© Libro No. 410. James Petras. Neoliberalismo, Efectos y
Acción Política Revolucionaria. Cuatro Escritos Reunidos. Gmm. Colección
Emancipación Obrera. Abril 27 de 2013.
Título
original: © James
Petras. NEOLIBERALISMO, EFECTOS Y ACCIÓN
POLÍTICA REVOLUCIONARIA. Cuatro escritos reunidos. GMM
Versión Original: © James Petras. NEOLIBERALISMO, EFECTOS Y ACCIÓN POLÍTICA REVOLUCIONARIA. Cuatro
escritos reunidos. GMM.
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©
Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
James
Petras
NEOLIBERALISMO,
EFECTOS Y ACCIÓN POLÍTICA REVOLUCIONARIA
Cuatro
escritos reunidos.
GMM
CONTENIDO
Notas Biográficas
·
Neoliberalismo
Y Vida Cotidiana
·
Apuntes
Para Comprender La Política Revolucionaria Actual
·
Acción
Directa De Clase Versus Política Electoral Populista
·
Los
Perversos Efectos Psicológicos Del Capitalismo Salvaje Neoliberalismo,
Resistencia Popular Y Salud Mental
NOTAS BIOGRÁFICAS
Un poco sobre James Petras:
Durante
la década de 60, y antes de licenciarse, James Petras (1937) fue militante de
los derechos humanos y líder estudiantil en la Universidad de Berkeley, Estados
Unidos. Se doctoró en Filosofía en la Universidad de California. Desde 1960 a
1973 enseñó y dirigió investigaciones en algunos países latinoamericanos,
especialmente en Chile, donde colaboró con el gobierno de Salvador Allende.
Luego del golpe de Estado de Augusto Pinochet, Petras fue miembro del Tribunal
Russel sobre la represión en América Latina, junto a Julio Cortázar y Gabriel
García Márquez.
En las
décadas del 70 y 80 participó activamente en el movimiento de derechos humanos
que combatió las torturas y desapariciones provocadas por las dictaduras
latinoamericanas, y escribió para renombrados periódicos de izquierda: Le Monde
Diplomatique, New Left Review, Monthly Review. Entre 1982 y 1984 fue director
del Instituto de Estudios Mediterráneos de Atenas. Petras también enseñó en la
Universidad de Pennsylvania y fue director del Proyecto de Estudio del
Desarrollo Latinoamericano en el Instituto de Administración Pública de la
misma universidad. Actualmente es profesor en la Universidad del Estado de
Nueva York en Binghamton.
Entre
los temas de toda su producción intelectual, especializada en la problemática
latinoamericana, se destacan sus reflexiones sobre el conflicto entre clases
sociales, el imperialismo, el Estado, la revolución, la transición a la
democracia, y otros. En la actualidad tres temas son los que ocupan su
atención: las rivalidades entre las distintas potencias imperialistas (Estados
Unidos, Japón y Europa), el repliegue de los intelectuales críticos durante la
década del 80, y las contradicciones del socialismo de mercado.
Sin
embargo, Petras vincula mucho estos temas al fenómeno del imperialismo. El
autor define al “estado imperial” (identificado sobre todo con Estados Unidos)
como el "que impone nuevas reglas que moldean el comportamiento de los
demás Estados". Ahora bien este "estado imperial" responde a las
demandas y los intereses de sus capitalistas que tratan de desplazar el capital
hacia el exterior a fin de realizar actividades lucrativas a nivel mundial. En
su libro, Globaloney, afirma que "de las 500 empresas más grandes del
mundo, vehículos de circulación de capitales como instrumento de la
globalización, el 49% son norteamericanas, el 37% son europeas y el 10% son
japonesas". En este sentido, el término "globalización" vendría
a ser un sustituto de "imperialismo": "el concepto de
globalización entró en la jerga periodística para describir el fenómeno de
expansión de capitales y de empresas norteamericanas, europeas y japonesas
conquistando espacios económicos"
Este
análisis está profundamente vinculado con un problema muy actual para los
países latinoamericanos: las políticas de ajuste estructural que se vienen
aplicando por recomendación de los organismos de crédito internacional (FMI y
Banco Mundial)
Según
el autor, las políticas del FMI, aunque aparentaran tratar con problemas
específicos, técnicos de la balanza de pagos de cada país, buscaban remodelar
la economía global: se centraron en el cambio del papel del Estado en la
economía y la expansión de las relaciones de mercado.
Petras
es terminante a la hora de analizar las consecuencias de la aplicación de esas
políticas: "Las elites locales e internacionales se han beneficiado mucho
del ajuste estructural. Las deudas privadas las ha asumido el Estado, los
bancos acreedores han recibido miles de millones, las organizaciones de las
clases trabajadoras han sido aplastadas o dramáticamente debilitadas mediante
la represión y las consecuencias económicas del ajuste. El ajuste estructural
sería una forma de lucha de clases con otro nombre, organizando un cambio
drástico en términos de poder de clases en beneficio de los ricos y
privilegiados".
http://www.rebelion.org/autores.php?id=11
Neoliberalismo Y Vida Cotidiana
James Petras
La mayoría de los
estudios críticos sobre el neoliberalismo se centran en sus efectos a largo
plazo y gran escala: el aumento de la pobreza, el descenso de las prestaciones
sociales, el crecimiento de las desigualdades, la concentración de la riqueza,
la creciente influencia de los bancos y empresas internacionales... Se ha
prestado poca atención a los efectos que ha tenido el neoliberalismo en las
relaciones personales, en la vida familiar y personal de los individuos, en su
salud, su tiempo de ocio o sus amistades. Más en concreto, se ha dedicado
escasa atención a las patologías psicosociales nacidas como consecuencia de las
transformaciones económicas.
El neoliberalismo
tiene una visión “global” del cambio. Sus defensores se proponen no solamente
modificar las transacciones económicas, sino también modelar los atributos
culturales y las motivaciones psicológicas de los individuos. Así, las
relaciones desiguales contenidas en la noción de “flexibilización laboral”
aumentan el poder y las prerrogativas de los empresarios, a la vez que hacen
disminuir la autonomía de los trabajadores. Estas variaciones en el mercado de
trabajo tienen un profundo efecto psicológico en las personas (en su sentido de
autoestima), en sus relaciones familiares (reduciendo el tiempo que comparten
juntas) y en su capacidad de interactuar socialmente en grupos u organizaciones
sociales [...]
El ethos del
neoliberalismo demanda todo o lo mejor del tiempo de cada trabajador [...] El
resultado es la reducción al mínimo del tiempo de calidad que se comparte con
la familia; a esta o a la pareja le queda un espacio de tiempo residual,
caracterizado por el agotamiento, las tensiones y la alienación, que conduce a
“olvidarse” o “relajarse”, buscando el aislamiento, sin deseos ni energía para
iniciar relaciones afectivas. La gran paradoja del neoliberalismo es que, en
nombre de los valores individuales y familiares subvierte las condiciones que
lo sustentan [...] Hay tres cambios fundamentales que forman parte de la
transformación neoliberal: 1.- Las reestructuraciones de empresas y la
flexibilidad laboral. 2.- La movilidad del capital y el desplazamiento
constante de las inversiones. 3.- Los bajos salarios.
1º.- Uno de los
principales elementos de reestructuración de las empresas ha sido la
introducción a gran escala del trabajo temporal. Para los empresarios, ello
trae consigo la ventaja de reducir la protección social de sus trabajadores:
las vacaciones pagadas, las bajas por enfermedad, las pensiones, etc. Para el
trabajador, sin embargo, el efecto producido es el descenso general del nivel
de vida [...] La extensa jornada laboral conduce al agotamiento de las fuerzas
y del tiempo disponible para las amistades, para la intimidad y para la
solidaridad. El efecto combinado de un menor tiempo de ocio, unos salarios más
reducidos y los trastornos psicológicos puede desembocar en el aislamiento
personal y el deterioro de la sociabilidad, así como de las relaciones amorosas
y de amistad.
2º.- El segundo
elemento de la “reestructuración neoliberal” es la movilidad de capital [...]
El resultado es una creciente relación transitoria entre los empresarios y los
trabajadores [...] La naturaleza provisional del mundo laboral se convierte en
una forma de vida en la cual no existen grandes compromisos ni hay lugar apenas
para la solidaridad; el resultado es el declive de las organizaciones sociales
de apoyo, la atomización social y una sensación creciente de vulnerabilidad
personal. Si sobreviene el despido el efecto puede ser devastador: ni los
compañeros de trabajo ni los miembros del circulo social son capaces de
responder a relaciones de carácter ocasional, por lo que son el individuo y sus
familiares quienes reciben el impacto [...]
3º.- El tercer
elemento del neoliberalismo es la reducción general de los salarios,
especialmente para los que acceden por primera vez al mercado laboral. Los
jóvenes no pueden ganar el suficiente dinero para independizarse y/o trabajar
por cuenta propia, lo cual da lugar a un amplio salto generacional entre padres
e hijos en la edad adulta. Hoy en día, los bajos sueldos y lo inestable del
empleo hacen difícil a los hijos adultos el seguir el “modelo” de sus padres:
son incapaces de reproducir el estilo de vida y de convivencia de la generación
precedente [...]
El declive de las
principales vías urbanas en todas las ciudades y del espacio público, unido al
ascenso de los espacios privados (como los centros comerciales), comporta la
sustitución de potenciales actividades políticas por otras ligadas al consumo.
Por otro lado, la degradación de los valores sociales, aprendidos a través de
la convivencia social, se suma a la absorción de la publicidad estridente que
emiten los medios de comunicación. La perdida de sociabilidad conduce a un
creciente aislamiento de los principales niveles de acción y de cambio social;
de ahí la sensación cada vez mayor de impotencia personal y colectiva, de que
el voto no tiene valor alguno, de que los políticos solo miran por sus
intereses, de que únicamente se puede confiar en la propia persona. Eso si, una
persona cada vez más pobre material y espiritualmente.
El neoliberalismo no
es conservador, es subversivo. Socava toda una serie de relaciones primarias y
secundarias y de lazos sociales, que vinculan al individuo con la familia, la
comunidad y el estrato social. Los profundos cambios - la reorganización del
trabajo, la movilidad del capital o la reducción de salarios y prestaciones
sociales - ha dado lugar a trastornos psicológicos que han hecho aumentar la
violencia domestica, la sensación de alienación en la personas y los conflictos
generacionales.
(James Petras y Steve
Vieux son sociólogos. Fragmentos de un artículo publicado en El Mundo, 16 de
enero de 1996).
Apuntes
Para Comprender La Política Revolucionaria Actual
James Petras
Especial para
Rebelión
Traducción para
Rebelión: Germán Leyens
Introducción
Para comprender el
presente y el futuro de la política revolucionaria se requiere un análisis
histórico del medio siglo pasado. Un examen de la Izquierda es un proyecto
complejo, reconociendo el desarrollo irregular de las luchas en los diferentes
continentes, las tendencias contradictorias, los logros y las limitaciones, los
legados a corto y largo plazo, la relación entre la economía y la política (el
impacto del crecimiento o de las crisis sobre la revolución), en una palabra,
un análisis matizado que desafíe las pautas intelectuales que pretenden definir
los 'procesos mundiales' basándose en puntos de vista economistas y
etnocéntricos.
Los intelectuales,
incluyendo los académicos, están tajantemente divididos a través de
generaciones, entre aquellos que han suscrito, aunque sea de manera crítica, el
'neoliberalismo' o se han prosternado ante "la ideología más exitosa de la
historia de la humanidad" y su "visión coherente y sistemática"
y aquellos que han estado activamente escribiendo, luchando y edificando
alternativas, sean socialistas u otras.1 El papel de los intelectuales en el
proceso de la transformación social es complejo y significativo, pero nunca
decisivo. Han reflejado más a menudo los cambios en las relaciones de poder
entre las clases que definido posiciones 'independientes' y 'realistas' como
reivindican a veces, engañándose a si mismos. Históricamente, la gran masa de
intelectuales se ha solidarizado, en el mejor caso, con movimientos
democráticos y nacionalistas, contra regímenes coloniales, dictatoriales o
fascistas. Su apoyo a los movimientos y acontecimientos social- revolucionarios
ha sido transitoria, contradictoria y limitada. La mayor parte de la
intelectualidad rusa se opuso a la Revolución Rusa de octubre, tal como lo hizo
la china, la vietnamita y la cubana, cuando esas revoluciones se volcaron hacia
políticas igualitarias y confrontaron los bloqueos imperialistas
estadounidenses, etc.
Durante los períodos
de ascenso contrarrevolucionario, siguiendo derrotas temporales o históricas,
muchos de los antiguos intelectuales radicales vuelven a sus 'orígenes de
clase', buscando ventajas privadas, descubriendo las virtudes de las ideologías
de derecha (el espiritualismo, como en Rusia entre 1906 y 1910) y convirtiendo
su sentido de desesperación y aislamiento privado en una doctrina de la
invencibilidad y la irreversibilidad del dominio de la Derecha. Concomitante
con su prosternación ante el poder, el realismo y la elocuencia de la Derecha,
es su denigración de la Izquierda, sus derrotas, errores, fracasos, ilusiones,
autoengaños, etc.2 De esta posición 'arrepentida' emerge lo que C. Wright Mills
llamó un realismo descabellado, lo que es una manera de teorizar que construye
una configuración unidimensional, en particular del poder contemporáneo, como
si fuera realidad3 y de la derrota histórica de la Izquierda como punto de
partida de un nuevo pensamiento político.
Esta clase de
seudo-teorización de los desarrollos pasados, presentes y futuros de la
Izquierda carece de toda profundidad histórica. A través del lente del
entusiasmo juvenil perdido y de la impotencia intelectual de la mediana edad,
emerge una visión contemporánea de un horizonte desértico de la Izquierda,
vacío de toda característica redentora, fuera de la luz magnífica que emana de
los amigotes intelectuales del derrotismo histórico. El propósito de este
ensayo es argumentar que la visión del pasado de la Izquierda es mucho más
compleja y contradictoria que el paisaje de la conformidad de los años 50, la
ebullición revolucionaria de los 60 y 70 y la derrota y la disolución de
1980-2000.4 Argumentaré que las fuerzas culturales e ideológicas que actúan en
esos períodos tenían contrapuntos y reflejaban realidades políticas
contradictorias, las que, por su parte, jugaron un papel en la definición de la
futura dirección de la Izquierda. Una re-evaluación crítica del pasado y su
relación con la Izquierda de hoy da la perspectiva para una comprensión
sistemática de la supremacía y de las contradicciones del imperialismo
euro-estadounidense, de sus limitaciones y de los desafíos radicales y
revolucionarios que lo confrontan, tanto externa como interiormente.
Un análisis del
contexto contemporáneo requiere un análisis, basado en principios, de las
realidades objetivas y subjetivas, que resista la tentación de magnificar la
configuración actual del poder y de reducir al mínimo a la Izquierda en una
especie de autoflagelación para expiar la exuberancia excesiva del pasado (una
especie de mea culpa). Es importante evitar cualquier pretensión de moverse más
hacia la derecha o hacia una clase de intelectualismo apolítico o un arcano
intelectualismo autocompasivo.5
Histórica: los años
50 y 60.
El desarrollo dispar
de la política de Izquierda entre el norte y el sur nunca fue más agudo que en
los años 50: en África, Asia y América Latina tuvieron lugar estallidos
izquierdistas de importancia. En Argelia, Indochina, Cuba y Corea (entre otros
países) tuvieron lugar luchas de importancia histórica mundial involucrando a
millones de combatientes revolucionarios, confrontando al imperialismo
euro-estadounidense y a sus clientes neocoloniales. En los EE.UU. e Inglaterra
hubo un período de relativa 'inactividad'. Pero es una deformación monstruosa
referirse a los años 50 como un período de ´conformismo´.6
Incluso en Europa, en Italia, Francia, Grecia (a pesar de la derrota en la
Guerra Civil), y Yugoslavia poderosos partidos comunistas de masa impulsaron la
lucha de clases (con la excepción de la lucha anticolonialista). Incluso en
Europa Oriental, revueltas contradictorias de trabajadores tuvieron lugar en
Alemania Oriental, Polonia y Hungría y apareció una cinematografía clandestina
crítica. Sólo un euro centrismo ciego subestimaría la importancia de la lucha
de los años 50 para así subrayar la resurrección de la izquierda en los EE.UU.
e Inglaterra. La interconexión de estas luchas (la acción extraparlamentaria
contra la Guerra de Argelia a principios de los años 60) creó la atmósfera
necesaria para los levantamientos de fines de los años 60 como sucedió con las
primeras victorias de los vietnamitas en los años 50 que prepararon el terreno
para la emergencia del movimiento contra la Guerra de Vietnam en los EE.UU.
El materialismo
histórico describe la interconexión de los procesos políticos a través del
tiempo y el lugar; no tiene nada que ver con relatos anecdóticos que escogen y
eligen 'hechos' para que se ajusten a un humor conservador. La cuestión teórica
es que el desarrollo irregular de la política de Izquierda a través del tiempo
y el lugar desafía las prescripciones políticas, reflejando las coyunturas
políticas particulares en regiones específicas. Metodológicamente, el
desarrollo de las luchas de masas sin teóricos (por lo menos sin reconocimiento
de nombre anglo-estadounidense) no disminuye su importancia como movimientos de
definición histórica, como Sartre y Sweezy7 reconocieron más adelante durante
sus visitas a Cuba a principios de los años 60. Desde la perspectiva marxista,
el que las luchas revolucionarias emergieran en países donde el nivel general
de las 'fuerzas productivas' era bajo, pero el nivel de las relaciones sociales
explotadoras era alto, reforzó las perspectivas teóricas que consideraban el
agente humano como el punto central, desacreditan el argumento mecanicista
sobre las 'fuerzas productivas' utilizado por los socialdemócratas y los
comunistas europeos para justificar sus políticas pro colonialistas activas o
pasivas (teorizadas más tarde por Bill Warren en NLR/Verso y, reafirmadas mucho
más tarde, lo que no es sorprendente, por el Profesor Anderson).8 Si los años
50 no constituyeron un período de conformismo en todo el mundo, tampoco fueron
los 60, en todas sus manifestaciones, una época de alzamiento revolucionario
uniforme.
Aunque hubo
claramente un aumento de las luchas de masas en América del Norte, Europa y
regiones del Tercer Mundo, hubo importantes reveses en países de importancia y
hubo severas contradicciones y tendencias conflictivas dentro de los
movimientos de masas. En lo que a la teoría se refiere, llevaron a una
re-evaluación positiva y un desarrollo creativo del pensamiento marxista y su
extensión a nuevas áreas de trabajo intelectual y a nuevos tipos de problemas.
La enérgica actividad
de los movimientos sociales y de guerrillas basadas en trabajadores agrícolas y
campesinos en Indochina, China y otros países llevó a unos pocos marxistas a
re-evaluar el papel de los campesinos y de la lucha rural en sus teorías de la
revolución.9 Igualmente, las sangrientas intervenciones imperiales
euro-estadounidenses en Cuba, Indochina, Congo y en otros sitios obligó a
algunos marxistas occidentales a volver a considerar el imperialismo en sus
análisis. Nuevos teóricos-activistas como Fanon, Cabral, Guevara fueron leídos
e influenciaron a militantes euro-estadounidenses y a un grupo no
insignificante de intelectuales occidentales. El lado negativo de este
'intercambio intelectual' fue la influencia que algunos marxistas occidentales
tuvieron en las luchas en el Norte y el Sur. El libro de Regis Debray,
"Revolución en la Revolución" con su teorización mal informada y
deformada de la Revolución Cubana y sus recetas militaristas-elitistas, causó
pérdidas importantes en la izquierda en América Latina.10 Su intento
posteriormente engañado y abortado de unirse al movimiento guerrillero del Che
Guevara llevó a su captura, interrogación y a la delación subsiguiente de la
posición de las guerrillas, resultando en su destrucción. Debray fue liberado
más adelante y devuelto a su país, para pasar a convertirse en un consejero del
régimen neoliberal de Mitterand, en un apologista de la fuerza nuclear francesa
y en un autoproclamado chauvinista francés. Lo que no impidió que siguiera
siendo un intelectual altamente respetado en algunos sectores de la Izquierda
anglo-estadounidense, sobre la base de algunas cavilaciones banales sobre los
medios de masas y una entrevista bastante arrogante con el subcomandante Marcos
de los zapatistas.11 Si Debray fue emblemático de las influencias negativas de
la Izquierda europea sobre el Tercer Mundo, Althusser y sus seguidores
elaboraron un artificio teórico vacío de todo significado operacional, un
conjunto de proposiciones abstractas de elegante lógica deductiva e irrelevante
para cualquiera lucha práctica o realidad empírica.12 E.P. Thompson,
Poulantzas, Miliband participaron en discusiones teóricas que contribuyeron a
ampliar la comprensión de las esferas 'políticas' y 'culturales', ignorando el
problema del imperialismo, en especial el estado imperial. Thompson, en un
ataque de amnesia etnocéntrica, menospreció la importancia de las luchas entre
el imperio y el Tercer Mundo como la mayor fuente de peligro de guerra nuclear.
Para Thompson, la amenaza de guerra nuclear residió en la Guerra Fría entre la
OTAN y la URSS.13 Sostuvo sus puntos de vista euro céntricos a pesar de
informes publicados que revelaban que las mayores amenazas de guerra nuclear
ocurrieron durante el bloqueo estadounidense de Cuba en 1962, en 1954 durante
los principios de la guerra de Corea y en Vietnam a fines de los años 60.
Cuando publiqué un ensayo para Spokesman (publicado por Ken Coates) criticando
la tesis de Thompson, prefirió no responder.14 Leyendo los debates de Miliband
y Poulantzas sobre el estado capitalista, uno nunca llegaría a saber que las
mayores instituciones y recursos ideológico/económicos en el 'estado
capitalista' EE.UU. estuvieron involucrados en una guerra imperialista de
importancia. Los años 60 mostraron una gran creatividad intelectual, con
importantes limitaciones políticas e intelectuales.
Los masivos
movimientos contra la guerra y las insurrecciones negras urbanas así como los
movimientos por los derechos civiles en los EE.UU. y con más importancia la
insurrección estudiantil-obrera en Francia e Italia, presentaron problemas
políticos fundamentales, y en estos dos últimos países, la problemática del
poder estatal. La resurrección de la Izquierda puso fin a los ideólogos del
"fin de la ideología" como Daniel Bell, las evaluaciones pesimistas
de teóricos de la "elite del poder" radical como C. Wright Mills y
los proponentes del "Siglo Estadounidense" como Henry Luce de Time.
Igualmente, la Izquierda resurgente marginó y desacreditó a ideólogos
socialdemócratas que han unido su suerte a la del imperialismo occidental en
nombre de los "valores democráticos".15 De manera bastante curiosa,
muchas de esas ideas desacreditadas, como la dominación sin precedentes y total
de los EE.UU., la ausencia de oposición y la desaparición de la ideología
izquierdista, fueron recientemente recicladas en un artículo de Perry Anderson
irónicamente titulado "Renovaciones".
Emergió una nueva
generación de escritores y activistas marxistas y de la Nueva Izquierda que se
unió con lo mejor de la antigua generación de intelectuales-activistas: Lelio
Basso, Ernest Mandel, J.P.Sartre, Herbert Marcuse, Bettleheim, Hal Draper, Sweezy,
E.P. Thompson, para nombrar a unos pocos. La Izquierda de los años 60 tenía
muchas facetas, a pesar de que publicistas e historiadores posteriores sólo
vieron y describieron una dimensión: que fue apodada la "Nueva
Izquierda". Las efímeras celebridades del rock así como los místicos y
poetas apolíticos traga drogas.16 En realidad, la esfera política y cultural de
la Izquierda de los años 60 fue un rico mosaico de movimientos contradictorios
y conflictivos. En los EE.UU., por ejemplo, un importante comité de
movilización contra la guerra fue fuertemente influenciado por trotskistas,
especialmente en New York City, las campañas antirracistas en el área de San
Francisco fueron influenciadas por el grupo juvenil comunista, el W.E.B.Dubois
Club - Los intentos subsiguientes de comparar a la Izquierda de los años 60 con
la "Nueva Izquierda" y a esta última con los Estudiantes por una
Sociedad Democrática (SDS en inglés) fue fundamentalmente un ejercicio egoísta
de ex-miembros del SDS, convertidos en historiadores académicos, pretendiendo
conocimientos íntimos de un movimiento que se marginó deliberadamente de los
principales movimientos contra la guerra, que no fue aceptado como un aliado
equivalente por los sectores más militantes del movimiento del "Poder
Negro", y que fue un factor insignificante en el movimiento estudiantil de
Berkeley.17 Dentro de la Izquierda intelectual, hubo varios estilos
intelectuales definidos: una tendencia estaba activamente empeñada en
relacionar los principales temas del régimen de propiedad con las luchas en las
que estaba directamente involucrada. Otra tendencia incluía a los altos
sacerdotes de la teoría abstracta ("Estructuralistas") que prepararon
el terreno para los 'post-estructuralistas' que hilaban teorías y conducían
debates interminables e inconsecuentes sobre cuántos modos de producción
podrían ser "articulados" en una formación social. Una tercera
tendencia involucraba intelectuales 'populistas' anti-intelectuales que se
unían y teorizaban sobre los manifestantes apolíticos y sus empresarios de rock
como el 'nuevo medio más importante para la política'. Finalmente, estaban los
socialdemócratas anticomunistas marginados, profesionales, que publicaban
páginas y páginas en los medios pro-imperiales lamentándose de las ilusiones de
la Izquierda estudiantil sobre el "estalinismo", queriendo decir el
apoyo de la Izquierda a las luchas por la liberación del Frente Nacional de
Liberación del Vietnam.
La Izquierda
programática, que combinaba su trabajo intelectual con la actividad práctica,
se empeñó en una difícil lucha en dos frentes: por un lado contra los
oficiantes anti-intelectuales de la 'música de rock revolucionaria' y por el
otro contra el "aparato" abstruso e indolente de los teóricos
"estructuralistas" de salón. El llamado movimiento de la
contracultura fue de manera muy deliberada un individualismo retrógrado e
invertido, que se prestó (así como muchos de sus fieles) más tarde a ser
captado fácilmente por los ideólogos del "populismo de mercado":
corredores de valores bursátiles esnifeando drogas, mercachifles de cabellos
largos de la tecnología de la información y escritores de disparatados
eslóganes publicitarios para las compañías de relaciones públicas.
En los EE.UU. la
política de facto de laissez faire del Gobierno Federal en cuanto a las drogas
llevó a un influjo y consumo masivo de drogas en los ghettos y en la Izquierda
activista, llevando a muchos a retirarse de la política. El opio se convirtió en
el opio de la Izquierda. Burroughs y Ginsberg y sus acólitos, impulsaron una
filosofía más cercana de las ideas místicas reaccionarias de Ayn Rand que de
Carlos Marx. Lo que pasaba por una "crítica radical" del capitalismo
era en realidad una reflexión pasajera sobre un estilo de vida que adoptaba un
'individualismo' egocéntrico y que llevó directamente a la auto llamada
"derecha empresarial" de los años 90.18 La Izquierda del rock, las
drogas y el sexo tuvo una profunda influencia en el movimiento político, sus
sonidos estentóreos y su fervor evangélico atrajeron inmensas 'multitudes'.
Pero la naturaleza de las multitudes es llegar fácilmente e irse pronto. La
mayor parte de los escritos académicos de la contracultura no fue más que una
adulación de las hormonas adolescentes y de adolescentes retardados de mediana
edad. Lo que es importante es la rapidez y decisión con la que los roqueros se
unieron a la clase capitalista en su visión, sus ingresos, sus acciones y su
estilo de vida. Mick Jagger y Cía., con su activo de 250 millones de dólares,
sigue agitando su menudo trasero ante las multitudes cantando "Street
Fighting Man", mientras se codea con los agentes de bolsa en las suites.
Jerry Garcia, el solista de moda de The Grateful Dead, fue informante de la policía
durante muchos años, denunciando una y otra vez a sus amigos y seguidores. Los
Beatles, los proletarios de Liverpool, más tranquilos, perforan cupones,
vestidos informalmente, un modelo para los nuevos millonarios de moda de la
tecnología informática.
La música de rock,
los músicos y los contraculturales 'no crearon' el movimiento político,
vivieron de él y luego abandonaron los ocasionales conciertos de beneficio para
la Izquierda cuando disminuyó la lucha, reteniendo los trajes y la retórica
'populistas' mientras realizaban sus giras cobrando montañas de dólares. El
aspecto analítico crucial es que el estilo "evangélico" de la cultura
del rock despolitizó considerablemente a un electorado emergente juvenil de
izquierda, minó la política programática en nombre de 'formas de vida'
radicales y destruyó física y mentalmente a muchos jóvenes con sus excesos con
drogas y su seudo espíritu anti-trabajo. Mientras los roqueros tenían el dinero
necesario para divertirse, entrar a una clínica de desintoxicación, contratar
abogados caros para no ser encarcelados, la mayoría de sus seguidores
vagabundeaban sin propósito, dormían sobre paletas, terminaban haciendo trabajo
de jornaleros 'lumpen', o condenados a largas sentencias en la cárcel o en
asilos.
El punto teórico es
que hay una relación entre algunas variantes de la vida intelectual y cultural
en los años 60 y 70 y el giro a la derecha en los 90: las diferencias
sustantivas en la actividad política en los dos períodos, especialmente en el
mundo anglosajón, son salvadas por las prácticas y los valores culturales
individualistas seudo-radicales en ambos períodos.
En Inglaterra, la
herencia en los años 90 de la cultura del rock de la década del 60, fue un
"street fighter" [combatiente callejero, N.d.T.] millonario armado
caballero. En los EE.UU. fue Jerry Rubin, el promotor de drogas y de política
izquierdista en los años 60, que dirigió la conversión en masa de yippies a
yuppies. La "rebelión" contracultural de los 60 portaba las semillas
del mercadeo del consumo juvenil de los 90.
Los adelantos
político-culturales importantes en los años 60 y a principios de los 70 fueron
la politización de los conscriptos militares y la extensión de la ideología
antimilitarista en las Fuerzas Armadas [estadounidenses] y en el público en
general, llevando a la parálisis virtual del Ejército [en EE.UU.], que
contribuyó al fin de la guerra de Indochina. Esta transformación
político-cultural llevó al fin de la conscripción y a la mayor reducción de los
presupuestos militares en el período de la Guerra Fría. Igualmente, contribuyó
al debilitamiento a largo plazo del uso de tropas terrestres de los EE.UU. en
combates en ultramar. En el terreno de la música, cantantes de folk contra la
guerra como Báez y Phil Ochs fueron influencias importantes. Malcolm X, Che
Guevara y cientos de activistas-intelectuales hicieron contribuciones
importantes a la formación de la cultura antimilitarista.
Poderosos movimientos
sociales emergieron entre las mujeres, las minorías raciales, y los
ecologistas, que ampliaron y profundizaron el pensamiento y la práctica
radicales. Aparecieron importantes divisiones dentro de estos movimientos,
entre los liberales que presionaban por un ajuste limitado al poder capitalista
y aquellos que desafiaban el régimen de propiedad. Estas divisiones continúan
durante toda la segunda mitad del siglo XX, con un ala que adopta una posición
post-modernista seudo-radical enfatizando una política de
"identidad", mientras otros se acercaban más a una perspectiva de
análisis clasista. Al respecto hay que enfatizar dos puntos. Incluso en los
años 60 los 'nuevos movimientos sociales' estaban políticamente divididos entre
radicales y liberales. En segundo lugar, el arrimo al poder de algunos
dirigentes era un reflejo de su origen histórico y no de la totalidad de los
movimientos, ni era una novedad particular de la ascendencia capitalista de los
90, como argumenta Anderson.
En el cine los
intelectuales políticos académicos-apolíticos miraban hacia las tendencias
elitistas de Cahiers du Cinema y de la Nouvelle Vague para adoptar sus poses de
vanguardia, mientras que los intelectuales activistas miraban hacia las
películas y los documentales cubanos, Gillio Portocarrero, Costa Gravas,
Litten, y películas como la Batalla de Argel, Burn, Z, Desaparecido, la Batalla
de Chile. Esas películas y cineastas lograron alcanzar a decenas de miles de
activistas, sirviendo de catalizador a un nuevo camino estético que ligaba el
arte con la política.
Profundas divisiones
aparecieron entre los marxistas occidentales y los escritores
antiimperialistas. Los primeros negaban la importancia de las luchas
revolucionarias de masas en Indochina, América Latina y África del Sur. El
"Tercermundismo" se convirtió en una etiqueta insultante entre los
marxistas occidentales, que se concentraban exclusivamente en los
acontecimientos en los "países capitalistas avanzados," y
particularmente en sus propias campañas nucleares, en la investigación en
biblioteca y en riñas polémicas en sus revistas literario-políticas. Los
antiimperialistas contribuyeron a la teoría, el análisis y la discusión de las
contradicciones entre el imperialismo y el Tercer Mundo, las estructuras
internas de las clases y las perspectivas revolucionarias. Algunos escritores
escribieron desde una perspectiva 'globalista' abstracta,19 otros desde un
'enfoque de análisis clasista'. Los primeros virtualmente menospreciaron las
luchas de clases y políticas en los países imperiales, un rebote de sus adversarios
'marxistas occidentales'. Los últimos preveían con optimismo un eventual
vínculo de clases a través de la división imperial, basándose en la revuelta
francesa de 1968 e italiana de 1969.
Lo que importa es
señalar que los intelectuales entraron en masa tardíamente en la escena
política, después que los movimientos de masa ganaron energía y dimensiones
nacionales, y se alejaron rápido de la participación activa. Para ellos el
mayor logro fue que los administradores de las universidades fueran obligados a
aceptar a los intelectuales de izquierda como académicos. Por otro lado, muchos
intelectuales de izquierda convertidos en académicos 'institucionalizaron' el
pensamiento de izquierda como parte de su vida profesional: dejaron de escribir
desde una perspectiva política. El marxismo académico, con sus publicaciones,
conferencias y debates, ayudó a llenar currículos, facilitó los ascensos e
incluso llevó a centros de investigación financiados por el estado, y hasta
condujo a distinguidas cátedras a los más emprendedores. Los movimientos y
luchas se convirtieron en 'objetos' sobre los que se escribe, pero no se
participa. Los intelectuales institucionales en Occidente, sobre todo después
de los golpes militares en América Latina, introdujeron a sus semejantes
exiliados del Tercer Mundo al mundo del izquierdismo financiado por las
fundaciones, un mundo en el que la 'existencia material' de la componenda, y
las normas para lograr el éxito asegurarían una evolución hacia un izquierdismo
apolítico literario-político y la asimilación resultante.
Los 60 constituyeron
un período complejo de participación política de los intelectuales. La apertura
de las instituciones académicas se convirtió en un 'terreno de lucha' y en
vehículo para la movilidad social y el acceso a las prestigiosas publicaciones
de la cultura dominante.
Contrarrevolución en
la Revolución
Incluso en la cima
del auge de los años 60, ocurrieron procesos ominosos: los golpes apoyados por
los EE.UU. en Indonesia y Brasil diezmaron a millones de activistas en el
primer país y debilitaron a la Izquierda en el segundo, dos de los países más
grandes y promisorios del Tercer Mundo. La Revolución Cultural china, que
comenzó como un desafío igualitario al poder burocrático, se convirtió en un
juego de guerras entre facciones de la elite, alienando a los activistas,
vaciando el contenido de las consignas revolucionarias y preparando el terreno
para la ascensión de las fuerzas restaurativas capitalistas a fines de los años
70. Las revelaciones post-estalinianas de Jruschov, debilitaron el aparato
represivo estalinista, y al mismo tiempo alentaron la emergencia de una nueva
generación de profesionales, funcionarios y negociantes en el mercado negro
pro-occidentales avariciosos.
A pesar de que el
'marxismo soviético' se convirtió en una ideología de estado manipulada por una
elite relativamente privilegiada, los niveles de vida de la población soviética
subieron considerablemente, con empleo universal, atención médica gratuita y
accesible, viviendas a bajo costo, educación gratuita y semanas de vacaciones
en centros turísticos de propiedad de los trabajadores. Importantes mejoras
socioeconómicas y políticas en la Unión Soviética pasaron, sin embargo,
desapercibidas por importantes sectores de la Nueva Izquierda, que continuaron
basándose en la vieja retórica 'antiestalinista' en lugar de hacer un análisis
más prolijo de la compleja y contradictoria realidad soviética. Como me dijo un
redactor de New Left Review durante el romance trotskista con el movimiento de
Solidaridad en Polonia financiado por el Vaticano y la CIA, "Cualquier
cosa es mejor que el estalinismo."20 De esta manera, se sembraron las
semillas ideológicas de la catástrofe rusa de los años 90 en medio de la
estalinofobia de los 60 y los 70.
Hubo intelectuales
destacados que hablaron y actuaron en contra de las presiones y tentaciones
imperialistas: : El rechazo por J.P.Sartre del Premio Nobel y su colaboración
con Bertrand Russell y Lelio Basso en la organización de los Tribunales Russell
sobre Indochina (y más adelante sobre Latinoamérica), creó una plataforma
europea para las víctimas y los luchadores contra el genocidio de los EE.UU.
Cualquier intento
valedero por considerar y comparar el período actual con las cuatro décadas
previas tiene que ir más allá de simplificaciones dicótomas, que no ven las
contradicciones y las contracorrientes, las potencialidades así como las
limitaciones en cualquier crecimiento o descenso en las luchas populares. Esto
es particularmente verdadero si se contemplan los movimientos culturales e
intelectuales, donde uno tiene que tener cuidado de separar las preferencias
personales por ciertos tipos de filmes o música con su verdadero impacto e
influencia política. Lo que es intelectualmente deshonesto es dejar de notar
las contra-tendencias del pasado, (sobre todo en los años 60 y 70) y en el
período actual para pintar un cuadro en negros y blancos. Esta metodología
define las luchas y los movimientos por decreto intelectual dictando que el
ambiente político de los 60 fue revolucionario y el de los años 90 fue un
período en el que la Izquierda, el marxismo, y las luchas sociales de categoría
no tuvieron importancia, y en el que la hegemonía de los EE.UU. reina suprema y
sin disputa.21 Esto no es sólo una política reaccionaria apenas disimulada,
constituye también un análisis político y social chapucero, sin base histórica
o teórica alguna. Basar una teoría en una sola dimensión, deformada por un
humor pesimista y una infatuación mal informada con la ciencia, lleva a un
método anecdótico, más parecido a un resumen para un abogado, en el que hechos
seleccionados reemplazan a un análisis cuidadoso de las realidades complejas y
cambiantes de los años 90 y del nuevo milenio.
Restauración,
Imperialismo y Revolución en los Años 90.
La década del 90 no
puede ser comprendida con la simple publicación de un 'manifiesto político' que
proclama que la hegemonía de los EE.UU. domina suprema, que las luchas
revolucionarias ya no existen,22 la ideología de la Derecha es coherente y
sistemática,23 que las ideas de izquierda han sido cooptadas, son fragmentarias
e irrelevantes.24 Tampoco podemos hablar de la década como de un 'todo'
coherente, sin considerar las crisis que la iniciaron, la burbuja especulativa
que reventó a fines de la década y la volatilidad inestable prevaleciente en su
transcurso. No se puede dejar de considerar la oposición aguda y profunda a la
intervención imperial de los EE.UU. que precedió a la Guerra del Golfo y la
marea creciente de resistencia a la dominación económica europeo-estadounidense
a fines de la década. Es el colmo de la miopía intencional que se ignoren las
derrotas imperiales y la emergencia de movimientos antiimperialistas
importantes en el Tercer Mundo y las luchas de masas que cuestionan todo el
repertorio de políticas imperiales 'neoliberales', sus patrocinadores
financieros internacionales y sus apuntalamientos políticos nacionales.
Sin duda ha habido
victorias importantes del imperio, y severas derrotas de la Izquierda que deben
ser consideradas. Pero por cierto sólo un juicio an-histórico y apresurado
puede argüir que la década fue un período de derrotas históricas sin
precedentes, que sobrepasa todo en la historia anterior.25 Desde el comienzo de
los años 30 al principio de los 40, la Izquierda fue totalmente destruida en la
mayor parte de Europa (Alemania, Italia, Rusia, España, Hungría, Japón,
Polonia, etc.), reducida a un vestigio de su influencia anterior (Francia,
Noruega), aislada de los principales centros del poder (China, Indochina, etc.)
o cooptada por regímenes imperialistas (Gran Bretaña, EE.UU.). Decenas de
millones de obreros, campesinos y otros fueron asesinados; cientos de millones
fueron gobernados por tiranos sanguinarios que no toleraban ni siquiera las
organizaciones de clase más elementales. Hubo teóricos en aquel entonces que,
tanto en la Derecha como en la Izquierda, consideraban que el nuevo poder
fascista o 'burocrático' (Burnham)26 como "la ola del futuro"
(Lindbergh), impregnable y todopoderoso. Algunos intelectuales se tornaron
hacia ejercicios filosóficos y literarios en las áreas ocupadas (Sartre,
Camus). El fascismo y el imperialismo surgieron de la crisis económica del
Oriente y el Occidente y de la pasividad de la Izquierda. Los socialdemócratas
en Alemania y Austria ofrecieron compartir el poder con los nazis hasta que
fueron físicamente eliminados del poder, algunos encarcelados, otros huyeron al
exilio, unos pocos permanecieron en Alemania sin problemas.
Nada similar ha
ocurrido durante los años 90, a pesar de la represión sangrienta y los
bombardeos imperiales en Irak (un millón de muertos) y en otras partes. En todo
caso, la reacción violenta de los EE.UU. fue más severa en los años 60 y 70 y
en los 80. Durante la década de 1965 a 1976 cuatro millones fueron muertos en
Indochina, 50.000 en el Cono Sur (Chile, Argentina, etc.). Durante la década de
1979 a 1980, los EE.UU. con sus escuadrones de la muerte y sus regímenes
terroristas clientes, asesinó a cerca de 300.000 obreros, campesinos y otros
sólo en América Central, para no hablar de los millones asesinados en guerras
por testaferros en Angola, Mozambique, Afganistán y Camboya. Toda discusión
seria de la "hegemonía" de los EE.UU. en los 90 no puede dejar de
considerar las sangrientas guerras de clases e imperiales que precedieron a la
década, ni puede eludir el examen de las relaciones de clase altamente
expoliadoras y los regímenes serviles que emergieron para servir el poder
imperial.27
La
"hegemonía" de los EE.UU., un concepto bastante vacuo que infla el
papel de la 'persuasión política', es totalmente inadecuado cuando uno
considera la dimensión y la profundidad de la violencia en el pasado reciente y
su uso continuo en el presente sobre una base selectiva pero demostrable.28 El
punto teórico es que el poder imperial ha sido cíclico, basado en relaciones
políticas y sociales y la violencia estatal y nunca 'totalmente dominante'
(incluso en los llamados regímenes 'totalitarios) y fue ciertamente más
destructivo y dominante en otras décadas de este siglo. Desde esta perspectiva
histórica podemos rechazar algunas de las observaciones declamatorias que
emanan de los marxistas occidentales, postrados ante el imperio de los EE.UU.29
Pero no son sólo los
argumentos históricos que militan contra los prosternados, hay más y más
evidencia que desmiente categóricamente la tesis del poder imperial indisputado
de los EE.UU. -tanto en las esferas socio-políticas como en las diplomáticas y
económicas.
En toda la década del
90, y en la mayor parte del mundo, importantes movimientos antiimperialistas,
socialistas y populistas de izquierda disputaron el régimen de los clientes del
imperio, las instituciones internacionales financieras del poder imperial y,
más específicamente, de la agenda política neoliberal. Manifestaciones de masas
de sindicalistas, organizaciones comunitarias, ecologistas, de campesinos y
agricultores, estudiantes, feministas y muchas otras contra las clases
gobernantes imperiales se realizaron en Seattle, Washington, Melbourne, Praga,
Niza y muchas otras ciudades occidentales. Cientos de miles de campesinos en
India se organizaron para derrotar la intrusión de las corporaciones
biotécnicas, químicas y del agro-comercio basadas en los EE.UU. y en Europa,
que tratan de apropiarse de variedades locales y de imponer el control
'monopolista' de las semillas (difícilmente calificables de 'movimientos
arcaicos' como quisieran hacerlo algunos marxistas occidentales.) En todos los
continentes, agricultores y campesinos, organizaciones de consumidores y
sindicalistas (a pesar de sus dirigentes) han combatido contra las
multinacionales, cortado carreteras, ocupado parlamentos y suministrado una
comprensión más profunda del papel del FMI y del Banco Mundial de lo que hasta
ahora ha existido en la historia. La dimensión, la profundidad y la
consecuencia de estos movimientos varían según la región y el momento
histórico. Algunas manifestaciones son duraderas y en gran escala, otras son
masivas y formadas por coaliciones diversas, pero todas comparten una oposición
común a la dominación imperial. En algunas regiones han ocurrido progresos
importantes, victorias políticas y económicas, llevando a la acumulación de
fuerzas y a la radicalización de la lucha. En otras, olas de acción social
masiva han sido seguidas por un descenso y un reagrupamiento de fuerzas.
Estos movimientos
revolucionarios y radicales son diferentes del período anterior y tienen que
ser examinados en un nuevo contexto. Algunos de los movimientos de los años 90
se basan en los antiguos programas marxistas, otros han introducido una
integración más extensiva y profunda de una multiplicidad de luchas en el
torbellino de los movimientos anticapitalistas o por lo menos contrarios al
gran capital. Fuera de los crecientes movimientos de consumidores (la oposición
a los alimentos manipulados genéticamente, la enfermedad de las Vacas Locas y
otras "innovaciones" provocadas por las corporaciones) ha emergido
una nueva ola de defensores de la ecología, de la justicia social y del
feminismo que cuestionan el régimen de propiedad. El intento de Anderson de
amalgamar a los "Verdes" con los jefes del Partido Verde alemán y a
las feministas con las feministas pro-Clintónicas está envuelto en erudición
barata y polémicas políticas inmorales poco éticas.30 Nuevas redes
internacionales y luchas internacionales organizadas van más allá de las
acciones similares en los años 60.
Metodológicamente es
una acción falsa enumerar el fracaso de las instituciones y el tipo de
actividades de la Izquierda en los años 60 e identificarlo con la ausencia de
una Izquierda en los 90. Es como contar naranjas y olvidar las manzanas. Sólo
alguien totalmente divorciado de las realidades de los 90 o con un salto mental
en el tiempo a los años 60 puede realizar semejante acto de incomprensión
descarada.
Aunque haya
desaparecido el "bloque soviético", ni siquiera era parte de una
"cultura marxista" en la práctica - en el interior o en el exterior.
Sus teorías habían dejado de ejercer mucha influencia, no sólo en Europa
Occidental o en América del Norte, sino que en todo el Tercer Mundo. La
importancia del bloque soviético residía en su calidad de contrapeso contra el
poder imperial de los EE.UU., una alternativa como mercado, fuente de comercio,
inversiones, créditos y armas importante estratégicamente para el
apoyo a los países no-alineados, y a algunos regímenes revolucionarios, incluso
cuando imponía anteojeras y en algunos casos políticas destructivas a los
partidos que lo seguían. En los años 90, no existe la pretensión de un centro
revolucionario u oráculos falsos de verdades revolucionarias.
Hay, sin embargo,
poderosos ejércitos revolucionarios de guerrilla como el Ejército de Liberación
Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)
desafiando al poder del estado, reconocidos por Washington como un desafío
mayor al poder imperial de los EE.UU., aunque algunos intelectuales
izquierdistas, más papistas que el Papa, predican la hegemonía indisputada de
los EE.UU. Juntos los dos ejércitos guerrilleros suman 20.000 combatientes y el
apoyo de muchas veces esa cantidad entre partidarios campesinos y unidades de
guerrilla urbana. En comparación con los desafíos guerrilleros al imperio
estadounidense de los años 60, las guerrillas colombianas de la década del 90
son más vigorosas que todo lo anterior, tanto en influencia territorial,
estrategia político-militar, dirigencia y lo que es más importante,
sostenibilidad.31 Tanto en tamaño, población, ubicación geopolítica como en
recursos económicos, la confrontación estadounidense-colombiana es mucho más
importante que las revoluciones cubana o nicaragüense.
Lo mismo puede
decirse de la lucha revolucionaria de masas del Movimiento de Trabajadores
Rurales Sin Tierra del Brasil (MST). Con más de medio millón de miembros y
simpatizantes, decenas de miles de activistas políticamente conscientes - 12000
delegados participaron en su último congreso nacional en julio de 2000 - las
banderas de reforma agraria, liberación nacional y socialismo del MST han
servido como un núcleo de organización para una buena parte de los movimientos
urbanos, sindicalistas disidentes de izquierda, católicos radicales e
intelectuales marxistas. Ningún movimiento rural en los años 60 tuvo la
capacidad de acción exitosa que el MST ha demostrado durante los 90: ocupando
miles de latifundios, estableciendo a más de 200.000 familias (un millón de
personas) y creciendo a pesar de cientos de asesinatos de activistas rurales.
Ninguno de los movimientos extraparlamentarios de los años 60 fue capaz de
construir alianzas tan amplias, estratégicas y durables con grupos de la
iglesia, universitarios, parlamentarios, sindicales y de derechos humanos como
el MST. Pocos, si hubiera alguno, movimientos de masas en los 60 invirtieron
tanto tiempo y esfuerzo en la educación política de sus activistas, cuadros,
dirigentes regionales y nacionales como el MST.
No se trata de que el
MST esté en condiciones de desafiar hoy en día el poder estatal o que lo vaya a
estar en el futuro cercano; el punto teórico es más bien que en una buena parte
del país más grande del hemisferio occidental hay un movimiento social reconocidamente
marxista heterodoxo desafiando exitosamente la dominación imperial de los
EE.UU. y de Cardoso, su régimen cliente. La peculiaridad de la situación
brasileña en la década del 90 es la posición perversa tomada por uno de los
principales teóricos marxistas de Europa Occidental32 que anteriormente declaró
que "Cardoso podría ser el mejor presidente de Brasil en este siglo,"
un juicio hecho ignorando la alianza de Cardoso con las fuerzas terratenientes
más retrógradas de Brasil y la obstinada oposición del MST y toda una
continuidad de la Izquierda. Sobra mencionar la ávida venta por Cardoso de los
recursos más lucrativos del país al capital extranjero a un 'precio político,'
que lo convierte en el... mayor entreguista del siglo. No es sorprendente que
esos marxistas o ex-marxistas europeos y estadounidenses que pusieron su fe en
los Cardosos del Tercer Mundo que terminaron por no satisfacer sus
expectativas, son los mismos que creen en el "poder indisputado de la
hegemonía de los EE.UU".
Si Brasil y Colombia
son dos de los ejemplos más significativos de desafíos al poder imperial de los
EE.UU., hay numerosos otros movimientos sociales importantes que vale la pena
mencionar. Ecuador, Bolivia y Paraguay han vivido masivas huelgas generales
organizadas por coaliciones de sindicatos indígenas campesinos que han
derribado a regímenes pro-EE.UU. , paralizado medidas neoliberales dictadas por
el FMI y polarizado políticamente el país.33
Ahora bien, no cabe
duda que los prosternados argumentarán que esas luchas son 'episódicas' (a
pesar de sus repeticiones), que no 'se basan en partidos' (los movimientos
extraparlamentarios no cuentan) y que carecen de "teoría"
revolucionaria (no tienen agendas programáticas detalladas, algo obviamente
diferente de los ejercicios escolásticos sobre el exotismo cultural que se
encuentran en los círculos literario-políticos políticamente irrelevantes de
ciertos intelectuales euro-estadounidenses.) A fin de cuentas, los prosternados
argumentan que las exigencias de estos movimientos de masas pueden ser
'asimilados' al capitalismo, y que sus dirigentes pueden ser 'cooptados' (según
su versión 'idealizada' de la "hegemonía" de los EE.UU.)34 Estos intelectuales
occidentales que babosean sobre la "hegemonía" olvidan los continuos
asesinatos en masa y los homicidios de dirigentes populares, los masivos
aparatos represivos y los escuadrones de la muerte organizados por el
imperialismo estadounidense que confía más en la violencia tradicional del
poder imperial que en la persuasión asociada con la "hegemonía" de
los EE.UU. Algunos intelectuales occidentales pueden aceptar que hay algún tipo
de desafío a la hegemonía de los EE.UU. en el Tercer Mundo (aunque ya se
avergüenzan de utilizar esa expresión) pero definitivamente no en los 'países
capitalistas avanzados', argumentarían, donde se toman todas las principales
decisiones que afectan el poder mundial. Como Debray dijo una vez a unos amigos
de Bolivia cuando era un funcionario francés, "El Tercer Mundo es como un
tambor: mucho ruido, políticas sin consecuencias."
Una vez más, los
prosternados no ven el importante crecimiento de los pujantes movimientos
sociales en los países imperiales, cuyo alcance y profundidad en la oposición
al poder de las corporaciones excede movimientos comparables en los años 60 en
cuanto a impacto y a victorias parciales. Los obvios acontecimientos
emblemáticos de esta nueva orientación incluyen las manifestaciones de masas
contra el capital internacional en Seattle, Melbourne, Praga, Washington,
Londres y otras partes. Con todos sus elementos contradictorios
(proteccionistas contra internacionalistas), estas manifestaciones golpearon
más duro a los elementos centrales del capitalismo que las vagas consignas de
'fuera de Vietnam' de la década del 60. A diferencia de los 60, hubo importantes
relaciones de trabajo entre sindicalistas, agricultores, estudiantes e
intelectuales. Naturalmente hay intelectuales espectadores que no ven el
potencial (y la realidad) radical de estas luchas porque no corresponden a sus
ideales preconcebidos de lo que debiera ser un movimiento revolucionario,
ilustrando una vez más la total ausencia de realismo y la incapacidad de los
prosternados de situarse en las realidades políticas cambiantes respecto a los
años 60.
Esto está claramente
ilustrado por la poderosa oposición en todo el mundo contra los alimentos
genéticamente manipulados por las compañías químicas imperiales. De India a
Francia y más allá, consumidores, agricultores, campesinos, estudiantes, y
obreros han combatido contra los alimentos genéticamente modificados y los
estados y regímenes que los promueven, con una pasión entusiasta e informada
que ha impuesto exitosamente una importante retirada de Monsanto y de otras
corporaciones multinacionales. La polarización de la gente contra el gran
capital, el contenido anti-imperial, la ideología anti-corporativa y la fuerza
de sostenimiento de estos movimientos, pasando de un área de actividad a otra,
otorga a estas luchas más que un carácter simbólico, transitorio y cooptable.
Resulta extraño a este respecto que un importante marxista occidental critique
este movimiento y la investigación empírica que lo informa y se una a los
panfletos de la prensa pro-genética, publicada por las corporaciones químicas
más reaccionarias, como si fueran las verdaderas fuerzas revolucionarias,
basándose en la propaganda mercantil populista de los ideólogos de la nueva
economía.35
Los nuevos
movimientos radicales involucrados en las luchas extra-parlamentarias, han
visto sus filas aumentadas con el resurgimiento de los activistas sindicales y
de los trabajadores en el rechazo del consenso existente entre la Nueva
Derecha, (ex-partidos socialdemócratas y democráticos) y la Vieja Derecha.
Estas luchas en Francia, Alemania, Noruega y Dinamarca ponen un signo de
interrogación ante la agenda neoliberal de mercados libres y el debilitamiento
del estado de bienestar. Estos movimientos no son revolucionarios en teoría,
pero constituyen por cierto puntos de partida para la reconstrucción de una
política basada en el concepto de clases.
Muchos marxistas
comprenden que las reformas constituyen el punto de partida para todas las
revoluciones en el Siglo Veinte; la pregunta es cómo se logran las reformas y
cómo se asocian con luchas más amplias. Para los intelectuales prosternados,
las reformas son simples ajustes al capital, que, argumentan, tiene un poder
ilimitado y que concederá reformas, aunque no se han aceptado reformas
importantes en el último cuarto de siglo.36
Incluso en los
Estados Unidos, el grado de hostilidad popular al capitalismo de libre mercado
se muestra en todas las encuestas de la última década. Una mayoría favorece un
plan nacional de salud, jubilaciones pagadas por las compañías, seguridad
social, una política de pleno empleo, y el control estatal de los servicios
públicos. Mayorías substanciales se oponen al libre comercio, al envío de
tropas estadounidenses a combatir al exterior, al grado actual de
desigualdades, a la dominación de las corporaciones en las campañas electorales
y en la política gubernamental. Existen movimientos sociales importantes
respecto a muchos de estos temas. Estas actitudes anti-neoliberales ponen en
duda la noción de una "hegemonía" de la clase gobernante en los
EE.UU. (las ideas de la clase gobernante no son las ideas de la mayoría
popular.) La verdadera cuestión no es la "hegemonía" sino la ausencia
de una democracia representativa: la laguna entre los intereses (valores)
expresados por la población y las políticas de la clase política que defiende
los intereses de la clase gobernante.
Fuera de las acciones
colectivas y de las actitudes mayoritarias que ponen en duda la
"hegemonía" del libre mercado de los EE.UU., su dominación imperial
ha sufrido varios reveses en la arena diplomática. En una región de la mayor
importancia estratégica (el Oriente Próximo) y entre los países productores de
petróleo, el Departamento de Estado ha sufrido varias derrotas. Irán e Irak han
roto efectivamente el boicot auspiciado por los EE.UU. y han participado
conjuntamente en conferencias internacionales con Arabia Saudita, el mayor
proveedor de petróleo de los EE.UU. Además, Libia ha roto el boicot orquestado
por los EE.UU. y ha intensificado sus lazos con Europa, especialmente con
Italia. Venezuela, bajo Chávez, ha revitalizado la OPEC y ha desarrollado lazos
comerciales y políticos con Cuba, a pesar del antagonismo de Washington contra
dicho país. Esto ha aislado totalmente a los EE.UU. en la ONU, en la Cumbre
Iberoamericana e incluso en la OEA respecto al bloqueo económico de los EE.UU.,
Helms-Burton y otros temas regionales.
Entretanto, están
emergiendo rivalidades agudas y crecientes entre la Unión Europea y los EE.UU.,
a pesar de que ocurre una creciente interpenetración entre las multinacionales
de ambos. Igualmente, aunque la OTAN aún sigue dominando (y, desde luego, a través
de ella el poder de los EE.UU.), los países de la Unión Europea se están
esforzando por crear su propia fuerza militar de despliegue rápido para
proteger sus intereses imperiales. El punto es que aunque estas iniciativas
europeas no tienen nada de progresistas, contrariamente a las elocuentes
elucubraciones del nacionalista literario francés Regis Debray, reflejan
desafíos a la noción de la hegemonía indisputada de los EE.UU.
Las regiones más
susceptibles a ser mal comprendidas por los intelectuales occidentales
impresionistas prosternados son los antiguos países comunistas, especialmente
China, Indochina e incluso Rusia y Europa Oriental. Aunque superficialmente
China pareciera arrastrarse bajo la hegemonía occidental (de por sí algo dudoso
ya que la mayor parte de la inversión proviene de los plutócratas chinos de
ultramar y de Japón) y por cierto su entrada en la OMC acelerará fuertemente
las adquisiciones euro-estadounidenses de acciones, compañías y ahorros
locales, el reverso de la situación es la ola creciente de protestas masivas
por parte de los desempleados, los trabajadores industriales mal remunerados y
explotados, los campesinos y los jornaleros. Las crecientes desigualdades, la
amplia red de corrupción partidaria-estatal-privada y la ostentosa opulencia
asiática frente al crecimiento de la miseria, ofende a una población que aún
está compenetrada y consciente de los valores comunistas de igualdad, rectitud
y su núcleo esencial - el pleno empleo, la atención médica gratuita y las
políticas educacionales de la era comunista. La entrega descarada de la
soberanía, de los mercados y de las industrias estratégicas chinas, las
humillaciones que han acompañado a los actos brutales de agresión militar
deliberada como el bombardeo de la Embajada China y el aumento del cerco con
misiles alrededor de China (apodado de manera previsible por Washington el
escudo de misiles) han despertado sentimientos populares nacionalistas incluso
entre los intelectuales y los estudiantes, o sea los grupos más notoriamente
pro-occidentales y pro-capitalistas. Los cimientos estructurales para una nueva
guerra civil están todos presentes. La oposición a la agenda liberal, es
amplia, dispersa, localizada y, a pesar de ser constantemente reprimida,
creciente. Incluso gurus occidentales de la apertura del mercado chino, prevén
una seria resistencia social y la posibilidad de reversión si (como se espera)
ocurre un desempleo masivo.
Considerar
simplemente a China como si fuera otro ítem en la suma de países bajo la
hegemonía estadounidense es demasiado cómodo. Significa ignorar las profundas
contradicciones estructurales, el empuje igualitario de la Revolución Cultural
y retrocediendo aún más en la historia, las bandeadas cíclicas entre
nacionalismo/socialismo y liberalismo desde la mitad del siglo 19. Además
ignora el hecho que bajo el nivel de la dirigencia y de las elites ricas,
privadas, hay cientos de millones de chinos que rechazan la restauración de la
dominación occidental y el retorno de lo que Marx llamaba "toda la vieja
porquería": humillación, desempleo, enfermedades crónicas, opiatos, feudos
regionales, etc. Incluso dentro del aparato del Partido Comunista hay un sector
de neo-partidarios del estado y nacionalistas, que podrían aprovechar la
ocasión de manera oportunista si la cosecha actual de neoliberales fracasa.
En Europa Oriental y
en Rusia, los más descarados sirvientes de la hegemonía euro-estadounidense han
sido frecuentemente rechazados en las urnas. El partido de Walesa no logró
cifras de dos dígitos en la última elección presidencial. En Rumania, Polonia,
la República Checa, Belarus, y en otras partes, los neoliberales más fanáticos
fueron derrotados por demagogos ex-comunistas que prometieron medidas
socialistas (pleno empleo, fin de las imposiciones occidentales -
particularmente las medidas de austeridad del FMI) y luego implementaron
políticas liberales. Mientras a un nivel la alternancia entre liberales y
seudo-nacionalistas/ex-comunistas, ha confirmado la hegemonía
euro-estadounidense, al nivel de la conducta de las masas, las tendencias de
rechazo a la dominación imperialista y a las economías de libre mercado es
palpable. La liquidación del estado de bienestar y del pleno empleo, y la
decadencia catastrófica sin precedentes de los niveles de vida, de la
producción y de la salud en Rusia y en el resto de la URSS ha claramente
socavado la fe en las ventajas de la hegemonía de los EE.UU. en la masa del
pueblo.
Cualquier discusión
de la hegemonía de los EE.UU. no puede basarse en relatos despreocupados de
turistas sobre desarrollos en Cuba.37
Transferir al público
general la conducta y las perspectivas de las elites clientes es una asunción
injustificada - tanto sobre una base metodológica como empírica. Asumir que los
procesos electorales suman los intereses del electorado y reflejan y representan
de alguna manera los intereses mayoritarios es pasar por alto la gran
concentración de poder institucional, especialmente en los medios de masa, la
manipulación flagrante de las finanzas de las campañas electorales y el uso de
la fuerza, la corrupción y la pobreza para pervertir y manipular los resultados
de la votación y la conducta de los funcionarios elegidos.
Hegemonía Mundial de
los EE.UU. y Decadencia Doméstica
La clave para
comprender la fortaleza relativa de la hegemonía de los EE.UU. es examinar sus
fundamentos estructurales así como las limitaciones externas que hemos
discutido. Involucrarse en proyecciones generales basadas en una mala
interpretación de los hechos fundamentales puede llevar al tipo de
contrasentido monumental que predice un siglo asiático poco antes del crack
asiático (Arrighi)38 Tras las afirmaciones sobre una hegemonía global sin
precedentes y absoluta de los EE.UU. se encuentran los argumentos de los
ideólogos de los Nuevos Economistas que describen un período sin precedentes de
expansión económica de los EE.UU. y su superioridad económica basada en su
avanzada tecnología de la información, y su mayor productividad (léase:
competitividad.) La convergencia de los puntos de vista entre los intelectuales
de izquierda prosternados y los ideólogos charlatanes del populismo de mercado,
es el resultado del mismo método: generalizaciones bombásticas y celebraciones
del poder global de los EE.UU. basadas en la exigua hojarasca de conjeturas
limitadas y datos anecdóticos altamente selectivos. En realidad, los
prosternados muestran un respeto inmerecido por los maestros truculentos de las
globalidiotizaciones y su retórica sobre la Tercera Revolución Científica
Tecnológica. Como lo describe un admirador marxista occidental "...
Controlando el campo de las construcciones políticas directas de la época, la
Derecha ha suministrado una visión fluida tras la otra sobre dónde va el mundo,
o dónde se ha detenido... ".39 Estos ideólogos de derecha, se nos dice,
"unen una sola tesis poderosa con un estilo popular fluido."
Escrito unas pocas
semanas antes del crack en la burbuja del NASDAQ, el año 2000 suministró una
demostración vívida de la vacuidad de la "poderosa tesis" de la
supremacía económica de los EE.UU., a pesar del "fluido estilo
popular."
Cada aserción
afirmada por la Derecha Vieja o la Nueva Derecha (los gatillos rápidos de la
Nueva Economía) sobre la economía de los EE.UU. (adoptada por la Izquierda
prosternada) fue en el mejor caso dudosa, y en el peor, puro aire caliente sin
relación alguna con la economía real (simplemente una inmensa tomada de pelo à
la Ponzi comparable con los esquemas de pirámides en la Albania de mediados de
los 90.)
En primer lugar, las
pretensiones de una revolución de la tecnología de la información simplemente
no logran explicar el crecimiento por debajo del promedio en la productividad
entre 1975 y 1994 en comparación con los 20 años previos, antes de la llamada
"Revolución en la Información". En segundo lugar, el aumento de la
productividad entre 1995 y 1999 fue comparable al período anterior
(19551974) y se concentró sobre todo en el campo específico de los
ordenadores con pocos efectos a través de la industria. En otras palabras, los
fabricantes de ordenadores se hicieron más eficientes en la producción de
ordenadores. En tercer lugar, los estudios mostraron que las pretensiones de
aumentos provenientes del intercambio interactivo de informaciones fueron
fundamentalmente falsas: más de un 60% de la información recibida o
intercambiada dentro de las compañías tuvo poco que ver con los proyectos
existentes.40
Lo que es más
decisivo, la mayoría de las compañías de tecnología de la información nunca
generaron un producto, una ganancia y algunas nunca produjeron un ingreso. El
ritmo de quiebras se aceleró a través del año 2000 al romperse la burbuja
especulativa. El NASDAQ cayó un 40% y el valor de las compañías más importantes
y mayores declinó precipitadamente en el nuevo año. El desarrollo más singular
- la superioridad global de los EE.UU. en el campo de la tecnología de la
información - citado por los ideólogos derechistas, en su fluido estilo
populista, como la principal fuente de crecimiento sostenido en los años 90, se
derrumbó. Millones de pequeños inversionistas, atraídos por los ideólogos de
mercado populistas, perdieron todos sus ahorros, sus pensiones e incluso su
capacidad de pagar sus seguros de salud.
Pero la profunda
debilidad estructural de los EE.UU. no se limitó a la economía especulativa de
la tecnología de la información. La expansión estadounidense en ultramar y la
exportación de retorno a los EE.UU. exacerbó un déficit comercial y de cuentas
corrientes insostenible. La economía de los EE.UU. se basa en el consumo, que
asciende a 75% del PNB. El creciente déficit comercial fue cubierto por el
influjo de 400 mil millones de dólares al año. Con la economía orientándose
hacia la recesión y un debilitamiento del dólar, es altamente improbable que
los inversionistas continúen apoyando el dólar estadounidense. A pesar de un
bajo desempleo récord a fines del año 2000, también fue el período del mayor
crecimiento de la cantidad de trabajadores con bajos salarios, viviendo de
caridad, sin ninguna protección médica (cerca de 50 millones) con costos
educacionales que se disparan y con deudas domésticas insostenibles. El
crecimiento obsceno de las desigualdades sociales bajo el régimen de Clinton
(la relación entre los ingresos de un director ejecutivo y de un obrero aumentó
a 470 a 1) fue en gran parte el resultado de los lazos estrechos con
funcionarios sindicales millonarios que estaban más preocupados de tener un
Ministro de Justicia tolerante para evitar juicios, que de hubiera un Ministro
del Trabajo favorable a las demandas de los trabajadores. La posibilidad de
revivir la economía inyectando dinero a la industria, o estimulando la demanda,
se encuentra fuera de los parámetros políticos actuales.
La crisis económica
ya ha afectado varios sectores de la economía (la industria automóvil, la
tecnología de la información, las telecomunicaciones, etc.) y se está
extendiendo rápidamente al resto de la economía. El desempleo está creciendo.
Los "ahorros negativos" y la economía de acciones perdidas no ofrecen
recursos que no hayan sido utilizados para estimular los gastos de los
consumidores. En el comercio, las inversiones, las finanzas y la tecnología, la
economía de los EE.UU. se está moviendo hacia una "crisis de
convergencia" que amenaza el frágil edificio neoliberal construido
alrededor de (y para) los EE.UU. en todo el mundo. Todos los países del Tercer
Mundo que han aceptado las estrategias basadas en las exportaciones, sufrirán
severamente como resultado de una profunda recesión en los EE.UU. La
sobreproducción de bienes de consumo y transporte (sobre todo automóviles) está
llevando a despidos masivos en Ford, General Motors y Chrysler-Daimler, que
tendrán un efecto multiplicador sobre los sectores de proveedores y servicios,
La economía militar
podría ser revivida pero no alcanza, considerando el uso del superávit del
presupuesto para reducciones masivas de impuestos para el gran capital. El
superávit mismo desaparecerá probablemente con la recesión y con una
pronunciada baja de los ingresos.
Lo que impresiona
sobre las debilidades de los hechos económicos fundamentales del poder imperial
de los EE.UU. es la falta de toda percepción o comprensión coherente por parte
de la Derecha. Ni Huntington, Brzezinski, Fukuyama, y menos aún Yergin, Luttwick
o Friedman tuvieron idea del inminente colapso especulativo, ocupados como
estaban propagando su engañosa creencia sobre la capacidad de sostenimiento del
imperio de los EE.UU.41 Huntington se hallaba lejos en su propio mundo
auto-inventado de las "civilizaciones en conflicto" (Musulmana contra
cristiana), en una época en la que los aliados más decididos de Washington eran
los estados musulmanes Turquía y Egipto en el Mediterráneo Oriental, Marruecos
en África del Norte, Arabia Saudita en el Medio Oriente, Pakistán en Asia del
Sur, etc. Fukuyama confrontaba la bancarrota de su noción del "fin de la
historia" dando marcha atrás en su celebración de la democracia liberal y
los libres mercados, sin desarrollar ningún nuevo brillo teórico para
embellecer el poder del Imperio en el nuevo período. Entre paréntesis, es una
ironía que Fukuyama haya comenzado a poner en duda la solidez de la hegemonía
de los EE.UU., cuando algunos de sus homólogos que se suponía pertinentes en la
Izquierda (los prosternados), tratan de revivirla.
Brzezinski ya sin la
Unión Soviética, tuerce visiones estratégicas de nuevos desafíos y amenazas sin
sustancia, ignorando la podredumbre económica interna, a unas pocas manzanas de
sus antiguos campos de estridencia en la Universidad de Columbia. Es cierto que
aún puede suministrar una base histórico-teórica para las operaciones
clandestinas en Chechnia y en otras ex-repúblicas soviéticas, para mantener a
los clientes de la mafia de Washington que están en el poder. Entre los otros
Yergin y Friedman (el periodista), tienen poco que decir ante el colapso de su
visión de unos EE.UU. de alta tecnología reteniendo el poder mundial. Las
visiones en las que millonarios con mentalidad provinciana, operadores de bolsa
y de Wall Street adolescentes compartían la creciente riqueza, se han ido al
diablo. Mientras más y más millones de jubilados estadounidenses pierden sus
planes de seguro médico privado, y otros millones de antiguos receptores de
ayuda social no pueden vivir con trabajos con salarios ínfimos, y los ingresos
provenientes de la bolsa de decenas de millones de estadounidenses se
convierten en un recuerdo amargo, la arrogancia de las pretensiones de Yergin y
Friedman respecto a la superioridad de los EE.UU. frente a una Europa atrasada
porque mantiene el bienestar social (especialmente Francia), se convierte en un
mal chiste de auto-engaño.
Los progresos de la
Izquierda y sus desafíos a la dominación mundial de los EE.UU. así como el
derrumbe de los delirios sobre la supremacía económica sostenible de los
EE.UU., basada en la "revolución" de la tecnología de la información,
llaman a terminar con las políticas de postración de la Izquierda.
Hay en la actualidad
muchos activistas e intelectuales críticos de los años 60 a los 90 que han
estado suministrando críticas y construcciones directas de dónde ha estado el
mundo, y dónde se encuentra, así como elaborando alternativas en un estilo
popular fluido. En los Estados Unidos, y en Canadá trabajos de intelectuales
activistas como Jim O'Conner sobre las crisis ecológico-capitalistas, la
brillante desmitificación de la globalización como globaloney
[globalidiotización, N.d.T.] por Bob Fitch, de Maurice Zeitlin sobre la
estructura de clases de los EE.UU., Chomsky y Petras sobre la política exterior
de los EE.UU., Magdoff sobre el imperialismo de los EE.UU., Meiksin sobre el
análisis de clases, Howard Zinn, Leo Panitch, y Mike Parenti sobre la historia,
la política y los medios. Internacionalmente está el fotógrafo de clase mundial
del trabajo humano, Sebastián Salgado, el novelista José Saramago, el crítico
político-literario Michel Lowy, y numerosos otros intelectuales políticos que
suministran críticas profundas y alternativas detalladas a la dominación
imperial de los EE.UU., al mismo tiempo que participan profundamente en las
luchas populares. La Izquierda de los años 90 posee muchos de los estrategas
políticos destacados del medio siglo, incluyendo al brillante dirigente
político-militar de las FARC Manuel Marulanda, probablemente el mejor en esta
área desde el comandante vietnamita Giap; el brillante táctico del movimiento
militante de los agricultores franceses Bove; el brillante teórico del Movimiento
de los Trabajadores Sin Tierra del Brasil, Joao Pedro Stedile, y Ralph Nader,
el populista y antiimperialista estadounidense de principios (capaz de cosechar
tres millones de votos contra todos los obstáculos.)
El poder es una
relación, no una posición estática en una jerarquía organizativa. El imperio de
los EE.UU. está basado en una relación inestable y cambiante con una vasta gama
de fuerzas heterogéneas. El poder de las ideas, incluyendo las ideas de la clase
imperial gobernante, está arraigado en esta relación conflictiva de clases.
Aunque es cierto que la (disputada) ascendencia del poder imperial incluye el
control sobre los medios de masas para proyectar sus ideas, (y seducir a
sectores de la ex-intelectualidad de izquierda con la persuasión del poder), el
dogma neoliberal ha estado bajo constante ataque de todos los lados. Esto hasta
tal punto que las clases gobernantes han tratado de disfrazar su papel mediante
la cooptación del lenguaje de la Izquierda que algunos entendidos llaman
"populismo de mercado."42
Perspectivas para el
Futuro
En la próxima década
la Izquierda tiene que continuar desarrollando un enfoque sistemático y
específico, y evitar el pesimismo romántico que se empeña en generalizaciones
indiscriminadas y difusas vacías de sustancia. La intelectualidad de izquierda
debe identificar a los agentes de clase de las victorias y derrotas del
neoliberalismo, las relaciones de clase y la violencia estatal detrás del velo
de persuasión que mantiene el imperialismo euro-estadounidense. Sobre todo,
debe analizar las nuevas y crecientes contradicciones y las crisis emergentes
tanto en los EE.UU., como las actuales crisis en Asia, América Latina y en los
antiguos países comunistas y qué impacto tendrán en la Unión Europea.
La Izquierda debe
rechazar el despliegue de lo novedoso como una excusa para adaptar la
ascendencia neoliberal. La doctrina de la Tercera Vía tiene sus raíces en
versiones anteriores en el siglo 20, más reformistas y fracasadas. Ni Bernstein
ni más tarde Kautsky comprendieron la relación entre capitalismo e imperialismo
y las guerras imperialistas, ni las tendencias inmanentes a la crisis, la
polarización de clases, y el poder fascista. La versión actual de la
"Tercera Vía" no contiene ninguna de las perogrulladas evidentes de
la versión anterior y todos sus vicios reaccionarios: sino que es la extensión
de la agenda neoliberal mientras socava los niveles de vida y profundiza las
desigualdades. En la actualidad existen pocas ilusiones sobre la naturaleza reaccionaria
de la "Tercera Vía" de Blair, Clinton et al. Apenas se habla de ella
en la actualidad, cuando los mercados de valores se derrumban y los superávit
presupuestarios se achican. También el itinerario derechista de la
socialdemocracia europea es fácilmente comprensible para todo intelectual
crítico, excepto para aquellos que sufren de amnesia crónica y que buscan
cimentar sus tesis de que no hay alternativas.43 Uno no necesita retornar a las
ofertas que destacados socialdemócratas alemanes (Schneiderman, Noske, etc.)
hicieron al Estado Mayor del Káiser en 1918. Nos queda más próximo el papel de
los socialdemócratas británicos, franceses y belgas en la violenta defensa de
sus imperios coloniales en Argelia, Kenia, Chipre, Indochina, Congo y otras partes.
Su colaboración servil con los EE.UU. en la construcción de la OTAN, sus
inalterables posiciones atlánticas provocaron una fuerte crítica hasta de la
derecha tradicional. Argumentar que la adopción por parte de los
socialdemócratas del modelo estadounidense es una novedad "de importancia
histórica mundial," es olvidar el legado histórico de la socialdemocracia,
su adulación pronunciada y avanzada sobre todo entre los laboristas británicos.
Todo el edificio del estado de bienestar tiene menos que ver con la
socialdemocracia programática y más que ver con los desafíos del bloque
comunista, la militancia sindicalista después del fin de la Segunda Guerra
Mundial, y la presencia de Partidos Comunistas y de movimientos
extra-parlamentarios que presionaban desde la izquierda. Con la desaparición
del bloque soviético, la disminución de la izquierda extraparlamentaria y la
transformación de los dirigentes sindicalistas en clientes del estado, los
dirigentes socialdemócratas europeos, con unas pocas excepciones notables, son
capaces de competir con la Derecha por la lealtad de los potentados financieros
e industriales. Jospin en Francia es una excepción parcial que confirma la
regla. Elegido después de una huelga general de los empleados públicos,
presionado por fuertes movimientos extra-parlamentarios y el Partido Comunista
parlamentario, concedió en principio la semana de 35 horas, combinándola con
una privatización agresiva, la liberalización y una legislación laboral
"flexible".
Si el hecho más
importante de los años 80 fue la desintegración del bloque soviético y de los
regímenes comunistas, el hecho más destacado de los 90 fue las catastróficas
condiciones socio-económicas, los niveles sin precedentes de pillaje y
corrupción y las instituciones represivas que resultaron de la transición al
capitalismo en Rusia y en los antiguos países de la Unión Soviética. Rusia sola
está "echando de menos" a 10 millones de personas que normalmente
debieran habitar el país según las proyecciones demográficas de 1987. Millones
han muerto prematuramente por enfermedad, stress, suicidio y alcoholismo, como
resultado de la pérdida de puestos de trabajo, la pobreza, y la destrucción del
sistema de salud pública. Mientras desde el punto de vista táctico el régimen
pro-capitalista de Putin permanece firmemente en el poder, el fracaso total de
la transición capitalista bajo la "hegemonía" de los EE.UU. ha
llevado evidentemente a un contraste agudo con las características positivas de
la previa economía planificada, colectivista.
El pillaje occidental
de las economías de los países ex-comunistas, el comercio masivo con la
esclavitud de la trata de blancas y los emigrantes, el reino de una oligarquía
parasítica multibillonaria que lava sus riquezas ilícitas en Europa, los EE.UU.
e Israel, ha ciertamente dado sustancia a las nociones de la rapacidad del
imperialismo y capitalismo occidentales. Más convincente que una tonelada de
volantes de la era comunista, la experiencia del pueblo de la ex-URSS con el
imperialismo euro-estadounidense realmente existente, ha destruido años de
desconfianza en la retórica de los burócratas soviéticos y de confianza crédula
en la propaganda occidental. Este cambio histórico mundial en las creencias
populares, tiene una importancia estratégica fundamental en la reconstrucción
de una perspectiva socialista en el Este. Incluso en Europa Oriental, bastión
de los estados clientes pro-occidentales, su incorporación y subordinación a la
OTAN y a la UE, ha provocado oposición, manifestaciones y en algunos casos el
resurgimiento de la influencia comunista. En el caso de la República Checa,
S.E. Arrastrado Havel es más favorito entre los literatos en Londres y Nueva
York que en Praga, donde el Partido Comunista se está convirtiendo rápidamente
en el mayor partido de oposición. El amplio rechazo del liberalismo y del
imperialismo de los EE.UU. y el crecimiento del socialismo programático sin
estalinismo es un evento histórico de categoría histórica mundial. El punto
teórico no es apuntar con precisión a un tiempo y a un sitio para un nuevo auge
revolucionario, sino determinar la dirección de la historia y rechazar la
creencia fácil de que cada fracaso de la Izquierda es una derrota irreversible
de categoría histórica mundial.
El propósito de este
ensayo no es empeñarse en un juego intelectual de comparar punto por punto los
avances de la Izquierda con la lista de compras de las derrotas manejada por
los intelectuales prosternados. Considerando la superficialidad de estos últimos,
sería una contribución fácil y no muy importante para la clarificación del
presente y para el progreso en la lucha del futuro. Lo peor sería recurrir al
balbuceo psicológico barato utilizado por los prosternados para justificar su
inacción y su falta de compromiso con la lucha actual. Al enfrentar el futuro
debemos reconocer que hay numerosas calles intelectuales que no tienen salida.
Debemos reconocer las barbaridades cometidas en la actualidad en nombre de las
victorias occidentales, la hegemonía, la democracia y los libres mercados; la
muerte prematura de 10 millones de rusos, los 20 millones de víctimas del SIDA
en África, a las que las corporaciones farmacéuticas occidentales niegan las
medicinas, respaldadas por sus gobiernos; el asesinato de 1 millón de niños
iraquíes por la guerra y el bloqueo anglo-estadounidenses; los 300 millones de
latinoamericanos que viven en la pobreza, las decenas de miles de colombianos
asesinados gracias al entrenamiento y a la ayuda de los EE.UU. Uno podría
agregar a la lista, pero el punto está claro: en el Oriente y en el Sur, la
barbarie es un aspecto integral del imperio de los EE.UU.
Al discutir, lo que
hay que hacer frente a la barbarie imperial, es útil recordar los últimos días
del imperio romano. Un tiempo como el nuestro, de tiranos, saqueo, corrupción,
y de un despliegue descarado de riquezas frente a la miseria. Las similitudes
con la barbarie contemporánea son obvias igual que muchas de las respuestas de
aquellos que consideran igualmente repugnantes el imperio o aspectos de éste.
Hay muchas y variadas respuestas a la barbarie imperial, dependiendo de las
condiciones sociales y las predisposiciones políticas de cada cual. Los
estoicos entre nosotros se asquean por la irracionalidad del imperio, su
brutalidad militar y su inmoralidad que todo lo invade. Sin embargo, se sienten
políticamente impotentes y declaran que toda respuesta política es fútil. Se
tornan hacia pequeños círculos de amigos o individuos que comparten sus
opiniones para conservar la llama del raciocinio. Retienen sus lealtades
personales en los intersticios del sistema, con un mínimo de confort, distantes
de los poderes imperiales y distantes de las masas degradadas. Sus debates
sobre los estudios culturales y la relación del post-modernismo y del marxismo
son tolerados e ignorados por la elite y son incomprensibles y remotos para las
masas. En una palabra, viven por y para sí mismos.
Los cínicos no niegan
la barbarie sangrienta, la vulgaridad cultural y el pillaje predatorio del
imperio... sólo que amalgaman a las víctimas y las ejecuciones. Condenan tanto
a las víctimas del imperio como a los depredadores imperiales como igualmente avariciosos
(afligidos de "consumerismo".) Para los cínicos la solidaridad social
de los explotados es un subterfugio ideológico de los débiles para buscar
ventajas para invertir los roles. Para los cínicos la diferencia entre los
explotados y los explotadores es sólo una cuestión de oportunidad y
circunstancias. Los cínicos apuntan a las revoluciones fracasadas, a la
circulación de las elites, a los explotados que se vuelven explotadores, a las
víctimas de genocidio que practican el genocidio para justificar la
introducción de su sensible narizota en el abrevadero del imperio. Casi siempre
los cínicos son izquierdistas arrepentidos: su especialización ocupacional es
proveer testimonios sobre las perversiones de los movimientos de liberación. Es
una especialización que consigue honorarios lucrativos y muchas veces una
cátedra erudita en una prestigiosa universidad euro-estadounidense.
Otra pose intelectual
familiar es la del izquierdista (o ex-izquierdista) que se baña en derrotas
históricas y las utiliza como un pretexto para lo que apoda un nuevo ajuste
realista o pragmático con el status quo. Mientras dramatiza las pérdidas
políticas, como derrotas históricas profundas e irreversibles, no reconoce las
nuevas luchas revolucionarias que emergen en el Tercer Mundo y en Occidente,
los nuevos movimientos sociales que se oponen a la OMC, los movimientos de
agricultores militantes y de trabajadores del transporte, los movimientos
masivos de productores y consumidores que rechazan a los patrocinadores
corporativos de alimentos y semillas genéticamente alterados, etc. Un patetismo
pesimista se convierte en una coartada para la inacción y el distanciamiento o
como un pasaje de ida a la política liberal, ya que es percibida como la única
de moda. Los ideólogos del imperio no son adversos a suministrar una plataforma
ocasional a los pesimistas, esperando que su posición crítica pueda atraer a una
audiencia entre los jóvenes rebeldes y que su pesimismo pueda desmoralizar,
desorientar y desarmarlos.
Los intelectuales
críticos con una rodilla en el suelo han logrado una cierta relevancia entre
las clases educadas. Estos intelectuales se horrorizan ante el despliegue de
riqueza en medio de la pobreza. El horror del neoliberalismo evoca indignación
ante las prácticas bárbaras del imperio. Esta indignación, sin embargo, es
acompañada por un quejido cuando es cosa de articular una alternativa. Después
de todos sus gritos indignados, apelan a las elites para que cambien su
conducta. Florece la retórica, la denuncia de las mentiras del imperio es
reemplazada por nuevos engaños. La idea es que alguien, en algún sitio de la
estructura del poder, transforme la barbarie en un generoso estado de
bienestar. Esta combinación de indignación violenta y de llamados a la mala
conciencia de los conductores del poder imperial, no es más que una abeja sobre
el gorro de los factores de políticas a bajo nivel, una fórmula excelente para
un bestseller. Expresa una indignación que tiene resonancia en las clases
educadas sin pedirles que sacrifiquen algo.
En agudo contraste
con las poses intelectuales mencionadas, se encuentran los intelectuales
irreverentes, irreverentes hacia los protocolos académicos y no impresionados
por los títulos y los premios prestigiosos. Por otra parte, respetan a los
militantes en las primeras filas de las luchas anticapitalistas y
antiimperialistas. Son consecuentes y productivos en su trabajo intelectual que
es motivado en gran parte por los grandes problemas que enfrentan las luchas
del movimiento. Son héroes auto-irónicos cuyo trabajo es respetado por la gente
que trabaja activamente por una transformación social básica. Son objetivamente
partidistas, y partidistas objetivos. Los intelectuales irreverentes discuten y
escuchan a los pesimistas y a los demás intelectuales, a pesar de sus títulos y
pretensiones, para ver si tienen algo que decir que valga la pena escuchar.
Para el intelectual
irreverente y comprometido, el prestigio y el reconocimiento vienen de los
activistas y de los intelectuales del movimiento, que están involucrados en las
luchas populares. Trabajan con estos intelectuales y activistas. Realizan la investigación
buscando fuentes de datos originales. Crean sus propios indicadores y
conceptos, por ejemplo, para identificar la verdadera profundidad de la
pobreza, la explotación y la exclusión. Reconocen que hay unos pocos
intelectuales en instituciones prestigiosas y receptores de distinciones que
están claramente comprometidos con las luchas populares, y reconocen que esas
excepciones deben ser notadas, aunque reconocen que muchos otros que suben la
escala académica sucumben a los atractivos de la certificación burguesa. Los
intelectuales irreverentes admiran a Jean Paul Sartre que rechazó un Premio
Nobel en medio de la Guerra de Vietnam. Sobre todo, los intelectuales
irreverentes luchan contra la hegemonía burguesa dentro de la Izquierda,
integrando sus escritos y su enseñanza con la práctica, evitando los conflictos
de lealtades.
El imperialismo
euro-estadounidense combina la violencia y las amenazas de violencia contra los
movimientos de masas y los regímenes que se oponen a su orden mundial y la
disuasión y la neutralización contra los grupúsculos intelectuales marxistas
occidentales. Típicamente los últimos universalizan su condición, tratando al
Imperio como una inmensa sociedad de debates. Como señalara Perry Anderson
"la fuerza de este (hegemónico) orden no consiste en la represión sino en
la disuasión y la neutralización."44 ¡Qué novedad para los
cientos de palestinos ultimados, los miles de yugoslavos muertos, las decenas
de miles de colombianos y los cientos de miles de iraquíes asesinados!45
Objetivamente, el
poder imperial de los EE.UU. está construido sobre fundamentos muy frágiles:
una economía de burbuja que se está abatiendo, una economía casi tributaria
dependiente de flujos externos de capital especulativo en gran escala para
compensar los déficit insosteniblemente altos del comercio de mercancías, una
economía interna alimentada por el consumo en la que los hogares ya están súper
endeudados y con ahorros negativos, un imperio sin respaldo público para las
guerras terrestres en ultramar, y una "Nueva Economía" à la Ponzi que
se basa en empresas casi sin productos, sin utilidades y sin muchos ingresos.
Igualmente importante
es que la polarización de clases ha aumentado entre los propietarios
billonarios de los medios de finanzas, la producción y la especulación y la
gran mayoría de la población; la relación de ingresos entre los directores
generales y los trabajadores ha incrementado de 80:1 a 470:1 en 3 décadas; más
de un 80% del público estadounidense no cree que sus votos importen y
consideran que el gran capital domina la esfera política, lo que algunos
analistas políticos llaman una crisis de legitimidad. Los beneficios sociales a
través de las generaciones, los niveles de capacitación y las ocupaciones han
sido saqueados. La desregulación ha llevado a una extorsión de los precios a
los consumidores en los servicios públicos.
El imperialismo de la
actualidad no ha creado una "aristocracia obrera". Una clase media
proletarizada ha perdido la seguridad en el puesto de trabajo y ha sido
recompensada con beneficios de privilegio pero sin valor (opciones de acciones
en el NASDAQ son usadas para empapelar paredes o, por los más prácticos, como
papel higiénico.) Los dirigentes de la guardia vieja de los movimientos de
raza, género y ecología de los años 60 y 70 y los intelectuales prosternados de
mediana edad que se han subido en el carro de la Tercera Vía, han sido
reemplazados por un nuevo liderazgo que es más militante, anticorporativo,
anti-neoliberal y por una cantidad creciente de activistas extraparlamentarios
y anticapitalistas.
Es cierto que no
existe un consenso sobre las alternativas que van desde las economías basadas y
controladas en la comunidad al socialismo basado en el consumidor-trabajador,
desde cambios en los regímenes de propiedad al retorno a la regulación pública.
Es pura miopía argumentar que los movimientos de sectores no llegan a ser un
movimiento colectivo idealizado, a la medida de los intelectuales de Soho
cuando toman su cafecito. La emergencia de coaliciones factibles y acciones
conjuntas, los foros y diálogos comunes no llegan a formar una nueva versión
del partido de la clase obrera de Lenin o Keir Hardy, pero es un comienzo. El
creciente internacionalismo (sin oráculos de ultramar o centros
revolucionarios), evidenciado en las acciones conjuntas de Norte-Sur de los
campesinos del Tercer Mundo y los agricultores de Europa, es prometedor. Hay
desafíos inmensos en la creación de una nueva conciencia socialista
revolucionaria, generalizándola para que llegue a los millones que están en
movimiento; organizando y suministrando una nueva teoría inclusiva para proveer
una diagnosis y una dirección estratégica. Una cosa está muy clara. El progreso
intelectual de esta Izquierda pujante, no depende de las modas y flaquezas de
los intelectuales prosternados que lanzan guijarros desde los puestos de
comando de las publicaciones de Izquierda que han perdido contacto con la
realidad. La lucha por las reformas en este movimiento está ligada a cambios
estructurales del imperio y en algunos casos del régimen de propiedad. Han emergido
múltiples agencias colectivas de mayor o menor fuerza que ponen en duda el
Nuevo Orden Imperial, luchando en unos pocos casos por el poder estatal.
Mientras los
escribidores de Relaciones Públicas montan una campaña de propaganda, usurpando
incluso el lenguaje de la Izquierda, para promover una ciencia ligada al
control y explotación de genes, plantas, etc., la Izquierda ha contraatacado
denunciando la naturaleza manipulativa e irreflexiva de la ingeniería genética
corporativa. Contra el abrazo irresponsable del desarrollo de las fuerzas
productivas (o destructivas) por parte de los escribidores corporativos (y de
un puñado de izquierdistas), la Izquierda ha llevado al foro la centralidad de
las relaciones sociales de producción como la definidora del significado,
contenido y consecuencias del trabajo científico y de la investigación básica.
En este sentido, la Izquierda emergente continúa y profundiza el trabajo
intelectual y la práctica del pasado medio siglo. Queda mucho por hacer,
particularmente en el campo de la clarificación ideológica, pero ya se ha
logrado mucho en la diagnosis del imperio, descubriendo sus defectos y creando
nuevos movimientos radicales.
1Perry Anderson, uno
de los intelectuales de izquierda más influyentes en el mundo anglosajón ha
escrito el ensayo más sucinto y polémico definiendo una nueva dirección para su
periódico The New Left Review. En este ensayo defiende la tesis de la dominación
total del imperio de los EE.UU. (que apoda "hegemonía de los EE.UU.")
y la total derrota y desintegración de la izquierda. Sin embargo, su tesis
tiene vicios profundos, en su método, su teoría y su análisis, llevándolo a una
retirada injustificada hacia una especie de posición centrista apolítica. Este
ensayo fue escrito, en parte, como una refutación de sus argumentos, pero lo
que es más importante, para definir un enfoque teórico alternativo. Véase
"Renewals"de Perry Anderson, New Left Review, Nº 1, (nueva
serie) enero-febrero 2000, páginas 5-24.
2Véase Anderson, obra
citada, páginas 9, 12, 15, 19, 24.
3C. Wright Mills, The
Power Elite,(New York: Oxford University Press 1956)
4Véase Anderson, op.
cit. páginas 6-11. Aunque el ensayo de Anderson se ocupa sobre todo de definir
una nueva dirección para su revista (NLR) y al hacerlo intenta suministrar un
contexto histórico-político para su forma y contenido cubriendo las últimas cuatro
décadas.
5El ataque de
Anderson contra los escritos teóricos o culturales entregados a la causa de la
política de lucha de clases y la defensa de la arcana posición reaccionaria del
"arte por el arte como tal" se evidencia en los siguientes
"Intentos de reclutar (sic) cualquier campo teórico o cultural para
propósitos instrumentales (sic) será siempre fútil o contraproducente... NLR
publicará artículos sin consideración a su relación directa, o la falta de una
tal relación, con agendas radicales familiares (sic)." El uso por Anderson
de términos peyorativos para caricaturizar a los intelectuales activistas y
deformar los temas en discusión, constituye una constante a través del ensayo y
sugiere que lo que le falta en sustancia lo compensa con su celo polémico. Vea Anderson,
p. 23
6Anderson coloca la
etiqueta de conformismo a los años 50 en la página 7 op. cit.
7Jean Paul Sartre,
Sartre on Cuba (N.Y.: Ballatine 1961) Paul Sweezy y Leo Huberman, "Cuba:
Anatomía de una Revolución" (N.Y.: Monthly Review 1960).
8Bill Warren,
Imperialism: Pioneer of Capitalism (Londres: NLR, 1990) Anderson, en una de sus
expediciones menos que lúcidas en el terreno de la ciencia para reforzar su
postura ideológica pasiva, escribe que "no hay a la vista una agencia
colectiva capaz de equiparar el poder del capital. Estamos en una época, en la
que la ingeniería genética se avecina (sic), en la que la única fuerza
revolucionaria que actualmente es capaz de afectar su equilibrio parece ser el
propio progreso científico - las fuerzas productivas, tan impopulares con los
marxistas convencidos de la primacía de las relaciones de producción, cuando
aún vivía un movimiento socialista. Pero si las energías humanas a favor de un
cambio de sistema vuelven jamás a resucitar, será desde dentro del metabolismo
(sic) del propio capitalismo." Vale la pena citar semejantes cavilaciones
para ilustrar la retirada de Anderson hacia el tipo de consignas que General
Electric popularizó en los años 50 (la ciencia es nuestro producto por
principio) y su uso ignorante de metáforas científicas para cubrir la pobreza
de su intento de diseñar una teoría de cambio social.
9Eric Wolfe, Peasant
Wars in the Twentieth Century (New York: Harper and Row, 1969).
10Regis Debray,
"Revolución en la Revolución" (New York: Monthly Review 1967). Para
una lectura crítica véase Regis Debray and the Latin American Revolution (N.Y.:
Monthly Review 1968).
11Véase Anderson
op.cit. p. 18. En este ensayo Anderson tiende a ignorar a escritores de mayor
competencia y profundidad, fuera de su pequeño círculo de colaboradores. Por
ejemplo, en el campo de los estudios mediáticos, Schiller, Parenti, Chomsky y
Herman han producido trabajos mucho más importantes sobre los medios de masas
que Debray, pero se cita sólo a éste.
12Luis Althusser,
Reading Capital (London: NLB, 1970).
13E.P. Thompson, The
Nation, 26 de febrero y 16 de abril, 1983.
14James Petras y
Morris Morley, "The Errors of Edward Thompson", End Papers
Nº6, Invierno de 19831984, páginas 105107.
15Entre los críticos
más virulentos de la renovación de la Izquierda en los años 60, y de oposición
a la revolución indochina, se encontraba el escritor estadounidense Irving Howe
y su trimestral Dissent.
16Sobre la
importancia revolucionaria del rock, Anderson escribe "Los dos hitos
dominantes del período (los 60) fueron la aparición de la música de rock como
una onda (sic) de sonido que todo lo invade, de revuelta juvenil... una forma
popular que se reclama tanto como una novedad estética como un levantamiento
social" (p.7). Del pop rock en los años 60 a la ciencia pop en los 90,
Anderson sigue el camino bien trillado de los gurus de la contracultura del
período anterior a los populistas del mercado de los 90.
17Todd Gitlin,
Sixties: Years of Hope, Days of Rage (New York: Bantam Boojs 1987).
18Véase Thomas Frank
One Market Under God (New York: Doubleday 2000). Especialmente relevante es el
capítulo 7 The Brand and the Intellectuals, páginas 252276.
19Los escritores de
este tipo incluyen a Samir Amin, Gunder Frank, y Wallerstein.
20Bob Brenner, del
consejo de redacción de New Left Review en una conversación privada.
21Perry Anderson
escribe en su estilo hiperbólico usual que "el capitalismo estadounidense
ha reafirmado contundentemente su primacía en todos los terrenos -económico,
político, militar, cultural- con un boom de ocho años sin precedentes... cabe
poca duda de que la posición competitiva subyacente de la economía de los
EE.UU. ha sido críticamente reforzada" Anderson op. cit., p. 10.
22Anderson afirma
repetidamente sus negativas categóricas de la existencia de una oposición
importante de izquierda, como para convencerse a sí mismo de su veracidad.
Pregunta y responde a su propia interrogación "¿Cuál es el
aspecto fundamental de la década pasada? En breve, puede ser definido como la
consolidación virtualmente incontestada y la difusión universal del
neoliberalismo" p.10. Unas pocas páginas más tarde, repite "En
general lo que es fuerte no es la aspiración democrática desde abajo, sino que
la asfixia del debate público y de la diferencia política por el capital, desde
arriba" p.16. En la página siguiente presenta argumentos aún más
exuberantes en un ataque más bien cercano a un derrotismo maníaco "por
primera vez desde la Reforma, ya no hay oposiciones importantes -es decir
enfoques rivales sistemáticos- dentro del mundo del pensamiento del Occidente:
y apenas alguna a escala mundial." (Anderson, p.17).
23La atracción de
Anderson hacia los ideólogos de la Derecha y sus escritos, es evidente en
algunas de sus generalizaciones indiscriminadas. "A diferencia (de la
Izquierda) con control del terreno de las construcciones políticas directas de
la época, la Derecha ha suministrado una visión fluida tras la otra de hacia
dónde va el mundo, o ha dejado de ir. -Fukujama, Brzezinski, Huntington,
Yergin, Luttwak, Friedman. Son escritores que unen una sola tesis poderosa con
un estilo popular fluido. Este género seguro... no encuentra igual en la
Izquierda" p.19. Llevado por su fervor por los ideólogos duros de Derecha,
Anderson señala más adelante que "La crítica más devastadora de la
expansión de la OTAN y de la guerra en los Balcanes vino a menudo de la
Derecha... La revista (NLR) debiera acoger intervenciones semejantes"
(p.24). Dudo si Le Pen, Haider, Buchanan tienen tiempo o interés en escribir
para NLR. En todo caso, está claro que Anderson no se refiere a la Derecha
respetable cuando se refiere a su "crítica devastadora" ya que los
escritores mencionados anteriormente apoyan todos la expansión de la OTAN, etc.
24Anderson escribe en
el idioma antiséptico del mundo académico sobre la Izquierda "... la mayor
parte de la tensión entre los impulsos (sic) desviados (sic) o insurgentes
desde abajo y el orden establecido ha sido absorbida al apropiarse el mercado
de la cultura juvenil y al institucionalizarla en gran parte de la misma manera
como antes encapsuló las prácticas de vanguardia, pero... de un modo mucho más
completo" (p.20). Las excursiones mal informadas de Anderson en el
balbuceo psicológico al discutir movimientos de Izquierda ("impulsos
desviados e insurgentes"), su amalgama ridícula de los principales
movimientos sindicales, campesinos y estudiantiles con la "cultura
juvenil" para hablar de una cooptación general, ocultan una triste declinación
de sus capacidades analíticas.
25Anderson suministra
una letanía de derrotas de la Izquierda que sorprendentemente incluye la
estagnación económica del capitalismo japonés (p.10-12).
26James Burnham,
Managerial Revolution: What is Happening in the World (New York: John Day 1941;
Charles Lindbergh describió al fascismo como "la ola del futuro" en
los años 30.
27Anderson subestima
groseramente el papel de la violencia en el mantenimiento de lo que apela la
"hegemonía de los EE.UU.". "La fuerza de este orden (de los
EE.UU.) no se basa en la represión sino en la dilución y la neutralización y
hasta ahora ha manejado sus nuevos desafíos con ecuanimidad" (p.16). De
nuevo uno se sorprende del intento de Anderson de dar profundidad a la
banalidad, adoptando una terminología seudo-científica.
28El abuso del
término "hegemonía" por Anderson para cubrir todos los casos de
régimen imperial (olvida de utilizar ni una sola vez la palabra 'Yo') es un
error mayúsculo en vista de la omnipresencia de la violencia, abierta o
encubierta, que caracteriza la pasada década de supremacía mundial de los
EE.UU.
29Quienes se
prosternan no son necesariamente partidarios del poder imperialista
estadounidense; incluyen a escritores incapaces de reconocer toda realidad que
no sea la del poder imperial, imbuidos de un sentido de respeto e
impresionabilidad ante los escribidores y publicistas de este poder y que
albergan una profunda hostilidad hacia los 'no-creyentes' que están
comprometidos en la lucha contra el imperio.
30Un caso típico de
los excesos polémicos de Anderson en el análisis de los movimientos verdes y
feministas profundamente divididos se encuentra en lo que sigue: "La
actividad de las feministas en los Estados Unidos y de los Verdes en Alemania
-donde cada movimiento es el más fuerte- al servicio del régimen de Clinton en
la Casa Blanca y de la guerra de la OTAN en los Balcanes, habla por si
misma" (p.16).
31Para una
información más detallada sobre las nuevas tendencias revolucionarias en
América Latina, vea mi libro: "Neoliberalismo en América Latina. La
izquierda devuelve el golpe" (Ed. Homo Sapiens, Rosario, Argentina, 1997)
32La desacertada
profecía de Perry Anderson se basa presumiblemente en su contacto con Cardoso
25 años antes, o se relaciona con su creencia en la capacidad intelectual
superior de los ideólogos de la Derecha.
33Del 19 al 21 de
enero de 2000, una huelga general y una amplia coalición de indígenas,
campesinos y oficiales de medio nivel del ejército capturó el parlamento y
estableció un régimen popular de brevísima duración. Manifestaciones similares
del poder de las masas que desafían a los regímenes clientes de los EE.UU.
ocurrieron en Bolivia, resultando en docenas de muertes y la derrota de las
políticas neoliberales. Asimismo en Paraguay, alianzas de estudiantes,
campesinos y sindicatos han bloqueado el retorno del régimen dictatorial. Decir
que esto no tiene importancia, que no se compara con una "oposición
real," es comprometerse en excusas reales o no intencionales. La primera
regla del realismo es reconocer el poder aunque venga de abajo y ocurra en el
Tercer Mundo.
34Véase la letanía de
Anderson sobre los defectos de la Izquierda activista de la actualidad, páginas
1314. Lo que le falta a Anderson en percepción de los pujantes
movimientos socio-políticos lo compensa con su psico-jerga, una versión de la
vieja argumentación ad hominum. Caracterizando que los intelectuales activistas
de Izquierda se involucran en un tipo de política de "consuelo"
escribe "... hay una tendencia humana natural a tratar de encontrar un
forro plateado en algo que de otra manera parecería un ambiente abrumadoramente
hostil. La necesidad de tener algún mensaje de esperanza induce a una
propensión a sobre-estimar la importancia de procesos contrarios, a investir
agencias inadecuadas con potenciales desinteresados, a alimentar ilusiones en
fuerzas imaginarias. También es cierto que ningún movimiento político puede
sobrevivir sin ofrecer alguna medida de socorro emocional a sus adherentes, lo
que en períodos de derrota significará inevitablemente elementos de
compensación psicológica" (p.13). Si podemos perdonar el excesivo cinismo
y las maquinaciones manipulativas que el Profesor Anderson imputa a los
dirigentes de las masas populares, tenemos que repudiar una pose que substituye
la psico-jerga por una discusión honesta y la discusión de programas, teorías y
estrategias con los activistas intelectuales.
35El profesor
Anderson, mientras desprecia a millones de manifestantes en India y miles en
Francia, que atacan la modificación genética ("no se ve en el horizonte
una agencia colectiva capaz de compararse con el poder del capital") se
une a los publicistas de Monsanto "Estamos en una época, en la que viene
la ingeniería genética, en la que la única fuerza revolucionaria que es capaz
actualmente de afectar su equilibrio parece ser el propio progreso
científico..." (p.17). La creencia de Anderson en la ciencia divorciada
del poder de clase y del estado que define las tareas y los usos de la
investigación y los descubrimientos científicos, y su apoyo sin crítica a la
ingeniería genética es demasiado extraño para justificar muchos comentarios.
36Las ventajas y
reformas obtenidas por los movimientos feministas y ecologistas en su lucha,
según Anderson, han "demostrado ser compatibles con las rutinas (sic) de
la acumulación"(p.16).
37Robin Blackburn
"Cuba on the Block", New Left Review, Nº 4, julio-agosto
2000, páginas 5-37. Hay muchas cosas de valor en este artículo pero es muy
débil respecto a los desafíos cubanos a la hegemonía de los EE.UU.
38Giovanni Arrighi,
Long Twentieth Century (London: Verso 1994). Basándose en un enfoque
histórico-teórico defectuoso, Arrighi argumentó: "Pero el desplazamiento
de una región 'antigua' (América del Norte) por una región 'nueva' (Asia
Oriental) como el centro más dinámico de los procesos de acumulación de capital
a escala mundial, ya es una realidad (p. 322).
39Anderson, p. 19
40Martín Wolf
"Not So New Economy", Financial Times, 1 de agosto de 1999, p. 10;
Robert Gorden "Has the New Economy Rendered the Productivity Slowdown
Obsolete", junio de 1999,
http://faculty-web.at.nwu/education/gordon/researchhome.htm.
41Perry Anderson
describe a estos ideólogos de derecha y sus polémicas publicaciones como sigue:
"Las doctrinas de la Derecha que han teorizado el capitalismo como un
orden sistemático retienen su inflexible firmeza. Aquellos que siempre han
creído en el valor superior de los mercados libres y de la propiedad privada de
los medios de producción incluyen a muchas figuras de enjundia
intelectual" (p.16). Por contraste, los activistas intelectuales de
izquierda son descritos como maximalistas "estériles", llenos de
"piedad" y eufemismos, que "creen en ilusiones, sosteniendo
mitos conformistas" y que "confunden lo deseable con lo
factible," p.14. ¡Cuidado Anthony Gitten, puede que Blair
encuentre a otro que le escriba sus discursos!
42Thomas Frank, One
Market Under God, op.cit., el capítulo 2 es especialmente relevante: "A
Gret Time of What¸Market Populism Explains Itself."
43Como argumenta
Anderson "Uno podría decir que por definición TINA (no hay alternativa en
inglés) sólo adquiere su plena fuerza una vez que un régimen de alternativa (la
Tercera Vía socialdemócrata) demuestra que verdaderamente no hay políticas alternativas"
(p. 11). Que se considere que los socialdemócratas son una alternativa y una
novedad histórica a sus políticas derechistas es absurdo.
44Anderson op. cit.
p. 16. Robert Brenner pone en duda parte del entusiasmo exuberante de Anderson
por la economía de los EE.UU. Vea "The Boom and the Bubble", NLR,
Nº 6, noviembre - diciembre 2000, pp. 5-44.
45Toda visión de los
desafíos al imperio de los EE.UU. y sus clientes y aliados debe incluir la
heroica lucha de los palestinos contra el régimen colonial de asentamientos de
Israel. A pesar de miles de víctimas, asesinatos, y de un bloqueo criminal infligido
por el gigante militar israelí, la Intifada continúa sin tener prácticamente
apoyo alguno del brillante círculo de escritores anglo-estadounidenses con sus
publicaciones político-literarias marxistas occidentales.
Acción
Directa De Clase Versus Política Electoral Populista
James Petras
Traducido para
Rebelión por Laura Abad
La historia reciente
ha sido testigo de levantamientos populares masivos que han derrocado a
políticos de derechas neoliberales en Bolivia (octubre de 2003), Argentina
(201), Ecuador (2000) y Perú (2001). Sin embargo, en posteriores elecciones,
han alcanzado el poder diferentes políticos burgueses, entre los que se
incluyen Da Silva en Brasil, Kirchner en Argentina, Mesa en Bolivia y Toledo en
Perú la izquierda marxista se enfrenta, una vez más, con el "viejo
debate" de si el liderazgo en la lucha contra el neo-liberalismo y contra
el imperialismo puede estar dirigido por la "burguesía nacional" o
por una alianza de clase que incluya a campesinos, cocaleros, funcionarios,
parados, subempleados, trabajadores rurales sin tierra y otros grupos de la
clase trabajadora.
A lo largo de los
últimos veinte años, políticas neoliberales han sido aplicadas por
"socialistas" (Chile), "populistas" (Argentina),
socialcristianos(Venezuela) y conservadores (México). Las decisivas fuerzas de
clase internas que han apoyado las retrógradas políticas de privatización,
austeridad selectiva, desnacionalización y ataques masivos a la legislación
laboral y social, han sido las de la burguesía en todas sus grandes variantes
-la banca, la industria, la agro-exportación, el comercio y el negocio
inmobiliario. La burguesía no se opuso, en ningún país, a las absorciones
imperialistas -fue la burguesía nacional, en Argentina, quien vendió las
empresas públicas a Estados Unidos y a multinacionales europeas. Todos los
regímenes electorales, sea cual sea su supuesta etiqueta, basaron sus
estrategias de desarrollo en asegurar el apoyo del capital local. Esto
condicionó su cooperación en la puesta en práctica de políticas neoliberales,
puesto que todos los sectores de la burguesía latinoamericana son parte
esencial de los circuitos internacionales financieros, comerciales y
tecnológicos dominados por el imperialismo estadounidense y europeo. Como
resultado, los "capitalistas trasnacionales" de Latinoamérica no
respaldaron ninguna campaña que se opusiera a los programas del FMI -al
contrario, los apoyaron. En consecuencia, las únicas fuerzas sociales que
actuaron para bloquear, resistir e incluso derrocar los regímenes neoliberales
fueron las de los movimientos de clase -incluyendo aquí a los campesinos indios,
los comités urbanos vecinales de parados, trabajadores rurales sin tierra,
trabajadores en condiciones precarias, campesinos, funcionarios (del petróleo,
de la electricidad, de la sanidad, profesores, etc.) y los autónomos pobres.
Sólo en contados casos excepcionales se sumaron a la guerra de clases los
trabajadores industriales organizados en sindicatos privados. Lo que es crucial
es que estas luchas no fueron protagonizadas ni dirigidas por la burguesía, ni
nacional ni internacional. La exitosa oposición a la privatización del agua en
Cocachamba (Bolivia) y de la electricidad en Arequipa (Perú), fue llevada a
cabo y apoyada por movimientos de masa populares ante la impotencia política o
complicidad de los partidos electorales nominalmente "populistas" o
"socialistas". En diciembre de 2001, movimientos populares masivos de
la clase media baja, en Argentina, se aliaron con los desempleados para
expulsar a varios posibles presidentes en cuestión de días. En Ecuador,
movimientos similares de indios y funcionarios organizaron el derrocamiento del
titular del cargo de presidente Mahuad, en enero de 2000 -y amenazan ahora con
hacer lo mismo con Lucio Guitiérrez, que abandonó a sus partidarios campesinos
indios para acoger a la "burguesía nacional" de Guayaquil. En octubre
de 2003, los cultivadores de coca de Yungas, los mineros de Guanín, los
desempleados urbanos y los subempleados de El Alto, junto con los
manufactureros y autónomos de La Paz y Cocachamba, hicieron caer al régimen
neoliberal de Sánchez de Losada -un destacado cliente capitalista de
Washington, respaldado por la "burguesía nacional" de Santa Cruz.
Conviene señalar
varias observaciones: la evidencia empírica e histórica demuestra que los
movimientos sociopolíticos de acción directa de clase han sido las únicas
fuerzas políticas capaces de resistir, cambiar e incluso derrocar los regímenes
y políticos neoliberales. No hay ninguna prueba de ningún régimen electoral en
el que la burguesía nacional jugara un papel esencial, que haya desafiado al
neoliberalismo o al acuerdo neocolonial patrocinado por los Estados Unidos, el
ALCA.
Las tácticas del
régimen de Da Silva
En noviembre de 2003,
una encuesta realizada a la elite empresarial latinoamericana concluyó que el
presidente brasileño Da Silva era el "mejor Presidente" de
Latinoamérica, por encima de la segunda opción, el presidente chileno Ricardo
Lagos, con un amplio margen (39% y 20%). Tanto en Estados Unidos como en
Latinoamérica (aunque en mucha menor medida), izquierdistas, periodistas y
académicos progresistas todavía se refieren a él como un líder popular de
"centro- izquierda". Para analizar las opuestas percepciones y
expectativas de capitalistas e izquierdistas, es necesario seguir una serie de
procedimientos metodológicos:
1. Transformación
histórica del PT -cómo ha evolucionado en los últimos 25 años.
2. Las relaciones
entre el PT y los gobiernos nacionales, estatales y municipales en los que ha
ostentado poder o sobre los que ha tenido influencia legislativa.
3. La naturaleza
mutante del programa del PT.
4. La campaña
electoral, las alianzas políticas y los pactos económicos durante las
elecciones presidenciales de 2002.
5. La
"imagen" y la realidad de un candidato.
6. La identidad, el
trasfondo y las prácticas de los funcionarios ministeriales y económicos clave
del régimen de Da Silva.
7. Las decisiones
político-económicas y las prioridades estratégicas de los primeros 14 meses del
régimen.
A principios de los
años 80, el PT estaba estrechamente vinculado a los movimientos Sociales. En su
interior había un variado debate y distintas tendencias políticas -de marxistas
a socialdemócratas y había un liderazgo colectivo. A principios de los 90, el
PT se convirtió en un instrumento electoral cada vez más dedicado
exclusivamente a las elecciones y con una creciente tendencia a la
"verticalidad" en su estructura decisoria. El margen de debate se
limitó y los dirigentes elegidos oscilaban entre las políticas
social-democráticas y social-liberales. Para las elecciones de 2002, el partido
ya estaba fuertemente centralizado y dirigido por Da Silva y su camarilla
personal. Más del 75% de los delegados en el congreso del partido eran
funcionarios, profesionales, dirigentes y el resto eran, en su mayoría,
burócratas sindicales a tiempo completo. El programa adoptó políticas de ajuste
estructural, flexibilidad laboral, pagos totales de la deuda exterior y
privatizaciones. El partido ya no era el "partido de los
trabajadores" en lo que se refiere a su programa, estructura y liderazgo
(Da Silva lleva fuera de las fábricas como funcionario a tiempo completo un
cuarto de siglo).
Desde principios de
los años 80 y hasta 2002, el PT mantuvo varios cargos de gobernador y gobernó
en muchos municipios -incluido Sao Paulo. El balance fue una mezcla de
políticas social-liberales y social-democráticas con poco apoyo activo a la
lucha por la reforma agraria de los Sin Tierra y ningún esfuerzo por
municipalizar los servicios públicos. El tan cacareado "presupuesto
participatorio" de Porto Alegre, según el cual los grupos vecinales dentro
de un municipio se unirían para tomar decisiones sobre las prioridades de
gasto, afectó sólo a una pequeña porción del presupuesto de la ciudad -que fue
acordado pro el consejo municipal. A finales de los años 90, los dirigentes del
PT elegidos privatizaron empresas públicas locales, aplicando impuestos regresivos
sobre los pensionistas e imponiendo una austeridad presupuestaria. La campaña
electoral presidencial de 2002 puso de manifiesto el autoritario giro del PT
hacia la derecha. No se consultó ningún asunto al partido, ni mucho menos a los
movimientos sociales, por no hablar ya de la población urbana, o los pobres del
campo. Da Silva y su camarilla personal eligieron a un millonario de la
industria textil del derechista Partido Liberal como candidato a la
vicepresidencia, acordaron un pacto con el FMI para reducir las pensiones, los
salarios y los programas sociales y destinaron un excedente de 4,5% del PIB
para pagar la deuda externa. Da Silva se negó a permitir que el PT participara
en un referéndum sobre el ALCA organizado por los movimientos sociales y la
iglesia progresista. La campaña de Da Silva fue financiada, en su mayor parte,
por grandes contratistas, mafiosos y capitalistas industriales -mostrado en
parte en un vídeo hecho público en febrero de 2004, en el que se veía uno de
los mayores mafiosos de Río realizando un pago a uno de los recaudadores de
fondos para la campaña de Da Silva de 2002.
Da Silva y su
camarilla liderada por Jose Dirceu (conocido como el "comisario"
dentro del PT por su estilo autoritario) eligió a los que debían tomar
decisiones económicas dentro del régimen -muchos de ellos firmes
neoliberalistas millonarios, de los cuales la mayoría nunca habían votado por
el PT. Henrique Meirelles, ex presidente del Fleet Boston Global Bank, fue
nombrado director del Banco Central. Antonio Palocci, ex trotskista convertido
al neoliberalismo fundamentalista, fue nombrado ministro de Economía. Luiz
Fernando Furlon, director del gigante de la alimentación Sadia, fue nombrado
ministro de Desarrollo y Comercio. Roberto Rodríguez, presidente de la
Brazilian Agribusiness Association, fuertemente vinculada a Monsanto, fue
nombrado ministro de Agricultura. Estos ministros y asesores de Da Silva
establecieron los parámetros socioeconómicos y la estrategia del régimen, que
después aprobó el 72% del partido. A la "izquierda" del PT se le
concedió varios ministerios con presupuestos y personal reducidos para trabajar
en un marco de "libre mercado". El mayor problema dentro del régimen
fue el del grado de apoyo a capital financiero exterior y doméstico y los
agro-exportadores y el capital industrial. En el mejor de los casos, se
ignoraron los intereses de los trabajadores, los Sin Tierra y los funcionarios.
En el peor, se les dañó gravemente.
Las políticas del
régimen de Da Silva
Dada la evolución del
PT, la estructura y composición del régimen y las alineaciones políticas con el
FMI y los grandes negocios locales, se puede entender la total aceptación de la
agenda neoliberal de Da Silva.
Política
macroeconómica
El régimen del PT
impuso una política de pago de la deuda que superó a la del acuerdo del ex
presidente Cardoso con el FMI. Aumentó el excedente del presupuesto al 4,25%
del PIB, destinando 150 billones de reales (aproximadamente $50 billones) a
entidades de crédito extranjeras y nacionales en 2003. Para ello, redujo los
pagos de pensiones a los funcionarios en más del 30% incluso para los retirados
con ingresos medios y bajos. Las políticas estrechamente financiadas, la
explosión de inversión especulativa y los pagos de la deuda llevaron a tasas de
desempleo en Sao Paulo (donde se concentra el 40% de la industria brasileña) a
un histórico 21%. Los salarios se cayeron en un 12% cuando Da Silva promovió la
moderación salarial para incentivar la "competitividad". Al mismo
tiempo el capital financiero, local y extranjero, con unos tipos de interés de
entre el 22% y el 18%, experimentaron una buena fase. Los especuladores del
mercado bursátil doblaron sus ingresos mientras la BOVESPA (la bolsa brasileña)
subió un 98% durante 2003.
Política y reforma
agraria
El agro-negocio
compartió esa bonanza. Los agro-exportadores crecieron un 20%, mayoritariamente
gracias a la floreciente demanda china de soja, algodón y otros artículos de
primera necesidad, así como por la política del régimen de canalizar la mayoría
de los créditos y financiar este sector. Mientras se beneficiaba el 10% de la
elite agricultora, la masa de trabajadores sin tierra fue ignorada -los
beneficiarios de la distribución de tierras disminuyeron muchísimo con Da
Silva. Antes de ser elegido, Da Silva prometió beneficiar a 60000 familias,
mientras que el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) demandaba
120000. El ex presidente Cardoso (estrecho aliado de Bush) estableció una media
de 40000 familias al año durante sus ocho años de mandato. El régimen de Da
Silva sólo estableció a 10000 familias -la cifra más baja desde el régimen
militar veinte años antes.
El régimen de Da
Silva ha puesto sobre la mesa una "reforma" laboral para 2004, además
de la privatización de las infraestructuras, una mayor desregulación, la
apertura de nuevas regiones del Amazonas para su explotación, la aprobación del
ALCA "suavizado" (comercio libre paso a paso y con reciprocidad). En
política exterior, Da Silva critica el ALCA porque la administración Bush no
aplica consistentemente políticas de libre mercado en relación a la
agricultura. Como ha señalado Da Silva repetidamente, "los mercados libres
traen prosperidad si se respetan por todas las partes". Brasil ha
intervenido en contra del régimen progresista de Chávez, organizando un grupo
apodado de "Amigos de Venezuela", compuesto por regímenes derechistas
hostiles a Chávez (Chile, México, España, Estados Unidos y Brasil). Cuando
Venezuela pidió que se añadiese un país con más simpatías por Venezuela, el
ministro de Exteriores brasileño Celso Amorin se negó. Como dijo entonces Fidel
Castro: "con amigos así, quién necesita enemigos". El servilismo de
Brasil es aún más evidente en el envío de policía militar a Haití en apoyo del
golpe, patrocinado por Estados Unidos, que derrocó al presidente Aristide. Da
Silva visitó al presidente Bush cinco veces durante 2002 y 2003, coordinando políticas
y buscando el respaldo de Wall Street y de Washington a su modelo de desarrollo
basado en el imperio (descrito por sus ideólogos como "la inserción de
Brasil en el modelo de la globalización).
Derechos humanos
La Comisión Pastoral
de la Tierra (CPT) ofrece los informes anuales más fiables y exhaustivos sobre
los derechos humanos en Brasil. Del 1 de enero al 30 de noviembre de 2003, la
CPT registró 71 asesinatos de trabajadores rurales, lo que supone un aumento
del 78% en relación con el año anterior. Las agresiones graves se duplicaron,
mientras que los intentos de asesinato crecieron un 76%. Hubo un aumento del
27% en el número de familias expulsadas de la tierra por orden judicial y un
aumento del 88% en los ocupantes de tierra expulsados por la fuerza. Varios
factores explican la benigna negligencia de Da Silva en materia de derechos
humanos.
En primer lugar y
ante todo, hay que mencionar el papel estratégico que juegan los grandes
terratenientes vinculados al sector de la agro-exportación en el del mercado de
divisas para pagar la deuda. Da Silva se muestra reticente a involucrarse en
conflictos que afecten a algún sector de los grandes terratenientes que pueda
"desestabilizar" a los agro-exportadores. De ahí el recurso de Da
Silva al subterfugio de la "jurisdicción limitada" y la
"división de poderes". Su autodefinida limitación de poderes en cuanto
a la violación de los derechos humanos no se corresponde, sin embargo, a la
privatización por decreto de los bancos estatales -pasando por alto el
Congreso.
La violación de
territorio indio ha aumentado dramáticamente, tal y como ha registrado la
agencia gubernamental de asuntos indígenas FUNAI, que ha visto su presupuesto y
personal reducido gracias al recorte del 10% en presupuesto social realizado
por Da Silva.
El proyecto favorito
de Lula, "Hambre Cero" también ha fracasado en su intento por
erradicar la pobreza -Da Silva redujo su presupuesto en un 25% para mantener lo
acordado con el FMI. Con su habitual demagogia teatral, Da Silva proclamó a
principios de su presidencia que todos los brasileños harían tres comidas al
día al final de su mandato. Entonces, viajó a su ciudad natal, Caetes, en el
noreste, para lanzar su programa "Hambre Cero". A finales de
diciembre de 2003, el obispo Irineu Roque Scherer, cuya jurisdicción incluye
Caetes, apuntó que "Da Silva tiene un discurso precioso con encanto que
convence a la población pero el PT no lo retoma. En consecuencia, el gobierno
promete, pero nada ocurre".
El régimen de Da
Silva ha definido clara y directamente un programa de cuatro años de
profundización y extensión de políticas neoliberales. El PT se ha aliado con
algunos de los partidos más retrógrados del congreso y las elites económicas
para sacar adelante políticas neoliberales. Su crítica a la política comercial
estadounidense va en la misma dirección -más libertad de comercio, no menos.
Para sacar adelante sus políticas, Da Silva ha eliminado y sancionado a más de
una docena de congresistas. Miles de militantes que construyeron el PT y se
involucraron en las primeras luchas han renunciado a su carnet de socio. El PT
los está sustituyendo con nuevos miembros reclutados con relaciones de patrón y
cliente. Si se analizan seriamente los lazos estructurales entre el capital
financiero y el régimen de Da Silva y la composición clasista y políticas del
régimen, lo que es evidente es un régimen de derecha con un profundo y
permanente compromiso con el neoliberalismo. Esto supone un gran revés para los
trabajadores brasileños, empleados y trabajadores del campo. Sin embargo, han
vuelto a las únicamente verdaderas y probadas formas de lucha -la movilización
de clase organizada a través de la acción directa, independientemente y, en
todo caso, en contra de las políticas de Da Silva.
La ocupación tierras
pasó de 176 en 2002 a 328 en 2003. El número de familias que participaron en la
ocupación de tierras creció de 26958 en 2002 a 54368 en 2003. En 2004, el
régimen de Da Silva promete mayores concesiones de capital financiero, inversores
extranjeros y superiores incentivos a los agro-exportadores. En marzo de 2004,
la resistencia popular ya ha aumentado y el conflicto de clase se extiende de
la industria al campo. Algunos comentadores se están planteando si el régimen
de Da Silva, como otros de su misma naturaleza, se verá forzado a dimitir antes
de que termine su mandato. Una vez más, la experiencia de Da Silva demuestra
que los regímenes "populistas" apoyados por la burguesía son
incapaces de resolver los problemas de Latinoamérica: estancamiento, desempleo,
trabajadores sin tierra y pillaje imperialista.
marzo de 2004
Democracia en Cuba:
Rendición de cuentas a los electores
x María Julia Mayoral
- [06.04.04 - 22:11]
Artículo extraído de
Granma sobre las reuniones de rendición de cuentas que los Delegados de
Circunscripción (diputados municipales) realizan cada 6 meses, barrio por
barrio, ante los ciudadanos que los han elegido. Estos representantes
gubernamentales recogen de primera mano las preocupaciones, críticas, reclamos
y sugerencias expresados por la población. Asimismo, no son propuestos ni
elegidos por el Partido Comunista de Cuba; todo ciudadano tiene derecho a
presentarse como candidato a Delegado de Circunscripción y a ser votado en su
barrio. Sencillamente, democracia construída de abajo a arriba.
Prueba de confianza
del elector a su delegado
Como quizás ningún
otro proceso a escala social en Cuba, las rendiciones de cuenta de los
delegados de circunscripción —ahora se inicia la tercera del actual mandato—
revelan periódicamente la alta estima de la población hacia sus instituciones.
Pero, ¿todos los componentes del sistema del Poder Popular responden por igual?
En cada oportunidad,
el elevado número de preocupaciones, críticas, reclamos y sugerencias
expresados por los electores, no solo "ponen sobre el tapete" las
dificultades de mayor relevancia, también confirman la confianza en ese espacio
de participación ciudadana.
Según cifras
aportadas por el diputado Tomás Cárdenas, presidente de la Comisión de Órganos
Locales de la Asamblea Nacional, en los 49 procesos de rendición de cuenta
celebrados hasta el momento (el presente es el 50) se han formulado 5 850 382
planteamientos, de ellos 617 906 durante el año 2003 en las dos rondas de
asambleas realizadas por los actuales delegados.
Para los cubanos, los
datos lo atestiguan, resultan válidos los encuentros periódicos con sus
representantes de base, aunque limitaciones objetivas del periodo especial,
errores de concepción en encomiendas dadas a los delegados e insuficiencias
humanas, puedan mellar la gestión del Poder Popular.
En nuestro país
constituye necesidad insoslayable garantizar la participación institucional y
efectiva del pueblo en la gestión estatal y de gobierno, y las rendiciones de
cuenta forman parte de ese ejercicio democrático.
La mayoría espera que
los electos no solo trasladen quejas y problemas, sino que estudien sus
soluciones mediante la participación de la comunidad y, al mismo tiempo,
propongan y exijan con mayor constancia las alternativas posibles.
Recientes análisis
promovidos por la Asamblea Nacional en todas las provincias, demuestran que
faltan profundidad y agilidad en las direcciones administrativas a la hora de
resolver u ofrecer respuestas a los planteamientos de los electores. También
hay consejos de dirección de entidades y empresas que no incluyen
sistemáticamente en su agenda el modo de atender esos reclamos y críticas.
Tampoco podrían
evaluarse de satisfactorio el control y la exigencia correspondientes a los
delegados, los Consejos Populares, las Asambleas Municipales y Provinciales, y
los respectivos Consejos de la Administración. Sería descabellado esperar la
perfección, pero siempre es posible trabajar mejor.
Hay pruebas frescas
para avalarlo. Por indicaciones de las máximas direcciones estatales y de
gobierno en el país, en cada territorio examinaron los planteamientos sin
solución con mayor antigüedad; ello ha permitido esclarecer causas, encontrar
respuestas o paliativos de carácter material, rectificar decisiones, cambiar
métodos de trabajo y definir con integralidad cuáles inversiones pueden
asumirse ahora o deberán ser incluidas en planes y presupuestos futuros, en la
medida en que la recuperación de la economía nacional lo permita.
Según aprecian las
propias Asambleas Provinciales del Poder Popular, tras el estudio (deberá ser
asumido como una práctica cotidiana), parte de los problemas acumulados empezó
a resolverse sin contar con más recursos. El cambio de enfoque en algunas prioridades,
el mayor control por parte de las direcciones de esos órganos y de los Consejos
de la Administración, actuaron como factores fundamentales.
Acciones de ese tipo
representan una forma concreta de elevar la autoridad de los delegados de
circunscripción. Con similar objetivo se está exigiendo a las administraciones
que antes de plantear la imposibilidad de solucionar cualquier asunto,
previamente deben discutirlo en su consejo de dirección y adoptarlo como
acuerdo de ese órgano. Así se trata de obligar a un examen colectivo y con
superior profundidad. Además, esas posibles negativas tienen que ser examinadas
y avaladas por la dirección correspondiente del Gobierno, pues con frecuencia
los electos en las circunscripciones han recibido (y aceptado a veces de forma
conformista) respuestas superficiales y poco convincentes.
El sistema del Poder
Popular abarca no solo al conjunto de órganos representativos (las asambleas),
de ello debería existir plena conciencia práctica. Sin embargo, a juzgar por
los hechos, algunas estructuras y órganos administrativos adolecen de la visión
correcta, lo cual repercute negativamente en su desempeño cotidiano y en la
atención que brindan a las opiniones de los electores.
Este proceso de
rendición de cuenta deberá convertirse en otra muestra de la confianza del
pueblo y, a la vez, en llamado de alerta al necesario y constante
perfeccionamiento del Poder Popular. Ni los delegados ni las Asambleas por sí
solos aseguran la salud del sistema.
Los
Perversos Efectos Psicológicos Del Capitalismo Salvaje Neoliberalismo,
Resistencia Popular Y Salud Mental
James Petras
Traducido para
Rebelión por Manuel Talens
Los quebrantos
socioeconómicos causados por la economía neoliberal son muy evidentes en todo
el planeta. Millones de trabajadores han perdido sus puestos, la patronal ha
obtenido un control casi absoluto del lugar de trabajo y ha aumentado con ello
los índices de explotación, mientras que decenas de millones de campesinos y de
pequeños agricultores han perdido sus trabajos, los salarios han disminuido y
la pobreza se ha disparado. Al mismo tiempo, la renta de los altos ejecutivos
de las principales corporaciones se ha multiplicado por 10.
Lo que no ha recibido
una atención seria es el daño psicológico infligido a los trabajadores
asalariados y eventuales, que en muchos aspectos es tan grave como las pérdidas
materiales. Las entrevistas, los testimonios y las visitas a las comunidades
revelan las patologías mentales debidas al desempleo, a la inseguridad en el
trabajo y a la degradación de éste: los índices de depresión crónica, de
rupturas familiares, de suicidio, de violencia doméstica, de malos tratos
infantiles y de comportamiento antisocial están en aumento, en particular si
los desempleados se encuentran aislados o son incapaces de exteriorizar su
hostilidad y su rabia
mediante la acción social colectiva. La impotencia social y política del
individuo genera impotencia personal y se expresa bajo la forma de pérdida de
la autoestima, de trastornos sexuales y de inversión de la rabia hacia el
interior, lo cual da lugar a un comportamiento autodestructivo. Soy de la
opinión que la organización y la acción colectivas, bajo la forma de
movimientos de desempleados, de organizaciones sociales comunitarias que llevan
a cabo exigencias colectivas tienen un efecto positivo no sólo sobre la
creación de nuevas oportunidades de trabajo, sino también desde el punto de
vista terapéutico. Las luchas colectivas incrementan la autoestima y la
eficacia personal, crean solidaridad y ofrecen una perspectiva social, todo lo
cual reduce la anomia.
Método
Con respecto a la
salud mental colectiva, el enfoque dialéctico es la mejor manera de estudiar la
relación existente entre fenómenos macropoliticoeconómicos, tales como el
neoliberalismo, y el comportamiento psicológico microsocial. De la misma manera
que las decisiones macroeconómicas que toman banqueros y ejecutivos afectan el
empleo –y, de rebote, el desempleo y las psiques individuales–, las respuestas
del trabajador –ya se trate de una depresión o de su implicación en un
movimiento social– pueden asimismo tener una consecuencia importante sobre la
macroeconomía, ya sea por medio de la ocupación de fábricas o del cambio de las
formas de la propiedad.
Franz Fanon, en su ya
clásico libro The Wretched of the Earth [Los desheredados de la tierra], señaló
los efectos psicológicos profundos y negativos que la opresión política y
económica ejerce sobre los individuos cuando éstos se encuentran atomizados. Estudios
recientes han puesto de relieve que el desempleo prolongado conduce a los
trabajadores al desánimo y a la falta de voluntad para inscribirse en las
listas oficiales de desempleo. Ello hace que las estadísticas distorsionen y
subestimen seriamente los índices reales, ya que no dejan constancia de los
trabajadores no inscritos por causa de depresión. A su vez, esto permite que
los portavoces de las clases dominantes hagan propaganda sobre la salud de la
economía y sobre la supuesta mejora del empleo.
La lógica dialéctica
de la estructura política y económica, de la organización social y de la mente
individual funciona desde los niveles superiores a los medios y desde éstos a
los inferiores. El capital internacional, la patronal local y la camarilla política,
que hace de correa de transmisión, toman las grandes decisiones en el nivel
superior y dichas decisiones reflejan las relaciones de poder existentes entre
las clases y los estados-nación. Este es el contexto actual que vive América
Latina entre el imperialismo yanqui y sus regímenes clientes.
Las decisiones de la
elite tienen un impacto sobre las organizaciones sociales, las relaciones de
clase entre los trabajadores asalariados, las organizaciones sociales, los
barrios, etc. La organización social sirve de mediador entre las clases
dominantes y el individuo, reforzando el impacto negativo, mejorando los
efectos u ofreciendo formas de resistencia colectiva. De manera dialéctica, la
reacción individual (o la falta de reacción) influye sobre la organización
social y, en circunstancias excepcionales, puede incluso invertir de manera
parcial o total las decisiones macroeconómicas y el dominio de las elites.
La salud mental, más
que un trastorno hereditario o anclado en las experiencias infantiles, está
socialmente determinada por las relaciones de poder, lo cual sugiere que
quienes sufren de enfermedad mental o depresión inducidas por el desempleo, la
inseguridad laboral o la disminución del nivel de vida, pueden acceder a la
curación a través de la resocialización adulta (la conciencia de clase), ya sea
a través de la organización colectiva o de la acción social.
Los problemas
socioeconómicos inducidos por el neoliberalismo tienen consecuencias para la
salud mental
El trabajo organiza
nuestra vida, nuestras costumbres diarias, nuestro ocio, nuestro nivel de vida
y nuestra vida familiar. La pérdida del trabajo altera la disciplina cotidiana,
vacía el bolsillo (o la cuenta bancaria) y deja al individuo lleno de deudas y
con una sensación de pánico. Hoy en día, la patronal utiliza tácticas de
choque: los despidos repentinos, sin previo aviso para evitar protestas u
organizaciones colectivas, aíslan todavía más a la víctima. Si la pérdida del
trabajo se vio precedida por un sentimiento de inseguridad, puede que el
trabajador o el empleado experimenten al principio una sensación de alivio
cuando la tensión entre el trabajo y su ausencia se ha resuelto, aunque sea de
manera desfavorable. No obstante, este alivio inicial se ve reemplazado por la
depresión cuando el desempleado va al mercado de trabajo y descubre que no hay
nada para él. El rechazo repetido de sus peticiones lo conduce a la depresión,
en especial cuando la ausencia de empleo se vive como un fracaso personal, lo
cual sucede cuando patrones y economistas culpan al individuo de no poseer los
atributos personales apropiados, de ser demasiado viejo, demasiado joven, de no
vivir en la región apropiada, etc. Sin embargo, cuando el desempleado socializa
su problema, comprueba que éste afecta a millones de otros seres y que los
responsables son las clases dominantes y las camarillas políticas y se entera
de que existen medios para exteriorizar la rabia mediante la acción política,
es menos probable que sufra los peores efectos de la depresión.
El segundo problema
inducido por el neoliberalismo es la reducción de los niveles de vida y de la
renta. Los despidos obligan a los trabajadores a buscar empleos peor pagados o
a echar mano de sus ahorros y, en muchos casos, a caer por debajo de los niveles
de pobreza. La pérdida de estatuto social, el miedo y la inseguridad frente a
la incapacidad de pagar las facturas de la electricidad, del agua o la hipoteca
de la casa crean una profunda y constante ansiedad y una pérdida del respeto de
sí mismo. En algunos casos, en especial entre los empleados de oficina, éstos
mantienen la fachada de respetabilidad incluso cuando sus bases materiales han
desaparecido. No es infrecuente observar a profesionales desempleados, con
chaqueta y corbata, leyendo los anuncios de trabajo en el periódico. El intento
desesperado de mantener las apariencias frente a la decadencia ha llevado a
comportamientos
esquizofrénicos: se vive como un proletario mientras que, al mismo tiempo, se
niega la realidad.
La pérdida del empleo
o los salarios de miseria dan lugar al colapso del estilo de vida, a la
pobreza, al aislamiento, a la intensificación de los conflictos familiares y a
una sensación de impotencia.
Las crisis económicas
del neoliberalismo, en particular el aumento del desempleo y la proliferación
de los trabajos mal pagados e inseguros, tienen múltiples efectos, que se
extienden más allá de las condiciones materiales de vida y afectan tanto al ser
social como a las relaciones más íntimas de los individuos que las sufren.
Los efectos sociales
y psicológicos
La personalidad al
completo se ve afectada por el colapso provocado por el neoliberalismo, pero la
respuesta varía según sean las personas y los contextos. La respuesta inicial
más frecuente es un choque profundo y una depresión, en muchos casos acompañados
de rabia que, si se posee conciencia de clase, se dirige contra los patrones o
los políticos tradicionales. Otros, quienes confían en sus jefes, pasan a
odiarse a sí mismos, pues aceptan las explicaciones que éstos les dan: son
‘culpables’ de lo que les sucede.
En tales
circunstancias, existe una tendencia a retraerse, a sentir vergüenza y perder
la autoestima, lo cual conduce a la disminución de la libido, al insomnio y a
la incapacidad para dar o recibir afecto. La hostilidad reprimida en contra del
poder superior se desplaza hacia abajo: contra la pareja, los hijos o los
amigos. Por el contrario, cuando el trabajador victimado socializa su
descontento y lo convierte en un problema público, es más fácil que la
hostilidad se canalice en movimientos sociales, que dirigen la agresión hacia
la patronal y el estado. No obstante, si no existen movimientos progresistas,
la hostilidad exteriorizada corre el peligro de caer bajo el control de grupos
que actúan contra otros trabajadores o colectivos marginales (minorías raciales,
mujeres inmigrantes, etc.).
Patologías extremas
En circunstancias
extremas, la interiorización de los problemas sociales o la autodepreciación
pueden conducir a tendencias al suicidio, a comportamientos autodestructores
(alcoholismo crónico o drogadicción), a conductas homicidas o a una paranoia
clínica. En un contexto político, la autodepreciación refuerza el complejo de
inferioridad y puede hacer que el individuo se ponga del lado de la poderosa
elite que le inflige los tormentos, o bien que desarrolle una personalidad
fascista, que se pone de rodillas ante los poderosos y ataca a los desvalidos.
Son, en potencia, tropas de ataque de la derecha listas para ser reclutadas.
Salud mental y
militancia social y política
Incluso si es casi
inevitable un cierto grado de trastorno mental con las crisis económicas y la
pérdida del empleo, su grado y duración pueden ser contrarrestados mediante las
propiedades curativas de la organización y la acción social y política.
Los efectos de choque
de los despidos de fábricas u oficinas pueden hacer que los trabajadores y los
empleados comprendan la naturaleza arbitraria y explotadora del poder
corporativo. El despido destruye el falso sentido de las lealtades y de las
obligaciones mutuas entre el capital y el mundo del trabajo y revela en toda su
brutalidad la auténtica sustancia de las relaciones capitalistas: los
beneficios están por encima del sustento, de la familia o del trabajador
individual. Y así, el trabajador sin empleo se ve forzado a aceptar que su
situación personal constituye un ejemplo del concepto marxista de los intereses
antagónicos entre el capital y el trabajo, pues los años de esfuerzo, de
puntualidad, de lealtad y de productividad no impiden que sea algo desechable,
como un condón que se tira después de utilizado.
La salud mental de
los trabajadores desempleados depende del grado de solidaridad social con que
se encuentran una vez expulsados de su lugar de trabajo. Entre el despido y las
organizaciones sociales de los trabajadores victimados, las relaciones del individuo
con su entorno social tienen un efecto importante sobre su salud mental.
Los movimientos
sociales, en particular las asambleas populares y los movimientos de
trabajadores desempleados, proporcionan un marco para la transformación de los
problemas privados individuales en respuestas sociales colectivas, pues
exteriorizan la hostilidad contra el sistema, contra la patronal económica y
política. Las asambleas son un foro donde los individuos pueden hablar y
expresar sus ideas y sentimientos, así como escuchar y aprender de otros que se
encuentran en la misma situación social. Las manifestaciones a favor de
exigencias programáticas proporcionan dirección y objetivos y ayudan a vencer
el sentido de impotencia, de aislamiento y de anomia.
La acción colectiva
es una forma de terapia social, pero no a través de la consulta de un
profesional de pago, sino en la calle, con la gente que comparte las mismas
condiciones en el mundo real, con sus peligros (de represión) y sus victorias
(los cambios sociales). La acción social incluye organización, participación,
implicación individual y debate, que aumentan la autoestima, porque utilizan
las capacidades y el conocimiento del desempleado. El logro de cambios o reformas
a través de la acción colectiva, ya sea bajo la forma de obras públicas
financiadas por el estado o de empresas económicas de base comunitaria,
proporcionan esperanza para el futuro y beneficios inmediatos.
En este contexto, la
catástrofe económica se convierte en una experiencia de aprendizaje, de
solidaridad práctica, no en una competición individual; de igualdad social, no
de distinciones injustas.
Cuando los
movimientos sociales de desempleados o las asambleas populares están
organizadas, se suelen basar en redes familiares y comunitarias. La familia, en
vez de convertirse en un terreno de conflicto, es la base del apoyo social,
donde los compañeros comparten trabajo casero y valores sociales comunes. Los
vecindarios se unen para organizar proyectos de autoayuda mientras se movilizan
para el cambio del sistema.
Las nuevas relaciones
creadas por los lazos sociales de solidaridad de clase disminuyen la alienación
encarnada en las relaciones corporativas y en las jerarquías estatales. La
integración social en los movimientos colectivos disminuye el comportamiento antisocial
y la inclinación a las tendencias delictivas.
Los sentimientos de
solidaridad en la familia refuerzan los lazos íntimos y el afecto personal. La
exteriorización de los conflictos aumenta la estima personal y el deseo sexual.
Los movimientos
sociales y la acción política no pueden ayudar a los individuos afectados de
patologías extremas o aumentar la autoestima de las víctimas que continúan
aferradas a sus verdugos. Tampoco la acción social resuelve los problemas
económicos fundamentales que deterioran la salud mental, pero es un paso en la
buena dirección hacia una nueva persona con mayor sensibilidad y solidaridad.
Ya lo dice el eslogan del movimiento de trabajadores desempleados: "Tocas
uno, tocas todos.

