Libro N° 9576. El Libro De La Plata. Vicuña Mackenna, Benjamín.
© Libro N° 9576. El Libro De La Plata. Vicuña Mackenna, Benjamín. Emancipación.
Febrero 12 de 2022.
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EL LIBRO DE LA PLATA
Benjamín Vicuña Mackenna
El Libro De La Plata
Benjamín Vicuña Mackenna
CONTENIDO
Advertencia
I. Las minas de plata de la cordillera nevada
II. Las primicias argentíferas de Copiapó
III. Agua amarga
IV. Los ingleses en Chile, (1820-1825)
V. Arqueros
VI. Chañarcillo
VII. La geología y la producción de Chañarcillo
VIII. La edad de la plata en Atacama
IX. Los mineros del norte
X. Los "derroteros" y los ardides del desierto
XI. Tres puntas y El Chimbero
XII. El Desierto de Atacama sus primeros exploradores
XIII. El despoblado de Atacama
XIV. Caracoles
XV. La vida y la explotación mineralógica de Caracoles
XVI. La Florida
XVII. Las Minas de Plata- de la Región Central
XVIII. Las Condes
XIX. La estadística de la riqueza metalífera de chile en el siglo XIX
XX. Influencia de los descubrimientos de plata en el progreso y
civilización de Chile
XXI. Las minas de plata de Bolivia y de la República Argentina
XXII. Las minas de plata del Perú y las de Méjico
XXIII. Las minas de plata de Nevada
XXIV. Cachinal de la Sierra
Don José Santos Ossa, Explorador Del Desierto
A la grata memoria de mi inolvidable amigo don José Santos Ossa, quien nació y
vivió, exploró y trabajó cuarenta años en el solitario inmenso desierto, y
murió en el ancho mar de Chile, siempre trabajando, siempre explorando, siempre
ambicionando poder, gloria y fortuna para su patria, deidad del alma, que,
junto con sus hijos, fue su guía y su santuario.
Benjamín Vicuña Mackenna.
Santiago, junio de 1882.
Advertencia
El presente libro no es un trabajo de ocasión (aunque lo parezca), si
bien pudiera ser benévolamente considerado un libro de provecho, como su
antecesor en los moldes de la imprenta:—La edad del oro en Chile, del cual es
gemelo.
Concebido y anunciado en pos de aquél y mucho antes que del fondo de las
ardientes entrañas del desierto y del ajio saliera a la superficie de la tierra
y de los negocios la fiebre argentífera que ha agitado en estos últimos días al
país, a la postre de la fiebre del oro,—la fiebre blanca después de la fiebre
amarilla,—sus demostraciones históricas recogidas de antemano con afán solícito
y sus datos fielmente comprobados pueden servir de eficaz calmante a la
dolencia, de guía conductora trabajos poderosos, como los emprendidos en Nevada
por los hombres del Norte, o siquiera de cimiento a la especulación científica,
tranquila y honrada propia de todos los pueblos laboriosos, de las comunidades
circunspectas, que no se dejan dominar por el arrebato deslumbrador y muchas
veces funesto de las falsas quimeras de la codicia.
La estructura y el material de un libro de esa manera ideado y
compaginado, no parecerán acaso tan vastos como los del que le ha precedido,
porque la «EDAD DE LA PLATA» es comparativamente moderna y casi contemporánea
de la generación que todavía piensa y trabaja, emprende y produce en nuestro
suelo.
Mas, por lo mismo, la historia de todos los grandes descubrimientos que
dentro de las lindes del presente siglo, próximo ya a extinguirse, han
contribuido tan poderosamente a enriquecer y transformar nuestro afortunado
país, ofrecerá, es- tamos ciertos de ello, un interés sano y un atractivo casi
dramático que alentará al capitalista y al cateador, al hombre de estado y al
industrial, a perseverar en un camino que hasta hoy ha sido el de la fortuna
para muchos hogares, y el de la abundancia y el prestigio para la república.
En este sentido, y tanto en el actual como en anteriores libros, ya no
poco numerosos, nos esforzaremos por no decir sino lo que es verdadero y
comprobado, huyendo de toda exageración peligrosa y evitando los escollos y la
responsabilidad de arrastrar al lector, ni aun al través de los falaces prismas
del estilo, hacia las orillas engañosas de las riquezas adquiridas en una hora,
por un golpe de la yaucana en el farellón de los cerros o por el traspaso de
una mano a otra de un rollo de papeles.
Todo lo contrario. Porque este libro será una lección viva de que solo
la inteligencia sobria, la honradez constante y el trabajo que doma y
persevera, han sido coronados a la larga por éxito duradero, desapareciendo
todo lo demás como el humo del desierto al rededor de los descubridores
casuales y de los especuladores de ocasión.
Por fortuna no nos será difícil llegar a aquel benéfico resultado, y
desde el descubrimiento de Agua Amarga en 1811 por el indio «Chamblao», que en
1853 trabajaba de minero apir en Copiapó, hasta el de Caracoles, la Florida y
Cachinal, habrá probablemente ancho campo para dejar establecido lo que aquí
consignamos y perseguimos.
Y a este fin, vamos a apuntar brevemente en seguida cuáles han sido, en
el curso de la laboriosa existencia de este país-colmena, los grandes
descubrimientos argentíferos y los principales datos y orígenes que nos han
servido para sacarlos a luz con suficiente acopio de estudio y de verdad. De
esa manera el lector se formará más fácil concepción del plan y objeto de esta
obra, sin necesidad de fatigar su espíritu con elaboradas frases de programa y
de prefacio.
Naturalmente señalaremos solo aquellos descubrimientos y faenas de
importancia histórica, más o menos permanente y colectiva, que es a lo que
exclusivamente se halla consagrado el presente trabajo, y en la forma
siguiente:
· Mineral de San Pedro Nolasco y San Juan de la
Sierra descubierto en 1692. Para dar a conocer este asiento de minas de plata
contiguo a la capital y en las primeras corridas de la cordillera de los Andes,
disponemos de algunos documentos antiguos encontrados en el archivo de Indias,
especialmente de una carta al rey de España escrita en Concepción el año de
1713 por el padre franciscano Bernardino de Soto Aguilar.
· Mineral de Huspallata. — Libro
de actas del juzgado de comercio y libro de acuerdo de la diputación de minas
de Santiago. — Expedientes antiguos sobre la recogida de la moneda circulante
en Chile a mediados del siglo XVII y actas de la constitución de la primera
sociedad minera organizada en el país en la medianía del siglo XVIII.
· Mineral de Agua Amarga. — Datos
de la Aurora de Chile y del viajero francés Mellet que lo visitó en 1815.
· Arqueros (1825). — Datos
de la familia Subercaseaux, heredera de su primer propietario don Ramón
Subercaseaux, y de los viajes del navegante Lafond de Lurey, que se halló en
todo el auge del descubrimiento.
· Chañarcillo (1832). — Datos
inéditos y autógrafos escritos por el copiapino don José Joaquín Vallejos,
además de los muy importantes que sobre los descubrimientos del norte contiene
la interesante crónica de Copiapó escrita por don Carlos María Sayago.
· Tres Puntas (1848). — Relaciones
de contemporáneos y viaje de Philippi al desierto de Atacama en 1853-54. Datos
de los señores Domingo Vega y Antonio Escobar, que fueron testigos y aun
partícipes en aquellos grandes descubrimientos. - Caracoles. —Relaciones
contemporáneas (1871) de su descubridor el señor José Díaz Gana, del jefe de la
expedición cateadora el famoso Méndez (Cangalla). —Estudios de los señores
Domeyko, Pissis, Abásolo, Stuven, Espech. Datos y memorias oficiales sobre la
explotación de las Descubridoras, etc.
· Florida (1873).-— Relación
de nuestro amigo Juan Valdivieso Amor, que como Juez de Letras de Copiapó y en
seguida como animoso industrial, conoció todos los antecedentes de este casual
pero poderoso descubrimiento. Estudios del ingeniero don Enrique Fonseca.
· Las Condes. — Datos
suministrados por los primeros exploradores de la cordillera hace cuarenta años
hasta el presente, y especialmente por los señores F. de P. Pérez, J. A. Tagle
Arrate y Enrique Concha.
· Cachinal (1822). — Datos
comunicados por sus principales exploradores y descubridores. Con esta ligera
exposición de antecedentes entramos en materia animados en nuestra tarea por la
esperanza de hacer algún bien al país y de prestar una mano leal y oportuna a
todos los que hoy, impulsados por noble y sana ambición se lanzan hacia el
desierto de Atacama, es decir, al centro natural, geológico e histórico de
todas las riquezas argentíferas de Chile, en demanda de honrada fortuna.
B. Vicuña Mackenna.
Setiembre 1882.
Capítulo I
Las minas de plata de la cordillera nevada.
Las minas de plata en Chile durante la época incásica, y menosprecio que
se hacía de ellas. —Por qué la edad del oro debía preceder en Chile, como en
California, a la de la plata. —El oro era el tipo único de las transacciones.
—Curiosa recogida de los pesos mocleses de Potosí en 1652, y expedientes a que
esta medida dio lugar en Chile. —Los antiguos buscaban las minas de plata solo
en la cordillera, y cómo la industria de la crianza de muías destinadas a
Potosí, perjudicó la industria minera en Chile. — Lo que significaba «asolear
la plata en cueros». —Las minas de plata de Puigato en tiempo de Pedro Valdivia
y el primer diputado de minas. — Las minas de plata de los pehuenches según el
padre Rosales y las minas de plata de Aconcagua según el padre Ovalle. —Primera
mención de las minas de plata del norte. —Las minas de San Pedro Nolasco según
su descubridor don Pedro Ruiz de Aguirre. —El padre Soto Aguilar las compara a
Potosí en carta a Felipe V., pero el presidente Concha denuncia su esterilidad
por falta de azogue. —Precio y provisión de éste en la América Española. —Las
minas de plata de Chile, a mediados del siglo XVIII según el tesorero
Madariaga. —El último minero de San Pedro Nolasco, y Jotabeche. —Descubrimiento
de las minas de Huspallata en 1738, y formación de la primera sociedad minera,
por acciones, en Chile. —Sus curiosos estatutos y monopolios. —Junto con la
Independencia va a comenzar la edad de la plata en Chile.- Anexo.
I
Chile, una de las zonas más favorecidas con poderosos veneros
argentíferos, si no el más rico de todos los países del Nuevo Mundo, no fué en
la antigüedad un país de plata. El metal existía bajo las mil vanadas y
laboriosas combinaciones que son todavía la maravilla del geólogo y la
laboriosa admiración del químico, pero era desdeñado por el oro. El
conquistador incásico como el conquistador castellano no habían venido a tan
apartado rincón del mundo en demanda de una materia que en aquellos tiempos, delante
del tributo de Atahualpa en Cajamarca y de las paredes del templo del Sol en el
Cuzco, pasaba casi como materia vil y volumosa. El oro era todo, y por esto
hubo en Chile en remotos tiempos solo una «edad del oro». Romaneábase este
metal en las faenas, y para extraerlo del fondo de los esteros o del cascajo de
las laderas se necesitaban solo tres cosas; que oran el indio, el maíz y el
látigo, mientras que el hallazgo de la plata requería investigación y espera, y
su elaboración ciencia y tardanza. En aquel tiempo nadie sabía esperar a las
puertas de la fortuna, cuando el sendero que a ella conducía estiba sembrado de
sus fáciles y opulentísimos tributos.
II
Por otra parte, el oro se trabajaba solo o casi por sí solo. Debido a su
prodigioso esparcimiento por el suelo en su condición íntegra y primitiva,
bastábale al hombre encorvarse para recogerlo, y en ese estado servía de
moneda, de mercadería, de cambio, de tipo de todas las riquezas y aun de todas
las virtudes, porque en aquellos siglos (como en el presente) se decía de quien
fuera limpiamente bueno o codiciable que era “oro en polvo”.
La plata al contrario necesitaba costosos utensilios y más costosa liga.
Nadie sabía extraer su fino sin azogue, y este auxiliar indispensable importaba
casi tanto como la plata (cien y más pesos el quintal), al paso que el hierro
de Vizcaya, único que se traía a America junto con el cinabrio de Almadén,
costaba en el mercado poco menos que la plata fina y cinco o seis veces el
valor del cobre indígena. De aquí el alejamiento universal de los colonos por
las labores de las minas de plata.
III
Bajo un punto de vista puramente comercial, la moneda de plata no sirvió
tampoco, al menos durante los dos primeros siglos de la colonización española,
sino como un medio embarazoso, precario y aun fraudulento para los cambios. El
oro en polvo ei-a el tipo, y por eso todos los contratos de ese tiempo llevaban
estipulado su pago «en buen oro de Andacollo o de Coquimbo.); Los mercaderes de
cuenta guardábanlo por esto, hasta principios del presente siglo en sendos y
trasparentes fraseos de cristal sobre sus mostradores y a la vista de los
transeúntes y de los tratantes, a fin de aquilatar con su vista su crédito o su
opulencia.
En cuanto al oro sellado, es entre nosotros invención tan moderna que
habiendo sido llamado a prestar una declaración, hacia el año de 1640, el
caballero batallador don Pedro Cortés, que a la sazón tenía 60 años, según en
otra ocasión contamos, declaró bajo juramento no conocer los doblones, es
decir, las onzas de oro sellado, sino de oídas.
Por consiguiente, desde que el oro en su forma primitiva servía a todas
las transacciones y aun a las de poca sustancia, la plata se hallaba como
desmonetizada de hecho, a lo cual se agregaba su baja ley y su introducción
fraudulenta, especialmente de Lima y el Tucumán. Y aquí es de oportunidad
recordar que la casa de moneda de Potosí, establecida solo diez y seis años
después de su descubrimiento, esto es, en 1561, al pié de la montaña de plata
que la surtía a sus puertas, no ha fabricado moneda feble solo bajo la
república, sino que desde los primeros años de su plantación abarrotó las
pulperías de Lima, del Tucumán y de Chile con una moneda llamado pesos mocleses,
que en Santiago valían a lo sumo seis reales fuertes y en la ciudad de los
reyes cuatro reales y medio. Dio esto origen a una curiosa recogida de plata
sellada, es decir, de pesos mocleses, ordenada por el virrey conde
de Salvatierra en 1652, la cual no se llevó a cabo por no encontrarse un
fundidor que sacase su ley a los tejos y por las cabalas e intereses opuestos
de los mercaderes o de los hacendados, cuestión de cebo y de cueros de chivatos
en que los primeros acostumbraban estacar a los últimos. [1]
IV
En otro sentido, completamente ignorantes nuestros mayores de los
secretos de la geología, ni se imaginaban siquiera que bajo las tórridas arenas
del desierto septentrional pudiesen existir venas productivas de un metal cuya
formación en las entrañas de los cerros los aborígenes atribulan al albo y frío
fulgor de la luna, en oposición al oro hijo del cálido y amarillento sol. Y por
esto, cuando mas, dábanse a buscar el arranque de algún rico rodado en las
faldas de la cordillera nevada, lo cual no les permitía sino escasa e
intermitente labor bajo las nieves, blanquecinas como la plata. Y esta nueva
circunstancia limitaba la temporada útil de labor a solo cuatro meses en
aquellos inclementes años. De aquí el origen de los minerales de plata de San
Pedro Nolasco y San Juan de la Sierra en el cajón de Maipo a fines del siglo
XVII y del de Huspallata, encontrado en el primer tercio del siglo XVIII en la
vertiente oriental de los Andes, unos y otro de rendimiento comparativamente
escaso, no obstante el rumor lejano y no justificado de imponderable riqueza.
V
Un motivo extraño pero no menos poderoso existía también en Chile para
retardar el advenimiento de la plata hasta una época casi contemporánea. Potosí
había sido descubierto por el indio Gualca ocho años después de la primera
entrada que hizo a Chile en el duro invierno de 1536 el Adelantado don Diego de
Almagro, y solo cuatro años desde que don Pedro de Valdivia fundara la capital
de su reino en el centro de la entonces rica hoya aurífera llamada de
Cancanicagua, o más propiamente, Chilli. Y así, el metal que afluía por
raudales a todas las posesiones españolas, en cambio de cereales, de mitayos y
de mulas, hacia de más pingüe provecho el criar asnos en las selváticas
estancias para formar hatos y piaras, que se trocaban en aquel mineral por su
peso en plata. De lo cual vino que comenzó a extinguirse en Chile la raza de
caballos para la guerra de Arauco, y dio ello margen a que un previsor
presidente de Chile (don Juan de Jara) ordenase la castración universal de los
asnos padres, siguiendo el principio de la degollación de Herodes.
VI
Era, por tanto, la plata mirada casi con desdén por nuestros remotos
abuelos, y así es cierto que aprovechaban la de sus cambios de Potosí en
fabricar su vajilla doméstica, en sustitución de los quebradizos lebrillos y
fuentes de barro de Pomaire y Talagante, no por esto la gran mayoría de sus
pobladores dejaba de considerar el oro como el único metal precioso de su
suelo, y como tal lo servían en salvillas a sus convidados, según afirma
haberlo visto con sus propios ojo el buen padre Ovalle cuando en los comienzos
del segundo siglo de la conquista, era todavía niño.
Ahora, en cuanto a la costumbre de «asolear la plata en cueros», que fué
rango y fausto mucho más moderno, ello solo prueba que no se miraba ese metal
ni con mucho en la estima del oro, guardado en sólidos frascos y en relicarios,
porque manteniéndola de continuo ociosa en las húmedas recámaras, se tomaba
aquella de orín y era preciso extenderla, moneda y vajilla, al sol en cueros de
chivato, de donde vino probablemente el «chivateado»... La plata labrada, en
oposición al oro en polvo, en realidad era más bien una economía que un lujo,
porque hasta que los ingleses introdujeron su barata loza de Java en javas, un
servicio de pedernal (porcelana) valía mucho más que su peso en plata y duraba
cien veces menos. El pedernal era el lujo, la plata casi lo plebeyo.
VII
Esto no obstante, hemos dicho que los descubrimientos de la plata en la
región central y sub-andina de Chile fueron contemporáneos con la conquista,
porque en las primeras actas del cabildo de Santiago se hace mención de las
«minas de plata de Puigato, de cuya ubicación no ha quedado huella, si bien no
debieron distar mucho del asiento de la naciente capital. ¿Hubo por ventura
alguna analogía entre ese nombre y el de Tupungato?
VIII
Y aun en vida de Valdivia, que a todo prestó el aliento de su pujante
inteligencia, el cabildo de Santiago preocupóse del laboreo científico de la
plata, a cuyo fin nombró como junta y casi como un tribunal de minería a un
pobre vecino llamado Antonio Núñez, que era entendido en aquel beneficio.
—«Este día, dice el venerable libro becerro de la Municipalidad de Santiago,
estampando lo ocurrido en la sesión del 5 de agosto de 1550 (cinco años después
del descubrimiento de Potosí), acordaron dichos señores: que por cuanto en esta
ciudad de Santiago no hay ordenanzas por donde se han de regir y
gobernar, por donde las minas de plata que se han descubierto y
que se descubrieren en los términos de esta ciudad, se rijan,
para que no haya pleitos y debates en pedir, y estacas, e poblar, e otras cosas
tocantes a las dichas minas. E porque en esta ciudad hay personas que saben del
caso y experimentados en las dichas minas, por donde se pueden regir. Y porque
Antonio Núñez, vecino de esta ciudad es persona de fidelidad, y sabe del caso y
experimentado y usado en las dichas minas, para que en Dios y en
conciencia haga y ordene las dichas ordenanzas que convienen a las
minas de plata, tomando consejo y parecer de otras personas que asimismo sepan
y alcancen a lo que toca a las dichas minas.»
IX
Prosiguiendo en el curso de los años, de los inviernos y de las
rebeliones el rumbo de las cordilleras, encontrábanse de tiempo en tiempo no
despreciables filones de plata en las faldas y quebradas de aquellos montes,
aun en medio de la tierra de los pehuenches. «Igualmente atesora plata
este Reino, decía en efecto el jesuita Rosales, que escribía sobre estos
particulares a mediados del siglo XVII, en muchas y diversas serranías,
particularmente en los Pegüenches que avitan en la cordillera
hazia Villarica, donde se halló un cerro que por las roturas de los riscos
muestra vetas pasadas de hilos y clavos de plata blanca; la qual han sacado los
indios, y como no la pueden veneficiar, que se les quiebra por estar virgen, no
hazen caso della, y como no saben mezclarla no les aprovecha y no la sacan; y
aunque algunos Españoles a quienes ellos han contado el caso y como ay mucho de
ese metal y que el yerro le es timan mas, porque no se les
resquebraxa, les an pedido que les digan dónde está, que ellos se lo veneficiarán
de modo que no se les quiebre, no an querido mostrarlo. Por los años de 1613 se
descubrieron riquísimas minas de plata y oro en las faldas de la cordillera por
la parte de Cuyo, no lexos de la ciudad de Mendoza; acudieron muchos mineros de
Potosí a labrarlas, dieron al principio mucho oro y grandes esperanzas, pero a
poca profundidad encontraron con manantiales de agua, y por falta de gente para
barrenar la mina y desaguarla desistieron de esta labor. Las minas de Aconcagua
comienzan ahora con tan grandes esperanzas que prometen ser más que
Potosí.» [2]
X
Ni dejaban de aparecer ya por el norte, pero siempre en páramos andinos,
aquellas reventazones que dos siglos más tarde harían de esas desoladas
regiones, si no un jardín, un emporio. «En toda la comarca de la ciudad de la
Serena, escribía, en efecto, el mismo historiador contemporáneo que acabamos de
citar, se labran ricas minas de plata y cada día se descubren
otras nuevas, y las piñas que allí se forjan son muy celebradas por la fineza
del metal. Pero la escasez de la gente y del agua para el beneficio no da lugar
a que de continuo se trabaje.»
XI
Entretanto, y volviendo a la región andina, el primer mineral de plata
de asiento conocido y de fama estable que todavía dura fué el de San Pedro
Nolasco, situado en el cajón de Maipo, veinte leguas al sureste de Santiago y
sobre una alta meseta formada entre los últimos contrafuertes de los Andes que
caen a las haciendas del Tollo y de San Juan de la Sierra.
Muy escasos son los datos auténticos que se conservan de aquel mineral
fundador de la riqueza más vasta, y con la sola excepción de la industria del
cobre, la más saneada de Chile; pero a pesar de la opinión de un fogoso fraile
franciscano que desde su convento de Concepción escribía a Felipe V en 1713
asegurándole que cada veta que en él se elabora más se admira su riqueza», no
parece por el testimonio coetáneo del presidente don José de la Concha (1717)
que su importancia pasara de cierta mediocridad
XII
En los últimos años del siglo XVII había llegado a Chile un español
llamado don Pedro Ruíz; de Aguirre, minero de profesión y cateador de oficio,
que se ejercitó con poco fruto para su bolsa durante treinta años en nuestras
ásperas serranías, hasta que, según un memorial que de él hemos visto, «debe
tenérsele como el descubridor de San Pedro Nolasco y fundador de la mina de las
Animas», la cual después se ha convertido en la del Cristo o cosa parecida.
Aseguraba por su parte el padre Soto Aguilar en la carta ya mencionada,
que los metales de San Pedro Nolasco eran de «negrillos, cobrizos y rosicler»;
pero invocando el testimonio harto más serio de un presidente de Chile, parece
que su ley no pasó nunca de 50 marcos por cajón.
El metal era abundante, como lo son generalmente en las minas de Chile
los de ese rendimiento, pero el minero castellano tenía que luchar con tres
adversarios que hacían en la práctica infructuoso su descubrimiento, a saber:
la nieve, la carencia absoluta de azogue y la escasez de brazos.
Afirmaba, por esto, el presidente Concha en su memoria inédita datada en
Concepción el 15 de diciembre de 1717, que en las minas de San Pedro Nolasco se
trabajaba solo cuatro meses del año, por lo cual, (son sus palabras textuales)
«se logra con dificultad ver una piña della, que se reduce a cuatro platos de
plata que para el servicio de sus casas fabrican sus dueños.» —«Ignórase,
añade, su beneficio, y como el de las minas de oro es más fácil, están en mejor
paraje y es el metal más apetecido, la gente que se dedica a estos trabajos,
acude a ellos y no a los de plata. »
XIII
La dificultad más insuperable con que tropezaba la naciente industria,
era, sin embargo, la carencia de azogue, de cuya indispensable liga, por ese
tiempo, no había una sola libra en las cajas reales de Chile, donde, cuando
enviábanla de Huancavelica o de Almadén, los ministros del Rey guardábanla
junto con el tesoro y vendíanla como tal y con mano codiciosa a los
infortunados mineros del oro y de la plata. Un mercader llamado Diego Durán
había traído por esa época una pequeña partida por su cuenta, probablemente de
las minas de Huancavelica en el Perú, y la vendió con tal provecho que el
Capitán General de Chile solicitaba con ahínco su inmediato suministro,
demandándola a los virreyes y azogueros del Perú. El costo medio del quintal de
esta sustancia tan necesitada como la plata misma era en aquel tiempo de 84 a
90 pesos.
A la verdad, fueron tales las dificultades del beneficio indispensable
de la plata en aquel tiempo, que según el alto funcionario ya citado existían
en las canchas de San Pedro Nolasco en los primeros años del pasado siglo, no
menos de 500 cajones de metal, cubiertos por la nieve, sin rendir ningún
provecho a sus dueños, a virtud de la absoluta escasez de los azogues.
XIV
Mayor obstáculo encontraba todavía la industria de la plata en la
disminución de brazos. El oro y las viruelas habían dado cuenta de casi la
totalidad de los indios de encomienda, y los que hablan escapado al flagelo y a
los mayorales, eran arreados en piño, exactamente como las mulas, a las minas
de Potosí, cuyas heladas cavernas serian de seguro su tumba. Quejábase por esto
al rey el descubridor Ruiz de Aguirre de la falta de mitayos, y
dice que cuando iba a pasar a la «tercera humedad de su trabajo», veíase
detenido por la falta de operarios. Hacíale coro en esta queja amarga y tronaba
contra el ocio de los indios el franciscano Aguilar, quien, como remedio,
escribía colérico a España que se autorizase a la Inquisición para ser único
tribunal y castigo de los indios de encomienda, sin darles derecho de alzada,
ni contra el potro ni contra la hoguera. [3]
XV
Perseveraron estos obstáculos puestos en el camino del minero por la
naturaleza y la escasa ciencia del hombre hasta convertir a San Pedro Nolasco
en una ruina; y hoy mismo en los agrestes valles que rodean la altiplanicie en
que existen enterradas por la nieve y la ignorancia sus bocaminas, consérvase
la tradición de que su último y más opulento propietario en el pasado siglo,
llamado Marcoleta, veíase obligado a conducir sus propias mulas tirando a
través de la nieve una pintada «madrina», provista de sonoro cencerro de plata,
a falta de arrieros que le ayudasen a repechar la áspera cuesta de los Vientos.
Digno de recordarse es también que todos los que han emprendido
restaurar aquellas faenas en los últimos tiempos, como el filántropo Sazié y
los señores Doncelot y Lapostol, todos franceses, no han encontrado allí
propicia fortuna sino el desencanto de un perenne broceo. Y no menos notable
cosa es también que el primer escritor chileno a cuya pluma, tan pintoresca
como incisiva, dcbiéranse los más antiguos derroteros y los primeros escritos
sobre la mineralogía de plata en Chile, el famoso Jotabeche, dedicara su primer
escrito de costumbres, coleccionado por él mismo, al cajón de Maipo y a los
inaccesibles cerros que forman el nudo de San Pedro Nolasco. [4]
XVI
Fué por todo lo que hemos referido tan escaso en lo antiguo y tan
secundario el valor intrínseco de la plata en Chile, por más que los patricios
de Santiago sacasen su vajilla a la resolana del patio de la calle, que el
viajero Frezier, siendo un mineralogista distinguido, no menciona ni una sola
de sus faenas, si bien recorrió (1713) con ojo ávido e inteligente las
quebradas de Tiltil y de Limache en demanda de sus trapiches de oro. Y lo que
es todavía más singular, al dar prolija cuenta de las calidades de este metal
en Copiapó y en el mineral de Capote que lo rendía más puro y obrizo, el
prolijo investigador no menciona una sola vez la plata en la tierra de la
plata.
XVII
Parece, en efecto, que a mediados del siglo pasado los mineros chilenos
habían dado por completo la espalda al beneficio de este metal y que ya no
existía sino la memoria de las antiguas faenas de la cordillera que tanto
entusiasmaron en la medianía del siglo precedente al patriota padre Ovalle. Sin
embargo, hacía el año de 1745, establecida en Chile una delegación del
consulado de Lima y abierto un activo comercio con Buenos Aires por las pampas
de Mendoza y Huspallata, volvió a revivir en los capitalistas de Santiago el
interés por las minas de la cordillera, que hoy ha vuelto a ser en la serranía
de las Condes asiento de monta primordial para la industria.
¡Y cosa curiosa! La rehabilitación ocurrida en 1738 de aquellas minas
durante un siglo abandonadas y cuyos vestigios de hornos, fraguas y
alojamientos va encontrando el viajero moderno en su camino de Mendoza a los
Andes, dio origen a la primera sociedad anónima de Chile, a impulsos del
presidente Amat, que en tolo, y especialmente en la horca y en el arca, fué
hombre de acción.
Reuniéronse, en efecto, a impulso suyo, según un acta del juzgado de
comercio que original tenemos a la vista, el 10 de diciembre de 1755 los
principales capitalistas de Santiago, que en su mayor número eran vizcaínos, es
decir, mineros, y juntaron un fondo de 2.700 pesos, ingente caudal entonces,
que fué suscrito por acciones de a cien pesos, en esta forma:
Con esta base volvieron a reunirse los socios fundadores y los nuevos
allegados el 21 de enero de 1756, y acordaron fundar definitivamente la Sociedad
Minera de Huspallata, que así la denominaremos por su objeto, si bien sus
organizadores descuidaron hoy cosa tan principal cual es el título,
circunstancia que llega a ser la primera, aun antes de descubrir la mina a que
se aplica.
XVIII
Juntáronse en esta memorable reunión todos los magnates de Santiago, los
Larraín, los Infantes, los Cortés Cartavio, los Alcaldes, los Cotapos, los
Lecaros, los Trucíos, los González Blanco y constituyeron su asociación bajo el
punto de partida y de llegada del más estricto e implacable monopolio, pues
estaban prontos la mayor parte de los concurrentes de dicha junta (así lo dice
el acta de compañía que suscribieron) «a poner acciones de a cien pesos los que
fuesen competentes para el fin expresado, con estas condiciones», las cuales
siguen en pos.
Las condiciones eran doce, dos más que los mandamientos de la ley Dios,
y cada una parecía más dura que el bronce de las tablas de la Alianza. Por la
primera, nadie sino la compañía podía vender víveres a los mineros. Por la
segunda, nadie sino la compañía era dueño de hacer habilitaciones ni de
rescatar los metales. El que de esto último fuera osado, caería en comiso, lo
que diese y lo que comprase. La compañía fijaba por sí sola la tarifa de los
víveres y el precio de la plata. Ella nombraba al alcalde de minas, y la
autoridad general no podía decretar levas ni alardes de armas entre los
mineros. Los asociados serian preferidos por el tanto en la venta de toda
estaca minera y podrían comprar directamente el azogue en Lima sin pasar por la
horca caudina de las cajas reales. Ninguna mina podía ser embargada sino sus
productos en las canchas.
Concedíase, además, al gremio de mineros todos los privilegios que las
leyes españolas otorgaban a las corporaciones y, por último, se le atribuía la
enorme facultad de no permitir dentro de su jurisdicción que ningún estante ni
habitante pudiese salir de ella sin un permiso especial, puesto que la gente
minera «era la más ociosa y vagabunda de todo el reino». [5]
XIX
El punto más importante del privilegio consistía, sin embargo, en la
compra directa de los azogues porque, monopolio contra monopolio, los tesoreros
reales vendían aquel metal a diez reales libra, es decir, a 125 pesos el
quintal, sin la destara del «envase y los cordeles».
A la verdad, las minas de Huancavelica que hablan sido descubiertas por
el indio Navincopán en 1564, no producían en 1621, según la Memoria del
príncipe de Esquilache, sino de cuatro a siete mil quintales; y de estos, cinco
mil requería Potosí y setecientos Oruro. El azogue necesitado por todas las
faenas de Chile, especialmente las del oro era, según el virrey Amat, en
cantidad de cuatro mil quintales, por manera que cuando no llegaba buque de
España a Arica con el azogue de Almadén, ocurría una suspensión general y
funesta en los ingenios [6].
XX
No obstante todas las ventajas que les fueron otorgadas, las minas de
Huspallata no prosperaron como era de esperarse, en razón de la lejanía, de la
nieve y de lo que era peor que los hielos, la tiranía de los capitalistas, en
contraposición a la ociosidad de los mineros. —«En las minas de Huspallata,
sitas en la provincia de Cuyo, dice el virrey Amat, cuando iba a entregar el
mando del Perú a su sucesor, no se ha conseguido mayor extracción, no porque
semejantes minas no pueden dar conocidos adelantamientos, sino por defecto de
los trabajadores, que no se dedican a su labor, a que se agrega haber poca
inteligencia en su beneficio. Como consta en el capítulo que trata del azogue
que consume el Reino, V. S. sabe los quintales que tengo remitidos para el referido
efecto, aplicándole al administrador de este ramo el cinco por ciento del
expendio y el dos por ciento de merma.
»E1 quintal de este ingrediente lo vende el Rey a los mineros de Chile a
84 pesos 3 reales. Precisamente por estar esta casa a la dirección y
subordinación de V. S., es consiguiente libre aquellas providencias, que sean
más conformes al real servicio, por lo que no he omitido comunicarle aquellas
noticias, que me han parecido conducentes a su gobierno.»
XXI
Haciendo referencia a este mismo decadente estado de la minería, el
tesorero real don Francisco de Madariaga (que bien lo sabría), se expresaba más
o menos por el mismo tiempo en términos análogos respecto de las minas de la
cordillera nevada en la Memoria Descriptiva que sobre el Reino de Chile
escribió en 1744, relación curiosa que existe en el archivo de la curia de
Santiago, y en la cual dice:
«De minerales de plata no hay duda que abunda la cordillera de ellos por
los muchos rodados que hayan continuamente de este metal los que la transitan,
pero como no hay gente para su trabajo ni quien entienda su beneficio, se sabe
que hallas en abundancia, pero ninguno o pocos las benefician, tanto por estar
sus parajes nevados las tres partes del año cuanto por la poca afición según
las razones dichas, y en este partido no hay descubiertas ningunas.» Pero si
las minas que hemos llamado de la cordillera nevada, a causa de su ubicación,
es decir, las de San Pedro Nolasco y las de Huspallata, estuvieron muy lejos de
corresponder a las esperanzas de sus explotadores, y dieron apenas escaso
pábulo al batiente de la casa de moneda de Santiago, de cuya fundación y
trabajo hemos hecho prolija memoria en otro libro reciente, el adelanto natural
de la colonia comenzaba a atraer, sino los capitales recelosos y egoístas de
los vizcaínos de Santiago, la barreta del cateador del norte y la mirada
inteligente de uno que otro extranjero, portugueses, franceses y aun polacos, a
las regiones volcánicas en que la plata había corrido en subterráneos raudales.
Son estos mismos los que en una corrida o lecho uniforme han ido saliendo al
sol, mediante los hallazgos prodigiosos que se han llamado durante el presente
siglo «Arqueros» y «Agua Amarga», «Chañarcillo» y el «Retamo», «Tres Puntas» y
«Caracoles», la «Florida» y «Cachinal de la Sierra». Fuerza será, en
consecuencia, conduzcamos por la mano al lector y al minero a esos veneros que
han sido la sangre arterial de Chile y el verdadero punto de partida de su
actual prosperidad. Como en California, lavado el oro de la superficie de la
tierra, había comenzado en Chile la edad de la plata después de la edad de los
lavaderos. El desierto de Atacama que, mineralógicamente hablando, empieza en
la quebrada de Arqueros, es el Nevada y el Sonora de la. América del Sur, según
de seguida, y como argumento principal de este libro, vamos a dejarlo
demostrado.
Anexo al capítulo I
Informe de la comisión de mercaderes de Santiago sobre la recogida y
fundición de la moneda de plata adulterada en Potosí correspondiente al año de
1652.
(Inédito)
Los capitanes Jerónimo Pérez Villalón, Manuel Gómez, Manuel de Orrego,
alférez Rodrigo Pereira, personas nombradas por el comercio en el cabildo que
se hizo en 23 de diciembre deste presente año de 1652 en que se leyó una real
provisión del Exmo. señor conde de Salvatierra, virrey del Perú en que manda se
consuma la moneda de a seis reales, según que más largamente consta de dicha
provisión y un auto de los señores desta real Audiencia en que así mesmo manda
se nombrasen quatro personas del comercio (que) dieren su parecer en acuerdo de
hacienda que se hizo en 24 del corriente, como con efecto se hallaran y
acordaran se fundiese luego, habiendo ensayador que supiese darle a las barras
que resultaren de esa moneda para que se contratase con ellas por la ley que
tuviesen y se hiciesen pagas, y de otra manera sería gran confusión por la qual
se pidió se prolongase el tiempo y corriese dicha moneda para que ínterin que
viniese ensayador y alguna moneda nueva, no hiciera falta para el manejo desta
república.
Y habiendo considerado este negocio con más atención y con el reparo que
se debe a tan grandes propuestas que en dicho acuerdo hicieron reconocimos los
daños tan grandes que se siguen a esta república de dilatar esta fundición, por
lo cual es nuestro parecer que luego se consuma dicha moneda de a seis reales
sin dilación alguna, aunque falte ensayador para dichas barras, que conseguido
este negocio se dará forma para todo como es que dichas tales barras vayan con
cuenta y razón a la ciudad de los Reyes y allá, se ensayen, y trayendo
testimonio de la ley que tu- vieren se ajustaran los mercaderes de Lima con los
de esta ciudad, con declaración que estas dichas barras han de correr el riesgo
de mar por los dichos mercaderes que fueren a Lima, por quanto los de esta
ciudad están obligados a hacer sus pagos en esta dicha ciudad y no las han de
arriesgar por su cuenta. Y en quanto a las partidas de la plata de poca
cantidad se compondrán a precios, vendiéndose unos a otros los patacones por
pasta, trocando los resellados de a dos y sencillos por ser así el uso de lima
y de no hacerse luego lo dicha fundición se dará lugar a muchos tratos ilícitos
con mala conciencia, y otros daños muy graves para esta república.
Y lo primero es que la moneda de a seis reales que llaman mocleses irán
escogiendo la mejor los mercaderes que hacen viaje a Lima para llevársela, y la
cobriza y de peor calidad dejaran en la tierra, comprando con ella el sebo y
cordobán y otros géneros deste Reino, habiendo trato con los vecinos
cosecheros, aventajando el precio de dichos géneros y por la endisia del más
valor que se les da no repararan en que sea mala o buena dicha moneda porque no
la quieren para atesorarla sino es para darla a este comercio y esto será
haciendo el trato para darles el sebo para abril y recibirán luego la moneda y
vendrán pagando a este precio en la moneda la que debían pagar en géneros. Los
plazos que este comercio tiene hecho con los de Lima son para mayo y abril y a este
tiempo es cumplido el plazo de los ocho meses y esto comercio se hallará con
toda la plata de mala calidad donde perderá la mitad por medio en ella o lo
segundo loa dichos mercaderes de Lima, viendo que los géneros deste Reino están
subidos, no han de querer emplear los patacones resellados y sencillos viendo
la pérdida considerable que han de tener en ellos por cuya causa se han de
llevar toda la moneda buena resellada y menuda como lo que fuere entrando de el
nuevo cuño, y cuando llegue el tiempo de la fundición no ha de haber patacones
de resello ni sencillos con que quedará la dificultad en pié y no llegará el
caso en la fundición en la cida.
Y lo tercero que corriendo esta mala moneda de a seis reales los
mercaderes alteraran los precios de la ropa, procurando saldar en ella la
pérdida que podrán tener en dicha moneda y por consiguiente subirán los
mantenimientos, que si el carnero vale hoy seis reales procurarán les den 8 con
que sacan libre los 6 reales de el mocles y lo mesmo liaran en los demás
mantenimientos, con que serán siempre los pobres damnificados, y de fundirse
luego no había alteración ninguna en todo lo referido y solos perderán los que
al presente se hallaren con moneda que será poca en cada persona, por estar hoy
repartida la que ay en todas las de esta ciudad, y la pérdida será mayor si
dicha fundición se dilata por venirse a reducir esta plata en menos número de
personas y las más han de ser de este comercio.
El daño más considerable que se sigue de dilatar dicha fundición es que
en sabiendo en el Pirú y en Tucumán que se alarga el uso de la mala moneda,
meterán en este Reino mucha cantidad y de la de peor calidad por quanto en la
ciudad de los Reyes hay muchas personas que han comprado mocleses a 4 reales y
a 4 ½ los más caros, y corriendo en esta ciudad por 6 ganan a 50 por ciento en
dicha moneda trayéndola por empleo y la emplearan en géneros de este Reyno por
precios muy subidos que aunque en ellas no tengan ganancias en el Pirú no les
importa respecto de la que han tenido en dicha moneda. Por todo lo referido y
atendiendo a tan grandes daños, deseosos de que se remedien, es nuestro parecer
que luego, sin ninguna dilación se funda y consuma dicha moneda y en esta
conformidad lo firmamos en esta ciudad de Santiago de Chile en 27 días de
diciembre de 1652 años,. — Jerónimo Pérez Villalón. —Manuel
Gómez.-—Manuel de Orrego . —Rodrigo Pereira.
Sin embargo de sus elaborados y curiosos argumentos los astutos
mercaderes no vencieron a los hacendados ni a los pulperos, porque a
representación del procurador de ciudad don Domingo Corvalán, y probablemente
de la Real Audiencia, el gobernador Acuña y Cabrera mandó continuar la
circulación de los pesos mocleses hasta que llegase de Lima la
plata de columnas, según una provisión librada en el fuerte de Santa Polonia el
8 de julio de 1653.
Capítulo II
Las primicias argentíferas de Copiapó.
Cómo Copiapó debió su origen al oro y no a la plata. —La visita de
Frezier, cuyo viajero ni siquiera menciona este metal. —Primeros
descubrimientos argentíferos de Potrero Grande y el Berraco a principios del
siglo XVIII. —Los mineros Cereceda y Rauna se dirigen a Potosí para aprender el
arte de la amalgamación. — El potosino Garro y sus hijas monjas en el Cuzco
—Los primeros descubridores de la plata en Copiapó son los extranjeros. —El
portugués don Cayetano de Almeida y el polaco Borkoski. —El genovés Gallo
Bocalandro y el francés don Francisco Subercaseaux. —Por qué debe considerarse
al último como el fundador de la minería y refinación de la plata en Copiapó.
—Reseña biográfica de su vida. —Notas que cambia con el presidente Benavides, a
propósito de sus empresas.—Descubre en el mineral del Zapallar la famosa mina
de San Félix, y regalo de piedras que hace al presidente Benavides. —Don Pedro
Arenas descubre la mina de Pampa Larga, y tradiciones que de él ha conservado
Jotabeche —El Pedro Arenas de Garcilazo y el de Pampa Larga. —El año de 1784 es
el verdadero período del nacimiento de la industria minera en Copiapó y
curiosos documentos que de ello se conservan en el archivo de la intendencia.
—La visita del Marqués en Copiapó. —Visita pericial del doctor Martínez de
Mata. —Primera junta de minería y lo que esta pide para adelantar la industria
minera en Copiapó. —Lo que costaba el azogue y la pólvora al infeliz minero.
I
En el capítulo precedente referimos cómo el viajero y eminente ingeniero
francés Frezicr, enviado a la América española por Luis XIV, prevalido de su
título de abuelo de Felipe V y de su famosa frase: ¡Ya no hay Pirineos! visitó
a Chile y especialmente a Copiapó con ojos de lince, por no decir de espía, en
los primeros años del siglo XVIII; y aunque ello parezca hoy por demás extraño,
no menciona aquel perito en ninguna de sus prolijas paginas ni una sola vez la
plata al describir el último pobre, olvidado y solitario distrito.
Hace, al contrario, el sagaz francés memoria larga del oro de Copiapó,
describe sus catorce trapiches por el sistema de buitrón y trae a cuentas hasta
la humilde brea y el azufre que se exportaban para los ingenios, fábricas de
pólvora y refinaciones de la plata en Potosí. Pero aunque iba pisando su muía
los más ricos y variados panizos de la última, no la nombra siquiera. Hubiérase
dicho que el oro capote del Huasco, el más solicitado en Chile después del de
Andacollo, cubriera a la manera de un denso manto las riquezas del porvenir a
fin de exhibirlas de un solo golpe a generaciones y a tiempos más afortunados.
II
Cierto es que en los archivos lugareños de Copiapó, tan hábilmente
explotados por el historiador de la comarca don Carlos María Sayago, se
encuentran algunos denuncios de vetas de plata hechos durante las dos primeras
décadas del pasado siglo, y aun se habla de minerales de ese metal más o menos
estables, como el del Potrero Grande descubierto en 1714, esto
es, el año siguiente del paso de Frezier, y el del Berraco, hallado
cuatro años más tarde por el capitán Contador. Más, como nadie conocía en
aquellos parajes el beneficio de las diversas pastas y aleaciones que forman la
sustancia de ese metal poco independiente, resultaba que aquellos hallazgos de
tesoros no tenían casi más valor que el de la curiosidad, semejantes a las
viandas y bebidas que tentaban la gula de Tántalo. «Entre los metales mismos,
decía con lenguaje figurado pero exacto el famoso químico y cura de Tiahuanaco,
Alonso de Barba, a fines del siglo XVII, —entre los metales mismos se halla la
amistad y enemistad que entre las demás cosas: solo del plomo es amigo el
estaño, a los demás destruye y aborrece. Con particular virtud recoge y junta
el hierro al plomo y revivifica al azogue, ya casi muerto y destruido. La imán
de la plata es el cobre, que con justa admiración de los que lo ven, atrae a sí
lo que estaba hecha agua y la reduce a cuerpo: experiencia antigua en el mundo,
y que pudiera mucho antes de ahora haber abierto los ojos a los que han tratado
de metales, para por su medio sacarles más seguro y fácilmente la plata que
tuvieran.» [7]
III
Y fué por esto escusado que dos diligentes mineros copiapinos llamados
Miguel de Cereceda y Lorenzo de Rauna se dirigieran a Potosí, acompañando
probablemente alguna recua de muías chúcaras, con muestras de sus metales,
porque las últimas dieron en los toscos laboratorios de la Imperial Villa solo
una ley de 20 a 30 marcos por cajón de 64 quintales. En vano vino también al
albor de estos descubrimientos el minero potosino don Francisco Garro, porque
aunque trabajó con regular provecho una mina de treinta marcos y la ahondó
hasta 28 estados cerca de la villa cabecera, hubo de regresar al Cuzco para
asistir al monjío de dos de sus hijas que juntas tomaron el velo, y poblándose
así el claustro, entró la mina en despueble. «Hay por estos parajes, dice el
tesorero Madariaga refiriéndose a los del Huasco y Copiapó en su citada memoria
de 1744, hay minas de plata y hará treinta años que se alentaron algunos
sujetos para trabajarlas, y no acertando con su beneficio pararon de esta
empresa.»
Cuando por el último año mencionado, el corregidor don Francisco Cortés
y Cartabio, más conocido en Copiapó por faltarle un ojo que por ser padre de
ilustres varones, fundó la actual capital de Atacama a la sombra de un bosque
de algarrobos, y poniéndole el nombre de su santo, denominóle casi irónicamente
«de lasciva», crió en consecuencia no un asiento de plata sino una placilla de
oro, como la de Illapel, la Ligua, Casuto, Nancagua y tantas otras poblaciones
que de ese abundoso metal en Chile hace uno y dos siglos aparecieron. El oro
entonces era rey y creaba pueblos: la plata era plebeya y vivía sola, humilde y
olvidada en solitarios páramos y ranchos.
IV
Y en efecto, aun cuando en 1770 el cateador Vicente Mondaca había
descubierto el primer mineral productivo de plata en las áridas lomas de
Chanchoquín, situadas un poco al norte de la nueva villa, en la cual forma hoy
parte de una de sus subdelegaciones urbanas, solo se hablaba en aquel tiempo
con algún entusiasmo entre los mineros de Copiapó de la riqueza de los asientos
de oro de Ladrillos y de Jesús Maria, descubiertos en 1759 y 1765. Los
copiapinos seguían, según la expresión del tesorero Madariaga, «embebidos en el
oro».
V
Por fortuna de aquellas regiones, escaso oasis de verdura perdido entre
inmensurables arenales, algunos animosos extranjeros aportaron como de
contrabando a aquellos médanos y, contra la prohibición expresa del rey y de
sus bandos, lo enriquecieron. Figuran entre estos el portugués don Cayetano de
Almeida, de quien habremos de hablar más adelante, el polaco Borkoski natural
de Danzig (a la sazón puerto de Polonia en el Báltico), el genovés don José
Antonio Gallo y Boca Liudro, naturalizado en la Serena desde 1771, y
principalmente el francés don Francisco Subercaseaux, a quien los copiapinos
modernos consideran como el padre y fundador de la verdadera industria minera
en sus montañas. [8]
VI
Era este caballero natural de Dax, ciudad situada un poco al sud de
Burdeos, en las Laudas o arenales de la antigua Gascuña, donde hasta hoy se
conserva con holgada suerte su numerosa parentela. Educado para el servicio de
la marina por su padre, médico de Dax, recorrió varios parajes del mundo, y
siendo todavía muy joven (1758) se avecindó en la Serena, ciudad apetecida de
extranjeros, y allí años más tarde casóse con una señora llamada doña Manuela
Mercado, hija de uno de los capitanes y regidores patricios de Copiapó. En esta
misma familia habían contraído enlace los Gallo de Génova y los Ossa de
Cataluña y de Santiago.
Era Subercaseaux hombre vivo, dirigente y emprendedor, por lo cual, aún
siendo un proscrito legal, nombráronle sus co-vecinos alcalde, y el capitán
general del reino capitán de artillería, según consta de sus títulos expedidos
en 1780. Atraído por la riqueza naciente de Chanchoquín, el capitán
Subercaseaux trasladóse de la Serena a Copiapó donde encontró numerosos amigos
y deudos de afinidad. El minero potosino don Francisco Xavier Ossa y Palacios,
natural de Santiago, y el capitán de Génova eran sus concuñados; y de esta liga
y amalgama de familia han solido resultar grandes descubrimientos argentíferos,
como el famoso del Retamo, que fué debido, cerca de un siglo más tarde, a tres
concuñados y del cual en su lugar y en su época, hablaremos.
VII
Hallábase secundado Subercaseaux por el entusiasta minero don Pedro
Fraga, quien después de haber hecho en Copiapó primera figura como descubridor,
fue a morir cuarenta años más tarde en Famatina, de la Rioja, criando gallinas,
última faena de la vejez y la miseria del andariego minero. Y entre ambos
trabajaron con algún éxito los negrillos y las galenas
pintadas de plata de Chanchoquín, hasta que una capa de rocas broceadoras, dice
el señor Sayago en su historia de Copiapó ya citada (pág. 339), vino a cortar
los planes de algunas minas.» —Existen todavía, sin embargo, poderosos
vestigios de aquellos veneros, más maltratados que trabajados, por lo cual el
mismo inteligente autor que acabamos de citar, añade de su cuenta: «Si la
constancia fuese sostenida, hasta salvar la zona que explotaron los antiguos
mineros, quizás tendríamos en Chanchoquín, a un paso de Copiapó, un [poderoso
emporio de riqueza.
VIII
Pero los más importantes descubrimientos argentíferos de Copiapó en las
postrimerías del pasado siglo y los que sirvieron como de partida y guía
conductora a los maravillosos hallazgos que medio siglo más tarde tendrían
lugar en Agua Amarga y Chañarcillo, fueron los del Zapallar, al oriente de
Copiapó, descubierto por don Francisco Subercaseaux o sus cateadores el 12 de
febrero de 1783, y el vecino de Pampa Larga, hallado por el calavera Pedro
Arenas, a quien don José Joaquín Vallejos ha inmortalizado envuelto en su capa
colorada, su última prenda de fortuna de vestido y de mortaja, en su
artículo Pampa Larga (1842).
De uno y otro descubrimiento diremos algo, a título de precursores.
IX
A causa de sospecha como extranjero, no obstante hallarse casado con
chilena y haber trabajado por espacio de más de veinte años en restaurar las
minas del norte, o tal vez por recelos de guerra, hallábase detenido en la
Serena el francés Subercaseaux, allá por la medianía de 1782, y habiendo
alcanzado gracia con el presidente Benavides, solicitó de él permiso para
regresar a sus pacíficas labores de la sierra. y esto le fué otorgado conforme
a los documentos que en seguida, por curiosos, copiamos de sus originales,
datados, por estos días, hace cabal un siglo. Esas comunicaciones, más íntimas
que oficiales, dicen así:
»Muy ilustre señor Presidente Gobernador y Capitán General:
»De tres años a esta parte tengo emprendido formal laboreo de minas de
plata en el paraje llamado de Zapallar y en otro titulado las Breas, ambas
faenas en la jurisdicción de Copiapó; así mismo en el paraje llamado
Antoco [9] distante siete leguas de la Villa, tengo
mandado levantar un Ingenio o Buitrón al uso de el Perú para el beneficio de
los metales, lo que hasta el presente no se ha podido verificar por falta de
Azogues, a lo menos la porción correspondiente para formalizar un beneficio
dilatado, pues me hallo con porción de metales en Arinas y los laboreos
correspondientes.
»Y siéndome preciso pasar a dicha villa a dar algunas disposiciones al
deseado acierto y economía de tan costosas faenas: suplico muy rendidamente a
vueseñoría se sirva concederme la licencia para transportarme a dicho paraje
por el espacio de cuatro o cinco meses, con el seguro si en el intermedio de mi
ausencia hay rumor de enemigos a esta Mar, postergaré cualesquiera intereses
para sin pérdida de tiempo ponerme en camino a militar el honroso puesto de mi
destino y acreditar mi celo bajo el dulce gobierno de Useñoría.
»E1 cielo asista a Useñoría y lo guarde muchos años para el bien de los
vasallos de su Majestad.
Serena y septiembre quince de mil setecientos ochenta y dos.
Besa las manos de Useñoría su muy rendido súbdito,
Francisco Suber Caseaux. » (sic)
«Santiago, 20 de septiembre de 1782
Sc concede la licencia, que se solicita y para su uso se devuelva al
interesado la carta y decreto original.
Benavides »
X
Y como si la suerte hubiese querido corresponder a las promesas y a las
esperanzas del minero, apenas hubo llegado a Copiapó el capitán Subercaseaux
descubrió en la corrida del Zapallar la famosa mina de San Félix de Cantalicio
que lo enriqueció, permitiéndole enviar apropiada y lujosa primicia al
presidente Benavides por su oportuno permiso, según era de estilo en aquel
tiempo, y conforme a carta del último que original tenemos a la vista.[10]
XI
Trabajó aquella mina fundadora hasta la profundidad de 130 estados el
capitán francés en compañía del minero chileno don Juan Antonio Osandón, y
aunque su ley común era solo de 25 a 30 marcos, hubo ocasiones en que produjo
metales de 1700 marcos en una veta que variaba de media a tres cuartas de vara,
Fué aquella una mina brechera o bolaquera, según se dijo más
tarde en el lenguaje minero, aludiendo a su peculiaridad de esconder el metal
en pepas o bolas, y de aquí probablemente las numerosas minas que en Copiapó
llámanse todavía bolacos.
Consérvanse tradiciones y papeles de familia de los cuales resulta que
la mina San Félix produjo a su dueño más de cien mil pesos, y aparte de esto
pudo el último vanagloriarse de haber impartido nueva vida y esperanza al
decaído espíritu industrial de Copiapó. «Es constante decía por esto el capitán
Subercaseaux, sin disimular su justa satisfacción, en un memorial contemporáneo
que de él tenemos a la vista en dos gruesos legajos de familia, es constante
que a más tiempo de veinte años a que el suplicante reside en dicha ciudad, en
cuyo espacio su principal ejercicio ha sido y es hasta lo presente el de minero
y Azoguero, habiéndose dedicado a ello con tal empeño y aplicación que no solo
ha logrado y conseguido hacer nuevos y poderosos descubrimientos sino también
habilitar los antiguos que por el trascurso e injuria de los tiempos se
hallaban aterrados y casi imposibles de restablecer.
“Mediante esto se ve hoy aquella Provincia muy diferente y en estado de
enriquecer el Reyno; pues alentados los ánimos de todo el vecindario y muchos
sujetos con los fomentos y habilitaciones que les ha franqueado de su propio
caudal, se encuentran ya entabladas las más abundantes faenas que no pueden
sino ir a más cada día.” [11]
XII
En cuanto al famoso mineral de Pampa Larga, situado a inmediaciones de
San Antonio, pidió su primera estaca llamada Loreto el cateador don Pedro
Arenas el 17 de diciembre de 1783, es decir, al fenecer el año en que
Subercaseaux había descubierto a San Félix; y como la Loreto, que ha sido
nombre favorito de minas en Copiapó, resultó de rico beneficio, trabajáronla
por su cuenta los caballeros santiaguinos don Ramón Rosales, don José Guerrero
Carrera y don Francisco Javier de Ossa y Palacios, el último de los cuales
hacia poco había regresado de Potosí. Dio la riqueza de esta mina lugar a la
fundación del trapicho y más tarde establecimiento de amalgamación de
Totoralillo, uno de los más considerables del valle, el mismo que años después
se hizo tristemente famoso por la muerte prematura y desastrosa que en su
maquinaria encontró una de las más bellas mujeres de Chile, la señora Teresa
Blanco de Echeverría hija del ilustre almirante de su nombre. [12]
XIII
En cuanto al descubridor Pedro Arenas, que al parecer tuvo tan poca
suerte como aquel Pedro Arenas de que habla Garcilaso y a quien echó al suelo
la yegua que montaba en la batalla de Xaxixajuana entre la Gasca y Pizarro,
—«aun hay en Copiapó, escribía don José Joaquín Vallejos en esta ciudad por
junio de 1842, varias personas que en aquel entonces fueron testigos de la
opulencia de este descubridor, y son públicas las anécdotas relativas a la
magnificencia en que vivía, a la profusión ostentosa con que gastaba su dinero,
y al alto rango que con esta importante recomendación ocupó entre los hombres
de su época, cosa que en el día no habría sido para menos. Pero es mayor el
número de los que viven y alcanzaron a verle sumido en la miseria; agobiado de
la vejez y de la pobreza; sin conservar otra prenda, otro recuerdo de sus
felices tiempos, que una andrajosa capa colorada, en la cual amortajaron su
cadáver.» [13]
XIV
Mírase en las comarcas mineras casi como un axioma (i la historia local
de Copiapó da fe de ello) que un descubrimiento trae otro descubrimiento, como
una ola arrastra otra y otra, en pos de su vaivén. Explicase esto fácilmente
por la tensión y vivacidad que a la vista del tesoro hallado adquieren todos
los apetitos y las fibras de la codicia humana que el poeta antiguo con razón
llamó «hambre». Y así aconteció que después de los descubrimientos de
Subercaseaux y de Arenas en 1883, don Juan Guerrero descubrió el 16 de enero de
1784 el mineral del Checo que, como el de Pampa Larga, fué trabajado más tarde
por la compañía inglesa de Copiapó, de lo que en el lugar adecuado daremos
cuenta. Y en pos de este el infatigable minero y habilitador don Pedro Fraga halló
la veta de los Desamparados en el cerro del Plomo, al oriente del valle de
Copiapó, mina antigua, como resulta de su nombre, dado de seguro en memoria de
los que la abandonaron, y que en 1789 trabajaba con fruto don José Picón,
natural de Andalucía.
XV
Fueron los últimos años del siglo XVIII los verdaderos días de oro de
Copiapó, porque fueron días de plata en barra, y como memoria de esa opulencia
ha quedado constancia que en los libros de las Cajas Reales de Santiago se tomó
razón de 80,809 marcos de plata enviados de Copiapó a la Casa de Moneda, sin
contar lo que los feudatarios del valle consumían en su vajilla, y 9.,847
marcos de metales fríos que valían 700.000 pesos. En diez años, es decir, desde
1776 a 1786, las principales minas de Copiapó hablan producido 179.656 marcos,
que era cerca de dos millones de pesos, equivalentes a veinte en la actualidad.
Su total en el siglo, y tomando todo en cuenta, no pudo descender de 4 millones
de pesos, gota precursora del crecido raudal que en breve brotaría de la
tierra.
XVI
Dio origen esta abundancia a la famosa visita del presidente don
Ambrosio O'Higgins, que entró en el valle por Caldera y regresó por el Huasco,
donde dejó fundado a Vallenar, después de haber repartido en todas partes los
consejos de la sabiduría y los fallos de la justicia.
Y como consecuencia de la visita del marqués (que así
se llamó y se recuerda todavía en todo el norte), sobrevino la inspección
minera de Copiapó confiada por aquel gran administrador un año más tarde al
doctor Martínez de Mata, mediante la cual formóse la primera estadística de
minería del distrito y se echaron las primeras bases de la autonomía de aquel
importante gremio en Copiapó. [14]
XVII
Alcanzó como principal resultado la visita de Martínez de Mata, a las
regiones del norte, el planteamiento de la primera diputación de minas de
Copiapó, con dependencia del tribunal de minería de la capital, tan centralista
en aquel remoto tiempo como ahora. Acordóse esa instalación en una junta
general de mineros que, presidida por el visitador, tuvo lugar en Copiapó el 22
de febrero de 1790, con asistencia de buen número de vecinos, entre los cuales
por sus apellidos mineros figuraban don Agustín de la Concha, don Juan de
Mercado, don José Monreal, don José Moreno, don Cosme Abalos y don José Picón,
cuyos retoños han continuado viviendo con suerte varia durante un siglo entre
las breñas argentíferas de Copiapó. En esa reunión, la primera tal vez en su género
celebrada en Chile después de la famosa junta de la sociedad de Huspallata en
1755, se quejaron los mineros al rey de la escasez de numerario que abrumaba
sus faenas y del excesivo precio de la pólvora que a razón de 6 reales libra
importaba 75 pesos el quintal. [15]
XVIII
Y en seguida los pobres mineros atacameños pidieron tres cosas sumamente
necesarias y cuya demanda acusaba su buena inteligencia de la situación y su
remedio. y aquellas fueron: 1° el establecimiento de un banco de rescate, para
poder expender sus productos sin ocurrir a la tiranía y al caudal y numerario
lejanos de Santiago; 2° que se trajese del extranjero peritos beneficiadores,
que era lo que más urgía para economizar en las faenas; y 3° que el azogue, que
era respecto de las minas lo que la sangre con relación al cuerpo humano, se
vendiese por el reí al plazo de un año y no de seis meses como estaba
establecido. Y como estos asuntos, especialmente bajo un punto de vista
industrial y estadístico, ofrecen considerable interés, habremos de ocuparnos
más es- tensamente de ellos y por separado en el próximo capítulo.
Capítulo III
Agua amarga
La producción del azogue se hace sinónima de la plata. —El azogue de
Huancavelica y el de Limache según el padre Ovalle. —Sistemas de amalgamación
que se introducen.—Don Joaquín de Palazuelos en Potosí y en Copiapó.—El
procedimiento de lejía del tesorero don Alonso Gamero.—El Arte de los metales
de Alonso de Barba y sus descubrimientos. — Privilegio que pide don Miguel
Blanco para beneficiar la plata por fundición.—El Rey de España envía a Potosí
y a Lima al barón de Nordenflycht con una comitiva de químicos alemanes.—
Desafió científico de los procedimientos de amalgamación por el sistema de
buitrón de Potosí y el de barriles de Sajonia, y cómo el barón es
vergonzosamente derrotado por los peritos potosinos.—Sospechas de fraude y
quejas del químico Helms.—Descúbrese en Chile el mineral de azogue de Punitaqui
y en seguida el de plata de Agua Amarga. —Quien fué su descubridor según el
intendente la Fuente y el viajero Alellet. —Sus principales vetas y lo que
producían cada sábado al cura del lugar. —Peculiaridades de sus metales,
listado del mineral en enero de 1812 y visita que no se practica. —Entusiasmo
de Camilo Henríquez y notable artículo que consagra al progreso de Chile en la
Autora del 14 de mayo de ese año. —Importancia que el mineral de Agua Amarga
tuvo para la Independencia de Chile, según el coronel Lafuente. —Tradición de
«la montaña de plata» y cómo vienen a explotarla en 1870 el conde de Nollent
con capitales parisienses. —Don José Martínez y don Gregorio Arascua. —Estado
del mineral en 1877. —Impulso que la libertad de industria y de comercio y sus
abaratamientos dan a la minería del norte. — ¿Se descubrió o no la platina en
Chile a fines del pasado siglo? —Documentos.
I
Lo que el indio era al oro, fué durante la colonia el azogue a la plata.
Sin el mitayo y su trabajo manual, cuotidiano y gratuito, Chile no habría
ostentado la enorme producción de oro que registran sus anales, porque el
jornal habría sido, como acontece hoy en la generalidad de los casos de la
industria chilena, más caro que el producto. Y de la misma manera, no
conociéndose para la extracción de la plata piña otro sistema que el de Potosí,
es decir, el de azogamiento de las pastas llamadas cálidas, sin el suministro
oportuno, barato y abundante de aquella valiosa sustancia, los minerales de
plata, por muy opulentos que fuesen, vivían como el sediento de la mitología.
Según Alcedo, el azogue faltó por completo en Potosí el año de 1802, y esta fué
una calamidad harto mayor que la de la epidemia de 1804 (el año del eclipse en
Chile) que mató a casi todos los mitayos del cruel, frígido, horrible mineral,
como más adelante habremos de contarlo prevalidos de otro testimonio.
II
Buscábase por esto en nuestras montañas tanto como el oro y como la
plata el cinabrio, y estando al testimonio del padre Ovalle, parece que en los
primeros años de la conquista encontróse alguna vena de ese metal en Limache,
si bien debió ser de poca sustancia, como las que en las colinas de Valparaíso
hicieron bullicioso ruido de negocio o de engaño hace ocho o diez años. [16]
Solía por esto ser tan apurada y menesterosa la condición del minero de
plata en el norte de Chile, que uno de los más favorecidos por la fortuna, el
vizcaíno don Pedro Goyenechea, abuelo de la actual opulenta poseedora de Lota,
debía a la administración de azogues de Copiapó el l° de enero de 1798 no menos
de 34 quintales de azogue, que al precio de 85 pesos habíale vendido por el rey
el administrador don Ventura Malbrán.
III
A fin de formarse una idea aproximativa de la inmensa cantidad requerida
por los ingenios argentíferos del Perú, bastará decir que, según Alonso de
Barba, que de ello era testigo, tan solo Potosí necesitó en los 63 años
corridos desde su descubrimiento a 1637, en que aquel famoso fundidor y cura de
San Bernardo vivió entre los libros y los crisoles, empleáronse 234.700
quintales de azogue, que valían al menos veinte millones de pesos. Estando al
testimonio de Humboldt, la producción de Huancavelica en los años corridos
desde 1570 a 1789, fué de 1.040,45l quintales, o sea 6.000 por año, si bien en
algunos que fueron notablemente abundantes, como los trascurridos de 1586 a
1589, el rendimiento subió a 10,500 quintales por año.[17]
Y de aquí el afán de todos los químicos y peritos desde Bartolomé de
Medina, minero de Pachuca, autor de la amalgamación, al Buscón, primer
copelador del azogue, desde el ilustre clérigo ya nombrado, que inventó el
cocimiento, hasta el famoso Nordenflycht y Fagoaga, a quien por la aparta
química que obtuvo del oro y de la plata honró el rey con el título de conde
del Apartado. Cada cual se empeñaba en obtener la pérdida menor posible del
azogue, fuera en las operaciones a fuego, fuera en las de crudo u otros
sistemas que, como el de Crönke en Chile, evitase, mediante la mecánica, el
desperdicio de la amalgamación.
IV
En Chile mismo, antes del último y meritorio descubridor, era tan común
casi como hoy el encontrar inventores más o menos fantásticos de procedimientos
que abarataban el consumo del azogue, siendo notables entre otros el propuesto
por el tesorero don Alonso de Gamero y los que importaron de Potosí don
Francisco Javier de Ossa y particularmente un caballero chileno que ha dejado
sucesión en Copiapó, e hizo expresamente viaje al Alto Perú para aprender el
difícil arte del azoguero. Llamábase este último don José Joaquín Fernández de
Palazuelos, residió cinco años en Potosí (de 1773 a 1778), y en un memorial de
servicios que hemos tenido a la vista, se dice, alegando méritos, que con su
enseñanza práctica trasmitida a los mineros copiapinos se cuadriplicó la producción
de la plata en aquel distrito. Palazuelos falleció en 1783. [18]
V
Cosa semejante ocurría en el Perú, y en un informe del famoso visitador
don José Antonio de Areche, el cruel exterminador de Tupac Amaru y de su raza,
dirigido al virrey Guirior el 29 de octubre de 1772, papel que original tenemos
a la vista, se hace mención de un privilegio exclusivo solicitado en 1747 por
un don Miguel Blanco, para fundir a fuego, es decir, sin recurrir al abogue los
metales de plata, a cuyo efecto el inventor solicitaba se le cediese un sitio
conveniente en el Cercado de Lima, obligándose a manifestar su invento, juzgado
entonces maravilloso, en el espacio de dos años.
VI
Pero el más célebre y al mismo tiempo el menos feliz de aquellos
intentos dirigidos a cambiar el sistema primitivo de Potosí, llamado de
Buitrón, fué el que ensayó en Lima el barón de Nordenflycht, gran mineralogista
en Sajonia, consejero íntimo de su rey y aun su deudo, según algunos.
Vino este personaje a América, por la via de Buenos Aires y Potosí, en
via lo expresamente por Carlos III para mejorar la condición de la minería y la
explotación de las pastas de plata conforme al sistema de Sajonia, en el cual
los metales de un uno por mil se hacen aprovechables en el crisol o la copela.
Comenzó el inteligente barón, que llegó a Lima precedido de ilustre
fama, así como de numerosa comitiva de obreros y de químicos, por erigir un
laboratorio, y aunque presupuso 15.000 pesos para la obra, resultó que invirtió
en ella tres tantos mas, o sea 41,846 pesos 6 reales, según la Memoria del
virrey Gil y Lemus, que presidió imparcialmente aquellos ensayos.
Tratábase a la verdad de una especie de desafío, más que de un cotejo
científico, entre el sistema de Potosí y el de Sajonia, es decir, entre el
procedimiento de Buitrón y el de barriles, y en ello estaban empeñados contra
el innovador la rutina y la desgracia.
Hízose, en efecto, una primera prueba que duró once días, siendo jueces
y testigos de ella los oidores de Lima y el general de las armas Villalta,
nombrado como rey de armas o padrino de honor entre los contendientes.
La cantidad de metal sometida al lento y engorroso ensayo de los dos
procedimientos fué de 41 quintales por una y otra parte; y de su montón, los
maestros discípulos de Bartolomé Medina, de Alonso de Barba y del Buscón,
traídos expresamente de Potosí, sacaron en once días 6 marcos, 1 onza y 4
ochavos de plata, al paso que el infortunado barón solo obtuvo en 9 días de
manipulación 4 marcos y 4 ochavos de onza, perdiendo, como se ve, una tercera
parte sobre el producto rendido por el sistema potosino.
Pero, lo que era todavía más grave, el barón y sus ayudantes dejaron
escurrirse o evaporarse 22 libras y ocho onzas de azogue, mientras los
buitronistas solo gastaron siete libras y cinco onzas.
El barón había usado veinte veces más cantidad de azogue que los de
Potosí, es decir, 1648 libras contra 64 libras empleadas por los últimos. Tal
fué el desastroso resultado de la primera prueba que costó al Rey 121.448 pesos
fuerte. Gomo conclusión útil del torneo el buen virrey, a cuyo cargo corrió la
cuenta, se contenta con decir que aunque el barón era, sin disputa, muí sabio,
la Sajonia era cosa muí distinta del Perú. [19]
Ignoramos nosotros si los potosinos trajeron en su compañía algún Rojelio; pero
lo que está hoy averiguado es que el sistema del barón era el mus barato y
económico como que bajo su base se edificaron los treinta ingenios de
amalgamación que ha tenido Copiapó sobre los viejos cárcamos de los buitrones
potosinos que Frezier en persona había visto construir en aquel valle. El
actual sistema de Crönke no es sino un perfeccionamiento del desairado del
barón de Nordenflycht. [20]
VII
Por una coincidencia feliz para los mineros copiapinos, ocurrió un
descubrimiento de cinabrio mucho más célebre que el de Limache al pié de una
colina llamada de Punitaqui que se levanta en los extensos llanos de Sálala al
sur del rio Limarí y a ocho leguas de la ciudad moderna de Ovalle.
Alguien que la crónica no nombra, descubrió, en efecto, en 1785, al
pié del pico de Punitaqui una veta de azogue a la que dio
aliento el regente Acevedo cuando interinamente gobernó el reino dos años más
tarde, prestando mano poderosa y voluntad inteligente a la minería, a la
industria y a todas las empresas materiales del país. Languideció en seguida el
mineral, no sin que se obtuviese de su cinabrio buen producto porque según
la Aurora de Chile, correspondiente al 11 de junio de 1812, llegó a
extraerse de dos cajones de metal hasta 2 arrobas de excelente azogue, «fuera
de las mermas.»
Más tarde los conocidos mineros don Miguel Lastarria, abuelo del
publicista, y don Juan José Concha, invirtieron fuerte caudal en sus labores y
aun hasta hace poco atendíale como administrador el inteligente caballero don
Leoncio Tagle que hoy hace la guerra en el Perú no lejos de Huancavelica,
tierra de azogue.
VIII
Inauguróse, por consiguiente, el presente siglo bajo esos auspicios de
fortuna y cooperación para la industria de la plata que en Chile sucedía y
sobrevivía a la saca de oro que tan prodigiosamente abundante había sido en el
siglo precedente. y como si hubiera querido materialmente reemplazarse al indio
que con la licencia política y la libertad del trabajo desaparecía de la faena
aurífera, un indio oscuro, descubrió para su amo el famoso mineral de plata de
Agua Amarga al año siguiente de la revolución de la independencia, esto es, en
1811.
No hay certeza de la manera como fué hallado aquel mineral en hora tan
oportuna. Mellet, buhonero francés que viajó por toda la América agenciando su
andariega profesión desde 1808, y que visitó las minas de Agua Amarga en 1815,
es decir, cuatro años después de su descubrimiento, dice que quien las hallo
fué un mulato esclavo de un caballero de la Serena, francés de nacionalidad a
quien él conoció y se llamaba M. Corahu.—El nombre de aquel descubridor era
José María Ríos, y por su venturoso encuentro recibió en pago la libertad,
hallándose en la época de la visita de Mellet y a su decir, muy rico.
Mas el coronel don Antonio de la Fuente, en su notable memoria de 1853
sobre la provincia de Atacama, y el cronista Sayago dan al descubridor de Agua
Amarga el nombre de José Paco Huicume, por apodo Chamblao, el
cual vivía en la miseria, según antes contamos, en el año en que el coronel de
la Fuente gobernó a Atacama (1853-54).
Inclinámonos nosotros al dato de Mellet por ser contemporáneo, y porque
era difícil que el verdadero descubridor viviese todavía en 1852, a no ser que
fuera octogenario. De todas suertes, prueba es esta de la inseguridad de los
datos que el romance de las minas, siempre más poderoso y atrayente que la seca
verdad de las rocas, ofrece, si bien hay que advertir que Mellet cambiaba con
frecuencia los nombres en su prosa y prosodia gascona-castellana. Al Paposo,
donde estuvo, llámalo en efecto Popora, al tabaco de zaña «tabaco «sagna» y al
almirante Brown que bloqueó al Callao en esos años «Martín Bruno».
IX
Hállase situado el mineral de Agua Amarga ocho leguas al sur de la
ciudad de Vallenar en una sierra aislada que corre de norte a sur, por una
extensión de más de dos leguas y tuvo cerca de cincuenta minas, algunas
notables por su beneficio, especialmente la descubridora llamada Portezuelo de
Zuleta, la Caldera, que fué la que alcanzó mayor prosperidad, el Manto del
Tránsito, etc. Como todos los minerales de plata de Chile, el de Agua Amarga
presentaba en su primera zona o región cálida los cloruros que son peculiares a
esta formación geológica de nuestros panizos argentíferos; pero aproximándose a
la segunda zona, o región fría, aparecían ya los plomos, los sulfuros y
arsénicos que traían por su dureza í su resistencia al azogue las dificultades,
el broceo y el cansancio a sus propietarios.
X
Era también notable la plata cornea o nativa que producía este mineral
en sus comienzos, porque Mellet asegura que sus estratificaciones remedaban las
formas de muchos animales a la vez, y aun asegura que él compró por 7 pesos un
fragmento que representaba juntamente un carnero, un puerco y un guanaco, cuya
curiosidad envió a Santiago a su paisano don Francisco Lavigne, en prenda de
gratitud por haberle libertado de la persecución de los realistas.
XI
En cuanto a la ley verdadera de los metales de Agua Amarga, no existen
datos suficientes, pero el mismo traficante francés cuya visita contamos,
refiere que en 1815 el mineral contenía una población laboriosa más o menos de
tres mil almas, agrupada en una pequeña aldea (petit village), y que sus
quinientos mineros, por vía de renta eclesiástica, pagaban a su cura cada
sábado un ca- pacho de metal, lo que equivalía a una subvención de 4.000 pesos
al mes o sea 43.000 pesos por año (240.000 francos). y a dudablemente en esta
cuenta como en otras del ambulante gascón, natural de Marmande, cerca de
Burdeos, había evidente exageración, porque a todo parecía aplicar aquel la
subida tarifa de su bandola...
XII
Entretanto, según un extracto del estado del mineral de Agua Amarga
publicado por Camilo Henríquez en la Aurora de Chile del 14 de
mayo de 1812, se da cuenta, con no embozado entusiasmo, de la siguiente marcha
próspera de aquel asiento, conforme a una visita pericial practicada entre el 7
de enero y el 25 de febrero de aquel año.
«Vetas en actual explotación, 86.
Rumbo, N. S.
Suma de sus anchos, 22 varas.
Suma de sus honduras, 202 estados.
Labores, 167.
Ley, varia; de suerte que hay quatro que tienen ley de 100, dos de 150,
4 de 200, 2 de 400, 10 de 60, 3 de 50, 29 de 40, 2 de 35, 1 de 45, 2 de 80, 1
de 25, 1 de 70 y las restantes son de 30 de ley.
Suma total de la leí de los metales, 5,565 marcos.
XIII
Tomaba pié de estos crecientes adelantos de la república su más
fervoroso precursor y apóstol, el ilustre fraile de la Buena Muerte, que dio en
Chile, a la par con las batallas, honda sepultura al agonizante coloniaje, para
lanzar libertosos su pluma y su genio en el campo del porvenir. «Desconsuela,
exclamaba en aquella misma fecha (mayo 14 de 1812) en un artículo que tenia
esta divisa latina: Scenis decora alta futuras, y a propósito
de la riqueza admirable de las minas de plata solo un año atrás descubiertas,
desconsuela la comparación del actual estado del país con el poder, opulencia y
prosperidad a que lo llama la naturaleza. La causa de su atraso se encuentra
únicamente en la falta de ilustración. Su terreno es prodigiosamente fecundo,
pero está en la infancia su agricultura.
“¿Han llegado nuestros vinos al estado que pueden llegar?”
“El lino, que vive en nuestros campos en tanta abundancia, ¿nos exime de
la necesidad de comprar los lienzos al extranjero?”
“¿El número de nuestros buques corresponde a la abundancia de nuestras
maderas?”
“¿Qué ventajas han resultado hasta ahora a la patria de los tesoros que
encierra en su seno?”
“¡Ah! estas riquezas están escondidas a la ignorancia y al torpe ocio,
se descubren al ingenio y a la aplicación laboriosa.
“Permanecerán en gran parte ocultas en las cavernas de la tierra hasta
que se haga por arte el trabajo de las minas.”
“Solo en la parte del norte hay más de 300 minerales abandonados, por
falta de luces, se dice en un expediente de 6 de setiembre de 1790.”
“La ciencia de las minas se estudia en toda la Europa y en Méjico; aquí
nos es del todo desconocida, siendo tan necesaria en un país compuesto de
minerales.” “Parece, dice don Antonio Ulloa, que las tierras del Huasco se
hubieran todas convertido en mineral.” [21]
“Admira que en otras partes se erijan escuelas para la extracción
del carbón y que en Chile se yerre un socavón en las minas más
preciosas por ignorancia, y que el oro se arroje entre los desperdicios por
incuria: no cabe en la cabeza el que hasta ahora no se haya intentado la
ejecución de una sola máquina de las muchas que se enseñan para el uso
ventajoso de la fuerza y libertar así a los míseros operarios condenados al
duro trabajo de levantar y sacar a hombro de las profundas y tortuosas cavernas
las venas ricas, en un tiempo en que en Europa se usa para semejantes trabajos
de la acción del fuego. »
“¡Cuántos fósiles yacen ignorados porque no los conocemos y porque
ignorarnos el arte de prepararlos!“
No obstante, ellos son preciosos por su utilidad para las artes, tal es
el cobalto, que sirve a la pintura y esmaltes, el bismuto, el zinc que tiene
tantos usos y tantas otras sustancias minerales.
Pero nuestro atraso en el arte y trabajo de las minas en nada es más
sensible que en el abandono en que están las minas de azogue y de hierro, dos
artículos capaces de enriquecer al país.
“Todo se conserva para lo futuro”
Entonces se reunirán para la gloria y esplendor de la patria las
riquezas de la naturaleza, las empresas de la industria y las producciones del
genio: Scenis decora alta futurus)
XIV
Grande como las profecías del genio que acabamos de estampar fué en sus
arranques la riqueza de Agua Amarga, y su tradición constante indujo en 1870 a
un centenar de entusiastas parisienses a enviar una comisión científica
compuesta de dos ingenieros y del famoso conde de Nollent, a fin de explotar
las riquezas visibles de aquel mineral que se aseguraba tenían a la vista y al
sol en sus desmontes «dos o tres millones de pesos.» —Por su- puesto, el nombre
de Agua Amarga fué sustituido por el mucho más propicio de la Montagne
d’ Argent; y recordamos que encontrándonos nosotros a la sazón en Bélgica,
enviamos al Mercurio de Valparaíso un artículo dando la alarma
a los incautos, que hoy habrán encontrado más que amarga el agua de su soñada
montaña de plata...
XV
Fué uno de los más constantes y esforzados mineros de Agua Amarga don
José Martínez, caballero natural del Huasco, y abuelo de los tres grupos de
Walker Martínez que hoy existen en Chile; y aunque nuestra estadística sea
sumamente deficiente, puede asegurarse que si Agua Amarga no ha producido
«montañas de plata», no por esto ha dejado de contribuir constantemente durante
los 70 años de su existencia a la riqueza pública con no despreciable tributo.
Según los datos estadísticos de 1876, el mineral de Agua Amarga rindió en ese
año 1350 quilogramos de plata fina extraídos de 126.100 quilogramos de metal
bruto, y sus principales minas estaban representadas en la escala de esa no
escasa producción en el orden siguiente. La mina Peta Ordenes, 20
quilogramos; laSan Benjamín 19, la Plata, la Caldera 92
y la Arís 253. En ese mismo año el establecimiento de
amalgamación de los señores Gallo en Copiapó elaboró 329 quilogramos de plata
extraídos de metales de Agua Amarga. Ignórase por lo demás a punto fijo el
rendimiento que en sus años de bonanza, que fueron los de la guerra de la
independencia, produjo el mineral de Agua Amarga; pero ellos fueron suficientes
para dar a aquella el nervio que necesita, porque en este particular pensamos,
como un antiguo y entendido intendente de Copiapó, que en gran manera la plata
de Agua Amarga contribuyó a nuestras victorias, siendo en el afianzamiento de
la independencia parte no inferior a la obra del acero, del cañón y de la
sangre [22].
Comenzó Chile desde esa época a figurar por la primera vez como
productor y exportador de plata en grande escala, puesto que los principales
centros argentíferos del mundo, especialmente Potosí en el Alto Perú y
Guanajuato en Méjico, habían entrado ya en un período de visible decadencia.
XVI
Muy lejos hallábase, todavía el país de la meta que alcanzaron aquellas
comarcas prodigiosas, pero a ella se encaminaba. País volcánico, falda de
cordillera, contiguo al mar y alternativamente trabajado en el curso de
remotísimos siglos por la acción combinada de aquellos potentes elementos, su
riqueza mineralógica era incalculable, y solo necesitaba para ser extraída
comercialmente a la superficie y distribuirse en seguida por el universo a
manera de brazo de rio, paz y ciencia, capital y libertad.
XVII
Contribuyeron en consecuencia no poco a poner a la república en via de
sus futuros adelantos las franquicias de la libertad de comercio que comenzaron
a implantarse precisamente en el año del descubrimiento de Agua Amarga
(Reglamento de libre comercio de 1811), porque el precio del azogue descendió
rápidamente y el del hierro, que era antes onerosísimo monopolio de Vizcaya,
comenzó a ser barato lastre de los buques ingleses que en tropel venían.
XVIII
Coincidió también con las entradas del presente siglo la rebusca de la
platina que se ordenó hacer por el rey de España en 1787 y cuyo metal, así como
el estaño y el bromo, no ha sido aún descubierto en Chile, si bien un buen
Cabillero y hacendado de Colchagua creyó hallarlo en cierta materia insoluble
que envió a la Casa de Moneda para su ensaye por el mes de mayo de 1802. [23]
Los documentos oficiales e inéditos relativos a este asunto mineralógico
no carecen de novedad, y por esta causa los insertamos en seguida como
apropiado apéndice a este capítulo, copiados de la colección de manuscritos de
la Biblioteca Nacional.
Anexos al Capítulo III
(La platina en Chile)
I.
El excelentísimo señor don Miguel Cayetano Soler en fecha de 30 de
octubre último, de Real orden me dice lo que copio:
«En 17 de enero de 1787 se previno al arzobispo virrey que fué de Santa
Fe don Antonio Caballero y Gonzaga, que se remitiese toda la platina que
hubiese acopiada en la casa de moneda de aquella capital y en la de Popayán
como también cuanta pudiese adquirir de los mineros del Chocó y Barbacoas a
quienes la mandan pagar por el precio que regulase justo de acuerdo con ellos;
bien entendido que desde luego debía publicar un bando prohibiendo con
rigorosas penas el comercio y extracción de este precioso metal que el Rey
había declarado propio y privativo por ahora de la Corona Real y que para
adquirirlo de los particulares que lo buscasen y adquiriesen de las minas y
lavaderos donde se hallaba y criaba con el oro se había de pagar de real
hacienda, autorizando a este fin al citado virrey para que fijase el precio y
dándole facultad para que, no conviniendo los mineros en el moderado que se
señalara, lo pudiese aumentar hasta el valor de la plata con el objeto de que
se dedicaran a buscarlo y extraerlo de todos los parajes donde se encontrasen.
Que si los mineros a pesar de pagárseles la platina que antes despreciaban por
inútil no se dedicaran a buscarla y extraerla con preferencia, dispusiese desde
luego que se ejecutase de cuenta de S. M. con arreglo y economía posibles,
destinando a este efecto persona de su mayor satisfacción y de pureza y
actividad bien acreditadas, en la seguridad de que este servicio era de los
mayores que podía hacer al Rey en su gobierno y que esperaba de su celo el más
completo desempeño de este importante encargo; con la prevención que enviase
prontamente toda la platina que hubiera existente en dichas dos casas de moneda
y la demás que pudiera recoger sin retardación y que fuese ejecutando lo mismo
en lo sucesivo. Y hallándose el Rey con positiva noticia de que en ese reino se
produce y cría la referida platina de que tal vez no se hace aprecio por no
conocer su calidad, me manda S. M. hacer a US. el mismo encargo y prevenciones
que se hicieron al Virrey de Santa Fe por la orden que va inserta,
principalmente para que en esa capital y pueblos de su jurisdicción se haga
entender por bando la prohibición de que se extraiga este metal que
precisamente han de vender los mineros y demás particulares que lo poseen o
adquieran, a la real hacienda a los precios más cómodos que prudencialmente se
regulen y que las partidas que se recojan por 'medio de éstos y de lo que pueda
juntarse de las elaboraciones de esa casa de moneda se remitan a España con
razón de su peso y coste y de los parajes donde se cría y hay mayor abundancia
para atender así a los objetos que S. M. se ha propuesto y pongo en noticia de
V. S. de su real orden para su inteligencia y exacto cumplimiento.
Lo comunico a US. de la mía para su inteligencia y que me dé en el
particular las razones y noticias que posea o adquiera relativos a la
adquisición de este metal y existencia de sus minas en este reino para poder
contestar con puntualidad a S. M. en la materia. Dios guarde a US. »
Santiago, 19 de enero de 1802.
Fran. Tadeo Diez de Medina
S. del Tribunal de Minería».
* * * *
«Estimulados dos sujetos mineros de la orden de S.M. (que Dios guarde)
sobre el descubrimiento de la platina que en carta de 20 del preséntense sirvió
Ud. acompañarme, han descubierto dos vetas de las dos calidades de metales
adjuntos, los que pres-tan alguna idea o configuración con la platina que me
remitió Ud. Pero como no pueda hacerse perfecto examen de ellos porque se
ignora el modo de liquidarlos, se hace preciso que si Ud. les encuentra también
alguna semejanza con aquel dicho precioso metal, se formen allá los
correspondientes experimentos y me imparta sus resultas así para comunicarlas a
los interesados como para mover a otros a la solicitud de este hallazgo.
EI interés con que lo miro me disculpa el importunar a Ud. para que me
prevenga los modos de liquidarlo, los simples que han de acompañarle y demás
circunstancias del caso para que instruido yo de ellos pueda transferir estas
noticias a los individuos del cuerpo de esta diputación.
De este modo, aun cuando nada tengan de platina los metales que dirijo,
no desmayo en su honroso alcance porque hay muchas piedras ricas en estos
cerros, de las que no se hace estimación porque se ignora el beneficio que deba
dárseles y la cortedad de algunos y el temor de ser molestos a otros tal vez
les obligó a no remitirlas a Ud. ni presentarlas aquí.
Dios nuestro Señor guarde a Ud.
San Fernando, 28 de mayo de 1802
José Joaquín de Guzmán.
».A1 señor Administrador don Gerónimo Pizana».
* * * *
Santiago, junio 3 de 1802.
Vista al director con sus antecedentes. (Una rúbrica). — Villarreal
* * * *
Ignoramos el resultado del análisis químico solicitado por el estanciero
de San Fernando, pero la única muestra de platina legítima que existió en Chile
fué traída del Chocó, según el siguiente certificado del ensayador mayor de la
Casa de Moneda de Santiago:
«Seis y media onzas de platina nativa colectada en los lavaderos de oro
de la provincia del Chocó, en el reino de Santa Fe, en esta América Meridional,
la cual remitió para muestra al gabinete mineralógico de esta academia de San
Luis el señor don Gerónimo Pizana, administrador del Real Tribunal de Minería.
Existe en dicho gabinete. — (Catálogo hecho por el ensayador mayor de la casa
de Moneda de Santiago don Francisco Rodríguez Brochero, con fecha 22 de
setiembre de 1803).
II
Descripción del estado actual (1877) del mineral de Agua Amarga.
«El cerro de Agua Amarga, dice el señor Domeyko en su memoria sobre la
mineralogía de Chile trabajada por la Exposición Internacional de 1875, se
parece por su aspecto exterior al de Chañarcillo. Su elevación sobre el nivel
del mar es de 1,450 metros y de 300 sobre el fondo de una ancha quebrada que lo
separa del cerro granítico de los Camarones. Colocado el viajero en medio de
esta quebrada, tiene al oriente los barrancos y rápidas pendientes del terreno
estratificado jurásico, todo cortado ea diversas direcciones por vetas de
plata, y al occidente masas dioríticas no estratificadas, atravesadas por una
gran veta de cobre. Con el terreno de acarreo del fondo de la quebrada queda
cubierto el contacto de la diorita con los estratos jurásicos del cerro de Agua
Amarga. La composición de este terreno es la siguiente:
1° Los primeros mantos que aparecen al pié de esta montaña, son de rocas
más o menos homogéneas, grises, de materia inatacable por los ácidos
(arcillosa), impregnada de carbonato de cal:
2° Sobre éstas y como a media falda, descansa una capa porfírica,
compuesta de una masa gris negruzca y de pequeños cristalitos feldespáticos
blancos. Viene en seguida una serie de calizas compactas más o menos
arcillosas, no magnesianas, cuyo conjunto tiene más de 100 metros de potencia;
3° Sobre ellas aparece una segunda capa porfírica de 2 a 3 metros de
grueso, parecida a la de abajo, con cristales Illancos, delgados, más largos y
menos imperfectos que los de aquélla; pero esta segunda capa porfírica no cubre
sino la parte meridional de la cumbre más elevada del cerro.
«Todo este terreno se ve cortado por mayor número de vetas y cruceros
que el de Chañarcillo, pero carece de grandes corridas y las más corren de sur
a norte, otras del este-noreste al oeste-sur-oeste: casi todas son muy
inclinadas y de potencia variable; algunas tienen cerca de un metro.
«Sus minerales son como los de Chañarcillo; en la región superior,
cloro-bromurados; en hondura, sulfurados y arsenicales, con plata nativa; pero
bajando las vetas en la región inferior vecina de la roca de solevantamiento,
cambian de naturaleza, de manera que en algunas al pié del cerro hallamos ya
mineral cobrizo con hierro espejado y criadero cuarzoso.
«A pesar de la gran riqueza que en minerales de plata clorurada y cloro
bromurada se ha extraído de Agua Amarga en los primeros años de su
descubrimiento, se ven actualmente innumerables pertenencias de minas
desamparadas y abandonadas en este cerro; de manera que por la multitud de
escombros y de murallas que quedan de las antiguas faenas, se presenta de lejos
el mineral como una población recién incendiada o por un gran terremoto
arruinada. No puede, sin embargo, considerarse este inmenso depósito metalífero
como suficientemente explorado.
Unos grandes trozos de mineral de plata cloro-bromurada (con ley de 2 a
3 por ciento de metal) recién extraído de las pocas pertenencias que se
explotan hoy en día en Agua Amarga, trozos que fueron mandados por el
departamento de Vallenar a la Exposición Internacional, atestiguan cuál puede
ser todavía el porvenir de estas minas si algún día los mineros vuelven a
explorarlas con toda la actividad y empeño que merecen.
La producción de las minas de Agua Amarga que se han trabajado en 1875
ascendía este año mensualmente (término medio) a 246.836 quilogramos de
mineral, 3.148.294 gramos de plata fina y había 25 minas en beneficio.
«Nótese también que en toda la formación del cerro de Agua Amarga,
compuesto de rocas análogas a las de Chañarcillo y cuyos minerales son también
de la misma naturaleza que los de aquel cerro, pocos fósiles se encuentran en
la parte más abundante en criaderos metalíferos, pero que más al este, en
dirección a Tunas, se hallan en el mismo terreno estratos casi enteramente
compuestos de fósiles: de allí mandó a la Exposición un trozo de más de un
quintal de peso don Nicolás Naranjo, de roca caliza, toda llena de conchas, de
la época jurásica.»
En cuanto a la última y considerable producción de plata rendida por el
mineral de Agua Amarga de que tengamos noticia, he aquí el que registra el
Anuario Estadístico de 1878, en lo correspondiente a 1877 y que
distribuye el rendimiento en la forma siguiente por gramos de plata fina y por
minas:
Capítulo IV
Los ingleses en Chile, (1820-1825).
El papal de plata de Rungue en 1812, noticias que de este fenómeno
argentífero nos ha conservado la Aurora de Chile. —Oda al progreso de Camilo
Henríquez motivada por este descubrimiento, el de Agua Amarga y las minas de
hierro de Pelvin. —Establecimiento de un banco de rescate en el Huasco en 1812.
—Descubrimiento del mineral de plata del Romero hecho en Copiapó por don
Vicente Subercaseaux en 1820.—Loco entusiasmo que las riquezas de la América
Española despiertan en Europa, especialmente en Inglaterra y en
Londres.—Compañías que se forman y emisarios enviados a Chile y a Potosí. —El
capitán Head y los mineralogistas Schmithmeyer, y Caldeleugh.—Teme este que con
la plata de Chile baje este metal a un precio ínfimo en los mercados de Europa.
— Su profecía cumplida respecto del carbón de piedra de Chile. —Juan Miers, su
industria y sus trabajos sobre la mineralogía de Chile. —Sus opiniones y la de
David Barry sobre las Compañías inglesas. —El capitán Andrews en Potosí y Mr.
Cameron en Santiago. —Privilegios que éste obtiene del gobierno. —Leyenda de
los dos millones de la isla de Agrigan y el capitán Robertson. —La Compañía
inglesa se establece en Copiapó. —Don Carlos Lambert.
I
Después del descubrimiento de Agua Amarga, cuya mayor potencia duró ocho
o diez años, no ha quedado constancia en nuestros anales de grandes hallazgos
argentíferos antes de la era maravillosa que comenzó en Arqueros (1825). Solo
se sabe que en 1812 un pobre labriego llamado Martín Vega arando un rulo en la
hacienda de Rungue, que hoy los rieles del ferrocarril del norte parten entre
Tiltil y Montenegro, había sacado a flor de tierra lo que entonces se llamó el
papal de plata de Rungue, hallazgo que despobló a Santiago al punto de hacerse
preciso enviar una escolta de dragones para contener los desmanes de la codicia
en el terreno. Martín Vega se hizo rico y edificó capilla, pero a causa de una
disputa que sobre la propiedad de una papa de plata de dos arrobas de peso que
tuvo con la virgen de Mercedes, es decir, con su capellán quien la exigía para
el culto cuyo hábito vestía, el irritado fraile maldijo, según la tradición
popular, la boca de la mina, y esta por encanto se derrumbó, no quedando más
vestigio de la mina maldita, que el rico servicio de mesa que la
familia Rojas, feudataria de Polpaico, hizo labrar a los plateros de Santiago,
y que cuarenta años más tarde vendió a la casa de moneda de Santiago, como
chafalonía y por motivos de partición de bienes, don Miguel Honorato.
II
Pero si la escondida riqueza del cerro de Rungue no tuvo consistencia o
si maldita por un fraile quedó estéril, otro fraile sublime, prevalido de su
hallazgo, dio soltura a las alas de su genio, y cantó aquel descubrimiento
saludándolo como el advenimiento de una edad feliz para su patria. Después de
referir en efecto en la Aurora del 4 de junio de 1812 el descubrimiento y
explotación industrial del riquísimo fierro de Pelvin, mineral situado ocho
leguas al sudoeste de Santiago, y de describir a la ligera la faena argentífera
de Rungue, situada, casi a igual distancia por el rumbo opuesto, Camilo
Henríquez exclama con la entonación y el metro de la oda. ....
…«Ya todo se reúne
A engrandecer la patria,
A sostener su esfuerzo.
Su vuelo y miras altas.
Copiapó, Huasco y Rungue
Le presentan la plata
Y en Pelvin halla el hierro
Para forjar sus armas.
Hay juventud valiente,
Hay patriótica llama,
Hay honor, hay ingenio,
Hay deseo de fama.
Y sangre antigua y limpia.
Que será derramada,
Si la patria lo exige
Y su junta lo manda.» [24]
III
Data también de esta época, cuna de la revolución de la independencia,
mecida en su infancia por el genio de don José Miguel Carrera, el primer Banco
de rescate de plata planteado en Chile, a usanza de los de Potosí y los de
Méjico, el cual fué mandado crear por la junta de gobierno que los malignos de
aquel tiempo solían decir se componía de tres miembros, que eran «don José, don
Miguel, y Carrera [25]
IV
Existe también memoria de haberse trabajado por esa época o algo más
tarde minas de plata de alguna cuenta en la estancia de las Condes, cuya
industria hoy revive a impulso del capital inglés (lo que en su lugar
recordaremos), mientras que por el año de 1820 don Vicente Subercaseaux, hijo
del gran minero de plata de que hemos dado antes noticia, descubrió en el
Romero, serranía de Copiapó, prometedora vena de plata, que vendió también algo
más tarde al buen inglés, buen pagador.
V
Pero si los panizos de las sierras chilenas se mostraban sordos a los
golpes de la cuña de acero del cateador indígena, junto con la independencia y
la fama de Agua Amarga comenzó a surgir en todos los cerros del territorio, al
norte del Aconcagua, una serie infinita de fantásticas minas argentíferas, cuyo
laboreo comenzaba en Petorca o en Elqui, en el Huasco o en Copiapó, pero cuyos
inagotables planes puestos en eterno y rico beneficio, hallábanse en las calles
de Londres y bajo el entarimado de hierro de las casas fuertes de aquella
ciudad, enloquecida otra vez, como en los tiempos de Juan Law, con la ponderada
adquisición de los tesoros del nuevo mundo, quitados ahora al sórdido monopolio
de España por las armas y las victorias de la independencia.
VI
Cuenta el inglés Barry (que anduvo también en Chile y el Perú por esa
época) en su prefacio y anotaciones a la célebre edición que de la Memoria
secreta de Juan y de Ulloa hiciera en Londres por los años de 1824-25, que en
el espacio de doce meses se originaron en aquella opulentísima ciudad, con
capital de innumerables millones de libras esterlinas, no menos de veinte y
cuatro sociedades mineras, de las cuales por sus denominaciones correspondieron
a Chile, las llamadas la Chilena, laChilena unida, la Peruano
-Chilena, la de Famatina y otras de menor vuelo. Y hubo
entonces de observarse, como en todos los períodos de fiebre en que el amor al
oro del poeta hierve en el crisol corno la escoria, que se pagaron precios y
primas fabulosas, no solo por lo que no tenía valor estimable sino por lo
desconocido y aún por lo fantástico. Así cuenta Barry que las acciones del Real
del Monte, de Méjico, subieron en el mercado de Londres de 70 pesos a 1,470
pesos, y las del mineral un poco mitológico (como su nombre al paladar inglés)
de Tlalpixahua, de 20 pesos a 319 pesos.
Y mientras esto acontecía con los tesoros más o menos ciertos y afamados
del norte de Chile, vendíanse acciones de minas de Buenos Aires (donde nunca ha
habido más minas que el vientre de las vacas ni más vetas que su grasa) por
precios que variaron de 5 a 85 pesos por acción.... —«Si no fuera, exclama a
este propósito el escritor británico ya citado, y que tal vez fué uno de los
chasqueados de su época, si no fuera por la reputación que gozan en la clase
mercantil los nombres que se hallan insertados en los varios prospectos, como
directores de las empresas, caerla uno en la tentación de sospechar todos estos
proyectos como otros tantos engaños artificiosos hechos con apariencia de
utilidad para defraudar a los incautos.» [26]
VII
La crisis del desengaño, que no es la convalecencia sino la postración
de la fiebre, no tardó en sobrevenir, y fué preciso que el rey de la Gran
Bretaña Guillermo IV hiciera oír su voz en el parlamento para llamar a la
cordura a sus alucinados súbditos que perdieron en hoyos en la América los
ingentes millones que habían traído en las bodegas de sus buques de las cuatro
partes del mundo donde tenían plantada su bandera.
VIII
Pero la manía minera de los ingleses no fué del todo infructuosa para
Chile. Visitáronla entonces inteligentes viajeros que dieron a conocer su
verdadera riqueza, su agricultura, su industria y su admirable clima a los
capitalistas europeos, quienes desde entonces comenzaron a afluir en gran
número a Valparaíso y a todas las ciudades del interior y de la costa. y fué de
esa manera como los europeos, que no eran españoles, nos trasmitieron con el
ejemplo, las primeras gotas de la sangre propulsiva del sajón que debía
necesariamente modificar nuestra recia pero lenta vitalidad céltica y vizcaína.
Vinieron en efecto por entonces a Chile (de 1818 a 1825 principalmente),
además del citado David Barry, de Proctor, de Brandt, de Haigh y de don Juan
Begg, que fué más tarde opulento minero de Puno, el mineralogista Sir Francis
Head, que admiró en Santiago la ociosa gordura de nuestros frailes y en Petorca
la pujanza imponderable de nuestros barreteros y apires, quienes en su
presencia avergonzaban en las canchas o en el fondo de las labores a los más
robustos mineros de Cornwall. A la par con el último, vino también, como agente
de minas el químico Pedro Schmidtmeyer, que recorrió todas nuestras montañas
desde los baños de Cauquenes al Huasco, dejándonos un libro útil en que está
sabiamente descrita nuestra industria en mantillas, especialmente la minera,
con relación al cobre y a la plata.
IX
En pos de aquellos exploradores surgieron el cáustico inglés John Miers,
que trajo a Concón una maquinaria poderosa para laminar el cobre, y el
caballero y entusiasta minero don Alejandro Caldeleugh, (llamado por
algunos Cal de Cleo) quien se hizo vecino de Santiago y llegó a
sospechar que, dada la abundancia de plata depositada en las gargantas y bajos
fondos de los Andes, degeneraría aquel metal al precio de materia vulgar en el
curso de los tiempos. [27]
X
Dos o tres años más tarde, y mientras el famoso capitán Andrews llegaba
al Alto Perú para comprar al gobierno de Bolivia en un solo lote el cerro de
Potosí, por cuantos millones de libras esterlinas, el Libertador (que a esa
ciudad había llegado y subido a su cerro poco después de Ayacucho) tuviese la
fantasía de pedir a la inagotable Albión, los chilenos, más circunspectos que
el semidiós venezolano, se limitaban a brindar al primer agente autorizado de
la compañía inglesa de Chile, Mr. Cameron, las promesas y garantías que constan
del siguiente documento publicado en el Boletín de las leyes del país:
“Ministerio del Interior.
Santiago, junio 6 de 1825.
“Considerando el director supremo de la república de Chile que la petición y
solicitud que se ha presentado por parte de don E. S. Camerón, comisionado por
la asociación inglesa de minería, ha sido consultado con los tribunales del
consulado y minería, y habiendo sido examinada por los expresados tribunales,
resalta que dicha solicitud no contiene nada que sea contrario a las leyes y
ordenanzas que en materia de minería rigen en esta república: en virtud de las
facultades que nos pertenecen durante la ausencia del cuerpo legislativo, hemos
venido en decretar y decretamos lo siguiente:
“1° Lo expresado en los quince artículos que comprende la petición del
comisionado, es concedido a la compañía inglesa de minería.
2° Lo que corresponde al artículo décimo en que se trata, no solamente de que
no sean recargados, sino también que se minoren los derechos actuales sobre la
extracción de los metales de oro; plata y cobre; se declara que las pastas de
oro y plata o deben acuñarse en la casa de moneda de esta república, pagando
los derechos acostumbrados de amonedación; o tienen que satisfacerse los mismos
derechos si las predichas pastas se manufacturaren en el país, y por lo que
toca a los derechos sobre la extracción del cobre, no solamente promete el
supremo gobierno de no aumentarlos, sino que los minorará cuanto más pronto sea
conveniente al Estado.
3° En cualquier estado de cosas promete que los miembros y dependientes de la
presente honorable compañía de minería, como de las demás que puedan formarse
en lo sucesivo, serán tratados del mismo modo que los hijos del país; que
gozarán los mismos derechos, excepciones y privilegios; que sus propiedades
serán inviolablemente espetadas en todo evento, aun en caso de guerra (que no
es de esperarse) con la nación británica, a quien consideramos como nuestra
mejor amiga, y que por tanto los recomendamos al afecto hospitalario de los
chilenos como útiles y benéficos a la nación,
4° El presente decreto, juntamente con la petición del comisionado don E. S.
Cameron, será publicado en un periódico para satisfacción de los interesados”
Freire. »
Vicuña.»
XI
Pero la verdadera fortuna de la industria minera en esa época consistió
en la adquisición de un mineralogista tan sagaz como entendido en su arte y
que, junto con el inglés Esby, llegó por esos años a Copiapó destinado a echar
las verdaderas bases de la industria minera, ajustándola a los principios de la
ciencia en nuestro suelo. Era aquél el joven químico don Carlos Lambert,
natural de Estrasburgo y uno de los alumnos más distinguidos de la escuela
politécnica de París, cuyos libros y crisoles habla trocado por la legítima
ambición de la fortuna buscada por el saber en apartadas tierras. Y a la verdad
fué cosa no poco singular que con la llegada de estos agentes y especialmente
con las concesiones hechas al delegado Cameron por el gobierno del general Freire
en junio de 1825, coincidiese uno de los descubrimientos argentíferos más
importantes del norte, y aquel precisamente que debería servir de punto de
partida y de brújula segura a las más grandes empresas mineras en esta parte
del nuevo mundo. Hacemos referencia al famoso mineral de Arqueros, descubierto
por una rara aventura dos meses después de firmada la carta de ciudadanía
otorgada en junio de 1825 a la mineralogía inglesa en el pliego que liemos
copiado, hallazgo oportuno y casi salvador, del cual nosotros habremos de dar
cuenta en este libro por pliego separado. [28]
Capitulo V
Arqueros
Descubrimiento del mineral de Arqueros en agosto de 1825, —Singular
manera como lo halló el hijo del arriero Cuellar.—Relación de Lafond de Lurey y
de papeles de familia. —Inmensa riqueza. —Cómo se reparten las primeras barras.
—Pleitos a que da lugar la dualidad atribuida al descubrimiento. —Curiosa carta
a este propósito del abogado don Manuel Gandarillas. —La riqueza de Arqueros
aparece en la superficie en la forma de arquería o amalgama de plata y
mercurio, que se corta a cincel, y caverna que ha quedado después de su
extracción. —El gobierno manda crear una casa de moneda en la Serena a
consecuencia de la gran abundancia de plata que rinde Arqueros.—Descripción
científica de este mineral por el ingeniero Osorio y en especial de la mina
“Mercedes”. — El rodado de arquería de 1857 y esperanzas fundadas que existen
de la reaparición de la riqueza de este mineral en su segunda zona. —La famosa
dobla de Carmona. —Subercaseaux en 1831 y lo que la mina Mercedes produjo en 24
horas. — Influencia bienhechora en la industria minera del descubrimiento de
Arqueros.-Anexos.
I
El mineral de Arqueros que dio a la Serena su liceo, al liceo su
laboratorio, su laboratorio a Domeyko, y éste, junto con su vasta ciencia,
nombre peculiar y único a uno de sus metales, y todo a un tiempo una casa de
moneda a la provincia de Coquimbo, fué un verdadero prodigio de riqueza, un
coloso de plata delante del cual el agujereado y asendereado mineral de Agua
Amarga quedó reducido a la simple condición de pordiosero, a la manera de esos
rumbosos caballeros de la edad del coloniaje, que después de haber disipado en
el lujo ingente caudal, quedábales, cual a don Pedro de Arenas de Pampa Larga,
por única fortuna una mala capa con que cubrir sus harapos y enterrarse.
II
El descubrimiento de Arqueros tal cual lo cuenta el viajero francés
Lafond de Lurey, que a la sazón o pocos meses después residía en la Serena en
calidad de amigo de sus principales y felices explotadores, ocurrió de la
siguiente manera, que hemos visto confirmada en papeles de familia.
Tenía en la medianía del valle de Coquimbo y en el camino de travesía
que conduce al Huasco una estancia de vacas el coronel de milicias don Ramón
Várela, muy conocido en la Serena, de donde era oriundo; y para el rodeo y
aparta primaveral de sus ganados había construido en cierto paraje central de
ella unos corrales de piedra que se denominaban «los corrales de Varela»,
dentro o a deslindes de la hacienda de la Marquesa. Estos rodeos,
cuyos vestigios están visibles todavía, se hallan en la parte más elevada de
una alta loma o cerro en un paraje que se llamó de Arqueros, probablemente por
haber sido propiedad del encomendero de la Serena, don Pedro Pizarro y
Arqueros, que fue acalde de esa ciudad en 1721, cuando los holandeses del
navío San Luis intentaron en su playa un desembarco.
Acostumbraban desde años atrás alojarse en esos corrales con sus muías
los arrieros que trancaban desde el valle al Huasco por el camino diagonal que
por allí atraviesa, y especialmente los acarreadores de la leña que en esos
parajes era entonces abundante, y la cual servía o para algún solitario ingenio
de cobre, o páralos menesteres de la ciudad, donde el combustible corría a buen
precio. La leña más apreciada para los beneficios industriales llamábase lormata.
III
Era la noche del 10 de agosto de 1825, y al reparo de los corrales de
Várela habíase alojado un peón que servía de ayudante al arriero e inquilino de
la Marquesa, Pedro Cuéllar, junto con un hijo de éste, muchacho de dieciocho
años; y como de costumbre, para abrigarse del helado cierzo de la montaña y del
invierno, encendieron entre ambos, el peen y el niño, una fogata, amontonando
los tizones entre algunas piedras, que al parecer desprendidas de las pircas
por allí rodaban al acaso. Las mulas de la piara del leñador Cuéllar pacían
entretanto sueltas en el campo reverdecido por recientes aguaceros.
Al amanecer, el peón como más robusto, fué a campear bis muías, í el
hijo del patrón de la tropilla quedóse entre los aparejos al amor del fuego,
mientras aquel regresaba y la cuotidiana faena volvía a comenzar. En el
intervalo, y a fuer de niño, sacó el último su cuchillo de monte, el cuchillo
del arriero, y comenzó a hurguetear las cenizas y las piedras ennegrecidas del
fogón. Las últimas habían pasado por cíen manos en aquellos menesteres, sin que
a nadie se le hubiese ocurrido examinarlas ni aún por su peso. Pero la
casualidad, este gran descubridor de la mitad de las cosas notables que existen
esparcidas bajo el sol, y de la mayor parte de los hallazgos de grandes minas
en Chile y en el Perú como en Méjico, en California y la Nevada, la casualidad
quiso que el muchacho, curioso o distraído, trazara una raya o incisión en la
costra negra de uno de aquellos guijarros, y reblandecido éste por el fuego no
apagado todavía, dejó ver una luciente grieta de plata córneo, es decir, de
plata pura, blanca y maciza. El coronel Várela refería más tarde a Lafond de
Lurey que él habla tomado muchas veces esas piedras negras en sus manos, sin
sospechar siquiera que en ellas tenia un tesoro que valió a otros ingentes
millones.
IV
No se sorprendió el muchacho con la novedad, porque no supo darse cuenta
de lo que aquello era, y solo cuando el arriero volvió con sus muías,
presentándole una de las piedras del fogón, le preguntó lo que aquello era…
El arriero coquimbano comprendió en el acto que estaba pisando sobre la
meseta de un alto cerro en un rebosadero de plata, y así lo dijo al hijo de su
patrón, sin disimular su alegría. Y téngase presente que de esta duda del
muchacho y de su conversación con el arriero arrancaron después ruidosísimos
pleitos, sosteniendo los unos que el verdadero descubridor había sido el hijo
de Cuéllar, porque él levantó primero los pesados guijarros del suelo, y otros
que el honor y la ventaja legal del descubrimiento correspondían al arriero
mineralogista que había dicho: « ¡Esto es plata!» [29]
V
Avisado del tesoro descubierto el arriero Cuellar, corrió aquel mismo
día (11 de agosto de de 1825) a la Serena en busca de sus conocidos, llevando
consigo a su hijo, a su arriero y principalmente sus piedras; y aunque no
conocemos el detalle de lo que ocurrió durante varios días entre los
interesados, resultó de las diligencias judiciales, que más tarde se
evidenciaron en los juicios, la existencia de dos descubridores.
El arriero Cuellar regaló o enajenó su pertenencia que desde entonces se
llamó la Descubridora, al conocido minero don Francisco
Bascuñán, que murió treinta años más tarde en la más triste miseria, como don
Pedro de Arenas y Chamblao, después de haber prodigado los millones; al paso
que el peón encontró un amigo y protector en don Juan de Dios Carmona, hombre
bueno y humilde que poseía una pequeña fortuna radicada especialmente en mulas.
Apresuróse el último a denunciar el 22 de agosto, esto es, once días
después del descubrimiento, lo que fué más tarde la más celebrada y rica de las
minas de Arqueros, y que todavía sostiene en la derrota del broceo con honor su
viejo pabellón. Púsole Carmona el nombre de Mercedes, por el de su apreciable
hija que vive todavía, y situó su estaca a la izquierda de la Descubridora.
Al mismo tiempo, el conocido minero del norte don Mariano Aristía, que
estuvo siete años más tarde a punto de ser el descubridor y dueño de
Chañarcillo, asociado ahora con el general don Francisco Antonio Pinto, a la
sazón intendente de la provincia, denunció la estaca de la derecha que hizo en
pocos años su fortuna.
Carmona repartió su pertenencia entre un hermano suyo llamado Francisco
y sus amigos y protectores don Juan Francisco Cifuentes y don Ramón
Subercaseaux, a quienes con esta donación hizo millonarios. Para con el último
no tenía el cesionario más título de agradecimiento que haberle convidado en
una noche oscura e inclemente a comer una cazuela en selvático alojamiento de
despoblado. Y esto con frecuencia se lo oímos nosotros referir ponderando cuál
suele ser el resultado de las buenas obras, aun de las más pequeñas, en la
vida.
El reparto especial de las barras de las Mercedes quedo hecho, en
consecuencia, de la manera siguiente: 6 barras se reservó el generoso Carmona,
6 la familia Cifuentes, 6 don Ramón Subercaseaux y 6 don Francisco Carmona;
pero por venta que éste hizo de tres barras a Subercaseaux, la familia de éste
posee hoy todavía 9 barras.
VI
Se ha calculado que el mineral de Arqueros produjo en menos de diez años
veinticinco millones de pesos, y como en Chañarcillo, sacáronse en los primeros
días del pozo de ordenanza bolones tan abultados de plata barra que Lafond
asegura haber visto uno en la Serena del peso de ocho arrobas, a cuyo propósito
pone un curioso diálogo e boca del intendente Pinto y del descubridor
Subercaseaux, porque ofrecía éste a aquél comprarle el macizo por su peso neto,
a razón de seis y media arrobas; y sacudida la costra superficial de tierra que
lo cubría, resultó pesar siete y media arrobas de plata córnea.
Durante algún tiempo se cortó cerca de la superficie la plata a cincel,
y todavía se conserva, como en la boca de la mina Deseada de
Caracoles una inmensa caverna, cuyo relleno fué de plata barra, y cuyo fondo
iluminan todavía tenues rayos de sol que penetran por sus grietas y rasgaduras
superiores. Una gran parte de este opulentísimo metal era una curiosa amalgama de
plata y azogue en estado natural, fenómeno antes no conocido en la mineralogía
y que Domeyko caracterizó por esto con el nombre de arquería. [30]
VII
No terminó en el reparto que hizo con algunos vecinos influyentes de la
Serena de su valiosa estaca el desprendimiento de Carmona, porque otorgó dádiva
de una barra o parte de barra a un amigo suyo desvalido que en breve falleció.
Llamábase éste Nicolás Larraguibel, y con motivo de su muerte surgieron pleitos
infinitos, puestos por sus herederos, además de los que suscitaron don Juan
Miguel Munizaga, don Antonio Pozo y otros.
Dio margen una consulta que al célebre abogado, escritor y hombre
político don Manuel Gandarillas hicieron los condueños de las Mercedes,
a una contestación profesional de este notable jurisconsulto que no tenia sino
un ojo (habiendo perdido el otro en el colegio), y lo ofrecía en precio y
garantía de su honrado dictamen, cuyo papel por via de curiosidad copiamos de
su original que el acaso ha traído a nuestras manos, y dice así:
«Señor don Victorino Garrido.
Santiago, 8 de abril de 1831.
Mi amigo:
No estoy para rasquetear y no sé si podré llenar mi objeto. Vamos al caso y
dése por saludado, esté bueno o para llevárselo el diablo, nuestro amigo el más
íntimo.
»La consulta que Ud. me hizo acerca de la donación hecha por don Juan de Dios
Carmona presenta dos aspectos. Vea Ud. modo de entenderme.
» Según la escritura, es pura, simple y graciosa de las que el derecho llama
irrevocables, y con la entrega de la especie donada, los donatarios se hicieron
legítimos dueños de ella, y por consiguiente sus herederos, sin que quede al
donante ningún recurso para recuperarla. Esto supuesto, los hijos de
Larraguibel son los dueños de la parte de mina donada a su padre, y Carmona
nada tiene que ver con una cosa que transfirió de dominio. Cuento concluido por
esta parte. ¡Si me habrá Ud. entendido!
»Si se quiere decir de nulidad de la donación por inmensa o excesiva, es pleito
largo, costoso y complicado. Se donó una estaca cuyo valor no se conocía porque
era incierto y contingente. El trabajo y caudales de los donatarios y, sobre
todo, la casualidad, la hicieron producir riquezas posteriormente, más éstas no
existían en poder del donante al tiempo de la donación, aparecieron después y
han provocado la codicia. La ley que prohíbe las donaciones inmensas habla de
los bienes que existen al tiempo de hacerse y cuyo valor es exorbitante. ¿Qué
vale una estaca en poder de un pobre que no puede beneficiarla y que no sabe si
producirá o no? Nada puede calcularse; donde no hay cálculo no hay precio, y
sin éste no puede considerarse exceso.
»Con que, concluyamos. ¿Se deja subsistir la donación o no? Si subsiste, la
parte de Larraguibel pertenece a sus hijos y no a Carmona. Si no se quiere que
subsista, es preciso reclamar contra toda ella por inmensa, o la razón que
mejor les parezca. »Este es mi dictamen, y si hay abogado que anule la donación
por uno u otro aspecto, le permito que me saque el ojo. —Adiós.”
M. J. Gandarillas
VII
La largueza de Carmona dio también origen a una de aquellas singulares
operaciones que los mineros antiguos denominaban una dobla, según
la cual quien obtenía este regalo era dueño de sacar de la mina en beneficio
los metales que alcanzasen a explotar cuantas cuadrillas de mineros cupiesen en
las labores y por un espacio de 24 o 48 horas. En 1831 Carmona quiso pagar a
Subercaseaux la ya recordada cazuela del desierto con una dobla especial,
y éste, que era tan diligente como entendido, sacó de los flancos de las Mercedes en
el espacio de 24 horas la suma de 160.000 pesos. La cuenta de los gastos de
esta dobla, que fué partible entre les dos consocios, da una idea
aproximada de lo que era este género de elaboraciones y de su beneficio
posterior, por cuyo motivo la publicamos íntegra al fin de este capítulo.
IX
En cuanto a la ubicación y principales caracteres mineralógicos del
mineral de Arqueros y a su producción, he aquí lo que en una prolija Memoria
trabajada expresamente para nuestro uso por el actual inteligente administrador
de las Mercedes, don Jorge Osorio H. encontramos. —«El mineral de
Arqueros, dice el señor Osorio, puede considerarse dividido en tres grupos: 1°
El cerro de Arqueros; 2° El Cerro Blanco; y 3° Nuevo Arqueros. El 2° grupo está
situado tres quilómetros al sur de la veta Descubridora y el 3°
más o menos a la misma distancia al norte, quedando por consiguiente el primer
grupo en el centro.
En este grupo se denunciaron, después del descubrimiento, la Santa
Rita, al suroeste de la Descubridora, que empalma con ella
en esta pertenencia donde fué la mayor riqueza de esta mina. La Gallegos,
hoy Cuatro Amigos, y la Garmendia, sobre una Guía
llamada del Sol, ubicada al norte de la veta y que empalma con ella en la línea
divisoria de las Mercedes con la Cuellar. El Venero es
otra guía intermedia entre la veta y la guía del Sol. Al sureste de la Descubridora las
pertenenciasBellavista y Prosperidad, y al norte de
las Mercedes la San Francisco y Santo
Domingo, sobre otras vetas.
En el grupo de Cerro Blanco se denunciaron la Santa
Rosa, que tiene el mismo rumbo que la veta Descubridora, y que
fué propiedad de don José Monreal y don José Tomás Urmeneta. Hacia el sur laSanta
Elena, Ahumada, Bolaco, San José, Carmen, y al sureste la Aracena,
Casualidad, Margarita, Rosario, etc.
Posteriormente en el grupo de Nuevo Arqueros fué
descubierto a fines de 1869 la Salvadora, y en 1870 la Buena
Esperanza y la Rosario y otras de poca importancia.
Datos sobre la verdadera producción de Arqueros en general o
de alguna mina en particular, es muy difícil darlos, pues no queda constancia
de nada. Lo que es más sorprendente todavía es que de la mina Mercedes,
que ha sido siempre la más arreglada y cuyos socios, se puede decir, han sido
los únicos que han sabido conservar las fortunas que han obtenido de esta mina,
no encontré al hacerme cargo de su administración, ningún libro en que hubiese
constancia de su producción y gastos, ni aun de un mes.
La gente de esa época parece no gustaba darse comodidades, pues en los
primeros tiempos solo había en cada mina un miserable rancho y los ricos
minerales de plata quedaban al aire libre, sin resguardo alguno, y durante la
noche el que quería tomaba el metal que se le ocurría. Todavía quedan algunos
restos de las pircas del rancho de la «Cuellar», donde estuvo algunos días el
ex-presidente Pinto el año 1830, después que renunció la presidencia de la
República. Solo después del año 1840 se construyeron algunas casas. Hasta hoy
día el camino que hay entre este mineral y la Serena es el peor del
departamento, habiendo partes muy peligrosas para pasarlas a caballo.
La producción del mineral de Arqueros se ha calculado hasta la techa en
25 millones de pesos, producto bruto, distribuí los del modo siguiente: [31]
En cuanto a la producción de las Mercedes desde el 16
de diciembre de 1876 hasta la fecha se ha obtenido por medio de pirquineros,
habiéndose explotado 20.000 marcos de plata, de los cuales han correspondido a
los dueños de la mina 5.000, cuyos fondos han servido para la prosecución de
los trabajos de planes.
X
La mina Mercedes, cuya potencia no tuvo rival en sus días de
bonanza, continúa hasta hoy en pleno trabajo, después de cincuenta y siete
años, siendo su broceo en realidad una pequeña riqueza, desde que hace frente a
todos sus gastos, sosteniendo un centenar de operarios, y aun suele producir
cortos dividendos a sus dueños. Tienen éstos viva fe en su resurrección
inmediata después de las tinieblas, porque aún no se ha llegado en ella a la
segunda región mineralógica que ha caracterizado la existencia y formación de
Chañarcillo, de Tres Puntas y otros minerales de la corrida geográfica que
comienza en Arqueros y termina en Huantajaya, al sud del rio Camarones en
Tarapacá. Es ese problema, es decir, la perforación de la mesa de piedra, el
mismo que hace once años vino a solucionar en Agua Amarga el famoso conde de
Nollent, y es la solución que con ahínco persiguen todavía tenaces y entendidos
mineros en Caracoles y en Huantajaya.
En cuanto a la Mercedes, he aquí la opinión científica de su ilustrado
ingeniero director que augura todavía días de holganza para los hijos y los
nietos de los descubridores de 1825. Es muy natural, dice en la conclusión de
su Memoria ya citada (pág. 17) el señor Osorio, creer que las vetas de Arqueros
estén formadas de la misma manera que las vetas argentíferas del país y sobre
todo de las que se encuentran más o menos a la misma distancia de la cordillera
de los Andes, como la Florida, Chañarcillo, Agua Amarga, etc., y que se pueden
llamar minerales anti-andinos; y que por consiguiente debe tener los mismos
caracteres en su composición.
Los depósitos de arquería, plata blanca, plata córnea y
demás especies minerales encontradas cerca de la superficie en la región
cálida, deben tener su correspondiente región fría en estas vetas, pues no hay
razón alguna para que suceda lo contrario de lo que ha sucedido en los
minerales del país y los del mundo entero.
“Indicio, casi seguro, de la existencia de especies minerales
sulfuradas, arsenicales y antimoniales de plata, en una vecindad que la creo
próxima, son las muestras de polibasita, arseniato de cobalto y plata
sulfúrea, que en pequeñas cantidades aparecen en la región superior; las depirita
de hierro y oxisulfuro de cobre con indicios de plata que
han aparecido accidentalmente a los 203 metros, y sobre todo los clavitos
de plata blanca y el sulfuro de plata que se han
encontrado a los 245 metros verticales de hondura. Todo esto manifiesta que el
beneficio buscado se va aproximando y que en poco tiempo más llegaremos a
la bonanza.” [32]
XI
Además de su importancia intrínseca, tuvo Arqueros la no pequeña de
llamar por la primera vez en el país la atención del gobierno y de los
capitalistas a los grandes descubrimientos y a las empresas en vasta escala
concebidas y ejecutadas. En este sentido la potente veta, que el hijo de un
arriero encontró en la extremidad sur de la gran corrida mineralógica del
desierto, fué solo el indicio precursor de Chañarcillo y de Tres Puntas, de
Caracoles y Cachinal de la Sierra. El desierto de Atacama es un gran lago
subterráneo de plata, y sus diversos minerales hasta hoy hallados, sus jagüeles…
Anexos al Capítulo
I
Observaciones de don Ignacio Domeyko sobre el mineral de Arqueros y el
vecino de Rodaito, escritas con motivo de la exposición internacional de 1875.
El cerro de Arqueros, único en el mundo que ha producido millones de
marcos de plata en amalgama nativa, se halla situado cerca de la línea de
contacto de las rocas graníticas con el terreno estratificado de pórfidos
abigarrados (quebrada de Santa Engracia). Su elevación es de 1405 metros sobre
el nivel del mar (Gay): la de la mina de la Descubridora de 1834
metros. Dos grandes vetas como a legua y media una de otra, llamadas la Descubridora y
la del Cerro Blanco, cortan el terreno en direcciones sur-este nor-oeste;
una tercera, la de Cuatro Amigos con el rumbo que poco desvía
del este al oeste, hace empalme con la primera. Gran número de otras, de poco
beneficio o estériles, atraviesan el cerro. El criadero más abundante en todas
estas vetas es la baritina (cachi pesado de los mineros), y casi la única
especie mineral metálica que producen hasta ahora es la citada amalgama
llamada arquería, acompañada accidentalmente de plata
clorurada y de arseniato de cobalto. Unas pocas muestras de polibásita y de
stromeyerita se han extraído en hondura de las mismas vetas. Son los cruceros
(la guía del Sol, la guía del Sombrío) que enriquecen la Descubridora: y
en pocas partes la región de mayor riqueza penetra a más de 60 metros de
distancia vertical desde el afloramiento.
No se han reconocido todavía suficientemente en hondura estas vetas, ni
se puede dar por agotada su riqueza, como lo comprueban algunas ricas muestras
de mineral de plata provenientes de sus últimos alcances, exhibidas en la
Exposición por la Junta del departamento de la Serena.
Rodaito
A un par de leguas hacia el sur de Arqueros se hallan estas minas en un
terreno estratificado en gran parte calizo y sus vetas producen también, como
las de Arqueros, plata mercurial, aunque de composición distinta de la de
arquería (contiene 5. y seis décimos por ciento de mercurio) ; pero también se
ha extraído de ellas cantidad considerable de plata córnea, y sus criaderos
constan en gran parte de baritina y de diversas zeolitas (la chabasia,
la estilbita, la prenia, la escolesia) . Según los datos que suministra
el Anuario Estadístico, por el año 1872 se explotaban todavía cinco
pertenencias de minas en Arqueros, cuyo producto alcanzaba a 300 quilogramos de
plata fina; y las de Rodaito daban 1,000 quilogramos de plata al año.
Algodones . —Hállase todavía en este lugar el terreno
estratificado calizo-jurásico, apoyado sobre los pórfidos, conglomerados y
areniscas rojas, en el límite occidental de la formación andina. En los
afloramientos de sus vetas se encontró mineral de plata yodurada y de
cloro-bromuro; pero según parece, las vetas no se hallan bastante productivas
para sostener el trabajo. La mina del Carmen, que ha producido
yoduro de plata, se halla a 1,309 metros sobre el nivel del mar».
II
Descripción del Cerro de Arqueros publicada en el periódico «El Minero»
de La Serena, correspondiente al 10 de mayo de 1828.
...«Dirigiéndose por la izquierda del cerro que ha sido el punto de
vista por donde ha principiado nuestra descripción, se divisan en toda su
amplitud los afamados cerros de las minas de plata de Arqueros. Ese prodigioso
mineral descubierto hará cerca de tres años, a pesar de haber producido
ingentes caudales, puede mirarse, sin embargo, como intacto. Por los numerosos
descubrimientos que se han ido haciendo sucesivamente y a distancias bastante
considerables se puede inferir que sus ramificaciones son inmensas, que no se
ha dado aun con el centro que las sirve de tronco principal y que llegando a
encontrarlo ¡qué de tesoros no han de refluir sobre la república!”
«Las vetas cuya explotación se está siguiendo con actividad pueden
reducirse a 6 o 7 principales con un beneficio cuya proporción no nos es
posible determinar por las respectivas alternativas a que están sujetas las
labores y porque las interrupciones se reproducen muy a menudo por falta de
arreglo en la policía de ese ramo tan esencial y tan descuidado hasta el día.
Sin embargo, se pueden avaluar sus productos a 60 o 70 mil marcos que se
extraen anualmente por via de la aduana sin contar una tercera parte más que se
puede inducir con bastante probabilidad se estará pasando por alto.»
III
Producción de los minerales de Arqueros y Rodaito en gramos de plata
fina en 1877, según el “Anuario Estadístico” de 1878.
IV
Cuenta de los gastos que se efectuaron en el beneficio de una dobla
perteneciente a don Juan de Dios Carmona y don Ramón Subercaseaux.
V
Memoria Científica sobre las Minas de Arqueros, escrita especialmente
para este Libro por su Administrador el Ingeniero don Jorge Osorio en noviembre
de 1881
(Fragmentos)
El mineral de Arqueros, situado próximamente a 12 leguas de la costa y a
1420 metros sobre el nivel del mar, fue descubierto el 11 de agosto de 1825 por
Pedro Cuellar, hijo de un inquilino de la estancia de Marquesa (perteneciente a
los herede ros de don Miguel de Aguirre), y que tenía su posesión a como a tres
cuadras al norte de la veta Descubridora.
A inmediaciones del reventón de esta veta era el lugar de alojamiento de
los arrieros que traficaban para el Huasco, y las piedras que servían de apoyo
a las ollas en que cocían sus carracas eran rodados de plata, las que,
ennegrecidas con el tras- curso de los siglos y del humo, no presentaban a la
simple vista el aspecto de ella; estas piedras estaban corridas por la acción
del fuego.
...El padre del muchacho descubridor lo puso en conocimiento de don
Francisco Bascuñán, e ignorando por qué motivo, fué este caballero el único
dueño de la Descubridora. Después del denuncio de Bascuñán,
Cuellar (padre) descubrió otro reventón, al otro lado del mismo cerro al
noroeste y denunció esta pertenencia, que ha conservado su nombre, aunque hubo
época que se le llamó la Aristía, por haber sido dueño de ella un caballero de
este apellido.
Entre la Descubridora y Cuellar quedaba
lugar para otra pertenencia, la que pidió don Juan de Dios Carmona el 22 de
agosto de 1825 y le puso el nombre de Mercedes. El 17 de octubre de
1831 tomaron también parte en ella don Juan Francisco Cifuentes, don Ramón
Subercaseaux y don Francisco Carmona, esto último de las 6 barras que lo
correspondían vendió 3 a don José Antonio Subercaseaux.
Para mayor inteligencia, este mineral se puede Considerar dividido en
tres grupos: 1° Cerro de Arqueros; 2° Cerro Blanco (llamado así por haber en
sus inmediaciones un cerro de este color); y 3° Nuevo Arqueros. El segundo
grupo está situado a tres quilómetros al sur de la veta Descubridora,
y el tercero más o menos a la misma distancia al norte, quedando por
consiguiente el primer grupo en el centro.
En este grupo se denunció después la Santa Rita, al
sur-oeste de la Descubridora que empalma con ella en esta
pertenencia, donde fue la mentada riqueza de esta mina y cuya escasa disminuye
de día en día y marcha a pasos agigantados a su término. Se ha llegado en toda
su extensión al manto broceador, y en los mantos superiores el llamado pintador ,
que han sido muy pobres, están reconocidos en todo sentido, y no hay esperanzas
de sacar provecho alguno de ellos. Las minas vecinas Cuellar,
Garmendia, Cuatro Amigos y Venero pertenecientes a
esta misma sociedad, están completamente agotadas, de manera que el único
porvenir que hay para estas minas está en los planes, a los cuales se dirige
toda mi atención.
Ya que he hecho mención de las minas Garmendia, Cuellar, Cuatro
Amigos y Venero, que pertenecen a los socios de las Mercedes,
indicaré las épocas en que pasaron a la sociedad.
La primera por denuncio hecho por su dueño don Manuel Garmendia el 15 de
noviembre de 1832. La segunda por cinco mil pesos a los herederos de don Pablo
Argandoña el año 1873. La tercera por dos mil cuatrocientos pesos a don
Bernardo Vergara en diciembre de 1879, y la cuarta por denuncio hecho de ella
el mismo mes y año.
Geología
La formación geológica de este mineral pertenece al período jurásico de
la época secundaria; consta de rocas calizas arcillosas y principalmente de
pórfidos estratificados metamórficos de colores abigarrados, alternando con
pórfidos feldespáticos, que forman capas de diverso espesor en mantos y fajas.
Las vetas por lo general corren de manifiesto haciéndose muy visibles
sus afloramientos. Todos estos mantos como las vetas están entrecortados por
una formación posterior. Estos son los cruceros o diques feldespáticos que
interrumpen el curso de las vetas, sin causar saltos o fallas en ellas, pues
las vetas aparecen a uno y otro lado con su dirección e inclinación
inalterables. Estos cruceros son conocidos en el mineral con el nombre de cruceros
bajos pintadores. A uno y otro lado de ellos y en los empalmes de las vetas
han sido los más ricos y abundantes alcances en todas las minas.
La producción principal es la amalgama de plata (plata y mercurio)
llamada arquería, une tiene el aspecto de la plata nativa, no encontrándose en
ninguna parte del mundo, solo en Chile, y esto no en mucha cantidad en el
mineral del Rodaito, situado aproximadamente a 3 leguas al sur del
cerro de la Descubridora y a 2 leguas del «Cerro Blanco» y en
las minas llamadas Posilla en la provincia de Atacama. En los
afloramientos y cerca de la superficie se ha encontrado plata córnea (Plomo de
los mineros) y accidentalmente a los 50 metros de hondura la polibasita y plata
sulfúrea.
El criadero principal es el sulfato de barita (cachi pesado de los
mineros); en pequeña cantidad el carbonato de cal (cachi liviano) y otras
especies de carbonatos calizos y ferruginosos mezclados con arcilla y muy
raros, el arseniato de cobalto y el cinabrio (sulfuro
de mercurio). En las minas de Nueva Arqueros predomina
el cuarzo. (Llamado quijo por los mineros).
Mercedes.
Habiendo pocos datos de las demás minas y siendo la principal de ellas
la mina Mercedes, tanto por su riqueza cuanto porque es la
única en que se siguen reconocimientos de planes, me limitaré a dar cuantos
datos poseo.
La veta. Mercedes que está sobre la corrida de la Descubridora, corre de
manifiesto en la superficie con la dirección N. 4S 1/2°. O.,
siendo su manteo vertical, desde la boca del pique hasta la hondura de 57
metros en que llega al manto broceador. Se pierde al llegar a este manto,
habiendo sufrido un botamiento que la arrojó próximamente 5 metros al norte y
la deshizo de tal modo que no quedaron en la roca sino manchas de cachi de
distancia en distancia. Sido por medio de una estocada dirigida al norte desde
el pique principal a los 107 metros verticales de hondura se volvió a encontrar
a los 16 metros. Al cortarse, la veta ya no era vertical, como sucedía antes
del botamiento, sino que apareció con una inclinación de 78 grados al norte;
pero sí con la misma dirección, habiendo seguido inalterable hasta los planes
actuales. Su potencia varía de 10 a 50 centímetros.
La Guía del Sol que en las pertenencias Cuatro
Amigos y Garmendia corre de oriente a poniente,
cambia gradualmente de dirección en la pertenencia Mercedes a
medida que se acerca a la veta por el poniente, describiendo una curva y
empalma con ella. En lugar de cruzarla hacia el poniente se separa, como si no
hubiese tenido la fuerza suficiente para atravesarla, tomando el rumbo N.N.O.
Su manteo desde la superficie es casi vertical, separándose solo 5
grados al sur, hasta los 35 metros de profundidad, en que toma la verticalidad
hasta los 55 metros, manteando después al norte con 70° de inclinación. Su
potencia varía de 5 a 30 centímetros.
La Guía del Sombrío es solo una ramificación de la veta
sin dirección e inclinación fijas, pues ya se aparta o ya empalma con ella en
varios puntos; pero al sureste, en los límites de esta pertenencia con la Descubridora, se
separa gradualmente de ella alejándose hacia el sureste. Su potencia varía de 1
a 20 centímetros.
La Guía de Entre-cajas, llamada así porque se encuentra
entre la Guía del Sol y la Guía del Sombrío, es
paralela a la primera en las pertenencias Cuellar, Mercedes
y Garmendia ; pero al pasar el crucero bayo de Cuatro Amigos,
varía de dirección, tomando su rumbo hacia el sureste. Su potencia varía de 5 a
20 centímetros.
Hay también a 5 metros al norte de la Guía del Sol un
venero de 10 centímetros de potencia, conocido con el nombre de Venero
de la Guía del Sol.
En la veta y guías de la mina Mercedes comenzó el
beneficio a los-5 metros de hondura, bajo el brocal del pique que está situado
a media falda del cerro al noroeste, a 220 metros horizontales y 80 metros
verticales de la cúspide del cerro. Continuó el beneficio casi en toda la
extensión del manto morado o pintador, siguiendo el paralelismo del manto
broceador, que tiene una ligera inclinación hacia el sureste, es decir, a
cuerpo de cerro quedando un grueso desde 5 metros quo tiene en la boca del
pique, hasta 90 metros de espesor que tiene en la cumbre del cerro que ha sido
muy pobre y que habiendo tenido bastante espacio y un buen manto, pudo haber
sido bastante rico.
El manto, llamado por los mineros morado o pintador, tiene
una potencia de 55 metros verticales, y el beneficio se ha extendido en las
guías, menos en la veta que solo llegó hasta los 40 metros.
La mayor parte de la riqueza se encontró en los empalmes y a uno y otro
lado de los cruceros feldespáticos, llamados por los mineros cruceros
bayos pintadores. Estos cruceros son 3 en las pertenencias de la sociedad
de las Mercedes.
Uno pasa por la mina Cuellar a 12 metros al noroeste
del pique Mercedes, su manteo al norte; el segundo a 8 metros al sureste del
mismo pique y su manteo al sur, siendo la dirección de ambos N. 30° E. El
primero tiene 1 metro y el segundo aproximadamente 2 metros de potencia y está en
las Mercedes.
El más grueso es el tercero en la pertenencia Cuatro Amigos,
su rumbo N. 5 E, su manteo muy notable al noroeste y su potencia 6 metros.
Teniendo la Veta la dirección N 481/2° O.
y la Guía del Sol de oriente a poniente, se separan
notablemente hacia el sureste; siendo esta separación de más de 500 metros
entre las pertenencias Descubridora y Cuatro Amigos,
y por el contrario al noroeste vienen a empalmar en las Mercedes.
Hemos dicho hace poco que la mayor riqueza se encuentra en los empalmes
y en las inmediaciones de los cruceros bayos. El empalme más notable ha sido el
de la veta con las guías y el venero, en una extensión de 30 metros
horizontales de largo, 45 metros verticales de alto y 11 metros de ancho a uno
y otro lado del pique comprendido entre los dos cruceros bayos, los que
teniendo manteos divergentes dieron mayor extensión a la base, formando una
especie de cono truncado, cuya base es de 30 metros y la cúspide de 20 metros.
En este lugar existe actualmente una enorme e imponente caverna
subterránea iluminada per los rayos del sol que penetran a través de
comunicaciones practicadas en el crucero de la Cuellar, cuyos
rayos al norte comunican a la superficie, y en las noches de verano penetrando
los rayos lunares a este caserón, le dan el aspecto de una cueva fantástica,
propia de los cuentos de hadas.
En ambos extremos del empalme y fuera de los cruceros bayos, el
beneficio se extendió en el sentido horizontal muy poco en la veta y en toda su
extensión en la Guía del Sol, hasta más al oriente del crucero bayo
de Cuatro Amigos, extendiéndose, por consiguiente, su beneficio
desde la pertenencia Cuellar, que a los pocos metros llegó al
manto broceador, hasta la pertenencia de Cuatro Amigos. La
abundancia y ley de los minerales producidos por la veta y las 3 guías han
seguido el orden en que están situadas, ocupando el primer lugar la Guía
del Sol, el segundo la Guía Entre-cajas, el tercero la Guía
del Sombrío y el cuarto la Veta.
—Antes de entrar en detalles de los planes, voy a dedicar un ligero
examen a un plano que existe en la mina Mercedes y cuyo
levantamiento fue hecho el año 1847. En este plano están consignadas las
principales minas del verdadero Cerro de Arqueros, situado
entre el Cerro Blanco al sur y el de Nuera Arqueros al
norte. Según él los labores practicados en la época de su bonanza para la
explotación y que se ha seguido hasta hace pocos años, ha sido el sencillo pero
poco económico sistema de chiflones y cortadas sin orden ni plan de ningún
género.
En el citado año de 1847 existía en la mina Mercedes un
pique vertical de 53 metros que servía para la extracción del agua y brozas de
las labores. Un chiflón practicado al noreste del pique y por el costado norte
del crucero bayo, servía de entrada y salida de los apires con el metal. Los
reconocimientos por la veta no pasan de 54 metros por el pique ya mencionado,
llegando al manto castellano, pero sin comunicar a ninguna parte del laboreo.
Por la Guía del Sol llegan las labores a 80 metros
verticales, siendo 20 metros por el manto broceador. En cuanto a las guías
de Entre-cajas y Sombrío, no estaban reconocidas
en esa época.
Eu la mina Cuellar no había ningún laboreo por las
guías, limitándose solo a la veta, hasta la profundidad de 95 metros
verticales, penetrando 35 metros en el manto broceador sin comunicarse con
las Mercedes, sino algunos años después en que el pique de esta
mina rompió a una estocada, que habla sido dirigida sin duda en busca de la
veta que la había botado el manto broceador. En esa época la Cuellar era
la mina más honda, teniendo 60 metros más que la Veta y 30 más
que la Guía del Sol en la mina Mercedes.
Eu cuanto a las demás minas Garmendia, Cuatro Amigos yVenero no
llegaban al manto broceador; solo la Descubridora habría
penetrado unos pocos metros. Posteriormente se siguió el laboreo de planes de
esta mina hasta los 180 metros verticales, con un pique malacate de 100 metros.
En todas estas minas sus reconocimientos se limitaron hasta 1847 solo a
chiflones de vueltas y revueltas por la veta y guía del sol; mientras que la
mina Mercedes hacía sus reconocimientos por medio de pontones
hasta los límites de su pertenencia.
En el grupo de Cerro Blanco solo la mina Santa
Rosa ha reconocido hasta la fecha 180 metros de profundidad, teniendo
un pique malacate de 165 metros verticales, y la Santa Elena que
está vecina, un pique de 100 metros.
Tanto estas dos minas, como las demás del mineral están llenas de agua,
y solo se las ampara, esperando el resultado de los trabajos de planes de
las Mercedes.
Después del año 47 se siguió el pique en esta mina hasta los 133 metros
de profundidad y se daban estocadas al N. E. en busca de la veta, lo que al
llegar al manto broceador a los 60 metros, había sufrido, como he dicho antes,
un botamiento. Fué encontrada a los 107 metros verticales de hondura y a 16
metros al noreste del pique y se comunicó por medio de un pontón al chiflón que
se seguía en su busca.
A los 130 metros se hizo otra comunicación del pique con la veta por una
estocada de 20 metros de longitud dirigida también al noreste. Se paralizó el
pique hasta el presente y se continuó con los chiflones de planes hasta el año
de 1859 llegando a la hondura de 175 metros verticales.
Poco después se comenzó a labrar desde la pertenencia Cuellar un socavón
de 127 metros de longitud, que comunica con el pique por medio de una cincha a
la hondura de 56 metros. Este socavón se terminó en 1873.
Desde el año 1859 hasta 1863 quedaron paralizados los trabajos de
planes, limitándose a explotar la parte alta de la mina. En este último año se
principió el desagüe que duró 11 meses; terminada esta operación se hizo una
cancha y un pique torno vertical de 20 metros fuera de la veta, no habiendo
alcanzado a tomarla en su remate. Este trabajo se siguió hasta fines de 1864,
sin duda por falta del aire necesario para su prosecución, alcanzando los
planes a 195 metros verticales de hondura.
En mayo de 1877 las aguas llegaban cerca del nivel del socavón, después
de 13 años de abandono. En esta época principié el desagüe de la mina,
operación que duró 13 meses, desaguando 135 metros verticales de laboreo y
parte de los planes de la mina Cuellar que comunican por medio
de una estocada al pique de las Mercedes.
Planes. —Los trabajos que se han ejecutado durante mi
administración son los siguientes:
1° El arreglo casi completo de un malacate de caballos;
2° Una cancha en el socavón para facilitar el desagüe.
3° El desagüe, y habiendo encontrado después de él los planes ahogados y
por consiguiente sin el aire suficiente para continuar los trabajos, hice
construir un cañón de madera de metro y medio de alto y 120 metros de longitud,
a partir de la última cancha del pique principal, dividiendo los laboreos en
dos partes independientes. Dos puertas, una en esta cancha la otra en la
inmediatamente superior, consiguiendo por este medio conducir el aire fresco
hasta los planes, sirviendo los chiflones antiguos de chimenea para la salida
del humo y del aire viciado.
4° Un pique inclinado por la veta, que tiene a la fecha 129 metros de
largo y llega a los 230 metros verticales de profundidad que es la mayor a que
se ha llegado en este mineral.
5° Dos piques auxiliares.
6° Tres estocadas, cada una de 25 metros de longitud dirigidas al N. N.
E. y que comunican el pique principal con los auxiliares, y tienen el doble
objeto de reconocer las guías y de ventilar los planes.
7° Tres canchas, para el depósito de la-í sacas.
8° La instalación de 4 bombas de mano con sus correspondientes tazas de
agua.
9° Una estacada que tiene a la fecha 13 metros de longitud y varias
otras obras que, junto con las anteriores, sirven para avanzar con los trabajos
con más celeridad que en otras épocas.
Desde 16 meses a esta parte los trabajos de planes no han marchado con
la rapidez debida a causa de la gran escasez de operarios, la cual todavía se
hace sentir, no obstante de haberse aumentado los salarios en un 25 por ciento.
A pesar de estos inconvenientes los trabajos de planes marcharían con
más celeridad si se hubiese principiado a construir el pique desde el remate
del socavón (según está indicado en un plano que mandé a los socios en junio de
1878). Pero esto exigía una gran cancha para instalar en ella una máquina a
vapor, enmaderación del pique, etc. etc, lo que demandaba un gasto más o menos
de 25 mil pesos para su ejecución. No obstante, todo esto habrá necesidad de
hacerlo, una vez que se alcance en planes, con los mismos productos que dé, lo
que economizará muchos apires que son los más escasos.
Siendo trabajos de reconocimientos los que se iban a efectuar, los
socios no creyeron conveniente hacer este gasto, creyendo que el broceo no
fuese tan largo; y se principió el trabajo del pique manteado, a 80 metros
verticales más bajo que el nivel del socavón, punto que era indispensable para
la ventilación y prosecución indefinida de los planes.
Estos trabajos de piques y estocadas, a la vez que sirven para preparar
el campo para una explotación abundante y económica en el porvenir, han dado a
conocer la posición y corrida de la veta y guías.
Mantos. — Por medio del pique vertical antiguo que
tiene 133 metros a contar desde la boca de él, se han reconocido los mantos
siguientes:
1° —El manto morado o pintador de 62 metros de
potencia.
2°—El manto castellano en medio del pintador a la
hondura de 45 a 18 metros.
3°—El manto broceador, de color verde claro, medianamente
duro y de 55 metros de potencia (de 62 a 117 metros verticales). Este pique
abraza parte del manto que sigue: Por el pique manteado, y por la veta, que
está a 20 metros más al Norte y que principia más o menos al mismo nivel que el
remate del anterior, se han reconocido los mantos que a continuación se
expresan;
4°—El manto cristalino, de color entre negro verdoso y pardo
oscuro, de mucha dureza, su potencia 60 metros (117 a 177 metros).
5°—El manto verde oscuro, más blando y homogéneo que los
anteriores de 25 metros de grueso (117 a 202 metros). En la parte superior de
este manto aparecieron manchas de pirita de hierro y cobre y a
los 10 metros antes de terminar, la veta desaparece del todo sin quedar señales
de ella y la caja norte que era la única que se llevaba en los mantos
superiores, desapareció hasta los planes actuales; siendo la brújula lo que nos
ha servido de guía para la continuación de los trabajos. 6°—El manto
cenizo, de color entre rojizo y ceniciento, siendo muy calizo, su espesor 5
metros (202 a 207 metros). En este mantito se forma la veta y aparecieron
manchas de pirita de hierro y oxisulfuro de cobre con indicios de
plata, desapareciendo la veta en el manto siguiente;
7°— Segundo manto verde oscuro, de 3 metros de grueso (207 a
210 metros).
8°—El manto rojo compuesto de arcilla algo caliza, su
potencia 12 metros (210 a 212 metros), la veta reaparece de nuevo pero muy
ramificada.
9°— Tercer manto verde oscuro de 4 metros de espesor
(222 a 220), en el que desaparece la veta.
10° —El manto rojo oscuro, arcilloso, de color entre pardo
oscuro y rojo en que abunda el peróxido de hierro, lleva además algunas manchas
verdes de anfibola que parece formar parte de la veta que
aparece de nuevo ea este manto: su potencia es de 7 metros (226 a 233 metros).
11° —El manto feldespático, sin indicios de carbonato de
cal, de color verde oscuro, con cristales blancos de feldespato ortoclasia de
25 metros de espesor (233 a 258 metros). La veta en este manto aparece y
desaparece. En la medianía de él y en su intersección con un angosto crucero
calizo, aparecían pequeños clavitos de plata blanca muy
delgados y plata sulfúrea, que dieron por ensaye 5 marcos el cajón,
habiendo alcanzado la veta en esta parte a 40 centímetros de potencia; pasado
el crucerito la veta desapareció del todo.
12°—El manto feldespáticoverde claro, algo calizo, con
los mismos cristales de feldespato ortoclasia; este manto en el cual estanos
actualmente parece tener 15 metros de espesor y de los cuales llevamos
reconocidos 3 metros, han principiado a aparecer ramificaciones de la veta y a
arreglar sus cajas.
Después de este manto según y lo que se observa en la superficie del
terreno vendrá otro de arcilla gris muy calizo de 12 metros más o menos de
potencia, y que reposa a la vez sobre otro manto arcilloso acráceo cuyo espesor
no se conoce.
Fin. —Según la configuración del terreno en el
cerro de las se puede seguir la serie de las estratificaciones hasta más de 400
metros verticales, hacia el poniente, bajo la cumbre del cerro de esta mina.
Este gran espesor hace presumir que las vetas argentíferas se podrán explotar
hasta una gran profundidad, más del doble de la que se ha llegado en planes
hasta la fecha. Es muy natural creer que el beneficio buscado se va aproximando
y que en poco tiempo más llegaremos a la bolada. Arqueros,
mina Mercedes, noviembre 11 de 1881.
Jorge Osario II.
Capítulo VI
Chañarcillo
Entusiasmo que el descubrimiento de Arqueros despierta entre los mineros
del norte. —Cuadrillas de cateadores. —Descubrimientos de Ladrillos, Punta
Negra y Bandurrias. —El español Gómez descubre a San Antonio en 1829.
—Establecimientos de fundición de cobre en la quebrada de Chañarcillo de don
Miguel Gallo y de don Santiago Meléndez. —El leñador de este último, Juan
Godoy, le es deudor de una suma de dinero, mientras trabaja en la quebrada y
hace el descubrimiento. —Relación de éste por don José Joaquín Vallejos. —El
primer descubridor de Chañarcillo fué un arriero de don Mariano Aristía. —Cómo
Juan Godoy dio con el crestón de la Descubridora en el fondo de la quebrada.
—Carga sus borricos con piedras de plata y se dirige a Copiapó. —Encuentra en
el camino al cateador de don Miguel Gallo, Callejas, y le cede una tercera
parte de su descubrimiento. —Callejas la traspasa a su patrón, le comunica el
hallazgo y salen en secreto para Chañarcillo. —Los siguen los Peraltas, Espoz y
José Vallejos. —Cuando Gallo examina el crestón de la Descubridora, los
Peraltas descubren en la cima del cerro el riquísimo manto de su nombre.
—Compra total que hace Gallo a Juan Godoy de sus derechos, y condiciones de
esta venta. —Honradez y delicadeza de Gallo. —Vende éste dos terceras partes de
su mina a den Francisco Ignacio Ossa y a don Ramón Goyenechea. —Mensura de la
mina por el general .Aldunate. —Disputa entre los socios de la Descubridora
sobre el rumbo de la veta. —Triunfo y acierto de Gallo. —Fe profunda que
Vallejos tenía en la riqueza de Chañarcillo. —Relación del descubrimiento por
Sayago.
I
Los descubrimientos casuales de Agua Amarga y de Arqueros fueron dos
hechos trascendentales en la laboriosa y hasta entonces ingrata y pobre vida
minera de Chile. Fueron dos casualidades, pero al mismo tiempo fueron dos
revelaciones. Como los anillos rotos de Darwin, el uno fué amarrado en el otro
por la mano de la ciencia, y ambos probaron que en el norte de Chile había una
cadena, una corrida geológica, un panizo sucesivo de veneros de plata que
correspondía a un principio científico y natural. La cadena de oro que los
Incas arrojaron a las aguas del Titicaca al primer anuncio de la aparición de
los castellanos, según la tradición vulgar, había sido al fin encontrada....
Pero sus eslabones no eran de aquel preciado metal sino de montículos de plata
blanca que salia a flor de tierra, en poderosos crestones tostados por el sol y
oxidados por el viento y la niebla, que el caminante y el minero iban pisando
en su camino desde el rio Coquimbo al rio Loa. Y así fué como el cerro de
Chañarcillo, este Potosí chileno, no tardaría en aparecer en las cambiantes
perspectivas del desierto.
II
Desde que, como dentro de un pozo de plata, apareció al sol en grandes
bolones y rodados la portentosa riqueza de Arqueros, afianzó este
descubrimiento en los ánimos de los mineros la persuasión de que todos los
páramos del norte ocultaban una esperanza o un tesoro positivo, bajo cuya
creencia lanzáronse las compañías de cateadores o de habilitados unas en pos de
otras, en todas direcciones. Y como era de esperarse, los descubrimientos
aparecieron a la manera de encanto por todos los rumbos del compás, y algunos a
la vista misma de la ciudad de Copiapó. Tal fué el origen de los en su época
famosos veneros de plata del Checo, de Ladrillos, de Bandurrias, de Agua
Amarilla, y por último, del de San Antonio en Potrero Grande, que no fué sino
el derrotero de un rodado hallado en 1784, pero cuya poderosa veta solo vino a
descubrir cerca de cuarenta años más tarde (1829) el español Manuel Gómez.
III
“En marzo de 1826, dice en efecto el fiel historiador de las minas de
Copiapó que varias veces hemos citado, y compendiando esta vez el múltiple
movimiento de los denuncios que se registran en las escribanías de la, ciudad
cabecera, en marzo de 1826 don José Maria Fuente hacía manifestación de una
veta de plata en el centro del Checo, cuya corrida se prolongaba contigua a
unas minas que trabajaba don Adrián Mandiola.”
“EI 20 de ese mismo mes, don Adriano Valladares descubría otro venero en
una sierra vecina del mineral de cobre de Ladrillos.”
“En el cerro del Sauce, a inmediaciones de Cerro Blanco, se descubrieron
varias vetas, cuyos pedimentos llevan la fecha de 31 de julio, la primera fué
hallada por don Jacinto Ahumada; don Manuel Ahumada pidió la segunda, ubicada
en el portezuelo de la sierra, al lado de abajo, con un picado que parecía ser
de los antiguos infieles; don Martín de la Rivera la tercera,
distante diez o doce cuadras de la primera; don Matías Ahumada la cuarta, y don
Pascual Vallejo la quinta, metida en la rinconada que formaba la sierra.”
“Todavía el escribano de la villa tuvo que prolongar su página de
descubrimientos, anotando el de la veta de la sierra llamada de los Sapos, a
poca distancia de la del Sauce, efectuado por el citado don Jacinto Ahumada.”
IV
“En mayo de 1827 don Pedro José Urrutia y don Mariano Valladares dieron
con una veta de plata en el cerro de Ladrillos, sobre la cual se situaron como
estacados el doctor don Juan José de Echeverría, don José Agustín Bustamante,
don Adrián Mandiola y varios otros.”
“Dando vista a esta veta descubrieron, varios días después, otro venero
don Diego de Almeida, don Juan de Dios Godoy y don José Páez, siendo sus más
próximos estacados el citado Urrutia, don Diego Torres y don Francisco Garín.”
“Estas vetas, ricas desde la superficie, ubicadas en un mineral vecino y
desde cuyas cumbres se divisaba la villa de Copiapó, trajeron la restauración
de la era de la plata que parecía haberse escapado con el agotamiento de los
antiguos minerales”.
V
“Por esos tiempos el departamento vio despertar el entusiasmo por el
rebusque de vetas; empresarios como los Matta, los Ossa, la Compañía Inglesa,
Echeverría y tantos otros despachaban expediciones en todas direcciones, y a
datar desde entonces los nombres de Almeida, Alcota, Cuellar, Echeburu, Garín,
Pinto y muchos más han quedado legados a la posteridad como un augurio de buena
suerte en la explotación de nuestras serranías.”
“En siete de junio siguiente, don José Cuellar se presentaba a la
diputación pidiendo una veta nueva hallada en la sierra de Ladrillos dando
vista a la quebrada y a un algarrobo que había en ella. Esta fué la famosa guía
que ha conservado el nombre del descubridor y de cuya mina se llegó a sacar
retalla de plata.”
Mientras tanto, don Miguel Gallo, insigne minero, y José Alcota oriundo
de una familia indígena, acostumbrado a recorrer cerros, exploraban las sierras
contiguas al mineral de Ladrillos; y retirándose de él para caer a la quebrada
de los Cóndores, hallaron en abril un venero de plata en el paraje conocido con
el nombre de la Cantera, dando vista a la quebrada de la Agua Amarilla. La veta
no fué de importancia, y siguiendo la expedición se encontraron cateando en el
mes de junio en el cerro de Bandurrias, enfrente de la aldea de Punta Negra.”
“Tres vetas fueron descubiertas allí que Gallo pidió separadamente con
Alcota, don Gaspar Pinto y don Juan José Sierralta Callejas; luego después don
Baltasar de Ossa, Pascual Cabrera y Gregorio Ortiz;, se presentaron solicitando
otra nueva veta, cuya primera estaca obtuvo don Rafael Esby ensayador y gerente
de la Compañía Inglesa de Minas.”
«Pero estos veneros que hablan manifestado algunos pedacitos de plata
blanca, se agotaron a poca hondura y sus trabajos se abandonaron.”
VI
“En 1828 se efectuaron los descubrimientos de Agua Amarilla, (junio 3)
por don José Cuellar y don José María Codecido, de la Agua de Pérez diez días
después por don Manuel Espoz y en seguida de la Punta Brava por don Diego de
Almeida y un tal Torrejón, cateadores de la Compañía de Minas.
VII
“Un español llamado Manuel Gómez se propuso catear en el cerro de San
Antonio de Potrero Grande para buscar la veta que habla lanzado al fondo de una
quebrada los ricos rodados hallados en 1784 por don Ventura Valdés, aquel
descubridor de uno de los veneros del mineral de Punta Gorda. Valdés obtuvo
permiso para catear por tres meses la misma sierra pero no pudo dar con la
veta; Gómez, que no era de ejercicio minero, que escasamente conocía los
minerales, trepó, no obstante, el cerro en marzo de 1829 y bajó con alguna
dificultad después de haber arrojado la llaucana para cargar mejor las piedras
que había arrancado de un filón que debía ser la rica veta de donde se hablan
desprendido los rodados de Valdés.”
Tal fué el origen del mineral de San Antonio que rindió buenos miles de
pesos a sus explotadores don Eugenio de Matta, don Diego Carvallo, don
Bernardino Codecido y varios otros».
VIII
Encontrábase la fiebre argentífera de Copiapó en su período álgido,
según se ha visto por la reseña que acabamos de dejar consignada, cuando en un
día del otoño de 1832, día memorable para la industria, la fortuna y la
prosperidad de Chile, un simple arreador de borricos llamado Juan Godoy, hombre
mestizo, tropezó en el fondo de la entonces boscosa quebrada de Chañarcillo,
poblada de enanos chañares, retamos y carbones, con el
maravilloso crestón de la mina que en el presente siglo ha alimentado con más
profusión que ningún otro asiento de plata, con excepción tal vez de Nevada,
las casas de moneda y el medio circulante del mundo.
IX
Muchas son las versiones que de aquel hallazgo se han dado a luz en los
cincuenta años corridos de fama y de bonanza que ha disfrutado aquel cono
volcánico tan semejante en su forma y estructura geológica al de Potosí, si
bien en proporciones de amplitud y tamaño harto inferiores. Pero las mejor
justificadas parécenos haber sido las que hace siete años dio a luz en Copiapó
don Carlos Maria Sayago en su obra varias veces citada, y otra no menos
interesante y acaso más completa que hace más de treinta años compuso en
Santiago don José Joaquín Vallejos, la cual se halla inédita a nuestro
entender, y habiendo venido, como el crestón de Juan Godoy, por casualidad a
nuestras manos, le otorgamos preferencia, sin desdeñar ciertamente la primera,
cuyos pasajes principales reproducimos en el anexo del capítulo presente. Una y
otra relación coinciden en el fondo y en la mayor parte de los detalles, siendo
mucho más minuciosa, como cosa de contemporáneo, la del célebre escritor
copiapino; y ocurre de particular entre ambas, que mientras en la del
historiador moderno figura el paraje de Chañarcillo como lugarejo de minas
desde la medianía del siglo pasado (1747) en que un Zuleta trabajó allí cierta
vetilla de oro y desde 1808 en que el conocido minero don Santiago Escuti
denunció la quebrada, para explotar sus manchas de chañares (de donde viénele
el nombre) en un ingenio de cobre, la narración Vallejos se inclina vagamente a
disputar la primacía del descubrimiento a Juan Godoy para atribuirla, según se
verá de seguida, a un oscuro arriero coquimbano, cuyo nombre no se ha
conservado, excepto por el de su patrón. De todas suertes será oportuno tomar
conocimiento de algunas circunstancias previas que revisten de mayor interés y
novedad el hallazgo, y son las siguientes, que con suma brevedad apuntamos.
X
En primer lugar, y como es constante en la historia agrícola del país,
los años del descubrimiento de Chañarcillo hablan pasado por una zona de
insólita humedad, de suerte que las lluvias que venían sucediéndose,
especialmente desde 1827, lavando rudamente las laderas y las espaldas de las
serranías, presentaban un campo propicio al cateador. En segundo lugar, no debe
olvidarse que el crestón descubridor que detuvo a Juan Godoy en su camino, no
se hallaba en el faldeo del cerro como en el Potosí peruano, ni en la cumbre
del cono como en Arqueros, sino en el fondo o punto de arranque de la quebrada,
según puede verse en el mapa y vista que del cerro reproducimos. Y esta última
circunstancia, de seguro habría facilitado su encuentro en época más o menos
próxima, porque por allí existían varios ingenios de cobre que consumían leña.
Los más cercanos a la quebrada eran los de don Miguel Gallo y don Santiago
Meléndez, patrón directo de Godoy en esa época, y a quien era deudor de la suma
de 170 pesos de anticipos por cuenta de sus borricos y su leña. Y esta deuda,
difícil de pagar con tan pobre vehículo, fue tal vez causa de lanzar al infeliz
deudor, más que otro motivo eficaz de actualidad, al monte, al cateo y al
descubrimiento.
XI
Expuestos estos antecedentes, en los cuales corren más o menos de
acuerdo las dos relaciones que seguimos, damos cabida a la autógrafa de
Vallejos, que de su propia letra pasa a los moldes de la imprenta, y
literalmente dice así:
XII
“...No se ha averiguado bien lo que andaba haciendo Juan Godoy en el
desierto, cuando descubrió esta mina, en mayo del 1832. Cateador, leñador y
guanquero, nadie sabe cuál de sus tres profesiones le ocupaba entonces en
aquellos desamparos. Hay quien dice que le dio el derrotero de esta veta una
vieja, tía suya, pastora que, en las primaveras, llevaba sus cabras por esos
rumbos. Y ha fortificado a muchos en esta creencia, el haberse hallado, en la
época del descubrimiento, los vestigios de una majada en las inmediaciones de
la Descubridora.”
“No ha podido llevar a Godoy a esa serranía la caza de algún guanaco,
porque ésta no se practica ni es segura sino en los llanos. Tampoco ha podido
ser la leña, pues habría cargado millones de burros con la que entonces tenían
las quebradas bajas de uno y otro lado de Chañarcillo. Y no deja de ser muy
dudosa la opinión de que andaba cateando, porque ningún vestigio dejó de su
llaucana sobre las muchas corridas llenas de reventones ricos que, a primera
vista, se descubrían en el cerro. Si Juan Godoy hubiese cateado dos días en
Chañarcillo, no habría dejado una sola veta para otro.”
Parece, pues, muy posible que este hombre fué guiado allí por un
derrotero, y que el derrotero lo supo de la vieja pastora, porque otro ser
menos inocente no habría jamás reservado tan importante secreto.”
XII
“Hay en esto también un hecho notable, digno de conservarse. El rico
reventón de Chañarcillo había sido hallado, un año antes, por un arriero de
ganados que envió a Copiapó desde Coquimbo don Mariano Aristía. Campeando en
este cerro algunos animales dispersos, dio con la riqueza. Pero no conociéndola
bien el arriero y sospechando solamente que aquello fuese una mina de plata,
cogió un pedazo y lo llevó a su patrón a la vuelta. El señor Aristía organizó
en el momento una expedición de cateadores, que partieron desde Sotaquí y
llegaron al Agua del Lazo, trayendo de baqueano al arriero. Una borrachera u
otra cosa parecida, introdujo en los expedicionarios la discordia, y no
siguieron adelante.”
“Solo cuando Juan Godoy descubrió, llegaron a persuadirse Aristía y
cuantos más supieron el derrotero del arriero de ganados, que este hombre no
les había engañado; porque las señas que él daba, eran las mismas del cerro de
Chañarcillo.”
XIV
Según todas las probabilidades, Godoy descubrió la riqueza, que era un
crestón de plata de vara y media de altura, el 16 de mayo de 1832. Dicen que se
vino a Copiapó trayendo dos burros cargados de metal; pero no está probado sino
que manifestó, a su llegada, dos piedras ricas. Lo que no tiene disputa es que
al pasar por Punta Negra se encontró de manos a boca con Juan José Callejas,
cateador de don Miguel Gallo, que bajaba entonces del mineral de Ladrillos.
Godoy, antiguo amigo de Callejas, le dio aviso del descubrimiento y le regaló
una tercera parte de su derecho. Pero éste hizo el traspaso de la donación a su
patrón Gallo, en cuya casa presentó al descubridor con todo el misterio e
incomunicación que son propios de estos casos.”
“Juan Godoy tenía un hermano José, a quien dio también otra tercera
parte del descubrimiento.”
XV
“GaIlo, Callejas y los dos Godoy, salieron de Copiapó en dirección a
Chañarcillo el 17 de mayo por la noche, haciendo el menor ruido posible para no
ser seguidos por nadie. Pero un acontecimiento de esta magnitud es imposible
que deje de tener su runrún. Oyéronlo José Dolores y Pascual Peralta, José
Vallejos y Domingo Espoz que, ensillando a toda prisa, pusiéronse a seguirles
la pista a Godoy y sus compañeros.”
Cuando éstos, en la tarde del 18, miraban extasiados el rico reventón de
que eran dueños, divisaron en lo alto del mismo cerro a cuatro hombres que se
abrazaban entre sí dando gritos de alegría. Eran los Peralta, Vallejos y Espoz
que, guiados por la buena fortuna, acababan de descubrir esa riqueza famosa que
lleva el nombre de los dos primeros: el Manto de los Peraltas.
XVI
“Pero el ruido vago del hallazgo de Godoy no solo puso en movimiento a
estos aventureros. Copiapó todo se hallaba agitado con la noticia. Nadie sabía
fijamente donde había ocurrido el suceso, ni sobre qué dirección hablan salido
don Miguel Gallo, Godoy y los demás cateadores. Lo único que se aseguraba era
que un Juan Godoy había descubierto una rica veta de plata en un punto llamado
Chañarcillo. Por eso fué que muchos presentaron a la diputación de minería sus
pedimentos por estacas a linderos de la Descubridora, antes de
haberse denunciado judicialmente el descubrimiento.
XVII
“E1 19 de mayo, don Miguel Gallo, Juan y José Godoy presentaron su
solicitud de denuncio a las once de la mañana. «Hemos descubierto, dicen, » una
veta de metales de plata en las sierras de » Chañarcillo, dando vista a la
quebrada del Molle y Bandurrias.”
“Siete días después de este denuncio, el 26 de mayo, los Godoy por un
documento extrajudicial, vendieron sus dos terceras partes a su socio Gallo en
la veta Descubridora, firmando a ruego de ellos el documento don
Domingo García y don Eduardo Miller, ante tres testigos. El precio de la venta
fué la cantidad de 8.745 pesos (546 pesos por barra), que debían pagarse en
esta forma: Gallo se comprometió a entregar a los vendedores, dentro de 60
días, la hacienda de Punta Negra de la propiedad de los doctores Sierra,
o 6.000 pesos en plata, si no podía conseguirla por ese precio: dentro de 8
días se obligaba también Galio a entregar a los mismos Godoy el sitio de la
propiedad de aquél, ubicado en la esquina de la plaza de Copiapó avaluado en
1,500 pesos, y además 1,245 pesos en dinero para el entero del valor total del
contrato. Don Francisco Ignacio de Ossa afianza de mancomún et insolidum al
comprador en las obligaciones que contrae.”
“Este contrato se redujo a escritura pública el 19 de junio, al mes
cumplido de la merced obtenida.
“Don Miguel Gallo no pudo conseguir que le vendiesen la hacienda de
Punta Negra, y enteró en dinero 7,245 pesos, como también su sitio de la
plaza.”
XVIII
“Los Godoy se partieron entre sí, quedándose José con el sitio y Juan
con la mayor parte de la plata.”
“Juan Godoy metióse a comerciante, y el 4 de agosto aparece formando una
compañía de comercio con don Juan Guillermo Zavala, en virtud de la cual
recibió éste 6,000 pesos para entablar el giro.”
“Poco después tronó la compañía; sobrevino un pleito, y liquidadas
cuentas, solo quedó Godoy con una escritura por la cual se compromete Zavala a
pagarle tres mil pesos cuando adquiera bienes raíces. Hoy está
pendiente un pleito sobre el cobro de esta escritura.”
“Caído otra vez este descubridor en la miseria, don Miguel Gallo le dio
una dobla en la mina, y con el producto compró para él en La Serena un pedazo
de terreno donde murió, dejando dos hijos menores, de segundas nupcias. Estos
niños se encuentran hoy al lado de doña Candelaria Goyenechea, viuda de Gallo.”
“E1 cabildo de Copiapó ha dado el nombre de Juan Godoy al pueblo fundado
al pié de Chañarcillo. »
“La Junta de Minería ha decretado una pensión mensual y vitalicia de 30
pesos a favor de la viuda del mismo descubridor y de sus dos hijos menores. »
José Godoy vendió la mitad del sitio: se fué a la otra banda, donde no
ha mucho ha muerto. Su familia habita hoy en Copiapó, en la parte restante del
solar de Gallo.”
“Este fundo vale actualmente de 20 a 25,000 pesos.”
XIX
Don Miguel Gallo vendió, el 24 de junio, a don Ramón Goyenechea y don
Francisco Ignacio de Ossa, seis barras a cada uno por lo que le costaban, es
decir, por 3,476 pesos 11/2 real, que le pagó cada comprador al
vencimiento de los plazos. Parece, sí, muy extraño que no les hubiese extendido
títulos escriturarios de estas acciones, pues no se les encuentra en nuestro
archivo público. Probablemente se contentaron con algún simple documento y la
buena fe basada en sus antiguas relaciones.
XX
“La Descubridora se mensuró el 12 de setiembre de 1832
por el señor general don José Santiago Aldunate, intendente de la provincia de
Coquimbo, de la cual era entonces Copiapó un departamento. Don Hipólito Belmont
hizo de perito en la operación. La diligencia de esta mensura es el primero y
único documento público por el cual consta que Ossa y Goyenechea son dueños de
la mitad de esta mina.” [33].
XXI
“En aquel entonces, muy poco conocidas debieron ser las ordenanzas de
minería, y mucho menos conocidos los instrumentos profesionales del perito.
Porque en la mensura de la Descubridora de Chañarcillo y demás
minas de esta localidad, ni se observaron las reglas de aquel código ni se
practicaron las operaciones conducentes a determinar el rumbo y recuesto de las
vetas. Así fué que la corrida o longitud de las pertenencias se midió a cordel
tendido siguiendo las ondulaciones de la superficie; y las aspas se distribuyeron
generalmente por mitad a uno y otro lado de las vetas, considerándolas
perpendiculares, lo cual está en abierta contradicción con los hechos.”
“De este modo la Descubridora y demás pertenencias, no
tienen realmente en Chañarcillo sino 50 varas de aspas, en lugar de las 100
varas que debieron dárseles por ordenanza; y de aquí proviene que en muy poco
tiempo mas, aquello será un semillero de pleitos por internaciones.”
XXII
“Hubo en la mensura de la Descubridora dos ocurrencias
dignas de recordarse. Sus dueños pudieron tomarse el rico reventón de los
Peraltas; y no quisieron hacerlo, por un sentimiento de honradez, que no se ha
repetido después en casos análogos. Y ganaron mucho en ello; porque así abandonaban
los otros el rico cerro de las Guías del cual han sacado, sacan y sacarán
tantos provechos.”
“La otra concurrencia fué la disputa que ocurrió entre los socios,
puestos en el pozo de ordenanza, sobre el rumbo hacia el cual
deberían dirigir la longitud o la corrida. Ossa y Goyenechea apreciaron mucho
ese descanso de cerro que hay al sur de la Descubridora y
que ocupan la Carlota y Santa Rita y muchos
otros les ayudaban a sostener que debía tirarse la cuerda de Belmont para esa
parte. Gallo, al contrario, miraba esa opinión como un disparate, sosteniendo
que si allí habría de formarse una verdadera mina era indispensable buscarla a cuerpo
de cerro. Gallo no quiso ceder a sus socios, que al fin le abandonaron el
campo; y Mr. Belmont midió 600 varas al norte de la boca-mina, conquistando de
este modo uno de los puntos más ricos que comprende Chañarcillo. Sí Ossa y
Goyenechea hubiesen ganado la cuestión se habrían quedado con el cerro más
pobre del mineral.”
“La mina Descubridora es la que menos pleitos ha tenido
que sostener con sus colindantes u otros interesados, y la que ha seguido su
explotación sin que tampoco los haya habido muy serios entre los accionistas.
Un administrador nombrado por éstos dirige las faenas de la empresa, cuyos
gastos se cubren mensualmente por sus respectivos cupones. Los metales se
parten proporcionalmente en las mismas canchas de la mina.”
“Hoy (1849) tiene dos faenas, la de las Treinta y la de las Guías; dos
pique-tornos movidos por caballos, 30 labores en beneficio, un administrador
general, un contador, 38 mayordomos, 74 barreteros, 104 apires, 2 herreros, 3
carpinteros, 4 cocineros y 3 sirvientes de mano; total: 230 hombres. Sus gastos
mensuales son de 8 a 9,000 pesos.”
XXIII
Termina aquí la concienzuda relación de Vallejos, pero éste como
inspirado todavía por profético convencimiento agrega: “Tengo por indudable que
moriremos todos (i él en efecto desapareció bien pronto), y Chañarcillo seguirá
adelante y de bien en mejor en su empeño de enriquecer el mundo.”
¿Y no es esto lo que hoy, después de 30 años, está volviendo a suceder
en la corrida de la Constancia?
XXIV
Cabe aquí ahora, sin entrar en las apreciaciones y resultados locales y
generales que produjo el descubrimiento del desdichado Juan Godoy, dar lugar a
la relación complementaria del historiador lugareño de Copiapó, y esto es lo
que encomendamos al siguiente anexo, copiado de la Historia de Copiapó por
don Carlos M. Sayago.
Anexo al Capítulo VI
Relación del descubrimiento de Chañarcillo según don Carlos María
Sayago.
“...Una india del pueblo de San Fernando llamada Flora Normilla, habíase
establecido por allí con su majada, asentando su choza en la punta de
Pajonales, dando vista a un cerro cubierto de vegetación y que parecía un tanto
desprendido de la sierra.”
“Cuando al caer el sol recogía sus animales, en muchas ocasiones llegaba
don Miguel Gallo a descansar en su choza para continuar su viaje al ingenio del
Molle; la india siempre lo atendía con cariño y le ofrecía que participara de
su mate o de los cabritos de su majada.”
“Una vez, notándolo intranquilo por sus trabajos de minas, y conocedora
ella misma de sus afanes por esta industria, díjole, así, flojamente, sin que
el señor Gallo hiciese mucha atención, que ella podría librarlo de tantas
afanosas diligencias haciéndolo dueño de una riqueza que tenia encontrada muí
cerca de su choza.”
“En varias ocasiones repitióle lo mismo y con la misma flojedad; pero
Gallo, preocupado siempre con sus minas de cobre, su ingenio de fundición y las
leñas de las quebradas con que lo alimentaba, no aceptó tal revelación como
cosa cierta, sino como exceso de agasajo de parte de la buena india, o más bien
como un deseo de prosperidad en sus negocios. Y cada vez que le tocara pasar
por la punta de Pajonales, seguro de encontrar a la cariñosa Flora, sacaba de
sus alforjas algunos regalos para ella.”
“Poco después Flora Normilla murió.”
“Por ese tiempo un hijo de ella llamado Juan Godoy, joven, bien
constituido y fuerte para los trabajos serranos, estaba en el ingenio de
Chañarcillo, ocupado en acarrear leña de los alrededores.”
“Recorriendo esos parajes en busca de arbustos que desmontar muchas
veces se encontró con su madre ya en el llano, ya en el alojamiento de
Pajonales, y fué el sabedor de la existencia de la riqueza de Chañarcillo,
recibiéndola de ella en sus últimos instantes, como una sagrada herencia, cuyo
secreto debía guardar sin hacer partícipe a ningún otro sino al señor Gallo, en
obedecimiento a la promesa que ella le había hecho en diferentes ocasiones.”
“Esta circunstancia de la revelación de la madre al hijo, se ha
constatado después contra la opinión vertida de que Juan Godoy hizo el
descubrimiento por una casualidad: el mismo Godoy interrogado más tarde sobre
el particular no dio contestación categórica, negando la participación de su
madre en el hallazgo: solo añadió sonriéndose, que era probable que ella al
hablar de una riqueza al señor Gallo se refiriese a otra y no a la que él en
persona había hallado.”
“Sea de ello lo que fuere, el hecho es que Juan Godoy fué para ante el
mundo minero, el descubridor de Chañarcillo».” [34]
“Agregaremos todavía que, según consta de los archivos de la escribanía
pública de Copiapó, el primer denuncio formal del descubrimiento fué hecho el
19 de mayo de 1832 como aparece del siguiente asiento fielmente copiado del
registro respectivo por el autor de la Historia de Copiapó, el cual dice como
sigue:
“En la villa de Copiapó a 19 de mayo de 1832, ante el señor juez de
minas, se presentaron don Miguel Galio, Juan Godoy y José Godoy pidiendo una
veta de metales de plata que han descubierto en las sierras de Chañarcillo,
dando vista a la quebrada del Molle y a Bandurrias, en cerro virgen; su rumbo
es, al parecer, de norte a sud. Se les hizo merced de ella, sin perjuicio de
tercero y con arreglo a Ordenanza, para lo cual les extiendo su registro. Doy
fe. —Vallejos”.
Capítulo VII
La geología y la producción de Chañarcillo
Situación geográfica y geológica de Chañarcillo. — El mineral ocupa el
centro de la gran hoya o corrida argentífera de Chile. —Descripción científica
que de la estructura del mineral hace Pissis. — Vetas, mantos y bolones. —Los
mantos pintadores y la mesa de piedra. —Admirable inteligencia práctica de los
mineros chilenos. —Descubrimientos sucesivos en Chañarcillo. —El Manto de Ossa,
la Colorada y la Candelaria. —Cómo esta mina enriquece a Jotabeche. —Potencia
de Chañarcillo en los primeros años. —El crestón de la casa de Gallo y la
palangana de plata, de la señora Cerda de Ossa—Su primer decaimiento, y
millones que produce. —Estadística de Chañarcillo y minas adyacentes hasta
1847.
I
El justamente famoso mineral de Chañarcillo, o como otros con más
equidad y poesía suelen llamarlo, por su asiento y por su descubridor, —de
«Juan Godoy», hállase situado 18 leguas al sudeste de la ciudad de Copiapó y en
el antiguo ca- mino de travesía que de un valle a otro conducía al Huasco,
exactamente como el de Arqueros estaba en ese mismo sendero a igual distancia
de la Serena. Por su ubicación, estructura y caracteres geológicos pertenece
Chañarcillo a los depósitos metálicos que el sabio Pissis ha clasificado bajo
el nombre de primera zona argentífera de Chile, o sea la de su valle central,
que comienza al pié de los cerros calizos de Culunquén, dando vista a San
Felipe, y terminan por hoy en Caracoles, a 400 leguas de
distancia; pudiendo considerarse como obra de casualidad el hallazgo sucesivo
de los famosos reventones de Arqueros, de Chañarcillo, de Tres Puntas, de la
Florida y probablemente de Cachinal de la Sierra. Caracoles pertenece, a la
segunda región, es decir, a la corrida sub-andina de Agua Amarga, Cabeza de
Vaca y al antiguo y rico asiento del Zapallar, el Caracoles del siglo pasado.
II
Encadénanse todos estos minerales que en el presente siglo no han debido
producir menos de trescientos millones de pesos, en una sola corrida
metalífera, que es la más rica de Chile, porque la segunda zona, (que es a la
que pertenecen, además de los ya nombrados, los minerales de Pampa Larga, San
Ambrosio, el Checo, Lomas Bayas, etc., en una faja de tierra más cercana a los
Andes) decrece en potencia, y la tercera, o propiamente andina, a la cual
pertenecen los depósitos de San Pedro Nolasco y de las Condes, son
comparativamente menos prolíficas, si bien tal vez de mayor duración.
III
El pico argentífero de Chañarcillo se halla por consiguiente geográfica
y geológicamente situado en el centro, en el umbílicus, del
gran sistema argentífero de Chile, y según la expresión del distinguido geólogo
que ha estudiado con la linterna de la ciencia las entrañas de todo el país,
ocupa una especie de solevantaraiento volcánico del valle central, presentando,
como todos los núcleos metalíferos de Chile, un origen completamente volcánico,
en el cual la plata aparece difundida y como desparramada entre las rasgaduras
más o menos anchas de las rocas, por el mismo principio y tal vez en fuerza de
los mismos elementos químicos que producen y distribuyen por entre las grietas
de la lava las candentes aguas termales que en todas partes de nuestro suelo
abundan.
IV
“Los caracteres mineralógicos de estos opulentísimos depósitos son
uniformes en todas partes, y a la manera de una cartilla gigantesca esculpida
en las rocas por la mano de potente naturaleza, van mostrando su sendero, igual
en todos los parajes descubiertos, en Caracoles como en Arqueros, en
Chañarcillo como en Cachinal, al geólogo y al minero, al industrial, al
ingeniero, al mayordomo de faena, al infeliz apir. En la superficie, «al sol»,
según el lenguaje del minero, son siempre los bolones y la plata nativa,
los metales cálidos los que asoman sus deslumbradoras crestas,
facilitando así su descubrimiento; siguen en pos los mantos broceadores, «la
mesa de piedra», según pintorescamente los denominan los mineros del norte, y
más abajo, ea la segunda región, los sulfuros y los arsénicos o metales
fríos. «Estos dos yacimientos (dice el señor Pissis a este respecto después
de dar a conocer el de Rodaito en la vecindad de Arqueros y el
de San Antonio en el valle de Copiapó) presentan el punto de partida de los depósitos
metalíferos. Solo nos falta ahora estudiarlos en sus desarrollos más extensos,
y bajo este punto de vista las minas de Chañarcillo van a presentarnos los
depósitos argentíferos de todas las fases de sus diferentes desarrollos. Estos
depósitos están situados en el extremo de una meseta calcárea que se desprende
del morro de Chañarcillo y extiende desde allí hacia el sur.”
“La roca plutónica que los ha producido aparece en varios puntos, en la
base del cerro de Bandurrias y a una pequeña distancia del pueble cito de Juan
Godoy, donde forma un montecillo conocido con el nombre de Cerro de los Carros;
es un pórfido anguítico muy compacto y formado en gran parte por labradorita.
En las partes en que no aparece esta roca a la superficie del suelo, está
indicada su presencia por los grandes cambios que han experimentado las rocas
calcáreas que la cubrían; estas se han mudados en granatos y las arcillas con
que alternan, han pasado al estado de jaspe. Esta zona de rocas metamórficas se
extiende por la parte sur hasta una distancia de cinco a seis quilómetros,
desde el Cerro de los Carros hasta la mina del Volcán. «Los
pórfidos anguíticos del cerro de Bandurrias están colocados en una línea
paralela a esta última y situada un poco más al Este, de modo que la meseta que
contiene las minas de Chañarcillo, se halla situada entre las dos rasgaduras
por donde han salido estas rocas plutónicas. Los depósitos argentíferos se
presentan allí en el estado de filones y mantos irregulares. Estos últimos
ocupan la parte superior de la meseta y no son más que capas calcáreas
fuertemente dislocadas y cuyas hendiduras todas están llenas por hidrato de
hierro y manganeso en el cual se halla plata nativa y cloruro de plata. Cuando
estas hendiduras son muy delgadas y reducidas a simples juntaras, están llenas
de unas laminitas delgadas de plata o cloruro.”
“Los depósitos más notables de esta clase, son conocidos con los nombres
de Manto de Ossa y Manto de Mandiola. Debajo de
estos mantos es donde empiezan a aparecer los filones que se prolongan desde la
cima hasta la base de la meseta, en una ostensión de más de diez quilómetros.
»El más importante de estos filones es aquel sobre el cual se hallan situadas
las minas conocidas con los nombres de Guías de Carvallo,Colorada,Dolores,San
Francisco y Delicias. Su dirección es N. 26° a 30 E y su
inclinación es hacia el oeste, es decir, hacia la línea de los pórfidos de los
Carros. Otro filón menos extenso, que aparece un poco al Este es el que
corresponde a las minas Descubridora y Candelaria.
En fin, hacia la parte del oeste se hallan aun otros filoncitos. Desde la
mina Colorada hasta la de Delicias, donde los
trabajos de explotación llegan en profundidad a cerca de 300 metros, se tiene
una diferencia de nivel de 810 metros. Tal es la distancia vertical sobre la
que se puede estudiar la estructura del filón sobre el cual se hallan situadas
estas dos minas.”
“En la parte que corresponde a la mina Colorada, la
ganga del filón está formada por el doble carbonato de cal y manganeso mezclado
a hidrato de manganeso y de hierro, presentándose la plata en ella, ora al
estado nativo, ora en combinación con el cloro, el hierro y el yodo. En la
mina San Francisco, cuyos trabajos llegan a un nivel inferior a los
de la Colorada, se encuentra aun la plata nativa y las
combinaciones de este metal con los cuerpos de la familia del cloro; pero se ve
aparecer, al mismo tiempo, el sulfo arsenioso de plata, así como sulfo
arsenioso de hierro, de níquel y de cobalto. En fin, en la mina Delicias que
corresponde a la parte más profunda del filón, no se encuentra ya ni plata
nativa, ni cloruros, sino arsenio-sulfuros y sulfuros, predominando estos
últimos a medida que llegan los trabajos a mayor profundidad; el sulfuro de
plata remplaza al arsenio-sulfuro; y a los metales ya indicados viene a
agregarse el plomo en combinación con el azufre.”
VI
“A1 propio tiempo que se manifiestan estas mudanzas en las combinaciones
metálicas, las materias que las contienen, mudan también de naturaleza; los
ácidos de hierro y de manganeso son mucho más raros en la mina San
Francisco; la caliza espática remplaza allí el doble carbonato de cal y de
manganeso, y el cuarzo va a mezclarse con la caliza; en fin, este último cuerpo
domina en la parte inferior. Las combinaciones metálicas se suceden, pues, de
este modo, subiendo desde la mayor profundidad alcanzada por los trabajos,
hasta la superficie del suelo; primeramente los sulfuros, luego los
arsenio-sulfuros y en fin, los cloruros y plata nativa. Al mismo tiempo que se
sustituyen unas a otras estas combinaciones, hay ciertos metales que
desaparecen; el primero es el plomo que no pasa más allá de la región de los
sulfuros, luego el níquel y el cobalto, de tal modo que, excepto el hierro y el
manganeso, aparece la plata casi sola en la parte superior del filón. El orden
en que se suceden las combinaciones argentíferas, no es un hecho particular a
los filones de Chañarcillo, pues se reproducen en todos los depósitos
argentíferos de Chile.” “Puede suceder que la serie no sea completa, que el
depósito no contenga más que sulfuros o solamente cloruros y plata nativa, es decir,
que se tenga un filón, pero nunca se han hallado los cloruros debajo de
sulfuros. Conviene notar que los cuerpos que se hallan combinados con la plata,
es decir, el azufre, el arsénico y el cloro y sus análogos son precisamente los
que forman parte de las emanaciones volcánicas.”
VII
“Por otra parte, la penetración de las combinaciones metálicas en las
hendiduras más pequeñas de las rocas encajadoras, la presencia de los hidratos,
la del carbonato de cal que se ha introducido así entre las hendiduras de las
rocas calcáreas sin que la estructura de estas haya sido modificada, todo
indica que estas materias estaban mantenidas en disolución en el agua y que los
depósitos argentíferos son formaciones análogas y las que forman las aguas
termales. La presencia del cloruro de plomo y su situación hacia la parte
superior de los filones, se explica entonces fácilmente, si se considera que
estas aguas, lo mismo que la del valle del Toro y de Cauquenes, debían contener
cantidades bastante grandes de cloruro de calcio y de sodio y que estos cuerpos
disuelven cantidades de cloruro de plata, tanto más grandes cuanto que la
temperatura es más elevada; acercándose a la superficie del suelo, esta
temperatura disminuirla y una parte del cloruro se habría depositado. En cuanto
a la plata nativa que domina igualmente en las partes superiores de los
depósitos, es muí probable que provenga de una reducción del cloruro”. [35]
VIII
Tal es la prolija descripción técnica pero suficientemente clara para el
lector vulgar, que de la estructura externa e interna del cono de Chañarcillo,
célebre en todo el mundo, ha hecho un geólogo no menos célebre.
Tratemos ahora de condensar, en igual forma, el análisis del químico.
En este libro de vulgarización no se necesita grande esfuerzo para pasar
del uno hacia el otro, del martillo al crisol, del panizo al laboratorio, de
Pissis a Domeyko; y al contrario, el uno se completa casi siempre con el otro,
como que la ciencia es única. «Es propio de las minas de Chañarcillo, dice el
señor Domeyko en su estudio ya varias veces citado de 1875, que en ninguna
parte del mundo que yo sepa, se han hallado hasta ahora masas de plata
cloro-bromurada en tanta abundancia, como las que ha producido este cerro, aun
en hondura de más de 200 metros debajo del afloramiento de las vetas. [36].
“A esta hondura en la Delirio y en la Constancia (corrida
de la Colorada), aparecieron cantidades considerables de yoduro de
plata y yoduro mercurial, cuyas muestras se hallaron exhibidas en la Exposición
de 1875. Todas estas especies de plata córnea han tenido siempre por asociadas
solamente la plata metálica, rara vez cristalizada, con mayor frecuencia
dendrítica, a veces plata sulfúrea y en menor proporción rosicler. Más abajo,
en la región donde principiaron a escasear esas dos especies, aparecieron plata
antimonial, rosicler claro y arsénico; más abajo todavía asomaron la
polibasita, el rosicler negro y en pequeña proporción galena. En fin, en
algunas minas, en profundidad, algo de galena con blenda y pirita.”
“No menos interesante es el criadero de esos minerales. Predominan en
ellos en la región superior carbonatos de cal, magnesia, hierro y zinc, en
medio de unas arcillas ocráceas amarillas (los pacos) o de arcillas, más
ferruginosas, rojas (los colorados); pero el compañero más
allegado al cloro-bromuro, aunque escaso, es el andamito (arseniato de zinc)
notable por su bello color de amatista. Solamente a mucha hondura, en la región
de los minerales sulfurados y arsenicales, aumenta en el criadero la proporción
de sílice y de materias silicatadas. La más rara, de que solamente una pequeña
muestra se halló en la muy rica colección de minerales de Chañarcillo, mandada
a la Exposición por el Liceo de Copiapó, es la fluorina verde, único ejemplo de
que se ha podido constatar la existencia de este mineral en Chile».
IX
En cuanto a las formas más aparentes del cono singular que bastó a
enriquecer a Chile y a darle prestigio de pueblo, tanto como el éxito de sus
armas, es decir, en cuanto a la disposición de sus mantos y de sus vetas, que
son más o menos co- nexos y similares a todos los minerales argentíferos de
Chile, el mismo ilustrado autor que hemos seguido, se expresaba en los términos
siguientes en 1875:
“Los depósitos de minerales metálicos en Chile, forman vetas o venas que
se extienden en todas direcciones y con inclinaciones más o menos constantes a
sus rumbos. Las vetas, por lo común, particularmente las de plata, no son muy
anchas, rara es la que tenga más de un metro de potencia; pero sus minerales
son de ley subida.”
Y luego a este mismo propósito, midiendo y repartiendo la altitud total
del cono que es solo de 1,200 metros (más o menos, en cuanto a elevación,
semejante al de Potosí), he aquí cómo el fundador de la mineralogía en Chile se
expresaba todavía en esa época:
“En la región superior del cerro se ve un gran manto de 40 a 80 metros
de potencia, de unas ro- cas margosas, algo magnesianas, en partes compactas,
en parte terrosas, pero en general con fracturas en todo sentido, con huecos y
hendiduras, cuyo interior se ve casi siempre tapizado con cristalitos de espato
calizo, espato perlado, baritina, etc. El mismo manto se halla atravesado por
venas metálicas de plata.”
“Debajo de este manto viene una serie de innumerables capas arcillosas
calizas atravesadas por vetas de minerales de plata, por lo común de plata
córnea. Entre estas capas se distinguen:”
“1° Una región de rocas arcillosas más compactas que contienen más de la
mitad de su peso de materias insolubles en los ácidos; región estéril que los
mineros llaman mesa de piedra.”
“2° Mantos pintadores, de caliza arcillosa que por lo común
son más calizos que los anteriores, de color gris azulejo con manchas
amarillas; en ellos se han encontrado fósiles, aunque no abundantes (amonitas,
pectenes). Las vetas en esta región ostentan sus grandes riquezas en plata.”
X
Ignoraban, entretanto, por completo los descubridores de Chañarcillo,
cuyo guía había sido, (cual en Potosí) un humilde borriquero, estos secretos y
derroteros subterráneos más o menos fijos de la ciencia experimental; pero un
instinto seguro les conduela al través de las sinuosidades de las vetas y de
sus tinieblas. Se ha dejado ya memoria del certero golpe de vista del dueño
principal de la Descubridora don Miguel Gallo, minero
experimentado y hombre excelentísimo, para buscar el recuesto de la veta matriz
a cuerpo de cerro, y el no menos seguro instinto con que los hermanos Peralta,
Espoz y José Vallejos, simples barreteros, haciendo un instintivo cálculo de
inducción, se treparon a la cumbre del morro, y simultáneamente con el crestón
de la Descubridora en el fondo de la quebrada, desenterraron
el manto que llevó su nombre (elManto de Peralta o de los Bolados y
después de Mandiola), especie de hervidero volcánico de plata en
que los fragmentos de este metal en estado de barra se hallaban como el pan
dentro de un horno, o como las piedras redondas de cimientos en los pozos que
los borriqueros de Santiago abren en la caja del Mapocho.
XI
El minero americano, dice a este respecto un inteligente contemporáneo
de estos descubrimientos, es en nuestro sentir a la mineralogía lo que los
alquimistas fueron a la metalurgia. Estos, poseídos de aquel furor de inventar
que fué la epidemia de la época en que vivieron, descubrieron en los metales
infinitas propiedades, hicieron un sin número de aplicaciones ingeniosas,
propalaron mil fábulas a cual más absurdas y que, por lo mismo que eran
abultadas, conquistaron mil adeptos, sin que después de increíbles desvelos y
trabajos que solo su insaciable sed de riquezas y celebridad pudo hacer
tolerables, lograsen sentar un principio sólido que afianzase los resultados de
sus investigaciones.” [37]
XII
Grande maravilla, entretanto, fueron en América y en España, a fines del
siglo pasado, los famosos bolones o bolacos del Huantajaya, uno de
los cuales del peso de cerca de tres quintales fué rodado a pulsos hasta la
cuesta de Iquique y embarcado en este puerto para España, en cuyo museo de
Historia Natural se encuentra. Pero en el manto o pozo de plata de los Peralta
halláronse bolones de plata blanca y maciza que pesaron hasta 36 quintales, más
del décuplo de la maravilla de Huantajaya, con la peculiaridad de
que estas gigantescas colpas una vez expuestas al sol, a impulsos de ligeros
golpes del combo, solían «abrirse como granadas», mostrando en el interior de
su negruzca costra volcánica, los brillantes filamentos o granalla que formaban
su corazón, a semejanza de la pulpa blanquecina de la sandía inverniza. ¡Y qué
mucho fué entonces que los Peraltas y Vallejos sacaran en pocos meses dos
millones de aquel sandial de plata y a rebanadas se lo comieron!
XIII
En cuanto al crestón de la Descubridora, es fama que fué
arrancado intacto de su asiento en el fondo de la quebrada y llevado en seguida
al salón de su opulento dueño en Copiapó, donde una tajadura hecha con un
cuchillo, como en la corteza de un melón maduro, se veía brillar en forma de
cruz la plata córnea, es decir, la plata de las iglesias. ¡Qué altar para un
minero! [38]
Por lo demás, era tan patente la riqueza de Chañarcillo desde su primera
hora, que nadie se equivocaba al pedir su estaca ni al poner pleito a su
vecino, estacándolo así como un cuero. —«Un barretero llamado Juancho (dice
Sayago en la página 370 de su Historia,) manco, pues un cama-retazo le había
volado una mano en una festividad patria o religiosa celebrada en la villa,
encontró una red de vetillas y reventones, y esa pertenencia se llamó las
Guías. »
“Juancho podía ser manco, pero de seguro no era zurdo....”
“Luego se descubrió, añade el historiador copiapino, el Reventón
Colorado, el Manto de Cobos, y así sucesivamente, día a día,
hora a hora, era un nuevo hallazgo, una nueva riqueza que salía a luz.”
“Todo el cerro parecía un promontorio de metal, y mientras más se le
recorría, mientras más se rebuscaban sus matorrales, mientras más se trepaban
sus riscos y se subía y se bajaba por sus inflexiones, más plata aparecía”.
En seguida Callejas, el viejo y fiel cateador de la casa de Gallo,
tropieza con el Bolaco, y Manuel Peralta natural de Tierra Amarilla, con la
famosa Colorada. Y así se sucedieron una en pos de otra hasta
los presentes tiempos, la Candelaria, el Manto de Ossa,
lasDos Dolores, la Justicia, el Delirio y
la Constancia, que hoy con la Santa Rosa vuelve
a restaurar en planes la antigua nombradía y celebrada pujanza del histórico
asiento.
XIV
Como era de esperarse, la fama y la ponderación de Chañarcillo
invadieron con la morosa celeridad de aquellos tiempos hasta los últimos
rincones de Chile, y de todas partes, y aun de Bolivia y de la República
Argentina, ocurrían los cateadores, los operarios, los buscadores de fortuna y
tal vez con más abundancia que todos los anteriores, los cangalleros,
o rescatadores fraudulentos de las pastas ricas extraídas por los apires del
fondo de las minas o de sus canchas.
“Hace días, decía a propósito del número de vetas ricas trabajadas en
Chañarcillo, El Mercurio de Valparaíso del 12 de junio de 1832, es decir, un
mes después del descubrimiento de Juan Godoy, que se anuncia el descubrimiento
de un mineral en las cercanías de Huasco y Copiapó, y según El Araucano ya
no queda duda de esto y de las riquezas que promete dar.” Dice el periódico
citado: “A los seis días del descubrimiento se elaboraban catorce vetas, y
muchas de ellas en barra. —De solo los rodados se hablan extraído más de seis
mil marcos”.
Y doce años más tarde, condensando la crónica de la primera década del
mineral a que debiera su caudal y el decente cajón con que fué enterrado el
cáustico Vallejos, añadía este mismo de su propia cosecha.
“En menos de diez años este mineral ha producido más de doce
millones de pesos, y si pudiera avaluarse en dinero la cuarta parte de las
esperanzas fundadas en él actualmente, muchos guarismos se emplearían en
expresarlas. Las minas en laboreo pasan de ciento; algunas están ricas; otras,
su beneficio es contingente; pero todos los cálculos y probabilidades parecen
asegurar en casi toda la totalidad de ellas el deseado alcance, tras del cual
marchan sus dueños con la misma tenacidad, maña, paciencia y artificios que
cuando se quiere conquistar el corazón de una bella desdeñosa. Las vetas de
Chañarcillo que han llegado a ser explotadas a una determinada hondura, dan un
metal riquísimo. El conato general de los mineros es, pues, arribar a esa
línea, que llaman planes; línea donde ninguna esperanza ha dejado de ser
satisfecha, y donde la voluble fortuna, cansada de resistir a su tenaz
conquistador, recompensa su constancia”.
XV
Esto escribía Jotabeche, cuando pobre, es decir, en su primera zona
metalífera, el 12 de febrero de 1842, y por la tarifa de El Mercurio que era
entonces un verdadero Chañarcillo (dos onzas de oro por artículo). Pero, a su
turno, el escritor atacameño también llegó a los planes ,
porque habiendo comprado en 500 pesos tres barras de seis que los descubridores
de la Candelaria regalaron al intendente don Francisco Ángel
Ramírez, se hizo seis u ocho años más tarde hombre de peso, pasando de simple
«Jotabeche» a diputado y a Usía».
La Candelaria, cuyo primer administrador fué don José
Antonio Moreno, el colonizador más tarde del desierto, se hallaba situada en la
parte superior del cerro de Chañarcillo, y por la dislocación volcánica de las
vetas y corridas de éste, experimentó largo broceo, vencido al fin mediante la
sagaz tenacidad de su administrador. Jotabeche por esto, como enorgullecido de
su propia fe de minero, hizo poner en un marco dorado el pagaré de su compra,
cancelado por el vendedor (porque a más había comprado a plazo, por no tener de
contado más caudal que el de su tinta), y mostraba a sus amigos aquella página
de sus escritos que le había valido más que todos los artículos y volúmenes de
su vida....
Otro de los felices compradores de la Candelaria (las
tres barras sobrantes del intendente) fué don Eugenio Matta, padre de
escritores, y por el mismo precio.
XVI
En cuanto al rendimiento argentífero del morro de Chañarcillo, según la
estadística oficial, pero deficiente de aquellos tiempos en que la cangalla hacía
ley, cuadruplicó, sin embargo, en solo siete meses la producción de plata del
distrito, porque la exportación lugareña que había sido solo de 6,659 marcos en
1830 y de 5,997 en 1831, subió en 1832, esto es, en el año del descubrimiento,
a 82,774 marcos.
XVII
Mantúvose el auge del mineral en todo su vigor durante tres años,
porque, comprendiendo algunas cortas explotaciones de otros minerales, la
exportación por Caldera ascendió (sin contar la cangalla) a 94,149
marcos en 1833, a 82,782 en 1834 y a 84,700 en el año subsiguiente. Y por esto
el presidente Prieto en su discurso inaugural del último año, ponderando el
«crecimiento enorme» de la producción de pastas de plata que sacaron al país de
su postración y al gobierno de su bancarrota, — decía: —«Los laboratorios que
existen son insuficientes para dar abasto al
beneficio de los ricos y abundantes productos metálicos de la provincia de
Coquimbo.»
La provincia de Atacama nacida, como Eva, de una costilla de plata de la
última, no vendría al mundo sino diez años después de este mensaje, (abril 12
de 1844).
XVIII
De 1836 a 1838 la riqueza de Copiapó decreció un tanto, en razón tal vez
de la guerra con el Perú, sus levas y sus preocupaciones, al punto de haberse
exportado en el primero de aquellos años solo 17,204 marcos de plata piña. Pero
en 1839 la abundancia reapareció es cediendo a los 7 años precedentes (103,765
marcos), hasta que en el año de 1847, víspera del prodigioso descubrimiento
de Tres Puntas, la producción duplicó la última suma, ascendiendo a
204,104: marcos, que valían más de dos millones de pesos, sin hacer cuenta de
otras pastas y de los metales fríos que, como se sabe, no eran beneficiados en
el país. El total de la producción de Chañarcillo según los datos que veinte
años más tarde recogió en su conocida e interesante memoria sobre la provincia
de Atacama el intendente y coronel de artillería don Antonio de la Fuente
(1853) fué de millón y medio de marcos en esta forma, por años:
Que al precio de nueve pesos marco valían 13.603,533 pesos. [39]
XIX
Verdad es que en el cómputo de estas sumas está comprendido el
rendimiento de otros minerales de la provincia; pero si hubiese de agregarse
como compensación lo que se extraviaba por alto de Chañarcillo, los metales
fríos que no se beneficiaban, los desmontes de las faenas y los relaves de
los ingenios, no habría exageración alguna en asegurar que en los primeros
veinte años de su existencia Chañarcillo produjo a lo menos 30 millones de
pesos. Astaburuaga, que es buen juez como estadístico, afirmaba en 1867, que
hasta esa fecha (35 años) había producido, con exclusión de Tres Puntas,
¡80 millones!
Ha llegado por consiguiente la hora histórica del último no menos famoso
mineral, gemelo en potencia sino en duración de Chañarcillo; y mientras
habremos de volver a este asiento a fin de estudiar algunos de los fenómenos
geológicos o sociales que corresponden de justicia al libro de la plata,
consagraremos el próximo capítulo a la relación de los descubrimientos que lo
precedieron así como a contar la vida y las costumbres de sus singulares y
fuertes pobladores.
Capítulo VIII
La edad de la plata en Atacama.
(«Pampa Larga» y «Lomas Bayas». —«Los dos San Antonio», «Los Dos
Checos», «Los Dos Garín». — «Ladrillos». «El Romero». —«El Retamo»).
Impulso que da a la minería de Copiapó el descubrimiento de Chañarcillo.
—El mineral de San Antonio y Jotabeche. —Acusa éste de ladrones a todos los
operarios chilenos y aboga por los ingleses. —Descubrimiento del Checo Grande
en 1817, y competencia a que da lugar entre el intendente y el juez de letras.
—El mineral de Ladrillos. —El Romero y sus pleitos. —Adelantos locales de
Copiapó. —Museo de minería. —Se habla de trasladar la casa de moneda de
Santiago a Copiapó. —El sistema Cronoke. —Beneficio de los metales fríos. —-Los
minerales de Pampa Larga y Lomas Bayas según Domeyko. —Descubrimiento de Garín
Nuevo en 1848. —El mineral de las Tunas de don Nicolás Naranjo. — San Antonio
de Potrero Grande y la especialidad de sus metales. —Curioso descubrimiento del
Retamo y su extraordinaria riqueza. — Torreblanca, Sierralta y Olivares.
—Muestra de su plata nativa y filamentosa.
I
El descubrimiento de Chañarcillo y su riqueza verdaderamente portentosa,
despertó como era natural el entusiasmo del pueblo por las empresas de cateo,
porque en la industria minera sucede lo que en la geografía, que un adelanto,
una navegación, un viaje feliz o atrevido hace nacer en pos otro adelanto, otra
acometida marítima, otro éxito, y esto que ha ido sucediendo en los mares del
polo ártico durante el último medio siglo, aconteció en el cálido Copiapó en
los veinte años corridos de 1832 a 1853, época que por su prodigiosa abundancia
metalífera hemos llamado «la edad de la plata en Atacama».
II
Tarea en sumo grado interesante sería la de entrar, linterna en mano, en
el pormenor de todos los descubrimientos de primero, segando y tercer orden
hechos en el desierto en ese trayecto de tiempo tan laborioso como feliz, en
que muchas faenas antiguas fueron rehabilitadas o puestas en alcance, en que se
hizo la primera importación de procedimientos y operarios extranjeros, en que
los ingenios de amalgamación fueron erigidos a gran costo hasta el número de
quince o veinte a lo largo del valle, junto con los adelantos locales de todo j
enero realizados en aquel suelo que parecía verter ríos argentíferos de las
grietas de sus turgentes senos, y en el cual cumplíase aquel refrán más chileno
que castellano que dice: “cuando llueve todos se mojan”.
En Copiapó probablemente no llovió agua en esos años, pero llovió plata.
III
Mas como tales detalles ahogarían con la amplitud de la abundancia, el
presente libro de suyo sucinto, habremos de limitarnos únicamente a consignar
los rasgos más salientes de aquellos dichosos tiempos, apuntando los
principales caracteres de los minerales rehabilitados o los veneros
descubiertos, poniendo para ello a contribución lo que la prensa local de
Copiapó nos suministra, a la par con algunas condensaciones hábilmente hechas
para la Exposición Internacional de 1875, que tanto simplifican la relación
como la ilustran.
IV
Los minerales más notables de que en vista de este plan habremos de dar
cuenta, son los siguientes: — San Antonio. —El Checo Grande.
— Ladrillos. —Pampa Larga y Punta Brava. —Los
Bordos y la Rosilla. —Cabeza de Vaca. — Lomas
Bayas. —8an Antonio de Potrero Grande, el Retamo y las
Tunas, todos, con excepción de los tres primeros, pertenecientes al sistema
andino o sub-andino de Atacama, que es el mismo de San Pedro Nolasco y de las
Condes.
V
Sobre el mineral de San Antonio, de cuyo descubrimiento
y riqueza primitiva en el pasado siglo hablamos en el segundo capítulo de este
libro, escribió don José Joaquín Vallejos en El Copiapino (diario
de que fuera él mismo fundador y redactor en la época a que aludimos), un
editorial descriptivo el 2 de mayo de 1846; y aunque, conforme a índole
invencible, mostrábase con más evidencia en su composición el escritor de
costumbres empobrecido por su pluma, antes que el industrial opulento, vamos a
reproducir en seguida algunos de sus párrafos más instructivos sobre el
progreso de aquel famoso mineral que de los franceses del siglo XVIII había
pasado a los ingleses del presente, y dice así:
«El mineral de San Antonio es el que más se aproxima en
valor al de Chañarcillo. Sus vetas de plata son pocas pero constantes en el
beneficio. Está situado a 12 cuadras del rio, tiene cerca una poblacioncita
nueva y varias haciendas que surten de víveres las faenas del mineral. El
laboreo de las minas es, por esta razón, algo menos costoso que en
Chañarcillo.”
“En San Antonio existe hoy el establecimiento minero de
más importancia en el departamento. La Descubridora perteneciente
a Codecido y Cía, tiene un trabajo nuevo en sus operaciones, nuevo por sus
operarios y superior en costos a cualesquiera otros de los que de su clase
conocemos.”
“A1 ver los grandes edificios que allí se fabrican, el extenso socavón
con que tratan de perforar en su base aquel cerro diamantino por su dureza y
que ya se encuentra harto adelantado, los mineros copiapinos exclaman: —¡
Qué plata tan perdida! ¡Cómo arrojan estos hombres el dinero!”
“Y sin embargo, esos hombres que parece prodigan sus capitales en
empresas locas, son quizá los que más atinadamente juzgan nuestras minas; son
los que más aprovecharán de su riqueza.
“Nosotros, bajo la mezquina preocupación de que esta se va a agotar al
día siguiente, no labramos una verdadera mina, sino que con la codicia y
miseria de pirquineros, sacamos lo más fácil, lo más cómodo, lo más a la mano y
obstruimos el resto para que no le sirva ni a Dios ni al diablo.”
* * * *
“Codecido y compañía vieron que era imposible, absolutamente imposible,
trabajar la Descubridora de San Antonio con peones como los
nuestros, sin ir al partir con ellos de las utilidades, cuando no se las
robasen todas. Y de esta persuasión partieron para emprender enormes
inversiones.”
»No se les metió en la cabeza de que los peones robaban porque bebían
licores, porque jugaban y enamoraban, ni porque iban a la placilla inmediata en
las horas de la noche y en no pocas horas del día. No, señor; sabían ellos que
los peones robaban porque de suyo son ladrones y porque mientras sean
peones han de robar aunque arda Troya.”
“No perdieron, pues, tiempo en pedir la destrucción del pueblecito de
San Antonio, la proscripción de las mujeres y el destierro de los comerciantes,
sino que gastaron una buena suma en hacer venir de Inglaterratreinta
barreteros honrados a los cuales les pagan u sueldo tres veces
mayor que el que ganan los de culero.”
“Así consiguieron tener treinta ladrones menos en sus
minas, ahorrando al mismo tiempo diez sueldos de mayordomos.
* * * *
“Los barreteros ingleses viven en el establecimiento. Después de
trabajar las ocho horas no interrumpidas de su contrata, pueden continuar las
que gusten, ganando un tanto por cada hora, que les abona la empresa”.
VI
Ahora por lo que toca a uno de los descubrimientos de mayor sensación en
aquella época, el del Checo Grande, encontrado en 1847 en la huella del Checo
Chico que a fines del último siglo descubriera, según en su lugar vimos, el
portugués don Cayetano de Almeida, he aquí cómo se expresaba el Copiapino del
12 de abril de aquel año al dar cuenta de la excitación producida por aquel
hallazgo. «Sigue este descubrimiento, decía el editorial del diario atacameño
de la fecha citada, sigue este descubrimiento excitando la atención pública con
las esperanzas de los abogados, y nosotros queremos pintar aquí el estado
presente de las cosas, no tanto por los copiapinos de los cuales muchos quizás
las saben mejor que nosotros, cuanto por los que en la capital y más allá tienen
fija su vista sobre nuestros minerales.
“La diversidad de opiniones que al principio nació sobre la riqueza del
Checo, parece uniformarse ahora y casi todos convienen en que si lo que se ve
no merece todavía compararse con el de Chañarcillo, alcanza sí a sufrir un
paralelo nada desfavorable con el de San Antonio.”
“Las peticiones se han sucedido unas tras otras sobro el mismo cerro,
contrayéndose ya a igual veta con pretensión a ganarla por anterioridad del
cargo, pero cuyo rumbo hace crucero con el descubrimiento de los primeros
-solicitadores, y de aquí nace muchedumbre de pleitos que amenazan el cerro
como una nube.”
“Los peones de las demás minas, hasta los de Chañarcillo, bajan al Checo
en partidas, excitados por la novedad o la esperanza de mayor lucro. Se nos
asegura que hoy suben a cien los que han hecho del cerro su mesa de banquete.”
* * * *
“La intendencia ha nombrado una comisión compuesta de los señores don
Francisco Laurnaga, don Pedro José Urrutia y el perito don Carlos Maria
Balbastro para que, trasladándose al nuevo mineral, practique allí, a
nombre de la diputación, algunos arreglos importantes y dé posesión temporal a
los descubridores y denunciantes de vetas nuevas, hasta que trabajados
los pozos que dispone la ley, se proceda por la diputación a dar las posesiones
formales y practicar las mensuras, conforme a ordenanza.» [40]
VII
Otro de los minerales antiguos restaurados o corregidos fué el de
Ladrillos, también famoso en la edad colonial, y de él se expresa en los
términos siguientes el señor Domeyko en su interesante condensación ya
recordada de 1875:
“En la transición de la masa granítica de abajo a los estratos calizos
de arriba, en el mineral de Ladrillos, aparecen rocas metamórficas, unas más o
menos homogéneas, euríticas, que parecen ser modificaciones de la roca
diorítica, otras de estructura porfírica, donde principian a distinguirse
indicios de divisiones por estratas y las rocas principian a hacer
efervescencia con los ácidos.”
“En este lugar, pues, se hallan en contacto los dos sistemas de
formaciones: la de abajo, compuesta de rocas idénticas con las de la cordillera
de la costa y la de arriba de terreno jurásico, que desde aquí se extiende
hasta las altas regiones de los Andes.”
“A1 propio tiempo, tenemos aquí dos especies de depósitos metalíferos:
dos grandes corridas de vetas que desde la cumbre del cerro (1,200 metros de
altitud) atraviesan el terreno arcilloso calizo estratificado (una con rumbo de
norte a sur, la otra del sur 47° al este), produjeron en los primeros años de
su descubrimiento cantidad considerable de minerales cloro-bromurados de plata
y de plata nativa, con criadero espático; pero a poca hondura estas mismas
vetas cambiaron de criadero y empezaron a producir plata antimonial, sulfúrea y
sulfo-antimonial; en seguida, a mayor hondura, apareció arsénico. Antes de
llegar a la citada altura de 760 metros, se empobrecieron las vetas,
principiaron a producir pirita y en vez del criadero espato calizo, un criadero
de cuarzo y arcilla.”
“En fin, penetrando en la región inferior del cerro, en la masa
diorítica, cambian completamente de naturaleza los depósitos metalíferos; de
manera que las vetas, en lugar de minerales de plata propios del terreno
estratificado de arriba, no producen en esta región sino minerales de cobre y
se explotan por cobre.”
VIII
“Hallábase asimismo en notable boga en aquel tiempo (1847) el antiguo
mineral del Romero, una de cuyas vetas según antes dijimos descubrió en 1820
don Vicente Subercaseaux. —«Sigue la riqueza de este mineral, decía el diario
lugareño de Copiapó del 20 de mayo de aquel año, ocupando la atención; se
compran barras a precios exorbitantes; pero.... muchos pleitos.»
IX
Eran con este motivo y en aquel tiempo casi diarios los anuncios de
grandes alcances en los minerales fundadores o en los recientemente
descubiertos, así como los progresos locales a que estos daban lugar.
Y era la noticia de haberse abierto en la capital de la provincia
un museo mineral y bolsa pública: ya la solicitad hecha por la
prensa dirigida a obtener la traslación de la casa de moneda de Santiago a
Copiapó, «por cuanto la plata es como el trigo, que sube o baja según las
circunstancias de la plata»; ya era la exigencia de un banco nacional de
rescate, en remplazo de los numerosos de particulares que a la sazón existían,
etc. [41]
X
Datan de igual manera de esta época venturosa para Copiapó los adelantos
industriales introducidos en los primeros tiempos del descubrimiento de
Chañarcillo por el inglés Cooper, y que perfeccionó más tarde el inteligente
ingeniero Gronke con su sistema de barriles giratorios, que aceleran la
mineralización del metal, y el cual fue presentado como descubrimiento chileno
a los mineros de Nevada por el señor Adolfo Carrasco hace seis u ocho años. «Si
estos días, (dice El Copiapino en su sección editorial del 21
de junio de 1846, y tratando del beneficio de los metales fríos, procedimiento
que aunque no llega aun a un resultado completamente satisfactorio, adelanta de
día en día en los distritos del norte, especialmente en Caracoles y
Antofagasta), en estos días ha tenido lugar en Copiapó un ensaye de los
llamados metales fríos que lo creemos un acontecimiento muy digno de ser
registrado en nuestros fastos mineralógicos.
“En el buitrón de Goyenechea se ha procedido por los señores Oternín y
Orozco a un beneficio de 13 quintales de un metal de Pampa Larga que
ninguna ley descubría por la amalgamación ordinaria.”
“Reducido el metal a polvo finísimo se le hizo sufrir una tuesta en un
horno construido al efecto.”
“Volatilizadas por medio del fuego las sustancias enemigas que contenía
el metal, ha quedado reducido su beneficio al de amalgamación dando una ley de
206 marcos, según se nos ha informado últimamente.”
“Sabemos que los costos de estas preparaciones no son caros y que puede
hacer cuenta su aplicación a metales de muy inferior ley a los de Pampa
Larga”.
XI
En cuanto a este último mineral, tan notable por su ley fija de oro
embebido en su pasta metálica, y a sus congéneres inmediatos, he aquí la última
reseña que de ellos conocemos, la cual, aunque lacónica, para nuestro objeto es
suficiente, y fué hecha para la Exposición de 1875 por el primer mineralogista
del país:
“Pampa-Larga y Punta-Brava. —Han producido cantidades
considerables de minerales arsenicales de plata nativa, plata roja, arsénico
nativo, rejalgar, cobalto blanco platoso, etc.”
“Los Bordos y La Rosilla. —Vetas de amalgama nativa de
composición diferente de la de arquería, acompañada de plata clorurada y
cloro-bromurada y plata nativa.” “Cabeza de Vaca.—-Con altitud 1,614
metros; su vecino el Retamo, en pocos años produjo mayor caudal
en plata nativa ramosa que tal vez ninguna otra mina de Chile.
Las tres minas productivas de Cabeza de Vaca dieron en 1875, 158 quilogramos de
plata.
“Lomas Bayas. —Es uno de los principales minerales de plata del
norte; produce todavía más de 6,500 quilogramos de plata fina anualmente. Lleva
13 minas productivas y ocupa 350 operarios. Sus depósitos metalíferos que se
hallaron abundantes en plata clorurada, acompañada de plata nativa y carbonato
de plomo en la región superior de las vetas, producen en hondura cantidades
enormes de minerales sulfurados, de galenas antimoniales y de otras especies de
composición complicada, por lo común ricas en plata. Pero lo que se ha notado
hasta ahora lo más peculiar en estas minas y lo que las hace diferenciarse de
las demás minas de plata de la provincia de Atacama, es que los minerales de
Lomas Bayas son auríferos, de ley a veces subida en oro, y que este metal aparece
a la vista no solamente en las especies sulfuradas antimoniales, sino también
en las de plata córnea.”
“8an Antonio del Potrero Grande . — (Su altitud 1,214 metros.) —Cuatro vetas
de mucha corrida cortan el cerro con dirección nor-este a sur-oeste. Sus
minerales constan principalmente de plata nativa, plata bismutal, algo de
bismuto nativo, arseniuro y sulfuro de cobre; sus criaderos son
arcillosos. [42]
“Carrizo. (Departamento del Huasco.) —No conozco minas de
Chile que produzcan mayor diversidad de minerales platosos y cobrizos que las
de Carrizo. Entre otras especies, citaré: plata antimonial (bi-antimoniuro),
antimonio nativo, cobre gris antimonial plata gris, mispiquel
platoso; en menor proporción rosicler claro y oscuro, plata nativa; pero ningún
indicio de plata córnea.”
“Tunas. — (Las hoy, 1882, célebres y riquísimas minas de don
Nicolás Naranjo) en actual beneficio, produce minerales arsenicales de ley
bastante subida, rosicler y plata nativa. Estas minas han producido en 1875,
452 quilogramos de plata y últimamente se hizo un gran alcance en una de
ellas.”
»De todas estas minas se hallaron en la Exposición Internacional de
Santiago, colecciones de minerales exhibidos por la junta de minería de Copiapó
y por la de Vallenar. Trozos muy grandes de mineral rico de Tunas fueron
también mandados por don Nicolás Naranjo, de su mina llamada Domeyko.”
“Las minas que a continuación se expresan, aunque también de ellas se
extraen minerales platosos, se consideran más bien como minerales de cobre o de
plomo que de plata:
“Checo . — Minerales de cobre platoso, sus criaderos
son muy diferentes de los anteriores. Estas minas, en el primer cuatrimestre de
este año 1876, produjeron 53,730 quilogramos de cobre y 79 quilogramos de
plata.”
“Garín. (Altitud de la Descubridora, 2.810 metros.) —Galenas
platosas; notables por su ley variable, pero a veces muy sabida en oro. La
producción de las minas de Garín en 1869, fué de 1,317 quilogramos de
plata.» [43]
XII
Pero entre los diez o doce descubrimientos de la edad argentífera de
Copiapó, retoños salidos de cuajo de la raíz madre de Chañarcillo, hubo uno
sobre el cual el ilustre químico tan ampliamente citado por nosotros en el
presente capítulo pasa de ligero, declarándolo solo uno de los más ricos
filones conocidos en el mundo de plata ramosa.
Tal fué el mineral del Retamo, en la subdelegación
sub-andina de Cabeza de Vaca, que por los años referidos (1846-47) enloqueció a
Copiapó y enriqueció a no pocos de sus vecinos y cateadores.
Sucedió este descubrimiento, que recuerda por sus analogías culinarias
el de Arqueros y el de Cerro de Pasco en siglos atrás, de la manera siguiente:
XIII
Existían en Copiapó tres señoras de buen talante, de apellido Dolarea y
de estirpe de mineros y aun de héroes, porque una de ellas dio la vida a Rafael
Torreblanca, el Bayardo atacameño inmolado en el Campo de la Alianza.
Eran aquellas damas casadas con tres entusiastas mineros, y llevados
estos del doble parentesco de la familia y el ejercicio, formaron una compañía
de cateo. Sus nombres eran Rafael Torreblanca, Patricio Sierralta y J. M.
Olivares. y un día en que una de sus cuadrillas se había alojado, al pardear la
noche, en una ladera del desierto, al arrancar de raíz un retamo enano que por
allí había, para hacer de su tronco luz y lumbre, saltó de las raíces una
verdadera lluvia de trozos de plata nativa, como si las raíces del arbusto
hubiesen estado formadas de filamentos de aquel metal.
Tal fué el descubrimiento y tal el nombre. En cuanto a la riqueza, se
creyó en los primeros tiempos que eclipsaría a Chañarcillo, a cuyos crestones
su plata ramosa sobrepujaba en cuantía y esplendor.—«Puedo asegurar a U. (nos
escribía a este propósito un dignísimo amigo y venerable patricio de nuestra
sociedad, al enviarnos junto con algunas interesantes publicaciones mineras de
Copiapó una admirable muestra de plata maciza y filamentosa, como si fuera un
fragmento de retamo artificial), puedo asegurar a U. que en mi condición de
banquero o rescatista de pastas en Copiapó he reunido y aun hice fundir en mis
hornos, no algunas libras sino varios quintales del mineral del Retamo, de
riqueza más o menos igual a la muestra que le envió para que la coloque en su
colección». [44]
Por desgracia, la riqueza del Retamo fué tan ingente como fugaz;. En
pocos meses sus compradores de barras, entre los que se contaban don José
Santos Cifuentes, el intendente Lavalle y otros, extrajeron, dos o tres
millones de pesos, y uno de los descubridores (Olivares) usufructuó su hallazgo
comprando la valiosa hacienda de la Marquesa, en la Serena.
Pero Sierralta y especialmente Torreblanca, dos nombres apropiados para
su rudo ejercicio, a fuer de insignes mineros, de incansables cateadores, de
hijos verdaderos del desierto, prosiguieron la carrera de aventuras, que les ha
colocado a la cabeza de los hombres más sobresalientes por su espíritu y su
brazo, su yaucana y su alma, en la vale- rosa falange minera de Atacama.
Por esto y de derecho consagraremos el próximo capítulo a la última: —a
los obreros después de la faena, a las abejas después de la colmena.
Capítulo IX
Los mineros del norte.
(Su carácter y su vida)
El minero de Chile y sus peculiaridades. —El minero considerado como
tipo nacional. —Su asimilación a la montaña en que vive. —Independencia de su
carácter. —Su proverbial desprendimiento y prodigalidad. —Los Peralta de
Copiapó según Simonín y Chevalier. —Su fuerza muscular. —El apir chileno según
el capitán Head y según Vallejos. —Terralla y la vida del minero. —Hábitos
domésticos. — La familia, el compadre y el “hermanito”. —-Su valor heroico y
pendenciero. —Conato de levantamiento de los mineros de Copiapó en 1847. —-La
cangalla, y opiniones singulares que sobre ella tienen los mineros. —Ardides de
que se han valido para este ejercicio. —La cangalla es tan antigua como Potosí.
—-Vanos esfuerzos del virrey Mendoza para extirparla. —Cangalleros condenados a
muerte. — El poruñeo. —Notable formalidad del minero en sus tratos verbales.
—El minero es en Chile una clase progresiva. —-Adelanto de sus costumbres en
Carrizal y en Caracoles. —.Sus ideas morales, sus creencias y supersticiones.
—El minero considerado como poeta. —El canto del minero. —Arranques
espirituales. —Las leyendas de las minas. —Los entierros y los derroteros.
Anexo
I
El censo de Chile acusa la existencia más o menos de veinticinco mil
mineros esparcidos en todas las montañas del país.
Probablemente hay en ese cómputo un error de suma, porque no se ha
contado sino a los mineros domésticos. Y se sabe que el minero chileno es
esencialmente migratorio como el cóndor y como el guanaco. En 1875, fecha del
último recuento de la familia indígena, había mineros chilenos en toda la
redondez de la América antes española, desde Famatina a Nevada, desde Iquique a
La Oroya, desde Potosí y Huantajaya, a Colquechaca y Cerro de Pasco.
Pero aun siendo muy inferior su número, el minero chileno no dejarla de
ser por esto lo que es antes que todo: un tipo nacional. y de tal suerte es
esto, que si por algunos de los trastornos que visitan la tierra y la familia
chilenas desaparecieran ambas, bastaría tm solo ejemplar dejado en el fondo de
las labores o entre los ásperos riscos del cataclismo, a la manera de los
fragmentos de esqueletos humanos de la edad de piedra que los antropologistas
suelen descubrir en las cavernas calcáreas de los cerros terciarios, para
reconstruir por completo la raza extinguida.
II
Mas el minero de Chile no solo es un tipo. El minero, dadas las
condiciones especiales de su vida y su carácter, es un ser único, porque una
vez que el hombre de la llanura ha subido al cerro, ha calzado la ojota, se ha
fajado las recias caderas con el ceñidor de lana roja tejido al telar y ha
empuñado el combo y la yaucana con nervudo brazo, ya no puede ser otra vez lo
que ha sido. Tiene que ser minero, nada más que minero, y morir como minero.
La transformación es completa.
El birrete rojo imprime carácter como el birrete cardenalicio.
Y en efecto, el áspero gremio a que el minero se incorpora junto con
nacer, sea en el fondo del antro, sea en la cancha de la faena, no reconoce
ninguna de estas dos clases de desaliento tan comunes en las otras carreras del
trabajo: los tránsfugas y los inválidos.
El chacarero, el artesano, el gañán regador, el guanay bogador
del Maule, el chango que pesca en el Paposo, el arriero, hijo
de Nanjarí, que apareja sus muías al pié del Aconcagua, el piuco que
corta alerce en las selvas de Chiloé, todos esos pueden ser y se hacen sin
dificultad mineros por afición o por enganche. Pero una vez hecho minero,
ninguno de esos grupos es capaz de retrogradar al blando ejercicio primitivo.
El minero se incorpora al cerro como la roca al farellón, como la veta
al panizo, como el eco a la montaña.
No puede vivir sino allí, y allí vive, gime, canta y produce, sin volver
a pensar en la choza del valle, en el cerco que aró en la niñez al tardo paso
del buey, en el monte de pataguas, cabe al estero, en que derribó para la
lumbre común el primer quillay o el primer boldo.
Por esto dijimos que el minero no se hacía jamás tránsfuga. El minero,
semejante al soldado, muere soldado, es decir, muere minero.
III
Dijimos también que el minero chileno no se hacía inválido, porque no
hay nada más común que encontrar, aun en las más cerriles faenas, hombres
septuagenarios n octogenarios que trabajan con vigor juvenil; y cuando el
fornido barretero echa de ver que la veta de la vida se angosta y comienza el
natural desfallecimiento de sus fuerzas, es decir, su broceo, en vez de ir a
buscar la sábana de la misericordia en el hospital vecino o de implorar la
compasión en los caminos, échase bajo su último torito, cúbrese con un pellejo,
y allí al rayo tibio del sol de la montaña, se es tingue a la boca de la mina,
esto es, al pie del cañón... En se-guida, cuatro camaradas descienden el
cadáver en una parihuela improvisada, y el minero ha vivido...
IV
¿Cuándo, en cuál ciudad habéis visto alguna vez pedir limosna a un
minero?
Todo lo contrario, la base de su existencia está cifrada en los estrenos
opuestos de todas las flaquezas humanas, es decir, en su fiera independencia,
en su proverbial desprendimiento. El minero chileno jamás ha doblado su rodilla
ante el ídolo buda del país, el Dios-Empeño; y siéntese mil veces más feliz
sentado en la más dura peña sobre su delantal de cuero que en el más blando y
rico tapiz de ajeno estrado. De todas las castas y derivaciones de la
conquista, la que más se asemeja al araucano primitivo y no domado, es el
minero. El huaso, por el contrario, es la negación del araucano, es el indio
manso, como lo observaba Darwin en el cerro de la Campana; es el mitayo, siervo
de encomienda en el campo, esclavo en la ciudad.
V
Acostumbrado a no vivir sino de sí mismo, aislado durante años enteros
entre los picos de la montaña; sin conocer la diferencia del día y de la noche
dentro de las lóbregas paredes de sus piques y frontones que amarillento candil
alumbra en la alborada, ea la mitad del día como ea la media noche, acentúase
poco a poco en la carrera del minero la conciencia, el deleite y hasta el
orgullo de su independencia en el trabajo, ( coluptas labor), y sin
esfuerzo se hace el rey de las montañas. El minero no necesita de nadie, y al
contrario, cuando «baja», es decir, en las épocas en que se digna visitar el
poblado, su generosidad no conoce límites. Cuando el minero «baja a la villa»,
después del pagamento, es para el valle lo que el Nilo para el Egipto, y la
agua turbia del Maipo para su árida y sedienta planicie. Sea en el gloriado de
Aconcagua que, por todos los ángulos de la mesa en que el minero que pide y que
paga, hace correr por jarros y barriles, sea en el ponche de panales de
Juan Godoy, que en los tiempos de los Peraltas valía a razón de seis onzas el
tiesto, el minero no reconoce ningún límite a su prodigalidad y a su placer,
excepto la prodigalidad y el placer de sus camaradas. Fué así como los dos
hermanos Peraltas remolieron en un año dos millones de pesos, gastando sus
tesoros con más fausto que los príncipes y los héroes mismos de la fantástica
novela. —Los Osorio de Tiltil fueron en el siglo pasado los Juan Tenorio de su
comarca, y en el presente los Peraltas sobrepujaron a Montecristo, cuando en la
cima del Chañarcillo hacían rodar con nervudos brazos los bolones de plata
maciza del tesoro del abate Faria en el castillo de If[45].
VI
Por esto mismo el minero carece de toda previsión. No atesora como el
huaso, ni guarda en la troj como el chacarero. Jamás pide vuelto en la taberna
y rara vez cuando ofrecido, lo acepta. Al contrario, siendo el único obrero de
Chile que acumula forzosamente algún caudal en la faena, su delicia es gastar
ruidosamente en una hora lo que ha ganado con el tenebroso sudor de sus manos.
Todo lo que el minero exige en tales casos, es que le mimen, que le acaricien,
que artificiosamente le adulen. —«un cariño», como ellos dicen, porque en tales
casos al primer desaire, a la primera desconfianza de la paga, a la más ligera
provocación, el puñal salta de la faja y las tripas, saturadas de sangre y
aguardiente, corren sobre el entarimado. El minero ebrio y contrariado es un
ser terrible en el poblado. La cabra ha vuelto al monte, pero el alcohol ha
convertido al chivo en fiera.
VII
Y en tales lances, cuando suele visitar su mente febril, excitada por el
ponche, la mujer o los naipes, algún rayo de ingenua previsión, reviste ésta
cierta simplicidad antigua y en el fondo heroica. Un día vimos nosotros a un
joven minero de la Ligua, que al comprar, con su bolsa llena de onzas, un par
de zapatos nuevos, metió las viejas y desgarradas ojotas que tenía puestas, en
la quincha del bodegón, diciendo alegremente: — por si acaso!... Y
a los dos días volvió de la villa, camino del cerro, sin onzas, sin camisa y
sin zapatos, la cara surcada de arañazos, porque todo lo había jugado y lo
había perdido, incluso el pellejo, y sacando risueñamente las rotas plantillas
de su previsión y por si acaso, encaminóse de nuevo alegre y
cantando a la montaña. En seis meses más, por Corpus o por Navidad, él volvería
a vengarse, es decir, bajaría al desquite. El minero, como todas las
naturalezas concentradas, suele ser vengativo, y de aquí el corvo, o más bien
la cuchilla maulina rebajada, su fiel compañera.
VIII
Para soportar vida tan dura, tan aislada, sin uno solo de los comunes y
baratos placeres de las agrupaciones humanas, el minero necesita estar dotado
de una fuerza muscular semejante a la del león en cuyas vecindades vive, y de
una sobriedad parecida a la de los anacoretas. El inglés Head ponía en
parangón, de hombre a hombre, de hombro a hombro, la potencia del apire chileno
con la del de Cornwall, que él había traído para ensayo; y mientras el último
apenas podía alzar del suelo el capacho metalero, el hércules aconcagüino se
ofrecía a bajar a la mina y a subir en seguida con el capacho y el gringo,
todo a un tiempo.
Hoy día en que la maquinaria a vapor ha remplazado al malacate de
caballos, como el piquetorno había remplazado al apire, este atleta destronado,
a semejanza de los titanes que escalaron el cielo, no tiene sino una pena, la
de ver que una bestia o un pistón de hierro haga ahora más barato y más aprisa
lo que antes ejecutaban sus lomos y su resuello… A la vista de un hombre
desnudo, dice Jotabeche, haciendo una fielmente colorida pintura del apir, que
aparece en una boca-mina, cargando a la espalda ocho, diez y doce arrobas de
piedra, después de subir con tan enorme peso por aquella larga sucesión de
galerías, de piques y de frontones; al oír el alarido penoso que lanza cuando
llega a respirar el aire libre, nos figuramos que el minero pertenece a una
raza más maldita que la del hombre, nos parece un habitante que sale de otro
mundo menos feliz que el nuestro, y que el suspiro tan profundo que arroja, al
hallarse entre nosotros, es una reconvención amarga dirigida al cielo por
haberlo excluido de la especie humana. El espacio que media entre la boca mina
y la cancha donde deposita el minero los metales, lo baña con el sudor copioso
que brota por todos sus poros: cada uno de sus acompasados pasos va acompañado
de un violento quejido; su cuerpo encorvado, su marcha difícil su respiración
apresurada, todo, en fin, demuestra lo mucho que sufre. Pero apenas tira al
suelo la carga, vuelve a desplegar su hermosa talla, da un alegro silbido, bebe
con ansia un vaso de agua y desaparece de nuevo, entonando un verso obsceno,
por el laberinto embovedado de aquellos lugares de tinieblas.
IX
En cuanto a la sobriedad del minero, que corre parejas con su
inconmensurable pujanza y fisiológicamente la explica, a todos consta que el
ordinario sustento del minero se compone de estas dos cosas que son tan
chilenas como el cobre: el poroto con ají como guiso, y un puñado de higos por
postre. Nada más, pero nada menos, porque, como dice Terralla, poniendo en
contraste el lujo del aviador y la miseria del operario, en Méjico y en el
Perú:
“...Que a aquel lo sustentan aves,
Y a éste tasajo seco
Con maíz cocido o tostado,
Que suele a veces no haberlo;
Que aquel baila y enamora
De placer y gusto lleno,
Y éste entre nieves y piojos
Pisa peñascos y cerros;
Que aquel está en diversiones.
En saraos y en recreos,
Y éste en sumas soledades
De tristezas padeciendo;
Que aquel rompe ricos trajes
De tisú y de terciopelo,
Y éste pañete, bayeta,
Jerga tosca y sayal prieto;
Que aquel no pierde comedia,
Toros, saraos ni festejos,
¿Y éste vive entre humedades,
Fríos, escarchas y hielos?”[46]
X
La vida de familia del minero es, en razón de las causas que hemos
venido apuntando, escasa y sin goces.
El minero, salvo en dos o tres ocasiones del año, es un ser
profundamente melancólico. Rodeado de soledades, su alma se asimila al
silencio, y vive callado como la montaña que habita. No tiene por esto de
ordinario familia como el huaso, ni siquiera una pobre choza como el vaquero y
el pastor. El minero es el arquitecto que ha descubierto el torito, es
decir, la habitación del hombre célibe y ambulante como el carrilano.
Los mineros suelen casarse, o más bien suelen vivir casados, pero no
hacen sino mediocremente feliz a su compañera de destierro. La vida del minero
es esencialmente masculina, vida macha, como la llamaba
espiritualmente Jotabeche. De más valía doméstica que la mujer, es por esto
mismo en la comunidad del minero, el compadre. Cada minero tiene « su
compadre», y éste que es el consejero, el amigo, el aviador en la faena y
aun en la alcoba, tórnase en el abnegado padrino del duelo a corvo y después en
el heroico hermanito en la batalla.
XI
Decir, a este propósito, que el minero es bravo, sería como afirmar que
el pedernal es duro y que cuando el acero lo hiere echa chispas. Luchador
ardiente y tenaz contra todas las formidables resistencias de la naturaleza, el
minero contempla a su adversario humano solo como una grieta blanda en la labor
y lo acomete sin esfuerzo y sin jactancia, siendo igual para él la
individualidad, el grupo, la cuadrilla y el batallón, porque el panizo es el
mismo... Y de aquí la inmortalidad guerrera del regimiento Atacama y del
regimiento Coquimbo, dos falanges de mineros.
XII
Por lo mismo, el minero es peleador como el indio y pendenciero como el
roto. Se halla siempre pronto para todas las revueltas, y es así como se
explica que el norte haya sido para los gobiernos de Santiago una frontera
política más terrible que la antigua de las lanzas que crecen entre los
quilantares araucanos. La Serena y Los Loros fueron duras pero no provechosas
ni aprovechadas enseñanzas de lo que es el hombre del norte, es decir, el
minero hecho ciudadano y de ciudadano hecho soldado.
De su espíritu tumultuario ha quedado también larga memoria desde que,
como decían los monopolistas de las minas de Huspallata a mediados del siglo
pasado, —«la gente minera es la más vagabunda de todo el reino». En 1817,
cuando hubo inundación de plata en Copiapó, llegó a temerse un alzamiento
general, y desde entonces pasó a guarnecer aquellos parajes un escuadrón de
Cazadores a caballo al mando del hoy general don Ignacio Prieto.— «Los rumores
que han circulado en el departamento, decía el Copiapino en su
editorial de 4 de mayo de 1817, sobre el asalto intentado contra algunas minas
de Chañarcillo, no han sido una falsa alarma, como hablamos creído al
principio, sino un hecho efectivo que no ha llegado a realizarse, merced a la
casualidad que hizo descubrir con anticipación las siniestras intenciones de
los que debían perpetrarlo.
“Los célebres criminales Perinés, Flores y Agüero, tan conocidos entre
nosotros por una larga historia de crímenes atroces, que han llegado a quedar
impunes por haberse fugado sus autores de la cárcel de esta ciudad en las
diferentes ocasiones que se les ha tenido presos y se les ha seguido su causa,
hablan formado el plan depravado de seducir a algunos jornaleros con el objeto
de atacar principalmente las minas Descubridora y Reventón
Colorado para apoderarse del armamento que en ellas tienen sus dueños
i, provocando en seguida a la rebelión el resto de la peonada, cometer
desórdenes y excesos de todo género que habrían sido de las más lamentables
consecuencias.”
“Por fortuna, instruido a tiempo el subdelegado de semejante intentona,
tomó las medidas que creyó más oportunas para embarazarla, y los encabezadores
del motín, conociéndose descubiertos, suspendieron el golpe que se hablan
propuesto dar.”
XIII
Esto y con todo, en el sentido moral que perseguimos, el minero no es
propiamente hurtador como el ratero de las ciudades o como el salteador de
caminos; es solo cangallero, es decir, contrabandista, porque
conforme al código convencional de los asientos mineros, la cangalla o
sustracción de una parte pequeña del rico montón de la cancha sacado a pulsos
del fondo de la labor, no es robo sino contrabando, como la sustracción
clandestina del buque, de la lancha o de la playa en el puerto de mar.
La cómoda teoría del minero es que el metal «lo da el cerro» y que el
cerro, como todo lo que forma el territorio, es más o menos propiedad común del
chileno. Y de aquí viene que el apodo de «cangallero» no es de ofensivo. Al
grito de “ladrón”, el puñal brillaría en las manos; pero el motejo de
«cangallero» es recibido con sonrisas, y algunos, como Méndez, el célebre
descubridor de Caracoles, acostumbraba llevarlo como apéndice
tolerado a su nombro—“Méndez Cangalla.”.
XIV
Ignoramos la etimología de esta curiosa palabra, porque en quichua cangalla significa
simplemente pizarra, y a no ser que el nombre se derive de los mitayos, o
mineros que Cangallo, distrito de Ayacucho, enviaba a Potosí, y que acaso
fueran más diestros hurtadores que los otros, no acertamos a fijar su origen.
Nos es dable sin embargo recordar algunos de los mil arbitrios con que los
cangalleros de la plata barra se ingeniaban para sustraerla a sus dueños,
burlando hasta los bandos de muerte con que el reí ordenaba castigar a los que
robaran pastas en sus casas de moneda, tanto en Méjico como en Lima, en
Santiago y Popayán como en Potosí.
XV
Al principio, el gran encubridor de la cangalla fué en
Chañarcillo el ceñidor de cien vueltas con que el minero fajaba su cintura y
apostaba carreras de faja en los días de solaz. Pero prohibido
este atavío en las labores, ocurrieron a la telera, es decir, a su
abultado pan de ración, del cual extraían la miga antes de entrar a la faena, y
rellenábanlo adentro con la mejor granalla de la veta.
Y una vez que los mayordomos descubrieron esta treta y la prohibieron,
los tenaces cangalleros ocurrieron al arbitrio de ahuecar sus veleros (especie
de candeleros de palo en que ponían su candil), y después hicieron lo mismo con
las cuñas, que las forjaban vacías de cañones de fusil. Derrotados por la
suspicacia de sus patrones en todos estos ardides, inventaron al fin el bárbaro
de depositar la plata barra en sus propias entrañas, con dolores y peligros que
les causaban no pocas veces la muerte. [47]
XVI
Por lo demás, la cangalla es tan antigua como Potosí, y nunca se le ha
encontrado remedio eficaz, por más que al salir de las labores los mayordomos
de cancha hicieran gritar a los que asomaban a la boca-mina Viva Chile! o
los sometieran a ultrajante registro. “Hanse hecho grandes juntas de teólogos,
decía a este respecto de los cangalleros de alto y bajo coturno el virrey don
Juan de Mendoza en 1615, sobre si queda algo lícito o siquiera indiferente en
esta contratación (la compra de cangalla) que la justifique, o por
lo menos la haga sufrible por excusar mayor daño, como sucede a veces en otras
leyes positivas que no obligan como las del derecho divino. Al fin hallan
que a los indios por razón de la propiedad de aquella tierra y de lo
que les cuesta su beneficio, se les puede disimular o permitir este uso ,
y para moderarle señaló el gobierno una plaza donde (i no en otra parte) se
hiciesen los rescates para que la publicidad del lugar avergonzarse a los
rescatadores; es muy conveniente el rigor en esta ejecución, porque a veces en
el propio cerro y boca de las minas y en los ingenios, suele haber casas
conocidas donde van los que hurtan y los que compran, entre quienes hay tan
poca diferencia que pudiera decirse por solo el primer término” [48] .
XVII
Estando al tenor literal de la exposición que precede, resultarla que la
cangalla menuda y usual sería de derecho divino según la teología,
justificándose así la doctrina comunista que rige entre los mineros; más no
acontecía de igual suerte con los cangalleros por mayor, porque es preciso no
echar en olvido que en el giro de la cangalla hay tres o cuatro clases de
categorías que comienzan en el fondo de la mina y acaban muchas veces tras de
suntuosa alcoba o de bruñido mostrador de banco rescate.
Jotabeche, cuando fué rico, esto es, cuando tuvo miedo a los cangalleros
y a los pipiolos, la describe con amargura, y con malicia suma insinúa que
Vallenar fué en los días de Chañarcillo la capital del reino de la cangalla en
que tantos se enriquecieron más aprisa que los mineros.
Al fin, como la pasión de la cangalla se hallase tan difundida en todos
los asientos mineros de América, se ha hecho forzoso ampararla con una especie
de amnistía, cual lo ejecutara el manso rey Carlos IV con un cangallero de
Méjico para quien el fiscal del Consejo de Indias pidió la pena de muerte, a
virtud de una ley de Castilla [49].
XVIII
Hace juego con la cangalla, el poruñeo, es decir, el engaño
de la gente laica o codiciosa por la de la profesión minera, que exhibiendo
rico metal en la poruña, seduce y vende tierra y hoyos al incauto. Este es
ardid común a todas las clases sociales en los parajes mineros, y he aquí como
pintorescamente lo describe un aporuñado santiaguino al visitar a Copiapó en
todo el auge de sus minas. “…Llegamos al fin al pueblo clásico de las
ilusiones, en donde corren con igual y variada rapidez cuantos pensamientos
forman el encanto y el martirio de la vida mercantil; a este lugar de rotos
remendados; lugar que cambia por encantamiento la ojota en bota, al viejo
en niño, y al seboso culero en ancho faldón de fino paño; lugar en que cada
individuo se cree un pozo de ciencia mineralógica y se ríe piadosamente de los
conocimientos de su prójimo; ancho campo en el que florece la cultivada ciencia
del provechoso poruñeo, que da hondo socavón al bolsillo del recién
llegado; el que, a su turno, poruñea al que le sigue de atrás, quien hace
después otro tanto con el de retaguardia; lugar de ansiedades y de esperanzas;
lugar, en fin, de mineros en alcance y de mineros broceado Esta ciudad, que
pudiéramos comparar a un extenso dormitorio de gallinas, en el que la que hoy
se coloca en lo alto de la percha se zurra en la de más abajo, para que a ella
misma le acontezca igual desgracia mañana, está situada a lo largo de un
pequeño y bien cultivado valle, entre dos cordones áridos y descarnados, cuyo
aspecto sombrío hace resaltar el hermoso verde de la vega, y de un sinnúmero de
pequeñas pero productivas heredades a una y otra orilla de la mezquina acequia
que constituye el rio de Copiapó” [50].
XIX
Por lo mismo que el minero es poco escrupuloso con lo suyo y con lo
ajeno, es jugador. Su profesión misma es un azar continuo y eterno porque su
carpeta está siempre puesta dentro de la mina donde apuesta al alcance y en la
superficie donde apuesta a los dados, o al monte, este juego del cerro y de la
mina, como su nombre lo dice, y que Simonin llama cándidamente el baccarat
americano, como si los mineros de Chile no supiesen también el
baccarat francés... En Méjico, en Potosí y en Copiapó se han jugado millones;
recuérdanse apuestas hasta de veinte mil onzas a una sola carta, y aun es fama
que en casa de cierto abogado de la última ciudad se guardaba permanentemente
bajo los sofás las talegas de la nocturna partida como una especie de hipoteca
de los pagos y repagos que cada doce horas tenían lugar [51].
XX
Pero en cambio, si el minero es mal guardador de los bienes que ha
ayudado a adquirir a su patrón y la teología lo adjudica, es antes que todo,
hombre de palabra. El minero aborrece instintivamente el papel sellado, como la
rata en su cueva al gato que la acecha a la salida. Y por esto, la cara de un
tinterillo hace en su alma el mismo efecto que el vuelo de pájaro de mal agüero
en el supersticioso araucano. Pocos son los ejemplos en que se haya visto a un
cateador hacer traición a la confianza de sus habilitadores por un pleito. La
palabra del minero es un contrato. Don Miguel Gallo vendió a sus amigos Ossa y
Goyenechea los dos tercios de la Descubridora de Chañarcillo
sin más garantía que la de la amistad, es decir, que vendió millones bajo una
palabra. De igual manera, don José Díaz Gana cumplió su empeño verbal a sus
cateadores de Caracoles, regalándoles la mitad de su pertenencia, que valía
tres millones, y lo que hacen los patrones es lo que por lo común practican los
subalternos. Por lo demás, el cateador de la faena es una
especie de agente de confianza de las empresas mineras, entre las cuales
desempeña una misión generosa y atrevida que recuerda al matador de leones, «el
leonero» en las estancias de ganado. Y como sobre la existencia interesante de
esos hijos del desierto habremos de volver en breve, dejamos aquí solo
insinuada carrera.
XXI
Otra peculiaridad del minero que el vulgo huaso o de las ciudades no
conoce. El minero del norte es la más progresista de todas las ramificaciones
de la familia chilena; y si no bastara para comprobante ver todo lo que entre
nosotros han hecho durante el último medio siglo los mineros que se han
enriquecido, sería suficiente ir a observar al operario del norte en Carrizal o
en Caracoles. Allí con su dinero se ha hecho fundaciones de beneficencia, se ha
abierto escuelas, se ha ofrecido generosas suscripciones a la filantropía y a
la patria. La generalidad de las gentes viven entre nosotros persuadidas de que
lo que hace al minero es el traje, es decir, la ojota y el gorro lacre, el
ceñidor y la media sin pie. ¡Error! Porque sería preciso asistir a una representación
en el teatro de Caracoles o de Carrizal, y estudiar la composición social de
sus palcos en una función de gala para desvanecer esa creencia. El minero del
norte se viste hoy en todas partes de paño como “el futre santiaguino”. Otro
detalle que es un libro. La Historia de Chile por el padre
Diego de Rosales tuvo más suscriptores en Carrizal que en Santiago… [52]
XXII
El antiguo y pintoresco traje de los mineros chilenos, heredado sin
duda, con algunas modificaciones operadas por el clima, del de los mineros de
las Alpujarras, de Almería y Potosí, ha ido poco a poco desapareciendo bajo la
baratura de la ropa hecha, Mr. Simón ha derrotado al culero, y las
máquinas de coser de Singer a las tejedoras de Huentelauquén, en las costas de
Petorca, cuyos hilados no tenían rivales sino en Guatelume para la faja y el
calzoncillo azul». Hoy el minero viste como el simple ciudadano; y ¡triste
decepción! en lugar del antiguo culero plegado en dobleces, usa un barato y
burdo saco de lona doblado en dos mitades para sentarse sobre el duro risco o
enjugarse el grueso sudor de la desnuda espalda…
XXIII
En su vida interna el minero chileno es más creyente que devoto. Hace
mandas a la virgen de Andacollo, pero en su día va a cobrársela, vaso en mano,
a la puerta del santuario. Como hombre de la naturaleza, es más deísta que
cristiano. Cree en el Dios que todo lo ha criado, especialmente las vetas de
plata barra o semi-barra, pero no oye misa ni se confiesa sino en artículo de
muerte, y entonces con intenso fervor y sincero arrepentimiento de sus culpas.
En las minas suele haber capilla, pero no acuden misioneros, y generalmente los
únicos días de verdadera guarda y de cristiano regocijo para el minero son los
de Corpus y de Navidad, porque en tales fechas les pagan o les pagaban.
Por lo demás, en su fuero interno los mineros de Chile son profundamente
supersticiosos. Por supuesto, viven en sus cavernas familiarizados con las
ánimas de los aparecidos, y no pocas veces se les ha visto salir aterrados del
fondo de profundas labores, asegurando que a sus pies han sentido patentes los
ruidos del infierno y las imprecaciones de Satán, que el viento remedaba entre
las grietas subterráneas.... La leyenda del diablo y de los siete mineros de
Petorca es demasiado conocida por su metro, y en otra ocasión la hemos contado.
XXIV
Como consecuencia de todo esto, el minero es poeta; es el poeta por
excelencia, el poeta indígena, el bardo nacional, rudo como los antiguos trovadours de
la Provenza, pero gráfico en la expresión del sentimiento, sea en el triste cantado
o compuesto en el fondo de cavernosa soledad, sea en las festivas zamacuecas
del fandango de la cercana placilla. El minero es el antiguo payador de Chile,
y si este último hubiese desaparecido, solo podrían hallarse sus vestigios
entre las tierras septentrionales donde hasta hoy se canta la patria y el
trabajo, la guerra y el amor.
“El roto no es descendiente
De monarcas europeos:
Araucanos son sus padres,
Araucanos sus abuelos.
Desciende, pues, de esa raza
De magníficos guerreros
Que nunca domó la España
Ni nunca nuestro gobierno.
Por eso sus fuerzas son
Las de un gigante, y por eso
Ni le fatiga el verano
Ni le amilana el invierno.
Al rayo del sol trabaja
Como trabaja lloviendo;
En las minas con el combo
O con el chuzo de hierro;
Con el arado en el campo;
Sobre la mar con el remo.”
* * * *
“¿Quién no ha visto alguna vez
A nuestros bravos mineros
Trepando a lo alto de un pique,
En las entrañas de un cerro,
Con el capacho de piedras
¿Corno quien lleva un muñeco?
¿Cuál es el trabajador
¿Qué hay más firme que el chileno?
El aguanta una semana
Y un mes, dos meses y ciento,
Trabajando una labor
Porotos con sal comiendo,
Sin beber más que agua pura
Y durmiendo sobre el suelo.”
* * * *
“¿Quién le gana a generoso
Si anda trayendo dinero?
Si un amigo pide un doble,
El pide dos al momento,
Y entre dobles y repiques
Gasta lo que anda trayendo,
Y al fin empeña la manta,
La chaqueta y el sombrero.
Si en el despacho en que toma
Hay paisanos o europeos,
A todos les pasa un trago,
Aunque sean limosneros.
Si sabe que hay un amigo
Que está sin trabajo, enfermo,
Va a visitarlo, y le deja
Una chaucha por lo menos.
“Nunca en un mismo lugar
Le gusta estar mucho tiempo;
Por eso es que todos dicen
Que el roto es aventurero.
El año cuarenta y nueve
A California se fueron,
A trabajar en las minas,
Más de cuatro mil chilenos.
En el Perú y en Bolivia,
Pregunto, ¿quiénes han hecho
Todos los ferrocarriles
Que construir mandó el gobierno?
Digo, ¿quiénes trabajaban
Las minas de esos dos pueblos,
Y quienes han trabajado
En los mantos salitreros?
¿Quiénes en la otra banda
Son los que labran el suelo
Y los que explotan las minas?
¡Chilenos! Son chilenos!
En el carril de la Oroya
¿Quiénes trabajar pudieran,
Sin enfermarse jamás,
Sino los rotos?—Solo ellos. —
¿Cómo vivía cada uno?
Un hoyo hacia en el suelo,
Echaba un poco de paja
Y se acostaba muy fresco,
Como en un colchón de plumas,
Y sin más techo que el cielo.
Eso sí, nunca faltaba
En aquel triste agujero,
Amarrado al coligüito,
El Estandarte chileno!
¡Pobre del cuico o del cholo
Que tuviese atrevimiento
Para arrancar esa insignia
Que todos tanto queremos!
¡Al instante allí quedaba
Sin una tripa en el cuerpo!»[53]
Por último, en el anexo de este capítulo damos en este orden cabida a un
bonito Canto del minero que encontramos en El Minero
de Freirina de 1863, y lleva la firma de don J. Santa Cruz, feliz
imitador en esta composición del Pirata de Espronceda
XXV
El minero es de suyo ocurrente, y son muchas las rudas espiritualidades
que a su cargo corren en las faenas, siendo la que hoy se halla más en boga en
los climas del Norte, la de cierto posadero, hijo de minero y de cateadores
atacameños, llamado don Zacarías Echiburú, quien, habiendo puesto una mala
posada en la mitad del desolado camino que antes del ferrocarril conducía de
Antofagasta a Caracoles, recargaba sus cuentas según el mayor frió o calor que
en el páramo hacia, o la hora en que le era preciso levantarse para recibir a
sus escasos huéspedes; y cuando alguno de estos aventuraba tímida observación
sobre lo subido de los precios, el buen don Zacarías (que no tenia mal nombre
para fondero) se contentaba con replicar: ¿ Y acaso he venido aquí solo
¿para mudar temperamento?...
La frase ha hecho fortuna, y hoy es dicho universal y expresivo entre
toda la andariega gente que se llama según expresión minera también — «Chile
nuevo.»
XXVI
En su calidad de perforador y de hombre supersticioso, el minero es
también el autor de casi todas las leyendas de entierros que han corrido en el
país, desde la laguna del Inca hasta la cadena de oro echada al pozo de los
jesuitas. Y su teoría, que nosotros hemos visto en ejercicio en varias
ocasiones, especialmente cuando desempeñábamos la intendencia de Santiago, es
sumamente cómoda. Cavado el entierro hasta la profundidad que reza el
derrotero, o la fantasía, sino se halla es porque los brujos, que guardan como
avaros centinelas esos tesoros, los han traspuesto tantos y tantos estados más
abajo, y entonces hácese preciso proseguir la excavación hasta los antípodas...
Pero el punto principal de las leyendas y de las pláticas del minero, en
las cortas horas que la noche y el fogón reservan a su cansancio, son los
derroteros, porque así como el huaso ha de saber cuentos de penitentes, de
aparecidos y de varillitas de virtud, así el minero forzosamente ha de conocer
y contar, apuntar y llevar consigo, en forma de mugriento escapulario doblado
en mil dobleces, uno o cien derroteros. Y como este es un tema obligado de la
historia de la minería en Chile, hemos de hacer mención de él por separado.
Anexo al Capítulo IX
Canto del minero.
En una mina en que existe
De cobre un rico venero,
Alegre canta un minero
Continuando su labor.
Trabaja allí sin descanso
Para dar tesoro al rico
Y al compás de combo y pico
Entona alegre canción.
Hoy dos varas
He minado
Y he sacado
Piedras mil
Son metales
De colores!
Dos labores
Voy a abrir.
Ya me canso
No respiro
Y ya el tiro
Va a salir.
Trabaja, diestro minero,
Trabaja sin descansar;
Mira a tu frente la veta
Del más precioso metal.
Con cuánto placer no escucho
Tras un peñasco escondido
El horrísono estampido
De tan inmensa explosión!
Chocan las piedras con piedras
¡Y las chispas resplandecen
Y los cerros se estremecen
Y yo en medio del fogón!...
Miro llenos
Los portales
De metales
A mis pies
Y prosigo
Mi taladro
Y mi cuadro
Vuelvo a ver.
Y otra vez
Cual otros días
Voy las guías
A encender.
Trabaja, diestro minero,
Trabaja sin descansar, etc.
Más cuando el tiempo me llega
En que el patrón nos da el pago
Entonces solo echo un trago
Y remojo el paladar.
Y cuando a la fonda bajo
Con mi bolsa y mi culero
«Aquí está, digo, el minero:
¿No hay alguien con quien gastar?
Y a la niña Cariñosa,
Si es hermosa
Doy mi amor
Y sereno
De pesetas
Dejo lleno
El mostrador;
Que se precia
De galante
Este amante
Corazón.
Trabaja diestro minero, etc.
Entre peñas encerrado
Me burlo del mundo necio
Cuyos desdenes desprecio
Cual peñasco sin metal
Pues mi fuerza
Combo y pico
Dan al rico
Su caudal,
Por sus bailes
No doy nada,
Más me agrada
Trabajar.
Con mi sueldo
Me mantengo
Y aquí tengo Libertad.
Trabaja, diestro minero, etc.
Capitulo X
Los "derroteros" y los ardides del desierto.
(Cereceda y Aliste).
El cateador. —Sus condiciones físicas y morales. —Su frugalidad y
sufrimiento.—Cuadrilla cateadora de don Manuel Ossa. —Los utensilios del
cateador. —La brújula.—La cuchilla rebajada. —El corvo no es chileno sino
peruano. —Memorias de algunos derroteros. —El derrotero del Inca. — El famoso
derrotero de la Ola o de los aragoneses, y su examen. —Opiniones de Martin de
Moussy. —Ardides de los mineros, —Cereceda en las Cuestecillas. —Francisco
Aliste, y el proverbio a que han dado lugar sus engaños.
I
Decíamos en el capítulo precedente que el personaje de más nota de una
empresa de minas en las provincias del norte era, después del patrón, el cateador,
y comparábamos este último al campesino diestro y animoso que en las estancias
cerriles del centro y norte de Chile suele hacer el oficio de “leonero” o
cazador de fieras.
No ha de ser aquel personaje, por consiguiente, ni vulgar por su
inteligencia, ni corto en su valor, ni frágil en su resistencia a la fatiga,
porque así como la vida y el ejercicio del último consiste en desenmarañar las
carnívoras alimañas, especialmente la puma y el culpeo de sus espesuras,
bregando con todas las asperezas de la montaña, la soledad y el acecho, así la
existencia del cateador se consume en busca de los rodados entre horrorosos
farellones, o en descubrir las minas y los panizos encubiertos por las
candentes arenas del desierto. Ah! ¡Cuántos de estos animosos exploradores no
han vuelto más al hogar. ¡Cuántos han sido encontrados solo por el vuelo de las
aves de rapiña que marcaban el sitio de su solitario cadáver!
II
El cateador necesita ser tan frugal como los santos y haber sido forjado
de hierro en el molde de los soldados antiguos. El menor extravío en su camino
le conduce de seguro a horrible muerte, y un accidente casual, el más leve, la
pérdida de una ración de charqui, la rotura de una botella de agua, bastan no
solo para malograr su empresa si- no para someterlo a las mil torturas de la
desesperación en lugares en que una naturaleza sórdida c implacable no tiene
para el hombre una sola hora de clemencia. El oasis mismo en el desierto no es
muchas veces sino un engaño, y la aguada antigua cegada por la arena o por el
cierzo, una agonía.
III
Hácese por este conjunto de circunstancias especiales en extremo penosa
la carrera del cateador, mucho más cuando es empleado por ajena cuenta, pues
entonces va solo en medias con el acaso, llevando como cosa de ganancia segura
solo su martirio.
Pero es tan poderoso en el hombre el atractivo de la soledad que le
convierte en rey de cuanto le rodea; tiene el desierto en su propia hórrida
monotonía tantos fuertes embelesos para el alma cansada, y asemejase de tal
manera la busca de tesoros escondidos a los azares de la caza, que al fin el
cateador hace de su oficio no solo una costumbre sino hasta un grato
pasatiempo.
IV
Hemos recordado ya en efecto la intensa alegría con que en su ancianidad
don Diego de Almeida se lanzaba septuagenario al desierto para dormir en sus
páramos sin más cobertor que el estrellado cielo; y de su escuela han sido
todos los grandes cateadores posteriores, Moreno, Ossa, sus dos hijos, el indio
Alcota y el padre de los Torreblanca, que aun cuando sonrióle un día falaz
fortuna con prospecto de millones, jamás consintió en quitarse el burdo poncho,
túnica, armadura y lecho del cateador en el desierto.
V
Naturalmente el cateador ha de ser un experimentado mineralogista
práctico, porque entre las ondulaciones del desierto relucen muchas sustancias
con el doble prisma del miraje o la ambición, y allí no es ciertamente oro ni
siquiera plata todo lo que reluce El cateador debe conocer la geología exterior
de la comarca que recorre, sus panizos, sus corridas, el rumbo de sus vetas y
la calidad de todos los metales, porque así como el rumbeador de
las pampas argentinas adivina por los pelos que su ojo de águila percibe en el
sendero el color de los caballos o de la manada que persigue, y como el indio
de Sechura o Guayurí sigue por la noche en los desiertos arenosos del Perú la
huella de los asnos olfateando la arena débilmente saturada del amoníaco de las
recuas que por allí pasaron, así el cateador con solo recoger un guijarro del
suelo ha de ponerse en actitud de llegar a la solución de alguno de los
problemas que persigue. Por esto una de las principales condiciones del
cateador ha de ser su resistencia para marchar a pié. Decía don Diego de
Almeida, como un axioma, que ninguna mina había sido encontrada desde a
caballo; y por esto el verdadero cateador habrá de tener su planta tan dura
como la pezuña de la mula que lleva su escaso bastimento, es decir, su harina y
su charqui, su agua y su esperanza....
Solo en estos tiempos de sibaritismo y de opulencia se ha llegado al
lujo de las cacerolas, de las conservas de Weir Scott, de la cerveza de
Andwandter y hasta del exquisito té de la cosecha del año siguiente,
que es la que primero llega a Chile, según los anuncios publicados seis meses
antes de la siega de la hoja en las chácaras del Celeste imperio….La lámina
gráfica que hace buena compañía a este capítulo, cuyo dibujo nos fué enviado en
el último agosto por el insigne cateador don Manuel Ossa, retratista de su
propia comitiva, es una muestra del progreso y de la regalía del cateo moderno,
que se perfecciona como el arte de la música, el de ganar elecciones, o
cualquiera otro. Hacia sin embargo pocos años que el esforzado capitán de la
última cuadrilla de exploradores a brújula, en una ocasión inolvidable se había
visto forzado, no lejos de Taltal, a comerse las orejas de su mula, y en otra,
traidora bala le atravesó el pecho en las cimas de las Condes, y como muestra
de indomable perseverancia lleva todavía escondido su pesado plomo en su
enérgico tórax.
VI
Después del agua, el requisito más indispensable del calcador
septentrional es la brújala, porque, exceptuando el camino del Inca,
que es una especie de meridiano del desierto, no hay en su ámbito solitario e
inmenso más guía que la inclinación del sol, «esta frazada del minero», y de
noche, las estrellas. Todos los cateadores son idólatras de Zoroastro.
VII
Otro de los compañeros inseparables del cateador, más que del minero, es
el cuchillo que lo defiende, lo alimenta y lo ayuda en sus reconocimientos por
entre las hendiduras de las grietas.
Pero ese cuchillo no es el corvo.
Todo lo contrario, el arma antigua y genuina del minero y del cateador
atacameño era la cuchilla lisa y rebajada de nuestras ramadas de matanza, de
los maulinos pelacaras y de los galgos de California.
El corvo no es chileno, es peruano.
Aclimatáronlo en su cintura los trabajadores de las salitreras de
Tarapacá, donde por el modelo de los árabes, existía con anterioridad. Y de
aquí la sorpresa con que el nombre de corvo fué recibido en Chile cuando Daza
en una de sus singulares proclamas, trájolo por la primera vez a cuento. Como
el doctor Guillotín, inventor de la terrible máquina que lleva su nombre, los
peruanos han recibido el castigo de sus propias invenciones.
VIII
Pero aparte de estos aprestos y de los utensilios menudos que almacena
en sus alforjas, el cateador lleva consigo en su memoria, a la manera de la
biblioteca portátil de Carpentier, un verdadero armario de indicaciones, de
noticias y de derroteros que le guían. El derrotero es la cartilla en que el
minero aprende su destino y lee en ella como si sus hojas invisibles fueran las
páginas de un Génesis subterráneo.
Y a la verdad, son tan numerosos los derroteros de Chile, que
compaginándolos podría formarse de su haz un libro como el de las Mil y
una noches, a derrotero por noche. En nuestra niñez, como hijos de minero,
no oímos sino sus mil y una variantes, comenzando por el derrotero padre y
abuelo de todos los demás: —el del tesoro del Inca.
Y en edad más avanzada hemos escuchado esta versión, eternamente variada
en sus detalles, en Mendoza y en Lima, en Buenos Aires y en Santiago. La
tradición más universal es, empero, la de que los conductores del tributo, que
era de 141/2 arrobas de oro (lo que es cierto), al tener
noticia en el camino, del traidor sacrificio de Atahualpa, despavoridos
arrojaron el metal a una laguna y huyeron. Y de aquí viene que todas las
lagunas de Chile, inclusa la laguna Negra y la del Parque Cousiño, se han hecho
entre nosotros derroteros...
IX
Contamos también en otro libro el derrotero del indio de Catapilco que
murió en el hospital de Santiago y legó a uno de sus guardianes que le mostró
cierta caridad en su agonía, el derrotero del Culebrón, que positivamente fué
hallado, y era un hervidero superficial de oro fundido, que se agotó en breves
horas. Mas, con esa excepción y la harto más digna de memoria de los Tres
Portezuelos, de que en el próximo capítulo hablaremos, no ha llegado a
nosotros noticia de éxito alguno alcanzado por este romántico si bien harto
falaz camino.
X
Verdad es que no existe un solo mineral rico, por acaso descubierto, que
no tenga su leyenda de derroteros preexistentes como el del arriero de Sotaquí
que descubriera a Chañarcillo antes de Juan Godoy, el indio de Cobija que
conocía el derrotero de Caracoles, en competencia con el derrotero del Cenizal,
y las mil patrañas que la afición a lo maravilloso engendra en el hombre y lo
embelesa. Estamos ciertos que Cachinal ha tenido también sus precursores, y
esta leyenda no habrá de tardar en ser compaginada y recordada, tal vez en este
propio libro. Por hoy solo tenemos su portada y su prefacio, según en su hora
habremos de anotarlo.
XI
Entre los derroteros antiguos, si bien vigentes o no encontrados todavía
del desierto de Atacama, mantienen su puesto de honor el derrotero de Naranjo,
hacia el Morro Jorjillo, cateo de oro en barra, en la costa del litoral, cuyo
secreto se fué a pique con su originador en los primeros años del presente
siglo, frente a la punta de Teatinos en la bahía de Coquimbo, y el macho más
famoso y persistente delos aragoneses o de la Ola,
sendero de montaña, que por el rumbo opuesto a afiebrado muchas cabezas y enflaquecido
muchas bolsas, sin que todavía se llegue ni siquiera a la pista de su rumbo.
Y ciertamente que si el derrotero delos dos aragoneses, no
pasa de una invención, ha sido ésta bien urdida, y como derrotero de cordillera
ha encontrado a la par con el no menos famoso derrotero santiaguino del
coronel Picarte, ardientes secuaces limítrofes en ambos declives de los
Andes, en Tres Puntas, que es el punto más cercano de partida, y en Famatina,
que es el de llegada; en Copiapó donde comenzó el drama y en Tucumán, donde
encontró sangriento término, pereciendo a bala y en el banquillo de los espías
militares uno o los dos agentes del rey, que de paso descubrieron la Ola; lo
cual tuvo lugar por sentencia del general Belgrano, en junio de 1812.
Tiene por tanto el derrotero de la Ola muchos visos aparentes de
verosimilitud, así corno le so- bran los de razonable duda, y como cosa de
curiosidad sometida al frió criterio de la gente que más que catea lee, vamos a
reproducir lo principal y más granado que sobre este famosísimo derrotero trae
un autor moderno, que parece haber estudiado a fondo tan tenebroso negocio.
Esa relación dice como sigue:
XII
“Encontrábanse en la villa de Copiapó, a fines de 1810, en calidad de
transeúntes, dos aragoneses llamados Juan Leite y Juan Chavarría, que vivían en
el barrio oriental de la actual calle de Atacama, denominada entonces calle
del Rey. Nada se dice del objeto de su permanencia en Copiapó, ni sí eran
hombres mirados en alguna estima, solo sí que tenían algunas buenas í amistosas
relaciones en su vecindario. Parece que los sucesos políticos que comenzaban a
desarrollarse en el país, los hicieron mirar por su nacionalidad y determinaron
marcharse cuanto antes a fin de escapar a la ojeriza y persecución contra los
peninsulares.”
“Efectivamente, en los primeros días de abril de 1811, se les vio tomar
el camino del Inca, en viaje para el Perú, acompañados, según unos , del peón
Pedro José Alcota, indígena del pueblo de San Fernando, y según otros, del
citado Alcota y de don Domingo Olmedo, quien vive todavía muy anciano en
Tinogasta. Sea que los aragoneses pensaran seguir otro camino, o que los guías
que llevaban no conocieran el territorio más allá, los expedicionarios llegaron
a la estancia de la Encantada, o a la del Asiento, o a la de Pasto Cerrado,
solicitando los servicios de un joven Berna, que era conocedor de los caminos
del desierto y de los pasos de la cordillera.”
“Este individuo, natural de la aldea de Santa María, en la provincia de
Catamarca, ha pasado allí toda su vida entregado al cultivo de la estancia y a
las correrías de guanacos y vicuñas y actualmente, si nuestras noticias no
fallan, es un anciano montaraz a quien los traficantes miran como el patriarca
de esos lugares que guarda, junto con el conocimiento de los senderos y aguadas
del desierto, el secreto de innumerables ricas vetas.” [54]
“E1 joven baqueano no obtuvo el consentimiento de su madre para guiar a
los aragoneses, y así estos tuvieron que retroceder hasta Chañaral Alto para
dirigirse por allí al oriente, pasar los Andes y caer a la banda argentina. Un
temporal los sorprendió en este camino y buscaron refugio en una quebrada que
desembocaba cerca de una laguna llamada la Ola. Allí, en una angostura, se
parapetaron ya entrada la noche y aumentando la furia del temporal, encendieron
una fogata, acumularon a su rededor unas cuantas piedras para estrechar los
tizones, y recostados al calor de la lumbre, pasaron la noche.”
“E1 temporal cesó, y a la primera claridad del día, revolviendo el fuego
de su alojamiento, notaron que todas las piedras estaban fundidas en pura
plata. Miraron el sitio en que habían dormido y lo vieron sembrado de rodados;
se desparramaron por la quebrada y no muy lejos distinguieron un promontorio
del mismo color que las piedras, tan grande que parecía un baluarte. Corrieron
y vieron que todo él era un peñasco de plata, cuyas desagregaciones eran los
rodados que habían encontrado más abajo.”
“Con estos y con los trozos que pudieron desprender del enorme farellón,
hicieron una pesada carga, y faltos de elementos para arrancar y trasportar
mas, se contentaron con hacer en el peñasco una hendidura en forma de cruz y se
pusieron en marcha, prometiéndose regresar lo más pronto posible.”
“Entrados en territorio argentino, la valiosa carga que llevaban los
obligó a tomar caminos poco traficados y a evitar el acceso a las poblaciones,
cuando de improviso nuestros expedicionarios se vieron perseguidos por una
guerrilla destacada del ejército patriota acantonado en Tucumán a las órdenes
del general don Manuel Belgrano. Chavarría emprendió la fuga y Leite tuvo
tiempo de enterrar en un potrero la riqueza que llevaba, para entregarse en
seguida como prisionero y ser conducido ante el general argentino.”
“Dícese que los tales aragoneses, durante su estadía en Copiapó, habían
recibido pliegos secretos para desempeñar una importante comisión ante las
autoridades realistas del Alto Perú, tendiente a desbaratar los planes de los
gobiernos nacidos de los pronunciamientos del 25 de mayo y del 18 de setiembre
de 1810.”
“Conducido Leite a Tucumán, fué allí juzgado como espía y correo de
gabinete y pasado por las armas.”
“Es fama que estando en capilla, reveló a su confesor, el presbítero don
Juan Agustín Colombres, el hallazgo de la riqueza de la Ola y también el
entierro que había hecho en un potrero, de los trozos de plata, al momento de
ser alcanzado por la guerrilla patriota; algunos aseguran que Leite hizo esta
revelación para conmover a Belgrano, quien parecía dispuesto a conmutarle la
pena, pero que Colombres se abstuvo de comunicarla al general dejando que la
acción de la ley de la guerra tuviera su cumplimiento; otros afirman que el
aragonés, sea por la dura prueba porque pasaba, sea porque realmente no
recordara el punto fijo de su descubrimiento, manifestó que la riqueza había
sido hallada después de haber cruzado un gran salitral en que las mulas se
atollaban, pero que no podía dar más detalles de su ubicación con motivo de
haber perdido el camino cuando los sorprendió el temporal, de que antes hemos
hablado.”
“Pero, añádese, no obstante estas versiones, que el clérigo Colornbres,
una vez fusilado el aragonés, se puso en marcha hacia el potrero del entierro y
sacó la carga de plata, que expendió en Tucumán y le proporcionó a él y a su
familia, antes pobres, un buen pasar por unos cuantos años.”
Esta es la relación más cabal que se hace del derrotero de la Ola,
discrepando los diversos cuentos en incidentes traídos con más o menos interés
y exactitud, pero que en resumen llegan a lo que hemos expuesto.
“La revelación que Leite hizo a su confesor, se hace constar en un
manuscrito, del cual no carecen la mayor parte de nuestros jefes de cateo y
cuya copia es como sigue:”
“El 9 de abril de 1811 salí de la villa de Copiapó con mi compañero Juan
Chavarría y el peón Pedro José Alcota, con dirección al Perú por el camino del
Inca. Echamos tres días al Chañaral Bajo, y de allí un día al pie del Cerro
Bravo y otro día a la laguna de la Ola, primera de arriba, a donde llegamos a
puesta de sol, y viendo que amenazaba un temporal de la cordillera, tomamos por
una quebrada muy ancha para el poniente y haciéndose de noche, alojamos donde
angostaba la quebrada. Al otro día reconocimos que las piedras que hablamos
arrimado al fuego eran metales de plata muy ricos y luego observamos un
farellón de plata maciza que tenía como siete tironeos de largo y como tres
varas de alto, en cuyo farellón hicimos una cruz con el cuchillo y con mucho trabajo
levantamos un rodado y lo paramos sobre la veta, encima del farellón, que de
lejos parecía un hombre a caballo. El fuego que hicimos quedó
rodeado con rodados de plata y tan ricos que el que los descubra hará rico a
todo un reino.—Dado en Tucumán, viniendo del Perú, a mi confesor
don José Agustín Colombres, estando para ser pasado por las armas, a 27 de
marzo de 1812. — Juan Leite”.
XIII
A muy ingeniosas conclusiones llega el autor de esta relación en Chile,
don Carlos Maria Sayago, y no se muestra menos convencido de la efectividad del
derrotero de los aragoneses un señor Dávila, autor argentino de una memoria
sobre los minerales de la Rioja, aunque tanto el uno como el otro incurren en
discrepancias de nota en sus versiones. Pero el silencio, por lo demás
absoluto, de los documentos públicos, de los periódicos (que ya los había) y de
todo testimonio individual y auténtico sobre un hecho de tanta significación,
inclina con vehemencia el espíritu a la duda, o más bien, al caos: la ola de la
Ola piérdese en el océano de las conjeturas.
Ningún historiador argentino de cuantos han llegado a nuestra noticia
menciona, en efecto, este incidente, ni la oferta de rescate, que en la época
aludida habría sido para Belgrano el más eficaz auxilio, porque en el invierno
de 1812 su ejército estaba muriéndose de hambre en el Tucumán. El general Mitre
solo habla de un alférez Leyte, natural de Salta, que murió en el combate del
Bañado. [55]
Y muy por lo contrario, el único autor juicioso que veinte años ha se
ocupara de las minas de plata de la República Argentina, al hablar de las de la
Rioja, contradice como inverosímil el derrotero de los aragoneses, aun para el
descubrimiento de Famatina porque el de la Ola ni siquiera lo menciona.
“Las tradiciones locales, dice el sabio explorador de Moussy, a quien
tuvimos el placer de conocer en Chile en 1861, atribuye el descubrimiento de
las principales vetas del Nevado de Famatina a dos mineros aragoneses”. Refiere
en seguida su historia como la ha contado el cronista Dávila, agregando que el
cura Colombres de Tucumán traicionó a Leite; y luego exclama que esas son las
fábulas de todos los descubrimientos, citando numerosos y bien fundados
ejemplos de invención y de credulidad, estos dos invariables elementos de la
poesía épica del minero y de los asientos de minas”[56].
Tan numerosos como los nombres de los cerros y de las quebradas del
desierto, son a la verdad los derroteros atacameños, tales como el de los
Rincones Blancos, en las dereceras del pueblo de Copiapó, por la hacienda de la
Ramadilla; el famosísimo del chango Aracena que fué fusilado
en Copiapó hace 40 años, el de los Tres Portezuelos, y otros sobre
los cuales habremos tal vez de volver, y con más eficacia sobre los dos
últimos.
XIV
Pero mientras este momento llega, no pondremos punto a este capítulo
sobre los derroteros y extravíos del desierto, sin contar con el pintoresco
lenguaje de un viejo habitante de las soledades de Atacama, el origen de un
proverbio de aquella comarca, que como el de «Cereceda en las cuestecillas» (lo
cual se dice de los que tienen minas de esperanzas, pero por escasez efectiva
de recursos no explotan su beneficio), corre por todos los minerales, y forma
el entretenimiento de la velada del minero. Aludimos a las hazañas, poruñeos y
engaños del famoso Aliste (no muy diferente en el nombre de Leite) quien pasa
como el Pedro Urdemales de Copiapó, y a tal punto, que toda mina o negociación
que tiene malicia, llámanla entre aquellas listas gentes «alistada».
Y he aquí cómo un hombre inteligente que ha sido a su manera «alistados
en sus banderas por la injusta y caprichosa fortuna, nos refiere el lance con
evidente talento, y tal cual nos lo contaron lo contamos.
XV
«El año 1846 trabajaba en Peine, rico mineral boliviano, Francisco
Aliste. »
“A consecuencia de un alzamiento de peones tan frecuentes en nuestros
minerales antes. Aliste, en unión de muchos otros, abandonó esa sierra y se
trasladó a Cobija, pasando de ahí al Cobre a la sazón en todo su auge.”
“El año 1852 o 1853, Aliste se apareció al señor Artola de Cobija,
acomodado minero de aquel puerto, llevándole unas ricas piedras de plata, que
decía eran de una veta de esa pasta que habla encontrado en una sierra al
interior, que no distaba menos de setenta leguas de la costa.”
“Artola, en vista de la exposición de Aliste y de la riqueza de las
muestras, hizo cargar una tropa con víveres, útiles para trabajar y un regular
número de operarios.” “A1 cabo de quince días de viaje, Aliste desapareció
dejando en la mayor' desesperación a los individuos que componían la caravana,
muchos de los cuales murieron de hambre y sed. Casi igual suerte corrieron los
animales, dejaron en el campo los víveres, las herramientas y casi perecieron
todas las muías, que no bajaban de cincuenta.”
XVI
“Aliste, no sé si guiado por Dios o por el diablo, huyó y cayó a la
Capilla, pequeño lugarcito de la República Argentina, muy en dirección al
puerto de Pan de Azúcar.”
“Allí permaneció hasta que un negociante en ovejas, en su última pasada,
casi completamente quemado con la nieve, encontró unas dos vetas de plata en
semi-barra, de las piedras pudo sacar dos costales de piedras, las que abandonó
al pié de una piedra grande en los nacimientos del Chaco, rio que forma cabeza
de triángulo con Pan de Azúcar y Taltal.”
“Francisco González, que así se llamaba el negociante, alcanzó hasta la
aguada de Doña Inés, donde tenía engordando una buena cantidad de ovejas para
venderlas en Tres Puntas; pero su deplorable estado de salud lo hizo repasar
bien aprisa la cordillera, llegando solo para morir al lugar de la Capilla,
morada de sus padres.
“Antes de expirar, contó al padre el hallazgo que casualmente había
hecho y le dio todas las demarcaciones, asegurándole, que el único que podía
dar con la riqueza y los costales enterrados, era el citado Aliste.”
“E1 padre de González puso en conocimiento de Aliste las palabras del
hijo apenas aquel abandonó la vida. “
Aliste no tardó en hacer rumbo al lugar en que González había encontrado
riqueza y enfermedad incurable.”
XVII
“E1 año 56 o 57, no recuerdo exactamente la fecha, se presentó el mismo
Aliste con unas ricas piedras al comerciante y minero francés don Pedro
Casaigne, asegurándole que era dueño de una riqueza que solamente se rendía al
filo del cincel, con cuyo motivo Casaigne hizo fabricar en Copiapó una cantidad
de esas piezas, poniéndose bien pronto en camino al lugar del hallazgo.”
“Antes de llegar al punto en que se creía existiese la riqueza, Aliste
sacó unas preciosas piedras de las alforjas y las mostró a Casaigne, quien,
lleno de entusiasmo, metió la mano al bolsillo, de donde sacó un puñado de
cóndores, que Aliste rehusó, contestándole que él no quería más que pagarle
atenciones recibidas en horas bien angustiosas.”
“Andaban día y noche sin poder conseguir arribar al cerro del riquísimo
tesoro.”
“Cuando ya se consideraban encima del lugar apetecido, Aliste
desapareció, dejando la comitiva en la misma tristísima situación en que dejó
la de Artola: hasta los cinceles quedaron botados, escapando milagrosamente la
gente con una pérdida de animales y plata que causó la ruina de más de dos de
los empresarios, que como buenos mineros copiapinos, habían jugado el todo por
el todo.”
XVIII
“El año 1861 o 62, en uno de sus días, como a las dos de la mañana,
golpeaba a la puerta del acaudalado minero don Alejo Garín, un individuo con
traje de viajero, quien, al ser reconocido, resultó ser Aliste, que no solo
traía una piedra sino un tercio del riquísimo tesoro que él decía tener
oculto.”
“Garín, que siempre había dicho que lo mataba si alguna vez lo
encontraba, picado con el viaje en que dejaron hasta los cinceles, no pudo
menos de dar acogida al famoso Aliste, que ipso facto exclamó
al frente de Garín: -«Yo sé que ustedes están enojados conmigo, porque me fui
en la ocasión anterior, a consecuencia de haber temido que ustedes me hubiesen
arrebatado mi fortuna, porque ustedes dijeron que yo no tenía nada.»
Inmediatamente desató un costal y arrojó el contenido sobre el alfombrado de
Garín, cuyas ricas piedras causaron inmenso agrado a éste y a un deudo mío que
por una casualidad se encontró en aquella fiesta de templos en el aire.”
“Para más seguridad, Aliste venia con un compadre, indígena del pueblo
de San Fernando, criado por don Luís Flores, y tan honrado, que su aseguranza quitó
las dudas de los interesados, a tanto extremo que Garín pasó inmediatamente
cien cóndores a Aliste, los que éste se negó a recibir, antes que supiese que
el digno abogado don Andrés A. Vallejos quería representarlo en cuanto se le
ofreciese, tanto dentro como fuera del país.”
“Se dieron todos los pasos, y creo que el dicho abogado tomó su puesto
ea aquel torneo del candor y de ambición sin semejante en el mundo.”
“Y como Aliste cada día estudiaba mas, guardó sus cien cóndores y
consiguió que el compadre indio hipotecase, a favor de los agraciados, su única
propiedad que poseía en el pueblo, ganada con el sudor de su alma.”
XIX
“Con tales seguridades, nadie desconfió de la honorabilidad de Aliste,
ni mucho menos de la exactitud del tan codiciado tesoro, mucho más
cuando eran justos los temores que abrigaba, sin contar previamente con un
consejero como el ilustre descendiente de Hernán de Cortés, que siempre ha sido
talento y honorabilidad, título bastante para no ser estimado de nuestros
operarios mineros, porque según ellos, un abogado con el último don no es
bueno, y muere de hambre.”
“Arreglada convenientemente la marcha, se hicieron al camino, cada cual
con los ojos bien clavados en Aliste, tanto para cuidarlo como para atajarlo en
caso de fuga, para lo que no tenia competidor.”
“En la tercera jornada, que lo fué en el Chañarcito, muy cerca y un poco
al norte de Tres Puntas, se acostó como todos, sin hallarse más que los rastros
al otro día.”
“El infeliz indio perdió su sitio, porque nada sabia del hallazgo y solo
había dicho sí a instancias reiteradas de Aliste, que tampoco
tenía nada, puesto que las piedras que siempre andaba presentando eran las
mismas de la carga que González había dejado enterrada al frente e inmediato a
la piedra que existía en los nacimientos del Chaco.
XX
“Los engañados volvieron como unas fieras, jurando ultimar al embustero,
si alguna vez era habido, lo que nunca sucedió, porque ya el pobre duerme en
inofensiva paz, así como el mayor número de los chasqueados, que eran
bastantes. Actualmente no quedan más que Casaigne y Vergara, que nada han
podido conseguir de lo que perdieron antes en las expediciones.”
“Lo único que existe como para no morir es la palabra alistada con
que se bautiza a cualquier especulador minero que logra sus engaños.” [57]
XXI
El autor de la relación que acabamos de copiar se inclina a creer que el
derrotero de Aliste, decir, el de González, o lo que es lo mismo, el del pueblo
de la Capilla, es el mismo de los dos aragoneses, es decir, el de la Ola. ¿Y
por qué no? ¿Acaso estos romances del moderno vellocino de oro, semejantes a
los cuentos de Homero y a los gemidos de Osián, no son en realidad sino una
sola tradición, una sola Troya o una sola Caledonia, revestida de mil vistosos
y variados ropajes por la imaginación popular y las mudanzas de los lugares,
del tiempo y del lenguaje?
De todas suertes, y para concluir esta animada pero ya extensa relación
de derroteros verdaderos o alistados, ¿cuántos listos Aliste y
Leite habrá siempre en el inmenso campo de las minas, que es todo subterráneo e
insondable como sus entrañas?
Capítulo XI
Tres puntas y El Chimbero.
(La “Buena Esperanza” y la “Al Fin Hallada”).
El derrotero de los Tres Portezuelos. —El indio Fermín Guerra y el cura
Prieto a fines del siglo pasado. —Aventuras de Jotabeche en 1842, siguiendo el
derrotero de los Tres Portezuelos, cuya sombra divisa. —Cómo el arriero Osorio
descubre los reventones argentíferos de Tres Puntas y de qué manera le arrancan
su secreto en la noche del 18 de setiembre de 1848. — La casa de las Campillai
en la Chimba de Copiapó. — Sale la primera caravana de exploradores encabezada
por don Vicente Garín y don Apolinario Soto —Cabeza larga y sus compañeros a la
siga de los exploradores, y cómo en una sola noche las dos caravanas descubren
la Al fin Hallada de Tres Puntas y la Buena Esperanza de Chimberos. —Analogías
de Tres Puntas y de Chañarcillo. —Opiniones de Pissis y de Domeyko. —
Prodigiosa riqueza de esos descubrimientos y su carácter peculiar.
—Extraordinario impulso que recibe la provincia de Atacama.--Mejoras locales de
Copiapó. —Teatros, hospitales, diarios, inmigración, compañías de cateo,
actividad comercial e innumerables pleitos —El pleito de la Al fin Hallada, y
cómo lo defendió don Manuel Antonio Tocornal. — Carácter singular del año 48 en
la vida social y en la riqueza de la humanidad.
I
El descubrimiento del mineral de Tres Puntas y de su consorte, el
Chimbero, a que el poético nombre de Buena Esperanza dado a su descubridora,
junto con su portentosa riqueza, y la manera como fué hallada (la Al
fin hallada) prestó seductora sombra de simpatía desde su primera
aparición, es uno de los hechos más extraordinarios de la historia del país,
porque es como la epopeya cierta en la historia de los derroteros fabulosos o
semi-fabulosos.
No fue un misterio como Agua. Amarga.
No fue una casualidad como Arqueros.
Ni fue una aventura como Chañarcillo.
Fué una combinación peregrina de toda eso junto, y lo que es más
extraordinario, fué un derrotero no seguido pero que evidentemente existía y
que un raro acaso descubrió a quien no lo buscaba.
Y esto es lo que brevemente vamos a contar, anticipando que quien estuvo
más cerca de tropezar con aquel tesoro, fué el popular escritor que nos ha
conservado la vivida guía que inicia aquel paraje conducía y que en la época
del hallazgo tenía ya más de medio siglo de existencia.
II
Corría, en efecto, de mano en mano en Copiapó desde 1792, o más bien,
según Sayago, desde 1787, el siguiente derrotero que por su lejanía, exagerada
hasta 30 leguas, en un desierto sin agua, pocos habían intentado explorar; y
así, en el lenguaje peculiar de los derroteros indígenas decía:
III
“Derrotero que en artículo de muerte descubrió el burrero Fermín Guerra
a su confesor don Nicolas Prieto, cura indigno de esta parroquia.”
— » Andarás como doce leguas por la quebrada de Paipote y tomando por un
cajón que tiene en la entrada dos algarrobos más gruesos, andarás hasta un
portezuelo que tiene muchos cardones, y luego subirás el portezuelo, y al otro
lado después de unas quebraditas encontrarás una aguada que tiene un chépica
muy grande, y luego andarás a la izquierda por un llano que tiene » mucha
varilla, y después de andar hasta unas piedras muy grandes que están en medio
del llano, andarás a la derecha siguiendo un zanjón » hasta dar con unas lomas
de arenas. Desde estas lomas descubrirás, mirando al lado del mar, un cordón de
cerros, y andarás hasta llegar al cordón, dirigiéndote derecho a unos tres
portezuelos que se ven desde muy lejos.” “En el de tu izquierda, que subirás,
encontrarás una veta que la rumbearás a la derecha hasta dar con un picado de
una vara de hondura, y poco más allá está un crestón de plomería en el cual hay
una cruz hecha con cuchillo. Luego que encuentres esta riqueza mandarás decir
una misa cantada todos los viernes del año por el alma del descubridor Fermín
Guerra, pagándosela al cura Prieto a razón de veinte pesos cada una, quien hará
la; limosna de echar a lo último un responso. Y te advierto que si no lo haces
así te irá mal. Se advierte que Guerra descubrió la veta, porque se perdió
viniendo del Chañaral y Pueblo-Hundido, pero después volvió allá y trajo
piedras que en artículo de muerte las ha mostrado al dicho cura y servirán para
su entierro. Al pié del portezuelo del mediodía hay una buena aguada donde es
muy fácil cazar guanacos y burros chúcaros.”
“Copiapó, junio 4 de 1792. [58] ”
“A ruego de Fermín Guerra por no saber,”
“Nicolás Prieto.”
IV
Muy posible es que no obstante lo laborioso de las jornadas del
derrotero de los Tres Portezuelos (que así se llamaba entonces el de Tres
Puntas) más de un animoso cateador se lanzara en su busca durante los cincuenta
años cabales transcurridos desde su fecha a 1812. Pero de tales intentos, si
los hubo, no ha quedado memoria, y solo se conserva el singular artículo que en
el último de esos años y con fecha de 22 de febrero escribió don José Joaquín
Vallejos, contando cómo él, acompañado de un amigo y de dos mozos, salieron en
demanda del tesoro, sin hallarlo, en una época que no precisa, pero que no pudo
ser sino en el estío de 1841-42.
Seguiremos por tanto su itinerario y su palabra, previniendo que el
derrotero que el mismo por la primera vez publicó en febrero de 1812, le había
sido confiado pocos días antes, a su decir, por un vecino respetable de
Copiapó.
V
“De la lectura del derrotero (que es el que ya hemos copiado) dice
Vallejos en su artículo titulado El derrotero de la veta de los Tres
Portezuelos y de varias otras circunstancias que allí se refirieron,
resultó que tres de los presentes formamos la resolución de seguir el derrotero
por ver, decíamos, en que para; aunque por mi parte me determiné con unas
esperanzas del tamaño de una torre. Se fijó nuestra salida, y cuando llegó el
plazo, emprendimos la marcha. Llevamos mulas de tiro, dos cargas de víveres y
de agua, y dos criados algo prácticos del despoblado en que íbamos a andar.
Creímos que nos sería muy útil una brújula, y también fué con nosotros. Todo
aquel día trotamos por la quebrada de Paipote, y casi de noche descubrimos el
cajón de los algarrobos. No es decible el gusto que experimentamos al hallar
este primer signo de la fidelidad del derrotero. ¡Vamos bien! fué nuestra
exclamación general. Dormimos bajo uno de aquellos árboles solitarios que
quizás durante muchos siglos han sacudido sus menudas hojas en el desierto, y
al amanecer volvimos a caminar por el cajón del derrotero. A mediodía nos
pareció que tocábamos a su fin, y en efecto, a las dos de la tarde subíamos el Portezuelo
de los cordones. A las cinco estuvimos, casi muertos de calor y de
fatiga, en la aguada del chepical, donde resucitaron nuestras
muías que ya perecían de hambre y de sed. “A1 tercer día determinamos seguir la
marcha con un solo criado y una ligera carga, en su mayor parte de agua,
dejando al otro en aquel punto con las mulas restantes. Poco después de aclarar
entramos en el llano de la izquierda, donde notamos con placer la varilla que
el papel indicaba, y después de seguirlo por un mismo rumbo hasta las dos de la
tarde, vimos las piedras grandes y nos apeamos al pié de ellas. Muy cerca
aparecía el zanjón que debíamos seguir sobre la derecha; descansamos hasta las
cuatro; bebieron los animales unos pocos tragos de agua y continuamos viajando.
La noche sobrevino sin que divisásemos ni aun las sombras de las lomas de arena;
era muy fácil extraviarse; un cansancio terrible nos acongojaba en extremo, los
animales no podían casi tenerse en pié, era necesario, en fin, suspender la
marcha aunque la luna alumbraba bastante. Aquella noche fué muy triste. En
verdad que el derrotero hasta entonces no nos engañaba; pero no es posible
hallarse tranquilo en medio de un yermo espantoso, sin amparo, sin refugio y
sin esperanzas de volver a la sociedad, faltando los frágiles auxilios que uno
ve aniquilarse, sin cesar, a su alrededor. Maldije mil veces ni derrotero y mi
locura. De lo mismo infería que se ocupasen mis compañeros, porque, como yo,
mascaban en silencio la pobre cena preparada por el criado. Antes de acostarnos
nos comprometimos a seguir adelante hasta las doce del otro día, hora en que
debíamos retroceder, si no encontrábamos las lomas de arena.”
“ Amaneció el cuarto día y proseguimos. A las
diez ya el zanjón que nos guiaba se había borrado; pero muy a lo lejos y al
frente veíamos dibujado el perfil de unas alturas que no podían ser sino las
lomas buscadas. ¡Cómo detenernos! ¡Tal vez allí cerca estarían el cordón de
cerros, los portezuelos, la veta y el agua! En dos horas era seguro vencer esta
distancia; pero se pasaron cinco antes de transitarla. A pie y con mucha
dificultad con- seguimos trepar los cerros, porque la arena movediza de que se
componen rodaba con nosotros a cada paso. Asidos de las manos llegamos a la
cumbre; a un tiempo so dirigieron nuestros ojos hacia el lado del mar,
y a un tiempo también nos oímos mutuamente un grito de desesperación y de
despecho. ¡Solo un mar de arena se nos presenta a la vista, mar de arena que
por todas partes formaba horizonte!.... Sin embargo, después de fijarnos un
largo rato, creímos descubrir, a una distancia incalculable, cierta
sombra o mancha que pegada a la tierra ofrecía un color más oscuro que
el del ciclo, la cual sino era el cordón de cerro de los tres
portezuelos, debía formar uno de los linderos del infierno. Porque, ¿qué
tendría de extraño que el infierno se hallase en esas regiones?”
VI
Y bien! Si la relación del célebre escritor atacameño es exacta en todos
sus detalles, como lo parece, la mancha o sombra lejana que aquel y sus
compañeros divisaran desde la cima del morro de arena marcado en el itinerario
del indio Fermín Guerra, ¿no sería por ventura no el infierno verdadero, sino
la lejana silueta de la Buena Esperanza y de la Al fin
hallada que se destacaban entre los mirajes del desierto sobre los
tres portezuelos de Tres Puntas?
Y esto se encargaría de ponerlo en evidencia un nuevo Juan Godoy seis
años más tarde, contados desde el día en que tristes, mohínos, desesperados
casi moribundos por el cansancio y el desengaño, regresaban Vallejos y los
suyos a Copiapó.
VII
Desde 1845 o 46 viajaba en efecto semanalmente del paraje denominado la
Finca de Chañaral, o Chañaral Alto (por diferenciarlo del de la costa, o de las
Animas, del que dista más de veintiocho leguas) un arriero llamado Osorio que
iba y venía cada sábado de aquel lugar a Copiapó para traer cartas y el dinero
del pago semanal de las faenas. Chañaral Alto, es un oasis del desierto,
situado 40 leguas al norte del pueblo de Copiapó, siguiendo la quebrada de
Paipote y el camino del Inca, y allí el conocido y benemérito comerciante e
industrial inglés don Josué Waddington tenía en 1848 el cuartel general de sus
vastas y múltiples negociaciones de habilitador y minero de cobre. Su hijo don
Luis se hallaba a la sazón a la cabeza de esos negocios y residía en Chañaral
Alto, de donde, con la puntualidad de un inglés hijo de inglés, despachaba a
Osorio, en calidad de propio semanero, a Copiapó.
Y la gente tan maliciosa como ladina de este pueblo tenia observado que
cuando el tal emisario hacia su aparición, comenzaban a correr de mano en mano
por entre los bodegones de la Chimba, ciertas ricas piedras y trozos
fragmentarios de plata barra que parecían quebrados a flor de tierra con el
choque de un áspero guijarro o el filo de un machete.
Pusiéronse algunos chimberos a seguir en consecuencia la pista de
Osorio. Pero nada descubrieron, hasta que el más grande y el más irresistible
resorte de todas las divulgaciones de secretos guardados en el pecho del
hombre,—una mujer, arrancó el de Osorio, estrechándole en amorosos brazos y en
cierta taberna conocida de la Chimba de Copiapó, en la noche del I8 de
setiembre de 1848. Esa taberna, según fama, pertenecía al español Ferreira, de
quien dicen vive todavía.
VIII
La hora era propicia para la locuacidad, y mientras resonaban el arpa y
la patriótica vihuela, al son de las tonadas, la mujer concertada de antemano
hacia al dichoso arriero su sonsaque, mientras uno de los complotados en el
ardid iba apuntándolo. Llamábase este último Guerra y era natural de Santiago
donde existe su descendencia.
Con esto, todo estaba hecho y ¡oh sorpresa! el itinerario de Osorio
correspondía casi perfil por perfil, jornada por jornada, al del indio Guerra,
que seis años antes había publicado Jotabeche, precediéndole proféticamente de
estas palabras de advertencia.
Por si alguno quiere aprovecharse de los datos que contiene para hacer
su fortuna con un decir Jesús, voy a copiar este documento, cuya redacción
consta pertenecer al mismo cura que en él se menciona.
No dejaba también de ser carioso que un Guerra fuera ahora dueño del
secreto y del tesoro del indio Guerra primer descubridor. El último era Guerra
González, fué municipal de Copiapó, y allí era popularmente conocido por el
apodo de «el ñato Guerra», siendo que probó tener mejores naricea que muchos
millares de sus narigones compatriotas.
IX
Lo más importante que el arriero Osorio había revelado entre los vapores
del vino, del amor y del dieciocho a su pérfida amante de una noche, había
sido, además de sus jornadas, que extraía las piedras que traía en sus alforjas
a Copiapó de un crestón de plata macizo que a distancia solo de ocho pasos del
camino del Inca y en el paraje de los Tres Portezuelos se entraba, paraje que
nadie sin embargo, ni el inca Yupanqui conquistador de Chile, ni el adelantado
don Diego de Almagro su primer descubridor', encontraran, no obstante de
hallarse bajo la ojota, del primero. y la pezuña de la mula del recio
conquistador castellano y sus secuaces. Solo el indio Guerra, parecía haber
tropezado con aquel poderosísimo filón, confundido con la costra ripiosa del
desierto, y en pos de él el arriero Osorio.—Agregaba este que alojándose en
aquel paraje, al tiempo de montar de madrugada, su mula, mal dispuesta para el
viaje, trató de huir arrastrando las riendas por el suelo, hasta que, enredadas
estas en un risco, se detuvo. Ese risco era el crestón de la Buena Esperanza,
que como el de Chañarcillo, salía a flor de tierra, y había estado allí durante
siglos, aguardando como tantos otros tesoros no descubiertos todavía, la mano
del hombre y la barreta del minero.
Felices y diligentes los dueños del secreto comprado al barato precio de
un ósculo con chicha, pusiéronse de madrugada en guisa de salir al derrotero, y
mientras todo Copiapó estaba endieciochado, se procuraron caballos, chifles,
una alforja de víveres y la indispensable yaucana del cateador.
Era el punto de cita de la afamada caravana «la casa de las Campillai»,
unas niñas cuyo apellido indígena figuraba muy de antemano en los
descubrimientos y derroteros de Copiapó, y allí en la noche del 19 de setiembre
se juntaron todos los poseedores del secreto, que eran cuatro, sin contar un
mozo que tenía una yegüita de notoria pujanza para el desierto y que
desinteresadamente se prestó a acompañarles. Los nombres de los expedicionarios
eran, además de Guerra, don Vicente y don Juan Garín, parientes de aquel por su
esposa, y don Apolinario Soto, agricultor de profesión, nacido en el distrito
minero de Curacaví, hombre de muy buenas partes y excelentes cualidades como
los Garín. Todos eran chimberos como el mozo anónimo de la
yegüita, y los últimos no carecían de ciertas afinidades francesas, al menos
por su apellido. [59]
XI
Caminaron toda aquella noche los exploradores por la quebrada de
Paipote, siguiendo, paso por paso, el antiguo derrotero del indio Guerra y el
de Vallejos, que coincidía en casi todas sus partes con el de Osorio, y después
de una esforzada marcha de tres días (la misma de Jotabeche en 1812) y pisando
casi siempre el camino del Inca, se acamparon a la vista de los Tres
Portezuelos y a pocas cuadras de distancia, para no infundir sospecha a algún
solitario caminante que por allí acertase a pasar, se acamparon.
¡Vana cautela!
Porque al encender en la falda de la loma la acariciadora fogata que
alumbraría, junto con sus ensueños, los crestones del desierto y su insondable
riqueza, una luz rojiza aparecía en la cercana loma.
¿Quién la había encendido?
Como en el caso de los hermanos Peralta que siguieron a don Miguel Gallo
y a Juan Godoy en su viaje nocturno de mayo de 1832, tres viejos cateadores,
olfateando el rumbo y el secreto de Osorio, les hablan espiado en la marcha,
alojamiento Iras alojamiento, pero sin dejarse divisar ni siquiera como
sombras. Eran estos los llamados Mateo Pérez (alias Cabeza Larga)
un Martínez y Juan Alcota, indígena de cuna, antiguo rumbeador del desierto, y
cuyo apellido vemos figurar ya desde el derrotero de los Dos aragoneses.
XII
¿Cómo hablan husmeado los tres últimos el secreto del derrotero? ¿Fué
una segunda traición de la amante prestada de Osorio? ¿Fué alguna indiscreción
mujeril en el hogar de las Campillai? Nadie lo ha sabido, pero acaso no es
necesario saberlo. El cateador de Atacama adivina las vetas y los panizos del
desierto, como la acémila la lejana pero olorosa y suculenta alfalfa, como la
abeja la flor, como el cóndor su presa, como el arriero su rumbo, como el que
ama y es amado descubre la silueta y la sombra que persigue...
Lo cierto de aquella noche memorable es que al amanecer del 22 de
setiembre de 1848, el grupo de los cuatro chimberos había
hallado el mineral de este nombre, cuya veta descubridora llamada la Buena
Esperanza, se dividieron fraternalmente. ¿Cómo habían husmeado los tres
últimos el secreto del derrotero? ¿Fué una segunda traición de la amante
prestada de Osorio? ¿Fué alguna indiscreción mujeril en el hogar de las
Campillai? Nadie lo ha sabido, pero acaso no es necesario saberlo. El cateador
de Atacama adivina las vetas y los panizos del desierto, como la acémila la
lejana pero olorosa y suculenta alfalfa, como la abeja la flor, como el cóndor
su presa, como el arriero su rumbo, como el que ama y es amado descubre la
silueta y la sombra que persigue.... Lo cierto de aquella noche memorable es
que al amanecer del 22 de setiembre de 1848, el grupo de los cuatro chimberos había
hallado el mineral de este nombre, cuya veta descubridora llamada la Buena
Esperanza, se dividieron fraternalmente en cuatro partes (seis barras
por cabeza) dando una pequeña fracción cada cual al de la sufrida yegüita del
desierto, mientras que a la misma hora y a la luz de la misma lumbre, Cabeza
Larga y sus compañeros desaterraban la Al fin hallada, descubridora
de Tres Puntas, i, como sus predecesores los Peralta, vendían y revendían,
regalaban y remolían entre amigos y compadres su incalculable tesoro. Un nuevo
Chañarcillo había sido descubierto, y la gran era metalífera de Atacama, que en
treinta años (1843-72) produjo doscientos dos millones de pesos, había
comenzado regalaban y remolían entre amigos y compadres su incalculable tesoro.
Un nuevo Chañarcillo había sido descubierto, y la gran era metalífera de
Atacama, que en treinta años (1843-72) produjo doscientos dos
millones de pesos, había comenzado.
XIII
Hallábase el crestón de Osorio y de los Guerra situado en la misma
corrida de Chañarcillo y no era sino un reventón volcánico de la misma poderosa
veta geológica que veinte y dos años más tarde reventarla en Caracoles, cien
leguas más al norte, y es probablemente la misma que ha comenzado a mostrar sus
escondidas ramificaciones argentíferas en Cachinal y en la calle de Huérfanos.
“Los filones de Tres Puntas, dice el señor Pissis en su geografía física
de Chile (pág 158) tienen la mayor semejanza con los de Chañarcillo: así como
estos últimos, están situados en la formación de lías y se hallan en ellos los
mismos cuerpos que están en combinación con la plata; solo la región de los
cloruros es mucho menos extensa, y contienen, a una corta profundidad, los
arsenio-sulfuros que están representados aquí por la politesita y el
sulfo-antimonioso de plata. Los depósitos de esta zona, sin que se pueda aun
vislumbrar la causa, se hallan ligados a la formación de ellas y en riqueza
parecen estar relacionados con el desarrollo de esta formación. En las capas
calcáreas, sobre todo, llega a su máximum esta riqueza: en cualquier parte que
falte la caliza, como en San Felipe, en Rodaito, en los Algodones, la cantidad
de plata que se ha retirado es insignificante, mientras que Arqueros,
Chañarcillo y Tres Puntas han producido masas considerables. Las minas han sido
las de Chañarcillo, siendo en esta misma localidad donde las formaciones
calcáreas llegan a su mayor desarrollo.”
XIV
Y adelantado su estudio en un sentido más mineralógico que de geología
general, el ilustre químico Domeyko, describiendo seis julos mus tarde
(setiembre de 1854) el mineral de Tres Puntas sobre sus propios fragmentos y
muestras enviadas a la exposición de aquel año en número de cuarenta y dos por
el intendente de Copiapó, se expresaba en los términos siguientes: «Las minas
de Tres Pautas se hallan en una elevación más considerable y más aproximadas a
la línea central de la de los Andes que ninguna de las minas de plata de alguna
consideración de las provincias septentrionales de Chile. Háyanse en medio del
gran desierto de Atacama, a unas veintidós leguas al nordeste de Copiapó sobre
el camino llamado Camino de Inca, en un lugar bien marcado en el nuevo mapa de
la provincia de Atacama publicado por el señor Pina de San-Didier. Un camino
carril de 28 leguas conduce de la ciudad de Copiapó hasta las mismas minas,
pasando por el vasto llano de la Quebrada de Paipote y abriéndose en seguida
por otros que al dar vuelta por la aguada de los Puquios, inmediata a las minas
del mismo nombre, van subiendo insensiblemente hasta el cerro de Tres Puntas.”
“Todo este camino pasa por el terreno de pórfidos estratificados y
brechas porfíricas que constituyen el verdadero terreno solevantado de los
Andes. En el límite occidental de este terreno, es decir, por el lado de la
mar, se hallan grupos de rocas calizas o calizas arcillosas, a las cuales
pertenecen las minas de plata de Ladrillos, de Chañarcillo,
de Bandurrias, de Agua Amarga, etc., ricas en minerales
cloro bromurados; mientras que al este de estas rocas, más al interior,
predominan los pórfidos estratificados, pórfidos metamórficos, que por la
variedad de sus matices han merecido que se les diese el nombre genérico
de pórfidos abigarrados.”
“En este terreno se hallan las minas de plata de Tres Puntas, con la
particularidad de que en el mismo lugar donde se asoman las numerosas vetas de
esta cordillera, rompen el terreno y salen a luz masas redondas de unas rocas
plutónicas, las mismas que han solevantado dicho terreno. Estas masas son de un
granito diorítico y se distinguen de lejos por la forma esferoidal de sus lomas
y falta absoluta de estratificación en sus pendientes; constan de anfíbola
negra y feldespato blanco, agrisado, hojoso, que presenta todos los caracteres
de la albita. Al propio tiempo todo el terreno estratificado al rededor de
ellas se ve contorneado y presenta señas de accidentes y dislocaciones
ocasionadas por la erupción de las dioritas: mientras que las superficies de
las lomas más bajas y de mesetas del mismo terreno se ven por lo común
cubiertas de fragmento: y detritus de rocas que se ablandan y
en descomponen por el influjo de los agentes atmosféricos. Esta descomposición
se debe tal vez a la de la pirita ordinaria de que se hallan impregnadas en
gran parte las capas superficiales del terreno, en medio de las cuales aparecen
innumerables venas y grietas de incrustaciones silicatadas o sulfatadas, y
raros son los crestones de vetas que sean sobresalientes.”
“Más de dos leguas de extensión de sur a norte tiene el campo que
comprende las vetas de plata descubiertas hasta ahora, y en dos partes se
divide todo este distrito de minas de Tres Puntas: la parte del norte que
distinguiremos con el nombre de la Placilla, tiene en su centro un pequeño
pueblo improvisado en medio del desierto, residencia del juez de minas; la
parte del sur lleva el nombre de Chimbero. En esta domina la célebre mina
la Buena Esperanza, con su inmediata competidora elOriente,
en aquella la Al fin hallada con su vecina la Salvadora. [60]
XV
La riqueza de Tres Puntas tuvo a semejanza de la de Chañarcillo y la de
Arqueros una peculiaridad. Vino de golpe. No apareció en hilos como la fuente,
sino que reventó en gruesos borbotones como el torrente comprimido por valla
secular, y que al fin encuentra salida a su recóndito empuje.
“Esto, dice el señor Domeyko, completando su pensamiento y su estudio
sobre aquel prodigioso mineral, vino a reconocerse en el cerro de Tres Puntas,
cuyo descubrimiento, contrariamente a lo que había sucedido en otras minas,
cuyos descubridores, han muerto pobres e infelices, principió por recompensar
prodigiosamente a los suyos. En estas minas, desde el haz de la tierra se
manifestó otra clase de minerales y de criaderos.”
“Apenas en la parte superficial de los terrenos hablan aparecido en
algunas de estas minas, en los primeros tiempos de su descubrimiento, algunos
indicios de cloro bromuro y yoduro de plata; más en su lugar empezaron a salir
desde luego en la veta Buena Esperanza venas de cloruro puro,
blanco, trasluciente, fibroso, de dos hasta tres centímetros de grueso, con
fibras transversales a los planes de las venas, acompañadas por otras de yeso
fibroso, blanco y de sulfuro de plata puro, en pequeñas masas irregulares, o
cristalizado en pequeños cristales cúbicos agrupados en forma de ramos. Venas
de cloruro tan puro, ni de sulfuro tan macizo y puro, jamás yo había visto en
las minas de Chile ni en otras minas de plata del mundo.” “A poca hondura
desaparece completamente el cloruro y se descubre con abundancia extraordinaria
el rosicler antimonial amorfo, de contextura, en parte hojosa imperfecta, en
parte compacta o granuda y de color rojo bastante claro, o de color negro
rojizo, lustre metálico; su polvo o raspadura es de un rojo carmín subido. Esta
especie idéntica con el rosicler más común de las minas de Bolivia,
especialmente de Aullagas, constituye la principal riqueza de los minerales deBuena
Esperanza, de la Al fin hallada, la Salvadora, etc.”
XVI
La prosperidad general que aquellos descubrimientos trajeron consigo,
como la onda la espuma, fué instantánea cual su hallazgo. “No hace todavía diez
años decía a este propósito el Copiapino en su editorial del -i de noviembre de
1848, es decir, cuarenta días después del primer barretazo dado en los
afloramientos de la Buena Esperanza, no hace todavía diez años
que Copiapó no era más que una pequeña villa, que no ofrecía ningún goce,
ninguna comodidad, y que no podía presentar al extranjero que la visitaba, ni
edificios particulares que llamasen su atención, ni obras públicas de interés.
Hoy como por encanto hemos visto levantarse hermosos edificios particulares y
obras públicas de importancia; asombra ver aparecer como por mano de hada,
lindas casitas donde antes no eran sino paredones derruidos por el tiempo y que
ahora parecen querer esconderse tras la sombra de esas nuevas coquetas que les
echan una mirada desdeñosa. Tenemos ricas y surtidas tiendas, que no solo
ofrecen los artículos de primera necesidad, sino aquellos de mayor lujo. Un
teatro, que es sin disputa el segundo del Pacífico, en que ir a ensanchar el
ánimo después de las fatigas del trabajo: un hospital para amparar la humanidad
doliente: un cementerio donde reposen con respeto los restos de nuestros
padres; un colegio para la enseñanza de nuestros hijos; dos periódicos
establecidos que es una prueba auténtica de nuestra tendencia hacia el
progreso; veinte máquinas de amalgamación para beneficiar nuestros metales, y
muy pronto haremos ostentación de un hermoso templo en que podremos celebrar
dignamente los ritos santos de nuestra augusta religión.”
XVII
Y diez días más tarde, como desvanecido en una atmósfera de opulencia,
el mismo diario volvía ufano a agregar:
* * * *
“Si los adelantos que hoy tenemos el placer de reseñar han sido obrados
en tan corto período con las riquezas que se han sacado de solo el mineral de
Chañarcillo ¿cuál será la altura a que llegará nuestra provincia, cuál el
desenvolvimiento de nuestra industria cuando nuestros mineros y comerciantes
tengan en sus manos las que se exploten de Garín, Tres Puntas y demás
descubrimientos que hoy se hacen?” “A pocos pueblos como el nuestro se les
presenta un porvenir más halagüeño, porque pocos como él encierran tantos
gérmenes de vida.» [61]
XVIII
Quedó así convertida la moderna provincia de Atacama en una nueva
California en que la plata sobrepujaba al oro. Según los datos de la aduana de
Caldera, en los meses de setiembre y octubre de 1848, la exportación de plata
fina por ese puerto fué de 52,250 marcos, que valían más de medio millón de
pesos ($ 522,509).
De todas partes llegaban a la fama de nuevos descubrimientos cuadrillas
de aventureros y de operarios de las diversas provincias de Chile y de la
República Argentina, al paso que más alentadas empresas de cateo, acaudilladas
por los hombres más animosos e inteligentes, entre los que figuraba casi
siempre el infatigable Moreno, se preparaban para lanzarse al desierto.[62]
XIX
La actividad de las transacciones corría parejas con la riqueza efectiva
que el capacho de los apires extraía del fondo de los veneros, y hay constancia
de haberse registrado en una sola escribanía de Copiapó (la de Vallejos) desde
el 10 de octubre al 18 de noviembre de aquel año 140 contratos de minas.
Contadas las hojas del protocolo de ese año llegaban éstas, antes de concluir,
al número de 1.360. Por desgracia y como acontece siempre en los casos de
inopinadas riquezas, los pleitos, que son el primer broceo de toda mina en
estado de bonanza, se desencadenaron a manera de negros cuervos sobre todas las
vetas descubiertas. Tan solo en el mineral de Garín nuevo, cuyo descubridor
principal, don José Antonio Moreno había sido la primera víctima de los despojos
judiciales y leguleyos, contaba en diciembre cuarenta y cinco pleitos, y Tres
Puntas y el Chimbero, en proporción, debían tener el doble.
XX
Pero el más famoso de estos fué el por muchos títulos celebérrimo
litigio de tanteo que puso a los compradores de las barras de la Al fin
hallado el minero don Santiago Riesco, lo cual fué de esta manera:
Circulado de boca en boca en Copiapó el primer rumor del descubrimiento
de los Tres Portezuelos, fueron los primeros en llegar a su pié los vecinos de
Copiapó don José Maria Gallo Zavala y el mencionado Riesco, quienes compraron,
por sumas comparativamente bajas, una parte de sus derechos a los descubridores
Pérez, Martínez y Alcota. Pero en pos de ellos vino el afortunado minero de
Copiapó don Blas Ossa, de quien decíase que bastábale tomar parte en una mina
para que se pronunciara en alcance; y habiendo comprado éste otra parte de los
derechos a razón de 8 o 10,000 pesos barra, al saberse semejante noticia en el
pueblo despertóse delirante fiebre por adquirir estacas, y las barras de las
descubridoras subieron en un día a un precio fabuloso. Tentóse con esto la
leguleya codicia de algunos y aconsejaron al comprador Riesco que, a título de
comunero con los descubridores, reclamase la posesión total de la Al fin
hallada, devolviendo a los últimos llegados el precio de venta, que fué
obligado a consignar en onzas de oro en una hora dada, recorriendo las calles
como locos sus agentes para procurarse aquella ingente suma de dinero en un
momento de angustia. Tal fué el origen del célebre pleito de la Al fin
hallada, que defendió y ganó en primera y en segunda instancia,
apersonándose a Copiapó y a la ¡Serena, el distinguido abogado don Manuel
Antonio Tocornal, participándole con parte principal de su caudal el siempre
feliz minero don Blas Ossa.
XXI
El año de 1848 quedará como una de las fechas más memorables en la
historia del siglo porque fué una época de profundas convulsiones. Se
convulsionó la Europa al soplo del vendaval republicano que arrancó de cuajo
todos sus tronos. y como si las entrañas de la tierra hubieran sentido la
conmoción que agitaba su superficie, ofrecieron en ese año el tributo de sus
riquezas escondidas, como para apaciguar a la humanidad descontenta y
consolarla de sus reveses sociales y políticos. El año 48 fué el año del oro de
California y el año de la plata en Chile.
Capitulo XII
El Desierto de Atacama sus primeros exploradores.
I. Don Diego de Almeida II. Don José Antonio Moreno. III. Don José
Santos Ossa.
Fisonomía general del despoblado de Atacama con relación a los
descubridores. — El Paposo. —Don Cayetano de Almeida. —Sa viaje a Chile y su
establecimiento en Copiapó; donde descubre el mineral del Checo. —Nacimiento,
juventud y vida de don Diego de Almeida hasta 1821. —Su patriotismo y pruebas
que de él da durante la guerra de la independencia. —Vuelve al desierto y se
consagra a la vida de explorador. —Seguridad de sus miras y pronósticos de
grandes riquezas futuras, por lo cual decláranle sus contemporáneos “loco”.
—Los locos de Beranger. —Gomo le conoció el autor, y juicio que de él se formó.
— Opiniones de Sayago y de Villaflor sobre el primer descubridor del desierto.
—Su muerte y la gratitud que le debe Chile. —Don José A. Moreno, su juventud y
sus raros dotes como hombre de inteligencia y de trabajo. —Su administración de
la Candelaria. —Descubre a Garín Nuevo y con la protección de don Antonio
Escobar se lanza al desierto por la costa en demanda de nuevos descubrimientos.
—Don José Santos Ossa y sus primeras exploraciones hasta orillas del Loa.
—Descubre a Antofagasta y Aguas Blancas. —Recorre el desierto en 1873, por el
lado de la cordillera y solicita la ejecución de un ferrocarril que le es
fríamente negado.
I
El descubrimiento de Tres Pautas, mineral potente situado cerca de dos
grados al norte del valle de Copiapó, en aquella época (setiembre de 1848)
último asiento septentrional de la civilización chilena, era un paso más dado
atrevidamente en el desierto. Fué, por consiguiente, para la ciencia ese
extraordinario hallazgo un notable adelanto geográfico; fué para el cateador y
el caminante, para el minero y el cazador de guanacos y de asnos alzados una
etapa y un nuevo punto de partida. Porque en aquel tiempo el desierto que hoy
se explora y se puebla casi a un tiempo, era el país silencioso de la muerte.
Sin agua, sin verdura, sin rumbos, sin horizontes, sin vestigio de ninguna vida
orgánica ni siquiera en el insecto bajo el suelto guijarro, ni siquiera en la
rígida, enana maleza de las estepas sibéricas, era aquella comarca la imagen
tenebrosa del caos; y con la tarda excepción de algún expreso enviado a precio
de oro desde la Serena hacia Arica, como el que llevó a Lima por tierra el
indulto de los prisioneros de Carrasco en 1810, o las solitarias caravanas de
los indios médicos de Carabaya, que andando mil leguas en un año traen hasta
nuestras ciudades del Maule y del Biobío sus borricos cargados de empíricos
remedios vegetales de la montaña, no se encontraba en esos años en el camino
del Inca, que lo atraviesa recto como una flecha, sino la huella de algún
hambriento Huanaca, que los hielos de la cordillera forzaban a emigrar hacia
los más abrigados páramos de la costa. El Paposo, que se ha considerado
vulgarmente como una aldea o un asiento de pescadores en la medianía del
litoral del desierto, no era sino una estancia de secano, un cerril cortijo de
arena, donde, como en el oasis de Arabia, la humedad de las nieblas hacia crecer
la yerba, más no el salutífero dátil ni la airosa palmera. Su inmensa área
servía apenas para la manutención de unas pocas cabras o animales de cuernos.
El Paposo, aunque había sido un obispado in partibus, no era sino una
mísera cabaña cubierta con un cuero, bajo el cual vivía el infeliz pastor de
aquel hato, propiedad, entonces desdeñada, de la opulenta familia Gallo, de
Copiapó.
II
De suerte que cuando en la región mediterránea del desierto y en uno de
sus puntos más elevados plantaron como en un divisadero los afortunados
descubridores del derrotero de los Tres Portezuelos su tienda en la boca de
la Al fin hallada, y en torno de esta improvisaron la placilla de
Tres Puntas, el desierto comenzó a perder su horror y a despertar la curiosidad
que los antiguos historiadores, desde Herrera y Fernández de Oviedo, desde
Garcilaso y Cieça de León habían causado al narrar el paso de Yupanqui y de
Almagro, de don Pedro de Valdivia y don Alonso de Monroy, cuando éste, sin más
compañía que su caballo calzado con herraduras de oro, fué de Santiago a Lima
en busca de gente y bastimentos por los años de 1547.
III
No habían faltado tampoco en los últimos años algunos atrevidos
exploradores atacameños en el desierto, que comenzaba en los suburbios de su
ciudad cabecera, y entre éstos la justicia de las remuneraciones históricas,
que no se divide y subdivide en barras como en las minas, asignará el primer
puesto a un hombre extraordinario que por haber sido el primero en revelar los
inmensos tesoros escondidos en el desierto fué llamado “loco o el loco
Almeida”, verdadero profeta del desierto y que, como Sun Juan, predicó siempre
en el desierto. Su vida es sumamente interesante, y en breves rasgos vamos a
contarla.
IV
Por el año de 1780 del pasado siglo llegó a Copiapó un caballero
portugués llamado don Cayetano de Almeida, hombre de lucida educación y trato
social aventajado, que había emigrado al Brasil por motivos políticos, según se
supone, junto con un hermano mayor de edad que él. Aficionóse en aquel país a
las minas de diamante, y es fama que entre ambos hermanos enviaron a su reina,
tal vez a título de desagravio, las piedras necesarias para fabricarse rica
diadema: «los diamantes de la corona».
Conducido por el espíritu aventurero que heredó más tarde su estirpe, el
galante fidalgo lusitano pasó en seguida, acaso por tierra, atravesando el
Tucumán y las pampas de la Rioja, a Copiapó, donde la fama ponderada de
escondidas riquezas metalíferas había hecho asentarse, según vimos, a no pocos
extranjeros desde la medianía del último siglo. En 1767 habíase descubierto en
la vecindad del pueblo la famosa piedra verde de que habla
Molina, que resultó ser un riquísimo y misterioso rodado de plata, cuya matriz
no se ha desaterrado todavía. Copiapó era entonces mineral de oro, pero sus
turgentes cerros de bruñida plata hacían grietas en la costra de la tierra como
para subir libres al sol. La Nevada venia en pos de la California.
Hízose don Cayetano de Almeida en consecuencia cateador de plata, y en
1771 descubrió hacia el desierto, por el rumbo de la cordillera, el famoso
mineral argentífero del Checo, que rinde todavía exhausto pero rico metal; y al
mismo tiempo, a usanza de la mayor parte de los descubridores de tesoros cuando
los hallan o creen hallarlos, casóse con una joven copiapina pero de familia
coquimbana llamada doña Antonia Aracena, de la misma afortunada familia que
años más tarde sería la más pingüe usufructuadora del mineral argentífero de
Agua Amarga.
V
De este matrimonio nació un solo retoño, y este fué el famoso don Diego
de Almeida, a quien los pobladores y millonarios presentes y futuros del
desierto deberían erigir una estatua del metal a que su perseverancia heroica
abrió ancho y perdurable camino.
VI
Vino al mundo don Diego en la ciudad de Copiapó en 1780, y educóse, es
decir, aprendió a leer y hacer palotes en la escuela de ese pueblo. Cuando 73
años más tarde viajaba en el desierto como guía del sabio Philippi, solía
contarle el buen anciano que recordaba haberse hallado en aquella ciudad
durante el terrible aluvión de 1796, que puso a Copiapó en peligro de
desaparecer arrastrado su humilde caserío de adobón por el agua de la quebrada
de Paipote, convertida en impetuoso rio. Don Diego tenía a la sazón 16 años.
VII
Muerto su padre a entradas del presente siglo y llegado a su mayor edad
legal, don Diego vínose a Valparaíso y casóse allí con la señora Rosario Salas
del Castillo, hacendosa dama, que aumentó su fortuna con una tribu de hijos.
Uno de éstos fué el conocido «general Almeida», capitán de cazadores en Yungay,
coronel en la guerra que sostuvo Méjico contra los Estados Unidos, general
después en las contiendas civiles de aquel país, y muerto más tarde a traición
por un peruano en la villa de placer de Chorrillos (1860). Su nombre era
Antonio, y de sus seis hermanos sobrevive hoy solo don Miguel, minero como su
padre en el desierto, y capitán de aventuras como su turbulento hermano mayor
en la revuelta Méjico.
VIII
Don Diego, como hijo único, fué rico. Puso negocios de industria en
Valparaíso para el surtimiento de los buques, y negocio de campo en Rancagua
para abastecer su establecimiento ultramarino.
Pero sobrevino la revolución; embarcóse en ella don Diego con el fogoso
entusiasmo de su juventud y de su carácter; y tan mal parado libró de la
borrasca, como todos los qué se lanzan del puerto cómodo y seguro a las
inciertas embravecidas olas, que encerrado en la bodega de un buque surto en
Valparaíso, para ser llevado a Juan Fernández, escapóse a nado burlando el
alerta y el plomo de los centinelas.
Después, y en el mismo día en que tuvo lugar la batalla de Maipo,
viniendo don Diego de Valparaíso a la capital, la escolta fugitiva de Osorio le
hizo fuego en la cuesta de Prado y le dejó allí con su caballo herido y a pie
como en el desierto.
Don Diego había sido el proveedor del ejército que en 1818 San Martín
acampó en las Tablas para salir al encuentro de Osorio, y por este motivo solía
viajar en esa via. Después surtió la escuadra libertadora e hizo generosa
oblación de toda su vajilla de plata, sacada de las vetas del Checo, para el
sustento ilustre de las armas de la patria. Don Diego había nacido minero, y
tenía todas las generosidades del minero y su rico, ardiente, inextinguible
patriotismo.
IX
Concluidas las campañas de la última y sus inquietudes embargadoras de
ánimos generosos, don Diego, empobrecido por la revolución pero acaudalado por
su tálamo, dirigióse otra vez a Copiapó en compañía de uno o dos de sus hijos,
en busca de emociones y fortuna, y desde entonces hízose el hombre del
desierto, su primer baqueano, su primer cateador sistemático y tenaz, su
rumbeador bajo la canopia de los astros, su precursor, "en fin y fue aquí
el título de «loco» que sus paisanos le dieran .
Tenía esto lugar por los años de Ayacucho y de Pudeto (1824-26), y don
Diego, sin más compañía que su mula, sus alforjas y su yaucana, comenzó a
recorrer en todas direcciones las altas estepas de Atacama, principalmente por
el lado de la costa. Fué así el temprano descubridor de Chañaral, donde trabajó
en compañía del excelente caballero inglés don Onofre Bunster, que había sido
hecho prisionero en Chile con un lazo, ricas minas de cobre; de Taltal, en
cuyas vecindades explotó abundantes minerales de oro; de Cachinal, donde halló
y explotó delgadas venas de plata; de todo el litoral, en fin, de Atacama,
donde hoy encuentran lucrativa ocupación 30 o 40,000 chilenos.
A mayor abundamiento, y como para tomar posesión de su puerto de
entrada, don Diego habíase hecho dueño de la puerta y estancia de arenas
llamada por él «La Caldera», que es hoy floreciente puerto de la república y el
primero de la América española en que el silbato de la locomotora llevó el eco
de la civilización a los antes mudos médanos. Muéstrase todavía en la playa de
esa ciudad la gruta marítima en que don Diego solía tener su fresco almacén de
provisiones, y en ocasiones su vivienda, antes de lanzarse a sus queridas
peregrinaciones por el despoblado.
En cuanto a sus frecuentes jornadas a través de sus arenas, la dulce
sombra de la higuera, del sauce y del durazno en las aguadas atestigua todavía
su tránsito, porque aquel hombre tiernamente previsor llevaba consigo en cada
una de sus campañas, alguna púa o alguna simiente de aquellos árboles
benéficos, y a su paso por los jagüeyes, a fin de conservarlas, las sembraba.
Dios había creado el desierto, pero don Diego de Almeida creó sus oasis...
X
Así adiestrado atravesó don Diego en dos ocasiones (1831-32), de banda a
banda, esto es, de sur a norte, desde Copiapó a San Pedro de Atacama, siempre
explorando, siempre cateando, í siempre luchando con todas las adversidades de
los que van adelante, solos í desdeñados, en el camino de los grandes progresos
humanos, desde el invento en el taller hasta el hallazgo en la montaña. y lo
que había de verdaderamente notable en aquel hombre de hierro, que a la edad de
75 años nadaba en el mar como un chango del Paposo y dormía en el suelo del
frígido desierto cubriéndose en un hoyo con un poco de arena, según cuenta
maravillado su compañero posterior de excursiones el doctor Philippi, era que
instintiva y proféticamente albergaba la convicción indestructible del valor de
sus empresas y del porvenir.
“Su imaginación era tan viva (exclama el último al hacer lacónicamente
el elogio del anciano) como la de un joven de 20 años; día y noche soñaba con
los inmensos tesoros que encerraba en su concepto el desierto yya veía una
ciudad en su centro más rica que Potosí…”[63].
Y por ventura ¿no es esta la profecía ya cumplida de Caracoles? ¿Y no lo
es acaso hoy día la de Cachinal, cuya placilla o núcleo de
ciudad futura comienza el afanoso minero a labrar al pié de la colina, medio a
medio del desierto?
XI
En otro sentido y por el fallo de otros hombres que le hicieron solo
póstuma justicia, he aquí cómo uno de ellos se expresa:
“Hombre de una constitución a toda prueba para las expediciones de
cateos y de un entusiasmo decidido por el rebusque de vetas, se convirtió don
Diego de Almeida más tarde en infatigable explorador del desierto de Atacama,
que en esos tiempos solamente tenía como puntos avanzados de la industria
minera, a Puquios al interior y Chañaral hacia la costa. Cruzólo en todos
sentidos, y actualmente es una especie de guía y de consuelo para las
expediciones que se internan en el despoblado el oír decir: — ¡Por aquí
pasó don Diego!,... ¡Cuántos cerros, cuántos parajes del desierto fueron
bautizados por él! ¡Qué de veces sorprendiólo la oscuridad de la noche y el
cansancio del viaje en medio de extensos arenales, y entonces cavando para su
cuerpo un hueco en el terreno, se cubría de arena y dormía profundamente como
en la mejor cama!
Desde la retirada de Almagro, desde la venida de Valdivia, desde el
viaje episódico de Monroy, desde el cateo de Cisternas Villalobos, nadie como
Almeida recorrió ese desierto donde más tarde habrían de labrarse las poderosas
minas de cobre de don Eduardo Miller, don Sansón Waters, don José Antonio
Moreno, don Federico Várela y tantos otros, y los minerales de plata de Tres
Puntas (1848), Caracoles (1870) y la Florida (1873).
“Pero si la huella de sus expediciones ha quedado impresa en los caminos
del desierto, no obstante, su nombre no ha sido recordado cual lo merecía para
bautizar un mineral, una mina siquiera, ya que la buena suerte no le sonriera
en sus posteriores afanes por la minería. Después de una vida tan agitada y
siempre delirando por las minas y cargado de edad, sucumbió a los rigores del
invierno en Santiago en 1856, legando a sus numerosos herederos sus recuerdos
del desierto y de sus descubrimientos (entre los que debemos anotar el mineral
de San Bartolomé de Atacama en Bolivia), unas pocas tierras y los derechos que
todavía se cuestionan sobre los terrenos en que se fundó el pueblo de
Caldera.” [64]
XII
Tal es el juicio de un cronista tan imparcial como estudioso sobre la
carrera de aquel hombre que, como «los locos de Béranger», y en su esfera,
continuará siendo para el desierto de Atacama un verdadero precursor,
aumentándose su fama con esa misma ingratitud de hecho pagada a su memoria.
“(...¿Qui decouvrit un nouveau monde?
Un fon qu'on raillait en tout lieu.
Sur la croix que son sang inonde,
Un fou qui meurt nous legue un Dieu.”
Si demain, oubliant d'éclore.
Le jour manquait, eh bien! demain
Quelque fou trouverait encoré
Un flambeau pour le genre humain.»
¡Y bien! ¿Quién en vista de lo que pasa hoy día en el fondo del desierto
de Atacama, minero o poeta, viajero o simple corredor de acciones, podría negar
que el humilde cateador don Diego de Almeida fué uno de esos locos, es decir,
una de esas antorchas?
“Don Diego de Almeida, dice a este mismo respecto otro hombre del norte,
fué quien descubrió a Lechuzas, Quebrada Seca, Algarrobo, el Morado, Bellavista
del Roco, la descubridora de Vaca Muerta (actualmente en trabajo) y tantas
otras, y si no pudo encontrar el derrotero del chango Aracena que tanto buscó,
no por esto dejó de ser el más meritorio y el más infatigable de los cateadores
primitivos”
“Fueron infinitas las ocasiones que don Diego, seguido de su mozo José
Martínez, a quien conocí ya entrado en años, recorrió la sierra en todas
direcciones, buscando el derrotero de Aracena.”
“¡Y cosa rara! Aquel formidable andador, capaz de haberlo echado
de tapada al más excéntrico yankee o hijo de la vieja Albión,
que se hacía acompañar de un mozo, solo para que le llevase su cabalgadura de
la brida, porque él solo la ocupaba en conducir la montura que le servía de
cama y los chifles en que conducía el agua con que apagaba su sed cuando el
ardor del estío y el cansancio (si es que alguna vez lo conoció) lo obligaban a
refrescar su seca garganta, no pudo encontrar esa especie de misterio que a
pesar de los años y los esfuerzos todavía se mantiene oculto.”
“El incansable don Diego, en lugar del venero de plata que perseguía,
encontró cobre. El fué el que descubrió la que hasta hoy mantiene el nombre de
Descubridora de Chañaral, la cual obsequió al señor José Manuel Zuleta, porque
su rico beneficio no pasaba del ancho de una vara”. [65]
XIII
“Fué en época cercana a su muerte, ocurrida por un accidente en Santiago
en el invierno de 1856, cuando nosotros le conocimos. Era don Diego un hombre
blanco, de facciones finas, ojos azules, tipo completamente céltico, porque más
parecía inglés que hijo del desierto. Pequeño de cuerpo, bien apuesto, sin
ninguna curvatura en el dorso, casi sin una arruga en el rostro, pero cubierto
de venerables canas, nieve del desierto a la par que de los años, vivo y
juvenil en su ademán, sumamente locuaz y comunicativo, tal pareciónoslo en la
primera y única ocasión que le vimos, que fué en una imprenta, la imprenta
del Progreso en 1850. Y llamándonos vivamente la atención un
discurso patriótico y político que dirigía a un círculo de jóvenes impresores y
cajistas, a quienes decía que ya habían desaparecido de Chile los antiguos
Caupolicanes y Lautaros para no dejar sino apenas cobardes aspirantes a empleos
y a favores, preguntamos quién era, y alguien, con expresiva sonrisa, nos dijo
simplemente que era el «loco Almeida....”
Solo machos años más tarde supimos que le llamaban «loco» porque decía
siempre lo que pensaba y lo que sentía (indecible locura en Chile), y
principalmente porque había dado en la manía de afirmar que el desierto de
Atacama haría la grandeza de este país y que algún día se encontrarla en sus
soledades un nuevo Potosí....
Los 30 o 40,000 chilenos que hoy viven o van al desierto, y los
300.000,000 de pesos que la nación ha sacado en pastas metálicas y en fósiles
de los páramos, responderán hoy de la profecía del pobre loco del desierto, y
decidirán si la demencia de éste (como la de otros) fué insensatez o fue genio.
XIV
En pos de don Diego de Almeida, y sucesivamente, lanzáronse al desierto
dos nuevos atacameños que participaran con él la justa gloria de los
descubridores: don José Antonio Moreno y don José Santos Ossa, animosos
heraldos de todo lo que hoy se realiza y se cosecha en aquellas vastas
soledades.
Perdido un brazo en aventuras juveniles, el primero de aquellos
gastadores del desierto, hijo de Copiapó como Almeida, hízose con el brazo que
le quedaba bueno, que era el izquierdo, el primer cateador de su época, como
para demostrar al ocio y a la desconfianza que, teniendo el corazón entero, las
mutilaciones físicas no son para el hombre obstáculo a lo grande.
Después de haber sido humilde dependiente de comercio en la ciudad,
inteligente administrador de la mina Candelaria, a la que hizo
rendir rico alcance contra la opinión de sus propios dueños, que le marcaban
rumbo diferente, descubrió, en calidad de jefe de una cuadrilla de cateo,
organizada a sus expensas, el rico mineral de plata de Garín Nuevo, que otros
en pos de él usufructuaron; y ya hemos visto como inmediatamente después del
descubrimiento de Tres Puntas, en setiembre de 1848, volvió a salir a campaña
en demanda de nuevos derroteros de plata.
No los halló esta vez, pero sin descorazonarse torció rumbo. Pidió
amplia habilitación a la casa comercial de Gregorio Ossa y Ca cuyo
jefe, el señor Antonio Escobar, era todo inteligencia y en comarca revuelta y
agitada de pasiones, clara y serena integridad, y otorgada sin límites la
última, hízose desde entonces minero y descubridor de cobre en el desolado
litoral. Como el infeliz Naranjo del morro Jorjillo y en oposición a don Diego
de Almeida, el descubridor Moreno quería ahora atacar al desierto por su flanco
más accesible, por la mar, y éxito completo coronó sus miras estratégicas desde
Chañaral a Mejillones. Tuviéronle también por «loco», como a hombre
descabalado, sus sesudos contemporáneos; pero cuando los millones comenzaron a
asentarse en el fondo de su cofre y el de sus habilitadores, generosamente
abierto a todas las empresas atrevidas, cambió el derrotero de los juicios
vulgares, y hoy el nombre de «el manco Moreno», muerto prematuramente para sus
empresas, si bien ha encontrado dignos sucesores, es como un faro del
industrial marítimo en el desierto.
XV
El cuartel general del descubridor Moreno fué la caleta del Cobre, donde
hoy existen poderosas faenas, como el cuartel general del descubridor Almeida
había sido el Paposo; y cuando en el mes de enero de 1854 visitóle en su faena
el ilustre explorador alemán que dejamos recordado, dice de él y sus empresas
estas palabras de alta honra y merecida valía:
“El señor Moreno había hecho muchos viajes por el desierto y es
observador atento y juicioso; le debí muchas noticias importantes, y he visto
confirmado todo lo que me dijo. La pequeña en- senada donde se estableció lleva
desde tiempos inmemoriales el nombre de El Cobre, y parece que los
changos han sacado cobre de aquí antes de la llegada de los españoles; en el
cerro elevado como 400 a 480 metros que está situado al norte de la nueva
mina Placeres, se ven minas antiguas. Don José Antonio había
empezado los trabajos de minas desde seis meses con un capital de 30 mil pesos
y ocupaba actualmente 60 mineros. Podría emplear el doble número si pudiese
abastecerlos con agua, pero tenía la esperanza de hallar otro pozo en una u
otra quebrada más cerca de Botijas.” [66]
XVI
En pos de Almeida y de Moreno solicitó con entusiasta fe juvenil las
rudas peregrinaciones del despoblado, el hombre a cuya grata memoria de
patriota y de amigo está consagrado este libro, ofrenda del trabajo al trabajo,
del cariño al cariño, del recuerdo a la tumba.
Nacido en 1827 en Freirina, de una familia de mineros que había sido
opulentísima, y compañero en la nativa villa de aprendizaje en la labor
especial de las comarcas mineras con el que fué más tarde el más rico banquero
de la América española, don José Santos Ossa, abandonó el techo paterno en
busca de aventuras, como Almeida y como Moreno, cuando tenía solo 18 años, y
establecióse por su cuenta en los asientos mineros del litoral boliviano. Y
desde allí exploró todas las sinuosidades del desierto por tierra hasta el Loa
y San Pedro de Atacama, y por mar, siguiendo el derrotero del malogrado
Naranjo, todas las caletas del litoral, desde el Flamenco hasta Chipana. Cobija
era su cuartel general, como el Paposo lo fuera el de Almeida y el Cobre el de
Moreno. Los exploradores del desierto necesitan, como los generales, una base
de operaciones para sus campañas, y en el presente caso cada cual había elegido
con acierto la suya.
Abarcando con su ambiciosa pero patriótica mirada, que lo llevó a morir
en medio del mar, siempre descubriendo, a la edad temprana de 50 años, el
infatigable explorador buscaba a la vez todas las sustancias del desierto, el
oro del morro Jorjillo, la plata de Peine y Toconao, el cobre del Morado, donde
puso ingenio, el salitre de Antofagasta que fué el primero en descubrir, en
explotar y en vender, incluso el yodo, que viajando a mula encontró en sus
alforjas dentro de una muestra de caliche que había sido humedecida por el agua
de una botella casualmente rota. Don Santos Ossa fué el primer descubridor de
Antofagasta, solitaria y fragosa caleta denominada entonces la Chimba, y el
ancla colosal que él hizo pintar en sus ásperas laderas, derramando varias fanegas
de cal humedecida, es todavía el lejano guía del navegante y del minero.
XVII
Descubridor en seguida de las salitreras de Aguas Blancas, hizo Ossa
también, como Almeida, un viaje longitudinal por el desierto, desde San Pedro
de Atacama a Copiapó, pero inclinándose hacia la cordillera, en demanda del
semi-fabuloso derrotero de la Ola o de los Aragoneses, de que ya hemos hecho
mención, y en 1873 solicitó una audiencia del presidente de la república en esa
época, para rogarle hiciera ejecutar el estudio de un ferrocarril que uniese a
Caracoles con Tres Puntas, seguro, decía él, que con los desmontes y
descubrimientos de la via sobraría para pagarlo.... Una seca negativa acogió en
la Moneda esas «locuras» de ayer, y hoy la locomotora escapada de Taltal, y que
se habla de hacer llegar en breve al corazón del desierto, donde ha aparecido el
asiento de Cachinal de la Sierra, ha contestado antes de diez años a la
incredulidad santiaguina, es decir, guasa y lugareña de nuestros hombres de
estado.
El peor enemigo del minero ha sido en Chile el hacendado, y en especial
los hacendados-presidentes.
Pero el señor Ossa, como para dejar constancia de su genio, hizo dar
forma a sus ideas en un folleto que en 1874 publicó por su encargo o casi por
su dictado el aventajado escritor don José María Pérez Arce [67].
XVIII
Y desde el principio del descubrimiento había sido así, en aquel inmenso
páramo, sed, hambre, soledad sin fin, ansiedad incesante y angustiosa. — «Desde
Atacama, dice Garcilaso, hablando de la primera invasión incásica, envió el
inca corredores y espías que fuesen por aquel despoblado, y descubriesen paso
para Chile y notasen las dificultades del camino para llevarlos prevenidos. Los
descubridores fueron incas, porque las cosas de tanta importancia no las fiaban
aquellos reyes sino a los de su linaje, a los cuales dieron indios de los de
Atacama, y de los de Tucma (Tucumán) — (por los cuales, como atrás dijimos,
había alguna noticia del reino de Chile) para que los guiasen y de dos a dos
leguas fuesen y viniesen con los avisos de lo que descubriesen, porque era así
menester, para que les proveyesen de lo necesario. Con esta prevención fueron
los descubridores y en su camino pasaron grandes trabajos y dificultades por
aquellos desiertos, dejando señales por donde pasaban, para no perder el camino
cuando volviesen. Y también porque los que los siguiesen, supiesen por donde
iban. Así fueron yendo y viniendo como hormigas, trayendo relación de lo
descubierto y llevando bastimento, que era lo que más habían menester. Con esta
diligencia y trabajo horadaron ochenta leguas de despoblado que hay desde
Atacama a Copayapu.» [68]
XIX
Tales fueron los primeros exploradores nacionales y al natural del
desierto de Atacama, y a cuya memoria el país deberá gratitud tan eterna, si
bien en apariencia menos brillante como la que habrá de tributar a sus héroes
militares. Pero desde el descubrimiento de Tres Puntas en 1848, y a
consecuencia de los constantes disturbios diplomáticos con Bolivia para la
fijación de los límites septentrionales de aquella, zona, el gobierno de don
Manuel Montt dispuso que se hiciese un reconocimiento científico de aquellas
comarcas, y aunque aquel fué llevado a cabo con escasísimos medios y con suma
brevedad de tiempo (apenas tres meses desde diciembre de 1853 a marzo de 1854),
debemos consagrarle por separado un próximo y más extenso estudio.
Capítulo XIII
El despoblado de Atacama.
Viajes del doctor Philippi en 1853- 54.
Llega a Chile el doctor Philippi y el gobierno lo comisiona para
explorar científicamente el desierto de Atacama. —Su viaje en la Janequeo hasta
Copiapó. —Junta de exploradores. —Don Diego de Almeida es nombrado guía de la
expedición. —Viaje de la caravana de descubridores hasta Chañaral y principales
faenas mineras de este distrito. —-Taltal y sus Changos.—El dialecto
atacameño.—Fundación del Paposo como obispado y capital de Atacama.—El doctor
Philippi visita el mineral del Cobre y Mejillones.—Punta Angamos.—Don Diego de
Almeida se queda cateando en Taltal, y sus aventuras. —Aprestos de viaje. —La
aguada de los clérigos y doña Serafina. —Caminos que desde el Paposo y desde
Taltal conducen al interior. —El camino del breadal que hoy sigue el
ferrocarril, y primera jornada de los exploradores. —Aspecto general del
desierto. — Error vulgar cometido por los primeros cronistas sobre estructura
física del desierto. —Extraordinaria elevación de sus mesetas. —Su clima y la
diversidad de su temperatura. —Su fauna y su flora. —Depósito de ripio y piedra
de acarreo que cubre la mayor parte del desierto y dificultan el hallazgo de
sus minas. — La historia y la poesía del desierto. —Travesía del doctor
Philippi desde Taltal a Cachinal de la Sierra y su error sobre los fósiles y
metales del desierto. Lo que era en 1854 Cachinal de la Sierra. —Encuentro con
los arrieros en San Pedro de Atacama y prosecución del viaje hasta esta
ciudad.—Descanso y regreso al través del desierto hasta Tres Puntas. —Los
cateadores Lazo y Luengo en la Ola. — Taita Berna. —Tres Puntas y viaje a
Copiapó. —El carnaval y los expedicionarios.
I
Mas o menos por los días de intensa agitación política en que el primer
explorador del desierto, don Diego de Almeida, hacia en Santiago la aparición
que de él dejamos recordada durante el invierno de 1850, llegaba a las costas
de Chile, alejado por motivos políticos de la suya, como el caballero portugués
padre de aquél un siglo hacía, un distinguido botánico y geólogo alemán, que
junto con el ilustre químico polaco don Ignacio Domeyko, el naturalista francés
Gay y el sabio cuanto modesto M. Pissis, han sido en Chile los apóstoles y los
verdaderos fundadores de las ciencias experimentales, vívidas antorchas que
alumbran nuestro ya seguro porvenir. Era aquel el hoy venerable doctor don
Rodulfo Amando Philippi, natural de Cassel, quien después de haber recorrido
científicamente una parte de la Europa con el herbario del botánico en la
espalda, y ascendido el Etna en la cálida Sicilia con el martillo del geólogo
en la mano, había desembarcado en calidad de colono en Valdivia, después de los
disturbios políticos que agitaron estérilmente el viejo continente en 1848.
II
Llamado un poco más tarde el doctor Philippi por el gobierno de Santiago
para hacer un reconocimiento rápido, somero y sobre todo «barato» del desierto,
aceptó en el acto con el ingenuo entusiasmo del sabio comisión tan ardua, y
ocho días después de recibir el pliego de sus instrucciones y un talego con 200
onzas de oro, el animoso naturalista partía para Valparaíso el 14 de noviembre
de 1853. Acompañábalo como ayudante el entendido joven don Guillermo Dolí, tan
notorio más tarde por sus exploraciones en la Patagonia occidental, y dos mozos
de confianza llamados Domingo Morales y Carlos Núñez. [69]
III
El gobierno había puesto a disposición de los viajeros su único o casi
único buque de guerra, la Janequeo, esquife tan diminuto que hoy
podría servir de lancha a uno de nuestros blindados, y que entonces comandaba
el capitán don Manuel Escala, hermano del general, y hombre de benignísimo
temple.
Embarcada la comitiva el 22 de noviembre, la Janequeo echaba
su ancla en Caldera el 29, y trasladado inmediatamente a Copiapó por el
ferrocarril el viajero alemán, tenia ocasión de comparar los beneficios del
progreso en el peso de su bolsa, porque el birlocho de Santiago a Valparaíso le
había costado 26 pesos, al paso que su pasaje hasta Copiapó en un cómodo
asiento de carro de primera, solo gravó su presupuesto con la mínima suma de 4
pesos 3 reales. El económico explorador gastó solo 1,397 pesos en su viaje de
tres meses, siendo el mayor costo el de trece mulas que compró por 345 pesos en
San Pedro de Atacama; pero que revendió más tarde, cansadas, flacas y
hambrientas por un tercio de su valor en Tres Puntas.
IV
Como en el caso de un moribundo paciente de dolencia desconocida, el
intendente de Atacama en esa época, coronel don Antonio de la Fuente, convocó
en Copiapó una junta de cateadores y exploradores para discutir los rumbos del
desierto, figurando entre los asistentes don Diego de Almeida incida en primera
línea y los mineros rumbeadores Araujo y Meléndez. Era este último tan antiguo
apellido de mineros en Chile, que Frezier refiere que un Meléndez fué quien
descubrió a principios del siglo XVIII el rico e inexplorado cerro de Payen en
tierra de pehuenches, de una de cuyas colpas los fundidores del rey sacaron, al
decir del viajero francés, una batería de cañones en Lima.
V
Como era inevitable, don Diego de Almeida fué elegido para práctico por
el ajuste de veinte onzas de oro, precio nominal, porque de balde y aún pagando
habría vuelto a su querido desierto el animoso anciano, que a la sazón había
cumplido 73 años, y a quien sus compatriotas, tal vez por lo mucho que había
andado, le atribuían, según Philippi, noventa....
Provisto el experto guía de las habituales menestras de la vida del
desierto, —charqui, harina tostada, un manojo de cebollas, un poco de azúcar,
otro poco de ají, yerba-mate y tabaco (pasión favorita de don Diego, es decir,
del cateador) y con algunos juegos de herraje para las mulas, — embarcáronse
otra vez los exploradores en la Janequeo el 7 de diciembre de
1853, y el 8 de ese mes desembarcaban en Chañaral, antiguas canchas mineras de
«don Diego». [70]
VI
Visitó el doctor Philippi, acompañado de su inseparable guía, los
minerales del Salado y de las Animas, que a la sazón explotaba con pujanza el
industrial don Josué Waddington, y en seguida se dirigió por la orilla del mar
a Cachinal de la Costa, oasis del desierto situado once leguas más al norte y
donde, asilados en las chozas de cuero de una media docena de changos, lavaban
las ropas de los mineros de Chañaral algunas pobres mujeres.
Llamó con razón la sagaz atención del viajero alemán la raza de los
changos o indios pescadores del despoblado, que vivían del comercio del congrio
seco y hablaban antes el araucano y hoy el español. más al interior, los
pobladores del desierto usan un idioma distinto del quichua, del aimara y del
araucano, dialecto armonioso que ha comenzado a extinguirse con su raza. El
atacameño es hoy día solo el lenguaje fragmentario de las reducidas tribus o
más bien familias de arrieros que habitan desde Chañaral a San Pedro de
Atacama, desde el Salado al Loa.
“Los habitantes de la costa, dice el señor Philippi, desde Huasco hasta
Bolivia, se llaman changos; es una tribu india que tiene
actualmente la sangre muy mezclada. Su idioma ha sido el chileno o araucano,
según me han dicho, pero actualmente lo han olvidado del tolo y hablan solo el
castellano. El número de los que viven en el litoral del desierto será de 500,
poco más o menos. Hombres y mujeres viven separados la mayor parte del año,
dedicados los primeros a la pesca o a los trabajos de minas, y ocupadas las
otras en apacentar sus cabras, moviéndose continuamente de un lugar a otro,
según encuentran pasto y agua.”
“En invierno, cuando la mar embravecida no permite la pesca, los hombres
van a cazar guanacos.”
“No hay matrimonios verdaderos entre esta gente, y aunque tuviesen la
mejor voluntad del mundo no podrían obtener la bendición de la iglesia en razón
de que no hay más que un solo cura en el departamento, en la ciudad de Copiapó.
Los hijos quedan con las madres, hasta que los varones tienen suficiente edad
para asociarse a los trabajos de los hombres.”
VII
En cuanto a sus habitaciones, en que el océano es el gran arquitecto,
porque las ballenas dan las maderas y los lobos las tejas, el mismo autor hace
de la vivienda del chango la siguiente ingeniosa y exacta pintura:
“Nada es más sencillo que su rancho. Se fijan en el suelo cuatro
costillas de ballena o troncos de quisco, apenas del alto de seis pies, se
echan encima cueros de cabras, de lobos marinos, velas viejas, harapos y aun
solo algas secas, y la casa está hecha. Por supuesto, no hay en el interior ni
sillas, ni mesas, ni catres; el estómago de un lobo sirve para guardar el agua.
Unas pocas ollas y una artesa completan el ajuar de casa.”
“Esta gente se alimenta principalmente de mariscos, de choncholepas,
patella, fissurella,[71] chitón, de pescado, carne de cabra, leche y
huevos; el trigo, maíz y harina son una gran rareza. Se visten como en las
ciudades: las mujeres tienen vestidos de algodón, zapatillas, zarcillos,
sortijas; hablan muy bien el castellano y han olvidado enteramente su propio
idioma, que sin duda ha sido el chileno o araucano; son tan políticos como si
hubiesen recibido su educación en la capital, y esperan, por supuesto, ser
tratados del mismo modo; que se diga, por ejemplo, señorita a la india más
vieja y fea, vestida de harapos.”
“Un viejo pescador me hizo reír rancho, pues nunca hablaba de sus burros
sin añadir: con permiso de ustedes, caballeros.”
“Tres pastoras nos visitaban con frecuencia, una doña Serafina, vieja
como Matusalén, antigua amiga de don Diego, y otras dos jóvenes bastante
bonitas, de modo que dudé de la pureza de su sangre india, que venían
vendiéndonos pescado, leche, huevos, gallinas, para recibir azúcar, hierba,
harina y grasa. No me olvidaré nunca de su cariño. Volvía a pie del buque y
subiendo en el calor ardiente del medio día en el cerro, pasé sumamente cansado
cerca de sus ranchos; me convidaron a entrar y a descansar, lo que rehusé de
miedo a las pulgas, pero no me dejaron pasar antes de haber tomado por lo menos
un poco de leche.”
VIII
Prosiguiendo su jornada por la costa, los viajeros llegaron al Paposo,
«que no es un pueblo sino un cortijo», a cuya puerta una costilla de ballena
enterrada en la arena servía para atar las cabalgaduras, y allí por de pronto
la caravana fijó sus reales [72].
IX
Desde el Paposo hizo el doctor Philippi una excursión por el mar al
Cobre, donde le hospedó suntuosamente, según ya vimos, el explorador Moreno; y
doblando desde allí la hoy memorable punta de Angamos en la mañana del 29 de
diciembre, visitaba al terminar el año la espléndida bahía de Mejillones y sus
covaderas de guano, materia y codicia de las disputas geográficas de aquella
época con Bolivia. En seguida la Janequeo regresaba al Paposo el día de Reyes
de 1854.
X
Por supuesto don Diego de Almeida no había querido moverse de aquel
paraje, entregado a su ocupación favorita de cateador entre viejos conocidos.
Experimentó el doctor Philippi alguna contrariedad a su regreso, porque don
Diego, llevado del propósito de economizar al fisco unas cuantas onzas, había
dejado partir sin aporratarla una tropa de mulas que regresaba a San Pedro de
Atacama y que había venido en busca de congrio seco. Pero como si hubiese sido
un castigo por el descuido, los marineros de la Janequeo hurtaron
a don Diego su favorito tabaco. Al fin, por un poco de coca, este tabaco
indígena del desierto, arregló las dificultades de la comitiva la vieja india
doña Serafina, reina del Paposo. «Por una libra de coca, dice el jefe de los
exploradores, que yo debía comprar en Cachinal de la Sierra a los atacameños
que esperaba hallar, un poco de harina cruda, de harina tostada, un poco de
grasa, de galleta, de charqui, yerba y azúcar, me alquiló doña Serafina dos
burros; y un viejo, un tal José, debía acompañarnos para volver después con los
animales. Los víveres que recibió habrían costado apenas tres pesos, la coca
importaba dos pesos. El negocio con la vieja era muy divertido. Más de veinte
veces decía: — Sé que es un vicio el mascar coca, pero soy vieja y no
puedo dejarlo. Sí, yo soy la viciosa; pero cómpreme usted la coca, hágame este
favor por vida suya, etc.
XI
Para internarse al corazón del desierto, es decir, a Cachinal de la
Sierra y partir de aquí por un rumbo diagonal hacia San Pedro de Atacama
recorriendo una distancia de cerca de cien leguas, la comisión exploradora que
presidia el doctor Philippi y guiaba don Diego de Almeida, tenía dos caminos
que elegir. Uno que penetraba a la alta meseta de Cachinal por la quebrada de
Huanillos partiendo desde Paposo (que es el que hoy trata de habilitarse como
más directo), y el otro desde Taltal por la quebrada, que a causa de sus
manchas de vejeta! llaman todavía del Bredal y conduce a Cachinal por Canchón,
Agua Verde y Refresco, estación de término hoy día del ferrocarril de Taltal,
81 quilómetros hacia el interior del desierto.
XII
La primea vía era mucho más corta y directa por hallarse casi en la
misma latitud Cachinal y el Paposo como Santiago y Valparaíso. Cachinal de la
Sierra, geográficamente hablando, es la capital natural del desierto y debe
hallarse, con corta diferencia equidistante entre Copiapó y Calama. Pero
aquella senda era y es todavía casi impracticable por carecer de aguadas y
forrajes en una extensión de 25 leguas. Hacíase, en consecuencia, forzoso
desviarse del Paposo hasta Taltal, aunque fuera dando el rodeo que hoy siguen
las carretas de las salitreras y los carros del ferrocarril. Hiciéronlo así los
exploradores, y el 11 de enero de 1854, es decir, en pleno estío, pusiéronse en
marcha hacia lo desconocido.
XIII
Hállase hoy mismo el despoblado de Atacama muy imperfectamente
reconocido y explorado apenas en uno o dos de sus ejes principales. Pero en el
tiempo a que nos referimos, hace cerca de 30 años, el desierto era solo un
miraje del navegante que a su vista espantosa e inhospitalaria solía pasar.
Siguiendo las equivocadas nociones de los primeros cronistas españoles
que hablaban solo de un «despoblado» y amoldando esta descripción a las
sensaciones que semejantes formaciones naturales despiertan en el espíritu,
pensábase generalmente que aquel desierto sería tan ardiente como los de la
Libia, y a estas circunstancias y al olvido del práctico Almeida, que no hizo
la prevención necesaria al viajero europeo, debió el doctor Philippi el haber
experimentado los más grandes hielos de su vida en su frágil estructura, pues
no se previno de abrigos. Algunos han supuesto, y a nuestro en-tender no sin
razón, que lo que los antiguos denominaban el desierto de Atacama, no era
propiamente sino la vasta pampa salitrosa y ardiente que comienza en el pueblo
de San Pedro de Atacama, ocupando un grado geográfico de lasitud; y de allí por
ostensión se aplicó el nombre a todo el desierto, exactamente como el nombre
lugareño de Chilli, comarca de Aconcagua, pasó a sor el de todo el
país.
Y esta idea del clima tropical y candente del desierto de Atacama no
solo ha sido española sino universal. El distinguido sabio y metalurgista
Simonin, que hace años estuvo en Chile, lo compara al Sahara africano y habla
con horror de sus «abrasadas arenas». [73]
Pero se hallan aquellos parajes tan lejos de asemejarse a las travesías
arenosas y ardientes del Perú o del África, que más que desiertos son
verdaderas cordilleras, más o menos aplastadas por la acción mixta del océano y
los volcanes, habiéndose fundido aparentemente en esos parajes como en un solo
nudo geológico las dos ramas montañosas de Chile, es decir, la cordillera de la
costa y la de los Andes que allí ajenas aparece en distantes y aislados picos.
XIV
Y a la verdad, a esta peculiarísima organización geológica debe en
nuestro concepto vulgar sus imponderables riquezas subterráneas, que como la
alta meseta de Tarapacá (la pampa del Tamarugal) no ha sido sino un inmenso
laboratorio químico en que se han combinado, fundido, calcinado, abriéndose
grietas y formado estratas sucesivas, todos los jugos minerales y las pastas
fósiles que hoy codicia el mundo. De esta opinión instintiva era don Diego de
Almeida, y comienza ya a serlo la ciencia ayudada por los descubrimientos
mineros que son sus ojos y sus manos.
Verdad es que el desierto de Atacama, tal cual hoy le conocemos, forma
una altiplanicie más o menos uniforme que se eleva bruscamente desde el mar.
Pero esa llanura o pampa ondulada, además de fuertes depresiones y recias cimas
que la interceptan, se eleva a una altura tres o cuatro veces superior a la de
Tarapacá y es solo unos mil metros inferior a la de Jauja, o la altiplanicie
boliviana.
El desierto de Atacama es por esto, como antes decíamos, una verdadera
meseta andina, como la de Uspallata en la vertiente oriental de las
cordilleras, al punto de que su centro, es decir, Cachinal de la Sierra, está
situado en una elevación de 2,441 metros, esto es, casi un paraje tan
encumbrado como las minas de San Pedro Nolasco o las más altas faenas de las
Condes. Por manera que si el asiento del nuevo descubrimiento existiese en
estas últimas latitudes, se hallarla ocho meses del año cubierto de nieve e
inhábil para los trabajos. [74]
XV
La temperatura media del desierto, observada en su eje central por el
doctor Philippi en los meses de enero y febrero, es la suave y benigna que
marca el termómetro en la línea de los 22,8º es decir, la misma de Viña del
Mar, donde durante esos meses parece enclavado a esa altura el azogue del tubo,
tan grande es su fijeza. Pero al amanecer, aun en esos meses caniculares, el
naturalista alemán, vestido como para excursión veraniega en las montañas
nativas del Harz encontrábase, como le aconteció en el alojamiento de las
Zorras, bajo cero o en el grado de congelación. Sucedió esto el 1° de febrero,
advirtiendo que el paraje de las Zorras está a 3.135 metros, encumbrándose
todavía su cuesta o meseta a 3.740 metros. Los más señalados de estos pantos
elevados sobre la gran meseta atacameña son contados: Tres Puntas, que es su
entrada (1.970 metros), el de las Zorras ya nombrado, y el Alto de Pingo-Pingo
situado en 23º 38' a 3.510 metros de altura. El 19 de enero el doctor Philippi
apuntó en sus observaciones la desabrida palabra «hielo» en esta última frígida
posición.
XVI
Las depresiones u ondulaciones de la altiplanicie que forma el desierto
son mucho más numerosas que sus cuestas, y en el fondo de ellas, a manera de
oasis, encuéntranse aquellas escasas aguadas, lágrimas del páramo, algunas de
las cuales llevan nombres históricos, como la célebre de «doña Inés», la
valerosa compañera de Valdivia, la cual a su vista hizo ensancharla para el
socorro de su hueste.
XVII
Como es de esperarse, la fauna de semejantes lugares es sumamente pobre
y de un orden inferior, extendiéndose apenas desde la sedosa pero diminuta
chinchilla a la rata y desde la lagartija a la vinchuca. De estas contó el
doctor Philippi hasta cuarenta y una en su cama de San Pedro de Atacama; pero
por fortuna no existen las pulgas, que el frió y la sequedad matan, prueba
evidente de que por allí no pasó el presidente Sotomayor, que en el año del
Señor de 1629 introdujo semejante horrible y microscópica familia en Chile.
El sabio de Cassel, que con ojos de lince recorrió el desierto en la
extensión de 300 leguas de oeste a noreste (de Taltal a San Pedro) y en seguida
de norte a sur (de San Pedro a Tres Puntas), no encontró sino 97 tipos de la
fauna del desierto, todos de especies inferiores, en que los cucarachos,
género tan amado de los alemanes, tienen un puesto de honor. También clasificó
y descubrió en cambio el paciente botánico 419 especies de la raquítica flora
de las montañas que trajo consigo y se hallan ahora alojadas en los herbarios
del museo nacional.
Añade el sabio explorador alemán que a pesar de las frecuentes versiones
sobre la existencia de fenómenos eléctricos en el desierto, no tuvo la fortuna
de comprobarlos, limitándose a decir que el curioso espectáculo de la
fatamorgana o miraje del desierto es casi cuotidiano.
Por lo demás, el vasto despoblado de Atacama en toda su extensión se
halla cubierto no de arena como el vulgo antes creía sino de una capa más o
menos delgada de una especie de ripio anguloso que lo cubre a manera de densa
alfombra y maltrata la pezuña de las acémilas y aun la de los perros, que los
mineros y los cazadores de guanacos calzan con cuero a fin de preservarlos. No
atribuye el sabio explorador a esta costra suelta del desierto un origen acuoso
o de aluvión, como al ripio de nuestros valles centrales, sino a la
descomposición lenta y natural de las rocas y a la acción de los vientos, pero
es lo cierto que esa costra de cascajo de acarreo oculta al ojo del
investigador la estructura geológica y superficial del terreno y encubre así
muchos panizos y tal vez ricos filones de vetas, que la perseverancia y el
acaso, estas dos aliadas de la suerte, irán poniendo en evidencia. No habría
por esto tal vez mejor negocio que barrer a escoba todo el desierto; y a la
verdad que sociedades anónimas y accionistas efectivos no habrían de faltar
para ello...
XVIII
En cuanto a la estructura puramente mineralógica del despoblado de
Atacama, el distinguido publicista don José Victorino Lastarria, que ha sido un
observador personal de sus estratas en Tres Puntas, en la Florida y en
Caracoles, después de atribuirle un origen acuático, “cuando Neptuno reinaba
allí pacíficamente”, descríbela de la siguiente popular manera en sus
célebres Cartas descriptivas del mineral de Caracoles,
publicadas en el Mercurio, por estos días hace doce años:
“El solevantamiento del territorio de Atacama debió ser general, aunque
consecutivo y lento. El más prolongado fué sin duda el de aquella loma que se
extiende desde el Quimal hasta el grado 25, y más hasta el llano de 1.668
metros que corre desde Chañaral Bajo hasta Tres Puntas, lisa loma de formas
redondeadas debió encorvarse cuando todavía no estaba emergente el territorio,
pero sí cuando las aguas habían disminuido muchas atmósferas de peso, y
quedaban apozadas al oriente de la nueva cadena, formando las inmensas lagunas
que, privadas de alimento, so evaporaron más tarde y dejaron señalados para
siempre sus lechos con las salinas de Atacama y Punta Negra.”
“Los solevantamientos intermitentes se sucedían unos a otros, ya
aislados en una corrida como el de Limón Verde y Caracoles, ya limitados a un
grupo como los muchos que se presentan allí, ya débiles y dilatados como los
que forman ampollas y ondulaciones que se notan a cada paso, ya bruscos,
repentinos y prolongados, como los que dibujaron la costa de todo el desierto;
pero al mismo tiempo la masa de las aguas marinas que se retiraban, y cuya
superficie debía aparecer en aquellos días cuajada de islas, se agolpaba a las
depresiones del terreno, en aquellas largas corridas trasversales que hoy
figuran valles y quebradas, que se prolongan desde las altitudes del oriente en
descenso hasta el mar.”
Tal es la explicación científica más lógica y natural de la fisonomía
del desierto.
“Una vez que el territorio quedó enjuto, la reacción plutónica continuó
su obra poderosa, y la superficie del suelo sufrió las leyes de la nueva
atmósfera en que iba a comenzar una vida distinta a la de las aguas. Los
sedimentos jurásicos y los más modernos que formaban aquella superficie, hablan
sufrido naturalmente la acción de las erupciones plutónicas en toda la
extensión, con más o menos intensidad, a medida de su proximidad al foco ígneo,
y se hablan metamorfoseado en rocas estratificadas a veces, convirtiéndose, por
ejemplo, en mármoles o en dolomía los calcáreos, en antracitas las capas
carboníferas, etc., etc.”
XIX
Trazados así, con los toscos utensilios del que camina y del que
observa, los principales perfiles del desierto de Atacama, vamos a seguir
rápidamente el itinerario del viajero desde Taltal a San Pedro de Atacama, y ha
acompañarlo en su regreso mucho más largo y penoso hasta Copiapó, punto
originario de salida. Partiendo el 11 de enero de 1854 del oasis que lleva el
curioso nombre de Aguada de los clérigos, por algunos
misioneros que allí probablemente bebieron y bautizaron, junto a Taltal [75], comenzaron a ascender la quebrada, que
evidentemente es un antiguo lecho de rio disecado, y con tanto repecho, que
habiendo recorrido aquel día poco más o menos 14 leguas, se acamparon a 1.300
metros de altura en la pampa del Cachiyuyal, que lleva este nombre por los
yuyos salobres (cachi) que, según Philippi, en ese paraje se encuentran.
“Durante todo el día divisamos en la distancia las cumbres de la alta
cordillera porque creímos todavía entonces que debía haber una cadena de
cerros, como en Chile, pero no tenían nieve. Una vez no más el cerro que se
mostraba más al norte dejó ver una mancha de nieve. Todos estos cerros tienen
la forma de un cono bajo truncado o de conos mellizos; ni uno solo en todo el
desierto ofrece una figura atrevida como se ve en los Alpes y Pirineos. Ni don
Diego, ni el arriero de Atacama sabían dar un nombre a uno de estos cerros.
Casi todos los cerros del desierto han quedado sin él.”
Y algo más adelante añade, a propósito de esta misma larga, penosa,
solitaria, profundamente melancólica travesía:
“Un poco más al este había un campo cubierto de escorias volcánicas y de
«rapilli» me hallé como trasportado a las faldas del Vesubio, del Etna o de las
islas de Liparí, que había examinado hace 23 años en compañía de los señores
don Federico Hoffman y don Amoldo Escher. La única diferencia era que las
desigualdades de las escorias del desierto eran menos ásperas. Son muy
agujereadas, como una esponja, porosas en el interior; los poros en parte
vacíos, en parte revestidos de un polvo blanco de carbonato de cal, que se
disuelve con mucha efervescencia en los ácidos, en parte llenados de
calcedonia.”
XX
Al día siguiente, y con una temperatura fresca que a las cinco de la
mañana era de 8° C, los viajeros continuaron la jornada hacia Cachinal de la
Sierra, soslayándose un poco hacia el norte por un terreno alto y en declive,
en el cual parece de empresa facilísima hacer rodar los coches y tender los
rieles. “Todo este gran trecho, dice el señor Philippi, como de trece leguas,
hasta Cachinal de la Sierra, es una llanura que se eleva paulatinamente, cuyo
ancho a veces es más de dos leguas; de modo que los cerros bajos que la
acompañan quedan a tanta distancia que no es posible conocer su formación
geológica, pero se ve que son muí redondos, enteramente fracturados; jamás
ofrecen peñascos, todo es escombros. El suelo muestra casi siempre costras de
yeso bajo la capa superior, y los hoyos hechos por el pié de las muías
contienen una sal plomos, probablemente un sulfato de sosa.”
XXI
Y en cuanto al paraje especial del desierto, objetivo hoy de tantas
esperanzas y ambiciones, he aquí todo lo que el viajero apunta y que es curioso
reproducir después de 28 años de olvido y de silencio:
“El lugar denominado Cachinal de la Sierra es una depresión muy
insignificante en la inmensa llanura inclinada hacia el occidente; solo al
oriente se ven unas colinas bajas, y no se comprende la causa que haya
producido el manantial. Este corre por un espacio de 1,000 pasos de largo de
330 de ancho, dividido en varios pequeños hilos de agua; contiene mucho yeso y
deposita por todas partes costras de este mineral y bajo de ellas sal común.”
XXII
Preciso es advertir aquí que el doctor Philippi no iba al desierto ni
como mineralogista ni como cateador. Su misión era mucho más científica que
especulativa, y dejaba a su incansable compañero don Diego de Almeida todo lo
que se refería a las vetas y panizos, mientras él con sumo deleite recogía
hierbas parásitas, lagartos y una serie infinita de conchas, caracoles y
cucarachos. No prestaba por esto sino mediocre atención a las riquezas
subterráneas del desierto, y aun las desdeñaba, porque suponía que ni el
nitrato de soda (salitre) existiera.
Y sobre este punto, como hombre de probidad y de doctrina, se contentaba
con decir en su introducción estas palabras: «La opinión es muy común que ese
desierto encierra inmensas riquezas minerales, porque se cree
generalmente que una tierra debe contener tantos mayores tesoros de oro y
plata, cuanto es más estéril y desconsoladora.” [76]
Lejos de ello, el desierto de Atacama es tan intensamente mineralógico,
que no solo sus entrañas están cruzadas de vetas de plata, cobre, níquel y aun
de oro, sino que no hay tal vez en el mundo una comarca que haya recibido mayor
suma de metales del cielo. Y esto sin figura, porque el despoblado es el sitio
favorito del hierro meteórico, de los aerolitos y de las bolas de fuego,
como el pueblo que las ve en Chile (tal vez con más frecuencia que en ningún
otro país) denomina estas piedras del aire. El señor Domeyko dice que es tal su
abundancia, que los arrieros antiguamente herraban sus mulas, como los griegos
forjaban sus armas, con esa producción misteriosa que algunos astrónomos
suponen caída de la luna y otros de las erupciones del sol. El señor Domeyko ha
logrado juntar muestras que representan más de un quintal métrico, y el mismo
señor Philippi recogió una cantidad no pequeña del famoso hierro meteórico de
Imilac convertido casi en polvo, como el que ha solido encontrarse a bordo de
los buques o en las cimas del Monte Blanco. Flammarion habla de uno de estos
aerolitos o bólidos del peso de 15,000 quilogramos en Tucumán, y
bien puede haberlo mayores en el verdadero Atacama. [77]
El desierto de Atacama está por consiguiente lleno de metales y
sustancias metálicas, arriba y abajo, del cielo y de la tierra.
XXIII
Por lo demás, estos errores de la ciencia especulativa en presencia del
hecho experimental son mucho más frecuentes de lo que sería imaginable. En otra
parte hemos dicho cómo el señor Pissis desahució a los cateadores de Caracoles
el mismo día en que hicieron el descubrimiento; y en Nevada es muy conocida y
comentada la aventura del célebre mineralogista francés Laur que, yendo en
misión de su gobierno, aconsejó a los descubridores Gould y Curry desamparar la
veta que trabajaban por estéril y que es la misma que ha dado después
centenares de millones de pesos de plata en Virginia City. ¿No fué en este
mismo sentido el ilustre Lavoisier, uno de los más grandes descubridores, quien
negó en lo absoluto, no hace de esto un siglo, la existencia de los aerolitos?
¿Y la Academia de ciencias de Francia, esto es, la corporación
más docta del mundo, no declaró por unanimidad en el primer
año del presente siglo, que tal fenómeno, conocido hoy hasta de los niños, era
una patraña?
XXIV
Como habrá podido observarse, la aguada de Cachinal de la Sierra dista a
rumbo solo 28 leguas de Taltal, y allí encontró la caravana alemano-chilena a
los arrieros argentinos que regresaban a San Pedro de Atacama con escasa
cosecha de congrio para aquella cuaresma y sus ayunos. El mineral recientemente
descubierto dista algo más al norte en esta forma, toda susceptible de cómodo
galope y buen rodado.
De Taltal a la estación de término de
Ayudados por aquella buena gente y por sus mulas de refresco, acabado de
despachar a doña Serafina su coca y sus jumentos, los viajeros continuaron con
mayor alivio su pasada ruta el 14 de enero y después de andar 9 leguas se
acamparon en la aguada llamada del Profeta, donde hoy los profetas del desierto
anuncian también descubrimientos argentíferos.
XXV
En cuanto a la manera y a la rutina de estos viajes por el despoblado,
en que los días solo se diferencian en lo más o menos largo de la fatigosa
jornada que su luz alumbra, no podía ser más sencilla, y he aquí cómo la
describe el jefe de la caravana, que recorría muchas veces larga leguas a pie
como un simple cateador, salvo que en lugar de relucientes rodados buscaba
imperceptibles conchas o amonitas, estas curiosas incrustaciones «medallas cíe
la creación», según las llama Raymondi, en que, como bajo las cubiertas de un
libro, se halla encuadernado el período jurásico del desierto y sus lechos
metálicos.
“El que quiera viajar por el desierto, dice el doctor Philippi, debe
necesariamente llevar en un día de una aguada a otra, y no puede alojarse en el
camino donde se le antoje, por la gran dificultad de tener las mulas juntas si
no tienen agua o por lo menos pasto. Por eso las jornadas son muy desiguales y
a veces de diez leguas y más. Llegados al alojamiento, dos personas tienen
bastante que hacer: desensillar y descargar las mulas, juntar las cargas para
que den algún abrigo contra el viento y para que esté a la mano lo que se
necesita, etc. Mientras tanto, otra persona busca combustible, leña o el
estiércol de mula, lo que cuesta a veces mucho tiempo donde escasea, y yo mismo
he traído muchas veces mi manta llena de bostas de mulas. Cuando se llega muy tarde
nadie quiere esperar mucho tiempo a la comida; era preciso hacer un manjar cuya
preparación requería poco tiempo. Era una mazamorra de harina tostada con grasa
y sal, porque basta echar la harina en el agua cuando hierve y el plato está
hecho. Esto era, en las jornadas largas, nuestra comida y cena reunidas, y
luego después de haberlas tomado, cada uno buscaba su cama. En la mañana se
necesitaban varias personas para juntar las mulas; ensillarlas y cargarlas. En
este tiempo un mozo hacia hervir agua, echábamos una buena porción de
yerba-mate en la tetera y pocos minutos después teníamos un buen té de mate;
bastaba echar un poco de agua fría en la tetera para tener la bebida clara. No
llevábamos con nosotros ni tazas ni platos de loza; echábamos, pues, el té en
gamellas de lata y encima de galleta. No era posible tomar la bebida en los
pequeños matecitos, porque cada uno habría querido tomar por lo menos sus
cuatro o cinco y no hubiéramos concluido en una hora con esta operación.
Después de este desayuno cada uno echaba un poco de galleta y una docena de
higos en su bolsillo, y llenaba una botella de agua para llevársela consigo en
las alforjas, montábamos en las mulas y caminábamos todo el día sin apearnos
para descansar o comer.”
XXVI
Y como cosa digna de particular anotación, no fué ni más afortunada, ni
más rápida ni escabrosa, ni menos ocasionada a precauciones ni a zozobras la
marcha que trescientos y veinte años antes que don Diego de Almeida,
acaudillara y condujera por aquel desierto don Diego de Almagro, porque, como
cuenta el amigo, compañero y confidente de éste, Gonzalo Fernández y Oviedo en
su admirable historia, despachó el último “cinco de a caballo, con dobladas
cabalgaduras, para que supiesen el camino, y negros con azadones para que
abriesen los zaguales... y para esto se hizo mucha cantidad de vasijas, así de
barro o calabazas como de unos zaques u odrinas de los pellejos de las
ovejas.... Las jornadas habían de ser de tres o quatro leguas, porque si más
anduvieran así el ganado como la gente perecería....” Con la orden y
procedimiento que he dicho intentaron el despoblado e infernal camino de
Atacama, en cuyo discurso hallaron tantas diversidades de tierra.... si no que
hoy los fatigaba el frío y los proveía de temblores, mañana los asaba de calor
porque a las sierras sucedían arenales y a los arenales pedregales
espesos.” [78]
XXVII
En cuanto al paisaje del despoblado, es siempre el mismo eterno,
inmutable, horrible panorama, hoy como cuando Almagro y Valdivia lo cruzaron.
“...Allí no hay sombra en el día
Cuando un sol de rayo ardiente
Lanza su luz, refulgente
Sobre tanta soledad!
Inmensos mares de arena
Que abarcan los horizontes
Hay solo, y ásperos montes
De arena, piedra y metal.
No silban allí las brisas,
Ni murmura blando el viento:
Agitándose violento
Solo ruje el aquilón!
Parece el eco sañudo
Del espíritu que vela
Como adusto centinela
Sobre esa triste región.
* * * *
Allá precipicios hondos
Que eterna noche sepulta
Donde el insecto se oculta
Que jamás la luz gozó.
Acá un peñón que parece
Desplomarse, carcomido
Por el tiempo, ennegrecido
Por la lluvia y por el sol.
Moles inmensas y adustas.
Montes que no tienen nombre,
Donde nunca llegó el hombre
A poner su planta audaz.
Un cielo siempre encendido,
Siempre un sol resplandeciente
Que torna en piélago ardiente
El anchuroso arenal!”[79]
XXVIII
Prosiguiendo los modernos exploradores su jornada de la Aguada de los
Profetas, que por ventura se llamaría así por los que ha tenido el desierto
desde Almeida a Lastarria, sin que nadie los escuchase, anduvieron solo cuatro
y media leguas (al estilo de Almagro) hasta la Aguada de Varas el 15 de enero y
el 16 llegaron a Punta Negra, ocho leguas más adelante, y desde allí contaron
el total de sus jornadas (60 leguas más o menos) de la siguiente manera hasta
San Pedro de Atacama, antigua capital del Despoblado:
XXIX
Entre Pingo-Pingo y Tilo-Pozo la caravana cortó diagonalmente el camino
del Inca, que fué el que siguieron por el despoblado Almagro en su regreso y
Pedro de Valdivia en su venida, y en la mitad de la última jornada dieron con
una aguada que tenía el curioso nombre etimológico de Chili-pure (agua
de Chile).
En la jornada de Taltal a San Pedro, que es una distancia de 107 leguas,
los dos viajeros emplearon solo 11 días (del 11 al 22 de enero); y después de
descansar una semana a la sombra de las hospitalarias higueras de aquella
capital ex boliviana, emprendieron el 30 de enero su regreso a Tres Puntas y
Copiapó, atravesando en toda su extensión el desierto de norte a sur en 28
días, cuyas jornadas, para abreviar, condensamos de la siguiente manera, un
tanto imperfecta como lo apunta el autor [80]:
XXX
En aquella larguísima y fatigosa travesía, que recuerda las etapas del
animoso Stanley en el interior del África, no ocurrió a la sufrida caravana
suceso de cuenta, excepto dos temporales sucesivos que experimentaron el 31 de
enero en Toconao, y el 3 de febrero en Tilopozo. Venían ahora bien montados en
robustas mulas argentinas, y estas Inician más soportable la fatiga que los
asnos de doña Serafina.
XXXI
Durante el viaje no encontraron los caminantes más ser viviente que un
esforzado cateador llamado David Lazo que andaba por esas serranías tras el
derrotero de la Ola, interrogando a las rocas por el paso de los misteriosos
aragoneses fusilados por Belgrano en 1812 y que dieron origen a aquella
perseverante tradición, y algo más cerca de Tres Puntas un solitario ermitaño
llamado Taita Berna (Taita Bernardo) que hacía más de 30 años vivía arisco y
selvático en aquellos hórridos parajes, reticente como San Bruno, y viviendo
exclusivamente de la caza de guanacos. ¿Y por qué no hubo el viajero alemán de
cogerlo como el tipo más curioso de su fauna para insertarlo en la misma página
de su herbario con doña Serafina de la Aguada de los Clérigos que de seguro los
habrían casado? [81]
XXXII
Al fin, después de un bien aprovechado descanso de tres días en Tres
Puntas, la comitiva, ya un tanto desencuadernada, llegó a Copiapó el 27 de
febrero de 1854, día de carnaval, y como si hubieran adivinado aquellas alegres
gentes que el enflaquecido y terroso viajero alemán volviese de la travesía
sediento de agua, le arrojaron ni pasar por la primera casa del pueblo una
cántara de ella en la cabeza. El viaje del doctor Philippi por el desierto
había durado el doble del de la tradición bíblica (81 días, desde el 7 de
diciembre al 27 de febrero), y en tan corto espacio de tiempo el esforzado
viajero había recorrido no menos de 500 leguas, y de éstas 350 por tierra,
siendo de las últimas un buen número a pie.
Capítulo XIV
Caracoles
(Sus leyendas y derroteros. —Sus descubridores y su descubrimiento.)
Inmenso raudal de plata que invade los mercados de Chile en el
quinquenio de 1848 a 1853. —-Decadencia y broceo al que signe a la bonanza.
—Balance de las minas de Chañarcillo en 1858 y su pérdida. —Emigración general.
—Cómo don .José Díaz Gana, administrador del establecimiento de Pabellón,
emigra a Pan de Azúcar y a Mejillones. —Su compañía de cateo de cobre con el
barón Arnou de la Riviére. — El indio Garabito y su derrotero del rebosadero de
Sierra Gorda. —Dirígese a este punto el señor Díaz Gana, y Garabito no acierta
con el rebosadero de cobre. —Leyenda misteriosa que Garabito cuenta en el
desierto a Díaz Gana sobre la Sierra de Caracoles —El indio Osorio y los
hermanos de Cobija. — El derrotero del Cenizal y el del viajero de Calama. —
Díaz Gana se dirijo a explorar la Sierra de Caracoles y encuentra un rico
rodado cuyo criadero no se ha descubierto todavía. —Intenta hacer un
reconocimiento formal, pero sus habilitadores de Valparaíso se lo prohíben.
—Díaz Gana desobedece y organiza una cuadrilla de cateadores de plata a cargo
de Méndez-Cangalla. —Noticias de este personaje y de sus compañeros Saavedra,
Porras y Exequiel Reyes.—Méndez se dirige desde Mejillones a la sierra de Limón
Verde el 23 de marzo de 1870 y desde allí divisa el panizo de Caracoles, a cuyo
pie se aloja en la noche del 24 de marzo.—El gran descubrimiento el 25 de
marzo.—Reyes descubre la Suerte y la Deseada —Singulares impresiones en los
cateadores. —Descripción del descubrimiento por don J. V. Lastarria. —El canto
de Guajardo. —Los descubridores Méndez y Porras regresan a Mejillones, y Díaz
Gana se traslada a Caracoles donde descubre todas las minas del grupo de las
Descubridoras. —Las denuncia en Cobija, y honrado reparto que hace de sus
barras entre sus habilitadores y cateadores. —Huellas misteriosas sobre la
tradición de Garabito y del indio Osorio. —Un feto humano petrificado.
I
Cuando en el empalme de los años 53 y 54 practicó el discreto perito don
Rodulfo Amando Philippi el primer reconocimiento científico del desierto de
Atacama, la riqueza de Chile parecía haber llegado a su apogeo. Con la
fecundidad maravillosa de Tres Puntas, cuyas minas descubridoras
(la Buena Esperanza y la Al fin hallada) rendían
en competencia un millón de pesos cada cual al año, coincidía el encuentro de
la segunda región del beneficio de Chañarcillo, o la zona de sus metales fríos
(arseniosos y antimoniosos); de suerte que una especie de rio de plata fluía
desde Caldera hacia Valparaíso en sentido inverso a la corriente polar que
visita esas bahías; y de allí iba a derramarse en todas las casas de moneda y
talleres de Europa. Aun no había sido descubierta Nevada, y Chile tenia la
doble supremacía del producto de la plata y del cobre, si bien California,
cinco años antes, le había arrebatado su antiguo cetro de oro. Era tal a la
verdad la abundancia de la plata barra en Valparaíso, que en los cinco años
corridos de 1849 a 54, solían en algunos almacenes de esta ciudad, adoquinar el
piso con ellas, a fin de repartir con igualdad el peso sobre el pavimento de
madera, ejecutando así, sin ostentación, la fantástica promesa de aquel minero
de Puno don Francisco de Salcedo, que ofreció al soberbio virrey que le mandó
empedrar con plata las calles de Lima a trueque de la vida.
II
Pero en el subsiguiente quinquenio todo había cambiado. A la pujanza
había sucedido la esterilidad, a la bonanza el broceo. El mismo prolífico
Chañarcillo parecía agotado, y cuando en enero de 1858 el ilustre geólogo
Pissis, a la manera del cajero industrial que cierra sus libros al final del
año, hizo el balance de la fortuna de Copiapó, resultó que el déficit de
Chañarcillo era 328,550 pesos porque en el año precedente había producido solo
135,000 marcos de plata que valían 913,950 pesos, mientras los gastos de
explotación, beneficio y fletes ascendían a 1.240,500 pesos. [82]
¡Había por tanto una pérdida efectiva de más de un tercio de millón!
Copiapó estaba en quiebra como Potosí; y a la paralización de sus
negocios sucedió la emigración paulatina de sus brazos que no ha cesado del
todo todavía, si bien hoy, como si 1a plata tuviese olas cual el mar, el
reflujo vuelve a aparecer en la superficie en la hora en que escribimos.
III
Entre los muchos desheredados que desde aquella época comenzaron a
levantar su liviana tienda de lona de las serranías de Copiapó para
trasportarla al ignoto desierto, encontrábase un joven de endeble pero
simpática figura, que por su juiciosidad y dedicación a las faenas habíase
hecho de un buen nombre en la errante colonia de los buscadores de fortuna.
Nacido en Valparaíso en 1827, cajero de la casa de Cerveró en 1852,
administrador del establecimiento de amalgamación que en Pabellón tenía en 1857
el respetable minero don Fernando Mandiola, había sentido en esa época la
nostalgia del broceo, que es la anemia del corazón del minero, y después de
haber estado preso en la cárcel de Copiapó por neutral, en los
vaivenes de la revolución atacameña y constituyente de 1859, resolvió
encaminarse al desierto. Y con este propósito, a manera de cancelación de
cuentas, pidió a su patrón de Pabellón seis mulas y 40 pesos en víveres, los
que generosamente le fueron otorgados.
Con ese caudal, que en breve se disminuyó a quince centavos rezagados en
un repliegue del bolsillo, don José Díaz Gana, (que este era su nombre) se
lanzó esperanzado al desierto, y allí vagó durante diez años acompañado solo de
un cateador de cobre llamado Simón Saavedra, natural de Elqui, de un arriero y
peón del valle de Mataquito que respondía al nombre de Exequiel Reyes y de un
perro, este postrero y desinteresado amigo del hombre, que por lo mismo es casi
siempre anónimo.
Cruzando con su corta caravana entre la caleta de Pan de Azúcar, donde
hizo una compañía de descubrimientos con el joven don Adolfo Fontanes que le
facilitaba víveres, y la bahía de Mejillones, donde por esos años (1866) el
fastuoso aventurero francés M. Arnou La Riviére echaba la planta de un
establecimiento industrial para extraer guanos, con una máquina resacadora y un
cargamento de cebada, la voluble suerte fijó allí su destino.
En efecto, después de haber servido allí al recién llegado como
administrador durante un año, ajustaron ambos una compañía de cateo con un
capital nominal de 40,000 pesos representado por un galpón, una máquina, unos
cuantos centenares de sacos de harina y de cebada, esto es, el pan del hombre y
de la bestia, y algunas libranzas que en honor de la verdad, pero no de sus
firmas, fueron más tarde protestadas por los representantes del barón francés,
los señores Watson y Meiggs de Valparaíso. El ideal y el propósito de los
cateos y descubrimientos de la compañía de Mejillones debía ser solamente el
cobre.
IV
Tenía esto lugar a mediados de 1869, y a virtud del imán misterioso que
atrae el minero hacia el minero, el administrador de Mejillones, desde que se
supo tenía una habilitación de cateo en las alforjas, vióse rodeado y
solicitado de ávidos exploradores, de derroteros y de fábulas.
El más notorio de aquellos aventureros, prontos siempre a engancharse,
desde que se anuncia la partida de la nave hacia el océano o la marcha de la
caravana inicia el desierto, fué un indio boliviano llamado Garabito. Decíase
éste conocedor personal de un rico rebosadero de metales de cobre en la
serranía de Sierra Gorda, que yace hoy a la manera de un punto conocido e
intermedio entre Antofagasta y Caracoles, entre el Pacífico y los Andes.
Como su contrato explícito de cateo versaba únicamente sobre el cobre,
el señor Díaz Gana aceptó las ofertas de Garabito, y acompañado de su fiel
Saavedra, que era perito en aquel metal, de su arriero Reyes, de su perro y del
indio cobijeño, encaminóse en convoy de mulas hacia las pampas bajo la guía del
último.
V
Después de sufridas jornadas empampóse el indio rumbeador, y declaró
honradamente que había perdido el derrotero, que no sabía a qué compás del
horizonte quedaba la sierra en cuya busca había salido, ni siquiera podía dar
razón del punto en que se hallaba, rodeado de arenas y de soledad, de enojos y
de hambre. Pero como si hubiese querido ofrecer al jefe de la caravana alguna
compensación por aquel cruel e involuntario extravío, contóle el indio la más
extraordinaria historia: —Era ésta la primera leyenda de Caracoles, niebla
tenue matinal que envuelve en sus orígenes las tradiciones de todas las minas
que adquieren más tarde fama universal, cuando, después del nublado, aparecen
al sol su manto y sus senos.
VI
Según Garabito, existía en un más allá del desierto, que él se esforzaba
en descubrir con su vista perturbada alargando el brazo al pie de la montura de
su jefe de cateo, una cadena mucho más rica que la de Sierra Gorda, y que en
remotos años había sido conocida por un indio llamado Osorio, como el
descubridor de Tres Puntas. Según una vaga tradición recogida por Garabito en
Cobija, donde persiste todavía, Osorio había comunicado el gran secreto de su
hallazgo de plata a dos vecinos de aquel puerto, único punto habitado en ese
tiempo en todo el litoral boliviano; y éstos, conducidos por el indio
descubridor, se internaron cierto día en silencio por las vastas soledades que
de aquel paraje conducen al despoblado.
Hasta aquí la historia, es decir, lo corriente y lo verosímil.
VII
Pero sobrevino a la leyenda la tragedia, y esta fué espantosa.
Del indio y de uno de los hermanos no se volvió a saber jamás, y del
segundo hermano solo se sabe que, como perseguido por la sombra de un crimen
misterioso, fantasma del desierto que en todas partes seguía sus pasos, regresó
loco a Cobija, donde a los pocos días murió encerrado en melancólico
impenetrable mutismo, dejando un afligido hogar que aun no se ha extinguido por
completo.
VIII
¿Qué había sucedido?
Ignórase ello todavía; pero cuando Caracoles fué descubierto corrió la
voz que antes que los cateadores de Díaz Gana, el indio Osorio había encontrado
la riqueza, y que por hacerse exclusivos dueños de ella los dos pérfidos
hermanos a quienes había hecho partícipes de su tesoro, lo asesinaron, muriendo
uno de ellos en la brega y escapando el otro aterrado y enloquecido por el
miedo y el hambre hacia Cobija.
IX
Tal era la tradición de Caracoles, como la del derrotero de los Tres
Portezuelos que precedió a Tres Puntas, y no era esta la única que marcaba su
derrota, porque se ha contado más tarde la historia del Cenizal, según la cual
un oficial argentino, huyendo de Quiroga, «el tigre de la Rioja», pasó en su
peregrinación con su asistente por un sitio sembrado de fragmentos de plata
eruptiva, y en el cual los caballos se perdían hasta la rodilla en una ceniza
plomiza como la de los volcanes. El emigrado argentino llevó su rumbo a
Concepción, y cuando iba a organizarse allí una compañía de cateo, murió de una
manera más o menos singular, como todos los descubridores mitológicos, o
semi-mitológicos.
X
El infatigable cateador y explorador del despoblado de Atacama don José
Santos Ossa referíanos también, con muchos más visos de verdad, que cuando por
los años de 1867-68 se dirigía a Potosí, por la via de Calama, para obtener la
contratación de los yacimientos de salitres que acababa de descubrir en
Antofagasta, oyó decir en aquel lugarejo que un leñador indígena había traído
una carga de ricos rodados y revelado el paradero de sus matrices a un joven
boliviano, que era poeta y abogado, alumno de un colegio de Santiago, y que
poco más tarde, como el descubridor Osorio, murió trágicamente, arrastrado al
suicidio por honda desdicha de familia. Caracoles no ha hecho felices.
XI
Sea de ello como quiera, y mientras el indio Garabito hablaba así en el
desierto, su animoso patrón no queriendo dar la desairada vuelta del desengaño
a Mejillones, resolvió proseguir su jornada hacia la nueva y misteriosa sierra
de la plata. y en consecuencia, despachando de regreso a Mejillones a Reyes y
al indio idiota o falaz, lanzóse con la madrugada hacia lo desconocido.
Ignora hoy el descubridor de Caracoles hasta que punto geográfico del
desierto llegara en aquella excursión aventurada; pero ha supuesto, por ciertos
indicios posteriores, que debió descender algo al sur del actual asiento del
mineral, tal vez en la vecindad del paraje denominado la Isla, porque cuando
dio la vuelta, fué a aparecer sobre el litoral al sur de la caleta de la Chimba
(hoy Antofagasta); y allí lo socorrió un pobre minero de cobre que tenía en
habilitación un marino y un héroe chileno: — Manuel Thomson, capitán de
la Esmeralda.
XII
No había alcanzado Díaz Gana de su esforzada excursión otro fruto que la
engañosa leyenda de Garabito y un rodado que al pié de un ancho y elevado
crestón recogiera como distraído al pasar. Su compañero, el perito Saavedra
declaró que aquel metal no era cobre sino hierro, y solo por curiosidad apeóse
de la mula el descubridor a recogerlo en sus alforjas.
Mas apenas hubo el último regresado a Mejillones, ensayó el guijarro, y
con asombro suyo dióle ley de 800 marcos de plata.
Caracoles quedaba así a medio descubrir, aunque según opinión de Díaz
Gana el reventón de donde extrajo aquella muestra y que a su juicio es el más
rico venero de aquella comarca, no ha sido definitivamente hallado. El, al
menos, aunque le buscó más tarde, cien quilómetros a la redonda» no volvió a
reconocerlo, tal vez a virtud de los mirajes del desierto que son las mudables
decoraciones de su inmenso escenario.
Dio, sin embargo, lealmente aviso el cateador de Mejillones a sus
habilitadores de Valparaíso de aquel feliz encuentro, y como la empresa y el
poder legal de aquellos fuera solo para descubrimientos de cobre, negáronle de
la manera más terminante no solo recursos sino aun el permiso necesario para
volver en demanda de su propio derrotero. Caracoles, como Méjico, iba a ser el
fruto de una generosa desobediencia.
XIII
Díaz Gana escribió en efecto a uno de sus amigos le enviase un cateador
de plata, y no tardó en aparecerse éste en Mejillones, despachado desde el
Huasco por el conocido minero don Fabián Martínez, quien encontró a su hombre
en la cárcel; y para cumplir con la petición de su colega, sacóle de ella
pagando alguna multa o empeño, por cierta fechoría o cangalla de
que le acusaban.
Era este último personaje el célebre José Ramón Méndez, más conocido con
el nombre de «Cangalla», natural de Arqueros, donde había nacido junto con su
descubrimiento en 1825. Era un hombre grueso, cobrizo, tirando a mulato y debía
su nombre de guerra a su notoria habilidad de traficante de metales ricos
furtivamente extraído de las canchas. Era de él de quien los mineros de Copiapó
contaban que había ganado en una apuesta una onza de oro a Jotabeche porque a
su vista le robó un trozo de cangalla, machucándose un dedo con el combo con
que hacía en su presencia la chanca, de suerte que, dando un grito de dolor,
aprovechóse de él para esconder la cangalla en su culero. [83]
XIV
Apenas hizo «Cangalla» su aparición en Mejillones en los primeros días
de marzo de 1870, el señor Díaz Gana organizó inmediatamente su segunda
caravana y lanzóla al desierto, llevando por jefe a Méndez y por guía a
Saavedra. Iba ésta montada en seis buenas muías gordas, llevando dos más
cargadas de agua y víveres. Componíanla, además de los nombrados, su peón de
mano Reyes, un arriero de Limache llamado Sagredo, que iba a cargo del agua, y
un pobre hombre natural de Petorca llamado José Porras, quien se encontraba en
Mejillones aguardando el paso regular del vapor del norte para volverse a su
tierra «a criar gallinas» con 80 pesos que había ganado en la aguada de
Naguayán, y a quien, en lugar de la nave que aguardaba apareciósele la virgen
por el rumbo de tierra, pues hoy el empresario de gallinas tiene la suya con
sus huevos de oro en los sólidos nidales del Banco Nacional...
En cuanto al arriero Reyes, no conocía más piedra que la de su yesquero,
pero por la novedad quiso ir, cambiando su sueldo fijo de sirviente por la
esperanza de los millonarios.
La prima y el galardón de cualquier hallazgo sería la mitad de lo que la
compañía adquiriese en su incierta jornada, según el pacto verbal que los
cateadores ajustaron con su habilitador de Mejillones.
XV
Como el coronel Sotomayor en la jornada de Calama, los expedicionarios
de Mejillones se dirigieron al cerro de Limón Verde, especie de agria isla que
se alza en la pampa salitrosa del desierto, y allí llegaron en la madrugada del
23 de marzo de 1870. Pero el sagaz jefe de la caravana no iba a aquel estéril
promontorio como a un campo de cateo sino como a un divisadero; y en efecto,
columbrando hacia el oriente y a doce leguas de distancia las lomas entre
amarillentas y plomizas de Caracoles, dijo a sus compañeros: — ¡Aquel
es panizo de plata, y allá vamos!
En el acto mismo torcieron rumbo, los dóciles cateadores, y aquella
noche se alojaron al pié de las colinas, que unos pocos meses después serian
una página más del libro de las mil y una noches que encierra todas las
fantasías y todos los apetitos de la insaciable gula del alma, que apaga en el
pecho del hombre aun la gula de la sed.
XVI
De madrugada el 24 de marzo de 1870 los cinco cateadores, Méndez,
Saavedra, Reyes, Porras y Sagredo estaban de pie, y conforme al antiguo
precepto de don Diego de Almeida, el rey de los cateadores del desierto, la
ruda compañía echaba pié a tierra para explorar y para descubrir. El cateador y
el minero son infantes, y bien lo probaron en los campos del Perú el regimiento
Atacama y el regimiento Coquimbo.
XVII
Guiados por la ciega diosa de la fortuna, los cateadores se habían
apeado de sus muías no lejos de la región que hoy se llama de las Descubridoras, de
suerte que su rebusque iba a ser breve y prodigioso. Dejando a Sagredo a cargo
de las muías los cuatro compañeros se internaron por la quebrada de la Deseada,
y a poco andar Reyes, el más ignorante de la comitiva, tropezó con un tosco
rodado que pesaba tres arrobas y cuya ley de plata, a juicio de Cangalla, no
pasaría de cinco marcos. Llamóse este hallazgo La Suerte, pero el
nombre no dio correspondencia a la ventura, y prosiguieron.
A poco trecho, y al agacharse al suelo otra vez el afortunado peón
Reyes, alzó algo del suelo que hacía sonar golpeándolo contra una botella de
agua que para la jornada llevaba. La piedra era negruzca, redonda y blanda, y
Reyes confesó más tarde que la había recogido del suelo por «bonicha».
No se encontraba Méndez en ese preciso momento en el grupo, y cuando se
les reunió, disputaban entre Saavedra y Porras sobre lo que aquello sería,
cuando tomándola en una mano y apuñaleándola con la otra con el cuchillo del
cateador gritó el jefe de la cuadrilla: — ¡Es plata!
XVIII
El humilde peón del Mataquito había descubierto el grupo de la Deseada, y
en ese momento aquellos hombres calzados de ojotas estaban pisando sobre una
red de vetas argentíferas que en diez años rendirían veinte millones de pesos a
sus afortunados dueños. Méndez, describiendo pintorescamente las emociones de
aquel momento, contaba que al decir que el rodado levantado del suelo por Reyes
era plata, Saavedra se había «asustado», y como hombre que ha visto ni diablo,
bajóse el sombrero a los ojos y se quedó cual los otros, estático. Reyes, sin
embargo, después de una pausa echó a correr, como para gastar, a guisa y hábito
de arriero, su indescriptible felicidad en sus piernas; y esto que en otros
parecería excéntrico, es de sobra natural entre tan infelices gentes. Cuando
tres años más tarde Araya Sierralta descubrió los espléndidos reventones de la
Florida, uno de sus secuaces llamado Quiroga, se dio instintivamente «una
vuelta de carnero» y otro se abrazó de uno de los crestones como si hubiese
sido de una mujer querida después de larga ausencia.... ¿Y por qué no? Aquellos
indomables luchadores con el infortunio y con la suerte, que pasan su vida
entera en pos de una esperanza, encuéntranla al fin sentada en su camino, y
llenos de loco regocijo delante de Dios, la desposan. Una mina así hallada («
¡al fin hallada!») es para el cateador de profesión más que el hogar, es un
don, un altar del cielo.
XIX
“Saavedra, Méndez, Porras y Reyes, (dice, haciendo una vivida
descripción y de esta escena del desierto el publicista don José Victorino
Lastarria, que fué uno de los primeros en llegar a Caracoles), el último de los
cuales llevaba a su cargo las bestias y los bastimentos de la caravana,
llegaron a la meseta que sirve de nacimiento a aquellas hermosas y pardas
lomas. Mientras los tres primeros majaban su charqui y se aviaban para entran
en distintos rumbos, Reyes, que había terminado antes su tarea, trepaba el
suave declive y alzaba rodados de plata, donde hoy están la Merceditas y
la Deseada, y proseguía al sur recogiéndolos en distintas
direcciones, sin saber que valían, y por si acaso. ¡Cuando está de Dios
alcanzar a senador!... Más tarde se junta con Méndez y los otros, que hablan
hallado también rodados y rayado crestones de plomo con sus cuchillos. Cada
cual hablaba de su bue na fortuna, y Reyes callaba. No sabía si había hecho un
disparate, que provocaría la risa de aquellos maestros del arte. Al fin, lo
arriesgó todo y dijo: —«Yo también he hallado,» —mostrando sus piedras.
Cangalla saltó, admiró y le disputó la primacía, porque él había hallado vetas
donde Reyes halló rodados, y rodado donde éste había topado con un crestón de
cloruros. Sin embargo, todo pasó entre amigos felices y contentos, y dos de
ellos se fueron a la costa, en busca de su patrón. Hablan hecho al lado de Díaz
Gana el papel de Sancho Mundo al lado de Colón. El descubrimiento estaba hecho
y aquel solitario y seco desierto seria en poco más un centro de activa
población.” [84]
XX
Prosiguieron en seguida los cateadores de Méndez avanzando por un campo
que, según la expresión del último (a quien la oímos), renegreaba de riquísimos
rodados, y a pocos pasos el capataz de la cuadrilla, que sea dicho en
testimonio de verdad, fué el menos afortunado, creyó descubrir o atribuyóse el
hallazgo de la Flor del Desierto (que fué su favorita), y en
pos otra y otra veta. Caracoles no era una mina: era una comarca de plata y
estaba desde ese momento legalmente descubierta. Dejando en consecuencia el
agua que les quedaba a Saavedra, Reyes y Sagredo, partieron Méndez y Porras a
galope para Mejillones, dieron cuenta de su hallazgo a su afortunado
habilitador; marchó éste en consecuencia sigilosamente al mineral, y después de
haberlo reconocido concienzuda y laboriosamente durante dos meses, descubriendo
sus principales veneros, reservando a cada cual noble y honradamente su parte,
incluso a su socio y habilitador el barón de la Riviére, ausente a la sazón en
Francia, se dirigió a Cobija donde un mes más tarde fueron otorgados legalmente
los pedimentos de las descubridoras.
Díaz Gana se reservó doce barras a título de descubridor, partibles por
mitad con su socio y cedió la otra mitad a los cateadores. más como algo más
tarde aquél vendió sus derechos a una compañía en millón y medio de pesos (6
barras) resultó que lo que «Cangalla» y sus compañeros habían descubierto a
flor de tierra el 25 de marzo de 1870 valía 6 millones de pesos, como mínimum.
Hoy, probablemente, y a virtud de combinaciones, habría sido valorizado en el
tres tantos de ese subido precio.
XXI
Tal fué el descubrimiento del último mineral de fama vasta y notoria
ejecutado en esta parte central de la América. No se hallaba propiamente
ubicado en suelo chileno, sino, por un grado de diferencia, en territorio de
Bolivia. Pero chilenos fueron los descubridores, chileno el capital, la
industria, la labor, el esfuerzo, el porvenir mismo, porque desde aquel momento
parecía ley ineludible del destino y de la geografía, que aquella zona regada
primero de sudor generoso y más tarde de nobilísima sangre, habría de caber en
el reparto de la justicia a los pueblos que perseveran y trabajan.
Ocurrió también una circunstancia extraña y reveladora en aquel paraje,
mientras el descubridor Díaz Gana y sus cateadores estudiaban y deslindaban
tranquilamente el mineral descubierto; porque por todas partes, y especialmente
en el fondo de la quebrada que hoy se llama de la Deseada, encontraron
visibles las huellas de un tráfico antiguo, acentuado y continuo, que el cierzo
helado del desierto parecía haber petrificado en las colinas.—¿Era entonces
cierta la nebulosa leyenda del indio Osorio y de (dos hermanos de
Cobija?»... [85]
Capitulo XV
La vida y la explotación mineralógica de Caracoles.
(Sus descubridores.)
El ajio de Caracoles, sus poesías populares y sus veinte y nueve
sociedades anónimas. —La alta y baja finanza. —Carácter geológico y
mineralógico de Caracoles. —Extensión de sus mantos estratificados y carencia
de una veta real. —Opiniones del señor Lastarria y prodigiosa formación de la
Deseada. —Variedad de sus metales. —Opiniones acertadas de los ingenieros
Abásolo y Stuven sobre la estructura del mineral. —Ratifícala después el señor
Domeyko. —Organización de las faenas de explotación y su gran rendimiento en
1872. —Enormes gastos en fletes y mezquino sistema de la repartición de
metales. —Tarifas de las compañías beneficiadoras. — Administración de las
Descubridoras! por don Uldaricio Prado y certeras opiniones de este
mineralogista. —Administración de don Pedro Lucio Cuadra y su juiciosa
dirección de los trabajos. —La producción de Caracoles en los cuatro primeros
años de su existencia computada por minas y por faenas. —Sus gastos en la misma
forma. —Su producción total hasta la fecha y sus gastos por grupos y por minas.
—Comienza la decadencia prevista del mineral. —Su estado en 1880 y 81. —La
Union Deseada. —Primer semestre de 1882. —“¡Confiad y esperad!...”. —Producción
de las Descubridoras de Caracoles hasta 1881 y cuál ha sido la suerte de los
descubridores de esa riqueza.—El barón de la Riviére en Metz, en Caracoles y en
Madrid. —Don José Díaz Gana en su palacio árabe de la Alameda y en su choza
indígena de Pocochay.—Sus nobles hechos. —Destino fatal de Méndez Cangalla y de
Saavedra. —En lo que paró la casa de comercio de Reyes y Compañía, y afición
que ha quedado a su socio capitalista por los cateos de plata. —El descubridor
Porras, y como éste regula sus depósitos en el Banco Nacional. Anexos.
I
No cabe dentro de la índole puramente experimental, demostrativa e
histórica del presente libro (bajo concepto alguno financiero) dar cuenta de
los fenómenos del ajio que por la primera vez hizo nacer en los mercados
centrales de la alta y baja finanza el descubrimiento de Caracoles, y que
recordaba los que pocos años antes habían despertado en San Francisco y en
Nueva York las célebres vetas o lodes y bonanzas de Nevada.
Bastará por ahora decir a ese respecto, para enseñanza actual y futura, que
arrastrado a través de los mil engañosos prismas de que padece el hombre por la
fiebre y hervor de su propia sangre o la del oro, que son afines en sus
síntomas y en sus resultados, vióse el país, como comunidad, sumergido tres
años más tarde en el pánico y desastre de una inevitable liquidación de
ilusiones y de errores guardados en las carteras de los bancos, operación
inevitable que le atrajo crisis intensa y prolongada que a la larga postró sus
fuerzas, y condújolo, como consecuencia forzosa, a la moneda legal de papel,
después de haberlo desangrado de su último peso de plata de Caracoles. [86]
II
En cuanto a la potencia y a la naturaleza mineralógica del hallazgo y su
porvenir, los primeros hombres de juicio, de experiencia o de saber técnico que
allí llegaron, no padecieron engaño. Caracoles era un vasto campo de plata, un
gran panizo argentífero, algo como el célebre Comstock lode de Nevada, pero
concentrado solo en la ancha, irregular y portentosa masa del grupo de las
Descubridoras llamado el Primer Caracoles. Mas, fuera de allí, no
existía una vela real como en los cerros de Potosí y Chañarcillo, sino una
diseminación gradual de estrechas grietas saturadas, por la acción volcánica y
del mar, con débiles cloruros de plata, que iban degenerando, aun en las
descubridoras mismas, a medida que se alejaban de su centro, es decir, a medida
que profundizaban. —La mayor riqueza de Caracoles se encontró, según lo observa
el señor Domeyko, a ejemplo de lo que había sucedido en Agua Amarga, en Arqueros y
enTres Puntas, entre los 40 y 50 metros de profundidad. La mesa
de piedra, o manto broceador, tan justamente temido por los mineros,
comenzaba a aparecer inmediatamente en pos. [87]
III
Los primeros exploradores científicos que tuvo Caracoles, entre los que
es justo citar en primera línea a los ingenieros de minas Prado y Cuadra,
administradores de los descubridores, y a los ingenieros Abásolo y Stuven, que
reconocieron sus mantos en 1872 y 74, caracterizaron el panizo de aquel mineral
por sus fósiles, sus estratas y todos sus caracteres geológicos como del
periodo jurásico, a que pertenecen, en fondo calizo, todos los minerales
argentíferos de la zona central de Chile. Y para quienes han viajado, como
nosotros, al pie de los farellones blanquecinos y uniformes como un alto muro,
de las montañas del Jura francés, no sería posible dudar de la certeza de esa
clasificación, aun siendo legos.
Pero careciendo aquella formación especial de un centro común y
eruptivo, como el núcleo de Potosí y el de Chañarcillo, faltábale la veta
real, es decir, la vena aorta del mineral, y por consiguiente la corrida,
que es la que el minero persigue en aspas del descubridor para hacer sus
picados y sus pozos de ordenanza. Caracoles es un mineral por excelencia de
mantos o capas estratificadas, en las cuales las vetas,
a cada golpe de la barreta, se quiebran o desaparecen.
IV
Entre la mina Merceditas al norte y la Julia al
sur, la Descubridora al oriente y la Blanca Torre al
poniente, el campo de explotación extendíase un año después del descubrimiento
a una área, que el ingeniero don Vicente Abásolo estimaba en siete mil
hectáreas, esto es, a algo como la hacienda de Viña del Mar toda entera; y en
consecuencia, el malogrado mineralogista con certero presagio exclamaba: «Lo
que aquel mineral ha ganado en extensión lo ha perdido en condensación!»
Basta a este respecto decir que se llegó a trabajar una zona que se
llamó Tercer Caracoles, y ésta hallábase situada dentro de los
límites de Chile, al paso que el primero demoraba en los de Bolivia. Caracoles
ha sido ubicado en el grado 23 y tres minutos, a la altura de tres mil metros
sobre el nivel del mar (2.900 es la elevación casi andina de la Deseada),
y según el ingeniero don Enrique Stuven dista de Mejillones 197 quilómetros y
204 de Antofagasta. [88]
Siguiendo la opinión científica de Burat, el ingeniero Abásolo había
caracterizado a Caracoles como un yacimiento irregular metamórfico, y según
Stuven, que visitó el mineral cuando sus labores hablan alcanzado cierta
profundidad, sus metales más ricos y más fáciles de explotación habían sido los
cloruros de plata blanca de los mineros), siguiendo en pos, como en todas las
minas de plata de Chile, los metales fríos, o lo que es lo mismo, las diversas
combinaciones del arsénico y del antimonio con el criadero argentífero.
V
Por lo demás, en Caracoles, como en campo vasto y variado, las
aleaciones de la plata se han encontrado en infinita diversidad de caracteres,
según lo observa Domeyko, incluso en los antiguos y ricos negrillos
(sulfos yodurados de plata) de los descubridores de San Pedro Nolasco en el
siglo XVII, que en Caracoles han alcanzado una ley de fino de 68%; la plata
mercurial no menos rica y la plata córnea verde (cloro bromuro de plata), de la
que fué tal vez poderosa muestra la que en 1757 hallóse en un enorme rodado en
los suburbios de Copiapó. [89]
VI
Condensando todo esto con su lucidez acostumbrada, reflejo de la vivida
llama del laboratorio en su ancha frente, el ilustre químico que ha enseñado en
Chile a tres generaciones el arte de la metalurgia, se pregunta a sí mismo: «
¿Qué es lo que se ha observado de más notable hasta ahora en la formación del
cerro de Caracoles y de sus vetas, por los ingenieros que lo visitaron o
dirigen la explotación de sus minas? “ Y en seguida se responde:
Un terreno estratificado calizo-arcilloso, abundante en fósiles
(amonitas, terrebrátulas, nantiles, etc) cortado por infinidad de vetas,
recostado contra unas masas de rocas plutónicas porfíricas, .que según toda
probabilidad, marcan en esta parte la línea de demarcación entre los dos
sistemas de cordilleras.”
“Entre las vetas y cruceros que atraviesan este terreno, con
afloramientos ricos en plata, en el cerro que lleva el nombre de Caracoles
Primero, dos principales grupos de minas se distinguen, que hasta la fecha
millones de marcos de plata han producido. Uno de ellos se ha hecho célebre por
sus minas: la Flor del Desierto, la Deseada, la Cautiva, la Merceditas; el
segundo por las de San José, Empalme,Buena Esperanza, Niza.
Aquellas abundan exclusivamente en plata clorurada, que forma depósitos
enormemente anchos y atraviesa el terreno estratificado, compuesto de mantos
perfectamente bien determinados, y el relleno de estos
depósitos consiste en gran parte de detritus de estos mismos
mantos envueltos en cloruro de plata. Háyanse en el mismo cuerpo de la veta
la Deseada, impresiones de amonitas cubiertos de cloruro de plata.
Este grupo de minas se ve acompañado, y a veces atravesado, por pórfidos
eruptivos que parecen indicar la causa que acompaña esta riqueza. A trechos las
salbandas de la veta tocan por un costado la roca eruptiva y por el otro el
terreno estratificado, y la parte metalífera del depósito se halla entre has
dos distintas formaciones. Separándose la veta del pórfido eruptivo, que puede
considerarse como vivificador, y atravesando las estratas,
queda pobre y sin beneficio alguno.
»Los depósitos metalíferos del segundo grupo se hallan mejor formados,
sus cajas mejor determinadas, sus criaderos por lo general son de carbonato de
cal, mezclado con sulfato de barita y materias ferruginosas. En sus minerales
abunda plata blanca con cloruro, a veces con sulfuro de plata (negrillos). «Sus
grandes beneficios están también apoyados en pórfidos.» Aparecen en esta
corrida chorros o cruceros, que por lo general son pintadores.
“En la Descubridora, famosa por su riqueza, característica
por su criadero de sulfato de barita, se ve la veta bien pronunciada, que
atraviesa los mantos del terreno estratificado perfecto.”
“Pasaría los límites de este escrito y me harían falta los datos
necesarios sobre aquellas minas, si quisiera entrar en los detalles relativos a
cada una de las numerosas vetas de este inmenso asiento de minas que lleva el
nombre de Caracoles, y en que distinguen los mineros tres principales distritos
de minas llamados 1.", 2." y 3.".”
«Añadiré solamente que a poca distancia del Primer Caracoles señalan
los mineros unas como isletas del mismo terreno, atravesadas por vetas que en
las regiones más allegadas a los afloramientos ostentaron gran riqueza de
minerales clorurados, y que se hallan también acompañados de rocas eruptivas: —
un grupo de minas de esta parte lleva el nombre de la isla. »
“En general, los beneficios más abundantes en toda la extensión de las
minas de Caracoles se ven hasta ahora limitados a la región superior de las
vetas, que no pasa de 30 a 10 metros de profundidad, y en toda esta región casi
no se encuentra otra especie de mineral metálico que la plata clorurada,
mezclada con plata nativa. Suelen también aparecer casualmente cloro-bromuro o
yoduro de plata.
Exploradas las vetas aun más ricas a mayor hondura, se hallaron en
general empobrecidas en toda la extensión del cerro. Sin embargo, en uno que
otro lugar aun a cien metros de profundidad, vuelven a aparecer minerales de
plata sulfurada o de plata roja.”
“E1 mismo distrito mineral de Caracoles, particularmente el tercero,
abunda en vetas de galena argentífera, y lo que hay de más notable es que
aparece a veces en ellas galena al lado o a poca distancia de la plata córnea.”
“Los minerales de plata de Caracoles ya clorurados, ya yodurados o
sulfurados (aunque raros estos últimos), se hallan muy a menudo mercuriales,
formando especies que habían sido desconocidas hasta ahora en la
mineralogía”. [90]
VII
La organización de los trabajos necesitados por una explotación seria
fueron lentos en Caracoles. Vino primero la manipulación del agiotista, del
operador, como con propiedad se denominan a sí mismos los especuladores de
minas en Nevada y California, antes que la manipulación del operario, la
especulación antes que el trabajo, sistema profundamente dañoso a la industria
poderosa, porque malgasta y dispersa las fuerzas antes de emplearlas, y socaba
la confianza, llave del crédito, como éste es palanca de la producción. Estos
embarazos y mermas no obstante, tan solo el grupo de las ocho descubridoras
produjo en el año de 1872 la enorme suma de 415.955 marcos de plata fina que
valían más de 4 millones de pesos. Y este rendimiento arrancado a una sola
sección del mineral en su primera zona de profundidad, o sea entre los 20 o 40
metros verticales, se cuadruplicó en los dos años sucesivos de 1873 y 74, que
acumularon 1.684.403 marcos, o sea un valor de 17 a 18 millones de pesos, para
declinar en seguida. [91]
VIII
Y sin embargo de este enorme acopio de caudales extraído solo de la zona
norte del descubrimiento el mineral había correspondido esta vez de una manera
matemática a los pronósticos de la ciencia. Caracoles no era un Chañarcillo.
Era, al menos en su primera región, una comarca argentífera, pero no era una
veta real, como la que hacía las delicias y la potencia de los mineros
españoles; y desde el principio no solo los ingenieros que visitaban de paso el
lugar, como Abásolo y Stuven, sino los inteligentes administradores de las
descubridoras, Prado y Cuadra, estuvieron de acuerdo en su diagnóstico
subterráneo.
Después de dividir en tres grupos las ocho minas de aquella faena, esto
es, el 1° de la Deseada, Flor, Cautiva y Merceditas (que
era el más opulento); el 2° de la San José, Empalme y Buena
Esperanza; y el 3° de la Descubridora sola, el
administrador Prado se expresaba, en efecto, en los términos siguientes sobre
el estado de cada una de aquellas secciones, que habían profundizado el 1° de
julio de 1872 desde el mínimum de 18 metros (la Flor) al máximum de 42
metros la San José.
“He visto sacado de la Deseada un pedazo de impresión
de ¡¡¡amonita de cloruro de plata!!!”
“Por otra parte, estas vetas están acompañadas, y a veces atravesadas,
de pórfidos eruptivos que parecen indicar la causa que acompaña a esta
riqueza.”
“Separándose las vetas de ese vivificador, atravesando solas las
estratas, quedan pobres y sin beneficio alguno.”
“El segundo grupo es caracterizado por vetas bien formadas con sus cajas
determinadas, etc. Se encuentra en él todo lo que se exige de una veta bien
arreglada. Criadero por lo general carbonato de cal, mezclado, más o menos, con
sulfato de barita y con minerales ferruginosos. En los depósitos metalíferos de
este segundo grupo ha dominado la plata blanca mezclada en su mayor parte con
cloruro, a veces con metales sulfurados formando negrillos. Las vetas se
encuentran, a veces, dislocadas por chorros o cruceros que, por lo general, son
pintadores. Sus grandes beneficios, sin embargo, están apoyados en el pórfido.
En sus labores no se ha reconocido con claridad el terreno estratificado,
característico en el tercero y en el primer grupo. En este segundo grupo las
vetas ricas están acompañadas y a veces cruzadas por una ferruginosa, que se
separa de ella a más o menos distancia y que, según toda probabilidad, ha sido
la más moderna en su formación.”
“En el tercer grupo o mina Descubridora es
característica su veta por su criadero de sulfito de barita; es una veta muy
pronunciada que atraviesa un terreno estratificado perfecto. No es, ni con
mucho, tan ancha como las del primero, y mucho menos tan abundante. » Aunque
evidentemente, por ahora, es mucho más abundante y por consiguiente más rico el
primer grupo, creo, sin embargo, más importante el segundo y de más porvenir.
El tercero está algo distante de los anteriores.” [92]
IX
Escuchemos ahora al señor Cuadra, que hablaba cerca de tres años más
tarde, esto es, en enero de 1875, sobre cada mina en particular:
“La veta Deseada, dice en la página 15 de la memoria
administrativa de aquel año, en hondura, no ha continuado con su
potencia y recuesto acostumbrado, sino que a los 210 metros ha sido
arrastrada casi horizontalmente al oriente, disminuyendo, por lo tanto su
potencia.”
“En la Descubridora, cuyo beneficio se conservaba en todas
honduras, una vez que ha pasado los 110 metros, desapareció la guarda porfírica
que había acompañado a la veta y el panizo negro llegó a estrecharse con
ella esterilizándola. Los últimos 30 metros verticales de laboreo
van en broceo.”
“En las cuatro minas del grupo norte, Merceditas, Cautiva , Deseada y Flor
del Desierto, la zona del beneficio profundizó poco más de 50 metros.
Generalmente hablando, los primeros 30 metros han presentado los más
importantes alcances, y en los 20 metros siguientes las vetas disminuyen en su
riqueza, pero presentan todavía regiones de notable interés.”
“La veta en las minas de este grupo se encuentra en el contacto de una
formación estratificada y de una roca porfírica sobre la cual descansa la
primera. El pórfido constituye la caja oriental de la veta y el terreno
estratificado la limita por el poniente.”
“A la hondura de cincuenta y más metros y precisamente donde comienza el
broceo, aparecen en la formación secundaria del poniente mantos negros más o
menos compactos y muy generalmente con venas de yeso (sulfato de cal). Este
terreno, que constituye el verdadero panizo, se ha encontrado constantemente
hasta en los trabajos más avanzados de planes. En la Merceditas, a
la profundidad de 100 metros, este panizo negro no solo se encuentra al
poniente de la veta sino también al oriente, quedando por lo tanto interpuesto
entre la veta y el pórfido un cuerpo de panizo negro.”
“E1 pórfido del oriente se conserva sin variación sensible en las cuatro
minas, cualquiera que sea la hondura a que se ha reconocido. A juzgar por los
trabajos actuales, el espesor del panizo negro en la Deseada excede
de 150 metros de potencia.”
“Este panizo en las minas del grupo norte ha sido enteramente broceado,
si se exceptúa la pequeña mancha de beneficio encontrada en la Deseada, a
cien metros de profundidad.
“En la Deseada la veta en la mayor hondura se conserva
con sus caracteres distintivos y con una potencia que fluctúa, entre uno y
cuatro metros.”
X
Y en seguida, entrando en menos halagüeños pero instructivos pormenores,
el mineralogista administrador agrega sobre la condición que habían alcanzado
en menos de cuatro años de labor las principales minas del grupo confiado a su
hábil dirección científica lo que en seguida copiamos:
“Cautiva. —He dicho ya, al hablar de los trabajos
interiores, que la Cautiva ha reconocido toda su sección
superior, en que se han encontrado beneficios de un extremo a otro. Los mayores
alcances que ha tenido en el año de 1873, fueron cerca del deslinde con la
Deseada. Extraído el metal de esos alcances, ha llevado una vida escasa y sin
expectativas. La limitada producción de los últimos meses, que apenas ha
llegado a 800 marcos, la ha hecho con dificultad. No tiene ningún
núcleo de metal que pueda garantizar su producción para lo futuro. Aun
el metal de baja ley es escaso, y no sería extraño que en el curso del próximo
semestre se viese obligada a suspender su explotación.”
“La principal expectativa de la Cautiva depende del
alcance en planes de alguna de sus vecinas, Deseada o Merceditas.”
“Merceditas. —-En el semestre de que doy cuenta, no ha
tenido esta mina ningún buen suceso que haya contribuido a volverle su anterior
renombre.”
“Del mismo modo que la Cautiva, en los últimos tres
meses ha pagado sus gastos con la venta de metales pobres y aun le queda un
saldo de 3,938 pesos 31 centavos para abonar a sus gastos de enero. La Merceditas
tiene interiormente, en los restos de sus alcances, mayores recursos que
la Cautiva; allí hace todavía algunas investigaciones.”
“San José . Algunos reconocimientos hechos en esta
mina, en la región superior, produjeron una corta cantidad de metales con 40
marcos de ley, que no alcanzaron para cubrir sus gastos de explotación.”
“Empalme. —Como se ha dicho en varias correspondencias, las
labores de esta mina se encuentran con beneficio muy pobre, que en las actuales
condiciones del mineral no conviene explotar. Según lo que antecede, se ve que
en el mes que corre la producción de las minas descubridoras, sin mayor
esfuerzo, excederá de 25,000 marcos, producción que no es difícil se sostenga
por todo el año que corre.
XI
Tal había sido la variada vida del mineral de Caracoles en su parte más
potente durante los cuatro años con-idos desde 1871 a 74.
En 1875 la producción siguió el mismo vaivén de la crisis de las
exageraciones, como la sombra sigue la opaca silueta del fantasma. En el
segundo semestre de 1875 el grupo de las descubridoras, que representaba cerca
de los dos tercios del mineral, había producido solo 51,070 quilogramos de
plata que, desechando fracciones, importaba como precio bruto solo 1.379,615
pesos. [93] El total de la producción del año 75, tomados
en, conjunto sus dos semestres administrativos, importaba 1.702,717 pesos, o
sea cerca de 80,000 pesos menos que en 1872, cuando se disponía de muy
inferiores elementos para la explotación en grande escala. El mineral decrecía
al ruido de sus máquinas a vapor y al silbido lejano de las locomotoras de
acarreo que venían un poco tardíamente en su socorro.
XII
En cuanto a los años anteriores, he aquí un cuadro que resume con la
rigidez de las cajas de piedra de una veta real la existencia de Caracoles
contada en los siete semestres, que en seguida extractamos desde 1871 a 1874[94]:
La mayor pujanza corresponde, según se ve, al segundo semestre de 1873.
Inmediatamente en pos viene la languidez.
XIII
La vida de Caracoles desde 1876 hasta el presente podría compendiarse en
la poética expresión que uno de los más constantes, valerosos e inteligentes
administradores de las Descubridoras (que según entendemos lo es todavía) don
José Tomás Cortés, apuntó en una de sus memorias con rótulo a los socios:
—«¡Confiad y esperad!»
Pero de su contabilidad que no tiene la dulce elasticidad de las
palabras del novelista francés ni la magia de su eco en aquellos áridos
farellones, sino el helado laconismo de los metales fríos, aparece que el grupo
a que hemos contraído nuestra atención, y que al decir general ha representado
y representa hoy todavía los dos tercios de la fuerza productora de aquel
mineral, le asignan una muy hermosa carrera durante su primera década.
Según los libros de esa faena, que se juzgan como un modelo de
contabilidad planteada por don Ramón Espech y llevada hasta último día del año
de 1881 por su inteligente administrador ya citado, arroja el siguiente pingüe
y exacto resultado que ahorra comentarios.
quilogramos de plata fina contenidos en 775.973 511/ 4 quintales
métricos de mineral de ley común de 76 D.M. que al precio actual del quilogramo
($34) equivalen a un valor de 20.095,431 pesos.
Los gastos de las Descubridoras (incluso 34,276 pesos
21 centavos empleados en minas en broceo como la Suerte, el Delirio,
la Constancia etc.) ha ascendido en 11 años a más de siete
millones de pesos, arrojando el total de la negociación el siguiente gran
resultado.
Producción: $ 20.095,331 88
Gastos de explotación: $ 7.176,955
Producto líquido: $ 12.918,376 21
XIV
No se hallan naturalmente incluidos en estos valores ni el rendimiento
general de las diversas minas de Caracoles, ni los metales de baja ley y que
aguardan todavía en sus desmontes la fundición o el flete económico, ni los
relaves de los imperfectos ingenios que allí han sido establecidos, ni siquiera
los productos que al presente explota el tenaz minero buscando la segunda
región argentífera, después del manto broceador. [95]
XV
Pero tomando en su conjunto este opulento mineral, puede asegurarse,
según datos recientes y más o menos auténticos, que su rendimiento total en
doce años no ha bajado de 46 millones de pesos plata, o sea mucho más de 50
millones, computados en el actual medio circulante inconvertible del país. La
demostración de tan ingente suma es sencilla, y ella consta del siguiente
precioso cuadro que nos ha sido enviado recientemente de Caracoles, después de
minucioso estudio y cotejo de libros de contabilidad:
Cuyo total, al precio medio de diez pesos marco, arroja un resultado de
cuarenta y cinco millones 636,850 pesos. [96]
XVI
Como el presente, para que pueda ser un libro de enseñanza, habrá de
ser, ante todo, un libro de verdad, es deber nuestro agregar que Caracoles,
aunque no exhausto del todo, vive de las migajas de su propio opulentísimo
festín, es decir, que respecto de sus descubridoras vive de su fondo de
reserva, que en abril de 1881 se hallaba reducido a 213,177 pesos, y el 31 de
diciembre de ese año alcanzaba solo a 174,971 pesos. [97] Las descubridoras produjeron en 1880 solo
8,669 quilogramos de plata que vallan 296,579 pesos, y como los gastos
ascendieron, según su prolijo y esforzado administrador señor Cortés, empeñado
en luchar a brazo partido con un tenaz broceo, a 279,454 pesos, apenas cupo
entre ambas cifras un alfiler que repartir a los accionistas. Pero éstos buscan
todavía la solución del problema de la segunda región con noble esfuerzo, y
la Unión Deseada, que es el nombre dado a este poderoso trabajo de
reconocimiento, llevaba el 1° de enero último una profundidad de 582 metros, es
decir, de más de cuatro cuadras de profundidad a cuerpo de cerro. En aquella
misma fecha el grupo de las descubridoras había recorrido 956 metros de labores
subterráneas, que hoy deben pasar de mil, y la Deseada, siempre halagadora,
cual mujer que fué hermosa y quedó coqueta, ha solido saludar el paso del
impertérrito minero con buches de metal, rosicler, plomo ronco y plata blanca
hasta de ley de 3,200 marcos . La Deseada, esta Valenciana de Guanajuato,
había producido hasta el 31 de diciembre de 1881 con un gasto de 2.495,158
pesos, la enorme suma de 1.237,471 marcos, que valían más de 15 millones de
pesos. En pos y en el orden de la opulencia seguía la Flor del Desierto, que
rindió en sus ricos pétalos 428,557 marcos con el costo de 1.550,501 pesos.
XVII
Por esto y mientras la ronca voz del enérgico director de las faenas
continúe gritando a las empresas desde el fondo de aquellas portentosas minas:
— ¡Confiad y esperad! no habrán de desmayar los últimos.
Y a fe que no sin razón, porque el grupo de las descubridoras que en
todo el año pasado de 1881 solo produjo 2,258 quilogramos de plata, lleva
rendido, según un balance inédito que tenemos a la vista, correspondiente al
primer semestre de 1882, el triple de esa suma, o sea 6,608 quilogramos, igual
a 28,731 marcos.[98]
La divisa de Caracoles es todavía: — ¡Confiad y esperad!
XVIII
Una palabra nos queda todavía por decir a manera de epílogo sobre los
hombres que fueron originadores de aquella riqueza y contribuyeron a difundirla
en el país, ya que no a guardarla (con una sola excepción) en sus propios mal
cerrados cofres, arcas de minero.
XIX
El barón de la Riviére, habilitador de los cateadores de Mejillones,
después de haberse batido contra los alemanes en Metz en 1870-71, vino a Chile,
visitó a Caracoles, vendió su parte en dos millones de pesos; gozólos y
gastólos a su manera en París; emprendió nuevos y florecientes negocios de
adoquinado de calles en Madrid; invirtió sus provechos en el castillo de
Persigny, y hoy probablemente hace o rehace o deshace su quinta o sesta fortuna
a orillas del plácido Sena. Su segundo, mucho más modesto, después de haber
puesto su caudal ingente a guisa de puntal de oro a la industria, a las artes,
a la amistad y a la ingratitud, sintiendo de nuevo crujir la angosta viga de
los desengaños bajo sus pies, sin dejar inmutarse su alma, viaja hoy del
palacio a la choza y vive otra vez como en su primera juventud en la montaña
trabajando personalmente una mina de cobre en Pocochay, departamento de
Quillota. [99]
XX
En cuanto a sus cinco compañeros los cateadores y descubridores del 25
de marzo de 1870, a ninguno de los cuales el señor Díaz Gana consintió en
comprar a volapié su porción de derecho, cosa que habrían hecho mil entre uno,
corrieron suerte parecida a la de su aviador, Méndez, arrastrado por indómita,
incurable afición, disipó su parte de cien mil pesos en los trapiches y
vendimias de Aconcagua. Exequiel Reyes, el afortunado descubridor que hizo en
el cateo no la parte de la flauta sino la del ejecutante, hallando una mina en
cada tropezón, puso sociedad de comercio, en Valparaíso con capital crecido y
con la razón social de Reyes y Cía., llevándose la última sílaba todo el
efectivo, sin dejar al socio capitalista más asidero en el naufragio que una
pequeña heredad que en la natal comarca comprara. Pero fiel siempre a su patrón
antiguo, suele aparecérsele en su «palacio de Caracoles» para proponerle
nuevos, lejanos y maravillosos cateos. ¿Y cómo hoy no habrá de andar en ellos?
XXI
De los tres que faltan de la cuenta, Saavedra, que había sido el más
fiel, dejóse arrastrar al vértigo y murió en la pobreza o vive en la oscuridad
y el abatimiento; Sagredo escapó una quintita en su buena tierra de Limache; y
más feliz y más rico que todos sus camaradas, el Porras de Petorca que solo
ambicionaba tener un humilde corral de gallinas, acostumbra de seis en seis
meses, bajar al poblado, entrar vestido de burdo poncho y sombrero calañés al
Banco Nacional, golpear tímidamente sobre la cubierta de caoba de su despacho
de cuentas de depósito, y cuando le han ajustado su saldo semestral de
intereses, que sube a algunos gordos miles, sálese sigilosamente por una de las
puertas, y vuelve a entrar por la otra para hacer el depósito a seis meses del
saldo recibido…
Y es así como los pollos flacos de Mejillones y de Petorca se han
convertido para el buen descubridor en los elefantes de la tesorería nacional,
en cuya robusta compañía vive y engorda. El único de los descubridores de
Caracoles que hasta hoy no se ha ido, según la expresión vulgar pero amoldada
—«a la porra», ha sido Porras.
Anexos al Capitulo XV
I
Lista de las sociedades anónimas formadas en Caracoles
en los años de 1871 a 1872.
A la nómina que precede falta que agregar algunas otras sociedades como
la Pizarro, Porteña, Victoria y otras
cuyos nombres no se recuerdan. El valor que representan las sociedades no
enumeradas parece no bajará de dos millones de pesos.
II
Tarifas de las Compañías Beneficiadoras de Metales de Caracoles.
Primera tarifa, conocida en el mineral el año 1871 que pagaba la
Compañía Comercial de Caracoles, única casa que hacía este negocio en la citada
época.
En el año 1871, cuando regía esta tarifa el tráfico de las carreteras
entre la costa y Caracoles se hacía por los puertos de Tocopilla y Mejillones,
con preferencia al de Antofagasta, y el flete por cada quintal español,
fluctuaba entre ocho y diez y de bajada entre tres cincuenta y cinco pesos. No
se compraban metales de menos ley que de setenta marcos.
La tarifa que precede fue pronto modificada a causa de haberse
establecido otras Id casas compradoras de metales, que trajeron una competencia
beneficiosa para el minero. Desde 1873 y hasta hace poco, existían ocho de
estas casas en el mineral.
Primera tarifa que pagó la Sociedad Beneficiadora de metales en su
establecimiento de Antofagasta, desde su fundación en 1873, por metales puestos
en cancha del expresado establecimiento.
Tarifa que actualmente paga la Sociedad Beneficiadora de Metales de
Antofagasta, por metales puestos en sus canchas.
Actualmente (octubre de 1882) se paga en Caracoles la tarifa precedente,
con deducción por flete a la costa por dos pesos quintal métrico, el mejor
precio conocido.
III
Producción calculada de las minas de Caracoles, exceptuando las Descubridoras,
según datos tomados de buenas fuentes.
Es indudable que al formar la nómina de las minas que algo han producido
en los distintos grupos del mineral, se nos habrán escapado algunas de ellas,
Pero esto no altera en manera alguna los cálculos que hemos formulado.
IV
Cuadro que manifiesta los gastos que ha originado Caracoles desde su
descubrimiento hasta el 3 de junio de 1882
Por los datos que se ha podido recoger, se calcula que los gastos hechos
en la explotación del mineral en general, con excepción de las minas
descubridoras, es mayor en un 50% a los hechos por éstas: cálculo que creo muy
aproximado. Tenemos, por consiguiente, que Caracoles ha producido 4 millones
563,085 marcos finos, que valorizados a diez pesos marco, forman un total de
45.636,850 pesos, y que ha gastado 18.333,430 pesos. Queda entonces una
utilidad de 27.303,400 pesos. La mayor producción de este mineral, todo su
apogeo puede decirse, fué desde mediados del 71 hasta fines del 77.
Los gastos de explotación en los primeros años, sobre todo, fueron
excesivos, pues los artículos de primera necesidad, a causa de lo subido del
precio de los fletes de la costa al mineral, tenían un valor exorbitante.
Un dato que parecerá increíble. El agua potable valía el año 1871 í
parte del 72, tres pesos la arroba; el agua salobre, la misma cantidad, para
los animales, dos pesos cincuenta centavos.
Pero lo que parece más increíble aun, es que actualmente la situación
económica de Caracoles y desde el principio de la guerra, o sea, desde que este
territorio entró a formar parte integrante de la república,
es, si no peor, igual a la que conocimos el año 71, cuando
todo era caro y para lo cual tenía razón de ser, como más arriba queda dicho.
Sin embargo, al presente los fletes de subida son de un peso cincuenta centavos
por quintal español, y los de bajada ochenta y cinco centavos. ¡El agua vale
cincuenta centavos arroba la dulce y diez centavos la salobre!
“El por qué de esta anomalía, se explica por la razón sencilla de que
los fuertes derechos de internación que tienen que pagar los artículos
necesarios para el trabajo y explotación de las minas, desde aquella fecha, han
hecho duplicar, y aun mas, el valor de ellos. En tiempo de la administración
boliviana, había liberación de derechos para casi todos, lo que era una
poderosa ayuda para la industria minera en estas regiones. Hoy nos encontramos
con que el mineral está en el más completo broceo, puede decirse, y con que, si
semejante estado de cosas no cambia, probablemente tendremos que abandonarlo
antes de mucho. No será posible, de ninguna manera, continuar trabajos de
investigaciones y reconocimientos, desde que todos los elementos que para ello
se han menester, tienen un precio exagerado, y por la misma causa no lo es
menos el jornal de los operarios. ¿Se preocupará de esta situación nuestro
paternal gobierno? Mucho lo dudo; y para así creerlo, tengo buenas y poderosas
razones.
Capitulo XVI
La Florida
El descubrimiento casual del mineral de la Florida en junio de 1873.
—Importancia de este hallazgo como solución de un vasto problema mineralógico
en el desierto de Atacama. —Como Araya Sierralta, minero de cobre de Cerro
Negro, buscando la veta de este metal, descubre el morro de la Florida y sus
vetas principales. —Sus camaradas de descubrimiento y el «rodado del burro»,
del peón. Quiroga, — Araya Sierralta se traslada a Chañaral y a Copiapó.
—Indescriptible excitación que este descubrimiento produce en las regiones
mineras del Norte. —Singularidad de los rodados de la Florida. —Primera visita
e informe pericial del ingeniero Campino. —La Placilla. —Obstáculos naturales
que encuentra el desarrollo de este mineral. —Plaga de pleitos y de denuncios
que los agosta. —Su considerable producción durante los meses de su bonanza en
1873-74, —Su rendimiento en 1875, y su estado actual. —Visita del ingeniero
Fonseca en diciembre de 1873 y .sus acertadas opiniones sobre el mineral de la
Florida. —Esperanzas. Anexos.
I
Uno de los más notables aspectos bajo el cual deberá mirarse por el
chileno, sea apire u hombre de estado, el descubrimiento de Caracoles, es el de
la comprobación efectiva, geográfica, mineralógica y geológica que allí se
obtuvo no solo de la abundancia de yacimientos metalíferos en el desierto, (lo
cual contradijeron antes del hecho sabios eminentes), sino la trabazón estrecha
de aquellos, casi sin solución de continuidad. Porque la piedra de plata córnea
maciza que en aquellas sierras recogió el arriero Exequiel Reyes, que no sabía
leer ni escribir, en la mañana del 25 de marzo de 1870, era una comprobación
evidente de la continuidad geológica de la cadena que comenzaba en Tres Puntas,
o más propiamente en Arqueros , Agua Amarga, y Chañarcillo para
ir a terminar a la distancia de 400 leguas en Huantajaya junto
a Iquique, por el lado del mar y en los minerales del Inca y SanBartolo hacia
Calama y su frígida cordillera, hasta los antiguos López de que habla Alonso
Barba.
Y esta importantísima solución práctica, que hoy puede contribuir mucho
más eficazmente que la puja callejera de acciones a establecer la verdadera
importancia industrial de los descubrimientos de Cachinal situados en el centro
geográfico de aquel sistema, recibió casi inmediatamente después del hallazgo
buscado e inteligentemente solicitado de Caracoles, una nueva y poderosa
manifestación, en una región intermedia entre Cachinal y Tres Puntas.
II
Tal fué el encuentro completamente casual del mineral de plata de
la Florida, ejecutado en el paralelo de Chañaral (25" 26') y a
70 kilómetros de este panto de salida, por un rudo aunque experto minero de
cobre, hijo de Vallenar, que trabajaba al pirquén una mina de ese metal,
conocida con el nombre de Carmen Alto, en los páramos
cupríferos de Cerro Negro. Llamábase este descubridor, que no era arriero como
Juan Godoy, como Cuéllar ni como Osorio, ni indio ladino como Chamblao, ni
cangallero como Méndez, sino un minero práctico y profesional, Ramón Araya
Sierralta, y se ocupaba en explotar pobremente una veta en aquellos solitarios
parajes, acompañado de tres barreteros cuyos nombres son o fueron Juan Antonio
Jorquera, Francisco Contreras y Matías Quiroga.
III
Como minero de cuna y de cuña, solía Araya echar su mano de cateo por
las lomas circunvecinas; y un día resolvió dirigirse con Jorquera a un picado
de cobre que existía en la falda de un pequeño morro y que un minero andariego
y de buen apellido (Casiano Segura) le había indicado como de seguro
rendimiento y ley de 14 quintales por cajón. Distaba el vistoso morro de aquel
corto derrotero, elegante miniatura del de Chañarcillo, como este fuéralo del
de Potosí, solo legua y media hacia el sur de la mina Carmen Alto,
y en una fresca mañana de junio de 1873, partió el pirquinero a hacer un
reconocimiento acompañado de su trabajador de más íntima confianza en la
cuadrilla, el ya mentado Jorquera. Como de costumbre en el desierto, no
llevaban los cateadores para tal empresa sino estos tres utensilios que cabían
en una alforja: una botella de agua, una cuña o yaucana, y tratándose de un
picado o veta abandonada, una pequeña lámpara de mina.
IV
Era probablemente día domingo, día de descanso, y como sucede casi
siempre en las empresas de cateo, los dos barreteros que se habían quedado en
la mina, Contreras y Quiroga, pusiéronse a seguirlos. Hemos oído decir que el
último iba caballero en un borrico, por pereza o por lo que pudiera acontecer.
Llegados al lugar designado al pie del morro, Sierralta prendió su
lámpara y descendió al picado de cobre, pero luego, y como desconsolado por el
chasco, volvió a subir diciendo a su compañero: — “Esto no es para nosotros.—Es
para ricos, porque el panizo es más de plata que de cobre.”
Este desengaño no obstante, y tal vez a causa de él, subióse Araya al
morrito, mientras Jorquera aguardaba sentado en el desmonte de la bocamina
despoblada. En este intervalo habían llegado, y después de descansar un rato
dieron la vuelta a su faena, Contreras y Quiroga, circunstancia que nada vale
pero que en los pleitos de descubrimiento es lo mejor de la veta para
tinterillos y abogados.
V
De repente oyóse en el portezuelo que da arranque al morro calizo y
blanquecino que se llamó desde entonces de la Florida un grito de alegría. Era
el eco sonoro de un nuevo descubrimiento, porque Araya Sierralta había
levantado del suelo un riquísimo rodado, y mostrándolo desde lejos a Jorquera
le gritaba con una palabra chilena: — Hombre, aquí está.... el nido de
los huevos. En una relación autorizada, escrita por uno de los propietarios
posteriores del descubrimiento, se refiere que la manera como Jorquera
manifestó su regocijo fué, según antes recordamos, dándose una vuelta de
carnero, lo que es propio de los hábitos gimnásticos del roto y del minero. A
los gritos volvieron Contreras y Quiroga, y alguien nos ha referido que este
último, empeñado en hacer caminar aprisa su asno, cogió del sendero un
guijarro, y al levantarlo para arrojarlo airado a la cabeza del anima!, notó
que era un macizo rodado de plata, por lo cual se dio a descubridor.
De regreso los últimos, pusiéronse los cuatro compañeros a registrar con
avidez el cerro, y en menos de dos horas encontraron los reventones de las dos
vetas que se llaman desde entonces Descubridora y Andacollo. El
principal, o más bien el único descubridor ofreció a cada uno de sus tres
compañeros cuatro barras de la Descubridora, reservándose
la Andacollo para partirla con un hermano. En seguida,
recogiendo de prisa los más ricos rodados, marchóse a su mina con Jorquera y de
allí a Chañaral en demanda, como Juan Godoy, de algún afortunado habilitador.
Contreras y Quiroga quedaron en el morro encargados de encubrir los crestones
contra intrusos, aunque fuera con sus cuerpos, aunque fuera con sus cadáveres.
VI
Llegado a Chañaral, procuróse Araya Sierralta 50 pesos; y llevando en
una carga sus más ricos rodados, marchó por tierra hacia Caldera, a cuya ciudad
llegó el 22 de junio y a Copiapó el 23.
Otorgados los pedimentos, regresó el descubridor inmediatamente a la
Florida; pero en la misma cartera en que guardaba aquellos, llevaba los pleitos
en enjambre, porque el infiel Quiroga, faltando a la confianza del amigo y del
patrón, se había bajado a Chañaral y dado la grita a la gula del metal; de tal
suerte que cuando el verdadero descubridor llegaba, vio desde la distancia
hormiguear el cerro de gente y de denuncios, que eran otros tantos litigios.
Fué el principal de éstos el de la mensura de estacas que el intendente de
Copiapó dio en persona el 2 y el 3 de setiembre a los que mejor título alegaron
al descubrimiento de la Descubridora y de la Andacollo,
«amparándolos, dice la diligencia posesoria, en nombre de la nación», como en
las posesiones antiguas se decía «a nombre del rey.» El perito medidor fué el
hábil ingeniero de minas don Samuel Valdés Vicuña, pero más fueron los
descontentos que los satisfechos con la rica merced. [100]
VII
Por lo demás, el descubrimiento de Cerro Negro, como se le llamó en los
primeros días, hasta que alguien inventó el poético nombre de La
Florida, popularizado por Garcilaso y por Lanmann y Kemp, alcanzó boga
extraordinaria, como hallazgo hecho en época de crisis, y supo a manera y sabor
de cazuela de ave para el estómago de un hambriento. «Ayer, decía una carta de
Copiapó publicada en el Mercurio del 30 de julio de 1873, se han presentado a
la diputación de minas pedimentos y piedras de un descubrimiento tal, que si no
hay engaño en cuanto al ancho y corrida de la veta, la cosa promete ser tan
magna, que tendremos un nuevo Chañarcillo. Caracoles no se le asemejará.
“La situación y riqueza es la siguiente: al noreste de Chañaral de las
Animas (puerto) y como a 15 leguas se encuentra el mineral de Cerro Negro, y
como a legua y media al sur de este mineral se encuentra lo descubierto. Hay
dos vetas principales que se cruzan: la Descubridora y
la Rosariode Andacollo. La primera, de norte a sur, es como de una
tercia de ancho, pero la segunda es de dos tercias cuatro dedos (al decir
minero). Los rodados y trozos de crestón que he visto son tan ricos que, sin la
menor exageración, es una semi-barra en cloruro de 8000 marcos por cajón. Nadie
pone en duda que las muestras son rodados, y los trozos de la veta indican que
es mineral superficial asoleado.”
“Los descubridores dicen que hay mucha rodazón y que la veta Rosario es
la mejor, y en toda su extensa corrida de manifiesto no es más que una
semi-barra tal como las muestras.”
“No te podré decir cuántos son los pedimentos solicitados; pero a las
dos horas de haberse sabido la noticia, la escribanía tendría unos cien
despachos.”
“E1 nuevo descubrimiento o mineral ya se le llama La Florida.”
“¿Para qué te hablo del entusiasmo desplegado por los activos
copiapinos? Básteme decirte que desde las doce del día de ayer principiaron a
salir compañías cateadoras a desafiar el desierto y otros toman el vapor que
sale mañana a las 9 A. M. para estar en Chañaral a la tarde. Creo, pues, que
Copiapó, Caldera y Chañaral se encontrarán honrosamente representados en las
asperezas del desierto por una falange de mineros esforzados.”
«Figúrate, decía otra relación del Copiapino, dos cerritos como el Santa
Lucia, uno a continuación de otro, unidos por un bajo portezuelo. En el del
norte está la veta Andacollo. ¡Y qué veta, Santo Dios! 75 centímetros de ancho
y la vena de metal tan rica, que algunos fanáticos mineros dicen que es como
queso. Digo así, porque se puede cortar con un cuchillo. ¡Dónde creerás que a
algunos les dan ganas de darles un mordisco a esas piedras, como haciendo la
intención de tragárselas.
VIII
Uno de los fenómenos más peculiares y característicos del nuevo mineral
del desierto consistía en su extraordinaria riqueza al sol (8 mil marcos por
cajón) y en su crecido número de rodados, casi todos de plata maciza, como si
aquellos conos hubiesen sido dos pequeños volcanes argentíferos, que en vez de
lava hubiesen arrojado un torrente quebradizo de plata a la superficie. “Los
rodados eran tantos, decía una carta familiar publicada en el Copiapino de
aquel tiempo, que los cateadores se me figuraban pollitos hambreados,
a cual comía más ligero. Estaban como jugando a la recogida. Hay un rodado por
el que su dueño pide mil trescientos pesos....”
“Y todo aquello no era un engaño, porque la veta Japonesa dio
por sí sola en nueve meses un millón de pesos y no fué menos prolífico el parto
mellizo del cono de la Descubridora. Hasta dos mil personas se habían
trasladado a aquel emporio, y antes de cerrarse el año del descubrimiento
«habíase formado allí (así dice una relación) una placilla a lo natural,
y así la vida se hace confortable. Ahí se come bien, aunque un poco caro, y el
agua, que al principio costaba 10, 12 y más pesos la carga, ahora me dicen
estar reducido el precio a tres. En el primer momento del descubrimiento un
caballo por- alquiler' importaba de 100 a 150 pesos, ahora lo tienes por 10.”
IX
Los hombres de ciencia se aunaban al ponderativo vulgo para augurar
venturosa prosperidad al floreciente asiento, y el ingeniero de minas Campino
que fué el primero en visitarlo, se expresaba en ese sentido en un informe
pericial que los diarios de Valparaíso publicaron el 13 de agosto de 1873, esto
es, 40 días más o menos después de la aventura de Sierralta y la vuelta de
carnero del peón Jorquera, (que en breve murió del golpe), del asno, de la
piedra y de la traición de Quiroga, todo junto en un solo drama. El último
también ha muerto ahogado en el pozo de una panadería en Taltal.
«En algunas muestras de las vetas de la Andacollo y de
la Descubridora, decía, en efecto, el perito ya nombrado, se nota
algo como si hubiese en ella plata blanca y efectivamente la hay, pero ella
forma una especie de escorificación superficial, proveniente de la reducción
del cloruro por la temperatura y acción atmosférica». “...Respecto de la
riqueza de la combinación metálica de los criaderos descubiertos y formación
geológica de la roca, no deja nada que desear para formarse una alta idea de la
importancia de lo que se ha encontrarlo en la «Sierra Florida», pero el rumbo
que indican los reventones con respecto a la dirección de la sierra, es lo
único que me hace abrigar algunas dudas, aunque en el de la Andacollo no
es tan notable por bucear, en ese extremo, la sierra hacia el naciente.”
“Esta circunstancia es observación particular que yo he hecho en todos
los distritos de plata descubiertos en el país, desde Arqueros hasta Caracoles;
y no solamente la encuentro confirmada en los criaderos argentíferos, sino
también en los cobríferos de la Laja, Tamaya, Higuera, Carrizal, Punta de
Cobre, Cerro Blanco y las Animas. Omito entrar sobre esto en explicaciones
detalladas por ser el asunto algo complejo para tratarlo en un informe de la
naturaleza y dimensiones del presente en que la premura del tiempo me obliga a
ser breve”.
X
Sin embargo, y desde la primera hora del denuncio de la Florida, mil
obstáculos surgieron para combatir su sano desarrollo, -la lejanía, lo
desamparado de los parajes, la carencia casi absoluta de agua que se vendía en
los principios al precio del mejor vino, la considerable distancia del puerto
de salida (Chañaral), todo era una barrera; pero ninguna superior' a los
pleitos.
Es ya a este propósito casi un axioma en las minas del norte que más
pingüe ganancia alcanzan los que no se mueven de sus casas y merodean en torno
de las escribanías, minas de papel en alcance permanente, que los que trabajan
y descubren con mil peligros en el desierto o la montaña, Y la suerte de Araya
Sierralta, que hoy arrastra existencia tal vez más infeliz que antes de su
hallazgo, es triste confirmación de lo que decimos. Desde Chañaral, Caldera y
Copiapó se denunció, en efecto, toda la comarca de Cerro Negro, pero solo al
rumbo y al tanteo, y algunos de los denuncios eran tan singulares y
extravagantes que según el distinguido y malogrado ingeniero don Enrique
Fonseca que visitó el mineral en diciembre del año del descubrimiento, muchos
de los pedimentos habían sido hechos de memoria y con indicaciones como ésta y
otras semejantes —“a cuadra y media de la Descubridora” o “al
norte de una de las Descubridoras”, y como el cerro de la Florida
no tenia sino una o dos cuadras de ámbito, resultaba que los recién llegados
iban denunciándolo sucesivamente entero y cada uno para sí…
XI
El mineral de la Florida, envuelto así desde su primer barretazo de la
guía en una nube densa de esterilizantes pleitos, no ha correspondido a las
esperanzas ni al bullicio que en torno de su característico mogote formó el
enjambre sin reina pero bien nutrido de zánganos, que llegó allí con el viento
de la fama.
Sin embargo, la riqueza mineralógica del panizo de la Florida estaba
perfectamente indicada por la configuración del terreno, las estratas y la
dirección de las vetas que el ingeniero Fonseca encontraba muí semejantes a los
de Agua Amarga. Y en consecuencia suponía que, una vez que confluyeran en el
fondo del cono las vetas de la Japonesa que, a su juicio, era
el núcleo principal, con las demás ramificaciones, se produciría lo que los
mineros llaman el empalme, y como consecuencia, una extraordinaria riqueza.
«Una observación digna de notarse en este fenómeno, dice a este respecto el
señor Fonseca, tan prematuramente fallecido para la ciencia y su renombre,
observación confirmada en todos los minerales de plata de esta provincia, es
que, cuando dos veneros se cruzan, cualquiera que sea su potencia, produciendo
empalme o simple crucero y beneficio en él, la extensión horizontal en que la
riqueza existe es tanto mayor cuanto más agudo es el ángulo de encuentro, ya
sea que se crucen dos criaderos o uno con un crucero, y según que los recuestos
sean en el mismo sentido. Ejemplos de este fenómeno se tienen en suma
abundancia. Así, en la mina Andacollo, de este mineral, se verifica
que el beneficio actual está en el empalme de la veta Oriente con
el manto Andacollo. En la Buena Esperanza del
mineral de Chimbero los más ricos beneficios han estado extendidos en la serie
de empalmes de los diversos mantos de esta mina con la veta Buena
Esperanza o de los mantos entre sí. En las minas Carmen y Virginia de
Lomas Bayas, la riqueza abundó asombrosamente en el empalme de la vetaTercera con
la Farellón. El empalme de las guías de la Huana con
la veta Descubridora de Chañarcillo, produjo el enorme beneficio,
riqueza y abundancia de que jamás mineral de plata en el mundo ha dado ejemplo:
¡20 millones de pesos de producto líquido en una sola mina! El empalme de las
mismas guías con la veta Candelaria en el manto de Peralta, etc.
Cuando el ángulo de empalme es recto o próximo a serlo, el beneficio, si
existe, no tiene extensión horizontal notable, generalmente menos que mediana,
casi nula. En este caso, en la vertical suele tener alguna importancia, lo que
depende exclusivamente del espesor de los panizos bondadosos del terreno,
siendo de notar que solo la mina Retamo del mineral del Romero haya
dado una suma respetable de marcos de plata en cruzamiento de esta especie,
pues todos los demás conocidos hasta ahora no han dejado de que hablar ni
provecho para recordar. En la Florida pueden citarse en este caso las
vetas Santa Rita, Buena Vista, Descubridora, etc.
XII
En sus rápidos días de bonanza (1873-74) la Florida produjo dos o tres
millones de pesos al sol. Pero a corta profundidad dio en un broceo persistente
que dura todavía. Según Domeyko, la producción del mineral fué en 1875 de
184,588 quilogramos de metal que produjeron 3,167 quilogramos de plata, lo que
evidenciaba todavía, peso por peso, en la mano y el crisol, la riqueza
intrínseca de aquellos. Los trabajos de las faenas se continuaban en esa época
en nueve pertenencias y con 198 operarios.
XIII
Desde aquel tiempo van corridos siete años, y éstos han sido los de las
vacas flacas del sueño faraónico. El mineral ha continuado costeándose en sus
dos vetas principales (como la Mercedes, de Arqueros)
pero sus animosos dueños no desconfían del porvenir, y todos los días aguardan
el venturoso telegrama del alcance eternamente esperado, pareciéndoles que ya
ven pacer en el árido páramo, convertido en risueño vergel, el hato gordo y
lozano del rey egipcio. [101]
Pero las aguas del Nilo no se han hinchado todavía, la campiña no ha
sido inundada, y los mineros de la Florida, como Hernando de Soto en las
márgenes del Mississippi, viajan sedientos en busca de la fuente de la vida,
que otros han creído hallar algo más lejos, al pié de las áridas arenas que
llevan el nombre, un tanto nebuloso todavía, de Cachinal de la Sierra.
Anexos al Capítulo XVI
I
Cartas sobre el Mineral de La Florida.
(Fragmentos)
Pan de Azúcar, setiembre 2S de 1882.
Señor
B. Vicuña Mackenna.
Santiago.
Apreciado señor:
Hallábanse trabajando en un pirquén, en la mina Carmen Bajo,
propiedad de Francisco Orrego (mineral de Cerro Negro) ño Ramón Araya, ño
Quiroga y ño Contreras; todos barreteros como Jorquera que había llegado de
visita.”
“Los tres primeros se convidaron para ir al cerro de la Florida, que
hasta ese entonces solo había sido considerado como panizo cobrizo, y en cuya
punta sur existía la mina Santa Rosa, que en época lejana había
trabajado en ella el estimable y desgraciado minero y comerciante don Liborio
Ortiz, administrador más tarde de la Exploradora, que hoy,
después de engaños y desengaños, duerme en humilde sepultura en el panteón de
Chañaral.”
“Los convidados subieron al cerro y se bajaron al naciente. No habían
andado muchos pasos cuando se encontraron al frente de la que hasta hoy se
denomina Descubridora, de la cual, no ha mucho tiempo todavía, sacó
libres «de polvo y paja» el socio arrendatario don José Varas, más de
63,000 pesos de 0.900 de ley, habiendo subido la producción de 80,000 pesos.”
“Araya dejó escarpando la veta a Quiroga y Contreras, continuando él más
adelante, en cuya andanza encontró la Andacollo, célebre por
su producción y sus cuestiones. Esto tenía lugar en los primeros días de julio
de 1873.”
“Araya se fué a Copiapó, donde hizo los pedimentos, dejando sin parte ea
la Andacollo a los socios Quiroga, Contreras y Jorquera.”
“Con tal procedimiento se entabló una querella contra Araya, en que nada
sacaron, porque a pesar del concienzudo fallo de la Corte de la Serena, lo
anuló la Suprema.”
“E1 producido de la Florida debe ser el siguiente:”
“Su estado actual es casi una agonía. Da sus poquitos de camorrea.”
“Araya se retiró al Huasco, donde vive del producido de un fundo de
campo, comprado con los producidos de la Florida.”
“Quiroga, que tanto remolió en Chañaral, no faltándole un elegante futre
que le tuviese el caballo de la brida, murió ahogado como ratón en una noria en
Taltal. Ya hace un poco más de dos años.”
“Jorquera falleció en Copiapó, según algunos, según otros, en
Valparaíso.”
“Contreras, según he sabido, vive en un pueblo de la industriosa
Aconcagua, gozando lo demasiado poco que pudo sacar de la Descubridora.”
“Don Samuel Mandiola y Agustín Fraga, descubridores de la Japones a,
pertenencia que les arrebató la Andacollo, el primero existe en una
hacienda al interior de Copiapó, y el otro se halla en el ejército, creo que
como teniente coronel de milicias.”
“Galleguillos, descubridor de la Tránsito, que tanto ruido
metió, anda más atrasado que la pobreza. No ha mucho días estuvo aquí,
procedente de Cachinal de la Sierra, mineral sin ningún mérito, según sus
conocimientos. En estos momentos trabaja pobremente una mina en las Ánimas.”
“Los demás que descubrieron no deben tomarse en consideración, por la
ninguna importancia de las minas que encontraron.”
“En la Florida no hubo más que mereciese llamar con
justicia las atenciones, que la Andacollo la Descubridora y
la Japonesa. Las demás no han pasado más allá que de tener
nombre y producir pérdidas, incluso Valparaíso y Deseada, que
no costaron a sus dueños menos de 25 mil pesos de pérdidas.”
“Créame siempre muy obsecuente servidor suyo.”
“Máximo Villaflor”
* * * *
II
Chañaral, octubre 3 de 1882.
Cuestionario sobre la Florida
Ante todo, la Florida no está en la subdelegación de Chañaral.
Corresponde a la subdelegación 19 de la Florida, en el departamento de Copiapó.
Pero su surtimiento y acarreo de metales se hace por el puerto de Chañaral.
En el mismo caso se halla el mineral de plata de Merceditas, a 14 leguas
sur-este de Chañaral.
1. La Florida fué descubierta el 29 de julio de 1873 por Ramón Araya
Sierralta. Este salió de la mina de cobre Porvenir de Cerro
Negro, con sus compañeros de pirquén Matías Quiroga, Jorquera y Contreras, a
inspeccionar o registrar unos picados de cobre al pié del cerrito en que está
la Descubridora. Ramón Araya encontró el primer reventón de
semi-barra de la Descubridora, y llamó a sus compañeros.
A dos cuadras, poco más o menos, al noreste Matías Quiroga descubrió la
Andacollo.
2. La Andacollo debe haber producido cerca de dos
millones de pesos.
3. Ignoramos en Chañaral el paradero de Araya Sierralta y de Jorquera,
De Quiroga se sabe que hace como un año, en estado de ebriedad, se cayó en una
noria o pique de agua de la panadería de Chena, en Taltal, y pereció ahogado.
De Contreras se dice que murió en el sur.
4. Propiamente en la subdelegación de Chañaral no hay minerales de
plata, porque el departamento de Caldera, a que pertenece, está limitado a seis
leguas de la costa, y las zonas de plata se hallan desde ocho a treinta leguas
de la costa en el departamento de Copiapó.
Constituyen una excepción Vaca Muerta, a cinco o seis leguas, y
Cifunchos a cinco o seis.
Estos minerales se surten y hacen su acarreo de metales principalmente
por el puerto de Taltal y por el de Pan de Azúcar. Aquél perteneciente a la
subdelegación de su nombre y éste a la de Chañaral.
Además del mineral de Merceditas, hay al interior con
acarreo y surtimiento por via de Chañaral los minerales de plata de San
Carlos, a 30 leguas, Vicuñas a 2.5 y Chivato a
20 leguas.
Estos minerales no son absolutamente de plata. Hay en ellos plomo, cobre
y níquel. Don Santiago Zavala, socio de la Andacollo que se
halla en Santiago y a quien escribo por este vapor, que conoce a fondo toda la
historia del descubrimiento de la Florida y su producción,
dará a Ud. datos más exactos. No tengo tiempo para poner en limpio esta carta
escrita muy a la ligera por haber estado pendiente hasta última hora de algunos
datos más.
Su afectísimo amigo.
M. de la Rivera
Capítulo XVII
Las Minas de Plata- de la Región Central.
(Del Cachapoal al Aconcagua)
Minas de plata al sur del Biobío. —Los hermanos Cunningham y sus
singulares proyectos mineralógicos. —Minas de la Placeta. —La Magdalena en el
mineral de Puquios de Rancagua. —Presente condición del mineral de San Pedro
Nolasco.--Sus dos corridas principales. —Pronóstico del siervo de Dios Bardesi.
—Relaves y desperdicios de los antiguos. —El socavón de Sazié, y recuerdos de
este hombre ilustre en San José.—Visita de Domeyko a este mineral en 1842, y su
opinión favorable a su veta real.— Visita del químico Zégers en 1875. —Diversos
análisis de cobres platosos y otras amalgamas. —Gillis, Smith y Dana.—Productos
del mineral de San Pedro Nolasco y en general de la región argentífera del
centro en 184t. —Confirmación de la pobreza del mineral de San Pedro Nolasco en
el pasado siglo. —-Rendimiento de 1876. —Las minas de plata de la Campana de
Quillota y favorable opinión que sobre ellas emite M. Pissis. —El mineral de
Culenquén, frente a San Felipe y juicio ventajoso que de él ha publicado el
señor Domeyko. —Datos estadísticos. Anexo.
I
La mayor parte de los autores antiguos y todos los modernos que han
escrito sobre la mineralogía de Chile, no hacen memoria de venas argentíferas
conocidas o explotadas al sur del rio Cachapoal.
Por demás singular parecerá este fenómeno geológico al investigador
científico, desde que la formación de las estratas tienen en toda la corrida de
los Andes más o menos la misma estructura e idéntica edad en sus
solevantamientos. Sin embargo, el padre Rosales habla de cierta poderosa mina
de plata conocida en su tiempo (1640) entre los pehuenches; y hace pocos años
un inglés, más conocido por su extravagancia que por su buena estrella,
recorría a pié y con vestidos desgarrados todas las comarcas andinas y sub
andinas que atraviesa el Biobío en demanda de esa mina u otra semejante.
Llamábase este singular cateador don Guillermo Cunningham, y era hermano del
conocido don Roberto Cunningham, vice-cónsul de Inglaterra en Talcahuano, dado
también a inventos de mineralogía, pues pasó toda su vida haciendo experimentos
para fundir metales con el calor del sol.... Era también este caballero
aficionado a viajes pedestres, como su hermano el cateador de Arauco, y un
cierto día veraniego en que se bañaba en la bahía de Talcahuano, vestido de
frac, según su cuotidiana usanza, y con sombrero de pelo en la cabeza, como
quien va de visita, cuéntase que un chusco se le acercó en un bote, y
presentándole una carta, le rogó se la llevara, prosiguiendo su acuático
camino, al Tomé… [102]
II
Desde el Biobío al Cachapoal no ha llegado a nuestra noticia que ni en
lo antiguo ni al presente existan trabajos de minas de plata, a no ser algunas
vetas aisladas que con esfuerzo y fe californianos ha estado trabajando en los
últimos años el animoso industrial don Leandro Luco en el cajón de Curicó,
lugar de la Placeta. Ignoramos también si las minas que el comandante Condell
cateó y trasegó en esas gargantas antes de montar la gloriosa Covadonga, eran
de plata, si bien hubieran merecido ser de oro opulentísimo.
La mina de plata más antigua y a la verdad la única de que nosotros
hayamos tenido conocimiento al sur del macizo de San Pedro Nolasco, es la que
con el nombre de Magdalena, memoria de una beldad chilena de que su
dueño vivió platónica pero ardientemente apasionado, explotó con crecida
fortuna por los años de 1846-48 don Justo de la Barra. Esta mina, llamada
también vulgarmente Puquios, existía habilitada en 1874, y en
ese año o en el precedente encontró en una de sus vetas (la Magdalena)
una curiosa vena de cobre platoso (sulfato arsenioso de cobre y plata) el
ingeniero y antiguo minero de Huspallata don Ramón Correa Rivera. [103]
III
Al hacer en el primer capítulo de este libro relación somera y al sol
del origen antiguo y de la potencia más ponderada que efectiva del mineral de
plata de San Pedro Nolasco, fundador de esta industria en Chile, prometimos
volver a desandar nuestro itinerario para dar a conocer con mayor detención la
época media y moderna de aquel asiento denominado generalmente de San José, por
el cajón en que se halla situado.
Llamábanlo todavía nuestros padres en los comienzos del presente siglo
«el Potosí de Chile»; pero esto, a nuestro juicio, no era sino la verificación
del viejo refrán castellano del pan y de las tortas, porque no solo no había
entonces mejor sino que no había otro; y como era preciso ponerle algún nombre
de ufanía nacional, diéronle aquel. Y tan ajustado a la verdad es lo que
decimos, -que apenas se descubrió en 1811 el mineral de Agua Amarga, que fué un
verdadero emporio metalífero, no volvió ya a hablarse del Potosí del rio Maipo.
IV
Las principales corridas del antiguo mineral de San Pedro Nolasco
existen casi intactas todavía, porque la de la Palma, llamada
también la Carlota, solo fué trabajada con empuje por el benemérito
médico y filántropo don Lorenzo Sazié, que tuvo el doble y generoso fanatismo
de la caridad y de las minas. La segunda corrida llamada de San Simón,
tiene hoy solo una mina en explotación, la Famatina, y es fama
que sentado en una roca o montículo que da vista a esta veta el siervo de Dios
Bardesi, que en demanda de limosnas para nuestro padre San Francisco visitó en
sus días aquel asiento, profetizó que en tiempos no lejanos había de volverse
el cerro todo de maciza plata, milagro que aun no se ha cumplido, si bien su
augurio alienta al minero en su ruda labor de cada hora.
V
Por fortuna hoy, y después de acabarse por el por el broceo del papel
sellado los pleitos de minas en aquel distrito, concentradas todas las labores
de la primera corrida en una sola y competente mano, la del distinguido químico
y mineralogista práctico don Francisco de P. Pérez Caldera, existe fundada
esperanza de llegar al beneficio por el camino de la paz, único filón que en
este país litigante ha solido enriquecer a los afortunados, es decir, a los
cuerdos. El señor Pérez Caldera prosigue el famoso socavón que a saltos y como
un verdadero laberinto de Creta llevó hacia las altas labores de la primera
corrida, con el fin de ventilarlas, desaguarlas y explotarlas el doctor Sazié.
Muchos de los contemporáneos del último en aquel lugar y en San José de Maipo
recuerdan haberle encontrado no pocas veces entre las pilas de metales,
envueltas las piernas en un pellejo de carnero, para protegerse contra el frió,
ensayando aquí y allá con el soplete las escasas pecas de plata que el mineral
rendía.
A la verdad, el mineral de San Pedro Nolasco, por la naturaleza especial
de sus metales, semejantes a los de las Condes y en general a los de la zona
andina, fue el peor trabajado de todo el reino y ha continuado, siéndolo así en
la república.
El socavón de Sazié mide hoy 600 metros (cerca de cinco cuadras de
longitud) y está completamente aterrado y errado.
VI
Como iniciadores, los españoles “pagaron la chapetonada”; y todavía los
relaves y desmontes que suelen descubrirse en los ingenios apagados y
esparcidos en las haciendas del Principal y del Tollo, del Manzano y Sin José
de Maipo, retribuyen al hacendado lo que su poca pericia, tributó al minero. El
caballero don Adrián de Undurraga encontró en uno de los patios de su casa del
Manzano una pila de aquellos relaves escapados a la imperfecta fundición
primitiva de don Manuel de Mena, que fué dueño del Peral, del Manzano (i
probablemente del Durazno y del Ciruelo...), y sacó en pocos años 25 o 30,000
pesos refundiendo las abandonadas escorias. Otro tanto ha acontecido en los
vestigios del ingenio de don Tomás Caricaburo y el de San Gabriel, que explotó
con más bríos que fortuna el emprendedor negociante francés don Adolfo
Lapostol. El cajón de Maipo ha sido en los últimos cuarenta años una verdadera
estancia gala.
VII
En su esencia, los metales de plata de las cordilleras de San José de
Maipo son en realidad cobres platosos, y de aquí las insuperables dificultades
de su beneficio en la época colonial. «En los altos de esta cordillera, decía
el señor Domeyko en su recordado trabajo de 1875, existe un terreno arcilloso,
algo calizo, fosilífero, idéntico al que aparece en la línea divisoria de los
iludes, en Piuquenes y más al sur en el valle del Yeso. Pero, según parece, los
numerosos depósitos metalíferos se hallan en la región inferior a aquel
terreno. Entre ellos, merece sobre todo atención el de San Lorenzo, de cuyas
vetas se ha extraído en tiempos pasados caudal muy considerable de sulfuros
dobles de cobre y plata (especies parecidas a las de la mina San José en
Catemo y de la Palmita, en San Pedro Nolasco) que contenían 10
a 29% de plata. Las rocas que atraviesan las vetas de San Lorenzo son
porfíricas, estratificadas; en esta roca, en la parte más allegada a la veta,
se halla diseminado en muy pequeñas partículas el mismo sulfuro de cobre y
plata que ha producido la veta.»
Y en seguida, analizando más especialmente a San Pedro Nolasco, el
ilustre químico agrega:
«Este es el mineral de plata que a fines del siglo pasado era de más
fama en Chile y de cuyas minas sacaba en aquel tiempo el rey mayor entrada en
quintos. Trabajado con gran empeño por centenares de mineros, que por la mucha
altura a que se elevan las vetas de San Pedro Nolasco, tuvieron que invernar en
las minas debajo de las nieves, decayó este mineral paulatinamente, a medida
que los ricos descubrimientos de Arqueros, de Agua Amarga, de Chañarcillo,
principiaron a llamar los capitales y la actividad de los empresarios hacia el
norte. Todavía dos o tres pertenencias de minas estaban en labor corriente y
con buen beneficio en 1842, cuando por la primera vez visité a San Pedro
Nolasco; las demás se hallaban desamparadas y abandonadas; no había quien se atreviera
a restaurar las antiguas labores, aterradas e inundadas de agua. Inútiles
fueron y costosas las tentativas de varios empresarios, entre otros del tan
afecto a las minas ilustre doctor Sazié, que por medio de un gran socavón
trataba de habilitar la parte más interesante del mineral. Solamente en estos
últimos años, a fuerza de grandes sacrificios y de trabajos dirigidos con
paciencia e inteligencia, logró el señor Lapostol restablecer una gran parte de
las minas de San Pedro Nolasco y de algunas vecinas de este asiento mineral y
sacar utilidad de ellas. Debe su acierto en gran parte el hábil empresario a su
constancia y a sus dos establecimientos de fundición, situado uno en los
Maitenes (San José) y el otro en el Peumo (hacienda de Tollo), en los cuales
beneficia los minerales de sus minas, ya con leña, produciendo cobre en barra,
ya con carbón, sacando ejes de plata y cobre.”
“Grandes trozos de minerales de San Pedro Nolasco y de otras minas del
departamento de San José, como también barras de ejes y de cobre que provenían
de los mencionados establecimientos, fueron exhibidos en 1875 por el señor
Lapostol, acompañados de noticias sobre las minas de que provenían. La mayor
parte de las muestras de minerales eran de cobre abigarrado platoso y de
diversas galenas argentíferas. Algunas de estas últimas, por su aspecto, por
los caracteres exteriores del mineral y de sus criaderos, parecían idénticas a
varios trozos de minerales de la Sierra Nevada, tan célebres por sus riquezas,
mandados a la Exposición de California.”
“El cerro de San Pedro Nolasco con sus minas hoy día productivas, se
eleva a la enorme altitud de 3,339 metros, terminando en su cumbre por una
especie de meseta; se halla cortado por gran número de vetas, entre las cuales
se distinguen principalmente dos grandes corridas de vetas con rumbo norte
75" a 78° este, a sur 75" a 78" oeste.”
“Una de ellas, con afloramientos, en más de un quilómetro visibles, la
que lleva el nombre de San Pedro Nolasco, es sin duda una, como se suele decir
entre los mineros, verdadera veta real, una de las mejor arregladas que conozco
en Chile: su potencia en partes pasa de 2 a 3 metros de salbanda a salbanda;
mantea con inclinación algo variable hacia el norte. Sus minerales en la región
más elevada, donde se hallan las antiguas pertenencias la Palma y la Palmita,
eran de sulfuros de cobre y de plata, cuyo común daba al
ensaye (en 1843-48) 50 a 100 marcos de plata por cajón, asociados a las
galenas, cuyo contenido de plata no pasa de 0,001 a 0.002 y a las blendas por
lo común estériles.”
“De la segunda corrida, la de San Simón, se extraían con abundancia
galenas antimoniales, algunas terrosas y contenían 0.003 a 0,004 de plata.”
“Los criaderos de los minerales de San Pedro Nolasco son por lo común
cuarzosos, arcillosos, pero no carecen, particularmente en los afloramientos;
de las vetas, de materias espáticas, de espato calizo, espato perlado y de
baritina. Según los datos que afirma el Anuario Estadístico para
el año 1874-75, se explotan actualmente en San Pedro Nolasco 37 labores en
beneficio, con 81 operarios, y han producido en un año 1.095,490 quilogramos de
mineral de plata cobriza de 10 a 25 marcos de plata por cajón y de unos 10 a
18% de cobre.” [104]
VII
Visitó también las minas de San Pedro Nolasco con propósitos ligados a
la Exposición de 1875, uno de los más aventajados discípulos del señor Domeyko,
don Luís Zégers Recasens, y habiendo ascendido a la alta meseta desde San
Gabriel hasta la altura de 3,339 metros, este laborioso joven da cuenta del
resultado de sus investigaciones prácticas en los términos siguientes:
“Así, empezando por el oriente encuéntranse las minas Rosales,Famatina, Cristo
Viejo, y en el mismo orden siguen la Carlota, Compañía, Media
Estaca, Palma, etc. al poniente pero en la misma corrida, Palmita y
otras.”
“Por el oriente, en el mismo cerro, pero en un nivel inferior, la
de San Pedro Nolasco: se encuentra esta montaña atravesada por
diversos filones que no siempre siguen la misma dirección. Así, por ejemplo, la
dirección de la veta sobre la que se explota la minaCopacabana, es de
norte a sur, mientras que las vetas de Cristo Viejo y Santa Rita están
en una dirección opuesta.”
“Las minas en que se trabaja mejor e indudablemente las de mayor
importancia en este mineral, son la Famatina y la Carlota ,
de bastante hondura, con buenos metales, canteras de arranque bien arregladas,
esas minas tienen un porvenir seguro.”
“Una parte del año los mineros tienen que permanecer enterrados en sus
rucas, en una completa incomunicación.” [105]
IX
Luchando con todo género de dificultades y especialmente con la nieve,
la impericia y el eterno dogal del minero, —la usura, el mineral de San Pedro
Nolasco presentaba en 1875 el siguiente poco lisonjero aspecto:
En la corrida superior las siguientes minas con su labor y producción
respectivas: Santa Rita, mina de plata y cobre, 5 labores en
beneficio y 10 en broceo, produjeron 8,686 gramos de plata fina y 72,000
quilogramos de cobre.
La Famatina, de plata y cobre, 16 labores en beneficio, 8 en
broceo: producción 26,071 gramos de plata y 18,581 quilogramos de cobre.
La Carlota, de plata, 16 labores en beneficio que produjeron
23,849 gramos de plata. [106]
Tales son las principales minas con que la provincia de Santiago, si
bien con caudal comparativamente escaso, contribuye al rio subterráneo de plata
que perennemente fluye hacia fuera de las entrañas de Chile.
X
En cuanto a la producción de la provincia de Valparaíso, cuyo puerto es,
después de San Francisco, el mercado metalífero más rico del Pacífico, solo ha
llegado hasta nosotros y desde nuestra infancia, pasada al pié del cerro
volcánico y colosal de la Campana, la célebre mina de plata que el comandante
González, avecindado en Quillota, trabajó en ese cerro con no cortos provechos
hace cuarenta años. Y es a esa labor, de plata y de cobalto, conocida todavía
en la comarca con el nombre de la mina del comandante González, a
la que con notable confianza en el éxito de su rehabilitación alude el señor
Pissis en su descripción de la provincia de Valparaíso cuando dice:
“Esta provincia presenta una sola mina de plata que haya sido objeto de
algunos trabajos. Hállase en los pórfidos metamórficos, casi al na cimiento de
la rama que, desprendiéndose de la Campana de Quillota, va a terminar en el
cerro de la Calera. Entre los minerales que de ella se han extraído se notan
cloruros de plata y plata nativa, diseminada en una pirita arsenical y muchas
veces acompañada de sulfo-arseniuro de cobalto. Juzgando por algunas muestras
que se han conservado y por los fragmentos que hemos encontrado en los
desmontes, esta veta, cuya explotación se ha abandonado hace largo tiempo,
parece ser de una regular riqueza, y merecería ser objeto de alguna empresa, no
solo bajo el aspecto de la extracción de la plata, sino también por la del
cobalto, que allí se halla en cantidad bastante grande, y bastarla, según todas
las probabilidades, para cubrir la mayor parte de los gastos.” [107]
XI
Siguiendo las advertencias y las estratas de la geología general de
nuestro accidentado territorio, la provincia de Aconcagua, tan semejante en su
estructura física de elevados macizos volcánicos y de angostos valles auríferos
a la de Coquimbo, no puede menos de encerrar en su amplio ámbito formaciones
jurásicas y por lo mismo argentíferas de importancia; y a los descubrimientos
hechos en diversas épocas en Culunquén, Catemu y en el Rio Colorado, estos
últimos en la dirección de las antiguas y ricas vetas de Huspallata, parecería
deberse tal vez que el geólogo Pissis haya clasificado el primero y más
meridional de aquellos minerales como la base de la poderosa corrida
argentífera que va a reaparecer en seguida, cien leguas más al norte en
Arqueros, es decir, en la extremidad septentrional de la provincia de Coquimbo.
XII
Culunquén, por lo expuesto, se halla situado en la extremidad sur de la
provincia de Aconcagua, no menos rica que la provincia de Coquimbo en venas
metalíferas de cobre. Este mineral casi urbano de vista a la ciudad de San
Felipe y se halla dentro de la hacienda de Panquehue, donde encontró la veta
hace veinte años un oscuro cateador de aquel distrito. El mineral de Culunquén,
aunque un tanto perturbado por los peligrosos vaivenes del ajio, ha continuado
en explotación en su corrida principal hasta el presente, y a esta firmeza a
cuerpo de cerro, serían el lenguaje minero, debe todavía su existencia.
XIII
Como de ordinario, las opiniones del erudito geólogo a cuyo ingenio
debemos la primera descripción gráfica y científica de las tres provincias
centrales de Chile y las mejor tratadas de su estudio (las de Santiago,
Valparaíso y Aconcagua), coinciden con la del no menos ilustre químico que le
había precedido diez años en el camino de las exploraciones. “Este ramal, dice
en efecto el señor Domeyko, hablando de la rica región metalífera de Catemo,
que comienza en los Coimas y termina propiamente en el mineral de las Guías en
el cerro del Cobre, se prolonga al oeste hasta la cuesta del Melón y remata en
la costa granítica de Catapilco. En las cimas del cerro de Catemo, por- el lado
de San Felipe, tenemos un terreno estratificado esquistoso, y en las vetas que lo
atraviesan se hallaron minerales ricos en plata, sulfuros dobles de plata y
cobre de 10 a 14% de plata y galenas platosas (San José, la Fortuna, etc.) En
la región superior del mismo macizo, hallamos mantos muy interesantes,
pertenecientes probablemente a la misma formación, impregnada de materias
metálicas cobrizas y plomizas, con indicios de plata, que se explotan a cielo
abierto y encierran en su seno troncos de madera fósil silicatados,
metalíferos. En uno de los mantos del mismo cerro, se encuentra un depósito muy
importante de manganeso pirocusia (manto Lilén). En el mismo terreno
estratificado, al otro lado del valle de Aconcagua, se explotan también vetas
con minerales de plata nativa.” “Pero, con excepción de aquella región superior
del cerro de Catemo, que conserva el carácter de la formación infraliásica bien
visible, se borran más y más las divisiones por estratas en la región inferior
del mismo cerro, las rocas toman en partes estructura porfírica, las vetas
producen cantidad considerable de minerales de cobre piritoso, pero no
argentífero, y al pié del macizo asoman rocas de contextura granítica
eruptivas.
“En igual situación geológica se hallan los minerales siguientes:”
“La de plata Tinajas. —(Los Andes, que han producido
805 quilogramos de plata en 1875.)”
“Yeguas Heladas . — (San Felipe) produjeron (en 1875), 1,000
quilogramos de plata.”
XIV
La producción de plata de la provincia de Aconcagua en el año 1877, está
representada por 64,000 gramos explotados en el departamento de los Andes en
esta forma:
Mina Descubridora de Culenquén: 11,000 g.
Mina Felicidad: 11,000 g
Carlota: 42,000 g
De los departamentos de Petorca, San Felipe y Putaendo no hay constancia
exacta; pero la mina Cortadora del departamento de la Ligua
produjo 6,450 gramos. ¡Y cosa curiosa! el departamento de Combarbalá que sigue
al norte y pone término a nuestra excursión por las regiones centrales del
territorio tan escasas en venas de plata, siendo en casi su totalidad un
inmenso rebosadero de cobre, de ley pobre y dura, que revienta hasta en la
plaza principal de su ciudad cabecera, no rindió en el año de que hemos venido
haciendo memoria sino 54 quilogramos de plata, o sea un quintal español. ¡Tan
cierto es que el pronóstico de la ciencia se ha cumplido por entero en las
regiones australes que son el reino del carbón de piedra, en las del sur donde
domina sin rivales el oro, y en las del centro en que comienza el imperio y el
cetro del cobre, para aparecer como un ancho lago de argentífera linfa en las
comarcas estériles del Despoblado de Atacama!
Anexos al Capítulo XVII
Producción de las minas de plata situadas en la región central del país,
desde el Limarí al Cachapoal, en 1874, según el «Anuario Estadístico» de
1874-75.
Departamento de Combarbalá.
Gramos da plata: 54,000
Provincia de Aconcagua
Mineral de Yeguas Heladas (mina Potosí): 978,850 g
Mina Josefita: 20,608 g
Mina Tinajas: 805,000 g
Mina de la Cimarra (mina Congona): 17,664 g
Resumen de la Provincia de Aconcagua.
San Felipe: 999,488 g
Andes: 71,660 g
Putaendo: 1.776.400 g
Departamento de Quillota.
Pocochay: 11,784 g
Julieta: 9,872 g
Quillota: 21,746 g
Departamento de la Victoria.
Producción de dos minas de cobre y plata, 29,757 gramos de plata fina, y
producción de tres minas de plata 2 49.895 gramos.
Aunque estas cifras están fielmente sacadas del Anuario a
que pertenecen, no deben inspirar sino una confianza mediocre, pues ese libro
está lleno de equivocaciones, y respecto de la producción de la plata estos
yerros son evidentes en los estados publicados en la página 199.
Capitulo XVIII
Las Condes
Las (los) Condes como antigua Dehesa de la ciudad. —Cédela el presidente
Sotomayor al conquistador Antonio Díaz. —El conde de Sierra-Bella don Cristóbal
de Mesías la convierte en dehesa de crianza. —Su arrendatario Bela y su
inventario a fines del pasado siglo. —Sus distritos mineros y cómo se descubren
sus primeras minas de plata. — Condes Mining Company —Descripción científica de
la región metalífera de las Condes. —Las Condes pueden ser la Nevada de Chile.
—El trapiche de don Antonio de Hermida y la mina de las Arañas o de los
Médicos. —Don Nazario Elguín y sus primeros descubrimientos. — Sus
antecedentes. — Ruidosos juicios de Cea y Costa —Don Ángel Sassi. —Graves
inconvenientes que presenta a la industria minera de las Condes su vecindad de
Santiago, de sus abogados y tinterillos. —El gran camino de las Condes.
—Caracteres peculiares del mineral. —Datos y opiniones sobre él emitidos por M.
Pissis, don Francisco de Paula Pérez y don Juan Valdivieso Amor.
I
La estancia o dehesa de las Condes que el vulgo rebelde
a la gramática y a sus concordancias llama así, como si los condes de
Sierra Bella hubieran sido mujeres, fué durante siglos estancia, no de minas,
sino de vacas. Pacían en sus enmarañados cajones y selváticas quebradas sueltos
ganados y cerriles potradas, y había dentro de sus vastas lindes, viñas,
olivar, arboleda, lagar, oratorio y hasta un molino de pan que movía la
torrentosa agua del Mapocho; pero no existía una sola veta, ni el más leve
vestigio de una piedra de moler metales. Y en efecto, y según de todos es
sabido, dio don Pedro de Valdivia como dote a la capital de su reino,
menesterosa hija de un príncipe magnífico, todas las cabeceras de su valle,
pobladas a la sazón de canelos y pataguas que doblaron su secular cerviz a la
sierra de los carpinteros de la colonia para vigas y para umbrales, porque en
el uso de las puertas solían suplir en aquel tiempo los cueros de vaca, así
como los de carnero sirvieron para escribir y archivar las primeras actas del
cabildo, según de ello da fe su propio escribano, Luís de Cartagena.
II
Tal fué la «Dehesa de Santiago», que comenzaba en la primera loma
andina, donde hallaban término las chácaras de pan llevar de la planicie de
Ñuñoa, es decir, las chácaras de regadío de Apoquindo, Peñalolén y lo Hermida
cuyas acequias habían labrado los mayorales del inca antes de aparecer los
españoles.
Pero con el trascurso del tiempo y del abuso (que son cosas que en Chile
van casi siempre juntas) los cabildos por descuido o pusilanimidad y los
gobernadores por largueza, comenzaron a repartir a título de «demasías» o
«tierras vacas» aquellas tierras de vacas de que nadie cuidaba. Y uno de estos
favorecidos fué el soldado conquistador Antonio Díaz, a quien el presidente don
Alonso de Sotomayor otorgó el 12 de agosto de 1583 título por cien cuadras de
pan llevar (SIC) y de «todas las tierras y rincones (así dice textualmente la
pragmática original que tenemos a la vista, copiada en unos autos de pleito
reciente de deslindes) y ensenadas que hubiese desde la cordillera
nevada y vertientes de ella, y desde las lomas que dan vista al rio
Colorado que entra en el rio de Maipo, corriendo desde dichas lomas por todas
las vertientes que caen al rio de esta ciudad por una parte y otra hasta la
quebrada del Arrayán y vertientes de ellas al dicho rio, para que os sirva
de potreros y sean vuestras y de vuestros herederos y
sucesores.» [108]
III
Mas, de seguro, no sería aquella heredad ni de sus hijos ni de sus
nietos, porque los conquistadores tuvieron de común con los mineros el vivir
apurados y morir menesterosos, de suerte que un siglo más tarde las lomas y
serranías de Antonio Díaz habían pasado a ser propiedad del rico abogado,
negociante y hacendado santiaguino don Cristóbal de Mesías y Munive, quien la
heredó de sus abuelos y fué oidor de Lima, donde murió al acabar el pasado
siglo, dejando edificados sus viejos portales de Sierra Bella, radicados
todavía, por la rama femenina, en su familia.
IV
Don Cristóbal, penúltimo conde de Sierra Bella, vivía en Lima como sus
actuales sucesores, y mantenía su fundo en arriendo, cual ha sucedido hasta
hace dos o tres semanas, en que por el precio de 40 mil o más libras esterlinas
pasó a otra rama. Teníalo en aquella condición por escritura firmada en
Santiago el 14 de setiembre de 1796, el caballero don Antonio de Bela, mediante
el canon de 2,222 pesos (cuatro dos), y a más estas sabrosas gabelas para el
consumo de la casa del sobrino del conde, don Domingo Salamanca, tesorero de la
Moneda, que supo hacer su trato: dos carneros muertos todas las semanas para el
puchero, 24 fanegas de harina para el pan, 6 de trigo para el frangollo y el
ulpo, 4 de maíz desgranado para las gallinas, 12 de papas para el hervido, 3 de
aceitunas para el postre, 2 arrobas de vinagre para la ensalada, 4 de vino
abocado para el desengraso, 2 de almendra dulce para la horchata con malicia y
2 de aguardiente para la sobremesa y la malicia, todo lo cual se computaba
valer en cada año 178 pesos, además de los fréjoles, zapallos, etc., que eso no
tenía ni precio ni más límites que los que cupieran en la troj y en la cocina,
en las alacenas y en los estómagos. Iban incluidas asimismo en el arriendo,
además de la viña y del molino, 2,500 vacas con sus crías, copiosos hatos de
ovejas, sendas manadas de yeguas cerriles y no pocos potros que solían salir de
buena estampa, por lo cual su dueño y señor ordenaba desde Lima los amansasen
con cuidado «supuesto salen (así dice su último mandato) potros muy preciosos,
de buen paso y buen cuerpo, mando se amansen con cuidado, siquiera media docena
de ellos, así para el alivio del administrador, como para que si el señor conde
pide que alguno o algunas personas decentes pasen a ver su hacienda no haya una
cabalgadura decente y sea preciso buscarla prestada». [109]
V
Y ciertamente que la previsión del galante con-de de Sierra Bella (que
tal vez tomó este nombre de sus propias sierras, no del todo despobladas
todavía de sus bellos bosques primitivos) no tardó en cumplirse, porque cuando
por el año de 1795 vino a Chile la famosa escuadra de Álava, este almirante
español y sus oficiales fueron convidados a un paseo campestre a los
Condes, que duró varios días, y donde hubo fiestas reales y alegres
cabalgatas en soberbios potros criollos da la estancia.
VI
Pero entretanto ni en esos ni en anteriores años encontramos memoria
alguna que dé indicios de la riqueza mineralógica de aquellas ásperas sierras,
cubiertas en la mitad del año de inclemente nieve, y visitadas solo por la
eterna soledad de los páramos y sus huracanes. Don Alonso de Sotomayor había
regalado al buen soldado Antonio Díaz un emporio subterráneo, pero este
tardaría tres siglos cabales en asomar a la superficie bajo la dura barreta de
la industria.
VII
No nos ha sido posible en efecto trazar la existencia de las minas de
plata de las Condes más allá del primer tercio del presente siglo, porque
menciónalas por primera vez (en cuanto nosotros sepamos) don Antonio de
Hermida, rico hacendado de Santiago, en su testamento otorgado el 22 de
diciembre de 1831, una de cuyas cláusulas, después de disponer de cuatro
estancias, diez o doce chácaras o quintas y no menor número de casas en
Santiago, dice así: Item. Un trapiche en la boca del cajón del rio
Mapocho y a poca distancia en pertenencia de la Dehesa de esta ciudad, con
todas las casas de adobe y teja que allí construí.
Hace de sobra comprender este capítulo el origen moderno y casi
contemporáneo de la explotación de la plata en las derecheras de Santiago,
porque el constructor del primer trapiche destinado a aquel oficio, y cuyas
ruinas pueden reconocerse todavía, fué un personaje de la independencia.
VIII
En pos de él pusieron trabajos, gastaron pólvora y levantaron trapiches
los mismos enérgicos pero ilusos mineros de San José de Maipo, que desdeñaban
para daño suyo el arte de Esculapio por el de Vulcano. Los doctores Segeth y
Sazié volvieron a enterrar bajo la nieve parte no pequeña del nobilísimo
producto de su ciencia, abriendo así el surco a otros, si no menos tenaces, más
felices. A su mina de las Arañas, situada en el fondo del cajón de San
Francisco, llaman todavía la mina de los médicos, en memoria de sus
fundadores, y en 1877 rindió unos 4.400 gramos de plata.
IX
El distrito argentífero más caracterizado del mineral de las Condes, tan
prodigiosamente rico en sulfatos de cobre (bronces) se halla localizado en una
sección de la cordillera comprendida entre los cajones de la Yerba Loca y del
San Francisco, los cuales, descendiendo del alto macizo de este último nombre y
del cerro del Plomo que corona a Santiago a la manera de desgarrada diadema,
llevan al Mapocho escaso tributo de humedades. Puede medir aquel macizo unas
cuatro leguas de extensión a lo largo del cauce del rio, e internándose hacia
el pie de San Francisco 18 o 20 leguas de la capital, camino fragosísimo que
hoy el pico está allanando con pujanza. Sus principales minas son por hoy
la Isolina, vendida hace cinco años a una compañía inglesa (The
Condes Mining Company) por la suma de 23,000 libras esterlinas, y que desde
la época de su enajenación ha parecido volverse, no obstante de ser
positivamente rica, nieve y pleitos, es decir, «sal y agua». La abundantísima y
blanda veta de la Isolina se halla situada en el costado
meridional de un alto páramo que ostenta en la falda opuesta la vena no menos
poderosa de la mina San Francisco.
X
«El fundo de las Condes, dice a este mismo respecto y haciendo una
descripción compendiosa pero gráfica de esta región el inteligente minero don
Francisco Gandarillas en un artículo de diario contemporáneo con este libro, es
una de las mayores heredades de Chile, pues ocupa una superficie de 60,000
hectáreas de serranías, comprendiendo toda la cuenca del rio Mapocho y sus
afluentes desde su nacimiento hasta su salida al valle central.
«Caracterizan este territorio dos grandes rasgos geológicos: el rio
Mapocho y el crestón andino que se denomina cordillera de Las Condes. »
“A1 oeste del cerro del Juncal se desprende una cordillera trasversal
que forma el límite de los departamentos de Santiago y la Victoria con el de
los Andes.”
“En el extremo oeste de esta cordillera se levanta el cerro de San
Francisco que alcanza 5,573 metros de altura.”
“Toma entonces esta sierra el rumbo del suroeste y se alza de nuevo
hasta formar el gran cono del cerro del Plomo con 5,779 metros de elevación.”
Desde este punto desciende con rapidez, siguiendo el rumbo indicado, y
formando como un arco de círculo, para alzarse de nuevo en San Ramón, frente a
Santiago.” “Es, pues, el macizo del Plomo el punto más culminante de esta
cordillera y la cabeza de la región mineral de Las Condes.”
“De allí se desprenden numerosos estribos que bajan rápidamente hacia el
sur-oeste formando profundas quebradas cuyas aguas van a aumentar el caudal del
Mapocho. Son estas quebradas de cordillera formadas por contrafuertes de algún
macizo, lo que se conoce con el nombre de cajones.”
“Siguiendo la misma orientación de suroeste a noreste de esta
cordillera, y puede decirse a sus pies, corre el rio Mapocho que nace de una de
las faldas del cerro de San Francisco, a 60 quilómetros más o menos al noreste
de Santiago.” [110]
XI
Y luego, entrando más de lleno en la estructura puramente mineralógica
de aquel suelo, el bien informado escritor añade:
«La formación geológica de las cordilleras de Las Condes, y tratándose
de una extensión de 60 mil hectáreas, no es otra que la de los Andes en
general.»
«Aparecen en ellas desde la formación de las esquistas cristalizadas
hasta la de la caliza, interrumpidas por rocas plutónicas en su mayor parte
feldespáticas. Las traquitas, los pórfidos metamórñcos y las sienitas son las
rocas predominantes.»
«Las minas de plata más importantes están encajadas en estas dos últimas
rocas. » «Limitaremos nuestras observaciones a las que están situadas en el
Cerro del Medio, entre el Mapocho y Yerba Loca.»
«Allí están la San Francisco, en el cerro del mismo nombre,
que ha producido los minerales de mejor ley en plata, y más arriba laSan
Lorenzo y la San Luis, la Carmen y
la Delirio, la Fortuna y la Rosario. Bajando
hacia las faldas del cajón de Valenzuela están la San José,
la Difícil, la Veta Negra y muchas otras que
principian a labrarse. »En frente, hacia el sur de las nombradas y quebrada de
por medio, están la ya famosa Isolina y la Chilena,
que son el centro del importante grupo que las rodea. »
«Siguiendo hacia las faldas del cajón de los Piches, se encuentran
la Salvadora y sus estacas, la de los Azulillos, y
a su vista se alza el cerro de la Merceditas, cuyas corridas caen al cajón de
Duarte, en el cual descollaba en otro tiempo la San Pedro.»
«En el mismo cordón del Cerro del Medio, a la altura del cajón de Duarte
y en las caldas de la Yerba Loca, están la San Rafael y su
grupo, y más al interior del cajón la Santa Rita y otras. »
«Todas estas vetas, exceptuando los grupos de San Rafael y Santa
Rita, están situadas en las faldas que bajan hacia el Mapocho y encajadas
entre rocas sieníticas. «Sin embargo, son muy diferentes el aspecto y el
panizo, como dicen los mineros, del cerro de laIsolina, blanquecino y
descompuesto en la superficie, y el de la San Lorenzo al
norte, desnudo por las erosiones y que tiene un color castaño oscuro, debido,
sin duda, a la mayor cantidad de hierro en la composición de sus masas de
estructura granítica. »
«En Duarte termina la verdadera región de las minas del Cerro del .Medio
que están hacia el lado del Mapocho. »
«Las vetas que yacen en el cerro de San Rafael adherido al Cerro del
Medio al costado del cajón de Yerba Loca, están encajadas en un terreno en
partes visiblemente estratificado y de estructura porfírica. »
«De igual naturaleza es la sierra que baja del rincón de los Sulfatos,
y que forma el costado oriental de dicho cajón, en la que está la mina Descubridora.
»
«Una gran parte de esta sierra aparece coronada por la arenilla roja.»
«Más abajo, desde la boca de la Leonera hasta Corral Quemado, una masa
de rocas brechiformes y de conglomerados muy semejantes a los del Tabón y
Llay-Llay, cubre la Loma de Canales, por la que se ha labrado últimamente un
camino carretero de 12 quilómetros que pone a descubierto la estructura y
composición del cerro.»
XII
Refiérese lo que precede especialmente a la geología general del
distrito minero de las Condes, pero he aquí todavía algunas apreciaciones no
menos interesantes del mismo autor sobre los caracteres peculiares de sus
diferentes minas y labores:
«Casi todas las minas de plata de las Condes, dice el articulista que
hemos venido siguiendo en su rápida pero laboriosa excursión por las sierras de
Sierra Bella, tienen la dirección del sudoeste a noreste del meridiano
magnético, con más o menos orados de diferencia.»
«Son más cobrizas las que se acercan más al rumbo del E. al O. »
«Las corridas son extensas. »
«Siguiendo casi todos los rumbos más o menos í iguales, son pocos los
cruceros, pero muy frecuentes los empalmes. »
«Las vetas son potentes, de uno o dos metros de espesor por lo general.
»
«Sus cajas bien arregladas y firmes.»
«La mayor parte son cuarzosas, pero las hay también rellenas por el
sulfato de barita y materias arcillosas y ferruginosas.»
«En estos criaderos aparecen los minerales carbonates, sulfurados,
antimoniales, arsenicales y platosos. »
«En algunas minas como Isolina, Chilena, Merceditas, Difícil
y San Rafael, son abundantes los carbonatos de plomo y las galenas
argentíferas. »
«En la San Francisco y la San José aparecen cobres grises y diversos
sulfuros múltiples platosos.»
«Los minerales arsenicales se han encontrado en la Salvadora y los
antimoniales en la San Lorenzo. »
«Las vetas son comunmente blandas. Muchas pertenecen a la categoría de
los filones descompuestos. »
«E1 cuarzo se encuentra en algunas de ellas de tal manera triturado y
careado que hace innecesario el empleo de la pólvora para el arranque de los
minerales, como sucede en la Isolina y la Chilena.»
«Estos caracteres persisten aun a la hondura vertical de más de cien
metros, que han alcanzado en sus labores algunas minas. Pero se observa que con
la hondura aumenta la baritina en proporción que disminuye el cuarzo. »
«Se nota también que las vetas más abundantes en plomo son más
constantes en su beneficio, y que la ley de plata mejora en hondura. La Isolina,
por ejemplo, producía minerales de ley común de 16 marcos por cajón en la
región superficial, y en la hondura, de 50 a 100 metros, la ley ha subido a 25
y 30 marcos. A esta profundidad las masas de minerales de plomo carbonatados
siguen alternándose con listones de galena, como en la superficie. »
«Otra particularidad de las vetas que se explotan en Las Condes, y sobre
todo en el cerro del Medio, es la altura en que están situadas.»
Puede decirse, en general, que las minas están entre las alturas de
2,900 metros y 4,200 metros sobre el nivel del mar. »
«La Veta Negra, de Valenzuela, que es sin duda la mina más baja
de esta región, tiene su bocamina o 2,900 metros. más o menos es también ésta
la altura de la San Francisco.»
«La Isolina alcanza más de 4,000 metros de altura, y
la San Rafael tiene su bocamina a 3,800 metros sobre el mar.»
«Hay algunas minas todavía más altas que la Isolina, pero
el trabajo es en ellas difícil por el excesivo enrarecimiento del aire, que
trae por consecuencia la puna y sus mortificantes efectos.
«A pesar de esto, los atrevidos cateadores siguen explorando a mayores
alturas halagados por la creencia, que es tradición indígena, de que la
plata se cría en las punas. Ningún otro ser viviente que las ratas se
detiene en aquellas desoladas regiones, que son la imagen perfecta de las más
grandes convulsiones de la tierra. Allí solo canta y aletea la esperanza del
minero.» [111]
XIII
Y junto con esta última y feliz frase ha llegado el momento de contar al
lector, o más bien al espectador benévolo, (porque las minas de las Condes
podrían divisarse desde los tejados y balcones de Santiago) cómo salió del
solitario caos de la estancia del conquistador Antonio Díaz esta montaña de
plata en ciernes, futura Nevada del Mapocho, que amenaza desplomarse, sino en
acciones, en tropeles de carretas sobre su codiciosa ciudad.
XIV
Anticipamos que vamos a emprender esta corta excursión por el pasado y
por la montaña con afectuosa emoción, porque en su camino habremos de encontrar
y hacer conocer hombres humildes pero meritorios y excelentes que después de
ser los verdaderos descubridores del mineral que hoy forma como un barrio de
Santiago, le prestan todavía en su ancianidad potente vida, abriéndole a
pólvora y a dinamita los senderos de brillante porvenir. Uno de esos hombres es
el minero don Nazario Elguín, operario desde su niñez, es decir, desde 1815, y
que en su robusta juventud meció la cuna del que esto escribe bajo el techo de
quien fuera, en su calidad de minero, su primer patrón y su primer amigo. Por
esto hemos dicho que experimentaríamos una satisfacción sincera al recordar
lijeramente su carrera.
XV
Tiene el mineral de plata de las Condes su origen más o
menos mitológico, como todos los asientos ricos de Chile, y aun los del Perú y
de Méjico, porque la ambiciosa imaginación del hombre asocia casi siempre la
fortuna a la fábula y la fábula a los dioses. Según aquella tradición misteriosa,
el primer descubridor de estos veneros seria un valeroso emisario de San
Martín, que pasaba y repasaba la cordillera entre Santiago y Mendoza por
diversos parajes por los años de 1815 y 16, y que fué más tarde el benemérito
coronel Picarte, uno de los hombres más probos y más esclarecidos de Chille. De
aquí el famoso derrotero del coronel Picarte, contemporáneo del de los
aragoneses de la Ola y que como al último, nadie ha encontrado todavía. [112]
XVI
Mas, según es de costumbre en todos los casos en que la fortuna paga con
esplendor los afanes oscuros, son hoy muchos los que se disputan el honor de
haber descubierto el prodigioso mineral de los Bronces, montaña de ricas pintas
cupríferas, que descendiendo en vetas por el valle va dando vida a las pastas
platosas que hoy comienzan a enriquecer la comarcar y las escribanías. —Entre
los más antiguos que litigan este merecimiento desde el fondo de sus pobres
ranchos, encuéntranse un Toribio Olivares que se da por descubridor de la Isolina, con
Zenón Ortíz y con Guillermo Soto, inquilinos los tres de la estancia riberana
de «lo Barnachea', que no es tal sino «Bonaechea», porque es ley que todos los
nombres anden trocados en aquel laberinto de quebradas y de vetas. Dio nombre a
ese lugar de campo don Juan Antonio Bonaechea, honrado caballero que falleció a
fines del pasado siglo dejando viuda y testamentaría y por supuesto la
inevitable red de litigios por deslindes con los condes de Sierra Bella, sus
vecinos rio de por medio. La gente de las Condes es de «nación» litigante, y
diríase tal vez que el turbulento Mapocho trajera en sus aguas la simiente de
los pleitos, que va depositando junto con la amarillenta apolcura, en sus
pedregosas márgenes.»
XVII
Los tres descubridores originarios ya nombrados viven todavía; pero no
parece que sus conocimientos mineralógicos pasaran más allá de haber visto los
brillantes crestones de los Bronces sobresalir por entre la nieve que aquellos
tiñen de colores con sus ácidos. En este sentido el mineral de los Bronces era
un sitio harto conocido desde tiempo inmemorial por todos los campañistas y
vaqueros de las Condes, de la Dehesa y de lo Bonaechea.
Parece sin embargo que quien dio el primer picado en el cerro fué Zenón
Ortíz, habilitado por un don Santiago Castro, y en seguida por despueble de
estos, el minero Soto, socorrido por el conocido industrial don Rafael
Villarroel.
Tenía todo esto lugar hace apenas 15 años cuando las quebradas de las
Condes eran solo una espantosa soledad, sin m.is amparo que un pequeño
establecimiento de amalgamación o fundición de plata erigido a su entrada, en
el paraje llamado Cometierra, por el valeroso y entendido minero don Juan
Esteban Cea, tan inteligente como infortunado.
XVIII
Pero sea lo que fuese de las primacías del descubrimiento, no vino este
a formalizarse sino en el mes de enero de 1870 y fué esto de la siguiente
manera. Despoblada dos o tres veces sucesivamente la mina que hoy se llama
la Descubridora en la quebrada de San Francisco, el minero
Guillermo Soto pasaba un día, alforja al hombro, a solicitar la habilitación de
un mercader italiano llamado don Vicente Costa, natural de Chiavari, en la
costa de Génova, que tenía un bien surtido despacho en el barrio del Carmen Alto,
camino de salida para el mineral. —El honrado barretero no pedía dinero sino la
habilitación normal del minero, que, mucho menos opíparo que los de las Condes
de Sierra Bella, compónese invariablemente de estos cuatro renglones —charqui y
grasa, porotos y ají. Esta última sustancia es al estómago del minero lo que la
pólvora a la veta.
XIX
Decir que Costa era genovés es decir que era listo y ladino, porque el
refrán europeo reza que un griego vale por la astucia dos judíos, y un genovés
vale dos griegos, refrán que algunos han creído de justicia completar afirmando
que “para cuatro genoveses sobra un chileno y especialmente un santiaguino…”
Costa aceptó en teoría la habilitación propuesta, pero sometió el caso
práctico a un perito de confianza, y con la decisión de este entró de lleno en
el negocio, junto con un semi paisano suyo y semi pariente, el antiguo y
respetable vecino y filántropo don Ángel Sassi, natural de las montañas del
Ticino en la Suiza italiana, hijo de la villa de Oasina, donde su padre era
ingeniero. Este hombre excelente había nacido en 1813, y salido de su estrecha
patria para el ancho mundo por la puerta de Cádiz, de donde, a la edad de 20
años vino a Chile, para poner en sus incómodas ciudades vidrios, papeles
pintados y marcos de oro, metal que de afición aprendió a trabajar antes que el
cobre y la plata. «Don Ángel», como generalmente llámanlo, ha sido digno de su
nombre para sus compatriotas y para los chilenos en cuyo seno vive haciendo el
bien desde hace 47 años (1835).
XX
Llamábase el práctico que iba a decidir con su opinión de los destinos
del mineral de las Condes, «mal famado» en esa época como Chile después de la
vuelta y el desaire de Almagro, don Nazario Elguín, y este es el hombre bueno y
amigo a que antes hemos aludido. -Nacido en julio de 1815 en el asiento minero
de Calén, subdelegación montañosa del departamento de Santiago, hijo y nieto de
mineros de oro, (don Fermín y don Martín Elguín), el tierno minero pasó su
niñez en el fondo del arroyo meciendo su batea de madera o el monótono maray indígena,
hasta que crecido en fuerzas y en independencia, descendió al valle fronterizo
de Llay-Llay y entró en la faena vecina de la Patagua, poderosa
mina de cobre que el padre de quien esto escribe había comprado en 1833 al
antiguo minero y estanquero, don José Manuel Cea, hijo de Putaendo.
Y desde entonces, es decir, desde hace 50 años fué nuestro amigo, amigo de la
mina y del hogar.
Educado por sí solo en los ratos que el minero consagra de ordinario al
ocio o al placer, don Nazario Elguín, que lleva singularmente el mismo apellido
inglés del célebre lord británico (lord Elguin) que fué virrey de la India y
sustrajo los famosos frisos del Partenón de Atenas que hoy
adornan los muros del Museo Británico, hízose famoso en su comarca como
práctico, como cateador y ordenancista. «Don Elguín» era el oráculo de los
descubridores por su honradez y porque sabía de memoria las ordenanzas de la Nueva
España, libro venerando, por cuya resurrección claman los modernos mineros cual
los israelitas cautivos por el regreso a la tierra que Dios teníales prometida.
XXI
Con estos antecedentes, los habilitadores Costa y Sassi buscaron a don
Nazario y le rogaron fuese a visitar profesionalmente la quebrada de San
Francisco, último límite y cabecera del Mapocho, a fin de regirse
exclusivamente por su dictamen. Tenía esto lugar por la pascua de Navidad de
1869, días de alboroto y regocijo para el minero.
Y don Nazario, aprovechando la huelga de la montaña, internóse por las
quebradas sin más compañía que su macho y una tira de charqui con su pan y con
su ají; y cuando se apeó de su acémila en el paraje que hoy se llama la cancha
de carreras de la quebrada de San Francisco, notó con asombro que
estaba pisando un inmenso rebosadero de metal. Juan Godoy había descubierto
otra vez a Chañarcillo.
XXII
Bajó en el acto el perito a la ciudad de los pleitos, y encontrando por
los Tajamares a los socios que le habían enviado al cerro, mostróles el secreto
de su riqueza, presentándoles las ricas piedras que había arrancado de los
crestones y que traía a buen recaudo en sus alforjas. La habilitación de la
mina matriz de las Condes quedaba, así acordada, y al día siguiente hacíanse en
debida forma los pedimentos.
Pero junto con estos comenzaron los embrollos, porque el diligente
minero Cea, sospechando la riqueza, había puesto una faena en la descubridora y
ordenado a sus mayordomos que si Elguín volvía al mineral lo expulsasen, como
los griegos modernos a lord Elguin.
Han sido desde entonces las Condes como un tercer patio de los
tribunales de justicia, y en su centro debiera de preferencia edificarse, por
lo mismo, el famoso kiosco de los abogados que hoy los arquitectos de gobierno
terminan, como para apagar la poca luz que queda en ese sitio de tinieblas.
XXIII
Mas, mientras se seguía entre Cea y Costa el largo y ruidoso litigio de
la Descubridora, por prioridad de descubrimiento, o más bien, de
pedimentos, el inteligente Elguín dióse trazas para denunciar una estaca
independiente en paraje solitario, donde el rico metal formaba bajo el agua del
naciente Mapocho riquísima y escondida cascada, y allí se abrió en 1870 la boca
mina del nuevo Tamaya de Chile, en nombre de la comunidad
suizo-chileno-liguriana de Sassi, Elguín y Costa. Ganado por esta compañía años
más tarde el pleito al desdichado Cea, que rehusó incesantemente toda
transacción y murió de pena y de miseria, los socios voluntariamente se
apartaron, y el rebosadero de San Francisco quedó así dividido en dos
porciones: la Descubridora, que vino a ser el plato de
lentejas, cupo a Costa y a Sassi, por su albedrío, y los Bronces a
Elguín. Dos meses más tarde ofrecía a éste por su parte trescientos mil pesos
una sociedad formada por don Eleodoro Gormaz y don José Agustín Salas (1873), y
hoy, después de haber sacado de sus entrañas y a pala un millón, no la
cambiaría su feliz dueño ni por el doble de esa tentadora suma.
XXIV
Al mismo tiempo, y como acontece siempre en tales casos, los antiguos
minerales de plata que don Antonio de Hermida molió en su trapiche y el doctor
Segeth trituró en su mortero, resucitaron como Lázaro. La mina de los médicos
se convirtió en botica, y casi al mismo tiempo los mineros Lorenzo García y
José Vivanco descubrieron las ricas minas que llevan todavía el nombre del
santo del primero (la San Lorenzo, hoy propiedad de don Francisco
de Paula Pérez), y la famosa Isolina, nombre de martirizada
beldad que bien pudo el fiel amante que le diera trocar por el de Mazeppa.
La Isolina ha sido, en efecto, de tal modo castigada,
desgarrada y descuartizada desde su amoroso bautizo por el inteligente químico
don Antonio Brieba, que ha necesitado más que robusto pecho y bruñida coraza de
metales para resistir con vida a tanto asalto. Vendida a los ingleses, según
antes dijimos, desertada en seguida por éstos, que perdieron en su empresa
cerca de medio millón de pesos, o sea todo su capital social (80,000 £),
denunciada por este y aquel abogado, nombrándole tutor un día, curador en otro,
síndico más allá, llegó el caso de que habiéndose despachado carta de ruego por
el Ministerio de Relaciones Exteriores para notificar al directorio de la
sociedad inglesa en Londres, no se encontró más huella de su existencia que las
señas que pudo dar de su paradero la cocinera de uno de los accionistas....
La Isolina había llegado a ser, como la famosa Emma, mina de
plata de Utah, el terror de Londres y de los ingleses.
XXV
Pone todo esto en clara evidencia que el mineral de plata y cobre y
cobres platosos de las Condes es por demás rico. más por desgracia hállase
pésimamente ubicado a las puertas del Forum de esta gran ciudad, que ha sido
llamada, no sabemos si por beata o pleitista, la «Roma de las Indias». Lo que
es evidente es que si su asiento hubiese yacido a cien leguas de Santiago, no
se hallaría hoy tapada cada una de sus cien bocas minas con un cuerpo de autos,
cuyo embrollo trae sin esfuerzo a la memoria aquella leyenda de los chanchos de
Panquehue y el siervo de Dios Bardesi (que fué también minero de Potosí y San
Pedro Nolasco), porque habiendo rogado al buen varón el feudatario de aquella
hacienda don Luís de Caldera, redujese a mansedumbre las manadas de puercos
alzados que en aquellas vegas posaban, cuando San Felipe era todavía un
potrero, comenzó el santo a decir: — Hermanos chanchos, vayan entrando
al corral como entran los ahogados y los amales al infierno. .. y así
iban entrando (eso dice la tradición) los chanchos al redil mansos como
corderos.
XXVI
Libre de esta plaga asoladora, las Condes tomaron en breve su potente
vuelo; de suerte que dada la naturaleza y la zona geológica de sus minerales,
la industria libre y honrada sacará probablemente de sus entrañas tan gruesos
mantos de blanca plata como los de las capas de alba nieve que hoy la cubren. —
“No son los minerales de las Condes, dice a este respecto y con acierto a
nuestro juicio el articulista minero que abundantemente citamos en los
principios de este capítulo, no son de aquellos que deslumbran por su riqueza y
hacen surgir grandes especulaciones, pero sí son de aquellos que presentan una
amplísima base a la industria inteligente y que exigen una labor constante y el
empleo de los capitales necesarios para una instalación conveniente de las faenas.”
“Hace apenas doce años, cuando la fascinadora riqueza del mineral de
Caracoles llamaba a su seno a todos los mineros del país, daba fiebre a los
especuladores y alentaba aun a los más fríos capitalistas, fueron pocos los
mineros que no se deja- ron arrastrar por la corriente del entusiasmo y que no
abandonaron sus faenas.”
“Las exploraciones y los cateos se suspendieron en todo otro lugar que
no fuese el litoral boliviano, como entonces se decía. Cualquiera que hubiese
hablado de minas en la cordillera habría pasado por un loco.”
“¿Qué se habría dicho entonces de un hombre que con dos o tres cargas de
víveres y unas cuantas herramientas se iba por aquellos mismos días de fiebre
de Caracoles a reconocer unas minas, rodeadas de nieve eterna, en el nacimiento
mismo del Mapocho?”
“Sin embargo, aquel hombre, minero infatigable que había pasado cuarenta
años de su vida en los trabajos de las minas, veía con una claridad í una
perspicacia que solo da una larga experiencia. y emprendió el trabajo de sus
minas con una energía que ha sido justa y merecidamente recompensada por una
fortuna que no cambiaria hoy por la de ninguno de los felices de Caracoles,
incluso su descubridor.”
“Este minero infatigable y afortunado no es otro que don Nazario Elguin,
que ahora por sí solo y a pesar de sus años, despliega la actividad de un mozo
emprendedor, y mantiene por su cuenta una faena de más de trescientos hombres
que labran el camino que ha de facilitar dentro de poco no solo la explotación
de sus minas, sino de todo el mineral de las Condes.”
XXVII
En un punto de esta alegre profecía padece, sin embargo, grave error a
nuestro juicio el panegirista del ancho camino carretero de las Condes, porque
si no ponen sus dueños, a virtud de su privilegio de peaje, sobre alta roca
como la leyenda de Dante en el Infierno, un letrero que diga: — Por aquí no
pasan los ahogados ni los tinterillos, los autos, que son el verdadero manto
broceador de todas las minas ricas de Chile, no viajarán como hoy a caballo
sino en convoyes de carretas: y entonces
«LASCIATE OGNI SPERANZA VOI CII'ENTEATE.»
Anexos al Capitulo XVIII
I
Opiniones sobre la geología y mineralogía de «Las Condes», vertidas en 1850 por
Don Amando Pissis y por Don Ignacio Domeyko en 1875.
(Pissis)
«En la descripción de las rocas metamórficas de las cordilleras de
Santiago, (decía aquel sabio en su descripción geológica de esta provincia),
hemos hecho observar que fuera de la modificación general que había producido
los pórfidos, los jaspes y las amigdolvides, se observan en los Andes vestigios
de una alteración más reciente producida por la emanación de vapores ácidos que
parecen haber precedido al derrame de las braquitas. En estos terrenos, así
modificados, y siempre fáciles de conocer por su color rojo o amarillo, es
donde se encuentran todas las minas de plata de la provincia, tales como las de
la Dehesa, de San Francisco, San Lorenzo, San Pedro Nolasco y de otras muchas
localidades que están marcadas en el mapa. »Las diversas combinaciones argentíferas,
entre las cuales se nota sobre todo el sulfuro de plata, el cobre gris y la
galena se encuentran diseminadas en vetas de cuarzo y acompañadas de pirita, de
blenda y de sulfato de barita. Algunas veces aparece también allí plata nativa,
pero siempre en pequeña cantidad y en las partes superficiales. Se observa en
general que el sulfuro de plata existe en las partes superiores de las vetas,
mientras que el cobre gris y la galena abundan más en las partes inferiores.
Las únicas minas que actualmente se trabajan, son las de los cerros de San
Lorenzo y de San Pedro Nolasco». [113]
(Domeyko).
“Cordillera de La Dehesa y de Las Condes.” —Estas cordilleras son
muy abundantes en depósitos metalíferos. Sus vetas, que son de cobre y plomo
platosos, atraviesan por lo común rocas metamórficas, porfíricas,
estratificadas, pórfidos y brechas porfíricas, que alternan en partes con
mantos de arenisca de diversos colores. En este extenso grupo de
formación infraliásica se hallan las antiguas minas de plomo
platoso de San Francisco y las que actualmente producen masas inmensas de
minerales de cobre en «Los Bronces». A este mismo terreno pertenecen las
antiguas minas de «La Dehesa», donde hace años apareció en una altitud de 1,896
metros, un beneficio considerable de plata metálica en la Loma, otras, no menos
importantes, explotadas desde muchos años, por el doctor Segueth, entre las
cuales, la veta de las Arañas ha producido minerales de plata nativa y
clorurada con diversos criaderos cobrizos. En fin, gran número de vetas de
plomo y cobre platosos se conocen actualmente en la región alta de «Las Condes»
en cuya exploración empeña sus capitales la nueva compañía anglo-chilena». —
(Domeyko. Memoria citada de 1875).
II
Descripción del mineral de «Las Condes» por don Francisco de Paula Pérez.
(Carta al autor, Santiago, setiembre 25 de 1882).
...«Del cerro llamado del Plomo, que se eleva más de 5,700 metros sobre
el nivel del mar, se desprende próximamente de norte a sur una elevada serranía
cuyas vertientes orientales descienden al Rio Colorado y las occidentales al
Mapocho. Del cordón de esta rama de cordilleras nevadas se ve nacer varios
contrafuertes o espolones que con ligeros desvíos se dirigen al poniente y
vienen a morir en la angosta garganta por donde corre este rio, formando entre
ellos las llamadas quebradas de «San Francisco», «Valenzuela», «Piches» y
«Yerba Loca», en cuyos flancos se han descubierto las minas de plata de «Las
Condes» entre los 3 y 4,000 metros de altura.»
“Es muy probable que los filones argentíferos, encajados en medio de los
pórfidos estratificados de los Andes, hayan debido su origen a la erupción de
una gran masa de sienita que se extiende en contacto con aquellos, en dirección
de sur a norte; siendo digno de notar que este mismo rumbo asumen la mayor
parte de las vetas. Pero sea como yo lo imagine, o como otro lo explique mejor
que yo, puedo sí establecer como un hecho que las tales vetas se componen en
general de minerales de plomo argentífero: galenas, o carbonatos y sulfatos,
que provienen de su descomposición por los agentes atmosféricos, asociados con
sulfuros de antimonio y de arsénico; son, en una palabra, de la clase de
minerales que los prácticos llaman fríos. Por lo común van
envueltos en una matriz de cuarzo (gran enemigo de los fundidores) como sucede
en las minas de «Valenzuela» y los «Piches», o bien del mismo cuarzo
entremezclado con el espato perlado, espato pesado y óxidos de hierro, en cuya
compañía es más dócil para la fundición; tales son los
principales yacimientos del cerro de San Francisco y la «Yerba Loca.» Las vetas
son por lo común bien formadas, de uno a dos metros de potencia, sus
afloramientos aparecen en grandes extensiones y sobre ellos ha sido fácil
entablar los trabajos de explotación y demarcación de las pertenencias. Así
sucede, por ejemplo, en la veta San Lorenzo que es la principal del cerro de
San Francisco, sobre la cual existen explotaciones más o menos regulares en una
extensión que no baja de dos y medio quilómetros en las pertenencias llamadas
Fortuna, San Luís, San Lorenzo, Delirio, etc. etc. En la misma forma pudieron
entablarse los primeros trabajos de la mina Isolina que
pertenece a laCondes Mining Co. que se organizó en Londres en 1876, y de
laChilena, que son las principales minas del Cajón de
Valenzuela, y los de Azulillos, Salvadora y Merceditas de los Piches. Me
aseguran también que la mina San Rafael de la Yerba Loca, para
la cual se hacen grandes trabajos de caminos y otros para conducir sus metales,
tiene reconocida su poderosa veta en una extensión muy considerable. »
“Las que dejo nombradas son las minas que más han llamado la atención,
ya sea por la riqueza de sus metales (riqueza relativa porque su ley raras
veces excede de 30 marcos por cajón), o ya sea por las condiciones más
favorables de su ubicación, o por su mayor abundancia en minerales. Al lado de
éstas se encuentran en esas extensas serranías numerosas vetas de menor
importancia, pero que son susceptibles de un trabajo lucrativo y serán
explotadas cuando hayan abaratado los fletes mediante el mejoramiento de las
vías de comunicación, o cuando se planteen próximamente ingenios adecuados al
beneficio de sus minerales.”
“Esos numerosos depósitos metalíferos situados a tan corta distancia de
la capital, centro de todos los recursos que exige su laboreo, están llamados a
figurar en primera línea dentro las empresas mineras del país, cuando haya
pasado la fiebre de juegos de bolsa y busquen los capitales, hoy sobrantes y
depositados improductivamente en los bancos, su empleo prudente en compañías
industriales, y no en lo aleatorio de lo desconocido y lo fantástico.
Son varias las causas que han contribuido a que estos minerales no se
hayan desarrollado como era de presumir; unas debidas a la topografía de los
lugares en que se encuentran y otras al mal elegido sistema de beneficio que se
ha adoptado en los primeros ingenios que se fundaron. Unas y otras causas van
gradualmente desapareciendo y es de esperar que en poco tiempo más la
experiencia, la necesidad y el trabajo las hayan modificado por completo.
«Situadas las minas a grandes alturas, quedan cubiertas una parte del
año por las nieves, lo que obliga a desalojarlas a principios del invierno para
volver a restablecer las faenas a mediados de cada primavera. Cuando se haya
construido en ellas casas adecuadas a la localidad, y capaces de cobijar sin
peligro los trabajadores, habrá cesado también la necesidad del abandono
temporal y la marcha de los trabajos será más ordenada y económica. En seguida
los malísimos caminos y la falta de pastaje para las bestias de carga, han
dificultado y encarecido los trasportes a tal extremo que ha sido precio
corriente por el flete de un cajón de mineral de las minas a Santiago 55 y 60
pesos, y no obstante tan enorme gasto, los mineros han tenido que dejar en
canchas de un año a otro el producto de sus minas por carencia de elementos de
carguío, resignándose a llevar sus trabajos en una escala reducida. De este
modo se comprende por qué en los 8 o 10 años que cuentan ya de existencia las
principales minas, no se hayan realizado, puedo asegurarlo, más de 70 mil
marcos por las minas del Cajón de San Francisco y más o menos igual número por
las de Valenzuela, Piches y Yerba Loca. Para obviar estos inconvenientes se
organizó una compañía con 80 mil pesos de capital destinado a la construcción
de un camino carretero que deberla unir el rico mineral de cobre de Los
Bronces con el que conduce de Santiago a las Condes. El capital se
agotó a poco trecho en algunos quilómetros de camino y en muchos pleitos y
expedientes judiciales con el contratista, y hoy la empresa estaría abandonada
y la parte trabajada completamente destruida si no hubiera tomado a su cargo,
por su cuenta y a costa de sacrificios de dinero y personales, la empresa el
acaudalado minero don Nazario Elguín. Al empuje de este señor se debe el que
hoy puedan traficar carretas cómodamente hasta los Maitenes, punto
céntrico del camino; y si no desmaya en la enérgica tarea que se ha impuesto,
habrá dotado al mineral, en un año más, de una arteria real de circulación
segura y espaciosa, a la cual deberán confluir las demás vías secundarias de
las minas que vayan quedando atrás.”
“Los mineros de las Condes han tenido que luchar no solo con la
naturaleza escarpada de aquella región, sino también, lo que es muy propio de
nuestra tierra, con la hostilidad sistemática y tenaz del propietario del
fundo, que obedeciendo a su sempiterna rivalidad con el minero, le ha opuesto
siempre todo género de dificultades para el desarrollo de la industria que en
locos años ha hecho duplicar la producción de sus campos áridos y desiertos.
¿Cuándo abandonarán los hacendados el falso criterio con que juzgan la minería?
“
“La otra causa que he indicado como origen de la marcha ¡loco
satisfactoria de las explotaciones, es el mal elegido sistema de beneficio. En
efecto, el de amalgamación que fue el adoptado desde el principio de los
descubrimientos de las minas, es el menos adecuado a la naturaleza de los
metales. Por este motivo no han prosperado los ingenios que se han ido
sucediendo y casi todos ellos están paralizados. En esta condición se encuentra
el del Arrayán el de Los Maitenes y el que
está próximo a Bornachea que principia a movilizar don Diego Sutil.”
“Mejor inspirados han sido los que han adoptado el sistema de fundición
para el beneficio de aquellos minerales que, como te he dicho, son casi en su
totalidad de plomo argentífero. Cuando nuevas minas puedan suministrar al
fundidor minerales calizos o ferruginosos, que hoy pagan a precios
exorbitantes, con que mezclar los cuarzosos que ahora predominan para hacerlos
más posibles, y cuando se haya dado un paso más en la metalurgia nacional para
aprovechar el plomo que hoy no tiene valor comercial ea Chile, entonces,
acercando a las minas los hornos de manga que existen ahora a grandes
distancias las Condes tomarán su debida importancia y los mineros y fundidores
recibirán amplias recompensas por sus pasados sacrificios. Como ves, me he
limitado, por falta de tiempo y de estadio, a darte una idea general y a vuelo
de pájaro de lo que he creído que podría ser de algún interés. Si de estos
datos puedes extractar algo conducente a tu propósito, quedarán satisfechos los
deseos de tu afectísimo amigo.
F. de P. Pérez.
III
Ligeros apuntes sobre la producción del mineral de Las Condes, por don Juan
Valdivieso Amor
(Carta al autor. —Santiago, octubre 2 de 1882.)
«...Respecto del rico mineral de plata y cobre de las Condes, puedo
decir que la época exacta de su descubrimiento me es desconocida.
Sé que don Carlos Segueth y don Mariano Ureta trabajaron minas en el
cajón del Arrayán por el año 43, más o menos, y que los doctores Sazié y
Armstrong trabajaron también en otros puntos del mismo mineral minas de plata y
plomo. Se me ha informado que hubo un trapiche para beneficio de metales de
plata en el cajón que llaman de «Molina», cajón que dicen va a comunicar con el
de Maipo; he visto piedras a la entrada del cajón de San Francisco de la
hacienda de las Condes, que acusan la existencia indudable de un pequeño
establecimiento de amalgamación, y más abajo, en el punto que denominan «Lo
Fontecilla», se me ha dicho que hubo otro. »
»Esos datos revelan que las Condes, como mineral, se conoce desde mucho
tiempo atrás. »
»Pero ha muy poco, desde el descubrimiento de las famosas minas de don
Nazario Elguín y don Vicente Costa, en el cajón que llaman de “Los Bronces”,
por tener ese color (de bronce), los metales de cobre que dichas minas
producen, ha empezado el verdadero interés por trabajar allí. »
“La San Francisco, de don Francisco Osorio hoy, mina de
plata cuyos metales han alcanzado leyes de más de dos mil marcos, es más
antigua, sin embargo, mucho más antigua que las de «Los Bronces».
Ha sido la puerta de entrada de éstas, se encuentra antes, de manera que ha de
atravesársela para llegar a las otras.”
“Después de conocerse las minas de «Los Bronces», empezaron
los cateos por todas partes. Se encontró la San Lorenzo, de plata,
de los Pérez Caldera, que habrá dado 2,500 cajones de ley de 28 marcos;
la Isolina, que habrá dado tal vez doble cantidad de igual ley
y que parece no se agotará jamás. La San Lorenzo está situada
en el cajón de San Francisco, la Isolina en el de Valenzuela.”
“La San Rafael, de don José de Respaldiza, en la «Yerba Loca», es
también muy abundante. La Salvadora, y Fe, de mi
propiedad, no son mi abundantes, pero su ley es superior a las demás: espero
resolver un problema muy interesante sobre la hondura.”
“Las minas más profundas son las de cobre. La San Agustín,
de Elguín, da metales de 25% al barrer, y en una anchura media de 20 metros. Un
administrador mío que tuvo permiso para verla el año 70, me informó que el
beneficio iba en una anchura de 24 metros.”
“La Descubridora, de Costa, es también igual si no superior
a las de San Agustín.” “No se puede aun precisar si «Los Bronces» son
rebosaderos, vetas, etc.; lo único que se sabe es que las expresadas minas son
muy ricas. Se ha agregado a ellas en los dos últimos años, la Tránsito, de
Gregorio Donoso, y la San Antonio, de los Fernández López.”
“La San Agustín se dice que tiene 1.50 metros de
hondura vertical, y sus planes son los que llevan el mejor metal.”
“Las minas de plata no se sabe qué serán todavía en hondura. Sin
embargo, hay algunos antecedentes que les auguran honroso porvenir. Conozco
minas (las mías, Fe y Salvadora, de que no quiero
hablar), que por cada un metro de profundidad han ido aumentando un marco, a lo
menos, en la ley de sus metales.”
EI mineral de las Condes no ha podido desarrollarse antes de ahora: 1°
por las dificultades tan considerables que la naturaleza, la nieve, ha opuesto
a sus trabajos; 2° por la falta de mineros inteligentes que lo revelaran; 3°
por la ausencia de recursos de esos mismos mineros; y 4° por la absoluta falta
de protección de las autoridades y de los particulares capitalistas.”
“Ha sido menester para que adquiera algún desarrollo, para que haya
venido a tener algunas facilidades, que los primeros afortunados invirtieran
una considerable parte de sus riquezas en abrirle caminos, en catearlo, etc.”
“Sin embargo, se cree por todos los que lo conocen, por mí entre ellos,
que el mineral del porvenir de Chile y del mundo es el de las Condes, como
abundancia, como variedad de metales, como riqueza y duración de ellos.”
“Cada uno de los cajones Arrayán, San Francisco, Yerba Loca, Valenzuela,
Piches, Duarte, Dolores, Mercedes, Ángeles, Covarrubias, etc., etc., es de por
sí un mineral aparte, de considerables proporciones.”
“Con facilidades de acarreo, por punto general puede asegurarse que
ninguna mina dejaría de dar beneficio desde el sol.”
“Todas las vetas son anchas y metaleras.”
“La falta de establecimientos compradores ha sido otra de las causas que
ha retardado el progreso del mineral, —que me había olvidado sentar.”
“Los primeros establecimientos que hubo pagaron precios demasiado
insignificantes, que no podían menos de retraer a los mineros de sus empresas:
no alcanzaban a pagar siquiera los fletes. Un peso setenta y cinco centavos por
marco sobre leí de 10 marcos por cajón, seguramente no podía halagar a nadie.”
“Mientras tanto, en las Condes se halla el descubrimiento de Picarte, y
algún día se verá que Santiago tiene a sus puertas, en la minería, riquezas
tanto o más colosales que las descubiertas en el norte, y no menos interesantes
y positivas que las de su agricultura”.
IV
Minas principales del distrito de Las Condes agrupadas por quebradas.
(Comunicación de don Ángel Sassi.)
V
Establecimientos e ingenios destinados a explotar los metales de plata, plomo y
cobre del mineral de Las Condes.
I. —Establecimiento de los Maitenes, de la compañía inglesa.
II. — Id. del Arrayán, de don Juan Valdivieso Amor.
III.— Id. de Lo Barnachea, de don Diego Sutil.
IV.—Del Peñón, de don Enrique Concha y Toro.
V. —Central (el más considerable de todos) en Villaseca, de don
Francisco de P. Pérez.
VI. De la Alameda de Matucana, de don Daniel Garín y Cía
Capítulo XIX
La estadística de la riqueza metalífera de chile en el siglo XIX.
Edad completamente moderna de la plata en Chile según la Estadística. —
Comparaciones con otros países. —Los cómputos del virrey Gil en 1796 y los de
Chevalier en 1846. —Diversos pero honrosos puestos que los estadistas europeos
asignan a Chile, como país productor de metales preciosos.—Total de la
producción de plata de Chile según sus diversos minerales.—Demostraciones
numéricas por años, por quinquenios y por grandes períodos.—La producción de
plata de Atacama en 1853 y movimiento de sus minas en 1864, 69, 73, 74 y 80.
—La producción metalífera de Atacama en globo y su producción de plata al
pormenor y por minas en 1877. —Datos sobre la producción argentífera de
1876.—Datos correspondientes a 1872 sobre exportación de valores y a 1875 sobre
el movimiento de todas las minas de plata en el país.—La situación de
Chañarcillo en 1882.— Datos de la producción de la plata en Chile sacados del
archivo de la Casa de Moneda en un período de 110 años, (1772-1882.)
I
Acercándonos a las conclusiones económicas que el presente estudio
entraña, a fin de ilustrar nuestra actual situación y el venidero parécenos
oportuno hacer notar como puntos de partida estas dos importantes
consideraciones que fluyen sin esfuerzo de lo que va corrido de nuestro
trabajo, a saber:
I —Que la edad de la plata es absolutamente moderna en Chile y
II —Que antes de los descubrimientos de Nevada, Chile, país que en la
producción del oro había tenido el segundo puesto en el Nuevo Mundo, hasta el
descubrimiento de California, conservaba un lugar de no pequeño honor en el
rendimiento de la plata.
II
En general, la América del Norte ha sido más potente en plata que la del
Sur, y las minas de Méjico en el pasado siglo y las de Nevada y del Colorado,
que no son propiamente minas, sino verdaderas comarcas argentíferas, parecen
ponerlo en evidencia en el presente. En contraste, el agotamiento sucesivo del
Perú Alto y Bajo, tenderla a confirmar esta creencia general. Y si no fuera que
los hallazgos, más industriales que ricos de Huanchaca y Portugalete, de Lípez,
y Colquechaca,, en Bolivia, y los considerables yacimientos argentíferos de
Caracoles, de Cachinal de la Sierra, y de otros que sucesivamente habrán de
seguir saliendo a luz, bajo el ojo y la ojota del infatigable cateador del
desierto, seria de temerse que hay gran producción de plata en esta porción del
mundo quedaría airosamente representada solo por las minas y mercados de
Estados Unidos, cuyas casas de moneda, desde que se adoptó en 1878 como unidad
monetaria y de paso corriente el peso fuerte, «el antiguo duro mejicano», no
cesan de echar a la circulación del mundo un centenar o dos de millones de
pesos en cada año.
III
Y nada tendría por esto de extraño que, siguiendo la proporción del día,
los grandes centros de la plata en lo que queda por andar del siglo vinieran a
ser estos dos: Nevada en la América del Norte, Chile en la América del Sur.
IV
Cuando aun no se había descubierto ni a Tres Puntas ni a Caracoles, ni
la Florida, ni Cachinal de la Sierra, Chile que había pasado por un país
desapercibido, como productor de plata, adquirió en efecto, rápidamente entre
sus seculares émulos que tuvieron por sostén a Potosí y a Cerro de Pasco, a
Guanajuato y Zacatecas, el rango que hoy mantiene y que tal vez está llamado a
superar. Y entiéndase que la cantidad de plata existente en el mundo hasta la
época en que el ilustre Chevalier hacia su cuenta, habría cabido en un cubo de
11,477 metros que no alcanzaría sino a un tercio de la columna Vendóme, que
desde lejos presentase a la vista del paseante callejero de París como un
simple pilar. En cuanto al oro, habría cabido todo este metal acumulado en el
mundo antes de California, en un salón parisiense de 8 metros de largo por 8 de
ancho y 5 de elevación, i, lo que es más extraño, llenándolo solo hasta la
mitad, lo que habría permitido cómodamente bailar sobre el piso, como si
hubiera sido éste un tapiz de bruñido y reluciente espejo.
V
Por supuesto, antes de la emancipación americana ni el Perú mismo con
Porco y Potosí, con Oruro y Hualgayoc, con Pasco y Huantajaya, no alcanzó a
disputar la palma a Méjico en sus distritos mineros ya nombrados. No ha habido,
a la verdad, minas de plata más opulentas en el mundo que la de Catorce en
Zacatecas y la Valenciana de Guanajuato que a un solo dueño
tributóle, como la Deseada de Caracoles a sus accionistas, en
cuatro años 16 millones de pesos. Según Chevalier, que escribió su famoso libro
sobre la producción de los metales preciosos en América en 1846, el rendimiento
de la plata hasta esa fecha estaba representado de la manera siguiente:
Méjico: 60.782,917 kg
Perú: 58.163,062 kg
Chile: 973,000 kg [114].
VI
En cuanto al crecimiento gigantesco pero contemporáneo del rendimiento
argentífero de Chile, bastará recordar que Humboldt, al paso que nos otorgaba
en 1803 una producción comprobada de 2,807 quilogramos de oro al año, hacia
subir la de la plata a solo 6,827 quilogramos por año, es decir, que la plata
que valía entonces 30 veces menos que el oro, se obtenía, solo en la proporción
de dos tercios escasos más que el último metal.
Cuarenta y tres años más tarde, Chevalier, que había podido compulsar en
las comunicaciones de Domeyko al Instituto de Francia y en los documentos
oficiales de Chile solo una parte de los prodigios de Chañarcillo, se quedaba,
sin embargo, muí atrás, a nuestro juicio, cuando afirmaba en su obra citada que
las minas de Chile habían producido en el decenio corrido de 1835 a 1845,
38,592 quilogramos de plata. Y decimos que el cálculo del distinguido
financista francés nos parece sumamente inferior a la realidad, por cuanto no
correspondía siquiera a la producción mínima que Humboldt nos había concedido
en 1803, cuando no teníamos siquiera a Agua Amarga.
VII
Lejos de ello, y sin que creamos adolecer de patriótica exageración,
parécenos que podríamos estimar la producción total de plata de nuestro
territorio, en los 350 años que van corridos de su existencia, en una cantidad
de millones de pesos que no sería en mucho inferior a la de esa edad contada no
por siglos, sino por años.
Nuestro cálculo, fundado en los antecedentes más o menos exactos que
hemos venido fijando en el presente volumen, sería el siguiente, apuntando la
edad de cada mineral.
Producción de:
San Pedro Nolasco desde 1680 a 1811: $ 4.000,000
Uspallata desde 1738 a 1800: $ 4.000,000
Agua Amarga desde 1811 a 1881: $ 20.000,000
Arqueros desde 1825 a 1881: $ 25.000,000
Chañarcillo desde 1832: $ 150.000,000
Pampa Larga, San Antonio, Garín, Checo, Lomas Bayas, Romero, Cabeza de
Vaca, etc.: $ 20.000,000
Tres Puntas: $ 20.000,000
Caracoles: $ 49.000,000
Florida: $ 3.000,000
Otras minas: $ 10.000,000
Total: $ 305.000,000
VIII
Las demostraciones en globo y al detalle de estos resultados, que
abrazan en su mayor parte, casi en su totalidad, un espacio limitadísimo de
tiempo, desde la época de nuestra independencia política, (la cual sobrepuja de
cien codos la estéril edad colonial), abundan en nuestros archivaos y en
nuestros libros; y a este respecto, como cantidad colectiva, bastará decir que
según la estadística minera de la provincia de Atacama publicada en 1874, este
solo núcleo produjo en pastas metalíferas durante los 30 años corridos desde
1843 a 1878, la suma enorme de 201.826,240 pesos, correspondiendo tan solo a la
plata las siguientes asignaciones:
Plata en barra: $ 75.411,354
Ejes de plata: $ 8.682,233
Minerales de plata: $ 14.205,195
Cobres platosos: $ 598,489
Plomos argentíferos: $ 151,832
Relaves de plata: $ 184,420
Total: $ 99.233,523
En otros términos, la riqueza argentífera de la provincia de Atacama
está representada por cerca de la mitad de sus valores metálicos, o sea por una
suma de cien millones de pesos arrancada a sus minas de plata en el espacio de
30 años. [115]
IX
Siguiendo el mismo método demostrativo sobre la marcha ascendente de la
producción de la plata en Atacama, he aquí algunos peldaños de su escala,
advirtiendo que solo ocurren períodos de disminución en los quinquenios de
1853-57 y en el de 1858-62, en la siguiente forma: En el quinquenio de 1843 a
1847, la producción de la plata en Atacama fué de 6.834,987 pesos. En el de
1848-52: 16.787,037 pesos, o sea un aumento de más del doble, debido al
descubrimiento de Tres Puntas y al segundo alcance de
Chañarcillo.
En el de 1853-57, la producción fué todavía de 15.799,487 pesos,
notándose sobre el quinquenio precedente solo una disminución de 987,550 pesos.
Durante los cinco años corridos de 1858 a 1862, que fueron años de
broceo y guerra civil, la producción tuvo una merma de 6.641,772 pesos, pues el
rendimiento alcanzó solo a 9.157,715 pesos.
En los dos últimos quinquenios consignados en la estadística ya citada
de Copiapó, la progresión antigua vuelve a recobrar su escala ascendente, y la
producción argentífera está representada por estas cifras:
1863-67 —10.634,802, pesos, o sea un aumento de 1.477,687 pesos sobre el
período anterior. 1868-72—16.197,320 pesos, lo que equivale a un aumento de
5.562,524 sobre el período del año precedente. [116]
X
Adelantando ahora estos estudios estadísticos, cuya esterilidad aparenté
queda más que suficientemente compensada con el interés que sus de mostraciones
ofrecen al exportador y al negociante, al minero capitalista y al hacendista
ilustrado, nos cabe como resumen final de este capítulo de mineros, entrar en
algunas consideraciones numéricas y estadísticas sobre el desarrollo de la
minería en Chile hasta el último año en que aquel ha sido computado, y para
esto habremos de seguir de preferencia el luminoso cuadro y estudiosa
condensación que de sus maravillosos progresos hizo en 1875, con motivo de la
Exposición Internacional de ese año, el decano de la Universidad don Ignacio
Domeyko.
Según esas demostraciones, el número de minas que en todo el país
existían en 1875, se hallaban trabajadas por 24,019 operarios y distribuidos de
la manera siguiente, por provincias:
XI
Se observará que en este cuadro no aparece mencionada ninguna mina al
sur del Cachapoal, límite austral de la provincia de Santiago, y en cuanto a la
composición de aquéllas, hela aquí:
247 minas de plata (algunas de plata y cobre);
633 — de cobre (algunas de cobre y oro);
6 — solamente de oro.
XII
No es menos interesante el cuadro de la producción general metalífera de
Chile comparada en los años de 1873 y 1874, que el señor Domeyko condensa de la
manera siguiente en su informe mencionado de 1875, y en el cual el último año
1874 arroja solo un débil aumento (271,946 pesos) sobre el producto total.
XIII
En la provincia de Araucanía la plata mantiene sin embargo su predomino
sobre todas las demás pastas en el último de aquellos años, trabajándose en el
departamento de Copiapó 115 minas de cobre y 161 de plata.
La producción metálica de la provincia de Atacama alcanzó en el año
subsiguiente de 1875 a 13.668,471 pesos [117], lo cual no computando ningún aumento progresivo
sino la estabilidad de esa producción durante el quinquenio que nos adelantarla
hasta 1880, resultarla una exportación total de 68.342,335 pesos; y esta suma
distribuida en el espacio de 30 años, como lo fué la producción de 1843 a 1873,
nos haría llegar a las puertas del próximo siglo con una producción total
alcanzada en poco más de 50 años de 341.711,775 pesos de plata, sin tomar en
cuenta el natural y progresivo aumento de la explotación.
XIV
Y si a estos 341 millones (que bien podrían ser quinientos millones de
pesos) agregamos los 202 millones producidos tan solo por la provincia de
Atacama en los 30 años corridos de 1843 a 1873 y lo que las minas hablan
contribuido a la riqueza pública desde el primer año del presente siglo,
¿habría exageración la más mínima en decir que el siglo XÍX nos había legado
por el combo del minero (sin contar para nada el carbón de piedra) la suma de
mil millones de pesos, que fué todo lo que el fabuloso Potosí rindió al mundo
en más de tres siglos?
XV
Más aun. Alcanzó la producción de la plata barra en 1875 un aumento de
25.743,170 gramos sobre el año precedente que solo había producido 108.160,830
gramos. [118] Y todavía, para justificar nuestros cálculos
del presente y del porvenir, que evidentemente flaquean por su moderación y
agotamiento, el primer semestre de 1876 acusaba, según la estadística comercial
de ese año, un aumento progresivo que llevaría el rendimiento total de ese año,
no a los 13 millones que nosotros hemos aceptado como base, sino a 18 millones,
porque el rendimiento de ese semestre fué de 9.002,744 pesos.
¿Habría entonces exageración o merma y timidez evidente en computar la
producción argentífera de Chile hasta el presente en la suma de 305 millones de
pesos, alcanzados casi exclusivamente en los últimos 70 años desde 1810, y en
valorizar el rendimiento total del país en el presente siglo, con exclusión
absoluta de los fósiles (hullas, nitratos, etc.) en mil millones de pesos?
XVI
Y de esta suerte en el curso de los siglos del trabajo ordenado y de la
industria creadora, los proverbios antiguos —«es un Perú!» — «es un Potosí!»
han ido entrando en el dominio de la fábula y de la mitología de los pueblos
que derramaron fuera de sus senos aquella fabulosa cantidad de riquezas, al
paso que en Chile el proverbio convertido en hecho, como el verbo en carne, sin
alcanzar tamaña y ponderada fama, ha puesto sus tesoros sacados de recónditas
entrañas por el sudor austero de sus hijos, de cimiento a su prosperidad y de
peldaño para subir a la cima, según habremos de demostrarlo en el próximo
capítulo. [119]
Anexos al Capítulo XIX.
I
Datos estadísticos sobre la producción de la plata en Chile.
(Minas de plata explotadas en diversas épocas, según Cuadra. —
Apuntes sobre la geografía física de Chile).
1806 4 minas
1842 40 minas
1850 14 minas
1853 116 minas
1861 136 minas
1866 199 minas
II
Minas de diversas pastas metálicas explotadas en la Provincia de Atacama
es 1853, según el Intendente La Fuente, Memoria citada
III
Producto de estas mismas minas desde el 1° Enero de 1851 hasta el 30 de
Abril de 1856 [120]
IV
Empadronamiento de las minas de Atacama en 1869.
Minas empadronadas 649, clasificadas como sigue:
De plata 315
De cobre 204
De cobre y plata: 10
De oro: 27
De oro y cobre: 3
Total: 649
El movimiento que esas mismas minas tuvieron en 1869 fué el siguiente:
Minas: 399
Operarios: 7,732
La explotación total (también en término medio mensual) es como sigue:
Minerales: 6.330,346 quilogramos.
Plata fina: 11,654 «
Cobre fino: 754,341 «
Oro fino: 37,505 gramos. [121]
V
Producción de los principales minerales de Atacama en 1873.
VI
Movimiento de las principales minas de Atacama en 1874.
Esto es, 15 minas y 370 operarios menos que en 1873.
La exportación de valores metálicos de 1874 fué, fue sin embargo,
superior a la de 1873 en 3.509.957 pesos.
VII
Producción total de las minas de Atacama, según el «bosquejo» estadístico de
esa provincia de 1876.
La producción de plata de Atacama en 1876 fué de 65 millones 320,796
gramos de plata (65,329 quilogramos), distribuidos de la manera siguiente:
Producción de Chañarcillo sobre 18.036,711 quilogramos de metal.
* * * *
Total del departamento de Copiapó: 88 minas, 20.790,124 quilogramos
metal y 57,311 quilogramos plata.
En ese mismo año (1876), el establecimiento de amalgamación de la casa
de Gallo, benefició 1.646,531 quilogramos de metal, obteniendo 15,372
quilogramos de plata fina.
De esta última cantidad 6,814 quilogramos correspondían a la Andacollo
de la Florida, 11 quilogramos a Caracoles, 103 a las minas de Bolivia y 4 a la
Hoyada de Catamarca, en la República Argentina.
El establecimiento de Totoralillo benefició ese año 3,323 quilogramos de
plata, y el total de lo que produjeron solo la de los grandes establecimientos
del valle alcanzó a 64,223 quilogramos de fino.
VIII
Producción de las principales minas de Atacama, al pormenor, por minas y
por guanos, en el año de 1877, según la última estadística de minería publicada
(1879)
IX
Valor de la exportación de la plata en globo de la Provincia de Atacama,
los 13 años corridos desde 1868 a 1880.
* * * *
Valenciana 60,000
Minas Varias 1.020,000
Quebradita 59,500
Tres Puntas
Lomas Bayas
Romero)
Romero 50,000
San Antonio
Descubridora 550,000
Esta id 500,000
Farellón 100,000
Guía 10,000
Tunas
(Mineral de don Nicolás Naranjo, en el Huasco).
Domeyko 9.667,507
Guía 64,584
Resumen de la producción de plata en las cuatro Provincias del norte y
la producción en 1877.
X
Carta sobre el estado actual (marzo de 1882) de las minas de
Chañarcillo, por el administrador de una de sus faenas.
Chañarcillo, mayo 19 de 1882.
Señor Don Benjamín Vicuña Mackenna,
Viña del Mar.
Muy señor mío:
Es en mi poder su estimable carta de fecha 6 de los corrientes, por la
que se sirve pedirme datos sobre el estado actual de Chañarcillo para su nueva
obra de la Edad de la Plata en Chile.
Aunque no cuento con los datos suficientes para hacer a Ud. una
narración sucinta del estado de cada mina en particular y del mineral en grupo,
voy a escribirle una ligera revista que dará a Ud. una idea aproximativa de
este centro minero, que ha sido para el país una fuente inagotable de riqueza.
Chañarcillo desde su descubrimiento (1832) hasta nuestros días, ha sido
uno de los minerales más ricos del continente. La estadística minera de la
provincia de Atacama asegura que Chañarcillo no debe haber producido menos de
275.000,000 de pesos hasta fines del año próximo pasado.
Su época de mayor auge, en que las minas Descubridora, Manto
de Ossa, Bolaco Viejo, Candelaria, Colorada, Valenciana, San José, San
Francisco, Dolores Primera, Delirio, Constancia, y San Blas,
espelotaban grandes cantidades de metales de subida ley fina la que medió entre
los años de 1842 hasta 1853.
Hasta ese año de 1853, Chañarcillo se calcula haber producido más de 212
millones de pesos.
Por ese tiempo la mina que explotaba mejores metales fué la San
José, cuya ley subió de 9,000 (D. M.) diez milésimos, por ley común de
11,000 marcos por cajón. [122](1)
Posteriormente las minas Reventón Colorado,Guía de
Carcallo, Esperanza, Mercedes, Dolores Tercera, Santa Rosa y
Justina han sido muy ricas.
En la actualidad la mina Santa Rosa, es la mina jefe del
mineral por la riqueza de sus labores.
Es una mina nueva que al principio se llamó la Tajo por
unos rayos que en su superficie se trabajaron.
Desde 1870 adelante data su rica explotación. A la fecha habrá dejado
una utilidad líquida de 25,000 pesos por barra.
La mina que muy pronto será la rival de Santa Rosa será
la Constancia, situada al sur de Santa Rosa.
En la Constancia se han hecho últimamente grandes e
importantes trabajos de una utilidad segura para el futuro de la mina y aun del
mineral. Era una faena que estaba casi por completo inhábil para el trabajo,
pues tenía todas sus labores llenas de agua.
Los señores Tomás G. Gallo y Manuel Echeverría Blanco, sus socios
principales y capitalistas de arrojo para la empresa de trabajos mineros,
hicieron venir de Inglaterra maquinarias excelentes, usadas ya con éxito feliz
en California, para la extracción del agua contenida en las labores de la
Constancia.
Los pesimistas, generalmente galápagos de la minería,
porque desearían verla marchar lentamente, opinaron, al tener conocimiento del
audaz proyecto que se pensaba realizar en dicha mina, que era un propósito
extraño, muy aventurado, atreviéndose a juzgarlo insensato, inconsulto.
Sus propietarios, mineros científicos e infatigables luchadores de la
industria y del capital, llevaron adelante sus trabajos, y a los seis meses de
colocadas las máquinas de extracción, el agua empezó a disminuir notablemente,
pudiendo ver con júbilo y noble satisfacción premiados sus sacrificios y
acertadas sus ideas.
La grita que había llevado sus locas pretensiones hasta la prensa,
enmudeció ante la verdad que hablaba por los hechos.
La mina Constancia, de la que forman parte San Blas, Santa
Catalina y Flor de María, explotó muy pronto en una de las
labores recientemente secadas, un rico venero de más de un metro de ancho en
metal de 1,500 D. M. el conjunto, cuya primera remesa produjo la suma de 50,000
pesos, pagando la tercera parte del capital invertido en sus grandes trabajos.
Hoy se explota en esa mina una nueva veta en muy buen beneficio.
El porvenir de la Constancia tiene que ser muy feliz.
Allí se explotarán inmensos beneficios que el cerro oculta a la mirada
del minero neófito y del vulgo, pero que la ciencia minera descubrirá con sus
ojos de Argos en los misteriosos centros de la tierra.
El movimiento comercial que hoy día existe en el pueblo de Juan Godoy,
puede asegurarse que lo sostiene la Descubridora, Santa Rusa y Constancia,
que son las únicas minas que explotan ricas pastas minerales. Dolores
Tercera, Reventón Colorarlo,Inglaterra y Chacabuco, siguen
sus trabajos preparatorios a pura pérdida y con muy pocos operarios.
La población actual de Chañarcillo no sube de 2,000 habitantes, toda en
su mayor parte gente trabajadora a sueldos.
Una miseria bien marcada se nota en las clases pobres que solo viven de
sus destinos en las faenas cuyos trabajos se continúan.
Aunque no faltan las diversiones públicas y las casas de juego donde el
infeliz trabajador va a dejar basta el último centavo de su módico salario los
días festivos semanales.
Las autoridades competentes muy poco se cuidan de velar por la suerte de
estos individuos, permitiendo que la inmoralidad tome incremento con gran
perjuicio de la sociedad y de las familias compuestas de la juventud copiapina.
Careciendo de un diario que guie a los mozos por el sendero del bien, el pueblo
no recibe más consejos y enseñanza moral que la que en el púlpito puede
ofrecerle el cura de la parroquia de Juan Godoy los días de novenarios y
fiestas religiosas. Las costumbres las mejoran los libros y las leyes.[123]
Tenemos otras minas de porvenir en activo trabajo, aunque no tan
halagüeño como el de la Constancia, pero sí de un futuro de bonanza
que influenciará mucho el progreso de la industria en el mineral.
Merceditas, Reventón Colorado, Dolores 3a,Inglaterra,Tojos y Chacabuco son
pertenencias que por la situación que ocupan, están llamadas a ser más tarde
las mantenedoras de la fama de Chañarcillo por los ricos veneros que explotan.
Existen otras minas que han sido ricas en los buenos tiempos de
Chañarcillo y que hoy están dadas al pirquen[124] y que si se entablaran trabajos en sus
labores de planes, volverían a su primitivo estado de riqueza. Delirio,
Colorada, Esperanza, Bolaco Nuevo y Manto de Ossa, minas
sumamente ricas en otra época, hoy solo explotan lo que los pirquineros extraen
lentamente.
El sistema de pirquén establecido en este mineral por la casa de Escobar
y Ossa, después Escobar y Brown, poseedores de las mejores pertenencias, ha
traído la ruina completa de las faenas que poseían, y aun la mala situación que
afije al mineral y pueblo de Juan Godoy, sufriendo en su mayor parte el peso de
la crisis el comercio, es originada por esa causa. Los pirquineaos que solo se
interesan en extraer de las minas que trabajan la mayor cantidad de metal, se
preocupaban muy poco de sacar las brosas o mantos de piedra, sin beneficio,
sino que las arrojan a las labores antiguas hasta aterrarlas paulatinamente.
Si se intentara desaterrar estas minas, habría necesidad de invertir en
ese trabajo una suma igual a la que han producido.
Solo una mina ha sido trabajada en este mineral con arreglo al arte
minero: — Loreto.
Sus laboreos han sido trabajados científicamente sin perder un palmo de
cerro y explotando siempre ricos veneros de una potencia maravillosa.
El último beneficio que esta mina ha explotado se cree que haya
producido 300,000 pesos.
Esta pertenencia es de propiedad de los señores Mandiola.
Debe tenerse presente, al ocuparse de las minas de plata, que las hace
el capital.
Sin capital para laborear los sólidos y gruesos mantos que existen en
esta sierra hasta tocar las regiones buenas, no habrían llegado a producir las
inmensas cantidades de minerales estas minas y que han formado esas fortunas
que hoy se pavonean en el mundo. La falta de capitales con que seguir los
reconocimientos que en muchas minas hay necesidad de hacer, es la causa
principal del mal estado por que atraviesa Chañarcillo. Pero el trabajo activo
que el señor Tomás G. Gallo, hermano del nunca olvidado Pedro León Gallo, —la
encarnación nías pura de la probidad política en Chile, — tiene establecido en
la mayor parte de las minas de su propiedad, traerá, no lo dudo, en una época
no lejana, una nueva era de riqueza y bienestar que será un renacimiento de la
industria minera en la provincia de Atacama.
No son juicios infundados estos; aun quedan en Chañarcillo muchos
veneros ricos que explotar y que no se han explotado todavía, porque no se
tocan los mantos y cruceros en que esos veneros pintan.
Yo puedo asegurar a Ud. que Chañarcillo renacerá como el fénix de sus
cenizas. ¡Ojalá que algunos industriales traigan sus capitales aquí para
invertirlos en trabajos mineros, que son más seguros y productivos que los del
guano y el salitre que se hacen en Aguas Blancas y Taltal, donde lastimosamente
se malgastan inmensas sumas!
Deseando a Ud. salud y a su libro fortuna, me suscribo atento S. S.
Pedro P. Figueroa
XI
Estado de producción de los minerales de Chañarcillo durante el, primer
semestre de 1882.
XII
Exportación de valores de plata sellada y plata piña (incluso los
billetes de banco) importados y exportados en 1872 por la Compañía Inglesa de
Vapores del Pacifico, según datos de la bolsa comercial de Valparaíso en 1873
Valores Importados: 3.906,315
Valores Exportados: 7.409,668
De estos valores, que constituían una verdadera sangría para el país y
explican mejor que cualquiera otro dato la crisis de 1873, salieron por los
vapores que van al Norte 4.211,356 pesos por los del Estrecho 3.198,312 pesos.
La exportación de valores de 1872 ascendió a la de 1871 en 3.789,128 pesos.
XIII
Plata acuñada en la Moneda de Santiago en 1881, según la última memoria
del Superintendente, don Aniceto Vergara Albano.
Valor de la cantidad acuñada desde 1852 a 1881 (30 años), 51.383,174
pesos, que han dejado a la casa una utilidad de 1.572,332 pesos, o sea 30,574
pesos por cada millón. [125]
Capítulo XX.
Influencia de los descubrimientos de plata en el progreso y civilización de
Chile
Profunda miseria y atraso en que yacía el país antes del gran
descubrimiento argentífero de Arqueros en 1825. —La condición de Santiago sus
andrajos.—Los donativos de la guerra de la independencia. —La municipalidad de
Santiago en quiebra por haber comprado una pila de mármol. —El pago del
ejército y cómo este se hacía con sal y con chancaca. —Curiosos documentos.—Se
recurre al empréstito extranjero y para saldar estos escándalos y sus vicios se
inventa otro mayor. —Vergüenzas de don Mariano Egaña en Europa.—El presidente
Blanco Encalada renuncia porque no pueden venderse cuatro mil vacas gordas.
—Sublevaciones de hambre del ejército. —El Ejecutivo y los representantes del
país se disputan 3,000 pesos destinados a las viudas. —Horrible miseria.
—Sobreviene el descubrimiento de Arqueros, —Notables mudanzas. —La provincia de
Coquimbo ofrece rescatar la parte de gabela que le impone el Estanco. —Crea un
banco y se decreta una casa de moneda para la Serena. — Progresos de la
provincia de Atacama y generosa participación que sus capitalistas toman en la
guerra de 1836-39. —Opinión equivocada de don Andrés Bello sobre la influencia
de las minas en la prosperidad de los países. —El ferrocarril de Caldera a
Copiapó, el primero de la América del Sur', coincide con la segunda bonanza de
Chañarcillo. —Progresos de la agricultura derivados directamente de la
minería.—Canales de regadío. —Todos los progresos de Chile aparecen encadenados
al auge de sus minas.—La minería de Chile en la Exposición de 1875 y su
influencia local y general en la inmigración y en el progreso público. — Por
qué proseguimos la presente obra.
I
Conocimos nosotros en nuestra juventud un ilustre almirante chileno, que
residía en París, y un presidente de la república, no menos esclarecido, que
solía habitar en la Moneda, quienes, mediante una década de años el uno en pos
del otro (1853 63), acostumbraban a la llegada de cada vapor del norte
preguntar, no por el ruso ni el inglés, ni si había subido o bajado el algodón
y sus lienzos, ni por el precio del trigo en el mercado de Londres, ni por los
reyes o los socialistas, ni por la alza y baja de los fondos de Chile, sino
simplemente por la bonanza y broceo de «las minas de Copiapó».... Y aunque el
aguijón de la curiosidad y de la pregunta podrían ser diferentes en el uno y en
el otro, es evidente que en arabos obedecía la investigación a un claro concepto
del corazón humano y de las leyes primordiales que lo dominan. Porque si las
minas se hallaban en beneficio había de seguro paz, contento, hartura, sobra de
trabajo, esplendor de riqueza, todos los placeres, todos los progresos en fin,
atados en un solo nudo. Y si por el contrario la esterilidad había visitado las
entrañas de la tierra, como las de la mujer, trocábase todo en murmuraciones,
en disgustos y hasta en materia de golpes y revueltas.
II
Y a la verdad no sería hoy empresa de gigantes dejar plenamente
demostrado en ese camino que el progreso público de Chile ha ido siempre a
parejas con la prosperidad de sus minas del norte, especialmente con la
abundancia de sus veneros argentíferos.
Antes de los descubrimientos sucesivos de Agua Amarga (que fué el nervio
de la independencia), de Arqueros y especialmente de Chañarcillo, la miseria de
esta tierra era casi indecible, porque sin salir de su capital, que era su
joya, hay constancia de que en una ocasión no pudo llenar su piadosa misión el
Santísimo de la parroquia de Santa Ana, porque el párroco se pegó con su
caballo en un pantano a corto trecho de la iglesia, y el pobre moribundo fuese
así a la otra vida sin el último socorro, por el barro.
La ciudad entera vivía asimismo entre dos basurales, de los cuales el
del sur, opuesto a los vientos reinantes, llamábase la Cañada, hoy
jardín de las Delicias, y el del norte, el Basural, al presente
opíparo mercado. Enterrábase a los ricos en las iglesias, y por la mañana
amanecían las plazuelas y calles adyacentes sembradas de asquerosas almohadas y
jirones de mortajas, porque los sepultureros, a fin de hacer lugar a los recién
llegados, arrojaban las vestimentas y aun los huesos de los predecesores.
Con el propósito tardío y criticado de hacer barrer la ciudad cada dos o
tres meses (o años), mandaba el municipio aporratar en las chácaras vecinas
todas las carretas para un día dado, y esto en tan reciente data, que nosotros
conocimos la plazuela de la Universidad, que hoy es del teatro, con alojamiento
permanente de carretas de picana, para alquilar a domicilio, mientras que el
primer vehículo de posta de la inmensa abierta ciudad, fué un desvencijado
birlocho que un muchacho tiraba al postillón hacia Yungay desde su apostadero
en la plazuela de la Compañía. No era ciertamente el tiempo en que los ediles
no tenían donde sentarse por falta de dinero para comprar una banca, ni cuando
no se citaba a cabildo porque se había perdido la lengüeta de la campana
concejal y no se encontraba quien la remendase sino a título de multa; pero es
un hecho cierto que cuando la Municipalidad de Santiago compró por el año de
1829 la pila actual de mármoles que adorna el centro de su plaza (que antes
había trampeado el Perú a su escultor) estuvo al hacer ruidosa quiebra, porque
no pudo pagar el segundo dividendo de su compromiso que en su total valía lo
que hoy el arriendo de un palco de ópera por diez años,—doce mil pesos.
III
Las rentas del Estado apenas alcanzaban a un millón de pesos, y cuando
en 1813 se trató de vestir el ejército que iba a pelear a Rancagua y a vencer
en Maipo, el ciudadano de más fuste para con la república fué el opulento
caballero don Martín Calvo Encalada, que dio 50 pesos, y la mitad de esa suma
el conde de Quinta Alegre. Un tesorero real (don Hipólito de Villegas) obló,
conforme a las listas del Monitor Araucano, «ocho varas de pontivi y
un par de medias», mientras que el ciudadano don Manuel Chacón hacía a su
patria en harapos la ofrenda de «seis varas de pana negra» (probablemente algún
hueso de trastienda o sobra de ataúd), y don Pablo Riveros le obsequiaba
generosamente «dos gruesas de botones», es decir, doscientas hormillas de
hueso....
Por esto, el ejército que nos dio a Maipo peleó con ojotas (cinco mil
pares), y el que quitó a la España a Valdivia escaló sus muros con el pié
descalzo y sin más atavío militar que un poncho terciado a la cintura. Los
soldados que algo más tarde custodiaban a Osorno pasaron un año entero con el
cuero de las cartucheras pegado a su propio cuero, hasta que al fin,
desesperados de hambre y desnudez, mataron a su coronel (don Cayetano Letelier)
y veinticinco de sus oficiales.
IV
Era a este respecto sumamente elocuente e instructivo a propósito del
grado de prosperidad que alcanzaba la nación, lo que acontecía con el pago de
su aguerrido ejército después de las campañas.
Así, por ejemplo, en 1823 se hacía el ajuste del regimiento de Dragones
de la Libertad, entregándole el aporte de un mes, dos o tres años atrasado, en
libranzas sobre el diezmo de los trigos, y para reducir estas a plata,
comprábanlas los comerciantes con un 25% de descuento y dando casi la totalidad
de los valores en especies. Tenemos a la vista original uno de estos singulares
pagos hecho a aquel cuerpo en Concepción en agosto de 1823, en el cual el
comerciante don Gaspar del Pozo aparece suministrando por cuenta de uno de
aquellos libramientos de la tesorería de Santiago, que eran mil pesos de
diezmos, «437 varas de tocuyo, 36 pares de medias, una resma de papel, 20
barrillas de lacre y una caja de obleas en dos y medio reales»; al paso que un
respetable comerciante de Santiago, don Domingo de Toro, descontaba en esa
misma época una libranza de 3,000 pesos al 30%, y después de rebajar 900 pesos
de la operación numérica, entregaba al habilitado del regimiento para conducir
a Concepción «13 piezas de pontivi, 11 de bófeta, 15 arrobas yerba-mate, 2
libras de té a 20 reales», y lo que era más singular y más característico que
todo esto, «400 quintales de sal a 22 reales quintal, y mil pesos en
chancaca en tablillas de cuatro onzas, a medio la tablilla... »
V
Y para que no se crea que en lo más mínimo exageramos sobre la profunda
miseria de aquella edad en que nacían los tres presidentes que uno en pos de
otro han regido la república y sus millones en sus últimas décadas, vamos a
copiar en seguida de un expediente auténtico los siguientes documentos que
hacen relación a la riqueza pública, a la suerte mísera del soldado y a la
incuria de los antiguos gobernantes.
Esos documentos peculiarísimos de una situación que se hacía fija,
normal y llevadera, dicen así:
REGIMIENTO DE DRAGONES DE LA LIBERTAD.
«Los infrascritos oficiales del expresado regimiento del cual es
comandante el señor coronel don Domingo de Torres, reunidos en su alojamiento y
convencidos de las justas reflexiones hechas sobre la extrema urgencia del
erario público, de la que resulta que tanto nosotros el cuerpo de oficiales así
como toda nuestra tropa nos pasamos una serie de meses absolutamente
privados de nuestros sueldos, únicos recursos que tenemos para subsistir, y
en consideración a que, a pesar que nuestro señor comandante pone en práctica y
hace todos los esfuerzos que están a sus alcances, tanto públicos como
privados, para auxiliarnos y subvenir a nuestras necesidades, éstas siempre nos
rodean, por tanto, unánimemente hemos acordado y convenimos en los artículos
siguientes:
"Art. 1. Por la presente autorizamos ampliamente a nuestro
comandante el señor coronel don Domingo de Torres para que reciba del estado o
Tesorería la cantidad de tabaco que juzgue oportuna, a cuenta de
nuestros haberes y de los de toda la tropa del regimiento.
“2.Al precio que se reciba el tabaco del erario se cargará a todo el
cuerpo.”
“3 Hallándose en esta capital y sus inmediaciones el tabaco a un
inferior precio, queda autorizado nuestro señor comandante para que pueda
comisionar uno o dos caballeros oficiales del cuerpo, a fin de que
salgan a las campiñas o pueblos a vender el tabaco,ya sea por plata o
a cambio de víveres o por lo que sea útil para nuestro regimiento.”
“4. Igualmente autorizamos a nuestro citado jefe para que, en vista de
nuestras escaseces, pueda recibir del estado o de particulares efectos a cuenta
de nuestros haberes y de la tropa, los que se nos cargaran al precio que conste
de la factura.”
“5. El tabaco por lo general se deteriora en conducirlo al almacén o a
los destacamentos por la fragosidad del camino, en solo moverlo, de lo que
resultan pérdidas, así como otros por acontecimientos imprevistos o
casualidad.”
“En esta virtud, y a fin de que ningún individuo del cuerpo se grave con
cualesquiera pérdida o deterioro que resulte ya sea en el tabaco o efectos, por
lo tanto se autoriza suficientemente a nuestro expresado señor comandante para
que por medio de un certificado manifieste lo que ocurra; en este caso el
documento se introducirá en la caja del regimiento, el cual servirá de
suficiente credencial en la cancelación de cuentas. —Y para que
conste, firmamos esta en Concepción a 10 días de noviembre de 1823.”
“ José Manuel Luque. —Francisco Carrillo. — Fernando Cuitiño.
—Ramón Navarrete. —Agustín Baldovino. — Florentino Cabrera. —Vicente Benavente.
—Juan Pablo Moliné. —F. Antonio Bargas. —Melchor Nogueira. — Fernando
Hermosilla. — Dámaso Argesinezo.—Justo Barriga.—J. Bernardo Gómez. —Gregorio
Fernández. —Alexo Zañartu. —Francisco Vieytes. —Fermín Salguedo. —José Antonio
Gazo. -—Pedro Martínez. —José María Reyes. —Patricio González. —Antonio Marta
Barroso .”
“No firma el teniente coronel del regimiento don Bernardino Escribano,
por hallarse ausente.”
“Aprobado, debiendo rendirse las cuentas a la caja documentada en debida
forma, como lo prescribe la ordenanza.”
Torres.
¡Qué mucho entonces que, todos los días se sublevasen los cuerpos del
ejército, enloquecidos los infelices soldados por el hambre, y que los
Cazadores de a caballo, empañando por la primera y última vez su bandera, se
pasaran en Chillán a los Pincheiras!
VI
Habíase tocado para obviar estos escándalos el escándalo del empréstito
de 1822, que fué un inmenso fraude, es decir, un escándalo mayor, y para
remediar el daño de este creóse el Estanco que fue un abominable crimen
político de modo el país gemía aplastado por la más negra vergüenza de una
nación, la de no pagar sus deudas contraídas bajo el empeño de su honor. —«No
quiero hablar, escribía el atribulado don Mariano Egaña desde Londres a su no
menos acongojado padre en 1875, no quiero hablar de la falta de pago de los
dividendos del empréstito. Casi me he muerto y tirito al acordarme de esto.
¡Qué he de decir! No se ha pagado; y el público inglés despedazaría al gobierno
de Chile si se personificara y lo tuviera a. mano. Yo soy su representante, y
ayer mismo ha venido a verme un tenedor de obligaciones (son visitas que estoy
recibiendo hace días) y entre las muchas cosas suaves que me dijo, fué una «que
no encontraba diferencia entre un asesino, que en un camino hería a un pasajero
para robarlo, y el gobierno de Chile.»
VII
Y por su parte un año más tarde el presidente Pinto en un mensaje al
Congreso en agosto de 1826 le decía:— «¿Cuántas angustias no está sufriendo el
gobierno con ese benemérito ejército del sur, que después de haber hecho una
campaña gloriosa, se halla en cueros y debiéndosele casi todo el tiempo que han
estado peleando? ¿Cuánto cuesta resistir las lágrimas del inválido y de la
viuda que en las audiencias públicas piden algún socorro?» Después de asegurar
que los gastos más urgentes de la administración estaban haciéndose con
préstamos sobre el crédito personal del vice-presidente, la nota concluía en
estos términos: «Aun restan 3,000 pesos que se habían reservado para las viudas
y mujeres que gozan asignaciones, y que por lo calamitoso del tiempo no han ocurrido
por ellos. La representación nacional puede disponer de ellos, que el gobierno
buscará medios de remplazarlos y en el caso que no tenga a bien aceptarlos,
emitirá certificados contra productos de aduana.»
«Poco tiempo después, añade uno de los compaginadores universitarios de
la historia doméstica de Chile, el ejecutivo toma su desquite. El presidente
del Congreso, don Diego José Benavente, en una de las inmediatas sesiones,
expuso que multitud de viudas e inválidos habían estado en su casa a reclamar
sus pensiones o sueldos, exponiéndole que en la tesorería no se les había
pagado por falta de dinero, y se les había dicho que el Congreso tenía los
fondos necesarios. Vivamente herido, el Congreso ofició al ejecutivo
manifestándole el gran desagrado con que había mirado semejante proceder. »
Hacía poco tiempo que el general Blanco había renunciado la presidencia
de la República, entre otros motivos porque no pudieron venderse cuatro mil
vacas gordas secuestradas a los frailes y destinadas al pago del ejército. ¡Y
cuidado que una vaca valía entonces lo que hoy una docena de paltas o una
camisa de hilo con cuerpo de algodón!
VIII
Y bien. En medio de todo esto surgió el descubrimiento argentífero de
Arqueros a fines de 1825, y la miseria, el descrédito, la ruina, todo como por
encanto cambió de aspecto. El numerario abunda en las arcas públicas; los
mineros de Coquimbo establecieron el primer banco radicado en Chile, y como en
su lugar dijimos, llevóse en 1827 a aquella provincia hasta una casa de moneda,
independiente de la de la capital. La provincia así beneficiada por el hallazgo
de un arriero ofreció rescatar al contado su parte de gabela en el Estanco, y
hombreándose con Santiago, de provincia a provincia, casi de estado a estado,
ofrecióle su influencia y su dinero. [126]
El progreso latente de Chile en esa época comenzó a hacerse visible en
toda su superficie, y en una carta que el general Santa Cruz escribió desde
Arequipa al general O'Higgins a fines de 1829, regresando de nuestro país al
suyo (carta que hace poco hemos dado a luz) ponderábale el increíble adelanto
de la República aun en medio de los trastornos y de las matanzas de la guerra
civil. Lircay no alcanzó a esterilizar del todo a Arqueros.
— «En lo demás, decía Santa Cruz en esa carta, las turbaciones son
consiguientes a la falta de unión y respetabilidad del gobierno; pero al través
de estos mismos desórdenes en la administración, aquello progresa
admirablemente y soy seguro que usted mismo desconocería el grado de opulencia
en que se ve Chile a expensas de su floreciente comercio y de su posición
geográfica; pues allí está siendo el centro de la navegación de toda la América
del Sur.» [127]
IX
Sobrevino en seguida Chañarcillo, y Santiago se cubrió de suntuosas
mansiones y los campos del sur de canales de regadío. No fué propiamente el
agua del Maipo lo que fertilizó su extensa hoya, sino la fuente milagrosa que
en una tarde de mayo hallóse Juan Godoy. Otro tanto puede decirse de los valles
de la Requínoa, de Arquen y muchos otros campos antes eriazos, y de varias
industrias sin capital y sin salida. Las bocatomas de la mayor parte de los
acueductos de irrigación en Chile desde el Huasco al Malleco, comienzan en la
bocatoma de sus minas. [128](1) Y lo mismo puede decirse de sus ferrocarriles.
El primer ferrocarril de la América española fué labrado con las barras de Tres
Puntas, y el de Valparaíso a Santiago coincidió en su iniciativa con el alcance
de la segunda región metalífera de Chañarcillo.
X
La abundancia de ese tráfico creado por la producción y la amplitud de
tus capitales, dio vida a la primera compañía de vapores que vino de Inglaterra
para el cabotaje de nuestros puertos; de los vapores surgió el carbón de
piedra; del carbón de piedra las industrias fósiles y la explotación del cobre
en grande escala, y es así cómo las minas han ido forjando, a la manera, de los
cíclopes, la escala que nos conducirá a la cúspide, si perseveramos en el
trabajo y la cordura y esto contra el concepto de muchos que no nos han querido
mal. [129]
XI
La industria minera como la ola que se vigoriza con el empuje de su
propio reflujo, alcanzó también su parte no pequeña en el festín del progreso,
y gradualmente ha ido subiendo al nivel no solo industrial sino científico que
hoy toca. El ilustre Domeyko compendiaba en su laboriosa ancianidad las gradas
que había recorrido la minería chilena enumerando la abolición de las viejas
gabelas españolas, la cooperación del capital inglés, ocioso en su país,
prolífico en el nuestro; al perfeccionamiento de los beneficios industriales;
la libertad de explotación otorgada al carbón fósil; la conversión de las
caletas solitarias en puertos de salida; la aplicación del vapor a la
extracción de los metales; los ferrocarriles que abaratan su trasporte; la
emigración, en fin, de hombres inteligentes que afluye a los centros minerales,
entre los cuales es de justicia colocar al ilustre autor de esa reseña en
primera línea, como a lumbrera de la ciencia. [130]
XII
Tuvo oportunidad y teatro adecuado para mostrarse con gran esplendor la
minería chilena y sus conquistas en la ciencia, en la roca y en el certamen
durante la Exposición Internacional de 1875, en la cual casi todo lo demás, y
especialmente lo extranjero, es decir, lo «internacional», hizo fiasco. «Con
placer, dice a este respecto el esclarecido sabio cuyo testimonio de fundador
en tantas ocasiones hemos citado, con placer recordará el público que el año
pasado visitó la Exposición Internacional, cuan brillante e imponente vista
tenia aquel gran salón en que más de cien armarios apenas podían contener el
inmenso surtido de productos minerales enviados de todas partes de Chile y de
las repúblicas vecinas. Cada asiento de minas de plata, de cobre, de plomo, de
cobalto, etc., ostentaba su propia riqueza. »Ahí, ante todo, llamaban la
atención de los curiosos las masas de plata nativa del norte, acompañadas de
grandes trozos de plata córnea de Caracoles y de Florida, cristales de plata
sulfúrea, y de bello color rojo como rabies, y los de rosicler. Al lado de esa
valiosa colección exhibida por el señor Escobar, se veía otra, numerosísima y
más variada en especies, de gran mérito científico, en- viada por la junta de
minería de Atacama, compuesta en gran parte de muestras pertenecientes al gran
museo mineralógico del Liceo de Concepción y arreglada por los hábiles
conocedores de la mineralogía chilena, los ingenieros Carvajal y Mandiola. »
“En medio del salón, entre aquellas dos colecciones que parecían
señorear como mensajeras de la región más rica en plata, estaban agrupados unos
cincuenta trozos de ricos minerales de plata córnea, de plata nativa y algunos
sulfurados de las de tanta fama Las Descubridoras de Caracoles, con
muestras de rocas, de criaderos metálicos y de fósiles del mismo cerro.
»Venia en seguida la colección de minerales de la provincia de Coquimbo,
mandada por la junta de la Serena. En esta colección, que ocultaba ocho
armarios, estaban comprendidas tres colecciones de propiedad particular de los
señores Videla, Campino y Campbell, y en ellas se hallaban hermosas muestras de
cobre nativo de Andacollo, ricos minerales de azogue de Punitaqui, otras de
cobalto, de oro, y entre otras, algunas de amalgama nativa de Arqueros, que
hacían recordar la antigua riqueza de aquel poderoso asiento de minas. »
“En otra parte del salón llamaba la atención una larga serie de estantes
llenos de productos minerales de cobre, plata y plomo, de las minas de
los Puquios, de Agua Amarga, Carrizal y Tunas.
Distinguíanse entre ellos algunos de gran tamaño, de más de un quintal de peso,
exhibidos por el señor Aranda, y otros, también enormes, ricos en plata,
enviados a la Exposición por don Nicolás Naranjo.”
XIII
Y continuando esta deslumbradora revista de nuestra opulencia exhibida
en trozos, en muestras y en estantes, después de presentar bajo sus diversos
prismas todos los metales y los fósiles de nuestro país volcánico, desde el
albo azufre a la renegrida antracita, desde el azul cielo del lapislázuli al
incoloro cristal de roca, a los mármoles, a los jaspes, al pórfido y al granito
que son nuestros cimientos geológicos y a la vez nuestras cúspides altivas, el
geólogo y el mineralogista, encerrándose como en un cofre en el reino de la
plata, agregaba respecto de los minerales andinos que se miran sobre Santiago
cual el farellón en la laguna que borda y domina: «Con interés y atención, no
menos decidida, solían detenerse los empresarios de minas en la extremidad del
mismo salón, donde con maestría y buen gusto estaba arrebolado por un
propietario de minas un grupo de minerales de cobre y de plata de las
cordilleras más vecinas a la capital, es decir, de las de la Dehesa y de las
Condes, que en la actualidad y para el futuro parecen dispuestas a entrar y
entrarán en competencia con los asientos de minas más importantes del norte, si
las grandes empresas y la organización de las sociedades llamadas a explorar
estas cordilleras se llevan a efecto.»
XIV
Por lo demás, durante los últimos quince años ha sido notoria la
influencia que en la situación próspera o decadente del país ha tenido la
bonanza o la paralización de las minas en el adelanto público. Caracoles y la
Florida fueron un potente pero pasajero empuje, que el ajio se encargó de
volatilizar en los crisoles; y hoy día en que lucen brillantes esperanzas de un
cambio sólido de fortuna para los obreros del desierto, lo que tememos más para
ellos y para el país, a ejemplo del padre del hijo que jugaba, no es el broceo
más o menos transitorio o reparable de sus vetas, sino la loca pasión de los
azares que nunca viajan en esta tierra sin traer en pos de su cauda las crisis,
el desaliento y a la larga, en vez una sana robustez, la esterilidad y la bancarrota.
Cuan distinta sería, en efecto, nuestra suerte y nuestro porvenir, si
siguiendo la huella de los fundadores de nuestra riqueza nacional y doméstica
reserváramos a la industria minera su única y más vasta influencia, la del
trabajo y la de la producción científica, que esa deja y seguirá dejando, desde
el rosicler al salitre, lo que habrá de sobrar para saldar todas las cuentas
públicas y privadas de la república y de su trastienda!
XV
Deberíamos dar por terminada en esta parte nuestra labor sobre la
riqueza argentífera de Chile, puesto que, con la linterna de la investigación
en la mano, hemos recorrido todos sus asientos y descendido a las cavidades de
todas sus minas. Pero impónese todavía a la fatiga del lector y a la nuestra
propia, la conveniencia del sistema de comparar nuestra riqueza con la de otros
pueblos (que es la mejor manera de apreciarla), y así habremos de llegar al
término de la jornada, deteniéndonos solo en el centro del desierto que entraña
tantas riquezas para el porvenir y en el dintel del descubrimiento reciente,
que si no ha sido el objetivo de este libro, ha sido sin duda uno de los más
vivos impulsos que le han hecho buscar el sendero de la luz.
Capítulo XXI
Las minas de plata de Bolivia y de la república Argentina.
Uniformidad exterior de todos los centros metalíferos del Nuevo Mundo.
Potosí y Nevada. — Prodigioso rendimiento de aquel mineral y su gradual
decadencia hasta el presente — Porco , mina de don Pedro de Valdivia.
—Oruro y su real socavón. —Producto de las minas de Bolivia desde 1810 a 1840,
por distritos y por minas. -Las minas de Pulacayo y el establecimiento
industrial de Huanchaca. — Historia de este gran mineral. —Don Aniceto Arce y
don Enrique Concha y Toro. —Comisión de mineralogistas chilenos que visita el
mineral en 1872. —Producción de Huanchaca en diversas épocas desde 1859 —Sus
metales, según Domeyko.-- Extraordinario desarrollo de la minería de Bolivia
durante la guerra. — Enorme producción en 1880 y 81. —El mineral del Inca y de
Aralar—Las minas de plata de la República Argentina. —El mineral de Payen y el
de Famatina. —Las minas de la Rioja y de Córdova—Las minas de los jesuitas en
Misiones.
La mayor parte, (si no todas) las minas de plata del Nuevo Mundo háyanse
situadas en áridos, frígidos, horribles despoblados; y esta ley de la
naturaleza es común a los dos continentes, a Potosí como a Nevada, a
Chañarcillo como a Guanajuato, a Oruro como a Paseo, a Tres Puntas como a
Gualgayoc, a Cerro de Pasco en el corazón de los Andes peruanos, como a
Zacatecas en la Sierra Madre de Méjico y a las minas del Utah y el Colorado, en
las altas mesetas de las Montañas Rocallosas. El oro suele arrastrar sus menudos
granos y sus delgadas láminas en las arenas del vecino rio, y muchas veces en
Chile, como en California, los placeres de más codiciada adquisición han estado
junto al cárcamo del molino o a la boca toma del fértil canal de irrigación,
sin que haya faltado casos en que por entretenimiento se haya extraído el oro
en los jardines como en el antiguo Angol, o del buche de las gallinas, según lo
cuenta Olivares de las cocinas y cocineras de Valdivia.
Pero, el imperio y el emporio de la plata, si bien mucho más poderoso y
repartido en sus dominios, obedece a ley más dura, como si la naturaleza
hubiera querido no entregar sus tesoros sino al valiente y al sufrido, al que
busca y persevera.
II
Y es cosa digna de curiosidad que la primera mina de plata conocida en
esta parte del mundo, donde en los primeros años de la conquista desdeñáronla
los castellanos, perteneciera al primer gobernador de Chile, al fastuoso,
valiente y magnánimo don Pedro de Valdivia que trocó su rica mina de Porco,
para comprar armas y caballos con que venir a descubrir y a poblar este por
entonces «mal famado reino». Porco, como Oruro, Huspallata y otros
asientos de minas más tarde famosos, habían sido conocidos y explotados por los
aborígenes, pues si bien el oro era el tipo de los tributos, ni Atahualpa ni
Moctezuma desdeñaron usar en su vajilla utensilios de plata, ni tampoco labrar
en grande escala los páramos que contenían su maleable metal. Cerca de un
tercio del rescate de Atahualpa fué pagado en plata.
III
No es menos señalada la circunstancia de que el primer grande hallazgo
de plata hecho por los españoles fuera aquel que mayor caudal de esa sustancia
y de más subida ley ofreciera al mundo, porque el cono de Potosí descubierto,
como el de Chañarcillo por un indio cazador (Diego Gualca) en 1545, no ha
tenido ni probablemente tendrá ya rival en su tanto y en su ámbito. Potosí,
como Chañarcillo, han sido dos conos macizos de plata córnea y plata blanca.
Y a fin de pasar en acelerada revista estos centros de producción
argentíferos, conforme a nuestra promesa y a nuestro propósito comparativo,
emprendemos de ligero viaje desde las minas de Bolivia, comenzando por Potosí
hasta las de Estados Unidos, terminando la excursión en Nevada, este Potosí
subterráneo del continente del Norte.
IV
Dimos ya cuenta en una página anterior de las principales circunstancias
del descubrimiento, desarrollo y fama de Potosí, cuando fue ciudad que tuvo
hacia los comienzos del siglo XV11 (edad de su mayor auge) hasta cien mil
belicosos pobladores divididos en bandos de «Vicuñas» (extremeños y
castellanos) y «Vizcaínos», con veinte curatos, siete conventos y monasterios y
tan grandísimo número de millones sacados de sus trescientos ingenios de
amalgamación como era el de sus crímenes y románticas tradiciones.—«Es la
riqueza del cerro de Potosí, decía en esa época el inca historiador Garcilaso
de la Vega, que maravillado visitara aquel asiento solo cuatro años después de
su descubrimiento, la riqueza de Potosí es en tal manera superior a todo lo que
se ha visto en otros tiempos, que para dar a conocer la grandeza de sus minas,
voy a describirlas tales cuales las he visto con mis ojos, cuando pasé por
Potosí, en 1549, siendo Corregidor de la ciudad el licenciado Polo. En la casa
de éste estaban las cajas reales con tres llaves. S. M. recibía todos los
sábados de 20 a 30 y algunas veces hasta 40 mil pesos. Entonces se quejaban de
que las minas iban mal, cuando el quinto no pasaba de 120 mil castellanos al
mes. Sin embargo, toda esta plata era la de solo los cristianos, pues los
indios robaron mucha que no fue registrada: así es que en ninguna parte del
mundo hay una montaña más rica, y en ninguna parte príncipe alguno ha sacado
tantas rentas de una sola ciudad, pues, desde 1548 hasta 1551, el quinto ha
dado al rey más de tres millones de ducados.»
V
Según Humboldt, Potosí en su primera época, que fue la de 1556 a la de
1578 (22 años), produjo a razón de 2.227,782 pesos por año en término medio. En
su segundo período de brillantez, que corrió de 1579 a 1736 (157 años), rindió
cerca de cuatro millones de pesos por año, siendo el término medio exacto
3.994,258 pesos.
Y por último, en su tercer período de 1737 a 1789, (52 años), en que
comenzó a declinar rápidamente la potencia del maravilloso cerro, la producción
fue de 2.458,600 pesos; total en los 233 años que trascurrieron desde el
descubrimiento a 1789, —92.736,294 marcos que valían 788.258,512 pesos [131].
VI
Ya en otro lugar asimismo dijimos cómo hasta la época en que Humboldt
visitó la América Española, hecho casi tan trascendental como el descubrimiento
de Colón bajo el punto de vista de la ciencia, aquel solo venero de plata había
producido en números redondos y en el espacio de 250 años (1545-1795) mil
millones de pesos fuertes [132](1).
VII
La decadencia de Potosí fué gradual y está marcada en los tres períodos
que antes dejamos recordados; pero su verdadero agotamiento pertenece a la edad
actual, es decir, al presente siglo de guerras, locuras, motines,
pronunciamientos y desvaríos.—Los bandos de la república han sido mucho más
funestos que los de los vizcaínos y castellanos para la ciudad imperial que hoy
entre las frígidas ruinas de sus cuatro mil casas de piedra de sillería, «a
estilo de España», solo sustenta mísera población de ocho a diez mil almas.
«Escaseó la gente de trabajo, dice a este respecto el hacendista
boliviano Dalence en su estadística de Bolivia, faltó azogue desde el año 1782;
sobrevino la terrible seca del año 1804 y luego el hambre y la peste. La
riquísima provincia de Lipez quedó yerma; los 90 ingenios mayores de Potosí se
redujeron a 13 y los de Oruro a 8. Estos, como si fuesen castillos de los
insurgentes fueron quemados y asolados por los realistas: vinieron más tarde
los empréstitos forzados, las acotaciones continuas, las contribuciones enormes
y otras persecuciones de este género, y concluyeron con los capitales y
capitalistas. Quienes sepan cuánto caudal es preciso para establecer de nuevo
el giro del mineraje, cuando no existen ingenios, operarios ni trabajadores, no
se admiraran de ver el estado en que hoy yacen nuestras minas y mineros,
después de tantas calamidades.»
Y en seguida, trazando el cuadro de una dolorosa actualidad en la
.página siguiente añade: —«En Potosí y su cercado existían 26 minas de plata en
actual trabajo y más de 1,800 despobladas. En Porco 33 en trabajo y abandonadas
1519; en Chayanta 8 en trabajo y 130 abandonadas; en Chichas 22 en trabajo y
650 dejadas; en Lipez 2 en trabajo y 760 despobladas. En Oruro y su cercado
había 11 minas de plata en trabajo y 1,215 despobladas, fuera de las de oro
cuyo número no puede bajar de 200; en Poopó 15 de plata en trabajo, y 316
dejadas; en Carangas 4 en trabajo, y sin él 285. En Sicasica 9 en trabajo y 320
sin él; en Inquisivi 5 con trabajo y dejadas 160; en Araca 4 de oro en trabajo
y muchas abandonadas; en Sorata 7 de oro con trabajo y más de 500 sin él. En Berenguela
de Pacajes están todas despobladas, sin embargo de que fueron riquísimas. En
Arque 2 con trabajo y 100 despobladas; en Ayopaya hay también minas de plata
abandonadas y en Choquecama ha habido un hermosísimo venero, como en Chayanta,
donde existen también muchas minas de oro sin labor» [133].
VIII
A1 mismo tiempo que Porco, la mina de don Pedro de Valdivia,
se agotaba hasta no producir en un año (1846) sino 39,526 pesos y que el rico
mineral de Lipez cuyas vetas rendían solo metal de tres mil marcos se ahogaba
en su célebre mina la Hedionda de San Cristóbal (cuyos planes dicen quedaron en
plata barra cuando se infestó con mortífero antimonio) Oruro, que había seguido
en rango a Potosí, veía esterilizarse sus positivas y todavía escondidas
riquezas dando las de sus labores en agua Oruro, como Caracoles y como Nevada
se halla situado en una planicie frígida y desolada aunque comparativamente
sana; y la causa principal de su esterilidad se ha atribuido a la falta de
niveles para desaguar sus minas, así como las de Huantajaya se han arruinado
precisamente por causa contraria, es decir, por la escasez absoluta de ese
elemento. De aquella circunstancia surgió la empresa del socaron
real de Oruro, que semejante al de Sutro en Nevada está destinado a
dar salida a los anegamientos subterráneos y a restaurar probablemente con
amplios frutos su riqueza antigua, no perdida sino estancada.
IX
Según Alcedo las minas de Oruro y con particularidad la riquísima
llamada Pie degallo, fueron trabajadas, como Porco, por los
mitayos de los Incas, antes de la conquista, y a fines del siglo pasado solo
rendían 600 barras de un quintal en cada año. La decadencia y postración de
todas las venas argentíferas de Bolivia en las postrimerías del último siglo
era por tanto universal, y con el cambio de régimen que produjo la guerra de la
independencia, hízose el mal más hondo y más irremediable. Según Dalence, el
producto del primer quinquenio del presente siglo, que había sido hasta 1806 de
21.186,460 pesos bolivianos, descendió en el próximo quinquenio de la
revolución (1806-1811) a 16.288,590 pesos, extendiéndose esta disminución
progresiva a toda la era de la independencia hasta 1846. Por el cuadro
siguiente de aquel autor se dejará ver, en efecto, que la producción
mineralógica de Bolivia, que era casi exclusivamente de pasta de plata, porque
los fletes no soportaban otro género de exportación, se ha mantenido en un pié
de producción inferior a dos millones de pesos bolivianos por año, pues en
ningún quinquenio la suma total llegó a diez millones, con excepción del
primero.
X
Desde 1834 en que el Congreso boliviano disminuyó el impuesto de la
plata, aboliendo el quinto, o 20% del rey, las minas de aquel opulentísimo país
cobraron algún pequeño aliento, como para renacer de su agonía, y he aquí cómo
aparece distribuido su rendimiento doce años más tarde (1846), tocando a cada
uno de aquellos tan famosos asientos una migaja recogida de los desperdicios
del perenne banquete antiguo.
XI
El total de la producción minera de Bolivia en 1846 por todos sus
capítulos, plata y oro, cobre y estaño, alcanzó a 2.343,095 pesos bolivianos,
que eran apenas millón y medio de pesos efectivos, y en la siguiente proporción
para cada sustancia:
XII
Una observación habrá surgido, sin embargo, a la vista de estos tristes
cuadros, comprobaciones en números de lo que cuestan a los países las malas
leyes en tinta y los disturbios en sangre; y es la de que Potosí ha mantenido
su preponderancia en minas en medio de las ruinas, y que la plata ha sido
siempre la que saliendo por entre los viejos cuños de la Moneda de aquella
ciudad, si bien fraudulentamente adulterada, ha continuado, junto con la coca y
la capitación del indio (dos iniquidades en un solo error económico) formando
el sustento y la sustancia de aquel país, tan profusamente rico en todo, y aun
en gobiernos, pero no en hombres. «Causa admiración, exclamaba por esto el buen
patriota Dalence, hace cerca de cuarenta años, ver que el cerro de Potosí, a
pesar de hallarse en su última decadencia, rinde todavía más de la mitad de la
plata total que hoy (1846) se beneficia en la república»; y luego añade, como
quien escribe con mano pesada y corazón adolorido, y a guisa de epitafio lo que
sigue: «Infelices provincias de la sierra (i en Bolivia no hay otras) si Potosí
se acaba!» [134]
XIII
Pero el bien intencionado hacendista de la sierra padecía grave error en
su patriótica angustia, porque lo que debió desear que se acabara fueron no los
broceos sino los motines, y así Potosí, Oruro, Lípez, Colquechaca, Porco y
todos los asientos minerales de la altiplanicie habrían vuelto a renacer, como
de seguro, si hay paz y cordura, renacerán algún día.
XIV
La era argentífera de Bolivia podría en efecto dividirse hoy misino en
dos períodos diferentes. La era de los trastornos y de la ociosidad, de los
Belzu y de los Melgarejo, los Morales y los Daza—que podría llamarse la
era de Potosí. Y el período incipiente del trabajo, del orden y de la
industria, que a la par con el combo, el crisol y el capital chileno, han
iniciado algunos inteligentes y laboriosos bolivianos como los Arce y los
Dorado, los Pacheco y los Peró, comenzando así lo que llamaremos por su empresa
más pingüe, la era de Huanchaca, este Potosí del futuro.
XV
El antiguo mineral de Pulayaco, llamado impropiamente «Huanchaca», por
el asiento industrial de su beneficio, se halla situado en la cordillera
llamada de los Frailes, que se empina sobre la altiplanicie boliviana y yace a
cuatro mil pies de altura sobre el mar y a 42 leguas de Potosí por el rumbo del
sudoeste. Por los caminos traficados dista tres leguas bolivianas de la posta
de Amachuma, 138 leguas de Cobija y solo 100 de Iquique, que es el puerto de
entrada más directo al riñón metalífero de Bolivia. — La geología de Pulayaco
no ofrece caracteres especiales, porque consiste en un solevantamiento o
erupción granítica, común en los Andes, la cual a veces presenta mutaciones
porfíricas y de otro género. Pero lo que le es verdaderamente peculiar consiste
en la potencia extraordinaria y dirección fija de sus vetas que corren
paralelas en cajas de granito, sin ofrecer una ley subida, pero conteniendo
metales explotables (metaladas) en prodigiosa cantidad. Estas metaladas
preséntanse en clavos o macizos, que por un capricho singular
fallan y degeneran sus broceos blandos, en todos los puntos subterráneos que
coinciden por lo perpendicular con una quiebra del terreno en la superficie.
Dos de estas corridas se hallan perfectamente marcadas y se extienden por más de
400 a 500 metros, como en Cachinal y en la célebre vena Comstock de Nevada.
XVI
En cuanto a la composición química de sus metales, abunda en todas las
especies; pero generalmente son galenas ricas en plomo, abundando las piritas
de hierro y cobre y aun los cobres grises y platosos que en Chile se encuentran
en una zona análoga de la cordillera. «La minas de Huanchaca, decía a este
respecto en 1875 el sabio profesor Domeyko, a propósito del análisis de una
muestra de cobre gris platoso, son muy abundantes en plata y plomo, producen
cantidades considerables de plata sulfúrea, de plata roja (rosicler antimonial)
y de plata gris (Mineralogía), 2a edición, pág. 203);
pero la masa principal y la más abundante es de galena mezclada y asociada con
blenda, galena antimonial, en partes con pirita, y sobre todo con un cobre gris
que le da al ensaye hasta 12 a 13 por ciento de plata, muy parecido bajo todo
punto de vista al cobre gris igualmente rico de Oruro (Mineralogía, pág.
201), y también a diversas especies de cobre gris antimonial del Perú, pobre en
plata como el de Calquipocro, muy conocido por su cristalización perfecta en
tetraedros. »El cobre gris muy platoso de Huanchaca forma masas amorfas,
irregulares y también pequeños cristalitos tetraédricos, ya sea biselados, ya
con biseles que han tomado toda su extensión (triaquishemi tetraedro). Los
cristales se esconden en las concavidades en medio de la masa amorfa, que es de
color gris de acero, muy lustrosa, de estructura granuda tosca, fractura
desigual, raspadura gris metálica, muy atacable por el ácido nítrico; su
disolución, al agregarle una gota de ácido muriático, da un abundante
precipitado blanco. »
En partes se halla íntimamente mezclado con blenda negra o bien con
galena y en tal caso disminuye considerablemente su ley en plata, pues estas
dos especies son por lo común pobres en plata. [135]
XVII
Las dos vetas matrices de Pulacayo fueron conocidas y trabajadas por los
españoles, y formaban parte del vasto y desparramado mineral de Lípez. Pero en
la sublevación de Tupac Amaru y de los Catarí, que pusieron cerco a La Paz
(1780), alzáronse los tristes mitayos de aquellos parajes solitarios, mataron a
sus mayorales y las minas quedaron abandonadas con inmensos e inexplotables
desmontes.
Las minas principales en una de las corridas eran la Santa Rosa,
la Corpus y la Santo Tomás, que ha sido y continúa
siendo todavía la más potente, y en la otra la Tajo, la Visitación y
la San Ignacio.
XVIII
Por más de medio siglo, el mineral de Pulacayo continuó olvidado, como
tantos otros no menos ricos que esperan en aquellas regiones el crisol y el
riel, basta que un emprendedor industrial boliviano llamado don Mariano
Ramírez, formó, allá por los años de Santa Cruz y Ballivián (1838) una compañía
de explotación que volvió a dar nombre y mediana vida al desdeñado mineral.
Pero sus verdaderos restauradores han sido respecto de Bolivia el esforzado
industrial don Aniceto Arce, hombre eminente en cualquier país de la América,
por su inteligencia y sus dotes personales, y un joven chileno que ha
atravesado, sin hacer ruido, y con un espíritu de investigación digno de
aplauso, la mayor parte de las comarcas metalíferas de Chile y de Bolivia. Este
viajero silencioso, pero benemérito y útil ha sido don Enrique Concha y Toro,
discípulo, deudo y compañero del sabio Pissis.
XIX
Organizada en efecto por el señor Arce una sociedad industrial por seis
millones de pesos (seis mil acciones de a un mil pesos), el señor Concha y Toro
estudió científicamente el mineral de Pulacayo en 1869-70, y fué parte para que
cerca de la mitad de aquel caudal encontrara colocación en Chile. Y de esta
suerte el asiento de Huanchaca ha tomado hasta cierto punto carta de ciudadanía
en nuestra industria.
Las minas de Pulacayo habían producido, según sus libros, 118,876 marcos
de plata desde 1851 a 1859 y en solo un año (1859-60) rindieron 75,477 marcos,
y de aquí su crédito, no obstante las casi insuperables dificultades naturales
de su remota y aislada ubicación en la costa y el desierto. Aquella producción
valía a la verdad cerca de un millón de pesos; pero habiéndose trasladado al
mineral en octubre de 1872 una comisión de expertos mineralogistas chilenos,
compuesta de los señores Pedro Lucio Cuadra, Uldaricio Prado y Antonio Brieba,
informaron a sus felices comitentes que tan solo en las canchas y en los
estribos de las mal disfrutadas labores existía un valor de más de 30 millones
de pesos, o sea 60 mil cajones de metal con ley media de 50 marcos, lo que
equivale a una explotación de 2.950,000 marcos de fino valorizados a 11
pesos. [136]
Era esto ciertamente enorme, un verdadero Potosí subterráneo, más triste
y menos deslumbrador que el antiguo, pero por lo mismo tal vez de más durable
vida, y en consecuencia formóse de prisa la sección chilena de la compañía,
pagándose un 35% al contado, igual suma en un año de plazo y el 50% restante en
dos años, sin interés alguno. La mayor parte de los accionistas pagaron sus
cuotas con los mismos productos de su afortunada negociación, que hoy se cotiza
por el doble de su precio de emisión (dos mil pesos por acción).
XX
La industria metalífera de Bolivia, tan lánguida y postrada treinta años
hacía, tomó con esto vigor crecido, y hoy rivaliza de cuerpo entero con Chile y
aún ha eclipsado por completo al Perú y también a Méjico. Bolivia es al
presente uno de los grandes centros productores de plata del universo.
Según un artículo publicado en el Journal de mines del
1° de julio último, los antiguos distritos mineros de Bolivia, incluso Potosí y
Oruro, han producido en 1880 tres millones y medio de pesos (en números
redondos), y el mineral de Huanchaca ha rendido dos millones y medio por sí
solo, aumentándose esta proporción a cerca de tres millones en 1881, no
obstante la guerra. [137]
XXI
Y esta marcha ascendente ha continuado, si hemos de tomar en cuenta los
datos del consulado de Bolivia en el Rosario, puerta de extracción para las
pastas de Bolivia, como antes de 1879 fuéralo Antofagasta, y esta habría vuelto
a serlo si a cada paso no viéramos cometer a nuestros gobiernos los errores y
las inconsecuencias mas monstruosas, tales como, por ejemplo y sin ir más
lejos, la de dejar franco el camino de La Paz, que no produce nada para Chile,
y cerrar a piedra y lodo el de Huanchaca y Potosí, que hace tres años trocaban
todas sus pastas con nosotros.
Aceptando por tanto como exactos los cuadros presentados por el cónsul
García Mesa a su gobierno desde el Rosario el 17 de julio de 1882, la
exportación en pastas de Bolivia por esa vía fué en el primer mes de 1881 de
2.736,637 pesos fuertes y en igual período de lo que va corrido del presente,
de 3.740,607 pesos o sea un aumento de 1.003,970 pesos en seis meses. [138]
XXII
No habría por todo esto exageración alguna en presentir que dada la
marcha ascendente de la producción mineral de Bolivia, aun en la época de
guerra económica efectiva y guerra militar nominal porque atraviesa, que su
producción trasportada por Buenos Aires, y sin contar la que se consume en el
interior ni lo que sella y adultera Potosí, alcanzarla en el curso del presente
año a 7 millones de pesos fuertes, y en el próximo si hay paz, carbón y
maquinaria, a 8, 9, 10 o más millones. [139]
XXIII
Tales han sido y son y son hoy día los principales centros argentíferos
mas vecinos a Chile, y su acelerada revista será suficiente para dejar
demostrado el hecho de que si su pasado llegó a ser fabuloso por la abundancia
ociosa, la Bolivia pacificada y laboriosa del futuro podría eclipsar todavía a
aquel maravilloso “Alto Perú” de los antiguos, que fue el verdadero origen del
proverbio universal “Es un Perú” [140]
XXIV
Cabria aquí trazar una reseña si bien ligerísima del reino de la plata
en la República vecina. Pero en realidad aquel espléndido país ganadero y
labrador no tiene más plata que la de su nombre, forjado por la codicia de los
compañeros de Solís, al descubrir su gran rio. Y es curioso además observar que
la falda oriental de los Andes, tan potente en vetas en esta parte de su
corrida, se esteriliza para la plata, y sea rica solo en infinita variedad de
metales de cobre desde los magníficos carbonatos y óxidos de Payen (65 leguas
al sur de San Rafael), hasta Catamarca fronteriza a Copiapó y cuyas principales
minas de cobre (la Restauradora, la Peregrina, la Isabel,
etc.) fueron vendidas en 1856 a la sociedad francesa de Lafone y compañía por
800 mil francos.
A la verdad, con la excepción de las abandonadas minas de Huspallata de
que en las primeras páginas de este libro nos hemos ocupado, porque fueron
exclusivamente chilenas, y del extenso distrito argentífero que ocupa la base
del nevado de Famatina, y cuyo centro industrial es Chilecito (llamado también
Famatina y Villa argentina) no existen en la otra banda propiamente
explotaciones argentíferas, sino en la Sierra de Córdova, rica en galenas. Sin
embargo, la producción anual de Famatina, no excede a la de una sola mina de
Chañarcillo, y según M. Martín de Monssy que visitó esos parajes en 1856 no
pasaba aquello de 150 mil pesos al año, cuando Chañarcillo, su vecina
cordillera de por medio, rendía por sí solo 3 millones de pesos. —Las minas de
Famatina son sin embargo auríferas como las de Lomas Bayas y las de Huantajaya,
y en los 20 años corridos desde 1831. a 1851 se sellaron 7,048 onzas de su oro.
Eran estas las famosas onzas cuyanas de Facundo Quiroga, que a
su manera tuvo moneda, después de haber hecho asesinar al director alemán de
las minas de Famatina don Carlos Phoebner.
XXV
En la Rioja, especie de Tarapacá trasandina, han sido comparativamente
ricas las minas de plata de las Capillitas (llamadas así por sus ruinas) y las
del Arenal, en la cadena del Atajo. Pertenecían estas últimas al mayorazgo de
Guazán y han sido trabajadas por operarios ingleses, sin mayor utilidad, puesto
que solo han alimentado dos escasos trapiches.
En Salta, provincia agrícola, no existían en 1856 sino 14 minas de plata
de explotación nominal y en Jujuy solo trabajaban unos pocos indios en el
mineral o placer de oro de la Puna. Las galenas de Córdova daban en conjunto 14
a 15 mil marcos de plata al año, y en la provincia litoral de Buenos Aires (que
es un país), Santa Fe, Corrientes, etc. no solo no existía una sola mina sino
que probablemente hacían falta los guijarros, porque los adoquines con que
pavimentan a Buenos Aires y a Montevideo suelen traerlos de las canteras del
Brasil...
No ha habido en efecto más engañoso nombre que el de «la Plata», dado al
majestuoso rey y cauce de aquellos feracísimos campos, que encierran sus
veneros solo en el vientre de sus vacas y en el vellón des carneros.
I ciertamente que esto habrá de bastar a su riqueza permanente, porque
las verdaderas armas de la República Argentina no deberla ser un gorro frigio
que dos brazos desnudos se disputan, sino el vellocino de Jasón o el toisón de
oro de los tejedores de Gante y de Carlos V. [141]
Capítulo XXII
Las minas de plata del Perú y las de Méjico.
El Bajo Perú. —Las minas de Hualgayoc y el español Santa Olaya. —
Humboldt y Raymondi en Hualgayoc. —Descubrimiento casual de Cerro de Pasco en
1630 y su enorme pero diseminada riqueza. —Su producción en diversas épocas
—Empresas de don Enrique Meiggs y construcción del ferrocarril de Pasco. —El
mineral de Caylloma en la provincia de Arequipa. —Millones que produjo en el
siglo pasado —El mineral de Huantajaya y sus papas de
30 quintales. —Papa que se conserva en el museo de historia natural de Madrid.
—El metal Huantajayita. — Causas de la ruina de este importante mineral.
—Visita del químico Crosnier en 1851. —El padrón de minas del Perú, urgencia e
importancia de su adopción en Chile. —Opiniones de Pardo y de Castilla sobro el
mineral de Huantajaya; su estado actual. El mineral de Challacollo y sus
expectativas. —El ingeniero don Belisario Jara. — Producción
total del Perú Alto y Bajo hasta la fecha.-~Ligera idea de las minas de plata
de Méjico y su enorme producción. — La Valenciana de
Guanajuato y la Deseada de Caracoles. —La producción de plata
de la América del Norte supera casi en el doble a la de la América del Sur.
I
Las minas de plata del antes rico y floreciente país que se ha llamado
propiamente Perú ( El Bajo Perú, convertido después en Bajo Imperio) una parte
del cual ha comenzado a denominarse “Chile”, fueron posteriores y mucho menos
ricas que las del Alto Perú, si bien la orgullosa Lima, a la lengua del
Pacífico recibía, como éste los ríos, el raudal común de todas las montañas. Lo
que más engrandeció y pervirtió a Lima fué Potosí, que distaba al sur
quinientas leguas.
II
Formaban en realidad los centros argentíferos del Perú propio solo el
mineral de Puno, perdido en las tradiciones y el sacrificio de don Francisco de
Salcedo, sospechado de la secreta ambición de una corona forjada con los
ingentes tesoros que lo perdieran; y junto con este, los asientos de Hualgayoc.
Cerro de Pasco, Caylloma, Huantajaya y Challacollo, que colocamos en su orden
geográfico de norte a sur.
III
Hualgayoc, como todos los minerales de plata de conocida potencia, yace
entre farellones calizos y agrestes gargantas en la remota y selvática
provincia de Chota, colindante con el Ecuador, y debió en gran parte su fama a
la visita que le hiciera a principios del presente siglo el viajero más ilustre
y previsor de cuantos hayan visitado la América española. ¡I cosa curiosa! No
tenemos más noticias de este mineral que las que en el espacio de sesenta años
nos han dejado aquel sabio y su último sucesor en el Perú, extranjero como él,
porque para visitar a Hualgayoc, hemos debido saltar de Humboldt a Raymondi.
Hualgayoc fué antes la capital de la provincia de Chota, y es la mina que
Humboldt llamó Micuipampa, de la cual sacáronse a fines del último siglo no pocas
riquezas, especialmente de la mina de los Negros, de la de los
Muertos, de la Poderosa, la Humboldtina y
la Colorada. Raro es en la América el mineral donde no exista
alguna veta del último nombre, así como no conocemos uno solo en Chile desde
Agua Amarga a La Florida, en que no exista una mina que se llame «El pleito».
Por el año de 1860 sacábase todavía de la Colorada de
Hualgayoc hasta 40 mil marcos de metal que dejaban un beneficio de 160 mil
pesos; pero la mayor parte de las labores estaban inundadas, a lo que se agregó
un gran incendio que asoló la villa y acabó de arruinar a los mineros en 1856.
Sin embargo, desde entonces ha perseverado con la-tenacidad propia del ibero un
caballero español llamado Santa Olaya, obstinado en abrir un socavón de dos o
tres quilómetros, para comunicar todos los planes, y aunque el vulgo le augura
todavía ruina segura por su porfía de treinta años, la ciencia préstale al
contrario noble aliento, “Es absolutamente imposible, dice Raymondi, que visitó
y estudió geológicamente aquel atormentado mineral hace quince o veinte años,
es absolutamente imposible que las numerosas vetas que cruzan este poderoso
cerro se hayan vuelto todas estériles.” [142]
Y así parece la verdad, porque no hace mucho (1880) el anciano
explorador de Hualgayoc, andaba en Lima en solicitud de elementos para
proseguir su empresa, que la fortuna comenzaba a remunerar, notándose poco
antes de la guerra que ha desolado al Perú gran movimiento en la producción de
metales de plata de ese mineral, que afluía a los puertos de aquel litoral y
especialmente al de Trujillo (Salaverry).
IV
El Cerro de Pasco, descubierto en 1630 por un indio llamado Huari
Capcha, que como el hijo del arriero Cuellar en Arqueros, hacia hervir su pobre
olla de pastor sobre unas piedras, no es propiamente un mineral sino una
comarca de plata. Hállase allí de tal modo repartida esta sustancia, que hasta
el pavimento de las calles, el barro de las paredes y la greda de las tejas lo
con tiene en cantidad no despreciable para el arte metalúrgico; y esto es de
tal suerte, que si Cerro de Paseo tuviese un ferrocarril o llegase hasta sus
vecindades el de la Oroya (que es a lo que está principalmente destinado),
aquel sombrío, estéril y quebrado lugar seria como Nevada un nuevo Potosí de
baja ley.
«No hay aquí, dice el geógrafo Paz Soldán, estratificación ninguna: todo
es una masa uniforme metálica de cinco a seis marcos por cajón.» Y esta fué la
misma opinión científica que sobre el carácter general de aquel paraje trazó en
un informe pericial el malogrado ingeniero chileno don Enrique Fonseca, cuando
hace diez o doce años hizo allí una visita profesional por encargo de ciertos
ricos mineros italianos de Lima.
Pero mientras este mineral tenga que luchar con la fragosidad de los
caminos, que son cerca de cien leguas chilenas (59 peruanas), a través de la
puna de la cordillera que allí se alza a 4,328 metros, su porvenir no quedará
asegurado.
V
Fué esto lo que comprendió el animoso empresario norteamericano don
Enrique Meiggs, al trazar el ferrocarril de la Oroya e iniciar juntamente la
prosecución del socavón real de Pasco, paralizado como el de Oruro. Existen
todavía al pié de la cumbre, en el páramo de Chicla, las pesadas piezas de la
maquinaria más poderosa de chancar metales traída hasta hoy a América,
destinada por aquel hombre atrevido a la formación de aquel túnel, y persona
bien informada del comercio de Lima nos ha asegurado que el hermano
sobreviviente de aquél, don Juan Meiggs, solo aguarda en Londres la conclusión
de la actual guerra para proseguir las obras comenzadas con capitales de aquel
país y de los mineros de Nevada. Cuando un nuevo Sutro llegue a Pasco y abra en
sus cerros con puntas de diamante y aire comprimido una galería más que un
túnel de legua y media de extensión, perfeccionándose al propio tiempo los hoy
primitivos sistemas de chanca, molienda y amalgama, conforme a los
procedimientos de California y Alemania, el Perú verá lucir en el centro de sus
montañas nuevos días de esplendor. Un metalurgista ha asegurado que mientras en
Freiberg, por ejemplo, solo se pierde la cuarta parte de una onza en el
beneficio de aquellos pobrísimos minerales de Sajonia, trabajados desde los
romanos, en Cerro de Pasco se consume una libra de azogue, que vale al menos un
peso, para elaborar cada marco de fino.
VI
El mineral de Cerro de Pasco producía todavía en la época del cambio de
dominación nacional (1820), renta sobrada para la guerra de la independencia y
para las guerras civiles que engendró aquella cual la tenia. Su producción en
ese año fué de 312,931 marcos, y en 1824, el año de Ayacucho, de 320,508
marcos. El año de menor producción que el mineral alcanzó en esa borrascosa
época fué el de 1817, en que solo rindió 45,209 marcos.
Contaba el Cerro de Pasco hace 20 años (1864) con no menos de 114
pequeñas haciendas de labranza y mulas y 300 ingenios o trapiches, valorizados
en dos millones y medio de pesos; y es seguro que cuando la paz se enseñoree
otra vez de aquellos sitios, sangriento palenque hoy de montoneros y degüellos,
la vena cerrada del raudal antiguo reventará con más poderosa corriente que en
la edad de la fácil abundancia. Hoy mismo, en medio de la guerra, no cesan de
llegar a Lima por la via del Chillón recuas de muías cargadas de barras de
plata. De estas entraron a Lima en 1860, 739, y dos años antes (1858) habíanse
fundido en la callana de esa ciudad procedentes de aquel
inagotable asiento, 819 barras con 205,363 marcos, que vallan más de doce
millones de pesos. ¡Tal ha sido el Perú antes y después del guano, del salitre
y de sus insensatas guerras! [143]
VII
Cabe el tercer lugar entre los minerales de fama del Bajo Perú, al ya
por completo olvidado y hasta repudiado asiento de Caylloma, en la provincia de
Arequipa y no lejos de esta ciudad. y sin embargo, de los metales extraídos de
ese páramo sacáronse en los cincuenta años trascurridos desde 1731 a 1781, no
menos de cincuenta millones de marcos de plata, o sea cien mil marcos, que
valían más de un millón de pesos, en cada año. Pero sobrevinieron «riñas
y cuestiones graves, dice un historiador del Perú, y los operarios
abandonaron el lugar».
Probablemente esas «cuestiones graves» no fueron sino el broceo, la más
grave cuestión que puede afectar a una mina. Al presente, empero, no habrá de
faltar quienes intenten poner pleito a la soledad y al esterilizamiento secular
de aquel remoto sitio; y precisamente al estallar la guerra, un grupo de
animosos jóvenes chilenos, residentes en Arequipa, se preparaba para lanzarse
en ese campo cuando la espada se interpuso entre el combo y el filón.
VIII
El último de los minerales de plata descubierto y explotado en el Bajo
Perú fué el de Huantajaya, tres leguas al nordeste de Iquique y que en la
medianía del siglo pasado hizo la fortuna de las antes humildes familias de
Tarapacá, los Loaiza, los Lafuente, los Castilla, los Bernal, etc. Lo que
caracteriza mas este mineral, son estas dos circunstancias: que es el asiento
argentífero más cercano al mar de cuantos nosotros conocemos, y que sus jugos
metálicos, no encontrando caja ni grietas sólidas en el suelo poroso y arenisco
sobre que los precipitó la acción volcánica del suelo, encuéntranse no en la
forma de vetas ni de guías sino de grandes bolones de plata maciza
llamados papas, porque aparecen, a semejanza de estos bulbos,
enterrados en la arena. Algunas de estas grandes masas, como la que se
descubrió en 1738 en la mina del Coronel pesaba 32 arrobas (8 quintales), y es
fama que fué rodada a pulsos hasta la cuesta de Iquique para su embarque. Paz
Soldán menciona otra papa extraída de la mina de los Loaizas en 1789 que pesaba
dos quintales.
Entendemos que es esta la celebrada bola de plata que se conserva en el
Museo de historia natural de Madrid, donde nosotros le vimos en 1859, — cuando
hacía poco habían robado de allí la lámpara de oro virgen de Sonora que pesaba
16,5 onzas. Según un viajero inglés, la papa de Madrid pesa
hoy 250 libras, sin contar las mermas de la navaja y aun de la uña de los
curiosos y de los Rojelio que de paso acaso la visitan. [144]
Fuera de estas curiosas formaciones, el mineral de San Agustín de
Huantajaya y el antiguo de Santa Rosa, no han producido sino metales muy ricos,
siendo los más cloruros de 2 a 5,000 mil marcos. Raymondi que visitó a
Huantajaya en 1854, con Mr. Bollaert, clasifica los metales de este mineral
como de primera calidad y dice que, aun el cochizo (que es el
más inferior) es una no despreciable Stromeyerina, o cloro bromo de plata que
se presta a una remuneradora elaboración. Su ley más rica le produce el
famoso lechador o huantajayita de los químicos, que es un
cloruro de sodio argentífero de muy subida ley.
IX
Tuvo Huantajaya, en razón de su estructura particular, solo una bonanza
pasajera, porque siendo blando el lecho de las vetas, la mayor parte de las
antiguas labores se aterraron por falta de enmaderación. La carencia de agua,
que es total en Iquique, (como en Hualgayoc su abundancia fué causa de ruina),
hacía por otra parte imposibles los beneficios, a lo que se agregaba que los
pleitos, que para crecer no necesitan riego como la cicuta, acabaron por
coronar la obra de la incuria y de su émulo, la codicia.
X
Según un plano geométrico que en 1766 levantó el ingeniero don Antonio
O'Brien, este geógrafo de Tarapacá y sus quebradas, y del cual tenemos a la
vista una copia exacta, no existía en esa época sino una diseminada aldea de
ranchos cerca de la mina de los gentiles llamada el Hundimiento y no
lejos de otra de cristianos que lleva todavía el nombre de el Purgatorio: tal
es el horror natural de aquellos sitios.
XI
Aunque, según pareceres, fué este mineral trabajado desde el tiempo de
los Incas, la estaca descubridora pertenecía en el año recientemente recordado
a don José Basilio de la Fuente y Aro, que por su mujer doña María Josefa
Loaiza la había heredado del descubridor castellano don Bartolomé de Loaiza.
—En toda la corrida desde el Hundimiento al Purgatorio y
al alto cerro de San Simón, enorme páramo, que domina aquellos páramos, no
existían sino ocho o doce faenas, pertenecientes todas, más o menos, a una sola
familia tarapaqueña, la de los Loaiza y sus ramificaciones en las quebradas. El
distinguido químico y profesor de nuestra universidad don León Crosnier visitó
en 1851, de regreso a Europa, aquel desierto, aterrado y casi aterrador
mineral, y entre sus deformes tajos, hundimientos y purgatorios no encontró
sino cinco hombres y otras tantas mujeres que buscaban papas...
Pero desde que Tarapacá ha comenzado a ser chileno, la industria libre
se ha precipitado sobre aquel lugar desierto y hoy no existen menos de
cincuenta pertenencias amparadas conforme a la excelente ley minera del Perú,
que otorga la posesión y la propiedad conjunta (el amparo) a todo minero (o no
minero) que pague 15 pesos por mina y por semestre. [145]
XII
El eminente peruano don Manuel Pardo, eminente aun habiendo sido secreto
enemigo de Chile, abrigaba fe incontrastable en la futura riqueza de este
mineral, en el cual poseía algunos derechos, y de esta misma opinión fué el
tarapaqueño Castilla, que después de su separación del mando en 1862, se
trasladó a trabajar las vetas que su niñez oyó ponderar en la nativa aldea. Y
esa o semejante creencia en una futura bonanza es más o menos general entre los
animosos chilenos que allí llegan. «La minería, dice una carta datada en
Huantajaya a principios de julio último, sigue su pesado camino; no parece sino
que lánguidamente se arrastrara esta industria que en las vírgenes sierras que
se extienden desde el Loa a Camarones está llamada a ocasionar una revolución minera.
La formación geológica de los panizos de sus montañas es la misma de
Chañarcillo, a decir de mineros de este lugar, pero están casi
inexploradas. [146]
Huantajaya y Santa Rosa, dos minerales de fama, trabajan poco;
Huantajaya y el Carmen pronto principiarán su faena, y Challacollo, el fabuloso
y sonado Challacollo, tiene en trabajo actual a la mina Buena Esperanza,
antigua y buena mina que nunca ha dejado de dar utilidad a sus dueños, y
la San Francisco, que se nos asegura es una esperanza.»
XIII
Aunque no al nivel de los minerales que antes hemos nombrado, comienza a
levantar tímida frente en el centro de la Pumpa del Tamarugal de Tarapacá y en
dirección hacia Pica y hacia el Loa, el cerro aislado de Challacollo, que para
pocos es una esperanza, pero para muchos ha sido y continúa siendo un ensueño
de marcos de plata y pliegos de papel sellado. Existen allí solo dos o tres
minas en explotación, pero se asegura que una de estas, la Buena
Esperanza, propiedad del ingeniero chileno don Belisario Jara, de antiguo
avecindado en Pica, de cuyo distrito era hasta hace poco gobernador, contiene
en sus desmontes no menos de 300 mil pesos en metales de ley de plata de 25
marcos. Ostenta su veta real la extraordinaria potencia de 1.55 metros; y si el
cono de Challacollo no ocupara posición tan aislada y de difícil socorro en el
desierto, con eso solo se habría hecho un tesoro para su dueño y la
comarca. [147]
XIV
Tomando en cuenta todo lo que llevamos dicho en el presente y el
anterior capítulo sobre la producción total de la plata en el Perú Alto y Bajo,
resultaría, según los cálculos un poco aventurados de Chevalier, que hasta el
1° de enero de 1810 su valor alcanzaba a 2,197.803,000 francos y el 1° de enero
de 1846, fecha hasta que el economista francés llevó su aritmética, a
2,608.700,000 francos, con lo cual bien podría cerrarse la cuenta el 1° de
enero de 1883, con tres mil millones de francos, que no sería difícil convertir
en pesos. Desde 1828 a 1846 se introdujeron en efecto en la moneda de Lima no
menos de 20,506 barras con 4.649,152 marcos que valían 60 millones de pesos. Y
tan solo el año de 1833 que fué en Lima de mediana paz, se sellaron en su casa
de moneda 333,430 marcos, cuyo valor era de 2.834,155 pesos.
XV
Con ocasión de pasar en revista tan abultados tesoros extraídos de la
América española, serian este el momento y la pagina adecuados para recorrer de
ligera, como lo hiciéramos respecto de las minas de la República Argentina, al
final del capítulo precedente, las de Méjico, más ricas en realidad que la de
los dos Perú. Mas, fuera de que ese procedimiento nos arrastraría muy lejos de
nuestro carril y de nuestro propósito, sobre estar aquellos en zonas tan
remotas de las nuestras, no ha dejado nada que decir sobre su opulencia, su
trabajo y su influencia en la riqueza universal, el admirable libro de
Alejandro de Humboldt sobre la Nueva España, ensayo que más que ningún otro
libro extranjero hemos encontrado invariablemente en las bibliotecas y armarios
de la capital, y cuyo tercer volumen se halla exclusivamente consagrado a esta
materia. Bastará por tanto dejar recordado, con relación a la prodigiosa
potencia argentífera de las minas de Guanajuato, Zacatecas y San Luis de
Potosí, que estas sobrepujaron en cerca del doble de lo que en dos siglos y
medio rindiera el Potosí del sur. [148]
XVI
Las minas de Guanajuato descubiertas 13 años después del cono de Potosí
(1558) producían todavía a principios del siglo XVIII cinco y medio millones de
pesos por año, y su crecimiento sucesivo está marcado en el nivel de su
fenomenal riqueza con estas cifras que parecen verdaderamente fabulosas. —En
1750 produjeron catorce y medio millones de pesos; en 1775, que fué la época
del gran empuje de la Valenciana, diez y siete y medio
millones; en 1788, veinte y un millones y en 1795, cuando Potosí agonizaba y comenzaba
la agonía misma de la España en todos sus dominios, veinte y seis millones de
pesos.
XVII
Según en varias ocasiones precedentes lo hemos hecho presente, la
sección septentrional del Nuevo Mundo ha sido en realidad mucho más prolífica
en plata que las regiones situadas al sur del istmo de Panamá, y los que
todavía pudieran dudar de esta aserción harían bien en leer el próximo y
penúltimo capítulo de este libro, destinado a contar los prodigios naturales y
mecánicos de la Guanajuato sajona de la América del Norte, es decir, del
asiento mineral de Nevada y de algunos de sus más renombrados satélites, en las
montañas de su nombre y en las Rocallosas.
Capítulo XXIII
Las minas de plata de Nevada.
Influencia que las minas de plata de Nevada han tenido en el
decrecimiento del valor de la plata. —Aspecto y posición de las minas de
Nevada. — Cómo las descubrió en 1859 el postillón Comstock. —-Mackay, su
inmensa riqueza y uso quo hace de ella —Pronósticos del inglés Carver y del
presidente Lincoln sobre las riquezas metalíferas de las Montañas Rocallosas.
—Analogías de los minerales de la América del Norte y de la América
española.—Pobreza general de los metales de la primera, compensada por inmensos
medios de explotación. —Capitales, maquinaria y obreros. — Desventajas de estos
con relación a los mineros de' Chile. — Producción de las principales minas de
Comstock, desde su descubrimiento hasta la fecha. —El apartado del oro y de la
plata —Enormes gastos. —Decadencia actual de las Descubridoras: de Nevada, su
broceo y su ruina.—Cotización de las acciones de las principales minas en
agosto último.—Singulares opiniones del Times de Londres .sobre la industria
minera en 1878. —Inmensa producción de metales preciosos en la América del
Norte hasta la fecha y su distribución por estados. —El censo de 1880.
—Procedimientos más usados para el beneficio de los metales. —El socavón de
Sutro. —El sistema de amalgamación de patios considerado como el mejor. —El
ajio en las minas de Nevada y fluctuaciones que ha impuesto a sus labores.
—Daños causados a los verdaderos intereses mineros por las negociaciones de
bolsa. —La venta de la mina Emina en Utah, e información que el Congreso
norte-americano manda levantar sobre este fraude.
I
Las minas de plata de las frígidas estepas de Nevada, descubiertas en el
Estado de su nombre en la América del Norte por el mes de junio de 1859, y cuya
prodigiosa producción (no su riqueza) ha revolucionado en el espacio de 20 años
el valor de los metales preciosos, haciendo perder a la plata cerca de un 20%
de su antiguo precio venal, es un fenómeno digno del más atento estudio
ofrecido por la naturaleza y por la industria al mineralogista y al hombre de
negocios o de Estado. Y particularmente para los mineros chilenos ese estudio
comparativo es de tan gran valor que, a nuestro juicio, habría sido dinero muí
bien empleado el que la Junta de Minería de Copiapó, por ejemplo (ya que en
ello no ha pensado el gobierno), hubiese gastado enviando alguno de nuestros
jóvenes químicos a estudiar aquellos portentos mineralógicos que, siendo en
realidad pobres en ley, han enriquecido y aun perturbado al mundo por su exceso
de producción metálica.
Las analogías de país a país y aun en el desarrollo de los
descubrimientos son también temas dignos de tomarse en cuenta, porque
respectivamente los Estados Unidos en sus soledades de Nevada, y Chile en el
desierto de Atacama, cada cual en su escala respectiva, parecerían estar
llamados a ser los centros reguladores del mercado de la plata en el universo,
si ha de aplicarse a uno y otro núcleo un trabajo honrado, juicioso e
inteligente, sin ajio y sin pleitos.
II
Hemos ya dicho en otras páginas de este libro que las minas de Nevada
están situadas a cien leguas de San Francisco, en un paraje estéril, alto y
desolado, como las de Tres Puntas y Caracoles, siendo el panizo argentífero que
engendra y esconde este metal más o menos uniforme en todo el orbe, lo que
prueba que su formación ha obedecido a una ley geológica universal; y en cuanto
a su descubrimiento, que es de ayer, aseméjase al de los más famosos minerales
de plata de la América del Sur. La primera veta de Nevada fué, en efecto, al
acaso hallada por un cochero llamado Comstock, empleado en el expreso de
caballos que en 1859, esto es, diez años antes que se abriese el ferrocarril
interoceánico, corría entre los Estados del Oeste de la Unión del Norte y California.
El postillón encontró por casualidad un rodado, y en seguida el
filón de que aquel fragmento se había escapado y ofreció su derecho a su patrón
(Mr. Halliday, que aun vive en Washington) por mil pesos, lo que fué rehusado.
Y de aquí resultó que el Juan Godoy del Norte murió después pobre y oscuro, así
como los que vinieron en pos de él como O'Brien, Flood, simples vendedores de
ponche en la placilla de Virginia City, y Mackay, cuya mujer lavó a 20 centavos
pieza las primeras camisas de los descubridores, son hoy los archimillonarios
no solo de Estados Unidos sino de Europa y del mundo. La fortuna de Mackay,
cuyas hijas nacieron en una batea, es hoy de 300 millones de pesos de oro, ¿i
qué mucho entonces que las cortejen, para sentarlas en su trono, como a Maria
Cenicienta, los hijos y herederos de los reyes del viejo mundo? [149]
III
Las minas de Nevada fueron descubiertas en consecuencia por el gran
cateador de nuestras minas el dios Casualidad. El postillón Comstock fué el
indio Gualca que descubrió a Potosí en 1545 al aferrarse de un arbusto
persiguiendo una aligera vicuña; fué el indio Guari Capcha descubriendo en 1630
las minas de Pasco al calentar su olla; fué el indio Chamblao, del Huasco, que
halló bajo su ojota a Agua Amarga en 1811, y después el mestizo Juan Godoy
descubriendo de igual manera a Chañarcillo en 1882, el arriero Osorio
tropezando al apearse de su muía con el emporio de Tres Puntas en 1848, y por
último, el barretero Sierralta y su peón Quiroga, aquel al pegar su barretazo
en demanda de una vena de cobre, y el último al arrojar un rodado a un asno
flaco o retardado. A la verdad, con excepción de Caracoles y de Cachinal, que
han sido buscados y solicitados expresamente por la diligencia humana, todos
los grandes minerales de plata de la América española han debido su origen a
algún acaso. Los otros, como Oruro y Hualgayoc, Huspallata y Huantajaya, hablan
sido encontrados probablemente de la misma manera por los indígenas, antes del
descubrimiento del Nuevo Mundo por los europeos.
IV
Una analogía más todavía: Nevada tuvo cierto precursor secular, como lo
tuvo el Desierto de Atacama, porque hace mas de mi siglo que viajando en las
Montañas Rocallosas el inglés John Carver, predijo que allí se encontrarían en
el futuro minas que sobrepujarían en riqueza a las de Malabar, «sin exceptuar
aun las del Perú.» [150] Juan Carver fué por consiguiente el Diego
Almeida de Nevada, así como un siglo más tarde, es fama que cuando apenas
comenzaba a aparecer en 1861 la portentosa riqueza de la vetado Comstock, el
presidente Lincoln habría declarado. — ¡«Allí está el cofre que contiene todas
las riquezas de la tierra!» ¿Y por ventura han faltado a Chile profetas más
humildes pero no menos oportunos? [151]
V
Otra notable analogía todavía. En lo que en el lenguaje expresivo y casi
siempre gráficamente fraguado de los americanos del Norte se llama el «declive
del Pacífico» (the Pacific slope), parte de su inmenso territorio entre
dos océanos y el polo, la edad de la plata vino como en Chile inmediatamente
después del oro, y como para tomar su puesto.
No había concluido del todo el periodo febril que se ha llamado «la edad
heroica de California» en 1859, cuando Comstock tropezó en efecto con el rodado
y la veta que hasta hoy lleva su nombre (Comstock lode). Y entonces la
ola humana que había venido avanzando hacia el declive del Pacífico de todas
las naciones del oriente, volvió a subir la montaña, a manera de reflujo, para
derramarse en las agrias colinas en que hoy se ostenta la capital de Nevada
(Carson-City), y a cuatro leguas de distancia la famosa Virginia City, o ciudad
de la plata, edificada, cual la Juan Godoy, al pié de la loma que de banda a
banda atraviesa la corrida metalífera del descubridor.
El hallazgo diez años posterior del distrito más agreste todavía de
White Pine, hecho por animosos cateadores en 1869, y donde existe la famosa
mina Ebehardt que ha producido hasta un millón de pesos en un
año, coincidió también casi fecha por fecha con el de Caracoles, y ciertamente
no lo ha sobrepujado.
VI
La naturaleza de los metales de las minas de Nevada es, por otra parte,
la misma de los minerales de Chile, y en realidad de todo el universo. A flor
de tierra, bromuros y yoduros, en seguida, hasta cierta hondura (30 o 40
metros), los cloruros, alianza de la plata córnea y blanca, que suele llamarse
entre nosotros plata barra y semi barra; y más abajo los metales fríos, es
decir, los antimonios y los sulfuros que suelen producir los broceos. En las
minas de Nevada como en las de Chañarcillo ocurren también ricos rosicleres,
que en aquel país se llaman ruby silver, (plata de rubí).
Y lo que hay de verdaderamente interesante en aquellas vetas cuya fama
corre por el orbe, es su pobrísima ley general, porque el rendimiento
metalúrgico de los cloruros que se trabaja en la corrida de Comstock no
alcanza, en término medio, sino de 20 a 25 pesos por tonelada, que acercándola
a la medida española (a razón de 3 toneladas o 60 quintales por los 64 del
cajón) equivaldría a un rendimiento de seis a siete marcos, cuando en Chile
jamás ha costeado trabajar sino los que tenían más del doble de esa ley, siendo
de advertir que un marco de aumento en la progresión de un beneficio suele
constituir muchas veces la fortuna í la riqueza del explotador.
VII
Según el eminente mineralogista Raymond, enviado en 1870 por el gobierno
de Estados Unidos a estudiar los minerales del Pacífico en Nevada, costeaba
trabajar todo mineral cálido (cloruros etc.) que produjese más de 35 pesos por
tonelada, y los minerales fríos que rindiesen 60 pesos por igual medida. —En
los primeros se gastaban 10 pesos por extracción y 25 pesos por beneficio en
los ingenios, y en los segundos, siendo más duros y resistentes, 15 pesos por
la extracción y 45 pesos por beneficio. [152]
Y sin embargo de tan crecidas desventajas, del enorme jornal, que en
1870 eran de 4 pesos para los mineros, 6 pesos para los enmaderadores y 10
pesos diarios para los albañiles, gracias al inmenso poder del capital, la
mecánica y la ciencia poderosamente combinados, las minas de Nevada han
producido en 20 años tanto como todas las minas de Chile en un espacio de
tiempo tres veces más extenso. [153] Según el ya citado inspector Raymond, las
minas de Nevada que desde 1859 a 1866 habían producido 93.872,500 pesos,
rindieron por una sola de sus corridas, (las minas de Comstock, o las
Descubridoras, como se diría en Chile) las cantidades siguientes que si bien
acusan en sus dos últimos años una progresión descendente, no por esto dejan de
asombrar en su balance.
1866: $ 11.732,100
1867: $ 13.626,062
1868: $ 8.499,769
1869: $ 7.528,607
Según se sabe, las más notables de las minas situadas en la corrida de
Comstock han sido constituidas bajo una poderosa sociedad minera, cuyos dueños
casi exclusivos son Mackay, Flood O'Brien, los opulentísimos fundadores del
Banco de Nevada en San Francisco, y llevan el nombre colectivo de Consolidated
Virginia. La veta de las descubridoras ( Comstock lode), tiene,
según Simonin, una extensión de 360 metros, o sea cerca de tres cuadras, y es
como una montaña subterránea de forma casi cuadrangular y más gruesa que el
portal Fernández Concha, pero con ley variable (excepto en sus bolsadas)
de seis a siete marcos por cajón, la misma ley general de Cerro de Pasco. Y sin
embargo, he aquí el rendimiento de algunas de esas minas o pertenencias
determinadas en el año 69, último a que se extiende el informe pericial ya
citado.
La Chollar Potosí (¿La chola de Potosí?) produjo 1.366,185 pesos.
La Nor Cross 1.029,812 pesos.
La Savage 1.162,803 pesos. I
La Chaqueta amarilla, (Yellow jacket, la más rica de todas)
1.560,000 pesos.
IX
La producción total de las minas de plata de Estados Unidos en sus
diferentes secciones del Oeste se halla contenida en el siguiente cuadro
oficial trabajado por el director de la Moneda de Filadelfia en 1880 y cuya
fecha es la última que con ese carácter haya llegado hasta nosotros. [154]
De suerte que agregando esta suma al valor ya recordado de 93.872,500
pesos producidos antes de 1870, tendríamos un total general de 378.309,762
pesos.
X
Hay que añadir a esta cuantiosa riqueza, rendida mas por la industria
que por la naturaleza, la producción del oro contenido en la plata de las minas
de Nevada, fenómeno singular que antes se había presentado en la América del
Sur solo en Lomas Bayas y en las papas argentíferas enredadas por fajas
singulares de oro en Huantajaya. — Se calcula que la plata, una vez reducida a
barra por el azogue en los poderosos ingenios de Nevada, contiene un 43% y un
45 % de oro, y esta aparta se hace en un establecimiento especial que las
Consolidadas tienen en San Francisco, con el nombre de Refinery,
costando dos y un cuarto centavos por cada onza de metal. —El procedimiento del
célebre Fagoaga, marqués del Apartado, ha llegado entre los químicos modernos a
una progresión tal que costea extraer de una barra de plata o de cobre hasta un
milésimo de oro.
XI
La producción de las minas representativas como se ha
llamado en el lenguaje típico de los norte-americanos las pertenencias
consolidadas de Virginia (así como Emerson llamó a ciertos grandes tipos de la
humanidad the representative men) se halla comprendida en el
quinquenio de 1873 a 1877 por la enorme suma de 52.736,129 pesos, 52 centavos
en plata y oro, conforme al siguiente cuadro extraído de la prensa de San
Francisco:
De esa .suma, al menos dos tercios (35.640,000 pesos) fueron
distribuidos como dividendos entre los felices poseedores de las acciones
emitidas quince o dieciocho años hacía.
La condición de las descubridoras era próspera todavía en 1878, pues en
ese año produjeron 13.734,019 pesos 7 centavos, repartiéndose siete dividendos
(del 33 al 40) que representaban el valor de 8.640,000 pesos, figurando en los
gastos solo 615,545 pesos por sueldos y jornales.
La cantidad de metales extraída alcanzó a 194 mil 200 toneladas con un
precio medio de 95 pesos por tonelada, y desde la hondura de 1,200 a 1,750
pies, que es como en la América del Norte se cuenta en las minas,
correspondiendo el pié cuadrado a la medida de venta, de propiedad o de
extracción, que entre nosotros representa el metro, la vara y la barra.
XII
Pero en ese mismo año, más o menos, comenzó el rápido decrecimiento de
las minas fundadoras de Nevada y en general de todo el distrito, porque en 1879
solo se extrajeron 96,863 toneladas con ley medía de 40 pesos, lo que dejó un
beneficio escaso de 4.325,500 pesos.
En 1880 la producción decayó a la mitad del año precedente en cantidad,
en ley y en rendimiento, alcanzando este a 2.754,800 pesos, producto de 87,447
toneladas con ley media de 32%.
Y por último, el nivel descendió todavía considerablemente en 1881,
porque solo se extrajeron 41,918 toneladas con la ley media de 19 pesos,
produciendo 798,900 pesos, cuya suma fué insuficiente para costear los gastos.
XIII
Las minas de Comstock se hallan en consecuencia en quiebra, y en el
primer semestre del año en curso (1882), esta situación se ha acentuado, porque
sobre un producto de 501,238 pesos, (beneficio de 25,116 toneladas, con ley
media de 29 pesos) ha habido 466,805 pesos de gastos de explotación, 34,433
pesos de gastos varios y 7,039 de contribución, lo que deja un déficit de dos a
tres mil pesos a cargo de los accionistas.
No se extrañará por esto que en agosto último las acciones de las Descubridoras o Consolidadas hayan
descendido a 35 centavos por acción, pues todos quieren escapar a las cuotas de
gastos, o «delincuencias», nombre apropiado que en los Estados Unidos se da a
los dividendos morosos para gastos. Las acciones de las más famosas minas de
Nevada, como la de Gould y Curry, se cotizaban el 22 de agosto último por 2
pesos 80 centavos, las de Jellow Jacket, que llegaron a valer 1,500
pesos, por un peso, y así las demás. Las que mayor valor tomaron en el mercado
de San Francisco en el curso del mes citado eran las llamadas Eureka
Consolidated que se vendían a razón de 13 pesos 50 centavos, y aun
estas hablan decaído en una semana, desde el 15 al 22 de agosto, en 75 centavos
por acción.
XIV
Las minas de Nevada han seguido en consecuencia el mismo camino que las
nuestras, esterilizándose en la hondura, al punto de que sus metales, que cerca
de la superficie llegaron a rendir desde 1,200 a 8,000 pesos, por tonelada o
quintal métrico, no producen en la actualidad sino 14 pesos, lo que es mucho
menos de 3 marcos por cajón. La pujanza de las minas de plata de Nevada y otras
secciones de los Estados Unidos comenzó en realidad a decaer desde 1873, porque
en ese año las delincuencias ascendieron a 6.671,000 pesos, y desde entonces
hasta 1877 continuaron en la siguiente escala ascendente:
1874: $ 6.777,000
1875: $ 11.880,000
1876: $ 11.608,000
1877: $ 11.598,000
XV
Tan enormes pérdidas y atrasos en la industria (porque todas esas faltas
de pago acusaban otras tantas minas) inspiraban al Times de
Londres un año más tarde (setiembre 6 de 1878) las más melancólicas
reflexiones, sobre la industria minera, e inducían a uno de sus hábiles pero
sofísticos o visionarios redactores, que tal suelen serlo, la idea peregrina de
que era más lo que las minas de todos los países consumían en su esterilidad
que lo que producían en su bonanza. «Parecería esto imposible, exclama el falsamente
impresionado articulista, pero no es de todo punto imposible demostrarlo. En
nuestro propio país (Inglaterra) está averiguado que aun en los tiempos
más prósperos (?) los gastos han excedido a la producción de las
minas, tomadas en conjunto. No es tan fácil hacer igual demostración, añadía el
diarista londinense respecto de lo que ha pasado en Australia y California,
porque carecemos de datos sobre las grandes cantidades de dinero invertidas a
pura pérdida en aquellos distritos, pero si pudiese hacerse el balance exacto
de lo producido y lo gastado, aquel indudablemente seria desfavorable. [155]
Y sin embargo, de estos extravagantes cálculos y pronósticos, que
acusarían la edad de la chochez en el decano de la prensa universal, en el
mismo año a que sus observaciones hacían referencia, (1877), las minas de plata
y oro de la América del Norte habían entregado a los cambios y a las artes del
mundo no menos de 98.421,754 pesos, representados de la manera siguiente en
todos los estados de la sección que en aquel país se acostumbra llamar «el
declive del Pacífico»:
California: $ 18.174,716
Nevada: $ 51.580,290
Oregón: $ 1.191,997
Territorio de Washington: $ 92,226
Idaho: $ 1.832,495
Montana: $ 2.644,912
Utah: $ 8.113,755
Colorado: $ 7.913,549
Nuevo Méjico: $ 379,010
Arizona: $ 2.388,622
Dakota: $ 1.500,000
Méjico: $ 1.432,992
Columbia británica: $ 1.177,190
Total: $ 98.421,754 [156]
XVI
Excedía esta cantidad en siete millones y medio de pesos al rendimiento
del año precedente (1876), no ciertamente por el aumento de riqueza de las
minas explotadas, sino por la adición de nuevos y poderosos distritos mineros
encontrados hasta en las orillas del Misuri, hallándose el total de los valores
repartido como sigue: la plata 48% del total) 47.206,957 pesos; el oro (47%)
46.129,547 pesos, y el plomo (5%) 5.085,250 pesos. [157]
XVII
Tomando todo en cuenta, la producción de metales preciosos que los
listados llamados del Pacífico han entregado en oro y plata a los mercados del
mundo en los 34 años corridos del descubrimiento del oro en California, no
puede ser inferior hoy a dos mil trescientos millones de pesos,
esto es, mucho más del doble de lo que produjo en 300 años Potosí y de lo que
la Francia pagó a la Alemania en 1871. Según un cálculo publicado por el Mining
Journal de San Francisco en setiembre de 1878, la cuenta de los metales
preciosos iba sumada en esa época en la proporción siguiente:
Oro: $ 1,586.000.000
Plata: $ 372.000.000
Total: $ 1,948.000.000 [158]
La producción de pastas preciosas, según la misma fuente, fué en 1877 de
cien millones de pesos, de los cuales 51 de oro y 49 de plata, y esta
proporción más o menos, como en los sexos de la especie humana, es la que
guardan los dos metales que en el estado actual (i antiguo) del mundo regulan
los mercados y los matrimonios…
XVIII
Y lo que cansa mayor asombro en este estudio no es lo abultado del
caudal de plata recogido ni que este salga en tal abundancia de venas
comparativamente pobres, sino el sobrehumano esfuerzo que la industria ejercita
para alcanzar semejantes resultados. En Nevada los alcances son tan escasos
como es baja la ley de sus comunes, y aunque los americanos llaman sus minas
descubridoras big bonanza de Nevada, no por esto podría
decirse que se hayan hallado sino en muy raras ocasiones en alcance en
el sentido que nuestros mineros atribuyen a estas palabras. Todo ello es a la
verdad cuestión de inmensos medios, especialmente en maquinaria y de inmensa
producción en metales extraídos de profundidades incalculables a la superficie
de la tierra. Para dar una idea de esto nos bastará decir que la mina California de
la veta Comstock extraía en noviembre de 1877, 625 toneladas
diarias de metal y que no obstante la actividad de los molinos y máquinas
chancadoras que trituraban, a razón de 180 toneladas diarias, existían el 10 de
ese mes y año 3,000 toneladas ociosas y aguardando su turno en las canchas de
los ingenios. [159]
XIX
Han tenido los mineros de Nevada además de esto que luchar con dos
grandes desventajas que propiamente no existen en nuestros minerales
argentíferos del norte, a saber: el agua y el calor interno de las labores que
a la profundidad de 400 o 500 metros caldea los utensilios de hierro al punto
de quemar las manos de los operarios y hace peligroso para éstos el tocar el
tubo de las bombas de desagüe. Tal es la intensidad del calórico en esas
profundidades. Un viajero que vio salir al aire libre varias partidas o
cuadrillas de mineros apiñadas en las canastas metálicas en que viajan, asegura
que aquellos infelices brotaban vapor por todos sus poros y que mas que hombres
parecían un atado de espárragos recién sacados del agua hirviendo...
En cuanto al agua que corre por las labores en verdaderos ríos debe
hallarse a la fecha completamente agotada, gracias a uno de los trabajos de
ingeniería más notables del siglo, cual ha sido el túnel o socavón de Sutro,
llevado a cabo por este eminente ingeniero austríaco durante los últimos diez
años en la extensión de cuatro millas para enfilar y perforar las principales
vetas de la corrida de Comstock. Es este una especie de túnel
de San Gotardo que ha costado probablemente más de diez millones de pesos, pero
que, junto con haber enjutado las labores y llevádoles un aire vivificante,
permite hacer la extracción de sus metales por medio de trenes de carga y aun
por lanchas planas que corren por un canal de agua.[160]
XX
Pero si nosotros nos hallamos todavía muy lejos de los mineros de Nevada
en cuanto a la aplicación de los medios efectivos y poderosos que aquellos
aplican a la explotación de sus metales, mediante las gigantescas fuerzas
hidráulicas de que ellos disponen y de que nosotros carecemos por completo en
los distritos del Norte, a lo que por desgracia comenzamos a acercarnos, es a
la creación de los medios ficticios de riqueza y de trabajo de que el ajio es
corredor y usufructo. Los diarios de Nueva York y San Francisco publican en
efecto en dos o tres columnas microscópicas la lista de quinientas o mil
compañías mineras anónimas cuyas cotizaciones generalmente son el tipo de
amargos desengaños, de intrigas subterráneas y la ruina de honradas pero ilusas
familias.
Y para que se vea hasta qué punto ha llegado este respecto de las minas
de Nevada, vamos a permitirnos citar uno o dos casos que podemos comprobar con
citas oficiales tomadas del libro de Raymond.
La sociedad de Chollar-Potosí organizada sobre la
pertenencia de este nombre en la corrida de Corastock con 28,000 acciones de a
cien pesos, llegó a venderse en mayo de 1869 con un premio de 322 % o sea 422
pesos por acción, lo cual aseguraba a la pertenencia y a la sociedad un valor
de 11.816,000 pesos.
Ahora bien. Esa sociedad que el 11 de enero de 1869 había cotizado sus
fondos a 122 pesos por acción y en mayo 31 a 422 pesos, se vendía escasamente
en octubre 11 del mismo año por 14 pesos, lo que reducía el valor de los once
millones de la cotización anterior a 392,000 pesos.
XXI
Pero mucho más significativo, desastroso y ejemplarizador fue lo que
aconteció con la venta de las 24 mil acciones de la célebre mina Chaqueta
amarilla (Yellow Jacquet) de la misma veta Comstock, porque esas
acciones, siendo de a cien pesos, se cotizaron el 11 de enero de 1869 por 1,510
pesos, en enero 30 hablan descendido a 1,400, en febrero 10 a 74 y en octubre
11 a 35 pesos por acción, lo que equivalía a que el poseedor de un lote de
doscientas acciones, por ejemplo, compradas el 20 de enero había invertido en
ellas 302 mil pesos, y se encontraba en octubre con un papel que valía solo 7
mil; ¡triste balance de la fiebre minera que crea tantos hospitales morales y
solo enriquece a los médicos y a los boticarios!
En un diario de California correspondiente al 30 de setiembre de 1877,
vemos que las acciones de la Chaqueta amarilla, que había sido una
verdadera fiebre amarilla, habían descendido a 10 pesos 2 reales por acción, lo
que asignaba un valor total a la mina .de 246 mil pesos, ¡cuando su
valorización durante el período álgido equivalía a 36.240,000!
XXII
Llegaron a la verdad los escándalos y las catástrofes al punto en que el
gobierno de la nación hubo de intervenir en protección de los crédulos, de los
insensatos o de los fraudulentamente engañados, porque hubo una mina, la
famosa Emma, de Utah, cuyas barras (un resto del total) se
ofrecieron en venta en 1870 por 30,000 pesos, pero a fuerza de operar (frase
que disfraza entre los operators, lo que en lenguaje vulgar tiene
castigo y estigma de la penitenciaria), logróse hacer subir su precio venal
hasta 4.440,000 pesos en el año subsiguiente. [161]
Y como en el precio de venta hubo evidentemente engaño y la mayor parte
de las acciones se colocaron en Inglaterra, el congreso de Washington por el
decoro del país mandó formar en 1876 una información que produjo las más
lamentables revelaciones: que a tales extremidades puede conducir la temeridad
de los especuladores y la absoluta prescindencia de toda vigilancia en las
operaciones ficticias de bolsa, plaga de los países modernos en que la saliva
remplaza las más veces al oro y el engaño al honor. [162]
Capítulo XXIV
Cachinal de la Sierra
Quienes son los verdaderos descubridores del mineral de Cachinal de la
Sierra. —Ideas de don J. V. Lastarria sobre las riquezas del desierto, y
proyecto de ley que presenta en 1870, como ministro del Interior, para erigirlo
en territorio de colonización. —Oposición del senador por Atacama a este
proyecto, y extraño debate que ocasiona su aplazamiento indefinido. —Los
progresos salitreros del desierto, y cómo estos dan la mano a la minería. —Don
Rafael Barazarte mantiene cuadrillas de cateadores desde su oficina salitrera
«José Antonio Moreno». — Los cateadores Peñafiel y Figueroa descubren el primer
rodado del «Arturo Prat», y su desconsuelo. —Extraño aspecto del mineral y sus
pocas promesas aparentes. —Los hermanos Ossa rehúsan tomar participación en él
por una pequeña suma, a principios de 1881. — El gran cateo del desierto por
don Manuel Ossa y su lámina. —Carta de este explorador. —Ubicación y formación
geológica del mineral de Cachinal. —Cachi y su significación minera. La bonanza
de la mina «Arturo Prat» comienza a 23 metros de hondura, y cómo su noticia
trasciende a la prensa y al ajio. —Diversas sociedades que se forman,
fluctuación de los valores que se lanzan al mercado y males que esto causa a la
verdadera industria. —Las fiebres álgidas de las minas. —Opiniones de Mr.
Pissis sobre el particular. —Importancia reconocida de la mina «Arturo Prat» y
de otras. —Curioso descubrimiento del asistente del coronel Soto.
—Extraordinario movimiento minero del presente año y sus principales
descubrimientos y derroteros.—El derrotero del chango Aracena y el dálmata
Cargotich. — Otros descubrimientos.—La plata en el Santa Lucía. —El año de la
plata y el «Libro de la Plata». — Conclusión.
I
El paciente cuanto benévolo lector que hasta el final de nuestra faena
ha consentido de buen grado en seguirnos por entre los duros riscos, los
ásperos farellones y los intrincados caminos y labores de las sierras de la
plata, habrá podido darse cuenta de que es casi mas escabroso descubrir el
origen verdadero de los hallazgos mineros que seguir sus oscuros laboreos en
las entrañas de piedra de nuestro planeta. Y esto es precisamente lo que
acontece con el hoy tan discutido, afamado por unos, desdeñado por otros,
mineral de Cachinal de la Sierra, envuelto hasta la hora en que escribimos en
el tenaz y denso misterio de la especulación, la cual ciertamente no es la
industria y menos la prosperidad de la nación.
II
En cierto sentido, sin embargo, podría afirmarse que el mineral de
Cachinal, cuya ubicación en el centro del desierto conocemos desde los viajes
del explorador Philippi en 1854, debe su origen a la inteligente y previsora
preocupación que el distinguido hombre público de Chile, publicista tan
eminente como animoso minero, don José Victorino Lastarria, llevó al fomento
del desierto durante la breve época en que fué ministro del interior en la
administración Pinto. Uno de sus primeros afanes fué el esfuerzo por implantar
sus ideas prácticas en el terreno de la legislación, cuando se puso al frente
del gobierno, y con este fin presentó al Congreso un proyecto de lei que erigía
en territorio de colonización el desierto de Atacama y lo dividía en dos
departamentos que llevarían los nombres de sus principales puertos, es decir,
Taltal y Blanco Encalada, aunque tal vez habría sido preferible decir Paposo.
Aquella idea no podía ser ni más oportuna, ni más valiente, ni, al propio
tiempo, más sensata, porque el país veíase trabajado en esa coyuntura por
intensa crisis, y era preciso buscar la solución en las grandes soluciones.
III
Mas por una de esas singularidades parlamentarias no poco frecuentes en
nuestro suelo, el proyecto fué aplazado indefinidamente, como se halla hasta el
presente, y esto a petición de un ilustre hombre del Norte, que debía su cuna,
su fortuna y su gloria a esa región, el malogrado senador por Atacama don Pedro
León Gallo. El Senado accedió a esta extraña indicación en su sesión del 15 de
diciembre de 1876, y solo ahora, como quien despierta de largo sueño (noviembre
24 de 1882), trátase de volver a dar vida a ese pensamiento o a esa acción,
reviviendo en parte el proyecto relegado. [163]
IV
Esto no obstante, las medidas administrativas dictadas para alentar la
existencia industrial del desierto, creando los tres vehículos de sus
recónditas riquezas que son estos, —puertos, caminos y aguadas,—el territorio
repudiado por el Senado al finalizar el año 76, comenzó a dar muestras de vida
propia, y robusta, gracias principalmente al descubrimiento de sus ricas
salitreras exploradas en la época misma en que el amparo legislativo volvía su
espalda a la industria. «Existen poblaciones en la costa del desierto, decía un
editorial demostrativo del diario semi oficial de aquella época, en la costa,
en los puertos de Taltal, Paposo, Blanco Encalada y Cobre. En los tres primeros
puertos hay empleados de aduana; en el último no, a pesar de ser caleta habilitada.
Hay que correr diligencias de aduana en Blanco Encalada. La población de Taltal
es actualmente de 300 almas poco más o menos; la de Paposo de 200; la de Blanco
Encalada de 150 y la del Cobre de 50. La población en las salitreras al
interior de Taltal es de 300 almas más o menos. Hay actualmente dos
establecimientos para el beneficio del salitre, que pueden entre ambos
beneficiar 500 quintales diarios de salitre puro; estos están situados a 23
leguas más o menos de la costa, en las mismas pampas salitreras. Hay en vía de
instalación cuatro establecimientos más, que entre todos pueden hacer una
producción diaria de 200 quintales. Estos pueden estar en producción en seis
meses a más tardar. »Hay otras salitreras al interior de Paposo en las cuales
existen unos veinte hombres haciendo exploraciones. Al interior de Blanco
Encalada ni del Cobre existen actualmente salitreras.» [164]
V
Y como es ley que un progreso acarrea en pos otro mayor, a los hallazgos
y oficinas del salitre sucedió la explotación minera del despoblado, porque
apenas el cateador encuentra el camino de un puerto socorrido o la huella de
algún sendero en- caminado a remota aguada, no tarda en lanzarse en busca del
derrotero ajeno y nunca hallado, o de su propio ensueño, y esto fué
precisamente lo que aconteció al antiguo minero e industrial de salitres don
Rafael Barazarte, heredero en cierta manera por vínculos de familia, de las
tradiciones, de los merecimientos y de la fortuna del distinguido explorador
atacameño don José Antonio Moreno. [165]
Desde la oficina salitrera que lleva aquel nombre en el centro de la
pampa o valle central el desierto, y en un punto en que confluyen los caminos
que van al Paposo y a San Pedro de Atacama, no lejos de la aguada de Cachinal,
que ya nos dio a conocer el sabio Philippi, acostumbraba en efecto el señor
Barazarte despachar en diferentes direcciones sus mas expertos cateadores, y
estos partían seguros de no morir de hambre o de sed entre los médanos.
Cada oficina salitrera era un tambo mas en el despoblado, cada paila de
salitre un y nueva aguada para el caminante y para su bestia.
VI
Bajo estos auspicios, dos antiguos cateadores llamados Peñafiel (Pedro
según unos o José según otros) y Simón Figueroa, regresaban hace dos o tres
años de una infructuosa excursión a la Sierra del Viento, más allá de la Aguada
de Cachinal, cuando, por no llevar desalentadoras noticias a su perseverante
habilitador, resolvieron catear en la Sierra de Cachinal, cuyo panizo llamó su
atención como antes que a ellos había acontecido a muchos viajeros y cateadores
del desierto. Don Carlos Santa María y don Adolfo Fontanes hablan visitado
aquel paraje hacia 20 años (1862), y en pos de ellos no pocos exploradores
hicieron de prisa esa travesía espantados por la penuria del desierto y sus
inclemencias. Peñafiel y Figueroa, después de varios de prueba, no se juzgaron
felices. Habían estado sentados, fumando su último cigarro sobre el crestón de
un mogote que se levanta en la pampa hasta la altura de 50 metros, pero no
sospechaban que a sus pies existiese otra cosa que una masa de guijarros
descompuestos. —Las tierras de acarreo que cubren ea aquella dirección la base
granítica del desierto suele tener un .espesor hasta de 25 metros, y a través
de semejante velo no es fácil divisar ni aun a los más perspicaces. Al
retirarse, sin embargo, levantaron del suelo un pequeño rodado que al parecer
contenía ley de plata y lo llevaron al Paposo, donde el químico Basaure le
encontró fácilmente ley de 300 marcos.—La poderosa y ya afamada mina Arturo
Prat estaba descubierta. [166]
VII
Salia con todo esto de tal manera la estructura geológica de la veta o
manto descubierto en Cachinal de lo ordinario que no se parecía a nada de lo
conocido, y tuvo por lo mismo la oculta riqueza trabajoso alumbramiento antes
de salir al sol. Los mineros prácticos procedían en los reconocimientos con
visible desconfianza y los químicos, consultados al acaso, se limitaban a
encogerse de hombros, mientras los escasos apires de la no acreditada faena
extraían unas cuantas sacas de metal de pobre ley por escaleras primitivas, y
el administrador de la mina dormía en la batea del amasijo del pan de cada
día...
Ha llegado a decirse por esto que el hoy opulento habilitador de la mina
y fundador del asiento de Cachinal ordenó la suspensión de los trabajos
preliminares en dos o tres ocasiones.
VIII
No hemos llegado a la certeza sobre este curioso particular, en razón de
no haber recibido datos cortésmente pedidos; pero sábese con certidumbre que el
principal dueño de la mina Arturo Prat invitó por el mes de abril de 1881 al
aventajado minero don Alfredo Ossa, su vecino de salitrera (la Lautaro)
cediéndole la mitad de sus derechos (doce barras) a condición de proseguir por
su cuenta el laboreo de la faena hasta invertir la suma de 24 mil pesos, o sea
dos mil pesos por barra.
En razón de las peculiaridades mineras y geológicas del lugar no aceptó
el tentador ofrecimiento el principal dueño de la oficina Lautaro, que distaba
solo nueve leguas del mineral, y otro tanto aconteció un mes más tarde a su
hermano don Manuel, quien prefirió lanzarse al desierto con valiente y bien
organizada compañía de cateadores. [167]
IX
Pero esta vez, yendo contra la ciencia y la corriente, la perseverancia
ruda o la casualidad feliz, triunfaron sobre los cálculos humanos, y pocos días
después de la visita de los señores Ossa, y a la hondura de 23 metros
verticales, comenzó el beneficio en metal de 40 marcos. En el invierno de 1881
hablábase ya misteriosamente de las expectativas industriales del nuevo
descubrimiento, y las barras de la Arturo Prat, que hablan sido vendidas a mil
pesos, se cotizaban nominalmente 5,000 pesos y en seguida en 15,000. Por este
último precio se ofrecieron en buen número a don Manuel Ossa en la época que
acabamos de recordar.
Sin embargo, la riqueza positiva de Cachinal no comenzó a abrirse camino
hasta la prensa, es decir, hasta la fama, sino en el corazón del invierno que
acaba de pasar. —«Nuevos informes, decía un diario del desierto (El Salitrero
de Antofagasta) del 16 de julio de 1882, nuevos informes de Cachinal nos
asegura que la riqueza de la mina Arturo Prat es asombrosa, tanto por la
abundancia de metal, cuanto por su ley subida.
“Nos aseguran que se ofrece a uno de los socios, por cuatro o cinco
barras, la bonita suma de 50,000 pesos.”
“Si la Arturo Prat no estuviera en tal bonanza, tal ofrecimiento no se
haría por cierto.”
“Parece que una sociedad de Iquique ha enviado a la citada mina una
comisión con el encargo de estudiarla y de proponer a sus dueños la compra de
ella.”
“Cachinal va a ser muy luego uno de los primeros minerales de Chile por
la abundancia de sus minerales y la calidad de sus leyes.”
X
«Hállase el mineral de Cachinal, dice la relación de un perito, que ha
sido el primero en ensayar la descripción de aquel asiento verdaderamente
anómalo, y por lo mismo rodeado de perplejidades y de especulaciones, hállase
situado en un extenso llano, con pequeños cerrillos y ondulaciones de terreno,
que nace del cordón de cerros situados al poniente, llano que se extiende al
naciente basta unirse con una gran cuenca que termina en otro cordón de cerros
denominados Sierra del Viento y de Varas.
Una capa del terreno de acarreo o de aluvión, que en partes llega a un
grueso considerable, cubre y encapa las vetas y el terreno de su yacimiento. La
formación del terreno es en general porfírica, predominando entre las
porfíricas el pórfido cuarcífero en diferentes aspectos y condiciones. Las
vetas en su totalidad son de criadero cuarzo, notándose hasta ahora la completa
ausencia del criadero calizo en esas vetas. Predomina en este criadero
cuarcífero el cuarzo ferruginoso, esto es, el cuarzo mezclado con cierta
cantidad de óxidos de hierro. En cuanto a la clase de mineral, ella no está
todavía bien determinada cual sea, porque hay la circunstancia de que la
sustancia mineral de las vetas de Cachinal difiere por completo de lo conocido
hasta ahora entre nosotros. »
“En los minerales de Cachinal no puede hacerse la subdivisión en metales
fríos y calientes tan conocida y tan bien determinada en otros minerales de la
provincia de Atacama; porque en Cachinal vemos en una misma muestra, el cloruro
al lado de la galena platosa y de los negrillos, y al lado de éstos las pecas
cobrizas abundantes en la lei de plata, pero que no tienen de cobrizo sino su
aspecto exterior. No es raro tampoco ver la afamada peca azul de Chañarcillo,
mezcla de cloruro y de sulfuro de plata.” [168]
XI
El asiento minero de Cachinal, cuyo nombre no nos parece venir delcachi de
los quichuas en el cual quiere decir salobre, sino delcachi o
cuarzo de los mineros [169], ha sido comparado por algunos a una inmensa
parrilla de vetas entrecruzadas de lei mas o menos baja, pero de una potencia
rara vez encontrada en nuestro suelo. Hanlo asemejado por esto algunos al
mineral de Huanchaca y otros al de Nevada, pero al que, dado caso que su
estructura fuera tan vasta como se le pinta, acercaríase mucho más a Cerro de
Pasco, que según Paz Soldán es todo una masa metálica de baja ley. —“Cualquiera
que tenga nociones de lo que es un asiento minero, agrega a este respecto el ingeniero
Vadillo ya citado, no puede menos de considerarse el mineral de Cachinal de la
Sierra como un mineral de importancia y porvenir, no por cierto como ley subida
en sus metales, es decir, que no debemos considerarlo mineral rico bajo ese
respecto, sino como abundante en metales de baja ley y en vetas de mucha
potencia, lo que indudablemente hace la importancia de Cachinal como mineral
industrial, si pudiéramos llamarlo así.”
XII
No tenemos, por nuestra parte, en manera alguna el propósito de hacernos
parte en el estudio de las perspectivas industriales del nuevo mineral, según
lo hemos declarado en diversos pasajes de este libro; pero deber nuestro es
dejar recordado que desde los primeros días de setiembre último se pronunció en
los mercados de Santiago y Valparaíso una verdadera fiebre argentífera, como la
de Caracoles en 1871, con motivo principalmente de haberse lanzado al ajio en
la bolsa de esas plazas las acciones de tres sociedades formadas con porciones
de la Arturo Prat, cuya mitad o sea doce barras, con algunos
apéndices, fué vendida el 12 de ese mes por la enorme suma de dos y medio
millones de pesos.
Conjuntamente con esta sociedad que se llamó «Gran compañía Arturo
Prat», aparecieron las sociedades denominadas Minera de Cachinal y Esmeralda
de Atacama, cuyos cupones lanzados al precio moderado y verdaderamente
representativo de 70 pesos por acción, alcanzaron en pocos días precios
fabulosos para buscar en seguida su nivel. [170]
XIII
No pondremos nosotros la mano ni siquiera el dedo en la significación
moral y mercantil de este ardiente juego de papeles, en puntos completamente
alejados de la vida industrial cuyo nombre toma y que algún espiritual llamó
«el juego del tonto». Pero es evidente que tales situaciones lejos de
beneficiar a la industria sana del país, le causan daño profundo y al fin lo
postran. “Hemos oído calcular, decía a este respecto un bien intencionado
articulista a principios de octubre, que las cotizaciones actuales de las
acciones mineras corresponden a un valor de 220 a 250 mil pesos por barra de la
mina Arturo Prat! Las demás minas no son acaso más que una bonita o ingeniosa
colección de nombres, como sucedió en Caracoles. Habrá por descontado una Flor
del Desierto, una Fortuna, una Buena Esperanza,
una Los Amigos, unaVeintiuno de Mayo, una o dos Esmeraldas,
una Atacameña, una Estrella de Chile, etc., etc. Hasta
la mitología tendrá sus representantes. Estamos seguros que habrá una Diana, una Venus (que
la comisión científica puede ir a observar oportunamente), Mercurio,
Júpiter, etc.”
“Sabemos que en el vecino puerto de Valparaíso el termómetro marca
mayores grados de calor. Ahí la fiebre ha pasado a tifus. Los
flemáticos ingleses son difíciles de entusiasmarse, pero Dios nos libre cuando
los coge el entusiasmo. ¡La pesada masa corre siempre más veloz cuando rueda
por el plano inclinado de las especulaciones que no tienen asidero ni base
sólida!”
“Los neófitos son los paganos. Se ha visto que lo que
anhelan es convertir en dinero lo poco que tienen para adquirir Cachinales, Esmeraldas,
Mononas, etc. Ayer se han vendido a vil precio acciones del Banco Nacional,
del Banco Valparaíso, de la Compañía de Gas, del Banco Agrícola, etc., para
comprar Cachinales. Se ha creído cambiar papel por plata
blanca, y nada ha parecido más cuerdo en la bolsa. Dios nos ampare en medio
de la tempestad que ya vemos cargarse. El horizonte no está aún muy oscuro,
pero se divisan algunas negras nubes. Es preciso enmendar el rumbo.” [171]
XIV
Entretanto, lo único que se halla bien establecido como axioma en
materia de trabajos de minas verdaderamente productivas para sus dueños y para
el país, es que las asociaciones de minas deben agruparse, si es posible, en la
boca de aquellas, como sucedió con las descubridoras de Chañarcillo y después
en mayor escala con las de Caracoles y las de Nevada. Personas inteligentes
calculan que sin la asociación de las descubridoras de Caracoles, la mayor
parte si no todo el producto de las minas, habríanselo llevado los ingenieros y
los abogados, por los pleitos de internaciones, deslindes, etc., al paso que,
cuando por los años de 1858, comenzó la primera decadencia de Chañarcillo, el
benemérito y honrado señor Pissis escribió una interesante memoria para demostrar
que si a más de la Descubridora se hubiesen trabajado todas
las minas de Chañarcillo, por una sola cuerda, por una sola compañía, con un
solo pique central, habría producido aquel el doble de lo que ha rendido,
porque se habría economizado el doble en los gastos. “Al dividir, dice el autor
citado a propósito de los peligros de fraccionamiento de los derechos mineros,
al dividir un mineral en infinidad de pequeñas pertenencias, la lei lo
transforma en una especie de lotería en donde cada uno viene a tomar un boleto.
Desgraciadamente semejantes boletos cuestan muy caros para los que la suerte
aleja de los centros metalíferos, y es este el mayor número. Alucinados por
algunos alcances de sus vecinos, van siguiendo su laboreo en una veta estéril,
siempre con la esperanza de llegar a una gran riqueza y concluyen por enterrar
en ella toda su fortuna. Tal es, en pocas palabras, la historia de todos los
minerales de la América del Sur.” [172]
XV
Entretanto, y en pos de la mina descubridora que tiene una pertenencia
de más de 700 metros de corrida reconocidos en partes por diversos piques y
frontones, han aparecido al sur, al norte, por el oriente y el ocaso
innumerables hallazgos de un valor incierto todavía, pero que ponen de
manifiesto la existencia de una región metalífera tan abundante como las más
afamadas de la América. [173] Entre estos descubrimientos se han hecho
particularmente notables el de la minaFresia, a estacas de la Prat,
la Emma, la José Francisco Vergara, situada cerca de un
quilómetro más al norte y la Arturo Soto, descubierta por el
asistente del valiente coronel don José María Soto, quien, después de cumplir
valientemente en Chorrillos las órdenes de su jefe y de asistirlo hasta dejarlo
recobrado de sus heridas, desembarcó en Taltal con su rifle, una talega de pesos,
regalo de su agradecido superior, en el bolsillo y 300 tiros en su canana. Y en
seguida, habiéndose puesto a catear en una legión solitaria, a guisa de
precavido minero y de soldado qua volvía vencedor de diez combates, ahuyentaba
a balazos a todos sus competidores, haciendo así que el plomo, que suele ser
aliado inseparable de la plata, fuera en esta vez su precursor...
XVI
Junto con la prosperidad de la mina Arlara Prat, su venta y su
rendimiento efectivo, que en el mes de octubre último ha sido de quince mil
marcos de fino, liase despertado en todas las regiones del norte un febril
interés por las empresas de cateo, al piso que de una minera notoria han
mejorado muchas de las minas antiguas, especialmente en Chañarcillo, en Lomas
Bayas, Bandurrias, Garín y la Florida, apareciendo nuevos descubrimientos
argentíferos en la sierra de Arqueros (Chapílca), en Elqui ( Cerro
de la Plata), en Pabellón (mina de los Boldos) en
Vaca Muerta, en el cerro del Pingo, un poco al norte de Tres Puntas, donde
dícese haberse encontrado el famosísimo derrotero del chango Aracena, y hasta
en las puertas de la capital, y en su corazón mismo, porque la mina
llamada Lampa, situada frente a la estación de Batuco y en el llano
que cubre su laguna, está produciendo abundantísimos metales de 45 marcos. Aun
el Santa Lucía ostenta en el cachi de sus intersticios
basálticos muestras o pecas sospechosas de plata y que en realidad son de oro,
según el siguiente certificado de un hábil y experimentado químico:
CASA DE MONEDA.
Santiago, noviembre 20 de 1882.
Señor Benjamín Vicuña Mackenna.
Estimado señor y amigo:
La colpa metálica que tuvo la bondad de remitirme en días pasados para
examinarla, procedente de excavaciones practicadas en el «Santa Lucía», es una
masa de pórfido cuarzoso, impregnada de pirita arsenical de fierro. Ensayada
por oro, he obtenido una ley de ocho castellanos de oro fino por cajón de 64
quintales españoles.
Saluda a Ud. su amigo Affmo. y S. S.
Brieba.
« ¿A dónde vamos a dar con tanta plata?» exclamaba con este motivo
después de anunciar la relación palpitante de tres o cuatro ricos
descubrimientos argentíferos un escritor de la prensa diaria; y esto es tal vez
lo que el país se pregunta a sí mismo un tanto atónito a esta hora. [174]
XVII
El año presente de 1882, habrá do llamarse por esto, como el de
1848 [175], el año de la plata, y el conjunto de
circunstancias que acabamos de consignar de prisa, como quien llega al término
de largo viaje, dará lugar a que este libro, que tal vez habrá de ser seguido
de otro análogo sobre el cobre, tenga entre sus escasísimos merecimientos uno
que ni la más sórdida emulación se atrevería a disputarle —«el de la
oportunidad». Las páginas del Libro de la plata habrán de ser
de esa manera los pañales en que ha nacido el año de la plata; y por esto, al
poner fin a la tarea, nos será lícito sentarnos a descansar a la sombra de los
duros farellones y esperar tranquilos que el recién nacido tesoro crezca y
corra como el ancho rio, y derramando su linfa sana, limpia y fertilizante por
el suelo de la patria, aumente la fortuna de sus hijos y el esplendor de su
nombre de nación rica, honrada y trabajadora.
Anexos al capítulo XXIV
Discusión habida en el Senado en la sesión del 15 de diciembre de 1876 sobre
la erección del desierto de Atacama en territorio de colonización, creándose
los Departamentos de Taltal y Blanco Encalada.
I
(Extracto)
Puesto en discusión el proyecto del ejecutivo formulado por el señor
ministro del interior don José Victorino Lastarria, proyecto de ley, cuyo
artículo 1° comenzaba así, —«Art. 1.° Eríjese en territorio de colonización con
el nombre de territorio de Atacama, conforme a la lei de 18 de
noviembre de 1856 la parte del desierto de Atacama que pertenece a la
república», pidió la palabra el honorable senador por Atacama don Pedro León
Gallo para impugnar el proyecto por considerarlo ineficaz y aún «contraproducente».
El honorable senador alabó los propósitos patrióticos del autor del proyecto,
pero negó que debiera gastarse 30,000 pesos en plantearlo».
«Ahora, señor, exclamó el distinguido representante, ¿qué ventaja
sacaría Chañaral, que es el punto más importante, con pasar a la categoría de
capital de departamento y ser regido por un gobernador en lugar de un
subdelegado? Absolutamente ninguna; porque el gobernador no podría hacer nada
más que lo que hace el subdelegado. ¿Qué elementos nuevos lleva en sí la
autoridad por llamarse gobernador en lugar de subdelegado? Yo no los diviso.
Para el gobierno de Chañaral basta el subdelegado.» y en consecuencia concluyó
por proponer el siguiente proyecto de acuerdo de aplazamiento indefinido de la
discusión del proyecto. —«Prorrógase indefinidamente la discusión del proyecto
que trata de crear dos departamentos en la provincia de Atacama, así como la
que declara esa misma región territorio de colonización».
Inmediatamente el senador por Santiago don B. Vicuña Mackenna usó de la
palabra, y tuvo lugar la discusión que en seguida copiamos del respectivo
boletín oficial: «El señor Vicuña Mackenna. —Si el honorable senador por
Atacama no hubiese dado durante su vida pública pruebas tan evidentes de
patriotismo, me creería autorizado para manifestar extrañeza al tomar nota de
su oposición a un proyecto que tan directamente favorece a la provincia de que
es representante. »
E1 señor Gallo. —Soy senador por Atacama; pero representante del país.
EI señor Vicuña Mackenna.—Era ese precisamente el punto de vista en que
colocaba la oposición de su señoría, y así únicamente la concebía y me la
explicaba. ''. »Porque ¿cómo podrá creerse que el señor senador por Atacama
combatiese un proyecto que, aunque imperfecto, ha sido concebido en exclusivo
beneficio de aquella provincia? ¿Ha echado en olvido su señoría que en Atacama
todo se ha debido a la fortuna o a la casualidad de los descubrimientos y que
todo lo que sea dirigido a ese fin en esa provincia ha de conducir de un modo u
otro a su prosperidad? »
E1 filón de una mina del desierto ha bastado para enriquecer en cinco o
seis ocasiones a aquella provincia y al país entero. »
Por otra parte, hoy que una crisis general nos agobia ¿no es acertado
volver la vista a esos parajes inexplorados, pero que se sabe contienen
riquezas de variedad infinita? ¿No se hallaba el Perú en semejantes condiciones
cuando comenzó a notar la extinción del guano de las Chinchas? y ¿no volvió
entonces cuerdamente su atención y sus recursos al desierto de Tarapacá, que no
es sino una continuación del desierto de Atacama? »
“¿Y no han sido precisamente los salitreros de aquello comarca las que
han mantenido el nervio de la riqueza en el país después que se había agotado
el oro, la plata y el guano?”
“¿I por qué no haríamos nosotros otro tanto con ese Tarapacá chileno que
tenemos enclavado en nuestro territorio?”
“Por esto, como miembro de la comisión de gobierno, no vacilé en aceptar
el proyecto del honorable señor Lastarria con algunas limitaciones. Y debo.
agregar que ahora estoy dispuesto a abandonar algunas de esas limitaciones en
vista de las diarias noticias que nos llegan de descubrimientos fósiles en el
desierto y de la feliz exploración que ha practicado últimamente el Abtao.
“Y aún me será lícito agregar que cuando el honorable ministro del
interior presentó su proyecto de ley sobre Atacama, en su calidad de senador,
tenía en cierta manera anticipadas las convicciones que manifesté en mi informe
y ahora reitero, porque precisamente me ocupaba en esa época de estudiar la
solución de nuestras dificultades impulsando los intereses de la minería y
estimulado a ello por el consejo de un ciudadano tan patriota como conocedor
práctico del desierto, y que en un folleto que tiene ya tres años de fecha, ha
manifestado la convicción más profunda sobre las riquezas fósiles y minerales
que en aquellos parajes existen. Me refiero a mi distinguido amigo el señor
José Santos Ossa que ha estudiado el desierto de Atacama desde su juventud y se
halla familiarizado con sus penalidades; pero también con sus recursos.”
“Si el interesante libro del señor Philippi no ha impulsado al país en
el sentido de esas exploraciones, débese principalmente a que ese distinguido
sabio hizo solo una excursión veraniega por el desierto y mas como botánico que
como mineralogista práctico.”
“De todo esto resulta que por lo menos es útil propender por cualquier
camino al desarrollo de aquellas riquezas más o menos considerables y que en
cierta manera yacen sobre la superficie de la tierra.”
“Por esto consideraría como un acto antipatriótico no combatir
decididamente !a indicación previa del honorable señor senador por Atacama que
mata entes de nacer esta esperanza que tanto halaga a los pueblos del Norte.”
A esto agrego el señor Lastarria ministro del interior las palabras
siguientes:
“...Yo pediría al senado que rechazase el proyecto absolutamente, antes
que aplazarlo en esa forma. Espero que la votación del senado sea adversa a la
indicación.”
* * * *
“Por otra parte, el pueblo de Chile produce un fenómeno bien raro: donde
quiera que haya esperanza de plantear y fomentar una industria, la población
afluye y se organiza por sí sola. Yo he visto literalmente en la costa de
Bolivia, formarse en un año una población de 10.000 habitantes, casi sin
autoridad y sin casi” [176]
He visto improvisarse las poblaciones de Antofagasta, Mejillones y
Caracoles. He admirado los hábitos de orden y de moralidad observados por
habitantes de nuestra república en esos lugares. Me he encontrado en ciertos
puntos, donde, habiendo 4,000 trabajadores, no existía, sin embargo, una sola
autoridad; había, es cierto, algunos desmanes pero no frecuentes. »
¿Por qué, fue en el caso de que ahora tratamos y refiriéndome al nuevo
departamento que se pretende crear, no ha de ir la autoridad a prestar a la
población el amparo legal, facilitándole a la vez elementos de progreso? ¿Por
qué no hacer otro puerto más al norte cuando tenemos la facilidad de realizar
una esperanza bien fundada, cual es la de descubrir un puerto de excelentes
condiciones, a inmediaciones de la parte central de la costa del desierto,
pudiendo, por consiguiente, las exploraciones abarcarlo todo sin gran
dificultad? y todo ello con un pequeño gasto porque el ingeniero mismo dice que
no se gastaría mas de cien mil pesos en un camino hasta las salitreras de Agua
Amarga, (Cerro Negro y otros puntos donde existen valiosas salitreras y
minerales de plata fáciles de explotar. “Uno de los ingenieros me luí enviado
una muestra de plata con lei de no menos de cien marcos.”
Continuó el debate volviendo a insistir el autor del presente libro con
nuevas razones en la conveniencia de abrir las puertas del futuro a aquellos
ricos territorios; pero habiendo venido en auxilio del señor Gallo la opinión,
la palabra y el prestigio del señor senador por Talca don Antonio Varas, la
proposición de aplazamiento indefinido fué votada y aprobada por 8 votos contra
5. [177] (Este mismo proyecto es el que ha sido
renovado ahora, noviembre de 1882, por el Ejecutivo, después de seis años
malogrados, solicitando la creación del departamento de Taltal)
II
Carta al autor de don Manuel Ossa, Jefe de la gran expedición de cateo en el
desierto en mayo de 1882.
Señor B. Vicuña Mackenna:
Campamento número 1. —Norte, 31 de mayo de 1882.
...Antes de emprender la campaña que en este momento trato de llevar a
término, resolví expedicionar al sur de Copiapó hasta el famoso Chañarcillo,
tomando la línea que une ambos puntos como límite por el este, el mar al oeste
y los paralelos de los puntos de partida y término, como límites norte y sur.
El objeto primordial de esta expedición fué estudiar la rica región de
Chañarcillo, para, por analogía, poder estudiar con los ojos de la ciencia y de
la práctica las regiones situadas entre Copiapó y Taltal. Esta expedición ha
terminado; y aunque los resultados materiales han sido negativos, en cambio se
han adquirido conocimientos importantes, que formarán la verdadera base de
investigaciones futuras.
Esta parte del desierto ha sido muy reconocida por el minero práctico,
buscando el rico filón, y es muy difícil al ojo experto del cateador se haya
escapado un nuevo centro minero; puede ser que minuciosos reconocimientos
llevados a cabo con regularidad descubran algo que recompense con usura nuevas
empresas; pero es indudable que lo más rico ha sido ya descubierto y que nuevos
centros mineros no se formarán fácilmente en esta parte del desierto.
El porvenir de la minería en estas regiones no está basado en nuevos
descubrimientos, sino en la rehabilitación de minerales antiguos de oro, plata
y cobre, abandonados por completo hoy día a causa de la riqueza fabulosa de la
minería, que durante los últimos cuarenta años ha causado, a no dudarlo, la
prosperidad de la república.
Los centros mineros de hoy día, sin embargo, como los antiguos, se están
agotando con rapidez alarmante y con la notable y sensible diferencia de que el
agotamiento de las minas que actualmente se trabajan, significa en mucha parte
agotamiento general de su riqueza, hasta el grado de que hoy día, gracias a los
adelantos modernos, es posible trabajar con provecho, mientras que el
agotamiento de las minas antiguas es en su generalidad parcial, debido al
sistema primitivo de los trabajos y a las dificultades consiguientes con que
antes se tropezaba, sobre todo en las vías de acarreo y el sistema del
beneficio.
Hay, pues, muchos centros mineros abandonados en el primer broceo que
quizá ocultan en su seno inmensas riquezas. Desgraciadamente para que esto se
realice en la práctica habrá que tropezar en muchos casos con graves
inconvenientes ocasionados por el aterramiento general de antiguas minas,
debidos, más que al tiempo y mal sistema de trabajos, al pirquén actual, que
sin consideración alguna, está destrozando los minerales actuales y concluyendo
de destrozar los antiguos.
A este respecto nuestra codificación minera no es bastante terminante y
es poco previsora. La antigua legislación ordenaba que ninguna mina se
trabajara sino por un perito competente y aprobado por la junta.
Hoy no tenemos junta de minería, y la que hasta hace poco existía en
Copiapó, fué privada de la poca vida que tenia por el mismo gobierno, dando el
golpe de gracia a la única institución que vigilaba el ramo más importante de
nuestra riqueza pública. Para la vigilancia de los trabajos de minas el Estado
ha nombrado ingenieros en los distritos mineros. Estos existen en el nombre, y
cuando existen no llenan su cometido, pues el Estado no les tiene asignado
sueldo alguno.
El resultado de tan poca previsión por parte del Estado y la falta
completa de vigilancia para reglamentar y sistematizar los trabajos de minas,
será que nuestras industrias extractivas tendrán que privar al país de muchos
millones que quedarán para siempre ocultos en el corazón de nuestros minerales;
que la decadencia de la minería, causa de justa alarma para todos, seguirá de
mal en peor, y como consecuencia lógica, el ramo principal de nuestra
exportación llegará a ser uno de los últimos.
Se ha previsto el resultado de este mal inevitable si no se toman
medidas oportunas? ¿Se ha olvidado que Chile es un país eminentemente minero y
que no tenemos con qué reemplazar esta fuente productora que se nos agota? ¿O
cree la mayoría de nuestros hombres públicos que el desarrollo de nuestra
agricultura, más lento que el desarrollo de los robles que crecen en nuestras
montañas, vendrá a suplir siquiera en parte el vacío que tras de sí dejará la
minería?
En el día el fisco, creo, tiene una entrada de más o menos 150,000 pesos
por los derechos sobre el cobre. Hay muchos hombres versados en la industria
que conociendo a fondo el estado de postración por que en la actualidad
atraviesa y previendo la competencia de otros centros productores, han creído
prudente llamar la atención de nuestros hombres de estado hacia el impuesto que
grava al cobre. Creen que su abolición seria un desahogo para la industria. El
impuesto es moderado y su abolición en muy poco o nada aliviaría al enfermo;
éste necesita remedios más eficaces.
Conservar el impuesto y presuponer para fomentar, reglamentar y vigilar
los trabajos de minas su producido o más si fuera necesario, sería una medida
de alta previsión.
Crear por ahora tres juntas de minería en las provincias de Coquimbo,
Atacama y Antofagasta, cada una bajo la presidencia del intendente de la
provincia y dependientes todas ellas del ministerio respectivo, sería el
complemento. La creación de estas juntas traería, entre otras mejoras
inmediatas, el nombramiento de ingenieros competente y bien rentados que
impulsarían los trabajos de minas en toda forma y darían al fisco muí pronto su
entrada en derechos una cantidad mucho mayor de la que hoi percibe por el
cobre; y al p ús, si no una nueva era de prosperidad, le evitaría al menos
males de consideración para el porvenir.
Nuestra expedición al norte ha empezado. Los resultados puede muy bien
que no sean lisonjeros, pero de todos modos dejarán algún pequeño provecho,
facilitando el camino a nuevos exploradores.
Deseándole toda felicidad, etc.
M. Ossa.
III
Apuntes del mineralogista Pissis sobre el trabajo en común de las minas y en
particular de la de Chañarcillo.
(Fragmentos)
...El mineral de Chañarcillo consta de tres vetas dirigidas de sur a
norte e incluidas en un espacio cuya anchura varía de 200 a 300 metros. Estas
vetas han sido reconocidas desde la cumbre del cerro hasta la quebrada que
conduce al Molle, es decir, poco más o menos sobre una longitud de 5,000
metros; pero la parte en beneficio ocupa cuando más 3,500 metros, desde la
cumbre hasta la mina ( Constancia, y entre estos dos puntos el
desnivel es como de 400 metros. Con un ligero estudio del terreno es fácil convencerse
que un socavón horizontal situado en la quebrada que conduce a la mina Descubridora y
dirigido perpendicularmente a las vetas, habría sido suficiente para poner en
comunicación todas las labores de la parte superior del cerro; así las vetas
cortadas en mucha hondura habrían podido beneficiarse por el sistema de
trabajos por bancos en todo el espacio incluido entre las minas Candelaria y
Dolores, sea sobre una longitud de 3,000 metros y acarreados los metales por
socavones horizontales y sobre ferrocarriles; así por lo que toca a esta parte
del mineral, el único trabajo preparatorio era un socavón de unos 400 metros.
En cuanto a la parte situada al sur de la mina Dolores 1a,
habría sido suficiente un pique torno situado en el lugar que ocupa actualmente
la mina Constancia.
Ea fin, para alcanzar la hondura actual de las labores que corresponden
a la parte del cerro, otro pique torno colocado a la entrada del socavón o en
el interior sobre la veta Candelaria, habría bastado para la
extracción de todos los metales. Así pues, el conjunto de todos los trabajos
para la saca de los metales consta de un socavón de 400 metros, dos piques
tornos y como 400 metros de ferrocarril. El costo del socavón es de 19,156 pesos,
el de los dos piques tornos 96,000 pesos y los 400 metros de ferrocarril 8,000
pesos; avaluaremos en 50,000 pesos los edificios y talleres; y en fin, en 4,000
pesos el precio de los carros necesarios al trabajo de 5 años; lo que da por
capital 177,156 pesos. [178]
Los gastos anuales serían los siguientes:
El gasto de los 55 minas en 5 años ha sido de $ 8.367,065, resulta,
pues, una diferencia de $ 3.567,265 pesos en favor de la compañía.
IV
EL derrotero del chango Aracena según el señor Sayago en su Historia de
Copiapó Pág, 420 de Copiapó.
“...En el año 1841, trájose preso del Paposo a esta ciudad a un chango
llamado Mariano Aracena, que había perpetrado en el desierto varios alevosos
asesinatos. Condenado a muerte porlos tribunales, confió a su defensor, don
Vicente Quesada, con el ánimo de poder obtener condonación de la pena, que
poseía una poderosa mina de plata hallada hacía ya varios años por un tío suyo
ya difunto, llamado Nolasco Aracena, en un cerro alto, enteramente aislado,
situado en las cabeceras de la quebrada de Cachinal, a distancia más o menos de
tres leguas al oriente de una vega ubicada en la misma quebrada, donde una
hermana suya, llamada Victoria, mantenía una majada, la cual vega distaba de la
costa tal vez unas siete leguas.”
“La veta se encontraba en el flanco oriental de dicho cerro, que por ese
lado es bastante arenoso, como a un tercio de la bajada desde la cumbre,
corriendo más abajo de ella un sobresaliente filón de piedra negra que va a
perderse en la quebrada.”
“La cavidad o picado formado en la veta, de donde se había extraído ya
una buena cantidad de lajuelas de plata, se hallaba tapada con un cuero
sustentado por debajo con algunas maderas y cubierto de tal manera con arena,
que era difícil sospechar que allí existiera semejante tesoro. Para dar con él
no había mas que medir unas diez o doce varas línea recta hacia abajo de un
quisco, notable por su hermosura y tamaño.”
“Circulando la noticia en la villa, varios vecinos respetables
recordaron que en el año 1820 el citado Nolasco Aracena había venido del
desierto y vendido a un bodegonero apellidado Aguilar varias ricas piedras de
plata, y que poco después se presentó al mismo trayendo ya una buena cantidad
de ellas. Aguilar dio parte a varios caballeros de lo que le ocurría con este
chango, y habiéndolo estos interrogado, quedó él de participarles de la riqueza
y de llevarlos a conocer la mina. Cuando ya estaban listos para emprender el
viaje, el chango desapareció y algún tiempo después se supo que había muerto.
Vino a corroborar mas la revelación hecha por Mariano, el informe que dio un
comerciante español avecindado en Cobija, el señor Artola, de que siempre había
comprado desde varios años a Nolasco Aracena y posteriormente a su sobrino
Mariano, los envoltorios de piedras de plata en barra con que solían
presentarse en ese puerto.”
“Mariano fué fusilado y hasta en sus últimos momentos no dejó de
recomendar a su abogado que a toda costa hiciera viaje al desierto para que
tomara posesión de esa mina, ya que su opulencia no había servido para librarlo
de la pena capital.”
“Inútil es decir que muchas expediciones, más o menos bien equipadas y
perfectamente advertidas de las demarcaciones del punto de la riqueza, se han
lanzado al desierto siguiendo el derrotero del chango Aracena, sin
haber conseguido su objeto. Hase visitado toda la quebrada de Cachinal,
se ha cateado un cerro alto que parece corresponder al cerro de la riqueza y
que los changos denominan «El Difunto», se han recorrido todos los alrededores
hasta llegar por el lado norte a las dereceras de Paposo y por el sur hasta las
serranías del Indio Muerto, y nada se ha podido encontrar. No obstante, la
certidumbre del derrotero en cuestión está de manifiesto en las
relaciones que hemos anotado, y comprendiéndolo así nuestros mineros y
cateadores no desesperan todavía de poder descubrir esa riqueza, una vez que se
lleve a esos parajes una exploración escrupulosa y bien mantenida.”
V
El mismo derrotero según el cateador dálmata don Pedro A. Corgotich, natural
de Lissa y antiguo minero de oro de California, Nevada y Lebu.
Cargotich visitó al autor de este libro a principios de octubre de 1882
y le aseguró había descubierto en el distrito de Vaca Muerta, al sur de Taltal,
la primera parte del derrotero de Aracena, esto es las herramientas que este
aseguraba haber dejado enterradas y que consistían en un combo, un cincel «para
cortar la plata» y una pailita; y pocos días mas tarde se dirigió al norte,
habilitado con cuatro mil pesos por varios especuladores de Valparaíso para
proseguir su descubrimiento.
He aquí el derrotero de Aracena tal cual el cateador dálmata lo retenía
en su memoria y lo dictó.
“En el desierto de Taltal y cerca de la Vaca Muerta, saliendo de la
caleta de Huanillos que se halla enfrente de la isla, caminando una legua
quebrada adentro, se encuentran los ranchos de la Majada de Victoria Aracena,
mi hermana. Subiendo como dos leguas quebrada adentro, se encuentra una vega y
bastante pasto para un ganado lanar. Subiendo a la cima de la quebrada se
encuentran tres morros lacres.” “De los morros mirando un poco al norte,
pasando cuatro o cinco quebraditas, con su portezuelito, se encuentra el cerro
del Difunto que es muy conocido porque está enteramente solo y separado de los
demás cerros.”
“En dicho cerro se halla un quisco muy notable por su hermosura y como
cuatro o cinco varas más abajo, se encuentra la herramienta enterrada.”
“De la herramienta, mirando un poco al naciente, se divisa un cerrito en
medio de un llano cortado a todos los vientos. Cerca del cerrito se encuentra
una piedra grande bajo una veta negra. AI lado de dicha veta se encuentra la
boca-mina que está tapada con cueros, palos, montes y piedras.”
“EI beneficio tiene media rara en semi-barra de plata.”
“Para que conste pregúntese en Cobija en casa de los señores Artola
donde pedí la mina, porque vendí varias cargas a dichos señores. —Dado en
Copiapó a 13 de abril de 1831).
Rafael Aracena.”
“Este derrotero se lo he dado a don Vicente Quesada por ser mi
defensor.”
VI
El derrotero de Medrano y el niño Aracena
Tenemos todavía, cutre un centenar de fantásticos derroteros en que
elegir, el siguiente, que por original y bien contado copiamos de una carta que
a fines de setiembre último nos dirigió desde el desierto uno de sus más
aventajados y más desengañados mineros de esos parajes, el cual dice así:
“El año 1851 se ocupaba en cazar chinchillas en unas sierras inmediatas
al Morado, el argentino ño José Medrano con el niño Víctor Aracena, a quien
conocí como peón de mi padre en 1859 y el cual me contó esta historia.”
“Un día que tenían muchos cueros juntos, apareció un propio de Copiapó
en busca de Medrano, el cual, sin pérdida de instante, se puso en camino.”
“Al cargar la última carga, notó que uno de los tercios era demasiado
liviano. Incontinenti alzó el hacha y dio con el mocho contra un farellón alto
y de mucha corrida, del cual hizo saltar un regular pedazo de piedra, que
inmediatamente colocó en el saco o tercio más liviano.”
“Concluida la operación se fueron y caminaron hasta el mismo Copiapó
donde vendieron los cueros y se aprovisionaron. En seguida se pusieron ea
marcha hasta Cabeza de Vaca, lugar donde residía Medrano.”
“Ahí supo que la esposa lo llamaba con urgencia desde la Argentina.”
“Al día siguiente acomodó sus chifles y las alforjas. Apenas había
subido a la muía que debía conducirlo, se acordó que no llevaba piedra para
el yesquero. Llamó a Victor y le dijo que sacase el pedernal que
venía en una carga y le quebrase un pedazo.”
“E1 niño buscó la piedra y la encontró. Pero por más esfuerzos que hizo,
no le fué posible levantarla, teniendo que apearse Medrano no poco
impacientado.”
“¡Cuál no sería su sorpresa al considerar que lo que él creía pedernal,
era una riquísima piedra de semi barra de plata!”
“ —Hombre! dijo Medrano al niño, apenas vuelva nos vamos al lugar donde
quebré esta piedra, y si no vuelvo, ya sabes la situación.”
“Medrano no volvió al país, y Victor, que sabia el lugar, nunca tuvo
ánimo de buscar solo aquella riqueza, que según entiendo hasta hoy se mantiene
oculta.”
“Yo fui invitado muchas veces por Victor, pero era tan joven entonces,
que rehusé aceptar la oferta, que siempre he creído una realidad.”
“Víctor era primo hermano do Rafael, el famoso bandido del desierto, que
antes de pagar sus crímenes en el cadalso, dejó al doctor Quesada el famoso
derrotero que hasta hoy se mantiene oculto, por más que la prensa de
Antofagasta diga que; un señor Bcnneh de esa localidad y un austríaco dieron
con la riqueza del chango. Pues todo eso es falso.”
* * * *
He aquí todavía otros curiosos descubrimientos no debidos a derroteros
sino a la casualidad y a la perseverancia, y que apunta el mismo autor.
“...El descubrimiento de la Zoila de la Encantada tuvo
lugar en 1867 y según los libros de esta oficina, la Zoila produjo
hasta el día que la pararon, 41,266 quilogramos de ley media de 300 marcos, que
al precio de entonces, debían ser; 19.340 pesos.”
“Sin embargo, el doctor don José M. Manterola, me dijo que habían
perdido 20,000 pesos en esa mina. —A este respecto hablamos no hace un mes
todavía.”
“Y quizá tal pérdida sea efectiva, puesto que según personas bien
informadas, lo mejor que produjo la Zoila, se lo robaron en
carretadas y lo condujeron clandestinamente a Copiapó, donde fué vendido sin
que los verdaderos dueños tuviesen el menor conocimiento.”
“La Zoila fué encontrada en 1842, por una caravana que
mandó en busca del derrotero del Chango el doctor Quesada, cuya caravana, por
la poca importancia del hallazgo (para entonces) lo abandonaron.”
“En 1872, el leñador Máximo Villalobos, encontró la Esperanza
del Carrizo, que vendió en 500 pesos a la casa de Liewerts. Su bonanza no
fué de larga duración. Pues, muy luego la casa de Liewerts hizo parar la Esperanza,
quedando hasta hoy en desamparo, a pesar de haber sido registrada varias veces
por otros mineros.—Dio 22,727 quilogramos—17,750 pesos.”
“En 1875, el incansable José Tapia, andador tan sufrido como don Diego
de Almeida, descubrió el mineral del Hambre, el mismo que hoy
se llama San Alfredo y Cifunchos, el que, a pesar
de su riqueza, dejó más de 3,000 pesos de pérdidas; todo lo contrario del
resultado que sacaron los señores Lamarca y Ossa hermanos, que de la sola San
Juan sacaron m\s de 100,000 pesos, y según he sabido últimamente,
aquello, aunque en escala reducida, no escampa. — Dio 25,506
quilogramos. —1,590 pesos en tiempo de Tapia.
En 1879, el cateador de la casa de Lamarca y Ossa hermanos, José Campos,
escarpó un manto argentífero, que había en un cerro inmediato a Doña Inés, que
algunos años antes había encontrado el desgraciado cateador Manuel Armijo, que
en todas partes ha encontrado veneros que solo en su poder no han tenido
importancia; causándole tantos desengaños una especie de odio al cateo hasta el
extremo, que, hoy lleno de años, se ocupa en una carreta aguadora de la casa
Cousiño de este lugar (Pan de Azúcar).
“Estoy seguro que algo se me queda en el tintero, pero como su
importancia es casi ninguna, esa golondrina no compondrá verano.”
Ahora permítame hacer algunas rectificaciones.”
“El nombre del descubridor de la mina de plata de Vaca Muerta, era
Carmen Yáñez y no Rafael Alfaro, como creo haber leído antes.”
“El nombre del chango Aracena es Rafael y no Mariano como dice la
Historia de Copiapó en la pág. 418.”
Dije también, en mi anterior, que don Ignacio Vergara vivía, habiendo
fallecido a consecuencia de la pesadumbre que produjo en su ánimo la pérdida de
sus intereses debilitados completamente con los excesivos gastos que le demandó
la expedición que hizo con el famoso Aliste.”
“Por su poca importancia, no he tomado en cuenta un mineral de plata que
hay al interior de Blanco Encalada denominado Iscuña. Ese metió más ruido que
lo que importaba.”
“El mineral de Tumbes, inmediato al puerto de Paposo, también lo he
pasado por alto, nada menos que por la misma causa del primero, aunque he oído
decir que es valioso, mucho más teniendo por socio principal al afortunado
doctor Barazarte, quien, como Espiga en 1866, hasta en las norias que hace
cavar, encuentra piedras con cloruros argentíferos.”
“También he pasado en silencio al rico Cachinal de la Sierra, tanto por
el poco conocimiento que tengo de él como por lo contradictorias que han sido
las opiniones, a pesar del gran negocio de más de dos millones que hizo
últimamente Barazarte y los 60 mil pesos en que realizó varias barras el
estimable amigo Daniel Gómez.”
“Tomando en cuenta la altura en que se halla situado ese mineral, mi
opinión, aunque desde mi asiento, es favorable. Esto no quiere decir que la tal
riqueza sea tan inmensa como la pregonan la prensa y los interesados, que son
los verdaderos porta- voces de las publicaciones.”
“En minas, como hombre de la profesión, tengo mis conocimientos y mi
frialdad para juzgarlas. Así es que no me alucina cualquier cosa, por más que
me escarben los oídos.”
“En julio o agosto de 1877, descubrió un regular venero de plata, en un
punto denominado la Salitrosa, un poco hacia el sur de Chañaral, el viejo
minero ño Fermín Lache. En él tuvieron parte don Francisco Téllez, don Manuel
Magalhaés y mi reciente fallecido amigo Antonio Maria Coatalín, que ha
sucumbido cuando sus minas producían buenas explotaciones. ¡Y qué coincidencia!
No se han llevado un mes en abandonar el mundo con su socio de comercio en
Copiapó, el simpático y bien querido bretón Pedro Casaigne. Parece que como
socios y amigos en la vida, no quisieron abandonarse en la eternidad.”
“Coatalín ha sido uno de los hombres más trabajadores y desgraciado que
he conocido en mí vida. Comerciante, administrador, esposo, dependiente,
soldado en 1859, minero; todo fué esa alma fuerte como el mejor acero; pero en
todo no fue el amigo íntimo de la felicidad, que como buena mujer, tiene
ingratitudes incalificables.”
“La Descubridora de la Salitrosa, después de algunos
meses de trabajo, fué abandonada.”
“E1 socio administrador me ha contado que la tal Salitrosa les dejó
pérdidas muí regulares.”
“Como se habrá fijado Ud., desde la orilla de la costa hasta la elevada
cordillera no falta la plata, siendo más abundantes y ricos los veneros que se
encuentran entre 10 a 14 leguas de la costa, es decir, en las formaciones
secundarias como Chañarcillo, Agua Amarga, La Florida etc.”
FIN
Notas:
[1] Hubo con este motivo un cabildo abierto en
Santiago, y se acordó no recoger ni fundir los pesos mocleses. Pero
pocos días después se juntaron algunos mercaderes y opinaron en contrario,
emitiendo un curioso informe que publicaremos como ilustración de b época y en
forma de apéndice del presente capítulo. La orden de recogida y fundición fue
expedida en Lima en julio de 1652, y el presidente don Antonio de Acuña y
Cabrera la mandó cumplir por carta que escribió desde Concepción a la Real
Audiencia el 13 de setiembre de aquel año, en la cual decía, según el original
inédito de que las copiamos, las siguientes palabras: —«Con esta remito a US.
prohibición del señor virrey para que en su ejecución se consuma toda la moneda
baja de a seis reales y solo quede la resellada y reales de a dos y sencillos
para comerciarse. E suspendido esta ejecución hasta dar aviso a US. y saber el
despacho que ha tenido en esta razón para que uniformemente con lo quo a US.
pareciere se resuelva la más conveniente que la principal causa a que se debe
atender es a que (sigue un renglón ininteligible por deterioro) de
aquí tres meses y no habiendo otra para el comercio y trato imposibilitaría de
agora a todo a los más poderosos quanto y más a los pobres, que todos lo son, y
el cabildo alega esta circunstancia y pide que por lo menos se cumpla el
termino para este consumo que en el intertanto habrá llegado el situado y habrá
moneda corriente».
[2] Rosales.—Historia de Chile, vol. I, pág.
211.—A estos mismos minerales alude el padre Ovalle, que atravesó la cordillera
por ese mismo tiempo (1640), cuando en Roma escribía dos o tres años más tarde
lo siguiente:
«—Quefti ultimi ani si sono cominciate a discoprire alcune miniere di
oro, & argento del’ una, e l‘ altra parte, della cordigliera ,
e passando io per quella mi ricordo che ad una vista si seopre da un lato un
monte negro aísai sollevato, la cui sommira risplende come se sose seminato di
argento & é commune traditione, che dentro le fue vene raechinde gran
tesori, ma per adsfo sono inutili per le ragion dette, e perche de la meta
dell'anno fono queste moutagne non solo inhabitabili, ma impenetrabili».
De las minas de plata de los pehuenches volveremos a ocuparnos más adelante
cuando notemos como las han buscado los ingleses...
[3] Carta de fray Bernardino Gregorio de Soto
Aguilar al Rey, en Concepción, convento de San Francisco, 21 de diciembre de
1713. Este manuscrito, que tiene mucho más palabras de crueldad y citas a
troche y moche de las escrituras, que datos y hechos útiles, existe en el
Archivo de Indias, donde lo hicimos copiar en 1870 y consta de 74 páginas. En
él dice el autor que el mineral de San Pedro Nolasco y San Juan de la Sierra
tenía tres leguas de largo de oriente a poniente y una de ancho de norte a sur.
[4] Primera carta de Jotabeche. — Maipo, abril 23
de 1S41. —El doctor don Sandalio Letelier publicó también en el diario Las
Novedades del 8 de febrero de 1880 un interesante artículo titulado
«El Cajón de Maipo», pero su principal atractivo se refiere a las condiciones
del clima y salubridad de esos hermosos parajes, sobre los cuales habremos de
volver más adelante.
[5] Según Barry la primera sociedad minera que se
estableció en América fué la que en 1557 fundó en Quito don Bernardo de García
de Vera para aviar minas. Eu cuanto a la compañía de Huspallata, que alcanzó
gran beneficio de su monopolio, y además parece que hubo siempre mucha
exageración sobre la riqueza de aquellas minas. En un folleto que se publicó en
Londres bajo los auspicios de don Mariano Egaña, con el título de Report
of the soil and mineral production of Chile, 1825, es decir, antes que
se conociera a Arqueros y a Chañarcillo en Europa, se exagera la extensión e
importancia del mineral Huspallata, basta decir (pág. 24) que es una alta
meseta de 17 leguas de largo y 3 de ancho, que corona los Andes la cual es toda
una rica corrida de minerales de plata....» Entendemos que el señor Egaña no
debió permitir se amparara con su nombre de representante oficial de Chile
tales desatinos.
[6] Según la Memoria del virrey Armendáris (pág.
648) la mina Huancavelica fué descubierta por el indio Amador Cabrera
Navincopán, que se ocupaba de buscar bermellón, tintura que los indios conocían
con el nombre de unimpo El descubridor la vendió al rey en
250,000 pesos, y la extracción de cada quintal costaba 58 pesos, debiendo
pagarse 2 % del producto líquido al minero López de Saavedra, llamado el Buscón,
por haber descubierto la copelación del azogue. El precio de venta en la mina
era de 74 pesos 2 reales quintal. Según la Memoria del Príncipe de Esquilache,
la producción del azogue de Huancavelica estuvo repartida de la manera
siguiente en los años que se expresan: 1616 7,693
quintales. 1617 0,657 quintales, 1618 4,444
quintales 1619 4,486 quintales
[7]Álvaro Alonso de Barba . —Arte
de los metales lib. III cap. II
[8] El señor Sayago hace también francés al
minero La Torre, pero ignoramos si en realidad lo fuera, a no ser que, siendo
La Tour, hubieran los copiapinos traducido su apellido como el de muchos otros
extranjeros, haciendo por ejemplo de los «Evans», Ibáñez y de los «Caux», los
«Coo».
[9] Nantoco,
[10] La carta de recibo del Presidente Benavides
decía así: «Con la de vuesa merced de 6 de junio inmediato he visto las piedras
que me remite para muestra de las vetas del mineral de Plata que ha descubierto
en esa provincia de Copiapó y estimándole la atención de este aviso, celebro el
hallazgo tanto por el interés común que resulta a beneficio del Reyno y Real
Herario como por el particular suyo, que deseo le continué en prosperidad con
mayores aumentos, aun sobre los que me manifiesta la riqueza de dichos metales,
cuyo registro reconozco a la laudable dedicación de vuesa merced que me expresa
ha impendido en este giro.
Dios guarde a vuesa merced muchos años.
«Santiago, primero de julio de 1783.
Ambrosio de Benavides.
«Señor don Francisco Súber Caseaux.
[11] Según un informe del subdelegado de Copiapó
don Joaquín Pinto Cobo, datado el 8 de enero de 1792 y de que hablaremos más
adelante, la mina San Félix, produjo Subercaseaux 400 cajones de metal, con
rendimiento de 11.S40 marcos, y esto está más o menos conforme con los
inventarios que de sus pertenencias mineras hizo Subercaseaux por el año de
1789.
[12] Según el informe citado de Pinto Cobos, la
estaca que trabajaba, don José Guerrero, que era la del rey,
produjo desde 1784 a 1792, 180 cajones de metal, y 17.560 marcos de plata fina.
Con el rendimiento de estos probablemente don José Guerrero, que era de la
familia de los Carreras y tío de los tres caudillos de la independencia, la
famosa Hacienda de Limarí, en el departamento de Ovalle, propiedad que vale hoy
cerca de un millón de pesos, y ha ido pasando, de alcance en alcance, de las
manos de un rico minero a las de otro más rico. El año de 1781 fué el año de
fiebre minera en Copiapó; y de un apunte que nos ha remitido de esta ciudad
nuestro amigo el coronel A. Martínez, su actual digno intendente (febrero de
1882), copiamos el siguiente curioso apunte sacado de los libros de aquella
oficina.
AVISO A LOS CATEADORES.
«Ventura Valdés se presentó en 30 de junio de 1784 solicitando de la
autoridad un término de tres meses, para catear el cerro llamado San
Antonio, en Potrero Grande, a consecuencia du haber bailado en los planes
de la quebrada algunos ricos rodados de plata. (Valdés no cateó, y si cateó
nada pudo descubrir. Fué Gómez que vino a encontrar las ricas vetas de San
Antonio en 1829, es decir, cuarenta y cinco años después.)
«Don Francisco Caseaux, antiguo propietario de Nantoco, pidió en 26 de julio de
1784, un permiso para catear durante dos meses las serranías del Norte de
aquella hacienda, en el punto de las Quebradas, por donde pasa el
camino para la otra banda, por haber hallado allí los ricos rodados
que presentó a la autoridad de este pueblo.
«Por igual motivo pidió otro término, en julio de 1785, Pedro García para
catear el cerro a mano derecha de la quebrada de Jorquera, desde la Cuesta
hasta la Angostura. Dice García que ha encontrado varios rodados de
oro y plata.
«Don Ventura Mercado y Manuel Antonio de Storna, en diciembre de 1784, hicieron
esta misma solicitud para catear en la cabecera del cerro llamado el Potro,
frente de unos desmontes de trabajos de los antiguos.
[13] Vallejos, Pampa Larga. —En cuanto
al Pedro Arenas de Garcilaso y Gonzalo Pizarro, que se halló en la batalla con
la Gasca y se cayó de la yegua... he aquí como lo cuenta el príncipe indígena
en sus Comentarios Reales, vol. II, pág. 334.... «Junto a Martín de Arrieto iba
un soldado llamado Pedro de Arenas, natural de Colmenar de Arenas, hombre de
pequeña estatura muy pulido; hombre de bien y por ende buen soldado (que yo
conocí después), iba montado en una yegua muy galana y remendada de blanco y
aleçan, pequeña de cuerpo también como su amo.... La yegua se entrampó en la
ciénaga y para salir a priesa dio dos o tres vaivenes, de modo que dio con su
amo en el lodo».
[14] Además de la visita, más administrativa que
pericial del doctor Martínez de Mata en 1790, el subdelegado de Copiapó don
Joaquín Pinto Cobos practicó dos años más tarde una visita parcial para
procurarse muestras pedidas por el gobierno de la metrópoli, según más
prolijamente lo contamos en el libro titulado la Edad del Oro (1882).
Entre las numerosas muestras de metales de plata remitidos a la Academia de San
Luis, por el subdelegado Pinto Cobos encontramos mencionadas las dos
siguientes:
Muestra núm. 2. — Una tierra de metal de plata de la veta descubierta por don
Ventura Mercado nombrada «Nuestra Señora de Loreto», en la que van tres labores
con los metales todos de un color a frontón. Su ley al principio 60 marcos.
Núm. 6. —Metal del pique de la misma veta en la estaca del rey, «el metal es de
ley de 50 marcos, unos con otrosí”.
[15] Según el autor de la Crónica de la Serena
(pág. 337) la libra de pólvora fina valía en esa ciudad en el primer año del
presente siglo 1 $ .50 centavos, y por este dato se calculará cual sería el
estimulo ofrecido a la minería y sus provechos
[16] «Oltre le miniere di oro, argento e di quelle
di rame, e piombo clie ti lauorauo in Cochtnbo, e dell' altre d' argento vivo
che fi fono feoperte pochi anni fono in Limache ch' e una valle del Ciles.
(Ovalle, Historia de Chile, edición de Roma, 1646)
[17] No deja de ser curioso que tanto en el Perú
como en Chile y en California, el descubrimiento del mercurio haya coincidido
de cerca con el de la plata, y a este propósito un ilustre economista moderno
exclama: «Les vues de la nature sont étranges. Avait-elie quelque pensée
preconcque quand elle jetit si prés de l'or et de l'argent le mercure de
Californie et qu'elle réservait a l'Espagne les mines de mercure d' Almadén?
Sans mercure, pas d'amalgamation possible, et par consequent, pas de traitcment
economique de l'or et de argent. — (Simonin. —Le MondeAmericain, pág.338.)
[18] El título del procedimiento o invento de don
Alonso de Gamero (padre de dos héroes de la independencia) que encontramos en
ciertos papeles que hace años nos facilitó el señor don Ignacio Reyes es el
siguiente: ^Manifiesto de un nuevo método práctico de amalgama de metales de
plata sin azogue por Marcos Alonso Gamero, presentado al presidente O’Higgins,
siendo aquel administrador de tabacos. —Santiago, julio 1." de 1789.
Agregaba el descubridor que lo había inventado en Méjico y empleádolo durante
22 años, gastando 4,000 pesos de su bolsillo, y según parece consistía en la
preparación de una lejía especial para la amalgama, cuyo aparato costaba solo
cien pesos. Sospechamos por esto que su invención se asemejase no poco a la que
un siglo antes descubriera el monje de Potosí, y que tanto desviviera a los
mineros y especuladores chilenos cuando sobrevino la fiebre Paraff. En cuanto a
este último sistema, (por cuya lectura en libro prestado por horas se llegó a
ofrecer hasta mil pesos) he aquí como su propio autor lo describe en el
capítulo y lib. y II de su Arte de los metales:
«El año 1(590, residiendo yo en Tarabuco, pueblo de la provincia de los
Charcas, ocho leguas de la ciudad de la Plata, su cabeza, queriendo
experimentar uno, entre otros modos, para cuajar el azogue que había de hacerse
en olla o vaso de hierro, intenté, a, falta suya, hacerlo en un perolillo de
los ordinarios de cobre, y no teniendo efecto lo que esperaba, añadíle,
tentado, algunos materiales y entre ellos metal de plata molido sutilmente,
pareciéndome que las reliquias de semilla y vir- tud mineral que en estas
piedras habría, con el calor y humedad del cocimiento, podrían ser de
importancia para lui pretensión. Saqué al fin en breve cantidad de pella y
plata, que al principio como poco experimentado, me alteró no poco; pero
desengáñeme presto, adviniendo que era la plata que el metal tenia la que el
azogue había recogido, y no era en que se hubiese en parte trans- mutado. Quedé
muy contento con el nuevo y breve modo, que acaso hallé de beneficiar metales;
y desde entonces, con discursos y experiencias continuas, lo aventajé en muchos
años, usándolo y comunicándolo públicamente, sin hacer misterio de reservar
para mí solo éste ni otros secretos. Ejercítelo con más comodidad desde el año
de seiscientos y quince, siendo cura en Tiahuanaco de la provincia de Pacages;
y coa más abundancia y provecho, desde el de diecisiete, en la de los Lipes. En
el discurso de tanto tiempo, han querido algunos ganar gracias, atribuyéndose
méritos ajenos, pidiendo aventajados premios en diferentes partes por
inventores de este beneficio nuevo: pero bien han mostrado no haberlo sido ni
saberlo con fundamento sus propios yerros y desengaños ajenos. Yo sé de mí de
cierto que no lo aprendí de nadie ni lo supe sino con la ocasión dicha, aunque
por ser tan dilatado el mundo en edades y regiones, no sé si en alguna se ha
usado untes de ahora, aunque no hacen memoria de él ninguno de los autores
antiguos ni modernos que tratan estas materias. Provisión se me concedió por la
Real Audiencia de la Plata, para que nadie, sin licencia mia, usase este modo
de beneficio de metales, y sin interés ninguno lo he permitido a todos, aunque
reservando para mí algunos particulares».
[19] De todo lo actuado se deduce que el sistema
que es útil a la Sajonia no es adaptable al Reyno de Perú». — ( Memoria
del virrey Gil y Lemus. pág. 161 ). Según la Enciclopedia
británica el autor de la amalgamación fué don redro Fernández Velasco,
quien la introdujo en Méjico en 1566 y en el Perú en 1571. Pero nosotros hemos
seguido a Humboldt que atribuye ese honor, del cual dice Bowles debiera
enorgullecerse España, al minero de Pachuca, tal vez porque fué el primero que
puso el invento en ejercicio.
[20] Sobre si hubo o no mala fe y trampa de parte
de los potosinos, no es fácil decidirlo hoy. Pero el químico Helms, que
acompañaba al barón de Nordenflycht y era su brazo derecho, lo sospechaba, y en
sus Viajes, que son curiosos bajo el punto de vista de la mineralogía del Perú,
se queja amargamente del tratamiento y felonía de los peruanos.
[21] Expediente para que se pidan a Europa
maestros de química
[22] «El mineral de Agua Amarga es sin duda el más
célebre de Chile, dice el coronel Lafuente en su memoria citada (Pág. 83), por
la época de su descubrimiento y por la parte con que contribuyeron sus riquezas
a nuestra emancipación política. Las arcas fiscales recibieron inmensas sumas
de pesos, no solo por derechos de pastas, utilidades de bancos de rescates y
transacciones sin fin; sino también porque enriquecidos los habitantes del
Huasco hicieron donativos voluntarios y forzosos para sostener la guerra».
El más generoso de estos patriotas fué el vecino del Huasco y minero de Agua
Amarga don Gregorio Aracena, gran amigo de San Martín, quien pagó
constantemente desde 1817 a 1822 una contribución voluntaria de cien pesos
mensuales (equivalente hoy a mil) al sostenimiento de la guerra de la
independencia. El patriota Aracena, que llegó a ser coronel de guardias
nacionales se enriqueció extraordinariamente en Agua Amarga y en una ocasión
donó 50 quintales de cobre para balas. Este buen patriota murió de edad de 62
años el 16 de agosto de 1828, según una breve necrología contemporánea impresa
en una hoja de papel que nos ha remitido de Quilpué su nieto don Gregorio
Aracena, al parecer minero como su abuelo. Véase también una reseña biográfica
de uno de los fundadores de Agua Amarga en El Minero, periódico de
Coquimbo del 25 de octubre de 1828. En cambio, el más temible, constante y
valiente defensor del régimen español, el coronel Pico, «el último soldado del
rey», salió de aquel mineral donde trabajaba pacíficamente antes de la
revolución. El conocido comerciante huasquino don Ramón Ossandón lo recordaba
siempre como a su “deudor moroso”, por un pequeño adelanto de habilitación que
en 1824 canceló sobre la garganta del héroe castellano el puñal de Lorenzo
Coronado. En el anexo inmediato publicamos también una descripción científica
del mineral de Agua Amarga (remplazado hoy en gran manera por el de Las Tunas,
propiedad del opulento minero don Nicolás Naranjo) hecha por don Ignacio
Domeyko, y la última cuenta de su rendimiento, según el anuario estadístico de
1878.
[23] Es sabido que en el beneficio de los metales
de plata en la ruda manera como lo entendían nuestros mayores, entraba la brea
vegetal de Copiapó. Pero hay también constancia de haberse encontrado brea
mineral (petróleo) en las cordilleras de Colchagua, según el siguiente pasaje
del Memorial del tesorero Madariaga, varias veces citado, que fué escrito en
1744, y dice así: «Asimismo en el centro de la cordillera y paraje que llaman
el Valle Hermoso, perteneciente a esta jurisdicción, hay un mineral de brea que
líquida, corre y se rebalsa entre la sierra de donde la sacara y conducen
limpia para el empezgo de cueros y tinajas para conducir y guardar el vino, no
con grandísima abundancia pero ea no concurriendo muchos a sacarla se consigue
alguna porción de entidad y ha habido vez que su corregidor la ha remitido al
Perú y sacado muchos pesos de ella. Es muy aceda y da pésimo gusto al licor
cuya tinaja o vasija se embreó con ella y solo a falta de otra mejor o mezclada
sirve al común ministerio de este obispado». Del hierro nativo (el de Pelvin y
otros) el tesorero añadía: «Hay minerales de hierro que sacan, trafican y
venden el común, en cuyo ejercicio se mantienen algunos arrieros»
[24]Aurora , número citado. —He aquí cómo ese mismo
periódico se expresaba sobre la plata de Rungue y el hierro de Pelvín.
«Se han hallado en él nuevamente varias mazas de plata maciza, cubiertos de una
película negra, de peso unos de cincuenta y otros de sesenta marcos. Trabajan
en él más de 100 personas que descubren mazas de diferentes magnitudes. Se han
dado 22 estacas
»Este mineral, o sea placer, está en medio de un llano; hasta ahora las
porciones de plata de que se ha hablado se han encontrado en la superficie,
cuando más a una vara de profundidad.»
Y con relación a Pelvín lo siguiente:
En el Carrizal, a distancia de ocho leguas de esta ciudad se halla ya corriente
la ferrería de la mina abundantísima de hierro del cerro de
Pelvín y ya produce 3 quintales diarios y está en adelantamiento progresivo
siguiendo el de la destreza de los operarios.
[25] Con fecha 13 de julio de 1812 se expidió un
decreto firmado Prado— Carrera —Vial, secretario», por el que se
dispone se establezca un «Banco de rescate de pastas de plata» en la villa del
Huasco, «señalándose por ahora la suma de 25.000 pesos que se tomará del fondo
de la casa de moneda por la analogía que tiene esta negociación con el instituto
y reglas de amonedación a compras de los metales de oro y plata, según sus
peculiares ordenanzas y a ejemplo de iguales negociaciones entabladas en las
casas de Moneda de Potosí y México.»
Fué nombrado administrador del banco don Manuel Antonio Luxán, dando 6,000
pesos de fianza.
En el reglamento se dispone:
Todas las platas que compre el administrador serán pagada a dinero efectivo de
contado, sobre tabla, al precio de siete pesos marco, después de refogada la
pina a su satisfacción.
No podrá empeñar al minero ni verificar el cambio con efectos anticipados, ni
comprar con otra especie que no sea numerario corriente, ni disminuir por sí
mismo el precio estipulado.
Verificará las remesas por tercios de año o antes si lo tuviere por
conveniente, corriendo de cuenta el costo y riesgo, como así mismo el retorno
del numerario que produzcan al precio de 7 pesos 3 reales marco en peso bruto.
Presentará las platas en la casa de moneda en barras de a 150 marcos fundidos y
ensayados, siendo de su cuenta los gastos necesarios y las mermas de fundición.
Le será prohibido comprar o vender pastas de su cuenta por sí ni por
interpósitas personas, ni al pretexto de introducirlas en la casado moneda,
bajo la pena de perdimiento de empleo y mil pesos de multa aplicados por mitad
la una :il denunciante, siempre que compruebe el denuncio, y la otra al fisco.
Siempre que el minero pida un certificado de las platas vendidas, se lo dará el
administrador con declaración de la fecha en que las compró, especificando el
número de marcos, onzas y ochavos, con el fin de que así hagan constar en
bastante forma el correspondido de marcos al tiempo de solicitar azogues.
[26] Memoria secreta de los almirantes Jorge Juan
y Antonio de Ulloa ya citada, y nota de Barry en la página 604. Comparando este
autor las riquezas del nuevo mundo con la sana, laboriosa y mucho menos
deslumbradora industria del carbón de piedra de la Gran Bretaña, aseguraba en
esa época que ésta sobrepujaba en 1825 a todo el oro producido por el nuevo
mundo, que según Humboldt no pasaba en esa época de 43 millones de libras
esterlinas, mientras el carbón de piedra valía 47 millones y con el tráfico este
valor se duplicaba, ocupando cien veces más brazos que el beneficio del oro.
[27] «If Chile were to become so settled ia its
gobernment as to afford períect socurity of property, tho applicatiou of
capital to the iniuea would return a large profit. The quantity of metal still
remaining in the Andes must be stupendous; but there is this to be
consired, that if all the mines were properly worked, it is more than
probable that silver would f'all in Europe to a very low prices.
(Caldeleugh, Travels in Chile, vol. I, pág. 254).
Pero si los presentimientos del entusiasta inglés no han resultado todavía
completamente exactos respecto de la plata y su prodigiosa abundancia, no ha
sucedido así con relación al carbón de piedra cuya prosperidad futura y actual
anunciaba desde época tan remota (1821) con las siguientes palabras, afirmando
que el carbón fósil de Chile era de excelente calidad (pág. 355),very
excellent quality and will, beforemany years have passed
away, be looked upon as ene of the chief sources of wealth in the
country».
De todos los viajeros de aquel tiempo el que más prolijamente estudió la
minería de Chile y la ilustró coa numerosas láminas fué Schmidtmeyer. John
Miers, que tanto se esforzó por empequeñecer a Chile, entra también en muchos
detalles sobre las compañías inglesas y sus locuras, así como sobre la
explotación y beneficio de las. minas de plata, cobre y oro de Chile, y publicó
varias curiosas láminas sobre esa industria. (Véase John Miers, Travels
in Chile and La Plata. Londres 1826, vol. II. cap. XXII y XXIIÍ). Lafond de
Lurey (vol. III) trae también algunos datos sobre la fiebre minera de 1824-25,
y de cómo ésta comenzó a contagiar a los franceses. —Véase también la Memoria
histórica de don Melchor Concha Toro (1824-1828) cap. VI. Por esta misma época
se publicó en Londres el folleto sobre las minas de Chile, que hemos citado al
tratar de las minas de Huspallata, el cual aunque trabajado sobre los datos de
Molina, no deja de contener algunas exageraciones tendentes a inducir a los
especuladores ingleses a invertir sus haberes en empresas mineras.
[28] más o menos por esta misma época tuvo lugar
la célebre aventura del capitán Robertson a quien se acusó de haberse robado en
el Callao un bergantín (el Peruvian) cargado con dos millones
de pesos, que aquel aventurero fué a ocultar en una de las islas Marianas (la
de Agrigán) donde todavía existe (?) pero este suceso histórico (como muchos
otros de Potosí, Pasco, Gualgayoe, Huantajaya, Pampa Larga, el Cerro de los
candeleros, etc.,) pertenecen a lo que podría llamarse el romance de la
industria; y por esto el episodio del capitán Robertson ha sido contado por
muchos escritores fantásticos desde Lafond de Lurcy al ameno Ricardo Palma
(1840 —1878)
[29] Los datos de Lafond { Voyages, vol.
III, pág...258). están de acuerdo con los que hemos recogido) en la Serena
y con la tradición de las familias Cifuentes, Zorrilla y Subercaseaux, que
figuran todavía como propietarios de aquellas minas. Algunos sin embargo han
dicho que el hijo de Cuellar, cuya posesión o rancho estaba a pocas cuadras de
los corrales de Várela, conocía las piedras de antemano y las empleaba como
munición para casar, lo que nos parece mucho más poético que verosímil..
[30] Años más tarde se encontró también en uno de
los cerros de Coquimbo un trozo peculiar de amalgama nativa, en
forma de rodado, que pesaba 21 y media libras y que sometido al análisis por el
señor Domeyko dio un resultado de 782 partes de plata y 303 de mercurio, o sea
7 partes del primer metal por 2 de mercurio.—Este rodado fué comprado por el
gobierno para el museo nacional y «es digno (así dice el ilustre químico arriba
citado, en los Anales de la Universidad de 1858, pág. 325) de figurar en los
museos más suntuosos del mundo. Es la única muestra de esta nueva especie
mineral con que se halla actualmente enriquecida la mineralogía chilena; y si
no se encuentra su verdadero lecho, es decir, la veta de que se ha desprendido,
quedará tal vez para siempre la única de su especie, citada por los
naturalistas y afectos a la ciencia.»
[31] Fue a la verdad tan prolífica y rápida la
riqueza de Arqueros, que dos años después de su descubrimiento el gobierno
juzgó conveniente establecer una casa de moneda, independiente de la de
Santiago, en la Serena, como la que el gobierno de Estados Unidos ha creado en
Nevada, aparte de la de San Francisco y Filadelfia. He aquí el primer
considerando y la parte dispositiva del decreto de 17 de setiembre de 1827 a
que nos hemos referido.
Santiago, septiembre 17 de 1827
La gran cantidad de metales de oro y plata que se explote en la provincia de
Coquimbo, la extraordinaria riqueza de los descubrimientos que diariamente se
están haciendo y la ninguna amonedación que se advierte en esta casa de moneda,
han llamado la atención del gobierno a meditar sobre las causas que puedan
influir en los propietarios de las pastas a preferir su extracción, cuando por
los reglamentos vigentes la casa de moneda, las paga a un precio muchas veces
superior al que las compran los exportadores», etc.
Y continúa la parte dispositiva:
Art. 1° Se establecerá en la Serena, capital de la provincia de Coquimbo, una
sala de amonedación con el mismo tipo, ley y peso que la que se acuña en la de
Santiago.
2° Este establecimiento estará bajo la inspección y conocimiento del
superintendente de esa casa de moneda y se regirá por los mismos reglamentos.
3° El expresado superintendente pondrá a disposición de la persona que nombre
el gobierno, las maquinaria y peritos necesarios para su traslación a Coquimbo.
La maquinaria fué llevada, a la Serena, y en 1845 se encontraba en uno de los
claustros de San Francisco de esa ciudad sin armarse todavía.
[32] La palabra que el ingeniero emplea es mucho
más expresiva y más chilena que la mejicana puesta por nosotros, y puede leerse
al final de la Memoria ya citada, y que como ilustración minera publicamos en
el apéndice del presente capítulo, a fin de completarlo. La hacemos preceder
sin embargo de algunos datos generales sobre Arqueros que no carecen de
interés,
[33] El perito Belmont era un francés residente en
la Serena donde segiin su compatriota Lafond pasaba como uno de los “ beaux
esprit” de la ciudad.
[34] Además de las relaciones de Sayago y de
Vallejos, éste publicó una relación, que entendemos es algo diferente de la que
hoy sale a luz, en El Copiapino del 16 de mayo de 1845, es
decir, en el l4° aniversario del descubrimiento. Otra relación publicó en igual
día de 1862 en El Constituyente de Copiapó su redactor y
fundador, el hábil escritor copiapino don Román Fritis, con el nombre de
Feliciano de Ulloa.
[35] Pissis, Geografía física de Chile pág. 153
[36] Ya desde 1854 el ilustre químico polaco había
formulado esta misma opinión sobre la índole más acentuada de los metales de
Chañarcillo, cuando en sus Apuntes Mineralógicos de su último viaje al
Norte había dicho en los Anales de 1854, pág. 33, estas palabras: “De
todas las especies y variedades de plata córnea que se extraen de Chañarcillo,
las más abundantes son los cloro bromuros. El cloruro no aparece en estas minas
sino casualmente, asociado o quizás íntimamente mezclado con el sulfuro; el
yoduro y el bromuro han principiado a ser conocidos solo desde el
descubrimiento de los mantos pintadores del Delirio».
[37] Artículo titulado, Minas publicado
en El Minero de Coquimbo del 2 de julio de 1836.
[38] Nuestro amigo don Domingo Vega, a quien
debemos algunos interesantes datos de esta época de Chañarcillo, conoció este
famoso crestón en la casa del señor Gallo por los años de 1833 a 1834, y allí
se conservaba como un tesoro de familia. La señora Carmen Cerda de Ossa,
venerable viuda de uno de los socios de Gallo, conserva todavía en su
dormitorio la célebre palangana de plata nativa, que se exhibió en la
Exposición de Paris, en 1867, con gran admiración de las gentes.
[39] Según Sayago, la producción de los minerales
contemporáneos de Ladrillos, San Antonio y Chañarcillo de
1830 a 40 fué 569,303 marcos y de 840 a .50 los minerales deCabeza de Vaca, Tres
Puntas, Garín Sacramento, descubiertos desde 1846 a 1850
de un millón 885,103 marcos, o sea en números redondos dos millones de marcos
que valían 18 millones de pesos.
[40] Dio lugar esta resolución judicial no poco
peligrosa, por cuanto se deja al albedrio de comisiones de individuos
particulares la acción de la justicia la repartición de la riqueza, a enojosas
competencias, porque el juez de letras nombró otra comisión, en oposición a la
de la intendencia, y de aquí surgió el conflicto y la destitución del último
funcionario. El descubridor del Checo Grande fué, según parece, don Juan
Gualberto Rodríguez, del pueblo de San Fernando, y sus primeras barras se
vendieron solo por 200 pesos.
[41] Véase El Copiapino del 10 de
setiembre de 1846, del 9 de febrero y 18 de marzo de 1847. —Hablando de una
nueva veta descubierta en Chañarcillo. El Copiapino en su
número arriba citado en primer lugar, se expresaba como sigue: «Se habla de un
nuevo alcance en el pique de la mina Colorada, en el mineral de
Chañarcillo, que asombra la riqueza y abundancia de sus metales. Se dice que la
veta estaba errada y se descubrió mediante una cortada». Y la Colorada en
efecto ha sido la más constante y la más feliz durante los últimos tiempos,
sacando la cara ella sola por todo el mineral, hasta que han llegado en su
auxilio la Constancia y la Santa Rosa.
[42] Sobre una especie particular de metal
encontrado en este mineral de cordillera, que, como el de las Condes, contiene
riquísimos cobres platosos y que el señor Domeyko llama sub-arseniuro de plata,
cobre y bismuto, se expresa este ilustrado químico en los términos siguientes:
“La mina que ha producido esta nueva especie mineral de plata es la San Antonio
del Potrero Grande (departamento Copiapó) la misma en que (hace 30 años) he
reconocido por la primera ven la existencia de plata bismutal. Según los datos que
he podido recoger, esta mina ha dado ea los primeros tiempos de su explotación
cantidades muy considerables de plata metálica. Su propietario señor Codecido
conservaba en su colección un gran trozo de mineral de aquella época, muy rico
en plata que tenia caracteres algo parecidos a los de plata bismutal. Este gran
trozo de metal, único que se ha conservado de aquella riqueza, fué regalado a
don Uldaricio Prado, profesor de metalurgia, a quien debo fragmentos que me
sirvieron para el análisis que a continuación presento”. Hé aquí ahora la rica
ley de su análisis por cobre y por plata:
Cobre: 41.86
Plata: 28.98
Bismuto: 6.31
Arsénico: 6.70
Oxido de cobre Cu2O: 10.22
Criadero insoluble: 5.01
Total: 99.68
[43] Según Sayago el descubridor de la rica mina
de Garín Nuevo en la sierra de la Ternera, fué don José
Antonio Moreno, el mismo que tan justa fama alcanzara más tarde como minero. Y
este descubrimiento que correspondía a un derrotero antiguo llamado de Balta,
fué eclipsado en breve por el de la rica mina Santa Rosa de Garín que
el 31 de agosto de 1848 descubrieron los hermanos Echiburú y otros cateadores.
[44] Carta al autor del señor don Antonio Escobar,
Santiago, setiembre 27 de 1882.
[45] Los Peraltas o Bolados se han hecho un tipo
novelesco aun en Europa. Chevalier dice que sacaron de su manto ( el
manto de los Bolados) bolones de plata maciza de 70 a 80 quintales, y
murieron más pobres que los asnos que antes habían arreado. Simonin va todavía
más lejos, y en el último y más popular de sus libros — Le Monde
Americain, (que es el Paris en America sin la ficción de
Labonlaye), se expresa de ellos en estos términos (página 332): “Au Chili, les
fréres Bolados, pauvres aniers, découvreut une mine d'argent, en tirent 3
millions et ½ , perdent toutdans le jeu, la dissipatíon, l'orgie; la mine
s'epuise, et ces millionaires d'un jour n'out plus meme leurs ánes pour
reprendre leur premier métier! Que de freres Bolados 'ont purrait citer dans
les mines de Californie, du Colorado, du Nevada”
[46] Lima por dentro y fuera, por Simón Ayanque
(Terralla). — Descanso XVI, Romance 17
[47] El señor don Manuel Antonio Tocornal tenía en
su muestrario de metales de plata una de éstas piedras que pesaría más de una
libra y que había sido cubierta de una capa de cerote antes de introducirla en
el recto. Otra muestra mucho mayor conserva en estado crudo el señor Díaz Gana,
y hay que advertir que como muchos de estos metales solían contener arsénico,
se producían envenenamientos, además que la extracción de la piedra en ese
órgano solía ser muy difícil
[48] Memoria del virrey Mendoza, vol. I, pág. 43.
[49] Ocurrió este caso ea 1792 cuando un empleado
subalterno de la casa de moneda de Méjico llamado José Ferrafino, y el rey
conmutó la pena de muerte (que debía aplicarse solo a los que robaban la moneda
ya sellada) en destierro por tres años a Pensacola, por real cédula de 11 de
junio de 1792, que inédita tenemos a la vista.
[50] Pérez Rosales. — Recuerdos del Pasado.
(Viaje a Copiapó en 1840-47.)
[51] Dice Simonin que en California se llama a los
jugadores «los artistas de las minas» y agrega que la pasión favorita es elmonte (inventado
en Méjico), pero que él denomina le baccarat des Ameriques.—(La víe
souterraine pág. 534)
[52] A propósito del progreso alcanzado en los
últimos años por el minero chileno, nos es grato apuntar el siguiente curioso
dato que debemos a nuestro editor señor Jover:
“En Chimbero (Tres Puntas), la instrucción pública es obligatoria.”
“Todo empleado o trabajador de las minas está obligado a llevar sus hijos a la.
escuela que existe en el pueblo, y sin esta condición no se les proporciona
trabajo.”
“Si siguieran este ejemplo los jefes de todos los establecimientos en que hay
un numeroso personal ¡cuán rápida y provechosamente se instruiría al pueblo!”
“Los resultados del espíritu de progreso de los propietarios o explotadores del
mineral de Chimbero, se revelan en otro dato análogo al de la Historia
de Chile, por Rosales, referente a Carrizal. -Chimbero solo, da
más suscriptores a las obras que yo publico, que las provincias de Aconcagua y
Colchagua juntas, y aún se podría añadir de yapa, los departamentos
de Quillota y Casablanca y algunos otros...”
Otro tanto pasa en las escuelas y poblaciones mineras de Lota y de Lebu.
[53] Lillo, no el cisne de Santiago, sino el
pequén de Coquimbo en su canción de 1879 al Roto chileno. Guajardo,
otro de los ingeniosos pequenes de la poesía popular contemporánea, tiene
también el siguiente brindis del minero en sus Poesías, vol. VI:
“...Yo brindo, dijo un minero,
Por el combo y la barreta
No por ninguna coqueta
Que para nada las quiero.
Sacudiendo su culero
Hablaba con arrogancia;
El perdón de su ignorancia
En público les pedía
Mil historias refería
En verso o en consonancia.”
[54] Este singular anciano vivía todavía en 1853
con el nombre de Taita Berna, y de el habremos de hablar más
adelante.
[55]Historia de Belgrano . vol.
II, pág. 296. —Hay que observar que Sayago llama a uno de los aragoneses Lcite,
y Dávila denomina al mismo Lahite, apellido de Buenos Aires.
[56] Martín de Moussy. — Description géographiqne
et statistique de la Confédération Argentine, 1855-58, (vol. II, pág. 397).
[57] Carta de don Máximo Villaflor, empleado de La
aduana de Pan de Azúcar, al autor.—Pan de Azúcar, agosto 24 de 1882.
[58] Según Sayago, esta fecha está equivocada,
porque el cura Prieto se había retirado dementado de su parroquia en 1787.
[59] Garín es un pequeño lugarejo de Guipúzcoa en
España, a tres leguas y media de Tolosa. Pero existe también un paraje llamado
Garín en los Pirineos franceses, notable por una inmensa piedra errática que ha
quedado suspendida como en el aire y cuyo atrevido dibujo trae Simosin en su
obra titulada Las piedras de Francia { Les Pierres,
Paris, 1869, pág. 12). De todas maneras, los Garín son de procedencia montañosa
y rocallosa, origen que bien han dejado demostrado en Chile...
[60]Geología. Sobre la situación, criadero y minerales da
las minas de plata de Tres Puntas, por don Ignacio Domeyko.» — Anales
de la Universidad, 1800, pág. 412. El mismo sabio describía así, con
motivo de una segunda exposición (1875), los caracteres generales del mineral
de Tres Puntas.
“Este terreno se compone de unas rocas calizas compactas, otras ferruginosas,
que alternan con unos estratos de areniscas: en la parto inferior aparecen
rocas porfíricas. Pero del medio del conjunto de esta formación, de debajo de
sus estratos, se levanta una masa de solevantamiento granítica de
diorita que dividetodo el terreno jurásico, atravesado por
innumerables vetas y venas metalíferas en dos grupos o asientos de minas, el
Chimbero y Tres Puntas.”
“En aquél se halla la famosa por su riqueza, la Buena Esperanza, la
que ea los primeros años de su descubrimiento daba más de 200.000 marcos de
plata fina anualmente, en minerales de plata clorurada, de rosicler antimonial,
de plata sulfúrea y de polibasita. Pero su mayor riqueza, como la de las más
ricas minas de Caracoles, no parece penetrar a gran profundidad. En el segundo
grupo, el de Tres-Puntas, donde se explotan las vetas de Al fin hallada,
la Salvadora y varias otras, sucede lo mismo; la mayor riqueza
se limita a la región superior de los depósitos metalíferos. Las vetas en
general no penetran en la masa diorítica: toda la roca eruptiva, roca de
solevantamiento, se halló estéril.
El estado de estas minas en 1875, según la Estadística Minera de Copiapó, ha
sido el siguiente:
Del Chimbero se ha extraído 14.069,696 quilogramos de mineral, 25, 606,671
gramos de plata fina; nueve pertenencias productoras, unos 500 a 600 operarios.
Casi la totalidad del producto de las minas viene de la Buena Esperanza, de la
cual se ha extraído, en 1875, más de 100,000 marcos de plata fina. Tres-Puntas.
—-Producto anual (1875) 674,816 quilogramos de mineral, 3.504,922 gramos de
plata fina; número de operarios, variable de 125 a 170; siete minas
productoras.”
[61] Se creyó también en esa época haberse
descubierto en Copiapó ricos filones de oro, y a este propósito el Copiapino del
11 de noviembre de 1848 se expresaba en estos términos:
“Hemos visto una piedra de una nueva veta descubierta en las Tres Puntas por
cateadores de don Domingo Gutiérrez. Personas inteligentes calculan que dan
como 200 marcos el cajón.”
“Parece que la riqueza de Copiapó que por tanto tiempo se ha creído existía
solamente en el mineral de Chañarcillo, brota por todas partes y que nuestros
mineros, hoy más que nunca, se empeñan en arrancar de las entrañas de nuestros
cerros vírgenes los tesoros que encierran. ¡Ojalá los descubridores de Garín y
Tres Puntas no imiten a los de Chañarcillo, y los desgracia los ejemplos que
nos han dejado los Bolados, los Godoyes y los Vallejos, hagan que los
descubridores de hoy sean más cautos y más previsores!”
[62] He aquí lo que sobre estos particulares decía
un diario de Copiapó del 23 de noviembre de 1848:
“Diariamente llegan al mineral de Chañarcillo grandes partidas de mineros del
Huasco y Coquimbo atraídos por la bulla que han metido por esos mundos los
ricos descubrimientos nuevamente hechos, y tan pronto como llegan se encuentran
con ocupación donde poder ganar buenos sueldos, ya sea en ese mineral ya para
formar compañías de cateo.”
“También se nos ha asegurado que mucha inmigración está al llegar de las provincias
trasandinas y mucha más se preparaba a salir de San Juan y Mendoza, atraídos
por el cebo de la riqueza que Copiapó les ofrece. Vengan, pues, que este suelo
es pródigo para todo el que lo pise.”
CATEO) “
Los señores Moreno y Marutt van a emprender un cateo monstruo, cateo en grande
para explorar serranías que presentan un aspecto lindísimo y que parecen
convidar a los mineros a descubrir secretas riquezas. “
“Quiera Dios que en esta vez sean más afortunados que en su anterior cateo, y
que no sean ellos los del trabajo y otros los del provecho.”
[63] Philippi, Viaje al desierto de Atacama, pág.
11.
[64] Sayago. Historia de Copiapó, pág. 330.
[65] Don Máximo Villaflor, carta al autor.—Pan de
Azúcar, julio 10 de 1881,
[66] Philippi. Obra citada, pag. 29
[67] El desierto de Atacama, estudio dedicado al
señor ministro de hacienda. — Santiago, 1874.
[68] Garcilaso. —Comentarios reales, libro
VII, cap. XVÍII,
[69] La exploración científica del doctor Philippi
se publicó en Halle (Sajonia) en 1860, en un volumen in folio de 236 páginas
con 23 láminas y un mapa del desierto, y con el siguiente título: Viaje
al desierto de Atacama hecho por orden del gobierno de Chile en el verano de
1853—54 por el doctor Rodolfo Amando Philippi.
La parte narrativa del viaje ocupa la mitad de la obra y el resto la zoología y
la botánica, que es su parte más notable, más completa y más especial, bajo el
punto de vista de la ciencia.
El libro está escrito con suma sencillez y con un espíritu elevado de
veracidad, si bien contiene algunos errores fundamentales, y como todas las
obras que no se imprimen bajo el ojo del autor, se halla plagado de
innumerables errores tipográficos.
En este sentido la obra del doctor Philippi puede rivalizar con la Geografía
física del señor Pissis.
[70] Son tan modernas las riquezas metalíferas del
desierto, que solo en 841 salió de Chañaral el primer cargamento de cobre para
Inglaterra por cuenta de la sociedad de Bunster y Almeida ya fundada. Las minas
de Chañaral, es decir, las Ánimas, el Salado, etc„ habían sido descubiertas en
1820 y las últimas en 1840 por unos argentinos. Chañaral, con el nombre de
Caleta de las Ánimas, fué habilitado como puerto menor por decreto de 13 de
octubre de 1837, y Caldera solo el 23 de agosto de 1842.
El cobre de Copiapó se exportaba desde mediados del siglo XVII, especialmente
el producido por el primer ingenio que hubo en ese valle del capitán Hernando
de Aguirre, nieto del conquistador y fundador de la Serena.
Sin embargo de que don Diego de Almeida jactábase de haber enviado a Europa el
primer cargamento de cobre, ya Mellet los había visto embarcar en 1814,
asegurando que los ingleses sacaban 6 onzas de oro de cada quintal de cobre que
pagaban a 8 pesos; y Miers, que escribió sus viajes en 1820, habla de los
cargamentos de cobre que en esa época mandaban a Calcuta. ¿Y acaso la famosa
captura del Escorpión en 1809 no fué una negociación y un
crimen de cobre
[71] Conocida como lapa peruana, especie de
caracol de mar (Nota de P.B.)
[72] Dijimos antes que el Paposo había sido obispado,
y así fué la verdad, siendo el primer obispo el rudo gallego don Rafael Andreu
y Guerrero, misionero entre los changos, (que obtuvo aquel título en un viaje
que hizo a España.
La erección del Paposo como capital chilena del despoblado de Atacama data de
1803, y según la siguiente real cédula, que existe en el archivo de la curia de
Santiago y que se publica por la primera vez:
“Enterado el Rey del abandono en que se halla el Puerto de Nuestra Señora del
Paposo y sus inmensas costas en el mar de sur, así como de las proporciones que
ofrece el territorio inmediato y el desierto de Atacama para cría de
ganados, cosechas de granos y semillas, caza de vicuñas, EXPLOTACIÓN DE
METALES y para la pesca del congrio y de ballena: ha resuelto S. M., a
consulta de la junta de defensa y fortificación de Indias, que se establezca
población formal en el referido puerto o en el paraje más apropósito de sus
inmediaciones, reuniendo los naturales y habitantes que hay dispersos y
admitiendo los colonos útiles y morigerados que sean de la confianza y
aprobación del misionero apostólico don Rafael Andreu y Guerrero, electo obispo
auxiliar de la diócesis de Santiago de Chile, Charcas, Arequipa y Córdova del
Tucumán, quien regresará en breve al mismo destino para continuar en él su
residencia ordinaria, sin perjuicio de visitar de tiempo en tiempo, con asenso
de los diocesanos respectivos, las extremidades confinantes de los quatro
obispados referidos, que se hallan en igual necesidad que el Paposo por las
grandes distancias de sus prelados y fragosidades de los caminos.
Asimismo ha resuelto S. M. que el expresado puerto, sus costas y territorio se
agreguen al virreinato de Lima, así para el gobierno político como para lo
militar, por la mayor facilidad con que lo puede defender y porque siendo digna
de toda atención, es consiguiente que dependa de aquella capital, cuyo
apostadero extiende su jurisdicción hacia el sur a todos los puertos y costas
hasta Chiloé, y teniendo S. M. presente que en esta empresa son tan interesadas
las provincias del Rio de la Plata y del Perú como ese Reyno de Chile, pues
concurren las extremidades de los tres gobiernos en el territorio indefenso del
Paposo y que no hay proporción para todo lo necesario en las dos primeras, se
ha servido mandar que V. E. apronte y remita cuantos auxilios necesite y pida
el obispo Andreu por sí o por medio del comandante, que elegirá el virrey de
Lima, sin perjuicio de que contribuya ese consulado para la construcción de
iglesia y demás obras públicas, como resolvió S. M. en 26 de junio de este año.
Dios guarde a V. E. muchos años. — San Lorenzo, octubre 1 de 1803. — Josef
Antonio Caballero.”
[73] .«Le désert d' Atacama—une plaine de sables
brulants, le Sahara de ces contrees, qui separe le Chili de la Bolivie». —
(Simonin. — La vie souterraine, Paris, 1867, pág. 376)
[74] Según observaciones barométricas hechas por
don Jorge Berger, hombre práctico en todo, la verdadera altura de la aguada de
Cachinal es algo superior a la fijada por el señor Philippi, esto es, 2.650
metros y como desde allí se sigue ascendiendo hasta la planicie ondulada, en
que tras de un portezuelo existe el mineral recientemente descubierto, puede
calcularse que éste se encuentra a una altura de cerca de 3.000 metros.
[75] El arzobispo Valdivieso fué uno de estos
misioneros.
[76] Juzgando el desierto bajo el punto de vista
especial que hemos señalado, el doctor Philippi lo declaraba «sumamente pobre
en especies metálicas,» y solo menciona algunos rastros de plata en los
siguientes parajes a que se refiere de oídas: En Cerro Negro, paralelo del
Morro Jorjillo, metales de 70 marcos . Mineral de Peine, cerca de San Pedro de
Atacama, metales de poca ley. En el alto de Puquios, alguna galena platosa. En
la Aguada de la Encantada, varias vetas de poca ley. En el Indio Muerto, algunos
picados antiguos de plata. En Pueblo Hundido, hubo rosicler muy rico pero se
agotó pronto
[77] Véase en los Comptes rendus de
la Academia de ciencias de París, vol. LVIII, del 28 de marzo de 186-y, el
interesante informe de los ilustres químicos Elie de Beaumont y Saint Claire
Daville sobre el hierro meteorológico de Atacama, según el análisis de muestras
enviadas por el señor Domeyko. Estas muestras contenían 88.66^^ de hierro y
11.4 de y níquel metal que abunda en el despoblado. El señor Vallejo, ayudante
de la Biblioteca de Santiago, posee un admirable aerolito, que representa un
indio en miniatura, e cuya muestra espera obtener en Europa más de dos mil
pesos.
[78] El adelantado don Diego de Almagro pasó los
arenales de Atacama más o menos en la misma época en que los visitó el
doctor Philippi con su alentado compañero don Diego de Almeida, es decir, en el
verano de 1536-37 o probablemente por diciembre, pues Almagro no salió de
Arequipa para el Cuzco sino el 12 de marzo de 1553. Véase a Oviedo—Historia
General y natural de las Indias, vol. IV, pág. 285.
[79] Carlos Walker Martínez. —“Al desierto de
Atacama.” —Esta composición del fogoso poeta atacameño no se encuentra en
su libro de poesías sino en la Voz de Chile de 1862, y tiene la fecha de enero
de ese año.
[80] El señor Philippi no apunta algunas
distancias, tal vez porque las ignoraban sus guías y él no quiso inventarlas,
pero puede conceptuarse que la extensión recorrida desde San Pedro de Atacama a
Copiapó en 28 días fue de 180 a 200 leguas.
[81] Don David Lazo se había quedado en Chaco para
catear; pero uno de sus compañeros, un señor Luengo, llegó en la tarde del 18
por haberse enfermado, para volver cuanto antes a Tres Puntas. Me contó que
había hecho una expedición en busca de minas a la Ola. Es una
laguna o ciénaga apenas de dos pies de hondura, con machas costras de cal y un
pasto abundante en sus orillas». — (Philippi, Viajes, pág. 81).
De este famoso derrotero de los Aragoneses damos cuenta extensa por separado.
Por lo demás la existencia de estos solitarios del desierto es no poco común y
los hay hasta en la Patagonia, según lo refiere Lady Flora Dixie en su famoso y
reciente viaje.
Taita Berna vivía en 1874 y había sido peón de los Aragoneses, al decir de
Sayago
[82] Estudio publicado en la Revista de Ciencias y
Letras con el título de Consideraciones sobre el estado actual de la industria
minera en Chile. —Santiago, enero 10 de 1858.
[83] Conocimos a este célebre minero, y a él como
al señor Díaz Gana debemos casi contemporáneamente estos datos sobre el
descubrimiento de Caracoles. Nuestra conversación con Cangalla tuvo lugar en el
Hotel Inglés el 9 de noviembre de 1871, al paso que nuestras conferencias con
su patrón datan de diciembre de ese año, en Santiago. El señor Fabián Martínez,
nos comunicó también algunas noticias sobre estos particulares en abril de
1879.
[84] Lastarria Cartas descriptivas del
mineral de Caracoles, dirigidas al ministro de hacienda de Bolivia don
Tomas Frías y datadas desde aquel asiento el 15 de octubre de 1871. —
(Valparaíso, 1871, pág. 47). La poesía popular tomó también cartas en el famoso
descubrimiento, y he aquí como el bardo santiaguino Bernardino Guajardo cantaba
sus principales peripecias con pié forzado:
“Es Caracoles hoy día
Un California en riqueza,
Se descubrió la grandeza
Que en aquella sierra había.”
“EI primer descubridor
De aquel mineral ha sido
Un chileno que ha podido
Internarse al interior.”
Iban cosa este señor
Otros tres en compañía
Sin más datos ni otro guía
Que su inteligente idea:
Soledad que lisonjea
Es Caracoles hoy día.”
“La Suerte fué la primera
Mina que uno descubrió:
Este nombre se le dio
Y es la que menos prospera.
La San José se pondera
En fe que tanto progresa
Mucha gente se regresa
A aquel vasto territorio
Que será, como es notorio
Un California en riqueza, etc., etc.”
(Poesías populares de Bernardino Guajardo, vol. V.)
[85] A propósito de los vestigios humanos de
Caracoles, el bizarro coronel Canto, del regimiento 2° de línea, nos envió,
cuando ocupaba, a Caracoles con su cuerpo en 1879, un pequeño feto humano de
tres o cuatro pulgadas de tamaño, perfectamente formado y petrificado, el cual
nosotros cedimos a nuestro ilustrado amigo el doctor don Wenceslao Díaz. ¿Sería
este singular amonita anterior a la conquista boliviana o a la chilena?...
[86] Según antes dijimos, la mayor parte de los
minerales del norte se despoblaron en demanda de Caracoles, cuya riqueza
ponderaban a la par el ajio, la credulidad popular y hasta la ruda poesía de
los campos y de los arrabales. En cuanto al número de sociedades anónimas que
con mil fantásticas denominaciones se formaron para explotar a Caracoles, o más
propiamente para explotar la codicia y la credulidad de los que no son mineros
de profesión, baste decir que éstas llegaron a veintinueve, con un capital de
TRECE MILLONES DOSCIENTOS VEINTITRES MIL PESOS, todo lo cual se convirtió en
ruina y descrédito. En el anexo de este capítulo publicamos la lista completa
de estas sociedades, que nos ha remitido de Caracoles el inteligente minero don
Enrique Villegas, subdelegado de ese distrito, junto con muchos otros preciosos
documentos que nos permiten dar a conocer aquel mineral hasta en sus últimos
detalles (primer semestre de 1882). A propósito de las sociedades anónimas de
aquel tiempo que de verse también el Guía General que en aquella época
publicaron en un volumen de 140 páginas los señores Bowden, Dalzell y Ca., Valparaíso,
1872.
[87] El señor Lastarria en sus justamente célebres
cartas descriptivas de Caracoles, se inclinaba en 1871 a creer que este mineral
estratificado era eruptivo en su formación y que había una verdadera veta
real, cuyo punto de arranque era el prodigioso filón de la Deseada.
Pero el tiempo trajo el desengaño, y de aquel inmenso depósito no ha quedado
sino la formidable y sombría cavidad que lo contuvo, semejante a la de Arqueros,
y que hemos oído comparar a la bóveda vacía de nuestra catedral. — «La
Deseada (decía el señor Lastarria en su carta citada, pág. 63) es un
fenómeno que todos los mineros inteligentes explican de diverso modo. Su
bocamina presenta a la vista una veta real, un verdadero filón de hendidura y
en el pórfido limpio y bien caracterizado. Como a diez metros de chiflón, esta
veta se ensancha prodigiosamente, hasta alcanzar quince metros, y se prolonga
otros tantos en la misma anchura, formando un alto caserón impregnado de ricos
cloruros, en diversas modificaciones, por todos sus ámbitos. Científicamente
podría calificarse éste como un filón eruptivo, pues toda la roca eruptiva, que
es el pórfido, es la metálica y se presenta bañada del mismo mineral y amasada
con él, cualquiera que sea la dirección de los cruceros que le caen, sean éstos
de carbonato de cal, más o menos cristalizado, sean de margas coloreadas, en
forma de mantos intermitentes y cortados, sean de venas de un sulfuro unido,
fino y riquísimo, que da hasta ocho mil marcos de ley. En Méjico hay filones de
plata como éste, y en Suecia los hay de hierro oxidado, que la ciencia ha
calificado como filones eruptivos.» En cuanto al aspecto singular que hoy
presenta la entrada de este célebre mineral, he aquí lo que dice una
interesante revista publicada por el Industrial de Antofagasta
del 1° de enero de 1882, y que tenemos motivo para atribuir a la fácil pluma de
don Enrique Villegas: —«Desde que se pone el pié a la entrada de esta mina, hay
algo que admirar en ella: los inmensos rasgos que principian desde la superficie
y hasta la hondura de cincuenta y cinco metros, límite del beneficio cálido, es
algo que abisma,- sobre todo cuando se piensa que de allí, de aquellas
grandes cacernas han salido en pocos años cerca de millón y
medio de marcos de plata fina. Estos rasgos se unen por el Sur a los de la minaFlor
del Desierto, y por el Norte con los de la Cautiva.
[88] Son dignos de una detenida lectura los
estudios que Abásolo y Stuven publicaron sucesivamente en forma de
comunicaciones a la facultad de Matemáticas de la Universidad de Chile sobre la
formación, estructura y demás condiciones geológicas y mineralógicas de
Caracoles, que el tiempo se ha encargado de confirmar más tarde, y pueden verse
en los Anales de la Universidad de 1872 y 1874.
Como simple indicación respecto de la ciencia abstracta, con relación a los
yacimientos metalíferos del desierto, debemos recordar, sin embargo, que el
doctor Philippi encontró el despoblado de Atacama sumamente pobre en
metales, en oposición a la firme creencia experimental e instintiva
del cateador Almeida que los juzgaba «sumamente ricos»: y que respecto del
descubrimiento de Caracoles, el señor Díaz Gana nos informó en 1871, que cuando
los descubridores Méndez y Porras volvían de Mejillones con sus alforjas llenas
de los ricos rodados de la Deseada y Flor del Desierto,
hacia tres horas habla regresado a esa población de su excursión científica
para fijar el grado 23° el señor Pissis y había desahuciado a sus cateadores de
toda esperanza de encontrar un venero de plata en aquellas zonas. Algunos sin,
embargo, limitan el desahucio del eminente geólogo a la sierra granítica de Limón
Verde.
[89] Véase en los Anales de la Universidad de
1874 elCuarto Apéndice del señor Domeyko a su justamente
célebre Mineralogía.
[90] Domeyko, Memoria escrita para la Exposición
Internacional de 1875 ya citada. Según un croquis dibujado para nuestro uso por
el inteligente ex-administrador de la mina Federico Errázuriz de Caracoles, don
Ramón Espech, en el grupo de la Deseada, que queda seis u ocho
cuadras al nordeste de la placilla o asiento de Caracoles, existen, además de
las descubridoras Merceditas, Cautiva, Flor del
Desierto, etc., las minas Estrella, que fué del malogrado y
caballeroso Wenceslao Vidal, la Valencianita de don José Varas,
y la Calameña que ha estado hasta hace poco en rico beneficio.
En el segundo grupo, al sudeste del pueblo, la mina jefe era laSan José,
y allí están también las minas Niza, y JusticiaFederico
Errázuriz, que han sido ricas.
La Juana, de don Rafael Garmendia, que no se vendió en 900 mil
pesos por exigir su dueño un millón, existe cerca, pasada la Quebrada
Honda, y de allí sigue la Isla, cuya mina de más vuelo ha
sido la Esilda, de don Enrique Villegas. Todas estas minas
están situadas en lomas más o menos suaves e interceptadas por hondas quebradas
que acusan en sus lechos y estratificaciones terribles cataclismos.
Este singular esparcimiento de las minas de Caracoles traiciona su debilidad, y
por esto con razón Simonin decía de este mineral en su Monde americain —
(pág. 328) estas palabras que ojalá en adelante fueran escuchadas: «II y a eu
des milliers de concessions délimitées alors qu'i n' aurait du y en avoir qu'
une centaine, et qu' une dizaine seulemant de ces mines devaieut fournir une
campagne réguliere.»
[91] La producción total de las ocho descubridoras
en beneficio durante el año 72 estaba repartida de la manera siguiente, según
la segunda memoria pasada al directorio por el administrador don Uldaricio
Prado, el 1.° de enero de 1873:
Deseada :170,437 marcos.
Flor del Desierto 51,423 »
Cautiva : 7,039 »
Merceditas : 80,979 »
Descubridora : 11,038 »
San José: 30,902 »
Empalme : 2,908 »
Buena Esperanza: 13,656 »
Total: 415,955 marcos
En los dos años siguientes la producción total, así como el gasto de las descubridoras,
se hallan condensados en el siguiente cuadro del administrador don Pedro Lucio
Cuadra, que abraza los tres primeros años de la vida efectiva del mineral, y el
cual (despreciando fracciones) dice así:
Santiago, enero 30 de 1875. — Pedro L. Cuadra.
Los gastos de 1872 alcanzaban a 820,297 pesos y las entradas a 2.599,
473 pesos y utilidad líquida 1.779,175 pesos.
Los gastos eran .sumamente variable', pues en enero de aquel año, es decir,
cuando las faenas estaban en organización, solo fueron de 24,335 pesos y en
diciembre de 112,308 pesos. En el total de los gastos, 189,738 pesos, eso es,
algo como la cuarta parte correspondía a la Deseada, 112 a la Flor
del Desierto, 110 a la Merceditas, etc. Según una cuenta
formada por el inteligente administrador que las minas Descubridoras mantenían
en Antofagasta (don Ramón Espech) para la venta, embarque y aparta de los
metales entre los socios, se gastaron en 1873 no menos de 545,974 pesos y de
estos casi la totalidad, es decir, 494,820 pesos en fletes. El resto, o sea
51,174 pesos correspondía al singular procedimiento, esencialmente chileno, es
decir, desconfiado, de la. partición de los metales entre los
socios, porque cada uno vendía y sacaba sus metales aparte, perjudicándose así
los unos a los otros, más como rivales que como socios. — (Memoria de Espech,
impresa en Antofagasta, enero 31 de 1874).
[92] Primera memoria .semestral del administrador
Prado. Caracoles, julio 1° de 1872:págs. 18 y 19.
[93] La demostración del producto bruto del
segundo semestre de 1875 está comprendida en el siguiente cuadro de las minas
Descubridoras:
[94] Como todo lo que ilustra el manejo de una
gran empresa es útil para las venideras, condensamos aquí algunos de los gastos
más importantes computados en el grupo de las Descubridoras durante el segundo
semestre de 1875.
$ 200,965,92 en pago de salarios
$ 72,242,29 en víveres, materiales y herramientas
$ 49,478,15 en administración y gastos generales
$ 6,823,11 en gastos extraordinarios e imprevistos
$ 6,479.52 en fletes de metales a la costa.
$ 9,501.93 en gastos de partición y ensayes.
$ 435,490.92
La distribución de los salarios era la siguiente, según las minas:
[95] Cuando por la aproximación a Caracoles del
ferrocarril de Antofagasta o la planteación acertada ingenios como el que en
1874 comenzó a erigir don F. Álvaro Alvarado, se pueda beneficiar los metales
de baja ley de Caracoles, cobrará este asiento nueva vida. He aquí, entretanto,
lo que sobre las operaciones del establecimiento de fundición de Antofagasta
decía el Caracolino de fines de setiembre de 1875:
“A mucho más de un millón de pesos, casi a millón y cuarto asciende el valor de
los metales que en el día existen en el establecimiento que da nombre a este
acápite.”
“En la última visita que hemos hecho a la precitada fábrica encontramos que
tenían como 150,000 pesos de plata en barra, producto de los beneficios
practicados.
“E1 lunes 29 del presente por la primera vez se han fundido en el enunciado
establecimiento 46 barras de plata pura, con peso más o menos de 4 toneladas, y
cuyo valor asciende a 170 mil pesos.”
“La fábrica de amalgamación ha completado pues el total de sus grandes
beneficios en provecho procomunal de la industria minera.”
“Entre los anexos del presente capítulo publicamos las diversas tarifas que han
regido en Caracoles desde 1881 para la compra de pastas y beneficio de metales,
cuyo interesante dato debemos a la oficiosidad del señor Villegas.”
[96] Entre los anexos publicamos la demostración
completa de estos valores por grupos y por minas, así como el gasto total del
mineral que ha ascendido a 18.333,430 pesos.
[97] Informes del director J. Stewart Jackson en
sus respectivas memorias de 1881 y 82.
[98] Según este dato, que debemos a la amabilidad
del señor Cortés, esta producción se halla distribuida de la manera siguiente:
Flor del Desierto: 4,339 quilogramos.
Cautiva: 20 «
Merceditas: 166 «
Descubridora: 23 «
Buena Esperanza: 2,039 «
Santa Rita: 18 «
Total: 6,608 quilogramos.
Conforme a una revista minera de 4 de agosto de 1882, laMerceditas y
la Cautiva estaban dadas al pirquen; pero en el
segundo grupo se explotaban los desmontes de la Niza, y la Isla tenía
una producción mensual de tres mil marcos.
La Deseada producía todavía metales de 200 marcos y la Valencianitade
cinco mil.
El diario de Antofagasta La Estrella traía en esa época sus
páginas cubiertas de denuncios de minas de plata hasta agosto de 1881.
Como una muestra de que Caracoles vale algo todavía, damos aquí cabida a la
última cotización de las acciones de sus principales compañías, en octubre de
1882.
Explotadora de Caracoles : 220 pesos.
Riqueza de id: 150 «
Deseada de id: 120 «
Gran Compañía de id: 120 «
Sud-Americana de id: 60 «
Según la última memoria del señor Cortes (primer semestre de 1882) publicada en
el Industrial del 16 de octubre, el pique de extracción de las
Descubridoras había sufrido un serio contraste, derrumbándose sus paredes, por
la acción del agua y embancando el pique en la extensión de 90 metros. Iba por
consiguiente a precederse a la costosa extracción de este embauque y a
enmaderar el pique en su extensión de 59.3 metros, lo que costaría unos 25,000
pesos.
[99] Como un ejemplo de la modesta generosidad del
señor Díaz Gana a quien este pasaje se refiere, nos es grato personalmente
dejar testimonio de que habiéndole pedido en diciembre de 1871 una limosna para
el hospital de San Vicente de Paul, por toda respuesta nos puso en la mano un
cheque por 10 mil pesos contra el Banco Agrícola, que fué pagado un cuarto de
hora después...
Con relación al precio en que el descubridor vendió sus barras, fué el honesto
de 250 mil pesos por cada una, hasta hoy los que las compraron han recibido a
razón de cerca de 500 mil pesos por barra, conservando la valiosa propiedad de
sus pertenencias que pueden alcanzar y probablemente alcanzarán una nueva
bonanza en su segunda región
[100] En 1873 se publicó un vivo folleto contra la
mensura de las vetas principales, por don Ambrosio Mandiola, con el
título de La Mensura de la Florida. El cargo principal que se
hizo a los peritos fué el haber otorgado todo el mineral, que era el cerro de
la Florida entero, a los descubridores, despojando así a otros que habían
llegado después. En este adverso lote cayó la ruina Japonesa, que
ha sido la única verdaderamente rica del asiento, y otro denuncio de
importancia que hiciera allí don José Victorino Lastarria
[101] Continuamente se anuncian, en efecto,
alcances de importancia en laFlorida, y sin ir más lejos he aquí uno que
publicaba el Industrial de Antofagasta, el 3 de octubre de
1881: “El alcance que ahora se anuncia en planes tiene metro y medio, y se cree
llegar al crucero que le hace la veta Andacollo. No nos extrañaría que nos
dieran cuenta que la Descubridora tuviera un fenomenal ancho
en su alcance. Lo raro es que aquel pequeño cerro no produzca metal de baja
ley, sino barra y semi-barra puramente, pura hacer que sus socios cuenten la
plata faltándole el sello solamente”.
[102] Un amigo nuestro y de los Cunningham, y
además paisano de éstos, nos escribía a propósito de estas minas de Arauco y de
sus singulares exploradores al sol y beneficiadores por el sol, las siguientes
palabras en setiembre último: “¿Tiene usted alguna noticia de la mina de plata
que Guillermo Cunningham (hermano del cónsul inglés Roberto Cunningham en
Talcahuano) buscó por tanto tiempo? Usted se acordará que él era más que medio
loco, pero sin embargo hay poca duda de que la tal mina existe: hace muchos
años él me mostró piedras muy ricas.”
Últimamente me han mandado del sur del Biobío piedras para hacer ensayar. Plomo
80 % y plata de 27 marcos cajón; ignoro si son vetas angostas o anchas. Por
ahora no puedo conseguir más datos, porque los dueños o descubridores guardan
su secreto. Creo que en el verano próximo se efectuará una expedición formal.”
“Según cuentan los indios mansos de Angol, en la serranía al oeste de los
Sauces hay una rica mina de plata, y no hay duda de que los indios de allá
emplean plata muy buena para sus adornos. Hasta me mostraron un peso
falsificado de plata pura y me lo dieron, pero no pude hacerlo
ensayar, porque lo gasté entre otros por equivocación (era antes de la
inconvertibilidad).”
“En el cajón de Antuco hay muchos minerales, y de todas clases. Pero hasta
ahora no han sido reconocidos por mineros competentes. El más entusiasta y
aficionado es un sastre de allá, y él no entiende nada.”
[103] Véase el 4° apéndice a la mineralogía, de
Domeyko, Anales de la Universidad correspondientes al mes de
febrero de 1874. —La producción de esta mina fue en 1874, según el Anuario
Estadístico de ese año, de 249 quilogramos, o sea más de cinco
quintales de plata. En 1877 las minas de plata del departamento de Rancagua
rindieron 435 quilogramos.
[104] Domeyko. Memoria citada de 1875. -Desde 1857
el ilustre químico se había ocupado de los metales más notables de estas
frígidas minas, que tienen, por lo menos, el mérito de haber sido las primeras
vetas de plata descubiertas en Chile; y a propósito de un sulfuro doble de
cobre y plata extraído en 1855 de la minaSan Lorenzo, se expresaba así
dos años más tarde: ( Anales, 1857, pág. 177.)
“Hace tres años se descubrió una gran riqueza de plata en una de las minas del
distrito mineral de San José, y se reconoció que la especie que constituyo esta
riqueza es también un sulfuro doble de cobre y plata, de composición variable.
Lo particular que se notó en la composición de esta especie ha sido la
presencia del arsénico en proporción bastante considerable, la que varía de 4 a
8%; por lo demás, en el color, lustre í contextura, y en los demás caracteres
mineralógicos, se parece este mineral a las especies análogas hállalas en
Catemo y en San Pedro.”
El análisis de los metales a que se refiere el señor Domeyko daba el siguiente
resultado en el crisol:
Plata: 34.05
Cobre: 25.85
Azufre: 13.29
Arsénico: 8.20
No podía ser, pues, más rico.
En la obra astronómica del teniente Gillis sobre Chile ( United States
Exploring Expedition &), se encuentran también algunos análisis de
cobres platosos de Chile hechos por el profesor de química de Louisville, Mr.
Lawrence Smith, y especialmente de una especie de cobre arsenical que el
químico de Kentucky denomina Domeykita. En la pág. 94 del vol. II
de esa obra encontramos también el siguiente análisis de un rosicler oscuro
(dark) y de un rosicler claro (light) que es el más común en Chile, según
Domeyko. El rosicler oscuro contenía 58 partes de plata, 23 de antimonio y 17
de sulfato (sin fracciones) y el claro 65 de plata, azufre y 13 de arsénico.
Según el mismo profesor Smith una muestra de arquería de Coquimbo le había
producido de 83 a 92 por ciento de plata. En la sesión de la Academia de
Ciencias de París, correspondiente al 20 de octubre de 1842, existe también un
informe de Dufresnoy sobre muestras de arquería remitidas al Instituto de
Francia por Domeyko, y en los Anales de la Universidad de marzo de 1864, se
encuentra un análisis de una especie de amalgama, o arquería especial, parecida
a la Allemont en Francia que contenía, según Dana, 30.76 de plata y 69,24 de
mercurio.
[105] Las cordilleras de los Andes en el
departamento de La Victoria . Informe presentado a la Universidad por don Luis
Zégers Recasens el 15 de junio de 1875.Anales de 1876, pág. 347
[106] Anuario Estadístico de 1874-75.
La producción de 1877 está representada en la provincia de Santiago por el
Anuario respectivo de la manera siguiente:
Dos Amigos: 1,350 gramos
Arañas: 4,440 gramos
Alberto: 150 gramos
Aurora: 90 gramos
Santa Rita: 7,675 gramos
Respecto de la producción de la región que aquí hemos llamado central, es
decir, la comprendida y entre el Limarí y el Cachapoal (con exclusión de las
Condes), pueden verse en el anexo algunas cifras estadísticas de cierto
interés. Los datos extraídos del archivo de la Moneda de Santiago y que
publicamos más adelante (anexo al capítulo XIX), pondrán también de manifiesto
la exactitud de lo que en las primeras páginas de este libro afirmamos, a
saber, el escasísimo rendimiento de plata del país en el siglo pasado, y por
consiguiente, la relativa pobreza de San Pedro Nolasco, único mineral que la
producía.
[107] Anales de la Universidad de 1854, pág. 162
[108] Consta este título de un grueso expediente
sobre deslindes de la hacienda, de las Condes con la de la Loma Quemada,
seguido desde 1879 hasta el presente año, y que ha tenido a bien facilitarnos
nuestro amigo don Pedro Fernández Concha, dueño desde hace pocos días de aquel
valioso y extenso fundo. El pleito ha sido seguido por don Quempio León, y es
curioso observar que uno de los deslindes disputados se llama en indígena
Quempu. Igualmente los escribanos, que entienden tanto de analogías históricas
como los huasos de concordancias, llaman a don Alonso de Sotomayor al
reproducir el «don» de su firma «doctor», siendo que este gran soldado fué
enemiguísimo de doctores y uno de los más fieros generales que la España envió
a estos dominios. El expediente es muy voluminoso (273 fojas) y termina por un
auto del compromisario don José Zégers Recasens en que cita a los litigantes a
un comparendo y vista de ojo, que debía tener y tuvo lugar a las cuatro de la
mañana del 5 de enero último en las cumbres de Quempu. ¡Es madrugar para
fallar!
[109] Autos citados a fojas 15
[110]Una ojeada a las Condes ,
artículo descriptivo publicado en El Ferrocarril del 3 de octubre de 1883,
[111] Gandarillas. —Artículo citado —En
el anexo de este capítulo damos cabida a opiniones análogas a las presentes,
vertidas en diferentes épocas por hombres competentes, es decir por Pissis en
1850, y por los señores Francisco de Paula Pérez y Juan Valdivieso Amor,
mineros efectivos de las Condes, en cartas que sobre el
particular nos han escrito expresamente para el presente libro. De igual manera
publicamos en el anexo una nómina de las principales minas de las Condes, según
sus diversos grupos, trabajo que debemos a nuestro antiguo amigo el animoso
industrial don Ángel Sassi.
[112] Hemos registrado con minuciosidad los papeles
de este ilustre jefe, y no hemos encontrado en ellos huella alguna ni siquiera
una simple ilusión a este famoso derrotero de las cordilleras de Santiago.
[113] Pissis. — Descripción de la provincia
de Santiago. —Anales de la Universidad correspondientes a 1854, pág.
409. En esa época el señor Pissis se hallaba recientemente llegado a Chile y
los inexpertos tipógrafos que compusieron su trabajo hiciéronle el mal juego,
de poner en oposición a las capas o estratas impermeables de
que solía ocuparse, el curioso quid pro quo de decir “capas meables”
[114]Des Mines d´argent et d’or du Nouveau Monde par M.
Chevalier, Paris, 1846, obra publicada también en la Revue de Deux
Mondes en diciembre de 1846 y abril de 1847. Según las demostraciones
un tanto al aire de este contador mayor y por mayor de los metales preciosos
del nuevo mundo, Chile produjo antes de 1810 solo 3,000 quilogramos de plata, y
después de ese año hasta 1845 rindió 672,991 quilogramos, todo lo cual reunido
valía 210 millones de francos, o sea algo como .50 millones de pesos. Según
cálculos, uno o dos años posteriores, del mismo economista, toda la América
española produjo en 1847 la cantidad de 614,641 quilogramos de plata, en cuyo
rendimiento a Chile cabía el cuarto lugar, según la demostración siguiente:
La cuota asignada a Chile es tal vez inferior al producido real, pero
debe tenerse presente que en ese tiempo solo Chañarcillo hacia el gasto y el
lujo de la producción de la plata. Tres Puntas solo apareció un año más tarde.
Conforme a estudios posteriores de Laveleye, las fluctuaciones de la producción
de la plata durante el siglo corrido desde 1741 a 1840, se hallan escalonadas
en la siguiente demostración, que marca la gran pujanza de la producción en la
última década del siglo pasado (el siglo de Méjico) y la decadencia gradual que
trajo la guerra de la independencia para toda la América antes española:
1741–1760: $ 533.145
1761-1780: 652.740
1781-1800: 879.060
1801-1810: 894.150
1811-1820: 540.770
1821-1880: 460.560
1831-1840: 596.440
Adelantados estos resúmenes estadísticos hasta 1871, en que ya Nevada había
comenzado a derramar sus raudales del Comstock, y Chile su contingente de
Caracoles, la producción total de plata asignada a las cinco partes del mundo
estarla distribuida como sigue y en números redondos y miles y millones de
francos:
América:
Méjico: frs. 2,000 millones
Perú: frs. 327 millones
Chile: frs. 299millones
Estados Unidos: frs.24 millones
Europa: frs. 191 millones »
Asia: frs. 34 millones »
Oceanía (Australia) : frs. 13 millones »
Total para todo el mundo, tres mil millares trescientos sesenta y siete
millones de francos y un tercio.
¿Y no es verdad que para tanta bulla todo eso no es gran cosa? Según el virrey
del Perú Gil y Lemus, la producción de la plata de la América española en 1791,
fecha de su memoria, estaba distribuida de la siguiente manera, según los datos
de las diversas casas de moneda:
Méjico: $ 24.000,000
Guatemala: $ 200,000
Lima: $ 6.000,000
Potosí: $ 4.000,000
Santiago:$ 1. 200,000
Popayán: $ 1.000,000
Bogotá: $ 1.200,000
Conforme a esta demostración, las minas de la América ubicadas al Norte de
Panamá producían 24.200,000 pesos, y las situadas al sur del istmo la mitad
menos o sea 13.400,000 pesos; y en esta proporción va la producción
probablemente hoy día.
[115] He aquí la interesante distribución de todos
los valores metalíferos rendidos al país por la provincia de Atacama en los
treinta años expresados (1843-73):
Según la demostración anterior, el orden de categoría asignada a la
producción metálica de Atacama, sería el siguiente:
I. Plata en barra.
II. Ejes de cobre
III. Minerales de id.
IV. Id. de plata.
V. Cobre en barra.
VI. Ejes de cobre y plata.
VII. Id. cobre, plata y oro.
VIII. Plomo.
IX. Minerales de cobre y plata.
X. Oro.
Y aquí es curioso observar que el oro que había sido el gran artículo de
riqueza nacional y casi el único de exportación a Europa durante el siglo
XVIII, había pasado a ser el último en el postrer tercio del presente.
[116] Nos parece oportuno advertir que si en los
treinta años corridos desde 1843 a 1873, hubo dos períodos de falla, respecto
de la plata, la escala ascendente para la riqueza mineralógica de Atacama, en
general se mantuvo imperturbable, según el siguiente cuadro trabajado por el
inteligente organizador de la estadística minera de Atacama, don Juan José
Gormaz, que abraza los seis quinquenios de la época referida, de la siguiente
manera:
Se notará que en el segundo quinquenio el valor de la producción
metalífera se duplica, en el tercero se triplica y en el cuarto se cuadruplica
respecto del primero. La producción anual en todo el período de los treinta
años, a que los seis quinquenios se refieren, alcanza, término medio, a la suma
de 6.727.541 pesos. A mayor abundamiento reproducimos en seguida en dos estados
por separado, la producción total de Atacama, en pastas metálicas por año desde
1843 a 1872 y la de la plata solo por quinquenios en la forma siguiente:
I
II
Plata Piña y en Barra
[117] Las pastas que contribuyeron a formar la
exportación de de Atacama en 1874-75, están comprendidas en las cifras
siguientes:
[118] La producción de plata barra de Atacama ea
1875, fué de 133.904,000 gramos, lo que estimado en valores importaba un
aumento de 1.029,727 pesos. Naturalmente, en la exportación de plata barra de
Atacama no se haya comprendido un solo gramo de la producción argentífera de
Caracoles, Huanchaca u otra procedencia boliviana, la cual pasaba en esa época
casi íntegra por Chile. La comparación de una y otra producción arrojaba el
siguiente resultado muy superior respecto de Bolivia en 1874 y muy inferior en
el año subsiguiente:
[119] Como en materia de producción de metales
preciosos toda estadística exacta, tiene un valor real, sino para
el lector común, para los que estudian en si misma o comparativamente la
riqueza intrínseca de un país, a los numerosos datos contenidos en el presente
capítulo, agregamos en el Anexo que lo sigue otros de no menos importancia y de
comprobado origen
[120] Estas mismas minas habían producido en los
seis años anteriores las siguientes cantidades en marcos de fino que valían
16.715.244 pesos.
1848:261.105 marcos
1849: 342.239 marcos
1850: 387.019 marcos
1851: 353.719 marcos
1852: 395.695 marcos
1853 primer cuatrimestre: 117.468 marcos
Total: 1.857.246 marcos
Según la Memoria del Intendente La Fuente, la minaBuena Esperanza tenía
en 1853, 141 operarios y la Al fin hallada 135.
El total de operarios de ese mineral en 1851 alcanzó a 1.724.
El Romero y el Retamo teníanen esa misma fecha 23
operarios
En ese mismo año se trabajaban en Atacama 824 minas por 8.164 obreros; existían
23 establecimientos de amalgamación, erigidos con un costo de 1.092.320 pesos y
desde el 20 de Enero de 1851 al 30 de Abril de 1853 se habían enajenado 2.778
barras de mina por un precio de 1.074.331 pesos.
Además de los interesantes datos recogidos por el señor Cuadra en su Memoria
citada, puede consultarse el libro del señor Pérez Rosales titulado Ensayo
sobre Chile pág. 397 y siguientes; las Memorias del Intendente La
Fuente de 1853; las diversas estadísticas mineras de Copiapó. el Anuario
Estadístico de 1879 y las demás fuentes a que en el presente trabajo hemos
hecho frecuente alusión. Los Viajes de Miers, la interesante memoria que el señor
Concha y Toro publicó en 1875 sobre los cambios y avalúos de la plata y la
Memoria de 1875 del señor Domeyko y varias otras citadas en este libro pueden
consultarse con provecho con relación a la estadística.
[121] Según la Revista Minera y Metalúrgica que
en Copiapó publicó en 1860 don Benjamín Lenoir (seis números) la producción
total de Atacama en 1858 estaba representada de la manera siguiente:
Oro 100 quilogramos.
Plata 100 mil quilogramos.
Cobre 16,000 toneladas.
Chañarcillo produjo en 1869, 7,384 quilogramos de plata con cerca de dos mil
obreros. En el primer semestre de ese año la producción del mineral era de
25.566 quilogramos y tenia (en enero) 1,915 obreros. En el segundo semestre el
rendimiento bajó a 18,181 quilogramos y los operarios eran en diciembre 300
menos que en enero (1,608).
Las minas productivas eran 19 y tenían 1,122 obreros. Las improductivas o en
broceo eran 52 con 672 operarios
[122] Un cajón de metales de plata se compone de 51
quintales españoles o sean dos mil doscientos cuarenta y dos
quilogramos.
[123] Solamente una escuela existe en Juan Godoy.
Escuela mista regentada por la inteligente e ilustrada señorita Rosario
Ocaranza. Tendrá 80 alumnas y 40 alumnos. La educación primaria está muy
descuidada en este pueblo.
[124] Pirquén se llama un nuevo sistema de trabajo
en las minas, de invención moderna, un industrial cualquiera se hace cargo de
un laboreo en la mina que mejor le parece, entabla trabajo por su cuenta,
explota sus metales y de ellos solo deja a los socios de la mina, una parte
convenida, llevándose para sí lo restante.
[125] El actual y laborioso Superintendente de la
Casa de Moneda señor Vergara Albano ha tenido la bondad de hacer trabajar para
nuestro uso un interesante cuadro de las cantidades de oro y plata compradas
por ese establecimiento desde 1772 en que pasó a manos del Estado hasta el 22
de setiembre de 1882 (110 años), y vamos a tomar de él algunas cifras,
lamentando no reproducirlo íntegro por su mucha extensión. En 1772 la Casa de
Moneda compró solo 755 marcos de plata que valían 6,052 pesos, al paso que en
ese mismo año amonedó 2,461 marcos de oro con precio de 315,416 pesos. En el
año siguiente la amonedación de plata fué de 32,065 pesos y la de oro 583.348
pesos, y en 1774 mientras se sellaron 528,006 pesos no se compró un solo adarme
de plata, tal vez porque no lo había. Por esto hemos llamado nosotros el pasado
siglo y los que le precedieron La edad del oro, y hemos dicho que
la plata es nuestra contemporánea.
Durante todo el siglo XVIÍI la mayor amonedación de plata, tuvo lugar en 1778 y
en 1793 porque se sellaron en esos años más de 29 mil marcos con precio de 238
mil pesos en cada año.
En 1810 se sellaron 18,109 marcos y en 1812 con el descubrimiento de Agua
Amarga y de Runge 44.030 marcos o sea más del doble. Según el Monitor
Araucano, los quintos entrados a la Moneda desde el 1° al 10 de abril de 1813
ascendieron a 5,810 pesos.
La producción de la plata de La Casa de Moneda llegó en 1816 (bajo los
españoles) a 57,098 marcos, y en 1817 a 62,585 marcos, bajo San Martín.
Pero desde esa época comenzó a declinar tan rápidamente que el año de 1825, el
año del descubrimiento de Arqueros, solo se sellaron 321
marcos que valían 2,581 pesos. En este mismo año se sellaron 1,104 marcos de
oro, y en 1810, que fué el año de mayor valor de oro, 777,009 pesos, y solo
6,064 de plata. En los últimos 30 años (1852-82), según estos mismos estados,
la Casa de Moneda ha comprado 597,059 quilogramos de plata de diez milésimos de
ley que representa un valor de 26.298,222 pesos por precios que han fluctuado
desde 41 pesos el quilogramo a 69 pesos 83 centavos que es el último cotizado.
[126] Este Banco existía en la Serena en mayo de
1828, y aun cuando no emitía billetes que llevaban la estampa común de un
caballo o de una vaca de imprenta (lo cual solía tener lugar en las minas de
Tamaya, primeros bancos de emisión conocidos en Chile antes de las fichas y de
los inconvertibles), los serenenses acusaban a sus directores de poco
aceptables medidas. En un artículo titulado El Banco, y publicado en el Minero
de la Serena del 24 de mayo de 1828, encontramos en efecto la siguiente queja:
«Es cosa bien singular que cuanto más importantes son las instituciones
benéficas que se promueven en esta provincia, tanto mayor parece ser el empeño
de ciertos individuos para desacreditarles. ¿Será creíble que los mismos que
han ido a pedir plata a interés al Banco hayan sido los primeros en propagar
rumores vagos para excitar la desconfianza y arruinar un establecimiento cuya
utilidad se hace todos los días más palpable para todas las clases? » ¿Cual
será esa estrella tan fatal que persigue con tanta obstinación todo lo bueno en
Coquimbo?»
[127] Esta carta encontrada original entre los
papeles del general O'Higgins tiene fecha de Arequipa, febrero 13 de 1829, y la
hemos publicado íntegra en la Vida del capitán general don Bernardo O'Higgins,
pág. 837.
[128] Los copiapinos dieron, cuando los
coquimbanos, tuvieron su Arqueros en Chañarcillo, pruebas de notorio
patriotismo, cubriéndose allí una buena parte de las acciones del empréstito o
más bien donativo de 400 mil pesos que en 1836 levantó don Diego Portales para
restaurar la escuadra nacional. En una semana se suscribieron 30 acciones de a
600 pesos, tocando en el reparto voluntario cuatro acciones a cada uno de los
descubridores de Chañarcillo, Gallo, Ossa, 'Barnechea y don Diego Carvallo.
[129] Don Andrés Bello era de opinión que el broceo
de las minas de Venezuela había sido la causa principal de su prosperidad
posterior; pero el ilustre sabio no alcanzó a vivir lo suficiente para palpar
su error
«En los fines del siglo XVII, decía Bello (citado en la Memoria de Eihuyar,
publicada por la Revista de Lima en 1873), historiando asuntos
de su nativa patria, debe empezar la época de la regeneración civil de
Venezuela, cuando acabada su conquista y pacificados sus habitantes, entró la
religión y la política a perfeccionar la grande obra que había empezado el
heroísmo de unos hombres guiados, a la verdad, por la codicia; pero que han
dejado a la posteridad ejemplos de valor, intrepidez y constancia que tal vez
no se repetirán jamás. Entre las circunstancias favorables que contribuyeron a
dar al sistema político de Venezuela una consistencia durable, debe contarse el
malogramiento de las minas que se descubrieron a los principios de la
conquista. La atención de los conquistadores debió dirigirse desde luego a
ocupaciones más sólidas, más útiles, más benéficas, y la agricultura fué lo más
obvio que encontraron en un país en donde la naturaleza ostentaba todo el
aparato de la vegetación.»
Por su parte, el economista Chevalier decía en 1846 —que no nos seria dado (a
Chile) «d'exercer sur la masse d'argent de circulation dans le monde un effet
qui ressenble en; rien a celui des mines du Mexique et du Pérou.» Sobre lo cual
salta el hábil escritor chileno que acostumbra firmarse Juan de la Roca,
y desde su galería de economistas, escrita en París en agosto último, dirige al
difunto hacendista francés la imprecación que enseguida por arrogante copiamos:
«Mal rato pasaría la sombra de M. Chevalier si la estatua de Juan Godoy la
cogiera por la garganta y le pidiera, combo en mano, pruebas documentadas de
sus cálculos. Por lo menos, el descubridor de Chañarcillo había de encontrar
que el francés le ha espumado su descubrimiento todo entero.»
[130] Respecto de la inmigración, la estadística de
Copiapó ha presentado siempre un fenómeno notable, porque aparte de 2,338
argentinos varones y de 536 mujeres, encontrábanse en sus diversos pueblos y
faenas en 1873 no menos de 124 alemanes, de los cuales 14 eran mineros; 10
austríacos, 3 belgas, cincuenta y dos chinos, de loa cuales 37 eran cocineros;
68 españoles, 42 americanos del norte (de éstos 5 mineros), 105 franceses (14
mineros), 432 ingleses (125 mineros), 7 griegos, 133 italianos, 3 rusos, un
suizo, 29 suecos, en una palabra, una verdadera torre de Babel. El total de
extranjeros residentes en Copiapó en 1877 era 4,684, de los cuales 3,499
varones y 1,185 hembras.
[131] Humboldt. Ensayo sobre la Nueva España, vol.
III, Cap. IX
[132] En las fracciones suele ocurrir alguna
variedad de cómputo, no así en el conjunto. Según Lamberto Sierra, a quien cita
Humboldt, el rendimiento real fue desde 1556 a 1800 de 823 millones 950,508
pesos, y según el prefecto de Potosí en 1835, citado por Chevalier, solo fue de
734.205,90.3 pesos; pero este último funcionario tomó tal vez en cuenta
solamente el resultado de la plata quintada, es decir, lo que había pagado
derecho al rey, que se desprendía de los libros de la Moneda de Potosí,
corrientes desde 1561. De todos modos, según el mismo Chevalier, la producción
de Potosí había alcanzado en 300 años (1545- 1846) a mil noventa y
nueve millones de pesos.
[133]Bosquejo estadístico de Boliviapor José María
Dalence . — Chuquisaca 1851, págs. 29-3 y 294. —Un
viajero francés que en tiempo de Felipe V y cuando Frezier recorría a Chile
visitó a Potosí (1713) marca ya con caracteres ingenuos la decadencia de
Potosí, especialmente por la disminución de sus mitayos, que morían por manadas
en aquel frígido paraje en que hasta la tinta se congela. El viajero aludido
dice que encerraban aquellos infelices en un corral hasta el numero de 2,200, y
de allí lo repartían en piaras, como las muías, a los diferentes dueños de
minas. —Véase . A relation of Mr. B. Ms. voyage to Buenos Aires from
hence by land to Potosí . London, 1716.
[134] Obra citada, pág. 293.
[135] Anales de la Universidad, 1876.
[136] Existen colgados en las minas de Pulacayo,
decían los ingenieros citados en la página 46 del informe que dieron a luz en
1873, 55 mil cajones con 2.750,000 marcos y en cancha cinco mil cajones con
200.000 mil marcos, lo cual asegura una producción de seis mil cajones anuales
y por diez años.» La producción del mineral en los años anteriores había sido
sin embargo, solo la que en seguida apuntamos:
1866: 46,032 marcos
1867: 40,553 marcos
1868: 73,075 marcos
1869: 69,748 marcos
1870: 62,572 marcos
En 1872 el mineral empleaba 401 personas, de las cuales 84 eran barreteros y
200 mujeres que hacían el trabajo de pallires .
Los costos de explotación eran enormes, especialmente por falta de combustible
empleándose solo las jarillas de la cordillera, una especie de turba vegetal
que allí abunda y hasta el guano de las llamas para fundir el metal. El costo
de beneficio por cajón era de 83 pesos 17 centavos y la ley media del cajón
boliviano (50 quintales) de 37 marcos.
[137] He aquí la demostración de estos valores en
francos de Francia:
Según una memoria dirigida al directorio de las minas de Huanchaca por
don Luís M. Sola en 1881, con el fin de pro bar que este mineral había
contribuido generosamente a la guerra, aparece que el rendimiento bruto de
aquel laborioso mineral fué en 1880 de 2.370,572 pesos dos centavos, los gastos
1.231,165 pesos y los impuestos de paz y guerra 237,434 pesos, quedando así el
beneficio líquido de ese año reducido a 851,972 bolivianos, Según la siguiente
demostración:
En pastas de plata: 2.146,328 15
En metales de exportación: 224,242 87
Producción bruta: Bs. 2.370,572 02
Pagado al Estado por el impuesto de un boliviano en marco: 237,434,04
Se ha reducido la produccióna: Bs. 2.133,137 98
Gastos generale s de la empresa. —Gastos de explotación y
beneficio, sueldo de empleados, salario de los jornaleros, valor de forraje
combustible, etc.: Bs. 1.281,165,51
Utilidad liquida: 851,972
[138] Esto según el expresado documento publicado
en el Comercio de la Paz en el mes de agosto de 1 882. Los valores exportados
en el primer trimestre del presente año (enero febrero y marzo) ascienden a 1
.842,383; pesos y en el segundo (abril, mayo y junio) a 1.89S,224, y según la
siguiente demostración, que a ser exacta vale un Perú (antiguo), sobre la
riqueza metalífera de Bolivia:
[139] Por no alargar demasiado nuestra excursión en
comarcas extranjeras, lo cual sale hasta cierto punto de nuestro itinerario, no
hacemos aquí la descripción de otros minerales de plata de Bolivia. Pero
respecto del grupo de El Inca, Atahualpa y Aralar, que yace en territorio
ocupado hoy por las armas y tal vez por las leyes de Chile, el lector
consultaría con ventaja un pequeño pero interesante folleto recientemente
publicado (I8S2) por el ingeniero de minas don Samuel Valdés Vicuña con el
título de Una visita a los minerales de El Inca., Atahualpa y Aralar.
Todos estos minerales son nuevos, y aun se puede decir que han nacido, junto
con la ocupación chilena, como explotación y trabajo activo.—Se hallan ubicados
un poco al noroeste de Calama, distan entre sí solo dos o tres leguas y son de
metales comparativamente pobres, de 60 a 80 marcos. —El mineral de Aralar ha
sido bautizado con este nombre por el de una sierra en España del mismo nombre,
ubicada en la Navarra, la cual disputó a Aralar de la Armenia el honor de haber
servido de muelle de desembarco al arca de Noé después del diluvio... Según el
autor del folleto citado trátase de formar una compañía para explotar todas
estas minas, boliviano-chilenas.
[140] Ciertamente, las riquezas argentíferas de
Bolivia están hoy otra vez, como en tiempo del Libertador (1825), a la gran
moda entre los especuladores no solo en Europa sino en Estados Unidos. En este
último país se ha hecho llegar los vapores y el vértigo de Potosí hasta las más
altas regiones, y se ha hablado de combinaciones para comprar con sus
rendimientos no solo la paz con Chile sino las sonrisas y la intervención de
las coronas. Aparte de las famosas cartas publicadas en Chile sobre este particular
del doctor Cabrera, el Heraldo de Cochabamba de septiembre 10
de 1881 daba a luz una carta escrita en Londres el 21 de junio precedente al
ilustrado y emprendedor presidente de la compañía de Huanchaca y
vice-presidente de Bolivia, don Aniceto Arce, en la cual cierto capitalista o
ingeniero (cuyo nombre cuidadosamente se oculta), le propone organizar una gran
sociedad minera con 21 millones de pesos de capital, el cual estaría
representado en la forma siguiente: Huanchaca 10 millones de pesos, Colquechaca
cinco millones y Guadalupe 3 millones, destinando 2 millones a gastos de
organización.
[141] Últimamente se han publicado sin embargo
algunos documentos antiguos sobre las minas de Misiones, fronteras que hoy se
disputan la República Argentina y el Brasil. En un trabajo publicado por El
Industrial de Buenos Aires en abril del presente año, leemos en efecto
el siguiente curioso párrafo:
“Desde la expulsión de la Compañía de Jesús de los dominios españoles en
América, hasta la fecha y tal vez durante mucho tiempo mas, las riquezas
minerales que los hijos de Loyola explotaron en las regiones que servían de
asiento a su teocrática dominación y que forman parte integrante de la
República Argentina, son generalmente desconocidas. Fuera de la provincia de
Corrientes, apenas tienen noticias de ellas los curiosos que mas por
investigación han leído los pocos libros o papeles sueltos relativos a las
Misiones.”
“Esas riquezas, sin embargo, han sido y son de importancia. Ellas alimentaron
en las misiones jesuitas las necesidades del lujo deslumbrador de sus templos,
suministrando oro y plata, y las de sus industrias, con hierro y cobre de
superior calidad.”
“Sin importar a sus dominios mineral alguno, abundaban y sobresalían en ellos
objetos de oro y plata, de hierro, cobre y plomo. ¿De dónde salía esa materia
prima? De las Misiones, y nada más que de ellas.”
“Hubo explotaciones mineras de cobre y plata, cuyos vestigios se encuentran
todavía en Candelaria y Santo Tomé.”
“E1 conde de Rosse, en una disertación leída ante la Sociedad Geográfica de
París el año 1876, hace referencia esmerada de ellos.”
[142] Raymondi. — El Perú, vol. I,
pág.341. —Son tan fragosos los caminos primitivos de estas comarcas, que el
viajero italiano de quien hacemos esta cita habla de un desfiladero llamado
el paso del credo, porque no es posible atravesarlo sino «con el
credo en la boca».
[143] Las 739 barras de plata fundidas en Lima en
1810 pertenecían a los diferentes minerales del Perú en la proporción
siguiente, según Paz Soldán: A Pasco 716, a Hualgayoc 10, a Huari 1 y 12 a
distintas localidades
[144]Ford Guide of Spain , pág
413.
[145] Tenemos a la vista el padrón de minas del
Perú, correspondiente a 1878 y en un infolio impreso a columnas, y en 30 o 40
páginas, está registrada toda la propiedad minera del país, con expresión de
las pertenencias que se hallan amparadas en cada distrito y aquellas que por no
haber pagado la contribución semestral caen en despueble y son denunciables por
el primero que se adelante a pagar. Este sistema simplifica admirablemente el
complicado régimen minero, tan oneroso como disparatado de Chile, suprimiendo
pleitos y reduciendo todo el mecanismo a una módica contribución y a un
registro oficial. En realidad esta contribución no es sino un equivalente de la
licencia (Licence) que se otorga en Australia y los Estados Unidos para el
trabajo libre del minero y es lo que nosotros hemos solicitado para el oro en
el Congreso. En 1838 había en Huantajaya 60 minas en trabajo y 38 denunciables,
habiendo rendido la contribución minera para la provincia de Tarapacá 2,145
pesos y 28,335 en todo el país. Antes de la guerra actual trabajáronla con
mucha mayor fe que elementos de explotación en aquellas minas algunos chilenos
como don Manuel Eyzaguirre y don David Mac Iver, pero hoy todo el mineral, así
como el vecino de Santa Rosa, se halla más o menos denunciado por chilenos.
El Padrón de minas del Perú, que ansiamos ver implantado en Chile, se imprime
anualmente como nuestros presupuestos y sus páginas en folio están repartidas
en once columnas que contienen todo lo que el minero y el Estado necesitan
saber, esto es, 1° la procedencia del título, 2° el distrito mineral, 3° el
número de orden de la mina, 4° el nombre especial de cada una de éstas, 5° la
calidad de la mina (plata, cobre, etc.), 6° el nombre del propietario, 7° el
número de pertenencias de que el último es dueño, 8° las dimensiones de ésta,
9° la ubicación de cada pertenencia y 10° el monto de la contribución pagada.
La última columna, que es la más espaciosa, está destinada a las anotaciones
especiales
[146] El señor Crosnier reconoció ciertas analogías
entre Chañarcillo y Huantajaya, pero solo en la formación de las vetas, si bien
podría haberla encontrado también en las papas. Pero ya las
papas de los Bolados como las de los Loaiza habían sido echadas a la olla y no
quedaban sino las cascaras y la ceniza. El trabajo de M. Crosnier sobre
Huantajaya se dio a luz en los Anales de la Universidad de 1852, en la forma de
una carta dirigida al señor Domeyko. Nosotros hemos publicado un análisis de
ese trabajo en el Veintiuno de Mayo, diario de Iquique, en octubre del presente
año.
[147] Nosotros hemos hecho también un corto estudio
de este mineral ( Veintiuno de Mayo de Iquique de mayo de
1882), considerándolo como uno de los anillos geológicos de la gran corriente
argentífera que comienza en Arqueros y termina en Huantajaya, y a este
propósito el inteligente propietario e ingeniero de la mina descubridora de aquel
mineral ya citado, escribía a un amigo suyo en Santiago, con fecha de 15 del
pasado junio, estas palabras que serian lisonjeras para un mineralogista, pero
que respecto del favorecido en el presente caso corresponden solo a la
casualidad:
«Parece que el señor Vicuña Mackenna, dice en efecto la citada carta, tiene el
don de leer en el porvenir. Esto lo digo por su acertada comparación de los
minerales y sus poros metalíferos. Hoy el señor Vicuña Mackenna puede probar lo
que escribió ayer, por la razón siguiente: alcance en planes de la Buena
Esperanza y a mas que a una hondura de 4.5 metros verticales en todo
el grueso del cerro se han encontrado en abundancia los famosos lechadores de
Huantajaya, que son una combinación de cloruro de sodio con cloruro de plata o
plomo; así es que Challacollo hoy se conoce que sus criaderos son los mismos de
Huantajaya, lo que sí que son más antiguos y Huantajaya mas moderna».
[148] Según ya lo dejamos expuesto bajo el
testimonio de Humboldt, la producción total de Potosí desde l545 (año de su
descubrimiento) a 1780, (244 años) fué en números redondos de 92 millones de
marcos que valían 788 millones de pesos. Ahora bien, y según el mismo autor,
las minas de Guanajuato produjeron cerca del doble, porque desde 1766 a 1803,
esto es, un período de 38 años, rindieron 18.723,537 marcos de plata que a
razón de 8 pesos y medio, valían cerca de 200 millones de pesos, sin contar
43,030 marcos de oro computados a 136 pesos marco. Tan solo la famosa
mina La Valenciana, del conde de Valencia, (quien regaló, como
quien obsequia un juguete, un navío de guerra al rey de España), produjo desde
1° de enero de 1787 al 11 de junio de 1791, es decir, en el espacio de cuatro
años, 1.737,052 marcos de plata, que valían cerca de 15 millones de pesos, más
o menos, 4 millones por año. Solo la Deseada de Caracoles ha
estado a la altura de esta mina en todo el mundo. Según el mismo Humboldt, las
minas de América produjeron en los dos primeros siglos de su descubrimiento, a
razón de 11 millones de pesos por año. En el segundo período, es decir, en el
siglo XVII, a razón de 10 millones por año. Desde el año de 1700 al de
1750,-22.500,000 pesos por año y desde 1750 a 1803, en que el sabio alemán
cerraba su cuenta, a razón de 35.300,000 pesos. En esta última época figuraba
ya Chile, escaso en lucimiento; y la proporción de los tres países productores
de plata, era en ese año la siguiente:
Méjico: 2.250,000 marcos
Perú: 513,000 marcos
Chile: 29,700 marcos
Era esto más o menos la misma proporción que en 1775 apuntaba Campomanes. para
toda la América española, 35 millones al año.
La manera cómo los diversos continentes del orbe contribuían en esa época al
mercado universal de los metales preciosos era, según el mismo ilustre autor,
la siguiente:
Europa: 52,670 kg
Asia: 21,709 kg
América: 795,581 kg
Según el viajero Helms, compañero del barón de Nordenflycht, en su viaje a
Potosí y a Lima, la amonedación de las casas principales en América fué la
siguiente el año de 1791:
Méjico: $ 18.073,668
Lima: $ 5.162,239
Potosí: $ 4.283,022
Santiago: $ 867,886
Total: $ 28.376,835
Conforme a una cuenta original del visitador don Jorge Escobedo, datada en
Potosí el 15 de abril de 1780, la cantidad de plata comprada por esa casa de
moneda desde el 1° de enero de ese año, fué solo de 308,440 marcos; ¡tanta era
la decadencia del famoso mineral en las postrimerías del siglo!
[149] Se han hecho cálculos de lo que su fortuna
produce a Mackay, por año, por meses, por días, por horas, hasta por minutos, y
se dice de él que es hombre tan mezquino e ingrato, que existe hoy abandonado
en una aldea del Estado de Nueva York el anciano que, siendo huérfano, le
sirvió de padre. Los diarios de Londres de 1882, motejan su codicia, pero uno
de éstos refiere que habiendo sido incivilmente tratado en un hotel porque dio
solo un chelín de propina a los mozo que lo sirvieron, el desairado magnate ha resuelto
castigar al hotelero y a todos los hoteleros de Londres edificando en esa
ciudad un hotel que costaría seis millones de pesos…
Mackay es el principal dueño del Banco de Nevada, establecido el 4 de octubre
de 1875 con 30,000 acciones en oro de las cuales 23,750 pertenecían a Flood,
O'Brien y Mackay. Según un estado del 1° de enero de 1878, el Banco de Nevada,
en rivalidad con el de California, y cuya derrota fué causa del suicidio del
presidente del último, el infortunado Ralston, hizo negocios en 1877, por 1
9.708,400 pesos y tenía en caja 4.497,000 pesos y 6.962,600 en pagarés
descontados. Mackay posee hoy 30 millones de pesos de renta, y en sus suntuosos
banquetes regala a cada convidado la lista de sus guisos en una tabla de plata
lujosamente esculpida con su nombre, lo que demuestra que es tan fastuoso como
mezquino.
[150] «Nor will y exept even the mines of Peru». —
(Palabras de Carver, citadas por el Times de Londres, el 6 de
setiembre de 1878.)
[151] Véase la discusión habida en el Senado el 15
de diciembre de 1876 apropósito de las primeras exploraciones del desierto de
Atacama, punto sobre el cual habremos de volver más adelante.
[152] Raymond. — Condition of the mining
industries west of the Rock Mountains , pág. 413.
[153] Las empresas de minas de Nevada no solo
tienen que luchar con la carestía de los jornales, sino con el carácter
arrogante, ambicioso, pendenciero y huelguista de los operarios de aquellos
países; y a este propósito es curiosa la siguiente cándida observación que, con
relación a los desórdenes y crímenes cometidos en el distrito de White Pino,
hace el inspector Raymond al tiempo de su visita: —«Con excepción,
(candorosamente dice)de unas pocas semanas del último verano
(1869),carácter rizadas por pequeños estallidos ( slight
outputs) de salteos, (high way robery), puñaladas y asesinatos (stabbing
and shooting), el distrito de White Pine se encontraba notablemente
tranquilo, templado e industrioso». ...¿Y qué habría dicho de nosotros en unas
pocas semanas de estallidos como los que el buen inspector norte-americano
apunta?
[154] Annual report of the director of the mint to
the secretary/ of the treasure for the fiscal year ended june 30, 1879.
[155] «This may seem at first sight an
impossibility, but it will stand examination. In our own mining districts it is
notorious that in the most prosperous times the total expended in mining na the
course of a year- was not covered by the produce of all the mines together. It
is easy to make such o calculation here, and it would be difficult to make it
in Australia or California, because it ís not easy to get at the value of the
labour thrown away in such new countries; but there is reason to believe that
if an accurate summation could be accomplished, the balance would be
unfavourable.»
(Editorial citado del Times de Londres del 6 de setiembre de 1878). El
articulista en su pesimismo llegaba a condenar el trabajo de las minas en
general como ruinoso; explicándose que hubiera mineros en Nevada y Australia
solo como hay jugadores en Mónaco... (Editorial citado del Tunes de Londres del
G de setiembre de 1878). El articulista en su pesimismo llegaba a condenar el
trabajo de las minas en general como ruinoso; explicándose que hubiera mineros
en Nevada y Australia solo como hay jugadores en Mónaco... (Editorial citado
del Tunes de Londres del G de setiembre de 1878). El articulista en su
pesimismo llegaba a condenar el trabajo de las minas en general como ruinoso;
explicándose que hubiera mineros en Nevada y Australia solo como hay jugadores
en Mónaco...! ¡Pero, como lo dijo el dios Tunes, cuántos habrán creído que
semejantes absurdos son la última expresión de lo racional y de lo útil!
[156] M. Simonin condensaba en su obra varias veces
citada ( Le monde Americain) la producción de los metales preciosos
en aquellas comarcas en el año de 1874, en la forma siguiente: — California 74
millones, Utah 6 millones, otros estados o territorios 6 millones: total 86
millones. Según Whitey ( Metallic Wealth of the United States,
1853), la cantidad de plata producida en todo el orbe en 1850, ascendía a
1.050,900 quilogramos (2.817,425 Lbs. Troy) y ésta se hallaba repartida de la
manera siguiente:
Otro autor americano (Boss Browne) en su curioso libro titulado Ressources
of the Pacific Slope (1869), afirma que al tiempo del descubrimiento
de la América (1490) la plata que existía ea el universo no valía sino 170
millones de pesos y agrega que ésta había aumentado a 690 millones en 1600, a
1,487 millones en 1700, a 3,687 millones en 1800 y en 1866 a 5,162 millones de
pesos.
[157] Según otro estado mas prolijo que tenemos a
la vista, las producciones totales de 1877 se descomponían del modo siguiente,
según su calidad y el vehículo que había servido para su traslación a los
Estados del Este, es decir, a los grandes mercados de Nueva York, Boston, etc.
Oro en polvo y en barra enviado por expreso: $ 24.571,400
Oro en polvo y en barra enviado por otros conductos: $ 1.853,931
Plata y ejes de plata por expreso: $ 52.600,214
Metales de baja ley trasportados por mar o ferrocarriles: $ 19.291,209
Total: $ 98.421,75
Y para que el lector asombrado acabe de formarse idea de la actividad que estas
grandes masas de metales en circulación, convendrá agregar que las tres casas
de moneda de Estados Unidos sellaron en 1877, la enorme cantidad de 72.131,434
pesos en la siguiente proporción:
La casa de moneda de Filadelfia: $ 18.339,414
La de San Francisco: $ 49.772,000
La de Carson (establecida en Nevada en 1870): $ 4,020,020
Total: $ 72,131,434
A la verdad, el oro y la plata circulan en tal abundancia en Estados Unidos que
la tesorería general de Washington (que no es un edificio sino una ciudad con 3
o 4 mil habitantes, es decir, empleados) suele tener en oro 150 millones de
pesos, los cuales vende o distribuye en el país a manera de maravilloso riego.
Según un diario de San Francisco, en solo dos meses (los de octubre y noviembre
del presente año) los Estados Unidos pagarían a sus acreedores internos por
intereses y amortización 42.500,000 pesos, casi un millón por día. Los Yankees
se hallan por consiguiente en este momento en plena inundación del Nilo. Según
el último censo de los Estados Unidos, la existencia de metales preciosos en el
orbe era, en 1880, de 14,100.000,000 de pesos, (6,100 millones oro y 8,060
millones plata), y los Estados del Oeste de aquel gran país se jactaban de
haber contribuido más que ningún otro centro a esa enorme acumulación. Los
Yankees, que todo lo representan por signos gráficos, ponen de manifiesto la
proporción de la producción actual de los metales preciosos por medio de los
siguientes diagramas cuyas proporciones comparativas van apuntadas en el centro
como sigue:
Estados Unidos: 1780
Australia: 1860
América Española: 908
Rusia: 900
Otros Países: 330
A este respecto puede consultarse un curioso libro recientemente publicado en
Chicago (1882), con el título The West: from the census of 1880, by
R.P. Porter.
[158] En estas cantidades no va naturalmente incluso el valor de los
varios metales producidos en aquellas regiones que suman diversos millones.
«Tan solo en el año de 1876, California produjo 75,674 frascos (flasks) de
azogue, y en el año subsiguiente 78,600 que valían no pocos millones de pesos
[159] En cuanto a los procedimientos de extracción
y beneficio usados en las minas de Estados Unidos son, más o menos, mismos
seguidos por nosotros, consistiendo la diferencia solo en la incalculable
inmensidad de los recursos; maquinaria, fuerza motriz, capital asociado, etc.,
que aquellos ingenios representan, y que probablemente están, respecto de
nuestras más pujantes y mejor montadas faenas y establecimientos, en la
proporción de uno a cien. El principal sistema de amalgamación usada en Nevada
es el de cubas de vapor del Dr. Veatch, que según el químico Kustel
es muy superior al de barriles. —Este autor estima también en alto grado el
anticuado sistema de amalgamación llamado de patio, en Chile, el Perú y Méjico,
en el cual todas las operaciones de la mezcla, azogamiento, etc., de los
metales se hace en canchas al aire libre, como en la dobla de
Arqueros, cuya cuenta publicamos en el lugar respectivo. «El sistema de patio
(the patio amalgamation), dice el químico citado, donde el agua y el
combustible son escasos, el mineral adecuado, y el clima favorable, es
excelente y en muchos casos no pude ser remplazado por los más
adelantados». — (Kustel. — Nevada and California. — Process
of silver and gold extraction, London 1868, pág. 128).
[160] Entendemos que el túnel de Sutro solo fue
terminado hace dos o tres años. Ea 1877 había recorrido poco más de 700 metros,
y según su inventor llegaba de costo 5 millones de pesos. Los principales
mineros de la veta de Comstock, que en ese año se reunieron para deliberar,
aceptaban solo la mitad de esa suma como base de la negociación que después
forzosamente hicieron.
[161] El verdadero valor venal de las minas no es
naturalmente el de sus metales sino su posición, recursos, caminos, etc. Una
mina de plata barra podría en realidad hallarse de tal manera situada que no
fuera negocio explotarla. Así, por ejemplo, el viajero Rae que visitó a Nevada
en 1871, dice en su obra Westicard by rail pág. 206, que
ciertas minas de Nevada produjeron los millones de pesos en plata, pero solo
dejaron una utilidad neta de medio millón. Todo lo demás era gastos.
[162] Para dar- una idea de la importancia de !a
producción y circulación metálica en los Estados Unidos, copiamos en se- guida
de la última memoria de la casa de Moneda de Filadelfia (octubre de 1882), las
siguientes cifras relativas a 1881:
«El consumo de metales preciosos en los Estados Unidos durante el año en las
varias artes y manufacturas era 12 millones de pesos en oro y 7 millones.de
pesos en plata. El metálico acuñado que existía en el país al principio del año
era de 430 millones 776 mil 753 pesos en oro y de 171.459,766 pesos en plata; y
al fin del año alcanzaba a 700 millones 236 mil 519 pesos y el 1° de octubre a
720 millones de pesos. Además había en la tesorería barras por valor 56
millones de pesos esperando su acuñación. El 1° de julio todo el metálico y el
papel del país era de 1,543.710,432 pesos. Al fin del año fiscal la tesorería
tenía en metálico y papel 319.504,0.55 pesos, los bancos 203 millones 833 mil
800 pesos, y el resto, 1,020.372,-577 pesos, estaba en circulación activa. La
misma memoria da cuenta del producto, acuñación y circulación en los países
principales del mundo. En veinte de los países mineros el producto durante el
año fué de 107.773,157 pesos en oro y 97.659,460 pesos en plata. La acuñación
de quince de los países era en 136.387,383 pesos y en plata100.705,824 pesos.
La circulación de treinta y cuatro países, casi todo el mundo civilizado, era:
papel, 3,825.220,078 pesos; oro, 3,353.673,748 pesos, y en plata 2,620.769,835
pesos, haciendo una circulación metálica total de 5,674.443, .583 pesos y de
papel y metálico de 9,799.666,661 pesos. De este total, 1,698.986,763 estaban
en los bancos y tesorerías nacionales, quedando en circulación en el mundo
entero 8,100.676,898 pesos.»
[163] Por la útil lección práctica que esto
contiene, extractamos. en el anexo del presente capítulo la sesión del Senado
en que ello tuvo lugar, no obstante la porfiada resistencia que el señor
Lastarria y en pos de él el autor de este libro, hicieron desde sus bancos al
repudio de la organización política y administrativa del desierto.
[164] Editorial de la República del
10 de noviembre de 1878. En enero de 1881, el minero y cateador del desierto
don Vicente Bañados, dirigió al autor de este libro varias cartas desde
Quillota, manifestando cómo él había sido, en 1875, el primer descubridor de
los salitres de Taltal y cómo avisado por él su hermano político, don Daniel
Oliva, había venido del Perú este inteligente industrial a implantar este
beneficio en aquellas de soladas regiones. Es curioso también recordar,
apropósito de descubrimientos, que, en Abisinia, lugar no del todo diferente de
Atacama, hay un paraje que se llama Taltal. Puede verse el libro titulado A
history of the Abisinian Expedition, by C. R. Marhham, London, 1869.
[165] Nuestro amigo y entusiasta minero don Carlos
Rowssell nos escribía con fecha 18 de setiembre último, en que la fiebre
cachinalera coincidió con la aparición del cometa, que él habla sido solicitado
desde hacía tres años para tomar parte como socio industrial en las minas de
Cachinal. La verdad es que éstas eran conocidas desde muy remoto tiempo, pero
no se las trabajaba por pobres, o más bien porque no había ferrocarril,
salitreras, aguadas, camino, puertos, vapores, etc.
[166] A propósito del nombre dado a la mina Descubridora
de Cachinal, tenemos una vaga idea de que el Consejo Universitario dispensó
el examen de Código de Minería al ilustre capitán que se ha hecho en Chile un
emblema universal. Respecto de los exámenes de derecho civil etc. aparece que
el capitán Prat los rindió a bordo de la Esmeralda, conforme a la
noticia que copiamos del acta del 20 de diciembre de 1872 y que dice así:
...«De una solicitud de don Arturo Prat Chacón, en la cual dice que por estar
desempeñando accidentalmente la comandancia de la Esmeralda y
la dirección de la escuela naval, no puede venir a Santiago a rendir los
exámenes de Código Civil primero y segundo año, Constitución Política de Chile
y derecho penal, y pide en consecuencia, que se le permita darlos en Valparaíso
ante una comisión nombrada por el Consejo Universitario . En vista de las
razones alegadas y de los especiales que se hicieron durante la discusión, se
accedió a esta solicitud y se nombró para que formara la comisión a don José
Alfonso, don José María Barceló y don Juan de Dios Vergara.
[167] El señor Ossa (Manuel) emprendió en abril
último, un gran reconocimiento del desierto en la región comprendida entre
Taltal y Chañarcillo con una caravana compuesta de 22 hombres,. 40 acémilas y
un perro. Esta caravana ha sido tal vez la más numerosa de cuantas se han
internado en el desierto, y la lámina, incorporada en este libro, de uno de sus
alojamientos, da idea de la composición. El señor Ossa ha gastado en esa
empresa, que todavía prosigue, mas de 20 mil pesos, pero el descubrimiento de
una sola mina hallada por uno de sus cateadores llamado José Campos (la
mina Galleguillos) le ha indemnizado de su patriótico empeño con el
triple. En el apéndice publicamos una interesante carta que este valeroso
explorador, que lleva el plomo en sus entrañas, pero no en su alma, nos
escribió en mayo último desde su campamento núm. 1. A última hora
se anuncia un nuevo y fenomenal descubrimiento de esta caravana en la Sierra de
Pingo, al norte de Tres Puntas.
[168] Informe del ingeniero de ruinas de la
provincia de Atacama don José Antonio Vadillo, escrito en Valparaíso el 17 de
setiembre último. Un minero práctico que visitó a Cachinal en ese mismo día,
viniendo desde Antofagasta, se expresaba sobre la extraña composición de ese
mineral en los términos siguientes:
“Observando el panizo hasta 80 metros se ve que se compone de diorita y las
vetas, que varían de un metro a tres de ancho, pueden considerarse como grandes
inyecciones de pórfido que han atravesado este terreno. Este pórfido soporta,
diremos así, por el muro superior la veta verdadera que es una cuarcita con
ancho más o menos variable, la cual contiene un metal de buena ley que se
compone de cloruro y sulfuro de plata, carbonato y sulfuro de plomo y plata
gris, la que descomponiéndose hace ver los verdiones que se observan en la
veta, llevando también el pórfido beneficio variable.”
“Como se encuentra perfectamente definida la separación del pórfido de la
cuarcita, se llega a opinar por algunos que esta una formación de dos vetas
enteramente distintas, siendo esta última mucho más joven, habiendo logrado
abrirse paso por medio del pórfido y colocarse generalmente en la caja
naciente, aunque en algunas partes aparece en medio de este último.”
“La veta de la Arturo tiene 2 metros de ancho en la superficie, disminuyendo en
hondura. El rumbo es de 45 N. O. y como hemos dicho, de recuesto muy variable.”
“EI metal que se obtuvo en el trabajo de la superficie fué al principio de 20 a
30 marcos que no convenía mandar a la costa; pero tan pronto se hizo el alcance
de que hemos hablado, su lei aumentó notablemente y principiaron a remitirse a
Antofagasta de 80 a 100 marcos. Existe cerca del pique del malacate un gran
rasgo que se extendió en buen beneficio hasta 45 metros, desde donde hasta
planes se ha estado sacando solamente metales de labor, dejando los puentes
respectivos, los que han venido a manifestar o dar una idea de la importancia
de la mina.”
“E1 trabajo que se sigue es de piques y frontones, teniendo los primeros cinco
metros de hondura y distando entre si desde 15 hasta 30 metros. Los macizos que
se forman de esta manera son demasiado delgados a nuestro juicio, y
modificándolo, en el sentido de un mayor grueso, creemos que se consultarían
tanto los deseos de los directores del trabajo como también los intereses de
los dueños. Por otra parte, creemos también que debe variarse el escaleraje
actual que presta muy poca comodidad y seguridad a los operarios.”.
“Una observación atenta nos permitió constatar que a mas de tener la mina
muchos cruceros cuyo espesor varía entre un centímetro y decímetros, une la
gran ventaja de la no existencia de chorros, que pueden dislocarla o hacerla
sufrir cualquier accidente serio ya de dirección, ya de otro género, lo que
permite augurar que marcha uniforme y con regularidad a mayor hondura”.
[169] «Obsérvese que la palabra cachi, dice el
doctor Philippi en sus Viajes citados (pág. 17), es del idioma quichua y quiere
decir salado o salobre.» Pero desde que el mineral de Cachinal es cuarzoso como
acabamos de ver, se hace mas presumible que el nombre se refiere a la sustancia
mineral (cachi) que el diccionario de la lengua define como «una especie
de piedra blanca, semejante al alabastro, que contiene algunas partes de plomo
y se encuentra en las minas argentíferas de América»,
[170] Las 24 barras de la Arturo Prat quedaron
distribuidas de esta manera. La gran compañía se fundó con 12 barras y a éstas
han debido incorporarse más tarde 4 barras adjudicadas por el señor Barazarte a
los menores hijos de don José Antonio Moreno. —La Compañía Minera se estableció
sobre tres barras vendidas por el descubridor, Simón Figueroa, a razón de 1,000
pesos barra, y la Esmeralda sobre cuatro barras enajenadas en compañía por el
descubridor Peñafiel a un señor F. de Bustos, y por éste a los apreciables
hermanea don Juan y don Joaquín Walker, en la suma de 185 mil pesos
La barra que hace falta para completar la cuenta, había sido comprada por el
doctor don Joaquín Noguera en 10,000 pesos y ésta fué enajenada por 70,000
pesos con cargo de devolución cuando los compradores se hubiesen cubierto del
doble de esta suma. En cuanto a las fluctuaciones que en el mercado han tenido
las acciones de estas compañías, he aquí algunas tomadas de los boletines de
los diarios en sus épocas:
Compañía Arturo Prat , — (Setiembre 13) 135 pesos, (setiembre 20)
130 pesos, (setiembre 23) 135 pesos, (octubre 24) 105 pesos, (noviembre 24) 98
pesos.
Compañía minera . — (Setiembre 13) 330 pesos, (setiembre) 20) 328
pesos, (setiembre 23) 345 pesos, (octubre 24) 265 pesos.
Esmeralda . — (Emitidas a 70 pesos), (setiembre 13) 220 pesos,
(setiembre 20) 225 pesos, (setiembre 23) 255 pesos, (octubre 24) 150 pesos.
La Sociedad Beneficiadora establecida junto a la aguada de Cachinal, ea 1881,
en un espacio cercado de 170 metros de largo por 140 de ancho, bajo la
dirección del ingeniero alemán Busiemis, ha visto descender sus acciones que,
en octubre se cotizaban por 3,000 pesos a 1,500 pesos (noviembre 24), es decir,
a la mitad.
Por lo demás, estas perturbaciones del mercado y del criterio son comunes a
todos los países y a todos los descubrimientos como lo hemos dejado demostrado
al hablar de Nevada y de sus agios. “Toute decouverte (dice un mineralogista
ilustre), toute explotation de mine est for instants la cause de fortunes
inesperées que troublent toutes les cervelles, et quelqae fois tout d'abord
celle de l'heureux gagnaut. C'est une loterie et des plus dangereuses B. —
(Simonin. — Le Monde Americain, pág. 331).
[171] Artículo publicado en El Ferrocarril del
7 de octubre de 1882 con el título de Fiebre Minera.
[172] Pissis. — Memoria citada de 1858 .—Entre los
anexos publicamos algunos de los cálculos y reflexiones que sobre este
particular formula este distinguido mineralogista.
[173] Según un croquis (no oficial) que a
principios de noviembre tuvimos ocasión de ver en Viña del Mar, los
reconocimientos verificados en tres piques o galerías de las pertenencias de la
descubridora, abrazaban sola un espacio de 180 metros de corrida, quedando por
reconocerse 248 metros de pertenencia hacia el norte y 23'mas hacia el sur. La
lei del metal, en oposición a lo que se ha observado casi siempre en
Chile, mejora en profundidad, siendo por este motivo aquel asiento
uno de esos minerales que los mineros llaman “en A”, en oposición a los
minerales “en V”, que tienen su beneficio en la superficie y angostan hacia el
fondo.
Se nos informa también que al nombrarse un experto administrador para las minas
descubridoras, se va a labrar un pique central de extracción, y esto hará al
mineral tanto bien como mal verdadero le han originado los piques de la calle
de Huérfanos.
[174] Se puede asegurar que no pasa un solo día sin
que los diarios de la capital y los periódicos de provincia, dejen de registrar
algún nuevo alcance, o cateo, o descubrimiento o derrotero, y los que dejamos
nombrados son apenas los más serios o los más bullados. En el último lugar del
anexo de este último capítulo publicamos, conforme a nuestra promesa, algunos
datos curiosos sobre el derrotero del chango Aracena y otros descubrimientos no
menos dignos de atención para los que en las minas no solo buscan pesos fuertes
sino ilusiones.
Un punto de importancia a que nos permitimos llamar la atención de los hombres
de influencia política de nuestro país, es a la necesidad absoluta, que resalta
de la lectura del presente libro, de acometer la reforma inmediata del Código
de Minería vigente, que ha sido un verdadero retroceso para esta industria. En
este sentido, además de los numerosos libros y folletos a que nos hemos
referido en este volumen, pueden consultarse las siguientes publicaciones:
Ley y reglamento de contribución cíe minas , Lima, 1877.
Explotación de minas , por Enrique Fonseca, 1873.
La minería nacional y las causas de su poco desarrollo , por
Guillermo A. Walker, Valparaíso, 1871. . Establecimientos fiscales de
minas y fundiciones de Alemania , por Gustavo Gabler, Santiago, 1875.
La situación económica , por M. Concha y Toro, 1876.
Proyecto de reforma del Código de Minería , por José María
Goyenechea, Copiapó, I882.
[175] Como el lector probablemente lo recordará, el
año de 1848 fué el del descubrimiento de Tres Puntas, el Retamo, etc., la gran
edad de la plata en Atacama.
“«Por esa época, decía un diario del Norte en el mes de octubre último,
recordando aquella estupenda bonanza, anunciábase al mundo la minería, con los
descubrimientos de los minerales más famosos del país y de ambos continentes.
Chañarcillo, Tres Puntas, Lomas Bayas, Manto del Indio, Jesús María, Chañaral,
Carrizal, Cachiyuyo y otros muchos filones ricos y fecundos en pastas
minerales.”
“Copiapó era un nuevo California, Cerro Blanco, Somolanas, Ojancos, Zapallar,
Mantos de Oro, Chanchoquin, Ladrillos, Puquios, y demás centros de actividad
industrial, eran los ricos placeres que daban celebridad y riqueza a esta
laboriosa ciudad.”
“Copiapó, como California, Potosí, Valenciana de Méjico, Famatina, Las Condes,
Cerro de Pasco, era un gigantesco emporio de riqueza que había llamado la
atención con su prestigio y reputación, de los más exaltados viajeros europeos
y americanos. Atacama era por ese tiempo lo que será más tarde Villa-Rica, ese
depósito grandioso de riquezas minerales hecho por Dios para la felicidad de
Chile”.
[176] El ministro Lastarria al solicitar la
aprobación de su proyecto que presentara antes como senador, obedecía y a una
convicción tan pro funda como antigua y bien inspirada. En sus ya citadas
carias al ministro de Bolivia señor Frías en 1872 decía en efecto estas
palabras: «La infatigable industria minera de Chile había ya plantado su
pabellón en la costa del desierto, convirtiendo en puertos accesibles al
comercio y a la navegación las caletas de Flamenco, Chañaral, Pan de .Azúcar y
Taltal. Esa misma industria, atraída por los veneros de Caracoles, nombre que
Díaz Gana dio a su nuevo mundo, ha improvisado en seis meses una población de
más de cien casas en .Antofagasta y otra de más de doscientas en Mejillones,
con casas de crédito y de comercio, destilaciones de agua salada, empresas de
acarreo y de otras especulaciones.
Es digna de atención la invasión de esta industria en la costa del desierto. En
Chañaral, los ingenios de fundición, como en las demás caletas pobladas, han
sido los iniciadores. Una población mayor que la de Caldera se ha aglomerado
ahí, levantado una ciudad regular, donde no había más que negras rocas y
ardiente arena. La autoridad no ha aparecido sino para hacer política, cuando
hubo electores; para despotizar, cuando hubo habitantes; para cobrar
contribuciones, cuando hubo metales que exportar, cuando hubo tráfico en calles
y caminos, que ella no había trazado y para los cuales no había dado un solo
peso. .Se extienden rieles, la locomotora silba y remonta hasta cuarenta millas
en el desierto. El gobierno no había tenido parte en ello, pero con el protesto
de que la locomotora ahuyenta las carretas, le impone una fuerte patente de
peaje, y deja subsistente, sin embargo, la que pagan aquellos vehículos. Así se
protege el desarrollo de aquella industria tan activa, tan poderosa, y que
proporciona a Chile, no solo un nuevo territorio, sino también las cinco sextas
partes del valor de sus exportaciones.»
Esto decía el publicista al comenzar su carta (pág. 6), y al ponerle fin (pág.
88) agregaba a propósito del viaje de Philippi.—«Yo que estudiaba el desierto
desde que fui minero en Tres Puntas en 1852, que había recogido datos preciosos
de todos los que lo conocían y que me sentía fuerte mente atraído por el
interés científico, traté de levantar el crédito de esta región en un estudio
crítico de la obra de aquel sabio; pero a pesar de todo eso, el desierto de
Atacama y no inspiró más interés, y los dominadores de Chile continuaron
apreciándolo solo como un gran territorio que convenía defender, por si acaso.
[177] Los mineros del desierto no parecen haber
olvidado fácilmente este singular debate, porque en una carta de Pan de Azúcar
escrita al autor de este libro, el 24 de agosto de 1882, un antiguo e-
inteligente cateador se expresaba en los términos siguientes:
«Desde antes que yo fuera humilde empleado de la Nación in, me penetré de la
importancia de esta olvidada parte del país, haciendo, en distintas ocasiones,
publicaciones que despertasen algún interés en los ánimos especuladores. Casi
al mismo tiempo, envié algunas cartas a personas influyentes con el objeto de
que consiguiesen la recalada periódica de vapores que facilitasen al hombre
cateador el medio de introducirse y ejercer su penosa tarca. Todas ellas fueron
cortesmente contestadas, pero, como con ofrecer nadie ha quedado pobre, no pasó
más allá esa galantería de palacio y altas regiones. Solo Ud., que menos
interés tenia, empleó su palabra en bien del desierto, que si no hubiera sido
por la falta de datos con que sostuvo la importancia de estos rincones y la
mezquindad de los gobernantes, no lo habría hecho hacer alto el senador don
Pedro L. Gallo, el que menos conoció el desierto y el único que no debió hablar
en su contra»
[178] A este mismo respecto será oportuno dejar
constancia en este libro del siguiente pasaje de la ya célebre vista que el
fiscal de la Corte Suprema señor Vargas Fontecilla evacuó el 27 de setiembre
último, a propósito de la constitución legal de la Sociedad Arturo Prat y cuyo
importante documento ha sido materia de tantas opiniones y divergencias.
«Hay actualmente en nuestras plazas gran abundancia de capitales que buscan
colocación; y esta circunstancia, junto con la de ser de suyo halagüeñas las
empresas mineras, hace que toda empresa de esta clase sea recibida del público,
o más bien, de una porción considerable de él, como una riqueza efectiva, y que
muchos se apresuren a pagar las barras de minas o las acciones de sociedades
mineras por dos o tres tantos más de lo. que valen. El resultado de esta fiebre
que se apodera de los espíritus es que se crea una masa do valores enteramente
imaginarios, los cuales circulan y sirven por algún tiempo de base a los
negocios y al movimiento del comercio en general. Llega después el desengaño;
los valores imaginarios se desvanecen, y el comercio que giraba sobre esa base,
sufre una perturbación profunda. Está muy reciente el ejemplo que nos dejó
Caracoles con todas sus sociedades anónimas y con todos los fraudes que la especulación
y la codicia emplearon en ellas, para que haya necesidad de recordarlo aquí. La
funesta crisis económica de que hace poco tiempo hemos salido, tuvo en gran
parte por causa los abusos de todo género que entonces se cometieron a la
sombra de una riqueza que la imaginación exaltada centuplicaba a su placer.
¿Podrá el Supremo Gobierno mirar con ojo indiferente un mal tan grave que
amenaza repetirse a pesar de las terribles lecciones de la experiencia? Podrá
permitir' la creación de esta clase de sociedades, o más bien dicho, podrá
cooperar a su creación sin tomar medida alguna que precava al público de las
ilusiones de que puedo ser víctima? Según los principios capitales de nuestro
derecho público, el Gobierno es el gran tutor de la comunidad chilena, y como
tal está encargado de remover los peligros y de obviar los males que la
amenacen, haciendo uso para ello de las facultades que la Constitución y las
leyes le tienen dadas. Por consiguiente, si se divisa un mal en la creación
repetida e inconsiderada do las sociedades anónimas; mineras, deber del
Gobierno es prevenir ese mal por todos los medios que están en su mano.»

