Libro N° 15439. Para La Crítica A Las Teorías Del Imperialismo. Veraza Urtuzuástegui, Jorge.
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PARA LA CRÍTICA
A LAS TEORÍAS
DEL IMPERIALISMO
Jorge Veraza Urtuzuástegui
PARA LA CRÍTICA
A LAS TEORÍAS
DEL IMPERIALISMO
Jorge Veraza Urtuzuástegui
Ilustración de tapa: grabado en la revista “Die Aktion”. Berlín
Colección
SOCIALISMO y LIBERTAD
La red mundial de l@s Hij@s de la revolución social
PARA LA CRÍTICA A LAS TEORÍAS DEL IMPERIALISMO
(Desde la perspectiva de
“El Capital” de Karl Marx)
Jorge Veraza Urtuzuástegui
Presentación
Advertencia al lector y agradecimiento a mis amigos
INTRODUCCIÓN GENERAL
“Los Mitos”
Presentación
1. Objeto, estructura y línea argumental de este trabajo
2. Teorías del imperialismo (en plural) y TEORIA DEL IMPERIALISMO (con mayúsculas)
I. Las Preocupaciones de Lenin, las nuestras II. ¿”Palabras”?
III. La Estrategia Revolucionaria como Problema Esencial de la Teoría del Imperialismo
IV. La Ilegal Paradoja de la “Nueva Fase” Monopolio y competencia
V. El Capital Financiero y el verdadero problema: la Conceptualización Legaliforme de la realidad capitalista
VI. La Crítica Científica de la realidad capitalista según su modo o forma de despliegue “Advertencia”:
VII. Hipótesis e hilo conductor respecto de la investigación social en América Latina y México en particular
Capítulo I
LA SUBSUNCIÓN FORMAL Y LA SUBSUNCIÓN REAL COMO CONTENIDO
NUCLEAR DE LA TEORIA DEL DESARROLLO DE KARL MARX
A. Noticia Sobre la Génesis de la Teoría de la Subsunción Formal y Real del Proceso de Trabajo Inmediato bajo el Capital
1. El Problema y los Pasos de Solución
2. La SF y la SR en los Grundrisse
3. La Génesis de los Ingredientes Constitutivos de la Teoría de la SF y la SR
4. La Reaparición de las Fuerzas Productivas por la Sociedad
5. Selección en Torno a la Estructura de la Teoría de la SF y la SR
5.1 Sobre las secciones III a V del Tomo I de El Capital
a) El Problema de su exposición
a.1) La Forma Expositiva General de El Capital
5.2 Esquema de los Tres Tomos de El Capital visto desde la Perspectiva de la SF y SR.
B. El Proceso de Desarrollo del Capitalismo como Proceso de
Autonomización del Valor Mediante SF y SR del Proceso de Trabajo
Inmediato al Capital
1. ¿De qué Premisas Inmediatas Parte Marx en su Análisis de la SF y SR?
2. La SF en Cuanto tal. El Lugar o Dominio de la SF y la SR
a) SF y SR Comparadas
b) El Proceso de Trabajo y la SF y SR
b. 1) Niveles de Realidad del Pti
b. 2) El Contenido y la Forma. Lo Real y lo Formal como
Perspectivas Crítico Analíticas del PT etc. y del Proceso Social b. 3) El Contenido y la Forma del Pt
c) Estrategia Revolucionaria y SF y SR
3. El Fetichismo Inherente a la SFR y a la SR como Formas Corporeizadas de la Relación Capitalismo: como Formas del Valor que se Valoriza
4. Resumen de los Tres Incisos: Las Premisas para Hablar de SF y SR
C. La SF y la Sección III de Tomo I: “Plusvalía Absoluta”. La Dialéctica de la Relación Capitalismo
1. ¿Cuál es la Dialéctica de la Relación Capitalismo?
2. La Sección III. La Plusvalía Absoluta Distribución de Argumentos
3. Capítulo IX. “Masa y Tasa de Plusvalía”
a) Acercamiento Crítico a la Concepción de Capítulo IX
b) La Forma de la Relación Capitalista y en Particular de la SF
(Movimiento Argumental C, párrafo 14 al 18)
c) El Desarrollo Histórico Genético de la SF y la Personificación del
Capital (Movimiento Argumental B, Párrafo 12 a 13)
d) El Desarrollo Estructural Funcional de la SF y la Lucha de Clases
(Movimiento argumental A párrafo 1 al 11)
Resumen Final
Capítulo II
LA CRITICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA COMO FORMA DISCURSIVA
NECESARIA DE UNA AUTENTICA TEORIA DEL DESARROLLO CAPITALISTA
1. No ha habido Crítica de la Economía Política. Las Teorías del Imperialismo presas del Fetichismo de las Relaciones Burguesas 2. La crítica de la Economía Política como Crítica Radical y Total y Parcialmente Crítico Discurso Burgués
3. Las Teorías Sobre el Imperialismo como Equivalente General Ideológico y Herramienta del Desarrollo Capitalista
4. La Historia Crítica de la Tecnología como Fundamento de la Crítica de la Economía Política. Dos Carencias que son una
4.1 Las Teorías del Imperialismo: ¿Revolución sin Fundamento?
5. El Fundamento, la Revolución Comunista y el Valor de Uso en la Crítica de la Economía Política. Los Errores de las Teorías del Imperialismo
6. La Revolución como Proceso Histórico Total. Método Critico Revolucionario y Realidad
7. La Revolución Detenida Politicista y Economicista
Principio y Resultado de las Teorías del Imperialismo
8. Confusión entre Acumulación de Capital y Desarrollo Capitalista y entre Crítica de la Economía Política y Política Económica. El Recorte Sectario del Sujeto Revolucionario
9. Conclusión. Crítica de la Economía Política y Revolución Comunista. Historia Crítica de la Tecnología y Desarrollo Capitalista.
Capítulo III
LA TEORIA DEL DESARROLLO CAPITALISTA DE KARL MARX, LAS TEORÍAS
SOBRE EL IMPERIALISMO Y EL DESARROLLO CAPITALISTA OCURRIDO Y POR DARSE
1. La Ley del Desarrollo Capitalista y la
Fetichización de la Conciencia Revolucionaria
2. Las Fuerzas Productivas y la Técnica Revolucionaria como Fuerza
Productiva Interior al Desarrollo del Capitalismo. La Revolución como Valor de Uso
3. Boceto del Capitalismo Actual siguiendo la Veta de sus
Fuerzas Productivas
4. Cabe Resumir: Nuestros Medios y los del Capital
5. De los Pilares del Desarrollo Capitalista y de Nuestros Pilares de Desarrollo
APÉNDICES
APÉNDICE METODOLÓGICO
1. Construcción de los tres Capítulos
2. Vistos los Capítulos desde otra perspectiva
3. Otro modo de ver los capítulos
4. Cómo están construidos los tres Capítulos
APÉNDICE SINÓPTICO: CRITICA DE LAS TEORÍAS DEL IMPERIALISMO
1. Necesidad y justificación de una crítica global a las teorías del Imperialismo
2. ¿Qué le critico a las teorías del Imperialismo?
3. Dogmatismo y la democracia empírica e histórica
4. ¿Cómo es posible criticar al capitalismo
A mi madre, cariñosamente
PRESENTACIÓN
Durante el siglo XIX fue construida acuciosamente una potentísima fuerza productiva: el discurso crítico comunista en su versión desarrollada. Desde 1844 hasta 1883 –año de su muerte– fue sostenido personalmente por su creador, Karl Marx, acompañado fraternalmente en esta empresa fascinante y ardua por Friedrich Engels.
Sin embargo, el destino de todas las fuerzas productivas que nacen en el modo de producción burgués es el de quedar subordinadas formal y aun realmente bajo el capital. Sólo subordinadas las soporta el capitalismo, como útiles a su desarrollo contradictorio.
Así fue como en el curso de la expansión mundial del capitalismo también se expandió el discurso crítico comunista de Marx y permeó y permea a grandes masas de hombres pero de un modo necesariamente trastrocado, falseado, pero que no llegó, sin embargo, a abolirlo, así fuera sólo porque los textos inertes escritos por Marx y Engels se conservaron y tuvieron cuantiosos tirajes. Kautsky, Bernstein y el stalinismo fueron los principales artífices de la subordinación formal y real del “marxismo” bajo el dominio de la ideología del capital.
En verdad el discurso crítico comunista de Karl Marx ha servido de montura a una diversificada ideología de dominio de la conciencia revolucionaria; pero, a la vez, ésta ha servido –sin proponérselo– de montura para la extensión de aquél en su auténtico contenido. De suerte que ha habido numerosos intentos de destruir la referida represión de la portentosa fuerza productiva histórica que, aun subordinada, ha modelado buena parte de las realidades materiales y culturales actuales.
El presente libro tiene por objeto exponer la crítica de las Teorías sobre el
Imperialismo desde la perspectiva de la Crítica de la Economía Política de Karl Marx. Crítica que ya inmediatamente contiene el ingrediente positivo de liberar al discurso crítico comunista de una subordinación atrofiante. La liberación de una fuerza productiva tan vasta es, evidentemente, empresa colectiva y de muchos, pero necesariamente se opera bajo la forma de iniciativas individuales como la presente.
Ahora bien, qué tanto de lo dicho es cierto o mera fantasía es algo a discernir tanto a través de la prueba de los hechos en el curso histórico próximo como mediante la fundamentación que el cuerpo del libro ofrece y a la que invito al lector pasando a indicar la DISPOSICIÓN Y USOS DEL CONTENIDO DEL LIBRO.
Se puede estar de acuerdo o no en la critica a las teorías sobre el imperialismo pero independientemente de la crítica a sus tesis fundamentales –y que ya es un ingrediente útil– el texto ofrece, además, una puntual y muy útil reconstrucción de la teoría marxista de la subsunción formal y la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital y de su papel en el conjunto de la obra de Marx (Cap. I); asimismo contiene una presentación sistemática que responde a la cuestión –hoy tan viva– de ¿qué es la critica de la economía política como forma discursiva precisa? (Cap. II). Los problemas ideológicos, estatales y en general políticos y económicos del capitalismo contemporáneo (Cap. III) son puntualizados metódicamente; de suerte que en ellos se ofrece, adicionalmente, la exposición aplicada del método dialéctico de investigación, análisis, y exposición de la realidad.
El libro está compuesto por tres capítulos, una introducción y una advertencia además de esta presentación. La introducción contextualiza en el conjunto de una problemática más basta lo que el lector encontrará en los tres capítulos. La advertencia sitúa la sui géneris perspectiva desde la que ha sido escrita la obra y refiere sus principales influencias posibilitantes de la transgresión a las prohibiciones del dominio ideológico burgués.
Espero, de todo corazón, sea de interés y utilidad su lectura. Mi gusto y mi interés porque pueda desarrollarse el discurso crítico científico liberándose de lo que lo encadena va en ello y creo, sinceramente, que los comparto con algunos –quizá muchos– lectores.
Jorge Veraza Urtuzuástegui
México, D. F. junio de 1984
ADVERTENCIA AL LECTOR
Y AGRADECIMIENTO A MIS AMIGOS
La crítica de la Economía Política es, a la vez, la crítica de la teoría económica y de la realidad que allí se manifiesta. Su construcción cada vez obliga a preguntar por el pensamiento de los hombres, antes y a la vez de preguntar, directamente, por la “realidad”. La Historia Crítica de las Teorías sobre el Plusvalor precede a El Capital; Crítica de la Economía Política.
Discutir el pensamiento de los hombres sólo tiene el sentido de comprender la realidad. La realidad no habla de suyo, pero es la condición/diversidad que es sintetizada singularmente (Sartre) –y, allí, expresada– en la que los hombres hablan y piensan en el curso de su hechura.
La pregunta por el pensamiento de los hombres es la pregunta por el mundo, por el hombre, por nosotros. La pregunta por el pasado es la pregunta por el presente. Jamás el pensamiento deja a un lado su vitalidad, su aquí y ahora afirmativo; así sea que cuestione, deniegue, critique, niegue o ilusione. Sus pilares son dos piernas enraizadas aquí y, ahora. Vive el aquí y ahora preguntando; por ello hay quien cree que no lo vive. No ve su modo cuestionante de afirmarse, su radical ingenuidad.
Hablaré de mis amigos, del contenido inmediato de mis pensamientos: Mercedes Gálvez pasó en limpio el capitulo I y me ha ayudado asiduamente en otros muchos menesteres hasta consolidar el texto completo aquí presente; junto con Jorge Alberto Bernal me ayudó a revisar varios capítulos. Leticia Hernández pasó en limpio los capítulos II, III y V; Miguel Adame el IV; Rodrigo Martínez el VI. Por un lado,
Concepción Tonda y, sobre todo, Cecilia Pacheco y por otro, Héctor Cruz
Ponce, cada una de las dos partes del capitulo VII; la Introducción
Fernando Chávez y éste último; y el Epílogo Andrés Sierra. Carlos Mackinlay tradujo a petición mía un pasaje (pp. 111 y 112) de: Marx frente al Bonapartismo de Maximilien Rubel. Agradezco a mi buena amiga. Ma. de los Angeles Ramos el haber pasado en limpio un capítulo centralísimo finalmente no incluido, debido a que tampoco incluí otros con él conectados. Trataba de la discusión con Karl Korsch; y es necesario indicar aquí, que toda esta obra busca –como Karl Korsch quiere– aplicar el materialismo histórico y la Crítica de la Economía Política al desarrollo histórico del “marxismo” etc; incluyendo la crítica a Karl Korsch, sobre la base del reconocimiento de toda su profundidad y aciertos –no obstante haber fallado, pues no supo recuperar a Marx– a la hora de cuestionar a la ideología positivista y, por tanto, irracionalista que recibió históricamente el nombre de “marxismo” y, a la vez, buscar cuestionar, así, al mundo que le dio nombre y nacimiento. El capítulo I fue mecanografiado por Teresa Guevara. Casi todos los capítulos restantes excepto el IV, fueron mecanografiados por la Sra. Deyda V. de Delgado; la Introducción por la Sra. Talancón y esta Advertencia la asentó Concepción Tonda. Finalmente Cecilia Pacheco se ocupó de la bibliografía.
¡Qué gusto saber que la expresión de mi pensamiento en forma adecuada la debo a mis amigos!, qué mejor. La amistad funda toda crítica también en su contenido, y no es casual.
No hay pregunta por la realidad que no sea una afirmación del nosotros, ni una afirmación del nosotros que no lo cuestione para trascenderlo hacia adelante, bien acrecido. Esperanza y gratitud. Comunidad y pasión ¿qué otra cosa te mueve? Aun la utopía es real; me es común y no ajena... “Nada humano me es ajeno”. En verdad, a nadie le es ajeno. ¿Ha dejado Marx de ser actual y certero? La pregunta por el mundo es la pregunta por el hombre, indica Heidegger fundiendo existencialmente al sujeto y al objeto reales. Nada más firme que tal proposición. Firmes en ella diremos, asimismo, la pregunta por la realidad es la pregunta a los hombres; al pensamiento que de esa realidad poseen. Jamás el pensamiento, no obstante ser nada, o mejor; por ello, vaga sin “realidad” sin ser pensamiento de algo (Husserl). Veremos aquí de qué algo es la Teoría del Imperialismo y de qué algo el pensamiento de Karl Marx y el nuestro.
Querido lector, jamás dejo de indagar el presente, pero he aquí mi manera.
INTRODUCCIÓN GENERAL
“Los mitos…”
Los mitos tienen cabos sueltos además de corazón.
Querido lector, creo que un mito que es doble necesita de una introducción antes de ser discutido sistemáticamente, ya que echa raíces en un sinnúmero de prejuicios, cada cual a su vez de doble fondo (quizá ellos mismos sean su corazón). Quisiera salir contigo por esos campos y arremeter contra esos molinos de viento; más bien, contra aquellas fantasmagorías reales que nos hacen tragar grandes ruedas de molino.
Un mito doble; pues, en primer lugar, quiero demostrar que las teorías sobre el imperialismo lo son y, en segundo lugar, que lo que se entiende de lo que Marx dijo (en particular sobre México) lo es igualmente; y que ambos mitos son, en verdad, dos aspectos del mismo y que gusta de encubrir una de sus máscaras con la otra. El mito no sólo es sistemático, sino que también se desparrama en algo de aleatorio y de irracional. El modo de enfrentarlo debe pues ser doble y, de hecho, variado.
Así pues, querido lector, en esta introducción, hablemos de varias cosas; antes de que inicies la lectura de los capítulos del libro, puedes tomarlas –no te digo que como nada sino sólo– como el viento que mueve las aspas de los molinos; o bien puedes saltarlas y dejarlas para después. Lo dejo a tu elección; ya las avanzo de todos modos. De hecho, en buena medida –y, sobre todo, cuando las condiciones materiales están reunidas ya– la disolución de un mito depende de nuestra libertad.
Presentación
“...al terminar la era stalinista y los primeros éxitos del socialismo, el marxismo, que se había convertido en un conjunto cerrado de dogmas-recetas, naufragaba en el cúmulo de filosofías especulativas de la historia y caía bajo la critica radical del propio Marx. En definitiva, todas las contradicciones [de la época] remitían a Marx y a esta pregunta: ¿Quién era el Marx de El Capital?”
Maurice Godelier, en 1966
“No se trata aquí de lo que éste o aquél proletario o incluso el proletariado entero imagine momentáneamente que es su meta. Se trata de lo que el proletariado es y de lo que con arreglo a ese ser se verá forzado históricamente a hacer. Su meta y su acción histórica están trazadas palmaria e irrevocablemente en su propia situación vital así como en toda la organización de la actual sociedad burguesa”.
Karl Marx, en 1844
Si el marxismo ha sido dogmatizado, este fenómeno se concentra, sobre todo, en la “economía marxista”; pero debe admitirse que de manera aguda, aquí en México.
El movimiento estudiantil berlinés –1966–, el movimiento de Berkeley –1967–, el movimiento ya generalizado de 1968; luego, la crisis monetaria de 1971, la crisis general de 1973-1976 que se recorre hasta nuestros días; y como trasfondo la guerra de Vietnam y diversos movimientos
revolucionarios de liberación nacional, etc., torrentes históricos poderosos que venían de lejos y –con mucho– rebasaban la concepción y las intenciones del propio Godelier, quien no obstante supo plasmarlos nítidamente –incluso en resonancias que se le escapan– tal y como en nuestro epígrafe aparecen.
Así pues, no fue casualmente. Numerosos autores quisieron, entonces, retomar críticamente las teorizaciones sobre el capitalismo, pues ellas también chocaron entre las olas con las nuevas realidades; y, de momento, sólo El Capital de Marx pareció asidero firme. Tan radical fue el remolino que sólo su vórtice permitía centrar las cosas.
Por mi parte, leí El Capital entre 1971 y 1975. En 1973 –después de leer el tomo I– leí el libro de Lenin: frente al de Marx no lo comprendí pero lo acepté dubitativo. En 1975 pasaba a criticarlo y en 1976 –por ejemplo– inicié la discusión en forma de El Capital Monopolista de Baran y Sweezy. En agosto de 1980 escribí el presente ensayo sobre base de notas anteriores y de mi tesis de licenciatura5 –actualmente acompañado de leves modificaciones, esta presentación y dos o tres notas a pie, debidas a una fructífera plática con Andrés Barreda, amigo mío por años. Debo referirme aquí a otro amigo, Alberto Carrillo quien por su cuenta llegó a conclusiones similares y recientemente pudo plasmarlas brillantemente.
Evidentemente, desde 1965 –más o menos– Baran y Sweezy, Mattick,
Paolo Santi, Rodolfo Banfi o, posteriormente, Arghiri Emmanuel y Christian Palloix, etc., avanzaron valiosa polémica en torno a la teoría del Imperialismo. Después, en los años setenta, se discutió sobre la crisis capitalista general; pero hoy parecen olvidarse de nuevo estos avances.
Hoy se reniega de El Capital y se ataca al marxismo en dos frentes fundamentales... ¡desde dentro del marxismo!: en torno a lo político (Estado, partido, nación, revolución, etc.) en una nueva versión de la polémica de vuelta de siglo en el seno de la socialdemocracia alemana, austríaca, rusa, etc.; y, por otro lado, en torno a la técnica y las fuerzas productivas una recuperación de la crítica anarquista al marxismo. Así, Jürgen Habermas (“el filósofo hegeliano más importante del siglo” según exagera Enrique M. Ureña) ha sabido sintetizar magistralmente ambas preocupaciones histórico-teóricas. Pero hay muchos otros entre los que descuella (y lástima) André Gorz con su Adiós al Proletariado (Más allá del Socialismo). Quisiera sugerir que, presos en la problemática de la teoría del Imperialismo, reniegan y renegarán de Marx y del proletariado, ¿no sería mejor que la subvirtieran de raíz?
Ahora bien, no son aquí ni en el ensayo que sigue las etiquetas políticas lo importante; sino el hecho generalizado, expresión necesaria de carencias reales que se hacen sentir, sobre todo en los países desarrollados del sistema.
Con ello quiero indicar también el terreno en el que quiero situar la discusión: es evidente que toda teoría sobre el capitalismo es teoría del campo de batalla de la actual lucha de clases y, por ello, fundamento de la estrategia y la línea política, incluso en su expresión más inmediata; por donde se implica una cierta concepción del Estado, de la organización revolucionaria, etc. Pero a mí no me interesa, aquí, este nivel de politicidad del asunto. Que es esencial e insoslayable lo demuestra el que, cotidianamente y por un sinnúmero, sea discutido, etc.; pero no por ello es tocada en lo más mínimo la teoría de base. Es aquí donde veo la debilidad, es ese tema el que me parece ya insoslayable también, y es el nivel de politicidad estratégico general que le corresponde el que me interesa resaltar; el cual de suyo, permite un respiro reflexivo, condición de mejor combatividad en todos los frentes. Permite la discusión franca, abierta y a fondo, sobre lo común que preocupa y, por cierto, sin acoso enemigo. Así pues, tenemos hoy la necesidad insoslayable de ello pero, afortunadamente, el hecho trae consigo la posibilidad de satisfacción de la necesidad que suscita. La invitación está hecha.
Si después de Bernstein, Hilferding y Kautsky, tenemos que Lenin y Rosa
Luxemburgo supieron tensar revolucionariamente la teoría del Imperialismo –no obstante los supuestos falsos que de origen la sustentan– hoy, frente a la crisis generalizada, también del marxismo, es imposible. Más bien, el resultado de todo el movimiento teórico e histórico ha sido que –en la actualidad– todo aquel basado en la teoría del Imperialismo o, de una u otra manera preso en su problemática, empieza a tener que renegar del proletariado y del marxismo; no obstante haber intentado desarrollarla, afinarla o aun criticarla revolucionaria pero parcialmente. ¿Hay aún quien asuma al proletariado como clase esencialmente revolucionaria y, a la vez, asuma a Marx de modo esencial?
Ciertamente, y sobre todo en los países menos desarrollados; pero, en general, de modo dogmático (no de modo esencial), no por ello menos eficaz, en cierta medida pero, de esta manera, se sostiene a la vez, eclécticamente, la teoría del Imperialismo, como queriendo juntar agua y aceite. Pues el dogmatismo con su cara seria siempre se ha complementado con eclecticismo (su careta maquillada); pero, también, hay quienes lo completan con sana ingenuidad estando a punto de retomar para sí la teoría del Imperialismo, sin notar siquiera la discrepancia (por ignorancia, pues, y, también, por demasiado confiados). Así, no obstante se permanezca emotiva y prácticamente ligado al proletariado y al marxismo y, a la vez, a la teoría del Imperialismo, la revocación no tarda en llegar. En los países periféricos tenemos las ventajas del atraso, pero no nos infatuemos creyéndolas muchas; porque cada vez más la tendencia esencial se abrirá paso mostrando más claramente la disyuntiva:
Digo que el núcleo problemático –no sólo a nivel económico, sino sociológico, filosófico, histórico, antropológico, etc., de este fenómeno ideológico de revocación galopante, lo constituye la teoría del Imperialismo y los efectos de su proyección en la lectura de la obra de Marx. Pues –en gracia a la dinámica histórica la teoría del Imperialismo se ha convertido en un potente fetiche que opaca al auténtico discurso de Marx. Así, mientras se lo “capte” a través de ese lente –por voluntad o sin ella– se podrá quizá agudizar efímeramente el tono revolucionario; pero se terminará por renegar de Marx. Y ello, paradójicamente, no sólo en aras de reformismo o aun política reaccionaria, sino incluso revolucionaria. Tal la extraña naturaleza del lente con el que hoy vemos el firmamento y la tierra.
Mi afán es el sugerir y prevenir fraternalmente a todos, tanto a aquellos cuyo refrescante ímpetu los lleva a creer mejorar si abandonan a Marx y/o al proletariado, como a aquellos otros que por no avanzar los aprietan con una mano mientras con la otra jalan de la teoría del Imperialismo. Fraternalmente a todos, porque precisamente uno de los efectos fetiches de la teoría del Imperialismo es el sectarismo “demarcante” y enconado a propósito de todo. Más bien quiero indicar que en buena medida –no en toda– tal actitud se basa en meras ilusiones y es innecesaria.
Podríamos, finalmente, parafrasear aquel bello pasaje de la época en que Marx (1843) situara explícita y fundadamente sus esperanzas en el proletariado por vez primera:
Así, el:
“No podréis realizar a la filosofía sin superarla / hacia la práctica revolucionaria /
y el:
“No podréis superar la filosofía / hacia la práctica revolucionaria auténtica / sin realizarla teóricamente”/
se convierte en:
“No podréis realizar a Marx y al proletariado sin superar teóricamente el fetichismo de la teoría del Imperialismo. /
Y no podréis superar el dogmatismo presente en la problemática de la teoría del Imperialismo sin realizar teórica y prácticamente (en resumen, fundadamente) a Karl Marx y al proletariado.”
Ahora bien, no se crea que estas son mis condiciones, las que yo pongo, etc.; se trata más bien de las condiciones de una época atroz y enredosa.
En efecto, la condición, el secreto de nuestra época, estriba en la radical necesidad que tenemos –pero nos es opacada una y otra vez– de profundizar nuestra concepción del ser del proletariado del sujeto revolucionario de la sociedad actual, Y como se sabe, la conciencia acerca del ser del proletariado coincide con la del conjunto de condiciones materiales de existencia del capitalismo. La teoría del Imperialismo las intenta teorizar y falla. Así que la profundización de nuestra conciencia revolucionaria, de nuestra concepción sobre el ser del proletariado como agente revolucionario, pasa necesariamente por la crítica radical de las “teorías sobre el Imperialismo”.
Nuestra época, parece acercarse a la de Karl Marx y no obstante se reniegue de él y/o del proletariado, es posible, también, discutir y desarrollar el caso intentando volver a Marx aun por encima de las teorías del Imperialismo. Casualmente, pronto se acerca ([recién ha pasado]), además, la fecha conmemorativa de los cien años de su fallecimiento.
¡Que renazca de nuevo su profunda teoría revolucionaria! Condición necesaria de una auténtica práctica crítico revolucionaria.
La critica de las teorías sobre el Imperialismo es un requisito previo para el correcto análisis de la sociedad actual. Pues, en buena medida, la realidad
queda distorsionada –y con ello las estrategias políticas y económicas a implementar– mientras mantengamos una serie de dogmas como si fueran postulados verdaderos y fundados.
Hasta hoy, aunque ya ha habido muchos intentos –buena parte de ellos propiciados por El Capital Monopolista de Baran y Sweezy– los pilares falsos de las teorías sobre el Imperialismo siguen en pie. Se trata de, primero, demostrarles como tales y, segundo, criticarles y postular otra interpretación.
La crítica de los fundamentos de las Teorías sobre el Imperialismo corre por una doble vertiente. En primer lugar, confrontación crítica con la Teoría del Desarrollo Capitalista de Karl Marx. En segundo lugar, confrontación crítica de estas teorías tanto con la realidad como con su coherencia interna.
1. Objeto, estructura y línea argumental de este trabajo
Nuestro objeto:
1. Intentar la construcción de una teoría del desarrollo capitalista verdadera.
1.1. El trabajo crítico negativo constituye la base de esta construcción.
1.2. Concomitantemente, la demostración positiva de la pertinencia dela ortodoxia marxiana para el análisis del capitalismo contemporáneo, y que ha sido falseada en las teorías sobre el Imperialismo, no obstante se presentaran como sus continuadoras.
Me veo obligado a referir, breve y lo más sucintamente, algunos hitos de la elaboración de esta obra a fin de que el lector tenga ante sí el plan de la obra y sus motivos:
La crítica de las teorías sobre el imperialismo confrontadas con El Capital de Marx constituyen mi objeto principal; un estudio a la vez histórico, doctrinal y teórico en el doble sentido: por un lado de reflexión crítica sobre una diversidad de conceptos, por otro lado, un análisis crítico de las realidades que esos conceptos refieren. Me proponía cumplir con este programa a lo largo de una serie de capítulos, cuya suma es más del triple de los actuales y cuya variedad tocaba la biografía de Kautsky, la semblanza del desarrollo histórico de la antropología, el esbozo del ambiente cultural europeo de vuelta de siglo en el seno del cual fueron avanzadas las más prominentes de las Teorías sobre el Imperialismo y para el que El Hombre sin Atributos, así como otros escritos de Robert Musil, serían terreno nutricio dado que expresaron intencionalmente aquella realidad, etc., etc. A pie de página reproduzco el capitulado correspondiente y que trabajé simultáneamente, por donde la actual obra retiene o libera resonancias de ese trabajo.13
13 Los capítulos marcados con punto se incluyeron en el actual texto. Este plan data del 17 de marzo de 1982.
INTRODUCCION
Parte I. La base del problema
Presentación
• 1. La subsunción formal y la subsunción real contra las teorías del Imperialismo,
• 1.1. La critica de la economía política contra las teorías del Imperialismo.
• 1.2. La Teoría del Desarrollo Capitalista de Karl Marx contra las teorías del Imperialismo.
• 2. Discusión de los dos pilares básicos para definir una etapa capitalista.
• 2.1. El concepto de dominación o relaciones de producción dominantes.
• 2.2. La crítica de la endeble teoría del valor que sustenta a las teorías del Imperialismo.Conclusión
Parte II. Para una historia crítica de las Teorías del Imperialismo
Presentación
3. Caracterización de las teorías del Imperialismo confrontadas con “El Capital” de Marx.
3.1. Contra Magdoff
3.2. El “Imperialismo” entre varios marxistas; intentos de salirse del problema: Korsch y Palloix.
3.3. El concepto de Imperialismo de G. Lichtheim.
4. Discusión con los marxistas clásicos sobre el Imperialismo y la teoría del valor de cara a la guerra.
Conclusión
Parte III. Las condiciones materiales para el surgimiento de las teorías del Imperialismo 5. Historia de la antropología: Imperialismo y teorías del Imperialismo.
6. La sensoriedad básica de las décadas finales del siglo XIX y de principos del XX en que se gestó laTeoría del Imperialismo: Robert Musil.
7. Karl Kautsky como síntesis personificada de lab contradicciones de la época.
Conclusión
Conclusión General
No obstante, por causas universitario-administrativas debí recortar mi
proyecto según su plan esencial, pero debí adicionarle un tema correlativo: el de la teoría del CME en México; así como tupir los capítulos prevalecientes con algunas ideas de los excluidos a fin de que mi argumentación se sostuviera.
Producto sustantivo y en parte inintencional pero a la vez sintetizador de estos cambios, fue la elaboración del capítulo sexto actual que trata la discusión sobre la gran depresión de 1872-1892 supuesto gozne histórico de las fases capitalistas, vientre en el que se gestó, supuestamente, la fase imperialista.
La teoría del CME me era conocida previamente sólo en sus términos más generales y en menor medida a propósito de México. Era para mí un objeto teórico de segundo o tercer orden, que sólo la “actualidad” por un lado y la localización geográfica por otro exaltaban; sin que algo esencial se jugara en ella, a diferencia de lo que ocurría con su premisa: las teorías sobre el Imperialismo. De hecho la teoría del CME en su figura soviética y francesa y original, es una variante de teoría del Imperialismo en la vertiente vulgar de este terreno y, por tanto, su implícita revocación. Me pareció por ello mismo complemento doctrinal esencial acompañar la crítica de la figura clásica, así como ocasión para enlazar directamente con México; relación que de todas formas era la promotora de mi crítica a las teorías sobre el Imperialismo.
Así originalmente el título de mi libro era Para la crítica de las teorías sobre el Imperialismo, más corto pero de más amplio contenido y riqueza; luego quedó el de Para la crítica de las teorías sobre el Imperialismo en su aplicación al análisis socioeconómico de México: El caso del CME en México.
Sin embargo, este objeto de crítica segundo se halla por debajo del nivel de la crítica; es completamente anacrónico y fuera de lugar y precisamente por inesencial, por cosificado y fetiche; a su vez, es sólo esto lo que le confiere poder mágico de dominio sobre los fenómenos mexicanos y mundiales actuales.
Parte IV. La recuperación del problema y de la historia
Presentación
8. La crisis contemporánea (1971-1982).
9. Sobre la critica de la cultura y la crítica de la sociedad.
10. El recuerdo en H. Marcuse. Síntesis total de la época actual.
De tal manera ocurrió que una vez profundizado en el asunto, lo primero que constaté no fue su superficialidad e inutilidad ya conocida por mí, sino más bien la inutilidad de buena parte de mi intención de criticar a las teorías del CME, ya que han sido archicriticadas, demolidas piedra por piedra (pues no de otro material están hechas) y superadas en toda la línea, incluso, en sus heterodoxas y múltiples versiones mexicanas.
No obstante, su construcción se alzó no sólo sobre un malentendido; en primer lugar, a propósito de la teoría del CME francesa y soviética y, en segundo lugar, en el más esencial malentendido –no ya de los teóricos mexicanos, franceses o soviéticos, sino– que constituye a las teorías sobre el Imperialismo en tanto tales (un malentendido, entonces, doble: respecto de la realidad y respecto de las teorías de Marx); pero, en tercer lugar, se basaron en un malentendido latinoamericano generalizado, presente entre los “marxistas” a propósito, particularmente, de los escritos de Marx sobre México y otros países y personajes. La teoría del CME en México busca cuadruplemente: ocultar las proposiciones de Marx, convalidarlas dogmáticamente en lo que malentiende de ellas, criticarlas implícitamente, y bajo pretexto de modernización, sustituirlas no directamente por la teoría leninista del Imperialismo, sino por esta otra que opera las mismas atrocidades respecto de Lenin y que no es otra sino aquella que lleva el rimbombante monumentalista nombre de “Teoría del Capitalismo Monopolista de Estado”..
Debían ser, entonces, los escritos de Marx sobre México el objeto de mi comentario, ellos sí que eran esenciales. Debían funcionar, en primer lugar, como la prueba particular de lo que los anteriores capítulos referían de la teoría general del desarrollo histórico capitalista de Marx que era enfrentada críticamente a las teorías del Imperialismo. En segundo lugar, obligaban a demostrar su conexión con aquella teoría general, conexión desleída junto con la teoría completa. En tercer lugar, los escritos de Marx así resituados en su contexto, debían posibilitar la crítica de la interpretación que complacientemente dogmática se hizo a “favor de ellas”, o rabiosamente dogmática contra ellos por los diversos marxistas latinoamericanos (y de otros países; por ejemplo, el nihilista irracionalista Robert París) entre los que José Aricó descuella y quien parece muy alejado de la teoría del CME. Pero si se piensa que tanto el dogmático rechazo como la aceptación dogmática de aquellos sacrílegos escritos de Marx sobre México se basa en la noción previa y bien impresa que tuvieron los latinoamericanos de la teoría de Imperialismo, y desde la que falsearon a Marx en el acto mismo de leerlo, y si se piensa, además, que la propia realidad subordinada latinoamericana suscita sus propios fetichismos, por ejemplo: nacionalistas o al revés –y usando un término mexicanísimo– malinchista, fetichismos concordantes con la modalidad de reflexión y con el tipo de problemática del que emanó y perfeccionó la propia y variada “Teoría del Imperialismo”.
No podrá sino reconocerse que el comentario a los escritos de Marx sobre México funge, en cuarto lugar, como el complemento de la critica de las premisas de la constitución de las teorías sobre el CME mexicanas, acompañando a la crítica de las teorías sobre el Imperialismo. Y, en quinto lugar, una plataforma privilegiada para criticar al “marxismo nacionalista” latinoamericano (“neomarxismo” tercer-mundista, pseudomarxista en su versión latinoamericana casera). En efecto, los teóricos del CME en México heredan el doble malentendido tanto respecto de la teoría general del desarrollo capitalista de Marx como sus aserciones particulares sobre México; y esta doble herencia la comparten con otros marxistas del mundo, y con otros latinoamericanos.
Así fue como nació el capítulo final de esta obra con el propósito de recuperar su original esencialidad y, a la vez, confiriéndole el lugar secundario que a las teorías del CME les corresponde, no obstante busquen “robar cámara”, una y otra vez en el vaivén de los acontecimientos, por demás miserables, del desarrollo capitalista de nuestra realidad. Creo que el lector agradecerá la operación que condujo a relativización tal. Yo, por mi parte, guardo gustoso en el cajón gran parte de los materiales y sucesivas monografías que sobre el CME avancé.
Presento, ahora sí, el plan de esta obra de renovado título:
Capítulo I. La Teoría de Karl Marx sobre la Subsunción Formal y la Subsunción Real del Proceso de Trabajo inmediato bajo el Capital
Esta teoría es el contenido central de la teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx. No obstante, ninguna teoría sobre el Imperialismo la observa o se digna a discutirla.
Critico aquí, entonces, la ausencia del contenido teórico central de una teoría marxista en las teorías sobre el Imperialismo y que se pretenden marxistas.
Capítulo II. La Crítica de la Economía Política de Karl Marx.
La forma científica necesaria para el análisis de las relaciones capitalistas es una muy singular que Marx insistentemente llama Crítica de la Economía Política. Tal forma es necesaria y tiene sus reglas precisas de construcción en gracia a que el contenido de la realidad burguesa lo constituyen relaciones de explotación de la fuerza de trabajo y de cosificación de la conciencia; y por cierto relaciones en desarrollo y complificación ampliada.
Las teorías sobre el Imperialismo tienen la intención de criticar al capitalismo y de analizarlo científicamente, pero todavía no observan que sólo respetando una forma discursiva precisa se preservan de la cosificación de la conciencia desarrollada por las relaciones burguesas.
Crítico aquí la forma discursiva de las teorías sobre el Imperialismo. Su medio general de análisis.
Capítulo III. La Teoría del Desarrollo de Karl Marx y las Teorías sobre el Imperialismo
Karl Marx no sólo teorizó en el siglo pasado sino que en el siglo pasado construyó una teoría del desarrollo capitalista de entonces y posterior: una teoría dinámica.
Evidentemente, las teorías sobre el Imperialismo al no observar ni la forma específica de esta teoría ni su contenido central difícilmente captaron su noción. De ahí que quisieran “completar” el análisis de la fase precedente con el de la fase que vivían, añadir a Marx sus propias observaciones sin observar que ya son presas del fetichismo de las relaciones burguesas.
Capítulo IV. La Nueva Relación Dominante y las Fases del Capitalismo
El concepto de relación de producción dominante es el que sirve para caracterizar una fase histórica dentro del discurso marxista. Cuando las teorías sobre el Imperialismo (desde Hilferding y Lenin, siguiendo a Hobson, etc.) hablaron de una nueva fase, lo hicieron arguyendo una nueva relación de producción dominante: el capital financiero; que venía a sustituir y englobar al industrial.
Critico aquí:
a) El concepto general de dominancia que manejan. (Discusión con
Sombart, Hilferding, Lenin y L. Althusser)
b) El estatuto teórico y empírico del concepto de capital financiero
c) La errónea caracterización de las fases históricas que de allí derivó
La primera parte concluye con la demostración doble (triple): Primero, las teorías marxistas del Imperialismo no son marxistas. Segundo, pero lo más grave es más bien que son incoherentes internamente así como, entonces, incompatibles con la realidad.
Capítulo V. La Teoría del Valor de las Teorías sobre el Imperialismo
Esta es insostenible. Hilferding es su forjador y el resto de autores no hacen sino tomar la cosa como ya resuelta por él. H. Grossmann es el principal crítico de Hilferding y a la vez –no por casualidad– el único que ha intentado reconstruir la teoría del desarrollo de Karl Marx.
Este capítulo discute a ambos y replantea la auténtica teoría del valor de Marx como base necesaria para construir sobre ella la teoría toda de las relaciones capitalistas reales, relaciones de valor y de valorización. Discute asimismo con Paul Mattick, el más actual y radical intento de recuperación de la ortodoxia marxiana respecto de la teoría del valor.
Capítulo VI.
Se ha querido plantear la primera gran depresión del capitalismo (18711892) como el terreno histórico en el que se justifican las teorías del Imperialismo; pues éstas las refieren como el pasaje en el que la nueva fase nació. Situémosla, más bien, en el verdadero continuo histórico para situarnos a nuestra vez. Sea la revolución de 1848 nuestro punto de referencia, etc.
Capitulo VII.
Las afirmaciones de Marx y Engels sobre México concentran sus concepciones globales sobre el desarrollo y la coyuntura capitalista. Toda su profundidad y actualidad ha sido obnubilada por unos lectores (nosotros) presos en la “teoría del Imperialismo”.
Los tres primeros capítulos demuestran la contradicción global, de forma y de contenido que las teorías del Imperialismo mantienen con la teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx.
El cuarto capítulo demuestra –con el quinto– la contradicción interna del discurso de las teorías del Imperialismo como efecto del dominio de las relaciones de producción burguesas y su ideología.
El quinto capítulo –redondeante del contenido del cuarto– demuestra la contradicción que las teorías del Imperialismo mantienen con la realidad; y, precisamente, en gracia a su incoherencia interna ya que no pueden dar razón de la relación de producción esencial y, a la vez, englobante del sistema y que se apersona como ley del valor.
Una vez demostrado al antimarxismo o la contradicción con Marx, su incoherencia o contradicción interna y su falsedad o contradicción con la realidad, de las teorías sobre el Imperialismo, cabe preguntar directamente el ¿por qué? de este fenómeno.
El sexto capítulo responde teniendo a la realidad histórica capitalista como fundamento. El séptimo, partiendo de la teoría de Marx y su ideológica recepción posterior.
No coinciden con Marx (capítulos del 1 al 3) pero, además, carecen de fundamento (capítulos del 4 al 7).
En los capítulos 1 a 3 expongo qué me interesa rescatar para la conceptualización del capitalismo actual y, a la vez, qué han obviado de Marx las teorías sobre el Imperialismo.
En los capítulos 4 y 5 expongo cómo habría de sintetizarse teóricamente lo que debe ser rescatado y fue olvidado, y, a la vez, cómo es que fue confundido en el discurso de las teorías sobre el Imperialismo.
En los capítulos 6 y 7 expongo por qué es necesario teórica y políticamente la reconsideración y recuperación del discurso de Marx para la teorización del capitalismo mundial actual y por qué fue confundido.
El sexto capítulo remite a la realidad global mundial del capitalismo captando el fenómeno en general y llegando como resultado a la necesaria polarización del sistema.
El séptimo, parte de esta polarización y, precisamente, situando el estatuto de la periferia para Marx.
Los capítulos 1 y 5 construyen una imagen global del capitalismo sin tener en cuenta conceptualmente su mundialización (capítulo 6) y polarización (capítulo 7). Si bien, las fundan, y refieren las posibles modalidades de capitalismo y de ideología burguesa que pueden darse para encubrir las realidades concretas del centro y de la periferia del sistema.
En todos los casos cada capítulo va más allá de lo aquí referido. Tal exceso permite conectarlo con el siguiente y, en parte, rebasarlo. Asimismo busca darle autonomía respecto del resto, tanto para indicar que, si es equivocado, no por ello el resto lo será y viceversa; como para ser usado al modo de monografías separadas.
De todas maneras busco argumentar del siguiente modo:
En primer lugar, las teorías del Imperialismo no son marxistas. Lo cual de suyo no decide que estén equivocadas; pues muy bien el equivocado puede ser Marx, Solo decide que es una impostura el que pretendan ser marxistas. Mejor que dejen ese nombre y busquen fundamentar basadas en su propia fuerza. Mejor que se liberen... y a Marx.
Ahora bien, no sólo no son marxistas sino que son incoherentes y, en parte, precisamente, por pretender que son marxistas y no serlo; por donde es subrayable lo nocivo de la impostura referida. Pero, por otra parte, debido a que tanto por su incoherencia como por no seguir a Marx, son falsas respecto a la realidad.
Los últimos capítulos toman sintéticamente estos resultados analíticos de los precedentes. Argumentan redondamente que son falsas por incoherentes y por no marxistas y que, de hecho; el discurso crítico de
Marx sobre el capitalismo y su desarrollo es el único discurso auténticamente fundamentado habido hasta la fecha, por tanto, el único coherente y verdadero. Y no es que no haya verdades singulares en los demás, sino que la totalidad que reproducen teóricamente es destotalizada, falseada, alienada ya en el texto. Mientras que el de Marx ha sido alienado –más bien– por sus lectores.
Nos invita desde su positividad crítica radical a afirmarlo.
Me permito, ahora, puntualizar mi objeto de crítica inmediato, las teorías del Imperialismo; y, precisamente, su estatuto como objeto teórico.
En efecto, el lector habrá podido observar –con lo leído hasta aquí– que me permito hablar indistintamente ora de teoría del Imperialismo ora de teorías (en plural) del Imperialismo. Veamos más de cerca la cosa, este quid pro quo real:
2. Teorías del Imperialismo (en plural)
TEORIA DEL IMPERIALISMO (con mayúsculas)
Mi intento es contribuir a la crítica de las teorías sobre el Imperialismo múltiples y variadas. Pero el objeto teórico que así construyo y basamenta mi intento de criticar es la “teoría del Imperialismo en cuanto tal”: un objeto virtual pero actualizado de diversas maneras por los diversos autores. Los que fungen como meras ejemplificaciones de aquél.
¿De dónde tal continuidad y comunión entre teorías tan dispares como puede ser la de Lenin y la de Kautsky o la de Rosa Luxemburgo y Henryk Grossmann, Ernest Mandel, Paul Mattick o Jürgen Habermas?
En primer lugar, debido a errores teóricos heredados desde Hilferding, insuperados hasta la fecha, no obstante las críticas radicales entre autor y autor; y, a veces, más bien, debido al modo en que tales críticas se ofrecieron y, así, obstaculizaron la superación. En segundo lugar –algo conectado con lo mismo– la dogmatización de ciertos aspectos; sobre todo, del “opúsculo” de Lenin entronizado por el stalinismo– y el leninismo en general; por ejemplo, el de E. Mandel –como la “palabra verdadera” si no es que a veces como la indiscutible última palabra.
Sin embargo, no vaya a creerse sectaria e inmediatamente que se trata de un mal sólo del leninismo, etc.; más bien, es allí donde se hace manifiesto aquello que otros se ocultan.
Porque, sobre todo, en tercer lugar, aquello que constituye la base histórico material general sobre la que se posibilitaron durante más de 70 años la dogmatización y la incapacidad teórica para superar ciertos errores –no obstante las intenciones y avances más urgentes y aun rabiosos contra una teoría dogmatizada y falsa bajo la que se justificaban unas políticas en ningún modo aceptables por los revolucionarios que criticaban la teoría– es un conjunto de relaciones sociales de producción objetivamente enajenadas y fetichizadoras cuyo poder ha dominado a la conciencia y a la práctica revolucionaria en tan esencial gozne y por un
largo periodo. Práctica y conciencia revolucionaria, ojo: tanto “marxista” como no marxista. En tan esencial gozne: ni más ni menos que el reconocimiento del “campo de batalla de la lucha de clases”, el capitalismo históricamente desarrollado.
Estos componentes teóricos y reales son los que han posibilitado la consolidación de “una teoría del Imperialismo”: el mismo opaco lente y pseudo-conjunto de la realidad burguesa, cada vez actual, desde 1900 a la fecha.
Revelar la existencia de la Teoría del Imperialismo en cuanto tal como “invariante” de un campo teórico conduce de por sí a la determinación de los ingredientes esenciales de la realidad histórica que debió suscitarla. De ahí su valor heurístico prioritario.
Veamos, en primer lugar de qué ingredientes teóricos se compone esta “teoría una” del Imperialismo y preguntémonos: ¿Qué clase de realidad es, entonces, la que en verdad subyace, y de la que son expresión equívoca las diversas teorías sobre el “Imperialismo”, sobre el “capitalismo tardío”, sobre el “capitalismo monopolista”, sobre el “neocapitalismo”, sobre el “capitalismo monopolista de Estado”, etc.; nada menos que otros tantos nombres del mismo tropiezo? Pero prevengámonos. En primer lugar, de que tal realidad difícilmente (imposible, mejor dicho) es captable directamente y enfrentable a la “falsa” teoría.
Esa realidad es transfigurante –como Marx la describe en general en el capítulo sobre el salario de “El Capital”, etc., y en todo el tomo II– y objetivamente alienada. No muestra su esencia sinceramente. Y de esa realidad participan todos, estamos inmersos en ella, somos parte de ella; sólo podríamos descubrirla y caracterizarla, hacer su perfil, si notáramos primero en sus experiencias teóricas singulares (teorías del Imperialismo, por ejemplo), que algo anda mal y, luego, que ello nos mueve a preguntarnos por cada rasgo existente y que se expresa deformado en la teoría.
El recorrido crítico de las teorías sobre el Imperialismo intenta identificar los síntomas de esa realidad impactando y formando al discurso; y sobre la base de su delimitación reconstruir –primero sólo clasificar como elementales líneas– los rasgos que por derecho la tal realidad tiene y que de hecho muestran, pero trastocados.
En segundo lugar, nótese que la propia teoría, expresión de tal realidad, se ofrece múltiple y contradictoria; con lo que de por sí encubre, en primer lugar, a la propia teoría virtual invariante que subyace a las numerosas existentes y así, en segundo lugar, mejor encubren entre todas la realidad.
Y la encubren mejor, porque encubren incluso la operación esencial de encubrimiento que constituye la estructura de la realidad subyacente en todas. La figura pura y general queda encubierta y destazada; por figuras particulares pero que parecen no ser partes dependientes de nada general, de nada subyacente, sino en verdad, autónomas de por sí, discontinuas etc., “científico positivas”. [(Al modo en que se presentan como aparentemente autónomas las diversas formas transfiguradas del valor que se valoriza y de ese modo, en el juego contradictorio de conjunto encubren aquello general-esencial, que las constituye de parte: la explotación de plusvalor a la clase obrera)].
Un inmenso fantasma recorre el mundo y domina las conciencias y vidas de los hombres, ¿qué ingredientes espirituales lo componen? Así, pues, si hay tal fetichismo, alienación y equívoco, lo primero a decir es que la teoría del Imperialismo no dice la verdad sobre lo real (ella misma incluida en lo real). Es decir, que concretamente, no logra caracterizar suficientemente las relaciones históricas de producción existentes o que desespecifica históricamente lo que quiere determinar conceptualmente, estadísticamente y, aun, “históricamente”.18
Cambiemos, ahora, de derrotero, o mejor, volvamos sobre nuestros pasos y observemos, por un momento, investigar al verdadero Lenin:
I. Las Preocupaciones de Lenin, las nuestras
“Porque fue una feliz casualidad, pero mas bien rara el que el movimiento proletario dispusiera sucesivamente de hombres como Marx, Engels y Lenin, los cuales aunaban en sí ambas virtudes [(teoría y práctica política)].
Consecuencia marginal de ello es hoy, por desgracia, el que cualquier primer secretario de cualquier partido se considere el sucesor legítimo de Marx y Lenin”.
(Conversaciones con Lukács)
La crítica de la(s) teoría(s) sobre el Imperialismo –es evidente que– toca de lleno la teorización de Lenin. Y sobre todo la de Lenin, porque el leninismo y el stalinismo se han encargado de sostener dogmáticamente lo aportado por él. Sin embargo, el propósito del presente trabajo no es enfrentar a Lenin; sí algunas de sus ideas pero, paradójicamente, no en tanto suyas. Sino en tanto le fueron expropiadas y sincréticamente engomadas en un mito.
La discusión directa con la específica teoría del Imperialismo de Lenin y no sólo en tanto cuerpo teórico ideologizado a partir del “opúsculo” de 1917, no está incluida; pues ademas del aspecto doctrinal en la teoría de Lenin debe contrastársela y valorársela de acuerdo a sus aspectos históricos, relacionándola con la realidad capitalista de entonces. Pero he ahí que, justamente, esta realidad histórica se encuentra en entredicho.
Ya entonces hubo fuertes enfrentamientos entre las corrientes de la izquierda en torno a la definición de la realidad y la táctica. En aquel momento correspondió la crítica a Lenin y a sus concepciones en tanto suyas, así como las críticas de Lenin a sus oponentes, etc.; rescatarlas hoy debe forzosamente cambiar su sentido, pues lo que hoy cree actualizar a Lenin está muy lejos de asemejársele.
Pretender descalificar con unas cuantas ideas la potente acción históricorevolucionaria de Iván Ilich Lenin resultaría un poco idiota. Nuestro blanco es directamente un hecho ideológico que envuelve a la conciencia revolucionaria del presente. Mediadamente –pero desde el inicio– es ese presente real lo que nos interesa y, entonces, la captación ideal de la historia que lo hizo brotar; en un momento de la cual surgió la teoría del Imperialismo, particularmente, concretada por Lenin y luego fue dogmatizada a extremos casi impensables.
Aquí subrayo lo siguiente: me interesa la captación ideal de la historia real que hizo brotar al presente y que hizo brotar en un momento a la ideología de la “teoría del Imperialismo” porque, a mi juicio, precisamente, esa historia, esa realidad toda, de entonces hasta hoy, no ha sido comprendida en su esencia ni por la “teoría del Imperialismo” ni por sus críticos de entonces y posteriores. A esa ventana quisiéramos acercarnos:
a) La caracterización del monopolio y de la política imperial; la determinación del funcionamiento del capital financiero, etc., y de la expresión de los ferrocarriles, etc., etc., no constituyen el núcleo de interés de Lenin sino sólo como condiciones de algo mucho más esencial. Sólo después se han convertido en temas autónomos de por sí en aparente desvinculación u olvido del fundamento global. Lenin no sabe la respuesta, la busca y se preocupa por fundamentarla. No como otros que después la mantuvieron como algo obvio, evidente de por sí sin verificarlo. Así, sabemos que la preocupación esencial, reiterada, de Lenin en sus “Cuadernos sobre el Imperialismo” –escritos entre 1915 y 1916– es, justamente, la de especificar históricamente la etapa del desarrollo en que se encuentra.
De hecho, el plan contenido en el cuaderno ϓ (gamma) de su posterior libro (1916) es escrito después de la reseña al libro de Vogelstein: Formas capitalistas de organización de la gran industria moderna; relaciones en torno a las cuales Lenin hace girar la determinación histórica de la época.
El primer capítulo del “ensayo popular” deberá ser “la etapa particular del capitalismo en nuestra época”. Y la conclusión del capítulo 24 (el penúltimo) tratará la “ubicación histórica del imperialismo” en donde –rasgo significativo– Lenin escribe un signo de interrogación. No seguramente referido a que no crea saber de esta ubicación, pero sí a que no sabe si ese es el lugar expositivo que le corresponde. Pero tal problema “expositivo” debe sugerirnos un problema de fondo, tanto como al propio Lenin.
¿En qué consiste la etapa?; ¿Es nueva? El último capitulo (25) se titula “Entrelazamiento versus socialización”, donde Lenin querrá discutir, sobre todo,, no ya la ubicación histórica del imperialismo respecto del pasado sino, al revés, respecto del futuro.
Tematiza:
“Ritmo de desarrollo y sobremaduración...” (su compatibilidad)
“Descomposición y nacimiento de lo nuevo…”[(…)]
“Resumen y conclusiones: Imperialismo y socialismo” [(…)]
“Monopolio y libre competencia –los bancos y la socialización– entrelazamiento y socialización reparto y redistribución del mundo”
“Transición” “¿Hacia... qué?” (Subrayados míos)
De suerte que, a propósito de la determinación respecto al futuro debe volver a hablarse de la determinación respecto del pasado (monopolio y libre competencia). Lenin quiere situar al imperialismo como una “sobremaduración” de aquello que era el capitalismo y como “transición”... quiere el socialismo.
Así: Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo capta el concepto de imperialismo en una doble determinación, tanto respecto del pasado como respecto al futuro, pues Lenin sabe que queda determinada la etapa presente, sólo si el pasado y el futuro de la misma lo están.
Tal es el problema dicho ingenuamente:
• Primero: la etapa de libre competencia, ¿cuál es?
• Segundo: la “sobremaduración”, parece que todavía hoy sigue “sobremadurándose”.
Lenin se preocupa reiteradamente por la determinación histórica de la etapa pues de ello depende todo. Así vemos aparecer en el plan Varias confrontaciones con Marx y Engels (y un poco más abundantes en las reseñas de los cuadernos): En primer lugar, la discusión central:
“6. Bancos [(…)]
6. “La forma de producción social y de distribución”
(Marx, Hilferding)” [(…)]
7. Bancos
7. Su fusión con la industria, Hilferding: Marx.”
Así, para resolver el problema pone en discusión a Marx y a Hilferding. Pues remite a otro cuaderno ϑ (theta) cuya revisión es tanto más necesaria cuanto el “ensayo popular” despacha de prisa la cuestión: donde reseñó El Capital financiero de Hilferding (op, cit., p. 324) y adicionalmente al cuaderno β (beta) para ver a Jeidels: La relación entre los grandes bancos alemanes y la industria (p. 147); y antes a E. Agagel Los grandes bancos y el mercado mundial (p. 105). De suerte que los bancos se nos presentan como el eslabón determinante de la relación nuclear de la economía, así como de la determinación de las relaciones exteriores generales. La mediación entre lo interno y externo de la economía nacional.
En segundo lugar, le interesa discutir a Lenin la figura del futuro que realmente trascenderá al capitalismo. En su capítulo 25 vemos el título “Saint Simón y Marx (Schultze-Gaevernitz)”. Y la remisión al cuaderno α (alfa) a la reseña del libro de varios autores Principios de economía social, en donde es confundida por sus autores la creciente “organización de la producción” capitalista con el socialismo; a lo que Lenin exclamará: “¡¡¡Que marxismo!!!”
Así pues, muchas eran, por aquel entonces, las esperanzas y utópicas confusiones de que finalmente se arribaría al socialismo. A ellas quiere enfrentarse Lenin en vista de una esperanza auténtica: en caso, el núcleo problemático según los autores leídos y discutidos por Lenin son los bancos.
“Existen instituciones que han incluido entre sus fines una organización determinada de la labor económica: Los bancos”.
Tanto para la determinación de la etapa entonces presente, como para no confundirse con respecto de la auténtica figura de la sociedad futura, los bancos deben estar supuestamente en el centro de la mira. Ello marca la discusión y las proposiciones del propio Lenin.
La especificación histórica de la etapa dependió para Lenin de la discusión política y teórica respecto al significado que otros dieron a los bancos: ¿Quizá contra los otros cayó, sin embargo, en el terreno de los otros precisamente por buscar oponérseles más radicalmente?
b) Volvamos de nuevo al problema que tanto preocupó a Lenin del principio al fin de su libro y su investigación: La auténtica especificación histórica de la etapa. Discutamos la relación de producción dominante que especifica al todo, ¿qué es el capital financiero y cuál es su fundamentación? Revisemos las tesis de Marx y Engels, ¿qué tan definitiva fue la discusión con ellos tanto en Lenin como en los demás marxistas respecto de la “libre competencia”, etc.? Indaguemos el ambiente de la época en el que las discusiones se suscitaron, etc. etc.
¿Qué fetichismos y encubrimientos hicieron presa de la conciencia social sobre todo en la vorágine de la guerra? Estos son algunos de los problemas objetivos obligados a tratar y que el lector encontrará en los capítulos monográficos siguientes.
Tales son las conexiones esenciales, teóricas y prácticas para abordar la cuestión de qué es el presente en verdad y qué fue la vuelta de siglo en la que brotó la teoría del Imperialismo.
Bordemos una advertencia epistemológica:
II. ¿”Palabras”?
A primera vista parecerá que nuestra discusión contra la teoría del Imperialismo se polariza o contrasta según dos extremos. Por un lado, tendremos una arremetida a fondo contra sus temas y pilares fundamentales, embate demoledor; por otro lado, tendremos que aceptar muchas cosas señaladas por esta teoría, y aún fundamentales; cierto que las más de las veces señalándolas como no novedosas y ya vistas por Marx, etc., pero ella se las atribuía para darse lustre, otras veces aceptando la novedad propuesta.
De tal suerte, puede parecer –decíamos– que un asalto demoledor que va a los fundamentos y realidades no arriba sino a una discusión de palabras. Como si la palabra “imperialismo” no nos gustara, pero todo lo que designa fuera aceptado. O a lo más, como si no nos gustara que otros se atribuyeran lo propio de Marx; con lo que la discusión por el término parece ocultar o ser el medio explícito de una disputa por la propiedad de ciertos teoremas. Si éste fuera el caso no se nos debe reprochar nada que los distintos autores creadores de diversas variantes de teorías del Imperialismo no merecieran también. Pues –dígasenos si no– la discusión entre “super-imperialismo”, “imperialismo”, “capitalismo tardío”, “neocapitalismo”, “capitalismo monopolista imperialista”, “capitalismo monopolista de Estado”, etc. ¿No semeja una mera disputa de términos?; una búsqueda de realidad auténtica a través de o en la diferencia de palabras; si bien motivada por problemas políticos y económicos reales, pero no alcanzan a ser conceptuados rigurosamente.
Pero no sería nuestro caso, nuestra disculpa, si sólo giráramos en torno a las palabras: ya que de entrada ciertamente se nos podría reprochar algo más que a las variantes de teorías de Imperialismo: que nos mareamos a tal punto que quisimos revocar la teoría del imperialismo en cuanto tal con todas sus variantes poniendo otra palabra en su lugar.
Pero esto sólo es un indicio de la diferencia que nos separa de las variantes de teorías del imperialismo. Queremos determinar, también, de otra manera el asunto.
En primer lugar, debemos recordar que en la historia de la doctrina económica hay un célebre caso, en cierto modo análogo.
Engels señala en el prólogo a “Trabajo asalariado y capital” (1847) de Karl Marx, cómo fue posteriormente a este trabajo, que Marx formuló conceptualmente la diferencia entre “trabajo” y “fuerza de trabajo” en la que iba incluida la solución al problema de la explotación de plusvalía (y sus amplias consecuencias) frente al que la economía política burguesa quedó vencida y, en particular, constituyó la bancarrota de la escuela de Ricardo. La diferencia esencial parece aquí jugarse en torno a meras palabras como en el caso de nuestro “Imperialismo”, etc. ¿No se guardará algo quizá tan importante como el descubrimiento científico de la explotación del plusvalor y con ello la captación científica crítica de la ley del desarrollo de la sociedad burguesa?
¿Algo tan importante? Sí, el descubrimiento de la historia real del desarrollo burgués ocurrido y que la teoría del imperialismo pretende conceptuar.
Por lo demás, no sólo el caso es análogo al del valor de trabajo o de la fuerza de trabajo sino al de la ganancia, la tasa de ganancia, la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, el interés, la ganancia comercial y la renta de la tierra, las clases y el Estado, etc. Es decir, que se trata con “el Imperialismo” de una forma transfigurada que brota como significación espontánea del desarrollo del modo de producción burgués en su conjunto y que la “economía marxista” ha tomado –como otrora la clásica y la vulgar– acríticamente del uso cotidiano ya fetichizado.
Este fue un problema tan decisivo para Marx y Engels que de él dependió la construcción de la crítica de la economía política en cuanto tal. La crítica epistemológica es un ingrediente inmanente de la crítica de la economía política, y el conocimiento auténticamente científico no se desarrolla sin ella, no sólo en lo referente a la forma (más coherente) sino respecto del descubrimiento de nuevos contenidos reales de otro modo invisibles, menos conceptuales. Por ello, no es casual que ambos autores dedicaran buen número de lugares para tratarlo.
Sin referirnos a todas las obras juveniles de ambos cuyo interés central estriba, sobre todo, en este tópico de la “transfiguración”, “el fetichismo” y, por ende, de las condiciones de posibilidad de la crítica auténtica,
recordemos de Engels el referido prólogo de “Trabajo Asalariado y
Capital”, el prologo de “Miseria de la filosofía”; el prólogo al tomo II de “El Capital”, etc.; y de Marx; el párrafo 4 del capítulo I de “El Capital”; “El fetichismo de la mercancía y su secreto” el capítulo IV del mismo tomo; el capítulo XVII: “Transformación del valor (o en su caso del precio) de la fuerza de trabajo en salario” y casi el conjunto de todo el tomo III; en especial la fórmula trinitaria (capítulo XLVIII), etc. Causa casi terror el que todos los teóricos de la teoría del Imperialismo y en general la economía “marxista” actual casi ni se pregunte o trate el tema y aun lo minimice y estigmatice, en fin…
Aclaradas estas cuestiones preliminares (I y II) comencemos la discusión del mito propiamente dicho.
III. ¿La Estrategia Revolucionaría como Problema Esencial de Ja Teoría del Imperialismo?
Lenin ha heredado la teoría del capital financiero de R. Hilferding y la ha criticado parcialmente. Por ello, quien quiera defender la teoría del Imperialismo deberá defender a Lenin y a Hilferding; si bien permitiéndose alguna crítica a Hilferding; a veces, sobre todo, a nivel político más que económico.
Así, se nos dice que el libro El Capital Financiero, de Hilferding hace un gran aporte a la teoría del Imperialismo, el cual heredó Lenin:
“La creciente monopolización suscita sobreproducción y sobreacumulación y la sobreacumulación constituye el principal impulso para la expansión internacional e imperialista del capital.”
De donde deriva la conclusión de que R. Hilferding no era armonicista, como por ejemplo, lo criticaría Grossmann. Cierto que llegó a serlo, pero después de la primera guerra mundial, a la par que llegó a ser ministro de finanzas del Estado austriaco. El teórico revolucionario de El Capital Financiero muta en político reformista promotor del mismo, etc. A partir de allí insiste en el desarrollo de un capitalismo armónico, sin crisis. De ahí derivará su Teoría del “Capitalismo Organizado”. Pero puede verse el ejemplo de Lenin quien derivó de El Capital Financiero consecuencias revolucionarias, etc.
Deberé decir –contra esta representación– que H. Grossmann tiene razón. Hilferding es armonicista desde El Capital Financiero y no sólo después; pero no sólo políticamente sino que El Capital Financiero mismo es por esencia neoarmonicista.
Primero: la teoría de la sobreacumulación, centralización y monopolización de capital es de Marx, no de Hilferding ni de Lenin. Y, precisamente, como principal impulso para la expansión internacional necesariamente imperialista del capital.
Segundo: el “aporte” de Hilferding consiste en subsumir esta teoría correcta debajo del concepto anfibio de Capital Financiero como predominante, en lugar de que sea el capital industrial el predominante del sistema de acumulación capitalista.
Tercero: supuestamente el predominio de capital financiero acelera la monopolización y además lo hace al modo de intervenir en las diversas grandes empresas para determinar el monto y tipo de sus inversiones, pero de suerte que el capital bancario prestado a tal efecto tenga asegurados los intereses y la retribución de la inversión global. De tal manera promueve la racionalización no sólo por empresa individual (la que fuerza a la anarquía competitiva e irracional global, según denuncian Marx y Engels) sino una racionalización cada vez más global como condición del incremento y seguridad de las ganancias y el interés de los monopolios y el capital financiero.
Cuarto: es así como todo el libro de El Capital Financiero construye su argumento desde los monopolios y el capital financiero para llegar a fundamentar el concepto magno de R. Hilferding: El Cartel General, organizador racional de toda la economía capitalista ya sin contradicción productiva global.
Por tanto, en los países altamente industrializados y conforme avanza la tendencia a la constitución del Cartel General, avanza la tendencia al Imperialismo y, a la vez, la tendencia a la armonía. La revolución social se ve transformada cada vez más sólo en reforma. Hilferding varía políticamente –y no mucho– después de la guerra, por cuanto piensa que la tendencia entrevista hacia 1908, va realizándose de modo masivo. Es decir, que es consecuente con su teoría armonicista previa y plasmada en El Capital Financiero.
Muy bien, se dirá ¿y Lenin? Lenin ha aceptado lo fundamental del argumento de Hilferding y, por tanto, su armonicisrno. Ya que éste no sólo es resultante sino premisa y proceso del argumento. Monopolio/ Capital Financiero. Cae en Hilferding, no obstante que critique explícitamente –tanto frente a Hilferding como frente a Bujarin– la entelequia del “Cartel General”. Pero como digo, ésta es solo la consecuencia de la argumentación previa de Hilferding. Pero, a la vez, Lenin pasa a sacar conclusiones revolucionarias– además de antibelicistas. Y es que acepta el armonicismo de Hilferding para los países desarrollados pero no para los subdesarrollados.
Por allí es que tampoco el “Cartel General” (armonicista) llegara a conclusión en los países desarrollados (implícitamente podría verse una influencia de Rosa Luxemburgo). La revolución socialista se actualiza en ellos. Así, la Teoría del eslabón más débil de la cadena imperialista, como el sitio en donde podrá suscitarse la revolución, es expresiva de este arreglo teórico.
El problema estratégico político general que se deriva de aquí –y que va implícito en la cadena de conceptos constitutivos de la Teoría del Imperialismo– es la mutación en la Teoría de la Revolución. He aquí el eslabón mas débil. Pues se ofrece una explícita incongruencia entre las Teorías del Imperialismo y Karl Marx.
Para Marx la revolución socialista por lo tanto, –su actualidad– depende del desarrollo de la acumulación de capital y esencialmente del implícito desarrollo de las fuerzas productivas; pues son ellas las que el capital subsume para acumular plusvalor. Es decir, subsume al factor objetivo pero principalmente al factor subjetivo del proceso de trabajo; ya que, ni más ni menos, que ambos constituyen el contenido del concepto de fuerzas productivas, y del factor subjetivo depende la creación del plusvalor a ser acumulado.
En la teoría revolucionaria del Imperialismo; es decir en la Teoría del imperialismo en su versión revolucionaria, el supuesto cambio de fase y, por tanto, de relaciones de producción dominantes (el armonizador capital financiero, pero, a la vez, rapiñero imperialista) implica el cambio en la determinación de la actualidad de la revolución socialista.
La revolución ya no depende del grado de desarrollo de la acumulación y sobre todo del desarrollo de las fuerzas productivas.
Se dirá que no directamente en el país más desarrollado, etc., pero sí indirectamente; porque la cadena imperialista incluye diversos grados de desarrollo y los combina.
Pero aquí se olvida por qué era que para Marx el desarrollo de la revolución socialista dependía del desarrollo de la acumulación y de las fuerzas productivas. ¿Por qué?
Porque el proceso de acumulación de capital concentra a los obreros y debe educarlos, iguala prácticamente sus necesidades e intereses, los contradice y eleva su conciencia de clase. Porque lleva implícito el desarrollo del Estado y, por tanto, de la lucha de clases en su nivel específicamente político. Porque el proceso de trabajo se complejiza y determina de modo que cada vez más los obreros (técnicos, ingenieros y ejecutivos incluidos) dominan realmente el funcionamiento del proceso a la par que el capitalista y, a la vez, cualquier personificación colectiva del capital se va haciendo superflua. Porque, en fin, la creciente socialización de la producción se contradice flagrantemente con la apropiación privada del producto social excedente, etc. Pero ello implica asimismo que ya existen las fuerzas productivas lo suficientemente poderosas para basamentar objetivamente la abolición de las clases y de la apropiación más o menos privada de los medios de producción y el excedente.
Esto es lo que está esencialmente en discusión a propósito del cambio de fase.
No sólo un otro modo de nombrar las mismas cosas, sea con este concepto, sea con este otro (“capitalismo de libre competencia”, “monopolista”, “financiero”, “tardío”, neocapitalismo, CME, etc.).
Se trata de encadenamientos completos de conceptos; de teorías, pues, en su sentido riguroso y que, por ello, son a la vez objetivaciones políticas que apuntan a modalidades diversas de gestión y transformación de la realidad. O los obreros y su representación o contra los obreros y campesinos, etc., pretextando representarlos.
Claro que cambiaron cosas, pero ¿cómo conceptualizar los cambios y si éstos implican la modificación de la tesis básica esencial determinante de la estrategia y la conciencia revolucionaria? Esta es la cuestión.
Hay quien dice: sea lo que sea en Rusia hubo una revolución y, por tanto, los conceptos, así sean los esenciales de la estrategia, deben cambiar y si ello implica cambiar la teoría económica, pues eso sea.
Esta afirmación señala que hubo revolución en Rusia y es cierto, Pero olvida caracterizar de qué tipo de revolución se trata: burguesa, socialista, etc. Presupone lo que debe ser demostrado. Tiene la creencia y la voluntad combativa de que hubo una revolución proletaria socialista. Pero no dice quién domina los medios de producción. Ni dice quién se apropia el excedente. Ni dice si el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas y precapitalistas rusas de entonces y de después daban la medida para levantar sobre su base una sociedad sin clases y sin capital. No dice nada de ello, no obstante que la preocupación principal de los principales bolcheviques, entre ellos Lenin y Trotsky, fue por lo menos hasta la muerte de Lenin quien muere en la creencia de que se encuentran en un Capitalismo de Estado y que han debido hacer y hacen como partido y como clase proletaria tareas capitalistas que la preocupación esencial era, digo, la de cómo lograr una combinación de las fuerzas productivas capitalistas occidentales desarrolladas con las magras fuerzas productivas rusas. Después de 1919 y una vez perdida la posibilidad de la combinación de la revolución rusa con la revolución europea; combinación a través de la cual se lograría que también la revolución rusa pudiera calificarse de socialista –dado que estaría entonces apuntalada por unas fuerzas productivas que la sostendrían a tal altura y no sólo de “revolución” –después de ello, repito, ya sólo la Teoría de la Acumulación Primitiva Socialista de Preobrazhensky será la que buscará resolver el grave problema del atraso y con ello el que la revolución no fue socialista. Ya que análogamente a la Acumulación Originaria Capitalista, ésta ocurre en el pre-socialismo como aquella en el precapitalismo. Y el pre “socialismo” no es otro que (dicho sea de paso contra Preobrazhensky) el capitalismo de Estado, en este caso.
La teoría del “socialismo en un solo país” defendida por Stalin/Zinoviev quiere ser el olvido, quiere reprimir la conciencia socialista atacando la tesis de la necesidad de la revolución mundial y, por tanto, de la compensación del atraso ruso con el avance occidental. Se trata de justificar abiertamente como socialismo lo que es capitalismo.
No hay continuidad entre estas falacias y Lenin
Pero el error presente en la Teoría del Imperialismo y de la Revolución en acuerdo a la teoría del eslabón más débil constituyó, a la vez que un malentendido respecto de Marx, la base posibilitante del malentendido histórico práctico general posterior.
No casualmente, lo que para Lenin era un opúsculo preliminar, un avance para luego desarrollar una reflexión más rigurosa –y para la que él mismo había aportado la anotación crítica de una serie de libros como puede verse en los dos últimos tomos de sus obras completas, los llamados “Cuadernos sobre el Imperialismo”– no es casual, digo, que el stalinismo y el marxismo domado posterior los afirmen dogmáticamente como el alfa y el omega.
Una vez observado el panorama general, enfoquemos en el detalle principal del paisaje:
IV. La Ilegal Paradoja de la “Nueva Fase”.
Monopolio y competencia
Bueno, y ¿qué es lo que ha cambiado y qué obliga a hablar de una nueva fase? Actualmente ya no se defienden tanto los conceptos clásicos de “capital financiero”, “capitalismo de libre competencia”, etc., para defender el supuesto cambio de fase y caracterizarlo aunque todavía hay quien así lo hace. Hoy más bien –se recula– se defiende el contenido de lo que cambió. Y luego, solo luego, se pasa a convalidar algunos de aquellos conceptos clásicos –y que de entrada ya se veía que habían caído por tierra– yuxtaponiéndolos sin mediación, ni justificación teórica al nuevo contenido cierto que se aduce.
Pero no es esto suficiente para dar razón de la historia. La historia es muy sutil en sus transformaciones formales y reales y en su dialéctica de formas y contenidos. Muy bien puede ocurrir que esos contenidos nuevos sean caracterizables con otros conceptos y que encadenados unos con otros ofrezcan una teoría muy distinta que la del “Imperialismo” y, por supuesto, una teoría revolucionaria diversa.
Por ejemplo, he preguntado a E. Mandel en 1983 sobre el problema y me ha respondido así (y de ninguna manera se me podrá convencer de que Mandel es un dogmático, o bien, alguien que no conozca a fondo del problema que aquí tratamos):
“...Tanto en el capitalismo del siglo XIX como en el actual hay competencia y monopolio, pues el capitalismo es la unidad de ambos. (Marx, Miseria de la Filosofía). Pero para caracterizar una fase la cuestión es “la ponderación de elementos”...
“No tenemos actualmente la misma ponderación entre monopolio y competencia”...
¿Diferencia sólo cuantitativa es lo que Mandel aduce?
“La centralización del capital ha traspasado un cierto límite, así que “el peso del monopolio” cambia cualitativamente. [Y al respecto es que:] “me parecen correctos los análisis de Hilferding y de Lenin”...
Parece que, más bien, aduce un cambio cualitativo, pero no se argumenta cuál. Hemos pasado imperceptiblemente de la cantidad a la calidad. Veamos en lo que sigue si se argumenta.
“Algo cambió”...
Indudablemente y, sobretodo, a nivel del contenido material de la sociedad: tipo de fuerzas productivas y valor de uso, y a nivel de la subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital (SF y SR del Pti/K) y de la subsunción del mundo bajo el capital, pero ¿qué cambió para hablar de “nueva fase” e implicar con ello que ese cambio es esencial, así como para no estar aduciendo cambios de fase a cada leve cambio, etc.?
“Algo cambió. Y debemos ser cuidadosos en el estudio de la dialéctica. Lenin dijo –en una formulación genial– que en la diferencia de lo relativo y lo absoluto hay algo absoluto. Así que no podemos ampliar eternamente, por ejemplo: el correr de la vida hacia la muerte en infinidad de grados que jamás llegarán a aquella, o que no establecieran una diferencia absoluta entre la una y la otra. Hay diferencia cualitativa entre vida y muerte y entre competencia y monopolio”.
Según los ponderemos en su peso relativo, en un momento u otro.
“Prevalece la libre competencia en el siglo XIX respecto del monopolio” y ello “condujo a que se realicen la igualación de la tasa media de ganancia en ciclos económicos de más o menos cada siete años”, en crisis periódicas. Hoy, sin embargo, por el peso específico mayor de los monopolios éstos obtienen de “modo permanente y en largos plazos” superganancias si bien no por siempre, pues también se llega a momentos de igualación de la tasa media de ganancia pero a muy largo plazo.
“Yo he ofrecido una hipótesis que permitiría teorizar el hecho con el concepto de la onda larga”.
Es evidente que E. Mandel maneja aquí dos conceptos distintos. Por un lado, sólo una ponderación cuantitativa distinta entre competencia y monopolio; pero que, en segundo lugar, quiere ser ya cualitativa y que cree lograrlo cuando aduce superganancias permanentes para los monopolios y, concomitantemente, la igualación de las tasas de ganancia a .largo plazo. Pero es evidente, que si así ocurriera, la modificación cualitativa aducida, sería tan grande, en efecto, que no habría capitalismo y ya ni de monopolios cabría hablar.
Por eso E. Mandel pasa a afirmar que no obstante las diferencias “cualitativas” entre ambas fases la ley del valor sigue operando en ambas; son ambas capitalistas. Pero el modo en que en la segunda opera, según lo expone Mandel, implica –si quiere ser un cambio cualitativo el ocurrido en la relación entre competencia y monopolio y no sólo cuantitativo–, que no haya capitalismo, según dije.
Y no habría capitalismo porque no habría ley del valor, o si se quiere sólo habría capitalismo cada cerramiento de ciclo de onda larga, pero entre tanto no, porque la ley del valor no se lograría establecer en tanto que no se daría la formación de precios de producción sobre la base de la igualación de tasas de ganancia a través de la competencia entre capitales, lo que es absurdo.
Más bien, debe ser posible que exista la súper-ganancia monopólica sobre la base de la igualación de las tasas de ganancia y, por tanto, de la permanente igualación de las tasas de ganancia y, por tanto, rigiendo permanentemente la ley del valor en gracia a la competencia entre capitales monopólicos y no monopólicos. Hic Rhodus, Hic salta.
Pero si tal es la explicación, entonces, no hay cambio cualitativo en la relación competencia-monopolio. Tal el problema.
Y es que si observamos la cosa materialistamente veremos que la relación competencia-monopolio es una expresión derivada de las condiciones generales de la acumulación capitalista, nada autónomo de por sí y que ofrezca en su modificada correlación histórica un cambio cualitativo de fase de capitalismo.
El error ha sido situar y, luego, fijar la vista en esa diada para caracterizar los cambios reales ocurridos (de paso señalo que Mandel escamoteó el hablar de capital financiero en todo su argumento y sólo vimos confrontados al monopolio y a la competencia; pero es el capital financiero el que Hilferding y Lenin aducen prioritariamente como dominante de monopolios y de todas las relaciones capitalistas “imperialistas”. En fin…). Ahora bien, si sobre esta base materialista observamos, determinadamente la dialéctica de la relación competencia / monopolio, lo primero a indicar son sus límites específicos; los límites específicos de esa dialéctica.
Y dado que se trata de una relación derivada y siempre existente en el capitalismo, según la cual se expresan las condiciones capitalistas de producción y reproducción, deberemos concluir que su mutua relación sólo puede variar cuantitativamente. Pues si variara cualitativamente –en tanto que se trata de una relación derivada y, en parte, sólo apariencial– ello significaría que ya no habría capitalismo.
Ejemplificando tendríamos que: sobre un segmento de recta una parte corresponde a competencia y otra a monopolio; todo recorrimiento relativo de alguno implica el inverso del otro término. Sólo tendríamos cambios cuantitativos en la respectiva correlación. Si sólo uno de ellos ocupara la recta, la relación acabaría y con ella el capitalismo. Si hubiera un “cambio cualitativo” de ambos elementos, ello significaría que ya no estaríamos correlacionándolos en nuestro segmentos de recta, sino que habríamos cambiado de terreno. Pero allí la competencia y el monopolio dejarían de ser expresión derivada de relaciones esenciales de acumulación y pasarían a ser la esencia misma. Si eran secundarios serían ahora principales. Si eso es lo que se quiere, diré que, entonces, tampoco hay capitalismo, sino que se ha invertido (ilusoriamente) todo el modo de producción. La dialéctica materialista tiene límites históricos precisos, en efecto.
Los cambios cualitativos efectivos a nivel del contenido del proceso de producción y reproducción del capital siempre se expresan en cambios cuantitativos, a nivel de la forma de expresión de los mismos, como son el monopolio y la competencia. Y los cambios cualitativos que a este nivel formal ocurren –y aun a nivel estatal– siempre serán relativos a los del contenido y nunca revocantes a corto o largo plazo del mismo.
El capitalismo debe, pues, ser pensado según otros parámetros, distintos a éstos, que no hacen sino confundirlo, poniendo lo principal como secundario y lo secundario como principal. Y, por ello, forzando los cambios cuantitativos derivados a que se conviertan en cambios cualitativos principalísimos. Es indudable que todo ello tiene repercusiones políticas y organizativas.
Vayamos al fondo teórico de la cuestión, al nudo del “capital financiero” y veamos cómo se intenta parapetarlo:
V. El Capital Financiero y el verdadero problema: la Conceptualización Legaliforme de la realidad capitalista
A. El Imperialismo fase superior del capitalismo de Lenin le ha sido criticado (por ejemplo, por Jaques Valier; ver bibliografía) el que sitúe su análisis sólo a nivel de la circulación pero que a partir de allí quiera sacar conclusiones sobre la modificación del modo de producción burgués. A esta crítica se conecta otra, referida al estatuto del capital financiero y el tipo de transformación que precipita su predominio en el marco de las relaciones capitalistas restantes.
¿El capitalismo precedente queda revocado? ¿La ley del valor o la de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia son vigentes o, más bien –con el predominio del capital financiero y los monopolios– la competencia queda tan deteriorada que las condiciones de posibilidad para que aquellas leyes operen quedan abolidas, etc.? En síntesis, ambas críticas, de llevarse a consecuencia, redundarían en lo siguiente: puesto que Lenin sitúa su óptica analítica a nivel sólo circulatorio constata supuestas transformaciones que modificarían, supuestamente, el modo de producción; pero, a la vez, pretende que la esencia (productiva) del mismo permanece idéntica y que las leyes precedentes operan. Es decir, que puede pretextar a la vez transformaciones fundamentales y, a la vez, mantener identidad porque una vez sólo ve la circulación; luego arguye sus cambios como cambios en la producción pero a la vez, finalmente, sólo reconoce que los ha habido en la circulación, de suerte que la esencia permanece idéntica, no obstante seguir insistiendo, a la par; que ha habido radical transformación. Por su parte los leninistas que han querido defenderlo en este punto, han argumentado a la manera siguiente:
“...Lenin no sitúa su análisis sólo a nivel de la circulación, pues la definición del capital financiero que nos ofrece siguiendo a Rudolf Hilferding lo diferencia del mero capital bancario –ese sí, sólo circulatorio–. El capital financiero que constituye la relación social predominante de la nueva fase –a diferencia de la anterior (teorizada por Marx) donde el capital industrial era el dominante– es la fusión del capital bancario y el capital industrial: lograda sobre la base de una desarrollada concentración de capital. Los críticos de Lenin no han entendido la unidad dialéctica de la nueva relación, amén de confundir capital financiero con bancario.”
De tal suerte: la esencia del sistema puede permanecer la misma y sólo modificarse la manifestación de sus leyes esenciales, pero no éstas en cuanto tales. El capitalismo sigue siendo capitalismo, pero en ‘otra fase’, y ésta, para darse, depende sólo del modo diferencial en que las leyes esenciales capitalistas siguen operando. Hay una nueva ‘relación predominante’, hay una misma esencia legal y estructural; hay una nueva fase y hay nuevo modo de manifestarse la esencia: todo ello, en gracia a la unidad entre el capital bancario y el industrial, reputada de dialéctica y nombrada capital financiero. Y de ahí la dificultad de los críticos –supuestamente mecanicistas– para entender lo que ya se nos dice, es “dialéctico”.
Por lo demás, es evidente la soberbia con que es lanzada la frase unidad dialéctica del capital bancario e industrial, como si se tratase de la carta, el as máximo que se tenía reservado, y la que sólo con montearla decide ya el triunfo.
Pero en cuestión de argumentación teórica tales golpes de escena no valen más que el tiempo en que dejan encandilado al observador; pues de lo que se trata es más bien de fundamentar explícitamente qué se entiende por unidad dialéctica y luego demostrar cómo en el caso del capital financiero se trata, en efecto, de ella. Y para hacerlo no hay más remedio que aclarar cómo se da la relación de los elementos constitutivos del capital financiero. Pero allí comienza el verdadero problema.
En efecto, ya que se dice que la nueva unidad dialéctica –capital financiero– es la actual relación predominante (y que no es una relación sólo circulatoria) todo parece en orden; pero este resultado es apenas el punto de partida de la verdadera cuestión; pues debe responderse a la pregunta: muy bien, pero eso dialéctico y unitario que hoy predomina ¿cómo está constituido internamente?, ¿cómo se relacionan entre sí sus dos elementos constitutivos? Y lo decisivo: ¿cuál de ellos es, dentro de la relación dialéctica contradictoria y complementaria el elemento predominante: el capital bancario o el industrial?
El callejón sin salida de la dogmática defensa de la teoría del auténtico revolucionario Lenin hecha por los leninistas se vuelve evidente.
Porque, o bien se responde que el elemento predominante dentro del capital financiero es el capital bancario y, entonces, sin más, habrá que reconocer que es una relación circulatoria la que en esta nueva fase predomina y no ya una relación productiva como en la precedente; con lo que el cambio es de esencia y tal que una esencia ha sido suplantada por otra; de donde, de ser verdad, todo el esquema de Marx se viene abajo; y si no, de todos modos la ruptura con su pensamiento es crasa. Pero si, por otro lado, se contesta que el elemento predominante es, evidentemente, “marxistamente”, el capital industrial, entonces ocurre que, también, es el predominante de toda la estructura social; por donde todo queda en acuerdo con Marx y es una relación productiva la predominante y ni más ni menos que el capital industrial, así pues, ¿por qué decir capital financiero cuando es capital industrial lo que debió decirse? y antes, ¿por qué no decir capital bancario sino esto de capital financiero?
Pero llegados aquí nuestro dogmático sonríe e infatuado observa –por encima del hombro– las incoherencias de lógica formal que se le señalan y dice que somos nosotros los que no entendemos de lógica, pero dialéctica. Así, la discusión se hace –y ha sido históricamente– circular y cae en el mal infinito siempre añadiendo mayor número de argumentos más o menos ciertos, pero que quieren apuntalar algo falso. Trabajo de Sísifo. Ni más ni menos que una aporía, un hoyo: aquello que cuanto más se le quita más grande es.
Pero debemos decir que no, que no se trata de lógica formal contra dialéctica y que la dialéctica es, sobre todo, coherente y muy firmemente enraizada en la formal; sobre todo la dialéctica materialista de Marx, que no la de Hegel. Nuestro dogmático quiere hacernos valer la sofistica como dialéctica pero ya Marx criticaba los obtusos juegos de palabras –en tanto que fueran falsos– de Hegel.
Debemos decir aún más, que en verdad el fijista y mecanicista es nuestro supuesto “dialéctico”; según lo muestra su doctrina sobre la esencia y su conexión con las manifestaciones de ésta: esa esencia que no cambia y esas manifestaciones que sí (y es él quien sólo se agarra de las “palabras” porque en ellas se le juegan intereses de los que está preso). Y es que sólo con ese fijismo logra hacer pasar su argumento como, a la vez, que acorde con Marx, distinto al de Marx; y a la fase, aunque capitalista, sin predominio del franco capital industrial si no del enredoso financiero.
Es muy posible que Lenin no fuera ajeno a estos tropiezos, pero se cuidó mucho de descararse; él, más bien, quería desarrollar más su concepción en lugar de querer defenderla dogmáticamente.
Es evidente cómo el trabajo de Lenin no está concluido. Su composición así lo revela ya que las conexiones especificas entre conceptos no fueron explicitadas. De ahí la apariencia de sentidos opuestos en su discurso que ha llevado a sus críticos a creer que sólo observó la circulación, por ejemplo.
Evidentemente, Lenin intenta teorizar también desde el auténtico nivel esencial: el de la producción.
Pero ¿cómo hacerlo y con ello cambiar la esencia sin romper con Marx? Sólo si se concibe dialécticamente a la esencia, digo yo; y con ello, cambios de esencia sin revocación de una por otra.
Es decir, que el capital industrial sigue siendo el predominante, pero ahora su estructura es otra, a nivel del proceso de trabajo inmediato –no tanto a nivel del monopolio/competencia o a nivel de sus relaciones con otras formas de capital, tales como el bancario, el comercial, etc. etc.:
Hay una renovada subsunción real del proceso inmediato de trabajo bajo el capital.
Pero es justamente esto lo que todas las teorías del Imperialismo (Lenin incluido) no teorizan y, por ello, se ven obligadas a argumentar modificaciones ciertas que observan de modo falso y con ello, incluso, falsean luego “dialécticamente” los propios datos iniciales; ya que su vigencia e importancia espacial, temporal y funcional queda truncada, o bien hipervalorada o bien subvalorada, dentro del conjunto. Con lo que toda la concepción resultará equivocada pero, a la vez, cargada de datos empíricos que la aparentan verdadera y le dan cierta eficacia cómplice con la realidad, no para explicarla y transformarla auténticamente, pero sí para jugar y forcejear en ella.
Más bien, como digo: el modo de producción se ha transformado y justamente al transformarse internamente su esencia, con lo que también sus manifestaciones se han transformado en acuerdo a ello: de suerte que la conexión entre esencia y manifestación también; pero de tal modo han ocurrido todas las simultáneas y correlativas transformaciones que sigue habiendo o –nunca ha dejado de haberlo– capitalismo. Aún más, según la forma en que Marx lo teorizó. Ya que las leyes en las que su movimiento total se manifiesta y su modo de ocurrir, son los mismos; pues si ha cambiado la esencia en correlación, ha cambiado la apariencia y si ambas han cambiado lo han hecho del modo general que las unifica: el capitalista, donde el capital industrial domina por esencia. (Cap. IV del Plan expuesto en la introducción de este libro).
Que domine por esencia significa: que son sus necesidades de funcionamiento (del capital industrial) las que prevalecen dentro del todo social –no sólo respecto y contra el proletariado, por ejemplo, y los hombres en general, sino también respecto de las demás formas de capital y sus respectivas necesidades. Por ello, cuando se habla del predominio del capital financiero, ciertamente, se puede determinar con rigor científico crítico si son o no las necesidades del capital industrial las que en su seno predominan y, sobre todo, la prioritaria: la de explotar plusvalor. No hay esencia cuya intelección no nos la dé la necesidad.
Respecto de quién, qué y cómo nos domina y reprime o restringe o deforma nuestras necesidades y satisfacciones, no cabe ser confusamente sofista a menos que políticamente no se esté buscando una auténtica gestión liberadora de nuestras vidas. Y si no se lo hace así conscientemente pero se lo hace, no por ello nuestra argumentación y acción dejarán de ser confusas o impotentes teórica y políticamente en vista de una auténtica liberación.
Tal el problema verdadero que se juega en la caracterización de las fases del capitalismo hechas con arreglo a la teoría del desarrollo de Karl Marx cuyo núcleo estructurante es la Teoría de la Subsunción Formal y Real del Proceso de Trabajo Inmediato bajo el Capital.
Maticemos el nudo de las manifestaciones y las leyes:
Han cambiado las manifestaciones elementales, pero no su correlación global y no otra cosa que ello es una ley. Así pues, han cambiado las manifestaciones, pero no el modo de manifestarse de la ley: y la ley es, también, ese conjunto de resultados.
Ha cambiado la figura de los fenómenos manifestados pero no su forma tanto intima como correlativa con el resto. Por ello, no ha cambiado el funcionamiento sistemático legaliforme: el modo de manifestarse la ley según una forma esencial. Pues si éste hubiera cambiado habría cambiado la ley misma, la que es toda ella: el todo de las manifestaciones.
De donde es notorio que el dogmatismo no sólo no es leninista como intenta, ni tampoco “dialéctico”, sino sofista; ni lógico sino incoherente, tampoco revolucionario sino oportunista ya de derecha, de centro, de izquierda; ni tampoco es flexible su concepción de la esencia sino bien fijista y, por ello, finalmente, su concepto de ley es absurdo: quiere que la ley siga la misma, pero cambiando su modo de manifestarse. No se da cuenta que en eso consiste precisamente la ley. El discurso dogmático incluye, pues, la confusión –y la propaga– entre modo o figura de las
manifestaciones singulares y modo o forma de la correlación de manifestación o ley. Brinca a la reata con la “ley”, la cual no sólo es del “orden” sino la de la revolución del orden.
Pero que todas sus fallas no nos ensoberbezcan para curamos en salud, al tomar al dogmático como chivo expiatorio. De hecho, es y ha sido la escuela de todos, la auténtica enfermedad del comunismo sea infantil o senil. La soberbia es de suyo ya toda una religión y una falacia ilusoria. Pues recuérdese que eso es lo que el dogmático manifiesta, y es esa la tragedia de todos en tanto estamos vivos en un sistema de total enajenación... pero es posible zafarnos de ella, en tanto su ley suprema es autodestruirse y podemos nosotros personificar a sus heroicos sepultureros; no nos hundamos con ella dogmáticamente: no cabe la soberbia en la mar inestable.
El “concepto” de Imperialismo encubre realidades y políticas desplegadas a propósito de tales realidades. Quiso teorizar un cambio ocurrido realmente a nivel del desarrollo del dominio del capital industrial (SF y SR, etc.) pero no alcanzó a profundizar a ese nivel y más bien lo refiere a la de la conexión entre producción y circulación bajo el nombre de capital financiero. Tal concepto ocultaba o, mejor, justificaba una política oportunista en Hilferding. Y digo ocultaba porque él, más bien, insiste en que su discurso teórico no es político sino puramente positivo. Política oportunista de alianza con la burguesía y la pequeña burguesía, etc., pero en vista de dejar por el momento las metas revolucionarias en suspenso.
Según dijimos, Lenin quiso rebasar a Hilferding por la izquierda pero retomándolo teóricamente (no sin ciertas modificaciones). Sin embargo, el error de base pervive: consiste en no esclarecer nítidamente cómo y por quién y qué somos dominados y cuáles son las necesidades predominantes del modo de producción capitalista. Y las nuestras para revolucionarlo.
La conexión sofística de Banco y Empresa ilusionada por Hilferding es un fantasma persistente. Lenin quiere extraer de ese fantasma la actualidad de la revolución ya que las contradicciones en lugar de menguarse se agudizan, incluso militarmente. Pero la modalidad y tendencia de las contradicciones –ya sean menguadas o agudizadas– es falseada cuando se las subsume en el seno de una conexión “que pide nuestra fe” (en la “dialéctica”) para sostenerse y que no casualmente es nombrada capital financiero (de fide, en latín fe).
Ahora bien, es justamente en el despliegue o tendencia descrita por las contradicciones que la acción tendrá lugar. Equivocaré ésta si equivoco la tendencia de aquellas.
Pero fue el caso que precisamente, Hilferding llego a equivocar en tanto que ya la política del día de la sociaidemocracia no incidía revolucionariamente en ellas; así que la teoría –es decir la estrategia– quedó arreglada en acuerdo a la política de alianzas del día: oportunismo; luego fue presentada encubridoramente como Teoría pura a la que Lenin quiso añadirle una política revolucionaria otra, de todos modos hecha en acuerdo a los referentes básicos de tal Teoría. Pero el peso de la política global y definitoria, estratégica, es necesariamente mayor y predominante por sobre cualquier acción y voluntad singular que le este incluida.
Ahora bien, la Teoría Científico Crítica, y en general la Teoría social no es sino la estrategia política global.
Lenin quiso una auténtica política revolucionaria pero no desestructuró sino parcialmente la “teoría pura” (la política) de Hilferding. Debemos ser nosotros los que cumplamos aquellos propósitos que, por lo demás, nos conectan inmediatamente, también, con Karl Marx, en lugar de desviarnos.
Recordemos que tal era otro cuidado que Lenin quiso tener, pues había observado el peligro de ruptura con Marx presente en la autentica intención revolucionaria de Rosa Luxemburgo, pero cuya modalidad de argumentación debió revocar equivocadamente la teoría marxiana de la acumulación.
En fin, aquellos tiempos eran difíciles... tal y como los nuestros, aunque en otro sentido; según el cual podemos hoy rescatarlos y llevarlos y en adelante y en haciéndolo reconducirlos a la vez más a más hasta Marx, y más adelante incluso del actual horizonte.
Digo que así es la auténtica dialéctica de las conexiones actuales, tanto las de dominio como las de subversión.
Puntualicemos la dialéctica del discurso crítico que hemos querido forjar:
VI. La Crítica Científica de la realidad capitalista según su modo o forma de despliegue. “Advertencia”:
En efecto, es precisamente este modo discursivo el que hemos querido desarrollar contra la Teoría del Imperialismo y la realidad que ella expresa.
La crítica científica o crítica positiva global cuya modalidad teorizó Karl Marx entre 1837 (cuando cae enfermo después del intento de superar a Hegel y no lograrlo) y 1844 (cuando logra su cometido) y por naturaleza de la cosa misma, logra avanzar las proposiciones crítico positivas (fundamentales, estratégicas de todo su discurso revolucionario). La crítica científica misma, que en 1867 logra tupirse completamente. La que ya no sólo subordina, entonces, formalmente a la racionalidad burguesa (como cree Karl Korsch, preso en una concepción meramente negativa de lo que es la crítica de Marx) sino que la subordina realmente y con ello la destruye y logra fundar una “nueva inédita racionalidad” (Jindřich Zelený) que ya no depende de la burguesa. Por eso tampoco se presenta como humilde “Contribución a la Crítica”, etc., sino como la Crítica de la Economía Política esforzadamente alcanzada y frente a la que el infierno mismo debe retroceder pues su negatividad es la más alta posible, el lujo más alto; ya que no es la negatividad vacía de la nada y el irracionalismo, sino de la vida plena siempre afirmativa, revolucionaria radical: el cielo y el infierno mismos que buscan, finalmente, hacerse historia verdaderamente humana.
Ahora bien, esta crítica científica o critica positiva global se construye al recorrer un cierto ondulante camino donde la crítica positiva parcial y la crítica negativa son unos de sus componentes, hasta redondearlos a todos y afirmarse como global positivamente fundada. Veamos la ondulación y componentes de su forma:
La figura resultante mediante la cual la Teoría del Imperialismo pretende constituirse en refiguración teórica de la realidad capitalista actual, presupone el proceso de su construcción.
La crítica a las Teorías sobre el Imperialismo presenta así dos grandes momentos necesarios: crítica del proceso de constitución de la teoría, si se quiere a partir de la crítica de la estructura resultante; y crítica de esta figura resultante oponiéndole otra y sin interesarse por sus enlaces constructivos.
Así (1), una crítica intrínseca y otra extrínseca hecha desde otra figura positiva posible. Pero, también (2), una crítica del proceso de constitución de la teoría y otra crítica de la teoría como resultado estructurado.
Ambas ligadas a (3) la crítica de la génesis histórico-intelectual de la teoría y a la crítica de la funcionalidad estructural de los miembros del cuerpo teórico total.
Finalmente (4), una critica negativa y desestructuradora del conjunto resultante; por donde de inmediato revela tanto la funcionalidad estructural de los miembros del conjunto al momento de desmembrarlo o analizarlo críticamente, así como indica el proceso genético al ocuparse de los distintos niveles o capas (“geológicas”) constitutivas del resultado. Por otro lado (5), la critica positiva que enfrenta otro conjunto estructurado al de la Teoría del Imperialismo. Y se preocupa poco –según dijimos– por revelar la funcionalidad y procesualidad genética de la problemática, pero se esfuerza en la tarea de proporcionar una alternativa de interpretación de la realidad.
Ambas críticas (negativa y positiva) son complementarias y en la positiva deben alcanzar redondeamiento ambas, puesto que el interés inmediato y motor de la crítica positiva es la refiguración de la realidad (lo prioritario) mientras que el interés inmediato de la crítica negativa es la figura teórica cuestionada. En cada una de ellas y de sus momentos de desarrollo, se suponen parcialmente una a la otra, realidad y teoría.
Ahora bien, en vista del redondeamiento global de la crítica como critica científica –y cuyos momentos constitutivos son la crítica positiva y la crítica negativa– donde la crítica positiva se ofrece como prácticamente prioritaria y rectora, si bien la crítica negativa os teóricamente generadora y posibilitante del redondeamiento; en vista del redondeamiento general crítico científico importa observar claramente, decíamos, los resultados que arrojan cada una de las críticas, positiva o negativa:
La crítica negativa nos va indicando en qué y cómo se equivocó la Teoría del Imperialismo al intentar captar la realidad; y puesto que recupera la funcionalidad estructural de la teoría, etc., permite hacer hipótesis específicas sobre la funcionalidad estructural de la realidad y en las que se incluya como ingrediente el hecho real que motivó la equivocación teórica observada (sobre todo, dedicaremos nuestro esfuerzo a este trabajo de desmonte; el que en parte presupone una idea positiva de lo que es la realidad capitalista, distinta de la presente en la Teoría del Imperialismo y en parte la va completando).
Por otro lado, están los resultados de la crítica positiva que ofrecen una prefiguración teórica de la realidad en vista a actuar en ella y convencer o formar la conciencia de los contemporáneos de acuerdo al nuevo marco de referencia. Los cuales suponen la negación de ciertas proposiciones de la teoría criticada así como van redondeando el cómo negarla –desde dónde– mejor. De tal suerte, el interés resultante de la crítica negativa en vista de la construcción de una teoría crítico-científica redonda estriba en que pone el dedo en las llagas concretas a resolver, a explicar positiva y alternativamente frente a la Teoría del Imperialismo. Así como que al hacerlo previene de los errores posibles de construcción positiva ya observados.
Luego, muestra la conexión entre la estructura teórica errónea y la estrategia política desplegada e indica la posible conexión entre una estructura teórica correcta y otra estrategia política que le sea adecuada.
De allí mi motivación por desarrollarla aquí; no obstante que no parezca ofrecer un cuadro completamente definido por cual regir la acción y la concepción respecto de lo real. Y es mejor así y no que por inseguridad nos apresuremos a ofrecer “el cuadro”. De tal modo no prejuzgamos lo real y le imponemos una camisa de fuerza. Más bien, logramos no sólo indicar la necesidad de nueva teoría y política sino que precisamos –al avanzarla– la construcción de la auténtica forma teórica de su refiguración total y adecuada para la estrategia política y la concepción científica.
Según esto que recién refiero podrá entenderse el que el presente libro constituye una parte de tres que conformarían un todo, aunque de suyo se pueda sostener sobre sus propios pies.
En efecto, desde hace cerca de cuatro años definí mi investigación según tres grandes vertientes principales:
a) La critica de las Teorías sobre el Imperialismo. La que supone:
b) La reconstrucción positiva y la Teoría del Desarrollo Capitalista de Karl Marx a fin de lograr en el proceso de ambos movimientos y como paralelos a ellos, a la vez que como su resultado:
c) La constitución crítica científica de la Teoría del Capitalismo Actual
Pueda ser ésta, también, la meta y quizá el camino que otros quieran seguir.
Me permito hacer la siguiente advertencia que busca describir, denunciar y zafarse y zafar al lector del yugo burocrático irracional explotador capitalista de los cerebros y las vidas de los intelectuales.
“Todo aquel que escriba acerca de Franz Kafka deberá primero leer los 4.000 informes sobre su arte.
Luego deberá discutir todo lo atingente a los generales de K. Deberá ordenar la discusión en orden alfabético y las notas de su texto deberán ser por lo menos cuatro por página, etc. Sobre todo, nada que se diga de K podrá pasar a los siguientes compartimientos del Castillo si no ha leído mi aportación a su construcción ¿de K o del Castillo?.” No, no he leído en todos los casos lo mejor, ni sobre todo lo de usted. Y quizá el resto de requisitos no estén llenos... pero espero comprensión, pues en algo yo soy también José K, o mejor, hago valer el privilegio. ¿Se me permitirá decir algo al respecto?:
Yo mismo soy otro castillo, de suerte que puede pedir –dado el caso, pues no siempre me interesa hacer valer mi poder– que antes de cualquier rechazo a mi escrito sean revisados mis otros volúmenes, mi trayectoria, mi moral y se los contraste con la de todo otro posible poeta, músico, literato, ensayista, pirata, rey o burócrata. Y exijo la misma minuciosidad para con cada uno.
O muy bien podemos sin todo este múltiple enredo discutir lo que cada quien dice en su momento y para los oídos de los demás.
He optado por esta última vía en la composición de este libro. Atiendo a las necesidades propias y de los demás según los percibo. Así pues, es una verdad lo que digo. Y la verdad según se me dijo no tiene puertas ni murallas sino que descansaba en su flexible fluidez en firme gozo, atenta a los murmullos que la deleitan. La verdad melliza de la verdad.
VII. Hipótesis e hilo conductor respecto de la investigación social en América Latina y México en particular
Los capítulos que siguen fueron elaborados partiendo de las siguientes premisas en vista de la conceptualización de la realidad actual latinoamericana; a su vez, ellos quieren fundar suficientemente –desde lo que es la realidad capitalista– las premisas para América Latina y México.
Parto de las siguientes cuatro hipótesis generales sin las cuales es imposible una exploración científico crítica cabal sobre América Latina:
Las primeras dos son hipótesis correspondientes a la perspectiva analítica de la SF del Pti al K; y a la de la SR del Pti al K, las dos últimas:
1. Conexión entre América Latina y Estados Unidos referida a la acumulación de capital operada a nivel hemisférico. Relaciones económicas, políticas y militares: estructura social de la Acumulación de Capital espacialmente determinada como hemisférica
2. Conexión del Presente y el Pasado de América Latina así como de la situación presente y la mediación teórica heredada fundamental: la Teoría del Imperialismo: Fase histórica de la acumulación de capital.
3. Territorialidad o conexión entre las relaciones sociales y el Espacio y materialidad naturales (subsuelo, mar, materias primas, etc.).
4. Configuración de las fuerzas productivas o aparato técnicoproductivo integrado: o conexión de las relaciones sociales con la estructura técnico material productiva (SR).
Ciertamente, no olvidar el análisis cualitativo del contenido de las fuerzas productivas (4); no olvidar la territorialidad en la que se proyectan y encuentran su reservorio las relaciones sociales, etc. (3); así como no olvidar la crítica de esquemas de pensamientos precedentes así como de realidades (2) y, finalmente, no olvidar a Estados Unidos como ingrediente esencial en la teorización de América Latina (1), son directrices bastante evidentes. Todo depende del contenido o del cómo se formulen tales directrices hipotéticas. Por ello, describimos con más matiz, para indicar lo específico que con ellas queremos rescatar proponiéndolo a la discusión:
1. No podrá realizarse ningún estudio serio sobre América Latina o dealguno de los países integrantes, por ejemplo: México, si no se toma en cuenta como clave explicativa y real la estructura hegemónica estadounidense.
La acumulación capitalista reconoce las fronteras nacionales sólo como diferenciaciones internas que limitan y, a la vez, determinan su realización y desarrollo. La acumulación de capital “en América Latina” es por lo menos hemisférica, si no es que más bien mundial; de ningún modo nacional, regional, etc., sino política y estratégicamente determinada por Estados Unidos: allí se unen todos los cabos del continente. Tal la vertiente “espacial social funcional” de la acumulación de capital en América Latina. Territorialidad o emplazamiento de la SF del Pti al K concreta y hemisféricamente.
2. Respecto de la vertiente “socio-funcional temporal” de la misma digo losiguiente:
Ningún estudio sobre América Latina logrará develar las verdades necesarias si no centra su atención en la conexión histórica funcional tanto real como doctrinal que condiciona los aportes críticos actuales. O se sostiene un acercamiento crítico a la literatura sobre las Teorías del Imperialismo o no es posible dilucidar la realidad actual, incluso local, de los países latinoamericanos.
Tales son las raíces, las relaciones sociohistóricas formales en las que se inscriben los fenómenos latinoamericanos: hegemonía norteamericana de la acumulación de capital a nivel hemisférico y condicionamiento histórico real del Imperialismo Capitalista, así como de las doctrinas habidas sobre el mismo.
Por otro lado, indiquemos las relaciones socio-históricas reales o de contenido material; es decir las relaciones socio historicas materiales que muestran la configuración de las relaciones sociohistóricas formales al plasmarse extensamente sobre el territorio, así como al implicar cierta profundidad en el nivel de modificación de la estructura material, tecnológica, de las fuerzas productivas.
Lo que pasamos a desglosar en las siguientes dos hipótesis.
3. La configuración geopolítica del emplazamiento de los países latinoamericanos, inclusive de cierto subsuelo, mar, tierra y aire y de las concomitantes materias primas, ventajas naturales y distancias especificas, a tomar en cuenta tanto en su funcionalidad o utilidad económica, política, como militar –estratégica–. Tal configuración es esencialísima en la determinación de las formas, funciones y estructuras, leyes y coyunturas del desarrollo no sólo, por ejemplo, de la renta del suelo, toma de tierras, defensa territorial, monopolios petrolíferos, etc., sino, también, de los cereales, uranio, barbasco, tomate, café, maíz; defensa estratégica por parte de Estados Unidos de ciertos territorios no estadounidenses como si fueran propios; es decir, “Seguridad nacional”. La configuración geopolítica latinoamericana se complementa necesariamente con la de Estados Unidos.
4. Igualmente, la determinación del grado y figura (medida) del desarrollode las fuerzas productivas como aparato integrado no sólo abstracta e individualmente, empresarialmente o ejemplarmente, sino a nivel de su estructura nacional y hemisférica, es insoslayable para determinar la realidad de las relaciones de producción latinoamericanas (“dependencia tecnológica” es un concepto que remite a este hecho, pero lo recorta a su dimensión meramente distributiva). El concepto complementario del aparato técnico latinoamericano y de Estados Unidos debe considerarse como dos aspectos fundamentales de un mismo todo hegemonizado por las necesidades de acumulación de capital en Estados Unidos. Ello arroja como resultado la determinación específica de SR del Pti al K a nivel concreto.
Ninguna de estas hipótesis es novedosa por separado, ni incluso su suma, Pero sí la modalidad de su formulación; la cual permite su interconexión consecuente, ausente en otras formulaciones. Paso a explicar ambas cuestiones retomando de cada hipótesis lo referente a su modalidad y su interconexión con las demás y concentrándolo y expresándolo a la manera de otras dos hipótesis.
Sólo la formulación rigurosa de la teoría permite una coherente aplicación al análisis empírico concreto. Si no, lo único que se logra es eclecticismo y coqueteo con otros “marcos teóricos” (Cepalino, Cuentas Nacionales, Keynesianismo, etc.).
Así pues:
5. La interconexión de todas ellas depende y sólo es posible si se las reduce a su contenido fundante: el Pti en sus modalidades de desarrollo con vetas descritas por los conceptos de SF y SR del Pti bajo el K. Sin este cuerpo doctrinal riguroso el conjunto se deshilaclia o parcializa. De ahí la necesidad de reconectar la teorización de Karl Marx con las Teorías sobre el Imperialismo y con la realidad actual; lo que sólo es viable criticándolos. Así pasamos a:
6. Que señala la modalidad de cada hipótesis según un tipo o forma reglamentada de discurso: la CEP. La reconstrucción de tal modalidad discursiva propone a cada hipótesis la confrontación con las premisas materiales y teóricas de su formulación. Es pues forzosamente fundamentante global pero, en segundo lugar, es necesariamente indicativa consecuente de transformaciones radicales prácticas: fundamento material de las apariencias y de la creación teórica. Lo que implica una revisión crítica de los fundamentos teoréticos globales al uso; así como la determinación no de toda práctica, e incluso revolucionaria, sino de aquella que, en verdad, va al fundamento práctico, situado y fundamentado su actuar y su no actuar, su vitalidad o suspenso histórico determinados, etc.
A partir de allí se puede pasar a la determinación de teorizaciones sectoriales más específicas, así como a la determinación de acciones políticas relativas tanto defensivas como radicales y reformistas, etc., según sean necesarias.
El libro concluye en un “Epílogo” donde comento críticamente el
“prefacio” de Carlos Franco al libro de José Aricó Marx y América Latina. Me permito criticar a ambos y demuestro cómo “la Teoría del Imperialismo en cuanto tal” y la realidad que la subyace han deformado la recepción de Marx por estos autores, así como a la vez su captación de la realidad latinoamericana y, por tanto, del Imperialismo. Completo con ello la discusión que en el capítulo VII iniciara con Pedro Scaron a propósito de los escritos de Marx sobre México.
Es decir, con ello, expando de nuevo las tesis que llegué a singularizar en el curso de los capítulos I a VII y lo hago precisamente a propósito de una otra singularización. Cabe por ello ponerla como “Epílogo”.
Capitulo I
LA SUBSUNCIÓN FORMAL Y LA SUBSUNCIÓN REAL
COMO CONTENIDO NUCLEAR DE LA TEORIA DEL DESARROLLO DE KARL MARX
“...Pero la enajenación no se muestra sólo en el resultado, sino en el acto de la producción dentro de la misma actividad productiva. Si el trabajador no se enajenase en el mismo acto de producir, tampoco se le podría enfrentar como algo ajeno el producto de su actividad. ¿Qué es el producto sino el resumen de la actividad, de la producción? Por tanto, si el producto del trabajo es la extrañación, la producción misma tiene que ser la extrañación, la producción misma tiene que ser la extrañación activa, la extrañación de la actividad, la actividad de la extrañación. En la enajenación del objeto del trabajo no hace más que resumirse la enajenación, la extrañación de la actividad misma del trabajo”.
Karl Marx en “Trabajo Enajenado”
El objeto de este capítulo es abordar el núcleo esencial de la teoría del desarrollo histórico capitalista elaborada por Karl Marx: La teoría de la
Subsunción Formal y Real del Proceso de Trabajo Inmediato bajo el Capital.
La teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx no se agota allí. Sólo se trata de su núcleo esencial, articulador del resto de sus miembros. Tales como la circulación del capital social (T. II) o la “Ley general del hundimiento de la tasa de ganancia en el progreso de la producción capitalista” (T. III) o finalmente la teoría del Mercado Mundial como meta histórica económico formal del desarrollo capitalista, etc.
Ahora bien, sin excepción, todos los marxistas que han teorizado el capitalismo desarrollado después de muertos Karl Marx y Friedrich Engels han pasado por alto esta esencialísima doctrina; por donde el uso que hicieran de otros pasajes de El Capital para coordinar sus propias hipótesis sobre el desarrollo histórico enlazando con Marx fue necesariamente muy deficiente y contradictorio. Peor si las dogmatizaban. Y se trata de teorías aptas para ser dogmatizadas, precisamente, debido a su autocontradictoriedad y deficiente adecuación con los hechos reales.
Aquí nos interesamos en mayor medida en el señalamiento preliminar: Las teorías marxistas sobre el Imperialismo no concuerdan sino que se contradicen con la teoría del desarrollo histórico capitalista de Karl Marx. Dejaremos para el capítulo cuarto y quinto el señalamiento segundo y complementario: Es decir, tampoco concuerdan con la realidad ni consigo mismas, son autocontradictorias.
Henryk Grossmann supo plantearse explícita y sistemáticamente –tanto metódica como temáticamente– la pregunta acerca de en qué consiste y cómo está construida la teoría del desarrollo de Karl Marx. Antes de él todo son nociones vagas; cada quien forcejea con datos reales, elementos doctrínales y su personal intuición de lo que debe ser “desarrollo”. Por ello Grossmann enfrentó críticamente a todos los que le antecedieron y les enfrentó ya incluso el propio concepto de teoría del desarrollo capitalista que a todos pasaba desapercibido. Ahora bien, tampoco Grossmann observa el núcleo articulador de ésta (la Subsunción Formal y la Subsunción Real) si bien sabe resaltar a la plusvalía como el núcleo promotor del desarrollo real y de la exposición de Karl Marx. Nada más cierto, y por donde llegamos a concebir al texto todo de El Capital como Teoría del Desarrollo Histórico Capitalista o recordando la clásica formulación de su autor en 1867:
“Lo que he de investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes...” “el objetivo último de esta obra es, en definitiva, sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad burguesa”.
En vista de hacer más clara la ausencia de la SF y la SR en las teorías sobre el Imperialismo pensé hacerlo presentando sumariamente la propuesta de Karl Marx.
El capital, potencia circulatoria dadas ciertas condiciones históricas– logra encontrar en el mercado fuerza de trabajo y medios de producción; y pasa así a dominar la producción. Este desarrollo del capital es inmediatamente un desarrollo del proceso de autonomización del valor; la fase previa de la
autonomización del valor consistió en pasar de ser mercancía a duplicarse como mercancía y dinero y determinar funcionalmente una figura completa del metabolismo social mediante la circulación de mercancías y dinero: M-D-M.
El valor subordina primero al proceso circulatorio. Pero pasa luego a subordinar la producción: Se convierte en capital productivo.
Primero subordina o subsume bajo su égida la forma del proceso de producción tal y como lo encuentra históricamente desarrollado (Subsunción Formal del Proceso de Trabajo inmediato bajo el Capital). La forma de la producción ya no se basa ahora en la autorreproducción o siquiera en la explotación de plusproducto sino específicamente en la autovalorización del capital mediante explotación de plusvalor a la fuerza de trabajo.
Y aún más: luego, el propio capital como dominante del proceso, lo desarrolla históricamente. Transforma incluso el contenido técnico material real del proceso de producción para adecuarlo redondamente, técnicamente a sus propias reglas: La explotación creciente de plusvalor como finalidad inmanente de la producción (Subsunción Real del Proceso de Trabajo Inmediato bajo el Capital).
El desarrollo de la SR implica una modificación y desarrollo de la SF que la enmarca. Mientras haya capitalismo hay SF y es necesariamente previa su existencia a la de la SR. Funda así en general el modo de producción capitalista. Pero sólo la SR logra establecerlo específicamente: primero como modo de producción material y técnicamente diferente de todos los precedentes o que paralelamente ocurren, y; segundo, logrando el predominio sobre el conjunto social en gracia a la potencia desplegada por este modo técnico nuevo, etc.
Así pues, todo desarrollo histórico capitalista, (desarrollo del todo social) es desarrollo de la relación capitalismo (desarrollo de la parte económica del todo social), desarrollo del capital. Y todo desarrollo del capital es desarrollo de la autonomización del valor que se autovaloriza (desarrollo de la parte o aspecto de valor propia del capital; es decir, la parte de la parte). Luego, todo desarrollo del capitalismo es desarrollo de la SF y la SR del proceso de producción o no puede ocurrir (a su vez éstas son sólo parte de la autonomización del valor).
Si alguien cree descubrir nuevas fases en el desarrollo capitalista, y llama a una de ellas, por ejemplo “Imperialismo” etc., deberá fundamentar su observación en una renovada estructura de la SF y SR, si no carecerá de sustento material, productivo, su proposición. Y esto no es nada deleznable sobre todo para un marxista.
La lógica del argumento es contundente y su sencillez y la facilidad sorprendentes. Pero sobre todo contrastantes con la alambicada construcción de los teóricos marxistas del Imperialismo (por ejemplo: Hilferding o Baran y Sweezy, por no hablar de Lenin, basado en Hilferding, o de Rosa Luxemburgo, etc.).
Si esas complejas teorías contuvieran siquiera la mención de la SF y SR... Pero no habiendo la pregunta por la específica teoría del desarrollo de Karl Marx difícilmente podía ocurrir que fuera retomado su núcleo estructurante. No por ello –infatuados y desesperados– los más diversos autores dejan de argüir contra Marx supuestas limitaciones (históricas y teóricas) que recién sólo ellos han de subsanar, cuando ni siquiera tienen una noción coherente de lo que critican: la teoría del desarrollo; menos aún saben que hay una teoría del desarrollo sistemáticamente construida por Karl Marx.
La exigencia crítico científica es que todo el conjunto de argumentos a propósito de una etapa desarrollada de capitalismo debe regirse por el principio estructurante del desarrollo del capital: La subordinación del proceso de producción a nivel formal y real.
Me hubiera conformado con subrayar la coherencia y la sencillez del argumento para ahondar así la cuestión de por qué no ha sido retomado. ¿Por qué no se lo vio? ¿Por qué pasa desapercibido? o ¿Por qué hoy se le huye?, etc. Asimismo me habría conformado con subrayar la disimetría entre Marx y los marxistas en vista de invitar a la promoción de un desarrollado marxismo. Y subrayarlas, (la simpleza, la coherencia y por otro lado la disimetría) justamente presentando del modo más resumido posible, el pequeño pero valioso principio que dejaban de lado los posteriores marxistas.
Ahora bien, he querido sin embargo pormenorizarlo para no sólo cuestionar y así hacer la invitación, sino hacerla además aportando ya elementos positivos que hagan brillar la riqueza del argumento marxiano. Justo hoy, cuando por todos lados se lo trata de “perro muerto”.
Antes de pasar a pormenorizar debo advertir que algunos marxistas se han ocupado de investigar las nuevas técnicas de producción burguesas y las nuevas formas de administración empresarial y han intentado además correlacionarlas con las relaciones económicas mediante las que quieren definir las nuevas fases del sistema. Pero advierto que SR y SF no son mero análisis tecnológico (una) ni de relaciones de la empresa (la otra), por donde insisto: el principio teórico explicativo y fundante de la teoría del desarrollo histórico capitalista de Karl Marx está ausente en las teorías sobre el Imperialismo.
No nos infatuemos con nuestros voluminosos hallazgos y disquisiciones, el sencillo principio aún nos rebasa. Pero si hemos de volver a él para desarrollar juntos una mejor concepción y no sólo desafiar con su mención sumaria a aquellos que carecen de él, vale la pena saber mejor de qué se trata:
A. Noticia sobre la Génesis de la Teoría de la Subsunción Formal y Real del Proceso de Trabajo Inmediato bajo el Capital
1. El Problema y los Pasos de Solución
Observemos que a Karl Marx se le presenta –después de a Hegel– la cuestión de cómo exponer el devenir; y no sólo en general, sino el devenir histórico concreto: el capitalista. Es decir, ¿cómo, con palabras idénticas a sí mismas, coherentes, exponer aquello que por naturaleza implica alteración, contradicción?
Desde por lo menos 1841 a Marx le pareció insuficiente la dialéctica hegeliana para explicar las relaciones materiales y sociales y su devenir. Ya en 1844 endereza una crítica general contra Hegel.
Pero aún no se halla embarcado en la necesidad de exponer de forma científicamente puntual la crítica científica al modo de producción burgués, análogo real del especulativo y enajenado sistema hegeliano y cuya forma de desarrollo es similar al de las especulativas categorías hegelianas.
Evidentemente la solución a este problema depende de la crítica general a la dialéctica hegeliana (1844) pero no es reductible a ella.
Así pues Marx consolidará este tópico en 1858 después de su
“Introducción de 1857”, en una segunda lectura de la Ciencia de la Lógica de Hegel.
Aún más, para alcanzar los matices de El Capital (Tomo I) ni siquiera esto será suficiente aunque sí en términos generales. Sólo el redondeamiento completo de la apropiación teórico crítica del contenido (la plusvalía y el modo de producción burgués, etc.) alcanzado durante los años de 18611863 y aún de 1863-1865 le permitirá atinar conclusivamente la forma expositiva ya bastante bien ajustada desde 1857 y mas aún en el
“Manuscrito de 1861-1863”.
En todo caso, desde 1844 la dialéctica hegeliana es desestructurada completamente en cuanto tal. Y en 1863-1865 se alcanza la estructuración redonda no de la dialéctica marxista –la que proviene ya de 1844– sino de la forma expositiva dialéctica de los resultados científico críticos sobre la Critica de la Economía Política.
En apariencia no hay gran problema después de que fue construida la dialéctica especulativa hegeliana. G. W. F. Hegel puede hablar con su dialéctica del devenir espiritual más o menos adecuadamente. La identidad entre Sujeto-Objeto que él presupone es una ventaja que facilita el “tratamiento dialéctico” de los problemas si bien a la vez los aliena y falsea. La confusión entre lo uno y lo otro, la alteración presente en el devenir fácilmente será “representada” (a grosso modo ideológicamente) mediante el presupuesto de la identidad y confusión del Sujeto y el Objeto especulativo hegelianos.
Pero si a la vez que mantener coherencia se quiere mantener fundado materialistamente el discurso entonces la dialéctica que se ocupe de captar un devenir histórico concreto debe considerar como irreductibles al sujeto y al objeto, jamás idénticos. De donde la alteración y la contradicción concretas presentarán una apasionante dificultad adicional para su teorización que la que el discurso hegeliano observa. Aquí no nos corresponde indicar cómo y por qué Marx expone como lo hace, recuperando para sí en parte a Kant (y evidentemente al criticado Hegel). Nos corresponde sólo indicar el problema y subrayar que es ese el que está resuelto en la exposición de El Capital. Problema del que derivan las posibilidades expositivas de la Sección III a VI, etc., y por tanto de la SF y SR y es mediante los conceptos de SF y SR que Marx resuelve el problema.
Así pues, es en torno al problema general de la teoría del desarrollo capitalista que debe situarse la estructuración expositiva de El Capital y por tanto la discusión sobre los cambios en los planes de K. Marx para este tema (H. Grossmann). Pero en particular, la mediación y núcleo ordenador de esta teoría es la de la SF y la SR. No entenderemos a cabalidad la construcción teórica de K. Marx si no nos situamos claramente frente a la SF y la SR. Por lo demás es allí donde se juega la confrontación puntual con la dialéctica hegeliana. Estos conceptos nos dan la medida de los cambios ocurridos en los planes; la medida y su razón. Si hay cambios, ¿qué tan profundos son y a qué son debidos? Es la cuestión. Si El Capital de Marx no ha sido entendido ello depende directamente de la incomprensión particular sobre la teoría de la SF y SR. Y si la comprensión sobre el “cambio de planes” de 1861-63, etc., no ha sido cabal es debido a la misma incomprensión. Por lo demás ello es decisivo para el análisis de la realidad capitalista actual.
2. La SF y la SR en los Grundrisse
En lo que antecede hemos esbozado en general cómo vemos el asunto.
Para subrayar positivamente nuestro punto de vista indicaremos brevemente el estado en que hacia 1857-1858 (Grundrisse) se encuentran teorizados los conceptos de SF y SR. Por donde se verá que de ninguna manera –como quiere H. Grossmann– hay una mutación decisiva en los posteriores años de 1862-1863; y el cambio de planes habido, ciertamente, deberá atribuirse a otras razones que las por él avanzadas, e incluso las más matizadas y posteriores de R. Rosdolsky.
En los Grundrisse se formula por vez primera el concepto y las determinaciones propias de la SF y SR explícitamente y a fondo (a veces más detenidamente que en 1861-1863-1865 o que en El Capital). Aunque, ciertamente, las determinaciones del concepto provienen de antes y se enraiza rigurosamente en la teoría del trabajo enajenado (Manuscritos de 1844).
Anotemos sobre los Grundrisse56 sólo lo siguiente:
En los Grundrisse (T. II, p. 88) Marx indaga, en el seno de la discusión sobre plusvalía absoluta y plusvalía relativa, las condiciones históricas de surgimiento y luego de desarrollo del capitalismo: la transformación del artesano en trabajador al servicio del capital, etc. Ni más ni menos que la indagación incluida en el concepto de SF, etc. (SR). La misma dialéctica del proceso histórico obliga a presentar ambiguamente el contenido de los conceptos de SF y SR (digo el contenido, pues aquí no son nombrados como tales “SF” o “SR”, si bien todas sus determinaciones esenciales están presentes). Luego en la págs. 220 y 222 formula Marx, por vez primera y única en los Grundrisse, explícitamente el concepto de “subsunción” y la diferencia según sus dos figuras (formal y real) y nos presenta estas palabras (formal y real) en medio de la discusión pero sin adscribirlas explícitamente como frase conceptual técnica: “SF” o “SR” (a esta última la llama expresamente “subsunción activa” (T. II, p. 222). Luego pasa Marx a precisar (p. 306, T. II) estos conceptos (en su contenido como dije arriba) al correlacionarlos con los de plusvalía absoluta y plusvalía relativa explícitamente. Es decir, no por indagarlos genético históricamente en pasajes dedicados a la plusvalía absoluta y plusvalía relativa, como era el caso de la p. 88 del T. II de los Grundrisse, sino porque ahora, explícitamente se trae a colación a la plusvalía absoluta y la plusvalía relativa para precisar las determinaciones genéticas del desarrollo capitalista.
Así pues tenemos; primero, una indagación histórica o determinada con arreglo a procedencia histórica; segundo, una indagación estructural o con arreglo a la situación presente: y entre ambas; el tercero, la formulación preliminar y explícita de los conceptos SF y SR, que deberán ser precisados estructuralmente pero pudieron ser forjados sólo en el curso de la indagación de su surgimiento histórico práctico. Finalmente, en cuarto lugar, Marx lleva a cabo un mínimo balance correlacionando los tres acercamientos (p. 429, T. II) –casi para finalizar su extenso manuscrito de 1857-1858– al indicar la dualidad necesaria del concepto de SF (ora vista históricamente, ora vista estructuralmente con arreglo a la plusvalía absoluta): Dualidad enraizada en la dualidad del proceso histórico real: donde el comerciante (el capital comercial) pasa “poco a poco” a ocupar el lugar del anterior maestro y se convierte en capitalista productivo. De suerte que primero compraba a pedido y en monopolio el producto a los artesanos (fase A vaga de SF) y luego ya la fuerza de trabajo (fase de SF
56 Ed. Siglo XXI, 2a. edición, julio 1972. Las páginas a que nos referiremos son del T. II de esta edición: P. 88 (481); p. 220 y 222 (585 y 587); p. 306 (655) y p, 429 (739).
precisa). En ambos momentos hay explotación de plustrabajo, éste aparece incluso en el primer caso hasta cierto grado como explotación de plusvalor absoluto; pero aún no completamente determinado así, ya que la jornada laboral –y los componentes necesarios y excedentes de la mismas la pone y determina el artesano en su taller, etc. Lo decisivo entonces, también para que el plustrabajo aparezca manifiesta y adecuadamente como plusvalía (en este caso plusvalía absoluta) es la compra directa de la fuerza de trabajo; lo que sólo se presenta en el segundo momento histórico referido y lo que configura a la SF precisa.
3. La Génesis de los Ingredientes Constitutivos de la Teoría de la SF y la SR
La teoría de la SF y la SR depende en primer lugar de la teoría de la enajenación. Asimismo, el desenvolvimiento de sus figuras, como en el caso de las formas del valor depende de la teoría hegeliana de la representación y expresión que se incluye en la teoría de la enajenación. Ambos tópicos los ha discutido Karl Marx con Hegel. Ya en sus escritos juveniles de 1835-1837 gusta de retomar constantemente ambas teorías e incluso hacerles algunas críticas implícitas.
Tanto los poemas a Jenny como los epigramas sobre Hegel dedicados al padre y jocosamente el Félix y Scorpio; se regodean a este propósito, “jugando” con la teoría de la enajenación y de la expresión hegelianas.
Luego, desde 1844 la teoría de la explotación centra a la de la enajenación y ésta se encuentra reconducida fuera del terreno hegeliano. No es casual que desde entonces Marx y Engels se interesen en el desarrollo industrial y maquinista en particular.
En 1847 en “Trabajo Asalariado y Capital”, Marx presenta un esbozo global del desarrollo capitalista preparado ya en 1844 en el primer manuscrito (columnas sobre el salario, la ganancia del capital y la renta del suelo; y en el 3er. manuscrito (pasaje sobre “Propiedad privada y comunismo” y sobre “Necesidad, producción y división del trabajo”; así como sobre “El Dinero”, etc.). La Ideología Alemana y la carta a Annenkov son estancias intermedias bien redondeadas en Miseria de la Filosofía (1847) y que en el Manifiesto del Partido Comunista tienen la más brillante entrada en escena
Antes de su partida a Londres, K. Marx ha consolidado una teoría general del desarrollo histórico capitalista, (a) Cuyo ingrediente central lo constituye el desarrollo de las fuerzas productivas, de suyo marcadas, subordinadas al capital, (b) De esta teoría general sobre el desarrollo real capitalista depende la exposición teórica de su crítica, el desarrollo de la Crítica de la Economía Política, (c) Los Grundrisse como vimos vienen a anudar algunos cabos al respecto (Cfr. punto 2) y aprovechan para formular mejor teoremas básicos, logrados ya desde 1844-1848. Así como enriquecidos entre 1851 a 1856 en los nuevos estudios sobre el Dinero y sobre la Maquinaria y la Ciencia hechos por Marx; y sobre el desarrollo del imperialismo inglés en Irlanda y antes en India y China, etc.
4. La Reapropiación de las Fuerzas Productivas por la Sociedad.
La teoría de la posible recuperación de las fuerzas productivas capitalistas para su uso en la sociedad comunista se sustenta a su vez, primero, en 1841 en la fundamentación rigurosa de la Teoría de la Libertad presente en la tesis doctoral de Marx: libertad como amiga de la razón. Precisamente cuando Marx critica de lleno la identidad especulativa de Sujeto y Objeto, que sostiene y estructura al sistema idealista dialéctico de Hegel. Y luego en la Teoría de la Fundación Positiva Armónica de la relación Hombre-Naturaleza, presente en los Manuscritos de 1844, y que se corona con la discusión sobre el significado histórico universal del movimiento comunista. (Así pues, discusión con Hegel y Feuerbach por un lado y por otro con los socialistas y comunistas: Weitling, Fourier, SaintSimon, Proudhon, etc. (Cfr. El Tercer Manuscrito).
Esta teoría deberá encontrar matización en los años de 1852-1855 a propósito del tema del modo de producción asiático y la intentona del capitalismo inglés de destruirlo. Pero sobre todo después de 1858 cuando Marx es conciente del desarrollo mundial del capital –y lo teme–.
Desarrollo aunado a un crecimiento de las fuerzas reaccionarias apuntalantes del modo de producción capitalista: las fuerzas del atraso.
En efecto, el atraso general del resto del mundo fuera de Europa es adicionado al capital. Esa general y mundial carencia es totalizada y organizada por el desarrollo capitalista como fuerza positiva contra la posible revolución comunista en Europa. Una fuerza productiva que el capital subsume y se apropia gratis. El capital trueca la carencia general en poder privado y reaccionario.
De hecho serán estos tópicos referidos al desarrollo mundializado y sus obstáculos y avatares del capital los que motivaron e impulsaron a Marx a matizar su teoría del desarrollo capitalista nucleándola en las fuerzas productivas y particularmente en la maquinaria subsumida al capital, etc.
La maquinaria burguesa propicia este colosal desarrollo y queda autodeterminada por las líneas que lo tensan. In nuce, la máquina queda marcada por las determinaciones encontradas en el curso de la expansión mundial. La ambigüedad entre el significado progresista y por otro lado destructor y aún reaccionario de este desarrollo tensa la teoría de la SF y SR del proceso de trabajo inmediato al capital pues determina a la instrumentalidad capitalista. De ninguna manera una teoría ingenua, tecnicista, productivista, racionalista, etc.
La reapropiación revolucionaria de las fuerzas productivas capitalistas, depende para Marx de las condiciones del desarrollo de la maquinaria en cierto momento del desarrollo expansivo mundial del capitalismo. No establece un dogma sino que indica el modo de analizar críticamente, contrastadamente la configuración de la máquina y a la vez de las relaciones internacionales y según esto construir una estrategia revolucionaria concreta, acorde con la situación concreta (Lenin) en cada momento del grado de desarrollo de la mundialización del capital: De la subsunción del mundo bajo el capital.
Sobre estos supuestos generales está construida la teoría de El Capital.
Escojamos algunos tópicos.
5. Selección en torno a la Estructura de la Teoría de la
Subsunción Formal y la Subsunción Real
5.1. Sobre las Secciones III a V del Tomo I de “El Capital”
a) El problema de su exposición.
Las secciones referidas de El Capital se titulan respectivamente “Plusvalía Absoluta”, “Plusvalía Relativa” y finalmente “Plusvalía Absoluta y Relativa”. La sección III presenta las condiciones generales y la forma de las relaciones necesarias para que exista el modo de producción burgués (la SF); la sección IV el contenido de estas relaciones como proceso productivo sui géneris (la SR); finalmente la sección V presenta el resultado de este proceso, resume y califica retrospectivamente lo expuesto en las otras dos secciones. (La Sección VI “El Salario” completa la descripción de los resultados. Insiste en la necesaria mistificación inherente al modo de producción burgués desde su nivel inmediato).
Esta clara definición del recorrido de las secciones que nos ocupan hecha por Bolívar Echeverría sírvanos de referencia para pasar ahora a profundizar.
Así pues, las secciones llevan el nombre del producto sui géneris de la producción burguesa, según los métodos mediante los que es explotado. Estos determinan su origen y su forma (implican evidentemente una cierta magnitud y tasa de plusvalor) y una cierta relación con el salario.
Ahora bien sólo la Sección V, “Plusvalía absoluta y relativa” aporta explícitamente el concepto de SF como el de SR, refiriéndolo como el englobante de todo lo expuesto en las secciones previas (III y IV); asimismo indicando que lo presente en ellas no agota a estos conceptos.
Así en primer lugar, ¿cómo se determina la SF y SR en las secciones sobre la “Plusvalía Absoluta” y sobre la “Plusvalía Relativa” respectivamente? y en segundo lugar ¿por qué no puede ser nombrado en ellas su concepto sino sólo el contenido de éste?, es decir, ¿qué de específico presentan los conceptos de SF y SR que obligan a una tal distribución de su exposición? Tal es el problema general que debe ser resuelto.60
a.1) La Forma Expositiva General de “El Capital”
La forma expositiva de El Capital de Karl Marx sigue las determinaciones de su objeto, y como se trata aquí de la exposición del modo de producción burgués centrado en la unidad del proceso de trabajo y el de valorización ocurre que los tres tomos de El Capital –incluidas las secciones dedicadas a la SF y SR, la sección III a V– ordenan sus capítulos según los momentos funcionales de un proceso productivo: condiciones, proceso y resultados.61
60 Aquí sólo avanzaremos, por falta de espacio y tiempo, algunos apuntes pertinentes al respecto del problema.
61 Cuando Gianotti nos dice (Dialéctica del Trabajo, Ed. Alberto Corazón, España, 1974, que la dialéctica de Marx es una dialéctica del trabajo es consecuente no ver como código preferencial para esclarecerla, la mera lógica formal y/o matemática ni a aún la dialéctica hegeliana (que es lógica del espíritu no del trabajo). Es necesario más bien un código más simple y que los incluye y rebasa; el código de los momentos del trabajo: condición, proceso, resultado; y aún producción, reproducción, desarrollo que constituyen una potenciación de las condiciones, proceso y resultados lograda por el despliegue del término medio: el proceso de producción. Al respecto tenemos ya mucho avanzado en Hegel.
Consecuentemente con esta dialéctica del contenido real básico (el trabajo) y que determina la forma general de la exposición de El Capital (articulada con la más básica, de fundamentación positiva: lógica formal) tenemos que como lógica concreta tiene permanentemente en cuenta los límites del instrumento que usa para refigurar la realidad: la razón; según esto es de suyo materialista. Así la perspectiva general de la exposición se determina por lo que puede ser dicho y lo que no puede ser dicho acerca del objeto vivido; es decir, su manera de desplegarse es descrita en vista de que eso que de inmediato no puede ser dicho acerca del objeto inmediato lo pueda ser mediadamente. Por ello el discurso avanzará determinándose sucesivamente según los llamados “niveles de abstracción”; aquella decisión determina igualmente los “supuestos de partida” de cada sección, tomo o capítulo, los cuales a su vez determinan la óptica general con la cual un cierto problema es abordado. Aquí Kant y Hegel son la piedra de toque.
Pero Marx los resitúa; lo cual es visible sobre todo en las formas del valor, en los esquemas de reproducción, en la teoría de la SF y SR, etc.
Así tenemos dos vertientes expositivas aparentemente opuestas: la primera determina la forma general de exposición que va enlazando procesualmente los argumentos, según los momentos del trabajo; y la segunda determina la perspectiva argumental condicionada por el hecho de que el instrumento usado para captar lo real no es un instrumento material de trabajo sino el pensamiento. Ahora bien, el pensamiento solo puede hablar de condiciones tomadas por separado y de su comparación, solo después puede hablar de la necesaria mediación entre estas condiciones y evidentemente en tono hipotético general.
No obstante, esta perspectiva aparentemente contraria a la forma general de exposición establecida en arreglo a la procesualidad del trabajo en verdad no se le opone sino que la redondea, pues la ciñe a presentar los resultados objetivos y su matematización como momentos esenciales y como demostración argumental válida (ciencia). Pero también la forma general expositiva determina a la perspectiva argumental de corte analítico pues la sitúa en el seno del proceso. Y ambas cosas (forma general de exposición y perspectiva argumental analítica) se coordinan mediante la regla de pensamiento más general: la lógica formal; la cual obliga en primer lugar a coherencia y en segundo lugar a fundamentación sucesiva; de suerte que otra vez tenemos como ingredientes a las condiciones idénticas a sí mismas, definidas (A = A) y, por otro lado a la conexión entre condiciones, tomada ella misma como una condición definida e idéntica consigo misma (A=A).
De tal suerte la lógica del trabajo o dialéctica concreta de Karl Marx hace presidir los procedimientos científico-naturales, cuantificación incluida, por la lógica kantiana de
De suerte que –como arriba indicamos– cumplen así a la vez con la regla lógica expositiva de fundamentación sucesiva y circular.
Tal es el círculo de la fundamentación siempre renovado a partir de sus resultados. Análogo con la circularidad creadora del propio proceso de trabajo. Ahora bien, el proceso de trabajo es lo que el capital subsume. Así que la exposición del modo de producción burgués también esboza una figura circular sui géneris (“pervertida” por subsumida, digamos). Veamos un esquema:
5.2. Esquema de los Tres Tomos de “El Capital” Vistos desde la Perspectiva de la SF y SR.
TOMO I. Proceso de Producción del capital expone:
Las premisas o condiciones elementales del modo de producción capitalista:
Producción y circulación (dominadas por el capital).
TOMO II. Proceso de Circulación del capital, expone:
El proceso de funcionamiento unitario de la producción y la circulación (dominadas por el capital).
TOMO III. Proceso de Producción Global del capital, expone:
Los resultados o productos constantes de la conexión capitalista de la producción y la circulación (conexión subordinante).
Al respecto queda una duda girando en torno al significado de proceso global de producción, subtítulo de T. III de El Capital. La “Introducción de 1857” la aclara al teorizar el proceso de producción:
1° Como proceso de producción inmediatamente idéntico con el consumo (perspectiva del T. I). Donde nos es descrito el contenido material de la producción. Es decir, aquello que sufrirá un proceso de transformaciones para que la reproducción social sea lograda.
condicionamientos posibles y ambas las hace presidir por la lógica dialéctica hegeliana, de procesualidad bien asentada en la negatividad, etc. y a todas las hace presidir por la lógica formal aristotélica, lógica de las esencias, que sitúa tanto al pensamiento como idéntico consigo mismo como a la par la determinabilidad de los distintos objetos materiales.
Cfr. Henry Lefebvre; Lógica Formal y Lógica Dialéctica; Ed. Siglo XXI, 1a. ed. España, 1970 para algunas de las ideas aquí expuestas.
2° Como proceso de producción mediado por la circulación para conectarse con el consumo (perspectiva del T. II). Donde nos es descrita la forma funcional del proceso de producción capitalista. Es decir el recorrido mediado y conectado (T. Il) que los resultados de la producción (T. I) deben seguir para que la reproducción social ocurra.
3° El proceso de producción inmediata y mediata; es decir absolutamente conectada con el consumo (perspectiva del T. III). Donde nos es descrito el funcionamiento global, no sólo en tanto conexión de producción y circulación (lo que nos entrega en el T. II; sólo la forma del proceso) sino en tanto conexión de contenidos inmediatos (T. I) y formas funcionales de la reproducción social operadas mediante circulación de capital (T. II). Es decir, los resultados producidos constantemente por el funcionamiento unitario de la producción y la circulación y que determinan cierta forma necesaria impresa en los productos materiales.
Todos los productos materiales aparecen informados de antemano en su realidad íntima. Karl Marx los llama formas transfiguradas de la realidad burguesa; en especial, del plusvalor. Toda la estructura económica queda subsumida bajo el capital. Esta subsunción ha sido posible gracias a la subsunción formal y sobre todo a la SR del proceso de trabajo inmediato al capital expuesta en el T. I.
“La Totalidad o Proceso Global que el T. III nos describe es esta totalidad subsumida bajo el capital: La globalización de la subsunción del proceso social bajo el capital”
Sólo mediante la global o total subordinación de la estructura económica (producción, circulación, distribución y consumo) es posible el funcionamiento del modo de producción capitalista como dominante del ser social. Y es la SR del proceso de trabajo inmediato la que habilita, la que da el poder necesario al capital para lograr esta empresa. Vale la pena entonces pormenorizar nuestro esquema:
TOMO I
se ocupa de: CONTENIDO COMPUESTO POR:
Premisas Elementales del modo de producción capitalista Circulación Producción Intercambio real, o mejor, capitalista del valor y el valor de uso, retratado en la fórmula D-MD’ pero cuyo contenido real nos guía a la producción:
Subsunción Formal del proceso de trabajo inmediato bajo el capital.
Subsunción Real del trabajo inmediato bajo el capital. Intercambio formal M-D-M
Intercambio real.
TOMO II se ocupa de: DESCRIBE: MEDIANTE FORMAS
FUNCIONALES
DEL CAPITAL
Proceso de Funcionamiento unitario de la producción y la circulación. La forma de la circulación del capital que incluye el paso del valor capitalista por la producción.
Pues vimos cómo el capital subordinaba formal y realmente la producción para lograr un intercambio real con el valor de uso. (El T. II se halla fundado en las Sec. III a VI del T. I etc.). Capital Dinero.
Capital Productivo.
Capital Mercancía.
TOMO III se ocupa de: DESCRIBE: MEDIANTE FORMAS
TRANSFIGURADAS
DEL CAPITAL Y LA PLUSVALÍA
Resultado constante de la Conexión capitalista de Producción / Circulación. La forma y el contenido de la circulación y reproducción de las relaciones sociales en sus
respectivas formas autonomizadas enfrentadas unas con otras, desglosadas funcionalmente pero sintetizadas en una forma autonomizada y transfigurada culminante: El Estado. Ganancia
Ganancia Comercial
Interés
Renta del Suelo
Clases
Estado
Asi tenemos que la circulación con su intercambio formal y real tal como se nos muestra introductoriamente en el T. I (sec. I y II) nos conduce a la esencia del modo de producción burgués: La SF y la SR del proceso de trabajo inmediato al capital; de donde pasamos a las formas funcionales que el capital debe tomar para envolver o subsumir al todo económico (capital dinero, capital productivo, capital mercancía) (T. II) y según las cuales toda la estructura económica y evidentemente sus productos conectivos (plusvalía) y condiciones generadoras (capital) quedan modelados como formas transfiguradas y autonomizadas de dominio del ser social bajo el capital.
Intercambio formal y real.
SF y SR. Capital dinero
Formas funcionales: Capital productivo Capital mercancía
Formas transfiguradas.
Todas son formas del valor capital que le sirven para subordinar diversos momentos del proceso cualitativo social de vida: El inmenso valor de uso que es la sociedad. Debo invitar a pormenorizar un poco las formas transfiguradas propias:
Ganancia (costo de producción y precio de producción)
Del Capital Industrial. Tasa de ganancia media y precio de producción.
Ley de tendencia decreciente de la tasa media de ganancia
Cuando Marx alcanza a exponernos esta ley nos describe la forma general del desarrollo capitalista. Ni más ni menos que el modo general según el cual el capital se apropia o subsume bajo su principio al conjunto social, geográfico e histórico. Y cuyo secreto motor y medida es la SF y la SR del proceso de trabajo inmediato bajo el capital.
Hasta aquí el T. III expone sobre todo cómo el capital se apropia del conjunto de medios de producción y los constituye en capital industrial. O dicho de otra manera la subordinación de los medios de producción es concretamente el capital industrial. Mediante el dominio de la producción el capital logra el dominio del “todo”. Y el dominio de la producción por el capital se llama: Capital industrial. Me es obligado redundar en apariencia para salir al paso de la falacia que constituye el hablar de dominio de la producción por el capital y luego decir que el “capital financiero” no el industrial es el dominante, etc.
Pero ocurre que el capital debe subordinar no sólo los medios de producción y el proceso productivo; sino los medios de circulación y a la circulación toda. Así, tenemos:
al capital comercial ------------ ganancia comercial y al capital usurero (bancario) -------------- interés.
Pero este dominio de los intercambios y por tanto de los medios formales circulatorios, así como el dominio de los medios reales de producción, no son suficientes aún para acogotar al ser social bajo las tenazas del capital. Aun es necesario lograr el dominio de la base terrenal de la sociedad, no sólo dominar los medios.
Sólo subordinando los medios (formales y reales) de reproducción social así como lo inmediato y básico, lo “inmueble”: la tierra; es posible subordinar al todo social bajo un principio, sea éste el del capital. Lo que Marx nos expone en la sección VI “La renta del suelo”.
La subordinación y dominio del fundamento terrenal de la sociedad se opera mediante la combinación potenciada de la circulación y la producción, del dominio del capital sobre los medios reales y los medios formales de la reproducción social. Las cuales tienen su juego en la SF y la SR del proceso de trabajo inmediato al capital.
Asi pues la producción, la circulación y el fundamento. Eso es lo que el capital debe dominar.
La renta del suelo capitalista es la forma transfigurada del plusvalor social que nos expone esta subsunción del espacio por el capital.
Ahora nada, ni nadie escapa al capital.
Los agentes sociales no son ya más que personificaciones o encarnaciones del dominio del capital: Las clases sociales son la expresión de la subsunción de los hombres bajo el capital.
El capital posee para sí al conjunto social y logra desarrollarse gracias a su desglosamiento, reconexión y enfrentamiento recíprocos.
La sociedad transfigurada es la sociedad funcionalmente desglosada en clases que no hacen sino personificar al capital; tal y como éste se desglosaba ya funcionalmente en figuras objetivas: Capital dinero, capital productivo, capital, mercancía, etc., capital industrial, comercial, bancario, terrateniente; ahora debe hacerlo en figuras personales: Las clases.
Pero ocurre que ambos desglosamientos y series antagónicas deben sintetizarse, coordinarse para que el capital en efecto se sirva de ellos para valorizarse constantemente.
El Estado constituye frente a la personificación en clases la cosificación (no simple: dinero o mercancía) (ni compleja objetiva: capital dinero, capital mercancía, etc.) sino compleja y culminante; la cosificación del todo social en cuanto tal. La “Comunidad Ilusoria” la llama Marx desde 1843. La cosificación de las relaciones y su concomitante personificación debe sintetizarse en una potenciada cosificación: el Estado.
La Forma Transfigurada culminante del plusvalor social; la cosificación por antonomasia del ser social idéntica con su enajenación: el Estado.
Ni más ni menos, sustentada en la SF y SR del proceso de trabajo inmediato bajo el capital (otra vez véase cap. XIV del T. I donde claramente se indica esta tesis).
De hecho cada paso del T. III redondea la SF y SR del trabajo inmediato bajo el capital. En especial la sección III del T, III “Ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia” indica la Subsunción cíe la Producción y la Circulación, medios reales y formales de producción social bajo el capital; la sección VI “La Renta del Suelo Capitalista” describe el movimiento mediante el cual el capital logra subsumir bajo su égida a la tierra (condición absoluta de la producción social); y finalmente la sección VII del T. III “La Renta y sus Fuentes” nos describe la subordinación del ser social mediante la personificación del capital en clases y mediante la cosificación de las capacidades y necesidades de éstas como Estado.
Con ello Karl Marx no hace sino describirnos los momentos de la estructura económica, de la “economía” que constituyen el cuerpo del capital, la relación capitalista entendida concretamente en su aspecto elemental (es decir el concepto de capital en general).
Elemental, porque sólo el conjunto de relaciones internacionales entre capital y Estado y clases, etc., nos entrega su entrelazamiento complejo, concreto, etc.
El intercambio real de valor capital por valor de uso fuerza de trabajo funda esta relación social internacional y concreta. La SF y la SR del proceso de trabajo inmediato al capital constituye su esencia dinámica.
También la subsunción del mundo bajo el capital es posible sólo mediante el potente motor de la “Maquinaria y la Gran Industria”. Y no otra cosa nos señala explícitamente el así titulado capítulo XIII de El Capital (Parágrafos 5 al 10).
El proceso funcional, de subordinación de los elementos del proceso de producción bajo ei capital es a la vez –¿qué otra cosa podría ser?– proceso histórico de subordinación social (nacional) y geográfica del mundo bajo el capital.
Hasta aquí nuestro esquema, que no pretende hacer explícito algo “implícito”, latente, no visto por Karl Marx pero “intuido” etc., sino sobre todo sólo pretende hacer explícito aquello olvidado o mejor reprimido, subordinado. subsumido en el transcurso histórico de la ideología burguesa (figura funcional del capital) y que Karl Marx tuvo muy claro pero desafortunadamente los posteriores marxistas no.
En lo que llevamos presentado en este capítulo, debimos interrumpir la exposición de las premisas, el proceso y los resultados de la dialéctica de la SF y la SR para pasar después de la exposición de las premisas a la génesis de la teoría y luego a la presencia de ésta en El Capital de K. Marx precisamente porque, por un lado, todo mundo parece tomar por obvio y no pocos por obviable y suprimible lo que es la SF y la SR pero, a la vez, como algo cuya matización no ofrece interés y sí, sólo enredo.
Si he sabido interesar al lector, permítaseme invitar a un tratamiento más matizado de lo que es SF y SR. Si, como se ve, son la clave de interpretación de El Capital de Karl Marx, determinemos su estatuto teórico para dar firmeza a esta interpretación. Así completaremos el análisis sobre las premisas de la SF y SR –que más arriba hicimos– ahora con la presentación del dominio en que su juego ocurre y, en segundo lugar, con los resultados globales de este proceso.
B. El Proceso de Desarrollo del Capitalismo como Proceso de Autonomización del Valor Mediante SF y SR del Proceso de Trabajo Inmediato al Capital.
1. ¿De qué premisas inmediatas parte Marx en su análisis acerca de la SF y SR?
Veamos:
La mercancía capitalista se nos muestra como una totalidad concreta que no sólo incluye como componentes suyos al valor de uso y al valor sino además al plusvalor. Además de que el valor ahora se determina más profundamente, según sea producido por la fuerza de trabajo o transferido de los medios de producción al producto mediante trabajo concreto, etc. De hecho, todas las categorías anteriores a la producción burguesa adquieren especificación nueva en este régimen y en primer lugar la mercancía y la circulación. Así, sólo desde la mercancía es posible desglosar el análisis de todo el modo de producción burgués: es el punto de partida expositivo. Y sólo desde ella como capital mercancía o mercancía específicamente capitalista es posible la reproducción económica completa del sistema y por ello la exposición teórica de esta reproducción (sólo desde la mercancía es posible reproducción teórica de la realidad burguesa). La circulación mercantil simple parte de los excedentes del productor directo. En la circulación capitalista toda la producción tanto excedente como necesaria toma la forma de mercancía. En la circulación mercantil el producto es parcialmente mercancía. En la circulación capitalista lo es total y necesariamente, etc.
La circulación mercantil simple muestra una relación de intercambio sólo formal mientras que la capitalista un intercambio real, sustancial. Es decir, en la circulación mercantil simple el valor pasa de la forma M a la forma D (que presentan en la circulación los productos del trabajo, M-DM); ocurre un intercambio formal del valor por el valor de uso. Mientras que en la circulación capitalista ocurre subrayadamente un intercambio real sustancial del valor por el valor de uso, mediante el cual el valor ahora como valor capital se autovaloriza al consumir realmente el valor de uso de la fuerza de trabajo. Es pues el consumo del valor de uso el que determina al intercambio capitalista de valor por valor de uso como intercambio real. Sólo mediante este intercambio real el Valor se constituye históricamente en capital. El capital dinero se intercambia por mercancías pero como capital productivo consume o lleva a cabo un intercambio de sustancias con las mercancías que lo constituyen: medios de producción y fuerza de trabajo.70
El valor ahora no sólo se intercambia por productos del trabajo sino además por el trabajo mismo: el generador real de todos los valores de uso.
Por ello hablamos del intercambio real (aquí idéntico al consumo productivo) entre el valor (capital) y el valor de uso de los productos y de la fuerza de trabajo. Este intercambio real es la base posibilitante y es idéntico, prima facie, con la SF del proceso de trabajo inmediato al capital.
Karl Marx utiliza rigurosamente la perspectiva del análisis formal y real para los diversos niveles de la estructura económica: así, el intercambio formal y real describen la estructura de la circulación. Mientras que la SF y SR del proceso de trabajo bajo el capital describen la modalidad de la estructura de la producción burguesa. Evidentemente una figura circulatoria dada se corresponde con una figura productiva. El intercambio real, punto culminante del desarrollo del nivel circulatorio, constituye el enlace e inicio de la SF de la producción por el capital. Aquel intercambio real circulatorio precipita la modificación del modo de producción abriendo una nueva época histórica. Ahora, el valor domina a la circulación y a la producción. Aún más, ha logrado el dominio absoluto de la circulación sólo porque tomó para sí todas las fuerzas de la producción: antes era un simple medio (M-D-M) en los intercambios de valores de uso. Ahora es el principio y fin dominante de todo el metabolismo social retratado en la fórmula D-M-D’.
El intercambio real sustancial de valor por valor de uso funda apenas la SF del proceso de trabajo al capital.
Así pues, Marx nos habla de SF y SR sólo porque previamente se basa en los conceptos de intercambio formal y real. (Sec. I y II del T. I de El Capital).
Ahora bien, si la estructura de la SF y la SR contiene como premisa la mutación de la circulación, esta mutación, confiere nuevo sentido a la circulación de objetos y sentidos objetivos que con ellos circulan en el conjunto del metabolismo social. Ocurre entonces una modificación lingüística y semántica, pues la circulación de mensajes ha sido remodelada: nuevas ideologías inician su construcción.
De tal suerte, puede ocurrir que antes de que tenga lugar la SF y la SR del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, o antes de hallarse muy extendidas, o bien, fuera del ámbito económico broten ideas críticas y sus representantes, obviamente del modo de vida, de consumo, de justicia, de amor, de economía y de producción, etc.
Asimismo debemos contar con la posibilidad de un camino que conduce desde estas regiones menos específicas de la dominación del capital –pero sobre cuya premisa se redondea el dominio– y de su denuncia, hasta las de la SF y la SR. Un camino que conduce desde la crítica general y ambigua o multívoca –no por ello necesariamente ineficaz o equivocada– hasta su desarrollo concreto como crítica de la economía política centrada, anclada firmemente en la denuncia de la SF y la SR del proceso de trabajo inmediato bajo el capital.
Así, antes vimos un poco de la génesis de la teoría crítica de Karl Marx a este respecto. Ahora podremos continuar con la determinación preliminar de la estructura de la SF y la SR que con este inciso iniciamos.
2. La SF en Cuanto tal. El Lugar o Dominio de la SF y la SR
La transformación de dinero en capital incluye pues, un proceso doble:
a) La modificación del campo de la circulación.
b) La modificación del campo de la producción.
La mutación de la circulación es interdependiente de la transformación de la esfera productiva. La mutación circulatoria es premisa de la modificación productiva. Suscitada incluso por una previa modificación en la relación de los factores de la producción: la separación del productor directo respecto de sus medios; así que puede aparecer en el mercado como “libre” fuerza de trabajo, etc. La mutación circulatoria, por lo demás, se sutura sólo con la transformación de la esfera productiva.
Así, la SF concebida concretamente (es decir, si tomamos a la circulación como premisa suya y que le pertenece interiormente), es idéntica con el proceso de transformación de dinero en capital o lo que es lo mismo con la relación capitalismo en cuanto tal, inclusiva de la unidad de producción y circulación dominada por el valor.
Pero la SF presenta asimismo una faz más restringida y específica situable sólo en la esfera de la producción: el dominio de la producción por el valor es lo que inaugura la SF. Concebida así se distingue del intercambio real de valor por valor de uso pues ocupa sólo un aspecto de este intercambio: el decisivo, el productivo. No el intercambio formal mercantil entre la riqueza abstracta (o valor) y el valor de uso por antonomasia, la riqueza concreta por excelencia; la riqueza subjetiva: la fuerza de trabajo creadora de todo valor de uso y todo valor. Sobre todo, no el intercambio por fuerza de trabajo sino su explotación es lo que describe la SF, como momento del dominio del valor sobre el valor de uso.
Así la relación capitalismo presenta dos aspectos funcionales que deben ser conceptualizados rigurosamente: la SF del proceso de trabajo inmediato al capital, por un lado y el intercambio real circulatorio entre capital y fuerza de trabajo por otro.
La unidad de circulación y producción así determinada constituye la relación de producción capitalista. Comúnmente es confundida con la SF. Por ello nos hemos detenido a diferenciarlos. Pero, frente a ella, la SF rigurosamente entendida, es la relación de producción más inmediata, es decir, la parte o el contenido más inmediato de las relaciones de producción en tanto relación de producción ella misma: ya que modifica la forma del proceso de trabajo inmediato. Ahora bien, de la forma del proceso de trabajo depende el posterior desglosamiento en clases ocupadas tanto en producir como en consumir y situadas en posiciones específicas de la estructura distributiva. Pero previa a esta determinación ulterior de la relación de producción como forma exterior y enmarcante del proceso de trabajo, de las fuerzas productivas, tenemos a la SF como forma social interior del proceso de trabajo determinado capitalistamente. Aquí la relación de producción por ser inmediata coincide, si no en contenido sí en cuanto a configuración, con la forma de las fuerzas productivas y del proceso de trabajo. En este sentido la SF coincide con el proceso de valorización que domina al proceso de trabajo inmediato. Pero describe el dominio, la subordinación y el nivel estructural e histórico de ellos. Mientras que el proceso de valorización se ocupa de describir el aspecto procesual funcional del mismo hecho. Son conceptos interdependientes pero diferentes.
ESQUEMA 1
Relaciones Económicas de Relaciones de Producción
Distribución y Consumo
Relaciones de clase
Capitalistas
A nivel de la estructura económica
Aquí ocurre la SF y la SR y determina el conjunto de relaciones de producción y distribución: constituye así el contenido básico de las relaciones de producción a la vez que la forma social inmediata de las fuerzas productivas.
a) SF y SR Comparadas
La SF determina el sentido y funcionamiento del proceso de trabajo al conectar de cierto modo en el proceso productivo al factor subjetivo y al objetivo del proceso (Relación de producción inmediata). La SR por una parte conecta entre sí a lOs elementos internos del factor objetivo y subjetivo (medios de producción, etc.) (relación técnica). Y por otra, conecta entre sí a los elementos del factor subjetivo; y es así –por esta doble interconexión– que la SR por tanto repercute en el modo de conexión del factor subjetivo y objetivo en el seno del proceso de producción.
Por su parte la SR –inclusiva de la SF– se determina más rigurosamente a nivel de las relaciones técnicas inmediatas del proceso de trabajo.
Cuando a propósito de la SR hablamos de relación técnica debemos decir que ambos conceptos no son idénticos.
Las relaciones técnicas hacen referencia al aspecto material del contenido del proceso de trabajo, en especial del componente objetivo.
La SR, por su parte, hace referencia al aspecto formal de ese mismo contenido, determinado por las relaciones de producción. Y califica tanto al conjunto objetivo como al subjetivo. Finalmente: La SF y la SR constituyen por tanto dialécticamente, a la vez, el contenido básico de las relaciones de producción y la forma social inmediata de las fuerzas productivas.
Así, tenemos que otra posible equivocación al concebir a la SF y a la SR es creer que la SF describe las relaciones de producción y la SR las fuerzas productivas. (Roger Estabelet inició estas confusiones). Pero subrayamos, tanto el ámbito de la SF como de la SR es el de las relaciones de producción.
Al intervenir el capital en la conexión social de los factores del proceso de trabajo inmediato (SF) domina todo el proceso y determina la necesidad de la modificación de la conexión técnica y de la forma material del contenido del proceso (SR). Por ello siempre la SF funda al modo de producción capitalista y es predominante a lo largo de su desarrollo aun por sobre la SR.
ESQUEMA 2
A B
Contenido del proceso de trabajo Conexión de ambos o forma
producción social inmediata se inserta el dominio del capital y desde allí para a subsumir realmente: a determinar social-
Así como, de rechazo, su nueva conexión socia: SF se autodetermina y desarrolla. Opera sobre sí misma: es el medio de la SF. Asimismo la SF es el medio para operar la SR. Pero ésta, siempre depende de la extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo y por tanto de la relación de producción implícita formal: SF.
b) El Proceso de Trabajo y la Subsunción Formal y Real
Debemos comprender que lo decisivo para aclarar todo el terreno recién abordado es entender los niveles constitutivos del proceso de trabajo, pues la SF y la SR causan efecto en ellos diferencialmente.
El PT es el lugar en el que están sintetizadas las FP y las relaciones de producción. Es siempre, por lo demás, un ámbito activo, ni más ni menos que un proceso; de suerte que la síntesis de FP y relaciones de producción operada en él es una síntesis activa. Así, debemos subrayar que el Pt no sólo es el proceso de producción de productos y relaciones sociales sino que es básicamente el proceso de producción de la síntesis activa de las relaciones de producción y las FP: el trabajo es ni más ni menos que esta síntesis.
Cuando decimos que el Pti. queda subsumido formal o realmente al K indicamos que la síntesis activa de FP y de relaciones de producción funciona de acuerdo a una relación de forma específica cuyo principio es la explotación de Pv.
Ahora bien, la SF y la SR no son de suyo el Pt, ni de suyo las FP, ni la síntesis activa de relaciones de producción y FP; sino sólo son una forma parasitaria, sobrepuesta a éstas: una relación de producción explotadora de éstos. Pero sobrepuesta en el seno mismo de la actividad laboral, por donde parecen no diferenciarse del contenido que dominan: el Pt, las FP, las relaciones de producción, etc., porque median activamente con él, etc. En los momentos de crisis del sistema o del momentáneo corto circuito de la cohesión del capital, reaparecen en diversos puntos de la sociedad figuras productivas distintas a las determinadas por la SF y aún por la SR, etc.
En definitiva, el ámbito de determinación que corresponde a la SF y a la SR es –como dijimos– el de las Relaciones de Producción, no el de las FP o
del Pt; y éste es el caso también de la SR del Pti. bajo el K. Pero el hecho de que precisamente sean las relaciones de producción las formas sociales determinantes del Pt y que a su vez éste sea el lugar de sintetización de las FP y las relaciones de producción enturbia la visión, posibilita la confusión del estatuto efectivo de lo que es SF y SR, etc. Por ello cabe, justificadamente, matizar los términos.
Así pues, la SF no es idéntica con las Relaciones de Producción capitalistas (ésta es más basta que la sola SF del Pti.) ni sobre todo, la SR es idéntica con las FP.
Es también sólo una relación de producción parcial componente de la Relación de Producción Capitalismo Global; pero se juega a otro nivel del
Pti, que la SF. La SF determina el contenido de la forma social externa del Pti, mientras que la SR determina la forma social interna del contenido técnico del Pti. Esta proposición no es de entrada evidente pero anuncia aquello que ahora mismo debemos pasar a esclarecer. Así que como arriba propusimos, debemos matizar los niveles de realidad, y por tanto de teorización, en que puede distinguirse el Pt.
b1) Niveles de Realidad de Pti.
Observemos los dos niveles fundamentales: En primer lugar, cada proceso de trabajo debe conectarse con otros. Y en segundo lugar debe estar internamente interconectado en sus elementos; todos loa cuales {medios de producción, actividad adecuada a fines y producto) mantienen diversas relaciones con otros procesos y elementos de éstos, etc.
1) La conexión con otros procesos es, evidentemente, de naturaleza social: una relación social de producción. Y muestra dos vertientes: una externa y otra interna, a modo de bisagra. La conexión social interna posibilita el funcionamiento efectivo del proceso de trabajo o en tanto que coordina al factor objetivo y subjetivo del Pt, de suerte que su acción no contravenga la relación social con otros Pt. Esta relación o conexión social interna depende por ello de la conexión social externa, es la condición de ésta. Es el contenido o sustrato condicionante de la relación o conexión social externa ocupada de coordinar formalmente diversos procesos.
Ahora bien, la vertiente interna de la conexión es una conexión social funcional formal del proceso de trabajo. Y es en donde tiene lugar y efectuación la SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital. Mientras que la vertiente externa de la conexión social formal externa o puramente formal (no formal funcional sino solo formal/formal) tiene lugar en el mercado de mercancías y constituye la circulación capitalista básica: compra y venta de fuerza de trabajo, compra y venta de productos.
Así pues, la conexión social interna está inmersa en el Pt, mientras que la externa le es sólo tangente: ambas constituyen el nivel de realidad formal del Pt, o de conexión con otros procesos de trabajo.
La conexión meramente formal –la externa– (intercambio capitalista), ocurre en el capitalismo mediante la circulación de capital y el mercado. La conexión sustancial o interna pero correlativa a la relación externa (SF) ocurre en el desarrollo real del proceso social capitalista y su pivote es la competencia y la acumulación de capital.
El intercambio entre capital y fuerza de trabajo posibilita el acceso del factor subjetivo del proceso de trabajo a los medios de producción en propiedad del capital. La diferencia entre apropiación real de los medios de producción mediante trabajo y la apropiación formal solamente mediante el poder jurídico que al capital le confiere la acción social, es la base posibilitante de esta separación y de este acceso sui géneris mediante intercambio mercantil.
Por su parte, la SF ocurre sólo una vez que el trabajador ya está reconectado con los medios de producción, propiedad del capital: ya en el proceso de trabajo subsumido al capital. Determina la necesidad de que la producción arroje un plusvalor, y que para ello sea efectivizado en todo momento el trabajo socialmente necesario. Para lo cual el capital deberá ocupar en el interior del proceso una vigilancia, un mando y una coacción específicas, etc.
De la SF depende, pues, la existencia concreta del plusvalor. Por ello decimos que es la condición o contenido interior funcional de la forma social externa de interconexión colectiva del Pti. Mientras que el intercambio mercantil capitalista es la forma externa o meramente formal (formal, pues de suyo no produce ninguna realidad material nueva) de la forma social externa del Pti
Tales son las dos componentes o vertientes conectivas de la forma externa del Pti: una externa y meramente formal circulatoria, la otra interna y funcional productiva.
2) Ahora veremos la conexión interna del Pti; la cual ocurre entre los elementos de los factores objetivo y subjetivo del mismo, etc. Esta conexión interna constituye el contenido efectivo del Pti (el cual de suyo tiene una forma que le es inherente, valga la redundancia).
Esta conexión interna entre los elementos es de doble naturaleza, más aún, de triple. No es sólo social –como en el caso de la conexión con otros procesos– sino además técnica; y aún más material. De la interconexión material, molecular, atómica, etc., podemos muy bien prescindir en esta explicación.
Tenemos que vérnoslas, entonces, no sólo con una relación social de producción; porque, en tanto ésta se halla incrustada en la estructura misma de las fuerzas productivas, incluso técnicas, tenemos que vérnoslas también con éstas. Y no debemos confundirlas, no obstante su imbricación. Esto último es fundamental.
La SR del Pti bajo el K es sólo una relación social de producción imbricada en la estructura de las fuerzas productivas, pero no es de suyo idéntica con éstas. En oposición a la SF y aún a la SR –como digo– resta el dominio o ámbito propio de las fuerzas productivas en sentido estricto: el contenido técnico y la forma técnica de este contenido. (Y aún queda fuera el contenido material molecular, sustrato elemental abstracto de esta forma y este contenido técnicos).
La SR es la forma social interna del Pti; aquella según la cual quedan interconectados los distintos ingredientes o elementos del factor objetivo por un lado y del factor subjetivo por otro, al interior de cada Pt
Para comprender la importancia de la matiz ación diferenciadora entre SR y fuerzas productivas, técnica, etc., no obstante tratarse con la SR de una forma social interna del Pti que no tiene realidad sino en la determinación de la estructura de las técnicas, debemos pasar a abordar primero, un esclarecimiento del sentido analítico de los conceptos formal y real/forma y contenido, etc.; que como vemos entran una y otra vez en la perspectiva marxiana científico crítica; y, en segundo lugar, a un esquema general de lo dicho hasta aquí sobre el Pt.
Hasta aquí describimos la conexión externa del Pti idéntica con la forma social externa del mismo, pero también describimos la conexión interna del Pt inclusiva de su forma social interna pero no idéntica con ella, pues la rebasa, ya que su conexión interna incluye no sólo elementos sociales sino técnicos y materiales.
b2) El contenido y la forma. Lo real y lo formal como perspectivas critico analíticas del Pt, etc. y del proceso social.
Los conceptos referidos son herencia de la metafísica occidental. Y en definitiva se conectan con la diferenciación entre alma y cuerpo, etc. Hegel supo retomarlos en su sistema idealista dialéctico. Y evidentemente Karl Marx hizo lo propio en la construcción del materialismo histórico y de la crítica de la economía política.
La escuela althusseriana ha anatematizado religiosamente esta herencia. Al revés de lo que esta escuela opina –y a la que debemos en los últimos años el descuido respecto de los rigurosos conceptos de Marx sobre forma, contenido, realidad, etc.; y con ello la opacidad de la SF y la SR– al revés, digo, esta herencia, primero de la metafísica y luego de Hegel (y en general de toda la filosofía alemana) es profundamente benéfica al marxismo, y es un elemento que debidamente retomado, permitió a Marx fundar su crítica científica de la sociedad burguesa, etc.
A nosotros nos importa resaltar aquí, como Karl Marx insiste en que las relaciones de producción son la forma de la vida social; mientras que las FP son el contenido. Y ambas tienen que ver con lo material y social a la vez. Tal insistencia ha llegado a parecer torpeza metafísica, límite epistemológico; esquematismo chato, etc. Nada más equivocado.
El contenido y la forma (alma y cuerpo, etc.) reencuentran en el seno del proceso de trabajo –donde el factor objetivo y el factor subjetivo se interrelacionan activamente–su ámbito original: del que necesariamente brotaron o fueron producidos intelectualmente en fases históricas pasadas y a la vez alienados en concepciones del mundo que olvidaron su raíz práctico-material, etc.
En efecto, los conceptos de forma y contenido, formal y real, etc., del discurso marxiano, están enraizados en la dialéctica del Pt.
El concepto de forma que proviene desde Aristóteles y centra a la lógica (recuérdese: “Lógica formal”) concentra la manera, el modo de presencia. Pero concibiéndolo en analogía con el modo de operar; de accionar, de laborar.
Es por ello inmediatamente indicativo del proceso. Mientras que el de contenido concentra a la forma y es inmediatamente indicativo del fin por lograr en el proceso. Por su parte, el principio es indicado en el concepto de condición de realidad, etc., él que a su vez redondea y no sólo inicia a los otros dos: es condición y resultado. Así pues, condición, proceso y resultado, como momentos del Pt se corresponden con principio, forma y contenido, como perspectivas analíticas generales arregladas en acuerdo a la dialéctica del trabajo, dialéctica concreta.
La diferenciación crítica de forma y contenido tiene subrayada importancia cuando se abordan cuestiones históricas. Especialmente cuando se trata de aclarar una estrategia de acción revolucionaria que opere eficazmente sobre la realidad. ¿Dónde, cómo, en qué medida y por qué allí, se debe operar?
Son posibles varias maneras o formas técnicas para lograr ciertos fines materiales naturalmente determinados, para satisfacer ciertas necesidades dentro de una relación social dada. Si bien, alguna de las formas técnicas ya pueda rebasar los límites de la relación social en cuestión; es decir, ya sea el esbozo de otra posible.
La forma técnica y la relación o forma social son ambas formas, como de entrada se ve. Pero asimismo una o varias formas técnicas son el contenido de una cierta forma o relación social que las enmarca. Como dijimos más arriba, el contenido es aquello que se refiere a los fines de un proceso, fines en referencia a necesidades.
Cuando decimos que una forma técnica es el contenido de una forma social, decimos que el conjunto de las necesidades sociales propulsoras de cierto conjunto de fines pueden ser, en general, satisfechas de modo especial dentro de unas relaciones sociales dadas, dentro de una forma dada, dentro de un proceso social dado. Pero pueden ser satisfechas concretamente según unas técnicas inmediatamente construidas según esos fines y necesidades concretas, singulares; los que, entonces, constituyen el contenido.
La relación social establece un marco posibilitante88 para la satisfacción del conjunto de necesidades: el proceso social de producción y consumo ocurre según esta determinada forma.
Asimismo, cada necesidad concreta a satisfacer dentro y según esta forma social del proceso vital, deberá ser llenada mediante cierta técnica y fin concreto. Es el contenido de la forma social.
Pero también, la técnica presenta a su vez un contenido y una forma; porque en general, cierto fin y necesidad concretos pueden ser satisfechos implementando cierto mecanismo cuya forma presente ciertas variantes posibles. Cada variante concreta el fin y satisface la necesidad de modo sui géneris. Cada variante técnica es un contenido específico de la forma técnica. La singularización relativa es la que define qué es contenido y qué es forma y respecto de qué, etc.
Así, ocurre que el cambio de contenidos técnicos –el desarrollo de las FP– implica nuevas necesidades y fines que quizás sean incompatibles con las formas sociales que los contienen; la manera, el modo de producción social deberá, para sostenerse, recortar a su imagen y semejanza esas necesidades, capacidades, actividades y fines recién manifestados y que inmediatamente la exceden. Así, brotan una y otra vez los posibles cabos que debidamente atados y cohesionados podrían constituir una relación o forma social global, un modo de producción de la vida social más alto.
Tal es el alto sentido del concepto de revolución: transformación de las relaciones sociales; es decir, de los principios formales organizativos del proceso social de vida, determinantes de los contenidos de necesidades y capacidades a satisfacer –lo que implica transformación de las necesidades y de los fines y de las formas y contenidos técnicos concretos mediante los que se satisfacen, etc. Y tal sentido es, precisamente, el que Marx imprime a todo el análisis al realizarlo según la perspectiva de la forma y el contenido, lo formal y lo real, etc. Esta perspectiva analítica apunta, pues, a las necesidades y fines, etc., inmediatos de la sociedad.
Por ello, importa no equivocarse en la “gramática” de lo que estructuralmente son la Subsunción Formal y la Subsunción Real bien diferentes a las FP. La equivocación aquí determina una mayor luego, al tratar ya del desarrollo capitalista, del desarrollo revolucionario y de su estrategia y, por tanto, de la figura posible que presenta en cada momento (pues presenta variadas) la sociedad comunista a realizar, etc. Y debido a ello fue que Marx no la describiera y no como se cree, porque sea idiota darse una imagen y noción concretaste aquello que positivamente queremos, y según esta falacia se quiera diferenciar al socialismo “científico” (¿sin deseos concretos?) respecto del minuciosamente utópico.
Por ello, porque las figuras posibles son múltiples y bien concretadas en el desarrollo es que no cabe describir una como si fuera la figura del comunismo.
Por ello, es en la discusión de contenidos a alternativas concretas de desarrollo donde los conceptos de SF y SR, etc., adquieren toda su importancia mientras que aquí, pueden parecer matices innecesarios o aún artificiosos; pero ya veremos más adelante su brillo.
Ahora intentemos un esquema de los niveles de realidad del Pt, en acuerdo con el significado crítico de los conceptos de forma y contenido, etc.
b3) El Contenido y la Forma del Pt
técnica de configurarse
Objetivo, de FP el Contenido Material,
y R. de P.
Molecular
Aquí diferenciamos los niveles de realidad del Pti, según dijimos: nivel social, técnico y sustancial. Cada forma es relativa a un contenido y viceversa. Al respecto son decisivos los pasos o transiciones de nivel a nivel. Así, las formas sociales del Pti tienen como contenido a las técnicas y éstas a su vez son la forma de un sustrato material: contenido absoluto del conjunto. Asimismo las formas sociales del Pti son el contenido inmediato de formas sociales más bastas que se extienden más allá de la producción inmediata pero que la incluyen, etc.
Así, cada contenido lo es respecto de una forma que lo engloba, pero puede ser él mismo una forma de otros contenidos particulares. Pero ya que los niveles de realidad son dados, limitados, (sólo tres) el relativismo con el que puede ser designado un aspecto ya como forma y/o contenido, etc., se detiene.
De suerte que el análisis permanece flexible y dialéctico, pero a la vez bien determinado materialmente, en acuerdo a los niveles de realidad. Por ello, puede decirse rigurosamente que el contenido general del proceso de trabajo lo constituyen:
a) La forma social incrustada en el contenido técnico dadas las necesidades generales de una relación social explotadora y que marcan la estructura técnica particular.
b) El contenido técnico general b1) De formas, y
b2) Contenidos particulares específicos que configuran un
c) Contenido material X.
Mientras que la forma general del Pt la dan las solas relaciones de producción según su forma y contenido.
La forma general del Pti tiene que ver con una conexión con otros Pti particulares. Mientras que su contenido general sólo con la configuración de sus propios elementos. Esta configuración nos presenta en sus aspectos la marca social; por ello, no se reduce a técnica y materia solamente.
Según este esquema, veamos donde se insertan la SF y la SR.
Pasemos a un tercer esquema redondeante
Una Forma
General
Mediante la cual coordina la satisfacción de las necesidades sociales de
Modo
específico Social e Históricamente condicionado; constituye el modo del Proceso de vida humano. Esta forma social general se subdivide en:
El Pti presenta
a la vez Y
Un Contenido
General
Mediante el cual realiza la producción satisfactora de necesidades concretas cada vez.
Una Forma Social Externa del Pti que le permite su reconexión con otros Pti, y conecta al productor con los medios de producción; y, por tanto, a la propiedad y al uso. la apropiación formal y a la posibilidad de Apropiación Real. Por tanto se trata de una forma que se encuentra en el limite entre la circulación y el derecho, y es tangente de la producción. y.
Un Contenido Social Externo del Pti no tangente a la producción sino que ya determinante del Pt en su funcionamiento: al efectuarse el insoslayable consumo productivo (Contenido natural social absoluto del Pti). Sintetiza o enfrenta en la producción a la apropiación formal y (no sólo a la posibilidad sino a la efectiva) apropiación real. Es decir, el sentido que da a la producción el obrero como productor directo
(apropiación real) y el sentido que le da el capital, como explotador (apropiación formal). Aquí ocurre la SF en sus variadas figuras en vista del mismo fin, en vista de la explotación de plusvalor (ya sea plusvalor absoluto o plusvalor relativo).
Una Forma Social interior del
Contenido Técnico del Pti
que determina la estructura técnica o Contenido técnico según una impronta socio-histórica precisa ¿por ejemplo, de explotación de plusvalor o bien de satisfacción creciente de necesidades vitales. De hecho, la impronta sociohistórica es una figura general de necesidades y capacidades bien recortadas. Aquí ocurre la SR como concreción operada en el desarrollo de la SF. Y en:
Una forma técnica
que posibilita de varias maneras la satisfacción de necesidades
determinadas; por
ejemplo: recortadas por la impronta social.
Un contenido general correspondiente a unos fines y necesidades determinados socio históricamente, técnica y materialmente. Contenido general que se subdivide en:
–
Un Contenido Técnico General establecido en referencia a fines concretos por lograr según varias maneras o formas.
Por ello se subdivide a su vez en:
Y, finalmente en:
Contenido Material o Estructural Material
Soporte de toda la construcción e irreductible a sus formas dadas, y que, por lo tanto, es a la vez soporte de las formas sociales y técnicas» como al contrario, el lugar por donde se inicia la rebelión contra ellas.
Un Contenido Técnico, Preciso, Particular. Establecido en referencia a un fin específico y ya
especificado en acuerdo con las
determinaciones de la estructuro material
sustancial, exploradas según este fin
específico; dependiente de la forma técnica
general portadora a su vez, de los fines
concretos que la forma social interior del Pti enmarca o posibilita. Aquí se recuperan o concretan todas las determinaciones anteriormente vistas.
Las dificultades metódicas y temáticas de la SF y la SR se nos hacen evidentes. Ya que su rigurosa comprensión se vio por ello obstaculizada, fueron presa fácil de malversación, olvido, marginación y luego de franca represión, rechazo y anatematización. Pero repuestos en su contenido y posición correspondientes constituyen un finísimo estilete científico crítico. Para finalizar este apartado subrayemos lo siguiente acerca de la SR:
La SR no es idéntica –como ya arriba dijimos– con las relaciones técnicas y con la tecnología en cuanto tales, etc. Ni siquiera con el concepto exclusivo de fuerzas productivas. Por donde vuelvo a insistir en la insuficiencia del análisis de Ernest Mandel y otros para basamentar sus teorías del capitalismo actual, mientras se ocupen de las revoluciones tecno-lógicas y no de la SF y la SR. Esto se comprende si recordamos que distintos modos de relación técnica pueden producir los mismos o análogos efectos objetivos previstos para la satisfacción de necesidades en cuestión. Así como distintos objetivos o fines materialmente determinados, singularizados pueden incorporarse o ser adecuadamente correlacionados en el seno de cierto fin o principio especificante social e histórico (relaciones de producción), etc.
Ahora bien, sólo un cierto conjunto de relaciones técnicas son aptas para cumplir las determinaciones sociales clasistas que marcan la SF y la SR del Pti bajo el capital. Así, no todas las versiones de tecnología subsumida realmente son apropiadas para ser usadas por la revolución y la sociedad comunista; pero tampoco son todas rechazables. No obstante ser técnicas específicamente capitalistas; es decir, deter-minadas estructuralmente por la SR.
Y es que la relación social capitalismo (y entonces la SR) debe apoyarse, tomar cuerpo, expresarse, imprimirse en la materia y además, estar en acuerdo relativo pero forzoso con un conjunto de necesidades, capacidades y actividades sociales naturalmente determinado si bien más o menos sesgadamente deformado.
Por ello, con la revolución comunista se trata de una labor selectiva concreta centrada en el valor de uso tanto inmediato e individual como social e intercorrelacionado con otros.91 No se trata de ninguna tarea meramente formalista y dogmática, sino cada vez más profundizada en el contenido concreto de los valores de uso adecuados; pero profundizada auténticamente, es decir, según principios rigurosos. Por ello nuestra insistencia en la reconsideración de lo que es SF y SR.
c) Estrategia Revolucionaria y SF y SR
Los conceptos de SF y SR permiten pues determinar radicalmente la modalidad de las fuerzas productivas según la impronta de las relaciones de producción. Pues se trata de las relaciones de producción más inmediatas, caracterizadoras de la forma social y del contenido social del proceso de trabajo y de las fuerzas productivas. La SF determina la realidad o contenido social de la forma del proceso de trabajo inmediato. La SR determina la forma social del contenido real del proceso de trabajo inmediato.
Si la revolución social es aquella que transforma las relaciones de producción, debemos indicar en dónde y cómo se determinan éstas, hasta dónde debe satisfacerse la acción revolucionaria.
¿Hasta dónde llegan las relaciones de producción? Hasta determinar la forma de conexión y la forma material del proceso de trabajo y de la fuerza productiva. Las fuerzas productivas no son neutrales sino ya manchadas por el capital.92
En resumen las confusiones habidas respecto a los conceptos de SF y SR son: a) identificar la relación capitalismo con el SF; b) concebir a la SF estáticamente, como dada para toda la era capitalista, mientras que a la SR dinámicamente e incluso en un “progreso” indefinido, del que mejor no debemos ocuparnos por indeterminado/indeterminable y por tanto completamente secundario, prescindible, etc.; c) identificar SF con relación de producción capitalista y SR con fuerza productiva.93
Evidentemente, va incluida aquí una y otra vez, y por una u otra razón, la confusión entre SF y SR o también, su total escisión etc.
Circulación Producción
a) SF = y ≠ SR Intercambio Proceso de
b) SF y SR = y ≠ valorización
del valor Intercambio real.
SF SR
c) Relación capitalismo = y ≠
SF y SR e Intercambio real La Relación capitalismo
(producción/circulación)
capital/obrero
Medios de
producción
((Trabajo y Tierra
Capital)
Medios de
Circulación
Así, la relación capitalismo es más que producción y circulación; éstos son sus componentes, pero no los únicos. Y es en las formas transfiguradas del plusvalor que se ve que es más que producción y circulación, pues allí aparece por ejemplo la Tierra, etc.
92 Ello revela el por qué pasó inadvertida la teoría de la SF y SR a la socialdemocracia internacional. Y luego por qué como el marxismo soviético ha tenido reticencia a asumir una teoría que critica directamente sus relaciones de producción inmediatas
93 Cfr. más adelante la discusión al respecto
La SF y SR, constituyen dos conceptos críticos radicalísimos dada su matización científica para la determinación de los componentes del objeto real de análisis. La reflexión marxiana del proceso de trabajo y las fuerzas productivas encuentra en ellas una cumbre. Son nada menos que los conceptos que permiten comprender la conexión de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, su relación y diferencia. Y su ámbito propio son las relaciones de producción; asimismo SF y SR constituyen el centro intelectivo de la Historia Crítica de la Tecnología y por ello de la Crítica de la Economía Política.
Así, los conceptos que debieron servir para conectar comprensivamente las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas en la teoría rigurosa de Marx, fueron convertidos en aquellos aptos, para escindirlos mejor o bien para confundirlos, o, finalmente, debido a los efectos nocivos que se les adjudicaran –ya así deformados– para revocarlos y, entonces, mantener la “comprensión” de la conexión y el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción en un nivel sólo imaginario, susceptible de las más variadas mezcolanzas y manipulaciones.
Mientras prescindamos de ellas la concepción de la revolución y sus tareas será harto mecanicista y falsa. Por ende ineficaz, contra toda apariencia.
3. El Fetichismo Inherente a la SFR y a la SR como Formas Corporeizadas de la Relación Capitalismo: como Formas del Valor que se Valoriza
Ahora podemos comprender cabalmente el concepto con el que Marx describe el proceso de desarrollo general del capital tanto estructural como históricamente y del que la SF y SR son momentos privilegiados: este concepto es la autonomización del valor y en especial el desarrollo de la autonomización del valor que se valoriza.
Los conceptos de SF y SR son momentos privilegiados de esta autonomización porque lo fundan primero, productiva y materialmente y segundo, entonces de modo especificante capitalista. De aquí proviene la teoría de Marx sobre la forzosa dominancia del capital industrial en la época capitalista y en todas las fases posibles de su desarrollo. El desarrollo de la autonomización del valor que se valoriza o capital no puede ser sino el desarrollo del dominio del capital sobre el proceso de trabajo a nivel formal y real, es decir del capital productivo; desde donde se funda la dominación del capital industrial sobre el resto de las esferas sociales y restantes formas de capital.
Ahora bien, la autonomización del valor queda retratada preliminarmente en el § 3 del capítulo I de El Capital: “Las formas del Valor”. Hasta que en la forma dinero el valor encuentra un valor de uso adecuado para las funciones sociales que el dinero debe cumplir; así subsume a este valor de uso a su propio código. Se trata del oro, cuyas propiedades naturales lo hacen apto para funcionar socialmente como dinero. El valor se posesiona de un cuerpo tangible en el dinero; alcanza autonomía cósica, sustancial.
Por su lado la autonomización del valor que se valoriza, del capital y, entonces, de su predominio, se opera de modo análogo al subsumir el valor de uso pero no ya de una cosa sino de un proceso entero: el proceso de trabajo. El proceso de trabajo como valor de uso total.
La teoría de la SF y SR es dependiente, estructuralmente hablando, de las formas del valor. Y en general, toda la Teoría del Desarrollo capitalista de K. Marx, del desarrollo del valor que se valoriza tiene su matriz estructural en las formas del valor. El desarrollo capitalista es teorizable en términos generales según esta matriz básica.
Karl Marx lo dice explícitamente en su manuscrito de 1861-63 arriba citado:
“[Pues tenemos que es] completamente, como al aparecer el oro y la plata como dinero; en la representación se halla inmediatamente fundida [la existencia autónoma de los medios de producción y del trabajo] con las relaciones de producción sociales cuyo portador es
(Träger) esta existencia de los medios de producción, etc.”
¿Qué es lo que origina este carácter fetichista? La separación del productor respecto de los medios de producción en la que se funda el capital y funda a la vez esta apariencia ilusoria: donde las cosas parecen ser de suyo relaciones sociales, etc.; los medios de producción parecen ser igual a capital.
Citemos otra vez a Marx:
“De ahí que si bien los medios de producción y el material, no son en cuanto tales capital, ellos mismos aparecen como capital, porque su autonomización (Selbständigkeit), su existencia egoísta (áutica) enfrentada al trabajador y de ahí al trabajo, ha penetrado su propia existencia (Dasein) (o ha crecido hacia adentro de su propia existencia)”.
Esta apariencia fetiche –potenciación o desarrollo del fetichismo ya presente en la mercancía– acompaña o es inherente al desarrollo de la autonomía del valor; es consustancial, pues, a la SF y la SR y por tanto al desarrollo histórico capitalista. Es, evidentemente, aquello que vela y oculta, a los ojos de los individuos y los investigadores sociales (marxistas o no) las verdaderas relaciones históricas. Tenemos aquí el sustrato real y explicativo más general para dar cuenta del ya secular olvido, por parte de las Teorías del Imperialismo, de este cuerpo teórico insoslayable para explicar el desarrollo histórico capitalista y, por tanto, para explicar el capitalismo actual.
4. Resumen de los Tres Incisos:
Las Premisas para Hablar de SF y SR
Son, en primer lugar, la utilización sistemática de la perspectiva real y formal para el análisis de los diversos niveles de objetividad capitalista por parte de Marx, lo que, en segundo lugar, se echa de ver en el caso del intercambio real, que funda a la SF. Esta diada la constituye la articulación de la circulación y la producción capitalista. Ahora bien, porque realmente ocurre este fenómeno circulatorio apropiativo de la fuerza de trabajo por el capital, es posible hacer entrar en escena la perspectiva analítica referida.
El lugar o dominio de la SF y la SR son las relaciones de producción, el contenido y forma técnicos, así como el sustrato material molecular en que necesariamente se configuran los artefactos técnicos, están fuera de la SR y la SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital; por tanto, ningún estudio tecnológico abarcará estos conceptos y apenas sí los rozará parcialmente.
Finalmente, la SF y la SR no son en conjunto, sino formas del valor que se valoriza y mediante las cuales logra éste (es decir, el capital) autonomización, autoposicionalidad enajenada materialmente frente al trabajador: la dominación del capital se funda en la SF y SR y allí su autonomía. Por tanto no hay más relación capitalismo dominante que la del capital industrial: la que de suyo incluye el fetichismo inherente a relaciones alienadas. De ahí la confusión permanente del problema y la necesidad del discurso crítico revolucionario para esclarecerlo.
Con estos tres incisos en donde recién matizamos el tema de la SF y SR queda esbozada su problemática general. Una exposición más desarrollada no tiene cabida aquí, pero debiera ocuparse, sobre todo, de la determinación de la modalidad de desarrollo conceptual que constituye a las formas del valor que se valoriza en contraste con las simples formas del valor. Esta cuestión sintetiza todas las preguntas y respuestas sobre la SF y la SR. Nosotros pasaremos, en lo que sigue, a tratar la dialéctica de la relación capitalismo y de la SF y SR comentando la sec III del T. I de El Capital y en especial su cap. IX; con ello daremos un redondeamiento preliminar a la teoría de la SF y SR; en vista de puntualizar nuestro argumento polémico contra las teorías sobre el Imperialismo pero a la vez subrayando así la necesidad de aclarar más abundantemente el tema de la SF y SR en Karl Marx. En otro escrito pienso abonar lo propio, mientras tanto queda hecha la invitación para todo aquel interesado.
C. La SF y la Sección III de Tomo I: “Plusvalía Absoluta”.
La Dialéctica de la Relación Capitalismo
“La superación de la autoenajenación hace el mismo camino que la autoenajenación misma”.
Karl Marx, Tercer manuscrito de 1844
1. ¿Cuál es la Dialéctica de la Relación Capitalismo? Porque evidentemente con la relación de producción capitalismo no se trata de algo dado y estático. Salgamos al encuentro aunque sea de una de las confusiones que en torno a la SF y SR se dan: el concebir a la SF como estática y a la SR como dinámica.
De entrada, subrayo que es en gracia a concebir estáticamente la relación capitalista y en particular a la SF., que luego los teóricos se ven obligados (“o libres”) a “añadir” nuevos adjetivos y rasgos que pueden describir las “novísimas” realidades históricas surgidas. Así pues, el formalismo estático se complementa con un empirismo ingenuo y acrítico. Ninguno de los dos fundamenta, sino que la fundamentación es sustituida por la mera suma o adición de rasgos; añaden determinaciones en un mal infinito que
cree hacer “progresar” a la teoría y a la crítica. De este modo la ideología del progreso hace presa del marxismo y se embarca en el carro del progreso del capital; lo apuntala al intentar asi criticarlo. Y es la suma la que sirve para “conectar” y “completar” al “modelo” de capitalismo con los rasgos “concretos” “observados”.
Se nos dice, por ejemplo: Antes hubo una relación capitalista –fija, añadimos, y que los autores adjetivan como de “libre competencia”– luego hubo una relación capitalista (la misma) pero adjetivada como “monopolista”, etc. y así seguido.
Esta sui géneris intervención “teórica” –consistente en la magna operación de adjetivar de diversos modos lo ya dado– presta el servicio adicional de ya no tener que ocuparnos de la SF y la SR si queremos “teorizar” el desarrollo capitalista.
¿Por qué?
Porque, en primer lugar, la SF siempre es –supuestamente– igual. ¿Para qué traerla a colación? Y la SR –sobre la que la SF cabalga o “se monta”– es siempre sólo “algo técnico” y no propiamente una determinación “económica”: su variación, por tanto, no importa o es secundaria. ¿Puede concebirse algo más alejado de la dialéctica concepción de Marx? Verdadera Crítica de la Economía Política, irreductible a lo que ilusoriamente el modo de producción burgués presenta a sus agentes (incluidos los economistas y los “marxistas”) como “economía”.
Ahora bien, frente a esto y por otro lado, si rescatamos la dinámica de la propia SF, ésta es capaz de describir los cambios históricos ocurridos. Y nos será evidente el necesario abordaje de la SF (y de la SR) para teorizar auténticamente el desarrollo histórico capitalista habido y por venir.
La sección 3a. “La Plusvalía Absoluta” (I).
Aquí, Marx abre el análisis de la esencia del modo de producción capitalista a nivel productivo: el análisis del proceso de producción inmediato y reproducción que ocupa el resto del Tomo I.
La pregunta abierta en el capítulo IV: “Transformación del dinero en capital”: ¿qué significa explotar la fuerza de trabajo? ¿cuáles son las condiciones para ello? Lo que coincide con la pregunta: ¿cuáles son las condiciones de posibilidad para producir de modo capitalista?, ¿en qué consiste ésta? etc. Nos es respondida en general por el capítulo inicial de la sección 3a, el capítulo V: “Proceso de trabajo y Proceso de valorización”, en tanto estos procesos son los elementos constitutivos de la unidad del proceso de producción según el modo capitalista.
Así, Karl Marx genera, a partir de los planteamientos del capítulo V, “Proceso de trabajo y Proceso de valorización”, la pregunta (a veces formulada expresamente) o problema a resolver por el siguiente (capítulo VI: “Capital variable y capital constante”). Este, al responder, deja planteado un nuevo problema que el ulterior (capítulo VII “Tasa de plusvalía”) resuelve, etc., y así seguido. Evidentemente, el capítulo V contiene germinalmente todos los problemas que van resolviéndose y encadenándose. Y el VI sólo respondió parcialmente el cuestionamiento de base, etc., los que le siguen deben redondear la labor.
Pero recordemos, asimismo, que el capítulo V ya es un resultado del proceso argumental previo. Pero entonces, a su vez, la condición de lo que sigue. En este sentido el capítulo V puede ser descrito como Introducción general a la exploración de la esencia del modo de producción burgués, sobre todo la productiva, es decir el resto del Tomo I.
De esta manera, el Proceso de Trabajo y el Proceso de Valorización
(introducción general al tema); el Capital Constante y Capital Variable (Cap. VI) y la Tasa de Plusvalor (Cap. VII) nos presentan las condiciones generales para que ocurra la producción en su modalidad capitalista. La jomada de trabajo (Cap. VIII) nos presenta el proceso productivo y determinación de los límites de la jomada laboral, para culminar con la Masa y la Tasa de Plusvalía (Cap. IX) que nos entrega a la vez el resultado o producto del proceso productivo capitalista como la medida necesaria para que ocurra.
Podemos observar, entonces, que la secuencia del recorrido de las secciones 3a a 4a (condiciones, proceso y resultado de la producción capitalista) se repite al interior de la sección 3a (y aún por dos veces como veremos) y, de hecho, en el resto de secciones.
Ello es posible dado que cada vez se abordan los momentos a diverso nivel y renovada perspectiva, así la sección 3a lo hace a nivel de la forma de las condiciones inmediatas, los procesos y los resultados (trata, en efecto, de la SF).
Distribución del Argumento:
De hecho, la Sección 3a presenta con sus 6 capítulos la secuencia de dos procesos de producción enlazados, donde el capítulo VII constituye el enlace al cumplir una doble función:
Cap. VII
Cap. V Cap. VI Cap. VIII Cap. IX
Condición 1 Proceso 1 Resultado Proceso Resultado 2 (y condición 3). Enlace
1 2 con la sección IV que abre un
Condición nuevo proceso expositivo-analítico
2 o de exposición, generación
(fundamentación conceptual).
Así que la sección III se subdivide formalmente en dos grandes apartados:
Cap. V Cap. VIII
A Cap. VI B
Cap. VII Cap. IX
Articulados en el contenido argumental del cap. VII. La primera parte, A, se dedica a presentar las condiciones estáticas o por partes, de la plusvalía absoluta y por lo tanto de la SF. La parte segunda, B, las condiciones en su dinámica (si se prefiere. A: Condiciones necesarias; y B: condiciones suficientes. O también, A: la existencia y B: el desarrollo de las condiciones, la concreción de lo que fue presentado abstractamente por partes, etc.).
Ciertamente, pues la única manera de concebir a la SF concretamente es en desarrollo. Ya que en la medida en que el capital logra sintetizar, unificar, subordinar a la producción, lo hace para valorizarse, desarrollarse, etc. Tanto da decir SF como desarrollo del capital, entendido según su esencia a nivel formal: La forma o modalidad general del desarrollo esencial del capital. Eso es lo que la sección 3a, “Plusvalía Absoluta” teoriza. La SF es el nombre de una sucesión de figuras en proceso, puesto que es el nombre de una figura general, la cual forzosamente se determina activamente: se singulariza históricamente.
Evidentemente la SF no teoriza directamente los resultados específicos, los sucesos históricos singulares, pues la suma de éstos aún no ocurre. Pero sí que puede teorizarse, a partir de los ya ocurridos, el modo específico, la razón o forma de su sucesión habida y posible. Accedemos así, a una puntual capacidad de predicción, de otra manera ausente. La SF es, por tanto, el nombre de un modo de movimiento. Ahora bien, esta forma de movimiento legisla muy hondo en el contenido histórico; y lo hace transformándose, no permaneciendo estática, pero sí permaneciendo en sus transformaciones, según un modo determinado. Marx indica este modo de desarrollo, sobre todo en los capítulos VIII y IX de la sección 3a del Tomo I. Pues, para decirlo sencillamente, los conceptos en Marx son dialécticos; ni más ni menos que modos de movimiento según forma, contenido, calidad, cantidad y medida determinadas, etc., que no “captan” al objeto quieto sino en su devenir otro.
Cada concepto quiere así apuntar a la revolución, al devenir otro del modo de producción burgués.
Pormenoricemos sólo en el capítulo IX.
2. Capitulo IX: “Masa y Tasa de Plusvalía”
a) Acercamiento Crítico a la Concepción del Capítulo IX.
Karl Marx distribuye explícitamente el argumento de este capítulo en dos apartados, pues deja una separación entre uno (A) que expone a) cuatro leyes matemáticas para la determinación de la masa de plusvalía partiendo de su tasa, etc., y b) el mínimo necesario de capital para que históricamente ocurra el modo de producción capitalista –y otro (B)– que expone las determinaciones del concepto de SF, concepto general que ha presidido todo lo avanzado en los restantes capítulos de la sección 3a; de suerte que el capítulo IX puede recapitular.
Todo lo cual ha sido captado en general por casi todas las lecturas del capítulo IX. Las más recientes y atentas subrayan el tratamiento de la SF como el objeto de la sección 3a y así distinguen a grandes rasgos en el argumento de Marx del capítulo IX un “aspecto cuantitativo” (A) y un “aspecto cualitativo” (B). Abrimos así el problema:
Sabido es que la sección 3a contiene un capítulo dedicado a tratar la tasa de plusvalía (capítulo VII) correlacionando el plusvalor y el capital variable y donde Marx determina –entre otras cosas– “la especificidad y carácter cuantitativo de la explotación capitalista”. Por donde el intelecto se embaraza cuando tiene que vérselas en la misma sección 3a con otro capítulo aparentemente sólo cuantitativo: El IX “Cuota y Masa de Plusvalía”; con sus leyes matemáticas, etc. Así que debe resolverse este problema. Para lo cual se opta por escindir el argumento del mismo capítulo IX en un “aspecto cuantitativo” y otro “cualitativo”. Esto es lo que intenta ser la “solución”. Pero no queda claro cómo se conectan entre sí los dos “aspectos” y, entonces, porqué mejor no hacer dos capítulos; o bien pasar el aspecto cuantitativo al capítulo VII sobre la tasa de plusvalía (que ahora debería llamarse: “Tasa y Masa de Plusvalía”) y el aspecto cualitativo al capítulo IX (que ahora debería llamarse: “El Concepto de SF. Resumen”).
Otra vez intentando salir al paso –o mejor, salir del paso– de este problema adicional vemos que puede hacerse una distinción: el capítulo VII, “Tasa de Plusvalía”, se ocupa “sólo” del “análisis de la relación plusvalor/capital variable” (...) “puesto que es lo que atraviesa la práctica productiva de todos y cada uno de los trabajadores” y empresas capitalistas, añadimos:
Así que el capítulo IX “Cuota y Masa de Plusvalía”, “se detiene en el análisis del carácter colectivo de la mencionada explotación del plustrabajo”.
Así, primero, la tasa de plusvalía multiplicada por el número de trabajadores explotados en jornadas dadas (“carácter colectivo de la explotación”) nos entrega la masa de plusvalía. Y, segundo, la explotación de plusvalor presenta un “carácter colectivo” y personificado: por un lado la clase obrera y por otro la burguesía que subsume a la clase obrera y al conjunto del modo de producción y determina un sentido: la forma de su empleo (SF).
Es evidente que el primer aspecto, el cuantitativo, del “carácter colectivo de la explotación”, pudo muy bien tratarse –si ello fuera en verdad el objeto teórico de Marx– en el capítulo sobre la tasa de plusvalía. Y, adicionalmente, que si es tratado en el capítulo IX no vale la pena detenerse a revisar estas “leyes” cuantitativas que determinan la masa de plusvalía, etc., y sólo valdrá la pena la formulación del concepto de SF.
Pero nada más alejado del objeto teórico del capítulo IX –que al final formularemos– y por tanto del sentido de lo que es SF. De cualquier forma, tampoco este intento de suturar en una representación unitaria y coherente al capítulo IX lo logra, pues lo empobrece grandemente y observa un concepto fijo, estático,, de SF y, sobre todo, no sólo no da razón de la conexión entre los dos aspectos (el “cuantitativo” y el “cualitativo”) sino que deja injustificada la presencia del aspecto cualitativo y que considera como el más importante. En efecto, no explícita por qué un capítulo que se llama “Tasa y Masa de Plusvalía” contiene dentro no sólo, amén de las leyes cuantitativas de la tasa y la masa de plusvalía, el tratamiento de las determinaciones de la SF, sino que además se ocupa de hacer un balance de toda la sección 3a. La concepción que mantiene un concepto fijo de SF, por más que se prenda o fije a él, termina por dejarlo injustificado. Este cualitativismo estático queda preso del cuantitativismo de la racionalidad burguesa, es su otra cara. Pues no puede dar razón del movimiento cualitativo ni, por tanto, fundar la cualidad que exalta por no poder relacionarla esencialmente con la cantidad.
Como dijimos, esta errónea concepción se halla muy generalizada. Pero
en descargo de Jorge Juanes –a quien hemos glosado sólo para ejemplificarla– resaltemos sus señalamientos muy lúcidos a propósitos de la lucha obrera contra el dominio (subsunción) del capital.
En primer lugar, en gracia a la SF: “El obrero colectivo es unificado desde arriba y desde afuera de sus proyectos por el capital, en lugar de unificarse desde abajo y afuera del capital: autogestivamente a partir de sus necesidades y proyectos concretos, ya que sólo él que produce la riqueza concreta tiene derecho a decidir sobre ella” con lo que a la vez queda definido el sentido y la meta general de la lucha contra el capital.
Y puesto que la SF implica “una coacción autocrático-tiránica del capital sobre el trabajo” en vista de valorizar el capital a una tasa de plusvalía dada –y según la regla del tiempo de trabajo socialmente necesario–; estableciéndose, a la vez que una “relación forzosa” un “trabajo forzoso directo” mayor “que el preescrito por el estrecho ámbito de sus propias (del obrero) necesidades vitales” (Marx dixit). Entonces añade J. Juanes:
“Lo que de buenas a primeras, a todo aquel que quiera entender, está diciendo que el problema de la lucha por la disminución de la jornada de trabajo es simultáneamente, el problema de la lucha de la clase obrera contra el poder autocrático del capital (sancionado por el Estado); una lucha contra todas las formas compulsivas del capital”.
Bueno, puesto que tan esenciales cuestiones estratégicas están en juego; es preciso, entonces, que maticemos nuestra comprensión de los hechos y del capítulo IX.
b) La Forma de la Relación Capitalista y en Particular de la SF (Movimiento Argumental C, párrafo 14 al 18
Si concebimos la argumentación inicial de Karl Marx sólo en su “aspecto cuantitativo” no podremos entender a cuento de qué se intercala luego –en un capítulo titulado Tasa y Masa de Plusvalía”– la determinación cualitativa del concepto de SF del proceso de trabajo inmediato al capital. Modifiquemos pues, de raíz nuestra comprensión.
Cuando Karl Marx se ocupa en la segunda parte de su argumentación –de la que en este inciso trataremos– de la determinación del concepto de SF lo hace, primero (párrafo 15 al 17), puntualizando las modificaciones ocurridas al proceso de producción capitalista y las concomitantes nuevas funciones del capital en él. Pero luego Karl Marx lleva a cabo una doble consideración (párrafo 18) pues aborda a la vez al proceso de producción capitalista viéndolo desde la perspectiva del proceso de trabajo (común a toda historia) para indicarnos la inversión de la relación de producción y su enajenación operada por el capital; pero además aborda al proceso de producción capitalista desde la perspectiva de la circulación mercantildineraria capitalista en donde ocurre la primera parte de la transformación del dinero en capital y que inicia la inversión del proceso. Así delimita Marx los dos componentes de la relación capitalista: la
circulatoria y la productiva, según lo cual la SF es diferente –pues es sólo la parte productiva junto con la SR– de la relación capital. Pero precisamente porque la SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital es lograda por la mediación de la circulación de capital, la forma de la relación de producción que Marx se encuentra delimitándonos incluye de suyo el fetichismo y la confusión ideológica como ingredientes. Por ello, en tercer lugar (párrafo 19), nos indica cómo “el valor de los medios de producción [...] se confunde (hasta “la locura”) con su condición de capital, con su propiedad de valorizarse a sí mismo”. Y obviamente, con su condición de ser valor de uso de los medios de producción; y así se logra la confusión de una relación históricamente precisa, primero, con otra igualmente histórica y, segundo, con la relación hombre-naturaleza en cuanto tal, común a toda historia.
Esta confusión fetichista de las relaciones de producción capitalistas y en particular de la SF, con cuya exposición concluye el capítulo IX es la que hoy se hace presente en las actuales incomprensiones. De hecho el valor y el valor de uso de los medios de producción realmente se intercambian, de ahí que las confusiones antedichas pueden emanar de este suceso real e indicarlo en su embrollo.
Ahora bien, respecto de las modificaciones referidas del proceso de producción que inauguran a la SF de éste bajo el capital tenemos: primero (párrafo 16) el capital se convierte en “puesto de mando sobre el trabajo”, dice Marx, en tanto debe cuidar que “el obrero ejecute su trabajo puntualmente y con el grado exigible de intensidad”. Es decir, en tanto que el tiempo de trabajo social mente necesario rige básicamente la producción de plusvalor ya que éste es básicamente valor. Pero en segundo lugar (párrafo 17), el capital se convierte “en un régimen coactivo” en tanto debe obligar a la clase obrera a ejecutar más trabajo
que el necesario para su reproducción. Es decir, en tanto que el tiempo de trabajo excedente (TTE) rige la producción de plusvalía de modo suficiente. Por ello la masa y el grado de explotación de un trabajo forzado crece en el capitalismo como en ningún otro modo de producción.
Así, en tercer lugar, Marx habla de las dos figuras posibles de explotación de TTE en el capital: el plusvalor absoluto y el plusvalor relativo. Y donde el primero es posible sin modificar las condiciones técnicas tradicionales; mientras que el segundo debe modificar el régimen de producción. (Asi pues, un TTE1 [plusvalor absoluto] y un TTE2 [plusvalor relativo]).
Según este triple código (Tiempo de Trabajo Socialmente necesario, TTE1 y TTE2) quedan determinadas las funciones del capitalista: el capital personificado y, por tanto, redondeadas las determinaciones de la SF. A la determinación de la relación capital por el tiempo de trabajo socialmente necesario le corresponde la determinación de la SF como “puesto de mando” sobre el trabajo; a la determinación de la relación capital por el TTE le corresponde la determinación de la SF como “régimen coactivo”, etc.
Subrayemos entonces cómo la determinación cualitativa del concepto de SF incluye dentro de sí la determinación cuantitativa según el tiempo de trabajo socialmente necesario y del TTE. La forma de la relación capital se rige o sigue la ley de ciertos parámetros cuantitativos. Si Karl Marx nos presenta en la segunda parte del argumento del capítulo IX la forma del concepto de SF, de la relación de producción capitalista en su nivel básico, productivo es porque en su primera parte argumentó la ley que la rige en su devenir. Así pues, primero la ley y luego la forma de la relación.
Karl Marx realiza, pues, un análisis legaliforme. La forma es la ley que cohesiona o rige sintéticamente a los elementos que entran en ella pero podrían no entrar. La ley es la forma que rige al sucederse de las formas, cohesiona sintéticamente un conjunto de formas en sus variaciones. Tal es el doble significado del análisis legaliforme. La forma observa sincrónicamente al conjunto de elementos, la ley observa el desarrollo de las formas, etc.
Así pues, si la SF implica un puesto de mando y una relación coactiva sobre el trabajo y la necesaria personificación del capital para que cuide de la puntual efectuación del tiempo de trabajo socialmente necesario y del TTE. Y si ello obliga necesariamente a modificar el modo de producción capitalista; entonces, la SF como forma de relación de producción obligadamente debe variar y su modo de variación debe ser conceptualizado, siendo su modo esencial de ser y no algo sólo añadido. Veámoslo así: ¿cómo, de qué maneras, puede el capital mandar, coaccionar y ser personificado?, por ahora tenemos ya que la forma de la relación Capital y la SF es a la vez la ley de desarrollo de la sociedad. Abordemos la capacidad de variación de la SF y la relación capital.
c) El Desarrollo Histórico Genético de la SF y la Personificación del Capital (Movimiento Argumental B, Párrafo 12 a 13)
Para que exista esta forma de relación social, la capitalista, y por tanto la SF “es necesario que se concentre en manos de un poseedor de dinero o de mercancías un mínimo determinado de dinero o de valor de cambio”.
Se trata del mínimo necesario para lograr que el explotador de trabajo ajeno sea personificación del capital. Es decir, que la suma de plusvalía explotada según cierta tasa sea suficiente para tenerlo vivo, separado de las labores de producción directa y en disposición de reinvertir cierto excedente en el proceso productivo (ya sea para reproducirlo simple o ampliadamente, pero no menos).
Este mínimo –base y punto de arranque de la producción burguesa– depende de la masa de plusvalía explotable en una época dada a un cierto número de obreros empleables. Depende, pues, de cierta magnitud dada. Pero a su vez, esta masa de plusvalía depende de la tasa de plusvalía, la que directamente deriva de las condiciones técnicas materiales de la producción históricamente desarrollada; es decir, del grado de desarrollo cualitativamente alcanzado por las fuerzas productivas.
Así, “para impedir coactivamente la transformación del maestro artesano en el capitalista, el régimen gremial de la Edad Media restringió a un máximo muy exiguo el número de trabajadores a los que podía emplear un solo maestro. El poseedor de dinero o de mercancías no se transforma realmente en capitalista sino allí donde la suma mínima adelantada para la producción excede con amplitud del máximo medieval”.
Tenemos entonces que un cierto mínimo necesario de valor de cambio deberá ser concentrado; pero a la vez un tipo de fuerzas productivas, valores de uso de potencia productiva dada. Por ello es que este mínimo para que el capital inicie su marcha histórica y luego la prosiga es de suyo cualitativo, un mínimo cualitativo, un más cualitativo lo llamaría Ernst Bloch; de ahí que pueda a su vez provocar un cambio histórico cualitativo de modo de producción, si no esto sería imposible.
“Se confirma aquí, como en las ciencias naturales, la exactitud de la ley descubierta por Hegel en su Lógica, según la cual cambios meramente cuantitativos al llegar a cierto punto se truecan en diferencias cualitativas”.
Karl Marx se refiere aquí a la Ciencia de la Lógica en el apartado dedicado a “La Medida”. Para que exista el capitalismo es necesaria cierta medida (el mínimum cualitativo) de fuerzas productivas y de dinero concentrado en un propietario privado. Y a lo largo del desarrollo capitalista la medida del capital acrece, etc. El concepto de medida correlaciona a la calidad y a la cantidad. Si la cantidad es para Hegel la “cualidad superada” (es decir, repetición ampliada de esta cualidad, por tanto, su superación inmediata), la medida es la “cantidad potenciada”; una cantidad marcada cualitativamente y que determina el límite existencial propio de cualquier ser: todo ser existe en el universo en cierta medida limitada, etc.
Lo cual nos da la clave del terreno en el que se mueve Karl Marx en el capítulo IX: determinar la “medida” del concepto de SF, la correlación que le es inmanente entre sus componentes cuantitativos y cualitativos para existir.
“El mínimum de suma de valor de la que debe disponer un poseedor de dinero o de mercancías para transformarse en capitalista varía con las distintas etapas de desarrollo de la producción capitalista y, dentro de cada una de estas etapas, con las diversas esferas de la producción, según las condiciones técnicas especiales imperantes en cada una de ellas.”
Al respecto resaltemos, primero, el fuerte anclaje del valor capital en el valor de uso, (de las técnicas, etc.) para poder llegar a ser. Y, luego, resaltemos cómo el capítulo IV: “Transformación del Dinero en Capital” es recuperado en este capítulo IX: “Masa y Tasa de Plusvalía” pero determinando ya la medida del concepto de capital que en el capítulo IV sólo nos fue presentado en general; es decir, en su indiferencia inmediata o sólo externa y superficialmente diferenciado, primero frente a la circulación mercantil simple (M-D-M # D-M-D’) y luego frente a la fuerza de trabajo. La sección 3a, “La Producción de la Plusvalía Absoluta”, se ha ocupado de diferenciar interiormente en su esencia, el concepto de capital –a nivel de la producción inmediata– hasta culminar este análisis en el capítulo IX donde –como dijimos– se nos expone la medida del concepto de capital en lo que de SF tiene.
Ahora bien, dicho en una oración sintética: la correlación concreta de la cualidad y la cantidad ocurre en el desarrollo histórico. Y es este punto el que aquí nos interesa resaltar. La medida del concepto de capital y de SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital nos entrega la modalidad necesaria de sus variaciones. Pues éstas ocurren “según medida” o según “cuenta y razón” (Heráclito).
La dialéctica de la relación capital se concentra en su medida. Ahora podemos comprender el siguiente pasaje de Karl Marx donde culmina el movimiento argumental B (movimiento dedicado a mostrar sumariamente el desarrollo histórico genético de la SF):
“Ciertas esferas de la producción requieren ya en los comienzos de la producción capitalista un mínimo de capital que aún no se encuentra en manos de un solo individuo. Esto ocasiona, en parte, que se concedan subsidios estatales a dichos particulares, como en Francia en tiempos de Colbert y como en más de un estado alemán hasta nuestros días, y en parte la formación de sociedades que gozan del monopolio legal para la explotación de ciertas ramas industriales y comerciales, precursoras de las modernas sociedades por acciones”.
Estos son, pues, los limites de variación histórica de la SF; y tal es su necesidad dialéctica determinada y conocida por Marx y expuesta científicamente desde 1867.
En primer lugar tenemos, como ingrediente necesario de la relación capital y en particular de la SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, la injerencia del Estado en la economía burguesa a nivel productivo tanto para subsidiar como para conceder y siempre como personificación corporativa del capital social coadyuvante de la personificación individual, por ejemplo de las partes alícuotas y segmentadas del capital social.
En segundo lugar, tenemos el surgimiento necesario y muy antiguo de las compañías monopólicas al lado de las libre-competitivas. Marx también indica la existencia posterior de monopolios como rasgo de la SF. Por ello:
En tercer lugar, tenemos que surgen en cierto momento de desarrollo de la producción capitalista –ya bien conocido por Karl Marx– las sociedades anónimas (más o menos monopólicas) o sociedades por acciones “de nuestros días” dice Marx. Donde tenemos una tercera figura necesaria de la personificación del capital: la personificación anónima. La cual se entrevera con la personificación corporativa estatal del capital social y con la personificación individual, personal de segmentos aislados del capital.
Las Teorías sobre el Imperialismo han reprimido –sin excepción– la teoría de Marx sobre la SF y sus personificaciones correspondientes, en vista de presentar sus “descubrimientos” como novedades histórico-epocales. Pero ciertamente el texto de El Capital es mucho más rico y dialéctico, más apegado al desarrollo histórico real que las falacias fijistas y recortadas posteriores, en las que, por ejemplo, sólo es reconocida la personificación individual, personal, de segmentos aislados de capital para concedérsela a Marx. Y el resto de personificaciones –por lo demás mal pero profusamente “teorizadas”– se las adjudican los novísimos investigadores a las “novísimas” relaciones históricas capitalistas. Pero más bien la indicación de Karl Marx para servir a la lucha proletaria previene sobre la intervención estatal y el anonimato de la opresión y la explotación.
Ahora bien, es el mínimo o medida del capital el que determina cada vez el tipo o tipos de personificación de la SF, o si se quiere, el tipo de figura o forma de la SF que corresponde.
El desarrollo del capitalismo, al implicar en su curso una mayor medida de capital obliga a:
1) El desplazamiento creciente de la personificación individual, personal, etc., pero sin nunca aboliría del todo.
2) Su sustitución y competencia con unas personificaciones anónimas y corporativas (estatales) de creciente influencia mutua. Así, tendencia al crecimiento del Estado y del monopolio. Pero;
3) Que paulatinamente sea predominante la personificación anónima múltiple –sin importar la forma que ésta adquiera– por sobre la estatal. Y entonces tendencia a la economización creciente de la sociedad. La subsunción económica de todos los ámbitos sociales. Tal es la dialéctica tendencial de la SF en el camino que recorre desde las fábricas individuales hasta lograr dominar al todo social. Cada vez más la SF se globaliza, de manera que la SF de la sociedad va volviéndose cada vez más similar ya determinada por la SF inmediata.
La personificación del capital presenta, pues, tres figuras, la tercera de las cuales –la anónima– es la relativamente más adecuada. Pues muestra inmediatamente la explotación de plusvalía como una explotación de clase, como explotación anónima. Pero sólo el juego de las tres logra personificar-representar al capital adecuadamente en el curso del desarrollo. Pues en el juego de las tres se logra confundir al enemigo de clase; hacerlo caer en el fetichismo inherente a las relaciones burguesas; logra encubrirse la explotación de clase.
La personificación de las relaciones de explotación feudales era necesariamente personal, una explotación ligada al valor de uso alcanza personificación adecuada en la marca, el nombre, el sello señoriales, etc. Personificación “natural” y concreta (“ninguna tierra sin señor”) individualizada y directamente despótica. Mientras que la personificación capitalista adecuada es más bien anónima, colectiva, despersonalizada –sólo personalizada como momento efímero y funcional entre otros y en tanto figura posible de la atomización social– en correspondencia con el abstracto valor y el creciente plusvalor a explotar (y brota ya en ocasión de la SE). No es señorial, ni ligada a rasgos personales, pero su indiferencia hacia los contenidos puede mostrarse en el uso a discreción de signos, marcas, sellos señoriales; usados como máscaras y adornos de las mercancías capitalistas. La relación capital y la SF pueden vestirse el ropaje feudal (marcas y clichés de productos; estilos y calidad de los objetos producidos, etc.) o cualquier otro, variable y múltiple (aquí el lugar de la moda). En el mundo infinito de los clichés crece el anonimato. Ya ninguna diferencia artificial logra diferenciar más que funcional y efímeramente en vista de mejor reconectar la cadena de dominación (subsunción) impersonal. Y si crece a la vez la privatización y la personalidad de los dominadores (y de los dominados: egos exacerbados) se vacía cada vez más de contenido, más grande pero más vacía cada vez. Tal y como se trata de una personalidad ligada al valor y no al valor de uso.
Siempre intercambiable ya que lo decisivo es la explotación del abstracto plusvalor tomando diferentes caretas que en su transcurso y/o yuxtaposición confunden a todos los agentes sociales.
Tal y como la fórmula general del capital D-M-D’ (capítulo IV) lo representa: el valor es el contenido, principio y fin del movimiento; y el plusvalor creciente el sentido del desarrollo. Por donde la SF y la personificación añeja participan de la misma modalidad de desarrollo según varíe la medida concreta del capital en su despliegue histórico (capítulo IV).
El mando despótico de la producción, la promoción del plusvalor absoluto y plusvalor relativo y la racionalidad productivista y basada tanto en la tasa de plusvalía como en el tiempo de trabajo socialmente necesario puede ser ejercido según estas tres personificaciones referidas. De suerte que la SF del proceso de trabajo inmediato al capital se mueve en esta alternancia, paralelismo y secuencia de figuras. Tal es la dialéctica histórica genética forzosa pero bien flexible de la SF.
Por donde el limite general de su movimiento formal clasista lo constituye la consolidación del capital global frente al obrero global (Tomo I, capítulo XIV) (Gesammtkapital, Gesammtarbeiter). Indicado subrayadamente por Karl Marx y Federico Engels en el Manifiesto del Partido Comunista. (Y por Karl Marx desde 1844 en su Primer Manuscrito ), etc., etc.
En resumen, el mínimo necesario para la génesis histórica del capital se determina internamente en la correlación de la masa y la tasa de plusvalía y, por tanto, según una concreta combinación de dinero y de fuerzas productivas cualitativas concentradas en un propietario privado. (Primer argumento para que exista capital subsumiendo formalmente al proceso de trabajo inmediato). Además, el mínimo necesario, para la génesis constante de capitales –y por lo tanto, también en su génesis histórica– se determina adicionalmente en el curso del desarrollo histórico del propio capital. Las definiciones momentáneas de la correlación interna y contradictoria de tasa y masa de plusvalía y de valor capital y valor de uso (fuerzas productivas) se compensan al exteriorizarse o expresarse en una contradicción externa que posibilita el funcionamiento desplegado del capital: mediante intervenciones estatales y la creación de monopolios y “sociedades anónimas” que acrecen la tasa de plusvalía (monopolios etc.), incrementan la masa de excedente para echar a andar la producción (Estado) y concentran más capital dinerario en una empresa y se constituyen ya por ello en una fuerza productiva adicional, amén de las logradas por la socialización y crecimiento masivo del proceso productivo, etc. (Segundo argumento para que exista y se desarrolle capital subsumiendo formalmente de modo variado al proceso de trabajo inmediato).
Tal es el sentido general de la indagación de Marx sobre el mínimo, sobre la medida necesaria de capital. Tal indagación es ni más ni menos que la culminación de la indagación sobre el desarrollo histórico de la relación capitalista de producción y en particular de la SF. Sólo persiguiendo la medida nos es viable precisar las figuras posibles de desarrollo histórico de la SF., pues que dependen de aquella. Desafortunadamente, jamás lo han hecho los “teóricos del imperialismo”, incluidos los latinoamericanos.
¿Qué nos guarda entonces la correlación legal matemática entre la tasa y la masa de plusvalía (elementos parciales de la medida de capital) y que constituye el material del movimiento argumental inicial (A) del capítulo IX? Veamos.
d) El Desarrollo Estructural Funcional de la SF y la
Lucha de Clases (Movimiento argumental A párrafo 1 al 11)
Digamos de entrada: no la ley matemática sino la forma de desarrollo cualitativo funcional que ésta representa es lo importante. Esta forma de desarrollo funcional sólo es precisable mediante funciones matemáticas; por ello prima facie es expuesta de este modo. ¿Que otra cosa podría el capitalismo sino jugar sus contrastes históricos y funcionales en el contraste de cantidades miserables de trabajo explotado a la clase obrera correlacionados matemáticamente como si de funciones cósico naturales fisicalistas se tratara? ¿Qué otra cosa lo caracteriza si, la racionalidad abstractamente cuantificante le corresponde por esencia, etc.? Así pues, se trata de las leyes matemáticas de cómo se mueve el enemigo. Según esto Marx nos previene:
“Tendremos entonces esta primera ley: la masa del plusvalor producido es igual a la magnitud del capital variable i adelantado multiplicada por la tasa del plusvalor, o bien se determina por la razón compuesta entre el número de las fuerzas de trabajo explotadas por el mismo capitalista y el grado de explotación de cada fuerza individual de trabajo”.
Esta ley, así como las que la siguen –y que comentaremos más abajo a pie de página–, describen movimientos objetivos que marcan las alternativas y derroteros del capital. Describen la forma de desarrollo de la sociedad burguesa al modo de funciones matemáticas. Su función teórico crítica central estriba en prevenir a la clase obrera en medio de la lucha, pues describen un rasgo cualitativo y esencial determinante de la modalidad del enemigo; describen cómo se mueve el enemigo. Son leyes de movimiento, de comportamiento del capital.
Esta primera ley indica la posible elevación de la masa de plusvalía mediante la elevación de la tasa y, por tanto, en primer lugar mediante la prolongación de la jornada de trabajo o mediante su intensificación. Pero si esto no puede hacerse porque –por ejemplo– los obreros se opongan, el capital puede “compensar” este obstáculo aumentando el número de explotados. En ambos casos la explotación “crecerá” o en grado o en extensión. Los obreros no deben confiarse, pues. Su propia lucha si bien les preserva la vida es a la vez motor del propio capital para desarrollarse. (Cfr. p 369). De hecho estas leyes matemáticas concretan, lo que en el capítulo VIII “Jornada de Trabajo”, fue descrito: los movimientos históricos de la lucha obrera.
Puesto que los movimientos del capital para compensar o acrecer la masa de plusvalía son opuestos –según avance por la senda de aumentar la tasa de plusvalía o por la de extender el número de explotados– es fácil caer en su juego y no ver que es retrocediendo como avanza, etc. (Y variando, alternando, etc., las figuras de SF, según vimos en el inciso anterior). Fuertes sindicatos que oponen barreras al capital son a la vez instrumentos del propio capital –extrañado respecto de sí– que le posibilitan fortalecerse, decantarse, etc. –este fenómeno es el esencial, no la “aristocracia obrera” que puede o no haberla, tan traída y llevada por Kautsky –deformando a Engels y a Marx– y luego por Lenin para describir el comportamiento de la “nueva fase”. Por ello mismo la lucha sindical es también la base imprescindible y permanente de la lucha obrera, etc.
La cuarta ley que Marx formula –la segunda y tercera las hemos presentado a pie de página– sólo es válida para la forma de plusvalía que aborda en la sección 3a: la plusvalía absoluta. Y presentará modificaciones en la sección 4a: plusvalía relativa, etc. Por donde vemos cómo la SF se extiende más allá del dominio de la plusvalía absoluta, modelando su figura también mediante la explotación de plusvalía relativa. La cuarta ley dice:
“El crecimiento de la población configura aquí el límite matemático para la producción de plusvalor por el capital total social. Y a la inversa. Estando dada la magnitud de la población, ese límite la conforma la prolongación posible de la jornada laboral”.
Pero si las fuerzas productivas del capital incrementan su poder (su productividad) es posible transgredir ese límite. Pues de nuevo es posible modificar la tasa de plusvalía. Las barreras opuestas al capital para acrecentar o compensar la masa de plusvalía (en condiciones dadas, así como la tasa) puede saltarlas éste, según veremos, primero, mediante movimientos contradictorios, maniobras envolventes que toman a la clase obrera como instrumento de desarrollo, y segundo, mediante el desarrollo de las fuerzas productivas y la SR del proceso de trabajo inmediato al capital. Respecto del cual la clase obrera también es el instrumento que subraya la necesidad de un más poderoso desarrollo, industrial apto para combatirla a ella más eficazmente.
La dialéctica de la SF, y con ella de la relación capital, del dominio del capital sobre la clase obrera ocurre según desarrollos históricos paradójicos en medio de los cuales la clase obrera puede ser presa –ha sido presa– de inmensas trampas e ilusiones. Por ejemplo la octogenaria ilusión de las Teorías sobre el Imperialismo, etc.
Observemos que en vista de la lucha de clases es importante en primer lugar, demostrar el hecho de la explotación como rasgo definitorio, cualitativo del capitalismo (inicio de la SF). Marx avanzó esta demostración en el capítulo V: “Proceso de Trabajo, y Proceso de Valorización” y la postuló como la razón constitutiva, la lógica específica de la relación capitalista en el capítulo VII: “Tasa de Plusvalía”.
Esto es lo primero a descubrir y denunciar. Frente a esto es secundario determinar ¿qué tanto me, te, nos explotan? La magnitud, la tasa real y la masa real de explotación de plusvalía. Y por supuesto no es esa la función principal de las fórmulas y leyes matemáticas del capítulo “Tasa y Masa de Plusvalía” –aunque también sean útiles– al respecto. Su función principal previene los escollos e ilusiones de la lucha de clases en el curso del desarrollo histórico del capital indicando que éste se desarrolla precisamente en el calor de la lucha contra el proletariado y del proletariado contra él. Mediante un brazo que lo golpea es que el capital se desarrolla.
Y además que la única salida contra la explotación es la transformación radical de las condiciones de producción burguesas que sustentan la explotación y la existencia, también de estas cuatro leyes referidas.
Si los obreros creen que mediante la limitación de la jornada de trabajo se acaba la explotación; o mediante la obtención de mejores condiciones de trabajo, salud, ocio, etc. –o si ello es también ilusión de los intelectuales socialistas, etc.– estarán equivocados y el movimiento real cósico económico los sacará de su error una y otra vez. El capital encuentra la manera acorde con su propia lógica contradictoria expresada en rigurosas leyes matemáticas– de crear las condiciones que permitan una mayor explotación de plusvalía y la ex tensión y afianzamiento de la SF mediante su remodelación (“cambiemos para que todo siga igual”).
Todo esto es lo que indica el capítulo IX y sobre todo en las leyes mediante las que K. Marx esboza el desarrollo histórico capitalista; según las cuales las luchas proletarias son útiles –no sólo para éstos sino mediadamente para el capital; son un mecanismo del desarrollo funcional de éste. Todas las luchas son útiles para agrandar el cerco.
La Revolución Comunista es en principio idéntica al desarrollo de la acumulación de capital y no cabe hacerse ilusiones. El desarrollo de la acumulación de capital se opera mediante el desarrollo de la revolución comunista. La clase obrera forzosamente debe desplegar todas sus potencialidades y forzosamente le serán expropiadas por el capital una y otra vez. Forzosamente porque es cuestión de vida o muerte.
Pero de ninguna manera tendremos otra fuerza capaz de destruir al capital que la de la clase proletaria. La terrible paradoja es constitutiva de la SF y olvidarla significa caer en las contrapuestas ilusiones del movimiento real e ideológico del capital.
En el curso de esta lucha progresivo-alienante el proletariado cada vez más idéntico con el conjunto de la sociedad –tal y como la dialéctica de la SF describe– el proletariado, decía, y la revolución comunista puede desarrollar su autonomía frente a la acumulación de capital y destruir la SF y la SR del proceso de trabajo inmediato al capital. La autonomización del sujeto revolucionario puede constituirse ahí.
Creer que las sociedades por acciones, o la intervención estatal y en general la estatalización de la economía y la monopolización de la producción y el mercado son los verdaderos signos de destrucción y decadencia del capital, o bien por el contrario, los signos de su afianzamiento armónico definitivo, etc., es equivocarse de palmo a palmo respecto de lo que es SF del proceso de trabajo inmediato al capital y lo que significa “dominar” en términos capitalistas. Ilusión contrapuesta presente en las distintas versiones de la Teoría sobre el Imperialismo a excepción de H. Grossmann.
Resumen Final
Karl Marx en su capítulo IX: “Tasa y Masa de Plusvalía” nos ha presentado en primer lugar el código general de la forma del desarrollo estructural funcional de la SF determinante e inclusivo de la lucha de clases como su motor interno. Y que lleva al capital a transformar el modo de producción inmediato (SR).
Asimismo nos ha presentado lo propio sobre el desarrollo histórico genético de la SF determinante e inclusivo de las varias figuras de SF posibles especificadas por las diversas personificaciones útiles al capital.
Con todo ello queda descrita la forma de la relación capitalismo y de la SF en su dialéctica concreta o en su legalidad. La que es dependiente, en cada caso, de la medida del capital.
Por donde sumariamente el objeto teórico del capítulo IX es: la determinación de la medida del concepto de SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital y con ello de la base esencial de la relación capitalismo.
En torno a esta medida se juega la modalidad de desarrollo dialéctico cualitativo-cuantitativo del capitalismo. La SF es pues, ni más ni menos que la matriz fundamental para comprender el desarrollo capitalista.
No es pues la “cualidad” y la “cantidad” de la relación capital lo que interesa sino su ley y su forma y ambas contienen elementos cualitativos y cuantitativos.
El capitulo IX según esto, se ocupa de correlacionar las determinaciones cuantitativas y cualitativas del capital y precisamente al modo de correlacionar la forma general de la relación capitalismo (SF) (movimiento argumental C) con sus leyes de movimiento (movimiento argumental A y B). Y es el desarrollo histórico concreto el que establece prácticamente esta correlación determinando figuras precisas de SF (movimiento argumental B que por ello conecta a los movimientos A y C). La teoría de Marx puntualiza estos distintos niveles de realidad construyendo así un análisis legaliforme del desarrollo capitalista.
Así pues la SF es la matriz para comprender el desarrollo capitalista. Y en lo que antecede hemos ofrecido la demostración de este hecho.
Sólo rescatando la riqueza de esta argumentación (legaliforme) se es consecuente con el principio básico de la Teoría de la SF y SR. Retomando la dialéctica no sólo de la SR sino también de la SF, cuyos hitos principales me permito remarcar: la forma de la relación de producción llamada SF es ley de desarrollo del capital; no sólo restringible al proceso de trabajo inmediato sino englobante de toda la estructura económica capitalista; la personificación es expresión de la especificidad de las figuras económico objetivas de dominio o de SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, por tanto constituyen la mediación sintetizadora de la “economía” y de la “política” y de su desarrollo respectivo; la lucha de clases es fuerza productiva subsumida al capital, que lo desarrolla globalmente (economía, política y sobreestructura) pero puede destruirlo, no se reduce a determinaciones capitalistas, puede excederlas una vez alcanzada cierta medida de desarrollo de la lucha de clases determinada por la medida de desarrollo de la SF. La primera condición positiva para que ocurra la liberación es el reconocimiento de la total servidumbre fuera de toda ilusión bajo el látigo del capital. Obsérvese que la construcción de las fórmulas matemáticas ha servido para basamentar las leyes cualitativas del desarrollo histórico burgués. Y es que Marx aborda con la SF no un problema estático sino cualitativo que deberá indicar no sólo el presente de la relación burguesa sino su forma de movimiento, su forma de desarrollo histórico posible. Y sobre todo, ya que se trata específicamente de la relación capitalismo (y de la SF) esta forma de desarrollo debe ser puntualizada mediante el análisis cuantitativo.
No es pues que el instrumental matemático sea neutral e imprescindible para el análisis científico de las sociedades, predicciones incluidas. Más bien ocurre que Karl Marx le da una forma especial al análisis matemático que le posibilita a la vez que hablar de sumas, restas y funciones matemáticas, hablar a partir de ellas y mediante ellas del desarrollo histórico funcional cualitativo tanto económico como político (aquí la función crítica de las personificaciones) del capitalismo.
La forma especial que Marx imprime a su análisis matemático no es caprichosa o forzada. Pues primero, corresponde al nivel de análisis del capítulo IX donde debe determinarse la medida del concepto de SF y de relación capitalismo. Y así, es acorde con la esencia misma de lo que es SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital. Segundo, en general, las funciones matemáticas posibilitan la delimitación de la estructura de desarrollo funcional de todo organismo; pero tercero, sobretodo la SF y la relación capital son formas sociales basamentadas y constituidas sobre una lógica cuantitativista. Ya que se trata en ellas de relaciones de autonomización del valor y del valor que se valoriza, Así, no es que el análisis matemático sea neutral y utilizable tanto para las Ciencias Naturales como para las Ciencias Sociales, sino que la sociedad burguesa presenta una estructura material de relaciones esencialmente cosificadas análogas, entonces, a la estructura fisicalista del objeto teórico de las Ciencias Naturales. Incluso la Biología se enfrentaría a un objeto natural mate matizable en vista de describir su desarrollo orgánico.
Pero una sociedad como la comunista; como la descrita en la “Crítica al Programa de Gotha”, que inscribiría en sus banderas el cualitativísimo lema “de cada quien según sus capacidades y a cada quien según sus necesidades”, etc., y donde el hombre sería fin absoluto para el hombre etc., no podría ser descrita en su modalidad de desarrollo según fórmulas matemáticas más que parcialmente (en lo correspondiente a parte del “reino de la necesidad”) si bien sea posible indicar mediante los signos lógico-matemáticos en un álgebra bastante simple las proposiciones en las que ocurre el desarrollo social. Indicar así, precisamente, su incuantificación. Pues la medida del concepto de sociedad comunista en oposición a la medida del concepto de SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital presenta la característica de, precisamente, trastocarse cada vez; estar en incremento permanente pero según un patrón inmanente diverso cada vez; no medible más que aproximadamente con el patrón preestablecido (“Formen”). Pero el patrón preestablecido, el patrón de medida, es la premisa de toda cuantificación, etc.
Todo ello sale fuera ya del ámbito de la medida de la SF. Por ello es importante para combatirla y subvertirla. Por ello es esencial para la organización y la estrategia revolucionaria. Es en torno a esta relación especificante, comunista, que es posible medir el desarrollo de la autonomía del movimiento proletario. Pues es cuanto más pueda girar en torno de ella que demuestra autonomía frente a la acumulación de capital. Evidentemente ello no es posible por capricho, sino condicionado por el desarrollo de la SF y la SR capitalista y la lucha económica y política que las combate y les es constitutiva.
Sólo lo que sobre estas condiciones se erige y las excede, permite la autonomía del movimiento revolucionario comunista. Las diversas crestas de la ola, crestas internacionales, crestas de diversas corrientes revolucionarias, crestas de diversidad de acciones –tanto teóricas como prácticas, tanto productivas como improductivas, etc.– deben y pueden ser coordinadas, y así potencializada, su eficacia y autonomía contra las relaciones de producción burguesas. Deriva de aquí una política revolucionaria, no sectaria y multívoca, a la vez realista radical y nunca desvinculada de la meta final del movimiento.
Ahora bien, con la represión de la teoría del desarrollo de Karl Marx y en especial de la SF y la SR mediante la sustitución por la ideología de las Teorías sobre el Imperialismo, también quedó reprimida la alternativa política revolucionaria hasta en el estilo. Fue erigida en su lugar una política cosificada e informada por algunos de los rasgos contradictorios de la SF y la SR. Por eso mismo, porque atentaba contra otro aspecto parcial de la SF y la SR y a la vez porque así las desarrolla y por tanto parcialmente las modifica. Fue por ello erigida una política cosificada, informada por alguno de los rasgos de la SF y la SR como si fueía la propia del movimiento proletario.
Esta variada política que ha canalizado al movimiento revolucionario durante 80 a 90 años es ni más ni menos que un brazo de la SF del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, del dominio esencial del capital sobre el todo social.
Cierto que no nos es posible combatir al capital sin ser hasta cierto punto un brazo práctico de sus mecanismos de desarrollo. Pero, justamente por ello la primera condición de la práctica revolucionaria, auténtica es la construcción crítica de una teoría revolucionaria. Evidentemente, es posible la autonomía teórica y práctica del movimiento revolucionario; pero esta autonomía posible está condicionada material e históricamente. Puede ser hoy el momento de reconstituir la autonomía del movimiento revolucionario. Invito a pasar en el siguiente capítulo a una breve discusión sobre el concepto de Crítica de la Economía Política dejado también de lado por las Teorías sobre el Imperialismo.
No podemos concluir este capítulo y la reseña del capítulo IX (último de la sección 3a) del Tomo I de El Capital titulado “Tasa y Masa de Plusvalía” sin mencionar lo siguiente:
Toda la sección 3a dedicada a describir la estructura de la SF del proceso de trabajo inmediato al capital en tanto que ésta puede ser determinada en el análisis de la plusvalía absoluta como método general de extracción de plusvalor no menciona nunca, sin embargo, el concepto de SF; ni siquiera el capítulo IX lo hace, no obstante dedicarse a hacer un balance de todo lo visto y a señalar cualitativamente las funciones que atañen a la relación capitalismo en tanto relación de dominio y subordinación del proceso de trabajo inmediato, etc., aún sin modificar su contenido, etc.
Ciertamente, sólo el capítulo XIV: “Plusvalía Absoluta y Plusvalía Relativa” y que se encuentra más allá de la sección 4a “Plusvalía Relativa” presenta explícitamente el concepto tanto de la SF como de la SR, correlacionándolos diferencialmente con los de plusvalía absoluta y plusvalía relativa. Sólo la mirada retrospectiva parece poder permitir pronunciar los nombres de aquello que mantiene preso al proceso de trabajo inmediato y a la conciencia de los individuos sociales.
Dejemos así en todo caso, al mismo tiempo que determinada, también abierta la cuestión sobre la SF y la SR: abierta a la discusión y a la investigación.
Ya que determinada en su estructura y determinada como lo esencial a discutir a propósito del desarrollo capitalista, etc.
Capitulo II
LA CRITICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA COMO FORMA
DISCURSIVA NECESARIA DE UNA AUTENTICA TEORIA
DEL DESARROLLO CAPITALISTA
1. No ha habido Crítica de la Economía Política. Las Teorías del Imperialismo presas del Fetichismo de las Relaciones Burguesas
La Crítica de la Economía Política es en primer lugar un modo específico de producir verdades críticas, bien reglamentado y organizado, bien armado para trabajar con el material cósico-fetiche que ofrecen las relaciones burguesas. Fetichismo del que las Teorías sobre el Imperialismo rara vez se percatan y del que constantemente son presa acrítica.
Así, no se crea que sólo el contenido crítico esencial SF y SR de la teoría de Marx falta en las Teorías del Imperialismo. Estas aunque presididas por una intención crítica económica de ningún modo han sabido ver siquiera que Marx construyó una forma discursiva especifica completa en vista de realizar y no sólo dejar en intención la crítica total del modo de producción burgués.
Ciertamente Marx debió construir acuciosa y metódicamente esta forma discursiva en tanto que objetivamente la fetichización de las relaciones burguesas es sistemática y esencial a su funcionamiento, tal y como lo indica el parágrafo 4 de El Capital, Cap. I, T. I. “El fetichismo de la mercancía y su secreto”, etc. Así pues las Teorías sobre el Imperialismo están irremisiblemente presas en el fetichismo de las relaciones burguesas.
2. La crítica de la Economía Política como Crítica Radical y Total y el Parcialmente Crítico Discurso Burgués
La Crítica de la Economía Política como forma discursiva decantada es la condición esencial de una auténtica crítica revolucionaria de la sociedad; y en tanto dirigida contra la sociedad de la total enajenación, cosificación y fetichización de las relaciones sociales sólo puede ser auténtica si es crítica radical o encaminada a liberar a los individuos concretos (fundamento humano de la sociedad) desde su fundamento productivo y reproductivo (el conjunto de fuerzas productivas y relaciones de producción); por donde sólo puede ser radical si a la vez es critica total (no economicísta, productivista, politicista, culturalista, etc.) y teórico práctica.
Si esta forma discursiva rigurosa ha faltado, lo que hemos tenido con las teorías del Imperialismo sólo ha podido ser en el mejor de los casos una crítica parcial (ora economicista, ora politicista, etc.) pero de hecho el propio, discurso burgues es profundamente crítico, como ya supo demostrarlo Marx en “La Sagrada Familia o Crítica de la Crítica Crítica. Contra Bruno Bauer y Consortes “ (1845).
Y es un discurso profundamente crítico el discurso burgués, en tanto que es la expresión de las condiciones burguesas de producción; las cuales son contradictorias esencialmente y se enajenan y se autonomizan extrañándose unas respecto de otras como mecanismo de su propio desarrollo unitario bajo la égida del capital social.
Así unos autores critican a otros y otros a otros ad infinitum y sin llegar a fundamento.
El movimiento total de críticas parciales desglosadas e interenfrentadas, en el que las teorías del imperialismo toman en el siglo XX un lugar privilegiado, cumple una función desarrollante y decantante para el propio capital.
Así es como encuentra nivel, principio de realidad, consenso y arraigo, aceptación entre las masas y entre los intelectuales, bien que a regañadientes. O bien obnubilan la conciencia de los participantes mediante ópticas unilaterales y que los subsumen en una postura reaccionaria, liberal, o bien de izquierda sectaria, imposibilitada para trascender al capitalismo, de suyo más universal, culto y multilateral que ella. Sobre todo, más poderoso que el magro conjunto sectarizado que mediante su óptica unilateral pudo recuperar para sí la izquierda. Así llegamos al siguiente resultado histórico:
3. Las Teorías Sobre el Imperialismo como Equivalente General Ideológico y Herramienta del Desarrollo Capitalista
Herramienta de desarrollo del capitalismo, eso han sido las teorías del Imperialismo: un hecho social. Y han brotado y se han “perfeccionado” como hecho social del mismo modo que el dinero, equivalente general económico. Ellas equivalente general ideológico de la circulación subordinada de la ideología de la izquierda, se han decantado igual: queriendo ser cada una el equivalente general respecto del cual todas se midan y que guíe o mediatice todas las acciones prácticas, útiles, a realizar, todas las tácticas y todas las alianzas.
Al igual que respecto del desarrollo histórico del dinero, el desarrollo histórico de las Teorías del Imperialismo es necesario e inintencional y sus agentes, como los portadores de mercancías que les llevan al mercado: “no lo saben pero lo hacen”. Son la personificación de relaciones históricas que se gestan y se despliegan a sus espaldas y los toman como herramienta a ellos mismos... un desarrollo acrítico del modo de producción burgués el cual ha hecho de nosotros lo que ha querido. Esa es la trágica paradoja histórica y doctrinal:
4. La Historia Crítica de la Tecnología como Fundamento de la Crítica de la Economía Política. Dos Carencias que son una
En las Teorías sobre el Imperialismo falta, pues, no sólo la Teoría de la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, sino también la Crítica de la Economía Política. Ahora bien, no se trata de dos carencias exteriores una respecto de la otra y luego simplemente sumadas. La forma discursiva precisa de la Crítica de la Economía Política estriba centralmente en su interés por el fundamento real y por la fundamentación discursiva. Es crítica por cuanto hace valer frente a la Economía Política lo que ésta acepta acríticamente. El fundamento es el proceso de trabajo inmediato y la Economía Política lo subsume acríticamente en el proceso de valorización, en la propiedad capitalista al modo en que el propio capital lo hace prácticamente.
“Pero observemos por el contrario que el tratamiento crítico de la tecnología es logrado por Marx en la medida en que podamos distinguir modalidades distintas de técnica, en lugar de creer fatalmente que las técnicas dadas y más o menos nocivas y deformantes de la actualidad (pues hijos del capital al servicio del acrecentamiento de la ganancia) son la única posibilidad material natural para el progreso y sobrevivencia de los hombres. La crítica de la supuesta neutralidad y naturalidad de la técnica es posible cuando podemos construir positivamente el concepto de los diversos modos de técnica posibles.
Tal es el objeto de la Historia Crítica de la Tecnología y le es dado afrontarlo en gracia a que pone en relación inmediata y esencial a la técnica y a la cooperación laborante.
“De manera que según sea la relación de los componentes tenemos un modo diverso de fuerzas productivas, el que a su vez está condicionado materialmente por la figura de la técnica: allí, en tercer lugar, tenemos la posibilidad de construir el concepto crítico de la modalidad de técnica a partir del de la modalidad de fuerzas productivas y proceso de trabajo”.
De tal suerte debemos concebirá “la Historia Crítica de la Tecnología como corazón de la Crítica de la Economía Política y de la Crítica Global de la sociedad”, de la crítica del modo de producción en su totalidad.
Por ello, imposible hacer la Crítica de la Economía Política después de Karl Marx sin retomar a la Subsunción Formal y a la Subsunción Real rigurosamente. De hecho en esa teoría Karl Marx concentra su concepción de lo que es en general fundamento.
No es casual que las Teorías sobre el Imperialismo carezcan sobre todo de una forma argumentativa coherente: sean carentes de fundamento y aún de la preocupación por fundamentar.
Así, no resulta casual que hacia 1965, Luis Althusser (neoestalinista) gaste páginas en indicar que eso del fundamento y del fundamentar es algo metafísico, tan ideológico y metafísico como eso del sujeto y el objeto, la apariencia y la esencia, etc., (de hecho los conceptos críticos generales de la Crítica de la Economía Política), etc.
“El caso es que las fuerzas productivas para Marx incluyen tanto a los instrumentos técnicos, etc., como a los sujetos y, por antonomasia la fuerza productiva más grande es la clase revolucionaria”
Según reza la página final de la Miseria de la Filosofía (1847).
“Este doble fundamento unitario constitutivo de las fuerzas productivas –y donde la técnica ocupa un lugar al lado de la cooperación laborante de los hombres– es lo que confiere, desde la base, toda su flexibilidad al planteamiento, así como su firmeza; la tecnología es el fundamento objetivo; la cooperación humana, el subjetivo. El fundamento total de la sociedad humana, el proceso de trabajo (unidad de factor subjetivo y objetivo) es necesariamente doble y procesual renovante: las fuerzas productivas”.
“Es por esto, por lo que el encuentro del fundamento real y dinámico (doble y –según veremos– circular) de la sociedad es el que permite la fundamentación teórica suficiente de la crítica científica y revolucionaria de la economía y la sociedad. Sin ello la “Crítica de la Economía Política” no pasa de ser una ilusión presa en la economía burguesa”.
Todo el productivismo, economicismo, tecnologicismo, derivan de no saber qué es el fundamento y de no abordar al fundamento productivo de la sociedad críticamente o fundadamennte. A su vez, para complementar esta primera unilateralización, y así potenciarla no es casual que se añada el politicismo, el culturalismo; y en general las distintas corrientes marxistas –y no marxistas, pues, de hecho, son características del discurso burgués en general– no pueden superar el determinismo o bien cuando se ponen “libres”, la incoherencia.
La sociedad burguesa encubre fetichistamente sus fundamentos y ello se expresa en la ideología en diversas formas tautológicas o apriorísticas de argumentar, en yuxtaposiciones entre lo general y lo particular, etc. El irracionalismo constituye, desde la base, al discurso dominante pero es una y otra vez recubierto de emplastos de razón. Por donde luego parece ser la razón la enemiga de la libertad. El cientificismo, el empirismo, el formalismo, el nihilismo, o el positivismo, etc., son otras tantas formas de irracionalismo. Así:
“La dificultad intrínseca para la construcción de la Historia Crítica de la Tecnología estriba, precisamente, en que la tecnología es el fundamento material del todo social que se desarrolla, de donde su crítica es la premisa de la crítica global de la sociedad incluida la crítica de la economía.”
El fundamento material del todo que se desarrolla; es decir, aquello por donde se inicia todo movimiento social pero que a la vez –subrayémoslo pues es esto lo que se olvida– en lo que redunda, cristaliza o resulta el conjunto de acciones y efectos. Nada menos, entonces que aquello a la vez no sólo inicial e inmediato sino también globalizador y unificante de toda la dinámica social. Por ello, en la tecnología quedan resumidos final e inicialmente los trazos básicos, los objetivos propuestos y los medios con los cuales lograrlos. Aún más, no sólo los medios, sino que también en ella se resume el contorno material del modo, de la forma social global: su racionalidad específica.
Del hecho de que la técnica, las fuerzas productivas, la producción y aún la economía son el fundamento, se retiene –comúnmente– sólo que están a la base y son el inicio y se olvida, se pierde, la procesualidad circular de todo auténtico fundamento. Aquello que lo habilita como tal, pues comprende o engloba a todo el movimiento tanto por iniciarlo pero también por resumirlo. Ahora bien, la defectuosa concepción de lo que es “fundamento” proviene doctrinalmente del materialismo mecanicista positivista preso del sentido común deformado propio de las relaciones burguesas bien centradas en el fetichismo.
Es esta reducción del papel de la técnica la que paradójicamente deriva en tecnicismo, en determinismo economicista y productivista. Pero una vez que los teóricos han tocado este peligro, con menor razón quieren profundizar y darle más peso a la técnica. Por el contrario se opera el error opuesto pero complementario: el culturalismo y el politicismo, los cuales buscan contrapesar el economicismo pero sin superarlo realmente. Pues su raíz mutua queda inmodificada: la reducción de la función fundamental de la técnica y la reducción a mero bloque fijo y puesto dogmáticamente en la base de lo que en general significa fundamento. Así, la equivocación sobre el fundamento material (la técnica) redunda en equivocación, respecto de lo que significa fundamento lógico general, fundamentación argumental.
No casualmente poco antes de su muerte Engels recibe varias cartas de los marxistas de entonces, cuyas preguntas van encaminadas a resolver la relación entre la base y la sobreestructura (recuérdese la célebre carta a Bloch). Pero en las que ya se ve el terror que causa la “base” en particular, la técnica; de suerte que cuanto antes pueda justificarse la salida, mejor”.
4.1 Las Teorías del Imperialismo: ¿Revolución sin Fundamento?
La Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital son nada menos –según dijimos en el Cap. I– que el concepto que permite comprender la conexión de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, su relación y diferencia. Hasta ahora sólo champurreadas, mal pergeñadas. Y subrayémoslo, el ámbito propio de estos conceptos y esta conexión son las relaciones de producción en su nivel más inmediato o determinante de la estructura formal y técnica del propio proceso de trabajo, de la propia fuerza productiva. Por donde asimismo son el centro intelectivo de la Historia Crítica de la Tecnología y por ello de la Crítica de la Economía Política y la Crítica Global de la sociedad. Son radicalmente –y si la historia conduce como hoy a ese extremo– la relación de producción predominante a transformar en vistas de la revolución social.
A las Teorías del Imperialismo les falta, para ser críticas, el verdadero fundamento y en general, fundamentar. (Verbo casi olvidado) Son tangentes a la revolución de los fundamentos.
5. El Fundamento, la Revolución Comunista y el Valor de Uso en la Crítica de la Economía Política. Los Errores de las Teorías del Imperialismo
Veamos ahora sumariamente –una vez indicadas las consecuencias teóricas, políticas e históricas de su ausencia–, en qué consiste la Crítica de la Economía Política como forma discursiva rigurosa y posibilitante de la crítica global de la sociedad burguesa, (De todas maneras, en otros capítulos –y ya en el anterior– señalamos diversos comportamientos de las Teorías sobre el Imperialismo revocantes de la Crítica de la Economía Política, asimismo otros rasgos de ésta.):
1. –El punto de partida que posibilita la superación de la Economía Políticay, por tanto, su verdadera crítica, es el que plantea a la relación hombre/naturaleza como originaria y esencial y que concibe esta relación esencial en cuanto esencial– como práctica y social.
2. Tanto la crítica a la filosofía burguesa como la Crítica a la Economía Política burguesa –vale decir, la crítica tanto de la sobreestructura como de la base burguesas– parten del mismo punto: del fundamento positivo y práctico, de la unidad original y esencial del hombre y la naturaleza; postulado que rescata la especificidad del ser humano y, a la vez, su materialidad. Rescata su ser esencial en este doble sentido: material y específico.
La crítica a una y otra esfera (Economía política y filosofía/base económica y sobreestructura) es posible partiendo del mismo punto de partida; esto es así, pues la filosofía no es sino la expresión enajenada de la Economía Política. De modo que, la relación que media la base y la sobreestructura burguesas es descrita por el concepto de enajenación.
Ahora bien, estas dos tesis pueden resumirse del siguiente modo: el punto de partida de la Crítica de la Economía Política postula el fundamento positivo de la sociedad como premisa básica; la Crítica de la Economía Política es la forma bajo la que, necesariamente, puede darse la críticas global del capitalismo, tanto a su teoría como a su práctica. Ambas tesis serán matizadas en lo que sigue.
Pero antes indiquemos que Karl Marx construyó rigurosamente su forma discursiva en los Manuscritos de 1844 y que en La Sagrada Familia (Cap. IV, parágrafos 3 y 4) resumió puntualmente las características de su arma crítica diferenciándola de otros discursos críticos. [Como los socialistas;135 la propia economía burguesa y el discurso crítico hegeliano, etc.] De hecho esta forma discursiva (la CEP) tiene como contenido constructivo un renovado método o racionalidad superadora de la burguesa.137
Tanto de la forma como del método que la constituye y dinamiza he hecho con anterioridad un comentario pormenorizado al que remito al lector interesado.
Maticemos ahora sí, lo precedente:
a) En primer lugar, el fundamento positivo de la sociedad es para Marx la comunidad de individuos libres ligados (por tanto en cooperación) y dueños de sus condiciones materiales de existencia o riqueza, autónomos y autodeterminantes de su forma de producción, reproducción y desarrollo. Así que el núcleo primero de este fundamento –su fundamento interno– es el proceso de trabajo y de reproducción biológica. Pues concentra en sí la primera comunidad intersubjetiva e interconectada de medios y naturaleza. A su vez –más que el proceso de reproducción biológica– es el proceso de trabajo inmediato productor e inclusivo de los medios de vida (tanto de consumo como de producción) el elemento determinante del todo bien fundado.
En segundo lugar, paso a matizar las dos tesis precedentes siguiendo el argumento marxiano de La Sagrada Familia; el cual se sucede al modo üe postulados interconectados y comprensibles de suyo, ya indicativos de cómo y qué es la Crítica de la Economía Política, pero que dejan cierto cabo suelto esencial aún en la sombra, de suerte que sólo los siguientes postulados construidos del mismo modo nos permiten resolver en verdad lo que los anteriores ya indican cómo debe ser:133 bis Así:
1) La Crítica de la Economía Política debe criticar a ésta como un todo y no hacer sólo meras críticas parciales. Debe ser la crítica de sus formas básicas (propiedad privada) pero, debe completarse asimismo, con la crítica de sus formas complejas (salario, comercio, capital, banca, etc.). Debe criticar, pues, todas las formas transfiguradas de relaciones sociales y su núcleo esencial. Debe entonces ser tanto crítica de la economía política clásica, como de la vulgar. Sólo así, puede salir fuera de las premisas que la economía política toma como eternas.
137 Ibídem. Cap. IV (del plan expuesto en la Introducción de este libro “Comentario ad
Introducción de 1857.”
133 bis Se trata, de hecho, de una forma argumentativa determinada según el principio de razón suficiente de Leibniz, tan admirado por Marx. Pero, sobre todo, es de observarse como Marx lo especifica al hablar del proceso de producción, precisamente, pasando a relacionar frases precisantes sobre previas al modo de un proceso de trabajo que recayera sobre una materia prima o previo proceso de trabajo. De suerte que esta labor posterior propiciará la transformación de lo dicho.
De aquí deriva el problema, la pregunta central: ¿Cómo se posibilita esto, es decir, hacer la crítica total y por lo tanto totalmente fundada?
2) La Crítica de la Economía Política no trata el problema de la relación entre las categorías de la Economía Política –incluso de su categoría central: la propiedad privada– con el resto (el resto de las categorías no son sino simples modalidades de la propiedad privada). La Crítica de la Economía Política trata más bien de la relación de la propiedad privada y sus modalidades; tanto a nivel teórico como práctico (relación que se nuclea en tomo al fetichismo de las relaciones burguesas). Así, para ser total la Crítica de la Economía Política aborda, pues, el problema de la relación de los siguientes dos términos: por un lado, la Economía Política como un todo y la sociedad burguesa; por otro lado, la revolución comunista. Esta sí que es la relación que le interesa desentrañar fundamentalmente a la Crítica de la Economía Política. Desentrañar esta
relación implica la crítica global de la sociedad burguesa. Sólo desde y por este hecho práctico en curso es posible el cuestionamiento de la cosificación y el fetichismo de las relaciones sociales. Y en vista de criticar a la sociedad burguesa como un todo o desde la perspectiva de la revolución comunista es necesario estudiar las premisas de ese todo: la sociedad burguesa.
Este procedimiento descriptivo fundamentante de Karl Marx –al que nos referimos– es muy diverso del de aquellos dogmáticos que han intentado “aplicar” la crítica ulteriormente partiendo de “reglas” fijas pero falsas no por su firmeza (o “fijeza”) sino por su falta de fundamento. Así, de hecho desde diversos lugares se oyen voces actualmente que invitan, o aún conminan a llevar a cabo la Crítica de la Economía Política. Después de lo cual se apresuran a definirla –ante la azorada y cuestionadora cara del interlocutor– como crítica de la realidad económica burguesa y de la teoría económica burguesa tanto en su versión clásica como vulgar y sus variantes actuales. Luego ante la pregunta: “bueno sí, pero ¿desde dónde hacer una tal crítica doble?”, la contestación prepotente es: “desde el punto de vista proletario y con rigor científico”; lemas importantísimos, pero devenidos huecos pues les falta el contenido que los determina como tales, el conjunto argumental que las fundamenta y que finalmente se asienta en la Historia Crítica de la Tecnología.
b) Por eso es que cabe sintetizar, para que el lector capte de golpe el procedimiento de Marx al presentarnos las sucesivas condicionantes sin las cuales la buscada crítica total sería imposible:
1°. Debe ser crítica total.
2°. Para serlo debe ser crítica de las relaciones básicas y de las complejas de propiedad privada.
3°. Y para lograr esto debe ser crítica de su expresión teórica y práctica.
4°. Pero para poder realizar esta crítica así totalizada sólo puede hacerlo si es crítica de la relación entre toda la sociedad burguesa (base y sobreestructura incluidas) y la revolución comunista. Sólo así es posible criticar globalmente cada categoría y cada relación singular por ella expresada. Es por ello que la inclusión de categorizaciones no marxistas para la critica de las economías latinoamericanas no es una operación nada simplista –como hasta ahora se ha instrumentado– y es casi más sencillo crearlas ortodoxas desde su base (un añadido cepalino o keynesiano etc.; fácilmente saca de madre una rigurosa teoría del plusvalor, etc.).
Así la Crítica de la Economía Política se constituye como una múltiple crítica de relaciones de producción. Crítica de las relaciones básicas, crítica de las relaciones complejas; crítica de la relación en que ambas se producen y conectan; pero asimismo crítica de las relaciones en que se producen y conectan todas las categorías entre sí y, luego, crítica de la relación entre éstas y la realidad. En conjunto ello constituye la crítica de la sociedad burguesa, del conjunto de sus relaciones positivas constitutivas tanto teóricas como prácticas. Por ello este conjunto de relaciones mediante las cuales la sociedad burguesa se produce, esta crítica a su modo de producción, no es posible sin criticar una relación aún más englobante, la de todo el modo de producción burgués positivamente visto y la del modo de producción de su negación, la revolución comunista: esta negación no es algo independiente del modo de producción burgués sino que depende de él y lo totaliza. Esta relación global al tiempo que le es inmanente al modo de producción burgués –pues éste incluye sus propias negaciones en desarrollo desde el momento en que incluye en el proletariado la negación de sí mismo existencialmente presente– le es trascendente.
Así el modo de producción burgués contiene en su realidad también la forma del modo de producirse la sociedad comunista. Y otra vez encontramos a las categorías de formal y real para conceptuar el desarrollo histórico, ahora no del desarrollo capitalista sino el de su
revocación.
Y como decíamos sólo desde la perspectiva de esta más englobante relación de producción histórica a la vez inmanente y trascendente de la estructuración actual es posible la crítica de las premisas del todo, la sociedad burguesa. Veamos cómo, y a la vez –en una columna paralela– expongamos cómo ciertas fallas básicas más o menos latentes en el tratamiento discursivo de las Teorías del Imperialismo se expresan en errores temáticos manifiestos:
a) Las premisas del todo que se estudia –la sociedad burguesa, incluida la economía política, etc.– no deben buscarse fuera de ese todo, sino en él (de otra manera, la crítica caería fuera del todo que quiere criticar).
b) En la naturaleza de los aspectos contradictorios del todo es donde reside “la premisa de la existencia del todo”; por tanto, debe estudiarse detenidamente esa antítesis.
c) Y se trata de determinar precisamente qué posición ocupa cada aspecto en la contradicción: qué posición ocupa el proletariado y qué posición ocupa la riqueza burguesa. Se trata de determinar la cualidad y función de
1. El error fundante de la teoría del imperialismo: el irracionalismo de Rosa (Hilferding, Otto Bauer, Rosa Luxemburgo). Rosa Luxemburgo equivocó a este respecto su intento de explicación de la acumulación de capital, recurriendo al ámbito no capitalista para explicar la realización del plusvalor dedicado a la acumulación. Los jóvenes hegelianos (E. Bauer) buscaban explicar también trascendentalmente tanto el funcionamiento interno de la sociedad burguesa, como la posibilidad de su revolucionamiento –según denuncia Marx en 1844.
cada aspecto y no sólo de limitarse a oponer un aspecto a otro. Pues esto, de por sí se da ya en el seno de la sociedad burguesa. De manera que, oponiendo un polo a otro sólo repetimos discursivamente lo que ya se da realmente; repetiríamos discursivamente la enajenación o contradicción real (asi lo hace Proudhon).
Al respecto, Marx descubre que: la riqueza burguesa ocupa el lado positivo de la antítesis; el lado que se satisface a sí mismo en la antítesis y que debe mantener vigente la antítesis para existir y seguir satisfaciéndose. El lado negativo de la antítesis lo ocupa el proletariado; el lado permanentemente insatisfecho, dominado, dentro de la antítesis: “su inquietud en sí, la propiedad privada disuelta y que se disuelve”.
Pero ¿de qué modo se resuelve la contradicción o la superación de las premisas burguesas?
d) “La propiedad privada empuja por sí misma, en su movimiento económico, a su propia disolución (es decir, a la resolución definitiva de la contradicción), pero sólo por medio de un desarrollo independiente de ella 139 [...] contrario a su voluntad”; sólo mediante un desarrollo no querido por ella, y, a la
2. El otro error polarmente complementario: el neoarmonicismo (Hilferding a Bauer, etc.).
Y después de Proudhon, todo el neoarmonicismo comenzando por TuganBaranowsky, Hilferding, O. Bauer, etc., según denuncia H. Grossmann.
3. La primera consecuencia: no ver quién y cómo nos domina y por tanto perder la esperanza revolucionaria en el proletariado. (W. Sombart, Lenin, etc., etc.).
La inconsecuencia en el planteamiento de la relación de producción dominante del capitalismo (bien capital usurario, capital industrial o capital financiero, etc.)” redunda en negar el carácter revolucionario del proletariado sea manifiesta o implícitamente: las Teorías del
139
Y por lo tanto un desarrollo del proletariado más allá del nivel económico y aún de todo nivel, incluido el político, social y cultural reductibles a la sociedad burguesa regida por su nivel económico. Las formas organizativas proletarias deben ser a la vez y cada vez más la prefiguración de su nueva sociedad, no sólo sus armas de lucha determinadas por la situación actual.
Imperialismo.145
vez “condicionado por la naturaleza misma de las cosas; sólo en cuanto engendra al proletariado [...] [140...] a la miseria consciente de su miseria espiritual y física, consciente de su deshumanización y, por tanto, como deshumanización que se supera a sí misma”. Debe entenderse que eí proletariado es ya la superación de la deshumanización al ser la miseria consciente de sí misma según dice Marx, y ello es así –según explicamos nosotros– porque la superación o negación de negación es el modo peculiar de despliegue de la conciencia, etc. De ahí la absoluta necesidad de una conciencia de clase altamente desarrollada y “teórica”. Asimismo:
e) “AI vencer el proletariado, no se convierte con ello, en modo alguno, en el lado absoluto de la sociedad, caso de la propiedad privada bajo el capitalismo, pues sólo vence destruyéndose a sí mismo y a su parte contraria...”
Aquí aparece una imagen del proletariado que merece detenerse en ella: pues presupone 1) que el proletariado es una enajenación de la propiedad privada; y que, por tanto, 2) él mismo es un ente enajenado. Pero, asimismo, en este párrafo se presupone que 3) el proletariado es la última figura de la enajenación, debido a que a) la enajenación, ha recaído otra vez en su punto de partida, ha cerrado y
cumplido todo su ciclo y precisamente
4. La segunda consecuencia: positivización galopante del análisis y sincretismo ecléctico. (A. Touraine, D. Bell, etc.).
140
Cfr, Karl Marx, Cuadernos del París. [Notas de lectura de 1844; Ediciones Era, México, 1980. p, [l]; y Manuscritos de 1844, “Trabajo Enajenado”.
La sociedad burguesa, nos dicen los “Formen” (1857) es la sociedad de la total enajenación y se halla en curso, en proceso de crecimiento esta enajenación. Las teorías del imperialismo y sus derivaciones creen que Marx concibe a la sociedad burguesa y su enajenación ya concluidas, así que añadieron nuevas fases unos queriendo complementar, a,1) al agarrar desde su base elemental –los individuos– a la sociedad. Por lo tanto la enajenación no puede ir más allá. Es aquí donde la enajenación termina su desarrollo; porque a2) a la vez que se singulariza –en cada individuo se a3) generaliza a toda la sociedad. Esta profundización y extensión (ambas son aspectos constituyentes del desarrollo de la enajenación) son, en este caso, absolutas; b) puesto que se realizan al nivel más elemental e inmediato de la sociedad, pero incluyendo, a la vez, al conjunto de las mediaciones sociales.141 Prosigamos aclarando la imagen de proletariado que muestra aquí Marx:
La propiedad privada se realiza creando su negación: el proletariado; pero, a sil vez, el proletariado se realiza como negación creando a su propia negación: la propiedad privada.
Ahora bien, puesto que el ser del proletariado le es qjeno, no siendo sino la enajenación de la propiedad privada, defendiente de ésta, por ello: 4) “no se trata de lo que éste o aquél propietario o incluso el proletariado en su conjunto, pueda representarse de vez en cuando como meta. Se trata 5) de lo que el proletariado es y de lo que está obligado históricamente a hacer, con arreglo a este ser suyo”. El proletariado no se tiene a la mano, no dispone de su ser completamente en cada momento de la sociedad burguesa. Solo en el curso de la revolución mundial va pero otros, con posterioridad –e intentando criticar ya a las Teorías del Imperialismo– pero quedando presos en su terreno hablan de sociedad postindustrial (Daniel Bell) o de sociedades de consumo, sociedad de bienestar, sociedades industriales. En todos ellos se va a abandonando cada vez más en el análisis al proletariado como revolucionario, y con ello el análisis se positiviza, recorta; se deja de observar el aspecto negativo de la sociedad y que la corroe en toda situación.
5. La tercera consecuencia: Construcción de una trampa compleja, difícil de superar (todos hoy, A. Gorz).
141
Cfr. Ibid; “Glosa Marginal Crítica I” y parte final de los “Formen” en Grundrisse, ed. cit.
A Gorz,146 no es el primero en decir adiós al proletariado, pero debemos decir que si él dice adiós, es por hallarse preso en las Teorías del Imperialismo. Y así, por no concebir la tendencia esencial de la sociedad burguesa: su proletarización general y hoy bien avanzada. De hecho adquiriendo la posesión pero –siempre– explotada, contradictoria, enajenada de su ser. Es revolucionario o no es nada. Y sólo en la realización efectiva de la revolución comunista a nivel mundial, la clase dispone de si misma en el momento en que se niega como clase y destruye a la sociedad burguesa en su conjunto.
f) Éste papel histórico universal del proletariado le corresponde, no por considerarlo como dios, sino al contrario: salvando toda teología, porque: –En el proletariado llega su máxima perfección práctica la abstracción de toda humanidad; (bien bajo forma de miseria, o bajo forma de economicismo y politicismo, etc.).
–En las condiciones de vida del proletariado se condensan las condiciones de vida de toda la sociedad actual
(inhumanas, enajenadas); (y hoy no sólo se condensan, sino que la sociedad toda va haciéndose de hecho proletaria, ésta se extiende a toda la población y toda la población es explotada por el capital).
– Se ha perdido a sí mismo y el hombre, en el proletariado; se ha perdido: no teológicamente, sino prácticamente;
–“Pero y aquí está la superación completa de la teología adquiriéndose no sólo la conciencia teórica de esta pérdida sino también la expresión práctica de la necesidad de la
sublevación
buena parte de los que hoy se dicen ser clases medias, etc., etc., son elementos proletarizados y aún cada, vez más desarrollantes de un trabajo productivo; ahora bien:
Cuando Marx liga la Crítica de Ia Economía Política –de modo esencial– al objeto criticado: la riqueza social de la sociedad burguesa; y encuentra en éste su fundamento –particularmente, en el lado negativo de su objeto: el proletariado–, con ello construye una crítica que supera la teología.
Una crítica objetiva, inmanente, positiva, científica; una crítica que tiene objeto y, por tanto, lenguaje con qué expresarse.142 Tal crítica puede, entonces, realizar su función negativa positivamente, sin negarse a sí misma; sin que se le trabe, –en contradicciones insuperables y sagradas–, la lengua, y quede silenciosa.
No se trata de una crítica trascendente, que se desliga de su objeto; no se trata de una crítica carente de objeto, – silenciosa e inactual– síno practica y que por ello puede y debe echar mano de la teoría como de un arma poderosa. Para la Crítica de la Economía Política, en efecto, el objeto es esencial El valor de uso le es esencial a la revolución; no puede mantenerse indiferente frente a los valores de uso capitalistas en particular los técnicos y productores del resto de valores de uso.
La Crítica de la Economía Política no se propone pues superar ío esencial, lo objetivo sino sólo lo inesencial que actualmente existe. Así, está preparada para distinguir lo esencial y objetivo (lo
6. La cuarta consecuencia: Estado y mercados e ideología cap italis tasy mediadores prácticos y teóricos del movimiento re volucio na río. (Casi todas las corrientes actuales).
Del mismo modo que la crítica teórica de la sociedad burguesa es primero negativa pero para adquirir suficiencia es esencialmente positiva, la crítica práctica o revolución comunista construye sus órganos político sociales no sólo como instrumentos negativos y por lo tanto dependientes del objeto positivo que deben negar (por ejemplo, el partido hecho en referencia al Estado burgués que debe asaltar) sino como medios positivos de gestión relativamente desalienada de la vida social; tanto en su forma social como en sus contenidos materiales (valores de uso).
142 Cfr. K. Marx; La Sagrada Familia, p. 102, párrafo 3. ed, cit. 146
Cfr. su Adiós al proletariado, Ed. Viejo Topo, 1980 145
Cfr. Cap. V del plan expuesto en este libro.
que es uno con ella) respecto de lo que es inesencial y enajenado, lo que está subordinado al capital (lo que es desobjetivación, desrealización); puede distinguir entre aliados y enemigos, constituye su propia estrategia. Ahora bien ¿de qué manera debe concebirse esta relación objetiva?
g) Porque la Crítica de la Economía Política considera a lo objetivo como esencial, por ello, considera al tener y al no tener como realidades y no como simples categorías.
Asimismo, considera que el no tener “es el estado de completo divorcio entre el hombre y su objetividad”.
Es justificado que la Crítica de la Economía Política proponga al no tener como tema esencial porque la relacicm objetiva es esencial para el hombre.
Por ello, en primer lugar, este problema vulgar (del tener o no) debe tratarse como esencial –el que a todos importa–; y en segundo lugar, la superación del problema de la escisión de la sociedad respecto de sus condiciones objetivas de existencia, esta superación, es práctica; finalmente, en tercer lagar, cuando se trata el problema y su superación, a nivel teórico, no se lo debe tomar como pura categoría, sino como dado tanto en el ser como en el pensar; se lo debe tratar como forma social concreta; como tendencia práctica de la sociedad.
En efecto, el problema de la revolución comunista es un problema de calidad objetiva y por lo tanto de valores de uso. Ahora bien:
h) El problema de la posesión o carencia de objeto no es sólo un problema de la sociedad burguesa y, por tanto, no sólo es pasajero e histórico. Es un problema esencial, común a toda historia. Por ello la cuestión jugada en la coyuntura histórica de la revolución comunista no es sólo coyuntural sino histórico universal.
De esta suerte, cuando la Crítica de la Economía Política arranca de la relación hombre-naturaleza como esencial y positiva no por ello cae en las redes de lo que quiere criticar, en las redes de la Economía Política; no cae ni en el productivismo, ni en el consumismo, ni el egoísmo y la reafírmación de la propiedad privada.
Sin embargo, este punto de partida no es suficiente, debe matizársele. Pues podría creerse que el problema de la relación objetiva entre el hombre y la naturaleza puede ser resuelto de manera meramente económica, aún enajenada y unilateral; con ello no se hace más que deformar el significado total de lo que es “relación objetiva”. Por ejemplo, propugnando “la posesión igual”, como panacea, etc.
7. En síntesis; Economicismo y politicismo “pseudorevolucionarios” como represores del auténtico desarrollo de la Crítica de la
Economía Política y la revolución
(Ibíd).
De ahí el necesario desarrollo de la Crítica de la Economía Política hasta constituirse en crítica global de la sociedad incluyendo la crítica de cada esfera de afirmación vital no económica. Desarrollo que parte del fundamento mismo de la Crítica de la Economía Política: las relaciones objetivas con la naturaleza y los productos del trabajo. Desarrollo del que las Teorías sobre el Imperialismo ni siquiera tienen la noción y más bien le temen: sólo la economía y la política recortadas en su modalidad ya dada les parecen seguros
Cap. III del plan expuesto en la
Introducción de este libro
Más bien, en este tipo de relaciones esenciales –en este tipo de relaciones sociales comunes a toda historia, condición de toda historia– lo importante no es la igualdad, la cantidad. Lo importante es “ejercer y realizar mis propias fuerzas esenciales” en esa relación. Lo que debe considerarse central, lo importante, es la afirmación de la esencia y, específicamente, mi esencia; afirmar la esencia completamente, desde el nivel de los individuos. O si se quiere, lo importante es lograr que en la sociedad cada individuo se afirme diferencialmente y no quede mutilado por el rasero de lo igual y abstracto. Se trata de una relación objetiva y como tal: cualitativa, diferencial; esencial, no enajenada. Se trata de la afirmación esencial de cada uno “en buena paz y compañía” como dijera Cervantes en “El Quijote”. Además de lo recién dicho podemos comentar conclusivamente nuestras dos columnas.
Y, sobre todo, lo importante para la Crítica de la Economía Política no es sólo el “objeto” sino su modo de ser específico, pues sobre él se asienta la modalidad de producción y reproducción de las sociedades, tanto la que nos explota como la que viviremos en libertad, etc. De ahí la necesaria determinación de la modalidad de técnica y en general de todos los valores de uso necesarios para la reproducción de la vida y que se hallan subsumidos formal y realmente al capital. La Crítica de la Economía Política es, inmediatamente, crítica de la Vida Cotidiana y señalamiento del tipo general y aún singularizado de los valores de uso adecuados a la felicidad, o no es nada.
Pero al contrario, el efecto inmediato de las Teorías sobre el Imperialismo y en general de la teoría económica “marxista” ha consistido en permanecer al margen de los contenidos de la vida cotidiana y aún de refutar la preocupación por ellos de vanamente “personal” o pequeño burguesa. Ciertamente, se mantiene completamente externa y formal frente a la realidad, se mantiene en los límites de la economía del valor sin pasar a la cuestión por el valor de uso. Así, en la sucesión de los subtítulos de nuestras apostillas puede observarse el señalamiento de un pensamiento completamente dominado y refuncionalizado por las instituciones burguesas. Ora manifiesta, ora latentemente, todas las características particulares son a la vez ingredientes generales de la teoría del imperialismo y de cada una de sus expresiones singulares. Así, hay un básico irracionalismo en el neoarmonicismo y viceversa, pues pretenden ciertas dos estupideces: 1°. Que un modo de producción preñado de contradicciones no se derrumbe y 2°. La revolución es reforma (y viceversa) y aún tenemos que en A. Gorz, muy ocupado en cuestiones ecológicas y de calidad de la vida, la óptica se mantiene no obstante formal, no ahondándose en el material específico de los valores de uso en cuestión, que intenta discutir. También es de notarse que las características ulteriores (en profundidad) van adscribiéndose en términos generales también a corrientes posteriores (temporalmente); de suerte que el eclecticismo y el positivismo así como la dificultad de superar la problemática de base de la teoría del Imperialismo permean a casi todos los autores actuales; por lo que además les pasa desapercibido como problema; más bien, la aceptación acrítica es lo predominante, lo que va muy bien con la positivización y eclecticismo etc., etc., característicos y reguladores del conjunto.
6. La Revolución como Proceso Histórico Total Método Crítico Revolucionario y Realidad.
La forma discursiva Crítica de la Economía Política con sus determinaciones estructurales rigurosas contiene dentro de sí como su corazón y contenido constructivo y dinámico un método genético-estructural y crítico-científico en el que se reconcentra para fines analíticos el cambio o método mediante el cual la propia realidad burguesa se autoconstruye y según el cual produce necesariamente sus propios sepultureros.
Ciertamente para Marx lo que está en juego es la realidad toda, la riqueza toda (no más bien la “economía” chatamente entendida), la definición teórica y práctica de la realidad por el capital o por los fines proletarios y humanos. Tal motivo es el que promovió la construcción de su Crítica de la Economía Política según modalidad específica.
La realidad o riqueza burguesas vistas como modo de producción de la revolución y la sociedad comunistas, en tanto que es a la vez el modo de producción de la acumulación de capital: toda la realidad está en juego y en suspenso, aún no se define completamente su detentador final; o el proletariado o el capital, o “progreso” o “derrumbe”, etc., o socialismo o barbarie.
Así, no sólo de y en la economía, y en la política, y en tal o cual coyuntura, es que la revolución tiene lugar.
La revolución está, pues, en proceso; es un proceso total y cotidiano teórico práctico que recorre todos los ámbitos de la sociedad actual y brota de ellos como su jugo negativo desarrollante.
7. La Revolución Detenida Politicista y Economicista.
Principio y Resultado de las Teorías del Imperialismo.
Sin embargo, concomitantemente con el surgimiento de las teorías sobre el imperialismo –a inicios de este siglo– fue perdiéndose la concepción de la revolución como proceso orgánico histórico universal. Rosa Luxemburgo es la única que la sostendrá de parte a parte pero al costo de revocar una certera teorización de la acumulación de capital, la de Karl Marx; acumulación que no es sino el polo positivo, de lo que la revolución comunista es el polo negativo; es decir, el desarrollo total de la sociedad burguesa.
Cada vez más ingredientes de esta concepción orgánica de la revolución van desmoronándose; y después de 1935 incluso el internacionalismo –reforzado coyunturalmente por la revolución rusa y/o III Internacional–, después de su crasa bancarrota durante la 1a. Guerra Mundial, rueda cuesta abajo en los umbrales de la 2a. Guerra Mundial. Y digo “incluso” el internacionalismo, ya que éste es sólo la vertiente externa, casi sólo extensiva de algo más hondo y que francamente quedó quebrado mucho antes: el carácter histórico universal de la revolución; el hecho de sintetizar el conjunto de problemas humanos capitalistas y precapitalistas y darles salida. Y no sólo problemas económicos y políticos sino de toda índole. Pero el recorte del marxismo y del movimiento comunista en su conjunto fue irremisible.
a) Paradójicamente el elemento que precipitó esta unilateralización alienante fue la promoción de la “actualidad de la revolución” propugnada por la izquierda de la Socialdemocracia alemana, por Lenin, Trotsky y por los consejistas holandeses frente a los reformistas, revisionistas, centristas y francamente proimperialistas de la Segunda Internacional.
El caso es que la actualidad de la revolución era argumentada en acuerdo al análisis que se hacía de los sucesos del momento y cuya explicación general era presidida por la teoría del imperialismo cuyos presupuestos habían sido preparados por Bernstein, Kautsky, Hilferding, etc.
b) El efecto era a la vez economicista y politicista, pues al situar la relación dominante fuera del capital industrial y transportarla al financiamiento no sólo ocurrió un deslizamiento en la base económica sino de la base económica a la sobreestructura particularmente en su aspecto político. Las componendas de los banqueros y financieros eran supuestamente las rectoras de la acumulación de capital; y el Estado tenía su buena parte en el caso. La hipótesis fue: si otros fueran los lineamientos de la política gubernamental la gran concentración de la industria lograda por el capital financiero dejaría de ser capitalista; si fuéramos nosotros –los social demócratas– y desde el parlamento, primero, y, luego desde la presidencia quienes determinaran la política, pasaríamos a nacionalizar la banca, etc., etc. (De ahí nació la panacea de la “política económica” conecta en lugar de la crítica y la revolución de la sociedad). Así los funcionarios parlamentaristas del partido debían recibir todo el poder al interior de éste, pues eran ellos la pieza clave de la transformación revolucionaría ya no el proletariado explotado por el capital industrial. Dar todo a las finanzas y al Estado se complementaba al interior de la Social Democracia con dar todo a la burocracia y a los parlamentarios. La combinación era intencionalmente benéfica para la acumulación de capital dominada por el capital industrial. Todo se politizó al perderse la base firme del capital industrial.
No importa que la politización fuera reformista y reaccionaria o bien pudiera ser de corte revolucionario: el supuesto erróneo era común. (Particularmente en Lenin la actualidad de la revolución condujo a una “hiperpolitización” de izquierda en el tratamiento de toda situación que obviaba las determinaciones concretas y unilateralizaba los procesos).
Pero al contrario, la explicación de las modificaciones históricas ocurridas y que iban desembocando en la la. Guerra Mundial se remitía a cambios económicos formidables y exagerados. Supuestamente había habido una tan colosal transformación económica en el capitalismo, que de dominar el capital industrial, ahora dominaba el financiero. Así pues no se dejó de insistir en la base económica pero falseando y exagerando a uno de sus determinantes, por donde toda ella quedó hipostasiada. El politicismo fue lo primero y más útil inmediatamente, pero el economicismo daba la requerida “fundamentación” a todo el cuadro; por lo demás se enmascaraba con el politicismo y/o en sectores ajenos al partido con el culturalismo.
c) Ahora bien, ya que el fenómeno económico inusitado del cambio derelación dominante es caprichoso, tanto como coyuntural y de oportunidad al acto político que daría a la dirección del partido el gobierno de la nación, ocurre que la revolución va desleyendo su aspecto procesual y orgánico; cada vez, parece ser, más bien, el resultado de un audaz asalto. Quizá ya sólo el ala derecha del partido (Bernstein) sostendrá una concepción procesual pero evolucionista que la hará inaceptable para los revolucionarios auténticos. Pero todos participan de la ilusión del “camino al poder”.
El economicismo determinista enmascarado bajo el politicismo parecen parir al subjetivismo voluntarista (tanto en sus versiones derechistas, centristas, como de izquierda) pero que se reputa de acción realista oportuna, bien centrada la procesualidad histórica determinada y a la vez libre, se refunde en el marasmo con la urgencia a la que la actualidad de la revolución obliga frente a la acuciante barbarie real de la guerra.
La conciencia, la acción y las organizaciones proletarias y la revolución comunista, van quedando sometidas al capital
Es de observarse que tal sometimiento se echa de ver en el contenido adscrito por la Teoría del Imperialismo al concepto de acumulación de capital y donde se pierde la teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx, al momento de refundirla parcialmente en aquel concepto. Veamos, pues el concepto o tema en torno a cuyo contenido giró el pivote de la doma de la Crítica de la Economía Política en tanto forma discursiva precisa:
8. Confusión entre Acumulación de Capital y Desarrollo
Capitalista y entre Critica de la Economía Política y Política Económica. El Recorte Sectario del Sujeto Revolucionario
En efecto, en la historia de la doctrina económica “marxista” tenemos el curioso fenómeno consistente en que el concepto marxiano de desarrollo quedó subsumido y equiparado al de acumulación o reproducción ampliada de capital. Así, no es que no se tenga en absoluto en las teorías del imperialismo, una noción de desarrollo sino que es una noción recortada, falseada, al pensarlo como acumulación de capital.
Karl Marx afronta la exposición del modo de producción burgués, según tres momentos conceptuales diferentes, cada vez más concretos. El primero es el de producción, el segundo es el de reproducción o repetición de la producción inicial ya sea en escala simple o en escala ampliada. Esta, llamada también acumulación de capital, implicante de una ampliación extensiva de los medios de producción (C.C.) y del gasto en fuerza de trabajo (C.V.) pero manteniendo la misma relación técnica proporcional entre ambos factores (con más precisión, la misma composición orgánica), sin embargo puede darse el caso teóricamente discernible –y por cierto prácticamente el más común– de una reproducción ampliada o acumulación de capital que implique no sólo una
repetición simple o bien más extensa de las relaciones técnicas y de valor ya dadas sino además una alteración del contenido interno de la reproducción, una modificación cualitativa de la composición orgánica y, entonces, de las fuerzas productivas sociales. Esta reproducción es conceptualmente diversa de las referidas, y es llamada con propiedad desarrollo y constituye el nivel más concreto de explicación posible del modo de producción burgués. Así que Marx construye acuciosamente, repasando por la producción y la reproducción, una teoría del desarrollo del modo de producción capitalista.
Estos conceptos son tratados por Marx preeminentemente en la sección 3a y 4a del T. I. de El Capital, el del proceso de producción; en la sección tercera del T. II el de la totalidad de la reproducción o circulación del capital ; y en la sección 3a del T. III el del desarrollo histórico capitalista.
De ahí que la represión del concepto de desarrollo al quedar condensado o coagulado (cosificado) en el de acumulación (reproducción ampliada) conduce a restar un punto, una determinación esencial en el resultante concepto de desarrollo. Conduce a perder la perspectiva de proceso, si no para el proceso de acumulación de capital concebido en su positividad, sí en lo referente al proceso de la revolución comunista, el doble negativo, el acompañante permanente de la acumulación de capital. Ya sólo se la concebirá como revolución/instante o revolución/chispazo, según vimos más atrás.
Recordemos que la confusión entre acumulación y desarrollo presenta su momento culminante inicial –pero preparado ya de antes y de ningún modo revocado después, no obstante las duras críticas de que fue objeto– en Rosa Luxemburgo al pedirle a los esquemas de reproducción de Marx de la sección 3a del Tomo II unas descripciones del desarrollo histórico concretamente ocurrido etc., etc. Aún es el día en que se busca analizar la “realidad concreta” del desarrollo capitalista –por ejemplo, latinoamericano– mediante los esquemas de reproducción de Marx. Con tan buen tino que hasta se los busca “complementar” a veces con la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia expresiva del desarrollo capitalista, como quien suma dos más dos. El resultado no puede ser la imagen del auténtico desarrollo histórico económico capitalista habido pero sí un cuadro “dinámico” que permite discernir algunas políticas económicas efectuadas y su bondad o inadecuación relativas, etc. etc.; pero este recorte resultante se nos quiere presentar como “desarrollo capitalista de América Latina” apto para la constitución de la estrategia revolucionaria. Y el diseño y la propuesta de políticas económicas alternativas como Crítica de la Economía Política.
No podría ocurrir menos, la “estrategia” resultante implica en el mejor de los casos una “revolución”/“toma del poder” o la espera de una coyuntura favorable, etc., etc.
Ahora bien, el hecho de perder la procesualidad de la revolución implica, en primer lugar, el no concebir sus mediaciones y raíces concretas, de ahí la figura resultante: el “asalto” inmediato y en vista del cual todo, toda necesidad y toda capacidad, todo individuo (o mediación concreta) debe ser sacrificado. El sacrificio se convierte en la piedra de toque de este “materialismo militante” supuestamente ateo: todas las partes deberán ser sacrificadas por el objeto total opresivo principalmente las raíces de la revolución (las masas); y sus mediaciones (las organizaciones espontáneas), deben ser sacrificadas, subsumidas. El todo ilusorio se enfrenta contra las partes reales. Tal inversión y enajenación teórico-practica no puede menos que desestructurar a la forma teórica rigurosamente fundamentante que es la Crítica de la Economía Política. De suerte que queda retrotraída a religión cuando paradójicamente pudo constituirse sólo partiendo de la crítica de la religión y la filosofía y la política (1843).
El primero y más general efecto es el referente al recorte del contenido de la concepción de la revolución así manejada, manipulada –que no explícita y rigurosamente expuesta. El resultado es una “revolución” sectaria –por tanto contrarrevolucionaria– que no retoma el conjunto de insurrecciones marginales como parte del proceso revolucionario: las poéticas, la contestación artística, las insurrecciones frente al consumo, el feminismo, la revuelta comunitaria, etc.
Con lo que de hecho el sujeto revolucionario queda recortado, castrado de las raíces que le darían movilidad. El cual es reducido a “proletariado” (en alianza con el campesinado o las clases medias, etc., a veces la burguesía liberal) pero sólo porque éste ya quedó previamente reducido asólo una parte del mismo. Por donde la otra opción falsa es “irse” con esos otros sujetos pero creándolos no proletarios y, entonces, pasando a decir “adiós al proletariado”.
No se concibe en verdad qué es el proletariado y qué es la economía –qué es el sujeto revolucionario práctico y qué es el objeto teórico de crítica– así que tampoco se ve que la revolución comunista es la revolución de la humanidad toda, en tanto que el proletariado crecientemente, tendencialmente, es la humanidad. Por donde la Crítica de la Economía Política es tendencialmente la critica total de la antropología más allá de la sola economía pero en la misma medida en que la economía va permeando prácticamente a todo el ser social: hay desarrollo capitalista, no sólo acumulación de capital o reproducción ampliada de capital.
9. Conclusión. Crítica de la Economía Política y Revolución Comunista. Historia Crítica de la Tecnología y Desarrollo Capitalista.
Es evidente que un desarrollo de la Crítica de la Economía Política de tal envergadura sólo es posible sosteniéndola sobre su verdadero fundamento, la Historia Crítica de la Tecnología con sus teoremas sobre la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital; ni más ni menos que los generadores de la forma discursiva adecuada de la crítica total y fundada de la última de las sociedades antagónicas y que hace de la historia múltiple, local, precapitalista, una “historia universal” al plasmar el dominio del capital como mercado mundial y subsumir todo contenido humano bajo el capital industrial.
De donde resulta consecuente afirmar, y con ello soldamos nuestros primeros dos capítulos:
No ver el contenido esencial determinante de la relación capitalismo, es decir, la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital –falsea la concepción sobre el desarrollo de la sociedad burguesa. No observar la forma científica necesaria sobre el
desarrollo capitalista– es decir, la Crítica de la Economía Política– falsea la conceptualización de la revolución comunista como proceso primero idéntico con la acumulación de capital y luego creando –en el curso del proceso– su diferencia específica y radical frente a la acumulación de capital y potente supresora de la misma.
Pasemos pues al sitio en que se unen el contenido esencial de las relaciones burguesas y la forma científica necesaria de su crítica. Unidad que da por resultado un contenido completamente desplegado: la Teoría del Desarrollo Capitalista de Karl Marx. La carencia más crasa de la teoría del desarrollo capitalista que pretenden ser las Teorías sobre el Imperialismo.
Capitulo III
LA TEORIA DEL DESARROLLO CAPITALISTA DE KARL
MARX, LAS TEORIAS SOBRE EL IMPERIALISMO Y EL DESARROLLO CAPITALISTA OCURRIDO Y POR DARSE
Así como el matrimonio del cielo y el infierno dio a luz al hombre, –según fantasea seriamente William Blake–, tenemos que el matrimonio del contenido nuclear con la forma discursiva general de la crítica marxiana de la sociedad burguesa, se desenvuelve hasta devenir Teoría del Desarrollo capitalista; es decir, contenido total y forma realizada de la Crítica de la Economía Política.
Y porque el devenir lleva implícita la negatividad –a veces diabólica– es que Marx escribe en el Prólogo de la Contribución a la Critica de la Economía Política, de 1859, que “al entrar en la ciencia, así como en la entrada al infierno, debe formularse esta exigencia: ‘Abandónese aquí todo recelo, mátese aquí cualquier vileza”. Pues la totalidad del devenir nos incluye..., no estamos fuera, y mejor será que comprendamos al devenir como totalidad dentro de la que al cuestionar nos vemos cuestionados. La prevención de Marx es hoy tanto más necesaria por cuanto dirigida a la ideología burguesa, en la cual en su desarrollo, ha sabido dominar al discurso revolucionario. De donde la ideología burguesa queda desglosada en una vertiente tradicional y otra revolucionaria que se enmascara como si no fuera burguesa. Así que, sobre todo, cabe subrayar la advertencia para los lectores revolucionarios: “Abandónese aquí todo recelo, mátese aquí cualquier vileza”.
En nuestros dos capítulos iniciales abordamos respectivamente el problema del contenido esencial y la forma discursiva específica, olvidados y falseados –en todo caso, ausentes en su autenticidad– en las Teorías sobre el Imperialismo. El capítulo primero se ocupó de describir qué era el contenido esencial del desarrollo capitalista en la óptica de Marx; ni más ni menos que el desarrollo de las fuerzas productivas específicamente capitalistas, pensadas en la teoría de la Subsunción Formal y la Subsunción Real del Proceso de Trabajo Inmediato bajo el capital.
El capítulo segundo se ocupó, luego, de señalar cómo debía articularse el discurso revolucionario necesariamente como Crítica de la Economía Política basada en la Historia Crítica de la Tecnología; es decir, en la Teoría de la Subsunción Formal y la Subsunción Real, etc., singularizadas y desplegadas histórica y estructuralmente. Vimos también que si no se recuperaba esa forma específica discursiva, la ideología revolucionaria funciona sólo como instrumento, como herramienta, como fuerza productiva al servicio del capital social, subsumida al desarrollo de la base y la sobreestructura burguesas complejizando los enmascaramientos fetiches que las protegen.
Ahora debemos conectar la forma y el contenido, el qué y el cómo con necesidad. Debemos hablar del por qué la unidad de ambos redundó en una Teoría del Desarrollo Capitalista construida por Karl Marx y ausente en la Teoría del Imperialismo.
Ahora bien, hablar 1) de la conexión necesaria entre la forma y el contenido de la Teoría del Desarrollo capitalista de Karl Marx, no puede suceder sin referirnos 2) a la necesaria conexión real que esa teoría expresa; es decir, sin hablar del desarrollo capitalista real; particularmente 3) de la necesidad histórica de que en el curso del desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, la teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx fuera trastocada, deformada, falseada, olvidada y, en general, cosificada, alienada. Ciertamente, ya que el desarrollo del capitalismo es íntimamente el desarrollo del fetichismo de las relaciones capitalistas y de las formas de conciencia correspondientes, muy particularmente de las revolucionarias; ya que sin tal alienación, el capital vería obstaculizado. . . (aún más y de otro modo) su contradictorio camino.
Hablaremos de todo ello en el curso de un esbozo general del desarrollo capitalista. De hecho este desarrollo real suscita con necesidad 4) la teoría de Marx; así como la fetichización del discurso revolucionario y 5) la necesidad del discurso que en este libro exponemos en explícito intento de recuperar / desarrollar a Marx.
Y nos será necesario hablar de todo ello a la vez que 6) de las alternativas revolucionarias, suscitadas en el curso del desarrollo actual, para enfrentar al capitalismo. ¿De dónde si no la posibilidad, no ya la necesidad, de nuestra intervención teórica?
Permítaseme indicar que el propio discurso de Marx en su Crítica de la Economía Política, contiene de suyo estos aspectos referidos, y que ponen en juego nuestra relación con él. Los contiene en lo que respecta a su propia intervención y de modo sistemático tal, que se integran en el conjunto de afirmaciones sobre el capital, así como sabiendo siempre manifestarse/ocultarse según niveles de abstracción, análisis y práctica rigurosos; como corresponde al seguimiento crítico de las vetas del objeto capitalismo. Y lo hace así Marx, porque precisamente 7) sabe de la necesaria fetichización de todo bajo el capitalismo, y en especial de su propio discurso al momento de su recepción por otros. En fin...
1. La Ley del Desarrollo Capitalista y la Fetichización de la Conciencia Revolucionaria
La Teoría del Desarrollo Capitalista de Marx, no constituye un capítulo especial de su obra, sino que es de hecho toda ella, en particular su Crítica de la Economía Política El Capital. Si bien se reconcentra en pasajes señalados. Así, su contenido esencial es la Teoría del Desarrollo de las Fuerzas Productivas específicamente capitalistas como base de todo el desarrollo capitalista, la Teoría de la Subsunción Formal y la Subsunción Real del Proceso de Trabajo inmediato bajo el Capital.
Su forma global esencial nos la presenta la ley general del desarrollo capitalista, expuesta por Marx en la sección III del Tomo III como Ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.
En efecto, El Capital. Crítica de la Economía Política está ausente, o mejor, implícitamente revocado, obnubilado, en las teorías sobre el desarrollo capitalista “actual” o Teorías sobre el Imperialismo.
El peligro de esta ausencia en la conciencia revolucionaria ya lo hemos indicado. Pero, concretamente, se subraya al observar que si les ha pasado desapercibido el específico desarrollo histórico habido, en gracia a pasarles desapercibido el específico desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas, lo que han teorizado hasta hoy, ciertamente, no es el concepto verdadero de la realidad.
No obstante que los más de los intentos de la teorización de la actualidad,
quieran inmediatamente aprehender la realidad, sea estadística, empiristamente o bien, retomando nuevas conceptualizaciones operativas
(keynesianas, cepalina, cuentas nacionales, etc.).
Mejor dicho, es, precisamente, a este forzado inmediatismo teórico –y digo “forzado”, pues se reputa políticamente como lo único que tiene sentido actual, tanto como revolucionario práctico– al que le debemos el retorcimiento de la conciencia revolucionaria; ya que no hace sino expresar directamente el fetichismo de las relaciones burguesas; ciertamente un aspecto de la realidad, pero de ningún modo la realidad misma en su auténtica y completa estructuración en concreto desarrollo.
La Crítica de la Razón Instrumental de Max Horkheimer, constituye la reflexión clásica encaminada a denunciar la doma o subordinación de la conciencia social –y específicamente la conciencia revolucionaria– a los cánones de las necesidades más inmediatas del desarrollo capitalista: la positivización del discurso crítico. Karl Korsch, en su reiterada reflexión sobre el marxismo (continuadora crítica de Antonio Labriola) ofreció las tesis clásicas más puntuales al respecto.
Así, en primer lugar, el desarrollo del capitalismo es desarrollo del fetichismo y el desarrollo del fetichismo es particularmente el desarrollo del fetichismo de la conciencia, particularmente la revolucionaria. De ahí la apariencia –verdadera relativamente, por lo demás– de que el desarrollo de la conciencia revolucionaria, y la revolución sea inversamente proporcional a la eficacia de la acumulación de capital, y que sólo en las crisis se desarrolle.
Pero, en segundo lugar, ocurre que el desarrollo del fetichismo es, básicamente, desarrollo de la enajenación y contradictoriedad global real del sistema; por donde necesariamente la conciencia se subleva contra la miseria y contradictoriedad real; y si esta rebelión ideológica puede ser de nuevo fetichizada, alienada, etc., no por ello deja de avanzar la contradictoriedad y enajenación reales, sino al revés, es por este avance que puede tener tal doma ideológica. Así que, de nuevo, la conciencia se revelará ahora más desarrolladamente e incluyendo como contenido de su crítica, de su revuelta, también a sus figuras alienadas previas, en conexión con el desarrollo de la realidad que las posibilita.
El desarrollo de la revolución y de la crítica es en términos absolutos directamente proporcional al de la acumulación de capital. Porque éste es el desarrollo de su contradicción constitutiva.
Por si fuera poco, en tercer lugar, ocurre que tanto la enajenación real como la pensada, no sólo suscitan la radicalización de la contestación crítica, sino que, a la par, ocurre la contestación práctico real espontánea.
Evidentemente, el desarrollo de la teoría tiene otro tiempo que el de la práctica, y precisamente –por paradójico que parezca– porque están íntimamente conectadas siempre. Evidentemente, además, bajo el capitalismo no puede ocurrir sino que una sea alienada respecto a la otra –de aquí la apariencia real de que mantienen una relación inversa– no obstante que se susciten simultáneas y se apuntalen, a veces sin saberlo, mutuamente.
Un paso necesario para su recíproca liberación es la de que lo sepan, de que se sepan mutuamente hermanas, confluentes, enajenadas y esperanzadoras.
Y es que, en general, 8) la conexión de necesidad, entre el desarrollo espiritual y, aún más precisamente del desarrollo autonomizado de la sobreestructura capitalista respecto de su base, como forma de expresión de su base y contenido práctico vital, es una conexión alienada, frente a la cual se alzó la construcción del estilete crítico de Marx, constituida por una conexión de necesidad entre su forma (Crítica de la Economía Política) y su contenido (subsunción formal y subsunción real) coherentemente elaborada para combatir al sistema capitalista como un todo, y particularmente a nivel económico, el nivel capitalista hipostático.
Así, en resumen, tenemos que el capitalismo actual presenta y se constituye según un desarrollado fetichismo de sus relaciones de producción (los valores de uso, los gestos, los actos como fetiches prácticos) del que se desglosan por contraste pero sin rebasarlo, las corrientes revolucionarias izquierdistas; mismas que sintetizan formalmente su perspectiva en la proposición de la crisis como base de la revolución. Además el capitalismo actual presenta y se constituye según una desarrollada enajenación global del sistema (subordinación real del consumo bajo el capital etc. y, en general, economizaron creciente del todo social) de la que derivan las corrientes reformistas de izquierda; mismas que sintetizan implícitamente su perspectiva en la proposición de la evolución de la acumulación de capital como idéntica a revolución social y explícitamente según un gradualismo evolucionista que, más bien, se incomoda con el término “revolución”. Finalmente, se nos ofrece también el hecho de que toda la esfera sobre estructural se encuentre hipostasiada respecto de la base, así como hipostasiadas todas las formas
neutralizadoras de las contradicciones de la base por sobre sus contradictorias premisas reales. Tales son las características generales del capitalismo contemporáneo.
Como puede recordarse las hemos ido puntualizando al –digamos– sacarles una “radiografía”; es decir, observando qué le había ocurrido a la conciencia revolucionaria en el curso del desarrollo histórico capitalista. Pues allí, en ese valor de uso, se ha expresado nítidamente el contenido contradictorio del capital como valor que se valoriza; en su contradictoria forma de expresión.
2. Las Fuerzas Productivas y la Técnica Revolucionaria como Fuerza Productiva Interior al Desarrollo del Capitalismo.
La Revolución como Valor de Uso
Ahora bien, ¿qué es lo que sobre todo se escapa a la teoría del imperialismo como teoría del desarrollo capitalista? El desarrollo de las fuerzas productivas específicamente capitalistas, lo hemos dicho. Es decir, la específica configuración material, la sociedad burguesa en su estructuración sistemática o, dicho de otro modo, desde su fundamento productivo. Es decir, otra vez: el cuerpo material del capital, el valor de uso total específicamente capitalista producido por el valor de uso técnico capitalista. Pues es ello lo que se ha desarrollado desde el siglo pasado a la fecha. Aún más, es ello lo que concretamente constituye el desarrollo capitalista desde su inicio: el desarrollo de un mundo material capitalistamente determinado. Por ello, eso fue lo que Marx teorizó radicalmente en vista de la construcción de otro mundo distinto, mediante la revolución práctica de éste actual. Tal su teoría del desarrollo capitalista.
Hablo ahora, brevemente del objeto teórico de El Capital: ¿qué es la obra de Marx titulada El Capital Crítica de la Economía Política sino el estudio de las condiciones materiales de posibilidad de la revolución comunista? El estudio de los elementos y engranajes a partir de los cuales se construye esta inmensa fuerza productiva. El desarrollo de la base económica burguesa (otra gran fuerza productiva, constituida por el conjunto de relaciones de producción, distribución, circulación y consumo) va entregando los materiales de construcción; de donde el estudio de la riqueza burguesa es el estudio del medio de producción de la revolución comunista. Marx teoriza, pues, al modo de producción burgués como riqueza para el sujeto revolucionario comunista.
Karl Marx da cima a su intención de conceptualizar a la sociedad burguesa como fuerza productiva histórica total cuando la considera como sistema de mercado mundial, el nivel más concreto del desarrollo capitalista; allí donde el modo de producción burgués produce la socialidad universal como resultado de su propia dinámica contradictoria; es decir, produce de forma enajenada el punto de partida de la sociedad comunista; lo entrega cotidianamente y cotidianamente lo reprime, avivando, así, el fuego de la revolución. Tal es el proceso de trabajo que Marx busca teorizar y donde la fuerza productiva total burguesa produce a la fuerza productiva total comunista, así como ésta produce otra historia.
De suerte que Karl Marx no sólo teoriza la base económica burguesa, sino a la vez la estrategia comunista revolucionaria; las condiciones reales de posibilidad de la acción revolucionaria, sus metas, sus obstáculos, sus tendencias, la reproducción simple y ampliada de la revolución comunista. Capta la anatomía de la aventura de la revolución comunista; la aventura consistente en autoreproducirse, en construir paso a paso su propio cuerpo, bruñirlo, tensarlo mediante todos los detritus (riqueza) de la sociedad burguesa; trabajar su cuerpo, cincelarlo en el enfrentamiento cotidiano... por lo demás el momento culminante también se dará un día similar a los demás; la noche del capitalismo.
Texto de historia, de economía, de filosofía, etc. (H. Lefebvre) a El Capital, no es necesario añadirle “la política”, la implica de suyo y no bajo la unilateral forma burguesa: texto de estrategia comunista.
Así, el método mismo de análisis está basado en la dialéctica de su objeto: el método de Marx es el del análisis de las fuerzas productivas.
El cuerpo concreto del capital total, el valor de uso capitalista total es lo que se nos zafa de las manos al momento mismo en que el capital nos esclaviza cuerpo y alma.
En el capítulo primero pudimos adelantar un esquema de El Capital visto desde la óptica del contenido esencial de la teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx. No completaremos aquí aquella labor, sino, más bien, indicaremos aquello que se nos escapa de las manos por carecer de una adecuada teoría del desarrollo. Y ya lo indicamos en general, pero pasaremos a pormenorizar brevemente tanto en lo que respecta a la observación positiva, y aún sólo económica, de la realidad actual, como, sobre todo, en lo que a formas de organización político-social respecta, en vista de enfrentar las tendencias concretas del capital en sentido auténticamente revolucionario.
Pero evidentemente al escapársenos el alma del capitalismo actual –pues ni siquiera su cuerpo concreto observamos– de ningún modo podríamos captar correctamente sus tendencias y, por tanto, actuar acorde a ellas para trascenderlas. Más bien, una y otra vez, nos involucran y subordinan. Tuercen nuestros resultados, nuestros actos e intenciones.
La autonomía de la conciencia, y la práctica del sujeto revolucionario es lo que está en juego. Y ello no es sino una cuestión material y socialmente determinada: un valor de uso específico. La revolución comunista es la cuestión del valor de uso, de la calidad específicamente humana de la vida.
El valor de uso capitalista es lo que la Teoría del Imperialismo no ve como específicamente capitalista. Así, no puede ver al capitalismo en su especificidad concreta como enajenación material, ni tampoco como útil instrumento de la revolución comunista.
3. Boceto del Capitalismo Actual siguiendo la Veta de sus Fuerzas Productivas
Brevemente:
Es visible el gran desarrollo de los medios de comunicación, según el cual el capital social presenta un cuerpo más cohesionado a nivel local y mundial. A la par con ello, el cuerpo del capital, un cuerpo más concentrado, es cada vez más represivo; y el desarrollo de los medios de represión y destrucción (ejércitos, armas, bombas atómicas), así como de los medios de regulación de éstos (Estados nacionales y organismos políticos internacionales) es una función del desarrollo extensivo y comunicativo del capital. Pues el desarrollo de los medios de comunicación y transporte no es sino el desarrollo de los “medios de producción generales”, según los conceptualiza Marx en La Ideología Alemana y los Grundrisse. La socialidad humana, el género humano en cuanto tal, es lo que queda instrumentado en ellos: la socialidad específicamente burguesa, lo que se desarrolla con los medios de comunicación y transporte actuales. Un género, una socialidad completamente trastocada, un valor de uso humano internamente deshumanizado. Evidentemente la reconstitución del mismo pasa por la inmediata reconfiguración de relaciones comunitarias a todo nivel, relaciones que subviertan y superen las actuales formas de comunicación, y constituyan desde ya –si no la comunicación se quebraría o sería cumplida por las relaciones previas– la relación cualitativa alternativa, comunista.
Tal desarrollo alternativo comunitario es hoy una premisa del desarrollo de la conciencia revolucionaria, una condición sine qua non de la práctica revolucionaria, si es que ésta debe ser auténtica. Y es una premisa, no debido a no sé qué escarnecible utopía, sino al tipo específico de cuerpo material y socialmente determinado del capitalismo actual.
Pero evidentemente, todo este desarrollo de los medios de comunicación, represión, destrucción y regulación estatal que obstaculizan la autogestión
de la sociedad por los productores directos, a la vez que obliga y posibilita la gestión comunitaria de un sinnúmero de ámbitos parciales, está posibilitado por el desarrollo de las fuerzas productivas técnicas y sus fuentes de energía. Pues son éstas las que necesitan y posibilitan tal desarrollo comunicativo, defensivo, represivo, regulante, como complemento de la regulación mercantil formal automática. Son la expresión del desarrollo de la ley del valor y su instrumentación material intensiva y extensiva. Son las premisas del mercado, desarrolladas monstruosamente, casi como organismos independientes entre sí y que parecen rivalizar con la institución mercantil capitalista que las engloba.
En efecto, la técnica actual es nociva per se en su interconexión funcional y espacial. Sólo desarticulándola y usándola parcialmente, por un lado, y sustituyéndola por otra alternativa, a la vez que regulando, disminuyendo, drásticamente sus efectos antiecológicos, es que es posible su recuperación; y todo ello no es otra vez sino premisa del desarrollo de la conciencia y la práctica revolucionaria proletaria. La organización comunitaria debe ser, por esencia, comunitaria o genérica con la naturaleza, es decir, ecológica.
Pero la ecología es importante para el hombre, en primer lugar, en tanto que éste produce su propio medio ambiente, en tanto que es obra, producto de él: un valor de uso global. Y en efecto, es el valor de uso, los productos singulares de la técnica actual, lo que circula, se transporta y es circulado, regulado, destruido por el resto de medios. Pero, sobre todo, estos valores de uso concretos son los que conectan a la producción con el consumo, la tecnología con el individuo. Constituyen, pues, la mediación ecológica inmediata. El cordón umbilical consuntivo del medio ambiente y los individuos. Por ello los llama Marx “medios de producción generales”.
Ahora bien, el conjunto de valores de uso de consumo reproductivo –alimento, vestido, casa, relaciones sexuales, transporte individual y colectivo cotidiano, ejercicio, ocio, “cultura”, etc., etc.–, está subordinado funcional y materialmente a la técnica y a la comunicación, destrucción, represión y regulación desarrolladas. Son agentes de estos medios. Regulan, reprimen, destruyen, comunican internamente a la corporeidad de cada uno de nosotros y ésta con la de los demás, así como ésta con la de la conciencia, de tal manera que no otra cosa que las necesidades del valor que se valoriza es lo que se objetiva en sus efectos fisiológicos y socializantes. Producen y reproducen unos individuos fisiológica y psíquicamente adecuados a la reproducción de capital, apuntalantes de la misma, incluso al momento en que buscan enfrentarla.
La tercera condición del desarrollo de la conciencia y la práctica revolucionaria comunista, es entonces la gestión de un valor de uso alternativo cotidiano, la crítica teórica y práctica del consumo.
Así, las formas de organización política y social revolucionarias, desarrolladas hasta hoy, no sólo deberán añadir otras nuevas a su comando. Pues ellas mismas son un producto apuntalante del sistema. Deberán más bien, reconfigurarse interna, esencialmente, en acuerdo con las nuevas necesidades organizativas y materiales condicionantes de una auténtica conciencia y práctica revolucionarias.
Se me dirá que muchos de estos desarrollos objetivos del capitalismo han sido observados y que esas formas organizativas, ya experimentadas. Y contestaré que ciertamente. Pero no de modo sistemático y en acuerdo a la esencia de la teoría del desarrollo de Karl Marx, y de su núcleo estructurante: la Teoría de la Subsunción Formal y Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital; es decir, no como un desarrollo consecuente de la misma Crítica de la Economía Política, sino, más bien, al margen de ella o bien contra ella. Por donde puede catarse, desde ya, no sólo su limitación, sino el recorte prevaleciente en el que se mece la actual “Crítica de la Economía Política”.
Esas formas organizativas nuevas parecen darse sobre todo fuera del ámbito “comunista” y sobre todo “marxista”, y aún “proletario”. Por donde se verá el falaz concepto que actualmente manejamos de lo que es “proletariado”, así como la idiotización economicista politicista –y cuando pretende salir de éstas–, meramente culturalista y diletante, en la que ha caído el “marxismo”. Y, sobre todo, el desarrollo que el movimiento comunista ha tenido hasta constituirse en una fuerza productiva capitalista. Pero, recordemos que éstas no dejan de contradecirse con las relaciones que les son añejas; y, de hecho, todos los militantes se sienten cada vez más a disgusto dentro de su propio pellejo.
En el momento actual, las fuerzas productivas técnicas y sus respectivas fuentes de energía entran en crisis con el conjunto de relaciones internacionales y locales. El conjunto de fuerzas productivas deberá re configurarse, y no sólo las relaciones sociales, si es que el modo de producción burgués deberá seguir acumulando. Por lo demás, nada más fácil que ello.
Pero he allí que en el curso de esa reconfiguración de fuerzas productivas es posible que el movimiento comunista, en tanto fuerza productiva, sepa reconfigurarse y sistematizarse fuera de los márgenes del valor de uso capitalista total; dentro de su espacio, fuera de su lógica; fuera de su lógica, dentro de sus funciones y contra ellas; pues son necesarios otros usos, otras funciones.
El desarrollo teórico y práctico de la teoría del desarrollo de Karl Marx es una premisa inmediata de esta posibilidad de desarrollo. El retorno a las fuentes es hoy más que nunca un escalar las cimas.
Estamos en el borde de la necesidad radical de fundar un frente amplio anticapitalista bien cohesionado, bien comunicado. La necesidad radical y trascendente, respecto de las necesidades del capital, de producir una fuerza productiva comunista contestataria de las determinaciones actuales del valor de uso total capitalista, así como de su forma valor.
Sobre todo: sólo una teoría coherentemente construida es la condición de tal desarrollo práctico. Y no para que sea monolítico, sino debido a que por necesidad material debe existir y ocurrir atomizado en medio de la red productiva, comunicativa y reguladora del capital actual.
El Federalismo anarquista parece retomar actualidad. Pero su centramiento práctico a partir de una teorización coherente es forzosa: el centralismo democrático debe cambiar de forma.
Sobre todo es necesario que el sectarismo prevaleciente en la izquierda sea superado, y la condición de ello es la posibilidad de dar explicación unitaria a los desarrollos particulares de cada corriente, así como de regular críticamente su desarrollo en vista de la confluencia global, en vista de la contestación general de las tendencias cada vez más tajantes del desarrollo capitalista.
En México, esto es algo tanto más necesario cuanto tradicionalmente la izquierda sufre de un atraso y un sectarismo galopantes. Y luego, con el desarrollo relativo ocurrido desde 1966 ha ido desarrollando facetas burocrático reformistas, tecnoburocráticas, cada vez más acusadas, y cuyo “modernismo” no ha sabido sino cientificar –descritizar la teoría revolucionaria (“reformarla”), así como estatalizar la política y politizar el ingrediente especificante social del movimiento revolucionario. Así, también el reformismo retorna a sus fuentes y reencuentra a Bernstein, Hilferding, Otto Bauer, etc.
Que todo ello no es algo sólo restringido al ámbito nacional lo demuestra el modo en que los diversos partidos, especialmente los mayores (PSUM) han asumido los diversos movimientos contestatarios surgidos: movimiento estudiantil, feminista y, en últimas fechas, ecologista. De hecho los han mediatizado y subsumido a las reglas organizativas y tácticas ya prevalecientes, apuntalantes de la modernización del capitalismo mexicano. Pero sí, se trata de un desarrollo ejemplarmente recortado; ya que, en otros países, aquellos movimientos –aquí mediatizados de raíz– son lo suficientemente desarrollados como para lograr cierto desarrollo autónomo significativo. Y al que se añade, también, significativamente, un movimiento alternativo general, inclusivo de un movimiento de comunas y vida cotidiana alternativa.
Pero en ningún país parece ofrecerse la alternativa de una reconstitución cultural e intelectual por parte de los revolucionarios. Más bien, todo lo que sea teoría y cultura, todo lo que sea pensar, todo lo que sea arte, etc., se ve corroído, desublimado represivamente (Marcuse dixit). De suerte que se facilita así –con ese recorte de las miras de los individuos sociales, base celular del recorte del horizonte de la sociedad civil toda– una más fácil y oportuna represión militar-policial y publicitario-burocrática del conjunto poblacional. Represión desplegada en caso no tanto de sublevación, sino, sobre todo, de necesidad del capital en vista de canalizar su ejército industrial en activo o de reserva; y, precisamente, hoy, que la crisis mundial lo obliga a golpear a la clase obrera como única alternativa de salida inmediata de la baja tasa de ganancia; la que no es otra cosa que la base material de la desublimación represiva psíquicocultural.
De tal manera, si existe contradicción cultural y desublimación represiva no es debido a que las contradicciones económicas –particularmente las productivas– hayan sido superadas, sino a que se han agudizado. Y al contrario, la contradicción económica global, expresada como ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, no se expresa sólo a nivel económico formal (valor), sino a nivel económico real (valor de uso) y, por tanto, en la vida concreta de los individuos como insatisfacción y destrucción cultural, física y psíquica. Y es del y por el conjunto de contradicciones que la revolución brota y triunfa. Por ello el capitalismo querrá escindirlas, aislarlas; tanto teóricamente en ideologías falaces, reaccionarias y pseudorrevolucionarias y pseudocientíficas, como prácticamente, en un sectarismo e incomprensión generalizados e intolerantes.
En efecto, el movimiento alternativo actualmente existente busca gestionar un valor de uso diverso del tradicional (capitalista) mediante algunas sugerencias precapitalistas aunadas a otras capitalistas; desde su inicio fue un movimiento contracultural, un movimiento anticultura burguesa dirigido a la liberación del cuerpo, los sentidos, las emociones, la sexualidad pero, a la vez, contra la cultura y el intelecto equivocadamente marcados como per se represores, burgueses (“poderes”). Así que el movimiento contracultural no ha sabido dar una alternativa intelectual
cultural en forma, con lo que el valor de uso alternativo no puede quedar cohesionado coherentemente ni completado. Más bien muestra una mutilación esencial que lo hace apto a que el Estado y el capital rijan su despliegue; así como una incoherencia, un eclecticismo de composición, que lo hacen tanto más apto a su mercantificación.
El gran desarrollo místico-religioso suscitado en medio de la contracultura bajo la forma de un pulular de gurús, meditación oriental y sectas religiosas cristianas, etc., etc., no ha suscitado aún un desarrollo intelectual cultural concomitante, tal y como sí lo hizo en las civilizaciones precapitalistas, de cuya cultura fue el núcleo determinante. Más bien ha posibilitado hasta ahora –en alianza con el nihilismo– una desublimación represiva del pensamiento discursivo. Al que, mejor que buscar suprimir –lo cual es imposible–, mejor debiera buscar remodelarse como nueva racionalidad crítico-comunista.
Así pues, también la base de un desarrollo cultural alternativo, cada vez más necesario, tiene como premisa el rescate y el desarrollo de la teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx, tanto a nivel económico (Crítica de la Economía Política) como a todo nivel, en tanto Crítica Global de la Sociedad y Crítica de la Antropología.
Entiéndase que sin un frente bien cohesionado y consciente de sus fines, amigos y enemigos, el despliegue político de la izquierda y el despliegue socio-cultural (contracultural) general sólo se desglosa en distintas sectas, más o menos jerárquicas o caóticas, que exigen o permiten que su mediación mutua sea el mercado, el Estado y los medios de comunicación burgueses, en particular el lenguaje y la ideología burguesa muy desarrollada y diversificada desde fines de siglo, y desarrollada precisamente por la izquierda.
La necesidad práctica radical y prioritaria del movimiento en su conjunto –no sólo de éste o aquel sector– es hoy la consolidación de una teoría que explique unitariamente la realidad desde su fundamento, y por allí la critique.
“Sin teoría revolucionaria...” –hoy más que nunca, cuando el capital domina la circulación y emisión de todos los mensajes discursivos y no discursivos– “...no hay práctica revolucionaria”. Según Lenin señalara ahito de trascendencia. Si no el capital seguirá refuncionalizando todo lo que se haga, pero no siguiendo la simple tendencia a desarrollar unas fuerzas productivas y una creciente socialización que sean ya incontenibles dentro de las relaciones burguesas y preparen así, taimadamente, el socialismo. Sino más bien, encaminándonos a una barbarie productivista-destructiva, tecnológico-militarizada, cada vez más masificada y alienada, donde el peso totalitario de cada “todo” (“sociedad”, “nación”, “estado”, “sindicato”, “partido”, “parlamento”, “familia”, “escuela”, etc., etc.) pesará sobre la posibilidad magra de liberación de los individuos concretos, el fundamento real del comunismo: “las auténticas comunidades individuales”, según las llamara Marx en 1844.
4. Cabe Resumir: Nuestros Medios y los del Capital
Este resumen es lo que el capitalismo realiza prácticamente: el enfrentamiento como resultado del desarrollo.
Los medios de producción, consumo y comunicación son los medios o fuerzas productivas con los que toda sociedad cuenta para desarrollarse. La relación de producción dominante que caracteriza al capitalismo debe subordinarlos para autodesarrollarse.
El autodesarrollo del capital significa el de su dominio e interconexión interna, la cohesión de todas sus articulaciones; la cual se opera materialmente mediante los medios de comunicación y transporte, los medios generales de la sociedad. Las Teorías del Imperialismo, presas en la apariencia, creyeron que los medios de circulación (dinero, mercancía, acciones, letras de cambio) y sus formas correspondientes de capital (capital financiero), eran los sujetos dominantes de este proceso operado por el capital industrial según el desarrollo de la subsunción real y la subsunción formal del proceso de trabajo inmediato bajo el capital y, por consiguiente, según el desarrollo de las fuerzas productivas del capital, tanto las comunicativas como las creadoras (“medios de producción”). Y pudieron » creer tai, ya que el vehículo o medio de desarrollo material del dominio y cohesión del capital son los medios de comunicación, ni más ni menos que en cualquier sociedad, pero aquí recubiertos por los medios fetiches de circulación y ellos mismos enajenados respecto de los “productivos” creadores; los cuales son los determinantes en última y toda instancia, pues producen el contenido básico de lo que habrá de comunicarse/transportarse. Así como es, a la vez, el contenido posibilitante de la reproducción vital del sujeto social, el creador de todo mensaje, el promotor de todo viaje. De suerte que incluso cuando la comunicación y el transporte son de suyo creadores –no sólo comunicadores de dos extremos preexistentes–, aún allí dependen de las fuerzas productivas inmediatas particulares. Ellos, de suyo, no son sino las fuerzas productivas generales de la sociedad; y si algún sentido tiene la discusión de los universalia ante post rem, es haber conducido a la solución: los universalia in rem. Por donde lo particular y concreto, lo individual y existente es prioritario y puede serlo por ser ya lo general bajo modo inicial. Es decir, que el único modo de concebir, sin enajenación, a lo universal es siendo absoluto y, por tanto, nunca separado de lo individual. Por donde decir que es prioritario lo individual no es sino un modo de decir que lo prioritario es lo general no enajenado, lo universal no enajenado.
Ahora bien, frente a la subsunción real y formal de los medios de producción capitalistas de cuya estructura deriva el productivismo, debemos oponer la praxis humana auténtica apoyada materialmente en una tecnología alternativa ecologista.
Así como frente a la subsunción formal y la subsunción real de los medios de consumo producidos por los de producción y sus apuntalantes complementarios, de los que deriva el consumismo, debemos oponer el gozo humano auténtico apoyado materialmente en una estructura de necesidades y valores de uso equilibrados no nocivos y deformantes. Finalmente frente a la subordinación formal y real de los medios de comunicación y transporte de los que deriva directamente el autoritarismo y la atomización/masificación de la sociedad civil y el Estado (y la
ideología en general), debemos oponer las formas de convivencia comunitarias, cualitativas, igualitarias y tolerantes, gestoras de valores de uso, necesidades, técnicas y comunicación, auténticamente humanas.
En gracia al desarrollo actual del capitalismo, particularmente de sus medios de comunicación, todo él ha quedado cohesionado, totalizado. De suerte que hoy –y evidentemente no así en el siglo XIX– la revolución del sistema capitalista, es decir de la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, y del proceso de comunicación, distribución y consumo, etc., tiene como premisas inmediatas de su realización, no sólo la modificación de las formas de relación social y de producción, sino de éstas en tanto que determinan la estructura del contenido técnico, comunicativo y de consumo.
5. De los Pilares del Desarrollo Capitalista y de Nuestros Pilares de Desarrollo
Tales son las tendencias efectivas del desarrollo capitalista. Tales nuestras necesidades insoslayables. En efecto las premisas o “pilares” de la lucha son producidos como y acompañando a la lucha en tanto resumen del desarrollo capitalista. Desde ellas se desarrollan las tendencias capitalistas y revolucionarias ulteriores.
De hecho el movimiento esencial del desarrollo capitalista consistente en acrecer la subsunción formal y la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital se logra mediante la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, cuya eficacia y movimiento real ocasiona la actuación práctica de los agentes capitalistas, cuanto más agudizadas durante las crisis. Las crisis, ni más ni menos que verdaderas crestas e himnos a la Subsunción Formal y a la Subsunción Real.
Así, la Teoría del Desarrollo de Karl Marx se funda en la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, y se engloba en la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y la sobreacumulación de capital. Evidentemente, la mundialización del capital, que le va implícita, y su polarización funcional y espacial concomitante, se apoya en el desarrollo de los medios de comunicación y de los medios de destrucción y represión cuya clave reguladora mutua es el desarrollo del estado como garante, ya no sólo de las condiciones de reproducción tecnológica y económica del capital, sino además, de las condiciones de destrucción y represión cada vez vueltas más autónomas respecto de las productivas. Todo lo cual redunda en la necesidad de subsumir, no sólo legalmente, formalmente, a los individuos y su conciencia bajo esta totalización forzada del capital, sino de subsumirlos realmente a nivel corporal fisiológico, mediante... es decir, hablo de la regulación material de su metabolismo a partir de bienes de consumo nocivos y deformados producto de un aparato tecnológico, él mismo, deformado internamente por la necesidad de maximización de la ganancia y no más bien de la calidad de la vida.
Así, el desarrollo capitalista corre desde la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital hasta la Subsunción Real del Consumo bajo el capital; y la Subsunción Real del Consumo bajo el capital ocurre mediante la Subsunción Real y Formal de los medios de comunicación bajo él capital. Tales las premisas de la Teoría del Desarrollo capitalista de Karl Marx –según las muestra la “Introducción de 1857”, los Grundrisse y el capítulo XIII y XIV del Tomo I de El Capital, así como el capítulo XV y las secciones VI y VII del Tomo III, etc. Y tal el desarrollo que debemos operar en la teoría de Marx al momento mismo de rescatarla, y sin cuyo rescate es imposible cualquier otro despliegue crítico y práctico auténticamente revolucionarios.
El gran desarrollo de los medios de comunicación y transporte que pudo desplegar el modo de producción burgués, una vez consolidada capitalistamente su base productiva europea (subsunción real) fue, a la vez, acicateado por la necesidad de expansión del mismo sistema capitalista en vista de disolver, extender, mitigar las contradicciones inherentes a tal base productiva. La potenciada fetichización concomitante de la conciencia revolucionaría no se hizo esperar, a la vez que se ciaba como un desarrollo decadente de la conciencia revolucionaria previa. Así, en el curso del desarrollo capitalista, las Teorías del Imperialismo se constituyeron en la enajenación de la teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx; y precisamente al modo de pretextar teorizar el desarrollo capitalista reciente.
Ni más ni menos, el nudo problemático que las constituye es expresado por ellas mismas como su ventaja. Vuelven reiteradamente a esa falla de desarrollo como una fijación de la que sacan las únicas formas que conocen de placer y realidad. Todos los principios quedan allí torcidos, pero dándoles satisfacción deformante y, por ello, complaciente, a la vez que encubierta en su contradictoriedad. Las Teorías del Imperialismo son hijas de la subsunción formal y real de los medios de comunicación que dieron lugar al “Imperialismo”.
Después de referido todo lo que antecede, debo indicar que no es el lugar, este capítulo, para presentar completa la teoría del desarrollo de Karl Marx, en positivo. Ello será el objeto de mi tesis de doctorado.
El objeto del presente trabajo es, al contrario, el de desbrozar críticamente el terreno. No obstante, esta labor negativa sólo puede soportarse por el avance de indispensables elementos positivos. Por lo demás, actualmente contamos con un texto escrito como tesis de maestría en Economía (UNAM, 1983) por mi amigo Alberto Carrillo Canan: La Noción de Desarrollo Capitalista en Marx. y a ella remito al lector interesado.
En los capítulos que anteceden –y en éste–, así como en los que vienen, son avanzados, tanto implícita como explícitamente, rasgos positivos de la teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx, según interpreta el que escribe estas líneas. Pero no debe olvidarse que la labor negativa explícita, fundada en una positividad espontánea, y si se quiere aún latente, es la tarea prioritaria a desplegar cuando las condiciones de dominio del capital subordinan radicalmente todos los contenidos.
Pasamos ahora, por ello, a explorar las entrañas de la dominación y cómo la han “pensado” las Teorías del Imperialismo. Veamos cómo el efecto general del dominio del capital sobre la conciencia (y allí sobre las Teorías del Imperialismo), es el de suscitar o construir su incoherencia.
Pues, ciertamente, la conciencia y la teoría incoherente, no pueden ser libres. La incoherencia es condición de la dominación; si bien, la dominación no es condición sino de cierto tipo de incoherencia arreglada a su imagen, de donde un resto de incoherencia e irracionalidad no puede ser utilizado por el dominio capitalista; y si bien, no es totalmente adecuado al uso revolucionario, le entrega beneficios parciales, en tanto produce hechos inéditos hasta entonces y, por tanto, aún no subsumidos totalmente (real o formalmente) al capital, sino apenas tangencialmente. De ahí que el desarrollo incoherente de las Teorías sobre el Imperialismo no sea sólo algo negativo, sino también, positivo para el desarrollo de la revolución y la humanidad. En el mismo plano se sitúa el nihilismo y el irracionalismo y cientificismo expresos.
No obstante aparecer tan diferentes a la “racionalista” y “revolucionaria” Teoría del Imperialismo. Y es que el camino de la verdad es uno, mientras que múltiples los del error: una máscara más del dominio... Y no obstante, el error debe jugar, sólo puede hacer eso, con la verdad y, por consiguiente, en algo, y siempre afirmarla, desarrollarla.
Pero es importante que la verdad llegue a autorreconocimiento, pues sólo allí se libera, sólo allí es libertaria, sólo allí tiene un sentido humano real: es allí la afirmación –una de tantas– del desarrollo de nuestra libertad.
APÉNDICE
Alberto Carrillo sabe resaltar el núcleo o contenido central de la teoría del desarrollo capitalista de Karl Marx: la teoría de la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital; y se adentra en la reconstrucción del resto de la doctrina de Marx a partir de este principio. En 1981 tuvimos la oportunidad de platicar por primera vez. Ambos tuvimos como maestro a Bolívar Echeverría y por diversos caminos habíamos llegado a similar conclusión.
La discusión entre Paul Mattick, Antón Pannekoek y Karl Korsch, a propósito del libro de Henryk Grossmann: La ley de la Acumulación y el Desarrollo Capitalista (1929), y que fuera recientemente recompilada bajo el sugerente título ¿Derrumbe Capitalista o Sujeto Revolucionariotiene el interés, en primer lugar, de mostramos qué tanto podía dar de sí, mostrarnos, el máximo esfuerzo realizado por la conciencia teórica de los revolucionarios para esclarecer la teoría del desarrollo capitalista. Pero, en segundo lugar, tiene el interés de mostramos cómo los límites y quid pro quos presentes e iniciados en las posturas de Bernstein y Kautsky, etc., son en su esencia tan ásperos y persistentes, que no obstante Korsch, Pannekoek y Mattick reflexionen críticamente las precedentes teorizaciones, y aún sean francamente contrarios a la figura que presentan como Teoría del Imperialismo (en Hilferding, Bujarin, Lenin, etc.), según la cual la nueva relación de producción dominante es el capital financiero y no más el industrial; que no obstante se avoquen radicalmente a superarlos –digo– no logren sino confirmar de nuevo modo los límites y contradicciones referidos. Y ello, precisamente, porque, en tercer lugar, su discusión nos muestra que les pasa desapercibido el contenido específico de la teoría del desarrollo de Karl Marx: la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital.
Así como, en cuarto lugar, por ello, su óptica general de análisis se mantiene formal; casi sólo sensible a la economía, en lo que ésta presenta de determinaciones derivadas del valor pero casi insensible al valor de uso; o si lo toman en cuenta lo hacen sólo formalmente, como mero soporte o premisa que luego es olvidada; y ello tanto si se trata del contenido de los valores de uso técnicos, como de los de consumo final, etc. Este es, en efecto, el límite general de las Teorías del Desarrollo Capitalista (“Teorías del Imperialismo”) habidas después de Marx. Límite tanto más subrayable por cuanto que en la discusión referida participa Karl Korsch, quien tiene el mérito de haber llevado a cabo la reflexión más desarrollada y sistemática sobre el discurso crítico de Karl Marx en cuanto tal, y, particularmente, de su Crítica de la Economía Política como forma discursiva precisa de captación científico necesaria de las relaciones capitalistas de producción.
He aquí el quinto aspecto de interés que ofrece el ¿Derrumbe Capitalista o Sujeto Revolucionario?; que no obstante que Karl Korsch tiene una concepción rigurosa, y su comportamiento es todo, menos ingenuo y ciego, respecto de la Crítica de la Economía Política como forma discursiva precisa, sin embargo, por no retomar, como principio absoluto, el contenido especificante de ésta, la teoría de la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, tampoco él puede superar el límite esencial de las Teorías sobré el Imperialismo y se le enreda entre las manos la Teoría del Desarrollo Capitalista de Karl Marx.
El horizonte abierto por Bernstein queda así confirmado, no obstante que en su ocaso. Pero prevalece aún hoy, en la medida en que la radical teorización de los participantes en la discusión referida, quedó cortada por diversos motivos –teóricos, biográficos, históricos, etc.– que involucraron, también, al desarrollo del movimiento obrero.
APENDICE METODOLÓGICO
1. Construcción de los tres Capítulos
Los tres capítulos se dedican o buscan construir el concepto de Capitalismo Actual, preguntan qué es el capitalismo actual. Esa pregunta los origina y eso es lo que tratan de responder; pero lo van a hacer de modo negativo; es decir, discutiendo con una serie de propuestas que ha habido sobre qué es el capitalismo actual. Asimismo van a desplegar la discusión varia como si se tratara de discutir una sola propuesta: “Teoría del Imperialismo”. Sí, todas las propuestas que tratan de responder qué es capitalismo actual desde 1900 van a ser englobadas como la ideología denominada: “Teoría del Imperialismo”. Aparecen discusiones particulares pero sólo como ejemplos como concreciones o singularizaciones de tal ideología global. Por lo cual no ocupa mucho lugar la discusión con ellas sino que ocupa mayor lugar la presentación del discurso de Marx; podemos decir que “en términos positivos”.
Así pues, es al modo de una presentación peculiar de ciertas teorías de Marx que se responde al problema del concepto de Capitalismo Actual. Y precisamente al modo de presentar las teorías de Marx contra el fondo de las teorías sobre el Imperialismo; es decir, contra todos aquellos autores que después de Marx y siendo contemporáneos nuestros han tratado de caracterizar al capitalismo y se han equivocado contra Marx aunque les interese el concepto de Capitalismo en Marx.
Ahora bien, el concepto de Capitalismo Actual debe ser construido, en primer lugar, en su aspecto general. Esto lo lleva a cabo el capítulo I: “La Subsunción Formal y la Subsunción Real como contenido nuclear de la Teoría del Desarrollo de Karl Marx”. En segundo lugar, en su aspecto particular; esto lo hace el capítulo II: “La Crítica de la Economía Política como forma discursiva necesaria de una auténtica Teoría del Desarrollo Capitalista”; finalmente, en su aspecto singular lo aborda el capítulo III: “La Teoría del Desarrollo Capitalista de Karl Marx, las Teorías sobre el Imperialismo y el Desarrollo Capitalista ocurrido y por darse”.
De hecho, los aspectos general, particular y singular son dimensiones propias de todo concepto, de todo juicio acerca de algo, son las partes de todo silogismo. El silogismo –efectivamente– relaciona lo general y lo singular mediante lo particular. Así por ejemplo, si preguntamos ¿Qué es el capitalismo? como si dijéramos: ¿qué es un hombre? y contestáramos: Un hombre es un ser mortal. Este es un hombre. Este es mortal... Todas las sociedades limitadas, contradictorias son mortales. El capitalismo es una sociedad limitada, por tanto, el capitalismo es una sociedad mortal.
Dicho de otra manera: el capítulo I aborda el aspecto inmediato de lo que es el capitalismo actual –y por eso como algo completamente idéntico a la propia teoría de Marx de la SF y SR. Porque la SF y SR son lo inmediato, lo básico o lo abstracto,observan todavía al capitalismo en tanto el capital no describe aún su figura completa.
El capítulo II –que habla de la Crítica de la Economía Política (CEP)– aborda el aspecto mediato de lo que es el capitalismo actual y de lo que ha sido el desarrollo capitalista o cómo ha sido mediado y, precisamente, cómo ha ido mediando las contradicciones de sí mismo, “del sistema”, en sus aspectos positivos y negativos o cómo en ese transcurrir devino la CEP o, mejor dicho, cómo el capital ha logrado hacer, por ejemplo, de la crítica revolucionaria una pseudocrítica; cómo la convierte en instrumento o en mediación del sistema capitalista. Así, pues, se observa cuál es la manera general en que se han contrapuesto el proletariado y la burguesía y cómo uno de los resultados de este enfrentamiento ha sido la “Teoría del Imperialismo”.
Por eso este capítulo parece establecer una identidad entre lo que es el capitalismo actual y su desarrollo (es decir su proceso previo). Una identidad entre el resultado y el proceso de desarrollo de ese mismo capitalismo. De ahí que parecen retomarse una serie de determinaciones descubiertas por autores posteriores a Marx, pero se insiste en que deberán de ser incluidas dentro de la forma discursiva determinada «CEP» la cual ellos jamás han entendido.
En tercer lugar, el concepto de Capitalismo Actual debe ser construido en su aspecto absoluto o inmediato-mediato; es decir, como aquello que ya como inmediatez es producto de múltiples mediaciones históricas previas. Si el concepto de lo general o el aspecto general de un concepto es idéntico con el de su inmediatez, el particular lo es con su mediación, porque ciertamente el todo siempre media con las partes, éstas son los instrumentos del todo. Finalmente, el aspecto singular es idéntico con su aspecto absoluto; es decir, donde el todo tiene tanta fuerza como para haber llegado a marcar a cada una de las partes como singularidades suyas. “El todo está totalmente en cada parte”, es su aspecto inmediatomediato o absoluto; lo cual solamente se logra en el desarrollo: el propio capitalismo actual es un capitalismo en desarrollo. ¿Cómo es que las premisas inmediatas y SR) median con sus contradicciones ideológicas y prácticas y nos ofrecen resultados englobados y desarrollados: son el capitalismo actual? Este es precisamente el horizonte del capitulo III. De este modo se responde el por qué es el capitalismo actual así, o cuál es el concepto de capitalismo. Pero insisto, se responde de esta manera: de modo crítico respecto de una serie de corrientes englobadas como una sola que pasa a ser simplemente ilustrada.
Por supuesto estos capítulos son la base de algo más completo; todos ellos abordan el problema del capitalismo actual. Otros capítulos –aquí no incluidos– debían desglosar la discusión con distintos sectores de la teoría.
2. Vistos los Capítulos desde otra perspectiva
El capítulo I, que habla de la SF y la SR del Pti bajo el capital retrata el contenido del desarrollo capitalista; y –al hacerlo, entonces– describe el propio desarrollo capitalista y a la vez la estructura básica del desarrollo común a toda historia. En síntesis, la estructura real capitalista, y, con ello, no puede sino describir el conjunto de «fuerzas productivas», el tipo concreto de Fuerza Productiva del capitalismo. Pues eso es precisamente el contenido del desarrollo.
El capítulo II, sobre la CEP, aborda la forma del desarrollo capitalista y del discurso de Marx, de la teoría comunista de Marx. Describe –al describir esta forma– a la revolución comunista como proceso intracapitalista. En especial, cómo es que se ha confundido por parte de todos los autores la Acumulación capitalista con la revolución comunista. O, en otros términos, ¿cuáles son las premisas para la confusión de la acumulación de capital y la revolución comunista?
En otros términos: el punto de partida –y por tanto la perspectiva que hay que tener– para criticar al modo de producción capitalista es la relación entre modo de producción burgués y revolución comunista. En el capítulo II, poco antes de la exposición a dos columnas presente en dicho capítulo, se ofrece esta tesis: y en las columnas se expone cómo es que aparece la sociedad capitalista ante esta perspectiva de la revolución comunista.
Todo ello, conforme se hace un seguimiento de la argumentación de ¿por qué? la revolución comunista es la Amisión del proletariado». Del lado izquierdo de la columna se explora la relación «modo de producción burgués y revolución comunista» en referencia al papel del proletariado; en el lado derecho se presenta cómo se ha caído en errores al tratar de rescatar la CEP. Por esta doble vía se logra conformar la estructura global de lo que históricamente ha sucedido, la estructura necesaria de la conciencia comunista y el desarrollo real que ha tenido esta conciencia.
Para poder resolver la relación de las relaciones de producción de capital con las relaciones de producción de la revolución comunista tanto una columna como la otra son columnas vertebrales.
Maticemos cómo se ocupan de lo dicho. La columna de la derecha expone las “consecuencias”. La primera consecuencia tiene que ver con el primer error, la segunda consecuencia tiene que ver con la primera y la segunda. Así por ejemplo, quien es positivista es de fondo y necesariamente –como consecuencia– neoarmonicista. Pues ya no ve qué le domina; y no puede sino haber una contradicción galopante al interior de la propia teoría.
Ahora bien, el quinto punto expuesto en las columnas es la síntesis de todas las contradicciones objetivas anteriores; y siéndolo se ocupa de mostrar cómo es que el sujeto social se autoaliena, cómo es que puedes construir una trampa tú mismo y con otros.
El sexto punto presenta cómo todas las actividades del sujeto revolucionario quedan mediatizadas:
El séptimo, en síntesis, representa al punto dos, lo representa desdoblado: es autorrepresión del individuo revolucionario. Obsérvese que todos los errores se presuponen unos con otros pero temporalmente se suceden. En el punto 7 se sintetizan todos los errores. Queda señalado el que la CEP actual tendría que recaer sobre todas las corrientes que se presentan en la izquierda. De hecho se suscita la ilusión de creer que pasas de una corriente a otra, crees que pasas de la opresión a la liberación siendo que en verdad sigues preso. Allí la revolución comunista queda alienada y la relación de ésta con la acumulación de capital es favorable para la acumulación de capital: usa a la revolución comunista para conformarse cada vez.
Así pues, el capítulo no aborda directamente la estructura del desarrollo capitalista sino la confusión configurada del desarrollo histórico capitalista, o cómo ésta es un ingrediente necesario de la estructura real. Pero puede decirse también que el resultado del desarrollo capitalista sólo puede ser el que la propia estructura se confunda o deforme; y que por ello deba ocurrir una confusión ideológica. Este capítulo, entonces, lo que presenta no es directamente la estructura real, sino el pensamiento capitalista.
Pero lo que hace al observar la forma de expresión teórica del desarrollo capitalista es captar la forma general de este desarrollo, no su contenido. Esta forma general no son las fuerzas productivas (capítulo I) sino las relaciones de producción. Así pues, describe en su eficacia subordinante las relaciones de producción capitalistas del capitalismo actual.
El tercer capítulo, aborda la teoría del dcsarollo capitalista, no el contenido y no la forma de este desarrollo por separado sino unidos; es decir, no la realidad del desarrollo capitalista (capítulo I) ni sólo el desarrollo de la revolución comunista hasta hoy (capítulo II) sino ya la realidad actual. Presenta, entonces, la estrategia y la táctica a desplegar; a implementar o a «revolucionar». Y todo ello, por cierto, se centra en torno al valor de uso.
Retomemos lo dicho anteriormente acerca de que el objetivo de los tres capítulos es redondear el concepto del Capitalismo Actual en general, en particular, en singular; inmediato, mediato y absoluto:
Capítulo I: Qué es aquello que se presenta inmediatamente al sujeto revolucionario: La SF y SR del Pti/K.
Capítulo II: Aquello mediante lo cual el sujeto revolucionario se enfrenta o lucha: el discurso crítico; y que en medio de esta confrontación se confunde y queda integrado.
Capítulo III: Al presentar la estrategia presenta el momento absoluto según el cual se despliega el sujeto cuando lleva a cabo la comprensión del desarrollo capitalista y de su propio despliegue revolucionario. Aquí se presenta, entonces, la deformación de una realidad en el curso de la historia.
Por eso lo que se presenta es la historia real del capitalismo, no sólo su estructura o su confusión configurada, sino la formación de toda una realidad en el curso de una producción histórica. No se aborda la estructura real capitalista o el pensamiento capitalista sino la historia capitalista real que se forma como unidad teórica práctica en curso, unidad contradictoria entre ideologías y corrientes.
Al abordarse la realidad de la teoría del desarrollo capitalista –al lograrse
redondear–, no se habla sólo de las fuerzas productivas o de las relaciones de producción sino que se redondea el concepto de «modo de producción» porque esa es la realidad capitalista: un modo de producir las realidades, de producir realidades singulares, de producir a la estrategia, de integrarlas y desintegrarlas; al mismo tiempo que éstas pugnan por liberarse en tanto movimiento revolucionario, y lo logran.
El modo de producción capitalista produce cierto tipo de valor de uso y por su parte la revolución comunista deberá conformar otro modo de producción de valor de uso. En este logro se funda su triunfo. A propósito del capítulo –fuerzas productivas, SF y SR– es que aparece la carencia fundamental presente en la Teoría del Imperialismo: está ausente la SF y la SR.
El capítulo II habla de la forma de confusión configurada ideológicamente propia del pensamiento capitalista. Se habla de la presencia de Marx o de su actualidad. En otros términos a propósito de esa forma de reproducción se habla de un contenido que las pincha. En efecto, esa forma absoluta de dominio presente actualiza constantemente un contenido que la pone en cuestión de manera global. Contenido teórico que la enfrenta globalmente: es la CEP y de la sociedad capitalista en general.
En el capítulo III se aborda al modo de producción capitalista en su realidad, o la estrategia y táctica en torno al valor de uso: la historia real capitalista. Ahí aparece la teoría actual sobre el capitalismo. En lo puesto en escena surge la cuestión ¿cómo retomar a Marx y desarrollarlo? Así pues:
Capítulo I Presencia del Capitalismo.
Capítulo II Presencia de Marx.
Capítulo III Presencia del hoy y, entonces, del autor del libro.
3. Otro modo de ver los capítulos
Estos tres capítulos están dedicados a hacer las críticas a las Teorías del Imperialismo. O, en otros términos, la Crítica de la Economía Política actual en su figura más resaltante: las Teorías del Imperialismo. Para ello el autor, se ve obligado a describir qué es esa Economía Política y qué es esa Teoría del Imperialismo y cuál el camino mediante el que se las elabora.
El capítulo I describe el contenido de la Teoría del Imperialismo al indicar que se ha perdido de vista el contenido del desarrollo capitalista: la SF y SR. Así pues la Teoría del Imperialismo oculta la esencia, es ideología burguesa; éste es su contenido de clase. ¿Cómo realiza este contenido de clase? al hacer depender a la teoría revolucionaria de representaciones burguesas del desarrollo pero que encubren su carácter. Y no puede sino depender de tal horizonte porque ha obviado un contenido real teórico preciso: la SF y la SR del Pti bajo el capital.
El capítulo II describe la forma del contenido teórico de las Teorías del Imperialismo. Su forma de ser pseudocrítica. Forma lograda al no poder reconocer la forma del discurso de Marx y, sin embargo, buscar criticar al capitalismo desde Marx. Así como alcanza su contenido burgués de clase al olvidar el contenido esencial, alcanza forma burguesa de teorización al no observar la forma de la crítica auténtica.
El capítulo III no aborda el contenido y la forma sino la realidad de la Teoría del Imperialismo, su realidad como ideología burguesa o en tanto es, en verdad, una herramienta del desarrollo; pues, en efecto, en tanto pseudocrítica es medio de desarrollo del capitalismo, es un algo contradictorio. Así pues, se demuestra su carácter absurdo y también su potencia: Es una «herramienta», esa es su realidad; una fuerza productiva y relación de producción del capitalismo. El ingrediente característico fundamental de la historia capitalista es haber logrado construir un tal modo de fuerzas productivas para desarrollarse. De aquí deriva la pregunta global: ¿Por qué el capitalismo en su desarrollo necesita para desarrollarse de esta herramienta: de las teorías del Imperialismo? ¿Qué tipo de capitalismo es ese que tal necesita? Esta pregunta contesta o, dicho de otro modo, su contestación pasa a redondear la respuesta respecto a qué es el capitalismo actual. Cuestión que a todo lo largo del libro se está respondiendo.
En efecto, para responder qué es el capitalismo actual, hay que entender la función de las Teorías del Imperialismo en el capitalismo actual si no se responde a la pregunta de qué tipo de capitalismo es éste que las contiene efectivamente.
Creer que midiendo el plusvalor y atendiendo a la dominación es suficiente para responder qué es capitalismo actual es equivocarse; pues, sólo se observan relaciones parciales, no al capitalismo actual como un todo. Formulemos de nuevo la pregunta: ¿Por qué al capitalismo le sirvió, por qué el capitalismo necesita de las Teorías del Imperialismo? ¿Qué tipo de capitalismo es ese? A través de la respuesta a esta pregunta es como en el libro se verá se tipificará, el capitalismo actual. Ahora podemos formular de mejor manera toda la pregunta por el concepto del Capitalismo Actual ¿Cómo es posible que surgiera la Teoría del Imperialismo? o ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad para que haya Teoría del Imperialismo? Dicho en otros términos: ¿Cómo es posible que aparezca una secreción ideológica como la Teoría del Imperialismo mediante la cual él modo de producción capitalista siga creciendo y desarrollándose de modo capitalista? ¿Quésignifica producir de ese modo, producir plusvalor mediante explotación de fuerza de trabajo? Esta última es, por cierto, la pregunta que responde El Capital de Marx. ¿Qué significa consumir fuerza revolucionaria como condición para proseguir la explotación de plusvalor? es nuestra pregunta. En efecto, es concomitante a la de la explotación de fuerza de trabajo. Pues sólo así se logra el desarrollo capitalista explotador de fuerza de trabajo. El desarrollo capitalista que es mediado se logra, no sólo cuando consume fuerza de trabajo –pivote del desarrollo inmediato–, sino cuando consume fuerza revolucionaria y produce diversas secreciones –«instituciones»– para someter a la clase obrera, entre ellas las ideológicas, que le sirven de instrumento de reproducción.
Por paradójico que parezca, la pregunta: ¿cómo es posible que aparezca el plusvalor? es idéntica a la pregunta de ¿cómo es posible que surgieran las Teorías del Imperialismo? Esta es la pregunta que se responde en los tres capítulos; es la pregunta que los preside y que van respondiendo paso a paso.
El capítulo I dice que es posible que surgiera la Teoría del Imperialismo en gracia al proceso de Subsunción Formal y Real del Pti bajo el capital. Cierto, en gracia a tal proceso fue posible que el discurso quedara subordinado. Se trata, entonces, de una contestación general.
El capítulo II responde: Es posible que hayan surgido las Teorías sobre el Imperialismo no sólo por la Subsunción Formal y Real del Pti/k sino en gracia al desarrollo de las relaciones capitalistas y del fetichismo y la enajenación que le son inherentes; por donde la revolución comunista queda subsumida a nivel material y político e ideológico. La subordinación ideológica –Teorías del Imperialismo– supone y expresa a las otras: es su índice.
Aquí se particulariza la contestación al momento de desarrollar el concepto de SF y SR del Pti bajo el capital hacia ámbitos políticos e ideológicos, así como hacia ámbitos materiales no productivos. El capital subsume también esos ámbitos; y, precisamente en base a la subsunción del proceso de trabajo inmediato.
El capítulo III, por su parte, nos dice:
Es posible que apareciera la Teoría del Imperialismo como una secreción que sirve al desarrollo capitalista, como una secreción producida por el uso o consumo que el capitalismo hace del movimiento revolucionario. Es posible entonces, no sólo en gracia al desarrollo de las relaciones de producción y las relaciones fetichistas sino en gracia al desarrollo total del modo de producción burgués singularizado como desarrollo mundial. Es en el curso de la mundialización del capitalismo a partir de su figura continental, europea, –es decir, a partir de 1850– que se ha logrado esta subordinación del proletariado y su discurso bajo el capital.
El capitalismo se desarrolla hacia regiones antes no capitalistas; pero esto sólo lo puede hacer si subordina al proletariado en la teoría; de suerte que pueda confundirlo al momento de desplegar su estrategia, Algunas revoluciones pretenden ser socialistas; pero más bien, extienden el capitalismo bajo otras modalidades. Por tanto se hace cada vez más actual la revolución comunista pues la condición de posibilidad básica para que el proletariado la realice es justamente el desarrollo capitalista y su extensión, pero con esto, es condición de la revolución comunista en tanto instrumento de extensión y desarrollo capitalista.
Así pues:
Capítulo I Se presentan las condiciones de posibilidad para que exista la Teoría del Imperialismo como un “plusvalor”.
Se presenta su contenido.
Capítulo II Se presenta su forma.
Capítulo III Se presenta su totalidad, su movimiento en curso.
En fin, esta es la pregunta teórica básica. Pero también esta pregunta debe ser formulada en términos históricos; pues bien, cada uno de los capítulos al mismo tiempo va respondiendo en términos históricos:
Capítulo I. Cómo se trucó la SF y la SE históricamente (determinación del pasado).
Capítulo II. Cómo se tuerce a la CEP y cómo se desarrolla el fetichismo de las relaciones burguesas. O en otros términos es por fetichismo de las relaciones burguesas como se ha logrado trucar a la CEP, la cual buscó criticar tal fetichismo (determinación del horizonte presente).
Capítulo III Cómo es que el capitalismo hegemoniza al todo social (perspectiva a futuro).
Capítulo I Presenta la subordinación productiva
Capítulo II Presenta la subordinación ideológica o el fetichismo circulatorio, y el
Capítulo III Presenta el dominio o hegemonía total o enajenación del conjunto de la sociedad respecto del capital o bajo el capital y lo hace al abordar:
El Capítulo I. Las Fuerzas Productivas.
El Capítulo II. Las Relaciones de Producción y
El Capítulo III. El Modo de Producción Burgués.
Como se ve, el problema principal al leer el libro es el del orden o tipo de exposición. Por ello es conveniente:
4. Cómo están construidos los tres Capítulos
Preguntarse por la forma expositiva que el autor ha adoptado para salvar el obstáculo del fetichismo de las relaciones sociales presentes o, en qué conexión ha establecido su discurso. Su forma es una con sus conexiones. Así, esta forma de exposición .devela la concepción de fondo. El lector debe llevar a cabo un cierto esfuerzo para «zafarse» de ciertas formas de pensamiento mediante las cuales no podría entender lo que ahí se dice. El autor ofrece los anzuelos, los cabos que habrá que tener en cuenta en este trabajo de descubrimiento. Pero el lector debe reflexionar acerca de la forma en que le fue expuesto el contenido teórico. Esta forma matiza el sentido de tal contenido; es aquello que desfetichiza o permite que el lector se sitúe en referencia a la relación de fondo.
Para el autor del libro se trata de construir con él; un tipo de valor de uso que posibilite al lector un proceso de desfetichización de su pensamiento, de su conciencia histórica, sólo así es posible la revolución comunista; que se inicie el acto de zafarse teórica y prácticamente respecto de la integración que el sistema opera sobre ella, integración propiciada por el desarrollo real del sistema operado por parte de los agentes sociales.
Una última cuestión. Ya vimos cómo es posible la Teoría del Imperialismo, preguntemos ahora ¿Cómo abordan todos los capítulos el problema, de cómo es posible la Revolución Comunista?
El capítulo III y I dicen respectivamente que la revolución debe ser total y por tanto radical: hay que aplicar la palanca revolucionaria en la SF y SR: la revolución debe ser total o no puede ser y sólo es total si se ocupa de transformar esa raíz del capital: la SF y la SR del Pti/k. Pero la revolución es y sólo puede ser parcial, y transformar, sólo se puede hacer por partes: Esta es la paradoja de todo actuar, también del revolucionario. Por tanto aparece el capítulo II indicando ¿Es posible la revolución comunista?, puesto que si debe ser total y radical pero sólo puede ir por partes y sólo ser parcial y superficial, pareciera que no podría haberla.
El conjunto de los tres capítulos dice:
Las Teorías del Imperialismo no son concientes de esta paradoja, de este problema y son, más bien, el ejemplo de la imposibilidad actual de la revolución comunista pero no de su posibilidad. Su posibilidad pasa más bien fuera de las teorías del Imperialismo. Su posibilidad es nuestra, depende de nosotros desarrollarla en la medida en que hagamos conciencia de la paradoja –constitutiva e histórica– de la revolución tal y como ha ocurrido: como han sido subordinados el discurso y el movimiento revolucionarios. Subordinación ejemplarmente mostrada en la Teoría del Imperialismo.
Ahora bien, ¿cómo es posible la critica total del sistema? La respuesta se presenta a propósito del valor de uso desde el capítulo II, inciso 5. Allí se expone –presentada en términos positivos– a modo de indicación crítico hipotética toda la discusión de los tres capítulos, siguiendo la secuencia que hace Marx en El Capital.
Así pues, el libro describe el concepto de Capitalismo Actual de modo negativo, pero todo está presentado en términos positivos. El capítulo I presentando los capítulos del libro de modo análogo a la secuencia de los parágrafos 1, 2, y 3 del capítulo I de El Capital, diría ¿Cuáles son los factores del desarrollo social capitalista?, el desarrollo de la contradicción entre valor y valor de uso; o en otros términos, el sistema capitalista como una gran mercancía en proceso de acrecentamiento. Por este motivo, en segundo lugar, hay que responder acerca del doble carácter del desarrollo capitalista en tanto «progreso». Su doble carácter como contradictoriedad interna implica que haya, por un lado, CEP e ideología burguesa por otro lado, y que haya asimismo pseudocrítica del capitalismo (Teoría del Imperialismo). Que haya una contraposición entre ideología y realidad porque éstos son los dos factores suyos. Factor práctico y su función ideológica. La realidad capitalista se contradice con una teoría que la guarda o codifica y protege. La cual sirve para que la propia realidad capitalista se desarrolle. Pero la crítica ideológica (Teoría del Imperialismo) contradice la realidad de modo peculiar, el cual permite el desarrollo capitalista redundando en una forma burguesa perfeccionada. Yendo más allá de la forma previa denegada.
Por otro lado, el capital perfeccionado genera cada vez CEP y mediante esta forma de expresión (CEP) se logra captar el desarrollo capitalista. En el fondo, la forma de expresión del capital es la revolución comunista; la cual aparece como el equivalente general del capitalismo, como la forma de expresarse un contenido básicamente contradictorio. En primer lugar, como algo contradictorio que debe neutralizarse, y en segundo lugar que sólo puede ser superado al ser destruido.
Para poder saber qué es el desarrollo capitalista hay que ver cómo se expresa: hay que ver qué le ocurrió a la revolución comunista en este juego de contradicciones. Cómo es que hasta hoy sólo ha podido ser neutralizada.
Solamente se puede ver la expresión global en el espejo en que se expresa globalmente, es decir en su relación con la revolución comunista (capítulo III). Esta proposición está presente en el capítulo II donde se indica cómo es posible hacer la CEP, cuál es la relación que importa teorizar a la CEP: la conexión entre la sociedad burguesa y revolución comunista (inciso 5). Sólo por ahí se puede develar la contradicción entre las categorías económicas particulares. De hecho la proposición que preside el libro es la expuesta en La Sagrada Familia donde Marx privilegia como objeto teórico de la CEP la relación entre acumulación de capital y revolución comunista. Pues bien, desarrollar la tesis y la pregunta de Marx acerca de las condiciones de posibilidad de la CEP ocurre al responder la pregunta siguiente: ¿Cómo es posible la CEP en tanto crítica total del sistema?
APÉNDICE SINÓPTICO:
CRÍTICA DE LAS TEORÍAS DEL IMPERIALISMO
1. Necesidad y Justificación de una Crítica Global a las Teorías del Imperialismo
Vamos a tratar el tema de la Crítica de las Teorías del Imperialismo. Debemos reafirmar el hecho de que el desarrollo del pensamiento marxista se da a través de la discusión, a través de la polémica, a través de la crítica; así, veremos si podemos mejorar la posición. Se trata igualmente de un pensamiento en desarrollo, puesto que es un pensamiento que está en lucha, en lucha histórica contra el capital. Y ya que cambia la faz del capital al paso del tiempo, ya que el capital tiene suficiente poder para integrar, minar, la punta de la lucha del movimiento revolucionario, éste se ve obligado –una y otra vez– a tratar de salir adelante, a tratar de volver a agudizar la lanza, renovarla; debe volver a agudizar el pensamiento, la organización, las formas de crítica, etc. De eso se trata el momento que queremos hacer la crítica de las Teorías sobre el imperialismo.
Estas son teorías construidas por diversas corrientes de marxistas de muy diversas tendencias, tratando de dar cuenta de lo que es el capitalismo “actual”: desde 1900 a la fecha. No solamente tenemos la teoría de Lenin sobre el imperialismo pero ha resultado ser la más consultada, la más influyente. También están las teorías de Rosa Luxemburgo, Kautsky, Otto Bauer, Grossmann, Baran y Sweezy y otros tantos nombres de teóricos que tratan de dar cuenta de las nuevas configuraciones del sistema capitalista.
Por supuesto, es importante para el marxismo el dar cuenta del sistema capitalista –de cómo funciona, de cómo se desarrolla– por cuanto que ese terreno es el terreno de lucha de clases, el terreno donde se va a llevar a cabo la pelea. Así es que sólo puede hacerse una estrategia revolucionaria correcta basados en un análisis igualmente correcto del campo de batalla. De eso se trata entonces al discutir las Teorías del Imperialismo o al tratar de caracterizar al capitalismo contemporáneo.
La preocupación del movimiento obrero, de los intelectuales, de los revolucionarios, por pensar el nivel económico del capitalismo, estriba en que a partir de la constitución de la teoría del desarrollo capitalista tienen la base para el resto de concepciones, para el resto de críticas: la base para la organización, la base para la táctica, para la estrategia, para la lucha ideológica, etc. El análisis del nivel económico no sólo está destinado a resolver el cuadro del funcionamiento del sistema como un todo, sino que es en torno a ese discurso que el resto de la lucha –y del conjunto del discurso revolucionario– se logra estructurar.
Busco plantear las cosas más laxamente, lo más abiertamente posible, de tal manera que despierte la inquietud y el interés por incrementar, por desarrollar la polémica.
Un discurso crítico, un planteamiento crítico (por éjemplo sobre las Teorías del Imperialismo) tiene razón de ser por cuanto que hay contradicciones en el objeto que aborda; las contradicciones son su objeto, son su motivo. Así, si tenemos contradicciones en el capitalismo cabe criticarlo, lo que no sería el caso de un sistema no contradictorio, perfecto, armónico; porque entonces sería voluntarista, forzada nuestra crítica. Mientras que por cuanto que el sistema contiene contradicciones, es un sistema de contradicciones, cabe criticarlo. Le conviene la crítica. Por cierto la manera en que las contradicciones del sistema se manifiestan de modo flagrante es al momento de la crisis. Según sugiero aquí, la palabra crítica deriva de la palabra crisis, del momento límite, del momento de crisis. Es porque hay crisis, porque están sucediendo un conjunto de contradicciones, que entonces se posibilita hacer la crítica. Esta es una crítica objetiva, no ilusoria, no voluntarista. Ya en 1931 Max Horkheimer dice que la “teoría crítica”, que el pensamiento crítico, es pensamiento de la crisis. Lo está diciendo en 1931, en él momento más álgido de la crisis de 1929, cuándo busca reconstituir un discurso que enfrente a la sociedad capitalista de manera global, a nivel económico, a nivel social, a nivel político y también a nivel cultural. Está tratando de reconstituir y al mismo tiempo desarrollar la “teoría crítica de la sociedad”; por ello quiere pasar a definir en qué consistiría básicamente el discurso crítico.
Discurso crítico es el pensamiento de la crisis; si hay crisis, si hay contradicciones, entonces, la mera refutación puntual, verdadera y sincera de la realidad constituye ya inmediatamente su crítica, puesto que devela las contradicciones, devela la imperfección de esa realidad; y solamente revelándola, revelando su tendencia es que podría ser, al mismo tiempo, científica. La crítica, en efecto, no se reduce a criticismo, a un mero señalar con el dedo, sino que puede ser verdaderamente científica, objetiva ya por cuanto revela las contradicciones.
Es así como se nos puede explicar preliminarmente el que coincida el hecho de que el discurso de Marx sea científico y sea crítico; que el texto de El Capital tenga como título principal precisamente El Capital: un discurso científico positivo sobre el capitalismo, pero al mismo tiempo se subtitule Critica de la Economía Política. Puesto que este discurso científico sobre el capitalismo, este discurso que revela la verdad del capitalismo –que habla de una verdad oculta, que se está ocultando objetivamente es, al mismo tiempo, para poder revelar esta verdad, un discurso crítico. Que solamente si al mismo tiempo es un discurso partidario, revolucionario –digamos parcial, por eso digo partidario, parcial, o a favor de una de las clases en pugna, de uno de los polos de la contradicción del sistema– solamente así, es que se convierte en un discurso objetivo, franco, omnicomprensivo o totalizador; puesto que la propia polarización de las clases, la propia contradictoriedad, constituye la base estructural del sistema y el desarrollo de estas clases constituye a la vez el propio desarrollo del sistema en su conjunto.
No se trata, entonces, de un interés de estudio, meramente sectario, y que, entonces, en algo falsearía la realidad al unilateralizarla. Sino que porcuanto que la única manera de revelar la verdad de la sociedad capitalista, de una sociedad contradictoria, sería criticándola; asimismo la única manera de hacer la crítica –y entonces este discurso sobre la verdad del modo de producción capitalista– sería el que esta verdad del discurso estuviera expresando uno de los polos de esta realidad contradictoria. Y, precisamente, aquel polo de la realidad que le preocupa o que tiene por motivo vital de existencia y de desarrollo en el curso de la lucha, el saber la verdad sobre su forma de vida. Lo cual coincide con el interés de la clase proletaria. La clase burguesa en cierta medida se la puede pasar viviendo bien, desarrollándose y acumulando Capital sin tener que saber bien a bien cuáles son los mecanismos internos que la posibilitan; simplemente es suficiente con que conozca ciertos mecanismos externos para manipular la producción, para establecer la contratación de los obreros, para incrementar la productividad, etc. Mientras que en el caso del proletariado se le juega la vida en este dilema: o conoce la verdad del sistema en el cual vive, o constantemente sin solución se verá movido como un títere por los movimientos objetivos del ciclo económico, se verá reprimido, se verá sin trabajo y cuando intente luchar contara lo que lo oprime se verá una y otra vez vencido. Y en estas condiciones miserables se verá, sin embargo, ampliado en número.
Así pues, tanto por razones de existencia como por razones de desarrollo y lucha, es interés específico de la clase proletaria el revelar la verdad del sistema capitalista.
Ahora bien, debido a los encubrimientos sucesivos que son objetivos, no meras máscaras fantasmales sino que forman parte de los mecanismos objetivos del funcionamiento del capitalismo para autopreservarse, es entonces, digo, que no solamente se lleva a cabo la crítica al discurso burgués o la crítica de la realidad capitalista por parte de la teoría revolucionaria, sino que también ingrediente fundamental de la misma –desde sus inicios– fue la crítica de las otras corrientes socialistas.
Porque hay una realidad completamente contradictoria –la capitalista– y que se expresa de distintas maneras en distintos movimientos y también en distintos discursos, estos discursos no pueden sino expresar en términos generales la contradictoriedad de la realidad, son discursos también contradictorios, hasta cierto punto incoherentes. Solamente mediante su crítica consecuente se lograría como resultado del proceso –pero no desde el principio– establecer un discurso coherente, un discuno que al mismo tiempo sea completamente científico y también no sólo parcialmente crítico o crítico respecto de una teoría, o crítico respecto de un aspecto de la realidad: sino crítico en su totalidad, que critique a la totalidad del sistema capitalista y critique a la totalidad de los discursos que son posibles dentro del modo de producción burgués a lo largo de su
historia, porque está en posibilidad de hacerlo, logra ambos cometidos en
la medida en que se estatuye como un discurso completamente coherente. Es pues, la coherencia del discurso marxista, o en general del discurso revolucionario o de cualquier discurso, la que nos hablará, la que nos dará la garantía de su carácter revolucionario. La coherencia, entonces, constituye un patrón de medida y aun aliado permanente para la revolución.
Es más bien el sistema capitalista el que provoca la incoherencia; es más bien el sistema capitalista el que en su funcionamiento regalador racional produce grandes movimientos irracionales funcionales con su autopreservación.
El aliado de la lucha proletaria permanente es la coherencia, algo que se alcanza a experimentar sólo al final de la discusión del conjunto de polémicas entre las distintas corrientes socialistas; sin embargo constituye desde un inicio el hilo conductor para poder llegar a buen puerto.
Si nosotros queremos criticar a las Teorías del Imperialismo, es que encontramos razón objetiva para ello; es decir, en primer lugar, que contiene contradicciones en su discurso, que mantiene cierto nivel de incoherencia su discurso, si no, no tendrían por qué ser criticadas, no habría razón de mejorarlas si ya fueran perfectas; son sus imperfecciones, sus contradicciones internas las que deben constituir el objeto de crítica, lo que motiva la crítica, lo que ha obligado o suscitado que la crítica aparezca. Y, precisamente, cuando sus contradicciones llegan al límite, llegan a crisis. En efecto, por cuanto la interpretación del capitalismo por parte de las Teorías del Imperialismo ha llegado a crisis, por cuanto que hay las así llamadas «crisis de las Teorías del Imperialismo», es que se hace históricamente necesario –y también posible– el llevar a cabo la critica de las Teorías del Imperialismo.
Puede constatarse que hay contradicciones en las Teorías del Imperialismo ya desde la mera observación de que hay muchas. Cierto, no hay una teoría del imperialismo, hay muchas que discuten entre sí, unas se contradicen con otras, unas en las otras ven insuficiencias. Así ocurrió desde el inicio, desde la vuelta de siglo cuando discuten Hilferding, Bujarin, Bernstein, Kautsky, Lenin, Rosa Luxemburgo,
Pero se trata no solamente de estas discusiones, de estas contradicciones internas que no hacen sino suscitar otras tantas versiones de Teorías sobre el Imperialismo, se trata de constatar que hay contradicciones en las Teorías del Imperialismo, que hay una crisis en ellas; la cual está obligando a salir del terreno propio que las constituye a todas como variantes de lo mismo. Superar la perspectiva global de las Teorías del Imperialismo, no solamente criticar una teoría del imperialismo o dos o tres. Afirmo que hay rastros de que hay una crisis de tal naturaleza.
En efecto, hay rastros de una segunda crisis más fuerte, más subrayada en el discurso de las Teorías del Imperialismo. Lo cual puede ser constatado ya desde el momento en que observamos que después de la Segunda Guerra Mundial es propiamente cuando van a hacer crisis en toda su extensión y profundidad; es, precisamente, cuando se van a intentar una y otra vez explicaciones sobre el sistema capitalista, de alguna manera basadas o herederas de las Teorías del Imperialismo de vuelta de siglo. Pero al momento de llevar a cabo la nueva interpretación del capitalismo, empezará a haber gran discrepancia en torno a las fases del sistema. Puede observarse objetivamente que cada nuevo autor habla con un nuevo adjetivo de lo que es el capitalismo: sociedades postindustriales, industriales, de consumo, capitalismo monopolista, capitalismo monopolista de estado, neocapitalismo, capitalismo tardío, súper-imperialismo, y así seguido, son muchas maneras de caracterizar o, más bien, de intentos de caracterizar siempre el mismo objeto.
Hay una gran discrepancia de fondo; y, constantemente, el discurso que parcialmente busca remodelarse, perfeccionarse y establecer otro adjetivo respecto del sistema –creyendo que así resuelve el problema de fondo, el problema sustantivo– se ve retrotraído o repelido por la propia realidad; aunque no reconozca que lo que está mal es el fondo mismo de sus proposiciones.
Hay pues, estos síntomas de crisis; contradictoriedad no solamente interna y relativa, pero también de crisis y contradictoriedad interna y externa absoluta.
El terreno está completamente minado. No hay un sólo pie de terreno que esté sin problema. Todo él es explosivo, incoherente, endeble. Hay motivos para que haya un discurso crítico global sobre las Teorías del Imperialismo por cuanto que éstas son contradictorias y están en crisis. Se actualiza el hecho de que el pensamiento crítico es pensamiento de la crisis, es pensamiento de las contradicciones, y también que revelándolas es que se habrá de desarrollar un nuevo marxismo. Mientras no se las revele, mientras no se las manifieste, mientras no se las capte con nitidez, el marxismo puede seguir vegetando en crisis, sin que se desarrolle. Que no se desarrolle significa que tampoco la lucha se desarrolle; y, particularmente, que no se pueda desarrollar la estrategia revolucionaria ni su organización, por cuanto que justamente cumplía el papel de basamento de la estrategia y de la organización lo que se pensara acerca de la base económica del sistema.
2. ¿Qué le critico a las Teorías del Imperialismo?
¿Qué le criticamos a las Teorías del Imperialismo como presuntos intentos de conceptualizar al capitalismo contemporáneo? (Pues esto es lo que tratan de hacer).
Vamos a enumerar solamente las tesis principales pero que son incontrovertidas, no que son hipotéticamente incontrovertidas, no “a ver si pegan”, sino sólo aquellas que son incontestables y que son de suyo evidentes, pues muestran flagrantes las contradicciones de las Teorías del Imperialismo.
En primer lugar, podría observarse que ninguna de las Teorías de Imperialismo desde 1900 en que Hobson –quien no es marxista sino demócrata liberal– publica su libro “El Imperialismo, un estudio” y a partir de ahí influencia a todos los marxistas de vuelta de siglo incluyendo a Lenin, Hilferding, etc., –desde entonces, digo, hasta la fecha– periodo en el cual las tres corrientes más influyentes que tratan de caracterizar al imperialismo, al capitalismo actual desde la perspectiva marxista, pueden ser diferenciadas así: las posturas del “capitalismo monopolista de estado” (corriente leninista, la teoría oficial de los partidos comunistas en casi todo el mundo); la teoría trotskista, representada por Mandel, que también es de raigambre leniniana; y, en tercer lugar, la interpretación de Paul Mattick sobre el sistema capitalista y que es de raigambre diversa de la leniniana, en algunos aspectos incluso antileniniana, y que proviene, más bien, de la producción teórica occidental, no rusa, del marxismo, que se enraíza en Rosa Luxemburgo y en la ultraizquierda europea. Ninguna de estas tres grandes corrientes de interpretación actuales –decíamos– así como tampoco desde sus orígenes las Teorías del Imperialismo, en ninguna de sus versiones, contiene –para tratar de caracterizar al capitalismo imperialista– un tratamiento riguroso del proceso de trabajo; particularmente de cómo es que el proceso de trabajo inmediato está siendo subordinado por el capital, tanto formal como realmente. En esto se basa el dominio capitalista a nivel político, a nivel cultural, a nivel económico; se basa en el hecho de que logre dominar al proceso de trabajo inmediato. Si lo logra subordinar entonces es que logra subordinar o es que ha logrado subordinar otros niveles de la vida social, es tanto la condición como el resultado de la subordinación de otros niveles de la sociedad; es la condición y la premisa; es decir, es a ese nivel donde se lleva a cabo la explotación de plusvalía al proletariado.
Esta teoría, esta tesis central, la ha teorizado Marx muy abundantemente, muy puntualmente en un cuerpo doctrinario que se puede nombrar como la Teoría de la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso da trabajo inmediato bajo el capital (SF y SR del Pti/K). La expone muy explícita aunque resumidamente en el texto de El Capital, Tomo I, capítulo XIV “Plusvalía Absoluta y Plusvalía Relativa”. También la expone más ampliamente en un texto escrito entre 1861 y 1863, conocido como Capitulo VI inédito que contiene cuatro capítulos explícitos sobre la subsunción formal y la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital. El cuerpo mayor del manuscrito 1861-1863 abunda más al respecto. Y los primeros atisbos explícitos de tales conceptos los encontramos en 1857 en los Grundrisse o Lincamientos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política.
Hubo algunos marxistas que no quisieron aceptar la validez de esta teoría, querían hablar sólo de plusvalía absoluta y plusvalía relativa (que se corresponden con la subsunción formal por un lado y la subsunción real por otro). El caso descollante es el de Ruy Mauro Marini.
Pero si hacemos referencia sólo al resultado y al método como se explota al productor, solamente observaremos también los resultados del proceso; mientras que si hacemos referencia a la modalidad en que se encuentra el proceso de trabajo en un cierto momento –es decir al hecho de que se encuentre subsumido formal o realmente– hacemos referencia al desarrollo del sistema, al proceso de desarrollo, al problema propiamente histórico y entonces de tendencial abolición del capitalismo, no sólo al de su funcionamiento.
Así pues, si hay alguna teoría que capte los movimientos históricos, o fases históricas, esa teoría sólo podría ser una que se basara en la Teoría de la Subsunción Formal y la Subsunción Real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital. Solamente así se podría argumentar el desarrollo del sistema; porque el desarrollo del sistema capitalista no es sino el desarrollo de su dominio, y el desarrollo de su dominio no es sino el desarrollo de su dominio sobre la sociedad, y para que lo logre tiene que dominar fundamentalmente el proceso de trabajo inmediato. Así que o se trae a cuento con rigor la Teoría del desarrollo de la Subordinación Formal y Real del Proceso de Trabajo Inmediato bajo el Capital no se puede decir una palabra fundamentada acerca de lo que es el capitalismo contemporáneo.
Los hombres decimos muchas palabras y a nivel de la vida cotidiana nos movemos con muchas frases más o menos ciertas, más o menos falsas sin hacer ninguna “teoría”. Bien, lo mismo les ha ocurrido a las Teorías del Imperialismo; no están diciendo una sola palabra fundamentada pero dicen muchas, y ven muchas realidades y nos las describen, así que de alguna manera hay algo de verdad en su discurso; pero está cuajado de contradicciones, deshilachado, destazado, es impotente para combatir al sistema capitalista entonces.
En ninguna versión de las Teorías del Imperialismo se encontrará siquiera una palabra sobre la teoría de Marx de la Subordinación Formal y de la Subordinación Real del Proceso de Trabajo Inmediato bajo el Capital; en tales versiones se habla de explotación de plusvalía pero ese no es el punto, el punto no es un producto (plusvalía) sino que es la modalidad del proceso (proceso de trabajo inmediato), solamente ella nos conecta con el problema directamente histórico, con el problema del desarrollo capitalista y nos abre a la caracterización completa, total, del movimiento capitalista.
Esta teoría de Marx de la SF y la SR del Pti/k es el núcleo esencial de su teoría del desarrollo capitalista; es a partir de ella que –en las secciones III, IV y V del Tomo I del texto de El Capital– se construye el resto de argumentos en contra del sistema capitalista. Marx, en efecto, encuentra las contradicciones en el proceso de trabajo: hay un proceso de trabajo que está siendo subordinado o contradicho por un proceso de valorización: Esta es la tesis fundamental. El desarrollo de esta contradicción entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización obliga a que haya crisis cíclicas. El desarrollo de esta contradicción implica que cada vez más el proceso de trabajo se vaya a encontrar subordinado, o dominado o subsumido por el capital, por el proceso de valorización. Primero solamente en su forma externa; pero, luego, la realidad interior técnica del propio proceso de trabajo habrá de quedar formada o deformada por la técnica del capital.
Este núcleo esencial, este contenido esencial de la teoría del desarrollo capitalista de Marx, mediante el cual –como se ve– se puede al mismo tiempo que describir científicamente el sistema, inmediatamente criticarlo por cuanto que se indica qué es lo que le está ocurriendo al proceso de trabajo, cómo es que está siendo subordinado o dominado –y ahí el factor subjetivo del mismo, el proletariado– esta teoría, digo, es la que está ausente; este núcleo, este contenido esencial, está ausente en todas las Teorías del Imperialismo. Son teorías que han querido ser marxistas pero el contenido esencial de la teoría marxista –la teoría de Marx para teorizar el desarrollo capitalista– no lo tenemos, está ausente.
Ojo, no se trata –y vuelvo a repetir– simplemente de teorizar la explotación del producto, pero tampoco se trata de hablar simplemente del trabajo en términos tecnológicos, no es este el problema. Hay muchos discursos sobre la tecnología capitalista tanto fuera como dentro del marxismo; y hay muchos intentos de explicar el desarrollo histórico del capitalismo a partir, justamente, de sus revoluciones técnicas, de sus revoluciones industriales, pero ese no es el problema. Lo que interesa no es la modificación tecnológica simplemente; lo que interesa es describir el hecho de que el proceso de trabajo –también a nivel tecnológico– queda subordinado al capital. Decir entonces cómo es que la tecnología, la maquinaria, etc., queda marcada por las determinaciones del capital y cómo esta marca enla tecnología implica un movimiento peculiar a nivel distributivo, cambiario, consumtivo, y a nivel productivo general. Se trata de la Subsunción Formal y la Subsunción Real del Proceso de trabajo inmediato bajo el capital y no de mera tecnología; como tampoco se trata de hacer referencia meramente al plusvalor o a la ganancia o a la superganancia. Tópicos que casi todos ellos se encuentran de hecho, en una u otra versión de las teorías del imperialismo, en su modalidad de “teorías de la acumulación de capital”.
Bajo la modalidad de “teorías de la acumulación de capital” (en América Latina, por ejemplo), las Teorías del Imperialismo intentan captar los esquemas de reproducción o de tendencia del sistema, pero en ningún caso se fundamentan en el núcleo en que Marx fundamenta su propia teoría del sistema capitalista (por cierto, no de mera “acumulación” sino de “desarrollo”). Está ausente, también entonces, el contenido esencial de la teoría marxista. Pero asimismo está ausente por cuanto que Marx desarrolla este contenido; es decir, lo saca de su mera conexión interna simple y lo desglosa, lo pone en escena externamente o establece, también, las conexiones externas de la economía capitalista tanto productivas como cambiarías, como distributivas y nos explica, así, cómo ocurre el intercambio de valores, de mercancías, de dinero; etc., y no solamente lo que ocurre en el proceso de trabajo inmediato. Pero, ojo, nos explica estas otras vertientes a partir de la explicación del proceso de trabajo inmediato subordinado bajo el capital.
Por cuanto Marx desarrolla este núcleo interno y a la vez científico y crítico del sistema capitalista, es entonces que logra establecer una forma coherente que refigura al movimiento total del sistema. Esta forma coherente, esta forma discursiva completa –que no es otra cosa que la puesta en escena del desarrollo de la tesis de la SF y SR del Pti bajo el capital– es lo que Marx llama “Crítica de la Economía Política” (CEP); o, en otras palabras: el desarrollo del contenido esencial de la teoría del desarrollo esencial, es la forma total de su teoría.
Esta forma discursiva no es una entre otras sino que tiene sus reglas de construcción. Se trata –desde el principio– con el tipo de discurso, con el tipo de racionalidad que Marx enfrenta al capitalismo –de este discurso revolucionario de una forma de construir conceptos inédita, no reductible a las ideologías burguesas que prevalecían hasta antes de su forja acuciosa. Y debe ser inédita –o debe de construirse de modo peculiar irreductible– justamente porque es un arma de lucha. No por ningún prurito o exquisitez sino porque sólo de esa manera combate eficazmente al sistema de contradicciones o incoherencias.
“Sistema de contradicciones” significa –si es que una tal modalidad de sistema existe– que las contradicciones quedan neutralizadas y no simplemente que estallan (por ejemplo en crisis cíclicas). Pero para que queden neutralizadas es necesario que queden encubiertas, Así que constituye un elemento connatural, objetivo del sistema capitalista, el que éste encubra sus contradicciones; y las encubre tanto más total o sistemáticamente cuanto más hondas son. Así que para poder describirlas es necesario destruir un cúmulo de apariencias que las velan, un cúmulo de máscaras que ocultan las contradicciones esenciales. Y así como hay el “sistema de contradicciones” hay el “sistema de enmascaramiento de las contradicciones”. Así, pues, el discurso que quiera develar las contradicciones, que le interesa saber la verdad, igualmente debe ser un discurso sistemático, debe de contener una contrasistematicidad respecto de la sistematicidad que constituyen los encubrimientos del sistema; debe estar prevenido de cómo es que el modo de producción capitalista encubre las realidades, encubre la explotación de plusvalía, a la clase obrera, básicamente; pero en general encubre el funcionamiento de todas las relaciones sociales en todos sus niveles.
Así pues, la forma discursiva que Marx construye no es aleatoria sino que es una forma sistemática, contrasistemática de la sistematicidad encubridora del sistema capitalista. Sólo mediante ella se puede destruir el conjunto de incoherencias, de apariencias que el “sistema” presenta al observador. O dicho más sencillamente: cualquier observador ingenuo que quiera captar al capitalismo, cualquier observador que no esté prevenido de qué es lo que encubren las contradicciones y cómo –y no solamente encubren aquí o allá sino constantemente, sistemáticamente– cualquier observador ingenuo digo, se verá preso, perdido en el movimiento, en la dinámica, contradictoria y, a la vez, encubridora. Así que al momento en que se pone a “describir” qué ve –lo que cree ser el capitalismo– no puede plasmar sino incoherencias, bien que para él sean evidencias. ¡Claro, es lo que él está viendo!, lo que pasa es que está viendo máscaras: apariencias contradictorias que encubren realidades de fondo, y, en primer lugar la subordinación del proceso de trabajo en desarrollo. Esta es la gran dificultad para poder captar el desarrollo del capitalismo; por eso es que se requiere de una forma discursiva precisa; se requiere de un estilete, de una forma de racionalidad que esté flexible y, a la vez, firmé como para zigzaguear, para enfrentar las contradicciones y las apariencias que la propia realidad clasista del sistema le opone.
La CEP es una forma no aleatoria, no contingente respecto del núcleo o contenido fundante del sistema. La CEP no es una forma discursiva que se le sume a un conjunto de descubrimientos –digamos generales– respecto de lo que es el modo de producción capitalista, no es simplemente una forma que se le sume a la tesis de que el proceso de trabajo inmediato queda subordinado formal y realmente bajo el capital en el curso de su historia, no se trata de una simple suma; con la CEP se trata de un discurso necesariamente conectado, de una forma necesariamente conectada con este descubrimiento, con este núcleo esencial científico/ crítico respecto del sistema capitalista. Por eso decía que el desarrollo argumental de este contenido crítico-científico de la teoría de la SF y SR del Pti bajo el capital, el desarrollo consecuente de este núcleo es lo que nos entrega a la forma discursiva Crítica de la Economía Política. Y lo contrario es cierto también. Es decir que la forma de la CEP es la matriz de cómo ocurre el desarrollo capitalista más allá de la SR del Pti bajo el capital apenas redondeada (1850) hacia su tupimiento y eomplejización mediante la subordinación de esferas otras que la del Pti.
Por ello, si en primer lugar hicimos la observación de que el conjunto de las Teorías del Imperialismo carecen del núcleo esencial de la Teoría del
Desarrollo de Marx: la Teoría de la SF y SR del Pti bajo el capital. En segundo lugar diremos que también carecen de forma discursiva precisa, la que sícorresponde al contenido del discurso de Marx. No han construido una Crítica de la Economía Política sistemática. Claro que han intentado criticar al sistema capitalista, esa es su intención permanente; pero no se trata de la sola intención. Sí, por supuesto, se trata de
intenciones, pero se trata también de instrumentos y de acciones; de que haya un instrumento preciso, de que haya un arma precisa para confrontar las contradicciones, las apariencias capitalistas; y esa arma precisa es la CEP; pues bien es ésta la que no ha sido sistemáticamente rescatada, es esta forma la que no ofrece ninguno de los discursos sobre las Teorías del Imperialismo aunque sean discursos parcialmente críticos. La CEP es un discurso sistemático en el más pleno sentido de la palabra. Pues es sistemático por coherente, mientras que el capitalismo y sus apéndices ideológicos –así sean parcialmente críticos o semicoherentes– el capitalismo, digo es “sistemático” en su contradictoriedad e incoherencia. Es el “sistema” del quid pro quo, del tomar esto por lo otro o de la enajenación de todos los contenidos: el “chalaneo universal”, lo llama Marx en cierto pasaje.
Así pues ni el contenido esencial, ni la forma esencial del discurso marxista sino la ausencia doble es lo que se ofrece en las Teorías del Imperialismo. Algo más; no se trata cuando hablamos de la forma discursiva Crítica de la Economía Política de un problema solo referente al método. La obra de Ernest Mandel El Capitalismo Tardío, escrita en 1972 es la primera y única obra que inicia con un largo capítulo sobre el método antes de entrar a analizar al capitalismo contemporáneo. Se trata de una Teoría del Imperialismo que se ha dado cuenta de un grave error “metódico” y lo dice explícitamente; todos los otros intentos de pensar al capitalismo contemporáneo tienen de fondo un grave error metódico; así que aunque hayan querido ser marxistas, aunque hayan querido hacer la crítica, constantemente un problema metódico les mete el pie y tropiezan; por eso en mi libro –sugiere Mandel– voy a iniciar diciendo en qué consiste definitivamente el “método marxista”. Y así lo intentó Mandel, en efecto. Es ejemplar su trazo porque no hay otro texto que así inicie o que así tome en cuenta para sí la importancia del tema que está tratando.
Sin embargo el problema de la CEP no es un problema meramente metódico. No vamos a discutir si Mandel entiende o no entiende bien el método, simplemente digo que el problema de la CEP no es sólo un simple problema de método, también es un problema de arquitectura, de cómo se distribuyen los argumentos. Y es un problema tanto de procedimiento o método como de arquitectura por cuanto que es un problema de contenido, es un problema de objeto teórico y entonces de su forma rigurosa de desarrollo real y de ser desarrollado o explicado teóricamente. Es decir, no se trata con la CEP sino de la puesta en escena del desarrollo de lo que significa dominar en términos capitalistas. Eso es lo que se trata de describir en la CEP; el dominio capitalista, cómo es que ocurre. Y para poder caracterizarlo hay que indicar lo siguiente:
Ocurre, en primer lugar, como SF y SR del Pti bajo el capital ¿Cómo es que
esto ocurre?, hay que explicarlo: pero solamente así, partiendo de ese contenido es que el procedimiento que se usa para explicarlo necesariamente se articula con una arquitectura discursiva precisa. Esto es lo que significa laforma discursiva CEP. Si no hay núcleo argumental –la teoría de la Subordinación Formal y Real del Pti bajo el capital–, consecuentemente tampoco habrá la forma discursiva marxista precisa correspondiente: Crítica de la Economía Política.
Ni en la forma ni en el contenido esencial las Teorías del Imperialismo podrían reputarse entonces como marxistas más que en intención. Es sabido que Marx para plantear redondamente su Teoría del Desarrollo Capitalista –que eso es el texto de El Capital– nos ofrece una ley de desarrollo, la ley de desarrollo del sistema capitalista, la ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia. Pero, ojo, esta ley de desarrollo no puede ser sino la ley o regla de movimiento de la Subordinación Formal y Real del Pti bajo el capital, puesto que en eso consiste el desarrollo capitalista a nivel nuclear, esencialmente visto. En efecto, Marx ha logrado construir su ley del desarrollo en el Tomo III porque en el Tomo I ofreció la Teoría de la SF y la SR del Pti/K; así pues a partir de lo que en el Tomo I expuso acerca del proceso de trabajo. No hizo la ley por un lado y por otro la teoría de la producción capitalista, del dominio del capital industrial sobre la clase obrera, del dominio del capital sobre el Pti.
Así pues, observaremos que si de ello carecen las Teorías del Imperialismo no importa que usen o traigan a colación la «Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia» –que esto sí que lo usan– de todos modos la captación, la conceptualización de esta ley será siempre y necesariamente defectuosa en tales teorías.
Obsérvese el síntoma: usan la Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia pero, al mismo tiempo, nos dicen que si en la época del “capitalismo de libre competencia” –que ellos creen que existió alguna vez– domina el “capital industrial”, nos dicen a partir de aquí: el rasgo fundamental de la «nueva fase» consiste en que ahora domina el «capitalismo de los monopolios» y particularmente del «capital financiero». Esta es la Teoría del Imperialismo de Hilferding y de Lenin después. Según esto ya no tenemos la misma relación de producción como dominante o subordinada. Por eso es que se nos dice: “Hemos cambiado de fase: en lugar de capital industrial ahora lo que domina es el capital financiero; y lo que nos explica el movimiento de toda la economía –de este dominio del capital financiero–, es la Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia.” Esto es una incoherencia, una contradicción flagrante. Pues si la ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia existe es porque hay SF y SR del Pti bajo el capital, es que esta ley es la ley o la regla de este desarrollo, de este desarrollo de dominio capitalista. Del dominio del capital industrial sobre el Pti y –sólo por eso– sobre toda la economía y toda la sociedad.
Así pues, si hay capitalismo y este capitalismo tiene como ley de desarrollo la Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia es solamente porque el capital industrial es el dominante de todas las relaciones, no porque lo sea el «capital financiero». El capital vive mientras explota a la clase obrera, mientras la domina; mientras ha logrado subordinar al proceso de trabajo, ha logrado apropiarse de los instrumentos y ha logrado apropiarse de la fuerza de trabajo y la explota. En eso consiste el dominio del sistema, en eso consiste su desarrollo y en esa regla monótona consiste el despliegue de toda su historia. Cuando deje de haberlo o cuando eso deje de ser lo dominante ya no tendremos capitalismo, ya estaremos en vías de pasar hacia el paraíso, hacia una mejor época que no la del dominio férreo del proceso de trabajo inmediato. Por eso es que la estrategia comunista es estrategia no simplemente reformista sino revolucionaria por cuanto que lo que tiene que zafarse de encima, contra lo que tiene que combatirles contra un dominio de raíz, un dominio radical, un dominio fundamental, el dominio del Pti. Es esto lo que está siendo acogotado, esclavizado, es en esto en lo que se basa el conjunto de la dinámica de la estructura del sistema capitalista, es este dominio lo que hay que subvertir y para poder modificarlo habría que modificar toda la dinámica, todas las relaciones sistemáticamente contradictorias.
Cuando de una u otra manera se pasa a la óptica o se nos dice que lo que nos esclaviza ya no es el «capital industrial» sino el «capital financiero» se empieza a perder de vista –no importa cómo se trate de mitigar este error– cómo es que nos dominan, en dónde está ocurriendo, en qué terreno está ocurriendo el dominio. Y cuando los esclavos no saben nítidamente cómo es la cadena que los domina, difícilmente podrán salvarse, difícilmente podrán romperla; darán martillazos, seguirán compitiendo entre sí –ahora también teóricamente– pero no aplicando el golpe donde se debe, ni precisando el concepto, ni organizándose como se debe, etc. De ahí pues la importancia de entender claramente lo que es el capitalismo contemporáneo de modo coherente, porque así lo que entendemos es el cómo se lleva a cabo el dominio; y sólo sabiendo cómo se lleva a cabo este dominio es que podríamos saber cómo desplegar nuestras armas, cómo desplegar la riqueza, cómo desplegar la estrategia (que todo ello va incluido en lo que es “Crítica de la Economía Política”). De ahí entonces la importancia de hacer la Crítica de las Teorías del Imperialismo.
Por cuanto que su discurso sea contradictorio 1) consigo mismo y 2) con Marx y 3) respecto de la realidad, y por cuanto su discurso –así contradictorio– haya hecho incluso ya crisis, se hace actual, entonces, hacer la crítica, desarrollar la Crítica de las Teorías del Imperialismo. Y este criticar se convierte directamente en el desarrollo de la CEP de Marx. Sería su objeto prioritario, el objetivo principal de análisis de una CEP desarrollada, el análisis de las contradicciones del sistema capitalista actual y las contradicciones del discurso que trata de entender al sistema capitalista actual: la crítica de la realidad capitalista contemporánea y la crítica de la teoría sobre ese capitalismo contemporáneo, puesto que no puede ser sino que las contradicciones reales del sistema capitalista y sus encubrimientos sean los que han encubierto ideológicamente, han fetichizado, han enmascarado, han deformado al discurso crítico que intentaba captarlas. Por ello, el encontrar las contradicciones en el
discurso de las Teorías sobre el Imperialismo implica el hacer la indicación de que a nivel de la realidad están existiendo cierto tipo de contradicciones nuevas que son las que realmente han propiciado la confusión de los teóricos, no importando que éstos hayan tenido la intención de criticar y de subvertir al sistema capitalista según lo creían renovado y tan distinto del que –según ellos– teorizara Marx. El indicio para poder remitirnos a esta esencia real consiste en observar en qué medida se trata con las Teorías del Imperialismo de teorías imposibilitadas para poder entender el desarrollo capitalista.
Ya hemos dicho las cuatro razones fundamentales de por qué son teorías imposibilitadas –por más que quieran– para poder entender el desarrollo histórico del capitalismo y su desarrollo funcional. En primer lugar, porque no contienen la teoría del núcleo esencial del desarrollo capitalista: la teoría de la SF y la SR del Pti bajo el capital; y porque, junto con ello, no desarrollan sus restantes argumentos en acuerdo a este núcleo fundante del dominio capitalista. En segundo lugar, porque no tienen en las manos la forma discursiva apropiada para poder entender las contradicciones capitalistas: la CEP. Han intentado la crítica pero no contienen, no tienen el instrumento sistemáticamente elaborado para ello; su crítica es asistemática, mientras que el sistema es sistemático en su represión, el sistema en su defensa es sistemático en su contradictoriedad; son impotentes, pues, en tercer lugar, por este motivo– frente a una máquina tan poderosa que no se conforma con atesorar, con enterrar su tesoro sino que valoriza al valor y ella misma adquiere cada vez nuevas formas de ataque y autoencubrimiento, etc. En cuarto lugar, son impotentes porque derivada de las dos premisas antedichas, su concepción de la Ley del Desarrollo del Sistema Capitalista, de la Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia es necesariamente defectuosa; y ello se comprende, en quinto lugar, por cuanto que la adscriben a una forma de capital equivoca, el “capital financiero” que –supuestamente– es la que domina al resto de relaciones bajo el sistema actual y no ya al capital industrial; pero es, justamente, la Ley del desarrollo del capital industrial lo que es la Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia. Es decir, la ley del dominio de la producción por el capital, y ese se llama capital industrial.
Vamos a dejar así la presentación y el resumen de las tesis principales de lo que es la Crítica de las Teorías del Imperialismo como desarrollo consecuente de la CEP y el inicio de la construcción de una teoría del desarrollo capitalista contemporáneo. Podemos abrir la discusión o las preguntas al respecto.
3. El Dogmatismo y la Democracia Empírica e Histórica
Preguntemos por la relación entre el desarrollo de la investigación histórica y el problema de la caracterización del capitalismo contemporáneo. Hay quien puede señalar como punto problemático contra la Crítica de las Teorías del Imperialismo y la reflexión sobre el capitalismo actual conjunto, el hecho de que no presento o no tomo en consideración la investigación propiamente empírica. Interesa saber cómo se respondería a esta cuestión en la medida en que este hecho podría implicar que, entonces, se estuviese llevando a cabo una mera aplicación de un
principio dogmático sobre la realidad. Es decir, si yo sostengo y demuestro que no hay una comprensión del desarrollo histórico, etc., estoy insinuando en último término que lo que se está haciendo es aplicar dogmáticamente un “principio” a esa realidad. ¿Cómo se resolvería este problema? O de otro lado, ¿qué no las Teorías del Imperialismo buscaban renovar el pensamiento marxista? ¿Y qué no ahora al criticarlas se reaviva a Marx, así que más pareciera que se revive a un muerto para afirmar dogmáticamente pensamientos obsoletos y no que se analizara la realidad viva actual del capitalismo, lo que sí intentan más allá de Marx– las Teorías del Imperialismo? Respondo: dogmático no significa repetir algo o tener certeza de algo como a veces se cree; y, consecuentemente, no se resuelve el dogmatismo simplemete cambiando de moda cada vez que aparece una nueva teoría de la Sociología, o de la Antropología, o de la Economía, “pues hay que estar a la moda y, así, ya superamos al discurso previo”. Esto significa ser acrítico respecto de los fundamentos discursivos, y en eso consiste justamente el dogmatismo, en no fundamentar, en no ser crítico respecto de los fundamentos, en no pasar a fundamentarlos sino mantenerlos como verdades sin más. En análogo error cae quien dice:
“Si no traes a cuento todos los datos históricos para apuntalar la crítica teórica que haces, ésta sería la aplicación de un principio dogmático a la realidad”.
Esto es una falacia, en verdad no es procedimiento necesario elque se sugiere. Así que quien dice eso es el más dogmático porque se comporta acrítico. Pero tampoco da ninguna garantía el traer a colación la historia cuando se discute la coherencia de una teoría, es la coherencia de las Teorías del Imperialismo lo que está, en primer lugar, en discusión.
Obsérvese, puede ocurrir que todos los datos históricos del siglo XIX y de buena parte del siglo XX se pierdan. No es un avatar imposible, hay guerras, hay quema de libros, hay modificación de planes de estudio en las universidades, hay extradición del marxismo respecto de las aulas, y si alguna vez no lo hay, de repente si lo hay, de repente también deja de haberlo y lo sacan fuera. Así que muy bien puede quedar todo el material histórico reprimido. Bien, no importa, todavía hay que luchar, hay que combatir, todavía hay cómo desplegar la cabeza, de manera crítica y eficazmente se puede aplicar la teoría a la realidad, o a otra teoría que no hable de la historia sino que habla del presente del sistema y nos diga cómo es el capitalismo en el presente. Entonces se tratará de medir si es coherente este conjunto de proposiciones: ¿me dice verdades?, o no es coherente. No importa cuántos datos históricos me trajera o no importa cuantos datos históricos me lleguen a faltar, sigue incompleta y lo demuestra su incoherencia. Yo demuestro su incoherencia e indico cómo podría ser coherente. Por tanto hago la historia del presente, hago la historia y hago la teoría que especifique realmente al presente, que lo especifique como momento histórico.
Esto es, en primer lugar, lo que debe contestarse cuando se trae a cuento aquello de que faltan (o no faltan) datos históricos. Aquí hay dogmatismo respecto de lo que significa la teoría y la coherencia,no se ha criticado, no se ha sabido fundamentar el propio discurso en la coherencia, sino se cree que solamente algo de historia lo fundamentaría porque, “en verdad, el pensamiento solo cómo que es endeble”. Nada más equivocado. No, el pensamiento es muy poderoso y ésta es la primera regla que entendió el materialismo histórico, el socialismo científico; el que la libertad tiene como aliado, como hermano connatural, a la razón y no al revés, no que se lograba la libertad mediante irracionalismo.
Más bien, el irracionalismo lo despliega –no siempre, pero a veces– el sistema capitalista, la ideología del sistema capitalista la que una y otra vez se presenta de modo irracionalista, a veces de modo reaccionario. El sistema capitalista posibilita construir al mismo tiempo que una teoría coherente, por ello entonces enfrentada a las contradicciones del sistema una teoría incoherente. Esta no se enfrenta a las contradicciones del sistema, más bien, les hace el juego, queda ahorcada en ellas, les es funcional.
Pero al mismo tiempo, al establecer la coherencia en la teoría se posibilitaba establecer la coherencia o firmeza de la ligazón organizativa a nivel práctico: enfrentar al sistema capitalista prácticamente de modo no contradictorio, de modo comunitario, de modo comunista, de modo bien engarzado, bien hermanado, no diletante. Entonces es muy importante tener en cuenta qué significa la coherencia y qué significa denunciar la incoherencia de un discurso. Para poder enfrentar al capitalismo también hay que ser consciente, entonces, del poder del discurso.
Ocurre que el proletariado se encuentra expropiado de todo medio de producción material, solamente tiene a mano su propia fuerza de trabajo en términos corporales y en términos espirituales, esto le es inseparable, inalienable. Así que solamente el pensamiento como instrumento de captación de la realidad no inmediata sino global, es lo único que tiene el proletariado, como algo propio, pero de todo otro instrumento carece, le es constantemente expropiado, no puede apoyarse en él. Mientras que solamente la conciencia revolucionaria es la que en todo caso es el único bien que le pertenece; y eso sólo a momentos, porque en otros momentos le es deformada; no le pueden quitar el pensamiento, pero sí le pueden deformar el pensamiento. Sí, se lo pueden hacer incoherente; esto sí que lo puede hacer el sistema. Esto sí que lo puede hacer la ideología dominante: lograr que el discurso revolucionario se haga incoherente, si se quiere “salvaje” o si se quiere “positivista”: de muchas maneras se puede hacer que el discurso revolucionario sea incoherente. Es decir, un discurso incoherente y, entonces, un discurso domado.
De ahí la importancia de observar que de todo te pueden expropiar –también te pueden expropiar todos los datos históricos de cierta época como hace rato decía– pero no, de la vivencia presente, del pensamiento presente, de las necesidades presentes que están siendo subordinadas y que tienden a insubordinarse; y por cuanto que la subordinación es contradictoria, entonces, la insubordinación real sólo puede ser coherente, por eso, es muy importante mantener la coherencia; por eso es muy importante saber en qué consiste la fuerza de la conciencia revolucionaria.
Nos pueden expropiar de todo. La coherencia hay que preservarla directamente ligada con el cuerpo, directamente ligada con la cabeza, con
la práctica. Subrayo: entre práctica y cabeza está en medio el cuerpo; que no nos lo lastimen, que no sea lacerado, que no acepte ninguna destrucción o experiencia que lo lastime. Siempre son experiencias a costa nuestra, siempre son experiencias a costa de la libertad, a costa de la coherencia, a costa de la posibilidad de poder captar no contradictoriamente el sistema de contradicciones y, por tanto, de enfrentarlo.
Bien, esta es la primera parte del argumento, la segunda quedaría así: es fundamental rescatar la coherencia y es lo primero, pero lo segundo es establecer la coherencia en toda la extensión de los datos, no solamente del presente sino en toda la extensión de los datos históricos.
En segundo lugar cabe reafirmar todos los postulados en una sistematización histórica, no se trata –como en el reparo referido– simplemente de traer a cuento los datos históricos. ¿Quién los construye? Los datos de por sí no hablan, fueron otros investigadores los que los descubrieron, los que los describen y los descubrieron y describen presos del sistema desde una u otra óptica de clase. Y aunque fuera con la óptica proletaria, fueron presos al igual que las Teorías de Imperialismo – las cuales se escribieron también para interpretar los hechos– fueron presos de los encubrimientos del sistema, de las contradicciones del sistema. Así pues, no se trata simplemente de apuntalar con datos la cosa, se trata de reconstruir la historia que nos ha sido robada. Justamente es esto lo que es mi intento en este libro. El intento de reconstruir los datos que nos han sido robados.
En el libro hay una serie de planteamientos históricos al respecto, solamente que no están los que se quiere ver en un momento dado; por ejemplo, si tú quieres ver cómo voy a argumentar el cambio de fase, no lo encontrarás, porque, según yo, no ha habido un cambio de fase, sino que ha habido una serie de datos históricos que habían sido mal interpretados a partir de una cierta teoría y a partir de una cierta sensibilidad, y porque había habido una serie de contradicciones al momento de la Primera
Guerra Mundial que determinaban al conjunto del movimiento proletario que se vió envuelta en ellos. Dicho brevemente, la interpretación de los datos históricos en base a tal teoría produjo la ilusión de tal cambio de fase.
Ofrezco, pues, argumentos históricos al respecto, pero no meros datos; ofrezco argumentos históricos pero, al mismo tiempo, podrían, claro, abundarse. Es para nosotros necesario retomar toda la historia. Es necesario establecer una periodización rigurosa del sistema capitalista, que no la hay. No la hay, no porque no haya gente que no se preocupe por ello o que no vea revistas o no lea documentos o no vaya a los archivos, sino porque los instrumentos mediante los cuales se interpretan los datos, todos ellos están desestructurados, están incoherentemente subordinados a la ideología del sistema, no obstante que su intención sea revolucionaria. La mía también lo puede ser y en este mismo momento puedo estar diciendo torpezas; y se trata de estar abierto a la crítica y saber cuándo se toca un punto débil y, entonces, desarrollar la concepción.
4. ¿Cómo es posible criticar al capitalismo?
Maticemos ahora la explicación del concepto de crítica: ¿Qué es criticar?
Marx lo explica por primera vez en 1843 en un texto que se llama: Para la Critica de la Filosofía del Derecho y del Estado de Hegel en la introducción. Lo explica con posterioridad en los Manuscritos de 1844, donde la Crítica de la Economía Política tiene la presencia más abarcante al mismo tiempo que resumida. Aquí la explicación de lo que es “Crítica” es mucho más desarrollada en complitud y cantidad de argumentos, pero la tenemos puntualmente resumida en La Sagrada Familia. Es decir en el texto que escribieron Marx y Engels también llamada Crítica de la Crítica Crítica.
La Sagrada Familia critica a Bruno Bauer y demás seguidores, quienes mantenían un cierto tipo de discurso crítico contra la sociedad capitalista. Pues bien, Marx y Engels van a indicar que este intento de crítica –la “crítica crítica” de Bruno Bauer–, es insuficiente y ante esta “crítica crítica” van a indicar –en esto consisten todos los capítulos de La Sagrada Familia– en qué consistiría el discurso propiamente revolucionario o auténticamente crítico. Por eso remito al lector directamente a este texto, porque todo él está dedicado a ello; fundamentalmente el capítulo IV en su inciso cuarto que se titula: “Proudhon”. Proudhon es un socialista, un crítico del sistema capitalista; así que a propósito de Proudhon, Marx va a puntualizar en qué consiste su propio discurso crítico. Es decir, Marx especifica su discurso frente al discurso de la “crítica crítica” de Bruno Bauer –como una variante de ideología burguesa– y frente al discurso proudhoniano como variante del discurso socialista. Frente a ambos tipos de discurso que intentan ser críticos ¿en qué podría consistir un discurso radicalmente crítico, critico positivo?, dice Marx; “crítico científico” diría después: de eso se trata en éste capítulo IV.
Ahí se nos indica lo siguiente, dicho brevemente; Marx discute a Edgar Bauer. Este le pide a Proudhon que establezca o presente las “premisas que constituyeron al todo de la realidad” actual, aquellas premisas externas al todo y que lo fundamentan, tal y como puede ser el caso de un pastel que está puesto sobre un plato y el plato es la premisa del pastel y el plato está fuera del pastel, entonces “que el Sr. Proudhon –pide, supuestamente, Edgar Bauer– me hable del “plato” que sostiene, que soporta al “pastel” que es la sociedad burguesa”. Es decir, “que me hable de las premisas externas de este todo, porque si no –dice E. Bauer– no habrá agotado la descripción objetiva del todo; será parcial, y, entonces, posible de ser revocado”; por eso es que Bauer critica a Proudhon. Entonces, dice Marx; esto es una tontería por parte de E. Bauer; pedir las premisas del todo como algo externo al todo. De hecho, por aquí se podría criticar a Rosa Luxemburgo, porque precisamente su Teoría del Imperialismo consistió en tratar de haber intentado explicar las premisas del funcionamiento de la acumulación del todo capitalista a partir de las partes externas del sistema, de lo que no era capitalista; en lo que no es capitalista es que el capitalismo está enraizando, nos dirá. Bien, pues esta crítica llevada a cabo 50 ó 60 años antes de que Rosa Luxemburgo escriba, esta crítica no a Rosa Luxemburgo sino a Edgar Bauer denuncia la tontería de creer que las premisas del todo se encuentran fuera del todo. Dice Marx: esto es una tontería porque si hablamos de un todo hablamos de algo completo, no algo que tiene fuera de sí sus premisas; si las tuviera fuera de sí no sería un todo, sería solamente una parte, sería incompleto.
Así es que hay una contradictio in adjecto; es decir, hay un planteamiento incoherente, se habla de una sustancia y se la deniega en cuanto se le pone adjetivo, por eso se dice “contradicción en el adjetivo”: contradictio in adjecto; cuando se le pone el objeto, el adjetivo deniega al sustantivo.
Abundo al respecto: cuando digo el sustantivo implico el todo, pero si lo adjetivo con las premisas que están fuera del todo estoy contradiciendo mi primera proposición. Si hablo del todo de la sociedad burguesa, entonces, este todo tiene sus premisas dentro: y si habrá de revolucionarse habrá de ser por lo que tiene dentro no por lo que viene de fuera. Nada de lo que venga de fuera podrá revolucionarlo, nada de lo que venga de fuera –sea la teoría revolucionaria, sea la intención, el genio, el partido, la clase. Solamente puede revolucionar al sistema capitalista lo capitalista; no hay posibilidad de que lo no capitalista, de que un sector no capitalista pueda revolucionar al capitalismo, sería contradictorio.
Hay que buscar, entonces, las premisas del todo capitalista en el todo: dentro; son sus premisas constructivas y solamente, por allí, podrán encontrarse las premisas de su destrucción. Así, pues, dice Marx: “se trata de la clase proletaria. Esta es una clase del sistema capitalista, una clase capitalista, subordinada a la clase burguesa, la otra clase capitalista principal. Es mediante éstas dos premisas –mediante la subordinación del proceso de trabajo que despliega la clase obrera bajo el capital, que está siendo personificado por la clase burguesa– que el todo capitalista se construye.” Son las premisas de ese todo y también son sus premisas contradictorias. La clase proletaria se contradice con la clase burguesa. Es
de esta contradicción de la que hay que “sacar” la revolución, de la que hay que sacar, también, el motivo de crítica y de donde emana objetivamente e históricamente la crítica. Marx nos está diciendo aquí, entonces, cómo es que está surgiendo la posibilidad de que concuerden ciencia y crítica. ¿Cómo?
Bueno, ocurre que la clase burguesa en las condiciones burguesas se afirma, se siente plena, afirma su poder y se reconoce. De ese conjunto de condiciones emana su plenitud, su afirmación de vida, se siente a gusto dentro de las contradicciones, vive la contradicción del sistema como si no fuera contradictoria como si le fuera benéfico, como si no le fuera algo maléfico, contradictorio, nocivo, sino como algo benéfico, placentero, pacífico, apaciguado, como condición de seguridad de su afirmación, no de su negación.
Así, pues, es de su interés el mantener encubiertas ciertas contradicciones –a veces no todas, porque hay ciertas condiciones de la acumulación que lo molestan, entonces quisiera regularlas, pero otras tantas condiciones contradictorias no le molestan– porque, justamente, esas contradicciones son las que le sirven, las que le posibilitan explotar plusvalor. Mientras la otra clase, la clase proletaria, vive dentro de esas condiciones de existencia –mismas para la clase burguesa– vive dentro de la enajenación –igual que la clase burguesa– vive presa de las contradicciones y encubierta su conciencia –igual que la clase burguesa– solamente que vive esas condiciones como negación de vida, vive las contradicciones como contradicciones; no como algo pacífico y que funda la seguridad de su existencia, sino como algo que niega la vida de sus hijos, niega su propia vida, sus posibilidades de alimentación, sus posibilidades de felicidad; las vive como algo negativo, como algo contradictorio.
Ahora bien, las contradicciones no sólo están allí afuera sino que niegan al sujeto, niegan al proletariado, me niegan esencialmente. Así que se suscita una contradicción más; niego a las contradicciones, niego la incoherencia. Esta “negación de negación”, este negar yo lo que me niega– repone la coherencia y la desarrolla. En efecto, lo que me niega es algo completamente contradictorio; y el descubrimiento de las contradicciones del conjunto del sistema es necesidad del proletariado, pues el descubrimiento de lo que lo niega sistemáticamente es su necesidad, al mismo tiempo que descubrir su propio ser positivo. Vive la misma enajenación que la clase burguesa, vive preso de esta enajenación pero vive de modo inquieto esta contradicción, constantemente insatisfecho. Su propia afirmación de vida y sobrevivencia requiere destruir su conciencia fetichizada, su conciencia domada, y traspasarla hacia una conciencia libertaria. Vemos entonces que coincide esta conciencia efectivamente libertaria con el hecho de que sea efectiva y completamente coherente.
Es así como coincide su interés de clase –su interés polar, el que constituye uno de los polos de la contradicción, una parte de las premisas del todo– o deriva de ello, del hecho de que por ser partidaria, por ser interesada, por ser una teoría subjetiva, por ser una teoría del sujeto revolucionario sea, al mismo tiempo, una teoría rigurosamente efectiva, rigurosamente coherente, rigurosamente objetiva: o dicho de otro modo, cualquier teoría que aparezca dentro de un sistema contradictorio como el capitalista, sólo puede ser verdaderamente efectiva si es revolucionaria. Si corresponde al movimiento del sujeto revolucionario. Esta es la explicación que da sintéticamente Marx en el pasaje de La Sagrada Familia y que retoma o trata de desarrollar –a veces de manera magistral, a veces con leves errores– György Lukács en su Historia y Conciencia de Clase.
FIN

