Libros Más Recientes

Emancipación N° 1050

Emancipación N° 1049

Emancipación N° 1048

PODCAST REVISTA

Guillermo Molina Miranda febrero 02, 2025

 


© Libro No. 389. El Ciclo Económico I. Cage, Alan J.  Colección Emancipación Obrera. Marzo 9 de 2013.

 

Título original: ©  Alan J.  Cage (2004), El Ciclo Económico.

 

Versión Original: ©  Alan J.  Cage, El Ciclo Económico.

 

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

Alan J. Cage (2004) El ciclo económico. Texto completo en www.eumed.net/cursecon/libreria/

comentarios al texto directamente al autor : alanjcage@yahoo.com

 

Licencia Creative Commons:

 

Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la fuente.

 

Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores

No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines comerciales

No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este texto.

 

Portada e Ilustración E.O. de Imagen: Alan J. Cage (2004) El ciclo económico.

 

 

© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CICLO ECONÓMICO

Alan J. Cage

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CICLO ECONÓMICO
Alan J. Cage

 

 

¿Cuáles son las causas del crecimiento?

¿Son inevitables las crisis?

¿Qué rol juega el Estado?

 

Para citar este libro recomendamos utilizar el siguiente formato:

Alan J. Cage (2004) El ciclo económico. Texto completo en www.eumed.net/cursecon/libreria/

 

Envíe sus comentarios al texto directamente al autor : alanjcage@yahoo.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Bernardo

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante el largo período de elaboración de este libro he recibido valiosos comentarios y sugerencias de amigos y colegas. A todos ellos mi profundo agradecimiento.

Igualmente agradezco a Editorial Dunken y a su personal por el excelente trabajo y la cuidada edición del libro que distribuyen en Argentina y Uruguay,

Finalmente, mi mayor deuda es con mi familia, a ellos las gracias por el respaldo para esta empresa y la comprensión por el tiempo sustraído por la misma.


ÍNDICE

 

INTRODUCCIÓN.................................................................................................. 9

                                       SECCIÓN I:

                             CRECIMIENTO ECONÓMICO

I.1     El funcionamiento de la economía capitalista........................................... 23

I.2     Modelo básico de crecimiento económico................................................ 53

I.3     Uruguay: economía primaria agro exportadora (1870-1929).................... 79

I.4     Síntesis de la Sección................................................................................. 93

SECCIÓN II:

CRISIS ECONÓMICA

II.1    La dinámica de la acumulación de capital................................................. 101

II.2    Modelo ampliado de ciclos económicos.................................................... 117

II.3    Uruguay: economía primaria con industrialización sustitutita

(1930-1973)............................................................................................... 127

II.4    Síntesis de la Sección ................................................................................ 141

 

                                      SECCIÓN III:

                               EL ROL DEL ESTADO

III.1   El papel del Estado en el crecimiento económico..................................... 149

III.2   Modelo específico para cada factor.......................................................... 163

III.3   Uruguay: economía primaria con servicios a la región (1973-2000)........ 179

III.4   Síntesis de la Sección................................................................................. 207

SECCIÓN IV:

SÍNTESIS FINAL Y CONCLUSIONES

IV.1   La teoría del crecimiento económico, sus causas y sus crisis............... 215

IV.2   Crecimiento económico: un modelo clásico......................................... 223

IV.3   Breve historia económica del Uruguay................................................. 229

 

ANEXOS

ESTUDIO DE CASOS

1       El crecimiento chileno.............................................................................

2                  La economía neocelandesa......................................................................

3                  La experiencia irlandesa.........................................................................

 

V:      REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS...................................................

 


INTRODUCCIÓN

 

El estudio de la dinámica del sistema capitalista, de sus fases de crecimiento y de sus períodos de crisis que conforman los ciclos económicos, se inició con el trabajo de los primeros economistas clásicos[i] en su afán de responder a dos preguntas que han sido objetos de investigación de la ciencia económica en sus inicios:

- ¿Cómo se genera la riqueza?

- ¿Cómo se distribuye entre los distintos componentes de la sociedad?

Con el paso del tiempo, la emergencia del pensamiento económico marginalista, base de las teorías económicas dominantes en la actualidad (neoclásicas y keynesianas), desplazó el centro de investigación a otras cuestiones que si bien importantes dejan de lado la comprensión esencial del sistema económico en el cual vivimos.

A pesar de que la corriente dominante del pensamiento económico ignoró la discusión del estudio del sistema económico como tal y se concentró en aspectos parciales del mismo, diversos autores fuera de esa corriente siguieron trabajando sobre las bases que dejaran los autores clásicos[ii].

Al finalizar la segunda guerra mundial también en la corriente económica dominante renacen estos temas, pero con un enfoque, metodología y hasta denominaciones completamente diferentes. Son las teorías del crecimiento que, luego del impulso dado por el modelo Solow - Swan de fines de la década del 50, conocen un período de lentos avances y se retoman con fuerza en los años 90. Sin embargo la presentación teórica de estas teorías adolece de graves defectos[iii] y, no menos importante, arriban a conclusiones que la contrastación empírica revela como incorrectas[iv], además de ocultar las relaciones entre los actores sociales que se dan en el sistema capitalista con respecto al proceso de producción y distribución.

Por ello no se sigue esta última línea de la corriente económica dominante y en cambio se propone sintetizar los aportes realizados por los economistas clásicos y sus continuadores acerca del crecimiento, sus causas y sus crisis. A la vez se intenta aportar nuevos avances en esa dirección, especialmente a la descripción matemática de esta dinámica.

Por cierto que existen divergentes opiniones entre los economistas clásicos sobre el objeto de estudio (y aún más entre sus continuadores, ya que pueden haber varias escuelas basadas en un mismo pensador clásico) y que el autor se decanta por una línea explicativa que tiene como hilo conductor la tasa de beneficio de los empresarios, la relación entre las ganancias y el capital invertido[v] . El libro se articula sobre la base del estudio de esta tasa de beneficio a partir de la teoría del valor trabajo, teoría que al no ser el objeto en estudio se desarrolla sólo en aquellos aspectos que soportan el hilo conductor. El documento describe la dinámica del sistema capitalista centrándose en el crecimiento económico, desarrolla modelos para sustentar con precisión la descripción y estudia la historia económica de un país específico, Uruguay, como aplicación de caso de los conceptos y modelos desarrollados.

No se discute aquí explícitamente la segunda de las cuestiones que los economistas clásicos plantearon conjuntamente al problema del crecimiento: la distribución de la riqueza. A nuestro juicio, ambas cuestiones están íntimamente relacionadas y la misma dinámica económica que da cuenta de una de las cuestiones, genera la otra. Mas aún, la propia dinámica del crecimiento genera una desigualdad creciente, pero a la vez  el incremento de la riqueza eleva los ingresos (en forma diferencial) de todos los sectores de la población, inclusive de aquellos más pobres. Las recesiones económicas perjudican en mayor medida a las capas menos pudientes[vi].

Si bien no se aborda en forma directa la cuestión de cómo se distribuye la riqueza, indirectamente el tema es tratado en forma reiterada en cuanto toda la exposición gira en torno al beneficio (ingresos excedentes de los empresarios que se reparten entre los distintos grupos capitalistas bajo diversas denominaciones: dividendos, intereses, renta) y el salario (ingresos de los trabajadores.) En la explicación de la dinámica del crecimiento de la economía y de sus crisis, en la modelación de esa dinámica, en el rol del Estado y en la síntesis histórica del caso uruguayo se hacen continuas referencias a esta cuestión, aún cuando el foco esté dirigido al análisis del crecimiento económico.

Finalmente cabe comentar la metodología de exposición utilizada en este documento: el lenguaje del texto principal trata por una parte de ser asequible a las personas sin conocimientos o con conocimientos básicos de economía y por otra el que la lectura resulte lo más amena posible, por lo que se han colocado como notas las precisiones más técnicas cuando el concepto no ha resultado suficientemente preciso para especialistas o cuando era necesario dar más detalles acerca de lo tratado en el texto principal. Con el mismo fin de dotar de claridad a la exposición, cuando es posible se ha utilizado un lenguaje actualizado y no el originalmente utilizado por los economistas clásicos, aún cuando a veces los términos no sean estrictamente equivalentes en cuyo caso las diferencias son precisadas en las notas.

Luego de haber delimitado el objetivo y las cuestiones a investigar en esta introducción, los temas se presentan en un orden creciente de complejidad, ampliando las dimensiones en estudio hasta conformar tres grupos de tres capítulos agrupados en secciones. Un cuarto capítulo en cada sección intenta ser una síntesis integradora de lo tratado en la misma.

En la primera parte se aborda el fenómeno del crecimiento económico, a partir de la descripción del funcionamiento de la economía actual a su nivel de análisis más básico: el de los empresarios y trabajadores. Partimos entonces, en un primer capítulo, de una microeconomía  elemental para luego encarar la dinámica del sistema económico actual, mostrando como el mismo implica la necesidad de acumulación constante de capital, lo que se traduce en crecimiento económico.

El segundo capítulo de esta primera sección se propone modelar la dinámica de funcionamiento del sistema capitalista en lo que respecta al crecimiento, “las leyes de movimiento” de los economistas clásicos comenzando por el modelo básico más sencillo y que por tanto asume una cantidad importante de supuestos fuertes. A partir del modelo básico se extraen las primeras conclusiones que describen el comportamiento del sistema económico y se analizan las limitaciones del modelo debido a los supuestos realizados. Luego progresivamente se eliminan las restricciones, acercando el modelo a la realidad económica, y se extraen nuevas conclusiones. Los sucesivos modelos se ocupan casi exclusivamente del problema del crecimiento, inicialmente con una única técnica de producción, la más rentable, incorporando a posteriori el progreso tecnológico y las condiciones de viabilidad para el cambio de técnica de producción.

El capítulo final de esta primera sección se propone describir el desarrollo histórico del sistema capitalista uruguayo como complemento y aplicación de caso de los capítulos anteriores. Como breve descripción, Uruguay está ubicado en la zona subtropical austral de América del Sur, limitando con Argentina al oeste y Brasil al noreste, cubre una superficie de aproximadamente 176.000 kilómetros cuadrados, y tiene una de aproximadamente 3.300.000 habitantes, la mayoría de ellos de origen europeo, con una tasa de alfabetización del 97%. Aproximadamente un 89% de la población vive en áreas urbanas, y aproximadamente un 42% en el área metropolitana de Montevideo, su capital. En general, Uruguay es catalogado como un país en desarrollo de ingresos medianos.

El período seleccionado para esta parte inicial va desde 1870 hasta 1929 en el cual los propietarios ganaderos y los comerciantes importadores de Montevideo dieron forma a lo que se ha denominado “modelo agroexportador primario”, basado en la producción ganadera, modelo que con sus aspectos institucionales, de desarrollo tecnológico, de organización económica logró una inserción exitosa en la división de trabajo internacional naciente. Esta inserción generó una fase de crecimiento larga hasta 1913 en la cual Uruguay tuvo similares y mejores ingresos per capita que los países capitalistas centrales.

La segunda sección introduce el estudio de la detención e incluso retroceso del crecimiento que ocurre con las crisis económicas. El primer capítulo muestra como el crecimiento se ve interrumpido en forma periódica por brutales crisis donde la generación de riqueza cae y la desocupación crece, debido a las contradicciones propias del sistema económico y a pesar del deseo conciente de la gran mayoría de sus actores de continuar acumulando capital. Pero estas crisis aportan también elementos correctivos para la economía capitalista que relanzarán el crecimiento bajo un nuevo marco de negocios.

La dinámica del sistema económico sólo puede ser descripta mediante modelos matemáticos donde el cambio en el tiempo tiene una gran importancia. Los economistas clásicos distinguieron los diferentes procesos dinámicos que caracterizan la economía capitalista y que podemos describir en las tendencias históricas, las fluctuaciones de crecimiento y crisis y la formación de precios en la economía. El segundo capítulo de esta sección presenta modelos dinámicos que explican la ocurrencia de períodos de crecimiento alternados por períodos de crisis, extrayéndose de estos modelos conclusiones que avalan la descripción cualitativa presentada en el capítulo precedente.

El capítulo final de esta segunda sección estudia la expansión y crisis de la economía uruguaya entre 1930 y 1973, ejemplificando los conceptos y modelos matemáticos desarrollados al respecto. A partir de la crisis del modelo agroexportador uruguayo, con una fase recesiva que se continuó hasta 1929, la inmigración  y el estancamiento ganadero condujeron a la “revolución de la pequeña burguesía” como ha llamado la historiografía uruguaya a las reformas del gobierno bajo la influencia de José Batlle y Ordoñez a principios del siglo XX luego complementadas en las décadas del 30 y 40 y que dieran lugar a una rápida industrialización basada en el “modelo de sustitución de importaciones”.

Debe destacarse que el contexto internacional del período, centrado primero en la gran depresión y luego en las guerras mundiales entre países industrializados, significó la imposibilidad de los mismos de seguir ejerciendo su  rol en la división internacional del capitalismo lo que generó la búsqueda de una rápida industrialización por parte de muchos países subdesarrollados, movimiento que involucró a América Latina en su casi totalidad y a Uruguay en particular. El rápido crecimiento se agota a mediados de los años 50 momento a partir del cual se iniciará un proceso de fuerte divergencia en los valores de producto per capita con los países desarrollados. Las causas se pueden encontrar en la caída de la rentabilidad en la industria, en la dependencia tecnológica e insuficiencia del proceso y en el marco de la continuidad del estancamiento de la producción ganadera que limitó el modelo desarrollado al ser la fuente casi exclusiva de las divisas necesarias para la importación de los elementos utilizados por la industria. Es un interesante ejemplo de cómo al cambiar la unidad de análisis, del desarrollo capitalista general a la economía de un país en particular, a los mecanismos descriptos de crecimiento y crisis se agregan las especificidades propias del caso en cuestión, enriqueciendo a la vez que confirmando el análisis general. Al tratarse Uruguay de una economía pequeña de menor desarrollo por su trayectoria histórica, la demanda externa de productos primarios juega un rol importante en su evolución económica.

La sección tercera introduce el estudio del rol del Estado en los procesos de crecimiento y crisis. El sistema económico no se sostiene por sí sólo, ni aún en épocas de crecimiento donde no ocurren crisis, sino que es necesaria la dimensión política representada por el Estado para viabilizar la dimensión económica. Este Estado es, en última instancia y en forma no exenta de contradicciones, el instrumento de los grupos empresarios para regular, dar soporte y potenciar la acumulación de capital. Este es el objeto de análisis del primer capítulo de la sección. Pormenorizadamente se estudian diversos factores y políticas de Estado que se relacionan con el crecimiento económico según los estudios empíricos realizados al respecto y de acuerdo con lo que predice la teoría clásica: educación, investigación, estructura del mercado, apertura comercial.

El segundo capítulo explica a partir del modelo matemático desarrollado en las secciones anteriores las diversas políticas económicas que el Estado puede llevar a cabo para soportar y potenciar el crecimiento y la acumulación de capital, así como profundiza el estudio del progreso tecnológico por ser un elemento clave en la dinámica del sistema. Con este objetivo el modelo básico se extiende en un par de direcciones. Por una parte pasa de ser un modelo agregado unisectorial a uno de dos sectores: el sector productor de medios de producción y el de bienes de consumo. Por otra aplica el método de costos laborales unitarios verticalmente integrados para extraer conclusiones acerca de la competitividad de una economía o de una rama industrial y sus posibilidades ante una apertura comercial.

El último capítulo de esta sección, presenta la evolución económica de Uruguay especialmente en la década de los 90 como estudio de caso de aplicación de la teoría expuesta en los capítulos previos. El lector podrá con lógica preguntarse por qué no analizar el caso de un país desarrollado, sea europeo o Estados Unidos, donde el apoyo del Estado al proceso de acumulación es importante y en donde nació el sistema económico capitalista. Después de todo, los países hoy desarrollados tuvieron un desarrollo autonómo, desde el interior, centrado y con un tejido industrial más importante y conectado que un país subdesarrollado como es el Uruguay, de incorporación tardía al capitalismo mundial y con un rol subordinado en su división internacional de trabajo.

Las razones son dos. En primer lugar el apoyo y la intervención de los países desarrollados a su proceso de acumulación de capital y crecimiento económico está muy bien documentado en diversos trabajos, desde el inicio de la industrialización en el siglo XVII hasta la actualidad. Para muestra considérese el excelente material de Ha-Joon Chang (2001), con una completa descripción de las políticas industriales, comerciales y tecnológicas (ITT por sus siglas en inglés) seguidas por Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Japón y los nuevos países industrializados entre otros. La tesis que el autor comprueba con adecuada documentación y citas, es que los países desarrollados siguieron políticas activas de industrialización con protección arancelaria, subsidios, cambios en la educación, apoyo a la  investigación básica y aplicada, transfiriendo recursos públicos al sector privado para todo ello. Una vez sus industrias se volvieron competitivas comenzaron a pregonar, condicionar y exigir acuerdos de libre comercio con países (o colonias en su momento) con escaso desarrollo industrial. Ejemplos paradigmaticos de esta evolución en dos etapas son Gran Bretaña en los siglos XVIII y XIX y Estados Unidos en los siglos XIX y XX respectivamente.

La segunda razón tiene relación con la estructura interna de este material. El estudio del caso uruguayo desde 1973 al fin del milenio, y particularmente la evolución económica en los 90, nos permite completar la historia sintética del país desde el punto de vista del crecimiento económico y sus crisis, desarrollada en las primeras secciones. E intenta clarificar los aciertos y errores cometidos por los gobiernos del período, con respecto al soporte estatal al crecimiento económico, en un análisis comparativo y a la luz de la teoría clásica.

 Por ese motivo el tercer capítulo de la sección comienza con el análisis comparativo de las trayectorias de crecimiento seguidas por países de similar tamaño a Uruguay, como son Chile, Nueva Zelanda e Irlanda, cuyos detalles se presentan en Anexos. Con ellos Uruguay comparte su origen como país proveedor de materia primas y alimentos para los países industrializados, con los dos primeros el ser países de la zona templada del planeta que por su lejanía de los centros desarrollados recién se integraron a la economía mundial a finales del siglo XIX.

Al abordar el caso uruguayo, se presenta el proceso económico de la última década y el análisis comparativo, a la luz de los casos analizados y de la teoría clásica del crecimiento, de las políticas implantadas desde el Estado por los sucesivos gobiernos, desde la dictadura militar que tomó el poder en 1973 hasta la administración actual. Si bien se describen los resultados alcanzados y como el país se precipitó recientemente en una profunda crisis, el análisis se centra en el rol jugado por el Estado en la década de los 90 donde el país alcanzó altos niveles de crecimiento.

Hasta aquí la organización de los capítulos que ha sido descripta en forma lineal, tal cual habitualmente el lector encara la lectura de un material escrito. Existe empero la posibilidad de encarar la lectura en una forma distinta, cual si de tres libros diferentes (pero relacionados) se tratara y que responden  las tres preguntas que subtitulan la obra desde el punto de vista de la teoría económica clásica, su modelización matemática y el análisis de caso respectivamente. Cada libro está compuesto por tres capítulos,  los de igual numeración en cada sección y se ha incluido una síntesis final de cada uno de ellos con la finalidad de integrar los temas tratados sin las discontinuidades a las que se verá sometido el lector que prefiera realizar su lectura en su dimensión lineal.

Así si el lector elige realizar la lectura de los primeros capítulos de cada sección podrá acceder, sin pérdida de continuidad, a una descripción de la dinámica del sistema económico capitalista, los motivos que impulsan el crecimiento,  las causas que generan las crisis del sistema y el rol del Estado en ambos hechos. La descripción sigue un enfoque de raíces clásicas, siendo el hilo conductor causal la tasa de beneficio de las empresas. A este primer “libro” lo podríamos titular “La teoría del crecimiento económico, sus causas y sus crisis”.

Si en cambio el lector selecciona los segundos capítulos de cada sección, hallará un estudio de la economía capitalista por medio de modelos matemáticos que progresan por etapas, comenzando por el modelo básico más sencillo. A partir del modelo básico se extraen las primeras conclusiones que describen el comportamiento del sistema y se analizan las limitaciones del modelo debido a los supuestos realizados, posteriormente en forma progresiva se eliminan las restricciones y se extraen nuevas conclusiones. Al comienzo el interés se centra en las tendencias de largo plazo para las principales variables, luego se estudian las fluctuaciones de las mismas en períodos más breves (pero no en el corto plazo, ya que los modelos se construyen desde el lado de la oferta y nunca de la demanda.) El modelo se amplía para poder analizar diversas políticas económicas que el Estado puede llevar a cabo para soportar y potenciar el crecimiento y la acumulación de capital, así como para profundizar el estudio del progreso tecnológico por ser un elemento clave en la dinámica del sistema. El título de este libro, formado por los capítulos segundos de las secciones, podría ser: “Crecimiento Ecónomico: un modelo clásico”.

Finalmente si el lector opta por los terceros capítulos de cada sección, podrá acceder a la descripción del desarrollo histórico del sistema económico uruguayo como complemento y aplicación de los “libros”anteriores, descripción que podemos denominar “Breve Historia Económica del Uruguay”. Esta es una síntesis de la historia económica del país desde el punto de vista del crecimiento económico y dividida en períodos que reflejan el enfoque aquí adoptado.

La elección de los períodos en que hemos dividido el lapso de tiempo abarcado merece una explicación: por una parte estos períodos representan conformaciones específicas del capitalismo a escala mundial en cuanto a los aspectos institucionales, de desarrollo tecnológico, de organización económica y de estructura de poder. Ellos coinciden en forma aproximada con las llamadas “ondas largas” del capitalismo primero constatadas por Kondratieff y luego analizadas, explicadas y vaticinadas por Mandel[vii]. Pero también estos períodos se corresponden con distintos “modelos de país” por los cuales los grupos dominantes en cada momento intentaron darle viabilidad a un crecimiento económico adecuados a sus intereses[viii]. Una característica común a los tres modelos que distinguimos en la historia de Uruguay, es que la inserción internacional del país permaneció prácticamente incambiada con un rol proveedor de productos primarios típicos de las zonas templadas del globo.

La economía uruguaya ha sido altamente dependiente de la demanda de productos de los países desarrollados desde los inicios del período considerado y a su vez la influencia de los países limítrofes, Argentina y Brasil, ha sido muy marcada en toda la historia económica y política del país. Estudios recientes de historia económica (Bértola 2000) para el período 1870-1990,  han encontrado hasta 1913 una alta y simultánea correlación entre los ciclos económicos argentinos y uruguayos que se debilita entre 1930 y 1970 para aumentar desde fines de la década de los 70. Los ciclos brasileños  parecen independientes con respecto a los uruguayos y argentinos hasta los años 30, luego comienzan a correlacionarse con los ciclos uruguayos y se intensifican, al igual que con Argentina, a partir de la década del 70.

Por estos motivos el análisis de cada período en que se ha dividido el lapso abarcado se preceden con una descripción de la situación y evolución económica de los países desarrollados, además su demanda de productos primarios y sus inversiones y colocaciones de productos tecnológicamente más avanzados que los producidos en el país han tenido fuerte influencia en el crecimiento de la economía uruguaya. Al estudiar la evolución de la economía uruguaya se consideran los países de la región porque su tamaño, inestabilidad y políticas económicas han tenido una fuerte influencia sobre el caso en estudio.

Queda por último describir la cuarta sección: se trata de ofrecer una síntesis y las conclusiones a las que se arriba con respecto a cada uno de los tres “libros”mencionados, a fin de facilitar al lector la comprensión cabal de cada uno de los tópicos. Junto con las conclusiones se indican las limitaciones que el autor ha encontrado en algunos puntos tratados y que espera superar en un futuro, lo cual implica el sugerir nuevas posibilidades de continuación y complementación de las tesis aquí presentadas.

El siguiente cuadro esquematiza las dos dimensiones de lectura posible, el encabezamiento de filas y columnas establece  los títulos de cada una de las secciones y de los “libros independientes”:

 

La teoría del crecimiento económico, sus causas y sus crisis.

Crecimiento económico: un modelo clásico.

Breve historia económica del Uruguay.

Síntesis

temática

de la Sección

Crecimiento económico

Sección  I

Capítulo 1

Sección  I

Capítulo 2

Sección  I

Capítulo 3

Sección I

Capítulo 4

Crisis económica

Sección  II

Capítulo 1

Sección  II

Capítulo 2

Sección  II

Capítulo 3

Sección I

Capítulo 4

El rol del Estado

en el crecimiento

Sección  III

Capítulo 1

Sección  III

Capítulo 2

Sección  III

Capítulo 3

Sección I

Capítulo 4

Síntesis final y

Conclusiones

Sección IV

Capítulo 1

Sección IV

Capítulo 2

Sección IV

Capítulo 3

Sección I

Capítulo 4

 

Por último, pero no menor, para que sea posible la lectura en del material en las dos dimensiones que se presentan en el cuadro ha sido necesario incurrir en algunas repeticiones de conceptos y parágrafos que el autor ha intentado limitar y que esperamos el lector sepa disculpar.


 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: SECCIÓN I:
CRECIMIENTO ECONOMICO


I.1       El funcionamiento de la economía capitalista

La motivación del empresario

El surgimiento de la sociedad capitalista en las postrimerías del siglo XVII, luego de una larga evolución que modificó radicalmente la sociedad medieval, es a la vez causa y consecuencia del avance de las técnicas de producción que posibilitan el nacimiento de una numerosa clase trabajadora que vende su fuerza de trabajo, a cambio de un salario, a un pequeño grupo de la sociedad propietario de los medios para producir. Este pequeño grupo produce mercaderías (productos), a partir de otras mercaderías (materias primas, maquinarias y fuerza de trabajo), que comercializa en el mercado y al realizar estos procesos se queda bajo la forma de beneficio o utilidades con el excedente generado por el trabajo de aquellos a quienes contrata.

El nuevo sistema económico se caracteriza por una nueva forma de comportamiento que el capitalismo generalizó en toda la sociedad: la motivación para maximizar el ingreso, la motivación de las utilidades. La sociedad de mercado no inventó esta motivación, pero la convirtió en un aspecto central y necesario del sistema económico y del comportamiento social[ix].

De esta forma la sociedad capitalista logró transformar (y ocultar) la imagen que de ella misma tienen los distintos grupos sociales y las personas que componen esos grupos. La existencia de clases sociales, elemento común a casi toda la historia de la humanidad, con poderes y roles diferentes en la generación y distribución de la riqueza de la sociedad capitalista, queda disimulada en una “natural” regulación del mercado producto de la búsqueda de la maximización de los ingresos y que tiene como “ley natural” la conocida como de oferta y demanda.

En todas las sociedades humanas la forma de generar y distribuir la riqueza determina y son determinadas por las relaciones de poder y dependencia entre seres humanos[x].

A partir de cierto momento en la historia de la humanidad y gracias al progreso tecnológico, el hombre fue capaz de crear más riquezas de las necesarias para sobrevivir. Esa riqueza excedente permitió el surgimiento de personas no dedicadas a la producción de bienes y que pasaron a formar parte de una clase, en general, dominante.

En la sociedad feudal la riqueza generada por los siervos atados a la tierra era utilizada en una parte (menor) para su subsistencia mientras que la otra parte (mayor) era apropiada por los señores feudales quienes garantizaban a su vez la seguridad a sus siervos a través de sus ejércitos propios. De este modo, la riqueza y el poder del señor feudal se hallaban asociados a la tierra que poseía (y por tanto a los siervos que podían producir en ella), por lo que su afán era la posesión de más tierras para la obtención de mayor poder.

En el sistema capitalista, como veremos, la riqueza es generada por el trabajador que recibe a cambio un salario para su subsistencia y el de su familia. La producción es comercializada por el empresario quien vende el producto para recibir un pago que cubra el dinero que adelantó al trabajador y que entregó a otros empresarios a cambio de materias prima, máquinas e insumos, obteniendo a la vez un beneficio.

La motivación ya no es la posesión de un bien material: no es la tierra como lo era para el señor feudal ni  es el producto que el trabajador fabricó. El objetivo del empresario es obtener un beneficio económico que compense su inversión. Y este beneficio obtenido, al incrementar el capital que posee el empresario, lo obliga a lograr un beneficio en valor absoluto superior al anterior para que, relativo al capital incrementado, sea igual.

Es entonces la continua búsqueda de ganancias lo que lleva al empresario a reinvertir constantemente sus utilidades, aún cuando esa reinversión no necesariamente se realice en el proceso que originalmente le permitió tomar los excedentes generados en el mismo.

 

El origen del beneficio

En el apartado anterior se mencionó  en forma sintética la relación que en el sistema capitalista se establece entre el empresario y el trabajador productivo. Desarrollaremos el tópico en este apartado.

El empresario tiene un “capital” en el sentido que se la da en la actualidad: un monto de dinero que invertirá para la producción de un producto comercializable[xi]. Con este capital comprará medios de producción (maquinarias y materias primas) y contratará  trabajadores a los que pagará un salario[xii].

El empresario elegirá las maquinas que correspondan a una técnica o tecnología que le permitan un menor costo de producción, considerando el salario a pagar por trabajador y la productividad que el proceso técnico implícito en la maquinaria le permita.

La comercialización de la mercadería producida le permitirá recuperar el capital invertido más una ganancia o beneficio. La venta del producto cierra el circuito y permite “realizar” la ganancia. Por eso la parte comercial del circuito se denomina la “esfera de realización”. La parte del circuito en que se fabrica el producto es la “esfera de la producción”.

¿Ahora bien, de donde surge esta ganancia?

Si existe libre competencia en los mercados donde el empresario se abastece y donde ofrece su producción, el empresario no perderá ni ganará en el acto de compra de maquinaria y materia prima ni en el acto de venta de su producto[xiii]. El empresario intercambia dinero por bienes cuyo valor monetario es equivalente al dinero pagado.

En otras palabras, su ganancia no surge (si bien se realiza, paso socialmente necesario para que esa ganancia se concrete) en la comercialización de los bienes comprados o vendidos. Su ganancia surge en la producción de los bienes, se logra debido a que el empresario no le paga al trabajador por el valor de lo que produce sino por lo que éste necesita para subsistir[xiv]. Y este monto es menor al primero, por lo que el día laboral del trabajador se puede dividir en una porción paga, cuyo producido equivale al salario, y una fracción impaga cuyo producido es excedente[xv].

La producción del trabajador al ser apropiada por el empresario es la fuente de sus ganancias. Y mayores son sus beneficios cuantos menores son los salarios que paga[xvi]. A su vez es esta ganancia lo que le permite  reinvertir contratando más trabajadores y haciendo crecer la producción de bienes.

En resumen: el empresario al poseer los medios de producción de un proceso técnico, contrata la fuerza de trabajo del trabajador y toma los excedentes generados. Su objetivo no es la producción de un bien en sí sino la ganancia que de este circuito se deriva.

Son estas relaciones de producción, entre el empresario, el trabajador y los medios de producción, que definen en su raíz al sistema capitalista. Y en última instancia determinan la conducta de los participantes en el sistema.

 

La valorización del beneficio

El empresario utiliza su dinero para comprar maquinarias, materias primas y mano de obra, con ellos performa el proceso productivo y comercializa el producto resultante a un precio dado: analicemos  a partir de estos elementos el cálculo que realiza el empresario para obtener su beneficio.

Las maquinarias producen durante varios períodos de tiempo (tomemos en cuenta que la producción de un bien se realiza en un período de tiempo dado) de acuerdo a su vida útil y a su obsolescencia en el mercado[xvii]. En cada período de producción se deprecian y ese monto de depreciación se computa exactamente para el costo final del producto, sin ningún monto agregado.

Igualmente las materias primas se computan de acuerdo al precio pagado en la compra. El capital invertido por el empresario en maquinarias y materias primas retorna al vender el producto sin cambios en sus valores, por esto a la maquinaria y las materias primas se le denominan capital constante.

El capital invertido en pago de salarios por el empresario retorna con un adicional: el excedente que resulta de la porción del tiempo de trabajo que el trabajador aportó su trabajo sin ser pagado por ello (ya que que el salario surge de las necesidades de supervivencia del trabajador en una sociedad dada con sus usos y costumbres y no surge de los bienes por él producidos.) Este capital al no permanecer igual sino que se incrementa, se denomina capital variable. El monto del excedente dependerá del salario pagado y la productividad del trabajador[xviii]. La relación entre capital constante y capital variable se denomina composición orgánica del capital y depende de la técnica de producción empleada[xix].

El precio que obtiene el empresario por el producto es el otro determinante de su ganancia. Consideraremos primero que existe libre competencia, por la que hay una tendencia a la igualdad de precios del producto ofrecido por las distintas empresas[xx].

El bien producido es el resultado de la aplicación de trabajo humano, maquinarias y materias primas. Pero las maquinarias y materias primas han sido fabricadas en procesos anteriores utilizando mano de obra y otras maquinarias y materias primas resultantes de procesos que también utilizaron mano de obra y así sucesivamente. En definitiva la maquinaria y materias primas utilizadas en el proceso actual son también resultado del trabajo humano pero realizado en momentos anteriores.Y el trabajo en sentido económico es la actividad humana que transforma recursos (mercaderías en el sistema económica capitalista), naturales o previamente creados, en objetos útiles para el consumo personal o productivo(y que son mercaderías cuando se comercializan en el mercado)

Por lo tanto, el producto del empresario que nos ocupa es el resultante de una determinada cantidad de horas de trabajo humano. Como cada hora de trabajo humano es pagada por el empresario (o mejor dicho los distintos empresarios, tomando en cuenta los procesos anteriores) al valor de subsistencia del trabajador, podemos calcular el valor del producto[xxi]. En la economía no se manifiestan los valores como tales (son opacos), sino como precios (son visibles.) Estudiaremos la relación entre valor y precio de un producto luego de que realicemos algunas consideraciones necesarias sobre el beneficio del empresario: baste por el momento indicar que el valor del producto determina el precio del producto, pero que no son la misma cosa.

El empresario invirtió en maquinarias, materia prima y mano de obra y obtiene, al vender su producción en cada período, un monto equivalente a la alícuota de la maquinaria depreciada en el período más el costo de la materia prima más los salarios pagos más el excedente de donde surge su beneficio.

La tasa de beneficio (rentabilidad) se calcula como el beneficio (ganancia) logrado dividido el total del valor del capital adelantado por el empresario para la compra de maquinaria, materia prima y mano de obra[xxii].

Hasta aquí hemos mirado el beneficio referido al empresario individual, acerquémonos a la compleja realidad del sistema económico actual considerando que existen otros empresarios que producen el mismo producto y aún otros que se ubican en otras ramas de producción.

Con respecto a los primeros, la competencia hace que los productos equivalentes sean vendidos a precios equivalentes. De esta forma obtendrá mayores beneficios quienes tengan menores costos, pudiendo mejorar su posición competitiva, y esto impulsa a los empresarios del sector a invertir en maquinarias que sustituyan mano de obra, de forma que el mayor costo en maquinaria en cada período es más que compensado por el menor costo en mano de obra. Este continuo cambio de técnicas de producción hace que, en una rama industrial dada, las tasas de beneficios sean diferentes en cada empresa y que el empresario que incorpore la tecnología más moderna obtenga los mayores beneficios. Su costo se denomina el costo regulador de la industria debido a que al principio el empresario obtiene beneficios extra dado el precio existente para ese producto, pero en la medida que otros incorporen esa tecnología y disminuyan su costo al costo regulador, la competencia por el mercado hará disminuir los precios hasta un monto compatible con el nuevo costo.

En síntesis, al interior de una rama industrial en un país (lo que implica asumir similares costos de materias primas, fuerza de trabajo y libre movilidad de capitales) en cada momento dado hay diferencias en los beneficios que obtienen los distintos empresarios y en la tasa de beneficio que logra cada empresa, pero existe una tendencia a su igualación en cuanto los empresarios se ven obligados a adoptar las nuevas tecnologías para poder competir, para no correr el riesgo de desaparecer como tales. El efecto de la competencia es el de tender a la igualdad de la tasa de beneficio entre las empresas de una rama industrial. Pero a su vez  debido a la competencia esa tendencia es constantemente interferida por nuevos desarrollos de toda clase, tales como nuevos productos, nuevas técnicas, etc., que crean diferencias entre las tasas de beneficio. El resultado final es un proceso dinámico y evolutivo en el cual las tasas de beneficio no son nunca iguales pero fluctúan incesantemente (Shaikh, 1995).

Cuando extendemos el análisis a empresarios de todas las ramas industriales o aún empresarios comerciales de un país dado, las tasas de beneficio de las diferentes industrias tienden a ser iguales, al menos para las empresas de costos reguladores. El proceso por el cual esto ocurre es el siguiente: el empresario que tiene una baja tasa de ganancia en una industria tiende a invertir en otras ramas de mayor rentabilidad con lo que el ingreso en esa rama aumenta la competencia, disminuyendo los precios y disminuyendo la tasa de ganancia. El empresario que invierte en una nueva rama se decidirá por la técnica que le permita producir con menores costos, que resultará en el costo regulador. A su vez en la rama industrial que el empresario abandona debido a que con su empresa obtenía una baja rentabilidad, tiende a subir la tasa de beneficio de las restantes empresas al eliminarse aquellas ineficientes, repartiendo una cierta cantidad de excedentes entre menores capitales.

Al obtenerse una tasa de beneficios similar en las diferentes industrias, esto es un rendimiento proporcional al capital invertido, el beneficio o utilidad en monto absoluto será mayor para los empresarios que deben adelantar un capital mayor para sus procesos productivos. Esto se da logicamente en las empresas de mayor volumen de producción pero también en las ramas industriales que tienen un mayor capital constante por unidad de capital variable, por lo general en aquellas de mayor avance tecnológico (“más dinámicas” en el lenguaje actual.) Para que este beneficio del empresario sea mayor que el excedente que genera en su producción, es preciso que el precio de venta de sus productos sea superior que el que le hubiera correspondido por el trabajo humano incorporado en los bienes producidos[xxiii]. Sin embargo esta diferencia se da en el ámbito específico de cada empresa por lo que, en el total de una economía cerrada al exterior, la suma de los beneficios de todas las empresas es igual a la suma de los excedentes generados en todos los procesos productivos, lo que determina la tasa de beneficio promedio de la economía en cuestión.

Los beneficios se relacionan con el precio al cual el empresario vende su producto, precio que queda entonces determinado por el valor del producto, la composición orgánica del capital y la tasa de beneficio promedio de todas las ramas industriales. El precio así obtenido determina a su vez la tasa de beneficio del empresario en particular considerado, de acuerdo a la técnica de producción que utiliza (que puede ser o no la reguladora, ya vimos que al interior de la industria no hay una tendencia lineal a la igualación de la ganancia.)

En el marco de libre competencia este es el precio alrededor del cual fluctuará el precio de venta o precio de mercado, las variaciones de oferta y demanda harán que el precio de mercado sea por momentos mayores y por momentos menores que el precio de equilibrio antes determinado, denominado por los economistas clásicos precio de producción para diferenciarlo del precio de mercado que se obtiene por las condiciones de oferta y demanda del momento. El precio de mercado es el precio empíricamente observado por los empresarios y es precisamente el que permitirá realizar las mercaderías producidas y por tanto convertir el excedente en ellas contenida en un monto de dinero superior al invertido. La movilidad del capital entre sectores asegura que los precios de producción actúen como centros de gravedad de los precios de mercado, por el mecanismo ya explicado de búsqueda de mayor rentabilidad. A su vez los precios de producción dependen de la cantidad de tiempo de  trabajo (directo e indirecto) que el producto tenga incorporado. De esta forma los precios de producción actúan como la unión mediadora entre precios de mercado y valor derivado del trabajo.

Cuando existe algún grado de monopolio los precios de mercado se pueden apartar considerablemente del precio de producción[xxiv]. En este caso si el producto es un insumo para otra empresa lo que ocurre es que hay transferencia de ganancias directas entre empresarios. Si en cambio el producto es de consumo para los trabajadores esto eleva a la larga el salario necesario para su subsistencia por lo que hay una transferencia de ganancias entre empresarios ahora indirecta. Sin embargo, como los economistas clásicos demostraron, las situaciones de monopolio en el capitalismo no son permanentes sino que son interrupciones más o menos largas de la situación de libre competencia[xxv].

Sinteticemos este largo desarrollo en las siguientes conclusiones:

a)     el beneficio del empresario individual surge del excedente  que produce el trabajador, excedente que es la diferencia entre el salario pagado y el valor producido.

b)     pero el monto del beneficio depende del volumen producido y de la técnica utilizada por el empresario que determina el capital constante y el capital variable que emplea

c)       y depende de la tasa de beneficio general y de la relación capital constante – capital variable general, ya que cada empresario no conserva (disminuye o incrementa) el excedente generado en su proceso de producción.

d)     un apartamiento de lo anterior surge en situaciones de monopolio (donde hay transferencia de ganancias entre empresarios) y con las oscilaciones conyunturales en la oferta y la demanda (que actúan sobre el eje del precio de producción.)

 

La tendencia histórica de la tasa de beneficio

El empresario busca abaratar constantemente el costo de producción como forma de aumentar sus beneficios. Con este objetivo y en primer lugar, trata de disminuir el salario de sus trabajadores a través de los más diversos medios: en el ámbito de la empresa en unos casos no compensando en los salarios la inflación del período, en otros contratando trabajadores a menores salarios (utilizando para esto las llamadas tercerización y subcontratación) y en otros reduciendo lisa y llanamente el salario nominal apelando a su mayor poder frente al trabajador, poder que le otorga su posesión de los medios de producción y la existencia de una masa de trabajadores desempleados que en el sistema es permanente. Fuera de la empresa presionará por leyes que reduzcan la protección del trabajador frente a abusos patronales y por políticas económicas del Estado que reduzcan los salarios de sus trabajadores o las cargas patronales asociadas.

En un momento dado, y en particular agudizado en época de crisis, es entonces la reducción de los salarios una forma importante de aumentar las ganancias y por tanto la tasa de beneficio para el empresario.

La otra manera que tiene el empresario de disminuir sus costos de producción es aumentar la productividad de los trabajadores por lo cual obtiene más productos por un salario dado y por tanto, en cuanto el precio de los productos se mantenga, podrá obtener mayor excedente económico o, lo que es lo mismo, aumentar sus ganancias. Tratará de aumentar la productividad de sus trabajadores presionando por un mayor ritmo de trabajo, mejorando el flujo de su producción y eliminando tareas improductivas[xxvi], reduciendo los desperdicios, alargando la jornada de trabajo hasta donde las condiciones legales o el costo adicional a incurrir se lo permitan. También aumentará la productividad si logra una mayor escala de producción, lo que permite que sus trabajadores adquieran mayor experiencia y se especialicen al aumentar la división de trabajo entre ellos[xxvii].

Una vez agotadas estas posibilidades de aumento de la productividad, el empresario  recurrirá a mejorar la técnica de producción a través de la inversión en maquinarias que ahorren mano de obra. Esta disminución del trabajo incorporado al producto el empresario lo logra a través de aumentar la cantidad de medios de producción con que produce: un menor coste de mano de obra se logra a través de un mayor coste de maquinarias, coste que prorrateará entre la vida útil de la misma. El empresario individual adoptará la nueva técnica de producción en la medida de que el ahorro sea mayor al gasto prorrateado de la maquinaria, por lo que de mantener los precios de venta del producto final constantes logrará un beneficio superior a través de un mayor margen[xxviii]. O alternativamente podrá disminuir sus precios de venta (aunque menos que sus costos) y así aumentar sus ventas con lo que también logra mayores ganancias. Pero en la medida que la técnica de producción más productiva sea incorporada por otras empresas competidoras, la tendencia a disminuir los precios hasta donde los nuevos costos lo permitan se generalizará debido a la necesidad de mantener sus volúmenes de ventas.

Al final de este proceso de duración variable según la industria de que se trate, todos los empresarios habrán aumentado la productividad de sus trabajadores con lo cual disminuirán el costo de mano de obra, pero a la vez habrán obtenido un precio menor y su proceso tendrá una mayor inversión de capital fijo.

En otras palabras, el progreso técnico incorporado redunda en:

a)           la reducción del trabajo incorporado en el producto, el trabajo vivo (capital variable) que se deja de hacer es mayor que la alícuota en el período del trabajo muerto (trabajo predatado, capital constante) que se agrega, ya que en esto se basa la viabilidad del cambio de técnica de producción.

b)           lo anterior implica, en la medida que se va generalizando la incorporación de la nueva técnica, un menor valor y precio del producto.

c)            aumenta el excedente relativo para el empresario, ya que la parte del día laboral con que el trabajador compensa el pago de su  salario es menor[xxix].

d)                el empresario tiene ahora mayor capital invertido[xxx].

Tenemos entonces efectos contrapuestos: hay mayor excedente que genera mayor ganancia pero a la vez aumenta el capital necesario para producir. Pero la tasa de crecimiento del excedente se reduce en la medida que crece la productividad mientras que la tasa de crecimiento del capital invertido crece a medida que crece la productividad. A la vez se reducen los precios de venta.

La consecuencia del punto anterior es la reducción de la tasa de beneficio: como verremos a continuación, no necesariamente de la ganancia en valor absoluto del empresario pero sí del beneficio en relación con este capital invertido.

El empresario reinvierte constantemente el dinero obtenido al vender los productos y genera así un nuevo circuito de compra, producción y venta a la vez que incrementa el capital invertido. En ese proceso invierte en nuevas maquinarias que a la vez que incrementan la productividad del trabajador, la relación ente capital constante y capital variable (composición orgánica del capital), disminuyen en el largo plazo la rentabilidad del capital: la tendencia a la caída de la tasa de ganancia está unida a un mayor excedente relativo para el empresario.

La descripción anterior es pasible de un análisis de mayor detalle, como se encuentra en Kurz y Salvadori (1995) siguiendo a Sraffa, en lo referente a la distinción entre bienes de uso y bienes de consumo para la subsistencia del trabajador, análisis que confirma las conclusiones aquí expuestas.

Shaikh y Tonak (1994) han contrastado en la economía actual las predicciones teóricas que esta descripción del progreso técnico implica, predicciones que fueron formuladas en los comienzos del sistema capitalista por los economistas clásicos:

a)     El de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia

b)     El aumento de la cantidad de capital invertido en maquinarias por unidad de mano de obra utilizada.

c)      El aumento de la tasa de obtención de excedentes, relación entre el excedente generado por el trabajador y el salario pagado, derivado de la mayor productividad del trabajador.

Shaikh y Tonak han encontrado que para empresas de Estados Unidos, dentro del período relevado por la disponibilidad de datos, la tasa de beneficio cayó un 33% entre 1948 y 1980. En los mismos años la composición orgánica del capital, expresada en su composición de valor, aumentó un 90% mientras que la tasa de obtención de excedentes subió un 50%, consecuencia de una tasa de aumento de la productividad laboral menor que la caída de la tasa de productividad del capital, como la teoría clásica predice.

Cabe hacer notar que en este período se produjo también un aumento de las actividades no productivas, que consumen parte del excedente generado por las actividades productivas, y cuyo análisis se realiza en el siguiente apartado.

Dumenil y Levy,  citados en Foley y Marquetti (1999), también trabajaron sobre datos de USA para un período más largo, aunque no con la precisión que desarrollaron Shaikh y Tonak, y constataron el aumento de la composición orgánica del capital entre 1869 y 1919 y entre 1949 y 1989 con un período donde la relación se mantuvo constante entre 1920 y 1948.  Foley y Marquetti (1999) presentan evidencias para muchos otros países sobre el proceso que los empresarios siguen al adoptar nuevas técnicas que aumentan la productividad de los trabajadores, en su búsqueda constante de beneficios, constatando igualmente la tendencia al uso de mayor capital constante con respecto al capital variable,

Grompone (1973) realiza una investigación histórica de datos concretos en distintas ramas de producción para concluir el constante aumento de la composición orgánica y de la tasa de obtención de excedentes desde las etapas iniciales de la producción capitalista (industria textil de hilandería manual, agricultura primitiva) pasando por la producción realizada con máquinas herramientas (navegación oceánica, industria textil manufacturera) hasta llegar a la época actual de la gran industria.

La caída de la tasa de ganancia es entonces una ley comprobada teórica y empíricamente, pero debe comprenderse que expresa una tendencia de largo plazo del sistema económico caracterizado por el aumento de la composición orgánica del capital.

Existen fuerzas que contrarrestan, sólo parcial y temporalmente, la tendencia decreciente de la tasa de beneficio.

Una primera fuerza es la obsolescencia continua del capital constante (en particular maquinarias) debido al cambio tecnológico. Complementariamente y como estudiaremos en el capítulo correspondiente, los períodos de crisis inherentes al sistema económico actual implican destrucción de capital constante y aumento de la obtención de excedentes de los trabajadores, por lo cual se impulsa un crecimiento de la tasa de beneficio.

Otra fuerza compensatoria importante es el desarrollo desigual de los distintos sectores de la economía estudiada por Wolff (1999) con profundidad: los diferentes sectores crecen a tasas diferentes y cuando un sector de baja composición orgánica crece a mayor velocidad, disminuye la composición orgánica del conjunto de la economía. Asociado al crecimiento económico se promueve el desarrollo y consumo de nuevos productos, industrias que en su fase inicial utilizan poco capital constante, actuando en el mismo sentido que el caso anterior.

La “exportación”  de capital constante y la importación materias primas baratas y de medios de consumos que abaraten el capital variable, ambos relacionados en el pasado con el colonialismo e imperialismo y en la actualidad con la nueva división internacional del trabajo (cuando no con el empleo directo de la fuerza como en el caso del petróleo), son fenómenos permanentes en el sistema económico mundial que disminuyen la composición orgánica del capital en los países desarrollados.

El desarrollo del sector sevicios, en especial el comercio y el credito, permiten rotar más rápidamente al capital aumentando la masa de excedente y la tasa de ganancia. Además el mecanismo de las corporaciones crea una situación en que gran parte del capital, propiedad de los accionistas, recibe o espera recibir la tasa media interés perimitiendo aumentar la tasa media de ganancia empresarial.

Ultimo pero no menor, las mejoras de las técnicas de administración que aumentan la productividad del trabajador para una técnica dada (como en la implementación del taylorismo y la “dirección científica”)  o que reducen el capital circulante (inventarios de productos en proceso y terminados) reduciendo el capital constante (como con la implementación de los sistemas de gestión de la industria automovilistica, por algunos denominado “toyotismo”) también son compensaciones transitorias a la tendencia decreciente de la rentabilidad del sistema económico.

En síntesis, en el sistema capitalista la rentabilidad tiende a caer en el largo plazo, pero su caída no es lineal ni constante. La evolución de la rentabilidad será el hilo conductor de los argumentos sobre el crecimiento y sus crisis en los próximos capítulos.

El concepto de crecimiento en la economía capitalista

El crecimiento económico es tradicionalmente definido como: “el aumento continuo de la producción agregada con el paso del tiempo” (Barreiro, Labeaga, Mochón, 1999.)    

La principal medida que se utiliza para analizar su evolución en un país dado es el Producto Bruto Interno (PBI) que calcula la producción total para uso final de bienes y servicios realizada por trabajadores y propietarios localizados en el país. De esta forma las actividades del país se consideran como productivas cuando se comercializan en un mercado y se asocian con el crecimiento económico, en concordancia con la corriente económica dominante de escuela neoclásica cuyo enfoque del sistema excluye la producción para concentrarse en el intercambio[xxxi].

Sin embargo, los economistas clásicos al analizar los factores que daban cuenta del éxito o el fracaso económico de los países, demostraron que no todas las actividades resultan en un producto y por tanto no todas las actividades aumentan la riqueza del país y de sus habitantes. En particular actividades como el comercio mayorista y minorista, las actividades financieras, policía y ejercito, administración gubernamental (exceptuando las empresas productivas del Estado) son formas de consumo social y no de producción.

La producción ocurre cuando variados objetos son utilizados en la creación de nuevos objetos, así es una actividad totalmente diferente de la distribución que se encarga de que los objetos a ser utilizados se transfieran de sus inmediatos poseedores a quienes le darán uso, del mantenimiento y reproducción social en el que los objetos son utilizados por la administración pública y privada para mantener el orden social y del consumo personal en el cual los objetos son consumidos directamente por los individuos.

El crecimiento constante de la producción de bienes está en la base del desarrollo del sistema capitalista y lo diferencia de los sistemas sociales anteriores. La continua transformación del capital monetario en productos, a través de las maquinarias, las materias primas y la mano de obra, que luego se comercializan para obtener un capital monetario mayor que el original, es el circuito de producción y comercialización que realiza el capital. Capital mayor al final de la repetición de cada circuito que nuevamente será invertido para repetir constantemente el circuito y ampliarlo, mecanismo que genera el crecimiento económico. La motivación básica del empresario de obtención de beneficios, siempre crecientes, es el motor de esta dinámica. El sistema capitalista  se transforma progresivamente  en las sucesivas repeticiones del circuito, en forma irreversible y crecientemente compleja.

El crecimiento de la economía de un país capitalista depende entonces de la reinversión de los beneficios obtenidos por los empresarios, beneficios que son los excedentes generados en el proceso de producción por los trabajadores. Cuanto mayor sea el consumo social de bienes en un país, mayor la proporción de excedentes destinado al consumo personal capitalista y no productivo (gobierno,  sectores comerciales y finacieros) y menor porción de los excedentes podrá dirigirse a la inversión y, por ende, menor será el crecimiento económico.

Al no distinguir entre actividades productivas y no productivas, la medida del crecimiento económico a través de las variaciones del PBI es al menos irrelevante, cuando no lleva a conclusiones equivocadas sobre la historia económica de los países y las causas de su evolución económica. La situación se agrava debido a que en la segunda mitad del siglo XX se ha producido un incremento importante de las actividades no productivas en relación con las productivas, especialmente en los servicios no productivos y el gobierno[xxxii].

Por lo tanto, en las consideraciones que siguen nos estaremos refiriendo al crecimiento económico en el sentido clásico de reproducción y ampliación de bienes para incrementar la riqueza del país, tomando en cuenta las actividades productivas en el sentido anteriormente descrito.

 

El beneficio como motor del crecimiento

La producción creciente de bienes y servicios productivos es la característica general del sistema capitalista, interrumpido por períodos de crisis o reducción de esa producción que se generan por razones internas al sistema y que a su vez potencian un nuevo período de crecimiento[xxxiii]. La producción creciente de bienes y servicios requiere mayor inversión por parte del empresario: para producir más es necesario comprar más maquinaria (una vez haya utilizado toda la capacidad de las mismas), comprar más materias primas y contratar más mano de obra. La empresa fabricante de maquinarias a su vez invertirá en sus máquinas, materias primas y mano de obra para poder proveer la máquina solicitada. Lo mismo hará el proveedor de materias primas. Y el trabajador demandará bienes de consumo en la medida que deja de estar desocupado, bienes que serán provistos por empresas que deberán invertir capital para producirlos.

Así que la inversión del empresario original, por así llamarlo, provoca una cadena de inversiones en producción que genera un crecimiento multiplicador[xxxiv].

Hemos visto que el empresario original invierte cada vez más, al buscar un beneficio creciente. Porque cada ciclo de producción y venta que se cumple le devuelve más capital, incrementado el capital adelantado por el excedente producido. Y como tiene más capital quiere obtener a su vez más ganancia, para lograr la misma tasa de beneficio. La motivación básica en el sistema y las presiones competitivas obran para que el empresario reinvierta sus beneficios, inversión que genera crecimiento y, que se multiplica por las inversiones de los otros empresarios relacionados. Por lo que se deduce que es necesario que existan beneficios (excedentes) y que los beneficios sean reinvertidos. Dejaremos el análisis de la primera condición para el próximo apartado, con la acotación de que si no existieron beneficios en los periodos previos (esto es, se incurrieron en pérdidas) dificilmente el empresario esté en condiciones de invertir aún cuando se presenten prospectos promisorios. Nos ocuparemos ahora de la segunda condición, la reinversión para el crecimiento.

Examinando la cuestión a escala macroeconómica, los bienes generados en un momento dado por la economía del país en cuestión pueden ser utilizados para consumo o para inversión. Este hecho no implica un juicio moral sobre estas categorías económicas, simplemente indica que a mayor consumo menor inversión y viceversa. Pero el consumo es necesario cuando eleva la calidad de vida de las personas y les da mayor libertad, tal como lo es el consumo de los trabajadores que depende directamente de sus salarios y que se diferencia del consumo social, improductivo, en el que profundizaremos a continuación.

Existen diferentes formas de consumo social: toda actividad que no es productiva de producción de bienes en el sentido que hemos definido son actividades que consumen, aún cuando impliquen contratar mano de obra y utilizar materiales. Una amplia gama de servicios como los financieros y la intermediación comercial son consumidoras de la riqueza generada. En épocas recientes se ha constatado un notable crecimiento del sector terciario, lo que da lugar al llamado fenómeno de “terciarización de la sociedad”[xxxv].

También absorben excedentes el consumo superfluo y de bienes suntuarios importados a que los empresarios pueden volcarse con sus ganancias. Ya hemos vistos que los sectores necesarios para el mantenimiento del orden social tales como la administración de gobierno, la policía, el ejército, también son consumidores. Y obviamente los generadores de bienes, los trabajadores, también consumen para su subsistencia y la de su familia, según las condiciones sociales que el capitalismo requiere para su desarrollo. La importancia de todos estos consumos aumenta, lo que ocurre a lo largo del desarrollo económico y se agudiza durante las crisis en forma relativa a la generación de riqueza total: aunque este crecimiento del consumo improductivo no genera la crisis, tiene un efecto potenciador de la misma.

Al acotar el objeto de nuestro análisis al ámbito geográfico de un país, lo anterior vale para  una economía cerrada al exterior por lo que las decisiones de consumo o inversión de sus empresarios, trabajadores y el resto de la población no toman en cuenta lo que ocurre en el exterior. Extendiendo el marco de análisis de un país considerando una economía abierta y libre movilidad de capitales, los empresarios pueden colocar parte de sus beneficios fuera del país de origen (ya sea por inversiones directas o en colocaciones en las grandes bolsas de valores, acciones y bonos) con lo que reducirán el crecimiento del mismo. También es posible, de acuerdo a las condiciones de rentabilidad, que empresarios extranjeros pueden invertir en el país generando crecimiento. Y como veremos al tratar la apertura comercial la demanda neta de exportaciones que depende de las condiciones de productividad y salariales de la economía,  facilita la reinversión por colocación de productos en el exterior si existen condiciones de rentabilidad.

A su vez el crecimiento que genera la reinversión del empresario implica la compra de maquinarias y materias primas además de la contratación de mano de obra, por lo que el efecto multiplicador dependerá de cuanto de este capital constante que se adquiere sea de origen importado o nacional. Y el consumo del empresario y del trabajador también se compone de productos nacionales o extranjeros, por lo que el efecto multiplicador puede verse reducido de acuerdo a las condiciones de apertura y competitividad de la economía en cuestión.

Todos estos factores deberán ser tomados en cuenta, a la hora de analizar los factores y políticas que promuevan el crecimiento económico.

 

Las condiciones para lograr beneficios

La primera condición que podemos deducir del desarrollo histórico de la humanidad en relación con el crecimiento, es que en el país considerado debe existir una producción de tipo capitalista que responda por una parte importante de la riqueza generada. Las relaciones pre-capitalistas (feudales y todas las anteriores) se caracterizaron por un crecimiento bajo o casi nulo de la producción de bienes por persona: la producción crecía únicamente y en cuanto la población crecía y a su vez esta estaba limitada por la producción de alimentos[xxxvi]. Es bajo el capitalismo, con la motivación incesante del empresario en la búsqueda  de ganancias y con el surgimiento de la relación entre empresarios y obreros basados en la contratación de la fuerza de trabajo del último a cambio de un salario pago por el primero, que se desarrollan las fuerzas productivas de la sociedad en  forma explosiva creando bienes y servicios como nunca antes la humanidad en su conjunto había poseído.

La repetición y ampliación incesante del circuito de producción y comercialización, tal como hemos descrito desde el primer apartado, es el que reproduce e incrementa los bienes a disposición. Por lo tanto cuantas mayores posibilidades existan de que esa repetición ampliada se lleve a cabo sin detenciones mayor será el crecimiento. Todos los países tienen sectores de su economía organizados bajo forma capitalista, donde el empresario reproduce el circuito de producción y lo amplía con los excedentes gennerados por los trabajadores, bajo una relación asalariada. Y tienen sectores que si bien pueden crear riqueza, tales como el trabajo doméstico o la producción artesanal, son actividades de subsistencia que no amplían la producción. Así cuando en un país el sector capitalista crece, absorbe como mano de obra a personas que antes se dedicaban a labores domésticas (las mujeres que se han ido incorporando al trabajo asalariado) o al trabajo artesanal por cuenta propia.

Como derivado de la primera condición expresada tenemos entonces de que el beneficio, y su reinversión que genera crecimiento, se da cuando vastos sectores de la economía están organizados bajo forma capitalista.

En segundo lugar cuanto más valor incorporado tengan los bienes producidos mayor será el beneficio que obtenga el empresario. Al surgir sus beneficios del excedente producido por sus trabajadores, cuanta mayor sea la cantidad de trabajo incorporado (“valor agregado”) para producir un bien mayor, con una tasa de obtención de excedentes constante mayor será el excedente que se genera. El empresario tratará de que sus trabajadores trabajen con la máxima productividad posible con una técnica viable, en la que la alícuota de la inversión en maquinaria en cada período sea menor que el costo de la mano de obra que ahorra, por lo que no se debe comprender la afirmación anterior como que es conveniente para el empresario es usar mucha mano de obra sino que lo adecuado es producir bienes con alto valor agregado con la mayor productividad laboral posible[xxxvii].

Al extender el concepto al ámbito de la economía de un país, concluímos que éste crece en forma sostenida cuando transforma la estructura de su economía desde una economía no industrializada a una economía industrializada que produzca bienes cada vez de mayor valor.

En tercer lugar y relacionado con el primero, el sistema capitalista debe funcionar como tal: es lo que los economistas actuales quieren indicar en la frase “debe haber un ambiente de negocios”. Esto quiere decir que el empresario debe tener seguridad razonable en cuanto a que es capaz de repetir una otra y vez el circuito de producción con un resultado previsible. El cambio en las reglas económicas, la incertidumbre o la falta de normas jurídicas, la situación de anarquía entre otras harán difícil que el empresario reinvierta y se genere el crecimiento económico.

En cuarto término, hemos visto que salario y beneficio se contraponen,  en una situación específica y desde un punto de vista estático, porque un mayor salario disminuye el excedente apropiado por el empresario (es mayor la parte del día que dedica el trabajador a producir para el pago de su salario.) Pero en general el salario del trabajador se encuentra en el mínimo necesario para sobrevivir con su familia según los usos sociales y las necesidades de formación que el estado de la técnica de producción demande. Sólo durante períodos excepcionales, dentro de una fase de crecimiento económico, el trabajador tiene suficiente poder de negociación, generalmente agremiado, como para obtener un mayor salario por su fuerza de trabajo. La razón de que el salario tienda a ser el de subsistencia es la existencia de una gran reserva de mano de obra desocupada que hace presionar el salario a la baja: en el sistema capitalista el progreso tecnológico sesgado al ahorro de costos crea nuevas técnicas de producción que generan esta desocupación. El crecimiento económico es un factor que puede contrarrestar esta tendencia al aumento de la desocupación, en cuanto crecimiento como hemos visto significa reproducir y ampliar el circuito de producción, por lo que en las fases de crecimiento económico el salario real puede aumentar. Pero al expandirse el sistema capitalista nuevas masas de población que estaban fuera del sistema, tales como campesinos y amas de casa, aportan mano de obra que siempre va a resultar en exceso sobre la necesaria para un momento dado. La desocupación, la existencia de trabajadores que pueden ser empleados como alternativa por los empresarios (aún cuando circunstancialmente pueda existir diferencias de calificación entre la mano de obra requerida y la existente) es propia del sistema capitalista[xxxviii].

Y la existencia permanente de desocupados es lo que aumenta el poder de negociación de los empresarios asegurando la vuelta del salario a valores de subsistencia en la mayor parte del tiempo.

En último lugar en nuestro análisis pero no menos importante, es el acceso de las empresas a las nuevas técnicas que permiten reducir sus costos ganando en competitividad. Las importaciones de bienes de capital, las migraciones internacionales, las inversiones directas pero fundamentalmente el desarrollo de un sistema nacional de innovación y de proyectos industriales propios del país son todas fuentes de progreso tecnológico externas a la empresa. En el ámbito interno a la empresa el aprendizaje especializado de sus trabajadores y su gerencia, la pequeña innovación de procesos y los laboratorios de investigación y desarrollo de productos (ésto último en las grandes empresas por el creciente costo de estas actividades, e inclusive en grupos de empresas que crean “joint ventures” para tal fin) son las principales fuentes para las nuevas técnicas de producción.

Habiendo enumerado las principales condiciones que se requieren para que un empresario obtenga beneficios y los incremente, analicemos que factores determinan el monto de estas utilidades y que rentabilidad generan. Hemos visto que si bien el beneficio surge del excedente que genera el trabajador y que es apropiado por el empresario, el monto del excedente para un empresario individual no coincide con el valor del excedente generado en la producción de su empresa. Repasaremos las razones indicadas y agregaremos otras importantes:

a)     la composición en capital constante y capital variable del proceso del empresario en cuestión difiere del promedio general de todas las ramas industriales. Al existir una tendencia a igualar la tasa de beneficio entre las diferentes industrias (en sus costos reguladores), las ganancias se acomodan a la composición del capital adelantado.

b)     el empresario productivo no vende generalmente sus productos en forma directa sino a través de canales de comercialización, que pueden consistir en cadenas de distribución de uno o varios pasos. Parte del excedente generado en la producción del bien se transfiere a los empresarios dueños de los canales de comercialización, es decir por el capital comercial, disminuyendo el beneficio del capital industrial.

c)      el mantenimiento del orden social, a través de instituciones públicas y privadas, absorbe otra parte del excedente. A lo largo de la historia de la humanidad esta porción de excedente ha crecido, y ha permitido mantener desde las primeras autoridades religiosas y formas monárquicas de gobierno en civilizaciones antiguas hasta las actuales y complejas actividades primarias y secundarias desarrolladas por el Estado.

d)     el pago de intereses al sector financiero también toma parte del excedente generado en el proceso de producción. Los créditos que toma el empresario y que en un momento dado facilitan la inversión en su negocio, en el balance total son transferencias de ganancias al sector financiero cuando el empresario devuelve el capital y paga los intereses. El trabajo que se realiza en el sector financiero, si bien es necesario como todos los otros aquí considerados, no crea productos y por tanto no genera excedentes propios sino que éstos son tomados del sector productivo[xxxix].

e)     por último el comercio exterior implica una transferencia de parte del excedente (positiva o negativa, según primen exportaciones o importaciones) con terceros países. Además el comercio entre países, al existir barreras a la libre competencia, aún mantiene muchos elementos que hacen el intercambio desigual, apropiándose los empresarios de un país o región de porciones adicionales de los excedentes generados en otros[xl],[xli].

Todas estas actividades reducen la porción del beneficio que queda en manos del empresario en la esfera de la producción y que puede ser destinada a inversión. Por lo tanto un incremento de las actividades improductivas o la transferencia de excedentes al exterior, obrará disminuyendo el crecimiento del país.

Junto a estas causas básicas del crecimiento económico corresponde analizar otras que siendo de importancia, son dependientes de las anteriormente descriptas. La corriente dominante de investigación en teorías del crecimiento ha realizado correlaciones empíricas entre diversos factores y la variación del PBI[xlii]. Con las reservas que merece el PBI para medir el crecimiento, veremos en la sección III al analizar el rol del Estado como la influencia de los siguientes factores en el crecimiento económico puede ser explicada a través de los cambios en la tasa de beneficio: educación, investigación y desarrollo, estructura del mercado y apertura comercial.

 


I.2       Modelo básico de crecimiento económico



Introducción

 

[i] Adam Smith, David Ricardo, Carlos Marx entre los principales. Una síntesis del pensamiento de cada uno de ellos, con relación al crecimiento económico, se encuentra en Eltis (2000.) Una historia crítica de su pensamiento en Hunt (2001.) Algunos autores actuales consideran a Marx y los autores clásicos separadamente. A nuestro modo de ver, a pesar de sus diferencias en el plano económico que se proyecta a la defensa de los intereses de distintas clases sociales,  todos ellos plantearon metodologías, conceptos y un programa de investigación similares con respecto al capitalismo.

 

[ii] A modo de ejemplo y no taxativamente Sraffa, Rubin, Grossman, Shaikh. Una completa revisión de las posiciones de los economistas de las corrientes no dominantes se encuentra en Guerrero (1997.)

 

[iii] Ver por ejemplo, Kurz y Salvadori (1998) para una completa revisión y crítica desde un punto de vista rigurosamente técnico de las viejas y “nuevas”teorías del crecimiento, exógenas y endógenas. North (1995) critica estas teorías desde un punto de vista histórico e institucional. Ver también Shaikh (1986), Shaikh (1997), Harribey (2001.)

 

[iv] Ros (2001) presenta una revisión de las predicciones de modelos de base neoclásica, exógenos y endógenos, y su desajuste con la realidad histórica y actual.

 

[v] Esto no significa una teoría “monocausal” del crecimiento y en especial de las crisis económicas: en ambas fases del ciclo, son importantes además de la rentabilidad de las empresas y la economía (y por tanto de las ganancias o excedentes generados), la realización de la producción (de donde se derivan teorías monocausales como la de la insuficiencia de la demanda) y la relación entre el crecimiento de la rama de producción de  los medios de producción y la rama de producción de los medios de consumo (teorías de la desprorpoción) (Mandel, 1998) . En una teoría de la crisis se deben tomar en cuenta los tres elementos: tasa de beneficio, demanda y desproporción,  y como se verá en la argumentación que se realiza todos son considerados. Lo que sí significa considerar la rentabilidad como el “hilo conductor” es por una parte dar una dirección a la forma en que se concatenan los tres elementos, creemos que acorde a la realidad empírica. Por la otra es utilizar la tasa de beneficio como indicador de la evolución de la economía capitalista , causa y consecuencia de la dinámica de la misma. Ver además la nota de la página 103.

 

[vi] Pérez Moreno (2003) presenta una reseña muy didáctica de las posturas de las diferentes escuelas económicas acerca de la relación entre la distribución de la riqueza y el crecimiento, en cuanto a su compatibilidad, incompatibilidad y dirección de causalidad.

 

[vii] Freeman (1996.) Sin duda que además de los argumentos clásicos para explicar las ondas largas y los movimientos seculares existen los de otros autores que adoptan otros hilos conductores: entre las principales la innovación tecnológica en el caso de Schumpeter, y con diferentes enfoques Rostow, Volland, Van Dujin. Una descripción de las teorías, en forma crítica se encuentra en Berry (1991.)

 

[viii] La expresión “modelo” ha sido en los últimos tiempos amplia y equivocadamente utilizada indicando la intención de un diseño explícito del país por parte de los grupos dominantes en cada época. No descartando de que muchas veces se han intentado diseños de ese tipo (por ejemplo los planes estratégicos de la reciente dictadura militar uruguaya), la conformación de la estructura económica específica del país en cada período ha sido la resultante de la situación de demanda y oferta de los países industrializados, de los condicionamientos de los prestamistas internacionales de cada época, de las características geográficas del país en cuanto a su ubicación en la zona templada del globo terráqueo  y en cuanto a los países vecinos que le ha tocado en suerte, de las tendencias en el ámbito nacional y empresarial en cuanto a las políticas a seguir y ramas industriales o de servicios en donde se avizoraron oportunidades de negocio. En resumen y en opinión del autor, más que modelos premeditada y anticipadamente diseñados lo que tenemos es la búsqueda constante del capitalista del beneficio, lo que llevó a invertir los excedentes apropiados de distintas formas a lo largo de la historia del país. La resultante de esa búsqueda más todos los elementos enumerados dieron lugar a una configuración estructural y de políticas específicas que es lo que denominamos “modelo” en este trabajo.

 

Capítulo I.1

 

[ix] Esta afirmación, que aparece como simplificadora de la condición humana, expresa la realidad del comportamiento social en el sistema. La motivación sicólogica en las personas como sabemos es variada: mantener o ganr poder y status, aceptación social y conformidad grupal, mantenimiento de la autoestima, ansia de control, amor sexual y filial, etc. La presión social y el mismo sistema económico hacen que la  maximización del ingreso sea por un parte el barómetro del éxito que conlleva poder, status y aceptación y por otra el medio real de obtención de los mismos. (Kenrick, Neuberg, Cialdini, 2001.)

 

[x] En cada sociedad humana en un momento histórico dado existe un modo de producción principal, en la nuestra en el momento actual lo es el modo de producción capitalista. “Modo de producción” es una combinación específica de “relaciones de producción” y “fuerzas productivas”. Mientras que la segunda expresión refiere a la población y la tecnología productiva de la sociedad, que consiste en el estado actual de conocimiento productivo, habilidades, técnicas organizacionales y medios de producción acumulados con que se asiste a la producción, la primera lo hace en el sentido del texto de las relaciones entre clases sociales con respecto al proceso de producción. En especial la producción capitalista requiere que la fuerza de trabajo se libere de su condición servil o esclava (y en este sentido es un avance con respecto a los sistemas sociales precedentes) y que se le despoje de sus herramientas y medios de producción (y en este sentido es un retroceso.) No basta que haya poseedores de capital en busca de rentabilidad, tiene que emplear ese capital para contratar fuerza de trabajo en el proceso de producción para la apropiación de los excedentes. Dobb (1967), Grompone (1973, 2001), Foley (1999), (Hunt (2002.)

 

[xi] Con más precisión, el capital lo es cuando se lo utiliza por el capitalista para obtener beneficios. No es la “cosa física”en sí sino la relación de propiedad “de la cosa y su utilización.”El capital es la expresión de la propiedad privada sobre el dinero, los medios de producción, la fuerza de trabajo contratada y las mercaderías producidas, todo con el objetivo de lograr beneficios. Asume la forma de dinero en un momento, en otros es maquinaria y materia prima y en otros aún es mercadería, y en la compleja realidad asume en un mismo momento fracciones de los tres tipos (Martínez Peinado, Vidal Villa, 2001.)

 

[xii] El análisis se focaliza en este capítulo en el capitalismo industrial, esto es en la producción de bienes donde también se puede englobar la agricultura capitalista actual, que cuenta con los mismos elementos en su proceso de producción excepción hecha de  las consideraciones que merece el problema de la renta, que como parte de la teoría laboral del valor no son el objeto de este libro. Por su parte, los servicios se analizan en la segunda sección del libro.

 

[xiii] En el caso de que no hubiera libre competencia, pueden existir ganancias o pérdidas en la transacción que realiza el empresario. Esto no cambia el hecho fundamental de que el trabajo humano es la fuente de todo valor y que es la fuerza de trabajo que crea el excedente apropiado por el empresario: lo que se genera cuando la relación de intercambio es asimétrica es el traspaso de parte del excedente de un empresario a otro. Como veremos más adelante, la situación de monopolio u oligopolio coexiste en la sociedad capitalista en relación dialéctica con la competencia libre.

 

[xiv] El empresario no contrata “trabajo” sino a una persona que lo realiza: el trabajador. Este vende su fuerza de trabajo, la pone a disposición del empresario para las tareas de producción que este indique, a cambio de un salario. Y el salario queda determinado por lo que necesita el trabajador para sobrevivir (y de este modo sigue proporcionando su fuerza de trabajo en su plazo vital) y la de su familia (que proporcionará la fuerza de trabajo futura.) Entonces el salario le debe alcanzar para estos fines, para un país determinado y en período de tiempo dado, la suma de los medios de subsistencia depende de la historia, la costumbre y la tecnología (que determina la educación que debe tener el trabajador para poder utilizarla.) La evolución del salario depende del aumento de los medios de subsistencia por evolución de la técnica, la disminución del valor de esos medios y los cambios sociales como el pasaje de la mujer a la situación de trabajador asalariado. Grompone (1973, 2001)

 

[xv] Las importantes precisiones de trabajo concreto y trabajo abstracto y el concepto relacionado de Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario para la producción de un bien, se encuentra en forma sencilla en Foley (1999) y con una presentación rigurosa en Martínez Peinado, Vidal Villa (2001.)

 

[xvi] La relación inversa entre salario y beneficio fue descubierto por David Ricardo, respondiendo criticamente a la teoría “aditiva” de Adam Smith según la cual eran magnitudes independientes que se sumaban para obtener el precio final (Kurz y Salvadori, 1995.) Cabe precisar que esta relación de contraposición es cierta desde un punto de vista estático, dado un determinado volumen de valor agregado, en un momento dado. Pero desde una perspectiva dinámica, los empresarios que son capaces de incorporar progreso tecnológico, abaratar costos y ganar mercados podrán contar con mayores beneficios pagando mayores salarios. La relación dinámica entre beneficios y salarios es considerada en la sección II, al introducir los ciclos económicos en el modelo básico. (Guerrero, 1995.)

 

[xvii] Un tratamiento completo y afinado del tema de la depreciación de la maquinaria se encuentra en Kurz y Salvadori (1995.)

 

[xviii] De aquí se define la tasa de obtención de excedentes, como la relación entre el  excedente producido y el capital variable. Medida en tiempo de trabajo, el día laboral del trabajador se divide en una porción paga (cuyo producido equivale al salario) y una porción impaga (cuyo producido es el excedente), la tasa de obtención de excedentes es la relación de la segunda con la primera. La equivalencia entre las tasa medidas en precio y valor ha sido objeto de larga discusión. Foley (1999)

 

[xix] En puridad, existen varias definiciones para describir como se invierte el capital al producir y que involucran trabajo y maquinaria: composición en valor, composición técnica, composición materializada y la ya mencionada composición orgánica. No son definiciones equivalentes de un mismo parámetro pero se encuentran relacionadas: más adelante precisaremos su relación y evolución en el tiempo para concentrarnos en la composición orgánica del capital. (Shaikh, 1986)

 

[xx] Comercializar los bienes producidos tiene costo para el empresario, ya sea que las actividades de comercialización (ventas, promoción, distribución, etc) sean internas a la empresa o externas a ella. Veremos más adelante que estas actividades comerciales (con excepción de la distribución física que puede considerarse una tarea productiva al acercar el producto al consumidor) son improductivas en cuanto a la generación de riquezas (aun cuando muchas de ellas sea necesarias en el sistema) y consumen parte del excedente generado. Ver Shaikh y Tonak (1994.) Por otra parte la tendencia a la igualdad de precio se da con igualdad de productos. Las empresas pueden tener como estrategia una diferenciación en los productos con respecto a la competencia, diferencia por el cuál intentarán conseguir precios más altos que los competidores y que se justificará para el empresario siempre que el costo de la diferenciación sea menor al sobreprecio obtenido. Por medio de estrategias adecuadas (recursos no homogeneos, capacidades diferenciales, sustitutos, etc) el empresario puede lograr mayor poder de negociación en su rol en la cadena de suministros lo que le dará la posibilidad de lograr mayores precios de venta y/o menores precios de compra. Como ya se ha argumentado en notas previas y se profundizará en posteriores, estas situaciones son transitorias por la propia dinámica de la competencia capitalista.

 

[xxi] Nos referimos al “Valor de cambio” del producto, la tasa a la cual se intercambia por otros productos, por el cual es una mercancía en el mercado. Los valores de cambio en la sociedad capitalista son todos los bienes producidos para ser intercambiados por dinero y este a su vez por otros bienes. Se diferencia del “Valor de uso” que viene dado por las características y propiedades materiales del producto que brindan la utilidad concreta al ser humano.

 

[xxii] Por una parte puede ser que el empresario se vea obligado a adelantar más capital para promover la comercialización del producto y lograr su realización o, alternativamente, se lo encargue a un empresario comercial a cambio de darle parte del excedente logrado en la producción. Por otra, puede conseguir créditos o emitir obligaciones y acciones que disminuyan el capital que él personalmente adelanta y que luego deberá devolver con intereses, que también tomará del excedente que obtenga de la producción. En ambos casos el excedente se logra en la producción  y luego se distribuye entre los distintos empresarios  (productivo, comercial, financiero). Por esto en el texto principal nos concentramos en la producción como proceso generador de riqueza y crecimiento, sin ignorar que en cada país y en cada contexto histórico en particular se puede estudiar como es la distribución entre estos distintos grupos de empresarios con el transfondo de la firme tendencia hacia la igualización de la tasa de beneficio que explicaremos enseguida. 

 

[xxiii] Este es el llamado “problema de la transformación de los valores en precios”, que ha sido largamente debatido. Para entender la historia de este debate se puede leer  Guerrero (1997.)

 

[xxiv] Es permanente la búsqueda del empresario de ventajas competitivas que le den poder de mercado para batir a sus competidores y mejorar sus beneficios, en este caso resultantes de la apropiación de los excedentes generados en su proceso de producción más el excedente del proceso de otros empresarios. La estrategia empresarial es la búsqueda de estas ventajas competitivas y un tema importante dentro de ella son las barreras de entrada a la industria para evitar precios más competitivos. Sin embargo estas barreras se han demostrado, empíricamente, de bajo impacto al momento de determinar la estructura competitiva de la industria. Ver Geroski, Gilbert, Jacquemin (1990.)

 

[xxv] Se habla de situación de monopolio cuando han dejado de operar las reglas de la competencia y en su lugar operan pocas empresas de gran dimensión que deteerminan los precios de forma relativamente independiente de la demanda. Es mucha la discusión entre los economistas acerca de los efectos de la libre competencia y monopolio sobre la sociedad capitalista actual, incluso entre los pensadores de las corrientes clásicas. La línea argumental aquí seguida acerca de la tasa de beneficios y el valor ha recibido valoraciones diversas. Pero la existencia de monopolios, oligopolio o “poder de mercado” para utilizar la terminología actual no cambia las leyes generales del sistema y su evolución, sino que como se explica afecta a la distribuciónd de los excedentes entre los distintos grupos empresarios y en ciertas situaciones, entre un grupo de empresarios y los trabajadores . Además “...La situación del monopolio es transitoria. Todo monopolio enfrenta tarde o temprano un competidor. La lucha de los productores no cesa ni cesará en la sociedad capitalista.” (Grompone, 1973.) Un estudio más profundo del tema se encuentra en Moral Santín (1986.)

 

[xxvi] La mejora del flujo de producción, sea por aplicación de técnicas de programación, teoría de las restricciones, diseño celylar, coordinación de la cadena de abastaecimientos, etc,  tiene la ventaja adicional y clave en el cálculo de disminuir los inventarios y por tanto el capiatl invertido. Por lo que si se mantiene la utilidad, se eleva la tasa de beneficio en forma proporcional. Más adelante en el texto se insiste en este punto relacionado con la composición orgánica del capital.

 

[xxvii] La importancia de la división de trabajo ya fue destacada por Smith y otros pensadores clásicos (Kitbritcioglu 2002, Foley 1999.) La división de trabajo tiene lugar al nivel de una empresa, como aquí se describe, así como en el ámbito de toda la economía. La división de labor detallada es el proceso por el cual la producción en cierto lugar es dividida en tareas especializadas. La división social del trabajo es el proceso por el cual diferentes aspectos de una producción compleja pueden ser separados en diferentes puntos de producción, que pueden estar localizados en diferentes empresas o, aún, en diferentes regiones geográficas. En ambos sentidos la economía capitalista es un sistema de cooperación y no sólo de competencia, cooperación entre trabajadores en el ámbito fabril y cooperación entre empresas en una cadena de valor industrial. Por otra parte la división de trabajo hace que el resultado del esfuerzo de un trabajador específico no resulte en la elaboración de un producto completo, sino que es necesaria la coordinación de múltiples tareas,  lo que refuerza el poder del empresario (Grompone, 1973; Lazonick 1991.)

 

[xxviii] La elección del empresario de la técnica más rentable es un poderoso motor de cambio técnico pero no debe ser confundido con una teoría acerca de que produce las innovaciones. Pero igualmente deja en claro que el cambio técnico es endógeno al sistema. Un modelo que da cuenta del proceso de cambio técnico sobre la base de este principio de búsqueda de la técnica más rentable se encuentra en Dumenil y Levy (1999.) Basu y Weil (1996) tratan el tema de la difusión de tecnología entre países y su relación con el crecimiento, si bien con un modelo que no es coincidente con el enfoque aquí presentado pero que trae interesantes observaciones.

 

[xxix] Como este proceso de reducción de precios se da en todas las ramas de la producción, incluidas aquellas que producen bienes que forman parte de la canasta de subsistencia del trabajador, este fenómeno tiende a reducir al paso del tiempo el salario del trabajador. Esta tendencia es contrarrestada por el aumento del salario debido a los usos y costumbres sociales y principalmente a la necesidad de mayor educación que imponen las nuevas técnicas de trabajo. Galor y Moav (2001) demuestran como a finales del siglo XIX los empresarios capitalistas tenían especial interés en mejorar la calidad de la mano de obra (“el capital humano”, como titulan los autores) para poder aplicar las nuevas técnicas de producción y contribuyeron económicamente a los enormes cambios educativos que el evolucionismo sustentó filosóficamente, en especial la educación universal. El progreso técnico al reducir la mano de obra incorporada al producto, reduce también la cantidad de trabajadores necesarios para la producción aumentando el desempleo. Y el aumento del desempleo es utilizado para reducir el salario del trabajador mediante las muchas formas ya indicadas.

 

[xxx] Con el crecimiento de la economía capitalista los empresarios deben disponer de una cantidad de medios de producción cada vez mayor, lo que hace crecer el tamaño de las empresas exitosas a la vez que desaparecen las pequeñas. El aumento del tamaño de las empresas es una tendencia que se ha observado en la historia de la economía capitalista, por lo cuál la producción queda en manos de gigantescas empresas que pueden adelantar las sumas de dinero necesarias., financiadas por los grandes bancos concentradores de ahorros que llevan su parte creciente de los excedentes totales (Grompone, 1973; Lazonick, 1991.)

 

[xxxi] Todo trabajador cuyo producto no se vierta al mercado no está considerado, con lo cual algunos economistas actuales intentan corregir está situación con estimaciones del trabajo informal. Aún así se deja afuera el trabajo doméstico (Grompone, 1973.)

 

[xxxii] La distinción entre actividades productivas e improductivas no es equivalente a la clasificación entre producción y servicios: existen productos que no contribuyen a la riqueza de la sociedad y son así improductivos y existen servicios que sí mejoran el bienestar y son productivos. Igualmente, como bien aclaran Shaikh y Tonak, la clasificación de actividades productivas e improductivas no significan una valoración moral de los mismos. Y finalmente, esta clasificación no hace referencia a si son productivos o improductivos para el capital.

 

[xxxiii] Pueden existir crisis que se generan por razones externas al sistema cuando focalizamos en un país o región y no en el sistema global, denominadas en economía “shocks aleatorios”, como las provocadas por grandes cambios en la demanda externa de un país o la falta de una mercadería particular y sus correspondientes oscilaciones de precio. Son externas debido a la definición de los límites del sistema. Lo que aquí se remarca es que aún no existiendo razones externas al sistema, el propio sistema genera igualmente sus crisis. Muchas veces el papel de estos “shocks aleatorios” es ser el disparador de la crisis para la que que la dinámica de la economía capitalista había asentado las condiciones para que ella ocurriera. (Howard y King, 1988.)

 

[xxxiv]  La idea del multiplicador de la inversión ha sido desarrollada en la escuela keynesiana de economía, aunque es definitivamente distinto el papel que juega en el crecimiento económico al que le asigna la economía de los autores clásicos. Para un análisis del problema que genera el multiplicador keynesiano cuando se aplica a la dinámica de largo plazo, como en los modelos derivados de Harrod Domar, ver Moral Santín y Román (1994.)

 

[xxxv] Martínez Peinado, Vidal Villa (2001.) analizan el desarrollo del sistema económico mundial, en el capítulo 18 se estudian los países desarrollados (“centrales” en la visión de los autores). Cabe precisar que historicamente y en todas las sociedades el aumento de los excedentes es lo que posibilita el desarrollo de sectores no productivos pero que cumplen un rol en le proceso de reproducción económica y social.

 

[xxxvi] Ello no obsta a que el sistema feudal europeo fue capaz de duplicar su población entre el año 1000 y el 1300 gracias a mejoras en las técnicas agrícolas (sistema de rotación) y de transporte (intensificación del uso del caballo y de carruajes de cuatro ruedas.) Hunt (2002.) Un estudio pormenorizado y sugestivo de generación, población y excedentes en distintos sistemas de producción se encuentra en Grompone (2001.)

 

[xxxvii] Con anterioridad hemos visto que el precio de mercado de un producto, que junto con los costos implica el beneficio, está determinado en última instancia por el precio de mercado y este, a su vez, por el valor. El valor se mide por el tiempo de trabajo socialmente necesario determinado por el nivel tecnológico y la cualificación media propia de cada rama de producción. El mayor valor de un producto implica entonces un mayor tiempo de trabajo socialmente necesario. La mera realización de trabajo no necesariamente incrementa el valor de cambio de un bien. Tiempo de trabajo improductivo o productivo pero con una técnica de trabajo retrasada implica mayores costos que disminuyen el beneficio y lleva a la pérdida de competitividad de la empresa, a menos que ésta posea poder de mercado (algún grado de monopolio) o se localice en un país de bajos salarios (Martínez Peinado, Vidal Villa, 2001.)

 

[xxxviii] Al carácter estructural que tiene el desempleo en el sistema económico capitalista, cuyas causas se xplican en el texto principal, se deben agregar otros tipos de desempleo: cíclico (ocasionado por el cierre o reducción de actividades en empresas en crisis, tema de la sección II), estacionario (aparece periódicamente en aquellas actividades que tiene un período de producción discontinuo), étc. (Martínez Peinado, Vidal Villa, 2001.)

 

[xxxix] El sector financiero por sí solo no crea riqueza, se apropia de la generada por otros (Harribey, 2000.) Esto no quita de que sea un sector necesario en el funcionamiento de la economía, en cuanto permite al empresario disminuir la cantidad de capital adelantado propio que necesita para poner en marcha su circuito de producción. A la vez el desarrollo de las bolsas de valores permite movilizar el capital acumulado, catalizando la tendencia a la igualización de la tasa de beneficio, y junto con el sistema bancario favorece el financiamiento de grandes empresas que logran mayores escalas de producción con las eficiencias asociadas (De Paula, Da Gama, Da Motta, 2002.)

 

[xl] Estos elementos de intercambio desigual que se analizan en la nota siguiente y tienen como consecuencia la transferencia de excedentes, existen pero deben ser justamente valorados. La mayoría de la riqueza de los países desarrollados se produce en los propios países desarrollados así como la mayoría del intercambio comercial mundial se da entre esos países. La generación de excedentes y por tanto la existencia de explotación  del trabajador se da al interior de cada uno de estos países. Aún con la relevancia de la geopolítica (uno de sus objetivos claves para los países poderosos es asegurarse el suministro de las materias primas estratégicas, entre otros y quizás el más importante el petróleo y que ahora se extiende a la circulación de capitales y tecnología de la información) y es más, en parte como consecuencia de ella,  la tendencia actual de la economía mundial en una fase de enorme competencia es a disminuir estos elementos de intercambio desigual haciendo tender los precios de los productos a los montos que se derivan de sus valores de producción. Pero sí se mantiene la “coerción, pillaje, el uso de las fuerzas armadas en la búsqueda del beneficio, así es como la expansión capitalista tuvo lugar históricamente” (Howard y King, 1988) y se ha agudizado la intención de las clases dominantes de los países desarrollados, al dejar atrás la “edad de oro’del capitalismo y ver disminuir sus beneficios, de extraer excedentes de los países desarrollados a través del capital financiero y del dominio tecnológico, área esta ultima donde tratan de conservar beneficios adicionales a través del manejo de patentes y royalties . Mientras existan elementos de intercambio desigual y debido a la diferencia de riqueza entre países desarrollados y subdesarrollados, es posible que las consecuencias de los elementos de intercambio desigual sean más importantes para los segundos que para los primeros. (Grompone 1973), Freeman (1996), (Cashin, McDermott, Scott 1999), (Bloomfield 2001.) El trabajo empírico de Hadass y Williamson (2001) confirma esta última afirmación: la evolución de los cambios en los términos de comercio ha tenido poco impacto en el comercio total y ese impacto ha sido asimétrico, más importante en los países periféricos proveedores de productos primarios que en los países centrales.

 

[xli] Diversos son los mecanismos con que este efecto se produce y siempre se da en desmedro de los países subdesarrollados que ven de esta manera, como sociedad, como los excedentes que genera no quedan en el país en cuestión: a)el proteccionismo de la producción propia hace bajar los precios mundiales del producto en cuestión. Cuando estos productos son la base de la producción de un país que lo exporta a un tercero, la baja de precios implica una transferencia de beneficios. b)las normas sanitarias y similares implican una fragmentación del mercado en precios diferentes, que suelen disminuir los de los productos del país subdesarrollado c) la comercialización internacional suele estar en manos de empresarios de los países desarrollados, ya hemos comentado que la comercialización sustrae parte de los excedentes al productor d) los grandes bancos y mercados financieros pertenecen a los países desarrollados y absorben buena parte de los excedentes producidos, incluso en los países subdesarrollados. Todo lo anterior no invalida el cumplimiento de la ley del valor descripta en el capítulo anterior en forma simplificada, al igual que los monopolios son formas de repartirse el excedente creado por los trabajadores entre los distintos grupos capitalistas: productores, comerciantes o financieros, nacionales o extranjeros. Pero terminan influyendo en el crecimiento económico del país, especialmente subdesarrollado. (Instituto de Economía, 1971.)

 

[xlii] Aghion y Howitt (1998)  presentan un trabajo integrado sobre crecimiento endógeno basado en un enfoque schumpeteriano. En la introducción a cada capítulo realizan un sintético pero completo análisis de la literatura actual sobre cada factor de crecimiento.

 

Capítulo I.2


El estudio matemático de la economía capitalista que aquí  se presenta se realiza por etapas, comenzando por el modelo básico más sencillo y que por tanto asume una cantidad importante de supuestos fuertes e introduciendo progresivamente los elementos que acercan el modelo a la realidad del sistema. A partir del modelo básico se extraen las primeras conclusiones que describen el comportamiento del sistema y se analizan las limitaciones del modelo debido a los supuestos realizados, luego gradualmente se eliminan las restricciones y se extraen nuevas conclusiones.

Los sucesivos modelos se ocupan casi exclusivamente del problema del crecimiento, inicialmente con una única técnica de producción (la más rentable), incorporando luego el progreso tecnológico y las condiciones de viabilidad para el cambio de técnica de producción.

Dos importantes temas no son tratados en este desarrollo: el primero es el papel del dinero y del sistema financiero en el crecimiento y las crisis de la economía, el segundo es la distribución de la riqueza entre los diversos sectores de la sociedad.

En cuanto al primer problema, los modelos desarrollados trabajan con variables reales (como opuestas a nominales) y tratan de la producción de bienes y servicios (productivos), por lo que presentan la limitación indicada. Sin embargo esta limitación no cambia las conclusiones a que se arriba en el documento, ya que en el ámbito de realización el dinero (y el crédito) tiene un efecto procíclico: dinamiza el crecimiento cuando éste ocurre y agrava las crisis cuando ellas se dan. El dinero y su oferta (y por lo tanto la política monetaria) juegan así un rol en propagar las crisis en una economía, pero la dinámica de crecimiento y crisis igualmente se daría vía financiamiento interno sin crédito bancario.

El sector financiero no crea valor por sí mismo: por el contrario, toma parte de los excedentes generados por los trabajadores en la producción de bienes. Facilita la producción captando ahorros nacionales o extranjeros y volcándolo al sector productivo, facilitando el proceso de repetición y ampliación de la producción que realiza el empresario industrial. Al movilizar los capitales monetarios cataliza la tendencia a la igualización de la tasa de ganancia que surge de la búsqueda de las mejores oportunidades de rentabilidad. Y permite a las grandes compañías, de presencia creciente a medida que se desarrolla el sistema económico capitalista, aumentar su escala de producción mediante la acumulación de pequeños montos que realiza el sector bancario y de mayores sumas por medio de las bolsas de valores.

Pero el sector financiero rápidamente retira el crédito cuando la crisis se asoma, amplificándola en grado extremo. Los bancos son entidades que al igual que el resto de las empresas tienen como meta la obtención de beneficios, por lo que el otorgamiento de créditos se ve afectado por la baja rentabilidad y la inseguridad de su recuperación dada la quiebra generalizada de empresas en las épocas de crisis. Las razones inversas obran durante las expansiones.

Por lo demás el aspecto monetario influye en los valores nominales de las variables, pero en un enfoque a largo plazo no cambia los valores reales de las variables, sus tendencias y sus relaciones. De todas formas la ampliación de los modelos considerando el papel de la moneda, el crédito y la inflación, (en una lista no taxativa), es una línea interesante de investigación[i].

La distribución de la riqueza es sin duda otra extensión interesante de los modelos aquí tratados, especialmente cuando este tema en el mejor de los casos ha sido objeto de tratamientos numéricos equivocados y en el peor, con enfoques conceptualmente erróneos. Se agrega así una línea de investigación que a juicio del autor además de necesaria es asequible a partir del  modelo aquí presentado. 

 

Definición del modelo

El modelo básico se desarrollará considerando que toda la producción de un país o sociedad dada en un período determinado se ha agregado en un sólo producto. Esta agregación puede ser hecha sobre una base monetaria con lo cual la suposición de la teoría se acerca a la realidad del sistema capitalista[ii].

En las economías reales se suele utilizar el Producto Bruto Interno (PBI) como indicador agregado de la producción. Como hemos argumentado en el primer capítulo de esta sección, el PBI no se corresponde con la real producción de un país: al no distinguir entre actividades productivas e improductivas, la medida del crecimiento económico a través de las variaciones del PBI es al menos irrelevante, cuando no lleva a conclusiones equivocadas sobre la historia económica de los países y las causas de su evolución económica. La situación se agrava debido a que en la segunda mitad del siglo XX se ha producido un incremento importante de las actividades improductivas con relación a las productivas, especialmente en los servicios no productivos y el gobierno.

Por lo tanto, en las consideraciones que siguen nos estaremos refiriendo al crecimiento económico en el sentido clásico de reproducción y ampliación de bienes para incrementar la riqueza del país, tomando en cuenta las actividades productivas en el sentido anteriormente descripto[iii].

 

El modelo en este trabajo es desarrollado para una economía cerrada (aunque luego se estudian los efectos de la apertura de la economía), caracterizada por condiciones de producción que son compatibles con la libre competencia[iv]. Asimismo y en forma similar a la agregación de la producción ya comentada, se asume que el trabajo es homogéneo, esto es, que se pueden agregar los tiempos insumidos en los diferentes tipos de trabajo en una sola magnitud y que el salario por unidad de trabajo es el mismo para todos los trabajadores[v]. La libre movilidad de capitales dentro de la economía asegura la tendencia hacia una tasa de beneficio uniforme: los empresarios retiran sus capitales (total o parcialmente) de los sectores menos rentables hacia los sectores de mayores tasas de ganancia, elevándose la rentabilidad en los primeros y disminuyendo en los segundos[vi], por lo que asumiremos aquí que hay una tasa de beneficio común a la economía.

El modelo inicial también supone que no hay progreso técnico. Hay una única técnica de producción, la más rentable para el empresario en las condiciones económicas prevalecientes, con la que se obtiene un monto monetario Y como resultantes de valuar las unidades de producto obtenidas. Para esa producción se requieren L unidades de tiempo de trabajo.  La técnica utiliza M unidades de materia prima y maquinarias por un monto K formado por el valor de todos los medios de producción que sobreviven al tiempo t, que se deprecia en J años[vii].

En otras palabras, para obtener un número dado de unidades de producto final el empresario debe adelantar el  capital variable V cuyo monto es wL, donde w es el salario pagado al trabajador por unidad de tiempo, más el capital constante C que es M+K. La técnica utilizada tiene retornos constantes a escala, esto es: los aumentos en la cantidad de capital constante y variable son proporcionalmente iguales así como la cantidad de producto obtenido. El incremento de la producción en un factor multiplicativo dado implica proporcionales aumentos en la cantidad de trabajo realizado y de capital fijo y materia primas utilizadas.

Todas las variables, dependientes o independientes, cambian en función del tiempo[viii]. Esta dependencia se mantendrá implícita en la notación, a no ser en aquellos casos que sea necesaria hacerlo explícito para mayor claridad. En ese caso se denotará, por ejemplo, Y (t) en lugar de Y para hacer notar que la producción agregada cambia con el tiempo. Designaremos con prima la derivada de las variables en función del tiempo, así Y’ significa la variación de Y con respecto al tiempo.

La tasa de crecimiento de una variable en un momento t dado es el cociente de la derivada de la variable sobre la variable, ambas consideradas en el momento t. Para el caso de la producción agregada:

g =Y’/Y

Finalmente no existe ninguna limitación natural al crecimiento económico, las fuentes de materia prima y la disponibilidad de fuerza de trabajo no son restricciones a la producción[ix].

 

Determinación de la tasa de crecimiento

El beneficio del empresario es la diferencia entre el valor del producto obtenido y el costo[x]. El costo se compone por lo pagado por unidad de tiempo al trabajador para utilizar su fuerza de trabajo multiplicado por la cantidad de tiempo necesaria de acuerdo a la técnica de producción más la depreciación de las maquinarias más las materias primas consumidas en el proceso. Debido a que en el costo el capital constante no cambia su valor (no hay intercambio desigual en condiciones de competencia), el beneficio B coincide con el excedente S, neto de la reposición de los medios de producción depreciados, excedente que el trabajador produce y que es apropiado por el empresario en cada período de producción[xi]:

B= S = Y – (wL+M+K/J)    (1)

La tasa de beneficio en el período considera todo el capital adelantado por el empresario y los beneficios logrados:

b=S/(wL+M+K)                   (2)

Suponemos que todo el consumo es realizado por el trabajador[xii], por lo que el consumo iguala al salario recibido.

C=wL

Igualmente se asume, en este primer modelo, que  todas las ganancias del empresario se revierten en ampliar el proceso, comprando nueva materia prima, maquinarias y contratando mano de obra.

Para simplificar el desarrollo, sin pérdida de validez en los resultados, tomaremos M=0 y además definiremos la tasa de depreciación como la inversa de la vida útil:

*=1/J

Con lo que (1) resulta en:

Y=wL+*K+S                         (3)

El hecho de que existan retornos constantes a escala significa que  para obtener una producción Y se utilizan las cantidades proporcionales de mano de obra y maquinarias, por lo que si Y crece a una tasa g las otras variables crecen a la misma tasa:

g= Y’/Y=L’/L=K’/K               (4)

Plantearemos ahora el balance de medios de producción.

El inventario de capital constante se incrementa en un monto igual a la nueva inversión I neta de la reposición del capital depreciado en el período ( de esta forma I podría ser positivo, negativo o cero, dependiendo de si la inversión es mayor, igual o menor que la depreciación del capital):

K’=I                                        (5)

El excedente debe ser utilizado para la nueva inversión en maquinaria y el pago de la mano de obra adicional contratada (dado el supuesto de no consumo personal de los empresarios, que levantaremos más adelante, y que todo el ahorro se invierte):

S=wL’+ I                                (6)

Estas dos ecuaciones, (5) y (6), son la base de la descripción dinámica del sistema. Sustituyendo la inversión I en (5) y utilizando (4):

Kg=S-wLg                             (7)

Simplificando y despejando g:

g =S/(wL+K)                        (8)

Compárese con la ecuación (2), recordando que M se ha asumido como 0, por lo que:

g=b

La tasa de crecimiento de esta economía se puede entender de la siguiente forma: el excedente generado se utiliza en primer lugar para reponer el capital constante que se ha desgastado en el proceso de producción. Por encima de ese valor el excedente es utilizado para ampliar el circuito de producción por lo que la economía crece y la tasa de crecimiento es el  excedente neto dividido el capital adelantado por el empresario, o sea la tasa de beneficio del empresario.

 

Consideraciones acerca de la tasa de crecimiento

Definimos la tasa de obtención de excedentes, m, como la razón entre el excedente y el  capital variable utilizado[xiii]:

m=S/wL 

 S = mwL                               (9)

La tasa de obtención de excedentes es constante en una sociedad dada donde no existan cambios sociales, supuesto que hemos adoptado en nuestro modelo básico.

Usando (9), podemos escribir la tasa de crecimiento en función de la tasa de obtención de excedentes:

g =mwL/(wL+K)                 (10)

La tasa de crecimiento de la economía depende entonces en la ecuación (10) de m, la relación entre el excedente y el salario pagado, y de la técnica de producción aplicada que determina las cantidades de mano de obra y maquinaria utilizados y la producción obtenida. Con mayores tasas de obtención de excedentes aumenta la tasa de crecimiento económico. La ecuación (1) nos da los excedentes obtenidos en relación a la producción agregada, por lo que la ecuación (9) se puede expresar como:

m=S/wL=(Y-wL-*K)/wL    (11)

La productividad laboral de la técnica es la razón entre el producto logrado y la cantidad de unidades de trabajo consumidas:

y=Y/L

Igualmente la productividad del capital la definimos como la razón entre el producto logrado y el capital necesario según la técnica de producción:

k=Y/K

Para aplicar estas definiciones en la ecuación (11) dividimos numerador y denominador por Y, realizando luego los cálculos:

m=(1-wk-*y)/wk               (12)

Por lo que la tasa de obtención de excedentes es mayor si:

ü   es menor el salario real de los trabajadores por unidad de tiempo, w.

ü   es mayor la productividad de los trabajadores, y.

Para una sociedad definida en un momento histórico dado, lo cual implica un grado de progreso tecnológico con sus necesidades educativas más usos y costumbres, las necesidades de subsistencia y reproducción de los trabajadores están determinando el salario real que habrán de percibir. La técnica utilizada, que habrá de ser la más rentable para el empresario, implica la cantidad de unidades de trabajo L a utilizar y el capital fijo K. Las ganancias de los empresarios son ahorros que se invierten. A partir de estas tres condicionantes (salario, técnica utilizada e inversión) quedan determinados, los excedentes producidos por el trabajador y que se transforma en el beneficio del empresario, por lo que de ello se deriva la tasa de crecimiento del sistema económico.

Definimos la composición orgánica del capital para la técnica de producción en uso como la razón entre el capital constante (maquinarias, materias primas) y el capital variable utilizado  en esa técnica[xiv]:

F=K/wL

Siendo la tasa de crecimiento igual a la tasa de beneficio, a partir de la composición orgánica obtenemos de la ecuación (10) la siguiente expresión para la tasa de beneficio, dividiendo numerador y denominador del término de la derecha de la igualdad por wL:

b= m/(F+1)

Por lo que la tasa de beneficio es mayor con una tasa de obtención de excedentes más alta y con una composición orgánica del capital más baja.

La tasa de crecimiento calculada corresponde al sector capitalista de la producción de un país, no es necesariamente la tasa de crecimiento de la economía del país ya que en este siempre hay sectores no capitalistas tales como el trabajo doméstico, la producción artesanal y la producción agrícola de auto subsistencia. La tasa de crecimiento g puede no ser y generalmente no será coincidente con la tasa natural de crecimiento de la población n (que implica la fuerza de trabajo potencial, pero no en forma directa), derivada de las tasas de natalidad y mortalidad.

Cuando g crece a una tasa mayor que n, se incrementa la ocupación de trabajadores y el sector capitalista de producción comienza a tomar trabajadores de sectores “de reserva”, tales como las mujeres que dejan el trabajo doméstico para incorporarse a las empresas o las personas que producían para su auto subsistencia que pasan a trabajar en forma asalariada (especialmente importante en la historia del capitalismo ha sido la emigración de campesinos a las ciudades, transformándose en desocupados en búsqueda de un trabajo.) Cuando estos sectores de reserva se han agotado, como en los países más avanzados donde g ha tenido altos valores y n ha decrecido, se ha recurrido a la inmigración para suplir la mano de obra faltante.

Cuando g es menor que n, crece la desocupación de trabajadores que ya estaban integrados al sector capitalista de producción. La demanda de trabajo disminuye porque muchos trabajadores vuelven a los trabajos domésticos y de auto subsistencia, pero esta disminución no llega a compensar los puestos de trabajo perdidos generándose un aumento del desempleo.

En ambas situaciones y como comentáramos existe una masa de trabajadores desempleados. Pero además el progreso técnico, no considerado en este primer modelo básico, es sesgado en el sentido de ahorrar trabajo, capital variable, aumentando el capital constante. El empresario buscando reducir sus costos e incrementar sus ganancias, adopta las técnicas que disminuyen la mano de obra nutriendo así de trabajadores a la masa de desempleados. Este importante punto será incorporado al modelo más adelante.

 

Determinando expresiones para las variables

Hemos deducido que la tasa de crecimiento de la economía es:

g =S/(wL+K)                        (8)

Recordemos que g se puede expresar en función de K, capital constante que varía con el tiempo, por lo que la expresión (8) es una ecuación diferencial.

Una solución que tiene esta ecuación es que g sea constante con respecto al tiempo. En este caso si Y0, L0, K0  es la producción, trabajo y capital constante en el momento inicial, respectivamente, tenemos a partir de las igualdades (4):

Y(t)=Y0egt                 

L(t)=L0egt                 

K(t)=K0egt                             (13)

Nótese que todas las variables crecen a la misma tasa por lo que en el modelo básico sin progreso técnico, con retornos constantes a escala, las productividades del capital y de la mano de obra así como la relación de capital constante a capital constante son todas constantes e iguales a sus valores iniciales:

y=Y/L= Y0egt/ L0egt= Y0/L0

k=Y/K= Y0egt/ K0egt= Y0/K0

Recordando que

S=mwL

Y sustituyendo las expresiones (13) de K y L en (8), se puede simplificar egt  en el numerador y denominador:

g =mwL0/(wL0+K0)             (14)

Por lo que g es constante en el tiempo e igual a la tasa de beneficio.

El modelo básico muestra entonces que el sistema económico capitalista es un sistema en continua expansión, regulado en última instancia por su nivel de rentabilidad[xv], en tanto los beneficios sean reinvertidos en ampliar la producción y el excedente de la técnica empleada sea superior al valor de reposición del capital constante. El límite de esta expansión estaría dado por la disponibilidad de recursos naturales (fuera del alcance de nuestro estudio pero de creciente importancia por su agotamiento y contamincación) y humanos (analizado en el aparatado anterior.)

Por la definición de la tasa de obtención de excedentes y la ecuación (13):

S=mw L0egt                          (15)

El crecimiento económico permite la extracción de cada vez mayores excedentes en valor absoluto,  aún manteniéndose constante la tasa de obtención de excedentes[xvi].

 

Extendiendo el modelo básico: no todo el beneficio se reinvierte

Levantemos uno de nuestros supuestos, la ausencia de consumo por parte de los empresarios, extendiendo el modelo al caso en que no todos los excedentes son reinvertidos. Esto puede ocurrir cuando el empresario consume un alto porcentaje de sus ganancias en artículos suntuarios o cuando parte de sus ahorros los coloca en el exterior. Pero además en la sociedad actual parte del excedente es consumido por otras personas en actividades no productivas, tales como las actividades de intermediación comercial, financiera y las necesarias para el mantenimiento y la reproducción del orden social.

Así que ahora además del consumo de los trabajadores hay un consumo de los empresarios de sectores productivos y de otros empresarios y trabajadores de los sectores no productivos.

Si " es la fracción de los beneficios que se destina a la reinversión, 0<"<1, por lo que se denomina propensión al ahorro (dado que 1-" es entonces la fracción de los excedentes  destinada al consumo social improductivo como el consumo personal de empresarios, actividades no productivas del Estado y los sectores comercial y financiero), tenemos que el monto de inversión neto en maquinaria y mano de obra es:

K’= I

"S=I+wL’                             (16)

Y el consumo total:

C=wL+(1-")S                      (17)

Las ecuaciones se deducen de la misma forma que en el modelo básico original, pero toman en cuenta el nuevo monto destinado a la inversión, por lo que resulta en:

K’=K+"S-wL’                       (18)

Introduciendo ahora g de la misma forma que en el desarrollo anterior y despejando:

g="S/(wL+K)                      (19)

Obsérvese la similitud con la expresión de la tasa de crecimiento en el modelo básico:

g =S/(wL+K)                        (8)

De la comparación entre (8) y (19) y del hecho de que (1-") representa la fracción del excedente que es consumida  socialmente surge que un aumento de las actividades no productivas (comerciales, financieras, estatales no productivas, consumo suntuario de los empresarios o colocación de los beneficios en el exterior) disminuye el crecimiento de la economía.

Para relacionar el crecimiento con la rentabilidad de las empresas, recordamos que:

b = S / (wL+K)

Por lo que las tasas de crecimiento y de beneficio, en una economía, son directamente proporcionales pero la primera es menor que la segunda debido a que " es menor que la unidad:

g = "b

Por otra parte, se mantienen como válidas las conclusiones acerca de los factores que influyen sobre la tasa de crecimiento que expusiéramos en los apartados anteriores.

 

Conclusiones y limitaciones del modelo básico

El modelo básico que hemos desarrollado hasta aquí describe el crecimiento de la economía en una forma simplificada, respetando en lo sustancial las características de la misma. Y esto se logra porque a pesar de ser un modelo de un producto ( o mejor dicho donde la producción de bienes se ha agregado en un único valor) no se sobre simplifica la realidad y se toma en consideración dos hechos básicos de la producción capitalista:

a)           que la producción de los bienes requiere una acumulación de capital original en maquinaria, maquinaria que no se desgasta en cada período de producción, sino en una cantidad finita pero no unitaria de períodos.

b)           que la producción realizada por el trabajador se puede separar en aquella porción que paga su salario más el excedente apropiado por el empresario, y la relación entre ambas es la tasa de obtención de excedentes.

La primera conclusión que conviene destacar es que dado un salario real de los trabajadores y una técnica de producción que determina la cantidad de trabajo (capital variable) y de materia primas y maquinarias (capital constante) utilizadas, el crecimiento de la economía queda determinado por la tasa de beneficio. Si los beneficios son reinvertidos totalmente el crecimiento es el máximo posible, si una parte de los beneficios es consumida suntuariamente por la clase empresarial o por sectores no productivos (aunque necesarios para el funcionamiento y la conservación del sistema) el crecimiento disminuye y más lo hará cuanto mayor sea el consumo social improductivo. El beneficio del empresario depende de la tasa de obtención de excedentes, ya que sus utilidades surgen de los excedentes que el trabajador produce sobre lo necesario para pagar su salario.

Además el modelo básico desarrollado no necesita de consideraciones directas acerca de la población y su tasa de crecimiento: el crecimiento económico es endógeno al sistema y la relación entre ambas tasas (más el progreso técnico cuando lo consideremos) determinan la amplitud del ejército de reserva de desempleados.

Las limitaciones del modelo existen y son importantes.

Por una parte, como el modelo tiene un solo sector agregado, no existe necesidad de coordinación entre agentes o sectores. En otras palabras el modelo representa una economía coordinada donde no hay fluctuaciones ni crisis. Las variables significativas crecen a la misma tasa cuando no introducimos el progreso técnico. Esto no responde a la realidad de la caótica sociedad capitalista donde la búsqueda del beneficio individual por parte de los empresarios implica graves problemas de coordinación entre la oferta y la demanda. Y, lo que es más grave, el sistema capitalista se ha caracterizado por una fluctuación extrema del ciclo económico con períodos de fuerte crecimiento alternados con no menos agudas crisis. Las fluctuaciones de la economía capitalista serán estudiadas en la sección II.

Desde otro punto de vista es una importante limitación del modelo la asunción de retornos constantes a escala. El crecimiento de la economía y de las empresas ha llevado a fuertes ventajas de especialización que suponen importantes retornos crecientes a escala. No se explica el origen y desarrollo de la sociedad actual sin este hecho, sea que los beneficios de la mayor escala se den por la especialización y ahorro de costos internos a la empresa o externos a ella, al nivel de la economía.

Este fuerte supuesto, crecimiento estacionario y retornos constantes a escala, intentará ser levantados en el siguiente apartado, al incorporar el progreso tecnológico a nuestro modelo básico.

 

Modelo básico con progreso técnico.

¿Por qué cambia el empresario la técnica de producción con la cual está produciendo, aún cuando esté compitiendo exitosamente? La razón es los empresarios adoptan los cambios técnicos que reducen sus costos de producción, tomando en cuenta los salarios que están pagando en ese momento, para lograr beneficios adicionales al continuar vendiendo sus productos a un precio determinado por los costos mayores de los empresarios competidores menos técnicamente avanzados. Este incentivo para el empresario es un poderoso motor de la revolución tecnológica de la producción capitalista. La investigación y adopción de nuevas técnicas tiene un sesgo en el sentido de ahorro de capital variable (trabajo) a la vez que intensifica el uso de capital constante (maquinarias en particular.)

La condición de cambio de técnica se expresa entonces por un mayor beneficio en el período siguiente a la introducción de la nueva técnica que el beneficio en el período actual previo a la innovación[xvii]. Denotaremos los valores para la nueva técnica con el subíndice NT, por lo que la condición que debe cumplirse para que el empresario adopte la nueva técnica es:

BNT>B                                    (20)

La nueva técnica implica mayor capital constante y menor uso de unidades de trabajo ya que a los efectos de la comparación entre técnicas se supone que la producción no se incrementa. Adicionalmente la cantidad de períodos en que se deprecia la maquinaria es el mismo en ambas técnicas y continuamos suponiendo por facilidad que M=0:

KNT>K                        

LNT<L                                      (21)

De la ecuación (1):

BNT= Y – (wLNT+*KNT

B = Y – (wL+*K) 

De donde la condición (20) se expresa:

Y – (wLNT+*KNT)  > Y – (wL+*K) 

(wLNT+*KNT)  < (wL+*K) 

KNT< K + J*w*(L-LNT)                    (22)

Esta es la condición para que el empresario cambie la técnica de producción, que le asegura un mayor beneficio inicial.

Analicemos ahora que ocurre con la tasa de beneficio al paso del tiempo: notemos  que el precio de venta desciende porque se reduce el trabajo incorporado al producto, reduciéndose los costos de toda la industria al generalizarse la nueva técnica. 

Para una sociedad dada en una época determinada la tasa de obtención de excedentes se puede considerar constante[xviii]. La tasa m viene dada por la relación entre el excedente generado  y el monto pagado a la fuerza de trabajo:

m=S/wL=SNT/wLNT

La tasa de beneficio en cada caso es:

b=S/(wL+K)=mwL/(wL+K)          

bNT=SNT/(wLNT+KNT)=mwLNT/(wLNT+KNT)          

Restando para determinar el signo de la diferencia:

b-bNT= m*(wLwLNT+wLKNT-wLNTwL-wLNTK)

b-bNT=m*w*(LKNT-LNTK)   (23)

Pero por las ecuaciones (21):

K<KNT

LNT<L

Multiplicando ambas desigualdades (con todos los parámetros positivos):

KLNT<KNTL

De donde en el primer miembro de la igualdad (23) (b-bNT) es positivo y la nueva tasa de beneficio es menor que la original. El empresario adopta una nueva técnica de producción porque esta le brinda beneficios adicionales frente a la anterior, pero estos beneficios disminuyen luego debido a la competencia hasta tasas menores que las que le proporcionaba la vieja técnica.

 

Implicancias del cambio técnico

El sencillo modelo desarrollado en los apartados anteriores puede extenderse considerando que la tecnología no es fija e inmutable, sino que se va modificando cuando se cumple la condición descripta para el cambio de técnica. El progreso técnico en el sistema capitalista está orientado al aumento de la productividad que reduce la mano de obra necesaria (capital variable), incrementando el capital constante (en particular el capital fijo en maquinarias.) En otras palabras, el progreso tecnológico a escala empresarial es, en el sistema económico capitalista, sesgado en el sentido de que por cada unidad de producto obtenido las nuevas técnicas incorporan más medios de producción y disminuyen la fuerza de trabajo, aumentan la productividad laboral a la vez que disminuyen la productividad del capital.

Este sesgo hacia el ahorro de mano de obra ha sido comprobado empíricamente por Foley y Michl (2002) que presentan los “hechos estilizados” a semejanza de los de Kaldor pero con un enfoque clásico, para Estados Unidos y para una variedad de países.

La productividad de la técnica es la razón entre el producto logrado y la cantidad de unidades de trabajo consumidas:

y=Y/L                                     (24)

La tasa de crecimiento de la productividad laboral debida al progreso técnico es (, con (>0:

(= y’/y                                   (25)

Igualmente la productividad del capital la definimos como la razón entre la producción agregada y el capital constante empleado:

k=Y/K                                    (26)

La tasa de crecimiento de la productividad del capital es > con ><0:

>= k’/k                                  (27)

La composición orgánica del capital para la técnica en uso, la hemos definido como la razón entre el capital constante y el variable:

F=K/wL                               (28)

Sustituyendo K y L por las expresiones que se obtienen de sus productividades, fórmulas (24) y (26), y aplicando logaritmos a la expresión (28):

ln F= (ln y –ln k) – ln w

Derivando con respecto al tiempo y sustituyendo por (25) y (27):

F’/F = (y’/y-k’/k)

F’/F = ((->)                        (29)

Dado los signos de las tasas de crecimiento el paréntesis es positivo, así como el salario y la composición orgánica. Por lo tanto F’>0 y la composición orgánica del capital es creciente en el tiempo, debido a la propensión a adoptar tecnologías sesgadas hacia el ahorro de mano de obra con inversión de capital.

Hemos visto que la tasa de beneficio disminuye frente a un cambio de técnica que ahorra capital variable invirtiendo en medios de producción: la demostración la hemos realizado para el caso en que un empresario decide cambiar la técnica de producción invirtiendo en maquinarias para disminuir la mano de obra utilizada. Generalizaremos el resultado desde un caso individual a la economía en su conjunto para probar que la tasa de beneficio disminuye con el tiempo en la economía, a partir del crecimiento de la composición orgánica del capital.

Partimos de la ecuación que calcula la tasa de beneficio:

b=S/(wL+K)

Recordemos que la tasa de obtención de excedentes es la relación entre el excedente  generado y el monto pagado a la fuerza de trabajo:

m=S/wL

Introduciendo la tasa de obtención de excedentes y la composición orgánica del capital de la ecuación (28), extrayendo factor común y aplicando logaritmos:

b=mwL/[K*(F+1)]

ln b= ln(mw)+lnL-lnK-ln(F+1)

Sustituyendo L y K en función de sus productividades:

ln b= ln(mw)+lnY-ln y-lnY+ln k-ln(F+1)

Simplificando términos, derivando y sustituyendo por las tasas de crecimiento de cada variable, utilizando la ecuación (29):

b’/b =-y’/y +k’/k - F’/(F+1)

b’/b = -( + >- ((->)[F/(F+1)]

Reagrupando términos:

b’/b=(>-()*{[F/(F+1)]+1}           (30)

Con ><0 y (>0 el primer término entre paréntesis es negativo, por lo que b’<0 y b, la tasa de beneficio, es decreciente en el tiempo.

Este resultado debe interpretarse como una tendencia de largo plazo en la economía capitalista, ya que en ciertos períodos hay fenómenos que contrarrestan parcialmente esta caída, elevando momentáneamente la rentabilidad promedio de las empresas.

A partir de la ecuación (30) recordando que el primer término entre paréntesis es negativo, se pueden deducir los factores que actúan como compensación a la caída de la tasa de beneficio y que cualitativamente hemos descripto en el capítulo 1 de esta sección:

a)                la disminución de los salarios unitarios pagados a los trabajadores (w),

b)                un aumento de la tasa de crecimiento de la productividad de los trabajadores (() sin cambios en la cantidad de capital utilizado (por aumento de la intensidad del trabajo o extensión de la jornada laboral),

c)                 un aumento de la tasa de crecimiento de la productividad del capital (->) por mejor aprovechamiento de la maquinaria (por ejemplo, cambios de técnicas de gestión que mejoran el tiempo muerto) o por destrucción de capital constante ineficiente.

Estos efectos que parcialmente contrarrestan la tendencia decreciente de la tasa de beneficio, implican que las tasas de crecimiento de las productividades del capital y de la mano de obra, > y (, no son constantes como se ha asumido en este modelo y en algunos períodos (cuando las crisis del sistema) incluso pueden cambiar de signo. En la sección II se flexibilizará parcialmente esta asunción, para estudiar los cambios cíclicos de la economía capitalista, ciclos insertos dentro de una tendencia general que permanece.

 

El crecimiento de la economía con cambio técnico

Calculemos la tasa de crecimiento de la economía en esta situación, por lo que comenzamos planteando el balance de los medios producción:

K’=I                                        (31)

De la definición de productividades de la mano de obra y del capital:

K=Y/k            

L=Y/y                                     (32)

Aplicando logaritmos, derivando las expresiones con respecto al tiempo y sustituyendo por las tasas de crecimiento de las variables:

K’/K =Y’/Y-k’/k =g->

L’/L =Y’/Y-y’/y =g-(

Resumiendo:

K’=K*(g->)    con ><0

L’=L*(g-()      con (>0         (33)

Las ecuaciones (32) implican que con la incorporación del cambio técnico, incrementando la maquinaria utilizada y la especialización de los trabajadores, ya no hay retornos constantes a escala.

Recordamos la expresión (6) del modelo básico que continúa siendo valida en un contexto de progreso técnico:

S=wL’+I

Sustituyendo en (31):

K*(g->)=S-wL*(g-()

Despejando la tasa de crecimiento:

g =(S+>K+wL()/(wL+K)     (34)

Si comparamos esta expresión que hemos calculado para la tasa de crecimiento con progreso tecnológico con su equivalente para una técnica de producción fija:

g =S/(wL+K)                        (8)

Vemos que la única diferencia es que ahora aparecen las tasas de crecimiento (de distinto signo) de las productividades de los medios de producción y la mano de obra ponderando los montos de capital constante y capital variable respectivamente, tasas que surgen debidas al cambio técnico. El crecimiento de la economía sigue estando directamente relacionado con la tasa de beneficio y su reinversión, ya que otra expresión para la ecuación (34) es:

g =b + (>K+wL()/(wL+K)   (35)

El denominador del lado derecho de la ecuación (34) no ha cambiado con respecto a la expresión (8) por lo que procederemos a analizar el numerador de la expresión.

Con la existencia de progreso técnico además de utilizar parte del excedente para reponer el capital constante utilizado, debe invertirse en medios de producción  mejorados en un monto ->K (recordemos que ><0) con una compensación por el ahorro de capital variable en un monto w(L (dado que (>0.)

La economía crece si g>0 lo que implica que el excedente obtenido debe  superar un valor dado por:

S>-(>K + wL()

De la expresión para la tasa de crecimiento (34), utilizando la tasa de obtención de excedentes, dividiendo numerador y denominador por wL y recordando la definición de la composición orgánica del capital, obtenemos:

g =(m+>F-()/(1+F)                      (36)

Como la composición orgánica del capital es creciente en el tiempo, la tasa de crecimiento es decreciente ya que F aparece con signo negativo en el numerador y positivo en el denominador. Ya hemos visto que  la tasa de beneficio también decrece aunque su decrecimiento, al incrementarse la composición orgánica del capital, es más lento dado que el efecto de la misma aparece únicamente en el denominador.

Partiendo de un valor positivo, para valores bajos de F hay crecimiento pero este se detiene cuando el numerador en el lado derecho de la ecuación (36) se hace 0, lo que significa una composición orgánica del capital dada por:

F=((-m)/>                           (37)

Si la composición orgánica del capital crece por encima de este valor el crecimiento será negativo, entrando el sistema en una crisis. De estas últimas expresiones se deduce que para restituir el crecimiento, o lo que es lo mismo para que g sea positivo, debe ocurrir:

a)                 la eliminación de capital constante, disminuyendo F.

b)                 el aumento de la tasa de obtención de excedentes m.

El modelo que hemos desarrollado permite prever la existencia de crisis en el sistema económico que configuran junto a las fases de crecimiento los ciclos económicos, sin embargo ella surge más de la realidad histórica (dado que el sistema capitalista no se ha detenido ni explosionado, sino que luego de cada crisis ha comenzado un nuevo período de crecimiento) que por consecuencia matemática de nuestro desarrollo, ya que hasta aquí lo que hemos deducido es una tendencia a la estagnación. Los ciclos económicos y los modelos matemáticos que las describen serán el objeto de análisis de la próxima sección de este trabajo.

A pesar de que el modelo presentado hasta aquí no permite estudiar las crisis del crecimiento económico ha sido útil para determinar las tendencias del sistema, tendencias (“leyes de movimiento” en el lenguaje de los economistas clásicos) que han sido comprobadas empíricamente en diversos estudios[xix]:

a)                la acumulación de capital como característica central al sistema y por ello el crecimiento económico

b)                el aumento de la productividad del trabajo, lo que implica el valor decreciente de los productos

c)                 la tasa creciente de obtención de excedentes por parte del empresario.

d)                la creciente composición orgánica del capital.

e)                la tendencia decreciente de la tasa de beneficio promedio de la economía.


I.3       Uruguay: economía primaria agro exportadora (1875-1929.)

Introducción

La descripción cualitativa del funcionamiento de la economía capitalista en general y del crecimiento económico en particular, desarrollada en el primer capítulo de esta sección y modelada matemáticamente en el segundo, encuentra una aplicación al caso de Uruguay entre finales del XIX y comienzos del XX, período de integración tardía de la economía uruguaya al sistema capitalista mundial. Describiremos sintéticamente la historia económica del país enfocada desde una perspectiva de crecimiento económico sin dejar de mencionar, a fin de tener una visión lo más equilibrada posible, los períodos de crisis cuyo análisis general será objeto de estudio en la próxima sección.

 

Caracterización del capitalismo mundial en la época.

El descubrimiento de América y la formación de las economías coloniales generaron la expansión del capitalismo comercial del siglo XVII que permitió la acumulación de capitales original del sistema capitalista industrial que surge en Inglaterra en el siglo XIX.

En el período considerado es Europa el centro dinámico de expansión que propicia la formación del mercado y la economía mundial, aunque el rápido crecimiento de Estados Unidos luego de la Guerra de Secesión implicará el creciente desplazamiento del continente europeo en ese papel central.

Gran Bretaña es dentro de Europa quien juega un rol fundamental en esta expansión, tanto por su fuerte exportación de capital como por ser fuente de corrientes migratorias, rol que se verá cuestionado por la emergencia de Alemania como gran potencia industrial. Sin embargo, con relación a los países exportadores de productos primarios como Uruguay, sigue siendo la potencia británica el principal referente tanto en demanda de productos primarios como en oferta de bienes industrializados.

El capitalismo inglés de la época se caracteriza por capitales de moderada escala, empresas con bases familiares y organización en plantas fabriles mecanizadas.  La industria tiene escasa integración vertical pero gran diversificación horizontal y se localiza por ramas industriales en sitios específicos de Gran Bretaña[xx].  La fuerte expansión de esta industria generó la necesidad de proveerse de materias primas para su producción, de alimentos para sus trabajadores, de artículos suntuarios para sus nuevos y enriquecidos empresarios y de nuevos mercados para la colocación de su creciente volumen de productos manufacturados.

La revolución tecnológica  producida en los barcos de navegación de ultramar en las últimas décadas del siglo XIX posibilitó reducir drásticamente los costos de transporte y acortar los tiempos necesarios para cubrir las distancias desde y hacia los países proveedores de materia primas. Fue la reducción del costo de los fletes del transporte de larga distancia más que el aumento de la demanda lo que fomentó la ampliación de las tierras explotables para la ganadería y la agricultura por parte de los emigrantes europeos en el Medio Oeste norteamericano, el Río de la Plata y Oceanía. Los países de estas regiones, y en particular Uruguay, pudieron incrementar su comercio internacional con los países europeos a la vez que fueron destinatarios de una fuerte inversión en actividades destinadas a producir para los mercados de los países industrializados. Las oportunidades de inversión se presentaron tanto en la industria para la exportación como en el desarrollo de la infraestructura necesaria para  llevarla a cabo. El ejemplo paradigmático es la inversión de capitales ingleses en el desarrollo del ferrocarril.

Se establece así una división internacional del trabajo entre las distintas naciones, que se relacionan entre sí de acuerdo al tipo de productos que exportan: las mercancías originarias de las áreas de industrialización temprana, propias de la gran industria, son las más dinámicas del mercado mundial.  La reinversión de la ganancia está asegurada en la propia industria, avanzando en el desarrollo económico. En cambio las áreas de desarrollo tardío, productoras de bienes primarios agropecuarios y mineros, tendrán una demanda mundial para sus productos de menor crecimiento relativo.

No menos impactante que la expansión del comercio internacional y con él relacionado, fue el crecimiento económico promedio registrado en el período, aún con disparidades en el ritmo del mismo entre los diferentes países: el crecimiento anual per capita de las 16 economías más ricas fue de un 1,5% entre 1870 y 1913. Pero este crecimiento no fue homogéneo al paso del tiempo, la larga y profunda recesión conocida en ese momento como la “Gran Depresión”que comenzó en 1873 y permaneció hasta 1893 fue luego superada por un período de sostenida expansión que llegó hasta 1913. Durante la fase de crisis, al introducirse en la economía mundial los enormes recursos agrícolas provenientes  de las áreas de nueva colonización europea, una fuerte ola de proteccionismo se impuso a través, pero no exclusivamente,  de la suba de aranceles. Pero de todas formas los avances tecnológicos que propiciaron la integración mundial llevaron el comercio internacional a cotas nunca antes alcanzadas y que luego sería difícil replicar, a tal punto que el cociente entre comercio y Producto Bruto Interno europeo de 1913 no se volvió a alcanzar hasta la década de 1960.

Esta expansión del comercio internacional no se hubiera podido lograr, posiblemente, sin la existencia de un sistema monetario respetado por casi todos los países: el patrón oro internacional. Todas las economías que compartían una base monetaria común (oro, plata o mixto) estaban ligadas a un nivel mundial de precios por su compromiso con la convertibilidad. La tasa de crecimiento de la oferta monetaria mundial, la suma de las ofertas monetarias de todas las economías integradas, descendieron en el período considerado, creando una escasez de dinero que recién se vio atenuada por los descubrimientos de oro de la década de 1890. La convertibilidad de la moneda, que inducía a tipos de cambio fijo entre moneda de distintos países de acuerdo a su contenido en oro, y la escasez de oro produjo que las transmisiones de las crisis financieras entre las economías fueran muy agudas.

Por lo expuesto, en este período las crisis del sistema capitalista comenzaron a tener repercusiones mundiales y sus resoluciones siguieron los patrones que se describirán en la próxima sección: la gran depresión que finalizó en 1893 llevó a la quiebra de numerosas empresas con la consiguiente destrucción de capital fijo, una fuerte compresión del salario real en un período signado por sangrientos enfrentamientos entre las clases sociales, el cambio del marco estructural e institucional y un nuevo período de renovación tecnológica (y de gestión) que permitieron la salida de la crisis y recomenzaron el proceso de crecimiento interrumpido.

El  período  de crecimiento se extendió desde 1893 a 1929 y en él desarrollan Francia, Alemania y Estados Unidos sus industrias mediante políticas de protección a los sectores nacientes. Van Dujin estima en 5% la tasa de crecimiento de la producción industrial en USA en el período, mientras que para el Reino Unido fue de 2,5% y Alemania de 4,1% hasta 1913 (Heilbroner, 1999.)En ese lapso se desarrolla la lucha entre las potencias industrializadas por asegurar ( u obtener nuevas) colonias y mercados, lucha que culmina con la Primera Guerra Mundial. Inglaterra, cuyo desarrollo industrial comenzó a debilitarse en las últimas décadas del siglo XIX,  termina de abandonar su posición de liderazgo en manos de un emergente Estados Unidos, que habiéndose unificado tras la gueraa de Secesión se fortalece en la segunda parte del siglo e impone una nueva forma de  “hacer negocios”en el capitalismo (Lazonick, 1991) .

Las empresas de mayor porte dejan, en alto porcentaje, de ser dirigidas por sus propietarios y familiares y se crean los niveles gerenciales con una mayor profesionalización. A su vez la división del trabajo al interior de las empresas ingresa en una fase superior con la difusión del Taylorismo y la “forma científica de dirección”, se crean las líneas de producción con trabajo homogeneizado en sus niveles de capacitación con lo cual se aumenta en forma importante la tasa de extracción de excedentes: continúa, de esta forma, la mecanización de los procesos de producción y se obtienen enormes aumentos de productividad.

La “forma habitual de hacer negocios” en las grandes empresas es la búsqueda de acuerdos  de cartel y las practicas oligopólicas, como reacción y aprendizaje del período anterior. La expansión capitalista lleva a la búsqueda de nuevos mercados y a la confrontación bélica. La electricidad aparte de mejorar la vida de las personas permite brindar una fuente de energía segura y potente a las empresas.

La renta real por habitantes de la mayoría de los países aumentó a pesar de las fuertes restricciones que se establecieron durante la Primera Guerra Mundial y en la inmediata posguerra. Será en el famoso año de 1929 donde la nueva etapa de crecimiento y acumulación condujo a la más fuerte crisis que sufriera el sistema hasta ese momento. Pero eso será motivo de estudio en el siguiente capítulo.

 

Antecedentes de la economía uruguaya

La zona del Río de la Plata comenzó a ser colonizada tardíamente y la Banda Oriental del río Uruguay fue la última en incorporarse al sistema colonial hispano. La ciudad puerto de Montevideo conforma el sitio por el cual se exporta primero el cuero y el sebo, luego el tasajo, y se importan los productos necesarios para el consumo de subsistencia y suntuario. La “vaquería del mar”, como será bautizada la banda oriental del río Uruguay, fue el escenario de disputas intercoloniales siendo la explotación del cuero primero y la carne después el motor que llevó a conflictos diplomáticos, militares y económico entre los latifundistas, barraqueros y comerciantes orientales, las élites porteñas y los terratenientes riograndenses del sur del actual Brasil.

El nacimiento de Uruguay a la vida independiente hacia 1830 es un proyecto aceptado por las clases dominantes, comerciantes de Montevideo (nacionales y extranjeros) y terratenientes del interior fuertemente relacionados entre sí, que deja de lado los postulados de la revolución artiguista de federalismo y justicia social.

En efecto, el proyecto llevado adelante por Inglaterra es la creación, sobre bases muy poco sólidas, de un estado tapón entre Argentina y Brasil con la finalidad de evitar la posesión de ambas márgenes del río Uruguay por parte de Argentina (asegurándose la libre navegabilidad de los ríos interiores para su comercio) y la extensión de Brasil hasta las orillas del Río de la Plata (evitando darle un puerto adecuado de salida a la producción del sur.) Además, a la potencia europea, con la mayor flota de guera del mundo durante un largo período, le resultaba conveniente un pequeño puerto marítimo como Montevideo para ser utilizado por sus comerciantes y por sus navíos.

La nueva estructura política nacía en medio de un vacío demográfico con una base social inestable: estas débiles bases para la construcción de un Estado inciden en una primera etapa de extrema conflictividad y falta de organicidad con una enorme injerencia del Brasil imperial y una Argentina dividida en lucha por el stock ganadero del país que, sin embargo, aseguran una injusta distribución de la tierra en pocos y grandes terratenientes. El comercio exterior y, más importante por su rendimiento económico, el comercio de tránsito de las provincias del norte y litoral argentinos es también controlado por pocos y grandes comerciantes. Pero la inserción internacional se mantuvo en los débiles niveles de la colonia, basado en la exportación de cueros y tasajo y en la importación de los bienes de consumo y suntuarios no producidos internamente.

Para el comerciante montevideano, durante buena parte del siglo XIX existió un “país grande” constituido por el espacio geográfico que le proporcionó su papel  en la intermediación en la cuenca del plata, reflejo de la ciudad “hanseática” que diseñó el Imperio Británico al promover la independencia uruguaya (Jacobs,1996). A su vez los bajos costos de producción de la ganadería, con alimentación del ganado exclusivamente con pasturas naturales en grandes extensiones con bajas dotaciones de personal generaron una exportación rentable de cueros y tasajo.

La guerra marca la impronta de las primeras décadas de existencia independiente hasta que las presiones del naciente mercado mundial promueven el proceso de modernización y consolidación capitalista en la década del 70, proceso en el que se consolidan los Estados nacionales en el cono sur americano.

La economía de Uruguay conoció en la década de 1860, previa al período donde centraremos nuestro análisis, una fase de auge debido en lo interno a la expansión del ovino, la consolidación de la producción de tasajo, el apogeo del comercio de tránsito y la utilización de Montevideo como base de abastecimiento de las fuerzas brasileñas durante la tristemente recordada Guerra de la Triple Alianza. En el ámbito internacional, los términos de intercambio experimentaron una mejoría importante debido a la reducción de los costos de transportes en las importaciones y al aumento de la productividad en los países originarios de esas importaciones.

Pero el Uruguay entre 1860 y 1875 se caracterizó por un fuerte desequilibrio de su balanza comercial a lo que hay que sumar el servicio de la deuda externa y el pago de dividendos de las inversiones extranjeras, con lo cual y a pesar o como causa del crecimiento económico la balanza en cuenta corriente fue fuertemente deficitaria. La financiación mediante créditos del exterior se vio restringida a partir de 1873 debido a la desconfianza en las posibilidades uruguayas y, posiblemente de mayor importancia, a la “gran depresión” mundial que se inició ese año y que describiéramos en la primera parte de este capítulo. La estructura tradicional de explotación agropecuaria y comercio importador, sustentado en lo político por el caudillismo, llegaba a su fin. La crisis estalló entonces con crudeza y afectó no sólo el ámbito económico sino el social, político e institucional. En lo referente a la dimensión política implicó el comienzo de una sucesión de gobiernos militares que permitió acelerar la baja de los salarios reales, como acción deliberada en el caso del gobierno de Latorre para disminuir el déficit fiscal o como efecto de la desocupación en el caso de los trabajadores privados en los gobiernos que le siguieron, ya que Uruguay a diferencia de Argentina había superado la original escasez de mano de obra en el momento de su formación como países independientes.

 

Crecimiento, crisis y cambio.

La acumulación de capital en la década de 1870 fue retomada por parte de los hacendados, los tradicionales y aquellos producto de la nueva emigración británica, alemana y vasco francesa, y se reforzó a partir del alambramiento de los campos lo que posibilitó la eliminación de los pequeños propietarios, poseedores y agregados así como disminuyó la necesidad de peones y puesteros. El cambio social produjo el aumento de la marginación y con  él, el del bandidaje: el uso de la fuerza física del ejército permitió asegurar la tranquilidad de la campaña durante este proceso y reprimir las inquietudes sociales que el mismo generó.

El alambramiento consolidó las relaciones capitalistas en el campo uruguayo, permitió el aumento de la productividad de la explotación pecuaria y un incremento en la producción por la mera existencia regular de mayores stock, todo lo que redundó en un aumento de las exportaciones en volumen físico a partir de 1876 hasta su estancamiento en la primera década del siglo XX. Uruguay retoma sobre esa base el crecimiento económico a partir de ese año que se extenderá, con breves interrupciones, hasta la crisis de 1890,  complementado en el desarrollo del transporte interno y una módica industria sustitutiva.

Puede considerarse entonces que en 1876 Uruguay había entrado definitivamente en la zona de influencia británica en un contexto de paz regional. Por una parte Brasil había perdido buena parte de su fuerte influencia en los asuntos del Plata, sus problemas internos (que culminarían con al caída del imperio y la instauración de la República en 1889) concentraban su atención y su economía se retrasaba a la par que dependía crecientemente de las importaciones de Estados Unidos de sus rubros exportables, especialmente el café. Por la otra Argentina priviligeaba sus relaciones con el Viejo Continente, al ser en mayor medida que Uruguay una próspera abastecedora de productos agropecuarios (a la carne y el cuero se agregaban los cereales) a Europa.

Por lo tanto en Uruguay, los ingleses aliados con el nuevo patriciado local que sustituyó al que provenía de la época de la colonia y de las primeras décadas de la independencia, controlaron buena parte del comercio exportador de productos ganaderos e importador de bienes industrializados, de la banca relacionada con este comercio y de las comunicaciones, especialmente el ferrocarril, que permitieron el transporte de las mercaderías hacia y desde el puerto de Montevideo.

Entre 1876 y 1890, se aunaron la alta rentabilidad del sector ganadero, pilar de la economía uruguaya exportadora de bienes primarios pecuarios, con una fuerte inversión en maquinarias e infraestructura para generar altas tasas de crecimiento, de acuerdo a lo que predice la teoría clásica. La rentabilidad de la estancia creció por el doble motivo del aumento de la producción y la baja de los costos generada por el progreso técnico (introducción de la maquina de esquilar), el alambramiento (disminuyendo la cantidad de peones necesarios para cuidar un rebaño) y la mejora del transporte (eliminando troperos y carreteros) que implicaron una población desocupada y una caída del salario real.

La industria temprana, como se ha denominado a la industria uruguaya en este período, a pesar de su crecimiento no cambió la inserción del país en los mercados internacionales como exportador de productos primarios: el gran determinante del desempeño de la industria manufacturera, tanto de la tasa de crecimiento como de sus fluctuaciones, fue el desempeño del sector agroexportador. Esto no quiere decir que el desempeño industrial haya respondido de manera mecánica y homogénea a las vicisitudes del sector externo, especialmente porque se pueden diferenciar distintas situaciones en la industria según la orientación de sus mercados (externo o interno) y el origen de sus materias primas( importadas o nacionales.) Pero la riqueza y la captación de divisas provenientes de las exportaciones de productos primarios incidían decisivamente sobre la demanda para las industrias volcadas al mercado interno y sobre la posibilidad de adquirir los insumos necesarios para aquellas basadas en  materias primas importadas. No es de extrañar entonces que las fases de crecimiento y crisis de la industria coincidieran con las del sector agropecuario y que las leyes proteccionistas surgieran no como determinantes activas de su crecimiento sino como respuesta a las crisis que las afectaban.

Al período de crecimiento descrito le sigue la larga recesión que comienza en 1890 y que tiene como detonante la crisis de las economías centrales de ese año, gestada en Londres y que es coincidente con la disminución  de las inversiones británicas en la región. El principal motivo de la crisis en Uruguay fue la caída de la rentabilidad de la producción ganadera, base casi excluyente de la riqueza externa del país. La tasa de beneficios de los estancieros se redujo sustancialmente desde 1876 hasta 1890 debido a la disminución de los precios y a los mayores gastos e inversiones en mejora.

La crisis de 1890, precedida por el déficit de la balanza en cuenta corriente y la dificultad creciente de su financiamiento y amplificada por la especulación bancaria e inmobiliaria, promovió la crítica del proyecto ganadero comercial. La pérdida del comercio de tránsito a manos del recientemente mejorado puerto de Buenos Aires implicó un examen de las estructuras vigentes que supuso el análisis, pero no la solución,  del problema de la tenencia de la tierra y el desarrollo de la agricultura. La eliminación del monopolio orista del crédito y el dinero fue otra de las consecuencias institucionales de la crisis, con la fundación de los estatales Banco República y Banco Hipotecario: el orismo había sido el reflejo del dominio del capital comercial sobre el capital productivo, del comercio montevideano sobre la incipiente industria y si bien durante el proceso de independencia y las primeras décadas de vida del nuevo país había estado aliado con los grandes estancieros, la crisis del 90 supuso la ruptura de esa conjunción de intereses. Junto a los ganaderos se alinearon los agricultores, industriales y un sector del capital especulativo extranjero para forzar la desmonopolización del oro y la expansión del crédito, medidas ambas que iban en detrimento de sus enemigos oristas conformados por los importadores montevideanos y el sector financiero.

Luego de la suspensión de la convertibilidad de la moneda debido al cese de la financiación inglesa al Estado uruguayo, quedó interrumpido el pago de la deuda y una fuerte deflación  provocó la caída de los salarios y el fuerte aumento de la concentración de la riqueza.  La balanza comercial comenzó a tener saldos positivos en 1891 debido a la reducción de las importaciones.

La disminución de los costos internos en moneda fuerte, efecto combinado de la baja de los salarios y la devaluación, se vio acompañada a partir de 1895 por el decisivo hecho de la suba de los precios internacionales. Ambas causas incrementaron grandemente la rentabilidad de la explotación ganadera que confluyó, luego del fin de las guerras civiles en 1905, en un auge de todos los sectores de la economía hasta 1912 que más que compensaron los valores negativos de comienzos de la década del 90.

Analizando la ganadería, factor clave en el crecimiento económico del Uruguay de la época (y que en buena parte se mantiene hasta hoy), el período de expansión mundial iniciado en 1895 y que se extiende hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, significó una mayor demanda  y un aumento de los precios de los productos exportables: ganado en pie, carnes y cueros. En 1905 se instala el primer frigorífico con un fuerte retraso con respecto a Argentina, donde la sustitución de los saladeros por los frigoríficos se produjo a partir de 1890 debido a la preferencia del capital extranjero por la mejor calidad de las carnes del vecino país aunado a  un mayor rebaño de ovejas. Esta primera planta frigorífica en Uruguay comenzó a operar en forma muy lenta pero fue el inicio de la sustitución de las exportaciones de ganado en pie y tasajo por carne congelada, producto de mayor precio y dinamismo. Se produjo un aumento de la producción ganadera acompañado de un incremento de la productividad en carne por cabeza de ganado, debido al avance del mestizaje. El aumento de los beneficios condujo al incremento de la inversión, recorriendo la trayectoria  de crecimiento las fases características de la sociedad capitalista que describiéramos en el primer capítulo de esta sección.

La agricultura tuvo un crecimiento importante entre 1890 y 1913, pero su escaso volumen inicial y sus características hicieron que su incidencia en  el crecimiento del país fuera escasa.

En cuanto a la industria, nuevamente se demostró en este período su dependencia de los vaivenes del sector agropecuario: la depresión posterior a la crisis de 1890 al retraer el consumo afectó el mercado interno, estancándose la actividad industria y reduciéndose las importaciones. La crisis incidió en forma diferente en las distintas ramas industriales, según fueran exportadoras o dirigidas al mercado interno, con materia prima nacional o importada. Pero el balance total fue negativo.

En este tramo del período analizado, se mantuvo el patrón oro y creció la actividad financiera por la expansión de la primera década del siglo, con predominio extranjero (en especial británico) en la banca.

El crecimiento de la primera década del siglo muestra continuidad en el modelo agroexportador aunque con un creciente peso de la economía urbana, una estructura productiva y social más diversificada, un incremento de la importancia de los servicios del Estado, una dinámica inversión productiva y un bajo crecimiento de la productividad[xxi].

Estos dos últimos factores, que aumentaron la composición orgánica del capital sin una fuerte contrapartida en la disminución de costos laborales y agravado desde el punto de vista de la rentabilidad por el aumento de los salarios reales,  contribuirán a la depresión que se desencadena en 1913 a partir de la crisis financiera internacional y la concomitante disminución de la demanda de productos primarios en los mercados europeos. La caída de los precios implicó una brusca disminución de la riqueza generada por el sector ganadero, que alcanzó casi el 50% entre 1913 y 1916. El volumen de las exportaciones, pilar del modelo agroexportador, se estancó durante los años de la primera guerra mundial aunque los precios internacionales subieron durante el conflicto. Recién en 1925 la ganadería podrá superar los niveles que tenía antes de la crisis.

La disminución de los ingresos de las exportaciones pecuarios volvió a demostrar la dependencia del resto de los sectores de la economía uruguaya de esos ingresos: la crisis contrajo un 15% el producto industrial y esto a pesar de las leyes proteccionistas del primer batllismo, la agricultura sufrirá una menor caída y una más rápida recuperación.

La crisis trajo aparejada, en un mecanismo que no por repetido merece dejar de ser comentado, una fuerte desocupación y la brusca disminución de los salarios reales que llegan a reducirse un 31,5% entre 1912 y 1917. No disponemos de datos acerca del capital físico que permita evaluar la destrucción del mismo en el período.

El estancamiento de la producción en volumen físico del país llega hasta 1923. Sin embargo el aumento de los precios internacionales de los productos primarios durante la guerra, la baja inversión del período previo y la disminución del salario real generaron los excedentes que permitirían con su reinversión una nueva (y corta) fase de crecimiento que compensa y supera (en poco) las caídas ocurridas durante la crisis. Esta etapa de crecimiento se extiende hasta 1930, el año posterior al crack financiero de Wall Street y el comienzo de la Gran Depresión norteamericana, que generara una crisis de alcance mundial.

La ganadería tuvo un crecimiento lento y menor que el resto de los sectores de la economía, lo mismo ocurrió con el volumen de sus exportaciones. La aplicación creciente de un nuevo modelo tecnológico en la agropecuaria de los países desarrollados y el aumento del proteccionismo aplicado por estos, condujo a la sobreproducción y a la baja de los precios. El período de posguerra, y especialmente desde 1922, registra una fuerte caída de los precios de los productos primarios que sólo pudo ser compensado con una mayor extracción de ganado. Pero esto tenía un límite, ya que la tasa de procreo y crecimiento de los animales, depende de las posibilidades de alimentación de la pradera natural. Por un lado ya no había nuevas tierras, como ocurría en Argentina, para ampliar la dotación de pradera existente. Por otro a las deficiencias en la alimentación por falta de forrajes se agregó la lentitud en la implementación de medidas sanitarias y de mejoras técnicas en el manejo del ganado.

El estancamiento ganadero también disminuyó su peso en la generación de riqueza del país, pasando de un 55% del PBI en 1900 a un 33% en 1930.

Los excedentes producidos por el sector agropecuario en este período fueron apropiados por las clases poderosas, pero a diferencia de los períodos anteriores, hubieron de compartirla con la creciente clase media urbana, europea en buena parte por inmigración y europeizante por estilo de vida.

Los sucesivos gobiernos, bajo la influencia del pensamiento y acción de José Batlle y Ordoñez, orientaron la transferencia de parte del excedente agropecuario sin cambiar las estructuras agropecuarias, con un notable incremento de las funciones del Estado que se expresó tanto en su papel protagónico con la fundación de empresas estatales en diversos sectores claves de la economía como en un fuerte aumento del gasto público, que se multiplicó por cuatro a la vez que se triplicaba el número de funcionarios. De esta forma, ampliando sus funciones y mejorando la calidad de la enseñanza y la salud pública, acompañó las demandas de conocimiento y generó las condiciones que permitieron el desarrollo industrial.

Pero hacia la década del veinte las dificultades comienzan a plantearse: se produce un cambio estructural en la oferta mundial de productos primarios y caen los precios como ya se comentara. La decadencia irreversible del Imperio Británico, principal destino de la producción uruguaya y origen de capitales inversores en el país, su sustitución progresiva por los Estados Unidos en la hegemonía del mundo capitalista y la crisis que conmueven la base del sistema en 1929 cierran una fase histórica de perfiles propios para el Uruguay y que hemos denominado agroexportador por ser éste el sector dinámico de su economía, responsable de su crecimiento y de sus crisis.


I.4       Síntesis de la Sección

En el sistema económico en que vivimos, sistema capitalista que emergiera desde la época feudal y se consolidara en su fase industrial a partir del siglo XVII, la producción de bienes y servicios creciente en el largo plazo es motivada por la búsqueda de beneficio de los empresarios, quienes producen mercaderías a partir de otras mercaderías (materias primas, maquinarias y fuerza de trabajo) que luego comercializan.

El sistema se estructura sobre la base de una clase trabajadora mayoritaria que vende su fuerza de trabajo, a  cambio de un salario,  a un pequeño grupo de la sociedad propietario de los medios para producir. Este pequeño grupo se apropia bajo la forma de beneficio o utilidades del excedente generado por el trabajo de aquellos a quienes contrata,  dicho excedente es la diferencia entre el valor de lo que el trabajador produce y el salario que se le paga.

Sin embargo los excedentes generados en la producción manejada por el empresario individual no son para su único provecho: debe compartir buena parte del excedente con aquellos que le facilitan o posibilitan la realización del proceso de producción, su posterior comercialización y la retención de parte de los excedentes resultantes. El excedente se reparte con otros empresarios locales o extranjeros (de los sectores financieros y comerciales) y se consume socialmente (para el mantenimiento y reproducción del orden social) y personalmente (con proporciones variables de productos suntuarios.) El consumo personal agregado de una economía se completa con el que realizan los trabajadores, a partir de sus salarios, para subsistir.

A su vez los beneficios que obtiene el empresario están enmarcados por dos límites: por un lado el que impone la competencia entre las empresas (nacionales e internacionales según el grado de apertura de la economía) que tienden a disminuir los precios de venta reales (exceptuadas momentáneas situaciones de monopolio o de algún grado de poder de mercado que todo empresario busca),  por el otro el que dicta que hay un mínimo salario a pagar a los trabajadores, básicamente dado por la necesidad de su mantenimiento y reproducción con las cualificaciones y capacidades que las técnicas de producción en uso demandan y con los usos y costumbres que una sociedad dada en un momento histórico determinado tiene.

El crecimiento económico surge de la aplicación de los beneficios obtenidos a nuevas inversiones en compra de maquinarias, materias primas y fuerza de trabajo, repitiendo en forma incrementada el proceso de producción o incursionando en otros sectores que aparecen como más rentables en ese momento. De  aquí se deducen dos condiciones necesarias para el crecimiento económico y positivamente correlacionadas con él: la existencia de excedentes en la economía y de sectores en donde invertir. En otras palabras rentabilidad y oportunidades de inversión productiva.

El modelo matemático básico formaliza este análisis y de él se extrae como conclusión que la tasa de crecimiento es directamente proporcional a la tasa de beneficio,  multiplicada por la fracción de excedentes que no es consumida (social o personalmente) sobre los excedentes totales. El modelo permite también encontrar expresiones para las distintas variables y sus tasas de variaciones: producto bruto, capital constante, mano de obra empleada.

La intención del empresario de aumentar sus beneficios a través de la disminución de sus costos y  la necesidad de batir a sus competidores, hace que continuamente mejore sus técnicas de producción y adopte nuevas tecnologías y sistemas de gestión. En ese sentido desde los orígenes del sistema, la división de tareas y la especialización, tanto en el ámbito interno de la empresa como en el ámbito externo en el sector industrial y en la economía nacional y aún en la inserción internacional, han sido una fuente importante de ganancia de productividad laboral y disminución de costos. Pero fundamentalmente la mecanización de los procesos productivos, que implica la sustitución de capital variable (mano de obra actual) por capital constante (mano de obra pre-datada), es el mecanismo por el cual el empresario busca abaratar sus costos. 

El progreso tecnológico a escala empresarial es, en el sistema económico capitalista, sesgado en el sentido de que por cada unidad de producto obtenido las nuevas técnicas incorporan más medios de producción y disminuyen la fuerza de trabajo, aumentan la productividad laboral a la vez que disminuyen la productividad del capital.

Esto también tiene un efecto doble en los marcos de actuación. Por la parte del precio, si bien inicialmente el abaratamiento de sus costos le puede permitir un mayor beneficio (siempre que un empresario competidor no lo haya hecho primero) éste disminuye en cuanto los competidores adoptan las nuevas técnicas de producción. El resultado de largo plazo es que el empresario ve disminuida su tasa de beneficio en tanto los precios se acomodan a los nuevos costos y ha aumentado sustancialmente la inversión en capital constante. Por el otro, la mecanización implica la expulsión de mano de obra incrementando la desocupación, lo cual facilitará al empresario mantener bajos los salarios, cercanos al nivel de subsistencia y reproducción.

De aquí se expresa la tendencia decreciente de la tasa promedio de beneficio, ya que según crece la masa de capital existente la rentabilidad tiende a decrecer, aunuqe no necesariamente el monto absoluto de beneficios.

El modelo matemático ampliado con progreso técnico demuestra estas tendencias, partiendo de un cambio de técnica (cuyas condiciones de viabilidad se analizan) sesgado en el sentido indicado. Las variables ya no crecen constantemente y en tasas iguales, el stock de capital aumenta más rápidamente que la  producción y esta que la mano de obra, de tal forma que dependiendo de la fuerza del proceso de acumulación y del progreso tecnológico podrá incrementarse o reducirse la fuerza de trabajo utilizada. Se concluye que la obtención de excedentes por parte del grupo empresarial es creciente así como lo es la composición orgánica del capital.

Además el modelo demuestra la tendencia del sistema a estancarse, a la disminución de la tasa de crecimiento tendencialmente de la mano de la reducción de la tasa de beneficio sólo parcial y temporalmente contrarrestada por los factores que en el texto se analizan: destrucción de capital físico, aumento de la tasa de obtención de excedentes.

Uruguay resulta un interesante caso de estudio de la descripción del proceso de crecimiento económico realizado en el capítulo 1 y de la modelización del capítulo 2, ambos de esta sección. Se trata de un país pequeño situado en la zona templada del planeta, que logró a partir de 1870 un rápido crecimiento económico al consolidar un modo de producción capitalista impulsado por la inserción (tardía) en el sistema mundial como proveedor de productos primarios, esencialmente pecuarios, rol que lo caracterizó desde los tiempos de la colonia. 

El sostenido crecimiento de la ganadería, actividad productiva fundamental, ocurrió luego de la liquidación de la economía pre capitalista (vigencia de los derechos de propiedad en el campo, implantación del alambrado, expulsión del gauchaje y asentamiento de la mano de obra asalariada) y se debió a la coincidencia de dos conjuntos de factores:

ü  en lo interno, las condiciones naturales (suelo, clima), la reducida población y las bajas exigencias en materia de capital y de nivel tecnológico, ambos factores escasos en Uruguay, determinaron que el sector ganadero extensivo pudiera producir en condiciones de competencia con el exterior.

ü  en lo externo, el desarrollo de la navegación transatlántica, la mejora de los métodos de conservación de la carne por el desarrollo de la refrigeración y el aumento de los niveles de consumo de la población europea resultado de la expansión económica.

Entre 1875 y 1929 se generó un importante volumen de excedentes, cuya apropiación se repartió entre el capital extranjero y el nacional: entre estos últimos los grandes propietarios rurales y los comerciantes montevideanos, con una porción menor para el Estado para su rol de mantenimiento y reproducción del orden social. La clase capitalista rural reinvirtió en el mismo sector agropecuario buena parte de sus excedentes, lo cual fue complementado por inversiones extranjeras (principalmente británicas) dirigidas a aprovechar y facilitar la exportación de productos pecuarios, posibilitando el transporte de la producción primaria desde el interior para su comercialización hacia el exterior. La reinversión de los beneficios generó un período de rápido crecimiento, que llevó a Uruguay a niveles de ingresos per cápita similares a los de los países industrializados, tal como lo predice la teoría clásica y como fuera explicado en los capítulos previos de esta sección. Se cumplieron entonces las dos condiciones para el crecimiento en una economía capitalista; la existencia de beneficios y las posibilidades de inversión, todo ello soportado por el Estado ligado a los intereses de los dos grupos poderosos en el ámbito nacional. El crecimiento de la ganadería facilitó en el período analizado un incipiente desarrollo industrial y de algunos sectores agrícolas, que reforzaron el crecimiento económico general, pero que fueron en última instancia fuertemente dependiente de ella.

Pero el crecimiento se agotó al estancarse la ganadería, sector económico que cumple con la dinámica del sistema descrito en el modelo clásico. La tasa de beneficio decreció por la disminución de los precios internacionales del producto comercializado y por el aumento de la composición orgánica del capital al interior del sector. El gran crack de 1929 en Estados Unidos produjo una onda expansiva que arrastró al mundo, ya con problemas económicos propios, a una crisis global. La multiplicación de la oferta de productos primarios más la decadencia del principal cliente, Gran Bretaña, cierra una fase histórica del capitalismo uruguayo. La fase que sigue es el objeto del tercer capítulo de la próxima sección.

             


SECCION II:

 CRISIS ECONÓMICA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


II.1      La dinámica de la acumulación de capital

Introducción

El dinámico proceso capitalista se caracteriza por la búsqueda de beneficios de sus actores dominantes: los empresarios. Los primeros economistas clásicos pensaban  que esto era suficiente para que el crecimiento económico fuera continuo y generara riquezas para todos sus participantes.

Y ciertamente es un hecho indisputado el que la sociedad en que vivimos se ha caracterizado por la generación de bienes sin precedentes en la historia humana, aún cuando sea más discutible como ha sido la participación en esas riquezas.

Pero este crecimiento en el largo plazo ha sido el resultado de períodos de fuerte aumento de la producción de bienes alternándose con períodos  de  importante decrecimiento, períodos estos últimos que denominamos crisis o depresiones. Las fluctuaciones de crecimiento y crisis, esto es los ciclos económicos y en particular los de “onda larga”, son el objeto de nuestro estudio. La dinámica de los ciclos cortos, ciclos de inventarios de 3 a 5 años resultantes de los ajustes del desequilibrio de oferta y demanda sobre una trayectoria de crecimiento endogenamente generada por la tasa de beneficio, y de los ciclos medianos del orden de una década producto de los ajustes entre la oferta y la capacidad instalada,  están fuera del alcance del presente trabajo.

Las crisis son fases claves del ascendente y oscilante espiral de generación de riquezas: las fuerzas que provocan el crecimiento también crean las condiciones necesarias para las crisis. Y de las mismas depresiones surgen los remedios que permiten retomar el crecimiento. Las crisis generales son consecuencias de la acumulación del capital y como son intrínsecas al sistema capitalista, no pueden ser explicadas (o evitadas) por circunstancias históricas particulares tales como regímenes regulatorios, sistemas de innovación o un comportamiento competitivo especial. Pero las crisis no han resultado hasta el presente en una ruptura final del sistema: el capitalismo puede recobrarse y así lo ha hecho en cada ocasión.

¿Por qué se generan estas crisis si todos los empresarios están buscando incrementar sus negocios para aumentar sus ganancias? ¿Por qué en la historia del capitalismo los períodos de rápida expansión se alternan cíclicamente con períodos de recesión? ¿Son las crisis inevitables?

La variable clave que explica las fluctuaciones cíclicas es la ganancia de los empresarios, el indicador que es el hilo conductor del proceso de crecimiento y crisis es la variación en la tasa de beneficio de los empresarios.  Y los motivos por los que los beneficios y la rentabilidad varían con el tiempo son internos (endógenos) al sistema.

En la sección I hemos visto la doble y relacionada tendencia de disminución de la tasa de ganancia y el aumento de la productividad laboral, incremento que desplaza mano de obra ocupada.

La búsqueda de menores costos totales lleva al empresario a cambiar la técnica de producción invirtiendo en maquinaria. Esta inversión por una parte reduce la mano de obra necesaria para obtener el producto final. Por la otra aumenta el capital constante utilizado en un monto menor que la mano de obra ahorrada por período (por esto logra un ahorro de costos) pero el total de la inversión es mayor que el monto de mano de obra ahorrada por período. Esto incrementa entonces el capital que el empresario debe adelantar para realizar la producción.

Si el empresario es el pionero en adoptar la nueva técnica de producción obtendrá beneficios extras mientras el precio de venta se mantenga. Pero el precio de venta del producto cae al generalizarse la técnica y disminuir los costos de todos los productores, con lo que el margen disminuye para todos, incluso con respecto a la situación original. El empresario encuentra que luego de un lapso de ganancias extraordinarias, los beneficios retroceden pero ahora con un mayor capital adelantado.

A partir de estas consideraciones planteémonos el ciclo económico.

En una primera etapa, cuando la técnica empleada es rudimentaria, la mano de obra (capital variable) utilizada es alta en relación con las maquinarias (capital constante) que se disponen. En estas condiciones, la intensificación en el uso de maquinarias permite un aumento de la productividad que aumenta los beneficios en valor absoluto y la tasa de beneficio. Este beneficio incrementado al ser reinvertido amplía la repetición del proceso de producción, utilizando en esta etapa más mano de obra  total aunque sea menor por unidad producida. Pero esto también implica una mayor cantidad de capital constante en relación con el capital variable utilizado. Y este crecimiento del capital constante, maquinaria y materias primas, es más rápido que el incremento del capital variable por lo cual se tiende a reducir la masa laboral con respecto al capital constante utilizado. Los efectos del progreso tecnológico intensifican el aumento del capital adelantado  y la disminución de la mano de obra empleada.

En otras palabras, tenemos dos efectos contrapuestos: en esta fase el proceso de crecimiento implica mayores excedentes apropiados por el empresario, en cuanto reproduce y amplia su producción. Pero cada vez debe utilizar más capital para lograr esos excedentes.

Al paso del tiempo y al repetirse ampliándose el circuito de producción, las ganancias continúan aumentando pero a una velocidad cada vez menor con respecto al capital que el empresario debe adelantar, las ganancias provienen de los excedentes producidos por el trabajador que son mayores con mayor productividad laboral, pero las mejoras de productividad siguen una tasa decreciente: a mayor productividad las mejoras en forma porcentual son menores.

De esta forma la tasa de beneficio se reduce. Este descenso de la tasa de ganancias es compensado, en la etapa inicial del proceso, por el crecimiento del ciclo económico que permite producir y comercializar más productos. Pero la mayor inversión de capital necesaria, como se ha comentado, termina haciendo descender la tasa de beneficio y el beneficio mismo. Esta disminución puede ser momentáneamente contrarrestada por el abaratamiento de las mercancías, tanto las de subsistencia como los medios de producción, pero el contrapeso es insuficiente ante la magnitud del incremento en capital constante que caracteriza al sistema económico en su búsqueda de beneficios.

Dado el descenso progresivo de la tasa de ganancia, solamente un aumento también progresivo y superior de la tasa de acumulación  puede arrojar un aumento de la masa total de ganancias. Pero tan pronto como la tasa de acumulación deja de aumentar a los ritmos requeridos, se reduce sustancialmente la masa de excedentes disponible. Y en la medida que la tasa de beneficio se reduce cada vez es menos conveniente reinvertir en la producción: llega un momento en que dadas las pocas posibilidades de obtener un retorno para la inversión el dinero se retiene en colocaciones bancarias o crece la inversión financiera especulativa que es ahora más rentable o se envía el capital al exterior en busca de mayor rentabilidad o seguridad, por lo que desaparece la inversión productiva. El empresario comienza a producir menos y por tanto contrata menos mano de obra y compra menos materia prima. Pero además no actualiza sus técnicas de producción, no invirtiendo en maquinarias: es la tasa de beneficio la que regula la demanda de inversión y por lo tanto la demanda total. Pero esto también implica una reducción de la cantidad de excedente que se crea y por tanto ya no de la tasa de beneficio sino del beneficio mismo, ahora son las ganancias y no su monto relativo al capital adelantado las que se reducen.

 La desocupación aumenta y con ello disminuye la demanda de bienes de consumo debido al menor poder adquisitivo de la población. Los trabajadores son importantes para el empresario porque son quienes suministran sus energías y habilidades para la producción de bienes materiales. Pero también lo son, considerados en general, porque son quienes consumen mayoritariamente (por su gran número en relación con los empresarios) los productos fabricados por las empresas. La desocupación implica por una parte la disminución de  la cantidad de trabajadores que cobran un salario y tienen poder de compra, por la otra los trabajadores que continúan empleados ven reducidos sus salarios debido a un menor poder de negociación. Estos efectos amplifican la crisis pero no la han creado: la causa original ha sido el proceso de cambio descrito que implica la disminución de la tasa de beneficio[xxii].

La disminución de la demanda, la de inversión y la de consumo, provoca la pérdida de rentabilidad de otras empresas que no estaban inicialmente afectadas por la crisis, se produce una caída de los precios y de los volúmenes comercializados que disminuye los beneficios de estas industrias y aumentan la gravedad de la crisis. Adicionalmente el sistema de créditos es minado por la alta exposición al riesgo que se produce, contrayéndose y amplificando la crisis. El sistema monetario estalla incrementando el caos económico y social.

 

Consecuencias de las crisis y recuperación

 

Las crisis son un importante método de ajuste de desequilibrios propios de un sistema que, al estar basado en la búsqueda de las ganancias individuales, se caracteriza por la descoordinación de la producción de los distintos bienes. La fase de crecimiento ha llevado a un exceso de capital constante, en el que han invertido los empresarios para reproducir y ampliar la producción y comercialización de productos y para bajar costos para competir, todo lo que implicó la disminución de la tasa de beneficio de las empresas.

Los efectos (y la duración) de la crisis son variados pero todos ellos restituyen rentabilidad a los negocios, lo que conduce a un nuevo período de crecimiento:

a)       en el período de crisis los empresarios no invierten, ya que no hay rentabilidad, ni aún para reponer el desgaste de las maquinarias utilizadas. Al pasar el tiempo disminuye el capital constante debido a la depreciación y mejora la rentabilidad, dando lugar a la posibilidad de nueva inversión. Pero además el capital fijo en términos físicos se ha desgastado con lo que se hace necesaria su reposición. La nueva demanda de inversión  provoca la suba de la tasa de rentabilidad en otros sectores industriales.

b)       quiebran los empresarios menos competitivos, sea porque sus técnicas o sus escalas de producción implican mayores costos que la competencia, sea porque su capacidad financiera es débil y la retracción de ventas, baja de precios y dificultad de financiamiento se potencian negativamente. Las quiebras provocan la destrucción y venta de capital constante. La desaparición de estos empresarios deja cuota de mercado para los que continúan, que ven aumentada su escala y como consecuencia, su rentabilidad. Si su escala es aumentada en forma importante, deberán invertir en nuevo capital constante (maquinaria y materias primas) para satisfacer la demanda, lo que también impulsará la economía.

c)        disminuye el salario real, producto del aumento de la desocupación y de políticas específicas de los gobiernos. La rentabilidad aumenta al disminuir los costos de mano de obra, aún cuando los precios de los productos hayan disminuido[xxiii].

d)       el marco institucional cambia: por un lado el Estado (dominado por el capital, que según el país y la época varían los sectores dominantes dentro del mismo ya sea el capital industrial, comercial y/o financiero, nacional y/o extranjero) invocando la gravedad de la situación toma medidas de emergencia que se traducen en un aumento de rentabilidad de las empresas, ya sea catalizando la baja del salario real ya comentada, ya sea transfiriendo recursos por medio de incentivos, baja de impuesto, etc. a los empresarios. Por otro lado los empresarios en sus estrategias y aprendiendo sobre el pasado, cambian su forma de hacer negocios hacia maneras más eficientes o cambian de ramas industriales hacia las más prometedoras en la nueva situación, etc.

e)       nuevas técnicas de producción surgen de las crisis, en la búsqueda de cambios que mejoren la rentabilidad. Además técnicas de punta que se venían desarrollando con anterioridad a la crisis pero que no se habían incorporado a los procesos productivos por los costos de conversión o por razones institucionales, encuentran ahora su oportunidad al haberse desgastado buena parte de las maquinarias existentes y al haber cambiado el marco institucional.

Los empresarios que sobreviven a la crisis y empresarios nuevos que se incorporan desde el exterior comienzan un nuevo período de expansión, motivado por la recuperada rentabilidad a que lleva los cambios descriptos. La fase expansiva impulsa el crecimiento de la economía en la medida de que el circuito de producción se repite y se amplía constantemente, lo que implica mayor inversión, más trabajo y más consumo, a la vez que la búsqueda de una mayor ganancia implica cambios de técnicas que conllevan inversión y aumentan la productividad, creando así con el paso del tiempo las condiciones para una nueva crisis.

En resumen, la tasa de ganancias es el hilo conductor de la explicación del crecimiento y de la crisis. Pero la tendencial caída de la tasa de beneficio no se desarrolla en términos lineales y constantes: desciende gradualmente en períodos de crecimiento, se hunde repentinamente con el desencadenamiento de la crisis, se recupera sustancialmente una vez que se completa la destrucción de capitales y la baja del salario y se relanza el crecimiento. A partir de esta fase del ciclo la tasa de beneficio reinicia su descenso gradual.

Hasta aquí nuestras consideraciones se han enfocado en una economía cerrada. Si ahora examinamos como funciona una economía capitalista abierta al exterior, que es la norma general, existen mecanismos que pueden retardar estos efectos por fuera de este ciclo que hemos descripto: el comercio internacional y la exportación de capital son posibles compensaciones a la tendencia decreciente de la tasa de beneficio. Las importaciones de materia primas y alimentos reducen a la vez el capital constante y el capital variable. La exportación de capital puede incrementar la tasa de beneficio si las inversiones se realizan en áreas donde la composición orgánica es baja y la tasa de beneficio alta con respecto a la economía doméstica. Pero estas compensaciones, que se dan particularmente en los países desarrollados, pueden amortiguar pero no cambiar la tendencia general.

Hemos mencionado el tema de los salarios refiriéndonos a su disminución como consecuencia de la crisis. Ahora que hemos descrito el ciclo económico completemos la caracterización de su evolución, la cual no es independiente del proceso que hemos analizado. En las etapas de crecimiento los salarios reales se elevan, debido a que el aumento del uso de maquinarias (capital constante) intensifica el proceso laboral por lo que las necesidades de consumo de los trabajadores se incrementan, debido al mayor desgaste físico y a las necesidades educativas que las nuevas técnicas de producción conllevan[xxiv].

Pero una vez que el crecimiento se transforma en crisis e incluso desde antes, al ver disminuir su tasa de beneficio, el empresario busca reducir los salarios para recuperar sus ganancias. Esta reducción la logra el empresario no sin exacerbar las luchas de clase y con la intervención del Estado a su favor, como veremos en la siguiente sección. Así las crisis conllevan una fuerte agudización de la tensión social, que mayor será cuanto mayor sea la crisis del sistema[xxv].

La corroboración empírica de los ciclos económicos aquí descriptos es una tarea compleja dado el largo período histórico que debe ser analizado, con lo que los datos se hacen cada vez menos confiables al retrotaernos en el tiempo y hay que trabajar con estimaciones posteriores de autores modernos, y por la dificultad ya anotada con respecto al Producto Bruto Interno como medida de la generación de riqueza de un país.

Sin embargo, como se ha comentado en la sección I, Shaikh y Tonak (1994) han constatado las variaciones en la tasa de beneficio en el pasado reciente, corrigiendo estadísiticas oficiales con extremo e inteligente cuidado para generar una serie de valores adecuada a los criterios de los economistas clásicos, encontrando una disminución entre 1948 y 1980 del 33% y una recuperación parcial del 8% entre 1980 y 1989. La cantidad de excedentes y los beneficios crecen fuertemente en el período, en consonancia con las predicciones teóricas, a pesar de lo cual la rentabilidad disminuye. El período es breve en relación a nuestro objetivo pero alcanza a reflejar uno de los ciclos a que nos referiremos en el próximo apartado. Dumenil y Levy (2001) han determinado el comportamiento cíclico tanto de la tasa de beneficio como de la tasa de crecimiento económico para un período extenso ( 1869 – 1997), aunque esta última con periodicidades claras pero no exactamente coincidente con el análisis aquí expuesto. Berry (1991) también constata ciclos similares, con un procesamiento de datos alejado de la estadística habitual, profundiza en el perfil de las fases ascendentes y descendentes y argumenta otros determinantes para los mismos. En todos los casos citados el análisis cuantitativo se ha realizado para los Estados Unidos de América.

 Pasando a un análisis cualitativo, la historia económica nos brinda la oportunidad de constatar los ciclos económicos aquí descriptos. Las crisis del sistema económico no dejan dimensión de la sociedad sin afectar y sus resoluciones, esto es la vuelta al crecimiento, implican cambios importantes en las estructuras del sistema aún cuando no cambien su funcionamiento básico. Estos cambios que se han dado en la historia del capitalismo, la sucesión de perídodos de crecimiento alternados con años de profundas crisis, son los que analizaremos en el próximo apartado.

 

Las crisis en la historia del capitalismo

A escala global el capitalismo ha vivido períodos de expansión extensos quebrados por profundas crisis: el análisis de estos períodos de crecimiento y los cambios que produjeron las crisis permitirán una mejor comprensión de los fenómenos antes descriptos. Si bien la descripción que sigue es válida para los países hoy desarrollados, la globalización del capitalismo hace que estas etapas sean similares para el resto de los países.

El capitalismo naciente, en su fase industrial, conoció de un período de larga expansión entre 1760 y 1800[xxvi]. Es la época en que los comerciantes comienzan a invertir en talleres donde el trabajo se ha dividido en distintas tareas. La división del trabajo y la especialización de los trabajadores aumenta su productividad, incrementando fuertemente la generación de excedentes. La inversión en maquinaria es importante, tratándose aún de herramientas de trabajo con poco cambio de tecnología con respecto al período anterior: es el período de la manufactura. Desde sectores precapitalistas, el campo especialmente en el período considerado aunque también los artesanos de la ciudad, se provee de la mano de obra que constituirá el nuevo proletariado. La competencia entre las empresas existe pero no es intensa dado que se trata de un mercado que se crea y está en expansión formado por empresas de pequeño tamaño. La industria textil, en particular la de tejidos de algodón, es el sector dinámico en esta época.

La crisis abarca desde 1800 a 1848, en un largo período caracterizado por la intranquilidad social derivada de la situación de miseria a la que fueron llevadas la masas proletarias, explosiones sociales facilitadas por la nueva concentración en ciudades propias del proceso de industrialización en talleres. Mientras que en el continente europeo esta crisis es principalmente agrícola, es únicamente en Inglaterra donde es posible hablar de una crisis del sistema capitalista ya que es sólo en ese país donde en ese período el nuevo sistema era predominante en la generación de riquezas y en la vida económica.

La destrucción de sectores precapitalistas, el descenso de los salarios reales, el cambio del marco institucional y la implementación de nuevas técnicas de producción que estaban latentes, propician la salida de la crisis.

El nuevo período de expansión que va desde 1848 hasta 1873 se caracterizó por el aumento del tamaño de las unidades empresariales lo que permitió economías de escala y especialización. Con el tamaño creció la integración vertical, se expandieron los mercados domésticos  y se propulsó la exportación, muchas veces facilitada mediante el uso de la fuerza y la creación de imperios coloniales receptores de los productos terminados y proveedores de materia prima. Las nuevas tecnologías de producción, basadas ya no en las herramientas manuales de la etapa anterior sino en maquinaria industrial de gran porte, fueron a la vez causa y consecuencia de este aumento enorme de los tamaños de las empresas. La forma de hacer negocios es caracterizada por una fuerte competencia, con las prácticas más violentas y las menores contemplaciones para el “enemigo”. El abaratamiento constante de los transportes, en especial el surgimiento del ferrocarril, caracteriza la época que tiene como industria dinámica la siderurgia.

El crecimiento de esta época de oro para el capitalismo condujo a una depresión de veinte años desde 1873 y que tuvo su punto más alto entre 1890 y 1893, al final de la cual los precios habían caído un 70% y la tasa de quiebra de empresas se había duplicado, crisis grave y global al punto de que fue llamada “la gran depresión”, perdiendo su denominación sólo ante una crisis aún mayor: la iniciada en 1929.

Nuevamente la quiebra de numerosas empresas con la consiguiente destrucción de capital fijo, una fuerte compresión del salario real en un período signado por sangrientos enfrentamientos entre las clases sociales, el cambio del marco estructural e institucional y un nuevo período de renovación tecnológica (y de gestión) permiten la salida de la crisis y reinician el proceso de acumulación interrumpido.

Ahora el  período de crecimiento se extiende desde 1893 a 1929 y en él se desarrolla la lucha entre las potencias industrializadas por asegurar ( u obtener nuevas) colonias y mercados (los primeros para asegurarse el suministro de materias primas para sus industrias, los segundos para poder colocar la producción siempre creciente resultado de la acumulación de capital ampliada),  lucha que culmina con la Primera Guerra Mundial. Las empresas de mayor porte dejan, en alto porcentaje, de ser dirigidas por sus propietarios y familiares y se crean los niveles gerenciales con una mayor profesionalización. A su vez la división del trabajo entra en una fase superior con la difusión del taylorismo y la “forma científica de dirección”, se crean las líneas de producción con trabajo homogeneizado en sus niveles de capacitación. Continúa, de esta forma, la mecanización de la producción y se obtienen enormes aumentos de productividad. La “forma habitual de hacer negocios” en las grandes empresas es la búsqueda de acuerdos  de cartel y las practicas oligopólicas, como reacción y aprendizaje del período anterior. La revolución tecnológica cambia la vida de las personas y la economía mundial: la electricidad aparte de mejorar la calidad de vida, brinda una fuente de energía segura y potente a las empresas, el transporte y las comunicaciones acercan el mundo e incorporan nuevas zonas a la economía capitalista. En este período se produce la desconexión de la economía capitalista de lo que fuera el antiguo Imperio Ruso, dando lugar a la fracasada experiencia socialista de la Unión Soviética.

La gran crisis de 1929, iniciada en Estados Unidos pero global en su alcance, se extiende hasta 1941. La quiebra de empresas y la desocupación alcanza  valores récord, la pobreza se extiende por todos los países a la vez que disminuyen dramáticamente los salarios reales. La crisis se vio potenciada por una especulación financiera sin precedentes que propulsó el precio de las acciones en la década del 20 e hizo eclosión en el día negro del 29 de octubre. La manera dominante de hacer negocios cambia drásticamente: en las fases iniciales se mantiene la ideología liberal propia del período previo y propulsada por los grandes empresarios, pero progresivamente gana lugar la intervención del Estado en la economía justificada mediante la teoría keynesiana.

La expansión iniciada en 1941 (aunque sus reales efectos se visualicen en la posguerra debida a la enorme magnitud del conflicto bélico) continuará hasta 1973. Se le ha denominado la “edad de oro del capitalismo” debido a su duración y a las tasas de crecimiento logradas. Las empresas líderes adquieren una escala internacional y la organización de las mismas es multinacional, pero aún no globalizada sino multidoméstica. El desarrollo tecnológico se apoya ahora fuertemente en la ciencia, crecen o se crean dentro de las empresas, de los gobiernos y de las universidades, áreas de investigación y desarrollo. La forma normal de hacer negocios cuenta con el Estado como gran regulador, con un peso creciente en la economía, y a su vez el poder del Estado es utilizado por los empresarios privados para mejorar su rentabilidad. Una nueva arquitectura financiera internacional es creada por los acuerdos de Breton Woods que contribuye a la estabilidad del sistema y a su expansión. La expansión del comercio internacional y más aún la de la actividad financiera alcanza límites hasta entonces desconocidos. Es la civilización del automóvil, una industria dinámica que se expande a un nivel sin precedentes en esta época.

El crecimiento inexorablemente lleva a la crisis, que comenzará en 1973 y que, para algunos autores se extiende hasta 1990. A la depresión se le suma la inflación, en un fenómeno inédito en el capitalismo y que destroza el sistema keynesiano[xxvii].

Los sectores dominantes de los países desarrollados, luego de las crisis del petróleo de 1973 y 1980 comienzan a cambiar las condiciones del sistema económico mundial con el objetivo de lograr la recuperación de la rentabilidad de sus empresas, principalmente multinacionales. Y esta recuperación de las ganancias se busca aumentando los excedentes producidos en los procesos productivos de los países avanzados, a través de una elevación de la productividad por una profunda reconversión tecnológica, pero también con una mayor apropiación de parte de los excedentes generados en los países subdesarrollados.

El crecimiento se retomará con fuerza, por casi una década, a partir de 1992 mediante la combinación de una profunda reconversión tecnológica y de gestión que elevó la productividad de la mano de obra y mejoró la utilización de los activos (donde, obligado es decirlo, el mercado cedió lugar a la creciente planificación de las empresas, siguiendo el modelo japonés), un abaratamiento del costo de las materias (y en especial el petróleo, el precio de las materias primas no petroleras se recuperaron en la segunda mitad de la década del 80 luego de una prolongada reducción, para volver a disminuir en los 90) y la contención de los costos laborales de la mano de la tercerización y subcontratación así como de la fragmentación geográfica de los procesos productivos para explotar ventajas de localización.

En el período se produce la reincorporación de países desconectados del sistema capitalista, en forma brusca como en el caso de la ex Unión Soviética o gradualmente como en la modernización de China.

La década de los 90 es coincidentemente, pero no por casualidad, la del avance de la globalización que define un nuevo perfil en el sistema económico mundial: se refuerza la apertura comercial, se liberaliza el flujo de capitales a niveles nunca antes alcanzados, las empresas multinacionales pasan a constituir la unidad básica de la economía mundial con los países compitiendo en el otorgamiento de incentivos y beneficios fiscales para atraer sus inversiones y el Estado se aboca a destruir ( o al menos a disminuir donde no le es posible eliminar) los elementos del Estado de Bienestar construido a lo largo de sucesivas conquistas sociales.

El crecimiento se detiene al comenzar el nuevo milenio: es pronto aún para realizar la evaluación de este último período y saber en que momento y como continuará el ciclo, pero son perceptibles los cambios en las estrategias de la clase capitalista de los países dominantes, en especial Estados Unidos.

Queda claro entonces, tanto de la exposición teórica como de la descripción de los hechos históricos, que expansión y crisis son fenómenos no opuestos sino complementarios: la expansión genera los elementos que llevarán a la crisis y la crisis realiza los cambios que permiten la expansión. Doscientos años de capitalismo muestran que el resultado total ha sido de un fuerte crecimiento económico aún cuando cada nueva crisis haya sido más profunda y grave que la anterior. Y el hilo conductor que nos permite explicar las fases y su alternancia es la tasa de ganancia, la rentabilidad de los empresarios: su existencia asegura la reproducción ampliada de la producción, su caída genera la depresión de la economía y lleva a cambios en el sistema, forzados por las crisis, para retomar la rentabilidad perdida.


II.2      Modelo ampliado de ciclos económicos

La dinámica del crecimiento

La economía del sistema capitalista, a diferencia de los sistemas que la precedieron, presenta una gran dinámica que sólo puede ser descripta mediante modelos donde el cambio en el tiempo tiene una gran importancia. Los economistas clásicos distinguieron los diferentes procesos dinámicos que caracterizan la economía capitalista y que podemos describir en las tendencias históricas, las fluctuaciones de crecimiento y crisis y la formación de precios en la economía. La última de estas dinámicas, descripta en la teoría del valor y con la formación de precios debido a los movimientos de capitales entre las industrias en busca de la mayor rentabilidad, no es objeto del presente estudio.

Las tendencias históricas se relacionan con las trayectorias a lo largo del tiempo de las principales variables que explican la creación de riqueza y su distribución, de las cuales las principales son la tasa de beneficio y de crecimiento.  Al tratarse de sistemas realimentados, en cada caso su convergencia y estabilidad deben ser estudiadas.

Las fluctuaciones de crecimiento y crisis, esto es los ciclos económicos y en particular los de “onda larga”, son el objeto de nuestro estudio. La dinámica de los ciclos cortos[xxviii], ciclos de inventarios de 3 a 5 años resultantes de los ajustes del desequilibrio de oferta y demanda sobre una trayectoria de crecimiento endogenamente generada por la tasa de beneficio, y de los ciclos medianos del orden de una década producto de los ajustes entre la oferta y la capacidad instalada,  están fuera del alcance del presente trabajo que se concentra, como ya se ha comentado, en las tendencias y dinámicas del sistema en el largo plazo[xxix]. Para los economistas clásicos el largo plazo es caracterizado como un dinámico y turbulento proceso en el cual la movilidad de capital entre las industrias tiende a ecualizar la tasa de ganancia entre los diferentes sectores fundamentales, tal como hemos descripto en el capítulo I de la sección, resultado fundamental para el desarrollo de nuestro modelo. Aunque la tendencia secular es a la baja, la tasa de beneficio a largo plazo traza ciclos en su evolución que son el origen de fases expansivas y fases depresivas de la economía, en cada una de las cuales la tasa de ganancia dibuja ciclo más cortos y de menor altura. A los períodos de tiempo en que la tasa de ganancia es menor que un valor mínimo, que surge de comparar alternativas de riesgo y rentabilidad, le corresponde una fase depresiva o crisis, mientras que en las otras etapas, donde hay posibilidades de reinvertir los beneficios con rentabilidad superior a la exigida, el crecimiento económico está presente. El modelo matemático que se presenta a continuación da cuenta de esta dinámica.

 

Un modelo de ciclos económicos basado en la tasa de beneficio

En el modelo básico y sus diversas ampliaciones hemos considerado que el empresario adelanta dinero para pagar el capital constante (medios de producción y materia prima) que compra y el capital variable (fuerza de trabajo) que contrata. Sin embargo, con la finalidad de simplificar la resolución matemática del modelo, al estudiar el comportamiento que sigue para su inversión consideraremos que adelanta el capital constante y el pago de los salarios lo realiza al final del período de producción por lo que su tasa de beneficio es:

b= S/K                                               (1)

Introduciendo la tasa de obtención de excedentes y reordenando la ecuación:

bK=S=mwL                          (2)

Recordemos que al considerar el progreso técnico en el sistema económico actual es sesgado en cuanto a que está dirigido al ahorro de mano de obra para reducir los costos de producción, incrementando el capital constante utilizado. Este progreso técnico lo podemos incorporar por medio de las productividades laborales y del capital:

( = Y/L

> = Y/K

De dónde:

g=Y’/Y           

L’/L=g-(        

K’/K=g->                                          (3)

Por otra parte, dado que el aumento de la productividad laboral es decreciente con el tiempo, a partir de cierto momento de la evolución del capitalismo los incrementos relativos de productividad laboral son menores que los incrementos relativos de la producitividad del capital constante necesario para lograrlos[xxx]:

*>* > *(*     

De la expresión (8), aplicando logaritmos, derivando y sustituyendo por las expresiones (9):

b’/b+(g->)=(g-()

b’/b=(>-()                                        (4)

Obsérvese que de las expresiones han desaparecido la tasa de obtención de excedentes y el salario real, esto es debido a que se han considerado en el desarrollo modelo como constantes cuya derivada con respecto al tiempo es nula. Estos supuestos no se corresponden con la realidad, la tasa de obtención de excedentes ha aumentado con el tiempo y especialmente tiene un aumento brusco en épocas de crisis, como se describe en el primer capítulo de esta sección. Además los salarios reales han fluctuado con el crecimiento y las crisis, como ya se ha descrito. Ambos supuestos serán analizados una vez resuelto el problema básico.

Como

K’=I,

tenemos:

g- >=I/K=(I/B)(B/K)="b               (5)

Donde " es la proporción de los beneficios ahorrados (y reinvertidos) por los empresarios y B son los beneficios de los empresarios, o de otra forma, los excedentes S generados.

Aplicando logaritmos y derivando la expresión (5):

g’/(g->)=b’/b                                 

Sustituyendo (9) resulta:

g’=(>-()g-(>-()>=F(g)                    (6)

Hemos obtenido una ecuación diferencial autónoma lineal no homogénea, ya que el tiempo no juega un rol explícito en la misma (sí implícito, dado que la tasa de crecimiento de la economía depende del tiempo.) Pasaremos a resolverla para estudiar el comportamiento de las soluciones, su existencia y estabilidad.

La solución general de la ecuación lineal homogénea asociada es:

g(t)=goe(>-()t

Donde go es una constante positiva que puede ser determinada a partir de una condición inicial o un valor conocido de la tasa de crecimiento en un momento dado.

Una solución particular de la ecuación no homogénea es constante, surge de igualar F(g) a 0, y dado que > es distinto de (:

g=>

La solución general es entonces:

g(t)=goe(>-()t+>                                (7)

Obsérvese que:

a)           el exponente de e es negativo, debido a que ><0 y (>0 por lo que la tasa de crecimiento es decreciente, a partir de un valor inicial (go+>)

b)            gY> cuando tY+4, con ><0

c)            g es una función continua

De estas tres condiciones se deduce que en algún momento la tasa de crecimiento se hace 0, deteniéndose el crecimiento de la economía cuando:

t =Ln(->/go)/(>-()  

El modelo básico ampliado con el cambio técnico da cuenta de una tendencia clave del sistema y que ya habíamos apuntado en el apartado anterior, al deducir la tendencia decreciente de la tasa de beneficio debido al crecimiento de la composición orgánica del capital. El progreso técnico mediante el efecto combinado de decrecer la productividad del capital constante a la vez de aumentar la productividad del capital variable, hace disminuir la tasa de crecimiento.

Sin embargo el modelo no recoge el hecho de que la tasa de crecimiento fluctúa debido a factores que compensan parcialmente y por breves períodos el decrecimiento de la tasa de beneficio. Estos factores, cuyo análisis se efectuara en el capítulo I de esta sección, son

a)     la destrucción de capital constante en épocas de crisis,

b)     el aumento de la obtención de excedentes del trabajador por la extensión de la jornada o la intensificación del trabajo y

c)      la disminución del salario real.

Para comenzar a analizar como incluir la destrucción de capital en el modelo, notemos que esta es debida al efecto combinado de la falta de reposición del capital depreciado, la obsolescencia debida a la ausencia de inversión en nuevas tecnologías que supone una rentabilidad deprimida y a la quiebra de empresas debido a la crisis.

De la ecuación (7) surge que g es mayor que > ya que el primer término de la suma del miembro de la derecha es positivo. Recordando la ecuación (2):

K’/K=g->

Se concluye que en todo momento K’es positivo, por lo que el modelo no refleja la disminución de capital constante que ocurre durante las crisis. Para ser más preciso, el empresario deja prácticamente de invertir no cuando la economía se estancó sino antes, cuando su tasa de beneficio b decrece por debajo de cierto valor mínimo r, la tasa de interés. Normalmente esta tasa depende de la situación económica por lo cual varia con el tiempo, aquí asumiremos que es constante ya sea porque el valor está en el mínimo aceptable para el riesgo del negocio o porque el empresario tiene otra alternativas de inversión, por ejemplo en el exterior del país[xxxi]

. Cuando deja de invertir el capital disminuye al menos por depreciación y desgaste, por lo que K’debe ser negativa en esos momentos.

Para subsanar este problema y tomando en cuenta el aumento de la productividad del capital que ocurre durante una crisis, definiremos la tasa de variación de la productividad del capital mediante una función escalonada:

k’/k= > con ><0 si bšr

k’/k= . con .>0 si br                     (8)

Obsérvese que se han utilizado símbolos distintos para la tasa de productividad del capital en cada situación, ya que la velocidad de destrucción de capital suele ser muy diferente (y mayor aunque actúe durante un espacio más breve de tiempo) a la de creación, aún cuando la tendencia a largo plazo es a un exceso de capital constante que deprime la rentabilidad del sistema. Nótese, adicionalmente, que las tasas en ambos casos se suponen constantes en el tiempo[xxxii].

Hemos definido la tasa de variación de la productividad del capital a trazos en función de la tasa de beneficio, siguiendo la dinámica real del sistema. Nos será de gran utilidad hallar la condición equivalente expresada en función de la tasa de crecimiento.

Para ello recordemos la ecuación (5):

g = "b

Por lo que el cambio del escalón se producirá cuando la tasa de crecimiento decrezca (o se incremente en el proceso inverso) hasta "r.

En tiempos de crisis la tasa de explotación aumenta, por lo que a pesar de no realizarse inversiones de capital que determinen una mayor mecanización del trabajo se obtienen aumentos de productividad de la mano de obra, sin embargo por simplicidad asumimos que se verifica la misma tasa ( constante para el proceso económico. Por otra parte la inversión se acelera, debido a la destrucción de capital constante ocurrida y a la utilización de nueva tecnología que había sido desarrollada en la fase previa pero que tiene la oportunidad de difundirse en el nuevo marco económico.

Recordando el comentario acerca de las posibilidades de incremento relativo de las productividades laboral y de capital, el orden de las magnitudes involucradas es:

*(*<*>*<*.*                                  (9)

Estudiemos ahora el comportamiento de la tasa de crecimiento. Cuando ocurre la acumulación originaria la tasa de crecimiento es go positiva, luego la economía sigue creciendo pero su tasa comienza a disminuir por efecto del progreso técnico que incrementa la composición orgánica del capital.

Cuando g alcanza el valor "r cesa la inversión del empresario. Esto ocurre al tiempo:

t1= Ln("r->/go)/(>-()                    (10)

La decisión de no invertir tiene un efecto de retardo T por lo que la tasa de crecimiento seguirá cayendo hasta el momento t1+T en que valdrá:

g(t)=goe(>-()(t1+T)+>              (11)

Este valor es menor que "r, dado que el exponente es el producto de una constante negativa por un valor de tiempo mayor.

Las mismas ecuaciones de partida y cálculos posteriores, con la sustitución de > por ., permiten obtener el resultado:

g(t)=g1e(.-()t+.                                  (12)   

Donde la constante g1 debe cumplir la condición:

g1e(.-()(t1+T)+.= goe(>-()(t1+T)+>          (13)

Como .>(>0, el exponente en (12) es positivo y g comienza a crecer, efecto que se explica por la destrucción de capital físico con aumento de la productividad laboral. La quiebra de empresas conduce a la concentración de los mercados en menos empresas de mayor tamaño, lo que permite una mejor división del trabajo con los efectos antes descriptos.

La tasa de beneficio, ahora en proceso de recuperación, supera el umbral de rentabilidad r exigida (y la tasa de crecimiento supera el valor "r) por lo que el empresario comienza a invertir en maquinarias y cambios de técnica, poniendo en marcha la economía al incrementar la demanda. Las inversiones se producen con un retardo T* (que no tiene por que ser igual que el retardo anterior) lo que hace que la tasa de crecimiento sea mayor que el umbral mínimo, se cumple la ecuación (13) pero en donde la constante go ha sido sustituida por una constante g2 que se puede calcular en forma similar a la g1 y a partir de este último valor. A partir de allí se repite el ciclo de crecimiento y crisis.

La sucesión formada por las condiciones de frontera {gn} es una sucesión decreciente, esto es se cumplen ciclos de crecimiento y crisis donde la tasa de crecimiento varía pero la tendencia general es de disminución como habíamos constatado en los modelos previos. Para ver esto, analizando la ecuación (11), tenemos que

>-.<0

Debido a los signos de cada parámetro, y por (15):

(.-()>(>-()

Por lo que:

g1 < go.

En el mismo sentido se puede mostrar por inducción completa que con una ecuación similar a (13):

gn+1 < gn.

El modelo reproduce entonces la tendencia general del sistema a la caída de la tasa de beneficio y a la detención, en el largo plazo, del crecimiento, cesando la reproducción ampliada. También da cuenta de los ciclos de crecimiento y crisis, a partir de supuestos acerca del inventario de capital constante. No se ha utilizado el hecho de que en las crisis el salario real cae aceleradamente por lo que, potenciándose en sus efectos sobre la tasa de beneficio, aumenta la obtención de excedentes generado por  trabajador como resultado de la alta tasa de desocupación que el sistema ha creado, aunque esta observación puede verse indirectamente reflejada en la asunción que se ha hecho de la productividad laboral.

En cuanto a la evolución del empleo, ella se sigue del hecho que su tasa de variación, según la ecuación (2) es igual a la tasa de crecimiento menos la tasa de productividad laboral. Como esta última es positiva (en el modelo se ha supuesto constante), se deduce que la tasa de evolución del empleo es menor que la tasa de crecimiento en la economía capitalista atravesando por distintas fases. Es positiva cuando el crecimiento es fuerte y mayor que el efecto que el progreso técnico tiene sobre el empleo. Se ralentiza y se hace negativa, esto es se pierden fuentes de trabajo, aún cuando la tasa de crecimiento se mantenga positiva. En las crisis se acelera la caída del empleo por la resta algebraica de una tasa de crecimiento negativa  menos un valor positivo. Luego el empleo se comienza a recuperar posteriormente al crecimiento, cuando este alcanza un valor suficientemente alto para superar el aumento de productividad debido a la implementación de nuevas tecnologías.

El modelo caracteriza con sencillez el comportamiento de la economía capitalista aún cuando no sea una perfecta descripción de la compleja realidad del sistema. Al igual que el modelo básico se basa en el comportamiento de la tasa de beneficio, pero diferenciandose de los planteamientos keynesianos no requiere una función de inversión externa al esquema de reproducción del capital, aunque sí utiliza una función escalonada de la productividad del capital. Además mejora la descripción de los ciclos y reproduce la tendencia secular a la declinación que la teoría describe.

 


II.3      Uruguay:  economía primaria con industrialización sustitutiva (1930-1973)

Introducción

A partir de la crisis del modelo agroexportador uruguayo, modelo estudiado en la sección I, la inmigración  y el estancamiento ganadero condujeron a la “revolución de la pequeña burguesía” como ha llamado la historiografía uruguaya a las reformas lideradas por José Batlle y Ordonñez, luego complementadas en las décadas del 30 y 40 y que dieran lugar a una rápida industrialización basada en el “modelo de sustitución de importaciones”. A pesar del nombre dado  a esta “revolución” cabe hacer notar que gran parte de los nuevos industriales procedieron de los grandes ganaderos y comerciantes importadores, donde los primeros colocaron sus excedentes y los segundos trocaron su abastecimiento para vender a mercados que ya dominaban.

El rápido crecimiento se agota a mediados de los años 50, en el marco de la continuidad del estancamiento de la producción ganadera que limitó el modelo desarrollado al ser la fuente casi exclusiva de las divisas necesarias para la importación de los elementos utilizados por la industria, momento a partir del cual se iniciará un proceso de fuerte divergencia en los valores de producto per capita con los países desarrollados.

La fase de crisis uruguaya de casi dos décadas dará lugar, luego de fuertes enfrentamientos sociales, a un “modelo proveedor de productos primarios y servicios regionales” implementado gradualmente a partir de 1973, no sin tanteos varios en distintas direcciones pero con una visión común de eliminación del modelo anterior de sustitución de importaciones, y fuertemente en la década del 90.

En este capítulo, a diferencia del capítulo correlativo de la sección I donde el foco del análisis era el crecimiento económico positivo, examinaremos en detalle este período de la historia uruguaya para poner en relieve los elementos que lo caracterizaron en su fase crítica.

 

Caracterización del capitalismo mundial en la época.

El casi medio siglo que siguió a la profunda crisis iniciada en Estados Unidos en 1929 presenta, a escala global, dos períodos bien delimitados: de 1930 a 1945 se sufrió a escala casi mundial la Gran Depresión y la destrucción de capital físico y humano que significó la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945 el sistema logró un fuerte crecimiento económico en muchas naciones (pero no en todas, dado que la desigualdad entre naciones creció extraordinariamente) y en especial en los países desarrollados, hasta la crisis de 1973 cuyo desencadenante (pero no su causa principal) fue el shock del petróleo

La depresión de 1929 provocó la contracción de la producción, de los ingresos y de los niveles de ocupación en los países desarrollados, disminuyendo las importaciones y el volumen de comercio internacional. La profundidad y prolongación de la crisis llevó a los países desarrollados a adoptar una serie de medidas fuertemente proteccionistas que tenían por finalidad aislar las economías nacionales de las fluctuaciones de las balanzas de pago, posibilitando la adopción de políticas monetarias y fiscales compensatorias. El volumen físico de las exportaciones cayó un 25% entre 1929 y 1933 y los precios en más de un 30%. No todo el descenso se debió a la política comercial de los países desarrollados: muchos países del resto del mundo comenzaron una política de desarrollo industrial, disminuyendo su dependencia (transitoriamente) de los productos manufacturados de Europa, como consecuencia tardía del aislamiento en que se encontraron durante la guerra y la inmediata posguerra. Pero además el comercio internacional disminuyó, quizás en forma más determinante que la política comercial de los países desarrollados y la industrial del resto,  por la contracción de la demanda en los países ricos como consecuencia de la crisis.

Estados Unidos ya no dependía de los productos europeos, debido al rápido desarrollo logrado en los años de la primera posguerra, lo que exigió un ajuste de las relaciones comerciales europeas entre sí y con sus proveedores de productos primarios de las zonas templadas. El aumento de la protección agrícola por parte de los países industrializados, que no estaban dispuestos a aceptar los reajustes estructurales que exigía la creciente división internacional del trabajo, redujo aún más el comercio de productos alimenticios. Esto obligó a los Estados de los países  de menor desarrollo, perjudicados por estos cambios, a intervenir  en las cuestiones económicas transformando el patrón de crecimiento del sur del continente americano. Sus economías se dinamizaron a través de la industria, con la naciente sustitución de importaciones,  en detrimento de las actividades comerciales y agropecuarias aún cuando estas no perdieron preeminencia en la acumulación de capital.

El movimiento internacional de capitales también fue fuertemente afectado por la crisis. La disminución de los ahorros en los países exportadores de capital y la dificultad de los países deudores para pagar los servicios de la deuda contrajeron el flujo de capitales, invirtiéndose en muchos casos la corriente tradicional al recuperarse parte de las inversiones realizadas. La Gran Depresión produjo la desintegración del patrón oro, luego de la vuelta a los tipos de cambio fijos del patrón oro que había ocurrido durante los años 20. La crisis provocó la caída de la confianza en las monedas claves de los países que monopolizaban el comercio mundial, lo que obligó a una política deflacionista que agravó la recesión y aumentó la fuga de capitales, precipitando el quiebre del sistema monetario en vigor. Tras la depresión el patrón de cambios oro había desaparecido y la mayoría de los países adoptó tipos de cambio fluctuantes dirigidos, en una política de aislar sus países de la recesión mundial a la vez que depreciaron fuertemente su moneda en una serie de devaluaciones competitivas. Sin embargo el desempleo permaneció alto hasta la gran conflagración que se desata en 1939: la Segunda Guerra Mundial.

Los años de crisis económica primero y política después eliminaron inmensa cantidad de vidas e instalaciones, la destrucción de capital humano y físico creó las condiciones para reajustar las dimensiones del sistema capitalista y fue la base para una nueva fase de crecimiento que durará hasta 1973. Entre 1945 y 1953 se reorienta el sistema internacional en el ámbito institucional, como ha ocurrido luego de cada crisis importante, lo que permitirá el comienzo de la llamada “edad de oro” del capitalismo.

La superioridad económica y militar de Estados Unidos le permitió imponer su plan a sus aliados europeos, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con la creación del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, luego Banco Mundial.)

El objetivo de la fundación del FMI fue mantener la estabilidad de los tipos de cambio y resolver problemas de balanza de pagos de los países miembros: con el paso del tiempo el FMI ha pasado a influir fuertemente en las políticas económicas de los países subdesarrollados. Por su parte el BIRF (actual Banco Mundial) surgió para fomentar la inversión internacional en el largo plazo luego de la devastación causada por la guerra. Para el objetivo de liberalizar el comercio mundial no se fundó una institución, pero se obtuvieron importantes avances en esa dirección a través de los Acuerdos Generales de Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) que desembocarían ya en años recientes en la creación de la Organización Mundial de Comercio.

El sistema monetario internacional que se desarrolló en la posguerra, acordado en Bretton Woods, acabó basándose en el dólar como moneda de respaldo. El sistema establecía cambios fijos entre las monedas de los diferentes países industrializados pero, a diferencia de su antecesor el patrón oro, permitía modificar las paridades cambiarias frente a casos de grave y continuado deterioro de la balanza de pagos. El sistema funcionó exitosamente durante dos décadas y cayó debido al rápido aumento de la cantidad de dólares emitidos por Estados Unidos y la pérdida subsiguiente de  confianza en los mercados internacionales: la crisis del sistema que se desencadenó finalmente en 1973, al final del período comprendido en este capítulo, demostró como ineluctablemente el capitalismo funciona dialécticamente creando en su crecimiento la próxima crisis, acelerada en este caso por la guerra de Vietnam y la política económica norteamericana a que ella condujo y disparada por el shock petrolero.

El volumen de comercio de bienes manufacturados aumentó con mayor rapidez que el  comercio de productos primarios debido a la recuperación de la Europa industrial y a la implementación de avances técnicos en su producción. Los países productores de bienes agropecuarios se vieron favorecidos inicialmente con la guerra de Corea que elevó el precio de las materias primas. Al recuperarse la inversión y aumentar las existencias bajaron los precios, en relación con otros bienes, durante las décadas de 1950 y 1960. Estados Unidos se transformó, en este período ya que los flujos comerciales volverían a cambiar más adelante, en el principal socio comercial de los países del cono sur americano a la vez que se incrementó el comercio intraregional entre Argentina y Brasil.

Entre el final de la guerra de Corea y las crisis del petróleo de los años 70 la economía de los países desarrollados logró un enorme auge. El GATT y la competencia provocada por la guerra fría redujeron las barreras al comercio de productos manufacturados entre los países industrializados ampliando sus mercados. El elevado nivel de demanda, minimizados los ciclos cortos por gobiernos intervencionistas basados en la economía keynesiana, contribuyó al avance tecnológico que configuraron y recrearon el papel de los distintos países en la economía mundial, tanto por su creación como por su difusión. Alrededor de 60 de las 100 principales innovaciones realizadas entre 1945 y 1970 se debió a compañías norteamericanas, más de 25 a empresas europeas. La investigación y el desarrollo científico y tecnológico se convirtieron en actividades prioritarias de los estados y de las compañías multinacionales, ambos en los países desarrollados, constituyendo un nuevo sector industrial que rentabilizó aún más las innovaciones  y propulsó el avance técnico a nuevas alturas. A la vez aumentó la dependencia de los países no desarrollados de la transferencia de tecnología desde los países avanzados, tecnologías  adecuadas al sistema industrial que lo catalizaba pero no necesariamente ajustados a las condiciones de los países subdesarrollados.

Las pautas comerciales reflejaron el nuevo dinamismo tecnológico, dinamismo liderado por Estados Unidos en aguda competencia por las áreas de influencia con la Unión Soviética durante la guerra fría. El crecimiento del comercio mundial fue importante pero se concentró principalmente entre los propios países desarrollados. El consumo de petróleo se incrementó acompañando el crecimiento económico y la nueva disponibilidad de bienes de consumo dependientes de ese bien natural (autos, plásticos, etc.) Estados Unidos como fuerte productor de petróleo vio facilitado su crecimiento con la disponibilidad del producto a bajos precios. Sin embargo, con el tiempo, se convertirá en importador al exceder la demanda interna a la oferta nacional.

La división internacional del trabajo de principio de siglo fue siendo sustituida por otra, en la que los países industrializados conservaron no ya el monopolio mundial de la producción industrial, cuyas ramas de menor contenido tecnológico cedieron crecientemente a países con altas dotaciones de mano de obra, sino el de las actividades industriales con mayor dinamismo: las de fabricación de bienes de producción y de bienes finales con aplicación de alta tecnología. Concomitantemente fueron ganando peso, de forma progresiva (aunque no homogénea), las exportaciones de productos industriales de países en desarrollo.

El Mercado Común Europeo introdujo la mayor divergencia entre los países industrializados: en todo caso tanto Europa como Estados Unidos siguieron una política de protección y subsidios al sector agrícola que contrastó con la liberalización del comercio de bienes manufacturados. Como consecuencia de estos hechos, de la recuperación de la inversión y de los avances tecnológicos citados, a partir de los años 60 los términos reales de intercambio entre los productos primarios y los manufacturados se deterioraron, empeorando las condiciones económicas de los países productores de bienes agropecuarios.

 

La crisis de la economía uruguaya

El crack de los años 30, generada en Estados Unidos pero con alcance casi global, y la posterior disminución y cambio de estructura del comercio mundial, golpeó a un Uruguay ya envuelto en crecientes problemas derivados de la crisis del modelo agroexportador primario que describieramos en la primera sección de este trbajo.

La crisis en Uruguay tuvo los elementos comunes a las depresiones del sistema económico capitalista con sus pecualiaridades históricas: un cambio de marco institucional con la suspensión del sistema democrático por el golpe de estado de Terra, disminución drástica del salario real implementado por la dictadura,  quiebre de empresas.

Pero también contuvo elementos que la diferenciaron de otras crisis y que reconocieron por un lado la extrema vulnerabilidad de una economía basada en la exportación de productos primarios y por el otro la necesidad (y conveniencia para los interesados) de desarrollar alternativas rentables de inversión para los excedentes ganaderos.

El gobierno de Terra, llevado por la severa crisis a que lo constriñeron las bajas exportaciones, comenzó a intervenir en el comercio exterior a través del control de cambios. Por la vía de las regulaciones se empezó a promover una industrialización sustitutiva de importaciones cualitativamente distinta a la que se desenvolvió hasta 1930.

Así el PBI expresado en volumen físico disminuyó fuertemente a partir de 1930 para comenzar a recuperarse en 1934. El crecimiento total, de la mano del rápido desarrollo industrial, se aceleró a partir de la segunda mitad de la década del 30 hasta la crisis del 39, para retomar con fuerza el sentido positivo a partir de 1944 y hasta 1957, lo que hizo crecer la economía (medida por el Producto Bruto Interno con todas las observaciones ya planteadas) a una tasa del 3,7% anual acumulado.

La ganadería se mantuvo prácticamente estancada durante el período (lo que condujo al estancamiento a largo plazo del sector agropecuario, dado que prácticamente toda la superficie explotable del país se vincula a la producción ganadera) y sujeta a las oscilaciones de precios resultantes de las distintas fases por las que atravesó el mundo desarrollado como fuera descrito en la primera parte de este capítulo. La lechería y la agricultura extensiva fueron en el sector primario las únicas excepciones a esta tendencia: la lechería experimentó un crecimiento acelerado después de 1945 para luego comenzar a reducir su ritmo, la agricultura tuvo un primer período de crecimiento sostenido hasta 1955 que se revirtió luego para alcanzar los niveles anteriores a la fase de expansión.

El crecimiento de la producción ganadera, una vez agotada la etapa de apropiación de tierras destinadas a tal fin, proceso que se produjo  en el siglo XIX, dependió del avance tecnológico lo que en el caso de Uruguay se expresó en dos vertientes: el mejoramiento de las razas utilizadas experimentados durante finales del siglo XIX y principios del XX y la mejora de las pasturas (pasaje de ganadería extensiva a intensiva) que permite una mayor cantidad de animales por unidad de tierra utilizada.

El avance tecnológico es viable cuando la adopción de nuevas técnicas de producción, en este caso por los empresarios agropecuarios, incrementa los beneficios o excedentes obtenidos en cada período de producción, como hemos analizado y modelizado en los capítulos anteriores. Estos beneficios dependen de los ingresos obtenibles y del capital constante y variable utilizado.

 El precio internacional es el primer factor a considerar en la determinación de los ingresos de la ganadería uruguaya: como hemos visto en el apartado previo referente a la economía mundial los términos de intercambio se deterioraron con relación a los productos manufacturados, con la excepción de los años de la guerra de Corea, ya sea como resultado de la evolución del capitalismo mundial y el cumplimiento de la ley de valor, ya sea por el proteccionismo creciente de los países desarrollados en este rubro y por los mecanismos de apropiación de excedentes al dominar la cadena de comercialización de los mismos[xxxiii].

La ganadería extensiva practicada en Uruguay implica bajos costos de producción, donde el principal y casi exclusivo capital constante es la tierra y es muy baja la utilización de capital variable. Esto permitió que en el período considerado, a pesar de la tendencia de los precios internacionales, el sector ganadero obtuviera excedentes muy importantes en su producción. Pero estos excedentes no fueron reinvertidos en el sector: el desarrollo de praderas artificiales que permitieran aumentar la producción, principal posibilidad de avance tecnológico que se presentaba en ese momento, no fue considerado por los propietarios agropecuarios debido a que en las condiciones uruguayas era una opción de menor rentabilidad y mayor riesgo. Todavía en 1986 solamente 1,2% de las superficies de explotación ganadera consistía en  praderas permanentes, 1,4% en campos fertilizados y 0,7% de forrajes anuales.

Una característica diferencial de Uruguay con respecto a otros países de Latinoamérica (y especialmente de los situados en áreas tropicales) fue que los poseedores de los medios de producción en el campo (tierras y ganados) eran de origen nacional, lo que tuvo una influencia decisiva a la hora de decidir el destino de los beneficios obtenidos: anulada la posibilidad de reinversión en su propio sector, una parte se orientó al consumo suntuario de bienes importados y otra fue colocada en el exterior (principalmente en la etapa final del período cuando se vive la crisis del modelo de sustitución de importaciones), pero en sus inicios y especialmente durante y después de la segunda guerra mundial la mayoría de los excedentes se dirigieron a inversiones en la industria y la construcción.

El crecimiento industrial del país se financió fundamentalmente con capitales nacionales debido a que, además de la razón anteriormente anotada, las inversiones de las grandes multinacionales se dirigieron a otras áreas del mundo. Las corporaciones norteamericanas estuvieron absorbidas por actividades altamente rentables: la economía de guerra 1939 – 1945, la reconversión industrial de la posguerra, la reconstrucción europea, entre otras. Complementariamente, al capital nacional le era difícil acceder a esas mejores posibilidades de ganancia.

Como consecuencia la expansión de la industrialización protegida y sustitutiva de importaciones se aceleró durante la década del 40 y se concentró en determinadas ramas productoras de bienes de consumo, superponiéndose a la existencia previa de agroindustrias, tales como textil, curtiembre y frigorífica. Los excedentes nacionales se volcaron a la inversión industrial, impulsando el crecimiento, al amparo de las medidas proteccionistas que la situación internacional permitía y que aumentaban la rentabilidad de los sectores industriales. Si bien legislación de ese tipo existía desde fines del siglo XIX, las condiciones económicas que hicieron factible una industria protegida se dieron a partir de la década del 30. Un cambio cualitativo en las políticas de protección resultó de la pérdida de importancia de la protección arancelaria y su sustitución por el contralor de importaciones y exportaciones, mediante permisos previos, prohibiciones y tipos diferenciales de cambio, proceso que se dio entre 1934 y 1937 y que tuvo como objetivo disminuir el déficit de la balanza comercial.

La convergencia de una importante acumulación de divisas, un mercado interno en expansión (por una mejora del poder adquisitivo general y una más equitativa distribución del ingreso) y la protección del Estado que aseguraba a las industrias manufactureras un mercado cautivo, crearon un marco propicio al crecimiento. Entre 1945 y 1955 se produce el período de mayor crecimiento industrial, aumentando la ocupación de mano de obra en un 45% y la producción un 97%, lo que muestra un intenso incremento de la productividad laboral. El papel impulsor del crecimiento lo desempeñaron industrias dinámicas tales como maquinaria, electrotecnia, petróleo, metálicas básicas y química, aunque el crecimiento de las industrias dirigidas a bienes de consumo también fue importante.

Las nuevas ramas industriales que se instalaban utilizaban medios de producción importados y no generaban avance tecnológico en el tejido de empresas nacionales. En algunos casos se trataron de filiales de empresas manufactureas norteamericanas y europeas. Al estar dedicadas, en buena medida, al consumo interno no cambiaron el perfil de comercio exterior del país, excepto en la sustitución de bienes de consumo final por la de medios de producción, maquinarias y materias primas, cuya importación fue incentivada a través de la reducción de aranceles y exoneraciones impositivas como forma de acelerar el precario proceso de industrialización. Esta tendencia al cambio de composición de las importaciones, por el doble efecto de la sustitución de bienes de consumo finales y el incremento de los bienes de capital, es coincidente con el hecho de que los países desarrollados crecientemente derivaron (conscientemente y por la propia dinámica del sistema capitalista) la producción de bienes de bajo contenido tecnológico hacia terceros países, reservándose la fabricación de bienes de alta tecnología entre los cuales se encuentran los medios de producción.

Esta etapa dinámica y compleja se dio similarmente en todas las economías del conos sur americano  con un notable crecimiento cuantitativo y cualitativo en ramas tales(y según el país) como la siderurgia, la petroquímica, la producción de electricidad y la de automóviles. Sin embargo, al mismo tiempo, comenzaron a percibirse los problemas de este modelo de acumulación en todos los casos, con la excepción parcial de Brasil que avanzó más que el resto de los países del área en el desarrollo de una industria de medios de producción impulsado por la persistencia en el tiempo y el esfuerzo de las políticas industrializadoras que los sucesivos gobiernos implementaron.

A partir de 1955 en Uruguay, coincidentemente con el fin de la guerra de Corea, el proceso de acumulación industrial llevó a un exceso de capacidad y capital constante en el sector industrial no exportador. Los reducidos límites del mercado interno que junto con la dependencia tecnológica (la industria surge en Uruguay cuando la producción de equipos y la tecnología se realizan en los países desarrollados, agravado porque las escasas actividades de investigación e innovación fueron realizadas por las empresas públicas con magros resultados[xxxiv]) y las crecientes escalas de producción que de ellas se derivaron implicó la falta de oportunidades rentables de inversión en el sector con el consiguiente estancamiento de la producción industrial que había sido el motor del crecimiento en el período.

El proceso de crecimiento industrial, y el consumo de la población al acceder a un mejor nivel de vida como resultado de ese proceso, implicó un aumento considerable del volumen de importaciones. Aumento de necesidad de divisas que no podía ser balanceado por una industria dirigida principalmente al mercado interno y por una ganadería que, si bien orientada a la exportación, se había estancado en su crecimiento. Las grandes reservas acumuladas durante la guerra permitieron al Estado, donde el grupo de industriales nacionales tenía una representación superior a su capacidad económica con relación a los sectores ganaderos, retardar y graduar la inevitable crisis a que las contradicciones del sistema lo arrojaban.

A finales de los años 50, durante la década de los 60 y hasta principios de los 70, punto final del período considerado en este capítulo, la producción total del país se estancó y el crecimiento económico fue apenas un 0,6% anual,  una cifra menor a la tasa natural de crecimiento de la población. El agotamiento del proceso de industrialización sustitutiva condujo, junto con una producción agropecuaria ya estancada desde los años 30, a una progresiva disminución de las oportunidades de invertir con rentabilidad en la economía local. La falta de reinversión de los excedentes extraídos a los trabajadores uruguayos (ya sea por el crecimiento de las inversiones especulativas, del consumo suntuario o por su radicación en el exterior) implicó tasas prácticamente nulas de crecimiento y dio lugar a una larga crisis con las consecuencias de agudos desequilibrios.

Por su estructura productiva interna y el tipo de inserción en la división internacional del trabajo, basado en la ganadería extensiva, esta misma falta de proyectos rentables implicó que a diferencia de otros países de América Latina (principalmente Brasil y en menor medida Argentina), Uruguay no resultó un país atractivo para la inversión transnacional directa en ese período. El comercio exterior del país siguió apoyado en los productos pecuarios y los lazos fundamentales de subordinación del Uruguay a los países desarrollados continuaron funcionando en las áreas comerciales y financieras mientras que, si bien en las productivas los capitales eran mayormente nacionales, reforzó el condicionamiento tecnológico que había existido desde los orígenes de su incorporación a la economía mundial.

Uruguay llegó entonces a fines de los 50 con una producción global totalmente estancada. Los sucesivos gobiernos se vieron obligados a recurrir al Fondo Monetario Internacional, con quien se firmó un primer acuerdo en 1960. Hasta ese año Uruguay había mantenido realciones formales con los organismos internacionales pero había rechazado sus recomendaciones sobre la economía. Pero entre 1960 y 1972 se firmaron 6 cartas de intención, aumentando además la influencia económica y financiera ( y política) norteamericana.

 La crisis se profundizó a lo largo de los años: a partir de 1962 las tasas de crecimiento del PBI per cápita fueron negativas. La tasa de inversión bruta se situó apenas por encima del 10%. La inflación comenzó a crecer gradualmente hasta llegar a valores superiores a los tres dígitos en 1968. Las tasas de desempleo, a pesar de ser amortiguadas por una fuerte migración que se inició en la primera mitad de los años 60 y que involucró hasta 1975 al 11% de la población total, alcanzaron valores del 8%  inéditos para el país luego de la Segunda Guerra Mundial. La carencia de opciones laborales también llevó a un crecimiento de las actividades no productivas: hacia el final del período considerado más de la mitad de la población económicamente activa del Uruguay estaba vinculada a las actividades terciarias, con un gran peso en cuanto a ocupación del sector público. Cabe señalar que el sector agropecuario mostró una baja y descendente importancia relativa como fuente de trabajo debido al carácter extensivo de su producción.

Como en otras grandes crisis del sistema capitalistas, el mecanismo restaurador estará dado por la disminución del salario real y de la composición orgánica del capital: a partir de 1968 comienza a desarrollarse un proceso de transformación de la estructura política y del Estado cuya culminación es el golpe militar de 1973, que posibilitaría una política represiva. Con ello se propiciaba el advenimiento de un reajuste en la base económica que incluyó una reinserción internacional de la economía uruguaya, en el marco de los cambios que desde los países desarrollados se impulsaban para retomar la detenida acumulación de capital,  y la aparición de nuevos grupos de poder dentro de la clase dominante, dando lugar a una nueva fase de crecimiento y acumulación.


II.4      Síntesis de la Sección

Una característica fundamental del sistema económico en que vivimos es la continua ampliación del alcance de su funcionamiento: por una parte expande la producción de bienes y servicios, la cantidad y variedad de los mismos, en las zonas donde el capitalismo ya está insertado mientras que por otra, continuamente incorpora nuevas zonas de economías atrasadas a su pujante sistema económico. Históricamente se puede hablar con propiedad de crecimiento económico cuando el sistema feudal deja lugar a la nueva economía capitalista.

Sin embargo este crecimiento no es lineal ni continuado: repetidamente a escala mundial y nacional ( a veces simultáneamente y otras asincrónicamente, según el país) la economía atraviesa por períodos donde la producción de bienes se estanca o aún decrece, donde la desocupación se incrementa, la pobreza se extiende, la quiebra de empresas se generaliza, el crédito se detiene y hasta las instituciones tambalean. Nos estamos refiriendo aquí a las crisis profundas del sistema, que ocurren en períodos más largos  que aquellas de mayor frecuencia debidas a ajustes de inventarios para compensar demandas y ofertas o capacidad instalada y oferta.

El hilo conductor del crecimiento es la búsqueda de los empresarios de incrementar sus beneficios y más específicamente su tasa de ganancia. La misma motivación,  la búsqueda de beneficios en un sistema desordenado y sin coordinación de sus unidades económicas, es el que inevitablemente lleva a períodos de crisis que alternan con las etapas de crecimiento. Delinearemos ahora en forma sintética el proceso que lleva a la crisis.

En la sección I hemos visto que el empresario incorpora progresivamente nuevas técnicas de producción que implican mayor inversión en capital constante y menor trabajo actual, con la finalidad de bajar sus costos para obtener mayores ganancias y para competir. Pero en la medida que la técnica se difunde los precios de venta tienden a disminuir, al adecuarse al valor reducido que ahora los produce. Además la acumulación de por sí implica mayores inversiones en medios de producción, maquinarias y materia primas. En cada rama industrial y en la economía, no necesariamente al unísono pero sí tendencialmente, la tasa de beneficio tiende a disminuir aún, y debido a,  en períodos de rápida acumulación.

Y en la medida que la tasa se reduce cada vez es menos conveniente reinvertir en la producción: llega un momento en que dadas las pocas posibilidades de obtener un retorno para la inversión el dinero se retiene en colocaciones bancarias o crece la inversión financiera especulativa que es ahora más rentable o se envía el capital al exterior en busca de mayor rentabilidad o seguridad, por lo que desaparece la inversión productiva. Cae la demanda de inversión y con ella la de consumo. El empresario comienza a producir menos y por tanto contrata menos mano de obra, compra menos materia prima y no actualiza sus técnicas de producción, todo lo que lleva a un aumento de la desocupación.

La disminución de la demanda, la de inversión y la de consumo, provoca la pérdida de rentabilidad de otras empresas que no estaban inicialmente afectadas por la crisis, se produce una caída de los precios y de los volúmenes comercializados que disminuye los beneficios de estas industrias y aumentan la gravedad de la crisis. Adicionalmente el sistema de créditos es minado por la alta exposición al riesgo que se produce, contrayéndose y amplificando la crisis. El sistema monetario estalla incrementando el caos económico y social.

Si la economía en cuestión es la de un país importante en los mercados mundiales, la caída de su demanda aparejará un efecto recesivo sobre otros países que verán disminuir sus volúmenes y precios de exportación.

Los efectos (y la duración) de la crisis son variados pero todos ellos restituyen rentabilidad a los negocios, lo que conduce a un nuevo período de crecimiento: en el período de crisis los empresarios no invierten, por lo que disminuye el capital constante debido a la depreciación y mejora la rentabilidad, dando lugar a la posibilidad de nueva inversión. La nueva demanda de inversión  provoca la suba de la tasa de rentabilidad en otros sectores industriales. Quiebran los empresarios menos competitivos, provocando la destrucción y venta de capital constante. La desaparición de estos empresarios deja disponible cuota de mercado para los que continúan, que ven aumentada su escala y como consecuencia, su rentabilidad. Disminuye el salario real aumentando la rentabilidad de los empresarios, producto del aumento de la desocupación y de políticas específicas de los gobiernos. El marco institucional cambia: tanto el Estado redistribuye sus ingresos favoreciendo al capital privado como los empresarios cambian su forma de hacer negocios hacia maneras más eficientes o cambian de ramas industriales hacia las más prometedoras en la nueva situación, etc. Nuevas técnicas de producción surgen de las crisis y técnicas de punta que se venían desarrollando con anterioridad a la crisis pero que no se habían incorporado a los procesos productivos por los costos de conversión o por razones institucionales, encuentran ahora su oportunidad al haberse desgastado buena parte de las maquinarias existentes y al haber cambiado el marco institucional.

Los empresarios que sobreviven a la crisis y otros nuevos que se incorporen desde el exterior comienzan un nuevo período de expansión, motivado por la recuperada rentabilidad a que lleva los cambios descritos. La fase expansiva impulsa el crecimiento de la economía en la medida de que el circuito de producción se repite y se amplía constantemente, lo que implica mayor inversión, más trabajo y más consumo, a la vez que la búsqueda de una mayor ganancia implica cambios de técnicas que conllevan inversión y aumentan la productividad, creando así con el paso del tiempo las condiciones para una nueva crisis.

Este formato se ha repetido, con variantes, en la historia del capitalismo desde el comienzo de su fase industrial en la segunda mitad del siglo XVIII. Fuertes períodos de expansión quebrados por profundas crisis económicas sacudieron en forma cada vez más global las sociedades capitalistas, formando períodos caracterizados por un marco institucional y de negocios, un grado de avance del progreso técnico, una forma de hacer negocios y una cierta conformación de los mercados de acuerdo a las necesidades de la acumulación y al estado de la tecnología. Las fases de expansión (1760-1800, 1848-1873, 1893-1929, 1941-1973) se alternaron con depresiones de similar duración (1800-1848, 1873-1893, 1929-1941, 1973-?.)

El modelo matemático básico de la sección I es ampliado ahora para incluir la dinámica de crecimiento y crisis antes descripta, las ecuaciones diferenciales que lo definen tienen en la tasa de beneficio el hilo conductor. Es por medio de las consecuencias del progreso técnico, sesgado al ahorro de mano de obra, sobre la tasa de beneficio que se reproduce la dinámica de la economía así como se toman en cuenta los efectos restauradores de las crisis postulando una función de productividad del capital escalonada.

Aunque la tendencia secular es a la baja, la tasa de beneficio a largo plazo traza ciclos en su evolución que son el origen de fases expansivas y fases depresivas de la economía, en cada una de las cuales la tasa de ganancia dibuja ciclo más cortos y de menor altura. A los períodos de tiempo en que la tasa de ganancia es menor que un valor que un valor mínimo, que surge de comparar alternativas de riesgo y rentabilidad, y donde la inversión se detiene le corresponde una fase depresiva o crisis, cuyo análisis ha sido el objeto de este capítulo.

En el modelo presentado la salida de la crisis se produce por un aumento de la productividad del capital debido a la depreciación de los medios de producción (recuérdese que la inversión ha cesado por falta de rentabilidad), la destrucción física del capital de las empresas que van a la quiebra y la  concentración y centralización de empresas, todo lo cual comienza a recuperar la tasa de beneficio de las empresas. A partir de cierto valor mínimo de requerimiento de rentabilidad los empresarios comienzan a invertir generando mayor demanda de medios de producción y mano de obra, lo que a su vez se multiplicará al incrementarse la demanda de consumo.

En las economías reales, la salida de la crisis se ve además facilitada por la disminución del salario real que se produce por la pérdida de capacidad negociadora de los trabajadores debida a la alta desocupación, tal como ocurrió en el caso uruguayo que se describió en el capítulo 3 de la sección.

Uruguay desde principios de los años 30 cambió su estructura económica con la aparición de una industria protegida, principalmente sustitutiva de importaciones, que impulsó el crecimiento a la vez que mantenía una base ganadera en proceso de estancamiento. La ganadería extensiva era el sector en cuya producción el país platense se especializaba y por el que generaba excedentes, en parte apropiados por empresarios extranjeros en la comercialización, en parte retenidos por los propietarios ganaderos pero que no tenían posibilidad de ser reinvertidos con rentabilidad en su propio sector. De la conjunción de este problema y la situación mundial, que determinó que los países desarrollados, enfrascados primero en graves crisis económicas y luego en una conflagración mundial, disminuyeran o dejaran de suministrar productos industrializados, surgió la posibilidad de desarrollar una industria propia donde ubicar los excedentes con rentabilidad por lo cual un proceso similar de sustitución de importaciones tuvo lugar en muchos países del ahora tercer mundo.

Entre 1945 y 1955 se obtuvieron altas tasas de crecimiento en la economía nacional. El proceso de acumulación generó un exceso de inversión en capital constante, específicamente capacidad industrial, sin desarrollar en el caso uruguayo una industria propia de medios de producción por lo que la dependencia de la tecnología extranjera se incrementó. La sobre capacidad disminuyó la tasa de beneficio en el sector, con dificultades para incrementar su producción por el pequeño tamaño interno y la falta de competitividad internacional, a la vez que el otro sector importante de la economía, la ganadería, continuó estancada y sin posibilidades de inversión rentable. Si bien otros sectores agropecuarios crecieron, su peso continuó siendo menor en la estructura económica nacional.

La caída de la rentabilidad industrial implicó la detención del proceso de inversión en la industria, los capitales acumulados en el interior del país comenzaron a ser transferidos al exterior al no encontrar oportunidades de ganancia en los sectores económicos existentes ni desarrollarse otros nuevos.

Cesó entonces el crecimiento de la producción, comenzando a disminuir la ocupación y aumentando la inflación hasta valores que Uruguay desconocía en su historia reciente. El déficit en la balanza de pagos se produjo al exceder las importaciones necesarias para el proceso industrial volcado al mercado interno a las exportaciones ganaderas.

Tras prolongados años de crisis, los mecanismos restauradores del capitalismo comenzarían a actuar para dar paso a una tímida recuperación y posterior fase de crecimiento. Numerosos sectores económicos vieron disminuidos u obsoletos sus medios de producción, muchas empresas quebraron aún cuando conservara el país sus potenciales ventajas absolutas en algunos sectores. Un nuevo marco institucional, económico y estructural junto a la fuerte disminución del salario real, surgido al cabo de varios años de intensas luchas sociales implicaron la elevación de la tasa de beneficio. El Estado y su aparato represivo, agudizado durante el período de dictadura militar, intervino directamente en el proceso de acumulación. Este será el objeto de análisis de la próxima sección.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: SECCION III:
EL ROL DEL ESTADO


III.1     El papel del Estado en el crecimiento económico.

La relación entre la economía y el Estado



[i] La discusión de la financiarización de la economía y el desarrollo de modelos clásicos al respecto se encuentra en Harribey (2001.) Aspectos monetarios de la acumulación y sus crisis son tratados en Kroes (1999.) Una investigación empírica con datos de muchos países que relaciona ciclos con política monetaria y cambiaria se encuentra en Basu y Taylor (1999.) Una completa síntesis de modelos que incluyen los procesos económicos y financieros que, aunque no siguiendo las corrientes económicas dominantes igualmente difieren en forma y enfoque con el desarrollado aquí sin consideraciones financieras, se encuentra en Moudud (1998.)

 

[ii] Una discusión extensa sobre las virtudes y problemas de la agregación, tema de una de las dos polémicas de Cambridge en lo referido a la agregación de bienes de capital, se encuentra en Kurz y Salvadori (1995.)

 

[iii] Shaikh y Tonak (1994) han hecho una completa descripción de como transformar los datos del PBI en un indicador real de la producción agregada partiendo de la matriz insumo - producto y de las cuentas nacionales de un país.

 

[iv]  Cuando la unidad de estudio es el país, en modelos abiertos, especialmente cuando la economía es pequeña, es necesario enfatizar en las exportaciones netas como una fuerza importante en la demanda. Lo que involucra investigar los mecanismos de ajustes de la tasa de cambio. Estos elementos se comentan en la sección III tanto en el capítulo inicial donde se estudian los factores que soportan el crecimiento como en el capítulo final donde se realiza el análisis del caso uruguayo.

 

[v] Los economistas clásicos estudiaron los factores que daban cuenta de diferencias persistentes en los salarios y en las productividades de los trabajos (por ejemplo, el estudio acerca de los trabajadores calificados, ver Grompone 1973) y los problemas de agregación que de ello se deriva. El capítulo 11 de Kurz y Salvadori (1995) trata con profundidad el tema.

 

[vi] En el capítulo 1 se describe como esta tendencia a la uniformización de la tasa de beneficio se ve parcialmente contrarrestada por la dinámica del progreso técnico: la introducción de nuevas técnicas de producción y de nuevos productos permite  a algunos empresarios diferenciarse del resto en cuanto a la rentabilidad que obtienen. El resultado es una fluctuación de la tasa de beneficio alrededor de un valor central.

 

[vii] Los bienes de capital en economías reales representan un conjunto heterogéneo de inventarios de materias primas, bienes terminados, productos intermedios, plantas, equipamientos, servicios a la producción, etc. Un agregado posible se obtiene por sus precios de mercado en el momento de su construcción. Así calcularemos el capital constante, M+K, como la suma del monto de la inversión bruta menos la suma de las depreciaciones acumuladas (Foley, 1999.) La depreciación lineal es el método de depreciación más común que se asume ya desde los primeros economistas clásicos, existen otros métodos de depreciación más complejos y próximos a la realidad que se describen en Kurz y Salvadori (1995.)

 

[viii] Como estamos analizando la dinámica de la economía capitalista y estudiando el crecimiento económico, el tiempo juega un rol clave. Una alternativa al desarrollo matemático que se presenta, y de hecho  muy utilizada  por los autores actuales que trabajan en la teoría clásica del crecimiento, es considerar una secuencia discreta de períodos de producción. En ese caso en lugar de ecuaciones diferenciales como las que aquí se presentan, se habrán de utilizar ecuaciones en diferencia finitas o ecuaciones simples. Creemos que nuestra presentación, también adoptada por otros autores, se corresponde con la realidad económica en cuanto a que la multiplicidad de procesos de producción simultáneos permite considerar continuas las variables y presenta la ventaja de su simplicidad matemática. Para ello, es preciso asumir el hecho de que las funciones dependientes del tiempo tienen derivadas y son continuas a menos de un conjunto finito de puntos. Este tema ha sido objeto de controversia en cuanto supone la posible subdivisión de bienes de capital.

 

[ix] En los hechos la economía capitalista funciona con una importante reserva de mano de obra desocupada,  como se explica más adelante en este trabajo. Con respecto a la disponibilidad de materias primas y en general de recursos naturales, ya en tiempo de los economistas clásicos la disponibilidad de tierras fue objeto de profundo estudio en sus desarrollos teóricos. En la actualidad el temor a agotar las fuentes extracción  de petróleo, entre otras materias primas estratégicas, y los problemas de degradación ambiental han suscitado un renovado interés en el tema. Modelos que tratan este tópico, con un enfoque clásico específicamente ricardiano, se encuentran en Petith (1998) y Kurz y Salvadori (1995.)

 

[x] Consideramos una economía cerrada y con una relación entre capital constante y capital variable dada, de tal forma que al no haber intercambio con el exterior en forma agregada el valor coincide con el precio. A nivel del empresario individual puede haber diferencia, ya que aún considerando libre competencia, las diferentes relaciones de capitales constantes y variables y la tendencia a la igualación de la tasa de beneficio implican diferencias entre precios y valores, como hemos comentado en el capítulo 1 de esta sección. Para un estudio del valor de los productos ver Dobb (1973), para su transformación en precio de producción Guerrero (1998.)

 

[xi] En puridad, excedente se denomina a los bienes producidos en exceso con respecto al tiempo en el cual el trabajador produce bienes equivalentes a su salario. La valorización de estos bienes excedentes se denomina en español plusvalía, de allí el uso del símbolo S (surplus.) Aquí utilizaremos el término excedente aún cuando nos refiramos a la valorización de los bienes producidos.

 

[xii] Más adelante se analizarán posibilidades de otros consumos, por el momento la suposición de que el empresario no consume es razonable si sólo consideramos dos actores: empresarios de la producción y trabajadores. Esto es porque si bien en la realidad el consumo per capita del empresario es mucho mayor que el del trabajador, dada la pequeña cantidad de empresarios y la mucha de trabajadores, el consumo total de la clase empresarial es mucho menor que el de la clase trabajadora. Sin embargo el supuesto se va a levantar en el momento en que modelemos el consumo de otros sectores, con el concepto de cosnumo que incluye el de los empresarios, las actividades no productivas del Estado, los sectores comerciales y financieros, etc.

 

[xiii] El capital variable es el producto de la cantidad de horas trabajadas, a nivel agregado en condiciones promedio de productividad de la economía, multiplicado por el salario. Recordemos que la tendencia del salario es a situarse en una cantidad que permita la subsistencia del trabajador y su familia en las condiciones necesarias para el desarrollo técnico alcanzado y los usos y costumbres sociales, y que no se eleva por encima de ese valor debido a la existencia de desempleo permanente.

Esta definición implica que la tasa de obtención de excedentes se calcula monetariamente, una definición cuya equivalencia con la anterior ha sido muy discutida establece la tasa de explotación como relación de tiempos: el tiempo en que el trabajador produce sin ser pagado por ello dividido el tiempo en que produce para que sea pago su salario (Foley, 1999.) En la pág. 54 asumimos que la tasa de obtención de excedentes era constante a nivel de la economía y esa constancia era referida al tiempo. En un momento dado la tasa de obtención de excedentes medida monetariamente puede variar entre distintas industrias y empresas, medida en tiempo de trabajo hay una tendencia a la igualización (homogeneizando los tipos de trabajos según las habilidades requeridas) en una sociedad dada, debido a las costumbres y normas legales que determina la extensión de la jornada de trabajo y el salario de subsistencia (Hunt, 2002.) Si por último, se asume libre circulación de la fuerza de trabajo, existirán similares salarios para similares trabajos por lo que la tasa de obtención de excedentes tendrá la misma magnitud medida en tiempo de trabajo y en montos monetarios.

 

[xiv] La composición técnica del capital indica las proporciones técnicas en que maquinaria y materiales se combinan con trabajo de acuerdo al proceso productivo. La composición técnica determina la composición orgánica, ver Shaikh (1990) En el capítulo I de esta sección precisábamos estas definiciones más las correspondientes a composición en valor y materializada, por su interés las transcribimos aquí adaptadas a la notación utilizada en nuestro modelo y al hecho de  que éste es, hasta aquí, de un sector o producto: Si llamamos K al capital gastado en maquinaria y materias primas para producir un bien, V al capital gastado en mano de obra para producir ese bien y L al tiempo de trabajo abstracto necesario para producir el mismo bien (por lo que V=wL) podemos definir las siguientes composiciones:

K/V es la composición en valor del capital y es la medida más directa de la composición del capital

TC es la composición técnica del capital e indica las proporciones técnicas en que maquinaria y materiales se combinan con trabajo de acuerdo al proceso productivo, o sea K/L

OC es la composición orgánica del capital  y es el cociente entre la composición técnica y el valor de la fuerza de trabajo, en este caso unisectorial coincide con la composición en valor.

 

[xv] Esta continua expansión y sus motivos se describe en forma cualitativa en el primer capítulo de esta sección y, con mayor detalle aún, en Heilbroner (1986.) Para una discusión del problema de demanda que esto genera, que ubica con clara argumentación la relevancia de las teorías del subconsumo frente a la de la evolución de la tasa de beneficio, ver Moral Santín (1986)

 

[xvi] Para comprender el aumento de la tasa de obtención de excedentes a lo largo de la historia del capitalismo y tener estimaciones de sus valores ver Grompone (1973, 2001.) También se han hecho estimaciones de la tasa de obtención de excedentes en la sociedad actual para USA, siendo el trabajo de Shaihk y Tonak (1994) el más preciso.

 

[xvii] La condición de viabilidad para un cambio técnico es estudiada en profundidad por Kurz y Salvadori (1995) a partir de los trabajos de Sraffa basados en D. Ricardo. Aquí preferimos presentar el desarrollo basado en Grompone (1973.)

 

[xviii] Esto es razonablemente correcto como media para una sociedad expresada la tasa en valor,  como la relación entre el tiempo excendente no pagado por el empresario y el tiempo necesario pago. Ambos tiempos en una sociedad dada, en un momento dado tienden a homogeneizarse entre las diferentes industrias con contadas excepciones. Ver Grompone (1973.) Medida la tasa en términos monetarios reales, como es el caso, hay mayores variaciones pero aún es razonable mantener su constancia relativa frente a las otras variables, en esta etapa de desarrollo del modelo.

 

[xix] No todos los estudios han seguido la misma metodología en cuanto al tratamiento de los datos ni todos coinciden en cuanto a las conclusiones para un período especifico de la historia del país estudiado, pero si lo hacen para las tendencias generales del sistema. Ver Shaikh y Tonak (1994), Foley y Michl (2000), Dumenil y Levy (1999) y los datos presentados en el capítulo 1 de esta sección.

 

Capítulo I.3

 

[xx] Descripciones detalladas de esta fase del capitalismo se encuentran en Heilbroner (1999) y Lazonick (1991)

 

[xxi] La clase capitalista rural reinvirtió en el mismo sector agropecuario parte de sus beneficios durante este período de crecimiento. El resto fue colocado en bancos, en inversiones inmobiliarias y en deuda pública. Instituto de Economía (1971)

 

Capítulo II.1

 

[xxii] El sentido de la relación causal es el aquí enunciado y se contrapone a la línea de explicación que ve en la disminución de la demanda (“el problema de realización” o de subconsumo) el hecho causal y la caída de la tasa de beneficio la consecuencia. En forma similar, una línea de explicación ve en la lucha distributiva por la apropiación de beneficios y salarios, la causante de la dinámica de crecimiento y crisis. En Moral Santín (1986), Howard y King (1988) y Kliman (1999) se pueden encontrar la presentación y las refutaciones tanto a la postura del subconsumo que reconoce a Rosa Luxemburgo como la precursora y a Keynes, como el gran teórico de la demanda; como a la del “profit squeeze” cuyo modelo matemático desarrollara Goodwin y que puede encontrarse en Veneziani (2001) y Aguiar (2001)

 

[xxiii] Se puede distinguir entre productos transables y no transables, esto es que por sus características compiten o no en los mercados internacionales. La disminución de los precios reales internos, de productos no transables, del país es mucho mayor que la de los productos que se importan o exportan.

 

[xxiv] Galor y Moav (2001) describen esta relación causa efecto, aplicado al desarrollo de la educación pública y universal a finales del siglo XIX. Los salarios pueden además crecer por encima del salario de subistencia con el grado de educación que la técnica implica, las crisis económicas los vuelven a su nivel básico y a veces aún por debajo del mismo. Dobb (1975) clarifica los límites de los salarios en el sistema capitalista: “el precio de la fuerza de trabajo puede elevarse por encima (o en circunstancias especiales caer por debajo) de su valor, no sólo de manera temporal sino también permanentemente, en la medida en que las condiciones de un mercado puro de trabajo fueran modificadas o perturbadas, como en la contratación colectiva sindical… El ejército industrial de reserva desempeña una función crucial para que el sistema restrinja la tendencia a la elevación de los salarios frente a los progresos de la acumulación de capital…el alza de salarios se ve confinada dentro de los límites que dejan intacto los fundamentos del sistema capitalista”.

 

[xxv] Un mecanismo importante para la reducción de los salarios reales en los países centrales del sistema capitalista es reducir los costos de los bienes necesarios para subsistir. Esto se ha logrado, en varios periodos de la historia del capitalismo,  mediante una mayor productividad en las ramas industriales que suministran bienes de consumo e importando (o tomándolos directamente en la época colonialista) de las economías periféricas que proporcionan alimentos a un valor menor al que exigiría su producción en los países centrales.)

 

[xxvi]  “Si observamos la historia del capitalismo...resulta claro que debemos situar su fase inicial en Inglaterra...en la segunda mitad del siglo XVI y los comienzos del XVII, cuando el capital empezó a impregnar la producción en considerable escala, ya bajo la forma de una relación evolucionada entre capitalistas y obreros asalariados, o bien bajo la forma menos desarrollada de la subordinación de artesanos domésticos...La revolución industrial de fines del siglo XVIII y primera mitad del XIX ...tan decisiva fue para todo el futuro de la economía capitalista, representó una transformación tan radical de la estructura y organización de la industria...representó el momento de transición de una fase primitiva y todavía inmadura del capitalismo... a una fase en que el capitalismo, sobre la base del cambio técnico, realiza su propio, específico proceso de producción fundado en la unidad colectiva de producción de gran escala, la fábrica. (Dobb, 1967.)

 

[xxvii] Fenómeno denominado estanflación que contradijo el saber económico de ese momento de las corrientes dominantes, dado que lo que se esperaba es que la inflación aumentara en momentos de fuerte crecimiento económico, como lo ejemplifica el desarrollo de la curva de Phillips. Una clara explicación de la estanflación con un enfoque clásico se encuentra en Shaikh (1997)

 

Capítulo II.2

 

[xxviii] Moudud (1998) y Moral Santín, Román (1994) proveen claras explicaciones de los diferentes ciclos y su velocidad de ajuste.

 

[xxix] Kurz y Salvadori (1995) analizan los pros y contras de un horizonte de largo plazo para explicar la dinámica del crecimiento económico y concluyen que brinda el marco adecuado.

 

[xxx] Whelan (2001) ha realizado la comprobación empírica de esta afirmación para los Estados Unidos, afirmación que además se sustenta en la descripción del cambio técncio efectuada en el capítulo 1. Observese que mientras que la posibilidad de reducir el tiempo de trabajo pago abaratando el costo de los medios de subsistencia y de extender la jornada laboral es limitada, la de mecanizar el proceso es practicamente ilimitada.

 

[xxxi] Es posible asumir un valor fijo y exógeno, por ejemplo el que se obtiene por colocaciones en el exterior de la economía si existe libertad de movimiento de capitales. En realidad la tasa de interés es endógena al sistema, relacionada con los altibajos del crédito o que es un producto de las fases del ciclo económico, pero esto no cambia el espíritu del modelo ya que existe como cota inferior el valor nulo: el empresario no invertirá en caso de rentabilidad negativa.

 

[xxxii] Esta es una hipótesis que busca simplificar el desarrollo matemático del modelo y que no influye en los resultados del mismo. En realidad estas tasas varían período a período y no se comportan uniformemente a lo largo del ciclo, más aún: no cambian tan abruptamente de signo como se exige en el modelo a la tasa de crecimiento de la productividad del capital sino que siempre existe una inercia en los procesos económicos. Por ejemplo al comienzo de una crisis la productividad laboral cae aún cuando se aumente la explotación del trabajador, dado que la menor producción reduce economías de escala o detiene la actividad de algunas empresas. Inevitablemente el ajuste que los empresarios realizan en sus plantillas más la desocupación existente llevará a una recuperación e incremento de la productividad laboral, que compensará con creces el anterior descenso. Similar situación se observa en otros momentos del ciclo.

 

Capítulo II.3

 

[xxxiii] La discusión de que factor es más importante para explicar este deterioro no ha culminado al paso de los años. Ver Pereira (1994), Foreman Peck (1995), Carrera y Casado (2000), Freeman (2000), Cashin (2002)

 

[xxxiv] Katz (2000) enumera y analiza los motivos de este negativo hecho que se dio en la casi totalidad de América Latina: “Más de dos terceras partes de los esfuerzos de I&D eran, durante esos años, financiados y

ejecutados en el ámbito del Estado…como parte de una estrategia global de gobierno que ponía al

Estado como 'motor' de la economía y como responsable último del desarrollo científico tecnológico

de la sociedad. ..Es poco o nulo el compromiso que los grandes conglomerados de capital nacional exhiben durante esos años con el desarrollo de una base tecnológica propia relacionada con la explotación de los ricos recursos naturales disponibles en la región…el alto nivel de protección externa, y la presencia de demanda excedente y 'colas' en un sinnúmero de mercados, milita contra la aparición de conductas pro competitivas e innovativas “profundas” al interior del aparato industrial.”

 El papel sustancial del Estado en la sociedad actual es el de asegurar la obtención de los beneficios de las empresas, permitiendo la acumulación de capital por parte de unas pocas personas (en comparación a la gran masa trabajadora) y el conservarlo privadamente con tranquilidad. Como estos beneficios deben ser constantemente ampliados  por la repetición del circuito de producción descrito en capítulos anteriores, el Estado debe asegurar las condiciones para que exista un crecimiento económico suficiente para lograr este objetivo.  A esto se refieren los economistas actuales con la expresión “crear un ambiente de negocios”, un entorno social e institucional que favorezca la existencia de excedentes y les posibilite su retención en manos privadas. En lenguaje empresarial un sistema donde se garantice la propiedad privada de los medios de producción, las reglas de juego (leyes, decretos, políticas económicas) sean claras y con relativa permanencia, la justicia proteja lo que entienden sus derechos (la apropiación del excedente) y exista una cultura empresarial desarrollada.

Desde este punto de vista, no es posible considerar el sistema actual como un sistema económico únicamente privado. Esto no significa que no se cumplan los análisis y tendencias que hemos descrito con anterioridad, por el contrario no se puede explicar las fluctuaciones de la economía de la sociedad actual sin estas leyes. Pero sí significa que la economía capitalista basada en unidades empresariales  no coordinadas  no se podría sostener sin las actividades de protección, estimulación y socialización que realiza el Estado. Baste nombrar en cada caso y a manera de ejemplo no taxativo el aseguramiento de los derechos de propiedad en sus diversas formas (para asegurar al empresario la apropiación de los excedentes creados por el trabajador), las actividades de investigación básicas y aplicadas (contribuyendo al progreso técnico tan necesario al capitalismo, realizando el Estado estas actividades no rentables en sí mismas) y la educación de la población (para reproducir la fuerza de trabajo en condiciones adecuadas al grado de progreso técnico alcanzado.)

Es totalmente cierto que en la sociedad actual Estado y empresarios no son la misma cosa. El capitalismo, a diferencia de los sistemas anteriores tales como el feudalismo y la esclavitud, es un nuevo sistema en el que la estructura económica no tiene acceso directo a los medios de violencia para imponer una coerción directa de acuerdo a sus intereses. En ese sentido en la sociedad actual existen una dimensión económica y una dimensión política que en determinados momentos de la vida de los países pueden entrar en tensión. La sociedad económica conforma un sistema en donde todos los elementos se relacionan y producen resultados que no se pueden explicar en forma aislada. Pero en la marcha normal del sistema y, más aun en los momentos de crisis, el Estado interviene en la organización social en representación de los grupos dominantes económicamente.

Desde un punto de vista histórico, el Estado desempeñó un papel esencial en la creación del mercado nacional a partir de los mercados locales existentes en los burgos de la época feudal y de los mercados internacionales de los mercaderes de esa misma época. Estos mercados nacionales de los siglos XVIII y XIX junto con la evolución técnica y social propiciaron el pasaje de la manufactura a la gran industria y del trabajo manual al mecanizado. El papel del Estado a este respecto no finalizó con la creación de mercados nacionales: en la medida que la acumulación de capital lo hizo necesario el Estado en los países desarrollados apoyó por medios diplomáticos y militares la obtención de  mercados para sus productos mediante el imperialismo a finales del siglo XIX o la apertura de mercados por negociaciones bilaterales y multilaterales en siglo XX, a la vez que aseguró el acceso de las materias primas necesarias para el proceso de industrialización (de las cuáles la más conocida y también la más importante pero no la única es el petróleo[i].)

La intervención del Estado ha crecido a lo largo de la historia del capitalismo por la necesidad de favorecer la reproducción de un sistema cada vez más complejo, regulando mútiples esferas de actividad en cuanto ellas fueran claves para el proceso de acumulación de capital.

La internalización del capital, la competencia creciente por los mercados internacionales debido a las necesidades de reproducción constante del capital, el creciente costo de investigación, desarrollo y adopción de nuevas tecnologías, la incrementada complejidad de preparación de la fuerza de trabajo y el imperativo de introducir elementos que legitimen el sistema explican la complejidad actual que hace necesaria un rol cada vez más activo del Estado, sea o no explicitado por aquellos que propugnan una menor intervención del Estado. Por el contrario, el mantenimiento y ampliación de un orden social que favorece  a determinados grupos sociales es una cuestión de primera prioridad en sus acciones, a punto tal de que luego de la Segunda Guerra Mundial, en los países europeos el capitalismo amenazado por las luchas sociales y la cercanía de la Unión Soviética, utilizó parte de los excedentes para brindar servicios sociales (mejorando el nivel de vida de los trabajadores) en un afán (exitoso) de mantener el orden social capitalista.

Quienes propugnan la menor intervención estatal lo hacen pensando en lo que ha sido característico del Estado en el sistema capitalista: retirarse  de las actividades que  pueden generar beneficios[ii] , quedándose con las actividades no rentables. De esta manera, por una parte la masa de excedentes generados por los trabajadores productivos puede transformarse en beneficio para los empresarios, por otra el capital estatal permite un monto inferior de capital constante a los empresarios lo que aumenta su tasa de beneficio.

También para mejorar la rentabilidad empresarial el Estado se encarga de realizar las obras de infraestructura necesarias para la mejora de las técnicas de producción y la gestión de comercialización, abaratando los costos de suministros a las empresas permitiéndole una mayor rentabilidad al transferirles recursos desde otros sectores sociales. En muchos casos el Estado toma a su cargo la investigación científica y los conocimientos obtenidos son transferidos gratuitamente a los empresarios.

Y en épocas de crisis la intervención del Estado favorecerá a los empresarios, facilitando (aunque no es la causa) la reducción de los salarios reales que elevará la decaída rentabilidad de las empresas, procediendo a la liquidación de las empresas pequeñas que eliminará capital constante a la vez que concentrará la producción en grandes empresas y, en las crisis más graves, cambiando el marco institucional para lograr que el esquema de producción ampliada se ponga nuevamente en marcha. Debe quedar en claro que el cambio de marco institucional que el Estado a través de los agentes políticos propicia no cambia los instrumentos básicos de la economía actual, la búsqueda del beneficio y la competencia, por el contrario siempre el Estado termina adaptándose a ellas.

El Estado en la sociedad capitalista no puede excederse de ciertos límites, los empresarios nacionales o transnacionales según el caso, poseen las herramientas necesarias (control de la inversión, flujo de capitales, etc.) como para bloquear cualquier intento de autonomía del gobierno con respecto al mundo empresarial. Por el contrario, en la mayor parte de la historia económica  de los países el Estado se ha aliado con los grupos dominantes que buscan aumentar sus beneficios, por medio del crecimiento económico y/o asegurándose una mayor porción de la riqueza generada.Y en la actualidad, la expansión del comercio internacional, los flujos financieros y las inversiones extranjeras directas, de la mano de las estrategias empresariales de las mutinacionales productivas, comerciales y finacieras ha supuesto una pérdida de funcionalidad del Estado como regulador del proceso de acumulación y un desarrollo de estructuras y organismos internacionales, aún más aliadas a los intereses capitalistas dominantes a nivel global.

Establecido entonces el rol general del Estado en el proceso de acumulaución, pasaremos a analizar como las políticas específicas de los gobiernos influyen sobre el crecimiento económico.

 

Factores que soportan el crecimiento económico

En la sección I hemos descripto los elementos centrales de la dinámica de acumulación de capital que provocan el crecimiento económico. Hemos comentado que en la búsqueda de correlaciones empíricas, analizando datos cruzados de una cantidad importante de países algunos autores han constatado correlaciones de diverso signo entre estos factores y el crecimiento económico medido por la variación del PBI[iii]. Estos resultados son explicables mediante la teoría clásica que hemos desarrollado en este trabajo por lo que aquí analizaremos la importancia de la educación, la investigación y el desarrollo, la estructura del mercado y la apertura comercial con relación al crecimiento económico.

La educación influye en dos niveles: la educación general de los trabajadores  y la más restringida de científicos y profesionales universitarios. Pero ambas se relacionan con el progreso técnico que, como hemos analizado, es adoptado e incentivado por los empresarios como manera de mejorar sus beneficios. En ese sentido el progreso técnico es endógeno al sistema económico, es interno al mismo porque es la búsqueda de beneficios lo que motiva la investigación y adopción de nuevos y mejores métodos de producción y el desarrollo de nuevos productos. La investigación requiere de un grupo de personas con  alta capacitación: científicos y profesionales. La adopción y el uso correcto de una nueva técnica requiere de trabajadores con un nivel de instrucción que si bien es básico ha sido creciente a lo largo del desarrollo del capitalismo. La educación universal impulsada por filósofos y educadores de finales del siglo XIX respondió a las necesidades del capitalismo de integrar una masa de trabajadores capacitados para las exigencias que las nuevas técnica de producción demandaban.

El desarrollo económico es, por lo tanto, generador de un mayor nivel educativo general y de una mayor investigación científica. Así que la relación causal primera no es desde la educación hacia el crecimiento sino desde el crecimiento hacia la educación. Pero esta relación es de dos vías ya que se complementa con la afirmación de que las sociedades y países más educados son capaces de acelerar el progreso tecnológico, logrando altas tasas de crecimiento que lo distancian aún más de los países con menores niveles educativos e investigación científica.

Al hacer esta última consideración cabe mencionar la importancia que ha tenido la división internacional del trabajo en la generación del progreso tecnológico. Como se ha comentado, la antigua división del trabajo en que los países desarrollados producían y exportaban la mayoría de las manufacturas mundiales y los países en desarrollo se espacializaban productivamente en la producción y exportación de productos primarios, materias primas y alimentos, ha ido cediendo lugar a una nueva división de tareas en el plano internacional como resultante de los nuevos sistemas tecnológicos y la globalización. Algunos países subdesarrollados a través de las políticas financieras, productivas y comerciales de las empresas multinacionales, iniciaron o consolidaron, una dinámica industrializadora orientada fundamentalmente a la exportación regional o mundial. Pero en ese esquema, los países desarrollados han mantenido la especialización en los sectores tecnológicamente más avanzados fabricando medios de producción, a través de las reconversiones industriales y de los ingentes gastos en investigación y desarrollo (sin haber abandonado completamente la producción manufacturera y protegiendo la agropecuaria). Ello ha implicado la desarticulación sectorial en las economías de los países subdesarrollados con ausencia de actividad de fabricación de medios de producción y, por estar intimamente relacionado, de progreso tecnológico propio ya que les es necesario la importación y adaptación de tecnologías desarrolladas en otrso países con distintas realidades.

La estructura del mercado es otro factor que se ha mostrado correlacionado con el crecimiento. Por estructura de mercado se entiende si existe libre competencia en él o si la competencia está restringida por empresas con cierto grado de monopolio. La correlación es positiva entre competencia y crecimiento. El empresario en su búsqueda de beneficios utiliza el progreso técnico para disminuir sus costos. Pero además esto lo ayuda a vencer a la competencia, ganando participación en el mercado. Los empresarios que no adoptan las nuevas técnicas además de tener menores ganancias corren el riesgo de quedar fuera del mercado. La competencia refuerza la motivación del empresario para investigar y/o adoptar nuevas técnicas, invirtiendo en maquinarias y capacitación. El monopolio, al tener menores incentivos para adoptar nuevas técnicas, se constituye así en freno para el crecimiento. La libre competencia, con la continua necesidad de reinversión de los beneficios en tecnología, es un factor  positivo para el crecimiento económico.

Al analizar la apertura comercial de un país hacia el mundo encontramos que la capacidad de competencia en los mercados internacionales es vital para las perspectivas a largo plazo. En el corto y mediano plazo un país puede protegerse de la competencia internacional con una variedad de mecanismos: aranceles, cuotas y subsidios entre otros. Pero en el largo plazo estos mecanismos se agotan y el encarar la competencia internacional se transforma en una necesidad impostergable.

La cuestión crucial es: ¿cómo afecta la apertura de un país a la competencia internacional, a través del libre comercio, en sus niveles de producción y empleo? ¿Es el “laissez faire”la mejor manera de participar en el comercio internacional o el soporte y administración del Estado son necesarios?

La apertura de la economía tiene efectos sobre el crecimiento que dependen de la situación del país al momento de la liberalización comercial. Consideramos tanto el caso en que el país rebaja sus aranceles y disminuye sus barreras no arancelarias con el resto del mundo como los casos en que un país entre en acuerdos de libre comercio, unión aduanera, etc. con otros.

En principio, un tamaño mayor del mercado permite obtener mayores economías de escala e incrementar la especialización de las empresas, además de incentivar la competencia por el mayor número de empresas que producen el mismo bien (efecto procompetitivo.) Ambos factores hacen pensar en un efecto positivo de la apertura para el crecimiento económico. Además se facilita la actualización tecnológica de las empresas, por lo que inicialmente puede haber una fuerte inversión que impulse el crecimiento. Pero si el grado de desarrollo capitalista de ambos países (que han bajado sus barreras comerciales) es muy diferente y si las empresas de un país, en un sector, tienen menores costos debido a una mayor productividad resultado de su mayor desarrollo tecnológico, escala de producción o poder de mercado, o tienen menores costos salariales debido al nivel de vida de la población y a la tasa de cambio, entonces un país podrá incrementar su producción mientras que el otro disminuirá concomitantemente la producción. Y esto es así porque tanto al nivel de comercio internacional como interno de un país, quien tiene menores costos gana la competencia[iv], ya sea porque el empresario obtiene mayores utilidades directas por la diferencia entre precio y costo o porque disminuyendo el precio de venta conquista mayor porción del mercado que redunda también en mayores utilidades. Y quien tiene mayores beneficios puede reinvertir y mejorar su técnica de producción, disminuyendo su costo laboral unitario (que surge de la compleja interrelación de salario real, tipo de cambio y productividad) condenando a la quiebra a las empresas del otro país. Los efectos de la apertura son desiguales para ambos países dependiendo de las condiciones iniciales, por lo que las correlaciones empíricas no han encontrado una relación consistente entre apertura y crecimiento.

 

Las políticas del Estado para el crecimiento

El Estado tiene a través del manejo de las políticas económicas la posibilidad de influir sobre la generación de excedentes y sobre su distribución.

Ya ha sido destacado su papel al influir sobre los salarios reales de los trabajadores, la provisión de servicios de bajo costo a las empresas, la adecuación de la educación de la población para el manejo de las nuevas técnicas de producción.

Como además el crecimiento económico se logra cuando existen beneficios y se reinvierten, las políticas que tiendan a aumentar el ahorro y la inversión y a disminuir el consumo social improductivo favorecerán la reproducción ampliada de la producción. En ese sentido las políticas macroeconómicas son claves para lograr el crecimiento productivo, las políticas sectoriales pueden ser bien intencionadas pero inoperantes en un marco inadecuado de política económica general. Las políticas monetarias, cambiarias y fiscales deben ser congruentes con el objetivo de crecimiento económico.

Para que se reinvertan los beneficios en el país e incluso para atraer inversiones desde el extranjero que complementen el ahorro nacional, el Estado debe desarrollar constantemente nuevos sectores industriales donde puedan invertirse los beneficios, sectores que deberán tener una rentabilidad igual o superior al promedio existente en el país y a las alternativas externas asequibles a los empresarios. En este sentido los mayores beneficios se obtienen en sectores con mayor valor agregado, debido a que al ocupar mayor cantidad de trabajadores con las técnicas más actuales de producción, se incrementa la cantidad de excedentes que se generan. Adicionalmente el proceso de industrialización, con sus demandas educativas y de socialización, lleva a un mayor nivel de vida de la población. Pero además la selección de esos sectores deberá tomar en cuenta tomar en cuenta las dotaciones de recursos del país y las ventajas competitivas frente a terceros para que la estrategia de crecimiento tenga posibilidades de éxito.

Para que las industrias existentes puedan crecer en su producción, reinvirtiendo sus beneficios,  es necesario  expandir sus ventas a través de la sustitución de importaciones en el caso de que empresas extranjeras estén compitiendo en el mercado local o, no siendo excluyentes ambas posibilidades, exportando a nuevos mercados. En ambos casos incide el Estado, en forma indirecta pero importante a través del tipo de cambio y en forma directa por medio de la política comercial (aranceles y reembolsos a la exportación, acuerdos de integración, etc.) Cabe hacer notar que la protección a industrias ineficientes, más que generación de riqueza puede constituirse en una transferencia de la misma desde otros sectores empresariales o de trabajadores, incidiendo negativamente en el crecimiento.

Pero además el Estado influye con la política fiscal al menos de dos maneras: por el monto de recaudación que implica y por la redistribución que realiza.

De la primera forma el Estado está tomando parte de los excedentes generados durante el proceso de producción y cuanto mayor sea el consumo del Estado, menor será la porción de los beneficios que se pueden destinar a la reinversión. De esta forma un tamaño excesivo de aquella parte del Estado no dedicado a tareas productivas conspira contra el crecimiento económico (la palabra excesivo se refiere a que, de todas formas, se requiere un tamaño relativamente importante del Estado ya que debe asegurar las tareas que han sido descriptas de mantenimiento social debido a que en el caso de que no las cumpla se deteriorará el ambiente de negocios y el de los propios trabajadores en cuanto a salud y educación, ambos necesarios para el funcionamiento del sistema económico, por la reproducción de la fuerza de trabajo y por las necesidades educativas que el progreso tecnológico requiere[v].)

Pasando al segundo aspecto que mencionáramos, la redistribución que realiza el Estado puede darse entre distintos empresarios,  o entre empresarios y trabajadores o entre distintos trabajadores.

Por una parte los cálculos efectuados por Shaikh y Tonak (1994) para Estados Unidos revelan que los impuestos pagados por los trabajadores exceden los beneficios sociales recibidos. Por otra, un estudio efectuado para un país europeo, España,  calcula los aportes realizados por la clase trabajadora al Estado a través de impuestos y contribuciones a la seguridad social y, en sentido inverso, los pagos del Estado a los trabajadores a través de transferencias directas, educación y seguridad social. La conclusión a la que arriba es que los aportes de los trabajadores al Estado y lo que este retorna comporta montos prácticamente iguales[vi]. Esto demuestra que aún en un país europeo donde el llamado Estado benefactor es reconocidamente más importante que en el tercer mundo, no hay redistribución entre empresarios y trabajadores, en realidad es al interior de los trabajadores donde la redistribución es solidaria en edades y pobreza. En países no desarrollados la imposición suele ser más regresiva que en los países europeos, por lo que de existir transferencias es altamente probable que la dirección de éstas vaya desde los trabajadores hacia los empresarios.

Con respecto a la distribución entre empresas el Estado, al cargar impositivamente a unos sectores más que a otros o al otorgar subsidios e incentivos con los montos recaudados fiscalmente, puede incidir en la estructura productiva. Y esta incidencia puede ser positiva para el crecimiento, si se propicia a través de políticas del Estado la diversificación de la estructura productiva del país hacia sectores más dinámicos y para los cuales el país pueda crear ventajas específicas, o negativa si se concentra la actividad productiva en pocos sectores más retrasados y en los cuales históricamente ha estado basada la creación de riquezas del país. Lógicamente las políticas que se adopten dependerán de la fuerza relativa de los distintos sectores empresariales nacionales y extranjeros y de la inserción en la división de trabajo mundial que se ha desarrollado en las últimas décadas.

Hasta aquí hemos analizado el rol del Estado en la generación de beneficios y su reinversión. Pero el Estado también influye decisivamente en los factores de soporte que hemos analizado en el apartado anterior.

Asegurar la libre competencia, eliminando monopolios y oligopolios que se apropian de excedentes superiores a los que generan con sus productos y servicios, por medio de precios que no reflejan el valor de sus prestaciones es una tarea del Estado que encuentra graves dificultades para realizarla dado el poder con que cuentan estas grandes empresas, muchas veces extranjeras. Ya hemos comentado la positiva correlación entre estructura del mercado competitiva y crecimiento económico,  a resultas de que la competencia refuerza la motivación del empresario para investigar y/o adoptar nuevas técnicas, invirtiendo en maquinarias y capacitación. Sin embargo es necesario precisar que invocando estos resultados y motivos, en muchos países subdesarrollados se han privatizado monopolios estatales convirtiéndolos en monopolios privados, que amén de no ser competitivos implican una apropiación privada del excedente y en la mayoría de los casos, su envío al exterior.

La forma en que el Estado conduce los procesos de apertura comercial es clave para el crecimiento en el largo plazo. Políticas comerciales exitosas requieren de análisis estructurales de la competencia internacional y los mercados mundiales. Desde este punto de vista, la tasa de cambio es de crítica importancia, ya que la tasa de cambio traslada los costos y precios locales a la arena internacional. Además el otro factor que incide en los costos unitarios absolutos junto con los salarios ya que determina el valor incorporado al producto, y por tanto en la competitividad, es la productividad que depende crucialmente del avance tecnológico de las empresas y de la modernización de la infraestructura física, social y política. Como demostraremos en el capítulo 2 de esta sección, es la posición competitiva del país, medido por sus costos reales, la que determina sus resultados en el comercio internacional. Esto confirma la falta de correlación empírica que se ha encontrado en algunos estudios y los resultados contradictorios en otros casos, entre la apertura comercial y el crecimiento.Como en el caso de competencia dentro de los límites de una economía nacional, el comercio entre naciones castiga al débil y recompensa al fuerte, sin garantías de que provea beneficios para todos. Como corroboración práctica de esta afirmación, podemos comprobar con una mirada histórica que cuando los países desarrollados aún no lo eran crearon y mantuvieron fuertes protecciones a sus industrias (aranceles, subvenciones, etc.) hasta que una vez afirmada su supremacía industrial liberalizaron sus intercambios comerciales en las ramas competitivas y promovieron el librecambio a nivel mundial[vii].

Un rol del Estado que es muy fuerte en los países desarrollados e igualmente débil en los países en desarrollo es su contribución al progreso técnico y por tanto al aumento de los excedentes (beneficios) a través de un incremento de la productividad de la fuerza de trabajo o por el desarrollo de productos con mayor valor agregado. Son de gran importancia para el crecimiento económico las políticas públicas destinadas a desarrollar las capacidades de aprendizaje necesarias para la imitación de tecnologías y la disminución de la brecha tecnológica en los países en desarrollo y para ensanchar las nuevas fronteras tecnológicas en los países desarrollados. La creación y coordinación de un sistema nacional de ciencia y tecnología se vuelve un instrumento para crear condiciones de competitividad en el sistema económico, coordinando las instituciones con las estrategias de las empresas para fomentar el aprendizaje tecnológico. En forma similar a otras funciones del Estado, este las brinda en forma gratuita a los empresarios y en los países más avanzados las sumas dedicadas a este fin son, en la actualidad, de una cuantía muy importante[viii].

En la medida que la productividad obtenida por el progreso técnico es la fuente de excedentes que permite aumentar la reinversión y el consumo a la vez, el Estado es clave para lograr el crecimiento económico con mejor calidad de vida, aunque esto no elimine las fuertes desigualdades y las relaciones sociales que el sistema capitalista conlleva.

El siguiente capítulo presenta la modelización matemática, con un enfoque clásico, de los factores aquí tratados.


III.2    Modelo específico para cada factor

Introducción

 

En la sección II hemos realizado el análisis de las razones por las que el empresario adopta nuevas técnicas de producción y las consecuencias que esto tiene, incrementando la composición orgánica del capital lo que es equivalente a aumentar la cantidad de medios de producción por unidad de mano de obra empleada. Y es que el capitalismo es un poderoso mecanismo de acumulación de riquezas en la forma de medios de producción. La concentración de los excedentes en forma de beneficios en las manos de un reducido grupo social, los empresarios, crean condiciones para el masivo incremento en la cantidad de fábricas, máquinas y medios de transporte.

El cambio técnico es, por ende, endógeno en la sociedad capitalista: no viene dado por una tasa externa al sistema sino que es su propia dinámica que lo genera. Y el cambio técnico es sesgado al ahorro de mano de obra[ix].

Existen dos formas de categorizar el cambio técnico endógeno: un enfoque lo trata como el subproducto de la actividad de producción misma y se corresponde con la forma de innovar de los empresarios ingleses que conocieron los economistas clásicos: a esta forma se le denomina en la actualidad “learning by doing”. En este caso el nivel de instrucción de los trabajadores influye en el volumen y calidad de las innovaciones. La otra categoría corresponde a enfocar el cambio técnico  como el resultado de una actividad específica de investigación y desarrollo que se denomina “sector R&D”. Aquí se requiere un grupo de personas con alta capacitación. Esta forma de perseguir el cambio técnico es muy utilizada en la actualidad, donde las grandes empresas realizan importantes inversiones (en los países desarrollados subsidiadas en buena parte por el Estado) en laboratorios y personal científico de primer nivel.

Analizaremos entonces, ampliando el modelo básico y con los enfoques descriptos, como se relacionan el cambio técnico y el crecimiento económico.

 

Cambio técnico endógeno con “learning by doing”

 

En el modelo básico ampliado con cambio técnico se definió la productividad del capital como la relación entre la producción agregada y el stock de capital constante:

k=Y/K                                                (1)

La tasa de crecimiento de la productividad del capital es >, con ><0, que en el desarrollo del modelo se supuso constante:

k’/k=>

En forma similar para la productividad laboral, si la tasa de crecimiento de esa productividad  es ( con (>0:

y=Y/L                                                (2)

y’/y=(           

Para considerar el proceso de “learning by doing” en la productividad del trabajo, vemos que ésta crece no solamente por la introducción de nuevas técnicas de producción a una tasa dada, sino por el mismo hecho de la acumulación de capital constante. Asumiremos que está última relación es directa con un factor de proporcionalidad $ positivo:

y’/y=(+$(K’/K)                                            (3)

Por lo tanto la tasa de crecimiento del capital variable es:

L’/L=Y’/Y-y’/y=g-[(+$(K’/K)]                   (4)

Recordemos que:

K’/K=g->                                                      (5)

Sustituyendo  y operando:

L’/L=(1-$)g-((-$>)                         (6)

Las ecuaciones básicas que describen el movimiento del sistema son, de igual forma que en los modelos anteriores:

K’=I                                                    (7)

S=wL’+I                                                        (8)

Utilizando (5), (6), (7) en (8):

K(g->)=S-wL*[(1-$)g-((-$>)]

Despejando la tasa de crecimiento de la economía:

g=[S+wL((-$>)+K>)]/[(1-$)*wL+K]       (9)

Obsérvese que en ausencia de aprendizaje por experiencia, $=0, la tasa de crecimiento tiene la expresión que habíamos encontrado en el capítulo anterior, donde el aumento de la productividad laboral es producto únicamente de la introducción de nueva tecnología y/o maquinaria, obteniéndose una tasa constante de crecimiento de la productividad (.

Para facilitar el análisis de la expresión sustituimos el excedente creado en la producción en función de la tasa de obtención de excedentes e introducimos la composición orgánica del capital, dividiendo numerador y denominador por wL:

g=[m+(+(F+$)*>]/(1-$+F)                    (10)

Comparemos con la ecuación para la tasa de crecimiento sin el efecto “learning by doing”:

g =(m+(+>F)/(1+F)                                 (11)

El efecto de “learning by doing” es en principio ambiguo ya que disminuye tanto el numerador de la expresión (al ser > negativo) como el denominador(por restar $). Derivando la expresión con respecto a $, el factor de aprendizaje, encontramos que el signo de la derivada depende de su numerador:

(*g/*$)= (m+(->)/(1-$+F)2

Esta expresión es positiva dado que > es negativo y ( es positiva. Por lo tanto, g es creciente en $, por lo cual el efecto del aprendizaje por la experiencia es aumentar la tasa de crecimiento. Este resultado es coherente con el hecho de que refuerza la tendencia del sistema hacia el aumento de la productividad del sistema, sin incrementar el capital constante.

Similar tratamiento y resultados se obtienen al considerar otra ventaja dinámica derivada del crecimiento y fuertemente relacionada con la anterior, considerada de gran relevancia por los economistas clásicos, cual es la economía de escala. La mayor escala de producción es causa y consecuencia del crecimiento económico, con anterioridad se ha hecho referencia a las economías de escala internas y externas a una empresa. La economía de escala induce a cambios técnicos que implican un aumento de productividad laboral. Por esto una manera de modelar su influencia es considerando que la tasa de crecimiento de la productividad es de la forma:

y’/y=(+8g                                         (12)

Donde ( es la tasa de aumento de productividad debida a la introducción de nueva tecnología y  8 es un factor de proporcionalidad positivo que representa la influencia de la economía de escala a través de la tasa de crecimiento económico[x].

Por lo tanto la tasa de crecimiento del capital variable es:

L’/L=Y’/Y-y’/y=g-((+8g)               

L’= L* [(1-8)g-(]                                         (13)

Recordemos que:

K’/K=g->                                                      (5)

Las ecuaciones básicas que describen el movimiento del sistema son, de igual forma que en los modelos anteriores:

K’=I                                                    (7)

S=wL’+I                                                        (8)

Utilizando (13)y (6):

K(g->)=S-wL * [(1-8)g-(]  

Despejando la tasa de crecimiento de la economía:

g=(S+wL(+K>)/[(1-8)*wL+K]                  (14)

Comparese con la tasa de crecimiento desarrollada en el apartado donde se analizara el progreso técnico de la sección I:

g=(S+wL(+K>)/(wL+K)

Ambas expresiones coincidirían si el factor 8 fuera nulo. Cuando existen economías de escala, esto es para valores positivos de 8, el denominador del segundo término de la expresión (14) disminuye y por lo tanto la tasa de crecimiento es mayor que en ausencia de economías de escala, como correctamente determinaron los economistas clásicos.

 

 

 

Cambio técnico con un sector productor de medios de producción

El estudio de la influencia en el crecimiento de una  economía de un sector especializado en innovar y promover nuevas técnicas de producción a través de la producción y comercialización de medios de producción requiere extender el modelo básico a dos sectores: el ya citado productor de maquinarias responsable de las actividades de investigación y desarrollo, que denominaremos sector 1, y el productor de bienes de consumo, sector 2.

Utilizando la técnica de producción más rentable, el sector 1 requiere de L1 unidades de trabajo y un inventario de capital constante K1 formado por el valor de todos los medios de producción que sobreviven al tiempo t, el cual se deprecia en J años (o en forma equivalente a una tasa *=1/J por año.) El excedente creado por en este sector por los trabajadores es S1. El sector produce bienes de capital por un valor X, de los cuales X1 son comprados por el empresario del sector 1 y X2 por el empresario del sector 2.

El sector 2 requiere de L2 unidades de trabajo y un capital constante K2 formado por el valor de todos los medios de producción que sobreviven al tiempo t, el cual se deprecia en J años[xi], siendo el excedente producido S2. El sector produce bienes por un valor Y que son consumidos por los trabajadores  del sector 1 y del sector 2  de acuerdo al costo salarial wL1 y wL2 respectivamente, siendo w el salario de los trabajadores.

La suma de L1 con L2 es L, el total de unidades de trabajo aportadas por todos los trabajadores (no desempleados.) Igualmente el total de bienes de capital de que dispone esta sociedad es:

K= K1+K2                                           (15)

Y el excedente total es:

S=S1+S2

Las ecuaciones que representan la producción en cada sector industrial son:

X= wL1+*K1+S1                  

Y=wL2+*K2+S2                                (16)

Obsérvese que dado que los productos manufacturados son diferentes, las industrias utilizan técnicas también diferentes y por tanto es de esperar, con probabilidad casi unitaria, una diferente composición orgánica en cada rama.

F1=K1/wL1

F2=K2/wL2   

La composición orgánica promedio de la economía es:

F=K/wL                                           (17)

Los empresarios reinvierten todas sus ganancias, o sea que no consumen (o su consumo total es pequeño frente al consumo total de los trabajadores por lo que se puede despreciar en una primera instancia) y no hay otros sectores no productivos que consuman el excedente generado en la producción. Esta hipótesis puede ser levantada de forma similar a como se hiciera en el modelo básico.

La tasa de beneficio en ambos sectores tienden a ser iguales, en caso de existir libertad de movimiento de capitales entre las ramas, e igual a la tasa de beneficio de la economía:

b1=b2=S/(wL+K)=b                        (18)

Lo que implica que para cada rama el excedente generado no coincide con el beneficio apropiado por el empresario de la rama, excepto bajo la extraordinaria circunstancia de igual composición orgánica de capital en ambos sectores. Para ver esto introduzcamos la tasa de obtención de excedentes, la que asumimos igual en los dos sectores:

b=mwL/(wL+K)

b=m/(1+F)                                                 (19)

Los beneficios para el sector 1 serán:

B1=b*(wL1+K1)

Sustituyendo por la ecuación (19) e introduciendo la composición orgánica del sector, multiplicando y dividiendo la expresión por wL1:

B1=mwL1(1+F1)/(1+F)

B1=S1(1+F1)/(1+F)ÓS1                           (20)

En forma similar se puede concluir:

B2= S2(1+F2)/(1+F)ÓS2                          (21)

También es dable apreciar en estas ecuaciones, que el sector con mayor composición orgánica (en la práctica el sector 1 de medios de producción) es quien se queda con una parte mayor de los excedentes, bajo forma de beneficio, que los que genera en su proceso de producción.

No es el objeto del presente documento tratar el problema de la relación entre valor y precio que surge del estudio del problema anterior y que ha sido objeto de una larga controversia desde su formulación[xii]. Hemos realizado este pequeño desarrollo para sustentar la afirmación previa relativa a la apropiación de excedentes entre sectores industriales, lo que se relaciona con la estructura económica del país comentada en el capítulo 1 de esta sección. Basta indicar que para que los beneficios sean diferentes a los excedentes obtenidos en cada rama (son mayores en la productora de bienes de capital y menores en la de bienes de consumo) los precios de los bienes producidos deben ser diferentes al valor agregado en cada uno  de los sectores.

Comenzando con el desarrollo del modelo desde el punto de vista del crecimiento económico, al igual que en el modelo básico unisectorial, se asume que las técnicas tienen retornos constantes a escala y que no hay progreso técnico.

La tasa de crecimiento de los medios de producción y de consumo es respectivamente:

g1=X’/X=L’1/L1=K’1/K1

g2=Y’/Y=L’2/L2=K’2/K2

Plantearemos ahora el balance de medios de producción, utilizando la inversión neta, y la ecuación que describe la aplicación de los excedentes:

K’=K’1+K’2= I                                    (22)

S=S1+S2= wL’+I=w(L’1+L’2)+I                   (23)

Sustituyendo en las ecuaciones de producción y de crecimiento, las ecuaciones que describen el sistema económico son:

K1g1+K2g2=I                                    

I= S-w(L1g1+L2g2)                          

Obsérvese que si g1=g2=g se obtienen las mismas ecuaciones que para el modelo básico de un sector y por lo tanto igual  resultado para la expresión de la tasa de crecimiento por lo que se pueden extraer las mismas conclusiones, siendo la principal que el crecimiento de la economía depende de la tasa de obtención de excedentes de los trabajadores (y del porcentaje del excedente que es reinvertido por los empresarios, como se puede deducir de igual manera que en el modelo básico ampliado.) Como la suposición fue que el sistema está en estado estacionario, o sea que todas las tasas de crecimiento son iguales, estamos asumiendo un sistema coordinado (“proporcionado” en el lenguaje de los economistas clásicos) entre los diversos sectores de la economía capitalista sin progreso técnico. Se aplican las mismas consideraciones que en el capítulo anterior aún para este modelo más complejo en cuanto a los supuestos necesarios para dotar de rigurosidad al modelo.

Pero la realidad económica capitalista es la del caos y la descoordinación del sistema (“desproporción”), punto este que trataremos de modelar a continuación introduciendo el progreso técnico de igual forma que se ampliara el modelo unisectorial anterior, siendo ><0 la tasa de crecimiento de la productividad del capital:

k’/k = >

 Y con (>0, correspondiente a la productividad de la fuerza de trabajo:

y’/y = (

Denominando nuevamente g a la tasa de crecimiento de la economía en general y recordando las definiciones de las tasas de crecimiento de cada sector, se obtiene:

g1 = K’/K=g->                                             

g2 = L’/L=g-(                                    (24)

Obsérvese que dado los signos de las tasas de crecimiento de las productividades del capital y de la mano de obra, se tiene:

g1 > g > g2

Por lo que el sector productor de maquinarias es más dinámico que el sector productor de bienes de consumo.

Sustituyendo las expresiones de las tasas de crecimiento sectoriales (24) en las ecuaciones (22) y (23) que describen el movimiento del sistema:

K1(g->)+K2(g-() = S-wL1(g->)-wL2(g-()

Efectuando operaciones e introduciendo los valores agregados para la economía del capital constante y variable, K y wL:

Kg->K1-(K2 = S-(wLg-wL1>-wL2()

Reagrupando términos similares:

(wL+K)g = S+(wL1+K1)>+(wL2+K2)(

Despejando la tasa de crecimiento de la economía:

g = [S/(wL+K)] +[(wL1+K1)/(wL+K)]>+[(wL2+K2)/(wL+K)](   (25)

Ecuación que nos indica que la tasa de crecimiento de una economía depende de los excedentes obtenidos (y reinvertidos) y de las tasas de crecimiento de la productividad laboral y del capital.

La expresión (25) se puede escribir considerando la tasa de beneficio de la economía definida por la expresión (12):

g = b +[(wL1+K1)/(wL+K)]>+[(wL2+K2)/(wL+K)](                               

La expresión obtenida para la tasa de crecimiento en este modelo de 2 sectores es similar a la calculada para el modelo con un sólo sector y que transcribimos aquí:

g=b+[(wL(+K>)/(wL+K)]              

A pesar de la similitud con la expresión de la tasa de crecimiento para el modelo de un sólo sector, obsérvese que es una expresión más compleja que permite visualizar con mayor claridad que la tasa de crecimiento económico depende del peso que en la economía tienen los sectores productores de maquinaria y de bienes de consumo

La tasa de crecimiento de una economía depende entonces de la tasa de beneficio que obtienen los empresarios en la misma más las tasas de crecimiento de la productividad del capital y laboral ponderadas cada una de ellas por el peso relativo de cada sector (medios de producción y bienes de consumo) en el total de la economía.

Una expresión equivalente se obtiene introduciendo en (22) los beneficios de los empresarios de cada sector:

wL1+K1 = B1 / b                              

wL2+K2 = B2 / b

Y de la expresión (18) de la tasa de beneficio de la economía:

wL+K = S/b

Combinando las expresiones obtenemos la tasa de crecimiento en función de la proporción de los beneficios de cada sector con respecto a los excedentes generados:

g = b+(B1/S)>+(B2/S)(                               (26)

 

La apertura comercial

La teoría clásica, como la realidad, visualiza la competencia internacional de la misma forma que la competencia interna en una economía: los empresarios compiten sobre la base de precios relativos que son determinados por los costos reales de producción. Es la posición competitiva del país, medido por sus costos reales, la que determina sus resultados en el comercio internacional. Como en el caso de competencia dentro de los límites de una economía nacional, el comercio entre naciones castiga al débil y recompensa al fuerte, sin garantías de que provea beneficios para todos. Los términos de comercio   se relacionan fuertemente con el  comportamiento de las tasas de cambio.

El punto de partida del enfoque clásico es el reconocimiento de que en los términos internacionales de comercio con precios internacionales relativos, la competencia entre empresas es liderada por los productores de menores costos relativos.

El desarrollo que se presenta a continuación, adaptado a nuestro modelo básico, está basado en Shaikh (2002) y a los supuestos que asumiéramos en el modelo básico debemos agregar el de la uniformidad de las tasas de beneficio a escala internacional. Para que esta condición se cumpla es necesaria la movilidad internacional del capital: los flujos de capital en busca de inversiones rentables provocan (al igual que en la economía cerrada) una tendencia a igualizar las tasas de beneficio, para lo cual Shaikh demuestra que no son necesarios ni grandes flujos de capital para lograr este efecto ni inversiones directas, alcanza con la movilidad de los capitales financieros en pequeños flujos.

Si bien mantendremos la terminología utilizada hasta el momento, dada la similitud de significados, las ecuaciones se aplican a una empresa productora de bienes y en particular el empresario utiliza una técnica de producción que busca minimizar sus costos totales, de acuerdo a la ecuación:

Y= wL+*K+S

Para tener en cuenta los precios relativos introduciremos un cambio menor en la notación, por lo que Y denotará el volumen físico producido mientras que p será el precio de venta para ese productor:

pY= wL+*K+S                     

Una forma equivalente de escribir esta ecuación es recordando que los excedentes son los beneficios del empresario por lo que si b es la tasa de beneficio:

S = b (wL+K)

Sustituyendo y agrupando términos:

pY = (1+b) wL + (*+b)K                (27)

Obsérvese que la expresión (27) depende ahora de la cantidad de trabajo directo que requiere la técnica, de la maquinaria utilizada y de la tasa de beneficio.

Transformaremos esta ecuación aproximándola por el método de costos laborales unitarios verticalmente integrados, método al cual hiciéramos referencia en capítulos previos con el nombre de “trabajo predatado”[xiii]: el capital constante es a su vez un producto fabricado a partir de otra cantidad de capital variable (mano de obra), capital constante (maquinarias y, aunque aquí no la estamos considerando, materia prima) y beneficios (que tienden a la tasa general de beneficios de la economía en un momento dado aunque con diferencias al interior de la industria de acuerdo a su eficiencia productiva):

K=(1+b1)wL1+(*+b1)K1

A su vez K1 se puede sustituir de la misma forma y así continuar la cadena de sustituciones hasta llegar a una expresión en donde el precio de un producto puede ser descompuesto en la suma de costos laborales directos (de su proceso de producción actual) e indirectos (de los procesos previos verticalmente integrados), multiplicados por un promedio de las tasas de beneficios, que surge de considerar que los diferentes excedentes se generan a su vez en distintos momentos de tiempo.

El precio relativo de dos mercaderías depende, por lo tanto, de las relaciones de costos laborales y tasas de beneficio promedios, considerando que el salario real w no ha sufrido cambios a lo largo del tiempo que ha insumido este proceso iterativo. En la sección I ha sido descrito de donde surge el monto de este salario: asegura la supervivencia y reproducción del trabajador en condiciones sociales determinadas por la época y la sociedad en que vive. Podemos asumir su constancia relativa a precios internacionales en tanto se mantenga el tipo de cambio d la moneda local. Como cada tasa de beneficio verticalmente integrada  es un promedio ponderado de las tasas de beneficios de las industrias que intervienen directa e indirectamente en su producción, se encuentra que la dispersión de tasas de beneficios promedios verticalmente integrada es pequeña, lo cual hace que la relación de precios entre dos mercaderías está dada, con buena aproximación, por los costos laborales verticalmente integrados[xiv]:

pi / pj = vi / vj                                                              (28)

Donde p denota precios unitarios, v costos laborales verticalmente integrados para los productos i, j, costos laborales que dependerán de la productividad de las industrias involucradas (dadas las técnicas de producción utilizadas) y de los salarios pagos a los trabajadores.

Para extender este principio a escala internacional, sólo es necesario introducir la tasa de cambio nominal e (expresada como la relación entre moneda extranjera y moneda doméstica), y ahora p, p* designan los precios de bienes extranjeros y domésticos así como v, v* los costos unitarios verticalmente integrados de esos bienes, expresados en la misma moneda común. La ecuación se mantiene (28), adaptada su notación al caso internacional, en cuanto las tasas de beneficio internacionales sean similares (que surge de la ya descripta tendencia a su igualización.)

El tipo de cambio real er en términos de precios de bienes comercializables está dado por:

er = p e / p* = v /v*                                   (29)

Sujetos a la competencia internacional, los precios de los bienes comercializables (parte de los bienes totales que produce un país) tienden a ecualizarse en moneda común, por lo que introduciendo el subíndice T para designar estos bienes:

pT e = pT*                                                     (30)

Escribimos el costo laboral unitario verticalmente integrado real como:

vr =v / p

Donde p denota el índice de precios al consumo.

Considerando la relación entre los precios generales de la economía y los precios de los bienes comercializables internacionalmente (transables) ::

:= p / pT                                                                          (31)

Combinando las ecuaciones (29), (30) y (31):

er = (vr / vr*) (: / :*)                                   (32)

Ecuación que implica que los precios internacionales relativos de los bienes comercializables, que determina en el largo plazo la tasa de cambio real, están regulados por los costos laborales reales verticalmente integrados ajustados por el contenido comercializable/no comercializable de la economía. Si el grado de desarrollo capitalista  de los países donde se sitúan las empresas es muy diferente y si las empresas de un país, en un sector, tienen menores costos debido a una mayor productividad resultado de su mayor desarrollo tecnológico, o tienen menores costos salariales debido al nivel de vida de la población y a la tasa de cambio, entonces un país podrá incrementar su producción mientras que el otro disminuirá concomitantemente la producción.

De las varias consecuencias que se pueden extraer de la ecuación (32), con referencia al enfoque de este trabajo, interesa hacer explícita la que refiere que la tasa de cambio real sostenible es la que corresponde  a la posición competitiva relativa de un país, medida por sus costos laborales unitarios reales. El flujo de capitales puede mantener por un tiempo más o menos prolongado una tasa de cambio distinta a la derivada de la ecuación (32) pero fatalmente ello conduce a pérdida de competitividad y problemas que potencian las consecuencias adversas del ciclo económico.

Finalmente, una apertura comercial general o bilateral manteniendo una tasa de cambio no competitiva, es decir no acorde a la productividad y salarios del país, por las ecuaciones (29)  y (32) conduce a altos precios relativos y pérdida de mercados, con las consecuencias negativas que se derivan para la producción de bienes del país.


III.3 La economía primaria con servicios a la región (1973-2000)

Introducción

El objeto de este capítulo es el de ejemplificar el rol del Estado en la acumulación de capital a través de un análisis de políticas activa de crecimiento del país, en el marco conceptual que se ha desarrollado en las secciones previas: la búsqueda permanente de rentabilidad es el motor del sistema capitalista, la generación de excedentes y su reinversión son los fundamentos del crecimiento  del sistema.

Presentando en apretada síntesis conceptos ya desarrollados con anterioridad, analizar políticas activas de crecimiento significa reconocer que en el sistema económico actual el Estado tiene un rol importante a jugar: asegurar las condiciones para que exista un crecimiento suficiente para lograr el objetivo privado de la acumulación de capital.  Pero además en todas las experiencias recientes de crecimiento económico, el desarrollo de sectores claves de la economía ha sido encarado mancomunadamente por el Estado y las empresas privadas, incluso con un alto grado de formalización en los organismos conductores del proceso en cada sector y en los planes estratégicos para la expansión de los mismos[xv].

A partir de esta definición se deducen los elementos que se desarrollarán y que responden a las siguientes cuestiones: ¿Cuales son las políticas macroeconómicas, condición necesaria pero no suficiente para el crecimiento, que permitirán crear el marco adecuado para que la creación de riqueza se produzca, se incrementen los excedentes y en su mayor parte se reinvertan? ¿Cuales serán los sectores que podemos percibir en la actualidad en donde puede existir un crecimiento importante porque existe rentabilidad y oportunidades de reinversión? ¿y cuales serán las políticas adecuadas para ello?

El apartado comienza al igual que en capítulos similares de las secciones precedentes, con una breve síntesis histórica de la evolución económica mundial en décadas recientes. 

Luego se da lugar a la exploración de las trayectorias de crecimiento seguidas por países de similar tamaño con Uruguay, como son Chile, Nueva Zelanda e Irlanda. Con ellos Uruguay comparte su origen como país proveedor de materia primas y alimentos para los países industrializados: con los dos primeros el ser países de la zona templada del planeta que por su lejanía de los centros desarrollados recién se integraron a la economía mundial a finales del siglo XIX. Irlanda es el que más ha diferido en su trayectoria por haber sacado partido de su cercanía e integración a la Unión Europea, a su vez este país y Nueva Zelanda se diferencian de Chile y Uruguay por su alto producto per cápita. Pero con sus semejanzas y diferencias, de los tres casos que se estudian se pueden extraer conclusiones de aplicación para Uruguay. En anexos se describen sintéticamente los antecedentes históricos de cada país hasta la crisis de los años 80, se analizan las políticas económicas que se implementaron para retomar el proceso de acumulación y el marco institucional interno en que se llevaron a cabo, se da cuenta de los resultados detallando las principales variables macroeconómicas de partida, su evolución y la situación actual.

Con el mismo enfoque que ya se aclarara y no por carecer de importancia sino por no ser el foco del trabajo, en ninguno de los casos se analizan la distribución de la renta, la mayor o menor desigualdad generada y las consecuencias sociales (positivos o negativas) que estos procesos tuvieron. Pero baste decir por el momento que como procesos de acumulación, el nivel de vida de los trabajadores y de la población en general aumentó (aún dentro de los límites que impone la existencia de una importante desocupación y llevado por las necesidades que demanda el progreso técnico) aunque a la vez que también se incrementaron las diferencias de riqueza entre los distintos grupos sociales.

Al abordar el capítulo correspondiente a Uruguay, se presenta el proceso económico de la última década pero en forma sintética y como comparación a la luz de los casos analizados y de la teoría clásica del crecimiento. Se describen los resultados alcanzados por las políticas implantadas por los sucesivos gobiernos, desde la dictadura militar hasta el actual gobierno democrático, y como el país se precipitó en una crisis que ha sido calificada como la más grave de la historia moderna uruguaya.

 

Caracterización del capitalismo mundial en la época

La larga expansión económica en los países desarrollados que comenzara en la posguerra y se sustentara institucionalmente en los acuerdos de Bretton Woods, llegó a su fin en 1973. La continua disminución de la tasa de beneficio de las empresas y el aumento del trabajo improductivo y el consumo social, que significó el desarrollo del sector servicios a la vez que se desaceleraba el desarrollo industrial, disminuyeron la reinversión y el crecimiento. Institucionalmente la financiación del déficit norteamericano, producto de los gastos debidos a la guerra de Vietnam pero también del bajo crecimiento de la productividad laboral en EEUU y la consiguiente pérdida de competitividad, hizo crecer la abundancia de dólares y con ello la desconfianza en la moneda norteamericana y en el sistema de tipos de cambio fijos.

La movilidad internacional del capital desempeñó un papel importante en la caída del sistema monetario: las crisis y la especulación se hicieron frecuentes a partir de 1971. La movilidad del capital también redujo el control que los gobiernos nacionales podían ejercer sobre sus economías,  una inflación creciente actuó como mecanismo redistribuidor de ingresos: la intervención contra cíclica de los gobiernos sustentada en la teoría económica  keynesiana resultó infructuosa frente a la combinación de inflación y recesión y la propia teoría entró en crisis. Los problemas del capitalismo en esta fase no eran de demanda sino de oferta, y aún cuando la crisis de la segunda implica la caída de  la primera, el hilo conductor fue la disminución  de los excedentes con relación a las inversiones realizadas.

El detonante de la crisis fue el shock petrolero del 73, sin embargo no fue la causante ya que en los países desarrollados la riqueza transferida a los países petroleros ( en la mayoría de ellos a la elite gobernante) a través de los mayores precios de los combustibles retornó a través de préstamos canalizados por los centros financieros del mundo industrial. Por otra parte, no fue un hecho exógeno al sistema económico: la caída del sistemma monetario y las devaluaciones sucesivas de la moneda norteamericana implicaron una importante pérdida de riqueza de los países exportadores de petróleo.

En los países del Tercer Mundo no petroleros, su balanza de pagos se deterioró bajo la influencia conjunta de la recesión que provocó la baja demanda de sus productos de exportación y la suba de los precios de petróleo. Estos países incrementaron grandemente su deuda externa y su dependencia del capital financiero, lo que llevó a muchos países (y en especial a los de Latinoamérica) a duras políticas de ajuste durante la década de los 80 para hacer frente a las obligaciones generadas. Políticas de ajuste que significaron enormes transferencias de excedentes desde los países pobres a los países ricos, empobreciendo su población y disminuyendo drásticamente el crecimiento económico: entre 1982 y 1989 América Latina transfirió más de 200 mil millones de dólares a las naciones industrializadas y el PBI per per tuvo un descenso de casi el 10%.

Desde el Estado de un país desarrollado, la política económica implementada por Reagan desde 1980 fue el primer intento luego de las crisis del petróleo de cambiar las condiciones del sistema económico mundial que permitiera una recuperación de la rentabilidad de las empresas multinacionales, originarias de los países desarrollados. Y esta recuperación de las ganancias se buscó aumentando los excedentes producidos en los procesos productivos de los países avanzados, a través de una elevación de la productividad por una profunda reconversión tecnológica, pero también con una mayor apropiación de parte de los excedentes generados en los países subdesarrollados. Se profundizó la nueva división internacional del trabajo donde la antigua dicotomía materias primas – productos industrializados se sustituyó por un esquema ternario, con países internacionalmente proveedores de materias primas y alimentos (“un modelo latinoamericano”), países exportadores de productos industrializados de bajo y medio contenido tecnológico con alto contenido de mano de obra (“un modelo asiático”) y países proveedores de medios de producción y servicios de alto contenido tecnológico (países desarrollados). Es de hacer notar que esta caracterización no es excluyente ni las denominaciones describen exactamente a todos los países, pero sí a la mayoría. En especial hay diferencias en el esquema cuando se refiere a la producción para el mercado interno: los países de capitalismo avanzado producen materias primas y alimentos manteniendo una fuerte protección de estas actividades, aunque raramente se dé la situación inversa de producción de productos de alta tecnología por parte de países del mundo no desarrollado. Tampoco todos los países se adaptaron en forma sumisa y automática a esta nueva división: un caso especial en la región sur americana lo constituye Brasil país en el que los sucesivos gobiernos han mantenido fuertes diferendos comerciales con Estados Unidos y han intentado proteger algunos sectores de importancia tecnológica, apoyados por empresarios nacionales y con la aspiración de ser una potencia relevante en la economía mundial.

La política restrictiva monetaria norteamericana, que buscaba equilibrar el fuerte déficit presupuestario causado por una política fiscal expansiva, provocó la sobre valuación del dólar y altas tasas de interés cuyo efecto final fue agravar la recesión. La restricción de la demanda disparó la crisis de la deuda que comenzó con la suspensión de pagos en 1986. La coordinación incipiente de las políticas económicas entre los principales países desarrollados y la caída de los precios del petróleo en 1986  provocaron un período de crecimiento corto que concluyó con la crisis bursátil de 1987.

La continuidad de la crisis implicó la depuración de capitales que permite la concentración y centralización del sistema económico aumentando la rentabilidad. El crecimiento se retomará con fuerza, por casi una década, a partir de 1992 mediante la combinación de una profunda reconversión tecnológica y de gestión que elevó la productividad de la mano de obra y mejoró la utilización de los activos (donde, obligado es decirlo, el mercado cedió lugar a la creciente planificación de las empresas siguiendo el modelo japonés como describe Lazonick (1991)), un abaratamiento del costo de las materias (y en especial del petróleo, el precio de las materias primas no petroleras se recuperaron en la segunda mitad de la década del 80 luego de una prolongada reducción, para volver a disminuir en los 90) y la contención de los costos laborales de la mano de la tercerización y subcontratación así como de la fragmentación geográfica de los procesos productivos para explotar ventajas de localización.

La década de los 90 es coincidentemente, pero no por casualidad, la del avance de la globalización que define un nuevo perfil en el sistema económico mundial. El progreso de las fuerzas productivas debido al avance de la tecnología impulsada por el desarrollo de la informática y las comunicaciones con sus nuevas escalas de producción y posibilidades de fragmentación geográfica de los procesos. Se expanden las nuevas técnicas de gerenciamiento, derivadas de los sistemas japoneses de gestión de la producción y la distribución que a través del “Just in Time”y  “Supply Chain” Management”, entre otras,  disminuyen los requerimientos de capital circulante (inventarios) y con ello el capital total invertido.

 El desarrollo de las fuerzas productivas requería entonces otro marco que no fuera el restringido por los mercados e instituciones nacionales, para permitir el proceso de acumulación  de capital. Se refuerza la apertura comercial, se forman espacios económicos supranacionales de evidente regionalización, se liberaliza el flujo de capitales a niveles nunca antes alcanzados a tal punto que la esfera financiera se disocia ( y supera en creces) al movimiento comercial. Las empresas multinacionales pasan a constituir la unidad básica de la economía mundial con los países compitiendo en el otorgamiento de incentivos y beneficios fiscales para atraer sus inversiones y el Estado se aboca a destruir ( o al menos a disminuir donde no le es posible eliminar) los elementos del Estado de Bienestar construido a lo largo de décadas por sucesivas conquistas sociales. Las empresas públicas que puden ser rentables comienzan a ser adquiridas por por el capital extranjero multinacional en asociación (menor) con empresarios locales.

 

Análisis comparativo de casos

Las experiencias descriptas en los anexos, Chlie, Nueva Zelanda e Irlanda, presentan grandes similitudes a la vez que importantes diferencias.

Se trata en los tres casos de países pequeños con relación a la cantidad de habitantes, proveedores históricos de productos primarios (agropecuarios y mineros) a los centros del capitalismo avanzado, que intentaron a mediados del siglo pasado un desarrollo basado en el mercado interno que fracasó en la década del 70. Por este motivo sufrieron importantes crisis de acumulación en los 70 y 80 lo que, en diversos grados, llevó a enconados conflictos sociales por la distribución de la escasa riqueza disponible.

También tienen en común que la clase dominante en cada país (y los centros de poder del mundo desarrollado, desde planificadores gubernamentales a empresas transnacionales productivas y financieras, pasando por los organismos multilaterales) visualizó que el camino de la acumulación de capital pasaba por asumir un rol adecuado  en la nueva división internacional del trabajo, en unos casos reforzando la inserción histórica del país y en otros cambiándola radicalmente. Para ello en cada país de los analizados se adoptó un modelo basado en la exportación como medio de obtención para las empresas de beneficios y se promovieron en todos ellos similares medidas económicas[xvi].

En todos los casos fue el empresario privado (nacional y extranjero) quien invirtió y recibió los frutos principales del nuevo modelo de desarrollo. El Estado, lejos de apartarse de la actividad económica como se ha argumentado al adjudicársele el rótulo de “modelo neoliberal”, intervino decididamente en la promoción  del crecimiento a través de múltiples políticas activas, aportando capital para diversas actividades y, último pero no menor,  con su fuerza de disciplinamiento y represión en los conflictos surgidos a raíz de la forma de distribución de la riqueza.

El modelo de crecimiento capitalista, descrito al detalle en la sección I, demuestra que la tasa de crecimiento depende positivamente de los beneficios (excedentes) de las empresas productivas, excedentes que deben reinvertirse en la ampliación de los procesos productivos existentes o de nuevos que se generen,  y negativamente de la fracción del excedente que es consumida en sectores no productivos (comerciales, financieras, estatales no productivas, consumo suntuario de los empresarios o colocación de los beneficios en el exterior.)

Podemos a esta altura concretar dos conclusiones acerca de las estrategias de crecimiento económico que se extraen de las tres experiencias analizadas, conclusiones que son propias del modelo teórico clásico:

1)                la reducción de los costos salariales unitarios (que involucra una relación dinámica de salarios, tipo de cambio y productividad ) y la disminución del consumo social y del gasto público, implicó el aumento de la generación de excedentes disponibles para la inversión.

2)                la estrategia de expansión de las exportaciones, ampliando mercados que permitieran lograr  la especialización y economía de escala que el tamaño del mercado interno dificultaba, logró desarrollar sectores rentables donde invertir el ahorro interno y el de las empresas transnacionales atraídas por las ventajas  ofrecidas en estos países, ya sea la dotación de recursos naturales o la de mano de obra calificada o el bajo costo relativo de la mano de obra o el acceso a mercados o varios de estos factores a la vez, potenciado por las ventajas fiscales que se otorgaron.

Luego de esta caracterización general del modelo de acumulación que se desarrolló en estos países, pasemos a describir con mayor detalle las políticas e instrumentos utilizados en las estrategias de crecimiento, destacando a su vez la diferencia en el grado de aplicación de las mismas.

Los tres países desarrollaron o mantuvieron el funcionamiento de una economía con instituciones y prácticas que facilitaron la acumulación de capital: el correcto “ambiente de negocio”,  promovido desde todos los organismos internacionales representantes de los poderes del mundo desarrollado, ha sido elogiado con frecuencia en Chile Nueva Zelanda e Irlanda. Libertad de empresa sin discriminación entre nacionales y extranjeras, bajo nivel de corrupción, funcionamiento eficaz del Poder Judicial en especial con respecto a la protección de la propiedad y del cumplimiento de los contratos, permanencia en el tiempo de las reglas de juego, ambiente macroeconómico estable son, entre otros, elementos de un adecuado ambiente de negocios.

Partiendo de situaciones diferentes pero con una historia común de proteccionismo derivado de la fase de sustitución de importaciones,  los tres países concretaron una fuerte apertura comercial (reducción de aranceles, eliminación de aranceles múltiples, disminución de barreras burocráticas) complementada con la firma de acuerdos de libre comercio con países claves como destino de la exportación de sus productos:

ü  Chile participa en la actualidad del Mercosur como miembro asociado, es miembro de Foro para la Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC), ha firmado acuerdos de libre comercio con Centroamérica, Canadá y México y EEUU, está negociando acuerdos similares con la Unión Europea,  la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA)  y Corea del Sur.

ü  Nueva Zelanda ha firmado acuerdos de libre comercio con Australia (Closer Economic Relations & Trade Agreement, CER) y es miembro de la APEC.

ü  Irlanda es miembro de la Unión Europea, el principal acuerdo de integración a escala mundial.

Los objetivos en los casos estudiados no fueron solamente retomar el crecimiento, los tres sufrían de un fuerte déficit de la balanza de pago lo cual implicaba una alta relación deuda / PBI, por lo que un objetivo complementario (fuertemente exigido por los organismos de crédito internacionales o la Unión Europea, según el caso) fue lograr el equilibrio en la balanza.

En cuanto a las políticas económicas, en todos los casos se ajustó desde un comienzo la tasa de cambio, decisión no sólo de la voluntad política sino de la propia dinámica de las crisis que atravesaron,  y se manejó luego de tal manera de hacer competitiva las exportaciones. Las fuertes devaluaciones tuvieron por efecto disminuir los costos de las empresas en dólares y reducir inicialmente la demanda interna. Cabe mencionar que en los períodos analizados existieron cortos episodios de sobre valuación de la moneda en el caso de Chile y mayores y más graves en el de Nueva Zelanda, que complicaron la situación de las industrias aunque luego se rectificaron volviéndose a políticas de moneda débil. Se complementó la reducción de los costos salariales en dolares por una política laboral tendiente a flexibilizar las relaciones patronales – obreras, disminuyendo el poder de negociación de los sindicatos en los casos de Chile y Nueva Zelanda. Luego con la dinámica de la acumulación se recompuso fuertemente el poder negociador de los trabajadores permitiendo aumentos del salario real. En Irlanda el proceso fue consensuado para inicialemnte mantener el salario real e incrementar los beneficios sociales.

La inflación se controló en todos los casos con la disminución del déficit fiscal y la creación de bancos centrales autónomos.  El déficit fue abatido (incluso logrando superávit) vía reducción de salarios públicos, disminución de montos de beneficios para desempleados y endurecimiento de las condiciones para acceder a los mismos, complementado con privatizaciones de empresas estatales y desmonopolizaciones. El Estado se achicó en todos los casos con relación a su peso en la economía nacional, cediendo las áreas rentables a la explotación de capitales privados.

La disminución del consumo público y privado incrementó la tasa de ahorro interno, alcanzando tasas históricamente elevadas para cada país aunque con diferencias importantes en los tres países analizados. El ahorro interno fue complementado, en grado variable, por la atracción de inversión extranjera directa a las ramas de la economía con mayor capacidad exportadora (también existió inversión extranjera en el sector servicio, volcado al mercado interno, pero en menor grado y no en las etapas iniciales de la fase de crecimiento a la salida de la crisis) mediante condiciones fiscales generosas para la instalación de empresas y la importación de maquinarias.

Con relación al flujo de capitales, los tres países eliminaron restricciones a las divisas extranjeras y liberalizaron los mercados financieros, se adoptaron regímenes liberales para repatriación de beneficios y se firmaron convenios impositivos con terceros países. En todos los casos, el ingreso de capitales, el endurecimiento de la política monetaria y la baja inflación implicó la baja de los tipos de interés. Mientras que la apertura fue irrestricta en Nueva Zelanda, Irlanda ya poseía una larga historia de apertura financiera y Chile favoreció el ingreso de capitales de largo plazo obstaculizando el arribo de capitales especulativos.

El Estado intervino, sin excepción, en el desarrollo de infraestructura apropiada para soportar a los exportadores (puertos, carreteras, comunicaciones), en la promoción de exportaciones a través de incentivos, investigación de mercados y otros elementos. También apoyó modificando los sistemas educativos, coordinó los ámbitos públicos y privados y transfirió recursos para la investigación científica y el desarrollo tecnológico en sectores seleccionados por su potencial exportador.

Como hemos citado, buena parte del éxito en retomar un crecimiento prolongado se basó en la instalación de empresas extranjeras atraídas por las exenciones fiscales o las dotaciones de recursos o por ambas. Las empresas transnacionales invirtieron (también lo hicieron empresas locales ligadas al sector primario en el caso de Chile y Nueva Zelanda), mejoraron la tecnología y aportaron su red de distribución y clientes.

La interacción con los mercados internacionales, debida a la estrategia exportadora, ha desarrollado un empresariado entrenado y con gran capacidad de adaptación, ha modernizado los servicios de apoyo (logística, comunicaciones, financieros, aduaneros, etc.), ha promovido la creación de empresas locales pequeñas y medianas que trabajan para las grandes (y pocas) empresas exportadoras. Sin embargo, cuando los enclaves exportadores están basados en recursos naturales con bajo agregado tecnológico, el efecto irradiado sobre el conjunto de agentes económicos ha sido menor. También debe hacerse notar, en el caso opuesto de productos de alto contenido tecnológico y debido a la presencia de grandes transnacionales en esa dinámica área de la economía, que gran parte de la investigación y el desarrollo no se realiza en el país donde se produce sino donde reside la casa matriz o aún en terceros lugares concentrados o distribuidos, pero donde la decisión y por tanto el dominio del tema está en el ámbito corporativo y no local.

Los países analizados lograron sus objetivos en cuanto a retomar el proceso de acumulación, redundando en una tasa positiva de crecimiento del PBI per cápita, objetivo principal de los cambios realizados. Pero también lograron con éxito alcanzar los objetivos complementarios de estabilizar la balanza de pagos y disminuir la deuda externa.

Sin embargo, los resultados comparados de los tres casos fueron bien diferentes y esto se debe a las razones que analizaremos a continuación (ya fueron comentados las diferentes maneras de implementar el nuevo modelo, desde la dictadura represiva de Pinochet en Chile que luego se continuara en forma democrática por gobiernos de la Concertación, pasando por la represión en democracia de Nueva Zelanda hasta la negociación y el consenso de los actores sociales en Irlanda.)

Nueva Zelanda es el país que creció más lentamente de los tres, aunque por su inicial mayor producto per cápita, se encuentra en un valor intermedio en la actualidad con 12.380 dólares (Chile es el de menor valor con 4.350 dólares per cápita e Irlanda el mayor con 23.060 dólares). La tasa de crecimiento anual fue de 2,1% en la década de los 90. Esta tasa moderada (aunque alta en comparación con las décadas previas) se explica por la menor tasa de ahorro y el desarrollo de sectores rentables tradicionales en su mayoría y algunos nuevos pero de escaso dinamismo internacional, basado en la exportación de productos primarios con bajo valor agregado y resultando, por lo tanto,  en un refuerzo de su tradicional rol en la división internacional del trabajo. Parte del menor crecimiento comparativo de Nueva Zelanda ha sido adjudicado al hecho de realizar una apertura comercial rápida con una moneda no suficientemente devaluada y con períodos de alta apreciación, por lo que la industria local se vio severamente afectada. La producción exportadora se diversificó en bienes y destinos, ampliándose sus mercados, pero aún se mantiene altamente concentrada en ambos aspectos.

Chile obtuvo altas tasas de crecimiento, un promedio del 5,5% anual durante los 15 años siguientes a la salida de la crisis, partiendo de un bajo ingreso per cápita que se había deteriorado como consecuencia de las políticas previas del gobierno militar. A partir de allí, sus tasas de ahorro fueron elevadas en relación con el PBI y el desarrollo de nuevos “polos de crecimiento” más la mejora de sectores tradicionales permitieron invertir con rentabilidad generando crecimiento. Los nuevos sectores y los tradicionales se basaron en la explotación intensiva de los recursos naturales: a fines de los noventa 57% de las exportaciones de bienes eran recursos naturales y 33% eran manufacturas intensivas en recursos naturales, apenas un 10% de otras manufacturas. De esta forma Chile mantuvo, amplió y  perfeccionó su rol de proveedor de productos primarios en los mercados mundiales, con una alta diversificación en productos y mercados.

Irlanda es el país que logró las mayores tasas de crecimiento de los tres casos que estamos analizando, un promedio del 7,1% anual entre 1991 y 2000. Sus tasas de ahorro se elevaron consistentemente contando además con una fuerte inversión extranjera directa. La ampliación de mercados que provocó su incorporación a la Unión Europea le permitió el desarrollo de nuevos sectores industriales de alta rentabilidad. Irlanda cambió su inserción internacional de un rol de proveedor tradicional de productos primarios al papel de exportador diversificado de bienes industriales con alto valor agregado y demanda dinámica, de la explotación de recursos naturales pasó a la utilización de su joven y calificada mano de obra como base del desarrollo económico. Estudios empíricos (Carrera y Casado (1998)) avalan lo que la teoría clásica del crecimiento predice y que el caso irlandés constata: el nivel de crecimiento de un país está fuertemente relacionado con la complejidad tecnológica del producto vendido en el mercado exterior. Los productos de más alto contenido tecnológico son los que pueden experimentar las mayores ganancias de productividad, los que tienen una demanda más dinámica y mejores comportamientos de precio. A la vez, existe una asociación inversa entre el grado de desarrollo y el peso de las materias primas en la estructura exportadora de los países.

 

El proceso económico reciente en Uruguay

El período dictatorial iniciado en 1973, pero antecedido por una creciente represión de los sectores populares al incrementarse la lucha de clases, significó la toma de medidas para recuperar la tasa de beneficio de las empresas y la reinserción de Uruguay en la nueva división del trabajo que se estaba poniendo en marcha como reacción del capitalismo a la fase recesiva de la crisis general, tal como describiéramos en el apartado anterior que caracterizaba el capitalismo a escala global en el período.

El modelo de acumulación que la dictadura militar y los gobiernos que le sucedieron implementaron en Uruguay tiene características similares a las descriptas en los casos presentados pero presenta fuertes diferencias en aspectos claves que explican los disímiles resultados alcanzados.

La economía uruguaya es de base capitalista, con instituciones y prácticas que se caracterizan por un bajo nivel de corrupción, libertad de empresa sin discriminación entre nacionales y extranjeros, funcionamiento razonable del Poder Judicial con protección de la propiedad  privada y del cumplimiento de los contratos. En síntesis, un ambiente de negocio correcto desde el punto de vista de los empresarios donde los sucesivos gobiernos desde 1973 fueron eliminando la intervención del Estado en los contratos entre particulares, dieron permanencia en el tiempo a las reglas de juego e intentaron mantener un ambiente macroeconómico estable (con menor éxito relativo en este punto, dadas las crisis que existieron y la influencia de la inestabilidad de los países vecinos, Argentina y Brasil.) En particular el cumplimiento puntual de las obligaciones financieras externas e internas del sector público forjó una imagen respetable para el país en el ámbito regional e internacional.

Uruguay concretó una apertura comercial,  gradual en las décadas de los 70 y 80 y rápida en los 90, desmantelando el proteccionismo derivado de la fase de sustitución de importaciones: en 1989 las tarifas sobre las importaciones variaban entre un máximo del 40% y un mínimo del 10% (algunos bienes de capital y productos intermedios estaban exentos de recargos.) Desde 1990, el Gobierno comenzó a reducir estas tarifas: en enero de 1995 las tarifas sobre las materias primas que no se producen internamente se habían fijado en un entorno del 2-6%, las tarifas sobre bienes intermedios en un 8-16% y las tarifas sobre bienes al consumo en un 10-20%. Lo que es más importante, el Gobierno redujo sustancialmente las barreras no arancelarias, incluyendo los precios de referencia y los precios mínimos de importación sobre los que se aplican las tarifas.

Complementariamente  Uruguay firmó acuerdos de libre comercio con países claves como destino de la exportación de sus productos: fundó con Argentina, Paraguay y Brasil el MERCOSUR, un acuerdo de integración que se propuso una amplia liberalización del comercio intrarregional y la adopción de políticas comerciales comunes, sustituyendo una serie de acuerdos preferenciales entre sus miembros por una unión aduanera (Uruguay tenía convenios vigentes desde la década del 70 con Argentina (CAUCE) y Brasil (PEC).)

A diferencia de los casos analizados (con la excepción parcial de Nueva Zelanda), Uruguay no liberó el tipo de cambio y mantuvo una fuerte apreciación de la moneda en la mayor parte del período 1973-2001, especialmente entre 1978 y 1982 (“período de la tablita”) y más grave por dimensión y extensión a partir del Plan de Estabilización de 1990.

La política económica de la década de los 90, diseñada para reducir la inflación, utilizó un ancla cambiaria con el dólar en un sistema de “crawling peg”: como consecuencia implicó la suba de los costos en dólares para las empresas sólo parcialmente compensada por un alto aumento de la productividad laboral en la industria, encareciendo la producción nacional y reduciendo la competitividad exportadora del país.

La disminución de los salarios fue uno de los puntos claves de la política económica. Con la dictadura militar (1973-1984), diezmadas y reprimidas las organizaciones sindicales, los salarios reales y las jubilaciones tuvieron una drástica caída, que se adicionó a la fuerte disminución de los años anteriores. La contención del salario real en la década de los 90, que creció lentamente, se buscó mediante la desregulación laboral, llevada a cabo de hecho y de derecho, a través de la precarización de las condiciones de trabajo (subcontratación, empresas unipersonales, personal temporario, etc.) manteniéndose, aún durante los años de crecimiento, tasas de desempleo por encima del 8%.

La lucha contra la inflación, elemento esencial para el cálculo empresarial y la atracción de inversiones, no logró un éxito sostenido hasta la década del 90 con la implementación del mencionado Plan de Estabilización. Uruguay, un país de inflación crónica moderada desde fines de los 50, sufrió un proceso de aceleración inflacionaria en el bienio 1989-90 llegando la tasa a un máximo absoluto de 133% en el año terminado en enero de 1991. La base del Plan, en su aspecto monetario, fue la utilización de un ancla nominal con el dólar para la variación de los precios internos: la instrumentación  del ancla cambiaria fue realizada por el Banco Central del Uruguay mediante un régimen de banda para un tipo de cambio previamente anunciado por las autoridades. Luego de un lento decrecimiento inicial de la inflación, el incremento del Índice de Precios al Consumo (IPC) se redujo gradualmente al 44,1% en 1994 y alcanzó el 8,6% en 1998, último año de crecimiento.

Para la reducción del déficit público se intentaron estrategias similares a las aplicadas en los casos analizados: privatizaciones, desmonopolizaciones, disminución de beneficios del Estado de Bienestar. El Estado redujo su participación directa en la producción, trasladando áreas al sector privado, en un proceso gradual y acotado debido a la resistencia popular a estas medidas.

Esta misma resistencia, expresada en sendos plebiscitos que invalidaron total o parcialmente las leyes promulgadas por el gobierno, implicó el bloqueo de las privatizaciones generalizadas (sólo se pudieron realizar algunas menores y en forma parcial formando empresas mixtas como la del ente estatal de aeronavegación, PLUNA), una lenta desmonopolización de actividades (en la actualidad se está discutiendo la referente a los combustibles) y una reforma de la seguridad social (responsable del 75% del gasto social uruguayo equivalente al 15.3% del PBI en 1996) muy disminuida con relación a las propuestas originales y cuyas consecuencias en lo referente al déficit fiscal se verán en el largo plazo. Ante la imposibilidad de lograr un ajuste drástico del nivel de gasto público, los sucesivos gobiernos optaron por reducir gradualmente la plantilla de funcionarios.

El déficit fiscal se redujo tendencialmente con relación al PBI entre 1985 y 1998, pero la mayor causa de esta reducción no fue la disminución del gasto público que intentaron las medidas antes descriptas (de hecho el gasto aumentó en esos años por las transferencias a la seguridad social) sino el persistente incremento de la recaudación tributaria por la mayor actividad económica,  por el aumento de la presión impositiva aplicado mediante sendos ajustes fiscales y por la renegociación del servicio de la deuda externa, en el marco del Plan Brady, obteniéndose la reestructuración y reducción de los saldos adeudados.

Se fomentó la inversión extranjera, al igual que en los casos analizados pero con mucha menor intensidad, mediante la Ley de Inversiones de 1988 y regímenes especiales para el sector turístico (hotelería y complejos), forestación, vitivinicultura y riego, además de la adopción del marco legal para la creación de Zonas Francas. Se crearon  incentivos a la exportación, reembolsos y reducción de aportes patronales de la mano de obra, como débil respuesta al alza de los costos en dólares que implicó el Plan de Estabilización.

Habiendo analizado las principales políticas que se implementaron a partir de los 70 pero especialmente en los 90, siguiendo un esquema similar al utilizado en los capítulos anteriores, es el momento adecuado para responder las preguntas: ¿Cuales fueron los resultados de este conjunto de políticas? ¿Cuáles son las causas de la crisis que comienza en 1999 y se profundiza en el 2002? ¿Cómo se explica esta evolución a la luz de la teoría clásica y de los casos estudiados?

Comenzando con la primera pregunta, la década de los 90 significó un crecimiento económico en tasas que Uruguay no alcanzaba desde la época de sustitución de importaciones en los 40: en el período 1985-2000 el PBI se incrementó a una tasa promedio del 3,1% anual. Dicho crecimiento se dio en un marco de reestructuración productiva en el contexto de la integración regional en el Mercosur y con la profundización de la apertura comercial (los aranceles aduaneros se redujeron aceleradamente y se hicieron nulos al interior de la unión aduanera), que significó la consolidación de un patrón de especialización productiva sustentado en la exportación agroindustrial de bienes con escasa transformación industrial (carne, lana, arroz, lácteos, forestación, cueros) y en el incremento del rol de proveedor de servicios regionales, principalmente financieros y turísticos enfocados a Argentina y en menor grado a Brasil, países que tuvieron un fuerte crecimiento económico por lo que demandaron fuertemente estos servicios.

Las condiciones de rentabilidad y seguridad, soportados en la liberalización financiera y comercial junto con la integración al Mercosur,  resultaron atractivas para el ingreso de capitales tantos productivos como especulativos, en el marco institucional y económico ya comentado. Con respecto a los primeros, la inversión acompañó el proceso de recomposición productiva localizándose en el sector forestal, la carne, hotelería, y transporte entre otras. Si bien las tasas de inversión con respecto al PBI siguieron siendo bajas a escala internacional, supusieron un considerable incremento (4,1% anual) con respecto al registro histórico uruguayo.

La inversión extranjera directa se multiplicó casi por tres entre 1993 y1998, duplicando su participación en el PBI.  En 1990 ningún sector no industrial era controlado por empresas transnacionales en Uruguay en más del 50%,  en 1998 el capital extranjero era mayoritario en las grandes empresas de transporte y almacenaje, comercio mayorista y minorista, construcción e ingeniería, forestación. Las inversiones se dirigieron al sector primario (en búsqueda de seguridad en el abastecimiento de materias primas) y al sector terciario (para captar mercados en servicios) como oportunidad de expansión al ingresar en el mercado local. En el sector industrial las empresas transnacionales realizaron una vasta compra de empresas, pero la apertura comercial unida a la pequeña escala del mercado frente a las necesarias en las nuevas tecnologías de producción y los altos costos internos en dólares hicieron aconsejable (particularmente luego de la devaluación del real) el cierre de las plantas industriales, con la utilización de la marca y de los canales de distribución importando los productos desde sus plantas en Brasil y Argentina. Por las mismas razones, las ramas de la industria que continuaron en manos nacionales y que tenían mayor dependencia de la protección del mercado interno (calzado, vestimenta, tejidos de punto, metalurgia, entre otras) se contrajeron o directamente desaparecieron.

La reestructuración industrial de la década del 90 implicó la reducción de la ya escasa producción de bienes de capital, maquinaria agrícola, vehículos e instrumental científico, incrementándose la importación de esos bienes. Entre 1990 y 1995 el déficit comercial en estas ramas industriales claves para el desarrollo capitalista se duplicó, pasando de –437 millones de dólares a –975 millones, a la vez que que se incrementaba la producción y exportación de alimentos. En el balance de ramas industriales, Uruguay sufrió en el período una importante disminución de su producción manufacturera, se desarticuló su ya inconexo tejido industrial mientras que creció su dependencia externa de maquinarias y equipos de producción.

En el sector agropecuario el proceso liberalizador y aperturista avanzó desigualmente a partir de una situación estancamiento de la ganadería (con excepción hecha de la lechería) y con la protección de los cultivos agrícolas dedicados al consumo interno que se desarrolló en los años 50 con el objetivo de lograr seguridad alimenticia, la economía de divisas y el reasentamiento en el campo. El objetivo de política en los 90 fue la inserción competitiva en los mercados internacionales, el desarrollo de las fuerzas productivas en el sector en donde la imagen utilizada era que el “productor rural” debía transformarse en “empresario rural”.

Los resultados fueron dispares y dependientes de la capacidad de competencia de cada sector y de la demanda mundial para el mismo: a pesar de continuar la explotación de la ganadería en forma extensiva y de no ser posible la apropiación de más tierra por ocupar el 93% de las tierras productivas, el índice de producción de carne se incrementó 23% y las exportaciones de carne pasaron de 270 millones de dólares en 1990 a 400 millones en el 2000 (previo a la aparición de aftosa en el rodeo nacional), la lana se desplomó desde 315 a 133 millones de dólares exportados en los mismos años, el sector lácteo incrementó 93% su producción entre 1987 y 1997 y su productividad por hectárea un 75%.

En los cultivos, sectores como cebada y girasol tuvieron crecimientos importantes mientras que se estancaron los de maíz, sorgo y soja, la producción de trigo se redujo  drásticamente y se concentró haciendo desaparecer la pequeña producción familiar, el arroz creció desde ocupar 54.000 ha. en 1980 a 170.000 en 1998 con rendimientos que se ubican entre los más altos del mundo, la horticultura fue el sector donde la apertura tuvo un efecto terriblemente nocivo, un renaciente sector citrícola que en comparación a la ganadería intensiva y a otros cultivos tiene un alto índice de ocupación  logró crecer e insertarse en los mercados internacionales.

El impactante crecimiento de la forestación a partir de 1990 ha determinado la existencia de 2 millones de hectáreas explotadas que se concentró en grandes propietarios transnacionales.

El detrimento de la producción de bienes industriales fue acompañado de un fuerte aumento en el proceso de intermediación productiva, dinamizando las áreas de comercio, financieras, transportes y turismo. La importancia del sector servicios creció en el Producto Bruto Interno a la par que decreció fuertemente el industrial  (del 26,8% del PBI en 1991 al 16,7% en 1999) y en menor grado el agropecuario (del 10,7% al 5,6% en los mismos años.)

El capital no productivo tuvo un crecimiento espectacular debido al aumento de la riqueza argentina en esos años y al creciente rol de servicio financiero uruguayo para la región, confiable y discreto. Las colocaciones de no residentes en los bancos en Uruguay pasaron de 2000 millones de dólares en 1992 a 7000 millones en el año 2001, antes de que la salida apresurada de estos capitales disparara una crisis financiera sin precedentes en Uruguay. La liberalización del flujo de capitales, promovida por los grandes inversores internacionales y el Fondo Monetario Internacional, creó inestabilidad en los países subdesarrollados como se comentó en la primera parte de este capítulo. El caso uruguayo es un ejemplo reciente de ello.

La economía creció entonces al impulso de sectores donde la rentabilidad surgida en las nuevas condiciones permitió la inversión que incrementó fuertemente el capital constante.

Pero el crecimiento económico alcanzado hasta 1998 respondió en buena parte a las condiciones económicas de la región a la cual Uruguay pertenece geográfica e histéricamente, el cono sur, y con la que estrechó sus lazos comerciales en los últimos años:  “el proceso de apertura con su disminución de aranceles y todos los acuerdos comerciales firmados y profundizados por Uruguay en el período, han producido incrementos en las exportaciones e importaciones debido a razones diferentes que los movimientos de la tasa de cambio real. Al mismo tiempo la política económica aplicada por los vecinos de Uruguay y sus más importantes socios comerciales, el “Plan de Convertibilidad”en Argentina y el “Plan Real”en Brasil, hicieron que se apreciaran sus monedas y ayudaron a Uruguay a mantener su nivel de competitividad con relación a ellos en la mayor parte del período bajo estudio” (Mordecki, 2000).

El crecimiento económico del país tenía su talón de Aquiles en los procesos de especialización y pérdida de competitividad que se generaron a partir de las políticas aplicadas y que se manifestaron en el momento en que la fase de crecimiento de la década de los 90 se comenzaba a agotar en la medida que la inversión en sectores rentables creó un exceso de capacidad y de capital constante. Hemos visto, al modelar el intercambio internacional y la apertura comercial en el capítulo II de esta sección, que la tasa de cambio real sostenible es la que corresponde  a la posición competitiva relativa de un país, medida por sus costos laborales unitarios reales. El flujo de capitales puede mantener por un tiempo más o menos prolongado una tasa de cambio distinta de la que se deriva de la relación de valores de los bienes producidos  doméstica e internacionalmente, pero fatalmente ello conduce a pérdida de competitividad y a problemas que potencian las consecuencias adversas del ciclo económico.

La súbita devaluación de la moneda en Brasil en 1999, que continuó las devaluaciones del sudeste asiático y que fue del 30% en términos reales, desencadenó un proceso que afectó severamente la capacidad de competencia bilateral y, en forma sucesiva, retrajo  la demanda de sus dos principales socios comerciales. A partir de principios de 1999 la economía uruguaya desmejoró notoriamente, entrando en la fase de aguda recesión que aún hoy continúa. Por otra parte, cayeron los precios de importantes materias primas exportables tales como la carne, lana y arroz y se elevó considerablemente el precio del petróleo.

Si la exportación perdió dinamismo por razones externas e internas desde 1999, más dramática fue la caída de la exportación de carne vacuna en 2001 debido a la aftosa. El panorama adverso se ensombreció aún más a consecuencia del colapso argentino a comienzos del 2002 que paralizó la corriente comercial entre ambos países platenses, cayendo los ingresos por turismo en Uruguay y disparando una crisis financiera con el retiro masivo de depósitos de no residentes (en su mayor parte argentinos) primero y luego de algunos residentes, por desconfianza en la capacidad de cumplimiento de sus obligaciones por parte del Estado uruguayo agravado por el mantenimiento a ultranza de un tipo de cambio controlado. Corresponde mencionar que elementos desencadenantes de la corrida bancaria fueron la situación de dos bancos nacionales con negocios en Argentina (Comercial y Montevideo-Caja Obrera) aunque no la causa última que debemos situarla en la visión de los depositantes argentinos de que Uruguay mantenía una política económica similar a la que llevó a Argentina a la catástrofe.La fuga de capitales y la pérdida del crédito internacional junto con el continuado y creciente déficit fiscal y en cuenta corriente obligó al gobierno a financiarse a través de los organismos financieros internacionales, incrementándose la deuda externa hasta alcanzar ratios cercanos al 100% con relación al PBI.

Los números indican con claridad la gravedad de la crisis: caída del PBI del 105,% en el año 2002 y del 16,4% desde el comienzo de la crisis, con lo que el producto bruto per capita se retrotrae a valores de principios de los años 90. La formación bruta de capital fijo cayó 64% en tres años.En el 2001 las exportaciones se contrajeron 10,4% y una cifra similar al año siguiente, la reducción con Argentina y Brasil alcanzó al 19,4% y fue aún mayor en el comienzo del 2002. La desocupación aumentó hasta el 19% en el trimestre Julio-Septiembre del 2002 con disminución del salario real en ese año del 19,5%.

 

El rol del Estado uruguayo

Habiendo descrito la evolución económica reciente de Uruguay, pasemos a intentar dar una respuesta a la segunda pregunta realizada, acerca de las semejanzas y diferencias con los casos analizados, que dan cuenta de esta enorme disparidad en sus consecuencias económicas. Comencemos con los resultados del modelo implementado, para analizar luego las diferencias entre las políticas realizadas.

Uruguay al igual que Irlanda, Chile y Nueva Zelanda logró cifras importantes de crecimiento en el período 1985-2000, elevadas cuando se compara con la historia económica del país. Sin embargo el crecimiento del PBI fue significativamente menor que el obtenido por Irlanda y Chile y similar al registrado en Nueva Zelanda. Más decisivamente, a pesar de la situación recesiva internacional que ha provocado un enlentecimiento del crecimiento en los tres países estudiados, ninguno de ellos ha sufrido una crisis tan profunda como la que hoy exhibe Uruguay: por el contrario las tasas de crecimiento aunque disminuidas se mantienen en valores positivos.

Para comenzar con el análisis comparado de los modelos de acumulación que las clases dominantes en cada país propulsaron, digamos que Uruguay en forma similar a los casos estudiados propició un “correcto” ambiente de negocios a través de la legislación y la estricta separación de poderes, mediante la represión primero y la tercerización después el salario real fue abatido en forma drástica en el momento inicial y luego creció lentamente y en menor medida que la productividad,  se realizó una apertura comercial complementada con acuerdos de libre comercio con países importantes como destino de sus exportaciones. Los sucesivos gobiernos controlaron la inflación que se había disparado a principios de los 90, liberalizaron el flujo de capitales desde épocas tempranas (durante la dictadura militar), promovieron la localización en el país de inversiones extranjeras e incentivaron nuevos sectores económicos (forestación, turismo, etc.)

Pero las diferencias con los casos analizados son importantes y van a redundar en las conclusiones que detallaremos más adelante: el tipo de cambio se mantuvo elevado en casi todo el período, la apertura comercial distó de ser gradual y no se buscaron mecanismos para mitigar sus efectos inmediatos sobre el tejido industrial, se mantuvo un déficit fiscal que se pudo financiar mientras existió crédito internacional pero que supuso la imposibilidad de inversión en infraestructura en la cantidad necesaria para el crecimiento y que significó una pesada carga a futuro. Por parecidas y otras razones (a la cuál no fue ajena la política con respecto a la Universidad estatal) no se apoyó la investigación científica y técnica ni aún la dirigida a los sectores que debían impulsar el crecimiento económico del país.

¿Cuales fueron las consecuencias de estas similitudes y diferencias, analizando el rol del Estado, a la luz de los casos analizados y de la teoría clásica?

La primera, que lo asemeja al caso de Nueva Zelanda y difiere un poco del de Chile y aún más de Irlanda, es que consolidó la inserción internacional del país en la nueva división internacional del trabajo como un proveedor de materias primas y productos alimenticios, complementado en el ámbito regional con el papel de proveedor de servicios (en especial turísticos y financieros, últimamente y con éxito que perdura de informática.) En cuanto a lo primero, la creación de riqueza en el país y su exportación está basada en productos de bajo contenido tecnológico, con reducida capacidad de generación de empleo, con baja diversificación, de demanda poco dinámica y de pobre comportamiento de precios[xvii]. Por lo segundo depende de la situación de las inestables economías regionales, en especial la de Argentina con la cuál es similar en su producción exportable por lo que de existir problemas con la colocación o los precios de los productos primarios, el efecto se verá potenciado por la caída de los servicios dirigidos a los vecinos rioplatenses. Por último se produjo un proceso de desindustrialización con restitución de importaciones, reduciendo y desarticulando el ya escaso e inconexo tejido industrial, beneficiando a los sectores comerciales (a los capitales importadores, en especial) y financiero. Como consecuencia las tasas de crecimiento en períodos largos alcanzadas con el modelo de acumulación descrito fueron bajas: en los últimos 20 años, donde hubo períodos de rápida acumulación y profundas crisis, la tasa fue menor al 2% anual (prácticamente nulo en ingreso per cápita) lo que ubica al país en el lugar 137 dentro de 178 naciones en un ranking ordenado por tasas de crecimiento decreciente.

En segundo término, para un crecimiento sostenible es necesario generar un incremento de los excedentes que se reflejan en mayor ahorro interno con relación al PBI. La inversión de estos ahorros complementados con la inversión extranjera directa es crucial para el crecimiento. El elevado tipo de cambio contribuyó a disminuir la rentabilidad de las empresas volcadas a la exportación o con productos competitivos con la importación, especialmente una vez que las monedas de los países vecinos se devaluaron. El desafío que presenta a los economistas el trilema de tratar de lograr a la vez un tipo de cambio fijo para disminuir la inestabilidad, un libre flujo de capitales para asegura una alocación eficiente de recursos y una política monetaria activa implicó políticas incongruentes y resultados inadecuados. El bajo nivel de ahorro de la economía  continuó y en su momento máximo alcanzó el 13,4% del PBI, muy por debajo de valores internacionales. La inversión bruta interna si bien se incrementó significativamente en términos relativos, continuó ubicándose en niveles reducidos tanto en la comparación regional como en la internacional.

No disponemos de cifras referentes a tasas de beneficios de las empresas privadas que nos permitan seguir su evolución, pero resulta claro de los datos disponibles que los excedentes generados fueron disminuyendo a la par de la pérdida de competencia internacional en lo externo y del aumento del capital constante en lo interno.

En último lugar, para lograr el crecimiento económico es necesario contar con sectores donde invertir con rentabilidad. Mientras que algunos sectores tradicionales crecieron a la par que otros se estancaban, el desarrollo de nuevos polos de crecimiento fue escaso y se agotó en la medida que la inversión en capital constante creó una capacidad que excedió las posibilidades de la demanda externa e interna.

Analicemos el soporte que el Estado dió al proceso de acumulación y crecimiento.

En el ámbito macroeconómico, el modelo de exportación de productos primarios y servicios regionales ha sido aplicado con políticas inconsistentes si la finalidad era crecer en forma sostenible mediante la exportación: se mantuvo un alto tipo de cambio (aún después de la devaluación brasileña) a la vez que se procesaba una apertura comercial implementada rápidamente, manteniéndose alto el consumo social sustentado en el ingreso de capitales mayormente especulativos, con escaso soporte del Estado en el desarrollo de infraestructura y capacidades tecnológicas a las actividades generadoras de riqueza y en especial a los sectores exportadores, a la vez que se mantuvo un alto déficit fiscal y de cuenta corriente.

Para agravar la situación la liberalización del flujo de capitales, en la búsqueda del posicionamiento como plaza financiera internacional y en sintonía con las recomendaciones de los organismos internacionales de crédito, resultó catastrófica al momento de la crisis ya que la corrida bancaria de julio del 2002 implicó que en ese año se transfirieran al exterior neta fuera de 2.627 millones de dólares, la cuarta parte del Producto Interno Bruto.

En el ámbito de las políticas sectoriales, el soporte del Estado fue débil, tanto en infraestructura como en tecnología y en apertura de mercados para su comercialización, con una baja inversión en ambos rubros y falta de coordinación con las empresas privadas, dando lugar a un posicionamiento pasivo.

Para comenzar,  no invirtió en infraestructura para apoyar al sector exportador y a los nuevos polos que se pretendían desarrollar: el motivo pudo estar en la fuerte restricción fiscal que si bien fue financiada con fuentes externas no permitió inversiones necesarias para el crecimiento económico. En cada ajuste fiscal se disminuían los montos destinados a inversiones y no se acometió la reforma del injusto e ineficiente sistema impositivo para que el sector público pudiera desarrollar las funciones de apoyo y regulación básicas para el crecimiento.

Con relación al soporte del Estado en el desarrollo tecnológico, tres graves debilidades ha presentado el sistema de innovación uruguayo: en primer lugar, el retiro del Estado de un área clave como la tecnológica se manifiestó en la inexistencia de una política de ciencia, tecnología e innovación (CTI) ordenada y enmarcada dentro de un plan estratégico de mediano y largo plazo[xviii]. El conjunto de instituciones que integran el sistema de innovación uruguayo no ha tenido un ordenamiento de conjunto, ha sido un movimiento desarticulado y espontáneo. No hubo un conjunto articulado de instituciones, mecanismos y acciones del Estado con un objetivo común en la materia.

En segundo lugar se observa que los recursos dedicados a la inversión en ciencia y tecnología en Uruguay fueron sumamente bajos, como lo muestra la comparación de los gastos en investigación y desarrollo con la región y con el mundo desarrollado. Uruguay gastó 0,23% de su PBI en 1998 en actividades de ciencia y tecnología en comparación con 0,53% del promedio de América Latina y de 2 a 3% en los países europeos y Estados Unidos.

Igualmente fueron muy bajos los gastos de las actividades científicas y tecnológicas (actividades que incluyen la investigación y el desarrollo) por habitante: 16  dólares anuales de Uruguay contra 42 de Argentina, 56 de Brasil, 165 de España y 914 de Estados Unidos.

La restricción presupuestaria de la Universidad de la República, la institución que dispone el mayor potencial de ciencia y tecnología del país y que ha encabezado el sostenido crecimiento de la producción científica tras el retorno a la democracia, limitó las posibilidades de desarrollar actividades de CTI y mantuvo una reducida cantidad de investigadores.

Adicionalmente, la actuación del Estado en la promoción y coordinación de actividades de investigación y desarrollo, en especial la dirigida a los sectores tradicionales o nuevos donde Uruguay podía crecer con rentabilidad, fue prácticamente existente o peor aún, se dirigió a desmantelar las escasas instituciones dedicadas a tal fin por la vía de su disolución o la restricción de los recursos a ellas asignados.

Como tercer elemento, la ausencia de instrumentos eficaces de incentivo de las actividades de CTI de las empresas, que se explica por la actitud prescindente del Estado y por la rebaja de aranceles y la financiación de los proveedores de bienes de capital hizo que el empresario prefiriera la introducción de tecnología antes que la generación y adaptación local, lo que implicó la disminución de la actividad de las ramas industriuales de medios de producción  aumentando la dependencia externa como ya se comentara.

Por otra parte, la ausencia o debilidad de un sistema institucional de promoción a las exportaciones responsable de identificar mercados externos, estudiarlos y divulgar sus oportunidades, de coordinar programas tendientes a mejorar y prestigiar la calidad de los productos de exportación, de capacitar y apoyar a las empresas en el comercio exterior, completaron el panorama de soporte débil al proceso de crecimiento nacional por parte del Estado, sea por razones de desinterés, imposibilidad, incapacidad, por responder a intereses de sectores no productivos o por clientelismo político en que incurrieron los gobiernos del período analizado.

El Estado uruguayo en la década de los 90 cumplió con su rol sustancial en la economía capitalista que describieramos al comienzo de esta sección: un entorno social e institucional que favorezca la existencia de excedentes y posibilite su apropiación por el empresario. Sin embargo, debido a errores de política y al balance de fuerzas entre los distintos sectores capitalistas, fue mayor su capacidad en asegurar lo segundo que en lograr lo primero en forma sostenible, logrando resultados en el corto plazo sacrificando las posibilidades de desarrollo en el largo, por lo que el sistema económico desembocó en una profunda crisis al fin del milenio.


 III.4   Síntesis de la Sección

La intervención del Estado ha crecido a lo largo de la historia del capitalismo por la necesidad de favorecer la reproducción de un sistema cada vez más complejo. Así al papel sustancial del Estado de asegurar la obtención de los beneficios por las empresas, permitiendo la acumulación de capital por parte de unas pocas personas (en comparación a la gran masa trabajadora) y el conservarlo privadamente con tranquilidad, se ha agregado el asegurar las condiciones para que exista un crecimiento económico suficiente para lograr la reproducción ampliada del capital.

La internalización del capital, la competencia creciente por los mercados internacionales debido a las necesidades de reproducción constante del capital, el creciente costo de investigación, desarrollo y adopción de nuevas tecnologías, las grandes obras de infraestructura, la competencia internacional y la necesidad de expandir los mercados, la creciente escasez de recursos estratégicos, la incrementada complejidad de preparación de la fuerza de trabajo explican la complejidad del sistema que hace necesaria un rol cada vez más activo del Estado.

El modelo básico se amplía ahora para estudiar factores que soportan el crecimiento económico y que dependen de las políticas del Estado. En este trabajo se analizan la relación entre crecimiento y cambio técnico, bajo las modalidades del “learning by doing” y de un sector específico de R&D, para concluir que es clave para una economía el generar sus propios medios de producción para asegurar el crecimiento económico en el largo plazo. Importancia que se ve reforzada por el hecho de que en el capitalismo moderno son los sectores productores de maquinarias los que monopolizan  el progreso tecnológico (y lo han convertido en un negocio lucrativo con sus centros de R&D) determinando que las técnicas de aplicación óptimas se desarrollan para la economía específica (o en la región económica ampliada) en la cual se insertan.

Otro factor analizado es la apertura comercial de un país, partiendo de la premisa de que es la ventaja absoluta (ser el productor de menor costo) la que determina el resultado en la competencia internacional. El modelo presentado permite concluir que los costos unitarios laborales verticales son determinantes en la competitividad de un país.  De aquí se deduce que la forma en que el Estado conduce los procesos de apertura comercial es clave para el crecimiento en el largo plazo. Políticas comerciales exitosas requieren de análisis estructurales de la competencia internacional y de los mercados mundiales.

Estas conclusiones teóricas son fuertemente apoyadas por el análisis de casos comparativos de crecimiento a través de la exportación. Chile, Nueva Zelanda e Irlanda comparten con Uruguay muchas características comunes en tamaño, geografía e historia. En todos los casos atravesaron por una fuerte crisis en los años 80 para retomar el crecimiento económico con una fuerte intervención del Estado.

Podemos concretar dos conclusiones acerca de las estrategias de crecimiento económico exitosas que se extraen de las tres experiencias analizadas, conclusiones que son propias del modelo teórico clásico: la disminución de los costos laborales unitarios (que relaciona salarios, tipo de cambio y productividad) y del consumo social permitió el aumento de la generación de excedentes y liberó una mayor proporción de los mismos para el ahorro y la inversión. La estrategia de expansión de las exportaciones, ampliando mercados que permitieran alcanzar una mayor especialización y economía de escala que la que el tamaño del mercado interno dificultaba, logró desarrollar sectores rentables donde invertir el ahorro interno y el de las empresas transnacionales atraídas por las ventajas  ofrecidas en estos países, ya sea la dotación de recursos naturales o la de mano de obra calificada o el bajo costo relativo de la mano de obra o el acceso a mercados o varios de estos factores a la vez, potenciado por las ventajas fiscales que se otorgaron.

Tras varios años de crecimiento cada uno de estos países presenta en la actualidad menores tasas pero aún elevadas en comparación con países vecinos o similares y aún con el resto del mundo. Por otra parte difirieron en sus tasas de crecimiento, alto en los casos de Chile e Irlanda y moderado en el de Nueva Zelanda, y en su inserción internacional: como exportador de productos de alta tecnología con valor agregado en el caso irlandés, como exportador diversificado en mercados y productos de base natural en el chileno y como exportador de específicos productos primarios en el neocelandés.

Finalmente y a partir de las conclusiones de la teoría clásica y de los casos comparados, analizamos la evolución económica uruguaya desde 1973 y con mayor detenimiento desde 1990. Con el fracaso del modelo de sustitución de importaciones ya descrito, a partir de la década del setenta los sucesivos gobiernos militares y democráticos reinsertaron el país en la división internacional del trabajo con un modelo basado en la exportación de productos primarios a los mercados internacionales complementada con servicios turísticos y financieros a la región.

Con la profundización del modelo y el fuerte ingreso de capitales. Uruguay logró un importante crecimiento económico entre 1990 y 1998 (pero aún menor al de Chile e Irlanda y similar a Nueva Zelanda) para luego ingresar en una larga recesión que se transformó en una grave crisis en el año 2002, con cifras record de caída del PBI, desocupación, salida de capitales y corridas bancarias. Esto implicó el retroceso en el producto generado por el país a valores de 1990 y que lo ubica, promediando la tasa de crecimiento en los últimos 20 años, en el puesto 137 entre 178 naciones. Además la consecuencia de las reformas económicas fue la reducción del sector industrial en su conjunto, aumentando además su desconexión al eliminar casi en su totalidad las ramas realacionadas con la fabriación de medios de producción. Como contrapartida, el alto consumo social sustentado en el tipo de cambio y la apertura comercial, incrementó enormemente las importaciones y benefició al capital comercial y financiero.

El modelo de acumulación que la dictadura militar y los gobiernos que le sucedieron implementaron en Uruguay tiene características similares a las descriptas en los casos presentados pero presenta fuertes diferencias en aspectos claves que explican los disímiles resultados alcanzados.

Comenzando con los primeros, Uruguay mantuvo un “correcto ambiente de negocios” a través de la legislación y la estricta separación de poderes, el salario real cayó fuertemente en el momento inicial y luego creció lentamente y en menor medida que la productividad,  se realizó una apertura comercial complementada con acuerdos de libre comercio con países importantes como destino de sus exportaciones. Los sucesivos gobiernos controlaron la inflación, liberalizaron el flujo de capitales desde épocas tempranas, promovieron la localización en el país de inversiones extranjeras e incentivaron nuevos sectores económicos.

Pero las diferencias con los casos analizados son importantes: el tipo de cambio se mantuvo elevado en casi todo el período, la apertura comercial distó de ser gradual y no se buscaron mecanismos para mitigar sus efectos inmediatos sobre el tejido industrial, se mantuvo un déficit fiscal que se pudo financiar mientras existió crédito internacional pero que supuso la imposibilidad de inversión en infraestructura en la cantidad necesaria para el crecimiento y que significó una pesada carga a futuro, no se apoyó en los hechos la investigación científica y técnica ni aún la dirigida a los sectores que debían impulsar el crecimiento económico del país.

La política económica consolidó la inserción internacional del país en la nueva división internacional del trabajo como un proveedor de materias primas y productos alimenticios, complementado en el ámbito regional con el papel de proveedor de servicios (en especial turísticos y financieros.) En cuanto a lo primero, la creación de riqueza en el país y su exportación está basada en productos de bajo contenido tecnológico, con reducida capacidad de generación de empleo, con baja diversificación, de demanda poco dinámica y de pobre comportamiento de precios. Por lo segundo depende de la situación de las inestables economías regionales, en especial la de Argentina con la cuál además es estructuralmente similar.

La crisis de fin de milenio (y la profundidad que alcanza) se produce por la confluencia de tres fenómenos:

ü  la dinámica del sistema económico: la fase de crecimiento de la década de los 90 se agotó en la medida que la inversión en sectores rentables creó un exceso de capacidad y de capital constante a la par que caía la rentabilidad, fenómeno transitoriamente disimulado por la creación del Mercosur y los planes de estabilización que sobrevaluaron las monedas de los países vecinos.

ü  los shocks de demanda externa provocados por la devaluación brasilera, la crisis argentina y la reaparición de la aftosa entre las principales causas.

ü  la política económica del período contribuyó a agravar la crisis, al disminuir la rentabilidad de las empresas productivas, privilegiar el sistema financiero, estimular el consumo social improductivo y no respaldar adecuadamente el proceso de crecimiento.

 


 

 

 

 

 

Cuadro de texto: SECCION IV:
SÍNTESIS FINAL Y CONCLUSIONES

 

 



IV.1    La teoría del crecimiento económico, sus causas y sus crisis

En el sistema económico en que vivimos, el modo de producción capitalista que emergiera desde la época feudal y se consolidara en su fase industrial a partir del siglo XVII, la producción de bienes y servicios ha sido creciente en el largo plazo y motivada por la búsqueda de beneficio de los empresarios, quienes producen mercaderías a partir de otras mercaderías (materias primas, maquinarias y fuerza de trabajo) que luego comercializan

El sistema económico se estructura sobre la base de una clase trabajadora que vende su fuerza de trabajo, a  cambio de un salario, a un pequeño grupo de la sociedad propietario de los medios para producir. Este pequeño grupo se apropia bajo la forma de beneficio o utilidades del excedente generado por el trabajo de aquellos a quienes contrata,  dicho excedente es la diferencia entre el valor de lo que el trabajador produce y el salario que se le paga.

Sin embargo los excedentes que se crean no son para el único provecho del empresario individual: debe compartir buena parte del excedente con aquellos que le facilitan o posibilitan la realización del proceso de producción, su posterior comercialización y la retención de parte de los excedentes resultantes. El excedente se reparte con otros empresarios locales o extranjeros (de los sectores financieros y comerciales) y se consume socialmente (para el mantenimiento y reproducción del orden social) y personalmente (con proporciones variables de productos suntuarios.) El consumo personal agregado de una economía se completa con el que realizan los trabajadores, a partir de sus salarios, para subsistir.

A su vez los beneficios que obtiene el empresario están enmarcados por dos límites: por un lado el que impone la competencia entre las empresas (nacionales e internacionales según el grado de apertura de la economía) que tienden a disminuir los precios de venta reales (exceptuadas momentáneas situaciones de monopolio o de algún grado de poder de mercado que todo empresario busca),  por el otro el que dicta que hay un mínimo salario a pagar a los trabajadores, básicamente dado por la necesidad de su mantenimiento y reproducción con las calificaciones y capacidades que las técnicas de producción en uso demandan y con los usos y costumbres que una sociedad dada en un momento histórico determinado tiene.

El crecimiento económico surge de la aplicación de los beneficios obtenidos a nuevas inversiones en compra de maquinarias, materias primas y fuerza de trabajo, repitiendo en forma incrementada el proceso de producción en su sector o incursionando en otros sectores que aparecen como más rentables en ese momento. De  aquí se deducen dos condiciones necesarias para el crecimiento económico y positivamente correlacionadas con él: la existencia de excedentes en la economía y de sectores en donde invertir. En otras palabras rentabilidad y oportunidades de inversión productiva.

Una característica fundamental del sistema económico en que vivimos es la continua ampliación del alcance de su funcionamiento: por una parte expande la producción de bienes y servicios, la cantidad y variedad de los mismos, en las zonas donde el capitalismo ya está insertado mientras que por otra, continuamente incorpora nuevas zonas de economías atrasadas a su pujante sistema económico. Históricamente se puede hablar con propiedad de crecimiento económico cuando el sistema feudal deja lugar a la nueva economía capitalista.

Sin embargo este crecimiento no es lineal ni continuado, repetidamente a escala mundial y nacional ( a veces simultáneamente y otras asincrónicamente, según el país) la economía atraviesa por períodos donde la producción de bienes se estanca o aún decrece, donde la desocupación se incrementa, la pobreza se extiende, la quiebra de empresas se generaliza, el crédito se detiene y hasta las instituciones tambalean. Nos estamos refiriendo aquí a las crisis profundas del sistema, que ocurren en períodos más largos  que aquellas debidas a ajustes de inventarios e inversión para compensar demandas, ofertas y capacidades.

El hilo conductor del crecimiento es la búsqueda de los empresarios de incrementar sus beneficios y más específicamente su tasa de ganancia. La misma motivación,  la búsqueda de ganancias mediante la mecanización en un sistema desordenado y sin coordinación de sus unidades económicas, es el que inevitablemente lleva a períodos de crisis que alternan con las etapas de crecimiento.

Cuando la economía crece el empresario incorpora progresivamente nuevas técnicas de producción que implican mayor inversión y menos trabajo actual, con la finalidad de bajar sus costos para obtener mayores ganancias y para competir. Pero en la medida que la técnica se difunde entre los empresarios del ramo, los precios de venta tienden a disminuir al adecuarse al valor reducido que ahora los produce. Además la acumulación de por sí implica mayores inversiones en medios de producción, maquinarias y materia primas. En cada rama industrial y en la economía, no necesariamente al unísono pero sí tendencialmente, la tasa de beneficio tiende a disminuir aún en, y debido a, períodos de rápida acumulación.

Y en la medida que la tasa se reduce cada vez es menos conveniente reinvertir en la producción: llega un momento en que dadas las pocas posibilidades de obtener un retorno para la inversión el dinero se retiene en colocaciones bancarias o crece la inversión financiera especulativa que es ahora más rentable o se envía el capital al exterior en busca de mayor rentabilidad o seguridad, por lo que desaparece la inversión productiva. La caída de la demanda de inversión repercute en la demanda de bienes de consumo. El empresario comienza a producir menos y por tanto contrata menos mano de obra, compra menos materia prima y no actualiza sus técnicas de producción, todo lo que lleva a un aumento de la desocupación.

La disminución de la demanda, la de inversión y la de consumo, provoca la pérdida de rentabilidad de otras empresas que no estaban inicialmente afectadas por la crisis, se produce una caída de los precios y de los volúmenes comercializados que disminuye los beneficios de estas industrias y aumentan la gravedad de la crisis. Adicionalmente el sistema de créditos es minado por la alta exposición al riesgo que se produce, contrayéndose y amplificando la crisis. El sistema monetario estalla incrementando el caos económico y social.

Si la economía en cuestión es la de un país importante en los mercados mundiales, la caída de su demanda aparejará un efecto recesivo sobre otros países que verán disminuir sus volúmenes y precios de exportación.

Los efectos (y la duración) de la crisis son variados pero todos ellos restituyen rentabilidad a los negocios, lo que conduce a un nuevo período de crecimiento: en el período de crisis los empresarios no invierten, por lo que disminuye el capital constante debido a la depreciación y mejora la rentabilidad, dando lugar a la posibilidad de nueva inversión. La nueva demanda de inversión  provoca la suba de la tasa de rentabilidad en otros sectores industriales. Quiebran los empresarios menos competitivos, provocando la destrucción y venta de capital constante. La desaparición de estos empresarios deja cuota de mercado para los que continúan, que ven aumentada su escala y como consecuencia, su rentabilidad. Disminuye el salario real aumentando la rentabilidad de los empresarios, producto del aumento de la desocupación y de políticas específicas de los gobiernos. El marco institucional cambia: se intentan cambios en la estructura económica, en la apertura comercial y financiera, etc. En tanto el Estado redistribuye sus ingresos favoreciendo al capital privado, los empresarios cambian su forma de hacer negocios hacia maneras más eficientes o cambian de ramas industriales hacia las más prometedoras en la nueva situación, etc. Nuevas técnicas de producción surgen de las crisis y técnicas de punta que se venían desarrollando con anterioridad a la crisis pero que no se habían incorporado a los procesos productivos por los costos de conversión o por razones institucionales, encuentran ahora su oportunidad al haberse desgastado buena parte de las maquinarias existentes y al haber cambiado el marco institucional.

Los empresarios que sobreviven a la crisis y otros nuevos que se incorporen desde el exterior comienzan un nuevo período de expansión, motivado por la recuperada rentabilidad a que lleva los cambios descriptos. La fase expansiva impulsa el crecimiento de la economía en la medida de que el circuito de producción se repite y se amplia constantemente, lo que implica mayor inversión, más trabajo y más consumo, a la vez que la búsqueda de una mayor ganancia implica cambios de técnicas que conllevan inversión y aumentan la productividad, creando así con el paso del tiempo las condiciones para una nueva crisis.

Tanto en los períodos de crecimiento como en los de crisis, el Estado juega un rol fundamental en soportar o retomar según el caso, el proceso de acumulación de capital.

 La intervención del Estado ha crecido a lo largo de la historia del capitalismo por la necesidad de favorecer la reproducción de un sistema cada vez más complejo. Así al papel sustancial del Estado de asegurar la obtención de los beneficios por las empresas, permitiendo la acumulación de capital por parte de unas pocas personas (en comparación a la gran masa trabajadora) y el conservarlo privadamente con tranquilidad, se ha agregado el asegurar las condiciones para que exista un crecimiento económico suficiente para lograr la reproducción ampliada del capital.

La internalización del capital, la competencia creciente por los mercados internacionales debido a las necesidades de reproducción constante del capital, el creciente costo de investigación, desarrollo y adopción de nuevas tecnologías, las grandes obras de infraestructura, la competencia internacional y la necesidad de expandir los mercados, la creciente escasez de recursos estratégicos, la incrementada complejidad de preparación de la fuerza de trabajo explican la complejidad del sistema que hace necesaria un rol cada vez más activo del Estado. Y en la actualidad, la expansión del comercio internacional, los flujos financieros y las inversiones extranjeras directas, de la mano de las estrategias empresariales de las mutinacionales productivas, comerciales y finacieras ha supuesto una pérdida de funcionalidad del Estado como regulador del proceso de acumulación y un desarrollo de estructuras y organismos internacionales, aún más aliadas a los intereses capitalistas dominantes.

En el presente trabajo se analizan diversos elementos de política del Estado que influyen sobre el crecimiento y la acumulación de capital. Como el crecimiento económico se logra cuando existen beneficios y se reinvierten, las políticas que tiendan a aumentar el ahorro y la inversión y a disminuir el consumo social favorecerán la reproducción ampliada de la producción. En ese sentido las políticas macroeconómicas son claves para lograr el crecimiento productivo, las políticas sectoriales pueden ser bien intencionadas pero inoperantes en un marco inadecuado de política económica general. Las políticas monetarias, cambiarias y fiscales deben ser congruentes con el objetivo de crecimiento económico.

Asegurar la libre competencia, eliminando monopolios y oligopolios que se apropian de excedentes superiores a los que generan con sus productos y servicios por medio de precios que no reflejan el valor de sus prestaciones, es una tarea del Estado que encuentra graves dificultades para realizarla dado el poder con que cuentan estas grandes empresas, muchas veces extranjeras. Ya hemos comentado la positiva correlación entre estructura del mercado competitiva y crecimiento económico,  a resultas de que la competencia refuerza la motivación del empresario para investigar y/o adoptar nuevas técnicas, invirtiendo en maquinarias y capacitación.

La forma en que el Estado conduce los procesos de apertura comercial es clave para el crecimiento en el largo plazo. Políticas exitosas requieren de análisis estructurales de la competencia internacional y los mercados mundiales. Desde este punto de vista, la tasa de cambio es de crítica importancia, ya que la tasa de cambio traslada los costos y precios locales a la arena internacional. Además el otro factor que incide en los costos unitarios absolutos, y por tanto en la competitividad, es la productividad que depende crucialmente del avance tecnológico de las empresas y de la modernización de la infraestructura física, social y política.

Un rol del Estado que es muy fuerte en los países desarrollados e igualmente débil en los países en desarrollo es su contribución al progreso técnico y por tanto al aumento de los excedentes (beneficios) a través de un incremento de la productividad de la fuerza de trabajo o por el desarrollo de productos con mayor valor agregado. Son de gran importancia para el crecimiento económico las políticas públicas destinadas a desarrollar las capacidades de aprendizaje necesarias para la imitación de tecnologías y la disminución de la brecha tecnológica en los países en desarrollo y para ensanchar las nuevas fronteras tecnológicas en los países desarrollados. La creación y coordinación de un sistema nacional de ciencia y tecnología se vuelve un instrumento para crear condiciones de competitividad en el sistema económico, coordinando las instituciones con las estrategias de las empresas para fomentar el aprendizaje tecnológico.

En la medida que la productividad obtenida por el progreso técnico es la fuente de excedentes que permite aumentar la reinversión y el consumo a la vez, el Estado es clave para lograr el crecimiento económico con mejor calidad de vida, aunque esto no elimine las fuertes desigualdades que el sistema capitalista conlleva

Los factores anteriores no agotan las variables que tienen influencia sobre el crecimiento económico y sobre las que el Estado tiene un control directo o indirecto, completo o parcial. Es interesante como línea de investigación el describir la influencia de otros factores con un análisis basado en el enfoque clásico, esto es, basado en las preguntas que desvelaron a muchos economistas ¿cómo se genera la riqueza?¿cómo se distribuye?.

Complementariamente otra línea de investigación es el estudio de la influencia de las políticas monetarias y fiscales, las que juntas constituyen el medio por el cual los gobiernos de las economías modernas intentan manejar sus economías, con las severas limitaciones que el proceso económico capitalista impone, desde la perspectiva de cómo influyen sobre la generación de excedentes y sobre su reinversión con la tasa de beneficio como hilo conductor.

En otra línea muy distinta quedan pendientes de un mayor análisis las transferencias de excedentes entre países o más precisamente entre las clases sociales de diferentes países. Y es que ya desde los tiempos de los economistas clásicos las cuestiones económicas y políticas presentadas como de estrategia nacional, respondían a los grupos dominantes en cada país. Someramente y a pie de página se han tratado algunos elementos de esta transferencia de excedentes: sin embargo las tendencias de la globalización actuales, disminuyendo el poder de los Estados y aún obligándolos a competir entre sí por la alocación de inversiones, obligan a explorar en mayor profundidad el papel de las transnacionales en la economía capitalista como agentes de este proceso. Las estrategias de estas empresas, posibilitadas por la fragmentación de los proceso productivos y comerciales, contribuyen decisivamente a modificar la división internacional del trabajo a la vez que reproducen la situación de desarrollo desigual en que se encuentran las economías de los países desarrollados y los países subdesarrollados.

El listado anterior no implica un completo detalle de las posibilidades que ofrece el tema, pero sí da cuenta de algunas inquietudes que tiene el economista clásico en su versión actual.
IV.2    Crecimiento económico: un modelo clásico

El modelo matemático básico, sin considerar el progreso técnico, formaliza el análisis de la teoría económica clásica. De él se extrae como conclusión que la tasa de crecimiento es directamente proporcional a la tasa de beneficio de la economía, aunque inferior a ésta,  multiplicada por la fracción de excedentes que no es consumida (social o personalmente) sobre los excedentes totales. El modelo permite también encontrar expresiones para las distintas variables y sus tasas de variaciones: producto bruto, capital constante, mano de obra empleada. Estas expresiones dan cuenta de una economía en crecimiento donde las relaciones entre las principales variables permanecen constantes, regulada por la tasa de beneficio. La tasa de crecimiento de esta economía se puede entender de la siguiente forma: el excedente generado se utiliza en primer lugar para reponer el capital constante que se ha desgastado en el proceso de producción. Por encima de ese valor el excedente es utilizado para ampliar el circuito de producción por lo que la economía crece y la tasa de crecimiento es proporcional al excedente neto dividido el capital adelantado por el empresario, o sea la tasa de beneficio del empresario.

El modelo básico se desarrolla considerando que toda la producción de un país o sociedad dada en un período determinado se ha agregado en un sólo producto, para una economía cerrada (aunque luego se estudian los efectos de la apertura de la economía), caracterizada por condiciones de producción que son compatibles con la libre competencia. Se asume que el trabajo es homogéneo y que la libre movilidad de capitales dentro de la economía asegura la tendencia hacia una tasa de beneficio uniforme. Todas las variables, dependientes o independientes, cambian en función del tiempo. Con el supuesto de que no existe ningún cambio social en el período de tiempo en que el modelo es aplicado, la tasa de obtención de excedentes (relación entre el excedente generado y el salario pagado al trabajador) es constante. Finalmente no existe ninguna limitación natural al crecimiento económico, las fuentes de materia prima y la disponibilidad de fuerza de trabajo no son restricciones a la producción.

El planteamiento matemático del modelo se realiza, en el caso básico y en todas sus ampliaciones, por dos ecuaciones diferenciales que reflejan el balance de medios de producción y de excedentes de la economía. Para una sociedad definida en un momento histórico dado, lo cual implica un grado de progreso tecnológico con sus necesidades educativas más usos y costumbres, las necesidades de subsistencia y reproducción de los trabajadores están determinando el salario real que habrán de percibir. La técnica utilizada, que habrá de ser la más rentable para el empresario, implica la cantidad de unidades de trabajo a utilizar y el capital fijo. Las ganancias de los empresarios son ahorros que se invierten. A partir de estas tres condicionantes (salario, técnica utilizada e inversión) quedan determinados los excedentes producidos por el trabajador, por lo que de ello se deriva la tasa de crecimiento del sistema económico.. Si los beneficios son reinvertidos totalmente el crecimiento es el máximo posible, si una parte de los beneficios es consumida suntuariamente por la clase empresarial o por sectores no productivos (aunque necesarios para el funcionamiento y la conservación del sistema) el crecimiento disminuye y más lo hará cuanto mayor sea el consumo social improductivo. El beneficio del empresario depende de la tasa de obtención de excedentes, ya que sus utilidades surgen de los excedentes que el trabajador produce sobre lo necesario para pagar su salario.

La tasa de crecimiento calculada corresponde al sector capitalista de la producción de un país, no es necesariamente la tasa de crecimiento de la economía del país ya que en este siempre hay sectores no capitalistas tales como el trabajo doméstico, la producción artesanal y la producción agrícola de auto subsistencia. La tasa de crecimiento puede no ser y generalmente no será coincidente con la tasa natural de crecimiento de la fuerza de trabajo, derivada de las tasas de natalidad y mortalidad. En cualquier situación relativa de estas dos variables se puede demostrar que existirá un ejército permanente de desempleados.

La intención del empresario de aumentar sus beneficios a través de la disminución de sus costos y  la necesidad de batir a sus competidores, hace que continuamente mejore sus técnicas de producción y adopte nuevas tecnologías y sistemas de gestión. En ese sentido desde los orígenes del sistema capitalista, la división de tareas y la especialización, tanto en el ámbito interno de la empresa como externo en el sector industrial y en la economía nacional y aún en la inserción internacional, estos dos mecanismos han sido una fuente importante de ganancia de productividad laboral y disminución de costos. Pero fundamentalmente la mecanización de los procesos productivos, que implica la sustitución de capital variable (mano de obra actual) por capital constante (mano de obra pre-datada), es el mecanismo por el cual el empresario busca abaratar sus costos. 

El progreso tecnológico a escala empresarial es, en el sistema económico capitalista, sesgado en el sentido de que por cada unidad de producto obtenido las nuevas técnicas incorporan más medios de producción y disminuye la fuerza de trabajo, aumentando la productividad laboral a la vez que decrece la productividad del capital.

Esto también tiene un efecto doble en los marcos de actuación. Por la parte del precio, si bien inicialmente el abaratamiento de sus costos le puede permitir un mayor beneficio (siempre que un empresario competidor no lo haya hecho primero) éste disminuye en cuanto los competidores adoptan las nuevas técnicas de producción. El resultado de largo plazo es que el empresario ve disminuida su tasa de beneficio en tanto los precios se acomodan a los nuevos costos y ha aumentado sustancialmente la inversión en capital constante. Por el otro, la mecanización implica la expulsión de mano de obra incrementando la desocupación, lo cual facilitará al empresario mantener bajos los salarios, cercanos al nivel de subsistencia y reproducción.

El modelo matemático ampliado con progreso técnico demuestra estas tendencias, partiendo de un cambio de técnica (cuyas condiciones de viabilidad se analizan) sesgado en el sentido indicado. Las variables ya no crecen constantemente y en tasas iguales, el stock de capital aumenta más rápidamente que la  producción y esta que la mano de obra, de tal forma que dependiendo de la fuerza del proceso de acumulación y del progreso tecnológico podrá incrementarse o reducirse la fuerza de trabajo utilizada. Se concluye que la obtención de excedentes por parte del grupo empresarial es creciente así como lo es la composición orgánica del capital.

La tasa de crecimiento mantiene una expresión similar a la del modelo básico, esto es, depende directamente de la tasa de beneficio. Con la existencia de progreso técnico además de utilizar parte del excedente para reponer el capital constante utilizado, debe invertirse en medios de producción  mejorados en un monto con una compensación por el ahorro de capital variable.

Además el modelo demuestra la tendencia del sistema a estancarse a largo plazo, a la disminución de la tasa de crecimiento tendencialmente de la mano de la reducción de la tasa de beneficio sólo parcial y temporalmente contrarrestada por los factores que en el texto se analizan: destrucción de capital físico, aumento de la tasa de obtención de excedentes entre otros.

El modelo básico de la sección I es ampliado en la sección II para incluir la dinámica de crecimiento y crisis. Para los economistas clásicos el largo plazo es caracterizado como un dinámico y turbulento proceso en el cual la movilidad de capital entre las industrias tiende a ecualizar la tasa de ganancia entre los diferentes sectores fundamentales. La tasa de beneficio sigue siendo el hilo conductor y se obtienen ecuaciones diferenciales cuyas soluciones tienen comportamientos cíclicos, siendo necesario introducir una función escalonada en el tiempo de la tasa de crecimiento de la productividad del capital.

Aunque la tendencia secular es a la baja, la tasa de beneficio a largo plazo traza ciclos en su evolución que son el origen de fases expansivas y fases depresivas de la economía, en cada una de las cuales la tasa de ganancia dibuja ciclo de menor altura. A los períodos de tiempo en que la tasa de ganancia es menor que un valor que un valor mínimo, que surge de comparar alternativas de riesgo y rentabilidad, le corresponde una fase depresiva o crisis.

En el modelo presentado la salida de la crisis se produce por un aumento de la productividad del capital debido a la depreciación de los medios de producción (recuérdese que la inversión ha cesado por falta de rentabilidad), la destrucción física del capital de las empresas que van a la quiebra y la  concentración y centralización de empresas, todo lo cual comienza a recuperar la tasa de beneficio de las empresas. A partir de cierto valor mínimo de requerimiento de rentabilidad los empresarios comienzan a invertir generando mayor demanda de medios de producción y mano de obra, lo que a su vez se multiplicará al incrementarse la demanda de consumo.

En las economías reales, la salida de la crisis se ve facilitada por la disminución del salario real que se produce por la pérdida de capacidad negociadora de los trabajadores debida a la alta desocupación.

El modelo básico se amplía finalmente para estudiar factores que soportan el crecimiento económico y que dependen de las políticas del Estado. En este trabajo se analizan la relación entre crecimiento y cambio técnico, bajo las modalidades del “learning by doing” y de un sector específico de R&D, para concluir que es clave para una economía el generar sus propios medios de producción para asegurar el crecimiento económico en el largo plazo. Importancia que se ve reforzada por el hecho de que en el capitalismo moderno son los sectores productores de maquinarias los que monopolizan  el progreso tecnológico (y lo han convertido en un negocio lucrativo con sus centros de R&D) determinando que las técnicas de aplicación óptimas se desarrollan para la economía específica (o en la región económica ampliada) en la cual se insertan.

Otro factor analizado es la apertura comercial de un país, partiendo de la premisa de que es la ventaja absoluta (ser el productor de menor costo) la que determina el resultado en la competencia internacional. El modelo presentado permite concluir que los costos unitarios laborales verticales, dependientes de la productividad y la tasa de cambio, son determinantes en la competitividad de un país.  De aquí se deduce que la forma en que el Estado conduce los procesos de apertura comercial es clave para el crecimiento en el largo plazo. Políticas comerciales exitosas requieren de análisis estructurales de la competencia internacional y los mercados mundiales.

En el desarrollo del modelo se hacen visibles diversas vías de investigación para el futuro que es intención del autor transitar y que pueden ser agrupadas en dos grandes conjuntos.

Por una parte las que surgen naturalmente de extender el presente modelo en varias direcciones. Una de las más tradicionales en otros modelos con enfoque clásico es flexibilizar la suposición de que son los empresarios quienes ahorran e invierten una fracción de sus beneficios mientras que los trabajadores solamente consumen. Marglin (1984) estudia distintas posibilidades de ahorro, a partir de una de las controversias de Cambridge sobre el tema (así denominada porque involucró a economistas de primera línea de las dos Universidades de Cambridge, la inglesa y la norteamericana ), para concluir que no es relevante a los efectos de los resultados de los modelos analizados. Una dirección similar de extensión se refiere al hecho de que se ha considerado la fracción ahorrada como una proporción fija de los beneficios, independientemente del monto de los mismos, con lo que la función de ahorro es lineal con coeficiente en el origen nulo. Otras funciones son posibles por lo que habrá que estudiar sus efectos sobre lo que el modelo predice.

Todavía dentro de este conjunto de vías de investigación  cabe mejorar los supuestos respectos al progreso tecnológico. Aquí se han asumido tasas de cambio constantes para las productividades laborales y del capital, y en el mejor de los casos una función escalonada para esta última. La teoría del cambio técnico descrita, endogeniza el progreso tecnológico por lo que cabe la posibilidad de desarrollar expresiones más complejas para estas productividades, al estilo de Dumenil y Levy (1999.) Nuevamente habrá que estudiar las consecuencias de otra formulación para los resultados del modelo.

Un conjunto de vías de investigación se abre al considerar no extensiones al presente modelo sino temas completos que posiblemente cambien el aspecto del mismo. Entre ellos, y sin agotar las posibilidades, se encuentran los que tratan de los aspectos monetarios que aquí no se han considerado por trabajar con variables reales, los de la dinámica de corto y mediano plazo en donde será necesario estudiar tasas de interés, la política fiscal, la utilización de la capacidad instalada, etc. Pero también quedan por investigar, a partir de este enfoque clásico basado en la tasa de beneficio, los aspectos distributivos de la economía capitalista: tanto el que hace referencia a la distribución de ingresos entre trabajadores y empresarios como a lo que se refiere a la distribución de riquezas entre países, muchas veces modelada como Norte - Sur.

Es extensa y variada la agenda de investigación que es posible desarrollar, pero es igualmente necesaria para que el enfoque clásico de la economía demuestre su validez como alternativa a las escuelas dominantes para explicar los hechos de la economía capitalista sin ocultar la injusta realidad de la misma en cuanto a la distribución de la riqueza.
IV.3    Breve historia económica del Uruguay

Uruguay, país pequeño situado en la zona templada del planeta, logró a partir de 1870 un rápido crecimiento económico al consolidar un modo de producción capitalista impulsado por la inserción (tardía) en el sistema mundial como proveedor de productos primarios, esencialmente pecuarios, rol que lo caracterizó desde los tiempos de la colonia.

El sostenido crecimiento de la ganadería, actividad productiva fundamental, ocurrió luego de la liquidación de la economía pre capitalista (vigencia de los derechos de propiedad en el campo, implantación del alambrado, expulsión del gauchaje y asentamiento de la mano de obra asalariada) y se debió a la coincidencia de dos conjuntos de factores:

ü    en lo interno, las condiciones naturales (suelo, clima), la reducida población y las bajas exigencias en materia de capital y de nivel tecnológico, ambos factores escasos en Uruguay, determinaron que el sector ganadero extensivo pudiera producir en condiciones de competencia con el exterior.

ü    en lo externo, el desarrollo de la navegación transatlántica, la mejora de los métodos de conservación de la carne por el desarrollo de la refrigeración y el aumento de los niveles de consumo de la población europea resultado de la expansión económica.

Entre 1875 y 1913 se generó un importante volumen de excedentes, cuya apropiación se repartió entre el capital extranjero y el nacional compuesto este último por los grandes propietarios rurales y los comerciantes montevideanos. Una menor porción consumió el Estado para su rol de mantenimiento y reproducción del orden social. El empresario rural reinvirtió en el mismo sector agropecuario buena parte de sus excedentes, lo cual fue complementado por inversiones extranjeras (principalmente británicas) dirigidas a aprovechar y facilitar la exportación de productos pecuarios, posibilitando el transporte de la producción primaria desde el interior y su comercialización. La reinversión de los beneficios generó un período de rápido crecimiento, que llevó a Uruguay a niveles de ingresos per cápita similares a los de los países industrializados. Se cumplieron entonces las dos condiciones para el crecimiento en una economía capitalista; la existencia de beneficios y las posibilidades de inversión, todo ello soportado por el Estado ligado a los intereses de los dos grupos poderosos a escala nacional. El crecimiento de la ganadería facilitó un incipiente desarrollo industrial y de algunos sectores agrícolas, que reforzaron el crecimiento económico general y que fueron en última instancia fuertemente dependiente de ella.

Pero el crecimiento se agota al estancarse la ganadería: hacia la década del veinte la tasa de beneficio que decrecía debido al aumento del capital constante llega a valores bajos que prácticamente implican una reproducción simple (no ampliada) del circuito de producción, por la ausencia de reinversión en el sector. En la demanda exterior, el otro pilar del proceso de crecimiento, la multiplicación de la oferta de productos primarios más la decadencia del principal cliente, Gran Bretaña, cierra una fase histórica de crecimiento del capitalismo uruguayo. La depresión comienza en 1913 a partir de la crisis financiera internacional y la concomitante disminución de la demanda de productos primarios en los mercados europeos. La caída de los precios implicó una brusca disminución de la riqueza generada por el sector ganadero, que alcanzó casi el 50% entre 1913 y 1916. El volumen de las exportaciones, pilar del modelo agroexportador, se estancó durante los años de la primera guerra mundial aunque los precios internacionales subieron durante el conflicto. Recién en 1925 la ganadería podrá superar los niveles que tenía antes de la crisis.

La disminución de los ingresos de las exportaciones pecuarios volvió a demostrar la dependencia del resto de los sectores de la economía uruguaya de esos ingresos: la crisis contrajo un 15% el producto industrial y esto a pesar de las leyes proteccionistas del primer batllismo, la agricultura sufrirá una menor caída y una más rápida recuperación.

La crisis trajo aparejada, en un mecanismo que no por repetido merece dejar de ser comentado, una fuerte desocupación y la brusca disminución de los salarios reales que llegan a reducirse un 31,5% entre 1912 y 1917. No disponemos de datos acerca del capital físico que permita evaluar la destrucción del mismo en el período.

El estancamiento de la producción en volumen físico del país llega hasta 1923 pero las consecuencias se arrastran más años, agravado luego por el crack bursátil del 29 en Estados Unidos y su onda expansiva.

Uruguay desde principios de los años 30 cambió su estructura económica con la aparición de una industria protegida, principalmente sustitutiva de importaciones, que impulsó el crecimiento a la vez que mantenía una base ganadera en proceso de estancamiento. La ganadería extensiva era el sector en cuya producción el país se especializaba y que generaba excedentes, en parte apropiados por empresarios extranjeros en la comercialización, en parte retenidos por los grandes propietarios ganaderos pero que no tenían posibilidad de ser reinvertidos con rentabilidad en su propio sector. De la conjunción de este problema y de la situación mundial (que determinó que los países desarrollados, enfrascados primero en graves crisis económicas y luego en una conflagración mundial, disminuyeran o dejaran de suministrar productos industrializados, por lo cual un proceso similar de sustitución de importaciones tuvo lugar en muchos países del ahora tercer mundo) surgió la posibilidad de desarrollar una industria propia donde ubicar los excedentes con rentabilidad.

Entre 1945 y 1955 se obtuvieron altas tasas de crecimiento en la economía nacional en el marco de la política de sustitución de importaciones, de acuerdo a los registros históricos las tasas fueron las más latas del siglo. En este sentido las políticas fueron exitosas tanto en lo que se refiere al crecimiento como en la mejora de la distribución de la riqueza.

El proceso de acumulación generó un exceso de inversión en capital constante, específicamente capacidad industrial, sin desarrollar en el caso uruguayo una industria propia de medios de producción por lo que la dependencia de la tecnología extranjera se incrementó. Disminuyó la tasa de beneficio en el sector, con dificultades para incrementar su producción por el pequeño tamaño interno y la falta de competitividad internacional, a la vez que el otro sector importante de la economía, la ganadería, continuó estancada y sin posibilidades de inversión rentable. Si bien otros sectores agropecuarios crecieron, su peso continuó siendo menor en la estructura económica nacional.

La caída de la rentabilidad industrial implicó la detención del proceso de inversión en la industria, los capitales acumulados al interior del país comenzaron a ser transferidos al exterior al no encontrar oportunidades de ganancia en los sectores económicos existentes y al no desarrollarse otros nuevos.

Cesó entonces el crecimiento de la producción, comenzando a disminuir la ocupación y aumentando la inflación hasta valores que Uruguay desconocía en su historia reciente. El déficit en la balanza de pagos se produjo al exceder las importaciones necesarias para el proceso industrial volcado al mercado interno a las exportaciones ganaderas. Las décadas de los 60 y principios de los 70 vieron exacerbarse la lucha lucha distributiva por una decreciente riqueza, con un creciente rol del Estado en la represión de los trabajadores que llegó a su máximo nivel a partir del golpe de Estado del 73.

Tras prolongados años de crisis, los mecanismos restauradores del capitalismo comenzarían a actuar para dar paso a una tímida recuperación y posterior fase de crecimiento. Numerosos sectores económicos vieron disminuidos u obsoletos sus medios de producción, muchas empresas quebraron aún cuando conservara el país sus potenciales ventajas absolutas en algunos sectores. Un nuevo marco institucional, económico y estructural junto a la fuerte disminución del salario real permitieron la elevación de la tasa de beneficio.

El análisis de esta nueva etapa de la economía uruguaya, donde se termina de liquidar el esquema de sustitución de importaciones y se comienza a desarrollar un modelo basado en la exportación de productos primarios y prestación de servicios a la región, se ha realizado por comparación con tres casos seleccionados: Chile, Nueva Zelanda e Irlanda.

Estos países comparten con Uruguay muchas características comunes en tamaño, geografía e historia. En todos los casos atravesaron por una fuerte crisis en los años 80 para retomar el crecimiento económico con una fuerte intervención del Estado.

Podemos concretar dos conclusiones acerca de las estrategias de crecimiento económico que se extraen de las tres experiencias analizadas para su posterior cotejo con el caso uruguayo, conclusiones que son propias del modelo teórico clásico: la reducción de los costos salariales unitarios (que involucra salarios, tipo de cambio y productividad) y la disminución del consumo social permitió el aumento de la generación de excedentes. La estrategia de expansión de las exportaciones, ampliando mercados que permitieran lograr  la especialización y economía de escala que el tamaño del mercado interno dificultaba, logró desarrollar sectores rentables donde invertir el ahorro interno y el de las empresas transnacionales atraídas por las ventajas ofrecidas en estos países, ya sea la dotación de recursos naturales o la de mano de obra calificada o el bajo costo relativo de la mano de obra o el acceso a mercados o varios de estos factores a la vez, potenciado por las ventajas fiscales que se otorgaron.

Para lograr estos resultados desde el punto de vista del crecimiento (y por tanto del beneficio de los empresarios), los tres países se caracterizaron por el funcionamiento de una economía capitalista con instituciones y prácticas que facilitaron la acumulación de capital, concretaron una fuerte apertura comercial complementada con la firma de acuerdos de libre comercio con países claves como destino de la exportación de sus productos, se ajustó desde un comienzo la tasa de cambio y se manejó luego de tal manera de hacer competitiva las exportaciones, se implementó una política laboral tendiente a flexibilizar las relaciones patronales, la inflación se controló en todos los casos con la disminución del déficit fiscal. El Estado se achicó en todos los casos con relación a su peso en la economía nacional cediendo las áreas rentables a la explotación de capitales privados, desarrolló la infraestructura apropiada para soportar a los exportadores (puertos, carreteras, comunicaciones), en la promoción de exportaciones a través de incentivos, investigación de mercados y otros elementos. También respaldó el proceso de acumulación de capital modificando los sistemas educativos, coordinó los ámbitos públicos y privados y transfirió recursos para la investigación científica y el desarrollo tecnológico en sectores seleccionados por su potencial exportador.

A partir de las conclusiones de la teoría clásica y de los casos comparados, retomamos el análisis  de la evolución económica uruguaya: con el fracaso del modelo de sustitución de importaciones ya descrito, a partir de la década del setenta los sucesivos gobiernos militares y democráticos reinsertaron el país en la división internacional del trabajo con un modelo basado en la exportación de productos primarios a los mercados internacionales complementada con servicios turísticos y financieros a la región.

El modelo de acumulación que la dictadura militar y los gobiernos que le sucedieron implementaron en Uruguay tiene características similares a las descriptas en los casos presentados pero presenta fuertes diferencias en aspectos claves que explican los disímiles resultados alcanzados.

El tipo de cambio se mantuvo elevado en casi todo el período, la apertura comercial distó de ser gradual y no se buscaron mecanismos para mitigar sus efectos inmediatos sobre el tejido industrial, se mantuvo un déficit fiscal que se pudo financiar mientras existió crédito internacional pero que supuso la imposibilidad de inversión en infraestructura en la cantidad necesaria para el crecimiento y que significó una pesada carga a futuro, no se apoyó la investigación científica y técnica ni aún la dirigida a los sectores que debían impulsar el crecimiento económico del país.

La política económica consolidó la inserción internacional del país en la nueva división internacional del trabajo como un proveedor de materias primas y productos alimenticios, complementado en el ámbito regional con el papel de proveedor de servicios (en especial turísticos y financieros, últimamente y con éxito que perdura de informática.) En cuanto a lo primero, la creación de riqueza en el país y su exportación está basada en productos de bajo contenido tecnológico, con reducida capacidad de generación de empleo, con baja diversificación, de demanda poco dinámica y de pobre comportamiento de precios. Por lo segundo depende de la situación de las inestables economías regionales, en especial la de Argentina con la cuál además es estructuralmente similar.

A la vez las polticas implementadas destruyeron en forma irreversible parte del tejido industrial, disminuyendo la actividad de la industria y aumentando su desconexión por la casi completa eliminación de las escasas ramas proveedoras de medios de producción.

Con la profundización del modelo y el fuerte ingreso de capitales. Uruguay logró un importante crecimiento económico entre 1990 y 1998 (pero aún menor al de Chile e Irlanda y similar a Nueva Zelanda) para luego ingresar en una larga recesión que se transformó en una grave crisis en el año 2002, con cifras record de caída del PBI, desocupación, salida de capitales y corridas bancarias. La crisis de este fin de milenio y la profundidad con que se manifiesta es el producto de la confluencia de tres fenómenos:

ü  la dinámica del sistema económico: la fase de crecimiento de la década de los 90 se agotó en la medida que la inversión en sectores rentables creó un exceso de capacidad y capital fijo a la par que caía la rentabilidad, fenómeno disimulado por la creación del Mercosur y los planes de estabilización que sobrevaluaron las monedas de los países vecinos.

ü  los shocks de demanda provocados por la devaluación brasilera, la crisis argentina y la reaparición de la aftosa entre las principales causas.

ü  la política económica del período, que disminuyó la rentabilidad de las empresas y no soportó adecuadamente la acumulación, debido a errores de política y al balance de fuerzas entre los distintos sectores capitalistas.

El breve racconto de la historia económica del Uruguay, que se presenta en este libro, ha sido apoyado con la presentación de cifras para los principales parámetros extraídas de diversas fuentes, de acuerdo al período analizado. Estas cifras sirven para dar una idea de los principales cambios en la economía pero no alcanzan para demostrar la línea argumental aquí seguida: por una parte se ha comentado en la sección I lo inadecuado del indicador “Producto Bruto Interno” para medir la creación de riqueza en una economía, por la otra no existen en la literatura económica uruguaya (o al menos el autor no las conoce) series de valores de rentabilidad y de otras variables centrales a la teoría clásica debido al diferente enfoque de la corriente económica dominante.

La elaboración de un conjunto de valores que permitan visualizar con mayor claridad la aplicación de la teoría clásica aquí descripta resulta entonces de especial importancia para la contrastación de la misma en un caso específico. Para ello se hace necesario calcular, con la base teórica desarrollada por Shaikh y Tonak (1994) y aplicada a los Estados Unidos donde los autores constataron empíricamente las predicciones de la teoría clásica, valores para la producción de bienes y servicios productivos y no productivos, tasas de obtención de excedentes, tasas de beneficio de las empresas y sectores de la economía, composición orgánica del capital, etc. Historiadores económicos han avanzado bastante en la estimación de las cifras de la economía uruguaya, pero aún así es posible que el cálculo de las variables citadas sea dificultoso para los dos primeros períodos de la historia uruguaya aquí descrito. De todas formas queda abierta como línea de desarrollo la investigación econométrica, especialmente para el último período que por su cercanía en el tiempo y por la crisis en que se hundió el Uruguay despierta el interés explicativo no sólo de los economistas sino el de toda la población del país.


 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: ANEXOS
 ESTUDIO DE CASOS


 1        El crecimiento chileno



Capítulo III.1

 

[i] La importancia actual de la geopolítica, ahora extendida desde el acceso a las materias primas estratégicas a la tecnología de la información, es analizada desde el punto de vista de los intereses norteamericanos en Bloomfield (2002)

 

[ii] Es también cierto que muchas de estas actividades que por susceptibles de generar ganancias pasan del estado a manos privadas, cuando en épocas de crisis generan pérdidas, son retomadas por Estado con lo que “las ganancias se capitalizan y las pérdidas se socializan”.

 

[iii] Sala-I-Martín (1994, 2001), Barra (1997), Durlauf y Quah (1998)

 

[iv] Rige la Ley de la ventaja absoluta, como bien han demostrado Shaikh y Antonopoulos (1998) y no la ley de las ventajas comparativas. Y se deben incluir en los menores costos los derivados de la “competitividad sistémica”cuyo efecto final es el de lograr un mayor valor de uso para el bien producido o menores costos en su producción. Para una discusión de “los otros factores de competitividad distintos a los costes”. Ver Guerrero (1995.)

 

[v] Para una discusión de los efectos económicos del Estado de Bienestar, ver Alsina Oliva (1999.)

 

[vi] El caso es España, analizado por Díaz Calleja y Guerrero (1998)

 

Capítulo III.2

 

[vii] Ha-joon Chang (2002) realiza un detallado racconto histórico de la evolución del proteccionismo de Inglaterra, Estados Unidos y otros países desarrollados.

 Por otra parte, cabe mencionar la opinión de Guerrero(1995) de que si todos los países siguen políticas activas de competitividad, a escala global el resultado es una transferencia de recursos del sector público al sector privado, enriqueciendo a grupos empresariales e incrementado sus beneficios. “Por tanto, es posible que la obsesión actual por la competitividad no sea sino un reflejo de las bajas tasas de crecimiento características del momento presente, pues es sabido que si el mercado global crece más lentamente la batalla competitiva se hace más aguda, y más encarnizada la rivalidad empresarial (y también, derivadamente, entre países), por lo que no es de extrañar que esta mayor presión competitiva haya terminado aflorando en la superficie ideológica del sistema en forma del mito de las ganancias de competitividad”

[vii] No fue así en el comienzo del capitalismo donde la innovación era generada en las propias empresas. Pero el aumento de los costos de innovación debido al progreso tecnológico ha llevado que buena parte de esa tarea la realice el Estado y la otra parte un sector específico industrial que desarrolla y fabrica los medios de producción utilizados por todas las ramas industriales.

 

[viii] No fue así en el comienzo del capitalismo donde la innovación era generada en las propias empresas. Pero el aumento de los costos de innovación debido al progreso tecnológico ha llevado que buena parte de esa tarea la realice el Estado y la otra parte un sector específico industrial que desarrolla y fabrica los medios de producción utilizados por todas las ramas industriales.

 

[ix] Para una descripción y modelización de los procesos de innovación y selección de cambio tecnológico ver Dumenil y Levy  (1999)

 

[x] La ecuación (12) es conocida como Ley de Verdoorn. Para su presentación y discusión ver Thirlwall (2002.)

 

[xi] Obsérvese que en ambos sectores se asume el mismo tiempo de depreciación J, lo que simplifica el desarrollo del modelo y no es un apartamiento importante de la realidad.

 

[xii] La controversia está descripta somera pero precisamente en Guerrero (1997), distintas discusiones se encuentran en Howard y King (1988), Freeman (2000.)

 

[xiii] El método no está exento de complejidades por lo cual remitimos nuevamente al lector a Kurz y Salvadori (1995) para un análisis amplio y exposición elegante del tema en forma matricial, presentando con mayor precisión los métodos de “reducción a la cantidad datada de trabajo”  y “coeficientes técnicos verticalmente integrados” como formas alternativas a la básica de describir una técnica de producción.

 

[xiv] En otro trabajo donde Shaikh demuestra la validez de la ley de valor laboral, el apartamiento de precios  reales y los precios determinados por la teoría de valor es menor al 7%. Citado en Guerrero (1997).

 

Capítulo III.3

 

[xv] Ver por ejemplo Pampillón Olmedo (1999) para la descripción de varios casos de países.

 

[xvi] La relación entre exportación y crecimiento ha sido empíricamente exitosa en los últimos treinta años aún cuando se discuta la magnitud de la relación, los canales precisos por la cual opera y la dirección de causalidad. Radelet (1999) proporciona una lista no taxativa de casos exitosos.

 

[xvii] Cashin y McDermott (2002) realizaron un estudio de la evolución del los precios de los “commodities” entre 1862 y 1999 encontrando una tendencia decreciente leve del 1% anual sobre los 140 años analizados y, lo que es más grave para la estabilidad de los países proveedores de estos productos,  una gran variabilidad en los movimientos de los precios.

 

[xviii] Utilizamos como equivalentes los conceptos de “sistema nacional de innovación” y “sistema nacional de desarrollo científico y tecnológico”, como propone el diagnóstico sobre estas actividades en el Mercosur realizado por la OEA, entendiendo que la diferencia de nombre es debida  a una intención de énfasis en el proceso de desarrollo y difusión. Una discusión más profunda sobre ambos conceptos se encuentra en el “Informe Nacional sobre la República Federativa de Brasil”citado en la bibliografía.

 

Anexo Sección III

 Chile es un país largo y apretado por la cordillera de los Andes y el mar, con una superficie de 764.000 km2 y con 4.000 Km de costas sobre el Océano Pacífico que lo colocan frente a los nuevos países industrializados asiáticos. Lo habitan sólo 14 millones de habitantes de habla hispana, lo que implica una densidad de población de 18 habitantes por Km2, similar a la de Uruguay. Su territorio es rico en recursos minerales, con condiciones climatológicas que favorecen la producción frutícola en el norte y centro, la producción agrícola y ganadera en el sur y la cría de variadas especies marinas en el extremo sur. Se trata de un país con una de las mayores reservas forestales del planeta.

A pesar de la negativa imagen que la dictadura de Pinochet ha formado de la historia política de Chile en la mayoría de las personas, la democracia chilena (con todas las limitaciones pasadas y presentes) ha sido una de las más antiguas del mundo y con escasas rupturas del orden institucional.

Comenzamos nuestro análisis económico en el momento de la grave crisis de 1983 con que culmina la primera etapa del gobierno de Pinochet, caracterizada por una fuerte apertura externa comercial y financiera, y comienza una política pragmática de cambios que permitieron un fuerte crecimiento durante el gobierno militar (aún cuando llevó varios años el retornar a los niveles de producto per cápita anterior a la crisis, lo que ocurrió al final de ese período) y que se continuó con los gobiernos democráticos que asumieron luego.

En 1983 la caída de la actividad económica, medida por el Producto Bruto Interno, alcanzó el 13,4%, la desocupación rondó el 30% de la población activa, el déficit de los saldos en cuenta corriente superó los 2.000 millones de dólares, con un masivo endeudamiento del sector privado y crisis en el sector financiero. Las exportaciones totalizaron un monto de 3.800 millones de dólares, el 71% de las mismas eran explicadas por recursos naturales: en especial el cobre respondía al 46% de las exportaciones totales.

La política macroeconómica se orientó entonces a respaldar la apuesta de convertir a las exportaciones en el motor de la economía, potenciando su integración en la división internacional del trabajo como proveedor de materias primas y alimentos con bajo grado de industrialización, mientras se mantenía una demanda interna muy deprimida: las exportaciones pasarán de ser el 19,4% de la demanda en 1982 a un 37,3% en 1988.

El Estado interviene fuertemente, aún cuando el modelo se denomine “neoliberal”, en todos los ámbitos donde fuera necesario para asegurar el beneficio al capital (principalmente el de empresas transnacionales atraídas por la abundancia de materias primas), y aún de aquellos ámbitos donde se retira lo hace no por omisión sino persiguiendo el mismo objetivo.

Interviene entonces en las relaciones laborales, aumentando la obtención de excedentes de los trabajadores por parte de los empresarios. El salario real disminuyó en 1983 en un 25%, lo que redujo el costo de las empresas en general  e incrementó los beneficios de las exportadoras en particular. Para conseguir estos objetivos la dictadura había reprimido violentamente los sindicatos para luego proceder a descentralizar la negociación salarial  e incrementar la flexibilidad laboral, modificando la relación de poder entre empresas y trabajadores.

Interviene en la política cambiaria: complementando el efecto de la reducción de costos por la baja de los salarios reales, las empresas exportadoras se beneficiaron de una fuerte devaluación del 85% en tres años que se continuó con pequeñas depreciaciones (crawling peg) para mantener el tipo de cambio real depreciado.

También para mejorar la rentabilidad empresarial el Estado se encargó de realizar las obras de infraestructura necesarias para la mejora de las técnicas de producción y la gestión de comercialización, abaratando los costos de suministros a las empresas, permitiéndole una mayor rentabilidad al transferirles recursos desde otros sectores sociales y haciendo más competitivas sus exportaciones.

El Estado desarrolló un programa amplio de privatizaciones que redujo significativamente su participación en la producción y distribución de bienes y servicios, cediendo al sector privado los sectores potencialmente rentables que controlaba pero a la vez obteniendo ingresos para reducir su déficit fiscal y disminuyendo los costos de estos servicios para las grandes empresas (aún cuando se encarecieran para la población.)

Las reformas del sector público tuvieron como objetivo la eliminación del déficit fiscal en el corto plazo y el aumento de la estabilidad macroeconómica en el largo plazo. De hecho ha existido superávit desde 1986, siendo el promedio del mismo de 1% entre 1984 y 1994. Obsérvese que esta reducción de gasto del Estado más la caída de la demanda interna implicaron la disminución del consumo social dirigiendo una mayor parte de los excedentes a la acumulación de capital, acumulación que fue posible enteramente gracias al desarrollo de nuevos sectores donde invertir con rentabilidad, sectores que analizaremos más abajo. El ahorro doméstico bruto promedió el 20% en la década de los 90, frente a un 25% del ahorro interno total.

Lograda la disminución de la inflación, esencial para el cálculo empresarial cuando de hacer inversiones se trata, mediante la disminución del déficit fiscal,  la reducción de la demanda interna y con una política monetaria restrictiva, el establecimiento de un Banco Central independiente permitió una estructura institucional que facilitó el mantenimiento de la estabilidad de precios. Así se pasó de una inflación del 23% en 1984 a 6,5% en 1997.

El sistema financiero fue reformado a partir de la crisis bancaria de 1982, causada por una amplia y desregulada liberalización. Después de la crisis los controles fueron restablecidos, estos controles tenían como objetivo prevenir salidas masivas de capital y asegurar el financiamiento para el crecimiento. Si bien posteriormente se flexibilizaron las restricciones, se buscó evitar el ingreso de capitales especulativos de corto plazo: se continuó la política de manutención de inversiones por un período de tiempo y adicionalmente se introdujo un requerimiento de reservas no remunerada (encaje) que opera como costo fijo a la entrada.

La apertura comercial que había comenzado en la primera etapa del gobierno militar, década de los 70, con la eliminación de los aranceles múltiples y reducción del arancel promedio de más del 100% hasta el 10%, sufrió un breve retroceso a raíz de la crisis del 82 (elevación de aranceles al 35% para disminuir las importaciones y medidas proteccionistas para el sector agrícola.) Posteriormente los aranceles se redujeron a 11% en 1992 ya con un gobierno democrático y se prevé llegar al 6% para el 2003. Durante los noventa la estrategia de liberalización unilateral ha sido complementada con acuerdos de libre comercio en una estrategia multilateral que llevó a Chile a suscribir tratados de ese tipo con Canadá, México, el Mercosur, Estados Unidos y la Unión Europea[i].

El régimen militar fomentó de manera activa el desarrollo de sectores competitivos de exportación a través de subsidios directos, reintegros,  régimen de “drawback”, exenciones a la importación de bienes de capital y un sistema institucional de promoción a las exportaciones (ProChile, sus actividades principales son identificar mercados externos, estudiarlos y divulgar sus oportunidades, coordinar programas tendientes a mejorar y prestigiar la calidad de los productos de exportación.) Además se destinaron recursos para apoyar la investigación aplicada y a partir de la asunción de los gobiernos democráticos se comenzó a desarrollar un Sistema Nacional de Innovación que coordinó empresas privadas, universidades e institutos de investigación.

La exitosa expansión de la exportación, en particular durante los años 80, se basó en el comercio de productos primarios (tradicionales y no tradicionales.) Chile logró expandir y diversificar las exportaciones, tanto en volumen como en productos y en mercados.

El boom en la exportación de productos básicos  no tradicionales se logró a partir del desarrollo de los llamados “nuevos polos de crecimiento”, fundamentalmente pesca, forestación y fruta fresca. Estos “nuevos polos de crecimiento” se basaron en la explotación de los recursos naturales chilenos, en un contexto de salarios bajos y tipo de cambio devaluado, por parte de grandes empresas que ya poseían canales de comercialización en los mercados internacionales. La rentabilidad en estas ramas propulsó una fuerte inversión que alcanzó marcas históricas como la lograda en 1997 con un 28% del PBI, promediando el 22% entre 1985 y 1995. La calidad de la inversión también aumentó; en 1998 un 58% de la inversión fue en maquinarias y equipos, pero ya había alcanzado el 47% en los años 80.

Los elementos diferenciales de estos “nuevos polos de crecimiento”  que provinieron de un inteligente análisis de mercado son:

ü la fruticultura se expandió al crecer el consumo en USA de frutas frescas y al

aprovechar Chile la diferencia estacional entre ambos países (el verano chileno coincide con el invierno en Norte América.) Adicionalmente el boicot de productos sudafricanos, debido al apartheid, y los altos precios de la mano de obra en Australia y Nueva Zelanda le permitieron a Chile obtener ventajas importantes sobre sus competidores hemisféricos. Estas ventajas fueron complementadas con el desarrollo genético y la obtención de nuevas variedades de frutas, de alta productividad y valoradas por el mercado, gracias al trabajo de la Universidad de Chile en investigación y docencia. El desarrollo de infraestructura permitió un fácil y rápido acceso a los puertos de embarque. Fuertes inversiones, en especial de empresas norteamericanas, establecieron plantaciones “state of the art”. Las exportaciones totales de frutas y vegetales frescos totalizaron US$ 1.396 millones de dólares en 1999. Chile es hoy el principal proveedor mundial de uva de mesa.

ü la industria frutícola trajo como efecto reproductor una mayor demanda de

papel y contenedores de madera para packaging, lo que permitió sustentar (al disponer de un mercado muy activo) la industria de la forestación. Condiciones de clima, suelo y agua favorables permitieron el crecimiento de los árboles más rápido y más densamente que en otras regiones. Se estima que del total del territorio de Chile, 20% es apropiada para la forestación. Esta industria posteriormente dirigió sus esfuerzos a la exportación de madera (como materia y prima y con productos elaborados a partir de la misma, tales como mueble, paneles, etc.) siendo actualmente responsable del 14% de la exportación chilena, equivalentes a 1.900 millones de dólares anuales. Sus principales mercados son Asia, Europa y USA, naciones en donde la producción de madera es declinante. Más de 800 empresas pequeñas y medianas participan en la industria. Por su parte, la industria papelera, responsable del 40% de las exportaciones del sector de la madera, ha dirigido sus productos a los países del Cono Sur.

ü el análisis de los mercados de los países desarrollados determinó una

necesidad insatisfecha en USA y Japón por un producto marino de alto precio: el salmón. Apreciado por sus propiedades para la salud (pescado de bajo tenor graso y con un ácido que disminuye el colesterol), por su excelente gusto y por la atribución de “propiedades” de rejuvenecimiento y otras, la demanda del producto ha ido en constante aumento en los últimos años. Aunado a esto, la sobreexplotación de los recursos marinos en el hemisferio norte ha dejado lugar a nuevos productores. Chile ha aprovechado sus excelentes aguas y ha complementado con criaderos, logrando una exportación de productos marinos de US$ 1.892 millones en 1997, entre los que destacan el salmón y la trucha. La producción de Chile es de 10 millones de toneladas de pescados y mariscos, representando el 6% de la producción mundial.

Cabe mencionar entre las industrias exportadoras, que no comentaremos aquí en detalle por ser de menor volumen o por tratarse de industrias que eran tradicionales en Chile:

ü  la industria vitivinícola altamente reconocida en el mundo y responsable por exportaciones del orden de los 550 millones de dólares anuales,

ü  la industria química con exportaciones por 500 millones de dólares anuales comprendiendo yodo, metanol y nitrato de potasio entre los principales productos,

ü  los productos alimenticios procesados alcanzaron los 550 millones de dólares en 1999 incluyendo derivados de tomate, jugos y enlatados.

ü  las exportaciones de bienes metal mecánicos alcanzaron los 880 millones de dólares en 1999, producto del incremento del 18,2% anual en el monto exportado en los últimos 5 años.

Por último pero no menor, la tradicional industria de la minería donde el cobre representa el 86% del total continúa siendo el principal rubro de exportación con 6.900 millones de dólares al año equivalente al 43% del total de exportaciones, dando cuenta además del 10% del PBI. Chile posee vastas reservas de los principales minerales (cobre, oro, plata) y una larga tradición en minería. Altos niveles de inversión extranjera en el sector han fortalecido sus ventajas competitivas. El foco de la inversión ha sido el de explorar y desarrollar nuevas minas, aumentando los niveles de producción.

 

 


 2        La economía neozelandesa

Situada a 1900 Km al sudeste de Australia, las dos islas que componen Nueva Zelanda totalizan una superficie de una vez y media la de Uruguay (270.500 km2) y una población similar (3,6 millones de habitantes) en su mayoría europea (83%) y con minoría maorí (10%, la reivindicación de su cultura es en la actualidad muy fuerte y compartida por los neozelandeses), concentrada en la isla situada más al norte.

El país siguió un esquema similar de desarrollo similar al chileno y uruguayo: países de climas templados lejanos de los centros desarrollados, caracterizados por la inserción tardía en el capitalismo mundial al final del siglo XIX, baja densidad de población y abundancia de recursos naturales lo que le permitió disfrutar a sus habitantes de un alto nivel de vida.

Históricamente el principal recurso de Nueva Zelanda fue una óptima combinación de clima y tierra para el desarrollo de la ganadería, sus productos más competitivos eran la lana, manteca, cordero y productos refrigerados. Durante la primera mitad del siglo XX el Estado intervino en la vida económica del país como productor y distribuidor, amparando el bienestar de una satisfecha y aislada sociedad neozelandesa. El crecimiento se aceleró con la exitosa aplicación, en la primera fase, de políticas de sustitución de importaciones. En 1955 el Producto Bruto per cápita de Nueva Zelanda era el tercero entre el rico grupo de países de la OCDE.

A partir de los años 60 y principalmente en los 70 el fin de la época de oro del capitalismo de los países centrales con el deterioro de los términos de intercambio debido a la caída del precio de las materias primas, el ingreso de su principal comprador Gran Bretañas a la Comunidad Económica Europea y el aumento de los precios de petróleo redujo la renta real, intensificó los conflictos sociales, incrementó la inflación debido a la lucha distributiva y aumentó el desempleo, todo esto a pesar de la búsqueda de nuevos mercados (estrechamiento de relaciones comerciales con Australia) y del intento de diversificar la base productiva del país (incentivo a las manufacturas, desarrollo de industria intensiva en capital.)  El crecimiento prácticamente se detuvo, promediando 1,5% en los diez años que van de 1975 a 1984. El déficit fiscal  alcanzó el 9,5% del PBI en 1986 y la deuda exterior neta representaba el 80% del PBI. La tasa de desempleo superó el 7% a principios de los 80, el valor más alto registrado en la historia del país.

Nuevamente se tildó de “liberalismo económico” o de “experimento neoliberal” a la serie de medidas que la clase dominante neozelandesa puso en marcha para recuperar la rentabilidad de las empresas y alcanzar un mayor ritmo de acumulación de capital. Pero esta denominación recoge solamente el espíritu de las medidas de apertura comercial y las privatizaciones: en realidad el Estado se retiró de áreas de la economía que cedió al capital privado pero intervino en todas aquellas necesarias para asegurar la ganancia de las empresas y el funcionamiento del sistema. En particular, la disminución de los salarios reales y de los beneficios del estado benefactor fue realizada no sin una fuerte represión a punto tal que, en conjunto con el hecho de institucionalizar un modelo de crecimiento fuertemente basado en la exportación, ha sido comparado por De Bruin (2001) con la experiencia chilena: “Nueva Zelanda fue la variante democrática  del proyecto  autoritario chileno de reestructura económica”.

Al igual que en el caso chileno, se asumió que el tamaño del mercado interno era insuficiente para generar economías de escala que hicieran competitivas a las empresas dadas las tecnologías actuales de producción, por lo cual se hacía necesaria una estrategia de crecimiento basada en la expansión de las exportaciones con las consiguientes implicancias de reciprocidad y apertura comercial.

La disminución del salario se logró debilitando el poder de negociación de los trabajadores. La “Ley sobre los Contratos de Trabajo” de 1991 introdujo el marco jurídico para un sistema de negociaciones fuertemente descentralizado que completó la eliminación del sistema de acuerdos nacionales: los contratos de empleo se podían negociar ahora en forma individual, reduciéndose el número de afiliados a los sindicatos. La participación de los salarios de los trabajadores en el Producto Bruto cayó desde un 49,9% en 1987 a 43,6% en 1995, un retroceso de más del 12%.

Una fuerte devaluación en 1987 al dejar flotar la moneda permitió potenciar la reducción de los salarios y del resto de los costos no transables de la economía, a partir de allí se mantuvo un tipo de cambio competitivo (aunque no en forma continua) para fomentar las exportaciones.

El déficit fiscal se eliminó no por la vía de aumentar la recaudación impositiva sino por la reducción de los beneficios que concedía un fuerte Estado de Bienestar. Los montos percibidos por los beneficiarios del sistema de bienestar se redujeron en valores superiores al 25% pero además las reglas de elegibilidad para esos beneficios se endurecieron fuertemente, lo cual implicó un importante ahorro adicional. En el caso de las pensiones por jubilación se incrementó la edad necesaria para jubilarse y se redujeron los montos a pagar, para el seguro por desempleo se eliminaron causales y se redujeron los pagos. El objetivo declarado del gobierno cambió desde el “estado benefactor que proveía a los habitantes con necesidades para que se sintieran pertenecientes a la sociedad” al de “una modesta red de seguridad” que en realidad debiera leerse como una “mínima red de seguridad”[ii].

El objetivo de reducir el déficit a través de una disminución de los gastos y no de un incremento de los ingresos se institucionalizó con cuatro leyes entre 1986 y 1994 que promovieron cambios radicales en la forma de gestionar los distintos servicios públicos, introduciendo herramientas modernas de management, y permitieron la privatización de vastas áreas de la economía. Encontramos nuevamente el hecho de que el Estado deja en manos de las empresas locales o extranjeras (y esto último es lo que se da en mayor parte) los sectores económicamente rentables y se encarga de aquellos sectores  que los capitales privados no tienen interés por explotar o en donde ofrece servicios a empresas privadas subvencionando sus costos.

En el caso de Nueva Zelanda esto se tradujo en la eliminación de los monopolios de empresas estatales, la corporativización de 24 empresas estatales y la privatización de las empresas de transporte (aerolínea y ferrocarriles), petrolera, astillero, correos y telecomunicaciones entre otras.

El resultado de las acciones de reducción de gastos, recorte de transferencias a la seguridad social y privatizaciones redujo la deuda pública hasta un 27% del PBI en la actualidad, mientras que el déficit fiscal se transformó en un superávit del 3% del PBI para el año 1995 manteniéndose positivo hasta el momento actual en valores de alrededor del 1%.

La inflación fue eliminada gracias a la reducción del déficit fiscal que permitió una política monetaria dura, con baja emisión, manejada contra ciclicamente: cuando a principio de los años 90 se produjo una disminución del crecimiento se permitió un relajamiento de las condiciones monetarias para facilitar la expansión. El Banco Central de Nueva Zelanda,  Reserve Bank, fue independizado del Gobierno mediante una ley dictada en 1989 y su objetivo de política monetaria fue la estabilidad de precios. La inflación cayó hasta valores menores de un dígito, estimándose para el presente año en un 3,8%.

La integración al sistema económico mundial, que reforzó el papel del país en la división internacional del trabajo como proveedor de productos alimenticios, se procesó mediante una apertura comercial que eliminó controles de importación desmantelando el “paraguas protector” de la industria nacional. Se redujeron aranceles para productos específicos con muy altas tarifas y se estableció un programa de disminución general muy gradual. Un acuerdo de libre comercio con Australia determinó la reducción de los derechos de importación con este país. La  apertura comercial se produjo acompañada de una fuerte devaluación de la moneda, la eliminación de las restricciones a las divisas extranjeras y la liberalización de los mercados financieros. En sentido contrario en cuanto a la promoción de exportaciones pero más que compensado por la devaluación realizada, se eliminaron todos los subsidios e incentivos directos a la exportación. Luego de los primeros años de reforma la moneda se apreció debido a los flujos de capital, creando dificultades para el aumento de las exportaciones.

El rol del Estado en el apoyo al comercio exterior, motor de la economía neozelandesa en la actualidad, se desarrolló en tres áreas:

ü  promocionando  la internacionalmente reconocida imagen de nación “limpia y verde”, por medio de una cuidada atención a las exigencias medioambientales y de calidad.

ü  desarrollando un fuerte acceso a los mercados para sus productos a través de acuerdos bilaterales con las naciones del Pacífico (APEC) y Australia.

ü  creando un organismo dedicado a la investigación y el desarrollo para los productos exportables neozelandeses. Si bien la inversión pública en R&D con relación al PBI se mantuvo por debajo de los estándares de los países desarrollados (1% frente a 1,6%), igualmente es alto frente al promedio del resto del mundo (0,6%) y creció a un fuerte ritmo durante la década de los 90.

Asegurado el nuevo marco de negocios, la existencia y desarrollo de sectores de la economía donde invertir con rentabilidad es una condición necesaria para la acumulación de capital y el crecimiento.

La inversión en Nueva Zelanda, realizada por un pequeño conjunto de grandes empresas con vinculaciones internacionales, se concentró en su mayor parte en sectores tradicionales de su economía con escaso desarrollo de sectores nuevos. El sector agropecuario (incluyendo el procesamiento e industrias complementarias) significó el 50% de un total de 17 mil millones de dólares exportados en el 2000, equivalentes a un 29% del PBI:

ü    las exportaciones de carne de vaca y cordero dieron cuenta del 20% del total exportado, habiendo logrado fuertes incrementos en productividad que compensaron la caída internacional de precios de los últimos años.

ü    la producción de leche se incrementó dramáticamente en los 80 y 90, por el aumento de la cantidad de ganado lechero y de la productividad, dando cuenta en la actualidad del 18% de las exportaciones.

ü    las actividades hortícolas se expandieron gracias en buena parte al desarrollo de una nueva fruta, el kiwi, que se impuso en los mercados mundiales por su gusto y sus cualidades nutritivas. La manzana, los vegetales frescos y procesados y la incipiente industria del vino neozelandés dan cuenta de una exportación por valor de 1.500 millones de dólares equivalentes al 9% del total enviado al exterior.

ü    la nueva industria de la forestación (con referencia a su significación como volumen exportable) logró un boom de crecimiento a lo largo de 10 años, gracias a las características del clima neozelandés que en el caso del pino, principal especie plantada, tiene una tasa de crecimiento de 25 m3 por hectárea, una de las más altas del mundo.

ü    otra industria reciente es la que resulta de la explotación de los productos de mar. Nueva Zelanda cuenta con una amplia zona de pesca, equivalente a 15 veces su territorio, con abundantes recursos marinos. Estas dos industrias nuevas, pesca y forestación, dan cuenta del 15% del total exportado.

Complementando el panorama inversor, el sector turístico se desarrolló en la década de los 90 a través de la construcción de hoteles, entretenimientos e infraestructura de transporte. Se logró un incremento del 60% en el número de turistas que visitó Nueva Zelanda, llegando a significar el turismo en forma directa un 4,7% del PBI en 1997. Si bien esta no es una actividad de exportación, es equivalente desde el punto de vista del ingreso nacional, ya que a través del consumo de los extranjeros el país receptor se apropia de parte de los excedentes generados en el país de origen.

La fuerte intervención del Estado en el crecimiento y la distribución entre las clases sociales logró el objetivo de relanzar la acumulación del capital, sacando al país de la crisis que se extendió por más de una década en su fase más aguda. Pero el crecimiento logrado en Nuevo Zelanda fue moderado, alto en el momentum posterior a la reforma o sea a principio de la década de los 90 disminuyendo luego. En total  la tasa promedio de incremento del PBI en la década fue de 2,7% anual, elevada en comparación a las décadas anteriores pero no con respecto a terceros países. El valor del PBI per cápita aumentó tan sólo 0,7% entre 1987 y 1998 debido a un fuerte crecimiento de la población (según OCDE la población creció a un ritmo del  1.1% anual hasta 1996, tasa sólo excedida por México), aunque debe tomarse en cuenta que el valor alcanzado en 2001 de US$ 19.000 per cápita es bajo en comparación con los países desarrollados pero alto para países de características similares a Nueva Zelanda.

Las razones para este moderado crecimiento se explican por dos hechos principales: el ahorro nacional que si bien creció se mantuvo en valores bajos si los comparamos con otras economías y las posibilidades de reinversión de esos excedentes.

En general el ahorro doméstico no ha sido suficiente para satisfacer la demanda total de inversiones en Nueva Zelanda, por lo que el gap lo ha debido llenar la inversión extranjera. Sin embargo ésta se ha visto acotada por los crecientes déficit en cuenta corriente que alcanzaron el 6.7% en 1999. La tasa de ahorro de Nueva Zelanda ha sido del 4% del PBI, lo que la ubica en los menores valores de los países de la OCDE. Las tasas de formación bruta de capital fijo y de inversión muestran valores más cercanos a la media de los otros países desarrollados, ha sido en promedio de un 22% y 8% del PBI respectivamente (lo que implica por habitante valores menores de inversión en valor absoluto.) Pero esto también implica que Nueva Zelanda no podía, por este factor, tener una tasa de crecimiento mayor a los otros países que le permitiera converger en alguna medida a sus valores de PBI per cápita.

La inversión extranjera que complementó la relativamente escasa inversión doméstica fue sustancial, una de los mayores de OCDE,  y se dirigió en buena parte a los servicios por lo que no potenció las condiciones exportadoras del país. Las empresas transnacionales que sí se dedicaron a la exportación se enfocaron a la explotación de los recursos naturales del país tales como alimentos, bebidas y forestación. Esto reforzó el perfil de inserción internacional de productor primario del país al tiempo que no desarrolló en forma importante las actividades manufactureras, fuentes de valor y crecimiento sostenible.

Nueva Zelanda creció sobre la base de sus sectores tradicionales (con excepción de un par de sectores nuevos): el Estado facilitó la acumulación de capital en la forma descripta pero no desarrolló sectores nuevos, mediante las políticas adecuadas de búsqueda, formación de clusters, incentivos y apoyo de infraestructura que permitieran invertir con rentabilidad. Nueva Zelanda logró salir de la larga fase de recesión en que se encontraba en los 70 y 80, las oportunidades desarrolladas en distintos sectores de la economía (especialmente primaria) le permitió alcanzar un crecimiento moderado. Pero no resultó suficiente para generar tasas de crecimiento que le permitieran converger hacia los países desarrollados con los que hace unas décadas se encontraba en similares condiciones de riqueza.


 3        La experiencia irlandesa

Desde finales del siglo XV, en que fue conquistada por sus vecinos ingleses luego de varios siglos de luchas e intervenciones armadas, la católica Irlanda estuvo subordinada a la protestante Inglaterra. En 1921 Irlanda lograba su independencia luego del trágico “Levantamiento de Pascua” ocurrido dos años antes, debiendo resignarse a la pérdida del Ulster de mayoría protestante.

En la actualidad 3,8 millones de habitantes pueblan los 70.000 km2 de territorio de esta nación cuyos orígenes se remontan a los antiguos guerreros celtas.

Irlanda siempre ha sido un país eminentemente agrícola, con exportaciones de productos primarios alimenticios, subdesarrollado con alta dependencia de la economía británica y con un bajo nivel de vida. Cuando se produjo la masiva migración de europeos a Estados Unidos, la corriente irlandesa fue de las más significativas. La influencia que ejerce en la actualidad esta colonia en los Estados Unidos le ha valido a Irlanda tener un fuerte aliado cuando ha llegado el momento de salir de su larga etapa agrícola.

Luego de su independencia, en la década del 30 Irlanda desarrolló un modelo de sustitución de importaciones que promovió el crecimiento de la industria interna basada en bienes de consumo y productos de baja tecnología. Al paso del tiempo, la dependencia de la importación de materias primas y productos semi manufacturados más las condiciones internacionales llevaron a Irlanda a una crisis severa, que motivó el cambio hacia una política de apertura comercial con énfasis en la exportación a partir de 1958.

En 1973 Irlanda entró a formar parte de la Comunidad Económica Europea, un hecho clave para entender su historia posterior.

A partir de 1975, como consecuencia de su estructura económica y del shock del petróleo, el país se sumergió en una profunda crisis: tuvo el mayor índice de inflación de Europa superando el 20%. En medio de intensos conflictos sociales que la recesión acrecentaba la tasa de desempleo sobrepasó el 15% al final de la década de los 80, el déficit fiscal fue equivalente al 6% del PBI  y el balance en cuenta corriente de –8.2%, la deuda pública equivalía al 130% del PNB.

El momento del cambio llegó en 1987 con la implementación del “Plan de Desarrollo Nacional”  para el período 1988 – 1993 que logró un fuerte crecimiento económico. A partir de 1993 nuevas medidas propulsaron el crecimiento hasta el 6,5% en 1994, lográndose un promedio de 5,4% anual entre 1987 y 1996 y aún hoy ( 2001, dato más reciente) se mantiene en el 4.1%. El motor de ese crecimiento ha sido la industria, responsable en la actualidad del 40% del PBI y del 75% de las exportaciones[iii], exportaciones que a su vez alcanzan a la enorme proporción del 80% del PBI. Concomitantemente el peso de la exportación de productos agropecuarios cayó desde el 32.2% del PBI en el período 1976-196 hasta el 19.8% en 1995 y hoy sólo representan el 6% del PBI. El producto per capita alcanzó los 23.000 dólares en el año 2001, el desempleo cayó por debajo del 5%.

¿Cuáles fueron entonces las políticas que posibilitaron estos resultados? ¿Cuál fue el rol del Estado en la recuperación de la acumulación de capital? Observemos que, a diferencia de los casos estudiados de Chile y Nueva Zelanda, la actuación del Estado no se oculta a través de etiquetas ideológicas sino que es explicitada en políticas de crecimiento activas transformadas en un plan de acción. Y que la acción del Estado se soportó en un programa de cooperación, inversión social y transferencias por lo que ha sido a veces denominado “un caso de capitalismo exitoso con un rostro humano” aunque no por ello exento de críticas[iv].

En primer lugar aumentó la tasa de obtención de excedentes generados por los trabajadores pero no por la vía de la reducción directa de los salarios, como ocurrió en otras experiencias, sino de mantener el salario real de los trabajadores  aunque sin compartir con ellos las importantes ganancias de productividad (excepto y sólo parcialmente en lo referido a los beneficios sociales), disminuyendo por lo tanto el peso de los salarios en el producto. Como contracara, la porción de beneficios brutos de la industria (incluyendo transporte y comunicaciones) creció desde el 45.1% en 1987 al 57.7% en 1995. Esta política laboral se implantó de manera negociada: el programa para la competitividad y el empleo firmado en 1994 estipuló límites a la subida de los salarios por 3 años (luego fue renovado en 3 sucesivas ocasiones, no sin fuertes disputas debido a la exigencia de los sindicatos de que se cumpliera lo acordado y de participar en mayor medida de los frutos del crecimiento económico) a la vez que propiciaba un incremento del empleo y comprometía al Gobierno a incrementar los gastos en salud, educación y vivienda.

A pesar de este incremento en las partidas destinadas al bienestar, menor a lo inicialmente comprometido, la reducción de gastos por recortes en los salarios de los empleados públicos y la reducción del beneficio de seguro de desempleo por disminución de la tasa de reemplazo, del plazo de cobertura y restricciones a la elegibilidad, más la expansión de los ingresos disminuyó el peso relativo de los gastos públicos a la vez que redujo sustancialmente el déficit fiscal hasta lograr el superávit en 1996, a pesar de y para posibilitar las vastas exenciones de impuestos al capital que describiremos más abajo. De esta forma el Estado irlandés disminuyó la relación del gasto público con respecto al PBI hasta el 33,2% sustancialmente menor al 46% de los países de OCDE.

Paralelamente la privatización de empresas públicas y la desregulación de sectores estratégicos de la economía, hechos que cobraron fuerza a partir de 1998,  logró el múltiple efecto de disminuir el peso de la deuda pública, entregar al capital privado sectores de la economía que podían ser rentables, disminuir costos para los sectores exportadores y fomentar la inversión. Entre las privatizaciones más importantes realizadas y a realizar cabe mencionar la línea aérea Air Lingus, la distribuidora de energía eléctrica ESB y la distribuidora del gas natural. Las desregulaciones se efectuaron en el sector energético y las telecomunicaciones.

La devaluación de 1993, disminuyendo los costos salariales en moneda extranjera, la congelación de los salarios reales y la reducción del gasto público, permitieron el aumento de la generación de excedentes y liberaron una mayor proporción de los mismos para el ahorro y la inversión. La tasa de ahorro subió 6 puntos a partir de 1987, llegando a un máximo del 23% del PBI en 1991 y estabilizándose en un alto 20% a partir de allí

Los bajos costos salariales en comparación con los de la Unión Europea fueron claves para la  promoción de las exportaciones y el arribo de capitales destinado a inversiones directas, hechos no separables uno de otro ya que el objetivo de las empresas transnacionales norteamericanas (observemos como las afinidades surgidas debido a la vasta emigración irlandesa a USA durante varias décadas influyen en esta materia) y europeas (aquí cabe destacar la cercanía geográfica y cultural) fue el de proveer a la actual Unión Europea, de la que Irlanda forma parte, de productos manufacturados.  La inversión extranjera alcanzó el 3% del PBI en los años 90, en el orden de los 2.300 millones de dólares anuales, incentivadas por la reducción de las tasas impositivas para las sociedades que produjeran bienes dedicados a la exportación (se fijó un 10%), las reducidas cotizaciones a la Seguridad Social (muy por debajo de la media europea)  y la creación de una zona libre de impuestos en Shannon, sin olvidarnos de las exenciones del importante centro financiero de Dublín. Pero además a los enormes incentivos fiscales se agregaron la provisión de sitios para oficinas y edificios y hasta la construcción de las mismas. El objetivo fue lograr que las empresas extranjeras se instalaran en el país por sí mismas y no a través de la compra de empresas locales.

La fuerte intervención del Estado para atraer inversiones en manufactura no terminó allí: la política industrial se orientó a desarrollar sectores de alta tecnología aprovechando el excelente nivel de educación de una población joven con gran presencia  laboral femenina y la buena infraestructura de comunicaciones con que contaba el país. Entre otra medidas, se subvencionaron el entrenamiento a los empleados (el aporte del Estado para este fin alcanzó el 1,8% del PBI, un verdadero récord mundial que duplicó el promedio de los montos destinados a tal fin por los países de la OCDE), la investigación y el desarrollo (se dedica en el Programa Nacional de Desarrollo 200-2006 un monto anual de 2.500 millones de dólares equivalentes al 3% del PBI) y los servicios a las empresas tales como estudios de mercados, información de negocios y estudios de factibilidad (“IDA Ireland” y “Enterprise Ireland”.) Además y como soporte al proceso de acumulación de capital y crecimiento, el Estado mantuvo la continuidad de la inversión en infraestructura física y expandió dramáticamente el sistema educacional.

La estrategia de expansión de las exportaciones de manufacturas, basada en gran parte en productos con alto valor agregado, permitió desarrollar sectores rentables donde invertir el ahorro interno más las inversiones extranjeras de empresas transnacionales. La inversión en capital fijo bruta promedió el 19%  del PBI entre 1985 y 1995, en 1997 era el 21.5%.

La ya comentada presencia de empresas transnacionales en esta estrategia de desarrollo se visualiza por el apabullante dato de que a ellas se debe el 95% del crecimiento de las exportaciones industriales de Irlanda y al menos el 75% del crecimiento de las exportaciones totales.

Irlanda fue exitosa en atraer una gran cantidad de empresas similares, relacionadas y complementarias, con activos canales de comercialización externos y programas de investigación y desarrollo propios, logrando formar aglomeraciones o “clusters” en los sectores de la computación, ingeniería de instrumentos, farmacéutica y química.

La industria química fue el sector de mayor crecimiento en el período 1991-99 aumentando sus exportaciones en un factor de 6, el conjunto de productos relacionados (químicos orgánicos,  productos farmacéuticos y médicos, materiales químicos) fue responsable del 35% de las exportaciones totales del país en el año 2001 (90 mil millones de dólares), convirtiendo a Irlanda en uno de los mayores exportadores del mundo de productos de química fina y farmacéuticos. Le siguió en importancia en cuanto a crecimiento el sector de equipamiento óptico y electrónico, que incluye la manufactura de computadoras y componentes: quintuplicó sus exportaciones en la misma década y representó el 42% de las exportaciones.

El mercado de estas empresas de alta tecnología fue básicamente la Unión Europea, 61% de las exportaciones totales del 2001 (20% a Gran Bretaña y 41% al resto de los países, principalmente Alemania, Holanda y Bélgica), lo que da cuenta de la importancia de la cercanía geográfica. En segundo y más lejano lugar se situó Estados Unidos con el 16% del total exportado, con valores menores al 3% se situaron Japón y Suiza.

Los resultados de estas políticas mostraron una nueva y distinta inserción de Irlanda en la división internacional del trabajo: las exportaciones crecieron a un ritmo del 15.5% entre 1991 y 1999 para luego superar los 90.000 millones de dólares, de acuerdo al Banco Mundial el 47,5% de los bienes manufacturados exportados en al año 2001 eran de alta tecnología.

 


 

Cuadro de texto: REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS


Aghion, P.; Howitt, P., “Endogenous Growth Theory”,  2nd print, The MIT Press, Cambridge, USA; 1998.

Aguiar, L.F.; “The Stability Properties of Goodwin’s Growth Cycle Model”; NIPE WP 10; Universidade do Minho, Portugal; 2001. www.eeg.uminho.pt/economia/nipe

Aguiar, L.F.; “The Adequacy of the Traditional Econometric Approach to Nonlinear Cycles”; Universidade do Minho, Portugal; 2001. www.eeg.uminho.pt/economia/nipe

Allen, K.; “Corporatising Public Life – Social Partnership, PPPs and the Corporate Erosion of the Public Sphere”; University College Dublin; Ireland; April 2002. http://www.ucd.ie/~sai/allenplenary.PDF

Alsina Oliva, R.; “Estado de Bienestar y competitividad económica”, Conferencia del Master en Comercio y Finanzas Internacionales, Universidad de Barcelona, 1999.  www.comercioexteriorub.com

ANZ Banking Group; “New Zealand country report 2001/2002”; www.anz.com/nz/tools

Amin, S.; “Crisis Económica”; Diccionario Crítico de Ciencias Sociales, Universidad Complutense de Madrid; 2002. www.ucm.es/info/eurotheo

Arestis, P.; Sawyer, M.; “The Macroeconomics of Industrial Strategy”; University of East London and University of Leeds; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 238, june 1998.  www.levy.org/docs/

Banco Central del Uruguay, Informe sobre el Uruguay, Revista de Economía Vol. V No 2, Noviembre 1998.   www.bcu.gub.uy

Barro, R.J.; “Determinants of Economic Growth: A Cross-Country Empirical Study”; The MIT Press, Cambridge, Massachusets; 1997.

Basu, S.; Taylor,A.; “Business Cycles in international historical perspectives”; National Bureau of Economic Research, USA,Working Paper 7090, April 1999. www.nber.org/papers/

Basu, S.; Weil, D.N.; “Appropiate techonology and growth”; National Bureau of Economic Research, USA, Working Paper 5865, December 1996. www.nber.org/papers/

Berry, B. J. L.; “Long wave rhythms in economic development and political beahvior”; The Jhons Hopkins University Press, London; 1991.

Bertino, M.; Millot, J.; “Historia Económica del Uruguay”, Fundación de Cultura Universitaria, Uruguay, 1991.

Bertino, M.; Millot, J.; “Historia Económica del Uruguay. Tomo II: 1860 -1910”, Fundación de Cultura Universitaria, Uruguay, 1996.

Bértola, L.; “Ensayos de historia económica, Uruguay y la región en la economía mundial 1870-1990”; Ediciones Trilce, Montevideo, Uruguay; 2000.

Bloomfield, L.P.; “Global Markets and National Interest: the new geopolitic of energy, capital and information”; The CSIS Press, Washington, D.C.; 2002.

Boetzelen, P.; “El "modelo" Chile y sus perspectivas de desarrollo”; Agosto 1998. http://tiss.zdv.uni-tuebingen.de/webroot/sp/barrios/themeC2b.html

Box, S.; “The Irish Economy: lessons for New Zealand?”; New Zealand Working Paper, 1998. Frame, D.; “Finland and New Zealand: A Cross Country comparison of economic performance”; New Zealand Working Paper; 2000. www.treasury.govt.nz/workingpapers/2000/twp00-1.pdf

Brash, D. T.; “New Zealand's economic reforms: A model for change?”; Reserve Bank of New Zealand; June 1998 www.rbnz.govt.nz/speeches/

Brian, M.H.; “Indicadores del sistema nacional de Chile”; IV Taller Iberoamericano de Indicadores de Ciencia y Tecnología, México, 1999.

www.ricyt.edu.ar

Canadian Centre for Polcy Alternatives; “Ireland Not the Neoliberal Miracle Some Claim”; May 2000. www.policyalternatives.ca/mb

Canton, E.; “Business cycles in a two-sector model of endogenous growth”; Tilburg University, Center for Economic Research; December 1996 http://center.kub.nl/

Carrera Troyano, M.; Casado Francisco, M.; “Nivel de desarrollo y composición del comercio: el contenido tecnológico de las exportaciones”; Documentos de Trabajo, Universidad Complutense de Madrid; 2000. www.ucm.es/BUCM/cee/iaif

Claus, I.; Scobie, G.; “Saving in New Zealand: measurement and trends”; New Zealand Treasury Working Paper 02/02; New Zealand; 2002. www.treasury.govt.nz/workingpapers

Cashin, P.; McDermott, C.J,; Scott, A.; “Booms and Slumps in World Commodity Prices”, Reserve Bank of New Zealand, December 1999. www.imf.org/external/pubs/ft/wp/1999/wp99155.pdf

Cashin, P.; McDermott, C.J.; “The long run behavior of commodity prices: small trends and big variability”; IMF Staff Papers, Vol 49, No. 2; 2002.

www.imf.org/external/pubs/ft/wp/2002/wp0249.pdf

Cialdini R., Kenrick D.T., Neuberg S.L.; “Social Psychology, Unraveling the mystery”; Allyn and Bacon, 2nd Edition, USA, 2001.

Daude, C; Lorenzo, F; Noya, N, “Tipo de cambio reales bilaterales y volatilidad: La experiencia uruguaya con los socios del MERCOSUR”, Ponencia en las XVI Jornadas Anuales de Economía, Montevideo, Noviembre 2000, www.bcu.gub.uy

De Bruin, A.; “Transformation of the welfare state in New Zealand”; Department of Commerce; Massey University at Albany, Auckland; WORKING PAPER SERIES No. 99.11; New Zealand, 1999.  http://college-of-business.massey.ac.nz/commerce/9911.pdf

De Gregorio, J.; “Liberalización Comercial, Empleo y Desigualdad en Chile”; Centro de Economía Aplicada, Universidad de Chile; Abril 2001. http://www.undp.org/rblac/liberalization/docs/chile.pdf

DeJong, D.N.; Ingram, B.F.; Whiteman, C.H.; “Keynes vs Prescott and Solow: identigying sources of business cycle fluctuactions”; Iowa macroeconmics Workshop, USA, March 1995. http://econwpa.wustl.edu:8089/eps/mac/papers

De Paula, J.A.; Da Gama Cerqueira; H.E.A.; Da Motta e Alburquerque; E.; “Finance and industry evolution: Introductory notes on a key relationship for the capitalist accumulation”; Cedeplar, Universidade Federal de Minas Gerais, Brazil; Aug 2002www.cedeplar.ufmg.br/pesquisas

Díaz Calleja, E; Guerrero, D.; “Estado del bienestar y redistribución de la renta nacional en España desde la transición”; Documento de Trabajo, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad Complutense de Madrid; 1998. www.ucm.es/BUCM/cee/doc

Dobb, M.; “El valor y la distribución desde Adam Smith”; Siglo Veintiuno Editores; Buenos Aires, Argentina; 1998.

Dobb, M.; “El capitalismo”; 1967. Extraído de www.eumed.net

Duménil, G.; Lévy, D.; “The classical-marxian evolutionay model of technical change: application to historical tendencies”; MODEM-CNRS and CEPREMAP-CNRS, France, September 1999.  www.cepremap.cnrs.fr/~levy/

Duménil, G.; Lévy, D.; “The three dynamics of the third volume of Marx capital”; MODEM-CNRS and CEPREMAP-CNRS, France, February 1999.       www.cepremap.cnrs.fr/~levy/

Duménil, G.; Lévy, D.; “Periodizing capitalism. Technology, institutions and relations of production”; MODEM-CNRS and CEPREMAP-CNRS, France; October 2001.       www.cepremap.cnrs.fr/~levy/

Durlauf, S.; Quah ,D.; “The new empirics of economic growth”; National Bureau of Economic Research, USA, Working Paper 6422, February 1998. www.nber.org/papers/

Elías, A, “Una aproximación a la relación entre instituciones y resultados económicos: Uruguay (1985-1998)”, Ponencia en las XV Jornadas Anuales de Economía, Montevideo, Noviembre 1999,    www.bcu.gub.uy

Edwards, S.; “Real exchange rates, devaluation and adjustment. Exchange Rate Policy in Developing Countries”, The MIT Press, Cambridge, USA; 1989

Eltis, W.; “The Classical Theory of Economic Growth”; 2nd edition, St. Martin's Press, USA; December 2000.

Erias Rey, A.; Sánchez Santos, J.M.; “Política Monetaria y Política Fiscal”; Ediciones Pirámide, Madrid, España; 1998.

Fausto, B.; “Brasil, de colonia a democracia”; Alianza Editorial S.A., Madrid, España; 1995.

Fernández Castro, R; “El Plan de Estabilización de 1990”, Revista de Economía del BCU, Vol. IV No 2,  Noviembre 1999, Pág. 187 a 196. www.bcu.gub.uy

Ferrer, A.; “La economía argentina”; Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, Argentina, 1973.

Foley, D.K.; Michl, T.R.; “Growth and distribution”;  Harvard University Press; Cambridge, USA; 1999.

Foley, D.K.; “Notes on the Theoretical Foundations of Political Economy”, 1999.

Foley D.K., Marquetti, A.; “Economic Growth from a Classical Perspective” Barnard College, Columbia University,USA,  Seminario Internacional: “Nuevas direcciones en el pensamiento crítico”, Mayo 1999. www.ucm.es/info/bas/ec/textos/

Foreman-Peck, J.; “Historia económica mundial”, 2a Ed.,Prentice Hall, España, 1995.

Frame, D.; “Finland and New Zealand: A Cross Country comparison of economic perfomance”; New Zealand Working Paper; 2000. www.treasury.govt.nz/workingpapers/2000/twp00-1.pdf

Freeman, A.; “Crisis and the poverty of Nations: two market products which value explains better”; University of Greenwich, Reino Unido, Junio 2000. www.greenwich.ac.uk/~fa03

Freeman, A.; “Ernest Mandel’s contribution to economic dynamics”; University of Greenwich, Reino Unido, November 1996. www.greenwich.ac.uk/~fa03

Freeman, A.; “An endogenous profit rate cycle”; University of Greenwich, Reino Unido, 1998.  www.greenwich.ac.uk/~fa03

Galor, O.; Moav, O.; “Das Human Kapital”; Hebrew University, Israel; January 2001; Michigan State University, International Business Resources on the Web http://globaledge.msu.edu/ibrd

Galor, O.; Moav, M.; “Natural Selection and the Origin of Economic Growth”, Brown University and Hebrew University; August 2000. http://netec.mcc.ac.uk/WoPEc/data/Papers/

Galt, D.; “New Zealand’s Economic Growth”; Treasury Working Paper 00/09; New Zealand, 2000. http://www.treasury.govt.nz/workingpapers/

Geroski, P.; Gilbert, R.J.; Jacquemin, A.; “Barriers to Entry and Strategic Competition”; Harwood Academic Publishers; Suiza; 1990.

Glyn, A.; “Labour Market Success and Labour Market Reform: Lessons from Ireland and New Zealand”; CEPA Working Paper 2002-03; Center for Economic Policy Analysis, New School University; USA; January 2002.

www.newschool.edu/cepa

González Laurino, C.; “La construcción de la identidad uruguaya”; Ed. Santillana, Universidad Católica del Uruguay, Montevideo, Uruguay; 2001.

Grompone, J.A.; “Las leyes de El capital”; Ediciones de la banda Oriental, Montevideo, Uruguay; 1973.

Grompone, J.A.; “La danza de Shiva”; Ed. La Flor de Itapebí; Montevideo, Uruguay; 2001.

Guerrero, D., “Historia del pensamiento económico hetedoroxo”, 1997, Ed. Trotta, Madrid, España.

Guerrero, D.; “Las políticas de competitividad industrial: límites y perspectivas”; Departamento de Economía Aplicada V, Universidad Complutense de Madrid, España; 1995. http://pc1406.cps.ucm.es/Articulos

Guerrero, D.; “Los fundamentos de la política industrial: cambio técnico y estrategia empresarial”; Departamento de Economía Aplicada V, Universidad Complutense de Madrid, España; 1995. http://pc1406.cps.ucm.es/Articulos

Hadass, Y.; Williamson, J.G.; “Terms of trade shocks and economic performance 1870-1940: Prebisch and Singer revisited”; National Bureau of Economic Research, USA, Working Paper 8188, March 2001. www.nber.org/papers/

Ha-Joon Chang; “Kicking Away the Ladder: Development Strategy in Historical Perspective”; Anthem Press, World Economics Series; London; 2002.

Halevi, J.; “The evolution of Growth Theory: from classical dynamics to vertical integration”; University of Sidney, Australia; 2nd Conference of the European Society for the History of Economic Thought, February 1998, Bologna, Italy. http://netec.mcc.ac.uk/WoPEc/data/Papers//wopsyecwp9801.html

Harribey, J.M.; “La financiarisation de l’économie et la création de valeur”; Centre dÉconomie du Développement (CED), Université Montesquieu Bordeaux IV; Marzo 2001. http://netec.mcc.ac.uk/WoPEc/data/Papers/monceddtr58.html

Harribey, J.M.; “Valeur, prix de (re)production et développement économique”; Centre dÉconomie du Développement (CED), Université Montesquieu Bordeaux IV; Marzo 2001. http://netec.mcc.ac.uk/WoPEc/data/Papers/monceddtr58.html

Heilbroner, R.; “The nature and logic of capitalism”; W.W. Norton & Company; USA; September 1986.

Heilbroner,R.; Milberg, W.; “La evolución de la sociedad económica”;  Editorial Prentice Hall, Madrid, España; 1999.

Hobsbawm, E.; “La era del imperio: 1875-1914”, Ed. Crítica, Buenos Aires, Argentina; 1998.

Hobsbawm, E.; “Historia del Siglo XX”; Ed. Crítica, Buenos Aires, Argentina; 1998.

Howard, M.C.; King,J.E.; “The political economy of Marx”; New York University Press, 2nd Edition, September 1988.

Humphries, M.; “The Political Economy of Organisational Discourse and Control in New Zealand's Liberalised Economy”; Symposium on: "The New Zealand Experiment: A World Model for Structural Adjustment”, by Jane Kelsey; June 1996. http://www.mngt.waikato.ac.nz/depts/sml/journal/indexv11/sympos.htm

Hunt, E. K.; “History of Economic Thought. A critical perspective”; M. E. Sharpe Inc.; London, England; Updated 2nd. Edition, 2002.

International Monetary Fund; “New Zealand: country report”; Nº00/139; October 2000. www.imf.org/external/pubs

Instituto de Economía, Autores varios; “El proceso económico del Uruguay. Contribución al estudio de su evolución y perspectivas”; 2a. Ed.; Universidad de la República, Montevideo, Uruguay; 1971.

Instituto de Economía, Autores varios; “El Uruguay del Siglo XX. La Economía”; Ediciones de la Banda Oriental, Universidad de la República, Montevideo, Uruguay; 2001.

Instituto de Economía, “Informe de Coyuntura: Uruguay 2001-2002”, Facultad de Ciencias Económicas y Administración, Universidad de la República, Uruguay. Marzo/2002.

Jacob, R.; “Más allá de Montevideo: los caminos del dinero”; Ed. Arpoador, Montevideo, 1996.

Jones, Ch.; “Was an industrial revolution inevitable? Economic Growth over the very long run”; National Bureau of Economic Research, USA,Working Paper 7375, October 1999. www.nber.org/papers/

Kasper, W.; “New Zealand Economic Growth: On the Road to Helsinki or Hobart?”;  New Zealand Economic Association Annual Meeting, 27 June, 2002. http://www.cis.org.au/Events/CISlectures/occasional/Kasper270602.htm

Katz, J; “Cambios estructurales y productividad en la industria latino americana 1970-1996”; Revista CEPAL Nº71, Agosto 2000, Pág. 70-73 www.eclac.org

Katz, J; “Pasado y presente del comportamiento tecnológico en América latina”, CEPAL, Serie Desarrollo Productivo Nº 75, Santiago de Chile, Julio 2000,  www.eclac.org

Keen, S.; “The Nonlinear Dynamics of Debt Inflation”; The University of Western Sydney Macarthur, Australia; July 1998. http://life.csu.edu.au/complex/ci/vol6

Kliman, A.J.; “Debt, Economic Crisis and the Tendential Fall in the Profit Rate: A temporal perspective”; Pace University, Nueva York, USA,  Seminario Internacional: “Nuevas direcciones en el pensamiento crítico”, Mayo 1999. www.ucm.es/info/bas/ec/textos/

Kitbritcioglu, A.; “On the Smithian origins of “new”trade and growth theories”; University of Illinois and Ankara University; May 20002. www.economicsbulletin.com/2002/volume2

Kirby P.; “The Celtic Tiger in Distress: Growth With Inequality in Ireland”; Palgrave Macmillan; USA; 2002.

Kroes, R.; “Circuit, measurement and velocity of value, permanent problematic and recurrent crises of its accumulation”; Université de Maine la Ville, France, 1999. www.greenwich.ac.uk/~fa03

Kurz, H.D.; Salvadori, N.; “Theory of Production. A Long-Period Analysis”, Cambridge University Press, 1995.

Kurz, H.D.; Salvadori, N.; “The “New” Growth Theory: Old Wine in New Goatskins”; University of Colorado, USA; March 1998. http://csf.colorado.edu

Lazonick, W.; “Business organization and the myth of the market economy”; Cambridge University Press, USA, 1991.

MacMurtrie, A.;“The Politics of Profit: Development and Political Power in New Zealand and Chile”; Development Studies, University of Auckland, New Zealand; 2000. http://www.devnet.org.nz/conf/Papers/Mcmurtrie.pdf

Mandel, E.; “El Capital. Cien años de controversia en torno a la obra de Karl Marx”; Siglo XXI Editores, 2ª. Edición, México, 1998.

Maggi, C.; Messner, D.; “Chile: un caso modelo? Desafío en los umbrales del siglo XXI”; INEF, Universidad de Duisburg; 1999. www.meso-nrw.de/modelo.pdf

Marglin, S.; “Growth, Distribution and Prices”; Harvard Economic Studies Nº155; Cambridge, USA; 1984.

Martínez Peinado, J.; Vidal Villa, J.M.; “Economía Mundial”; Ed. Mc Graw Hill, España; 2a Edición, 2001.

Marx, Karl (Engels, Fiedrich); “El capital. Crítica de la economía política”; Siglo XXI Editores, 3 tomos, 8 volúmenes, 8a Edición en español, México 1997.

Miller, M.; “Sovereign Debt Reestructuring: New Articles, New Contracts or No Change?”; Institute for International Economics, Number PB 02-3;  USA; April 2002. www.iie.com

Moral Santín, J.A.; “La acumulación del capital y sus crisis”, Akal Universitaria, España, 1986.

Moral Santín, J. A.; Román, M.; “Demanda efectiva, competencia y crédito. Ensayos sobre economía postkeynesiana”, Editorial Trotta, España; 1994.

Mordecki, G., “Uruguayan trade and the real exchange rate-VAR analysis 1990-1998”, Jornadas Nacionales de Economía, Montevideo; Noviembre/2000. www.bcu.gub.uy

Moudud, J.; “Finance and the Macroeconomic Process in a classical Growth and cycle Model”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 253, October 1998.  www.levy.org/docs/

Moudud, J.; Zacharias, A.; “The Social Wage, Welfare policy, and the Phases of Capital Accumulation”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 291, December 1999.  www.levy.org/docs/

Moudud, J.; “Crowding In or Crowding Out? A classical – harrodian Perspective”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº “315, October 2000.  www.levy.org/docs/

Moudud, J.; “Harrod vs Thirwall: A Reassesment for Export-Led Growth”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº “316, October 2000.  www.levy.org/docs/

Muñoz Cidad, C., “Estructura Económica Internacional”, 1996, 2a Edición, Editorial Civitas, Madrid, España.

Murray, R.; “Ireland Report: A study of Ireland’s National Development Plan”; Scottish Executive Economist Group; Edinburgh, Scotland; February 2002. http://www.scotland.gov.uk/library5/government/ire_report.pdf

Naciones Unidas, “Esquema de Estrategias para el Desarrollo Agrícola Nacional” en “Uruguay: Perfil del país 1998”. www.onunet.org.uy

Narula, R.; Sadowski, B.; “Technological catch-up and strategic techonology partnering in developing countries”; MERIT, University of Maastricht, Netherlands; Summer 1998. http://meritbbs.rulimburg.nl/rmpdf

North, D.C.; “Some fundamental puzzles in economic history/development”; Washington University, St. Louis, USA; September 1995

http://econwpa.wustl.edu:8089/eps/eh/papers/9509/9509001.html

North, D.C.; “The paradox of the west”; Washington University, St. Louis, USA; September 1993. http://econwpa.wustl.edu:8089/eps/eh/papers/9309/9309005.pdf

OCDE; “Government reform: of roles and functions of Government and public administration” New Zealand - Country Paper; 2001. http://www.oecd.org/pdf/M00023000/M00023820.pdf

Organización de Estados Americanos / CIDI, “Estudio comparado de las políticas públicas de ciencia, tecnología e innovación en los países del MERCOSUR”, Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, Universidad Nacional de Quilmes, Argentina, 2000     www.unq.edu.ar/iec

Olesker, D.; “Crecimiento y exclusión”; Ediciones Trilce, Montevideo, Uruguay; 2001.

Pampillón Olmedo, R.; “Análisis económico de países. Teoría y casos de política económica”; 2a. edición, Mc Graw Hill, Madrid, 1999.

Pereira, G.; "Desafíos del desarrollo económico", Facultad de Agronomía/Editorial Hemisferio Sur, 1993.

Pérez Moreno, S.; “Relaciones entre distribución de la renta y crecimiento económico en la historia del pensamiento económico”; Universidad de Málaga, España.

http://www.eumed.net/cursecon/colaboraciones/index.htm

Petith, H.; “Capital Accumulation, the Organic Composition of Capital, the Rate of Profit and the Rate of Exploitation in a Provisional Marxian Model”, Universidad Autónoma de Barcelona, España, Octubre 1997. www.uab.es

Philpott, B.; “New Zealand structural policies: Outcomes for the last fifteen years and new directions for the next”; Victoria University of Wellington; New Zealand; September 1999. http://library.psa.org.nz/collection/

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “Vietnam ‘s Industrial Strategy in light of its WTO accesion process”, 2000. http://www.undp.org.vn/projects/vie95024/industry.pdf

Radelet, S.; “Manufactured Exports, Export Platforms, and Economic Growth”; Consulting Assistance on Economic Reform (CAER II), Harvard Institute for International Development; November 1999. www.cid.harvard.edu/caer2/htm/content/papers/

Rapoport, M.; Cervo, A. L.; “El Cono Sur, Una historia común”; Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires; 2001.

Rebolledo, A.; “Historia y desafíos de la política comercial chilena, 1974-1994”; Documento de Trabajo, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad Complutense de Madrid; 2000. www.ucm.es/BUCM/cee/doc

Reiner, E; “The role of the state in economic growth”, Journal of economic Studies Vol. 26 No 4/5, 1999. www.emerald-library.com

Romer, D.; “Advanced Macroeconomics”; 2nd edition McGraw-Hill Higher Education; December 2000.

Roper, S.; Love, J. H.; “The Determinants of Export Performance: Panel Data Evidence for Irish Manufacturing Plants”; Aston Business School Research Institute, Aston University; United Kingdom, March 2002. http://research.abs.aston.ac.uk/working_papers/0204.pdf

Ruiz-Tamarit, J.R.; Ventura-Marco, M.; “The Reduction of Dimension in the Study of Economic Growth Models”; Universitat de Valencia, España, Michigan State University, International Business Resources on the Web; July 2001 http://globaledge.msu.edu/ibrd

Sala-i-Martin, X.; “Apuntes de Crecimiento Económico”, Antoni Bosch Editor, Madrid; 1994

Sala-i-Martin, X.; “15 Years of New Growth Economics: GAT Have We Learnt?”; Columbia University and Universitat Pompeu Fabra; June 2002. www.econ.upf.es/dechome/what/wpapers

Schick, A.; “Reflections on the New Zealand Model”; University of Maryland, Lectures on New Zealand Treasury, August 2001. www.treasury.govt.nz/academiclinkages/

Schneider, J.; Ziesemer, T.; “What’s New and What’s Old in New growth teory: Endogenous Technology, Microfoundation and Growth Rate Predictions – A Critical Overview”; MERIT, University of Maastricht, Netherlands; June 1996. http://meritbbs.rulimburg.nl/rmpdf

Schumpeter, J.A.; “10 Grandes Economistas: de Marx a Keynes”; Alianza Editorial, España, 1967.

Shaikh, A.M. “The Laws of International Exchange”; in “Growth, Profits and Property”, Edward J. Nell (ed.) Cambridge, Cambridge Cambridge University Press; 1980.  http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

Shaikh, A.M.; Tonak, E.A.; “Measuring the Wealth of Nations”; Cambridge University Press, USA, 1994.

Shaikh A., Antonopoulos R.; “Explaining Long Term Exchange Rates Beahavior in the United States and Japan”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 250, September 1998.  www.levy.org/docs/

Shaikh, A. M. ; “The empirical strength of the Labour Theory of Value”, in the Conference Procedings of Marxian Economics: A Centenary Appraisal,1998; Riccardo Bellofiore (ed.), Macmillan, London. http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

Shaikh A.; “Organic Composition of Capital”; The New Palgrave: A Dictionary of Economic Theory and Doctrine; 1986; John Eatwell, Murray Milgate, and Peter Newman (eds.), The Macmillan Press Ltd. http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

Shaikh, A.; “Wandering around the warranted path: dynamic nonlinear solutions to the Harrodian knife-edge”; in “Kaldor and Mainstream Economics: Confrontation or Convergence? (Festschrift for Nicolas Kaldor)”, Edward J. Nell and Willi Semmler; 1992; The Macmillan Press Ltd. http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

 Shaikh, A.; “Free Trade, Employment and economic Policy”; New School University, New York, USA; December 1995.  http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

 Shaikh, A.; “The Stock Market and the Corporate Sector: A Profit Based Approach”; New School University, New York, USA; August 1995.  http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

Shaikh, A.; “Explaining inflation and unemployment: an alternate to neoliberal economic theory”; New School for Social Research; “Conference on Contemporary Economic Theory”, October 1997. www.ucm.es/info/bas/ec/textos/

Shaikh A.; “Real Exchange rates and the International Mobility of Capital”; Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España,  Seminario Internacional: “Nuevas direcciones en el pensamiento crítico”, Febrero 1999. www.ucm.es/info/bas/ec/textos/

 Shaikh, A.; “Explaining the Global Economic Crisis”; New School University, New York, USA; December 1999. http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

SICE, Foreign Trade Information System; “Trade Policy Review Body: Review of Chile”; September 1997. http://www.sice.oas.org/ctyindex/wto/tprch62.asp

Stumpo, G. (ed); “Empresas Transnacionales. Procesos de reestructuración industrial y políticas económicas en América Latina”; CEPAL- Alianza Editorial; Buenos Aires; 1998.

Talavera, P, “El comercio exterior y las políticas comerciales en los países subdesarrollados”, Conferencia del Master en Comercio y Finanzas Internacionales, Universidad de Barcelona; 1999. www.comercioexteriorub.com

Terra, M.I. (1999), “Uruguay en el MERCOSUR: perspectivas del comercio intrarregional”, Revista de Economía del BCU Vol.VI No 2, Noviembre/99, Pág. 190 a 214. www.bcu.gub.uy

Thirlwall, A.P.; “The Nature of Economic Growth (An alternative framework for understanding the performance of Nations”; Edward Elgar Publishing, United Kingdom; 2002.

Tille, C.; Kei-Mu Yi; “Curbing Unemployment in Europe: Are There Lessons from Ireland and the Netherlands?”;  Federal Reserve Bank of New York; May 2001. www.ny.frb.org/rmaghome/curr_iss

Tugores, J, “Crecimiento y crisis en la economía globalizada”, Master en Comercio y Finanzas Internacionales, Octubre/99, Universidad de Barcelona www.comercioexteriorub.com

Veneziani, R.; “Structural Stability and Goodwin’s Growth Cycle, a Survey”; London School of Economics, UK; 2001. http://www.enteluigieinaudi.it/pdf/Pubblicazioni/Temi/T_24.pdf

Wade, R.H.; “Economic Growth And The Role Of Government: Or How To Stop New Zealand From Falling Out Of The OECD”; Knowledge Wave Conference; 1-3 August 2001; Auckland, New Zealand. http://www.nzei.org.nz/pdf/wade.pdf

Whelan, K.; “A Two-Sector Approach to Modeling US NIPA Data”; Federal Reserve Board, April 2001. http://www.federalreserve.gov/pubs/feds

Williamson, J.; “Is Brazil Next?”; Institute for International Economics, Number PB 02-7; USA; August 2002. www.iie.com

Wolff, E.N.; “What’s Behind the Recent Rise in Profitability?”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 297, December 1999.  www.levy.org/docs/

Yifu Lin, J.; “Development Strategy, Viability and Economic Convergence”, Peking University and Hong Kong University of Science and Technology; William Davidson Working Paper 409, USA; October 2001. www.wdi.bus.umich.edu/research/working_papers.htm


 



[i] La política comercial chilena ha sido objeto de múltiples ( y generalmente elogiosos) estudios. Una completa historia y análisis que comprende buena parte del período que nos ocupa se encuentra en Rebolledo (2000.)

 

[ii] De Bruin (2001) presenta una clara tabla comparativa acerca de la situación del Estado de Bienestar en Nueva Zelanda, pre y post reforma.

 

[iii] Box (1998) realiza un profundo estudio de la economía irlandesa en el período, como parte de los trabajos que el Gobierno de Nueva Zelanda realizó para encontrar las razones de su moderado crecimiento y de allí las medidas a implementar para impulsarlo.

 

[iv] Véase Allen (2002) para una completa crítica desde el punto de vista de sus consecuencias sociales. Canadian Centre for Policy Alternatives (2000) da cuenta, no exento de un análisis crítico, del aspecto social de los cambios acaecidos. El detalle de la política laboral seguida y sus consecuencias se encuentran en Glyn (2002.)

 

 

SECCION III:

EL ROL DEL ESTADO

 

 

III.1      El papel del Estado en el crecimiento económico.

La relación entre la economía y el Estado

El papel sustancial del Estado en la sociedad actual es el de asegurar la obtención de los beneficios de las empresas, permitiendo la acumulación de capital por parte de unas pocas personas (en comparación a la gran masa trabajadora) y el conservarlo privadamente con tranquilidad. Como estos beneficios deben ser constantemente ampliados  por la repetición del circuito de producción descrito en capítulos anteriores, el Estado debe asegurar las condiciones para que exista un crecimiento económico suficiente para lograr este objetivo.  A esto se refieren los economistas actuales con la expresión “crear un ambiente de negocios”, un entorno social e institucional que favorezca la existencia de excedentes y les posibilite su retención en manos privadas. En lenguaje empresarial un sistema donde se garantice la propiedad privada de los medios de producción, las reglas de juego (leyes, decretos, políticas económicas) sean claras y con relativa permanencia, la justicia proteja lo que entienden sus derechos (la apropiación del excedente) y exista una cultura empresarial desarrollada.

Desde este punto de vista, no es posible considerar el sistema actual como un sistema económico únicamente privado. Esto no significa que no se cumplan los análisis y tendencias que hemos descrito con anterioridad, por el contrario no se puede explicar las fluctuaciones de la economía de la sociedad actual sin estas leyes. Pero sí significa que la economía capitalista basada en unidades empresariales  no coordinadas  no se podría sostener sin las actividades de protección, estimulación y socialización que realiza el Estado. Baste nombrar en cada caso y a manera de ejemplo no taxativo el aseguramiento de los derechos de propiedad en sus diversas formas (para asegurar al empresario la apropiación de los excedentes creados por el trabajador), las actividades de investigación básicas y aplicadas (contribuyendo al progreso técnico tan necesario al capitalismo, realizando el Estado estas actividades no rentables en sí mismas) y la educación de la población (para reproducir la fuerza de trabajo en condiciones adecuadas al grado de progreso técnico alcanzado.)

Es totalmente cierto que en la sociedad actual Estado y empresarios no son la misma cosa. El capitalismo, a diferencia de los sistemas anteriores tales como el feudalismo y la esclavitud, es un nuevo sistema en el que la estructura económica no tiene acceso directo a los medios de violencia para imponer una coerción directa de acuerdo a sus intereses. En ese sentido en la sociedad actual existen una dimensión económica y una dimensión política que en determinados momentos de la vida de los países pueden entrar en tensión. La sociedad económica conforma un sistema en donde todos los elementos se relacionan y producen resultados que no se pueden explicar en forma aislada. Pero en la marcha normal del sistema y, más aun en los momentos de crisis, el Estado interviene en la organización social en representación de los grupos dominantes económicamente.

Desde un punto de vista histórico, el Estado desempeñó un papel esencial en la creación del mercado nacional a partir de los mercados locales existentes en los burgos de la época feudal y de los mercados internacionales de los mercaderes de esa misma época. Estos mercados nacionales de los siglos XVIII y XIX junto con la evolución técnica y social propiciaron el pasaje de la manufactura a la gran industria y del trabajo manual al mecanizado. El papel del Estado a este respecto no finalizó con la creación de mercados nacionales: en la medida que la acumulación de capital lo hizo necesario el Estado en los países desarrollados apoyó por medios diplomáticos y militares la obtención de  mercados para sus productos mediante el imperialismo a finales del siglo XIX o la apertura de mercados por negociaciones bilaterales y multilaterales en siglo XX, a la vez que aseguró el acceso de las materias primas necesarias para el proceso de industrialización (de las cuáles la más conocida y también la más importante pero no la única es el petróleo .)

La intervención del Estado ha crecido a lo largo de la historia del capitalismo por la necesidad de favorecer la reproducción de un sistema cada vez más complejo, regulando mútiples esferas de actividad en cuanto ellas fueran claves para el proceso de acumulación de capital.

La internalización del capital, la competencia creciente por los mercados internacionales debido a las necesidades de reproducción constante del capital, el creciente costo de investigación, desarrollo y adopción de nuevas tecnologías, la incrementada complejidad de preparación de la fuerza de trabajo y el imperativo de introducir elementos que legitimen el sistema explican la complejidad actual que hace necesaria un rol cada vez más activo del Estado, sea o no explicitado por aquellos que propugnan una menor intervención del Estado. Por el contrario, el mantenimiento y ampliación de un orden social que favorece  a determinados grupos sociales es una cuestión de primera prioridad en sus acciones, a punto tal de que luego de la Segunda Guerra Mundial, en los países europeos el capitalismo amenazado por las luchas sociales y la cercanía de la Unión Soviética, utilizó parte de los excedentes para brindar servicios sociales (mejorando el nivel de vida de los trabajadores) en un afán (exitoso) de mantener el orden social capitalista.

Quienes propugnan la menor intervención estatal lo hacen pensando en lo que ha sido característico del Estado en el sistema capitalista: retirarse  de las actividades que  pueden generar beneficios  , quedándose con las actividades no rentables. De esta manera, por una parte la masa de excedentes generados por los trabajadores productivos puede transformarse en beneficio para los empresarios, por otra el capital estatal permite un monto inferior de capital constante a los empresarios lo que aumenta su tasa de beneficio.

También para mejorar la rentabilidad empresarial el Estado se encarga de realizar las obras de infraestructura necesarias para la mejora de las técnicas de producción y la gestión de comercialización, abaratando los costos de suministros a las empresas permitiéndole una mayor rentabilidad al transferirles recursos desde otros sectores sociales. En muchos casos el Estado toma a su cargo la investigación científica y los conocimientos obtenidos son transferidos gratuitamente a los empresarios.

Y en épocas de crisis la intervención del Estado favorecerá a los empresarios, facilitando (aunque no es la causa) la reducción de los salarios reales que elevará la decaída rentabilidad de las empresas, procediendo a la liquidación de las empresas pequeñas que eliminará capital constante a la vez que concentrará la producción en grandes empresas y, en las crisis más graves, cambiando el marco institucional para lograr que el esquema de producción ampliada se ponga nuevamente en marcha. Debe quedar en claro que el cambio de marco institucional que el Estado a través de los agentes políticos propicia no cambia los instrumentos básicos de la economía actual, la búsqueda del beneficio y la competencia, por el contrario siempre el Estado termina adaptándose a ellas.

El Estado en la sociedad capitalista no puede excederse de ciertos límites, los empresarios nacionales o transnacionales según el caso, poseen las herramientas necesarias (control de la inversión, flujo de capitales, etc.) como para bloquear cualquier intento de autonomía del gobierno con respecto al mundo empresarial. Por el contrario, en la mayor parte de la historia económica  de los países el Estado se ha aliado con los grupos dominantes que buscan aumentar sus beneficios, por medio del crecimiento económico y/o asegurándose una mayor porción de la riqueza generada.Y en la actualidad, la expansión del comercio internacional, los flujos financieros y las inversiones extranjeras directas, de la mano de las estrategias empresariales de las mutinacionales productivas, comerciales y finacieras ha supuesto una pérdida de funcionalidad del Estado como regulador del proceso de acumulación y un desarrollo de estructuras y organismos internacionales, aún más aliadas a los intereses capitalistas dominantes a nivel global.

Establecido entonces el rol general del Estado en el proceso de acumulaución, pasaremos a analizar como las políticas específicas de los gobiernos influyen sobre el crecimiento económico.

 

Factores que soportan el crecimiento económico

En la sección I hemos descripto los elementos centrales de la dinámica de acumulación de capital que provocan el crecimiento económico. Hemos comentado que en la búsqueda de correlaciones empíricas, analizando datos cruzados de una cantidad importante de países algunos autores han constatado correlaciones de diverso signo entre estos factores y el crecimiento económico medido por la variación del PBI . Estos resultados son explicables mediante la teoría clásica que hemos desarrollado en este trabajo por lo que aquí analizaremos la importancia de la educación, la investigación y el desarrollo, la estructura del mercado y la apertura comercial con relación al crecimiento económico.

La educación influye en dos niveles: la educación general de los trabajadores  y la más restringida de científicos y profesionales universitarios. Pero ambas se relacionan con el progreso técnico que, como hemos analizado, es adoptado e incentivado por los empresarios como manera de mejorar sus beneficios. En ese sentido el progreso técnico es endógeno al sistema económico, es interno al mismo porque es la búsqueda de beneficios lo que motiva la investigación y adopción de nuevos y mejores métodos de producción y el desarrollo de nuevos productos. La investigación requiere de un grupo de personas con  alta capacitación: científicos y profesionales. La adopción y el uso correcto de una nueva técnica requiere de trabajadores con un nivel de instrucción que si bien es básico ha sido creciente a lo largo del desarrollo del capitalismo. La educación universal impulsada por filósofos y educadores de finales del siglo XIX respondió a las necesidades del capitalismo de integrar una masa de trabajadores capacitados para las exigencias que las nuevas técnica de producción demandaban.

El desarrollo económico es, por lo tanto, generador de un mayor nivel educativo general y de una mayor investigación científica. Así que la relación causal primera no es desde la educación hacia el crecimiento sino desde el crecimiento hacia la educación. Pero esta relación es de dos vías ya que se complementa con la afirmación de que las sociedades y países más educados son capaces de acelerar el progreso tecnológico, logrando altas tasas de crecimiento que lo distancian aún más de los países con menores niveles educativos e investigación científica.

Al hacer esta última consideración cabe mencionar la importancia que ha tenido la división internacional del trabajo en la generación del progreso tecnológico. Como se ha comentado, la antigua división del trabajo en que los países desarrollados producían y exportaban la mayoría de las manufacturas mundiales y los países en desarrollo se espacializaban productivamente en la producción y exportación de productos primarios, materias primas y alimentos, ha ido cediendo lugar a una nueva división de tareas en el plano internacional como resultante de los nuevos sistemas tecnológicos y la globalización. Algunos países subdesarrollados a través de las políticas financieras, productivas y comerciales de las empresas multinacionales, iniciaron o consolidaron, una dinámica industrializadora orientada fundamentalmente a la exportación regional o mundial. Pero en ese esquema, los países desarrollados han mantenido la especialización en los sectores tecnológicamente más avanzados fabricando medios de producción, a través de las reconversiones industriales y de los ingentes gastos en investigación y desarrollo (sin haber abandonado completamente la producción manufacturera y protegiendo la agropecuaria). Ello ha implicado la desarticulación sectorial en las economías de los países subdesarrollados con ausencia de actividad de fabricación de medios de producción y, por estar intimamente relacionado, de progreso tecnológico propio ya que les es necesario la importación y adaptación de tecnologías desarrolladas en otrso países con distintas realidades.

La estructura del mercado es otro factor que se ha mostrado correlacionado con el crecimiento. Por estructura de mercado se entiende si existe libre competencia en él o si la competencia está restringida por empresas con cierto grado de monopolio. La correlación es positiva entre competencia y crecimiento. El empresario en su búsqueda de beneficios utiliza el progreso técnico para disminuir sus costos. Pero además esto lo ayuda a vencer a la competencia, ganando participación en el mercado. Los empresarios que no adoptan las nuevas técnicas además de tener menores ganancias corren el riesgo de quedar fuera del mercado. La competencia refuerza la motivación del empresario para investigar y/o adoptar nuevas técnicas, invirtiendo en maquinarias y capacitación. El monopolio, al tener menores incentivos para adoptar nuevas técnicas, se constituye así en freno para el crecimiento. La libre competencia, con la continua necesidad de reinversión de los beneficios en tecnología, es un factor  positivo para el crecimiento económico.

Al analizar la apertura comercial de un país hacia el mundo encontramos que la capacidad de competencia en los mercados internacionales es vital para las perspectivas a largo plazo. En el corto y mediano plazo un país puede protegerse de la competencia internacional con una variedad de mecanismos: aranceles, cuotas y subsidios entre otros. Pero en el largo plazo estos mecanismos se agotan y el encarar la competencia internacional se transforma en una necesidad impostergable.

La cuestión crucial es: ¿cómo afecta la apertura de un país a la competencia internacional, a través del libre comercio, en sus niveles de producción y empleo? ¿Es el “laissez faire”la mejor manera de participar en el comercio internacional o el soporte y administración del Estado son necesarios?

La apertura de la economía tiene efectos sobre el crecimiento que dependen de la situación del país al momento de la liberalización comercial. Consideramos tanto el caso en que el país rebaja sus aranceles y disminuye sus barreras no arancelarias con el resto del mundo como los casos en que un país entre en acuerdos de libre comercio, unión aduanera, etc. con otros.

En principio, un tamaño mayor del mercado permite obtener mayores economías de escala e incrementar la especialización de las empresas, además de incentivar la competencia por el mayor número de empresas que producen el mismo bien (efecto procompetitivo.) Ambos factores hacen pensar en un efecto positivo de la apertura para el crecimiento económico. Además se facilita la actualización tecnológica de las empresas, por lo que inicialmente puede haber una fuerte inversión que impulse el crecimiento. Pero si el grado de desarrollo capitalista de ambos países (que han bajado sus barreras comerciales) es muy diferente y si las empresas de un país, en un sector, tienen menores costos debido a una mayor productividad resultado de su mayor desarrollo tecnológico, escala de producción o poder de mercado, o tienen menores costos salariales debido al nivel de vida de la población y a la tasa de cambio, entonces un país podrá incrementar su producción mientras que el otro disminuirá concomitantemente la producción. Y esto es así porque tanto al nivel de comercio internacional como interno de un país, quien tiene menores costos gana la competencia , ya sea porque el empresario obtiene mayores utilidades directas por la diferencia entre precio y costo o porque disminuyendo el precio de venta conquista mayor porción del mercado que redunda también en mayores utilidades. Y quien tiene mayores beneficios puede reinvertir y mejorar su técnica de producción, disminuyendo su costo laboral unitario (que surge de la compleja interrelación de salario real, tipo de cambio y productividad) condenando a la quiebra a las empresas del otro país. Los efectos de la apertura son desiguales para ambos países dependiendo de las condiciones iniciales, por lo que las correlaciones empíricas no han encontrado una relación consistente entre apertura y crecimiento.

 

Las políticas del Estado para el crecimiento

El Estado tiene a través del manejo de las políticas económicas la posibilidad de influir sobre la generación de excedentes y sobre su distribución.

Ya ha sido destacado su papel al influir sobre los salarios reales de los trabajadores, la provisión de servicios de bajo costo a las empresas, la adecuación de la educación de la población para el manejo de las nuevas técnicas de producción.

Como además el crecimiento económico se logra cuando existen beneficios y se reinvierten, las políticas que tiendan a aumentar el ahorro y la inversión y a disminuir el consumo social improductivo favorecerán la reproducción ampliada de la producción. En ese sentido las políticas macroeconómicas son claves para lograr el crecimiento productivo, las políticas sectoriales pueden ser bien intencionadas pero inoperantes en un marco inadecuado de política económica general. Las políticas monetarias, cambiarias y fiscales deben ser congruentes con el objetivo de crecimiento económico.

Para que se reinvertan los beneficios en el país e incluso para atraer inversiones desde el extranjero que complementen el ahorro nacional, el Estado debe desarrollar constantemente nuevos sectores industriales donde puedan invertirse los beneficios, sectores que deberán tener una rentabilidad igual o superior al promedio existente en el país y a las alternativas externas asequibles a los empresarios. En este sentido los mayores beneficios se obtienen en sectores con mayor valor agregado, debido a que al ocupar mayor cantidad de trabajadores con las técnicas más actuales de producción, se incrementa la cantidad de excedentes que se generan. Adicionalmente el proceso de industrialización, con sus demandas educativas y de socialización, lleva a un mayor nivel de vida de la población. Pero además la selección de esos sectores deberá tomar en cuenta tomar en cuenta las dotaciones de recursos del país y las ventajas competitivas frente a terceros para que la estrategia de crecimiento tenga posibilidades de éxito.

Para que las industrias existentes puedan crecer en su producción, reinvirtiendo sus beneficios,  es necesario  expandir sus ventas a través de la sustitución de importaciones en el caso de que empresas extranjeras estén compitiendo en el mercado local o, no siendo excluyentes ambas posibilidades, exportando a nuevos mercados. En ambos casos incide el Estado, en forma indirecta pero importante a través del tipo de cambio y en forma directa por medio de la política comercial (aranceles y reembolsos a la exportación, acuerdos de integración, etc.) Cabe hacer notar que la protección a industrias ineficientes, más que generación de riqueza puede constituirse en una transferencia de la misma desde otros sectores empresariales o de trabajadores, incidiendo negativamente en el crecimiento.

Pero además el Estado influye con la política fiscal al menos de dos maneras: por el monto de recaudación que implica y por la redistribución que realiza.

De la primera forma el Estado está tomando parte de los excedentes generados durante el proceso de producción y cuanto mayor sea el consumo del Estado, menor será la porción de los beneficios que se pueden destinar a la reinversión. De esta forma un tamaño excesivo de aquella parte del Estado no dedicado a tareas productivas conspira contra el crecimiento económico (la palabra excesivo se refiere a que, de todas formas, se requiere un tamaño relativamente importante del Estado ya que debe asegurar las tareas que han sido descriptas de mantenimiento social debido a que en el caso de que no las cumpla se deteriorará el ambiente de negocios y el de los propios trabajadores en cuanto a salud y educación, ambos necesarios para el funcionamiento del sistema económico, por la reproducción de la fuerza de trabajo y por las necesidades educativas que el progreso tecnológico requiere .)

Pasando al segundo aspecto que mencionáramos, la redistribución que realiza el Estado puede darse entre distintos empresarios,  o entre empresarios y trabajadores o entre distintos trabajadores.

Por una parte los cálculos efectuados por Shaikh y Tonak (1994) para Estados Unidos revelan que los impuestos pagados por los trabajadores exceden los beneficios sociales recibidos. Por otra, un estudio efectuado para un país europeo, España,  calcula los aportes realizados por la clase trabajadora al Estado a través de impuestos y contribuciones a la seguridad social y, en sentido inverso, los pagos del Estado a los trabajadores a través de transferencias directas, educación y seguridad social. La conclusión a la que arriba es que los aportes de los trabajadores al Estado y lo que este retorna comporta montos prácticamente iguales . Esto demuestra que aún en un país europeo donde el llamado Estado benefactor es reconocidamente más importante que en el tercer mundo, no hay redistribución entre empresarios y trabajadores, en realidad es al interior de los trabajadores donde la redistribución es solidaria en edades y pobreza. En países no desarrollados la imposición suele ser más regresiva que en los países europeos, por lo que de existir transferencias es altamente probable que la dirección de éstas vaya desde los trabajadores hacia los empresarios.

Con respecto a la distribución entre empresas el Estado, al cargar impositivamente a unos sectores más que a otros o al otorgar subsidios e incentivos con los montos recaudados fiscalmente, puede incidir en la estructura productiva. Y esta incidencia puede ser positiva para el crecimiento, si se propicia a través de políticas del Estado la diversificación de la estructura productiva del país hacia sectores más dinámicos y para los cuales el país pueda crear ventajas específicas, o negativa si se concentra la actividad productiva en pocos sectores más retrasados y en los cuales históricamente ha estado basada la creación de riquezas del país. Lógicamente las políticas que se adopten dependerán de la fuerza relativa de los distintos sectores empresariales nacionales y extranjeros y de la inserción en la división de trabajo mundial que se ha desarrollado en las últimas décadas.

Hasta aquí hemos analizado el rol del Estado en la generación de beneficios y su reinversión. Pero el Estado también influye decisivamente en los factores de soporte que hemos analizado en el apartado anterior.

Asegurar la libre competencia, eliminando monopolios y oligopolios que se apropian de excedentes superiores a los que generan con sus productos y servicios, por medio de precios que no reflejan el valor de sus prestaciones es una tarea del Estado que encuentra graves dificultades para realizarla dado el poder con que cuentan estas grandes empresas, muchas veces extranjeras. Ya hemos comentado la positiva correlación entre estructura del mercado competitiva y crecimiento económico,  a resultas de que la competencia refuerza la motivación del empresario para investigar y/o adoptar nuevas técnicas, invirtiendo en maquinarias y capacitación. Sin embargo es necesario precisar que invocando estos resultados y motivos, en muchos países subdesarrollados se han privatizado monopolios estatales convirtiéndolos en monopolios privados, que amén de no ser competitivos implican una apropiación privada del excedente y en la mayoría de los casos, su envío al exterior.

La forma en que el Estado conduce los procesos de apertura comercial es clave para el crecimiento en el largo plazo. Políticas comerciales exitosas requieren de análisis estructurales de la competencia internacional y los mercados mundiales. Desde este punto de vista, la tasa de cambio es de crítica importancia, ya que la tasa de cambio traslada los costos y precios locales a la arena internacional. Además el otro factor que incide en los costos unitarios absolutos junto con los salarios ya que determina el valor incorporado al producto, y por tanto en la competitividad, es la productividad que depende crucialmente del avance tecnológico de las empresas y de la modernización de la infraestructura física, social y política. Como demostraremos en el capítulo 2 de esta sección, es la posición competitiva del país, medido por sus costos reales, la que determina sus resultados en el comercio internacional. Esto confirma la falta de correlación empírica que se ha encontrado en algunos estudios y los resultados contradictorios en otros casos, entre la apertura comercial y el crecimiento.Como en el caso de competencia dentro de los límites de una economía nacional, el comercio entre naciones castiga al débil y recompensa al fuerte, sin garantías de que provea beneficios para todos. Como corroboración práctica de esta afirmación, podemos comprobar con una mirada histórica que cuando los países desarrollados aún no lo eran crearon y mantuvieron fuertes protecciones a sus industrias (aranceles, subvenciones, etc.) hasta que una vez afirmada su supremacía industrial liberalizaron sus intercambios comerciales en las ramas competitivas y promovieron el librecambio a nivel mundial .

Un rol del Estado que es muy fuerte en los países desarrollados e igualmente débil en los países en desarrollo es su contribución al progreso técnico y por tanto al aumento de los excedentes (beneficios) a través de un incremento de la productividad de la fuerza de trabajo o por el desarrollo de productos con mayor valor agregado. Son de gran importancia para el crecimiento económico las políticas públicas destinadas a desarrollar las capacidades de aprendizaje necesarias para la imitación de tecnologías y la disminución de la brecha tecnológica en los países en desarrollo y para ensanchar las nuevas fronteras tecnológicas en los países desarrollados. La creación y coordinación de un sistema nacional de ciencia y tecnología se vuelve un instrumento para crear condiciones de competitividad en el sistema económico, coordinando las instituciones con las estrategias de las empresas para fomentar el aprendizaje tecnológico. En forma similar a otras funciones del Estado, este las brinda en forma gratuita a los empresarios y en los países más avanzados las sumas dedicadas a este fin son, en la actualidad, de una cuantía muy importante .

En la medida que la productividad obtenida por el progreso técnico es la fuente de excedentes que permite aumentar la reinversión y el consumo a la vez, el Estado es clave para lograr el crecimiento económico con mejor calidad de vida, aunque esto no elimine las fuertes desigualdades y las relaciones sociales que el sistema capitalista conlleva.

El siguiente capítulo presenta la modelización matemática, con un enfoque clásico, de los factores aquí tratados.

 

III.2      Modelo específico para cada factor

Introducción

 

En la sección II hemos realizado el análisis de las razones por las que el empresario adopta nuevas técnicas de producción y las consecuencias que esto tiene, incrementando la composición orgánica del capital lo que es equivalente a aumentar la cantidad de medios de producción por unidad de mano de obra empleada. Y es que el capitalismo es un poderoso mecanismo de acumulación de riquezas en la forma de medios de producción. La concentración de los excedentes en forma de beneficios en las manos de un reducido grupo social, los empresarios, crean condiciones para el masivo incremento en la cantidad de fábricas, máquinas y medios de transporte.

El cambio técnico es, por ende, endógeno en la sociedad capitalista: no viene dado por una tasa externa al sistema sino que es su propia dinámica que lo genera. Y el cambio técnico es sesgado al ahorro de mano de obra .

Existen dos formas de categorizar el cambio técnico endógeno: un enfoque lo trata como el subproducto de la actividad de producción misma y se corresponde con la forma de innovar de los empresarios ingleses que conocieron los economistas clásicos: a esta forma se le denomina en la actualidad “learning by doing”. En este caso el nivel de instrucción de los trabajadores influye en el volumen y calidad de las innovaciones. La otra categoría corresponde a enfocar el cambio técnico  como el resultado de una actividad específica de investigación y desarrollo que se denomina “sector R&D”. Aquí se requiere un grupo de personas con alta capacitación. Esta forma de perseguir el cambio técnico es muy utilizada en la actualidad, donde las grandes empresas realizan importantes inversiones (en los países desarrollados subsidiadas en buena parte por el Estado) en laboratorios y personal científico de primer nivel.

Analizaremos entonces, ampliando el modelo básico y con los enfoques descriptos, como se relacionan el cambio técnico y el crecimiento económico.

 

Cambio técnico endógeno con “learning by doing”

 

En el modelo básico ampliado con cambio técnico se definió la productividad del capital como la relación entre la producción agregada y el stock de capital constante:

k=Y/K                                                  (1)

La tasa de crecimiento de la productividad del capital es , con <0, que en el desarrollo del modelo se supuso constante:

k’/k=

En forma similar para la productividad laboral, si la tasa de crecimiento de esa productividad  es  con >0:

y=Y/L                                                  (2)

y’/y=             

Para considerar el proceso de “learning by doing” en la productividad del trabajo, vemos que ésta crece no solamente por la introducción de nuevas técnicas de producción a una tasa dada, sino por el mismo hecho de la acumulación de capital constante. Asumiremos que está última relación es directa con un factor de proporcionalidad  positivo:

y’/y=+(K’/K)                                                (3)

Por lo tanto la tasa de crecimiento del capital variable es:

L’/L=Y’/Y-y’/y=g-[+(K’/K)]               (4)

Recordemos que:

K’/K=g-                                                         (5)

Sustituyendo  y operando:

L’/L=(1-)g-(-)                              (6)

Las ecuaciones básicas que describen el movimiento del sistema son, de igual forma que en los modelos anteriores:

K’=I                                                     (7)

S=wL’+I                                                           (8)

Utilizando (5), (6), (7) en (8):

K(g-)=S-wL*[(1-)g-(-)]

Despejando la tasa de crecimiento de la economía:

g=[S+wL(-)+K)]/[(1-)*wL+K]     (9)

Obsérvese que en ausencia de aprendizaje por experiencia, =0, la tasa de crecimiento tiene la expresión que habíamos encontrado en el capítulo anterior, donde el aumento de la productividad laboral es producto únicamente de la introducción de nueva tecnología y/o maquinaria, obteniéndose una tasa constante de crecimiento de la productividad .

Para facilitar el análisis de la expresión sustituimos el excedente creado en la producción en función de la tasa de obtención de excedentes e introducimos la composición orgánica del capital, dividiendo numerador y denominador por wL:

g=[m++(+)*]/(1-+)                  (10)

Comparemos con la ecuación para la tasa de crecimiento sin el efecto “learning by doing”:

g =(m++)/(1+)                             (11)

El efecto de “learning by doing” es en principio ambiguo ya que disminuye tanto el numerador de la expresión (al ser  negativo) como el denominador(por restar ). Derivando la expresión con respecto a , el factor de aprendizaje, encontramos que el signo de la derivada depende de su numerador:

(g/)= (m+-)/(1-+)2

Esta expresión es positiva dado que  es negativo y  es positiva. Por lo tanto, g es creciente en , por lo cual el efecto del aprendizaje por la experiencia es aumentar la tasa de crecimiento. Este resultado es coherente con el hecho de que refuerza la tendencia del sistema hacia el aumento de la productividad del sistema, sin incrementar el capital constante.

Similar tratamiento y resultados se obtienen al considerar otra ventaja dinámica derivada del crecimiento y fuertemente relacionada con la anterior, considerada de gran relevancia por los economistas clásicos, cual es la economía de escala. La mayor escala de producción es causa y consecuencia del crecimiento económico, con anterioridad se ha hecho referencia a las economías de escala internas y externas a una empresa. La economía de escala induce a cambios técnicos que implican un aumento de productividad laboral. Por esto una manera de modelar su influencia es considerando que la tasa de crecimiento de la productividad es de la forma:

y’/y=+g                                           (12)

Donde  es la tasa de aumento de productividad debida a la introducción de nueva tecnología y   es un factor de proporcionalidad positivo que representa la influencia de la economía de escala a través de la tasa de crecimiento económico .

Por lo tanto la tasa de crecimiento del capital variable es:

L’/L=Y’/Y-y’/y=g-(+g)                     

L’= L* [(1-)g-]                                             (13)

Recordemos que:

K’/K=g-                                                         (5)

Las ecuaciones básicas que describen el movimiento del sistema son, de igual forma que en los modelos anteriores:

K’=I                                                     (7)

S=wL’+I                                                           (8)

Utilizando (13)y (6):

K(g-)=S-wL * [(1-)g-]        

Despejando la tasa de crecimiento de la economía:

g=(S+wL+K)/[(1-)*wL+K]              (14)

Comparese con la tasa de crecimiento desarrollada en el apartado donde se analizara el progreso técnico de la sección I:

g=(S+wL+K)/(wL+K)

Ambas expresiones coincidirían si el factor  fuera nulo. Cuando existen economías de escala, esto es para valores positivos de , el denominador del segundo término de la expresión (14) disminuye y por lo tanto la tasa de crecimiento es mayor que en ausencia de economías de escala, como correctamente determinaron los economistas clásicos.

 

 

 

Cambio técnico con un sector productor de medios de producción

El estudio de la influencia en el crecimiento de una  economía de un sector especializado en innovar y promover nuevas técnicas de producción a través de la producción y comercialización de medios de producción requiere extender el modelo básico a dos sectores: el ya citado productor de maquinarias responsable de las actividades de investigación y desarrollo, que denominaremos sector 1, y el productor de bienes de consumo, sector 2.

Utilizando la técnica de producción más rentable, el sector 1 requiere de L1 unidades de trabajo y un inventario de capital constante K1 formado por el valor de todos los medios de producción que sobreviven al tiempo t, el cual se deprecia en  años (o en forma equivalente a una tasa =1/ por año.) El excedente creado por en este sector por los trabajadores es S1. El sector produce bienes de capital por un valor X, de los cuales X1 son comprados por el empresario del sector 1 y X2 por el empresario del sector 2.

El sector 2 requiere de L2 unidades de trabajo y un capital constante K2 formado por el valor de todos los medios de producción que sobreviven al tiempo t, el cual se deprecia en  años , siendo el excedente producido S2. El sector produce bienes por un valor Y que son consumidos por los trabajadores  del sector 1 y del sector 2  de acuerdo al costo salarial wL1 y wL2 respectivamente, siendo w el salario de los trabajadores.

La suma de L1 con L2 es L, el total de unidades de trabajo aportadas por todos los trabajadores (no desempleados.) Igualmente el total de bienes de capital de que dispone esta sociedad es:

K= K1+K2                                            (15)

Y el excedente total es:

S=S1+S2

Las ecuaciones que representan la producción en cada sector industrial son:

X= wL1+K1+S1                     

Y=wL2+K2+S2                                   (16)

Obsérvese que dado que los productos manufacturados son diferentes, las industrias utilizan técnicas también diferentes y por tanto es de esperar, con probabilidad casi unitaria, una diferente composición orgánica en cada rama.

1=K1/wL1

2=K2/wL2     

La composición orgánica promedio de la economía es:

=K/wL                                               (17)

Los empresarios reinvierten todas sus ganancias, o sea que no consumen (o su consumo total es pequeño frente al consumo total de los trabajadores por lo que se puede despreciar en una primera instancia) y no hay otros sectores no productivos que consuman el excedente generado en la producción. Esta hipótesis puede ser levantada de forma similar a como se hiciera en el modelo básico.

La tasa de beneficio en ambos sectores tienden a ser iguales, en caso de existir libertad de movimiento de capitales entre las ramas, e igual a la tasa de beneficio de la economía:

b1=b2=S/(wL+K)=b                             (18)

Lo que implica que para cada rama el excedente generado no coincide con el beneficio apropiado por el empresario de la rama, excepto bajo la extraordinaria circunstancia de igual composición orgánica de capital en ambos sectores. Para ver esto introduzcamos la tasa de obtención de excedentes, la que asumimos igual en los dos sectores:

b=mwL/(wL+K)

b=m/(1+)                                                      (19)

Los beneficios para el sector 1 serán:

B1=b*(wL1+K1)

Sustituyendo por la ecuación (19) e introduciendo la composición orgánica del sector, multiplicando y dividiendo la expresión por wL1:

B1=mwL1(1+1)/(1+)

B1=S1(1+1)/(1+)S1                                   (20)

En forma similar se puede concluir:

B2= S2(1+2)/(1+)S2                                  (21)

También es dable apreciar en estas ecuaciones, que el sector con mayor composición orgánica (en la práctica el sector 1 de medios de producción) es quien se queda con una parte mayor de los excedentes, bajo forma de beneficio, que los que genera en su proceso de producción.

No es el objeto del presente documento tratar el problema de la relación entre valor y precio que surge del estudio del problema anterior y que ha sido objeto de una larga controversia desde su formulación . Hemos realizado este pequeño desarrollo para sustentar la afirmación previa relativa a la apropiación de excedentes entre sectores industriales, lo que se relaciona con la estructura económica del país comentada en el capítulo 1 de esta sección. Basta indicar que para que los beneficios sean diferentes a los excedentes obtenidos en cada rama (son mayores en la productora de bienes de capital y menores en la de bienes de consumo) los precios de los bienes producidos deben ser diferentes al valor agregado en cada uno  de los sectores.

Comenzando con el desarrollo del modelo desde el punto de vista del crecimiento económico, al igual que en el modelo básico unisectorial, se asume que las técnicas tienen retornos constantes a escala y que no hay progreso técnico.

La tasa de crecimiento de los medios de producción y de consumo es respectivamente:

g1=X’/X=L’1/L1=K’1/K1

g2=Y’/Y=L’2/L2=K’2/K2

Plantearemos ahora el balance de medios de producción, utilizando la inversión neta, y la ecuación que describe la aplicación de los excedentes:

K’=K’1+K’2= I                                      (22)

S=S1+S2= wL’+I=w(L’1+L’2)+I            (23)

Sustituyendo en las ecuaciones de producción y de crecimiento, las ecuaciones que describen el sistema económico son:

K1g1+K2g2=I                                     

I= S-w(L1g1+L2g2)                            

Obsérvese que si g1=g2=g se obtienen las mismas ecuaciones que para el modelo básico de un sector y por lo tanto igual  resultado para la expresión de la tasa de crecimiento por lo que se pueden extraer las mismas conclusiones, siendo la principal que el crecimiento de la economía depende de la tasa de obtención de excedentes de los trabajadores (y del porcentaje del excedente que es reinvertido por los empresarios, como se puede deducir de igual manera que en el modelo básico ampliado.) Como la suposición fue que el sistema está en estado estacionario, o sea que todas las tasas de crecimiento son iguales, estamos asumiendo un sistema coordinado (“proporcionado” en el lenguaje de los economistas clásicos) entre los diversos sectores de la economía capitalista sin progreso técnico. Se aplican las mismas consideraciones que en el capítulo anterior aún para este modelo más complejo en cuanto a los supuestos necesarios para dotar de rigurosidad al modelo.

Pero la realidad económica capitalista es la del caos y la descoordinación del sistema (“desproporción”), punto este que trataremos de modelar a continuación introduciendo el progreso técnico de igual forma que se ampliara el modelo unisectorial anterior, siendo <0 la tasa de crecimiento de la productividad del capital:

k’/k = 

 Y con >0, correspondiente a la productividad de la fuerza de trabajo:

y’/y = 

Denominando nuevamente g a la tasa de crecimiento de la economía en general y recordando las definiciones de las tasas de crecimiento de cada sector, se obtiene:

g1 = K’/K=g-                                     

g2 = L’/L=g-                                      (24)

Obsérvese que dado los signos de las tasas de crecimiento de las productividades del capital y de la mano de obra, se tiene:

g1 > g > g2

Por lo que el sector productor de maquinarias es más dinámico que el sector productor de bienes de consumo.

Sustituyendo las expresiones de las tasas de crecimiento sectoriales (24) en las ecuaciones (22) y (23) que describen el movimiento del sistema:

K1(g-)+K2(g-) = S-wL1(g-)-wL2(g-)

Efectuando operaciones e introduciendo los valores agregados para la economía del capital constante y variable, K y wL:

Kg-K1-K2 = S-(wLg-wL1-wL2)

Reagrupando términos similares:

(wL+K)g = S+(wL1+K1)+(wL2+K2)

Despejando la tasa de crecimiento de la economía:

g = [S/(wL+K)] +[(wL1+K1)/(wL+K)]+[(wL2+K2)/(wL+K)]   (25)

Ecuación que nos indica que la tasa de crecimiento de una economía depende de los excedentes obtenidos (y reinvertidos) y de las tasas de crecimiento de la productividad laboral y del capital.

La expresión (25) se puede escribir considerando la tasa de beneficio de la economía definida por la expresión (12):

g = b +[(wL1+K1)/(wL+K)]+[(wL2+K2)/(wL+K)]                             

La expresión obtenida para la tasa de crecimiento en este modelo de 2 sectores es similar a la calculada para el modelo con un sólo sector y que transcribimos aquí:

g=b+[(wL+K)/(wL+K)]                    

A pesar de la similitud con la expresión de la tasa de crecimiento para el modelo de un sólo sector, obsérvese que es una expresión más compleja que permite visualizar con mayor claridad que la tasa de crecimiento económico depende del peso que en la economía tienen los sectores productores de maquinaria y de bienes de consumo

La tasa de crecimiento de una economía depende entonces de la tasa de beneficio que obtienen los empresarios en la misma más las tasas de crecimiento de la productividad del capital y laboral ponderadas cada una de ellas por el peso relativo de cada sector (medios de producción y bienes de consumo) en el total de la economía.

Una expresión equivalente se obtiene introduciendo en (22) los beneficios de los empresarios de cada sector:

wL1+K1 = B1 / b                                

wL2+K2 = B2 / b

Y de la expresión (18) de la tasa de beneficio de la economía:

wL+K = S/b

Combinando las expresiones obtenemos la tasa de crecimiento en función de la proporción de los beneficios de cada sector con respecto a los excedentes generados:

g = b+(B1/S)+(B2/S)                                   (26)

 

La apertura comercial

La teoría clásica, como la realidad, visualiza la competencia internacional de la misma forma que la competencia interna en una economía: los empresarios compiten sobre la base de precios relativos que son determinados por los costos reales de producción. Es la posición competitiva del país, medido por sus costos reales, la que determina sus resultados en el comercio internacional. Como en el caso de competencia dentro de los límites de una economía nacional, el comercio entre naciones castiga al débil y recompensa al fuerte, sin garantías de que provea beneficios para todos. Los términos de comercio    se relacionan fuertemente con el  comportamiento de las tasas de cambio.

El punto de partida del enfoque clásico es el reconocimiento de que en los términos internacionales de comercio con precios internacionales relativos, la competencia entre empresas es liderada por los productores de menores costos relativos.

El desarrollo que se presenta a continuación, adaptado a nuestro modelo básico, está basado en Shaikh (2002) y a los supuestos que asumiéramos en el modelo básico debemos agregar el de la uniformidad de las tasas de beneficio a escala internacional. Para que esta condición se cumpla es necesaria la movilidad internacional del capital: los flujos de capital en busca de inversiones rentables provocan (al igual que en la economía cerrada) una tendencia a igualizar las tasas de beneficio, para lo cual Shaikh demuestra que no son necesarios ni grandes flujos de capital para lograr este efecto ni inversiones directas, alcanza con la movilidad de los capitales financieros en pequeños flujos.

Si bien mantendremos la terminología utilizada hasta el momento, dada la similitud de significados, las ecuaciones se aplican a una empresa productora de bienes y en particular el empresario utiliza una técnica de producción que busca minimizar sus costos totales, de acuerdo a la ecuación:

Y= wL+K+S

Para tener en cuenta los precios relativos introduciremos un cambio menor en la notación, por lo que Y denotará el volumen físico producido mientras que p será el precio de venta para ese productor:

pY= wL+K+S             

Una forma equivalente de escribir esta ecuación es recordando que los excedentes son los beneficios del empresario por lo que si b es la tasa de beneficio:

S = b (wL+K)

Sustituyendo y agrupando términos:

pY = (1+b) wL + (+b)K                       (27)

Obsérvese que la expresión (27) depende ahora de la cantidad de trabajo directo que requiere la técnica, de la maquinaria utilizada y de la tasa de beneficio.

Transformaremos esta ecuación aproximándola por el método de costos laborales unitarios verticalmente integrados, método al cual hiciéramos referencia en capítulos previos con el nombre de “trabajo predatado” : el capital constante es a su vez un producto fabricado a partir de otra cantidad de capital variable (mano de obra), capital constante (maquinarias y, aunque aquí no la estamos considerando, materia prima) y beneficios (que tienden a la tasa general de beneficios de la economía en un momento dado aunque con diferencias al interior de la industria de acuerdo a su eficiencia productiva):

K=(1+b1)wL1+(+b1)K1

A su vez K1 se puede sustituir de la misma forma y así continuar la cadena de sustituciones hasta llegar a una expresión en donde el precio de un producto puede ser descompuesto en la suma de costos laborales directos (de su proceso de producción actual) e indirectos (de los procesos previos verticalmente integrados), multiplicados por un promedio de las tasas de beneficios, que surge de considerar que los diferentes excedentes se generan a su vez en distintos momentos de tiempo.

El precio relativo de dos mercaderías depende, por lo tanto, de las relaciones de costos laborales y tasas de beneficio promedios, considerando que el salario real w no ha sufrido cambios a lo largo del tiempo que ha insumido este proceso iterativo. En la sección I ha sido descrito de donde surge el monto de este salario: asegura la supervivencia y reproducción del trabajador en condiciones sociales determinadas por la época y la sociedad en que vive. Podemos asumir su constancia relativa a precios internacionales en tanto se mantenga el tipo de cambio d la moneda local. Como cada tasa de beneficio verticalmente integrada  es un promedio ponderado de las tasas de beneficios de las industrias que intervienen directa e indirectamente en su producción, se encuentra que la dispersión de tasas de beneficios promedios verticalmente integrada es pequeña, lo cual hace que la relación de precios entre dos mercaderías está dada, con buena aproximación, por los costos laborales verticalmente integrados :

pi / pj = vi / vj                                     (28)

Donde p denota precios unitarios, v costos laborales verticalmente integrados para los productos i, j, costos laborales que dependerán de la productividad de las industrias involucradas (dadas las técnicas de producción utilizadas) y de los salarios pagos a los trabajadores.

Para extender este principio a escala internacional, sólo es necesario introducir la tasa de cambio nominal e (expresada como la relación entre moneda extranjera y moneda doméstica), y ahora p, p* designan los precios de bienes extranjeros y domésticos así como v, v* los costos unitarios verticalmente integrados de esos bienes, expresados en la misma moneda común. La ecuación se mantiene (28), adaptada su notación al caso internacional, en cuanto las tasas de beneficio internacionales sean similares (que surge de la ya descripta tendencia a su igualización.)

El tipo de cambio real er en términos de precios de bienes comercializables está dado por:

er = p e / p* = v /v*                            (29)

Sujetos a la competencia internacional, los precios de los bienes comercializables (parte de los bienes totales que produce un país) tienden a ecualizarse en moneda común, por lo que introduciendo el subíndice T para designar estos bienes:

pT e = pT*                                                      (30)

Escribimos el costo laboral unitario verticalmente integrado real como:

vr =v / p

Donde p denota el índice de precios al consumo.

Considerando la relación entre los precios generales de la economía y los precios de los bienes comercializables internacionalmente (transables) :

= p / pT                                                        (31)

Combinando las ecuaciones (29), (30) y (31):

er = (vr / vr*) ( / *)                         (32)

Ecuación que implica que los precios internacionales relativos de los bienes comercializables, que determina en el largo plazo la tasa de cambio real, están regulados por los costos laborales reales verticalmente integrados ajustados por el contenido comercializable/no comercializable de la economía. Si el grado de desarrollo capitalista  de los países donde se sitúan las empresas es muy diferente y si las empresas de un país, en un sector, tienen menores costos debido a una mayor productividad resultado de su mayor desarrollo tecnológico, o tienen menores costos salariales debido al nivel de vida de la población y a la tasa de cambio, entonces un país podrá incrementar su producción mientras que el otro disminuirá concomitantemente la producción.

De las varias consecuencias que se pueden extraer de la ecuación (32), con referencia al enfoque de este trabajo, interesa hacer explícita la que refiere que la tasa de cambio real sostenible es la que corresponde  a la posición competitiva relativa de un país, medida por sus costos laborales unitarios reales. El flujo de capitales puede mantener por un tiempo más o menos prolongado una tasa de cambio distinta a la derivada de la ecuación (32) pero fatalmente ello conduce a pérdida de competitividad y problemas que potencian las consecuencias adversas del ciclo económico.

Finalmente, una apertura comercial general o bilateral manteniendo una tasa de cambio no competitiva, es decir no acorde a la productividad y salarios del país, por las ecuaciones (29)  y (32) conduce a altos precios relativos y pérdida de mercados, con las consecuencias negativas que se derivan para la producción de bienes del país.

 

III.3      La economía primaria con servicios a la región (1973-2000)

Introducción

El objeto de este capítulo es el de ejemplificar el rol del Estado en la acumulación de capital a través de un análisis de políticas activa de crecimiento del país, en el marco conceptual que se ha desarrollado en las secciones previas: la búsqueda permanente de rentabilidad es el motor del sistema capitalista, la generación de excedentes y su reinversión son los fundamentos del crecimiento  del sistema.

Presentando en apretada síntesis conceptos ya desarrollados con anterioridad, analizar políticas activas de crecimiento significa reconocer que en el sistema económico actual el Estado tiene un rol importante a jugar: asegurar las condiciones para que exista un crecimiento suficiente para lograr el objetivo privado de la acumulación de capital.  Pero además en todas las experiencias recientes de crecimiento económico, el desarrollo de sectores claves de la economía ha sido encarado mancomunadamente por el Estado y las empresas privadas, incluso con un alto grado de formalización en los organismos conductores del proceso en cada sector y en los planes estratégicos para la expansión de los mismos .

A partir de esta definición se deducen los elementos que se desarrollarán y que responden a las siguientes cuestiones: ¿Cuales son las políticas macroeconómicas, condición necesaria pero no suficiente para el crecimiento, que permitirán crear el marco adecuado para que la creación de riqueza se produzca, se incrementen los excedentes y en su mayor parte se reinvertan? ¿Cuales serán los sectores que podemos percibir en la actualidad en donde puede existir un crecimiento importante porque existe rentabilidad y oportunidades de reinversión? ¿y cuales serán las políticas adecuadas para ello?

El apartado comienza al igual que en capítulos similares de las secciones precedentes, con una breve síntesis histórica de la evolución económica mundial en décadas recientes. 

Luego se da lugar a la exploración de las trayectorias de crecimiento seguidas por países de similar tamaño con Uruguay, como son Chile, Nueva Zelanda e Irlanda. Con ellos Uruguay comparte su origen como país proveedor de materia primas y alimentos para los países industrializados: con los dos primeros el ser países de la zona templada del planeta que por su lejanía de los centros desarrollados recién se integraron a la economía mundial a finales del siglo XIX. Irlanda es el que más ha diferido en su trayectoria por haber sacado partido de su cercanía e integración a la Unión Europea, a su vez este país y Nueva Zelanda se diferencian de Chile y Uruguay por su alto producto per cápita. Pero con sus semejanzas y diferencias, de los tres casos que se estudian se pueden extraer conclusiones de aplicación para Uruguay. En anexos se describen sintéticamente los antecedentes históricos de cada país hasta la crisis de los años 80, se analizan las políticas económicas que se implementaron para retomar el proceso de acumulación y el marco institucional interno en que se llevaron a cabo, se da cuenta de los resultados detallando las principales variables macroeconómicas de partida, su evolución y la situación actual.

Con el mismo enfoque que ya se aclarara y no por carecer de importancia sino por no ser el foco del trabajo, en ninguno de los casos se analizan la distribución de la renta, la mayor o menor desigualdad generada y las consecuencias sociales (positivos o negativas) que estos procesos tuvieron. Pero baste decir por el momento que como procesos de acumulación, el nivel de vida de los trabajadores y de la población en general aumentó (aún dentro de los límites que impone la existencia de una importante desocupación y llevado por las necesidades que demanda el progreso técnico) aunque a la vez que también se incrementaron las diferencias de riqueza entre los distintos grupos sociales.

Al abordar el capítulo correspondiente a Uruguay, se presenta el proceso económico de la última década pero en forma sintética y como comparación a la luz de los casos analizados y de la teoría clásica del crecimiento. Se describen los resultados alcanzados por las políticas implantadas por los sucesivos gobiernos, desde la dictadura militar hasta el actual gobierno democrático, y como el país se precipitó en una crisis que ha sido calificada como la más grave de la historia moderna uruguaya.

 

Caracterización del capitalismo mundial en la época

La larga expansión económica en los países desarrollados que comenzara en la posguerra y se sustentara institucionalmente en los acuerdos de Bretton Woods, llegó a su fin en 1973. La continua disminución de la tasa de beneficio de las empresas y el aumento del trabajo improductivo y el consumo social, que significó el desarrollo del sector servicios a la vez que se desaceleraba el desarrollo industrial, disminuyeron la reinversión y el crecimiento. Institucionalmente la financiación del déficit norteamericano, producto de los gastos debidos a la guerra de Vietnam pero también del bajo crecimiento de la productividad laboral en EEUU y la consiguiente pérdida de competitividad, hizo crecer la abundancia de dólares y con ello la desconfianza en la moneda norteamericana y en el sistema de tipos de cambio fijos.

La movilidad internacional del capital desempeñó un papel importante en la caída del sistema monetario: las crisis y la especulación se hicieron frecuentes a partir de 1971. La movilidad del capital también redujo el control que los gobiernos nacionales podían ejercer sobre sus economías,  una inflación creciente actuó como mecanismo redistribuidor de ingresos: la intervención contra cíclica de los gobiernos sustentada en la teoría económica  keynesiana resultó infructuosa frente a la combinación de inflación y recesión y la propia teoría entró en crisis. Los problemas del capitalismo en esta fase no eran de demanda sino de oferta, y aún cuando la crisis de la segunda implica la caída de  la primera, el hilo conductor fue la disminución  de los excedentes con relación a las inversiones realizadas.

El detonante de la crisis fue el shock petrolero del 73, sin embargo no fue la causante ya que en los países desarrollados la riqueza transferida a los países petroleros ( en la mayoría de ellos a la elite gobernante) a través de los mayores precios de los combustibles retornó a través de préstamos canalizados por los centros financieros del mundo industrial. Por otra parte, no fue un hecho exógeno al sistema económico: la caída del sistemma monetario y las devaluaciones sucesivas de la moneda norteamericana implicaron una importante pérdida de riqueza de los países exportadores de petróleo.

En los países del Tercer Mundo no petroleros, su balanza de pagos se deterioró bajo la influencia conjunta de la recesión que provocó la baja demanda de sus productos de exportación y la suba de los precios de petróleo. Estos países incrementaron grandemente su deuda externa y su dependencia del capital financiero, lo que llevó a muchos países (y en especial a los de Latinoamérica) a duras políticas de ajuste durante la década de los 80 para hacer frente a las obligaciones generadas. Políticas de ajuste que significaron enormes transferencias de excedentes desde los países pobres a los países ricos, empobreciendo su población y disminuyendo drásticamente el crecimiento económico: entre 1982 y 1989 América Latina transfirió más de 200 mil millones de dólares a las naciones industrializadas y el PBI per per tuvo un descenso de casi el 10%.

Desde el Estado de un país desarrollado, la política económica implementada por Reagan desde 1980 fue el primer intento luego de las crisis del petróleo de cambiar las condiciones del sistema económico mundial que permitiera una recuperación de la rentabilidad de las empresas multinacionales, originarias de los países desarrollados. Y esta recuperación de las ganancias se buscó aumentando los excedentes producidos en los procesos productivos de los países avanzados, a través de una elevación de la productividad por una profunda reconversión tecnológica, pero también con una mayor apropiación de parte de los excedentes generados en los países subdesarrollados. Se profundizó la nueva división internacional del trabajo donde la antigua dicotomía materias primas – productos industrializados se sustituyó por un esquema ternario, con países internacionalmente proveedores de materias primas y alimentos (“un modelo latinoamericano”), países exportadores de productos industrializados de bajo y medio contenido tecnológico con alto contenido de mano de obra (“un modelo asiático”) y países proveedores de medios de producción y servicios de alto contenido tecnológico (países desarrollados). Es de hacer notar que esta caracterización no es excluyente ni las denominaciones describen exactamente a todos los países, pero sí a la mayoría. En especial hay diferencias en el esquema cuando se refiere a la producción para el mercado interno: los países de capitalismo avanzado producen materias primas y alimentos manteniendo una fuerte protección de estas actividades, aunque raramente se dé la situación inversa de producción de productos de alta tecnología por parte de países del mundo no desarrollado. Tampoco todos los países se adaptaron en forma sumisa y automática a esta nueva división: un caso especial en la región sur americana lo constituye Brasil país en el que los sucesivos gobiernos han mantenido fuertes diferendos comerciales con Estados Unidos y han intentado proteger algunos sectores de importancia tecnológica, apoyados por empresarios nacionales y con la aspiración de ser una potencia relevante en la economía mundial.

La política restrictiva monetaria norteamericana, que buscaba equilibrar el fuerte déficit presupuestario causado por una política fiscal expansiva, provocó la sobre valuación del dólar y altas tasas de interés cuyo efecto final fue agravar la recesión. La restricción de la demanda disparó la crisis de la deuda que comenzó con la suspensión de pagos en 1986. La coordinación incipiente de las políticas económicas entre los principales países desarrollados y la caída de los precios del petróleo en 1986  provocaron un período de crecimiento corto que concluyó con la crisis bursátil de 1987.

La continuidad de la crisis implicó la depuración de capitales que permite la concentración y centralización del sistema económico aumentando la rentabilidad. El crecimiento se retomará con fuerza, por casi una década, a partir de 1992 mediante la combinación de una profunda reconversión tecnológica y de gestión que elevó la productividad de la mano de obra y mejoró la utilización de los activos (donde, obligado es decirlo, el mercado cedió lugar a la creciente planificación de las empresas siguiendo el modelo japonés como describe Lazonick (1991)), un abaratamiento del costo de las materias (y en especial del petróleo, el precio de las materias primas no petroleras se recuperaron en la segunda mitad de la década del 80 luego de una prolongada reducción, para volver a disminuir en los 90) y la contención de los costos laborales de la mano de la tercerización y subcontratación así como de la fragmentación geográfica de los procesos productivos para explotar ventajas de localización.

La década de los 90 es coincidentemente, pero no por casualidad, la del avance de la globalización que define un nuevo perfil en el sistema económico mundial. El progreso de las fuerzas productivas debido al avance de la tecnología impulsada por el desarrollo de la informática y las comunicaciones con sus nuevas escalas de producción y posibilidades de fragmentación geográfica de los procesos. Se expanden las nuevas técnicas de gerenciamiento, derivadas de los sistemas japoneses de gestión de la producción y la distribución que a través del “Just in Time”y  “Supply Chain” Management”, entre otras,  disminuyen los requerimientos de capital circulante (inventarios) y con ello el capital total invertido.

 El desarrollo de las fuerzas productivas requería entonces otro marco que no fuera el restringido por los mercados e instituciones nacionales, para permitir el proceso de acumulación  de capital. Se refuerza la apertura comercial, se forman espacios económicos supranacionales de evidente regionalización, se liberaliza el flujo de capitales a niveles nunca antes alcanzados a tal punto que la esfera financiera se disocia ( y supera en creces) al movimiento comercial. Las empresas multinacionales pasan a constituir la unidad básica de la economía mundial con los países compitiendo en el otorgamiento de incentivos y beneficios fiscales para atraer sus inversiones y el Estado se aboca a destruir ( o al menos a disminuir donde no le es posible eliminar) los elementos del Estado de Bienestar construido a lo largo de décadas por sucesivas conquistas sociales. Las empresas públicas que puden ser rentables comienzan a ser adquiridas por por el capital extranjero multinacional en asociación (menor) con empresarios locales.

 

Análisis comparativo de casos

Las experiencias descriptas en los anexos, Chlie, Nueva Zelanda e Irlanda, presentan grandes similitudes a la vez que importantes diferencias.

Se trata en los tres casos de países pequeños con relación a la cantidad de habitantes, proveedores históricos de productos primarios (agropecuarios y mineros) a los centros del capitalismo avanzado, que intentaron a mediados del siglo pasado un desarrollo basado en el mercado interno que fracasó en la década del 70. Por este motivo sufrieron importantes crisis de acumulación en los 70 y 80 lo que, en diversos grados, llevó a enconados conflictos sociales por la distribución de la escasa riqueza disponible.

También tienen en común que la clase dominante en cada país (y los centros de poder del mundo desarrollado, desde planificadores gubernamentales a empresas transnacionales productivas y financieras, pasando por los organismos multilaterales) visualizó que el camino de la acumulación de capital pasaba por asumir un rol adecuado  en la nueva división internacional del trabajo, en unos casos reforzando la inserción histórica del país y en otros cambiándola radicalmente. Para ello en cada país de los analizados se adoptó un modelo basado en la exportación como medio de obtención para las empresas de beneficios y se promovieron en todos ellos similares medidas económicas .

En todos los casos fue el empresario privado (nacional y extranjero) quien invirtió y recibió los frutos principales del nuevo modelo de desarrollo. El Estado, lejos de apartarse de la actividad económica como se ha argumentado al adjudicársele el rótulo de “modelo neoliberal”, intervino decididamente en la promoción  del crecimiento a través de múltiples políticas activas, aportando capital para diversas actividades y, último pero no menor,  con su fuerza de disciplinamiento y represión en los conflictos surgidos a raíz de la forma de distribución de la riqueza.

El modelo de crecimiento capitalista, descrito al detalle en la sección I, demuestra que la tasa de crecimiento depende positivamente de los beneficios (excedentes) de las empresas productivas, excedentes que deben reinvertirse en la ampliación de los procesos productivos existentes o de nuevos que se generen,  y negativamente de la fracción del excedente que es consumida en sectores no productivos (comerciales, financieras, estatales no productivas, consumo suntuario de los empresarios o colocación de los beneficios en el exterior.)

Podemos a esta altura concretar dos conclusiones acerca de las estrategias de crecimiento económico que se extraen de las tres experiencias analizadas, conclusiones que son propias del modelo teórico clásico:

1)         la reducción de los costos salariales unitarios (que involucra una relación dinámica de salarios, tipo de cambio y productividad ) y la disminución del consumo social y del gasto público, implicó el aumento de la generación de excedentes disponibles para la inversión.

2)         la estrategia de expansión de las exportaciones, ampliando mercados que permitieran lograr  la especialización y economía de escala que el tamaño del mercado interno dificultaba, logró desarrollar sectores rentables donde invertir el ahorro interno y el de las empresas transnacionales atraídas por las ventajas  ofrecidas en estos países, ya sea la dotación de recursos naturales o la de mano de obra calificada o el bajo costo relativo de la mano de obra o el acceso a mercados o varios de estos factores a la vez, potenciado por las ventajas fiscales que se otorgaron.

Luego de esta caracterización general del modelo de acumulación que se desarrolló en estos países, pasemos a describir con mayor detalle las políticas e instrumentos utilizados en las estrategias de crecimiento, destacando a su vez la diferencia en el grado de aplicación de las mismas.

Los tres países desarrollaron o mantuvieron el funcionamiento de una economía con instituciones y prácticas que facilitaron la acumulación de capital: el correcto “ambiente de negocio”,  promovido desde todos los organismos internacionales representantes de los poderes del mundo desarrollado, ha sido elogiado con frecuencia en Chile Nueva Zelanda e Irlanda. Libertad de empresa sin discriminación entre nacionales y extranjeras, bajo nivel de corrupción, funcionamiento eficaz del Poder Judicial en especial con respecto a la protección de la propiedad y del cumplimiento de los contratos, permanencia en el tiempo de las reglas de juego, ambiente macroeconómico estable son, entre otros, elementos de un adecuado ambiente de negocios.

Partiendo de situaciones diferentes pero con una historia común de proteccionismo derivado de la fase de sustitución de importaciones,  los tres países concretaron una fuerte apertura comercial (reducción de aranceles, eliminación de aranceles múltiples, disminución de barreras burocráticas) complementada con la firma de acuerdos de libre comercio con países claves como destino de la exportación de sus productos:

          Chile participa en la actualidad del Mercosur como miembro asociado, es miembro de Foro para la Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC), ha firmado acuerdos de libre comercio con Centroamérica, Canadá y México y EEUU, está negociando acuerdos similares con la Unión Europea,  la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA)  y Corea del Sur.

          Nueva Zelanda ha firmado acuerdos de libre comercio con Australia (Closer Economic Relations & Trade Agreement, CER) y es miembro de la APEC.

          Irlanda es miembro de la Unión Europea, el principal acuerdo de integración a escala mundial.

Los objetivos en los casos estudiados no fueron solamente retomar el crecimiento, los tres sufrían de un fuerte déficit de la balanza de pago lo cual implicaba una alta relación deuda / PBI, por lo que un objetivo complementario (fuertemente exigido por los organismos de crédito internacionales o la Unión Europea, según el caso) fue lograr el equilibrio en la balanza.

En cuanto a las políticas económicas, en todos los casos se ajustó desde un comienzo la tasa de cambio, decisión no sólo de la voluntad política sino de la propia dinámica de las crisis que atravesaron,  y se manejó luego de tal manera de hacer competitiva las exportaciones. Las fuertes devaluaciones tuvieron por efecto disminuir los costos de las empresas en dólares y reducir inicialmente la demanda interna. Cabe mencionar que en los períodos analizados existieron cortos episodios de sobre valuación de la moneda en el caso de Chile y mayores y más graves en el de Nueva Zelanda, que complicaron la situación de las industrias aunque luego se rectificaron volviéndose a políticas de moneda débil. Se complementó la reducción de los costos salariales en dolares por una política laboral tendiente a flexibilizar las relaciones patronales – obreras, disminuyendo el poder de negociación de los sindicatos en los casos de Chile y Nueva Zelanda. Luego con la dinámica de la acumulación se recompuso fuertemente el poder negociador de los trabajadores permitiendo aumentos del salario real. En Irlanda el proceso fue consensuado para inicialemnte mantener el salario real e incrementar los beneficios sociales.

La inflación se controló en todos los casos con la disminución del déficit fiscal y la creación de bancos centrales autónomos.  El déficit fue abatido (incluso logrando superávit) vía reducción de salarios públicos, disminución de montos de beneficios para desempleados y endurecimiento de las condiciones para acceder a los mismos, complementado con privatizaciones de empresas estatales y desmonopolizaciones. El Estado se achicó en todos los casos con relación a su peso en la economía nacional, cediendo las áreas rentables a la explotación de capitales privados.

La disminución del consumo público y privado incrementó la tasa de ahorro interno, alcanzando tasas históricamente elevadas para cada país aunque con diferencias importantes en los tres países analizados. El ahorro interno fue complementado, en grado variable, por la atracción de inversión extranjera directa a las ramas de la economía con mayor capacidad exportadora (también existió inversión extranjera en el sector servicio, volcado al mercado interno, pero en menor grado y no en las etapas iniciales de la fase de crecimiento a la salida de la crisis) mediante condiciones fiscales generosas para la instalación de empresas y la importación de maquinarias.

Con relación al flujo de capitales, los tres países eliminaron restricciones a las divisas extranjeras y liberalizaron los mercados financieros, se adoptaron regímenes liberales para repatriación de beneficios y se firmaron convenios impositivos con terceros países. En todos los casos, el ingreso de capitales, el endurecimiento de la política monetaria y la baja inflación implicó la baja de los tipos de interés. Mientras que la apertura fue irrestricta en Nueva Zelanda, Irlanda ya poseía una larga historia de apertura financiera y Chile favoreció el ingreso de capitales de largo plazo obstaculizando el arribo de capitales especulativos.

El Estado intervino, sin excepción, en el desarrollo de infraestructura apropiada para soportar a los exportadores (puertos, carreteras, comunicaciones), en la promoción de exportaciones a través de incentivos, investigación de mercados y otros elementos. También apoyó modificando los sistemas educativos, coordinó los ámbitos públicos y privados y transfirió recursos para la investigación científica y el desarrollo tecnológico en sectores seleccionados por su potencial exportador.

Como hemos citado, buena parte del éxito en retomar un crecimiento prolongado se basó en la instalación de empresas extranjeras atraídas por las exenciones fiscales o las dotaciones de recursos o por ambas. Las empresas transnacionales invirtieron (también lo hicieron empresas locales ligadas al sector primario en el caso de Chile y Nueva Zelanda), mejoraron la tecnología y aportaron su red de distribución y clientes.

La interacción con los mercados internacionales, debida a la estrategia exportadora, ha desarrollado un empresariado entrenado y con gran capacidad de adaptación, ha modernizado los servicios de apoyo (logística, comunicaciones, financieros, aduaneros, etc.), ha promovido la creación de empresas locales pequeñas y medianas que trabajan para las grandes (y pocas) empresas exportadoras. Sin embargo, cuando los enclaves exportadores están basados en recursos naturales con bajo agregado tecnológico, el efecto irradiado sobre el conjunto de agentes económicos ha sido menor. También debe hacerse notar, en el caso opuesto de productos de alto contenido tecnológico y debido a la presencia de grandes transnacionales en esa dinámica área de la economía, que gran parte de la investigación y el desarrollo no se realiza en el país donde se produce sino donde reside la casa matriz o aún en terceros lugares concentrados o distribuidos, pero donde la decisión y por tanto el dominio del tema está en el ámbito corporativo y no local.

Los países analizados lograron sus objetivos en cuanto a retomar el proceso de acumulación, redundando en una tasa positiva de crecimiento del PBI per cápita, objetivo principal de los cambios realizados. Pero también lograron con éxito alcanzar los objetivos complementarios de estabilizar la balanza de pagos y disminuir la deuda externa.

Sin embargo, los resultados comparados de los tres casos fueron bien diferentes y esto se debe a las razones que analizaremos a continuación (ya fueron comentados las diferentes maneras de implementar el nuevo modelo, desde la dictadura represiva de Pinochet en Chile que luego se continuara en forma democrática por gobiernos de la Concertación, pasando por la represión en democracia de Nueva Zelanda hasta la negociación y el consenso de los actores sociales en Irlanda.)

Nueva Zelanda es el país que creció más lentamente de los tres, aunque por su inicial mayor producto per cápita, se encuentra en un valor intermedio en la actualidad con 12.380 dólares (Chile es el de menor valor con 4.350 dólares per cápita e Irlanda el mayor con 23.060 dólares). La tasa de crecimiento anual fue de 2,1% en la década de los 90. Esta tasa moderada (aunque alta en comparación con las décadas previas) se explica por la menor tasa de ahorro y el desarrollo de sectores rentables tradicionales en su mayoría y algunos nuevos pero de escaso dinamismo internacional, basado en la exportación de productos primarios con bajo valor agregado y resultando, por lo tanto,  en un refuerzo de su tradicional rol en la división internacional del trabajo. Parte del menor crecimiento comparativo de Nueva Zelanda ha sido adjudicado al hecho de realizar una apertura comercial rápida con una moneda no suficientemente devaluada y con períodos de alta apreciación, por lo que la industria local se vio severamente afectada. La producción exportadora se diversificó en bienes y destinos, ampliándose sus mercados, pero aún se mantiene altamente concentrada en ambos aspectos.

Chile obtuvo altas tasas de crecimiento, un promedio del 5,5% anual durante los 15 años siguientes a la salida de la crisis, partiendo de un bajo ingreso per cápita que se había deteriorado como consecuencia de las políticas previas del gobierno militar. A partir de allí, sus tasas de ahorro fueron elevadas en relación con el PBI y el desarrollo de nuevos “polos de crecimiento” más la mejora de sectores tradicionales permitieron invertir con rentabilidad generando crecimiento. Los nuevos sectores y los tradicionales se basaron en la explotación intensiva de los recursos naturales: a fines de los noventa 57% de las exportaciones de bienes eran recursos naturales y 33% eran manufacturas intensivas en recursos naturales, apenas un 10% de otras manufacturas. De esta forma Chile mantuvo, amplió y  perfeccionó su rol de proveedor de productos primarios en los mercados mundiales, con una alta diversificación en productos y mercados.

Irlanda es el país que logró las mayores tasas de crecimiento de los tres casos que estamos analizando, un promedio del 7,1% anual entre 1991 y 2000. Sus tasas de ahorro se elevaron consistentemente contando además con una fuerte inversión extranjera directa. La ampliación de mercados que provocó su incorporación a la Unión Europea le permitió el desarrollo de nuevos sectores industriales de alta rentabilidad. Irlanda cambió su inserción internacional de un rol de proveedor tradicional de productos primarios al papel de exportador diversificado de bienes industriales con alto valor agregado y demanda dinámica, de la explotación de recursos naturales pasó a la utilización de su joven y calificada mano de obra como base del desarrollo económico. Estudios empíricos (Carrera y Casado (1998)) avalan lo que la teoría clásica del crecimiento predice y que el caso irlandés constata: el nivel de crecimiento de un país está fuertemente relacionado con la complejidad tecnológica del producto vendido en el mercado exterior. Los productos de más alto contenido tecnológico son los que pueden experimentar las mayores ganancias de productividad, los que tienen una demanda más dinámica y mejores comportamientos de precio. A la vez, existe una asociación inversa entre el grado de desarrollo y el peso de las materias primas en la estructura exportadora de los países.

 

El proceso económico reciente en Uruguay

El período dictatorial iniciado en 1973, pero antecedido por una creciente represión de los sectores populares al incrementarse la lucha de clases, significó la toma de medidas para recuperar la tasa de beneficio de las empresas y la reinserción de Uruguay en la nueva división del trabajo que se estaba poniendo en marcha como reacción del capitalismo a la fase recesiva de la crisis general, tal como describiéramos en el apartado anterior que caracterizaba el capitalismo a escala global en el período.

El modelo de acumulación que la dictadura militar y los gobiernos que le sucedieron implementaron en Uruguay tiene características similares a las descriptas en los casos presentados pero presenta fuertes diferencias en aspectos claves que explican los disímiles resultados alcanzados.

La economía uruguaya es de base capitalista, con instituciones y prácticas que se caracterizan por un bajo nivel de corrupción, libertad de empresa sin discriminación entre nacionales y extranjeros, funcionamiento razonable del Poder Judicial con protección de la propiedad  privada y del cumplimiento de los contratos. En síntesis, un ambiente de negocio correcto desde el punto de vista de los empresarios donde los sucesivos gobiernos desde 1973 fueron eliminando la intervención del Estado en los contratos entre particulares, dieron permanencia en el tiempo a las reglas de juego e intentaron mantener un ambiente macroeconómico estable (con menor éxito relativo en este punto, dadas las crisis que existieron y la influencia de la inestabilidad de los países vecinos, Argentina y Brasil.) En particular el cumplimiento puntual de las obligaciones financieras externas e internas del sector público forjó una imagen respetable para el país en el ámbito regional e internacional.

Uruguay concretó una apertura comercial,  gradual en las décadas de los 70 y 80 y rápida en los 90, desmantelando el proteccionismo derivado de la fase de sustitución de importaciones: en 1989 las tarifas sobre las importaciones variaban entre un máximo del 40% y un mínimo del 10% (algunos bienes de capital y productos intermedios estaban exentos de recargos.) Desde 1990, el Gobierno comenzó a reducir estas tarifas: en enero de 1995 las tarifas sobre las materias primas que no se producen internamente se habían fijado en un entorno del 2-6%, las tarifas sobre bienes intermedios en un 8-16% y las tarifas sobre bienes al consumo en un 10-20%. Lo que es más importante, el Gobierno redujo sustancialmente las barreras no arancelarias, incluyendo los precios de referencia y los precios mínimos de importación sobre los que se aplican las tarifas.

Complementariamente  Uruguay firmó acuerdos de libre comercio con países claves como destino de la exportación de sus productos: fundó con Argentina, Paraguay y Brasil el MERCOSUR, un acuerdo de integración que se propuso una amplia liberalización del comercio intrarregional y la adopción de políticas comerciales comunes, sustituyendo una serie de acuerdos preferenciales entre sus miembros por una unión aduanera (Uruguay tenía convenios vigentes desde la década del 70 con Argentina (CAUCE) y Brasil (PEC).)

A diferencia de los casos analizados (con la excepción parcial de Nueva Zelanda), Uruguay no liberó el tipo de cambio y mantuvo una fuerte apreciación de la moneda en la mayor parte del período 1973-2001, especialmente entre 1978 y 1982 (“período de la tablita”) y más grave por dimensión y extensión a partir del Plan de Estabilización de 1990.

La política económica de la década de los 90, diseñada para reducir la inflación, utilizó un ancla cambiaria con el dólar en un sistema de “crawling peg”: como consecuencia implicó la suba de los costos en dólares para las empresas sólo parcialmente compensada por un alto aumento de la productividad laboral en la industria, encareciendo la producción nacional y reduciendo la competitividad exportadora del país.

La disminución de los salarios fue uno de los puntos claves de la política económica. Con la dictadura militar (1973-1984), diezmadas y reprimidas las organizaciones sindicales, los salarios reales y las jubilaciones tuvieron una drástica caída, que se adicionó a la fuerte disminución de los años anteriores. La contención del salario real en la década de los 90, que creció lentamente, se buscó mediante la desregulación laboral, llevada a cabo de hecho y de derecho, a través de la precarización de las condiciones de trabajo (subcontratación, empresas unipersonales, personal temporario, etc.) manteniéndose, aún durante los años de crecimiento, tasas de desempleo por encima del 8%.

La lucha contra la inflación, elemento esencial para el cálculo empresarial y la atracción de inversiones, no logró un éxito sostenido hasta la década del 90 con la implementación del mencionado Plan de Estabilización. Uruguay, un país de inflación crónica moderada desde fines de los 50, sufrió un proceso de aceleración inflacionaria en el bienio 1989-90 llegando la tasa a un máximo absoluto de 133% en el año terminado en enero de 1991. La base del Plan, en su aspecto monetario, fue la utilización de un ancla nominal con el dólar para la variación de los precios internos: la instrumentación  del ancla cambiaria fue realizada por el Banco Central del Uruguay mediante un régimen de banda para un tipo de cambio previamente anunciado por las autoridades. Luego de un lento decrecimiento inicial de la inflación, el incremento del Índice de Precios al Consumo (IPC) se redujo gradualmente al 44,1% en 1994 y alcanzó el 8,6% en 1998, último año de crecimiento.

Para la reducción del déficit público se intentaron estrategias similares a las aplicadas en los casos analizados: privatizaciones, desmonopolizaciones, disminución de beneficios del Estado de Bienestar. El Estado redujo su participación directa en la producción, trasladando áreas al sector privado, en un proceso gradual y acotado debido a la resistencia popular a estas medidas.

Esta misma resistencia, expresada en sendos plebiscitos que invalidaron total o parcialmente las leyes promulgadas por el gobierno, implicó el bloqueo de las privatizaciones generalizadas (sólo se pudieron realizar algunas menores y en forma parcial formando empresas mixtas como la del ente estatal de aeronavegación, PLUNA), una lenta desmonopolización de actividades (en la actualidad se está discutiendo la referente a los combustibles) y una reforma de la seguridad social (responsable del 75% del gasto social uruguayo equivalente al 15.3% del PBI en 1996) muy disminuida con relación a las propuestas originales y cuyas consecuencias en lo referente al déficit fiscal se verán en el largo plazo. Ante la imposibilidad de lograr un ajuste drástico del nivel de gasto público, los sucesivos gobiernos optaron por reducir gradualmente la plantilla de funcionarios.

El déficit fiscal se redujo tendencialmente con relación al PBI entre 1985 y 1998, pero la mayor causa de esta reducción no fue la disminución del gasto público que intentaron las medidas antes descriptas (de hecho el gasto aumentó en esos años por las transferencias a la seguridad social) sino el persistente incremento de la recaudación tributaria por la mayor actividad económica,  por el aumento de la presión impositiva aplicado mediante sendos ajustes fiscales y por la renegociación del servicio de la deuda externa, en el marco del Plan Brady, obteniéndose la reestructuración y reducción de los saldos adeudados.

Se fomentó la inversión extranjera, al igual que en los casos analizados pero con mucha menor intensidad, mediante la Ley de Inversiones de 1988 y regímenes especiales para el sector turístico (hotelería y complejos), forestación, vitivinicultura y riego, además de la adopción del marco legal para la creación de Zonas Francas. Se crearon  incentivos a la exportación, reembolsos y reducción de aportes patronales de la mano de obra, como débil respuesta al alza de los costos en dólares que implicó el Plan de Estabilización.

Habiendo analizado las principales políticas que se implementaron a partir de los 70 pero especialmente en los 90, siguiendo un esquema similar al utilizado en los capítulos anteriores, es el momento adecuado para responder las preguntas: ¿Cuales fueron los resultados de este conjunto de políticas? ¿Cuáles son las causas de la crisis que comienza en 1999 y se profundiza en el 2002? ¿Cómo se explica esta evolución a la luz de la teoría clásica y de los casos estudiados?

Comenzando con la primera pregunta, la década de los 90 significó un crecimiento económico en tasas que Uruguay no alcanzaba desde la época de sustitución de importaciones en los 40: en el período 1985-2000 el PBI se incrementó a una tasa promedio del 3,1% anual. Dicho crecimiento se dio en un marco de reestructuración productiva en el contexto de la integración regional en el Mercosur y con la profundización de la apertura comercial (los aranceles aduaneros se redujeron aceleradamente y se hicieron nulos al interior de la unión aduanera), que significó la consolidación de un patrón de especialización productiva sustentado en la exportación agroindustrial de bienes con escasa transformación industrial (carne, lana, arroz, lácteos, forestación, cueros) y en el incremento del rol de proveedor de servicios regionales, principalmente financieros y turísticos enfocados a Argentina y en menor grado a Brasil, países que tuvieron un fuerte crecimiento económico por lo que demandaron fuertemente estos servicios.

Las condiciones de rentabilidad y seguridad, soportados en la liberalización financiera y comercial junto con la integración al Mercosur,  resultaron atractivas para el ingreso de capitales tantos productivos como especulativos, en el marco institucional y económico ya comentado. Con respecto a los primeros, la inversión acompañó el proceso de recomposición productiva localizándose en el sector forestal, la carne, hotelería, y transporte entre otras. Si bien las tasas de inversión con respecto al PBI siguieron siendo bajas a escala internacional, supusieron un considerable incremento (4,1% anual) con respecto al registro histórico uruguayo.

La inversión extranjera directa se multiplicó casi por tres entre 1993 y1998, duplicando su participación en el PBI.  En 1990 ningún sector no industrial era controlado por empresas transnacionales en Uruguay en más del 50%,  en 1998 el capital extranjero era mayoritario en las grandes empresas de transporte y almacenaje, comercio mayorista y minorista, construcción e ingeniería, forestación. Las inversiones se dirigieron al sector primario (en búsqueda de seguridad en el abastecimiento de materias primas) y al sector terciario (para captar mercados en servicios) como oportunidad de expansión al ingresar en el mercado local. En el sector industrial las empresas transnacionales realizaron una vasta compra de empresas, pero la apertura comercial unida a la pequeña escala del mercado frente a las necesarias en las nuevas tecnologías de producción y los altos costos internos en dólares hicieron aconsejable (particularmente luego de la devaluación del real) el cierre de las plantas industriales, con la utilización de la marca y de los canales de distribución importando los productos desde sus plantas en Brasil y Argentina. Por las mismas razones, las ramas de la industria que continuaron en manos nacionales y que tenían mayor dependencia de la protección del mercado interno (calzado, vestimenta, tejidos de punto, metalurgia, entre otras) se contrajeron o directamente desaparecieron.

La reestructuración industrial de la década del 90 implicó la reducción de la ya escasa producción de bienes de capital, maquinaria agrícola, vehículos e instrumental científico, incrementándose la importación de esos bienes. Entre 1990 y 1995 el déficit comercial en estas ramas industriales claves para el desarrollo capitalista se duplicó, pasando de –437 millones de dólares a –975 millones, a la vez que que se incrementaba la producción y exportación de alimentos. En el balance de ramas industriales, Uruguay sufrió en el período una importante disminución de su producción manufacturera, se desarticuló su ya inconexo tejido industrial mientras que creció su dependencia externa de maquinarias y equipos de producción.

En el sector agropecuario el proceso liberalizador y aperturista avanzó desigualmente a partir de una situación estancamiento de la ganadería (con excepción hecha de la lechería) y con la protección de los cultivos agrícolas dedicados al consumo interno que se desarrolló en los años 50 con el objetivo de lograr seguridad alimenticia, la economía de divisas y el reasentamiento en el campo. El objetivo de política en los 90 fue la inserción competitiva en los mercados internacionales, el desarrollo de las fuerzas productivas en el sector en donde la imagen utilizada era que el “productor rural” debía transformarse en “empresario rural”.

Los resultados fueron dispares y dependientes de la capacidad de competencia de cada sector y de la demanda mundial para el mismo: a pesar de continuar la explotación de la ganadería en forma extensiva y de no ser posible la apropiación de más tierra por ocupar el 93% de las tierras productivas, el índice de producción de carne se incrementó 23% y las exportaciones de carne pasaron de 270 millones de dólares en 1990 a 400 millones en el 2000 (previo a la aparición de aftosa en el rodeo nacional), la lana se desplomó desde 315 a 133 millones de dólares exportados en los mismos años, el sector lácteo incrementó 93% su producción entre 1987 y 1997 y su productividad por hectárea un 75%.

En los cultivos, sectores como cebada y girasol tuvieron crecimientos importantes mientras que se estancaron los de maíz, sorgo y soja, la producción de trigo se redujo  drásticamente y se concentró haciendo desaparecer la pequeña producción familiar, el arroz creció desde ocupar 54.000 ha. en 1980 a 170.000 en 1998 con rendimientos que se ubican entre los más altos del mundo, la horticultura fue el sector donde la apertura tuvo un efecto terriblemente nocivo, un renaciente sector citrícola que en comparación a la ganadería intensiva y a otros cultivos tiene un alto índice de ocupación  logró crecer e insertarse en los mercados internacionales.

El impactante crecimiento de la forestación a partir de 1990 ha determinado la existencia de 2 millones de hectáreas explotadas que se concentró en grandes propietarios transnacionales.

El detrimento de la producción de bienes industriales fue acompañado de un fuerte aumento en el proceso de intermediación productiva, dinamizando las áreas de comercio, financieras, transportes y turismo. La importancia del sector servicios creció en el Producto Bruto Interno a la par que decreció fuertemente el industrial  (del 26,8% del PBI en 1991 al 16,7% en 1999) y en menor grado el agropecuario (del 10,7% al 5,6% en los mismos años.)

El capital no productivo tuvo un crecimiento espectacular debido al aumento de la riqueza argentina en esos años y al creciente rol de servicio financiero uruguayo para la región, confiable y discreto. Las colocaciones de no residentes en los bancos en Uruguay pasaron de 2000 millones de dólares en 1992 a 7000 millones en el año 2001, antes de que la salida apresurada de estos capitales disparara una crisis financiera sin precedentes en Uruguay. La liberalización del flujo de capitales, promovida por los grandes inversores internacionales y el Fondo Monetario Internacional, creó inestabilidad en los países subdesarrollados como se comentó en la primera parte de este capítulo. El caso uruguayo es un ejemplo reciente de ello.

La economía creció entonces al impulso de sectores donde la rentabilidad surgida en las nuevas condiciones permitió la inversión que incrementó fuertemente el capital constante.

Pero el crecimiento económico alcanzado hasta 1998 respondió en buena parte a las condiciones económicas de la región a la cual Uruguay pertenece geográfica e histéricamente, el cono sur, y con la que estrechó sus lazos comerciales en los últimos años:  “el proceso de apertura con su disminución de aranceles y todos los acuerdos comerciales firmados y profundizados por Uruguay en el período, han producido incrementos en las exportaciones e importaciones debido a razones diferentes que los movimientos de la tasa de cambio real. Al mismo tiempo la política económica aplicada por los vecinos de Uruguay y sus más importantes socios comerciales, el “Plan de Convertibilidad”en Argentina y el “Plan Real”en Brasil, hicieron que se apreciaran sus monedas y ayudaron a Uruguay a mantener su nivel de competitividad con relación a ellos en la mayor parte del período bajo estudio” (Mordecki, 2000).

El crecimiento económico del país tenía su talón de Aquiles en los procesos de especialización y pérdida de competitividad que se generaron a partir de las políticas aplicadas y que se manifestaron en el momento en que la fase de crecimiento de la década de los 90 se comenzaba a agotar en la medida que la inversión en sectores rentables creó un exceso de capacidad y de capital constante. Hemos visto, al modelar el intercambio internacional y la apertura comercial en el capítulo II de esta sección, que la tasa de cambio real sostenible es la que corresponde  a la posición competitiva relativa de un país, medida por sus costos laborales unitarios reales. El flujo de capitales puede mantener por un tiempo más o menos prolongado una tasa de cambio distinta de la que se deriva de la relación de valores de los bienes producidos  doméstica e internacionalmente, pero fatalmente ello conduce a pérdida de competitividad y a problemas que potencian las consecuencias adversas del ciclo económico.

La súbita devaluación de la moneda en Brasil en 1999, que continuó las devaluaciones del sudeste asiático y que fue del 30% en términos reales, desencadenó un proceso que afectó severamente la capacidad de competencia bilateral y, en forma sucesiva, retrajo  la demanda de sus dos principales socios comerciales. A partir de principios de 1999 la economía uruguaya desmejoró notoriamente, entrando en la fase de aguda recesión que aún hoy continúa. Por otra parte, cayeron los precios de importantes materias primas exportables tales como la carne, lana y arroz y se elevó considerablemente el precio del petróleo.

Si la exportación perdió dinamismo por razones externas e internas desde 1999, más dramática fue la caída de la exportación de carne vacuna en 2001 debido a la aftosa. El panorama adverso se ensombreció aún más a consecuencia del colapso argentino a comienzos del 2002 que paralizó la corriente comercial entre ambos países platenses, cayendo los ingresos por turismo en Uruguay y disparando una crisis financiera con el retiro masivo de depósitos de no residentes (en su mayor parte argentinos) primero y luego de algunos residentes, por desconfianza en la capacidad de cumplimiento de sus obligaciones por parte del Estado uruguayo agravado por el mantenimiento a ultranza de un tipo de cambio controlado. Corresponde mencionar que elementos desencadenantes de la corrida bancaria fueron la situación de dos bancos nacionales con negocios en Argentina (Comercial y Montevideo-Caja Obrera) aunque no la causa última que debemos situarla en la visión de los depositantes argentinos de que Uruguay mantenía una política económica similar a la que llevó a Argentina a la catástrofe.La fuga de capitales y la pérdida del crédito internacional junto con el continuado y creciente déficit fiscal y en cuenta corriente obligó al gobierno a financiarse a través de los organismos financieros internacionales, incrementándose la deuda externa hasta alcanzar ratios cercanos al 100% con relación al PBI.

Los números indican con claridad la gravedad de la crisis: caída del PBI del 105,% en el año 2002 y del 16,4% desde el comienzo de la crisis, con lo que el producto bruto per capita se retrotrae a valores de principios de los años 90. La formación bruta de capital fijo cayó 64% en tres años.En el 2001 las exportaciones se contrajeron 10,4% y una cifra similar al año siguiente, la reducción con Argentina y Brasil alcanzó al 19,4% y fue aún mayor en el comienzo del 2002. La desocupación aumentó hasta el 19% en el trimestre Julio-Septiembre del 2002 con disminución del salario real en ese año del 19,5%.

 

El rol del Estado uruguayo

Habiendo descrito la evolución económica reciente de Uruguay, pasemos a intentar dar una respuesta a la segunda pregunta realizada, acerca de las semejanzas y diferencias con los casos analizados, que dan cuenta de esta enorme disparidad en sus consecuencias económicas. Comencemos con los resultados del modelo implementado, para analizar luego las diferencias entre las políticas realizadas.

Uruguay al igual que Irlanda, Chile y Nueva Zelanda logró cifras importantes de crecimiento en el período 1985-2000, elevadas cuando se compara con la historia económica del país. Sin embargo el crecimiento del PBI fue significativamente menor que el obtenido por Irlanda y Chile y similar al registrado en Nueva Zelanda. Más decisivamente, a pesar de la situación recesiva internacional que ha provocado un enlentecimiento del crecimiento en los tres países estudiados, ninguno de ellos ha sufrido una crisis tan profunda como la que hoy exhibe Uruguay: por el contrario las tasas de crecimiento aunque disminuidas se mantienen en valores positivos.

Para comenzar con el análisis comparado de los modelos de acumulación que las clases dominantes en cada país propulsaron, digamos que Uruguay en forma similar a los casos estudiados propició un “correcto” ambiente de negocios a través de la legislación y la estricta separación de poderes, mediante la represión primero y la tercerización después el salario real fue abatido en forma drástica en el momento inicial y luego creció lentamente y en menor medida que la productividad,  se realizó una apertura comercial complementada con acuerdos de libre comercio con países importantes como destino de sus exportaciones. Los sucesivos gobiernos controlaron la inflación que se había disparado a principios de los 90, liberalizaron el flujo de capitales desde épocas tempranas (durante la dictadura militar), promovieron la localización en el país de inversiones extranjeras e incentivaron nuevos sectores económicos (forestación, turismo, etc.)

Pero las diferencias con los casos analizados son importantes y van a redundar en las conclusiones que detallaremos más adelante: el tipo de cambio se mantuvo elevado en casi todo el período, la apertura comercial distó de ser gradual y no se buscaron mecanismos para mitigar sus efectos inmediatos sobre el tejido industrial, se mantuvo un déficit fiscal que se pudo financiar mientras existió crédito internacional pero que supuso la imposibilidad de inversión en infraestructura en la cantidad necesaria para el crecimiento y que significó una pesada carga a futuro. Por parecidas y otras razones (a la cuál no fue ajena la política con respecto a la Universidad estatal) no se apoyó la investigación científica y técnica ni aún la dirigida a los sectores que debían impulsar el crecimiento económico del país.

¿Cuales fueron las consecuencias de estas similitudes y diferencias, analizando el rol del Estado, a la luz de los casos analizados y de la teoría clásica?

La primera, que lo asemeja al caso de Nueva Zelanda y difiere un poco del de Chile y aún más de Irlanda, es que consolidó la inserción internacional del país en la nueva división internacional del trabajo como un proveedor de materias primas y productos alimenticios, complementado en el ámbito regional con el papel de proveedor de servicios (en especial turísticos y financieros, últimamente y con éxito que perdura de informática.) En cuanto a lo primero, la creación de riqueza en el país y su exportación está basada en productos de bajo contenido tecnológico, con reducida capacidad de generación de empleo, con baja diversificación, de demanda poco dinámica y de pobre comportamiento de precios . Por lo segundo depende de la situación de las inestables economías regionales, en especial la de Argentina con la cuál es similar en su producción exportable por lo que de existir problemas con la colocación o los precios de los productos primarios, el efecto se verá potenciado por la caída de los servicios dirigidos a los vecinos rioplatenses. Por último se produjo un proceso de desindustrialización con restitución de importaciones, reduciendo y desarticulando el ya escaso e inconexo tejido industrial, beneficiando a los sectores comerciales (a los capitales importadores, en especial) y financiero. Como consecuencia las tasas de crecimiento en períodos largos alcanzadas con el modelo de acumulación descrito fueron bajas: en los últimos 20 años, donde hubo períodos de rápida acumulación y profundas crisis, la tasa fue menor al 2% anual (prácticamente nulo en ingreso per cápita) lo que ubica al país en el lugar 137 dentro de 178 naciones en un ranking ordenado por tasas de crecimiento decreciente.

En segundo término, para un crecimiento sostenible es necesario generar un incremento de los excedentes que se reflejan en mayor ahorro interno con relación al PBI. La inversión de estos ahorros complementados con la inversión extranjera directa es crucial para el crecimiento. El elevado tipo de cambio contribuyó a disminuir la rentabilidad de las empresas volcadas a la exportación o con productos competitivos con la importación, especialmente una vez que las monedas de los países vecinos se devaluaron. El desafío que presenta a los economistas el trilema de tratar de lograr a la vez un tipo de cambio fijo para disminuir la inestabilidad, un libre flujo de capitales para asegura una alocación eficiente de recursos y una política monetaria activa implicó políticas incongruentes y resultados inadecuados. El bajo nivel de ahorro de la economía  continuó y en su momento máximo alcanzó el 13,4% del PBI, muy por debajo de valores internacionales. La inversión bruta interna si bien se incrementó significativamente en términos relativos, continuó ubicándose en niveles reducidos tanto en la comparación regional como en la internacional.

No disponemos de cifras referentes a tasas de beneficios de las empresas privadas que nos permitan seguir su evolución, pero resulta claro de los datos disponibles que los excedentes generados fueron disminuyendo a la par de la pérdida de competencia internacional en lo externo y del aumento del capital constante en lo interno.

En último lugar, para lograr el crecimiento económico es necesario contar con sectores donde invertir con rentabilidad. Mientras que algunos sectores tradicionales crecieron a la par que otros se estancaban, el desarrollo de nuevos polos de crecimiento fue escaso y se agotó en la medida que la inversión en capital constante creó una capacidad que excedió las posibilidades de la demanda externa e interna.

Analicemos el soporte que el Estado dió al proceso de acumulación y crecimiento.

En el ámbito macroeconómico, el modelo de exportación de productos primarios y servicios regionales ha sido aplicado con políticas inconsistentes si la finalidad era crecer en forma sostenible mediante la exportación: se mantuvo un alto tipo de cambio (aún después de la devaluación brasileña) a la vez que se procesaba una apertura comercial implementada rápidamente, manteniéndose alto el consumo social sustentado en el ingreso de capitales mayormente especulativos, con escaso soporte del Estado en el desarrollo de infraestructura y capacidades tecnológicas a las actividades generadoras de riqueza y en especial a los sectores exportadores, a la vez que se mantuvo un alto déficit fiscal y de cuenta corriente.

Para agravar la situación la liberalización del flujo de capitales, en la búsqueda del posicionamiento como plaza financiera internacional y en sintonía con las recomendaciones de los organismos internacionales de crédito, resultó catastrófica al momento de la crisis ya que la corrida bancaria de julio del 2002 implicó que en ese año se transfirieran al exterior neta fuera de 2.627 millones de dólares, la cuarta parte del Producto Interno Bruto.

En el ámbito de las políticas sectoriales, el soporte del Estado fue débil, tanto en infraestructura como en tecnología y en apertura de mercados para su comercialización, con una baja inversión en ambos rubros y falta de coordinación con las empresas privadas, dando lugar a un posicionamiento pasivo.

Para comenzar,  no invirtió en infraestructura para apoyar al sector exportador y a los nuevos polos que se pretendían desarrollar: el motivo pudo estar en la fuerte restricción fiscal que si bien fue financiada con fuentes externas no permitió inversiones necesarias para el crecimiento económico. En cada ajuste fiscal se disminuían los montos destinados a inversiones y no se acometió la reforma del injusto e ineficiente sistema impositivo para que el sector público pudiera desarrollar las funciones de apoyo y regulación básicas para el crecimiento.

Con relación al soporte del Estado en el desarrollo tecnológico, tres graves debilidades ha presentado el sistema de innovación uruguayo: en primer lugar, el retiro del Estado de un área clave como la tecnológica se manifiestó en la inexistencia de una política de ciencia, tecnología e innovación (CTI) ordenada y enmarcada dentro de un plan estratégico de mediano y largo plazo . El conjunto de instituciones que integran el sistema de innovación uruguayo no ha tenido un ordenamiento de conjunto, ha sido un movimiento desarticulado y espontáneo. No hubo un conjunto articulado de instituciones, mecanismos y acciones del Estado con un objetivo común en la materia.

En segundo lugar se observa que los recursos dedicados a la inversión en ciencia y tecnología en Uruguay fueron sumamente bajos, como lo muestra la comparación de los gastos en investigación y desarrollo con la región y con el mundo desarrollado. Uruguay gastó 0,23% de su PBI en 1998 en actividades de ciencia y tecnología en comparación con 0,53% del promedio de América Latina y de 2 a 3% en los países europeos y Estados Unidos.

Igualmente fueron muy bajos los gastos de las actividades científicas y tecnológicas (actividades que incluyen la investigación y el desarrollo) por habitante: 16  dólares anuales de Uruguay contra 42 de Argentina, 56 de Brasil, 165 de España y 914 de Estados Unidos.

La restricción presupuestaria de la Universidad de la República, la institución que dispone el mayor potencial de ciencia y tecnología del país y que ha encabezado el sostenido crecimiento de la producción científica tras el retorno a la democracia, limitó las posibilidades de desarrollar actividades de CTI y mantuvo una reducida cantidad de investigadores.

Adicionalmente, la actuación del Estado en la promoción y coordinación de actividades de investigación y desarrollo, en especial la dirigida a los sectores tradicionales o nuevos donde Uruguay podía crecer con rentabilidad, fue prácticamente existente o peor aún, se dirigió a desmantelar las escasas instituciones dedicadas a tal fin por la vía de su disolución o la restricción de los recursos a ellas asignados.

Como tercer elemento, la ausencia de instrumentos eficaces de incentivo de las actividades de CTI de las empresas, que se explica por la actitud prescindente del Estado y por la rebaja de aranceles y la financiación de los proveedores de bienes de capital hizo que el empresario prefiriera la introducción de tecnología antes que la generación y adaptación local, lo que implicó la disminución de la actividad de las ramas industriuales de medios de producción  aumentando la dependencia externa como ya se comentara.

Por otra parte, la ausencia o debilidad de un sistema institucional de promoción a las exportaciones responsable de identificar mercados externos, estudiarlos y divulgar sus oportunidades, de coordinar programas tendientes a mejorar y prestigiar la calidad de los productos de exportación, de capacitar y apoyar a las empresas en el comercio exterior, completaron el panorama de soporte débil al proceso de crecimiento nacional por parte del Estado, sea por razones de desinterés, imposibilidad, incapacidad, por responder a intereses de sectores no productivos o por clientelismo político en que incurrieron los gobiernos del período analizado.

El Estado uruguayo en la década de los 90 cumplió con su rol sustancial en la economía capitalista que describieramos al comienzo de esta sección: un entorno social e institucional que favorezca la existencia de excedentes y posibilite su apropiación por el empresario. Sin embargo, debido a errores de política y al balance de fuerzas entre los distintos sectores capitalistas, fue mayor su capacidad en asegurar lo segundo que en lograr lo primero en forma sostenible, logrando resultados en el corto plazo sacrificando las posibilidades de desarrollo en el largo, por lo que el sistema económico desembocó en una profunda crisis al fin del milenio.

 

 III.4     Síntesis de la Sección

La intervención del Estado ha crecido a lo largo de la historia del capitalismo por la necesidad de favorecer la reproducción de un sistema cada vez más complejo. Así al papel sustancial del Estado de asegurar la obtención de los beneficios por las empresas, permitiendo la acumulación de capital por parte de unas pocas personas (en comparación a la gran masa trabajadora) y el conservarlo privadamente con tranquilidad, se ha agregado el asegurar las condiciones para que exista un crecimiento económico suficiente para lograr la reproducción ampliada del capital.

La internalización del capital, la competencia creciente por los mercados internacionales debido a las necesidades de reproducción constante del capital, el creciente costo de investigación, desarrollo y adopción de nuevas tecnologías, las grandes obras de infraestructura, la competencia internacional y la necesidad de expandir los mercados, la creciente escasez de recursos estratégicos, la incrementada complejidad de preparación de la fuerza de trabajo explican la complejidad del sistema que hace necesaria un rol cada vez más activo del Estado.

El modelo básico se amplía ahora para estudiar factores que soportan el crecimiento económico y que dependen de las políticas del Estado. En este trabajo se analizan la relación entre crecimiento y cambio técnico, bajo las modalidades del “learning by doing” y de un sector específico de R&D, para concluir que es clave para una economía el generar sus propios medios de producción para asegurar el crecimiento económico en el largo plazo. Importancia que se ve reforzada por el hecho de que en el capitalismo moderno son los sectores productores de maquinarias los que monopolizan  el progreso tecnológico (y lo han convertido en un negocio lucrativo con sus centros de R&D) determinando que las técnicas de aplicación óptimas se desarrollan para la economía específica (o en la región económica ampliada) en la cual se insertan.

Otro factor analizado es la apertura comercial de un país, partiendo de la premisa de que es la ventaja absoluta (ser el productor de menor costo) la que determina el resultado en la competencia internacional. El modelo presentado permite concluir que los costos unitarios laborales verticales son determinantes en la competitividad de un país.  De aquí se deduce que la forma en que el Estado conduce los procesos de apertura comercial es clave para el crecimiento en el largo plazo. Políticas comerciales exitosas requieren de análisis estructurales de la competencia internacional y de los mercados mundiales.

Estas conclusiones teóricas son fuertemente apoyadas por el análisis de casos comparativos de crecimiento a través de la exportación. Chile, Nueva Zelanda e Irlanda comparten con Uruguay muchas características comunes en tamaño, geografía e historia. En todos los casos atravesaron por una fuerte crisis en los años 80 para retomar el crecimiento económico con una fuerte intervención del Estado.

Podemos concretar dos conclusiones acerca de las estrategias de crecimiento económico exitosas que se extraen de las tres experiencias analizadas, conclusiones que son propias del modelo teórico clásico: la disminución de los costos laborales unitarios (que relaciona salarios, tipo de cambio y productividad) y del consumo social permitió el aumento de la generación de excedentes y liberó una mayor proporción de los mismos para el ahorro y la inversión. La estrategia de expansión de las exportaciones, ampliando mercados que permitieran alcanzar una mayor especialización y economía de escala que la que el tamaño del mercado interno dificultaba, logró desarrollar sectores rentables donde invertir el ahorro interno y el de las empresas transnacionales atraídas por las ventajas  ofrecidas en estos países, ya sea la dotación de recursos naturales o la de mano de obra calificada o el bajo costo relativo de la mano de obra o el acceso a mercados o varios de estos factores a la vez, potenciado por las ventajas fiscales que se otorgaron.

Tras varios años de crecimiento cada uno de estos países presenta en la actualidad menores tasas pero aún elevadas en comparación con países vecinos o similares y aún con el resto del mundo. Por otra parte difirieron en sus tasas de crecimiento, alto en los casos de Chile e Irlanda y moderado en el de Nueva Zelanda, y en su inserción internacional: como exportador de productos de alta tecnología con valor agregado en el caso irlandés, como exportador diversificado en mercados y productos de base natural en el chileno y como exportador de específicos productos primarios en el neocelandés.

Finalmente y a partir de las conclusiones de la teoría clásica y de los casos comparados, analizamos la evolución económica uruguaya desde 1973 y con mayor detenimiento desde 1990. Con el fracaso del modelo de sustitución de importaciones ya descrito, a partir de la década del setenta los sucesivos gobiernos militares y democráticos reinsertaron el país en la división internacional del trabajo con un modelo basado en la exportación de productos primarios a los mercados internacionales complementada con servicios turísticos y financieros a la región.

Con la profundización del modelo y el fuerte ingreso de capitales. Uruguay logró un importante crecimiento económico entre 1990 y 1998 (pero aún menor al de Chile e Irlanda y similar a Nueva Zelanda) para luego ingresar en una larga recesión que se transformó en una grave crisis en el año 2002, con cifras record de caída del PBI, desocupación, salida de capitales y corridas bancarias. Esto implicó el retroceso en el producto generado por el país a valores de 1990 y que lo ubica, promediando la tasa de crecimiento en los últimos 20 años, en el puesto 137 entre 178 naciones. Además la consecuencia de las reformas económicas fue la reducción del sector industrial en su conjunto, aumentando además su desconexión al eliminar casi en su totalidad las ramas realacionadas con la fabriación de medios de producción. Como contrapartida, el alto consumo social sustentado en el tipo de cambio y la apertura comercial, incrementó enormemente las importaciones y benefició al capital comercial y financiero.

El modelo de acumulación que la dictadura militar y los gobiernos que le sucedieron implementaron en Uruguay tiene características similares a las descriptas en los casos presentados pero presenta fuertes diferencias en aspectos claves que explican los disímiles resultados alcanzados.

Comenzando con los primeros, Uruguay mantuvo un “correcto ambiente de negocios” a través de la legislación y la estricta separación de poderes, el salario real cayó fuertemente en el momento inicial y luego creció lentamente y en menor medida que la productividad,  se realizó una apertura comercial complementada con acuerdos de libre comercio con países importantes como destino de sus exportaciones. Los sucesivos gobiernos controlaron la inflación, liberalizaron el flujo de capitales desde épocas tempranas, promovieron la localización en el país de inversiones extranjeras e incentivaron nuevos sectores económicos.

Pero las diferencias con los casos analizados son importantes: el tipo de cambio se mantuvo elevado en casi todo el período, la apertura comercial distó de ser gradual y no se buscaron mecanismos para mitigar sus efectos inmediatos sobre el tejido industrial, se mantuvo un déficit fiscal que se pudo financiar mientras existió crédito internacional pero que supuso la imposibilidad de inversión en infraestructura en la cantidad necesaria para el crecimiento y que significó una pesada carga a futuro, no se apoyó en los hechos la investigación científica y técnica ni aún la dirigida a los sectores que debían impulsar el crecimiento económico del país.

La política económica consolidó la inserción internacional del país en la nueva división internacional del trabajo como un proveedor de materias primas y productos alimenticios, complementado en el ámbito regional con el papel de proveedor de servicios (en especial turísticos y financieros.) En cuanto a lo primero, la creación de riqueza en el país y su exportación está basada en productos de bajo contenido tecnológico, con reducida capacidad de generación de empleo, con baja diversificación, de demanda poco dinámica y de pobre comportamiento de precios. Por lo segundo depende de la situación de las inestables economías regionales, en especial la de Argentina con la cuál además es estructuralmente similar.

La crisis de fin de milenio (y la profundidad que alcanza) se produce por la confluencia de tres fenómenos:

          la dinámica del sistema económico: la fase de crecimiento de la década de los 90 se agotó en la medida que la inversión en sectores rentables creó un exceso de capacidad y de capital constante a la par que caía la rentabilidad, fenómeno transitoriamente disimulado por la creación del Mercosur y los planes de estabilización que sobrevaluaron las monedas de los países vecinos.

          los shocks de demanda externa provocados por la devaluación brasilera, la crisis argentina y la reaparición de la aftosa entre las principales causas.

          la política económica del período contribuyó a agravar la crisis, al disminuir la rentabilidad de las empresas productivas, privilegiar el sistema financiero, estimular el consumo social improductivo y no respaldar adecuadamente el proceso de crecimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV.1      La teoría del crecimiento económico, sus causas y sus crisis

En el sistema económico en que vivimos, el modo de producción capitalista que emergiera desde la época feudal y se consolidara en su fase industrial a partir del siglo XVII, la producción de bienes y servicios ha sido creciente en el largo plazo y motivada por la búsqueda de beneficio de los empresarios, quienes producen mercaderías a partir de otras mercaderías (materias primas, maquinarias y fuerza de trabajo) que luego comercializan

El sistema económico se estructura sobre la base de una clase trabajadora que vende su fuerza de trabajo, a  cambio de un salario, a un pequeño grupo de la sociedad propietario de los medios para producir. Este pequeño grupo se apropia bajo la forma de beneficio o utilidades del excedente generado por el trabajo de aquellos a quienes contrata,  dicho excedente es la diferencia entre el valor de lo que el trabajador produce y el salario que se le paga.

Sin embargo los excedentes que se crean no son para el único provecho del empresario individual: debe compartir buena parte del excedente con aquellos que le facilitan o posibilitan la realización del proceso de producción, su posterior comercialización y la retención de parte de los excedentes resultantes. El excedente se reparte con otros empresarios locales o extranjeros (de los sectores financieros y comerciales) y se consume socialmente (para el mantenimiento y reproducción del orden social) y personalmente (con proporciones variables de productos suntuarios.) El consumo personal agregado de una economía se completa con el que realizan los trabajadores, a partir de sus salarios, para subsistir.

A su vez los beneficios que obtiene el empresario están enmarcados por dos límites: por un lado el que impone la competencia entre las empresas (nacionales e internacionales según el grado de apertura de la economía) que tienden a disminuir los precios de venta reales (exceptuadas momentáneas situaciones de monopolio o de algún grado de poder de mercado que todo empresario busca),  por el otro el que dicta que hay un mínimo salario a pagar a los trabajadores, básicamente dado por la necesidad de su mantenimiento y reproducción con las calificaciones y capacidades que las técnicas de producción en uso demandan y con los usos y costumbres que una sociedad dada en un momento histórico determinado tiene.

El crecimiento económico surge de la aplicación de los beneficios obtenidos a nuevas inversiones en compra de maquinarias, materias primas y fuerza de trabajo, repitiendo en forma incrementada el proceso de producción en su sector o incursionando en otros sectores que aparecen como más rentables en ese momento. De  aquí se deducen dos condiciones necesarias para el crecimiento económico y positivamente correlacionadas con él: la existencia de excedentes en la economía y de sectores en donde invertir. En otras palabras rentabilidad y oportunidades de inversión productiva.

Una característica fundamental del sistema económico en que vivimos es la continua ampliación del alcance de su funcionamiento: por una parte expande la producción de bienes y servicios, la cantidad y variedad de los mismos, en las zonas donde el capitalismo ya está insertado mientras que por otra, continuamente incorpora nuevas zonas de economías atrasadas a su pujante sistema económico. Históricamente se puede hablar con propiedad de crecimiento económico cuando el sistema feudal deja lugar a la nueva economía capitalista.

Sin embargo este crecimiento no es lineal ni continuado, repetidamente a escala mundial y nacional ( a veces simultáneamente y otras asincrónicamente, según el país) la economía atraviesa por períodos donde la producción de bienes se estanca o aún decrece, donde la desocupación se incrementa, la pobreza se extiende, la quiebra de empresas se generaliza, el crédito se detiene y hasta las instituciones tambalean. Nos estamos refiriendo aquí a las crisis profundas del sistema, que ocurren en períodos más largos  que aquellas debidas a ajustes de inventarios e inversión para compensar demandas, ofertas y capacidades.

El hilo conductor del crecimiento es la búsqueda de los empresarios de incrementar sus beneficios y más específicamente su tasa de ganancia. La misma motivación,  la búsqueda de ganancias mediante la mecanización en un sistema desordenado y sin coordinación de sus unidades económicas, es el que inevitablemente lleva a períodos de crisis que alternan con las etapas de crecimiento.

Cuando la economía crece el empresario incorpora progresivamente nuevas técnicas de producción que implican mayor inversión y menos trabajo actual, con la finalidad de bajar sus costos para obtener mayores ganancias y para competir. Pero en la medida que la técnica se difunde entre los empresarios del ramo, los precios de venta tienden a disminuir al adecuarse al valor reducido que ahora los produce. Además la acumulación de por sí implica mayores inversiones en medios de producción, maquinarias y materia primas. En cada rama industrial y en la economía, no necesariamente al unísono pero sí tendencialmente, la tasa de beneficio tiende a disminuir aún en, y debido a, períodos de rápida acumulación.

Y en la medida que la tasa se reduce cada vez es menos conveniente reinvertir en la producción: llega un momento en que dadas las pocas posibilidades de obtener un retorno para la inversión el dinero se retiene en colocaciones bancarias o crece la inversión financiera especulativa que es ahora más rentable o se envía el capital al exterior en busca de mayor rentabilidad o seguridad, por lo que desaparece la inversión productiva. La caída de la demanda de inversión repercute en la demanda de bienes de consumo. El empresario comienza a producir menos y por tanto contrata menos mano de obra, compra menos materia prima y no actualiza sus técnicas de producción, todo lo que lleva a un aumento de la desocupación.

La disminución de la demanda, la de inversión y la de consumo, provoca la pérdida de rentabilidad de otras empresas que no estaban inicialmente afectadas por la crisis, se produce una caída de los precios y de los volúmenes comercializados que disminuye los beneficios de estas industrias y aumentan la gravedad de la crisis. Adicionalmente el sistema de créditos es minado por la alta exposición al riesgo que se produce, contrayéndose y amplificando la crisis. El sistema monetario estalla incrementando el caos económico y social.

Si la economía en cuestión es la de un país importante en los mercados mundiales, la caída de su demanda aparejará un efecto recesivo sobre otros países que verán disminuir sus volúmenes y precios de exportación.

Los efectos (y la duración) de la crisis son variados pero todos ellos restituyen rentabilidad a los negocios, lo que conduce a un nuevo período de crecimiento: en el período de crisis los empresarios no invierten, por lo que disminuye el capital constante debido a la depreciación y mejora la rentabilidad, dando lugar a la posibilidad de nueva inversión. La nueva demanda de inversión  provoca la suba de la tasa de rentabilidad en otros sectores industriales. Quiebran los empresarios menos competitivos, provocando la destrucción y venta de capital constante. La desaparición de estos empresarios deja cuota de mercado para los que continúan, que ven aumentada su escala y como consecuencia, su rentabilidad. Disminuye el salario real aumentando la rentabilidad de los empresarios, producto del aumento de la desocupación y de políticas específicas de los gobiernos. El marco institucional cambia: se intentan cambios en la estructura económica, en la apertura comercial y financiera, etc. En tanto el Estado redistribuye sus ingresos favoreciendo al capital privado, los empresarios cambian su forma de hacer negocios hacia maneras más eficientes o cambian de ramas industriales hacia las más prometedoras en la nueva situación, etc. Nuevas técnicas de producción surgen de las crisis y técnicas de punta que se venían desarrollando con anterioridad a la crisis pero que no se habían incorporado a los procesos productivos por los costos de conversión o por razones institucionales, encuentran ahora su oportunidad al haberse desgastado buena parte de las maquinarias existentes y al haber cambiado el marco institucional.

Los empresarios que sobreviven a la crisis y otros nuevos que se incorporen desde el exterior comienzan un nuevo período de expansión, motivado por la recuperada rentabilidad a que lleva los cambios descriptos. La fase expansiva impulsa el crecimiento de la economía en la medida de que el circuito de producción se repite y se amplia constantemente, lo que implica mayor inversión, más trabajo y más consumo, a la vez que la búsqueda de una mayor ganancia implica cambios de técnicas que conllevan inversión y aumentan la productividad, creando así con el paso del tiempo las condiciones para una nueva crisis.

Tanto en los períodos de crecimiento como en los de crisis, el Estado juega un rol fundamental en soportar o retomar según el caso, el proceso de acumulación de capital.

 La intervención del Estado ha crecido a lo largo de la historia del capitalismo por la necesidad de favorecer la reproducción de un sistema cada vez más complejo. Así al papel sustancial del Estado de asegurar la obtención de los beneficios por las empresas, permitiendo la acumulación de capital por parte de unas pocas personas (en comparación a la gran masa trabajadora) y el conservarlo privadamente con tranquilidad, se ha agregado el asegurar las condiciones para que exista un crecimiento económico suficiente para lograr la reproducción ampliada del capital.

La internalización del capital, la competencia creciente por los mercados internacionales debido a las necesidades de reproducción constante del capital, el creciente costo de investigación, desarrollo y adopción de nuevas tecnologías, las grandes obras de infraestructura, la competencia internacional y la necesidad de expandir los mercados, la creciente escasez de recursos estratégicos, la incrementada complejidad de preparación de la fuerza de trabajo explican la complejidad del sistema que hace necesaria un rol cada vez más activo del Estado. Y en la actualidad, la expansión del comercio internacional, los flujos financieros y las inversiones extranjeras directas, de la mano de las estrategias empresariales de las mutinacionales productivas, comerciales y finacieras ha supuesto una pérdida de funcionalidad del Estado como regulador del proceso de acumulación y un desarrollo de estructuras y organismos internacionales, aún más aliadas a los intereses capitalistas dominantes.

En el presente trabajo se analizan diversos elementos de política del Estado que influyen sobre el crecimiento y la acumulación de capital. Como el crecimiento económico se logra cuando existen beneficios y se reinvierten, las políticas que tiendan a aumentar el ahorro y la inversión y a disminuir el consumo social favorecerán la reproducción ampliada de la producción. En ese sentido las políticas macroeconómicas son claves para lograr el crecimiento productivo, las políticas sectoriales pueden ser bien intencionadas pero inoperantes en un marco inadecuado de política económica general. Las políticas monetarias, cambiarias y fiscales deben ser congruentes con el objetivo de crecimiento económico.

Asegurar la libre competencia, eliminando monopolios y oligopolios que se apropian de excedentes superiores a los que generan con sus productos y servicios por medio de precios que no reflejan el valor de sus prestaciones, es una tarea del Estado que encuentra graves dificultades para realizarla dado el poder con que cuentan estas grandes empresas, muchas veces extranjeras. Ya hemos comentado la positiva correlación entre estructura del mercado competitiva y crecimiento económico,  a resultas de que la competencia refuerza la motivación del empresario para investigar y/o adoptar nuevas técnicas, invirtiendo en maquinarias y capacitación.

La forma en que el Estado conduce los procesos de apertura comercial es clave para el crecimiento en el largo plazo. Políticas exitosas requieren de análisis estructurales de la competencia internacional y los mercados mundiales. Desde este punto de vista, la tasa de cambio es de crítica importancia, ya que la tasa de cambio traslada los costos y precios locales a la arena internacional. Además el otro factor que incide en los costos unitarios absolutos, y por tanto en la competitividad, es la productividad que depende crucialmente del avance tecnológico de las empresas y de la modernización de la infraestructura física, social y política.

Un rol del Estado que es muy fuerte en los países desarrollados e igualmente débil en los países en desarrollo es su contribución al progreso técnico y por tanto al aumento de los excedentes (beneficios) a través de un incremento de la productividad de la fuerza de trabajo o por el desarrollo de productos con mayor valor agregado. Son de gran importancia para el crecimiento económico las políticas públicas destinadas a desarrollar las capacidades de aprendizaje necesarias para la imitación de tecnologías y la disminución de la brecha tecnológica en los países en desarrollo y para ensanchar las nuevas fronteras tecnológicas en los países desarrollados. La creación y coordinación de un sistema nacional de ciencia y tecnología se vuelve un instrumento para crear condiciones de competitividad en el sistema económico, coordinando las instituciones con las estrategias de las empresas para fomentar el aprendizaje tecnológico.

En la medida que la productividad obtenida por el progreso técnico es la fuente de excedentes que permite aumentar la reinversión y el consumo a la vez, el Estado es clave para lograr el crecimiento económico con mejor calidad de vida, aunque esto no elimine las fuertes desigualdades que el sistema capitalista conlleva

Los factores anteriores no agotan las variables que tienen influencia sobre el crecimiento económico y sobre las que el Estado tiene un control directo o indirecto, completo o parcial. Es interesante como línea de investigación el describir la influencia de otros factores con un análisis basado en el enfoque clásico, esto es, basado en las preguntas que desvelaron a muchos economistas ¿cómo se genera la riqueza?¿cómo se distribuye?.

Complementariamente otra línea de investigación es el estudio de la influencia de las políticas monetarias y fiscales, las que juntas constituyen el medio por el cual los gobiernos de las economías modernas intentan manejar sus economías, con las severas limitaciones que el proceso económico capitalista impone, desde la perspectiva de cómo influyen sobre la generación de excedentes y sobre su reinversión con la tasa de beneficio como hilo conductor.

En otra línea muy distinta quedan pendientes de un mayor análisis las transferencias de excedentes entre países o más precisamente entre las clases sociales de diferentes países. Y es que ya desde los tiempos de los economistas clásicos las cuestiones económicas y políticas presentadas como de estrategia nacional, respondían a los grupos dominantes en cada país. Someramente y a pie de página se han tratado algunos elementos de esta transferencia de excedentes: sin embargo las tendencias de la globalización actuales, disminuyendo el poder de los Estados y aún obligándolos a competir entre sí por la alocación de inversiones, obligan a explorar en mayor profundidad el papel de las transnacionales en la economía capitalista como agentes de este proceso. Las estrategias de estas empresas, posibilitadas por la fragmentación de los proceso productivos y comerciales, contribuyen decisivamente a modificar la división internacional del trabajo a la vez que reproducen la situación de desarrollo desigual en que se encuentran las economías de los países desarrollados y los países subdesarrollados.

El listado anterior no implica un completo detalle de las posibilidades que ofrece el tema, pero sí da cuenta de algunas inquietudes que tiene el economista clásico en su versión actual.

IV.2      Crecimiento económico: un modelo clásico

El modelo matemático básico, sin considerar el progreso técnico, formaliza el análisis de la teoría económica clásica. De él se extrae como conclusión que la tasa de crecimiento es directamente proporcional a la tasa de beneficio de la economía, aunque inferior a ésta,  multiplicada por la fracción de excedentes que no es consumida (social o personalmente) sobre los excedentes totales. El modelo permite también encontrar expresiones para las distintas variables y sus tasas de variaciones: producto bruto, capital constante, mano de obra empleada. Estas expresiones dan cuenta de una economía en crecimiento donde las relaciones entre las principales variables permanecen constantes, regulada por la tasa de beneficio. La tasa de crecimiento de esta economía se puede entender de la siguiente forma: el excedente generado se utiliza en primer lugar para reponer el capital constante que se ha desgastado en el proceso de producción. Por encima de ese valor el excedente es utilizado para ampliar el circuito de producción por lo que la economía crece y la tasa de crecimiento es proporcional al excedente neto dividido el capital adelantado por el empresario, o sea la tasa de beneficio del empresario.

El modelo básico se desarrolla considerando que toda la producción de un país o sociedad dada en un período determinado se ha agregado en un sólo producto, para una economía cerrada (aunque luego se estudian los efectos de la apertura de la economía), caracterizada por condiciones de producción que son compatibles con la libre competencia. Se asume que el trabajo es homogéneo y que la libre movilidad de capitales dentro de la economía asegura la tendencia hacia una tasa de beneficio uniforme. Todas las variables, dependientes o independientes, cambian en función del tiempo. Con el supuesto de que no existe ningún cambio social en el período de tiempo en que el modelo es aplicado, la tasa de obtención de excedentes (relación entre el excedente generado y el salario pagado al trabajador) es constante. Finalmente no existe ninguna limitación natural al crecimiento económico, las fuentes de materia prima y la disponibilidad de fuerza de trabajo no son restricciones a la producción.

El planteamiento matemático del modelo se realiza, en el caso básico y en todas sus ampliaciones, por dos ecuaciones diferenciales que reflejan el balance de medios de producción y de excedentes de la economía. Para una sociedad definida en un momento histórico dado, lo cual implica un grado de progreso tecnológico con sus necesidades educativas más usos y costumbres, las necesidades de subsistencia y reproducción de los trabajadores están determinando el salario real que habrán de percibir. La técnica utilizada, que habrá de ser la más rentable para el empresario, implica la cantidad de unidades de trabajo a utilizar y el capital fijo. Las ganancias de los empresarios son ahorros que se invierten. A partir de estas tres condicionantes (salario, técnica utilizada e inversión) quedan determinados los excedentes producidos por el trabajador, por lo que de ello se deriva la tasa de crecimiento del sistema económico.. Si los beneficios son reinvertidos totalmente el crecimiento es el máximo posible, si una parte de los beneficios es consumida suntuariamente por la clase empresarial o por sectores no productivos (aunque necesarios para el funcionamiento y la conservación del sistema) el crecimiento disminuye y más lo hará cuanto mayor sea el consumo social improductivo. El beneficio del empresario depende de la tasa de obtención de excedentes, ya que sus utilidades surgen de los excedentes que el trabajador produce sobre lo necesario para pagar su salario.

La tasa de crecimiento calculada corresponde al sector capitalista de la producción de un país, no es necesariamente la tasa de crecimiento de la economía del país ya que en este siempre hay sectores no capitalistas tales como el trabajo doméstico, la producción artesanal y la producción agrícola de auto subsistencia. La tasa de crecimiento puede no ser y generalmente no será coincidente con la tasa natural de crecimiento de la fuerza de trabajo, derivada de las tasas de natalidad y mortalidad. En cualquier situación relativa de estas dos variables se puede demostrar que existirá un ejército permanente de desempleados.

La intención del empresario de aumentar sus beneficios a través de la disminución de sus costos y  la necesidad de batir a sus competidores, hace que continuamente mejore sus técnicas de producción y adopte nuevas tecnologías y sistemas de gestión. En ese sentido desde los orígenes del sistema capitalista, la división de tareas y la especialización, tanto en el ámbito interno de la empresa como externo en el sector industrial y en la economía nacional y aún en la inserción internacional, estos dos mecanismos han sido una fuente importante de ganancia de productividad laboral y disminución de costos. Pero fundamentalmente la mecanización de los procesos productivos, que implica la sustitución de capital variable (mano de obra actual) por capital constante (mano de obra pre-datada), es el mecanismo por el cual el empresario busca abaratar sus costos. 

El progreso tecnológico a escala empresarial es, en el sistema económico capitalista, sesgado en el sentido de que por cada unidad de producto obtenido las nuevas técnicas incorporan más medios de producción y disminuye la fuerza de trabajo, aumentando la productividad laboral a la vez que decrece la productividad del capital.

Esto también tiene un efecto doble en los marcos de actuación. Por la parte del precio, si bien inicialmente el abaratamiento de sus costos le puede permitir un mayor beneficio (siempre que un empresario competidor no lo haya hecho primero) éste disminuye en cuanto los competidores adoptan las nuevas técnicas de producción. El resultado de largo plazo es que el empresario ve disminuida su tasa de beneficio en tanto los precios se acomodan a los nuevos costos y ha aumentado sustancialmente la inversión en capital constante. Por el otro, la mecanización implica la expulsión de mano de obra incrementando la desocupación, lo cual facilitará al empresario mantener bajos los salarios, cercanos al nivel de subsistencia y reproducción.

El modelo matemático ampliado con progreso técnico demuestra estas tendencias, partiendo de un cambio de técnica (cuyas condiciones de viabilidad se analizan) sesgado en el sentido indicado. Las variables ya no crecen constantemente y en tasas iguales, el stock de capital aumenta más rápidamente que la  producción y esta que la mano de obra, de tal forma que dependiendo de la fuerza del proceso de acumulación y del progreso tecnológico podrá incrementarse o reducirse la fuerza de trabajo utilizada. Se concluye que la obtención de excedentes por parte del grupo empresarial es creciente así como lo es la composición orgánica del capital.

La tasa de crecimiento mantiene una expresión similar a la del modelo básico, esto es, depende directamente de la tasa de beneficio. Con la existencia de progreso técnico además de utilizar parte del excedente para reponer el capital constante utilizado, debe invertirse en medios de producción  mejorados en un monto con una compensación por el ahorro de capital variable.

Además el modelo demuestra la tendencia del sistema a estancarse a largo plazo, a la disminución de la tasa de crecimiento tendencialmente de la mano de la reducción de la tasa de beneficio sólo parcial y temporalmente contrarrestada por los factores que en el texto se analizan: destrucción de capital físico, aumento de la tasa de obtención de excedentes entre otros.

El modelo básico de la sección I es ampliado en la sección II para incluir la dinámica de crecimiento y crisis. Para los economistas clásicos el largo plazo es caracterizado como un dinámico y turbulento proceso en el cual la movilidad de capital entre las industrias tiende a ecualizar la tasa de ganancia entre los diferentes sectores fundamentales. La tasa de beneficio sigue siendo el hilo conductor y se obtienen ecuaciones diferenciales cuyas soluciones tienen comportamientos cíclicos, siendo necesario introducir una función escalonada en el tiempo de la tasa de crecimiento de la productividad del capital.

Aunque la tendencia secular es a la baja, la tasa de beneficio a largo plazo traza ciclos en su evolución que son el origen de fases expansivas y fases depresivas de la economía, en cada una de las cuales la tasa de ganancia dibuja ciclo de menor altura. A los períodos de tiempo en que la tasa de ganancia es menor que un valor que un valor mínimo, que surge de comparar alternativas de riesgo y rentabilidad, le corresponde una fase depresiva o crisis.

En el modelo presentado la salida de la crisis se produce por un aumento de la productividad del capital debido a la depreciación de los medios de producción (recuérdese que la inversión ha cesado por falta de rentabilidad), la destrucción física del capital de las empresas que van a la quiebra y la  concentración y centralización de empresas, todo lo cual comienza a recuperar la tasa de beneficio de las empresas. A partir de cierto valor mínimo de requerimiento de rentabilidad los empresarios comienzan a invertir generando mayor demanda de medios de producción y mano de obra, lo que a su vez se multiplicará al incrementarse la demanda de consumo.

En las economías reales, la salida de la crisis se ve facilitada por la disminución del salario real que se produce por la pérdida de capacidad negociadora de los trabajadores debida a la alta desocupación.

El modelo básico se amplía finalmente para estudiar factores que soportan el crecimiento económico y que dependen de las políticas del Estado. En este trabajo se analizan la relación entre crecimiento y cambio técnico, bajo las modalidades del “learning by doing” y de un sector específico de R&D, para concluir que es clave para una economía el generar sus propios medios de producción para asegurar el crecimiento económico en el largo plazo. Importancia que se ve reforzada por el hecho de que en el capitalismo moderno son los sectores productores de maquinarias los que monopolizan  el progreso tecnológico (y lo han convertido en un negocio lucrativo con sus centros de R&D) determinando que las técnicas de aplicación óptimas se desarrollan para la economía específica (o en la región económica ampliada) en la cual se insertan.

Otro factor analizado es la apertura comercial de un país, partiendo de la premisa de que es la ventaja absoluta (ser el productor de menor costo) la que determina el resultado en la competencia internacional. El modelo presentado permite concluir que los costos unitarios laborales verticales, dependientes de la productividad y la tasa de cambio, son determinantes en la competitividad de un país.  De aquí se deduce que la forma en que el Estado conduce los procesos de apertura comercial es clave para el crecimiento en el largo plazo. Políticas comerciales exitosas requieren de análisis estructurales de la competencia internacional y los mercados mundiales.

En el desarrollo del modelo se hacen visibles diversas vías de investigación para el futuro que es intención del autor transitar y que pueden ser agrupadas en dos grandes conjuntos.

Por una parte las que surgen naturalmente de extender el presente modelo en varias direcciones. Una de las más tradicionales en otros modelos con enfoque clásico es flexibilizar la suposición de que son los empresarios quienes ahorran e invierten una fracción de sus beneficios mientras que los trabajadores solamente consumen. Marglin (1984) estudia distintas posibilidades de ahorro, a partir de una de las controversias de Cambridge sobre el tema (así denominada porque involucró a economistas de primera línea de las dos Universidades de Cambridge, la inglesa y la norteamericana ), para concluir que no es relevante a los efectos de los resultados de los modelos analizados. Una dirección similar de extensión se refiere al hecho de que se ha considerado la fracción ahorrada como una proporción fija de los beneficios, independientemente del monto de los mismos, con lo que la función de ahorro es lineal con coeficiente en el origen nulo. Otras funciones son posibles por lo que habrá que estudiar sus efectos sobre lo que el modelo predice.

Todavía dentro de este conjunto de vías de investigación  cabe mejorar los supuestos respectos al progreso tecnológico. Aquí se han asumido tasas de cambio constantes para las productividades laborales y del capital, y en el mejor de los casos una función escalonada para esta última. La teoría del cambio técnico descrita, endogeniza el progreso tecnológico por lo que cabe la posibilidad de desarrollar expresiones más complejas para estas productividades, al estilo de Dumenil y Levy (1999.) Nuevamente habrá que estudiar las consecuencias de otra formulación para los resultados del modelo.

Un conjunto de vías de investigación se abre al considerar no extensiones al presente modelo sino temas completos que posiblemente cambien el aspecto del mismo. Entre ellos, y sin agotar las posibilidades, se encuentran los que tratan de los aspectos monetarios que aquí no se han considerado por trabajar con variables reales, los de la dinámica de corto y mediano plazo en donde será necesario estudiar tasas de interés, la política fiscal, la utilización de la capacidad instalada, etc. Pero también quedan por investigar, a partir de este enfoque clásico basado en la tasa de beneficio, los aspectos distributivos de la economía capitalista: tanto el que hace referencia a la distribución de ingresos entre trabajadores y empresarios como a lo que se refiere a la distribución de riquezas entre países, muchas veces modelada como Norte - Sur.

Es extensa y variada la agenda de investigación que es posible desarrollar, pero es igualmente necesaria para que el enfoque clásico de la economía demuestre su validez como alternativa a las escuelas dominantes para explicar los hechos de la economía capitalista sin ocultar la injusta realidad de la misma en cuanto a la distribución de la riqueza. 

IV.3      Breve historia económica del Uruguay

Uruguay, país pequeño situado en la zona templada del planeta, logró a partir de 1870 un rápido crecimiento económico al consolidar un modo de producción capitalista impulsado por la inserción (tardía) en el sistema mundial como proveedor de productos primarios, esencialmente pecuarios, rol que lo caracterizó desde los tiempos de la colonia.

El sostenido crecimiento de la ganadería, actividad productiva fundamental, ocurrió luego de la liquidación de la economía pre capitalista (vigencia de los derechos de propiedad en el campo, implantación del alambrado, expulsión del gauchaje y asentamiento de la mano de obra asalariada) y se debió a la coincidencia de dos conjuntos de factores:

          en lo interno, las condiciones naturales (suelo, clima), la reducida población y las bajas exigencias en materia de capital y de nivel tecnológico, ambos factores escasos en Uruguay, determinaron que el sector ganadero extensivo pudiera producir en condiciones de competencia con el exterior.

          en lo externo, el desarrollo de la navegación transatlántica, la mejora de los métodos de conservación de la carne por el desarrollo de la refrigeración y el aumento de los niveles de consumo de la población europea resultado de la expansión económica.

Entre 1875 y 1913 se generó un importante volumen de excedentes, cuya apropiación se repartió entre el capital extranjero y el nacional compuesto este último por los grandes propietarios rurales y los comerciantes montevideanos. Una menor porción consumió el Estado para su rol de mantenimiento y reproducción del orden social. El empresario rural reinvirtió en el mismo sector agropecuario buena parte de sus excedentes, lo cual fue complementado por inversiones extranjeras (principalmente británicas) dirigidas a aprovechar y facilitar la exportación de productos pecuarios, posibilitando el transporte de la producción primaria desde el interior y su comercialización. La reinversión de los beneficios generó un período de rápido crecimiento, que llevó a Uruguay a niveles de ingresos per cápita similares a los de los países industrializados. Se cumplieron entonces las dos condiciones para el crecimiento en una economía capitalista; la existencia de beneficios y las posibilidades de inversión, todo ello soportado por el Estado ligado a los intereses de los dos grupos poderosos a escala nacional. El crecimiento de la ganadería facilitó un incipiente desarrollo industrial y de algunos sectores agrícolas, que reforzaron el crecimiento económico general y que fueron en última instancia fuertemente dependiente de ella.

Pero el crecimiento se agota al estancarse la ganadería: hacia la década del veinte la tasa de beneficio que decrecía debido al aumento del capital constante llega a valores bajos que prácticamente implican una reproducción simple (no ampliada) del circuito de producción, por la ausencia de reinversión en el sector. En la demanda exterior, el otro pilar del proceso de crecimiento, la multiplicación de la oferta de productos primarios más la decadencia del principal cliente, Gran Bretaña, cierra una fase histórica de crecimiento del capitalismo uruguayo. La depresión comienza en 1913 a partir de la crisis financiera internacional y la concomitante disminución de la demanda de productos primarios en los mercados europeos. La caída de los precios implicó una brusca disminución de la riqueza generada por el sector ganadero, que alcanzó casi el 50% entre 1913 y 1916. El volumen de las exportaciones, pilar del modelo agroexportador, se estancó durante los años de la primera guerra mundial aunque los precios internacionales subieron durante el conflicto. Recién en 1925 la ganadería podrá superar los niveles que tenía antes de la crisis.

La disminución de los ingresos de las exportaciones pecuarios volvió a demostrar la dependencia del resto de los sectores de la economía uruguaya de esos ingresos: la crisis contrajo un 15% el producto industrial y esto a pesar de las leyes proteccionistas del primer batllismo, la agricultura sufrirá una menor caída y una más rápida recuperación.

La crisis trajo aparejada, en un mecanismo que no por repetido merece dejar de ser comentado, una fuerte desocupación y la brusca disminución de los salarios reales que llegan a reducirse un 31,5% entre 1912 y 1917. No disponemos de datos acerca del capital físico que permita evaluar la destrucción del mismo en el período.

El estancamiento de la producción en volumen físico del país llega hasta 1923 pero las consecuencias se arrastran más años, agravado luego por el crack bursátil del 29 en Estados Unidos y su onda expansiva.

Uruguay desde principios de los años 30 cambió su estructura económica con la aparición de una industria protegida, principalmente sustitutiva de importaciones, que impulsó el crecimiento a la vez que mantenía una base ganadera en proceso de estancamiento. La ganadería extensiva era el sector en cuya producción el país se especializaba y que generaba excedentes, en parte apropiados por empresarios extranjeros en la comercialización, en parte retenidos por los grandes propietarios ganaderos pero que no tenían posibilidad de ser reinvertidos con rentabilidad en su propio sector. De la conjunción de este problema y de la situación mundial (que determinó que los países desarrollados, enfrascados primero en graves crisis económicas y luego en una conflagración mundial, disminuyeran o dejaran de suministrar productos industrializados, por lo cual un proceso similar de sustitución de importaciones tuvo lugar en muchos países del ahora tercer mundo) surgió la posibilidad de desarrollar una industria propia donde ubicar los excedentes con rentabilidad.

Entre 1945 y 1955 se obtuvieron altas tasas de crecimiento en la economía nacional en el marco de la política de sustitución de importaciones, de acuerdo a los registros históricos las tasas fueron las más latas del siglo. En este sentido las políticas fueron exitosas tanto en lo que se refiere al crecimiento como en la mejora de la distribución de la riqueza.

El proceso de acumulación generó un exceso de inversión en capital constante, específicamente capacidad industrial, sin desarrollar en el caso uruguayo una industria propia de medios de producción por lo que la dependencia de la tecnología extranjera se incrementó. Disminuyó la tasa de beneficio en el sector, con dificultades para incrementar su producción por el pequeño tamaño interno y la falta de competitividad internacional, a la vez que el otro sector importante de la economía, la ganadería, continuó estancada y sin posibilidades de inversión rentable. Si bien otros sectores agropecuarios crecieron, su peso continuó siendo menor en la estructura económica nacional.

La caída de la rentabilidad industrial implicó la detención del proceso de inversión en la industria, los capitales acumulados al interior del país comenzaron a ser transferidos al exterior al no encontrar oportunidades de ganancia en los sectores económicos existentes y al no desarrollarse otros nuevos.

Cesó entonces el crecimiento de la producción, comenzando a disminuir la ocupación y aumentando la inflación hasta valores que Uruguay desconocía en su historia reciente. El déficit en la balanza de pagos se produjo al exceder las importaciones necesarias para el proceso industrial volcado al mercado interno a las exportaciones ganaderas. Las décadas de los 60 y principios de los 70 vieron exacerbarse la lucha lucha distributiva por una decreciente riqueza, con un creciente rol del Estado en la represión de los trabajadores que llegó a su máximo nivel a partir del golpe de Estado del 73.

Tras prolongados años de crisis, los mecanismos restauradores del capitalismo comenzarían a actuar para dar paso a una tímida recuperación y posterior fase de crecimiento. Numerosos sectores económicos vieron disminuidos u obsoletos sus medios de producción, muchas empresas quebraron aún cuando conservara el país sus potenciales ventajas absolutas en algunos sectores. Un nuevo marco institucional, económico y estructural junto a la fuerte disminución del salario real permitieron la elevación de la tasa de beneficio.

El análisis de esta nueva etapa de la economía uruguaya, donde se termina de liquidar el esquema de sustitución de importaciones y se comienza a desarrollar un modelo basado en la exportación de productos primarios y prestación de servicios a la región, se ha realizado por comparación con tres casos seleccionados: Chile, Nueva Zelanda e Irlanda.

Estos países comparten con Uruguay muchas características comunes en tamaño, geografía e historia. En todos los casos atravesaron por una fuerte crisis en los años 80 para retomar el crecimiento económico con una fuerte intervención del Estado.

Podemos concretar dos conclusiones acerca de las estrategias de crecimiento económico que se extraen de las tres experiencias analizadas para su posterior cotejo con el caso uruguayo, conclusiones que son propias del modelo teórico clásico: la reducción de los costos salariales unitarios (que involucra salarios, tipo de cambio y productividad) y la disminución del consumo social permitió el aumento de la generación de excedentes. La estrategia de expansión de las exportaciones, ampliando mercados que permitieran lograr  la especialización y economía de escala que el tamaño del mercado interno dificultaba, logró desarrollar sectores rentables donde invertir el ahorro interno y el de las empresas transnacionales atraídas por las ventajas ofrecidas en estos países, ya sea la dotación de recursos naturales o la de mano de obra calificada o el bajo costo relativo de la mano de obra o el acceso a mercados o varios de estos factores a la vez, potenciado por las ventajas fiscales que se otorgaron.

Para lograr estos resultados desde el punto de vista del crecimiento (y por tanto del beneficio de los empresarios), los tres países se caracterizaron por el funcionamiento de una economía capitalista con instituciones y prácticas que facilitaron la acumulación de capital, concretaron una fuerte apertura comercial complementada con la firma de acuerdos de libre comercio con países claves como destino de la exportación de sus productos, se ajustó desde un comienzo la tasa de cambio y se manejó luego de tal manera de hacer competitiva las exportaciones, se implementó una política laboral tendiente a flexibilizar las relaciones patronales, la inflación se controló en todos los casos con la disminución del déficit fiscal. El Estado se achicó en todos los casos con relación a su peso en la economía nacional cediendo las áreas rentables a la explotación de capitales privados, desarrolló la infraestructura apropiada para soportar a los exportadores (puertos, carreteras, comunicaciones), en la promoción de exportaciones a través de incentivos, investigación de mercados y otros elementos. También respaldó el proceso de acumulación de capital modificando los sistemas educativos, coordinó los ámbitos públicos y privados y transfirió recursos para la investigación científica y el desarrollo tecnológico en sectores seleccionados por su potencial exportador.

A partir de las conclusiones de la teoría clásica y de los casos comparados, retomamos el análisis  de la evolución económica uruguaya: con el fracaso del modelo de sustitución de importaciones ya descrito, a partir de la década del setenta los sucesivos gobiernos militares y democráticos reinsertaron el país en la división internacional del trabajo con un modelo basado en la exportación de productos primarios a los mercados internacionales complementada con servicios turísticos y financieros a la región.

El modelo de acumulación que la dictadura militar y los gobiernos que le sucedieron implementaron en Uruguay tiene características similares a las descriptas en los casos presentados pero presenta fuertes diferencias en aspectos claves que explican los disímiles resultados alcanzados.

El tipo de cambio se mantuvo elevado en casi todo el período, la apertura comercial distó de ser gradual y no se buscaron mecanismos para mitigar sus efectos inmediatos sobre el tejido industrial, se mantuvo un déficit fiscal que se pudo financiar mientras existió crédito internacional pero que supuso la imposibilidad de inversión en infraestructura en la cantidad necesaria para el crecimiento y que significó una pesada carga a futuro, no se apoyó la investigación científica y técnica ni aún la dirigida a los sectores que debían impulsar el crecimiento económico del país.

La política económica consolidó la inserción internacional del país en la nueva división internacional del trabajo como un proveedor de materias primas y productos alimenticios, complementado en el ámbito regional con el papel de proveedor de servicios (en especial turísticos y financieros, últimamente y con éxito que perdura de informática.) En cuanto a lo primero, la creación de riqueza en el país y su exportación está basada en productos de bajo contenido tecnológico, con reducida capacidad de generación de empleo, con baja diversificación, de demanda poco dinámica y de pobre comportamiento de precios. Por lo segundo depende de la situación de las inestables economías regionales, en especial la de Argentina con la cuál además es estructuralmente similar.

A la vez las polticas implementadas destruyeron en forma irreversible parte del tejido industrial, disminuyendo la actividad de la industria y aumentando su desconexión por la casi completa eliminación de las escasas ramas proveedoras de medios de producción.

Con la profundización del modelo y el fuerte ingreso de capitales. Uruguay logró un importante crecimiento económico entre 1990 y 1998 (pero aún menor al de Chile e Irlanda y similar a Nueva Zelanda) para luego ingresar en una larga recesión que se transformó en una grave crisis en el año 2002, con cifras record de caída del PBI, desocupación, salida de capitales y corridas bancarias. La crisis de este fin de milenio y la profundidad con que se manifiesta es el producto de la confluencia de tres fenómenos:

          la dinámica del sistema económico: la fase de crecimiento de la década de los 90 se agotó en la medida que la inversión en sectores rentables creó un exceso de capacidad y capital fijo a la par que caía la rentabilidad, fenómeno disimulado por la creación del Mercosur y los planes de estabilización que sobrevaluaron las monedas de los países vecinos.

          los shocks de demanda provocados por la devaluación brasilera, la crisis argentina y la reaparición de la aftosa entre las principales causas.

          la política económica del período, que disminuyó la rentabilidad de las empresas y no soportó adecuadamente la acumulación, debido a errores de política y al balance de fuerzas entre los distintos sectores capitalistas.

El breve racconto de la historia económica del Uruguay, que se presenta en este libro, ha sido apoyado con la presentación de cifras para los principales parámetros extraídas de diversas fuentes, de acuerdo al período analizado. Estas cifras sirven para dar una idea de los principales cambios en la economía pero no alcanzan para demostrar la línea argumental aquí seguida: por una parte se ha comentado en la sección I lo inadecuado del indicador “Producto Bruto Interno” para medir la creación de riqueza en una economía, por la otra no existen en la literatura económica uruguaya (o al menos el autor no las conoce) series de valores de rentabilidad y de otras variables centrales a la teoría clásica debido al diferente enfoque de la corriente económica dominante.

La elaboración de un conjunto de valores que permitan visualizar con mayor claridad la aplicación de la teoría clásica aquí descripta resulta entonces de especial importancia para la contrastación de la misma en un caso específico. Para ello se hace necesario calcular, con la base teórica desarrollada por Shaikh y Tonak (1994) y aplicada a los Estados Unidos donde los autores constataron empíricamente las predicciones de la teoría clásica, valores para la producción de bienes y servicios productivos y no productivos, tasas de obtención de excedentes, tasas de beneficio de las empresas y sectores de la economía, composición orgánica del capital, etc. Historiadores económicos han avanzado bastante en la estimación de las cifras de la economía uruguaya, pero aún así es posible que el cálculo de las variables citadas sea dificultoso para los dos primeros períodos de la historia uruguaya aquí descrito. De todas formas queda abierta como línea de desarrollo la investigación econométrica, especialmente para el último período que por su cercanía en el tiempo y por la crisis en que se hundió el Uruguay despierta el interés explicativo no sólo de los economistas sino el de toda la población del país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 1         El crecimiento chileno

Chile es un país largo y apretado por la cordillera de los Andes y el mar, con una superficie de 764.000 km2 y con 4.000 Km de costas sobre el Océano Pacífico que lo colocan frente a los nuevos países industrializados asiáticos. Lo habitan sólo 14 millones de habitantes de habla hispana, lo que implica una densidad de población de 18 habitantes por Km2, similar a la de Uruguay. Su territorio es rico en recursos minerales, con condiciones climatológicas que favorecen la producción frutícola en el norte y centro, la producción agrícola y ganadera en el sur y la cría de variadas especies marinas en el extremo sur. Se trata de un país con una de las mayores reservas forestales del planeta.

A pesar de la negativa imagen que la dictadura de Pinochet ha formado de la historia política de Chile en la mayoría de las personas, la democracia chilena (con todas las limitaciones pasadas y presentes) ha sido una de las más antiguas del mundo y con escasas rupturas del orden institucional.

Comenzamos nuestro análisis económico en el momento de la grave crisis de 1983 con que culmina la primera etapa del gobierno de Pinochet, caracterizada por una fuerte apertura externa comercial y financiera, y comienza una política pragmática de cambios que permitieron un fuerte crecimiento durante el gobierno militar (aún cuando llevó varios años el retornar a los niveles de producto per cápita anterior a la crisis, lo que ocurrió al final de ese período) y que se continuó con los gobiernos democráticos que asumieron luego.

En 1983 la caída de la actividad económica, medida por el Producto Bruto Interno, alcanzó el 13,4%, la desocupación rondó el 30% de la población activa, el déficit de los saldos en cuenta corriente superó los 2.000 millones de dólares, con un masivo endeudamiento del sector privado y crisis en el sector financiero. Las exportaciones totalizaron un monto de 3.800 millones de dólares, el 71% de las mismas eran explicadas por recursos naturales: en especial el cobre respondía al 46% de las exportaciones totales.

La política macroeconómica se orientó entonces a respaldar la apuesta de convertir a las exportaciones en el motor de la economía, potenciando su integración en la división internacional del trabajo como proveedor de materias primas y alimentos con bajo grado de industrialización, mientras se mantenía una demanda interna muy deprimida: las exportaciones pasarán de ser el 19,4% de la demanda en 1982 a un 37,3% en 1988.

El Estado interviene fuertemente, aún cuando el modelo se denomine “neoliberal”, en todos los ámbitos donde fuera necesario para asegurar el beneficio al capital (principalmente el de empresas transnacionales atraídas por la abundancia de materias primas), y aún de aquellos ámbitos donde se retira lo hace no por omisión sino persiguiendo el mismo objetivo.

Interviene entonces en las relaciones laborales, aumentando la obtención de excedentes de los trabajadores por parte de los empresarios. El salario real disminuyó en 1983 en un 25%, lo que redujo el costo de las empresas en general  e incrementó los beneficios de las exportadoras en particular. Para conseguir estos objetivos la dictadura había reprimido violentamente los sindicatos para luego proceder a descentralizar la negociación salarial  e incrementar la flexibilidad laboral, modificando la relación de poder entre empresas y trabajadores.

Interviene en la política cambiaria: complementando el efecto de la reducción de costos por la baja de los salarios reales, las empresas exportadoras se beneficiaron de una fuerte devaluación del 85% en tres años que se continuó con pequeñas depreciaciones (crawling peg) para mantener el tipo de cambio real depreciado.

También para mejorar la rentabilidad empresarial el Estado se encargó de realizar las obras de infraestructura necesarias para la mejora de las técnicas de producción y la gestión de comercialización, abaratando los costos de suministros a las empresas, permitiéndole una mayor rentabilidad al transferirles recursos desde otros sectores sociales y haciendo más competitivas sus exportaciones.

El Estado desarrolló un programa amplio de privatizaciones que redujo significativamente su participación en la producción y distribución de bienes y servicios, cediendo al sector privado los sectores potencialmente rentables que controlaba pero a la vez obteniendo ingresos para reducir su déficit fiscal y disminuyendo los costos de estos servicios para las grandes empresas (aún cuando se encarecieran para la población.)

Las reformas del sector público tuvieron como objetivo la eliminación del déficit fiscal en el corto plazo y el aumento de la estabilidad macroeconómica en el largo plazo. De hecho ha existido superávit desde 1986, siendo el promedio del mismo de 1% entre 1984 y 1994. Obsérvese que esta reducción de gasto del Estado más la caída de la demanda interna implicaron la disminución del consumo social dirigiendo una mayor parte de los excedentes a la acumulación de capital, acumulación que fue posible enteramente gracias al desarrollo de nuevos sectores donde invertir con rentabilidad, sectores que analizaremos más abajo. El ahorro doméstico bruto promedió el 20% en la década de los 90, frente a un 25% del ahorro interno total.

Lograda la disminución de la inflación, esencial para el cálculo empresarial cuando de hacer inversiones se trata, mediante la disminución del déficit fiscal,  la reducción de la demanda interna y con una política monetaria restrictiva, el establecimiento de un Banco Central independiente permitió una estructura institucional que facilitó el mantenimiento de la estabilidad de precios. Así se pasó de una inflación del 23% en 1984 a 6,5% en 1997.

El sistema financiero fue reformado a partir de la crisis bancaria de 1982, causada por una amplia y desregulada liberalización. Después de la crisis los controles fueron restablecidos, estos controles tenían como objetivo prevenir salidas masivas de capital y asegurar el financiamiento para el crecimiento. Si bien posteriormente se flexibilizaron las restricciones, se buscó evitar el ingreso de capitales especulativos de corto plazo: se continuó la política de manutención de inversiones por un período de tiempo y adicionalmente se introdujo un requerimiento de reservas no remunerada (encaje) que opera como costo fijo a la entrada.

La apertura comercial que había comenzado en la primera etapa del gobierno militar, década de los 70, con la eliminación de los aranceles múltiples y reducción del arancel promedio de más del 100% hasta el 10%, sufrió un breve retroceso a raíz de la crisis del 82 (elevación de aranceles al 35% para disminuir las importaciones y medidas proteccionistas para el sector agrícola.) Posteriormente los aranceles se redujeron a 11% en 1992 ya con un gobierno democrático y se prevé llegar al 6% para el 2003. Durante los noventa la estrategia de liberalización unilateral ha sido complementada con acuerdos de libre comercio en una estrategia multilateral que llevó a Chile a suscribir tratados de ese tipo con Canadá, México, el Mercosur, Estados Unidos y la Unión Europea .

El régimen militar fomentó de manera activa el desarrollo de sectores competitivos de exportación a través de subsidios directos, reintegros,  régimen de “drawback”, exenciones a la importación de bienes de capital y un sistema institucional de promoción a las exportaciones (ProChile, sus actividades principales son identificar mercados externos, estudiarlos y divulgar sus oportunidades, coordinar programas tendientes a mejorar y prestigiar la calidad de los productos de exportación.) Además se destinaron recursos para apoyar la investigación aplicada y a partir de la asunción de los gobiernos democráticos se comenzó a desarrollar un Sistema Nacional de Innovación que coordinó empresas privadas, universidades e institutos de investigación.

La exitosa expansión de la exportación, en particular durante los años 80, se basó en el comercio de productos primarios (tradicionales y no tradicionales.) Chile logró expandir y diversificar las exportaciones, tanto en volumen como en productos y en mercados.

El boom en la exportación de productos básicos  no tradicionales se logró a partir del desarrollo de los llamados “nuevos polos de crecimiento”, fundamentalmente pesca, forestación y fruta fresca. Estos “nuevos polos de crecimiento” se basaron en la explotación de los recursos naturales chilenos, en un contexto de salarios bajos y tipo de cambio devaluado, por parte de grandes empresas que ya poseían canales de comercialización en los mercados internacionales. La rentabilidad en estas ramas propulsó una fuerte inversión que alcanzó marcas históricas como la lograda en 1997 con un 28% del PBI, promediando el 22% entre 1985 y 1995. La calidad de la inversión también aumentó; en 1998 un 58% de la inversión fue en maquinarias y equipos, pero ya había alcanzado el 47% en los años 80.

Los elementos diferenciales de estos “nuevos polos de crecimiento”  que provinieron de un inteligente análisis de mercado son:

          la fruticultura se expandió al crecer el consumo en USA de frutas frescas y al

aprovechar Chile la diferencia estacional entre ambos países (el verano chileno coincide con el invierno en Norte América.) Adicionalmente el boicot de productos sudafricanos, debido al apartheid, y los altos precios de la mano de obra en Australia y Nueva Zelanda le permitieron a Chile obtener ventajas importantes sobre sus competidores hemisféricos. Estas ventajas fueron complementadas con el desarrollo genético y la obtención de nuevas variedades de frutas, de alta productividad y valoradas por el mercado, gracias al trabajo de la Universidad de Chile en investigación y docencia. El desarrollo de infraestructura permitió un fácil y rápido acceso a los puertos de embarque. Fuertes inversiones, en especial de empresas norteamericanas, establecieron plantaciones “state of the art”. Las exportaciones totales de frutas y vegetales frescos totalizaron US$ 1.396 millones de dólares en 1999. Chile es hoy el principal proveedor mundial de uva de mesa.

          la industria frutícola trajo como efecto reproductor una mayor demanda de

papel y contenedores de madera para packaging, lo que permitió sustentar (al disponer de un mercado muy activo) la industria de la forestación. Condiciones de clima, suelo y agua favorables permitieron el crecimiento de los árboles más rápido y más densamente que en otras regiones. Se estima que del total del territorio de Chile, 20% es apropiada para la forestación. Esta industria posteriormente dirigió sus esfuerzos a la exportación de madera (como materia y prima y con productos elaborados a partir de la misma, tales como mueble, paneles, etc.) siendo actualmente responsable del 14% de la exportación chilena, equivalentes a 1.900 millones de dólares anuales. Sus principales mercados son Asia, Europa y USA, naciones en donde la producción de madera es declinante. Más de 800 empresas pequeñas y medianas participan en la industria. Por su parte, la industria papelera, responsable del 40% de las exportaciones del sector de la madera, ha dirigido sus productos a los países del Cono Sur.

          el análisis de los mercados de los países desarrollados determinó una

necesidad insatisfecha en USA y Japón por un producto marino de alto precio: el salmón. Apreciado por sus propiedades para la salud (pescado de bajo tenor graso y con un ácido que disminuye el colesterol), por su excelente gusto y por la atribución de “propiedades” de rejuvenecimiento y otras, la demanda del producto ha ido en constante aumento en los últimos años. Aunado a esto, la sobreexplotación de los recursos marinos en el hemisferio norte ha dejado lugar a nuevos productores. Chile ha aprovechado sus excelentes aguas y ha complementado con criaderos, logrando una exportación de productos marinos de US$ 1.892 millones en 1997, entre los que destacan el salmón y la trucha. La producción de Chile es de 10 millones de toneladas de pescados y mariscos, representando el 6% de la producción mundial.

Cabe mencionar entre las industrias exportadoras, que no comentaremos aquí en detalle por ser de menor volumen o por tratarse de industrias que eran tradicionales en Chile:

          la industria vitivinícola altamente reconocida en el mundo y responsable por exportaciones del orden de los 550 millones de dólares anuales,

          la industria química con exportaciones por 500 millones de dólares anuales comprendiendo yodo, metanol y nitrato de potasio entre los principales productos,

          los productos alimenticios procesados alcanzaron los 550 millones de dólares en 1999 incluyendo derivados de tomate, jugos y enlatados.

          las exportaciones de bienes metal mecánicos alcanzaron los 880 millones de dólares en 1999, producto del incremento del 18,2% anual en el monto exportado en los últimos 5 años.

Por último pero no menor, la tradicional industria de la minería donde el cobre representa el 86% del total continúa siendo el principal rubro de exportación con 6.900 millones de dólares al año equivalente al 43% del total de exportaciones, dando cuenta además del 10% del PBI. Chile posee vastas reservas de los principales minerales (cobre, oro, plata) y una larga tradición en minería. Altos niveles de inversión extranjera en el sector han fortalecido sus ventajas competitivas. El foco de la inversión ha sido el de explorar y desarrollar nuevas minas, aumentando los niveles de producción.

 

 

 

 2         La economía neozelandesa

Situada a 1900 Km al sudeste de Australia, las dos islas que componen Nueva Zelanda totalizan una superficie de una vez y media la de Uruguay (270.500 km2) y una población similar (3,6 millones de habitantes) en su mayoría europea (83%) y con minoría maorí (10%, la reivindicación de su cultura es en la actualidad muy fuerte y compartida por los neozelandeses), concentrada en la isla situada más al norte.

El país siguió un esquema similar de desarrollo similar al chileno y uruguayo: países de climas templados lejanos de los centros desarrollados, caracterizados por la inserción tardía en el capitalismo mundial al final del siglo XIX, baja densidad de población y abundancia de recursos naturales lo que le permitió disfrutar a sus habitantes de un alto nivel de vida.

Históricamente el principal recurso de Nueva Zelanda fue una óptima combinación de clima y tierra para el desarrollo de la ganadería, sus productos más competitivos eran la lana, manteca, cordero y productos refrigerados. Durante la primera mitad del siglo XX el Estado intervino en la vida económica del país como productor y distribuidor, amparando el bienestar de una satisfecha y aislada sociedad neozelandesa. El crecimiento se aceleró con la exitosa aplicación, en la primera fase, de políticas de sustitución de importaciones. En 1955 el Producto Bruto per cápita de Nueva Zelanda era el tercero entre el rico grupo de países de la OCDE.

A partir de los años 60 y principalmente en los 70 el fin de la época de oro del capitalismo de los países centrales con el deterioro de los términos de intercambio debido a la caída del precio de las materias primas, el ingreso de su principal comprador Gran Bretañas a la Comunidad Económica Europea y el aumento de los precios de petróleo redujo la renta real, intensificó los conflictos sociales, incrementó la inflación debido a la lucha distributiva y aumentó el desempleo, todo esto a pesar de la búsqueda de nuevos mercados (estrechamiento de relaciones comerciales con Australia) y del intento de diversificar la base productiva del país (incentivo a las manufacturas, desarrollo de industria intensiva en capital.)  El crecimiento prácticamente se detuvo, promediando 1,5% en los diez años que van de 1975 a 1984. El déficit fiscal  alcanzó el 9,5% del PBI en 1986 y la deuda exterior neta representaba el 80% del PBI. La tasa de desempleo superó el 7% a principios de los 80, el valor más alto registrado en la historia del país.

Nuevamente se tildó de “liberalismo económico” o de “experimento neoliberal” a la serie de medidas que la clase dominante neozelandesa puso en marcha para recuperar la rentabilidad de las empresas y alcanzar un mayor ritmo de acumulación de capital. Pero esta denominación recoge solamente el espíritu de las medidas de apertura comercial y las privatizaciones: en realidad el Estado se retiró de áreas de la economía que cedió al capital privado pero intervino en todas aquellas necesarias para asegurar la ganancia de las empresas y el funcionamiento del sistema. En particular, la disminución de los salarios reales y de los beneficios del estado benefactor fue realizada no sin una fuerte represión a punto tal que, en conjunto con el hecho de institucionalizar un modelo de crecimiento fuertemente basado en la exportación, ha sido comparado por De Bruin (2001) con la experiencia chilena: “Nueva Zelanda fue la variante democrática  del proyecto  autoritario chileno de reestructura económica”.

Al igual que en el caso chileno, se asumió que el tamaño del mercado interno era insuficiente para generar economías de escala que hicieran competitivas a las empresas dadas las tecnologías actuales de producción, por lo cual se hacía necesaria una estrategia de crecimiento basada en la expansión de las exportaciones con las consiguientes implicancias de reciprocidad y apertura comercial.

La disminución del salario se logró debilitando el poder de negociación de los trabajadores. La “Ley sobre los Contratos de Trabajo” de 1991 introdujo el marco jurídico para un sistema de negociaciones fuertemente descentralizado que completó la eliminación del sistema de acuerdos nacionales: los contratos de empleo se podían negociar ahora en forma individual, reduciéndose el número de afiliados a los sindicatos. La participación de los salarios de los trabajadores en el Producto Bruto cayó desde un 49,9% en 1987 a 43,6% en 1995, un retroceso de más del 12%.

Una fuerte devaluación en 1987 al dejar flotar la moneda permitió potenciar la reducción de los salarios y del resto de los costos no transables de la economía, a partir de allí se mantuvo un tipo de cambio competitivo (aunque no en forma continua) para fomentar las exportaciones.

El déficit fiscal se eliminó no por la vía de aumentar la recaudación impositiva sino por la reducción de los beneficios que concedía un fuerte Estado de Bienestar. Los montos percibidos por los beneficiarios del sistema de bienestar se redujeron en valores superiores al 25% pero además las reglas de elegibilidad para esos beneficios se endurecieron fuertemente, lo cual implicó un importante ahorro adicional. En el caso de las pensiones por jubilación se incrementó la edad necesaria para jubilarse y se redujeron los montos a pagar, para el seguro por desempleo se eliminaron causales y se redujeron los pagos. El objetivo declarado del gobierno cambió desde el “estado benefactor que proveía a los habitantes con necesidades para que se sintieran pertenecientes a la sociedad” al de “una modesta red de seguridad” que en realidad debiera leerse como una “mínima red de seguridad” .

El objetivo de reducir el déficit a través de una disminución de los gastos y no de un incremento de los ingresos se institucionalizó con cuatro leyes entre 1986 y 1994 que promovieron cambios radicales en la forma de gestionar los distintos servicios públicos, introduciendo herramientas modernas de management, y permitieron la privatización de vastas áreas de la economía. Encontramos nuevamente el hecho de que el Estado deja en manos de las empresas locales o extranjeras (y esto último es lo que se da en mayor parte) los sectores económicamente rentables y se encarga de aquellos sectores  que los capitales privados no tienen interés por explotar o en donde ofrece servicios a empresas privadas subvencionando sus costos.

En el caso de Nueva Zelanda esto se tradujo en la eliminación de los monopolios de empresas estatales, la corporativización de 24 empresas estatales y la privatización de las empresas de transporte (aerolínea y ferrocarriles), petrolera, astillero, correos y telecomunicaciones entre otras.

El resultado de las acciones de reducción de gastos, recorte de transferencias a la seguridad social y privatizaciones redujo la deuda pública hasta un 27% del PBI en la actualidad, mientras que el déficit fiscal se transformó en un superávit del 3% del PBI para el año 1995 manteniéndose positivo hasta el momento actual en valores de alrededor del 1%.

La inflación fue eliminada gracias a la reducción del déficit fiscal que permitió una política monetaria dura, con baja emisión, manejada contra ciclicamente: cuando a principio de los años 90 se produjo una disminución del crecimiento se permitió un relajamiento de las condiciones monetarias para facilitar la expansión. El Banco Central de Nueva Zelanda,  Reserve Bank, fue independizado del Gobierno mediante una ley dictada en 1989 y su objetivo de política monetaria fue la estabilidad de precios. La inflación cayó hasta valores menores de un dígito, estimándose para el presente año en un 3,8%.

La integración al sistema económico mundial, que reforzó el papel del país en la división internacional del trabajo como proveedor de productos alimenticios, se procesó mediante una apertura comercial que eliminó controles de importación desmantelando el “paraguas protector” de la industria nacional. Se redujeron aranceles para productos específicos con muy altas tarifas y se estableció un programa de disminución general muy gradual. Un acuerdo de libre comercio con Australia determinó la reducción de los derechos de importación con este país. La  apertura comercial se produjo acompañada de una fuerte devaluación de la moneda, la eliminación de las restricciones a las divisas extranjeras y la liberalización de los mercados financieros. En sentido contrario en cuanto a la promoción de exportaciones pero más que compensado por la devaluación realizada, se eliminaron todos los subsidios e incentivos directos a la exportación. Luego de los primeros años de reforma la moneda se apreció debido a los flujos de capital, creando dificultades para el aumento de las exportaciones.

El rol del Estado en el apoyo al comercio exterior, motor de la economía neozelandesa en la actualidad, se desarrolló en tres áreas:

          promocionando  la internacionalmente reconocida imagen de nación “limpia y verde”, por medio de una cuidada atención a las exigencias medioambientales y de calidad.

          desarrollando un fuerte acceso a los mercados para sus productos a través de acuerdos bilaterales con las naciones del Pacífico (APEC) y Australia.

          creando un organismo dedicado a la investigación y el desarrollo para los productos exportables neozelandeses. Si bien la inversión pública en R&D con relación al PBI se mantuvo por debajo de los estándares de los países desarrollados (1% frente a 1,6%), igualmente es alto frente al promedio del resto del mundo (0,6%) y creció a un fuerte ritmo durante la década de los 90.

Asegurado el nuevo marco de negocios, la existencia y desarrollo de sectores de la economía donde invertir con rentabilidad es una condición necesaria para la acumulación de capital y el crecimiento.

La inversión en Nueva Zelanda, realizada por un pequeño conjunto de grandes empresas con vinculaciones internacionales, se concentró en su mayor parte en sectores tradicionales de su economía con escaso desarrollo de sectores nuevos. El sector agropecuario (incluyendo el procesamiento e industrias complementarias) significó el 50% de un total de 17 mil millones de dólares exportados en el 2000, equivalentes a un 29% del PBI:

          las exportaciones de carne de vaca y cordero dieron cuenta del 20% del total exportado, habiendo logrado fuertes incrementos en productividad que compensaron la caída internacional de precios de los últimos años.

          la producción de leche se incrementó dramáticamente en los 80 y 90, por el aumento de la cantidad de ganado lechero y de la productividad, dando cuenta en la actualidad del 18% de las exportaciones.

          las actividades hortícolas se expandieron gracias en buena parte al desarrollo de una nueva fruta, el kiwi, que se impuso en los mercados mundiales por su gusto y sus cualidades nutritivas. La manzana, los vegetales frescos y procesados y la incipiente industria del vino neozelandés dan cuenta de una exportación por valor de 1.500 millones de dólares equivalentes al 9% del total enviado al exterior.

          la nueva industria de la forestación (con referencia a su significación como volumen exportable) logró un boom de crecimiento a lo largo de 10 años, gracias a las características del clima neozelandés que en el caso del pino, principal especie plantada, tiene una tasa de crecimiento de 25 m3 por hectárea, una de las más altas del mundo.

          otra industria reciente es la que resulta de la explotación de los productos de mar. Nueva Zelanda cuenta con una amplia zona de pesca, equivalente a 15 veces su territorio, con abundantes recursos marinos. Estas dos industrias nuevas, pesca y forestación, dan cuenta del 15% del total exportado.

Complementando el panorama inversor, el sector turístico se desarrolló en la década de los 90 a través de la construcción de hoteles, entretenimientos e infraestructura de transporte. Se logró un incremento del 60% en el número de turistas que visitó Nueva Zelanda, llegando a significar el turismo en forma directa un 4,7% del PBI en 1997. Si bien esta no es una actividad de exportación, es equivalente desde el punto de vista del ingreso nacional, ya que a través del consumo de los extranjeros el país receptor se apropia de parte de los excedentes generados en el país de origen.

La fuerte intervención del Estado en el crecimiento y la distribución entre las clases sociales logró el objetivo de relanzar la acumulación del capital, sacando al país de la crisis que se extendió por más de una década en su fase más aguda. Pero el crecimiento logrado en Nuevo Zelanda fue moderado, alto en el momentum posterior a la reforma o sea a principio de la década de los 90 disminuyendo luego. En total  la tasa promedio de incremento del PBI en la década fue de 2,7% anual, elevada en comparación a las décadas anteriores pero no con respecto a terceros países. El valor del PBI per cápita aumentó tan sólo 0,7% entre 1987 y 1998 debido a un fuerte crecimiento de la población (según OCDE la población creció a un ritmo del  1.1% anual hasta 1996, tasa sólo excedida por México), aunque debe tomarse en cuenta que el valor alcanzado en 2001 de US$ 19.000 per cápita es bajo en comparación con los países desarrollados pero alto para países de características similares a Nueva Zelanda.

Las razones para este moderado crecimiento se explican por dos hechos principales: el ahorro nacional que si bien creció se mantuvo en valores bajos si los comparamos con otras economías y las posibilidades de reinversión de esos excedentes.

En general el ahorro doméstico no ha sido suficiente para satisfacer la demanda total de inversiones en Nueva Zelanda, por lo que el gap lo ha debido llenar la inversión extranjera. Sin embargo ésta se ha visto acotada por los crecientes déficit en cuenta corriente que alcanzaron el 6.7% en 1999. La tasa de ahorro de Nueva Zelanda ha sido del 4% del PBI, lo que la ubica en los menores valores de los países de la OCDE. Las tasas de formación bruta de capital fijo y de inversión muestran valores más cercanos a la media de los otros países desarrollados, ha sido en promedio de un 22% y 8% del PBI respectivamente (lo que implica por habitante valores menores de inversión en valor absoluto.) Pero esto también implica que Nueva Zelanda no podía, por este factor, tener una tasa de crecimiento mayor a los otros países que le permitiera converger en alguna medida a sus valores de PBI per cápita.

La inversión extranjera que complementó la relativamente escasa inversión doméstica fue sustancial, una de los mayores de OCDE,  y se dirigió en buena parte a los servicios por lo que no potenció las condiciones exportadoras del país. Las empresas transnacionales que sí se dedicaron a la exportación se enfocaron a la explotación de los recursos naturales del país tales como alimentos, bebidas y forestación. Esto reforzó el perfil de inserción internacional de productor primario del país al tiempo que no desarrolló en forma importante las actividades manufactureras, fuentes de valor y crecimiento sostenible.

Nueva Zelanda creció sobre la base de sus sectores tradicionales (con excepción de un par de sectores nuevos): el Estado facilitó la acumulación de capital en la forma descripta pero no desarrolló sectores nuevos, mediante las políticas adecuadas de búsqueda, formación de clusters, incentivos y apoyo de infraestructura que permitieran invertir con rentabilidad. Nueva Zelanda logró salir de la larga fase de recesión en que se encontraba en los 70 y 80, las oportunidades desarrolladas en distintos sectores de la economía (especialmente primaria) le permitió alcanzar un crecimiento moderado. Pero no resultó suficiente para generar tasas de crecimiento que le permitieran converger hacia los países desarrollados con los que hace unas décadas se encontraba en similares condiciones de riqueza.

 

 3         La experiencia irlandesa

Desde finales del siglo XV, en que fue conquistada por sus vecinos ingleses luego de varios siglos de luchas e intervenciones armadas, la católica Irlanda estuvo subordinada a la protestante Inglaterra. En 1921 Irlanda lograba su independencia luego del trágico “Levantamiento de Pascua” ocurrido dos años antes, debiendo resignarse a la pérdida del Ulster de mayoría protestante.

En la actualidad 3,8 millones de habitantes pueblan los 70.000 km2 de territorio de esta nación cuyos orígenes se remontan a los antiguos guerreros celtas.

Irlanda siempre ha sido un país eminentemente agrícola, con exportaciones de productos primarios alimenticios, subdesarrollado con alta dependencia de la economía británica y con un bajo nivel de vida. Cuando se produjo la masiva migración de europeos a Estados Unidos, la corriente irlandesa fue de las más significativas. La influencia que ejerce en la actualidad esta colonia en los Estados Unidos le ha valido a Irlanda tener un fuerte aliado cuando ha llegado el momento de salir de su larga etapa agrícola.

Luego de su independencia, en la década del 30 Irlanda desarrolló un modelo de sustitución de importaciones que promovió el crecimiento de la industria interna basada en bienes de consumo y productos de baja tecnología. Al paso del tiempo, la dependencia de la importación de materias primas y productos semi manufacturados más las condiciones internacionales llevaron a Irlanda a una crisis severa, que motivó el cambio hacia una política de apertura comercial con énfasis en la exportación a partir de 1958.

En 1973 Irlanda entró a formar parte de la Comunidad Económica Europea, un hecho clave para entender su historia posterior.

A partir de 1975, como consecuencia de su estructura económica y del shock del petróleo, el país se sumergió en una profunda crisis: tuvo el mayor índice de inflación de Europa superando el 20%. En medio de intensos conflictos sociales que la recesión acrecentaba la tasa de desempleo sobrepasó el 15% al final de la década de los 80, el déficit fiscal fue equivalente al 6% del PBI  y el balance en cuenta corriente de –8.2%, la deuda pública equivalía al 130% del PNB.

El momento del cambio llegó en 1987 con la implementación del “Plan de Desarrollo Nacional”  para el período 1988 – 1993 que logró un fuerte crecimiento económico. A partir de 1993 nuevas medidas propulsaron el crecimiento hasta el 6,5% en 1994, lográndose un promedio de 5,4% anual entre 1987 y 1996 y aún hoy ( 2001, dato más reciente) se mantiene en el 4.1%. El motor de ese crecimiento ha sido la industria, responsable en la actualidad del 40% del PBI y del 75% de las exportaciones , exportaciones que a su vez alcanzan a la enorme proporción del 80% del PBI. Concomitantemente el peso de la exportación de productos agropecuarios cayó desde el 32.2% del PBI en el período 1976-196 hasta el 19.8% en 1995 y hoy sólo representan el 6% del PBI. El producto per capita alcanzó los 23.000 dólares en el año 2001, el desempleo cayó por debajo del 5%.

¿Cuáles fueron entonces las políticas que posibilitaron estos resultados? ¿Cuál fue el rol del Estado en la recuperación de la acumulación de capital? Observemos que, a diferencia de los casos estudiados de Chile y Nueva Zelanda, la actuación del Estado no se oculta a través de etiquetas ideológicas sino que es explicitada en políticas de crecimiento activas transformadas en un plan de acción. Y que la acción del Estado se soportó en un programa de cooperación, inversión social y transferencias por lo que ha sido a veces denominado “un caso de capitalismo exitoso con un rostro humano” aunque no por ello exento de críticas .

En primer lugar aumentó la tasa de obtención de excedentes generados por los trabajadores pero no por la vía de la reducción directa de los salarios, como ocurrió en otras experiencias, sino de mantener el salario real de los trabajadores  aunque sin compartir con ellos las importantes ganancias de productividad (excepto y sólo parcialmente en lo referido a los beneficios sociales), disminuyendo por lo tanto el peso de los salarios en el producto. Como contracara, la porción de beneficios brutos de la industria (incluyendo transporte y comunicaciones) creció desde el 45.1% en 1987 al 57.7% en 1995. Esta política laboral se implantó de manera negociada: el programa para la competitividad y el empleo firmado en 1994 estipuló límites a la subida de los salarios por 3 años (luego fue renovado en 3 sucesivas ocasiones, no sin fuertes disputas debido a la exigencia de los sindicatos de que se cumpliera lo acordado y de participar en mayor medida de los frutos del crecimiento económico) a la vez que propiciaba un incremento del empleo y comprometía al Gobierno a incrementar los gastos en salud, educación y vivienda.

A pesar de este incremento en las partidas destinadas al bienestar, menor a lo inicialmente comprometido, la reducción de gastos por recortes en los salarios de los empleados públicos y la reducción del beneficio de seguro de desempleo por disminución de la tasa de reemplazo, del plazo de cobertura y restricciones a la elegibilidad, más la expansión de los ingresos disminuyó el peso relativo de los gastos públicos a la vez que redujo sustancialmente el déficit fiscal hasta lograr el superávit en 1996, a pesar de y para posibilitar las vastas exenciones de impuestos al capital que describiremos más abajo. De esta forma el Estado irlandés disminuyó la relación del gasto público con respecto al PBI hasta el 33,2% sustancialmente menor al 46% de los países de OCDE.

Paralelamente la privatización de empresas públicas y la desregulación de sectores estratégicos de la economía, hechos que cobraron fuerza a partir de 1998,  logró el múltiple efecto de disminuir el peso de la deuda pública, entregar al capital privado sectores de la economía que podían ser rentables, disminuir costos para los sectores exportadores y fomentar la inversión. Entre las privatizaciones más importantes realizadas y a realizar cabe mencionar la línea aérea Air Lingus, la distribuidora de energía eléctrica ESB y la distribuidora del gas natural. Las desregulaciones se efectuaron en el sector energético y las telecomunicaciones.

La devaluación de 1993, disminuyendo los costos salariales en moneda extranjera, la congelación de los salarios reales y la reducción del gasto público, permitieron el aumento de la generación de excedentes y liberaron una mayor proporción de los mismos para el ahorro y la inversión. La tasa de ahorro subió 6 puntos a partir de 1987, llegando a un máximo del 23% del PBI en 1991 y estabilizándose en un alto 20% a partir de allí

Los bajos costos salariales en comparación con los de la Unión Europea fueron claves para la  promoción de las exportaciones y el arribo de capitales destinado a inversiones directas, hechos no separables uno de otro ya que el objetivo de las empresas transnacionales norteamericanas (observemos como las afinidades surgidas debido a la vasta emigración irlandesa a USA durante varias décadas influyen en esta materia) y europeas (aquí cabe destacar la cercanía geográfica y cultural) fue el de proveer a la actual Unión Europea, de la que Irlanda forma parte, de productos manufacturados.  La inversión extranjera alcanzó el 3% del PBI en los años 90, en el orden de los 2.300 millones de dólares anuales, incentivadas por la reducción de las tasas impositivas para las sociedades que produjeran bienes dedicados a la exportación (se fijó un 10%), las reducidas cotizaciones a la Seguridad Social (muy por debajo de la media europea)  y la creación de una zona libre de impuestos en Shannon, sin olvidarnos de las exenciones del importante centro financiero de Dublín. Pero además a los enormes incentivos fiscales se agregaron la provisión de sitios para oficinas y edificios y hasta la construcción de las mismas. El objetivo fue lograr que las empresas extranjeras se instalaran en el país por sí mismas y no a través de la compra de empresas locales.

La fuerte intervención del Estado para atraer inversiones en manufactura no terminó allí: la política industrial se orientó a desarrollar sectores de alta tecnología aprovechando el excelente nivel de educación de una población joven con gran presencia  laboral femenina y la buena infraestructura de comunicaciones con que contaba el país. Entre otra medidas, se subvencionaron el entrenamiento a los empleados (el aporte del Estado para este fin alcanzó el 1,8% del PBI, un verdadero récord mundial que duplicó el promedio de los montos destinados a tal fin por los países de la OCDE), la investigación y el desarrollo (se dedica en el Programa Nacional de Desarrollo 200-2006 un monto anual de 2.500 millones de dólares equivalentes al 3% del PBI) y los servicios a las empresas tales como estudios de mercados, información de negocios y estudios de factibilidad (“IDA Ireland” y “Enterprise Ireland”.) Además y como soporte al proceso de acumulación de capital y crecimiento, el Estado mantuvo la continuidad de la inversión en infraestructura física y expandió dramáticamente el sistema educacional.

La estrategia de expansión de las exportaciones de manufacturas, basada en gran parte en productos con alto valor agregado, permitió desarrollar sectores rentables donde invertir el ahorro interno más las inversiones extranjeras de empresas transnacionales. La inversión en capital fijo bruta promedió el 19%  del PBI entre 1985 y 1995, en 1997 era el 21.5%.

La ya comentada presencia de empresas transnacionales en esta estrategia de desarrollo se visualiza por el apabullante dato de que a ellas se debe el 95% del crecimiento de las exportaciones industriales de Irlanda y al menos el 75% del crecimiento de las exportaciones totales.

Irlanda fue exitosa en atraer una gran cantidad de empresas similares, relacionadas y complementarias, con activos canales de comercialización externos y programas de investigación y desarrollo propios, logrando formar aglomeraciones o “clusters” en los sectores de la computación, ingeniería de instrumentos, farmacéutica y química.

La industria química fue el sector de mayor crecimiento en el período 1991-99 aumentando sus exportaciones en un factor de 6, el conjunto de productos relacionados (químicos orgánicos,  productos farmacéuticos y médicos, materiales químicos) fue responsable del 35% de las exportaciones totales del país en el año 2001 (90 mil millones de dólares), convirtiendo a Irlanda en uno de los mayores exportadores del mundo de productos de química fina y farmacéuticos. Le siguió en importancia en cuanto a crecimiento el sector de equipamiento óptico y electrónico, que incluye la manufactura de computadoras y componentes: quintuplicó sus exportaciones en la misma década y representó el 42% de las exportaciones.

El mercado de estas empresas de alta tecnología fue básicamente la Unión Europea, 61% de las exportaciones totales del 2001 (20% a Gran Bretaña y 41% al resto de los países, principalmente Alemania, Holanda y Bélgica), lo que da cuenta de la importancia de la cercanía geográfica. En segundo y más lejano lugar se situó Estados Unidos con el 16% del total exportado, con valores menores al 3% se situaron Japón y Suiza.

Los resultados de estas políticas mostraron una nueva y distinta inserción de Irlanda en la división internacional del trabajo: las exportaciones crecieron a un ritmo del 15.5% entre 1991 y 1999 para luego superar los 90.000 millones de dólares, de acuerdo al Banco Mundial el 47,5% de los bienes manufacturados exportados en al año 2001 eran de alta tecnología.

 

 

 

 

 

Aghion, P.; Howitt, P., “Endogenous Growth Theory”,  2nd print, The MIT Press, Cambridge, USA; 1998.

Aguiar, L.F.; “The Stability Properties of Goodwin’s Growth Cycle Model”; NIPE WP 10; Universidade do Minho, Portugal; 2001. www.eeg.uminho.pt/economia/nipe

Aguiar, L.F.; “The Adequacy of the Traditional Econometric Approach to Nonlinear Cycles”; Universidade do Minho, Portugal; 2001. www.eeg.uminho.pt/economia/nipe

Allen, K.; “Corporatising Public Life – Social Partnership, PPPs and the Corporate Erosion of the Public Sphere”; University College Dublin; Ireland; April 2002. http://www.ucd.ie/~sai/allenplenary.PDF

Alsina Oliva, R.; “Estado de Bienestar y competitividad económica”, Conferencia del Master en Comercio y Finanzas Internacionales, Universidad de Barcelona, 1999.  www.comercioexteriorub.com

ANZ Banking Group; “New Zealand country report 2001/2002”; www.anz.com/nz/tools

Amin, S.; “Crisis Económica”; Diccionario Crítico de Ciencias Sociales, Universidad Complutense de Madrid; 2002. www.ucm.es/info/eurotheo

Arestis, P.; Sawyer, M.; “The Macroeconomics of Industrial Strategy”; University of East London and University of Leeds; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 238, june 1998.  www.levy.org/docs/

Banco Central del Uruguay, Informe sobre el Uruguay, Revista de Economía Vol. V No 2, Noviembre 1998.        www.bcu.gub.uy

Barro, R.J.; “Determinants of Economic Growth: A Cross-Country Empirical Study”; The MIT Press, Cambridge, Massachusets; 1997.

Basu, S.; Taylor,A.; “Business Cycles in international historical perspectives”; National Bureau of Economic Research, USA,Working Paper 7090, April 1999. www.nber.org/papers/

Basu, S.; Weil, D.N.; “Appropiate techonology and growth”; National Bureau of Economic Research, USA, Working Paper 5865, December 1996. www.nber.org/papers/

Berry, B. J. L.; “Long wave rhythms in economic development and political beahvior”; The Jhons Hopkins University Press, London; 1991.

Bertino, M.; Millot, J.; “Historia Económica del Uruguay”, Fundación de Cultura Universitaria, Uruguay, 1991.

Bertino, M.; Millot, J.; “Historia Económica del Uruguay. Tomo II: 1860 -1910”, Fundación de Cultura Universitaria, Uruguay, 1996.

Bértola, L.; “Ensayos de historia económica, Uruguay y la región en la economía mundial 1870-1990”; Ediciones Trilce, Montevideo, Uruguay; 2000.

Bloomfield, L.P.; “Global Markets and National Interest: the new geopolitic of energy, capital and information”; The CSIS Press, Washington, D.C.; 2002.

Boetzelen, P.; “El "modelo" Chile y sus perspectivas de desarrollo”; Agosto 1998. http://tiss.zdv.uni-tuebingen.de/webroot/sp/barrios/themeC2b.html

Box, S.; “The Irish Economy: lessons for New Zealand?”; New Zealand Working Paper, 1998. Frame, D.; “Finland and New Zealand: A Cross Country comparison of economic performance”; New Zealand Working Paper; 2000. www.treasury.govt.nz/workingpapers/2000/twp00-1.pdf

Brash, D. T.; “New Zealand's economic reforms: A model for change?”; Reserve Bank of New Zealand; June 1998 www.rbnz.govt.nz/speeches/

Brian, M.H.; “Indicadores del sistema nacional de Chile”; IV Taller Iberoamericano de Indicadores de Ciencia y Tecnología, México, 1999.

www.ricyt.edu.ar

Canadian Centre for Polcy Alternatives; “Ireland Not the Neoliberal Miracle Some Claim”; May 2000. www.policyalternatives.ca/mb

Canton, E.; “Business cycles in a two-sector model of endogenous growth”; Tilburg University, Center for Economic Research; December 1996 http://center.kub.nl/

Carrera Troyano, M.; Casado Francisco, M.; “Nivel de desarrollo y composición del comercio: el contenido tecnológico de las exportaciones”; Documentos de Trabajo, Universidad Complutense de Madrid; 2000. www.ucm.es/BUCM/cee/iaif

Claus, I.; Scobie, G.; “Saving in New Zealand: measurement and trends”; New Zealand Treasury Working Paper 02/02; New Zealand; 2002. www.treasury.govt.nz/workingpapers

Cashin, P.; McDermott, C.J,; Scott, A.; “Booms and Slumps in World Commodity Prices”, Reserve Bank of New Zealand, December 1999. www.imf.org/external/pubs/ft/wp/1999/wp99155.pdf

Cashin, P.; McDermott, C.J.; “The long run behavior of commodity prices: small trends and big variability”; IMF Staff Papers, Vol 49, No. 2; 2002.

www.imf.org/external/pubs/ft/wp/2002/wp0249.pdf

Cialdini R., Kenrick D.T., Neuberg S.L.; “Social Psychology, Unraveling the mystery”; Allyn and Bacon, 2nd Edition, USA, 2001.

Daude, C; Lorenzo, F; Noya, N, “Tipo de cambio reales bilaterales y volatilidad: La experiencia uruguaya con los socios del MERCOSUR”, Ponencia en las XVI Jornadas Anuales de Economía, Montevideo, Noviembre 2000, www.bcu.gub.uy

De Bruin, A.; “Transformation of the welfare state in New Zealand”; Department of Commerce; Massey University at Albany, Auckland; WORKING PAPER SERIES No. 99.11; New Zealand, 1999.  http://college-of-business.massey.ac.nz/commerce/9911.pdf

De Gregorio, J.; “Liberalización Comercial, Empleo y Desigualdad en Chile”; Centro de Economía Aplicada, Universidad de Chile; Abril 2001. http://www.undp.org/rblac/liberalization/docs/chile.pdf

DeJong, D.N.; Ingram, B.F.; Whiteman, C.H.; “Keynes vs Prescott and Solow: identigying sources of business cycle fluctuactions”; Iowa macroeconmics Workshop, USA, March 1995. http://econwpa.wustl.edu:8089/eps/mac/papers

De Paula, J.A.; Da Gama Cerqueira; H.E.A.; Da Motta e Alburquerque; E.; “Finance and industry evolution: Introductory notes on a key relationship for the capitalist accumulation”; Cedeplar, Universidade Federal de Minas Gerais, Brazil; Aug 2002.  www.cedeplar.ufmg.br/pesquisas

Díaz Calleja, E; Guerrero, D.; “Estado del bienestar y redistribución de la renta nacional en España desde la transición”; Documento de Trabajo, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad Complutense de Madrid; 1998. www.ucm.es/BUCM/cee/doc

Dobb, M.; “El valor y la distribución desde Adam Smith”; Siglo Veintiuno Editores; Buenos Aires, Argentina; 1998.

Dobb, M.; “El capitalismo”; 1967. Extraído de www.eumed.net

Duménil, G.; Lévy, D.; “The classical-marxian evolutionay model of technical change: application to historical tendencies”; MODEM-CNRS and CEPREMAP-CNRS, France, September 1999.  www.cepremap.cnrs.fr/~levy/

Duménil, G.; Lévy, D.; “The three dynamics of the third volume of Marx capital”; MODEM-CNRS and CEPREMAP-CNRS, France, February 1999.               www.cepremap.cnrs.fr/~levy/

Duménil, G.; Lévy, D.; “Periodizing capitalism. Technology, institutions and relations of production”; MODEM-CNRS and CEPREMAP-CNRS, France; October 2001.                www.cepremap.cnrs.fr/~levy/

Durlauf, S.; Quah ,D.; “The new empirics of economic growth”; National Bureau of Economic Research, USA, Working Paper 6422, February 1998. www.nber.org/papers/

Elías, A, “Una aproximación a la relación entre instituciones y resultados económicos: Uruguay (1985-1998)”, Ponencia en las XV Jornadas Anuales de Economía, Montevideo, Noviembre 1999,            www.bcu.gub.uy

Edwards, S.; “Real exchange rates, devaluation and adjustment. Exchange Rate Policy in Developing Countries”, The MIT Press, Cambridge, USA; 1989

Eltis, W.; “The Classical Theory of Economic Growth”; 2nd edition, St. Martin's Press, USA; December 2000.

Erias Rey, A.; Sánchez Santos, J.M.; “Política Monetaria y Política Fiscal”; Ediciones Pirámide, Madrid, España; 1998.

Fausto, B.; “Brasil, de colonia a democracia”; Alianza Editorial S.A., Madrid, España; 1995.

Fernández Castro, R; “El Plan de Estabilización de 1990”, Revista de Economía del BCU, Vol. IV No 2,  Noviembre 1999, Pág. 187 a 196. www.bcu.gub.uy

Ferrer, A.; “La economía argentina”; Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, Argentina, 1973.

Foley, D.K.; Michl, T.R.; “Growth and distribution”;  Harvard University Press; Cambridge, USA; 1999.

Foley, D.K.; “Notes on the Theoretical Foundations of Political Economy”, 1999.

Foley D.K., Marquetti, A.; “Economic Growth from a Classical Perspective” Barnard College, Columbia University,USA,  Seminario Internacional: “Nuevas direcciones en el pensamiento crítico”, Mayo 1999. www.ucm.es/info/bas/ec/textos/

Foreman-Peck, J.; “Historia económica mundial”, 2a Ed.,Prentice Hall, España, 1995.

Frame, D.; “Finland and New Zealand: A Cross Country comparison of economic perfomance”; New Zealand Working Paper; 2000. www.treasury.govt.nz/workingpapers/2000/twp00-1.pdf

Freeman, A.; “Crisis and the poverty of Nations: two market products which value explains better”; University of Greenwich, Reino Unido, Junio 2000. www.greenwich.ac.uk/~fa03

Freeman, A.; “Ernest Mandel’s contribution to economic dynamics”; University of Greenwich, Reino Unido, November 1996. www.greenwich.ac.uk/~fa03

Freeman, A.; “An endogenous profit rate cycle”; University of Greenwich, Reino Unido, 1998.  www.greenwich.ac.uk/~fa03

Galor, O.; Moav, O.; “Das Human Kapital”; Hebrew University, Israel; January 2001; Michigan State University, International Business Resources on the Web http://globaledge.msu.edu/ibrd

Galor, O.; Moav, M.; “Natural Selection and the Origin of Economic Growth”, Brown University and Hebrew University; August 2000. http://netec.mcc.ac.uk/WoPEc/data/Papers/

Galt, D.; “New Zealand’s Economic Growth”; Treasury Working Paper 00/09; New Zealand, 2000. http://www.treasury.govt.nz/workingpapers/

Geroski, P.; Gilbert, R.J.; Jacquemin, A.; “Barriers to Entry and Strategic Competition”; Harwood Academic Publishers; Suiza; 1990.

Glyn, A.; “Labour Market Success and Labour Market Reform: Lessons from Ireland and New Zealand”; CEPA Working Paper 2002-03; Center for Economic Policy Analysis, New School University; USA; January 2002.

www.newschool.edu/cepa

González Laurino, C.; “La construcción de la identidad uruguaya”; Ed. Santillana, Universidad Católica del Uruguay, Montevideo, Uruguay; 2001.

Grompone, J.A.; “Las leyes de El capital”; Ediciones de la banda Oriental, Montevideo, Uruguay; 1973.

Grompone, J.A.; “La danza de Shiva”; Ed. La Flor de Itapebí; Montevideo, Uruguay; 2001.

Guerrero, D., “Historia del pensamiento económico hetedoroxo”, 1997, Ed. Trotta, Madrid, España.

Guerrero, D.; “Las políticas de competitividad industrial: límites y perspectivas”; Departamento de Economía Aplicada V, Universidad Complutense de Madrid, España; 1995. http://pc1406.cps.ucm.es/Articulos

Guerrero, D.; “Los fundamentos de la política industrial: cambio técnico y estrategia empresarial”; Departamento de Economía Aplicada V, Universidad Complutense de Madrid, España; 1995. http://pc1406.cps.ucm.es/Articulos

Hadass, Y.; Williamson, J.G.; “Terms of trade shocks and economic performance 1870-1940: Prebisch and Singer revisited”; National Bureau of Economic Research, USA, Working Paper 8188, March 2001. www.nber.org/papers/

Ha-Joon Chang; “Kicking Away the Ladder: Development Strategy in Historical Perspective”; Anthem Press, World Economics Series; London; 2002.

Halevi, J.; “The evolution of Growth Theory: from classical dynamics to vertical integration”; University of Sidney, Australia; 2nd Conference of the European Society for the History of Economic Thought, February 1998, Bologna, Italy. http://netec.mcc.ac.uk/WoPEc/data/Papers//wopsyecwp9801.html

Harribey, J.M.; “La financiarisation de l’économie et la création de valeur”; Centre dÉconomie du Développement (CED), Université Montesquieu Bordeaux IV; Marzo 2001. http://netec.mcc.ac.uk/WoPEc/data/Papers/monceddtr58.html

Harribey, J.M.; “Valeur, prix de (re)production et développement économique”; Centre dÉconomie du Développement (CED), Université Montesquieu Bordeaux IV; Marzo 2001. http://netec.mcc.ac.uk/WoPEc/data/Papers/monceddtr58.html

Heilbroner, R.; “The nature and logic of capitalism”; W.W. Norton & Company; USA; September 1986.

Heilbroner,R.; Milberg, W.; “La evolución de la sociedad económica”;  Editorial Prentice Hall, Madrid, España; 1999.

Hobsbawm, E.; “La era del imperio: 1875-1914”, Ed. Crítica, Buenos Aires, Argentina; 1998.

Hobsbawm, E.; “Historia del Siglo XX”; Ed. Crítica, Buenos Aires, Argentina; 1998.

Howard, M.C.; King,J.E.; “The political economy of Marx”; New York University Press, 2nd Edition, September 1988.

Humphries, M.; “The Political Economy of Organisational Discourse and Control in New Zealand's Liberalised Economy”; Symposium on: "The New Zealand Experiment: A World Model for Structural Adjustment”, by Jane Kelsey; June 1996. http://www.mngt.waikato.ac.nz/depts/sml/journal/indexv11/sympos.htm

Hunt, E. K.; “History of Economic Thought. A critical perspective”; M. E. Sharpe Inc.; London, England; Updated 2nd. Edition, 2002.

International Monetary Fund; “New Zealand: country report”; Nº00/139; October 2000. www.imf.org/external/pubs

Instituto de Economía, Autores varios; “El proceso económico del Uruguay. Contribución al estudio de su evolución y perspectivas”; 2a. Ed.; Universidad de la República, Montevideo, Uruguay; 1971.

Instituto de Economía, Autores varios; “El Uruguay del Siglo XX. La Economía”; Ediciones de la Banda Oriental, Universidad de la República, Montevideo, Uruguay; 2001.

Instituto de Economía, “Informe de Coyuntura: Uruguay 2001-2002”, Facultad de Ciencias Económicas y Administración, Universidad de la República, Uruguay. Marzo/2002.

Jacob, R.; “Más allá de Montevideo: los caminos del dinero”; Ed. Arpoador, Montevideo, 1996.

Jones, Ch.; “Was an industrial revolution inevitable? Economic Growth over the very long run”; National Bureau of Economic Research, USA,Working Paper 7375, October 1999. www.nber.org/papers/

Kasper, W.; “New Zealand Economic Growth: On the Road to Helsinki or Hobart?”;  New Zealand Economic Association Annual Meeting, 27 June, 2002. http://www.cis.org.au/Events/CISlectures/occasional/Kasper270602.htm

Katz, J; “Cambios estructurales y productividad en la industria latino americana 1970-1996”; Revista CEPAL Nº71, Agosto 2000, Pág. 70-73 www.eclac.org

Katz, J; “Pasado y presente del comportamiento tecnológico en América latina”, CEPAL, Serie Desarrollo Productivo Nº 75, Santiago de Chile, Julio 2000,  www.eclac.org

Keen, S.; “The Nonlinear Dynamics of Debt Inflation”; The University of Western Sydney Macarthur, Australia; July 1998. http://life.csu.edu.au/complex/ci/vol6

Kliman, A.J.; “Debt, Economic Crisis and the Tendential Fall in the Profit Rate: A temporal perspective”; Pace University, Nueva York, USA,  Seminario Internacional: “Nuevas direcciones en el pensamiento crítico”, Mayo 1999. www.ucm.es/info/bas/ec/textos/

Kitbritcioglu, A.; “On the Smithian origins of “new”trade and growth theories”; University of Illinois and Ankara University; May 20002. www.economicsbulletin.com/2002/volume2

Kirby P.; “The Celtic Tiger in Distress: Growth With Inequality in Ireland”; Palgrave Macmillan; USA; 2002.

Kroes, R.; “Circuit, measurement and velocity of value, permanent problematic and recurrent crises of its accumulation”; Université de Maine la Ville, France, 1999. www.greenwich.ac.uk/~fa03

Kurz, H.D.; Salvadori, N.; “Theory of Production. A Long-Period Analysis”, Cambridge University Press, 1995.

Kurz, H.D.; Salvadori, N.; “The “New” Growth Theory: Old Wine in New Goatskins”; University of Colorado, USA; March 1998. http://csf.colorado.edu

Lazonick, W.; “Business organization and the myth of the market economy”; Cambridge University Press, USA, 1991.

MacMurtrie, A.;“The Politics of Profit: Development and Political Power in New Zealand and Chile”; Development Studies, University of Auckland, New Zealand; 2000. http://www.devnet.org.nz/conf/Papers/Mcmurtrie.pdf

Mandel, E.; “El Capital. Cien años de controversia en torno a la obra de Karl Marx”; Siglo XXI Editores, 2ª. Edición, México, 1998.

Maggi, C.; Messner, D.; “Chile: un caso modelo? Desafío en los umbrales del siglo XXI”; INEF, Universidad de Duisburg; 1999. www.meso-nrw.de/modelo.pdf

Marglin, S.; “Growth, Distribution and Prices”; Harvard Economic Studies Nº155; Cambridge, USA; 1984.

Martínez Peinado, J.; Vidal Villa, J.M.; “Economía Mundial”; Ed. Mc Graw Hill, España; 2a Edición, 2001.

Marx, Karl (Engels, Fiedrich); “El capital. Crítica de la economía política”; Siglo XXI Editores, 3 tomos, 8 volúmenes, 8a Edición en español, México 1997.

Miller, M.; “Sovereign Debt Reestructuring: New Articles, New Contracts or No Change?”; Institute for International Economics, Number PB 02-3;  USA; April 2002. www.iie.com

Moral Santín, J.A.; “La acumulación del capital y sus crisis”, Akal Universitaria, España, 1986.

Moral Santín, J. A.; Román, M.; “Demanda efectiva, competencia y crédito. Ensayos sobre economía postkeynesiana”, Editorial Trotta, España; 1994.

Mordecki, G., “Uruguayan trade and the real exchange rate-VAR analysis 1990-1998”, Jornadas Nacionales de Economía, Montevideo; Noviembre/2000. www.bcu.gub.uy

Moudud, J.; “Finance and the Macroeconomic Process in a classical Growth and cycle Model”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 253, October 1998.  www.levy.org/docs/

Moudud, J.; Zacharias, A.; “The Social Wage, Welfare policy, and the Phases of Capital Accumulation”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 291, December 1999.  www.levy.org/docs/

Moudud, J.; “Crowding In or Crowding Out? A classical – harrodian Perspective”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº “315, October 2000.  www.levy.org/docs/

Moudud, J.; “Harrod vs Thirwall: A Reassesment for Export-Led Growth”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº “316, October 2000.  www.levy.org/docs/

Muñoz Cidad, C., “Estructura Económica Internacional”, 1996, 2a Edición, Editorial Civitas, Madrid, España.

Murray, R.; “Ireland Report: A study of Ireland’s National Development Plan”; Scottish Executive Economist Group; Edinburgh, Scotland; February 2002. http://www.scotland.gov.uk/library5/government/ire_report.pdf

Naciones Unidas, “Esquema de Estrategias para el Desarrollo Agrícola Nacional” en “Uruguay: Perfil del país 1998”. www.onunet.org.uy

Narula, R.; Sadowski, B.; “Technological catch-up and strategic techonology partnering in developing countries”; MERIT, University of Maastricht, Netherlands; Summer 1998. http://meritbbs.rulimburg.nl/rmpdf

North, D.C.; “Some fundamental puzzles in economic history/development”; Washington University, St. Louis, USA; September 1995

http://econwpa.wustl.edu:8089/eps/eh/papers/9509/9509001.html

North, D.C.; “The paradox of the west”; Washington University, St. Louis, USA; September 1993. http://econwpa.wustl.edu:8089/eps/eh/papers/9309/9309005.pdf

OCDE; “Government reform: of roles and functions of Government and public administration” New Zealand - Country Paper; 2001. http://www.oecd.org/pdf/M00023000/M00023820.pdf

Organización de Estados Americanos / CIDI, “Estudio comparado de las políticas públicas de ciencia, tecnología e innovación en los países del MERCOSUR”, Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, Universidad Nacional de Quilmes, Argentina, 2000             www.unq.edu.ar/iec

Olesker, D.; “Crecimiento y exclusión”; Ediciones Trilce, Montevideo, Uruguay; 2001.

Pampillón Olmedo, R.; “Análisis económico de países. Teoría y casos de política económica”; 2a. edición, Mc Graw Hill, Madrid, 1999.

Pereira, G.; "Desafíos del desarrollo económico", Facultad de Agronomía/Editorial Hemisferio Sur, 1993.

Pérez Moreno, S.; “Relaciones entre distribución de la renta y crecimiento económico en la historia del pensamiento económico”; Universidad de Málaga, España.

http://www.eumed.net/cursecon/colaboraciones/index.htm

Petith, H.; “Capital Accumulation, the Organic Composition of Capital, the Rate of Profit and the Rate of Exploitation in a Provisional Marxian Model”, Universidad Autónoma de Barcelona, España, Octubre 1997. www.uab.es

Philpott, B.; “New Zealand structural policies: Outcomes for the last fifteen years and new directions for the next”; Victoria University of Wellington; New Zealand; September 1999. http://library.psa.org.nz/collection/

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “Vietnam ‘s Industrial Strategy in light of its WTO accesion process”, 2000. http://www.undp.org.vn/projects/vie95024/industry.pdf

Radelet, S.; “Manufactured Exports, Export Platforms, and Economic Growth”; Consulting Assistance on Economic Reform (CAER II), Harvard Institute for International Development; November 1999. www.cid.harvard.edu/caer2/htm/content/papers/

Rapoport, M.; Cervo, A. L.; “El Cono Sur, Una historia común”; Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires; 2001.

Rebolledo, A.; “Historia y desafíos de la política comercial chilena, 1974-1994”; Documento de Trabajo, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad Complutense de Madrid; 2000. www.ucm.es/BUCM/cee/doc

Reiner, E; “The role of the state in economic growth”, Journal of economic Studies Vol. 26 No 4/5, 1999. www.emerald-library.com

Romer, D.; “Advanced Macroeconomics”; 2nd edition McGraw-Hill Higher Education; December 2000.

Roper, S.; Love, J. H.; “The Determinants of Export Performance: Panel Data Evidence for Irish Manufacturing Plants”; Aston Business School Research Institute, Aston University; United Kingdom, March 2002. http://research.abs.aston.ac.uk/working_papers/0204.pdf

Ruiz-Tamarit, J.R.; Ventura-Marco, M.; “The Reduction of Dimension in the Study of Economic Growth Models”; Universitat de Valencia, España, Michigan State University, International Business Resources on the Web; July 2001 http://globaledge.msu.edu/ibrd

Sala-i-Martin, X.; “Apuntes de Crecimiento Económico”, Antoni Bosch Editor, Madrid; 1994

Sala-i-Martin, X.; “15 Years of New Growth Economics: GAT Have We Learnt?”; Columbia University and Universitat Pompeu Fabra; June 2002. www.econ.upf.es/dechome/what/wpapers

Schick, A.; “Reflections on the New Zealand Model”; University of Maryland, Lectures on New Zealand Treasury, August 2001. www.treasury.govt.nz/academiclinkages/

Schneider, J.; Ziesemer, T.; “What’s New and What’s Old in New growth teory: Endogenous Technology, Microfoundation and Growth Rate Predictions – A Critical Overview”; MERIT, University of Maastricht, Netherlands; June 1996. http://meritbbs.rulimburg.nl/rmpdf

Schumpeter, J.A.; “10 Grandes Economistas: de Marx a Keynes”; Alianza Editorial, España, 1967.

Shaikh, A.M. “The Laws of International Exchange”; in “Growth, Profits and Property”, Edward J. Nell (ed.) Cambridge, Cambridge Cambridge University Press; 1980.  http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

Shaikh, A.M.; Tonak, E.A.; “Measuring the Wealth of Nations”; Cambridge University Press, USA, 1994.

Shaikh A., Antonopoulos R.; “Explaining Long Term Exchange Rates Beahavior in the United States and Japan”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 250, September 1998.  www.levy.org/docs/

Shaikh, A. M. ; “The empirical strength of the Labour Theory of Value”, in the Conference Procedings of Marxian Economics: A Centenary Appraisal,1998; Riccardo Bellofiore (ed.), Macmillan, London. http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

Shaikh A.; “Organic Composition of Capital”; The New Palgrave: A Dictionary of Economic Theory and Doctrine; 1986; John Eatwell, Murray Milgate, and Peter Newman (eds.), The Macmillan Press Ltd. http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

Shaikh, A.; “Wandering around the warranted path: dynamic nonlinear solutions to the Harrodian knife-edge”; in “Kaldor and Mainstream Economics: Confrontation or Convergence? (Festschrift for Nicolas Kaldor)”, Edward J. Nell and Willi Semmler; 1992; The Macmillan Press Ltd. http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

 Shaikh, A.; “Free Trade, Employment and economic Policy”; New School University, New York, USA; December 1995.  http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

 Shaikh, A.; “The Stock Market and the Corporate Sector: A Profit Based Approach”; New School University, New York, USA; August 1995.  http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

Shaikh, A.; “Explaining inflation and unemployment: an alternate to neoliberal economic theory”; New School for Social Research; “Conference on Contemporary Economic Theory”, October 1997. www.ucm.es/info/bas/ec/textos/

Shaikh A.; “Real Exchange rates and the International Mobility of Capital”; Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España,  Seminario Internacional: “Nuevas direcciones en el pensamiento crítico”, Febrero 1999. www.ucm.es/info/bas/ec/textos/

 Shaikh, A.; “Explaining the Global Economic Crisis”; New School University, New York, USA; December 1999. http://homepage.newschool.edu/~AShaikh/papers.html

SICE, Foreign Trade Information System; “Trade Policy Review Body: Review of Chile”; September 1997. http://www.sice.oas.org/ctyindex/wto/tprch62.asp

Stumpo, G. (ed); “Empresas Transnacionales. Procesos de reestructuración industrial y políticas económicas en América Latina”; CEPAL- Alianza Editorial; Buenos Aires; 1998.

Talavera, P, “El comercio exterior y las políticas comerciales en los países subdesarrollados”, Conferencia del Master en Comercio y Finanzas Internacionales, Universidad de Barcelona; 1999. www.comercioexteriorub.com

Terra, M.I. (1999), “Uruguay en el MERCOSUR: perspectivas del comercio intrarregional”, Revista de Economía del BCU Vol.VI No 2, Noviembre/99, Pág. 190 a 214. www.bcu.gub.uy

Thirlwall, A.P.; “The Nature of Economic Growth (An alternative framework for understanding the performance of Nations”; Edward Elgar Publishing, United Kingdom; 2002.

Tille, C.; Kei-Mu Yi; “Curbing Unemployment in Europe: Are There Lessons from Ireland and the Netherlands?”;  Federal Reserve Bank of New York; May 2001. www.ny.frb.org/rmaghome/curr_iss

Tugores, J, “Crecimiento y crisis en la economía globalizada”, Master en Comercio y Finanzas Internacionales, Octubre/99, Universidad de Barcelona www.comercioexteriorub.com

Veneziani, R.; “Structural Stability and Goodwin’s Growth Cycle, a Survey”; London School of Economics, UK; 2001. http://www.enteluigieinaudi.it/pdf/Pubblicazioni/Temi/T_24.pdf

Wade, R.H.; “Economic Growth And The Role Of Government: Or How To Stop New Zealand From Falling Out Of The OECD”; Knowledge Wave Conference; 1-3 August 2001; Auckland, New Zealand. http://www.nzei.org.nz/pdf/wade.pdf

Whelan, K.; “A Two-Sector Approach to Modeling US NIPA Data”; Federal Reserve Board, April 2001. http://www.federalreserve.gov/pubs/feds

Williamson, J.; “Is Brazil Next?”; Institute for International Economics, Number PB 02-7; USA; August 2002. www.iie.com

Wolff, E.N.; “What’s Behind the Recent Rise in Profitability?”; The Levy Economics Institute, Nueva York, USA, Working Paper Nº 297, December 1999.  www.levy.org/docs/

Yifu Lin, J.; “Development Strategy, Viability and Economic Convergence”, Peking University and Hong Kong University of Science and Technology; William Davidson Working Paper 409, USA; October 2001. www.wdi.bus.umich.edu/research/working_papers.htm

 

Notas ampliatorias

Capítulo III.1

 

  La importancia actual de la geopolítica, ahora extendida desde el acceso a las materias primas estratégicas a la tecnología de la información, es analizada desde el punto de vista de los intereses norteamericanos en Bloomfield (2002)

 

  Es también cierto que muchas de estas actividades que por susceptibles de generar ganancias pasan del estado a manos privadas, cuando en épocas de crisis generan pérdidas, son retomadas por Estado con lo que “las ganancias se capitalizan y las pérdidas se socializan”.

 

  Sala-I-Martín (1994, 2001), Barra (1997), Durlauf y Quah (1998)

 

  Rige la Ley de la ventaja absoluta, como bien han demostrado Shaikh y Antonopoulos (1998) y no la ley de las ventajas comparativas. Y se deben incluir en los menores costos los derivados de la “competitividad sistémica”cuyo efecto final es el de lograr un mayor valor de uso para el bien producido o menores costos en su producción. Para una discusión de “los otros factores de competitividad distintos a los costes”. Ver Guerrero (1995.)

 

  Para una discusión de los efectos económicos del Estado de Bienestar, ver Alsina Oliva (1999.)

 

  El caso es España, analizado por Díaz Calleja y Guerrero (1998)

 

Capítulo III.2

 

  Ha-joon Chang (2002) realiza un detallado racconto histórico de la evolución del proteccionismo de Inglaterra, Estados Unidos y otros países desarrollados.

 Por otra parte, cabe mencionar la opinión de Guerrero(1995) de que si todos los países siguen políticas activas de competitividad, a escala global el resultado es una transferencia de recursos del sector público al sector privado, enriqueciendo a grupos empresariales e incrementado sus beneficios. “Por tanto, es posible que la obsesión actual por la competitividad no sea sino un reflejo de las bajas tasas de crecimiento características del momento presente, pues es sabido que si el mercado global crece más lentamente la batalla competitiva se hace más aguda, y más encarnizada la rivalidad empresarial (y también, derivadamente, entre países), por lo que no es de extrañar que esta mayor presión competitiva haya terminado aflorando en la superficie ideológica del sistema en forma del mito de las ganancias de competitividad”

  No fue así en el comienzo del capitalismo donde la innovación era generada en las propias empresas. Pero el aumento de los costos de innovación debido al progreso tecnológico ha llevado que buena parte de esa tarea la realice el Estado y la otra parte un sector específico industrial que desarrolla y fabrica los medios de producción utilizados por todas las ramas industriales.

 

  No fue así en el comienzo del capitalismo donde la innovación era generada en las propias empresas. Pero el aumento de los costos de innovación debido al progreso tecnológico ha llevado que buena parte de esa tarea la realice el Estado y la otra parte un sector específico industrial que desarrolla y fabrica los medios de producción utilizados por todas las ramas industriales.

 

  Para una descripción y modelización de los procesos de innovación y selección de cambio tecnológico ver Dumenil y Levy  (1999)

 

  La ecuación (12) es conocida como Ley de Verdoorn. Para su presentación y discusión ver Thirlwall (2002.)

 

  Obsérvese que en ambos sectores se asume el mismo tiempo de depreciación , lo que simplifica el desarrollo del modelo y no es un apartamiento importante de la realidad.

 

  La controversia está descripta somera pero precisamente en Guerrero (1997), distintas discusiones se encuentran en Howard y King (1988), Freeman (2000.)

 

  El método no está exento de complejidades por lo cual remitimos nuevamente al lector a Kurz y Salvadori (1995) para un análisis amplio y exposición elegante del tema en forma matricial, presentando con mayor precisión los métodos de “reducción a la cantidad datada de trabajo”  y “coeficientes técnicos verticalmente integrados” como formas alternativas a la básica de describir una técnica de producción.

 

  En otro trabajo donde Shaikh demuestra la validez de la ley de valor laboral, el apartamiento de precios  reales y los precios determinados por la teoría de valor es menor al 7%. Citado en Guerrero (1997).

 

Capítulo III.3

 

  Ver por ejemplo Pampillón Olmedo (1999) para la descripción de varios casos de países.

 

  La relación entre exportación y crecimiento ha sido empíricamente exitosa en los últimos treinta años aún cuando se discuta la magnitud de la relación, los canales precisos por la cual opera y la dirección de causalidad. Radelet (1999) proporciona una lista no taxativa de casos exitosos.

 

  Cashin y McDermott (2002) realizaron un estudio de la evolución del los precios de los “commodities” entre 1862 y 1999 encontrando una tendencia decreciente leve del 1% anual sobre los 140 años analizados y, lo que es más grave para la estabilidad de los países proveedores de estos productos,  una gran variabilidad en los movimientos de los precios.

 

  Utilizamos como equivalentes los conceptos de “sistema nacional de innovación” y “sistema nacional de desarrollo científico y tecnológico”, como propone el diagnóstico sobre estas actividades en el Mercosur realizado por la OEA, entendiendo que la diferencia de nombre es debida  a una intención de énfasis en el proceso de desarrollo y difusión. Una discusión más profunda sobre ambos conceptos se encuentra en el “Informe Nacional sobre la República Federativa de Brasil”citado en la bibliografía.

 

Anexo Sección III

 

  La política comercial chilena ha sido objeto de múltiples ( y generalmente elogiosos) estudios. Una completa historia y análisis que comprende buena parte del período que nos ocupa se encuentra en Rebolledo (2000.)

 

  De Bruin (2001) presenta una clara tabla comparativa acerca de la situación del Estado de Bienestar en Nueva Zelanda, pre y post reforma.

 

  Box (1998) realiza un profundo estudio de la economía irlandesa en el período, como parte de los trabajos que el Gobierno de Nueva Zelanda realizó para encontrar las razones de su moderado crecimiento y de allí las medidas a implementar para impulsarlo.

 

  Véase Allen (2002) para una completa crítica desde el punto de vista de sus consecuencias sociales. Canadian Centre for Policy Alternatives (2000) da cuenta, no exento de un análisis crítico, del aspecto social de los cambios acaecidos. El detalle de la política laboral seguida y sus consecuencias se encuentran en Glyn (2002.)

 

 

 

Related Posts

Libros del 01 al 500 707761126918744625
- Navigation - Archive Status