© Libro
No. 387. Iluminaciones. Rimbaud, Arthur. Colección
Emancipación Obrera. Febrero 23 de 2013.
Título original: © Arthur
Rimbaud. Iluminaciones.
Versión Original:
Iluminaciones. Arthur
Rimbaud.
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
ARTHUR
RIMBAUD
ILUMINACIONES
Arthur Rimbaud

(Charleville, Francia,
1854-Marsella, id., 1891) Poeta francés. Sus padres se separaron en 1860, y fue
educado por su madre, una mujer autoritaria. Destacó pronto en el colegio de
Charleville por su precocidad. En septiembre de 1870 se fugó de casa por vez
primera y fue detenido por los soldados prusianos en una estación de París.
Arthur Rimbaud
Su profesor, Georges
Izambard, lo salvó de la cárcel, pero al mes siguiente intentó de nuevo la
fuga, esta vez dirigiéndose hacia la región del Norte. Después de trasladarse a
Bélgica, quiso emprender carrera como periodista en la ciudad de Charleroi. Entre
las dos fugas, había empezado a escribir un libro destinado a Paul Demeny,
pariente de su profesor y poeta reconocido en París.
Cuando regresó a
Charleville, en el invierno de 1870-1871, su colegio había sido convertido en
hospital militar. Huyó a París en febrero y fue testigo de los disturbios
provocados por la amnistía decretada por el gobierno de Versalles. Volvió con
su familia en marzo, en plena Comuna, y publicó la famosa Carta del vidente. Auténtico
credo estético, la Carta definía al poeta del futuro como un
«ladrón de fuego» que busca la alquimia verbal y lo desconocido a través de un
«largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos».
Verlaine, a quien había
enviado algunos poemas, le invitó a París. Rimbaud llegó con un poema, El barco ebrio, quizás la mayor
expresión de su genio visionario, que impresionó profundamente a su anfitrión.
En París, se integró enseguida en el círculo literario del club zutista y
escribió el Album zutique.
Tras una breve estancia en
Charleville, donde compuso algunos poemas sencillos, más o menos místicos,
nació una tormentosa relación amorosa con Verlaine, que empezó en el Barrio
Latino de París, en mayo de 1872. Tras abandonar a su esposa, Mathilde, Verlaine
se instaló con él en Bruselas y más tarde en Londres, para experimentar lo que,
según Rimbaud, debía ser la aventura de la poesía.
En contacto con los
partidarios exiliados de la Comuna, sus vidas se volvieron cada vez más
caóticas, a medida que uno y otro cultivaban las excentricidades de todo tipo.
En julio de 1873, Verlaine, el «desgraciado hermano» de Rimbaud, huyó a
Bruselas; pretendía enrolarse con los carlistas, o suicidarse. Llamó a Rimbaud,
éste acudió a su lado y volvieron las disputas. Verlaine, un carácter
depresivo, sospechando que iba a ser abandonado pronto, disparó a Rimbaud y lo
hirió, por lo que fue arrestado y encarcelado.
Mientras se recuperaba en
sus Ardenas natales, Rimbaud terminó el libro autobiográfico Una estancia en el infierno,
donde relataba su historia y daba cuenta de su rebeldía adolescente. Luego,
gracias a su madre, publicó Alquimia
del verbo, pero la obra no fue distribuida (Rimbaud dejó una copia en la
prisión, para Verlaine, y repartió otros pocos ejemplares entre sus amigos).
Regresó a Londres, acompañado por Germain Nouveau, en 1874, y escribió su
última obra, Las iluminaciones,
cerca de cincuenta poemas en prosa que proyectan sucesivos universos y proponen
una nueva definición del hombre y del amor. A los veinte años, abandonó la
literatura.
La segunda parte de su
vida fue una especie de caos aventurero. Empezó como preceptor en Stuttgart, se
alistó (y desertó luego) en el ejército colonial holandés y viajó en dos
ocasiones a Chipre (1879 y 1880). Después de distintas escalas en el Mar Rojo,
se instaló en Adén y más tarde en Harar (Etiopía). Se dedicó al comercio de
marfil, café, oro o cualquier producto que consiguiera por el trueque de alguna
mercancía europea; también envió informes a la Sociedad Francesa de Geografía.
En 1885 volvió a Adén y vendió armas. Atravesó el desierto de Danakil y se tomó
un tiempo de descanso en Egipto. Por último regresó a Harar, donde prosperaban
sus negocios. En 1891, aquejado de fuertes dolores en la pierna derecha, volvió
a Francia, donde le fue amputada y murió poco después en un hospital de
Marsella.
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rimbaud.htm
ILUMINACIONES
ARTHUR RIMBAUD
DESPUÉS
DEL DILUVIO
Tan pronto como la idea del Diluvio se
hubo serenado, Una liebre se detuvo entre las esparcetas y las campanillas
móviles y dijo su plegaria al arco iris a través de la tela de araña.
¡Oh!, las piedras preciosas que se
ocultaban, - las flores que miraban ya.
En la ancha calle sucia se alzaron los
tenderetes, y arrastraron las barcas hacia el mar escalonado arriba como en los
grabados.
La sangre corrió, en casa de Barba
Azul, - en los mataderos, - en los circos, donde el sello de Dios palideció
las ventanas. La sangre y la leche corrieron.
Los castores construyeron. Los
«mazagranes» humearon en los cafetines.
En la casona de cristales, todavía
chorreante, los niños de luto contemplaron las maravillosas imágenes.
Una puerta crujió, - y en la plaza de
la aldea, el niño hizo girar sus brazos, comprendido por las veletas y los
gallos de los campanarios de todas partes, bajo el resplandeciente aguacero.
Madame ***
instaló un piano en los Alpes. La misa y las primeras comuniones se celebraron
en los cien mil altares de la catedral.
Partieron las caravanas. Y el
Splendide-Hôtel fue edificado en el caos de hielos y noche polar.
Desde entonces, la Luna oyó gimotear a
los chacales por los desiertos de tomillo, - y a las églogas en zuecos gruñir
en el huerto. Luego, en el oquedal violeta, lleno de brotes, Eucaris me dijo
que era la primavera.
- Mana, estanque, - rueda, Espuma,
sobre el puente, y por encima de los bosques; - paños negros y órganos, -
relámpagos y trueno, - subid y rodad; - Aguas y tristeza, subid y reanimad los
Diluvios.
Porque desde que se disiparon, - ¡oh
las piedras preciosas enterrándose, y las flores abiertas! - ¡qué aburrimiento!,
y la Reina, la Bruja que enciende su brasa en la olla de barro, nunca querrá
contarnos lo que ella sabe, y que nosotros ignoramos.
INFANCIA
I
Este ídolo, ojos negros y crin
amarilla, sin padres ni corte, más noble que la fábula, mexicana y flamenca; su
dominio, azur y
verdor insolentes, corre sobre playas nombradas, por olas sin bajeles, de
nombres ferozmente griegos, eslavos, célticos.
En la linde del bosque, - las flores
de ensueño tintinean, estallan, relumbran, - la muchacha de labio de naranja,
con las rodillas cruzadas en el claro diluvio que surge de los prados, desnudez
que ensombran, atraviesan y visten los arco iris, la flora, el mar.
Damas que dan vueltas en las terrazas
vecinas al mar; infantas y gigantas, soberbias, negras en el musgo cardenillo,
joyas alzadas sobre el suelo feraz de los bosquetes y de los jardincillos
deshelados, - jóvenes madres y hermanas mayores de miradas llenas de
peregrinaciones, sultanas, princesas de andares y atuendo tiránicos, pequeñas
forasteras y personas dulcemente desdichadas.
Menudo aburrimiento la hora del
«querido cuerpo» y «querido corazón».
II
Es ella, la pequeña muerta, detrás de
los rosales. - La joven mamá difunta baja la escalinata. - La calesa del primo
rechina en la arena. - El hermano pequeño - (¡está en las Indias!) ahí, ante el
crepúsculo, sobre el prado de claveles. - Los viejos que han enterrado totalmente
tiesos en la muralla de los alhelíes.
El enjambre de hojas de oro rodea la
casa del general. Están en el sur. - Se sigue el sendero rojo para llegar al
albergue vacío. El castillo está en venta; las persianas están desprendidas. -
El cura se habrá llevado la llave de la iglesia. - Alrededor del parque, las
casetas de los guardas están deshabitadas. Las empalizadas son tan altas que
sólo se ven las cimas rumorosas. Además dentro no hay nada que ver.
Los prados suben hacia las aldehuelas
sin gallos, sin yunques. La esclusa está levantada. ¡Oh los Calvarios y los
molinos del desierto, las islas y las muelas!
Zumban flores mágicas. Los taludes le
mecían. Circulaban animales de una elegancia fabulosa. Las nubes se agolpaban
sobre la alta mar hecha de una eternidad de cálidas lágrimas.
III
En el bosque hay un pájaro; su canto
os detiene y os hace sonrojar.
Hay un reloj que no suena.
Hay un hoyo con un nido de animales
blancos.
Hay una catedral que baja y un lago
que sube.
Hay un cochecito abandonado en el
bosquecillo, o que desciende por el sendero corriendo, adornado con cintas.
Hay una compañía de pequeños
comediantes con trajes de escena, divisados en el camino por entre la linde del
bosque.
Hay en fin, cuando se tiene hambre y
sed, alguien que os echa.
IV
Yo soy el santo, orando en la terraza,
- como los animales pacíficos pacen hasta el mar de Palestina.
Yo soy el sabio en el sillón umbrío.
Las ramas y la lluvia se arrojan contra el ventanal de la biblioteca.
Yo soy el peatón del camino real entre
los bosques enanos; el murmullo de las esclusas cubre mis pasos. Veo largo
rato la melancólica lejía dorada del poniente.
Con gusto sería el niño abandonado en
la escollera que partió hacia alta mar, el pajecillo que sigue la alameda cuya
frente toca el cielo.
Los senderos son ásperos. Los
montículos se cubren de retamas. El aire está inmóvil. ¡Qué lejos están los
pájaros y las fuentes! Esto sólo puede ser el fin del mundo, que avanza.
V
Que me alquilen por fin esa tumba,
blanqueada a la cal con las líneas del cemento en relieve - muy lejos bajo
tierra.
Me acodo en la mesa, la lámpara
ilumina vivamente estos periódicos que, idiota de mí, releo, estos libros sin
interés.
A una distancia enorme por encima de
mi salón subterráneo, las casas se implantan, las brumas se reúnen. El barro
es rojo o negro. ¡Ciudad monstruosa, noche sin fin!
No tan alto, están las cloacas. A los
lados, nada más que el espesor del globo. Acaso los abismos de azur,
pozos de fuego. Acaso sea en esos
planos donde se encuentran lunas y cometas, mares y fábulas.
En las horas de amargura imagino bolas
de zafiro, de metal. Soy dueño del silencio. ¿Por qué una apariencia de
tragaluz palidecería en el rincón de la bóveda?
CUENTO
Se sentía vejado un Príncipe por no
haberse dedicado nunca más que a la perfección de las generosidades vulgares.
Preveía asombrosas revoluciones del amor, y sospechaba en sus mujeres mejores
capacidades que esa complacencia adornada de cielo y de lujo. Quería ver la
verdad, la hora del deseo y de la satisfacción esenciales. Fuese o no una
aberración de piedad, así lo quiso. Poseía cuando menos un poder humano bastante
amplio.
Todas las mujeres que le habían
conocido fueron asesinadas. ¡Qué saqueo del jardín de la belleza! Bajo el
sable, ellas lo bendijeron. No encargó otras nuevas. - Las mujeres
reaparecieron.
Mató a cuantos le seguían, después de
la caza o las libaciones. - Todos le seguían.
Se divirtió degollando los animales de
lujo. Hizo arder los palacios. Se abalanzaba sobre la gente y los descuartizaba.
- La muchedumbre, los tejados de oro, los bellos animales seguían existiendo.
¡Cabe extasiarse en la destrucción,
rejuvenecer mediante la crueldad! El pueblo no murmuró. Nadie ofreció la ayuda
de sus puntos de vista.
Una tarde galopaba altivo. Apareció un
Genio, de belleza
inefable, inconfesable incluso. ¡De su fisonomía y de su porte destacaba la
promesa de un amor múltiple y complejo! ¡De una felicidad indecible,
insoportable incluso! El Príncipe y el Genio se aniquilaron probablemente en
la salud esencial. ¿Cómo habrían podido no morir por ello? Juntos, pues,
murieron.
Pero ese Príncipe falleció, en su
palacio, a una edad ordinaria. El Príncipe era el Genio. El Genio era el Príncipe.
La música sabia falta a nuestro deseo.
DESFILE
Solidísimos bribones. Muchos han
explotado vuestros mundos. Sin necesidades, y poco dispuestos a poner en
práctica sus brillantes talentos y su experiencia de vuestras conciencias.
¡Qué hombres tan maduros! ¡Ojos alelados a la manera de la noche de estío,
rojos y negros, tricolores, de acero punteado por estrellas de oro; semblantes
deformes, plomizos, lívidos, incendiados; alocadas ronqueras! ¡El paso cruel
de los oropeles! - Hay algunos jóvenes, - ¿cómo mirarían a Querubín? - dotados
de voces espantosas y de algunos recursos peligrosos. Los envían a pavonearse
en la ciudad, ridículamente ataviados de un lujo repugnante.
¡Oh el más violento Paraíso de la
mueca rabiosa! Sin comparación con vuestros Faquires y demás bufonadas
escénicas. En trajes improvisados con el sabor del mal sueño representan
endechas, tragedias de malandrines y de semidioses espirituales como nunca lo
han sido la historia o las religiones. Chinos, hotentotes, zíngaros, necios,
hienas, Molocs, viejas demencias, demonios siniestros, mezclan giros
populares, maternales, con las posturas y las ternuras bestiales.
Interpretarían piezas nuevas y canciones para «señoritas». Maestros juglares,
transforman el lugar y las personas y emplean la comedia magnética. Llamean los
ojos, la sangre canta, los huesos se ensanchan, las lágrimas y unos hilillos
rojos chorrean. Su burla o su terror dura un minuto, o meses enteros.
Sólo yo tengo la clave de este desfile
salvaje.
ANTIGUO
¡Gracioso hijo de Pan! En derredor de
tu frente coronada de florecillas y de bayas tus ojos, bolas preciosas, se
mueven. Manchadas de heces pardas, tus mejillas se sumen. Relucen tus
colmillos. Tu pecho parece una cítara, circulan tintineos por tus brazos
rubios. Tu corazón late en ese vientre donde duerme el doble sexo. Paséate, de
noche, moviendo suavemente ese muslo, ese segundo muslo y esa pierna izquierda.
BEING BEAUTEOUS
Ante una nieve un Ser de Belleza de
elevada estatura. Silbidos de muerte y círculos de música sorda hacen subir,
ensancharse y temblar como un espectro este cuerpo adorado; heridas escarlatas
y negras estallan en las carnes magníficas. Los colores propios de la vida se
oscurecen, danzan, y se disipan en torno a la Visión, en el taller. Y los
escalofríos se levantan y gruñen, y el furioso sabor de estos efectos
cargándose de los silbidos mortales y las roncas músicas que el mundo, allá
lejos tras nosotros, lanza sobre nuestra madre de belleza, - ella retrocede, se
yergue. ¡Oh!, nuestros huesos se han revestido de un nuevo cuerpo amoroso.
X X X
¡Oh la faz cenicienta, el escudo de
crin, los brazos de cristal! ¡El cañón sobre el que debo arrojarme por entre la
refriega de los árboles y el aire leve!
VIDAS
I
¡Oh las enormes avenidas del país
santo, las terrazas del templo! ¿Qué se ha hecho del brahmán que me explicó
los Proverbios? ¡De entonces, de allá lejos, todavía veo incluso a las viejas!
Me acuerdo de las horas de plata y sol hacia los ríos, la mano del campo sobre
mi hombro, y nuestras caricias de pie en las llanuras de pimienta. - Un revuelo
de palomos escarlatas truena alrededor de mi pensamiento. - Exiliado aquí, he
tenido una escena donde representar las obras maestras dramáticas de todas las
literaturas. Os señalaría las riquezas inauditas. Observo la historia de los
tesoros que encontrasteis. ¡Veo la continuación! Mi sabiduría es tan desdeñada
como el caos. ¿Qué es mi nada, ante el estupor que os espera?
II
Soy un inventor de muy distinto mérito
que cuantos me precedieron; un músico incluso, que ha encontrado algo así como
la clave del amor. Ahora, gentilhombre de una campiña áspera en el sobrio
cielo, trato de emocionarme con el recuerdo de una infancia mendicante, del
aprendizaje o de la llegada en zuecos, de las polémicas, de las cinco o seis
viudeces, y de algunas nupcias en las que mi testarudez me impidió estar a tono
con mis camaradas. No añoro mi antigua porción de alegría divina: el aire
sobrio de esta áspera campiña alimenta muy activamente mi atroz escepticismo.
Pero como en adelante ese escepticismo no puede ponerse en práctica, y como además
me he entregado a una nueva turbación, - espero llegar a ser un loco muy
malvado.
III
En un granero donde fui encerrado a
los doce años conocí el mundo, ilustré la comedia humana. En una bodega
aprendí la historia. En alguna fiesta nocturna en una ciudad del Norte
encontré todas las mujeres de los antiguos pintores. En un viejo pasaje de
París me enseñaron las ciencias clásicas. En una magnífica morada cercada por
el Oriente entero, realicé mi inmensa obra y pasé mi ilustre retiro. He
agitado mi sangre. Mi deber me ha sido condonado. Ni siquiera hay que seguir
pensando en eso. Soy realmente de ultratumba, y basta de encargos.
PARTIDA
Visto suficiente. La visión se ha
vuelto a encontrar en todos los aires.
Tenido suficiente. Rumores de las
ciudades, por la noche, y al sol, y siempre.
Conocido suficiente. Los parones de la
vida. - ¡Oh Rumores y Visiones!
¡Partida en el afecto y el ruido
nuevos!
REALEZA
Una hermosa mañana, en un pueblo muy
amable, un hombre y una mujer soberbios gritaban en la plaza pública. «¡Amigos
míos, quiero que sea reina!» «Quiero ser reina». Ella reía y temblaba. Él
hablaba a los amigos de revelación, de prueba terminada. Se extasiaban el uno
junto el otro.
De hecho fueron reyes toda una mañana
en que las colgaduras carmesíes se desplegaron en las casas, y toda la tarde,
en que juntos avanzaron hacia los jardines de palmas.
A UNA RAZÓN
Un golpe de tu dedo sobre el tambor
descarga todos los sonidos e inicia la nueva armonía.
Un paso tuyo. Y es el alzamiento de
los hombres nuevos y su caminar.
Tu cabeza se vuelve: ¡el nuevo amor!
Tu cabeza gira, - ¡el nuevo amor!
«Cambia nuestros lotes, criba las
plagas, empezando por el tiempo», te cantan esos niños. «Eleva no importa
adónde la sustancia de nuestras fortunas y nuestros anhelos», te ruegan.
Llegada desde siempre, tú que irás por
todas partes.
MAÑANA DE EMBRIAGUEZ
¡Oh mi Bien! ¡Oh mi Bello!
¡Charanga atroz en la que ya no tropiezo! ¡Mágico potro de tormento! ¡Hurra por
la obra inaudita y por el cuerpo maravilloso, por la primera vez! Empezó bajo
las risas de los niños, acabará por ellas. Este veneno ha de permanecer en
todas nuestras venas aun cuando, agriada la fanfarria, seamos devueltos a la
antigua armonía. ¡Oh, ahora nosotros, tan digno de estas torturas!, recojamos
fervientemente esta sobrehumana promesa hecha a nuestro cuerpo y a nuestra alma
creados: ¡esa promesa, esa demencia! ¡La elegancia, la ciencia, la violencia!
Se nos ha prometido enterrar en la sombra el árbol del bien y del mal,
deportar las honestidades tiránicas, con el fin de que trajésemos nuestro
purísimo amor. Empezó con ciertas repugnancias y acabó, -al no poder agarrar en
el acto esa eternidad, - acabó por una desbandada de perfumes.
Risa de niños, discreción de esclavos,
austeridad de vírgenes, horror por las figuras y los objetos de aquí, ¡sacrosantos
seáis por el recuerdo de esta vigilia! Empezaba con la mayor zafiedad, y
concluye por ángeles de llama y de hielo.
Breve vigilia de embriaguez, ¡santa!,
aunque sólo fuera por la máscara con que nos has gratificado. ¡Nosotros te
afirmamos, método! No olvidamos que ayer has glorificado cada una de nuestras
edades. Tenemos fe en el veneno. Sabemos dar nuestra vida entera todos los
días.
He aquí el tiempo de los Asesinos.
FRASES
Cuando el mundo sea reducido a un solo
bosque negro para nuestros cuatro ojos atónitos, - a una playa para dos niños
fieles, - a una casa musical para nuestra clara simpatía, - yo te encontraré.
Que no haya aquí abajo más que un
anciano solo, calmo y hermoso, rodeado de un «lujo inaudito», - y yo estaré a
tus pies.
Que yo haya cumplido todos tus
recuerdos, - que yo sea aquella que sabe darte garrote, - yo te ahogaré.
Cuando somos muy fuertes, - ¿quién
retrocede?, cuando estamos muy alegres, - ¿quién hace el ridículo? Cuando
somos muy malvados, - ¿qué harían con nosotros? Engalanaos, bailad, reíd. -
Nunca podré arrojar el Amor por la ventana.
- ¡Compañera mía, mendiga, niña
monstruo!, qué poco te importan estas desdichadas y estas artimañas, y mis
apuros. Únete a nosotros con tu voz imposible, ¡tu voz!, único adulador de esta
vil desesperanza.
[FRASES II]
Una mañana cubierta, en julio. Un
sabor a cenizas vuela en el aire; - un olor a leña sudando en el fogón, - las
flores enriadas - el destrozo de los
paseos, - la llovizna de los canales en los campos - ¿por qué no ya los
juguetes y el incienso?
XXX
He tendido cuerdas de campanario a
campanario; guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a
estrella, y bailo.
XXX
El alto estanque humea continuamente.
¿Qué bruja va a erguirse en el blanco crepúsculo? ¿Qué frondas violetas han de
descender?
XXX
Mientras los fondos públicos se gastan
en fiestas de fraternidad, suena una campana de fuego rosa en las nubes.
XXX
Avivando un agradable sabor a tinta
china, un polvo negro llueve dulcemente sobre mi velada. - Bajo la luz de la
lámpara, me echo en la cama y, vuelto del lado de la sombra, os veo, ¡hijas
mías!, ¡mis reinas!
XXX
OBREROS
¡Oh aquella cálida mañana de febrero!
El Sur inoportuno vino a reavivar nuestros recuerdos de indigentes absurdos,
nuestra joven miseria.
Henrika vestía una falda de algodón a
cuadros blancos y marrones, que debió llevarse en el siglo pasado, una cofia
con cintas, y un pañuelo de seda. Aquello era mucho más triste que un duelo.
Dábamos una vuelta por las afueras. El tiempo estaba nublado y aquel viento
del Sur excitaba todos los infames olores de los jardines asolados y de los
prados resecos.
Aquello no debía fatigar a mi mujer
tanto como a mí. En un charco dejado por la inundación del mes anterior en un
sendero bastante alto, me hizo reparar en unos pececillos diminutos.
La ciudad, con sus humos y sus ruidos
laborales, nos seguía desde muy lejos por los caminos. ¡Oh el otro mundo, la
morada bendecida por el cielo y las umbrías! El Sur me recordaba los miserables
incidentes de mi infancia, mis desesperaciones estivales, la horrible cantidad
de fuerza y de ciencia que el destino siempre mantuvo alejada de mí. ¡No!, no
pasaremos el verano en este avaro país donde nunca seremos más que unos novios
huérfanos. Quiero que este brazo endurecido deje de tirar de una querida imagen.
LOS PUENTES
Cielos grises de cristal. Un extraño
trazado de puentes, rectos éstos, arqueados aquéllos, otros en descenso o en
ángulos oblicuos sobre los primeros, y esas figuras reproduciéndose en los
demás circuitos iluminados del canal, pero todos tan largos y ligeros que las
orillas cargadas de cúpulas pierden altura y menguan. Algunos de estos puentes
todavía están cargados de casuchas. Otros sostienen mástiles, señales,
frágiles parapetos. Acordes menores se cruzan, y se pierden, de los ribazos
suben unas cuerdas. Se distingue una chaqueta roja, acaso otros trajes e
instrumentos de música. ¿Son canciones populares, fragmentos de conciertos
señoriales, restos de himnos públicos? El agua es gris y azul, ancha como un
brazo de mar. - Un rayo
blanco, cayendo desde lo alto del cielo, aniquila esta comedia.
CIUDAD
Soy un efímero y no demasiado
descontento ciudadano de una metrópoli creída moderna porque todo gusto conocido
ha sido evitado en los mobiliarios y en el exterior de las casas así como en el
trazado de la ciudad. Aquí no podríais distinguir las huellas de ningún
monumento de superstición. La moral y la lengua están reducidas a su más simple
expresión, ¡por fin! Estos millones de seres que no necesitan conocerse llevan
tan pareja la educación, el oficio y la vejez que ese transcurso de sus vidas
debe ser varias veces menor del que establece una loca estadística para los
pueblos del continente. Hasta qué punto, desde mi ventana, veo nuevos espectros
rodando a través de la espesa y eterna humareda de carbón, - ¡nuestra sombra de
los bosques, nuestra noche de estío! - nuevas Erinias, ante mi casita de campo,
que es mi patria y todo mi corazón, ya que todo aquí se parece a esto, - la
Muerte sin lágrimas, nuestra activa
hija y servidora, un Amor desesperado, y un bonito Crimen piando en el barro
de la calle.
RODERAS
A la derecha el alba de estío
despierta las hojas y los vapores y los ruidos de este rincón del parque, y los
taludes de la izquierda conservan en su sombra violeta las mil rápidas roderas
de la ruta húmeda. Desfile de encantamientos.
En efecto: carros cargados de animales de madera dorada, de mástiles y de
lonas abigarradas, al galope tendido de veinte caballos de circo jaspeados, y
los niños y los hombres sobre sus más asombrosos animales; - veinte vehículos
repujados, empavesados y floridos como carrozas antiguas o de cuentos, llenos
de niños emperifollados para una pastoral suburbana. - E
incluso ataúdes bajo su dosel de noche
irguiendo los penachos de ébano, pasando al trote de grandes yeguas azules y
negras.
CIUDADES
[I]
La acrópolis oficial exagera las
concepciones más colosales de la barbarie moderna. Imposible expresar la luz
mate producida por el cielo inmutablemente gris, el esplendor imperial de las
construcciones, y la nieve eterna del suelo. Han reproducido con un gusto de
singular enormidad todas las maravillas clásicas de la arquitectura. Asisto a
exposiciones de pintura en locales veinte veces más amplios que Hampton-Court.
¡Qué pintura! Un Nabucodonosor noruego ha hecho construir las escalinatas de
los ministerios; los subalternos que he podido ver son ya más arrogantes que
Brahmas, y he temblado ante el aspecto de los guardianes de colosos y oficiales
de obras. Con el agrupamiento de los edificios en squares,
patios y terrazas cerradas, han
eliminado a los cocheros. Los squares
representan la naturaleza primitiva labrada
por un arte soberbio. El barrio alto tiene partes inexplicables: un brazo de
mar, sin barcos, despliega su estrato de granizo azul entre muelles cargados de
candelabros gigantes. Un breve puente conduce a una poterna justo debajo de la
cúpula de la Sainte-Chapelle. Esta cúpula es una armazón de acero artístico de unos
quince mil pies de diámetro.
En algunos puntos de las pasarelas de
cobre, de las plataformas, de las escaleras que rodean las plazas de mercado
y los pilares, ¡creí poder juzgar la profundidad de la ciudad! Es del prodigio
de lo que no pude darme cuenta: ¿a qué niveles están los otros barrios por
encima o por debajo de la acrópolis? Para el extranjero de nuestro tiempo,
reconocerlo es imposible. El barrio comercial es un circus
de estilo único, con galerías de
soportales. No se ven tiendas. Mas la nieve de la calzada está aplastada, algunos
nababs, tan escasos como los paseantes de una mañana de domingo en Londres, se
dirigen hacia una diligencia de diamantes. Algunos divanes de terciopelo rojo:
sirven bebidas polares cuyo precio oscila entre las ochocientas y las ocho mil
rupias. Ante la idea de buscar teatros en este circus, me digo que en las tiendas deben ocurrir dramas
bastante sombríos. Pienso que existe una policía; mas la ley debe ser tan
extraña que renuncio a formarme una idea de los aventureros de aquí.
El arrabal tan elegante como una
hermosa calle de París se ve favorecido por un aire luminoso. El elemento democrático
cuenta con unos cientos de almas. Tampoco aquí las casas se suceden; el arrabal
se pierde extrañamente en el campo, en el «Condado» que ocupa el occidente
eterno de bosques y plantaciones prodigiosas donde los gentilhombres salvajes
salen a la caza de sus crónicas bajo la luz que se ha creado.
[II]
¡Son ciudades! ¡Un pueblo para el que
se levantaron esos Alleghanys y esos Líbanos de sueño! Chalés de cristal y madera que se mueven sobre raíles y poleas
invisibles. Los viejos cráteres ceñidos por colosos y palmeras de cobre rugen
melodiosamente entre las llamas. Amorosas fiestas resuenan sobre los canales
colgados detrás de los chalés. La caja de los carillones chirría en las gargantas.
Corporaciones de cantores gigantes acuden con ropajes y oriflamas
resplandecientes como la luz de las cimas. Sobre las plataformas en medio de
los precipicios los Roldanes tañen su bravura. Sobre las pasarelas del abismo
y los techos de las posadas el ardor del cielo engalana los mástiles. El
derrumbamiento de las apoteosis llega a los campos de las alturas donde las
centauras seráficas evolucionan entre las avalanchas. Por encima del nivel de
las crestas más altas un mar agitado por el nacimiento eterno de Venus, cargado
de flotas orfeónicas y del rumor de las perlas y las conchas preciosas, - el
mar se ensombra a veces con destellos mortales. En las laderas mugen cosechas
de flores del tamaño de nuestras armas y nuestras copas. Cortejos de Mabs con
atuendos rojos, opalinos, ascienden los barrancos. Arriba, con las patas en la
cascada y las zarzas, los ciervos maman de Diana. Las Bacantes de los suburbios
sollozan y la luna arde y aúlla. Venus entra en las cavernas de los herreros y
los ermitaños. Grupos de campanarios cantan las ideas de los pueblos. De
castillos construidos con huesos sale la música desconocida. Todas las
leyendas evolucionan y los impulsos se precipitan en los burgos. El paraíso de
las tormentas se derrumba. Los salvajes bailan sin cesar la fiesta de la noche.
Y yo he descendido una hora a la bulla de un bulevar de Bagdad donde unas
compañías han cantado la alegría del trabajo nuevo, bajo una brisa espesa,
circulando sin poder eludir los fabulosos fantasmas de los montes donde debimos
volver a encontrarnos.
¿Qué buenos brazos, qué hermosa hora
me devolverán a esta región de donde vienen mis sueños y mis menores
movimientos?
VAGABUNDOS
¡Lastimoso hermano! ¡Cuántas atroces
veladas le debí! «No me entregaba con fervor a esta empresa. Me había burlado
de su debilidad. Por mi culpa volveríamos al exilio, a la esclavitud.» Él me
suponía mal de ojo y una inocencia muy extrañas, y añadía razones
inquietantes.
Yo respondía con risas burlonas a ese
satánico doctor, y terminaba acercándome a la ventana. Creaba, más allá de la
campiña atravesada por bandas de música rara, los fantasmas del futuro lujo
nocturno.
Tras aquella distracción vagamente
higiénica, me echaba en un jergón. Y, casi cada noche, nada más quedarme
dormido, el pobre hermano se levantaba, con la boca podrida, los ojos
arrancados - ¡tal como se soñaba! - y me arrastraba hasta la sala aullando su
sueño de pena idiota.
De hecho, con toda sinceridad de
espíritu, me había comprometido a devolverle a su estado primitivo de hijo del
sol, - y así vagábamos, alimentados con el vino de las cavernas y la galleta
del camino, yo apremiado por encontrar el lugar y la fórmula.
VIGILIAS
I
Es el reposo iluminado, ni fiebre ni
languidez, en el lecho o en el prado.
Es el amigo ni ardiente ni débil. El
amigo.
Es la amada ni atormentadora ni
atormentada. La amada.
El aire y el mundo no buscados. La
vida.
- ¿Así que era esto?
- Y el sueño refresca.
II
La iluminación vuelve a la viga
maestra. Desde los dos extremos de la sala, se juntan adornos cualesquiera, elevaciones
armónicas. El muro frontera a quien vela insomne es una sucesión psicológica de secciones de
frisos, de bandas atmosféricas y de accidencias geológicas. - Sueño intenso y
rápido de grupos sentimentales con seres de todos los caracteres entre todas
las apariencias.
III
Las lámparas y las alfombras de la
velada hacen el ruido de las olas, por la noche, a lo largo del casco y en
derredor del steerage.
El mar de la vigilia, como los senos
de Amelia.
Las tapicerías, hasta media altura,
sotos de encaje, teñido de esmeralda, donde se arrojan las tórtolas de la vigilia.
La placa del fogón negro, reales soles
de las playas: ¡ah!, pozos de magias; sola visión de aurora, esta vez.
MÍSTICA
Sobre la pendiente del talud los
ángeles hacen girar sus ropas de lana en los herbazales de acero y esmeralda.
Prados de llamas saltan hasta la cima del montículo. A la izquierda el mantillo
de la arista es pisoteado por todos los homicidios y todas las batallas, y
todos los ruidos desastrosos hilan su curva. Detrás de la arista de la derecha
la línea de los orientes, de los progresos.
Y en tanto que la banda superior del
cuadro está formada por el rumor giratorio y saltarín de las conchas de los
mares y de las noches humanas.
La dulzura florida de las estrellas y
del cielo y del resto desciende frente al talud, como un canastillo, contra
nuestro rostro, y vuelve el abismo floreciente y azul allá abajo.
ALBA
He abrazado el alba de estío.
Nada se movía aún en la fachada de los
palacios. El agua estaba muerta. Los campos de sombras no abandonaban el
camino del bosque. Avancé, despertando los hálitos vivos y tibios, y las
pedrerías miraron, y las alas se alzaron sin ruido.
La primera empresa fue, en el sendero
ya repleto de frescos y pálidos destellos, una flor que me dijo su nombre.
Reí a la rubia wasserfall que se
desmelenó a través de los abetos: en la cima argentada reconocí a la diosa.
Entonces levanté uno a uno los velos.
En la alameda, agitando los brazos. Por la llanura, donde la denuncié al gallo.
En la gran ciudad ella huía entre los campanarios y las cúpulas, y corriendo
como un mendigo por los muelles de mármol, yo la perseguía.
En lo alto del camino, junto a un
bosque de laureles, la rodeé con sus velos amontonados, y sentí un poco su inmenso
cuerpo. El alba y el niño cayeron al fondo del bosque.
Al despertar era mediodía.
FLORES
Desde una grada de oro, - entre los
cordones de seda, las gasas grises, los terciopelos verdes y los discos de
cristal que ennegrecen como el bronce al sol, - veo abrirse la dedalera sobre
una alfombra de filigranas de plata, de ojos
y de cabelleras.
Monedas de oro amarillo sembradas
sobre el ágata, pilares de caoba sosteniendo una cúpula de esmeraldas, ramilletes
de blanco satén y de finas varas de rubíes rodean la rosa de agua.
Semejantes a un dios de enormes ojos azules y formas de nieve, el mar y
el cielo atraen a las terrazas de mármol a la multitud de jóvenes y fuertes
rosas.
NOCTURNO VULGAR
Un soplo abre brechas operádicas en
los tabiques, - enreda el pivotar de los techos carcomidos, - dispersa los
límites de los fogones, - eclipsa las ventanas. -A lo largo de la viña, con el
pie apoyado en una gárgola, - he descendido a esa carroza cuya época queda
suficientemente indicada por los espejos convexos, los paneles abombados y los
sofás redondeados. Coche fúnebre de mi sueño, aislado, casa de pastor de mi
simpleza, el vehículo vira sobre el césped de la carretera difuminada: y en un
defecto en lo alto del cristal de la derecha se arremolinan las pálidas
figuras lunares, hojas, senos; - Un verde y un azul profundísimos invaden la
imagen. Desenganche alrededor de una mancha de gravilla.
-Aquí silbaremos llamando a la
tormenta, y a las Sodomas, - y a las Solimas, - y a las bestias feroces y los
ejércitos,
- (Postillones y bestias de sueño
proseguirán bajo los más sofocantes oquedales, para hundirme hasta los ojos en
el manantial de seda.)
- Y enviarnos, fustigados a través de
las aguas que chapotean y las bebidas derramadas, a rodar sobre el ladrido de
los dogos...
- Un soplo dispersa los límites del
fogón.
MARINA
Los carros de plata y de cobre –
Las proas
de acero y de plata –
Baten la
espuma, -
Alzan las cepas de las zarzas.
Las corrientes de la landa
Y las roderas
inmensas del reflujo
Corren circularmente hacia el este,
Hacia los pilares del bosque, -
Hacia los fustes de la escollera,
Cuyo ángulo golpean torbellinos de
luz.
FIESTA DE INVIERNO
La cascada resuena detrás de las
casetas de ópera-cómica. Girándulas prolongan, en los vergeles y las alamedas
vecinas al Meandro, - los verdes y los rojos del crepúsculo. Ninfas de Horacio
peinadas estilo Primer Imperio, - Rollizas siberianas, chinas de Boucher.
ANGUSTIA
¿Es posible que Ella me haga perdonar
las ambiciones continuamente aplastadas, - que un final acomodado repare las
edades de indigencia, - que un día de éxito nos adormezca sobre la vergüenza de
nuestra incapacidad fatal?,
(¡Oh palmas! ¡Diamante! - ¡Amor!
¡Fuerza! - ¡Más alto que todas las alegrías y glorias! - De todas formas, por
todas partes, - Demonio, dios - Juventud de este ser concreto; ¡yo!)
¿Que accidentes de hechicería
científica y movimientos de fraternidad social sean deseados como restitución
progresiva de la sinceridad primera?...
Pero la Vampira
que nos vuelve amables ordena que nos
divirtamos con lo que nos deja, o que de lo contrario seamos más extravagantes.
Rodar a las heridas, por el aire
extenuante y el mar; a los suplicios, por el silencio de las aguas y del aire
mortíferos; a las torturas que ríen, en su silencio atrozmente encrespado.
METROPOLITANO
Del estrecho de índigo a los mares de
Ossián, sobre la arena rosa y naranja que ha lavado el cielo vinoso acaban de
subir y de cruzarse bulevares de cristal habitados de inmediato por jóvenes
familias pobres que se alimentan en las fruterías. Nada de riqueza. - ¡La
ciudad!
Del desierto de betún huyen hacia
delante en desbandada con las capas de brumas escalonadas en franjas horribles
en el cielo que se comba, retrocede y desciende, formado por la más siniestra
humareda negra que pueda hacer el Océano enlutado, los cascos, las ruedas, las
barcas, las grupas. - ¡La batalla!
Levanta la cabeza: el puente de
madera, arqueado; las últimas huertas de Samaria; esas máscaras iluminadas bajo
la linterna azotada por la noche fría; la ondina necia de vestido rumoroso,
en la parte baja del río; esos cráneos
luminosos en los planteles de guisantes - y las demás fantasmagorías - la
campiña.
Caminos bordeados de rejas y de
tapias, que apenas pueden contener sus bosquecillos, y las atroces flores que
llamaríamos corazones y hermanas, Damascos condenados de languidez, -
posesiones de quiméricas aristocracias ultra-renanas, japonesas, guaraníes,
aptas todavía para recibir la música de los antiguos - y hay posadas que nunca
volverán a abrirse - hay princesas, y si no estás demasiado agobiado, el
estudio de los astros - el cielo.
La mañana en que, con Ella,
forcejeasteis entre los destellos de nieve, los labios verdes, los hielos, las
banderas negras y los rayos azules, y los perfumes púrpuras del sol de los
polos, - tu fuerza.
BÁRBARO
Mucho después de los días y las
estaciones, y los seres y los países,
El pabellón de carne sangrienta sobre
la seda de los mares y las flores árticas; (que no existen.)
Repuesto de viejas fanfarrias heroicas
- que siguen asaltándonos el corazón y la cabeza - lejos de los antiguos
asesinos -
¡Oh!,
el pabellón de carne sangrienta sobre la seda de los mares y las flores
árticas; (que no existen.)
¡Dulzuras!
Las ascuas, lloviendo en las ráfagas
de escarcha, - ¡Dulzuras! - los fuegos en la lluvia del viento de diamantes
arrojada por el corazón terrestre eternamente carbonizado para nosotros. - ¡Oh
mundo! -
(Lejos de los viejos refugios y de las
viejas llamas, que se oyen, que se sienten,)
Las ascuas y las espumas. La música,
vorágine de remolinos y choque de témpanos en los astros.
¡Oh Dulzuras, oh mundo, oh música! Y
allá, las formas, los sudores, las cabelleras y los ojos, flotando. Y las lágrimas
blancas, hirvientes, - ¡oh dulzuras! - y la voz femenina llegada al fondo de
los volcanes y de las grutas árticas.
El pabellón...
SALDO
¡En venta lo que los judíos no
vendieron, lo que ni nobleza ni crimen han degustado, lo que ignoran el amor
maldito y la probidad infernal de las masas: lo que ni el tiempo ni la ciencia
han de conocer:
Las Voces reconstituidas, el despertar
fraterno de todas las energías corales y orquestales y sus aplicaciones
instantáneas: ¡la ocasión, única, de liberar nuestros sentidos!
¡En venta los Cuerpos sin precio, al
margen de cualquier raza, mundo, sexo, descendencia! ¡Las riquezas surgiendo
a cada paso! ¡Saldo de diamantes sin control!
¡En venta la anarquía para las masas;
la satisfacción irreprimible para los aficionados superiores; la muerte atroz
para los fieles y los amantes!
¡En venta las moradas y las
migraciones, sports, magias y comforts perfectos, y el ruido, el movimiento y el futuro que
forman!
En venta las aplicaciones de cálculo y
los saltos de armonía inauditos. Los hallazgos y los términos insospechados,
posesión inmediata,
Impulso insensato e infinito hacia los
esplendores invisibles, hacia las delicias insensibles, - y sus secretos enloquecedores
para cada vicio - y su alegría aterradora para la multitud -
En venta
los Cuerpos, las voces, la inmensa opulencia incuestionable, lo que no se
venderá jamás. ¡Los vendedores no han terminado el saldo! ¡Los viajantes no
han de entregar tan pronto su comisión!
FAIRY
Para Helena se conjuraron las savias
ornamentales en las sombras vírgenes y las claridades impasibles en el silencio
astral. El ardor del estío fue confiado a unos pájaros mudos y la indolencia
requerida a una barca de lutos sin precio por ensenadas de amores muertos y de
perfumes desvanecidos.
- Después el momento del canto de las
leñadoras al rumor del torrente bajo la ruina de los bosques, del tintineo del
ganado en el eco de los valles, y de los gritos de las estepas. -
Para la
infancia de Helena se estremecieron las pieles y las sombras, - y el seno de
los pobres, y las leyendas del cielo.
Y sus ojos y su danzas superiores
incluso a los destellos preciosos, a las frías influencias, al placer del decorado
y de la hora únicos.
JUVENTUD
-I-
DOMINGO
Cálculos aparte, el inevitable
descenso del cielo, y la visita de los recuerdos y la sesión de los ritmos
ocupan la morada, la cabeza y el mundo del espíritu.
- Un caballo sale a escape por el turf
suburbano, y a lo largo de los
cultivos y las plantaciones arbóreas, traspasado por la peste carbónica. Una
miserable mujer de drama, en alguna parte del mundo, suspira después de abandonos
improbables. Los desesperados anhelan después de la tormenta, la embriaguez y
las heridas. Niños chicos ahogan maldiciones a lo largo de los ríos. -
Reanudemos el estudio al fragor de la
obra devoradora que se reúne y eleva en las masas.
II
SONETO
Hombre
de constitución ordinaria, la carne
¿no era un fruto que colgaba en el
huerto - ¡oh
jornadas niñas! - el cuerpo un tesoro
que prodigar; - oh
amar, ¿el peligro o la fuerza de
Psique? La tierra
tenía fértiles laderas en príncipes y
artistas,
y la descendencia y la raza os
empujaban a
crímenes y a lutos: el mundo vuestra
fortuna y vuestro
riesgo. Mas ahora, esa labor cumplida;
tú, tus cálculos,
- tú, tus impaciencias - no son ya
sino vuestra danza y
vuestra voz, no fijadas y en absoluto
forzadas, aunque de un doble
acontecimiento de invención y de éxito
+ una razón,
- en la humanidad fraternal y discreta
por el universo
sin imágenes; - la fuerza y el derecho
reflejan la
danza y la voz solamente ahora
apreciadas.
III
VEINTE
AÑOS
Las voces instructivas exiliadas... La
ingenuidad física amargamente sosegada... -Adagio - ¡Ah!, el egoísmo infinito
de la adolescencia, el optimismo estudioso: ¡qué lleno de flores estaba aquel
verano el mundo! Las canciones y las formas agonizando... - ¡Un coro, para
calmar la impotencia y la ausencia! Un coro de cristales, de melodías
nocturnas... En efecto, pronto han de zozobrar los nervios.
IV
Todavía estás en la tentación de
Antonio. El jugueteo del fervor abreviado, los tics de pueril orgullo, el abatimiento
y el espanto.
Pero te pondrás a esta tarea: todas
las posibilidades armónicas y arquitectónicas se conmoverán en torno a tu
asiento. Seres perfectos, imprevistos, se ofrecerán a tus experiencias. A tus
cercanías afluirá soñadora la curiosidad de antiguas muchedumbres y de lujos
ociosos. Tu memoria y tus sentidos sólo serán el alimento de tu impulso
creador. En cuanto al mundo, cuando salgas, ¿en qué se habrá convertido? En
cualquier caso, nada de las apariencias actuales.
GUERRA
De niño, ciertos cielos afinaron mi
óptica: todos los caracteres matizaron mi fisonomía. Los Fenómenos se pusieron
en movimiento. -Ahora la inflexión eterna de los momentos y el infinito de las
matemáticas me persiguen por este mundo donde padezco todos los éxitos civiles,
respetado por la infancia extraña y por afectos enormes.
- Sueño con una Guerra, de derecho o
de fuerza, de lógica totalmente imprevista.
Tan simple como una frase musical.
PROMONTORIO
El alba de oro y la trémula noche
sorprenden a nuestro brick
en alta mar frente a esta Villa y sus
dependencias, que forman un promontorio tan extenso como el Epiro
y el Peloponeso o como la gran isla
del Japón, ¡o como Arabia! Fanums que
ilumina el retorno de las teorías, inmensas vistas de la defensa de las costas
modernas; dunas ilustradas con flores cálidas y con bacanales; grandes canales
de Cartago y Embankments
de una Venecia turbia; blandas
erupciones de Etnas y grietas de flores y de aguas de glaciares; lavaderos
rodeados de álamos de Alemania; taludes de parques singulares inclinando copas
de Árboles del Japón; las fachadas circulares de los «Royal»
o de los «Grand»
de Scarbro' o de Brooklyn;
y sus railways flanquean,
ahondan, dominan las disposiciones de este Hotel, elegidas en la historia de
las construcciones más elegantes y colosales de Italia, de América y de Asia,
cuyas ventanas y terrazas llenas ahora de luces, bebidas y ricas brisas,
están abiertas al espíritu de los viajeros y los nobles - que permiten, en las
horas del día, a todas las tarantelas de las costas, - e incluso a los
ritornelos de los valles ilustres del arte, decorar maravillosamente las
fachadas del Palacio. Promontorio.
ESCENAS
La antigua Comedia prosigue sus
acordes y divide sus Idilios:
Bulevares de tablados.
Un largo pier
de madera de un extremo al otro de un
campo rocalloso donde la muchedumbre bárbara evoluciona bajo los árboles
desnudos.
En pasillos de gasa negra siguiendo el
paso de los paseantes con las linternas y las hojas.
Pájaros de los misterios se abaten
sobre un pontón de mampostería movido por el archipiélago cubierto con las
embarcaciones de los espectadores.
Escenas líricas acompañadas de flauta
y tambor se inclinan en cuartuchos dispuestos bajo los techos, en torno a los
salones de los clubs modernos o de las salas del Oriente antiguo.
La magia maniobra en la cima de un
anfiteatro coronada por los montes bajos, - O se agita y modula para los
beocios, en la sombra de movedizos oquedales sobre la arista de los cultivos.
La ópera cómica se divide sobre una
escena en la arista de intersección de diez tabiques levantados entre la galería
y las candilejas.
ATARDECER HISTÓRICO
En cualquier atardecer, por ejemplo,
en que el turista ingenuo se encuentre, retirado de nuestros horrores económicos,
la mano de un maestro anima el clavecín de los prados; juegan a las cartas en
el fondo del estanque, espejo evocador de las reinas y de las favoritas,
tenemos las santas, los velos, y los hilos de armonía, y los cromatismos
legendarios, sobre el poniente.
Se estremece al paso de las cacerías y
las hordas. La comedia gotea sobre los tablados de césped. ¡Y la turbación de
los pobres y los débiles sobre. estos estúpidos planos!
En su visión esclava, - Alemania se
escalona hacia las lunas; los desiertos tártaros se iluminan - las antiguas
revueltas bullen en el centro del Celeste Imperio, por las escalinatas y los
sillones de reyes - un pequeño mundo descolorido y chato, África y Occidentes,
va a edificarse. Luego un ballet de mares y de noches conocidas, una química
sin valor, y melodías imposibles.
¡La misma magia burguesa en todos los
puntos donde nos depositará la posta! El físico más elemental sabe que ya no es
posible someterse a esta atmósfera personal, bruma de remordimientos físicos,
cuya comprobación misma es ya un dolor.
¡No! - El momento de la estufa, de los
mares encrespados, de los incendios subterráneos, del planeta arrebatado, y
de los consiguientes exterminios, certezas señaladas con muy poca malicia en
la Biblia y por las Nornas y que a todo ser sensato le será dado vigilar. - Sin
embargo ¡no será en absoluto un efecto de leyenda!
BOTTOM
Aun siendo la realidad demasiado
espinosa para mi gran carácter, - me encontré sin embargo en casa de mi Dama,
como gran pájaro gris azul alzando el vuelo hacia las molduras del techo y
arrastrando el ala en las sombras de la noche.
Fui, al pie del baldaquino que soporta
sus joyas adoradas y sus obras maestras físicas, un enorme oso de encías
violetas y pelaje encanecido por la pena, con los ojos en los cristales y las
platas de las consolas.
Todo se volvió sombra y acuario
ardiente. Por la mañana - batalladora alba de junio, - corrí a los campos,
asno, pregonando y blandiendo mi agravio, hasta que vinieron las Sabinas
del suburbio y se arrojaron sobre mi
pecho.
H
Todas las monstruosidades violan los
gestos atroces de Hortensia. Su soledad es la mecánica erótica, su lasitud, la
dinámica amorosa. Bajo la mirada vigilante de una infancia ha sido, en épocas
numerosas, la ardiente higiene de las razas. Su puerta está abierta a la
miseria. Allí, la moralidad de los seres actuales se descorporeíza en su pasión
o en su acción - ¡Oh terrible escalofrío de los amores novicios sobre el suelo
ensangrentado y por el hidrógeno claridoso! Encontrad a Hortensia.
MOVIMIENTO
El movimiento de vaivén sobre el
ribazo de los saltos del río,
el abismo en el codaste,
la celeridad de la rampa,
el enorme flujo de la corriente,
llevan por las luces inauditas
y la novedad química
a los viajeros rodeados por las
trombas del valle
y del strom.
Son los conquistadores del mundo
buscando la fortuna química personal;
el sport
y el comfort viajan con ellos;
llevan la educación
de las razas, las clases y las
bestias, en ese Navío.
Reposo y vértigo
a la luz diluviana,
en las terribles noches de estudio.
Pues de la charla entre los aparatos,
- la sangre, las flores, el fuego, las alhajas –
de las
cuentas agitadas en esta orilla fugaz.
- Se ve, rodando como un dique más
allá de la ruta hidráulica motriz,
monstruoso, iluminándose sin fin, - su
stock de estudios; -
lanzados ellos al éxtasis armónico
y el heroísmo del descubrimiento.
En los más sorprendentes accidentes
atmosféricos
una pareja de juventud se aísla sobre
el arca,
- ¿es acaso un antiguo salvajismo que
se perdona? –
y canta
y se aposta.
DEVOCIÓN
A mi hermana Louise
Vanaen de Voringhem: - Su toca azul
vuelta hacia el mar del Norte. - Por los náufragos.
A mi hermana Léonie
Aubois d'Ashby. Baou - la hierba de estío
zumbadora y hedionda. - Por la fiebre de las madres y los niños.
A Lulú, - demonio - que ha conservado
cierto gusto por los oratorios de la época de Las Amigas y de su educación
incompleta. ¡Por los hombres! A madame ***.
Al adolescente que fui. A ese santo
viejo, ermita o misión.
Al espíritu de los pobres. Y a un
altísimo clero.
Asimismo a todo culto en cualquier
lugar de culto memorial y entre acontecimientos tales que haya que rendirse,
siguiendo las aspiraciones del momento o bien nuestro propio vicio grave.
Esta noche, a Circeto de los altos
hielos, grasa como el pez, e iluminada como los diez meses de la noche roja, - (su
corazón ámbar y spunk), - por mi única plegaria muda como esas regiones de
noche y que precede a bravuras más violentas que este caos polar.
A cualquier precio y con todos los
aires, incluso en viajes metafísicos. - Pero no entonces.
DEMOCRACIA
«La bandera avanza hacia el paisaje
inmundo, y nuestra jerga ahoga el tambor.
»En los centros alimentaremos la
prostitución más cínica. Aplastaremos las revueltas lógicas.
»¡En los países de pimienta y
destemplanza! - al servicio de las más monstruosas explotaciones industriales
o militares.
»Adiós a los de aquí, a cualquier
sitio. Reclutas de buena voluntad, nuestra filosofía será feroz; ignorantes
para la ciencia, taimados para el bienestar; que reviente el mundo que avanza.
Ésta es la verdadera marcha. Adelante, ¡en camino!»
GENIO
Él es el afecto y el presente, pues
que ha hecho la casa abierta al invierno espumoso y al rumor del estío, él, que
ha purificado las bebidas y los alimentos, él, que es el encanto de los
lugares huidizos y el deleite sobrehumano de las estaciones. Él es el afecto y
el futuro, la fuerza y el amor que nosotros, erguidos en las rabias y en los
tedios, vemos pasar por el cielo de tempestad y las banderas de éxtasis.
Él es el amor, medida perfecta y
reinventada, razón maravillosa e imprevista, y la eternidad: amada máquina de
las cualidades fatales. Todos hemos tenido el espanto de su concesión y de la
nuestra: ¡oh gozo de nuestra salud, impulso de nuestras facultades, afecto
egoísta y pasión por él, él, que nos ama para su vida infinita...
Y nosotros lo llamamos y él viaja... Y
si la Adoración se va, suena, su promesa suena: «Fuera esas supersticiones,
esos antiguos cuerpos, esos matrimonios y esas edades. ¡Es esa época la que se
ha ido a pique!»
Él no se irá, no volverá a bajar de un
cielo, no consumará la redención de las cóleras de mujeres ni de las alegrías
de los hombres y de todo este pecado: pues eso ya está hecho, por ser él, y por
ser amado.
Oh sus alientos, sus cabezas, sus
correrías; la terrible celeridad de la perfección de las formas y de la acción.
¡Oh fecundidad del espíritu e
inmensidad del universo!
¡Su cuerpo! ¡El desasimiento soñado,
el rompimiento de la gracia mezclada a nueva violencia!
¡Su vista, su vista!, todas las
antiguas genuflexiones y los castigos levantados
tras él.
¡Su luz!, la abolición de todos los
sufrimientos sonoros y móviles en la música más intensa.
¡Su paso!, las migraciones más enormes
que las antiguas invasiones.
¡Oh él y nosotros!, el orgullo más
benévolo que las caridades perdidas.
¡Oh mundo! ¡Y el canto claro de las
nuevas desdichas!
Él nos ha conocido a todos y a todos
nos ha amado. En esta noche de invierno, de un extremo a otro, desde el polo
tumultuoso hasta el castillo, desde la multitud en la playa, de mirada en
mirada, con las fuerzas y los sentimientos cansados, sepamos llamarle a gritos
y verle, y despedirle, y bajo las mareas y en lo alto de los desiertos de
nieve, para seguir sus miras, sus alientos, su cuerpo, su luz.

