Libro N° 8862. Cómo Funciona El Marxismo. Harman, Chris.
© Libro N° 8862. Cómo Funciona El Marxismo. Harman, Chris. Emancipación. Julio 24 de 2021.
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Cómo Funciona El Marxismo. Chris Harman
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Chris Harman
Cómo Funciona El Marxismo
Chris Harman
Primera publicación: En en inglés
en Londres en 1997 con el título, How Marxism Works.
Traducción: Del portugués y el inglés al castellano, por Carla Modernell,
Marina Rivero y Sofía Rivero para En Lucha y El mundo al revés.
Edición en castellano: El mundo al revés, diciembre de 2001.
Esta edición: Noviembre de 2009, en base al texto de El mundo al revés.
1. Introducción
2. Por qué necesitamos la teoría marxista
3. Comprendiendo la historia
4. Lucha de clases
5. Capitalismo. ¿Cómo se inicio el sistema?
6. La teoría del valor-trabajo
7. Las crisis económicas
8. La clase trabajadora
9. ¿Cómo se puede transformar la sociedad?
10. ¿Cómo se vuelven revolucionarios los trabajadores?
11. El partido socialista revolucionario
12. Imperialismo y liberación nacional
13. Marxismo y feminismo
14. El socialismo y la guerra
_____________________________________________________________________________
Cómo funciona el marxismo
Introducción
Existe el mito muy difundido: "el marxismo es complicado".
Este ha sido propagado por los enemigos del socialismo -Harold Wilson, un
importante líder laborista británico, se ufanaba de nunca haber sido capaz de
ir más allá de la primera página de El Capital. Y es un mito que también ha
sido respaldado por un tipo particular de académicos, que se dicen
"marxistas": ellos deliberadamente utilizan frases oscuras y
expresiones místicas, con el fin de dar la impresión de que poseen un conocimiento
especial, negado a otros. Por lo tanto nada hay de sorprendente, en que muchos
socialistas que trabajan 48 horas semanales en fábricas, minas y escritorios,
acaben concibiendo al marxismo como algo que nunca tendrán tiempo u oportunidad
de entender.
En realidad las ideas básicas del marxismo son particularmente simples.
Ellas explican, como ningún otro conjunto de ideas consigue hacerlo, la
sociedad en que vivimos. Estas ideas posibilitan entender un mundo destrozado
por las crisis, con pobreza en medio de tanta riqueza, con golpes de estado y
dictaduras militares, en el que invenciones fantásticas llevan a millones al
desempleo y la miseria, donde existen "democracias" que toleran la
acción de torturadores y países "socialistas" que amenazaban a la población
de otros países con misiles nucleares.
Pero aunque el marxismo no sea difícil, existen algunos problemas para
el lector que toma contacto con los escritos de Marx por primera vez. Marx
escribió hace más de 100 años. Utiliza el lenguaje de su tiempo, realiza
referencias a personas y eventos entonces familiares para casi toda la gente,
pero ahora conocidos solamente por historiadores especializados. Recuerdo mi
perplejidad, cuando estando en la Facultad intenté leer su obra El 18 Brumario
de Luis Bonaparte. No sabía que significaba Brumario, ni quien era Luis
Bonaparte. ¡Cuántos habrán abandonado sus tentativas de aproximarse al
marxismo, después de experiencias como esta!
Aquí se halla la justificación para este pequeño libro. Pretende brindar
una introducción a las ideas marxistas, que haga más fácil a todos la
comprensión de lo que Marx planteaba y entendía, y el desarrollo del marxismo
de la mano de los aportes de Federico Engels, Rosa Luxemburg, Vladimir Lenin,
León Trotsky y un grupo de pensadores menores.
La mayoría de lo que esta escrito en este folleto, apareció en una serie
de artículos publicados en el Socialist Worker bajo el título "Marxism
Made Easy" [Marxismo para todos]. Pero con el agregado de una cantidad
importante de material nuevo. Este proviene de dos intentos anteriores de
proveer una exposición simple de las ideas de Marx: El Significado del Marxismo
de Duncan Hallas, y la "Serie de Educación Marxista" del Comité de
Norwich del Socialist Workers Party de Gran Bretaña.
Chris Harman
Capítulo 1
Por qué necesitamos la teoría marxista
¿Por qué necesitamos una teoría? Sabemos que hay crisis. Sabemos que
somos robados por nuestros patrones. Sabemos que esto nos indigna. Sabemos que
necesitamos el socialismo. Todo lo demás es sólo para intelectuales. A menudo
pueden escucharse palabras como estas venir de militantes sindicales y
socialistas. Tal visión es promovida fuertemente por aquellos que están en
contra del socialismo, quienes intentan dar la impresión de que el marxismo es
una teoría oscura, complicada y aburrida.
Ellos dicen que las ideas socialistas son "abstractas". Pueden
parecer muy correctas en teoría, pero el sentido común nos dice absolutamente
lo contrario. El problema con esos argumentos es que las personas que los
defienden, tienen su propia "teoría" de las cosas, aunque se nieguen
a reconocerlo. Si uno les pregunta sobre cualquier aspecto de la sociedad,
ellas responderán con alguna generalización. Estos son algunos ejemplos:
"Las personas son naturalmente egoístas".
"Cualquiera puede triunfar en la vida, si se esfuerza lo
suficiente".
"Si no hubieran ricos, no habría gente con dinero para proveernos
de empleos". "Si pudiésemos educar a los trabajadores, la sociedad
cambiaría".
"Es la decadencia moral lo que ha llevado al país a este estado de
cosas".
Uno puede escuchar afirmaciones como estas en cualquier discusión en la
calle, en un ómnibus o en un boliche. En todas y cada una de ellas está
presente una visión sobre las razones de por qué la sociedad es como es, y
sobre cómo las personas pueden mejorar sus condiciones de vida. Tales visiones,
son "teorías" sobre la sociedad. Cuando las personas dicen que no
tienen una teoría, lo que realmente quieren decir es que ellas no han
clarificado sus concepciones.
Esto es particularmente peligroso para quienes estamos intentando
cambiar la sociedad, puesto que los diarios, las radios y la televisión están
llenando permanentemente nuestras mentes con explicaciones del caos en que se
encuentra la sociedad. Esperan que aceptemos lo que ellos dicen sin pensar más
en esos temas. Pero uno no puede luchar efectivamente para cambiar esta
sociedad, si no aprende a reconocer lo que es falso en todos esos argumentos y
explicaciones diferentes.
Esto tuvo demostración por primera vez hace 150 años. Entre las décadas
de 1830 y 1840 el desarrollo de la industria en regiones como el noroeste de
Inglaterra arrastró a cientos de miles de hombres, mujeres y niños a trabajos
con pagas miserables. De hecho, fueron forzados a soportar condiciones de
increíble pobreza. Ellos comenzaron a luchar contra esta realidad, creando las
primeras organizaciones de masas de los trabajadores -los primeros sindicatos,
y en Gran Bretaña el primer movimiento por derechos políticos para los
trabajadores, el cartismo. Junto con esos movimientos surgieron los primeros
pequeños grupos de personas dedicadas a la causa de la conquista del
socialismo.
Inmediatamente surgió el problema sobre cómo podría el movimiento obrero
alcanzar este objetivo. Algunas personas decían que por medios pacíficos sería
posible convencer a quienes dominan la sociedad de cambiar las cosas. La
"fuerza moral" de un movimiento pacífico de masas, aseguraría que
fuesen concedidos beneficios a los trabajadores. Centenares de miles de
personas se organizaron, movilizaron y trabajaron para construir un movimiento
basado en esas concepciones -solamente para acabar derrotados y desmoralizados.
Otros reconocieron la necesidad de usar la "fuerza física",
pero concluyeron que esto solo podía ser realizado por pequeños grupos de
conspiradores, aislados del resto de la sociedad. Esto también condujo a
decenas de miles de trabajadores a luchas para acabar también derrotados y
desmoralizados. Había otros además, que consideraban que los trabajadores
podían alcanzar sus objetivos a través de la acción económica, sin confrontar
al ejército y a la policía. También estos argumentos llevaron a acciones masivas.
Durante 1842, en Inglaterra se realizó la primera huelga general de la
historia, llevándose a cabo en las áreas industriales del norte, con decenas de
miles de trabajadores parando por cuatro semanas, hasta ser forzados a retornar
al trabajo fruto del hambre y las privaciones.
Fue al final de esta primer etapa de derrotas en las luchas obreras, en
1848, que un socialista alemán, Karl Marx, expuso el conjunto de sus ideas en
un trabajo llamado El Manifiesto Comunista. Sus ideas no venían de la nada.
Ellas intentaban proporcionar una base para responder a todas las interrogantes
que habían sido levantadas por el movimiento obrero de su época. Las ideas que
Marx desarrolló son relevantes todavía hoy. Es absurdo decir, como algunas
personas hacen, que estas ideas están pasadas de moda porque fueron escritas
150 años atrás. De hecho, todas las nociones de la sociedad que Marx defendió,
están todavía muy extendidas. Los cartistas discutían si "fuerza
moral" o "fuerza física", y los socialistas de hoy discuten si "vía
parlamentaria" o "vía revolucionaria". Entre aquellos que son
revolucionarios la discusión entre posiciones contrarias o favorables al
"terrorismo" está tan viva hoy como lo estaban en 1848.
Los idealistas
Marx no fue la primera persona en intentar describir lo que venía
ocurriendo en la sociedad. En el tiempo en que él escribía, nuevas invenciones
en las fábricas proporcionaban riquezas en una escala nunca soñada por las
generaciones precedentes. Por primera vez parecía que la humanidad tenía los
medios para defenderse contra las calamidades naturales que nos habían azotado
en épocas anteriores.
Pero esto no significó ninguna mejora en la vida de la mayoría de las
personas. Más bien todo lo contrario. Los hombres, las mujeres y los niños que
trabajaban en las nuevas fábricas, llevaban una vida mucho peor que sus
abuelos, que trabajaban en el campo. Sus salarios no daban para mantenerles por
encima de la línea de pobreza, y las crisis periódicas de desempleo acababan
por dejarlos bien por debajo de la misma. Vivían amontonados en tugurios
miserables, sin condiciones sanitarias apropiadas, a merced de terribles
epidemias. En vez de traer la felicidad y el bienestar general, el desarrollo
de la civilización estaba dando origen a una miseria mucho mayor.
Esto no fue solo advertido por Marx, sino también por otros grandes
pensadores del período -gente como los poetas ingleses Blake y Shelley, los
franceses Fourier y Proudhon, y los filósofos alemanes Hegel y Feurbach. Estos
últimos daban el nombre de "alienación" al estado de infelicidad en
el cual se encontraba la humanidad -un término que todavía puede escucharse con
frecuencia. Por alienación Hegel y Feuerbach entendían que los hombres y las
mujeres continuamente se encontraban dominados y oprimidos por lo que ellos
mismos habían hecho en el pasado. Por esta razón, decía Feuerbach, la gente
desarrolló la idea de Dios -y se inclinaron ante ella, sintiéndose miserables
por tener que vivir de acuerdo a aquello que ellos mismos habían creado. Cuanto
más avanza la sociedad, más miserables y "alienadas" se volvían las
personas.
En sus primeros escritos, Marx tomó la noción de "alienación"
y la aplicó a aquellos que crean la riqueza de la sociedad.
El trabajador se vuelve más pobre cuanto más produce, y cuanto más crece
el poder y alcance de su producción... El aumento en el valor del mundo de las
cosas ocurre en proporción directa con la desvalorización del mundo de los
hombres... Los objetos que el trabajo produce se presentan ante el trabajador
como algo ajeno a él, como un poder independiente al productor...
En tiempo de Marx, las explicaciones más populares sobre lo que estaba
mal en la sociedad, eran de naturaleza religiosa. La pobreza de la sociedad,
decían, existía porque las personas no conseguían hacer lo que Dios quería que
hiciesen. Si todos "renunciáramos al pecado", las cosas serían
mejores. Una visión similar y frecuentemente escuchada en estos días, niega
cualquier carácter religioso. Ella afirma que "para cambiar la sociedad,
necesitamos primero cambiar nosotros mismos". Si las mujeres y los hombres
se liberaran de su "egoísmo" y de su "materialismo" (y
ocasionalmente de sus obsesiones) la sociedad se volvería automáticamente
mejor. Una visión parecida a esta plantea no el cambio de todos los individuos,
sino el de algunos individuos claves aquellos que ejercen el poder en la
sociedad. La idea es intentar que los ricos y poderosos "entren en
razón".
Uno de los primeros socialistas británicos, Robert Owen, comenzó
intentando convencer a algunos empresarios para que fueran bondadosos con sus
trabajadores. La misma idea todavía es dominante entre los líderes del Partido
Laborista británico, incluida su ala izquierda. Y esto se nota cuando ellos
juzgan los crímenes de las patronales como "errores", como si un poco
de convencimiento pudiera persuadir a los grandes empresarios de aflojar su
presión sobre la sociedad.
Marx se refiere a todas estas visiones como "idealistas". No
porque él estuviera en contra de que la gente tuviera "ideales", sino
porque esas visiones consideran que las ideas existen aisladas de las
condiciones en las cuales viven las personas. Las ideas de las personas están
íntimamente ligadas al tipo de vida que ellas son capaces de vivir. Vamos a
tomar al "egoísmo" como ejemplo. La actual sociedad capitalista
estimula el egoísmo -incluso entre aquellas personas que intentan sacrificar
sus propios intereses en beneficio de los demás. Un trabajador que intenta
hacer lo mejor por sus hijos, o ayudar a sus padres a tener una vida mejor en
la vejez, descubre que el único método para realizar esas cosas es luchar
continuamente contra las demás personas -conseguir un empleo mejor, hacer más
horas extras, ser el preferido del patrón, etc. En esta sociedad no nos podemos
librar del "egoísmo" y de la "ambición" apenas cambiando la
mentalidad de los individuos.
Es todavía mas ridículo hablar de cambiar la sociedad a través de
cambiar las ideas de capitalistas y gobernantes. Supongamos que conseguimos
conquistar a un gran empresario para las ideas socialistas y él deja de
explotar a sus trabajadores. Este empresario simplemente perdería en la
competencia con los empresarios rivales y quedaría fuera del negocio. Incluso
para aquellos que gobiernan la sociedad lo que importa no son las ideas, sino
la estructura sobre la cual se apoyan esas ideas.
Esto se lo puede decir de otra manera. Si las ideas son las que pueden
cambian la sociedad, es importante saber de dónde vienen las ideas. Vivimos en
un determinado tipo de sociedad. Las ideas divulgadas por los periódicos, la
televisión, el sistema educativo y demás, defienden este tipo de sociedad.
Entonces: ¿Cómo es que las personas pueden ser capaces de desarrollar ideas
completamente nuevas y diferentes? Porque las experiencias de la vida cotidiana
contradicen las ideas oficiales sobre nuestra sociedad. Por ejemplo, no podemos
explicar que muchas menos personas sean religiosas hoy que hace 100 años,
solamente porque sea grande la divulgación de las ideas ateas. Al contrario, es
preciso explicar por qué las personas adoptan estas ideas de un modo que no lo
hacían 100 años atrás.
De la misma manera, si quisiéramos explicar la capacidad de liderazgo de
los "grandes hombres", tenemos que explicar primero por qué las
personas concuerdan en seguirlos. No alcanza decir, por ejemplo, que Napoleón o
Lenin cambiaron la historia, sin explicar por qué millones de personas
aceptaron hacer lo que ellos proponían. Al final, ellos no eran especialistas
en hipnosis colectiva. Alguna cosa en cierto momento en la vida de la sociedad
llevó a las personas a sentir que lo que ellos proponían parecía correcto. Sólo
llegaremos a entender cómo las ideas cambian la historia, si comprendemos de
dónde vienen las ideas y por qué las personas las aceptan. Esto significa
intentar conocer, además de las ideas, las condiciones materiales de la
sociedad en la cual ellas surgen. Por esto es que Marx insistía en que "no
es la conciencia la que determina el ser social, sino el ser social el que
determina la conciencia".
Capítulo 2
Comprendiendo la historia
Las ideas por si mismas no pueden cambiar la sociedad. Esta fue una de
las primeras conclusiones de Marx. Al igual que muchos pensadores antes que él,
Marx insistía en que para entender la sociedad era preciso entender a los seres
humanos como parte del mundo material. El comportamiento humano estaba
determinado por fuerzas materiales igual que cualquier otro objeto natural. El
estudio de la humanidad es parte del estudio científico del mundo natural. Los
pensadores que defendían esta concepción eran llamados materialistas.
Marx consideraba el materialismo como un gran avance en relación a las
variadas concepciones idealistas y religiosas de la historia. Significaba que
se podía discutir científicamente sobre las condiciones del cambio social y
este no dependía más de las súplicas a Dios y de un "cambio
espiritual" en las personas. El reemplazo del idealismo por el
materialismo era el reemplazo del misticismo por la ciencia. Pero no todas las
explicaciones materialistas de la conducta humana son correctas. Así como ha
habido teorías científicas equivocadas en biología, química o física, ha habido
intentos fallidos de desarrollar teorías científicas de la sociedad. A
continuación algunos ejemplos.
Una visión materialista muy difundida, no marxista, es aquella que
considera a los seres humanos simples animales, que se comportan
"naturalmente" de cierta forma. Del mismo modo en que la naturaleza
del lobo sería la de matar y la de la oveja ser pacífica, la naturaleza del
hombre sería la de ser agresivo, dominador, competitivo y ambicioso (así como
las mujeres estarían destinadas a ser dóciles, sumisas, respetuosas y pasivas).
Una reciente formulación de esta visión puede ser hallada en el libro de gran venta
The Naked Ape [El Mono Desnudo]. Las conclusiones que son extraídas en el libro
son invariablemente reaccionarias. Si los hombres son naturalmente agresivos,
no tiene ningún sentido intentar mejorar la sociedad. Las cosas siempre van a
llegar al mismo lugar. Las revoluciones "siempre fracasarán".
Pero, la verdad, es que la "naturaleza humana" varía de
sociedad a sociedad. Por ejemplo, la competencia, que es entendida como propia
de nuestra sociedad, raramente existió en muchas de las antiguas sociedades.
Cuando los científicos intentaron por primera vez aplicar tests para medir el
coeficiente intelectual en los indios Sioux, descubrieron que ellos no
conseguían comprender por qué no se podían ayudar unos a otros en las pruebas.
En la sociedad en que ellos vivían se enfatizaba la cooperación, no la competencia.
Lo mismo ocurre con la agresividad. Cuando los esquimales se encontraron por
primera vez con los europeos, no tenían la menor idea de lo que era una
"guerra". La idea de un grupo de personas intentando aniquilar a otro
grupo les parecía absurda. En nuestra sociedad se considera natural que los
padres amen y protejan a sus hijos. En la ciudad de Esparta, en la Grecia
antigua, se consideraba "natural" llevar a las criaturas a lo alto de
las montañas y abandonarlas allí para medir su capacidad de resistir al frío.
Las teorías que defienden una "naturaleza humana inmutable" no
pueden ofrecer una explicación de los grandes acontecimientos de la historia.
Las pirámides de Egipto, las maravillas de la Grecia antigua, los imperios
romano e incaico y la moderna ciudad industrial, son colocados al mismo nivel
que los campesinos ignorantes que vivían en las chozas inmundas de la Edad
Media. Todo lo que importa es un "mono desnudo" -no las grandiosas
civilizaciones que el "mono" construyó. Siendo irrelevante que
algunas formas de sociedad hayan sido capaces de alimentar a los
"monos", mientras otras dejan a millones morir de hambre.
Muchos aceptan una concepción materialista diferente, que enfatiza lo
necesario de cambiar el comportamiento humano. Igual que los animales pueden
ser entrenados para comportarse en forma diferente en un circo que en la
jungla, el comportamiento humano también podría ser cambiado. Bastaría con que
las personas adecuadas tomasen el control de la sociedad, para que la
"naturaleza humana" fuese transformada. Esta visión es ciertamente un
gran paso frente a la del "mono desnudo". Pero falla al momento de
explicar la transformación de la sociedad como un todo. Si todos están
absolutamente condicionados en la sociedad de nuestros días: ¿cómo alguien
podría colocarse por encima de los otros y poner en funcionamiento los
mecanismos que condicionaran los cambios sociales? ¿Sería una especie de
minoría escogida por Dios para ser inmune a las presiones que dominan a todos
los demás? ¿Si todos somos animales en un circo, quién podría ser el domador de
leones?
Aquellos que sustentan esta teoría terminan diciendo que la sociedad no
puede cambiar (como en el "mono desnudo") o creen que los cambios
sólo podrían ser realizados desde fuera de la sociedad por Dios, o los
"grandes hombres", o por el poder de las ideas individuales. Su
"materialismo" nos lleva a una nueva versión del idealismo que entra
por la puerta de atrás. Como señaló Marx, esta doctrina acaba necesariamente
por dividir la sociedad en dos partes, una de las cuales sigue siendo superior
a la otra. Esta concepción "materialista" es, en general,
reaccionaria. Uno de los más conocidos partidarios de esta visión, es un
psicólogo de derecha llamado Skinner. El propone condicionar a las personas
para que se comporten de ciertos modos. Pero como él mismo es un producto de la
sociedad capitalista norteamericana, su "condicionamiento" persigue
simplemente que las personas se conformen con esa sociedad.
Otra visión materialista culpa a la "presión demográfica" de
toda la miseria del mundo (es común que se llame malthusianismo a esta
concepción, ya que fue Malthus, un economista inglés del siglo XVIII el primero
en desarrollarla). Pero esta no puede explicar por qué en los Estados Unidos,
por ejemplo, se queman cereales mientras que en la India muere gente de hambre.
Ni puede explicar por qué 150 años atrás no había en EE.UU. alimentos
suficientes para 10 millones de personas y hoy la producción es capaz de
alimentar a 200 millones. Esta visión olvida que cada boca a ser alimentada es
también la de un individuo más, capaz de trabajar para crear riquezas.
Marx denominaba a todas estas explicaciones como formas
"mecanicistas" o "vulgares" del materialismo. Estas
visiones olvidaban que siendo parte del mundo material, los seres humanos
también son criaturas vivas y activas cuyas acciones lo transforman.
La interpretación materialista de la historia
Los seres humanos se pueden diferenciar de los animales por la
conciencia, la religión y cualquier otra cosa que queramos considerar. Pero,
ellos solamente empiezan a diferenciarse de los animales en cuanto comienzan a
producir sus propios medios de subsistencia -comida, vestimenta y viviendas.
Con estas palabras, Marx quería enfatizar antes que nada lo que era
distintivo de su explicación de cómo se desarrolla la sociedad. Los seres
humanos son animales que descienden de los primates. Al igual que en los otros
animales, su primera preocupación es la alimentación y la protección del clima.
Pero el modo en que los demás animales satisfacen estas necesidades depende de
su naturaleza biológicamente heredada. Un lobo se mantiene vivo cazando y
matando a sus presas, de la forma en que sus instintos biológicos determinan.
Su piel se mantiene caliente en las noches frías. Cría a sus cachorros de
acuerdo a patrones de comportamiento heredados.
Pero la vida humana no está determinada de esta manera. Los hombres que
vagaban por el planeta 30.000 y 100.000 mil años atrás vivían de un modo
completamente diferente al nuestro. Lo hacían en cavernas o en agujeros en el
suelo. No poseían recipientes para almacenar los alimentos o el agua, y para
alimentarse dependían de la recolección de frutos o de derribar animales con
piedras. Ellos no podían escribir, o contar más allá de los dedos de sus manos.
No poseían ningún conocimiento de lo que ocurría más allá de las tierras que
habitaban o de lo que sus antepasados habían realizado. Con todo, físicamente,
el hombre de 100.000 años atrás era semejante al hombre moderno y el de 30.000
años atrás idéntico. Si bañáramos y afeitásemos al hombre de las cavernas, lo
vistiéramos con un traje y lo llevásemos a caminar por una avenida céntrica,
nadie lo consideraría extraño. Como el arqueólogo Gordon Childe dice:
Los más antiguos esqueletos de nuestra especie pertenecen a las fases
próximas de la última Edad de Hielo... Para el momento de los primeros
registros geológicos del Homo Sapiens... la evolución física del hombre había
llegado a un punto de estabilidad, aunque su progreso cultural estaba justo
comenzado.
El mismo punto de vista es defendido por otro arqueólogo, Leakey:
La diferencia física entre los hombres de las culturas Auriñaciense y
Magdaleniense (25.000 años atrás) y el hombre contemporáneo, es despreciable.
Mientras que la diferencia cultural es inconmensurable.
Lo que el arqueólogo llama "cultura" son aquellas cosas que
los hombres y las mujeres aprenden y enseñan unos a otros. Por ejemplo, cómo
fabricar ropas con lana y piel de animales, cómo hacer vasijas de barro, cómo
hacer fuego, cómo construir casas y demás. Esta idea contrapone la cultura a
aquellas cosas que los animales saben instintivamente.
Las vidas de los primeros humanos ya eran inmensamente diferentes a la
vidas de los otros animales. Porque ellos eran capaces de usar las
características físicas propias del ser humano -cerebro grande, miembros
posteriores capaces de manipular objetos- para modificar el ambiente de modo de
tornarlo conveniente a sus necesidades. Esto significaba que ellos podían
adaptarse a una gran variedad de condiciones ambientales, sin cambiar en nada
su estructura fisiológica. Los seres humanos ya no necesitaban luchar contra
las condiciones naturales. Podían actuar sobre dichas condiciones para
transformarlas en su beneficio.
Al principio ellos usaron piedras y palos para atacar a los animales
salvajes, obtenían luz y calor a partir del fuego que surgía accidentalmente en
la naturaleza, se cubrían con vegetación y pieles de animales. Transcurridas
muchas decenas de miles de años, ellos aprendieron a hacer fuego por sí mismos,
a dar forma a las piedras con otras piedras, a cultivar alimentos a partir de
simientes que ellos mismos plantaban, a guardarlas en recipientes hechos de
arcilla y a domesticar algunos animales. En tiempos relativamente recientes
-hace apenas 5.000 años, al lado del medio millón de años de historia humana-
los seres humanos aprendieron el secreto de transformar minerales metálicos en
herramientas resistentes y armas eficaces.
Cada uno de estos avances tuvo un enorme impacto, no solo por hacer más
fácil la alimentación y el vestuario de los seres humanos, sino también al
transformar la propia organización de la vida humana. Desde el inicio la vida
humana fue social. Solamente la unión de los esfuerzos de varios seres humanos
les posibilitaba matar animales, recoger alimentos y mantener vivo el fuego.
Tenían que cooperar. Esta cooperación continua también los llevó a que se
comunicaran a través de la emisión de sonidos y al desarrollo de lenguajes. En
el comienzo, los grupos eran simples. En ninguna parte existía una provisión
natural suficiente para mantener a más de dos docenas de individuos. Todo el
esfuerzo tenía que ser dirigido a las tareas básicas de conseguir alimento, lo
que llevaba a que todos hiciesen el mismo trabajo y viviesen el mismo tipo de
vida.
Sin medios para acumular alimentos, no podía haber propiedad privada o
división entre clases sociales, y ni el saqueo ni el pillaje podían presentarse
como motivos para la guerra. Hasta hace pocos años, todavía había centenares de
sociedades en las más variadas partes del globo en el que este patrón social
permanecía. Es el caso de algunos indígenas de América del Sur y del Norte,
ciertos pueblos del África ecuatorial y del Pacífico, además de algunos
aborígenes australianos. No es que estos pueblos fuesen menos inteligentes que
nosotros o tuviesen una "mentalidad primitiva". Los aborígenes de
Australia, por ejemplo, aprendieron a reconocer literalmente millones de
plantas y los hábitos de una gran diversidad de animales para poder sobrevivir.
El profesor y antropólogo Firth lo describe de esta forma:
Las tribus australianas... conocen los hábitos, características, zonas
de procreación y migraciones estivales de todos los pájaros, peces y demás
animales que son objeto de caza para su alimentación y vestuario. Conocen tanto
las propiedades externas, como algunas menos obvias, de piedras, grasas,
resinas, plantas, fibras y cáscaras; saben como hacer fuego, como utilizar el
calor para aliviar el dolor, detener sangrados y retardar el deterioro de los
alimentos frescos; saben también utilizar el fuego para endurecer algunas
maderas y ablandar otras... Saben lo básico sobre las fases de la luna, el
movimiento de los mares, los ciclos planetarios y las secuencias y duración de
las estaciones, relacionan los cambios climáticos con sistemas de vientos,
patrones anuales de unidades, temperaturas y flujos de crecimiento y presencia
de las especies naturales...
Además realizan un uso inteligente y económico de los subproductos de
los animales muertos para alimentación; la carne del canguro es comida; los
huesos de las piernas son utilizados para realizar herramientas como hechas de
piedras o de madera; los tendones son utilizados para amarrar las puntas de
piedra de las lanzas; las garras forman collares atados con fibras y ceras, la
gordura combinada con ocre rojo es usado como cosmético, la sangre mezclada con
carbón se transforma en un pigmento... Tienen algún conocimiento de los
principios básicos de la mecánica y por eso trabajaban sus bumerangs una y otra
vez hasta darles la curvatura correcta...
Son mucho más "capaces" que nosotros para lidiar con los
problemas de la supervivencia en el desierto australiano. Lo que ellos no
aprendieron fue a sembrar y cultivar su propio alimento -algo que nuestros
ancestros aprendieron hace sólo unos 5.000 años, cuando ya habían vivido en el
planeta un período 100 veces mayor. El desarrollo de nuevas técnicas para
producir bienes -los medios necesarios para la continuidad de la vida humana-
siempre hizo que nacieran nuevas formas de cooperación entre los seres humanos,
nuevas relaciones sociales. Por ejemplo, luego de que las personas aprendieron
a cultivar su propio alimento (sembrando la tierra y domesticando animales) y
los almacenaron (en vasijas de barro) hubo una completa revolución en la vida
social -llamada por los arqueólogos "la revolución neolítica". Los
seres humanos tenían que cooperar entre sí para limpiar la tierra, recoger el
alimento, así como para cazar animales. Podían vivir juntos en grupos más
numerosos que antes, podían guardar comida e iniciar la práctica de
intercambiar bienes con otros asentamientos humanos.
Las primeras ciudades se desarrollaron. Por primera vez había
posibilidades de que algunas personas vivieran sin dedicarse únicamente a la
producción de alimentos: algunos se especializaron en la fabricación de
vasijas, otros al trabajo de la piedra y más tarde a la producción de
herramientas y armas, otros desempeñaron tareas administrativas elementales
para el grupo como un todo. Pero lo malo fue que el excedente de comida ofreció
un motivo para la guerra. Al comienzo, la gente había comenzado a descubrir
nuevas maneras de relacionarse con el mundo que los rodeaba, o de someter a la
naturaleza a sus necesidades. Pero en el proceso, sin querer habían
transformado la sociedad en que vivían y con ella sus propias vidas. Marx
describió este proceso del siguiente modo: el desarrollo de las "fuerzas
productivas" transformó las "relaciones de producción" y, a
través de ellas, la sociedad. Existen buenos ejemplos más recientes...
Hace mas de 300 años la gran mayoría de la población de Gran Bretaña
vivía en el campo, cultivando alimentos con técnicas que eran las mismas desde
hacía siglos. Su horizonte intelectual estaba delimitado por la aldea en la que
vivían y sus ideas estaban muy influenciadas por la iglesia local. La gran
mayoría no tenía necesidad de la lectura o la escritura, y nunca aprendieron a
utilizarlas. Entonces, 200 años atrás, la industria comenzó a desarrollarse.
Decenas de miles de personas fueron llevadas a las fábricas. Sus vidas
sufrieron una transformación completa. Ahora vivían en grandes ciudades, no en
pequeñas aldeas. Precisaban aprender habilidades nunca imaginadas por sus
ancestros, incluyendo la capacidad de leer y escribir. La llegada del
ferrocarril y la navegación a vapor volvieron posible viajar a gran parte del
planeta. Las viejas ideas martilladas en sus cabezas por sus padres ya no
tenían sentido frente a todo eso. La revolución material en la producción fue
también una revolución en el modo en que ellos vivían y en las ideas en que
creían.
Cambios parecidos están aún hoy afectando a un gran número de personas.
Basta con observar como los habitantes de las aldeas de Bangladesh o de Turquía
acuden a las fábricas de Alemania y de Inglaterra en busca de empleo. Y como,
muchos de ellos descubren que sus antiguas costumbres y actitudes religiosas ya
no son adecuadas. Basta observar como en los pasados 50 años la mayoría de las
mujeres se han acostumbrado a trabajar fuera del hogar y como esto les ha
llevado a desafiar la vieja concepción de que ellas eran prácticamente
propiedad de sus maridos. Los cambios en el modo en que los seres humanos
trabajan colectivamente para producir sus alimentos, vestimentas y viviendas
propicia cambios en el modo en que la sociedad se organiza y en el
comportamiento de las personas al interior de ella.
Este es el secreto del cambio social -en la historia- que los pensadores
anteriores a Marx (y muchos después de él), idealistas y materialistas
mecanicistas, no pudieron comprender. Los idealistas entendían que los cambios
ocurrían -pero decían que debían ser enviados por el cielo. Los materialistas
mecanicistas entendían que los seres humanos eran condicionados por el mundo
material, pero no veían cómo los seres humanos pudiesen algún día llegar a
transformarse. Lo que Marx vio fue que los seres humanos efectivamente estaban
condicionados por el mundo que les rodea, pero también que ellos reaccionan
ante su medio, trabajando sobre él para hacerlo más habitable. Pero al hacerlo
ellos transforman a su vez las condiciones en las cuales viven y por ende a ellos
mismos.
La clave para entender el cambio social reside en la comprensión de cómo
los seres humanos hacen frente a los problemas de cultivar su alimento,
construir sus viviendas y proveerse de vestimenta. Este fue el punto de partida
de Marx. Pero esto no significa que los marxistas crean que los avances de la
tecnología automáticamente produzcan una sociedad mejor, o que las invenciones
lleven necesariamente a los cambios sociales. Marx desaprobaba esta concepción
(algunas veces conocida como determinismo tecnológico). Repetidas veces en la
historia, las personas han rechazado ideas que hubieran permitido aumentar la
producción de alimentos, viviendas o vestimentas porque estas chocaban con las
conductas o formas de sociedad existentes.
Por ejemplo, en el Imperio Romano aparecieron muchas ideas sobre cómo
incrementar la cosecha en una limitada extensión de tierra, pero las personas
no las adoptaron porque requerían una dedicación al trabajo que no podía ser
obtenida de los esclavos que cumplían su labor bajo el miedo al látigo. Cuando
Gran Bretaña dominó a Irlanda en el siglo XVIII, intentó impedir el desarrollo
de la industria local porque chocaba con los intereses de los empresarios de
Londres. Si alguien encuentra el método para resolver el problema del hambre en
la India matando a las vacas sagradas o abasteciendo a cada habitante de Gran
Bretaña con suculentos bifes surgidos del procesamiento de carne de ratón,
sería ignorado debido a los preconceptos establecidos.
El desarrollo de la producción desafía los viejos preconceptos y los
antiguos hábitos de organización social, pero no los derrota automáticamente.
Muchos seres humanos luchan para evitar el cambio -y aquellos que quieren
introducir nuevos métodos de producción deben luchar para cambiar las cosas. Si
los que se oponen vencen, las nuevas formas de producción no pueden ser puestas
en funcionamiento y la producción puede quedar estancada o retroceder.
Utilizando la terminología marxista diríamos que: cuando las "fuerzas
productivas" se desarrollan, ellas chocan con las "relaciones
sociales" preexistentes y con las ideas que surgen en el marco de las
viejas fuerzas productivas. Es así que las personas que se identifican con las
nuevas fuerzas productivas pueden ganar este enfrentamiento o pueden hacerlo
aquellas identificadas con el viejo sistema. En el primer caso, la sociedad se
mueve hacia delante, en el último, esta permanece paralizada o incluso
retrocede.
Capítulo 3
Lucha de clases
Vivimos en una sociedad dividida en clases, en donde algunas personas
poseen grandes cantidades de riquezas y la mayoría de nosotros no posee
prácticamente nada. Naturalmente, tendemos a dar por sentado que las cosas
siempre fueron así. Pero de hecho, durante gran parte de la historia humana no
existieron las clases, la propiedad privada, la policía ni el ejército. Esta
fue la situación durante medio millón de años de desarrollo hasta hace unos
5.000 o 10.000 años. Como no era posible que una persona con su trabajo
produjera más alimento que el necesario para mantenerse en condiciones de
trabajar, no podía haber división en clases. ¿Que motivo podía haber para tener
esclavos si todo lo que producían sería utilizado para mantenerlos vivos?
Pero pasado cierto punto, el avance de la producción hizo que la
división en clases fuera posible y necesaria. Podía producirse suficiente
alimento para que quedara un excedente, luego de que los productores inmediatos
tomaran lo necesario para sobrevivir. Y comenzaron a existir los medios que
permitían almacenar alimentos y transportarlos de un lugar a otro. Las personas
que con su trabajo producían todo el alimento, podían simplemente comer el que
les quedaba excedente. Como vivían en condiciones de extrema pobreza estaban
fuertemente tentados a hacerlo. Pero los dejaría desprotegidos contra los
desastres naturales, tales como hambrunas o inundaciones del año siguiente, y
contra ataques de tribus hambrientas venidas desde otras áreas.
En un primer momento era una gran ventaja para todos el que un grupo
especial de personas tomase a su cuenta la riqueza excedente, almacenándola en
prevención contra futuros desastres, usándola para apoyar a los artesanos,
construyendo medios de defensa, utilizando una parte para intercambiar con
otros pueblos distantes a cambio de objetos útiles. Estas actividades
comenzaron a ser llevadas a cabo en las primeras ciudades, donde los
administradores, mercaderes y artesanos vivían. A partir de marcas hechas en
tablas para registrar diferentes tipos de productos, la escritura se empezó a
desarrollar.
Tales fueron los primeros pasos vacilantes de lo que nosotros llamamos
"civilización". Pero -y este pero es más que importante- todo esto
estuvo basado en un creciente control de la riqueza por parte de una pequeña
minoría de la población. Y esa minoría usaba la riqueza para su propio bien,
así como en beneficio del resto de la sociedad como un todo. Cuanto más se
desarrollaba la producción, más riquezas se concentraban en las manos de esta
minoría -y más de la misma era retirada al resto de la sociedad. Las
"reglas" que al principio eran un medio para mejorar la vida social,
se transformaron en "leyes", donde se insistía en que las riquezas
que la tierra producía eran "propiedad privada" de una minoría. Una
clase dominante comenzó a surgir -así como las leyes que defendían su poder.
Podemos preguntarnos si tal vez hubiera sido posible que la sociedad se
hubiese desarrollado de otra manera, de modo que aquellos que trabajaban la
tierra hubiesen podido controlar su producción. La respuesta es, no. Y no por
causa de la "naturaleza humana", sino porque la sociedad era todavía
muy pobre. La mayoría de la población del planeta estaba ocupada escarbando el
suelo en busca de su subsistencia, como para dedicar tiempo a desarrollar la
escritura y la lectura, para crear obras de arte, para construir navíos,
determinar el curso de las estrellas, descubrir los rudimentos de las
matemáticas, para saber cómo actuar cuando los ríos se desbordaban o cómo
podían ser construidos canales de riego. Estas cosas podían darse solamente
porque algunos medios de vida fueron retirados a la población y usados para
mantener a una minoría privilegiada que no tenía que trabajar de sol a sol.
Pero esto no significa que existiese una división en clases como la de
hoy en día. En los últimos 100 años se ha visto un desarrollo jamás soñado en
la historia previa de la humanidad. La escasez natural ha sido vencida lo que
existe ahora es una escasez artificial, creada por los gobiernos con la
destrucción de alimentos almacenados. La sociedad de clases de hoy está
retrasando a la humanidad, impidiéndole avanzar. No fue solamente aquel cambio
inicial que transformó a las sociedades puramente agrícolas en sociedades
urbanas, el que provocó, necesariamente, las nuevas divisiones de clases. El
mismo proceso se repitió cada vez que se desarrollaban nuevas formas de
producción.
Así, en Gran Bretaña, mil años atrás, la clase dominante estaba formada
por señores feudales que controlaban la tierra y vivían del trabajo de los
siervos. Cuando el comercio comenzó a desarrollarse a gran escala, surgió junto
con ellos una nueva clase privilegiada, la de los ricos comerciantes. Cuando la
industria empezó a desarrollarse en una escala respetable, su poder, a su vez,
fue cuestionado por los propietarios de las industrias. En cada etapa de
desarrollo de la sociedad hubo una clase oprimida, cuyo trabajo generó la
riqueza, y una clase dominante que controló esa riqueza. Pero al desarrollarse
la sociedad tanto los oprimidos como los opresores sufrían cambios.
En la sociedad esclavista de la Roma antigua, los esclavos eran
propiedad personal de la clase dominante. Al propietario de esclavos
pertenecían los bienes producidos por sus esclavos, fruto de que ellos eran de
su propiedad. Exactamente de la misma forma en que a él le pertenecía la leche
producida por las vacas de que era dueño. En la sociedad feudal de la Edad
Media, los siervos poseían su propia tierra y poseían aquello que era producido
en ellas. Pero para mantener esa tierra, ellos tenían que trabajar un cierto
número de días por año en las pertenecientes al señor feudal. Su tiempo estaba
dividido -tal vez la mitad del mismo era dedicado al trabajo en las tierras del
señor y la otra mitad en sus propias tierras. Si ellos se negaban a trabajar
para el señor, él tenía derecho de castigarlos (con golpes, prisión o cosas
peores). En la moderna sociedad capitalista, el patrón no posee físicamente a
sus trabajadores, ni tiene derecho a castigar a un empleado que se niegue a
trabajar gratis para él. Pero el patrón posee la empresa donde el trabajador
tiene que conseguir empleo para seguir viviendo. Y es por esto que es muy fácil
para él obligar al trabajador a producir a cambio de un salario, cuyo monto sea
mucho menor al de los bienes producidos por él en la fábrica.
En cada caso la clase opresora toma el control de toda la riqueza una
vez que las necesidades más elementales de los trabajadores han sido cubiertas.
El propietario de esclavos quería mantener su propiedad en buenas condiciones.
Por eso alimentaba a sus esclavos de igual forma en que nosotros le ponemos
combustible al auto. Pero todo lo que excediera las necesidades físicas del
esclavo, su propietario lo usaba en su propio beneficio. El siervo feudal tiene
que alimentarse y vestirse con lo producido en su propio pedazo de tierra. Todo
el trabajo extra que pone en las tierras del señor beneficia a este último. El
trabajador moderno tiene un trabajo remunerado. Pero toda la riqueza que él
crea queda en manos de la clase dominante como ganancia, intereses o rentas.
La lucha de clases y el Estado
Los trabajadores raramente han aceptado su destino sin resistencia.
Hubieron revueltas de esclavos en Egipto y Roma antiguos, levantamientos de
campesinos en la China imperial, guerras civiles entre ricos y pobres en las
ciudades de la Grecia antigua, en Roma, y en la Europa renacentista. Por eso es
que Karl Marx inició su Manifiesto Comunista, insistiendo en que "la
historia de todas las sociedades hasta ahora ha sido la historia de la lucha de
clases". El desarrollo de la civilización ha dependido de la explotación
de una clase por otra y por lo tanto de la lucha entre ellas.
Por más poderoso que fuese un faraón egipcio, un emperador romano o un
señor medieval, por más suntuosas que fueran sus vidas, magníficos sus
palacios, ellos siempre necesitaron asegurarse la apropiación de los productos
cultivados por los campesinos y los esclavos más humildes. Solamente podían
hacer esto si junto con la división de clases también se desarrollaba algo más:
el control sobre los medios de violencia en su favor y el de sus aliados. En
las primeras sociedades no había ejército, policía o aparato gubernamental al
margen de la mayoría de la población. Así mismo hasta hace 50 o 60 años atrás
era posible encontrar, por ejemplo, en algunas regiones de África, sociedades
en las cuales la situación era la misma. Muchas de las tareas que cumple el Estado
en nuestra sociedad eran realizadas informalmente por la población en general o
por asambleas de representantes. Tales asambleas juzgaban a cualquier persona
cuya conducta fuese considerada una desobediencia a alguna ley social
importante. La penalización podía ser aplicada por toda la comunidad por
ejemplo, forzando a los infractores a dejarla. Todos coincidían en la necesidad
de penalizar la infracción, no haciendo falta una fuerza policial
independiente. Si una guerra daba comienzo, todos los hombres jóvenes tomaban
parte bajo el liderazgo de las personas escogidas para la tarea, sin la
necesidad de una estructura militar especializada.
Pero cuando se tiene una sociedad en que una minoría controla gran parte
de la riqueza, estas maneras de mantener la "ley y el orden" y una
organización militar como la mencionada, dejan de funcionar. Cualquier asamblea
de representantes o banda de jóvenes armados se dividiría conforme a los
intereses de clase. El grupo privilegiado solamente puede sobrevivir si
comienza a monopolizar en sus manos la implementación de castigos, las leyes,
la organización militar y la producción de armas. Por eso, la separación en
clases sociales fue acompañada por el surgimiento de jueces, policías, personal
de inteligencia, generales, burócratas -a quienes la clase privilegiada ofreció
parte de la riqueza de la cual se apropia, a cambio de la protección de su
dominio.
Aquellos que sirven en las filas de ese Estado fueron entrenados para
obedecer sin vacilar las órdenes de sus "superiores" y romper todos
los lazos sociales normales con las masas explotadas. El Estado se desarrolló
como una máquina asesina en manos de la clase privilegiada. Y es una máquina
extremadamente eficaz. Por supuesto, los generales que controlan esta máquina
frecuentemente derrocan a determinado rey o emperador e intentan colocarse a si
mismos en el poder. La clase dominante, habiendo armado al monstruo, muchas
veces no consiguen controlarlo. Pero como la riqueza necesaria para mantener la
maquina asesina funcionando viene de la explotación de las masas trabajadoras,
cada revuelta de estas es seguida por la continuidad de la sociedad bajo los
viejos esquemas.
A lo largo de la historia las personas que realmente quisieron cambiar
la sociedad para mejor se encontraron enfrentados no sólo a una clase
privilegiada, sino también a una máquina armada, un Estado, que sirve a los
intereses de esta clase. Las clases dominantes, junto a sacerdotes, generales,
policías y los sistemas legales que los sustentan, surgieron en primer lugar
porque sin ellos la civilización no se hubiera podido desarrollar. Pero una vez
que se establecieron en el poder, pasó a ser interés suyo el que la
civilización no se desarrollara. Su poder radica en la habilidad para forzar a
aquellos que trabajan, a entregarles la riqueza que producen. Están alertas a
todo nuevo sistema de producción que sea más eficiente, pues temen que el
control se les escape de las manos. Temen cualquier cosa que lleve a las masas
explotadas a desarrollar iniciativa e independencia. Y temen también el
surgimiento de nuevos grupos privilegiados con riqueza suficiente para asumir
el costo de sus propias armas y ejércitos. A partir de cierto punto, en vez de
ayudar al desarrollo de la producción, ellos comienzan a impedirlo.
Por ejemplo, en el Imperio Chino, el poder de la clase dominante se
apoyaba en la propiedad de la tierra y el control de los canales y diques que
eran necesarios para la irrigación y freno de las inundaciones. Este control
fue la base para una civilización que se extendió por cerca de 2.000 años. Pero
al final del período la producción no estaba mucho más avanzada que a su
comienzo a pesar del floreciente arte chino, el descubrimiento de la pólvora y
de la imprenta, todo esto en una época en que Europa estaba sumergida la Edad
Oscura de comienzos de la Edad Media. El motivo fueron las nuevas formas de
producción que comenzaron a desarrollarse en las ciudades, a través de la
iniciativa de comerciantes y artesanos. La clase dominante le temía al
crecimiento del poder de los grupos que no estaban completamente bajo su
control. Por esto, periódicamente las autoridades imperiales tomaban duras
medidas para enlentecer la creciente economía de las ciudades, disminuyendo la
producción y destruyendo el poder de las nuevas clases sociales.
El crecimiento de las nuevas fuerzas productivas -de los nuevos medios
de producir riquezas- chocaron con los intereses de la vieja clase dominante. Y
se desarrolló una lucha cuyo resultado determinó el futuro de toda la sociedad.
Algunas veces el resultado, como en China, fue que las nuevas formas de
producción fueron sumergidas y la sociedad permaneció estancada por largos
períodos de tiempo. Otras veces, como en el Imperio Romano, la ineptitud de las
nuevas formas de producción determinaron que no hubiera creación de riquezas
suficiente para mantener a la sociedad sobre sus viejas bases. La civilización
entró en colapso, las ciudades fueron destruidas y las personas volvieron a
vivir en sociedades agrícolas. Y otras veces una nueva clase, basada en nuevas
formas de producción, fue capaz de organizarse, debilitar y derrumbar a la
vieja clase dominante, junto con su sistema legal, sus ejércitos, ideología y
religión. De este modo, la sociedad pudo avanzar.
En cada caso, la sociedad avanzaba o retrocedía dependiendo de quien
venciera en la guerra entre las clases. Y como en cualquier guerra, la victoria
no estaba garantizada de antemano, dependía de la organización, unidad y
liderazgo de las clases en lucha.
Capitulo 4
Capitalismo. ¿Cómo se inició el sistema?
Uno de los argumentos más absurdos que pueden escucharse, es que las
cosas no hubieran podido ser diferentes de lo que hoy son. Pero, las cosas ya
fueron diferentes. Y no hay que ir muy lejos para descubrirlo. En Gran Bretaña
por ejemplo, la realidad era diferente hace no mucho tiempo. Apenas 250 años
atrás las personas nos hubieran considerado locos, si les describiésemos el
mundo en que hoy vivimos, con grandes fábricas, aviones, misiones espaciales.
Incluso las vías férreas estaban lejos de su imaginación. Porque ellos vivían
en una sociedad que era fundamentalmente rural, en la cual la mayoría de las
personas nunca se había alej ado a más de 15 kilómetros de su aldea, y en la
cual el ritmo de vida por miles de años, estuvo determinado por el cambio de las
estaciones. Pero hace 700 u 800 años ya comenzaba un desarrollo que iría a
transformar toda la sociedad. Grupos de artesanos y negociantes empezaron a
establecerse en las ciudades, no prestando sus servicios a cambio de nada como
sí lo hacía el resto de la población, sino intercambiando sus productos con
varios señores y siervos a cambio de alimentos. Cada vez más se comenzó a
utilizar el metal como medida de cambio. Fue un gran paso ver en cada operación
de intercambio una oportunidad para conseguir un poco del precioso metal del
cual obtener alguna ganancia.
Al comienzo las ciudades sólo podían sobrevivir al contraponer un señor
feudal contra otro. Pero a medida que las habilidades de sus artesanos se
fueron perfeccionando, más riquezas producían y mayor poder de influencia
obtenían. Los "burgueses" comenzaron a surgir como clase social al
interior de la sociedad feudal de la Edad Media. Pero ellos obtenían su riqueza
de un modo diferente a como lo hacían los señores feudales que dominaban la
sociedad. Un señor feudal vivía directamente de la producción agrícola que era
capaz de obligar a sus siervos a producir en sus tierras. Este usaba su poder
personal para forzarles sin necesidad de pagarles. Diferente a las clases ricas
de las ciudades que vivían de la manufactura de bienes no agrícolas. Ellos les
pagaban a los trabajadores para que produjesen para ellos, por día o por
semana.
Estos trabajadores, frecuentemente siervos escapados, eran
"libres" de ir y venir -desde el momento en que terminaban el trabajo
por el cual se les había pagado. Lo "único" que los llevaba a
trabajar era el hecho de que morirían de hambre si no encontraban a alguien que
los empleara. Los ricos se hacían aún más ricos porque para no morirse de
hambre, los trabajadores libres aceptaban menos dinero del valor de los bienes
que ellos producían con su trabajo. Volveremos a este punto más tarde. Ahora lo
que nos interesa es que la burguesía y los señores feudales obtenían sus
riquezas de diferentes fuentes. Esto los llevaba a querer organizar la sociedad
de diferentes formas.
La sociedad ideal de los señores feudales era una sociedad en la cual
ellos tuviesen el poder absoluto sobre sus tierras, sin restricciones en la ley
escrita, sin intromisión de cualquier ente externo, teniendo a sus siervos
imposibilitados de escapar. Ellos querían las cosas tal como eran en los
tiempos de sus padres y de sus abuelos, con todos aceptando la situación social
existente al momento de venir al mundo. La recién enriquecida burguesía
necesariamente veía las cosas de forma diferente. Quería restringir el poder
individual con que los señores feudales y los reyes interferían en el comercio
o robaban las riquezas que producían. Soñaban conseguirlo a través de un cuerpo
estable de leyes, que serían escritas y refrendadas por sus propios
representantes electos. Querían liberar a los pobres de la servidumbre para que
pudiesen trabajar (y aumentar las ganancias de los burgueses) en las ciudades.
En cuanto a ellos mismos, sus padres y sus abuelos ya habían estado bajo el
yugo de los señores feudales y ciertamente no querían que eso continuase.
En una palabra, ellos querían revolucionar la sociedad. Sus desacuerdos
con el viejo orden no eran solamente económicos sino también políticos e
ideológicos. Y desacuerdo ideológico significa principalmente desacuerdo
religioso, en una sociedad analfabeta en donde la principal fuente de las ideas
generales sobre la sociedad eran el resultado de la predicación de la Iglesia.
Debido a que la Iglesia medieval era dominada por obispos y abades que también
eran señores feudales, ellos propagaban visiones en favor del feudalismo,
atacando como "pecaminosas" muchas de las prácticas de la burguesía
urbana. Por esto en Alemania, Holanda, Gran Bretaña y Francia en los siglos XVI
y XVII sectores de la burguesía organizaron su propia religión, el protestantismo
una religión que predicaba el ahorro, la sobriedad, el trabajo duro
(¡principalmente de los trabajadores!) y la independencia de la congregación de
los obispos y abades. Estos sectores de la burguesía crearon un Dios a su
imagen, en oposición al Dios de la Edad Media.
Hoy cuentan en la escuela y en la televisión que hubieron grandes
guerras religiosas y civiles que estuvieron motivadas por diferencias
religiosas, como si los hombres fuesen lo suficientemente locos para luchar y
morir por las razones esgrimidas para ellas el papel de la sangre y del cuerpo
de Cristo en la Sagrada Familia. Mucho más estaba en juego -el choque entre dos
formas completamente diferentes de sociedad, basadas en diferentes formas de
organizar la producción de riquezas. En Gran Bretaña, la burguesía venció. Tan
horrible como debe parecerle a nuestra actual clase dominante, sus ancestros
consolidaron su poder cortando cabezas coronadas, justificando el acto con
palabras de los profetas del Antiguo Testamento. Pero en otros lugares el
primer round fue para el feudalismo. En Francia y Alemania la burguesía
protestante revolucionaria fue liquidada después de terribles guerras civiles
(aunque una versión feudal del protestantismo sobrevivió como religión en el
norte de Alemania). La burguesía tuvo que esperar más de dos siglos hasta
alcanzar su triunfo en el segundo round, que comenzaría esta vez sin ropaje
religioso, en París en el año 1789.
Explotación y plusvalía
En las sociedades esclavista y feudal las clases superiores tenían que
tener control legal sobre la masa trabajadora de la población. De otro modo,
aquellos que trabajaban para el señor feudal o el propietario de esclavos
huían, dejando a la clase privilegiada sin nadie que trabajara para ella. Pero
el capitalista, generalmente, no precisa controles legales sobre la persona
física del trabajador. No necesita poseerlo, porque sabe que el trabajador al
negarse a trabajar para él morirá de hambre. En lugar de poseer al trabajador,
el capitalista puede prosperar porque posee y controla las fuentes de
supervivencia del trabajador -las máquinas y las fábricas.
Las necesidades materiales de la vida son producidas por el trabajo del
ser humano. Pero este trabajo es casi inútil sin herramientas para cultivar la
tierra y procesar materias primas. Las herramientas pueden variar enormemente
de simples implementos agrícolas como arados y asadas hasta complicadas
máquinas en las modernas fábricas. Pero sin herramientas ni el más habilidoso
trabajador es capaz de producir las cosas necesarias para sobrevivir. El
desarrollo de esas herramientas llamadas por nosotros "medios de
producción" separan al ser humano moderno de sus distantes ancestros de la
Edad de Piedra. El capitalismo está basado en la propiedad de esos medios de
producción por parte de unas pocas personas. En la Gran Bretaña de hoy, por
ejemplo, un 1% de la población controla el 84% del capital y de las acciones de
la industria. En sus manos está concentrado el control efectivo sobre la gran
mayoría de los medios de producción máquinas, fábricas, campos petroleros y las
mejores tierras de cultivo. La masa de la población solamente puede sobrevivir
si el capitalista le permite trabajar con dichos medios de producción. Esto le
da a los capitalistas un poder inmenso para explotar el trabajo de las demás
personas, aunque a los ojos de la ley "todos los hombres sean
iguales".
Se necesitaron algunos siglos para que los capitalistas monopolizaran el
control sobre los medios de producción. En Gran Bretaña, por ejemplo, los
parlamentos de los siglos XVII y XVIII tuvieron que aprobar una sucesión de
Leyes de Alambramiento de los campos que separaron a los campesinos de sus
medios de producción, o sea de la tierra que ellos habían cultivado por siglos.
Ella se volvió propiedad de una parte de la clase capitalista y la gran mayoría
de la población rural fue forzada a vender su trabajo para los capitalistas o
morirse de hambre. Una vez alcanzado el monopolio de los medios de producción,
el capitalismo pudo permitir que la mayoría de la población disfrutase, como
los capitalistas, de una aparente libertad e igualdad de derechos políticos. Ya
que, por mas "libres" que fuesen, los trabajadores aún tenían que
trabajar para vivir. Los economistas favorables al capitalismo tienen una
explicación simple sobre lo ocurrido entonces. Ellos dicen que al pagar
salarios, el capitalista compra el trabajo del empleado. Y debe pagar un precio
justo por él. Caso contrario, el trabajador iría a emplearse con otra persona.
El capitalista paga un "salario justo" al trabajador, por lo tanto el
trabajador debe dar un "día de trabajo justo" al patrón.
¿Cómo entonces, podemos explicar las ganancias? Las ganancias, afirman,
son una "recompensa" para el capitalista por el
"sacrificio" que ha hecho para poner en actividad los medios de
producción (capital). Es un argumento que difícilmente convence a ningún
trabajador que piense esto dos veces. Tomemos una empresa que anuncia una
"tasa de ganancias neta" de 10% al año. Estarían afirmando que si el
costo de toda su maquinaria, instalaciones y todo lo que posee es de 100 millones
de libras, le sobran 10 millones después de pagar salarios, la materia prima y
el costo de reposición de la maquinaria desgastada en un año. No es preciso ser
un genio para ver que después de 10 años, esa empresa totalizará una ganancia
de 100 millones- o sea, el monto integral de la inversión original.
Si es el "sacrificio" el que está siendo recompensado,
entonces seguramente después de 10 años toda ganancia debería cesar. Pues
entonces los capitalistas ya habrían recibido el equivalente a lo que
invirtieron al inicio. Entretanto, la verdad es que el capitalista se hizo dos
veces más rico que antes. Se quedó con la inversión inicial más la ganancia
acumulada. Mientras tanto el trabajador sacrificó gran parte de la energía de
su vida trabajando 8 o más horas por día, 48 semanas por año, en una empresa.
¿Estará dos veces mejor al final de ese tiempo que al inicio? Puedes apostar tu
ropa a que no. Aunque él ahorrase todo el dinero que pudiese, no podría ser
capaz de comprar mucho más que un televisor color, un sistema de calefacción
barato o un automóvil de segunda mano. Nunca será capaz de juntar dinero
suficiente para comprar la empresa donde trabaja. El "justo día de trabajo
por un justo jornal" multiplicó el capital del capitalista, mientras
dejaba al trabajador sin capital y sin más opción que ir a trabajar apenas por
ese jornal. La "igualdad de derechos" entre capitalistas y
trabajadores ha incrementado la desigualdad.
Uno de los mayores descubrimientos de Marx fue la explicación de esa
aparente anomalía. No existe mecanismo que obligue al capitalista a pagar a sus
trabajadores el valor integral del trabajo que realizan. Un trabajador empleado
hoy (1979), por ejemplo en la industria, puede crear 400 libras de productos
por semana. Pero esto no significa que él o ella reciban esa suma. En 99 casos
de 100 ellos recibirán mucho menos. La alternativa de los trabajadores, es
trabajar o morir de hambre (o como máximo vivir algunos meses con un miserable
subsidio de desempleo). Por ello los trabajadores no reivindican el valor
integral de lo que producen, apenas lo suficiente para tener un nivel de vida
aceptable. El trabajador recibe apenas lo suficiente para reponer diariamente
todas fuerzas y capacidades de trabajo a disposición del capitalista.
Desde el punto de vista de los capitalistas, si los trabajadores están
recibiendo lo suficiente para mantenerse trabajando y criar a sus hijos,
quienes serán la nueva generación de trabajadores, están entonces recibiendo un
salario justo por su fuerza de trabajo. Pero el total del valor necesario para
mantener a los trabajadores en condiciones de trabajar, es considerablemente
menor que la cantidad de riqueza que ellos producen -el valor de la fuerza de
su trabajo es considerablemente menor que el valor creado por su trabajo. A la
diferencia que va a parar a los bolsillos de los capitalistas, Marx la llamó
"plusvalía".
La autoexpansión del capital
Si leemos los escritos de los apologistas del actual sistema, vamos a
notar que ellos comparten una extraña creencia: el dinero tiene una extraña
propiedad mágica. Puede crecer como una planta o un animal. Cuando un
capitalista coloca dinero en un banco, su expectativa es de que crezca. Cuando
ellos invierten en acciones de Unilever, por ejemplo, esperan ser recompensados
al año con generosos retornos en dinero, en forma de beneficios. Marx notó eso
y llamó a este fenómeno "autoexpansión del capital", en relación a lo
cual elaboró una explicación.
Como vimos anteriormente, su explicación comienza no con el dinero, sino
con el trabajo y los medios de producción. En la sociedad actual, aquellos que
poseen riqueza suficiente pueden comprar el control de los medios de
producción. Pueden entonces obligar a cada uno de aquellos que no tengan ese
poder, a vender la fuerza de trabajo necesaria para hacer funcionar los medios
de producción. El secreto de la "autoexpansión del capital", de la
milagrosa capacidad del dinero de crecer y multiplicarse para quien ya posee
grandes cantidades de él, reside en la compra-venta de esta fuerza de trabajo.
Tomemos como ejemplo un trabajador, a quien daremos el nombre de Jack.
El consigue un empleo con un empresario, Sir Browning Browne. El trabajo que
Jack puede hacer en 8 horas diarias creará un volumen adicional de valor -tal
vez de unas 48 libras. Pero Jack está dispuesto a vender su trabajo por mucho
menos que eso, ya que su alternativa es el seguro de desempleo. Hay
parlamentarios favorables al capitalismo que afirman que con 12 libras diarias
un trabajador y su familia pueden subsistir, y pagar un seguro de desempleo
mayor a esa cifra implicaría "destruir el incentivo para trabajar".
Si Jack quiere ganar más de 12 libras diarias, tendrá que vender su habilidad
para trabajar, su fuerza de trabajo, aunque le ofrezcan mucho menos que las 48
libras que él puede crear en sus 8 horas de trabajo. Podrá trabajar, quizás,
por 28 libras diarias. La diferencia diaria de 20 libras irá al bolsillo de Sir
Browning. Esta, es la plusvalía de Sir Browning.
Porque tuvo riqueza suficiente para comprar el control de los medios de
producción en primera instancia, Sir Browning Browne puede asegurar
enriquecerse en 20 libras al día por cada trabajador que emplea. Su dinero
sigue creciendo, su capital se expande, no por causa de alguna ley natural,
sino debido al hecho de que su control sobre los medios de producción le
permite comprar el trabajo ajeno a bajo precio. Por supuesto que Sir Browning
no guarda necesariamente la totalidad de estas 20 libras para si mismo. El
puede alquilar instalaciones fabriles o tierras. Puede haber pedido dinero
prestado a los otros miembros de la clase dominante para iniciar su negocio y
ellos van a exigir una parte de su plusvalía. Tal vez, ellos exijan 10 libras
como pago, dejando a Sir Browning apenas las restantes 10 libras de beneficios.
Aquellos que viven de rentas probablemente nunca han visto a Jack en su
vida. Sin embargo, no fue el poder místico del dinero lo que les proveyó de
ingresos, sino el muy físico sudor de Jack. Los dividendos, los intereses, los
beneficios, todos ellos provienen de la plusvalía. ¿Qué es lo que determina
cuánto consigue Jack por su fuerza de trabajo? Su empleador va a intentar
pagarle lo menos posible. Pero en la práctica existen límites, debajo de los
cuales los salarios no pueden llegar. Algunos de esos límites son físicos -no
es recomendable pagar salarios tan miserables como para que los trabajadores
estén desnutridos e incapacitados de poner esfuerzo en el trabajo. Ellos
también tienen que ser capaces de viajar hacia y desde el trabajo, y tener
algún lugar para descansar en la noche, para no caer de sueño sobre las
máquinas. Desde este punto de vista, vale la pena incluso pagar por aquello que
los trabajadores consideran "pequeños lujos" -como unos tragos a la
noche, un televisor, y ocasionalmente unas vacaciones. Todo esto da al
trabajador nuevo ánimo para trabajar mejor. Sirve también para que el
trabajador "reabastezca" su fuerza de trabajo. Y un hecho importante
es que donde los salarios son mantenidos muy bajos, la productividad también
cae.
El capitalista tiene que preocuparse por otra cosa también. Su empresa
va a estar en actividad por muchos años. Mucho tiempo después de que sus
actuales trabajadores ya estén muertos. Su empresa va a precisar de los hijos
de estos trabajadores, por lo que tiene que pagarles lo suficiente como para
que los críen. También tienen que asegurar que el Estado provea a través del
sistema de educación, ciertas habilidades a esos niños (como leer y escribir).
En la práctica, una cosa más es importante -aquello que el trabajador considera
como un "salario decente". Un trabajador que recibe un salario más
bajo del que podría percibir puede ser negligente con sus responsabilidades
laborales, importándole poco perder su empleo ya que este le parece "inútil".
Todos esos elementos determinantes del salario tienen una cosa en común. Todos
intentan asegurar que el salario sea suficiente para mantener viva la fuerza de
trabajo, para que el capitalista la compre por hora. Los trabajadores reciben
una paga para mantenerse ellos y sus familias, vivos y aptos para trabajar.
En la actual sociedad capitalista, un aspecto más debe ser destacado.
Grandes cantidades de dinero son gastadas en cosas como fuerzas policiales y
armamentos. Tales instrumentos son utilizados por el Estado en defensa de los
intereses de la clase capitalista. De hecho, ellos pertenecen a la clase
capitalista, aunque sean dirigidos por el Estado. El valor que es gastado en
ellos pertenece a los capitalistas, no a los trabajadores. Esto también es
parte del plusvalor.
Plusvalor = beneficio + renta + intereses + gastos en policía, ejército
y demás.
Capitulo 5
La teoría del valor-trabajo
Pero maquinaria y capital producen tanto bienes como trabajo. Si este es
el caso, es una cuestión de justicia que el capital, así como el trabajo,
reciban su parte de la riqueza producida. Cada "factor de producción"
tiene que tener su recompensa.
De esta forma respondería al análisis marxista de la explotación y la
plusvalía, alguien que hubiese aprendido un poco de economía favorable al
capitalismo. Y a primera vista, esta objeción parece tener algún sentido. Pues
ciertamente no se puede producir bienes sin capital.
Los marxistas nunca argumentamos que fuera posible. Pero nuestro punto
de partida es bien diferente. Comenzamos por preguntar en primer lugar: ¿de
dónde viene el capital? ¿cómo surgieron los medios de producción? La respuesta
no es difícil de hallar. Todo lo que el hombre utilizó en su historia para
crear riquezas desde un hacha neolítica a la más moderna computadora fue
producido por el trabajo humano. La misma hacha fue producida con otras
herramientas, que a su vez eran producto de un trabajo previo. Es por eso que
Marx acostumbraba denominar a los medios de producción como "trabajo
muerto". Cuando los hombres de negocios exaltan el capital que poseen, en
realidad están resaltando el hecho de que ellos controlan el enorme manantial
de trabajo de las generaciones precedentes. Y eso no significa que sea el
trabajo de sus ancestros, quienes no trabajaron más de lo que ellos lo hacen
ahora.
La noción de que el trabajo es la fuente de la riqueza comúnmente
llamada "teoría del valor-trabajo" no fue descubierta originariamente
por Marx. Todos los grandes economistas favorables al capitalismo del tiempo de
Marx aceptaban esa teoría. Esos hombres, como el economista escocés Adam Smith
o el inglés David Ricardo, produjeron sus teorías cuando el sistema capitalista
industrial todavía era muy joven pocos años antes y después de la Revolución
Francesa. Los capitalistas todavía no dominaban la sociedad y necesitaban
conocer la verdadera fuente de su riqueza si querían llegar al poder. Smith y
Ricardo sirvieron a sus intereses afirmando que el trabajo creaba la riqueza, y
que para aumentar sus riquezas ellos tenían que "liberar" el trabajo
del control de las antiguas clases dominantes precapitalistas. Pero no se
demoró mucho para que los pensadores cercanos a la clase trabajadora volvieran
ese argumento contra los amigos de Smith y Ricardo: si el trabajo crea
riquezas, entonces el trabajo crea el capital. Y los "derechos del
capital" no son más que los derechos del trabajo usurpados. Pronto los
economistas que apoyaban al capital, comenzaron a afirmar que la teoría del
valor-trabajo no pasaba de ser un montón de ideas sin sentido. Pero cuando la
verdad es echada por la puerta de adelante, ella acostumbra volver por la
puerta trasera.
Enciende la radio. Escúchala algún tiempo y oirás a algún experto
diciendo que el problema de la economía es que las "personas no trabajan
suficientemente duro" o, de otro modo, que "la productividad es muy
baja". Olvidemos por un momento si el argumento es correcto o no. En lugar
de esto, echémosle un vistazo. Ellos nunca dicen "las máquinas no trabajan
suficientemente duro". No. Son siempre las personas, los trabajadores.
Afirman que si los trabajadores se esforzasen más, mayor sería la riqueza
creada, y eso posibilitaría más inversión en nuevas máquinas. Las personas que
usan este argumento pueden no saberlo, pero están afirmando que más trabajo
crea más capital. El trabajo es la fuente de la riqueza.
Digamos que tengo un billete de 5 libras en mi bolsillo. ¿Cuál es su
utilidad para mí? Después de todo no pasa de ser un pedazo de papel impreso. Su
valor para mi reside en el hecho de que puedo conseguir, a cambio de él, algo
útil, que fue hecho gracias al trabajo de otra persona. El billete, en verdad,
no es más que una representación de los productos de ese trabajo. Dos billetes
representan los productos de dos veces ese trabajo, y así sucesivamente. Cuando
medimos la riqueza estamos midiendo el trabajo que fue realizado para crear esa
riqueza.
Obviamente, no todos producen la misma cantidad de trabajo en el mismo
período de tiempo. Si yo decidiera, por ejemplo, hacer una mesa, me llevaría
cinco o seis veces más tiempo que a un carpintero experimentado. Pero nadie en
sus sana conciencia consideraría a la mesa que yo hice cinco o seis veces más
valiosa que la mesa realizada por el carpintero experimentado. Sería preciso
evaluar mi trabajo de acuerdo a la cantidad de trabajo necesario para que un
carpintero la haga y no de acuerdo a la cantidad de trabajo realizado.O sea, si
a un carpintero le llevase una hora realizar la mesa, el valor de la mesa será
considerado como el equivalente a una hora de trabajo. Este sería el tiempo
necesario para hacer una mesa, tomando en cuenta el nivel general de técnica y
habilidad existentes actualmente en la sociedad.
Por esa razón, Marx insistía en que la medida del valor de cualquier
cosa no es simplemente el tiempo que le lleva a un individuo hacerlo, sino el
tiempo de trabajo que un individuo emplearía dentro del nivel medio de
tecnología y habilidad él llamaba a ese nivel medio de trabajo"el tiempo
de trabajo socialmente necesario". Este punto es importante porque el
capitalismo siempre está avanzando tecnológicamente, lo que quiere decir que
cada vez se necesita menos y menos trabajo para producir cada mercancía. Por
ejemplo, cuando se acostumbraba fabricar radios utilizando válvulas térmicas,
esos productos eran muy caros, porque había gran cantidad de trabajo en la
fabricación de las válvulas, para conectarlas y todo lo demás. Entonces fue
inventado el transistor, que podía ser confeccionado y conectado con mucho
menos trabajo. De repente, todos los trabajadores de las fábricas de radios que
aún utilizaban válvulas descubrieron que el precio de lo que ellos producían
estaba desfasado. Porque el precio de las radios ya no estaba más determinado
por el tiempo trabajo necesario para fabricar válvulas, sino por el tiempo
necesario para fabricar transistores.
Un último punto. Los precios de algunos bienes fluctúan de forma
desenfrenada de un día a otro o de una semana a otra. Estos cambios pueden ser
causa de muchas otras cosas, además de los cambios en la cantidad de trabajo
necesario para producirlos. Cuando una helada en Brasil arrasó todos los
cultivos de café, el precio del café se disparó porque esto provocó una escasez
mundial y las personas terminaron pagando más por ese producto. Si mañana
alguna catástrofe natural destruye todos los televisores, no hay duda de que
los precios de los aparatos de televisión se van a disparar de la misma forma.
Lo que los economistas llaman "la oferta y la demanda" causa
constantemente estas fluctuaciones en los precios.
Por esta razón, muchos economistas favorables al capitalismo dicen que
la teoría del valor-trabajo no tiene sentido. Afirman que solamente importa la
ley de la oferta y la demanda. Pero esto sí que carece de sentido. Porque este
argumento olvida que cuando alguna cosa fluctúa, fluctúa generalmente alrededor
de un nivel medio. El mar avanza y retrocede debido a las mareas, pero eso no
significa que no podamos localizar un punto en torno al cual se mueve, al cual
llamamos "nivel del mar". De la misma forma, el hecho de que los
precios suban y bajen diariamente, no significa que no existan valores fijos en
torno a los cuales fluctúan. Por ejemplo, si todos los aparatos de televisión
fuesen destruidos, los primeros en aparecer serían muy buscados y alcanzarían
precios elevadísimos. Pero no se demoraría mucho para que más aparatos llegasen
al mercado, compitiendo unos con otros hasta que los precios fuesen forzados a
bajar, hasta llegar cerca de su valor en términos del tiempo de trabajo
necesario para producirlos.
Competencia y acumulación
Hubo un tiempo en que el capitalismo parecía ser un sistema dinámico y
progresista. Durante la mayor parte de la historia humana, las vidas de la
mayoría de los hombres y las mujeres fueron dominadas por el trabajo pesado y
la explotación. El capitalismo industrial no cambió esto cuando apareció en los
siglos XVIII y XIX. Pero parecía haberle dado al trabajo pesado y a la
explotación un propósito útil. En vez de gastar grandes cantidades de riqueza
en lujos para unos pocos aristócratas parasitarios o en la construcción de
imponentes tumbas para los monarcas muertos, o en absurdas guerras para
conquistar un pedazo de tierra para el hijo de algún emperador, usó la riqueza
para construir los medios de crear más riquezas. El surgimiento del capitalismo
fue un período de crecimiento de las industrias, ciudades, medios de
transporte, en una escala nunca soñada por la historia humana anterior.
Puede parecer extraño hoy, pero lugares como las antiguas ciudades
industriales de comienzos del capitalismo, eran sitios en donde se operaban
milagros. La humanidad nunca había visto antes tanto algodón e hilados
transformados tan rápidamente en vestimenta para vestir a millones. Esto no
ocurrió porque los capitalistas tuviesen alguna virtud especial. Ellos eran
siempre, más bien, personas avaras, obsesionadas por colocar sus manos sobre la
mayor cantidad de riqueza posible, pagando el más bajo precio posible por el
trabajo que utilizaban. Muchas clases dominantes anteriores habían sido como
ellos en este aspecto, sin haber levantado industrias. Pero los capitalistas
fueron diferentes en dos aspectos importantes.
El primero con el que hemos tratado es el hecho de que ellos no poseían
sus propios trabajadores, pero pagaban a los trabajadores por hora por su
habilidad en el trabajo, por su fuerza de trabajo. Eran esclavos asalariados,
ya no solamente esclavos. El segundo aspecto es que ellos no consumían los
bienes producidos por sus trabajadores. El señor feudal vivía directamente de
la carne, el pan, el queso y el vino producido por sus siervos. Pero el
capitalista vivía de la venta a otras personas de los bienes producidos por los
trabajadores. Esto daba al capitalista individual menos libertad para hacer lo
que quería, que la que tenían los señores feudales y los propietarios de
esclavos. Para vender las mercancías, el capitalista tenía que producirlas lo
más barato posible. El capitalista poseía la fábrica y era todopoderoso dentro
de ella. Pero no podía usar este poder de cualquier forma. El también tenía que
inclinarse ante la necesidad de competir con otras fábricas.
Volvamos a nuestro capitalista favorito, Sir Browning Browne.
Consideremos que una cierta cantidad de tela de algodón lleva 10 hs. del tiempo
de un trabajador de su fábrica para ser producida, pero en otra fábrica esa
misma cantidad lleva apenas 5 hs. Sir Browning Browne no podría fijar el precio
de su mercancía por su equivalente a 10 hs. de trabajo. Nadie en su sano juicio
pagaría ese precio si puede pagar más barato por la tela unas cuadras más
adelante. Cualquier capitalista que quisiera sobrevivir en el negocio tenía que
asegurarse que sus empleados trabajasen tan rápido como fuera posible. Pero
esto no era todo. El también tenía que prever que sus empleados trabajen con la
maquinaria más moderna, de modo que su trabajo produjera tanta cantidad de bienes
en una hora como los empleados que trabajan para otros capitalistas. El
capitalista que quisiera permanecer en el negocio, tenía que asegurarse de
poseer cada vez mayor cantidad de medios de producción -o como Marx dice:
¡acumular capital!
La competencia entre capitalistas produjo un poder, el sistema de
mercado, que tenía a todos y cada uno bajo su control. Obligaba a todos a
acelerar el proceso productivo todo el tiempo e invertir todo lo que pudieran
en nuevas máquinas. Y solamente podían darse el lujo de gastar en nuevas
máquinas (y obviamente, en llevar su lujosa vida) si mantenían los salarios de
sus trabajadores lo más bajo posible. En su mayor obra, El Capital, Marx
escribe que el capitalista es un tacaño, obsesionado en juntar más y más
riquezas. Pero,
lo que en el avaro es mera idiosincrasia es, en el capitalista, el
efecto de un mecanismo social en el cual no pasa de ser uno de los
engranajes... El desarrollo de la producción capitalista vuelve necesario el
permanente crecimiento del total del capital colocado en un determinado
emprendimiento y la competencia hace que las leyes inmanentes del capital sean
percibidas por cada capitalista como leyes coercitivas externas. Eso los obliga
a mantener a su capital creciendo constantemente para preservarlo. Pero ellos
solo pueden hacer esto a través de una acumulación progresiva.
¡Acumula, acumula! ¡Dicen Moisés y otros profetas!
La producción no se desarrolla para satisfacer las necesidades humanas
incluso las necesidades humanas de la clase capitalista sino para posibilitar
al capitalista sobrevivir en la competencia con otros capitalistas. Los
trabajadores que son empleados por el patrón, descubren que sus vidas son
dominadas por la necesidad de sus empleadores de acumular más rápidamente que
sus rivales. Como dice Marx en el Manifiesto Comunista:
En la sociedad burguesa el trabajo vivo no pasa de ser un medio para
acumular trabajo muerto... El capital es independiente y tiene su
individualidad, las personas son dependientes y no tienen individualidad.
La tendencia compulsiva de los capitalistas a la acumulación en la
competencia, fue el gran empuje de la industria en los primeros años del
sistema. Pero otra cosa también resultó de esto: repetidas crisis económicas.
Las crisis económicas no son nuevas, son tan viejas como el propio sistema.
Capitulo 6
Las crisis económicas
Acumulación de riqueza por un lado y de pobreza por el otro.
Es así como Marx resume la principal tendencia del capitalismo. Cada
capitalista le teme a la competencia de otro capitalista, y es por esto que
hacen que sus empleados trabajen lo más duro posible, pagando los salarios más
bajos que puedan arrancarles. El resultado es una desproporción entre el enorme
crecimiento de los medios de producción por un lado, y el limitado crecimiento
de los salarios y del número de trabajadores empleados por el otro. Esta,
insistía Marx, es la causa básica de las crisis económicas. El modo más fácil
de entender esto es preguntarnos: ¿quién compra la siempre creciente cantidad
de mercancías? Los bajos salarios que tienen los trabajadores les impiden
comprar los bienes que ellos mismos producen. El capitalista no puede elevar los
salarios porque esto iría en contra de sus ganancias que son la fuerza
impulsora del sistema.
Pero si las empresas no pueden vender los bienes que producen, ellas
tienen que cerrar sus puertas y despedir trabajadores. El monto de los
salarios, entonces, cae aún más, y más empresas no consiguen vender sus
mercancías. Una "crisis de superproducción" se instala, con
mercancías acumuladas por toda la economía, que las personas no serán capaces
de adquirir. Este ha sido un aspecto recurrente en la sociedad capitalista en
los últimos 160 años. Pero cualquier apologista atinado del sistema, podría
llamar la atención sobre un medio fácil de salir de esta crisis. Todo lo que
los capitalistas deberían hacer sería invertir sus beneficios en nuevas
fábricas y máquinas. Esto ofrecería empleo a los trabajadores, que podrían
entonces ser capaces de comprar los bienes invendibles. Esto significa que
contando con que se realicen nuevas inversiones, todas las mercancías podrían
ser vendidas y el sistema podría ofrecer empleos para todos.
Marx no era necio y reconocía este hecho. Ciertamente, como vimos, él
sabía que la presión de la competencia que obligaba a los capitalistas a
invertir, era central para el sistema. Pero, él se preguntaba: ¿esto significa
que los capitalistas invertirían todos sus beneficios, todo el tiempo? Los
capitalistas sólo invertirían si considerasen que existe la garantía de una
ganancia "razonable". Si ellos no creen que pueda lograrse tal
ganancia, no arriesgarán su dinero en inversiones. Lo pondrán en el banco y lo
dejarán allí.
Que el capitalista invierta o no, dependerá de cómo evalúe la situación
económica. Cuando parece favorable, todos los capitalistas se precipitarán a
invertir al mismo tiempo, abalanzándose unos sobre otros buscando sitios de
construcción, comprando máquinas, escarbando el suelo en busca de materias
primas, pagando de sobra la mano de obra calificada. Esto es llamado por lo
general el boom. Pero la frenética competencia por la tierra, la materia prima
y la mano de obra calificada hace subir los precios de estas cosas. Y se llega
repentinamente a un punto donde algunas empresas descubren que sus costos se
han elevado tanto que todas sus ganancias han desaparecido.
El boom de inversiones repentinas da lugar a una caída de las
inversiones. Una depresión. Nadie más quiere nuevas fábricas -los trabajadores
de la construcción pierden sus empleos. Nadie quiere nuevas máquinas -las
industrias de maquinaria entran en crisis. Nadie quiere el acero y el hierro
que están siendo producidos -la industria del acero comienza de repente a
producir por "debajo de su capacidad" y "deja de brindar
ganancias". Quiebres y cierres se desparraman de industria en industria,
destruyendo empleos -y con ellos la capacidad de los trabajadores de comprar
bienes de otras industrias. La historia del capitalismo es la historia de esas
periódicas caídas y depresiones, y de la demencial situación de los
trabajadores desempleados muriendo de hambre al lado de fábricas vacías,
mientras los stocks de mercancías "indeseadas" se pudren. El
capitalismo crea periódicamente crisis de superproducción, porque no existe una
planificación que impida las corridas y fugas simultaneas de los capitales invertidos
en la producción.
Las personas acostumbraban pensar que el Estado podía detener esto. A
través de su intervención en la economía, aumentando la inversión gubernamental
cuando la inversión privada estuviese baja y reduciéndola cuando el capital
privado volviese a invertir, el Estado mantendría la producción en un nivel
estable. Pero hoy en día las inversiones estatales también son parte de la
locura general. Veamos el ejemplo de la British Steel. Algunos años atrás,
cuando la empresa todavía era pública, los metalúrgicos fueron notificados de
que sus empleos serían eliminados, para abrir camino a modernos hornos
automáticos que producirían más acero a menores costos. Hoy les dicen que
todavía más trabajadores deben perder sus empleos Gran Bretaña no fue el único
país en embarcarse en estos planes de inversiones masivas. Francia, Alemania,
Estados Unidos, Brasil, Alemania, Surcorea, todos hicieron lo mismo. Hay ahora
un excedente mundial de acero una crisis de superproducción. La inversión
estatal está siendo recortada.
Los metalúrgicos, por supuesto, sufren en las dos etapas. Cuando las
inversiones crecen y cuando las suspenden. Este es el precio que la humanidad
paga por un sistema económico en que la producción de enormes riquezas es
controlada por un pequeño grupo privilegiado, interesado solamente en las
ganancias. No importa si esos pequeños grupos privilegiados poseen directamente
las empresas o las controlan indirectamente a través de su poder sobre el
Estado (como es el caso de British Steel). Si ellos usan su control para
competir unos con otros, sea a escala nacional o global, siempre son los
trabajadores los que sufren. La mayor locura del sistema es el hecho de que las
"crisis de superproducción" no ocurren de forma alguna fruto a la
superproducción. Todo el excedente de acero, por ejemplo, podría haber ayudado
a resolver el hambre mundial. Campesinos de todo el mundo tienen que arar la
tierra con arados de madera arados de acero hubieran ayudado a aumentar la
producción mundial de alimentos. Pero los campesinos no tienen dinero, entonces
el sistema capitalista no se interesa no hay manera de obtener beneficios de
esa forma.
¿Por qué las crisis tienden a empeorar?
Las crisis no ocurren con una regularidad monótona. Marx también previó
que se volverían peores a medida que pasara el tiempo. Aunque las cosas
acontecieran de forma uniforme, sin convulsiones ni sobresaltos, esto no
detendría la tendencia general rumbo a las crisis. Y esto porque la competencia
entre capitalistas (y entre las naciones capitalistas) los obliga a invertir en
equipamientos que ahorran mano de obra.
Actualmente en Gran Bretaña casi todas las nuevas inversiones son
diseñadas para recortar el número de trabajadores. Es por esto que hay menos
trabajadores hoy en la industria británica que 10 años atrás, aunque la
producción se haya incrementado en ese período. Solamente a través de una
"producción racionalizada", del "aumento de la
productividad" y de la disminución de la mano de obra, un capitalista
puede hacerse de un pedazo más grande de la torta. Pero el resultado para el
sistema como un todo es desastroso. Pues esto determina que el número de
trabajadores no crezca a la misma velocidad que las inversiones. Aun así la
fuente del beneficio es la labor de los trabajadores, el combustible que
mantiene funcionando al sistema. Si hicieran más y más inversiones, sin el
correspondiente aumento de la fuente de ganancias, estarían rumbo al colapso
-esto es tan cierto como si quisiéramos mover un gran auto con la misma
cantidad de gasolina utilizada para mantener un autito pequeño funcionando.
Es por esto que Marx argumentaba 100 años atrás que es el éxito mismo
del capitalismo en acumular grandes inversiones en nuevos equipamientos, lo que
produce la tendencia decreciente de la tasa de ganancias, cuya mayor
consecuencia es el empeoramiento de las crisis. Este argumento puede ser
trasladado muy simplemente al capitalismo de hoy día. Al revés del viejo dicho
sobre los "malos tiempos" que dieron lugar a los "buenos
tiempos", de la depresión transformándose en expansión, lo que nosotros
presenciamos es una recesión sin final. Cualquier relanzamiento de la
producción se trans- forma en desempleo, es de alcance limitado y de corta
duración. Los apologistas del sistema dicen que esto ocurre porque no se
realizan inversiones suficientes. Sin inversiones nuevas no se crean nuevos
empleos y no hay dinero nuevo para comprar nuevas mercancías. Hasta ahí podemos
coincidir en lo que ocurre sólo que no podemos acordar con la explicación que
le dan al hecho.
Ellos culpan a los salarios. Están muy altos, dicen ellos, limitando las
ganancias hasta el hueso. Los capitalistas están recelosos de invertir porque
no conseguirán un "retorno suficiente". Pero las crisis se
presentaron también en épocas en que las políticas salariales recortaban el
nivel de vida de los trabajadores y garantizaban beneficios elevados a los
patrones. En los años 1975-1978 presenciamos los mayores recortes salariales
que los trabajadores hayan sufrido en este siglo, volviéndose los ricos más
ricos todavía el 10% más rico aumentó su participación en la riqueza nacional
del 57,8% en 1974 al 60% en 1976. Y así mismo no había inversión suficiente
para detener la crisis y esto ocurría no solamente en Gran Bretaña, sino
también en otros países donde los salarios fueron reducidos, como en Francia,
Japón y Alemania. Sería mejor oír lo que Marx decía 100 años atrás, que brindar
oídos a los actuales apologistas del capitalismo.
Marx previó que en la medida en que el capitalismo envejeciese, sus
crisis empeorarían, ya que su fuente de beneficios, la mano de obra, de ninguna
forma conseguiría crecer con la misma rapidez que las inversiones necesarias
para colocar esa mano de obra a trabajar. Marx escribió en una época en que el
valor de una fábrica y de la maquinaria necesaria para lograr poner en
actividad el trabajo era muy baja. Desde entonces, este costo se disparó y hoy
(1979) puede llegar a 20.000 o 30.000 libras. La competencia entre las empresas
capitalistas los forzó a usar maquinarias cada vez más caras y mayores.
Llegándose al punto en que, en la mayoría de las industrias las nuevas
maquinarias son garantía de menos trabajadores empleados.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha
previsto que el desempleo en las mayores economías del mundo decaería [...]
sólo si se diese algún milagro y las inversiones se disparasen. Y esto no va a
ocurrir. Porque los capitalistas cuidan sus beneficios, y si sus inversiones se
cuadriplican pero sus beneficios solamente se doblan, no estarán muy felices.
Pero es esto lo que debe ocurrir si la industria crece mas rápido que la fuente
de sus beneficios, el trabajo humano. Como dice el propio Marx, la tasa de
ganancias tiende a decaer. El preveía que se alcanzaría un punto, a partir del
cual cualquier nueva inversión sería una peligrosa aventura. La escala de los
gastos necesarios para nuevas máquinas e instalaciones sería colosal, y la tasa
de ganancias sería aún más baja que antes. Cuando este punto fuese alcanzado,
cada capitalista (o Estado capitalista) soñaría con nuevos y enormes programas
de inversiones -pero tendría terror de implementarlos por miedo a la quiebra.
La actual economía mundial tiene mucho de esto. Rover planea nueva
líneas de producción -pero teme perder dinero al hacerlo. La British Steel
sueña con tener aquellas gigantes instalaciones planeadas -pero tuvo que
congelar sus planes porque no consigue vender su actual producción. Los
fabricantes japoneses de buques desistieron de invertir en nuevas instalaciones
y algunas de las antiguas fueron cerradas. La propia capacidad del capitalismo
para construir máquinas cada vez más productivas y mayores, trajo al sistema al
punto de una crisis aparentemente permanente.
Este punto fue alcanzado en las sociedades esclavistas de la antigüedad
y en las sociedades feudales de la Edad Media, en que o la revolución
transformaba la sociedad o esta entraría en una crisis que la haría retroceder.
En el caso de Roma, la revolución no ocurrió y llevó precisamente a la
destrucción de la civilización romana y a la Edad Oscura. En el caso de algunas
sociedades feudales Gran Bretaña y, mas tarde, Francia la revolución destruyó
el antiguo orden y permitió que nuevos avances sociales ocurrieran, bajo el
capitalismo. Ahora el propio capitalismo enfrenta una elección entre las crisis
permanentes, que irán eventualmente sumergiendo a la humanidad en la barbarie
gracias a la miseria y la guerra, o la revolución socialista.
Capitulo 7
La clase trabajadora
Marx inició el Manifiesto Comunista afirmando que "la historia de
todas las sociedades que han existido hasta nuestros días ha sido la historia
de la lucha de clases." La cuestión de cómo la clase dominante obligaba a
la clase oprimida a producir riquezas para sí es crucial. A causa de esto en
todas las sociedades anteriores ocurrieron enormes luchas de clases, que
frecuentemente culminaban en guerras civiles las insurrecciones de los esclavos
en la Roma antigua, las insurrecciones campesinas en la Europa medieval, las
grandes guerras civiles y revoluciones de los siglos XVII y XVIII. En todas
esas grandes luchas, la masa de las fuerzas insurgentes venía de la parte más
oprimida de la sociedad. Pero, como Marx luego demostró, al final todos los
esfuerzos de esa mayoría oprimida solo servía para sustituir en el gobierno a
una minoría privilegiada por otra. Por ejemplo, en la China antigua hubo
sucesivas revueltas campesinas pero ellas apenas sustituían un emperador por
otro. De la misma forma, aquellos que más lucharon en la Revolución francesa
fueron los "bras nus" las clases más pobres de Paris. Y al final, la
sociedad terminó siendo gobernada no por ellos, sino por los banqueros y los
industriales que asumieron en lugar del rey y de los nobles.
Había dos principales razones para esta imposibilidad de las clases
bajas de mantener el control sobre las revoluciones en las cuales ellos
luchaban. Primeramente, el nivel general de riqueza de la sociedad era bastante
bajo. Esto ocurría porque la gran mayoría de las personas era mantenida en la
extrema pobreza, para que una pequeña minoría tuviese tiempo y sosiego para
desarrollar las artes y las ciencias con el fin de mantener a la civilización.
En otras palabras, la división social entre las clases era necesaria para que
la sociedad pudiese progresar. En segundo lugar, la vida de las clases
oprimidas no los preparó para dirigir la sociedad. En general ellos eran
analfabetos, tenían poca idea de cómo eran las cosas mas allá de la localidad
en que vivían y, sobretodo, su vida giraba en torno a competir unos contra
otros. Cada campesino se preocupaba en cultivar su propio pedazo de tierra. En
las ciudades, cada artesano trabajaba en su pequeño negocio. De ese modo,
competía con otros artesanos y no se unía con ellos.
Las revueltas campesinas comenzaban con un gran número de personas
exigiendo la división de las tierras del señor feudal local, pero una vez que
el señor feudal era derrotado, la personas comenzaban a luchar entre sí por
como las tierras deberían ser divididas. Como Marx dijo, los campesinos eran
como papas en una bolsa. Ellos podían estar juntos por una fuerza externa, pero
eran incapaces de juntarse permanentemente para defender sus propios intereses.
Los trabajadores que crean las riquezas bajo el moderno capitalismo difieren de
todas las clases subordinadas anteriores. Primero porque la división de clases
ya no es necesaria para el progreso humano. Tanta riqueza es creada, que la
sociedad capitalista por sí misma destruye periódicamente enormes cantidades,
en guerras o crisis económicas. Riquezas que podrían ser divididas
igualitariamente y todavía permitir el florecimiento de la sociedad en los
campos de la ciencia, las artes y demás.
En segundo lugar, la vida bajo el capitalismo prepara de varias formas a
los trabajadores para tomar el control de la sociedad. Por ejemplo, el
capitalismo necesita de trabajadores calificados e instruidos. Fuerza a
millares de personas a reunirse en grandes locales, en enormes urbanizaciones,
donde toman contacto unas con otras y donde pueden volverse una poderosa fuerza
de transformación social. El capitalismo lleva a los trabajadores a cooperar en
la producción dentro de las fábricas, y éstas facultades pueden fácilmente ser
dirigidas contra el propio sistema, como ocurre cuando los trabajadores se
organizan en los sindicatos. El hecho de estar concentrados en grandes unidades
productivas vuelve más fácil a los trabajadores controlar estas unidades. Hecho
que no ocurría en relación con las anteriores clases dominantes.
A pesar de esto, el capitalismo tiende poco a poco a transformar a
grupos de personas que se consideran superiores a los trabajadores manuales
(como oficinistas y técnicos), en trabajadores que son forzados a organizar sus
sindicatos, del mismo modo que los demás trabajadores. Recientemente el
desarrollo de las comunicaciones -ferrocarriles, carreteras, el transporte
aéreo, el sistema postal, los teléfonos, la radio y la televisión, el correo
electrónico y la Internet- permiten a los trabajadores comunicarse con
localidades o fábricas distantes. De este modo, pueden organizarse como clase a
escala nacional e internacional -algo muy lejos de los sueños de las previas
clases dominadas. Todos esos hechos demuestran que la clase trabajadora no se
limita a ser una fuerza capaz de rebelarse contra la sociedad existente, sino
que ella puede organizarse, eligiendo y controlando a sus propios
representantes, para transformar la sociedad según sus propios intereses y no
solamente instalar en el poder a otro emperador u otro grupo de banqueros. Como
dice Marx:
Todos los movimientos anteriores en la historia fueron movimientos de
minorías en favor de los intereses de las minorías. El movimiento obrero es el
movimiento conciente e independiente de la inmensa mayoría en favor de los
intereses de la inmensa mayoría.
Capitulo 8
¿Cómo se puede transformar la sociedad?
La mayoría de los socialistas y de los sindicalistas generalmente han
argumentado que la sociedad puede ser transformada sin necesidad de llevar a
cabo una revolución violenta. Dicen que lo necesario es que los socialistas
conquisten el apoyo popular para controlar las instituciones políticas
"tradicionales" como los parlamentos nacionales y locales. Entonces
los socialistas estarían en condiciones de cambiar la sociedad tomando el
control del actual Estado la administración, la justicia, la policía, las fuerzas
armadas para imponer leyes que restrinjan el poder de la clase dominante. De
esta forma lo que afirman es que el socialismo puede ser introducido
gradualmente y sin violencia, a través de la reforma del actual sistema.
Esta concepción es generalmente llamada "reformismo", aunque
ocasionalmente puede recibir el nombre de "revisionismo" (porque
envuelve una revisión completa de las ideas de Marx), o
"socialdemocracia" (aunque hasta 1914 este término significase
socialismo revolucionario). Es una concepción que fue aceptada tanto por la
izquierda como por la derecha del Partido Laborista británico, por ejemplo. El
reformismo parece, a primera vista, muy razonable. Concuerda con lo que nos dicen
en la escuela, los periódicos y la televisión que el "parlamento gobierna
el país" y que "el parlamento es electo de acuerdo a la voluntad
democrática del pueblo". Sin embargo, todas las tentativas de introducir
el socialismo a través del parlamento han fracasado. Tuvimos tres gobiernos con
mayoría laborista en el parlamento británico entre 1945 y 1979 con amplias
mayorías en 1945 y 1966 y así mismo los británicos no estamos más próximos al
socialismo de lo que lo estábamos en 1945.La experiencia fuera de Gran Bretaña
nos muestra lo mismo. En Chile durante 1970, el socialista Salvador Allende fue
electo presidente. Las personas decían que era un "nuevo camino" para
llegar al socialismo. Tres años más tarde los generales que habían sido
llamados a sumarse al gobierno derrocaban a Allende y el movimiento obrero
chileno era destruido.
Existen tres razones interrelacionadas por las cuales el reformismo está
condenado a fracasar siempre. Primero, mientras las mayorías socialistas en los
parlamentos van "gradualmente" introduciendo medidas socialistas, el
poder económico real continúa en manos de la vieja clase dominante. Ellos
pueden usar este poder económico para cerrar secciones enteras de la industria,
crear desempleo, forzar el aumento de los precios, enviar dinero al exterior
para crear una crisis en la "balanza de pagos", y lanzar campañas en
la prensa culpando al gobierno socialista por todo esto. De esta forma el
gobierno laborista de Harold Wilson fue forzado en 1964 y nuevamente en 1966 a
retirar medidas que beneficiaban a los trabajadores debido a una fuga en masa
de capitales individuales y empresariales al exterior. El propio Wilson lo
describe en sus memorias diciendo:
Llegamos a una situación en que un gobierno recién electo fue informado
por los especuladores internacionales de que el programa político con que
disputamos y vencimos en las elecciones no podía ser implementado... Al primer
ministro de la reina le fue solicitado que bajase la cortina de la democracia
parlamentaria, aceptando el hecho de que las elecciones británicas fueron una
farsa y que el pueblo británico no podía escoger entre dos políticas.
Es preciso agregar en relación a la fundada indignación de Wilson, que
por los seis años siguientes él en verdad llevó adelante el tipo de política
que agrada a los especuladores. El mismo tipo de crisis deliberada de la
balanza de pagos, forzó al gobierno laborista electo en 1974 a realizar tres
cortes consecutivos en los gastos en salud, educación y los servicios sociales.
El gobierno de Allende en Chile enfrentó un boicot aún mayor por parte de los
grandes empresarios. Por dos veces, ramas industriales enteras cerraron sus
puertas debido a huelgas patronales, por lo que la especulación aumentaba los
precios a niveles muy altos y sacaba las mercancías de circulación, obligando a
la población a enfrentar colas enormes para comprar bienes esenciales. La segunda
razón por la cual el capitalismo no puede ser reformado se debe al hecho de que
la maquinaria estatal actual no es "neutra", fue hecha de arriba
hacia abajo, para preservar la sociedad capitalista. El Estado controla casi
todos los medios por los cuales se ejerce la violencia. Solamente si la
organización del Estado fuese neutra e hiciese todo lo que un gobierno
cualquiera quisiese, fuese capitalista o socialista, el Estado podría ser usado
para detener el sabotaje económico de los grandes empresarios. Pero basta mirar
el modo como la maquinaria estatal trabaja y quien realmente da las órdenes,
para ver que ella no es neutral. La maquinaria estatal no se reduce al
gobierno. Es una vasta organización con diferentes ramas -la policía, el
ejército, el poder judicial, los servicios públicos, las empresas públicas y
demás. Muchas de las personas que trabajan en estas diferentes ramas estatales
vienen de la clase trabajadora son asalariados y viven como los otros
trabajadores.
Pero no son esas personas las que toman las decisiones. Los soldados
rasos no deciden donde ni cuales guerras deben ser peleadas, ni si las huelgas
deben ser reprimidas. El funcionario de la seguridad social no decide cuál debe
ser el valor de una jubilación. Toda la maquinaria estatal está basada en el
principio de que las personas que están abajo deben obedecer a los que están
arriba en la escala. Este es esencialmente el caso de las secciones de la
maquinaria estatal que ejercen la violencia física ejército y policía. La
primer cosa que los soldados aprenden cuando se alistan mucho antes de que
puedan tomar las armas es a obedecer órdenes, independientemente de sus
opiniones personales en relación a esas órdenes. Es por esto que ellos hacen
entrenamientos absurdos. Si ellos hacen movimientos absurdos en un
entrenamiento militar, es de esperar que también tiren cuando les sea ordenado,
sin reflexionar sobre eso. El mayor crimen en cualquier ejército es rehusarse a
cumplir órdenes. Esta ofensa es vista de forma tan rígida, que el motín en
tiempo de guerra es penado en Gran Bretaña con el fusilamiento.
¿Quién da las órdenes? Si observamos la jerarquía de mandos en el
ejército británico (y en otros ejércitos no es diferente) veremos que desciende
desde el general al soldado. El ejército es una gran máquina de matar. Las
personas que la dirigen y tienen el poder de promover a otros soldados para que
asciendan a las posiciones de mando son los generales. Por supuesto que en
teoría los generales tiene que responder ante los gobiernos electos. Pero los
soldados son entrenados para obedecer a los generales, no a los políticos. Si
los generales prefieren dar órdenes a los soldados que discrepan con los deseos
del gobierno electo, éste no puede impedir el cumplimiento de esas órdenes.
Puede apenas persuadir a los generales de cambiar sus intenciones, siempre y cuando
el gobierno supiese el tipo de órdenes que están siendo dadas -porque los
asuntos militares son casi siempre secretos y es muy fácil para los generales
esconder a los gobiernos que no son de su confianza lo que están haciendo. Esto
no significa que los generales siempre ignoren lo que el gobierno tenga para
decirles. En Gran Bretaña es común que los militares hallen conveniente hacer
las cosas como el gobierno lo sugiere. Pero, en situaciones de vida o muerte,
los generales son capaces de colocar su máquina asesina en acción sin siquiera
oír al gobierno. El gobierno no tiene mucho que hacer en relación con eso. Fue
esto lo que los generales terminaron haciendo en Chile cuando Allende fue
derrocado.
Por esto la cuestión no es "¿Quién manda en el ejército?" sino
"¿Quiénes son esos generales?". En Gran Bretaña el 80% de los
oficiales de alto rango vienen de las más caras escuelas. La misma proporción
de 50 años atrás (17 años de gobiernos laboristas no cambiaron esto). Ellos
están vinculados con quienes manejan los grandes negocios, pertenecen a los
mismos clubes, ejercen las mismas funciones sociales, comparten las mismas
ideas. [...] Esto mismo ocurre con los jerarcas del servicio público, los
jueces y los jefes de policía. ¿Crees que esas personas van a obedecer las
órdenes de un gobierno que quiera tomar el poder económico de sus amigos y
parientes que participan en los grandes negocios, solamente porque algunas
personas se manifestaran en frente al parlamento? ¿No sería mucho más probable
que ellos siguiesen el ejemplo de los generales, jueces y jerarcas chilenos,
que sabotearon las órdenes gubernamentales durante tres años y cuando llegó el
momento adecuado derrocaron al gobierno electo?
En la práctica, la particular "constitución" de países como
Gran Bretaña, posibilita que aquellos que controlan la maquinaria estatal sean
capaces de distorsionar la voluntad de un gobierno de izquierda
democráticamente electo, sin que sea necesario derrocarlo. Si un gobierno de
ese tipo fuese electo en Gran Bretaña, enfrentaría un incansable sabotaje
económico por parte de la clase dominante (cierre de fábricas, fuga de
capitales al exterior, desabastecimiento de artículos de primera necesidad,
inflación de los precios). Y si ese gobierno intentase lidiar con ese sabotaje
a través de los "medios constitucionales" aprobando leyes descubriría
que está con las manos atadas. El parlamento se negaría a aprobar esas leyes
retardando su aprobación [durante meses]. Y si por ventura alguna de ellas
fuese aprobada, los jueces las "interpretarían" de modo de restringir
su poder de acción. Los jerarcas del servicio público, los generales y los
mandos policiales usarían las decisiones de la justicia y del parlamento para
justificar su propia voluntad en el cumplimiento de aquello que fuese decidido
por los ministros. Y serían apoyados prácticamente por toda la prensa, que
denunciaría a gritos que el gobierno se está comportando
"ilegalmente" e "inconstitucionalmente". Los generales
usarían entonces esos argumentos para justificar los preparativos para derrocar
al gobierno "ilegal". El gobierno estaría impotente para lidiar con
el caos económico a menos que actuase realmente de forma inconstitucional y
llamase a los funcionarios de la administración, policías y soldados a
rebelarse contra sus superiores.
En caso de que alguien piense que esto es pura fantasía, debo decir que
han habido por lo menos dos ocasiones en la historia reciente de Gran Bretaña,
en que los generales de hecho sabotearon decisiones del gobierno que no eran de
su conveniencia. En 1912, la Cámara de los Comunes [órgano similar a una Cámara
de Diputados] aprobó una ley creando un parlamento "local" para
dirigir una Irlanda "unida". El líder conservador, Bonar Law,
inmediatamente acusó al gobierno (¡liberal!) de ser una "junta
ilegal" que "violaba la constitución". La Cámara de los Lores
[órgano que podría asimilarse a una Cámara de Senadores] retardó, naturalmente,
la aprobación de la ley lo máximo posible (dos años), mientras tanto el ex
ministro conservador, Edward Carson, organizaba una fuerza paramilitar en el
norte de Irlanda para resistir al cumplimiento de la ley. Cuando los generales
que comandaban el ejército británico en Irlanda recibieron órdenes de enviar
tropas al norte para hacer frente a los paramilitares, ellos se rehusaron a
hacerlo y amenazaron renunciar a sus cargos. Fue por causa de esta actitud,
conocida como el "Motín Curragh", que el norte y el sur de Irlanda no
consiguieran un parlamento unificado en 1914, y permanecen separadas hasta hoy.
En 1974 aconteció una repetición en miniatura de los eventos de 1912.
Los partidarios de la derecha leales a la corona británica en Irlanda del
Norte, organizaron una interrupción de la actividad industrial, usando
barricadas para impedir que las personas fueran a trabajar. Ellos no aceptaban
ser gobernados por una coalición de protestantes y católicos, formada para
dirigir Irlanda del Norte. Los ministros británicos llamaron al ejército de
Gran Bretaña y a la policía de Irlanda del Norte, la Royal Ulster Constabulary,
para disolver las barricadas y dar un fin a la huelga. Los oficiales de mayor
rango del ejército y los comandantes de la policía afirmaron al gobierno que
esto sería desaconsejable, y que ninguno de los soldados ni de los policías
marcharía contra los partidarios de la Corona. El gobierno de coalición entre
protestantes y católicos fue forzado a renunciar, ya que el punto de vista de
los militares se mostró más poderoso que el punto de vista del gobierno
británico. Si esto pudo acontecer en 1914 y en 1974 con gobiernos moderados
intentando llevar a cabo medidas tímidas, imaginen qué ocurriría si un gobierno
realmente socialista fuese electo. Cualquier mayoría reformista seria en un
parlamento sería obligada a escoger: entre abandonar sus reformas para calmar a
quienes controlan posiciones claves a nivel industrial y estatal, o prepararse
para un conflicto abierto que irá inevitablemente a significar el uso de algún
tipo de fuerza contra aquellos que controlan esas posiciones.
La tercera razón por la cual el reformismo es una vía muerta es el hecho
de que la "democracia" parlamentaria contiene mecanismos que impiden
que cualquier movimiento revolucionario pueda tomar forma a través de ella.
Algunos reformistas argumentan que la mejor manera de tomar el poder de quienes
controlan las posiciones claves en la maquinaria estatal es que la izquierda
obtenga la mayoría parlamentaria. Este argumento falla porque el parlamento
siempre minimiza el nivel alcanzado por la conciencia revolucionaria de la
mayoría de la población. La mayoría de la población solamente va a darse cuenta
que puede gobernar la sociedad cuando comience en la práctica a transformar la
sociedad a través de la lucha. Es en los momentos en que millones de
trabajadores ocupan sus fábricas y toman parte en las huelgas generales, que
las ideas socialistas revolucionarias se vuelven de pronto realistas.
Pero tal nivel de lucha no puede ser mantenido indefinidamente, a menos
que la vieja clase dominante sea arrancada del poder. Si ella consigue
resistir, solo habrá que esperar a que las ocupaciones y las huelgas declinen,
para usar su control sobre el ejército y la policía para quebrar las luchas. Y
una vez que las ocupaciones y las huelgas comienzan a flaquear, el sentimiento
de unidad y confianza entre los trabajadores empieza a desvanecerse. Esto da
lugar a la desmoralización y la angustia. Incluso los mejores comienzan a
sentir que la transformación de la sociedad es solo un sueño imposible. Es por
esto que los empleadores siempre prefieren que las votaciones en favor o en
contra de una huelga, se desarrollen cuando los trabajadores están en sus casas
obteniendo sus ideas de la televisión y los diarios, no cuando están unidos en
asambleas de masas, escuchando los argumentos de otros trabajadores como ellos.
Es por esto también que las leyes antisindicales casi siempre incluyen una
cláusula que obliga a suspender las huelgas mientras se realizan elecciones.
Tales cláusulas son correctamente llamadas períodos de "enfriamiento"
-idea- dos para echar un balde de agua fría en la confianza y unidad de los
trabaj adores.
El sistema electoral parlamentario contiene votaciones secretas y
períodos de calma. Por ejemplo, si un gobierno viene siendo derrotado frente a
una huelga masiva, es probable que diga, "bueno, esperen unas semanas
hasta que una elección general pueda resolver la cuestión
democráticamente", con la esperanza de que en ese interín la huelga sea
suspendida. La confianza y unidad de los trabajadores decaería. Los empresarios
podrían hacer listas negras con los militantes. La prensa y la televisión
capitalistas podrían volver a funcionar normalmente, martillando la cabeza de
las personas con ideas en favor del gobierno. Y la policía podría arrestar
"revoltosos". Entonces cuando esta elección finalmente ocurriera, el
voto ya no reflejaría el punto alto de la lucha de los trabajadores, sino el
punto bajo posterior a la huelga. En Francia durante 1968, el gobierno del
General de Gaulle usó las elecciones exactamente en este sentido. Los partidos
reformistas de los trabajadores y los sindicatos plantearon a los trabajadores
que pusieran fin a sus huelgas. Y De Gaulle venció en las elecciones. El primer
ministro británico Edward Heath intentó el mismo truco al enfrentar una gran
huelga victoriosa de los mineros, en 1974. Pero esta vez los mineros no
cedieron. Mantuvieron el movimiento y Heath perdió la elección. Si los trabaj
adores esperan las elecciones para decidir las cuestiones claves de la lucha de
clases, nunca alcanzarán ese punto alto.
El Estado de los trabajadores
Marx en su obra La Guerra Civil en Francia, y Lenin en El Estado y la
Revolución, esbozaron una concepción completamente diferente sobre cómo podía
conquistarse el socialismo. No habían sacado sus ideas de la nada: ambos
desarrollaron sus concepciones observando a la clase trabajadora en acción Marx
fue testigo de la Comuna de París, Lenin de los soviets rusos (consejos de
trabajadores) de 1905 y 1917. Marx y Lenin insistían en que la clase
trabajadora no puede iniciar la construcción del socialismo sin antes haber
destruido el viejo Estado basado en jerarquías y relaciones burocráticas, para
luego crear un nuevo Estado basado enteramente en nuevos principios. Lenin
subrayó que este Estado sería totalmente diferente del viejo, llamándolo un
"Estado Comuna, un Estado que no es un Estado".
Un nuevo Estado, decían Marx y Lenin, era necesario si la clase
trabajadora quería imponer sus decisiones a los remanentes de la clase
dominante y la clase media. Es por esto que ellos llamaban a este tipo de
gobierno "dictadura del proletariado" -la clase trabajadora tenía que
definir la forma en que sería dirigida la sociedad. También tenía que defender
su revolución de los ataques de los gobiernos capitalistas de otras partes del
mundo. Para cumplir estas dos tareas, tenía que tener sus propias fuerzas armadas,
y algunas formas de fuerza policial, tribunales y hasta prisiones. Para que
este nuevo ejército, policía y sistema legal fuesen controlados por los
trabajadores y nunca se volviesen contra sus intereses, tendrían que estar
basados en principios completamente diferentes de los del Estado capitalista.
Tenían que ser un instrumento con el cual la clase trabajadora, siendo mayoría,
dictara las reglas para el resto de la sociedad, y no una dictadura contra la
mayoría de la clase trabajadora.
Las principales diferencias son estas. El Estado capitalista sirve a los
intereses de una pequeña minoría de la sociedad. El Estado de los trabajadores
tiene que servir a los intereses de la gran mayoría. La violencia en un Estado
capitalista es ejercida por una minoría de asesinos contratados, separados de
la sociedad y entrenados para obedecer a los funcionarios de la clase alta.
Pero en un Estado de los trabajadores, la violencia sería necesaria apenas para
que la mayoría pudiese protegerse contra las acciones antisociales de los
vestigios de las antiguas clases privilegiadas. Las funciones militares y
policiales en un Estado de los trabajadores pueden ser ejercidas por
trabajadores comunes y corrientes, que pertenezcan al mismo medio que sus demás
compañeros trabajadores, compartiendo las mismas ideas y viviendo el mismo tipo
de vida. De hecho, para que no exista el peligro de que soldados y policías
nunca se separasen de la mayoría de los trabajadores, esos "soldados"
y "policías" deberían ser trabajadores ordinarios de fábricas y
oficinas que se rotaran en el desempeño de esas funciones. En vez de ser
dirigidas por pequeños grupos de oficiales, las fuerzas armadas y la policía
serían dirigidas directamente por representantes de los trabajadores.
Los representantes parlamentarios en la sociedad capitalista aprueban
leyes, pero dejan para los burócratas, jefes de policía y jueces la tarea de
implementarlas. Esto significa que [senadores, diputados y ediles] pueden
siempre escudarse en millones de disculpas cuando no se cumplen sus promesas.
Los representantes de los trabajadores en un Estado de los trabajadores tendrán
que hacer que sus leyes se pongan en práctica. Ellos, y no una elite de
burócratas, tendrán que explicar a los trabajadores de los servicios públicos,
el ejército y demás, como deberán ser hechas las cosas. De la misma forma, los
representantes de los trabajadores electos tendrán que interpretar las leyes
para los tribunales. Los representantes parlamentarios en un Estado capitalista
están separados de aquellos que los eligieron por sus altos salarios. En un
Estado de los trabajadores los representantes no van a recibir más que el
promedio de los salarios del conjunto de los trabajadores. Lo mismo vale para
aquellos que trabajaran en puestos claves ejecutando las decisiones tomadas por
los representantes de los trabajadores (el equivalente de las actuales
autoridades).
Los representantes de los trabajadores, y todos los que se ocuparan en
la implementación de las decisiones del conjunto de los trabajadores, no serían
como los parlamentarios actuales con inmunidad y un mandato garantido por 5
años (o de por vida como ocurre en algunas funciones). Ellos deberán someterse
a elecciones anuales, y abandonar su mandato si aquellos que los eligieron
consideraran que ellos no están cumpliendo sus deberes. Los parlamentarios son
electos por todas las personas que vienen en cierta localidad -por la clase
alta, la clase media y la clase trabajadora, por propietarios e inquilinos, por
especuladores financieros y empleados. En un Estado de los trabajadores,
solamente votarían en las elecciones aquellos que trabajan, haciéndolo solo luego
de una discusión abierta sobre las cuestiones del momento. Así, el núcleo del
Estado obrero serían los consejos de trabajadores en las fábricas, minas,
puertos, oficinas, y grupos como las amas de casa, los jubilados y los
estudiantes, quienes también elegirían a sus propios representantes. De este
modo, cada sección de la clase trabajadora tendría su propio representante, y
sería capaz de juzgar directamente si él o ella está representando sus
intereses. Así mismo, el nuevo Estado no podrá volverse una fuerza separada y
contraria a la mayoría de la clase trabajadora -como [aconteció] en los
regímenes estalinistas, llamados así mismos como "comunistas".
Al mismo tiempo, el sistema de consejos de trabajadores proporciona un
buen ejemplo de cómo los trabaj adores podrían coordinar sus esfuerzos en la
dirección de la industria de acuerdo con un plan nacional democráticamente
aprobado, y no acabasen por llevar a sus fábricas a competir unas contra otras.
Es fácil ver como [...] las computadoras podrían posibilitar a todos los
trabajadores recibir información sobre las opciones económicas abiertas a la
sociedad, y a orientar a sus representantes de modo de escoger aquello que la
mayoría de los trabajadores entiende son las mejores opciones por ejemplo, se
debería gastar recursos en un avión costoso o en un sistema de transporte
público barato y confiable, sería mejor construir bombas nucleares o aparatos
de hemodiálisis, y así en todo lo demás.
La desaparición del Estado
Debido a que el poder del Estado no sería más algo separado del conjunto
de los trabajadores, sus funciones estarían mucho menos ligadas a la coerción
que en el capitalismo. A medida que los vestigios de la vieja sociedad se
resignasen al éxito de la revolución, y que otras revoluciones en el extranjero
derrocasen a sus respectivas clases dominantes, sería cada vez menos necesaria
la coerción, y los trabajadores no precisarán dedicar parte de su tiempo a
trabajar como policías y soldados. Esto es lo que Marx y Lenin querían decir
cuando afirmaban que el Estado se iría debilitando. Al contrario de servir a la
coacción de la gente, el Estado se volvería un simple instrumento de los
consejos de trabajadores para decidir como producir y distribuir las riquezas.
Los consejos obreros surgieron de una forma u otra siempre que la lucha
de clases dentro del capitalismo alcanzó un nivel muy elevado. Soviet es la
palabra que los rusos utilizaron para sus consejos de trabajadores en 1905 y
1917. En 1918 los consejos de trabajadores en Alemania fueron, por un breve
tiempo, el único poder en dicho país. En España durante 1936, varios partidos y
sindicatos de trabajadores estuvieron unidos en los "comités de
milicias", que dirigían las localidades y eran muy parecidos a consejos de
trabajadores. En Hungría durante 1956, los trabajadores eligieron consejos para
dirigir las fábricas y localidades durante la lucha contra las tropas rusas. En
Chile entre 1972 y 1973, los trabajadores comenzaron a formar
"cordones" -comités de trabajadores que estaban ligados a las grandes
fábricas.
El consejo de trabajadores comienza como un contingente de trabajadores
que se unen para coordinar sus luchas en contra del capitalismo. Puede hasta
comenzar con funciones modestas, levantando fondos para una huelga, con
trabajadores electos en forma directa por los demás trabajadores y con mandatos
revocables. Y en los momentos más radicales de la lucha, pueden llegar a
coordinar los esfuerzos de toda la clase trabajadora. De este modo se comienzan
a colocar las bases para el poder de los trabajadores.
Capitulo 9
¿Cómo se vuelven revolucionarios los trabajadores?
En Gran Bretaña, la mayoría de los trabajadores durante este siglo han
apostado al Partido Laborista y al parlamento para el cambio social. Una
minoría importante ha apoyado las ideas reaccionarias del Partido Tory
(conservador). Mientras que los partidarios del socialismo revolucionario han
sido generalmente pocos en número. Esta indeferencia u oposición de los
trabajadores al socialismo no es nada sorprendente. Todos nosotros fuimos
criados en una sociedad capitalista en donde se considera cosa común el hecho
de que todos sean egoístas, que la televisión y la prensa digan que solamente
una minoría privilegiada tiene capacidad para tomar las decisiones importantes
en la industria y en el gobierno, en donde la gran mayoría de los trabajadores
es educada desde el primer día de escuela a obedecer órdenes dadas por aquellos
que sean "más viejos y más sabios".
Como dice Marx, "las ideas dominantes son las ideas de la clase
dominante" y un vasto número de trabajadores las acepta. A pesar de esto,
repetidas veces en la historia del capitalismo, movimientos revolucionarios de
la clase trabajadora han sacudido un país tras otro. Francia en 1871, Rusia en
1917, Alemania y Hungría en 1919, Italia en 1920, España y Francia en 1936,
Hungría en 1956, Francia en 1968, Chile en 1972- 1973, Portugal en 1975, Irán
en 1979, Polonia en 1980. La explicación para estos levantamientos reside
exactamente en la propia naturaleza del capitalismo. Es un sistema que tiende a
las crisis. A largo plazo, no puede ofrecer el pleno empleo, no puede ofrecer
prosperidad para todos, no puede asegurar nuestros actuales niveles de vida
contra las crisis que producirá en el futuro. Pero durante los períodos de
expansión del capitalismo, los trabajadores llegan a esperar esas cosas.
Por ejemplo, durante la década de 1950 y principios de los años sesenta,
los trabaj adores británicos llegaron a creer en el pleno empleo, un
"estado de bienestar" y una gradual pero real mejora en su calidad de
vida. A diferencia de eso, en los últimos 25 años sucesivos gobiernos
permitieron que creciera el desempleo hasta abatir a 4 millones de personas,
transformando el "estado de bienestar" en corte de nuestros niveles
de vida. A causa de que absorbemos muchas ideas capitalistas, aceptamos esos
ataques. Pero inevitablemente llegamos a un punto en que los trabajadores
concluyen que ya no se puede aguantar más. De repente, cuando nadie se lo
espera su ira explota y toman medidas contra empresarios y gobiernos. Quizás
sea a través de una huelga o de una manifestación.
Cuando esto ocurre, les guste o no esto a la mayoría de los
trabajadores, ellos hacen cosas que contradicen todas las ideas capitalistas
que aceptaban. Comienzan a actuar de forma solidaria unos con otros, como una
clase, contra los representantes de la clase capitalista. Las ideas del
socialismo revolucionario que ellos rechazaban, ahora empiezan a adecuarse a lo
que están haciendo. Por lo menos algunos de ellos empiezan a tomar en serio
aquellas ideas -desde que ellas se les vuelven accesibles. El alcance que esto
tendrá dependerá del alcance de la lucha, no de las ideas que estaban en la
cabeza de los trabajadores. El capitalismo los obliga a luchar aunque tengan la
cabeza llena de ideas favorables al capitalismo. Y es la lucha la que los
obliga a cuestionar esas ideas. El poder del capitalismo se sostiene sobre dos
pilares -control de los medios de producción y control del Estado. Un genuino
movimiento revolucionario de los trabajadores, comienza cuando la lucha de
masas de trabajadores por sus intereses económicos inmediatos (salario, empleo,
etc.) los lleva a chocar contra los pilares del capitalismo.
Tomemos como ejemplo un grupo de trabajadores empleados en la misma
empresa por años. Todo su patrón de vida normal depende del trabajo que
desarrollan allí. Un día el empresario anuncia que va a cerrar la fábrica.
Inclusive aquellos trabajadores que votan a los partidos más conservadores
entran en pánico y quieren hacer algo. En la desesperación, ellos deciden que
el único medio de continuar llevando el mismo tipo de vida que les enseñó el
capitalismo a tener, es ocupando la fábrica y tomando el control de los medios
de producción. Luego descubren que esto significa luchar contra el Estado, una
vez que el empresario llama a la policía para que le devuelvan el control de su
propiedad. Si quieren tener una chance de mantener sus empleos, los
trabajadores ahora tendrán que enfrentar a la policía, la maquinaria estatal y
a los empresarios. De este modo el propio capitalismo crea las condiciones para
un conflicto de clase que abre la mente de los trabajadores a ideas totalmente
opuestas a aquellas que el sistema les enseñó. Es por esto que la historia del
capitalismo ha sido marcada por periódicas irrupciones de sentimientos
revolucionarios entre millones de trabajadores, aunque la mayoría de las veces
ellos acepten las ideas que el sistema les impone.
Una última cuestión. Una de las cosas más fuertes que impide a los
trabajadores apoyar las ideas revolucionarias, es que entienden que no vale la
pena hacer nada porque los demás trabajadores no van a apoyarlos. Pero cuando
ellos descubren que los demás trabajadores están actuando igual que ellos,
súbitamente salen de su apatía. Lo mismo ocurre cuando los trabajadores que
antes se encontraban incapaces de gobernar la sociedad, al trabar grandes
luchas contra la actual sociedad, acaban por darse cuenta que están tomando
para sí mucha de esa responsabilidad. Es por esto que una vez iniciados, los
movimientos revolucionarios pueden crecer como una bola de nieve a una
velocidad increíble.
Capitulo 10
El partido socialista revolucionario
La premisa básica del marxismo es que el propio desarrollo del
capitalismo lleva a los trabajadores a rebelarse contra el sistema. Cuando una
revuelta se desata sean gran- des manifestaciones, insurrecciones armadas o
incluso una gran huelga la transformación de la conciencia de la clase
trabajadora es increíble. Toda la energía mental que los trabajadores antes
consumían en una y mil diversiones desde apostar a los caballos a mirar la
televisión, es súbitamente dirigida para intentar resolver el problema de cómo
cambiar la sociedad. Millones de personas trabajando en un asunto como este
produce soluciones de increíble ingeniosidad, lo que frecuentemente deja a los
revolucionarios experimentados tan confusos como a la clase dominante frente a
los rápidos cambios de la situación. Como por ejemplo, en la primera revolución
rusa de 1905, donde una nueva forma de organización de los trabajadores, los
soviets el consejo de trabajadores surgió y se desarrollo a partir de un comité
instalado durante una huelga de los trabaj adores gráficos. Al principio, el
Partido bolchevique el más militante entre los partidos socialistas
revolucionarios miraba a los soviets con desconfianza: no creía que fuese
posible para la masa de los trabaj adores, originalmente despolitizada, crear
un instrumento genuinamente revolucionario.
Tales experiencias se presentan en muchas huelgas: los antiguos
militantes son tomados por sorpresa cuando los trabajadores que habían ignorado
sus consejos por tanto tiempo, de repente comienzan a organizar ellos mismos
acciones militantes. Esta espontaneidad es fundamental. Pero es errado concluir
de eso que por existir la espontaneidad no es necesario un partido
revolucionario, como hacen los anarquistas y otras tendencias cercanas al
anarquismo. En una situación revolucionaria, millones de trabajadores cambian
sus ideas muy rápidamente. Pero ellos no cambian todas sus ideas de una sola
vez. Dentro de cada huelga, manifestación y levantamiento armado, se dan
discusiones muy frecuentes. Algunos trabajadores entienden que la acción que
están realizando es el preludio para la toma del control de la sociedad por
parte de la clase trabajadora. Otros se opondrán a cualquier acción de ese tipo
porque eso iría contra el "orden natural de las cosas". En el medio
de todo eso estarán la mayoría de los trabajadores que se sentirán atraídos por
unos u otros argumentos.
De un lado de la balanza, la clase dominante colocará todo el peso de su
prensa, la máquina de propaganda para denunciar la acción de los trabaj adores.
También utilizará la fuerza para debilitar la huelga, con la policía, el
ejército, o las organizaciones de extrema derecha. Del lado de los trabajadores
debe haber una organización de socialistas que sea capaz de hablar sobre las
luchas de clase pasadas, y que pueda también colocar los argumentos socialistas
en la balanza. Una organización que pueda sistematizar la creciente conciencia
de los trabajadores en lucha, de modo que puedan actuar juntos para cambiar la
sociedad. Y este partido revolucionario necesita estar presente antes de que la
lucha co- mience, pues la organización no nace espontáneamente. El partido se
construye en el continuo intercambio entre las ideas socialistas y la lucha de
clases -apenas entender a la sociedad no basta: solamente aplicando esas ideas
y experiencias de la lucha de clases, en huelgas, manifestaciones y campañas,
los trabajadores tomarán conciencia de su poder para cambiar las cosas y
ganarán confianza para hacerlo. En ciertos momentos y situaciones, la
intervención de un partido socialista puede inclinar la balanza hacia el
cambio, hacia la transferencia revolucionaria del poder a los trabajadores,
hacia la sociedad socialista.
¿Qué tipo de partido?
El partido socialista revolucionario necesita ser democrático. Para
cumplir su papel, el partido precisa estar siempre en contacto con la lucha de
clases y esto significa estar en contacto con sus propios miembros y aliados en
los lugares de trabajo donde acontece la lucha de clases. Necesita ser
democrático porque su liderazgo debe siempre reflejar la experiencia colectiva
de la lucha. Al mismo tiempo, esta democracia no es meramente un sistema de
elección sino un continuo debate dentro del partido -una continua interacción
de las ideas socialistas en las que el partido se basa con la experiencia de la
clase trabajadora.
Pero el partido revolucionario también debe ser centralizado -pues es un
partido activo, no un grupo de estudio. Debe ser capaz de intervenir
colectivamente en la lucha de clases y responder rápidamente. Por lo tanto
precisa tener un liderazgo capaz de tomar decisiones día tras día en nombre del
partido. Si el gobierno ordena el encarcelamiento de quienes se hallan
realizando un piquete, por ejemplo, el partido debe tener que poder actuar
inmediatamente sin necesitar convocar primero a una conferencia para tomar
decisiones democráticas. En una situación como esta las decisiones deben ser
tomadas de forma centralizada y ejecutadas inmediatamente. La democracia entra
en escena después, cuando los miembros del partido evalúen las decisiones
tomadas, correctas o no y talvez puedan hasta cambiar la dirección partidaria
si ella pierde contacto con las necesidades de la lucha.
El partido socialista revolucionario necesita mantener el fino y
delicado equilibrio entre democracia y centralismo. La clave de la cuestión es
que el partido no existe para sí mismo, sino como un medio para posibilitar los
cambios revolucionarios para el socialismo, lo cual solo puede ocurrir a través
de la lucha de clases. Por lo que, el partido debe adaptarse continuamente a la
lucha. Cuando esta se encuentra en un nivel bajo, y pocos trabaj adores creen
en la posibilidad del cambio revolucionario, entonces el partido será pequeño y
debe estar contento de ello, pues diluir sus ideas políticas con el fin de
aumentar la cantidad de sus miembros sería inútil. Pero cuando la lucha crece,
un gran número de trabaj adores pueden cambiar sus ideas muy rápidamente,
descubriendo a través de la lucha su poder para cambiar las cosas entonces el
partido debe ser capaz de abrir sus puertas, de otra manera será dejado al
margen. El partido no puede sustituir a la clase trabajadora. Debe ser parte de
la lucha de clases, buscando siempre unir a los trabajadores con mayor
conciencia de clase, para hacer de ellos líderes en la lucha. El partido
tampoco puede decidir lo que la clase trabajadora debe hacer. No puede
simplemente autoproclamarse el liderazgo, sino que debe intentar conquistar esa
posición, probando en la práctica la verdad de las ideas socialistas -lo que
implica desde una pequeña huelga hasta la revolución misma.
Algunas personas ven al partido socialista revolucionario como un
precursor del socialismo. Esto es completamente erróneo. El socialismo solo
puede darse cuando la propia clase trabajadora asuma el control de los medios
que permiten crear las riquezas y usarlos para transformar la sociedad. No se
puede construir una isla de socialismo en un océano de capitalismo. Los
intentos de pequeños grupos de socialistas de aislarse y llevar una vida de
acuerdo a las ideas socialistas siempre fallan a largo plazo -para empezar, las
presiones económicas e ideológicas nunca desaparecen. Y si se apartan del
capitalismo, estos pequeños grupos también acaban apartándose de la única
fuerza que puede conquistar el socialismo -la clase trabajadora. Está claro que
los socialistas luchan contra los efectos degradantes del capitalismo todos los
días: contra el racismo, contra el machismo, la explotación y la violencia.
Pero solamente podemos hacerlo utilizando la fuerza de la clase trabajadora
como la fuente de nuestras energías.
Capitulo 11
Imperialismo y liberación nacional
En toda la historia del capitalismo la clase dominante siempre se ha
procurado una fuente de riqueza adicional apoderarse de la riqueza producida en
otros países. El desarrollo de las primeras formaciones capitalistas al final
de la Edad Media fue acompañado por la creación de vastos imperios coloniales
de los Estados occidentales los imperios de España, Portugal, Holanda, Francia
y Gran Bretaña. Las riquezas fueron transferidas a las manos de las clases
dominantes de Europa occidental, por lo que sociedades enteras que estaban en
lo que ahora es conocido el "Tercer Mundo" (África, Asia y América
Latina) fueron destruidas.
El "descubrimiento" de América por los europeos en el siglo
XVI produjo un enorme flujo de oro hacia Europa. La otra cara de la moneda fue
la destrucción de sociedades enteras y la esclavización de aquellas que
sobrevivieron. Por ejemplo en Haití, don- de Colón inició su primer
colonización, los nativos indios Harawak (tal vez medio millón) fueron
exterminados en apenas dos generaciones. En México la población indígena fue
reducida de 20 millones en 1520 a 2 millones en 1607. La población indígena de
las Indias Occidentales y de partes del continente americano fueron sustituidas
por esclavos capturados en África y transportados a través del Atlántico en
condiciones abominables. Se estima que cerca de 15 millones de esclavos
sobrevivieron a la travesía del Atlántico mientras que 9 millones murieron en
el camino. Cerca de la mitad de los esclavos fueron transportados en navíos
británicos lo cual es razón para que el capitalismo británico fuera el primero
en expandirse.
La riqueza generada por el tráfico de esclavos ofreció medios para
financiar la industria. Como dice un viejo dicho "los muros de Bristol
fueron cimentados con la sangre de los negros" -y esto puede ser aplicado
para otros puertos británicos. Como dice Karl Marx, "la esclavitud velada
del trabajo asalariado en Europa fue erigida sobre el pedestal del esclavismo
simple y puro del Nuevo Mundo". El esclavismo fue completado con el saqueo
-como cuando Gran Bretaña conquistó la India. Bengala estaba tan avanzada que
los primeros visitantes británicos quedaron asombrados de lo magnífica de su
civilización. Pero esta riqueza no duró mucho tiempo en Bengala. Como escribió
Lord Macauley en su biografía de Clive, el conquistador:
la mayoría de la población fue entregada como presa. Enormes fortunas
fueron rápidamente acumuladas en Calcuta, mientras que 30 millones de seres
humanos fueron reducidos a la más extrema pobreza. Estaban acostumbrados a
vivir bajo una tiranía, pero no a una tiranía como ésta.
Desde este punto en adelante, Bengala comenzó a ser famosa no por su
riqueza sino por la extrema pobreza que cada poco llevaba a millones a morir de
hambre, una pobreza que aun hoy continúa. En los años 1760, en un tiempo en que
el total del capital invertido en Gran Bretaña no era más que 6 o 7 millones de
libras, el tributo que los británicos sacaban anualmente a la India ascendía a
2 millones de libras.
Los mismos procesos estaban desarrollándose en la más antigua de las
colonias británicas -Irlanda. Durante la gran hambruna de final de los años
1840, cuando la población irlandesa se redujo a la mitad debido al hambre y a
la inmigración, mayor cantidad de trigo a la suficiente para salvar a la
población de la inanición fue remitido del país para los propietarios
británicos como renta. Hoy es costumbre dividir el mundo entre países
"desarrollados" y "subdesarrollados". La impresión es que
los países "subdesarrollados" se están moviendo en la misma dirección
que los "desarrollados". Lo han hecho por cientos de años, sólo que a
una velocidad menor. Pero de hecho una razón del "desarrollo" de los
países occidentales fue que a los países restantes les fueran robadas sus
riquezas y fueran mantenidos en el atraso. Muchos de ellos son mas pobres hoy
que hace 300 años. Como resaltó Michael Barratt Brown,
la riqueza per cápita de las actuales regiones subdesarrolladas, no sólo
en la India, también en China, América Latina y África era mayor que la Europa
del siglo XVII y fue cayendo a medida que crecía la riqueza en Europa
Occidental.
Poseer un imperio permitió a Gran Bretaña volverse la primera potencia
industrial del mundo. Quedó en la posición de poder impedir a los otros Estados
capitalistas el acceso a las materias primas, mercados y áreas de inversión
rentables en la tercera parte del planeta que ella dominaba. A medida que las
nuevas potencias industriales como Alemania, Japón y Estados Unidos crecían,
querían obtener esa ventaja para ellas mismas. Querían construir imperios
rivales o "esferas de influencia". Frente a la crisis económica, cada
gran potencia capitalista intentaba resolver su problema escogiendo la esfera
de influencia de sus rivales. El imperialismo llevó a la guerra mundial. Esto,
a su vez, provocó grandes cambios al interior de la organización capitalista.
La herramienta para trabar guerras, el Estado, se volvió mucho más importante.
Funcionaba en forma muy parecida a las empresas gigantes con el fin de
reorganizar la industria para la competencia externa y para la guerra. El
capitalismo se volvió un capitalismo estatal.
El desarrollo del imperialismo determinó que los capitalistas explotaran
no sólo a la clase trabajadora de su país, sino también que tomaran el control
físico de otros países y pasaran a explotar a sus trabajadores. Para las clases
más oprimidas de los países coloniales esto significaba ser explotados por
imperialistas extranjeros y además por sus propias clases dominantes. Ellas
eran doblemente explotadas. Pero parte de las clases dominantes de los países
coloniales también sufrieron. Vieron robadas por el imperialismo muchas de sus
propias oportunidades de explotar a la población local. Del mismo modo
sufrieron las clases medias de los países coloniales, a quienes les hubiera
gustado ver una rápida expansión de la industria local, para así haber tenido buenas
oportunidades en sus carreras profesionales.
Los últimos sesenta años han visto revueltas de varias clases de los
países colonizados y excolonizados contra los efectos del imperialismo. Se
desarrollaron movimientos que intentaron unir a la población en general contra
el dominio imperialista extranjero. Sus reivindicaciones han sido: expulsión de
las tropas imperialistas extranjeras; unificación de todo el territorio bajo un
único gobierno, siendo contrarios a su división entre diferentes imperios;
reestablecimiento de la lengua original en la vida cotidiana, por oposición al
lenguaje impuesto por la dominación extranj era; y utilización de la riqueza
producida por el país para expandir la industria local, posibilitando el
"desarrollo" y la "modernización" nacionales. Estas fueron las
reivindicaciones de los repetidos levantamientos revolucionarios en China
(1912, 1923-27 y en 1945-48), en Irán (en 1905-12, 1917-21 y en 1941-53), en
Turquía (después de la Primera Guerra Mundial), en las Indias Occidentales y
América Latina (de 1920 en adelante), en India (en los años 1920- 48), en
África (después de 1945), en Vietnam (hasta que los norteamericanos fueran
derrotados en 1975).
Estos movimientos eran frecuentemente liderados por fracciones de las
clases altas y medias, pero para las clases altas de los países avanzados, eso
significaba enfrentar a más de un oponente, además de a su propia clase
trabajadora. El movimiento nacional en el llamado "Tercer Mundo"
desafió a los Estados imperialistas capitalistas, al mismo tiempo en que lo
hacían sus propias clases trabajadoras. Para el movimiento obrero de los países
avanzados esto tenía gran importancia. Significaba que en su lucha contra el
capitalismo ellos tenían un aliado en los movimientos de liberación del
"Tercer Mundo". Por ejemplo, los trabajadores de la Shell en Gran
Bretaña tenían un aliado en las fuerzas de liberación sudafricanas, que estaban
luchando para tomar las propiedades que la Shell posee en aquel país. Si la
Shell lograba frustrar los objetivos de los movimientos de liberación del
"Tercer Mundo", ella se volvería entonces más fuerte para resistir
las exigencias de sus trabajadores en Gran Bretaña.
Esto era verdad aunque el movimiento de liberación de un país del
"Tercer Mundo" no tuviera una dirección socialista es verdad, aunque
este liderazgo simplemente qui siera sustituir el dominio extranjero por un
dominio capitalista local. El Estado imperialista que está intentando aplacar
al movimiento de liberación es el mismo Estado imperialista enemigo mayor del
trabajador occidental. Es por eso que Marx insistía en que "un Estado que
oprime a los otros no puede liberarse a sí mismo" y es por eso que Lenin
defendía una alianza entre los trabajadores de los países avanzados y los
pueblos oprimidos del "Tercer Mundo", aunque tuviesen liderazgos no
socialistas.
Esto no significa que los socialistas estén de acuerdo con el modo en
que los no socialistas lleven adelante la lucha de liberación nacional en un
país oprimido (no más de lo que necesariamente concordamos con el modo en que
un líder sindical lleva adelante una huelga). Pero tenemos que dejar bien
claro, antes de nada, que apoyamos esta lucha. De lo contrario terminaríamos
fácilmente apoyando a nuestra propia clase dominante contra el pueblo al que
ella está oprimiendo. Tenemos que apoyar las luchas de liberación nacional
incondicionalmente, antes de criticar el modo en que ella está liderada. Pero
los socialistas revolucionarios de un país que está oprimido no pueden dejar
las cosas por allí. Deben discutir día a día con otras personas, cómo debe ser
librada la lucha por la liberación nacional.
Aquí, los puntos mas importantes están contenidos en la teoría de la
revolución permanente desarrollada por Trotsky. El comenzó reconociendo que
frecuentemente los movimientos contra la opresión son iniciados por personas de
clase media o incluso por sectores atrasados de las clases altas. Los
socialistas apoyan estos movimientos porque buscan remover una de las cargas
que pesa sobre la mayoría de la clase oprimida y los grupos sociales. Pero
tenemos que reconocer que aquellos que vienen de las clases medias o altas no
pueden liderar esta lucha consecuentemente. Ellos tendrán reparos con respecto
a desatar una sangrienta lucha de masas, en el caso que esa lucha desafiara no
solamente la opresión externa, sino también su propia habilidad de vivir de la
explotación de las clases más oprimidas. En cierto momento ellos van a
abandonar la lucha que comenzaron, y si es necesario, se unirán con el
explotador extranjero para aplastarla. En este punto, si las fuerzas
socialistas de la clase trabajadora no toman la dirección de la lucha por la
liberación nacional, esta lucha será derrotada.
Trotsky hizo una observación más. Es verdad que en los países del
"Tercer Mundo" la clase trabajadora representa una minoría,
frecuentemente una pequeña minoría de la población. A pesar de esto, ella es
bastante grande en términos absolutos [...] y crea una enorme porción de la
riqueza nacional en relación a su tamaño, y se concentra abrumadoramente en las
ciudades que son clave para el dominio del país, cuando llega la hora de tomar
el poder. Es así que en un período revolucionario, la clase trabajadora puede
tomar el liderazgo de todas las clases oprimidas y de países enteros. La
revolución puede volverse permanente, empezando con reivindicaciones por la
liberación nacional y terminando con exigencias socialistas. Pero sólo si los
socialistas de un país oprimido han organizado desde el comienzo a los
trabajadores como una clase independiente apoyando en general al movimiento de
liberación nacional, pero siempre advirtiendo que no se puede confiar en el
liderazgo de la clase media y la clase alta.
Capitulo 12
Marxismo y feminismo
Hay dos maneras diferentes de abordar la liberación de las mujeres el
feminismo y el socialismo revolucionario. El feminismo ha sido la influencia
dominante en los movimientos de mujeres que surgieron en los países
capitalistas avanzados en las décadas de 1960 y 1970. Parte de la visión de que
los hombres siempre han oprimido a las mujeres, y de que la constitución
psíquica y biológica de los hombres es la que los hace tratarlas como
inferiores. Esto lleva a que la liberación de las mujeres es posible si existe
una separación entre hombres y mujeres a través de la separación total de las
feministas que quieran vivir un "estilo de vida liberado", o de la
separación parcial de las mujeres en comités de mujeres, convenciones y eventos
abiertos a la participación exclusiva de mujeres.
Muchas de las que apoyaban esta separación parcial se consideraban a si
mismas como feministas socialistas. Pero más tarde, ideas feministas radicales
de una total separación se introdujeron en el movimiento. Estas ideas
separatistas terminaron siendo un ala levemente radical en los servicios
sociales, y en los refugios para mujeres. Esta división ha llevado a muchas
feministas por otra dirección a la participación en organizaciones reformistas,
como el Partido Laborista británico. Ellas creen que la conquista de derechos
en los lugares apropiados, como miembros del parlamento, sindicatos oficiales,
jueces, etcétera, servirá de alguna forma para ayudar a las mujeres a encontrar
la igualdad.
La tradición del socialismo revolucionario parte de ideas diferentes.
Marx y Engels escribiendo ya en 1848, argumentaban que la opresión de las
mujeres no surgió de la cabeza de los hombres, aunque sí del desarrollo de la
propiedad privada y, con ella, de la urgencia de una sociedad basada en clases.
Para ellos luchar por la liberación de las mujeres era por tanto inseparable de
la lucha por el fin de la sociedad de clases de la lucha por el socialismo.
Marx y Engels también resaltaban que el desarrollo del capitalismo, basado en
el sistema fabril, trajo profundos cambios en la vida de las personas,
especialmente en la vida de las mujeres. Ellas fueron empujadas nuevamente a la
producción social, de donde habían sido progresivamente excluidas, con el desarrollo
de la sociedad de clases. Esto dio a las mujeres un potencial que nunca habían
tenido. Organizadas colectivamente, las mujeres como trabajadoras tenían mayor
independencia y capacidad de luchar por sus derechos. Esto determinaba un gran
contraste con su vida anterior, cuando su papel en la producción era cuidar de
la familia, lo cual las tornaba totalmente dependientes del jefe de la familia
el marido o el padre.
De esto, Marx y Engels concluyeron que la base material para la
existencia de la familia y, por lo tanto de la opresión femenina, ya no
existía. Lo que impedía a las mujeres que se beneficiaran de este hecho era que
la propiedad permanecía en las manos de unos pocos. Lo que hoy mantiene a las
mujeres bajo la opresión es el modo en que el capitalismo está organizado en
particular, el modo en que el capitalismo utiliza la forma específica que tiene
la familia para asegurarse que los trabajadores procreen y ofrezcan nuevas
generaciones de trabajadores. Es una gran ventaja que las mujeres dediquen la
mayor parte de sus vidas a asegurar, sin retribución alguna, que sus maridos
estén en condiciones de trabajar en las fábricas, y que sus hijos sean criados
por ellas para hacer lo mismo.
En el socialismo, por el contrario, se realizarán en sociedad muchas de
las funciones familiares que pesan tanto sobre las mujeres. Esto no significa
que Marx y Engels pregonaran la "abolición de la familia". Los
defensores de la familia han sido capaces de movilizar muchas mujeres oprimidas
en defensa del núcleo familiar -pues ellas entienden por "abolición de la
familia" la idea de dar libertad a sus maridos de abandonarlas con las
responsabilidades y los hijos. Los socialistas revolucionarios han intentado
demostrar, por el contrario, que en una sociedad mas justa, una sociedad
socialista, las mujeres no serían forzadas a tener la vida miserable y cruel
que llevan en las familias de hoy en día.
Las feministas siempre han desaprobado este tipo de análisis. Lejos de
entender que las mujeres tienen el poder de cambiar el mundo y terminar con su
opresión -en el trabajo es donde ellas son colectivamente fuertes- ellas las
entienden como víctimas y tolerantes. Al inicio de los años 1980, por ejemplo,
fueron hechas campañas que abordaban cuestiones como la prostitución, las
violaciones o la amenaza de las armas nucleares a las mujeres y sus familias.
Todo esto partía de la idea de que las mujeres son débiles. El feminismo parte
del supuesto de que la opresión está por encima de la división de clases. Y
esto lleva a conclusiones tales que dejan intacta la sociedad de clases y
mejoran la situación de algunas mujeres -una minoría. Los movimientos de mujeres
tienen la tendencia a ser dominados por mujeres de "clase media
alta", periodistas, escritoras, etcétera, y las obreras son dejadas de
lado.
Sólo en períodos de cambios radicales y levantamientos revolucionarios
la cuestión de la liberación de las mujeres se vuelve realidad, no solamente
para una minoría sino para todas las mujeres de la clase trabajadora. La
Revolución bolchevique de 1917 produjo una igualdad nunca vista antes. El
divorcio, el aborto y el acceso a métodos anticonceptivos se volvieron
disponibles libremente. La educación de los niños se volvió una responsabilidad
de la sociedad. Se inició la utilización de restaurantes, lavanderías y
guarderías comunitarias, que dejaban a las mujeres más margen para escoger y
controlar como llevar sus vidas. Claro que el destino de estos avances no
podría estar separado del destino de la propia revolución. El hambre, la guerra
civil, la destrucción de la clase trabajadora y el fracaso de la revolución
internacional significaron la derrota del socialismo en la propia Rusia. Los
avances en la igualdad fueron revertidos. Pero los primeros años de la
república socialista mostraron lo que la revolución socialista puede
conquistar, aún bajo las más desfavorables condiciones.
Hoy las perspectivas para de las mujeres son mucho mejores. En Gran
Bretaña y en los países capitalistas avanzados, más de dos trabajadores en
cinco son mujeres. Esto muestra que la liberación colectiva de las mujeres
solamente puede ser alcanzada a través del poder de la clase trabajadora. Esto
obliga a rechazar la idea feminista de crear organizaciones separadas de
mujeres. Solamente hombres y mujeres actuando juntos como parte de un
movimiento revolucionario unido pueden destruir la sociedad de clases y acabar
con la opresión de las mujeres.
Capitulo 13
El socialismo y la guerra
El siglo pasado ha sido un siglo de guerras. Diez millones de personas
murieron en la Primer Guerra Mundial, cincuenta y cinco millones en la Segunda,
dos millones en las guerras de Indochina. Estados Unidos y las demás
superpotencias nucleares poseen en la actualidad, los medios para destruir la
especie humana varias veces. Explicar este horror es difícil para aquellos que
consideran la sociedad actual como la única posible. Ellos concluyen que existe
algún impulso innato, instintivo en los seres humanos, que los lleva a querer
asesinatos en masa. Pero las guerras no son un fenómeno conocido en todas las
sociedades humanas. Gordon Childe anota que en la Europa de la Edad de Piedra:
los primeros Danubianos parecen haber sido un pueblo pacífico. Las armas
de guerra están ausentes en sus sepulturas. Sus aldeas no poseían defensas
militares. [Pero] en las fases más tardías del período neolítico los armamentos
comenzaron a ser más evidentes...
Las guerras no son causadas por alguna agresividad humana innata. Son el
producto de la división de la sociedad en clases. Entonces, 5.000 o 10.000 años
atrás, una clase de propietarios surgió, y necesitaba encontrar los medios
adecuados para defender sus riquezas. Comenzaron a constituir fuerzas armadas,
un Estado separado del resto de la sociedad. Esto entonces se volvió un valioso
medio para aumentar aún más sus riquezas, a través del saqueo de otras
sociedades. La división de la sociedad en clases determinó que la guerra se
volviera una característica permanente de la vida humana.
Las clases dominantes propietarias de esclavos en Grecia y Roma antiguas
no podían sobrevivir sin guerras continuas para la obtención de más esclavos.
Los señores feudales de la Edad Media tenían que permanecer armados para
subyugar a los siervos locales y protegerse de los robos hechos por otros
señores feudales. Cuando las primeras clases dominantes capitalistas surgieron
hace 400 o 500 años atrás, ellas también tuvieron que recurrir frecuentemente a
las guerras tuvieron que desarrollar terribles guerras entre los siglos XVI,
XVII y XVIII para establecer su supremacía sobre los restos de los antiguos
señores feudales.
Los países capitalistas más poderosos usaron la guerra para expandir su
riqueza, atravesando los mares, robando en la India y en Irlanda, transportando
millones de personas como esclavos de África para América, transformando todo
el mundo en una fuente de robos para sí mismos. La sociedad capitalista se
constituyó a través de la guerra. No asombra que aquellos que viven en su
interior lleguen a considerarla no sólo "inevitable" sino
"justa". Aún así, el capitalismo no puede basarse siempre y
totalmente en la guerra. La mayoría de su riqueza surge de la explotación de
los trabajadores en fábricas y minas. Y esto es algo que puede ser interrumpido
por cualquier enfrentamiento que se desarrolle dentro las "fronteras
nacionales". Toda la clase capitalista a escala nacional quiere paz en
casa, por eso desarrolla las guerras en el extranjero. Por un lado estimula la
creencia en las "virtudes militares", y por otro ataca fuertemente la
"violencia". La ideología capitalista combina, de un modo
completamente contradictorio, la exaltación al militarismo con frases
pacifistas.
En el siglo pasado, la preparación para la guerra se tornó más central
para el sistema de lo que jamás fuera antes. En el siglo XIX la producción
capitalista estaba basada en muchas pequeñas empresas compitiendo unas contra
otras. El Estado era un cuerpo relativamente pequeño que regulaba las
relaciones entre ellas y con los trabajadores. Pero en el siglo que acaba de
terminar las grandes empresas engulleron a la mayoría de las pequeñas empresas,
acabando con la mayoría de la competencia dentro de cada país. La competencia
se vuelve más y más internacional, entre gigantes de diferentes naciones. No
existe un Estado capitalista internacional para regular la competencia. Al
contrario, cada Estado ejerce toda la presión de la que es capaz para ayudar a
sus capitalistas a conseguir ventaja sobre sus rivales. La lucha a vida o
muerte de los capitalistas unos contra otros puede volverse una lucha a vida o
muerte entre los Estados, cada uno con su gran dispositivo bélico de
destrucción.
Por dos veces éstas luchas llevaron a guerras mundiales. La Primera y la
Segunda Guerra Mundial fueron guerras imperialistas, conflictos entre alianzas
de Estados capitalistas por la dominación del planeta. La Guerra Fría era una
continuación de esta lucha, con los más poderosos Estados capitalistas
alineados unos con otros en la Alianza Atlántica (OTAN) y el Pacto de Varsovia.
Además de este conflicto global, otras guerras han estallado en diferentes
partes del mundo. Como de costumbre, han sido luchas entre diferentes Estados
capitalistas por quién debería controlar una determinada región, como ocurrió
en la Guerra entre Irán e Irak comenzada en 1980 y la Guerra del Golfo de 1991.
Los mayores poderes incitan a la guerra para vender la más sofisticada tecnología
militar a los Estados del "Tercer Mundo".
Muchas personas que aceptan el capitalismo en general, no les gusta esta
realidad repugnante. Quieren el capitalismo pero no quieren las guerras.
Intentan encontrar alternativas dentro del sistema. Por ejemplo, existen
quienes creen que la ONU puede impedir las guerras. Pero la ONU es la arena
donde se encuentran los diferentes Estados que priorizan la guerra. Allí ellos
miden sus fuerzas, como luchadores se estudian antes de golpearse. Si un Estado
o alianza supera la fuerza de sus oponentes con un pequeño margen de ventaja,
ambos coinciden en que se trata de una guerra sin sentido, cuyo resultado es
conocido de antemano. Pero si surge una pequeña duda sobre el resultado final,
ellos solamente conocen un medio para resolver la contienda. Declarar la guerra.
Esta era la verdad, en relación a la OTAN y al Pacto de Varsovia. Así,
aunque occidente tuviera una pequeña ventaja sobre el bloque oriental, la
desventaja no era tan grande como para que hacer creer a los rusos que tenían a
favor una desventaja irreversible. Por esto, a pesar del hecho de que una
Tercera Guerra Mundial hubiera barrido la vida humana en el planeta, tanto
Washington como Moscú elaboraban planes para desarrollar y vencer una guerra
nuclear.
La guerra fría llegó a su fin con el levantamiento político en Europa
Oriental en 1989 y el colapso de la Unión Soviética y sus repúblicas
constitutivas en 1991. Se hablaba
mucho entonces de un "nuevo orden mundial". En lugar de eso,
sin embargo, hemos visto una sucesión de bárbaras guerras -la guerra de
Occidente contra su anterior aliado Irak, la guerra entre Azerbaijan y Armenia
en la ex URSS, las horribles guerras civiles en Somalia y la ex Yugoslavia. Ni
bien una rivalidad militar entre poderes capitalistas se resuelve, ya otra
aparece. En todos los lugares, las clases dominantes saben que la guerra es una
manera de incrementar su influencia, cegando a trabajadores y campesinos con
nacionalismos.
Se puede estar en contra de la guerra sin oponerse a la sociedad
capitalista. Pero no se puede acabar con ellas de este modo. La guerra es un
producto inevitable de la división de la sociedad en clases. La amenaza que
representan nunca cesará implorando a los gobernantes a que hagan las paces.
Las armas tienen que ser arrancadas de sus manos por un movimiento que luche
para derrocar a la sociedad de clases de una vez por todas. Los movimientos
pacifistas que aparecieron en Europa y Norteamérica al final de los años 1970
no comprendieron esto. Ellos lucharon para detener la introducción de misiles
Cruise y Persing, por el desarme unilateral, por un congelamiento nuclear. Pero
creían que la lucha por la paz podía ganarse aislada de la lucha entre el
capital y el trabajo. De este modo, solamente se frustraría la movilización del
único poder capaz de detener los intentos de guerra, la clase trabajadora.
Solamente la revolución socialista puede detener el horror de la guerra.

