excelente
libro Greek Science, Farrington contrapone correcta-mente el idealismo de la
concepción de la naturaleza de Sócrates a la explicación materialista que
dieron los pensadores jónicos de la naturaleza y el hombre, exaltando a éstos.
Pero agrega: “Es probable que haya efectuado aportes importantes a la lógica.
Aristóteles le atribuye la Inducción y la Definición. Pero [... ] no ha hecho
aportes a la ciencia”.
Habría que deducir de estas observaciones que la lógica no es una
ciencia, o que la lógica no necesita de la ciencia. Sin embargo si Sócrates
creó, como es muy probable, varios elementos básicos de la lógica, entonces ha
hecho aportes indispensables, por cierto, a la ciencia de la lógica, si no a la
lógica de la ciencia.
En realidad Farrington demuestra una visión demasiado estrecha de la
ciencia, una comprensión errónea de la historia y el valor de la lógica y con
ello un conocimiento incompleto de Sócrates y de los otros importantes lógicos
de la tradición idealista griega.
204
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capítulo XV
LA FILOSOFÍA DE EPICURO
La línea de la filosofía materialista, iniciada por los jónicos y
desarrollada en el atomismo de Leucipo y Demócrito, fue perfeccionada por
Epicuro y su escuela. Epicuro vivió del 341 hasta el 268 a.C. Su vida se inició
seis años después de la muerte de Platón y terminó cincuenta y cinco años
después de la muerte de Aristóteles y Alejandro Magno.
Nació de padres atenienses en la isla de Samos, y después de cumplir el
servicio militar en el ejército ateniense enseñó filosofía en distintos centros
universitarios, hasta fundar en Atenas su famosa escuela llamada Jardín de
Epicuro, lugar donde vivió y enseñó durante los últimos veinte años de su vida.
La reputación del epicureismo ha llegado a nuestros días bajo dos
formas. En el lenguaje popular se lo equipara con el sensualismo, con el
sumergirse deliberadamente en los placeres groseros, en los apetitos de la
carne. Un epicúreo es una persona que goza de la comida y el vino, etcétera.
Esta definición se puede aplicar más correctamente a la escuela hedonista
fundada por Aristipo de Cirene que a las doctrinas del verdadero Epicuro. Es un
reflejo de las calumnias antimaterialistas lanzadas a una escuela materialista.
En otro sentido se identifica al epicureismo con el ateísmo. El odio que
profesan los judíos ortodoxos hacia las enseñanzas herejes de Epicuro está
registrado en el término que utilizan los rabinos para designar a los
apóstatas; apikoras (epicúreo). Esta es también una verdad a medias. Los
epicúreos, en tanto que materialistas, no creían en la vida antes del
nacimiento ni después de la muerte, ni en la inmortalidad del alma ni en la
omnipotencia de un Dios benévolo y justo. No eran, sin embargo, ateos. Decían
que los dioses existían, pero en los espacios entre los mundos, y no se
preocupaban de los asuntos humanos. Pero el no creer en la influencia de la
divinidad en nuestro mundo bastó para que fuesen acusados de ateos a los ojos
de judíos y cristianos.
205
George Novack
Epicuro era un hombre culto, conocedor del curso anterior del
pensamiento griego; basó su filosofía en el atomismo de Leucipo y Demócrito.
Pero llegó al materialismo atomista después de que éste había sido sometido a
las críticas de los idealistas clásicos y se vio obligado a revisar las
posiciones atomistas a la luz de dichas criticas y en concomitancia con los
cambios que se sucedieron en la vida griega durante su vida.
Su reconstrucción del atomismo parte de aceptar sus posiciones
centrales, que él codifica en doce principios elementales:
a) La materia es increada.
b) La materia es indestructible.
c) El universo consiste en
cuerpos sólidos y vacío.
d) Los cuerpos sólidos son
simples o compuestos.
e) El número de átomos es
infinito.
f) La extensión del vacío es
infinita.
g) Los átomos se hallan siempre
en movimiento.
h) La velocidad del movimiento
atómico es uniforme.
i) El movimiento es lineal en
el espacio, vibratorio en los compuestos.
j) Los átomos son capaces de
desviarse levemente en cualquier punto del tiempo y el espacio.
k) Tres cualidades caracterizan
a los átomos: peso, forma y tamaño.
l) La cantidad de formas
distintas no es infinita, sino simplemente innumerable.
En estas proposiciones Epicuro sistematizó los fundamentos físicos de la
concepción materialista del mundo elaborada por sus antecesores. A diferencia
de Demócrito, otorgó a los átomos un peso esencial, de modo que su movimiento
es descendente y afirmó que sus formas son finitas. Pero su discrepancia
fundamental con sus antecesores en la teoría física es su hipótesis de una
desviación infinitamente pequeña pero espontánea de la línea vertical de
descenso. Demócrito no dejaba lugar para el azar en su cosmología, para el
accidente en la sociología ni para la opción moral. En su esquema del universo
los átomos descienden verticalmente a través del espacio vacío, creando al
206
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
mundo y todo lo que contiene mediante sus choques y combinaciones.
Elaboró así una teoría rígidamente determinista del universo en la que todo
acontecimiento es el producto de la más estricta necesidad y nada queda librado
al azar en el universo ni a la elección en la vida humana.
Epicuro introdujo una variante en la descripción de la naturaleza misma
de los átomos, según la cual la caída y de su movimiento descendente se movía
con desviación de la perpendicular (parénklisis)25 Esto le servía a dos fines.
En primer lugar, en la física posibilita la unión de átomos, que de otra manera
caerían en líneas paralelas y jamás formarían cuerpos compuestos; consideraba a
esto último un defecto en la física de Demócrito. En segundo lugar, en lo que
hace a la moral, libera a la humanidad de la sujeción a una cadena infinita e
inexorable de causalidad física y posibilita la libre elección.
Las razones de esta innovación no poseen un carácter puramente teórico,
sino que estaban enraizadas en la situación histórica cambiante. La necesidad y
el azar son aspectos de la realidad asociados orgánica-mente. Los griegos los
simbolizaban en dos figuras: la ananké o necesidad, una fuerza ciega, y la tijé
o azar. Ambas figuras míticas, símbolos de distintos aspectos de la realidad,
se convirtieron en objeto de culto. Surgió entonces el interrogante: ¿cuál
ejercía la supremacía y el dominio del mundo, la ananké (necesidad) o la tijé
(azar)?
Estos dos aspectos de la misma situación, o polos opuestos de la misma
concepción, aparecen juntos. ¿Cómo elegir entre ellos? Se consideraba
predominante a uno u otro según las circunstancias sociales específicas y las
necesidades de clase que más presionaban al filósofo dado.
Epicuro vivió en la época en que la ciudad-estado se desintegraba,
liberando a los individuos de sus viejos vínculos y asociaciones en la pequeña
comunidad. El nuevo imperio mundial alejandrino superaba a las ciudades-estado
y creaba nuevas relaciones entre los individuos y la sociedad que los rodeaba.
El atomismo de los epicúreos trataba de tener en cuenta estas nuevas
condiciones y hallar una base racional para los nuevos propósitos sociales. Su
filosofía de la naturaleza era muy parecida a su ética.
25 Kínesis katá parégklisin, o
movimiento desviado o “Clinamen”
207
George Novack
Por ejemplo, la concepción contradictoria de la naturaleza y funciones
de los dioses, y la actitud ambivalente de los epicúreos para con ellos
reflejaban los deseos y demandas contradictorias que surgían de su propia
posición intermedia en la escala social. Los epicúreos trataban de liberar a
los hombres de la dominación de los dioses y del temor a los mismos y luchaban
por eliminar la interferencia arbitraria de las fuerzas sobrenaturales en la
naturaleza y la sociedad. Buscaban erradicar la superstición de las mentes de
los hombres y debilitar la religión como instrumento para el sometimiento de
las masas al dominio aristocrático. Esto les ganó el odio de los puntales
idealistas de la oligarquía y de los defensores tradicionales de las
asociaciones religiosas.
Mientras los idealistas como Platón abogaban por la autosuficiencia de
la ciudad-estado, los epicúreos predicaban sobre todo la autosuficiencia del
individuo. El hombre sabio y feliz se retiraba de la vida pública, no
participaba en los asuntos políticos sino que “cultivaba su propio jardín”. Se
trataba de una elección deliberada y un desafío a la coerción externa.
Esta receta era un modelo general de su concepción del átomo, los dioses
y la buena vida. Los átomos que constituyen los elementos del universo son
impasibles e impenetrables. Los dioses son igualmente ociosos e indiferentes
entre ellos mismos o hacia la humanidad. Viven en los espacios situados entre
los mundos y no son responsables por lo que ocurre en la tierra. Ellos también
se componen de átomos, son seres corpóreos de forma humana, pero más grandes.
No son inmortales por naturaleza pero, al igual que los hombres, pueden
alcanzar la inmortalidad y mantener la felicidad si están alertas. No existe un
gobierno divino del universo, ni divina providencia para los hombres, ni
profecía.
“La felicidad de los dioses epicúreos consiste en buena medida en su
inmunidad a la responsabilidad. En este sentido se asemejan a gentileshombres
ociosos, para quienes todas las ocupaciones terrenales son sórdidas.”26
26 N. W. De Witt: Epicurus and
his Philosophy, p. 277, Minneapolis, 1954.
208
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La autosuficiencia de los átomos y la desviación en su movimiento, la
imperturbabilidad de los dioses y su búsqueda de la felicidad eterna sólo para
sí mismos son el complemento simétrico de la autosuficiencia del individuo y el
ideal de vida que pregona Epicuro.
La mejor manera de comprender las características del epicureismo es
compararlas con las posiciones platónicas. Como exponente del materia-lismo,
Epicuro era enemigo declarado del idealismo.
Más de la mitad de sus cuarenta doctrinas autorizadas son una
contradicción categórica del platonismo.
Epicuro desprecia la concepción platónica de que el universo es una obra
de arte creada por los dioses para servir a las necesidades y fines de la
humanidad. El universo es resultado de un proceso material que proviene del
movimiento de los átomos en el espacio vacío, con el que los dioses nada
tuvieron que ver y que en realidad creó a los mismos dioses. No hay teleología
en la visión epicúrea del proceso cósmico. Los cuerpos celestes fueron creados
sin propósito visible, y lo propio ocurre con los órganos humanos. Son el
resultado de la adaptación azarosa, no de la previsión divina.
Al mismo tiempo Epicuro trata de dejarle al ser humano un margen para
reaccionar sobre su medio, echa las bases para ello al otorgarle al átomo un
movimiento oblicuo y a la humanidad una libertad de opción que la ubica aparte
y por encima de los demás animales. El átomo y la humanidad son libres,
predomina el azar, no la necesidad.
Para los idealistas clásicos el modelo de hombre era el ciudadano de la
ciudad-estado que participaba plenamente en todas las manifestaciones de la
vida pública. El epicúreo perfecto era un personaje muy distinto. No sentía
mayor responsabilidad por la vida cívica que los dioses por los asuntos
humanos. Puesto que no podía dominar ni dirigir el curso de los acontecimientos
de la naturaleza ni de la política, atributos propios de poderes que estaban
fuera de su control, se abstenía de emprender lo imposible.
Había, empero, una esfera en la que podía aspirar a prevalecer: la de la
supervisión y control de su propia vida, especialmente su vida interior. La
premisa para lograrlo era retirarse de la contienda pública y del gran teatro
de los acontecimientos.
209
George Novack
El epicúreo perfecto no se podía permitir someterse al monarca ni a la
turba, es decir, debía volver la espalda tanto a la democracia como a la
oligarquía.
Pero sí podía mejorarse a sí mismo, planificar su vida dentro de su
hogar y gozar de la compañía de quienes pensaban igual que él. El objetivo del
individuo debía ser evitar el dolor y alcanzar la calma. Para los idealistas el
objetivo del esfuerzo humano era ser buen ciudadano, a lo que se llegaba
mediante la conducta virtuosa y esclarecida, el conocimiento de lo ideal y la
búsqueda de la perfección a través de las formas divinas. Para el epicúreo el
objetivo del esfuerzo humano consistía en buscar el placer, definido como
ausencia de dolor.
La refinada búsqueda del placer que pregona Epicuro distaba mucho del
tipo de vida de los muelles del Pireo o de la turbulenta ágora ateniense. Era
apropiado para las personas que pueden cultivar su jardín privado en paz. La
naturaleza no tiene objetivos, pero ha hecho del hombre una criatura capaz de
dárselos. El placer es el fin que la naturaleza ha decretado para el hombre; el
hombre puede acceder a ese fin mediante una planificación inteligente de su
vida. Existen distintos grados de placer. El placer de poseer mente y cuerpo
sanos es el fundamental y se puede gozar de él continuamente; otros placeres
son superfluos y decorativos. El placer es la salud de la humanidad, el dolor
su aflicción. El placer es anterior a la virtud y más importante para la vida.
El niño recién nacido conoce el placer pero no puede practicar la virtud. Los
adultos buscan la virtud en aras del placer, y no al revés como pregonaban
Platón y Aristóteles.
La doctrina epicúrea del placer insistía en que el objetivo de la vida
humana no es la negación de sí mismo, la autofrustración ni la inmolación sino
el mejoramiento y perfección de las cualidades específicamente humanas,
libradas de la superstición y el temor. “Desprecio la belleza y a quienes la
adoran cuando no proporciona placer”, exclamaba Epicuro con vehemencia. “En
cuanto a mí, los invito a compartir placeres continuos, no virtudes vacías y
vanas que no ofrecen sino esporádicas esperanzas de retribución.” Estos
placeres continuos, estables, eran racionales porque no conducían a la pérdida
de la salud y la riqueza y, por lo tanto, no traían dolor.
210
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La paz y la seguridad son el lema del epicureismo. Su famoso consejo
era: vive sin comprometerte. Es obvio que este consejo no apunta a la
participación activa en la vida social ni a resistir sus males, sino a la
pasividad y al conformismo. Surgía de la sensación de que el medio social era
hostil, incontrolable e imposible de cambiar y podía enfrentárselo únicamente
retirándose de la contienda de las fuerzas exteriores y encerrándose en una
ciudadela. Pero esta abstención implicaba una protesta muda contra la
situación.
La concepción epicúrea del alma y de la relación alma-cuerpo es bastante
materialista y se opone tajantemente a la concepción platónica. Para los
epicúreos el alma no es divina ni inmortal. Es de naturaleza corpórea,
compuesta de átomos lisos, esféricos y finos nacidos al mismo tiempo que el
cuerpo. El cuerpo contiene al alma como un cántaro el agua. Las capacidades
activas del cuerpo se limitan a las sensaciones, mientras que el alma posee
memoria, inteligencia y razón, aunque el sonrojarse, transpirar y temblar
demuestran que el alma participa de las sensaciones a través del cuerpo.
Otra cuestión clave en la que Epicuro difiere de Platón es en la
naturaleza de las Ideas Perfectas con las que Platón justifica la dominación de
la aristocracia. A la posición platónica de que la justicia es absoluta e
inmutable Epicuro opone la concepción sofista de que la justicia es relativa y
está condicionada por las circunstancias históricas cambiantes. Decía:
“Jamás ha existido una justicia absoluta, sólo un acuerdo al que se
arriba en el curso de las relaciones sociales, que difiere de un lugar a otro,
de una época a otra, para impedir que un hombre le haga daño a otro... Todos
los elementos que las leyes reconocen como justos poseen ese carácter en la
medida en que las necesidades de la relación social lo consideren conveniente,
lo sean o no para todos; y si una ley resulta incompatible con las
conveniencias de las relaciones sociales, deja de ser justa. Y si la
conveniencia expresada en la ley corresponde a esa concepción sólo por un
tiempo, sin embargo es justa durante ese tiempo, siempre que no nos enredemos
en frases desprovistas de contenido sino que busquemos simplemente los hechos.”
El párrafo anterior es un ataque devastador a la concepción idealista
clásica de las pautas intemporales de derecho y moral.
211
George Novack
En lugar de la lealtad cívica a la aristocracia esclavista, consagrada
por las ideas eternas, los epicúreos propugnaban por un lado la
auto-suficiencia individual templada por la amistad, y por otro un
cosmo-politismo filantrópico. Aunque los epicúreos no atacaron directamente la
esclavitud ni la sociedad de clases, ni siquiera la apropiación y disfrute de
la riqueza, pregonaron el amor a la humanidad y trataron de practicar una
amable tolerancia hacia los demás.
En sus doctrinas autorizadas Epicuro proporciona la siguiente opinión
sobre la mejor manera de sobrevivir en épocas agitadas:
“El hombre que mejor evita la sensación de inseguridad exterior es aquel
que mantiene relaciones amistosas cuando es posible, cuando es imposible las
mantiene neutrales y cuando esto es imposible evita todo contacto, y el que
busca apoyo real en todos los casos en que ello sea provechoso”.
Epicuro vivió según su prédica, enseñando únicamente en su
estable-cimiento privado en Atenas en lugar de recorrer la ciudad como Sócrates
y los sofistas. La escuela estaba situada en la casa y el jardín de Epicuro. La
administraban esclavos y poseía un rasgo excepcional: la presencia de algunas
mujeres en calidad de iguales y filósofos. Estas mujeres eran cortesanas; una
de ellas, de nombre Leoncia, fue la cortesana más famosa de su época. Escribió
un libro donde atacó a Teofrasto, jefe de la Academia de Aristóteles, quien
reconoció que sus escritos eran inteligentes y redactados en buen griego del
Ática,
Epicuro fue un maestro de la conducta moral que no sólo diseminó ideas
sino que fundó un culto. Su filosofía se convirtió en guía para la vida
cotidiana. Sus discípulos lo reverenciaban casi como a un dios. Aunque
pregonaban el retiro de la vida pública, los epicúreos fueron evangelistas que
difundieron su credo de un extremo a otro del mundo greco-romano. Las
monarquías macedonias y su propia orien-tación individualista y universalista
los liberaron de las limitaciones parroquiales de los idealistas de la ciudad-estado.
Cualquiera podía unirse a los epicúreos sin limitaciones de cultura, raza ni
ubicación social.
212
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
El epicureismo alcanzó el status de filosofía mundial, distinta de las
religiones autóctonas tradicionales y los ritos urbanos, opuesta al platonismo
y al estoicismo entre las filosofías rivales y a los cultos orientales, y al
judaísmo y el cristianismo entre las religiones del mundo. El epicureismo no
ejerció gran influencia entre los aristócratas ni las masas, sino en las capas
intermedias, tanto griegas como no griegas. Fue la primera filosofía griega que
penetró en la Italia romana.
Su combinación particular de neutralidad ante los poderes gobernantes y
crítica materialista, observación de las costumbres e innovación en materia
religiosa, la hicieron sumamente atractiva a los ojos de quienes se encontraban
atrapados entre las clases gobernantes y las órdenes inferiores en las
ciudades-estado que se desmoronaban bajo los imperios alejandrino y romano y
buscaban un santuario moral donde refugiarse de los desórdenes y peligros de la
época.
Los filósofos de la escuela epicúrea que enseñaban a sus fieles la
introspección fueron modelos para los consejeros espirituales y padres
confesores de la Iglesia Católica que se ocupan de la vida espiritual de sus
clientes y dirigen su camino hacia la contemplación y la complacencia. Fueron
rivales de los estoicos y luego de los cristianos. Florecieron durante siete
siglos y desaparecieron como movimiento organizado junto con la desintegración
de la civilización romana: en algunos casos desaparecieron simplemente, en
otros los absorbió la fe cristiana.
El espíritu del epicureismo como culto popular antes que filosofía
esotérica está reflejado en los monumentos que le erigieron sus discípulos. Se
encuentran epitafios epicúreos en tumbas a lo largo de toda Italia. Galia y
África. “No fui, fui, no soy. Soy inconsciente de ello.” La Biblia hebrea
conserva un sentimiento epicúreo en el libro del Eclesiastés: “Un perro vivo es
mejor que un león muerto, porque los vivos saben que van a morir, pero los
muertos nada saben”. Esto es muy distinto de la doctrina cristiana, para la
cual la muerte es la entrada a la vida divina y eterna. Para los epicúreos la
muerte es la aniquilación del individuo y la vida el más precioso de todos los
dones, tal como corresponde a materialistas.
213
George Novack
En el siglo II d.C., un anciano en una aldea del Asia Menor erigió un
monumento con inscripciones tomadas de las enseñanzas de Epicuro. En él dice
que después de experimentar “la felicidad en su plenitud”, quiso hacer algo por
la felicidad de sus conciudadanos, por los forasteros que pasaron e incluso por
los que no habían nacido, porque “el universo es un solo país y la tierra un
solo hogar”. Este cosmo-politismo es muy distinto del patriotismo hacia la
ciudad-estado de la Grecia clásica.
El epicureismo no sólo se convirtió en una filosofía mundial bajo los
imperios alejandrino y romano, sino que inspiró la más grande obra literaria
materialista de la Antigüedad, el poema de Lucrecio sobre la naturaleza de las
cosas. Esta obra suprema marca la cumbre del pensamiento materialista en la
primera fase de su evolución.
214
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capítulo XVI
EL MATERIALISMO EN LA CIVILIZACIÓN ROMANA
Grecia fue conquistada por Macedonia en el siglo IV a.C. y por Roma dos
siglos más tarde. Ninguna de estas potencias militares fomento un desarrollo
independiente u original de la filosofía. Las clases cultas romanas tomaron sus
ideas filosóficas, junto con su alfabeto, de los griegos. Los griegos
compensaron su sometimiento político dominando a sus amos en el terreno
teórico.
El hecho de que Roma quedara bajo la tutela cultural más avanzada y
refinada de Grecia resalta en la teoría materialista, diseminada en Roma a
través de la influencia epicúrea. Los pensadores romanos no agregaron elementos
nuevos a la filosofía materialista. Extendieron las enseñanzas de Epicuro y de
los atomistas y las aplicaron a los problemas y situaciones de su propia época.
El mejor exponente del atomismo epicúreo en el mundo greco-romano fue el
poeta Lucrecio. Su épica De Rerum Natura es la obra antigua que más se aproxima
al espíritu del materialismo moderno y que nos ha llegado más directamente.
Influyó en el pensamiento de los renovadores de la ciencia del siglo XVII y de
Diderot y otros materialistas del siglo XVIII, y cualquier partidario serio de
la filosofía materialista puede todavía estudiarla con utilidad.
Lucrecio vivió en la etapa de la historia de Roma en que se precipitaron
los conflictos entre patricios y plebeyos por el control del Estado y se
construyó el imperio a través de interminables guerras de conquista en las que
pueblos enteros fueron exterminados o esclavizados. El mismo hace referencia al
“negocio brutal de la guerra en el mar y en la tierra”, en el extranjero y en
el país, como cosa de todos los días. Las cruentas guerras civiles, que
culminaban en la ejecución o exilio de los dirigentes de la fracción derrotada,
culminaron en la implantación de la dictadura militar de César, el imperio de
Augusto y la insurrección de los esclavos dirigida por Espartaco en el 73 a.C.
215
George Novack
Lucrecio fue un joven contemporáneo de César y de Cicerón. Es posible
que éste haya preparado una edición del poema y no cabe duda de que lo conocía.
En una carta suya a un amigo, fechada a principios del 54 a.C., leemos: “Los
poemas de Lucrecio se caracterizan, como tú dices, por su brillo digno de un
genio, y por su poco arte”.
Lucrecio basó explícitamente su obra en las enseñanzas de Epicuro, a
quien reverenciaba como maestro del esclarecimiento y asemejaba a un dios. “A
ti sigo, gloria del pueblo griego, oriento mis pasos sobre tus huellas y las
piso.”
Dos escuelas de pensamiento se disputaban la supremacía entre los
romanos cultos: el epicureismo y el estoicismo. El De Rerum Natura de Lucrecio
fue más que una exposición elocuente del epicureismo y una defensa del
materialismo; fue una polémica contra el estoicismo que, a su manera,
continuaba la tradición del idealismo griego. El poema ataca casi todas las
posiciones más importantes de los estoicos: la creencia en una Divina
Providencia que domina el mundo; la concepción de los cuerpos celestes como entes
divinos dotados de movimiento propio; la doctrina del designio y propósito de
la naturaleza; la necesidad divina en oposición a la libre voluntad humana; un
cosmos esférico infinito contra la existencia de varios mundos; la creencia en
la divinidad y perfección del mundo, junto con muchas de las ideas sociales y
éticas de esa escuela.
El poema ataca sobre todo a la teología y la teleología, no en las
formulaciones teóricas de los filósofos sino en su forma popular y oficial en
las creencias y prácticas religiosas prevalecientes. Para Lucrecio, al igual
que para Voltaire, la superstición religiosa es el enemigo público número uno.
Con Lucrecio podemos medir el progreso del materialismo desde su nacimiento en
Mileto. Tales deja implícitamente de lado a los dioses como autores del
universo y principal fuerza motriz del cambio. Cinco siglos más tarde, el poeta
romano repudia totalmente a los dioses como autores o fuerzas motrices de
cualquier cosa, los despoja de todas sus funciones, los jubila, los persigue
implacablemente para sacarlos de sus últimos refugios ocultos en las funciones
naturales y sociales, y fustiga a quienes predican o creen en el poder de los
dioses.
216
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
En esa época terrible y turbulenta de transición de la antigua República
al nuevo Imperio mundial, las viejas creencias religiosas romanas tendían a
desaparecer, sobre todo en las clases altas. Como dice Lucrecio: “Los hombres
eran como vagabundos, algunos se extraviaban, buscando a tientas el camino de
la vida”. Algunos adoptaron los cultos nuevos que venían a Roma desde el
Oriente.
“Inclusive hoy en día el sentido de reverencia que la práctica de la
religión ha implantado en el corazón del hombre erige nuevos templos a los
dioses en toda la tierra.”
La adivinación, practicada en Grecia por los sacerdotes de Delfos y de
otros oráculos, era el rasgo central de la religión estatal romana en la época
de Lucrecio. Ninguna medida importante podía resolverse sin consultar a los
augures oficiales. El colegio de augures era la última trinchera del dominio
aristocrático contra cualquier candidato peligroso que pareciera capaz de ganar
una elección o contra una medida que beneficiara a la plebe. Por ejemplo, si se
proponía una reforma agraria que podía obligar a los nobles a devolver fondos
públicos mal administrados, no faltaría nunca un augur que dijera que habiendo
consultado el cielo, los dioses habían prohibido cualquier acto público para
ese día, de modo que la asamblea pública debía levantarse y no podía actuar.
Muchos romanos de las clases altas que habían perdido su fe en la magia
de los augures, insistían de todas maneras en la necesidad de utilizar la
impostura para engañar y controlar al pueblo. Al igual que Platón, Cicerón
escribe:
“La antigüedad indudablemente estuvo errada en muchas cosas, y el
tiempo, la experiencia y los nuevos conocimientos han debido corregirla. Sin
embargo es necesario mantener la veneración del augur y del colegio de augures
y la práctica del augurio en razón de las creencias del pueblo bajo y por los
grandes servicios que le prestan al Estado.”
El historiador griego de nombre Polibio alaba a la aristocracia romana
por la manera astuta en que utiliza la superstición para conservar su poder.
217
George Novack
“La base de la grandeza romana –dice– es la superstición. Ha sido
introducida en todas las instancias de la vida pública y privada mediante todos
los artificios capaces de asombrar a la imaginación. Porque las masas en todo
momento son inestables, llenas de deseos ilegítimos, ira irracional y pasiones
violentas. El único recurso es mantenerlas atadas, mediante el temor a lo
desconocido y otros engaños similares. No fue porque si, sino por designio
consciente, que los hombres de antaño introdujeron en las masas nociones sobre
Dios y la idea de la vida después de la muerte.”
A través de sus videntes las clases dominantes de Roma trataron de
mantener aterrorizadas a las masas, inculcando y fortaleciendo el temor a la
violación de los tabúes, que serían castigados en esta y en la otra vida.
El propio Lucrecio era un patricio. En su poema no llama a una
ciudadanía oprimida a sacudirse el yugo de la dominación y la extorsión
aristocráticas. Pero si llama a sus correligionarios a desechar los temores
inculcados por la superstición religiosa y a erigirse como seres humanos
independientes sin temor a las fuerzas oscuras y terribles de lo desconocido e
incontrolable. Como materialista y racionalista consciente que opone la ciencia
a la religión, insta a sus partidarios a dar el primer paso en su emancipación
mental y confiar en las fuerzas materiales y en sus propias fuerzas en lugar de
sucumbir a fuerzas ajenas y postrarse ante los dioses. Dos veces en sus poemas
declara que es a los viejos filósofos naturales griegos y no al oráculo de
Apolo en Delfos a los que hay que reverenciar como fuente de la verdad.
Lucrecio es un misionero que trae un mensaje de salvación y liberación,
a la sufrida humanidad de su época. Como dice uno de sus traductores
americanos, excelente poeta además, William Ellery Leonard, “El habla como un
hombre que sabe qué terrible es estar atado, qué magnífica es la libertad”.
Aunque la esencia de este pensamiento proviene de Epicuro, el espíritu que lo
impregna dista de ser calmo; es feroz, voluntarista, militante. La posición que
ha alcanzado le parece el más preciado tesoro que le ha podido arrancar al
sufrimiento y al dolor, y arde en deseos de enseñarlo a los demás para que
también ellos se vean libres del tormento.
218
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Su homenaje a Epicuro se debe precisamente a que enfrentó el fabuloso
poder de los dioses y puso los secretos de la naturaleza a la vista de los
hombres.
“Cuando la vida humana yacía prosternada a ojos de los hombres, postrada
en tierra bajo el peso muerto de la superstición, cuya faz sombría amenazaba a
los mortales desde los cuatro rincones del cielo, un hombre de Grecia fue el
primero en elevar, desafiante, sus ojos mortales, el primero en erguirse y
aceptar el desafío. No lo abrumaron las fábulas de los dioses, ni el relámpago,
ni la rugiente amenaza de los cielos. Más bien estimularon su hombría de modo
que él, el primero entre los hombres, destrozó los fuertes cerrojos que
mantenían cerradas las puertas de la naturaleza. Se impuso el vigor vital de su
mente. Se aventuró mucho más allá de las troneras encendidas del mundo y viajó
con su espíritu hasta el infinito. Al retornar triunfante, nos anunció qué
puede ser y qué no: cómo todos los poderes tienen límites y una marca
fronteriza inamovible. Por ello la superstición yace a su vez aplastada bajo
sus pies, y su triunfo nos eleva hasta el cielo.”
Lucrecio vuelve entonces sus argumentos contra los sacerdotes al
demostrar que, lejos de ser pecaminosas sus teorías sobre la realidad última de
los cielos y los dioses, es la religión misma la madre de crueldades tales como
el sacrificio de la virgen Ifigenia a manos de su padre. Exhorta a su amigo, el
patricio Memmo, a no renegar cediendo ante los horribles fantasmas de los
augures sino a seguir siendo un firme partidario de la razón.
Puede parecer anómalo que Lucrecio, el materialista, invoque la ayuda de
Venus como fuerza rectora del universo, al iniciar su exposición del atomismo.
Pero el poeta busca celebrar a través de la mención de la diosa, la energía
creadora de la naturaleza, que da lugar a todas las cosas, a todas las
criaturas vivientes, las flores, los pájaros, el amor. El materialista ve en la
naturaleza, no un mecanismo muerto sino la fuente eterna e inacabable de toda
la creación. Esta concepción de la naturaleza como fuente de la creatividad,
elemento esencial en una concepción materialista acabada, reaparecerá en el
renacimiento del materialismo, en el siglo XVI, con Giordano Bruno.
219
George Novack
Lucrecio sabía que el verdadero conocimiento de los fenómenos naturales
ayuda a combatir la superstición.
“Así como los niños en la oscuridad total tiemblan y se sobre-saltan
ante cualquier cosa, así nosotros a plena luz del día nos sentimos oprimidos
por temores que tienen tan poca base real como los horrores que los niños
imaginan que los acechan en la oscuridad. A este temor y oscuridad de la mente
no lo disipan los rayos del sol, la claridad del día, sino el conocimiento de
las funciones internas y externas de la naturaleza.”
El arma más potente que blande Lucrecio contra la religión oficial es su
explicación materialista del universo. Los dos primeros libros del poema
presentan los principios básicos de la visión atomista del mundo físico. Los
dos libros siguientes estudian a la humanidad. El segundo libro discute la
naturaleza del alma y la forma en que ésta se vincula con el cuerpo,
demostrando la mortalidad del alma. Resulta interesante –e irónico– notar que
mientras el idealista Sócrates invoca la inmortalidad del alma para disipar el
temor a la muerte, el materialista Lucrecio demuestra su mortalidad con el
mismo propósito.
El tercer libro trata de las sensaciones, el pensamiento y las funciones
biológicas. Al igual que Epicuro. Lucrecio cree en la primacía de los sentidos
para el conocimiento y la experiencia. Para ello utiliza sus propios sentidos
con maestría. En él no existe esa denigración idealista del cuerpo y los
sentidos que va de la mano con la exaltación de la razón pura y la revelación
intuitiva como fuente única del conocimiento. Su confianza en los sentidos se
refleja en las vividas imágenes e ilustraciones que aparecen constantemente en
sus páginas y en la forma en que recurre a la observación directa, asistida y
guiada por el razonamiento analítico, para demostrar la verdad de su teoría
atómica.
Se suele decir que la teoría atómica de los antiguos materialistas no
fue más que una conjetura afortunada, desprovista de una base científica en sus
actividades o pensamiento, pero que resultó ser una anticipación de la
realidad. Es cierto que la especulación desempeñó un papel tan importante como
la observación en la formulación de la teoría atómica, y que frecuentemente la
especulación tomó rumbos completamente equivocados. Pero lo que hay que
explicar no son los desaciertos inevitables de los atomistas, sino sus
aciertos, sobre todo
220
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
el tiro que da justo en el centro del blanco. El estudio del poema de
Lucrecio demuestra claramente que las posiciones de los atomistas derivaban del
examen minucioso y crítico de los procesos naturales. De las manifestaciones
externas de la naturaleza que cayeron bajo su observación dedujeron las
funciones internas de los elementos atómicos. En la lenta disminución del
tamaño de los objetos por desgaste, tales como un adoquín del pavimento o la
mano de una estatua a que se suele besar, en la pequeñez de muchos objetos
visibles, tales como el polvo en los rayos solares, en los efectos físicos de
vientos invisibles, en los olores, en el calor. Lucrecio ve manifes-taciones de
los movimientos de pequeñas partículas y la formación, transformación y cambio
de todas las cosas. Y concluye que “la naturaleza obra a través de agentes
invisibles”.
Este método y sus conclusiones, aunque se hallan en un nivel mucho más
rudimentario del avance científico y social, no difieren fundamental-mente de
los procedimientos que utiliza la ciencia moderna para descubrir y explicar un
fenómeno como el movimiento molecular que Brown observó en las suspensiones de
ciertos líquidos y que Einstein expuso en términos teóricos. Es cierto que
Lucrecio no efectuó experimentos de laboratorio, con control de los resultados
y verificaciones de los mismos a través del cambio de factores; estos métodos
más precisos aparecieron en una etapa muy posterior de la investigación
científica. Pero dentro de los límites de las técnicas científicas de la época
dio interpretaciones de fenómenos naturales, razonables y verificables.
El Libro Quinto trata de la tierra y su historia, describe la naturaleza
y la formación del mundo, el surgimiento de la vida, el desarrollo de la
sociedad humana. La sexta y última parte de esta obra incompleta estudia la
meteorología y la geología y culmina con el tratamiento de epidemias y la gran
plaga que asoló Atenas durante la guerra del Peloponeso, descrita por el
historiador Tucídides. En esta parte Lucrecio demuestra su afinidad con la
escueta hipocrática de la medicina al atribuir ciertas enfermedades a
variaciones del aire y el clima.
Lucrecio trata de dar una explicación clara, conexa y global de los
fenómenos principales que se encuentran en todas estas instancias de la
realidad. Su coherencia materialista es admirable como bien dice
221
George Novack
Farrington: “En ninguna otra obra de la Antigüedad, y pienso que podría
agregar, de la era moderna, se puede hallar semejante esfuerzo para reunir
todos los fenómenos de la naturaleza y de la historia como testigos comunes de
una visión unificada de las cosas”. Visión unificada –agregaríamos nosotros–
por un materialismo intransigente.
Lucrecio expuso muchas ideas fructíferas que le señalan rumbos a la
ciencia moderna: la materia compuesta de pequeñas partículas invisibles; de
átomos que se desplazan en movimientos infinitamente breves y veloces; de
vastas extensiones de tiempo y espacio; de leyes que rigen todo el cosmos; de
la infinita diversidad de las cosas.
Una de las partes más instructivas, la segunda parte del libro quinto,
expone su visión del origen de la vida y del avance de la sociedad. Este
pequeño bosquejo de la civilización constituye uno de los mayores aportes de la
Antigüedad al materialismo histórico. Elimina el accionar de la divina
providencia del dominio de la historia humana y busca causas racionales para el
progreso de las condiciones materiales en la vida animal y humana antes que en
la voluntad y raciocinio de los hombres o en la intervención de los dioses.
Lucrecio presenta una teoría de la evolución orgánica y social aunque no
se refiere al origen y evolución de las especies. Después de que este mundo
fuera formado, no por dioses remotos y despreocupados sino por la combinación
de los átomos, “la Tierra recién nacida produjo hierbas y arbustos. Luego
engendró las diversas razas de criaturas mortales”. Con el tiempo la tierra
fructífera, la madre naturaleza, se volvió vieja y estéril, dejó de propagar, y
entonces los seres vivos comenzaron a propagarse a sí mismos.
Dijo que el hombre primitivo no era productor sino recolector. No poseía
el fuego, el vestido y la vivienda sino que vivía en cavernas y se aparejaba en
forma promiscua. Evitaba a los animales salvajes más peligrosos y cazaba a los
otros con palos y piedras.
Y afirmaba que la civilización comenzó cuando el hombre consiguió el
fuego, sea a través de una conflagración causada por el relámpago o el
encendido de ramas de árboles frotadas unas contra otras por la acción del
viento, y adquirió vestiduras de pieles y chozas. Hombre y mujer comenzaron a
aparejarse en forma permanente y a vigilar la progenie. Los vecinos formaron
alianzas mutuas y crearon la sociedad.
222
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Sus concepciones sobre el origen del lenguaje evitan la explicación
teleológica. La lengua no está hecha para el habla, sino que el habla se
origina como subproducto social de la lengua. Así como los animales y pájaros
expresan una variedad de emociones mediante sonidos distintos, los hombres
utilizaron distintos sonidos para designar cosas distintas hasta que de común
acuerdo implantaron un lenguaje.
“Con el pasar del tiempo, los hombres aprendieron a cambiar el viejo
modo de vida mediante el fuego y otros inventos instruidos por los que poseían
habilidad y energía mental excepcionales. Los reyes comenzaron a fundar
ciudades y erigir ciudadelas para su propia seguridad y refugio. Parcelaron el
ganado y la tierra, entregando a cada uno según su hermosura, fuerza y
habilidad... Luego se inventó la propiedad y se descubrió el oro que
rápidamente robó a los fuertes y bellos su preponderancia.”
Es decir qué, el oro se volvió más importante que las cualidades
personales.
En la sociedad envidiosa y ambiciosa que resultó de ello, fue derrocada
la monarquía y se impuso la anarquía. La anarquía fue reemplazada, a su vez,
por el gobierno constitucional donde leyes y magistrados castigaban a los
malhechores. Surgió entonces la religión para atormentar a los hombres con el
terror, porque los hombres creyeron erróneamente que los dioses que ellos
mismos crean dominan y dirigen el universo.
Los primeros maestros metalúrgicos fueron los incendios forestales que
derretían el oro, la plata, el plomo, el cobre y el hierro y le sugerían al
hombre la forja de armas y herramientas. Antes de conocer los metales, las
herramientas del hombre habían sido las manos, las uñas, los dientes, ramas
arrancadas de los árboles, la llama y el fuego. Lucrecio habla luego del
desarrollo técnico de la guerra, el tejido, la agricultura, la música, la
navegación, la poesía y la escritura.
En esta extraordinaria teoría de la evolución social, la naturaleza es
además de la madre, la maestra del hombre. El sol enseña al hombre a cocinar;
los pájaros y el viento a hacer música; el relámpago la forma de hacer fuego;
los incendios de los bosques la forma de fundir metales. Al imitar los métodos
de la naturaleza y al utilizar su poder, la
223
George Novack
humanidad aumenta su capacidad productiva e intelectual y se eleva a la
civilización.
Lucrecio correctamente asignó enorme importancia a los inventos técnicos
clave para el progreso de la humanidad. Y percibió que la historia tiene sus
leyes. Su conclusión:
“Las naves y la agricultura, los muros, las leyes, las armas, los
caminos, los vestidos y otras cosas parecidas, todos los premios, también las
elegancias de la vida, todas sin excepción, los poemas, las pinturas y las
estatuas finamente cinceladas, todas estas cosas practicadas juntamente con el
conocimiento adquirido por la mente incansable enseñaron poco a poco a los
hombres, a medida que avanzaban paso a paso. Así el tiempo de a poco pone a
cada una de las distintas cosas ante los ojos de los hombres y la razón la
eleva a la luz del día; porque las cosas deben ser puestas a la luz una tras
otra y en el orden debido en las distintas artes, hasta que éstas hayan
alcanzado su punto máximo de desarrollo.”
El conocimiento y la teoría de los griegos y romanos sobre el desarrollo
de la sociedad había avanzado de a poco desde los jónicos hasta alcanzar su
punto culminante en el bosquejo de Lucrecio. Él sintetizó los métodos y
enseñanzas de los materialistas en torno a este problema. Nada hay en la
ciencia de la sociología que pueda comparársele, hasta llegar a los trabajos
del estudioso árabe Ibn Jaldún, trece siglos más tarde.
Después de seguir la argumentación apasionada y razonada desde la
invocación inicial hasta su final abrupto, el mismo Virgilio escribió,
inspirado por Lucrecio: “Feliz aquél que conoce las causas de las cosas”.
Pero hay matices de tristeza y pesimismo en el poema. Lucrecio creía que
el mundo existente estaba en decadencia y que se acercaba a su fin. Se dice que
enloqueció y se suicidó antes de completar su obra maestra. Históricamente la
República romana llegaba a su fin entre convulsiones agónicas y el Imperio
comenzaba a tomar su lugar.
224
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
También se entreveía el fin del camino del materialismo antiguo. Aunque
el poeta Lucrecio suscitó la admiración de sus coetáneos romanos, no inspiró el
avance de la filosofía. Permaneció aislado. Sus ideas fueron el último destello
brillante del materialismo antiguo, cuya estrella estaba por ponerse. El
postulado básico del materialismo resultó incompatible tanto con el desarrollo
como con la decadencia de la civilización romana. Las religiones que él
combatió resurgieron bajo formas nuevas y ayudaron a eclipsar la luz de la
razón crítica y la ciencia materialista.
Afortunadamente el poema de Lucrecio y su visión del mundo iban a
sobrevivir en una única copia para inspirar el renacimiento del materia-lismo
en el siglo XVII. Sigue siendo en nuestros días la incomparable afirmación de
las ideas más verdaderas y nobles que nos legaron los griegos y los romanos.
He aquí
El gran verso de Lucrecio, quien elevó Su dedo índice y golpeó la faz
Del Tiempo esquivo, dejando una huella de pensamiento Que la lluvia de
las edades no borrará.
Luciano
Antes de abandonar a los materialistas grecorromanos, no debemos
olvidamos de una persona, Luciano. Lucrecio fue un poeta filósofo; Luciano fue
un satírico, moralista, critico mordaz de las costumbres grecorromanas. Con
Lucrecio, el materialismo antiguo culmina en una magnífica afirmación de sí
mismo, en una reivindicación de su fuerza y validez frente a la religión, el
idealismo estoico y el escepticismo.
Dos siglos después Luciano nos revela la tradición filosófica de Grecia
y de Roma en su época de desintegración y caída, inseguro de si y de su futuro.
Con Luciano la filosofía aparece perdida en un laberinto de contradicciones
después de seguir caminos equivocados que no conducen a ninguna parte. No hay
salida a ningún camino ancho que conduzca a la humanidad a la verdad, al
esclarecimiento, a la certi-dumbre. Sin embargo, esta decadencia del
pensamiento no es aparentemente, para Luciano motivo de desesperación. Si la
religión
225
George Novack
es absurda y la filosofía vana, igualmente sienta, como Montaigne, un
fuerte apoyo espiritual e intelectual en un sentido común esclarecido, guiado
por el raciocinio critico, rociado de escepticismo y sazonado con una pizca de
cinismo.
Luciano era un sirio cosmopolita, nacido alrededor del 120 d.C., de
profesión profesor ambulante. A su muerte ocupaba un puesto importante en el
Tesoro Imperial de Egipto. El mundo mediterráneo del siglo II d.C. estaba
romanizado, helenizado, pacificado, unificado y, en las cumbres sociales, era
lujoso y culto.
Aunque escribió sobre pintura, dibujo, un viaje a la luna y diversos
temas, su producción más importante consiste en una serie de diálogos satíricos
breves, donde se burla de los dioses, se mofa de los vivos a través de los
muertos, denuncia a los impostores de la religión, desde los curanderos hasta
los creyentes sinceros, desenmascara las pretensiones de las distintas escuelas
filosóficas. Nos recuerda a Diderot por la forma en que utiliza la sátira como
arma contra la mentira y el fraude. Engels lo llamó “el Voltaire de la
Antigüedad”.
Refiriéndose a sus escritos principales, un comentador perspicaz señala
que uno de sus rasgos más notables es “una simpatía enorme por las clases
bajas, los millones de habitantes de los campos y las casas pobres, artesanos,
trabajadores, marineros, prostitutas. La injusticia de la vida humana lo
persigue. Bucea en los barrios bajos, hasta en sus obras satíricas.” Luciano
era un autodidacta nacido en un hogar pobre, que a la edad de quince años,
resolvió trabajar como aprendiz con un tío de su madre, tallador de piedra.
Azotado por romper accidentalmente un trozo de mármol, escapó de su amo y se
preparó para la carrera de escritor y orador. El joven y andariego Luciano
conoció bien la pobreza y el abandono.
En el Hades de Luciano, la sociedad aparece dada vuelta y los papeles de
las clases se invierten. Los ricos y poderosos son pobres y despreciados; el
pueblo formula leyes contra los que ejercieron el poder.
Su actitud de iracundia hacia los ricos aparece en uno de los Diálogos
de los muertos, donde la asamblea popular del Hades aprueba el siguiente
decreto contra los Plutócratas:
226
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
“Considerando que los Plutócratas perpetran una serie de iniquidades en
vida mediante el pillaje, la violencia y el desprecio total hacia los Pobres en
todo sentido; el Senado y el Pueblo resuelven que cuando ellos mueran, sus
cuerpos sufran castigo, como los de otras gentes inútiles, pero que las almas
vuelvan a la vida y entren en los cuerpos de los asnos, hasta que hayan
transcurrido, en ese estado, doscientos cincuenta mil años, siendo asnos de
generación en generación, y llevando cargas pesadas bajo el látigo de
trabajadores pobres; después de transcurrido ese periodo, permítaseles morir.”
Luciano se dirige, burlón, a la Gota.
“¡Oh, Diosa!, que odias a los Pobres y eres la única vencedora de la
riqueza, que sabes vivir ‘bien’ en todo momento, es de tu agrado apoyarte en
pies ajenos, y sabes utilizar calzado de felpa, y los ungüentos son un problema
para ti. Para ti, también, las flores del placer y el licor del Baco de
Ausonia. Pero estas cosas no existen, jamás, entre los Pobres. Y por eso huyes
del hogar de la pobreza, que no posee oro, y te deleita, en cambio, ponerte a
los pies de la riqueza.”
Otro blanco de su sátira es la religión. Lucrecio ataca la superstición,
Luciano la ridiculiza. Sus dardos se dirigen no sólo a los impostores
religiosos, sino también a los mismos dioses. En los Diálogos de los dioses
transforma al Olimpo, su morada, en un hogar burgués donde la celosa Hera se
pelea con su marido Zeus, que le es infiel con hombres y mujeres a la vez.
En otro diálogo describe un consejo donde el pánico ha hecho presa de
todos y los dioses, como aristócratas amenazados, temen perder sus puestos.
Zeus, alarmado, se dirige a la asamblea, que incluye a dioses bárbaros al igual
que griegos, para hablarles del peligro de morir de hambre, debido a que los
sacrificios son tan escasos y magros. Se queja de que un capitán de barco le
había ofrecido un banquete cuando su nave se hallaba en peligro cierto de
encallar en las rocas, y que en definitiva le mandó un gallo, nada más, a
repartir entre dieciséis dioses; que era “un pajarraco viejo, enfermo de
catarro, y media docena de granos de incienso, tan cubiertos de moho que al
caer sobre las brasas estas se apagaron, largando un humo que no alcanzó ni
para hacerme cosquillas en las narices”.
227
George Novack
Zeus echa la culpa de esta escasez a las enseñanzas de los ateos.
“Absorto en estos pensamientos, llegué al Pórtico y encontré una turba
vociferante de hombres. Juzgué, correctamente, que se trataba de filósofos
militantes y me detuve a escucharlos. El motivo del debate éramos nosotros.
Damis el ateo –ese reptil– sostenía que no existimos. Timocles asumió nuestra
defensa. Demostró el carácter ordenado y esclarecido de nuestro gobierno y
exaltó nuestra providencia. Pero estaba agotado y bastante ronco; la mayoría se
inclinaba a la irreligiosidad. Comprendí cuánto estaba en juego, y ordené que
viniera la noche a romper la asamblea.”
Entonces, en la persona de Momo, dios de la Mofa, se escucha la voz de
Luciano, su simpatía hacia los oprimidos y el origen social de su odio hacia
los dioses.
“Os juro –dice Momo– que no debemos maldecir a los filósofos si el
ateísmo prevalece. ¿Qué se puede esperar de los hombres, cuando ven la vida
patas para arriba: los buenos abandonados, pudriéndose en la pobreza, la
enfermedad, la esclavitud; canallas odiosos que viven en el lujo dando órdenes
a sus superiores: los profanadores de templos jamás descubiertos e impunes: los
inocentes siempre crucificados y apaleados? Ante esta evidencia es natural que
arriben a la conclusión de que no existimos.”
Si Luciano se burla de los dioses y sus falsos profetas, tampoco confía
en las escuelas filosóficas, aunque se siente atraído por el epicureismo. Todas
las tendencias se contradicen –alega–; ninguna posee ni enseña la verdad. En
uno de sus diálogos filosóficos discute con su amigo Herótimo, que había
estudiado filosofía durante veinte años y se había convertido al estoicismo
porque era el credo más popular. Sin embargo, no había llegado a la felicidad
ni a la verdad. Herótimo es incapaz de convencer a Luciano y, exasperado,
exclama:
– Tú no aceptas nada de lo que yo digo.
– Al contrario, señor mío, tú nada dices que yo pueda aceptar.
Hacia el final de la discusión Luciano, con el pseudónimo de Licinio,
dice:
228
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
– Todavía no sé en qué viajero debo confiar, pues todos han viajado en
la misma dirección. Si alguno dice o no la verdad, no tengo forma de saberlo;
puedo reconocer que ha llegado a alguna parte, que ha visto alguna ciudad; lo
que no está claro es si la ciudad que vio es la que corresponde.
– Así eres siempre –responde el amigo– quieres burlarte de mí; detestas
la filosofía, no sé por qué, y te mofas de los filósofos.
–Herótimo, no puedo decirte qué es la verdad con tan bellas palabras
como las que emplean tú y tu profesor; pero sí sé una cosa, y es que la verdad
no es agradable al oído; la mentira goza de mucho mayor estima; es más bella y
por tanto más agradable; mientras que la Verdad, consciente de su pureza,
pronuncia frases francas y ofende a las gentes. He aquí un ejemplo de ello;
hasta tú te ofendes conmigo porque he descubierto (con tu ayuda) cómo está la
situación y te he demostrado que nuestro objetivo común es difícil de lograr.
Suponte enamorado de una estatua; esperas ganar su amor bajo la impresión de
que es humana, y que yo me diera cuenta de que es de bronce o de mármol y te
advirtiera amigablemente que tu pasión es irrealizable: con tu criterio me considerarías
tu enemigo por no dejarte presa de engaños extravagantes e irrealizables.
– ¡Vamos! ¿Nadie tiene razón?
– No lo sé. ¿Te parece imposible que todos puedan obrar engañados y que
a la verdad nadie la haya hallado?
Con este signo de interrogación puesto sobre todas las filosofías cae el
telón sobre el materialismo del mundo grecorromano. La risa burlona de Luciano
para con los dioses, y su escepticismo para con los filósofos indica qué bajo
había caído la religión en la estima de los hombres cultos desde los días de
Homero y cuánto se había debilitado la filosofía desde su nacimiento en Jonia y
su madurez en Atenas.
En Homero los dioses y hados son gobernantes todopoderosos del universo
y rectores del destino del hombre. En Luciano son objeto de mofa, del desprecio
y odio de cualquier persona razonable.
229
George Novack
En Jonia la filosofía surge como rival de la religión y con los
atomistas la supera en cuanto explicación del universo y de la historia. Con
Luciano esta certidumbre racional basada en la evidencia empírica cede ante al
agnosticismo y el escepticismo. Las escuelas filosóficas no ofrecen una vía
mejor y más segura hacia la verdad que sus rivales religiosos. El crepúsculo de
los dioses abarca también a los filósofos.
El pensamiento racional y la filosofía materialista se habían metido en
un callejón sin salida y detenido allí. En lo que restaría de la civilización
romana y la Antigüedad no lograron hacer pie para avanzar. Las fuerzas sociales
de los centros urbanos que habían nutrido a la filosofía desde su infancia
hasta su juventud habían gastado sus últimos recursos intelectuales. En la
sociedad esclavista decadente no había clases jóvenes y vigorosas que
encendieran y portaran la deshilachada antorcha del racionalismo. Con Luciano
la antorcha estalló en un último destello de fuegos de artificio... y se apagó.
230
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Capítulo XVII
EL ECLIPSE DEL MATERIALISMO
Terminamos así de pasar revista a la historia del materialismo en el
mundo grecorromano, desde el siglo VI a.C. hasta el siglo II d.C. Fue ésta la
primera etapa de la historia del materialismo, su primavera, su juventud.
Hemos visto cómo la Filosofía se originó en los centros comerciales de
Jonia en el siglo VI, como ruptura materialista con las tradiciones religiosas;
cómo este naturalismo primitivo alcanzó su cumbre teórica en las intuiciones
dialécticas de Heráclito; se enredó en las contra-dicciones insolubles de los
pitagóricos y eléatas; recuperó terreno y se renovó en un nivel superior en el
atomismo de Leucipo y Demócrito. Vimos cómo con los sofistas y Sócrates la
filosofía se dividió en dos perspectivas cada vez más divergentes y
conflictivas; y de allí en más siguió por los dos caminos opuestos del
materialismo y el idealismo, que se cruzaron y actuaron uno sobre el otro; cómo
el materialismo sobrevivió a las críticas de los idealistas clásicos y se
reconstituyó en las doctrinas de Epicuro, que encontraron su expresión más
bella y acabada en la épica de Lucrecio; y, finalmente, cómo tanto la filosofía
como su tendencia materialista se disolvieron en el escepticismo burlón de
Luciano, que predijo su eclipse en la Antigüedad.
¿Qué logros obtuvo el pensamiento materialista en esta primera fase de
su desarrollo?
1 - En la física, el conocimiento de la naturaleza, los materialistas
antiguos explicaron el universo como realidad de existencia indepen-diente y en
constante proceso de cambio, que funciona de acuerdo con sus propias leyes y
con una estructura atómica de la materia.
2 - En la lógica, la teoría del conocimiento, consideraron a las
sensaciones como el factor primario para conocer el mundo exterior. “Los
sentidos son heraldos de la verdad” (Epicuro). El razonamiento que conduce al
conocimiento científico depende de los materiales asequibles en primer termino
por la experiencia sensorial.
231
George Novack
3 - En la sociología, la ciencia que estudia a la sociedad, consideraron
a la historia obra del hombre que imita a la naturaleza, utilizando sus medios
y arbitrios para satisfacer sus necesidades materiales y desarrollando la
civilización, mejorando sus propias capacidades.
4 - En la ética; la teoría de la moral, expusieron una concepción
relativista y laica de la conducta moral y sus pautas cambiantes. Crearon las
bases de un humanismo racional como guía para la buena vida sobre la tierra.
Todas estas teorías poseían incoherencias profundas y grandes lagunas en
correlación al estado de la sociedad y la ciencia. Las ideas de los
materialistas primitivos eran simplistas, no elaboradas y algo torpes, como lo
son siempre todos los esfuerzos iniciales. Pero fueron sumamente creativas y
esencialmente correctas; sentaron las bases sobre las que se construyó todo el
pensamiento materialista posterior.
El avance de la filosofía y de su expresión materialista estaba ligado
al desarrollo y desintegración de la civilización grecorromana y sus estamentos
y clases.
En todos los filósofos antiguos convivian elementos de idealismo y de
materialismo. Pero la tendencia idealista, como reconstrucción racionalizada de
la religión e instrumento ideológico de la dominación patricia corresponden a
la perspectiva mundial, necesidades políticas y características
socio-psicológicas de las aristocracias urbanas, esclavistas y ricos
propietarios terratenientes de Grecia y Roma. Sin embargo, el pensamiento
general de estos sectores de las clases dominantes estuvo influido, positiva y
negativamente, por la cultura urbana y por los intereses, ideas y movimientos
de los manufactureros, mercaderes, prestamistas, navegantes y artesanos. Estas
fuerzas sociales opuestas se interpenetraban. Esto se refleja no sólo en
algunas doctrinas positivas de los idealistas, sino también en el hecho de que
tuvieran que adoptar la forma racional y los métodos lógicos de la filosofía
para expresar sus necesidades de clase, en lugar de la mitología de los cultos
locales, que sirvieron adecuadamente a las viejas monarquías.
Por ejemplo, aunque los patricios idealistas consideraban al trabajo
manual como algo vulgar (banausie). Platón designa al Creador como a un
artesano (demiurgo). La categoría social productiva del trabajador
especializado, cuyas funciones él desprecia, le sirven al poder supremo del
universo.
232
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
La tendencia materialista, en cambio, era la concepción característica
de fuerzas históricamente nuevas y socialmente dinámicas en las ciudades-estado
griegas, originada y mantenida por sus intereses amplios en el comercio, la
industria, la banca y el gobierno: comer-ciantes, fabricantes, navegantes,
junto con considerable número de artesanos, mineros y trabajadores marítimos. A
su vez su pensamiento se veía sometido a las presiones e influencias ejercidas
desde arriba por los aristócratas y desde abajo por los campesinos, soldados,
plebeyos, extranjeros, libertos y aun esclavos descontentos de las
ciudades-estado.
Ninguna de estas dos tendencias filosóficas eran concepciones del mundo
características de las clases plebeyas ni de los esclavos productores de la
riqueza. En toda la Antigüedad la filosofía fue privilegio y producto de las
clases superiores cultas que poseían el ocio, la oportunidad y el incentivo
para teorizar acerca de los problemas de la naturaleza, la sociedad y la mente
humana. Durante toda la sociedad de clases, y sobre todo en esta etapa de la
misma, la teoría no ha sido una actividad del conjunto del pueblo sino de un
pequeño sector del mismo. Las masas productoras carecían de las condiciones más
elementales para la vida intelectual o debían alimentarse intelectualmente de
las viejas religiones o los nuevos cultos y misterios.
Sin embargo, las clases populares no ocupaban el mismo nivel en su
ubicación social ni en su situación de vida, civil o de trabajo y por lo tanto
no eran iguales en su actividad, ideas ni perspectivas generales. Si la masa de
las clases inferiores se alimentaba intelectualmente de la magia, la religión o
el sentido común, los más despiertos y esclarecidos de las ciudades y barcos,
en la medida en que tenían una amplia visión del mundo, tendían a los
pensadores empíricos, materialistas y naturalistas y los apuntalaban
poderosamente. Ellos y sus dirigentes políticos buscaban a sus voceros
ideológicos entre los representantes radicalizados de las clases superiores que
poseían los medios y arbitrios para el trabajo científico y especulativo. Los
plebeyos democráticos no desarrollaron una ideología y un punto de vista de
clase propios en términos filosóficos; compartieron sus ideas más esclarecidas
con estratos más favorecidos, desde los naturalistas jónicos, pasando por los
atomistas, hasta Luciano.
233
George Novack
Esta situación anómala, en la que una clase cumple las funciones
ideológicas de otra, surge de la naturaleza propia del Estado esclavista que
encajona a los plebeyos entre una clase servil y una aristocracia plutocrática.
En tales circunstancias los plebeyos no podían hallar la forma de crearse una
ideología secular propia, como no podían hacerlo los esclavos. Al mismo tiempo,
ni las clases mercantiles ni las clases terratenientes podían hacer avanzar la
filosofía, fuese por el camino del idealismo o por el del materialismo. La
filosofía se hundía en medio de esas contradicciones sociales. La estructura
esclavista, que había impuesto su estigma y limitaciones al pensamiento antiguo
desde sus comienzos, fue la causa definitiva de su destrucción. Habiendo erigido
barreras infranqueables a la expansión del pensa-miento más allá de sus propios
marcos, la economía esclavista decadente de Grecia y Roma acabó por minar las
bases de las ideologías creadas en su apogeo. La filosofía fue víctima del
agotamiento de las sociedades esclavistas clásicas.
Esta no fue la única victima cultural. El avance de las ciencias
naturales se detuvo junto con el de la filosofía. Las dos últimas glorias de la
ciencia antigua, el astrónomo Ptolomeo y el médico Galeno, vivieron en el siglo
II d.C. Después de ellos, las obras científicas más importantes de Occidente
fueron comentarios y recopilaciones. Cuando los musul-manes invadieron la
cuenca del Mediterráneo en el siglo VII, no encontraron sino las reliquias
documentales y las tradiciones del pensamiento antiguo. La actividad creadora
había cesado hacía mucho tiempo.
***
Podemos trazar una línea de desarrollo persistente y una tradición
coherente del pensamiento materialista en los círculos intelectuales de Grecia
y Roma desde la Jonia del siglo VI a.C. hasta Lucrecio y Luciano, ocho siglos
más tarde. Todos estos pensadores tenían afinidades, y se oponían a los dioses
y a los defensores de la teología y la teleología.
234
LOS ORÍGENES DEL MATERIALISMO
Después de Lucrecio la continuidad fue quebrada; la tradición se perdió.
Como observa Farrington: el materialismo, después de luchar valientemente,
resultó derrotado en la antigüedad. Formas decadentes del idealismo, como el
estoicismo, el neoplatonismo y el neo-aristotelismo lo expulsaron de la arena.
Luego el cristianismo triunfó como religión de Estado y suprimió al
materialismo durante muchos siglos. La teología ilegalizó al materialismo y
convirtió a la filosofía en su sierva. El dogma cristiano de la caída del
Hombre y su redención por la gracia de Dios y de su Hijo unigénito suplantó a
la doctrina materialista griega del surgimiento natural del hombre y su propio
esfuerzo colectivo, expuesta por Lucrecio de la manera más acabada.
Eran necesarias condiciones históricas radicalmente distintas, una nueva
tecnología y un marco social mucho más avanzados para que el materialismo
pudiera volver a Occidente de su exilio y ponerse nuevamente de pie. Pero antes
iban a pasar mil trescientos años.
Nada demuestra con mayor claridad la degradación de la filosofía y la
triste suerte del materialismo que el contraste entre la perspectiva
materialista de Lucrecio, la luminosa sátira racionalista de Luciano, y el
misticismo enfermizo de los neoplatónicos y la apologética religiosa de los
Padres de la Iglesia. Por analogía puede decirse que es la misma diferencia que
existe entre el mediodía en un prado en flor y una tarde neblinosa en un
pantano.
Pero si el materialismo fue exiliado y encadenado durante siglos, no se
perdió totalmente En cierta medida durante estos siglos encontró refugio en las
culturas árabes. Cuando volvió mil trescientos años más tarde a Europa
Occidental, vino a combatir al idealismo y a la religión con armas mucho más
potentes que las que tenia disponibles en la Antigüedad, y a hacer aportes
imperecederos al pensamiento científico, al avance de la vida social y al
esclarecimiento de la humanidad.
235
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