Libro N°. 3129. Quien Soy Yo. La Búsqueda Sagrada. Klein, Jean.
© Libro N°. 3129. Quien Soy Yo. La Búsqueda Sagrada. Klein, Jean. Colección
E.O. Septiembre 17 de 2016.
Título original: © Quien Soy Yo. La Búsqueda Sagrada. Jean Klein
Versión Original: © Quien Soy Yo. La Búsqueda Sagrada. Jean Klein
Circulación
conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
http://mdarena.blogspot.com.co/2010/04/quien-soy-yo-la-busqueda-sagrada-jean.html
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la
fuente.
La Biblioteca
Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante
los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus respectivos
autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los Diseños y
edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de textos. El
uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida su
comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
Portada E.O.
de Imagen original:
http://semanaeconomica.com/dialogos-de-carrera/wp-content/uploads/sites/34/2015/04/www.channelpartner.es_.jpg
© Edición, reedición y Colección
Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA
Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
QUIEN SOY YO
La Búsqueda Sagrada
Jean Klein
QUIEN
SOY YO
Jean
Klein, musicólogo y doctor de Europa Central, pasó su juventud investigando
acerca de la esencia de la vida. Tenía la convicción íntima de que había un
“principio” independiente de toda sociedad y sintió la apremiante necesidad de
explorar esta convicción. Su exploración le condujo a la India, donde, a través
de un “enfoque directo”, se vio introducido en una dimensión no-mental de la
vida. A través de este vivir en completa apertura fue tomado en un momento
intemporal, por un súbito y claro despertar en su naturaleza real. No fue una
experiencia mística, un estado nuevo, sino el continuum de la vida, el
no-estado en cuya luz tiene lugar el nacimiento, la muerte y toda experiencia.
Desde
1960, ha llevado una vida tranquila enseñando en Europa y recientemente en los
Estados Unidos.
AGRADECIMIENTOS
Quisiera
expresar mi gratitud a Mary Dresser y Henry Swift por toda su ayuda en la
pre-paración de esta publicación, y a Pat y Barbara Patterson por sus muchas y
útiles sugeren-cias. Así como la colaboración de Manuel Zabala, Conchi Martínez
y Javier García de An-doin en la edición castellana de este libro.
CONTENIDO
Prefacio
Introducción
Prólogo
Relación
Conocerte
a ti mismo
La
naturaleza del pensamiento
El
arte de escuchar
Discernimiento
El
enfoque progresivo y el enfoque directo
Meditación
El
maestro y la enseñanza
Una
conversación sobre arte
PREFACIO
Este
libro vio la luz a través de unos diálogos que tuvieron lugar en distintos
países con personas de todas las sendas de la vida y, especialmente, a través
de unas estimulantes conversaciones que sostuve con Emma Edwards. Estas tocaron
a menudo la frontera de lo inexpresable. Le estoy profundamente agradecido a
ella por poner por escrito lo que no es fácil escribir, la formulación más
próxima a aquello que está más allá de las palabras, para que la mente del
lector pueda ser avivada y esclarecida. Sólo una mente clara se atreve a
entregarse a su Origen, aquello que ha sido y que siempre será.
Al
escribir esto, me vienen a la mente algunas frases de las Cartas de Platón:
“Desde
luego que yo no he compuesto obra ninguna con respecto a ello, ni lo haré en el
futuro, ya que no hay manera de ponerlo en palabras como sucede con otros
estudios. La familiarización con ello debe venir más bien tras un largo período
de atención a la enseñanza en el tema en sí y de íntima convivencia, cuando de
repente, como un fuego encendido por una chispa saltarina, ello se despierta en
el alma y en un instante se convierte en algo vivo por sí mismo”.
Jean
Klein
INTRODUCCION
El
deseo de cuestionar la vida viene de la propia vida, de esa parte de la vida
que todavía está escondida.
La
vida nos incita a preguntarnos. Quiere ser admirada. En tanto que no lo sea, la
pregunta permanece.
La
cuestión “¿Quién soy yo?” aparece tan a menudo en nuestra vida y, sin embargo,
nos apartamos de ella. Hay muchos momentos en que nos sentimos incitados a
preguntar: “¿Qué es la vida?, ¿Quién soy yo?”. Tal vez hemos sentido, desde la
niñez, una vaga nos-talgia de algo “más”, un anhelo divino. Tal vez sentimos
que la verdadera razón de nuestro nacimiento se nos escapa, nos pasa de largo.
Posiblemente nos hayamos llegado a aburrir con todas las’ formas que hemos
utilizado para tratar de dar un significado a nuestra exis-tencia: la
acumulación de aprendizaje, experiencias y riqueza, búsquedas religiosas,
asuntos compulsivos, drogas y demás. O quizás nos estemos enfrentando a una
crisis en la que ya no nos sentimos capaces de controlar la situación. Tal vez,
sencillamente, nos aterre la muerte. Todos estos acontecimientos son
oportunidades que no deben desaprovecharse. Vienen de la misma vida,
invitándonos a que miremos, porque la vida sabe que, cuando realmente la vemos,
no podemos evitar admirarla…
¿Por
qué evitamos la llamada a investigar? ¿Por qué evitamos descubrir lo que somos?
En gran parte porque existe el profundo sentimiento de que investigar
seriamente significa la muerte de algo a lo que nos aferramos, algo que es la
idea que tenemos de nosotros mis-mos, la personalidad, el ego y todo cuanto le
acompaña. Pero también vacilamos porque, en realidad, no sabemos cómo hacer la
pregunta, la sentimos ahí pero no podemos abordarla, la sentimos demasiado
grande para nosotros, sentimos temor ante ella. Lo asombroso de ello es que
tanto una como la otra excusa pertenecen a nuestra sabiduría inherente,
proceden de la respuesta misma. Prueban que ya sabemos más de lo que pensamos.
El
primer paso en la auto-investigación, por consiguiente, es ver lo cobardes que
somos, cómo evitamos toda oportunidad de investigar de verdad, cómo rehuimos el
anhelo o la sensación de carencia. Podemos reconocerlo intelectualmente pero,
en realidad, no lo aceptamos. Tan pronto como admitamos esta reacción,
sentiremos que la vida nos incita a explorar en todo momento. La pregunta está
siempre ahí, subyaciendo a nuestras actividades compensatorias.
Una
vez hemos aceptado el desafío de la vida, necesitamos saber cómo formular la
pre-gunta para que ésta tenga poder, pueda ser eficaz y no nos decepcione.
Debemos
convencernos de que la pregunta nos llevará hasta la respuesta. Nuestros
cuestionamientos deben de servir para algo.
Para
llegar a una auto-investigación verdadera hemos de tener claro cómo difiere
ésta de otros tipos de investigación. Nuestras preguntas de cada día
presuponen, naturalmente, que las respuestas van a significar algo para
nosotros, que estarán relacionadas con nuestra experiencia, con nuestra
memoria. Estas preguntas suponen un centro de referencia, un “yo” que pueda
comparar e interpretar. La presunción de una respuesta al nivel de la pregunta
es perfectamente válida en el mundo de referencia donde la comparación y la
memoria son herramientas esenciales. Así es como nos comunicamos verbalmente.
Pero, cuando preguntamos “¿Quién soy yo?” estamos cuestionando este centro de
referencia, cuestionando al cuestionador y, obviamente, lo que en cuestión se
halla no puede dar una respuesta. En este terreno de investigación, la memoria
no desempeña papel alguno, ya que, ¿qué hay que se pueda comparar con el yo o
con la Vida? No podemos salirnos de ellos. Somos ellos. De este modo nos vemos
conducidos a una parada sin tener a dónde ir. Sencillamente no sabemos. Es
posible pasarse toda la vida suspendido aquí, en los límites del concepto donde
se encontró el propio Kant pero, lo que para el filósofo es el final de la
investigación, para el buscador de la verdad es tan sólo el comienzo. Porque
éste es el momento en que, guiado por un presentimiento de la respuesta, uno
pasa de la investigación espiritual a lo que podría llamarse la búsqueda
sagrada, que es la respuesta.
La
verdadera búsqueda comienza cuando este no saber deja de ser un concepto
agnós-tico y se convierte en una experiencia viva. Esto ocurre de repente,
cuando el cese de los esfuerzos mentales se deja sentir realmente a todos los
niveles, es decir, cuando se convierte en una percepción inmediata en vez de
una mera cognición. Cuando el estado de “no sé” es aceptado como un hecho, toda
la energía que hasta ese momento era dirigida hacia “fuera” en su búsqueda de
una respuesta, o hacia “dentro” en su búsqueda de interpretación, queda ahora
liberada de toda proyección y conservada. En otras palabras, la atención ya no
se dirige hacia el aspecto objetivo sino que regresa para descansar en su
multidimensionalidad orgánica. Esto se manifiesta como una súbita orientación,
un desplazamiento en el eje de la existencia de uno, el fin de la búsqueda de
respuestas fuera de la pregunta misma. El permitir que se explore plenamente el
no-saber introduce al investigador en un reino nuevo. Es una nueva manera de
vivir. Es un estado de expansión a todos los niveles, una apertura a lo
desconocido y, de este modo, al todo-es-posible.
Nada
hay de introvertido o místico en vivir en apertura, en una alerta no-dirigida.
Las herramientas de la existencia, la memoria y el “yo”, vienen y van según se
necesita, pero la presencia en la que vienen y van permanece. La desaparición
del centro de referencia ya no significa inconsciencia, un estado en blanco,
una muerte. Existe el continuo de consciencia, la Vida, en la que todos los
fenómenos aparecen y desaparecen. Sólo en esto hay seguridad y realización
absolutas. De ahora en adelante los residuos de formulación, de subjetividad,
se hacen más económicos, alimentados por nada que se halle fuera de la pregunta
misma hasta que los residuos de la Pregunta Viva se disuelven en la Respuesta
Viva.
Las
siguientes páginas han sido recogidas de charlas públicas y conversaciones
privadas con Jean Klein en Europa y los Estados Unidos. Se han agrupado
libremente para que los distintos aspectos puedan ser resaltados y explorados
en profundidad, pero el principio sigue siendo el mismo a lo largo de todas
ellas. Dicho principio no es una idea, ni una síntesis de opuestos, ni una
especie de monismo —todos los cuales son conceptos. Tampoco es un estado de
ninguna clase, un sentimiento místico de unión, un éxtasis o una negación del
mundo. Es, más bien, el no-estado intemporal en el que todos los estados
afloran y se disuelven. Es el continuo en actividad y no-actividad. Es la Vida
misma, nuestro ser natural. En este libro diferentes palabras, tales como
consciencia, belleza, totalidad, silencio, sujeto último, Dios, conciencia
global, meditación, terreno propio, fondo, quietud, verdad y otras más, no son,
todas ellas, sino distintas formas de denominar, en diferentes contextos
verbales, el mismo principio que todo lo abarca. Una vez se ha visto el
principio, el lector no debe vacilar ni permanecer pasivo, sino experimentar
trasponiéndolo a todas las áreas de la vida. El contenido real de dichas
palabras es entendimiento vivo. El verdadero poema viene tras la lectura.
E.
E.
PROLOGO
P.
¿Qué puedes darme?
R.
Estar aquí es dar.
P.
¿Qué se da?
R.
Lo que tú pides.
P.
¿Qué estoy pidiendo?
R.
Recuerda lo que te ha traído aquí, el motivo.
P.
Curiosidad.
R.
Pareces demasiado serio como para haber venido simplemente por curiosidad, del
mismo modo que podrías ir a un circo. Antes de que formulases tu deseo, ¿qué
había? ¿Tal vez una sensación de falta de algo?
P.
Puede ser. Pero ¿falta de qué?
R.
De estar relacionado. Ha sido la soledad la que te ha traído aquí. El origen de
toda ca-rencia es sentirse aislado.
P.
Sí… es verdad. Si he de ser completamente franco conmigo mismo, debo admitir
que a menudo me siento aislado. No puedo entenderlo, dado que tengo tantos
amigos.
R.
Tú no te nutres de la totalidad. Te tomas a ti mismo por individuo. No puedes
vivir en la autocracia.
P.
¿Cómo puedo llegar a ser nutrido por la totalidad, como tú dices?
R.
Tú eres el todo. Sólo tienes que ver que tú piensas que eres una fracción.
P.
Si el tomarme a mi mismo por individuo se ha convertido en un reflejo, ¿qué
puedo hacer por ello?
R.
Simplemente observa el mecanismo. Por el hecho de verlo ya estás fuera de él.
Puede que continúe por un tiempo, pero ya no es alimentado por tu
participación. Este mecanismo está en ti, pero tú no estás en él. En el momento
en que lo ves, el reflejo ya no se ve enfatizado. Así, cuando lo ves
claramente, ello te revela a ti como el que ve.
P.
En el hecho de mirar a algo hay ya una relación de espacio, ¿no es así? Yo no
puedo ver realmente algo si estoy justo dentro de ello.
R.
Exactamente. Observa que sólo te conoces a ti mismo en constante producir, en
me-moria. Haces esto para la supervivencia de la imagen del yo. Pon fin a toda
proyección y permanece en una alerta receptiva. Es un estado pasivo-activo. En
momentos libres de pro-ducción, hay apariciones espontáneas que finalmente
reconocerás como tu ser, tu totalidad, tu presencia. Primero reconoces la
quietud y, después, tú eres ella. Te sientes como algo autónomo, es decir, no
identificado con lo que te rodea. Y entonces es posible la relación verdadera.
RELACION
¿Hay
relación en la unidad?
Ser
humano es estar relacionado. Como seres humanos, vivimos en relación con los
elementos, el sol, la luna, las piedras de la tierra y todos los seres vivos.
Pero, ¿qué significa “estar relacionado”, “vivir en relación con”? Cuando
utilizamos esta palabra, queremos decir por lo general un vínculo de alguna
clase entre entidades individuales, objeto con objeto o sujeto con objeto. La
palabra relación presupone aquí un estar separado, un unir unas frac-ciones con
otras. Esta visión fraccional del estar relacionado es puramente conceptual. Es
un producto de la mente y no tiene nada que ver con la percepción pura, con la
realidad, con lo que es de verdad.
Cuando
vivimos libres de toda idea y proyección, entramos en contacto real con lo que
nos rodea. Hablando desde el punto de vista práctico, por consiguiente, antes
de que poda-mos relacionarnos con nuestro entorno debemos saber relacionarnos
con lo que está más cerca de nosotros, el cuerpo, los sentidos y la mente. El
único impedimento para la percep-ción clara de nuestro estado natural es la
vigorosa idea de ser un individuo separado, de vivir en un mundo con otros
seres separados. Tenemos una imagen de nosotros mismos. Esta imagen sólo se
puede mantener en relación con otras cosas y, de este modo, hace objetos de
cuanto nos rodea, amigos, hijos, cónyuge, inteligencia, cuenta bancaria, etc.,
y entra en lo que ella llama una relación personal con estas proyecciones. La
fantasiosa idea de un yo es una contracción, una limitación del ser real en su
totalidad. Cuando esta noción muere, encontramos nuestra expansión, quietud y
globalidad naturales sin periferia ni centro, sin exterior ni interior. Sin la
noción de individuo, ya no hay sensación alguna de estar separado y nos
sentimos en unidad con todas las cosas. Sentimos cuanto nos rodea como
acontecimientos en irrestringida totalidad. Cuando nuestra pareja o hijos se
van de casa o nuestra cuenta bancaria se desploma, es un suceso que tiene lugar
en nosotros. La conciencia permanece constante.
Todo
fenómeno, toda existencia es una expresión dentro de la globalidad y las
varieda-des de expresión sólo tienen significado y relación a la luz del todo.
Relacionarse es relacionarse con el todo. Puesto que no hay ningún encuentro de
fracciones, en el todo no hay ningún otro. Hablando con propiedad, por tanto,
en la perfecta relación no hay relación ni dualidad alguna; únicamente hay
globalidad. Toda percepción apunta directamente a nuestro ser esencial, a la
quietud, al no-estado natural que es común a toda existencia. Así pues, en la
expresión humana, estar relacionado es estar en comunión con el todo. En esta
comunión, la así llamada presencia del otro se siente como un dar espontáneo y
nuestra propia presencia es un espontáneo recibir. Ya no hay una sensación de
falta ni, por consiguiente, una necesidad de pedir, porque sencillamente el
recibir nos trae a nuestra apertura. Cuando vivimos en apertura el primer
impulso es ofrecer. El estar en apertura y el movimiento espontáneo de ofrecer
es amor. Amor es meditación. Es una nueva dimensión del vivir.
P.
Dices que no hay ningún otro, pero no puedes decir que no existen diferencias
entre las personas. Yo tengo mi carácter y mis aptitudes así como otros tienen
las suyas.
R.
Tú vives en contracción, pensando en ti mismo como un individuo. ¿Dónde
encuentran significado los términos “yo” y “mío”? Cuando miras de verdad dentro
de ti mismo, no puedes decir que el cuerpo te pertenece. Tú eres el resultado
de dos personas y cada progenitor tiene dos progenitores y así sucesivamente.
Toda la humanidad está en ti. Eres lo que absorbes. Comes hortalizas, pescado,
carne y éstos dependen de la luz, el sol, el calor. La luz está relacionada con
la luna y las estrellas están todas relacionadas entre sí. Nada hay personal en
nosotros. El cuerpo está en orgánica relación con el universo. Está hecho de
los mismos elementos que todo lo demás. La composición de los elementos varía,
pero esta variación es casi insignificante en los seres humanos. Puede que haya
diferencias en estructura y color, pero la constitución y el funcionamiento son
los mismos en todos nosotros. Nada hay de personal en el corazón, el hígado,
los riñones, los ojos, los oídos o la piel, ni tampoco en los elementos que configuran
los modelos de conducta, pensamiento, reacciones, cólera, celos, competición,
comparación y demás. Son todos ellos los mismos esta dos emocionales. Las
funciones corporal-mentales en un sentido universal y el cuidado que ha de
llevarse son los mismos en todos nosotros. Debes entender el cuerpo y cooperar
con él. Es la ignorancia del mecanismo lo que crea conflicto. La investigación
sólo puede llevarse a cabo en la vida diaria. Tu mente y tu cuerpo se reflejan
en tu conducta desde la mañana hasta la noche. Tu atención debe ser bipolar,
observando los campos interior y exterior. Las relaciones son el espejo en el
que se refleja tu ser interior. Sé consciente de que tú eres un eslabón en la
cadena del ser. Cuando realmente sientes esto, el énfasis ya no está en ser
individual y, espontáneamente, sales de tu restricción. Tú no vives en
aislamiento, en autonomía. En el estar relacionado está el presentimiento de
presencia.
P.
De modo que el individuo no existe como una entidad aislada. Pero, ¿no existe
la per-sonalidad como una parte única del todo?
R.
La persona, en realidad, no es más que persona, máscara, pero la palabra ha
llegado a convertirse en sinónimo de la idea del individuo, entidad separada y
continua. La personalidad no es la constante que nosotros imaginamos. En
realidad, no es más que una reorquestación temporal de todos nuestros sentidos,
imaginación e inteligencia, de acuerdo con cada situación. No hay repetición
alguna en la vida y cada reorquestación es única y original como el diseño de
un caleidoscopio. El error está en identificarse con la personalidad, en
conceptualizarla en la memoria y después tomarnos a nosotros mismos por esta
colección de imágenes cristalizadas en lugar de dejar que nuestras emociones,
percepciones y pensamientos surjan y mueran en nosotros. Estamos en el teatro,
viendo nuestra propia obra en escena. El actor está siempre “detrás” de su
persona. Parece hallarse completamente perdido en sufrimiento, en ser un héroe,
un amante, un pícaro, pero todas estas apariciones tienen lugar en la presencia
global. Esta presencia no es una actitud desligada, una posición contempladora.
No es una sensación de estar separado, de estar “fuera”. Es la presencia de la
totalidad, amor, de donde todo nace. Cuando ninguna situación pide actividad,
permanecemos en un vacío de actividad, en esta presencia.
P.
Cuando ya no te identificas con la persona, ¿cómo afecta esto a la vida?
R.
Lo primero que notas es cuánto más ricas y profundas son tus percepciones. La
co-municación se vuelve mucho más variada. Generalmente, seguimos unos modelos
fijos de comunicación pero, cuando vivimos en apertura, aflora una gran
sensibilidad, una sensibilidad con la que nunca soñamos.
Cuando
contemplamos lo que nos rodea desde la totalidad, nuestra estructura entera
cobra vida. Ya no oímos la música sólo con los oídos. Cuando los oídos dejan de
captar el sonido para sí mismos, sentimos la música con todo nuestro cuerpo, el
color, la forma, la vibración. Ya no pertenece a un órgano específico.
Pertenece a todo nuestro ser. Esto crea una profunda humildad e inocencia. La
humildad es la única comunicación verdadera posible.
Uno
vive entonces en una dimensión completamente nueva. Vivir con una personalidad
es vivir restringido. ¡No vivas restringido! Deja que la personalidad viva en
ti. Vivir en el entorno sin separación es de una gran belleza.
P.
¿Podría hablar más sobre la humildad en las relaciones humanas?
R.
La humildad no es algo que uno pueda llevar como un atuendo. ¡No tiene nada que
ver con cabezas agachadas y miradas esquivas! Es el resultado de la reabsorción
de la indi-vidualidad en el ser, en la quietud. Resulta del fin de toda
agitación. En estar atento y alerta, hay humildad. Es receptividad, apertura a
todo cuanto la vida trae. Allí donde no hay memo-ria psicológica ni acumulación
de conocimiento, hay inocencia. Inocencia es humildad.
En
situaciones íntimas o problemáticas, cada uno debe hablar con humildad de cómo
se siente. Es simplemente una declaración de hechos, sin justificación ni
interpretación alguna. No debemos buscar una conclusión. Si dejamos a la
situación completamente libre de evaluación, juicio y apremio por llegar a una
conclusión, aparecen muchas cosas que no pertenecen a nuestra memoria.
La
humildad surge cuando no hay referencia alguna a un “yo”. Este vacío es el
factor curativo en cualquier situación. Heidegger dice: “Permanece abierto a la
apertura.” Permanece abierto a la no-conclusión. En esta apertura, la situación
ofrece su propia solución, y abiertos la recibimos. A menudo, cuando la
solución aparece, la mente entra y disputa con ella, la pone en duda.
P.
El ofrecer, el amor, ¿está presente incluso cuando alguien está siendo
extremadamen-te negativo?
R.
Dado que tú permaneces siempre receptivo, todo aparece como un regalo y apunta
a tu naturaleza real. Lo importante no es lo que apunta, sino la actitud
receptora. En la receptividad, todos los objetos se desvelan y se trasmutan en
amor.
Cuando
alguien está siendo negativo y tú no estás dando pie a su negatividad, puede
que él de pronto vuelva en sí. Es como si él estirase la mano para agarrar una
manilla de puerta que él tiene la seguridad de que está allí y, al no
encontrarla en ese sitio, toma súbitamente conciencia de su mano vacía.
Entonces la situación ya no depende de una imagen. Depende de la observación
misma.
P.
¿Cuál es la base para nuestra elección de amigos antes de haber alcanzado el
punto de hallarse libre del ego?
R.
No se pueden buscar los amigos. Ellos vienen a ti. El fondo de todo encuentro
es el momento en que no hay nada que decir. Ahí hay un sentimiento sin
emotividad.
Si
este fondo no está presente de una forma viva, puedes estar seguro de que sólo
está cubierto de palabras, proyecciones e imágenes. Una mujer o un hombre no
existen en sí mismo o en sí misma. Aparecen en este fondo ocasionalmente. Es
sólo en esta ausencia de expectativa donde las calidades de hombre y mujer
pueden aparecer sin clichés y repeticiones. Entre dos personas, por lo general,
hay muy poco encuentro real. Lo único que hay es una conjunción de dos modelos.
Esto causa conflicto y aburrimiento.
Tus
vecinos y amigos tienen ideas acerca de ti. No te dejes engañar por estas ideas
ni, a su vez, tengas tú ideas acerca de ellos. No apreses a las personas en tu
memoria. Las cir-cunstancias jamás se repiten; la vida jamás se repite. Es sólo
el ego que, deseoso de una seguridad conocida, etiqueta a todos los seres y
situaciones. Vive por tanto entre cuanto te rodea como si fuese la primera vez.
Sé sin calificaciones. En esta desnudez eres bello y cada momento está lleno de
vida.
P.
¿Cómo puedo saber cuándo estoy siendo impulsivo y cuándo espontáneo?
R.
El comportamiento impulsivo es una reacción. Es condicionante. Cuando no te
tomas a ti mismo por nada, eres un ser que ama y no hay reacción alguna. Cuanto
dices o haces pertenece a la propia situación y no a una idea. La acción
espontánea está libre de memoria. Es perfectamente estética, bella y correcta.
Es fundamentalmente ética.
P.
No tengo claro, más concretamente, cuándo el deseo sexual es compulsivo o
impulsi-vo y cuándo es una expresión espontanea de amor.
R.
En el verdadero amor no hay amante ni amado. Hay un momento que viene del
cuerpo para celebrar ese amor en el plano corporal. Esta unidad en la sensación
corporal brota directamente de la unidad del propio amor.
El
comportamiento entre dos amantes es un arte. Un artista apela a su más alta
imagina-ción. Pero la imaginación debe utilizarse para exaltar el amor y no
para compensar su falta. El ritmo biológico y la imaginación son inherentes al
amor y sólo el amor puede renovar constantemente la estimulación; de otro modo,
hay aburrimiento.
Hoy
en día, por desgracia, hay una gran confusión en torno a lo que es deseo que
fluye del ritmo biológico y deseo que procede de la mente y es repetición
mecánica. Hay tanta estimulación mental que la mayoría de las personas han
perdido contacto con sus ritmos biológicos y se han quedado embotados o se han
vuelto mecánicamente avariciosos. La repetición mecánica entorpece el ritmo
natural. En la repetición mecánica solamente hay tomar y usar. Cuando la mente,
la memoria, interviene, el cuerpo ya no está abierto en toda su capacidad y
entonces la estimulación sensual ya no tiene poder y tú la compensas con
imágenes y esfuerzo. Es un círculo vicioso.
Debe
estar claro en cuanto a la naturaleza de tu deseo. No te dejes influir por una
infor-mación de segunda mano. Sólo hay amor y, en este amor, algunas veces
aparecen el hom-bre y la mujer. No hay ni hábito ni reflejo automático alguno
en esta aparición. La mayoría de las así llamadas respuestas a las personas no
son otra cosa que hábitos y reacciones.
P.
¿Existe lo que llamamos una conducta inmoral?
R.
Cuando uno vive como consciencia, cada momento trae consigo moralidad que brota
de la belleza. Para aquéllos que viven en la belleza, la moralidad codificada
es inmoral por-que lo que hoy puede ser moral en una situación tal vez no sea
apropiado mañana. La moralidad codificada acepta la repetición. Cuando cada
momento trae su propio entendimiento moral y su modo de actuar, hay una
plasticidad interior de mente y cuerpo. En tanto te apliques a ti mismo una
identidad personal, estarás motivada por la seguridad y la compensación y no
habrá un adecuado vivir en el momento. Esta es la condición de la gente, hoy en
día. Vivimos en una sociedad lisiada donde no hay madurez ni maduración. A esto
se debe, en cierto modo, el que la moralidad codificada impida que la sociedad
se desmorone por completo. Cuando damos a nuestros hijos una conducta
codificada como muleta, debe ser por tanto con la firme convicción de que un
día ellos serán capaces de actuar inteligentemente.
P.
Has dicho que el comportamiento entre amantes es un arte. ¿Quiere decir esto
que to-da expresión sexual es estética?
R.
Cuando todo aparece en amor y desaparece en amor, cuando todo es expresión de
amor, ¿por qué vivir en restricción? No hay ni hombre ni mujer presentes, sólo
hay amor. Este amor no condicionado puede trasponerse al nivel biológico, pero
lo que se llama sexualidad no existe para mí. Cuando solamente hay un acto
biológico o algún sentimiento temporal, a menudo viene después una sensación de
perder algo. Esto provoca una reacción psicológica de aversión o indiferencia
de la que uno puede no ser consciente. Puede que sólo sean conscientes de que
han perdido interés el uno en el otro. En una relación principalmente basada en
la biología los seres están separados. Pero, en el momento en que la función
biológica es una extensión de vivir en unidad, ya no hay sentimiento de
separación. El gozo de la unidad es verdadero amor y nunca pierde su atracción.
En
la expresión de amor, todo es moral. Uno es poeta, artista, músico. Celebra con
todo su ser.
P.
Parece que, cuando yo vivo de momento a momento, esto inevitablemente trae
intimi-dad en muchas relaciones, sin ninguna comparación ni nada realmente
problemático. Sin duda me enamoro con bastante facilidad y siempre he estado
convencido de que ésta es sencillamente mi forma de ser.
R.
Estás viviendo para el momento, pero no en él. Todavía te identificas
completamente con las distintas imágenes de la película, todavía vives en el
devenir, en experiencias y en aventuras. Lo que tú llamas “enamorarse” es apego
a un estado. No hay emoción real en ello, nada nuevo. Es seguridad por la
imagen de ti mismo como hombre o como amante. ¿Por qué limitarte a ti mismo a
una imagen? Observa que la luz que ilumina la película no está en sí coloreada.
En
las relaciones de una personalidad con otra, de una imagen con otra, sólo hay
con-formidad, explotación y exigencias.
Hay
compulsión y violencia. En la intimidad suprema hay sensibilidad y un gran
sentido de la belleza y elegancia. La relación corporal es una manifestación
física coronadora de la unidad de un estado espiritual. Pero, para que la
relación corporal se eleve a estas alturas, debe surgir como una emanación
espontáneamente entre dos amantes que viven en verdadera unidad.
P.
Pero yo me siento en armonía con muchas personas y siento una llamada natural
en mí a expresar este sentimiento en el plano físico. Puedo ir de un amor a
otro con completa facilidad.
R.
Tu cuerpo ha sido mal utilizado y ha llegado a estar completamente
condicionado. Este comportamiento es un modelo mental en el que la
discriminación se ha visto sistemáticamente reprimida. Sin este modelo, el
cuerpo se halla completamente libre y aflora una sensibilidad madura en la que
una discriminación selectiva entra en juego.
P.
Entonces, cuando tú dices que el amor no es exclusivo, ¿no tiene nada que ver
con las relaciones íntimas?
R.
El amor pertenece a todos. No necesitas confirmarlo en el plano físico con
todos.
P.
Anteriormente dijiste que la verdadera amistad es el silencio que reina cuando
ya no queda nada que decir. ¿Podrías hablar mas acerca de esto?
R.
Pongamos que vives con alguien a quien amas de verdad. Puede que haya muchos
momentos en que no haya nada que sentir ni nada que pensar. En que sólo hay un
estar juntos. A menudo se siente esto con parejas que llevan juntas mucho
tiempo. Cuando vives con un hombre o una mujer, llega un momento en que el uno
lo sabe todo acerca del pasado del otro y ya no queda nada que decir. Pero los
intervalos están llenos, no vacíos, y la comodidad completa en los intervalos
es el fondo de toda relación. Entonces es hermoso estar juntos. Todo emana de
este silencio y vuelve a disolverse en él.
P.
Y, como padre, ¿hay alguna manera de educar a los hijos a no identificarse con
la per-sonalidad?
R.
Hasta cierta edad, el niño mira constantemente a través de ti para apropiarse
de sí mismo en el mundo. Así que debes ser libre y es tu libertad la que
constituye la enseñanza. El modo en que se comportan los padres es muy
importante. Hay tantas cosas que no se pueden decir, sino sólo demostrar en el
vivir… Desde luego, hay autoridad en tu modo de comportarte, pero no es una
autoridad impuesta. La autoridad real nunca es autoritaria. Vie-ne de la
sabiduría impersonal, no de la personalidad.
El
niño debe entender que no hay repetición. No se debe fijar nunca una
experiencia. El debe estar siempre investigando. Cada acontecimiento debería
afrontarse de una manera nueva. Esto quiere decir que tú no tratas a tu hijo
como algo definido —un niño— sino que a cada momento te enfrentas con su
totalidad. Nunca le compares con otro. Si te tomas a ti mismo por padre y a tu
hijo como hijo, él se sentirá apresado aunque puede que no sepa por qué se
siente de esta manera. Debe haber amistad entre padre e hijo. En la amistad no
hay padre, ni madre ni hijo. Sólo hay amor.
P.
¿Como puedo educar a mi hijo de manera que no haya repetición?
R.
Donde hay imaginación no hay repetición. Hasta la edad de siete u ocho, debe
poner-se énfasis en la parte derecha del cerebro. Esta es la parte del
sentimiento, la sensación global y la intuición. El niño debe permanecer en la
pintura, el juego, la danza, etc. La analítica izquierda del cerebro puede
desarrollarse más tarde con esto como fondo.
P.
¿Qué hay de enviar a los hijos a las escuelas?
R.
Nuestro sistema educacional está principalmente construido para la
supervivencia de la persona. Hay muy poca humanidad en nuestra educación. Todo
está estructurado en torno a la supervivencia psicológica en una sociedad
basada en la competición. Pero la gente joven es el comienzo de una nueva
sociedad. Si educas al niño en casa, él tiene la oportunidad de convertirse en
un ser hermoso, ¡pero debes afrontar dicha responsabilidad inteligentemente y
con los ojos abiertos, o de lo contrario él se puede volver contra ti, cuando
sea más mayor, y acusarte de no haberle proporcionado las herramientas
necesarias para sobrevivir en el mundo tal como es ahora!.
P.
¿Cómo educar a un niño en el conocimiento de que la conducta codificada es tan
sólo una transición?
R.
Debes estar libre tú mismo de la conducta codificada. Nunca impongas
restricciones a una situación. Naturalmente, la situación puede imponer sus
propias restricciones funcional y moralmente. Pero estas restricciones no
proceden de una idea. Vienen de tu visión total, de una inteligencia plena.
Un
niño aprende esto por primera vez de su núcleo familiar. Cuando los
sentimientos, acciones y pensamientos de los padres son correctos, el niño
espontáneamente imita su conducta correcta.
P.
Encuentro que me preocupo mucho por el dinero. ¿Está esto justificado?
R.
No eres el dueño de lo que tienes. Eres el administrador. Cuando uno es
administrador y no dueño se comporta de un modo completamente diferente porque
está libre de él. Lo utiliza distintamente de acuerdo con la situación y no con
propósito de acumulación. ¡Gasta el dinero con elegancia!
P.
¿Cómo podemos saber cuánto necesitamos? Yo tengo familia y tiendo a preocuparme
por el futuro.
R.
Cuando llegas a conocerte a ti mismo llegas a una jerarquía de valores. Dado
que ya no pones énfasis en el fenómeno, utilizas el mundo de un modo
completamente distinto. No te asocies con una sociedad competitiva y productiva
que constantemente crea necesidades y nuevos elementos para la supervivencia.
Nuestra sociedad está atada al consumismo. Es una creación completamente
artificial.
¡No
emplees demasiado tiempo trabajando para acumular dinero! Deberías ser capaz de
trabajar tres o cuatro días a la semana o disponer de medio día para vivir la
belleza. Cuando uno tiene familia, el presente tiene cierta extensión. Hasta
dónde llega, sólo tú lo sabes, ¡pero no vivas en el futuro!
P.
Anteriormente hablamos de cómo afrontar la ira cuando es una reacción
psicológica, un estado emocional. ¿Puede la cólera estar nunca libre de
reacción?
R.
Sí. Existe una cólera divina, pero entonces ya no se trata de verdadera cólera.
Es una especia de actividad que no está relacionada con ninguna imagen de sí
mismo. Es el surgir de la totalidad en un gesto de la rectitud de función.
Desde fuera puede parecer cólera, pero no es cólera. Está completamente libre
de reacción y no deja residuo alguno. En el momento en que la situación ha
transcurrido, se disuelve por completo.
P.
¿Puede esta acción impersonal verse alguna vez envuelta en disputas?
R.
En el momento en que el entorno biológico de uno —es decir, cuerpo, familia,
sustento y cobijo— están en peligro, surge una acción espontánea. Esta brota
del deseo de proteger, de la supervivencia biológica que está libre de puntos
de vista fraccionarios y de la idea de un “yo” que mantener. La acción está,
por consiguiente, integrada en una visión global y es apropiada al momento. No
dura más que la situación, de este modo vuelve a disolverse en la quietud y
totalidad de las que surgió.
P.
¿Qué hay de la acción en guerras de gran escala?
R.
La anticipación colectiva es siempre psicológica, la defensa de ideas. Una
sociedad que jamás actúe anticipatoriamente, sobre la idea, nunca será
agresiva. El modo de comportarse en la guerra depende del momento en sí. Debe
haber dignidad en la defensa. La acción libre de reacción brota de la
inteligencia. Nos hemos centrado tan sólo en una manera de resolver conflictos:
la aniquilación física. No se puede decir de antemano qué modo es el más
adecuado. ¡Cuando vives libre de toda motivación egoísta tus capacidades son
sorprendentemente variadas!.
P.
¿Así que puede haber ocasiones en que es correcto luchar con medios pasivos?
R.
Uno actúa de acuerdo con el momento, libre de ideas psicológicas y políticas
prede-terminadas. Entonces hay presencia en la situación, y sólo en esta
presencia puede funcio-nar la inteligencia. Tener un ideal de pasividad en
todas las situaciones no es en absoluto más inteligente que tener un ideal de
agresividad. Todos los medios deben hallarse a tu disposición. No puedes verte
encadenado por ideales. Puede haber ocasiones en que invitar al agresor a tu
casa y ofrecerle una comida sea la forma correcta de actuar. Pero no existe
pasividad, como tal. Sólo hay actuación. No actuar también es actuar.
P.
¿Qué piensas del nacionalismo?
R.
La supervivencia biológica incluye la comunidad, la lengua, los rituales,
costumbres, etc. La cultura es una extensión del individuo por lo que, en
cierto sentido, la profunda necesidad de proteger la cultura es parte de la
supervivencia biológica. Pero el nacionalismo está basado en un idealismo. Es
una abstracción, una invención. Es imposible que la supervivencia biológica
pueda por sí sola conducir a una guerra a gran escala. Los límites de la
supervivencia psicológica, por otro lado, son menos definidos. La supervivencia
psicológica arranca de la mente y llegará allí hasta donde llegue la mente.
P.
Dices que debemos estar libres de ideales. ¿Cual piensas tú que es la función
del idealismo?
R.
El idealismo es un instrumento de la sociedad para organizar a los diversos
individuos y pequeñas agrupaciones de individuos que naturalmente constituyen
una cultura en una colectividad más amplia y más homogénea. Todo idealismo,
hasta el más espiritual, se basa en un modo de pensar y un devenir
calculativos. La guerra pertenece naturalmente al proceso de devenir, a la
comparación y la aspiración. Es devenir para la hipotética supervivencia de la
persona cuando, de hecho, no hay persona.
Los
ideales pueden llevarte a la guerra pero, en el momento de luchar, ¿dónde están
los ideales?
P.
¿Qué es lo mejor que puedo hacer para aportar paz al mundo?
R.
¿De modo que estás buscando paz?, ¿Te gustaría ver tu entorno en paz?, ¿Estás
tú en paz? Porque, antes de dar paz a tu entorno, debes estar en paz contigo
mismo. En primer lugar, afronta tu falta de paz. Observa cómo estás
constantemente en guerra contigo mismo, cómo eres violento y agresivo contigo
mismo. En tanto que haya un ego, habrá guerra. En tanto que tú pienses que eres
una entidad independiente, habrá guerra, y será inútil intentar poner fin al
conflicto a nivel social. Si no estás en armonía contigo mismo, sigues siendo
un cómplice para la sociedad.
Esta
cuestión de la guerra y la paz es muy importante. Cuando llegas a la
experiencia vi-tal del ser global, entonces hay verdadera libertad y seguridad
absoluta. En tanto no hayas integrado esta libertad, no podrás ayudar a traer
libertad social o política. La libertad no pue-de nunca venir a través de un
sistema.
P.
Pero es necesario que nosotros influyamos en las instituciones. ¿Cómo podemos
hacerlo?
R.
No intentes influir. En el momento en que respiras, el mundo entero se ve
afectado por tu inhalación y tu exhalación. Así, cuando tú vives en paz,
irradias paz. Si alguien te pide ayuda, ayuda por supuesto, pero no te
conviertas en un bienhechor profesional.
P.
¿No tiene uno una responsabilidad personal de cambiar las cosas que siente que
están mal?
R.
Cuando tú estás libre de la idea de ser alguien, el problema de la
responsabilidad no juega ningún papel. Cuando ya no estás limitado por la
personalidad, hay inteligencia, y actuar es adecuado de momento a momento.
Si
tienes cualquier idea de ser alguien, un amigo, ayudador, persona política,
profesor, madre, padre, etc., verás la situación solamente coloreada por esta
imagen. Es una visión fraccionaria y, por ser sólo parcial, crea conflicto y
reacción. Dado que la acción no ha apa-recido y desaparecido en totalidad,
habrá residuo. Antes de actuar, debe uno entender la situación. Para
comprenderla plenamente, debes afrontar los hechos libre de ideas. Debe
pertenecer a tu totalidad; de otro modo, estás atado a la rueda de la reacción
donde sólo hay relación de concepto a concepto.
Cuando
te conviertes en un bienhechor profesional, ya no eres espontáneo. Nunca puedes
crear armonía. Es hermoso no ser en realidad nada, sin calificación alguna.
Todo cuanto aparece, aparece en ti y tú actúas de acuerdo con la aparición
empleando tu capital, bien sea intelectual, corporal, material, etc. Entonces,
toda acción es equilibrada.
P.
Dices que no hay que convertirse en un bienhechor profesional pero, ¿qué sucede
si ése es mi trabajo? También, yo sé que tú viajas por todo el mundo haciendo
el bien. ¡No po-demos quedarnos sentados y dejar que la gente sufra! Nadie que
se esté muriendo de ham-bre puede estar interesado en autoexplorarse. Hay que
cuidar primero de la supervivencia biológica. Y esto requiere profesionales.
R.
Yo no digo que debas ignorar al mundo, sino que primero tienes que saber
afrontar los hechos apropiadamente, es decir, libre del limitado punto de vista
individual. Nuestro entorno se aparece en nosotros de acuerdo con la postura
que tomamos. Desde el punto de vista del cuerpo y los sentidos, el mundo
aparece como percepción sensorial. Desde el punto de vista mental, el mundo
aparece como mente. Desde la consciencia, el mundo es sólo consciencia. Cuando
salgas de aquí, no intentes cambiar nada. Sé simplemente consciente de que tus
ideas y tus acciones arrancan de la mente. En el momento que mires a tu
alrededor desde tu consciencia, verás las cosas de un modo distinto y, al ver
las cosas de un modo distinto, tu entendimiento y tus acciones serán también
diferentes. No podrás nunca cambiar el mundo desde el punto de vista personal.
Sólo puedes cambiar la sociedad desde lo impersonal, desde la consciencia. A
menudo surge la pregunta: “¿Cómo puedo cambiar la sociedad? No estoy de acuerdo
con tantas cosas…” Date cuenta de que no puede haber transformación a menos que
la acción proceda de un punto de vista completamente distinto al de antes. En
el reino personal, no dejas de ser un cómplice de la sociedad. La acción
creativa únicamente puede venir cuando ves a tu alrededor desde el punto de
vista de la consciencia. Entonces estás verdaderamente relacionado con la
sociedad, con la situación, con el mundo. De otro modo, continúas relacionado
tan sólo contigo mismo, con tus reacciones y tus resistencias. Has de ver que
la sociedad comienza contigo.
Tú
eres tu propio entorno más cercano, de modo que éste empieza contigo mismo.
Cuando aprendas a mirar a tu más próximo entorno, automáticamente sabrás mirar
al entorno más amplio. En este modo de mirar hay entendimiento, y el
entendimiento trae consigo la actuación correcta. En el momento en que alcances
el entendimiento vivo, no necesitarás preguntarme a mí ni a ningún otro qué has
de hacer.
P.
¿No hay trabajo por hacer acaso para mejorar la comunicación y el dialogo entre
los distintos países?
R.
¿Qué es la comunicación? ¿Ha disminuido la guerra a medida que la así llamada
co-municación ha crecido? Aprende primero a comunicarte contigo mismo y con tu
entorno más inmediato. Limpia tu propia habitación y prepárala para recibir a
los invitados. Cuando hay orden y armonía en una sociedad, esto afecta al mundo
entero. El convertirse en un bienhechor profesional es un escape de afrontar el
propio campo de uno. No es más que un camuflaje. Pero desde luego, si llega la
oportunidad de ayudar, nunca la rechaces.
P.
Pero, sin duda, necesitamos objetivos en la vida, ¿no?
R.
Donde hay un ego hay una finalidad. Y, cuando no hay sentido de “yo”, no hay
finali-dad. La vida no tiene finalidad. Sólo hay belleza en vivir en lo eterno.
Si crees que eres el “yo” individual, estás aislado de lo que te rodea, y este
aislamiento trae consigo sentimientos de inseguridad, miedo y ansiedad.
Entonces buscas objetivos. Te preocupas y anticipas. La vida no necesita de una
razón de ser. Esa es su belleza.
P.
¿Cómo puedo actuar con los sufrimientos de los demás?
R.
Cuando lo ves profundamente, no hay diferencia entre tu sufrimiento y el
sufrimiento del entorno porque ambos son, por igual, objetos de percepción. Es
a través de tu cuerpo como debes aproximarte al sufrimiento del entorno. Todo
sufrimiento apunta al último per-ceptor. Míralo de este modo, y no a través de
la justificación y la inculpación. Toda justifica-ción es un escape de la
realidad, un rechazo. Unicamente cuando realmente haces del su-frimiento un
objeto de percepción y no lo proyectas como algo que es de los demás te liberas
a ti mismo y a los otros del mismo.
P.
¿Hay algún accidente en la vida?
R.
No hay accidente alguno, porque todo lo que ocurre pertenece al todo. Desde el
punto de vista personal, puede parecer accidental o casual, pero en el ojo
divino de la infinidad sólo hay simultaneidad.
P.
En la totalidad, no podemos hablar de destino o determinismo, ¿verdad?
R.
No hay pasado, presente ni futuro. El futuro es un pasado proyectado y el
presente es ya pasado en el momento en que piensas en él. Todo sucede en tu
presencia, que es intemporal. El fatalismo es una actitud pasiva en la que uno
se entrega a la situación, se identifica con ella. Pero tú no eres la
situación, la película, sino la luz que ilumina y da vida a ésta. Lo que tú
llamas un accidente, destino, etc., está en la película pero tú, la luz no
estás en ella.
P.
¿Que quieres decir con “en la película”? ¿No es esto determinismo de alguna
manera?
R.
El determinismo es lineal, pero no hay una creación concreta de la historia del
mundo. El mundo se crea a cada momento a partir de todas las posibilidades.
Todas las posibilidades están en ti… ¿por qué identificarse con una expresión
concreta? Toda relatividad tiene significado tan sólo en tu totalidad.
Cuando
sólo hay simultaneidad, entonces, todo sucede a cada momento. Pasado, pre-sente
y futuro se unen en la presencia. Sólo desde la consciencia, desde la
globalidad, se puede ver la película en su totalidad. De otro modo, permaneces
atado a las fracciones, a las distintas imágenes, y te metes en cada escena. El
contenido de tu vida es más de lo que tú conoces. Cuando hay claridad y
discernimiento, tu atención y tu energía ya no son vividas ni se dispersan en
imágenes.
P.
¿Cual es el cimiento de una vida verdaderamente religiosa?
R.
No está en cambiar tu estilo de vida o adoptar una nueva fórmula o filosofía,
sino en descubrir los límites esenciales del pensar y el devenir. Cuando la
mente se agota, llega a su calma inherente. En esta tranquilidad, la realidad
se refleja y se experimenta con un pre-senti miento. El pre-sentimiento debe
abrirse a la realidad viva, a lo que se ha pre-sentido. Podríamos llamar a esto
una involución a la fuente del pre-sentimiento. La realización del
pre-sentimiento no puede ser una idea basada en lo que otros han dicho; debes,
más bien, ser arrebatado por la realidad, totalmente absorbido por ella en la
experiencia directa. Este no sólo es el cimiento de una vida religiosa, sino el
cimiento para una sociedad completamente nueva, una humanidad en la belleza y
en el amor.
CONOCERTE
A TI MISMO
Estar
libre de la idea de ser alguien, eso es iluminación
La
forma humana es un microcosmos del universo. Todo cuanto supuestamente existe
fuera de nosotros existe, en realidad, en nosotros. El mundo está en ti y puede
darse a co-nocer en ti como tú mismo. Entones, ¿qué es este “tú”?
Como
seres humanos relacionados con todos los seres vivos, debemos estar primero
re-lacionados con nosotros mismos. No podemos entender, amar y recibir a los
demás sin, en primer lugar, conocernos y amarnos a nosotros mismos.
Generalmente, sin embargo, pasa-mos nuestras vidas enteras dedicados a lo que
evidentemente está fuera de nosotros sin mirar jamás a lo que está más cercano.
No dedicamos tiempo alguno a la lectura cuidadosa de nuestro propio libro, de
nuestras reacciones, resistencias, tensiones, estados emociona-les, tensiones
físicas y todo lo demás. Esta lectura no requiere sistema alguno ni tiempo
especialmente asignado a la introspección. Implica solamente mirarse a sí mismo
durante el día sin la habitual identificación con un centro de referencia
individual, una imagen de yo, una personalidad, un propagador de puntos de
vista.
Para
enfrentarnos a nosotros mismos científicamente debemos aceptar los hechos como
son sin acuerdo, desacuerdo o conclusión. No se trata de una aceptación mental,
de una aceptación de ideas, sino de algo completamente práctico, funcional.
Sólo requiere estar alerta. La atención debe ser bipolar. Vemos la situación y,
al mismo tiempo, vemos cómo ésta hace eco en nosotros como sentimiento y
pensamiento. En otras palabras, los hechos de una situación deben incluir
nuestras propias reacciones. Nos quedamos en el proceso científico, libres de
juicio, interpretación y evaluación, únicamente atentos, en diferentes momentos
del día, a nuestro terreno psicológico, intelectual y físico y a nuestro nivel
de vitalidad. No existe motivo alguno ni interferencia de un “yo”, ni deseo de
cambiar, crecer o llegar a ser. La aceptación funcional no es moral. No hay
necesidad de optar por un nuevo modo de vida que, inevitablemente, se convierte
en un sistema como otro cualquiera. Cuando la atención es bipolar, en un
principio hay observación del así llamado mundo exterior pero con un énfasis en
los movimientos internos. Después, estos movimientos, los gustos y los
disgustos, se convierten a su vez en el objeto de exploración. De este modo
llegamos a intimar más con nosotros mismos, nos hacemos más conscientes de cómo
funcionamos de momento a momento en la vida diaria. Cuando somos exploradores,
el verdadero escuchar aparece automáticamente y en escuchar hay apertura,
receptividad. La exploración nunca se convierte en una fijación con una meta a
alcanzar. Permanece como una bienvenida que aporta originalidad y vida a cada
momento.
Muchas
terapias nos dicen que nos aceptemos a nosotros mismos pero esta aceptación
psicológica, a través de diversos tipos de análisis, se refiere siempre a un
centro individual. En tanto que la idea del individuo permanece, hay un motivo
escondido en la aceptación. No es una aceptación incondicional sino que está
basada en un ideal, o una comparación, y siempre contiene un elemento de
resignación. La psicología cree en la existencia del ego y su tarea consiste en
hacer éste más cómodo, fuerte e integrado. El que podamos organizar nuestra
vida de manera más satisfactoria ya es algo, pero no puede haber jamás una vía
que nos lleve más allá de lo conocido. Estos procesos nos mantienen interesados
en el objeto por sutil que éste pueda llegar a ser. En la aceptación funcional,
el énfasis no está en lo que aceptamos sino en la aceptación misma. Nada hay
para intentar añadir o sustraer de la vida que estás viviendo. Esta requiere
tan sólo estar alerta para ver los hábitos del pensamiento y el modo en que
éstos nos comprometen. Cuando vemos que casi toda nuestra existencia es una
repetición mecánica, automáticamente salimos del modelo para entrar en la
observación. Todos los intentos de cambiarnos a nosotros mismos se basan en la
interpretación que supone la existencia de un intérprete pero, cuando no hay
nadie para interpretar, ningún centro de referencia, el énfasis cae
espontáneamente en la acción misma de tomar nota. Es importante darse cuenta de
que este observar sin un agente no es una actitud ni un estado. El objeto no es
interesante. La observación en sí tiene su propio sabor y no necesita adición
alguna. Es la misma apertura, o bienvenida, que constituye nuestro ser natural.
Para
entrar en relación con uno mismo y, de este modo, con el mundo, toda
interferencia debe cesar. Es el observador quien, proyectando constantemente
conocimiento y deseos adquiridos, mantiene lo observado como objeto y de ese
modo destruye toda verdadera comunicación, que es amor. Con la desaparición del
hábito de ser alguien que hace algo, sólo la atención desnuda queda y, a la luz
de ésta, se hace claro el funcionamiento de proyección. La mente recobra su
sensibilidad y flexibilidad naturales y, al mismo tiempo, sentimos libertad en
relación con nuestro entorno. En la exploración abierta, en la que te aceptas a
ti mismo científicamente, llegará el día en que te sientas completamente
autónomo y realizado sin calificación
P.
No estoy seguro de lo que quieres decir exactamente con distinguir entre
aceptación “psicológica” y “funcional”.
R.
En la aceptación psicológica hay todavía alguien que acepta. Hay un punto de
vista, una elección o un motivo y objetivo. De modo que hay todavía
complicidad, un interés crea-do en lo que supuestamente aceptas. Este interés
te ata al objeto, la cólera, la ansiedad, los celos, el demonio, el héroe,
Dios, etc., y tú permaneces funcionalmente pasivo con respecto a él. Te sometes
a él. Dices “Yo soy esto”, e intentas darle la bienvenida. La aceptación
psi-cológica es una especie sutil de sacrificio.
La
aceptación funcional es una postura completa mente no-afectiva porque está,
desde el principio, libre de ego, es decir, libre de toda interferencia mental.
Es principalmente activa. Quiero decir con esto que hay una actitud
completamente alerta en el hecho de tomar nota. No hay sumisión al objeto. Sólo
hay bienvenida, sin análisis de ninguna clase. En otras palabras: pasas
directamente del proceso del devenir a la apertura misma.
P.
¿Es esta apertura el aspecto sujeto?
R.
Pedagógicamente hablando, hay un abandono del énfasis en el objeto por el así
lla-mado sujeto, la percepción en si. El gran peligro, sin embargo, está en
enfatizar el sujeto, hacer de él un objeto, de alguna manera sustancial, con lo
que no harías más que asumir una actitud y hallarte de nuevo en el llegar a
ser. La verdadera aceptación es apertura libre de toda objetivización.
P.
Es como el presidiario que lima sus barrotes año tras año y, a medida que éstos
van desapareciendo, una a una, crecen sus esperanzas y sueños de libertad. El
hecho real es que, en tanto siga quedando un barrote, ¿él continúa estando tan
preso como lo estaba con todos ellos, y la libertad no es todavía más que una
idea.
R.
La apertura es un estar alerta sin ninguna expectativa. La observación debe
sencilla-mente permanecer con los hechos.
P.
Si no presto atención a los aspectos del ego, ¿no puede haber peligro de que
los re-prima?
R.
La observación no va dirigida al objeto; el objeto aparece en la observación.
Cuando permites que los aspectos del cuerpo-mente aparezcan en tu atención
multidimensional, éstos ascienden como la niebla que emerge del valle para ser
consumidos por el calor del sol. Nada queda que reprimir ni hay nadie que
reprima. Es un modo de vivir completamente nuevo. Cuando vives en la apertura,
todo aparece y desaparece en ella.
P.
Has dicho que no es el objeto de exploración lo que es atractivo sino la
naturaleza de la exploración en sí. A veces tengo momentos de tristeza porque
he estado explorando du-rante veinte años sin llegar a la absoluta convicción
de que no hay nada que explorar.
R.
Debes explorar en tanto que necesites explorar. Pero, una vez que comienzas a
enfa-tizar el objeto de la exploración, lo anecdótico, es posible que ésta
jamás encuentre un final. El mundo es variedad infinita y existe el peligro de
que el objeto te arrebate cada vez más. Maya puede ser muy sutil y engañosa y
seducirte haciéndote entrar en maravillosos estados e intuiciones, pero tú
permaneces en el mundo de la dualidad, sin llegar a ver nunca la verdadera
naturaleza de la existencia. De modo que, si exploras lo que no eres sin el
fondo inmediato de lo que eres, estás tomando un camino cuyo recorrido puede
que lleve más años de los que llegue a alcanzar tu vida. Pero, cuando el
énfasis se halla en la apertura en sí, el objeto se vuelve transparente y su transparencia
hace referencia directa a tu apertura no-objetiva. Muy rápidamente comprendes
que ésta es la verdadera naturaleza del objeto, de toda existencia, y dejas de
encontrarte a ti mismo en un objeto supuestamente concreto para hallarte en
este recibimiento.
No
necesitas conocer los detalles del ego, sino sólo su naturaleza. Si muerdes una
fruta podrida, en seguida sabes que está mala, ¡no necesitas comértela toda
para asegurarte! Nada nuevo se puede aprender persiguiendo lo conocido. Los
Padres del Desierto solían decir: “Conócete y olvídate a ti mismo.”
P.
¿Cómo puedo dar directamente la bienvenida desde la totalidad sin saber primero
a qué?
R.
En el momento en que la mente no interfiere, estás libre de ego. No hay
necesidad de pensar en el ego. Al dar la bienvenida, ya estás en la totalidad.
Acéptalo de segunda mano y procede a probarlo por ti mismo.
P.
Aceptarlo de segunda mano significa tener fe, ¿no es cierto?
R.
Sí, pero debes descubrir qué es la fe. No es creencia. Al aceptar que eres
consciencia estás abierto a una nueva dimensión. Es importante depositar fe en
la verdad. Cuando lo que aceptes sea vital, te verás conducido a la prueba
viviente. La fe debe ser informada, no ciega. La fe no está más allá de tus
posibilidades de conocer. Es conocer cómo afrontar los hechos desistiendo del
deseo y la voluntad. No tiene nada que ver con dependencia, sino que te lleva a
una autonomía cada vez más amplia.
P.
Si el ego no es real… es decir, autónomo y continuo, ¿qué es lo que funciona en
la vi-da de cada día?
R.
El ego carece de toda concretitud, sustancia o continuidad. Es una colección de
pen-samientos unidos por la memoria. La persona aparece cuando piensas en él.
Cuando el cuerpo se despierta por la mañana, ya está ahí la conciencia. Puede
que no la hayas notado, pero así es. Esta conciencia no es un pensamiento, ni
un sujeto ni una sensación. No encuentra concretización. Momentos más tarde, el
hábito asocia a la conciencia con un cuerpo y una personalidad. Y entonces
dices: “Soy esto. Soy aquello.”
Podemos
llamar a esto conciencia sin objeto, consciencia, el sujeto esencial o el “yo”
in-condicional. Este “yo” incondicional es la vigilancia que da la bienvenida a
todos los parásitos de “esto y aquello”. El pensamiento de ser una persona
determinada limita la inteligencia innata de la mente y el cuerpo. Cuando estás
simplemente alerta y disociado de tus hábitos de creer en una personalidad,
entonces, todas tus capacidades pueden entrar en juego estimuladas por una
situación. Sólo hay acción, sin que actúe ningún actor. Entonces, funcionas
mucho más imaginativa, amplia y eficazmente con toda tu inteligencia y talento.
P.
¿Dónde se origina el ego?
R.
El ego, consciencia de uno mismo como individuo, es simplemente un concepto
entre muchos. Creado por la sociedad, los padres y la educación, cristaliza
como un complejo de datos y experiencias. No existe ningún ego concreto que
podamos describir sino, más bien, dos, tres mil “yos”. Es posible que tengas un
conjunto de características diferente del de tu vecino, pero esta colección de
características no eres tú. Cada “yo” corresponde a una situación distinta
pero, puesto que la memoria retiene al “yo” largo tiempo después de que la
situación haya pasado, los diversos egos se hallan frecuentemente en conflicto
en esa colección que llamamos personalidad. No hay posibilidad de circunscribir
el conjunto de “yos” memorizados y, cuando veas que éste no es un objeto,
perceptible como otros, encontrarás que no es una constante. La idea de un ego
que ocupa un centro psíquico es una presunción. Quítale todas las
características, todo lo que tú mismo crees que eres, todo lo que es
fenoménico, y ¿qué es lo que queda? Nada, simplemente ser, quietud, presencia.
¿Por qué emplear entonces toda una vida explorando el reino del ilusorio ego y
sus proyecciones? ¿Por qué no ir directamente a lo que eres?
P. A
veces utilizas las palabras inconsciente, subconsciente y arquetipo. ¿Qué
significan dichas palabras para ti?
R.
“Inconsciente” y “subconsciente” todavía pertenecen a la existencia. No podemos
se-parar fracciones de existencia del todo de la existencia. Todo lo que existe
pertenece a la existencia. Los arquetipos son existencia inarticulada, como las
profundidades del océano. Son la fuente original, como los estanques, los ríos
y arroyos, los océanos pertenecen todos al elemento que nosotros llamamos agua.
Ver las raíces de la existencia puede ser de ayu-da, pero tu verdadera vida es
el terreno en el que están creciendo dichas raíces.
Cuando
el objeto se desvela en ti y tú ya no estás viviendo en la ciudad de la
memoria, estás abierto a la memoria cósmica, a todas las posibilidades, y la
memoria colectiva puede surgir. Los arquetipos, símbolos originales, permanecen
y tú te vuelves más sensible a ellos. Los sientes como un poder original, como
expresión condensada de vida. Cuando el agua es clara, los objetos inmóviles
del fondo se ven a través de ella.
P.
¿Qué son los sueños?
R.
Algunas veces, lo que posponemos durante el día emerge en un sueño. Es una
eliminación y aparece más o menos sucesivamente como percepciones habidas en el
estado de vigilia. Pero hay apariciones espontáneas, llamadas songes en
francés, que no pasan a través de la función cerebral común. Aparecen
simultáneamente en el intervalo existente entre el sueño profundo y la vigilia.
Puede que veas toda tu vida en un instante. Puede que haya elementos
pertenecientes a la composición del todo que, más tarde, en el estado de
vigilia, llamas el futuro.
Los
estados del sueño y la vigilia son más o menos lo mismo. Mientras estás
soñando, la historia es real para ti. Sólo más tarde la llamas un sueño. ¿Qué
te hace estar tan seguro de que no estas soñando ahora?
P.
Aún cuando uno ha dejado de identificarse con la personalidad sigue habiendo
funcio-namiento todavía; de modo que, en algún sentido, la personalidad debe
estar ahí.
R.
Cuanto te hallas libre de la imagen de ti mismo sólo hay viveza, tranquilidad
libre de agitación, solamente hay un escuchar de momento a momento. ¿Dónde
queda sitio, por tanto, para una imagen, un sujeto y un objeto, alguien que
conoce algo? En esta apertura, la función tiene lugar en tu conciencia pero no
hay “yo” ninguno en dicha función.
P.
Pero, ¿no hay todavía preferencias de ese cuerpo en funciones?
R.
El cuerpo se hace cargo de sí mismo. No necesita un controlador. Lo que tú
llamas personalidad es una acumulación inflexible de imágenes emotivas. La
personalidad real aparece en tu tranquilidad solo cuando tu la necesitas y
desaparece cuando la situación ya no la pide. Es flexible sin periferia. Es
multidimensional y está libre de toda interferencia psicológica. Cuando a uno
se le requiere para ser una madre, un padre, un amante, un estudiante, un
maestro o un luchador lo es de modo temporal, pero dichas calidades no
permanecen como un estado con el cual te identificas. Entonces hay amor, hay
afecto sin afectividad.
Es
muy interesante y hermoso vivir con cuanto te rodea de una manera en la que no
hay repetición. El hombre, mujer o niño con el que vives es siempre nuevo
porque tú eres siempre nuevo. No hay proyección alguna de una imagen sobre tu
compañero y él, o ella, se siente libre en tu libertad.
P.
Has mencionado antes las capacidades que entran en juego cuando el ego, la
perso-na, está ausente. ¿Se heredan o se aprenden dichas capacidades y, si no,
de dónde vienen?
R.
La verdadera personalidad no es real. Esta transpersonalidad, si podemos
llamarla así, utiliza una inteligencia y una sensibilidad que son universales.
La genética y el aprendizaje constituyen tan sólo una parte muy pequeña de
todas nuestras aptitudes. La forma de actuar adecuada depende de la situación,
del momento. La transpersonalidad está abierta a todas las posibilidades.
P.
¿Por que es tan fuerte el impulso de asociar la conciencia incondicionada con
un ego?
R.
La idea de un ego tiene millones de años de antigüedad. Deriva del deseo de
distin-guirte a ti mismo de los demás seres, de sentirte como una entidad
independiente. Una vez que te tomas a ti mismo por un individuo separado, sólo
puedes encontrarte a ti mismo en relación con las cosas, con lo percibido. El
ego necesita situaciones para su supervivencia y, cuando no hay
acontecimientos, siente su inseguridad y trata de crear más. Es por esto que no
puedes vivir los momentos de quietud entre los pensamientos y las actividades.
Vives en supervivencia psicológica. Así pues, llega a conocerte a ti mismo tal
como eres antes de que tu cuerpo despierte. Llega a conocerte a ti mismo tal
como eres antes de nacer.
P.
¿Cómo, entonces, puedo liberarme de esta limitación, de la sensación de ser una
enti-dad individual?
R.
Primero da la bienvenida a todo lo que piensas que eres. Cuando aceptes
plenamente todo lo que consideras como tú mismo, te encontrarás de pronto en
apertura y verás que ésta, y no tus conceptos acerca de tu carácter y todo eso,
es tu verdadera naturaleza. En la apertura, eres consciente de que todo lo que
piensas, todo lo que aparece, no eres tú. Cuando das la bienvenida a tu cuerpo,
sentidos y mente, y encuentras que éstos no son más que objetos de tu
percepción, que aparecen en ti, descubres una nueva dimensión detrás de tus
creencias. Serás absorbido por esta nueva dimensión y verás que lo que tomabas
por ser tú mismo no es más que una expresión de lo que eres. Entonces vives
completamente integrado, consciente en tu totalidad.
Este
llegar a conocer lo que eres no es una maduración orgánica sino que puede
ocurrir en cualquier momento dado. Hay gran belleza en ello.
P.
¿Qué quieres decir con “…maduración orgánica sino que puede ocurrir en
cualquier momento dado”?
R.
La maduración no está sujeta al tiempo en el sentido de devenir. Puede tener
lugar en el tiempo que dura un pensamiento. Cuando sabes todo lo que no eres,
lo que eres aparece instantáneamente y no es un pensamiento.
P.
¿Cuál es la importancia de la maduración orgánica?
R.
Algunas veces sucede que tu ser natural aparece pero tú haces de él un estado,
lo objetivizas. En esta aparición tú eres uno y tu cuerpo, sentidos y mente se
ven alcanzados en cada rincón. Cuando estás maduro, sin embargo, cuando posees
un entendimiento intelectual y estás por tanto abierto a lo desconocido, a
asombrarte, el asombro se desvanece en un estar sin causa. De otro modo, puedes
ser arrebatado por la novedad y permanecer atado al objeto.
La
vida es un laboratorio. Vive cada vez en mayor intimidad contigo mismo.
Escuchar es amor. Cuando mantienes la actitud de bienvenida, ésta te atrae
hacia sí misma y el énfasis ya no está en la sensación sino en la bienvenida.
P.
¿Cómo puedo mantener esta actitud de bienvenida sin, de alguna manera,
concen-trarme en ello en alguna medida?
R.
El mantener sin concentración tiene lugar espontáneamente cuando no hay agente
ni mantenedor alguno. En ausencia de un director que se interese en el objeto,
el énfasis cae sobre el propio hecho de observar, de dar la bienvenida, y el
objeto queda libre con ello. En otras palabras, en el momento de tomar nota
solamente está eso, el tomar nota, y nada que anotar. El objeto no es en
realidad otra cosa que energía fija, y la liberación de la energía tiene lugar
súbitamente, inesperadamente. En este abandono, toda energía es reorquestada y
devuelta a su estado original de movimiento sin dirección.
P.
Has dicho que la liberación del objeto llega inesperadamente. ¿Querrías
decirnos algo más acerca de esto?
R.
Existen diferentes estratos en lo que normalmente llamamos sentimiento o
sensación. Cuando la búsqueda sin conclusión se mantiene, la sensación se
despliega y los estratos más profundos, liberados de tensión, afloran. Este
desplegamiento no puede ser producido. Es la abierta bienvenida lo que
constituye el imán. El pleno despliegue del objeto tiene lugar cuando escuchas
más y más a la bienvenida y menos a la sensación, al objeto. Al final sientes
una súbita transferencia en la que los residuos de ese énfasis en el objeto se
desvanece en la búsqueda, la vigilancia, la apertura. Es una especie de
implosión en la que el así llamado objeto es absorbido por la conciencia.
P.
¿Cuál es el origen de esta ignorancia de nuestra verdadera naturaleza?
R.
Es sencillamente un olvido. Cuando un niño se encuentra en un mercado, en
Navidades, se halla completamente absorto en los juguetes y olvida a su madre,
pero llega un momento en que se acuerda de ella. El mundo objetivo es muy
atractivo y, en tanto no estás interesado en la realidad, se esconde tras el
nombre y la forma. Cuando quitas el nombre y la forma, ¿qué queda? Los
Upanishads dicen que lo divino es tímido como una gacela y, desde luego, el Tao
que se puede nombrar no es el Tao.
P.
¿Por qué es tan difícil tomar conciencia de nuestro ser interior?
R.
No hay nada de lo que tomar conciencia. Cuando piensas en tomar conciencia,
pro-yectas el no tomar conciencia. Cuando dices difícil, proyectas su opuesto,
fácil. No hay des-tino, no hay interiorización. Porque tú ves los pensamientos,
sentimientos y sensaciones como algo que están dentro de ti, te identificas con
ellos. Debes llegar a ver que el cuerpo es un objeto de observación exactamente
igual que un árbol. Entonces no habrá dentro y fuera ni preferencia para la
identificación. En el estado natural no existe lo interior o exterior. Todo
esto son conceptos. Simplemente permanece abierto a toda percepción. Las cosas
aparecen en la apertura, apuntan hacia la apertura y se desvanecen en la
apertura. No hay captación ni identificación. Sólo hay acontecimiento. Todo
cuanto aparece apunta a tu verdadera naturaleza.
El
pensamiento, el lenguaje, es dualista, cierto es, pero debes aprender a
utilizarlo co-rrectamente y ello te traerá claridad.
P.
¿Por qué nos identificamos continuamente con conceptos?
R.
Suprime el por qué. El por qué es un escape. Fíjate en el mecanismo. El por qué
no aporta ninguna solución. Preguntas como “¿Por qué existe el mundo? o” ¿Por
qué existo yo? jamás se pueden responder. Cuando el por qué llega a su fin, te
encuentras fuera del círculo de la memoria.
Al
vivir con tu pregunta, estás sin expectativa. Este vivir es multidimensional.
Es simple-mente escuchar sin objetivo alguno. En esta observación sin motivo,
la pregunta se despliega y uno se encuentra en una nueva dimensión.
P.
¿Por qué me resisto a la libertad?
R.
¿Quién se resiste? Fíjate en el mecanismo. En tanto vivas en el gusto y
disgusto, en la estructura dolor-placer, hallarás resistencia. La satisfacción
esencial llega cuando el perceptor pierde toda volición. Cuando la atención
pierde su captación, su carácter volitivo, lo percibido queda liberado y
disuelto en el perceptor. Pero el perceptor debe primero estar libre de toda
voluntad con el fin de que lo percibido se libere. En la tradición cachemir, el
perceptor es Shiva y lo percibido es Parvati, o Shakta y Shakti. Cuando Shakta
retiene todavía residuos de voluntad y Shakti no está aún completamente
liberado, tenemos ese momento que puede compararse con la “Noche Oscura del
Alma” de San Juan de la Cruz, donde el objeto deja de interesarte pero todavía no
está completamente desplegado. La energía no está fluyendo libremente. Es un
período terrible en el que la volición ha perdido su dinamismo, el mundo ha
perdido su encanto, pero la energía no está plenamente integrada. Es importante
comprender que la resistencia es tan sólo una idea, la imagen de ser alguien
está muy profundamente arraigada. Es la imagen la que se niega.
P.
¿Qué es lo que nos mueve a buscar?
R.
El ansia de encontrarte a ti mismo. Tu verdadera naturaleza te atrae incluso
sin que lo sepas.
P.
¿De dónde viene el ardor necesario para proseguir la auto-investigación?
R.
Cuando llegas a ver tu mecanismo, brota la energía liberada que te lleva a ver
las co-sas con mayor claridad todavía y a vivir esta claridad. Llegará un
momento en el que sentirás que todas las direcciones que has tomado para buscar
la libertad, paz y felicidad te han decepcionado. Entonces, el dinamismo de
esfuerzo llega a un punto muerto y hay un pre-sentimiento de tu naturaleza
real. Este pre-sentimiento procede directamente de lo que se presiente.
Con
dicho pre-sentimiento, te hallarás espontáneamente orientado. Toda la energía
anteriormente gastada en buscar fuera por diferentes caminos será reorquestada.
Naturalmente, esto exige una cierta madurez. Pero una investigación con el más
profundo interés te lleva a dicha madurez. Esta aparece cuando te cuestionas la
vida y vives con la pregunta sin interpretación ni conclusión. Al llegar a
cierto punto, la pregunta se disuelve en la respuesta de la que procede. En la
pregunta está el pre-sentimiento de la respuesta.
P.
Encuentro, en mi vida, que tengo pereza por auto-investigarme y, aunque siento
cierta llamada, en realidad no la siento seriamente hasta el final. ¿Qué puedo
hacer?
R.
En tu modo de buscar hay repetición. Donde hay repetición hay aburrimiento y
pereza. Debes explorar. Explorar significa que lo ya conocido debe terminar.
Debes ser tan nuevo para la vida como un niño. Debes acostumbrarte a escucharte
a ti mismo y a cuanto te rodea. Interésate profundamente por tu propia
historia. Afronta tus reacciones. Cada vez que afrontas tu reacción, dejas de
ser cómplice de ella y, sin combustible, ésta se desvanece. Generalmente,
cuando dices “Conozco a esta persona, este poema o esta pintura”, lo que
conoces es sólo una reacción de algún tipo respecto a ella. Pero, cuando vives
libre de toda reacción, ¡te encuentras a ti mismo en una nueva dimensión que
siempre es interesante! Debes hacer una elección en la vida, y esta elección debería
ser vivir en la belleza. Así que familiarízate más con la belleza.
P.
Encuentro difícil escapar a la intención, la intención de relajarme, de estar
claro, en paz y todo eso. ¿Podrías hablar más sobre la observación
inintencionada?
R.
La verdadera observación está completamente desprovista de ideales e ideas.
Estar libre de intención es estar libre de dirección. Es ser multidimensional.
No tiene nada que ver con la concentración que busca un resultado. En la
observación real, funcionas como el científico que toma nota sin interferencia
psicológica. El científico como persona, como actitud, se halla completamente
ausente y, en este vacío, la atención pura es como un imán al que las
observaciones, a, b y c se ven, en cierto momento, atraídas como pedazos de
metal. Del mismo modo, si tomas nota sin análisis ni crítica, habrá una súbita
toma de conciencia. Al principio la sentirás durante una reacción, después
antes de la reacción y más tarde en el momento del impulso a reaccionar. Entonces
llegará un momento en que te verás libre incluso del impulso a reaccionar.
Cuida
de que la observación sea siempre puramente funcional. Existe a menudo el
reflejo de crear una actitud de desapego. Esta laguna psicológica nada tiene
que ver con ser el testigo. Muy a menudo, cuando pensamos que vemos claramente
una situación, no hemos hecho más que inventar una objetividad psicológica.
Este distanciamiento es obra de la imagen de sí mismo que uno tiene y no deja
de ser reacción. La observación sin reacción no puede jamás ser un pensamiento,
una actitud que uno aprende. No tiene nada que ver con el proceso analítico.
Discurre por un canal completamente nuevo y la conclusión es instantánea
P.
¿Cómo podemos discriminar entre la observación que es mental y la observación
libre de pensamiento de la que tú estás hablando?
R.
Tal vez quieras decir: “Sé que yo no soy el cuerpo, los sentidos y la mente”;
pero, an-tes de que realmente puedas decir esto, debes ver con claridad qué es
lo que no eres. A medida que escuchas más y más a tu cuerpo-mente llega una
sensación de distanciamiento que nada tiene que ver con el desapego
psicológico. En este espacio surge el pre-sentimiento de tu autonomía, de tu
estar consciente. Cuando haces de tu estructura psicosomática un objeto de
observación, existe al principio una relación entre el hecho de observar y lo
observado. Sin embargo, llega un momento en que el objeto de observación, tu
estructura psicosomática, deja de recibir énfasis y entonces encuentras el
énfasis en el propio hecho de escuchar. Con ello surge el entendimiento de que
tú no eres el cuerpo sino que el cuerpo, el objeto, vive en ti, en tu ser
consciente. A esto me refiero cuando digo que lo observado está en el
observador pero el observador no está en lo observado; La creación está en
Dios, pero Dios no está en la creación. Cuando contemples un objeto, vuelve la
cabeza y ve la fuente de la contemplación. Sé consciente de que tú eres la luz
de toda percepción.
P.
Esta fuente que uno se vuelve para ver, el sujeto último, ¿es la verdadera
naturaleza de uno?
R.
Ten mucho cuidado. El sujeto que se puede ver no es tu propio terreno. Lo que a
ve-ces llamamos el sujeto último no es otra cosa que silencio, sunyata, vacío
de imágenes. Esta es la consciencia, la luz que brilla tras toda percepción.
P.
¿Es permanente esta libertad?
R.
Sí. Es continuidad. Permanece en las acciones de cada día. Tú haces tu trabajo
y eres presencia. Esta continuidad no es un objeto de observación, puesto que
la consciencia no está dividida. Tampoco es un estado. Es la fuente intemporal
de la que emanan los estados y por la que éstos son reabsorbidos. Es el fondo
necesario para el estado de pensamiento. Nunca ha cambiado ni cambia jamás.
P.
¿Estaba antes de que yo naciera?
R.
¿Quién te ha dicho que naciste? ¿tu madre? Es una información de segunda mano.
¿Tú sabes que has nacido? ¡No! Puedes decir que una sensación, una percepción
nace y muere pero nunca puedes decir que tú naces.
P.
Entonces, ¿no puedo preguntarte si el estado de puro ser continúa después de la
muerte?
R.
Un estado es una experiencia. Lo que tú eres no es una experiencia. La libertad
no tiene causa, no es una condición. No pertenece a la existencia. La
existencia está en el es-pacio y el tiempo.
P.
Pero, ¿cómo he de ver la muerte?
R.
¿Por qué hablar de la muerte cuando no conoces la vida? No vivas con una
informa-ción de segunda mano. Cuando sabes lo que es la vida, la cuestión de la
muerte es irrele-vante. La vida no tiene causa… no puede nacer nunca. De modo
que, ¿por qué hablar de la muerte? Uno muere a cada momento. Mueres todas las
noches, cuando te vas a dormir. Mueres cuando pasas de los sueños al estado de
vigilia. Todo muere inmediatamente. Cuando conozcas este morir sabrás que la
vida, la consciencia, siempre es.
P.
¿Cómo llega uno a ser espontáneo?
R.
Para descubrir la espontaneidad, uno debe ir más allá de la moralidad
convencional establecida por la sociedad. La espontaneidad es amor y brota de
la inteligencia e integra-ción más elevadas. Es vivir momento a momento en el
supremo arte de la auto-entrega, donde el conflicto se desconoce. La acción que
deriva del pensamiento, el hábito, la emo-ción, los impulsos ciegos y el
instinto es compulsiva y no puede en modo alguno ser es-pontánea. La
espontaneidad brota de la quietud meditativa. No se puede perseguir; ningún
sistema ni técnica puede enseñarte espontaneidad. De hecho, uno en seguida se
vuelve dependiente de métodos de exclusión y disciplina, y éstos conducen a un
estado de sensibilidad reducida y conducta automática y mecánica. En la
vigilancia y la escucha, la mente experimenta una penetrante transformación en
la que el intelecto ve sus límites y se ilumina, dejando con ello de estar
confuso, inquieto y ego-centrado para volverse silencioso y meditativo. La
agitación, consciente e inconsciente, debe llegar a su fin a través de la
observación y el entendimiento para que tenga lugar la espontaneidad. Si vamos
a la fuente de nuestras acciones en el pasado, descubrimos cómo los impulsos
escondidos de la mente subconsciente niegan la acción espontánea que brota de
la libertad. Hay entonces una transmutación de nuestra naturaleza básica, de
sus impulsos e instintos más profundos, y la energía se integra en la
totalidad, en el ser.
El
final del proceso de devenir es el comienzo de la espontaneidad. La
espontaneidad es plenitud de energía. Es amor.
P.
El tradicional arte japonés del tiro al arco, composición floral o caligrafía,
¿no es una técnica que enseña espontaneidad?
R.
Estrictamente hablando, no es una técnica. Una técnica es cuando adoptas algo,
un sistema, para aproximarte más a una meta. Pero la pintura espontánea o el
tiro al arco de-penden solamente de un apartar la vista del objetivo, de una
acción libre de toda volición.
P. ¿
Qué es el aburrimiento y cómo me puedo liberar de él?
R.
Si vivimos superficialmente y nos damos cuenta de ello, podemos tomar
conciencia de una profunda falta o incomodidad, de un malestar, al que llamamos
aburrimiento. En lugar de afrontar estos momentos de aburrimiento, vamos de una
compensación a otra en un intento de llenar el hueco. Pero, si afrontamos
realmente estos momentos, si los percibimos de verdad sin justificarlos,
conceptualizarlos o analizarlos, entonces, tiene lugar una transformación.
Debemos dejar que el aburrimiento continúe siendo pura percepción, sentimiento,
sensación. La percepción es real y, si dejamos que se despliegue, florecerá en
forma de quietud y apuntará a la consciencia.
Demasiado
a menudo interferimos en la percepción y la calificamos, haciendo en seguida de
ella un concepto. Un concepto no es algo real sino un producto de la mente y,
como tal, no se puede enseñar nada ni apuntar a otra cosa que viejos esquemas
mentales y memoria. Si liberas la percepción de las garras del ego, descubrirás
que la energía que estaba bloqueada, localizada en esquemas fijos, se libera y
se reordena. Cada circunstancia es nueva cuando la mente no impone lo viejo
sobre ella. Cada situación, por tanto, requiere una reorquestación de la
energía que sea perfectamente apropiada para la situación. En esta
reorquestación, toda la energía que previamente se hallaba dispersa en la
memoria, los hábitos y el tiempo psicológico se disuelve en nuestra presencia
intemporal.
P.
¿Existe un modo correcto e incorrecto de actuar?
R.
La acción correcta no proviene de la personalidad. Brota de la propia situación
y, como tal, no deja residuo alguno. Del mismo modo que la respuesta está en la
pregunta, así la solución a una situación reside en la propia situación. Cuando
la personalidad no dicte ninguna acción o, hablando estrictamente, reacción, te
encontrarás completamente adecuado a la situación. La acción correcta es
simplemente función. Muy a menudo la intuición de la acción correcta no es
agradable para la imagen que uno tiene de sí mismo, la cual, sintiéndose amenazada,
duda y contiende con la intuición espontánea. Se necesita valor para que tenga
lugar la abdicación de la persona.
P.
¿Puede la acción correcta dejar residuo en los demás?
R.
Es posible que la acción sea malinterpretada por aquellos que no ven la
situación en su totalidad, que miran desde un punto de vista. Pero puedes estar
seguro de que, tarde o temprano, se verá claramente como algo procedente de un
fondo global. La simple función es armoniosa porque mana de la armonía. Surge
del amor. La acción correcta tiene valor de momento a momento, no sólo en su
consumación.
P.
¿Es posible que la acción correcta se vea limitada por el error humano?
R.
La acción inteligente depende de tus recursos. No vas más allá de ellos. Un
motivo correcto busca una acción correcta. Por supuesto, puede que necesites
las herramientas para ejecutar la acción. Pedir ayuda a los demás es parte de
la acción. La rectitud de acción requiere una continua revisión de tu capital
intelectual, físico, etc. Allí donde hay error funcional, aún cuando el terreno
de amor esté presente, no se puede hablar estrictamente de rectitud de acción.
P.
¿A qué llamas tú la necesidad del Bodhisattva de enseñar e iluminar a todos los
seres si no hay intención alguna de obrar correctamente?
R.
La intención proviene de la idea de ser un individuo separado. Cuando el ego se
di-suelve y uno se da cuenta de su infinita naturaleza, hay una gran gratitud.
La gratitud es agradecer el amor por el amor. Esta rebosa en ofrecimiento, en
compasión y amor por los demás. Pero la compasión y la piedad son cómplices del
sufrimiento.
P.
¿De dónde proviene el sentimiento de responsabilidad?
R.
Cuando ofreces a los demás lo que profundamente eres, la responsabilidad no
entra a formar parte del cuadro. Tu obrar está libre de deber, obligación o
moralidad. Toda tu acción es espontáneamente responsable. Brota de la gratitud
y el amor, pero no hay nadie que actúe, no hay ningún sentimiento de
responsabilidad.
P.
¿De dónde proviene el deseo?
R.
Todo deseo es en última instancia la búsqueda de paz y, como tal, mana de la
ausen-cia de deseo. Cuando algo deseado se alcanza hay un momento de ausencia
de deseo sin sujeto ni objeto. Más tarde, atribuimos este contento al objeto
pero, en el momento mismo, no hay causa y efecto algunos ni perceptor ni
percibido. Estamos en nuestro propio terreno. Todo deseo mana de la necesidad
de estar permanentemente en nuestro propio lugar, en nuestra propia casa.
Lo
que generalmente llamamos deseo es una superposición psicológica creada por el
ego para su propia supervivencia. La mayor parte del deseo proviene de la
memoria psicoló-gica, esa fortaleza del ego. Naturalmente, existe el deseo que
viene del cuerpo mismo. Este pertenece a la supervivencia biológica y es
función natural.
P.
¿Querrías decir algo sobre la estimulación?
R.
Tu totalidad es autónoma. Eso significa que no hay necesidad de estimulación
para llenar la carencia. Una cierta cantidad de estimulación es importante,
desde luego, para la estructura biológica; de otro modo ésta muere. Pero,
puesto que ésta aparece dentro de tu verdadera naturaleza, tú no estás limitado
por su aparición. No posee ningún interés para ti en sí misma. Todo aparece en
la consciencia. La estimulación biológica, por tanto, es júbilo; la existencia
es solamente juego. Es una expresión de totalidad. Cuando eres consciente ves,
sientes, saboreas y oyes sólo consciencia. Toda necesidad brota de la carencia
y casi toda necesidad de estimulación emana de la confusión mental.
P. A
menudo me encuentro a mí mismo intentando repetir ciertas experiencias o
sensa-ciones que fueron placenteras. ¿Por qué esto?
R.
La persona necesita experiencias para existir y procura repetirlas. El placer
ofrece más seguridad para el ego que el dolor. En tanto te tomes a ti mismo por
un vividor de experiencias, seguirás viviendo en el ciclo placer-dolor. La
consciencia sin objeto, tu verdadera naturaleza, es gozo sin experimentador ni
experiencia. No está relacionada con el tiempo, la memoria, los sentimientos o
las sensaciones, por lo que nada hay que repetir. Tú eres el huésped del gozo,
no puedes imponerte a ti mismo.
P.
¿Podrías aclarar la distinción entre gozo y placer?
R.
El placer está siempre en la sombra del dolor. En el gozo no hay contrapartida.
El gozo no tiene causa ni objeto. Así como todo aparece en el gozo, también el
placer aparece en el gozo. El gozo es el fondo del que emergen los opuestos,
placer y dolor, y al que éstos se reducen. El placer mantiene a la persona
mientras que el gozo la aniquila. El gozo puede aparecer espontáneamente pero a
menudo degenera en placer.
P.
¿Cómo tiene lugar la degeneración?
R.
Tú conceptualizas el gozo. El gozo es global, pero aquello que se conceptualiza
se hace sucesivo ya que no puede haber más de un concepto a la vez. El placer
es fracciona-rio.
El
gozo es multidimensional. El placer tiene un principio y un fin, pero el gozo
es continuo.
P.
¿Dirías que el gozo es la síntesis de placer y dolor?
R.
El gozo lo abarca todo. Es la fuente, no la síntesis, de las fracciones. El
“gozo tranqui-lo” del que hablo es un principio vivo. La existencia, el placer
y el dolor están en este gozo pero éste gozo no se limita a ellos. Allí donde
sólo hay un principio conceptual —y no un principio vivo— no hay calor, no hay
vida.
P.
Yo llevo una vida tan febril que me es difícil intentar relajarme.
R.
No intentes relajarte. Cuando lo intentas, automáticamente proyectas viejos
esque-mas, porque el que intenta es parte de aquello que intenta vencer. Para
alcanzar estratos de paz más profundos debemos escuchar al cuerpo. Cuando
llegas a escuchar de un modo inocente, incondicional, tu cuerpo entra
espontáneamente en una paz profunda. El cuerpo posee una memoria orgánica de
paz cuando lo dejas funcionar. Pero tú interfieres constantemente en él de una
u otra manera, mediante pensamientos, deseos, emociones y metas.
Llega
a conocer tu capital, tus recursos. Vive dentro de tus medios. Come cuando el
cuerpo te pida comida. Descansa cuando te pida reposo.
P.
Pero yo estoy teniendo algunas dificultades tremendas en mi vida y encuentro
que no puedo aceptarlas como dices. ¿Cómo puedo manejar este conflicto?
R.
Desde el momento en que explores el significado apropiado de la palabra
“entrega” saborearás la verdadera libertad, porque la entrega te libera del
objeto, del sentimiento de depresión y conflicto y, al mismo tiempo, apunta a
la apertura misma. Esa es la esencia de la entrega y es tu verdadera
naturaleza. La entrega requiere un verdadero reconocimiento de los hechos,
afrontándolos directamente. Debes aceptarlos y acogerlos de una manera
científica, sin reacción ni juicio. Aceptar no es un sacrificio ni un proceso
de la voluntad. En la apertura que es inherente a nuestra naturaleza no hay un
sujeto que acepta. La aceptación o entrega, por tanto, es pasiva en la ausencia
de un director y activa en el sentido de que uno permanece supremamente
despierto y alerta, preparado para lo que se presente. Este silencio es
simplemente esperar sin la ansiedad de la espera, y en esta apertura opera la
más elevada inteligencia.
Sé
consciente, date cuenta del reflejo de combatir, suprimir, cambiar, reformar o
sublimar un problema. Eso sólo te hundirá más y más en el conflicto. En la
no-aceptación, permaneces involucrado en el objeto, atado a él. La apropiada
solución a un problema sólo puede aparecer en la ausencia del ego, el
perpetrador de gustos y disgustos. A menudo el ego elude la solución que se
presenta diciendo: “No me gusta. No me proporciona placer.” Es importante
vigilar que, cuando la solución aparece, el ego no la robe y la oculte.
Al
retirar el énfasis del problema y ponerlo en la aceptación, descubrirás que la
presión se disuelve y la calma y la relajación vienen a ti. Todo problema tiene
su solución aún cuando la mente y su memoria no puedan comprender plenamente el
problema o la solución. Al entregarte al problema, estás abierto a lo conocido
y lo desconocido de la situación problemática y el entendimiento opera con
frescura. En la entrega silenciosa hay bendición y plegaria sin petición ni
demanda. No hay hacedor, experimentador, amante o amado. Sólo hay una corriente
divina. Ves que el acto mismo de acoger es en sí la solución al problema y la
acción que sigue a tu comprensión es muy clara. Cuando te familiarices con el
acto de la entrega, la verdad te solicitará sin que la busques.
P.
Siento tantas partes negativas en mí… ¿Cómo aceptar lo que es feo?
R.
No te compares con tu vecino. Tú eres un eslabón único en la totalidad de la
humani-dad. Cuando comparas, juzgas y te sientes culpable. Contempla tu
mecanismo directamente sin referencia a una imagen. Cuando no hay proyección de
un resultado, afrontas tu campo psicosomático desnudo. Te sorprenderá que,
cuando afrontas tu campo desnudo sin juicios, nada hay negativo en él.
P.
Pero yo no siempre me comparo con mi vecino. Tengo un sentimiento interior de
lo que es armonía y belleza, y siento que me quedo corto en ellas.
R.
Todos los sentimientos negativos son comparación basada en la memoria. Los
mo-mentos de armonía y belleza provienen de tu propio terreno, de lo que tú
eres, y alcanzan a todo tu ser. El ego es alcanzado y, sintiendo su inminente
muerte, roba el momento para sí mismo. El ego es un ladrón que se apropia de
todo para sí mismo.
Los
momentos de paz dejan en ti un perfume duradero, pero la mente conceptualiza
éste y hace de él un ideal. Entonces te encuentras viviendo en la necia
situación de compararte con una caricatura de lo que realmente eres.
P.
Así que, ¿sólo en la aceptación funcional puedo afrontar mi terreno
psicosomático sin comparación?
R.
Sí, afróntalo en acción, no con la mente. Así no puede haber comparación. La
compa-ración es una actividad mental. Sólo afrontando es posible la
transformación. En el Bhaga-vad Gita, Arjuna, tentado, abandonó el campo de la
acción por razones que eran desagradables para él personalmente, pero Krishna
le mostró que todas sus razones estaban basadas en la memoria. En la aceptación
no hay centro, no hay imagen de sí mismo, y la visión del todo puede venir
hasta ti. La acción es entonces libre y apropiada.
En
la aceptación, los viejos esquemas emergerán pero, cuando tú no caes en ellos,
llega un momento de liberación. Esta liberación es el desplegamiento del
esquema, la liberación de energía fija que entonces florece en la aceptación, y
aviva, tu postura acep-tadora.
P.
¿Hay algún valor en intentar pensar positivamente?
R.
El pensamiento positivo pertenece a la supervivencia psicológica. Es la
afirmación del ego. La técnica psicológica refuerza la experiencia y al
experimentador. Pero, mientras todavía vivas en la mente, en complementaridad,
el pensamiento positivo estará más cerca de tu verdadera naturaleza que el
pensamiento negativo. Todos estos métodos, sin embargo, son muletas para
ayudarte a caminar con aparente seguridad. Son soportes para el inmaduro.
Cuando vives en la totalidad, no tienes necesidad alguna de dichos soportes. Es
como el funámbulo que ha encontrado un equilibrio perfecto sin ayuda. Si
alguien viene por la derecha o por la izquierda y ofrece ayuda, él ya no está a
gusto porque su equilibrio no se remite ni a izquierda ni a derecha.
P.
Siento temor de la nada con que me enfrentaré si la personalidad muere.
R.
Estás acostumbrado a vivir en fracción. Cuando tu imagen de ti mismo muere,
vives completamente. Esta plenitud nunca puede ser objetiva, porque no queda
agente alguno para concebirla. Sólo puede ser vivida. Debes familiarizarte con
el hecho de morir. Es una nueva sensación. Una sensación sin sentimiento.
Tú
te imaginas que la muerte de la imagen de ti mismo es una ausencia. Pero eso no
es más que el ego hablando en nombre de su propia supervivencia. Sal del
círculo vicioso del vivir en el estrecho mundo del ego. La muerte del inseguro
ego te deja en completa seguri-dad. De modo que, lo que es inseguridad desde el
punto de vista del relativo “yo” es seguri-dad absoluta en términos de la
totalidad de tu ser. Hay personas que viven en situaciones trágicas pero
prefieren vivir así que en ninguna situación, porque donde no hay situación
alguna el “yo” ya no tiene donde agarrarse.
P.
¿Todo miedo se basa pues en una visión fraccionaria?
R.
Sí. Porque una fracción está aislada. Es separación de la totalidad. Esta
separación ocasiona miedo y ansiedad. El miedo y el que lo siente son uno, no
dos.
P.
Pero, ¿cómo puedo afrontar el miedo en el momento en que surge?
R.
Sé consciente de que el miedo no es algo temible. La palabra “miedo” es
poderosa. Tan pronto como la pronuncias, estimula un cambio neuroquímico. Así
que abandona el concepto de miedo y te quedarás frente a la percepción, la
sensación. Cuando nombras algo, te alejas de ello en su desnudez y lo dotas de
todos los avíos de la memoria.
Prácticamente
hablando, cuando afrontes la sensación la encontrarás localizada en alguna
parte de tu cuerpo. La sentirás en forma de tensión o contracción. Tan pronto
como localizas la tensión, te alejas de ella; de otro modo, existe el peligro
de fijarse en ella. Aléjate; no en escape, que es mental, sino en áreas
circundantes que estén libres y relajadas. Entra en las partes circundantes
sanas y deja que su ligereza se infiltre en las áreas tensas. Lo que tú llamas
miedo no es otra cosa que energía fija. Debes liberar la energía.
P.
¿No hay una sensación a la que llamamos miedo que proviene de la supervivencia
biológica?
R.
Cuando estás en peligro, el cuerpo se hace cargo de sí mismo y actúa antes de
que pienses. Puede que la sangre abandone automáticamente la piel para
alimentar los músculos y el cerebro, el corazón lata más rápido para aumentar
la circulación y proporcionar oxígeno, se libere adrenalina, etc. Pero el
cuerpo actúa sin un controlador.
Más
tarde, puede que digas “Estoy en peligro” y sientas miedo. Pero el cuerpo no
siente ningún miedo. Sólo hay acción. El miedo es una reacción psicológica,
basada en la memoria. La supervivencia psicológica es una ilusión. Distingue
entre actividad biológica y psicológica.
P.
¿Sucede lo mismo con la cólera, los celos, el odio y demás?
R.
Todos ellos son conceptos. Una vez entiendes el principio, puedes transponerlo
a to-das las dimensiones de la vida. Cuando sientes enojo, no lo juzgues ni lo
nombres. Haz de él un objeto de percepción libre de interferencia intelectual.
Los pensamientos pueden ir y venir pero, si no les das donde agarrarse, no
llegas a ninguna conclusión. Mantén la búsqueda sin conclusión y sentirás
espacio entre ti y lo que llamas cólera. Este espacio no es una sensación
psicológica sino una auténtica sensación corporal global. Cuanto más te llegas
a interesar por la verdadera cólera, más objetiva se vuelve ésta, se transforma
en una percepción que tú observas más que una emotividad en la que te
encuentras perdido. Verás que no es más que energía fija sin ninguna de las
características que la mente llama cólera.
P.
¿Y qué ocurre si la emoción emerge súbita e incontroladamente?
R.
Cuando la crisis haya pasado, debes reflexionar con tranquilidad. Vuelve a la
situa-ción. Deja que viva otra vez en tu atención objetiva.
Es
importante que, después de cada acción, tú no te consideres a ti mismo como el
autor. Di más bien: “Ha habido una acción”. Este estado de atestiguación es un
principio docente, una muleta. Es un mecanismo para romper el hábito de
identificarse con pensamientos y acciones creando una relación de espacio. Pero
de hecho el testigo no existe porque, en realidad, no existe algo como la
memoria o el recuerdo. Lo que tú etiquetas como el pasado es el pensamiento
presente. El pensamiento está siempre en el ahora, en la conciencia presente y
consciente. Cuando la idea de ser alguien desaparece, la necesidad de un
testigo desaparece también.
P.
¿Es posible hallarse completamente libre de toda tensión?
R.
Cuando dejes de conceptualizar tus sensaciones, te volverás más sensible a las
con-tracciones en el momento en que se produzcan, antes de que se les dé ningún
nombre. Cuando estés familiarizado con un vivir libre de tensión, sentirás la
contracción en su movi-miento más sutil. Lo mismo ocurre con los pensamientos.
Antes del pensamiento, hay una pulsación. Si estás muy alerta y sensible
sentirás la pulsación en el momento antes de que alcance el cerebro y se
concretice.
Cuando
vives en libertad, la tensión todavía sigue surgiendo allí donde pertenece a la
supervivencia biológica, pero no crea compensación. No se convierte en una
parte de la cadena de reacción. La tensión se siente pero no se fija. La
tensión tiene una forma distinta cuando es parte de la totalidad de uno.
P.
Me siento increíblemente solo todo el tiempo y me agarro a ciertas relaciones
simple-mente porque son mejor que nada.
R.
¿Quién está sólo? No tengas prisa por responder. ¿Quién está sólo?
P.
Yo mismo.
R.
¿Está este “yo mismo” ahí cuando tú no estás pensando en él? En tanto sigas
pen-sando que eres alguien, sentirás aislamiento. La única diferencia entre tú
y los demás es que ellos son tomados por su actividad y su entorno, y tú lo
eres por tu carencia de entorno. En ambos casos hay identificación con el
objeto. Es exacta mente lo mismo.
La
próxima vez que te sientas solo, pregúntate: “¿Quién está solo?” Busca este
“quien”. Nunca lo encontrarás. Cuando sientes carencia, es un don de Dios. Es
la mayor oportunidad que puedas tener en tu vida. Puede que no lo sientas así
pero, si nunca sintieras carencia, jamás te sentirías empujado a investigar.
P.
Me siento agobiado por un sentido de culpa que pesa sobre mí.
R.
Mientras sigas creyendo en la imagen que tienes de ti mismo, habrá culpa. Has
de ver que esta imagen no es más que una proyección en el espacio y el tiempo.
Tú no eres la película, tú eres la luz que te permite ver la película. Libérate
de pensar que tú eres la película. La película es fracción y la fracción sólo
puede ver fracción. Por consiguiente, una fracción es conflicto. En tanto no
vivas el todo, habrá conflicto. Vive en vacuidad, libre de imágenes, y llegarás
a sentir plenitud. mientras haya objetivación no podrás vivir en plenitud. Es
hermoso vivir en la nada, ser nada. Vivir en vacuidad significa vivir libre de
toda imagen, libre de todo punto de vista, libre incluso de la idea de la nada.
Yo te sugiero que leas el sermón de Meister Eckhardt “Benditos sean los
pobres”, que dice, de forma más hermosa de cuanto pudiera jamás decir yo, lo
que es la verdadera vacuidad, la verdadera pobreza.
P.
Las emociones y sentimientos, ¿siguen surgiendo cuando vives en vacuidad?
R.
La emoción, tal como tú la entiendes, es un estado emocional, lo que yo llamo
emoti-vidad. Es reacción; te ata a la imagen de “yo” a través de la memoria y
el hábito. La emotivi-dad es repetición, como cuando sientes que ya te has
sentido así de un cierto modo con anterioridad. Mana del deseo de seguridad. Es
un movimiento de tomar. Muchas personas viven en continua emotividad sin
haberlo cuestionado jamás.
Las
emociones, por otra parte, son siempre nuevas. Son flexibles. La emoción
pertenece a la vacuidad. Disuelve el ego. En la emoción, la dualidad
sujeto-objeto se elimina. Es belleza. Cuando te encuentras libre de estados e
imágenes y ves una obra de escultura, una pintura, u oyes música, o lees un
poema, o contemplas el sol poniente, o tocas a tu amada, no hay sujeto ninguno.
Sólo está la acción de ver, oír, tocar. En esta acción libre de sujeto surge la
emoción. La emoción integra mientras que la emotividad aísla. Así pues,
libérate de la afectividad. En esta ausencia de emotividad, tal vez tengas la
impresión, al principio, de que te estás volviendo indiferente. Pero muy pronto
verás que realmente hay afecto por todo lo que te rodea. La emoción, el afecto,
es dar.
P.
¿Estás de acuerdo en que la vida es sufrimiento?
R.
Cuando estás identificado con la existencia y vives en la cadena de la
reacción, causa y efecto, entonces la vida sí es sufrimiento. Pero, cuando por
un momento estás completamente fuera de esta identificación, entonces el
sufrimiento aparece en forma distinta. En este caso aparece porque has probado
la libertad pero aún no estás completamente armonizado con ella. En este
sufrimiento hay vida. Es la gran duda que te hace estar insatisfecho con cuanto
sea menos que el todo. Te trae confirmación de lo que tú eres. ¡Otro
sufrimiento únicamente conduce a la quiebra!
P.
¿Cómo puedo ir más allá del sufrimiento diario?
R.
La causa original del sufrimiento es un sentimiento de aislamiento, de no estar
relacionado con el todo. Esto trae conflicto a tu vida. Generalmente tú sólo
ves el conflicto, el sufrimiento superficial; pero, cuando el sufrimiento se
contempla profundamente más allá del nivel del conflicto, la causa original
aflora. Debes afrontar los orígenes del sufrimiento y no dejarte distraer por
los efectos secundarios. Es el ego el que sufre. Cuando el sufridor
fraccionario desaparece, el sufrimiento entonces apunta a la unidad.
P.
¿Sufre el iluminado?
R.
Si hay algún sufrimiento, es en un lugar desconocido en el que sientes que los
demás no están contigo en la libertad. Pero aún así tu libertad irradia.
P.
¿Actúa uno con el dolor físico del mismo modo que con las otras sensaciones?
R.
Sí. El cuerpo es fundamentalmente sano. Posee una memoria orgánica de la salud.
Cuando el cuerpo es herido, hay una cierta sensación pero tu reacción y tu
memoria la exa-geran y mantienen. Si contemplas la sensación libre de
compensación y de la interferencia de imágenes, ésta se verá considerablemente
reducida. La mayor parte del así llamado dolor es no aceptación.
El
trabajo de un doctor consiste solamente en ayudar al cuerpo a encontrar su
propia sa-lud. Uno debe ir con el órgano, con la memoria orgánica, y no contra
ella. Hoy en día, ¡La mayor parte de la medicina se dedica a combatir la
enfermedad!
P.
¿Cuál es la importancia de una buena nutrición?
R.
Tu cuerpo es lo que piensas, sientes y comes. La comida no sólo es lo que
ingieres por la boca. Tu cuerpo se compone de cinco elementos: agua, tierra,
aire, fuego y éter. Y por eso, todo cuanto te rodea es alimento. El modo en que
manejas los cinco elementos es lo que constituye la buena alimentación.
Respecto a lo que absorbes a través de la boca, hay comida que ayuda a mantener
el organismo y hay también lo que se llama comida para seducir el paladar. Lo
que comes se ha de determinar por observación. Toma nota de cómo actúa en ti,
cómo te sientes antes y después de una comida, cómo tu cuerpo se va a dormir y
cómo se despierta. El propio cuerpo te llevará a hacer una elección.
P.
¿Qué clase de ejercicio necesita el cuerpo? Pregunto esto porque te oigo
enseñar una forma de yoga basada en la antigua tradición cachemir.
R.
En primer lugar, jamás me oirás utilizar la palabra “yoga” para describir lo
que enseño. Por lo general, el yoga se entiende en términos dualistas como la
unión del supuesto yo individual con el supuesto Yo universal. De este modo, se
ha convertido en un proceso de “llegar a” y “convertirse en”, un proceso de la
voluntad. Aunque utilicemos los tradicionales asanas y pranayama, posturas y
técnicas de respiración codificadas por Patanjali, el trabajo comienza con la
convicción de que no hay nada que alcanzar ni nada en lo que convertirse. No es
más que una manera de llegar a conocer lo que damos por hecho como cuerpo,
sentidos y mente. Nos lleva en primer lugar a saber lo que no somos y,
finalmente, se hace claro lo que fundamentalmente somos. Cuerpo, sentidos y
mente son entonces una expresión de nuestra totalidad.
Cuando
viajaba por la India en 1968 fui a encontrarme con un hombre santo y sus
discí-pulos. Me sentí atraído hacia ellos por hermosos cantares y ejecuciones
de ciertas acciones rituales, o pujas. En el transcurso de mi conversación con
este hombre, le pregunté qué entendía él por la palabra yoga y me quedé
sorprendido ante la simplicidad de su respuesta. Dijo: “Yoga es sentirse bien,
hacer bien, es comportamiento recto en el momento mismo. Es ser apropiado a la
situación en toda tu acción mental y física. Yoga es estar unido al presente.”
P.
¿Cómo podemos llegar a este sentirse bien, a este comportamiento recto?
R.
El cuerpo es los cinco sentidos y los cinco sentidos son el cuerpo, pero
generalmente los cinco sentidos se hallan condicionados. Para ti, el cuerpo es
más o menos una imagen construida en tu cerebro, de modo que no es el verdadero
cuerpo lo que se despierta por la mañana, sino una serie de imágenes que vienen
hasta ti. ¿Qué objeto tiene ejercitar el cuerpo condicionado? No haces más que
reforzar sus esquemas. Cuando los cinco sentidos se liberen de la memoria, se
sentirá que el cuerpo consiste principalmente en niveles de sensación. El
fomento de la sensación corporal te anticipa un estado de tu sentir global.
También te devuelve al equilibrio de tu cuerpo entero.
El
sentir global va más allá de la forma física del cuerpo. Afluye al espacio
circundante. Es este sentimiento de expansión lo que ayuda a aniquilar la
imagen de uno mismo, ya que el ego no es más que una contracción, una fracción.
La
expansión es el “no estado” exento de ego. En la expansión no hay aislamiento.
Ex-pansión es amor.
P.
¿Cuál es la herramienta que uno usa en este enfoque?
R.
Es un profundo “escuchar”, libre de interferencia mental. Por medio de este
escuchar pueden desplegarse los sutiles estratos de energía que hay en el
cuerpo. Trabajando a través de un escuchar libre de voluntad o empeño de logro,
el cuerpo encuentra su original estado de ligereza, expansión y transparencia y
la armonización natural de la energía a su plena expresión. Trabajando con el
cuerpo expandido uno llega a la mente expandida. El cuerpo-mente expandido es
el umbral de nuestro verdadero ser, de nuestra consciencia sin objeto. Aunque
en un principio el énfasis pueda parecer estar en el cuerpo, al final se halla
en el mismo escuchar, que es receptividad, apertura, nuestra verdadera
naturaleza en la que el cuerpo y mente existen.
P.
¿Qué quieres decir con “sensación corporal”?
R.
Lo que tú llamas tu cuerpo no es más que una envoltura en la que vive un cuerpo
sutil. Este cuerpo interior es energía sutil, la fuerza vital que sostiene al
cuerpo físico. Toda nuestra sensibilidad depende de esta fuerza vital.
Paradójicamente, aunque el cuerpo sutil reside en el cuerpo físico, irradia más
allá de él y se encuentra con cuanto le rodea. Así pues, el cuerpo en su
totalidad posee una extensión mucho mayor que lo que generalmente se cree. A
medida que el cuerpo físico, a lo largo de toda la vida, se halla cada vez más
condicionado por el llegar a ser, se va convirtiendo en un nudo de tensiones y
contracciones y el cuerpo sutil termina quedando paralizado en su expresión. Su
irradiación se ve entorpecida y el cuerpo físico se encuentra aislado de su
entorno. Cuando esta fuerza vital se obstruye, hay un envejecimiento prematuro
del cuerpo físico que se manifiesta primero como una disminución de
sensibilidad y energía. En el cuerpo sano y natural, cada célula es penetrada
de vida.
Nuestro
enfoque consiste, por tanto, en devolver la energía a su plena expresión, tal
co-mo se encuentra en la temprana infancia. Esto alcanza su funcionamiento
completo cuando se es consciente de ello. Así pues, lo primero que hacemos en
nuestro trabajo corporal es despertar el cuerpo de energía, hacerlo objeto de
nuestra consciencia. Esta energía se siente, es una sensación. Esto es lo que
yo llamo sensación corporal. Cuando la sensación de energía está plenamente
viva, trae consigo una modificación de la estructura física. Cualquier otro
intento de alterar el cuerpo proviene de la voluntad, de la mente, y es
violencia. En todo movimiento es el cuerpo de energía, el cuerpo vital, el que
mueve y lleva al cuerpo físico consigo. El énfasis de nuestra enseñanza, a este
nivel, recae por tanto, no en la postura o estructura física, sino en esta
sensación corporal. Cuando el cuerpo vital es despertado, toda la estructura
muscular se relaja y tiene lugar una reorquestación de la energía. Cada sentido
deja entonces de estar limitado a su órgano físico para expandirse por todo el
cuerpo. En esta sensación global participan todos los sentidos. El estar en
expansión automáticamente te lleva más allá de la idea de ser una entidad
separada. El trabajo corporal es una manera de conducirte a la unidad con todos
los seres.
P.
¿Que le ocurre al cuerpo de energía cuando muere el cuerpo físico?
R.
Se disuelve en la energía universal.
P.
El cuerpo astral, ¿es lo mismo que el cuerpo de energía? ¿Qué cuerpo viaja
cuando soñamos?
R.
El cuerpo astral pertenece a la psique y el cuerpo de energía a los sentidos.
El cuerpo astral es energía todavía mas sutil. Cuando soñamos, es el cuerpo
astral el que toma consi-go al cuerpo de energía para su expresión. Pero pensar
en el cuerpo astral es un modo de escapar de la verdadera cuestión: ¿Quién soy
yo? No te dejes seducir por los estados. Tu verdadera naturaleza no es un
estado.
P.
Siento que entiendo lo que dices pero, después, actúo desde el punto de vista
indivi-dual. ¿Es sólo cuestión de esperar la claridad?
R.
Actúa en la vida diaria de acuerdo con tu entendimiento. Esto es muy
importante. To-ma nota después de si has actuado de un modo mecánico. Después
de que hayas notado varias veces que has reaccionado de cierta manera,
comenzarás a sorprenderte a ti mismo en medio de la reacción y un día llegará,
puedes estar seguro, en que estarás alerta antes de que reacciones. De modo que
no califiques tu acción ni te condenes a ti mismo. Basta con que simplemente la
veas. Cuando la hayas visto, habrás sacado el carbón del fuego. Habrás retirado
la energía fija que sostiene tu esquema de comportamiento. Si simplemente estás
alerta y abierto, ya estás viviendo en tu plenitud.
P.
¿Cómo puedo reconocer una maduración en mi modo de vida?
R.
Te sentirás cada vez más libre de antagonismo y contradicción. Si sientes una
contra-dicción en tu vida diaria y permaneces atascado en ella, puedes llamar a
eso falta de madu-rez. Pero la crisis es una cosa hermosa cuando te deja sin
referencia, incapaz de moverte a izquierda o derecha. Sientes que todo lo que
has hecho en tu vida es inútil, que no puede ocurrir nada. Esto te lleva a la
desesperación. Entonces tienes que afrontarlo de verdad. Al afrontarlo, llegas
a esperar en actitud abierta. En otras palabras, lo importante ya no será la
crisis sino el modo de afrontarla. Vives en la inmovilidad misma. Este es un
nuevo nivel de entendimiento, un salto en la madurez. Sólo cuando tiene lugar
este desplazamiento del objeto, de la situación, al sujeto, la aceptación o
bienvenida a la misma, es posible esa verdadera madurez. La madurez no llega a
través de la acumulación de aprendizaje, experiencias, sistemas, ideas o
conceptos. Llega cuando no puedes caminar y tienes que saltar. Todo tu ser es
alcanzado en este salto y la claridad aflora. Puede que haya muchos saltos así,
pero tú no necesitas muchos, ¡tal vez sólo uno!
P.
¿Cómo es que siento la perturbación de los pensamientos y sentimientos más
todavía, a pesar de sentirme más profundamente orientado que antes?
R.
Si tiras una piedra a un lago tormentoso, puede que no veas las ondas aunque
las haya. Pero, arroja un guijarro a un lago en calma y verás claramente las
ondulaciones.
P.
Me siento en una especie de limbo, porque sé que yo no soy el objeto y no estoy
inte-resado en explorarlo más allá; y, sin embargo, ¡siento que debo continuar
explorando de al-guna manera o, si no, el fuego de la búsqueda se extinguirá!
R.
Este sentimiento de inutilidad, en que no te mueves en ninguna dirección, viene
cuando el objeto ha perdido su sabor. Si realmente vives este momento, te
encontrarás en una nueva dimensión en la que el énfasis recae más en la quietud
que en la propia actividad. El gozo reside entonces “detrás” de la acción y no
inmerso en ella. Pero naturalmente, como digo muy a menudo, esta expresión de
“sensibilidad posterior” no es exacta por que implica una actitud de
observación desapegada que no es en absoluto lo que se quiere decir con ello.
El desapego o distanciamiento es una actividad mental, mientras que en la calma
que se da en medio de la actividad no hay lugar para una laguna psicológica.
Es
vital que vivas de acuerdo con tu entendimiento. Una vez hayas visto los
esquemas, mantente alerta y no entres en ellos.
P.
Hubo una vez en que sentí que no tenía pensamiento, ni cuerpo, ni cabeza. ¿Por
qué no dura este estado?
R.
Este observar en ausencia de pensamientos es todavía una función mental, si
bien de la índole más sutil. El reflejo de identificarse con fenómenos
continúa. El no-estado que constituye tu verdadera naturaleza no tiene nada que
ver con la ausencia o presencia de fenómenos.
P.
Una vez estuve en el no-estado del que hablas. ¿Cómo puede llegar a ser
permanen-te? Me doy cuenta de que intento repetir las circunstancias que
condujeron a él.
R.
Cuando ya has tenido una vez la no-experiencia, puedes tenerla también ahora,
pero nada tiene que ver con la memoria.
No
puedes repetirla. Todo lo que puedes hacer es ser consciente de que hay
momentos en la vida diaria en que no estás experimentando como, por ejemplo,
cuando estás atónito, cuando obtienes un deseo, cuando se lleva a cabo una
acción o un pensamiento toca su fin. También, en el momento antes de que el
cuerpo se despierte o se duerma. Basta que conozcas estos momentos para que
seas espontáneamente solicitado por ellos.
Puede
suceder que uno se vea inesperadamente alcanzado en todo su ser. Cuando el
cuerpo-mente no está preparado, él mismo hace una experiencia de la
no-experiencia. El ego, sintiendo su existencia amenazada, hace un estado del
momento. Por esta razón la mente debe estar informada y el cuerpo listo. De
otro modo, no haces más que poner el momento intemporal en el marco de la
memoria y después tratar de repetirlo. Una vez cono-ces tu no-estado, observa
solamente cómo vuelves a los viejos esquemas.
P.
De modo que, si uno no está preparado en mente y cuerpo, se queda en algo
acciden-tal. ¿Qué significa “estar preparado”?
R.
Debes conocer el arte de renunciar a todos los niveles. Recibir es renunciar a
sabien-das. Es importante llegar a la entrega, a recibir, a nivel fenoménico.
Esto significa que la mente debe conocer sus límites y el cuerpo debe hallarse
libre de habituales esquemas, contracciones y tensiones. Es un estar abierto a
todos los niveles de la estructura psicofísica. Entonces, cuando la revelación
te alcanza, te satura espontáneamente. No encuentra localización.
P.
Así que debe de haber un profundo deseo, una voluntad y una capacidad de
dejarse llevar. De otro modo, los esquemas residuales te llevan de nuevo a los
viejos modos, o tus actividades en la vida pueden alejarte.
R.
Debe explorarse el arte de la transposición. Este requiere una completa
receptividad para que el entendimiento se trasponga al vivir. Cuando, una vez
te has familiarizado con esta transposición, dejándote llevar, hay una súbita
rectificación en el plano fenoménico, Tú no te contraes, alejándote, sino que
te dejas llevar por completo. Tómate tiempo hasta que estés completamente
impregnado.
P.
¿El papel de un maestro es ayudarnos en este dejarse llevar?
R.
Sí. El maestro te enseña cómo llegar a una renuncia, cómo hacerse un artesano
en esta transposición. Pero toda enseñanza es para la mente. No debe haber
ambición alguna, ni intención de alcanzar nada.
P.
De modo que, antes de esa revelación que llamamos iluminación, es importante
estar físicamente preparado, viviendo en apertura y profunda receptividad
psico-fisiológica. Enton-ces, la revelación se traspone espontáneamente a todos
los campos del vivir. Mi pregunta es: ¿por qué para la mayoría de las personas
la claridad intelectual parece preceder al recto vivir? ¿Por qué somos reacios
a poner en práctica nuestro entendimiento? A menudo pienso en el ruego de San
Agustín: “¡Señor, dame castidad, pero no me la des todavía!”
R.
La transposición es un arte. Uno debe ser artesano. La transposición del
entendimiento en vida produce inseguridad en la persona. En la transposición,
hay un tránsito en el que un “yo” no tiene donde agarrarse, ya que requiere
investigar, escuchar, estar abierto. La mayoría de las personas prefieren
permanecer en la inseguridad en vez de dejar morir completamente al ego. El
tránsito es doloroso para los residuos de la persona y la mayoría intenta
evitarlo. Una vez se ha consumado la transposición, ya no hay ego ninguno para
preocuparse.
P.
Una pregunta práctica: el trabajo corporal que tú enseñas, ¿llevará a uno al
arte de de-jarse llevar?
R.
Sí: es sólo para eso. En el dejarse llevar hay expansión de la mente y el
cuerpo y, en ésta, uno tiene un pre-sentimiento de la realidad, de su
globalidad.
P. A
menudo dices que debemos familiarizarnos con el hecho de morir. ¿Es esto lo
mis-mo que renunciar o dejarse llevar? ¿No crees que muchas personas posponen
esto hasta el momento mismo de la muerte?
R.
Sí. Pero entonces es necesario tener a alguien que ha despertado para asistirte
en este paso de dejarse llevar. Este se supone que es el papel del sacerdote en
los últimos ri-tos. Cómo morir y cómo dormir son lo mismo. Puede que, antes de
dormir, llegues a una renuncia consciente. Lo mismo sucede con la disolución de
lo nato. Deberías estar alerta a la natural renuncia antes de dormir. Primero
familiarízate con esto y, después, llega a ser conocedor en el arte de dejarse
llevar en el estado de vigilia. Este es el verdadero significado de la palabra
sacrificio.
P.
Hay veces en que un momento antes de que mi cuerpo se despierte, por la mañana,
me siento ya despierto. ¿Es esta la consciencia de la que hablas y que es
nuestra naturaleza detrás de todo funcionamiento?
R.
Sí. Este momento depende de ese dejarse llevar antes de dormirse del que
acabamos de hablar.
P.
¿Cómo puede este breve momento hacerse continuo?
R.
Cuando no te pierdas en las actividades, encontrarás toda tu mañana fundada en
él. Llevas a cabo las actividades, pero te mantienes detrás de ellas. No estás
pegado a ellas. Ve, en el instante en que sucede, cómo te identificas de nuevo
con el cuerpo-mente tan pronto como se despierta. No objetivices el momento
antes de la identificación como una ausencia de actividad. Tu ser eterno, tu
consciencia, es la luz que hay tras toda actividad, toda percepción.
P.
Dado que el momento antes de que el cuerpo despierte depende del momento antes
de que se duerma, ¿hay un despertar similar sin objetos tras el gran sueño, la
muerte, si uno se desprende previamente de todos los residuos de la persona
individual?
R.
Sí. La vigilancia sin objeto después de la muerte, la consciencia, es la misma
que en el momento antes de que el cuerpo despierte por la mañana. Todo aparece
en la consciencia, que no se ve afectada por el nacimiento o la muerte. No hay
ni un sólo momento sin consciencia; de modo que, después de la muerte del
cuerpo, la consciencia sigue estando allí como siempre.
P.
De manera que, aquél que ha muerto para la persona en vida despierta en la
cons-ciencia. ¿Y qué hay de todos los demás?
R.
Todo está en la consciencia pero, como hemos dicho, uno puede estar despierto
en la consciencia o no. Para la mayoría, después de la muerte, ser consciente
es algo pasivo. De lo que se trata es de ser consciencia consciente:
consciencia consciente de sí misma. Esto sólo puede tener lugar antes de que el
cuerpo muera. Dado que la mayoría de las personas sólo se conocen a sí mismas
como objetos y no se conocen como consciencia, pocos, des-pués de la muerte, se
disuelven en la consciencia que se conoce a sí misma. La consciencia que se
conoce a sí misma está realizada y no busca mayor expresión.
P.
¿Así que el mundo como manifestación es la expresión de una consciencia que
todav-ía no se conoce a sí misma?
R.
Exactamente. Tu verdadera naturaleza es ser consciencia consciente. Es suprema
suficiencia.
P.
Lo que dices suena hermoso. Pero, ¿cómo puedes saber estas cosas si no has
expe-rimentado todavía la muerte del cuerpo? ¿Qué prueba puedes darme de que
realmente sa-bes cómo es la vida después de la muerte?
R.
La consciencia, la presencia de la vida, está ahí antes de que el cuerpo se
despierte. Es anterior al pensamiento y la acción de pensar. Es lo que eres
eternamente. Es conscien-cia silenciosa, sin nombre, sin atributo, pero
expresándose en todos los nombres y formas. Muchos de los cambios que el cuerpo
y la vitalidad experimentan como expresiones tempo-rales de consciencia son
hipotéticos. Pero nada hay hipotético respecto a lo que tú realmente eres, lo
cual es continuo. La consciencia es su propia prueba, sin objeto y sin testigo.
Cuando vives conscientemente no hay muerte.
LA
NATURALEZA DEL PENSAMIENTO
El
pensar no esta basado en los pensamientos
Nuestra
verdadera naturaleza es quietud más allá de toda complementaridad. Es presencia
sin devenir. En la ausencia de devenir hay integridad y absoluta tranquilidad.
Esta tranquilidad es el terreno propio de toda actividad. La actividad de
pensar, como toda actividad, está fundada en la totalidad. La tranquilidad es
el continuo en el que el pensar aparece y desaparece. Lo que aparece y
desaparece está en movimiento. Es energía extendida en el espacio y el tiempo.
El pensar, la energía, se representa a sí mismo en discontinuidad pero, dado
que surge y muere en la quietud, fundamentalmente no es otra cosa que esta
presencia más allá del pasado, presente y futuro.
Lo
que generalmente llamamos “pensar” es un proceso de la memoria. Es proyección
construida sobre lo ya conocido. Todo cuanto existe, todo cuanto se percibe, es
representa-ción para la mente. El pensar secuencial, el pensar racional o
científico, por tanto, comienza con una fracción, una representación. Este
pensar fraccionario nace de la idea condicionada de que somos entidades
independientes, “yos”, “personas”. La noción de ser alguien condiciona todo
otro pensar porque la persona sólo puede existir en la repetición de la
representación, en la confirmación de lo ya conocido. El cerebro tiende aquí
hacia la constante representación. La memoria es la originadora de la idea de
ser una entidad continua. En última instancia, pensar es defensa contra la
muerte del ego. ¿Quién eres tú cuando no piensas? ¿Dónde estás, cuando apartas
tu mirada del pensar? Pensar es generalmente un modo de escapar de tu
totalidad, en la que no hay ningún sujeto pensador.
Cuando
la profundamente arraigada idea de una entidad personal, un pensador, alguien
que intenta o hace, está ausente, el pensar tiene lugar todavía, como antes, en
sucesión utilizando la memoria, pero ahora este funcionamiento está firmemente
arraigado en el fondo global: totalidad, esencia, no dualidad. En la ausencia
de un pensador, el pensar se libera de todo lo que es personal. No hay
objetivo, ni motivo, ni anticipación, ni intención, ni voluntad ni deseo de
concluir, etc. No hay interferencia psicológica alguna ni referencia a un
centro. El pensar liberado de esta memoria surge del momento mismo; es siempre
nuevo, siempre original. El pensar aquí no provoca la situación; la situación
provoca el pensar y aporta su propia conclusión. Todo movimiento intencional,
fragmentario, debe cesar antes de que el todo pueda operar. En tanto que haya
movimiento en una dirección, la totalidad no podrá encontrar su propio camino.
Cuando el pensamiento científico o racional está fundado en la presencia, tiene
un resultado completamente distinto. Nunca puede ser monstruoso.
El
pensamiento liberado de la memoria es verdaderamente creativo. Todo pensamiento
es una explosión que se manifiesta y una implosión que es reabsorbida en el
silencio. El deseo de ser revelado y de ser ocultado es la Danza Cósmica, juego
sin motivo por el placer de jugar. El verdadero deseo no es otra cosa que esto.
Cualquier otro deseo es sólo una deformación, y un anhelo inconsciente, de este
deseo fundamental. La esencia del pensar es este divino juego. El pensamiento
creativo jamás empieza con lo ya conocido, con una representación. Nace y muere
en apertura y utiliza la mera memoria funcional para su expresión. Allí donde
no hay ningún pensador, solamente hay un canal para la función de pensar. En
este funcionamiento, toda representación está conscientemente fundada. Cuando
la presencia se mantiene en el pensar, el nombre no está divorciado de la forma
como sucede en el pensamiento mecánico, que es conceptual y abstracto. El
“pensamiento” creativo es un júbilo de ser.
Al
tomarnos a nosotros mismos por entidades separadas hemos olvidado nuestro
propio terreno y nos hemos identificado con una idea, una proyección de
individualidad. No son las infinitas expresiones de silencio las que
constituyen el problema o causan complicaciones, sino nuestro olvido de la
fuente de toda expresión. Esta separación de nuestra verdadera naturaleza nos
lleva a un falso vivir. No permitimos que la expresión se disuelva sino que la
cristalizamos y, después, nos identificamos con —y nos perdemos en— esta
cristalización. A través de esta objetivización se crea lo que nosotros
llamamos “el mundo”. Tomamos la existencia por la vida misma. Pero la vida no
tiene principio ni fin. El verdadero vivir es juego, gozo sin objeto.
P.
¿Cómo puedo pasar del pensamiento intencional al pensamiento creativo?
R.
Una mente fundada en la quietud es siempre creativa. Es siempre nueva, libre de
pa-sado. Es una atención naturalmente silenciosa que acepta de buen grado todo
cuanto pro-viene del cuerpo, los sentidos y la imaginación. Puede que entonces
haya apariciones es-pontáneas, expresiones espontáneas en el tiempo y el
espacio de lo que realmente somos. Todas estas expresiones son una celebración
en el plano de la existencia y un indicador hacia el propio terreno, la
quietud.
Sólo
en nuestra apertura, en nuestra bien acogida naturaleza que no es una actitud,
puede tener lugar la creatividad. La alerta aceptadora aparece espontáneamente
cuando la idea de un centro de referencia, de alguien que acepta, que piensa,
que siente gusto o disgusto, está ausente. La mente se halla entonces liberada
de los límites de pensamientos sucesivos y los sentidos, la imaginación y toda
la inteligencia entran en juego en nuestra atención incondicional. Dado que no
hay ningún agente controlador, no puede haber limitaciones de tiempo y espacio
y puede darse una apariencia de simultaneidad. Más tarde, naturalmente, esta
visión global se realiza en el espacio y el tiempo. Todas las grandes obras de
arte aparecen de esta manera.
P.
Antes de que el pensamiento creativo aparezca en el espacio y el tiempo, ¿no
hay un tránsito entre lo desconocido y la formulación? lo desconocido parece
pasar a través de símbolos arquetípicos de camino hacia la expresión.
R.
Sí. Estos arquetipos ponen en conexión lo desconocido y lo conocido universal.
No se reducen sin embargo a meras funciones cerebrales, sino que tienen su
dinamismo en la totalidad.
P.
¿Es esta realización en el espacio y el tiempo todavía espontánea o pertenece a
la memoria?
R.
Cuando vives en el fondo, en la consciencia, el pensamiento aparece como
expresión en el tiempo y el espacio, la consciencia funcional. Surge de la
quietud pero no pertenece a nadie. No hay autor, sólo acciones. En la
consciencia, por tanto, se utiliza la memoria funcional pero no hay
involucración psicológica. Cuando hay una súbita comprensión global, ésta deja
una especie de eco. Para el artista, ésta es la visión que constituye el
continuo fondo de su ejecución en el espacio y el tiempo. Por analogía, el
buscador de la verdad vive de momento a momento con el eco de su verdadera
naturaleza.
P.
Tú dijiste que el pensamiento aparece y desaparece, pero mi mente parece estar
gi-rando constantemente.
R.
Recuerda que la mente es sólo un vehículo. Cuando no necesitamos nuestras
piernas no las usamos. Deja descansar la mente, del mismo modo, cuando no la
necesitas. Lo que generalmente llamamos pensar es, bien una reacción mecánica a
una estimulación externa proyectada o bien algo intencional y calculativo. Hay
un engrandecimiento inconsciente o consciente de la imagen de uno mismo, una
consecución psicológica. Puedes verlo ya en los niños muy jóvenes que sueñan
con llegar a ser. En el devenir, uno nunca está presente en el momento, en los
hechos cercanos. El “yo” vuelve al pasado y crea un futuro construido sobre lo
ya conocido. Todo devenir es unidimensional, centrado en el plano horizontal.
P.
Lo que tú llamas juego divino, ¿no es también devenir?
R.
El juego divino surge de la perfección. No hay nada que perfeccionar; de modo
que, hablando con propiedad, no es devenir porque jamás abandona la totalidad.
Siempre hay presencia. Es vida jugando consigo misma, expresión por el gusto de
expresar. No hay agente alguno. Pero, en el devenir que mayormente conocemos,
la presencia está velada. Tú te has identificado con la expresión y no con su
fuente. Has hecho ilusorio lo que es fundamentalmente real. Pero no hay que
intentar cambiar o renunciar. Todo lo que debes hacer es identificarte con la
fuente del mundo y no con sus juguetes, el mundo de los así llamados objetos.
P.
¿Qué significa “fundamentalmente real”?
R.
Aquello que existe en sí mismo, que no tiene necesidad de agente alguno, que es
autónomo.
P.
¿Es esta realidad autónoma lo que tú también llamas presencia, quietud, terreno
pro-pio, consciencia, etc.?
R.
Sí. Cuando quitas todas las percepciones, conceptos y su agente, ¿qué queda?
Pue-des llamarlo como más te guste, no-ser o ser, el sujeto fundamental,
sunyata, nirvana. No es una idea. Es quietud sin nadie que esté quieto. No
tiene nada que ver con la presencia o ausencia de objetos. La existencia está
en ello y, por consiguiente, apunta a ello, pero ello no está en la existencia.
P.
¿Cómo puedo cambiar mi identificación con los objetos por una identificación
con esa consciencia a la que apunta el objeto?
R.
Tienes que ver que la existencia es sólo porque tú eres. Pero tú te has tomado
erró-neamente a ti mismo por un sujeto, por una entidad independiente. Este
sujeto sigue siendo un objeto, algo que se puede percibir. En la realidad no
hay objetos. Estos son producciones de la mente. Tienes que ver que estás
identificado con un producto de la mente. Todo lo que intentas comprender viene
a través de lo que ya es conocido. El verdadero entendimiento es ser
entendimiento y éste aparece de repente cuando hay una escucha sin conclusión.
No concretices el símbolo, deja que se despliegue en tu apertura. Vive con lo
que él te dice de la mañana a la noche y un día serás absorbido por su
totalidad. La percepción apunta a tu verdadera naturaleza. Todos los así
llamados objetos existen sólo para devolverte a lo que tú eres. La verdad no
reside en las palabras sino en aquello que éstas indican, del mismo modo que
“la sal no es salada.”
P.
Cuando dices que la verdad es aquello que las palabras indican, ¿estás
utilizando la palabra “verdad” para significar consciencia, quietud, nuestro
ser, aquello que es fundamen-talmente real como has dicho antes?
R.
Hay muchos hechos pero sólo hay una verdad. Los hechos pueden ser conocidos por
la mente, tal como sabemos que dos más dos son cuatro o que el sol está en el
firmamento. Pero la mente común jamás puede entender otra cosa que simples
hechos. Lo más pequeño no puede nunca comprender lo más grande. Debido a que lo
menos pertenece a lo más, puede que la mente albergue un pre-sentimiento del
todo, pero sólo cuando ve sus límites y relaja su aferramiento a la aparición
de fenómenos puede aparecer aquello que está más allá de la acumulación de
hechos cognoscibles, el todo es posible. Cuando la mente abandona su control,
el cuerpo entero es un órgano aceptador. Cuanto aparece es sentido entonces
globalmente, y no limitado por el pensamiento. La verdad no está en el reino de
la posesión de conocimiento, sino que es conocer como ser. Es la percepción
directa de la naturaleza intrínseca de toda existencia.
Utilizar
la palabra “verdad” en el sentido de hecho es una degeneración de dicha
palabra. Los hechos se pueden probar, pero no hay argumento alguno para la
verdad. Es ella su propia prueba. Todo cuanto se percibe es expresión de la
verdad. Todo estriba en la verdad y, si no conocemos la verdad, no podemos
conocer su expresión. Nada es autónomo, y en ese sentido real, excepto la
verdad. No es verdad todo aquello que carece de existencia autónoma, que
depende de un conocedor para ser conocido. Si el conocedor se conoce a sí mismo
en verdad, en consciencia, entonces toda percepción estriba espontáneamente en
la consciencia también.
P. A
menudo dices que sólo puede haber un pensamiento a la vez y que la consciencia
y su objeto son una misma cosa. ¿Podrías aclarar esto?
R.
Nuestros cerebros funcionan normalmente de tal manera que sólo hay un
pensamiento en un momento dado. No puedes jamás tener dos pensamientos o
percepciones simultáneamente. Tal vez me digas que puedes, por ejemplo, cocinar
una comida y pensar en lo hambriento que estás al mismo tiempo. Desde luego,
pueden estar teniendo lugar en nosotros miles de reflejos motores al mismo
tiempo, pero conscientemente no puedes estar con dos pensamientos o acciones a
la vez. La sucesión es muy rápida pero la aparente simultaneidad es sólo
memoria. Un objeto y un sujeto, causa y efecto, no pueden existir en el mismo
momento. Pasado, presente y futuro, espacio y tiempo son también memoria. En la
vida diaria hay aparente dualidad porque así es como el cerebro funciona, pero
todo funcionamiento aparece en no dualidad.
Hay,
sin embargo, momentos excepcionales en que vamos más allá del pensar común.
Pueden haber destellos de la intemporal simultaneidad que es nuestro ser real.
Los grandes artistas y científicos están familiarizados con estos momentos en
que el reflejo del ego se encuentra en suspenso y el cerebro se integra
espontáneamente en la inteligencia global.
P.
Dices que nuestro estado natural, la consciencia, está detrás de toda función.
También has dicho que, en la vida de cada día, la dualidad aparece en
existencia no dual. ¿Hay otro nivel de consciencia que nosotros utilicemos en
la acción cotidiana?
R.
La consciencia simplemente es. No hay punto de referencia alguno; así que,
¿cómo puede haber niveles? Ten claro que lo que generalmente se llama
consciencia está relacio-nado con algo: “conciencia de”. “Conciencia de” es
consciencia funcional. Pertenece al mo-mento sólo y, dado que es una extensión
de la consciencia pura, es siempre perfectamente apropiada. Lo que llamamos
consciencia pura es imposible de comprender para nuestra psicología moderna.
Para la psicología, el intervalo entre dos pensamientos o dos estados es una
ausencia. Pero, cuando se habla de ausencia, hay un conocedor de la ausencia.
El conocedor es consciencia. De modo que la consciencia es continuidad. Todo
cuanto se percibe aparece y desaparece en consciencia, es una expresión, una prolongación
de la consciencia.
P.
¿Cómo puedo llegar a conocer la consciencia libre de relación con las cosas?
R.
Hazte más consciente del momento en que un pensamiento o actividad llega a su
fin. Vive identificado con este momento. Sentirás que el ego busca un nuevo
pensamiento para continuar su existencia. No puede sobrevivir sin el
combustible de la relación sujeto-objeto.
Cuando
estás libre de imagen de ti mismo, tu pensamiento no es más que un vehículo
ocasional. Cuando no hay nada que pensar, no pienses. El continuo pensar es una
defensa, una fortaleza para el ego, y nada más.
Acostúmbrate
en la vida cotidiana a contemplar las situaciones sin la intervención del “yo”
y sus deseos, aversiones, resistencias, preferencias, etc. Mantén esta
contemplación sin motivo y descubrirás que, cuando el observador y lo observado
dejan de recibir combustible, desaparecen. Estarás entonces en la contemplación
pura. Este simple contemplar, libre del actor y de la acción, es consciencia
intemporal, el fondo de todas las actividades.
P.
Soy consciente de ciertos momentos sin actividad en la vida diaria. Pero,
después, pierdo estos momentos.
R.
Estás acostumbrado, en la vida diaria, a enfatizar el objeto parcial y así, en
ausencia de objetos, el reflejo hacia la objetividad te lleva a enfatizar la
ausencia de percepción por la fuerza del hábito. Permaneces todavía atado al
objeto, a la percepción. Tomemos como ejemplo una analogía: durante muchos
años, has vivido en una habitación con un cuadro colgado en la pared. Un día lo
descuelgas para limpiarlo. Ahora, cada vez que entras en la habitación, ¿qué te
impide ver la pared en sí? Es la ausencia del cuadro. Pero tú puedes conocer
esa ausencia sólo porque estás presente. La ausencia depende de tu presencia.
Explora, por tanto, lo que hay detrás de la ausencia.
P.
El mantener la observación y la exploración y el no dejarse arrebatar por
factores se-cundarios como los sentimientos, estados y pensamientos parece
requerir una tremenda vigilancia.
R.
Sí, pero no hay esfuerzo alguno en estar alerta. Acepta que el estado natural
del cere-bro es la atención, la alerta y la tranquilidad en esta aceptación.
Eso te llevará a una nueva dimensión.
Sé
como los animales salvajes, que están perfectamente alertas sin referencia a
ninguna imagen de sí mismos, ni a un pasado o futuro. El cuerpo natural está
tan despierto como una pantera. Estar alerta no es un hacer, sino un recibir.
P.
¿Puedes aclararnos la diferencia entre ser y existencia?
R.
Ser, consciencia pura, no está más en las categorías de tiempo y espacio de
cuanto lo está el hecho de que podamos hablar de infinidad en términos de
dentro y fuera. Existencia es consciencia que se objetiviza a sí misma sin
causa o razón. Es energía dispersa o actua-lizada en el espacio y el tiempo.
Podríamos decir que la conciencia funcional es el vínculo entre ser y
existencia. Es energía en reposo, energía potencial.
Tu
verdadera naturaleza es anterior a toda función. Tú eres la luz que hace
posible la función. Sé dicha luz. Todo cuanto existe está en ti. Nada está
fuera. Cuando te sientas aquí, el suelo se ve afectado en China, París y
Benarés Tú eres la guerra y tú eres la paz.
P.
¿Cuál es la relación entre pensamiento y existencia?
R.
La existencia está ahí antes de que la nombres o pienses en ella, y es evocada
de un momento a momento cuando la percibes. Todo lo que se percibe es
existencia. Si no hubie-se perceptor, no habría existencia.
P.
¿No es esto idealismo filosófico?
R.
En absoluto. Lo percibido está en el percibir, pero el percibir no está en lo
percibido. El perceptor no es una fracción, sólo mente, sino totalidad. De modo
que lo percibido está ya potencialmente en el perceptor, en el todo. No es que
no haya existencia. Es, sencillamente, que lo que nosotros llamamos existencia
no es existencia pura porque la existencia está dentro del ser total. A menos
que vivamos esto, no podremos conocer la existencia. La física, por poner el
énfasis en lo percibido, en la parte, y no en el perceptor, en el todo, no
puede entender plenamente la naturaleza de la existencia. La existencia pura se
crea en tu silencio y muere en tu silencio a cada momento. Lo que tú llamas una
existencia permanente, la creación, es un pensamiento, una convención, un
acuerdo entre caballeros.
P.
¿Qué puede llevar a uno a interesarse en el perceptor global y no en lo
percibido?
R.
Cuando sepas que la creación no es permanente y que todo nace y muere a cada
momento en presencia tuya, tal vez te sientas empujado a investigar esta
presencia. Puede que conozcas la ciencia de toda función cerebral, pero nunca
conocerás al perceptor. Tal vez puedas regresar ad infinitum intelectualmente a
través de una serie de sujetos, pero nunca podrás conocer objetivamente al
sujeto ultimo. Oppenheimer dijo que el científico jamás podría llegar a conocer
la totalidad porque nunca puede conocer al conocedor científicamente. La
consciencia no se puede objetivizar. El amor, y la compasión no son
analizables. La física nunca será capaz de entender la iluminación. Esta
siempre será un misterio para el cerebro analítico. Cuando pones las lágrimas
de un amante bajo microscopio puedes analizarlas pero jamás podrás decir de
dónde provienen.
El
primer paso, por consiguiente, es llegar a la convicción de que el conocer
objetivo es limitado. La mente entonces se detiene y tú pasas de explorar el
objeto a explorar el aspecto sujeto. Sin embargo, puesto que todavía hay una
tendencia, un reflejo de hacer de este as-pecto una actitud, un objeto, la
prueba llega sólo cuando te mantienes en la no objetivización y te ves de
repente tomado por la presencia sin objeto.
P.
¿La pregunta “Quién soy yo” es este pasar del interés en el objeto al interés
en el suje-to?
R.
Sí. La pregunta se puede formular a muchos niveles. Pero la verdadera cuestión
viene en la renuncia a preguntar a niveles del cuerpo, sentidos y mente. Tal
vez conozcas la historia del rey Janaka y su gurú. Ambos habían estado
discutiendo los estados de sueño y vigilia, y Vasishta había dicho al rey que
los dos eran lo mismo. Aquella noche Janaka soñó que era un mendigo y por la
mañana le pregunto excitadamente a su gurú: “He soña do que era un mendigo.
¿Soy un mendigo que está soñando que es Janaka o Janaka que sueña que es un
mendigo?” Vasishta respondió: “No eres ni lo uno ni lo otro. Tú eres el Sí
Mismo.” Entonces el rey Janaka entendió claramente y exclamó jubiloso: “¡Ah!
¡Yo soy el Sí Mismo!” Pero Vasishta dijo: “Ese es el último obstáculo. Si lo piensas
no puedes serlo.”
P.
¿Podrías explicar algo más sobre la diferencia entre conocimiento y conocer
como ser?
R.
Todo cuanto conocemos tiene un punto de referencia. Lo conocemos a través de
otras cosas, por comparación. Si nunca has probado la raíz de jicama, yo podría
describírtela como una combinación de manzana y patata cruda. Con esto
llegarías a conocerla hasta cierto punto. Pero nada hay que se pueda comparar
con tu verdadera naturaleza. No es algo que puedas conocer como conoces las
demás cosas. Ella sólo puede ser conocer. Por tanto, cada paso que se dé para
aproximarse nos alejará de ella. Estamos en la tranquilidad, en nuestra
verdadera naturaleza, cuando no hay movimiento alguno en ninguna dirección.
El
sol no necesita de ninguna luz para brillar, pero la luna depende del sol para
su luz. Del mismo modo, todo conocimiento tiene su fuente en ser conocimiento.
P.
¿Deben los pensamientos llegar a un punto muerto con el fin de que la mente
sienta sus límites?
R.
La naturaleza orgánica de la mente es movimiento, función espontánea. Esta
pertenece a la realidad. En términos geométricos podemos decir que la realidad
está detrás de la mente. Jamás intentes detener los pensamientos. Tu verdadera
naturaleza, la quietud, no está en la ausencia de pensamientos sino que es la
fuente del pensamiento y del no-pensamiento Todas las técnicas para detener la
mente son parte del devenir, el lograr, la mente misma. Sencillamente, toma
nota de aquellas veces en que el pensamiento se detie-ne. Pon más énfasis en
estos momentos. La mente, si se le permite, adoptará automática-mente la forma
correcta de funcionar, actuar y descansar cuando sea apropiado. El cuerpo es
fundamentalmente sano, con una memoria orgánica. Si no nos entrometemos, él se
en-carga de sí mismo.
Cuando
no hay nada que hacer, cuando ninguna situación requiere la memoria funcional y
la memoria psicológica se halla en desuso, entonces, uno está en quietud libre
del pasado, presente y futuro. Esta quietud es autónoma respecto a toda
memoria, individual o colectiva. Es la fuente de la actividad. El pensar
creativo sólo puede surgir de este fondo sin el impedimento del ego.
P.
¿Por qué está mi mente en constante movimiento?
R.
Porque tú estás identificado con el movimiento. Si éste se detuviera, ¿dónde te
encontrarías? debes explorar los efímeros intervalos entre los pensamientos y
ese momento antes de que el cuerpo se despierte por la mañana.
P.
Entonces, ¿esta continua agitación mantiene mi sensación de estar vivo?
R.
Cuando te tomas a ti mismo por una persona estás dependiendo de los
pensamientos, las situaciones, los acontecimientos y el movimiento para
mantener la persona viva. Hay que permitir que la persona muera. ¡Acostúmbrate
al hecho de morir y sabrás lo que en realidad es la vida!
P.
¿Son de algún valor las técnicas para apaciguar la continua agitación de la
mente?
R.
Una mente controlada jamás puede ser libre. Se convierte en una herramienta
rígida sin sutilidad. Una mente disciplinada nunca puede ocasionar la muerte de
la ilusoria imagen de uno mismo. No es posible llegar a lo nuevo persiguiendo
lo viejo. La mente no puede trasmutarse jamás. Puede producir cambios a nivel
cerebral pero tú permaneces en el marco psicológico con un “yo”, por sutil que
sea. ¿Por qué desperdiciar energía con lo que tú no eres? Ve directo a lo que
eres. Nuestra verdadera naturaleza está más cerca que todo pensamiento. Es la
fuente de todo pensamiento. La mente no puede crecer hacia lo que ya es. En el
asunto de la técnica y la disciplina uno busca un resultado. Uno está siempre
proyectando lo conocido y, aunque pueda llegar a una nueva transformación
química del cuerpo, a algún nuevo o sutil estado emocional, no puede llegar al
estado natural de ser. Entiende que, aunque la técnica sea necesaria para
aprender una habilidad como puede ser una lengua o el piano, no puedes llegar a
lo que eres por medio del esfuerzo mental. En las técnicas, uno se aleja de su
verdadera naturaleza, la mente es una herramienta útil para el aprendizaje
acumulativo, pero sólo es una parte de la vida humana. Cuando pregunta “¿Quién
soy yo?” termina por darse cuenta de sus limitaciones y se entrega a su fuente.
Esto te conduce de conocer a ser tú mismo conocer.
P.
¿Existe un punto reconocible en el que la mente conoce sus límites y se entrega
a ser conocimiento?
R.
Cuando hay investigación científica sin juicio ni conclusión, todos los
elementos de la situación son bien acogidos. Generalmente, nuestras elecciones,
nuestros gustos y disgustos nos impiden ver todos los elementos. En la
observación desnuda, la situación puede desplegarse en todos sus aspectos.
Cuando el deseo de llegar a una conclusión se ha disuelto y la atención, la
alerta, se mantiene, en cierto momento es como un imán que de repente atrae a
todos los elementos hacia sí. Hay una representación momentánea que abarca toda
la situación. Esta es la última función del intelecto que no concretiza esta
representación, y queda absorbida de pronto en ser entendimiento. La acción
aparece espontáneamente. Cada situación contiene su propia conclusión cuando la
mente no impone una.
P.
¿Por qué estimulas la mente en tu enseñanza si no puede llevarnos a conocernos
a nosotros mismos?
R.
Nos lleva a preguntarnos sobre la vida. Nos ayuda a encontrar la perspectiva.
No es posible detener las capacidades intelectuales una vez que se han puesto
en movimiento. Deben llegar a un fin natural. La mente debe llegar a una
representación que no sea otra cosa que una función. Esta es la claridad de la
mente. El intelecto debe explorarse a sí mis-mo hasta que sienta claramente sus
límites. Cuando no podamos encontrar algo precioso, no estaremos satisfechos
hasta que hayamos buscado debajo de cada piedra. Pero llega un momento en la
vida en que hemos volteado todas las piedras y todavía no hemos encontrado lo
que buscamos. Entonces nos encontramos en un punto muerto. El dinamismo de
búsqueda se ha detenido. Esta quietud nada tiene que ver con la mente. Es el
terreno de conocer sin objetos. Es el soporte de toda actividad y no-actividad.
¿Conoces la historia narrada por el santo sufi Mulla Nasruddin? ¡Yo la adapto
un poco cada vez que la cuento!
Mulla
estaba cruzando una calle en su pueblo cuando un hombre se le acercó diciendo:
“¿Sabes que tu mujer te está siendo infiel?” Mulla se apresuró a responder:
“Eso es imposi-ble. Mi esposa jamás me sería infiel”. El hombre insistió:
“Puedo probártelo. Esta noche, a media noche, tiene una cita con su amante
debajo de la higuera que hay en el límite del pueblo”. Mulla estaba muy
consternado y, anticipando un duelo con el amante de su esposa, fue a comprar
una pistola. Todo el día estuvo practicando y pensando en el combate y, a las
once de la noche se encaminó hacia la higuera en un estado de ánimo deplorable.
Trepó hasta la copa del árbol y, un hombre muy apasionado como era, saltó de
rama en rama en un frenesí de celos y cólera. Se imaginaba a su mujer en los
brazos de su amante y practicó desde todos los ángulos el golpe que iba a
asestar a su rival. Cuando faltaban diez minutos para las doce, aguzó cuidadosa
mente el oído, pero no pudo oír nada todavía. A las doce menos cinco se hallaba
en un estado de insoportable agitación e impaciencia. A las doce menos tres
minutos seguía sin oírse el menor indicio de ellos y todos los nervios de su
cuerpo estaban en punta. A las doce en punto se hallaba tan inmóvil como un
tigre a punto de saltar sobre su presa. Pero nada sucedía aún debajo del árbol.
Entonces, un tremendo descubrimiento sacudió repentinamente todo su ser: “¡Soy
soltero!”.
P.
¡Es una gran historia! Parece que perdió la cabeza y se fue, literalmente, más
allá de su mente, fuera de ella. Pero, ¿cuál era su estado mental cuando cayó
en la cuenta? ¡Tal vez, sí llego a entender eso no tendré que llegar tan lejos
como Mulla!
R.
Hasta las doce en punto él estuvo concentrado en el objeto, en la
representación de la escena. Entonces llegó un momento en que la mente ya no
encontró dónde agarrarse y la representación desapareció. El ya no estaba en la
mente. La situación exterior ya no alimentaba más actividad. La mente debe
llegar a la exhaustación. Cuando ella renuncia, nos vemos entregados a nuestra
verdadera naturaleza. Pero la decimosegunda hora de la mente puede ser en
cualquier momento.
P.
¿Cuál es el significado del hombre en la historia?
R.
El hombre toma a Mulla por casado y Mulla acepta esto sin cuestionar. El hombre
es la sociedad que te toma por el cuerpo-mente. “Cada hombre” es información de
segunda mano, habladurías, lo dado por hecho, el así llamado sentido común.
P.
¿Cómo podemos ver una situación claramente sin la mente crítica?
R.
Unicamente puedes ver una situación cuando la observación fraccionaria, el
punto de vista, se ha disuelto. Cuando miras desde una posición determinada
estrechas el campo de visión a través de la pre-selección. Cuando afrontas una
situación abiertamente sin intención ni motivo alguno, ésta despliega todos los
elementos de su historia y, como hemos dicho, al llegar a cierto punto éstos
aparecen como un todo que, después, se desvanece espontáneamente en una
conclusión, en una acción. Esto tiene lugar orgánicamente. No hay necesidad de
persona alguna que haga elecciones o conclusiones. Cuando el tigre localiza a
su presa, conoce en un momento sus propias capacidades así como la distancia,
la salud del animal, su fuerza y velocidad y, en un segundo, integra toda esta
información en acción: acechando, corriendo, esperando, dejándola ir. En la
conciencia no dirigida ya no hay pensamiento en el sentido habitual de la
palabra. Sólo hay pensamiento creativo, pensamiento y acción espontáneos.
Eres,
entonces, como una hoja blanca de papel secante. Cuando todo ha sido absorbido,
en una alerta sin elección, entonces aparece el entendimiento. Llega sin
quererlo. Lo que está libre de toda volición es un don. Nosotros sentimos el
entendimiento como un ofrecimiento. La acción que proviene del entendimiento
jamás deja residuo alguno. La mente posee una función natural, pero nosotros la
dejamos dictar a todos los sentidos.
P.
¿Sucede lo mismo que en el arte Zen del tiro al arco, donde el pensar impide la
ac-ción?
R.
Exactamente. En el arte del arco, lo importante es apartar la mirada del
blanco, es de-cir, liberarte de la voluntad de alcanzarlo. Cuando estás libre
del deseo de conseguir, te sientes a ti mismo en unidad y el blanco es uno
contigo. En la atención abierta, el blanco es atraído a la consciencia.
Dondequiera que haya alguien intentando hacer algo hay separa-ción. Pero,
libres de intención, todos los músculos y la estructura ósea se relajan y, lo
que queda, es pura energía lista para su uso. En el tiro al arco, la flecha se
dispara sola cuando no hay persona que prevalezca. La postura de alerta aparece
naturalmente al dejarse llevar. Lo que se da en llamar “suerte del
principiante” es ese estar libre, como lo está el principian-te, de idea de sí
mismo.
P.
Así que, ¿el éxito no se debe al interés fijo en un objeto como a menudo se
piensa?.
R.
No, no empeño fijo en el sentido de concentración. La concentración es una
relación con lo particular y la atención es una relación con el todo. La
concentración es una resistencia a, y retraimiento ante, la
multidimensionalidad de la atención. Sin resistencias, tu alerta natural arde
como una llama. ¡Los conceptos de “interés” y “objetivo único” no pueden casar
en realidad!
P.
¿Podemos tener una representación geométrica de nuestra vida entera así como de
una situación específica?
R.
Absolutamente. Es importante que el intelecto llegue a estar claro y orientado.
De otro modo, la experiencia es accidental. Cuando la mente lineal está
relajada, puede aparecer una representación espacial de todos los elementos de
la vida en una atención multidimen-sional. Esta es la representación
definitiva. No es una representación de lo definitivo. En circunstancias
concretas, el intelecto ve la situación entera y se disuelve alegremente en una
acción espontánea que proviene de la situación misma. Al ver todas las
circunstancias de la vida, el intelecto abdica agradecidamente de su súbita
visión global para disolverse en un conocer como ser.
P.
¿Cambia la naturaleza de la mente cuando ésta llega a una representación
espacial?
R.
Una profunda visión global orienta a la mente y la energía lejos de su habitual
disper-sión. Unicamente en este sentido podemos utilizar la expresión “objetivo
fijo”. Sucede es-pontáneamente. No hay esfuerzo, voluntad ni concentración
alguna involucrados. Ni tampoco hay introversión, que es una categoría
psicológica y significa contracción ante el todo. Puede tener lugar un período
transitorio de introspección cuando uno se ve arrebatado por la exploración de
esta orientación.
P.
¿Piensas que la representación global de todos los elementos de la situación
vital de uno es lo mismo a lo que Buddha se refería cuando decía que él veía
todas sus vidas pasa-das en el momento antes de la iluminación?
R.
Lo que llamamos memoria psicológica es el contenido de nuestro pasado. Dicho
con-tenido, si lo contemplas desde tu totalidad, es decir, cuando no hay ningún
centro de refe-rencia particular, aparece bajo la forma de hechos objetivos
claros. Entonces hay instantá-neamente una transferencia de energía y la
memoria psicológica se disuelve. Todos los residuos de culpa, lamentación y
sensaciones no integradas como el placer o el dolor desaparecen y, cuando nada
queda, uno se deja solicitar por lo que es.
P.
La representación geométrica global es todavía una dualidad, una percepción.
¿Cómo es posible que uno renuncie incluso a esta sutilísima relación?
R.
La mente informada sabe que el conocimiento no está plenamente consumado y está
preparada para dejarse llevar. En este momento, la dualidad de observador y
observado es tan transparente que la unidad de la consciencia la vence. No se
puede atravesar el umbral con la voluntad. Uno es llevado.
Cuando
tomas un camino progresivo, es virtualmente imposible liberarse de la garra
sutil de la dualidad. El reflejo de identificarse con el pensamiento ha quedado
profundamente arraigado a través del adiestramiento. Pero, en el modo directo,
el intelecto está constantemente basado en el fondo no dual. Vives con él a
cada momento. Desde el principio, la mente sabe que es limitada y vive abierta
a una nueva dimensión. El intelecto no ha sido condicionado y su fluidez es de
vital importancia para este último discernimiento. El intelecto recuerda lo que
has oído y hasta el momento ha tomado como una posibilidad: que tú no eres
experiencia. De creer que es limitado, pasa a experimentar sus límites. Este
recordar trae consigo el momento de gracia y uno es tomado en su totalidad.
Debes
llegar a la viva conclusión de que un objeto existe porque tú eres. Aparece en
ti porque sólo es una proyección de energía en el espacio y el tiempo, y se
consume en ti.
P.
¿Cómo tiene lugar la transmutación en la quietud?
R.
Al ser abandonada al silencio, la mente experimenta una transformación. Ya no
es un instrumento ego-centrado que racionaliza y justifica sin descanso la
conducta mecánica. En la quietud, el intelecto se ilumina. La transmutación
alcanza cada rincón de tu ser, todos sus impulsos oscuros. Cuando esto sucede,
un nuevo ser humano ha nacido. Conocer como ser no es una idea. Una idea no
posee fuerza dinámica. El entendimiento como ser llega a través de la
percepción directa, la percepción sin un perceptor. Si permitimos que la
percepción dinámica opere, ésta eliminará el desorden y el hábito de
distorsionar el proceso de percepción en pro de nuestros deseos, ambiciones,
hábitos, expectativas, anhelos y demás.
La
inteligencia no se condiciona ni se hereda. No es contaminada por la memoria.
No está relacionada con alguien, ni con función cerebral alguna. Reside en la
completa relaja-ción de la estructura psico-física cuando una cantidad
desconocida de sensibilidad no generada por el cerebro comienza a operar. Es un
movimiento que cala en la totalidad del ser y tiene lugar en todo el universo.
P.
Antes hablaste del pensamiento creativo que brota de lo desconocido. ¿Podrías
hablar ahora del pensamiento científico o racional?
R.
El pensamiento racional es un vehículo para mantener nuestra existencia
biológica en la vida diaria. Se mueve en lo ya conocido, en aquello con lo que
se está de acuerdo como individuo o como convención colectiva. Es una memoria
funcional para organizar la energía en esquemas útiles de pensamiento. El
pensamiento racional, lógico o científico comienza a partir de lo conocido; el
pensamiento, en su sentido concreto, deriva del pensamiento pero, cuando no
reivindica autoría, nunca dice “sé” o “he hecho”; se remite entonces a su
propio terreno o base. Cuando no hay involucración psicológica, es una
expresión de silencio en el tiempo y el espacio. El fondo del pensamiento
racional es esa presencia no-representativa que podemos llamar contemplación
silenciosa. Sin embargo, la función del pensamiento racional es sólo una
fracción de la vida. No debe permitirse que oscurezca las profundidades de
nuestro ser. Por desgracia, el pensamiento racional, como todas nuestras
funciones, pierde las más de las veces su pureza y pasa a estar dirigido por la
intención. La mayor parte del así llamado pensa miento racional o tecnológico
de hoy es calculativo. En el pensamiento calculativo está el deseo del
individuo de obtener un resultado. El pensamiento intencional se basa en la
acumulación de definición y conclusión, en el pasado, en lo ya conocido. Por
desgracia para el mundo, casi todo el pensamiento científico y supuestamente
artístico de hoy es calculativo, motivado por el impulso de alcanzar. Hay un
objetivo psicológico oculto en el propósito funcional. El pensamiento aquí está
divorciado de su propio terreno e identificado con la persona, el controlador,
el centro de referencia. Todo deseo de alcanzar está todavía dentro del campo
ego-centrado que nos ata a un resultado. Es muy difícil para la gente entender
que la función perfecta sólo tiene lugar en la completa ausencia de obtención
de fines.
P.
Dijiste que, cuando surge la pregunta “¿Quién soy yo?”, la búsqueda se mueve en
un sentido distinto de aquél al que estamos acostumbrados. ¿Podrías decir algo
más sobre la naturaleza de la búsqueda en nuestro verdadero ser?
R.
El intelecto que se emplea para preguntarse “¿Quién soy yo?” es el intelecto
que fun-ciona espontáneamente libre de la imagen de uno mismo. Sólo en esta
libertad pueden surgir las verdaderas cuestiones. Así, la verdadera búsqueda
aparece cuando el pensamiento se deja en su propio terreno, antes de que se
vuelva representacional. La búsqueda está antes que el impulso hacia la
objetividad. Es algo pre-pensado. El pensamiento meditativo es apartar la
mirada del pensamiento. Es un instrumento, una declaración de hechos sin
relación alguna con una supuesta persona. Es un liberarse de toda captación y
deseo. La búsqueda nunca domina, manipula o define. Está libre de
interpretación. Es una pregunta de terminación abierta, una cuestión que es
vivida y explorada en su carácter de pregunta y no se lleva a ningún término.
Lo que uno es fundamentalmente no tiene comienzo ni conclusión. ¿Por qué
entonces buscar conclusiones? La exploración es atención, es dar la bienvenida
a todo cuando surge. Esto nos conduce al arte de escuchar, a nuestra
consciencia esencial.
P.
Entonces, ¿lo que tú llamas “escuchar” es fundamental en esta búsqueda o
investiga-ción?
R.
Sí. Escuchar es una receptividad alerta a todo lo que surge, es algo pasivo
solamente en el sentido de que está libre de todo indicio de un escuchador.
Cuando el juicio, la crítica, la comparación y la evaluación han dejado de
controlar la estructura psicosomática, el cuer-po entero entra espontáneamente
en disposición de escuchar. Es importante darse cuenta de que no es una
actitud. En la ausencia de intento y el deseo de lograr, se encuentra
pre-sencia. Pero, al principio, puede que hagas de este no intentar un estado.
Muy a menudo vivimos en la ausencia de intento sin explorarla. Esta es una
postura precaria, una vida sin sabor, una tierra baldía, la noche oscura del
alma. Pero, investiga en la verdadera naturaleza de esta “ausencia” y
descubrirás presencia en la ausencia de todo devenir. No intentes nunca
visualizar la quietud ni objetivizar la vacuidad. Atrévete a vivir a veces en
la belleza del Silencio y sentirás cómo toman forma en él, en ti mismo, toda
lógica y entendimiento. Llegará entonces un momento en que sientas que tú estás
siendo entendimiento. En ese instante, no hay conocimiento que no sea
consciencia. Todos los residuos de objetividad se queman y ya no hay memoria
alguna.
Uno
sólo puede ser realidad. No puede conocerla. Pero, dado que lo conocido aparece
y desaparece en esta realidad, pertenece a ella. Es lo conocido lo que en
última instancia revela lo desconocido. No hay ninguna jerarquía de la
realidad. Todo es real.
P.
¿Cómo puedes decir al mismo tiempo que uno nunca puede conocer la realidad y
que lo conocido revela lo desconocido?
R.
Estamos limitados por el vocabulario. Las palabras deben oírse con una cierta
flexibilidad, del mismo modo que con gusto se da a un poeta una licencia
poética. Escucha siempre el contexto entero de la respuesta y cómo ésta actúa
en ti. No te aísles del poder simbólico de las palabras sacándolas de su fondo
global.
P.
¿Cuál es el origen del pensamiento y de la palabra?
R.
Un pensamiento, una palabra, es un sonido nacido de la insonoridad. Sonido y
silencio están interrelacionados. No se puede oír un sonido sin oír silencio.
Explora este silencio. Ve cómo el sonido nace de él. Los sonidos nacidos del
silencio son poderosos y capaces de penetrar. El sonido es vibración,
movimiento, energía, pensamiento y acción. Así pues, todo sonido que no esté
conscientemente relacionado con el silencio carece de dinamismo, de poder para
penetrar la oscuridad y la ignorancia.
P. A
menudo me sorprendo a mí mismo diciendo lo inapropiado y en el momento
inapro-piado. ¿Cómo puedo llegar al “correcto hablar”?
R.
En el correcto hablar no hay involucración psicológica. Aquel lenguaje, habla y
pensamiento que están libres del ego son completos en sí mismos, autónomos y
espontáneos. El habla correcta no hace comparaciones ni se remite a un
hablante. Es puramente factual. La atención es una acción espontánea del
cerebro y reconoce formas y las nombra. El lenguaje psicológico, por otra
parte, es siempre una calificación y se remite a un centro o hace comparación
entre objetos. Por ejemplo, puedes sentirte arrebatado por la belleza de un
cuadro. Pero puede que sientas también el reflejo de interpretarlo, poseerlo,
etc. Toma nota de estos reflejos que interfieren en la pura observación. Cuando
entra el pensamiento personal, dejas de estar abierto a la belleza.
Utiliza
las palabras, el pensamiento, de forma correcta. Utilizándolos de forma
apropiada llegas a la claridad. En tanto vivas en el plano de creer que eres
una entidad individual, fi-jarás las palabras al nivel de esta experiencia y su
función simbólica como indicadores de quietud no estará realizada. La verdadera
percepción sólo puede tener lugar en la completa aniquilación de la
pseudo-entidad. Cuando uno habla y escucha desde su totalidad sin evaluación ni
comparación, entonces las palabras no están fijas y se disuelven en esta
totalidad.
P.
¿Quieres decir que el lenguaje, tal como generalmente lo utilizamos, no es
indicador de nuestra verdadera naturaleza?
R.
Hoy en día el lenguaje en la vida cotidiana está concentrado en lo verbal y,
como tal, se utiliza como referencia entre los así llamados objetos. Las
palabras son términos recordados al nivel de la experiencia y de la memoria. El
lenguaje, en el mundo, funciona en el espacio y en el tiempo. Pero el mundo no
es una realidad objetiva autónoma. Nuestro habitual modo de usar el lenguaje es
también limitado. La verdadera función de las palabras es actuar como
indicadores del silencio del que manan.
Las
palabras son ventanas del vacío al vacío. Son el marco, el umbral. Una palabra
es como un pájaro que, cruzando el umbral, se hace visible por un momento y
entonces pode-mos vislumbrar sus gloriosas plumas. Si la seguimos cuando
desaparece nos conduce al vacío, al silencio.
P.
Cuando dices “Hoy día en la vida cotidiana”, ¿estas implicando que el lenguaje
ha cambiado?
R.
El empleo de sonidos es tan sólo una fracción de nuestra comunicación. Hoy, la
ma-yoría de la gente depende en gran medida de lo verbal. El arte de la
verdadera comunicación reside en la tranquilidad y su deliciosa variedad de
expresiones espontáneas.
En
muchas lenguas antiguas, el sonido estaba más próximo a aquello a lo que se
refería. Las palabras poseían mucho más poder dinámico. Hoy en día, al menos en
nuestras lenguas occidentales, las palabras han perdido su proximidad con lo
real. A medida que nos hemos ido dejando atraer por el logro y la consecución,
nuestros centros se han visto cada vez más inmersos en el mundo de la obtención
de fines. Nuestro lenguaje, que es una actividad cerebral, ha seguido nuestros
deseos en conformidad. Puedes ver a tu alrededor más y más objetos a adquirir,
y cada objeto necesita un nuevo sonido para distinguirlo de otros objetos. Esto
está lejos, sin duda, de aquellos sonidos que salen, expresan y son indicadores
de nuestra naturaleza esencial.
P.
Aún cuando vivimos libres de la relación sujeto-objeto, ¿no estamos finalmente
atados al tiempo?
R.
El hombre está siempre creado en el tiempo. Este tiempo psicológico es
esencialmen-te el pasado y nosotros revivimos continuamente el pasado a través
de él. Es pensamiento basado en la memoria. De hecho, lo que nosotros llamamos
futuro no es más que un pasado modificado. El tiempo psicológico no está nunca
en el ahora sino que, como un péndulo, se halla en constante movimiento de
pasado a futuro y de futuro a presente en rápida sucesión. Existe sólo en el
plano horizontal, el plano de tener/devenir, placer/displacer,
captación/evitación, seguridad/inseguridad. Es la fuente de la desdicha y del
conflicto, y nos aliena de la pura existencia. Entender el tiempo y el espacio
psicológicos es el camino hacia la meditación y el correcto funcionamiento. El
tiempo cronológico o astronómico está igualmente basado en la memoria, pero es
una memoria que funciona libremente sin la intervención de un ego, de la
voluntad. Los acontecimientos proceden en metódica sucesión y, puesto que no
hay movimiento entre un así llamado pasado y un futuro, no hay conflicto
alguno.
Es
la interferencia de una imagen de sí mismo lo que separa a observador y
observado. En la verdadera observación, observador y observado son una misma
cosa. Este es el co-mienzo del completo entendimiento. Cuando pensamos, lo
hacemos bien en términos del pasado o del futuro, pero la vida es siempre
ahora. Vivir en el ahora implica una mente libre de persecución de fines y
recapitulación. En la presencia está contenida la eternidad, todo suceso
posible. Todo es un pensamiento presente y pensamiento y objeto son una misma
cosa. El tiempo es pensamiento y el pensamiento aparece en el tiempo. La
belleza y el gozo sólo se revelan en el ahora.
P.
¿Por qué íbamos nosotros a crear el tiempo?
R.
Por el deleite de la imagen de uno mismo. Pero, ¡cuando vives en tu verdadera
naturaleza, resulta deleitable a cada momento! Fundamentalmente, no hay tiempo
porque el momento y la consciencia son uno.
P.
¿Existe el espacio?
R.
El espacio es un concepto. No podemos concebir el espacio sin referencia a
cuerpos tangibles que nosotros vemos como algo ajeno o exterior a nuestro
propio cuerpo. Se requieren varias percepciones para una idea de extensión.
P.
Estás hablando del espacio como concepto. ¿No puede experimentarse como
percep-ción?
R.
Puedes llegar a una sensación de espaciosidad cuando vas más allá de la
estructura física del cuerpo y encuentras el cuerpo sutil o de energía. Pero
todavía hay un vago centro de referencia.
P.
Has dicho que el tiempo es memoria. ¿Qué es la memoria?
R.
La memoria que funciona sin las limitaciones impuestas por la imagen de uno
mismo está completamente integrada en la memoria cósmica, la omniposibilibad,
cuyos arquetipos están en nosotros como el árbol está en la semilla. La memoria
funcional aparece espontá-neamente cuando se necesita en distintas situaciones.
El pensamiento espontáneo estriba en la memoria funcional. Sin embargo, rara
vez damos a la memoria esta libertad de función. La memoria psicológica
recuerda constantemente. Es una fortaleza para la supervivencia del “yo”, de la
idea de ser un individuo. Las categorías de pasado, presente y futuro son meras
convenciones para la supervivencia de esta imagen.
P.
¿Es posible emplear sólo la memoria funcional, por ejemplo, cuando me encuentro
con alguien por segunda vez?
R.
¡Absolutamente! Puede que la memoria funcional recuerde el nombre, rostro y
anteriores circunstancias, pero observa que rápidamente te formas opiniones de
las personas y que esta memoria psicológica colorea tu segundo encuentro con el
sabor del primero. Traes contigo ideas preconcebidas. Con esta clase de memoria
no puede haber encuentro real. No dejas llegar al otro a ti en novedad y tú, a
tu vez, llevas lo viejo contigo. No hay amor, no hay afecto.
P.
Parece claro que el sentimiento o afirmación casi continuado del “yo” es una
protección contra un miedo a estar en el olvido, en Lethe. Es el miedo a morir.
Si me desprendo de la memoria psicológica, ¿puedo estar seguro de que la
memoria funcional continuará y yo seré capaz de seguir viviendo en el mundo?
R.
Nuestros sentidos, órganos, cerebros, rasgos de personalidad, el cuerpo entero,
si lo dejamos hacer, son herramientas que funcionan con eficiencia y facilidad.
La mayor parte del tiempo, sin embargo, un proceso de reacción y compensación,
gusto y disgusto, análisis, categorización y enjuiciamiento les impide tener un
funcionamiento orgánico. Acostúmbrate al hecho de morir, a los momentos en que
este proceso está ausente. En la ausencia de memoria psicológica, tu vivir en
el mundo es nuevo a cada momento.
En
toda acción y pensamiento el “yo” debe dar un paso atrás para que la alerta sin
motivo y todo el órgano corporal puedan entrar en juego. Prácticamente
hablando, éste es el primer paso. Las herramientas de la existencia no son
problemáticas. Sólo cuando tú te identificas con lo que son simplemente
herramientas afloran los problemas. Cuando dejas que las funciones sigan siendo
funciones impersonales, éstas se vuelven infinitamente más eficaces y variadas.
En la simple función está la belleza. Recuerda que el amor y la libertad no
tienen nada que ver con la memoria sino que, cuando piensas en el amor y la
libertad, haces de éstos ideas utilizando la memoria. Quédate con el
entendimiento vivo antes de que el reflejo objetivizar y apropiar entre en
acción.
EL
ARTE DE ESCUCHAR
Libre
de elección
P.
Dices que cuando el cuerpo-mente queda libre de interferencia psicológica llega
es-pontáneamente al escuchar, que es el instrumento de la auto-investigación.
¿Podrías decir algo mas acerca de esto?
R.
El descubrimiento de tu verdadera naturaleza no puede producirse a través de la
me-moria. Llega a través de la atención multidimensional, que tiene lugar
naturalmente cuando la memoria está ausente. Esta innata atención es el
escuchar. Cuando estás en la actitud de escuchar te sientes en la inmensidad,
donde no hay escuchador ni observador. Sólo en el escuchar puede tener lugar la
transmutación del tener conocimiento al conocer como ser. Escuchar es un arte
con el que debes familiarizarte. Es estar abierto a todas las expresiones de la
vida. Las expresiones de vida nunca son repetitivas. Puede haber analogía pero
no repetición. Has de ver que la aparente repetición sólo es memoria. Escuchar
es acoger gustosamente la vida sin referencia a lo ya conocido. El verdadero
descubrimiento está sólo en el momento inmediato en sí. Nunca podemos
comprender lo desconocido a través de lo conocido. Se nos educa para la
experiencia, para mirar con motivo, para interpretar, pero debemos explorar la
posibilidad de vivir como no-experiencia. Esta exploración tiene lugar en una
escucha no reactiva. En una escucha incondicionada estamos abiertos a todas las
posibilidades, y en la ausencia de restricción tiene lugar la percepción
directa.
P.
¿Cómo puedo llegar a familiarizarme con el arte de escuchar?
R.
Unicamente viviéndolo, del mismo modo que un músico aprende a escuchar
escu-chando. No hay técnicas, disciplinas o ideas con que poder sustituir el
escuchar sin más. Todas estas son golosinas para el ego. Cuanto más te
familiarizas con el escuchar mediante la propia práctica de escuchar, más libre
estás de la imagen de ti mismo. La enseñanza es sólo para devolverte al simple
escuchar. En él no hay objeto que escuchar; uno se encuentra a sí mismo en
apertura, en el no-estado mismo de escuchar.
P.
Dices que el escuchar llega escuchando. ¿Podrías ser mas explícito respecto a
lo que realmente es?
R.
Escuchar no es un proceso cerebral. No es una función. Es una sensibilidad
abierta libre de anticipación, logro o consecución. No es una actitud que uno
asume ni se limita a los oídos, del mismo modo que cuando entiendes algo y
dices “Ya veo” esto no tiene nada que ver con los órganos de la vista.
P.
¿Cómo puedo llegar a esa sensibilidad global?
R.
Si dejas que tu atención vaya a tu oído, sentirás que está constantemente
tratando de agarrar. Lo mismo sucede con el ojo, la mente y todos tus órganos.
Deja que ese intento de agarrar se vaya y descubrirás que todo tu cuerpo es
espontáneamente un órgano de sensibilidad. El oído es meramente un canal para
esta sensación global. No es un fin en sí mismo. Lo que se oye también se
siente, se ve, se huele y se toca. Tus cinco sentidos, inteligencia e
imaginación se liberan y entran en juego. Tú lo sientes como un estar
completamente expandido en el espacio, sin centro ni límite. El ego, que es una
contradicción, no encuentra dónde agarrarse en esta presencia y la ansiedad, el
gusto o el disgusto se disuelven. Sientes esta integridad sin sentirla. La
sientes pero no puedes categorizarla en ninguna sensación conocida.
Los
órganos sensoriales no son más que indicadores que apuntan a la consciencia
glo-bal. Pero, generalmente, se apropian del objeto aparente y le impiden
desplegarse en tu totalidad. Trata de oír y mirar sin enfocarte en cosas
específicas. Deja que tu oír y tu ver en-cuentren su multidimensionalidad
orgánica. Cuando no hay objetivo ni motivo en tu oír, éste se convierte en un
escuchar incondicionado. Todo cuanto surge está en este escuchar, pero no hay
ningún escuchador centrándose en sonido alguno. Al final, todos los sonidos se
desvanecen en el propio oír. Entonces eres uno con el momento. No hay espacio
y, por lo tanto, no hay tiempo. El verdadero escuchar es inespacial e
intemporal. Puesto que es escuchar como ser y no una función, no depende de un
objeto oído. Escuchar sin representación es como un imán al que todos los
objetos apuntan y en el que éstos se desvanecen. El escuchar se remite a sí
mismo. Es el estado natural. Así, uno llega a la profunda conclusión de que
todo sonido apunta al silencio, de que el silencio está antes y después del
oír.
P.
¿No es natural querer escuchar y mirar a lo que es agradable y bonito? ¿No es
inevi-table alguna elección en el mundo de hoy? A menudo has dicho que debemos
hacer una elección en la vida para ver las cosas más bellas de nuestra
sociedad. ¿Quién dice lo que es bello y lo que no?
R.
Estamos compuestos en armonía y, allí donde ésta esté reflejada, será atractivo
para nosotros. Pero esta armonía nada tiene que ver con lo que comúnmente se
llama agradable o bello. Cuando vivimos en la belleza, hay una discriminación
espontánea que no está basada en lo convencional. Observa cuándo algo te atrae
porque concuerda con el gusto predominante y cuándo atrae a todo tu ser, que es
intemporal.
P.
¿Por qué están los sentidos tratando de agarrar?
R.
La mente controla al cuerpo por fracciones. Esto es un profundo condicionante
que nosotros damos por hecho. El cerebro funciona sucesivamente. Para que la
sensación global funcione, la actividad cerebral diaria debe caer en desuso. En
tu estado natural esto ocurre muy a menudo, pero vives de un modo innatural en
el que hay una constante agitación o actividad mental. De esta forma has
perdido la sensación corporal global.
Escuchar
es pasivo y activo. Pasivo porque no hay interferencia de un ego controlador ni
memoria y, por tanto, es completamente receptivo. Activo en el sentido de que
está alerta a cada momento. Escuchar es consciencia. No requiere una práctica
interminable que encierre hábitos de lucha. Simplemente sé consciente de que no
escuchas. Pasa una mañana sin concluir ni interpretar. Deja descansar a tu ego
sólo por una mañana y observa.
P.
Cuando dices que tu cuerpo entero entra en juego, ¿Dónde está la mente?
R.
Generalmente, la función mental domina nuestros sentidos, nuestra percepción.
Para que tenga lugar un escuchar global, que es tu estado orgánico, esta
dominación debe cesar. En la quietud, la mente funciona, teniendo lugar con el
resto de las funciones corporales, pero su funcionamiento ya no depende de un
centro de referencia. Simplemente percibe y nombra. Una mente que está
simplemente en movimiento no es un problema. Al contrario, cuando el intelecto
estriba en el silencio todo se remite espontáneamente a este terreno de
partida.
Ves
una rosa. El intelecto la percibe y le da nombre. Funcionamiento perfecto. Pero
des-pués continúa y empieza a interferir en la percepción, impidiendo que ésta
se despliegue en percepción directa. La imaginaria persona, el centro de los
puntos de vista, ve el color y la compara, o le gusta, o tal vez le disgusta.
Piensa en su belleza o recuerda alguna referencia pasada. Pero, durante esta
actividad, ¿dónde está el verdadero perfume de la rosa?
La
actividad psicológica es fraccionaria y sucesiva. Solamente puede haber una
percep-ción o concepto de una vez, por lo que es imposible sentir la totalidad
de la rosa con el fun-cionamiento cotidiano de la mente. Sólo puedes sumar sus
partes. Pero el verdadero perfu-me de la rosa, lo que es en realidad, no es una
colección de fracciones. Cuando dejas de poner el acento en las partes, cuando
la mente se queda quieta, la rosa viene a ti, se des-pliega en ti con toda su
gloria. El perfume te invade completamente. La rosa eres tú. Tú eres uno.
Así
que, al escuchar, deja que la mente esté quieta del mismo modo que tus piernas
están quietas cuando no las necesitas. Deja que las palabras, sensaciones y
situaciones florezcan en ti y comuniquen su perfume. Vive con este perfume.
P. A
veces siento resistencia a lo que dices. Soy escéptico y no puedo creerte.
R.
En primer lugar, ¡no te preocupes por lo de creer! Yo no estoy interesado en la
creen-cia. Es la mente la que cree y tú no eres la mente. De modo que deja
atrás el creer o no cre-er. Fíjate en tu resistencia. No analices sus porqués y
portantos. Simplemente date cuenta de que no escuchas, de que reaccionas.
Muchas veces, cuando la gente piensa que ha entendido, no es más que una
especie de reacción basada en interpretación, simpatía o aversión. Escuchar es
aceptar abiertamente sin interpretar. Date cuenta de que tienes miedo de
renunciar a interpretar porque ello significa que el ego ya no puede producir.
Acoger abiertamente no tiene nada que ver con estar de acuerdo. ¡Tiene su
propio sabor!
Estate
alerta y observa tanto las palabras que oyes como tu campo psicosomático.
Vigila a cada momento en lo que a calificar, juzgar o analizar se refiere:
Cuando logres ver que tu escuchar no está libre de interferencia, que todo se
remite a un sujeto, a un punto de vista, el ciclo de reacción pierde su
dinamismo. El proceso psicológico se detiene cuando se le somete a estrecha
observación. Es un ladrón que sólo puede trabajar en secreto. Tan pronto como
se enciende la luz sobre él, su actividad queda expuesta y se vuelve impotente.
Cuando la agitada mente se relaja, puedes encontrarte en un momento intemporal
de verdadero escuchar.
P.
Me resulta muy difícil tratar de recordar lo que dices. ¡No quiero olvidarlo!
R.
Nunca intentes retener cuanto aquí se dice. Si lo haces, ¡estás comprando tu
regalo de Navidad con tu propio dinero cuando el obsequio que te llega como
ofrecimiento te dará mucha más alegría! Deja que las palabras pierdan su
carácter concreto. Cuando pones énfasis en el lenguaje, en el significado, las
palabras pierden su sabor. En el momento en que escuchas sin retener, tarde o
temprano lo que se dice alcanza todo tu ser y experimentas una maduración
repentina. Así que vive con el perfume de estos mensajes y no intentes atrapar
su significado. Llega un momento en que la esencia de lo que se dice aflora y
te ves arrebatado por el entendimiento como ser. Este es por completo
no-mental. No puedes llegar a él. Te es ofrecido.
P.
¿Qué quieres decir con “ofrecido”?
R.
Es una manera de hablar. No hay ningún ofertor ni receptor. Ello no proviene de
nin-guna otra parte; surge en ti como tú. Con la expresión “ofrecido” quiero
enfatizar que no hay nada que puedas hacer para llegar a ser entendimiento.
Debes escuchar de la misma manera relajada y receptiva en que podrías leer un
poema o contemplar un cuadro. Siente el ritmo, sonido y color, y no concluyas.
P.
¿Cómo puede haber soluciones para las cuestiones de la vida si vivimos sin
conclu-siones?
R.
No estoy diciendo que no haya conclusiones, sino que la solución proviene
directa-mente de la propia situación y no de tu proyección. Cada situación es
única y tiene su propia respuesta. Cuando escuchas una situación desde la
totalidad sin la interferencia de una imagen de “yo”, hay percepción directa.
La situación entonces concluye en ti. Si intentas manipular una situación,
puede que consigas arreglar las cosas temporalmente para acomodarlas a tu ego
pero continúas estando en el nivel personal y conflictivo.
La
mente puede cambiar todo el mobiliario que le rodea en la habitación, pero las
pare-des permanecen. ¿Por qué vivir encerrado en paredes? Tu ser, paz y
satisfacción final resi-den en lo ilimitado e intemporal.
DISCERNIMIENTO
Conocer
mas allá del conocimiento
El
natural reflejo involuntario de nuestro cerebro es la atención, así como el
reflejo innato del ojo es ver, del oído oír, de la piel la sensación táctil,
etc. Puesto que es un reflejo natural, ningún objeto con nombre se necesita
para la vista, el oído y la atención. Cuando somos atraídos hacia un objeto hay
percepción, la cognición de la forma. La percepción pertenece a los órganos
sensoriales. Cuando caminas a través de un bosque percibes árboles, colores y
sonidos sin tener que denominarlos “árbol”, “azul” o “trino de pájaros”. El
nombre aparece y desaparece sin que tú seas consciente de ello, de modo que
difícilmente puede llamársele un nombre. Es más una vaga referencia a la
memoria. Esta pertenece a la función orgánica del cerebro, a la cognición. Cuando
la necesidad de diferenciar aflora, la referencia permanece y se concretiza
como concepto, como nombre. Esto es reconocimiento basado en la memoria
funcional. Es un proceso completamente inherente a nuestra naturaleza humana y
pertenece todavía a la atención sin motivo del cerebro. El movimiento de
percepción a concepto o de forma a nombre tiene lugar espontáneamente en una
fracción de segundo y no se remite a un agente.
Muy
a menudo, sin embargo, la percepción y el concepto se remiten a un agente, a un
supuesto centro. Este “controlador” es la idea habitual, fortalecida a lo largo
de millones de años, de una entidad separada. Cada así llamado centro
individual desarrolla sus propios esquemas de análisis, interpretación,
justificación, comparación, juicio y demás, y los impone en la percepción y su
concepto. Esta involucración psicológica dificulta la percepción, es decir, los
sentidos, impidiéndoles ser capaces de desplegarse plenamente. Lo que queda es
una alienación del concepto puro en una representación basada en la memoria
psicológica. El nombre pierde entonces su transparencia y hace referencia a una
colección, una cristalización, de reacciones. Cuando, la denominación se ve
sobrecargada por los puntos de vista, pierde su verdadero valor simbólico como
ventana de silencio a silencio. El tomar erróneamente la representación
psicológica por percepción es un síntoma de ilusión y mantiene la actividad de
separar observador y observado.
P.
Dices que, cuando la necesidad de diferenciar aflora, hay concepto. ¿De dónde
surge esta necesidad?
R.
Para funcionar como un ser humano con los demás, en el mundo, uno debe conocer
la diferencia entre un zapato y un sombrero. La concretización de la cognición
en concepto da lugar al lenguaje. El lenguaje es un acuerdo, una convención. Es
una orientación funcional dentro de la consciencia global y, cuando permanece
puramente funcional, es automáticamente económica, apropiada, y surge y muere
en consciencia. Desde el punto de vista de lo individual, sin embargo, la
necesidad de pensar es sólo para mantener la persona. La idea de ser “una
persona”, como todas las ideas, está localizada en el cerebro. Es un
retraimiento de la sensibilidad global. Es una idea tan predominante que toma
bajo su dominio todo pensamiento y sensación. De este modo el concepto domina a
la percepción, la cabeza al cuerpo, el lenguaje verbal ha tomado prioridad
sobre otras importantes formas de comunicación.
La
distinción entre lo psicológico, que se refiere a un “yo”, y lo puramente
funcional, que no está centralizado, debe ser apreciada con claridad.
P.
¿Has dicho que “denominar es una ventana de silencio a silencio”? ¿Qué quieres
decir con esto?
R.
El nombre existe meramente para atraer el objeto a nuestra atención. Pero,
puesto que una percepción y un concepto no pueden existir juntos, el nombre
debe desaparecer de inmediato, dejando la percepción para disolverse en
atención sin pensamiento. Un objeto no tiene existencia autónoma. Vive sólo en
la consciencia.
P.
¿Es esta atención inconclusa el silencio del que hablas?
R.
La atención se halla todavía localizada como función cerebral. El silencio es
el fondo de toda función. El cerebro relajado no se encuentra en un punto
muerto sino en suave pero continuo movimiento. Es una pulsación que no llega a
la concretización. Estos movimientos surgen y mueren en tu completa vacuidad de
proyección y plenitud de silencio. La atención es una expresión de esta quietud
que es tu ser natural.
P.
¿Qué sucede cuando el concepto trae lo percibido a nuestra atención?
R.
Cuando el concepto ha desaparecido, lo percibido pierde su localización en un
sentido y se da a todos los sentidos libertad para desplegarse. En esta
acogida, el objeto pierde su objetividad, revelando sólo la acogida en sí. A
veces yo llamo a esto percepción pura o directa.
No
hay nada conocido fuera de los sentidos. Hay estimulación aparente, pero el
“objeto” estimulador se conoce sólo a través de los sentidos. Es el
desplegamiento de los sentidos lo que revela su propio terreno. Lo conocido,
desnudo, revela lo desconocido.
P.
¿Podrías hablar más sobre el proceso mismo de desplegamiento de los sentidos?
R.
Lo percibido es aprehendido por un órgano sensorial y traído a la atención por
el con-cepto. Cuando el concepto no atrapa el objeto, es decir, cuando no se
convierte en representación, automáticamente se traspone a todos los sentidos.
En este desprenderse de la objetivación los sentidos se despliegan en relajada
atención y hay un momento en el que el énfasis pasa de los sentidos a la
atención. Esta atención es todavía perceptible como localización en el cerebro
y, cuando ves esta localización, te embarga una sensación de expansión. Esta
sensación es la consciencia global, que está en el umbral del ser, tu no-estado
natural.
El
desplegamiento de los sentidos, por consiguiente, te lleva a la quietud, donde
no hay objeto y, por tanto, tampoco hay tensión ni conflicto. Entonces sientes
cómo todo funciona-miento viene y va en esta quietud libre de agitación. Como
sonido, éste aparece en el silen-cio y desaparece en el silencio.
P.
¿Es esto lo que quieres decir con “cada objeto apunta a la consciencia”?
R.
Un objeto es nombre y forma. El nombre y la forma pertenecen al cuerpo, los
sentidos y la mente. Un objeto existe sólo porque hay un sujeto. Pero, en un
examen más cuidadoso vemos que este así llamado sujeto, con el que nos hemos
identificado, es también un objeto. Esto puede percibirlo un sujeto más elevado
al que a veces llamamos “el testigo” por razones pedagógicas. El testigo no
existe, solamente hay atestiguación, que es la consciencia, nuestro estado
natural.
Cuando
hay identificación con el sujeto relativo, se mantiene el dualismo y el objeto
no se puede vaciar de objetividad. Pero, cuando el sujeto se ve como una
función de la mente, carente de autonomía y de sustancia, se renuncia al nombre
y a la forma. En esta omisión, el objeto pierde objetividad y hace inmediata
referencia a nuestra totalidad, a nuestra consciencia sin objeto.
P.
Cuando hay identificación con un sujeto, uno está encerrado en conceptos. La
regre-sión ad infinitum de los sujetos que pertenecen al idealismo filosófico,
¿no es sencillamente esto?
R.
La consciencia es conocer como ser. Es totalidad. Desde el punto de vista de la
men-te, todo objeto pide un sujeto, y un sujeto pide un objeto. Este así
llamado sujeto es un obje-to, también, percibido por la consciencia. En ésta
están el gozo, amor y libertad eternos.
Hay
que distinguir entre lo que es y lo que existe. La existencia vive en la
consciencia. La consciencia se expresa en la existencia. Es la totalidad y de
ningún modo se ve disminuida o aumentada por la existencia.
P.
¿Cuáles son los pasos a dar para llegar a la observación no subjetiva libre de
la per-sona?
R.
Cuando un objeto llega antes que su representación y tú no estableces, como
ego, una relación personal con el objeto, entonces no hay intención ni
expectativa. La mente no está ocupada esperando un resultado. La observación
entonces es de atención no reactiva. Tú no haces nada al objeto ni intentas
derivar algo de él. En esta no-relación la mente cae en desuso sencillamente
porque ya no tiene un papel que desempeñar. Sin esfuerzo, te encuentras a ti
mismo simplemente abierto, libre del pasado.
Cuando
estás esperando una experiencia, todo el pasado está todavía activo. Estás aún
afectivamente atado al objeto, esperando una conclusión, queriendo modificar,
analizar o transformar el presente. De este modo esperas proporcionarte una
experiencia. Ve lo que significa sencillamente estar ahí, estar presente sin
ningún centro de referencia para tu psi-que, subconsciente o inconsciente.
Simplemente hay vigilancia. En este vigilar uno no está atado al pasado. Estás
libre y la distinción entre observador y observado, yo y mí mismo, se
desvanece. Te quedas en completa quietud.
Una
nueva sensibilidad nace cuando la actividad cerebral toca su fin. El
pensamiento, la emotividad y la intención desaparecen y uno se encuentra a sí
mismo en la quietud original del cuerpo, los sentidos y la mente. Ya no hay
movimiento alguno desde un centro, desde una persona, sino movimiento que
simultáneamente tiene lugar por todo tu ser.
P.
¿Es posible cultivar la percepción pura sin la interferencia de la imagen de
“yo”?
R.
Absolutamente. Uno puede estar conscientemente en un paisaje sin permanecer en
el marco de la forma y el nombre. Cuando un pintor no está fijado en la forma y
el nombre, pinta algo más que un árbol o un tejado. Pinta lo que no está
visible en la forma y el nombre. Un árbol que no se remite a uno mismo tiene
infinitas posibilidades. No se debe enmarcar un objeto con memoria y
anticipación. Cuando simplemente hay observación sin intervención mental, hay
apertura, bienvenida, y el objeto se relaja y florece en la hospitalidad de
todo tu ser. La idea de la persona, el continuo pensar, es una defensa contra
esta bienvenida, esta apertura donde no hay nada que proteger o afirmar. En la
apertura, el objeto es más débil que el sujeto y hay una transferencia de energía
a la postura receptiva. Esta es una percepción directa.
P.
¿Cuál es la diferencia entre la percepción de un bebé y la de un sabio?
¿Perciben am-bos directamente sin la interferencia de un ego?
R.
Sí. Ambos están igualmente libres de interferencia psicológica. En esto, el
sabio se vuelve como un niño pequeño. Pero el niño no conoce el objeto dentro
de sí mismo como sucede con el sabio. En un bebé, la percepción es instintiva y
no consciente, y puede haber identificación con el objeto. En aquél que conoce
su ser, la facultad de percibir se orienta espontáneamente hacia este
conocimiento. Todo funcionamiento se remite a él.
P.
La percepción pura, ¿se localiza en alguna parte? En otras palabras, ¿hay
todavía dualidad en la percepción consciente?
R.
La percepción es todavía una función cerebral porque aparece a través de los
senti-dos; pero, cuando no está fija en lo cerebral, se ve atraída a la
consciencia global con la misma ansia con que una polilla se ve atraída hacia
la luz. La consciencia global, sin embargo, es todavía una consciencia “de”, un
énfasis en el sujeto, una sensación de totalidad. Es perceptible para sí misma,
una sutil dualidad. No es conocerse uno mismo en sahaja, donde no hay énfasis
en el sujeto que es la fuente de todas las funciones y estados y no se ve
afectada por la presencia o ausencia de objetos.
P.
¿Podrías decir algo más sobre el paso del énfasis de la percepción a la
atención, del aspecto objetivo al subjetivo?
R.
Al principio, el objeto de la percepción está en el primer plano y la atención,
o el aspecto-sujeto, está en el fondo. Cuando la atención es apreciada y
sostenida mediante la relajación y la ausencia de intervención psicológica,
interpretación, juicio, análisis y demás, se expande y, en cierto momento, hay
una especie de implosión en la que el aspecto-objeto pasa al fondo y la
atención está en el primer plano. Ahora el énfasis está en el aspecto-sujeto.
El cambio del énfasis es la súbita liberación de una localización en el cerebro
hacia una “sensación” global más allá de los sentidos. Esta expansión es el
preludio inmediato a la disolución de la atención como percepción, o “yo”
expandido, en consciencia pura, donde ya no hay énfasis en un sujeto u objeto y
donde no hay calificaciones. A menudo se le llama equívocamente el sujeto
fundamental.
P.
Si entiendo correctamente, un así llamado objeto se revela como el contenido de
cuer-po y mente y, cuando dicho contenido se ve a su vez como objeto de
percepción, uno se queda simplemente en consciencia sin la actividad cerebral
de un motivo y una meta. Esto es un vacío de toda objetivización. Mi pregunta
es: ¿cómo puede el vacío ser plenitud? Uno puede conocer una ausencia de
objetos, pero sin duda ésta no es la plenitud de ser de la que tú hablas.
R.
Esta es una pregunta muy interesante. Cuando la última actividad de proteger
una imagen de “yo” ha caído en desuso, a uno simplemente le queda estar ahí.
Como tú has dicho, es una presencia sin dirección y sin actividad cerebral. En
este silencio sin dirección, ¿dónde estoy yo? El primer impacto puede que sea
el de sentirse perdido porque uno cono-ce una ausencia de actividad; ésta es la
parte negativa, a veces llamada “estado en blanco”. En este momento crucial
debes recordar que tú no eres un estado y familiarizarte con ese vacío no
direccional. Encuéntrate a ti mismo en la creatividad del silencio explorando
el campo no cerebral, lo que no tiene dirección. Entonces llega un momento en
el que no queda nada que observar y la, ahora, muy sutil división entre
observador y observado se desvanece espontáneamente. Esto es “ser meditación”,
donde nadie está consciente de nada. Nadie se mueve en la vida cotidiana. No
hay restricción de la individualidad. Sólo hay totalidad, entereza. Es un
no-estado. Entonces, cuando hace falta acción, aparece la acción; cuando es
necesaria el habla, aparece el sonido; cuando es preciso el movimiento, tiene
lugar el movimiento. Uno emplea sus facultades u órganos sensoriales cuando se
requieren. Todo, cada percepción, sensación o emoción surge de la totalidad de
tu calidad de ser.
P.
Allí donde los objetos ya no son objetos sino expresiones de la totalidad de
uno, la aparente independencia del mundo debe ser una ilusión.
R.
El así llamado mundo objetivo que nosotros damos por hecho se crea a cada
momen-to que tú lo objetivizas en tu pensamiento. Su aparente autonomía no es
más que una pro-yección. Decir que el mundo fue creado en cierto momento es
meramente información de segunda mano, lo que nosotros llamamos sentido común.
La verdadera creación es una prolongación, una expresión en el espacio y el
tiempo de la quietud que tú eres. Está en constante actualización.
P.
¿Cómo es que hombres como Enmanuel Kant o Einstein no pudieron llegar a
entender plenamente la naturaleza de la existencia?
R.
Kant reconocía que el mundo se conocía a través del cuerpo-mente pero todavía
se identificaba con este cuerpo-mente y proyectaba una cosa en sí hacia
“fuera”. Einstein no llegó a conocer la naturaleza de la existencia porque se
identificaba con ella. No es posible llegar a lo desconocido persiguiendo lo
conocido. Sólo podemos llegar a conocer todo lo que fundamentalmente no somos.
Jamás podemos, con la mente, conocer el todo; sólo podemos conocer partes.
Nuestro error original es identificarnos con nuestra estructura psicosomática y
no reconocer que ésta es también una percepción.
Cuando
la identificación con el cuerpo cesa, no hay fuera ni dentro, incluso el cuerpo
y todos sus sentidos, es reabsorbido en la globalidad a la que algunas veces se
llama último perceptor. Lo que es incognoscible en términos de percepción es
entonces conocimiento vivo. La aparente independencia del mundo está basada tan
sólo en la falsa idea que identifica la consciencia con el cuerpo. Cuando el
cuerpo se ve también como un objeto de la consciencia, ¿cómo puede haber un
mundo autónomo fuera de él? La infinitud no es simplemente una representación
geométrica. La infinitud de ser lo abarca todo.
P.
Has dicho que la atención pura está en el umbral de la consciencia. ¿Cuál es la
dife-rencia, entonces, entre atención y consciencia?
R.
La atención es todavía una función cerebral aunque libre de interferencia
psicológica. A medida que la atención se amplía, la función cerebral aminora y
la atención afluye a la consciencia. Una atención o una consciencia
completamente ilimitadas son una misma cosa.
P.
¿Es esta consciencia nuestra verdadera naturaleza?
R.
En la consciencia no hay la limitación de la función cerebral, pero hay todavía
una dualidad conceptual: “Soy consciente de algo”. Este algo es funcionamiento
global, energía incontaminada por la estructura cerebral y los sentidos. Aquí
te encuentras a ti mismo en el umbral de tu ser intemporal. Estás en la
proximidad de tu verdadera naturaleza, donde nadie es consciente de nada. Es el
fondo de toda función.
P.
¿Cómo pasa uno del umbral a la quietud, más allá de todo movimiento?
R.
No se puede cruzar el umbral mediante actividad alguna. Simplemente permanece
allí y serás espontáneamente llevado.
P.
¿Cuál es la naturaleza de esta permanencia?
R.
Es un “esperar sin esperar”, para emplear la expresión de Heidegger, un estado
de apertura sin meta ni motivo. Es semejante a un maravillarse, una admiración
sin objeto. Viviendo en una apertura incondicional, serás arrebatado por tu ser
esencial. Pero debes esperar a que éste te lleve. Tú no puedes ir a él.
P.
¿Hay todavía, en el umbral mismo, relación sujeto-objeto, dualidad?
R.
En el umbral del ser, la apertura es todavía una percepción. Es el perfume del
inevita-ble auto-conocerse. Morar en esta inevitabilidad proporciona una
tremenda relajación y des-prendimiento de todos los residuos de individualidad.
En este hallarse libre del pasado, la totalidad de uno se despliega y llega un
momento súbito en que ésta atrae hacia si los resi-duos que quedan de la
persona. Estos residuos, para entonces, han perdido su carácter concreto y
existen en este instante meramente como representaciones que después son
absorbidas para siempre por la luz magnética del puro ser. La individualidad,
el sentido de autoría y la memoria psicológica se desvanecen para no volver
más, y uno se encuentra establecido en la quietud de presencia sin la idea de
devenir. Después del despertar, no hay nada que ganar o perder.
P.
¿No hay sentimiento alguno después de tan trascendental momento?
R. A
nivel fenoménico, hay un sentimiento cercano al agradecimiento. Agradecimiento
por que sí, ya que nadie queda para dar y recibir gracias. Es ofrecimiento. Es
amor puro.
EL
ENFOQUE PROGRESIVO Y EL ENFOQUE DIRECTO
La
iluminación no es una experiencia
En
la aventura espiritual uno procede bien por la vía progresiva o por la vía
directa. Una vía te lleva de un punto a otro. Este es el procedimiento lógico
cuando quieres obtener algo. Pero no puedes obtener lo que ya eres.
En
la vía progresiva uno va desde la existencia relativa hasta el principio último
que po-demos llamar ser. Es un camino de purificación y eliminación y se
reconoce por etapas, es decir, a través de experiencias. En todas las
experiencias, uno permanece en la relación sujeto-objeto. Esta relación
sujeto-objeto es una expresión de vida pero no es la vida misma.
P.
¿Por qué dices que el camino en etapas o vía progresiva te mantiene en la
relación su-jeto-objeto?
R.
La progresión sólo se puede conocer a través de la experiencia, comparación e
inter-pretación; en otras palabras, a través de la memoria. Debe de haber un
centro de referencia; de otro modo, ¿cómo podrías hablar de etapas?
Todos
los niveles pertenecen a la mente. Pero, lo que tú ya y constantemente eres, no
es un nivel, ni un estado ni una experiencia. Estos niveles no son permanentes
y tienen un principio y un fin, pero tu verdadera naturaleza no tiene causa ni
tiempo. ¿Cómo entonces se puede alcanzar el no-estado a través de una serie de
estados? Estos estados pueden, bien es verdad, proporcionarte deliciosas
experiencias pero son azúcar para la imagen del “yo” y nada más. Las etapas son
una creación del ego para mantenerse vivo de una manera cada vez más sutil. Si
bien te proporciona una cierta purificación y eliminación, no pueden acercarte
ni un pelo al no-estado.
P.
¿Qué es un no-estado? Yo sólo conozco estados.
R.
Cuando quiera que la imagen del “yo” está ausente, como en los momentos de
asom-bro, embelesamiento, amor o admiración, en los que no hay tiempo ni
espacio, hay un no-estado. En él siempre está el elemento sorpresa. No se puede
predecir ni alcanzar. La admi-ración o el embelesamiento es el fondo de toda
percepción. Es amor, el origen de todo dar.
P.
¿No hay objetos de admiración tales como la sensación de unidad, por ejemplo?
R.
Cuando admiras alguna cosa , estás en una relación de separación. Permaneces en
la cantidad y la comparación. En el verdadero admirar, la percepción y tú sois
uno. No hay nadie para admirar ni nada que admirar. Todo es expandido, luz, sin
centro ni periferia. No estás en ninguna parte. La admiración se solaza en su
propia calidez. No hay referencia a lo ya conocido. Es un gesto inesperado
libre de motivo y de resultado. En la admiración no hay adquisición, sólo
liberación. Es el sabor de ti mismo.
P.
La eliminación de los condicionamientos pasados, ¿no tiene lugar de una manera
pro-gresiva?
R.
Cuando procedes por etapas de lo relativo a lo definitivo, tu ego continúa
embarcado, hay obtención de fines en ello. Estás atado al objeto. Puede que
deshagas anteriores condicionamientos, pero no haces sino aprender otro nuevo,
¡uno que a menudo es menos flexible e interesante! Cuando pones aún el más
ligero énfasis en alcanzar, estás continuando con el hábito de objetivizar tu
libertad y tu gozo. Aún dices: “He experimentado esto”. Sigues siendo alguien
que hace algo. Sigues estando en fracción. Te tomas a ti mismo por un
prisionero con el objetivo de la libertad. Pero la misma premisa es una
ilusión. No hay nada que obtener, nada que perder.
P.
Entonces, esta relación con los objetos es un estado imaginado o hay alguna
realidad en ello?
R.
El constante intento de encontrarnos a nosotros mismos en las percepciones está
muy profundamente arraigado en nosotros. Pero, lo que fundamentalmente somos
nunca puede ser un objeto de percepción. No intentes liberarte del cuerpo. La
idea de llegar a liberarte del cuerpo pertenece al cuerpo. Acepta la percepción
de tu cuerpo. Acéptala, de verdad, funcionalmente, sus sensaciones,
sentimientos, reacciones, tensiones. No te contentes con las ideas, con lo que
se dice por ahí. Cuando mires más profundamente verás que no es otra cosa que
los cinco sentidos. Cuando los sentidos estén liberados del ego controlador, te
encontrarás con un cuerpo que es completamente homogéneo. La mente es una jaula
pero, cuando miras de verdad, no puedes ver ningún prisionero.
P.
¿Cuál es el resultado del enfoque progresivo si uno permanece atado a la
relación su-jeto-objeto?
R.
El resultado de todas las vías progresivas es lo que podemos llamar “estado en
blan-co”. Cuando discurras a través de niveles y experiencias nunca sales del
esquema de intentar objetivizar tu verdadera naturaleza. Puede que encuentres
muchos objetos interesantes, diferentes centros de energía, toda clase de
sentimientos extáticos y dramáticos. Puede que tenga lugar cierta purificación
pero, inevitablemente, te ves arrastrado a un momento trágico. La etapa final
sólo puede ser la ausencia de todos los objetos conocidos. Es eliminación
completa pero, a causa del hábito de objetivizar, haces de la ausencia un
estado, un estado en blanco. Estás atado todavía a una sutil relación
sujeto-objeto y es muy difícil que esta última sea reabsorbida en el no-estado.
P.
¿Quieres decir que no necesitamos estar vacíos de objetos para llegar a la
quietud que hay detrás de todo fenómeno?
R.
El estado en blanco sigue siendo un estado en el que tú entras y sales. Cuando
voluntariamente has reducido todos los objetos conocidos a un último objeto, la
vacuidad, te hallas en un tremendo enigma: hay presencia en la ausencia de
objetos, pero esta presencia no permanece en la presencia de objetos.
P.
¿Por qué llamas trágico al estado en blanco?
R.
En la presencia de la ausencia uno vive en un desierto, porque ha empleado la
voluntad para renunciar a los objetos. En cierta manera, uno se halla fijado en
la ausencia de objetos. Esta ausencia es un estado sin sabor. Puede tratarse de
la “Noche oscura del alma” de San Juan de la Cruz. Es de lo más trágico
sentirse abandonado en el vacío sin conocer la plenitud, el silencio, que no se
ve afectado por la ausencia o presencia de fenómenos. En la verdadera renuncia
no hay voluntad. El objeto se renuncia a sí mismo mediante el entendimiento.
P.
Has dicho que la existencia es la película y nosotros somos la luz que hace
posible la película. ¿A qué llamarías el estado en blanco en esta analogía?
R.
El estado en blanco es la pantalla vacía. Cuando, mediante la voluntad, has
vaciado la pantalla de todas sus imágenes, estás fijado en la vacuidad. Por
haber estado concentrado en la pantalla, resulta difícil en este momento darse
cuenta de que lo que tú eres no tiene nada que ver con la pantalla. Afrontas
ahora la vacuidad y no puedes sentir, detrás de ti, la luz, la plenitud que
sistemáticamente has ignorado. Los caminos progresivos comienzan con la
pantalla y sus imágenes, la aceptada noción de la existencia dual, sujeto y
objeto. A través de un proceso de observación, de eliminación, desvelando o
explorando el objeto, uno lucha por llegar a la totalidad. Pero, prácticamente,
una vez que has adoptado la dualidad como punto de partida, es decir, la actitud
de estar atado a la percepción, es improbable que seas capaz de salir de ella.
La práctica no hace más que reforzarla. En la vía directa, uno va
inmediatamente a la totalidad y cada percepción se ve sólo a la luz de la
totalidad. Aún cuando ésta todavía no sea realidad para ti, tú procedes como si
lo fuera. Esto es muy importante.
P.
¿Así que no hay nada en absoluto que podamos aprender de las experiencias?
R.
Aprenderás mucho más preguntándote a ti mismo qué es exactamente una
experien-cia. ¿Realmente experimentamos una situación o sólo experimentamos
nuestras reacciones a ella? En general, ni siquiera sentimos nuestra reacción
inicial. Demasiado a menudo la mente evita sus propias reacciones escapando de
muchas maneras tortuosas. Esta doble reacción es lo que generalmente suponemos
que es la vida o la experiencia.
P.
¿Puedes darme un ejemplo de doble reacción?
R.
Has tenido un mal día de trabajo y, cuando llegas a casa, gritas a los niños
que están jugando ruidosamente como de costumbre. Tu estado de ánimo está
meramente buscando una vía de desahogo. Las reacciones tienen lugar casi
constantemente a un nivel más sutil. Tal vez te encuentres con alguien y éste
te recuerde a otra persona, de modo que no ves realmente a la persona con quien
estás. O quizás te aburres y no lo sepas porque evitas enfrentarte a la
carencia llenando tu tiempo de actividades. Para experimentar algo plenamente,
la mente debe estar vacía, libre de memoria, de emotividad, de deseo de obtener
y de expectativas. Lo que llamamos experiencia es generalmente la repetición de
sensaciones o las proyecciones de la memoria. La repetición mecánica produce
aburrimiento y mucha gente, en lugar de afrontar las raíces del aburrimiento,
busca supuestamente profundos estados “espirituales”. En este sentido, la
búsqueda mística se disfraza de búsqueda espiritual. Al final, la mente termina
adorando sus propias fabricaciones. Está hambrienta de satisfacción, pero la
satisfacción y el placer no son más que sensación no absorbida.
En
el campo de la tecnología cierta cantidad de acumulación es necesaria, pero
esto no crea un problema. En el plano psicológico, sin embargo, la acumulación
de lo que llamamos experiencias simplemente fortalece el ego. Para que tenga
lugar un verdadero acontecimiento, nuestros gustos y disgustos, puntos de vista
y apego a la estructura placer-dolor deben finalizar. La palabra “experiencia”
tal como la utilizamos en nuestro lenguaje posee un principio y un fin. Es
discontinua, un estado en el que entramos y salimos. Pertenece a un
experimentador. Una verdadera experiencia, por tanto, es en realidad una
no-experiencia puesto que no hay agente experimentador. Estriba en la
totalidad, no en el tiempo y espacio. No deja ningún residuo como memoria, no
es comparable y no puede buscarse. Una no-experiencia aparece espontáneamente
en la primera apertura. Es el fondo de todos los estados. Uno conoce esta
no-experiencia a partir de momentos en la vida en que todo se ha hecho y no hay
proyección alguna para lo siguiente, en que tu mente se halla completamente
desequipada. Generalmente, tú sientes la ausencia de equipo como ausencia de
algo. Objetivas la ausencia, permaneces en relación con ella. No enfatices la
ausencia. Llega a la ausencia de la ausencia.
P.
¿Qué es samadhi? ¿Pertenece éste a la vía progresiva o a la directa?
R.
Samadhi es la armonización con una representación que estimula en ti una
emoción muy profunda como, por ejemplo, plenitud, paz, alegría, Dios, amor, la
Madre Divina. Al final, la representación se vuelve muy transparente y fugaz.
Pero Samadhi sigue siendo un estado en el que entras y sales. Hay todavía un
sujeto que es consciente de las formas más sutiles. Samadhi pertenece
principalmente a la vía progresiva. En la vía directa puede tener lugar
accidentalmente, pero no se le da importancia porque no tiene nada que ver con
el no-estado, sahaja. ¿Conoces la historia del gran yogi que pidió a su
discípulo su vaso de agua y, mientras el discípulo se lo estaba sirviendo, él
se sumió en un profundo samadhi? Así permaneció durante treinta días y pronto
se vio rodeado de admiradores. Cuando salió de su estado, ¡pidió un vaso de
agua!
P.
¿Es kundalini una experiencia también, como samadhi?
R.
Kundalini pertenece a una técnica. Existe todavía la creencia de que hay algo
que al-canzar, algo que encontrar. Puedes ir hasta el fin de la purificación
del cuerpo, pero todavía te quedas con el cuerpo purificado vacío. Como ya
dijimos, cuando estás acostumbrado al enfoque progresivo, es muy difícil que
este último objeto se desvanezca en el observador. Toda práctica pertenece a la
mente. En la práctica, tu intelecto pierde su sensibilidad y flexi-bilidad
porque se le pone en un marco.
P.
Sin alguna clase de disciplina, ¡siento que no cambiaré en absoluto!
R.
¿Quién no va a cambiar? ¿Qué no va a cambiar? Empieza por cuestionar tu deseo
de cambiar. Tus prácticas no son más que un escape para no afrontar la primera
cuestión. Puede que a través de la disciplina alteres la posición de todos los
objetos de tu mesa, pero eso es un cambio superficial. ¡La verdadera
transmutación llega cuando vuelcas la mesa y todos los objetos se caen de ella!
Observa que estás constantemente escapando para no enfrentarte a tu ego con la
cabeza por delante. La mente es astuta y te seduce, haciéndote seguir muchos
caminos en vez de liberar el control que ejerce sobre ti. Cuando ves algo con
claridad, el esquema pierde su poder. Ningún intento, por grande que sea, puede
llevarte a la claridad de visión. Cuando ves tu mecanismo claramente, la
energía, el eje de tu ser inmediatamente se desplaza y tiene lugar una
transformación.
P.
Este afrontar inmediato, ¿es la vía directa?
R.
Como hemos dicho, en la vía directa, que hablando con propiedad no es una vía,
afrontas el principio fundamental inmediatamente. Aceptas como una posibilidad
lo que has oído, que no eres un cuerpo, sentidos y mente sino la luz de todas
las percepciones. La suposición básica de la vía directa es que tu no-estado
global ya está ahí, es natural en ti y “espera” la relajación profunda de los
hábitos de la mente y el cuerpo. Esto es , Dios, la gra-cia, la presencia que
aparece en las aberturas que tienen lugar entre tus búsquedas egoís-tas. Está
siempre presente. Cualquier movimiento para alcanzarla es, de este modo un
ale-jamiento porque, cuando deseas algo, supones que ese algo te falta. Ningún
esfuerzo puede persuadir a la Presencia para que aparezca. No hay evolución
espiritual. Tu ser natural no está en el proceso de devenir. Cuando estás
convencido de esto, ello aporta una nueva dimensión al vivir, una apertura que
está más allá de todo devenir. En la vía directa, vives con esta dimensión
desde el principio. Entonces, no hay nunca un énfasis en el objeto, en la
percepción. Todos los objetos aparecen y desaparecen en el fondo y sólo sirven
para revelar dicho fondo. Jamás puedes obtener lo que eres. Se revela por sí
solo.
P.
Hablas de observación, de ser el conocedor, lo que podría interpretarse como
una es-pecie de introversión; por otro lado, dices: “deja que la sensación
surja, entrégate a la per-cepción”. ¿Cómo puede uno resolver esto?
R.
Los términos “introversión” y “extroversión” han sido creados por la psicología
moder-na. Algunos dicen que todo cuanto se percibe pertenece a la extroversión
y el último perceptor se remite a la introversión. Pero, cuando miras al último
perceptor, no puedes hablar de dentro o fuera ya que no pertenece ni al espacio
ni al tiempo. De modo que no podemos emplear estos términos de introversión y
extroversión en nuestra forma de pensar.
En
el Yoga sutra de Patanjali, la palabra pratiahara se traduce a menudo como
“omisión de los sentidos”. En este dejarse llevar hay una expansión sin más
concentración. Cuando el énfasis ya no está fijo en el objeto, en los sentidos,
sino que está en la propia atención multidimensional, llega un momento en que
aquéllos se despliegan por completo y quedan súbitamente absorbidos en la
consciencia no dimensional. Aquí, no hay objetivo ni resultado a alcanzar, no
hay satisfacción ni placer, ya que esta consciencia es en sí lo que estás
buscando.
Al
dejarse llevar se libera una tremenda energía, energía que estaba fija por
medio del hábito. Esta entonces se reorquesta y encuentra su equilibrio en tu
totalidad. Hay integración y los sentidos ocupan automáticamente su lugar
correcto en la sinfonía de la vida. Todo cuanto se percibe vive en ti pero tú
no vives en ello. No hay nada “fuera”. Todo el misterio de los seres humanos
está en ti. El mundo está en ti. No hay progresión alguna. Sólo debemos saber
cómo mirar. El problema no está en el mundo sino en nuestra forma de mirar.
P.
¿Qué importancia tiene el entendimiento intelectual en la vía directa?
R.
El entendimiento es indispensable en la vía directa. Es tarea del intelecto
reconocer sus límites y recordarte que lo que tú eres no es un concepto o una
experiencia. El científico enfatiza el mundo de los objetos. Existe el reflejo
de expresar su conocimiento inmediatamente, de decir “entiendo”. Pero el
verdadero buscador de la verdad vive en la intuición global que precede al
“entiendo”. Sabe que aquella no se puede objetivizar. El intelecto estriba en
la consciencia global y, en su transparencia, todas las percepciones se remiten
a la consciencia de manera que, en el momento en que la consciencia está vacía
de todo objeto, esta vacuidad se remite también a la consciencia. No se hace de
ella un objeto sino que queda reabsorbida en el fondo, sahaja, la luz de la
actividad y la no-actividad. En la vía directa, por tanto, el estado en blanco
nunca está actualizado. El movimiento de la vacuidad a la plenitud es el
momento de gracia.
P.
Todavía hay eliminación del ego en el camino directo. ¿No es éste, en cierto
sentido, también progresivo?
R.
Vivimos en el tiempo y en el espacio. Aunque el eje se desplace en un momento
dado, los hábitos pasados tardan tiempo en desaparecer. Accidentalmente, por
tanto, utilizamos elementos de progresión para clarificación como, por ejemplo,
el trabajo corporal de sentir que realizamos. El énfasis, sin embargo, jamás
está en el objeto sino en el supremo no-estado. La percepción se afronta
abiertamente y, en esta apertura, el objeto es exaltado y nos cuenta su
secreto. El objeto es un espejo, un indicador, del mismo modo que sabemos que
la luna está en el cielo cuando la vemos reflejada en el agua. La indicación
del objeto es una especie de júbilo en la vía directa. Es a través del objeto
como se revela el sujeto fundamental. La presencia de objetos encuentra su
verdadero significado en la presencia que es tu verdadero ser.
En
la vía progresiva evalúas cada fracción a una nueva posición. En la vía directa
esta-bleces una no-relación con el objeto. Este pertenece entonces a tu
integridad.
P.
¿Cómo entiendes el proverbio Zen que dice: “Primero hay montañas, después no
hay montañas, y después hay montañas de nuevo”?
R.
Primeramente, sólo eres consciente de los objetos. Estás identificado con las
monta-ñas. Después te das cuenta de que los objetos existen porque son
percibidos, porque tú eres. La atención está entonces en el perceptor, no en
los objetos. Pero enseguida el intelecto te recuerda que el perceptor que puede
ser percibido es también un objeto y te ves arrebato por el último perceptor,
la propia consciencia, el “no hay montañas”. Esto es per-cepción directa. Pero,
en tanto el cuerpo exista en el espacio y el tiempo, los sentidos fun-cionarán
espontáneamente en el mundo. Sin las restricciones que un perceptor les impone,
las percepciones sensoriales se despliegan y otra vez hay montañas. Estas ya no
son percibidas como objetos sino como facetas de una armoniosa Realidad. Ya no
son una objetivización en el espacio sino una extensión del silencio,
expresiones de la totalidad que tú eres. Es una distribución de energía en ti
mismo completamente nueva.
P.
¿Cómo trata la vía directa con el reflejo mecánico del cerebro hacia la
sucesión y la progresión?
R.
Aparecen vislumbres de la realidad y, cuando el énfasis está en el fondo —la
fuente de los vislumbres— y no en concretizarlos en una etapa, los reflejos
mecánicos de interpretar se disuelven por falta de uso.
En
la vía progresiva, uno se remite constantemente a la experiencia mediante la
compa-ración con su estado anterior. Permaneces en tu propia oscuridad. El
énfasis está en avidya, la ignorancia. En la vía directa, no enfatizas la
ignorancia sino que miras a la luz, a vidya. Es cuestión de dónde pones el
acento.
P.
¿Difiere la meditación en una y otra vía?
R.
Absolutamente. En el enfoque progresivo, la meditación es una disciplina para aquietar
la mente y llevarla a la ausencia de pensamiento. Pero la mente nunca puede
estar permanentemente quieta. Asociar no-pensamiento con silencio es una falsa
identificación. El silencio está más allá de la presencia y ausencia de
pensamiento.
No
se puede nunca intentar estar quieto. No se puede jamás intentar meditar.
Cuando ves lo que parece no estar quieto en ti, tu propio ver, procede de la
quietud. Sólo desde la quietud puedes sentir agitación, nerviosismo, etc. Si
estuviese en la agitación ¿Cómo podr-ías saberlo? Cuando estás en un tren
viajando a doscientos ochenta kilómetros por hora no tienes ninguna sensación
de la velocidad. Pero, si tu estás en tierra, ves pasar a éste como un rayo.
En
la vía directa, el meditar sentado se utiliza solamente como un laboratorio
para obser-var cómo funciona tu mecanismo. No das a lo que observas dónde
agarrase, de modo que desde el principio el énfasis está en escuchar y
observar. En otras ocasiones, la palabra “meditación” se refiere a tu fondo, a
la quietud de presencia en la que todo aparece espontáneamente.
P.
Leo una vieja historia judía que cuenta la diferencia entre la meditación como
disciplina para aquietar la mente y la meditación viva como fondo de la acción
y no-acción. Una vez vivían un padre y un hijo y ambos eran grandes sabios,
pero el padre era el más grande. Un día éste pasaba por delante de una casa y
oyó llorar a un bebé. Entró y vio a su hijo inmerso en meditación mientras su
niño lloraba en la cuna. El padre dijo a su hijo: “Hijo mío, no sabía que
tuvieras tan poca cabeza. Cuando estoy en meditación puedo oír incluso una
mosca revolotear alrededor.”
MEDITACION
Donde
hay meditador, no hay nada en que meditar
La
meditación no es una forma de actividad mental o física. Tampoco podemos decir
que la meditación se sitúe en el campo del conocimiento objetivo. No es algo
perceptible. No se expresa en el ámbito de la existencia, la energía o el
movimiento, sin embargo es un no-estado más allá de todos los estados. La
meditación es la fuente, el origen de todo lo dinámico y lo no dinámico. Así
que, claramente, no es una función, no es algo que uno pueda hacer.
La
meditación trae consigo un nuevo modo de vivir de instante en instante, un
vivir que no puede dividirse en compartimentos: un tiempo para el trabajo, un
tiempo para comer, un tiempo para la meditación y así sucesivamente. No se
puede entrar y salir de la meditación. Ella es el soporte de toda actividad. En
la diversidad de la vida diaria, el fondo sigue siendo siempre el mismo y todas
las actividades son expresiones espontáneas de este fondo.
En
la meditación, el vivir es espontáneo. La vida discurre sin referencia a un
centro con-trolador, un ego. La imagen de “yo” busca la supervivencia en las
situaciones. Busca seguridad en la repetición y los esquemas adquiridos de
comportamiento. Se esfuerza por hacer de todo lo nuevo y desconocido algo
conocido. En tanto que este sentido de individualidad “controlador” esté
funcionando, jamás podremos llegar a un vivir espontáneo, al no-estado del que
mana todo estado.
La
meditación es el fondo de todo hacer, de toda actividad. A menudo se interpreta
como un renunciar a la actividad. Pero detener la mente no es meditación. Esta
misma renuncia no deja de ser una actividad. La meditación es la quietud que
hay más allá de toda actividad y la así llamada no-actividad.
La
meditación lo incluye todo: todas sus expresiones están dentro de sí misma.
P.
Dices que somos meditación y que proceder a meditar es alejarse de la
meditación. Si no es algo que yo pueda hacer, ¿Cómo puedo estar más allá de
toda acción?
R.
Simplemente sé consciente de que casi siempre estás en el hacer, de que
controlas, produces, juzgas, interpretas. Date cuenta también de que, cuando
intentas evitar algo, esto sigue siendo una actividad y pertenece a aquello
mismo que estás intentado evitar. No pue-de haber transformación mediante el
intento. La meditación no es tranquilidad mental. Pue-des detener tu
pensamiento mediante la disciplina, pero eso no es una mente libre. Tan pronto
como llegas a ver esto de verdad, has salido del proceso.
P.
Muchas tradiciones enfatizan una práctica sistemática de la meditación. ¿Hay
algún valor en esto?
R.
La meditación no es algo que se practica de siete a ocho de la mañana y de
cinco a seis de la tarde. Para aprender algo práctico como una lengua o un
instrumento musical, uno necesita práctica. Pero no puedes practicar lo que
eres. Uno practica en pos de un resultado en el espacio y el tiempo, pero
nuestra naturaleza fundamental no tiene causa ni tiempo. En el momento en que
intentas meditar hay una sutil proyección de energía y tú te identificas con
esta proyección.
Cuando
te haces sensible a las solicitaciones del silencio, puedes ser llamado a
explorar la invitación. Esta exploración es una especie de laboratorio. Puedes
sentarte y observar el ir y venir de las percepciones. Sigues estando presente
a ellas pero no las sigues. Seguir un pensamiento es lo que le mantiene. Si
sigues presente sin hacerte cómplice, la agitación disminuye por falta de
combustible. En la ausencia de agitación te ves arrebatado por la resonancia de
la quietud.
Es
como estar solo en el desierto. Al principio escuchas la ausencia de sonidos y
la lla-mas silencio. Después, tal vez te veas súbitamente arrebatado por la
presencia de la quie-tud, donde tú y el escuchador sois la misma cosa. Este
cambio de perspectiva muestra ante ti de primera mano lo que hasta ahora
aceptabas de segunda mano como una posibilidad: que no hay meditador, que la
idea de un meditador que medita es sólo un producto de la mente, una quimera de
la memoria. Este descubrimiento es el punto en que el intelecto llega a un
punto muerto y tú te ves capturado por ese silencio que es el lienzo para toda
la paleta de percepción. En este momento ya no sentirás la necesidad de
experimentar en tu laboratorio. La tranquilidad se integra cada vez más en la
vida cotidiana.
P.
Entonces, ¿hay un lugar en la vida cotidiana para sentarse a meditar?
R.
Nuestro estado natural es la quietud, pero tú sólo te conoces a ti mismo en el
hacer, que oculta el fondo de tranquilidad. Toma nota del deseo de sentarte a
meditar. No lo deten-gas, apartes, evites ni controles. Contémplalo como
contemplas las olas del océano. Pero ten cuidado. Puede que pienses que estás
mirando a las olas cuando el mirar es todavía una idea. En la contemplación
completa no hay interferencia psicológica bajo la forma de interpretación,
emotividad o distanciamiento. No hay introversión de los sentidos. Estos siguen
estando ahí mientras tengas oídos, ojos y nariz. Si te propones liberarte de
los sentidos, de la agitación, sigues proyectando un “afuera”, un otro. Ello
refuerza la relación sujeto-objeto.
Cuando
estés alerta verás que hay en tu vida cotidiana breves momentos en que la
tran-quilidad aparece. Si no ignoras esta quietud y te dejas llevar por ella,
cada vez te solicitará más y aflorará en ti el deseo de ser esta quietud
conscientemente, es decir, continuamente. De este modo, la meditación te atrae
hacia sí. Llegarás a ver que, aunque ocasionalmente la mente pueda estar
quieta, su naturaleza es movimiento, y esa tranquilidad real es la fuente de la
función y la no-función por igual.
P.
Mi vida es tan ajetreada que ni siquiera me doy cuenta de estos momentos
tranquilos de los que hablas. ¿Cómo entonces puedo comenzar a ser arrebatado
por ellos?
R.
Es importante, en un principio, que aceptes la posibilidad de que tu verdadera
natura-leza sea tranquilidad, silencio. Entonces estarás abierto a una nueva
perspectiva.
Empieza
a darte cuenta de que, en el instante en que un deseo se cumple, hay un
mo-mento fugaz de ausencia de deseo en que no queda ningún pensamiento. Este
momento libre de deseo es de la misma naturaleza que el silencio que
continuamente eres. Es una pequeña ventana a cuyo través, si miras, afluye luz
a tu habitación sombría. La misma quietud aparece en el espacio que hay entre
dos pensamientos o cuando se ha llevado a cabo una acción y no hay nada que
hacer inmediatamente después. Esta quietud es realización.
En
la vida diaria hay momentos en el que el proceso de pensar se detiene de un
modo natural. Pero no se trata de una ausencia de producción. Uno se siente
completo porque no ha habido ninguna voluntad involucrada. Toma nota justo
antes de dormir, cuando el cuerpo renuncia a ser un cuerpo. Es como el sol
poniente. Tú observas el sol y te sientes a ti mismo como el que ve. Así, si
observas cómo tu cuerpo se disuelve en la totalidad, tal vez haya momentos en
que te sientas todavía despierto. Por la mañana, cuando el cuerpo se despierta,
es como el sol naciente. Deja que el cuerpo se despierte lentamente. Entonces
verás que ya estás despierto antes de que el cuerpo reaparezca. Esta conciencia
que no está asociada con el cuerpo-mente es la misma que aquélla que hay entre
pensamientos y deseos.
P.
Cuando sigo las solicitaciones de estar quieto y me siento en silencio, me
quedo dor-mido. ¿Qué puedo hacer para evitarlo?
R.
Primero, has de ver que estás dormido en la vida diaria, que tu mirar es más
que nada memoria, que no investigas, no exploras de verdad. Los objetos que se
ven a través de la memoria se vuelven aburridos porque la memoria es lo ya
conocido. Date cuenta de esto. En la realidad, cada aparición es nueva pero la
imagen de “yo”, que halla seguridad en la repetición, es la causa de la
anticipación en tu mirar. Cuando realmente ves un árbol, todo tu ser está en
ello. No sólo ves las hojas y las ramas; sientes supervivencia en el árbol, su
dinamismo, el deseo de tomar luz, su sufrimiento tal vez. El árbol se convierte
en un secreto abierto que tú encuentras fascinante. Si no estás despierto y
alerta, dormirás con tu proyec-ción.
P.
En el laboratorio de la meditación, ¿hay una buena postura para llegar a una
mente tranquila?
R.
Ten esto claro. Ninguna postura puede ayudar o dificultar el estar en quietud
pero, del mismo modo que cuerpo y mente son todo uno, un cuerpo relajado te
lleva a una mente tranquila. Toda postura que sea cómoda es la postura
correcta.
P.
¿Qué hay de las técnicas que emplean objetos para la meditación?
R.
Todas las técnicas apuntan a aquietar la mente. Pero, de hecho, embota la mente
el fijarla en un objeto. La mente pierde su alerta y sutilidad naturales. Deja
de ser una mente abierta. La meditación no consiste en meditar en algo. El
centrarte en un objeto te mantiene preso en lo conocido. La meditación
pertenece a lo incognoscible.
Tranquilizar
la mente mediante técnicas puede proporcionarte un cierto estado de relax pero,
en el momento en que lo dejas, el problema de la vida diaria continúa. La
práctica de meditación regular tal vez te familiarice con un estado de paz que
recuerdes en la vida coti-diana. Aparentemente vives con menos agitación, pero
esta relajación sigue siendo un estado del que tú eres consciente. Es un estado
de dualidad. Si bien posee valor terapéutico, nada tiene que ver con nuestra
verdadera quietud. Ya que sigue perteneciendo a una función.
Una
mente tranquila, un estado relajado, es un objeto de la consciencia, una
fracción, y una fracción nunca puede llevarte al todo. Tal vez te proporcione
un vislumbre de tranquili-dad, pero existe el gran peligro de que, si procedes
de esta manera, te quedes fijado en la percepción. Para todas las enseñanzas
progresivas, la transición del sutil estado de profun-da relajación al
no-estado permanente sigue siendo un enigma.
P.
Cuando me siento en silencio, afloran muchos pensamientos y sentimientos. ¿Cómo
debo afrontarlos?
R.
Lo que aflora son residuos del pasado acumulados mediante la ensoñación.
Permanece presente a ellos, libre de todo motivo para suprimirlos. Si los
pensamientos que surgen se remiten a un centro serán empujados al inconsciente
o remitidos a lo ya conocido. Los residuos cobran vida mediante asociación de
ideas.
Todo
lo que surge es conflicto, creado por el reflejo de tomarse a sí mismo como una
fracción, una entidad separada. Cuando deja de haber un centro de referencia,
estos conflictos emergen como burbujas desde el fondo del océano y, no hallado
ningún obstáculo en la superficie, desaparecen para siempre en el espacio vacío
de tu estar presente.
La
eliminación jamás puede tener lugar a través del análisis. Sólo puede tener
lugar en tu plena conciencia sin la obstrucción de la mente. La transmutación
sólo puede tener lugar en la Presencia.
P.
¿Quién es aquél que quiere meditar?
R.
El objeto de sentarse a meditar no es otro que encontrar al meditador. Cuanto
más busques, más te convencerás de que no se puede encontrar.
Primero,
investiga sobre tu necesidad de meditar. ¿De dónde viene realmente esta
necesidad? Del deseo de estar realizado, de estar tranquilo. De modo que la
necesidad de meditar proviene de un sentimiento de falta. Haz de esta falta un
objeto de investigación. ¿Qué es? Una falta de totalidad.
Te
tomas a ti mismo por un meditador, una entidad en el espacio y el tiempo, y
tratas de llenar este aislamiento meditando. Pero el meditador solamente puede
meditar sobre lo que ya conoce y él mismo pertenece a lo conocido. Es un
círculo vicioso.
Fundamentalmente,
tú no eres nada, pero no te das cuenta de ello y proyectas energía en buscar lo
que eres. Es un movimiento centrífugo que te aleja de tu propio terreno.
Cuando,
mediante la auto-investigación descubres que el meditador no existe, toda
acti-vidad deja de tener objeto y tú llegas a un estado de no persecución de
objetivos, una aper-tura a lo incognoscible. El dinamismo de producir se
detiene y toda la energía proyectada y dispersada en la persecución de fines se
libera y vuelve a su estado natural, libre de fijación o límites. Te encuentras
entonces a ti mismo en un estado en el que todos los puntos de referencia se
han desvanecido.
P.
Yo he sentido la necesidad de entrar en un retiro silencioso. ¿De dónde viene
esta ne-cesidad?
R.
Del mismo silencio. Profundiza en la necesidad de estar en silencio y no en la
interfe-rencia mental de cómo, dónde y cuándo. Si sigues el silencio hasta su
fuente, puedes ser arrebatado por él en un momento.
P.
Tengo un deseo de quedar en silencio durante largo tiempo, porque no hablar me
ayu-da a ver más claramente la agitación de la mente.
R.
Silencio es estar libre de producir. ¿Qué necesidad hay de renunciar al habla
durante unos meses? No llegarás a entender más, con ello, la naturaleza de la
mente y de toda la existencia. La abstinencia de producir voz no es silencio
porque el pensamiento continúa todavía su agitada marcha. Muchas personas, en
la India, se entregan a la abstinencia de habla, pero la maquina sigue
funcionando. Sólo podemos pensar mediante palabras. El pensar es una sutil
pronunciación en la que el sonido se siente pero no se articula, de modo que
abstenerse de hablar no tiene sentido. Hablar es hermoso. Nuestro cuerpo está
construido de habla. Cada parte, cada materia, tiene su propio sonido, su
propia vibración.
Un
brahmacharya no llega al verdadero silencio renunciando voluntariamente a las
fun-ciones naturales del cuerpo, sino tomando nota de toda actuación mecánica
para que no se desperdicie la energía. Cuando te acostumbras a escuchar, a
observar, comienzas a tomar tus sentidos y tus facultades de pensamiento como
vehículos. Lo importante es llegar a sa-ber cómo funcionas. Detener
voluntariamente la voz o los pensamientos es violencia. No tiene nada que ver
con la verdadera tranquilidad.
P.
¿Cómo puedo llevar mis pensamientos a la quietud?
R.
No forzándote a guardar silencio. Observa tan sólo que los alimentas mediante
el reflejo mecánico de la imagen de “yo”. Vives predominantemente en la
asociación de ideas y la interpretación. Cuando veas esto con claridad dejarás
de ser un cómplice y el gasto de energía disminuirá. El pensamiento se volverá
menos concreto y, lo que queda, lo sentirás como energía sutil, una especie de
impulso. La energía localizada en el impulso ya no será llevada a alcanzar el
cerebro para encontrar el símbolo, la palabra. Incluso este mismo im-pulso
terminará reduciéndose en tu observación. Entonces habrá una súbita
transferencia de énfasis que pasará del observar como percepción al observar
como ser. Lo observado que es energía fija, se disuelve en observación, en energía
sin concentración. Tienes la impresión de que el observar pierde localización y
tú te expandes en un espacio sin centro ni periferia. En esta vacuidad, en este
no-estado, todos los estados aparecen y desapare-cen.
Lo
primero es acostumbrarte a ver y escuchar sin interpretar. Manténte apartado de
lo ya conocido.
P.
¿Qué es la fijación en un solo punto?
R.
Tal como generalmente se entiende es lo mismo que concentración. Es centrarse
en un punto con exclusión de los demás. Esto se combina con la búsqueda de un
resultado. Una mente tranquila no es una mente sin pensamientos. Es una mente
sin agitación. El silencio no está en ninguna parte y en esta no-localización
aparece la función mental.
La
mayor parte del tiempo estás concentrado. Siempre está el reflejo de
encontrarte a ti mismo en alguna parte. En la concentración, tomas algo de la
percepción para ti mismo. En la observación real, no surge la necesidad interna
de localizar. Cuando no tomas nada de la percepción, ésta se disuelve en
atención.
Cuando
entres en una habitación, deja que los objetos te vean. No lleves tú la acción
de ver contigo. Entonces tu mirar se expandirá y será multidimensional. Sé
consciente de cuán a menudo te concentras, es decir, llevas contigo esquemas de
visión. Tu mirar no es fresco sino condicionado. Cuando tu funcionamiento no
está concentrado, la energía se libera y despliega. Puede que te sorprendas
ante lo que aparezca.
P.
¿Es lo mismo contemplación que meditación?
R.
La investigación profunda conduce a la contemplación u oración. Por medio de
una dedicada contemplación podemos armonizar con la consciencia, la luz que
constituye todos los fenómenos. Esta luz es nuestra naturaleza intrínseca.
Nuestro ser está siempre brillando. Nuestra verdadera naturaleza es la
apertura, escuchar, liberación, entrega sin producción ni voluntad. La oración
o contemplación es una aceptación gustosa, libre de proyección y expectativa,
de demanda y formulación. Invita al objeto a desplegarse en ti y te revela tu
propia apertura. Vive con esta apertura, con esta inmensidad. Armonízate con
ella. Es amor. La ardiente contemplación te lleva a vivir la meditación tan
esencialmente que son una misma cosa.
P.
¿De dónde viene el deseo de ser el silencio conscientemente?
R.
El deseo proviene de lo que se desea. Es quietud atraída a sí mima en todas sus
ex-presiones. Es Amor que se ama a sí mismo en el Amado. No hay nada personal
en este deseo original.
El
silencio es el continuo en los tres estados, vigilia, sueño y sueño profundo.
En el sueño profundo se refleja la verdadera quietud. Cuando el cuerpo se
despierta por la mañana, decimos: “He dormido bien”. Dado que el cuerpo no
estaba presente en nuestra consciencia el dicho no se refiere al cuerpo.
Pertenece a la profunda quietud impresa en nosotros. De esta manera el sueño
profundo despierta el anhelo de paz y meditación en todos los estados.
P.
Si uno vive en este no-estado del que hablas, ¿cómo funciona uno en el mundo?
R.
La meditación, que es el soporte de toda actividad, no se ve afectada por
ninguna función. La función tiene lugar en el espacio y el tiempo y es
discontinua. Es experiencia. La meditación es intemporal y continua; es
no-experiencia. En la meditación no hay centro de referencia ni repetición. Es
una postura interior constante de tranquilidad. La acción vive en esta
tranquilidad. La tranquilidad no se ve afectada por la acción o la no-acción.
Puedes desarrollar todas las actividades de tu vida diaria sin que el fondo de
quietud se vea afecta-do. El fondo es diferente de la actividad o no-actividad,
así que no tiene objeto renunciar a una u otra para “alcanzar” el fondo. Cuando
vives en meditación, todo emana de la inherente inteligencia de la mente y el cuerpo.
Ya no eres propulsado por un centro condicionado. Quedas liberado para ser
realmente creativo. En la meditación viva, la tranquila luz de la inteligencia
creativa ilumina todo funcionamiento y le da verdadero significado.
EL
MAESTRO Y LA ENSEÑANZA
Cuando
no hay maestro hay enseñanza
Cuando
no hay alumno hay entendimiento
P.
Parece que hay algo que aprender o comprender para actualizar nuestro
potencial.
R.
Debemos distinguir entre aprender, acumular conocimiento y entender o conocer,
el discernimiento inmediato de nuestra verdadera naturaleza.
La
apropiación de datos es necesaria cuando se estudia un oficio, un instrumento,
una lengua y demás. Pero no podemos adquirir lo que fundamentalmente somos.
Sólo podemos reconocerlo. El reconocimiento es un acontecimiento instantáneo.
P.
¿Cómo puedo llegar a este reconocimiento?
R.
En la vida diaria hay vislumbres de tu estado consciente primal. Existen breves
mo-mentos en que estás en quietud, sin el dinamismo del devenir. Generalmente,
no prestas atención a estos momentos porque tiendes a conocerte a ti mismo
únicamente en relación con situaciones, acontecimientos y objetos. Cuando
reconoces estos momentos de quietud, te haces consciente de una nueva dimensión
en tu vivir, una dimensión no relacionada con suceso ni pensamiento alguno. Una
vez estás abierto a ella, esta dimensión aparece con mayor frecuencia.
Al
final verás que lo que parecía aparecer como momentos aislados es el fondo
continuo de todo hacer, pensar y sentir. Envolverá todo lo que haces y piensas
como un omnipresente eco. Es este eco lo que te lleva a buscar la fuente del
eco y a estar preparado para tener un guía en tu viaje.
P.
Pero, ¿acaso la mayoría de las personas no buscan un maestro mucho antes de que
el presentimiento de la autonomía les lleve a ello?
R.
Entonces están buscando por curiosidad, por rumores o porque está de moda. O
tal vez desean apoyo psicológico. Sólo estás maduro para un maestro cuando
vives en el pre-sentimiento. Esta indicación de tu verdadera naturaleza es el
gurú interior.
P.
¿Necesitamos un gurú exterior, un maestro espiritual, cuando tenemos un gurú
interior.
R.
Teóricamente no. Prácticamente sí, excepto en casos muy excepcionales.
Lógicamente, si nos entregamos totalmente al presentimiento, llegamos
automáticamente a lo que se pre-siente. Pero estamos condicionados a coger, no
a soltar. El apego a nuestra imagen de nosotros mismos nos impide entregarnos a
nuestra totalidad. Es el deseo profundo de ser permanentemente lo pre-sentido
lo que lleva a uno a estar preparado para el gurú exterior.
P.
¿Cómo puede uno buscar un gurú?
R.
No puedes buscar un maestro porque no sabes lo que buscar. Tú no puedes
entender ni concebir a un guía, solamente puedes buscar funciones secundarias,
nombres, representaciones externas, magia, poder, personalidad, etc. De modo
que no puedes intentar encontrar un maestro. Todo lo que puedes hacer es estar
abierto a que el maestro te encuentre a ti.
P.
¿Cómo podemos distinguir a los falsos profetas de los videntes?
R.
Estando abierto a lo último, libre de la búsqueda de un maestro físico, te
mantienes fuera del campo psicológico y sus proyecciones y transferencias. Un
maestro que se toma a sí mismo por maestro necesita de aquéllos que se toman a
sí mismos por discípulos. En la India, y ahora en los Estados Unidos, hay mucho
comercio de gurús y discípulos. Cuando hayas encontrado al gurú lo sabrás
porque éste no está fuera de ti y tú te harás cada vez más independiente. Si no
sientes profundamente tu propia autonomía, puedes estar seguro de que estás
atado por la proyección y la reacción.
P.
¿Podrías decir algo más respecto a cómo somos encontrados por el gurú?
R.
Eres empujado por una necesidad interior que brota directamente de lo
desconocido. Surgen preguntas: “¿Qué es la vida?” “¿Cómo liberarse de la
ansiedad?”, etc. Vienes bus-cando respuestas y, en cierto momento, te das
cuenta de que el gurú no es objetivamente cognoscible. En ese momento las
preguntas cobran vida propia. Las respuestas ya no se buscan desde fuera.
Encontrar al gurú es perder tu yo aparente en tu ser esencial. Lo que llamamos
“el gurú exterior” te ayuda mediante su pedagogía y presencia a perderte a ti
mis-mo. Al encontrarte a ti mismo te haces uno con él, o ella, y con todos los
seres vivos. El gurú externo representa simbólicamente tu verdadero yo. Una vez
has tenido la buena fortuna de oír que tú eres consciencia, el no-estado, y que
nada hay que necesites obtener o renunciar, no hagas de ello un objeto, una
actitud. Debe ser tan natural para ti como saber que eres un hombre o una
mujer. El gurú externo no es más que un indicador, así que no lo tomes por
ninguna otra cosa. ¡Uno no se apega a un poste señalizador!.
Muchos
vienen buscando protección, autoridad, una madre, un padre, un amante, un
doctor o un terapeuta. Investiga profundamente por qué vienes buscando. Verás
que la razón es una carencia. Debes afrontar directamente esa carencia y no
escapar mediante proyecciones. Una mente clara es también una mente en paz y,
si el maestro no te lleva rápidamente a la claridad intelectual, y a una mayor
autonomía, entonces vete. No te que-des, obligado por factores secundarios.
P.
Parece que, paradójicamente, el gurú desempeña un importante papel en el camino
di-recto.
R.
El gurú es sólo un catalizador para el despertar en una nueva dimensión.
Mediante la transparencia de su presencia, te recuerda que no se puede poner
énfasis en el objeto. Así, él nunca fomenta la concretización de su presencia.
Puede tener lugar alguna transferencia sentimental pero, dado que no puedes
hallar en él dónde agarrarte, termina por disolverse. De hecho, la vía directa
es autónoma desde el principio. Toda la energía que se ha gastado en prácticas
se disuelve en apertura. Mientras en la vía progresiva el “yo” se mantiene
sutilmente a través de experiencias, en la vía directa no se pone ningún
énfasis en la experiencia. El verdadero gurú no es otro sino tú. Te está
buscando constantemente, esperando el momento de la bienvenida para aparecer. El
así llamado “gurú exterior” es meramente una frase transitoria para mostrarte
que toda proyección es una ilusión. De este modo, el gurú exterior te trae
clarificación cuando proviene de la experiencia. Si el gurú exterior no es
completamente transparente, libre del ego y de la idea de ser un gurú, las
transferencias encontrarán un terreno donde agarrar y tú te harás más
dependiente. Si no te sientes que te estás volviendo autónomo, puedes estar
seguro de que no has encontrado un gurú.
P.
¿Qué es un maestro?
R.
Cuando llegas a establecerte en la verdad, puede que seas un maestro o no. El
ser un maestro requiere un cierto don pedagógico, la capacidad de atravesar la
mente directamente de modo que la respuesta llegue con el perfume del silencio
y desvele silencio en el que pregunta. Es la capacidad de ver dentro del
discípulo y saber instintivamente de qué manera presentar la enseñanza. No hay
enseñanza fija así como no hay discípulo fijo. De hecho, no hay maestro, ya que
el maestro es idéntico a lo que se enseña. Está establecido conscientemente en
su enseñanza y está en el corazón de su ser que él sabe que no hay nada que
enseñar.
Uno
que vive en su verdadero ser no se toma a sí mismo por nada. El lleva a su
discípulo a entender que no hay nada que enseñar. Esto crea una nueva
perspectiva: que no hay discípulo ni maestro.
El
discípulo se toma a sí mismo por una persona ignorante con algo que adquirir.
Cuando se enfrenta con la nada del maestro y la enseñanza, es llevado a
desprenderse de su deseo de ser alguien iluminado, espiritual, religioso, etc.
Es devuelto a sí mismo.
Compórtate
como alguien que no necesita ninguna enseñanza y que es libre, seguro y
satisfecho. Cuando piensas que hay algo que adquirir, vives en la carencia. Lo
único que hay que aprender es cómo enfocar.
P.
¿Es sólo por razones de lengua el que utilices “él” para referirte al maestro?
R.
¡Oh, absolutamente! la lengua es a menudo un problema porque procede
principal-mente de la mente discriminadora. El gurú es impersonal, es
consciencia, ni masculino ni femenino. ¡De modo que puede manifestarse como uno
u otro, o como cualquier cosa!
P.
Dices que no hay nada que obtener ni hacer para conocernos a nosotros mismos.
Eso está claro. Pero, ¿no se necesita cierta vigilancia para descubrir lo que
somos? Y, ¿no se le puede llamar esfuerzo? Ciertas tradiciones dicen que somos
como arpas que deben ser afi-nadas antes de tocarse.
R.
La investigación te lleva a una mente bien orientada. La energía que se
requiere pro-cede de la misma buena orientación. Investigar es afinar tu
instrumento. No se necesita ningún esfuerzo.
P.
¿Cuál es la naturaleza de la relación si no hay discípulo ni maestro?
R.
Todo devenir es una ilusión. Tomarse a uno mismo por algo es una restricción.
Todos los actos y pensamientos procedentes de una fracción son también
fraccionarios. Uno que vive en la totalidad no puede tomarse a sí mismo como
una fracción. Un maestro, está esta-blecido en la no-dualidad, sólo ve
no-dualidad. No da pie a que el así llamado discípulo sea algo. Sin las
restricciones de las personalidades, hay un encuentro en terreno mutuo. En este
encuentro, uno sabe exactamente dónde está pero el otro aún no lo sabe. Aquí
hay un momento mágico, intemporal y puede suceder que la única vela que está
encendida haga que la otra se encienda también. No se puede atrapar la verdad,
uno debe ser prendido por ella.
P.
¿Cómo tiene lugar esta transmisión de luz?
R.
La llama está potencialmente ahí. Cuando tu amado te sonríe, hay transmisión de
amor más allá del gesto físico. En la unidad del amor, tú sonríes en
involuntaria imitación.
P.
¿El discípulo es siempre consciente de la transmisión?
R.
El así llamado discípulo es consciente de momentos de plenitud con el así
llamado maestro, momentos en que hay un vacío de toda personalidad, una
apertura vacante. En-tonces está listo para recibir. La presencia del maestro
es en sí misma la transmisión. No hay intención alguna de transmitir.
Puede
haber momentos en que el discípulo se halle más libre que de costumbre de todo
cuanto él no es. El maestro puede aprovechar la oportunidad.
P.
¿Cómo se efectúa la transmisión al discípulo?
R.
La transmisión es intemporal pero puede tener lugar en cualquier momento del
tiempo. Las palabras del gurú están húmedas de presencia. Cuando las palabras
son oídas pero no fijadas en el cerebro por la memoria o interpretación, su
humedad permanece. Es la humedad que mantiene viva la palabra y, al mismo
tiempo, aniquila cuanto de concreto hay en ella. La presencia de la palabra
queda como un eco de tu propia presencia desconocida. La verdad se transmite
antes de la respuesta verbal. La expectativa de una respuesta a nivel
intelectual impide que la respuesta se concluya en ti. Unicamente puedes hablar
de respuesta cuando la sientes en ti. Las respuestas auténticas son de primera
mano. Cuando la mente se ve acorralada hasta un sincero “no sé”, entonces aparece
la respuesta viva.
P.
¿Cómo se hace conocida mi presencia desconocida?
R.
El perfume de la presencia mantiene vivas las palabras del gurú tanto tiempo
como éstas necesitan estar vivas. Esto puede ser un momento instantáneo en el
tiempo o muchos años. La palabra como un eco, un objeto-símbolo, permanece sólo
para revelar su fuente, la consciencia, la presencia que tú eres en común con
todas las cosas. En el momento de completa revelación, las palabras mismas se
disuelven en su origen: quietud.
P.
La disolución de la palabra, ¿es un proceso gradual?
R.
Pongamos esto claro. No es una progresión. No hay ninguna evolución de
presencia. La disolución de la palabra está vinculada al tiempo, pero la
presencia se ve simplemente cubierta por estas formulaciones. Cuando las
palabras ya no tienen dónde agarrase, la pre-sencia aparece instantáneamente,
del mismo modo que el sol brilla siempre por encima de las nubes.
Generalmente,
el condicionamiento es muy fuerte. La tendencia a mantener todo en la jaula de
la mente impide que las palabras del gurú adquieran su verdadero sentido. Puede
llevarle muchos años al intelecto soltar su asimiento. Pero las palabras del
gurú poseen un tremendo poder. Como dice el texto: Medita sobre ellas.
P.
¿Qué significa exactamente: “Medita sobre los dichos del gurú”?
R.
Vive con ellos. Las palabras están impregnadas de su fuente. Pero su poder sólo
pue-de ser efectivo cuando no son enturbiadas por el análisis, la
interpretación o la repetición mecánica. No se puede pensar nunca en las
palabras. Unicamente puedes dejar que cobren vida en ti. Las palabras llevan su
propio entendimiento. Deja que actúen en ti. La transposición espontánea puede
tener lugar a muchos niveles. Sólo a través de esta transposición espontánea a
todas las áreas de la vida se libera la palabra de sí misma y tú te despiertas
súbitamente en tu gloria.
P.
¿Sólo a través de las palabras y su disolución llegamos a un ser esencial?
R.
Puede haber ocasiones en que la disposición del discípulo es tan abierta y
libre de mente que sencillamente la presencia estimule la presencia del
discípulo. Llamamos a esto transmisión en silencio.
P.
Dices que no hay enseñanza y, sin embargo, hablas de “las palabras del gurú”.
R.
El lenguaje, el vocabulario, es un instrumento para proporcionar entendimiento
intelectual. El entendimiento intelectual y la renuncia a adquirir
conocimiento, alcanzar o llegar a ser algo deben ir juntos. Toda formulación no
es sino para llevar al intelecto a ver sus propias limitaciones a la hora de
tratar con lo que es incognoscible en términos de percepción y concepto.
Por
supuesto que personas distintas proceden de culturas y ambientes distintos y el
ma-estro, utilizando distintos enfoques, trata a cada uno de acuerdo con su
campo psicosomáti-co. Sólo se puede enseñar lo que es enseñable. Y lo que es enseñable
es el camino. La verdad y la luz no son enseñables. Así como el viento del
pensar equivocado cubre de nubes el sol, así sólo el viento del correcto pensar
puede descubrir el sol. La verdad y la luz son nuestra sempiterna naturaleza.
Al final, por tanto, no hay malos estudiantes sino sólo malos maestros.
P.
Con frecuencia dices que nosotros no somos el sujeto sino el testigo de la
acción. Esto parece ser crucial en tu pedagogía. ¿Podrías hablar más de ello?
R.
Cuando dices “He hecho esto” o “Estoy enojado”, has establecido una relación
perso-nal con la situación. Cuando la situación no se remite a un centro como,
por ejemplo, cuando piensas “Esto está hecho; hay enojo”, hay una ausencia de
relación afectiva. Esta ausencia se deja sentir como un espacio y el espacio
que te rodea te libera del apego al objeto. El objeto aparece en este espacio.
Esta sensación de espacio, el testigo, no es más que una muleta, un mecanismo
pedagógico, pero un mecanismo muy importante. Puedes encontrar el testigo
viendo que, cuando quiera que tomas nota, este tomar nota está siempre en el
presente. Conocer el testigo es familiarizarse con el observador del cambio.
Pero este observador no debe ser una actitud. Identificarse con una postura es
un callejón sin salida. Cuando no se objetiviza el testigo, éste se disuelve en
la espaciosidad que tú eres y de la que él es indicador. En otras palabras, en
tanto que haya un “yo” habrá un testigo, pero cuando no hay “yo” no hay
testigo. El testigo desaparece con la desaparición de la persona.
P.
¿Qué piensas de las disciplinas tradicionales?
R.
Existen muchas disciplinas tradicionales, pero éstas no se pueden utilizar de
un modo sistemático. Como maestro, uno tiene todas estas formas a su
disposición. Pero todas estas técnicas siguen manteniendo viva la imagen de
“yo”. Mantienen a uno en la relación sujeto-objeto. La verdadera tradición
tiene lugar cuando aquél a quien llamas maestro carece por completo de imagen.
El, o ella, no vive en la restricción de ser un “maestro” con algo que enseñar,
formas establecidas de enseñar y disciplinas. En esta apertura, él te lleva a
liberarte de tu imagen. En esto hay transmisión directa; de otro modo, te
quedas estancado en las formas y disciplinas que sólo pueden conducir a la
inflexibilidad y al estado en blanco.
P.
Pero, ¿no sientes que las tradiciones llevan consigo los medios de liberarse de
la tra-dición?
R.
Seamos claros en la terminología. Podríamos decir que la tradición es la
transmisión de la Vida. Es la experiencia esencial y viva del no estado
fundamental. La transmisión directa no necesita sostén. No está limitada por la
memoria, el tiempo y el espacio. Todo lo que no es transmisión directa tiene
lugar en el tiempo y el espacio, e involucra a la memoria. A esto lo llamamos
“tradicional” y comprende rituales, doctrinas, creencias, mitos, etc. Estas
formas de expresión y enseñanza varían de acuerdo con la cultura individual y
el siglo. En tanto estribe directamente en la tradición, lo tradicional es un
vehículo para la transmisión. En otras palabras , el fondo intemporal debe
permanecer en todas sus expresiones. Cuando esto es así lo tradicional permanece
flexible, apropiado y oportuno. Pero, cuando se pone énfasis en lo anecdótico,
lo tradicional, éste pierde su fuente en la transmisión directa y se vuelve
inflexible. No puede funcionar, ya que se ha perdido su orientación original,
su verdadera razón de ser, su fuente de vida. Se convierte en una concha sin el
animal dentro de ella.
P.
Parece que mucha gente cambia estos días de tradiciones con la esperanza de
encon-trar la verdad.
R.
Cambiar un marco por otro es una falta de visión. Cuando te adentres
profundamente en tu propia tradición religiosa encontrarás la unidad
transcendental de todas las religiones, la unidad de la no-experiencia, el
entendimiento vivo. Allí no hay querella acerca del dogma, ritual y los estados
místicos, ni lugar alguno para la comparación. Es cierto que muchas de las
religiones tradicionales se han llegado a identificar tanto con factores
secundarios que dan más dificultad que ayuda al entendimiento. Pero, si
investigas profundamente como cristiano, musulmán, budista, judío o hindú y lo
entiendes muy profundamente, llegas a la verdad viva. Hay sabios y santos en
todas las tradiciones religiosas.
P.
He conocido varios maestros espirituales y siempre, después de algún tiempo, me
he sentido en el mismo estado de insatisfacción. Ahora, al escucharte a ti, veo
que debo encon-trar un maestro sin expectativa, con una mente vacía. ¿No es
así?
R.
Acostumbrado como estabas a ver objetos, te sentías atraído por la personalidad
del maestro o por la promesa de alcanzar una meta. Ambas pertenecen puramente
al cuerpo y estimulan ciertas sensaciones y cambios químicos en ti que
permanecen por un tiempo como un eco pero, al final, se desvanecen. Cuando te
sientes atraído a nivel personal hacia un maestro, una idea o una organización,
ésta alimenta tus modelos de emotividad y te mantiene en la toma de postura.
Pero llega un momento en que la situación deja de estimularte y no queda nada
que tomar, de modo que pierdes interés. De nuevo, te sientes aburrido de la
vida y miras a tu alrededor en busca de nuevas situaciones, gente nueva, otra
adicción, una “nueva” aventura. Cuando ves que no hay nada remotamente nuevo en
esta última atracción, que es repetición, llegas a un punto muerto.
P.
Mis repetidas decepciones me han dejado con un cierto escepticismo, una lasitud
que me impide ver las cosas con frescura.
R.
La decepción es una reacción en ti que tú superpones en otro. El escepticismo y
la la-situd son estados psíquicos como puede serlo el entusiasmo. Ve estas
cosas como hechos que ocurren en ti, sin querer cambiar, añadir o sustraer
nada. Cuando afrontas los hechos sin desear nada, te sientes en una dimensión
completamente desconocida para ti. Te hallas entonces en el umbral de la
autonomía, de lo que realmente eres, que nada tiene que ver con situaciones o
sentimientos. Hay muchos que viven constantemente en relación con otras
personas, que necesitan a otros para sentirse vivos. La verdadera enseñanza
consiste en hacerse autónomo y, entonces compartir la belleza.
P.
Pero uno no puede vivir siempre sólo. Es cosa de supervivencia biológica el
vivir con otros.
R.
Sí. Pero no necesitas estar identificado o apegado a la biología, al cuerpo.
Observa que lo que realmente eres es autónomo y, entonces, el compartir tendrá
otro significado.
P.
Hubo un tiempo en que me sentía tan ansioso por la búsqueda espiritual y, ahora
en cambio, me siento indiferente. ¿Qué me ha ocurrido?
R.
Tu investigación nunca fue lo bastante fuerte. Pusiste demasiado énfasis en el
objeto. Buscabas estados que te eludían o, ahora, te aburren. Quizás buscabas
apoyo psicológico en el maestro y ahora has rebasado esa necesidad. La mayoría
de las personas se pasan casi la totalidad de sus vidas yendo de una
compensación a otra, buscando experiencias diversas, buscando un amante, un
marido, un gurú, dinero, etc. Todo esto se halla encerrado en la mente y la
persona que piensa que quiere estas cosas está también en la jaula de la mente.
Cuando ves que todo ello no es más que un concepto en la mente, ya deja de
haber combustible y la mente se vuelve porosa. Se necesita cierta madurez para
ver el ciclo de carencia, deseo, compensación, aburrimiento, etc. Hace falta
preparación para ver esto y detenerse a preguntar: “¿Es esto todo lo que hay en
la vida?”. ¿Hay algo que constituya el soporte de todos los cambios, todos los
ascensos y descensos, idas y venidas?
P.
¿Qué es lo que podría iniciar estos momentos de detenerse y hacerse preguntas?
R.
Probablemente sólo llegarías a aburrirte, buscando compensación. Ya que esto te
lle-va a una recapitulación de tu vida. Hay períodos en que podemos llegar a
encontrarnos en un callejón sin salida donde la energía está fija. Existen
principalmente dos reacciones ante esta situación. Un carácter más vigoroso
puede que sienta tan fuertemente el bloqueo de energía que emprenda una acción
que defina el resto de su vida, casándose indiscriminadamente, dejando el país,
divorciándose, teniendo un hijo, etc. Un acto desesperado, un escape que no
pertenece orgánicamente al individuo. Es una especie de explosión para intentar
salir de la jaula. Pero, naturalmente, nunca te saca de ella y conduce a una
cadena de reacciones como éstas. La personalidad menos enérgica puede que
llegue a una lasitud absoluta en la que no haya la menor voluntad de salir ni
siquiera de buscar compensación. Ya no hay esperanza en nada y esto trae
consigo una especie de renuncia. Puede que entonces aparezca una pequeña luz.
La luz está en ti. Aparece accidentalmente cuando dejas de centrarte en nada,
ni siquiera en el callejón sin salida. Con la aparición de la luz, la energía
deja de estar cristalizada. En ambos casos el resultado es el mismo: uno llega,
bien por aburrimiento o por lasitud, a una renuncia, a una entrega. La ausencia
de toda esperanza es un don.
P.
Pareces poner énfasis en que el entendimiento y la experiencia deben ser
concomitan-tes. ¿Qué ocurre si se da el uno sin el otro?
R.
El entendimiento te muestra todo lo que tú no eres y trae consigo renuncia. Si
el inte-lecto se queda detrás, hay peligro de que se ponga demasiado énfasis en
el sentimiento. El entendimiento te recuerda que, fundamentalmente, lo que tú
eres no es un estado, una experiencia en la que entras y sales. Un sabio
utiliza el mundo para ir más allá de él. Conoce con precisión la naturaleza de
la función y actúa de un modo completamente apropiado en el mundo. El no es del
mundo pero éste está en él. Aquéllos a quienes llamamos “místicos” ponen más
énfasis en las experiencias extramundanas que en ser conocimiento y la función
de éste en la sociedad.
P.
¿Hay algún sitio para Dios en tu enseñanza?
R.
Lo que tú llamas Dios es un concepto. Puedes añadir muchas calificaciones como
bueno, todopoderoso, omnisciente, etc. a este concepto, pero sigue siendo
intelectual y ali-menta una representación y estado de emotividad. Para conocer
realmente a Dios debes liberarte de la idea de Dios. Para llegar a experimentar
a Dios debes estar vacío de todas las imágenes y proyecciones personales que no
son sino falsos ídolos que te alejan de ser Dios. Dice un proverbio: “Cuando te
encuentres con Buddha, mátalo.” Meister Eckhart dijo que, para encontrar a
Dios, uno debe liberarse del concepto de Dios.
P.
¿De dónde proviene el deseo de estar unido a Dios?
R.
La unión pertenece a la mística y la unidad al sabio. La palabra unión
presupone par-tes. Te tomas a ti mismo por una fracción, una entidad aislada, y
anhelas regresar a lo que supones que es tu origen. Puede que te pierdas en el
sentimiento, que te identifiques con él en el éxtasis. Pero el sentimiento
sigue siendo un estado afectivo alimentado por la representación. Cuando el ego
es sumergido en sentimiento, muere temporalmente pero regresa en la vida
diaria. Puedes perderte temporalmente en estados de éxtasis pero, cuando tu
verdadera naturaleza no es un estado, ¿por qué andar en busca de estados?
P.
Dado que el lenguaje es dualista, lineal y secuencial y, por consiguiente,
completa-mente inapropiado para expresar lo divino, la totalidad, el ser, ¿no
necesitamos símbolos?
R.
Los símbolos son una parte necesaria de la cultura. Expresan la realidad de
manera más súbita y profunda que la mayoría de las palabras. El entendimiento
de los símbolos no pertenece al funcionamiento cotidiano de la mente. Ellos
atraviesan la mente y reflejan su propio raigambre en la totalidad. Los
símbolos te llevan más allá de la complementaridad.
P.
Sin duda existe un profundo anhelo religioso e idealista que no viene del
aislamiento…
R.
Desde luego, procede en última instancia de uno mismo, de tu verdadera
naturaleza.
Pero
el anhelo necesita información. La mente debe estar informada. Cuando tú
aceptas que eres lo que estás buscando, la mente deja de proyectar un
“exterior”. En el momento en que miras fuera de ti mismo, supones una
separación. Todo esfuerzo automáticamente crea aislamiento. Explora con calma,
no con voluntad ni a la fuerza. Déjate invitar, sentirte atraído. Tú dices:
“Estoy buscando la verdad.” Pero es la verdad la que te busca a ti.
P.
¿Puede el amor por sí solo, el camino bhakti, llevarte a tomar conciencia de tu
ser?
R.
Sí. Pero llega un momento en que el Bhakta se da cuenta de que vive en el mundo
tanto como en el cielo. Así que debe llegar a entender la vida.
Muy
a menudo hay confusión en el camino bhakti. Uno se ve mantenido en la dualidad
de admirador y admirado. La mente debe llegar a entender que lo que más desea
no puede encontrase “fuera”, pues de otro modo uno continúa como un perro
sentado delante de un bonito hueso que no puede comerse nunca.
P.
Pero, la entrega a un amor-omniabarcador, ¿no puede llevar a uno al amor mismo?
R.
Sigue habiendo una representación de alguien o algo admirado, amado.
P.
Pero la mente, la representación se consume en el amor…
R.
Sí, allí donde realmente hay consumación de la persona estoy de acuerdo. Pero,
prin-cipalmente, en este camino hay apego al gurú, a la representación, a lo
admirado. Ciertas personas sienten un anhelo pero no saben por qué, sin embargo
ellas encuentran un sustituto, una definición para esto desconocido. Se
necesita madurez para vivir en el anhelo sin concretizarlo.
P.
¿Estás diciendo que teóricamente es posible pero prácticamente es un camino
difícil?
R.
Sí. El verdadero camino bhakti es la entrega completa. Una entrega de uno a su
propia quietud. El énfasis no está en el objeto sino en el acto de entregarse.
Puede haber un pre-sentimiento, un estado de admiración. De donde proviene, el
admirador no lo sabe. Cuando hay una entrega completa a este estado de
admiración se produce una fusión de admirador y admirado y lo que queda es sólo
plenitud.
P.
¿Qué es iluminación?
R.
La visión instantánea que te convence de que no hay nada ni nadie que iluminar.
P.
¿Cómo puedo aproximarme a ella?
R.
Cada paso que des para acercarte no hará sino alejarte de ella. “Está más cerca
que coger un flor”. Sé consciente sólo de tu falta de disposición para
renunciar a querer producir. Esta intervención nos aliena del fluir natural de
la vida. Siéntete a ti mismo en esta consciencia. Permanece ahí y serás
capturado por ella. Te hallarás en una nueva dimensión, en una expansividad sin
objeto y sin referencia. Es un momento de asombro, por completo sin causa.
P. A
mí me parece que sólo podemos experimentar indirectamente lo que está más allá
del cuerpo. ¿Cómo podremos hacerlo directamente?
R.
¿Cuál es y dónde está la subyacente fuente de todas nuestras percepciones? Este
descubrimiento puede llamarse la experiencia de la iluminación, aunque la luz
de la percepción no esté en la película de la experiencia. Todas las visiones
religiosas, artísticas, sociales o científicas que puedan tener lugar están
basadas en lo conocido, la acumulación, la memoria, y no son sino una
prolongación de nuestra verdadera naturaleza, que es consciencia intemporal.
Nuestra naturaleza intrínseca es meditación, que no tiene principio ni fin. Es
un no-esta do, una no-experiencia, y es autosuficiente, libre de toda necesidad
de estimulación y libre de cualquier motivación para construir imágenes y
estructuras.
P.
¿Qué ocurre en ti cuando oyes una pregunta y das una respuesta?
R.
La pregunta es oída en la quietud y la respuesta sale de la quietud. No pasan a
través de la mente, la memoria o punto de referencia alguno. Utilizamos
palabras como símbolos para apuntar al entendimiento. Como símbolos sólo tienen
significado en el momento dado. La respuesta surge del silencio. Recíbela en
silencio. Cuando la clasificas, pierde el sabor de su fuente. Degusta este
sabor y, tarde o temprano te atraerá de nuevo allí a donde pertenece, al
silencio vivo.
P.
¿Podrías hablarnos de tu experiencia de iluminación?
R.
Si te lo dijera, ¿qué ibas a hacer con la respuesta?. Cuando surge esta
pregunta, ob-serva inmediatamente el estado en que te encuentras tú. Esta
pregunta es una manera de escapar al hecho de afrontar el origen de la propia
pregunta. Proviene de la curiosidad, la memoria, los rumores, los libros.
P.
¿Tu despertar fue repentino o gradual?
R.
El despertar es instantáneo, pero la transmutación a nivel fenoménico se
produce con el tiempo.
P.
¿De modo que un sabio puede madurar después de la iluminación?
R.
Uno es alcanzado a todos los niveles, pero la transformación y armonización de
la sustancia humana, el temperamento, el carácter y el organismo biológico
tienen lugar con el tiempo. No todos los seres iluminados son maestros o se
convierten en maestros inmediatamente. El modo de transmitir la verdad puede
madurar.
P.
¿Cuál era tu estado mental y corporal inmediatamente antes del despertar en la
cons-ciencia?
R.
Receptividad. Era absolutamente no-orientado, no-localizado y totalmente
relajado sin proyección, expectativa o idea. Sólo en este estado completamente
relajado fui tomado por la gracia.
P.
Dijiste que, en aquel momento, viste pájaros volando. ¿Qué impresión te
causaron?
R.
Me parece que fue la primera vez que vi los hechos sin interferencia alguna a
ningún nivel.
P.
De modo que hubo ese ver sin intervención y entonces fuiste arrebatado por la
no-interferencia misma, ¿no es así?
R.
Sí. Me vi súbitamente inmerso en ser consciencia, consciencia sin estar
consciente de nada.
P.
¿Dirías, en términos Zen, que en ese momento “no había montañas ni pájaros”?
R.
Sí, el mundo cesa como ilusión, como maya.
P.
Pero, después, volviste a ver los pájaros…
R.
Sí. Pero habían dejado de tener una existencia separada. Aparecían en mi ser,
como una expresión de mí mismo.
P.
¿Y esta nueva forma de ser permaneció contigo?
R.
Sí. No era una manipulación del intelecto. Cualquiera puede llegar a una
representa-ción intelectual de ser, que puede ser muy poética.
P.
¿No es necesaria esta representación intelectual pues, de otro modo, la
experiencia sigue siendo accidental?
R.
La claridad intelectual es importante. Lleva a la mente a una renuncia. Si la
mente no está informada, permanece atraída por el entendimiento mental que le
impide dejarse llevar y ser tomada por el entendimiento como ser total.
P.
¿Cómo aparecían las diferentes situaciones de tu vida después de establecerte
en esta plenitud?
R.
La vida continuó como antes, pero ya no me sentía atado a la existencia. Todas
las actividades se relacionan con la totalidad que es el ser. Nada se sentía
accidental o incons-cientemente. Yo diría que todas las actividades se
volvieron sagradas. Al dejar de estar ata-do a las cosas y no haber ya
localización en la forma o concepto, sentía la inmensidad en que todo se movía.
Todo aparecía en el espacio. Cuando estás atado a la actividad, sólo ves la
actividad en sí y no en relación con todo el entorno. Cuando hay visión desde
la globali-dad, aparecen en la situación cosas que nunca has visto
anteriormente y llega también el discernimiento y la discriminación
inteligente.
P.
¿De modo que tu conducta cambió?
R.
No por mi voluntad. Cuando uno ve las situaciones en todo su contexto sin
motivación personal, hay paciencia, y una entrega, gellasenheit en alemán, que
no es fatalista. El cambio aparece por que ves el valor intrínseco de las
cosas.
P.
Si la actividad no está ya dirigida por la voluntad personal, ¿No lo estará, de
alguna manera, por el carácter que tú introduces en el mundo?
R.
Sí, el carácter intrínseco permanece, pero está purgado de todo aquello que
general-mente llamamos carácter y que es reacción y resistencia. Este
desaparece, dejando sólo el carácter “natural”.
P.
¿Y si el carácter es, por ejemplo, ambicioso, dominante, caprichoso,
manipulador o violento?
R.
Hay una inmediata reducción de la así llamada personalidad a sus
características básicas. Esto trae consigo una súbita rectificación de toda la
estructura psico-fisiológica. Pero lleva tiempo llegar a la completa
armonización de la energía.
P.
¿Cómo es el carácter que está libre de condicionamiento?
R.
Tiene su propio sabor, dependiente de la herencia.
P.
¿Están la mayoría de las prácticas espirituales capacitadas para mejorar el
carácter?
R.
Muchos creen que hay un alguien que necesita mejorar.
P.
¿Puede un sabio tener gustos y disgustos?
R.
No. El gusto y el disgusto proviene de un centro de opiniones. Para el sabio,
las cosas son apropiadas a la situación en el momento mismo.
P.
Pero, ¿Por qué la acción de los diversos sabios adopta tan distinta expresión?
R.
Cada situación trae su propia acción, pero la acción es potencial. La
realización de la acción pertenece al carácter, la imaginación, las facultades
del cuerpo-mente. Situaciones similares pueden darse de maneras distintas sin
perder su dirección intrínseca. Algunas personas se expresan en el pensamiento,
otras en la acción, otras de un modo artístico, otras en silencio. Toda
expresión surge de dar. Todo, en última instancia, es juego, una expresión de
la energía universal. Ciertos sabios están más en una vida terrena que otros.
Esta pertenece a su existencia y a todo cuanto ellos aportan a ella. De ningún
modo es mejor ni peor que otra. Es una idea errónea, una interpretación
equívoca la de que un ser humano sabio deja la sociedad. Cuando un sabio está
en la sociedad pero no es de ella, él, o ella, es el elemento más positivo de
la sociedad.
P.
¿Por qué hay tan pocos seres armoniosos en el mundo?
R.
Esa pregunta es un modo de escapar de la investigación sobre tu propia falta de
ar-monía. Si yo te doy respuestas históricas, ello únicamente servirá para
reforzar tu huida de una pregunta real.
P.
¿Tiene el sabio alguna responsabilidad de enseñar y ayudar a los demás?
R.
La palabra responsabilidad no es en absoluto adecuada. La enseñanza surge del
amor, la compasión, el agradecimiento. No hay ningún sentido del deber en ella,
ni deseo de mejorar personalmente el mundo. Está libre de toda motivación. Es
un error pensar que el maestro hace algo. La transmisión no puede tener lugar
intencionalmente. Cuando hay madurez, la vela se enciende. Pero hay quienes
escapan de ser ciudadanos de la tierra. La tarea consiste en llegar a un
equilibrio, en estar en el mundo pero no ser de él.
P.
Dices que, si el maestro no nos lleva rápidamente a la claridad intelectual, no
debemos quedarnos forzados por factores secundarios como la atracción o la dependencia
de la per-sonalidad del maestro. También, ha habido maestros que despiden a
personas cuando ven que no ha habido maduración. Hace diez años que te conozco
y, aunque siento cierta clari-dad a nivel psicosomático y puedo afrontar mi
vida más abiertamente incluso con más valor, todavía no siento que haya habido
un gran desplazamiento en el eje de mi vida ni ese des-pertar repentino que
anhelo. ¿Por qué no me despides?
R.
Hay diferentes formas de enseñar. Mi forma es tratar con cada uno a cualquier
nivel al que pueda estar. Si se dedica a barrer habitaciones para vivir
entonces le ayudo a hacer bien su trabajo. No hay una norma para medir la
maduración, porque lo que tú eres no se puede objetivizar ni comparar. En cada
momento se consume el pasado. Tal vez no hayas tomado mis palabras lo bastante
a pecho. No has vivido realmente con ellas. Has estado más interesada en ganar
dinero, aprender piano, tener amantes, casarte y criar a tus hijos. Si te
entregases a mis palabras con el mismo entusiasmo con el que te entregas a
otras cosas, tendrías lo que tu corazón profundamente desea. Mis palabras
provienen del corazón.
P.
Pero yo sí siento que me he tomado tus palabras en serio y he hecho lo que
puedo y, sin embargo todavía no siento una libertad y una paz duraderas.
R.
Ve más lejos. Vive realmente con lo que se dice. Sueña incluso con ello y
llegarás a armonizarte con ello. Siempre alcanzas lo que quieres de verdad,
pero debes realmente quererlo con el corazón. Recuerda, el dinero y otros
deseos no provienen del corazón, sino de la mente. Todo deseo proviene del
profundo deseo de paz y libertad. Vive con el deseo más profundo del corazón y
éste te llevará a la ausencia de deseo.
P.
Tú hablas del no-estado absoluto como quietud. Otros lo describen como amor y
paz. ¿Hay amor en tu quietud?
R.
En la quietud hay una ausencia absoluta de todo estado o concepto. Tú eres esta
ple-nitud. No se puede hablar de amor y paz. Esta plenitud es amor, es paz, es
felicidad. Es in-descriptible. No intentes objetivizar el amor o la paz y hacer
de ellos un estado. Veo que si-gues estando atada a la afectividad. Tú quieres
que yo hable de amor, que te dé dónde aga-rrarte, algo que sentir, admirar u
obtener. No te daré ni una paja que agarrar y, en este vacío serás tomada por
ti misma. Tú eres amor, así que no intentes ser un amante.
P.
Siento que muchas de mis preguntas son improcedentes. ¿Cómo puedo saber lo que
preguntarte?
R.
Observa de dónde proceden tus preguntas. Date cuenta de que surgen de la
inseguri-dad, la agitación y el miedo. De que tu formulación es un escape para
no afrontar estos hechos. Las preguntas que no vienen del momento mismo, las
preguntas que tú buscas, no son apropiadas para estas circunstancias. Las
únicas preguntas apropiadas son aquéllas que surgen espontáneamente de mirar
los hechos, a tu propia situación de duda, agitación, inseguridad, celos, odio,
avaricia y demás.
Estás
acostumbrada a las respuestas en el plano verbal y quieres que yo te dé estas
res-puestas. Pero la respuesta a tus verdaderas preguntas no puede venir nunca
en el plano verbal. Las verdaderas preguntas surgen de la misma respuesta,
porque afrontar la situación es la respuesta. De modo que sólo puedes encontrar
la respuesta en ti mismo. Tú misma eres la respuesta que buscas en todas las
preguntas.
P.
Es verdad. Yo vine aquí esperando que tú me dieses respuestas. ¿Cómo puedo
llegar a mi propia respuesta?
R.
La verdadera respuesta se siente dentro, no se oye fuera. Reside en la pregunta
abierta. Nunca serás feliz con respuestas de segunda mano, de modo que ¿por qué
buscarlas? Vive con la verdadera pregunta. No te alejes de ella. Si te abres a
ella, ella se despliega en ti. Cuando estás abierto, llegas a la respuesta
viva.
UNA
CONVERSACION SOBRE ARTE
Interrogador:
Durante algún tiempo he esperado poder preguntarles a ambos qué piensan ustedes
que es el arte en realidad. ¿Es una colección amorfa de expresión humana o
podemos decir con más precisión lo que es?
Filósofo:
Todos los objetos, en última instancia, son indicadores de verdad y belleza,
pero existen objetos que, por excelencia, nos devuelven a la verdad y la
belleza. Estos son obras de arte.
Interrogador:
¿Tiene todo lo que generalmente llamamos arte este poder?
Filósofo:
El arte que tiene un impacto en nuestros sentidos y nos lleva más allá de
ellos, a un estado intemporal, podría llamarse arte sagrado. El arte decorativo
o experimental nos deja en los sentidos y, en este sentido, podemos llamarlo
seglar. Las grandes obras “sagra-das” que tienen el poder simbólico de
propulsarnos al reino de lo impersonal son bastante raras.
Interrogador:
Hablemos de estas obras de arte. ¿Qué quiere decir con “tiene un impacto en
nuestros sentidos y nos lleva más allá de ellos”?
Artista:
¿No es ese gozo estético lo que yo siento a veces cuando me encuentro
arreba-tado por una obra de arte que ya no se halla presente como objeto? Sólo
hay un sentimiento de admiración, deleite y expansividad en el que olvido el
espacio y el tiempo y dejo de estar en mis sentidos, como usted dice.
Filósofo:
Exactamente. En el gozo estético volvemos a nosotros mismos, cerca de nues-tro
ser primal. El deleite de las grandes obras de arte reside en que éstas tienen
el poder de situarnos ante lo que somos, ante esa desnudez y ese sentido lúdico
del simplemente ser, libres del pensamiento y de un excesivo sentido de
nosotros mismos.
Artista:
¡Sí! Cuando leo ciertos poemas o escucho los Cuartetos de Beethoven, o cuando
estoy ante ciertas esculturas de Henry Moore, dejo de estar en el mundo de cada
día para sumergirme en un sentimiento de unidad y tranquilidad. Es un
sentimiento de estar libre de limitaciones, de la rutina de la vida cotidiana y
de lo que habitualmente suelo llamar “mí mismo”. Se asemeja a aquellos momentos
de embelesamiento que vagamente recuerdo de cuando era niño.
Interrogador:
¿Permanece usted en este sentimiento o regresa al objeto?
Artista:
Vuelvo a los detalles para ver qué es lo que me deleita. El regreso es
espontáneo, es el deseo de hacer mía la obra. Exploro la composición,
recreándola punto por punto hasta que ya no queda nada que observar y,
entonces, vuelvo a dejarme arrebatar por el gozo sin la presencia del objeto.
Filósofo:
Sí. Uno vuelve involuntariamente para explorar la obra porque los sentidos
to-davía no están completamente integrados en el conjunto, en el sentido de
unidad, y están llenos de deseo de estarlo. Cuando exploramos los detalles de
una obra punto por punto, el sentido global permanece como fondo y cada detalle
se remite espontáneamente a él. De este modo, la atención se mantiene expandida
y en ella los sentidos pierden su objetividad y se abren. Ahora, sin embargo,
se integran conscientemente en nuestra consciencia, de modo que no hay ningún
deseo de volver a los detalles, a la parte objeto. Esto sería una reducción del
sentimiento de unidad. Es el matrimonio en agradecimiento entre la admiración y
la apreciación.
Interrogador:
Pero, después de todo, anhelamos oír o ver el acontecimiento otra vez. ¿Por
que?
Artista:
Cuando los sentidos se hallan tan exaltados y transformados, es normal que
de-seemos deleitarnos otra vez. Somos criaturas de los sentidos y el gozo
estético es la sensa-ción de los dioses. Las grandes obras de arte son una
fuente de inagotable deleite.
Interrogador:
¿Podríamos decir que la plenitud estética es más plena tras la integración de
los sentidos?
Filósofo:
La plenitud se halla entonces más anclada en la totalidad de la vida. Sin la
inte-gración de todos los elementos, el sentimiento de unidad permanece
nebuloso como una experiencia mística. Es importante que cuerpo y mente estén
integrados, que el conocimiento objetivo no sea negado sino incorporado en la
totalidad del saber como exis-tencia.
Interrogador:
Usted ha dicho que el objeto está lleno de deseo de ser integrado en una
unidad. ¿Qué es lo que atrae al objeto?
Filósofo:
Podríamos decir, como Plotino, que es una emanación de Dios y un retorno a
Dios. O, simplemente, podríamos decir que el objeto es atraído hacia su terreno
de origen, hacía su totalidad. Es una atención multidimensional, en la que los
sentidos se liberan, el objeto pierde su rigidez y se despliega en ti,
desplegamiento que tu interferencia mental dificulta. Al llegar a cierto punto,
el último residuo de objetividad es súbitamente absorbido por el imán de la
conciencia global.
Interrogador:
¿Qué es lo que tienen estas obras de arte que les da el poder de arrojarnos a
la intemporalidad?
Artista:
Es la perfecta composición y equilibrio de color, forma y sonido que revelan
los elementos fundamentales de luz, espacio y silencio. En una palabra, la obra
debe ser armoniosa.
Interrogador:
¿Podríamos decir que la armonía de la obra resuena en nosotros recordán-donos
nuestra propia armonía y que este recordatorio es el sentido de asombro del que
tú hablabas? La totalidad es, de este modo, común a la obra y al observador; de
otro modo, ¿cómo íbamos a acordarnos de ella con tanta fuerza?
Filósofo:
Sí, desde luego. Los elementos fundamentales son comunes a todos. El arte es un
reflejo de la armonía que nosotros somos en común con todas las cosas. Contiene
globalidad dentro de sí mismo. La naturaleza es armoniosa y el ser humano es
parte de la naturaleza.
Interrogador:
Cuando utilizamos la palabra “armonía”, ¿Qué queremos decir exactamen-te? No
puede tener nada que ver con simetría dado que la naturaleza es cualquier cosa
me-nos simétrica.
Filósofo:
La armonía es el todo en el que todas las cosas existen sin conflicto. Es lo
mis-mo que la belleza. Nuestra verdadera naturaleza y la verdadera naturaleza
de la obra de arte son una y la misma cosa. La obra de arte es una
manifestación, un indicio si quieres, de esta unidad.
Interrogador:
Así pues, cuando llamamos a una obra bella, es porque nos recuerda a, y es
indicadora de nuestra propia belleza. Entonces, ¿esta belleza es en algún
sentido subjetiva?
Filósofo:
No, en absoluto. En la totalidad no hay sujeto ni objeto, así que ¿cómo puede
haber subjetividad u objetividad? La belleza es única aunque sus expresiones
sean muchas. En la belleza no hay objeto, así que ¿cómo puede haber un sujeto?
Interrogador:
Aunque la belleza no sea relativa o comparable porque no reside en el así
llamado objeto, todavía podríamos decir que ciertas obras inspiran belleza por
su propia be-lleza. Pero, cuando observamos la variedad de cosas que inspiran
nuestra totalidad, nuestra santidad, resulta difícil ver hilo alguno conductor
a través de ellas. Nuestro artista decía que era la composición la que revelaba
los elementos fundamentales, pero eso no me ayuda en realidad. Más
precisamente, ¿qué es lo que tienen ciertos objetos que les confiere su poder
simbólico de apuntar, más allá de los sentidos, a nuestra verdadera naturaleza?
Artista:
Su composición es tal que libera belleza y armonía. No enfatiza la parte
objetiva o material, de modo que no te ves atrapado por lo anecdótico sino que
eres en el acto arrebatado por los elementos fundamentales a los que apunta la
composición. Las grandes obras de arte te llaman, mediante distintas técnicas,
a la dimensión espacial intemporal. El volumen se concibe de tal manera que
libera el espacio, el color libera luz y el sonido libera silencio.
Interrogador:
¿Son estos elementos fundamentales nuestra verdadera naturaleza?
Filósofo:
Ellos son la más próxima manifestación de ser. Son existencia pura, su base, en
contraste con la existencia proyectada que nosotros damos por hecho. Nada
tienen que ver con un punto de vista. Cuando eres devuelto a la existencia en
luz, silencio y espacio, estás en la proximidad de ser que constituye el fondo
de toda manifestación y de la que procede toda existencia.
Artista:
Las grandes obras de arte nos traen un sabor de lo que somos. Yo siento mi
pro-pia ligereza en las columnas y capiteles de los templos de la antigua
Grecia, por ejemplo. ¡Están tan perfectamente proporcionadas que están en casa,
en el cielo y en la tierra y me dejan en ninguna parte! Y, cuando estoy en una
iglesia románica o normanda, me siento devuelto a mi centro por esas líneas
puras y simples. Estas inspiran tranquilidad interior. Algunas esculturas de
Brancusi, o Arp, o Henry Moore, o pinturas chinas de los, siglos dieciséis o
diecisiete, le recuerdan a uno su propia luz y espaciosidad. Y no tienes más
que escuchar el Arte de la fuga de Bach o los Cuartetos de Beethoven para, como
he dicho antes, ser arrebatado por el silencio. La verdadera música está entre
los sonidos y perdura durante largo tiempo después, al igual que un hermoso
poema vive como un eco largo tiempo después de leerlo, o un ser humano vive en
ti largo tiempo después del encuentro. Esta es la razón por la que, después de
un bello concierto, no puedo entender por qué la gente hace un ruido tan
bárbaro antes de que las últimas notas se hayan desplegado y disuelto en
nuestro silencio. Recuerdo algunas líneas de Walt Whitman:
“Música
es lo que se despierta en ti cuando los instrumentos te la recuerdan.
No
está en los violines y las cornetas… ni en la partitura del cantante barítono.
Está
más cerca y más lejos de ellos”.
Filósofo:
Está claro que realmente has sentido lo que es la esencia de nuestra
conversa-ción. El gran arte nos despierta a nosotros mismos. El verdadero
admirar está detrás de toda emotividad y al verdadero arte no le interesa
remover sentimientos.
Artista:
¡Ah! Pero surge una emoción que no tiene nada que ver con la emotividad
coti-diana, con nuestros habituales estados emocionales repetitivos. Cada vez
es nueva, una expresión de profunda gratitud procedente de las más profundas
regiones de nuestro ser.
Interrogador:
De modo que, si entiendo correctamente, el poder simbólico de una gran obra de
arte aflora cuando el artista no enfatiza los elementos anecdóticos. ¿Podríamos
ex-plorar esta economía artística?
Filósofo:
Allí donde no hay intervención psicológica, cuando la persona del artista está
ausente, no hay tentación de sobreexpresar y, como tú dices, hay economía
espontánea-mente. Este es el artista como asceta. El artista que no tiene yo
sabe instintivamente qué poner y qué no poner. Arte bello no es arte
caprichoso. No te ata a la forma y el contenido. Está construido de tal manera
que pierde cuanto de concreto hay en él. La ligereza de líneas de la
arquitectura griega y egipcia se debe a la unión de espacio y forma. Allí donde
dos líneas se encuentran y se reducen a la unidad está el punto donde los
opuestos ya no tienen donde asirse. En esta ausencia de conflicto, el
espectador está abierto a la armonía y es arrebatado por el gozo sin
representación, su propia armonía.
Artista:
Por esa razón el arte debe hacer una aparición súbita. Debe ser una indicación.
Es parcialmente secreto y este carácter secreto es sagrado. El poder creativo
de las grandes obras de arte es la revelación de lo sagrado. Esa es nuestra
verdadera naturaleza.
Interrogador:
¿Tiene el artista un sentido de la sagrada función de su trabajo?
Artista:
Oh sí, aunque él no le dé un nombre. En el artista hay un sentimiento original
de plenitud que se derrama en gratitud. Esta, a su vez, deriva en el deseo de
ofrecer o compar-tir. El artista vive con el ardiente deseo de compartir el
sentimiento original. Dicho deseo es el fondo de su vida. Este ofrecimiento
busca expresión. Trata de hacerse específico. No se necesita ser un gran
artista para sentir esto. Es algo que pertenece a todos los seres huma-nos.
Pero en el artista, a causa de sus aptitudes, hay, en cierto momento, una
condensación de energía. El deseo se hace más localizado. El artista lucha para
expresarlo, para hallar la representación apropiada, para hacerlo concreto en
su forma más elevada. Esta concretización es la extinción del deseo, la
consumación del ofrecimiento. En el momento en que se da la representación, hay
una relajación de la energía.
Interrogador:
Has dicho que la representación, la visión artística se daba. ¿Quiere esto
decir que no se piensa en el proceso creativo?
Filósofo:
La visión creativa no tiene nada que ver con el pensamiento. Naturalmente uno
usa su pensamiento racional, lo ya conocido, para ponerlo en el espacio y el
tiempo, pero este pensamiento estriba continuamente en la visión global.
Artista:
Un artista no es más que un receptor. El sabe que, si es un productor, sólo
produ-cirá a partir de la memoria. El artista debe estar por tanto
completamente abierto a la inspira-ción. Su pozo propio es muy poco profundo.
Debe beber de la fuente global de creatividad. La inspiración llega siempre
como un regalo, de repente, de los más profundos estratos del ser que son
completamente impersonales. Todos los grandes artistas saben que, de una forma
u otra, ellos sólo son canales. Bach era muy consciente de esto.
Interrogador:
¿Cómo permanece el artista abierto a la inspiración?
Artista:
Del mismo modo que todo el que busca. Se impregna en su medio con el anhelo, el
firme deseo, de acercarse más a su fuente creativa. Cuando un pintor ve una
flor no la ve aislada sino en relación con las demás cosas, el espacio, la luz
y el color. Lo mismo ocurre con cualquier artista. Todo se traspone al medio.
El artista sabe, al mismo tiempo, que no puede hacer nada sin inspiración y que
la inspiración no se puede inventar, con lo que el artista como artista, como
hacedor, pensador, buscador, abdica. Es un artista a la espera. Vive en la
receptividad, en la bienvenida, en su medio, pero no tiene la menor idea de lo
que vendrá.
No
hay avidez ni anticipación en su ansia. Algunas veces puede que tenga un tema,
pero vive abierto respecto a cómo éste aparecerá en él. Se entrega a una vacía
receptividad y de pronto, inesperadamente, se ve absorbido en la visión global
de una obra. Este momento intemporal de unidad es la belleza del mismo artista
vista a través de la ventana de su medio. El se queda maravillado. Tiene un
sentimiento de realización y unidad con todas las cosas y, de esta profunda
gratitud, surge la necesidad de ofrecer. Es una sagrada emoción, libre de todo
sentimiento personal. La cuestión sujeto no es más que un pretexto para
expresar este ofrecimiento en el espacio y el tiempo.
Interrogador:
Entonces, ¿la obra en sí no es importante para el artista?
Artista:
El medio es sólo un canal para llegar a la fuente creativa y revelarla. Lo que
hace a un gran artista es su capacidad de entregar su personalidad. El gran
arte no tiene nada que decir, ni tiene propósito ni intención. Es un obsequio
gratuito. Su significado reside en su falta de finalidad.
Interrogador:
¿Se ve algún detalle en ese resplandor en que la belleza se traspone a la
visión global de la obra?
Filósofo:
No. La obra no se ve con los ojos comunes de la mente que funcionan en
se-cuencia. Se ve con el ojo que se abre cuando la mente está libre de toda
expectativa, en momentos de profunda relajación lejos de la contracción de los
hábitos del pensamiento. Esto puede ocurrirnos a cualquiera de nosotros a
intervalos durante el día, cuando la imagen de “yo” está ausente o entre el
sueño profundo y la vigilia antes de que el cerebro comience su funcionamiento
secuencial. Lo tenemos en ciertos sueños, llamados songes en francés donde en
un instante vemos toda una situación que más tarde transferimos y describimos
como “futuro” o “pasado”.
Artista:
¿Recuerdas la respuesta de Van Gogh cuando su hermano Theo le preguntó cómo
había llegado a interpretar los árboles como llamas?
Dijo
que varias veces había visto las cuatro estaciones en un momento. Y Mozart
escribió que había oído muchas de sus obras en un solo instante.
Interrogador:
¿Permanece esta visión global durante la ejecución?
Artista:
Sí. El artista vive con la visión inicial y el sentimiento de ofrecimiento, la
gratitud, inspira la ejecución en cada momento. Este es el artista encendido
que no puede dormir hasta que no ha expresado su visión. La ejecución, sin
embargo, puede causar a un artista gran sufrimiento porque él teme no poder
hacer justicia a la tremenda visión. Puede que algunas veces pierda el profundo
sentimiento que le motiva y compense la falta con ideas o técnica. Cuando eres
observador, puedes sentir esto en la obra.
Interrogador:
Dices que el artista sufre cuando no puede expresar su visión. Existe la
opi-nión comúnmente aceptada de que el sufrimiento también inspira a un artista
pero, dado que su personalidad está ausente en el momento de creatividad, esto
no puede ser cierto, ¿o sí?
Filósofo:
¡En absoluto! Me siento tentado de decir que esa es una opinión burguesa para
mitigar sentimientos de culpa, ¡pero no vamos a entrar en eso! En cualquier
caso, es una opinión basada en observación superficial. Ningún arte real brota
de la emotividad, y aque-llos supuestos artistas que buscan estimulación
artificial en el sufrimiento jamás llegan a la fuente creativa, están atados a
la estimulación. El sufrimiento es un poderoso estado emo-cional pero, en el
momento creativo, se objetiviza y se convierte en un indicador hacia la
ausencia de sufrimiento. Es esta ausencia la que constituye el terreno propio
de toda creatividad. Lo que puede causar gran sufrimiento es, como ha dicho
nuestro artista, el aislarse de esta ausencia de sufrimiento y el deseo de
volver a ella a través de la ejecución. Las ideas no se enfatizan en el arte,
pero podría decirse que la representación de la armonía, lo que el artista
entiende por perfección, es un ideal. Este ideal podría llamarse “musa” pero no
es una adquisición cultural. Pertenece al sentimiento ascético profundo. El ser
capaz de representar este ideal depende de la maestría artesanal. El artista
sabe que nunca podrá exteriorizar completamente su visión. Sólo puede
aproximarse a ella. Esto puede crear sufrimiento, pero no es la idea de
sufrimiento comúnmente aceptada.
Artista:
Estoy enteramente de acuerdo y podría añadir que el artista, a diferencia del
ar-diente buscador de la verdad, con frecuencia ve lo divino sólo a través de
su medio y no de la totalidad de su vida. A través de su medio él tiene una
ventana a la belleza. Pero puede ser que sólo tenga esa única ventana y
entonces se sienta seducido hacia ella, a ser un artista. En cierto modo, él no
ve su propia belleza porque la objetiviza en la belleza de la obra de arte.
Esta separación causa conflicto, y el anhelo de resolver el conflicto le empuja
de nuevo al estudio.
Interrogador:
¿Es el placer igualmente un indicador para el artista?
Filósofo:
Sí. Absolutamente. Pero, en general, cuando se está en el placer, uno está
completamente y satisfechamente involucrado en él. El sufrimiento es más
antagonista que el placer. Es menos armonioso. El deseo de liberarse del
sufrimiento es mayor que el deseo de liberarse del placer. Al liberarse del
objeto, uno se ve propulsado a la autonomía. En este espacio tiene lugar la
inspiración.
Interrogador:
Dices que el artista sufre porque no puede hacer justicia al sentimiento de
globalidad, a la visión de la obra. ¿Cuál es la razón de esta incapacidad?
Artista:
Uno no puede expresarse sin las herramientas de la expresión. Hay un momento en
que el sentimiento interior es tan grande. que uno se ve impulsado a expandir
su repertorio de técnica con el fin de expresar dicho sentimiento en el espacio
y el tiempo. En cierto sentido, la magnitud del sentimiento de ofrenda y la
técnica van de la mano, así como el intelecto y la experiencia son
concomitantes en el buscador de la verdad. La técnica es un medio para alcanzar
un fin. Y, sin embargo, se desvanece por completo en la obra de arte.
Interrogador:
Hemos dicho que la armonía es el todo en el que todas las cosas existen sin
conflicto, y que se manifiesta de diferentes maneras. El artista reconoce
intuitivamente ciertos arquetipos de forma, manifestaciones originales, y debe
estar dotado para transponer éstas al trabajo creativo. Según los antiguos
griegos, los arquetipos de forma se expresan según unas leyes que son
aprendidas. ¿Estás de acuerdo o puede tratarse de un conocimiento intuitivo?
Artista:
La naturaleza es libre simetría en la que no hay ángulos rectos. La forma de
una hoja, un pétalo, una ola, el movimiento de los huesos, se pueden poner en
una estructura geométrica pero, dado que no hay repetición en la naturaleza y
ésta está por tanto más allá de toda comparación y en este sentido es perfecta,
no puede haber imitación. El artista creativo no copia la naturaleza sino que
transpone una perfección a otra. Ciertas formas de arte requieren un mayor
conocimiento de la estructura geométrica. Pero este aprendizaje está más en la
naturaleza del recuerdo que de la adquisición. Conocer las reglas no es
suficiente. La inspiración viene cuando las reglas se dejan a un lado. Es
paradójico. Para estar inspirado debes olvidarte de ti mismo y de todo lo que
conoces, y para ejecutar la inspiración debes dejarte a ti mismo olvidado pero
volver a la maestría artesanal conocida. El artista debe ser completamente
flexible.
Interrogador:
¿Cuál es la relación entre función y belleza?
Filósofo:
Todo está en la belleza. La función está en la belleza y las leyes de la
armonía y la composición están en la belleza. Belleza, recuerda, es aquello en
lo que no hay conflicto, de modo que debe tenerse en cuenta todos los elementos
del arte. Hay una historia en el Jataka donde el Bodhisattva emplea a un
maestro arquitecto para que construya un salón que se adapte a sus propósitos
en todos los sentidos. El arquitecto no puede entender lo que Bodhisattva
quiere decir con “adaptar” y dice que solamente puede trabajar dentro de la
tradición de su oficio. El Bodhisattva entonces traza un plano él mismo
determinando la forma enteramente mediante el uso al que se va a destinar. No
es una obra de autoexpresión. El Bodhisattva sencillamente conoce mejor que el
arquitecto todo cuanto hay en la mente del Sumo Hacedor.
Interrogador:
De modo que, para el Bodhisattva, la “función” del salón incluía muchas cosas
que el arquitecto no podía ver porque estaba limitado por una idea concreta.
¡Es una lástima que, hoy en día, la mayoría de los arquitectos hayan reducido
la función a economía, autoexpresión y experimentación, y han olvidado la
armonía y belleza, que es la base de su existencia!
Artista:
Y, sin embargo, los edificios en los que vivimos determinan cómo funciona la
so-ciedad. Muchas personas se sienten agitadas y no son conscientes de que la
habitación en la que están no tiene la proporción adecuada para ellas, o es
demasiado oscura, etc. ¡Nos hemos vuelto tan pasivos en nuestra observación!
Interrogador:
¿Cómo podemos volver a ser activos observadores y admiradores?
Filósofo:
Vuelve todo tu ser hacia el objeto, no sólo la mente con los ojos u oídos. Como
el artista, tú no eres más que un receptor. Una audiencia no debe interpretar o
llegar a una conclusión apresurada. Cuando contemplas una bella escultura e
inmediatamente te dices a ti mismo “Me recuerda…”, haces de ella una
representación mental y no puedes sentir la belleza desplegarse en ti. Pero no
permanezcas pasivo. Deja que la obra te invite a partici-par. El gozo estético
es la sensación de ser despertado a la participación creativa, cuando ves la
obra globalmente como la vio el artista por primera vez. A través de la
colaboración, artista, obra y audiencia forman una unidad. La visión llega como
un ofrecimiento sorpresa, un regalo al artista, pero sólo se desenvuelve en el
observador.
Interrogador:
¿Podrías decir que el arte es fundamentalmente social si llega a su completa
realización en el receptor?
Filósofo:
En este sentido, sí. Es función inherente al artista el llevarnos más allá del
sentido común de la vida cotidiana y reunir a seres en unidad. Una gran obra de
arte no pertenece a nadie. En los grandes artistas no hay sentimiento de
satisfacción y logro, que es la persona atribuyéndose el mérito de su propia
creación. Esta sigue siendo sagrada, un símbolo, una ofrenda de Dios y una
ofrenda devuelta a Dios. El artista se siente a sí mismo solamente como el
instrumento de la manifestación. Dado que el artista está completamente
centrado en la ejecución, cuando la obra está terminada puede haber un
sentimiento de liberación.
Artista:
La colaboración creativa está siempre subconscientemente presente en el artista
durante la ejecución. Su profunda sensación de unidad y el compartir ésta con
los demás es parte de la totalidad de la visión. Ella le dice cuándo dejar
explicar su visión para que el otro pueda asimilarla. Mark Rothko era
consciente de esto. El gran arte nunca domina con estimulación mental o
sensual. No es una droga para los sentidos como la mayor parte de la producción
artística que vemos. Ninguna obra de arte debe expresar su carácter concreto
hasta el punto de no dejar sitio para el movimiento. Debe haber espacio para
que la interac-ción creativa tenga lugar. Muchas personas disfrutan de las
pinturas de niños muy jóvenes que, con frecuencia, son espontáneas y sin intervención
mental. Uno se siente libre en esta libertad.
Filósofo:
Todo aquello que no despierta nuestra alerta natural no es una obra de arte.
Las producciones que proceden de la experimentación o de estados psicológicos
son fraccionarias y nos dejan en la fracción. El talento del artista está en
hacer que el objeto carezca de objeto.
Interrogador:
¿Quiere esto decir que cualquier cosa que despierte nuestra alerta es una obra
de arte? En otras palabras, ¿que la obra de arte no siempre es hecha, sino que
puede ser encontrada?
Filósofo:
Es siempre encontrada en el sentido de que es siempre recibida. Los objetos de
arte son símbolos que apuntan a la totalidad, pero la obra de arte necesita de
diestra hechu-ra. Es una transposición y debe ejecutarse o desarrollarse de
alguna manera.
Interrogador:
La imaginación artística, es decir, el órgano de la transposición, ¿es un
pro-ceso intelectual o tiene lugar espontáneamente?
Artista:
La imaginación no se puede pensar. Surge cuando la personalidad está ausente.
Revela lo que hay oculto en la naturaleza. Lo que en esta apertura aparece
depende de la fantasía y el gusto del artista. La imaginación mana del pozo de
la belleza y la expresión sin límites, y cobra forma en la unicidad de la
existencia del artista.
Interrogador:
¿Cómo sabe el artista qué es en realidad imaginación creativa y qué es una
especie de eliminación?
Filósofo:
Cuando te familiarices más contigo mismo, la distinción entre lo que es
verdadera imaginación y lo que es malabarismos mentales se te hará clara. La
imaginación surge de la totalidad y deja una sensación global. No hay
involucración personal. Esta espaciosidad impersonal se encuentra en el haiku,
que es una simple declaración de hechos que se resuelve en presencia del
lector. A menudo se llama imaginación al soñar despierto. Pero soñar despierto
se remite siempre a un “yo” y encierra aspiración. En realidad, no es más que
supervivencia psicológica. Naturalmente, los sueños de devenir comienzan a una
edad muy temprana y la sociedad fomenta las aspiraciones, pero el soñar
despierto nos mantiene en el proceso del devenir y nos impide beber de la fuente
creativa del ser.
Artista:
¿No podríamos decir que el soñar despierto es símil y la verdadera imaginación
es metáfora? Por ejemplo, si digo: “Sé como un pájaro en aquel árbol”, tú
permanecerás aquí y te visualizarás a ti mismo en aquel árbol. Sin embargo, si
digo: “Eres un pájaro en aquel árbol”, y tú captas esto completamente, hay una
total transposición y no hay lugar para la comparación. Tú eres el pájaro y
toda tu estructura siente el viento, el movimiento de las ramas y el olor de
las hojas. Ya no te imaginas a ti mismo allí. Sencillamente ,estás ahí. ¡Qué
distintos serían la danza, la música, la interpretación y la pintura en uno y
en otro caso!
Filósofo:
Exactamente. El primero es un proceso mental y, por consiguiente, fraccionario.
Encierra dualidad. En el segundo no hay fracción. La verdadera imaginación no
es visualización. Uno no puede estar aquí y allí en el mismo momento porque la
consciencia y su objeto son siempre uno. En la visualización hay siempre una
rápida sucesión de pensamientos. En ser realmente el pájaro, la parte, la
música, hay unidad. Entonces, toda escritura, pintura, danza o interpretación
se transforman.
Interrogador:
Así que, cuando los sentidos se transponen a su totalidad, ¿no queda nada
personal?
Artista:
No queda nadie que dance. “¿Cómo podemos distinguir al danzante de la dan-za?”
Filósofo:
Pero no olvidemos que el artista no se pierde en su sentimiento. El y la acción
son todo uno, pero él se conoce a sí mismo en la actuación. El “sí mismo” al
que conoce no es la personalidad del actor sino lo que hay tras el actor y el
papel que interpreta.
Artista:
Desde luego, el actor no interpreta a Hamlet. Eso significa que hay dos en
esce-na, el actor y su visión de Hamlet. Sólo cuando el actor como sujeto está
ausente puede Hamlet estar presente.
Filósofo:
Hamlet está en él, pero él no está en Hamlet. No puede involucrarse, perderse
en Hamlet porque “él” está ausente. La verdadera naturaleza de la acción es no-acción.
Interrogador:
Confieso que he perdido el significado de tus palabras.
Artista:
Cuando el actor sube al escenario no lleva consigo su habitual colección de
imá-genes de sí mismo, su personalidad. Está vacío de toda memoria,
anticipación y demás. A través de su preparación del papel, Hamlet se ha
convertido en una acumulación de expe-riencia ni más ni menos que como
cualquier otra parte de su personalidad. Y, como todas las facetas de su
personalidad, ésta aparece en el momento y desaparece en el vacío cuando no se
necesita. El actor es penetrado en el momento mismo. Un personaje renace en
cada actuación del mismo modo que cada situación requiere la aparición de una
recién nacida personalidad. Uno no lleva la personalidad permanentemente ni
repite una actuación en ninguna situación de la vida. Todo cuanto ocurre es
nuevo, fresco, imprevisto.
Interrogador:
¿Cómo, entonces, hemos de enfocar el arte tradicional en esta sensación de
intemporalidad y libertad de todo esquema?
Artista:
El arte puede pertenecer a las convenciones de un siglo, pero los principios
son intemporales. Henry Moore, por ejemplo, utiliza el objeto científicamente
para señalar el es-pacio. En el arte tradicional, lo anecdótico tampoco se
enfatiza sino que se utiliza para indi-car un significado colectivo. Uno debe,
naturalmente, ser plenamente consciente del significado simbólico para apreciar
una obra de arte tradicional. La forma es sólo un pretexto. El símbolo nos
lleva más allá de la imagen. Todo arte religioso funciona de este modo. Si
contemplas las esculturas del período Tula, en la India, sin comprender su
significado, estarás atado al pretexto, a lo anecdótico. Tal vez puedas
admirarlas, pero no puedes apreciarlas.
Interrogador:
¿No hay distinción entre la pura experiencia estética de cuando uno es lle-vado
más allá de todo sentimiento y el sentimiento religioso inspirado por algunas
bellas obras de arte?
Filósofo:
Ciertamente. En ambos casos uno se ve elevado por encima del reino de lo
personal. Sin embargo, una obra religiosa apunta a la representación cultural.
Generalmente evoca sentimientos colectivos. El arte completamente
no-representativo puede, por otra parte, liberar a uno de toda connotación
representativa del tipo que fuere. Puede llevarte al vacío y a la luz. Sin
embargo, si uno conoce ya la luz y el espacio, el ser no-representativo,
entonces una bella imagen religiosa podría sin duda devolverle al gozo sin
objeto. El objeto es un espejo que refleja lo que tú llevas a él.
Interrogador:
¿No es ésta la esencia de todo simbolismo, ritual y mitológico? Cuando el
elemento personal o relativo está ausente, uno puede hacer propia la
transposición en todas las ocasiones. Lo que empezó como dependiente de las
circunstancias se hace ahora impersonal y autónomo.
Filósofo:
Desde luego es un largo tema para otro día de conversación, pero estoy de
acuerdo contigo. Lo que se libera del tiempo y espacio arbitrarios y se hace
impersonal e intemporal puede renacer una y otra vez a lo largo del tiempo. Se
le da libertad universal para ser creativo, es decir, para redespertar su causa
original, la exaltación de los sentidos. El tiempo específico, localizado, se
hace intemporal para que de nuevo pueda volver al tiempo y al espacio, pero con
la plena lozanía de lo universal y colectivo.
Interrogador:
Este movimiento de acontecimientos creativos es un reconocimiento y ex-presión
del hecho de que todos somos eslabones en la cadena del ser, microcosmos del
macrocosmos. Las obras de arte, el ritual y el mito son una afirmación y
exultación de nues-tra unidad fundamental. Pero, volviendo al arte, ¿dirías que
el arte que está libre de repre-sentación es una forma de arte más elevada?
Filósofo:
Aclaremos esto. El arte que está libre del objeto no es abstracto. El arte
abstrac-to no figurativo, es generalmente intelectual, lo que yo llamo
“decorativo”. No utiliza las sen-saciones corporales globales, sino que nace de
la idea. Y, como tal, sólo puede desplegarse en fragmentos del cuerpo. Como
máximo, actúa como paliativo, pero no puede llevarte más allá de la fracción.
Interrogador:
Así que, en la unión de admiración y apreciación, ¿todo el cuerpo entra en
juego?
Filósofo:
Es importante darse cuenta de la sutilidad del cuerpo, estar lo bastante
sensible como para saber cuándo la belleza se revela en nosotros y cuándo no.
Toda armonía está en nosotros. Somos un microcosmos de armonía universal, así
que debemos escuchar al eco que hay en nosotros. Cuando oímos música o vemos
una pintura, o nos encontramos en un edificio, debemos fijarnos en cómo éste
actúa en nosotros, en cómo reaccionamos en la mente, el cuerpo y sentimiento.
Interrogador:
He oído que la música, por ejemplo, nos alcanza en tres regiones, inferior
(sexual), media (abdominal) y superior (cerebral), que corresponden al ritmo,
la melodía y la armonía. La música africana y contemporánea a menudo enfatizan
el ritmo, y Bach pone el acento en la armonía.
Filósofo:
Sí. Debemos darnos cuenta de cómo nos afecta y no identificarnos con una
fracción. La verdadera apreciación no está condicionada por ideas. Dado que
todos estamos hechos de los mismos elementos fundamentales, las grandes obras
de arte y naturaleza ejercen una atracción universal en cualquier siglo. La
transformación alquímica que tiene lugar cuando observador y observado se
convierten en uno no está ligada al tiempo y el lugar.
Interrogador:
Está claro que es importante aprender, no qué mirar, escuchar y demás, si-no
cómo mirar y escuchar. Y, sin embargo, ¿cómo puedo estar alerta, tomando nota
de los sonidos, de cómo éstos actúan en mí y cómo reacciono yo a ellos y, al
mismo tiempo, ser pasivo, permanecer en el fondo global, en el silencio del que
proceden todas las cosas?
Filósofo:
Debes explorar como lo hace un niño, abiertamente. Esto sólo es posible cuan-do
el controlador, el ego, el propagador de visiones está ausente. El escuchar
entonces no está fijado en los oídos, ni el mirar lo está en lo ojos ni el
saborear en la boca. De modo que no escuches tú el sonido, deja que él te
escuche a ti. No mires esta flor, deja que ella te mire a ti. En el momento en
que estás receptivo, todos los sentidos se acentúan. Cuando no hay fijación en
una facultad sensorial es cuando todas pueden entrar en juego. Un sentido no es
sino un mero canal para el resto. El permitir la transposición desde un sentido
hasta la exaltación de todos es una manera de vivir con los objetos.
Artista:
Esto es lo que ocurre cuando veo el color rojo y lo siento como algo caliente,
apa-sionado o agresivo. ¡A veces hasta tiene cierto olor! El azul produce en mí
una sensación de quietud, espacio y frescura. Y hablamos también de sonidos que
son graves o agudos.
Interrogador:
Si esta transposición es sucesiva, ¿cómo puedo llegar a ese gozo global en el
que todos los sentidos se integran en el todo?
Filósofo:
Cuando no hay fijación, concentración o dirección, los sentidos relajan su
carácter asidor, la garra con que bloquean el espontáneo desplegamiento de todo
el cuerpo. La alerta sin foco invita al objeto a contar su historia. La
bienvenida es atractiva y, cuando los objetos quedan libres de la fijación de
los sentidos, se ven espontáneamente atraídos hacia la bienvenida cual si fuese
hacia un imán. En cierto momento hay un movimiento súbito y los residuos de
energía fija, los residuos de las percepciones, se integran en la conciencia
global. Hay una reorquestación de energía.
Interrogador:
¿Es esto lo que ocurre cuando la vista de aves volando o el sonido del agua
puede súbitamente ser una puerta a la conciencia global?
Filósofo:
Sí, cuando hay esa madurez que llega con la actitud de bienvenida. Así como el
artista vive constantemente en su medio sabiendo que éste es la puerta a la
fuente de la creatividad, así el buscador de la verdad vive en todo momento en
el medio de su verdadera naturaleza, la abierta bienvenida. Cuando vives como
cuerpo, todo aparece como cuerpo; cuando vives como mente, todo aparece como
mente; cuando vives como un artista, todo aparece como color, sonido, espacio y
forma; cuando vives como un científico, todo aparece como relación; cuando
vives en la consciencia, todo aparece como consciencia.
Interrogador:
Así que el artista vive en el sentimiento y su expresión, y es inherente al
ar-tista el compartir esto con los demás. El científico objetiviza su
conocimiento; dice: “Yo sé.” Pero el buscador de la verdad no enfatiza
sentimiento, ni conocimiento ni objeto ninguno, sino el conocer como ser, de
modo que tras la intuición de ser él deja de tener el reflejo de objetivizar y
permanece en unidad. Así, él está en continuo ofrecimiento.
Artista:
¿No es el deseo creativo lo más cerca que podemos llegar de entender el Deseo
Cósmico del que procede toda creación? ¿Acaso el proceso de creación en el
artista no es el mismo que en la creación del universo, con la diferencia de
que el deseo cósmico jamás llega al agotamiento completo porque su
concretización es infinita? Este deseo permanece sin principio ni fin. Es el
deseo arquetípico. La actividad de Dios llega a descansar solamente en el
conocer como ser, donde la quietud se encuentra consigo misma. La transparencia
del sabio permite al ser encontrarse consigo mismo. El fuego extingue el fuego.
Interrogador:
Después de todo esto, ¿podemos decir que la sabiduría y el amor al arte van de
la mano?
Filósofo:
Es seguro que los hombres y mujeres sabios aman la belleza, porque ésta hace
eco de su propia belleza. Los sabios están versados en el arte de vivir y
ejecutan su ofrecimiento a través de su ser y su enseñanza. Los verdaderos
sabios, como los grandes artistas, son raros. Todo su vivir es una ofrenda en
la que el que escucha es invitado a participar. Como el artista en el momento
creativo, el sabio está libre de ego, es simplemente un canal y, como el
artista, el sabio permite a aquéllos que vienen buscando la verdad hallar la
realización en sí mismos.
Artista:
Y, sin embargo, ¿no somos todos sabios en el momento de mirar o escuchar una
hermosa obra de arte? ¿Dónde estamos los tres en ese instante? ¿Dónde incluso
está el sentimiento de unión o compartimiento? Sólo hay mirar, sólo escuchar.
Sólo hay unidad, comunión silenciosa en el ser. ¿No es ésta la esencia de la
sabiduría?
Interrogador:
Viviré durante mucho tiempo con el sentimiento de esta conversación. ¡La
existencia es la obra de arte en la que todo se une en un festival de amor!.
FIN

