Libro N° 9646. Política Americana. Calvo, Alejandro.
© Libro N° 9646. Política Americana. Calvo, Alejandro. Emancipación. Febrero 26 de 2022.
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POLÍTICA AMERICANA
Alejandro Calvo
Política Americana
Alejandro Calvo
Title: Política americana
Author: Alejandro Calvo
Release Date: May 3, 2020
[EBook #62019]
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ALEJANDRO CALVO
POLÍTICA
AMERICANA
BUENOS AIRES
—
Imp. La
Universidad de J. N. Klingelfuss, Venezuela 234
entre las Calles Perú y Chacabuco
—
Mdccclxxxvi
ÍNDICE
|
Introduccion |
|||
|
Capítulo |
Doctrina de
Monroe |
||
|
Congresos |
|||
|
Congresos |
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|
Intervenciones |
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|
Istmo de
Panamá |
|||
|
Isla de
Cuba |
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|
Anexiones |
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|
Segregaciones |
|||
|
Interés
Social |
|||
|
Interés
Político |
|||
|
Interés
Económico |
|||
|
Epílogo |
|||
[Pg 3]
INTRODUCCION
No faltará quien me pregunte si soy príncipe ó
lejislador para disertar sobre política. — Responderé que no y añadiré que
cabalmente porque no soy ni lo uno ni lo otro me he decidido á escribir sobre
la materia. Si yo fuera príncipe ó lejislador no me entretendria en dar
consejos: los practicaria.
J. J. Rouseau.
Así como un hombre, segun sus medios de accion, sus
aptitudes y su carácter, debe formarse una norma de conducta en su trato con
los demas hombres, una nacion debe necesariamente proclamar y sostener los
principios que han de presidir á sus relaciones con las otras.
Cada individuo ejerce una relativa influencia en el
incremento de la colectividad á que pertenece; cada agrupacion social imprime
tambien su sello característico en el adelanto de la humanidad: el uno y la
otra tienen el derecho, y ademas el deber, de hacer sentir su intervencion en
el general progreso.
¿Han practicado acaso este deber, han hecho valer
este derecho las repúblicas emancipadas del poder español en 1810? Los pueblos
que en[Pg 4] América nacieron á la vida política á
principios de este siglo ¿se han preocupado de propender al desarrollo de sus
instituciones en el mundo ó de tomar la parte que les corresponde en la
sociabilidad humana? Afirmo que no; que solo han acordado leve atencion á los
asuntos esteriores cuando los peligros á que su debilidad está sujeta les han
obligado á la accion. En la guerra, en la defensa de sus derechos soberanos,
han desplegado, es cierto, todo el entusiasmo y ardor de que son capaces las
mejores razas, obteniendo á veces el interés de otros gobiernos y de otros
pueblos; pero en la paz, ningun principio se ha oido proclamar por los lábios
de sus hombres públicos: las conquistas del héroe se han desvanecido en la
anarquia ó en la calma desidiosa de gobiernos que solo atienden á los problemas
del presente.
Y esto ¿porqué? ¿Porque el ensayo de las mas sábias
instituciones en los pueblos menos educados importara escluir de los gabinetes
toda aspiracion, toda idea, que no encerrara el propósito de prestigiar
aquellas dentro de los límites acordados á cada circunscripcion nacional? No;
los hombres de Estado saben que así como la virtud individual solo existe en
tanto que es útil á la sociedad, las instituciones de un pueblo solo son buenas
cuando imprimen en la humanidad una influencia benéfica—¿Porque apagara nuestra
débil voz el temor de que no fuera oida en el concierto general de las
naciones? Tampoco; nadie ignora que los Estados Unidos del Norte eran débiles
tambien[Pg 5] cuando hablaron al mundo el idioma de
la libertad y proclamaron los principios fundamentales en que descansaria su
política internacional.
Ahora bien, en mi concepto es posible y necesario
perseguir concientemente los destinos á que la América aspira, tan posible, tan
necesario como dictar constituciones para los fines de la organizacion interna.
La publicacion que emprendo tiene por objeto
comprobar este aserto.—Sus pájinas revelarán al lector intelijente un esfuerzo
de buena intencion, ya que la estremada concision en unos casos ó la
inesperiencia del escritor en otros solo den por resultado un trabajo
incompleto.
Hago una narracion somera de los hechos históricos
que afectan á las relaciones sociales del nuevo mundo; me ocupo de la Doctrina
de Monroe, de los Congresos internacionales reunidos despues de la
independencia, de las diversas cuestiones que ha sujerido la apertura de un
canal inter-oceánico en el Istmo de Panamá, de las odiosas intervenciones de
los gobiernos europeos en este continente, de la actitud de los Estados Unidos
en presencia de la lucha simpática sostenida por los patriotas cubanos contra los
opresores de la isla y de las anexiones y segregaciones que en el presente
siglo han modificado la geografía política de América.
Procuro demostrar, en seguida, que la tendencia de
los gobiernos en Estados Unidos, tantas veces y con tanta razon clasificada de
egoista, ha sido muy á menudo contraria al sentimiento[Pg 6] público;
busco en la indisputable analojia de instituciones entre el Norte y el Sud el
aliciente de una confraternidad que se traduzca en procedimientos
internacionales semejantes; espreso, en fin, cuantas ventajas traeria el
desarrollo de las relaciones comerciales en América, asi como el impulso
progresivo de que ellas son susceptibles para atender á las exigencias
económicas del porvenir.
Al terminar significo algunas soluciones prácticas,
si bien con la reserva que me impone el comedimiento y alejando de mi espíritu
el intento de decir la última palabra sobre un tema en el cual basta la
satisfaccion de haber pronunciado la primera.
[Pg 7]
CAPÍTULO I
DOCTRINA DE MONROE
La civilizadora accion de los pueblos de Europa se
hizo sentir en América con caracteres bien opuestos desde que el prodigioso
descubrimiento del ilustre genovés entregó al colono la tierra vírgen del mundo
nuevo. De esta verdad incuestionable deducen algunos escritores la marcada
superioridad de la raza sajona en mengua de la latina; de ella la tendencia
unificadora de la una en oposicion á la tendencia desmembradora de la otra; de
ella tambien la inaudita prosperidad de los Estados Unidos y la marcha lenta de
nuestras desgraciadas repúblicas hispano-americanas.
Mucho tendríamos que temer los latinos de los
principios que enunció Monroe en su mensaje presidencial el 2 de Diciembre de
1823, si tal afirmacion se comprobara, porque entonces á la conciencia de
nuestra debilidad se agregaría el convencimiento en los sajones de adquirir
tarde ó temprano una supremacia absoluta en todo el continente, y la fórmula de
la doctrina, desvirtuada, seria esta: América para los americanos del
Norte.
Pero si léjos de aceptar la preeminencia de una
raza buscamos en la historia la esplicacion al hecho anormal de que en un
período igual de existencia hayamos cosechado frutos tan distintos, ella nos
contestará satisfactoriamente; nos dirá que los conquistadores españoles,
representantes de una civilizacion en el ocaso, eran la hez de su propia
sociedad, sin hábitos de trabajo, sin elevacion moral, sin mas atributo, en
fin, para imprimir carácter á los nuevos pueblos que el arrojo y la codicia;
nos dirá que los puritanos, colonizadores en el Norte, migraban con sus
familias y establecian desde luego una vida de hogar y de labor.
Y si aquellos han buscado su prosperidad en el
despojo de los indíjenas y en la esplotacion de las riquezas naturales y estos
han cumplido la ley de todas las civilizaciones desenvolviéndose primero en la
vida pastoril, luego en la agrícola y por último en la faz manufacturera, ¿qué
sorpresa puede causarnos las diferencias que notamos?
Todo ser moral es susceptible de un adelanto que la
voluntad y la educacion pueden ampliar, y por consecuencia el estudio de las
razas humanas dará mérito á interesantes consideraciones sobre las aptitudes é
inclinaciones de cada una de ellas; pero en manera alguna autorizará para
concluir que una sea, y la otra no, capaz del desarrollo y del progreso social.
Afírmese en buena hora que los americanos del Norte, por sus costumbres y por
su génio, estaban mejor preparados que los del Sud para la vida democrática;
mas no se niegue á estos, porque hayan[Pg 9] sido
desgraciados en sus primeros ensayos, lo que es un patrimonio de la humanidad.
La América, señalada por la Providencia para ser el
asiento de la futura civilizacion, no puede estar sujeta á la influencia
esclusiva de una raza, porque sus estensas comarcas ofrecen generosa
hospitalidad á todos los pueblos de la tierra y porque las costumbres y el
idioma mismo sufren las modificaciones ocasionadas por un cosmopolitismo
evidente. En efecto, si se atribuye solo á la distincion de raza la diferencia
que hay entre la gran nacion del Norte y las antiguas colonias españolas. ¿á
que se deberá la que existe entre la República Argentina ó Chile y las demás
repúblicas americanas que marchan indudablemente á su retaguardia?......... No,
no hay cuestion de razas en el nuevo mundo, no puede haberla sino para aquellos
que solo observan la superficie de las cosas ó desconocen la importancia de los
principios políticos que practica y que prestigia. Debe, pues, aceptarse y
propagarse con entusiasmo el pensamiento de Monroe, enunciándole segun la
intencion de este ilustre ciudadano: América para los americanos,
es decir, para el progreso y para la democracia.
La doctrina no envuelve, como se ha dicho, el
egoista precepto cada uno para sí y Dios para todos, sino, en todo
caso, la idea de que la América debe tener por lema la independencia y por
réjimen la democracia. Ella nos induce, al sajon como al latino, á hacer causa
comun en la defensa de nuestros derechos si la Europa intenta atacarnos, y nos
señala la alianza como un medio de reprimir la agresion[Pg
10] cuando el enemigo de la respectiva integridad se encuentre en el
mismo territorio americano.
Sentadas estas consideraciones que, en mi concepto,
deben servir de base para dar adecuada interpretación á las ideas del Señor
Monroe, veamos como se espresa él mismo en los párrafos del mensaje pertinentes
al asunto:
«Se ha creído conveniente sentar como un principio
en el cual van envueltos los derechos á intereses de los Estados Unidos que los
continentes americanos, por su situacion libre é independiente, no deben
considerarse como partes de la futura colonizacion de ninguna potencia
europea».
«Respecto á los acontecimientos del viejo mundo,
con el cual estamos en continuas relaciones y de la que se deriva nuestro
orígen, es notorio que siempre nos inspiraron el mayor interés por mas que solo
hayamos sido meros espectadores. Los ciudadanos de los Estados Unidos desean
sínceramente la dicha y libertad de sus compañeros del otro lado del Atlántico,
y si en las guerras de las potencias europeas no les han prestado auxilio, es
porque nuestra política no nos permite hacerlo; solo cuando nuestros derechos
están seriamente amenazados, nos preparamos á la defensa. El sistema político
de las potencias aliadas es esencialmente distinto en este punto al de América,
y la diferencia procede de la que existe en sus respectivos gobiernos. A la
defensa del nuestro, cuya organizacion ha costado tanta sangre, tantos tesoros
y los esfuerzos de nuestros mas ilustres ciudadanos, es á lo que se consagra
principalmente toda la nacion,[Pg 11] pues bajo el
sistema que nos rige disfrutamos de un envidiable bienestar. En atencion, pues,
á las amistosas relaciones que existen entre los Estados Unidos y esas
potencias, debemos declarar que consideraríamos toda tentativa de su parte que
tuviera por objeto estender su sistema á este hemisferio, como
un verdadero peligro para nuestra paz y tranquilidad. Con las colonias
existentes ó posesiones de cualquier nacion europea no hemos intervenido nunca
ni lo haremos tampoco; pero tratándose de los gobiernos que han declarado y
mantenido su independencia, la cual respetaremos siempre porque está conforme
con nuestros principios, no podríamos menos de considerar como una tendencia
hostil hácia los Estados Unidos toda intervencion estranjera que tuviese por
objeto la opresion de aquellos. En la guerra entre esos nuevos gobiernos y
España declaramos nuestra neutralidad cuando fueron reconocidos, y no hemos
faltado ni faltaremos á ella mientras no ocurra ningun cambio que á juicio de
autoridades competentes obliguen á este Gobierno á variar su línea de
conducta».
«La política que con Europa nos pareció oportuno
seguir desde el principio de las guerras en aquella parte del globo, sigue
siendo la misma y se reduce á no intervenir en los intereses de ninguna nacion
y á considerar todo gobierno de hecho como gobierno lejítimo,
manteniendo las relaciones amistosas y observando una política digna y
enérjica, sin dejar por eso de satisfacer justas reclamaciones, aunque sin
tolerar ofensas de nadie. Pero tratándose de estos continentes las circunstancias[Pg 12] son muy distintas: no es posible que las
potencias aliadas estiendan su sistema político á ninguno de aquellos, sin
poner en peligro nuestra paz y bienestar, ni es de creer tampoco que nuestros
hermanos del Sud quisieran adoptarlo por su propio consentimiento, prescindiendo
de que no veriamos con indiferencia semejante intervencion. Comparando la
fuerza y recursos de España con la de esos nuevos gobiernos, aparece obvio que
dicha potencia no podrá someterlos nunca, pero de todas maneras la verdadera
política de los Estados Unidos será respetar á unos y á otros esperando que
otras potencias imitarán nuestro ejemplo».
Desde luego se observa en el mensaje el propósito
bien definido de separar la política americana de la europea. En este punto la
lejitimidad de la doctrina no podia ser desconocida, ni por la Santa Alianza
que acababa de sancionar el odioso reparto de la Polonia sin que los Estados
Unidos hicieran oir una voz de protesta, ni por las otras potencias que habian
presenciado el suceso indiferentes; no podia serlo por que ella estaba basada
en la reciprocidad exijida por la política que señaló el insigne Washington
proclamando con la sagacidad y prudencia que eran en él características la
neutralidad de su patria en los asuntos públicos de Europa.
Es oportuno corroborar aquí el aserto de que los
Estados Unidos iniciaron su política internacional bajo la base de una estricta
neutralidad, mencionando que durante las dos administraciones del primer
presidente, ni él, ni su gabinete, ni el Congreso,[Pg 13] manifestaron
las ocultas simpatias que les inspiraba la revolucion que se produjo en Francia
al finalizar el siglo pasado y habia de atraer á esta nacion, con la enemistad
de todas las potencias de Europa, los votos entusiastas del pueblo americano á
su favor.
Para el reconocimiento de la independencia
sud-americana hubo tambien, desde el principio de la lucha, mucha inclinacion
en los Estados Unidos; pero los majistrados americanos, consecuentes en eso con
su política, solo la reconocieron, por acto unánime del Congreso, el año 1822
despues de haber proclamado el principio de que es digno de la independencia el
país que sabe conquistarla.
En el mismo sentido se espresó el Ministro Caning
cuando España reclamó á Inglaterra por su actitud con respecto á las antiguas
colonias. El estadista inglés dijo, que siendo todos los Estados soberanos
responsables de sus actos ante las demas naciones, ó se hacia responsable á la
metrópoli por actos que no tenia ya el poder de reprimir, ó se trataba á las
nuevas sociedades como de piratas, procedimientos ambos incompatibles con los
mas elementales principios de justicia.
Que habia un interés político en los Estados Unidos
como habia un interés comercial en Inglaterra para manifestar estas ideas ante
el mundo, está fuera de duda; pero el interés de la gran república se cifraba
precisamente en todo lo que constituia nuestro anhelo, en nuestra independencia
y en el desarrollo de nuestras instituciones republicanas. Y que hubiera
interés de parte de los Estados Unidos para asumir tal actitud no es bastante,
como algunos[Pg 14] lo aseveran, para demostrar que
habia egoismo, pues á menudo se armonizan los sentimientos y las exijencias.
Por lo tanto no es justo el cargo hecho
frecuentemente á esa nacion de ser ante todo un poder absorbente y de tener en
su política miras estrechas y circunscritas al límite que sus fronteras le
marquen.—Son sus malos gobiernos, son sus malos ciudadanos, por fortuna su
inmensa minoria, los que interpretarán los procedimientos patrióticos de sus
primeros magistrados en un sentido adverso al interés general de la América;
ellos los que terjiversando pérfidamente el precepto, han de pretender
establecer el derecho de intervencion practicado por los gobiernos autócratas
de Europa en nombre del equilibrio internacional. En el viejo mundo se cambiaba
el mapa político en defensa de los intereses monárquicos; en el nuevo no hay la
mas leve disculpa para apoyar tal teoria, pues aunque las prácticas hayan sido
en unos casos felices y en otros desgraciadas, las instituciones no varian y
responden todas al réjimen representativo y democrático. Pero, ya se ha dicho,
el pueblo americano condena estas pretenciones; y al rechazar las
intervenciones de los gobiernos de Europa en los asuntos internos de América,
rechaza la suya propia y espresa tácitamente el sério respeto que le inspira la
soberania de todas las secciones independientes del nuevo mundo.
Otro alcance ostensible del principio que nos ocupa
es el de impedir que los territorios donde han de hermanarse al fin la libertad
y el órden sean profanados[Pg 15] por la invasion de
las ideas monárquicas. La propaganda de estas ideas corresponde tambien á las
demas naciones de América, que si aisladamente carecen de fuerza tendrán por la
union la que tan elevado objeto requiere. Por lo demas, los americanos mismos
buscan esa liga general del continente; son muy prácticos para rechazar
alianzas aunque las consideren vanas y comprenden que pasó ya la época de las
guerras de conquista; perciben claramente que la lucha actual consiste en
infiltrar las ideas de un mundo en el otro y saben que el triunfo de sus
instituciones está asegurado desde que ellas devuelven al hombre con la
igualdad la dignidad y la libertad con la ley.
La garantía moral que esta doctrina dió á la
existencia de algunas nacionalidades débiles en su oríjen favoreció, pues, á la
América y al mundo entero, por el prestijio que, á despecho de los muchos
errores cometidos en la organizacion de las nuevas repúblicas, alcanzaron las
instituciones republicanas.
En consecuencia, es de vital importancia aunar los
esfuerzos de todos, no solo para poner en planta la declaracion de Monroe, es
decir, para impedir solidariamente todo proyecto de colonizacion ó de
intervencion en los negocios domésticos de las naciones de que está compuesto
este hemisferio, sino tambien para buscar por la via diplomática la solucion
que requieren hechos vituperables como la ocupacion de las islas Malvinas.
[Pg 16]El descubrimiento del archipiélago de Malvinas se
atribuye indistintamente á Américo Vespucio ó al navegante inglés Davis. Lo
cierto es que los que dirijian sus espediciones al estrecho patagónico, despues
del descubrimiento de Magallanes, debian pasar á la vista de estas islas.
El primer establecimiento colonial fué fundado por
franceses venidos de Saint Malo en la costa de Bretaña.
Protestó España contra esa ocupacion é hizo valer sus títulos á las islas, que
consideraba como parte integrante de sus dominios en América; pero en breve
Inglaterra, estimulada por su inclinacion natural y por la facilidad que habian
tenido los franceses para fundar su colonia, envió una espedicion que se
apoderó de ellas en 1766.—Este inusitado y violento ataque á la soberania de
España en aquella rejion, orijinó fundadas reclamaciones que, desatendidas en
Inglaterra, dieron márjen á un procedimiento análogo al empleado en la
conquista para desalojar á los intrusos.—Protestó á su vez el gobierno inglés y
mostró su indignacion el pueblo, pero la fuerza del derecho les
obligó á reconocer la justicia de las pretensiones de España.
La República Argentina heredó de su madre patria
los derechos á las islas y entró en posesion de ellas en 1820. Hasta 1833
quedaron bajo el dominio absoluto de aquella nacion, que envió un Gobernador y
auxilió la formacion de una colonia.—La justa pretension del gobierno de
reglamentar la pesqueria en sus costas, motivó el apresamiento del buque
mercante con bandera americana «El Harriet» que la efectuaba clandestina. Con
entera justicia, y de acuerdo á los preceptos internacionales, fué declarado
este buque buena presa para el Señor Verdier comandante de las islas.
Los Estados Unidos, y muy especialmente sus
representantes en el Plata, se mostraron en esta ocasion injustos y
crueles.—Por inspiracion de un Cónsul acreditado en Buenos Aires, el Comandante
de «La Lexington» se trasladó á Malvinas, despojó á los habitantes, los humilló
y espatrió en uso de su fuerza. Como no era posible disculpar este acto
vandálico, el Encargado de Negocios enviado de Estados Unidos á Buenos Aires
con la mision de dilucidar el caso, no encontró mas pretesto que poner en duda
la legalidad de los títulos que la República Argentina tenia para el domínio de
esa tierra!
El derecho se comprobó plenamente por los hechos ya
narrados,[Pg 17] pero en esa opinion se fundaron los
ingleses para realizar la brutal ocupacion de las islas en 1833. Desde entónces
á hoy, sin títulos que presentar ante el mundo, sin antecedentes en qué fundar
un derecho, la Gran Bretaña ejerce su jurisdiccion en esa parte del territorio
argentino!
Y la usurpacion del territorio venezolano que se
encuentra en la rivera occidental del Rio Esequibo.
En la intelijencia de que pueda interesar á algunos
de los lectores el conocimiento de esta cuestion, reproduzco aquí la parte
pertinente á ella de un trabajo que presenté á mi Gobierno siendo Encargado de
Negocios de la República Argentina en Venezuela:
Las tres colonias, francesa, inglesa y holandesa,
establecidas hoy en la América del Sud ejercen, á la verdad, una posesion
injustificada.—Esas tierras que descubrió Colon con el producto de las joyas de
la reina católica y que concedió á España el Papa en una época en que sus
decisiones constituian un derecho innegable, no pueden tampoco, despues de tan
largo dominio, ser reclamadas por Venezuela.
En su oríjen, la Guayana que como digo fué
descubierta por Colon y esplorada por Pinzon, comprendia la inmensa isla
formada por el Oceano Atlántico, el Amazonas, el Orinoco y los afluentes de
estos dos grandes rios, el Negro y el Casiquiare.—Mas tarde las brillantes
tradiciones indíjenas sobre el Dorado que se suponia en aquella region,
llevaron espediciones de aventureros franceses, ingleses y holandeses.—Se
buscaban grandes riquezas y no es estraño que detrás de los filibusteros
aparecieran los gobiernos fundando colonias que con fortuna varía, segun la
fuerza de sus vecinos, estendian ó estrechaban su territorio.
El primer documento público aceptando la soberanía
de las colonias establecidas y restablecidas por la fuerza en Guayana, es el
tratado de Múnster firmado en 1648 por el cual el rey Felipe IV reconocia la
independencia de las Provincias Unidas de Holanda y deslindaba las posesiones
de ambos paises en las Indias.—Se estipulaba en ese pacto como límite natural
entre la Guayana Holandesa y la Española el curso del Rio Esequibo; y cuando
por el tratado de Utrecht Holanda cedió á Inglaterra esa colonia, no pudo hacerlo
sino con los títulos que habia adquirido en el de Múnster, es decir, aquellos
que determinan clara y positivamente como límite incontrovertible el rio
Esequibo desde sus vertientes[Pg 18] en la sierra de
Pacaraima hasta su desembocadura en el Atlántico.
Segun estos antecedentes históricos, y desde que ya
no puede remediarse la usurpacion legalizada, debe esperarse, eso por lo menos,
que sean respetados los límites reconocidos por tratado público; pero
desgraciadamente no sucede asi: los ingleses han establecido ya factorias y
haciendas en la márjen occidental del Esequibo, internándose en las
inmediaciones del territorio aurífero de Juruary, lo que significa para
Venezuela una amenaza tanto mayor cuanto que se invade la integridad
territorial de la república precisamente allí donde comienza á desarrollarse la
industria minera con un éxito que promete al país riquezas considerables.
La usurpacion efectuada ya, se refiere al
territorio comprendido desde la confluencia del Cuyuni y el Esequibo hasta el
Cabo Nasau sobre el Atlántico; pero aun hay mas: reconociendo los ingleses la
parte superior del Esequibo como límite natural de ambos paises, pretenden
ejercer jurisdiccion en ambas riberas del rio contrariando asi los mas
elementales principios del derecho universal ¿Qué propósito puede haber en
negarle á Venezuela el condominio de un rio reconocido como límite? La luz se
hará cuando este Gobierno presente sus reclamaciones al de la Gran Bretaña é
inicie las negociaciones tendentes á solucionar la cuestion y fijar una línea
de frontera definitiva é inalterable.
Cuando marchemos uniformes en el propósito de
defender conjuntamente nuestros derechos vulnerados, la conciencia de que nos
asiste plena justicia nos permitirá desafiar el poder material de los gobiernos
de Europa, y la garantía de estabilidad y de adelanto que produce la union,
hará que se derrame, por así decir, la gran masa de la poblacion europea en las
estensas comarcas americanas que solo esperan brazos para dar el bienestar con
la riqueza, desde que en ellas no hay clases sociales divididas por el privilegio
ó la demagogia sino en todo caso por el trabajo y la inteligencia del hombre.
[Pg 19]
CAPÍTULO II
CONGRESOS
Las reglas jurídicas de Derecho Internacional
Americano establecidas por los Congresos que se han reunido despues de la
guerra de la Independencia, así como por los tratados públicos celebrados entre
dos ó mas naciones, determinan una constante aspiracion á la unidad y á la paz
continental; y aunque hasta ahora solo se ha logrado establecer esos principios
de derecho, los mismos sucesos que han provocado periódicamente la reunion de
los plenipotenciarios por peligros transitorios, hacen resaltar la necesidad y
la ventaja de una asociacion efectuada en nombre de los intereses permanentes.
La ineficacia de estas asambleas no prueba la
impracticabilidad del sistema, sinó que la América no ha debido dar el hermoso
espectáculo de la fraternidad solo para reguardarse de las miras absolutistas
manifestadas por la Santa Alianza, para rechazar las espediciones de un
filibustero atrevido ó protestar, al amparo de la fuerza, contra el espíritu de
conquista de una potencia mal inspirada.[Pg 20] Deben
llamarse á los representantes de las repúblicas americanas apelando á un
sentimiento que palpita en todos estos pueblos hermanos y que ningun gobierno
ha sabido interpretar con verdadero entusiasmo; debe formarse la liga para
adquirir la cohesion política que es indispensable si se quiere colocar estos
paises de sol y libertad, donde no hay nobles ni socialistas, á la altura de su
mision, oponiendo en la lucha del mundo al réjimen antiguo el principio
moderno.
En los albores de nuestra vida política se consigna
ya de hecho la union latino americana. Las mismas aspiraciones unen á los
pueblos desde Carácas á Buenos Aires cuando en ambos estremos del continente,
con esa simultaneidad que hace entrever el apoyo de Dios á la obra de los
hombres, se produce el movimiento revolucionario; y á favor de los mismos
esfuerzos los ejércitos reunidos despues del abrazo de Guayaquil dan término
feliz á la jornada de nuestra emancipacion. Los aliados del Sur conquistan laureles
en Maipo y Chacabuco; los del Norte en Boyacá y Pichincha: las glorias de
Ayacucho lo son americanas.
Esa union que tan bellos resultados dió en la
guerra de la independencia y que tan pronto desbarataron los intereses locales
mal entendidos, debe repercutir en el corazon de todo americano hasta que se
verifique la que en el futuro está destinada á producir los mayores beneficios
para la libertad humana.
Sin duda la paz universal es una utopia y lo será
hasta que adquieran completo desarrollo los elevados[Pg 21] principios
de derecho natural que jerminan hoy en casi todas las naciones; pero si es una
aspiracion irrealizable en Europa donde luchan y lucharán tanto tiempo todavia
los autócratas representantes de sistemas añejos, especuladores hasta en la sangre
de sus hermanos, y los demagogos de aquella escoria social que condena la
propiedad como un robo, no lo es en América para pueblos que han uniformado esas
tendencias en la democracia.
La revolucion francesa que tuvo el poder de
conmover las viejas prácticas y las ideas retrógradas, no tuvo, empero, el de
cimentar en base firme y estable ninguno de sus nuevos principios. Le estaba
reservada al mundo americano, á la gran nacion que se fundó en 1778, la gloria
de realizar el ideal político de la época moderna. En presencia de esta
interesante república fué que nuestros padres, con muy elevadas miras, buscaron
la creacion de una gran nacionalidad que diera vigor á las ideas adoptadas tambien
por los pueblos de orijen español como base de su ley fundamental.
Obtenidos en América los grandes beneficios que
indudablemente traeria el ejercicio de principios civilizadores de paz y de
union, nadie puede adivinar cual sería su progreso, porque empieza á
vislumbrarse que este rico continente es el país del porvenir.
El primer paso dado para consagrar en el derecho la
sentida necesidad de una union internacional, fué el tratado entre Colombia y
el Perú que[Pg 22] firmaron en Lima el 6 de Julio de
1822 los Señores Don Joaquin Mosquera con plenos poderes del Libertador Bolivar
Presidente de Colombia y Don Bernardo Monteagudo Ministro de Estado y
Relaciones Esteriores del Perú.
Ambas repúblicas, por este pacto, se unen ligan y
confederan para siempre en paz y guerra con el objeto de sostener mútuamente su
independencia de la nacion española y de toda otra dominacion estranjera, así
como con el loable propósito de asegurar la mejor armonia y buena intelijencia
entre sí y las demas potencias que deban adquirir sus relaciones.
Establecen los medios de hacer práctico el pacto de
alianza para su defensa esterna y para su tranquilidad interior, obligándose á
presarse mútuos socorros y á rechazar en comun todo ataque que amenace su
existencia política.
Conceden á los ciudadanos de uno y otro Estado el
goce de los derechos y prerogativas que corresponden á los nacidos en el otro,
siempre que hayan establecido su domicilio en el Estado á que quieran
pertenecer.—Otro tanto establecen respecto de los derechos civiles de
privilejio de tráfico y de comercio, haciendo estensivos estos derechos á los
buques de bandera colombiana en el Perú y vice-versa.
Convienen en demarcar los límites precisos que
hayan de dividir sus territorios por un convenio particular y en terminar por
medios conciliatorios y pacíficos, propios de naciones hermanas y confederadas,
las diferencias que puedan ocurrir en esta materia.
Se comprometen á prestarse auxilio en caso de ser
interrumpida la tranquilidad interior de uno de los Estados y declaran
solemnemente hacer causa comun contra toda sedicion.
Este tratado, aunque parcial, es el punto de
partida de nuestro Derecho Público. Proclama el principio del arbitraje que si
hubiera sido aceptado y difundido, como lo ha sido por la que ya llaman
civilizada República Argentina, hubiera ejercido una influencia decisiva en la
paz del continente, facilitando así la tarea de la confraternidad americana.
El 10 de Junio de 1823 se firmó otro entre Colombia
y Buenos Aires; menos lato que el anterior establece, no obstante, una alianza
defensiva en sosten de su independencia de la nacion española y de toda otra
dominacion estranjera.
Con fecha 3 de Octubre fué concluido otro pacto
semejante entre Colombia y Méjico; y en Noviembre el Congreso del Perú sancionó
un proyecto de tratado para efectuar una liga americana en sosten de la
independencia de las nuevas repúblicas.
Pero todos estos actos no podian tener resultados
satisfactorios en tanto que solo fueran alianzas entre secciones aisladas del
continente.—Comprendiéndolo así los mismos plenipotenciarios que celebraron el
tratado Perú-Colombiano, firmaron, en la misma fecha, uno especial con el
propósito de uniformar estas favorables tendencias.
Las bases de esta convencion, en las cuales se
manifiesta la idea de reunir un Congreso con representacion de todas las
repúblicas emancipadas del[Pg 24] poder español,
obedecen á principios elevados, claros y útiles para ambas repúblicas. La union
internacional que en ellas se establece, destinada á garantizar su respectiva
soberania, está muy léjos de ser una estipulacion ilusoria ó ridícula que autorice
los propósitos sarcásticos de los escritores pesimistas que se han ocupado de
la cuestion.
Desgraciadamente los principios no son las leyes; y
las resoluciones adoptadas por los Congresos Internacionales, como las que se
consignan en este y otros tratados celebrados en América, revisten el carácter
de meros consejos, por haberles faltado, con la ratificacion de los gobiernos
respectivos, esa autoridad moral indispensable á todo derecho convencional.
Por eso los gobiernos y los pueblos han seguido
rutas distintas ante la flagrante denegacion de esos principios hecho por la
República de Chile en su última guerra con las del Perú y Bolivia: los unos
como espectadores desapasionados, dispuestos á obrar segun los intereses de su
política; los otros haciendo estallar su indignacion por todos los medios de
que dispone para manifestarse el sentimiento público, en la prensa, en los
clubs y en imponentes reuniones populares.
La elevada aspiracion de reunir en un Congreso á
los representantes de las repúblicas americanas, se atribuye jeneralmente al
Libertador Bolivar y por algunos al Coronel Don Bernardo Monteagudo, cuya obra
póstuma sobre esta materia—una memoria[Pg 25] incompleta
aun cuando el puñal asesino lo arrebató á la vida—contiene apreciaciones
acertadísimas sobre la utilidad y ventaja de la union.
Solo enunciar la ventaja y la posibilidad de reunir
una asamblea en Panamá, significaba un principio de lucha, pero de lucha moral
con el fin de poner en pugna la idea moderna y la antigua, la libertad y el
despotismo, la democracia y la autocracia.—Efectivamente, aunque la deseada
union no se efectuó, desde entonces impera en los pueblos de América un
sentimiento de uniformidad para el arreglo de las cuestiones internacionales,
sentimiento que tiene su oríjen tanto en los antecedentes mencionados como en la
similitud de las tendencias políticas de todo el continente.
Los pensadores y los patriotas, desde un estremo al
otro de la América, se preocupan y se preocuparán siempre de buscar los medios
que deben ponerse en accion para traducir en hechos prácticos los laudables
propósitos que espresó Bolivar en su notable carta del 7 de Diciembre de 1824
dirijida á los gobiernos de las naciones que acababan de formarse.
En Europa, donde comprenden las ventajas de la
union por los ejemplos que á los débiles ha dado la historia, fué tambien
aplaudida la idea del Dictador del Perú.
El general Lafayette, en vísperas de abandonar por
segunda vez las playas americanas, escribia á Bolivar desde Washington:
«Próximo á partir para otro hemisferio, seguiré con mis votos el glorioso
remate de vuestros trabajos y esa solemne asamblea[Pg 26] de
Panamá donde quedarán consolidados y completos todos los principios y todos los
intereses de la independencia, de la libertad y de la política americana.»
Por lo que hace á las declaraciones entusiastas del
Abate del Pradt, han llegado á ser proverbiales y tienen, además, la
importancia de reflejar los sentimientos del partido liberal que se insinuaba
en la política europea.
Es de lamentar que no todas las naciones americanas
pudieran enviar sus plenipotenciarios al Congreso—Ardua tarea seria determinar
una por una las causas que lo impidieron; pero basta saber que, en la mayor
parte, á las luchas por la independencia siguieron las luchas por la
organizacion—Las Provincias Unidas del Rio de la Plata y la República de Chile,
apesar de no haber concurrido, manifestaron su aprobacion en documento público
á la idea de una union internacional americana.
Con fecha 16 de Junio de 1825 el Ejecutivo Nacional
de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, representado por el General Don
Juan Gregorio Las Heras, espuso á la consideracion del Congreso General
Constituyente un proyecto de Ley por el cual se autoriza la celebracion de la
alianza; y la República que no tenia, como lo pretende el historiador Restrepo,
desconfianza hácia Bolivar, hubiera enviado sus representantes á Panamá si no
hubiera estallado en 1826 la guerra con el Imperio del Brazil que debia absorber
por completo la atencion de su gobierno.
El Supremo Director de Chile D. Ramon Freire[Pg 27] contestó á la circular de Bolivar atestiguando
el deber en que se consideraba de enviar los plenipotenciarios al Congreso;
pero se escusaba de tomar una resolucion en el asunto por no hallarse reunido
un Congreso General de la Nacion. Al mismo tiempo espresaba la intencion de
recomendar á las Cámaras, así que tuviera lugar su apertura, una favorable
acojida á este gran objeto, tan imperiosamente exijido por los altos intereses
de Chile y de toda la América.
El Congreso se reunió el 22 de Junio de
1826.—Concurrieron D. Pedro Gual y D. Pedro Briceño Mendez, como Ministros de
Colombia; D. Pedro Molina y D. Antonio Larrazabal, de Centro-América; D. Manuel
Vidaurre y D. Manuel Perez Tudela, del Perú; D. José Mariano Michelena y D.
José Dominguez, de Méjico.
Los diplomáticos que solo asistieron con el objeto
de presenciar las sesiones, fueron el Señor E. Dawkins, como representante de
la Gran Bretaña y el Coronel Vandeer de los Paises Bajos. El Ministro de los
Estados Unidos de América D. Ricardo G. Anderson, que residia en Bogotá, no
logró asistir al Congreso por que le sorprendió la muerte á su paso por
Cartajena.
Los dos primeros Ministros, ajenos á las
deliberaciones, manifestaron sus simpatias por los nuevos Estados. El Señor
Dawkins insinuó, ademas, que la Asamblea debia inclinarse á la paz y á la
concordia buscando, aun mediante sacrificios pecuniarios, el reconocimiento de
la España.
Sin firmar ninguno de los tratados ó disposiciones
legislativas del Congreso, debia el Señor Anderson presentarse con carácter
diplomático, mas limitándose á insinuar ciertas indicaciones respecto á los
principios que debieran adoptarse en caso de guerra marítima y poniendo todo su
empeño en hacer proclamar las teorias del libre cambio como sistema económico
de las nuevas naciones. Estas son ostensiblemente las indicaciones espresas
hechas al Ministro, pero ciertos juicios que se observan en las instrucciones,
demuestran que la mision de Anderson era mas estensa y que la política de los
Estados Unidos no era franca. Al manifestar la creencia de que el Congreso no
pueda tener carácter legislativo sino puramente diplomático, se rechaza la
formacion de un Consejo Anfictiónico «que tratase de abrogarse facultades para
decidir controversias entre los diversos Estados Americanos.» Se pretende
probar la impracticabilidad de una union semejante á causa de la estension
territorial, mayor en cualquiera de los nuevos Estados que en toda la antigua
Grecia; luego se manifiesta que, aun en el caso de ser conveniente, los Estados
Unidos no podrian asentir á su establecimiento.
Antes de ahora he atribuido tales instrucciones á
un interés y á una inclinacion esencialmente nacional de conservar en América
una preponderancia fácil, como sospechaba que al decir, en las mismas
instrucciones, que debian los agentes americanos insinuar la conveniencia de
dictar en el Congreso principios que aseguran la paz en[Pg
29] el continente, lo hacian para buscar garantias en favor de su
propio comercio; pero la verdad es que si bien el Gobierno dictó tales deseos á
su Ministro en Panamá, fué atacado duramente por los hombres mas probos y por
los que representaban entonces en las Cámaras la opinion pública del país.
Algunos hombres de Estado hispano-americanos
apreciaban de distinta manera que sus conciudadanos la importancia que pudiera
tener la intervencion de los Estados Unidos en asunto de tanta trascendencia
para el porvenir del continente.
El General Santander, Vice Presidente de Colombia
en ejercicio del Poder Ejecutivo, en comunicaciones dirijidas á los gobiernos
invitados á la reunion proyectada, se espresó así: «He creido de mi deber
convidar á los Estados Unidos á tomar parte en la augusta reunion de Panamá,
íntimamente convencido de que nuestros aliados verán con satisfacion amigos
tan sinceros como ilustres asistir á las deliberaciones de
nuestros comunes intereses».
Un publicista que firma G. L. opina «que la
consolidacion de las nuevas repúblicas no debe fundarse en una confederacion
quimérica, pero sí en la independencia de unas con otras y en los tratados que
se firmen entre ellas bajo la proteccion y la garantia de los
Estados Unidos». A mi juicio no es garantia ni proteccion estraña lo que la
América requiere sinó la fuerza que debe buscarse en la union y en la
confraternidad.
Las ratificaciones de los tratados que firmaron los
congresales de Panamá debieron ser canjeadas,[Pg 30] ocho
meses despues de terminadas las sesiones, en la villa de Tacubaya á una legua
de la ciudad de Méjico; pero es sabido que solo el Gobierno de Colombia
concedió á esos documentos los honores de su asentimiento. Debe observarse, sin
embargo, que algunas de las estipulaciones de esta Asamblea son miradas en
América como principios de Derecho Público y han contribuido á estrechar los
vínculos naturales de unas repúblicas con otras, á pesar de que ellas no están
á la altura del fin propuesto. Los protocolos de las diez conferencias que
tuvieron lugar desde el 22 de Junio hasta el 15 de Julio, arrojan poca ó
ninguna luz sobre los debates á que dieron mérito las importantes cuestiones
sometidas á la deliberacion del Congreso. Sea que el entusiasmo de los
ilustrados congresales se debilitara por la falta de representacion de la
República Argentina y Chile, sea que la insalubridad del clima les hiciera enojosa
la residencia en Panamá, lo cierto es que se procedió con precipitacion y se
firmaron tratados y convenciones impracticables.
Segun el tratado de union liga y confederacion
perpétua, las potencias signatarias deberian: prestarse mútuo apoyo para
rechazar en comun las agresiones del estranjero; otorgar á sus respectivos
buques las mismas facilidades á su entrada y salida de los puertos aliados;
abolir en sus territorios el tráfico de esclavos; acordar al Congreso autoridad
para demarcar sus respectivos límites, con poder arbitral en caso de
controversia; señalar al mismo cuerpo entre sus facultades: la de negociar la
paz, concluir tratados que la afiancen, servir de[Pg 31] consejero
en conflictos internacionales é internos, aclarar todas las dudas y conciliar
las diferencias.
El concierto y la convencion sobre continjentes de
ejército y marina son, á la verdad, documentos inmeditados. Ellos se ocupan de
la distribucion de fuerzas, de las operaciones militares probables en caso de
ser invadida una de las repúblicas aliadas y de los contingentes que cada
potencia debe tener en pié de guerra.
El fracaso de la primera reunion internacional
efectuada en Panamá no desconcertó á los pensadores, que continuaron
prestigiando la idea de la union.
Con fecha 13 de Marzo de 1831 circuló una
invitacion del Gobierno de Méjico á las repúblicas hermanas, con ese objeto.—Aunque
las contestaciones se hicieron esperar, ellas fueron favorables, pero solo en
el año 1847 consiguió reunirse en Lima el nuevo Congreso. Eran representantes,
de Chile Don José Benavente, de Bolivia Don José Ballivian, de Nueva Granada
Don Juan Francisco Martin, del Ecuador Don Pablo Merino y del Perú Don Manuel
Ferreiros.
Se nota en este Congreso, como en el anterior, la
ausencia de plenipotenciarios de varias repúblicas americanas; y aunque en las
sesiones se determinó que los actos sancionados se someterian á las naciones no
representadas por si querian darles su adhesion, esa falta hacia suponer desde
el principio[Pg 32] que el éxito no coronaria los
esfuerzos diplomáticos.
Los trabajos realizados—un tratado de
confederacion, uno de comercio y navegacion, una convencion consular y otra de
correos—son, sin embargo, muy importantes.
Parece indudable que provocó ó al ménos precipitó
la reunion de este Congreso, la noticia de haber meditado España un plan de
reconquista, para lo cual, segun nota del Consul del Ecuador en Carácas á su
Gobierno, de fecha 17 de Noviembre de 1847, aquel Gobierno habia enviado al
traidor americano Juan José Flores con la mision de producir movimientos
anárquicos en la antigua Colombia.—Una vez obtenido el propósito encomendado á
Flores, dominaria los tres Estados y formaria de ellos un imperio, presentando
como pacificador al nueva monarca.
El 8 de Febrero de 1848 se firmó en Lima el Tratado
de Confederacion. Por él las altas partes contratantes se unen, ligan y
confederan para sostener la soberania é independencia de cada una de ellas; y
con ese fin y el de impedir que se les infiera ultrajes indebidos, se
auxiliarán con todos los medios de que puedan disponer.
Para facilitar esta alianza se mencionan las
circunstancias en que debe considerarse llegado el casus foederis.
Además, se enunciaron algunos principios que
posteriormente han tomado, por así decir, el carácter de leyes.—Tal es la
designacion del uti possidetis de 1810, es decir, el derecho
de posesion que[Pg 33] cada seccion del continente
tenia, en la época en que la revolucion produjo el cambio político, como base
de la demarcacion territorial en la América española. Conciliando la ventaja de
conservar á cada nacion los territorios que tenia cuando surjió á la vida
independiente y la defensa de los límites arcifinios, con perfecto acierto
señalados por el rey Cárlos III, este principio simplifica por completo las
cuestiones de límites y su adopcion acerca el dia en que desaparezcan las
causas de rompimiento entre unas y otras repúblicas:
En los protocolos de las conferencias se observan
tambien dos proposiciones rechazadas ambas en nombre del principio de la no
intervencion. La primera, del plenipotenciario de Bolivia acordando al Congreso
la facultad de tomar las medidas que creyese oportunas para protejer al
gobierno constitucional de una de las repúblicas aliadas, cuando fuese
contrariado por una revolucion que tienda á echarlo por tierra y á suplantarlo
por un gobierno no constitucional; la otra de los plenipotenciarios del Perú y
del Ecuador para exijir á todas las repúblicas la conservacion del sistema
democrático.
Los mismos plenipotenciarios firmaron otro tratado
de comercio y navegacion y convenciones consular y de correos. Estos convenios
obedecen á los principios generales de la época y no contienen ninguno especial
de carácter americano.
Parece inútil agregar que si los convenios
celebrados en este Congreso fueron estériles, ello se[Pg 34] debe
á la desidia de los gobiernos, que no por otra causa se dejaron aquellos
documentos sin ratificacion y se miraron con desprecio tan laboriosos trabajos.
[Pg 35]
CAPÍTULO III
CONGRESOS
Bien pequeña debia ser la causa que motivara
durante el año 1856 la reunion de un Congreso en Santiago de Chile: las
espediciones que realizaba con éxito en las costas de Méjico y Centro-América
el audaz filibustero Walker. Asi, solo concurrieron los Señores: Don Cipriano
de Zegarra, Encargado de Negocios del Perú, Don Antonio Vera, Ministro de
Relaciones Esteriores de Chile y Don Francisco Javier Aguirre, Ministro
Plenipotenciario del Ecuador. Dichos representantes firmaron el 15 de Setiembre
de 1856 el Tratado Continental.
En el preámbulo de este pacto se nota que su objeto
fundamental es cimentar en sólidas bases la union de la gran familia americana.
Con la mira de dar por esa union desarrollo y fomento al progreso moral y
material de las diversas repúblicas, mayor impulso á su prosperidad y
engrandecimiento, asi como mayores garantías á su independencia y soberanía,
determinan las partes contratantes hacer estensivo el tratado á los demas
Estados hispano-americanos[Pg 36] y al mismo Imperio
del Brasil si resuelven adherirse á él.
Con algunas diferencias confirma este documento los
principios proclamados en las asambleas de 1826 y 1847.
El Gobierno del Perú tomó sobre sí la tarea de
solicitar la adhesion de los demas Estados Americanos á los pactos firmados en
Santiago, cuyas ratificaciones debian ser canjeadas ocho meses despues en la
misma ciudad.
El Señor Buenaventura Seoane, Plenipotenciario de
aquella nacion en el Imperio del Brasil y en las repúblicas del Plata, pasó una
nota diplomática á los gobiernos ante los cuales estaba acreditado, solicitando
su aprobacion al tratado que el Congreso habia formulado.
El Gobierno Argentino se negó á prestar su
conformidad y el Ministro de Relaciones Esteriores Doctor Don Rufino de
Elizalde contestó al Señor Seoane esplicando en una larga y luminosa nota los
motivos en que fundaba su negativa.
En síntesis ese documento demuestra ideas
localistas y, una vez mas, la constante indiferencia con que los
hombres públicos de la América hispana miran todo lo que importa alguna
trascendencia en materia de política internacional.—Es cierto que el doctor
Elizalde impugna con lucidez y justicia los detalles del Tratado, alejado de
los propósitos en vista al inmiscuirse en cuestiones de derecho internacional
privado; que nota con perfecta razon la falta de ciertos principios
adelantados, como el de la libre navegacion de los rios proclamado por la[Pg 37] República Argentina y hace constar que la
proteccion concedida á todos los estrangeros en nuestro país inutiliza las
ventajas consignadas para los americanos en el Tratado; pero estas son
cuestiones que no afectan al punto fundamental, la Union Americana.
Si el Gobierno Argentino no tenia motivos para
admitir la existencia de una amenaza, es porque no consideró que el débil
siempre está amenazado por el fuerte, mucho mas cuando el mismo Doctor Elizalde
no desconoce, aunque él los considera hechos aislados, que á veces se han
cometido injusticias de parte de los gobiernos europeos contra los
americanos.—En política no hay hechos aislados y las causas mas pequeñas suelen
tener á veces los efectos mas trascendentales.
Es muy razonable observar que no debemos buscar
antagonismo con la Europa sino al contrario asimilarnos todos sus adelantos en
lo que se refiere á las ciencias, á las artes y las industrias; pero eso no
quiere decir que, ni el orden social ni en el orden político, pueda ningun
pueblo de la tierra formar con nosotros vínculos que asuman tanta importancia
como aquellos que nos unen á los que confundieron con nosotros su
enerjía y sus ideas en los preliminares de la gran revolucion que nos dió libertad
y su sangre en los campos de batalla conquistando glorias que son comunes á
todos.—En Europa estarán nuestros maestros, pero en América están nuestros
hermanos.
El Gobierno de Colombia no concedió tampoco su
adhesion al pacto firmado en Santiago; pero haciendo[Pg 38] las
mayores demostraciones de confraternidad americana, manifestó que solo lo hacia
por inconvenientes de mera forma.
El mal éxito del tratado tripartito debe mostrarnos
que no es al amparo de impresiones transitorias, ni para reprimir las
agresiones de un pirata afortunado, que debe formarse el Congreso destinado á
dar cima á la gran aspiracion del pueblo americano.
Por iniciativa del Perú vuelve á reunirse en Lima
el año de 1864, un Congreso compuesto de plenipotenciarios de las repúblicas
hermanas.
La nota que el Señor Don Juan Antonio Riveiro,
Ministro de Relaciones Esteriores de aquel país, pasó á los diversos gobiernos
invitándolos á enviar sus representantes, es un documento notable.—Contiene
todo un programa para hacer fructífero el pensamiento tantas veces formulado de
la union americana; y entre otras observaciones importantes se nota esta: «los
resultados de la emancipacion y la existencia del sistema democrático vendrian
á ser, andando los tiempos, menos fructuosos de lo que debian, si con la union
no se afirman las instituciones y con la solidaridad de miras, de intereses y
de fuerzas no se imprime al Continente una fisonomia peculiar y se dá
respetabilidad á los derechos adquiridos á costa de tantas y tan variadas
proezas ejecutadas en la guerra santa de la independencia.»
El Gobierno de Chile acepta la invitacion del Perú
y aplaude su iniciativa, pero exije para que se inicien[Pg
39] las conferencias la invitacion general á todos los Estados de la
América, porque teme que proceder á la reunion del Congreso sin la asistencia
de los representantes de todas las repúblicas hispano-americanas, del Imperio
del Brasil y de los Estados Unidos del Norte, frustrará los resultados que se
esperan de esta asamblea.
Las observaciones del Gobierno de Chile son justas
en la que se refiere á los Estados Unidos; pero en manera alguna es prudente,
ni siquiera lójico, hacer estensiva al Imperio del Brasil la
invitacion de tomar parte en un Congreso destinado á debatir los intereses de
la democracia. Todos los problemas, sociales ó políticos, que hayan de
dilucidarse en América deben estar y están sujetos á ese principio; las
deliberaciones de sus futuros destinos deben tener lugar bajo los pliegues de
la bandera republicana.
La República de Bolivia acepta tambien con
entusiasmo la idea del Congreso, observando que, para no inspirar recelos á
naciones estrañas, se debe manifestar que no se forma con tendencias hostiles
ni miras esclusivistas.
El Gobierno de Colombia aplaude y acepta la
formacion del Congreso, pero en oposicion al de Chile, opina que no se debe
invitar á los Estados Unidos, porque es pública la neutralidad política que
profesa y practica la gran nacion del Norte con respecto á las repúblicas
hispano-americanas. Cree tambien que no debe hacerse una cuestion precisa de la
representacion en el Congreso del Imperio del Brasil, haciendo notar con muy
justa razon que la[Pg 40] fraternidad de los pueblos
americanos viene de la identidad de sus aspiraciones.
Esta vez son pocas las escepciones y la mayor parte
de los Estados Americanos responden con real entusiasmo á la circular del Señor
Riveiro y envian sus representantes al Congreso, el cual inauguró sus sesiones
preparatorias el 18 de Octubre de 1864 con la asistencia de los
plenipotenciarios siguientes:—de Bolivia, Don Juan de la Cruz Benavente; de
Guatemala, el general P. A. Herran; del Perú, Don José G. Paz Soldan; de Chile,
Don Manuel Mont; de la República Argentina, Don Domingo Faustino Sarmiento; de
Colombia, Don Justo Arosemena; del Ecuador, Don Vicente Piedrahita; de
Venezuela, Don Antonio L. Guzman.
Se firmaron en esta Asamblea cuatro tratados: uno
de union y alianza, otro sobre conservacion de la paz, otro de comercio y
navegacion y uno de correos.
El primero de estos pactos establece de nuevo la
alianza internacional americana con el propósito de afianzar la paz entre las
diversas secciones del continente, de proveer á su seguridad esterior y de
garantizar mútuamente su independencia.—Esta alianza producirá efecto en los
casos que consistan: 1º En actos dirijidos á privar á alguna de las partes
contratantes de secciones de su territorio.—2º En actos dirijidos á anular ó
variar la forma de gobierno, la Constitucion ó las leyes de cualquiera de ellas.—3º
En actos dirijidos á someter á cualquiera de las partes á protectorado ó á
establecer[Pg 41] sobre ella superioridad ó
preeminencia que menoscabe su soberania.
Las partes contratantes tendrán la libre
apreciacion sobre el casus foederis y una vez declarado todas
se comprometen á cortar sus relaciones con la potencia agresora.
El tratado sobre conservacion de la paz establece
la prohibicion de recurrir á las armas para arreglar las diferencias
internacionales y el juicio arbitral cuando esas controversias no puedan
dilucidarse de otro modo.—Cada parte se obliga á impedir que en su territorio
se preparen elementos de guerra para abrir hostilidades contra cualquiera de
las otras y que los emigrados políticos abusen del asilo conspirando contra el
país de su procedencia.
El tratado de comercio y navegacion establece la
libertad de comercio, la igualdad recíproca de garantías y derechos para los
nacionales, buques y mercaderias de las partes contratantes, un sistema
uniforme de pesos y medidas y una unidad monetaria igual en peso, diámetro y
ley á la de cinco francos en el sistema francés.
El tratado de correos establece la exoneracion de
todo derecho de porte á los pliegos oficiales de gobiernos, ajentes
diplomáticos y jueces de los Estados signatarios, asi como á los periódicos y
folletos de todo género. Esta última estipulacion, liberal y progresista, pudo
producir resultados muy benéficos, pues el cambio facilitado de la idea traería
la union intelectual precursora, sin duda, de toda union social, política ó
económica.
Como siempre, muy pocos de los gobiernos
representados[Pg 42] en este Congreso honraron con
su aceptacion los documentos firmados por sus plenipotenciarios; y como á
menudo se juzga de la bondad de una causa por el éxito práctico que ella
alcanza, este último fracaso desprestigió la idea de Bolivar sin entibiarse por
eso el sentimiento de la América que le es favorable.
La convocatoria del Perú para el Congreso de
Juristas no espresa ya la idea de establecer principios de derecho público que
sirvan para realizar la liga; se trata ahora de uniformar los principios del
derecho internacional privado entre las diversas repúblicas hispano-americanas.
Si esa uniformidad de principios que se busca no
fuera la base de la union deseada, el americanismo de esta reunion se
observaria en la concurrencia de un plenipotenciario representante de la
revolucion cubana, reconocido por el Gobierno del Perú, tácitamente por los
demás plenipotenciarios y con prudentes reservas por el Ministro Arjentino.
El Congreso se reunió en Lima el 3 de Diciembre de
1877, aniversario de la batalla de Ayacucho, con asistencia de los
plenipotenciarios siguientes: Dr. Antonio Arenas por el Perú y Costa Rica, José
E. Uriburu por la República Argentina, Joaquin Godoy por Chile, Zoilo Flores
por Bolivia, Miguel Rio Frio por el Ecuador, Pedro Naranjo por los Estados
Unidos de Venezuela, Tomás Lama por Guatemala y Francisco de P. Bravo por Cuba
y la República Oriental del Uruguay.
Un año despues de instalado este Congreso se firmó
el tratado para establecer en América reglas uniformes sobre Derecho
Internacional privado. Ese trabajo fundamental determina á qué competencia ha
de someterse el juicio de los derechos referentes á las personas, los bienes y
los actos de los estranjeros en el continente.
La nota con que el Señor Arenas acompañaba el
Tratado á las repúblicas signatarias contiene notables comentarios á los
trabajos del Congreso y pueden en ella observarse los motivos científicos de
cada una de las estipulaciones de este pacto.—Termina ese importante documento
con las siguientes palabras: «Lo que antes parecia una ilusion ha comenzado á
realizarse. Las repúblicas signatarias han levantado una bandera de alianza
pacífica, van unidas y con ánimo sereno en pos de su prosperidad y hay la esperanza
de que las demas repúblicas hermanas las acompañen en una empresa tan
laudable.—Esa union, andando el tiempo, dará grandes resultados, aumentará
nuestro crédito esterior, facilitará el desarrollo de todos los elementos
reparadores que hay en nuestro suelo, perfeccionará de una vez nuestras
instituciones y al fin llegará el dia en que, como lo han vaticinado algunos de
nuestros hombres públicos, la América tranquila y feliz sea la pátria comun de
todos los americanos.»
El segundo trabajo del Congreso fué el Tratado de
Estradicion que se firmó en Marzo de 1879.
Esta asamblea tenia el propósito de uniformar en lo
posible la lejislacion mercantil de la América y de redactar un tratado
especial estableciendo[Pg 44] de un modo solemne y
definitivo el principio del arbitraje para resolver todo jénero de cuestiones
entre las repúblicas signatarias. Por desgracia, en Febrero de 1879 tuvo lugar
la ocupacion de Antofagasta por tropas chilenas, iniciándose la guerra
fratricida del Pacífico, luctuoso acontecimiento que puso término á los
trabajos del Congreso de Juristas con tanto éxito iniciados.
La guerra continuaba en el Pacífico. Sin embargo,
la República de Chile firmaba el 3 de Setiembre de 1881, por medio de su
representante en Bogotá el Señor Francisco Valdez Vergara, una convencion sobre
conservacion de la paz con los Estados Unidos de Colombia.
Segun este pacto, ambos paises contraen la
obligacion de someter á arbitraje toda controversia ó dificultad que pueda
suscitarse; determinan que la designacion del árbitro será hecha en un convenio
especial en que tambien se esprese la cuestion en litigio y el procedimiento á
observar en el juicio y convienen en que sea árbitro plenamente autorizado el
Presidente de los Estados Unidos si se opone al convenio especial cualquier
obstáculo.
Esta última estipulacion produjo muy
buen efecto en aquel país segun lo manifiesta, dirigiéndose al
Secretario de Relaciones Esteriores de Colombia, el Ministro Residente en
Bogotá Señor[Pg 45] Ernest Dichman. Trascribo á
continuacion los párrafos de su nota diplomática:
«La negociacion del Tratado para la conservacion de
la paz entre las Repúblicas de Colombia y Chile, concluido entre el Encargado
de Negocios de este pais y usted, fué puesta por mí en conocimiento de mi
Gobierno, y me es sumamente grato informar á usted que esta noticia se ha
recibido en Washington con sentimientos de viva satisfaccion, porque revela de
parte de Colombia, no solamente el deseo de mantener y fortalecer las
relaciones de paz y benevolencia con el Gobierno de Chile, sino su adhesion al
gran principio de arbitramento en el arreglo de las disidencias
internacionales, principio cuya aplicacion se consignó en el referido Tratado
como el único medio adoptable en cualesquiera emergencias entre los Estados
cosignatarios. Asimismo, la designacion de árbitro, entre ellos, hecha en el
Presidente de los Estados Unidos, para ciertos casos, se ha aceptado como
manifestacion de aquella confianza en la amistad imparcial del Gobierno de los
Estados Unidos para con las Repúblicas hermanas del Continente americano;
amistad de que mi Gobierno ha tenido orgullo en dar pruebas manifiestas siempre
que se ha presentado la ocasion, y en fortalecer por su constante ejemplo de
buena voluntad é interés benévolo en su bienestar.»
En el convenio que nos ocupa se proponia tambien
celebrar en oportunidad con las otras naciones americanas convenciones
análogas, á fin[Pg 46] de que la solucion de todo
conflicto internacional por medio del arbitraje llegara á ser un principio de
derecho público americano.
Se supone la satisfaccion con que fué recibida en
América la convocatoria del Presidente de Colombia hecha con ese objeto,
especialmente por la República Argentina, cuya política séria y fraternal se
señala á la consideracion del mundo.—El Dr. D. Bernardo de Irigoyen, Ministro
de Relaciones Esteriores de esta República, contestó á la circular del Dr.
Nuñez en un documento notable y en él hace constar que en mas de una
oportunidad el Gobierno Argentino, aun con perjuicio de derechos
incontestables, ha sometido sus controversias á esa noble y humanitaria
aspiracion de la época.—Observa, no obstante, al notar con entera justicia que
la estipulacion solemne del arbitraje entre Chile y Bolivia no ha impedido una
lucha desastrosa para ambos pueblos, que el programa enunciado debe ampliarse,
desautorizando las tentativas de anexiones violentas y resguardando las
nacionalidades americanas de segregaciones parciales.
La nota en que el Señor Santa Maria, Ministro de
Relaciones Esteriores de Colombia, invitaba á las demas naciones americanas
para la formacion del Congreso, espresaba que naciones como las nuestras,
soberanas de inmensos territorios, no debian arruinarse ni deshonrarse con
guerras sangrientas por porciones de tierra inhabitada y en muchos casos
inhabitable, que para la causa de la civilizacion y de la humanidad en[Pg 47] América lo mismo es en definitiva que
pertenezcan á una nacionalidad ó á otra.
Estas palabras parecen envolver la idea de que haya
en América territorios que puedan ser considerados res nullius,
principio que rebate el Dr. Irigoyen protestando contra toda vacilacion á ese
respecto y manifestando que el único medio de conservar la paz es el de
uniformar los esfuerzos de todos los gobiernos para que se considere la verdad
histórica y la justicia como único oríjen del dominio territorial.
Con pena es necesario consignar aquí la poca
sinceridad política del Gobierno de Chile.—Parece que era conveniente para los
intereses de aquella república la convencion parcial con la de Colombia y que
no lo era el hacerla general con todos los Estados de la América hispana. Desde
el momento en que el Dr. Nuñez pensó hacer estensivas á las demás repúblicas
las ventajas del principio consignado en el pacto con Chile, todos los trabajos
de sus diplomáticos fueron tendentes á evitar la reunion internacional que se
proyectaba en Panamá, propósito que lograron impidiendo la concurrencia de
plenipotenciarios del Ecuador y de todas las repúblicas de Centro-América.
Esto, como es natural, alejó á los gobiernos de
Méjico, la República Argentina y Venezuela que no veian ya en la reunion
proyectada las garantias de sinceridad y éxito que, despues de tantos
descalabros, debe buscarse en toda reunion internacional americana.
Las dificultades de la respectiva organizacion en
unos casos, los intereses privados de una seccion en este último, he ahí las
causas que se han opuesto á la prosecucion de los elevados fines de la
confraternidad americana; mas á través de los desastres referidos, se descubre
en algunos gobiernos y en todos los pueblos un sentimiento perenne de simpatia
hácia la liga.
Ella se efectuará, pues, tarde ó temprano por que,
como dijo el Abate de Pradt, la reclaman altos intereses que están en la
naturaleza de las cosas y que no tienen otro antagonismo que preocupaciones ó
ideas localistas.
Existen en América, hay que confesarlo, hombres
públicos que guiados por el interés individual ó sujetos á
miras estrechas, representan la subdivision y desean el desmembramiento de los
grandes Estados; pero ellos tendrán que luchar con los propagandistas del gran
pensamiento, quienes llevan la ventaja de interpretar cumplidamente los
intereses sociales del nuevo mundo y el sentir de sus habitantes.
Estos hombres, los que combatieron en Colombia y en
Centro-América por la reconstruccion de la antigua pátria, los que en la
República Argentina contrariaron la separacion del Estado de Buenos Aires y
dándole su capital definitiva en 1880 consolidaron su gran nacionalidad, son
los que están llamados á representar la union en América, donde mas que en
ninguna otra parte es indispensable hacer práctica esa inclinacion filosófica
de la humanidad.
[Pg 49]
CAPÍTULO IV
INTERVENCIONES
Para no mencionar los infinitos atropellos y
repetidas violencias que los gobiernos de Europa han cometido, abusando de su
fuerza, contra las pequeñas nacionalidades formadas el año 1810 en el
territorio continental americano que fué en un tiempo colonia española,
concretaré este capítulo al estudio de las intervenciones que pudieron tener
trascendencia perjudicial á la soberania é independencia de las mismas ó al
réjimen político que adoptaron.
La primera de ellas, incompetentemente iniciada
durante el reinado de Luis Felipe por Monsieur Roger, Vice Cónsul francés en
Buenos Aires, no produjo resultado alguno satisfactorio á la potencia
interventora que, segun parece, no lo buscaba tampoco.—Ha sido, en efecto, una
política muy comun en los gobiernos de Francia, la de crear complicaciones
internacionales cuando las evoluciones de la lucha interna han puesto en
peligro su propia existencia: asi sucedió en esta ocasion y mas tarde en
Méjico. Es verdad que se buscaron siempre enemigos[Pg 50] que,
dando pábulo á las crónicas y desviando el entusiasmo de las facciones, no
crearan por su poder problemas de solucion incierta en lo futuro.
La escuadra francesa que fué á Buenos Aires y
efectuó el bloqueo de la ciudad para imponer al gobierno el pago de las
indemnizaciones exijidas á la República por muchos súbditos de S. M., á mérito
de perjuicios sufridos durante la tiranía en sus personas y en sus bienes,
debia sostener las pretensiones entabladas por Monsieur Roger; pero este
agente, con su precipitacion, autorizó á Rosas para impugnarle su conducta,
haciéndole notar que él solo podia jestionar en asuntos de comercio y que el
Gobierno de la Nacion Argentina no se encontraba dispuesto á tratar de las
reclamaciones entabladas por los súbditos franceses sino con un representante
diplomático plenamente autorizado para ello.—El Rey de Francia envió entónces
como Cónsul General y Encargado de Negocios al Señor Buchet de Martigny,
funcionario que en vez de entablar negociaciones promovió la coalicion entre
las tropas francesas y los disidentes argentinos al mando del General Juan
Lavalle, bien persuadido, por cierto, de que el bloqueo era ineficaz y de que
se requeria el apoyo de los revolucionarios patriotas para obtener algun
resultado.
El convenio que consigna esta alianza, firmada de
una parte por el Señor Buchet de Martigny y de otra por los señores Julian S.
Agüero, Juan J. Cernadas, Florencio Varela, Ireneo Portela, Valentin Alsina, y
Gregorio Gomez, representantes en Montevideo de la resistencia contra Rosas,
espresa[Pg 51] que los sucesos del bloqueo han
producido una alianza de hecho entre los agentes de los ciudadanos argentinos
armados contra el tirano y los de S. M., alianza que ha sido confirmada por el
General Juan Lavalle en Julio de 1839 y ratificada por Thiers,
Presidente del Consejo, en su discurso en la Cámara de
Diputados el 28 de Abril de 1840.—No obstante esto, se agrega que para dar al
pacto toda la regularidad posible los representantes
mencionados convienen:
En que el Señor Buchet de Martigny se trasladará á
Buenos Aires en su carácter diplomático cuando se derroque al tirano Rosas y
presentará al nuevo gobierno una declaracion concebida mas ó menos asi: El
bloqueo y sus desagradables consecuencias no se han dirijido contra los
ciudadanos sino contra el gobierno del tirano y esto mismo con el único objeto
de indemnizar los perjuicios causados á los súbditos franceses y de impedir las
crueldades del tirano contra los mismos.
A tal declaracion el gobierno provisorio contestará
estendiendo un decreto en el cual se esprese que hasta la terminacion de un
tratado de amistad con la Francia los súbditos de S. M. serán considerados como
los de la nacion mas favorecida y que se reconocerá la
legitimidad de las reclamaciones en favor de los que fueron perjudicados
durante la tiranía.
Las irregularidades de este pacto y la ratificacion hecha
de palabra en un Parlamento, tenian que traer como desenlace natural el
abandono de los patriotas.—Cuando menos se pensaba llegó al Rio de la Plata el
Almirante Mackau, quien con especiales[Pg 52] instrucciones
de su gobierno, propuso al Dictador las conferencias que dieron por resultado
el convenio de 29 de Octubre de 1840 y la inmediata evacuacion de las tropas
francesas.
Los patriotas íntegros y entusiastas que buscaban
una solucion al conflicto de la pátria en la alianza estranjera, se vieron
obligados, por la fuerza de los sucesos, á prescindir de ella y á buscarla,
donde únicamente podia encontrarse, en el empeño noble y ardoroso de sus
conciudadanos.
La historia les disculpa su grave error en atencion
á la solemnidad de las circunstancias, á los actos odiosos de la tiranía y á la
sinceridad de sus propósitos.
Es fuera de duda, por lo demas, que ellos mismos no
dejarian de pensar con espanto en las consecuencias de su impremeditada
actitud, muy especialmente si presenciaron, pocos años despues de derrocado el
déspota por la valiente perseverancia de los argentinos, la intervencion de
varias potencias europeas en el antiguo reino de Nueva España. Allí tambien los
soldados de Francia buscaron la alianza de una fraccion política para imponer á
la otra un sistema de gobierno en abierta oposicion á sus prácticas é instituciones!—Á
la verdad, ¿quién puede prever lo que hubiera acaecido en la República
Argentina con el triunfo del ejército de Lavalle coadyuvado por las
tropas francesas?—Tal vez reclamaciones mayores é intervenciones mas
directas en nuestros asuntos propios.
La segunda intervencion que tuvo lugar en el Rio de
la Plata, realizada en comun por Francia é[Pg 53] Inglaterra,
fué solicitada de ámbas potencias por el Vizconde de Abrantes, embajador
brasileño. Este diplomático procuraba demostrar que la proteccion concedida por
Rosas al General Oribe, jefe de uno de los partidos que luchaban en la
República Oriental del Uruguay, ponia en peligro la independencia de ese país;
solicitaba, en consecuencia, el cumplimiento de la cláusula que contiene el
tratado firmado el año 1828 entre el Imperio del Brasil y la República
Argentina, por la cual Francia é Inglaterra garantizan la independencia de la
mencionada república.
Sin darse á la cuestion la importancia que
pretendia el Brasil y atribuyéndole mucha al hecho de una recíproca alianza, en
momentos de conflicto para el viejo mundo, la intervencion anglo-francesa en el
Rio de la Plata se efectuó mas por intereses de política europea que por dar
cumplimiento á las estipulaciones del tratado de 1828.
No es estraño, pues, que no teniendo bandera la
intervencion, ni objeto, ni propósito, desde que poco podia importarles á esas
potencias que gobernara Oribe ó que mandara Rivera, el resultado de ella fuera
el reconocimiento de todos los derechos sostenidos por el Dictador Rosas y la
evacuacion incondicional de los buques que efectuaban el bloqueo.
Las fuerzas anglo-francesas, despues de saludar el
pabellon argentino con 21 cañonazos, se retiraron sin haber obtenido otro
resultado que afianzar la tiranía sangrienta de Juan Manuel Rosas y poner[Pg 54] una rémora al progreso de un país tan rico y al
desarrollo de su comercio.
Los Estados Unidos no tomaron participacion alguna
en el desenvolvimiento de estos sucesos, presumo que por no serles simpática la
idea de entablar negociaciones ni con unos ni con otros: con los aliados, por
significar la intervencion de Europa en los asuntos de América, hecho que es
proverbialmente odioso al país; con Rosas, por la condicion cruel y salvaje de
su gobierno.
La mas desoladora y continuada anarquía fué el
inmediato fruto que cosechó la República Mejicana de su independencia. Desde
que Iturbide fundó su efímero imperio hasta que tuvo lugar la intervencion que
llevaron á su suelo las potencias aliadas, España, Francia é Inglaterra, ningun
gobierno habia consolidado un órden de cosas estable, ninguno habia creado
siquiera los medios de hacer práctica su accion. En tales circunstancias las
naciones forman deudas: no las cubren. El motivo real de la intervencion emana
de ahí, por mas que se hiciera aparecer entónces como pretesto de ella el deseo
de hacer indemnizar á los extranjeros residentes allí los perjuicios que las
tropelías y ultrajes de los caudillos de barrio les habian ocasionado.
La convencion entre las tres mencionadas potencias,
firmada en Lóndres el 31 de Octubre de 1861, manifiesta esplícitamente que
ellas asumen tal actitud porque se ven obligadas á exigir de las autoridades[Pg 55] de Méjico una proteccion mas eficáz para las
personas y bienes de sus súbditos, así como el cumplimiento de las obligaciones
contratadas por la República.—Los plenipotenciarios, despues de canjearse sus
respectivos poderes, convinieron en que las potencias aliadas enviarian á las
costas de Méjico fuerzas de tierra y mar combinadas, que apoderándose de las
fortalezas y posiciones del litoral mejicano impusieran al gobierno su línea de
conducta. Espresaban en las cláusulas del tratado, que los comandantes de esas
fuerzas podrian tomar todas las determinaciones que fueran necesarias para
garantizar la propiedad y asegurar la vida de los súbditos de los aliados,
comprometiéndose, además, los contratantes á no ejercer en los asuntos
interiores de Méjico ninguna influencia destinada á contrariar el derecho que
la nacion tiene de constituir su propio gobierno.—Agregaban, finalmente, que no
siendo esclusivistas y sabiendo que los Estados Unidos tenian tambien
reclamaciones que hacer valer, se obligaban á enviar á Washington una cópia de
la convencion, sin determinar, sin embargo, que se suspendieran los efectos del
pacto hasta la accesion de esta última potencia, indudablemente por temor á los
obstáculos que en nombre de los intereses americanos opondria á la espedicion
proyectada su ya no despreciable poder.
Apenas conocido el pacto de estas potencias en
Estados Unidos, el Señor Seward, Ministro de Relaciones Esteriores, significó á
los tres aliados que se adelantarian á Méjico las cantidades necesarias[Pg 56] para cubrir su deuda, agregando, al mismo
tiempo, que aquella república habia aceptado ya la mediacion propuesta
obligándose al pago con la fé pública y la desamortizacion de los bienes de la
Iglesia.
Francia contestó que se equivocaban los
motivos que habia para apoderarse de los puertos de la República;—Inglaterra
que la cuestion de interés era solo uno de los cargos contra Méjico.
Las connivencias de los aliados tenian lugar á
despecho de la declaracion que habia pronunciado el 19 de Enero de 1821 á
nombre de la Gran Bretaña, Lord Castlereagh: «Si las evoluciones políticas que
se producen en un país pueden crear un derecho de intervencion,
solo puede eso admitirse cuando la seguridad y los intereses esenciales de los
Estados interventores estén amenazados de una manera séria y exista una
necesidad imperiosa y urgente».
Todo esto prueba que la proteccion á los súbditos
perjudicados era solo un pretesto, reservándose cada potencia la secreta
esperanza de cambiar el sistema del gobierno mejicano en provecho propio.
España, precipitando los sucesos, dió á conocer
primero sus planes, pues aun cuando los plenipotenciarios respectivos Lord
Russell, Javier de Isturitz y Monsieur Flavaut, al formar el convenio aludido
estipularon, como es natural, que se buscarian los medios de espedicionar de
comun acuerdo, tropas enviadas de la Habana operaron separadamente y ocuparon á
Vera Cruz.—A las reclamaciones de los otros aliados contestó el Ministro de
Relaciones[Pg 57] Esteriores de España, Señor
Calderon Collantes, mencionando que su procedimiento aislado se esplicaba por
haber llegado tarde á la Habana la órden de suspender la salida de la
espedicion. No dice, lo que es óbvio, que existia con anterioridad la órden de
enviarla. Este hecho y algunas revelaciones de la época, prueban que el interés
de España en la contienda era muy distinto del que indicaban sus ministros y
encubria un designio semejante al que despues practicó Francia con mejor éxito.
Se dijo que pretendia fundar una monarquia en Méjico adjudicando el trono á Don
Sebastian, tio de la reina.
La espedicion combinada de Francia é Inglaterra se
incorporó mas tarde á las fuerzas españolas, operando todas ellas conjuntamente
á las órdenes del general Prim.
Ostensiblemente, no existia el propósito de
derrocar al gobierno de Juarez sino el de conminarlo al cumplimiento de las
obligaciones contraidas y á la indemnizacion de los perjuicios sufridos por los
respectivos súbditos; pero las intenciones ocultas de los invasores debian ser
conocidas con la llegada al campamento del general mejicano Almonte, traidor
que habia sostenido en Europa la conveniencia de crear en su pátria un Imperio,
llegando á ofrecerle la corona, en representacion del partido conservador, al
Archiduque de Austria.—El Presidente Juarez se quejó de que se autorizara la
presencia de un revolucionario en el territorio mejicano y solicitó su
espulsion.—Los españoles, desconcertados en sus planes por las ambiciosas miras
de Francia[Pg 58] y los ingleses, sinceros en esta
ocasion, encontraron razonable la exijencia de este magistrado.
En cuanto al General francés Forey, fué insolente
en su contestacion y en su conducta arbitrario; dijo que el Señor Almonte era
un proscrito y que la bandera francesa siempre protegia bajo sus pliegues á los
desgraciados.
Despues de este incidente, las tropas españolas é
inglesas se retiraron y las francesas continuaron la campaña interventora
ejerciendo todo género de crueldades contra los nacionales que pretendian poner
un dique á su irrupcion y ocupando militarmente á Puebla, Orizaba y la capital.
Por entonces manifestó Napoleon III cuales eran sus
ideas respecto á la invasion que habian practicado sus tropas en el nuevo
mundo. En carta dirijida al general Forey espresaba que tan inusitada
intervencion respondia: 1º Á poner un obstáculo á la absorcion de esa parte de
América por los Estados Unidos—2º Á impedir que la gran confederacion
anglo-sajona llegara á ser la única intermediaria para el comercio del
continente norte-americano—3º Á restablecer el prestijio de la raza latina en
América.—4º Á acrecentar la influencia de Francia por medio del establecimiento
en Méjico de un gobierno mas simpático á sus intereses.
Si el documento que contiene tan atrevidos
conceptos no fuera privado, pareceria hasta inverosímil que un monarca europeo
tuviera la audacia de insinuar su intencion de cambiar el sistema de gobierno
en un pueblo amigo, á mérito de restablecer el prestijio de la raza latina!
Como si tal prestijio[Pg 59] pudiera alcanzarse
buscándolo en el pasado y no en el porvenir, en instituciones y en prácticas
contrarias al progreso y no en aquellas que siguen su camino de adelantos para
responder á aspiraciones que son tambien las del pueblo frances: la
libertad, la igualdad, la fraternidad.
Calumnia Napoleon á los Estados Unidos al
manifestar el temor de que estos absorban á las demas naciones de América; pero
aunque así no fuera, siempre su observacion se miraría como impertinente y
ridícula, pues llegado el caso, seguramente muy remoto, de que los Estados
Americanos se sometieran á un poder estraño, preferirian subordinarse al
sistema republicano federal de Washington antes que al centralista de Paris.
Pueden aparecer en la república modelo gobernantes
ó muy torpes ó demasiado ambiciosos para buscar en la conquista el
engrandecimiento de su pátria; mas ¿en qué puede afectar eso á los vecinos, si
el carácter y la índole de aquel pueblo lo alejan de la violencia y le inspiran
el deseo y el interés, que impone á sus mandatarios, de influenciar tan solo
con sus ideas y sus prácticas?
Cuando la bandera francesa flameaba en los
edificios públicos de la capital mejicana, Maximiliano, que habia rechazado las
proposiciones de Almonte, obedeció las insinuaciones de Napoleon y renunciando
á todos sus títulos y derechos como principe austriaco aceptó el Imperio, si
bien bajo la condicion de que el cambio de gobierno fuera solicitado por la
mayoria de la nacion.—Entonces se produjo esa farsa de adhesiones y
de llamadas que,[Pg 60] bajo la presion de
las bayonetas estranjeras y las inspiraciones de los cabecillas del partido
reaccionario, dió por resultado el viaje del nuevo monarca á Méjico, donde
llegó, acompañado de su esposa, el 29 de Mayo de 1864. La apoteosis de que fué
objeto, en medio de arcos de triunfo y de entusiasmo comprado á peso de oro,
engañaron por completo á Maximiliano, haciéndole concebir ideas exajeradas
sobre la popularidad de que gozaba su nombre y la simpatía que merecia el nuevo
sistema en el pueblo mejicano. Comenzaba ya á ser víctima el noble príncipe del
partido conservador y de la política maquiavélica de Napoleon III.
Sorprenderá que llegaran las cosas á este punto sin
que los Estados Unidos hicieran un solo acto de protesta. Debe observarse, sin
embargo, que en esa época la Union se encontraba dividida por la lucha mas
ardiente que ha presenciado su territorio y que el Gobierno no podia distraer
ni fuerza ni atencion en tan graves circunstancias.
Una vez que este, reconstituido despues de la
guerra, pudo contar con el próximo y definitivo restablecimiento de la paz
interna, envió instrucciones al Señor Adams, Ministro en Francia, para que
manifestara al Emperador que cualquier intervencion hecha con el propósito de
imponer nueva forma de gobierno á la República de Méjico se miraria como una
declaracion de guerra.
Muchas y muy especiosas razones dió el gabinete
francés para probar que la invasion solo tenia por objeto exijir el
cumplimiento de las obligaciones[Pg 61] contraidas
por la República y que la presencia del Archiduque en Méjico se debia al
espontáneo llamamiento de la mayoria del país.
Con todo, los Estados Unidos insistieron en que si
no se retiraban las tropas francesas en un término dado, se romperian las
hostilidades.
En el mismo orden de ideas que el Poder Ejecutivo,
el Congreso Americano habia sancionado por unanimidad el 4 de Abril de 1864
esta proposicion: El Congreso declara que no conviene á la política de los
Estados Unidos el reconocer un gobierno monárquico establecido en América sobre
las ruinas de un gobierno republicano y bajo los auspicios de un gobierno
europeo cualquiera que sea.
Terjiversando con habilidad sobre los principios
proclamados solemnemente mas de una vez por los Estados Unidos é invocando los
procedimientos históricos de la nacion en ese punto, los diplomáticos franceses
trataron de probar que el Señor Juarez no ejercia el gobierno de Méjico en
el hecho, insinuando, además, que podria producirse un cambio, con anuencia
de ambas naciones, sin incluir, por cierto, en él al lejítimo Presidente Señor
Juarez.
El Señor Seward, inspirándose en una sana política
y conquistando lejítima gloria para su pátria, contestó, que indudablemente el
Señor Juarez no ejercia un gobierno de hecho, teniendo el poder de derecho,
pero que si eso sucedia solo debia atribuirse á la presencia de las tropas
francesas en el territorio mejicano. Manifestó así mismo, que los[Pg 62] Estados Unidos no podian desconocer al gobierno
reconocido ya del Señor Juarez, quien seguramente tendria los
medios de ejercer su autoridad una vez retiradas esas tropas.
Las negociaciones arribaron al resultado que se
deseaba, la evacuacion de las tropas francesas. Es indudable que sin el temor
de romper abiertamente con los Estados Unidos, en una época en que Napoleon
tenia bastante con las preocupaciones de su propio gobierno, ellas hubieran
retardado su retirada dilatando con su odiosa presencia el triunfo de la causa
nacional.
Apenas se alejó el mariscal Bazaine, Jefe á la
sazon de las tropas y faltó al raquítico Imperio el auxilio de fuerza que ellas
le daban, este se derrumbó con una rapidez mayor de la que se habia requerido
para crearlo.
Perdido el primer apoyo era necesario buscar uno
nuevo. La Archiduquesa, valiente compañera de Maximiliano, fué á Europa con el
propósito de solicitarlo para el trono de su esposo; pero la intervencion
diplomática de los Estados Unidos impidió nuevamente el envío de los
contingentes de tropas con que Austria y tal vez Bélgica pensaban auxiliar al
desgraciado príncipe en su incierta posicion y este tuvo que esconder
su impotencia en Queretaro donde el ejército republicano lo sitió, lo venció y pronunció,
en consejo de guerra, la terrible sentencia de muerte.
No es esta la oportunidad de hacer un juicio
detenido sobre la debatida cuestion de si fué ó no conveniente para Méjico el
lamentable fin del[Pg 63] Archiduque, pero merece
consignarse la opinion espresada entonces por los Estados Unidos.
El Señor Seward, antes de conocer el fatal
desenlace, dirijió al representante americano acreditado cerca del Señor Juarez
una nota en la cual significaba que la severidad ejercida con los prisioneros
republicanos capturados en Zacatecas hacía temer como represalia una severidad
semejante para con el príncipe y sus soldados estrangeros, consumándose asi un
hecho que pudiera ser perjudicial á la causa nacional de Méjico y al sistema
republicano en todo el mundo. Indicaba, por lo tanto, la conveniencia de hacer
conocer al Presidente el deseo de los Estados Unidos de que el príncipe y sus
secuaces recibieran un tratamiento humano.
El Señor Seward demostró, pretendiendo impedir la
ejecucion de Maximiliano, que su pátria se preocupaba de los intereses
republicanos. No ignoraba el célebre estadista que, en todas las épocas de la
historia, la consecuencia lójica del sacrificio de los reyes ha sido la
rehabilitacion del trono.
[Pg 64]
CAPÍTULO V
ISTMO DE PANAMÁ
Muy antigua es la idea de abrir una comunicacion
entre los dos grandes océanos que absorben casi en su totalidad el comercio del
mundo.
El primero que enunció tan progresista propósito
fué Hernan Cortés, quien pensó llevarlo á cabo, despues de efectuada la
conquista de Méjico, en el Istmo de Tehuantepec. Posteriormente el Presidente
Santa Ana concedió el privilejio de practicar la obra á un Señor Garay,
privilejio que este vendió al Señor Hargaus, ciudadano americano. Habiéndose
opuesto otro gobierno de Méjico á la continuacion de los trabajos, los Estados
Unidos pensaron intervenir en defensa de los intereses de su compatriota; pero
á ello se opuso enérjicamente el Senador Benton, haciendo resaltar en muy
bellas frases la inconveniencia de atraer odiosidades á la pátria por favorecer
una especulacion mas ó menos atrevida.
En Nicaragua y otras repúblicas de la América
Central se ha pensado tambien emprender la obra de la comunicacion
interoceánica; mas á pesar de que en varios puntos disminuyen los obstáculos
las[Pg 65] corrientes naturales, se ha visto que
siempre serian alli mas sérios los trabajos que en el Istmo de Panamá donde la
ciencia y el interés del comercio han determinado definitivamente emprender tan
jigantezca labor.
Este istmo, por su posicion escepcional en el
centro del globo, afecta los mas sérios intereses políticos y económicos,
intereses que asumirán mayores proporciones asi que se entregue al servicio el
canal marítimo que se construye.
No es estraño, pues, que los gobiernos de Colombia
hayan tenido que hacer esfuerzos sobrehumanos para conservar su soberanía y
sustraer ese territorio á la codicia de los gobiernos europeos y aun á
sujestiones mas ó menos hábiles de los Estados Unidos, donde algunos
periodistas han llegado á manifestar la absurda pretension de que se considere
como de cabotaje el comercio practicado por esa via, despues de abierto el
canal, entre Nueva York y San Francisco.
Pero dejando de lado las ambiciosas apreciaciones
individuales, fuerza es confesar que los Estados Unidos se han mostrado hasta
hoy como defensores de la soberanía de Colombia en el Istmo de Panamá.
La política observada por los estadistas sensatos
de aquella nacion, está sintetizada en el articulo 35 del tratado vijente de
amistad, comercio y navegacion, firmado en Bogotá el 12 de Diciembre de 1846
por el Señor Manuel Maria Mallarino, Ministro de Relaciones Esteriores de la
Nueva Granada y el Señor Benjamin A. Bidlack, Encargado de Negocios[Pg 66] de los Estados Unidos de América.—Por el citado
convenio se estipula:
«Que el Gobierno de la Nueva Granada garantiza al
de los Estados Unidos que el derecho de via ó tránsito al través del Istmo de
Panamá por cualesquiera medios que ahora existan ó en lo sucesivo puedan
abrirse, estará franco y espedito para el Gobierno y los ciudadanos de los
Estados Unidos y para el trasporte de cualesquiera artículos, de productos,
manufacturas ó mercaderias de lícito comercio pertenecientes á ciudadanos de
los Estados Unidos.
«Que los Estados Unidos, en compensacion,
garantizan positiva y eficazmente la perfecta neutralidad del ya
mencionado Istmo, con la mira de que en ningun tiempo, existiendo este tratado,
sea interrumpido ni embarazado el libre tránsito de uno á otro mar; y por
consiguiente garantizan de la misma manera los derechos de soberanía y
propiedad que la nueva granada tiene y posee sobre dicho territorio.»
A muchos colombianos les desagradará, sin duda,
considerar que su pátria se ha visto en la necesidad de aceptar la garantía
protectora de una nacion amiga, para poder conservar sin peligro su
jurisdiccion y dominio territorial en el Darien; pero todos convienen en que es
indispensable desde que la sola fuerza del derecho no bastaria para atenuar en
las potencias comerciales del viejo mundo el inmenso aliciente que les ofrece
tan bien situado territorio.
En cuanto á los Estados Unidos, si bien no alcanzan
segun las cláusulas del tratado, sinó la facultad[Pg 67] de
intervenir en circunstancias escepcionales y solo para garantizar el libre
tránsito, obtienen con su actitud el beneficio de alejar de los gabinetes
europeos toda negociacion tendente á adquirir jurisdiccion en el Istmo.
Muchos hombres públicos americanos han pretendido,
siempre por la via diplomática, adquirir en Panamá una intervencion mas directa
en favor de los intereses comerciales y políticos de su país.—En 1857,
posteriormente á disturbios ocurridos en el Istmo y á perjuicies sufridos por
súbditos de los Estados Unidos, el Plenipotenciario de esta república en Bogotá
presentó al Gobierno de Colombia la proposicion de que se creasen á Colon y
Panamá en ciudades libres bajo la proteccion de los Estados Unidos y manifestó
el deseo de su gobierno de obtener, por una remuneracion adecuada, la cesion de
algunas islas en el golfo de Panamá para establecer en ellas una estacion
naval. Ante una negativa formal, los americanos desistieron de su propósito.
Es justo agregar aquí que durante la sangrienta
revolucion que hubo en Colombia contra el Gobierno del Dr. Rafael Nuñez en 1885
y que dió por resultado el incendio de Colon y disturbios de todo jénero en el
Istmo, los americanos intervinieron en la forma prescrita en el tratado,
garantizaron el libre tránsito de uno á otro mar, la inmunidad de los empleados
del ferro-carril inter-oceánico y la de los trabajadores del canal, retirándose
inmediatamente despues de restablecida la paz pública.
El natural temor de presenciar por parte de una
potencia europea una influencia tan séria como podria[Pg 68] traer
la construccion bajo sus auspicios de una via interoceánica para el intercambio
directo de los productos asiáticos y europeos, ha inducido siempre á los
Estados Unidos á ofrecer una séria proteccion á toda obra de esa naturaleza.
Con el apoyo del Gobierno Americano y teniendo su
asiento en la ciudad de Nueva York, se organizó la compañia del ferro-carril
que hace hoy el servicio del comercio de uno á otro mar.
Varias veces ha procurado despues el mismo gobierno
patrocinar la creacion de algunas compañias para efectuar el jigantezco trabajo
de la comunicacion interoceánica.
Durante el año de 1867, el Ministro de los Estados
Unidos en Colombia propuso al de Relaciones Esteriores de aquel país la
apertura de un canal en el Istmo, recomendando al efecto la solicitud que
presentaria el súbdito americano Dr. Cullen.
El Ministro Sr. Santiago Perez, agradeciendo la
iniciativa de los Estados Unidos en asunto de tanta trascendencia para Colombia
y para el mundo todo, significó, sin embargo, que empresa tan colosal no podia
abandonarse á la actividad y recursos de un particular ó de una compañia
anónima, sinó que imitando el ejemplo de Francia y Egipto, debia buscarse en la
garantia de un tratado internacional la de la ejecucion de la obra.
Aceptadas estas indicaciones como base de todo
procedimiento, la obra se hubiera llevado á cabo si las pretensiones
manifestadas por el[Pg 69] representante americano
hubieran sido menos onerosas para Colombia.
Las conferencias que tuvieron el Señor Sullivan
Ministro Americano y los Plenipotenciarios de Colombia señores Samper y Cuenca,
con ese objeto, no arribaron á resultado práctico alguno.
El Ministro Americano pedia para la empresa la
concesion de una faja de tierras baldías de diez millas de fondo á
ambos lados del canal; y aunque ofrecia abandonar á la República la
jurisdiccion y soberania de esas tierras, quedaban en realidad sometidas á un
gobierno estraño, lo que, como era natural, fué rechazado, notándose asi mismo
que para la colocacion de los capitales del mundo en la empresa nada importaba
que esta tuviera ó nó tierras sino que los productos de ella fueron
apreciables.
La pretension del Ministro era aun menos aceptable
en lo referente á la neutralidad. Proponia conservar á la empresa el derecho de
cerrar los puertos del canal á los paises que estuvieran en guerra con los
Estados Unidos y de conceder al Gobierno el libre tránsito para sus buques y
demas elementos de guerra.
Con mucha lójica y claro juicio los
Plenipotenciarios de Colombia rechazan semejante pacto y proponen al Gobierno
que si el canal se realiza se exija, cualquiera que sea la empresa
constructora, que se ponga en perfecta neutralidad para el comercio del mundo—Indican
tambien que para la fácil colocacion de las acciones es necesario que el
tenedor comprenda[Pg 70] que va á servir al comercio
general y no al uso de una nacion determinada.
Pretendian los americanos que al verificarse la
devolucion del canal á Colombia al fin del privilegio, es decir, á los cien
años, esta nacion pagara una suma igual al costo orijinario de la esploracion,
trazado y construccion del canal, deduciendo de esa suma las cantidades de
utilidad neta percibidas en el curso de los cien años.
—Estas exijencias tan duras fueron rechazadas en su
totalidad por los representantes Samper y Cuenca, quienes propusieron en
definitiva algunas modificaciones que podrian hacer practicable la negociacion.
En tal sentido se suspendieron las conferencias
para que el Señor Sullivan pudiera consultar á su Gobierno lo que estimara de
ellas aceptable. Reabiertas estas, se presentó una dificultad importantísima.
El Señor Seward habia pronunciado un discurso en Nueva York del cual se
desprendia que el Gobierno Americano no pensaba suministrar los fondos y que
pensaba, por el contrario, obtenerlos entre los particulares. Sabido esto por
los negociadores colombianos, pidieron la declaracion de que si ese caso llegaba
y se traspasaba la concesion, los concesionarios, la empresa, etc., quedaran
sometidas á las leyes y jurisdiccion de Colombia.
Esta natural pretension y celo por la soberania
nacional fué rechazada como indiscutible por el Ministro Americano, quien
declaró imposible la[Pg 71] organizacion de la
compañia si ella habia de quedar sujeta á las leyes locales.
Ante la formal negativa de abandonar al país su
lejítima soberanía, los representantes colombianos pusieron término á las
negociaciones; é iban á elevar al gobierno sus renuncias, cuando el Señor
Sullivan tuvo por conveniente ceder en alguna de sus pretensiones.
Adoptadas las modificaciones por él propuestas, se
firmaron los tratados ad referendum; pero ni aun con ellas se
encontraron aceptables en el Congreso de Colombia que impuso al Poder Ejecutivo
la no ratificacion de tales documentos.
En esta como en otras ocasiones, no quiero
desconocer que la política y las aspiraciones de los gobernantes americanos
señalan todo menos una marcha bien intencionada respecto de las repúblicas
hispano-americanas; pero desde que el uso de la fuerza no siguió nunca á los
propósitos declarados, su conducta no puede ser condenada como contraria á las
prácticas internacionales.—Ademas, como ya se ha dicho, el proceder de un
gobierno no indica siempre la voluntad ó el pensamiento de un pueblo.
Muchos proyectos posteriores se han espuesto para
llevar á cabo la magna empresa.—Bajo la presidencia de Don Mariano Ospina se
propuso la construccion de un canal en la parte del Darien comprendida entre el
golfo de San Miguel y el del Darien; y aun cuando se verificaron estudios
detenidos, se hicieron planos de colonizacion y se señalaron puntos adecuados
para la fundacion de ciudades y[Pg 72] construccion
de depósitos etc., nada fué posible llevar á la práctica, por haber entrado la
república en uno de sus períodos de incesante y cruenta guerra civil.
El gobierno de los Estados Unidos manifestó de
nuevo su intencion de hacer la obra y en la misma via que acabo de mencionar se
practicaron en 1871 los estudios que sirvieron de base á la reciente
esploracion de los Señores Wise y Reclus.
No es fundado el temor de que la construccion del
canal traiga para Colombia y especialmente para el Istmo continjencias
desagradables, con motivo de la atencion que el mundo entero acordará á lo que
allí suceda y de la influencia que pretenderá ejercer la potencia donde se
hayan arbitrado los recursos de la empresa, pues como se ha observado con
justicia, el capital no tiene nacionalidad y Colombia ha espresado claramente
que no trata con los gobiernos de otros paises sino con representantes de
empresas comerciales.
En este sentido, por lo menos, autorizó el Congreso
al Poder Ejecutivo para negociar la construccion del canal á través del Istmo,
bajo la condicion esplícita de que solo se otorgaria la concesion al empresario
ó compañía que ofreciera garantias de buen éxito y se comprometiera á conservar
en el canal una neutralidad ámplia y completa.
La ley concesionaria espresa, ademas, que ni los
empresarios, ni aquellos que adquieran mas tarde sus derechos, podrán
trasmitirlos ni hipotecarlos á otro gobierno.
El contrato se firmó entre Antonio Gogorza,
representante[Pg 73] de una sociedad anónima y el
Señor Ancízar, Ministro de Relaciones Esteriores de Colombia, el 28 de Mayo de
1876.
Conviénese en que los concesionarios depositen como
garantia la suma de 750.000 francos en la casa bancaria que la República señale
en Lóndres y en que, verificado tal depósito, los empresarios queden facultados
para solicitar, mediante la mensura hecha por su cuenta, la entrega de las
250.000 hectáreas de tierras que la ley les acuerda en las inmediaciones del
canal.
Los Señores Gogorza y Türr organizaron en Paris la
compañia, nombrando Presidente del Comité Directivo al Señor Fernando de
Lesseps, el notable injeniero que habia contribuido con su ciencia y
perseverancia á la realizacion del canal de Suez, cuya saliente personalidad
era una garantía mas para el empleo de los injentes capitales que exijía la
empresa.
Se envió en seguida á Panamá una comision de
injenieros, al frente de la cual estaban los Señores Wise, Celler y Reclus, con
el encargo de verificar los estudios necesarios para determinar las
dificultades técnicas y económicas del trabajo y escojer el paraje mas
apropiado al objeto propuesto.—Corren impresos los informes de estos injenieros
y ellos demuestran las dificultades invencibles que presenta la construccion
del canal entre el golfo de Uraba y el de San Miguel.—Despues de hacerse en
repetidas esploraciones muy meditados estudios, se conoció la ventaja y
relativa facilidad de perforar el Istmo en su parte mas estrecha entre las
ciudades[Pg 74] de Colon y Panamá, precisamente en
un paraje inmediato y en una direccion paralela á la que ocupa el ferro-carril
actualmente en servicio. Los trabajos se emprendieron en breve, continuan con
actividad y todo hace esperar que se llevarán á buen término.
El cambio radical que la realizacion del canal
traerá á este continente, las influencias económicas que producirá en el mundo
su entrega al servicio público, la formacion de centros de industria, de
civilizacion y de riqueza comercial en el Istmo, serán los resultados
inevitables de esta obra que ha de contribuir en mucho al progreso del mundo
americano.
[Pg 75]
CAPÍTULO VI
ISLA DE CUBA
La independencia de la isla de Cuba era mirada por
los hombres de la revolucion hispano-americana como el complemento de la
propia. Afirma el historiador colombiano Restrepo que Bolivar pensó enviar en
1826 una escuadra contra la española que, estacionada en las Antillas,
amenazaba constantemente á las antiguas colonias bañadas por el mar Caribe,
Colombia, Centro América y Méjico.—Las fuerzas navales de las nuevas
nacionalidades debian proceder simultáneamente con el doble objeto de atacar al
enemigo comun y de dar la libertad á Cuba, Puerto Rico y las otras antillas
españolas; pero la falta de unidad en los preparativos bélicos y las
preocupaciones internas impidieron la salida de la espedicion.
Fué contrariada en Estados Unidos la idea de
Bolivar, aunque con alguna indecision y de un modo indirecto. El apreciado
estadista Clay, Ministro de Relaciones Esteriores, manifestó en sus
instrucciones á los representantes de la República en Europa la conveniencia de
incitar á España á la definitiva[Pg 76] terminacion
de la guerra. Esta potencia, dice, será incapaz de sujetar otra vez por la
fuerza á un continente tan vasto como la América, cuyos habitantes, aguerridos
por una lucha que ha durado ya mas de diez y siete años, tendrán los medios de
oponerle una resistencia eficaz; y ella misma, agrega, es la mas interesada en
la paz porque solamente á su amparo podrá conservar las ricas é importantes
islas de Cuba y Puerto Rico.
De estos hechos y de algunos posteriores, se
desprende que la conducta observada por los Estados Unidos con respecto á la
isla de Cuba, en las varias épocas de su historia en que ha producido legítimos
esfuerzos para conquistar su independencia, ha dado motivo á los severos
comentarios que ordinariamente circulan. Estos no siempre fueron razonables,
porque es fuera de duda que en esta cuestion mas que en otras el pueblo y el
gobierno han seguido distintos rumbos.
La observacion espresada en el párrafo anterior se
refiere solamente á las circunstancias normales, pues cuando los Estados del
Norte sostenian contra los de Sud la guerra moralizadora que dió por resultado
la emancipacion de los esclavos, los gobiernos respectivos estaban divididos en
sus propósitos internacionales. En el Sud deseaban la incorporacion de la isla,
en el Norte la rechazaban; sabian ambos que, antes de la lucha, su anexion
inclinaria la balanza á favor del odioso principio de la esclavitud. Rotas las
hostilidades, los intereses variaban y con ellos la norma de conducta de los
gobiernos. La Confederacion veia en Cuba un[Pg 77] mercado
de carne humana, muy importante para desembarazarse con ventaja de sus esclavos
si habia de triunfar la política de la Union; esta tenia hácia la isla la
ojeriza de un pueblo que teme por ella no cosechar todos los beneficios que
espera para la civilizacion de sus afanes y sacrificios, pero deseaba, no
obstante, agregarla al territorio americano para dar mayor ensanche al
principio conquistado.
Es por demás evidente, fuera de este caso, el
interés de toda la nacion en la independencia de la isla de Cuba; y es
indudable que cualquiera evolucion que traiga por resultado el alejamiento de
la administracion española de la isla, ya sea que se incorpore á la Union ó á
cualquiera otra potencia americana, se mirará con agrado en la gran república.
Pero asi como ella misma ha declarado que no podría aceptar nuevas
colonizaciones en América por parte de los gobiernos de Europa, ha profesado la
decidida intencion de respetar la ya existente, á menos que un gobierno de
hecho haya depuesto al colonial. Esto esplica porqué, cuando en 1849 se
hicieron á la vela de las costas americanas varias espediciones con el
propósito de auxiliar movimientos revolucionarios en Cuba, el Presidente de los
Estados Unidos dirijió á sus conciudadanos una proclama sobre el asunto,
significando en ella que se comprometia con la neutralidad el honor nacional y
que léjos de prestar apoyo á particulares comprometidos por su actitud contra
la isla, los castigaria como cómplices de un acto pirático y criminal.
Desde este primer movimiento los favores populares[Pg 78] acompañaban á los patriotas y el pueblo
americano, respetando la política de sus mandatarios, hacia privadamente los
mayores esfuerzos en pro de la desgraciada antilla.
Tales actos privados repercutian de un modo
público, por las innumerables peticiones que en todos los Estados de la Union
presentaban los ciudadanos para que se reconociera la independencia de la isla
y por las espresiones que los hombres mas eminentes del país hacian oir en
reuniones, en banquetes, por la prensa, en todas partes.
Un tema mas sério, en el cual tenian que variar las
opiniones si bien no las simpatias, debia presentarse á la consideracion de los
hombres públicos americanos al estallar la heroica revolucion que pudo
organizar transitoriamente un gobierno bajo la presidencia del Señor Cespedes.
Me refiero al reconocimiento de la belijerancia de los insurrectos solicitado
con instancia por los directores de la guerra. La utilidad de tal acto para los
cubanos es obvia; ninguna nacion facilitaba ó vendia pertrechos, ni contrataba
empréstitos con los revolucionarios, sinó mediante ese reconocimiento. Los
trabajos é intrigas diplomáticas de los patriotas cubanos y de los
representantes españoles en Washington asumian, por lo tanto, un carácter de
antagonismo tenaz con el fin de obtener ó para contrariar tal resultado. Las
indecisiones contínuas del Gobierno del General Grant favorecieron, como se
comprende, á España que solo deseaba el statu quo.
En tanto que el Gobierno prescindia, el pueblo
manifestaba por todos los medios á su alcance las[Pg 79] simpatias
que le inspiraban los insurrectos y la prensa americana condenaba diariamente
la conducta del gabinete haciendo, á la vez, contínuas insinuaciones en favor
de los cubanos.
Agreguense á las intrigas de España para impedir el
reconocimiento, la existencia en Estados Unidos de intereses contrarios á la
independencia de la isla y se conocerán las causas eficientes de una política
tan ambigua.—La inspiraban los agentes del activo comercio entre Cuba y los
Estados Unidos, quienes tenian empeño en lo que solo podia dar el triunfo de
España, la pronta terminacion de la guerra; é insistian en la conveniencia de
continuarla, los políticos exaltados que encontraban analojía entre el derecho
que pretendian tener los hombres del Sud para separarse de la Union y el que
servia de bandera á los cubanos.—Risible comparacion, ficcionada semejanza,
esta que hace apreciar á los que combaten por emancipar una colonia oprimida y
crear en ella una nacionalidad del mismo modo que á los defensores de la
esclavitud y á los propagandistas de la desmembracion nacional.
De mejores razones blasonaban los que manifestaban
de lleno que era necesario y lójico ayudar á los insurrectos, puesto que ellos
profesaban como uno de sus principios fundamentales el de la libertad de los
esclavos, por la cual tanto y tan gloriosamente acababa de luchar su pátria.
Los hombres íntregros, los republicanos sinceros de uno y otro hemisferio,
condenaban con enerjía la actitud prescindente del Gobierno y aplaudian á los
tribunos que señalaban esta política fraternal.
La hermosa carta dirijida por José Mazzini al
General Clauseret de Nueva York, dada la celebridad de su autor y la
circunstancia de espresar con la jenial elocuencia del patriota italiano las
opiniones jenerales sobre este interesante tema, merece reproducirse. Dice así:
«Estoy dolorosamente afectado por la actitud
indiferente de los Estados Unidos hácia Cuba.—El último acto del gran drama
americano se está representando en aquella isla: la insurreccion cubana es
la consecuencia directa de vuestra guerra de emancipacion. No es lójico,
ni es bueno, ni es digno que los Estados Unidos levanten una bandera y que
despues abandonen con indiferencia á la muerte á aquellos que se han dicho á sí
mismo: ya ha llegado la hora».
«La política iniciada por los doctrinarios de Luis
Felipe, de que cada uno no se ocupe mas que de sí mismo, es un crimen y una
torpeza para los republicanos como vosotros; un crimen porque niega uno de los
intereses comunes de la cristiandad en una de las cuestiones que habéis
promovido; y una torpeza porque destruye el prestijio que habéis conquistado no
solo en Europa sino en todo el mundo.—Esto os contradice y os aisla.»
«¿Porqué los Estados Unidos escojen un momento
semejante para dar cabida al miedo,—y esta es la palabra,—que haya podido
inspirarles la diplomacia monárquica de Europa? ¿Porqué escojer un momento en
que la monarquia está agonizando entre nosotros, en España, en todas partes?»
«El niño que ha crecido y ha crecido hasta ser un[Pg 81] jigante ¿no comprenderá nunca su mision
providencial sobre la tierra?»
¿No sentirá jamás que el republicanismo no es
simplemente un miserable hecho local, sino un principio decretado por Dios y la
humanidad, una creencia, una fé?»
«Si algo hubiese en el mundo capaz de rendir mi
espíritu seria la actitud inerte y negativa que ha tomado vuestra nacion en
presencia de la lucha cubana.»
Febrero 3 de 1870.
Jose Mazzini.
Como Mazzini, todos los pensadores que buscaban en
Europa tambien el ideal político de la humanidad y creyeron por un momento
vistumbrarlo en los Estados Unidos, manifestaron ó sintieron las mismas
decepciones al comtemplar la total indiferencia del gobierno americano en los
sucesos internos de la isla de Cuba.
Pero no eran solamente los estraños quienes
condenaban esta política.—Lejisladores, jueces, filósofos, todos ó la mayor
parte de los hombres importantes de la Union hicieron oir su voz para impugnar
al Gobierno su actitud.—El juez Alfredo Conkling dirijióse á Mister Fish
echandole en cara ser el iniciador de procedimientos tan erróneos. Este
Ministro y Mister Sumner, partidarios de España en el gabinete del General
Grant, vencidos al fin por el clamor universal, cambiaron de política aunque
tarde. Mister Sumner presentó al Senado americano cinco proposiciones, á saber:
Los Estados Unidos no pueden oir con indiferencia
las noticias de bárbaros ultrajes que sin cesar le vienen de la isla de Cuba.
Declaran que hace mal el Gobierno Español en no
abandonar para siempre semejantes pretensiones (las de la esclavitud) y en
pretender dilatarlas por un tiempo indefinido.
Ha pasado el tiempo de las colonias europeas en
este hemisferio.
El pueblo de los Estados Unidos declara sus
simpatías hácia sus compatriotas americanos de Cuba que pelean por su
independencia.
Las resoluciones anteriores se comunicarán al
Gobierno de España por el Presidente de los Estados Unidos.
Los Ministros del General Grant comprendieron cual
era el espíritu de la opinion pública en su país, cuando ya terminada la lucha
y los insurrectos esparcidos por el mundo ó víctimas de su patriotismo, nada
podian hacer á fin reconquistar el terreno perdido ó de aprovechar en beneficio
de su santa causa las ventajas del reconocimiento de su belijerancia.
Se habia autorizado con anterioridad, aunque no de
un modo oficial, el asiento en Nueva York de un club político con manifiestas
tendencias libertadores y parcialmente algunos Estados de la Union habian
reconocido la independencia de la isla.
Todos estos hechos, si bien no tenian trascendencia
internacional, importaban para los revolucionarios un estímulo que hubiera sido
de resultados fecundos en el principio de la guerra. Hoy sirven al escritor
para disculpar la actitud de los Estados Unidos,[Pg 83] condenando
á sus mandatarios y conceden á los patriotas cubanos halagadoras esperanzas
para lo futuro.
En la América hispana se procedió con más
entereza.—Varios gobiernos reconocieron en oportunidad la belijerancia de los
insurrectos y hasta en el Congreso internacional reunido en Lima durante el año
1864, fué admitido como Ministro plenipotenciario de Cuba el Sr. Dn. Francisco
de Paula Bravo.
Propúsose en Colombia la idea de formar un pacto en
Sud América con el fin de hacer simultáneamente el reconocimiento de la
independencia cubana. Las proposiciones para obtener ese resultado, redactadas
por el Sr. Jorge Holguin y presentadas al Congreso en 31 de Mayo de 1870, están
concebidas en los términos siguientes: 1º La causa por la cual luchan los
patriotas de Cuba es la causa por que Colombia combatió sin descanso desde 1810
á 1821—2º El interés de la propia conservacion y nuestros deberes como pueblo
civilizado y cristiano, justifican de la manera mas completa la intervencion de
Colombia. 3º Las agresiones de la Europa monárquica contra la libertad y la
independencia de la América, han tenido y tendrán siempre por base la
dominacion española en Cuba—4º La política de los Estados Unidos no puede
servirnos de guia en esta ocasion—5º Los recursos que necesitariamos para esta
guerra no están fuera del alcance de nuestros medios—6º Es llegada la época de
que Colombia asuma en la política de Sud América la posicion á que la llaman su
situacion topográfica, sus tradiciones históricas, su poblacion y sus
conquistas políticas.—Por[Pg 84] todas estas
consideraciones nos atrevemos á aconsejaros que aprobeis el proyecto de ley por
el cual se promueve la formacion de un pacto americano para
obtener la independencia de las antillas Cuba y Puerto Rico.
Las ideas dignas y elevadas que manifiesta el Sr.
Holguin en su proyecto, no podian tener el éxito deseado, por que se requeria,
para hacerlas prácticas, promover un pacto americano; y hemos visto ya que
todas las reuniones internacionales americanas, aun aquellas que se convocaron
para debatir los intereses del continente, fueron siempre infructuosas.
La situacion política futura de la hermosa antilla
ha preocupado tambien á los gobiernos europeos.
Francia é Inglaterra propusieron á los Estados
Unidos una convencion por la cual las tres potencias se obligaran á no
anexionar jamas la isla á su territorio.
El Señor Everret, sucesor del notable estadista
Webster en el ministerio de Estado, respondió con agudeza á tan estraña
proposicion. Dijo que si una isla como la de Cuba, perteneciente á España, se
encontrara en la desembocadura del Tamesis ó del Sena en vez de estar en la del
Missisipi y los Estados Unidos propusieran una convencion análoga, seguramente
no seria atendida con seriedad por las potencias espresadas. Agrega el Señor
Everret que los Estados Unidos no usarán jamas de la fuerza para obtener la anexion,
pero que no pueden tampoco anticipar compromisos sobre la conducta que el
porvenir pueda imponerles.
Los americanos en tiempo del general Prim idearon[Pg 85] el plan de comprar á España su colonia por
cuenta de los mismos cubanos y bajo la garantia de los Estados Unidos. A las
comunicaciones de gabinete en que se hacian esas propuestas, el Gobierno
Español contestó, que por estar en ello interesado el honor nacional no podian
tomarse en consideracion proposiciones ni arreglo alguno antes de estar
sometidos los rebeldes de la isla. Mas adelante, siendo Presidente de la Union
Mister Polk, pretendieron comprarla directamente; pero, esta como otras veces,
negóse España á oir propuestas é insinuaciones destinadas á alejar su
dominacion del pais que considera el mas rico floron de su corona.
No puede conjeturarse con acierto el porvenir que
le está reservado á la hermosa antilla. Todo corazon republicano acompaña, no
obstante, en secreto á los emigrados patriotas que, diseminados en el mundo de
Colon desde Nueva York á Buenos Aires y á pesar de haber adoptado nueva pátria
en la tierra hospitalaria que ha cobijado su desgracia, conservan puro é
inculcan á sus hijos el sentimiento de la propia nacionalidad.
[Pg 86]
CAPÍTULO VII
ANEXIONES
Las tendencias absorbentes que se han atribuido
siempre á los Estados Unidos, se hicieron notar durante el coloniaje con el
injustificable ataque á los franceses en el Canadá. Debe tenerse en cuenta, sin
embargo, que tales medidas de violencia eran ordenadas por el gabinete de
Lóndres y contra sus enemigos naturales durante siglos: los triunfos y derrotas
de unos y otros en el territorio americano repercutían en el viejo mundo como
otros tantos triunfos ó derrotas de los belijerantes ingleses y franceses.
El historiador debe desprenderse de estos
antecedentes que hacen responsable al gobierno inglés y estudiar con ánimo
sereno, qué cúmulo de circunstancias razonables han traido la formacion de la
gran nacionalidad que asombra hoy al mundo con su poder, con su riqueza y con
su sabiduría.
Cuando fueron contrariadas en Inglaterra las
prácticas liberales conquistadas por la laboriosidad, la enerjía y la
intelijencia de los colonos, entraron aliados en la lucha de la emancipacion
los Estados de Virginia, Nueva Inglaterra, Massachussets, Nueva[Pg
87] Hampshire, Maine, Connecticut, Rhode Island, Maryland, Nueva York,
Nueva Jersey, Pensilvania, Dellaware, Georgia y las Carolinas del Norte y del
Sur.—La índole de la constitucion federal proclamada despues de obtenida la
independencia, permitía la composicion y descomposicion de Estados dentro de la
nacionalidad fundada.—De ahi la creacion de: Vermont en 1791., Kentucky en
1792., Tennesse en 1796., Ohio en 1802., Indiana en 1816., Illinois en 1818.,
Missisipi en 1817., Michigan en 1836., Wisconsin en 1848., California en 1850.,
Minnesota en 1858., Oregon en 1859., Kansas en 1861., Virginia Oeste en 1862.,
Nevada en 1864., Nebraska en 1870., Colorado en 1875.
Estas divisiones geográficas de la república se
formaron, unas dentro de los límites acordados orijinariamente á las secciones
coloniales, otras en los territorios obtenidos mas tarde por la Union.
La adquisicion mas importante de los Estados Unidos
es la del inmenso país situado entre el antiguo reino de Nueva España y la
península de Florida, tierra que fué colonizada por franceses con el nombre de
Luisiania y cedida por estos á España en 1763.—Repetidas diferencias entre los
súbditos de esta última nacion, los habitantes del país que protestaban contra
sus modernas autoridades y los colonos americanos, provocaron un nuevo traspaso
á la antigua jurisdiccion. A fines del siglo pasado, Francia negó á los
americanos el derecho de depositar sus mercaderias en Nueva Orleans; pero como
esa práctica, que habia dado vida á las colonias[Pg 88] del
Missisipi, estaba garantizada por el tratado concluido con España durante su
corta dominacion, la actitud de aquella potencia hacia temer la ruptura de sus
buenas relaciones con los Estados Unidos.—El Presidente Jefferson, buscando los
medios de solucionar el inminente conflicto, propuso á Napoleon 1º la compra
del territorio. Doble interés tenia este monarca en aceptar sus proposiciones:
el de percibir una suma respetable, utilísima para continuar sus campañas en
Europa y, como lo espresó él mismo, el de dar á la Inglaterra, con el
engrandecimiento de los Estados Unidos, una rival marítima que mas tarde ó mas
temprano abatiera su orgullo.—Verificóse, pues, la compra de la Luisiania y el
cambio consiguiente de dominio.—De este nuevo Estado se desprendieron, el de
Alabama en 1819, el de Misouri en 1820 y el de Arkansas en 1836.
La prosperidad de la Nacion asumió proporciones
considerables con el dominio del Missisipi y sus afluentes; se sentía, empero,
la necesidad de adquirir, á despecho de las dificultades de tal anexion, la
hermosa tierra conocida con el nombre de Florida. Vituperable audacia puso en
práctica el General Jackson para obtener ese resultado. Achacando á los
españoles complicidad con la tribu de los semínolas, enemiga de los americanos,
invadió la península, se apoderó de Pensacola su capital, designó nuevos funcionarios
para el gobierno y enarboló en los edificios públicos la bandera americana.
Como halagan siempre al sentimiento nacional las victorias obtenidas en tierra
estraña, la espedicion[Pg 89] de Jackson, que
acababa de sostener valientamente el sitio de Nueva Orleans derrotando á los
ingleses, preparó, puede decirse, su exaltacion á la mas alta majistratura del
país; pero en el primer momento condenaron sus actos con enerjía, la gente sensata,
el gabinete y hasta el Congreso donde se temia ver triunfante la voluntad de un
militar que procedió sin anuencia de los poderes públicos en cuestiones que
pudieron suscitar á la pátria los mas sérios conflictos.
Estos sucesos debian producir como consecuencia
inevitable una guerra internacional; mas en Washington se atendieron desde su
oríjen las reclamaciones de España, si bien, para no desvirtuar la importancia
del hecho consumado, se ofreció á esta nacion la suma de cinco millones de
pesos fuertes por la Florida. Aceptada la oferta se efectuó el cambio de
jurisdiccion del mismo modo que en Luisiania y la península se incorporó á la
Union como Estado federal en 1821.
Se acusa á los Estados Unidos, y jeneralmente con
dureza, por la anexion de Tejas, sin observar en la historia que esta parte del
territorio mejicano se separó de la República, ejerció de hecho su soberanía y
solicitó despues su incorporacion.
En varias oportunidades habia demostrado el
gobierno americano su desaprobacion á las espediciones piráticas que algunos
aventureros llevaban á ese territorio.—Condenó muy particularmente las
violencias ejecutadas por Aaron Burr, el matador del virtuoso ciudadano
Alejandro Hamilton.—Los planos de Burr no se conocen á ciencia cierta, pero se
le acusó de meditar, en compañía de algunos bandidos, la conquista de Méjico
para entregar ese rico país á la nacionalidad americana.
En 1818 un Mac Gregor que se titulaba General de
las Provincias de la Nueva Granada y Venezuela, se apoderó por sorpresa de la
isla Amelia en el territorio de Tejas con la manifiesta intencion de anexionar
el territorio á los Estados Unidos.—El Gabinete de Washington no solo rechazó
la imputacion de haber promovido tan torpe atentado, sino que envió fuerzas de
mar y tierra para desalojar á los piratas.
Estas intervenciones, segun se desprende de los
mismos acontecimientos, no tenían otro objeto que el de impedir que se
desprestigiara á la República usando de su nombre en atropellos de tal
naturaleza.
Los tejanos conquistaron por esfuerzo propio su
independencia, proclamándola en la Convencion que se reunió en San Felipe el
año 1833 y obteniendo en breve el reconocimiento de su nacionalidad por parte
de los Estados Unidos y de varias otras potencias.—Los representantes mejicanos
en Washington protestaron contra el proceder del gobierno americano; y llegado
el caso de la incorporacion, promovida por los mismos tejanos en la nueva
Convencion reunida en Tejas el 4 de Junio de 1845, pidieron sus pasaportes. Al
mismo tiempo el gobierno mejicano suspendió sus comunicaciones con el Ministro
de Estados Unidos acreditado allí, lo que produjo naturalmente la declaracion
de guerra. Los americanos enviaron fuerzas al Rio Grande, que consideraban como
límite actual de su territorio; alli se rompieron las hostilidades y los
mejicanos fueron repetidas veces derrotados. Algun tiempo despues se envió una
espedicion naval al golfo de Méjico con el objeto de precipitar la terminacion
de la guerra. Las fuerzas que llevaban á su bordo los buques americanos,
operando á las órdenes del General Scott, se apoderaron sucesivamente[Pg 91] de los parajes estratéjicos entre la costa y la
capital, donde se firmó la paz mediante un tratado que se llamó de paz, amistad
y límites.—Este pacto establecía:
Que la línea divisoria de ambos paises comenzaría
en el golfo de Méjico á tres leguas de tierra, frente á la embocadura del Rio
Grande ó á la de su brazo mas profundo si tuviere mas de uno de desagüe en el
mar, continuando desde allí hasta tocar con el límite sur de Nuevo Méjico;
luego por el oeste hasta el límite occidental del mismo territorio, siguiendo
por el norte hasta interceptarse con el Rio Gila y por él hasta donde desagüa
en el Colorado; y continuando la línea divisoria entre la California superior y
la inferior termina en el Océano Pacífico.
Que los mejicanos domiciliados en los territorios
que se trasfieren á los Estados Unidos pueden optar por una ú otra nacionalidad
y hacer libre uso de sus bienes.
Que los Estados Unidos se comprometen á reprimir
las agresiones de los salvajes de esos territorios en Méjico como si lo
hicieran en territorio de la Union.
Que los Estados Unidos pagan por el territorio que
adquieren quince millones de duros.
Concluia el tratado estableciendo algunos
principios de comercio y de procedimientos en el improbable caso de una guerra.
Dentro de las divisiones geográficas estipuladas
entónces, se formaron algunos de los Estados incorporados á la Union en el
curso de este siglo. Opina[Pg 92] Restrepo, en sus
memorias inéditas, que cuando se celebró este tratado, Méjico perdió los dos
quintos de su territorio; pero, agrega, tierras despobladas que se entregarán á
la civilizacion por la influencia benéfica de los americanos.
En épocas recientes la anexion de importancia
verificada por los Estados Unidos es la del inmenso territorio de Alaska
comprado á Rusia en la suma de siete millones de pesos fuertes.
Hemos podido observar en esta breve narracion que
los Estados Unidos ensancharon sus dominios á espensas de Francia, España,
Méjico y Rusia; y podemos decir lójicamente que su incremento insólito no se
debe al abuso de la fuerza sinó mas bien á la influencia invasora de su sistema
federal de gobierno, el cual concede á cada nuevo Estado, con su autonomía el
goce de las ventajas propias y con el poder central la representacion esterior
que acuerda injerencia en los intereses generales de la humanidad.
La América del Sur, por su parte, no ha sido
víctima en realidad de anexiones sino mas bien de absorciones. Y hay una
distincion evidente entre estas dos palabras: aquella significa la agregacion
de una cosa á otra mas importante, la incorporacion de una parte á un todo;
esta espresa claramente la accion de arrebatar, de quitar por la fuerza lo que
no se puede obtener en justicia.—No trato de clasificar la que ha verificado
Chile, quitándole al Perú alguna de sus provincias y á Bolivia su litoral
íntegro: el juicio de la América, el del mundo civilizado ha pronunciado ya
contra[Pg 93] aquella república el anatema de nacion
pirática que merece; y no me ocupo del cambio geográfico que el triunfo de
Chile ha producido en el Pacífico, porque no debe aceptarse aun como un hecho
consumado, ni se puede calcular tampoco el impulso que traerá la reaccion,
inevitable despues de tantos vejámenes y de tan injustificada usurpacion.
Del mismo modo debe clasificarse la invasion del
Brasil en el territorio de todas las repúblicas limítrofes. Este país heredó de
Portugal, asi como la tierra, las ideas; siguió de lleno la política iniciada
por los lusitanos en lo relativo á la demarcacion de sus fronteras
internacionales, estendiendo paulatinamente su dominacion de hecho y
amparándose en la posecion para señalar los caprichosos límites que forman hoy
el vasto Imperio.
La importancia de este asunto me induce á
reproducir aqui un fragmento de mi trabajo sobre los límites de Venezuela á que
me he referido anteriormente.
La bula de Alejandro VI, estendida un año después
de descubierto el nuevo mundo, concedía á los reyes de España el dominio de
todas las tierras que se descubriesen al otro lado de una línea imajinaria que
uniese polo á polo cien leguas al occidente de las Islas Azores.
Un año despues, las coronas de España y Portugal
estipularon por el tratado de Tordesillas que la línea divisoria de las tierras
que pudieran conquistarse por una y otra potencia, se fijaría doscientas leguas
al occidente de lo que determinaba la bula del Papa. En presencia de
insuperables dificultades para señalar debidamente la demarcacion convenida y
en vista de las violencias que durante dos siglos produjo la ignorancia ó la
mala voluntad de los encargados de ajustar esos límites, los reinos de España y
Portugal concluyeron otro pacto el año 1750, que comenzaba por declarar abolido
cualquier derecho ú accion que pudiera, por una ú otra parte, alegarse con
motivo de la bula pontificia, del tratado de Tordesillas[Pg
94] ó de otros celebrados en fecha anterior. Portugal renunciaba á
cualquier pretension sobre las islas Filipinas y adyacentes que poseía España
en Oceanía y esta á gestionar la entrega de las tierras que en el Rio Amazonas
y distrito de Mato Grosso ocupaba aquella fuera de la línea de demarcacion
estipulada en los convenios vijentes.
En 1765 se firmó un nuevo tratado anulando el
anterior y dejando el de Tordesillas en accion.
Tantos pactos contradictorios debian, como es
natural, ofrecer motivo continuo de desavenencias, invasiones y atropellos
recíprocos entre portugueses y españoles. Espresa el deseo de cortar
definitivamente ese mal el tratado concluido el 1º. de Octubre de 1777, en el
cual se fijaron de un modo esplícito los límites de una y otra nacion.—Para
dirimir toda cuestion moderna sobre la materia debe tomarse por base este
tratado, vijente cuando el Imperio del Brasil se formó y las repúblicas
hispano-americanas adquirieron su independencia.
La línea divisoria debia comenzar por la parte del
mar en el arroyo Chui y fuerte de San Miguel, seguir las orillas de la laguna
Merim, buscar por las alturas las cabeceras ó vertientes del Rio Negro y otros
que van á desembocar al Plata y al Uruguay, hasta la entrada en este último del
Pepirí Guazú por la ribera occidental.—Remontando el Pepirí la línea buscaba el
Rio San Antonio que desemboca en el Iguazú y seguía por este último hasta
encontrar al Paraná, luego por este hasta su interseccion con el Iguarey y por
el Iguarey hasta encontrar un rio, tal vez el Corrientes, que desemboca en el
Paraguay. Por este rio remontaba la frontera hasta los Xarayes y desde la
desembocadura del Jaurú buscaba por tierras desconocidas la formacion del
Guaporé, siguiendo por este aguas abajo hasta donde en union del Mamoré forma
el de Madera, afluente del Amazonas; una línea recta de este á oeste buscaba el
Rio Javarí, por cuyas aguas y las del Amazonas bajaba la frontera hasta
encontrar la boca occidental del Japurá, remontaba este hasta el canal de que
se servian los portugueses para pasar al Rio Negro y seguia por la parte mas
elevada de los montes hasta donde terminaban los dominios de ambas monarquias
en los límites de la Guayana Holandesa.
Estos límites se han modificado despues y, á la
verdad, nunca en beneficio de los españoles ó de sus legatarios.—Parece[Pg 95] inconducente señalar los cambios efectuados en
el mapa político de América durante el siglo trascurrido.—El Estado Oriental
del Uruguay, el Paraguay, Bolivia, el Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela han
sufrido absorciones del Imperio y los estadistas arjentinos debaten hoy
sosteniendo, con entera razon y justicia, que los límites deben trazarse por
los verdaderos rios Pepirí Guazú y San Antonio Guazú, en tanto que el gabinete
imperial pretende trazarlos por los rios Pepiri Miní y San Antonio Miní.—Los
documentos impresos en Buenos Aires prueban de una manera irrefutable que
aquellos son los rios de que habla el tratado de 1777, reconocidos por los
geógrafos Santos Chagras y Oyarvide. Para comprender como, con ciertos visos de
legalidad, las repúblicas de oríjen español han perdido el dominío de
territorios considerables, es necesario tener en cuenta que el Brasil se apoya
para dirimir sus cuestiones en el Uti possidetis; pero no el Uti
possidetis tal como lo entendemos los hispano-americanos, es decir,
como la consagracion con arreglo á derecho de los límites reconocidos en una
fecha dada, sino como la accion que da el hecho, la posesion con títulos ó sin
ellos. El tratado de 1777 y las reales cédulas sobre division territorial en
América, constituyen los títulos de propiedad del Imperio del Brasil y de las
naciones limítrofes. El principio sostenido por aquella potencia es á todas
luces injusto é ineficaz.—Y en todo caso, me parece difícil, si aun se
encuentran en el corazon de la América tierras inesploradas, que los brasileros
llevaran en 1810 sus fronteras hasta donde pretenden llevarlas hoy.
Es oportuno observar que el gabinete imperial hace
una escepcion á su regla de conducta, en las jestiones que sostiene con la
República Argentina respecto del territorio de Misiones. ¿Por qué? En mi
humilde concepto, porque no debe perderse la oportunidad de dar una favorable
interpretacion al tratado, ya que la naturaleza ha tenido el capricho de formar
varios rios paralelos que, además de ciertas semejanzas, tienen la no
despreciable ventaja de encerrar las tierras tal vez mas rícas y feraces de la
América.
Veamos por lo que hace á Venezuela, cual es el
estado de la cuestion. Posteriormente á la celebracion del tratado se hicieron
reconocimientos prácticos, aunque incompletos, por comisiones esploradoras de
ambos paises, que debian señalar graficamente la línea de demarcacion
estipulada.—En la parte lindera[Pg 96] al Vireinato
de Santa Fé y á la Capitanía General de Carácas figuraron al frente de esas
comisiones el Ingeniero Don Francisco Requena y el Señor Chermon, comisarios
respectivamente de S. M. C. y S. M. F. Debian comenzar por reconocer la boca
occidental de rio Japurá ó Caqueta, para lo cual navegaron aguas abajo el rio
Amazonas.—Al llegar al caño Abatí parana pretendió el portugues que aquel era
el rio buscado, error que se comprobó en seguida porque, lejos de ser afluente,
aquel caño recibe sus aguas del Amazonas.—No obstante la disputa, siguió la
espedicion su camino hasta llegar á la boca del Japurá, cuyas aguas remontaron
con el fin de señalar el punto en que pudieran quedar cubiertos los establecimientos
portugueses de las orillas del mismo rio Japurá y del Negro segun el testo del
tratado.—El comisario español propuso que la línea continuase por el rio
Apaporis que á su juicio reunia las condiciones espresadas; mas el portugues
pretendió que un rio arriba del salto de Chupati se encontraba en situacion mas
adecuada.—Fué necesario consentir en la esploracion que se practicó con sérias
dificultades y pérdida de espedicionarios.—Llevar la frontera por el rio de los
Engaños (verdadero engaño por cierto) como pretendia uno de los portugueses ó
por el mismo Japurá como deseaba otro, hasta encontrar la cordillera de
montañas donde nacen los afluentes del Amazonas y del Orinoco, importaba
internarla hasta los Andes y al Vireinato de Santa Fé secularmente poseido por
España.—Esta espedicion fué, pues, infructuosa, tanto mas habiéndose negado
Chermon á declarar cual era el canal de que se servian los portugueses para
pasar al Rio Negro.
Desde este punto la demarcacion no ofrecía
dificultades de importancia, pues debia seguir por la parte mas elevada de los
montes hasta donde terminaban los dominios de ambas monarquías, quedando
privativos de España los rios cuyas aguas caen el Orinoco y del Portugal los
que dirijen las suyas al Amazonas.
En 1837 fué nombrado el Coronel Agustin Codazzi
jefe de una comision corográfica encargada de levantar el mapa de la República.
Segun este ilustre geógrafo la línea divisoria de Venezuela comienza en las
cabeceras del rio Memachi y, siguiendo al oriente por las alturas, pasa junto á
las vertientes de Aquío y del Tomo, atraviesa el rio Negro por la isla de San[Pg 97] José frente á la piedra del Cucuy y sigue por
las crestas de la serranía de Parima y Pacaraima, de manera que las aguas que
van al Amazonas queden en dominios brasileros y en venezolanos las que bajan al
Orinoco.
Fueron adoptados los límites de Codazzi en el
tratado no ratificado de 1852 entre el Emperador del Brasil y la República de
Venezuela. El artículo 2º del referido pacto dice: «La República de Venezuela y
el Emperador del Brasil convienen en reconocer como base para la determinacion
de la frontera entre sus respectivos territorios el Uti possidetis.»
Sabemos ya que para el Brasil este principio significa la posesion de hecho; y
como ni siquiera se menciona una fecha á que el Uti possidetis corresponda,
toda demora importaba entónces para Venezuela el peligro de tener que soportar
exijencias mayores. No obstante eso, los lejisladores negaron su aprobacion al
tratado por creer que afectaba á la integridad territorial de la nacion.
Desde aquella época se ha procurado repetidas veces
arribar á un arreglo definitivo, sosteniendo Venezuela los límites señalados
por Requena y el Brasil los del mapa de Codazzi.—La cuestion parecía á punto de
tener un resultado satisfactorio para la república cuando Colombia manifestó
sus pretensiones á las mismas tierras.—El Imperio habia reconocido tácitamente
á Venezuela los territorios situados en la márjen superior de Japurá ó Caqueta,
desde la caida en este del Apaporis, los que están al otro lado de una línea
entre este último rio y el Cuyari y los que se encuentran en la parte oriental
del curso del mismo Cuyari hasta encontrar los montes en que está señalada la
línea de Codazzi; pero ante la interposicion de Colombia, se negó á firmar el
tratado, reservándose hacerlo una vez terminado el conflicto entre las dos
repúblicas.
La solucion del litijio está, pues, resuelta de
antemano y solo falta saber si corresponde á Venezuela ó á Colombia la
soberanía de las tierras limítrofes con el Imperio.
El Uti possidetis de 1810, como lo
observa con justicia el Doctor Don Vicente Quesada en la revista de Buenos
Aires, es el principio conservador de las nacionalidades americanas.—El derecho
que de él emana y sirve para demarcar las fronteras internacionales[Pg 98] en América, debe buscarse, si se trata de las
repúblicas de orijen español, en las últimas cédulas reales sobre organizacion
geográfica de los vireinatos y en los tratados celebrados entre España y
Portugal, vijentes en esa fecha, tratándose de los límites entre el Imperio del
Brasil y los paises limítrofes. Eso de oponer al uti possidetis de
derecho el de hecho, tal vez con la mira de prestijiar el res nullius,
es algo que no puede apreciarse con seriedad y que el buen sentido condena.
La historia, al señalar las ventajas considerables
obtenidas por el Imperio con la aplicacion de su falso principio, hace resaltar
la enorme diferencia que hay entre las anexiones de los Estados Unidos y las
absorciones del Brasil. Deben repudiarse con enerjía los medios que puso en
planta esta última nacion para obtener mayor ensanche territorial; pero pueden
imitarse sin escrúpulo los procedimientos de aquella, por todas las naciones
que tengan dentro de sí mismas una fuerza espansiva semejante.
[Pg 99]
CAPÍTULO VIII
SEGREGACIONES
En oposicion á los Estados Unidos que buscaron
legalmente su engrandecimiento territorial, la América hispana solo ha
modificado su existencia para achicarse ó desmembrarse.
Obtenidos los triunfos decisivos de la revolucion
americana, necesario era pensar en los medios de organizar nuevos gobiernos.—El
odio á la dominacion española, el instinto de las masas, las ideas de los
hombres ilustrados, el espectáculo de bienestar que ofrecia la gran república,
todo debia inclinar los ánimos á la descentralizacion administrativa; pero las
costumbres y el propio carácter de los pueblos latino-americanos impedian á
estos sujetarse á réjimen alguno que no estuviera basado en una fuerza eficaz.—El
sistema federal daria, pues, orijen al caudillaje. Alli donde la ambicion ó la
ignorancia alejara á los caudillos de cierta comunidad con el poder central,
tenia que producirse como consecuencia natural la segregacion. Tal es el caso
del Estado Oriental del Uruguay, entregado á la intervencion portuguesa por la
ignorante vanidad de Artigas, cuyos hábitos siniestros solo encubrian
propósitos[Pg 100] incoherentes; tal el del
Paraguay, separado de la pátria comun por la ambicion de mando supremo del Doctor
Francia.
La ciudad de Montevideo se manifestaba reaccionaria
al movimiento que estalló en Buenos Aires el 25 de Mayo de 1810, mas la campaña
oriental respondió á él con entusiasmo.—Artigas, desertor de las filas
españolas, organizó un ejército esplotando ese sentimiento; y despues de
obtener repetidos triunfos sobre las fuerzas enemigas y de hacerse conferir por
sus huestes el título de jefe de los Orientales, se creyó bastante poderoso
para imponer el reconocimiento de diputados nombrados directamente por él para
asistir al Congreso Nacional reunido en 1813.—Desagradó al caudillo el
desconocimiento de sus enviados y desde luego meditó la formacion de una
nacionalidad aparte en las provincias del litoral arjentino y en la de Córdoba
donde algun prestijio habia alcanzado. Perseguia este propósito por todos los
medios é inició en la provincia oriental, donde deseaba imponerse primero, una
política de terror de la cual se conservan aun recuerdos pavorsos. Los hombres
pacíficos, para ponerse á cubierto de sus crueldades, se vieron en la necesidad
de pedir al Portugal una proteccion que el gobierno central del antiguo
vireinato no podia darles, distraidos como estaban sus elementos por las
complicaciones de la guerra en el norte de la República.—Ramirez, otro
caudillo, venció mas tarde á Artigas en Entre-Rios y este tuvo que fugar,
llevando al estranjero el remordimiento de haber producido para su país, como
resultado[Pg 101] inevitable de su conducta, la
ocupacion del territorio por fuerzas portuguesas. En tan aflictivas circunstancias,
el Estado Oriental pertenecia de derecho á las Provincias Unidas del Rio de la
Plata y de hecho quedaba bajo la salvaguardia de las tropas de S. M. F.—Un
congreso formado bajo la presion de los invasores, decretó en 1821 su anexion
al Reino Unido con el nombre de Estado Cisplatino; pero muy luego sobrevino la
division de aquel y se produjeron en Montevideo sérios trastornos promovidos
por los intereses encontrados de portugueses y brasileros.
Los treinta y tres orientales á las órdenes de
Lavalleja emprendieron en esta ocasion, con el móvil de reincorporar el Estado
Oriental á la Nacion Arjentina, su gloriosa campaña libertadora. Las victorias
de estos héroes no fueron definitivas, mas su actitud patriótica atrajo en
breve las simpatías jenerales de sus compatriotas hácia la santa causa que
defendian.—A pesar de los triunfos parciales de los patriotas, los brasileros
se creian dueños del campo con el abandono de las pretensiones portuguesas y se
aprestaban á defender sus posiciones—La República Arjentina, por su parte,
reivindicó sus derechos, se preparó á la guerra y poco tiempo despues obtuvo,
con la espléndida victoria de Ituzaingó, el dominio de la campaña oriental.
La situacion entonces era escesivamente
ventajosa para esta última nacion, pero como quedaban todavía las fuerzas
del Imperio dueñas de las plazas de Montevideo y la Colonia, despreciando las[Pg 102] ventajas adquiridas y con la mira elevada de
dar término á una guerra que pudo ser fatal á medio continente, la República
Argentina aceptó la mediacion del Ministro de S. M. B. y firmó con el Imperio
un tratado segun el cual se obligaban ambas naciones á respetar la
independencia del Estado Oriental y á retirar sus ejércitos del teatro reciente
de la guerra.
No tuvo tampoco éco en el Paraguay el movimiento
revolucionario de 1810. En aquella parte del territorio del antiguo vireinato,
se formaron ejércitos para contrariar el movimiento y se opuso una resistencia
tenaz á la espedicion libertadora del General Belgrano. Los paraguayos, en la
mas abyecta servidumbre, no podian interpretar cumplidamente los principios
sostenidos y proclamados por sus compatriotas, ni tenian del mundo esterior las
noticias que pudieran iluminar su espíritu haciéndoles comprender las conquistas
políticas de sus hermanos. Con justicia observa el General Mitre que la
espedicion de Belgrano, siendo desgraciada, auxilió al pensamiento
revolucionario porque dejó en el territorio paraguayo la semilla fructífera de
la idea.
Los mismos jefes que habian obtenido el triunfo
sobre el patriota arjentino en Tacuarí, regresaron á la Asuncion con planes
revolucionarios, depusieron al Gobernador Velazco y crearon una junta de tres
individuos, entre los cuales figuraba el que estaba destinado á dominarla con
su intelijencia y audacia, el Dr. Francia, mas tarde Dictador del Paraguay.
Este, cuando se sintió fuerte en su propio país, envió á Buenos Aires una
comision con instrucciones[Pg 103] para proponer
las bases de la incorporacion.—Como todos los caudillos ambiciosos, deseaba
Francia el sistema federal con el secreto pensamiento de segregar al
Paraguay.—Su habilidad dió por resultado el tratado de 1821 cuyas
estipulaciones, dice el General Mitre, llevan «como lo preveia Rivadavia, el
sello del egoismo mas exijente por parte del Paraguay.» «Tres puntos
principales comprendió el tratado: 1º descentralizacion de las rentas ó sea la
independencia económica. 2º la demarcacion de los límites ó sea la
independencia territorial. 3º el establecimiento de una confederacion ó sea la
independencia política. Las tres envolvian la segregacion.» La voluntad
imperante del Doctor Francia, coadyuvada por la naturaleza del país y por las
costumbres que imprimieron á los naturales las misiones jesuíticas, pusieron á
este país en la condicion del mas salvaje, sin contacto civilizador de ningun
jénero con el resto del mundo. De ahi el que la nacionalidad paraguaya sea un
hecho consumado por su propia incomunicacion. No obstante eso, los gobernantes
arjentinos protestaron constantemente contra la segregacion de esa parte del
territorio y desconocieron la lejitimidad del gobierno de Francia y de su
sucesor Cárlos Antonio Lopez. Solo en 1852 aceptó la República Argentina tratos
con esa nacionalidad.
Como consecuencia de su eterna protesta contra la
independencia del Paraguay el Dictador Juan Manuel Rosas contribuia al
aislamiento de ese país impidiendo la libre navegacion del rio Paraná, via
natural y única de aquella antigua seccion del vireinato para la esportacion de
sus productos. El[Pg 104] Estado de Buenos Aires,
separado de las otras provincias que formaron la Confederacion despues del
derrocamiento del tirano, deseaba ostentar los principios liberales de su nuevo
gobierno. A tal efecto dictó una ley en Octubre de 1852, declarando ámpliamente
libre la navegacion fluvial en su territorio para todos los pabellones,
inclusive el paraguayo y aceptando, como resultado de su concesion, la
independencia de esa república, sin perjuicio de someterse osteriomente á las
decisiones que adoptara en la materia un poder nacional arjentino. El General
Urquiza, Presidente de la Confederacion en esa época, envió á la Asuncion en
carácter de Encargado de Negocios al Dr. Dn. Santiago Derqui, representante que
llevaba la mision de firmar algunos convenios internacionales y de hacer
oficialmente el reconocimiento de la independencia. Los actos públicos de este
diplomático referentes á tan interesante asunto, fueron despues ratificados por
el Congreso de la Confederacion.
Es sabido que una gran parte de Bolivia pertenecia
al Vireinato del Rio de la Plata; la desmembracion mas ostensible fué, sin
embargo, la de Tarija, cuyo territorio libertado por sí mismo de la opresion
española formaba parte integrante de la provincia argentina de Salta. Durante
el gobierno del General Sucre en Bolivia fué invadido por las tropas de su
mando que, encubriendo su propósito en la pretension de libertarlo del poder
español, cambiaron las autoridades del pueblo y anexionaron el territorio á la nacionalidad
fundada por Bolivar con su nombre.
Comprobado esplícitamente el hecho de que ese
territorio pertenecia en 1810 á la provincia de Salta é interpuesta la
reclamacion del caso por plenipotenciarios arjentinos, volvió á hacerse sentir
alli, por consentimiento espreso de Bolivar y de Sucre, la jurisdiccion de su
antigua pátria. Empero, las disidencias intestinas de la república despertaron
de nuevo las ambiciones de Bolivia.—El Congreso argentino acababa de declarar
provincia soberana al territorio en cuestion, desprendiéndolo de la de Salta,
cuando el gobierno del Alto Perú manifestó que resistiria por las armas la
entrega de Tarija á su lejítimo dueño. Esa provincia continua hasta hoy
formando parte de aquella nacionalidad, porque la República Argentina, que
estaba entonces en guerra con el Imperio del Brasil, no tuvo los medios de
hacer valer sus derechos con eficacia.
La nacion mas vehemente en la defensa de sus
hermanas, la que mas sacrificios se impuso en beneficio de los intereses
jenerales de la América, debe á la amplitud de sus operaciones militares en las
horas de peligro y á la escelencia de sus prácticas liberales en la época de la
organizacion, el haber perdido lejítimo dominio sobre gran parte de Bolivia, el
Uruguay y el Paraguay.
Las otras secciones de la América hispana no
alteraron tan fundamentalmente sus circunscripciones administrativas, porque
las grandes nacionalidades divididas posteriormente, se debieron á la política
de la emancipacion y se segregaron solo para asumir las formas jeográficas que
les correspondian segun el uti possidetis de 1810,[Pg
106] es decir, de acuerdo á las decisiones del gobierno colonial.
La Confederacion Colombiana, decretada bajo los
auspicios de la victoria y á inspiracion de Bolívar en el Congreso de Cúcuta,
se deshizo porque, con razon ó sin ella, fueron atribuidas al prestijioso
guerrero miras demasiado ambiciosas.—El jeneral Paez á la cabeza del movimiento
revolucionario de Venezuela segregó ese país, llevando la nueva capital á la
ciudad de Carácas que lo fué de la capitanía general.—El Ecuador bajo el
gobierno del jeneral Flores, siguió en breve este ejemplo, separándose de Nueva
Granada en 1831 y formando una nueva nacionalidad con la ciudad de Quito por
capital.
En cuanto á la confederacion que ideó el jeneral
Santa Cruz entre Bolivia y el Perú, no tenia base estable ni podia durar como
un sistema simpático á ambos pueblos, desde que fué impuesta contra la voluntad
presunta de muchos bolivianos y espresa del partido dominante en el Perú.
Mas que las anteriores ha tenido que lamentarse de
la inclinacion desmembradora del caudillaje la Confederacion Centro-Americana,
organizada despues del triunfo de la revolucion en el territorio de la antigua
capitania general de Guatemala.
A poco de fundada la nacionalidad, un
pronunciamiento que estalló en Honduras separó este Estado de la Confederacion,
ejemplo que imitaron muy luego, San Salvador, Costa Rica, y Nicaragua.
La insignificancia de estas nuevas secciones impone
constantemente, como es natural, la conveniencia[Pg 107] de
reunirse para formar un todo respetable. En época reciente pretendió el jeneral
Zaldivar, Presidente de la República del Salvador, producir un movimiento
político para lograr tan elevado propósito.
El mensaje de ese majistrado, leido en las Cámaras
á principios del año 1883, decia: «La situacion favorable en la cual se
encuentra la América Central, exenta de toda inquietud esterior y gozando de
entera seguridad bajo el reinado de instituciones armónicas donde predominan
las ideas liberales; el hecho de que todas las repúblicas están en comunícacion
instantánea por medio del telégrafo, y el impulso que se dá á la construccion
de caminos de hierro; en fin, el sentimiento que cada una tiene de su propia debilidad
en tanto que persistan fraccionadas como lo están hace cuarenta años, todo hace
presentir profundamente que se acerca el dia ardientemente deseado por el
patriotismo, en que nuestras poblaciones, con la conciencia de sus grandes
destinos busquen en la reconstruccion de nuestra nacionalidad los medios más
razonables y eficaces de realzar el noble nombre y desenvolver la grandeza de
nuestra querida pátria centro americana.»
El argumento de la falta de comunicaciones, que
siempre se ha levantado como un obstáculo para toda union continental, se opuso
tambien al restablecimiento de la Confederacion Centro-Americana.—Estas son
ideas preconcebidas, pues las comunicaciones son acaso mas difíciles en
Venezuela, Méjico, Colombia y el Brasil, todas naciones perfectamente
organizadas.
Sin que pueda, pues, atribuirse á otra causa que á
los temores de una preponderancia que no tiene razon de ser, el Gobierno de la
República de Costa Rica opuso su resistencia á la union deseada; pero como esta
determinacion era completamente impopular, se esperaba que el próximo cambio de
gobierno produjera un cambio de política mas en armonia con los intereses de la
América Central y la aspiracion de sus ciudadanos. Los violentos atentados de
Barrios, dictador de Guatemala, para imponer por las armas y por su voluntad
personal una trasformacion política que solo puede ser útil y duradera cuando
se produzca por la voluntad espresa y manifiesta de los pueblos, ha retardado
la solucion deseada.
Las otras repúblicas de la América Central se
opusieron al tirano y algunos paises como Méjico y los Estados Unidos, que
debian mirar en Barrios un vecino peligroso, pensaron intervenir en la
contienda. Por fortuna los centro-americanos comprendieron que era llegada la
hora del peligro, se aliaron y emprendieron con decision la campaña que les dió
en breve una espléndida victoria contra las aguerridas tropas guatemaltecas.
La imposicion de Barrios fué vencida en los campos
de Guatemala y solo hay que lamentar que tambien lo fuera la idea de la
reconstruccion nacional.
[Pg 109]
CAPÍTULO IX
INTERÉS SOCIAL
Franca admiracion despertaron en el mundo las
reformas institucionales de los Estados Unidos. Su lejislacion, la mas sábia
que existe, es imperfecta, sin embargo, como todas las cosas humanas.
Dos palabras—instabilidad administrativa—resumen
de un modo palpable los defectos inherentes al sistema; y seria, por lo tanto,
aventurado emitir un juicio definitivo sobre las tendencias de las naciones que
lo han adoptado, si él hubiera de estar sujeto á la apreciacion aislada de los
hechos históricos referidos en la primera parte de esta obra. Su conocimiento
debe, por el contrario, mostrarnos la conveniencia de distinguir la política
seguida por cada una de las administraciones y los deseos ó sentimientos
manifestados por cada uno de los pueblos. Estos últimos, que intervienen de un
modo bastante directo en el manejo de los negocios, espresan mas bien pasiones
que intereses. No es raro, pues, que un gobierno, obedeciendo á las
insinuaciones de la opinion, se vea en el caso, muchas veces, de borrar con el
codo lo que el anterior escribió con la mano ni que, sometiéndose á[Pg 110] las pasiones, lo haga á la movilidad impuesta
por los sucesos.
Puede servir esto de disculpa á los majistrados que
se consideran exentos de seguir una línea de conducta determinada; pero es
preciso que ellos no confundan los sentimientos transitorios con los
permanentes y que respetando la volubilidad de los pueblos cuyos destinos
dirijen, en ciertos casos, los estimulen y alienten en la via de sus intereses
y afectos constantes. Una nacion americana puede, por ejemplo, apasionarse
brevemente en favor ó en contra de otra; puede tener con ella una guerra, que
se llamará internacional como se llamó social lo que en Estados Unidos sostuvo
la Confederacion contra la Union; mas, así como en la pátria de Washington los
vínculos de la nacionalidad léjos de aflojarse adquirieron nuevo vigor, el
sentimiento de la fraternidad americana se fortalecerá cada dia por
encarnizadas que sean las contiendas.
No puede ponerse en duda que este sentimiento
existe en todas las repúblicas de oríjen español. Se observa sin dificultad en
las manifestaciones de los respectivos delegados que asistieron á los Congresos
reunidos desde 1826 hasta hoy; y en la lectura meditada de la narracion que
contiene este libro, se descubre que toda oposicion á la idea de la Union, ó
por lo menos á la de la uniformidad en los procedimientos internacionales, ha
sido siempre de parte de un gobierno que no ha interpretado la voluntad ó la
inclinacion de sus administrados.
El americano que abandona el suelo de su pátria
nota fácilmente cuánto se pronuncia en el estranjero ese sentimiento especial.
Al encontrarse con otro, esperimenta hácia él una simpatia que no la produce
tan solo el idioma comun ó el modo de ser recíproco, sino el conocimiento de su
oríjen. En el viejo mundo los hispano-americanos se llaman entre sí, paisanos;
y aun cuando las palabras no lo espresen siempre, un mejicano y un argentino se
dicen á sí mismos: somos compatriotas.—Si la buena suerte del viajero lo
conduce á los centros sociales de la América hispana, considera con cuánta
razon se sentia estranjero, en la verdadera acepcion de la palabra, al recorrer
los bulliciosos bárrios de las grandes capitales europeas, porque la
hospitalaria franqueza y la cariñosa deferencia de que es objeto, son como las
que pudiera merecer un compatriota estimado, largo tiempo ausente.
Es aplicable á las colectividades lo que se observa
en los individuos. En todas partes, desde la frontera de Méjico hasta el Cabo
de Hornos, con la misma sinceridad, con el mismo entusiasmo, se aplauden los
progresos de la República Argentina ó se lamentan las desgracias de Centro
América, se elojian las leyes políticas de Colombia ó se condenan las prácticas
funestas que ha implantado allí la anarquia.
La participacion moral que una nacion americana
toma en el progreso ó decadencia de otra, no se reduce á un interés jeneral;
hay en ella algo de esa solidaridad impresa al nuevo mundo por[Pg
112] su escepcional y uniforme organizacion institucional.
Aparentemente no sucede lo mismo con respecto á los
Estados Unidos. Un temor hácia su pretendida preponderancia, una reminiscencia
de raza, aberraciones, razones algunas veces, han producido cierta desconfianza
en los americanos del Sud que con justicia se consideran menos fuertes.
¿Hasta qué punto es culpable la gran nacion de
haber autorizado juicios tan desfavorables á su respecto? Veamos.
Desde luego, la doctrina de Monroe que fué al
enunciarse una garantia legal de existencia para todas las nacionalidades
americanas, es hoy para ellas una garantia eficaz de estabilidad. Todo lo dá,
nada exije; ampara al Continente con la proteccion que el poder insólito de la
República le permite otorgar y respeta, al mismo tiempo, la absoluta
independencia de los actos administrativos en cada una de sus divisiones
políticas.
En el Congreso Internacional á que asistió un
representante de los Estados Unidos se descubre, es verdad, el deseo de obtener
algunas ventajas, aun con perjuicio de los intereses jenerales de la América,
como se notan ideas absorbentes en las negociaciones que al Istmo de Panamá se
refieren; pero en el primer caso la opinion del país desvirtuó los actos del
mandatario y en el último los intentos del Gobierno fueron sofocados por la fé
pública en los tratados y por el respeto inquebrantable á la soberania de una
nacion estraña.
Intereses egoistas de cierto número y dificultades[Pg 113] orijinadas por una situacion sin precedentes
en la historia, contrariaron las pretensiones de los republicanos sinceros que
se proponían ayudar á la Isla de Cuba en la obra patriótica de la emancipacion.
Las manifestaciones del pueblo y las tardías, si bien sinceras, esposiciones
del gobierno comprueban, no obstante, el interés de los Estados Unidos en la
suerte de los desgraciados cubanos y en el triunfo de su causa.
Y respecto de Méjico ¿cuál seria su suerte? ¿cuál
la del principio republicano en América, si durante la breve presencia de
Maximiliano en el Imperio de Montezuma, los Estados Unidos no hubieran tomado
la participacion decisiva que dió por resultado el retiro de las tropas
francesas y el derrocamiento del monarca por ellas impuesto? Desgraciadas sin
duda y desconsoladoras la una y la otra. En tal emerjencia los americanos
prestaron un servicio eminente á la nacion mejicana, de alta trascendencia
tambien en pró de las ideas políticas del mundo moderno.
Las anexiones de esta nacion, que tanto han
contribuido á las reprimendas de sus enemigos, no dan mérito, en modo alguno, á
esos reproches hirientes, fundados tan solo en la ignorancia de los sucesos. El
desenvolvimiento estraordinario de la República no es el resultado de una
brutal conquista; ella invade por su fuerza moral; compra ó adquiere
territorios á los cuales concede en breve la vida municipal y las prerogativas
de sus subdivisiones autonómicas, lo cual está muy distante de mostrar la
intencion de imponer con las armas á los vecinos[Pg 114] ó
de subvertir violentamente y en provecho propio un órden dado. Su historia
política demuestra, pues, lo que comprueba tambien la historia sud-americana,
en los asuntos de detalle la versatilidad ocasionada por la forma de gobierno y
en los fundamentales la lejítima y tradicional aspiracion de hacer estensivos
al mundo de Colon los beneficios de su sistema admirable.
El desenlace de la ruidosa cuestion Hopkins, que
orijinó un sério conflicto entre la República del Paraguay y los Estados
Unidos, prueba que las injusticias y arbitrariedades cometidas en nombre de
esta nacion solo pueden atribuirse á malos gobiernos ó á maquinaciones
individuales.—Aquel sujeto había obtenido de su pátria el nombramiento de
Cónsul en la Asuncion, donde alcanzó la proteccion del Presidente y su
beneplácito para esplotar las riquezas naturales del país por cuenta de una
compañia que daria los capitales necesarios. Despues de haber sacado todo el
partido posible de su posicion oficial y de su amistad personal con muchos
paraguayos distinguidos, meditó Hopkins, como negocio lucrativo y
liquidacion de su compañia una de tantas odiosas reclamaciones internacionales
que el pabellon americano habia de protejer parodiando á los europeos y que
solo significan la presion de la fuerza. Para lograr su objeto usó en el
Paraguay de una conducta vituperable que dió mérito al retiro de su exequatur.
Ejerciendo, no obstante, sus atribuciones de Cónsul ordenó al comandante del
buque americano Water Witch estacionado en la Asuncion, que le
facilitara los[Pg 115] medios de retirar
violentamente los papeles de la compañia, atropello que llevó á efecto violando
el territorio paraguayo con cierto número de marineros armados. De regreso á
Estados Unidos hizo que el Gobierno amparara su reclamacion, estimada por él en
varios millones de pesos fuertes y logró inducir al gabinete de Buchanan al
envio de una espedicion naval contra el Paraguay. Este pensamiento no se llevó
á efecto y léjos de ello el Gobierno americano envió á la Asuncion al Señor
Bowlin, representante diplomático encargado de buscar una conveniente solucion
al conflicto. El resultado de esta mision fué el nombramiento de dos árbitros,
el Señor Berges en representacion del Paraguay y el Señor J. Johnson en nombre
de los Estados Unidos, que adoptaron una decision enteramente favorable á aquel
Gobierno. El honorable Señor Johnson estudió con juicio imparcial y recto los
antecedentes en que fundaba la compañia su reclamacion y al terminar su notable
escrito sobre la materia, decia «El orgullo y la gloria del Gobierno y del
pueblo de los Estados Unidos ha sido siempre no someterse á ninguna injusticia
de otro Gobierno ó de otro pueblo; pero al propio tiempo lo ha sido no exigir
de ellos nada mas que lo justo; y tardará mucho todavia, así lo
espero confiadamente, en que llegue el dia en que puedan acumularse con su
consentimiento y sancion, fortunas colosales como las de la India oriental
debidas al saqueo de Estados débiles y arrebatadas con la boca del
cañon.» Concluia el Señor Johnson dictaminando contra las indignas
exijencias de la[Pg 116] compañia y haciendo recaer
su sentencia arbitral en favor del Paraguay.
Este notable fallo de americano tan distinguido y
honrado, á favor de una nacion estraña y contra el Gobierno de su pátria, es
una prueba mas, patente y clara, en apoyo de la idea que sostengo. De él se
desprende, como de los sucesos comentados ya, la enorme distancia que hay en
Estados Unidos entre los actos del Gobierno y los impulsos jenerosos del
pueblo, sujeto aquel al interés individual y á las debilidades que son
injénitas al hombre, con sed este de justicia y de confraternidad
dentro de sus instituciones.
No quiero con tales apreciaciones significar que
todos los gobiernos hayan seguido la misma línea de conducta; porque algunos de
ellos, respetando los compromisos contraidos en el programa internacional de su
país, han demostrado en momentos difíciles ardientes simpatias hácia las otras
repúblicas del nuevo mundo. Cuando las tropas del General Howe batian á las de
Washington cerca de Nueva York, el Congreso que acababa de declarar la
independencia envió á Europa en carácter diplomático al Dr. Franklin, á Arturo
Lee y á Juan Adams para solicitar la alianza de algunas potencias. Refiriéndose
á España dicen las instrucciones de estos representantes:.. «si no se inclinase
en favor de nuestra causa por temor de que peligren sus dominios en la América
del Sur, quedais autorizados para dar toda clase de seguridades de que los
Estados Unidos no perjudicarán á ese reino en la tranquila posesion de sus
territorios.»—Tal actitud[Pg 117] en la derrota
podia dar que temer á España para el momento del triunfo; pero fuerza es
confesar que nunca quebrantó su propósito la gran nacion. Llegado el caso, por
ejemplo, de reconocerse la independencia de las repúblicas hispano-americanas,
é interpuesta por el Ministro de España en Washington una enérjica protesta, el
presidente Adams repuso: «Los Estados Unidos han decidido sobre el hecho,
consecuentes en eso con su propia historia y con sus propios títulos á la
independencia.»—Deseaba este majistrado que su pátria conservara muy buenas
relaciones con España, pero no podia dejar de reconocer la independencia de sus
antiguas colonias, puesto que ellas habian luchado con éxito, creado sus
gobiernos y ejercido todos los atributos de la soberania ante la impotencia de
la metrópoli. Esta conducta, la que usaron mas tarde cuando tuvieron lugar los
movimientos políticos de la Isla de Cuba con el propósito de obtener su anexion
á los Estados Unidos, rechazando ese ofrecimiento á pesar de ser considerada la
anexion como una necesidad geográfica y del aliciente que ofrece á un país tan
mercantil esa riquísima isla, ¿no prueba hasta la evidencia que la nacion solo
busca su engrandecimiento, ya muy considerable, por las vías lejítimas? ¿No
prueba más, que su republicanismo es escecivamente simpático al nuestro y que
su política, cuando traduce el sentimiento público, tiende á acercarnos
recíprocamente como habitantes de un mismo continente y defensores de las
mismas ideas filosóficas?
Se ha condenado la prescindencia política de los
Estados Unidos, haciendo resaltar los inconvenientes de la doctrina de Monroe
en lo que atañe á los intereses jenerales de la democracia. Los americanos, se
dice, han practicado leyes benignas sin preocuparse de que sus efectos se
sientan en otros continentes; han recibido con bondad y con cariño á los
proscritos de la autocracia, pero no les han ayudado en sus empresas
liberales.—He aquí el caso de hacer resaltar de nuevo la frecuente oposicion
del pueblo y del gobierno en aquella república. En efecto, este nada intentó en
favor de Hungria cuando el ardoroso Kossuth inflamó el entusiasmo popular de un
estremo á otro de la Union y obtuvo en suscriciones un apoyo eficaz en favor de
sus desventurados compatriotas; mas lo que no hizo el gobierno lo hicieron
individualmente algunos de sus miembros. Daniel Webster, Ministro de Estado
entonces, asistió á una fiesta dada en honor del revolucionario; y á la
protesta del Señor Hulsemann, Ministro de Austria, él mismo esplicó la teoría
de su gobierno diciendo: «A este le interesa la suerte de todos los paises del
mundo y le inspiran, además, simpatia todos los pueblos que luchan por su
libertad. La tradicional neutralidad de mi pátria no se quebranta por eso,
desde que no se hace ninguna manifestacion pública de hostilidad. En cuanto al
pueblo en jeneral y á los individuos en particular, tienen en Estados Unidos
perfecto derecho de significar sus simpatías.»
Estas bellas palabras de Webster, uno de los
hombres públicos más notables de su pátria, encubren[Pg 119] el
pensamiento atrevido de que la Europa debe despoblarse para poblar la América y
esplican las miras del Gobierno de los Estados Unidos al circunscribir su
accion en los asuntos esteriores; espresan claramente la idea de que el nuevo
continente no interviene en los asuntos internos de otros, porque si bien le
interesa la suerte de todos los hombres que habitan el planeta, tiene dentro de
sí mismo los medios de proveer á su bienestar material y moral, por la
fecundidad de su suelo y por la escelencia de sus leyes. Ambas condiciones son
exijencias humanas que provocarán las migraciones á medida que se acentúen los
jérmenes de desorganizacion que hay en el viejo mundo y los de prosperidad que
hay en el nuevo.
De las consideraciones precedentes se desprende, á
mi juicio, que el pueblo americano se preocupa de los intereses republicanos
con las restricciones que le sujiere su interés como colectividad política,
pero que al mismo tiempo acuerda una decidida preferencia y una atencion
especial á todos aquellos problemas que afectan al desarrollo de la América
hispana y á la consolidacion de las instituciones que profesa.
La mision confiada á los Señores Tacher y Reynolds
y el proyecto presentado al Congreso Americano por el Senador Frye, recibidos
ambos con un entusiasmo inequívoco por el pueblo de la Union, comprueban en la
actualidad tan elevadas miras.
Las instrucciones de aquellos diplomáticos
contenian las clausulas siguientes, que debian presentarse[Pg
120] á la consideracion de las naciones de América.
1º La ventaja de entablar y mantener relaciones
políticas entre los Estados Unidos y cada una de ellas.
2º El ofrecimiento hecho en nombre de los Estados
Unidos, de su influencia moral para promover y protejer la paz en esas
repúblicas.
3º La ventaja de un Congreso Nacional de Delegados
de todas las Repúblicas Americanas, para discutir y convenir sobre medios para
asegurar la paz permanente entre las Naciones de este hemisferio; para convenir
sobre el modo de arreglar dificultades sin apelar á las armas; para presentar
una resistencia unida contra las agresiones de los poderes europeos ó su
interferencia en asuntos americanos, pues es la doctrina de los Estados Unidos,
que las Repúblicas Americanas son capaces para arreglar sus propias disputas,
para determinar lo que es mejor para ellas y protejerse, defenderse y apoyar su
mútuo desarrollo; que el comercio americano debería limitarse en lo posible á
los mares americanos.
4º La ventaja de una moneda de plata comun, acuñada
por cada una de las Naciones Americanas en debida proporcion y que deberá tener
curso legal en todas las transacciones comerciales entre los ciudadanos de
diferentes repúblicas. (Méjico, Venezuela, Costa Rica, Guatemala, Honduras,
Ecuador, Perú y Chile ya han dado su adhesion á este proyecto).
5º La ventaja de un Tratado de reciprocidad[Pg 121] entre todas las naciones de América y los
Estados Unidos, por el cual los productos de esos paises se admitirán libres
del uno al otro cuando sean llevados en sus buques ó en los de los Estados
Unidos.—Este Tratado debe garantizar la proteccion de las personas y la
propiedad de los ciudadanos, y todas las disputas tocante á ellas deberán
determinarse por arbitraje.
6º ¿Qué sujestion tienen que hacer los respectivos
Gobiernos al Gobierno y al pueblo de los Estados Unidos para fomentar el
comercio entre ambos paises?
Por el proyecto del Senador Frye se autoriza y se
incita al Presidente de los Estados Unidos para invitar en nombre del Gobierno
y del pueblo á los delegados de cada una de las repúblicas de Sud y
Centro-América, incluyendo á Santo Domingo y Méjico, con el objeto de reunirse
en Washington el 1º de Octubre de 1886 para considerar y decidir sobre las
cuestiones que puedan ser de comun beneficio á esas naciones.—Cada una de ellas
podrá enviar varios delegados al Congreso, pero la delegacion solo tendrá un voto.
Al invitar á las demas repúblicas el Presidente de
los Estados Unidos manifestará que el Congreso se forma con el objeto: 1º De
tomar todas las medidas necesarias para conservar la paz y promover la
prosperidad de las naciones americanas, para presentar una resistencia uniforme
contra los poderes monárquicos de Europa y defender la integridad territorial
contra las desmembraciones posibles. 2º De adoptar las que sean tendentes á la
formacion[Pg 122] de una union aduanera americana,
por la cual se acepte, mientras sea conveniente y fácil, un libre cambio de
productos naturales y de manufacturas en las aguas americanas. 3º De promover
el establecimiento de líneas de vapores frecuentes y directas entre los puertos
del continente. 4º De establecer un sistema uniforme para regular los impuestos
aduaneros en cada una de los Estados independientes y un método igual de
clasificacion y avaluo. 5º De adoptar un sistema comun de pesas y medidas,
leyes uniformes para protejer las personas y la propiedad, las patentes y marcas
de comercio de los ciudadanos de una nacion en las otras.—6º De adoptar un cuño
de plata igual, que se usará por cada gobierno segun la proporcion de sus
habitantes y que circulará con igual valor en las transacciones de todos los
americanos.—7º De formular un plan definitivo para dilucidar por medio del
arbitraje todas las cuestiones.
Por ser de oríjen americano son pertinentes en este
capitulo los anteriores documentos. Esta circunstancia, la de haber merecido
una entusiasta acojida por el pueblo de los Estados Unidos y écos de simpatia
en los demas de América, los hace esenciales tratándose del porvenir social del
nuevo mundo. Los gobiernos, que no se han ocupado hasta ahora ni poco ni mucho
del futuro, ¿interpretarán esos sentimientos que en el corazon de todos están?
¿comprenderán la importancia que hay para el mundo todo en impulsar las
corrientes republicanas á un solo cauce que con su fuerza avasalladora derrumbe
los obstáculos que los sostenedores de la monarquía[Pg 123] quieren
oponer á su marcha progresista? Debe esperarse que sí, desde que se inspiren en
el provecho real y en el afecto de las respectivas nacionalidades; pero puede
temerse que no, si sujetan sus actos al interés del momento ó se abandonan á la
proverbial desidia que les caracteriza.
[Pg 124]
CAPÍTULO X
INTERÉS POLÍTICO
Las instituciones hispano y anglo-americanas son
análogas en su parte fundamental; ambas responden al principio republicano y al
elevado objeto de hacer efectiva la soberanía del pueblo.
De las repúblicas fundadas por descendientes de
españoles, algunas han dado un ensanche al sistema federal que vícia sus
mayores ventajas, otras se han dictado constituciones centralizadoras en el
gobierno, sin otorgar á las diversas secciones de su cuerpo político las
atribuciones que como colectividades tienen en aquellas. Todas, empero,
proclaman la igualdad y conceden al ciudadano la intervencion que le
corresponde en los asuntos públicos. Por eso las reformas sociales que el
espíritu humano exije con apremio en otros puntos del globo, han tenido en
América una solucion definitiva.
Y no podia ser de otro modo. Al arquitecto que
tuviera la mision de construir un monumento, le seria más fácil, presumo,
levantarlo en terreno vírjen, que destruir grandes murallas carcomidas por el
tiempo en los parajes que á su accion ha dejado libres, pero rebeldes á todos
sus instrumentos[Pg 125] de destruccion en los
ocultos cimientos. Tal así, fué sencillo plantear las reformas del progreso en
el mundo que nacia como será difícil introducirlas con éxito en el mundo que
decae. Los momentos de desórden, las continuadas anarquías que han ajitado al
nuevo continente, no desvirtúan en lo mínimo la ventaja inapreciable de sus
conquistas morales, pues antes que en Europa ó en Asia se proclame la libertad
política y sea una verdad eficiente la condicion igual de los hombres ante la
ley ¡cuántas luchas, cuánta ruina y cuánta violencia ha de conmover las viejas
sociedades!
El océano que divide á la América de esos mundos,
dice el publicista Gichot, los divide menos que las instituciones y las
costumbres. Sin embargo, se dirá, siendo Europa la cuna de la actual
civilizacion ¿á qué obedece tal diferencia? A que era conocido ya el funesto
efecto de los privilejios cuando la América fué colonizada; á que se huía de
ellos y solo se formaban distinciones relativas por el esfuerzo de la labor
intelectual, ninguna como en la edad media por la influencia del sable.
Inglaterra con sus propósitos tradicionales de
conquista, Francia con el prestijio que han sabido darle sus escritores como
iniciadora de toda idea progresista y por obedecer á inveterados principios
otras naciones del viejo mundo, pretenden imponer al nuevo su influencia.—No es
necesario, para contrariar tales aspiraciones, combatir á los franceses, tan
cultos, intelijentes y jenerosos, á los ingleses tan emprendedores é
industriosos; basta desviar los intentos de las sociedades que se derrumban,
señalando[Pg 126] á los miembros de ellas el hecho
evidente de que en América encontrarán algo que en Europa les falta: bienestar
y derechos.
Los defectos que producen la emigracion de los
viejos paises no tienen solucion posible: están en la naturaleza misma,
exhausta ya y empobrecida por el trabajo de muchas jeneraciones; en el interés
de los predestinados de la fortuna que invade el derecho ajeno y en el hambre
de los proletarios que ataca la propiedad.
En cuanto á los inconvenientes que todavia hoy
pueden llamarse característicos de ciertas secciones de América, solo existen
en detalles de administracion y se modificarán fácilmente con el estudio y el
ejercicio de las instituciones americanas; pero tienen bastante alcance para
poderse afirmar que unas y otras no pueden satisfacer del mismo modo, en el
órden material y moral, las necesidades y aspiraciones de los hombres.
El poder centralista de Chile, la caprichosa
lejislacion venezolana y las prácticas de disgregacion que hay en otras
repúblicas, no ofrecerán, por cierto, al inmigrante las ventajas que obtiene en
los Estados Unidos ó en la República Arjentina, no solo porque favorecen á
estos dos paises condiciones que están en la tierra y en el clima, sino tambien
porque aquel que de su pátria se aleja para no contemplar en ella la injusticia
y para ver remunerado su trabajo, á la vez que una naturaleza vigorosa donde
tengan espansion sus aptitudes, busca garantías en favor de todos sus derechos
civiles y de los derechos políticos que deben adquirir sus hijos.
Ahora bien, aunque los medios puestos en accion
tengan, todo lo mas, una similitud relativa, todas y cada una de las naciones
americanas persiguen fines idénticos; y, buscando resultados, me parece lójico
incorporar las fuerzas que se dirijen en un mismo sentido.
A impulsos de tal propaganda se podrá contrariar el
hecho desconsolador de que las instituciones hispano-americanas sean, á lo
menos en la práctica, como esos conciertos que se forman en las casas de
vecindad entre el violinista del primer piso, el clarinete del segundo y el
corneta del tercero, ó como los ferro-carriles de Colombia, donde por
construirse muchos no se ha llegado á tener uno bueno.
La comparacion es vulgar, pero es exacta.—En la
tierra de Bolívar la estructura del país opone sérios obstáculos al
desenvolvimiento material; pero como las ideas no reconocen en la topografía
valla alguna y los colombianos han seguido siempre con interés los progresos
que la industria moderna realiza en otras naciones, natural era que pensaran en
hacer ferro-carriles en su pátria.—Solo que si el Gobierno encontraba oportuna
la construccion de una vía en el Estado de Santander, por ejemplo, el del Cauca
reclamaba haciendo valer derechos semejantes en razon de que las leyes
nacionales acuerdan á cada uno de los Estados la misma capacidad política y los
mismos derechos ante los recursos jenerales del país; y si este último obtenia
alguna proteccion en favor de su deseo, el del Tolima hacia notar á su vez, que
no[Pg 128] habia razon ni justicia en abandonarlo
al atraso eterno de la mula.—Resultado de tan variadas exijencias tenia que ser
el espectáculo que presencia hoy el viajero en aquella república, ridículo, si
se quiere, por el momento, pero grandioso tal vez en lo futuro. Es
indudablemente poco sério eso de encontrar varias veces por dia durante la
penosa navegacion del rio Magdalena, rodeando á los mas miserables ranchos de
indíjenas, estaciones de ferro-carril con aparatosos continjentes de rieles
amontonados, locomotoras, coches, carros, etc., que no prestan servicio activo
ó que recorren á lo sumo una estension de diez á quince millas. Estiéndanse
todos esos trabajos comenzados, comuníquense unas vías con otras formando una
red jeneral y uniforme y entónces Colombia será uno de los paises mas avanzados
y ricos del nuevo mundo.
En materia de instituciones hágase otro tanto entre
todas las repúblicas de oríjen español, imítese uniformemente la lejislacion
que tan grande y poderosa ha hecho á la república del Norte; entónces todas y
cada una en su esfera, habrán conquistado la estabilidad, la paz y el adelanto,
contribuyendo así al bienestar propio y al de todos los hombres que de otras
partes del mundo vengan á buscar esos beneficios y los que son inherentes al
suelo americano.
Los resultados que se esperan de llamar todas las
fuerzas de la civilizacion á su verdadero centro, deben buscarse sin el ánimo
de colonizar esas tierras con una raza dada, porque la observacion de que[Pg 129] la raza sajona pretende apoderarse del
comercio del mundo puede ser pertinente en lo relativo á las actuales
nacionalidades, pero en manera alguna á la influencia que pudieran traer al
nuevo mundo, donde los elementos de asimilacion son tan poderosos que
absorberán á todos los hombres y á todas las razas que se establezcan en su
suelo.—Eduardo Laboulaye, el injenioso escritor que con tanta penetracion ha
estudiado los progresos de los Estados Unidos, dice: «Para demostrar al mundo
que el nuevo principio de civilizacion no depende ni de la raza ni de la
sangre, los americanos han abierto su país á todos los pueblos del universo sin
que semejante afluencia cause pertubacion alguna en su marcha regular.»—El
principio á que él se refiere es el democrático, característico del sistema
político fundado en América y contrario á todas las formas de gobierno
republicano ideadas en Europa. Aplicándolo con verdad es como los Estados
Unidos han alcanzado su apojco actual y es como, en mi concepto, obtendrán los
otros países del nuevo mundo el puesto que les corresponde á la cabeza del
progreso moderno.—En efecto, la historia de la civilizacion es la historia de
las migraciones; y la prueba de que América es el asiento de la que se
desenvuelve en el presente, está gráficamente espresada en la circunstancia de
haberla elejido como nueva pátria los emigrantes asiáticos y los europeos:
aquellos dirijiéndose en cantidades á los Estados Unidos, á Colombia y al Perú;
estos estableciendo una séria corriente hácia los mismos Estados Unidos, la
República Arjentina y el Brasil.—Y[Pg 130] si los
intereses del progreso están en estas jóvenes naciones, nada tienen que buscar
en Europa, ni es razonable suponer, como se ha significado algunas veces, que
se formen entre ellas pactos ofensivos.—Deben, si, alcanzar todo jénero de
garantías á fin de obtener la estabilidad y de consolidar para siempre la paz
internacional de unas con otras; deben con especial empeño, aspirando á tan
altos fines, prestijiar y realizar la armonia institucional.
¿Para qué hacer, ahora, la historia política de los
Estados Unidos? ¿Para qué buscar razones en favor de su sistema, si los
resultados que el mundo contempla admirado tienen una elocuencia superior á
todas las fraces? Nada puede, por cierto, desvirtuar el hecho inaudito de que
un siglo de trabajo y de libertad dentro de la ley haya bastado para convertir
á una simple colonia en la nacion mas poderosa y civilizada de la tierra!
Las repúblicas hispano-americanas, que tan ligadas
están en el pasado por su oríjen y por sus luchas, en el presente por sus
costumbres y por su idioma; que tantos motivos tienen de uniformar tambien sus
aspiraciones en lo futuro ¿donde deberán buscar esa útil cohesion de prácticas
y de propósitos? ¿En el estudio y en el ejercicio de las instituciones que se
ha dictado esa gran nacionalidad ó en la observancia de leyes añejas que nada
bueno han producido? La respuesta no puede ser dudosa.—El interés bien entendido
de cada una de ellas debe inclinarlas á imitar las primeras para conquistar los
mismos beneficios adquiridos á su amparo; el de todo el continente consiste en[Pg 131] desenvolver esas mismas instituciones, porque
marchando en un mismo sentido es como sus diversas secciones alcanzarán la
fuerza que debe ponerlas á cubierto de los ataques y la paz continental,
aspiracion suprema de la civilizacion americana. El interés de la humanidad, en
fin, exije, del mismo modo, la unidad de accion en el nuevo mundo, pues solo en
ella puede fundarse el desarrollo del principio republicano.
La elaboracion del perfeccionamiento político es
sencilla para los pueblos de América; y no hay motivo de suponer que ocasione
como en Europa revoluciones terribles, porque el privilejio fué para siempre
vencido en la tremenda guerra de secesion, cuando el Sud en nombre de las
prácticas aristocráticas sostenia el eterno sometimiento de los esclavos y el
Norte en apoyo de la idea democrática defendió é hizo triunfar la santa causa
de su emancipacion.—Sostengo que fué definitivamente aniquilado en América el espíritu
reaccionario porque algunas repúblicas se habian anticipado á los Estados
Unidos otorgando al hombre negro las prerogativas y derechos del hombre blanco
y porque las otras imitaron muy luego tan noble ejemplo.
La América del Norte, la del Centro y la del Sud, á
pesar de tener incuestionables distinciones en su progreso material, se
encuentran en condiciones morales semejantes; ni en unas ni en otras hay
nobles, príncipes ó marqueses; no hay esclavos, no hay párias: solo hay
ciudadanos que trabajan por su bienestar propio y contribuyen al de la sociedad
en que viven.—En tan favorables circunstancias[Pg 132] ¿no
es tiempo ya de hacer pesar en la balanza política á pueblos que tan altos
fines persiguen? Es claro; y en ese sentido es de fundamental importancia
prestijiar sus instituciones por la simultaneidad de sus procedimientos.
Asi que los hombres públicos de la América hispana
se interesen con decision en el perfeccionamiento de sus leyes, tiene que
acontecer lo que sucedió en Estados Unidos al organizarse la nacionalidad; que
se conquisten una por una las prácticas mas sábias, á medida que la educacion
política adquiera mayor ensanche.—En la pátria de Washington los primeros
trabajos de organizacion lejos de halagos solo ofrecian decepciones. Se quiso
fundar una série de nacionalidades pequeñas en los territorios de las antiguas
colonias, que protejidas por un Congreso comun de delegados cumplieron los
fines esternos é internos; pero este cuerpo era una quimera sin la fuerza de
accion que corresponde al representante de la soberanía nacional: no podia
hacer empréstitos, ni crear impuestos; debia garantizar la paz y no tenia los
medios de sostener un ejército; debia hacer frente á los gastos de la Nacion
sin tener otra fuente de recursos que los subsidios voluntarios de los Estados.
Los americanos buscaron entonces los medios de equilibrar los poderes
subalternos y sostenerles una relativa independencia otorgando, no obstante, al
poder central la fuerza y las facultades que le imprimieran carácter de tal. El
resultado que la prudencia y habilidad de sus estadistas produjo, todos lo
conocemos: es la Constitucion, son[Pg 133] las
prácticas mas adelantadas que conocen los fastos de la humanidad. Ahora, es
indudable que en las otras repúblicas hay que luchar contra hábitos adquiridos
y leyes dictadas ya en un sentido opuesto, porque algunas han querido fundar
grandes nacionalidades con peligro de la libertad y centralizando el gobierno
como en las viejas naciones de Europa y otras han ensayado el sistema federal
sin la preparacion necesaria para adoptarlo, por falta de recursos en las subdivisiones
respectivas y por carecer estas de elementos de vitalidad y de educacion
política en sus habitantes.
No importa, los errores cometidos han recibido ya
la inevitable leccíon de la historia y las conquistas realizadas asumen una
importancia tal, que todas las naciones de América sentirán la necesidad de
imitar, y de imitar bien, las instituciones de los Estados Unidos.
Ademas, asi como es dificil que los inmigrantes
europeos ó asiáticos modifiquen totalmente las costumbres sociales y las
prácticas politicas de América, es siempre de temer que los gobiernos de Europa
procuren contrariar el desenvolvimiento de las ideas liberales que en el nuevo
mundo predominan.—El tema se ha debatido ya muchas veces en los gabinetes, en
los Parlamentos y hasta en los Congresos internacionales del viejo mundo. La
reunion diplomatica de Troppau estableció á principios de este
siglo el derecho de intervenir á mano armada en paises estraños, especialmente
al tratarse de poner obstáculos á toda tendencia contraria á la monarquia. En
vista de estas manifestaciones,[Pg 134] en
presencia de las declaraciones posteriores de otros gobiernos; á sabiendas de
que Francia é Inglaterra han debatido públicamente sobre cual de ambas razas ó
potencias debe influir con su intervencion en los destinos del nuevo mundo; si
muchos diarios de Italia han llegado á insinuar que en época no muy remota los
paises del Rio de la Plata deben convertírse en colonias de sus nacionales; si
el Ministro Robilant ha tenido la audacia, muy recientemente, de espresar
torpes amenazas contra la integridad territorial de varias naciones de América;
si cada dia se significan en todas partes de Europa pretenciones mas ó menos
encubiertas en el mismo sentido ¿no es inconcebible que los defensores de la
república en América no hayan buscado aun los medios de ponerse á cubierto de
tales peligros?
Estos dichos y estos hechos demuestran, pues, que
setenta años de independencia, entre la vergüenza de la anarquía y la tarea de
la organizacion, no han desarraigado del cuerpo político americano el mal que
su fraccionamiento orijina ¿Por qué? ¿Porque los gobernantes han
procedido siempre como el curandero inesperto que emplea remedios
perentorios y locales para atacar un vicio que es de naturaleza orgánica? El
Congreso de Troppau, la Santa Alianza, las espediciones de los piratas, las
intervenciones en Méjico y en el Rio de la Plata, las violaciones frecuentes
del territorio americano, como en la costa de Mosquitos, en Colombia etc,
comprueban la existencia de un mal[Pg 135] periódico
y demuestran que los remedios aplicados hasta hoy solo producen efectos
transitorios.
La necesidad de alcanzar de un modo eficiente la
solucion definitiva que requiere esa constante amenaza de reclamaciones
injustas y arbitrarias por parte de los gobiernos fuertes y el interés de
conservar y propagar las instituciones libres, debe necesariamente reunir á los
pueblos de América impulsándolos en la misma corriente de ideas.—De un modo ó
de otro, aunque la evolucion sea paulatina, la tendencia natural del progreso y
la bondad del principio democrático hará que se realice en América la armonia institucional.
[Pg 136]
CAPÍTULO XI
INTERÉS ECONÓMICO
La inmensa estension territorial comprendida entre
el estrecho de Bhering y el cabo de Hornos es la parte del mundo mas favorecida
por la naturaleza.—Asia ocupa una rica zona y tiene tambien climas
variados, pero su poblacion, decadente y decrépita por la idolatría y la
poligamia, no se encuentra en condiciones de trabajar con enerjia en el
desarollo de su comercio y de su industria.—Europa, cuyos habitantes son
inteligentes y laboriosos, ha obtenido ya el mas alto grado de adelanto; y no
puede continuar marchando en una via próspera porque la densidad de su
poblacion, en término medio de doscientos cincuenta habitantes por milla
cuadrada, es escesiva para tierra tan exhausta y cansada de dar frutos. Africa
ocupa una fecunda rejion intertropical; mas ¡qué diferencia con la de América!
Allí las soledades del Sahara y de la Etiopia, los arenales de la Nubia y los
sistemas orográficos é hidrográficos mas pobres; aqui los inmensos valles, la
vejetacion portentosa, las grandes montañas, los mas caudalosos rios del mundo
y las altiplanicies con sus climas primaverales.—Por lo que hace[Pg 137] á las dos zonas templadas del nuevo mundo,
pueden sostener comparaciones ventajosas con las de Europa ó Asia, donde no hay
rios como el Missisipi ó el Plata, ni llanuras fertiles y estensas como las
del Far west en los Estados Unidos ó las pampas arjentinas.
Se observará con razon que el trabajo es uno de los
elementos indispensables de la produccion y que todas estas ventajas naturales
de América no compensan el inconveniente que ocasiona la falta de brazos. Es
cierto; en Estados Unidos, donde la poblacion sube á sesenta millones, se
calcula como término medio una densidad de diez y ocho hombres por milla
cuadrada; y las otras naciones del nuevo mundo son tan estensas y tienen una
poblacion tan poco compacta que considero inconducente hacer el cálculo de su
densidad media. Pero todo esto ¿qué prueba? Que durante mucho tiempo todavia el
comercio de América debe pagar un tributo relativo al trabajo intelijente del
manufactor europeo; de ninguna manera que el comercio de Europa deba absorber
eternamente la produccion americana. Por el contrario, es patriótico y
necesario restrinjir tal monopolio, concediendose las nacionas americanas
recíprocas franquicias y facilidades para el intercambio de sus productos. Se
comprende, por ejemplo, que la República Arjentina mande su lanas á Europa y
vuelva á recibirlas despues convertidas en jéneros y en telas diversas; y esto
mismo porque la riqueza pecuaria y la agricultura satisfacen ampliamente las
necesidades económicas de los habitantes.—Lo que no es aceptable, es[Pg 138] que los productos naturales de algunos paises
de América vayan á Europa á pagar un simple tributo de tránsito; que el
comerciante arjentino ó chileno busque en Londres tabaco de la Habana, cacao de
Venezuela ó café de Centro América. Lo que debe considerarse inadecuado es que
se consuman en aquellos mismos paises ciertos artículos manufacturados en
Europa que se fabrican en mejores condiciones de precio y de calidad en los
Estados Unidos.
Esta portentosa nacionalidad, que ha señalado á las
demás de América el sendero de la libertad política y que constantemente les
muestra las vias de la prosperidad material, ha recorrido en poco tiempo todas
las faces de la civilizacion y siendo ya manufactora, se conserva aun ganadera
y agricultora.—La magnitud de su comercio despierta la atencion jeneral.
Durante el año de 1885 su esportacion
|
alcanzó á |
$ |
726,682,946 |
|
La importacion solo fué de |
« |
577,527,329 |
|
Esceso de esportacion |
$ |
149,155,617 |
Esta enorme cifra á que asciende la diferencia á
favor de los Estados Unidos entre su importacion y su esportacion demuestra,
desde luego, que en aquel país, donde la produccion escede en mucho al consumo,
hay grandes capitales en disponibilidad para emprender obras atrevidas dentro y
fuera del país.—¿Como y donde pueden emplearse tales sumas con éxito para el
capitalista y con provecho para el país?—Promoviendo la esplotacion de las
inmensas riquezas, poco ó nada conocidas, de los paises democráticos del nuevo
mundo.
Veamos, por ahora, como se distribuye ese
movimiento colosal y qué naciones se encuentran favorecidas por la actividad
que él produce. En América solo cinco paises tienen relaciones comerciales de
importancia con los Estados Unidos.—Durante el año de 1885 el intercambio de
los productos fué del modo siguiente:
|
|
IMPORTACION |
|
ESPORTACION |
||
|
América inglesa |
$ |
35,976,815 |
|
$ |
36,960,541 |
|
Cuba |
« |
10,534,138 |
|
« |
2,823,393 |
|
Méjico |
« |
8,719,195 |
|
« |
42,306,093 |
|
Brasil |
« |
7,258,035 |
|
« |
45,263,660 |
|
América Central |
« |
4,103,075 |
|
« |
17,699,25 |
|
|
66,591,258 |
|
145,052,944 |
||
Puede observarse que Méjico y el Brasil son las
naciones mas favorecidas por el comercio americano, pues esportan cinco ó seis
veces mas de lo que importan. Estas ventajas no se reducen á la venta de sus
productos, porque el interés comercial de los Estados Unidos, coadyuvado por el
espíritu de empresa de sus habitantes, ha dado mérito á la construccion de
trabajos fundamentales para su desarrollo y para el progreso material de esos
mismos paises.—Los puertos del litoral del Imperio están en fácil comunicacion
con la ciudad de Nueva York despues del establecimiento de líneas de vapores
americanos que circulan con regularidad entre esos puntos. Méjico debe al
aumento de sus relaciones comerciales con los Estados Unidos la construccion de
un ferro-carril estraordinario[Pg 140] que
atravesando regiones escarpadas, estensas soledades y los centros productores y
consumidores de la gran república, pone á la capital azteca á cuatro dias de la
metrópoli yankee.
La esportacion de la América Central es tambien
apreciable. Las cinco repúblicas se encuentran, ademas, en condiciones
ventajosas para enviar cada dia nuevos productos porque, gracias á la
iniciativa americana, se facilitan cada dia las comunicaciones en todas ellas.
De Asia se esportaron para los Estados Unidos en el
mismo año de 1885—
|
mercaderias por valor de |
$ |
37,280,772 |
|
Y se importaron |
« |
29,811,184 |
|
Lo que hace un total de |
$ |
7,469,588 |
á favor del comercio asiático.
|
En Europa se importaron |
$ |
579,341,821 |
|
Y se esportaron |
« |
254,672,665 |
|
Lo que hace un total de |
$ |
324,669,156 |
á favor del comercio americano.
Este movimiento comercial se produjo del modo
siguiente:
|
|
IMPORTACION |
|
ESPORTACION |
||
|
Gran Bretaña |
$ |
394,925,925 |
|
$ |
136,701,780 |
|
Alemania |
« |
60,819,091 |
|
« |
63,241,753 |
|
Francia |
« |
44,562,334 |
|
« |
56,935,352 |
|
Béljica |
« |
25,373,756 |
|
« |
8,695,084 |
|
Rusia |
« |
16,634,137 |
|
« |
5,652,749 |
|
[Pg 141]Holanda |
« |
11,967,165 |
|
« |
4,703,945 |
|
España |
« |
11,690,142 |
|
« |
14,492,908 |
|
Italia |
« |
7,645,338 |
|
« |
2,989,723 |
|
Dinamarca |
« |
3,055,990 |
|
« |
11,767,956 |
|
Portugal |
« |
2,667,943 |
|
« |
6,409,015 |
Teniendo en cuenta que los principales artículos de
esportacion en los Estados Unidos, fuera de cereales, carne, huevos, manteca y
ganado en pié, son petróleo, tabaco, madera, muebles, hierro y manufacturas
de acero, los cuales se consumen en toda América, es de notarse que ellos
sufren un recargo considerable de fletes y derechos: y agregando que azúcar,
café y lanas, artículos esencialmente sud-americanos, son las importaciones mas
sérias de aquella nacion, se comprenderá fácilmente cuanto tiene que ganar el
nuevo mundo asi que se verifique el intercambio directo de sus productos.
Por otra parte, si el comercio ocasiona un influjo
moral de un pueblo en otro, es de especial interés para las naciones
sud-americanas atraer el comercio de los Estados Unidos, pues sin duda todas
ellas deben preferir el influjo de un país republicano al de los paises
monárquicos con los cuales mantienen en la actualidad mas activas relaciones.
Al iniciarse la vida nacional en todas esas repúblicas, adoptándose por ellas
las bases fundamentales de la Constitucion americana, sus ciudadanos se
armonizaron á los yankees en el pensamiento; y tendrán la oportunidad de
desenvolverse como ellos en la accion, cuando impulsados[Pg
142] por el interés económico de su país, los americanos, horadando
montañas, salvando rios y precipicios, hagan llegar á Buenos Aires como ha
llegado á Méjico el silvido de sus locomotoras. Cuando la metrópoli americana y
la arjentina se encuentren ligadas por esas cintas de acero, que son siempre
mensajeras de paz y de progreso, el comercio internacional americano adquirirá
un desarrollo escepcional, se promoverá la riqueza en todo el continente y la
sociabilidad ensanchada permitirá que todos esos pueblos corrijan sus defectos
imitando las buenas condiciones de los otros.
Este proyecto jigantezco de construir un
ferro-carril que ligue el estrecho de Bhering y el de Magallanes no es un sueño
irrealizable.—Veinte años hace que jermina en la mente de empresarios
americanos; y la práctica nos enseña que no en vano cae una idea, por atrevida
que parezca, en un cerebro yankee. Desde luego el empresario ha comprendido que
por subidos que sean los gastos de su ejecucion, los productos naturales y las
grandes riquezas que en via de esplotacion ó completamente abandonadas existen en
las diversas secciones del continente, dando grandes beneficios al comercio
americano los darán enormes á la empresa misma.—El caballero que ha ideado la
construccion del gran ferro-carril, Señor Hinton R. Helper, ha recorrido los
paises que debe atravesar la via, haciendo estudios prácticos en los terrenos y
solicitando manifestaciones de simpatía hácia la empresa de parte de los
gobiernos respectivos.—A principios de Junio del corriente año de 1886 el
Diputado[Pg 143] Nacional Señor don Nicolás A.
Calvo, por pedido del Señor Helper, solicitó del Congreso Arjentino la
aprobacion de un proyecto segun el cual se insinuara al Poder Ejecutivo la
conveniencia de espresar en Estados Unidos, por intermedio del Ministro
acreditado en Washington, las simpatías del pueblo y del gobierno hácia la
realizacion de tan grande obra.
El proyecto se sancionó en la forma siguiente:
«La Cámara de Diputados veria con satisfaccion que
el P. E. prestigiara por todos los medios á su alcance, la realizacion del
ferro-carril á través de las tres Américas proyectado en Estados Unidos.»
«Comuniqúese esta resolucion al Honorable Senado y
al P. E. á fin de que este se sirva trasmitirlo al Ministro Argentino en
Washington.»
En su feliz esposicion el Señor Calvo menciona que
ha indicado al Señor Helper la conveniencia de comenzar los trabajos en el Cabo
de la Vírjenes y no en el estrecho de Bhering, haciéndole notar cuanto
importaria para la realizacion del gran pensamiento el que la compañia pudiera
construir, á poca costa relativamente, mil quinientas ó mas millas en las
llanuras que atraviesan de norte á sur la República Arjentina. Considera que el
Señor Helper acepta la idea y que, halagado con la esperanza muy justa de que
esa primera seccion comienze á dar á la empresa resultados apreciables, se
propone prestijiarla en Estados Unidos. Los diplomáticos latino-americanos
residentes en Washington y los hombres mas espectables del país han manifestado[Pg 144] ardientes simpatías á favor del proyecto y el
gobierno mismo no será estraño á él.
He mencionado anteriormente la mision oficial de
los Señores Tacher y Reynolds que visitaron todos los paises de América
haciendo estudios prácticos sobre el mismo proyecto del Señor Helper y buscando
los medios de estender el comercio de los Estados Unidos y de fortalecer las
relaciones de amistad y de principios entre unos y otros. En
ella un espíritu suspicaz puede descubrir el objeto interesado de atraer á
Estados Unidos el comercio considerable que todas esas repúblicas sostienen con
Europa. De todas maneras la competencia conviene. La evidencia misma de la
superioridad de la marina mercante europea ha sujerido á los americanos, como
un medio de alcanzar su objeto, la idea de crear comunicaciones terrestres con
esos pueblos. Para apreciar toda la importancia política y económica que ellos
acuerdan al ferro-carril intercontinental, debe leerse la carta que con fecha
20 de Marzo de 1882 dirijió al Señor Helper el Señor Hiram Barney.—Dice asi:
«Su plan de uniformar el sentimiento americano y los intereses comunes de los
pueblos de ambos continentes y de suministrar medios de comunicacion comercial
á todas las nacionalidades americanas parece enteramente factible, mas
económico y seguramente mas productivo, por los grandes objetos que tiene en
vista, que todos los otros de que tengo conocimiento.—Podemos gastar en
subsidios marítimos tanto ó mas que en la construccion del ferro-carril[Pg 145] propuesto sin alcanzar resultados ciertos ó
permanentes. Nuestra marina estaría además en competencia con las de otras ricas
naciones para las cuales el oceano es tan líbre como para nosotros; y en caso
de una guerra internacional nuestro comercio marítimo y todos los intereses que
él afecta estarán espuestos á la destruccion.—Su proyecto asegurará á las
naciones de Norte, Centro y Sud América su propio comercio y todos sus frutos y
beneficios á perpetuidad. La línea será inabordable para enemigos estraños
mientras que servirá para unir por cintas de acero á nuestras repúblicas
americanas, haciéndolas una en intereses, en pacífica comunion de industria y
absolutamente invencibles contra fuerza enemiga.»
El autor del proyecto ha comprendido tambien todo
el alcance que tiene la construccion del ferro-carril para realizar
prácticamente la Doctrina de Monroe, es decir, para asegurar contra las
maquinaciones europeas y monárquicas una invencible unidad de intereses
americanos, «dando así mayor fuerza y preeminencia que nunca á las
instituciones republicanas y democráticas.»
Los poderes públicos aprobaron en Estados Unidos el
proyecto en cuestion y enviaron á los paises hispano-americanos varias
comisiones encargadas de estudiar las dificultades con que la empresa tendria
que luchar y los recursos materiales de los paises que el ferro-carril debe
cruzar.—El Señor Curtis, miembro de una de ellas, se dirijió muy recientemente
al gobierno de su pátria lamentando la falta de medios fáciles de comunicacion[Pg 146] entre los Estados Unidos y todas esas
repúblicas y mencionando de un modo especial la importancia actual y el
porvenir inmenso de la República Arjentina. De vuelta á Estados Unidos publicó
en el Railway Age» de Chicago lo siguiente: «Está próximo el dia en
que un ciudadano de la República Arjentina pueda ir al Ecuador en un parlour
car, continuar su jornada hasta Colombia y Estados Unidos atravesando el
istmo de Darien, las pequeñas repúblicas de Centro-América y visitando de paso
la histórica ciudad de Méjico.—Mucha oposicion ha encontrado la idea del Señor
Hinton Rowan Helper de unir todas las capitales del hemisferio por medio de una
línea férrea; pero ella no es impracticable. Las dificultades técnicas del
trabajo no son tan grandes como las que se han vencido por la compañia de
Denver y Rio Grande en Colorado. Los argumentos del Señor Helper no son mas
absurdos que los de Thomas H. Benton al defender el año 1856 en el Senado
Americano nuestro gran proyecto de ferro-carril trascontinental. Treinta años
de tiempo han bastado para probar que Benton era el hombre mas progresista de
su jeneracion.»—Deduce el Señor Curtis que Helper se habrá adelantado treinta
años á su época, pero que el éxito de su empresa no es dudoso. Asegurado el
concurso moral de todos los paises que la línea debe cruzar, la realizacion del
pensamiento no ofrece, á la verdad, tan sérias dificultades porque en Estados
Unidos sobran los capitales necesarios para su ejecucion.
El comercio del continente americano debe
promoverse,[Pg 147] además, por todos los medios
razonables, porque la variedad de sus productos naturales es tal, que el
intercambio de ellos satisfará, sin duda, las necesidades económicas de todas y
de cada una de las naciones que lo componen. Independientemente de que este es
un hecho incuestionable en lo relativo á productos naturales, debe tenerse en
cuenta que por lo que hace á manufacturas los Estados Unidos pueden competir
hoy con cualquier país.
Está en el interés de todas las naciones americanas
buscar esta solucion, aun en el caso de que perjudique á las de Europa.—En el
interés de los Estados Unidos porque, siendo su produccion mayor que su
consumo, necesita buscar mercados para la venta de sus productos y no hay otros
mejor preparados para ello que los que pueden enviarles materias primas de que
carecen allí, como son la mayor parte de los artículos de la zona intertropical
y algunos de la zona templada sud-americana.—En el interés de los otros países
de América porque tendrán mercado consumidor en la gran nacion del norte como
lo tienen ahora en Europa y al mismo tiempo adquirirán un continjente enorme de
actividad con los capitales americanos, que impulsados por las necesidades
mismas del comercio contribuirán de un modo eficaz al desarrollo de todos sus
elementos naturales de riqueza.
Pero aun hay algo de mas trascendencia, que afecta
á los americanos de una y otra raza.—Estas relaciones, facilitando y
promoviendo la riqueza comun, dañarán indirectamente la riqueza europea,
aumentando así los muchos motivos que tienen[Pg 148] aquellos
pueblos para buscar en la emigracion el bienestar que les niega esa tierra
trabajada.
Este daño, como se comprende, será relativo por que
se verificará lentamente la modificacion y por que Europa tiene ámplio mercado
en Asia para la venta de sus manufacturas; pero una vez que él se produzca es
evidente que los trabajadores intelijentes y los hombres de miras elevadas se
dirijirán á esta tierra de promision, donde todo el que siembra uno recoje
ciento, donde se encuentra la igualdad social y la libertad política, donde la
accion del hombre, en fin, solo está limitada por la barrera que la sociedad
impone en su lejítima defensa.
Se obtendrán estos resultados en un porvenir que no
hay porqué suponer lejano.—¿Compensarán ellos en el concepto de los hombres
públicos las desventajas inmediatas que pueda ocasionar la concesion de
franquicias y privilejios recíprocos?—¿Comprenderán los mandatarios, á trueque
de perder algunas entradas de sus aduanas, la inmensa bondad del libre cambio y
la pondrán en práctica entre los paises de América? Nada puede anticiparse;
pero la verdad es que en la union de los intereses debe buscarse el mejor orijen
de toda union americana futura.
En algunos puntos se han hecho esfuerzos parciales
en el sentido de acelerar la realizacion de tan altos fines—El Señor Curtis,
caballero americano que ha visitado á la República Argentina en 1884, se
dirijió no hace mucho al gobierno de su pátria manifestando con verdadera
sorpresa y franca simpatía cuales eran las conquistas de progreso hechas por
aquel[Pg 149] pais y mencionando que el Jeneral
Julio A. Roca, su actual Presidente, le habia ofrecido otorgar una subvencion
igual á la que dieran los Estados Unidos para sostener una línea de vapores
entre Nueva York y Buenos Aires.—La proposicion le parece estraordinaria por
hacerla una nacion de tres millones de habitantes á otra de cincuenta y cinco
millones.
En Estados Unidos el Congreso se preocupa tambien
con interés de facilitar y ensanchar el comercio jeneral del continente.—Ha
dado el primer paso rebajando las escesivas tarifas de aduana sobre la
introduccion de lanas; y continuará modificándolas para favorecer la
importacion de los demás artículos americanos.—Esta iniciativa será secundada
inmediatamente por todos los gobiernos liberales é ilustrados, que no podrán
desconocer la importancia evidente de una liga económica.—Para señalar el
desenvolvimiento de que es susceptible, solo es necesario recordar un hecho
histórico de estraordinaria elocuencia en el caso presente. La nacion abatida y
humillada cuando la planta de Napoleon 1º penetró en el santuario de Federico
el grande organizó el Zollverein, union aduanera de los Estados alemanes, y
fundó en ella la confederacion de reyes que triunfó en Sedan y constituye el
primer centro político moderno.—Si ese ha sido el resultado de alianzas
formadas en nombre de la monarquía, en paises viejos y en nombre de ideas
caducas, ¿cual no será el que la Providencia le tiene reservado á la
confederacion de los pueblos libres de América formada sobre una base análoga!
[Pg 150]
EPÍLOGO
Las naciones republicanas de América se encuentran,
como hemos visto, impulsadas por su respectivo interés social, político y
económico á seguir una línea de conducta uniforme en sus relaciones con las
otras naciones del mundo. En la corta historia de todos esos paises no hay, á
mi entender, acontecimiento alguno que contrarie de un modo fundamental la
realizacion de tan altos propósitos.
El escritor arjentino Mariano A. Pelliza llama á la
federacion social á todos los pueblos de oríjen español. Apoya sus ideas en los
trabajos anteriores de publicistas distinguidos y cita la opinion de Juan B.
Alberdi, espresada en las siguientes palabras:—«La Europa incoherente,
hetereojénea en poblacion, en lenguas, en creencias, en leyes, en costumbres,
ha podido tener intereses generales y congresos que los arreglen; la América
del Sur, pueblo único por la identidad de todos estos elementos, no ha de poderse
mirar en su grande y majestuosa personalidad, ni tener representantes
generales, á pesar de que posée intereses comunes? La centralizacion americana,
no será obra del Congreso, rigorosamente hablando, porque esta obra está ya
hecha, y su trabajo es debido á la grandeza[Pg 151] del
pueblo español que se produjo él mismo, con todos sus atributos en cada uno y
todos los puntos de la América meridional donde puso su planta.»
Acepto que la obra de la centralizacion americana
está ya hecha, á pesar de no haber alcanzado hasta hoy una solucion práctica;
pero es decir demasiado agregar que ella se debe á la grandeza del pueblo
español, no solo porque, aun bajo el punto de vista etnolójico, la raza
española no predomina en las mismas colonias que sus antecesores fundaron, sino
tambien porque esa centralizacion, provocada por los sentimientos, por las
ideas y por el interés de los ciudadanos, está ya hecha, sí, pero entre ambos continentes.
Además, de la fraternidad humana puede hacerse cuestion de ideas, pero en modo
alguno cuestion de idioma. Sin contar á los Estados Unidos, hemos visto en
Europa realizada la fraternidad suiza en pueblos de idiomas distintos.—No creo,
pues, como el Señor Pelliza que sea necesario fundar en América el gran imperio
social de la raza latina sino el gran imperio social de la democracia; y como
no encuentro antagonismo entre las razas civilizadoras del continente,
considero que el Brasil mismo, cuando las exijencias características del
progreso americano cambien su réjimen gubernativo y lleven á esa hermosa
tierra, donde ya existen las ideas, las costumbres republicanas, se incorporará
tambien á la gran confederacion social que debe formarse en el mundo de Colon.
Al mencionarse la poca afinidad que hay en los[Pg 152] intereses seccionales del estenso territorio
hispano-americano muchos piensan que la naturaleza liga entre sí y á los de la
madre pátria esos intereses; otros hacen estensivo el concepto á todos los
pueblos latinos, europeos y americanos. Si llegara para los pueblos de América
el caso práctico de una alianza política necesaria, y aunque no fuera
indispensable, si la prevision mas elemental la aconsejara, es claro que con
otros pueblos de Europa seria inconducente é impracticable.—Inconducente porque
ningun fin elevado se propondria amalgamando prácticas é ideas retrógadas al
liberalismo americano; impracticable porque lo que es verdaderamente bueno no
puede unirse á lo que es reconocidamente malo.—Señalo á priori esta
distincion porque me dirijo á lectores para quienes esto debe ser
axiomático.—No creo que en América haya muchos hombres eminentes capaces de
decir como el orador hispano: antes soy patriota que republicano.
Es indudable que el beneficio mas inmediato de esta
alianza lo obtendrán los Estados Unidos y la República Argentina puesto que,
dado su clima, allí se dirijirán los emigrantes; pero muy luego y
paulatinamente sino los europeos sus hijos se dirijirán á tierras mas
templadas.—Los descendientes de estos podrán, á su vez sin peligro, poblar los
paises de climas cálidos y esa encantadora rejion andina tan inculta hoy.
Pero ¿como deberá efectuarse esa alianza moral que
ha de dar por resultado la invasion de América por los emigrantes de Europa y
Asia, la favorable[Pg 153] modificacion de las
razas y el desarrollo de las instituciones democráticas con provecho de la
humanidad toda? Armonizando cada dia mas los intereses, las prácticas políticas
y las costumbres. Desde luego será necesario convocar un Congreso internacional
con delegaciones de todas las repúblicas americanas; y siendo, como se ha
dicho, la paz interna y esterna la primera y mas esencial aspiracion del nuevo
mundo, es evidente que para organizar este cuerpo con probabilidades de buen
éxito debe tener facultad: 1º De resolver todo jénero de cuestiones que puedan
suscitarse entre las diversas secciones políticas que acepten el pacto—2º De
dar la señal de alarma, declarando el casus foederis, cuando
peligre en algun concepto la integridad territorial de una ó de todas esas
nacionalidades.—En el primer caso se practica un principio que todas ellas han
aceptado parcialmente y se asegura la buena armonía recíproca; en el segundo se
hace eficaz la alianza y se busca en la fuerza comun la garantía de que no será
alterada la paz continental por la intervencion de poderes estraños.
Para hacer estables y fecundas estas bases
fundamentales será indispensable estudiar los antecedentes históricos que he
mencionado someramente, desde que no se ha comprobado en manera alguna la
inconveniencia de las resoluciones adoptadas en los anteriores Congresos.—En el
órden social y político nada puede contrariar la importancia de continuar, en
lo relativo á derecho internacional privado, los trabajos del Congreso de
Juristas, ni hay obstáculo en realizar la liga intelectual facilitando[Pg 154] la circulacion de impresos, libros y folletos
entre todas las naciones americanas; nada puede oponerse á que se adopten como
leyes los principios tácitamente aceptados sobre el uti possidetis,
el res núllius y la no intervencion, ni á que
todas las nacionalidades representadas en esa Asamblea adopten y proclamen la
doctrina de Monroe. En el órden económico no es imposible uniformar la
lejislacion comercial, las tarifas de aduanas, los pesos, medidas y monedas y
facilitar, coadyuvando á la iniciativa individual realizada en ese sentido, las
comunícaciones internacionales, marítimas y terrestres, tan lentas y difíciles
hoy en América.
Así que comienzen á sentirse los benéficos efectos
de este tribunal social y los pueblos de América conozcan recíprocamente sus
vicios y virtudes; el dia en que la actividad comercial y la sociabilidad
lleven á las masas con la educacion la conciencia de que, como dijo un escritor
francés, hay un punto en el cual se detiene la péndola que oscila entre el
despotismo y la anarquia; aquel en que sepan todos ellos que los Estados Unidos
han encontrado en su hábil mecanismo político ese punto medio, debe necesariamente
iniciarse una evolucion de alta trascendencia.—Todas las repúblicas de oríjen
español y las que se formen en el Imperio del Brasil estudiarán con ahinco y
practicarán con entusiasmo las instituciones federales.—La alianza social se
convertirá entonces en una alianza política, porque la admirable modificacion
que en las teorias de gobierno ha introducido la lejislacion americana
facilita, mas que eso, promueve toda[Pg 155] alianza
formada en nombre de las ideas democráticas, sin que los intereses jenerales
creados en ella choquen en lo mínimo con los intereses locales.—Cuando eso
suceda, la América ¿qué será?—Para el padre de familia, la tíerra de promision
que á él y á sus descendientes asegure el bienestar material; para el
ciudadano, la pátria próspera y fuerte que imponiendo todos los deberes
garantize el ejercicio de todos los derechos; para el hombre, el centro de una
civilizacion poderosa donde aparecerán los Fulton, los Morse, los Edison y muy
pocos inventores de máquinas de guerra, porque en el lema de su estandarte se
encontrará siempre un anatema para todo lo que destruye y un estímulo fecundo
para todo lo que crea.
Nota del transcriptor.
· La ortografía y la acentuación de algunas palabras
pueden variar de los convenios modernos.
· Algunas palabras no se acentúan consistentemente en
el texto original. Con la excepción de «Capítulo», se han dejado como aparecen
en el texto impreso.
· El autor de la cita que abre la introducción es más
comúnmente conocido como J. J. *Rousseau*.
· A continuación se han cambiado desde la edición
impresa de este texto:
o He mudado de la tabla de contenidos (‘ÍNDICE’) al
comienzo del libro desde la parte posterior.
o Estados Unidos fue escrito con guion unas veces,
otras veces no. He cambiado todas las instancias que se escribe sin un guion.
Así con Nueva York.
o Algunos puntos finales faltantes fueron insertados
en los extremos de las oraciones.
o Algunas instancias de «Señor» fueron capitalizados
por coherencia.
o Capítulo IV, «Intervenciones», fue etiquetado por error como el capítulo V; lo
he re-etiquetado en consecuencia.
o Algunos de los valores monetarios en el Capítulo XI se indican en el texto con el S superpuesta y el símbolo P. Ese símbolo
no está disponible en Unicode, por lo que he recurrido al uso del regular
símbolo $.
o Además, he corregido lo siguiente:
|
y |
→ |
Y |
||
|
proctecion |
→ |
proteccion |
||
|
albitral |
→ |
arbitral |
||
|
unavez |
→ |
una vez |
||
|
confnudieron |
→ |
confundieron |
||
|
efeto |
→ |
efecto |
||
|
llamad s |
→ |
llamadas |
||
|
posision |
→ |
posicion |
||
|
lstmo |
→ |
Istmo |
||
|
insurrccion |
→ |
insurreccion |
||
|
eesesivamente |
→ |
escesivamente |
||
|
siemre |
→ |
siempre |
||
|
tíene |
→ |
tiene |
End of the Project Gutenberg EBook of Política
americana, by Alejandro Calvo
*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK POLÍTICA
AMERICANA ***

