Libro N° 9613. Sin Luchar Y Romper Con El Imperialismo, El Oportunismo Y El Revisionismo, La Causa De La Revolución No Puede Ser Llevada Hacia Adelante. Kapo, Hysni.
© Libro N° 9613. Sin Luchar Y Romper Con El
Imperialismo, El Oportunismo Y El Revisionismo, La Causa De La Revolución No
Puede Ser Llevada Hacia Adelante. Kapo, Hysni. Emancipación. Febrero 19
de 2022.
Título original: © Sin Luchar Y Romper Con El Imperialismo, El
Oportunismo Y El Revisionismo, La Causa De La Revolución No Puede Ser Llevada
Hacia Adelante. Hysni Kapo
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Original: © Sin Luchar Y Romper Con El Imperialismo, El Oportunismo Y El
Revisionismo, La Causa De La Revolución No Puede Ser Llevada Hacia Adelante.
Hysni Kapo
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Miranda
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Hysni Kapo
Hysni Kapo
Hysni Kapo
Sin luchar y romper con el imperialismo, el
oportunismo y el revisionismo, la causa de la revolución no puede ser llevada
hacia adelante
(Fragmento de discurso pronunciado en la Reunión
Celebratoria por el 60 Aniversario de la Grán Revolución Socialista de Octubre)
Fuente del texto: Tomado de Hysni Kapo, The Ideas of
the October Revolution are Defended and Carried Forward in Struggle Against
Modern Revisionism, Casa editora «8 Nëntori», Tirana, 1977. El
folleto consiste de las palabras pronunciadas por Hysni Kapo el 7 de noviembre
de 1977 en la Reunión Celebratoria por el 60 Aniversario de la Grán Revolución
Socialista de Octubre. Esta porción corresponde a la tercera parte del texto
(págs. 28 a 41).
Traducción: Del inglés al castellano por Tiempos
Rojos, quien lo
pubicó como "Sin luchar y romper con el imperialismo, el oportunismo y el
revisionismo, la causa de la revolución no puede ser llevada hacia delante" el 6 de septiembre de 2014.
Esta edición electrónica: Marxists Internet Archive, enero de
2017.
Camaradas,
La actual situación mundial está cargada de
revolución. La profunda e integral crisis contemporánea, que ha golpeado
duramente a todo el sistema capitalista-revisionista internacional, ha agravado
aún más todas las grandes contradicciones de nuestra época. Las condiciones
objetivas para la revolución maduran con cada día que pasa. La efervescencia
revolucionaria se ha extendido por todos los continentes, el caldero de la
historia está en plena ebullición, preparando grandes arrebatos y sacudidas.
Con cada día que pasa la vida demuestra la exactitud de la apreciación
marxista-leninista que ha hecho el camarada Enver Hoxha sobre la situación
internacional en el VII Congreso del PTA, cuando subrayó que «el mundo se
encuentra en una fase en que la causa de la revolución y de la liberación
nacional de los pueblos no es solamente una aspiración y perspectiva, sino
también un problema planteado que espera solución».
El imperialismo y el social-imperialismo, la
burguesía y la reacción internacionales, la socialdemocracia, el viejo y el
nuevo revisionismo modernos, los oportunistas y renegados de todos los matices,
todos han dispuesto como su causa y actuar común estrangular y acabar con la
revolución, desviar la lucha de liberación de los pueblos del camino correcto y
acabar con ella, no permitir la realización de una auténtica estrategia
revolucionaria.
El imperialismo y el social-imperialismo, todas
estas fuerzas oscuras que han causado tantas calamidades al proletariado, a los
pueblos y a la humanidad entera, deben ser combatidos con resolución, sin la
menor vacilación, porque sólo el camino de la lucha llevará al proletariado y a
los pueblos amantes de la libertad y el progreso a la realización de sus
aspiraciones, sólo la lucha resuelta borrará de la historia de una vez y para
siempre las fuerzas oscuras de la reacción y la opresión y llevará a los trabajadores
y a los pueblos a la victoria final. Toda actitud ambigua hacia esta gran causa
es letal. Todo lema agradable para luchar contra un grupo de enemigos,
confiando en el otro, como los que pronuncian en la actualidad los oportunistas
y los renegados, no sirve a la causa del proletariado y los pueblos, mas sólo
sirve a los enemigos de la revolución. El Partido del Trabajo de Albania
siempre ha adoptado una posición de depuración hacia tales predicas
anti-marxistas.
Como declaró el camarada Enver Hoxha en el VII
Congreso del Partido, «nuestro Partido sostiene la tesis de que las
superpotencias tanto cuando trabajan conjuntamente como cuando se pelean, otros
son los que pagan la cuenta. La confabulación y la rivalidad entre las
superpotencias son dos lados de una realidad contradictoria, una expresión
significativa de la misma estrategia imperialista para privar a los pueblos de
su libertad y dominar el mundo. Representan el mismo peligro, por lo tanto las
dos superpotencias son las principales y más grandes enemigas de los pueblos.
Por eso, nunca se debe confiar en un imperialismo para luchar o escaparse del
otro». La actitud hacia las superpotencias es una línea de demarcación que
divide a los revolucionarios de los reaccionarios y los traidores de todo
matiz.
Los revisionistas modernos, viejos y nuevos, de
cualquier matiz que sean, compiten para ganar la confianza del imperialismo y
la burguesía internacional, sobre todo del imperialismo norteamericano, así
como del social- imperialismo soviético, acabar con la revolución y la lucha de
liberación de los pueblos. Las fuerzas revolucionarias tendrán que enfrentarse
en una guerra feroz con las retrogradas fuerzas contrarrevolucionarias, tendrán
que luchar como nunca para exponer y romper las teorías reaccionarias y las
predicas fraudulentas de los revisionistas, los renegados y traidores. Esta es
una tarea de vital importancia que se encuentra a la orden del día para los
partidos marxista-leninistas, el proletariado y los pueblos para llevar
adelante la gran causa de la revolución en el mundo. Las palabras de Lenin
acerca de que sin una lucha resuelta, despiadada, en toda la línea contra los
«partidos obreros burgueses”, contra la tendencia oportunista, uno no puede
hablar ni de lucha contra el imperialismo, ni de marxismo, ni de movimiento
obrero socialista; de que la lucha contra el imperialismo, si no está
estrechamente relacionada con la lucha contra el oportunismo, se convierte en
un frase vacía y falsa, suenan más actuales que nunca.
¿Acaso la preparación y el triunfo de la Revolución
de octubre, que, como es sabido, se hizo posible gracias a la ininterrumpida y
despiadada larga lucha de Lenin y sus discípulos contra el oportunismo ruso y
el internacional, la Segunda Internacional, no testifican esta luminosa
enseñanza de Lenin?
El triunfo de la Gran Revolución Socialista de
Octubre no fue únicamente el triunfo del proletariado sobre la burguesía, de la
dictadura del proletariado sobre la dictadura de la burguesía, de las
relaciones socialistas sobre las relaciones capitalistas, sino que marcó al
mismo tiempo, como lo indicó José Stalin, «el triunfo del marxismo sobre el
reformismo, el triunfo del leninismo sobre el socialdemocratismo, el triunfo de
la III Internacional sobre la II Internacional”. La Revolución de Octubre representó
una gran victoria ideológica sobre el oportunismo y el revisionismo de ese
tiempo, que, como el oportunismo y el revisionismo de nuestros días, apuntaba a
sabotear la revolución, a salvar la burguesía y a perpetuar el capitalismo.
Toda la podredumbre del oportunismo y la traición
de la Segunda Internacional fueron expuestas durante los años de la Primera
Guerra Mundial, cuando sus jefes se alinearon abiertamente con la burguesía en
la predatoria guerra inter- imperialista, bajo el lema fraudulento de la
«defensa de la patria”. El gran Lenin trazó una clara frontera con los diversos
oportunistas, con los mencheviques y liquidadores, con Bernstein, Kautsky, etc.
Esta enseñanza vital del gran Lenin es vigente para todos los marxista-leninistas,
en donde sea que luchen. Sin trazar una clara línea de demarcación con los
oportunistas, liquidadores, revisionistas y renegados de cualquier matiz, no se
puede hablar del derrocamiento de la burguesía y la victoria del proletariado,
no se puede hablar del triunfo de la revolución.
Rechazando los conceptos antimarxistas de los
oportunistas de la Segunda Internacional sobre el imperialismo como un
crecimiento espontáneo del capitalismo al socialismo, o sobre el
«ultraimperialismo” como un nuevo período «de desarrollo pacífico” sin derrocamientos
ni conflictos, Lenin fundamentó que el imperialismo es la fase superior y
última del capitalismo y la víspera de la revolución social proletaria.
Fundamentó que el imperialismo agrava en un punto culminante todas las
contradicciones del capitalismo y coloca la revolución a la orden del día.
Agudiza de un modo sin precedentes la contradicción entre el trabajo y el
capital y afronta a la clase obrera directamente con la indispensabilidad de la
revolución armada para el derrocamiento de la burguesía. El imperialismo agrava
considerablemente la contradicción entre un puñado de poderosos estados
capitalistas y las cien millones de personas de los países coloniales y
dependientes, instiga su rebeldía y su lucha por la liberación del yugo
imperialista, transformando estas regiones de reservas del imperialismo en
reservas de la revolución proletaria mundial. En la etapa del imperialismo,
junto con la contradicción entre socialismo y capitalismo, las contradicciones
entre los grupos monopolistas y las potencias imperialistas por las materias
primas y los mercados, por las esferas de influencia y el nuevo reparto del
mundo alcanzan una gravedad sin precedentes, algo que conduce a las predatorias
guerras imperialistas y hace inevitable la unión de la revolución proletaria en
las metrópolis con la revolución colonial de los pueblos oprimidos en un frente
único de revolución contra el frente imperialista mundial.
Este análisis de clase realizado por Lenin y su
tesis sobre el imperialismo conservan completamente su vigencia e importancia
en la actualidad. Los revolucionarios genuinos han confiado y confían hoy en
ellas para establecer su estrategia. Las predicas de los oportunistas y pseudo-
marxistas de cualquier matiz, que distorsionan las grandes contradicciones de
nuestra época y eliminan la revolución de la orden del día, que colocan en el
centro de su estrategia la unidad con uno o algunos imperialistas contra otro,
se asemejan a las de los “héroes” de la Segunda Internacional expuestos por
Lenin.
Actualmente existe gente que, enmascarándose con
lemas “marxistas” y manipulando con citas sacadas de contexto, construye
“nuevas” teorías y habla de todos los temas, excepto de la revolución;
recomienda todo al proletariado, incluso el estudio del marxismo-leninismo,
excepto alzarse en revolución. A esta gente le encaja perfectamente las
palabras de Lenin, quien escribió: “El oportunismo franco, que provoca la
repulsa inmediata de la masa obrera, no es tan peligroso ni perjudicial como
esta teoría del justo medio, que exculpa con palabras marxistas la práctica del
oportunismo, que trata de demostrar con una serie de sofismas lo inoportuno de
las acciones revolucionarias, etc.” [1]. Esta gente jura por todos sus dioses
su lealtad al marxismo-leninismo, pero ellos, como dijo Lenin en su tiempo,
“olvidan, relegan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de
esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan
lo que es o parece ser aceptable para la burguesía.” [2].
Lenin y los bolcheviques se opusieron a la
demagogia de los jefes oportunistas de la Segunda Internacional sobre “la
defensa de la patria” en la guerra inter-imperialista, que pone a los
trabajadores de distintos países el uno contra el otro y los convierte en carne
de cañón para los intereses predatorios de la burguesía, con el lema
revolucionario: el levantamiento del proletariado de cada país beligerante
contra «su” propia burguesía, la transformación de la guerra imperialista en
guerra civil para el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de la
dictadura del proletariado. Contrariamente a las predicas social- chovinistas
de los jefes renegados de la Segunda Internacional, que llamaban al
proletariado a unirse a «su” propia burguesía, Lenin y los bolcheviques
liderados por él, subordinaron la explotación de las contradicciones inter-
imperialistas a la causa del triunfo de la revolución. Las predicas
anti-marxistas de los partidarios de la «teoría de los tres mundos”, que llaman
al proletariado a que se una con «su” propia burguesía en nombre de la lucha
por la defensa de la independencia nacional del [peligro que representa] una
superpotencia, renunciando a la revolución, son idénticas a las tesis
social-chovinistas de la Segunda Internacional.
La estrategia de Lenin y los bolcheviques, que a
través de las distintas etapas de la revolución rusa, condujeron, a fin de
cuentas, al triunfo histórico del Gran Octubre, fue una estrategia de
revolución. Preparando al partido, la clase obrera y sus aliados para la
revolución, Lenin rechazó los dogmas oportunistas de la Segunda Internacional
que sostenían que la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista
están indispensablemente separadas por un largo periodo de dominio de la
burguesía y de desarrollo del capitalismo. Elaboró una teoría científica acerca
de la revolución democrático-burguesa dirigida por el proletariado como una
etapa intermedia para la rápida transición a la revolución socialista y el
establecimiento de la dictadura del proletariado. Pero hoy, después de que los
revisionistas soviéticos, quienes, mediante la proclamación del «camino
no-capitalista de desarrollo” respecto a los antiguos países coloniales y
dependientes, nieguen la necesidad de la revolución socialista en aquellos
países, han surgido otros predicadores que, siguiendo los pasos de la Segunda
Internacional, separan con un profundo abismo la lucha por la independencia
nacional de la lucha por el socialismo y hacen un gran alboroto afirmando que
si se habla de las perspectivas de la revolución proletaria en los países del
llamado «tercer mundo”, esto es supuestamente blanquismo, trotskismo y saltarse
las etapas. El objetivo de estos nuevos oportunistas es negar el papel
principal del proletariado en la revolución antiimperialista, desviar a los
pueblos de estos países de la lucha contra la burguesía y los regímenes
reaccionarios pro-imperialistas, extinguir en estos países la lucha contra el
imperialismo norteamericano y las otras potencias imperialistas Occidentales en
favor de la alianza con estas fuerzas contrarrevolucionarias, como hoy predican
estos oportunistas.
El leninismo y la Revolución de octubre pusieron un
fin a los dogmas de la Segunda Internacional, que trató la cuestión nacional en
los países dependientes como una cuestión de segunda importancia en la llamada
«autonomía cultural” dentro de los estados capitalistas y que justificó la
explotación colonial de los pueblos oprimidos por el imperialismo. Lenin
demostró que la cuestión nacional sólo puede ser resuelta completamente sobre
la base de la revolución proletaria, que la lucha revolucionaria de los pueblos
oprimidos contra el imperialismo es el único camino hacia su liberación de la
opresión y explotación, que esta lucha constituye una aliada natural y una
poderosa reserva de la revolución proletaria internacional. Lenin y Stalin nos
enseñan que los intereses del movimiento proletario en las metrópolis y el
movimiento de liberación nacional en las colonias exigen la unión de estas dos
corrientes del movimiento revolucionario en un frente revolucionario único para
el derrocamiento del capitalismo y el imperialismo mundial, bajo la dirección
del proletariado. Nos enseñan que el proletariado de los países imperialistas
debe dar su completo apoyo a esta lucha, alzándose resueltamente contra la
opresión y la explotación de los otros pueblos por «su” propia burguesía
imperialista. También nos enseñan que los comunistas no apoyan todo movimiento
nacional en los países oprimidos, sino sólo aquellos movimientos que realmente
están dirigidos contra el imperialismo y que establecen las premisas para el
desarrollo de la revolución social del proletariado. Los que bajo el pretexto
de la lucha contra las dos superpotencias o una de ellas, apoyan a las fuerzas
más reaccionarias de la burguesía en los antiguos países coloniales y
semicoloniales y que bendicen la explotación de estos países por varias
potencias imperialistas para crear un llamado «frente mundial único” contra el
social-imperialismo soviético, no tienen nada en común con aquellas enseñanzas
del gran Lenin.
Lenin rechazó las ilusiones reformistas,
parlamentarias y legalistas propagadas por los oportunistas de la Segunda
Internacional para acabar con la revolución. Está claro para los
marxista-leninistas que sin romper con estos oportunistas y estas «teorías” y
prácticas contrarrevolucionarias, la victoria de la Gran Revolución Socialista
de octubre en 1917 habría sido imposible. Hoy, los revisionistas modernos,
desde los soviéticos y yugoslavos a los «eurocomunistas”, han alzado la
harapienta bandera del «cretinismo parlamentario”, del reformismo y el
legalismo burgués. Pero [lo cierto es que] todos los que predican la alianza
con la burguesía del país para oponerse supuestamente a las superpotencias se
sitúan, prácticamente, en posiciones del legalismo burgués, en posiciones
antimarxistas.
Así como en el pasado, hoy también los
revisionistas y los oportunistas, bajo distintos pretextos, se caracterizan por
la negación de la revolución. La historia del movimiento obrero internacional
demuestra que los revisionistas y los oportunistas de todo matiz nunca han
estado y ni están interesados en los destinos de la revolución. No «teorizan”
para realizar la revolución, sino para sabotear y revertir la revolución,
luchan para conservar intactos el capitalismo y la burguesía.
Cuando los oportunistas y los revisionistas
modernos propagan toda clase de teorías sobre las «condiciones actuales”,
acerca de los «cambios” que han ocurrido en el mundo actual, lo hacen
engañosamente para cubrir su traición, predicando «nuevos caminos hacia el
socialismo”. Cuando atacan el «dogmatismo”, con el que relacionan las
enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo, no se preocupan en absoluto
sobre la cuestión de la revolución; al contrario, hacen esto para salir en
auxilio de la burguesía y así prevenir la revolución, minarla.
Cuando los jruschovistas, titoistas, togliattistas
y demás revisionistas en un coro conjunto atacaron a Stalin, acusándole del
«culto a la personalidad”, de la «violación del derecho socialista”, de
«errores”, etc., lo hicieron para luchar contra el marxismo-leninismo, porque
eran bien conscientes de que Stalin, como discípulo y compañero de lucha de
Lenin y como continuador digno de la causa por la cual Lenin luchó, era el
defensor más ardiente y el ejecutor más leal de la doctrina del
marxismo-leninismo; lo hicieron con el objetivo de denigrar la lucha que Stalin
había emprendido en defensa de la pureza del marxismo- leninismo de las
falsificaciones oportunistas de los viejos y nuevos revisionistas. Atacando a
Stalin, todos los renegados y los traidores al marxismo-leninismo han tenido y
tienen como su objetivo deponer el Leninismo, rechazar las grandes ideas y
enseñanzas de la Revolución de Octubre. En lugar de la revolución, en lugar de
la lucha por el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de la
dictadura del proletariado, en lugar de la senda de octubre, estos señores
predican y elogian por los cielos el infame «camino pacífico”, que hoy es la
forma más vulgar del abandono de la revolución.
La cuadrilla revisionista de Jruschov y Brezhnev en
la Unión Soviética y todos sus seguidores, dondequiera que estén, hacen un gran
estruendo por la llamada coexistencia pacífica, que, en completa oposición a
las enseñanzas de Lenin, es presentada por ellos como el «camino general de la
victoria del socialismo a escala mundial” y como la «línea general del
movimiento comunista internacional”. Con esta «teoría” estos renegados
pretenden abandonar la lucha de clases, desean minar la revolución, abrir el camino
hacia su expansión imperialista.
Los otros revisionistas, los partidarios del
«eurocomunismo”, que han degenerado completamente en la estrechez de mente
socialdemócrata, se alzan furiosamente contra la revolución violenta y la
dictadura del proletariado, saliendo abiertamente con las tesis antimarxistas
del camino «democrático”, reformista, del «compromiso histórico” con los
partidos de la burguesía y hasta con el Vaticano, la policía burguesa y el
ejército, predicando «socialismos” de todos los colores, excepto el proletario,
e intentando con todos los medios y maneras posibles rechazar la experiencia
histórica de la Revolución de Octubre.
La teoría anti-leninista y contrarrevolucionaria de
los «tres mundos” también tiene el mismo objetivo: la extinción de la
revolución y la preservación del status quo del régimen capitalista. Defender
la teoría de los «tres mundos” significa convertirse en un defensor de los
intereses del imperialismo dirigido por los EE.UU., la burguesía y la reacción
internacional. Los portadores de esta teoría antimarxista especulan con la
causa de la lucha por la independencia nacional, la separan de la causa del triunfo
de la revolución y la utilizan para justificar su política pragmática de
alianzas sin principios con el imperialismo norteamericano y con las otras
potencias imperialistas o con distintas fuerzas reaccionarias.
Pero la historia ha demostrado y demuestra que sólo
leninista de la revolución, la Gran Revolución Socialista de Octubre se realizó
con éxito y, según sus enseñanzas, la revolución triunfó en varios países de
Europa y Asia. Actualmente también está siendo probada por la historia la
falsedad de las teorías revisionistas, que claman sobre «nuevos caminos en
conformidad con las condiciones actuales» para presuntamente llegar al
socialismo, porque la revolución y el socialismo no han triunfado en ningún país
mediante estos caminos. Al contrario, estas «teorías» alzaron al revisionismo,
el arma más sofisticada de la burguesía para sabotear y minar el movimiento
revolucionario y el socialismo, allanaron el camino para la contrarrevolución y
la restauración de capitalismo.
En su tiempo el gran Lenin luchó con determinación
contra la traición de la Segunda Internacional y, en lucha despiadada contra
ella, defendió las ideas revolucionarias de Marx de la deformación
socialdemócrata y las desarrolló en las nuevas condiciones históricas. Esta no
fue una polémica académica, sino una necesidad imperiosa para llevar adelante
la causa de la revolución. Hoy también los marxista-leninistas genuinos
consideran como un deber revolucionario de primer orden la defensa del
leninismo de toda deformación de los revisionistas modernos, ya sean
jruschovistas, titoistas, «eurocomunistas» u oportunistas de cualquier especie
y matiz. Esta lucha es actualmente una necesidad imperiosa por la causa de la
revolución así como lo fue en el momento de Lenin.
El revisionismo sigue siendo el principal peligro
para el movimiento revolucionario mundial contemporáneo. Todas las teorías
revisionistas que circulan hoy en el mundo sirven a la burguesía internacional
y al imperialismo. Éstas no sólo son irreconciliables con el marxismo-leninismo
y el internacionalismo proletario, sino que, visto de primera mano, representan
teorías inspiradas por un marcado nacionalismo burgués de carácter chovinista
de gran nación o por los intereses estrechos de «su» propia burguesía nacional.
_______________________________
Notas
[1] Lenin, “La bancarrota de la II Internacional”.
[2] Lenin, “El Estado y la revolución”

