Libro N° 12887. El Ratoncillo, El Pajarito Y La Salchicha. Hermanos Grimm
© Libro N° 12887. El Ratoncillo, El Pajarito
Y La Salchicha. Hermanos Grimm. Emancipación.
Agosto 24 de 2024
Título original: ©
El Ratoncillo, El Pajarito Y La Salchicha. Hermanos Grimm
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Original: © El
Ratoncillo, El Pajarito Y La Salchicha. Hermanos Grimm
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© Edición,
reedición y Colección Biblioteca
Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
EL RATONCILLO, EL PAJARITO Y LA SALCHICHA
Hermanos Grimm
El
Ratoncillo, El Pajarito Y La Salchicha
Hermanos
Grimm
Imagen: https://conmoraleja.com/wp-content/uploads/2024/01/raton-pajaro-salchica.jpg
Un
ratoncillo, un pajarito y una salchicha hacían vida en común. Llevaban ya mucho
tiempo juntos, en buena paz y compañía y congeniaban muy bien. La faena del
pajarito era volar todos los días al bosque a buscar leña. El ratón cuidaba de
traer agua y poner la mesa, y la salchicha tenía a su cargo la cocina.
¡Cuando
las cosas van demasiado bien, uno se cansa pronto de ellas! Así, ocurrió que un
día el pajarito se encontró con otro pájaro, a quien contó y encomió lo bien
que vivía. Pero el otro lo trató de tonto, pues que cargaba con el trabajo más
duro, mientras los demás se quedaban en casita muy descansados pues el ratón,
en cuanto había encendido el fuego y traído el agua, podía irse a descansar en
su cuartito hasta la hora de poner la mesa. Y la salchicha no se movía del lado
del puchero, vigilando que la comida se cociese bien, y cuando estaba a punto,
no tenía más que zambullirse un momento en las patatas o las verduras, y éstas
quedaban adobadas, saladas y sazonadas. No bien llegaba el pajarillo con su
carga de leña, sentábanse los tres a la mesa y, terminada la comida, dormían
como unos benditos hasta la mañana siguiente. Era, en verdad, una vida
regalada.
Al otro
día el pajarillo, cediendo a las instigaciones de su amigo, declaró que no
quería ir más a buscar leña; estaba cansado de hacer de criado de los demás y
de portarse como un bobo. Era preciso volver las tornas y organizar de otro
modo el gobierno de la casa. De nada sirvieron los ruegos del ratón y de la
salchicha; el pájaro se mantuvo en sus trece. Hubo que hacerlo, pues, a
suertes; a la salchicha le tocó la obligación de ir por leña, mientras el ratón
cuidaría de la cocina, y el pájaro, del agua.
¿Veréis
lo que sucedió? La salchichita se marchó a buscar leña; el pajarillo encendió
fuego, y el ratón puso el puchero; luego los dos aguardaron a que la salchicha
volviera con la provisión de leña para el día siguiente. Pero tardaba tanto en
regresar, que sus dos compañeros empezaron a inquietarse, y el pajarillo
emprendió el vuelo en su busca. No tardó en encontrar un perro que,
considerando a la salchicha buena presa, la había capturado y asesinado. El
pajarillo echó en cara al perro su mala acción, que calificó de robo descarado,
pero el can le replicó que la salchicha llevaba documentos comprometedores, y
había tenido que pagarlo con la vida.
El
pajarillo cargó tristemente con la leña y, de vuelta a su casa, contó lo que
acababa de ver y de oír. Los dos compañeros quedaron muy abatidos; pero
convinieron en sacar el mejor partido posible de la situación y seguir haciendo
vida en común. Así, el pajarillo puso la mesa, mientras el ratón guisaba la
comida. Queriendo imitar a la salchicha, metióse en el puchero de las verduras
para agitarlas y reblandecerlas; pero aún no había llegado al fondo de la olla
que se quedó cogido y sujeto, y hubo de dejar allí la piel y la vida.
Al volver
el pajarillo pidió la comida, pero se encontró sin cocinero. Malhumorado, dejó
la leña en el suelo de cualquier manera, y se puso a llamar y a buscar, pero el
cocinero no aparecía. Por su descuido, el fuego llegó a la leña y prendió en
ella. El pájaro precipitóse a buscar agua, pero el cubo se le cayó en el pozo
con él dentro, y, no pudiendo salir, murió ahogado.
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